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derechos humanos

asesinan a activista chechena


Periodista y activista chechena, Natalia Estemirova, asesinada en misteriosas circunstancias.
[Michael Schwirtz y Ellen Barry] Moscú, Rusia. Una prominente activista de derechos humanos que documentó secuestros y asesinatos en Chechenia durante toda una década, fue secuestrada frente a su casa el miércoles y encontrada unas horas más tarde cerca de una autopista en una república vecina, muerta, con heridas de bala en la cabeza y pecho.
La víctima, Natalya Estemirova, 50, se había convertido en una importante fuente de información sobre los abusos en Chechenia, donde la guerra separatista ha dado pie una brutal campaña contrainsurgente. En los últimos años, Estemirova se concentró en secuestros que creía que habían sido cometidos por orden del presidente checheno, Ramzan A. Kadryrov, que tiene el respaldo público incondicional del Kremlin.
Su trabajo fue recibido con amenazas y denuncias de las autoridades chechenas. En marzo de 2008, después de que Estemirova criticara una nueva ley que exige que las mujeres en Chechenia lleven pañuelo de cabeza, Kadyrov la llamó para un encuentro personal y la amenazó -una experiencia tan aterradora que huyó al extranjero, donde permaneció durante varios meses, informó Tatyana Kasetkina, subdirectora de la organización de derechos humanos rusa, Memorial, donde Estemirova trabajaba desde 1999. Amigos trataron de convencer a Estemirova de que apartara del tema, pero ella se sentía compelida a volver.
Un empleado de Memorial en la oficina de Moscú, Andrei Mironov, dijo que un grupo de hombres subieron a Estemirova a un coche blanco cuando se dirigía a su trabajo en la capital chechena de Grozny a eso de las ocho y media de la mañana del miércoles. Testigos dijeron que gritó que la estaban secuestrando. Su cuerpo fue encontrado en la tarde a unos ochenta kilómetros de distancia, a unos cientos de metros de una autopista en Ingushetia, de acuerdo a una declaración del ala investigativa del procurador general. Las autoridades dijeron que su bolsa, con su pasaporte y otros documentos, fue encontrada en las cercanías.
Kasatkina dijo que creía que el responsable del asesinato era Kadyrov.
"Hubo amenazas durante un período, y ahora Kadyrov espera cerrar la cortina", dijo Kasatkina. "Con el asesinato de Natacha, Kadyrov trazó una línea, con la que dice a las organizaciones de derechos humanos: "No les vamos a tolerar".
Kadyrov emitió una declaración el miércoles noche diciendo que "no escatimaría gastos" para encontrar a los asesinos. Dijo que creía que el asesinato tenía el objetivo de desviar la atención de la policía de las operaciones contraterroristas y fue realizado por "fuerzas que son incapaces de aceptar que Chechenia es una república, que las acciones militares terminaron y que llegó la paz", de acuerdo a la agencia de noticias Ria Novosti.
El asesinato presenta un doble desafío para el presidente ruso, Dmitri A. Medvedev, que asumió el cargo el año pasado con la promesa de restaurar el estado de derecho. Continúan los descarados ataques contra periodistas y funcionarios de derechos humanos y todavía ninguno de los asesinos ha sido llevado a justicia, incluso en casos célebres, especialmente el de Anna Politkovskaya, la periodista investigativa rusa que también trabajaba para denunciar abusos en Chechenia hasta su asesinato en octubre de 2006. Al año siguiente, Estemirova ganó un premio instituido en homenaje a Politkovskaya.
También se enfrenta a una creciente marea de violencia al norte del Cáucaso, donde el Kremlin ha dejado en manos de Kadyrov la erradicación de la violencia separatista. Kadyrov ha prácticamente eliminado la insurgencia, pero activistas como Estemirova han dicho que su régimen usa métodos brutales, entre ellos el secuestro y la tortura.
Thomas Hammarberg, comisionado de derechos humanos del Consejo de Europa, dijo que su asesinato "exige una respuesta resuelta y efectiva" de las autoridades rusas.
"Si no se aclara este caso, tendrá efectos negativos sobre el trabajo de derechos humanos en Rusia", dijo. "Es imperativo que el fiscal le otorgue al caso la más alta prioridad y que la investigación comience inmediatamente".
Medvedev emitió una declaración a través de su secretario de prensa en la que condena el asesinato, diciendo que "desgraciadamente, es aparente que este asesinato premeditado puede estar relacionado con las actividades en el ámbito de los derechos humanos de Natalya Estemirova".
En el pequeño círculo de activistas de derechos humanos que trabajan sobre Chechenia, Estemirova destacaba porque había decidido quedarse en su ciudad natal de Grozny, viviendo en un departamento de dos cuartos que desde la guerra no había sido reparado nunca. Su casa -afectada por cortes de agua y de electricidad- se convirtió en una especie de casa de invitados para periodistas y personas activas en los derechos humanos, dijo Shakhman A. Akhbulatov, que trabajó con ella en Memorial.
"Era una persona muy estricta, directa y abierta", dijo Akhbulatov. "No hacía compromisos. Si pensaba que tenía la razón, defendía su posición. Así era su carácter".
Especialmente en los últimos años, cuando las amenazas sonaron más graves y más frecuentes, la desgarraba una preocupación: su hija Lana, ahora de quince, que, dijo, se estaba criando sola.
"Hacía todo por su hija", dijo Akhbulatov, que habló por teléfono desde Grozny, donde se podía oír en el fondo a gente gritando. "Por otro lado, no dejaba de trabajar. Su trabajo la estaba consumiendo".
Grozny era cada vez más tenebrosa para Estemirova. Hace tres meses fue interrogada durante horas en el ministerio checheno del Interior, una experiencia que la dejó tan preocupada que su organización, Memorial, la informó al Consejo de Europa, dijo Hammarberg.
"Era un caso en el que al menos ella creía que estaba siendo amenazada", dijo Hammarberg. "Ella lo interpretaba como que algunos grupos habían puesto sus ojos en ella".
Este mes, Nurdi Nukhazhiyev, el ombudsman de derechos humanos respaldado por el gobierno checheno, arremetió públicamente contra las organizaciones de derechos humanos rusas y occidentales, incluyendo Memorial, calificándolas de herramientas de los enemigos de Rusia.
"Existe la creencia de que necesitan una Chechenia inestable y violenta como si fuera aire", dijo Nukhaziyev, en una actualización en su página web.
Estemirova es la última muerte violenta dentro de la cerrada comunidad de activistas de Chechenia. Había colaborado con Politkovskaya y Stanislav Markelov, un joven abogado que representaba a menudo a las víctimas en las investigaciones de Politkovskaya. Markelov fue asesinado en enero, cuando salía de una rueda de prensa en Moscú.
Funcionarios en Moscú anunciaron esta primavera el fin de la campaña contraterrorista rusa en Chechenia, diciendo que había retornado al país la estabilidad después de casi dos décadas de guerra y conflictos internos. Pero la violencia sigue siendo habitual, con frecuentes balaceras entre la policía y un debilitado, pero todavía potente movimiento separatista. Los secuestros también son comunes.
Desde enero, Memorial ha documentado cincuenta secuestros en Chechenia, dijo Usam Baisayev, colega de Estemirova. Al menos cuatro de las víctimas fueron encontradas muertas.
Baisayev dijo que los combatientes separatistas eran responsables de algunos de los secuestros, pero que creía que agentes de policía y las fuerzas armadas protegidos por el gobierno eran los autores de la mayoría de ellos.
Estemirova describió la mecánica de las desapariciones durante una entrevista con el New York Times en abril de 2008. Era una fumadora empedernida, con anillos negros debajo de sus ojos, pero también dicharachera y divertida, siempre apresurada. Dijo que los secuestros se habían convertido en un método dominante a medida que la insurgencia se desvanecía y el ejército ruso traspasaba a las milicias locales los aspectos más difíciles del trabajo de seguridad.
"Llega gente armada, de uniforme, y los suben a coches", dijo, describiendo un secuestro típico. "La gente no entiende que ellos son las fuerzas de seguridad. Esta gente vuelve derrotada, pero son tranquilos, y no hablan.
"Sabemos que han desaparecido personas", dijo. "Sabemos que han matado a personas, y las estamos buscando con pala".

