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aniversario 39 de muerte del che


[Álvaro Zuazo] Recuerdan aniversario de muerte del Che Guevara.
La Paz, Bolivia. Colaboradores del presidente Evo Morales y una hija de Ernesto Che Guevara participaron en homenajes al combatiente al recordarse el lunes el 39 aniversario de su ejecución en Bolivia, mientras las fuerzas armadas honraron a los soldados bolivianos muertos en la lucha contra la guerrilla del cubano-argentino.
Morales, quien en repetidas oportunidades ha manifestado admiración por Guevara, no asistió a los homenajes, pese a que fue invitado.
La presencia de Morales era aguardada en un homenaje de pueblos indígenas a Guevara en La Paz, el domingo en la noche, pero después de tres horas de espera fue representado por su vocero, Alex Contreras, y por la ministra de Gobierno, Alicia Muñoz. Las causas no fueron explicadas.
Pocas horas antes, en una ceremonia en el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Bolivia, el inspector general de la institución, vicealmirante Ismael Schabid, indicó que el guerrillero puso en riesgo el futuro de Bolivia.
Morales tampoco participó en un homenaje al ‘Che' en la localidad de la Higuera, donde Guevara fue ejecutado el 9 de octubre de 1967 por órdenes de las fuerzas armadas bolivianas, después de ser capturado en la víspera por una patrulla del ejército. Allí, su hija Aleida Guevara, encabezó la conmemoración.
Morales ha encomiado en varias oportunidades al guerrillero e incluso en sus oficinas, en el palacio de gobierno, ha hecho poner un cuadro con su imagen.
Uno de los protagonistas de ese encuentro fue el embajador cubano en Bolivia, Rafael Dausá. "Hace 39 años, en este lugar, se cometía un vil y cobarde asesinato, intentaban cegar la vida del Che Guevara, pero sólo consiguieron hacerlo inmortal...", dijo.
"Sus asesinos pretendían ocultarlo, querían desaparecerlo, pero sólo lograron que floreciera su ejemplo en todo el mundo...", agregó.
El lunes, en declaraciones a la AP, el vicealmirante Schabid dijo que la guerrilla de Guevara cegó la vida de medio centenar de jóvenes bolivianos en Ñancahuazú, al oriente de Bolivia, y que para eso contó con el apoyo de combatientes cubanos.
"Ellos (los guerrilleros) lo que hicieron fue prácticamente invadir; porque nadie los llamó y vinieron armados", dijo el oficial.
"¿Por qué tendríamos que querer al ‘Che' Guevara, si el vino armado?", agregó, al señalar que, por esa razón, es posible que "haya alguna inquietud" en las fuerzas armadas por la llegada de asesores cubanos en distintas áreas. Sin embargo, dijo que ese es un criterio personal y que no podría confirmar que esto es así.
Schabid insistió en que, de prosperar la guerrilla de Guevara, Bolivia pudo haber perecido.
"A cinco años de la crisis de los misiles de Cuba (1962), si el ‘Che' triunfaba en Bolivia, ¿qué hubiera pasado con Bolivia?, Bolivia no existiría. Bolivia se hubiera convertido en Vietnam. Es que el ‘Che' no amaba a Bolivia", dijo.
En un homenaje de los soldados bolivianos en la plaza de armas de la central ciudad de Cochabamba, el general de ejército retirado Alfredo Calvi manifestó el domingo molestia hacia el mandatario.
"Soldado... que fuiste olvidado por el presidente y capitán de las fuerzas armadas de la nación y prefiere rendirle homenaje al hombre que vino a sacrificar tu vida y ensangrentar la patria toda", dijo al referirse a los caídos del ejército boliviano.
"Increíble..., a un hombre que vino a derramar sangre boliviana con el propósito de conquistar Bolivia para convertirla en el trampolín del castro-comunismo y que causó mucho daño al país, se le califica de 'guerrillero heroico' y se lo compara nada menos con Simón Bolívar, Antonio José de Sucre...", agregó en alusión a algunos discursos de Morales en los que puso su figura a la altura de los libertadores.

9 de octubre de 2006
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una nueva bolivia 3


[Alma Guillermoprieto] ¿Hacia dónde va exactamente la revolución boliviana? Tercera y última entrega.
Lo que los términos indígena o quechua, guaraní o aimara pueden significar en este fluido mundo posmoderno, está abierto a interpretación. Se calcula que dos tercios de los que se identifican a sí mismos como quechua o aimara hablan español. Sólo las mujeres llevan los vestidos étnicos tradicionales, y para los aimara su componente clave es en realidad es el pequeño sombrero bombín. Y la flexible noción de Sacarías Flores de la indianidad, compatible con su chaqueta acolchada y sus creencias marxistas, es probablemente bastante diferente de la de Félix Patzi, actualmente ministro de educación y uno de los principales proponentes académicos de la identidad india. El año pasado pasé un larga hora en la pobre oficina de Patzi en La Paz, en una universidad tan destartalada y mísera -es la principal institución de estudios superiores del país- que bastaba con entrar para perder toda esperanza sobre el futuro de sus estudiantes.
Patzi es un hombre pequeño, doblado, de aspecto severo, que parece que no se relaja nunca, pero que observó en algún momento que después de licenciarse en la más corriente de las universidades estatales, había logrado de algún modo llegar a la Universidad Nacional de México. Debe de haber sido demasiado pobre como para vivir en una de las bohemias pensiones de estudiantes en ese barrio, porque después de que finalmente lo interrogara, dijo finalmente que había compartido un cuarto con un pariente en una calle secundaria en una vecindad detrás del mercado en el Zócalo de Ciudad de México. Parecía tener a Evo Morales como un político conciliador y moderado, y a mí me miraba con la misma desconfianza, pero estaba dispuesto a hablar conmigo sobre lo que quería decir el término ‘indio' y la política india.
Las formas indias de organización política, dijo, continuarán siendo radicalmente diferentes de lo que las sociedades blancas entienden por política de partidos. La dinámica de los movimientos sociales, dijo, "obedece una lógica comunitaria ancestral... en la que la conciencia individual no es esencial".
Se refería a la manera indígena, a menudo señalada, de tomar decisiones para explicar por qué tantos miles de personas pudieron ser convencidas de echarse a la calle una y otra vez. "Esa conciencia puede decir: ‘No estoy de acuerdo con esa propuesta'", dijo Patzi, "pero si el grupo dice que debe hacerse, entonces los individuos están moralmente obligados a participar".
"El término ‘étnico' se refiere a una descripción racial", agregó. "Incluye la cultura y el idioma. Pero nadie ha tocado el concepto como un proyecto de creación de una nueva civilización". Cuando lo examinas desde esa perspectiva, concluyó con un tono triunfal, "entonces estamos hablando de un proyecto social que puede ser aplicado universalmente".
Durante su campaña presidencial, y especialmente desde que asumiera oficio, Evo Morales ha enfatizado la indianidad de su gobierno, a pesar de sus talentos como futbolista, su origen político marxista y el hecho de que, a diferencia de sus padres, apenas habla aimara. Su historia -la serie de guerras y triunfos que marcan su camino hacia la victoria electoral- es diferente de la de los movimientos indigenistas. Roberto Choque Canqui, un historiador indio, me contó una historia diferente a la que cuenta Sacarías Flores, y empieza con su padre, un pongo, o siervo, expulsado por su hacendado y dejado sin tierras por haber participado en una de las innumerables insurrecciones indias que, como luces de bengala, salpican la historia de Bolivia.
Choque mencionó algunos puntos claves en la historia india: la guerra del Chaco, de 1932, entre Bolivia y Paraguay, en la que fueron enlistados campesinos como su padre y que murieron en grandes cantidades, y que dio a los sobrevivientes una visión nacional y una sensación de legitimidad que satisfacía su larga furia. "Y volvieron de la guerra sabiendo cómo manejar un arma", dijo Choque. "Y a menudo, conservaron las armas". Luego hubo la Revolución de 1952, dirigida por Víctor Paz Estenssoro, y la reforma agraria, el sufragio universal y las leyes de educación obligatoria que resultaron de la revolución. Como estudiante universitario Choque Canqui participó en un movimiento de retorno a las raíces llamado en honor a Tupac Katari, un líder indio del siglo 18 que se rebeló y fue castigado siendo descuartizado por caballos. El movimiento katarista tuvo muchos retoños, incluyendo la guerrilla de la supremacía india dirigida por Felipe Quispe, y también las organizaciones por los derechos de los indios que organizaron marchas nacionales en 1992, durante la conmemoración de la trágica llegada de Colón a las Américas. Este parece haber sido el momento definitorio en el que la actual generación de activistas indios se dieron cuenta de lo poderoso que podía ser su movimiento.
Cualquiera sean las preguntas sobre su identidad étnica que tengan personas como Sacarías Flores o incluso Félix Patzi mismo, no había ninguna duda sobre la identidad de los invitados a un picnic en el pueblo del altiplano Jesús de Machaca, a unos veinte kilómetros al sur de las riberas del Lago Titicaca, con vistas a la espléndida cordillera de picos cubiertos de nieve de los Andes. La tierra era monótona y plana hasta el horizonte mismo, y entendí entonces lo que Sacarías Flores había querido decir cuando dijo que antes de que se marchara a Santa Cruz no tenía más que nociones rudimentarias sobre qué era un árbol. Pero había color en todas partes en los magníficos ponchos de lana roja de llama y gorras de rayas brillantes y mallkus acarreando fardos, y sus esposas, mallku taykas. Adornos plateados y cetros brillaban en el sol. La iglesia, una enorme estructura, estaba siendo reconsagrada en conmemoración de sus primeros trescientos años, y las autoridades locales del distrito de Jesús de Machaca habían llegado para el evento, luciendo sus más finas tenidas ceremoniales.
Durante la misa, un coro de mujeres aimara cantaron con asombrosas voces, más parecidas al maullido altamente estilizado de un grupo de gatitos. También hubo una actuación de la orquesta sinfónica de El Alto (en el programa estaban Gershwin y Vivaldi, y la asistencia fue escasa) y un almuerzo. Las mallku taykas colocaron dos largos trozos de plástico en el suelo y luego los vecinos vaciaron unos sacos de comestibles sobre este mantel: un río de patatas cocidas de todas las formas posibles. Algunas eran azules, amarillas y otras eran patatas recién cosechadas de color crema, otras eran patatas marrones congeladas, llamadas chuño, y salobres tuntas deshidratadas -una delicia. Debido a que era una fiesta importante, también se llevaron un par de gordos quesos y llegó un pueblerino con pantalones nuevos con el pelo teñido de rubio con un saco de pollo asado. Los aldeanos se acuclillaron a lo largo de las tiras de plástico y comieron parsimoniosamente.
Fue la fiesta más tranquila a la que he asistido en mi vida, aunque se bebió considerablemente. Los campesinos hablaban menos conmigo que con los otros asistentes: presentada a un grupo de mallkuspor el alegre jesuita Xavier Albó, que ha trabajado durante décadas en la región, me preguntaron en un rudimentario español qué regalos había llevado. Me dieron la espalda cuando les dije que nada. Primitivos, pensé para mí misma, fastidiada. Me sentía desesperadamente sola. Pero finalmente un mallku charló conmigo, brevemente, quizás porque había estado celebrando con tanto entusiasmo que ya no le importaba con quién hablaba y, en respuesta a una pregunta mía, dijo que él y todos los demás vecinos de Jesús de Machaca habían votado por Evo Morales. Esquivando cuidadosamente la pregunta de si consideraba que el presidente era indio, dijo que lo que la comunidad esperaba del gobierno del MAS era dinero para las escuelas y para desarrollar el turismo en la zona. Luego dijo espontáneamente que los mallkus y las taykas en el distrito gobernaban con igual autoridad y que de hecho habían rescrito hace poco sus leyes para eso. "La igualdad de sexo, eso nos interesa", dijo, antes de desaparecer como el Gato Cheshire.
Educación, turismo, una nueva posición para las mujeres dentro de las organizaciones indias más tradicionales: el ayllu comunitario. Lo que los vecinos de Jesús de Machaca estaban pidiendo a Evo Morales eran cosas que les pueden proporcionar acceso a la sociedad moderna -las mismas demandas que uno oye de colonos y cocaleros, mineros, maestros y estudiantes universitarios que hicieron posible que Evo Morale ascendiera al poder. Pero si quiere escapar del destino de sus predecesores, el nuevo presidente de Bolivia también debe solucionar una serie de problemas para los que su larga lucha política no le ha preparado necesariamente.
Tras haber reorganizado la industria nacionalizada del gas de modo que Bolivia obtenga una parte justa de las ganancias, Morales debe tratar con equidad a Brasil y Argentina, importantes clientes de los ricos depósitos bolivianos. Debe prevenir que la rebelde mitad oriental del país, donde se concentran la riqueza agrícola y el gas, se declaren independientes. Debe mantener relaciones amistosas con Venezuela, cuyo petróleo y ayuda necesita, al mismo tiempo que mantiene una relación cordial con Europa y Estados Unidos; y para hacer todo esto debe impedir que resurja el cultivo de la coca en su zona de origen, el Chapare. Después de fracasar en el objetivo de hacerse con los dos tercios de mayoría en las elecciones del 2 de julio para la asamblea constituyente, debe hacer frente diplomáticamente a la oposición. Y debe lograr todo esto al mismo tiempo que saca a Bolivia de la pobreza en la que ha estado atascada durante siglos.

12 de julio de 2006
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una nueva bolivia 2


[Alma Guillermoprieto] ¿Hacia dónde va exactamente la revolución boliviana? Segunda entrega.
Cuando Evo Morales era un niño, su padre, Dionisio, un campesino espantosamente pobre en las áridas y ventosas tierras altas de Oruro, arreaba su manada de llamas y se encaminaba, con su primogénito, hacia los mercados de Cochabamba, adonde el señor Dionisio llegaba para vender su cosecha de patatas y sus animales. En el viaje de un mes, padre e hijo caminarían a menudo por la autopista pavimentada y de vez en cuando pasaría un autobús traqueteando y algún pasajero les arrojaría una mitad de naranja chupada. Evo recogería los restos de esa exótica fruta, pensando: "Algún día yo también viajaré en un bus rápido y también lanzaré naranjas por la ventana".
Algunos pueden pensar que esta anécdota es humillante y otros pueden pensar que evidencia la ausencia de sentimientos patrióticos, pero delata sueños que han sido completamente realizados, y a Evo -nadie en Bolivia lo llama de otro modo- le gusta contarla a embajadores y en manifestaciones. Su hermana mayor, Esther, me contó otras historias en su casa de clase trabajadora en Oruro: cómo en1979 el padre de Evo oyó que a los vecinos que habían emigrado a un terreno en la selva entre Cochabamba y Santa Cruz les estaba yendo bien, y cómo decidió ir también a probar suerte en el Chapare.
Taciturnos desconocidos de camisas chillonas llegaban por el aire a pistas de aterrizaje escondidas en la selva allá, o recorriendo los ríos adyacentes, ofreciendo precios ridículamente altos por uno de los productos agrícolas de los Andes: la hoja de coca, tan corriente como el té, aunque algo más fuerte. Las hojas de coca, preparadas como infusión o mascadas, mitigan el hambre, alivian el dolor y lo dejan a uno con una vaga sensación de bienestar, y por este pequeño don son consideradas sagradas por la gente de los Andes. No está claro si el señor Dionisio sabía que la coca -que es un cultivo legal- estaba siendo demandada para otros propósitos en el Chapare, pero su hijo sí sabía y, como los demás cocaleros de la región, pensaba que eso era irrelevante. (El ingreso de una familia campesina en el altiplano era probablemente de algunos cientos de dólares, o nada. En el Chapare podía llegar a unos catorce mil dólares en un buen año).
A meses de llegar al Chapare, me dijo Evo cuando hablé con él brevemente en noviembre pasado, se había metido en el sindicato de campesinos cocaleros gracias a su afición por el deporte. Pronto fue nombrado secretario del club deportivo. En 1986, inoportunamente, Estados Unidos lanzó una campaña antinarcóticos contra los campesinos del Chapare -la Operación Altos Hornos- justo cuando empezaban a llegar a la zona los primeros mineros desplazados. Helicópteros Black Hawk surcaron los cielos abochornados, fuerzas especiales adiestradas por Estados Unidos requisaron las mochilas de transeúntes y los ahorros de los campesinos y quemaron sus casas y cosechas. Evo, bajo la tutoría del organizador trotskista de las minas, saltó a las barricadas y dirigió las escaramuzas y luego el sindicato mismo. Nos gritaban "Indios chapareños", dice una mujer que participó en los bloqueos de entonces. "Y Evo contestaba: ‘Sí, somos indios y tenemos manos y pies para defendernos'. No tenía miedo, y decía lo que pensaba".
Lo conocí en 1992, en un sofocante cuarto en la sede de la federación en el Chapare. Entonces no dijo nada memorable, pero su imagen me quedó grabada: era un joven de curiosa languidez con una pronunciada nariz aimara, ojos almendrados y negros y un mechón de pelo negro en las cejas. Era apático, pero se sentía que debajo de su piel corría un montón de difusa energía, y que podía concentrarla muy rápidamente.
Él y la federación de campesinos del Chapare estaban perdiendo su bloqueo de una década en la guerra con Washington: hacia 1993, la producción de coca representaba menos del tres por ciento del producto interno bruto, después de haber alcanzado el 12 por ciento en 1980, y Estados Unidos había desviado sus operaciones antinarcóticos casi enteramente hacia otros países. Pero ese no fue el fin de Evo Morales, ni de los cocaleros ni las federaciones de colonos ni de otros movimientos populares. El MAS estaba por llegar, lo mismo que la primera candidatura a la presidencia de Evo, en unas elecciones que ganó Sánchez de Lozada.
En febrero de 2003, cinco meses después de su investidura, Sánchez de Lozada decretó un fuerte aumento de los impuestos y el país se convirtió en un caos: hubo una campaña de bloqueos de caminos y protestas estudiantiles, que fueron violentamente reprimidas; la policía se amotinó exigiendo aumentos salariales, el ejército fue llamado para intervenir contras las fuerzas policiales, y al final hubo treinta muertos. En septiembre, todo el mundo estaba de nuevo en las barricadas: los maestros, choferes de buses, jubilados, y legiones de campesinos pobres, algunos blandiendo rifles de caza y gritando lemas revolucionarios. Más prominentes fueron los vecinos de El Alto, un improvisado municipio en las afueras de La Paz, donde un millón o más inmigrantes del altiplano pueden cerrar en cuestión de minutos todos los accesos a la capital, incluyendo el aeropuerto, y que sufren continuamente de una falta casi total de servicios públicos. Las lealtades de la gente en El Alto se dividían entre políticos locales como Abel Mamani, que es hoy ministro del Agua, y un hombre estricto llamado Felipe Quispe, fundador de una organización guerrillera indigenista fundamentalista a la que perteneció alguna vez el actual vice-presidente. El 12 de octubre, Sánchez de Lozada ordenó la intervención del ejército. Hacia medianoche había veinte personas muertas en El Alto, y veintiuna más murieron en La Paz al día siguiente. El país se paralizó. E 17 de octubre, después de quince meses en el poder, Sánchez de Lozada huyó de Bolivia. El reconocido líder de la guerra contra él era Evo Morales.
El vice-presidente, Carlos Mesa, asumió el poder y fue brevemente tanto un aliado de Evo como el gobernante más popular que ha tenido Bolivia en su historia -de acuerdo a las encuestas que le dieron un índice de popularidad de un ochenta por ciento-, pero veinte meses más tarde también tuvo que marcharse, derrotado por las fuerzas de los pobres que estaban protestando prácticamente contra todo; una nacionalización de la industria del gas insuficientemente radical, la crónica escasez de gas y agua en sus hogares, la incapacidad de Mesa para convocar a una asamblea constituyente; sus vidas miserables. Más protestas impidieron que el vice-presidente de Mesa pudiera hacerse con la sucesión ordenada por la constitución. En junio del año pasado, el afable y saliente presidente de la Corte Suprema, Eduardo Rodríguez, fue obligado a asumir la presidencia, con un mandato específico de seis meses para que convocara a elecciones que casi todo el mundo sabía que serían ganadas por el MAS y su candidato.
Frente a los obstáculos, que incluyeron un cuasi motín del congreso y amenazas de secesión del rico y, políticamente, conservador y tropical departamento de Santa Cruz, Rodríguez cumplió con su promesa. El 18 de diciembre, Evo Morales fue elegido con el 53.7 por ciento de los votos, casi dos veces más de lo que habían pronosticado las encuestas y observadores políticos normalmente agudos. Fue de lejos la votación más grande -y con la menor tasa de abstención- en la historia electoral de Bolivia, y la mayoría de las papeletas fueron depositadas por la parte de la población que se llama a sí misma aimara, o quechua, muchos de los cuales no habían votado nunca antes.

