un linchamiento entre otros
[Héctor Tobar] Hace un año lincharon al alcalde de un pueblo peruano de los Andes. El imperio de la ley es frágil, y los sospechosos como si nada. Este año ya van 19 linchamientos en Perú.
Illave, Perú. El alcalde Cirino Fernando Robles estaba condenado a morir esa fría mañana de abril cuando volvía a este pueblo que se eleva en una pequeña meseta sobre el Lago Titicaca, a 3.846 metros en el delgado aire de los Andes.
Llegó antes del amanecer para presidir una reunión del ayuntamiento. Antes de la puesta del sol fue pateado y aporreado por otros indios aimara, golpeado con su propio cinturón y hecho desfilar a través del pueblo en un velotaxi, desangrándose y muriendo lentamente.
En vida, Robles repartía caramelos de su despacho entre los niños del pueblo y se enorgullecía de ver su nombre en placas de la ciudad, incluyendo su título universitario peruano. En sus últimos minutos, la turba lo obligó a subir los cuatro escalones del ayuntamiento donde dijo sus últimas palabras y cayó, golpeándose la cabeza con un escalofriante crujido.
Dependiendo del punto de vista, el asesinato del alcalde el año pasado fue el trabajo de un ranchero que había sido su rival desde que los dos estaban en la universidad. O de los 42 hombres y mujeres acusados formalmente de su asesinato. O de los 20.000 indios aimara que habían marchado sobre Ilave desde las aldeas circundantes para exigir la renuncia de Robles por acusaciones de corrupción.
"Estas cosas pasan siempre cuando se engaña al pueblo aimara, cuando son traicionados', dijo Edgar Larijo, un líder comunitario y uno de los acusados del asesinato.
Si estuviera vivo, Robles podría preguntar lo que preguntan su viuda, familia y amigos: ¿Por qué casi toda la gente que participó en el asesinato camina libremente por la plaza, las calles e incluso en el ayuntamiento como si no hubiera pasado nada?
Sólo una persona acusado sigue encarcelada. Varios otros han vuelto a sus trabajos en la ciudad.
A pesar de una orden de detención pendiente, Larijo habló sobre el asesinato dentro del ayuntamiento, a vistas de un pequeño grupo de partidarios del alcalde y un aburrido empleado de la Policía Nacional.
Las miradas de Larijo eran de desafío, como si su enemigo muerto estuviera vivo y parado frente a él.
"Un coronel de la Policía Nacional advirtió al alcalde que no viniera", dijo.
Explicando por qué no se había entregado, el militante nacionalista aimara dijo: "Todos en el Perú sabemos que no hay verdadera justicia, que eso es sólo para la gente rica".
La historia de la muerte del alcalde es de muchas maneras una alegoría del Perú moderno. Tanto el país como esta ciudad de 55.000 habitantes cerca de su frontera sur son lugares inestables donde gobiernos débiles hacen del imperio de la ley algo tenue. Un año más tarde no está todavía claro si las acusaciones de corrupción eran fundadas. Un informe preliminar de la Oficina del Contralor General de Perú el mes pasado determinó que al menos dos de las ocho acusaciones no eran fundadas, pero el informe final todavía está pendiente.
Pero aquí, como en otras partes en el país, los malignos espíritus del desorden y la violencia están listos para salir de la caja de Pandora de la desigualdad social y el desgobierno -como los jóvenes enmascarados que subieron al tejado para entrar a la casa donde Robles presidía su última reunión con el ayuntamiento.
Esos hombres persiguieron al alcalde, rompiendo ventanas y saqueando las habitaciones, hasta que lo descubrieron escondido en un armario.
Castigo Colectivo
En los pueblos aimara el individualismo occidental está patas arriba: El individuo sirve a la comunidad. La ciudadanía se define como una serie de obligaciones y los que no lo aceptan pierden sus derechos a las tierras de pastoreo y aguas de riego. Un líder que traiciona la confianza de su comunidad corre el riesgo de un castigo colectivo. Incluso en los vecindarios urbanos aimara no es raro encontrar la figura de espantapájaros de un ladrón local ahorcada en su lugar.
"Habría sido homicidio si se tratara de sólo una o dos o cinco personas implicadas", dijo Albino Zapana Cueva, otro líder de la comunidad acusado del linchamiento. "Aquí había 25.000 personas. Tendrías que llevar a juicio a todo Ilave".El pequeño grupo de partidarios del alcalde creen que ninguno de los acusados será condenado.
La autopsia indicó que la causa de muerte fue una conmoción provocada por hemorragia interna y múltiples contusiones. Pero muchas personas vistas en el video provocando esas lesiones con sus pies y puños aparentemente no temen ser castigados, ni legalmente ni de otra manera.
Los disk-jockeys y líderes comunitarios que convocaron a la indignada multitud, y los cinco miembros del ayuntamiento listados como acusados en el caso, siguen como si nada. De hecho, de muchos modos, los enemigos del último alcalde manejan ahora el ayuntamiento.
Valentín Ramírez, líder comunitario y acusado, hizo una campaña abierta por otro candidato en las elecciones para remplazar a Robles, a pesar de una orden de detención pendiente. Su candidato, Miguel Ángel Flores Chumbi, ganó.
"Nombramos a Miguel Ángel y ahora es el alcalde" dijo Ramírez desde su casa, refiriéndose a otros líderes aimara. "Dimos la autoridad para que siguieran las elecciones. Prevaleció nuestra fuerza democrática".
Ramírez sigue teniendo conflictos sobre la muerte del alcalde. Cree que Robles provocó su propio linchamiento. Pero empezó a llorar cuando recordó esos momentos en la plaza mayor de Ilave, ante una estatua de un héroe del siglo 19 de la Guerra del Pacífico.
"Fue terrible, terrible", dijo Ramírez. Agachó su cara tostada por el sol, dominado por el recuerdo de tanta crueldad. "Le pregunté a la gente: ¿Por qué hacen esto?'"
Sor María Julia Ardito, una monja argentina asignada a la parroquia católica de Ilave, también estaba en la plaza. Confirma lo que dicen Ramírez y otros dirigentes: Al final, la turba perdió el control.
"Todavía hay una profunda sensación de trauma", dijo. "La gente no sabe en quién confiar. Nadie habla sobre lo que pasó, pero el miedo toca todo".
Es muy inquietante, dijo, ir a la plaza y caminar entre la gente que ayudó a matar a otro ser humano.
Y sin embargo para Ardito, como para muchos habitantes, la muerte del alcalde parecía completamente evitable. Si las autoridades provinciales y nacionales hubieran respondido a las súplicas de ayuda que llegaban de todas partes, el alcalde estaría vivo hoy.
No a la Intervención
Como alcalde de Ilave, Robles gobernaba la provincia circundante de El Collao, una colección de 180 pueblos de casas de adobe, donde vagan los corderos y fríos vientos soplan a través de las ruinas de iglesias coloniales del siglo 16.
Miles de campesinos de los pueblos habían sido convocados por sus líderes a la ciudad semanas antes. Los campesinos creían, como les habían contado sus jefes, que el alcalde había robado el dinero para construir el viejo y derruido puente del río Ilave y los fondos para pavimentar la carretera que conecta a la ciudad con sus pueblos.
Dos semanas antes de la muerte de Robles, turbas hostiles lo obligaron a buscar refugio en Puno, la capital regional a una hora de camino.
"Fue capricho del alcalde venir aquí cuando había tanta gente contra él", dijo Teófilo Contreras, otro acusado.
Hasta hoy no está claro para muchos si la indignación de los campesinos era justificada.
"No creo que Robles haya sido más o menos corrupto que la mayoría de los otros alcaldes del país", dijo Wilfredo Ardito, un activista de derechos humanos de Lima, la capital, que ha seguido los acontecimientos en Ilave.
Lo que realmente estuvo detrás del linchamiento, alegan Ardito y otros, fue la enemistad entre Robles y otro líder aimara, Alberto Sandoval. Los dos habían sido rivales desde sus días de activistas universitarios.
Los partidarios de Robles dicen que Sandoval, un próspero ganadero, organizó los sucesos en Ilaves, usando sus contactos con líderes campesinos en los pueblos. Sandoval es la única persona que sigue detenida.
Pero el alcalde era de muchos modos su propio peor enemigo. Cometía los habituales actos de nepotismo de pueblo chico, pero desdeñó repartir la riqueza con las aldeas, donde los líderes comunitarios están acostumbrados a recibir puestos oficiales para distribuir entre gente de las localidades, dijo Carlos Degregori, un activista de derechos humanos que estudió el asesinato para el grupo Propuesta Ciudadana de Lima.
También hizo arquear las cejas que el alcalde usara el título de magister, o profesor universitario, en placas y letreros conmemorando proyectos de obras públicas. En la sociedad racialmente dividida de Perú, los títulos son más a menudo privilegio de no-indios. Porqué se daba el alcalde esos aires, era lo que se preguntaban algunos campesinos aimara.
El 2 de abril de 2004 Robles realizó una reunión del ayuntamiento en la plaza mayor de la ciudad para tratar las quejas en su contra. La reunión se transformó pronto en un tumulto, con los partidarios peleando contra los anti-roblistas' con piedras y palos.
Días después un grupo de anti-roblistas ocupó el ayuntamiento. Marina Robles, la viuda del alcalde, dijo que la policía local rechazó las peticiones de su marido de que desalojara a los manifestantes hasta que ofreció pagarles "de su propio bolsillo".
Los manifestantes volvieron, y en mayor cantidad. Aldeas enteras se quedaron vacías. Las radios de Ilave transmitieron diatribas contra el alcalde, dicen los vecinos, en el exagerado estilo tabloide de la radio local.
"¡Estamos aburridos de su arrogancia!", dijo una emisión, de acuerdo al acusado Zapana Cuevas. "¡Los aimara no nos dejaremos humillar!"
Mientras los campesinos se ponían cada vez más inquietos, Ardito y otros en Ilave trataron de llamar la atención de mediadores y funcionarios de gobierno.
Finalmente viajaron a Lima donde fueron rechazados a las puertas del Congreso Nacional y del despacho del presidente Alejandro Toledo.
"Nadie nos prestó atención", dijo Ardito. "Fue puro racismo. Todo esto estaba pasando en una zona india lejos de Lima. A la gente no le importó".
Funcionarios de varias agencias locales y nacionales negaron repetidas peticiones de que se tomaran medidas, dijo Ardito, la esposa de Robles y los líderes de la protesta acusados de su muerte. El ministerio del Interior de Perú se negó a enviar más policías. Los fiscales locales y la oficina del contralor general hicieron poco para investigar las acusaciones de corrupción.
De vuelta en Ilave los campesinos levantaron barricadas en la Carretera Panamericana. En el puente los campesinos soldaron las señales de tráfico entre los soportes de acero, cerrando la carretera y el acceso a la ciudad.
"Teníamos a Ilave cerrado, como si con llave y cerrojo", dijo Rufino Vidal Flores, líder del sindicato campesino local y otro acusado.
A fines de abril, miles de campesinos estaban pasando su tercera semana acampando en las calles. Algunos vecinos dijeron que Sandoval, el ganadero, agasajó a los campesinos con alcohol y hojas de coca para mantenerlos en la ciudad.
(Localizado en su apartamento de Puno, donde está bajo arresto domiciliario, Sandoval se negó a hacer comentarios).
Después de volver a la ciudad, Ardito observó la presencia de "extraños" entre los manifestantes -bolivianos que apoyan el nacionalismo aimara, los viejos senderistas peruanos y hombres asociados a los hermanos Humala, oficiales peruanos que ha montado varias insurrecciones fracasadas.
Ilave se ha transformado en un punto de reunión de rebeldes descontentos de todos los colores.
Marina Robles temía por la vida de su marido. Pero un funcionario de seguridad de alto rango le aconsejó seguir en el cargo, dijo, negándose a nombrar a esa persona. "Nos dijo que a Sandoval lo iban a meter en la cárcel", dijo.
Pero los anti-roblistas finalmente idearon una estrategia para removerlo. Por ley, si el alcalde fracasa tres veces consecutivas de asistir a las reuniones del ayuntamiento, el cargo se declara vacante. Los cinco miembros del consejo de 10 que se oponían a Robles se reunieron separadamente en dos reuniones oficiales'. Sin embargo antes de que pudieran realizar una tercera reunión, Robles anunció que volvía a Ilave a realizar su propia reunión en la casa de su hermana, con los cinco miembros que todavía le apoyaban.
"Nuestro plan se estropeó", dijo Flores, el líder campesino. "La gente estaba más enojada que antes... Decidieron bloquear las calles para impedir que se realizara la reunión".
A las 6 de la mañana Radio San Miguel empezó a transmitir noticias sobre la inminente reunión. De acuerdo a la acusación el propietario de la emisora, Henry Galo Medina, "incitó a la gente para que se acercaran al domicilio de la hermana del alcalde armados con palos, látigos y otros objetos con el objetivo de impedir que se realizara la reunión del consejo municipal".
Medina pasó ocho meses en la cárcel por estos cargos, pero dejado en libertad hace poco. Negó haber llamado a la turba a atacar la casa y capturar al alcalde.
En Ilave esa mañana había solo 60 policías, de acuerdo a un informe de Degrerori, el activista de derechos humanos. Todos estaban en la comisaría, custodiando a los miembros de una comisión de reconciliación del gobierno que habían llegado tarde a la ciudad.
El comandante de la Policía Nacional de Ilave dijo más tarde que había advertido a Robles no retornar.
¿Por qué volvió entonces?
Marina Robles dijo que su marido pensaba que no había hecho nada malo. Días antes de su muerte, dijo, ella sugirió que renunciara por razones de seguridad, pero él dijo: "Si renuncio van a pensar que soy un ladrón".
"Sé que mi marido nunca pensó que lo iban a matar".
Robles llegó a la casa de su hermana para la reunión del consejo antes del amanecer. Cuando su esposa llamó por primera vez esa mañana, todo estaba en orden. "No había policías, pero tampoco había gente", recordó que le dijo su marido. Pero cuando llamó más tarde, él dijo: "Hay un montón de gente. Están tirando piedras".
"¿Qué vas a hacer?", preguntó ella.
"Esperar".
Al ver a cientos de personas fuera tratando de romper la puerta para entrar, los que estaban dentro recurrieron a arrojar cacerolas con agua hirviendo por las ventanas, dijeron testigos.
En un video se ve a hombres enmascarados trepándose al tejado antes de entrar en la casa. La turba finalmente encontró a los miembros del consejo escondidos debajo de las camas en una casa vecina.
Los miembros del consejo fueron golpeados por la turba y llevados a otras aldeas, donde fueron dejados en libertad. El alcalde fue encontrado en un armario.
"Había tanta gente dentro", dijo el dirigente campesino Flores, "que no podemos decir con certeza quién tuvo la suerte de golpear primero al alcalde".
"Lo llevaron por la ciudad para ver sus proyectos de obras públicas", dijo Flores, con sarcasmo. Una parada fue en el puente de que Robles había prometido reparar, pero no hizo.
De vuelta en Puno, Marina Robles telefoneó frenéticamente a las autoridades en Ilave y Lima. Dijo que el comandante de la policía de Ilave le dijo que no tenía autorización para intervenir.
Ramírez, el líder comunitario acusado, dijo que el alcalde se veía medio muerto cuando la turba lo llevó a la plaza mayor de Ilave. La turba lo metió en un barril de plástico, luego lo sacaron de ahí. Lo obligaron a subir las escaleras del ayuntamiento y le colocaron un micrófono en las manos.
"Apenas se tenía de pie", dijo Ramírez. "La gente estaba gritando: ¡Déjenle hablar! ¡Déjenle hablar!' Él se paró, dijo unas pocas palabras -Lo lamento, perdónenme'- y luego cayó. Ramírez oyó cómo la cabeza del alcalde golpeó contra el cemento.
La turba cogió el cuerpo, lo llevaron hacia el río y lo arrojaron en el puente estropeado. Finalmente llegó la policía. Nubes de gas lacrimógeno alejó a los últimos manifestantes.
Linchamientos Endémicos
A las pocas horas la policía detuvo a un ex-presidiario llamado Wilfredo Llanque Flores, al que se ve a menudo en los videos del linchamiento. Los testigos dijeron que le sacó el cinturón al alcalde para golpearlo con él. En la comisaría de policía confesó haber golpeado a Robles, de acuerdo a la acusación oficial. Pero una inmensa multitud que rodeada la comisaría amenazó con ocuparla. Llanque fue dejado en libertad. No hace mucho, ofreció entregarse si el gobierno peruano proveía de un estipendio a su familia. No se le hizo ninguna oferta.
El mes pasado se nombró a un nuevo juez para que llevara el caso. (En Perú los jueces supervisan la investigación de una acusación y el juicio). Interrogado sobre por qué Llanque y tantos otros se encuentran todavía libres por su crimen, el juez Juan Bravo dijo: "Este tribunal ha decretado la detención de algunas personas. Pero es la policía la que debe aplicar la ley".
Su pesquisa sigue en curso, dijo Bravo. La sabiduría popular en Ilave es que el gobierno está tratando de minimizar el juicio por temor a nuevos disturbios en la ciudad.
Interrogado sobre los fugitivos el director de la Policía Nacional, Marco Enrique Miyashiro, dijo: "Estamos esperando el momento apropiados para prenderles".
Marina Robles vive en Puno pero ha sido obligada a mudarse dos veces tras ser atacado por manifestantes de Ilave. Creen que ella está intentando continuar con el cargo de su marido.
"No me preocupa que esta gente en Ilave piense que él robó", dijo. "Son gente corriente y creerán cualquier cosa. Lo que me molesta es que haya gente educada que piensa que él hizo esas cosas".
En el año que ha pasado desde la muerte de muerte, los linchamientos antes raros se han transformado en endémicos en el Perú rural. De acuerdo a la Policía Nacional, en 2004 hubo 71 linchamientos y 19 en las primeras 10 semanas de 2005. Sólo unas pocas víctimas han sido funcionarios públicos; la mayoría eran sospechosos de delitos menores.