Andrew E. Kramer contribuyó al reportaje.

22 de julio de 2009
15 de julio de 2009
©new york times 
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sobreviviente de los khmer rouge


Sobreviviente de centro de torturas declara en medio de lágrimas. Prisioneros famélicos comían insectos, dijo en el juicio del jefe de la prisión S-21 en Camboya. Sobrevivieron sólo siete de los dieciséis mil prisioneros.
Phnom Penh, Camboya. Uno de los pocos sobrevivientes del terrible centro de torturas de los khmer rouge prestó declaración el lunes, llorando mientras contaba sobre su vida en el centro donde otras dieciséis mil personas fueron torturadas antes de su ejecución.
Vann Nath, 63, no fue ejecutado porque era artista y se le destinó a pintar retratos y hacer esculturas del difunto líder de los khmer rouge, Pol Pot. Su condición especial, sin embargo, no le ahorró miserias.
"Las condiciones eran muy inhumadas y el alimento muy poco", dijo Vann Nath al tribunal, mientras las lágrimas le corrían por el rostro. "Llegué a pensar que la carne humana podría ser buena".
Vann Nath dijo que recibían alimento dos veces al día, que consistía de tres cucharadas de papilla de arroz cada vez. Los prisioneros eran mantenidos encadenados y no podían ni hablar ni moverse.
"Pasábamos tanto hambre, que comíamos los insectos que caían del techo", contó Vann Nath. "Los recogíamos y comíamos rápidamente, para que no nos vieran los gendarmes".
"Comíamos junto a los cadáveres de los que se iban muriendo, y no nos importaba porque éramos como animales", agregó.
El testimonio forma parte del juicio de Kaing Guek Eav -mejor conocido como Duch, que dirigió la prisión S-21 en Phnom Penh entre 1975 y 1979. Cerca de dieciséis mil personas, hombres, mujeres y niños, fueron torturados bajo su mando y retirados más tarde para ser ejecutados.
Se cree que Vann Nath es uno de los siete sobrevivientes de S-21, y uno de los tres que todavía viven, dijo el portavoz del tribunal Reach Sambath. Los otros dos deben declarar más tarde esta semana.
Duch es el primer dirigente de alto nivel de los khmer rouge llevado a juicio y el único que ha reconocido responsabilidad por sus actos. Los otros líderes detenidos -Khieu Samphan, Nuon Chea, Ieng Sary y la esposa de Ieng Sary, Ieng Thirith- serán llamados a declarar en el curso del juicio.
Duch, 66, guardó silencio y miró impasible a Vann Nath mientras este declaraba. Duch está acusado de crímenes contra la humanidad y es el primero de cinco acusados en los juicios largamente retrasados del tribunal auspiciado por Naciones Unidas.
Duch declaró previamente que ser enviado a la cárcel S-21 era equivalente a una sentencia de muerte y que sólo obedeció órdenes para salvar su propia vida.
Vann Nath dijo que fue arrestado el 30 de diciembre de 1977, en su casa al noroeste de la provincia de Battambang, donde trabajada como campesino arrocero. Fue acusado de tratar de derrocar a los khmer rouge y de ser un enemigo del régimen -una acusación habitual contra los prisioneros. Llegó a la cárcel S-21 el 7 de enero de 1978 y estuvo encarcelado hasta el derrumbe del régimen un año más tarde.
Vann Nath dijo que fue torturado en otro campo después de su detención. En la cárcel S-21 no lo torturaron.
El tribunal ha mostrado una docena de pinturas que hizo Vann Nath después de la caída del régimen, que describen las circunstancias en la cárcel S-21, algunas de las cuales presenció personalmente y otras que le fueron relatadas por otros. Las pinturas muestran ejecuciones, gendarmes de la prisión arrebatándole el bebé a una madre, y una mujer siendo torturada por gendarmes que arrojan escorpiones sobre su cuerpo.
Las radicales políticas del régimen causaron la muerte de cerca de 1.7 millones de personas en todo el país, por ejecuciones, sobrecargo de trabajo, enfermedades y desnutrición.
La mayoría de los prisioneros fueron torturados para que hicieran confesiones extravagantes que se ajustaban a las visiones políticas de los khmer rouge, aunque habían sido en general miembros leales del grupo.
"Lo que quiero es intangible", dijo Vann Nath. "Quiero justicia para los que murieron".

2 de julio de 2009
30 de junio de 2009
©los angeles times
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restringen jurisdicción universal


El parlamento español aprueba ley que limita a los jueces a la hora de ocuparse de casos de tortura o de crímenes de guerra en otros países. Golpe a la justicia universal.
[Robert Marquand] París, Francia. Los tribunales españoles, el último bastión para perseguir judicialmente crímenes cometidos en cualquier parte del mundo, limitarán su alcance tras la votación en la Cámara baja hoy en Madrid.
España ha sido durante largo tiempo partidaria de la persecución judicial de crímenes contra la humanidad bajo el concepto conocido como ‘jurisdicción universal’. Permitió presentar cargos contra Osama bin Laden y el general Augusto Pinochet, de Chile. Esta primavera, un juez español inició una investigación de las torturas en Guantánamo, concentrándose en algunos importantes funcionarios del gobierno de Bush.
Pero ahora España se acoplará a una tendencia jurídica internacional que se aleja de la idea de que los tribunales nacionales puedan juzgar a cualquiera, en cualquier parte del mundo, dicen analistas. Tribunales en Francia, Finlandia, Países Bajos, Bélgica y Alemania también han limitado sus incursiones en la justicia global.
Según la nueva ley, que se espera que sea aprobada sin dificultades por el Senado español, el país reducirá su mandato legal. Aunque todavía se podrán juzgar una amplia gama de casos originados en el extranjero, estos deberán incluir demandas que involucren a ciudadanos españoles.
La medida podría implicar mayores atribuciones para la relativamente joven Corte Penal Internacional (ICC) en La Haya, dicen juristas, aunque este punto de vista es debatido. Actualmente, las acusaciones y juicios de la ICC se derivan en gran parte de casos de genocidio o de crímenes de guerra en África.

Pérdida para las Organizaciones de Derechos Humanos
Organizaciones de derechos humanos lamentaron la votación de hoy. Habían elogiado a España por llenar el vacío al aceptar casos de crímenes de guerra, tratamientos inhumanos e injusticias en cualquier parte del mundo, cuando otros países se niegan a investigar.
Los tribunales españoles, famosos por las acciones del juez instructor Baltasar Garzón, han iniciado investigaciones sobre los bombardeos de civiles en Gaza, los maltratos chinos de ciudadanos tibetanos, y el genocidio en Ruanda y Guatemala. La nueva ley hará una excepción con los casos ya iniciados, que continuarán.


España Se Inclinó ante Presiones Estadounidenses
El gobierno de Obama se ha mostrado cauteloso en su apoyo de los intentos de perseguir a funcionarios de la Casa Blanca [del gobierno de Bush], lo que podría provocar viciosas luchas partidistas. Organizaciones de derechos humanos acusan indirectamente a España de inclinarse ante la presión norteamericana. Un comunicado de prensa conjunto de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y el sindicato UGT afirma que "España está más preocupada de no ofender a algunos gobiernos poderosos que de terminar con la impunidad que favorece a los criminales".
Mark Ellis, director ejecutivo de la Asociación Internacional de Abogados, en Londres, dice que la aplicación de la ‘jurisdicción universal’ está desviándose del concepto absoluto personificado por España, hacia una interpretación más condicional. Dice que es posible que se necesite un ajuste, dadas las duras dinámicas políticas en y sobre países que abogan por la soberanía de los estados. Pero a largo plazo el cambio puede ser saludable.
"Lo veía venir", dice Ellis. "Esto no elimina el concepto de jurisdicción universal, que lo exige la Convención de Ginebra, pero está evolucionando con disposiciones. Si todos los estados adoptaran la jurisdicción universal absoluta, podría ser muy caótico, acarrear consecuencias no intencionadas y podría debilitar el derecho internacional, incluyendo el rol de la ICC misma".

Progresos
Muchos defensores de la justicia internacional dicen que instituciones como la ICC eran inconcebibles hace una década. Se maravillan ante la creciente serie de juicios de presidentes, como el de Sudán, Omar al-Bashir, y casos contra líderes como el serbo-bosnio Radovan Karadzic. Muchos estuvieron de acuerdo con el presidente Obama cuando citó a Martin Luther King Jr., diciendo que "el arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia la justicia".
Sin embargo, son también muchos los que alegan que los tribunales españoles abiertos eran una advertencia para líderes de países poderosos y menos poderosos de que la justicia internacional se aplicaría por igual.
Richard Dicker, de Human Rights Watch en Nueva York, dice que la nueva ley es "desafortunado paso hacia atrás de España, pero sobre todo para las víctimas que veían en los tribunales españoles la posibilidad de buscar justicia. Los tribunales nacionales que utilizan la jurisdicción universal son una parte importante para exigir que los responsables de crímenes abyectos rindan cuenta".

27 de junio de 2009
©christian science monitor
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le mintió a la cia


Para parar violentos interrogatorios. Khalid Shaikh Mohammed, el autoproclamado cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001, dijo a los militares estadounidenses que había inventado historias, según muestran documentos.
[Julian E. Barnes y Greg Miller] Washington, Estados Unidos. El autoproclamado cerebro de los atentados del 11 de septiembre, Khalid Shaikh Mohammed, dijo a oficiales estadounidenses que había mentido a la CIA después de ser torturado, de acuerdo a documentos hechos públicos el lunes. La revelación probablemente intensificará el debate sobre si las técnicas utilizadas en violentos interrogatorios generaron o no informaciones fiables.
Mohammed lo dijo durante audiencias en Bahía Guantánamo, Cuba, donde fue trasladado en 2006 después de estar retenido en una cárcel secreta de la CIA desde su captura en 2003.
"Inventé historias", dijo Mohammed, describiendo en un entrecortado inglés un interrogatorio -probablemente de la CIA- sobre el escondite del líder de al Qaeda, Osama bin Laden. "¿Dónde está? No lo sé. Entonces me torturó", dijo Mohammed, hablando sobre su interrogador. "Entonces dije: ‘Sí, anda por esa zona’".
Mohammed también dijo que había delatado a personas que no conocía, diciendo que eran miembros de al Qaeda, para evitar que le siguieran torturando. Aunque no hay modo de verificar sus declaraciones, Mohammed es uno de los militantes a los que la CIA sometió repetidas veces a la técnica de simulacro de muerte de asfixia por inmersión conocida como el submarino.
Las nuevas informaciones podrían aumentar los llamados a que el gobierno de Obama haga públicos más detalles sobre el tratamiento otorgado a sospechosos de terrorismo o permitir una investigación más amplia sobre las políticas de interrogatorio del gobierno de George W. Bush. La revelación del lunes representa una poco frecuente declaración de un detenido, de que mintió mientras era sometido a métodos violentos.
Un abogado de la Unión Americana por las Libertades Civiles [ACLU], que obtuvo los documentos mediante una demanda en el marco de la Ley de Libertad de Información, dijo que las declaraciones de Mohammed planteaban interrogantes sobre la efectividad del programa de interrogatorios de la CIA.
"Subraya la escasa fiabilidad de declaraciones obtenidas bajo tortura", dijo Jameel Jaffer, director del Proyecto de Seguridad Interior de la ACLU.
Sin embargo, la CIA rechazó la descripción de sus técnicas de interrogatorio como tortura y la afirmación de que no eran útiles.

"Claramente la CIA tiene una opinión muy diferente de sus prácticas de interrogatorio anteriores -sobre qué eran y qué no- y sobre la necesidad de proteger adecuadamente informaciones reservadas de seguridad interior", dijo Paul Gimigliano, un portavoz de la agencia.
El grueso de los documentos liberados el lunes, que consisten en transcripciones de las audiencias realizadas en Bahía Guantánamo para los miembros acusados de al Qaeda, ya habían sido hechos públicos anteriormente. Pero el gobierno de Bush censuró muchas partes, incluyendo las declaraciones de los detenidos de que fueron torturados por interrogadores de la CIA. Las transcripciones liberadas por segunda vez siguen estando profusamente censuradas, y contienen extensos pasajes hechos ilegibles.
La ACLU expresó su decepción de que el presidente Obama, que ha prometido mayor transparencia, haya decidido retener tanta información.
"La opinión pública tiene derecho a saber qué ocurría en las cárceles secretas de la CIA", dijo Jaffer, agregando que la ACLU seguirá exigiendo en tribunales que se liberen las versiones completas, no censuradas, de las transcripciones de las audiencias en los tribunales de Bahía Guantánamo.
Además de la declaración de Mohammed de que entregó informaciones falsas después de ser torturado, los documentos contienen algunos detalles nuevos sobre la detención de los sospechosos de terrorismo.
Una parte desclasificada recientemente -de las transcripciones de Mohammed- muestra que aparentemente la CIA le dijo que él no tenía derechos constitucionales.
"Eso es lo que entendí. Me dijo: ‘No eres estadounidense y no estás en territorio estadounidense’", dijo Mohammed en la audiencia militar. "Así que no puedes pedir la Constitución".
Ben Wizner, abogado de la ACLU en la demanda que exige la publicación de la versión no censurada de las transcripciones, dijo que era extraordinario el hecho de que la CIA hubiera clasificado previamente sus declaraciones.
"¿Por qué quería el gobierno de Bush suprimir las declaraciones de Mohammed, de que la CIA le había dicho que la Constitución no le protegía a él?", dijo Wizner. "Eso fue suprimido para evitar el bochorno".
Los materiales desclasificados ahora proporcionan pocas informaciones nuevas sobre el tratamiento de otro detenido, Abu Zubaydah, acusado de ser un facilitador de al Qaeda. Fue capturado en un violento allanamiento de un recinto paquistaní en marzo de 2002.
En una página, la CIA desclasificó dos párrafos en los que Abu Zubaydah se quejó de la falta de tratamiento médico de las heridas que recibió durante la balacera, incluyendo la pérdida de un testículo.
"No se preocuparon de las heridas que me habían infligido en mi ojo, mi estómago, mi vejiga y mi pierna izquierda y mis órganos reproductivos", dijo Abu Zubaydah.
Se quejó también de que estaba "perdiendo mi masculinidad. Incluso ha dejado de crecerme la barba, no por las heridas sino por la falta de tratamiento".
Wizner dijo que las técnicas utilizadas por la CIA para interrogar a miembros de al Qaeda se conocieron cuando el gobierno de Bush liberó este año los memorandos jurídicos del ministerio de Justicia que autorizaban las torturas, de modo que no había motivos para mantener en secreto los testimonios de los detenidos.
"Hay sólo una explicación de la continuada supresión. No es para proteger la seguridad interior, es para impedir que la CIA sea llamada a rendir cuentas", dijo Wizner.
Pese a los esfuerzos de la CIA por suprimir las declaraciones de los prisioneros sobre su tratamiento, otras fuentes han proporcionado versiones detalladas -incluyendo un informe de la Cruz Roja de 2007- que emergieron a la luz pública este año.
En ese documento, Abu Zubaydah describe su reacción sobre el submarino, diciendo que pensó que iba a morir.
"Perdí el control de mi orina", dijo Abu Zubaydah a la Cruz Roja, de acuerdo al informe de la organización. "Desde entonces pierdo el control de la orina cuando me encuentro en situaciones de estrés".
En los documentos liberados el lunes, Rahim Nashiri, que está acusado de participación en el atentado con bomba contra el destructor estadounidense Cole en 2000, describió las secuelas de su interrogatorio.
"Antes de ser detenido, podía correr hasta diez kilómetros", dijo en la audiencia de marzo de 2007. "Ahora no puedo caminar más de diez minutos. Tengo los nervios hinchados en todo el cuerpo".
En otra sección nueva de la transcripción, describe cómo los funcionarios del gobierno lo "ahogaban en agua", una referencia a la técnica del submarino de la CIA.
Más de siete páginas y media de la transcripción de la audiencia de Majid Khan, otro miembro de al Qaeda acusado, siguen estando reservadas y aparecen como un largo bloque tachado. Entre las nuevas declaraciones de Khan se incluye su afirmación de que las evidencias contra él son el resultado de las torturas.
"Al final", dijo, "todas las informaciones clasificadas que obtuvisteis de mí [tachado] las agencias que me torturaron física y mentalmente".

26 de junio de 2009
16 de junio de 2009
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en el gulag de la corea comunista


Los campos de trabajos forzados de Corea del Norte son una tenebrosa perspectiva para las periodistas estadounidenses condenadas. De ejecutarse la condena, Laura Ling y Euna Lee podrían ser torturadas e incluso asesinadas en el infame gulag del país.
[John M. Glionna y Paul Richter] Seúl/Washington. La condena norcoreana de dos periodistas de televisión estadounidenses a doce años de trabajos forzados el lunes podría poner en peligro el de por sí difícil objetivo del gobierno de Obama de reducir las ambiciones de producir armas nucleares del autoritario país.
Si no se llega a un acuerdo, a las dos mujeres les espera un sombrío futuro en un brutal sistema carcelario notorio por su falta de alimentos adecuados y cuidados médicos y su alta tasa de mortalidad.
Laura Ling y Euna Lee, periodistas de Current-TV, de San Francisco, fueron condenadas por la Corte Central del país por un "grave delito" no especificado contra el régimen totalitario después de su detención en marzo en la frontera china-norcoreana cuando preparaban un reportaje sobre trata de personas.
En una seca declaración el lunes, la Agencia Central de Noticias de Corea no dice dónde deberán cumplir las mujeres la sentencia. Los norcoreanos que reciben sentencias similares de "rehabilitación a través del trabajo" a menudo mueren de hambre o bajo torturas en un sistema penal considerado por muchos como el más represivo del mundo, según David Hawk, autor del estudio ‘The Hidden Gulag: Exposing North Korea’s Prison Camps’, de 2004.
En medio de la indignación internacional por las sentencias, la Casa Blanca dijo el lunes que estaba "explorando todos las vías posibles" para obtener la liberación de Ling, 32, y Lee, 36.
Un objetivo estadounidense es impedir que se las vincule con la disputa más amplia sobre el programa de armas nucleares de Corea del Norte. Pero el resultado de esos esfuerzos es muy incierto, dicen expertos.
"Creo que es muy improbable que los norcoreanos las dejen partir sin alguna forma de extorsión", dijo L. Gordon Flake, experto en Corea y presidente de la fundación Maureen and Mike Mansfield, un laboratorio ideológico de Washington. "Pero ceder a esa extorsión socavaría fundamentalmente los intereses de seguridad más amplios de Estados Unidos".
El problema de la vinculación podría ser el más importante para el destino de las mujeres. Funcionarios estadounidenses temen que los norcoreanos intenten hacer depender toda reducción de las sentencias de las periodistas del tipo de castigo que impongan Naciones Unidas o países individuales en respuesta a las recientes pruebas con misiles y detonaciones nucleares de Pyongyang.
La secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton dijo que aunque el gobierno estaba "profundamente preocupado" por la extensión de las sentencias, las diferencias de Estados Unidos con Corea del Norte por el programa de armas nucleares de Pyongyang están "separadas y aparte de lo que está ocurriendo con las dos periodistas".
Sin embargo, si Estados Unidos se niega a fundir los dos temas, dicen analistas, la eventual liberación de las dos mujeres podría ser postergada indefinidamente.
Si las mujeres son encarceladas por un período prolongado, los analistas creen que podrían ser enviados a un kyo-hwa-so, o reformatorio de reeducación, "que es equivalente a un centro penitenciario en Estados Unidos, en contraste con la cárcel de condado o los centros de detención para delitos menores", dijo Hawk.
"Se trata de trabajos forzados en condiciones extremadamente brutales", dijo. "Esos lugares tienen tasas de defunción en prisión muy altas. Las muertes por trabajos forzados y alimentación insuficiente son muy abundantes".
Muchos campos de reeducación norcoreanos, dijo, están asociados con minas o fábricas textiles donde los largos turnos de trabajo son a menudo seguidos por sesiones de autocrítica, donde además deben aprender de memoria la doctrina comunista norcoreana.
El significado literal de kyo-hwa-so es "lugar para convertir en virtuosa a una persona por medio de la educación", dijo Hawk, que entrevistó a una docena de sobrevivientes para su estudio por encargo de una organización conocida como el Comité Estadounidense para los Derechos Humanos en Corea del Norte.
Sin embargo, Hawk, como otros expertos, espera que las dos mujeres puedan eludir la peor de las posibilidades debido a la atención que se brinda al caso en la prensa internacional.
"Si envían a las mujeres a uno de esos campos, probablemente tomarán medidas para que no mueran durante su encarcelamiento", dijo. "Probablemente las van a tratar mejor".
Funcionarios estadounidenses reconocieron el lunes que han estado discutiendo la idea de mandar a Corea del Norte a un enviado de alto nivel para tratar de liberar a las mujeres, de acuerdo a un esquema que fue utilizado para conseguir la libertad de prisioneros norteamericanos en los años noventa. Pero dijeron que no se había llegado a ninguna conclusión sobre el tema, y sugirió que quizá sea necesario algún trabajo diplomático preliminar antes de que se pueda dar ese paso.
El gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, que ayudó a negociar la liberación de prisioneros norteamericanos en los años noventa, y que ha estado participando en conversaciones con el gobierno de Obama, sugirió en una entrevista con el programa de entrevistas ‘Today’ del canal NBC, que hablar de un enviado era "prematuro, porque lo que primero tiene que ocurrir es la creación de un marco de negociaciones para conseguir su liberación por razones humanitarias. Deberíamos tratar de conseguir algún tipo de perdón político".
Richardson fue mencionado como uno de los posibles enviados, así como el vicepresidente Al Gore, que es uno de los fundadores de Current TV, la compañía de San Francisco que emplea a Ling y Lee. Gore ha guardado silencio, posiblemente por temor a que su visibilidad politice el problema y reduzca las posibilidades de que las mujeres sean liberadas, dicen analistas.
Charles L. Pritchard, ex funcionario norteamericano que estuvo involucrado en negociaciones similares para liberar a ciudadanos estadounidenses de Corea del Norte, predijo que la liberación de las dos mujeres probablemente exigiría "intensas negociaciones entre bastidores" con Pyongyang.
Dijo que los norcoreanos podrían querer usar este caso para "castigar a Estados Unidos, ahora que serán sancionados y castigados por Naciones Unidas... No creo que vaya a ser fácil encontrar una solución rápida".
Por su parte, Richardson dijo que el hecho de que los norcoreanos no hayan acusado a las mujeres de espionaje podría ser una razón para no perder la esperanza. También observó que Corea del Norte no ha vinculado explícitamente las discusiones sobre las periodistas con negociaciones sobre la disputa más general entre Estados Unidos y Corea del Norte.
Las familias de las prisioneras expresaron consternación por las duras sentencias.
"Estamos muy preocupados sobre su situación mental y bienestar", dijeron en una declaración. "Laura sufre de una grave enfermedad que de seguro se exacerbará con esta drástica sentencia. Euna tiene una hija de cuatro años que ya está mostrando síntomas de angustia por la ausencia de su madre. Creemos que los tres meses que han pasado detenidas con poca comunicación con sus familias son bastante largos".
Mientras funcionarios estadounidenses sopesan las opciones, expertos con conocimiento del escuálido sistema penitenciario de Corea del Norte enfatizan que el tiempo es esencial.
"Lo primero que se me vino a la mente cuando me enteré de la sentencia, fue que, desde el punto de vista estadounidense, esas sentencias equivalen a una pena de muerte", dijo Scott Snyder, director del Center for U.S.-Korea Policy de la Fundación Asia, un centro de estudios en Washington.
"En ese tipo de ambientes no hay muchas garantías. Es diferente a cualquier prisión de Estados Unidos hoy.  Este es un aleccionador reto para el nuevo gobierno".
Kim Hyuck, el desertor norcoreano que pasó un total de siete meses en un kyo-hwa-so entre 1998 y 2000, dijo que el porcentaje de prisioneros que mueren debido a las severas condiciones sería inimaginable en Occidente.
"No es un lugar fácil", dijo sobre los campos Kim, 28, que ahora estudia matemáticas en una universidad de Corea del Sur. "Hay centros para hombres y mujeres. Pero incluso los centros de mujeres no son de ninguna manera cómodos... Cuando estuve en el centro, murieron entre 600 y 700 presos, de un total de 1.500".
Kim y Hawk dijeron que el día en el campo empieza antes del amanecer, cuando sirven a los presos una "aguada papilla de maíz", para sen enviados a sus tareas.
Enfermarse, dijo Kim, normalmente significa morir.
Muchos mueren de desnutrición y síntomas relacionados como diarrea y fiebre, dijo. "Hay no medicinas. Los oficiales nos dan un polvo hecho de hojas de pino. Nos daban eso para todo tipo de enfermedades, sólo para darnos algún consuelo".
Hawk dijo que para mantener el control recurrían a menudo a  la tortura y los castigos. "La gente es castigada por violar las reglas del campo", dijo.
La infracción más habitual es tratar de robar comida. "Es una infracción comer materiales destinados a ser comida para el ganado".
Los prisioneros políticos viven en condiciones todavía peores, dijo.
"De los presos políticos se ocupa especialmente la agencia de espionaje de Corea del Norte", dijo Kim. "Son golpeados salvajemente. No se responsabiliza a nadie por sus muertes".

Barbara Demick en Pekín y Ju-min Park en Seúl Bureau contribuyeron a este reportaje.

22 de junio de 2009
9 de junio de 2009
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matrimonio convenido a la antigua


