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el peor presidente de la historia


[Eric Foner] Bush como el peor presidente de la historia de Estados Unidos. Casi tan malo como Polk, que robó a México gran parte de su territorio.

Desde 1948, cuando el profesor de Harvard, Arthur Schelesing Sr. pidió a 55 historiadores clasificar a los presidentes norteamericanos en una escala de ‘grandioso' a ‘desastroso', esas encuestas se han convertido en un pasatiempo para los que estudiamos el pasado de Estados Unidos.
Los cambios en los rankings presidenciales reflejan cambios en cómo vemos la historia. Cuando se hizo la primera encuesta, la era de la Reconstrucción que siguió a la Guerra Civil era considerada como una época de corrupción y mal gobierno causados por otorgar el derecho a voto a los negros. Como resultado, el presidente Andrew Johnson, un ferviente partidario de la supremacía blanca que se opuso a las campaña para extender los derechos básicos a los antiguos esclavos, fue calificada como ‘casi grandioso'. Hoy, en contraste, los estudiosos consideran la Reconstrucción un intento fracasado, pero noble, de construir una democracia interracial a partir de las cenizas de la esclavitud, y a Johnson un rotundo fracaso.
Sin embargo, los rankings a menudo muestran una notable uniformidad año tras año. Abraham Lincoln, George Washington y Franklin D. Roosevelt figuran siempre en la categoría ‘grandiosos'. La mayoría de los presidentes son clasificados como ‘regulares', o para decirlo con menos generosidad, mediocres. Johnson, Franklin Pierce, James Buchanan, Warren G. Harding, Calvin Coolidge y Richard M. Nixon ocupan el último escalón, y ahora el presidente Bush es candidato a unirse a ellos. Una mirada a la historia y a las políticas de Bush, explica por qué.
En tiempos de crisis nacional, Pierce y Buchanan, que sirvieron en los ocho años que precedieron la Guerra Civil, y Johnson, que fue presidente inmediatamente después, simplemente no estuvieron a la altura. Testarudos, de mentes estrechas, incapaces de escuchar críticas o de considerar alternativas a errores desastrosos, se rodearon de sicofantes y modelaron sus programas para atraer a las fuerzas políticas reaccionarias (en esa época eran los partidarios de la esclavitud y los ideólogos racistas). Incluso después de ser repudiado en las elecciones parlamentarias de 1854 y 1966, respectivamente, ignoraron las principales corrientes de opinión y se aferraron a políticas fracasadas. La presidencia de Bush ciertamente nos hace recordar sus períodos.
Harding y Coolidge son recordados por la corrupción que hubo durante sus años en el cargo (1921-23 y 1923-29, respectivamente) y por canalizar dinero y favores hacia los grandes empresarios. Rebajaron drásticamente los impuestos al ingreso y a las ganancias y apoyaron las campañas de los empleadores para eliminar los sindicatos. Miembros de su gobierno recibían sobornos y mordidas de cabilderos y hombres de negocios. "Nunca antes, aquí o en otro lugar", declaró el Wall Street Journal, "se ha fusionado un gobierno de tal modo con el mundo de los negocios". El Journal podía difícilmente haber anticipado la corrupción y favoritismo del mundo de los negocios del gobierno de Bush.
A pesar de algunos meritorios logros en política interior y exterior, hoy Nixon es asociado por lo general con el desprecio por la Constitución y el abuso de la autoridad presidencial. Obsesionado con el secreto y las filtraciones a la prensa, veía a todos los críticos como amenazas a la seguridad nacional y espió ilegalmente a ciudadanos norteamericanos. Nixon se consideraba a sí mismo por encima de la ley.
Bush ha llevado ese desprecio por la ley todavía más lejos. Ha tratado de privar de sus derechos a personas acusadas de delitos, derechos que se remontan incluso hasta la Carta Magna de la jurisprudencia ango-americana: el juicio por un jurado imparcial, el acceso a abogados y la revisión de las evidencias contra ellos. En decenas de declaraciones hechas cuando firmaba leyes, ha reclamado el derecho a ignorar partes de la ley con las que está en desacuerdo. Su gobierno ha adoptado políticas en torno al tratamiento de prisioneros de guerra que han avergonzado al país y alejado prácticamente a todo el resto del mundo. Normalmente, en tiempos de guerra, la Corte Suprema se ha impedido de dictar juicios sobre acciones presidencia relacionadas con la defensa nacional. Los reproches sin precedentes de parte de la Corte de las medidas de Bush sobre los detenidos indican lo lejos que se ha desviado este gobierno del imperio de la ley.
Otro presidente que se parece a Bush es James K. Polk. Algunos historiadores lo admiran, en parte porque les facilitó el trabajo llevando un detallado diario de su gobierno, que se extendió durante los años de la Guerra Mexicana-Norteamericana. Pero Polk es recordado sobre todo por lanzar un ataque injustificado contra México y por apoderarse de un tercio de su territorio para Estados Unidos.
Lincoln, entonces miembros del Congreso de Illinois, condenó a Polk por engañar al Congreso y a la opinión pública sobre la causa de la guerra: una supuesta incursión mexicana en Estados Unidos. Aceptar el derecho del presidente de atacar a otro país "toda vez que lo considere necesario", observó Lincoln, haría imposible "fijar algún límite" a su poder de declarar la guerra. Hoy, uno desea que el país hubiera oído la advertencia de Lincoln.
Los historiadores se resisten a predecir el futuro. Es imposible decir con alguna certeza cómo será clasificado Bush en, digamos, 2050. Pero de algún modo, en sus primeros seis años en el cargo se las ha arreglado para combinar los lapsos de liderazgo, políticas equivocadas y abusos de poder de sus predecesores. Creo que no hay otra alternativa que clasificarlo como el peor presidente en la historia de Estados Unidos.

efoner@aol.com

Eric Foner es profesor de la cátedra DeWitt Clinton en la Universidad de Columbia.