En Ilave, el nuevo alcalde se ha instalado en la oficina con vistas a la plaza donde fue asesinado su predecesor."Cualquiera con una familia que cuidad lo pensaría dos veces antes de aceptar un trabajo como este", dijo el alcalde Flores Chumbi. "Estamos tratando de seguir adelante, sabiendo los riesgos que implica".
Si se pregunta a los ilaveños quién es responsable del asesinato de Robles a menudo citan una obra del un dramaturgo del siglo 17 Lope de Vega, sobre un pueblo español donde un caballero es matado por una turba.
El rey envía una delegación para castigar a los responsables. Pero toda la gente de Fuenteovejuna, incluso los niños, responden la pregunta sobre quién mató al caballero de la misma manera: "¡Fuenteovejuna!"
"Es imposible saber la verdad", le dice finalmente el juez al rey. "Habría que perdonarlos a todos o ejecutar a todo el pueblo".
Hugo Infante contribuyó a este reportaje.
6 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Llegó antes del amanecer para presidir una reunión del ayuntamiento. Antes de la puesta del sol fue pateado y aporreado por otros indios aimara, golpeado con su propio cinturón y hecho desfilar a través del pueblo en un velotaxi, desangrándose y muriendo lentamente.
En vida, Robles repartía caramelos de su despacho entre los niños del pueblo y se enorgullecía de ver su nombre en placas de la ciudad, incluyendo su título universitario peruano. En sus últimos minutos, la turba lo obligó a subir los cuatro escalones del ayuntamiento donde dijo sus últimas palabras y cayó, golpeándose la cabeza con un escalofriante crujido.
Dependiendo del punto de vista, el asesinato del alcalde el año pasado fue el trabajo de un ranchero que había sido su rival desde que los dos estaban en la universidad. O de los 42 hombres y mujeres acusados formalmente de su asesinato. O de los 20.000 indios aimara que habían marchado sobre Ilave desde las aldeas circundantes para exigir la renuncia de Robles por acusaciones de corrupción.
"Estas cosas pasan siempre cuando se engaña al pueblo aimara, cuando son traicionados', dijo Edgar Larijo, un líder comunitario y uno de los acusados del asesinato.
Si estuviera vivo, Robles podría preguntar lo que preguntan su viuda, familia y amigos: ¿Por qué casi toda la gente que participó en el asesinato camina libremente por la plaza, las calles e incluso en el ayuntamiento como si no hubiera pasado nada?
Sólo una persona acusado sigue encarcelada. Varios otros han vuelto a sus trabajos en la ciudad.
A pesar de una orden de detención pendiente, Larijo habló sobre el asesinato dentro del ayuntamiento, a vistas de un pequeño grupo de partidarios del alcalde y un aburrido empleado de la Policía Nacional.
Las miradas de Larijo eran de desafío, como si su enemigo muerto estuviera vivo y parado frente a él.
"Un coronel de la Policía Nacional advirtió al alcalde que no viniera", dijo.
Explicando por qué no se había entregado, el militante nacionalista aimara dijo: "Todos en el Perú sabemos que no hay verdadera justicia, que eso es sólo para la gente rica".
La historia de la muerte del alcalde es de muchas maneras una alegoría del Perú moderno. Tanto el país como esta ciudad de 55.000 habitantes cerca de su frontera sur son lugares inestables donde gobiernos débiles hacen del imperio de la ley algo tenue. Un año más tarde no está todavía claro si las acusaciones de corrupción eran fundadas. Un informe preliminar de la Oficina del Contralor General de Perú el mes pasado determinó que al menos dos de las ocho acusaciones no eran fundadas, pero el informe final todavía está pendiente.
Pero aquí, como en otras partes en el país, los malignos espíritus del desorden y la violencia están listos para salir de la caja de Pandora de la desigualdad social y el desgobierno -como los jóvenes enmascarados que subieron al tejado para entrar a la casa donde Robles presidía su última reunión con el ayuntamiento.
Esos hombres persiguieron al alcalde, rompiendo ventanas y saqueando las habitaciones, hasta que lo descubrieron escondido en un armario.
Castigo Colectivo
En los pueblos aimara el individualismo occidental está patas arriba: El individuo sirve a la comunidad. La ciudadanía se define como una serie de obligaciones y los que no lo aceptan pierden sus derechos a las tierras de pastoreo y aguas de riego. Un líder que traiciona la confianza de su comunidad corre el riesgo de un castigo colectivo. Incluso en los vecindarios urbanos aimara no es raro encontrar la figura de espantapájaros de un ladrón local ahorcada en su lugar.
"Habría sido homicidio si se tratara de sólo una o dos o cinco personas implicadas", dijo Albino Zapana Cueva, otro líder de la comunidad acusado del linchamiento. "Aquí había 25.000 personas. Tendrías que llevar a juicio a todo Ilave".El pequeño grupo de partidarios del alcalde creen que ninguno de los acusados será condenado.
La autopsia indicó que la causa de muerte fue una conmoción provocada por hemorragia interna y múltiples contusiones. Pero muchas personas vistas en el video provocando esas lesiones con sus pies y puños aparentemente no temen ser castigados, ni legalmente ni de otra manera.
Los disk-jockeys y líderes comunitarios que convocaron a la indignada multitud, y los cinco miembros del ayuntamiento listados como acusados en el caso, siguen como si nada. De hecho, de muchos modos, los enemigos del último alcalde manejan ahora el ayuntamiento.
Valentín Ramírez, líder comunitario y acusado, hizo una campaña abierta por otro candidato en las elecciones para remplazar a Robles, a pesar de una orden de detención pendiente. Su candidato, Miguel Ángel Flores Chumbi, ganó.
"Nombramos a Miguel Ángel y ahora es el alcalde" dijo Ramírez desde su casa, refiriéndose a otros líderes aimara. "Dimos la autoridad para que siguieran las elecciones. Prevaleció nuestra fuerza democrática".
Ramírez sigue teniendo conflictos sobre la muerte del alcalde. Cree que Robles provocó su propio linchamiento. Pero empezó a llorar cuando recordó esos momentos en la plaza mayor de Ilave, ante una estatua de un héroe del siglo 19 de la Guerra del Pacífico.
"Fue terrible, terrible", dijo Ramírez. Agachó su cara tostada por el sol, dominado por el recuerdo de tanta crueldad. "Le pregunté a la gente: ¿Por qué hacen esto?'"
Sor María Julia Ardito, una monja argentina asignada a la parroquia católica de Ilave, también estaba en la plaza. Confirma lo que dicen Ramírez y otros dirigentes: Al final, la turba perdió el control.
"Todavía hay una profunda sensación de trauma", dijo. "La gente no sabe en quién confiar. Nadie habla sobre lo que pasó, pero el miedo toca todo".
Es muy inquietante, dijo, ir a la plaza y caminar entre la gente que ayudó a matar a otro ser humano.
Y sin embargo para Ardito, como para muchos habitantes, la muerte del alcalde parecía completamente evitable. Si las autoridades provinciales y nacionales hubieran respondido a las súplicas de ayuda que llegaban de todas partes, el alcalde estaría vivo hoy.
No a la Intervención
Como alcalde de Ilave, Robles gobernaba la provincia circundante de El Collao, una colección de 180 pueblos de casas de adobe, donde vagan los corderos y fríos vientos soplan a través de las ruinas de iglesias coloniales del siglo 16.
Miles de campesinos de los pueblos habían sido convocados por sus líderes a la ciudad semanas antes. Los campesinos creían, como les habían contado sus jefes, que el alcalde había robado el dinero para construir el viejo y derruido puente del río Ilave y los fondos para pavimentar la carretera que conecta a la ciudad con sus pueblos.
Dos semanas antes de la muerte de Robles, turbas hostiles lo obligaron a buscar refugio en Puno, la capital regional a una hora de camino.
"Fue capricho del alcalde venir aquí cuando había tanta gente contra él", dijo Teófilo Contreras, otro acusado.
Hasta hoy no está claro para muchos si la indignación de los campesinos era justificada.
"No creo que Robles haya sido más o menos corrupto que la mayoría de los otros alcaldes del país", dijo Wilfredo Ardito, un activista de derechos humanos de Lima, la capital, que ha seguido los acontecimientos en Ilave.
Lo que realmente estuvo detrás del linchamiento, alegan Ardito y otros, fue la enemistad entre Robles y otro líder aimara, Alberto Sandoval. Los dos habían sido rivales desde sus días de activistas universitarios.
Los partidarios de Robles dicen que Sandoval, un próspero ganadero, organizó los sucesos en Ilaves, usando sus contactos con líderes campesinos en los pueblos. Sandoval es la única persona que sigue detenida.
Pero el alcalde era de muchos modos su propio peor enemigo. Cometía los habituales actos de nepotismo de pueblo chico, pero desdeñó repartir la riqueza con las aldeas, donde los líderes comunitarios están acostumbrados a recibir puestos oficiales para distribuir entre gente de las localidades, dijo Carlos Degregori, un activista de derechos humanos que estudió el asesinato para el grupo Propuesta Ciudadana de Lima.
También hizo arquear las cejas que el alcalde usara el título de magister, o profesor universitario, en placas y letreros conmemorando proyectos de obras públicas. En la sociedad racialmente dividida de Perú, los títulos son más a menudo privilegio de no-indios. Porqué se daba el alcalde esos aires, era lo que se preguntaban algunos campesinos aimara.
El 2 de abril de 2004 Robles realizó una reunión del ayuntamiento en la plaza mayor de la ciudad para tratar las quejas en su contra. La reunión se transformó pronto en un tumulto, con los partidarios peleando contra los anti-roblistas' con piedras y palos.
Días después un grupo de anti-roblistas ocupó el ayuntamiento. Marina Robles, la viuda del alcalde, dijo que la policía local rechazó las peticiones de su marido de que desalojara a los manifestantes hasta que ofreció pagarles "de su propio bolsillo".
Los manifestantes volvieron, y en mayor cantidad. Aldeas enteras se quedaron vacías. Las radios de Ilave transmitieron diatribas contra el alcalde, dicen los vecinos, en el exagerado estilo tabloide de la radio local.
"¡Estamos aburridos de su arrogancia!", dijo una emisión, de acuerdo al acusado Zapana Cuevas. "¡Los aimara no nos dejaremos humillar!"
Mientras los campesinos se ponían cada vez más inquietos, Ardito y otros en Ilave trataron de llamar la atención de mediadores y funcionarios de gobierno.
Finalmente viajaron a Lima donde fueron rechazados a las puertas del Congreso Nacional y del despacho del presidente Alejandro Toledo.
"Nadie nos prestó atención", dijo Ardito. "Fue puro racismo. Todo esto estaba pasando en una zona india lejos de Lima. A la gente no le importó".
Funcionarios de varias agencias locales y nacionales negaron repetidas peticiones de que se tomaran medidas, dijo Ardito, la esposa de Robles y los líderes de la protesta acusados de su muerte. El ministerio del Interior de Perú se negó a enviar más policías. Los fiscales locales y la oficina del contralor general hicieron poco para investigar las acusaciones de corrupción.
De vuelta en Ilave los campesinos levantaron barricadas en la Carretera Panamericana. En el puente los campesinos soldaron las señales de tráfico entre los soportes de acero, cerrando la carretera y el acceso a la ciudad.
"Teníamos a Ilave cerrado, como si con llave y cerrojo", dijo Rufino Vidal Flores, líder del sindicato campesino local y otro acusado.
A fines de abril, miles de campesinos estaban pasando su tercera semana acampando en las calles. Algunos vecinos dijeron que Sandoval, el ganadero, agasajó a los campesinos con alcohol y hojas de coca para mantenerlos en la ciudad.
(Localizado en su apartamento de Puno, donde está bajo arresto domiciliario, Sandoval se negó a hacer comentarios).
Después de volver a la ciudad, Ardito observó la presencia de "extraños" entre los manifestantes -bolivianos que apoyan el nacionalismo aimara, los viejos senderistas peruanos y hombres asociados a los hermanos Humala, oficiales peruanos que ha montado varias insurrecciones fracasadas.
Ilave se ha transformado en un punto de reunión de rebeldes descontentos de todos los colores.
Marina Robles temía por la vida de su marido. Pero un funcionario de seguridad de alto rango le aconsejó seguir en el cargo, dijo, negándose a nombrar a esa persona. "Nos dijo que a Sandoval lo iban a meter en la cárcel", dijo.
Pero los anti-roblistas finalmente idearon una estrategia para removerlo. Por ley, si el alcalde fracasa tres veces consecutivas de asistir a las reuniones del ayuntamiento, el cargo se declara vacante. Los cinco miembros del consejo de 10 que se oponían a Robles se reunieron separadamente en dos reuniones oficiales'. Sin embargo antes de que pudieran realizar una tercera reunión, Robles anunció que volvía a Ilave a realizar su propia reunión en la casa de su hermana, con los cinco miembros que todavía le apoyaban.
"Nuestro plan se estropeó", dijo Flores, el líder campesino. "La gente estaba más enojada que antes... Decidieron bloquear las calles para impedir que se realizara la reunión".
A las 6 de la mañana Radio San Miguel empezó a transmitir noticias sobre la inminente reunión. De acuerdo a la acusación el propietario de la emisora, Henry Galo Medina, "incitó a la gente para que se acercaran al domicilio de la hermana del alcalde armados con palos, látigos y otros objetos con el objetivo de impedir que se realizara la reunión del consejo municipal".
Medina pasó ocho meses en la cárcel por estos cargos, pero dejado en libertad hace poco. Negó haber llamado a la turba a atacar la casa y capturar al alcalde.
En Ilave esa mañana había solo 60 policías, de acuerdo a un informe de Degrerori, el activista de derechos humanos. Todos estaban en la comisaría, custodiando a los miembros de una comisión de reconciliación del gobierno que habían llegado tarde a la ciudad.
El comandante de la Policía Nacional de Ilave dijo más tarde que había advertido a Robles no retornar.
¿Por qué volvió entonces?
Marina Robles dijo que su marido pensaba que no había hecho nada malo. Días antes de su muerte, dijo, ella sugirió que renunciara por razones de seguridad, pero él dijo: "Si renuncio van a pensar que soy un ladrón".
"Sé que mi marido nunca pensó que lo iban a matar".
Robles llegó a la casa de su hermana para la reunión del consejo antes del amanecer. Cuando su esposa llamó por primera vez esa mañana, todo estaba en orden. "No había policías, pero tampoco había gente", recordó que le dijo su marido. Pero cuando llamó más tarde, él dijo: "Hay un montón de gente. Están tirando piedras".
"¿Qué vas a hacer?", preguntó ella.
"Esperar".
Al ver a cientos de personas fuera tratando de romper la puerta para entrar, los que estaban dentro recurrieron a arrojar cacerolas con agua hirviendo por las ventanas, dijeron testigos.
En un video se ve a hombres enmascarados trepándose al tejado antes de entrar en la casa. La turba finalmente encontró a los miembros del consejo escondidos debajo de las camas en una casa vecina.
Los miembros del consejo fueron golpeados por la turba y llevados a otras aldeas, donde fueron dejados en libertad. El alcalde fue encontrado en un armario.
"Había tanta gente dentro", dijo el dirigente campesino Flores, "que no podemos decir con certeza quién tuvo la suerte de golpear primero al alcalde".
"Lo llevaron por la ciudad para ver sus proyectos de obras públicas", dijo Flores, con sarcasmo. Una parada fue en el puente de que Robles había prometido reparar, pero no hizo.
De vuelta en Puno, Marina Robles telefoneó frenéticamente a las autoridades en Ilave y Lima. Dijo que el comandante de la policía de Ilave le dijo que no tenía autorización para intervenir.
Ramírez, el líder comunitario acusado, dijo que el alcalde se veía medio muerto cuando la turba lo llevó a la plaza mayor de Ilave. La turba lo metió en un barril de plástico, luego lo sacaron de ahí. Lo obligaron a subir las escaleras del ayuntamiento y le colocaron un micrófono en las manos.
"Apenas se tenía de pie", dijo Ramírez. "La gente estaba gritando: ¡Déjenle hablar! ¡Déjenle hablar!' Él se paró, dijo unas pocas palabras -Lo lamento, perdónenme'- y luego cayó. Ramírez oyó cómo la cabeza del alcalde golpeó contra el cemento.
La turba cogió el cuerpo, lo llevaron hacia el río y lo arrojaron en el puente estropeado. Finalmente llegó la policía. Nubes de gas lacrimógeno alejó a los últimos manifestantes.
Linchamientos Endémicos
A las pocas horas la policía detuvo a un ex-presidiario llamado Wilfredo Llanque Flores, al que se ve a menudo en los videos del linchamiento. Los testigos dijeron que le sacó el cinturón al alcalde para golpearlo con él. En la comisaría de policía confesó haber golpeado a Robles, de acuerdo a la acusación oficial. Pero una inmensa multitud que rodeada la comisaría amenazó con ocuparla. Llanque fue dejado en libertad. No hace mucho, ofreció entregarse si el gobierno peruano proveía de un estipendio a su familia. No se le hizo ninguna oferta.
El mes pasado se nombró a un nuevo juez para que llevara el caso. (En Perú los jueces supervisan la investigación de una acusación y el juicio). Interrogado sobre por qué Llanque y tantos otros se encuentran todavía libres por su crimen, el juez Juan Bravo dijo: "Este tribunal ha decretado la detención de algunas personas. Pero es la policía la que debe aplicar la ley".
Su pesquisa sigue en curso, dijo Bravo. La sabiduría popular en Ilave es que el gobierno está tratando de minimizar el juicio por temor a nuevos disturbios en la ciudad.
Interrogado sobre los fugitivos el director de la Policía Nacional, Marco Enrique Miyashiro, dijo: "Estamos esperando el momento apropiados para prenderles".