12 de julio de 2006
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el retorno de los fantasmas


Desapareció principal testigo contra represor argentino.
En una sentencia histórica, la condena a prisión perpetua al ex director de Investigaciones Miguel Etchecolatz crea nuevas figuras legales, abre nuevas posibilidades para juicios de derechos humanos, pero también reedita viejas prácticas criminales y viejos temores que se creían olvidados.
El pasado 19 de septiembre, el juez Carlos Rozansky, junto a Horacio Isaurralde y Norberto Lorenzo, miembros del Tribunal Nº 1 de la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, hicieron historia. La alegría y esperanza de los miles de familiares de detenidos desaparecidos no se hizo esperar tras un duro y rotundo veredicto que condenó al ex director de Investigaciones de la Policía de la provincia de Buenos Aires Miguel Etchecolatz a cadena perpetua por los "delitos de lesa humanidad cometidos en el marco de un genocidio" durante la última dictadura militar argentina.
Sin embargo, esa alegría se vio rápidamente opacada por la desaparición de uno de los principales testigos de este caso, Jorge Julio López (77). Albañil de profesión, este peronista que pasó tres años en un macabro tour por los principales centros de tortura de Buenos Aires, como Pozo de Arana, Rodas, Cuatrerísimo de Arana y las Comisarías 5ª y 8ª de La Plata. En todos estos lugares se encontró con Etchecolatz.
Su testimonio, junto al de Nilda Eloy, fueron claves en el juicio, ya que presenciaron el asesinato del matrimonio Dellorto-De Marco, uno de los casos de la querella que condenó al ex policía.
Si bien desde el comienzo el gobierno ha manejado dos hipótesis, la primera dice que López habría salido por sus propios medios y que se habría perdido, y una segunda, manejada por los organismos de derechos humanos, que fue secuestrado. Tras casi dos semanas y las amenazas recibidas por testigos, familiares e incluso ocho jueces, entre ellos el propio Rozansky, que trabajan casos de violación de derechos humanos, hace pensar que la segunda hipótesis es más certera.
Incluso a pocos días de entregar la sentencia a Etchecolatz y cuando ya se sabía de la desaparición de López, en las cercanías de la ciudad de La Plata, en el sitio donde eran arrojados restos de desaparecidos apareció un cuerpo incinerado, que aún no ha sido reclamado, reproduciendo los métodos usados por los servicios de seguridad durante el período 1976-1983.
"Para nosotros estas son señales claras de carácter mafioso, y no sólo por cómo afectará a otros policías que deberán enfrentar juicios, sino que es una señal al gobierno ante el proyecto de reforma a la policía bonaerense", señala Gloria Godoy, abogada querellante en el caso Etchecolatz.
Para Nilda Eloy, la testigo clave junto a López, "es un muy claro ‘acá estamos y todavía podemos'. Y no es raro ni nuevo porque desde que empezó el juicio nos han amenazado".
El propio jefe de gobierno de la provincia de Buenos Aires, Felipe Sola, calificó a Jorge López como el primer detenido desaparecido en democracia.

Una Cuestión Política
Pero las amenazas y la desaparición de López desataron no sólo los temores de quienes vivieron los años oscuros de la dictadura, sino que también abrieron una serie de interrogantes frente al gobierno y su política de derechos humanos y sobre la actual situación de los servicios de seguridad y grupos operativos que actuaron durante la guerra sucia.

El Fantasma del Pasado
"Nos enteramos recién ahora, al reunirnos con el jefe de gobierno de la provincia, que en las filas de la policía bonaerense hay 60 agentes activos que participaron durante la dictadura. No imaginamos cuántos más habrá en el ejército, la armada y la fuerza aérea. Está claro que esa gente sigue operando y Etchecolatz tiene simpatizantes", acusa Nilda Eloy, y agrega que "si bien las condiciones son diferentes, la impunidad aún persiste y reclamamos que de una vez el gobierno diga basta, se acabó".
Pero el gobierno ha sido cauteloso y aunque sobre todo en los primeros días se han producido discrepancias entre las autoridades nacionales y provinciales –Argentina es un estado federal con las provincias autónomas–, la gravedad de los hechos los ha llevado a unificar criterios y discursos.
Incluso, la secretaría de Derechos Humanos del gobierno nacional no se ha pronunciado y ha dejado que el propio Kirchner muestre la preocupación del gobierno. Así, mientras 20 mil personas marcharon por Buenos Aires exigiendo la aparición con vida de Jorge Julio López, en un sentido discurso el Presidente señaló que se brindaría toda la estructura del estado para proteger a los testigos y jueces. "Vemos con profundo dolor lo que pasa. Estén atentos, argentinos, no podemos dejar que se repita el pasado", enfatizó el mandatario.
El gobernador Sola, por su parte, dio a conocer medidas de protección a los testigos de casos de derechos humanos y adelantó los cambios dentro de la policía bonaerense. Esto puede ser leído como un ‘acelere' del gobernador o una presión ad portas de una nueva campaña electoral para el 2007.
Desde la secretaría de Derechos Humanos del gobierno provincial se impulsa una fuerte campaña de difusión para dar con el paradero de López y explicar la relevancia de su testimonio y el juicio en el cual participó. "Además de las medidas de rastrillaje y búsqueda, es imperioso que la gente sepa la importancia de esclarecer estos casos", señaló el vocero de dicha secretaría.
Pero el tira y afloja también llegó a trasladarse a los propios organismos de derechos humanos. Ante la marcha del miércoles pasado, que exigía la aparición con vida de López, la dirigente de Madres de Plaza de Mayo, Hebe Bonafini, puso en duda la relevancia del testimonio de López y dijo que todo era una campaña contra Kirchner. "No podemos permitir que se digan los disparates que se dijeron", enfatizó.
Pero los temores crecen con el paso de los días y más cuando se sabe que durante el juicio a Etchecolatz, "López aportó datos que involucran a otros policías, lo que da pie a nuevos juicios donde él sería otra vez testigo clave", señala la abogada de derechos humanos Marta Vedio.