3 de diciembre de 2006
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rumsfeld ordenó torturas


Rumsfeld autorizó torturas en Iraq revela ex general.
Madrid, España. El ex secretario de Defensa de Estados Unidos Donald Rumsfel autorizó las torturas en Iraq, reveló la ex jefa de prisiones y ex general de brigada de Estados Unidos Janis Karpinski, en entrevista que publica hoy El País.
El diario español conversó por teléfono con la ex oficial en su casa de Carolina del Sur desde Alemania, después que ésta se ofreciera a testificar contra el ex jefe del Pentágono en un juicio que se le intenta seguir en ese país europeo por criminal de guerra.
En la larga entrevista Karpinski ratifica sus acusaciones contra Rumsfeld. Dijo que ahora se sabe que el Gobierno de Estados Unidos no estaba cumpliendo las convenciones de Ginebra en los interrogatorios en las prisiones de Iraq.
"Creo que las personas que tenían que haber cargado con la responsabilidad no lo han hecho", señaló, y seguidamente afirmó que todo el mundo debe enterarse de lo que pasó, no sólo los estadounidenses, para que no vuelva a ocurrir.
Dijo que cuando tomó el control de esa prisión había menos de 200 presos, en su mayoría delincuentes iraquíes. pero luego comenzaron a llegar los llamados ‘detenidos de seguridad' y a finales de octubre ya había más de siete mil.
Queríamos cerrar Abu Ghraib porque se estaba haciendo muy peligrosa, ya que la insurgencia cada vez era más eficaz en la zona, confiesa la entrevistada.
A la pregunta de cuándo comenzaron las torturas en Abu Ghraib respondió que con la visita a Iraq del general Geoffrey Miller, comandante de la prisión de Guantánamo, en septiembre de 2003.
Aseguró que fue enviado por Rumsfeld o su subsecretario para Asuntos de Inteligencia, Stephen Cambone, para enseñar a los miembros de la Inteligencia Militar nuevas técnicas de interrogatorio más duras que se usaban en Guantánamo.
Antes de irse me dijo que quería tomar el control sobre Abu Ghraib para convertirla en centro de interrogatorios para todo Iraq, y eso fue lo que hizo. Desde Guantánamo daba las órdenes y conseguía que todo funcionara como él quería.
El responsable de los interrogatorios era el comandante de Inteligencia Militar, coronel Thomas Pappas, quien seguía instrucciones del general Ricardo Sánchez, comandante en jefe de las tropas estadounidenses en Iraq.
Dijo que las fotos de Abu Ghraib no se sacaron durante los interrogatorios pues para eso había otras instalaciones fuera del bloque 1A, que es donde están tomadas, y explicó que se usaron para presionar a los detenidos y que hablaran.
Reveló que rechazó la orden de no registrar a un preso ni ponerlo en la base de datos pero una semana después Rumsfeld ordenó mantenerlo sin registrarlo. Ahora sé que eso ocurrió en varios casos, agregó.
Karpinski asegura que vio un memorando firmado por Rumsfeld sobre el empleo de determinados métodos de tortura en el interrogatorio.
Su firma manuscrita estaba sobre su nombre impreso y, con la misma letra, al margen, ponía: "Asegúrense de que esto se cumple".
El abogado Wolfgang Chalet junto a una veintena de asociaciones de derechos humanos de todo el mundo han demandado a Rumsfel y a otros 13 altos funcionarios políticos y militares de Estados Unidos ante el Tribunal Supremo alemán por crímenes de guerra.
Ellos saben que es muy difícil, casi imposible, juzgarlo a él y sus colegas por los crímenes que han ordenado o cometido, pero la demanda llamará al menos la atención del mundo que sabrá quienes son los verdaderos terroristas.

25 de noviembre de 2006
©prensa latina
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ex fiscal critica estrategia antiterrorista


[Dan Eggen] Reno se une a las críticas contra la estrategia antiterrorista. Ex fiscales instan a la corte a actuar contra la detención indefenida de sospechosos.
La ex fiscal general Janet Reno ha tomado la inusual decisión de criticar abiertamente la estrategia antiterrorista del gobierno de Bush -uniéndose a otros siete ex funcionarios del ministerio de Justicia para advertir que la detención indefinida de sospechosos de terrorismo, acusados o clasificados así por Estados Unidos, se podría convertir en pan de todos los días si los tribunales no intervienen.
En una carta amicus curiae en el caso del supuesto combatiente enemigo Ali Saleh Kahlah al-Marri, los ex fiscales afirman que los tribunales criminales están bien equipados para procesar a sospechosos de terrorismo, garantizando los derechos constitucionales de los acusados detenidos en suelo norteamericano.
Reno, ayer en su casa en Florida, dijo que dejaría que la carta "hablara por sí misma. He estado siguiendo este caso, y refleja mi preocupación sobre la detención y el tratamiento que se da a personas a las que se ha definido como combatientes enemigos sobre la base de criterios que desconocemos".
En su carta, Reno y otros ex funcionarios del ministerio de Justicia, dijeron: "En lo esencial, el gobierno reclama el derecho a detener a pretendidos combatientes enemigos aprehendidos en Estados Unidos indefinidamente toda vez que decida no procesar judicialmente a esas personas -quizás porque se considera difícil obtener una condena, quizás porque una moción para suprimir evidencia podría dejar al descubierto hechos embarazosos sobre la conducta del gobierno, u otros motivos".
La demanda en la Corte de Apelaciones del Cuarto Distrito es una acción muy inusual para Reno. Generalmente ha mantenido un perfil bajo desde que dejara sus funciones en el ministerio de Justicia en 2001 y ha dicho muy poco públicamente sobre las medidas de sus sucesores, John D. Ashcroft y Alberto R. Gonzales.
La carta es también notable porque sus firmantes incluyen a dos fiscales norteamericanos de los años de Reagan -W. Thomas Dillard y Anton R. Valukas-, además de fiscales de los gobiernos de Clinton y de Carter, y a Philip A. Lacovara, abogado del fiscal especial para Watergate.
"Tiene más peso porque estos son funcionarios de alto nivel de varios gobiernos y de los dos partidos", dijo Carl W. Tobias, profesor de derecho en la Universidad de Richmond.
Marri, un ciudadano qatari, está detenido como combatiente enemigo en una cárcel militar en Carolina del Sur desde que fuera acusado de ser un ‘agente durmiente', enviado a Estados Unidos para realizar atentados. A diferencia de los cientos de detenidos en Bahía Guantánamo, Cuba, Marri fue aprehendido en territorio norteamericano, en Peoria, Illinois, y es el único combatiente enemigo retenido en territorio norteamericano.
El ministerio de Justicia dice que la ley antiterrorista, la Ley de Comisiones Militares de 2006, permite al gobierno detener a nacionales extranjeros como combatientes enemigos, independientemente de donde hayan sido aprehendidos. El gobierno quiere colocar a Murri en su sistema de justicia militar, pero este está impugnando la legalidad de su detención.
"Aunque respetamos el derechos de otros juristas a ser oídos en estos casos, creemos que tenemos bases jurídicas firmes, tal como lo han declarado tanto el juez como el tribunal de distrito", dijo ayer el portavoz del ministerio de Justicia, Brian Roehrkasse.
Gonzales defendió las medidas de detención y vigilancia del gobierno en un discurso el fin de semana pasado en la Academia de la Fuerza Aérea, diciendo a los cadetes que es un "mito" que las libertades civiles hayan sido disminuidas por las estrategias antiterroristas.