Rahila Muhibi, nativa de Afganistán y licenciada recientemente en la Universidad de Carolina del Norte, no tiene intenciones de casarse con su primo, con el que está comprometida desde los siete años. Pero rechazarlo implica oponerse a su padre.
[David Zucchino] Fayetteville, Carolina del Norte, Estados Unidos. Cuando tenía siete años, Rahila Muhibi fue prometida a su primo de ocho años. El compromiso de matrimonio, según la costumbre afgana, fue cerrado por su padre.
Cuando Muhibi se preparaba para la secundaria, su padre esquivó a sus parientes que le exigían que cumpliera su palabra. Pensaba que Muhibi era demasiado niña, y en lugar de casarla la ayudó a obtener una beca para estudiar en Canadá.
El mes pasado, Muhibi, 24, se graduó en la pequeña Universidad Metodista de aquí. Ahora su padre dice que es hora de que vuelva a Afganistán y se case con su primo.
Se ha negado a hacerlo, enfrentándose a su padre y desafiando las costumbres que exigen que las mujeres sean hijas y esposas obedientes.
Muhibi quiere ir a una escuela de estudios de posgrado en Occidente y seguir dirigiendo un pequeño programa de alfabetización para mujeres afganas fundado por ella. Pero para que el programa florezca -y para que Muhibi vuelva a conectarse con una familia a la que extraña mucho-, debe volver a casa.
"Para mí es difícil decir no porque mi padre me ha ayudado mucho", dice Muhibi, en un fluido inglés, mientras platica con otras estudiantes en el campus. "Pero me niego a someterme".
Muhibi dice que nunca le prestó atención a su primo cuando eran niños en un pueblo en el nordeste de Afganistán. Ahora le preocupa todavía menos, dice. Lo llama mi "supuesto novio".
Le ha dicho en varias ocasiones que no tiene ninguna intención de casarse con él. Cuando él la llamó para felicitarla el día de su graduación, fue directamente al grano.
"Le dije que se buscara a otra", dijo. "Le dije que no quería que me echara la culpa por hacerlo esperar. Se lo tomó a la broma. Me dijo que no creía que yo fuera a decir no, porque eso sería una deshonra para mí".
El padre de Muhibi, Abdul Ghaffer, tiene 63 años -es un hombre alto de cabellos canos. (Algunos afganos utilizan los apellidos de otros parientes. El padre de Muhibi escogió el de su abuelo; ella, el del suyo).
Empleado de gobierno jubilado, él y su familia alquilan una sencilla casa de adobe en una apartada calle lateral en Kabul, Afganistán. Está orgulloso de los logros de su hija en los estudios, dijo, pese a las críticas que ha tenido que soportar de parte de amigos y familiares por permitir que su hija estudiara en el extranjero. Pero ahora que Muhibi ha terminado su educación, dijo, debe cumplir con sus obligaciones.
"Si mi hija no acepta mi idea, bueno, por supuesto perderé respeto entre mis parientes", dijo, bebiendo té negro y saboreando chocolates en su pequeña sala de recibo mehman khana. "Pero no creo que mi hija haga nada contra nuestra cultura".
Ciertas obligaciones familiares no pueden ser ignoradas, dijo. Señaló que su hijo y un sobrino se casaron con hermanas del primo prometido de Muhibi.
"Si mi hija no se casa, no será un problema solamente para mí, sino también para el resto de la familia", dijo Ghaffer.
Una mujer afgana que rechaza un matrimonio convenido puede acarrear deshonra sobre su familia, y eso puede conducir a su expulsión del hogar. En algunos casos, las novias reluctantes se han fugado, han sido encarceladas o se han suicidado.
Ghaffer dijo que consideraba que el novio, hijo de un pastor, era un buen partido. Ahora de veinticinco, estudió en la Universidad de Kabul, se graduó el año pasado y trabaja en una compañía de celulares.
Ghaffer mismo se casó con su mujer -la madre de Muhibi- en un matrimonio convenido cuando tenía once años. También ella ha instado a Muhibi a someterse al matrimonio. "Mi madre me dijo: ‘Deberías escuchar a tu papá’", dijo Muhibi.
Con diplomas en estudios globales y ciencias políticas en la Universidad Metodista, es casi ciertamente la mujer más educada de su tribu nikpai. Después de tantos años en Occidente, Muhibi dice que no puede acatar las antiguas y restrictivas costumbres de su cultura.
Incluso cuando vivía en Afganistán no llevaba su burka como su madre  y hermanas. Cuando tenía doce años, dijo, rompió un tabú cultural hablando de política con hombres, alentada por su padre.
En el edificio centro de estudiantes, Muhibi parecía estar en casa: Con una blusa blanca y pantalones negros, bromeaba y reía con varias amigas y saludaba despreocupada a los compañeros que se paraban a platicar.
Muhibi contó que había recibido una beca completa de los metodistas después de que un funcionario de la universidad la visitara cuando hacía la secundaria en British Columbia.
Cuando estaba en la universidad recibió un subsidio de diez mil dólares de la fundación Davis Projects for Peace para empezar un programa de verano que en 2007 hizo posible que estudiantes de Kabul visitaran a gente joven en el pueblo donde creció. Todos asistieron a clases debajo de un árbol, porque el pueblo no tenía escuela.
Entonces recaudó ocho mil dólares en una sola noche, vendiendo comida casera afgana a donantes estadounidenses. Utilizó el dinero para crear el Programa de Alfabetización Cien Madres [100 Mothers Literacy Program] para ayudar en la educación de las mujeres de su pueblo.
Al principio encontró resistencia en Afganistán, dijo -de los viejos del pueblo y de las mujeres mismas. Las mujeres decían que eran demasiado viejas para aprender y preferían que el dinero se usara para construir inodoros.
"Pensé: ¿Cómo puedes preferir un retrete a la educación?", dice Muhibi. "Si me hubiese quedado en el pueblo, habría terminado como ellas".
Muhibi recaudó más dinero, y, después de que las mujeres y los viejos cedieran, visitó Afganistán en diciembre de 2008, iniciando el programa con 104 estudiantes. Contrató a maestros y chicas educadas en la primera escuela del pueblo que fue construida en 2007. Les pagó cuarenta dólares al mes a cada uno.
El programa es dirigido por el hermano mayor de Muhibi, 45, maestro en el pueblo. Su hermana mayor, 22, que vive en Kabul, también ayuda.
A varias horas de coche desde Kabul, al pueblo se llega solamente por viejas huellas de tierra. Muhibi pidió que no se publicaran ni los nombres de sus hermanos ni el nombre del pueblo. Dijo que temía que los insurgentes talibanes o sus simpatizantes pudieran vengarse por educar a las mujeres -la educación de las mujeres es considerada una apostasía por algunos afganos.
Alguien, dijo, amenazó hace poco con arrojarle ácido a los ojos de su hermana, un frecuente castigo talibán. Otros han difundido rumores de que Muhibi está tratando de convertir a los pueblerinos al cristianismo, un rumor que Ghaffer acalló asegurando a los viejos del pueblo que su hija era una devota musulmana.
Pese a la insistencia de su padre sobre el matrimonio convenido, Muhibi dijo que lo consideraba relativamente moderado. Cuando lo visitó en diciembre, dijo, él le pidió que llevara una burka. Ella se negó. No trató de obligarla.
De hecho, Ghaffer es la única razón del extraordinario viaje de su hija.
Las pocas mujeres afganas que logran estudiar en el extranjero tienden a provenir de familias prominentes con conexiones políticas. Muhibi se crió en un pueblo en la provincia de Baghlan sin agua potable ni electricidad. Su madre es analfabeta. Su padre no asistió a la escuela, pero aprendió a leer y escribir con un ulema.
Muhibi y su familia son hazara, un grupo étnico musulmán chií que ha sido históricamente discriminado por los dominantes musulmanes sunníes de Afganistán. Algunos antropólogos piensan que los hazara emigraron hacia el Afganistán de hoy desde Mongolia; muchos hazara dicen que descienden de Gengis Kan.
Durante el régimen talibán a fines de los años noventa, hombres armados quemaron pueblos y asesinaron a miembros de la tribu hazara en Hazarajat, el territorio étnico al nordeste de Afganistán, donde se encuentra el pueblo de Muhibi. Las legendarias estatuas de Buda en Bamian, que se remontaban al siglo sexto, fueron destruidas.
Muhibi dijo que su familia tuvo que huir en 1998, cuando ella tenía trece años, abandonando sus casas y pertenencias. Caminaron durante tres días hacia un pueblo vecino, pasando por aldeas arrasadas y cuerpos de hazara.
Su padre le cubrió los ojos, recuerda, pero ella sabía lo que había ocurrido. "Yo sabía lo que había ahí. Podía oler a los muertos", recordó. Más tarde la familia se encaminó hacia Kabul, caminando durante siete días, y luego huyeron a Pakistán. Volvieron a Kabul en 2002, después de que la invasión norteamericana derrocara al gobierno talibán.
Muhibi dice que fue la determinación de su padre lo que mantuvo a la familia a salvo durante todos esos años. Usó sus ahorros para dar educación a sus cuatro hijos -y también a sus cuatro hijas. Cuando Muhibi tenía once años, la recompensó por sus buenas notas pagándole clases privadas de inglés.
"Mi papá es uno de los mejores papás del mundo", dijo. "Si fuera un papá malo, no me sería tan difícil decirle no".
Mientras considera si volver a Afganistán para rechazar por última vez, en persona, el matrimonio convenido, Muhibi ha estado solicitando en una escuela de posgrado y en trabajos temporales. El mes pasado, dijo, fue aceptada para cursos de posgrado en una pequeña universidad islámica en Londres.
Dijo que le gustaría estudiar desarrollo internacional y volver a Afganistán a dirigir proyectos. Incluso podría casarse, dijo, si llega a encontrar al pretendiente correcto. Pero no se casará con su primo.
"Estoy esperando que encuentre a alguien", dijo, aliviada y sonriendo entre sus amigas del centro estudiantil.
A once kilómetros de distancia, Ghaffer bebía té en cuclillas sobre cojines y una alfombra persa extendida sobre el suelo. Fue amable, pero firme.
"Pensé en su futuro, y la envié a educarse en el extranjero", dijo. "Así que espero que también acepte que hemos prometido casarla con su primo".
Muhibi puede estar ahora en Estados Unidos, dijo, pero su hogar está aquí en Afganistán. "Y las costumbres afganas", dijo su padre, "son diferentes de otras costumbres".