Los Cuerpos Como Prueba Legal
Miguel Etchecolatz (77) volvió a prisión tras ser liberado de su condena anterior –gracias a la Leyes de Punto Final y de Obediencia Debida aprobadas bajo el gobierno de Raúl Alfonsín– y se abrió un nuevo capítulo para la justicia argentina, especial para los casos de violación de los derechos humanos. Este es el primer ex miembro de las fuerzas de seguridad procesado por delitos cometidos durante la llamada "guerra sucia" luego de la derogación, hace un año, de estas leyes de perdón. Catalogada de histórica, esta sentencia crea precedente respecto a figuras legales hasta hoy inexistentes en el Código Penal no sólo en Argentina, sino en muchas otras partes del mundo, como es el de ‘genocidio', que por primera vez un tribunal reconoce dentro del propio país.
"La condena para Etchecolatz es por ocho cargos –relacionados con arrestos ilegales, torturas y asesinatos en cerca de 30 centros clandestinos de detención que operaba en La Plata y localidades aledañas– como coautor y autor responsable de homicidio calificado y privación ilegal de la libertad y aplicación de tormentos", señala la abogada querellante Guadalupe Godoy
La figura de genocidio fue presentada por la abogada Myriam Bregman, quien la solicitó "para demostrar que en el país hubo un plan de exterminio sistemático y claro", que posibilitó que personas como
Etchecolatz cometieran actos como los presentados por más de 130 testigos que declararon en este caso.
Para apoyar los argumentos de esta acusación, las abogadas Liliana Molinari y Liliana Mazea se centraron en los aspectos técnicos explicando que si bien los delitos puntuales investigados en esta causa –la privación ilegal de la libertad, las torturas, el homicidio– están tipificados en el Código Penal de la Nación, "los ilícitos narrados, por el modo especial de su comisión, por su escala, volumen y gravedad, cometidos desde el aparato del Estado, constituyeron fundamentalmente crímenes de lesa humanidad, reconocidos en el derecho interno argentino".
Otro de los puntos que ha generado un importante cambio es el de reconocer los testimonios como prueba dentro de la causa, "los jueces a cargo tomaron como fundamentales los antecedentes entregados por 13 testigos que declararon lo que jamás había ocurrido", señala Guadalupe Godoy, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Su exposición, que logró instalar esta figura legal, se apoyó en el funcionamiento del aparato represivo del terrorismo de Estado, o sea "todos los elementos que hicieron parte del circuito de centros clandestinos de detención, las tareas de inteligencia que precedían a los secuestros, la metodología de destrucción física y síquica de los prisioneros, el silencio oficial ante las gestiones de los familiares, la desinformación sobre el destino de los secuestrados, la eliminación de todo rastro que pudiera configurar una prueba de lo ocurrido en el futuro", dice Godoy, y agrega que las sentencias anteriores tenían como base la llamada "teoría de los dos demonios", donde se colocaba en igualdad de condiciones al represor y a las víctimas. "Esta sentencia rompe con eso y habla de exterminio, genocidio y de la necesidad de justicia", afirma.
Para la abogada, la condena Etchecolatz abre "una tremenda esperanza, aunque aún es muy pronto para analizar con profundidad. Pero creemos que a partir de este juicio podemos probar las responsabilidades de quienes fueron los altos mandos que dirigían las operaciones y no quedarnos sólo con los autores materiales. Y con esta nueva figura de los ex detenidos como prueba tenemos muchísimas probabilidades".

1 de octubre de 2006
©la nación
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una nueva bolivia 1


[Alma Guillermoprieto] ¿Hacia dónde va exactamente la revolución boliviana?
Una abrasadora tarde en un remoto rincón del trópico boliviano, me reuní con Sacarías Flores, un ex minero del estaño de las gélidas y áridas tierras altas bolivianas, y le escuché contar como él, dedicado ahora al cultivo de la soya, y algo menos pobre, llegó a ser el actual vice-presidente nacional del partido gobernante de Bolivia, el Movimiento al Socialismo, o MAS.
Flores, un hombre corpachón de baja estatura, está perdiendo el pelo y tiene una cara cuadrada y curtida que a veces se arruga con una contagiosa sonrisa. Tiene mal genio y puede ser incluso grosero, dicen los vecinos que le tienen inquina, pero es testarudo: de los varios miles de indios quechua y aimara del altiplano que en los años setenta fueron estimulados por el gobierno para que abrieran esta región selvática al desarrollo, él pertenece a un pequeño grupo que se destacó. Sin saber nada de árboles, mosquitos, serpientes, calor, vegetación, ni agricultura, despojado por funcionarios corruptos de la maquinaria y asistencia técnicas que se suponía que debía recibir como parte del paquete de ayuda para los colonos, Flores convirtió las 50 hectáreas que le correspondieron en fértiles campos de soya y pastizales para una docena de cabezas de ganado. Apenas alfabeto, dominando al principio nada más que rudimentos del español, pero armado con la larga tradición militante de los mineros, hizo algo todavía más asombroso: con sus vecinos, convirtió una asociación que había sido fundada por los primeros colonos como una sociedad de ayuda mutua, en un radical sindicato y luego en la vanguardia de una federación nacional de colonos. Y, como uno de los miembros más combativos de esa federación, fue uno de los fundadores de algo que los bolivianos pobres llaman, respetuosa y posesivamente, ‘nuestro instrumento político': el partido que se llamaría MAS.
Ocho años más tarde, me dijo Flores, fue elegido como vice-presidente nacional del MAS. En diciembre pasado su viejo compañero de lucha, Evo Morales, un decidido cocalero originario del altiplano aimara, fue elegido presidente de Bolivia como miembro de la lista electoral del MAS. El simple hecho de su victoria ha provocado cambios asombrosos: los ministros mascan ceremoniosamente hojas de coca en las reuniones de gabinete; la ministro de justicia es una mujer que trabajaba hasta hace poco como criada; el presidente del senado es maestro de una escuela rural. Y Sacarías Flores, que atraviesa el país por asuntos del partido todas las semanas y es, teóricamente, un hombre muy poderoso, vuelve a casa a sus terrenos para ver cómo lo hará para sobrevivir en el futuro. Otras revoluciones en Bolivia y en otros lugares en América Latina han ocupado el poder en nombre de los pobres, otros partidos políticos han contado con apoyo masivo, otros indios americanos -quizás el más notable haya sido Benito Juárez de México en los años cincuenta del siglo diecinueve- han llegado a la presidencia, pero en ninguna parte se ha hecho cargo del gobierno un partido de base cuyos miembros no son solamente aplastantemente pobres sino abrumadoramente indios. No pasó de la noche a la mañana.

Bolivia, un país con una superficie aproximada dos veces el tamaño de Francia, tiene apenas nueve millones de habitantes, la mayoría de los cuales se identifican como miembros de alguno de los pueblos originarios: los aimara, quechua y guaraní, que son descendientes de las grandes naciones que habitaron los Andes y la selva antes de la conquista y que fueron subsecuentemente condenados a vidas de odioso aislamiento e inimaginable servidumbre. El vasallaje fue abolido recién en 1945 y durante la revolución de 1952 se distribuyeron entre los campesinos de los Andes las tierras de los latifundios. Pero el ingreso promedio de los miembros de los pueblos originarios sigue estando por debajo de los mil dólares al año. La mayoría de los otros bolivianos son racialmente indistinguibles de los pueblos originarios, y son casi igual de pobres: son los mestizos y los indios urbanizados, llamados ampliamente y, a veces, despectivamente, cholos, que en los Andes bolivianos atestan las ciudades de La Paz, El Alto, Oruro, y Cochabamba, y en los trópicos, Santa Cruz.
Durante toda su existencia después de la conquista, Bolivia sobrevivió gracias a un solo producto de exportación: primero la plata de la montaña de Potosí, que hizo posible la Edad de Oro española; el caucho de la región amazónica; el estaño de las minas de Potosí y Oruro; la pasta de coca para la cocaína; y ahora el gas de las reservas subterráneas que se estima que son las segundas de América Latina. La pobre infraestructura del país sólo ha crecido como rácana respuesta a la codicia dominante del momento. Sólo hay una carretera más o menos en buen estado que conecta el altiplano andino, a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, con los valles de Cochabamba y los departamentos subamazónicos de Santa Cruz y Beni. Este hecho explica en gran parte cómo, en el curso de la breve relación de Bolivia con la democracia electoral, gente como Sacarías Flores fueron capaces de derrocar a un presidente tras otro y finalmente tomar el poder ellos mismos.
Flores parece tener una variable opinión sobre si es indio o no, pero su padre, dice, era minero y "completamente quechua". Su madre era una palliri, una de las mujeres que recoge de entre los escombros depositados a la entrada de las minas pequeños trozos que podrían contener residuos de plata. Su padre murió en los brazos de Sacarías Flores cuando el niño tenía catorce. "Y lo peor es que fue debido a una enfermedad del riñón y podríamos haberlo salvado si lo hubiésemos llevado a un hospital", dice, sintiéndose culpable. "Pero no teníamos dinero para el autobús". Fue este acontecimiento, dice, lo que confirmó en él la posición militante de sus ancestros.
Los mineros, después de caer bajo la influencia del trotskismo en el único país de América Latina en el que llegó a ser dominante esta variante del marxismo, cristalizó en un movimiento sindical extraordinariamente resistente y militante, que sobrevivió la larga serie de dictaduras militares que terminó en los años ochenta. En esos días, las agotadas minas de estaño de las tierras altas seguían siendo la única fuente de la magra riqueza de Bolivia, así que a pesar de sus abyectas condiciones de vida los mineros tenían algo de poder político. Pero cuando en 1985 colapsaron los precios internacionales del estaño, también colapsó la economía, y los mineros fueron las primeras víctimas. Como si fuera una macabra broma, conozco gente que empapeló sus armarios y cuartos de baño con los inútiles billetes bolivianos producidos en ese histórico año, cuando la tasa de inflación alcanzó un 24 mil por ciento. Un millonario que se crió en Estados Unidos, Gonzalo Sánchez de Lozada, fue nombrado ministro de planificación en 1986 -siete años más tarde sería presidente- y recuperó el equilibrio económico, entre otras cosas, reduciendo drásticamente el gasto fiscal, cerrando gran parte de las operaciones mineras del gobierno, y despidiendo a 20 mil de sus trabajadores.
Sin embargo, la historia encontraría eventualmente otro uso para los miles de minero militantes y enfurecidos, Flores entre ellos, que quedaron a la deriva y se unieron a las corrientes que emigraron hacia la selva. Los mineros llevaron con ellos no solamente su extraordinaria capacidad de organización, sino además una forma de protesta que demostraría ser, finalmente, mucho más efectiva en su nuevo hogar: los bloqueos de carreteras. Tiempo atrás, los mineros que protestaban habían sido capaces de detener el tráfico entre la autopista entre Oruro y La Paz. Ahora podrían levantar barricadas entre La Paz y Cochabamba, la ciudad que conecta a los Andes con los trópicos, e impedir el suministro de alimento de La Paz. A medida que crecía la ciudad de Santa Cruz, los manifestantes fueron capaces de detener el tráfico entre Santa Cruz y Beni, y de causar impacto a nivel nacional.
Al principio Flores sólo se unió a regañadientes a los bloqueos de las carreteras, me dijo un vecino mayor, también un ex minero. Pero luego se dedicó a ellos con mucho entusiasmo. Cuando comenzaba el siglo 21, las brigadas de pobres, cada vez más furiosas y poderosas, descubrieron que con un mínimo de planificación y costes podían paralizar todo el país, y lo hicieron una y otra vez. En 2000, escandalizados por un proyecto del gobierno de privatizar el suministro de agua de Cochabamba, los bloqueadores destruyeron la autoridad oficial en el curso de una furiosa protesta que ahora es celebrada en la historia militante como la Guerra del Agua. En esa guerra, los combatientes más activos fueron los bloqueadores de la región cocalera del Chapare (en la autopista entre Cochabamba y Santa Cruz), cuyo dirigente era Evo Morales. Gonzalo Sánchez de Lozada, que era una vez más candidato a la presidencia en 2002, se sorprendió al descubrir que su principal rival era Morales, el aimara de 43 años al que el Departamento de Estado describía como "agitador ilegal de la coca". El día de las elecciones Morales sólo obtuvo el 20.9 por ciento de los votos, pero eso difícilmente fue un consuelo para Sánchez de Lozada, que ganó con menos de dos puntos más. En la fragmentada estructura de los partidos políticos de Bolivia, los pequeños porcentajes son la norma.
El día que conocí a Sacarías Flores, le pregunté cómo se les ocurrió a los movimientos formar un partido electoral. Estábamos en un café de La Paz, adonde Flores había llegado con un pesado maletín y una barata chaqueta acolchada para hacer frente al miserable frío del altiplano, y rodeado de ayudantes que, de vez en vez, le pasaban documentos para que los firmara y sellara. "Nuestros hermanos mineros emitieron un documento en 1946, titulado ‘Tesis de Pulacayo'", dijo, viéndose repentinamente mucho menos como un pobre cholo y mucho más como un líder militante. "Hasta entonces habíamos estado protestando para obtener algo concreto, pero estas tesis hablaban de tomar el poder. Llamaban a las organizaciones populares a ocupar todos los espacios de poder posibles. Nos dijimos a nosotros mismos: ‘¿Por qué no adoptamos esas bellas tesis de nuestros compañeros y las transformamos en realidad?' Y así empezamos a organizarnos".
Era el mismo café en el que, hace años, entrevisté al legendario dirigente minero Juan Lechín, y Flores apuntó agradado la coincidencia. Le pregunté por qué, de todos los dirigentes de base que habían producido los años de miseria y turbulencia en Bolivia, no fue un campesino ni un dirigente sindical minero el que había emergido como la opción de consenso para dirigir el partido y postularse a presidente, sino Evo Morales, un campesino cocalero que representaba sólo a un pequeño sector de la población. "Porque los cocaleros tenían una lucha diferente", respondió. "En mi distrito no había nadie bombardeando a las vacas ni erradicando mis frijoles de soya. No estaban amenazando nuestra subsistencia, así que nuestros campesinos podían elegir si unirse o no a la federación o participar en un bloqueo. Eso dificultó enormemente la organización. Pero en el Chapare no había opción; tenían que pelear. Así que los cocaleros llegaban a nuestros congresos como un cuerpo resuelto y muy unido. Lógicamente, elegimos a Evo".

12 de julio de 2006
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en el campo cubano


[Manuel Roig-Franzia] Lento camino hacia el progreso. Fuera de La Habana, la escasez de coches convierte en indispensables los carros tirados por caballos.
Casilda, Cuba. Pequeñas llamas saltan y chisporrotean aquí en la noche, suspendidas sobre la carretera como si fueran sostenidas por una varita invisible.
En estas carreteras no iluminadas, los no iniciados deben acercarse para darse cuenta de que las llamas provienen de pequeños cubos que cuelgan de cables en la parte de atrás de carros tirados por caballos. En la ausencia casi absoluta de coches de pasajeros, estos carros hacen las veces de taxis y autobuses locales en áreas rurales de Cuba, y los cubos con llamas funcionan como luces traseras caseras.
Innumerables cronistas de Cuba han observado que los clásicos coches americanos en La Habana -los fabulosos, enormes Buicks y esmerilados Chryslers- hacen que la capital se vea como una ciudad congelada en los años cincuenta. Pero fuera de La Habana, en las enormes extensiones de la isla más grande del Caribe, a menudo el ambiente tiende más hacia los años cincuenta del siglo 19.
Hay caminos. Pero no hay coches.
En de las cuatro décadas y media que han pasado desde la victoria de Fidel Castro en 1959, los cubanos de pueblos chicos han visto toser y jadear y finalmente morir, para no ser remplazados, a los coches que alguna vez adornaban sus avenidas. Lo que queda son en general vehículos que el gobierno de Castro considera esenciales para el desarrollo del país: pesados camiones que transportan trabajadores y maquinarias hasta las granjas colectivas y tractores para cultivar los campos y acarrear fardos de caña de azúcar.
El transporte es un serio problema en la isla, e incluso en La Habana, donde muchos de los vehículos que todavía están en la calle están vinculados a actividades turísticas oficiales o del gobierno. Autostopistas hay en todas partes, y la gente espera horas para montarse en buses gigantescos que a menudo se quedan en pana.
Los partidarios de Castro culpan al embargo comercial de Estados Unidos de los problemas en el transporte y especialmente por la escasez de coches personales. Cuba no fabrica coches propios. Los fabricantes de coches estadounidenses, que normalmente debería estar ansiosos de exportar vehículos y piezas de recambio a la isla, no pueden hacer nada debido al embargo norteamericano. Los buques que hagan entregas en Cuba no pueden entrar a puertos estadounidenses por un período de seis meses, bloqueando efectivamente el acceso de esas compañías al mercado más grande del mundo.
Los críticos de Castro ven la situación de manera diferente, culpando al gobierno comunista de los fracasos de las políticas económicas de Cuba. La débil posición económica del gobierno hace imposible que pueda importar los artículos que necesita para superar las limitaciones creadas por el embargo comercial.
Pero de cualquier modo, el resultado es que Irela Estela, dermatóloga, que se podría haber deslizado a casa en un elegante sedán europeo en otro país, esperaba, una tarde hace poco a la sombra de un árbol, oír el casco del caballo. Estela, que dice con un guiño que tiene "como treinta", forma parte del creciente número de cubanos que nacieron después de la revolución de Castro hace 47 años y no conocen otra Cuba. Como tantos otros de sus contemporáneos, no ha poseído nunca un coche, y rara vez se monta en uno.
Eleva los ojos al cielo cuando oye el familiar restallido de las riendas, un sonido que quiere decir que finalmente emprenderá el camino a casa para el almuerzo. Por la calle, en el húmedo brillo de la abrasadora tarde, un jamelgo criollo marrón se acerca balanceándose hacia ella.
El caballo avanzaba tan lentamente que un chico en bicicleta pasó como un bólido por su lado. Estela esperaba, los brazos cruzados, al somnoliento jamelgo. Curiosamente, se llama Rápido.
El trayecto de dos kilómetros y medio desde Casilda a Trinidad, una bella ciudad de la época colonial estupendamente conservada a unas cinco horas de coche al sudeste de La Habana, le cuesta a Estela unos cinco centavos de dólar. No es mucho, no. Pero hay que tomar en cuenta que el gobierno le paga unos treinta dólares al mes por su trabajo, que consiste en tratar las quemaduras de sol y las picaduras de mosquitos que afligen a los turistas europeos y canadienses en los balnearios costeros cercanos.
Rápido rara vez transporta turistas. Su dueño, un criador de cerdos a tiempo parcial llamado Ernesto Vuelta Ortega, suspira cuando ve pasar a los turistas en la parte de atrás de las divertidas motonetas cubiertas por una concha amarilla brillante en forma de huevo. El trayecto en motoneta desde la playa a la ciudad cuesta unos cinco dólares, una miseria para los turistas, pero una fortuna para el cubano corriente.
"Sí, eso es para los ricachones", dice Vuelta Ortega.
Dice que recuerda haber visto coches grandes en Trinidad cuando era niño en los primeros días del gobierno de Castro. Estaba seguro de que algún día tendría uno. Pero nunca ocurrió. Los coches desaparecieron poco a poco, y Vuelta Ortega se reía, ya adulto, cuando la gente trataba de venderle coches que apenas funcionaban, o que no funcionaban en absoluto, vehículos antiguos por diez mil dólares o más -lo que gana un cubano en 27 años.
Un coche nuevo era imposible. Los cubanos necesitan permiso del gobierno para comprar un coche nuevo, que normalmente los reciben dependencias oficiales o personas involucradas en el turismo y desarrollo, y casi nadie fuera de esas áreas de trabajo tiene dinero suficiente como para comprarse uno, con o sin permiso.
Vuelta Ortega optó por el caballo y el carruaje hace tiempo. Hoy, años más tarde, sabe todo lo que pasa en Casilda. Sus pasajeros charlan con él cuando los lleva a bodas y funerales, los recoge sollozando y con la cara roja después de peleas de novios o los acerca a sus trabajos.
Lejos de quejarse, muchos de sus pasajeros parecen haber adoptado su sistema de transporte del siglo 19. El agradable trayecto se adapta al lento tempo de sus vidas, incluso aunque la mayoría dice que aprovecharían la oportunidad de tener un coche propio.
"Este trayecto siempre me despeja la mente", dice un hombre barrigón, Sergio Ramírez, mientras arrastra unos sacos.
Detrás de Vuelta Ortega, los pasajeros se sientan en bancos de madera debajo del quitasol del carro. Un hombre de cara arrugada lucía una bolsa de chancletas que había comprado en el pueblo por tres centavos el par. Otro sacudía un talla de bananero que había encontrado junto al camino y que pensaba dar de comer al cerdo que vive en su patio trasero.
Minutos después, una mujer junto al camino sacudía frenéticamente una mano de Vuelta Ortega mientras este cogía la mano de la hija con la otra. María Rodríguez Valdepeña brincó a bordo, frotándose su arañado codo derecho.
Hace unas semanas, se iba a dar el lujo de un trayecto en taxi -en la máquina, como dicen los vecinos del pueblo. Pero el único que hace el trayecto hacia la cercana Sancti Spiritus -aunque sólo una vez al día- estaba en pana, como siempre. Hizo el trayecto en un camión maderero, pero la baranda se rompió en el camino y ella terminó en el suelo.
Ya no volverá a usar coches con motor, dice. A partir de ahora, sólo viajará por Rápido.

28 de septiembre de 2006
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harina de coca


La harina de coca es una alternativa alimenticia para los países andinos.
Lima, Perú. La harina elaborada en base a la hoja de coca, una planta envilecida por los narcotraficantes, surge como una alternativa para combatir el hambre en las zonas pobres de los países andinos y puede ayudar a curar males como la osteoporosis, según estudios de científicos peruanos.
"La harina de coca contiene todas las vitaminas, en mayor cantidad que las requeridas para todas las edades y con los alimentos enriquecidos con dicha harina se puede erradicar todas las enfermedades causadas por las deficiencias de vitaminas en la alimentación", dijo el psiquiatra Teobaldo Llosa.
Llosa ha dirigido durante años un equipo de investigadores sobre las bondades alimenticias de la hoja de coca, planta que arrastra una mala reputación por ser mal utilizada por los traficantes de drogas que la convierten en clorhidrato de cocaína.
Sus investigaciones están enmarcadas dentro de la propuesta de los productores cocaleros peruanos que plantean industrializar masivamente la hoja de coca, aprovechando sus propiedades alimenticias.
Los estudios del grupo de Llosa señalan que la harina de esta hoja contiene la cantidad requerida de minerales para una alimentación balanceada.
Así, la coca micro pulverizada tiene un promedio de 2.000 microgramos de vitamina C por cada 100 gramos del polvo y es usada como suplemento vitamínico.
Esta capacidad nutriente sirve para combatir la osteoporosis, las caries dentales y la anemia, según Llosa.
El equipo científico subraya que con comidas enriquecidas con harina de coca "se puede dar alimentos sanos y buena salud a todos los peruanos y sudamericanos".
La harina de coca -agregó el psiquiatra- tiene inimaginables posibilidades de uso industrial, agroindustrial y medicinal, pero en la actualidad tiene un mercado limitado que se manifiesta en su venta en frascos, así como en productos como panes, galletas, dulces, barras energéticas y multicereales instantáneos.

30 de septiembre de 2006
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amenazan de muerte a juez


Al juez presidente de tribunal que condenó a represor argentino.
Buenos Aires, Argentina. Carlos Rosanzky, presidente del Tribunal argentino que juzgó y condenó a reclusión perpetua al ex jefe policial Miguel Etchecolatz por crímenes de lesa humanidad en la última dictadura (1976/83), fue amenazado de muerte este miércoles, según reveló el propio magistrado.
La carta anónima fue recibida durante la mañana en el despacho del juez, en un marco de tensión e inquietud por la desaparición hace nueve días de Julio López, un albañil de 77 años cuyo testimonio resultó clave para la condena de Etchecolatz y que podría haber sido víctima de un secuestro.
La misiva estaba dirigida a Rosanzky, pero se consideró extensiva a los otros dos magistrados que integraron el Tribunal, Norberto Lorenzo y Horacio Insaurralde.
"No nos vamos a dejar intimidar", dijo Lorenzo en declaraciones a la prensa y reveló que el anónimo aseguraba que "se está juzgando a los defensores de la patria", en relación a Etchecolatz, quien tuvo a cargo varios centros clandestinos de detención en la provincia de Buenos Aires.
El juez calificó el hecho como "muy preocupante" y adelantó que ya se había radicado la denuncia ante la justicia federal de La Plata (60 km al sur).
El magistrado también reveló que la semana pasada los colaboradores de los tres jueces habían recibido llamadas intimidatorias.
"Como estábamos ocupados en la redacción de los argumentos de la sentencia (que se conoció el martes) no nos dijeron nada, pero como hoy se agravó la situación nos avisaron", dijo Lorenzo.
Calificó como "extremadamente grave" tanto este hecho como la desaparición de López, pero sostuvo que la decisión de los jueces es seguir adelante en la búsqueda de la verdad.
"No nos vamos a dejar intimidar, vamos a seguir trabajando porque estamos cumpliendo con nuestro deber", agregó.
La noticia de las amenazas fue divulgada por los medios en momentos que cientos de manifestantes marchaban hacia la Plaza de Mayo para reclamar la aparición con vida de López.

28 de septiembre de 2006
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