Marina Robles vive en Puno pero ha sido obligada a mudarse dos veces tras ser atacado por manifestantes de Ilave. Creen que ella está intentando continuar con el cargo de su marido.
"No me preocupa que esta gente en Ilave piense que él robó", dijo. "Son gente corriente y creerán cualquier cosa. Lo que me molesta es que haya gente educada que piensa que él hizo esas cosas".
En el año que ha pasado desde la muerte de muerte, los linchamientos antes raros se han transformado en endémicos en el Perú rural. De acuerdo a la Policía Nacional, en 2004 hubo 71 linchamientos y 19 en las primeras 10 semanas de 2005. Sólo unas pocas víctimas han sido funcionarios públicos; la mayoría eran sospechosos de delitos menores.
En Ilave, el nuevo alcalde se ha instalado en la oficina con vistas a la plaza donde fue asesinado su predecesor."Cualquiera con una familia que cuidad lo pensaría dos veces antes de aceptar un trabajo como este", dijo el alcalde Flores Chumbi. "Estamos tratando de seguir adelante, sabiendo los riesgos que implica".
Si se pregunta a los ilaveños quién es responsable del asesinato de Robles a menudo citan una obra del un dramaturgo del siglo 17 Lope de Vega, sobre un pueblo español donde un caballero es matado por una turba.
El rey envía una delegación para castigar a los responsables. Pero toda la gente de Fuenteovejuna, incluso los niños, responden la pregunta sobre quién mató al caballero de la misma manera: "¡Fuenteovejuna!"
"Es imposible saber la verdad", le dice finalmente el juez al rey. "Habría que perdonarlos a todos o ejecutar a todo el pueblo".
Hugo Infante contribuyó a este reportaje.
6 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
dónde están los negros
[Monte Reel] En Buenos Aires investigadores exhuman raíces africanas largamente ignoradas.
Buenos Aires, Argentina. Su desaparición es uno de los misterios más perdurables de Argentina. En 1810 los residentes negros constituían un 30 por ciento de la población de Buenos Aires. Hacia 1887, sin embargo, habían caído en picado a un 1.8 por ciento.
¿Dónde se fueron? La respuesta es: a ninguna parte.
La mitología popular ha producido dos hipótesis históricas: la epidemia de fiebre amarilla en 1871, que devastó los barrios negros de las ciudades, y la brutal guerra con Paraguay en la década de 1860, que puso a muchos negros argentinos en las líneas de vanguardia.
Pero dos nuevos estudios desafían esas viejas teorías, usando una metodología distinta: un censo puerta-a-puerta para determinar cuántos argentinos se consideran negros, y un análisis de muestras de ADN para trazar orígenes africanos de los que se consideran blancos.
Los resultados son compilados sólo parcialmente, pero sugieren que muchos de los negros no desaparecieron; simplemente fueron absorbidos gradualmente en la población racialmente mixta y se perdieron para la demografía. De acuerdo a algunos investigadores, hasta un 10 por ciento de los habitantes de Buenos Aires son parcialmente descendientes de negros argentinos, pero no lo saben.
"Durante años la gente ha aceptado la idea de que en Argentina no hay negros", dijo Miriam Gómez, profesora de literatura de la Universidad de Buenos Aires, que es en parte negra y se considera a sí misma afro-argentina. "Incluso los libros de texto lo aceptan como un hecho. Pero ¿dónde me deja eso?"
Quedó como parte de una franja, un grupo marginal cuya existencia ha sido desdeñada por todos los estadistas del país. El país cortejó agresivamente "el espíritu revitalizador de la civilización europea" -en palabras del arquitecto social argentino del siglo 19, Juan Bautista Alberdi- y fomentó la imagen de un país europeo transplantado a tierras latinoamericanas.
"Argentina estaba interesada en presentarse a sí misma como un país blanco", dijo George Reid Andrews, profesor de historia en la Universidad de Pittsburgh, que se especializa en la historia de los negros en América Latina. "Sus ideólogos y escritores dieron gran énfasis a la epidemia de fiebre amarilla y la guerra, y era factible pretender que la población negra había simplemente desaparecido cuando explotó la inmigración".
Los cálculos sobre la actual población de negros en Buenos Aires son fundamentalmente especulaciones, en parte debido a que el gobierno argentino no ha incorporado los orígenes raciales africanos en sus censos durante más de un siglo.
Pero Gomes pertenece a un grupo de académicos y científicos que quieren estudiar más de cerca la cultura negra en Argentina, que creen que les ayudará a formarse una imagen más clara de lo que pasó en el pasado.
Financiada en parte por el Banco Mundial y asistido por la oficina censual de Argentina, el grupo inició el mes pasado un sondeo limitado de varios barrios de la capital.
Primero, preguntaron si la gente en la casa se consideraba afro-argentina, luego preguntaron si alguien de la casa tenía ancestros negros. En barrios con históricamente altas concentraciones de residentes negros, realizaron sondeos más detallados sobre prácticas religiosas, dieta y organización social -un intento de medir la influencia de la cultura africana.
Los resultados no serán analizados sino más tarde este año. Diego Masello, profesor de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, dijo que el reto más espinoso del censo es obtener respuestas honestas -o alguna respuesta.
"En algunos casos, los encuestadores reportaron que residentes que tenían visiblemente rasgos africanos, incluso algunos que parecían completamente negros, se negaron vehementemente a participar", dijo Masello, que ayuda a dirigir el censo.
Gomes dijo que esas respuestas eran frustrantes, pero ilustrativas.
"Sin duda, hay muchos prejuicios raciales en esta sociedad, y la gente quiere creer que es blanca", dijo Gomes. "Aquí, si alguien tiene una gota de sangre blanca, se llama blanca".
Pero las definiciones personales no cuenta cuando se analiza el ADN, que lo que un grupo de científicos de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad de Oxford, Inglaterra, hicieron este año. Después de recoger muestras en un hospital local, investigaron marcadores genéticos que revelan orígenes africanos. Los resultados serán publicados este año en el American Journal of Physical Anthropology, sugirieron que un 10 por ciento de los que se identifican como blancos eran en parte descendientes de negros argentinos.
"Un montón de gente se quedó muy sorprendida", dijo Francisco R. Carnese, genetista de la Universidad de Buenos Aires y co-autor del estudio. "Cuando caminas por Buenos Aires, no se ven signos de gente africana. Pero se ve en los genes".
Carnese dijo también que existía un creciente deseo entre los argentinos se indagar sobre su pasado -una razón por la que múltiples estudios están tratando de arrojar luces sobre lo mismo, dijo. Para la mayoría de los argentinos eso significa hurgar en las culturas de Italia, Inglaterra y Alemania, pero África también debe ser considerada, dijo.
La casi invisibilidad de la cultura y raíces negras en Argentina ha marcado un fuerte contraste con el vecino Brasil, que importó millones de esclavos africanos y tiene una numerosa y llamativa comunidad afro-brasileña.
Los africanos jugaron un importante papel en la definición de la cultura brasileña: la samba, el festival de la cuaresma o carnaval y las religiones africanas se han fundido con el catolicismo en sistemas de fe híbridos. Incluso el plato nacional, con frijoles negros llamado feijoada, es popularmente relacionado con los esclavos del siglo 16.
En Argentina, en parte como respuesta a la nueva investigación, grupos de intereses negros han empezado a fomentar lo que llaman una fuerte influencia africana en algunas de las tradiciones asociadas más estrechamente con Argentina. Hubo poco comercio esclavista en Argentina; muchos africanos que terminaron aquí habían sido importados en Brasil.
"Las primeras pinturas de gente bailando tango son de personas de origen africano", dijo Gomes.
El asado -la tradicional parrillada argentina que incluye tripas, hígados y otros órganos de las vacas- fue también influido por negros que recogían las partes que los cowboys argentinos, o gauchos, desechaban, de acuerdo a Masello.
Los encuestadores esperan que su trabajo inspire al gobierno a incluir la descendencia africana en su próximo censo de 2011 -una decisión que Gomes dijo que creía que faltaba mucho para que se reconociera el papel de África en la Argentina de hoy.
"Si no somos contados", dijo, "no podemos convencer a la gente de que existimos de verdad".
5 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Buenos Aires, Argentina. Su desaparición es uno de los misterios más perdurables de Argentina. En 1810 los residentes negros constituían un 30 por ciento de la población de Buenos Aires. Hacia 1887, sin embargo, habían caído en picado a un 1.8 por ciento.¿Dónde se fueron? La respuesta es: a ninguna parte.
La mitología popular ha producido dos hipótesis históricas: la epidemia de fiebre amarilla en 1871, que devastó los barrios negros de las ciudades, y la brutal guerra con Paraguay en la década de 1860, que puso a muchos negros argentinos en las líneas de vanguardia.
Pero dos nuevos estudios desafían esas viejas teorías, usando una metodología distinta: un censo puerta-a-puerta para determinar cuántos argentinos se consideran negros, y un análisis de muestras de ADN para trazar orígenes africanos de los que se consideran blancos.
Los resultados son compilados sólo parcialmente, pero sugieren que muchos de los negros no desaparecieron; simplemente fueron absorbidos gradualmente en la población racialmente mixta y se perdieron para la demografía. De acuerdo a algunos investigadores, hasta un 10 por ciento de los habitantes de Buenos Aires son parcialmente descendientes de negros argentinos, pero no lo saben.
"Durante años la gente ha aceptado la idea de que en Argentina no hay negros", dijo Miriam Gómez, profesora de literatura de la Universidad de Buenos Aires, que es en parte negra y se considera a sí misma afro-argentina. "Incluso los libros de texto lo aceptan como un hecho. Pero ¿dónde me deja eso?"
Quedó como parte de una franja, un grupo marginal cuya existencia ha sido desdeñada por todos los estadistas del país. El país cortejó agresivamente "el espíritu revitalizador de la civilización europea" -en palabras del arquitecto social argentino del siglo 19, Juan Bautista Alberdi- y fomentó la imagen de un país europeo transplantado a tierras latinoamericanas.
"Argentina estaba interesada en presentarse a sí misma como un país blanco", dijo George Reid Andrews, profesor de historia en la Universidad de Pittsburgh, que se especializa en la historia de los negros en América Latina. "Sus ideólogos y escritores dieron gran énfasis a la epidemia de fiebre amarilla y la guerra, y era factible pretender que la población negra había simplemente desaparecido cuando explotó la inmigración".
Los cálculos sobre la actual población de negros en Buenos Aires son fundamentalmente especulaciones, en parte debido a que el gobierno argentino no ha incorporado los orígenes raciales africanos en sus censos durante más de un siglo.
Pero Gomes pertenece a un grupo de académicos y científicos que quieren estudiar más de cerca la cultura negra en Argentina, que creen que les ayudará a formarse una imagen más clara de lo que pasó en el pasado.
Financiada en parte por el Banco Mundial y asistido por la oficina censual de Argentina, el grupo inició el mes pasado un sondeo limitado de varios barrios de la capital.
Primero, preguntaron si la gente en la casa se consideraba afro-argentina, luego preguntaron si alguien de la casa tenía ancestros negros. En barrios con históricamente altas concentraciones de residentes negros, realizaron sondeos más detallados sobre prácticas religiosas, dieta y organización social -un intento de medir la influencia de la cultura africana.
Los resultados no serán analizados sino más tarde este año. Diego Masello, profesor de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, dijo que el reto más espinoso del censo es obtener respuestas honestas -o alguna respuesta.
"En algunos casos, los encuestadores reportaron que residentes que tenían visiblemente rasgos africanos, incluso algunos que parecían completamente negros, se negaron vehementemente a participar", dijo Masello, que ayuda a dirigir el censo.
Gomes dijo que esas respuestas eran frustrantes, pero ilustrativas.
"Sin duda, hay muchos prejuicios raciales en esta sociedad, y la gente quiere creer que es blanca", dijo Gomes. "Aquí, si alguien tiene una gota de sangre blanca, se llama blanca".
Pero las definiciones personales no cuenta cuando se analiza el ADN, que lo que un grupo de científicos de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad de Oxford, Inglaterra, hicieron este año. Después de recoger muestras en un hospital local, investigaron marcadores genéticos que revelan orígenes africanos. Los resultados serán publicados este año en el American Journal of Physical Anthropology, sugirieron que un 10 por ciento de los que se identifican como blancos eran en parte descendientes de negros argentinos.
"Un montón de gente se quedó muy sorprendida", dijo Francisco R. Carnese, genetista de la Universidad de Buenos Aires y co-autor del estudio. "Cuando caminas por Buenos Aires, no se ven signos de gente africana. Pero se ve en los genes".
Carnese dijo también que existía un creciente deseo entre los argentinos se indagar sobre su pasado -una razón por la que múltiples estudios están tratando de arrojar luces sobre lo mismo, dijo. Para la mayoría de los argentinos eso significa hurgar en las culturas de Italia, Inglaterra y Alemania, pero África también debe ser considerada, dijo.
La casi invisibilidad de la cultura y raíces negras en Argentina ha marcado un fuerte contraste con el vecino Brasil, que importó millones de esclavos africanos y tiene una numerosa y llamativa comunidad afro-brasileña.
Los africanos jugaron un importante papel en la definición de la cultura brasileña: la samba, el festival de la cuaresma o carnaval y las religiones africanas se han fundido con el catolicismo en sistemas de fe híbridos. Incluso el plato nacional, con frijoles negros llamado feijoada, es popularmente relacionado con los esclavos del siglo 16.
En Argentina, en parte como respuesta a la nueva investigación, grupos de intereses negros han empezado a fomentar lo que llaman una fuerte influencia africana en algunas de las tradiciones asociadas más estrechamente con Argentina. Hubo poco comercio esclavista en Argentina; muchos africanos que terminaron aquí habían sido importados en Brasil.
"Las primeras pinturas de gente bailando tango son de personas de origen africano", dijo Gomes.
El asado -la tradicional parrillada argentina que incluye tripas, hígados y otros órganos de las vacas- fue también influido por negros que recogían las partes que los cowboys argentinos, o gauchos, desechaban, de acuerdo a Masello.
Los encuestadores esperan que su trabajo inspire al gobierno a incluir la descendencia africana en su próximo censo de 2011 -una decisión que Gomes dijo que creía que faltaba mucho para que se reconociera el papel de África en la Argentina de hoy.
"Si no somos contados", dijo, "no podemos convencer a la gente de que existimos de verdad".
5 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
guerra llega a indios
[Juan Forero] La guerra en Colombia se derrama sobre el pacífico mundo de los indios.
Tacueyó, Colombia. Los indios nasa parecen vivir bien en su exuberante reserva aquí en el sur de Colombia, una ringlera de montañas y valles donde crecen frutas dulces, los arroyos rebosan de truchas y pájaros de colores revolotean por todas partes.
Viven en ordenadas, bien mantenidas casas, y cultivan café, bananas y frijoles. Enfatizando la independencia económica, gestionan un exitoso vivero y están tratando de empezar una mina de mármol.
La principal amenaza para su vida es la implacable guerra civil de Colombia, que lleva ya 41 años. Pero los nasa, un pueblo indígena de unas 100.000 personas en esta región, han montado una campaña de resistencia cívica pacífica para mantenerse alejados de una guerra alimentada por las drogas, que enfrenta al ejército y paramilitares de extrema derecha contra rebeldes marxistas que intentan derrocar al gobierno.
Durante cuatro años los adustos pero desarmados guardias indígenas nasa -ahora una fuerza de 7.000 hombres y mujeres- han simplemente expulsado a los combatientes que se aventuran en estas neblinosas montañas de la provincia de Cauca. Hacen frente a rebeldes y soldados por igual con bastones ceremoniales de un metro decorados con borlas con los colores de la bandera nasa, verde y roja, y convencen a los extraños de que se alejen.
Su éxito les ha ganado la aclamación de Naciones Unidas y gobiernos extranjeros que pagan los programas de desarrollo de los nasa.
Los indios han obligado a los traficantes a cerrar sus laboratorios de producción de cocaína. Han hecho frente a los escuadrones de la muerte paramilitares. Cuando el alcalde del pueblo nasa de Toribio fue secuestrado por los guerrilleros el año pasado, 400 guardias marcharon dos semanas en los Andes hacia el campamento rebelde donde se lo mantenía retenido. Lograron su liberación.
"No queremos grupos armados en nuestra tierra", dijo Julio Mesa, 57, el jefe de los guardias indígenas de Tacueyó. "Así que lo que hacemos es reunir a la gente para sacarlos".
Pero en las últimas dos semanas, se ha producido violentos conflictos en tres de los ocho pueblos nasa, poniendo a prueba el pacifismo y autonomía de los indios.
El 14 de abril los rebeldes bombardearon Toribio. En los nueve días de lucha murieron un niño de 9 años y varios policías y soldados. El gobierno recuperó el pueblo, pero los rebeldes bombardearon otra comunidad, Jambaló, con sus escandalosamente imprecisos morteros con cargas de gas propano y explosivos. Tacueyó fue el siguiente.
El miércoles, con un avión militar colombiano haciendo llover balas sobre posiciones rebeldes, docenas de jóvenes soldados apoyados por tanquetas y vehículos blindados irrumpieron en Tacueyó. Los rebeldes respondieron disparando casi una docena de morteros improvisados. Los soldados respondieron desde su ametralladoras montadas en la plaza mayor.
"Me preocupan los francotiradores", dijo un soldado con cara de niño, Andrés Nova, 24, mientras se apretujaba contra una muralla para protegerse. "Pero no son tan buenos, pero cualquiera con un rifle es un peligro".
Poco después, los francotiradores mataron a un soldado e hirieron a otros dos.
Los indios de Tacueyó fueron cogidos en el medio. Cuando un proyectil rebeldes aterrizó en una casa, hiriendo gravemente a dos niños, Mesa y otros corrieron a por ayuda. Estaban asombrados e impotentes.
