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diva con corazón bien puesto


[Héctor Tobar] La defensora del pueblo para derechos humanos es llamativa, pero clara a la hora de hablar sobre su misión de depurar las instituciones judiciales de El Salvador.
San Salvador, El Salvador. Beatrice Alamanni de Carrillo tiene debilidad por las joyas chillonas: anillos con piedras sólo ligeramente más pequeñas que las canicas, crucifijos incrustados con una deslumbrante gama de diamantes.
Nativa de Turín, Italia, habla español con un pesado acento italiano, y es la orgullosa madre de Miss El Salvador 1995.
Con su abundante lápiz de ojo estilo Cleopatra y trajes exquisitamente confeccionados, no es seguramente la primera persona que se viene a la mente cuando pensamos en una firme defensora del estado de derecho en un país donde a menudo la ley parece no importar.
Alamanni es la defensora del pueblo para derechos humanos de El Salvador, una posición creada en 1992 por el acuerdo de paz que puso fin a la guerra civil en este país. Dirige un ministerio del gobierno cuyos funcionarios son fundamentalmente abogados jóvenes y mal pagadas. Son las vigilantes oficiales del gobierno, cuya intención es amortiguar el ejercicio arbitrario del poder del estado que participó en la guerra.
"Hay gente que cree que como soy una señora burguesa, de los altos círculos sociales, debo de ser una loca como para meterme en los derechos humanos", dice la mujer de 62 años que ha recibido amenazas de muerte. "Piensan que es una especie de traición".
Todos los días, las víctimas de crímenes, las madres de reclusos en la cárcel y otros lanzados a la deriva en la endeble estructura judicial de El Salvador y en garras de burocracias disfuncionales entran a la oficina de la defensora del pueblo a contar sus desgracias.
Cuentan sobre cadáveres de delincuentes que aparecen en los vertederos de la ciudad con sus pulgares amarrados por vigilantes auto-designados, como acostumbraban a hacer los escuadrones de la muerte de la extrema derecha de El Salvador. Hablan de testigos de asesinatos que son a su vez amenazados por bandas criminales que operan con aparente impunidad.
Lo que ofrecen Alamanni y sus abogados a cambio es sobre todo el poder de poner en aprietos al gobierno con la publicación de sus hallazgos. Alamanni usa este poder libremente, y las cámaras de televisión salvadoreñas la aman por eso: La doctora Beatrice aparece regularmente en los telediarios de la noche.
Pero su inmutable defensa de las libertades civiles y buena jurisprudencia le ha ganado muchos detractores entre los círculos conservadores que dominan aquí la vida cívica.
El popular comentarista de radio Raúl Beltrán ha apodado a Alamanni ‘la Madrina de las Bandas'. En sus programas, la retrata como una presuntuosa extranjera, hambrienta de la atención de los medios.
"Ella defiende los derechos de los presos y de los pandilleros, pero no dice nada sobre los actos de barbarie cometidos por esos criminales", dijo Beltrán en una entrevista. Luego lanzó el tipo de ataques sin fundamento que utiliza repetidas veces en la radio. "La señora tiene un problema con el alcohol".
Más de una década después del fin de la guerra civil, El Salvador sigue siendo un país profundamente dividido, donde la violencia define la vida diaria para muchos. La guerra de guerrillas y los escuadrones de la muerte han allanado el paso para una ola de crímenes violentos alimentada por traficantes de drogas y notorias ‘maras', pandillas importadas desde las calles de Los Angeles.
En 2004, el gobierno de centro-derecha aprobó una ley anti-pandillas -la ‘Super Mano Dura', el ‘Puño de Hierro'- que otorgó nuevas atribuciones de detención a la policía e incrementó las penas para jóvenes condenados por ‘asociación ilícita'.
Alamanni es solamente la más ruidosa de un pequeño número de abogados y juristas aquí, muchos de ellos mujeres, que dicen que la guerra contra el crimen está poniendo en peligro las instituciones judiciales de El Salvador.
"Las instituciones que se crearon en el proceso de paz están en crisis", dijo la juez de la Corte Suprema, Mirna Perla. El sistema penal del país es una vergüenza nacional, dice Perla, y los niveles más altos de la Policía Nacional Civil, un cuerpo creado por los acuerdos de paz de 1992, son controlados por ex militares que tienen pasados manchados.
"La corrupción está generalizada en la policía y hay muchos lazos entre la policía y el crimen organizado", dice Alamanni. Aunque los salvadoreños ven la corrupción oficial a su alrededor, dijo Alamanni, "no se castiga nunca a nadie, y esto crea un clima de miedo".
El despacho de Alamanni está enzarzada en una continua guerra con las fuerzas policiales de El Salvador. En 2004, la policía arrestó a dos de sus abogados que estaban tratando de impedir la deportación de un dirigente sindical con doble nacionalidad salvadoreña-ecuatoriana.
"Cuando vamos al Directorado de Investigaciones del Crimen Organizado, no vamos nunca solas", dice Grisela Victoria González, una abogado de 28 años con un salario de 550 dólares, un tercio de lo que ganan los abogados en la fiscalía del gobierno. "Siempre somos al menos dos, porque podrían querer hacernos algo".
Alamanni dice que cree que los agentes de policía asignados como sus guardaespaldas informan de sus actividades a sus superiores. Los agentes no la hacen sentirse más segura. Las amenazas continúan, a pesar de la presencia policial.
"La noche pasada, a la una de la madrugada, uno de los canales de televisión nacional llamó a mi casa para preguntar si estaba muerta o viva", dijo Alamanni. "Habían recibido una llamada anónima diciéndoles que yo había muerto en un accidente en la carretera... La amenaza de muerte en un accidente automovilístico es muy común aquí".
El presidente salvadoreño Tony Saca, que dice que Alamanni es una amiga, desecha su acusaciones más serias contra el sistema judicial del país y la fuerza policial, como hacen muchos funcionarios policiales.
Sin embargo, los miembros del gabinete de Saca rara vez ignoran sus censuras públicas. El director de la Seguridad Social, Jorge Mariano Pinto, soportó hace poco una reprimenda en su despacho de parte de enfurecidos ciudadanos de la tercera edad sobre la precariedad de los cuidados médicos a los que tienen acceso. Ningún alto funcionario se puede negar a concederle una audiencia.
Cualquier ciudadano puede acercarse al despacho de la defensora del pueblo para quejarse. La oficina puede entonces iniciar una investigación formal, la que puede resultar en que la oficina contacte a los burócratas en cuestión, haciendo recomendaciones o publicando una nota de censura.
"Yo asumo posiciones contra el gobierno porque es mi trabajo", dice Alamanni.
Ella ha interpretado ampliamente su papel, transformándose en una declarada defensora de todo tipo de derechos legales y políticos. Trasmite anuncios sobre los derechos sindicales y el derecho a la salud, y cuestionó la respuesta del gobierno ante el huracán Adrián en 2005.
Cuando cientos de reclusos se amotinaron en una de las más infames cárceles de El Salvador en 2002, tomando de rehenes a varios gendarmes en el proceso, Alamanni llegó con un equipo de abogados. Ayudó a negociar su entrega, pero sólo después de haber asesinado a dos gendarmes. Algunos la acusaron de retrasar una operación de rescate.
La ruta que llevó a Alamanni desde Italia a este empobrecido país de América Central pasa por varios de los capítulos más turbulentos de la historia reciente de El Salvador.
Hija única de una acomodado diplomático italiano, Alamanni conoció a su futuro marido, Juan Antonio Carrillo, en Turín en los años sesenta. Él era un expatriado salvadoreño, y estaba estudiando ingeniería eléctrica en la Universidad de Turín. Ella sacaría finalmente un doctorado en derecho.
Se casaron en Italia en 1968 y se asentaron permanentemente en El Salvador una década más tarde, cuando estaban empezando la revolución de izquierda y la guerra civil.
En 1980 Alamanni fundó la facultad de leyes en la prestigiosa Universidad Centroamericana de San Salvador, administrada por los jesuitas, a instancias del Padre Ignacio Ellacuria, filósofo y activista social.
Cuando Ellacuria y otros sacerdotes y empleados universitarios fueron asesinados por soldados salvadoreños en el campus universitario en 1989, Alamanni dejó por un breve período el país. Volvió tres meses después y dirigió durante una década la facultad de leyes.
Dos de sus tres hijos -incluyendo Eleonora, Miss El Salvador 1959- han sacado diplomas en derecho en universidades italianas. El tercero es ingeniero, como su padre. Alamanni se convirtió recientemente en abuela.
Fue nombrada por la legislatura de El Salvador en 2001, gracias en parte al hecho de que muchos de los miembros importantes del partido de extrema derecha Alianza Republicana Nacionalista, conocido como Arena, habían sido estudiantes suyos en la facultad.
Alamanni dice que su amor por las leyes la llevó a enfrentarse con el establishment salvadoreño. Todavía dicta algunas charlas en la universidad, y le duele que ninguna institución salvadoreña ofrezca una doctorado en derecho. Su antigua universidad ofrece solamente diplomas de licenciatura y maestría en derecho.
"Empezamos la facultad de leyes con la intención de construir democracia, de lograr excelencia académica, de enseñar a la gente joven que sólo con la ley, y el estado de derecho... podíamos avanzar como país", dijo.
"La gente que estudia derecho hoy lo hace por interés propio, porque es una carrera en la que se gana bien. Hay una total ignorancia de la historia reciente... La juventud de El Salvador no sabe lo que pasó aquí hace diez o quince años".
Hoy, muchos de los jueces y ministros de gobierno más importante de El Salvador son antiguos alumnos de Alamanni: La mayoría de ellos se preocupa de pronunciar su nombre de pila correctamente en italiano: Beh-ah-Trice-che.
"Doctora Beatrice, siempre es un placer verla por aquí", la saludó Walter Araujo, presidente de la Tribunal Supremo Electoral de El Salvador, cuando Alamanni visitó hace poco sus oficinas.
Alamanni había llegado con media docena de periodistas para hablar sobre las inminentes elecciones municipales y legislativas. Araujo, miembro de Arena, era uno de sus críticos.
"Este joven era uno de mis estudiantes cuando era un cipote", dijo Alamanni con una sonrisa, utilizando el coa salvadoreño para joven.
Araujo prometió que El Salvador tendría elecciones limpias. Después del encuentro, Alamanni se dirigió a la prensa. En los días anteriores había estado escuchando los primeros discursos de campaña. La retórica no le agradó.
"Los discursos son demasiado estridentes", dijo. "La gente común es influida por el discurso del enfrentamiento y del combate. No veo que se propongan programas".
Los reproches de Alamanni fueron transmitidos esa noche, la defensora del pueblo vestida impecablemente en un traje de rayas gris.
Para algunos, la doctora Beatrice es una angelical presencia televisiva. Muchos entre los pobres de El Salvador la ven como su protectora.
"Habíamos organizado un evento en una pequeña ciudad y todo el mundo salió a saludarla", dijo Ecaterina Canjura, la portavoz de Alamannni. "A último momento, tuvimos que cancelar su venida. El cura del pueblo empezó a llorar cuando se lo dijimos. Nos dijo: ‘¿Qué le voy a decir a la gente? La noticia los hará pedazos'".
Un día hace poco, Francisco Martínez fue a la oficina de la defensora del pueblo tratando de escapar de una pesadilla kafkiana que implicaba al endeble sistema judicial de El Salvador.
Meses antes, dijo, había sido secuestrado con su coche por una banda de criminales que lo obligaron a convertirse en su chofer tras un asesinato. Fue testigo de cómo mataban a un hombre en la calle. "También me iban a matar a mí", dijo. "Pero sus armas de atascaron".
Uno de los pistoleros fue detenido posteriormente. Martínez quería declarar para la fiscalía pero tenía miedo de que lo mataran antes de hacerlo.
"El fiscal me dijo que ellos no tienen dinero para proteger a la gente", dijo Martínez. Ha estado viviendo en la clandestinidad durante semanas, y tiene miedo de volver a su casa.
Después de escuchar a Martínez, una joven abogado en la oficina le prometió investigar el asunto. Era una queja común, dijo. Llamaría al fiscal y le recordaría de su obligación legal de proteger a todos los testigos. Era lo único que podía hacer la oficina de la defensora del pueblo.
Sin embargo, Martínez sonrió débilmente y se declaró satisfecho.Pero no estaba dispuesto a volver a su casa todavía.
Sí, él conoce sus derechos, dijo. Pero de momento era una víctima de un delito que estaba viviendo como si fuera un forajido fugitivo.

3 de abril de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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soldados al servicio de la mafia


[Indira A.R. Lakshmanan] Colombia confirma que soldados asesinaron a policías antinarcóticos. Autoridades investigan vínculos de coronel con importantes traficantes.
Bogotá, Colombia. Las sospechas de que una unidad de militares colombianos asesinó, por encargo de la mafia de la droga, a un equipo de elite de la policía de antinarcóticos adiestrado en Estados Unidos hace dos semanas, han probado ser verdaderas, dicen oficiales, en un caso que ha diezmado la confianza pública en los militares.
El 22 de mayo, diez policías de la unidad antinarcóticos más exitosa del país, fueron asesinados por un pelotón militar en las afueras de Jamundí, una zona bajo la influencia de narcotraficantes a unos 313 kilómetros al sudoeste de la capital, cerca de Cali.
Dos oficiales militares y seis soldados han sido arrestados el jueves sobre la base de mensajes de texto incriminatorios en un celular y evidencias en el lugar de los hechos que según los investigadores prueban que los ocho hombres planearon los asesinatos. Los acusados insisten en que la balacera fue un error de ‘fuego amigo'.
"Esto no fue un error, fue un crimen; esto fue una decisión deliberada, una decisión criminal", dijo la semana pasada el fiscal general Mario Iguarán. "Actuaron por encargo de un narcotraficante".
Las autoridades están investigando las cuentas bancarias con un saldo de 44 mil dólares pertenecientes al coronel del ejército Bayron Carvajal, el oficial arrestado de más alto rango, así como sus supuestos vínculos con Omar García Varela, de acuerdo al diario colombiano El Tiempo. Varela está acusado de ser la mano derecha del capo de la coca, Diego Montoya, uno de diez narcotraficantes más buscados por Estados Unidos, que se cree que posee propiedades y laboratorios de drogas cerca del sitio del fatídico atentado. Estados Unidos ha ofrecido cinco millones de dólares por informaciones que conduzcan a la captura de Montoya.
En el caso de Jamundí persisten las preguntas sobre el alcance de la presunta complicidad con narcotraficantes dentro de las fuerzas armadas, y lo alto que llega. Las detenciones se produjeron días después de que el ministerio de Asuntos Exteriores estadounidense certificara los antecedentes en derechos humanos de Colombia, asegurando el flujo de gran parte de la ayuda militar estadounidense a este país. El año pasado, el Congreso retiró parte de la ayuda militar debido a que el gobierno colombiano, que ha librado una campaña de casi diez años contra la corrupción del narcotráfico, estaba ignorando las ejecuciones extrajudiciales o la cooperación entre los militares y los escuadrones de la muerte de extrema derecha.
El caso de Jamundí ha desencadenado una indignación nacional que ha llegado hasta el presidente Álvaro Uribe, que dijo el viernes que no estaba dispuesto a expulsar a generales que son considerados responsables de la masacre. El mejor modo de restaurar la credibilidad de los militares, dijo, era aclarar los acontecimientos e imponer sanciones a los culpables.
Entre las evidencias más irrefutables contra los soldados arrestados están los mensajes de texto enviados supuestamente por Carvajal al lugarteniente y sargento a cargo del pelotón el día de los asesinatos.
"Cancela la emboscada... Todo está dispuesto para esta noche", dice uno de los mensajes filtrados por las autoridades a El Tiempo y el semanario Semana.
Esa tarde, Carvajal envió otro mensaje, informó la prensa: "Prepárense para venir con el grupo y el pollo, para agarrarlos".
‘Pollo' era el apodo de un informante civil, Luis Eduardo Betancur, que estaba dirigiendo a la policía hacia un alijo de 200 kilos de cocaína. Betancur era también un informante oficial de Carvajal, dicen las autoridades. Fue encontrado con un balazo en la nuca, sin su pasamontañas, dicen los investigadores.
Ocho de los diez agentes asesinados fueron atacados por la espalda y "el lugar de los hechos fue contaminado antes de que llegaran los investigadores", dijo un agente en la investigación ayer, que habló a condición de conservar el anonimato. Los investigadores sospechan que los soldados pueden haber disparado las armas de los agentes después de su muerte, en un intento de hacerlo aparecer como un enfrentamiento, dijo El Tiempo.
Menos de la mitad de los soldados del pelotón de 28 hombres disparó contra la policía. Testigos de Jamundí entrevistados por teléfono dicen que las policías se identificaron durante el ataque y suplicaron no disparar a los soldados.
Más de la mitad de los disparos provinieron de un francotirador militar emboscado, dijo un agente de la investigación.
Cuando los colegas de los policías asesinados llegaron a la escena a investigar, otro mensaje de texto pedía, supuestamente, saber por qué les habían permitido pasar un control militar.
La unidad policial había sido adiestrada por la Autoridad de Control de Drogas DEA y era responsable de más de 200 detenciones de narcotraficantes, incluyendo 23 cuya extradición estaba siendo solicitada por Estados Unidos.

6 de junio de 2006
©boston globe
©traducción mQh
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espías como héroes en casa


[Manuel Roig-Franzia] Cubanos encarcelados por espionaje en Estados Unidos son recibidos como héroes en casa.
La Habana, Cuba. Turistas europeos en Cuba envían a casa cartas portales con sellos con las imágenes de cinco caras, conocidos simplemente como los muchachos o los cinco. Las caras, normalmente rodeadas de ondeantes banderas cubanas, te miran desde las murallas de las fábricas, edificios de apartamentos y vallas publicitarias -siempre gigantes.
Los cinco son, en Cuba, héroes, y canallas para los exiliados en Estados Unidos, donde están cumpliendo penas de prisión dictadas en 2001 por actividades relacionadas con el espionaje.
Su caso, antes descrito descaradamente en los medios de Miami como un retroceso a las guerras de espías de la época de la Guerra Fría, ilustra la resistencia del complicado y largo empate que enreda a Cuba, el gobierno estadounidense y los grupos de exiliados cubanos de Florida. Ahora también está planteando espinudas preguntas sobre los matices del terrorismo y del espionaje internacionales.
Funcionarios estadounidenses tienden a pintar a los agentes cubanos como infiltrados dedicados a socavar la seguridad nacional norteamericana. Pero el gobierno cubano afirma que son hombres valientes, enviados a Estados Unidos para descubrir conspiraciones terroristas montadas por grupos de exiliados cubanos que libran guerra contra el presidente cubano Fidel Castro.
Desde la convicción de los Cinco Cubanos, el alcance de la maquinaria de espionaje de La Habana -descrita por el ex analista de la CIA, Brian Latell, como "una de las cuatro o cinco mejores del mundo"- se ha hecho más aparente. En 2002, Ana Belén Montes, una analista de asuntos cubanos de la Agencia de Inteligencia de la Defensa, en Washington, fue condenada por espiar para Cuba; el año anterior, un alto funcionario de la inmigración estadounidense en Miami fue condenado por revelar a Cuba información clasificada. En enero, un antiguo profesor de la Universidad Internacional de Florida, y su esposa, psicóloga de la universidad, se declararon inocentes de los cargos de que se habían desempeñado como espías de Castro.
Pero ninguno de esos casos ha generado tanto debate como el de los Cinco Cubanos. Ha habido una oleada de apoyo para los cinco agentes entre algunos grupos y celebridades liberales estadounidenses, incluyendo a Alice Walker, autora de ‘El color púrpura', el actor Danny Glover y el autor Noam Chomsky. Un grupo de San Francisco mantiene una página web llamada ‘National Committee to Free the Cuban Five' [Comité Nacional Libertad para los Cinco Cubanos]. El ayuntamiento de Detroit incluso ha aprobado en marzo una resolución pidiendo su liberación, diciendo que los agentes intentaban evitar actos de terror contra Cuba.
Los llamados a su liberación ganaron ímpetu en agosto pasado cuando una comisión de tres jueces de la Corte de Apelaciones del 11 Circuito estadounidense, de Atlanta, revocara las condenas y ordenara un nuevo juicio, debido los prejuicios existentes en el bastión del exilio cubano de Miami. La resolución está siendo revisada por una corte.
En una entrevista reciente, Ricardo Alarcón -presidente de la Asamblea Nacional cubana y la tercera figura política más poderosa de la isla después de Castro y su hermano Raúl-, describió el trabajo de los agentes secretos como el derecho de un país soberano a defenderse a sí mismo. Dijo que Cuba era víctima del terrorismo, un país bajo la amenaza de violencia.
Alarcón dijo que cientos de ciudadanos cubanos han sido asesinados en atentados terroristas desde que Castro llegara al poder en 1959 y recordó pancartas que decían "Iraq ahora, Cuba después" en manifestaciones en Miami cuando la invasión estadounidense de Iraq en 2003.
Interrogado sobre si Cuba continuaría enviando agentes a Estados Unidos, Alarcón pasó del español al inglés y dijo enfáticamente: "Sí, con mayúscula".

La Red Avispa
José Basulto, fundador de un grupo anticastrista de Miami, recuerda a un joven llamado Rubén Campa que mataba el tiempo en el aeropuerto
donde Basulto guardaba sus aviones a mediados de los años noventa. Los aviones estaban siendo utilizados para salvar a refugiados cubanos que naufragaban en el océano entre Florida y Cuba y arrojar octavillas anticastristas sobre La Habana, una táctica que enfurecía al gobierno cubano.
Campa se hizo rápidamente de algunos amigos y se mostró "ansioso de subirse al carro", recordó Basulto, y pronto estaba realizando misiones para el grupo, Hermanos al Rescate.
Después de que los espías fueran arrestados en septiembre de 1998, Basulto dijo que se había enterado de que Rubén Campa era un alias tomado de prestado a un niño de Tejas muerto y que el verdadero nombre del recluta era René González. González y nueve otros fueron arrestados y acusados de manejar ‘La Red Avispa', que los fiscales dijeron que espiaban bases militares estadounidenses y grupos de exiliados cubanos.
Finalmente se formularon cargos contra otros cuatro más, llevando el total de acusados a catorce, y convirtiendo el juicio en uno de los casos de espionaje múltiple más grandes en la historia de Estados Unidos. También, tres meses después de las detenciones iniciales, fueron expulsados tres diplomáticos cubanos de Naciones Unidas, acusados de estar implicados en la red de espionaje de Miami.
Cinco de esos acusados se declararon culpables. Otros cuatro siguen fugitivos, pero González y los otros en los Cinco Cubanos -Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González (que no está relacionado con René González- han rechazado las acusaciones.
Los años previos a los arrestos habían sido particularmente tensos.
En 1997, hubo una serie de atentados terroristas con bomba en hoteles de La Habana. Murió un turista italiano. El gobierno cubano sospechaba de grupos de exiliados en Miami, de estar implicados en los atentados en un intento de socavar la floreciente industria turística cubana. En esa época, el gobierno cubano veía a Basulto, un operativo adiestrado por la CIA, como una amenaza. En 1961 disparó un cañonazo desde una lancha frente a las costas de La Habana, impactando en un hotel.
Alarcón dijo que el verano de 1998 funcionarios de la inteligencia cubana entregaron un paquete de documentos con sus preocupaciones a agentes del FBI en una reunión en La Habana. Poco después se dieron a conocer las detenciones de la Red Avispa. Alarcón se quedó apoplético.
"Mataron al mensajero", pensó Alarcón en la época, diciendo que Estados Unidos había traicionado a Cuba.
Guy Lewis, ex fiscal estadounidense que supervisó el proceso de los Cinco Cubanos, dijo en una entrevista que uno de los agentes trabajaba como mecánico en la Estación Naval Aérea de Key West y otro contaba los aviones desde su apartamento cerca de Base de la Fuerza Aérea MacDill en Tampa, donde se coordinaban operaciones militares de ultramar.
"Está claro", dijo Lewis, "que el servicio de inteligencia cubano mantiene un contingente de agentes muy bien adiestrados, organizados y financiados".

Juicio en Miami
Mientras los Cinco Cubanos esperaban el juicio en Miami, los exiliados cubanos causaban un tumulto en torno a Elián González,
un niño de seis años encontrado frente a la costa de Florida después de que naufragara el bote que lo llevaba de Cuba a Estados Unidos, muriendo su madre y otros diez refugiados.
Siete meses después del retorno de González a su padre en Cuba, empezó en Miami la selección de los miembros del jurado para el juicio de los Cinco Cubanos con las objeciones de los abogados de la defensa que argumentaban que era imposible que el juicio fuera justo tan poco después de que el caso de González hubiera inflamado una ciudad llena de exiliados anticastristas.
Los jurados oyeron declaraciones durante seis meses sobre mensajes codificados enviados a Cuba y nombres en clave. La defensa argumentó que los acusados debían ser dejados en libertad debido a que no recogieron informaciones clasificadas y no penetraron a áreas prohibidas de bases militares. Los fiscales dijeron que era el hecho de que no se habían inscrito como agentes extranjeros y su intención de recoger informaciones sensibles lo que merecía ser sancionado.
El jurado -que no incluía a cubanos americanos- condenó a los cinco. Hernández fue condenado a cadena perpetua por cargos de conspiración para matar por haber dateado a René González y otro espía cubano para que no volaran con los Hermanos al Rescate el día en que, en 1996, los militares cubanos derribaron dos de los aviones del grupo, matando a cuatro de sus tripulantes.
El diario oficial de La Habana, Granma, respondió con un editorial en primera plana, con el titular: "Heroica Conducta en las Entrañas del Monstruo".

Hipócritas
Una tarde hace poco, en un vecindario detrás del desconchado y desteñido complejo deportivo José Martí en el centro de La Habana,
Antonio Lagé esquivó a unos niños jugando debajo del tablón de anuncios de un apartamento que, como otros muchos en La Habana, estaba adornado con una foto de los Cinco Cubanos. "Hipócritas, eso es lo que son Bush y los norteamericanos: hipócritas", dijo. "Hablan de luchar contra el terrorismo, pero meten a esos héroes en la cárcel por tratar de parar a los terroristas en Miami".
Leonard Weinglass, un renombrado abogado defensor, se ha encargado de la apelación de Hernández después de una carrera que incluye la representación de algunos de los Siete de Chicago, que se habían manifestado contra la guerra durante la convención del Partido Demócrata en 1968, y del ex Black Panther y recluso del corredor de la muerte, Mumia Abu-Jamal.
Weinglass convenció a la corte de apelaciones de que los espías acusados no estaban teniendo un juicio justo en Miami. Ahora su estrategia es reconocer que hubo una violación técnica de la ley, pero que las acciones de sus clientes fueron necesarias para salvar vidas.
"Si ellos son atacados, ¿tiene un país el derecho a enviar agentes a otro país para obtener información?", preguntó Weinglass, mientras sorbía un mojito en el patio del legendario Hotel Nacional de Cuba. "Esa es una importante cuestión de inteligencia".
Weinglass y las mujeres y madres de varios agentes en la cárcel se hicieron con más aliados durante un discurso ante un grupo jurídico de California en La Habana, entre ellos el congresista demócrata de 16 años, Esteban E. Torres.
"Es realmente un aborto de la justicia", dijo Torres. "Nos dice algo sobre nuestro gobierno y el sistema judicial y el servicio de inteligencia: Van a hacer cualquier cosa con tal de agarrar a Fidel".
Aunque Castro no ha sido nunca vinculado al caso, expertos en inteligencia estadounidenses dicen que creen que el presidente cubano supervisa personalmente misiones de espionaje de alta prioridad en el extranjero.
"Y es bueno", dijo Latell, autor del libro ‘Después de Fidel'. "Es realmente muy bueno".
Alarcón dijo que enviarían a Estados Unidos más agentes, aunque los expertos en Cuba dijeron que la amenaza de los exiliados -real o supuesta- esta reduciéndose.
Alarcón señaló que John D. Negroponte, el director de la inteligencia nacional del presidente Bush, dijo hace poco que Estados Unidos tenía más de cien mil empleados en inteligencia.
Cuba no tiene tantos funcionarios de inteligencia, dijo Alarcón, pero tiene más agentes que los cinco que están ahora en prisión. El número real, dijo, "está entre los que tiene Estados Unidos y los Cinco".

3 de junio de 2006
©washington post
©traducción mQh
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emboscada militar contra antinarcóticos


1. Militares emboscaron y asesinaron a agentes antinarcóticos. 2. Sicario mata a profesor ante sus alumnos.
Bogotá, Colombia. Lo de Jamundí no fue un error, fue una emboscada. El fiscal general de la Nación, Mario Iguarán Arana, dijo que la muerte de 10 policías y un civil a manos del miembros del Ejército "no fue un error, fue un crimen, fue un acierto, pero un acierto criminal", pues las pruebas técnicas señalan que se trató de "una emboscada".
Descartó la posibilidad de error en los hechos que el 22 de mayo último culminaron con la muerte de diez miembros de la Dijín y un civil, a manos de integrantes del Batallón de Alta Montaña.
Iguarán advirtió que "no vamos a permitir, en primer lugar que obstruyan la justicia y en segundo lugar, no vamos a permitir que enloden la honra, el buen nombre y el honor de la Fuerza Pública colombiana, Policía o Ejército. No lo vamos a tolerar".
Tras subrayar que lo ocurrido en el corregimiento Potrerillo de Jamundí no tuvo "relación directa, ni próxima, ni sustancial con el servicio" reiteró que la investigación compete a la Fiscalía y recordó, una vez más, que la aplicación de la Justicia Penal Militar es excepcional.
Destacó la forma como los miembros del CTI manejaron la escena de los hechos y señaló que el hallazgo de más de 150 proyectiles, la utilización de siete granadas, la conformación de siete campos de tiro y la presencia de francotiradores demuestran que se trató de una emboscada preparada para hacerle "un favor al narcotráfico", según una de las hipótesis investigativas que se maneja.
El Fiscal General explicó que la triangulación de las comunicaciones, hecha por el CTI, demostró que hubo coordinación antes, durante y después de los hechos. Incluso, señaló, se intentó unificar versiones sobre lo acontecido para confundir a los investigadores. Quisieron fraguar una coartada, agregó.
Iguarán Arana señaló que las pruebas técnicas recopiladas por la Fiscalía respaldan la imputación que por el delito de homicidio agravado se hará en las próximas horas a los ocho militares capturados, dos oficiales y un soldado, sin que con ello se descarte la posibilidad de más aprehensiones en un futuro.

2 de junio de 2006
©el espectador
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matan a profesor frente a sus alumnos


Profesor fue asesinado frente a 1.200 estudiantes en Colombia.
Bogotá, Colombia. Un sicario que este viernes ingresó a una escuela del norte de la ciudad colombiana de Cali asesinó con cinco disparos a un profesor (Edgar Cifuentes) frente a 1.200 alumnos que participaban en una ceremonia escolar, según informó la policía.
La víctima, cuya identidad no se dio a conocer, fue trasladada de inmediato a un hospital, pero falleció pocos minutos después de ser internado.
Un vocero de la policía metropolitana de Cali dijo a la prensa que cerca de las 07:00 horas locales (12H00 GMT), cuando los 1.200 alumnos del colegio San Bosco realizaban una ceremonia de izada de bandera, un asesino a sueldo ingresó al colegio y disparó cinco veces contra el maestro.
En el hecho también resultó herido levemente uno de los estudiantes, añadió la fuente policial citada por radio Caracol.
La Federación Colombiana de Educadores (Fecode), que agrupa a los sindicatos del sector, denunció recientemente que cada mes son asesinados cuatro profesores en el país, y que durante este año trece docentes han muerto en circunstancias violentas.
Según Fecode, los asesinatos obedecen a que algunos docentes, que reciben amenazas generalmente de grupos ilegales, se niegan a abandonar sus lugares o actividades de trabajo.
Las regiones donde ocurre el mayor número de homicidios de educadores son Valle de Cauca (suroeste) y Antioquia (noroeste), así como en la región Caribe (norte).

2 de junio de 2006
©el mercurio
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guerra refuerza a izquierda


[Susan Milligan] Delahunt dice que se necesita diálogo.
Caracas, Venezuela. Las pintadas que salpican toda la capital venezolana no dejan lugar a dudas sobre qué piensa la gente sobre el presidente de Estados Unidos: "Bush = Asesino".
Ese lema, rociado con aerosol en numerosos edificios de Caracas, refleja un sentimiento que se está extendiendo por toda América Latina. Esa ira es una bendición para las crecientes filas de líderes de izquierdas en la región. Algunos impugnan las políticas del gobierno estadounidense sobre la inmigración e Iraq, mientras otros, abiertamente hostiles al gobierno de Bush, explotan para solidificar su poder los antiguos sentimientos de resentimiento por la predominancia norteamericana.
Demócratas y especialistas en América Latina están ahora exigiendo al gobierno de Bush que se acerque mucho más activamente a los latinoamericanos de todas las tendencias políticas. En una de esas iniciativas el representante William D. Delahunt, demócrata de Quincy, está planeando llevar a partidarios y opositores del presidente venezolano a Nantucket este verano para ponerlos a dialogar.
Delahunt ayudó a organizar las reuniones del ‘Grupo de Boston' para políticos venezolanos en 2002 y 2003, pero el proyecto fracasó cuando la oposición boicoteó las elecciones venezolanas el año pasado.
La resucitada reunión de Nantucket este verano tiene por fin sacar a las dos partes del ‘cajón de arena' de la acalorada atmósfera política venezolana e introducirlas en un área recluida donde puedan combinar la observación de las ballenas y el béisbol con discusiones políticas serias, dijo Delahunt, que ayudó a encabezar el proyecto en 2002. Varios funcionaros han indicado desde ya su intención de participar.
"Especialmente ahora que las relaciones [entre Estados Unidos y Venezuela] se están deteriorando, es una de las ocasiones de diálogo que todavía siguen en pie que es diferente a la estridente retórica que emana de Washington y Caracas", dijo.
El gobierno de Bush dice que tiene la intención de mantener las relaciones con todos los presidentes elegidos democráticamente en América Latina, y que está tratando de mejorar las relaciones a través de iniciativas comerciales, intercambios culturales y educacionales, proyectos humanitarios y apoyo a los derechos humanos y la democracia en la región.
Pero esos esfuerzos se han visto frustrados en parte por la retórica y acciones antinorteamericanas en la región, dicen antiguos y actuales funcionarios estadounidenses. El embajador estadounidense en Venezuela, William Brownfield, fue recientemente recibido con una lluvia de huevos y fruta cuando trató de hacer una donación de equipos de béisbol a niños pobres en Caracas, un episodio que funcionarios estadounidenses creen que fue orquestado por el gobierno de Chávez.
Algunos críticos dicen que el gobierno de Bush ha ignorado a América Latina, especialmente desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, cuando la atención se orientó hacia Oriente Medio. Y en lugar de hacer más para aliviar la pobreza y el subdesarrollo que han dado origen a dirigentes populistas en la región, algunos especialistas en América Latina dicen que el gobierno se ha obsesionado con personalidades como el dictador cubano Fidel Castro y con aquellos que cooperan con él, como Chávez, un frecuente y belicoso crítico de Bush.
"El problema con la política norteamericana es que la única cosa que todavía tiene oxígeno apoya a Chávez", dice Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, un grupo con sede en Washington que estudia la política latinoamericana. "Chávez no inventó el antiamericanismo... y acosar a Chávez no ayuda en nada. Probablemente hace más grande su plataforma", dijo Hakim.
El presidente venezolano fue elegido democráticamente, pero es criticado por Human Rights Watch, un importante grupo de derechos humanos, por prolongar su poder y rellenar el poder judicial con jueces de su predilección. Chávez también hace alarde de sus estrechos vínculos con Castro.
El gobierno de Bush "ve todo a través del prisma de Castro", dice Delahunt, que se está convirtiendo en la voz cantante de los demócratas en asuntos de América Latina y podría hacerse con el subcomité sobre el Hemisferio Occidental de la Cámara si los demócratas ganaran este otoño el control de la Cámara. Delahunt, al que Chávez describió en una entrevista reciente con el Globe como un "excelente amigo", ayudó dos veces a negociar acuerdos para llevar petróleo para calefacción venezolano barato a Massachusetts y ha pasado largos períodos en Haití, Colombia, Cuba y Venezuela.
Pero mientras Castro, que no fue elegido, sigue siendo la mayor irritación de Estados Unidos en América Latina, los votantes en el resto de la región están llevando a presidentes de izquierdas al poder a través de elecciones abiertas y democráticas. Chávez, que aguijonea frecuentemente al gobierno de Bush llamando "loco" y "Mister Peligro" al presidente, se encamina hacia una campaña de reelección en diciembre con índices de aprobación de 70 a 82 por ciento, de acuerdo a sondeos recientes de organizaciones latinoamericanas.
El recién elegido presidente de Bolivia, Evo Morales, nacionalizó hace poco la industria de gas del país. El gobierno estadounidense se ha reunido con representantes bolivianos para expresar su preocupación, pero no ha tomado otras medidas.
En Perú, dos candidatos de izquierdas -uno de ellos ha anunciado la nacionalización de las industrias locales- participan en elecciones presidenciales este próximo mes.
Chávez dice que tiene un asunto personal pendiente con el gobierno de Bush, al que acusa de haber colaborado en un intento fallido de golpe contra el presidente venezolano en 2002, una acusación que el Departamento de Estado rechaza. "Finalmente, mi sangre india se puso a hervir. Y dije que de ahora en adelante he decidido que el gobierno norteamericano, en su mayor parte, agrede a Venezuela", dijo Chávez en una entrevista en Caracas. Y dijo que él no era el único que pensaba eso.
"Nuestro pueblo empezó a ver la verdad sobre el asunto. Es por eso que ves pintadas contra Bush -no solamente en Caracas, sino en todo el mundo. Hay un rechazo global a Bush", dijo Chávez.
Los especialistas en América Latina distinguen entre fanáticos como Morales y Chávez y sus vecinos más democráticos y abiertos al mercado. Pero incluso esos líderes izquierdistas más moderados de la región han dejado claro que no están contentos con algunas de las políticas de Estados Unidos.
Los sondeos en América Latina indican que los sentimientos antinorteamericanos -y ciertamente anti-Bush- se extienden más allá de la encendida retórica de algunos presidentes latinoamericanos.
En una encuesta el año pasado por Zogby International, una firma internacional de sondeos con sede en Nueva York, un 81 por ciento de los ciudadanos latinoamericanos hicieron una evaluación negativa del desempeño de Bush, y un 86 por ciento dijo que desaprobaba el manejo de Estados Unidos de los conflictos del mundo. Casi la mitad de los entrevistados en México, Colombia, Chile, Venezuela, Brasil y Argentina dijeron que Estados Unidos debía establecer una política comercial más justa con América Latina. Varios presidente latinoamericanos se han quejado de que el proteccionismo estadounidense interfiere con sus esfuerzos para vender productos agrícolas en Estados Unidos.
El representante James P. McGovern, demócrata de Worcester, dijo que él vio a menudo fotografías del ex presidente John F. Kennedy colgando en casas de gente pobre cuando visitó El Salvador en los años ochenta. Pero en una visita en diciembre, McGovern vio las paredes de San Salvador salpicadas de "Bush Imperialista" y "Alto a los Asesinatos".
Roger Noriega, ex subsecretario para el Hemisferio Occidental dijo que los presidentes de América Latina están alentando y exacerbando los sentimientos antinorteamericanos para cosechar apoyo popular. "Hay un cierto grado de regocijo cuando ven a alguien tirando de las barbas al Tío Sam", dijo Noriega, que dejó recientemente al gobierno de Bush y es ahora investigador en el American Enterprise Institute, un laboratorio ideológico conservador de Washington, D.C.
Peter DeShazo, ex embajador estadounidense en varios países latinoamericanos, dijo que Estados Unidos debería apoyar los movimientos democráticos de la región y mantener abierto el diálogo con los presidentes, pero dudaba que Estados Unidos pudiera hacer progresos con Chávez.
"La pregunta es en qué medida se puede dialogar" todavía con Venezuela "dado el contexto extremadamente negativo que es el resultado de la retórica de Chávez", dijo DeShazo.
Sin embargo, Delahunt está buscando activamente reunir a los dos lados en Venezuela y mantener un diálogo abierto con Chávez, al que ha instado privadamente a bajar el tono de su retórica antinorteamericana.
"Obviamente defendemos nuestros intereses nacionales. Tenemos que decir la verdad y ser transparentes", dijo Delahunt. Pero "tenemos que escuchar, no dar sermones", agregó, acusando al gobierno de demonizar a Chávez. "Si Chávez hubiese sido tratado con respeto desde el principio, la relación sería muy diferente de lo que es ahora".
Este verano Delahunt espera reiniciar las conversaciones entre los dos lados y llevar a todo el mundo a las elecciones de diciembre. Otro boicot de la oposición a Chávez sólo animaría al presidente venezolano a consolidar todavía más su poder, dicen especialistas en América Latina.
Cuatro funcionarios políticos, incluyendo a dos partidarios de Chávez y dos opositores que han sido diputados en la Asamblea Nacional, dijeron, después de un reunión conjunta con Delahunt en Caracas el 1 de mayo que ellos están dispuestos a volver a Massachusetts y dialogar.
Noriega, en el pasado el arquitecto de la política del gobierno de Bush con respecto a América Latina, llamó al proyecto del Grupo de Boston "una pérdida de tiempo. Allá hay una dictadura" y Estados Unidos debería responder apoyando a la oposición y a los líderes de derechos humanos, dijo Noriega. "Sólo espero que todavía haya manera de encontrar una solución a esto de un modo democrático".
Pero políticos de los dos lados dijeron en entrevistas recientes en Caracas que tomaron la decisión de reunirse nuevamente en Nantucket. "No podemos empezar el diálogo con dos visiones diferentes... sobre cómo resolver los conflictos", dijo Pedro Díaz Blum, un opositor a Chávez y ex miembro de la Asamblea Nacional.

11 de mayo de 2006
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escapando de las guerrillas


[Indira A. R. Lakshmanan] Una tribu en Colombia emprende peligroso viaje.
Istmina, Colombia. Con apenas sus ropas a la espalda y suficientes bananas para el viaje, la gente de una de las tribus indígenas más antiguas de Colombia está huyendo para salvar sus vidas.
En apretujadas canoas con motor, más de 700 wounaan hicieron un horroroso viaje de trece horas río arriba de sus tierras ancestrales en el oeste de Colombia hace algunos días para escapar de los rebeldes marxistas que han asesinado a dos de los jefes de la tribu y jurado matar a otros catorce que están en su lista negra. Más de la mitad de los aterrados miembros de la tribu se quedaron atrás cuando la comunidad se quedó sin dinero para comprar gasolina para los motores de las canoas.
Los wounaan de la provincia del Chocó están entre los 3 millones de colombianos desplazados que han sido obligados a abandonar sus tierras en los últimos veinte años para escapar de las ejecuciones a manos de grupos rebeldes, el reclutamiento de milicias ilegales, el cultivo forzado de plantas de coca y amapolas y operaciones militares.
La violenta campaña de rebeldes izquierdistas contra el gobierno colombiano ha durado cuatro décadas y ha desaparecido de las primeras planas internacionales, pero la guerra continúa creando una de las poblaciones de desplazados más grandes del mundo. Naciones Unidas dice que Colombia vive una de las peores crisis de refugiados internos desde la Segunda Guerra Mundial y este año Human Rights Watch clasificó la situación de derechos humanos como la más grave de América Latina.
Sólo el año pasado un promedio de 850 personas al día abandonaron sus comunidad en este país de 43 millones de habitantes, de acuerdo a Codhes, un grupo de observadores colombiano independiente que sigue la huella de la gente desplazada. En la capital Bogotá 1.100 nuevas familias de desplazados se han inscrito para recibir asistencia pública el mes pasado, de acuerdo al gobierno.
Con la agresiva política del presidente Álvaro Uribe de reprimir a los grupos rebeldes, las operaciones militares contribuyen a empeorar el problema. Diez por ciento del presupuesto del gobierno se destina a la guerra, mientras que menos de un medio por ciento se destina a aliviar la situación de la gente desplazada.
"Las guerrillas provocan desplazamientos masivos para mostrar al gobierno que ellos controlan el territorio", y los enfrentamientos entre los militares y los rebeldes obligan a huir a comunidades enteras, dice Marco Romero, director de Codhes.
Las víctimas más recientes, los wounaan, son más vulnerables que el resto. Como miembros de una tribu pequeña, temen que perderán su cultura, idioma, religión y modo de vida si permanecen demasiado tiempo separados de su tierra y ríos sagrados. Los indígenas conforman el 2 por diento de la población colombiana y el 8 por ciento de los desplazados, debido a la ubicación estratégica de sus a menudo remotas y fértiles tierras, que son codiciadas tanto por grupos armados como por traficantes de drogas.
Los wounaan se han aferrado a sus tierras durante 500 años de invasión de sus asentamientos -desde conquistadores españoles y colonos afro-colombianos hasta recolectores de caucho, buscadores de oro y fuerzas paramilitares. Pero con el asesinato de dos de sus jefes por las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC hace tres semanas y media, dicen que tomaron la decisión de abandonarlas por primera vez.
"El desplazamiento es lo peor que hay en la vida... En nuestra visión del mundo es el último recurso", dice Euclides Peña Ismare, presidente de la Asociación de Autoridades Indígenas del Pueblo Wounaan, y uno de los líderes en la lista negra de la guerrilla. "Hemos resistido durante años contra la ocupación de nuestro territorio... Pero después de tantos años de resistencia, finalmente no podemos resistir más".
"Tenemos que volver a nuestra tierra", dijo. "Sin la selva, y la tierra, los indígenas no podemos existir".
La gran mayoría de los colombianos desplazados no son nunca capaces de volver a sus tierras debido a que continúan las condiciones que amenazan sus vidas.
De acuerdo a un líder wounaan de 47 años en la lista negra que pidió no ser identificado, en "la zona hay pánico... No hay gasolina, y el resto de nuestra gente no tiene cómo llegar a un lugar seguro... Los grupos armados quieren que plantemos coca, y reclutan a nuestros niños... Pero si los militares entran en nuestro territorio, tememos que las guerrillas se venguen de nosotros, porque nos acusarán de haber llamado al ejército".
En este antiguo pueblo minero río arriba de su tierra, 738 wounaan vivían hacinados ocupando 30 personas un cuarto en cinco sucias estructuras de concreto sin terminar, sin agua potable, servicios sanitarios ni tejados para protegerse de las frecuentes lluvias tropicales. Más de una docena de niños sufrían de tos convulsiva y diarrea.
"El viaje fue terrible. No comimos en todo el día, y la mitad de la gente [en el bote] tuvo que estar dos horas río abajo" porque la sobrecargada embarcación corría el riesgo de volcarse, dijo Eneli Moya mientras desembarcaba a sus cinco hijos de una canoa hace una semana. "Tengo mucho miedo por la gente que quedó allá. Me siento aliviada aquí, pero me gustaría poder volver a casa".
Con apenas un puñado de hamacas colgadas de las paredes de edificios abandonados, la mayoría de los refugiados estaban durmiendo en el suelo de tierra. Los alcaldes de Istmina y la cercana ciudad de Medio San Juan, y la Cruz Roja, han proporcionado alimentos para dos semanas y el gobierno central prometió planchas de hojalata corrugada para el tejado.
Los hombres estaban construyendo dos refugios de madera donados por la diócesis católica, pero una tormenta de horas de duración empapó las coberturas de lona y los postes de madera se combaron con el peso de la lluvia. El aire fétido y un hedor a enfermedad invadía los refugios, con niños llorando acurrucados entre corrientes de agua y padres desesperados y desorientados.
Pero por malas que fueran las condiciones aquí, los jefes wounaan dicen que el riesgo es peor para los que se quedaron atrás. El 30 de marzo los guerrilleros cogieron a Arcelio Peña Guatico, un maestro de 37 años, en su sala de clases. Pocas horas después encontraron su cuerpo, con marcas de tortura.
Dos días después otro maestro y líder de la comunidad, Jhon Jairo Osorio Piraza, fue asesinado por guerrilleros que sacaron de una procesión de botes que se dirigía al funeral de Peña. Cuatro guerrilleros pidieron documentos de identificación a los que iban en los botes, contó un testigo de 57 que pidió que no se divulgara su nombre por temor a represalias.
"Dijeron que el nombre de Jhon Jairo estaba en su lista negra, y que lo iban a retener. Lo golpearon. Estaba sangrando de la boca y la nariz, había sangre en el suelo. Los ataron y colgaron cabeza abajo y nos ordenaron marcharnos", recordó estremeciéndose. "Él estaba llorando... pero sabíamos que si nos quedábamos nos matarían a nosotros también. Me puse a llorar cuando volvimos a la canoa porque sabía que ya estaba muerto".
Fulbio Ismare, 42, está preocupado por el ganado que quedó allá. "Nadie los estará cuidando", dijo, triste. "Si nos volvemos, los animales morirán. No queremos quedarnos aquí, no es nuestra tierra".
La gente desplazada de Colombia, muchos de los cuales son afro-colombianos, subsisten normalmente en la periferia de las grandes ciudades, fundiéndose en las villas miseria sin educación, formación laboral o cuidados médicos. A menudo se ven reducidos a mendigar y son amenazados por pandillas urbanas y prestamistas. Algunos son obligados al comercio sexual o al tráfico de drogas en el extranjero.
En la última década casi 1.8 millones de colombianos desplazados internamente han pedido ayuda al gobierno, aunque los funcionarios reconocen que por una variedad de razones, muchos refugiados internos no se inscriben nunca. Las agencias de ayuda dicen que el verdadero número de desplazados es de casi 3 millones en las últimas dos décadas.
De acuerdo a las propias cifras del gobierno, un 78 por ciento de la gente desplazada no recibe nunca ayuda de emergencia, mientras que un 80 por ciento no tiene seguro médico y 98 por ciento no cuentan con viviendas adecuadas.
La oficina de contabilidad del gobierno de Colombia dice que una familia desplazada promedio recibe apenas un cuarto del subsidio otorgado a la familia de un miliciano que depone las armas.
En septiembre pasado, la Corte Constitucional de Colombia dijo que el gobierno había violado una orden de 2004 para incrementar los servicios a los refugiados internos. Varios ministerios tienen entre un mes y un año de tiempo para solucionar los problemas, o correr el riesgo de multas o de sentencias de prisión para funcionarios responsables. Como primera medida en noviembre el gobierno destinó 2 mil millones de dólares para extender el seguro médico, la vivienda y cubrir otras necesidades básicas de los desplazados hasta 2010.
Roberto Meier, de la agencia de refugiados de la ONU, dijo que confusas líneas de responsabilidad entre las autoridades federales y locales permitían que la gente caiga entre las grietas, con consecuencias potencialmente peligrosas.
"Si no llegamos a esa gente primero... sus problemas sociales explotarán más temprano que tarde", agregó Meier. "Cuando la gente se cansa de pasar frío, de pasar hambre, de no ser capaces de enviar a sus hijos a la escuela, llegan a una situación en que pueden ser reclutados por las guerrillas, los paramilitares o las pandillas".

27 de abril de 2006
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venezolanos protestan en las calles


[Monte Reel] Multitudinarias protestas por alarmante tasa de homicidios crean reto político para Chávez.
Caracas, Venezuela. El hinchado cardenal en la mejilla de Dorian Ricardo era rosado en el medio, marcando el punto preciso donde fue golpeado con la culata de una pistola antes de que el atracador le robara su caja de electricista de cien dólares.
Ahora está pensando en la venganza. Parado frente a la oficina de la policía forense para presentar un informe oficial, Ricardo admitió que tenía poca fe en la justicia venezolana. Pero por cincuenta dólares, dijo, podía contratar a alguien para que matara al atracador.
"Si no eres rico, la policía ni siquiera se interesa en oír tu caso", dijo un humillado Ricardo, 41, que describió a su agresor como un matón de barrio. "Es por eso que tanta gente aquí se está tomando la justicia por sus manos. Tienes que hacer algo para proteger a tu familia. Yo tengo que hacer algo, porque al hombre que me asaltó lo veo todos los días".
Es este tipo de ciclos lo que da a Venezuela un sólido derecho al dudoso título de ser la capital mundial de los delitos violentos. De acuerdo a cifras de Naciones Unidas, las tasas de violencia relacionada con el uso de armas son las más altas del planeta. El fétido hedor que viene de la comisaría de policía -un edificio que hace las veces de morgue- es un podrido derivado de una tasa de homicidio que en los últimos años ha eclipsado la de Colombia, un país desgarrado por un conflicto civil de 40 años entre milicias armadas. Las balas vuelan tan a menudo en Caracas que incluso el camión blanco que traslada a los cadáveres desde los barrios al edificio forense tiene un agujero de bala en la puerta del lado del conductor.
La frustración entre los venezolanos hastiados de la delincuencia se ha convertido recientemente en un problema político que ha cristalizado en multitudinarias manifestaciones callejeras exigiendo que el gobierno de Hugo Chávez haga algo para frenar la violencia. Los opositores a Chávez están tratando de convertir la delincuencia en un tema central de las elecciones presidenciales de diciembre, exigiendo acción a un presidente que dicen que ha desdeñado el problema desde que asumiera el poder en 1999.
Muchos de los manifestantes han sugerido que Chávez ha dividido a la sociedad venezolana con sus frecuentes críticas a la clase alta del país, una retórica, dicen, que ha incitado a las clases bajas a la violencia contra los ricos. También dicen que los delitos contra los pobres han sido pasados por alto por una fuerza policial manchada por una extendida corrupción.
Venezuela, un país de 26 millones de habitantes, tiene un promedio de casi diez mil homicidios al año desde que Chávez asumió la presidencia. La tasa de homicidios de 37 muertes por cada cien mil habitantes es más que el doble que en los años noventa.
Aunque el número de homicidios reportados alcanzó un punto álgido con 11.900 en 2003, la indignación pública alcanzó un punto culminante en las últimas semanas después de varios casos altamente publicitados. Tres hermanos adolescentes venezolano-canadienses fueron encontrados muertos con su chofer después de ser secuestrados por hombres armados en uniformes policiales en Caracas, y un conocido hombre de negocios nacido en Italia fue asesinado después de ser secuestrado en un control policial temporal cerca de la capital.
Entre los sospechosos detenidos por el asesinato del empresario había dos agentes de policía, uno de ellos en servicio activo. Su posible participación exacerbó la sensación que comparten muchos venezolanos sobre la policía: que son parte del problema, no de la solución.
"Aquí todo se mueve con dinero", dijo Sandra Molina, quejándose sobre la corrupción de la policía. "Esperamos que el hombre que hizo esto no encuentre a nadie a quien pagar para hacer desaparecer todo".
El gobierno ha respondido a las recientes quejas prometiendo reformar a la policía y con un programa de compra de armas en manos de ciudadanos. Pero no es probable que esas medidas mitiguen los temores de los que creen que la solución al problema de la creciente violencia exige cambios estructurales más profundos.
"La respuesta típica del gobierno venezolano, históricamente, ha sido la evasión, siguiendo la ley de la menor resistencia y una completa falta de responsabilidad", dice Rafael Rivero Muñoz, fundador de una de las más importantes unidades policiales de investigación de Venezuela que trabaja ahora como consultor. "Hay una ausencia de voluntad política para cambiar las cosas porque la delincuencia causa temor y ese temor ayuda al gobierno a controlar a la gente. Ni el gobierno ni la oposición quieren destruir la maquinaria que les ayudará en el futuro".
A pesar de los millones de dólares que inundan a Venezuela, el quinto más grande exportador de petróleo del mundo, todo intento de parar la violencia ha sido eclipsado por otras prioridades de Chávez, especialmente su llamado a reducir la pobreza a través de programas sociales y a forjar una alianza regional para hacer frente a la influencia política de Estados Unidos en América Latina. La idea es que oportunidades económicas más amplias, hechas posible por los programas sociales, a largo plazo reducirán la delincuencia. Pero la falta de una estrategia directa de lucha contra el crimen ha sido la causa de gran parte del descontento en las calles el mes pasado.
"Un montón de gente votó por Chávez con la esperanza de que traería orden al problema de los crímenes violentos, y eso no ocurrió", dice Marcos Tarre, un analista de seguridad pública en Caracas. "El gobierno no tiene una política clara de seguridad pública. En lugar de eso ha habido una manera simplista y errónea de pensar de que el problema es responsabilidad de los militares".
Tarre dijo que en Venezuela se cree a menudo que la policía gana sus posiciones por medio de lealtades políticas, lo que refuerza la percepción tradicional de la corrupción de sus filas. Sin embargo, Chávez ha seguido siendo popular entre la población general -la mayoría vive en la pobreza- en parte debido a que pocos lo acusan directamente a él por la delincuencia.
"Algunos policías hacen su trabajo y otros no", dice Carmen Guzmán, 35, que dice que se preocupa por la seguridad de su hijo de 16. "Es un problema con la sociedad: cada día hay más violencia. Gracias a Dios que no nos ha pasado nada, pero hace poco mataron a un niño de 15 que vivía cerca de nosotros".
La percepción de que el peligro está cada vez más cerca es claramente observable para Eduardo Carvallo, un psicoanalista en el rico barrio de Las Mercedes. Cree que los incendiarios discursos de Chávez con su énfasis en crear un cambio fundamental del poder desde los ricos a los desposeídos crean ansiedades -al menos entre las clases pudientes.
"Hay un discurso público ahora que dice que hay un grupo de gente contra otro -eso es nuevo para nosotros", dice Carvallo, que lleva 18 años en su práctica privada. "Antes yo gastaba muy poco tiempo hablando acerca de sus ambientes, pero ahora tres cuartas partes de las sesiones son para escucharlos discutir sus ambientes, sus temores por la seguridad de sus familias, sus fantasías sobre que son robados o agredidos".
Carvallo dice que ha discutido el fenómeno con otros psiquiatras en Caracas, que han repetido sus observaciones.
"Es un cambio importante, porque cuando me hice psiquiatra el objetivo era ayudar a la gente a superar sus problemas para que fueran más felices", dijo Carvallo. "Creo que eso ha cambiado en los últimos cinco años, y el objetivo ahora es enseñarles a sobrevivir".

10 de mayo de 2006
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bizarro populismo en perú


[Juan Forero] Gran parte de la opinión pública peruana parece preferir un gobierno autoritatio. El candidato nacionalista les ofrece justamente eso.
Moquegua, Perú. En una campaña presidencial llena de simbolismo, el candidato favorito aquí encontró una imagen perfecta para su impetuosa cruzada: el martes, se montó en una yegua alazana, y sus partidarios le siguieron a toda velocidad, galopando hasta la plaza mayor para prometer la revolución en este país andino.
El candidato es Ollanta Humala, 43, y buscaba evocar la imagen del hombre autoritario montado a caballo: el caudillo. Dijo que si es elegido el 9 de abril, no perderá tiempo en tomar medidas duras contra las multinacionales que dice que engañan a los ciudadanos y que arrestará a los políticos corruptos que dice que han saqueado al Perú. Como líder del recién formado Partido Nacionalista, dice también que se unirá al presidente Hugo Chávez, de Venezuela, que quiere formar un frente contra el gobierno de Bush.
Humala, cuyo nombre de pila significa ‘el guerrero que lo ve todo’ es tan populista como posible en un continente que ha sido barrido por dirigentes de izquierdas que explotan el descontento popular con las políticas de libre mercado y la desconfianza hacia Estados Unidos. Su posición contra la globalización y su discursos sobre la transformación de la economía provocan temor a la clase empresarial; la bolsa sufrió su mayor caída en cinco años cuando su posición en las encuestas subió.
Pero su mensaje -primero los peruanos- es convincente para muchos de los 27 millones de habitantes de su país.
"Nosotros los nacionalistas vamos a fundar un nuevo país", dijo Humala, un hombre enjuto que pelo corto que hace campaña con su camiseta roja que dice: "Amor por el Perú".
"¿Quién le tiene miedo a los cambios?", dijo. "¿Le tiene el pueblo miedo a los cambios? ¡No! Los que tienen miedo son los que están en el poder, porque saben si los nacionalistas llegan al poder, Perú cambiará".
Es un mensaje simple y programado del que rara vez se desvía, repitiéndolo ante periodistas y partidarios cada vez más numerosos, con poca elaboración. Los sondeos muestran que está funcionando. Su tasa de aprobación del 11 por ciento en noviembre, ha crecido al 33 por ciento, colocándolo por delante de Lourdes Flores, ex diputada que tiene un 27 por ciento, y de Alan García, el ex presidente cuyo gobierno de 1985 a 1990 dejó a Perú sumido en el caos, que tiene un 22 por ciento.
Humala dice que espera que los votantes en las aldeas andinas, donde cuenta con un fuerte apoyo, le entregarán más del 50 por ciento de los votos, de modo que podrá eludir una segunda vuelta.
"Está con el pueblo", dice Víctor Herrera, 40, que era uno de los miles que siguió a Humala en su reciente gira por este árido desierto al sur del Perú. "No es como los otros candidatos, que están con los grandes empresarios".
Aunque Humala quiere que se lo considere otro más de una larga lista de líderes de izquierda de América Latina, sus antecedentes no se parecen en nada a los de Evo Morales, de Bolivia, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, o Chávez, que provienen todos de familias pobres y pasaron años construyendo movimientos sociales.
Al contrario, Humala asistió a una elitista escuela privada en Lima, sirvió en el ejército, que ha sido criticado por amplios abusos de derechos humanos, y estudió en Francia.
El padre de Humala, Isaac, fundó el movimiento ultranacionalista, el etnocacerismo, llamado así por su héroe militar del siglo 19. Proclama la superioridad de la raza india por sobre los descendientes de los españoles, propugna la venganza de los indios y de los mestizos peruanos contra los descendientes de los españoles e incluye ideas como condenar a muerte a los funcionarios corruptos y cerrar las fronteras.
Su madre dijo que los homosexuales debían ser fusilados "para que no haya tanta inmoralidad en las calles". Un hermano, Antauro, ex oficial de ejército, dirigió a 150 reservistas del ejército en un asalto contra una comisaría de policía el año pasado, matando a cuatro agentes. Estaba pidiendo la renuncia del presidente Alejandro Toledo. Mil soldados volvieron a capturar la comisaría y detuvieron a Antauro, que sigue en prisión. Otro hermano, Ulises, considerado por la familia como el portador del estandarte del etnocacerismo, también aspira a la presidencia como candidato de un partido marginal, lo que provocó su alejamiento de Ollanta.
Humala formó parte del movimiento de su padre, y él y Antauro dirigieron una insurrección militar en 2000 durante los últimos días de la cuasi-dictadura del presidente Alberto Fujimori. "Es muy difícil decidir dónde termina Antauro y dónde empieza Ollanta", dice Cynthia McClintock, una especialista en Perú en la Universidad George Washington. "Humala fue claramente miembro de ese movimiento, y los tonos racistas y militaristas son ciertamente muy inquietantes para la gente que se considera de izquierdas".
Pero en una entrevista, Humala dijo que se había distanciado de sus familiares. "Son libres de expresar sus ideas, pero yo las rechazo", dijo. "Mi familia es mi pueblo. Los Humala vienen en segundo lugar".
Mientras cruza brincando el escenario como un presentador de un programa de televisión, declarando su amor por Perú, causa la impresión de ser un furioso nacionalista listo para librar batalla contra los ricos y contra cualquiera que se le oponga.
Ofrece pocos detalles sobre sus planes, aunque jura "construir un modelo alternativo al modelo neo-liberal". La economía ha estado creciendo en un promedio de cinco por ciento al año desde que Toledo asumiera el cargo en 2001, pero los economistas dicen que no ha logrado en producir prosperidad para los peruanos corrientes, creando muchos descontentos que buscan otras alternativas.
"El modelo económico está terminado, no ha sido lo que necesita el país", dijo Humala. "Ha habido crecimiento, pero sin desarrollo".
Acusa a las compañías mineras internacionales que dirigen la economía de haber obtenido contratos privilegiados y promete estrujarlas. Ha criticado el acuerdo de libre comercio de Perú con Estados Unidos, sugiriendo que lo anulará. Y dice que reformulará la Constitución, que dice que favorece al capital extranjero. En lugar de eso, dijo, quiere que el gobierno participe en algunos proyectos privados, como el desarrollo del proyecto de gas natural Camisea.
Esas tonterías preocupan al sector privado. "Si gana las elecciones, supongo que habrá algo de fuga de capitales y una caída de la bolsa", dice Fritz Du Bois, director del Instituto Económico Peruano, un grupo de análisis de políticas de libre mercado.
Humala, sin embargo, se deleita en su conflicto con la industria, diciendo: "Nuestra patria no está a la venta". Sin embargo, no es visto por todo el mundo como un hombre desinteresado del pueblo como se presenta a sí mismo. Su credibilidad ha sido puesta en duda por la gente que dice que representa: los indios del altiplano que son los que más sufrieron la guerra de Perú con el fanático grupo rebelde Sendero Luminoso.
En la entrevista, Humala rió nerviosamente cuando se le preguntó sobre las acusaciones de que él mató a campesinos a principios de los años noventa cuando era comandante una base del ejército en el conflictivo Valle del Alto Huallaga. Un puñado de familias han presentado una demanda criminal contra Humala, diciendo que cometió atrocidades, desde la ‘desaparición’ de sus familiares y torturas.
Humala, que se retiró del ejército en 2004 como teniente coronel, calificó las acusaciones de campaña de desprestigio patrocinada por sus rivales y "los sectores elitistas que manejan el tema de los derechos humanos".
"Yo no he violado los derechos humanos", dijo. "Esta es una acusación que se hace porque Ollanta Humala es el candidato número uno en todo el país".
En realidad, la popularidad de Humala no ha sufrido con las acusaciones, lo que ha llevado a Mario Vargas Llosa, el más famoso escritor de Perú, a cuestionar la dirección de la política del país.
"¿Qué está pasando en el país para que domine esa ceguera política, moral y cultural?", dijo Vargas Llosa, que vive en España, en un viaje reciente a Perú. "Lo que se juega en estas elecciones es conservar la democracia o convertirnos en una dictadura".
Un reciente estudio de la opinión pública peruana de Naciones Unidas constató que el 73.5 por ciento de los encuestados creía que el país necesitaba un gobierno autoritario. Humala parece ofrecer ese tipo de liderazgo.
"Hemos perdido nuestra moral, y Ollanta, con su pasado en el ejército, es la persona correcta para el trabajo", dijo Francisco Carvajal, 50, trabajador de Ilo, otra parada de la gira. "Me gustaría que fuera presidente. Los que hemos tenido son mentirosos y ladrones".

2 de abril de 2006
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