22 de noviembre de 2006
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no al servicio militar obligatorio


Las fuerzas armadas no logran cumplir su meta de 80 mil reclutas anuales. Pero el servicio militar obligatorio no es la solución.
Hay muchas razones por las que nos entristece oír que el representante Charles Rangel, de Nueva York, piense volver a presentar su proyecto anual reintroduciendo el servicio militar obligatorio cuando los demócratas tomen el control de la Cámara en enero. No nos gusta el servicio militar obligatorio. Y en este caso particular, con el servicio militar obligatorio tampoco se lograrán las cosas que Rangel dice que quiere.
Rangel quiere volver a llenar un ejército que se encuentra en condiciones críticas, hacer que las fuerzas armadas sean en general más equitativamente representativas de la sociedad estadounidense, y encontrar una manera de impedir que futuros presidentes se embarquen en aventuras militares mal concebidas. Son objetivos loables, pero no se lograrán reintroduciendo en el país el servicio militar obligatorio.
Incluso si el servicio militar fuera una buena idea, sería políticamente imposible de alcanzar. Los miembros del Congreso están conscientes de que los electores se oponen a él. Esta Casa Blanca no ha querido nunca pedir al pueblo americano otra cosa que aprobar más recortes a los impuestos; difícilmente va a apoyar algo tan difícil e impopular como el servicio militar obligatorio.
Pero también la idea es errónea. Debido a precaria situación en Iraq, el ejército en realidad tiene problemas para lograr su cuota anual de 80 mil reclutas. Sin embargo, los jefes militares también se oponen a la conscripción obligatoria. Creen que es imposible armar un ejército altamente profesional obligando a la gente a servir contra su voluntad, y tienen razón.
El servicio obligatorio no demostraría a la gente joven que todos debemos poner de nuestra parte. Es mucho más probable que los convenza de que se exigen sacrificios sobre todo a los que son demasiado pobres como para evitarlos. La fuerza voluntaria en Iraq ha sido una muestra mucho más verosímil de Estados Unidos que la fuerza armada que se armó con la última conscripción obligatoria, que terminó en 1973, antes del fin de la Guerra de Vietnam. Los ricos y los conectados podían conseguir aplazamientos o destinaciones más seguras, y muchos lo hicieron. Mientras que en la fuerza actual abundan los desprivilegiados, al menos están por ahí por su propia voluntad.
El problema con el servicio militar obligatorio no reside en el hecho de que exija de los jóvenes que pasen algún tiempo contribuyendo al bienestar del país antes de embarcarse en sus carreras definitivas. Nos hubiese gustado que el presidente hubiese llamado a hacer esos sacrificios después del 11 de septiembre de 2001, cuando muchos estadounidenses estaban ansiosos por contribuir.
Para esos jóvenes que no son motivados por el patriotismo ni impulsados por motivos económicos a ingresar a las fuerzas armadas, deberían existir otras opciones para el servicio nacional -como el AmeriCorps. Esos programas necesitan dinero y atención. Algunos de los candidatos potenciales para presidente en 2008 han dicho que Estados Unidos debería exigir a todos los jóvenes que dediquen uno o dos años al servicio después de la secundaria o de la universidad, y esa idea debería ser discutida durante la campaña electoral.
Pero la urgencia de las actuales necesidades del ejército exige otra solución. Las fuerzas armadas conocen muchas maneras de alcanzar sus objetivos, aparte de la conscripción general. Después de todo, la cuota anual de 80 mil reclutas es apenas una gota en el océano que forman los 60 millones de estadounidenses entre 18 y 35 años. Forzar el tema, con el servicio militar obligatorio, no es la solución.

21 de noviembre de 2006
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murió william lee brent