Mesa, 57, y su esposa María, 54, también miembro de la guardia, había hablado con los rebeldes antes. "Ellos dijeron: Estamos en guerra'", contó Mesa. "No había nada más que decir, así que me marché. Pero primero les dije: Lo que están haciendo ustedes está muy mal'".
En todo Colombia docenas de tribus indias están siendo golpeadas por la guerra. Los asesinos han actuado contra dirigentes de los indiios wayuú al nordeste de Colombia. En la provincia de Choco al noroeste, niños embera víctimas de la pobreza y la guerra, han cometido suicidio. En todo el país decenas de miles de indios se han transformado en refugiados. Algunas de las tribus más pequeñas, advirtió hace poco Naciones Unidas, están a punto de desaparecer.
Mesa y otros líderes nasa están resueltos a evitar ese destino para su pueblo. Los nasa, también conocidos aquí como los páez, no fueron siempre pacíficos. En los años ochenta formaron un grupo combatiente, Quintin Lame, pero la violencia no hizo más que escalar. Los indios cambiaron de táctica, y juraron permanecer alejados de la guerra. Se dedicaron a construir una comunidad auto-suficiente mantenida unida por una filosofía centrada en la autodeterminación y el derecho a ser dejado en paz.
"El gobierno quiere involucrarnos, en su ejército, en la policía, en su red de informantes", dijo Nelsón Lemus, un dirigente indio. "Los guerrilleros quieren involucrarnos con su historia revolucionaria, la lucha por el poder".
Pero "implicarse en la guerra", dijo, "perjudica a nuestra cultura, idioma, costumbres".
Cuando Mesa hablaba de los esfuerzos de los nasa por mantener la paz, la bala de un francotirador impactó cerca y el dirigente indio y otros guardias se echaron al suelo.
"Queremos hablar, ver si quieren escucharnos", dijo Mesa, levantando su pequeño y gordo cuerpo del suelo y sacudiéndose el polvo cuando terminaron los balazos. "A veces nos escuchan, pero muchas veces no".
Para el ejército, cuyos jefes se reunieron con los indios durante la experiencia, no habrá retirada, aunque el coronel Juan Trujillo dijo que entendía la posición de los nasa. Pero dijo que la tarea del ejército es luchar contra los rebeldes. "Aquí nosotros somos el estado", dijo.
Sin embargo, Mesa no pensaba rendirse. El jueves pasado hizo tranquilamente la larga caminata hacia Tacueyó, llevando un sombrero de campesino y su fiel bastón, y en general indiferente a los balazos a su alrededor. Sin embargo, ha hecho frente a episodios desgarradores. Había muerto una niña de dos años; los aldeanos se preguntaban si acaso tenían la culpa los proyectiles y balas que habían rastrillado los campos cerca de su casa.
Pero no todas las noticias eran malas. Cuando la gente del pueblo se preocupó de que las tanquetas estaban tomando posiciones muy cerca por donde había escapado la mayoría de los vecinos, Mesa logró pedirle a un comandante que parara.
Y cuando un joven fue detenido por soldados, por sospechas de ayudar a los rebeldes, Mesa convenció al ejército que se lo entregaran.
"Ve usted", dijo Mesa, llevándoselo. "Hablar es el mejor modo de resolver las cosas".
3 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Tacueyó, Colombia. Los indios nasa parecen vivir bien en su exuberante reserva aquí en el sur de Colombia, una ringlera de montañas y valles donde crecen frutas dulces, los arroyos rebosan de truchas y pájaros de colores revolotean por todas partes.Viven en ordenadas, bien mantenidas casas, y cultivan café, bananas y frijoles. Enfatizando la independencia económica, gestionan un exitoso vivero y están tratando de empezar una mina de mármol.
La principal amenaza para su vida es la implacable guerra civil de Colombia, que lleva ya 41 años. Pero los nasa, un pueblo indígena de unas 100.000 personas en esta región, han montado una campaña de resistencia cívica pacífica para mantenerse alejados de una guerra alimentada por las drogas, que enfrenta al ejército y paramilitares de extrema derecha contra rebeldes marxistas que intentan derrocar al gobierno.
Durante cuatro años los adustos pero desarmados guardias indígenas nasa -ahora una fuerza de 7.000 hombres y mujeres- han simplemente expulsado a los combatientes que se aventuran en estas neblinosas montañas de la provincia de Cauca. Hacen frente a rebeldes y soldados por igual con bastones ceremoniales de un metro decorados con borlas con los colores de la bandera nasa, verde y roja, y convencen a los extraños de que se alejen.
Su éxito les ha ganado la aclamación de Naciones Unidas y gobiernos extranjeros que pagan los programas de desarrollo de los nasa.
Los indios han obligado a los traficantes a cerrar sus laboratorios de producción de cocaína. Han hecho frente a los escuadrones de la muerte paramilitares. Cuando el alcalde del pueblo nasa de Toribio fue secuestrado por los guerrilleros el año pasado, 400 guardias marcharon dos semanas en los Andes hacia el campamento rebelde donde se lo mantenía retenido. Lograron su liberación.
"No queremos grupos armados en nuestra tierra", dijo Julio Mesa, 57, el jefe de los guardias indígenas de Tacueyó. "Así que lo que hacemos es reunir a la gente para sacarlos".
Pero en las últimas dos semanas, se ha producido violentos conflictos en tres de los ocho pueblos nasa, poniendo a prueba el pacifismo y autonomía de los indios.
El 14 de abril los rebeldes bombardearon Toribio. En los nueve días de lucha murieron un niño de 9 años y varios policías y soldados. El gobierno recuperó el pueblo, pero los rebeldes bombardearon otra comunidad, Jambaló, con sus escandalosamente imprecisos morteros con cargas de gas propano y explosivos. Tacueyó fue el siguiente.
El miércoles, con un avión militar colombiano haciendo llover balas sobre posiciones rebeldes, docenas de jóvenes soldados apoyados por tanquetas y vehículos blindados irrumpieron en Tacueyó. Los rebeldes respondieron disparando casi una docena de morteros improvisados. Los soldados respondieron desde su ametralladoras montadas en la plaza mayor.
"Me preocupan los francotiradores", dijo un soldado con cara de niño, Andrés Nova, 24, mientras se apretujaba contra una muralla para protegerse. "Pero no son tan buenos, pero cualquiera con un rifle es un peligro".
Poco después, los francotiradores mataron a un soldado e hirieron a otros dos.
Los indios de Tacueyó fueron cogidos en el medio. Cuando un proyectil rebeldes aterrizó en una casa, hiriendo gravemente a dos niños, Mesa y otros corrieron a por ayuda. Estaban asombrados e impotentes.
Mesa, 57, y su esposa María, 54, también miembro de la guardia, había hablado con los rebeldes antes. "Ellos dijeron: Estamos en guerra'", contó Mesa. "No había nada más que decir, así que me marché. Pero primero les dije: Lo que están haciendo ustedes está muy mal'".
En todo Colombia docenas de tribus indias están siendo golpeadas por la guerra. Los asesinos han actuado contra dirigentes de los indiios wayuú al nordeste de Colombia. En la provincia de Choco al noroeste, niños embera víctimas de la pobreza y la guerra, han cometido suicidio. En todo el país decenas de miles de indios se han transformado en refugiados. Algunas de las tribus más pequeñas, advirtió hace poco Naciones Unidas, están a punto de desaparecer.
Mesa y otros líderes nasa están resueltos a evitar ese destino para su pueblo. Los nasa, también conocidos aquí como los páez, no fueron siempre pacíficos. En los años ochenta formaron un grupo combatiente, Quintin Lame, pero la violencia no hizo más que escalar. Los indios cambiaron de táctica, y juraron permanecer alejados de la guerra. Se dedicaron a construir una comunidad auto-suficiente mantenida unida por una filosofía centrada en la autodeterminación y el derecho a ser dejado en paz.
"El gobierno quiere involucrarnos, en su ejército, en la policía, en su red de informantes", dijo Nelsón Lemus, un dirigente indio. "Los guerrilleros quieren involucrarnos con su historia revolucionaria, la lucha por el poder".
Pero "implicarse en la guerra", dijo, "perjudica a nuestra cultura, idioma, costumbres".
Cuando Mesa hablaba de los esfuerzos de los nasa por mantener la paz, la bala de un francotirador impactó cerca y el dirigente indio y otros guardias se echaron al suelo.
"Queremos hablar, ver si quieren escucharnos", dijo Mesa, levantando su pequeño y gordo cuerpo del suelo y sacudiéndose el polvo cuando terminaron los balazos. "A veces nos escuchan, pero muchas veces no".
Para el ejército, cuyos jefes se reunieron con los indios durante la experiencia, no habrá retirada, aunque el coronel Juan Trujillo dijo que entendía la posición de los nasa. Pero dijo que la tarea del ejército es luchar contra los rebeldes. "Aquí nosotros somos el estado", dijo.
Sin embargo, Mesa no pensaba rendirse. El jueves pasado hizo tranquilamente la larga caminata hacia Tacueyó, llevando un sombrero de campesino y su fiel bastón, y en general indiferente a los balazos a su alrededor. Sin embargo, ha hecho frente a episodios desgarradores. Había muerto una niña de dos años; los aldeanos se preguntaban si acaso tenían la culpa los proyectiles y balas que habían rastrillado los campos cerca de su casa.
Pero no todas las noticias eran malas. Cuando la gente del pueblo se preocupó de que las tanquetas estaban tomando posiciones muy cerca por donde había escapado la mayoría de los vecinos, Mesa logró pedirle a un comandante que parara.
Y cuando un joven fue detenido por soldados, por sospechas de ayudar a los rebeldes, Mesa convenció al ejército que se lo entregaran.
"Ve usted", dijo Mesa, llevándoselo. "Hablar es el mejor modo de resolver las cosas".
3 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh
regresa teología sensible
[Monte Reel] Desde la condena del Vaticano, el movimiento de veteranos en Brasil se han adaptado a los tiempos.
Sao Paulo, Brasil. Magno Marcieta, 28, espera ser ordenado sacerdote el próximo año, llevando 11 años de tranquilos estudios teológicos a las miserables calles del país con más católicos que todos los demás. Es un aplicado estudiante, y conoce bien a San Agustín y Tomás de Aquino. Y es de Brasil, así que conoce bien la teología de la liberación.
El movimiento, que echó raíces en toda América Latina en los años sesenta y setenta, se concentró en ayudar a los pobres y oprimidos, incluso si eso significaba enfrentarse al poder político. En los años ochenta, fue criticada como una "amenaza fundamental" a la iglesia por el cardenal José Ratzinger, que ahora es el Papa Benedicto XVI. Como resultado de esa crítica interna en la iglesia, el movimiento desapareció poco a poco.
Sin embargo, en Brasil la teología de la liberación está lejos de muerta.
En estos días en lugar de predicar la lucha de clases y desafiar a dictadores, muchos veteranos del movimiento han adaptado su retórica y papel a los tiempos. Trabajan para promover la protección del medioambiente y los derechos de la mujer; ayudan a los sin casa y a los pacientes de sida.
Y mientras algunos sacerdotes jóvenes han sido atraídos al movimiento carismático de moda, otros dicen que todavía se inspiran en los partidarios más viejos de la teología de la liberación que fueron alguna vez importantes en Brasil.
"Los estudiantes aquí realmente no pueden evitar la teología de la liberación, incluso si quisieran", dijo Marcieta, estudiante de la Universidad Católica de Sao Paulo, que pasa las mañanas inmerso en libros y revistas de teología. "Muchos de nuestros profesores son de la generación de cuando la teología de la liberación era dominantes, y las bibliografías incluyen los libros que formaron sus vidas".
Cuando Ratzinger se hizo Papa, algunos observadores predijeron que sería el toque a muerto de la teología de la liberación. El movimiento ha estado perdiendo importancia desde mediados de los años ochenta, cuando Ratzinger escribió el primer documento del Vaticano denunciando formalmente y prohibiendo a algunos de sus partidarios prominentes -incluyendo al brasileño Leonardo Boff- hablar en público.
Pero las opiniones de jóvenes seminaristas como Marcieta dejan claro que el movimiento ha sobrevivido, aunque bajo una forma ligeramente diferente. Cuando tenía 10, Marcieta asistió al bautismo de un amigo de la familia en Imperatriz, su pueblo natal en el norte de Brasil. Ese mismo día en la misma ciudad fue asesinado el Padre Josimo Tavares, un sacerdote que trabajaba por los campesinos sin tierra en una región ensangrentada por los conflictos sobre la propiedad de la tierra.
Marcieta dijo que nunca olvidaría cómo la iglesia se llenó de gente del pueblo llorando la pérdida de alguien al que llamaban mártir. Dijo que ese día -el 10 de mayo de 1986- él formó su concepto de lo que debería ser un sacerdote.
Tavares fue uno de los cientos de sacerdotes en América Latina que se jugaron sus futuros en lo que llamaban una "opción preferente por los pobres". Muchos creyeron que la iglesia debía oponerse a los sistemas políticos en países donde la pobreza era general, tomando el lado de los pobres y luchando contra gobiernos que consideraban represivos.
Durante los años sesenta y setenta, las dictaduras militares gobernaron gran parte de América Latina, entre ellos Brasil, Argentina y Chile. Los gobernantes anticomunistas de la región a menudo chocaron con sacerdotes radicales, cuya conflictiva preocupación con la lucha de clases tenían matices marxistas.
En el Vaticano, la teología de la liberación también cayó en desgracia. Ratzinger, considerado un reformador liberal en sus años mozos, se transformó en la mano derecha del Papa Juan Pablo II sobre el tema después de ser nombrado en 1981 presidente de la agencia de vigilancia de la doctrina de la iglesia. Llamó a Roma a los sacerdotes más conocidos a Roma y los censuró, acusándoles de estar abandonando el rol espiritual de la iglesia en un activismo socioeconómico inadecuado.
Muchos obispos considerados de extrema izquierda fueron remplazados por autoridades conservadoras, y partidarios declarados, como Boff, fueron silenciados. Boff, monje franciscano y editor de Vozes, la principal revista y editorial católica de Brasil, fue obligado a guardar un año de silencio penitente y repetidas veces expulsado de la docencia e impedido de publicar sus escritos.
A medida que decaía la teología de la liberación, el movimiento católico carismático, que infunde vigor evangélico en los servicios de la iglesia a través de enérgicas canciones y aboga por el desarrollo personal, empezó a ganar popularidad. Hoy las misas carismáticas convocan a miles de animados fieles en ciudades brasileñas.
"Supongo que soy un dinosaurio... alguien del siglo pasado", dijo Fernando Altmeyer, un impenitente teólogo de la liberación que dejó el sacerdocio para casarse pero todavía trabaja aquí como defensor del pueblo de la Universidad Católica. "Hoy en Brasil los sacerdotes carismáticos ocupan el centro. Pero es quizás como el Parque jurásico'", bromeó. "Quizás los pterodáctilos vuelvan a nacer".
Sin embargo, de acuerdo a observadores católicos la teología de la liberación ha evolucionado para evitar extinguirse.
En el mundo de después de la Guerra Fría sus defensores han variado su foco y vocabulario, alejándose de la lucha de clases. Boff, que dejó el sacerdocio en 1992, dedica ahora gran parte de sus escritos y charlas a temas ecológicos. Otros teólogos de la liberación defienden los derechos de las mujeres católicas y la justicia racial.
El Padre Julio Lancelotti, 58, que trabaja en un arenoso barrio industrial de Sao Paulo, dijo que era el mantenerse vivo como la "opción preferente de los pobres" lo que estaba en el corazón de la teología de la liberación, que se dedicaba a ayudar a la gente sin casa y gestionando un refugio para niños nacidos con el virus del sida.
"Es importante trabajar con ellos, informarles... ellos también son hijos de Dios", dijo. "Estamos pensando la iglesia desde su punto de vista. Ese principio está vivo todavía".
En las provincias rurales del Amazonas la teología de la liberación está también siendo aplicada con el activismo de la iglesia en conflictos de tierra, que continúan provocando violencia. Una monja norteamericana, Dorothy Stang, fue asesinada antes este año en el norteño estado de Pará, donde luchaba contra los hacendados para defender la tierra de los campesinos pobres.
El obispo Pedro Casadaliga, 77, del estado de Mato Grosso al este de Brasil, dijo que había seguido durante mucho tiempo los principios de la teología de la liberación. En los años ochenta, dijo en una conferencia telefónica que había sido llamado a Roma para reunirse con funcionarios de la iglesia que estaban alarmados por su apoyo de los revolucionarios nicaragüenses y sus declaraciones públicas de que países poderosos habían "chupado la sangre" de América Latina.
Casadaliga sobrevivió la reprimenda y continuó su trabajo eclesiástico hasta este año, cuando se honoró su petición de retiro. Luego agregó un amargo comentario sobre Benedicto, sus némesis teológica.
"Creo que el Papa también debería pedir la jubilación", dijo Casadaliga. Sin embargo, moderó su crítica con esperanza, diciendo que era demasiado temprano para saber cómo respondería el Papa ante las nuevas tendencias en la teología de la liberación. También observó que los primeros discursos de Benedicto le parecieron acordes armoniosos con el fin de unir a la iglesia -incluso entre miembros que como él cayeron en desgracia hace décadas y siguen estando de punta con la línea oficial.
"Cuando Benedicto era joven, tenía ideas progresistas", dijo Casadaliga. "Quizás vuelva a abrir su mente".
3 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Sao Paulo, Brasil. Magno Marcieta, 28, espera ser ordenado sacerdote el próximo año, llevando 11 años de tranquilos estudios teológicos a las miserables calles del país con más católicos que todos los demás. Es un aplicado estudiante, y conoce bien a San Agustín y Tomás de Aquino. Y es de Brasil, así que conoce bien la teología de la liberación.El movimiento, que echó raíces en toda América Latina en los años sesenta y setenta, se concentró en ayudar a los pobres y oprimidos, incluso si eso significaba enfrentarse al poder político. En los años ochenta, fue criticada como una "amenaza fundamental" a la iglesia por el cardenal José Ratzinger, que ahora es el Papa Benedicto XVI. Como resultado de esa crítica interna en la iglesia, el movimiento desapareció poco a poco.
