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américa latina

pinochet otra vez sin inmunidad


[Patrick J.McDonnell] Por investigación de torturas. Más esperanzas de justicia en Chile con nuevo gobierno.
Santiago, Chile. El ex dictador Augusto Pinochet fue despojado ayer de su inmunidad en un caso de torturas cometidas en el infame centro de detención conocido como Villa Grimaldi, donde la presidente electa de Chile y su madre fueron retenidas durante el régimen de Pinochet, hace tres décadas.
Ahora de 90 y enfermo, se espera que Pinochet recurra, como ha hecho en varios otros casos que los tribunales lo han despojado de inmunidad. No se espera que el ex dictador chileno sea juzgado hasta que la Corte Suprema de Chile de luz verde.
Pero la resolución de ayer, cinco días después de que los chilenos eligieran a Michelle Bachelet su nueva presidente, una ex presa política de Villa Grimaldi, resaltó la dramática transformación política que ha tomado lugar desde que Pinochet dimitiera en 1990 y se restaurara el régimen democrático.
Hoy, Pinochet está luchando por mantenerse libre, mientras que una de sus ex presas políticas, hija de un general de la fuerza aérea que murió en la cárcel después de que los hombres de seguridad de Pinochet lo secuestraran por considerarlo traidor, se convertirá en la primera mujer en la jefatura del estado en Chile. Bachelet, 54, será el cuarto presidente de la alianza de centro-izquierda, pro Estados Unidos, que ha gobernado Chile desde el retorno a la democracia.
Muchos chilenos han expresado admiración por la falta de rencor mostrada por Bachelet, que fue ministro de Defensa durante el gobierno del saliente presidente Ricardo Lagos y goza de popularidad en el actual mando militar.
Una fuente mayor de especulación es si Pinochet, cuyo régimen es responsable de la muerte de tres mil personas y de la tortura de decenas de miles más, recibirá o no honores de estado una vez que muera. Muchos chilenos se muestran escépticos de que Pinochet, que todavía tiene aliados en la derecha aquí, sea llevado a juicio alguna vez.
Los casos de Bachelet y su madre no están entre los 59 casos de torturas en Villa Grimaldi sobre los que gira la resolución de la corte ayer. Las autoridades están investigando la participación de Pinochet en 23 casos de tortura y la desaparición de otros 36 prisioneros que fueron vistos por última vez en Villa Grimaldi.
Pinochet, que está libre bajo fianza, debe hacer frente a varios otros casos de derechos humanos y cargos separados de corrupción en conexión con un fondo para usos ilícitos de 28 millones de dólares.
Villa Grimaldi, al sudeste de la capital, fue uno de los centros de tortura más infames del régimen de 17 años de Pinochet, que empezó cuando el presidente de izquierda elegido democráticamente, Salvador Allende, fuera derrocado el 11 de septiembre de 1973. La Casa Blanca de Nixon era hostil hacia el gobierno de Allende y financió a la oposición chilena, aunque negó cualquier participación directa en el sangriento golpe de estado, durante el cual Allende se suicidó.
Bachelet y su madre, Ángela Jeria, fueron detenidas en 1975 y retenidas durante tres semanas en Villa Grimaldi y en Cuatro Álamos, otro centro de detención. La presidente electa ha dicho que ella y su madre fueron maltratadas físicamente, pero no han entregado otros detalles. Dijo que su madre había recibido un tratamiento mucho peor.

21 de enero de 2006

©boston globe mQh

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legado mortal en chile


[Tomas Dinges] Minas antipersonales: Campos minados abandonados en un pueblo minero chileno que albergó antiguamente a prisioneros políticos es otro recordatorio de la brutal dictadura militar de Augusto Pinochet.
Chacabuco, Chile. Los camioneros que pasan por el lugar dicen que han visto fantasmas en el pueblo, un antiguo centro minero y campo de concentración durante la dictadura del general Augusto Pinochet.
Pero ahora el mayor peligro son las 98 minas antipersonales que fueron desplegadas en el pasado para impedir la fuga de los prisioneros y otros declarados desaparecidos el año pasado, debido a "condiciones climáticas", como las ocasionales pero intensas lluvias y temblores de tierra que las han desplazado de sus posiciones iniciales.
Las minas antipersonales han sido usadas durante largo tiempo en conflictos en toda América Latina, incluyendo la guerra fronteriza de 1995 entre Ecuador y Perú, la continuada guerra civil en Colombia y la guerra entre sandinistas de izquierdas y guerrilleros de extrema derecha financiados por la CIA en los años ochenta.
Pero Chile es uno de los pocos lugares en América Latina en la que las minas antipersonales fueron usadas para cercar los campos de concentración de prisioneros como Chacabuco, en el árido desierto del norte de Chile, a unos 225 kilómetros al norte de la ciudad de Antofagasta.

Cambio de Gobierno
En 1971 el gobierno socialista de Salvador Allende calificó Chacabuco como monumento nacional debido a su papel en el clave centro minero del nitrato entre 1924 y 1940, los años de ocaso de la industria salitrera chilena. Hoy, camioneros que pasan por el lugar dicen haber visto animado en la noche al antiguo pueblo de cinco mil trabajadores, con trenes de carga transportando mineral y hornos funcionando con frenesí.
Pero el violento derrocamiento de Allende por Pinochet en 1973 condujo a la refacción de las casas de adobe del pueblo, la construcción de torres de vigilancia y el despliegue de campos minados para controlar a los casi tres mil presos políticos encarcelados ahí hasta 1974.
El centro de detención de Chacabuco y otro centro de interrogatorios, Tejas Verdes, fueron minados antes de que los conflictos con Bolivia, Perú y Argentina llevaran al gobierno de Pinochet a desplegar casi 120 mil minas antipersonales a lo largo de sus fronteras.
Hoy, el camino de grava de entrada está alineado con alambre de púa y nuevos y brillantes triángulos rojos impresos con la palabra "Minas". Más allá hay pilas de tierra infamemente dura, conocida aquí como ‘caliche’, y huecas excavaciones dejadas ahí por previos intentos de retirar las minas del área -el último en 1981.
Después de cuatro años de investigación sobre Chacabuco por investigadores locales para el Premio Nobel de la Paz, Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Terrestres, un informe del gobierno chileno en mayo reconoció por primera vez la presencia de campos minados en los alrededores de Chacabuco. En septiembre, el área fue vallada y señalizada de acuerdo a normas internacionales.
Roberto Zaldívar dijo que sabía de las minas desde que fue un prisionero ahí en 1973. Como activista político en Antofagasta, fue secuestrado por los militares y retenido en Chacabuco durante cuatro meses.
"Al principio, cuando pusieron las minas, pensé que estaban simplemente jugando a la guerra", dijo Zaldívar, que retornó en 1992 para convertirse en cuidador y guía, porque nadie nunca consideró tratar de escapar por el desierto.
"El campo de concentración aquí en Chacabuco era muy especial", explica. En el campo no hubo muertes. Pero era sin embargo un lugar brutal. "Los focos de vigilancia constantemente encendidos, las torres con ametralladoras y los campos minados al otro lado de las murallas... fueron parte de nuestra destrucción mental".
En testimonios publicados recientemente de más de 30 mil víctimas de torturas de la dictadura chilena, había varios informes sobre ejecuciones falsas, por ejemplo.
"Los campos minados en torno al campo fueron usados por su efecto disuasivo, las hayan plantado ahí o no, e impedían tratar de escapar del campo o de entrar a él", dijo el teniente coronel Fernando Romero.

Retirando las Minas
Un tratado de Naciones Unidas de 1997 prohíbe el uso de minas antipersonales y determina esquemas estrictos para la destrucción de alijos de minas y el desmantelamiento de los campos existentes. Como país firmante, para 2011 Chile debe limpiar todos sus campos minados.
Pero el proceso de desmantelamiento en este país se ha visto dificultado por altos costes, unos mil dólares por mina, y en el caso de Chacabuco por la ausencia de archivos militares claros sobre cuántas minas fueron desplegadas y dónde.
El patrón casual de las excavaciones previas muestran que los militares "no sabían cómo minaron ese área", dijo Fabiola Fariña, investigadora chilena para la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Terrestres.
Pero el ejército dice que no ha dejado de buscar. "Las fuerzas armadas han elaborado un proyecto para revisar los antiguos campos minados, pero es una cuestión de voluntad política", y de financiamiento, dijo Romero.
Hoy los visitantes atraídos por la historia de Chacabuco como centro minero y campo de concentración no pueden salir solos de sus confines y son alojados bajo llave durante la noche.
A pesar de eso, el director regional de turismo dijo que cree que las minas no afectarán los planes de desarrollo de Chacabuco para convertirlo en una atracción turística como parte del nuevo Museo del Salitre de Chacbauco.

11 de enero de 2006

©miami herald
©traducción mQh

terrorismo y democracia en perú


[Alan Riding] Dos documentales que giran sobre el ejemplo peruano.
París, Francia. De todos los grupos insurgentes activos en América Latina en los últimos cincuenta años, ninguno se ajusta más adecuadamente a la descripción de ‘terrorista’ que Sendero Luminoso, de Perú. Comenzó sus acciones armadas en 1980, cometió atrocidades durante más de una década y fue derrotado por un presidente que fue sacadodel cargo en 2000 por abusos de poder.
¿Qué lecciones sobre la guerra contra el terrorismo puede ofrecer Perú a Estados Unidos?
Las directoras estadounidenses de dos documentales que están siendo exhibidos este mes en el Film Forum de Nueva York creen que sí hay lecciones que aprender: al menos, dicen, la experiencia peruana es una historia ejemplar debido al precio pagado por la frágil democracia peruana en su victoria sobre del terrorismo.
Ambas directoras, Pamela Yates y Ellen Perry, dijeron que hicieron sus películas teniendo en mente a audiencias estadounidenses. Y mientras que ninguna de las dos películas traza paralelos con la guerra norteamericana contra el terrorismo, los problemas que planteados en Perú -desde las tácticas antiterroristas hasta las libertades civiles- suenan conocidos.
Dicho esto, los dos documentales son notablemente diferentes.
‘State of Fear: The Truth About Terrorism’, dirigido por Yates, sigue el trabajo de la Comisión de la Verdad de Perú, que concluyó que entre 1980 y 2000 más de 69 mil personas fueron matadas por la violencia terrorista o gubernamental. También subraya cómo la guerra contra el terrorismo fue utilizada para justificar la erosión de la democracia del país.
‘The Fall of Fujimori’, dirigida por Perry, gira sobre el mismo asunto, pero se basa en gran parte en entrevistas con Alberto Fujimori, presidente de Perú entre 1990 y 2000, en las que explica su estrategia y reclama los créditos por acabar con Sendero Luminoso.
Sin embargo, su historia en Perú no ha terminado.
Desde su exilio en Japón, el país de sus ancestros, Fujimori prometió hace tiempo que se presentará nuevamente a las elecciones presidenciales de abril. Como un paso en esa dirección, viajó a Chile a principios de noviembre, donde fue detenido a petición de las autoridades peruanas. La semana pasada, Perú pidió su extradición para juzgarlo por una gama de cargos, desde corrupción hasta su responsabilidad por los escuadrones de la muerte.
Los dos documentales contribuyen al examen del pasado reciente de Perú. ‘State of Fear’, celebrado por grupos de derechos humanos en un festival en Lima en agosto, está siendo emitido ahora semanalmente por Canal 7, la estación del gobierno peruano, como una manera de recordar a la gente los excesos de Fujimori. ‘The Fall of Fujimori’, en cambio, fue celebrada por los seguidores de Fujimori en el mismo festival.
Lo que distingue las experiencias de Perú de la guerra estadounidense contra el terrorismo es que la violencia peruana fue enteramente doméstica. Fundado por Abimael Guzmán, ex profesor de filosofía, Sendero Luminoso prometía revertir los siglos de injusticia sufridos por la población indígena de Perú. Pero para afirmar su poder, creó un reino de terror, especialmente en la región de Ayacucho en los Andes.
Al preparar ‘State of Fear’, Yates y su productor, Paco de Onis, asistieron a las audiencias públicas de la Comisión de la Verdad. Volvieron a Perú a entrevistar a testigos y, en algunos casos, los acompañaron a los sitios donde Sendero Luminoso había cometido atrocidades. En la película algunos, por ejemplo, fueron obligados a entrar a Sendero Luminoso cuando eran niños, y algunos fueron obligados a matar a sus propias familias.
A mediados de los ochenta, las fuerzas armadas de Perú estaban luchando contra Sendero Luminoso en los Andes, pero, como demuestra ‘State of Fear’, el resultado a menudo aumentó la violencia, con muchas comunidades indígenas amenazadas y castigadas por ambos grupos armados. Y, en la práctica, la represión militar ayudó a Sendero Luminoso: hacia 1990 estaba amenazando la capital costera de Lima.
Fue entonces que Fujimori, otro antiguo profesor, fue elegido. En abril de 1992, en nombre de la guerra contra el terrorismo, cerró el Congreso y se atribuyó poderes dictatoriales. Cinco meses después se detuvo a Guzmán, el líder de Sendero Luminoso. Pero un argumento central de ‘State of Fear’ es que las detenciones no fueron producto de la represión militar, sino de viejos métodos policiales.
Mientras que la detención de Guzmán demostró ser fatal para Sendero Luminoso, la inteligencia militar de Perú, bajo Vladimiro Montesinos, aceleró la persecución de sospechosos, usando la tortura y los escuadrones de la muerte. En ‘State of Fear’, una mujer llamada Magdalena Monteza describe cómo fue arrestada en su primer día en la universidad, violada repetidas veces y luego encarcelada. Junto a ella durante la entrevista estaba la niña que nació de esa violación.
En ‘The Fall of Fujimori’, Fujimori señala que fue re-elegido abrumadoramente para un segundo término en 1995. "¿Qué estaban dispuestos a hacer los peruanos en nombre de la paz?", se pregunta Perry en una entrevista por teléfono desde Los Angeles. "Permitieron los tribunales militares, permitieron los escuadrones de la muerte, sabían lo que estaba pasando". Y agregó: "Me asombra que lo persigan por cargos de antes de 1995, cuando su re-elección fue un triunfo electoral aplastante".
Lo que finalmente socavó a Fujimori fue su decisión de presentarse a la re-elección en 2000. Y a pesar de las protestas de que violó la constitución, ganó. Luego, poco después de su inauguración, un canal de televisión emitió un video que mostraba a Montesinos sobornando a un parlamentario. Dentro de diez días Montesinos había huido del país y, a medida que se mostraban más videos, el régimen de Fujimori empezó a desmoronarse.
Llamó a nuevas elecciones y se distanció de Montesinos. Pero en noviembre de 2002, a medida que aumentaban las pruebas de la corrupción de Montesinos, Fujimori huyó a Japón y envió por fax su renuncia como presidente. En ‘The Fall of Fujimori’, dice que su vida corría peligro e insiste en que no sabía nada de las actividades ilegales de Montesinos.
"En mi opinión, Montesinos es un criminal y un rebelde", dijo Perry. "Fujimoru es un patriota, un rebelde y posiblemente un criminal. Fujimori y Montesinos son realmente personajes de Shakespeare".
Ciertamente, la película se concentra más en el personaje principal que en sus antecedentes. "Te permite dar una mirada en la mente de un dictador", dijo Perry, que fue nominada para el Galardón al Mejor Guión de Documentales del Gremio de Guionistas [Writers Guild], junto con sus co-guionistas Zack Anderson y Kim Roberts. "No me paso hablando durante 20 minutos sobre la brutalidad de los militares, pero está todo ahí de manera más sutil".
En contraste, ‘State of Fear’ presenta una visión más comprehensiva de la guerra de Perú contra el terrorismo y por la democracia. También ha causado un inesperado impacto internacional. En julio fue emitido en 45 idiomas en el Canal Internacional del National Geographic. Y el mes pasado provocó un duro debate entre detractores y partidarios del gobierno ruso en un festival de derechos humanos en Moscú.
"Ahora están trabajando en una versión quechua", dijo Onis, refiriéndose a uno de los idiomas indígenas de Perú. "Lo mostramos en un festival en Nepal, en septiembre, y los grupos pro-democracia quieren ahora una versión en nepalés. Estamos pensando en producir una versión en árabe". Ahora se preparan para un festival en Irlanda del Norte. Es sorprendente ver cómo la película adquiere vida propia.

 

Yates agregó: "Espero que la película nos ayude en nuestro propio debate sobre cómo mejor derrotar al terrorismo".

9 de enero de 2006

©new york times
©traducción mQh

afro-colombianos huyen de guerra



[Chris Kraul] Afro-colombianos huyen de la guerra entre paramilitares y guerrilleros que luchan por el control de las plantaciones de coca.
Pereira, Colombia. Armando Garcés no quería dejar su pueblo en la montaña incluso después de que miembros de una milicia de extrema derecha pasaran de puerta en puerta diciendo a los vecinos que tenía 48 horas para evacuar, o de otro modo... No le gustaba que le dijeran que tenía que abandonar la única casa que conocía.
Luego estalló una batalla de todo un día entre los paramilitares y los guerrilleros de izquierda por el control de los cultivos de coca y de las rutas de transporte. El pueblo de Garcés, en la selva tropical de la costa del Pacífico de Colombia, cayó entre dos fuegos, el de los rebeldes, en las colinas, y el de los milicianos, abajo.
"Nos escondimos debajo de la cama todo el día, y al día siguiente se habían marchado todos", dijo Garcés, recordando ese terrible día de junio cuando su pueblo, Bajo Calima, se convirtió en un campo de batalla en la larga guerra de drogas del país.
"Todos estuvimos de acuerdo en que era hora de buscarnos otro futuro".
Así que el leñador de 25 años, su esposa, sus dos hijos y cerca de 500 vecinos se unieron a los inflados rangos de los desplazados internos de Colombia. Más de tres millones de personas han sido expulsadas de sus hogares por el conflicto civil entre grupos armados que se disputan por el dominio político y el control de las cosechas, especialmente de las vinculadas al comercio de drogas del país.
Sólo Sudán tiene más ciudadanos desplazados que Colombia, de acuerdo al Consejo de Refugiados noruego, un grupo de derechos humanos que ha trazado el mapa de los desplazados en todo el planeta para la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.
Aunque Colombia ha tenido una enorme población de desplazados durante dos décadas, según expertos sus rangos han aumentado rápidamente en los últimos meses y un número desproporcionado de ellos son, como Garcés, afro-colombianos. Son escogidos porque carecen de influencia política y sofisticación en una época en que sus casas en el campo se han convertido en objetivos económicos atractivos.
Ricardo Esquivia, coordinador general de Arvidas, un grupo de defensa de los desplazados en el estado de Sucre, dijo que la mayoría de los afroamericanos que poseen tierra propia carecen de conocimiento sobre sus derechos o del poder para hacerlos valer. Un factor que opera contra los afro-colombianos es la tasa de analfabetismo de 80 por ciento en las áreas donde viven muchos de ellos, dijo Esquivia, él mismo de origen afro-colombiano.
"Son históricamente vulnerables y han sido relegados a una condición más baja debido a que nunca han ejercido sus derechos económicos, sociales y culturales", dijo Jorge Rojas, un importante defensor de los derechos humanos y de los desplazados en Bogotá, la capital.
Esos derechos incluyen una disposición constitucional que garantiza los títulos de propiedad de la tierra de las comunidades rurales afro-colombianas que se organizan flojamente como grupo y han ocupado sus propiedades por diez años o más, dijo Luis Murillo, ex gobernador del estado de Choco. Murillo, también de ascendencia afro-colombiana, estima que un millón de afro-colombianos, o un tercio de los que viven en áreas rurales, han sido obligados a dejar sus tierras.
El crecimiento de los desplazados tiene mucho que ver con las variantes logísticas del multi-millonario comercio de cocaína de Colombia. El éxito de los programas de fumigación de Estados Unidos, destinados a erradicar el cultivo de coca en la zona amazónica de Colombia, ha provocado la mudanza de la producción de coca hacia áreas más remotas, incluyendo las zonas costeras en los alrededores de Bajo Calima, donde se concentran los afro-colombianos.
La ciudad portuaria de Buenaventura, cerca del pueblo natal de Garcés, y los estuarios que desembocan en ella, se han convertido en centros importantes en el procesamiento de la cocaína y de su transporte en Colombia, dijeron funcionarios policiales norteamericanos.
Garcés y otros residentes se pueden considerar afortunados por escapar con vida. En los últimos años, en pueblos como Bajo Calima, tanto grupos paramilitares como guerrilleros han masacrado a miles de personas de las que sospechaban que estaban colaborando con el enemigo o simplemente por estar en el camino.
Desde julio, Garcés ha vivido en las afueras de Pereira, enuna villa miseria llamada Plumón, construida a un lado de una quebrada. No tiene agua potable ni electricidad.
Refugiados internos como Garcés ejercen un gran presión en las ciudades donde se han mudado. "Es imposible resolver el problema de la vivienda. No somos capaces de ello", dijo el administrador de Ciudad Pereira, Germán Darío Salvarriaga, cuya ciudad en el interior -a unos 190 kilómetros al nordeste de Buenaventura y a 170 al oeste de Bogotá- está tratando de acomodar a 15 mil residentes desplazados, casi la mitad de ellos afro-colombianos.
Pereira ha construido tres nuevos hospitales y está construyendo casi mil unidades de viviendas para recibir a la gente desplazada, aunque necesita 4 mil casas más para hacer frente a la avalancha. Entretanto la delincuencia ha aumentado agudamente, dijo Saldarriaga.
"A veces nos sentimos superados, pero en otras ciudades como Melellín y Cali es mucho peor", dijo.
Grupos de derechos humanos dentro y fuera de Colombia ven un riesgo a largo plazo en la incapacidad del gobierno de proteger el derecho a la tierra de sus ciudadanos. Muchos dicen que las voces de los desplazados no están siendo atendidas en el naciente proceso de paz de Colombia.
Aunque los secuestros y asesinatos han disminuido, el proceso que inició el presidente Álvaro Uribe en julio de 2003 para desmovilizar a las facciones armadas de Colombia no es suficiente para garantizar que los desplazados puedan algún día volver a los millones de hectáreas de tierra que han abandonado, dijo Lisa Haugaard, del Grupo de Trabajo Latinoamericano, una coalición de agencias religiosas y humanitarias en Washington.
Haugaard y otros temen que una ley aprobada el verano pasado definiendo las condiciones de la "reinserción" de los combatientes en la sociedad signifique que la mayor parte de la tierra abandonada, en total unos que suma 4.5 millones de hectáreas, quede simplemente en manos de los paramilitares desmovilizados.
Si ese resultara ser el caso, villas miseria como Plumón, donde vive Garcés, y Bosques de Otún, podrían transformarse en semilleros de una futura generación de insurgentes colombianos, dijo.
"Definitivamente se omite el problema de los derechos a la tierra en el proceso de paz. Sin embargo, en el terreno será solucionado por medio de un conflicto y de una miríada de métodos conflictivos", dijo Haugaard.
Funcionarios de la embajada norteamericana en Bogotá temen que el problema de los desplazados de Colombia sea una bomba de tiempo y dijeron que los 30 millones de dólares anuales de ayuda de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional está siendo reasignada para concentrarse más en las necesidades de los afro-colombianos. Esa reasignación es en parte el resultado de presiones del Caucus Parlamentario Negro de Estados Unidos.
"Es una enorme crisis para un país que ya tiene que vérselas con otras crisis al mismo tiempo", dijo un funcionario de la embajada estadounidense que pidió conservar su anonimato.
El control del comercio de drogas no es el único motivo que explica que los grupos armados estén expulsando de sus tierras a los afro-colombianos. En el estado de Sucre, donde trabaja Esquivia, unas 60 mil personas han huido del campo hacia la capital del estado, Sincelejo, para escapar a la sangrienta lucha por el control de las plantaciones de aguacate y palmas o simplemente por el control territorial.
Adelina Zúñiga abandonó hace dos años su granja de 6 hectáreas en Macayepa para mudarse a Sincelejo después de que masacres de sospechosos de simpatizantes de la guerrilla enviaran un escalofriante mensaje. Tras huir de su tierra, su familia de 15 pernoctó al principio en una sola habitación en una villa miseria de Sincelejo. Ahora se ha convertido en una líder de los desplazados y pastor de una iglesia evangélica local.
"La gente llega y no tiene dónde quedarse, no tienen trabajo y son acosados por la policía local. Casi todos los viejos que llegaron con nosotros han muerto por el abandono. Pasan de ser importantes a sentirse inútiles. No ven una solución", dijo Zúñiga.
La llegada masiva de refugiados ha provocado problemas sociales, incluyendo la prostitución de las adolescentes y el crecimiento de las pandillas callejeras, dijo Esquivia, del grupo de apoyo Arvidas.
Hasta que mejore la seguridad en casa, Garcés piensa seguir viviendo en la villa miseria Plumón, de Pereira, donde ha encontrado un trabajo de 2 dólares al día recogiendo café y cargando sacos de cemento. Además, la gente que ha vuelto a Bajo Calima no han encontrado más que un pueblo fantasma quemado.
"No estoy pensado volver a la guerra", dijo.

4 de enero de 2004

©los angeles times
©traducción mQh

recuerdan a periodista


[Cristóbal Peña] Lira Massi: crónicas y misterios. Aguda pluma política, sus entrevistas televisivas eran de temer. No dejó a nadie muy bien parado en el Senado ni en la Cámara, pese a lo cual fue querido y respetado. Ingenioso e irreverente, partió al exilio tras el golpe militar en Chile en 1973 y murió en junio de 1975, en extrañas circunstancias. Treinta años después su familia reclama una investigación y rescata sus escritos en un libro.
En los últimos meses no lo habían visto bien, entero. El ‘Paco Lira', como lo apodaban sus amigos, había perdido la chispa y cada vez se reía menos y tomaba más. Había comenzado a faltar seguido a las clases de francés y no estaba muy conforme con su trabajo en el diario L'Humanité. Se veía más flaco y a mal traer, pero ¿cómo más podía estar quien hasta un par de años antes había sido un periodista famoso y brillante y que ahora, golpe de Estado mediante y alejado forzosamente de su familia, era un desconocido?
Se dedicaba a dar vueltas por la ciudad y a escribir cartas a su esposa y sus tres hijas que se habían quedado en Santiago. Religiosamente enviaba dinero y les daba ánimo. Les decía que no estaba tan mal en París y que pronto se reunirían. En una carta, fechada el 28 de mayo de ese año, instaba a su esposa a tomarse un trago en su nombre en el restaurante Safari: "Un traguito no te va a hacer nada. Piensa harto en mí y en lo rico que va a ser cuando estemos otra vez juntitos".
Fue la última misiva que recibió de su ‘Viejo Flaco', como se puso él mismo, por cariño y seguridad. Lo siguiente fue apenas el extracto de un parte de defunción: "Ha fallecido Eugenio Pascual Santos Lira Massi, nacido en Santiago de Chile el 30 de septiembre de 1934, periodista, hijo de Eugenio Lira y de Regina Massi, y esposo de Estela Molina Bobadilla...".
Uno de los más polémicos y talentosos periodistas de la vieja guardia había muerto, pero el parte no decía de qué. La policía forzó la puerta de su habitación en París y lo encontró tendido en la cama, con ropa de calle, sin signos de agresión. La familia cree que murió entre el 9 y el 12 de junio de 1975. El informe de la autopsia nunca apareció y el cuerpo fue incinerado.
Es claro que no lo estaba pasando bien, según se desprende de un texto encontrado en su máquina de escribir: "¿Qué, vas a pegarte un tiro como los maricones? ¿Vas a bajar los brazos?", se lee al final de un texto confuso y tormentoso, en el que se lamenta del exilio y la soledad. "Mañana será otro día, habrás dormido y estarás listo para empezar de nuevo esta pelea... Buenas noches".

Padre Karras
Treinta años después, la familia de Eugenio Lira Massi sigue preguntándose cómo y de qué murió el renombrado cronista político, autor de dos célebres libros en que retrató con cariño, sarcasmo y desdén -según el caso- a senadores y diputados: ‘La cueva del senado y los 45 senadores' es uno; el otro, ‘La Cámara y los 147 a dieta'. Su fama también se la debe al programa televisivo La Entrevista Impertinente -temido y respetado entre los políticos- y a la subdirección del combativo diario Puro Chile.
"Fue muy celebrado, de mucho éxito, pero eso no ha servido de nada. Nunca hemos recibido ayuda para saber qué ocurrió con él", se lamenta su viuda, Estela Molina, desde su modesto departamento del centro de Santiago.
Lo vio por última vez a mediados de 1974, tras las rejas de la legación francesa en Chile, cuando el periodista consiguió salvoconducto para salir del país tras permanecer 10 meses asilado en la embajada. Desde entonces ella sueña que lo ve entrar por la puerta como si nada, espigado, joven, con ese "parecido al padre Karras de ‘El Exorcista'" que arrancaba suspiros entre las mujeres.
Era, en este sentido, el Amaro Gómez Pablos de la época, pero sus entrevistas y comentarios no tenían la corrección del periodismo de hoy. Si un político estaba acusado de corrupción le preguntaba derechamente si pensaba devolver la plata. Y para divertirse un rato, trató a Salvador Allende de pije y le preguntó cuántos trajes tenía en el ropero. Uno más que usted, contestó rápido el entonces senador. Entonces tiene dos, retrucó más ágil el periodista.
"Era así, rápido, ingenioso, jodido", recuerda su colega Mario Gómez López, que trabajó con él y lo conoció de pantalón corto. Lira Massi era tan bueno para contar historias -recuerda Gómez López- que sus amigos de infancia, siempre escasos de plata, lo elegían para que fuera a ver la película de moda y luego se las contara. Sus relatos orales eran a veces mejor que la misma película, pero un día lo pillaron mintiendo: no había visto la película. A la semana siguiente, por cierto, mandaron a otro al cine; uno tan desaliñado que no quedó más que volver a llamar a Lira Massi.
La anécdota fue revivida, aunque alterando el orden de los protagonistas, por Lira en sus crónicas dominicales para Puro Chile, las mismas que volverán en un libro que prepara su familia.

De Flaco a Paco
A mediados de siglo vivía en el barrio de Plaza Chacabuco y se desvivía por el cine y el fútbol. Pero de golpe, con la prematura muerte de su padre, tomó su puesto como escribiente de Carabineros. El Flaco pasó a ser el Paco y en eso estaba cuando se topó con su amigo de infancia, el periodista Alberto ‘Gato' Gamboa, que lo llevó a trabajar al diario Clarín como caricaturista.
"Dibujaba bien el ‘Paco Lira', pero un día falló un periodista de política y lo mandamos al Congreso. Ahí empezó su carrera", cuenta Gamboa, rememorando una época en que los periodistas políticos iban frecuentemente a la cárcel ante querellas por injurias y calumnias. Lira Massi se ganó varias, la mayoría en la subdirección de Puro Chile, diario del PC que manejaba a su antojo con su amigo José Gómez López.
No era comunista. Los encontraba solemnes y "tristes como un caballo". Tampoco socialista; ése, escribió, "generalmente es amargado y le pega al resentimiento". Democratacristiano, ni hablar. "No tienen gusto a nada". Lira Massi era de izquierda y allendista, y se le notaba.
"Les Volamos la Ra-ja, ja, ja, ja, ja" fue el título de portada al día siguiente del triunfo de Allende en 1970. Tres años después, cuando la Corte Suprema declaró inconstitucional el gobierno de la Unidad Popular, en la primera plana apareció una enorme foto del presidente del máximo tribunal de justicia junto al titular "Viejos de Mierda". Según se leía debajo del título en letras muy pequeñas, el repudio era contra unos abuelos pervertidos que habían abusado de menores.
Por esas y otras ocurrencias, con José Gómez López estaban acostumbrados a ir presos y eludir los dictámenes judiciales. Una vez que recibieron orden de clausura, no hallaron nada mejor que salir al otro día con un diario igual a Puro Chile llamado Dulce Patria.

Crimen bajo Sospecha
Tras el golpe, apareció entre los más buscados del bando número 10. Se refugió el 12 de septiembre en la embajada francesa y fue de los últimos en tener salvoconducto.
Su hija menor, Eugenia, alberga sospechas. El viaje a Europa se realizó en la misma época en que se desplazaron Michael Townley y Virgilio Paz, involucrados en el asesinato de Orlando Letelier y el atentado a Bernardo Leighton. La tesis parte del libro ‘Chile: la memoria prohibida', de Eugenio Ahumada, y se refuerza por una investigación de Edwin Harrington, para quien el deceso pudo ser provocado por gas sarín en la denominada Operación Francia.
Aunque han pasado 30 años, Eugenia Lira está empeñada en querellarse por la muerte de su padre. No se resigna a aceptar que un hombre sano, de 40 años, se acueste a dormir una siesta y no despierte más.

Más Impresiones Sobre un Santiago Que Se Fue
Para su primer libro, ‘La cueva del senado y los 45 senadores', tuvo la desfachatez de encargarse a sí mismo -como si fuese otro- la redacción de un prólogo en que no ahorró elogios para el autor. "Cuando me pidieron que escribiera este prólogo accedí de inmediato. Nada me podía resultar más fácil que escribir sobre Eugenio Lira Massi. Hace 33 años que conozco a este muchacho despierto, inteligente, lleno de condiciones e inquietudes", dijo de partida, apostando a que el libro se convertiría en el best seller del año. Estuvo cerca. Su debut literario agotó 10 ediciones. Después vino ‘La Cámara y los 147 a adieta'.
Menos recordadas, aunque tanto o más valiosas, son sus crónicas aparecidas entre abril de 1971 y enero de 1972 en el suplemento dominical de Puro Chile. Bajo el nombre ‘Érase una vez', Lira Massi realiza un conmovedor retrato del Santiago de su infancia: el equipo de fútbol del barrio, las películas de la matinée o su cariño por los perros. En 1989 aparecieron en un libro impreso, pero no distribuido. Ahora, Eugenia Lira trabaja con el periodista Nibaldo Mosciatti en una nueva edición que contendrá también muestras de su Columna Impertinente. Publicada en el mismo diario, fue una instancia de humor político y de reflexión. Así como se podía dedicar espacio a Neruda, también lo hubo para el asesinado ex ministro Edmundo Pérez Zujovic.

3 de octubre de 2005
©tercera

un bibliotecario analfabeto


[Henry Chu] Un jornalero ha reunido 10.000 libros, dando a sus pobres vecinos una ventana hacia el mundo.
Sao Gonçalo, Brasil. Carlos Leite puede apenas leer una palabra, pero los libros transformaron su vida.
Hace dos años estaba trabajando en unas obras y el dueño estaba a punto de arrojar a la basura seis gruesos tomos rojos de una enciclopedia. Leite preguntó si se los podía llevar. Había nacido un sueño.

Pocos días después se echó a la calle, llamando a las puertas y pidiendo a la gente los libros que no querían. Ninguna contribución era rechazada, ni por pequeña, grande o demasiado arcanos. Leite convenció a los escépticos miembros del club de ciclismo para que lo ayudaran a recoger las donaciones. La colección se multiplicó rápidamente. Los seis tomos originales se convirtieron en 100, luego en mil. Pronto su humilde casa estaba que reventaba de libros de todo tipo -desgastados clásicos, libro de texto de química, manoseadas novelas policiales.
Sin embargo, para Leite casi todos los libros son misterios. Nacido en el seno de una familia pobre, abandonó la escuela después del tercero y, a los 51, es prácticamente analfabeto.
Pero sabe que los libros son una puerta de escape hacia una vida con mayores posibilidades y más promisoria que la suya propia. Puede ser demasiado tarde para mí, pensó, pero no para otros.
Así floreció la pasión que ha consumido el tiempo libre de Leite durante los dos últimos años, convirtiendo su casa en una biblioteca pública, libre y abierta para todos en este mísero barrio en las afueras de Río de Janeiro. Aquí las calles no están ni pavimentadas ni desmalezadas, la vida día a día es una lucha y un libro es un enorme lujo que puede costar hasta la mitad del salario semanal.
Visitar la morada de Leite ahora es ir a ver a los niños haciendo sus deberes en lo que era su dormitorio. Los adultos hojean títulos en lo que era antes el recibidor.
Arco iris de libros donados, de bolsillo y de tapas duras sobre todo tema imaginable, algunos nuevos, otros deshojándose, cubren todo espacio disponible en las paredes, apretujados tan estrechamente que costaría meter la hoja de un cuchillo entre uno y otro.
Ahora la colección de Leite incluye la impresionante cantidad de 10.000 libros, muchos de ellos todavía empaquetados en cajas o apilados en los rincones a la espera de ser clasificados y colocados en libreros. La falta de espacio es tan apremiante que Leite y su compañera María da Penha han debido mudarse a un cuarto trasero con todas sus pertenencias, que no son muchas.
"Es el único espacio que tenemos para dormir. Por favor, no presten atención a que seamos tan pobres", se excusó ante un visitante mientras se hacía camino con cautela entre su ropero precariamente inclinado y una cama baja. "Los libros nos echaron. Si no tenemos cuidado, también nos echarán del cuarto de atrás".
La casa ha sido bautizada, como reza un letrero con grandes letras rojas pintadas a mano, Biblioteca Comunitaria, en la calle 18. En las tardes atareadas sólo hay espacio para estar parado. Los parroquianos compiten por una de las sillas mal emparejadas, que arañana el suelo cubierto de azulejos desechados que Leite y sus amigos han gorroneado.
Da Penha, 54, es la madre sobreprotectora, haciendo callar a los clientes ruidosos con la severa expresión que domina todo buen bibliotecario. Como Leite, es esencialmente analfabeta -pero consciente de las riquezas que atiborran sus paredes, lo que a veces invade sus sueños.
"Sueño que los leo", dijo.
Lo que ella y Leute han logrado hacer es todavía más notable si se considera los desalentadores obstáculos para fomentar las capacidades y hábitos de lectura en el país más grande de América Latina. El analfabetismo, la pobreza y la seducción de las entretenciones modernas han convertido a Brasil en uno de los países con la tasa de lectura de libros más bajas del mundo. Un americano promedio lee cinco libros al año, como hace también un inglés promedio. En la literaria Francia, esa cifra aumenta a siete. En Brasil es menos de dos.
Los brasileños tienen el handicap de la falta de acceso. Funcionarios de gobierno dicen que casi 1.000 de las 5.500 municipalidades no tienen una biblioteca pública. Comprar un libro no es una opción.
Como con tantos problemas aquí, la falta de acceso a los libros refleja y refuerza la enorme disparidad de la riqueza que ha convertido a Brasil en una de las sociedades más desiguales de la Tierra. Las librerías tienden a concentrarse en las áreas ricas, como la Zona Sur de Río, hogar de las legendarias playas de Copacabana e Ipanema; en los extensos distritos al norte de la ciudad donde viven millones de personas, muchas en barriadas de indescriptible miseria, las librerías prácticamente no existen.
Un estudio de 2001 calculó que un 16 por ciento de la población posee casi el 75 por ciento de todos los libros en Brasil -difícilmente sorprendente si se considera que un libro de bolsillo normal cuesta normalmente 15 dólares, vale decir, un octavo del salario mínimo mensual.
Además, el analfabetismo sigue siendo alto; 16 millones de brasileños mayores de 15 años no saben ni leer ni escribir.
Sin embargo, el acceso limitado y persistentes niveles de analfabetismo no cuentan toda la historia en Brasil, el país del sol, de la samba y del fútbol.
"Simplemente no existe el hábito de leer", dijo Cristiana Fernandes Warth, vice-presidente de la Liga de Editores Brasileños. "Y ahora se compite por otras cosas: móviles, internet, DVDs. Digamos que si en una tienda hay un libro y un CD al mismo precio, probablemente se venderá el CD".
El gobierno brasileño ha lanzado una serie de campañas para mejorar la situación, incluyendo una reducción del impuesto sobre los libros, un proyecto de lectura llamada ‘Hambre de Libros' y una campaña para fundar bibliotecas públicas en todas las ciudades y pueblos.
Leite no podía esperar.
"Los que crecimos aquí sabemos cuáles son las necesidades de la comunidad", dijo. "Me paré a pensar: ‘Espera, aquí no hay ni una sola biblioteca. Las escuelas tienen bibliotecas, pero no hay una biblioteca pública'. Así que pensé: ‘Vamos a transformar este sueño en realidad'".
Cuando pidió a miembros de su pequeño grupo de ciclistas que lo ayudaran a recoger libros usados, "todos pensaron que estaba loco", dijo.
Pero lo celebraron, y el club de ciclismo sin nombre recibió un apodo: "Los Locos de Sao Gonçalo". Eso parecía al principio a los vecinos a cuyas puertas llamó.
"Alguna gente pensaba: ‘Debes estar bromeando. Aquí en esta comunidad, la gente pide ropa, no libros'", dijo Ronaldo Pena, 48, uno de los ciclistas.
Inauguraron la biblioteca el 20 de marzo de 2004, con 100 tomos, la mayoría de ellos tratados literarios e historiográficos donados por alguien al que Pena conocía. Desde entonces, el grupo ha estado acumulando libros a un ritmo afiebrado. Muchos provienen de familias ricas donde ellos trabajan como limpiadores, manitas y cosas similares.
Debido a que todos los libros son donados, la colección es ecléctica y quijotesca, pero su alcance es impresionante: desde Shakespeare hasta Agatha Christie, de Umberto Eco al teórico político Antonio Gramsci, de William Faulkner a James Joyce, para no mencionar los libros de estudio y de referencia. No hay un sistema decimal Dewey y ni siquiera un orden alfabético; los libros simplemente se agrupan por materia.
"Aquí tenemos todo lo que necesitas", dijo Gabrielle Stephanine Silva Azeveda, una alumna de séptimo que estaba ocupada haciendo fotocopias de una enciclopedia sobre América Central. La biblioteca pública más cercana está a 20 minutos en coche -aquí no muchos residentes poseen uno- y la biblioteca de su escuela a menudo no sirve de mucho.
"Tiene menos libros que esta", dijo.
La noticia se ha extendido de tal manera que las donaciones llegan por correo, incluyendo libros del difunto poeta brasileño Mario Quintana, cuya nieta oyó hablar sobre la biblioteca y envió a Leite algunos libros.
Un canal de televisión donó un ordenador para que pudieran llevar un inventario adecuado, pero nadie ha tenido tiempo todavía de catalogar nada.
Nada más mantener la biblioteca abierta de lunes a viernes de 9:30 de la mañana a 8 de la noche, y a menudo más tarde cuando hay necesidades especiales: entregar un informe, una prueba al día siguiente.
"Hay un montón de demanda", dijo Leite. "Tenemos abogados, médicos, profesores, psicólogos que se acercan a investigar".
Él depende de Da Penha y sus amigos para tripular la biblioteca, todos ellos voluntarios. Leite continúa trabajando en obras y en trabajos de mantenimiento para tratar de pagar las cuentas. ¿Cómo abrir una biblioteca sin luces? ¿O sin ventiladores que alivien a los lectores e impidan que los libros se pongan mohosos en estas tórridas tardes tropicales? ¿O sin cinta de pegar o cola para reparar lomos quebrados y páginas rotas?
De fuentes oficiales no ha llegado ni un solo centavo -"ni de los políticos ni del gobierno", dijo Da Penha, que está con permiso médico de su trabajo como limpiadora de la escuela local.
"Lo que hay aquí lo hemos hecho nosotros mismos", dijo. "Hemos hecho sacrificios para ayudar a la gente. Pero es un sacrificio deseado".

2 de octubre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

morales legalizará coca


[Fiona Smith] El candiato presidencial Morales dice que si es elegido presidente se esforzará por la legalización mundial de la hoja de coca y rechaza la política de erradicación de Estados Unidos.
La Paz, Bolivia. El candidato presidencial y dirigente indio Evo Morales dijo que si es elegido presidente, rechazará la política del gobierno norteamericano de erradicar todo lo posible el cultivo de la hoja de coca, que es el principal ingrediente de la cocaína. Morales también se comprometió a lanzar una campaña internacional para legalizar la hoja de coca.
Durante una parada de campaña en la ciudad de Sucre el martes noche, Morales dijo que las políticas de los gobiernos estadounidenses tienen el único objetivo de "eliminar la coca" y "atormentar a los cocaleros".
La embajada estadounidense en Bolivia no comentó de inmediato la posición de Morales. Los bolivianos, que han cultivado la hoja de coca durante milenios, la beben como té, la mascan para aliviar el hambre mientras trabajan y la usan en ceremonias religiosas indias. Morales ascendió al poder hace 10 años como líder de los cocaleros de la región del Chapare, donde el gobierno ha concentrado sus campañas de erradicación.
Funcionarios de los gobiernos norteamericano y boliviano dicen que la coca que se produce por encima del límite legal de 120.000 hectáreas está destinada a la producción de cocaína, mientras que Morales y sus partidarios dicen que el gobierno ha subestimado la demanda del consumo doméstico legal. Junto a la legalización de la hoja de coca, Morales dijo que también quiere industrializar la hoja de coca, de modo que se pueda procesar como alimento y en medicina.
El gobierno boliviano ha propuesto un fondo independiente para estudiar la cantidad de coca para el consumo legal, pero Morales rechazó la idea el jueves, diciendo que sólo ayudará al gobierno de Estados Unidos, que "quiere terminar con la coca".
Morales es uno de tres candidatos en las elecciones presidenciales, que se sostendrán el 4 de diciembre. La elección anticipada fue convocada por el presidente Eduardo Rodríguez, que es el presidente interino tras la renuncia en junio del presidente Carlos Mesa.

24 de septiembre de 2005
©miami herald
©traducción mQh


fracasa plan colombia


[Henry Chu] El flujo de drogas plantea preguntas sobre la guerra de los dos países contra los narcóticos.
Cartagena, Colombia. Cada tantos días, una lancha rápida cargada con una o dos toneladas de cocaína sale desde algún lugar de la irregular costa caribe del país, encaminada hacia una entrevista en alta mar.
Allá, el precioso cargo es transferido a un barco pesquero anodino, que la lleva de contrabando a algún puerto en México, Haití u otro lugar. Luego, el cargamento prosigue viaje por carretera o mar hasta su destino final en las calles de Los Angeles, Nueva York y otras ciudades norteamericanas, donde recauda cerca de 100 dólares por gramo.

A veces, las autoridades colombianas y norteamericanas son informadas de la partida de alguna lancha por el radar u otros medios de inteligencia, y se puede montar una operación conjunta. Pero más a menudo, protegido por la oscuridad, la neblina y las agitadas aguas, el barco se escabulle -otra batalla perdida en la guerra del gobierno contra las drogas.
Después de varios años y billones de dinero de los contribuyentes americanos gastados en la lucha contra el tráfico de drogas, la cocaína sigue llegando desde Colombia a Estados Unidos en lo que parecen ser cantidades siempre crecientes, poniendo en entredicho la efectividad de las campañas antinarcóticos de los dos países.
Los correos de drogas han demostrado capacidad de adaptación e inteligencia a la hora de encontrar nuevas rutas para sus transportes, la mayoría de los cuales se realizan más bien por mar que por tierra o aire, dicen las autoridades.
Al mismo tiempo, un programa que empezó hace cinco años, de fumigación de las plantaciones de coca de Colombia, anunciado por el gobierno de Bush como un importante logro, ha tenido poco impacto en el suministro total, a juzgar por la disponibilidad y precio de la cocaína en las calles. Funcionarios americanos reconocen que el acceso a la cocaína, sus niveles de pureza y su precio en la calle siguen siendo los mismos.
Los desalentadores resultados se dan a conocer en momentos en que el gobierno de Bush se encuentra pidiendo una extensión de la ayuda del Plan Colombia, una estrategia de cinco años para combatir el tráfico de drogas que expira a fines de este año. Estados Unidos ha destinado unos 3 billones de dólares al proyecto, aumentando fundamentalmente la flota colombiana de aviones y embarcaciones militares y adiestrando a soldados y policías.
"El plan está dando resultados", dijo Bush a periodistas el mes pasado durante una visita a su rancho de Texas del presidente colombiano Álvaro Uribe, que pidió más dinero y apoyo para el Plan Colombia durante una visita a Washington la semana pasada.
Funcionarios de ambos países mencionan el número de cargamentos de cocaína requisados como prueba de que el Plan Colombia está produciendo sus frutos. Este años, fuerzas colombianas y americanas incautaron en agosto 45 toneladas de la droga en operaciones conjuntas, de las 33 toneladas del año pasado, dijo el almirante Alfonso Díaz, director de operaciones de la base naval colombiana de Cartagena, en la costa caribe. Separadamente, la marina colombiana requisó 23 toneladas adicionales hacia fines de agosto.
Pero Díaz reconoció que cerca de 420 toneladas probablemente eludieron a las autoridades en el mar este año, la mitad destinada a Estados Unidos. Sólo eso puede satisfacer dos tercios de la demanda americana calculada, que ha subido la década pasada, de acuerdo a un estudio nacional sobre el consumo de drogas publicado por el gobierno norteamericano el año pasado. Colombia, donde se cultiva el 75 por ciento de la coca, sigue siendo la principal fuente de cocaína de Estados Unidos.
Los crecientes esfuerzos tampoco han logrado traducirse en precios más altos en la calle, que es lo que debiera esperarse si el abastecimiento se redujera. En lugar de eso, un gramo de cocaína cuesta ahora menos, no más, que cuando se introdujo el plan Colombia en 2000, de acuerdo a la Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas de la Casa Blanca.
El zar de las drogas norteamericano, John P. Walters, dijo en un discurso el 31 de agosto que la campaña para erradicar las plantaciones de amapola han proporcionado al Plan Colombia algunos éxitos en su esfuerzo por reducir la pureza y aumentar el precio de la heroína, otra droga que proviene de Colombia.
Pero reconoció que, con respecto a la cocaína, "no hemos visto todavía los mismos cambios". La estabilidad del abastecimiento y del precio presenta un interrogante para funcionarios y expertos a la luz de los publicitados logros del programa de fumigación de la coca, que Estados Unidos ha financiado y promovido.
En junio, Naciones Unidas informó que la fumigación aérea había reducido a la mitad el área de tierra dedicada a la plantación de coca en Colombia, de 80.000 hectáreas en 1999 a unas 40.000 hectáreas en 2004. (Estados Unidos calcula que quedan unas 113.000 hectáreas). Las avionetas que arrojan glisofato, un herbicida común, zumban rutinariamente sobre plantaciones en estados como Putumayo en el sur de Colombia, donde se concentra gran parte de las plantaciones de coca.
Sin embargo, en un ominoso desarrollo, el informe observaba que la coca se plantaba ahora en 23 de los 32 estados, o departamentos, de Colombia, un país del tamaño de California y Texas juntos, lo que hace difícil la erradicación y la vigilancia.
"Rocían fuertemente en departamentos como Putumayo o Guaviare, pero entonces aparece en nuevos departamentos, como Meta", dijo Adam Isacson, analista en el Centro de Política Internacional de Washington. "Un montón de las nuevas plantaciones de coca en nuevas áreas no son detectadas".
Los campesinos pueden haber modificado sus métodos para burlar a los fumigadores, dijo Isacson, agregando que había informes sumarios de una nueva cepa de coca que permite un rendimiento más alto de cocaína.
"Los satélites son totalmente inútiles cuando se trata de ubicar plantaciones de menos de media hectárea, y en lugares como Putumayo nadie es tan idiota en estos días como para cultivar coca en terrenos grandes y fáciles de detectar", dijo Isacson.
"Ahora hay más terrenos pequeños y más distribuidos. Se cultiva un montón en la sombra, entre matorrales altos -lugares que son más difíciles de localizar".
Además, los cocaleros están plantando más cosechas en parques nacionales, que no pueden ser fumigados por consideraciones ambientales. Pero el gobierno colombiano declaró el viernes que tenía la intención de fumigar también en los parques.
Al estudiar en junio la petición de Bush de más ayuda para Colombia, el Comité de Apropiaciones del Senado expresó que "el programa de erradicación aérea no responde a las expectativas y el cultivo de coca se está trasladando a nuevas ubicaciones... No hay indicaciones de que haya disminuido la cantidad de cocaína que entra a Estados Unidos".
David Murray, asistente especial de Walters, dijo que estaba convencido de que la fumigación de las plantaciones de coca y una fuerte prohibición habían significado un golpe para la industria de la cocaína. Pero confirmó que los índices claves de precio y pureza se habían mantenido constantes.
"Creemos que el impacto será gradual", dijo Murray. Aconsejó tener paciencia, pero dijo que no sabía cuándo se observarían cambios en la pureza y precio.
Funcionarios colombianos ofrecen otra explicación de la constante disponibilidad de cocaína en las calles de Estados Unidos: Ahora, los traficantes están usando los excedentes que habían almacenado antes.
"En mi opinión, han acumulado algunas cantidades de drogas y las están embarcando para satisfacer la demanda antes de ser erradicados para siempre", dijo el almirante Díaz sobre los transportistas de drogas, muchos de los cuales son combatientes en la guerra en Colombia, que dura ya 41 años, entre guerrillas de extrema izquierda y grupos paramilitares de extrema derecha.
Pero Francisco Thoumi, un experto en drogas de Bogotá reconocido internacionalmente , se burló de la idea de los alijos.
La demanda mundial de cocaína ha subido en los últimos años, dijo, lo que alienta a los vendedores a vender lo más posible, no a acumularla. Y con las agresivas campañas del gobierno de Uriba para combatir a la guerrilla y desmantelar a los paramilitares, mantener alijos importantes de droga sería demasiado peligroso.
"No conozco ningún tipo de negocio que tenga menos incentivos que este para mantener existencias", dijo Thoumi. "Los riesgos son simplemente demasiado altos".
A pesar de todos los confiscaciones de cocaína reportadas por las autoridades norteamericanas y colombianas, dijo Thoumi, la proliferación de pequeñas operaciones de tráfico -la mayoría de los grandes carteles se han derrumbado- ha hecho más difícil su persecución.
"Es más difícil de interceptar", dijo. "Existen muchas rutas diferentes".
De acuerdo a la Agencia Antidrogas DEA [Drug Enforcement Administration], cerca de dos tercios de la cocaína embarcada hacia Estados Unidos llega a través del corredor América Central-México.
El año pasado, la ruta preferida fue la del Océano Pacífico. Pero este años, los correos de drogas han trasladado más operaciones al Caribe, con cargamentos casi distribuidos igualmente entre las dos masas de agua, dijo Díaz, el almirante colombiano.
Las embarcaciones preferidas son las llamadas lanchas rápidas, equipadas con varios motores, con lo que pueden alcanzar velocidades de hasta 60 nudos. Cada una puede cargar hasta 3 toneladas de cocaína y viajar casi 563 kilómetros con el tanque lleno. Normalmente, las lanchas rápidas descargan su contrabando en un barco de pesca, o repostan y trasladan la mercadería a puntos de transferencia como México, Haití o Puerto Rico y cada vez más Jamaica.
Las lanchas rápidas han demostrado ser un verdadero dolor de cabeza para las autoridades -pequeñas, rápidas motas perdidas en inmensas expansiones de océano y difícil de detener, si acaso son detectadas, lo que desde ya es una hazaña.
Oficiales de la marina colombiana se quejan de no tener suficientes sistemas de radar para detectarlas o helicópteros para localizarlas e interceptarlas desde el aire. Por cada 1.600 kilómetros de frontera marítima en el Caribe, la base naval aquí en Cartagena tiene apenas ocho buques patrulleros, proporcionados por Estados Unidos, que alcanzan velocidades que pueden competir con las lanchas rápidas. Tienen cuatro helicópteros.
Detener una sola lancha es una operación complicada que puede tomar hasta ocho horas y exige el esfuerzo combinado de dos lanchas, dos helicópteros y otros dos aviones ligeros. Los correos de drogas se han arrojado sobre los motores para impedir que los francotiradores los pudieran dañar o han lanzado su carga al mar cuando la captura es inminente. Envolver la cocaína en café es un popular medio porque obstaculiza el olfato de los perros sabuesos.
"Estos tipos cambian de táctica con gran velocidad", dijo Díaz.
Tiene confianza en que las fuerzas colombianas y americanas logren expulsar a los narcotraficantes, a pesar de la escualidez de evidencias en las calles americanas. Pero Díaz reconoció que la ley de la oferta y la demanda continuaría trabajando contra ellos.
"Habrá tráfico de drogas mientras haya consumidores", dijo.

19 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh