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murió edwin honig


Poeta, profesor y traductor.
[Margalit Fox] Murió, el 25 de mayo, en su casa en Providence, Rhode Island, el poeta, crítico y traductor Edwin Honig, conocido por sus elegantes traducciones de importantes obras de la literatura española y portuguesa. Tenía 91 años.
La causa de su muerte fueron complicaciones de la enfermedad de Alzheimer, informó Barbara L. Estrin, amiga y antigua alumna.
El profesor Honing era profesor emérito de Inglés y Literaturas Comparadas en la Universidad de Brown, donde enseñó desde 1957 hasta su jubilación en 1982.
Como traductor, el profesor Honing ayudó a introducir al público de habla inglesa la obra de Fernando Pessoa, el gran poeta portugués de principios del siglo veinte.
También tradujo la poesía de Federico García Lorca y escribió un estudio crítico, publicado en 1944, que fue uno de los primeros en aparecer en el mundo anglosajón sobre el poeta, que fuera asesinado por las fuerzas nacionalistas de Franco en 1936, durante la Guerra Civil Española.
Además, Honig tradujo numerosas obras de teatro, incluyendo las del español Pedro Calderón de la Barca, siglo 17, y las de su compatriota del siglo 16, Miguel de Cervantes.
Publicada por la New American Library en 1964, la traducción de ‘Entremeses’ [Interludes] -breves viñetas realizadas entre actos de obras de larga duración- comprende desenfadadas entretenciones, como ‘El viejo celoso’ [The Jealous Old Husband], ‘El juez de los divorcios’ [The Divorce-Court Judge] y ‘El rufián viudo’ [Trampagos, the Pimp Who Lost His Moll].
Honig fue nombrado caballero por los gobiernos español y portugués por los servicios prestados a sus literaturas nacionales.
Como crítico, era particularmente conocido por ‘Dark Conceit: The Making of Allegory’, publicado en 1959.
Se hizo un breve documental sobre él, ‘Translating Edwin Honig: A Poet’s Alzheimer’s’, que fue estrenado en el Festival de Cine de Nueva York el año pasado.
Hecho por un primo de Honing, el cineasta Alan Berliner, la película hace la crónica de las cambiantes relaciones del profesor con el lenguaje, la memoria y el sentido de identidad personal a medida que progresaba su enfermedad.

Edwin Honig nació en Brooklyn el 3 de septiembre de 1919. Heredó su amor por el español de su abuela paterna, una judía sefardita que lo hablaba con fluidez.
Estudió en la Universidad de Wisconsin en 1941 y, después de su servicio militar en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, se licenció en inglés en la misma universidad.
Antes de incorporarse a la Universidad de Brown, Honing enseñó en Harvard y otros lugares. En Brown, inició el programa de narrativa [creative writing], que ahora es el departamento de artes literarias.
La primera esposa de Honig, Charlotte, murió a principio de los años sesenta. Su segundo matrimonio, con Margot Dennes, terminó en divorcio.
Le sobreviven, entre otros, los dos hijos de su primer matrimonio con Dennes -Daniel y Jerem; y una hermana, Lila Putnam.
Sus otras traducciones incluyen ‘Poemas de Fernando Pessoa’ [Poems of Fernando Pessoa] (con Susan M. Brown); ‘La vida es un sueño’ [Life Is a Dream], una obra de Calderón; y ‘Los títeres de Cachiporra, Comedia sin título, El diván del Tamarit y otros poemas, Poemas en prosa y Obras dramáticas’ [Four Puppet Plays, Play Without a Title, the Divan Poems, and Other Poems, Prose Poems and Dramatic Pieces], de García Lorca.
Honig fundó en 1973, y fue su primer editor, Copper Beech Press, una pequeña editorial en Providence, especializada en poesía y traducciones.
Su propia producción literaria incluye ‘The Moral Circus’, ‘The Gazabos’, ‘Shake a Spear With Me, John Berryman’ y ‘Time and Again: Poems, 1940-1997’.
Como poeta, Honing fue elogiado por su precisión formal, su magistral control tonal y a veces su mordacidad. Todas estas cualidades se aprecian en su poema ‘Anon’:

At a literary tea

I once met the

then-at-his-height

anthologist

Iamblichus

who, denting cookies

on everybody’s plate,

let on to me

I didn’t rate.

"I love poetry

that’s got a bite!"

To which I cried:

"Try this

one you missed —

my latest!"

I thought he had

only nibbled it

when he grabbed

his mouth and spat,

but on the ground

like a leftover sweet

lay a little mound

of broken teeth.
14 de junio de 2011
4 de junio de 2011
©new york times

a quién conviene condenar a noguera


Según el exdirector del DAS al gobierno le conviene su condena, porque así se terminarían los escándalos por nexos de paramilitares con políticos y organismos de seguridad del Estado.
Colombia. En la etapa final del juicio en su contra, el ex director del DAS, Jorge Aurelio Noguera Cotes dijo que el gobierno tenía un interés especial en su condena, ya que de esta forma se acabarían los escándalos del Uribismo por parapolítica.
"El gobierno piensa que es bueno que a mí me condenen para que se acabe la persecución en su contra. El gobierno esta interesado en que se queme este fusil", aseguró Noguera.
El ex funcionario se defendió de las acusaciones hechas por el Coronel Henry Rubio Conde, quien aseguró que Noguera, lo sacó del DAS, entorpeciendo una operación que se desarrollaba en contra de los paramilitares, denominada ‘Waterloo’.
"Me acusa de paramilitar este señor de quien ha hablado Mancuso en varias oportunidades. Además a este señor lo premian ascendiéndolo a coronel. Dijo Noguera refiriéndose al Coronel Henry Rubio Conde, actual comandante de la policía del Atlántico.
Sobre la operación ‘Waterloo’, desarrollada para capturar a personas vinculadas con un cargamento de armas que Carlos Castaño ingresó por el Urabá, Noguera explicó que nunca existieron instrucciones, ni gestiones para entorpecer ninguna investigación al interior del DAS.  
 "Si yo hubiera tenido influencia o interés o si para mí esa operación hubiera sido indeseable no la hubiera publicitado ni la hubiera destacado", aseguró Noguera.

La Operación Waterloo
Durante el año 2003, el DAS desarrolló una investigación a raíz de una declaración de Carlos Castaño sobre el ingreso de un cargamento de armas proveniente de México que entró por el Urabá Antioqueño, al parecer con complicidad de miembros de algunas instituciones públicas.
La investigación en un principio estuvo a cargo del entonces Mayor Henry Rubio Conde, quién fue retirado por Noguera. La defensa de Noguera utilizó el testimonio de uno de los principales investigadores de la Operación, Orlando Tapias, quien aseguró que no hubo ningún tipo de  instrucción para frustrar la operación, como lo había asegurado Conde Rubio.

La Infiltración Paramilitar en el DAS
Varios hechos ventilados en el juicio del ex director del organismo de seguridad son prueba, según la Fiscalía, de la penetración de los paramilitares en el DAS y la complicidad de Noguera con ellos.
Uno de esos casos fue el del investigador del DAS, Sigifredo Puentes, trasladado por Noguera desde Magdalena hacia Arauca mientras adelantaba una operación contra testaferros del ex jefe paramilitar Hernán Giraldo en lo que se conoció como la ‘Operación Ciclón’. Lo que hizo Noguera fue suspender la investigación con el traslado del investigador.
Puentes, un curtido detective del DAS, dijo que Noguera había filtrado información a Giraldo sobre su operación y que además fue relevado de su cargo y obligado a renunciar. No fue el único que perdió su puesto por denunciar las irregularidades en el DAS.
"La decisión no se enmarcó en los criterios que guían la función administrativa… no estuvo sustentado en ninguna necesidad específica del DAS… todo obedeció a una decisión sustentada en el capricho y la arbitrariedad… a la incomodidad y molestia que le ocasionó en ese momento al director del DAS saber que se adelantaban actividades contra grupos al margen de la ley… no sólo se obstaculizó la actividad judicial sino que a raiz de esa determinación el detective fue trasladado sin justificación…" puntualizó el fiscal.
Según Rafael García Noguera había puesto al DAS al servicio de ’40’ y Giraldo desde el inicio de su gestión en 2002. Describió varios encuentros clandestinos del director del DAS con esos jefes paramilitares -la Procuraduría confirmó por lo menos 10- y visitas de personas cercanas a las Auc a la sede principal en Paloquemao para obtener información confidencial.
Además que Noguera dio a sus principales subalternos con el propósito expreso de ayudar y proteger a jefes paramilitares como Hernán Giraldo y Rodrigo Tobar Pupo, alias ’Jorge 40’, ambos extraditados a Estados Unidos.
La argumentación de la Fiscalía continuará mañana para abordar los otros dos cargos que pesan contra Noguera por falsedad en documento público y mala utilización de asuntos de reserva.
Finalmente, el último cargo contra Noguera hace referencia al delitos de eliminación, alteración y supresión de documento público y relaciona al ex director del DAS con complicidad con el mismo Rafael García, pues se le acusa de que juntos borraron antecedentes de narcotraficantes y paramilitares. García fue condenado por este hecho, pero dijo que obedecía órdenes de Noguera.
Noguera fue director del DAS desde agosto de 2002 hasta octubre de 2005.
Tras salir en medio del escándalo de la infiltración de los paras al DAS, fue nombrado como cónsul en Milán. Luego, ante el alud de testimonios revelados por la prensa su nombramiento se hizo insostenible y tuvo que regresar al país a ponerle la cara a la justicia quien ordenó su detención. Ahora, con la petición de condena por parte de la Fiscalía, la Corte Suprema determinará en unos días si es culpable o no.
14 de junio de 2011
13 de junio de 2011
©verdad abierta

admiten recusación de juez garzón


Contra 5 jueces que iban a juzgarle. El español estimaba que los magistrados estaban inhabilitados para juzgarlo -en el caso de prevaricación por declararse competente para juzgar crímenes del franquismo- por haber participado en la instrucción del procedimiento y tener interés en el mismo.
Madrid, España. El Tribunal Supremo de España admitió este lunes la recusación planteada por el juez Baltasar Garzón contra cinco de los siete magistrados que habían sido designados para juzgarle por declararse competente para investigar los crímenes del franquismo.
El tribunal aceptó apartar de este procedimiento al presidente de la Sala de lo Penal, Juan Saavedra, y a los magistrados Adolfo Prego, Joaquín Giménez, Francisco Monterde y Juan Ramón Berdugo para evitar cualquier sospecha de parcialidad, ya que han participado en la instrucción de esta causa.
Garzón recusó a esos cinco magistrados al estimar que estarían inhabilitados para juzgarle por dos razones: haber participado en la instrucción del procedimiento y tener interés en el mismo.
La Fiscalía apoyó el pasado 31 de mayo la primera de las causas de recusación solicitada por Garzón en un informe en el que señalaba que lo hacía para evitar cualquier "sospecha" de falta de imparcialidad.
Los otros dos magistrados que deben juzgar a Garzón, además de los recusados, son Andrés Martínez Arrieta y Miguel Colmenero.
Garzón, que alcanzó fama internacional en 1998 al dictar una orden de detención contra el dictador Augusto Pinochet, será juzgado, en este proceso, por prevaricación por declararse competente para juzgar los crímenes del franquismo ignorando la Ley de Amnistía de 1977.
El Alto Tribunal dio a conocer el pasado 15 de diciembre la composición de la Sala que celebrará el juicio, cuya fecha aún no ha sido fijada.
La corte rechazó los testigos internacionales propuestos por el Garzón para el proceso.
Entre estos testigos rechazados figuraban la ex fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia Carla del Ponte, el juez chileno Juan Guzmán -que en 1999 procesó a Pinochet- y el juez argentino Eugenio Raúl Zaffaroni, uno de los que anuló las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.
En la actualidad, Garzón está suspendido cautelarmente como juez de la Audiencia Nacional española.
14 de junio de 2011
13 de junio de 2011
©la nación

falso dilema


columna de mérici
Lucha por el bienestar animal no puede suplantar lucha por el fin de la explotación animal.

Muchos confunden la causa por la abolición del consumo y utilización de animales con la causa que promueve el bienestar animal. Estas dos causas no deben confundirse. La primera quiere terminar con el cautiverio y la explotación animal y reconoce el valor intrínseco de la vida de los animales. La segunda sólo busca fomentar mejores condiciones de vida, especialmente para los animales de producción (es decir, destinados al sacrificio). Los partidarios de la abolición no podrían oponerse a que los animales, en tanto dependan de los humanos, tengan mejores condiciones de vida. Pero los partidarios del bienestar no puedan apoyarles, porque no reconocen que la vida de los animales, como la humana, tenga valor intrínseco.

En estas dos posiciones hay una zona aparentemente turbia, que también se insinúa en la Declaración Universal de los Derechos del Animal de 1977, que reconoce el derecho a la vida de los animales, al mismo tiempo que prescribe que se trate bien a los animales de sacrificio. Como los humanos, según sus derechos definidos globalmente, también tienen los animales derecho a una vida sin dolor, sufrimiento, torturas, persecución o acoso, angustia, aislamiento forzado, tratos crueles, esclavitud, destrucción de sus familias o desaparición forzada. Este derecho a que se respete su naturaleza es un derecho anterior a toda circunstancia y se ha de respetar siempre, en todas partes, independientemente de las circunstancias específicas de los que sufren la violación de esos derechos.

¿Pongamos a los perros como ejemplo? A estos solemos encerrarlos en a) jaulas pequeñas y estrechas en las que apenas si pueden moverse, que todavía se pueden ver en algunas perreras e incluso clínicas y hoteles caninos; b) en jaulas grandes y espaciosas, tan altas como una habitación humana, con montículos de arena y cobertizos. ¿Es necesario considerar el destino de los animales encerrados para saber qué tipo de jaula utilizar para su encierro? El primer tipo de jaula es claramente atentatorio contra el derecho de los animales a vivir sin angustia ni aislamiento ni tratos crueles ni en condiciones de confinamiento extremo ni en ninguna circunstancia que implique privaciones innaturales (de sueño, de compañía, de alimento). Ningún perro debe vivir ahí nunca, sea su destino una familia adoptiva, la calle o su sacrificio. Igualmente, ningún prisionero humano debe ser sometido a tratos crueles e inhumanos, independientemente de quién sea, de los crímenes que haya cometido e independientemente de su condena, sea esta la muerte. Ningún cerdo, ninguna vaca deben ser ni confinados en condiciones de hacinamiento, ni torturados, ni sometidos a tratos crueles, sea o no su destino final la mesa de las familias carnívoras.

Es falso el dilema que plantean algunos entre la lucha por la abolición y la lucha por el bienestar animal.  El objetivo animalista no es el mejoramiento de las condiciones de vida de los animales en cautiverio con el argumento de que en esta vida no podremos obtener nada mejor y que el mejoramiento de esas condiciones son de alguna manera fantasmagórica un paso hacia su liberación, pero obviamente el reconocimiento del derecho a la vida de los animales implica no solamente que no se piense en ellos como alimento o materia prima sino además que se rechace que, aun en cautiverio, se les someta a tratos crueles o violentos. Los veganos, los católicos, los budistas y otros muchos grupos humanos se opondrán siempre a que se inflija dolor o se torture a animales o humanos, independientemente de toda otra consideración.

Así que no se trata de dos estrategias divergentes con un mismo fin en mente. No se alcanzará el objetivo animalista de abolir la explotación animal mejorando las condiciones de vida de los animales criados para su sacrificio. Esa mejora no conduce a su liberación, sino únicamente al matadero. Pero ningún animal debe sufrir maltrato nunca, en ninguna parte, cualesquiera sean las circunstancias.
mérici

leyes de ddhh se aplican retroactivamente


columna de lísperguer
Human Rights Watch pide que justicia uruguaya juzgue delitos de lesa humanidad, pese a rechazo del Parlamento a derogar la ley de amnistía.

Human Rights Watch viene de condenar enérgicamente la decisión del Parlamento uruguayo de otorgar impunidad a los responsables de crímenes contra la humanidad cometidos por militares durante la dictadura militar en ese país entre 1973 y 1985. Previamente, en dos plebiscitos, la población había votado a favor de la impunidad. La Corte Suprema de Justicia de ese país, en mayo de 2011, declaró también inimputables a dos militares responsables de desapariciones forzadas, alegando que este delito recién se había incorporado al derecho interno uruguayo en 2006. Los militares son autores de la desaparición forzada (asesinatos, pero sin que los cuerpos hayan sido encontrados) de 28 personas. Esta situación, o similares, se presenta en todos los países que sufrieron dictaduras de extrema derecha.
En opinión del director de la sección Américas de HRW, José Miguel Vivanco, esos militares uruguayos, y, por extensión, todos los otros uniformados acusados de crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra, deben ser juzgados independientemente de si en la época en que se cometieron esos delitos la figura penal de la desaparición forzada hubiese o no sido incorporada a la legislación uruguaya.
La CSJ uruguaya alegó que aplicar esta ley retroactivamente viola el principio de legalidad. ¿Tiene razón?
No. La argumentación de HRW es contundente. Tratándose de delitos imprescriptibles, el principio de legalidad caduca, pues sólo se aplica a los delitos comunes. Es decir, si los delitos cometidos por los militares fueran comunes, correspondería aplicar la prescripción de la acción penal. Pero no son delitos comunes: son delitos de lesa humanidad o contra la humanidad. Dicho de otro modo, tratándose de delitos permanentes, es indiferente si la ley se aplica retroactivamente
Por otro lado, el principio de legalidad, que imposibilitaría la aplicación retroactiva de la ley, no tiene por fin dejar impunes delitos cometidos. El espíritu de la ley no puede ser nunca facilitar la impunidad, porque en el momento de su comisión el derecho internacional ya los reconocía como delitos permanentes.
Según el artículo 15 del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, de 1966, ratificado sin reservas por Uruguay en 1970, establece que "nada de lo dispuesto en este artículo se opondrá al juicio ni a la condena de una persona por actos u omisiones que, en el momento de cometerse, fueran delictivos según los principios generales del derecho reconocidos por la comunidad internacional". Los delitos de los militares durante esa y otras dictaduras en Sudamérica, para cuando fueron cometidos, ya eran delitos en el derecho internacional.
Además, en 2001, la Corte Interamericana de Derechos Humanos estableció que "son inadmisibles las disposiciones de amnistía, las disposiciones de prescripción y el establecimiento de excluyentes de responsabilidad que pretendan impedir la investigación y sanción de los responsables de las violaciones graves de los derechos humanos tales como la tortura, las ejecuciones sumarias, extralegales o arbitrarias y las desapariciones forzadas, todas ellas prohibidas por contravenir derechos inderogables reconocidos por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos".
En otras palabras, tanto los dos plebiscitos -de 1989 y de 2009- como la decisión reciente del Parlamento uruguayo de otorgar impunidad a los autores de delitos contra la humanidad, carecen de valor y deben ser derogados. Ante el rechazo del Parlamento de anular la ley de amnistía, HRW llama al poder judicial uruguayo a velar porque se respete el derecho humanitario internacional. La misma corte ha amenazado a Uruguay con medidas disciplinarias, que pudieran terminar con la exclusión de ese país de algunos organismos interamericanos.

La decisión adoptada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos debiese ser aplicada también en otros países de la región que sufren procesos similares. En Chile, la CSJ continúa aplicando la prescripción penal y la amnistía en casos de delitos contra la humanidad alegando que no han sido todavía incorporados en el derecho nacional. La argumentación, como se ve, es insostenible, porque esos delitos, cometidos a partir de 1970 (antes de la dictadura, cuando la embajada de Estados Unidos y una organización fascista asesinaron al comandante en jefe René Schneider), y especialmente entre 1973 y 1990, ya eran delitos en el derecho humanitario internacional.
La CSJ chilena actúa así al margen del derecho internacional, pese a que el país ha ratificado todos los tratados que lo establecen.
Según la legislación chilena, el único que puede poner fin a la prevaricación y administración torcida de la justicia de los jueces es el presidente de la República. Ningún presidente de la Concertación se ha atrevido a desafiar a la corte, perpetuando con ello el clima de impunidad que reina en el país sobre los crímenes cometidos durante la dictadura. No es de esperar que el gobierno de Sebastián Piñera, que incluye en su gobierno a civiles implicados en los crímenes de la dictadura, vaya a impugnar a esos jueces con el fin de inhabilitarlos y excluirlos del poder judicial.

Por eso sigue siendo urgente que las organizaciones de derechos humanos en Chile, tanto las gubernamentales como las formadas por víctimas y familiares de víctimas de la dictadura, presenten el caso chileno ante la corte interamericana, con el fin de anular algunos de los juicios por derechos humanos en los que se han dictado penas aberrantemente leves, incluyendo la aplicación de la amnistía y la prescripción. Si no se obtiene justicia plena, se conseguirá al menos que el resto del mundo sepa la verdad, se entere del clima de impunidad que sigue reinando en el país y se muestre al planeta la verdadera calaña del poder judicial y la clase política chilenos.
lísperguer

el plan cóndor desde chile


¿Por qué Hugo Gutiérrez?
[Luciana Bertoia] Hugo Gutiérrez remarca, cada vez que puede, su filiación política. Es uno de los tres diputados con los que el Partido Comunista de Chile (PCCh) logró en 2010 regresar al Congreso tras casi 37 años de ausencia. Allí preside la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados por su larga trayectoria como abogado y militante. "Hoy sigo defendiendo los derechos humanos de todos aquellos a quienes las autoridades públicas o agentes del Estado se los atropellan", se define en su página web.
En plena dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), se creó la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (Codepu), que funcionaba como una coordinadora para acompañar a la sociedad civil que lograba vencer el terror para movilizarse contra el régimen que había derrocado al gobierno del socialista Salvador Allende (1970-1973). Gutiérrez militó en la Codepu hasta 2002 y fue un referente de ese organismo, especialmente en lo que se refiere a la lucha por la verdad y la justicia.
Como querellante impulsó a fines de los años ’90 la causa por la ‘Caravana de la muerte’. Con ese nombre se recuerda a la comitiva militar que partió pocos días después del sangriento golpe del ‘73, recorriendo norte y sur del país, para sembrar la muerte. En ese viaje de exterminio, la Caravana de la muerte se cobró 96 víctimas. Esa causa constituyó el primer procesamiento de Pinochet. Gutiérrez también intervino en la denuncia de la Operación Colombo, como se conoce a la acción con la que la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) chilena pretendió en 1975 hacer pasar como una caída en combate el asesinato de 119 opositores, la mayoría de ellos pertenecientes al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Por esa causa, se pidió el desafuero de Pinochet. Esa fue otra de las medallas que Gutiérrez se colgó en 2005, cuando la Corte Suprema trasandina le retiró la inmunidad al dictador. Además, al actual diputado y docente universitario fue parte en la causa por la Operación Cóndor, la coordinación represiva tejida por las dictaduras de la región. Intervino en los procesos en España que el juez Baltasar Garzón llevó adelante contra Pinochet.
Días atrás, estuvo en Buenos Aires para organizar junto con su par argentino Remo Carlotto un encuentro de parlamentarios y referentes de derechos humanos para tratar las consecuencias del Plan Cóndor. Un primer encuentro de este tenor ya se realizó en marzo en Buenos Aires; el segundo será en junio en Uruguay y el tercero, en Santiago para el 11 de septiembre. "Estamos tratando de crear una alianza política y social que permita adelantarse a lo que estas mismas oligarquías puedan construir en el futuro cuando vean que peligra su interés. Yo creo que, hoy en día, tenemos la sabiduría, los conocimientos y las capacidades para asegurar el Nunca Más", explicó el abogado chileno a Página/12.
13 de junio de 2011
©página 12

entrevista con diputado gutiérrez


Hugo Gutiérrez, diputado del PC chileno y abogado de derechos humanos. El político chileno plantea la importancia de la coordinación de las acciones de derechos humanos a nivel regional para cruzar información sobre la Operación Cóndor organizada por las dictaduras militares.
[Luciana Bertoia] ¿Con qué objetivo visitó Buenos Aires?
–Junto con trabajadores de los derechos humanos estamos avanzando en una coordinación entre los que sufrieron la Operación Cóndor. La originalidad de este proceso de confluencia es que se piensa sistemático, permanente y organizado. Yo tengo la impresión de que esta coordinación, de manera tácita, ha funcionado. Por ejemplo, en todo el trabajo conjunto que hubo en los juicios de Madrid, que permitieron el juzgamiento de represores argentinos y chilenos, y el principal fue nada menos que Augusto Pinochet Ugarte.

¿Por ejemplo?
Yo creo que la brillantez que tuvieron los argentinos, con el abogado Carlos Slepoy a la cabeza, con los juicios de Madrid, fue impresionante. Los juicios de Madrid son un proceso por la dictadura argentina, que nosotros logramos instalarlo con cierto oportunismo con el tema de la Operación Cóndor. En realidad, no fue por la causa iniciada por los chilenos que fue capturado Augusto Pinochet, sino por el proceso abierto por los argentinos. Yo creo que la solidaridad judicial que ha habido entre Chile y la Argentina ha permitido que Chile tuviera un proceso interesante de ruptura de la impunidad, pero no se abrieron las puertas de esto hasta que se detuvo a Pinochet. Lo demás eran gotitas. Nosotros tuvimos un símil al Juicio de las Juntas, que fue el juicio a la DINA que mató a Orlando Letelier (N. de R: embajador de Salvador Allende en Estados Unidos). Fue nuestro show, transmitido por todos lados. Después esto se cerró hasta el año ‘98, cuando se rompe con la detención de Pinochet.

¿Cuáles fueron los efectos concretos que tuvieron esos procesos en España hacia el interior de Chile?
Esos juicios permitieron la apertura de la Justicia en Chile, como ocurre el día de hoy con unos 1300 juicios que hay allí en contra de violadores de los derechos humanos y cerca de 700 represores que están siendo enjuiciados, más de 70 ya en prisión. Son números importantes que demuestran la coordinación que hemos tenido. Claro, esa coordinación no ha sido sistemática ni cotidiana, pero sí concurrente entre los trabajadores por los derechos humanos de Argentina y de Chile.

¿En qué innovaría esa coordinación hoy por hoy?
Pero yo creo que lo novedoso es que hoy en día somos ciudadanos que tenemos poder estatal, es decir que somos diputados de la República, y que podemos ser parte de esta coordinación. Ya no somos estos "marginales" que hacen la política desde la puerta del Parlamento. Hoy en día, estamos instalados en el Parlamento, tenemos cierto poder e influencia y queremos utilizarlos para crear condiciones reales de coordinación entre los distintos grupos sociales que se puedan entrelazar para hacer justicia en nuestros países. Yo creo que la Operación Cóndor puede resultar una muy buena excusa para reunirnos, dialogar y traspasarnos experiencias. Pero también estos encuentros nos tienen que servir para estar atentos y que la Operación Cóndor no vuelva a pasar nunca más. Tenemos la sabiduría incorporada dramáticamente en nuestros genes para saber cuándo se avecina una nueva coordinación de la muerte, como fue la Operación Cóndor, y si no la usamos, estaremos fallando a nuestro deber de evitar que nuestro pueblo sea víctima nuevamente, el día de mañana, de un genocidio.

¿Cuál es la importancia de juzgar la Operación Cóndor como tal, como una coordinación represiva entre las dictaduras del Cono Sur y los Estados Unidos?
Por una de esas curiosidades de la vida, yo presenté el 11 de septiembre de 2001 la querella en Chile. Me acuerdo que la estaba presentando con el fallecido diputado Juan Bustos y justo me avisan que se estaban cayendo las Torres Gemelas. Esa querella estaba direccionada en contra de Henry Kissinger y era la primera vez que se lo trataba como el imputado de un delito, como el autor mediato de toda la Operación Cóndor. Nosotros lo responsabilizábamos de crímenes contra la paz. Logramos que saliera una petición de interrogatorio desde los tribunales chilenos al Departamento de Estado norteamericano, pero que hasta el día de hoy nunca tuvimos respuesta porque Estados Unidos ampara a Kissinger. Justamente, unos días atrás, me preguntaban mi opinión sobre la muerte de Osama bin Laden y respondí que el presidente estadounidense dio la orden de ir a matarlo por los crímenes que había cometido y con eso lo que estaba justificando es que el día de mañana un presidente chileno diera la orden de ir a matar a Kissinger porque hizo lo mismo que Bin Laden en Latinoamérica. Si vamos a justificar el ojo por ojo, nosotros todavía tenemos mucha sangre en el ojo por los crímenes que cometió Kissinger.

¿Por qué usaron la figura de crímenes contra la paz?
Lo que hicieron la Operación Cóndor y los golpes de Estado en América latina fue interrumpir procesos populares democráticos por una decisión norteamericana, y allí se atentó contra la paz. Los crímenes de guerra son con posterioridad a los golpes. Este tipo penal lo utilizamos nuevamente cuando nos querellamos por el caso de Salvador Allende y que es una de las figuras que surgen después de los tribunales de Nurenberg.

¿Cree que el no haber sido parte de los juicios de Madrid influye para que Uruguay siga teniendo problemas a la hora de juzgar a los represores?
Yo creo que Uruguay es un poquito más lerdo, va un paso más atrás. Aceptó con mucha propiedad ese veredicto popular que convalidó la Ley de Caducidad, a diferencia de los argentinos y de nosotros. En Chile, veníamos con la amnistía de la dictadura. En Argentina, tenían la amnistía que les diseñaron Carlos Menem y Raúl Alfonsín. Uruguay está en el medio porque fue el pueblo el que la aprobó. Ahí tenemos las tres variantes, pero la chilena es la más claramente ilegítima.

¿Qué pasa con la amnistía en Chile?
Sin haber derogado esa ley, hoy en día no se aplica, lo que es muy interesante. Nosotros hemos batallado contra toda una institucionalidad, que luego de la dictadura no ha cambiado nada. La construcción política que diseñó Pinochet es la misma que está hoy vigente en Chile: el modelo económico, los jueces, los tribunales militares, que se terminaron el año pasado.

¿A qué cree que se debe la insistencia del gobierno de Sebastián Piñera para poner en el debate la posibilidad de indultar a los represores condenados?
Estamos en un gobierno de derecha y este gobierno, sin duda, tiene un compromiso con todos aquellos que "salvaron al país del cáncer marxista". Como dijo Salvador Allende en su último discurso en La Moneda, esta derecha gobernante recuperó con mano ajena, con las fuerzas armadas chilenas, el control del Estado. En consecuencia, yo creo que hay una "deuda" que este gobierno de derecha tiene que pagar con los "salvadores de la patria", que hoy en día están encarcelados por violar los derechos humanos. Por eso, todo lo que vemos en cuanto a indultos, libertades condicionales, restricciones de los plazos de investigación de la Justicia son una concesión de favores a esos con los que comulga.

Pero el año pasado, una encuesta mostró que la población estaba mayoritariamente en contra de indultar a los represores y Piñera dio marcha atrás. ¿Eso no muestra que está tratando de evitar el costo político?
Yo creo que si hay algo que está impidiendo que Piñera indulte a los violadores de derechos humanos en Chile es justamente una opinión pública que es renuente a que eso ocurra. Pero si hubiese una encuesta que dijese que no se ve mal indultarlos, Piñera lo haría.

Los procesos abiertos por el juez Baltasar Garzón fueron un puntapié para que chilenos y argentinos empezaran a llevar a los criminales ante la Justicia. ¿Cómo percibe el proceso que tiene que afrontar actualmente ese mismo magistrado cuando pretende investigar los propios crímenes del franquismo?
El auto de apertura del juicio contra el franquismo dictado por Garzón es un enjuiciamiento de la transición democrática española y de la institucionalidad vigente. En ese instrumento jurídico, Garzón señala de manera clara y en varias oportunidades que la institucionalidad existente en España es producto de un acto criminal. Es decir, surge de un terrorismo y de un acto de insubordinación de las fuerzas armadas. Es una institucionalidad que nace de la fuerza más violenta y descarada contra el pueblo español. Garzón se encarga de demostrarlo y señala los casos de mujeres embarazadas privadas de la libertad que eran fusiladas después de tener a sus hijos; de la unidad que crearon para ir a traer e introducir en orfelinatos a los niños, hijos de republicanos, que habían huido a Francia. La persecución que se direcciona en contra de Garzón es producto de haber evidenciado una verdad que todos ocultan o niegan en España. Además, él enjuicia la transición cuando desvirtúa la aplicación de la Ley de Amnistía, aludiendo a la doctrina de derechos humanos, aunque sea una norma que surgió cuando Francisco Franco estaba muerto. La transición española está basada en una ley de amnistía. Es tan fuerte la crítica que hace Garzón, que provocó una sobrerreacción del Estado español, que hizo que le inventaran todos estos juicios por prevaricato. La idea era enlodarlo para que lo que estaba diciendo en su auto de apertura no tuviese influencia en la gente. Pero la verdad está dicha en ese auto y el día de mañana, ése va a ser considerado como un documento histórico y vital en lo que se refiere a la historia reciente en España.

¿No es paradójico que grandes sectores sociales españoles hayan apoyado los juicios a los represores latinoamericanos pero no estén interesados en llevar a los represores franquistas al banquillo de los acusados?
Yo todavía no dejo de repudiar la postura que tuvieron los partidos populares en España. Sigo sin entender cómo los partidos de izquierda, entre ellos el Partido Comunista Español (PCE), juraron lealtad a la monarquía. La otra cosa es que hayan sido parte de los acuerdos de La Moncloa y hayan aceptado la amnistía. Son cosas que son intolerables.

¿Cómo se construyó memoria de lo que significó la dictadura en Chile?
Siento que en mi país, la historia alternativa o no oficial ha sido muy potente. No logró instalarse una verdad sobre el poder. Nosotros hemos instalado una historia no oficial, que es un gran logro en Chile. No obstante, la transición democrática en los términos en que se hizo fue llevada a cabo con mucha cobardía política. Yo creo que si algo hay que repudiarles a las autoridades que redireccionaron la transición política chilena es que fueron abiertamente unos cobardes, que no quisieron enfrentar a las fuerzas armadas sino que, por el contrario, respetaron toda la institucionalidad dejada por Pinochet y que fueron incapaces de cambiarla por dentro, como ellos querían hacerlo. Es por eso que hasta el día de hoy tenemos la Constitución, el modelo económico, una doctrina de seguridad pública y la cultura represiva diseñados por Pinochet. En lo único que logramos romper los esquemas fue en la mantención de la impunidad que había dejado Pinochet y que, por supuesto, la clase política instalada durante la transición también estaba dispuesta a respetarle. Pero fueron las organizaciones sociales y los partidos populares los que lograron romper con eso.

¿Sólo por cobardía entiende que se mantuvieron las estructuras?
Muchos integrantes de la clase política que gobernó hasta hace un año atrás la transición están cooptados por el modelo neoliberal, y eso lo puedo ver día a día en el Parlamento. ¿Por qué no se puede construir oposición en Chile? Porque los partidos de la Concertación nunca tuvieron un proyecto político contrario a la dictadura, su proyecto político siempre fue subalterno a las políticas públicas diseñadas por la dictadura. Entonces, la pregunta es cómo pueden ser ellos oposición a algo que ellos mismos administraron.

¿Un ejemplo de ello sería la Ley Antiterrorista, un legado de la dictadura pinochetista que se mantuvo durante los años de gobierno de la Concertación?
Efectivamente, la Ley Antiterrorista es una ley de Pinochet, pero quien la hizo más perjudicial para las fuerzas sociales y políticas fue la Concertación. Porque agregó tipos penales como los incendios. Durante la presidencia de Ricardo Lagos, hubo una modificación que permite que el Ministerio Público por sí solo califique tus hechos como terroristas y te aplique toda la legislación antiterrorista, sin tener que mediar un juez. Ahora vamos a presentar un proyecto para que vuelvan a ser los tribunales de garantías los que señalen si una conducta es o no conducta terrorista.

¿Qué involucra su aplicación?
Significa aumentar los plazos de detención extrajudicial, los plazos de incomunicación, que pueden aplicarse los testigos sin rostro, es decir, los que declaran en estas causas que son anónimos desde que se presentan hasta después. La legislación antiterrorista fue agravada por los gobiernos de la Concertación y que hoy la utiliza muy bien el gobierno de derecha.

¿Qué opina de la reapertura del caso por el asesinato del senador pinochetista Jaime Guzmán y el consecuente reclamo a la Argentina de que extradite a Galvarino Apablaza?
Yo creo que lo que ha pasado con el caso Guzmán es una evidencia de la necesidad que tiene la derecha de construirse una agenda de derechos humanos, que se pueda oponer a la agenda de derechos humanos que tenían los gobiernos de la Concertación, que –con todas las críticas que uno les puede hacer– tuvieron la deferencia de no instar por la impunidad. Ese es el gran logro que tuvo la Concertación en sus 20 años de gobierno. La derecha igual tiene necesidad de instalar una agenda de derechos humanos y no sólo involucra el caso Guzmán sino también el caso Manuel Olate, el caso "Bombas" (que es un caso contra los anarquistas), el caso del paquistaní que detuvieron supuestamente entrando con explosivos a la embajada norteamericana, el caso de los mapuches. Con todos esos temas, le salió el tiro por la culata.

En el juicio por la extradición de Olate a Colombia por supuestos nexos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) lo involucraron a usted también. ¿Cómo responde a esa acusación?
Trajeron a un agente antisubversivo colombiano a declarar y él determinó una cadena de mandos al interior de esta estructura terrorista y por supuesto me pone dentro de ella. Me han acusado de tantas cosas que una más... (bromea). Yo creo que lo que busca Colombia es internacionalizar la lucha contra las FARC y básicamente involucrar a todos los países latinoamericanos para quitarles cualquier tipo de apoyo. Nosotros, como Partido Comunista Chileno (PCCh), seguimos reivindicando nuestro derecho a solidarizarnos con todas las organizaciones que luchan por la justicia social y reivindicamos lo que ha hecho Olate, que no fue nada ilegal. Nosotros somos partidarios de un entendimiento en Colombia, que el Estado inicie el diálogo con las FARC para encontrar una solución a un proceso larguísimo de violencia que nosotros también queremos que termine.

¿Cómo tomó la noticia del asesinato del ex agente Enrique Arancibia Clavel, ocurrido días atrás en Buenos Aires?
Fue una noticia que impactó. Porque creo que haber condenado a Arancibia Clavel por la Justicia argentina y después haber permitido un juicio en Chile sobre el asesinato del general Carlos Prats y su señora rompió un mito: el que decía que los crímenes cometidos por la dictadura eran excesos y que no había una institución comprometida con las violaciones a los derechos humanos, es decir que las fuerzas armadas –fundamentalmente el ejército– estaban ajenas a esos crímenes. Con el asesinato del general Prats lo que se demuestra es el compromiso de la dictadura encabezada por Pinochet y del ejército, que se atrevió a nada más y nada menos matar a un comandante en jefe de esa fuerza. Yo creo que fue muy determinante que en estos juicios, tanto en Argentina como en Chile, el primer condenado haya sido Arancibia Clavel.

¿Qué expectativas tiene con la exhumación del cuerpo de Allende?
Unos meses atrás estuve hablando con Joan Garcés (N. de R.: Jurista, fue asesor del presidente socialista) y me decía: "Si a un vecino cualquiera se lo encuentra muerto en una ciudad cualquiera de Chile, su muerte se va a investigar en un proceso penal. ¿Por qué en el caso de Salvador Allende, él no ha tenido proceso penal? Después llegué a Chile y justamente una de las motivaciones que llevé de vuelta era que el tema de Salvador Allende no podía quedar en la penumbra. Yo creo que se están llevando a cabo investigaciones que pueden ser relevantes. De hecho, el próximo 23 será la autopsia.

¿Y qué opina de la apertura de la causa por el asesinato del presidente Eduardo Frei Montalva?
Fue el primer presidente de la República que ha sido asesinado en Chile. Al margen de que se logre acreditar quién ha sido su autor, lo grave es que la dictadura no tembló ante nada, que incluso le cortó la vida a un ex mandatario. Esas son las dimensiones que tuvo la dictadura en mi país, que llegó a matar a un ex presidente, también salió fuera de las fronteras a matar gente. Fue una dictadura con gran vocación internacionalista.
13 de junio de 2011
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a mengele le gustaban las muñecas


Lucía Puenzo habla de ‘Wakolda’, su última novela. La escritora y directora de cine trazó una controvertida disección literaria de la personalidad del médico y criminal de guerra alemán. "En la medida en que muchos nazis vinieron a vivir al país y entraron en contacto con argentinos, también es nuestra historia", dice.
[Silvina Friera] Argentina. "Las peores catástrofes siempre empiezan así: sin que uno las vea venir." José, un alemán que dice que es veterinario y antropólogo, perpetuo fugitivo, obsesionado con la pureza de la sangre y los genes, mastica esta sentencia retrospectiva. La clave para sobrevivir está en evaporarse sin dejar rastros. En eso anda, escapando de los sabuesos del Mossad, en el verano de 1960, cuando en el camino a Bariloche se cruza con Lilith –rubia, blanca y de ojos claros–, una nena de doce años que, por su pequeño tamaño, sin llegar a ser una enana, parece de ocho o nueve. Desde su metro treinta de altura, ella lo enfrenta con desparpajo. El encantamiento –aterrador por donde se lo mire– es mutuo: el desconocido le inspira confianza. Y la seduce con sus modales. No es la primera vez que un "espécimen monstruoso" –admite José al radiografiar a la criatura–- lo excita de esa forma. El lector sabe en las primeras páginas de ‘Wakolda’ (Emecé), la última novela de Lucía Puenzo, que José es nada menos que Josef Mengele, apodado "el ángel de la muerte". La cortesía de José subyuga a la madre de Lilith, embarazada de gemelas. Con los cazadores de nazis mordiéndole los talones, a Mengele le conviene ocultarse en la hostería que la familia deberá administrar. Dispone del dinero suficiente para pagar una habitación y financiar la fabricación de muñecas junto al padre de Lilith; además de un apabullante andamiaje de conocimientos científicos que le permitirán, a pesar de la reticencia inicial, someter a la nena a un tratamiento a base de inyecciones con hormonas de crecimiento.
El criminal nazi que intentó modelar genéticamente a Alemania –no viene mal mencionar las esterilizaciones masivas, las vivisecciones y los intentos frustrados por alterar el color de la piel con inyecciones subcutáneas, entre otros pormenores de la maquinaria de experimentación y exterminio– intenta en la novela proyectar ese ideal de perfección en las muñecas arias. Quizá Puenzo intuye que en ‘Wakolda’ trazó una penetrante y controvertida disección literaria de la personalidad de Mengele. "Insólitamente –cuenta la escritora y directora de cine en la entrevista con Página/12– entré a esta novela por el temor que me produce el costado más oscuro de la medicina; cómo la medicina, que es tan importante y puede ser luminosa y sanadora, tiene un umbral de oscuridad cuando se mezcla con el poder. En algún punto, la máxima expresión de esto es Mengele, el médico que encarna ese contacto perverso con la ciencia."
Puenzo escribió el primer capítulo de la novela sin saber hacia dónde se dirigía con la trama. En muchos libros históricos leyó que el genocida nazi había convivido con una familia argentina en el Sur, pero no se sabía en qué situación. "Hay diferentes versiones sobre cuándo Mengele estuvo en Bariloche; algunos dicen que fue con su mujer, pero no en el momento en que lo empezó a buscar el Mossad –explica Puenzo–. Lo que me dijeron diferentes historiadores fue que ése es el período más misterioso de Mengele acá, porque se le perdió un poco la pista y no se sabe bien qué pasó. Y hubo otro dato, que a mí me dio el hilo por dónde escribir: él estuvo en contacto con la manufactura de muñecas; en algunos libros dicen que trabajó en una juguetería, en otros que hizo muñecas. Como no se sabe bien, me pareció que era un terreno para hacer ficción. Mengele haciendo muñecas era la cima de la perversión, ¿no? Cómo puede ocurrir que un tipo que se pasó décadas tratando de modelar genéticamente a una nación, después decida trabajar con muñecas. Este fue el punto de arranque."

Hay escenas en que se narra cómo Mengele experimenta con las muñecas, como si buscara desplazar el horror del campo de concentración al cuerpo de las muñecas. ¿Le costó escribir estas partes?
La escritura de esas escenas fue muy perturbadora; como no sabía hacia dónde iba, al principio me esforzaba por el detalle, por aquellas acciones minúsculas que permitieran entender cómo se construye el vínculo entre Mengele y una adolescente. Ese vínculo, que a mí también me perturbaba, lo fui descubriendo pasito a pasito. Esta es la novela que más tiempo y trabajo me llevó porque era un material difícil: me atraía, pero me generaba cierta cuota de inquietud. Al mismo tiempo, lo más interesante era que Mengele fuera muy carismático.

¿Por qué?
Estos monstruos son más monstruosos porque no los ves venir. Si tuvieran un cartel en la frente que dijera "soy peligroso", sería más fácil. Mengele era muy apuesto; hay muchos testimonios que dan cuenta de lo agradable y sensible que era. Había una atracción de él hacia los niños y de los niños hacia él; los chicos confiaban mucho en él. Eso era lo que me parecía más perturbador, ese camuflaje que no permitía que se viera lo perverso y lo peligroso que era. A mí me incomodaba generar en ciertas instancias una especie de empatía con Mengele. Sé que es una novela incómoda, me di cuenta mientras la escribía. Como Lilith está enamorada de Mengele, sabía de antemano que era lo políticamente incorrecto que se puede hacer con un personaje como Mengele.

Víctima de "el ángel de la muerte" en Auschwitz, donde habría sido esterilizada, Nora Eldoc es un personaje real que irrumpe como una heroína trágica hacia el final de ‘Wakolda’. "Lo que se sabe de Nora es poco: que estuvo en Bariloche, que se la vio bailando en una fiesta con Mengele, que apareció muerta y algunos plantean que era una esquiadora y no tenía nada que ver con la cacería de nazis; pero llegaron agentes de la Embajada de Israel, certificaron su muerte y se llevaron ciertos papeles. Nora también es un campo para las conjeturas. Había ahí un umbral entre la ficción y lo histórico que me parecía muy interesante", subraya Puenzo. "El personaje de Nora es una justiciera que se pasó años cazando nazis. El hecho de que quedó estéril por los experimentos que hizo Mengele aparece en algunos libros, pero en otros no. Son cuestiones que los historiadores admiten que no se podrán saber jamás porque le perdieron el rastro. Y ni siquiera saben si ése era su verdadero nombre."

Hacia el final de la novela, Nora le pregunta a la madre de Lilith si realmente quiere saber quién es José. ¿Intentó plasmar cierta omisión o negación de la familia sobre lo que pasaba, algo así como "en algo raro anda este hombre, pero mejor no me meto"?
La información que se manejaba en 1960 no es la misma que manejamos ahora. No existía la red mediática que tenemos hoy; Bariloche estaba muy aislada, pero además no se tenía conciencia de lo que había pasado en los campos. Me refiero a la medicalización del nazismo y al uso central que la ideología nazi hizo de los médicos. Y que no era algo tangencial sino todo un aparato construido para modificar la raza. Esta información no se manejaba entonces. Aunque la familia sospecha que José tuvo un alto rango en la guerra, no deja de ser un médico y no un militar. Esto desorienta más, porque no tienen en claro el nivel de culpabilidad que puede tener Mengele. Pero sí perciben la red de complicidades de la comunidad alemana en Bariloche, que fue ocultando a muchos criminales nazis como si tuvieran un trofeo y un orgullo. En el colegio Primo Capraro hay fotos de la fundación y se pueden ver a los chicos haciendo el saludo nazi. Hubo un ocultamiento gradual que después se transformó en vergüenza.

Dos muñecas atraviesan el engranaje de la novela: Herlitzka, paradigma de la pureza; y Wakolda –nombre de la mujer del legendario cacique Lautaro–, emblema del mestizaje y portadora de un misterio que aceitará las cavilaciones y conjeturas del lector. "No sabemos qué es lo que le saca Mengele del vientre; pero creo que de una manera inconsciente está vinculado con lo intangible, con el costado más místico", admite Puenzo, en cuyo horizonte cercano está la filmación de la novela, a fin de este año o principios del próximo.

Ese misterio, que funciona tan bien en la novela, debe ser un gran obstáculo o problema para la película, ¿no?
Totalmente, fue todo un trabajo de reescritura para desplazar lo intangible al margen y que la trama que mande esté más en el campo de lo real: al final, a Mengele lo viene a buscar el Mossad. El primer problema de la escritura del guión fue cómo eso que funcionaba en la literatura resultaba imposible en el cine. Recién terminé la segunda versión del guión y ahora estoy pensando en los actores. No tengo a nadie confirmado todavía.

¿La novela se está traduciendo al alemán?
Sí, pero antes, cuando la leyeron sin saber si la iban a publicar, pusieron un grupo de investigadores a chequear información.

¿Cómo explica ese "control" sobre un texto que es ficción?
El tema es muy interesante y complejísimo. Como confío mucho en la editorial alemana porque me ha publicado varias novelas, quería ver qué entendían de lo que escribe una argentina. Hubo sutilezas mínimas que me comentaron, pero se tomaron la molestia de chequear dato por dato. En la medida en que muchos nazis vinieron a vivir al país y entraron en contacto con miles de argentinos, también es nuestra historia. No es sólo la historia de los alemanes. Quieras o no, los perturba mucho el hecho de compartir esa historia y se preguntan cuál es la significación que le vamos a encontrar a ese cruce.

Esta cuestión de chequear dato por dato, ¿podría ser interpretada en el marco de la culpa que cargan los alemanes por el nazismo?
Creo que caló muy hondo la culpa con la que cargan los alemanes; yo lo percibí estando allá con cada persona que hablaba, con las posturas que tomaba. Cuando estuve en Berlín, presenté el guión de la película ante unas 60 personas de todas las edades y regiones de Alemania. Pude ver las reacciones que provocaba. Los perturba porque es un territorio desconocido y enseguida se les enciende la alarma, porque no se han filmado mucho este tipo de historias. De Mengele hay una película, ‘Los niños del Brasil’, en la que Gregory Peck hace de Mengele, que es el gran estereotipo del malvado.

El umbral entre la vida y la muerte, se dice en una parte de la novela, Mengele lo conocía de memoria. ¿Qué papel cree que cumple la medicina en ‘Wakolda’?
La medicina dispara hacia el pasado y hacia el futuro. Hacia el futuro con la exploración de la genética y cómo se traduce en el presente. Lo que ocurre hoy con los médicos, en relación con la genética, es que los pone en un lugar casi divino de decidir las técnicas de fertilización asistida y transformarse en algo así como en dioses. Ya en los ’60, cuando empezaron a trabajar con las hormonas de crecimiento, entramos en un terreno hipercomplejo, que es la ética médica. Y también dispara hacia el pasado porque los médicos, en cierto sentido, se conectan con los chamanes del mundo premoderno, cuando la medicina estaba relacionada con cuestiones mágicas y la gente creía en el poder de la persona para sanar. En el caso de Mengele, cuando un médico encarna el lugar de alguien que puede matar, se genera un cortocircuito, porque uno tiene asociado al chamán, al mago de la tribu, al médico, como alguien que te va a curar y que nunca te va a dañar. Hace poco me mandaron un documental muy interesante de un psiquiatra norteamericano que entrevistó a todos los médicos que tuvieron algún tipo de complicidad con el nazismo y que trabajaron en los campos de concentración. Lo que a él le interesa estudiar fue cómo esos médicos llegaron a matar, cómo se produjo ese salto que consistió en transformar a médicos en asesinos.

¿Cómo se dio ese salto?
La meta del nazismo estaba clara desde el principio: ellos sabían que, tarde o temprano, iban a matar. Había una idea en toda Europa –y en Estados Unidos estaba aceptada–, que era la esterilización. El primer paso que se dio es que no nacieran más individuos de "raza degenerada"; para eso se planteaba la castración. Ese paso los médicos lo dieron con bastante facilidad. De ahí a la eutanasia, que es el próximo paso, directamente matar gente, el salto era más difícil. Pero inventaron tecnologías que no los pusieron en contacto directo con la muerte; por eso las cámaras de gas y lo que experimentaron estaba camuflado como algo que serviría a la medicina.

Esa obsesión de Lilith por crecer, ¿cree que prolonga hasta la actualidad una idea de perfección que se aproxima a ese ideal de la pureza cercano al nazismo?
Yo me junté con muchos médicos, porque necesitaba para la novela tener detalles de la dosis de hormonas de crecimiento que se debería aplicar y cómo era el proceso. Un médico me dijo que el tratamiento que en mi novela le hace Mengele a Lilith no es muy diferente del tratamiento que le hicieron a (Lionel) Messi para que creciera cinco centímetros; es la misma hormona de crecimiento. Son tratamientos que se modernizaron y se siguen usando. Las sociedades totalitarias y asesinas cruzan la línea... Pero nada de lo que ocurrió me parece tan lejano.
13 de junio de 2011
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