[Jocelyn Y. Stewart] Murió el ex Pantera Negra que secuestró un avión a Cuba. A los 75.
En 1968, William Lee Brent, un ex convicto, asistió a una manifestación del Partido Panteras Negras en Oakland y se marchó a casa con una nueva e inquebrantable visión del mundo.
A partir de ese día, Brent se consideró a sí mismo como un recluta de la guerra contra la opresión racial y económica. En el Partido Panteras Negras, al que juró lealtad, ascendió al rango de capitán y sirvió como guardaespaldas del prominente miembro del partido Eldridge Cleaver. Los Panteras Negras ofrecían un programa de desayunos gratuitos para los niños, protegían a los ancianos de la delincuencia callejera y exigían un trato más justo para los afro-americanos y otros grupos.
La ironía de la vida de Brent era que había adquirido un profundo compromiso con una causa que muchos veían como justa, y, sin embargo, había participado en actos que muchos consideraron criminales. Brent participó con otros miembros del partido en el asalto a una gasolinera en 1969 y luego disparó e hirió a dos agentes de policía. Tras su detención y libertad bajo fianza, se subió en Oakland a un Boeing 707, sacó un revólver calibre 38 y ordenó a los pilotos digirirse hacia Cuba.
Pasó el resto de su vida en el exilio en la isla comunista.
Brent murió el 4 de noviembre de bronconeumonía en La Hababa, dijo Steve Wasserman, su amigo y editor de su autobiografía ‘Long Time Gone: A Black Panther's True-Life Story of His Hijacking and Twenty-Five Years in Cuba'. Tenía 75 años.
Décadas después del secuestro del avión, seguía convencido de que sus acciones habían sido justificadas.
"Me consideré a mí mismo un soldado de infantería, y podía contribuir con los otros soldados al movimiento de liberación negro", dijo a un periodista del New York Times en 1996. "Yo estaba en una guerra, por extraño que eso pueda sonar a la gente ahora, en guerra con un enemigo, que era el gobierno de Estados Unidos, y el secuestro del avión era una continuación de esa guerra".
Antes de unirse a los Panteras Negras, la vida de Brent no tenía rumbo fijo. Nacido en Franklin, Louisiana, el 10 de noviembre de 1930, Brent y su familia finalmente se asentaron en Oakland. A los 17 Brent se alistó en el ejército con un certificado de nacimiento falso. Ocho meses después descubrieron su truco y fue licenciado.
De adulto Brent trabajó como cocinero de comida rápida y lavaplatos y estuvo un tiempo en la cárcel por asalto. Tenía 37 cuando oyó hablar a los Panteras Negras en una manifestación y "la audacia de esos jóvenes negros me conmovió y provocó emociones en mí que yo pensaba que habían muerto hacía años", escribió.
Enmarcaron su mundo y lo inspiraron. Cuando la gente blanca le preguntaba que querían él y los otros del partido, tenía una respuesta sencilla.
"Les decía siempre que queríamos las mismas cosas que ellos... un trabajo digno y gratificante; un lugar decente donde vivir; servicios médicos y educación adecuados para los negros; justicia en los tribunales; una policía que no abusara de su poder; y un gobierno que respetara a toda la gente, independientemente de su raza o credo".
Brent secuestró solo el vuelo 154 de la TWA con destino a Nueva York. Ninguno de los 76 pasajeros resultó herido.
En Cuba, Brent no fue recibido con los brazos abiertos; las autoridades lo enviaron a la cárcel. Circulaban rumores de que Brent era un agente del gobierno.
Brent permaneció en una cárcel cubana durante 22 meses. También fueron tiempos difíciles para su hermana, Elouise Rawlins, que vivía en Oakland; Brent era su único hermano.
"Odiaba pensar que era posible que nunca le volviera a ver... pero después de un tiempo, también tuve que aceptar esa idea", dijo Rawlins en una entrevista con el Times. "Sé que era más difícil para él que para mí, debido al hecho de que él y mi madre eran muy cercanos. Él la extrañaba y ella lo extrañaba".
Cuando Brent salió de la cárcel, trabajó en las plantaciones de caña de azúcar, en una granja porcina, como disc jockey y como profesor en una escuela secundaria. Sacó un diploma en literatura española y se casó con la escritora Jane McManus, un amiga radical. A veces veía a extranjeros y periodistas de visita en el país, entre ellos a Wasserman.
"Siempre supe que se dijera lo que se dijera sobre Bill Brent, siempre podías confiar en que diría la verdad, y te contaría la verdad, por dolorosa que fuese, sobre la realidad de la revolución cubana", dijo Wasserman, ex editor de reseñas bibliográficas del Times.
Tomó años convencer a Brent para que escribiera su autobiografía, pero cuando lo hizo, fue una experiencia extraordinaria para los dos, dijo Wasserman.
"Fue muy emocionante", dijo Wasserman. "Tengo que decir que era un hombre cambiado que había impuesto una coherencia narrativa a lo que a menudo fue una vida atormentada y amargada".
El Washington Post calificó la autobiografía de "honesta y a veces tan apasionante como una novela de suspenso".
El libro de Brent llamó la atención de la prensa, incluyendo a los productores de un importante programa de una red de televisión. Los planes para un episodio fueron vetados, pero después de que el equipo de filmación visitara a Brent en Cuba, y luego a Rawlins y su familia en Oakland.
Las sobrinas y sobrinos se reunieron en torno a un televisor para mirar un video del tío al que nunca habían conocido. Luego el productor filmó a la familia hablándole a Brent. Una sobrina nieta dejó un pesaroso mensaje.
"Le dijo que le habría gustado conocerlo en persona; que creía que él había tratado realmente de mejorar las cosas para la gente negra y que estaba orgullosa de él", dijo Rawlins.
Más tarde, en Cuba, Brent miró la grabación.
"Se quebró y se echó a llorar", dijo Wasserman. "Era como si su vida, a pesar de todo el dolor y el exilio, hubiese servido para algo".

jocelyn.stewart@latimes.com

20 de noviembre de 2006
©los angeles times
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locos en la cárcel


[Abby Goodenough] Funcionarios se disputan sobre los enfermos mentales en las cárceles de Florida.
Miami, Estados Unidos. Durante años los jueces de circuito han ordenado a funcionarios del estado a acatar las leyes de Florida y transferir sin dilación a reclusos con graves enfermedades mentales, de las cárceles a hospitales del estado. Pero en agosto, debido a la escasez de camas en los hospitales, el gobernador Jeb Bush empezó a desobedecer esar órdenes judiciales.
Ahora, en un creciente conflicto entre el gobierno de Florida y sus jueces, el estado está siendo amenazado con abultadas multas diarias si no acata. Y al menos un juez ha planteado la posibilidad de que el secretario del Departamento de Protección al Niño y Violencia Intrafamiliar de Florida termine en la cárcel por desacato.
"En una sociedad ordenada no se deben tolerar este tipo de actitudes arrogantes", escribió el juez de circuito de Pinellas-Pasco, Crockett Farnell, en un resolución del 11 de octubre.
La ley del estado exige que los reclusos que han sido declarados incapaces de ser juzgados deben ser trasladados desde las cárceles de los condados a hospitales psiquiátricos en un plazo no mayor a quince días después de recibidas las órdenes de internamiento. Florida ha quebrantado esta ley durante años, provocando que algunos defensores públicos soliciten órdenes judiciales para obligar a las autoridades a acatar la ley.
Ahora que el estado está desdeñando incluso esas órdenes, un creciente número de reclusos mentalmente enfermos, ahora más de trescientos, han sido abandonados sin tratamiento en cárceles hacinadas debido a que las 1.416 camas psiquiátricas del estado están ocupadas.
Dos reclusos mentalmente enfermos de la Cárcel del Condado de Escambia en Pensacola murieron el año pasado tras ser reducidos por guardias, de acuerdo a informes de prensa. Y en la Cárcel del Condado de Pinellas, en Clearwater, un recluso esquizofrénico se sacó un ojo después de esperar durante semanas por una cama de hospital, dijo su abogado.
Los defensores públicos del Condado de Miami-Dade dicen que sus clientes psicóticos han sufrido alucinaciones, se han mutilado a sí mismos y han intentado suicidarse mientras esperaban ser transferidos a un hospital. El estado dice que la escasez de camas y financiamiento han hecho imposible acatar las órdenes y que las órdenes judiciales que lo obliga a transferir a algunos reclusos son injustas para los que han esperado más tiempo.
La mayoría de los jueces han respondido con escepticismo, preguntando por qué el Departamento de Protección al Niño y Violencia Intrafamiliar no ha solicitado más dinero del estado ha medida que aumentaba el número de reclusos con problemas mentales. La dependencia ha sufrido recortes presupuestarios de 53 millones de dólares este año, lo que los defensores públicos dicen que no tiene sentido dada la crisis de reclusos y el excedente de ocho millones de dólares en el presupuesto del estado.
En una de las resoluciones más severas hasta la fecha, el juez Farnell dijo el mes pasado que empezaría a multar al departamento con mil dólares al día por cada recluso enfermo que permaneciera en la Cárcel del Condado de Pinellas durante más de quince días. El juez, de Clearwater, expresó su indignación por la "decisión consciente" del departamento de ignorar las órdenes judiciales.
Jueces de los condados de Broward, Hillsborough y Miami-Dade Counties están también considerando presentar mociones para obligar al departamento a obedecer la ley o juzgarlo por desacato por dejar que los enfermos mentales se hacinen en cárceles inapropiadas. El departamento apeló después de que tres jueces del estado en Miami ordenaran la custodia de varios reclusos el mes pasado, pero una comisión de la Corte de Apelaciones del Tercer Distrito indicó la semana pasada que podría resolver contra el departamento y su secretario, Lucy D. Hadi.
"Me sorprende que tengamos que recurrir al desacato", dijo durante los alegatos orales el juez Frank A. Shepherd. "Y la señora Hadi puede terminar en la cárcel".
El problema no es únicamente de Florida, aunque es especialmente grave en el condado de Miami-Dade, que tiene uno de los porcentajes más grandes del país en residentes mentalmente enfermos, de acuerdo a la National Alliance for the Mentally Ill, un grupo de defensa de los reclusos.
Un estudio del ministerio de Justicia dado a conocer en septiembre constató que el 64 por ciento de los reclusos en las cárceles de los condados del país padecen problemas de salud mental. Muchos enfermos son detenidos por delitos menores, dicen los activistas, y sin embargo permanecen en la cárcel por períodos injustificadamente largos porque no tiene dónde ir.
En los hospitales psiquiátricos estatales del país hay sólo 40 mil camas, una reducción de las 69 mil que había en 1995. Los defensores de los enfermos mentales dicen que los programas de tratamiento basados en las comunidades, que se supone debía remplazar a los hospitales psiquiátricos después del movimiento de deinstitucionalización de los años sesenta y setenta, no ha compensado las pérdidas de camas hospitalarias.
Largas esperas por camas son especialmente comunes en las zonas urbanas del país. La semana pasada, 307 reclusos enfermos estaban esperando por una de las 1.416 camas psiquiátricas de Florida, y un 72 por ciento había esperado durante más de quince días. El estado tiene tres hospitales psiquiátricos con camas para internamientos judiciales.
"Este es un problema nacional, y es un reflejo directo de la falta de camas apropiadas y de coordinación entre la justicia criminal y las estructuras de salud mental", dijo Ronald S. Honberg, director jurídico de la National Alliance for the Mentally Ill.
En Miami, un promedio de 25 a 40 personas con psicosis aguda viven en una unidad de la principal cárcel del condado, las que fueron descritas por la abogado de Human Rights Watch, Jennifer Daskal, como escuálidas después de visitarlas el mes pasado. Diecisiete de esos reclusos están esperando por camas en un hospital, dijo Valerie Jonas, una defensora pública del condado, agregando que esa cifra ha llegado hasta 30 en las últimas semanas.
Daskal dijo que algunas de las catorce ‘celdas suicidas' de la unidad -mal iluminadas, desprovistas de objetos y diseñadas para un solo recluso- albergaban a dos o tres reclusos a la vez, y que eran mantenidos 24 horas al día en sus celdas, excepto para salir a ducharse. Ninguno de los reclusos enfermos recibía terapia individual o de grupo, dijo en una declaración.
Funcionarios del Departamento de Protección al Niño y Violencia Intrafamiliar han alegado que la agencia no puede ser acusada de desacato cuando simplemente no tiene más camas, y que no podía anticipar el agudo crecimiento de internamientos de este año. En junio de 2005, dijeron, sólo esperaban por camas de hospital 125 reclusos, de los cuales el 38 por ciento había esperado más de quince días.
"En este momento estamos tratando de encontrar todos los días soluciones a corto plazo a la escasez de camas", dijo Al Zimmerman, portavoz del departamento. "Estamos tratando de encontrar modos de pagar por espacio adicional, de pagar por camas adicionales".
El departamento pidió y recibió dinero para unas dos docenas de camas este año, y ha pedido 38 para el próximo año. Cada cama cuesta cien mil dólares al año, dijo Zimmerman.
Jonas, la defensora pública, dijo que era un escándalo que el departamento no hubiera pedido más. "Considerando que tenemos un lista de espera de más de trescientos, y están en todo el estado diciendo que no tienen capacidad para acatar los internamientos", dijo. "¿Por qué han pedido solamente 38?"
Sin embargo, Honberg dijo que colocar a más reclusos con problemas mentales en los hospitales del estado no puede ser el objetivo final. El tratamiento que reciben allá a menudo es superficial, dijo, y muchos empeoran cuando vuelven a la cárcel, y terminan de nuevo en las listas de espera para una cama de hospital.
"Hay una enorme cantidad de gente que es enviada a los hospitales del estado no por motivos terapéuticos, sino para hacerlos competentes para ser juzgados", dijo Honberg. "No vamos a solucionar estos problemas a menos que invirtamos los recursos adecuados en servicios que sirven a la gente antes de que terminen en la cárcel".

15 de noviembre de 2006
©new york times
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legado de milton friedman


[Jonathan Peterson] Premio Nobel de economía murió a los 94 años.
Milton Friedman, el genial defensor de la economía de libre mercado y la libertad individual que, casi sin ayuda de nadie, cambió los límites del debate público sobre toda una serie de temas nacionales, murió el jueves en San Francisco. Tenía 94 años.
La causa de su muerte fue una insuficiencia cardíaca, dijo Robert Fanger, portavoz de la Fundación Milton y Rose D. Friedman, de Indianápolis.
Friedman es considerado como uno de los más destacados teóricos de la economía del siglo 20. Sus numerosas recetas económicas, especialmente sobre el manejo de la oferta de dinero del país y sobre el desmantelamiento del estado de bienestar, influyeron en presidentes y candidatos presidenciales de los años sesenta. El presidente Reagen y Margaret Thatcher, la ex primera ministro británico, se contaban entre sus seguidores. Las radicales ideas pro-capitalistas de Friedman le ganaron legiones de seguidores aquí y en el extranjero, mientras que también provocaron oposición y controversia.
En 1976 recibió el premio Nobel en economía por su "original e importante labor", incluyendo su investigación de la oferta de dinero, que los miembros del jurado dijeron que había influido a colegas así como a la Reserva Federal norteamericana y los bancos centrales de otros países.
"Era un gran hombre", dijo Allan H. Meltzer, profesor de economía en la Universidad de Carnegie Mellon e investigador del American Enterprise Institute. "Es difícil pensar en alguien que nunca desempeñó una función de gobierno importante, haya tenido tanta influencia como él en nuestro país y en el resto del mundo".
Friedman, que vivió en San Francisco durante largo tiempo, fue desde 1977 investigador de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford.
Sin embargo, la influencia de Friedman se extendió mucho más allá de su torre fe marfil. Se convirtió en un economista célebre, utilizando libros, revistas y programas de televisión para fomentar sus apasionadas ideas. Con confianza y la lógica de un profesor, trató de demoler la creencia tradicional de después de la Segunda Guerra Mundial, de que los gobiernos deben jugar un papel preponderante en la vida de la gente.
Los impuestos debían reducirse y simplificarse, dijo, porque la sociedad progresa cuando reina suprema la opción personal.
Mientras algunas de sus enseñanzas sobre el dinero perdieron influencia en el curso de los años, finalmente alcanzó el status de gurú capitalista gracias a la pureza y fuerza de su visión del mundo más amplia.
"Fue un elemento fijo en mi vida, tanto profesional como personalmente durante medio siglo", dijo en una declaración el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan. "Mi mundo no será el mismo".
El actual presidente de la Reserva, Ben S. Bernanke, dijo en una declaración que "Friedman no tenía igual" entre sus colegas académicos. "Igualmente importante, con su actitud compasiva y convincente, Milton transmitió a millones de personas una cierta comprensión de las ventajas económicas de los mercados libres y competitivos, así como la estrecha conexión de la libertad económica con otros tipos de libertades".
En los años sesenta, Friedman argumentó que los planes de jubilación personales eran más coherentes que el sistema obligatorio de la Seguridad Social, ayudando a sentar las bases del reciente debate nacional. Igualmente, contendió que los padres debían poder elegir a qué escuela enviaban a sus hijos, originando los persistentes debates sobre la elección de las escuelas.
Esta última convicción animó los últimos años de Friedman, y la promoción de la opción escolar se convirtió en la misión de su fundación. "¿Por qué tienen las universidades estadounidenses más reputación que sus escuelas públicas?", preguntó una vez el académico. "Porque tienes opción. Eso hace toda la diferencia".
Friedman ofrecía francos consejos sobre temás tan personales como las leyes contra la prostitución -las veía como limitaciones de la opción personal- y tan influyentes como el sistema internacional de tasas de cambio relativamente fijas, que trató de tumbar y que en realidad se derrumbaron a principio de los años setenta.
Se convirtió en la cara humana de la influyente ‘escuela de Chicago' en economía, enfatizando el rol de las políticas monetarias, que influye en las tasas de interés, y los beneficios de laissez-faire o del mercado libre en la economía.
Los políticos se convencieron, otorgando una influencia casi sin paralelos al académico cuyas ideas sobre el mercado libre parecían fuera de tono con su época.
No todas sus ideas fueron aceptadas. La Reserva Federal norteamericana, el Banco de Inglaterra y otros bancos centrales finalmente abandonaron gran parte de sus recetas monetarias.
Después de una serie de escándalos corporativos y financieros, el mantra estilo Friedman para la liberalización perdió mucho de su atractivo. Algunas de las prioridades sociales de Friedman, especialmente la legalización de las drogas, no fueron nunca aceptadas.
Friedman mismo dijo que, en retrospectiva, no debió haber presionado tan agresivamente sobre los aspectos técnicos de las teorías sobre la oferta de dinero. Sin embargo, nunca se apartó de lo esencial de su visión del mundo.
"En cierta fase de tu vida te formas una filosofía, y te domina por el resto de tu vida", dijo al Financial Times en junio de 2003. "Creo que en los grandes temas no he cambiado nada".
Friedman nació en el distrito de Brooklyn en Nueva York el 31 de julio de 1912, como el cuarto hijo de una familia de esforzados inmigrantes judíos de una región que ahora forma parte de Ucrania. Cuando tenía 13 años, la familia se mudó al norte de Nueva Jersey, a la ciudad de Rahway.
La familia era cariñosa y comprensiva, y su infancia fue en general feliz, diría más tarde Friedman. Pero el dinero escaseaba. Los padres de Friedman emprendieron varias empresas sin demasiado éxito, incluyendo una pequeña tienda y una malograda heladería.
"Entre mis recuerdos más vívidos están las acaloradas discusiones entre mis padres en la noche sobre de dónde sacarían el dinero para pagar las cuentas", recordó Friedman en su memoria de 1998, ‘Two Lucky People', escrita con su esposa Rose.
El joven Friedman usó asiduamente la pequeña biblioteca de Rahway -"casi agotando sus existencias"- y era un entusiasta Boy Scout. Pequeño de estatura -de adulto, Friedman medía un metro 58-, jugaba en el equipo de ajedrez de la escuela.
Tras graduarse, entró con una beca a la Universidad Rutgers. Siempre emprendedor, complementaba la beca trabajando como camarero, vendiendo fuegos artificiales, enseñando a estudiantes de la secundaria y trabajando como dependiente en un tienda de ultramarinos. Friedman también empezó una fructífera relación intelectual con dos profesores: Arthur F. Burns, que más tarde sería presidente de la Reserva Federal, y Homer Jones, que sermoneaba a los estudiantes sobre la importancia de la libertad individual.
Pensaba estudiar para corredor de seguros, pero en una entrevista en PBS en octubre de 2000 explicó por qué cambió de opinión durante la Gran Depresión: "Si eres un estudiante de 19 años, ¿qué va a ser más importante para ti: tratar de determinar cuáles serán los precios correctos de los seguros de vida, o tratar de entender cómo llegó el mundo a ese caos?"
Friedman prefirió responder la última pregunta como estudiante de la Universidad de Chicago en 1932.
Se fue a estudiar economía en las universidades de Chicago y Columbia, pasó un período en un proyecto de economía del New Deal en Washington, el National Resources Committee, y luego trabajó para el National Bureau of Economic Research, una organización sin fines de lucro, de Nueva York.
Descubrió de primera mano que las conclusiones académicas pueden ser polémicas. Friedman escribió en su disertación doctoral que los médicos ganaban dinero extra gracias al poder de la American Medical Association de restringir el acceso a la profesión.
Esos mismos poderes, escribió Friedman, reducían la disponibilidad de atención médica para el público.
La Universidad de Columbia retrasó durante cinco años la tesis de Friedman. "Yo era joven e inocente en esa época, y no me di cuenta de que habría protestas...", dice Friedman en sus memorias de 1998. "Pero aprendí pronto".
Friedman no había llegado todavía a su vehemente rechazo de las políticas que basaban el gasto público en la recaudación de impuestos como un modo de dirigir la economía nacional. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó para el gobierno federal, asesorando al ministerio de Hacienda sobre la política impuestaria en tiempos de guerra y otros asuntos.
Luego siguió un breve período en la Universidad de Minnesota. En 1946, Friedman se unió al plantel de docentes de la Universidad de Chicago, que sería su base durante los próximos treinta años.
"Ser estudiante de Milton era mágico", recordó años después Gary S. Becker, un estudiante doctoral de Friedman en 1951, que llegaría a ganar un Premio Nobel por sí mismo. "La gente me preguntaba siempre: ‘¿Por qué te excitas tanto? ¿Estás saliendo con una chica guapa?' Yo les decía: ‘No, voy a clases de económicas'".
Temprano en su carrera, Friedman sacó una de sus famosas conclusiones: A fines de los años veinte y principio de los treinta, la Reserva Federal había metido la pata terriblemente, provocando el crash de la bolsa de 1929 y haciendo más profunda la Gran Depresión mediante las excesivas restricciones de la oferta de dinero. Ese conocimiento debería impedir, pensaba, que Estados Unidos volviera a cometer el mismo error.
Las persistentes ideas de Friedman sobre libertad y opción personales emergieron en los años cuarenta y cincuenta.
Se entusiasmó en particular con un profesor de economía llamado Friedrich Hayek, cuyos ataques intelectuales contra el socialismo galvanizó a un pequeño grupo de creyentes bajo la bandera del ‘liberalismo'.
En esa época, los demócratas y republicanos convencionales asumían que el gobierno federal debía tener un enorme y ambicioso rol en la sociedad, sirviendo como un ecualizador de los desprivilegiados. John Maynard Keynes, un eminente economista británico, era el líder intelectual dominante de esa época.
Friedman se propuso entregar una alternativa. En 1962 publicó ‘Capitalism and Freedom', un libro de texto ampliamente leído con sus convicciones anti-estado, con sus reflexiones sobre política monetaria, educación, bienestar y pobreza. Atacó el programa de la Seguridad Social por restringir las opciones de la gente en cuanto a sus planes de jubilación, propuso un impuesto ‘plano' único para remplazar el sistema más complejo de tramos múltiples y llamó a poner fin a los colegios profesionales.
Al año siguiente publicó lo que muchos consideran su obra maestra, el libro de 800 páginas ‘Monetary History of the United States', escrito en colaboraicón con la economista Anna Schwartz. Proporcionaba detalladas evidencias de sus ideas monetaristas de que el crecimiento prudente de la oferta de dinero era el factor más importante para el sostén del desarrollo económico.
En la campaña presidencial de 1964, Friedman empezó a participar directamente en el campo político.
Lyndon Johnson, el candidato demócrata, defendía una Gran Sociedad al estilo de Keynes, con ambiciosos programas liberales. El senador Barry Goldwater, el candidato conservador republicano, se sentía atraído por las políticas de Friedman y lo nombró su asesor en economía.
La victoria de Johnson fue abrumadora. Pero Friedman siguió al frente de las reformas económicas, le dieron pronto una columna en Newsweek que le proveyó de un foro para sus ideas sobre los impuestos, la burocracia, las restricciones a la importación, la Reserva Federal y asuntos no relacionados con la economía.
Cuando el presidente Nixon lo nombró en una comisión para estudiar la posible abolición del servicio militar obligatorio, Friedman descubrió que sus ideas anti-servicio lo ponían de punta con el general William Westmoreland, el jefe del estado mayor del ejército y ex comandante en la Guerra de Vietnam.
En un momento, Westmoreland declaró que no quería dirigir un ejército de "mercenarios".
"Lo paré y le dije: ‘General, ¿prefiere dirigir un ejército de esclavos?'", recordó Friedman más tarde. "Se enderezó y dijo: ‘No me gusta que se llame esclavos a nuestros reclutas patriotas'. Le dije: ‘Y a mí no me gusta llamar mercenarios a los patriotas voluntarios'".
Las fuerzas armadas norteamericanas terminaron con el servicio militar obligatorio en 1973.
El 14 de octubre de 1976, los periodistas rodearon a Friedman cuanto este entró a una rueda de prensa en Detroit sobre un propuesta para limitar el gasto público. Para sorpresa de Friedman, le informaron que había ganado el premio Nobel en economía.
La academia sueca reconoció a Friedman por sus perspectivas sobre el manejo de la oferta de dinero -debería crecer gradual y firmemente- y por sus propuestas de que las familias debían decidir en qué gastar los ahorros de toda la vida. También citaron a Friedman por derrumbar la antigua falacia de que la inflación podía reducir el desempleo.

"Es muy raro que un economista alcance tal grado de influencia, directa e indirectamente, no sólo sobre la dirección que ha de tomar la investigación científica, sino también políticas concretas", declararon los jueces.
El premio Nobel también le significó controversias.
El año anterior, Friedman había irritado a los activistas de derechos humanos por dictar una serie de charlas en Chile, que estaba bajo el control de la dictadura militar de Augusto Pinochet. Los críticos acusaron al economista de apoyar a Pinochet, cuyo gobierno incluía a discípulos de Friedman.
Cuando Friedman viajó a Stocolmo a recibir el premio Nobel, los manifestantes lo estaban esperando. El escándalo fastidió al economista, que creía que la libertad económica era un empuje de la libertad política.
"Dicté tanto en China como en Chile exactamente las mismas conferencias", dijo Friedman años después. "He visto muchas demostraciones contra mí por lo que dije en Chile, pero nadie ha hecho objeciones a lo que dije en China. ¿Cómo se explica?"
En 1980 Friedman sirvió como asesor de la campaña presidencial de Ronald Reagan. Siguió asesorándolo cuando Reagan se instaló en la Casa Blanca.
Reagan apoyaba un proyecto políticamente difícil de la Reserva Federal de reducir la oferta de dinero y combatir la inflación, siguiendo los principios de Friedman. El proyecto terminó con la inflación, pero a costas de una profunda recesión.
La fama de Friedman subió en picado en 1980 cuando la PBS transmitió la serie en diez entregas ‘Free to Choose', una compilación de la filosofía compartida de Milton y Rose sobre las libertades personal, política y económica. Un libro basado en el proyecto se convirtió al año siguiente en un éxito de ventas. Más tarde Friedman describió el proyecto como "la experiencia más excitante de nuestras vidas".
Además de su esposa, le sobreviven su hija Janet, abogado, y su hijo David, profesor de derecho y economía en la Universidad de Santa Clara en Santa Clara, California.

16 de noviembre de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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estrategia de retirada tras rumsfeld


La renuncia de Rumsfeld podría conducir a cambios más profundos en política exterior.
Más vale tarde que nunca. Más de dos años después de que el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld presentara su renuncia tras el escándalo de la cárcel de Abu Ghraib, el presidente Bush finalmente accedió a dejarlo partir para hacer espacio para una "perspectiva más fresca". En este momento es un gesto fácil, el equivalente político de romper la piñata una vez que ha sido abollada más allá de todo reconocimiento.
La "perspectiva más fresca" será proporcionada por un confidente del padre de Bush, el ex director de la CIA Robert M. Gates. Gates es todo lo que Rumsfeld no es: un operador de Washington experto en la búsqueda de consenso.
Cuando Bush asumió el cargo, su equipo diplomático y de seguridad nacional compuesto por el vice-presidente Dick Cheney, el ministro de Relaciones Exteriores Colin L. Powell, la asesora de Seguridad Nacional Condoleezza Rice y Rumsfeld exudaba una imagen de experimentada competencia. Sin embargo, dirigieron una política basada en la fe que ha demostrado ser un desastre para los intereses nacionales.
Rumsfeld tenía razón en cuanto a la necesidad de una revolución militar tecnológica. Pero confundía la necesidad de modernizar la estructura armamentística y crear unas fuerzas armadas más ágiles con la licencia para librar guerras baratas, rechazando advertencias de que se necesitarían cientos de miles de tropas para estabilizar Iraq. La ocupación fue mal planificada debido a la confianza depositada en las suposiciones de pensadores reaccionarios fanáticos.
Ahora, después de los avances de los demócratas en una elección vista correctamente como un referéndum sobre Iraq, Bush necesita hacer más que limitarse a aceptar la renuncia de Rumsfeld. Bush, como de costumbre, envió un mensaje tibio en la rueda de prensa del miércoles. Enfatizó la ‘perspectiva fresca' que Gates aportaría a su función, pero continuó definiendo la "victoria" en términos utópicos: un Iraq democrático "que pueda defenderse a sí mismo, gobernarse y mantenerse a sí mismo, y ser un aliado en la guerra contra el terrorismo".
Bush también propuso que podría encontrar un "terreno común" con los victoriosos demócratas que habían exigido una nueva estrategia para Iraq. El círculo puede ser cerrado por el consigliere jefe del viejo Bush, James A. Baker III, que preside el llamado Grupo de Estudio de Iraq, que, y no es casualmente, también incluye a Robert Gates como uno de sus miembros.
Incluso antes de las elecciones, funcionarios de gobierno y algunos demócratas empezaron a predecir que la comisión de Baker proporcionaría una razón al presidente para que reduzca sus ambiciones en Iraq y apresure la implementación de su promesa de que "cuando los iraquíes se pongan de pie, nosotros nos retiraremos", incluso si la actitud de las fuerzas iraquíes (o de la democracia iraquí) deja que desear.
Todavía es preferible que Washington encuentre un modo de inducir a los partidos iraquíes a terminar con su guerra civil y establecer un estado estable, democrático y multireligioso. Pero podría ser imposible. Si Bush piensa que debe camuflar la reducción de expectativas en el lenguaje de la ‘victoria', sus nuevos colaboradores en el Partido Demócrata -y los votantes que los eligieron- no lo objetarán.

9 de noviembre de 2006
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