M. Karim Faiez en Kabul contribuyó a este reportaje.

19 de junio de 2009
2 de junio de 2009
©los angeles times
cc traducción mQh
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estuvo preso en guantánamo


Busca su exoneración. En Francia, el argelino disfruta su retorno a la vida.
[Edward Cody] París, Francia. Cuando la pesadilla finalmente terminó -siete años en Bahía Guantánamo, dos de ellos alimentado forzosamente a través de un tubo en la ventana derecha de su nariz, la larga lucha para proclamar su inocencia ante un juez, y finalmente diez días de hospitalización-, Lakhdar Boumediene celebró con un almuerzo de pizza en una pequeña picada parisiense.
"Cuando estábamos en el restaurante", dijo Boumediene el lunes poco después de la comida que marcó su alta de la custodia médica y su retorno a la sociedad normal, "le dije a mi esposa que me volvía a sentir hombre por primera vez, saboreando cosas, recogiendo cosas con mis dedos, almorzando con mi mujer y mis dos hijas".
Boumediene, 43, había estado en una clínica militar francesa en observación física y psicológica desde su llegada a París el 15 de mayo a bordo de un avión del gobierno de Estados Unidos que lo trasladó allá -esposado- desde la cárcel militar de Bahía Guantánamo, Cuba.
En lo que describe como un feo error de las autoridades estadounidenses, Boumediene, un ciudadano argelino, pasó siete años allá como el sospechoso de terrorismo No. 10005. Más tarde se convirtió en el querellante en un histórico caso de la Corte Suprema, Boumediene v. Bush, que en junio de 2008 otorgó a los detenidos de Guantánamo el derecho a una revisión judicial de su encarcelamiento.
Boumediene, en una larga entrevista en un suburbio de París, dijo que se unió al caso para representar a las decenas de prisioneros retenidos en Guantánamo acusados de ser "combatientes enemigos", sin el derecho a impugnar la acusación ante un tribunal.
Más tarde un juez de distrito en Washington ordenó su liberación. Representa algo nuevo: decenas de prisioneros a los que el gobierno de Estados Unidos decidió liberar pero no puede porque ningún país los acepta y la mayoría de los estadounidenses no los quiere en suelo estadounidense.
A petición del gobierno de Obama, Francia accedió a aceptar a Boumediene, aunque parece reluctante a acoger más detenidos. Gran Bretaña aceptó en febrero a un ex prisionero de Guantánamo y ha prometido aceptar a un segundo. En total, dicen activistas de derechos humanos, Washington está buscando hogar para cerca de sesenta prisioneros, detenidos sin juicio tras los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono el 11 de septiembre de 2001 y ahora en proceso de ser liberados.
La versión de los hechos según Boumediene es imposible de verificar independientemente. Pero se describió a sí mismo como daño colateral de esas detenciones. Trabajaba como cooperante en Bosnia cuando fue arrancado de la vida y, dijo, interrogado interminablemente sobre algo sobre lo que no sabía nada.
Boumediene, que en la época era un cooperante de la Media Luna Roja, fue detenido en Bosnia en octubre de 2001 junto con otros cinco argelinos acusados de conspirar para volar las embajadas de Estados Unidos y Gran Bretaña en Sarajevo, cargos que fueron más tarde retirados. En enero de 2002 los seis fueron entregados a funcionarios norteamericanos y trasladados a Guantánamo, pese a las resoluciones de varios tribunales de Bosnia de que no había motivos para deportarlos.
Estados Unidos tenía gran interés en los detenidos porque uno de los seis argelinos, Belkacem Bensayah, estaba acusado por investigadores estadounidenses de ser un operativo de al Qaeda en Bosnia. Además, la policía bosnia había descubierto un trozo de papel en casa de Bensayah, con un número y un nombre manuscritos que correspondían con los de un importante líder de al Qaeda en Afganistán.
Boumediene, en la entrevista, dijo que no conocía bien a Bensayah, pero que, como compatriota argelino Bensayah se había acercado a la Media Luna Roja a pedir ayuda para su familia. Además, dijo, la esposa de Bensayah pidió ayuda después de la detención de su marido, y Boumediene le dio dinero para que buscara un abogado. Boumediene dijo que los funcionarios norteamericanos concluyeron que esas relaciones lo vinculaban con las actividades de al Qaeda en Bosnia.
Además, dijo Boumediene, un período que pasó en Pakistán a principio de los años noventa despertó las sospechas de los investigadores norteamericanos y puede explicar que su nombre terminara en una lista de sospechosos compartida por los servicios de seguridad argelinos con sus contrapartes estadounidenses.
Boumediene dijo que su estadía en Pakistán no tenía nada que ver con las escuelas religiosas madrassas de ese país -donde se educa a los futuros combatientes en una versión extrema del islam. En lugar de eso, dijo, fue supervisor de una escuela para huérfanos afganos financiada por Kuwait.
Pero durante su estadía tuvo que renovar su pasaporte en la embajada argelina en Islamabad. Debido a que muchos combatientes islamitas árabes se habían congregado en Pakistán, incluyendo a argelinos, la renovación de su pasaporte lo marcó como posible extremista para los servicios de seguridad argelinos.
Como consecuencia, cuando viajó a Argelia en diciembre de 1999, para visitar a su familia, dijo Boumediene, fue retenido en el aeropuerto, donde le dijeron que aparecía en una lista de personas que eran buscadas para ser interrogadas. Boumediene negó toda vínculo con los extremistas fundamentalistas argelinos, pero investigadores argelinos querían saber más sobre su viaje a Pakistán y confiscaron su pasaporte.
Cuando trataba de que le levantaran las sospechas para recuperar su pasaporte, contó Boumediene, un funcionario de la fiscalía le dijo que podría evitar mayores problemas con las autoridades argelinas si se inscribía para una amnistía que el presidente Abdelaziz Bouteflika estaba ofreciendo a los activistas islámicos. Reluctantemente, y todavía negando cualquier asociación con los extremistas argelinos, aceptó la amnistía del gobierno y recuperó su pasaporte.
Eso resolvió su problema en Argelia. Pero un documento donde aparecía en el listado de los militantes que habían sido amnistiados fue encontrado en su casa después de su detención en Bosnia y, especula Boumediene, sirvió para reforzar las sospechas norteamericanas sobre sus lazos con al Qaeda.
Boumediene dijo que fue interrogado más de 120 veces durante su estadía en el Campo Delta en Guantánamo, la mayoría de las veces sobre otros árabes y musulmanes extranjeros en Bosnia. "Al principio pensé que eran honestos, y les expliqué que era inocente y que deberían dejarme marchar", recordó. "Pero después de los dos primeros años, me di cuenta de que no eran correctos, y dejé de cooperar".
Durante un período de dieciséis días en febrero de 2003, dijo, fue interrogado día y noche, con métodos como levantarlo violentamente de la silla a la que estaba amarrado, de modo que los grilletes se incrustasen en su carne. Los interrogadores, vestidos algunos con uniformes militares y otros de paisano, eran asistidos por intérpretes árabes que parecían provenir mayormente de Egipto y el Líbano, dijo, y más tarde de Marruecos e Iraq.
"Eran como perros", dijo Boumediene sobre los intérpretes extranjeros, en su única demostración de ira. "Eran perros. A menudo empezaban ellos mismos los interrogatorios. Les decían a los interrogadores que ellos podían obtener más información".
En Navidad de 2006, dijo Boumediene, empezó una huelga de hambre en un intento de que alguien oyera sus declaraciones de inocencia. Dos veces al día, a eso de las seis de la mañana y a la una de la tarde, era amarrado a una silla de hierro y alimentado forzosamente por un tubo en la ventana derecha de la nariz que llegaba hasta su estómago.
Hasta una cena con sus abogados cuando estaba por salir de Guantánamo, dijo Boumediene, rompió su ayuno sólo dos veces -la primera cuando se enteró de la elección del presidente Obama y luego cuando el juez ordenó su liberación.
"No tengo idea de por qué me ocurrió esto", dijo. "Soy un musulmán como cualquier otro. Rezo y observo el ramadán. Pero no odio a nadie".
Agradecido de poder asentarse en Francia con la ayuda del gobierno, su primer objetivo es reunir nuevamente a su familia, dijo Boumediene. Pero en el camino, agregó, quiere demandar al gobierno estadounidense o a sus funcionarios.
"No sé si es posible", dijo. "Pero lo intentaré, así me tome cien años".