Sin embargo, en Brasil la teología de la liberación está lejos de muerta.
En estos días en lugar de predicar la lucha de clases y desafiar a dictadores, muchos veteranos del movimiento han adaptado su retórica y papel a los tiempos. Trabajan para promover la protección del medioambiente y los derechos de la mujer; ayudan a los sin casa y a los pacientes de sida.
Y mientras algunos sacerdotes jóvenes han sido atraídos al movimiento carismático de moda, otros dicen que todavía se inspiran en los partidarios más viejos de la teología de la liberación que fueron alguna vez importantes en Brasil.
"Los estudiantes aquí realmente no pueden evitar la teología de la liberación, incluso si quisieran", dijo Marcieta, estudiante de la Universidad Católica de Sao Paulo, que pasa las mañanas inmerso en libros y revistas de teología. "Muchos de nuestros profesores son de la generación de cuando la teología de la liberación era dominantes, y las bibliografías incluyen los libros que formaron sus vidas".
Cuando Ratzinger se hizo Papa, algunos observadores predijeron que sería el toque a muerto de la teología de la liberación. El movimiento ha estado perdiendo importancia desde mediados de los años ochenta, cuando Ratzinger escribió el primer documento del Vaticano denunciando formalmente y prohibiendo a algunos de sus partidarios prominentes -incluyendo al brasileño Leonardo Boff- hablar en público.
Pero las opiniones de jóvenes seminaristas como Marcieta dejan claro que el movimiento ha sobrevivido, aunque bajo una forma ligeramente diferente. Cuando tenía 10, Marcieta asistió al bautismo de un amigo de la familia en Imperatriz, su pueblo natal en el norte de Brasil. Ese mismo día en la misma ciudad fue asesinado el Padre Josimo Tavares, un sacerdote que trabajaba por los campesinos sin tierra en una región ensangrentada por los conflictos sobre la propiedad de la tierra.
Marcieta dijo que nunca olvidaría cómo la iglesia se llenó de gente del pueblo llorando la pérdida de alguien al que llamaban mártir. Dijo que ese día -el 10 de mayo de 1986- él formó su concepto de lo que debería ser un sacerdote.
Tavares fue uno de los cientos de sacerdotes en América Latina que se jugaron sus futuros en lo que llamaban una "opción preferente por los pobres". Muchos creyeron que la iglesia debía oponerse a los sistemas políticos en países donde la pobreza era general, tomando el lado de los pobres y luchando contra gobiernos que consideraban represivos.
Durante los años sesenta y setenta, las dictaduras militares gobernaron gran parte de América Latina, entre ellos Brasil, Argentina y Chile. Los gobernantes anticomunistas de la región a menudo chocaron con sacerdotes radicales, cuya conflictiva preocupación con la lucha de clases tenían matices marxistas.
En el Vaticano, la teología de la liberación también cayó en desgracia. Ratzinger, considerado un reformador liberal en sus años mozos, se transformó en la mano derecha del Papa Juan Pablo II sobre el tema después de ser nombrado en 1981 presidente de la agencia de vigilancia de la doctrina de la iglesia. Llamó a Roma a los sacerdotes más conocidos a Roma y los censuró, acusándoles de estar abandonando el rol espiritual de la iglesia en un activismo socioeconómico inadecuado.
Muchos obispos considerados de extrema izquierda fueron remplazados por autoridades conservadoras, y partidarios declarados, como Boff, fueron silenciados. Boff, monje franciscano y editor de Vozes, la principal revista y editorial católica de Brasil, fue obligado a guardar un año de silencio penitente y repetidas veces expulsado de la docencia e impedido de publicar sus escritos.
A medida que decaía la teología de la liberación, el movimiento católico carismático, que infunde vigor evangélico en los servicios de la iglesia a través de enérgicas canciones y aboga por el desarrollo personal, empezó a ganar popularidad. Hoy las misas carismáticas convocan a miles de animados fieles en ciudades brasileñas.
"Supongo que soy un dinosaurio... alguien del siglo pasado", dijo Fernando Altmeyer, un impenitente teólogo de la liberación que dejó el sacerdocio para casarse pero todavía trabaja aquí como defensor del pueblo de la Universidad Católica. "Hoy en Brasil los sacerdotes carismáticos ocupan el centro. Pero es quizás como el Parque jurásico'", bromeó. "Quizás los pterodáctilos vuelvan a nacer".
Sin embargo, de acuerdo a observadores católicos la teología de la liberación ha evolucionado para evitar extinguirse.
En el mundo de después de la Guerra Fría sus defensores han variado su foco y vocabulario, alejándose de la lucha de clases. Boff, que dejó el sacerdocio en 1992, dedica ahora gran parte de sus escritos y charlas a temas ecológicos. Otros teólogos de la liberación defienden los derechos de las mujeres católicas y la justicia racial.
El Padre Julio Lancelotti, 58, que trabaja en un arenoso barrio industrial de Sao Paulo, dijo que era el mantenerse vivo como la "opción preferente de los pobres" lo que estaba en el corazón de la teología de la liberación, que se dedicaba a ayudar a la gente sin casa y gestionando un refugio para niños nacidos con el virus del sida.
"Es importante trabajar con ellos, informarles... ellos también son hijos de Dios", dijo. "Estamos pensando la iglesia desde su punto de vista. Ese principio está vivo todavía".
En las provincias rurales del Amazonas la teología de la liberación está también siendo aplicada con el activismo de la iglesia en conflictos de tierra, que continúan provocando violencia. Una monja norteamericana, Dorothy Stang, fue asesinada antes este año en el norteño estado de Pará, donde luchaba contra los hacendados para defender la tierra de los campesinos pobres.
El obispo Pedro Casadaliga, 77, del estado de Mato Grosso al este de Brasil, dijo que había seguido durante mucho tiempo los principios de la teología de la liberación. En los años ochenta, dijo en una conferencia telefónica que había sido llamado a Roma para reunirse con funcionarios de la iglesia que estaban alarmados por su apoyo de los revolucionarios nicaragüenses y sus declaraciones públicas de que países poderosos habían "chupado la sangre" de América Latina.
Casadaliga sobrevivió la reprimenda y continuó su trabajo eclesiástico hasta este año, cuando se honoró su petición de retiro. Luego agregó un amargo comentario sobre Benedicto, sus némesis teológica.
"Creo que el Papa también debería pedir la jubilación", dijo Casadaliga. Sin embargo, moderó su crítica con esperanza, diciendo que era demasiado temprano para saber cómo respondería el Papa ante las nuevas tendencias en la teología de la liberación. También observó que los primeros discursos de Benedicto le parecieron acordes armoniosos con el fin de unir a la iglesia -incluso entre miembros que como él cayeron en desgracia hace décadas y siguen estando de punta con la línea oficial.
"Cuando Benedicto era joven, tenía ideas progresistas", dijo Casadaliga. "Quizás vuelva a abrir su mente".
3 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
presos dominicanos sin cargos
[Carol J. Williams] Presos en cárceles dominicanas esperan justicia. Casi 9.000 reclusos permanecen recluídos sin cargos debido a que recursos escasos impiden que reformas jurídicas sean aplicadas retrospectivamente.
El marido de Yamirka Delacruz, como otros 9.000 reclusos en las hacinadas cárceles del país, está en un limbo que ni siquiera una completa revisión del sistema judicial puede remediar.
"No lo han acusado de nada. No ha visto a ningún juez. Nadie le dice nada sobre cuándo será llamado a tribunales", dijo Delacruz sobre su marido, 26, Luis Palmero, sospechado de la muerte de un colega en marzo de 2004.
Palmero está encarcelado a pesar de un nuevo código de procedimiento penal, presentado por el presidente Leonel Fernández, que entró en vigor hace siete meses. El código limita la detención sin cargos a 48 horas, prohíbe la tortura y el maltrato de los reclusos y considera a un sospechoso como inocente mientras no se demuestre su culpabilidad.
Pero los tribunales sobrecargados y una purga interna de la policía han impedido que el código sea aplicado retrospectivamente. En principio, reclusos como Palmero todavía deben aparecer ante tribunales. En la práctica, los jueces están demasiado ocupados citando a nuevos sospechosos y el cuerpo de policía demasiado reducido por despidos debidos a acusaciones de brutalidad, soborno y detenciones ilegales como para poder hacer frente a los restos.
En realidad, la policía todavía tiene la primera y última palabra sobre qué pasa con miles de sospechosos.
De acuerdo a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el 66 por ciento de los 13.500 reclusos de las 35 cárceles de República Dominicana son reos preventivos -detenidos y condenados indefinidamente por la policía.
La amplia reforma de la justicia penal lanzada el año pasado tiene por intención romper lo que ha sido un largo monopolio de facto de la Policía Nacional para detener, juzgar y sentenciar a los que cree que son culpables.
La comisión de derechos humanos informa en una evaluación dada a conocer por el ministerio de Asuntos Exteriores de Estados Unidos en febrero que la mayoría de los reclusos preventivos nunca llegan a ver un tribunal. Unos pocos avanzan a la fase de citación, 90 por ciento son dejados en libertad por falta de pruebas.
El grupo también presenta una desoladora imagen de la vida en las prisiones. Las bandas criminales controlan la vida diaria en la mayoría de las instituciones, pidiendo a los reclusos sobornos para obtener alimentos, el uso de una cama o el acceso a atención médica.
En la prisión de La Victoria, la más grande del país, 3.500 reclusos viven en un espacio ideado para 1.000, y hay sólo un colchón por cada 10 reclusos.
Desde que entrara en vigor el código penal el 27 de septiembre, los totales mensuales de nuevos detenidos sin cargo ha disminuido debido a que ahora a la policía se le exige que presente evidencias para mantenerlos en prisión. Pero no se han hecho progresos en la solución de la acumulación de casos de preventivos, que totalizaban 8.910 a mediados de abril.
El jefe de la Policía Nacional, Manuel de Jesús Pérez Sánchez, nombrado en agosto y encargado de limpiar la desprestigiada fuerza, dice que la reforma tomará años y dejará un proceso defectuoso durante la transición. Pero señala algunos avances tangibles.
Los policías están siguiendo cursos de re-adiestramiento, se ha abierto una escuela correccional y se ha inaugurado una nueva cárcel modelo -el primer edificio en décadas. Lo que tomará más tiempo, dice Sánchez, es reeducar al público para que confíe en la policía y colabore con ella en cuestiones de seguridad.
"Lo más importante que necesitamos es cambiar la práctica de la impunidad", dijo el jefe, aludiendo a escándalos como la revelación en el otoño pasado de que la policía normalmente retiene autos robados para su propio uso o reventa. "Queremos una sociedad que no tenga la mentalidad de que ha habido siempre corrupción, de que es de algún modo normal".
La educación pública es también necesaria para explicar a los dominicanos la idea de que los detenidos tienen derechos que deben ser respetados, dijo, refiriéndose a la indiferencia del público hacia los pesares de los reclusos preventivos.
El nuevo código penal exige que los detenidos sin cargos durante seis meses sean puestos en libertad, pero las autoridades dicen que no ocurre por temor a desencadenar protestas.
Manuel Jiménez, guardia de una prisión aquí con 650 presos en un espacio destinado a 200, no pone en duda que las condiciones son duras y el ambiente tenso.
"Todas las cárceles del país tiene el mismo problema -hacinamiento... No ha sido nunca una prioridad, y el gobierno es pobre", dijo Jiménez encogiéndose de hombros.
En todo el Caribe cárceles hacinadas y anticuadas, crecientes tasas de delitos y migraciones de las bandas juveniles se han combinado para provocar motines entre los reclusos.
El peor de los estallidos, el motín e incendio del 7 de marzo iniciado por bandas rivales en la cárcel de Higuey a 90 kilómetros al este de aquí, terminó con la vida de 138 reclusos, la mayoría de ellos preventivos.
En Haití, que comparte la isla de Hispaniola con la República Dominicana, unos 500 presos siguen fugitivos después de la fuga del 19 de febrero.
Incluso en la comunista Cuba al menos dos motines han sido reportados desde marzo por la clandestina Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación cubana.
Daniel Erikson, analista del Caribe para el Diálogo Interamericano en Washington, ve los problemas en las cárceles de la región como el resultado del abandono y falta de financiamiento y la influencia de ex-presidiarios deportados por Estados Unidos.
"Estos son países pequeños, pobres y débiles bajo una tremenda presión económica y altamente vulnerables a desastres naturales", dijo Erikson. "Gestionar el sistema de prisiones cuesta un montón de dinero, y tiende a ser una de las primeras cosas que sufren los recortes, debido a que no constituye un electorado demasiado influyente".
La reforma judicial empezó durante el primer término del presidente Fernández de 1996 a 2000 y fue reforzada con su retorno al cargo en agosto.
Desde la campaña anti-corrupción en el cuerpo de policía empezara en serio a fines del año pasado, han sido despedidos por mala conducta más de 500 agentes, y es probable que otros más sigan.
El ministro del Interior Franklin Almeida Rancier ha intentado remplazar a cerca de un cuarto de los 30.000 empleados de la fuerza, pero ha sido persuadido de hacerlo poco a poco para dar tiempo a que los nuevos cadetes remplacen a los agentes salientes.
También se han organizado grupos de vigilantes en los vecindarios y seminarios sobre la prevención del crimen en un intento de legitimar la imagen de la policía en la comunidad y atraer a reclutas comprometidos con las labores policiales en lugar de enriquecerse a sí mismos, dijo el jefe, Pérez Sánchez.
Los dominicanos dicen que han visto en los últimos meses un mejoramiento de la seguridad y de las condiciones de vida, pero lo atribuyen a la gradual recuperación económica tras una quiebra de la banca hace dos años, que provocó una fulminante inflación. Desde que fuera elegido Fernández en mayo último, el peso se ha recuperado desde 51 a 27 por dólar en lo más álgido del desastre bancario.
"Se habla mucho de limpiar la policía, pero no les confiamos", dijo el taxista Ramón Puerta, recordando los escándalos de corrupción durante la primera administración de Fernández. "Aquí, nunca nada cambia".
Esposas y madres de reclusos se quejan de que la corrupción es muy profunda. Una mujer, en la cola para ver su hijo en la cárcel de aquí, dijo que las familias deben pagar a los guardias para enterarse de las fechas de citación al tribunal, así como por el transporte del recluso hacia el tribunal.
"La gente tiene miedo de hablar. Nos preocupa que puedan maltratar a nuestros hijos", dijo sobre la policía de la prisión la aturdida madre, que no quiso ser identificada.
"¿Cómo podemos confiar en las promesas de los gobiernos?"
28 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
El marido de Yamirka Delacruz, como otros 9.000 reclusos en las hacinadas cárceles del país, está en un limbo que ni siquiera una completa revisión del sistema judicial puede remediar."No lo han acusado de nada. No ha visto a ningún juez. Nadie le dice nada sobre cuándo será llamado a tribunales", dijo Delacruz sobre su marido, 26, Luis Palmero, sospechado de la muerte de un colega en marzo de 2004.
Palmero está encarcelado a pesar de un nuevo código de procedimiento penal, presentado por el presidente Leonel Fernández, que entró en vigor hace siete meses. El código limita la detención sin cargos a 48 horas, prohíbe la tortura y el maltrato de los reclusos y considera a un sospechoso como inocente mientras no se demuestre su culpabilidad.
Pero los tribunales sobrecargados y una purga interna de la policía han impedido que el código sea aplicado retrospectivamente. En principio, reclusos como Palmero todavía deben aparecer ante tribunales. En la práctica, los jueces están demasiado ocupados citando a nuevos sospechosos y el cuerpo de policía demasiado reducido por despidos debidos a acusaciones de brutalidad, soborno y detenciones ilegales como para poder hacer frente a los restos.
En realidad, la policía todavía tiene la primera y última palabra sobre qué pasa con miles de sospechosos.
De acuerdo a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el 66 por ciento de los 13.500 reclusos de las 35 cárceles de República Dominicana son reos preventivos -detenidos y condenados indefinidamente por la policía.
La amplia reforma de la justicia penal lanzada el año pasado tiene por intención romper lo que ha sido un largo monopolio de facto de la Policía Nacional para detener, juzgar y sentenciar a los que cree que son culpables.
La comisión de derechos humanos informa en una evaluación dada a conocer por el ministerio de Asuntos Exteriores de Estados Unidos en febrero que la mayoría de los reclusos preventivos nunca llegan a ver un tribunal. Unos pocos avanzan a la fase de citación, 90 por ciento son dejados en libertad por falta de pruebas.
El grupo también presenta una desoladora imagen de la vida en las prisiones. Las bandas criminales controlan la vida diaria en la mayoría de las instituciones, pidiendo a los reclusos sobornos para obtener alimentos, el uso de una cama o el acceso a atención médica.
En la prisión de La Victoria, la más grande del país, 3.500 reclusos viven en un espacio ideado para 1.000, y hay sólo un colchón por cada 10 reclusos.
Desde que entrara en vigor el código penal el 27 de septiembre, los totales mensuales de nuevos detenidos sin cargo ha disminuido debido a que ahora a la policía se le exige que presente evidencias para mantenerlos en prisión. Pero no se han hecho progresos en la solución de la acumulación de casos de preventivos, que totalizaban 8.910 a mediados de abril.
El jefe de la Policía Nacional, Manuel de Jesús Pérez Sánchez, nombrado en agosto y encargado de limpiar la desprestigiada fuerza, dice que la reforma tomará años y dejará un proceso defectuoso durante la transición. Pero señala algunos avances tangibles.
Los policías están siguiendo cursos de re-adiestramiento, se ha abierto una escuela correccional y se ha inaugurado una nueva cárcel modelo -el primer edificio en décadas. Lo que tomará más tiempo, dice Sánchez, es reeducar al público para que confíe en la policía y colabore con ella en cuestiones de seguridad.
"Lo más importante que necesitamos es cambiar la práctica de la impunidad", dijo el jefe, aludiendo a escándalos como la revelación en el otoño pasado de que la policía normalmente retiene autos robados para su propio uso o reventa. "Queremos una sociedad que no tenga la mentalidad de que ha habido siempre corrupción, de que es de algún modo normal".
La educación pública es también necesaria para explicar a los dominicanos la idea de que los detenidos tienen derechos que deben ser respetados, dijo, refiriéndose a la indiferencia del público hacia los pesares de los reclusos preventivos.
El nuevo código penal exige que los detenidos sin cargos durante seis meses sean puestos en libertad, pero las autoridades dicen que no ocurre por temor a desencadenar protestas.
Manuel Jiménez, guardia de una prisión aquí con 650 presos en un espacio destinado a 200, no pone en duda que las condiciones son duras y el ambiente tenso.
"Todas las cárceles del país tiene el mismo problema -hacinamiento... No ha sido nunca una prioridad, y el gobierno es pobre", dijo Jiménez encogiéndose de hombros.
En todo el Caribe cárceles hacinadas y anticuadas, crecientes tasas de delitos y migraciones de las bandas juveniles se han combinado para provocar motines entre los reclusos.
El peor de los estallidos, el motín e incendio del 7 de marzo iniciado por bandas rivales en la cárcel de Higuey a 90 kilómetros al este de aquí, terminó con la vida de 138 reclusos, la mayoría de ellos preventivos.
En Haití, que comparte la isla de Hispaniola con la República Dominicana, unos 500 presos siguen fugitivos después de la fuga del 19 de febrero.
Incluso en la comunista Cuba al menos dos motines han sido reportados desde marzo por la clandestina Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación cubana.
Daniel Erikson, analista del Caribe para el Diálogo Interamericano en Washington, ve los problemas en las cárceles de la región como el resultado del abandono y falta de financiamiento y la influencia de ex-presidiarios deportados por Estados Unidos.
"Estos son países pequeños, pobres y débiles bajo una tremenda presión económica y altamente vulnerables a desastres naturales", dijo Erikson. "Gestionar el sistema de prisiones cuesta un montón de dinero, y tiende a ser una de las primeras cosas que sufren los recortes, debido a que no constituye un electorado demasiado influyente".
La reforma judicial empezó durante el primer término del presidente Fernández de 1996 a 2000 y fue reforzada con su retorno al cargo en agosto.
Desde la campaña anti-corrupción en el cuerpo de policía empezara en serio a fines del año pasado, han sido despedidos por mala conducta más de 500 agentes, y es probable que otros más sigan.
El ministro del Interior Franklin Almeida Rancier ha intentado remplazar a cerca de un cuarto de los 30.000 empleados de la fuerza, pero ha sido persuadido de hacerlo poco a poco para dar tiempo a que los nuevos cadetes remplacen a los agentes salientes.
También se han organizado grupos de vigilantes en los vecindarios y seminarios sobre la prevención del crimen en un intento de legitimar la imagen de la policía en la comunidad y atraer a reclutas comprometidos con las labores policiales en lugar de enriquecerse a sí mismos, dijo el jefe, Pérez Sánchez.
Los dominicanos dicen que han visto en los últimos meses un mejoramiento de la seguridad y de las condiciones de vida, pero lo atribuyen a la gradual recuperación económica tras una quiebra de la banca hace dos años, que provocó una fulminante inflación. Desde que fuera elegido Fernández en mayo último, el peso se ha recuperado desde 51 a 27 por dólar en lo más álgido del desastre bancario.
"Se habla mucho de limpiar la policía, pero no les confiamos", dijo el taxista Ramón Puerta, recordando los escándalos de corrupción durante la primera administración de Fernández. "Aquí, nunca nada cambia".
Esposas y madres de reclusos se quejan de que la corrupción es muy profunda. Una mujer, en la cola para ver su hijo en la cárcel de aquí, dijo que las familias deben pagar a los guardias para enterarse de las fechas de citación al tribunal, así como por el transporte del recluso hacia el tribunal.
"La gente tiene miedo de hablar. Nos preocupa que puedan maltratar a nuestros hijos", dijo sobre la policía de la prisión la aturdida madre, que no quiso ser identificada.
"¿Cómo podemos confiar en las promesas de los gobiernos?"
28 de abril de 2005
©los angeles times
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alma de una causa perdida
[Reed Johnson] Ernesto Cardenal todavía es el sacerdote poeta de los sandinistas de Nicaragua. Pero sabe que la iglesia y los tiempos se han tornado contra él.
Managua, Nicaragua. El radical sacerdote que una vez se opusiera a la voluntad del Papa Juan Pablo II se ve viejo y frágil, con su inverniza barba y paso arrastrado.
Todavía lleva su boina beatnik, y cuando habla de los días de gloria de los años setenta y ochenta, sus ojos brillan con el ardor de un apóstolo. Pero la incendiaria elocuencia del Padre Ernesto Cardenal no puede quemar esta testaruda idea: que la revolución nicaragüense, la causa a la que sirvió Cardenal con tanta devoción y durante muchos años de sacrificio y sangre derramada, es un fantasma de lo que fue.
Sentado junto a la pared de su sala, con su espeluznante montaje fotográfico de compañeros caídos, Cardenal presenta una callada evaluación de lo que pasó con ese distante sueño revolucionario.
"Ahora puede parecer que no valía la pena, la muerte de nadie", dice Cardenal, sacerdote y uno de los más famosos poetas centroamericanos de los últimos cincuenta años. "Pero en esa época pensábamos que habían muerto por un país mejor, para crear un país mejor".
La revolución que llevó a los izquierdistas sandinistas al poder, y la guerra civil que siguió, mató a decenas de miles y asoló a este país majestuosamente bello. Como escribe Cardenal, 80, en el último volumen de sus memorias, La revolución perdida', a veces las revoluciones tienen un raro modo de volverse contra sus inventores.
Los inventores en este caso eran los miembros del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Nacido como un variopinto movimiento de resistencia, en 1979 los sandinistas dirigieron durante cuatro años el derrocamiento popular de la brutal y corrupta familia Somoza y su dictadura.
Luego lucharon contra los rebeldes contrarrevolucionarios respaldados por Estados Unidos al mismo tiempo que establecieron un nuevo régimen basado en principios socialistas: la redistribución de la propiedad privada entre los pobres y mayor apoyo financiero para la educación y salud públicas.
Cardenal fue ministro de cultura, y organizaba talleres poéticos y artísticos para campesinos, soldados y obreros. Defensor de la teología de la liberación -la doctrina de izquierda de que las enseñanzas de Cristo justifican la acción revolucionaria contra enraizadas injusticias sociales-, Cardenal creía que sus deberes como sacerdote, poeta y sandinista eran esencialmente lo mismo.
En opinión de Cardenal el marxismo era compatible con el orden natural divino -no el "marxismo dogmático y metafísico" de la Unión Soviética, como escribe en La revolución perdida', sino el marxismo "flexible y pluralista" de Nicaragua, que había crecido orgánicamente en el cargado ambiente de volcánicas desigualdades sociales.
Pero el Vaticano no lo veía de esa manera, particularmente el Papa Juan Pablo, que creció a la sombra del espectro del comunismo soviético. En América Latina el pontífice empezó a remplazar a los obispos de izquierdas por conservadores que reprimieron la acción social dentro de la iglesia. El cardenal José Ratzinger, que se transformó en Benedicto XVI la semana pasada, fue el encargado de la doctrina de Juan Pablo, denunciando la teología de la liberación y trabajando desde su oficina en el Vaticano para silenciar a sus partidarios más importantes.
Durante una visita a Managua en1983, el Papa apuntó con un dedo al sacerdote y lo reprimió públicamente. Mientras los cantos de los sandinistas y sus partidarios ahogaban las palabras del Padre Santo, la misa al aire libre se disolvió en un caos. Cardenal fue presionado por la iglesia para que renunciara a su puesto en el gobierno, pero se negó.
Cardenal finalmente fue excluido de la administración de los sacramentos. Su hermano Fernando Cardenal, también sacerdote, era ministro de educación. Fue suspendido de la orden jesuita, pero readmitido más tarde.
En La revolución perdida', Ernesto Cardenal sostiene que la condena de Juan Pablo de los sandinistas mostraba una básica falta de comprensión de los sufridos ciudadanos nicaragüenses. "Es verdad que la gente no tenía respeto por el Papa", escribe, "pero era porque el Papa no tenía respeto por el pueblo".
Interrogado sobre el nuevo Papa en una entrevista la semana pasada en una publicación nicaragüense, Cardenal describió a Benedicto como un "inquisidor" y calificó su elección como una "fatal" decisión de la iglesia.Ahora los sandinistas, que perdieron la presidencia de Nicaragua en 1990, están luchando por recuperar su relevancia política y Juan Pablo yace sepultado en San Pedro. En cuanto a la revolución, Cardenal cree que perdió hace años sus amarras. Está especialmente indignado con Daniel Ortega, el ex jefe militar y presidente sandinista, al que Cardenal acusó de comportarse como un dictador por reprimir la disensión en el partido sandinista y hacer tratos con los antiguos opositores del partido.
Ortega quiere la presidencia por cuarta vez. Y Cardenal apoya al empresario y antiguo alcalde de Managua, Herty Lewites, que pasó en el pasado un año en una cárcel federal de Estados Unidos por traficar armas para los sandinistas. "Espero que Ortega no sea elegido presidente", dijo Cardenal. "Sería un desastre para el país".
Incluso antes de perder el poder, Ortega y la dirigencia sandinista habían perdido a muchos de sus seguidores. Mientras los altos funcionarios del partido vivían en mansiones confiscadas de los compinches de Somoza, los nicaragüenses de a pie vivían atascados en la pobreza y la desesperación.
Las memorias de Cardenal dicen poco sobre otros caros errores del régimen sandinista, tal como la reubicación forzada de los costeños indios misquitos, por la que fue rotundamente condenado.
Entretanto, la teología de la liberación ha perdido seguidores en América Latina. El conservador protestantismo evangélico, no el catolicismo marxista, es la nueva máquina de crecimiento espiritual. En todo el hemisferio sur, una nueva generación de presidentes con trajes de hombre de negocio y de izquierda en países como Argentina, Chile y Brasil han remplazado a los comandantes barbudos en uniforme de faena. "Ganó el capitalismo. Punto", concedió Cardenal en una entrevista con el Miami Herald en 1999. "¿Qué más se puede decir?"
¿Qué entonces del argumento de Cardenal de que los humildes, si van a heredar la Tierra, no pueden siempre poner la otra mejilla? ¿Pasó la era revolucionaria en América Latina?
"No, no ha pasado", dice Cardenal, "porque las condiciones que hicieron posible las revoluciones previas todavía existen -incluso son todavía peores, la injusticia social, la desigualdad, la pobreza y la miseria de la gente, y hacen que las revoluciones sean todavía más necesarias".
La vida de Cardenal es de activa soledad. Gasta gran parte de su tiempo leyendo y escribiendo. Recibe visitantes en casa, pero no usa internet, confiando a una secretaria su extensa correspondencia. Todavía esculpe, una pasión que empezó durante sus años de estudiante en la Universidad de Columbia en Nueva York a fines de los años cuarenta. Muestra con satisfacción a una elegante y abstracta pieza de una planta tropical. Y todavía escribe poesía.
En un país donde los poetas son tratados como estrellas de cine, Cardenal es admirado por su sencilla ingenuidad, innovaciones técnicas y enorme productividad. Su intelecto inquieto, estilo epigramático e inmediatez emocional evocan influencias claves como Walt Whitman, Ezra Pound y William Carlos Williams.
En poemas narrativos más largos, como Con Walker en Nicaragua', sobre William Walker, el mercenario de Tennessee que invadió Nicaragua en los años de 1850 y trató de transformarla en una sociedad esclavista, Cardenal usa el canto para transformar la historia en verso. Evocativo de Viaje de los magos' de T.S. Eliot en su exuberante y simbólica imaginería, y en su punto de vista retrospectivo y embrujado, Con Walker in Nicaragua' es una obra maestra de representación histórica.
Sólo de vez en vez en algunos trabajos posteriores Cardenal busca la polémica. "Es un poeta tan excepcional", escribió el crítico literario Richard Elman en el diario Nation en 1985, "que su ocasional verbosidad y dureza son perdonables".
Los sentimientos enfáticamente mezclados de Cardenal sobre Estados Unidos salen a superficie en muchos de sus poemas, así como en sus últimas memorias. De joven pulió sus creencias cuando vivía en un monasterio trapista en Kentucky, donde se hizo discípulo de Thomas Merton, el monje que era poeta, teólogo y defensor de la justicia social. Aunque su inglés hablado es limitado, ha leído mucho en ese idioma y traducido poesía en lengua inglesa al español. "La poesía americana me ha influido más que la de cualquier otro país", dice.
Pero traza una distinción ente el pueblo americano y su cultura, que admira, y el "invasor imperialista" que cree que causó tanto dolor a su país. "El gobierno de Estados Unidos es el gobierno más terrorista del mundo", dice, mencionando en el embargo de los años ochenta que destruyó la economía nicaragüense.
También separa la "buena globalización", que define como el achicamiento del mundo en un lugar más pequeño donde "la humanidad se encuentre más a sí misma y tenga más relaciones", de la globalización de tipo puramente económico que existe para ampliar los mercados de consumidores. Un chorro de inversiones extranjeras no logró sacar a las clases bajas de la miseria en Nicaragua, dice, a pesar de un puñado de nuevos centros comerciales, bancos y gasolineras en cruces de calles de otro modo vacías.
De todos modos, esta tarde no quiere recordar el pasado. En unas horas, anuncia, saldrá hacia Masaya, un bastión sandinista a unos 40 minutos al sudeste de Managua, para dar un discurso en una manifestación para el esperanzado candidato presidencial Lewites.
Bajo un abrasador sol de domingo por la tarde, una ferviente multitud emperifollada en chaquetas de camuflaje del ejército y sombreros con imágenes del Che Guevara hormiguean junto a un enorme podio, comiendo tajadas de sandía y ondeando banderas rojinegras. Alguien que llegara repentinamente a la escena pensaría que ha retrocedido 20 años en el tiempo.
Un partidario de Lewites, Manuel Carlos López, 30, está sentado en una muralla de piedra dando la espalda a las oscuras aguas de la Laguna de Masaya, escuchando el viejo himno sandinista. "Nicaragua necesita democracia", dice López. "No necesitamos comunismo. Estamos hasta la tusa de la guerra. No creemos en la guerra. Creemos en la paz".
Un grupo de rap sube al escenario para animar a la muchedumbre. Uno de sus miembros, Marvin Blanco, 20, dice que los apasionados poemas de Cardenal influyeron en la generación hip-hop de su país. "Lo escucho hablar sobre la tierra de Nicaragua, sobre nuestro paisaje, agua, historia".
Mientras Blanco habla, una caravana de coches se aparece por detrás del escenario, desembarcando a Cardenal, Lewites y un séquito de ayudantes. Un anunciador introduce a "nuestro poeta revolucionario, el orgullo del pueblo nicaragüense" y Cardenal se acerca al atril.
Entonces empieza a leer algunos versos de Canto Nacional', un extenso trabajo dedicado al Frente Sandinista que alterna un juego de palabras en jerga con cáusticas referencias a la General Motors y a "los Money Managers" de Wall Street y versos del Libro de Jeremías.
"Fuera, fuera, fuera, yanquis", entona Cardenal con su mejor voz de profeta del Viejo Testamento. Cuando Cardenal termina, la multitud rompe en vítores y aplausos.
El mensaje en boca del viejo sacerdote es todavía lírico y fuerte: La revolución ha muerto, ¡viva la revolución!"
28 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"
Todavía lleva su boina beatnik, y cuando habla de los días de gloria de los años setenta y ochenta, sus ojos brillan con el ardor de un apóstolo. Pero la incendiaria elocuencia del Padre Ernesto Cardenal no puede quemar esta testaruda idea: que la revolución nicaragüense, la causa a la que sirvió Cardenal con tanta devoción y durante muchos años de sacrificio y sangre derramada, es un fantasma de lo que fue.
Sentado junto a la pared de su sala, con su espeluznante montaje fotográfico de compañeros caídos, Cardenal presenta una callada evaluación de lo que pasó con ese distante sueño revolucionario.
"Ahora puede parecer que no valía la pena, la muerte de nadie", dice Cardenal, sacerdote y uno de los más famosos poetas centroamericanos de los últimos cincuenta años. "Pero en esa época pensábamos que habían muerto por un país mejor, para crear un país mejor".
La revolución que llevó a los izquierdistas sandinistas al poder, y la guerra civil que siguió, mató a decenas de miles y asoló a este país majestuosamente bello. Como escribe Cardenal, 80, en el último volumen de sus memorias, La revolución perdida', a veces las revoluciones tienen un raro modo de volverse contra sus inventores.
Los inventores en este caso eran los miembros del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Nacido como un variopinto movimiento de resistencia, en 1979 los sandinistas dirigieron durante cuatro años el derrocamiento popular de la brutal y corrupta familia Somoza y su dictadura.
Luego lucharon contra los rebeldes contrarrevolucionarios respaldados por Estados Unidos al mismo tiempo que establecieron un nuevo régimen basado en principios socialistas: la redistribución de la propiedad privada entre los pobres y mayor apoyo financiero para la educación y salud públicas.
Cardenal fue ministro de cultura, y organizaba talleres poéticos y artísticos para campesinos, soldados y obreros. Defensor de la teología de la liberación -la doctrina de izquierda de que las enseñanzas de Cristo justifican la acción revolucionaria contra enraizadas injusticias sociales-, Cardenal creía que sus deberes como sacerdote, poeta y sandinista eran esencialmente lo mismo.
En opinión de Cardenal el marxismo era compatible con el orden natural divino -no el "marxismo dogmático y metafísico" de la Unión Soviética, como escribe en La revolución perdida', sino el marxismo "flexible y pluralista" de Nicaragua, que había crecido orgánicamente en el cargado ambiente de volcánicas desigualdades sociales.
Pero el Vaticano no lo veía de esa manera, particularmente el Papa Juan Pablo, que creció a la sombra del espectro del comunismo soviético. En América Latina el pontífice empezó a remplazar a los obispos de izquierdas por conservadores que reprimieron la acción social dentro de la iglesia. El cardenal José Ratzinger, que se transformó en Benedicto XVI la semana pasada, fue el encargado de la doctrina de Juan Pablo, denunciando la teología de la liberación y trabajando desde su oficina en el Vaticano para silenciar a sus partidarios más importantes.
Durante una visita a Managua en1983, el Papa apuntó con un dedo al sacerdote y lo reprimió públicamente. Mientras los cantos de los sandinistas y sus partidarios ahogaban las palabras del Padre Santo, la misa al aire libre se disolvió en un caos. Cardenal fue presionado por la iglesia para que renunciara a su puesto en el gobierno, pero se negó.
Cardenal finalmente fue excluido de la administración de los sacramentos. Su hermano Fernando Cardenal, también sacerdote, era ministro de educación. Fue suspendido de la orden jesuita, pero readmitido más tarde.
En La revolución perdida', Ernesto Cardenal sostiene que la condena de Juan Pablo de los sandinistas mostraba una básica falta de comprensión de los sufridos ciudadanos nicaragüenses. "Es verdad que la gente no tenía respeto por el Papa", escribe, "pero era porque el Papa no tenía respeto por el pueblo".
Interrogado sobre el nuevo Papa en una entrevista la semana pasada en una publicación nicaragüense, Cardenal describió a Benedicto como un "inquisidor" y calificó su elección como una "fatal" decisión de la iglesia.Ahora los sandinistas, que perdieron la presidencia de Nicaragua en 1990, están luchando por recuperar su relevancia política y Juan Pablo yace sepultado en San Pedro. En cuanto a la revolución, Cardenal cree que perdió hace años sus amarras. Está especialmente indignado con Daniel Ortega, el ex jefe militar y presidente sandinista, al que Cardenal acusó de comportarse como un dictador por reprimir la disensión en el partido sandinista y hacer tratos con los antiguos opositores del partido.
Ortega quiere la presidencia por cuarta vez. Y Cardenal apoya al empresario y antiguo alcalde de Managua, Herty Lewites, que pasó en el pasado un año en una cárcel federal de Estados Unidos por traficar armas para los sandinistas. "Espero que Ortega no sea elegido presidente", dijo Cardenal. "Sería un desastre para el país".
Incluso antes de perder el poder, Ortega y la dirigencia sandinista habían perdido a muchos de sus seguidores. Mientras los altos funcionarios del partido vivían en mansiones confiscadas de los compinches de Somoza, los nicaragüenses de a pie vivían atascados en la pobreza y la desesperación.
Las memorias de Cardenal dicen poco sobre otros caros errores del régimen sandinista, tal como la reubicación forzada de los costeños indios misquitos, por la que fue rotundamente condenado.
Entretanto, la teología de la liberación ha perdido seguidores en América Latina. El conservador protestantismo evangélico, no el catolicismo marxista, es la nueva máquina de crecimiento espiritual. En todo el hemisferio sur, una nueva generación de presidentes con trajes de hombre de negocio y de izquierda en países como Argentina, Chile y Brasil han remplazado a los comandantes barbudos en uniforme de faena. "Ganó el capitalismo. Punto", concedió Cardenal en una entrevista con el Miami Herald en 1999. "¿Qué más se puede decir?"
¿Qué entonces del argumento de Cardenal de que los humildes, si van a heredar la Tierra, no pueden siempre poner la otra mejilla? ¿Pasó la era revolucionaria en América Latina?
"No, no ha pasado", dice Cardenal, "porque las condiciones que hicieron posible las revoluciones previas todavía existen -incluso son todavía peores, la injusticia social, la desigualdad, la pobreza y la miseria de la gente, y hacen que las revoluciones sean todavía más necesarias".
La vida de Cardenal es de activa soledad. Gasta gran parte de su tiempo leyendo y escribiendo. Recibe visitantes en casa, pero no usa internet, confiando a una secretaria su extensa correspondencia. Todavía esculpe, una pasión que empezó durante sus años de estudiante en la Universidad de Columbia en Nueva York a fines de los años cuarenta. Muestra con satisfacción a una elegante y abstracta pieza de una planta tropical. Y todavía escribe poesía.
En un país donde los poetas son tratados como estrellas de cine, Cardenal es admirado por su sencilla ingenuidad, innovaciones técnicas y enorme productividad. Su intelecto inquieto, estilo epigramático e inmediatez emocional evocan influencias claves como Walt Whitman, Ezra Pound y William Carlos Williams.
En poemas narrativos más largos, como Con Walker en Nicaragua', sobre William Walker, el mercenario de Tennessee que invadió Nicaragua en los años de 1850 y trató de transformarla en una sociedad esclavista, Cardenal usa el canto para transformar la historia en verso. Evocativo de Viaje de los magos' de T.S. Eliot en su exuberante y simbólica imaginería, y en su punto de vista retrospectivo y embrujado, Con Walker in Nicaragua' es una obra maestra de representación histórica.
Sólo de vez en vez en algunos trabajos posteriores Cardenal busca la polémica. "Es un poeta tan excepcional", escribió el crítico literario Richard Elman en el diario Nation en 1985, "que su ocasional verbosidad y dureza son perdonables".
Los sentimientos enfáticamente mezclados de Cardenal sobre Estados Unidos salen a superficie en muchos de sus poemas, así como en sus últimas memorias. De joven pulió sus creencias cuando vivía en un monasterio trapista en Kentucky, donde se hizo discípulo de Thomas Merton, el monje que era poeta, teólogo y defensor de la justicia social. Aunque su inglés hablado es limitado, ha leído mucho en ese idioma y traducido poesía en lengua inglesa al español. "La poesía americana me ha influido más que la de cualquier otro país", dice.
Pero traza una distinción ente el pueblo americano y su cultura, que admira, y el "invasor imperialista" que cree que causó tanto dolor a su país. "El gobierno de Estados Unidos es el gobierno más terrorista del mundo", dice, mencionando en el embargo de los años ochenta que destruyó la economía nicaragüense.
También separa la "buena globalización", que define como el achicamiento del mundo en un lugar más pequeño donde "la humanidad se encuentre más a sí misma y tenga más relaciones", de la globalización de tipo puramente económico que existe para ampliar los mercados de consumidores. Un chorro de inversiones extranjeras no logró sacar a las clases bajas de la miseria en Nicaragua, dice, a pesar de un puñado de nuevos centros comerciales, bancos y gasolineras en cruces de calles de otro modo vacías.
De todos modos, esta tarde no quiere recordar el pasado. En unas horas, anuncia, saldrá hacia Masaya, un bastión sandinista a unos 40 minutos al sudeste de Managua, para dar un discurso en una manifestación para el esperanzado candidato presidencial Lewites.
Bajo un abrasador sol de domingo por la tarde, una ferviente multitud emperifollada en chaquetas de camuflaje del ejército y sombreros con imágenes del Che Guevara hormiguean junto a un enorme podio, comiendo tajadas de sandía y ondeando banderas rojinegras. Alguien que llegara repentinamente a la escena pensaría que ha retrocedido 20 años en el tiempo.
Un partidario de Lewites, Manuel Carlos López, 30, está sentado en una muralla de piedra dando la espalda a las oscuras aguas de la Laguna de Masaya, escuchando el viejo himno sandinista. "Nicaragua necesita democracia", dice López. "No necesitamos comunismo. Estamos hasta la tusa de la guerra. No creemos en la guerra. Creemos en la paz".
Un grupo de rap sube al escenario para animar a la muchedumbre. Uno de sus miembros, Marvin Blanco, 20, dice que los apasionados poemas de Cardenal influyeron en la generación hip-hop de su país. "Lo escucho hablar sobre la tierra de Nicaragua, sobre nuestro paisaje, agua, historia".
Mientras Blanco habla, una caravana de coches se aparece por detrás del escenario, desembarcando a Cardenal, Lewites y un séquito de ayudantes. Un anunciador introduce a "nuestro poeta revolucionario, el orgullo del pueblo nicaragüense" y Cardenal se acerca al atril.
Entonces empieza a leer algunos versos de Canto Nacional', un extenso trabajo dedicado al Frente Sandinista que alterna un juego de palabras en jerga con cáusticas referencias a la General Motors y a "los Money Managers" de Wall Street y versos del Libro de Jeremías.
"Fuera, fuera, fuera, yanquis", entona Cardenal con su mejor voz de profeta del Viejo Testamento. Cuando Cardenal termina, la multitud rompe en vítores y aplausos.
El mensaje en boca del viejo sacerdote es todavía lírico y fuerte: La revolución ha muerto, ¡viva la revolución!"
28 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
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de populista a paria
[Monte Reel] Gutiérrez bajó en los puntajes de opinión previos a su exilio de 54 a 4 por ciento.
Quito, Ecuador. El ex presidente Lucio Gutiérrez, escondido hasta el viernes en la embajada brasileña con guardias armados custodiando su perímetro, no fue siempre el paria político que esta semana inspiró disturbios callejeros y un voto en el Parlamento para destituirlo.
Luis Macas recuerda cómo Gutiérrez lo convenció antes de las elecciones de 2002 con promesas de reprimir la endémica corrupción de Ecuador y ayudar a las comunidades indígenas a las que pertenece Macas y cerca del 40 por ciento de la población de Ecuador. Macas aceptó el cargo de Gutiérrez como ministro de Agricultura y tenía grandes esperanzas de su gobierno.
Entonces su alianza se rompió, irrevocablemente.
"La ruptura ocurrió precisamente en agosto de 2003", dijo Macas en la sede de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, que él dirige. "Lo peor que hizo fue iniciar negociaciones" con el Fondo Monetario Internacional.
Miles de ecuatorianos sintieron una desilusión similar, aunque sus motivos varían ampliamente. Muchos concordaron en que Gutiérrez se sometió a la presión de prestamistas extranjeros, llevándolo a sacrificar el gasto en programas sociales para abonar la deuda del país. Algunos reprocharon su respaldo al Plan Colombia, la guerra de las fuerzas armadas estadounidenses contra el tráfico de drogas en la vecina Colombia. Algunos dicen que se hizo amiguista; otros, que su propio poder lo tenía intoxicado.
Cualquiera las razones, dejaron de llamarlo populista y empezaron a llamarlo dictador. Los sondeos de opinión locales sugieren que el 54 por ciento que obtuvo en las elecciones de 2002 cayó a 4 por ciento.
El miércoles, la indignación que provocó alimentó la violencia en las calles de la capital. Para muchos el cambio de opinión se extendió a cualquiera asociado con su gobierno.
Vladimir Portilla, 39, un hombre de negocios, estaba parado frente a la embajada brasileña el viernes con un pequeño grupo de manifestantes exigiendo que Gutiérrez fuera detenido en lugar de que se marchara al exilio en Brasil. El miércoles, Portilla, esposa e hijo se encontraban entre los que estaban en la calle exigiendo el derrocamiento de Gutiérrez. Ahora le gustaría que despidieran a todos los miembros del Congreso -incluso a los que votaron para sacar a Gutiérrez.
"Todo lo que queremos es un gobierno que no sea corrupto", dijo Portilla. "La gente de Quito tiene la obligación moral y ética de limpiar el gobierno. No aceptaremos a un dictador, ni por un segundo".
La popularidad de Gutiérrez ha estado erosionándose desde hace más de un año y empezó a tocar fondo en los últimos cuatro meses. En noviembre, sobrevivió apenas un intento de inhabilitación en el Congreso. Luego despidió a la Corte Suprema, acusándola de parcialidad política. Una corte recién nombrada otorgó inmunidad a varios exiliados políticos acusados de corrupción, abriendo este mes la puerta para que retornara a Ecuador el ex presidente Abdala Bucaram.
Los detractores dicen que Gutiérrez hizo un trato con Bucaram, al que Gutiérrez sirvió como militar. Para aplacar a los manifestantes, Gutiérrez volvió a despedir a la Corte Suprema el viernes. Pero las protestas se intensificaron, culminando en el incendio de edificios ministeriales y las golpizas de empleados y funcionarios de gobierno en las calles.
"La clase política está completamente desacreditada", dijo esta semana Paco Moncayo, alcalde de Quito, que dirigió las protestas contra Gutiérrez.
Gutiérrez se refugió en la embajada brasileña el miércoles. Brasil le otorgó asilo político el jueves.
Gutiérrez, un mestizo de una ciudad amazónica a cinco horas al sudeste de Quito, ha dicho que los pobres urbanos y rurales son su base de apoyo. Eduardo Carbajal, 62, dijo que se identificaba con el ex presidente, aunque concedió que Gutiérrez había cometido errores.
"Tiene orígenes humildes, y yo también tengo orígenes humildes", dijo Carbajal. "Yo confiaba en Gutiérrez. Creo que violó la Constitución" al disolver a la Corte Suprema, continuó Carbajal, "pero eso fue porque tenía malos consejeros".
Christian Morales, 17, un indígena ecuatoriano de la ciudad de Otavalo, dijo que él continuaría apoyando a Gutiérrez y oponiéndose a Palacio porque el ex presidente era un hombre de un pueblo provincial que llegó a ser presidente del país -una rareza en un país de 13 millones.
"La mayoría de los presidentes pasados de Ecuador sólo hacían cosas por las ciudades, no por las áreas rurales", dijo Morales. Pero Gutiérrez "no hizo casi nada en las ciudades y trabajaba en pequeñas ciudades".
Esas opiniones comprensivas son raras en Quito, donde se concentraba la mayoría de la oposición. Marta Tigusi, 28, una vendedora callejera indígena de una provincia a cuatro horas al sur de Quito que vende artesanías en un mercado artesanal de Quito. Dijo que aunque ella apoyaba a Gutiérrez cuando fue elegido, ahora lo ve como un hombre que rompió sus promesas.
"Al principio hablaba de los pobres, pero luego tomó el lado de los ricos", dijo. "Entonces perdimos la confianza en él".
Christopher Sacco contribuyó a este reportaje.
27 de abril de 2005
23 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
Quito, Ecuador. El ex presidente Lucio Gutiérrez, escondido hasta el viernes en la embajada brasileña con guardias armados custodiando su perímetro, no fue siempre el paria político que esta semana inspiró disturbios callejeros y un voto en el Parlamento para destituirlo.Luis Macas recuerda cómo Gutiérrez lo convenció antes de las elecciones de 2002 con promesas de reprimir la endémica corrupción de Ecuador y ayudar a las comunidades indígenas a las que pertenece Macas y cerca del 40 por ciento de la población de Ecuador. Macas aceptó el cargo de Gutiérrez como ministro de Agricultura y tenía grandes esperanzas de su gobierno.
Entonces su alianza se rompió, irrevocablemente.
"La ruptura ocurrió precisamente en agosto de 2003", dijo Macas en la sede de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, que él dirige. "Lo peor que hizo fue iniciar negociaciones" con el Fondo Monetario Internacional.
Miles de ecuatorianos sintieron una desilusión similar, aunque sus motivos varían ampliamente. Muchos concordaron en que Gutiérrez se sometió a la presión de prestamistas extranjeros, llevándolo a sacrificar el gasto en programas sociales para abonar la deuda del país. Algunos reprocharon su respaldo al Plan Colombia, la guerra de las fuerzas armadas estadounidenses contra el tráfico de drogas en la vecina Colombia. Algunos dicen que se hizo amiguista; otros, que su propio poder lo tenía intoxicado.
Cualquiera las razones, dejaron de llamarlo populista y empezaron a llamarlo dictador. Los sondeos de opinión locales sugieren que el 54 por ciento que obtuvo en las elecciones de 2002 cayó a 4 por ciento.
El miércoles, la indignación que provocó alimentó la violencia en las calles de la capital. Para muchos el cambio de opinión se extendió a cualquiera asociado con su gobierno.
Vladimir Portilla, 39, un hombre de negocios, estaba parado frente a la embajada brasileña el viernes con un pequeño grupo de manifestantes exigiendo que Gutiérrez fuera detenido en lugar de que se marchara al exilio en Brasil. El miércoles, Portilla, esposa e hijo se encontraban entre los que estaban en la calle exigiendo el derrocamiento de Gutiérrez. Ahora le gustaría que despidieran a todos los miembros del Congreso -incluso a los que votaron para sacar a Gutiérrez.
"Todo lo que queremos es un gobierno que no sea corrupto", dijo Portilla. "La gente de Quito tiene la obligación moral y ética de limpiar el gobierno. No aceptaremos a un dictador, ni por un segundo".
La popularidad de Gutiérrez ha estado erosionándose desde hace más de un año y empezó a tocar fondo en los últimos cuatro meses. En noviembre, sobrevivió apenas un intento de inhabilitación en el Congreso. Luego despidió a la Corte Suprema, acusándola de parcialidad política. Una corte recién nombrada otorgó inmunidad a varios exiliados políticos acusados de corrupción, abriendo este mes la puerta para que retornara a Ecuador el ex presidente Abdala Bucaram.
Los detractores dicen que Gutiérrez hizo un trato con Bucaram, al que Gutiérrez sirvió como militar. Para aplacar a los manifestantes, Gutiérrez volvió a despedir a la Corte Suprema el viernes. Pero las protestas se intensificaron, culminando en el incendio de edificios ministeriales y las golpizas de empleados y funcionarios de gobierno en las calles.
"La clase política está completamente desacreditada", dijo esta semana Paco Moncayo, alcalde de Quito, que dirigió las protestas contra Gutiérrez.
Gutiérrez se refugió en la embajada brasileña el miércoles. Brasil le otorgó asilo político el jueves.
Gutiérrez, un mestizo de una ciudad amazónica a cinco horas al sudeste de Quito, ha dicho que los pobres urbanos y rurales son su base de apoyo. Eduardo Carbajal, 62, dijo que se identificaba con el ex presidente, aunque concedió que Gutiérrez había cometido errores.
"Tiene orígenes humildes, y yo también tengo orígenes humildes", dijo Carbajal. "Yo confiaba en Gutiérrez. Creo que violó la Constitución" al disolver a la Corte Suprema, continuó Carbajal, "pero eso fue porque tenía malos consejeros".
Christian Morales, 17, un indígena ecuatoriano de la ciudad de Otavalo, dijo que él continuaría apoyando a Gutiérrez y oponiéndose a Palacio porque el ex presidente era un hombre de un pueblo provincial que llegó a ser presidente del país -una rareza en un país de 13 millones.
"La mayoría de los presidentes pasados de Ecuador sólo hacían cosas por las ciudades, no por las áreas rurales", dijo Morales. Pero Gutiérrez "no hizo casi nada en las ciudades y trabajaba en pequeñas ciudades".
Esas opiniones comprensivas son raras en Quito, donde se concentraba la mayoría de la oposición. Marta Tigusi, 28, una vendedora callejera indígena de una provincia a cuatro horas al sur de Quito que vende artesanías en un mercado artesanal de Quito. Dijo que aunque ella apoyaba a Gutiérrez cuando fue elegido, ahora lo ve como un hombre que rompió sus promesas.
"Al principio hablaba de los pobres, pero luego tomó el lado de los ricos", dijo. "Entonces perdimos la confianza en él".
Christopher Sacco contribuyó a este reportaje.
27 de abril de 2005
23 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
bush contra venezuela
[Juan Forero] Estados Unidos considera endurecer su posición hacia Venezuela.
Mientras el presidente Hugo Chávez, de Venezuela, se orienta hacia un enfrentamiento mayor con Washington, el gobierno de Bush está considerando una política más dura, incluyendo canalizar dinero hacia fundaciones y grupos empresariales y políticos que se oponen al gobierno de izquierda, dijeron hoy funcionarios estadounidenses.
El gobierno de Bush ya ha empezado a urgir a los vecinos de Venezuela a que se distancien de Chávez y expresado preocupación sobre la libertad de prensa, la independencia del poder judicial y la simpatía del gobierno de Venezuela hacia grupos izquierdistas extranjeros, entre ellos las guerrillas colombianas.
Pero de momento no ha encontrado aliados en sus intentos de aislar al presidente venezolano, y muestra cada vez más su frustración por los estridentes estallidos y medidas antinorteamericanas de Chávez, que parecen destinadas a desafiar a Washington. El domingo, Chávez puso fin a 35 años de acuerdo de cooperación militar y ordenó acusar a cuatro instructores estadounidenses de fomentar los disturbios.
La acusación, que fue rechazada por funcionarios norteamericanos, fue el último golpe a las relaciones, que se han estropeado desde que Estados Unidos apoyara tácitamente el golpe que estado que derrocó brevemente a Chávez en abril de 2002. Desde entonces su poder ha crecido. Ganó las elecciones en agosto pasado y los precios récord del petróleo han proporcionado a su gobierno un enorme flujo de dinero, ya que el petróleo constituye el 15 por ciento de las importaciones norteamericanas.
Funcionarios norteamericanos que han preferido ignorar a Chávez durante gran parte del año pasado, ahora reconocen la necesidad de una estrategia de largo plazo para enfrentarse al presidente, que se supone que ganará un segundo mandato en las elecciones del próximo año.
Fuerzas especiales de varias agencias en Washington están trabajando en dar forma a un nuevo enfoque, que personeros norteamericanos dicen que se inclinará por una postura más dura. El apoyo de Estados Unidos a grupos que los partidarios de Chávez dicen que se oponen al gobierno ha sido una fuente de tensión en el pasado. Según los planes que están siendo considerados, dijeron funcionarios norteamericanos, ese apoyo puede aumentar.
"La conclusión a la que se está llegando en Washington es que una relación realista y pragmática, en la que podemos acordar estar en desacuerdo en algunos temas pero avancemos en otros, no parece posible", dijo un funcionario estadounidense que ayuda a orientar la política exterior en América Latina.
El funcionario agregó: "Hemos ofrecido una relación más pragmática, pero obviamente si ellos no quieren, podemos adoptar una posición de más confrontación".
Desde ya, los programas anti-narcóticos han sido afectados, observaron funcionarios norteamericanos, y las reuniones entre funcionarios de alto nivel de los dos países son mínimas.
"Lo que ocurre aquí es que se dieron cuenta de que esto se está deteriorando rápidamente y hay que prestarle más atención", dijo un asesor republicano en el Capitolio que trabaja en política exterior latinoamericana. "La actual política de hacer la vista gorda no está funcionando".
Estados Unidos, dijo, está especialmente preocupado porque Venezuela es uno de los cuatro proveedores de petróleo más importantes de Estados Unidos. "No lo podemos descartar", dijo el ayudante sobre Chávez. "Está sentado en una fuente de energía que es crucial para nosotros".
Un problema importante para Estados Unidos es que Washington tiene poca, si acaso, influencia en Caracas. El alto precio del petróleo permite que Venezuela no necesite préstamos ni otros tipos de ayuda que Estados Unidos pudiera usar como palanca.
Tampoco cuenta el gobierno de Bush con demasiado apoyo en América Latina, donde presidentes de izquierda gobiernan ahora dos tercios del continente. La ministro de Asuntos Exteriores Condoleezza Rice expresará su preocupación por Venezuela en una gira por cuatro países en esta región esta semana. Analistas políticos dicen que tendrá dificultades en encontrar apoyo.
En un viaje reciente a Brasil el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld expresó públicamente su preocupación por Chávez. Días después, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, en una reunión en Venezuela con Chávez y los presidentes de Colombia y Argentina, dijo mordazmente: "No aceptamos las difamaciones e insinuaciones contra un compañero".
"Venezuela tiene derecho a ser un país soberano, a tomar sus propias decisiones", agregó.
Por su parte, Chávez, que es famoso por sus discursos enmarañados y a menudo escandalosos, se ha mostrado cada vez más beligerante, usando su posición antinorteamericana para reforzar su apoyo popular. Ha acusado a Estados Unidos de planear una invasión, y ha amenazado con cortar las ventas de petróleo, lanzando insultos sexualmente teñidos contra la ministro Rice.
Mientras otros funcionarios venezolanos enfatizan que la venta de petróleo a Estados Unidos no cesará nunca, los nuevos lazos energéticos entre Venezuela y China han preocupado a Washington, como también la reciente reunión de Chávez con el presidente Mohammad Khatami, de Irán, que ha declarado que "tiene todo el derecho" a desarrollar su programa de energía atómica.
Chávez está también formando una milicia popular que dice que tendrá eventualmente dos millones de miembros y tiene planes de comprar 100.000 rifles de asalto AK-47 a Rusia y aviones de guerra en Brasil.
"Todos los gobiernos reconocen el carácter democrático del gobierno de Venezuela, su vocación pacífica, y quieren tener relaciones con Venezuela, con sólo una excepción, la de Estados Unidos", dijo Alí Rodríguez, ministro de Asuntos Exteriores de Venezuela, en una entrevista. "Han hecho lo posible por aislar a Venezuela, pero ningún gobierno está con ellos. Han fracasado y es porque no hay razón alguna para aislar a Venezuela".
En realidad, muchos de los países más grandes de América Latina no ven las ventajas de enfrentarse con Chávez, ni apoyan el aislamiento de Cuba. Venezuela proporciona petróleo por debajo de los precios de mercado y tiene numerosos acuerdos económicos lucrativos con decenas de países. Muchos tampoco quieren ganarse la enemistad de sus propios electorados izquierdistas, que son partidarios de Chávez.
"Los otros países no quieren verse involucrados en una polémica entre Venezuela y Estados Unidos", dijo Jennifer L. McCoy, una experta venezolana de la Universidad del Estado de Georgia que encabezó el año pasado la misión de observadores de las elecciones del Centro Carter en Caracas. "Es una estrategia contraproducente, que podría resultar en una reacción latinoamericana negativa si fueran obligados a tomar posiciones".
Muchos demócratas influyentes en el Congreso también se oponen a una política más agresiva. "Creo que causa más distanciamiento", dijo el parlamentario Bill Delahunt, demócrata de Massachusetts y miembro del Comité de la Cámara para las Relaciones Internacionales, que se ha reunido varias veces con Chávez. "Uno no puede eludir el hecho de que Chávez es un presidente elegido democráticamente".
Pero los asesores de política exterior del gobierno de Bush dicen que los esfuerzos por remendar las relaciones con Venezuela han fracasado en gran parte.
El embajador norteamericano, William Brownfield, que asumió en Caracas en septiembre, gastó infructíferos meses antes de conseguir una reunión con Rodríguez. Las peticiones de reuniones con otros ministros e incluso con funcionarios de nivel medio con normalmente ignoradas y Venezuela ha cancelado docenas de programas de intercambio con Estados Unidos.
La opción que los funcionarios de gobierno creen cada vez más que tienen, es responder de manera mucho más asertiva y pública a las políticas de Venezuela que no son del agrado de Estados Unidos, en el mejor de los casos con ayuda de otros países e instituciones respetadas como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
"No deberíamos tener miedo de decir que está suprimiendo las libertades, en absoluto", dijo al Comité de Relaciones Exteriores del Senado en febrero Robert B. Zoellick, ahora subsecretario de estado.
Funcionarios del ministerio de Asuntos Exteriores de Venezuela dicen que todavía tienen la esperanza de las relaciones puedan mejorar. "Para tener relaciones sanas con Estados Unidos no ponemos más que una condición", dijo la vice-ministro Mari Pili Hernández, que se ocupa de las relaciones con Washington. "Se llama respeto".
26 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh
Mientras el presidente Hugo Chávez, de Venezuela, se orienta hacia un enfrentamiento mayor con Washington, el gobierno de Bush está considerando una política más dura, incluyendo canalizar dinero hacia fundaciones y grupos empresariales y políticos que se oponen al gobierno de izquierda, dijeron hoy funcionarios estadounidenses.El gobierno de Bush ya ha empezado a urgir a los vecinos de Venezuela a que se distancien de Chávez y expresado preocupación sobre la libertad de prensa, la independencia del poder judicial y la simpatía del gobierno de Venezuela hacia grupos izquierdistas extranjeros, entre ellos las guerrillas colombianas.
Pero de momento no ha encontrado aliados en sus intentos de aislar al presidente venezolano, y muestra cada vez más su frustración por los estridentes estallidos y medidas antinorteamericanas de Chávez, que parecen destinadas a desafiar a Washington. El domingo, Chávez puso fin a 35 años de acuerdo de cooperación militar y ordenó acusar a cuatro instructores estadounidenses de fomentar los disturbios.
La acusación, que fue rechazada por funcionarios norteamericanos, fue el último golpe a las relaciones, que se han estropeado desde que Estados Unidos apoyara tácitamente el golpe que estado que derrocó brevemente a Chávez en abril de 2002. Desde entonces su poder ha crecido. Ganó las elecciones en agosto pasado y los precios récord del petróleo han proporcionado a su gobierno un enorme flujo de dinero, ya que el petróleo constituye el 15 por ciento de las importaciones norteamericanas.
Funcionarios norteamericanos que han preferido ignorar a Chávez durante gran parte del año pasado, ahora reconocen la necesidad de una estrategia de largo plazo para enfrentarse al presidente, que se supone que ganará un segundo mandato en las elecciones del próximo año.
Fuerzas especiales de varias agencias en Washington están trabajando en dar forma a un nuevo enfoque, que personeros norteamericanos dicen que se inclinará por una postura más dura. El apoyo de Estados Unidos a grupos que los partidarios de Chávez dicen que se oponen al gobierno ha sido una fuente de tensión en el pasado. Según los planes que están siendo considerados, dijeron funcionarios norteamericanos, ese apoyo puede aumentar.
"La conclusión a la que se está llegando en Washington es que una relación realista y pragmática, en la que podemos acordar estar en desacuerdo en algunos temas pero avancemos en otros, no parece posible", dijo un funcionario estadounidense que ayuda a orientar la política exterior en América Latina.
El funcionario agregó: "Hemos ofrecido una relación más pragmática, pero obviamente si ellos no quieren, podemos adoptar una posición de más confrontación".
Desde ya, los programas anti-narcóticos han sido afectados, observaron funcionarios norteamericanos, y las reuniones entre funcionarios de alto nivel de los dos países son mínimas.
"Lo que ocurre aquí es que se dieron cuenta de que esto se está deteriorando rápidamente y hay que prestarle más atención", dijo un asesor republicano en el Capitolio que trabaja en política exterior latinoamericana. "La actual política de hacer la vista gorda no está funcionando".
Estados Unidos, dijo, está especialmente preocupado porque Venezuela es uno de los cuatro proveedores de petróleo más importantes de Estados Unidos. "No lo podemos descartar", dijo el ayudante sobre Chávez. "Está sentado en una fuente de energía que es crucial para nosotros".
Un problema importante para Estados Unidos es que Washington tiene poca, si acaso, influencia en Caracas. El alto precio del petróleo permite que Venezuela no necesite préstamos ni otros tipos de ayuda que Estados Unidos pudiera usar como palanca.
Tampoco cuenta el gobierno de Bush con demasiado apoyo en América Latina, donde presidentes de izquierda gobiernan ahora dos tercios del continente. La ministro de Asuntos Exteriores Condoleezza Rice expresará su preocupación por Venezuela en una gira por cuatro países en esta región esta semana. Analistas políticos dicen que tendrá dificultades en encontrar apoyo.
En un viaje reciente a Brasil el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld expresó públicamente su preocupación por Chávez. Días después, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, en una reunión en Venezuela con Chávez y los presidentes de Colombia y Argentina, dijo mordazmente: "No aceptamos las difamaciones e insinuaciones contra un compañero".
"Venezuela tiene derecho a ser un país soberano, a tomar sus propias decisiones", agregó.
Por su parte, Chávez, que es famoso por sus discursos enmarañados y a menudo escandalosos, se ha mostrado cada vez más beligerante, usando su posición antinorteamericana para reforzar su apoyo popular. Ha acusado a Estados Unidos de planear una invasión, y ha amenazado con cortar las ventas de petróleo, lanzando insultos sexualmente teñidos contra la ministro Rice.
Mientras otros funcionarios venezolanos enfatizan que la venta de petróleo a Estados Unidos no cesará nunca, los nuevos lazos energéticos entre Venezuela y China han preocupado a Washington, como también la reciente reunión de Chávez con el presidente Mohammad Khatami, de Irán, que ha declarado que "tiene todo el derecho" a desarrollar su programa de energía atómica.
Chávez está también formando una milicia popular que dice que tendrá eventualmente dos millones de miembros y tiene planes de comprar 100.000 rifles de asalto AK-47 a Rusia y aviones de guerra en Brasil.
"Todos los gobiernos reconocen el carácter democrático del gobierno de Venezuela, su vocación pacífica, y quieren tener relaciones con Venezuela, con sólo una excepción, la de Estados Unidos", dijo Alí Rodríguez, ministro de Asuntos Exteriores de Venezuela, en una entrevista. "Han hecho lo posible por aislar a Venezuela, pero ningún gobierno está con ellos. Han fracasado y es porque no hay razón alguna para aislar a Venezuela".
En realidad, muchos de los países más grandes de América Latina no ven las ventajas de enfrentarse con Chávez, ni apoyan el aislamiento de Cuba. Venezuela proporciona petróleo por debajo de los precios de mercado y tiene numerosos acuerdos económicos lucrativos con decenas de países. Muchos tampoco quieren ganarse la enemistad de sus propios electorados izquierdistas, que son partidarios de Chávez.
"Los otros países no quieren verse involucrados en una polémica entre Venezuela y Estados Unidos", dijo Jennifer L. McCoy, una experta venezolana de la Universidad del Estado de Georgia que encabezó el año pasado la misión de observadores de las elecciones del Centro Carter en Caracas. "Es una estrategia contraproducente, que podría resultar en una reacción latinoamericana negativa si fueran obligados a tomar posiciones".
Muchos demócratas influyentes en el Congreso también se oponen a una política más agresiva. "Creo que causa más distanciamiento", dijo el parlamentario Bill Delahunt, demócrata de Massachusetts y miembro del Comité de la Cámara para las Relaciones Internacionales, que se ha reunido varias veces con Chávez. "Uno no puede eludir el hecho de que Chávez es un presidente elegido democráticamente".
Pero los asesores de política exterior del gobierno de Bush dicen que los esfuerzos por remendar las relaciones con Venezuela han fracasado en gran parte.
El embajador norteamericano, William Brownfield, que asumió en Caracas en septiembre, gastó infructíferos meses antes de conseguir una reunión con Rodríguez. Las peticiones de reuniones con otros ministros e incluso con funcionarios de nivel medio con normalmente ignoradas y Venezuela ha cancelado docenas de programas de intercambio con Estados Unidos.
La opción que los funcionarios de gobierno creen cada vez más que tienen, es responder de manera mucho más asertiva y pública a las políticas de Venezuela que no son del agrado de Estados Unidos, en el mejor de los casos con ayuda de otros países e instituciones respetadas como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
"No deberíamos tener miedo de decir que está suprimiendo las libertades, en absoluto", dijo al Comité de Relaciones Exteriores del Senado en febrero Robert B. Zoellick, ahora subsecretario de estado.
Funcionarios del ministerio de Asuntos Exteriores de Venezuela dicen que todavía tienen la esperanza de las relaciones puedan mejorar. "Para tener relaciones sanas con Estados Unidos no ponemos más que una condición", dijo la vice-ministro Mari Pili Hernández, que se ocupa de las relaciones con Washington. "Se llama respeto".
26 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh