ley provoca debate sobre religión
Karen DeYoung en Washington contribuyó a este reportaje. 17 de abril de 2009
Kabul, Afganistán. Cuando el mes pasado el gobierno de Afganistán aprobó discretamente una amplia ley que restringe los derechos de las mujeres de la minoría chií, poco afganos sabían lo que decía. Pero desde que se hicieran conocidos los contenidos de la ley hace apenas una semana, ha provocado un extraordinario debate público sobre religión y sexo, tópicos tradicionalmente prohibidos en este país musulmán conservador, y una protesta sin precedentes de altos personeros.
La ley, que fue aprobada por el parlamento y firmada por el presidente Hamid Karzai, tipifica la conducta apropiada de las parejas y familias chiíes incluso en los más íntimos detalles. Exige que las mujeres soliciten el permiso del marido para salir de casa, excepto para propósitos "culturalmente legítimos", tales como ir al trabajo o a una boda, y someterse a sus demandas sexuales a menos que estén enfermas o tengan su período.
Vista inicialmente como un gesto político hacia los chiíes del país, que constituyen el veinte por ciento de la población y han buscado durante largo tiempo el reconocimiento legal de sus creencias religiosas, la ley se ha convertido en una pesadilla política para el gobierno que lucha por equilibrar las presiones contradictorias de fuerzas tradicionales y modernas en casa y en el extranjero.
La ley no solamente ha sido denunciada por importantes gobiernos occidentales de los que el país, pobre y asolado por la subversión, recibe ayuda económica y militar, sino además ha provocado una protesta formal de varios miembros del gabinete y de más de otros doscientos líderes afganos, que dicen que trata a las mujeres como "objetos" y podría conducir a una nueva "talibanización" de Afganistán.
"No puedo seguir callado", dijo Rangin Dadfar Spanta, ministro de Relaciones Exteriores y una de las figuras más prominentes que firmó la declaración de protesta.
En una entrevista, Spanta dijo que seguía siendo leal a Karzai, pero que no podía tolerar que la democracia y los derechos humanos en Afganistán fueran constantemente asaltados por los extremistas religiosos. La ley chií, dijo, tiene "una orientación totalitaria que no acepta la distinción entre lo privado y lo público. Y define a algunos ciudadanos afganos no como seres humanos, sino como esclavos".
La ley fue aprobada después de un debate y correcciones, pero activistas afganos por los derechos humanos que revisaron la legislación dijeron que la mayoría de sus objeciones fueron ignoradas. Dijeron que un puñado de dirigentes chiíes conservadores ejercieron presión sobre otros legisladores y Karzai para que la apoyaran, sobre la base de que la minoría chií en este país predominantemente sunní merecía sus propias leyes religiosas.
"Eso se suponía que debía ser un logro: reconocer los derechos legales de los chiíes para que no se les puedan imponer las leyes hanafi (sunníes)", dijo Sima Samar, una chií que preside la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán. "Pero también fue utilizada por otros líderes que quieren encadenar a la mitad de la población. Es bueno tener reglas para el matrimonio y el divorcio, pero si yo quiero que mi mujer se pinte los labios rosados y ella los quiere llevar rojos no entiendo por qué deba eso está regulado en una ley".
Los legisladores y clérigos chiíes conservadores que redactaron y fomentaron la ley afirmaron que protege a las mujeres y otorga a las esposas amplios poderes, especialmente en áreas como la custodia de los hijos. Señalan que varias secciones fueron modificadas después del debate, aflojando las restricciones sobre la libertad de movimiento de las mujeres y elevando la edad mínima para casarse.
Pero otro grupo de estudiosos chiíes más moderados dijeron que habían pedido numerosos cambios que no fueron introducidos. Su argumento principal era que ciertos aspectos de la vida familiar, especialmente las relaciones maritales, deberían seguir siendo privados. También dijeron que la jurisprudencia chií permite flexibilidad y modificación en conformidad con la evolución de las costumbres.
"Las relaciones sexuales deben ocurrir entre un marido y su esposa. Si pueden resolver sus problemas, el gobierno no tiene derecho a interferir", dijo Amin Ahmadi, presidente de un nuevo colegio chií en Kabul, la capital. "No hemos propuesto nada contra la ley islámica, sino sólo a favor de los derechos humanos. Puede haber una interpretación más moderna de esos temas".
Mohammad Mohaqiq, legislador y dirigente del grupo étnico chií hazara que visitó Washington esta semana, condenó fuertemente la ley diciendo que era una versión "discriminatoria e inhumana" propuesta por "clérigos extremistas" y no la versión más moderada negociada en contradicción con valores humanos comunes en todo el mundo".
Además de revelar las diferencias existentes entre los dirigentes chiíes, la controversia también ha llamado la atención sobre las presiones contradictorias ejercidas sobre Karzai, que se espera que se postule a la reelección en agosto. El presidente se encuentra atrapado entre los clérigos conservadores -tantos sunníes como chiíes- cuyo apoyo necesita para ganar las elecciones, y sus patrocinadores occidentales, que condenaron rápidamente la nueva ley.
"He expresado mi preocupación y objeciones a esta ley directamente al presidente Karzai, y nuestro presidente, el presidente Obama, ha hablado sobre el hecho de que realmente no coincide con la dirección que ha venido siguiendo Afganistán", dijo esta semana la ministro de Relaciones Exteriores, Hillary Rodham Clinton.
Varios otros gobiernos occidentales, la OTAN y Naciones Unidas expresaron similarmente su indignación.
Según fuentes a Karzai le tomaron por sorpresa las críticas extranjeras. Ahora ha prometido revisar exhaustivamente la ley y cambiar cualquier formulación que contradiga la Constitución afgana de 2004, que resguarda los derechos de las mujeres. La ley todavía no ha sido implementada, aunque las instrucciones clericales chiíes siguen sus principios básicos.
Entretanto, la indignación internacional ha provocado una discusión a nivel nacional entre chiíes y sunníes, la mayor parte en programas de radio, sobre temas largamente censurados, como la religión y el sexo.
Tanto la mayoría sunní como la minoría chií defienden una fuerte autoridad masculina sobre la familia. Pero los chiíes, que son mayoritariamente hazaras étnicos, son considerados más progresistas que los sunníes, especialmente el grupo étnico pashtun, que engendró el represivo movimiento talibán de los años noventa.
En el furor del debate, algunos afganos expresaron preocupación de que las mujeres pueden estar tentadas de tener aventuras extramaritales si se les permite salir solas y expresaron indignación sobre lo que ven como interferencia extranjera en sus creencias religiosas. Pero algunas mujeres, especialmente las de una generación emergente más educada, han aprovechado la oportunidad para expresar sus opiniones sobre la necesidad de que las mujeres tengan más derechos en el islam.
Una de ellas fue Habiba Saddiqi, 23, estudiante de ingeniería que ha colaborado estrechamente con UNIFEM, la organización para las mujeres de Naciones Unidas que tiene un extenso programa en Kabul y fue la primera organización en dar la voz de alarma sobre la ley chií. Saddiqi, que es chií, dijo que durante la semana pasada ella y sus amigas reunieron miles de firmas pidiendo una versión más moderada de la ley.
"Necesitamos una ley así, pero debe ser más democrática", dijo. "Esta ley fue hecha solamente por hombres y en su beneficio. Si un padre puede casar a su hija con quién quiera, eso quiere decir que ella no tiene derechos. Eso no es bueno para las mujeres, y no es bueno para la sociedad".
10 de abril de 2009
©washington post
cc traducción mQh
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