13 de junio de 2009
6 de mayo de 2009
©washington post 
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preso de guantánamo a juicio en eeuu


Ahmed Jalfan Ghailani está acusado por terrorismo. Un tribunal civil juzga por primera vez a un preso de Guantánamo. El primer prisionero de la cárcel de Guantánamo en ser trasladado a suelo estadounidense, llegó esta mañana a Nueva York, donde será juzgado por cargos de terrorismo.
Guantánamo/Estados Unidos. El tanzano Ahmed Jalfan Ghailani, de 34 años, detenido desde 2006 en la cárcel de la base militar estadounidense de Guantánamo, en Cuba, y sospechoso de pertenecer a la red Al Qaida, llegó a la prisión metropolitana en Nueva York, indicó el ministro de Justicia, Eric Holder, en un comunicado.
Este martes será llevado ante un tribunal federal para que responda de la acusación de haber participado en 1998 en los ataques contra las embajadas estadounidenses en Dar es Salaam y Nairobi, precisa el comunicado.
"Ahmed Ghailani deberá responder a los cargos que enfrenta por su supuesta participación en los atentados con bomba contra las embajadas estadounidenses en Tanzania y Kenia que provocaron la muerte de 224 personas", señaló Holder.
Según el Departamento de Justicia, Ghailani enfrenta 286 cargos, entre ellos el de conspirar con Osama bin Laden y otros miembros de Al Qaida para utilizar armas de destrucción masiva contra estadounidenses, homicidio, conspiración para cometer homicidio, por los que podría ser condenado a muerte.
También deberá responder por la muerte de cada una de las 224 personas que fallecieron el 7 de agosto de 1998 tras los atentados contra las embajadas norteamericanas en Tanzania y Kenia.
Ghailani fue detenidos en 2004 en Pakistán. Entre otras cosas habría comprado el camión Nissan y los tanques de oxígeno y de acetileno que fueron utilizados en el atentado contra la embajada en Dar es Salaam.
Ahmed Jalfan Ghailani, ciudadano tanzano, es el primero de los 240 prisioneros que aún permanecen en Guantánamo, en ser juzgado en un tribunal civil de Estados Unidos, y no por un tribunal militar de excepción.
El presidente estadounidense, Barack Obama, se comprometió a cerrar antes de fin enero de 2010 la prisión que George W. Bush creó para los "combatientes enemigos" de la guerra contra el terrorismo lanzada en repuesta a los atentados del 11 de setiembre de 2001.
Pero qué hacer con los detenidos plantea un problema. Sólo dos de ellos abandonaron la prisión desde enero de este año.
Obama intenta que otros países reciban a unos cincuenta detenidos considerados liberables. Francia acaba de acoger al argelino Lakhdar Boumediene, convirtiéndose así en el primer país de la Unión Europea en recibir a un detenido liberado de Guantánamo que no es residente ni ciudadano francés.
Sin embargo, numerosos países se niegan a recibir a detenidos en Guantánamo y el Congreso estadounidense es decididamente hostil a aceptar su traslado a suelo norteamericano.
En un gran discurso del 21 de mayo, el presidente Obama reafirmó su determinación a cerrar el centro de detención. "No vamos a liberar en Estados Unidos a nadie que pueda poner en peligro a los norteamericanos", aseguró, al tiempo que defendió la idea de recurrir a cárceles de alta seguridad.
Eric Holder aseguró el martes que "el departamento de Justicia detuvo y juzgó con éxito en varias oportunidades a sospechosos de terrorismo".
El ministerio de Justicia recordó asimismo que más de 30 personas habían sido procesadas y condenadas en Estados Unidos desde el 1 de enero por casos de terrorismo, y que actualmente había en las cárceles norteamericanas 216 detenidos con vínculos con el terrorismo internacional.

9 de junio de 2009
©página 12
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