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¿se acabó el neoliberalismo?


De momento no hay nuevas propuestas para reemplazar al neo-liberalismo, excepto algunas en América Latina.
[Emir Sader] El neoliberalismo se constituyó en un nuevo modelo hegemónico en la historia del capitalismo, sucediendo al regulador-keynesiano o de bienestar social, como se quiera llamarlo. Realizó su diagnóstico sobre el agotamiento del modelo anterior y se propuso reorganizar el sistema capitalista en su conjunto, conforme a sus principios liberales reciclados para un nuevo período histórico.
Fue un modelo absolutamente hegemónico, que logró extenderse de la forma más universal posible: de Europa Occidental a Estados Unidos; de América latina a China; de Europa Oriental a Africa, de Rusia al sudeste asiático. Tuvo crisis precoces –a lo largo de la década de 1990, en México, en el sudeste asiático, Rusia, Brasil, Argentina–, pero se mantuvo hegemónico, sin ningún otro proyecto alternativo que le disputase esa categoría. Suscitó grandes movilizaciones en su contra –como las iniciadas en Seattle, que desembocaron en los Foros Sociales Mundiales–, siguió tropezando, como en la Organización Mundial de Comercio, con el adelgazamiento del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, pero continuó siendo el único modelo globalizado. Después de algún tiempo, la propuesta híbrida de China permitió que surgiera la expresión Consenso de Pekín, en lugar del de Washington, pero girando siempre en torno de las adecuaciones de las políticas de libre comercio.
Las potencias centrales del capitalismo ya habían sido víctimas de la desregulación y del potencial de ataque del capital especulativo, entre ellas Gran Bretaña en los ’80, objetivo del megaespeculador George Soros. Pero todo ataque especulativo tenía a Estados Unidos como beneficiario; toda fuga de capitales encontraba a la Bolsa de Nueva York como refugio. Se sabía que ese carnaval especulativo sólo encontraría límite cuando el principal beneficiario de la misma se convirtiera también en víctima. Ese momento llegó.
Las medidas emergentes, como siempre, hieren la doctrina neoliberal, con intervenciones directas y masivas del Estado –como ya había sucedido desde la primera crisis neoliberal de México, en 1994–. Pero, ¿significaban el fin del neoliberalismo? ¿Es posible retomar los procesos regulatorios globales –un nuevo Bretton Woods– que frenen estructuralmente la libre circulación de capitales y la reviertan por procesos de desregulación económica, esencia misma del neoliberalismo?
Nada indica que eso sea posible. No existe una lógica racional del sistema capitalista que haga que sus agentes –de grandes corporaciones de estados dominantes– integren una lógica superior del sistema. Esa es una de sus contradicciones estructurales, entre dominación global y apropiación privada.
La actual se trata de una gran crisis capitalista –se dice que la mayor desde la de 1929–, que puede abrir camino para la construcción de un modelo alternativo. Sin embargo, por el momento no se vislumbra en el horizonte ningún modelo que pueda tener ese papel, ni siquiera de manera embrionaria; a lo sumo existen versiones híbridas, como las políticas económicas de China y Brasil. La propia proliferación de gobiernos conservadores, nada innovadores en sus políticas, ubicados en el centro del capitalismo, indica que nada de nuevo puede provenir de ellos en sustitución del modelo agotado.
Todo indica que entre la crisis del modelo precozmente envejecido y las dificultades para el surgimiento de uno nuevo, mediará un período más o menos prolongado de inestabilidades, de sucesivas crisis, de turbulencias. Porque lo que se agota no es únicamente un modelo hegemónico, sino también la hegemonía política de Estados Unidos –los dos pilares de sustentación del presente período político, que sustituyeron al modelo regulador y a la bipolaridad mundial. Y tampoco en este terreno surge en el horizonte una potencia –o un conjunto de ellas– en condiciones de ejercer una nueva hegemonía.
El neoliberalismo no termina, pero se agota, dando paso a un período de disputa por alternativas en las que –por el momento– sólo se ve aparecer propuestas superadoras en América latina. Gana así la región un protagonismo –junto con China– en la proyección del mundo futuro para toda la primera mitad de este siglo, en la disputa entre lo viejo –que se resiste a morir y produce crisis con consecuencias por todos lados–, y lo nuevo, que comienza a anunciar el posneoliberalismo, un mundo solidario, desmercantilizado, humanista, del que el Foro Social Mundial de Belem –del 27 de enero al 1º de febrero– será una muestra pluralista y vigorosa de alternativas al neoliberalismo.

15 de octubre de 2008
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estados unidos nacionaliza bancos


Estados Unidos obliga a nueve bancos a aceptar su nacionalización parcial.
[David Cho, Neil Irwin y Peter Whoriskey] Estados Unidos. El gobierno estadounidense está aumentando dramáticamente su respuesta a la crisis financiera, anunciando la inversión de 250 mil millones de dólares en los bancos del país y obligando a nueve de los bancos más importantes a aceptar la participación de Hacienda en una decisión que equivale a una nacionalización parcial de esos bancos.
La noticia de que los gobiernos europeos también planeaban adquirir participaciones en sus bancos y la expectativa de nuevas medidas estadounidenses provocaron ayer un agudo remonte en los precios de las acciones estadounidenses, con el promedio industrial Dow Jones registrando el aumento porcentual más grande desde los años treinta, un 11.1 por ciento. Terminó en 936.42 puntos, el nivel más alto en su historia, apenas días después de que el índice bursátil Dow sufriera la peor caída semanal de su historia.
La decisión del ministerio de Hacienda de adquirir una participación en el capital representa un significativo cambio apenas semanas después de que el ministro de Hacienda, Henry M. Paulson Jr., se opusiera a la idea. En una trascendental reunión ayer por la tarde en Washington, Paulson, flanqueado por importantes reguladores financieros, dijo a los ejecutivos de nueve importantes bancos que tenían que participar en el programa por el bien de la economía nacional, dijeron dos fuentes que hablaron a condición de conservar el anonimato debido a que no estaban autorizados para hablar en público.
La iniciativa del gobierno, que debía ser anunciada esta mañana antes de que abrieran los mercados en Nueva York, es parte de un plan más amplio que va más allá del paquete de rescate de 700 mil millones de dólares aprobado por el Congreso antes este mes. La  Superintendencia Federal de Seguro de Depósitos [Federal Deposit Insurance Corp.; FDIC] también debe anunciar hoy el lanzamiento de un fondo de seguros para garantizar las nuevas emisiones de deuda bancaria. Proveerá un seguro ilimitado para los depósitos que no conllevan intereses, que son ampliamente usados por pequeñas empresas para el pago de planillas y otros propósitos.
Al presionar a los ejecutivos bancarios para que aceptaran la propiedad parcial del gobierno, el mensaje de Paulson fue claro. Aunque oficialmente el programa era voluntario, los bancos no tenían mucho que decir. A cambio de entregar a Hacienda una participación minoritaria, los nueve bancos recibirán en conjunto una inversión de 125 mil millones de dólares. En los próximos treinta días, el gobierno pondrá 125 mil millones de dólares a disposición de miles de otros bancos y cajas de ahorro en todo el país.
Los funcionarios federales fijaron las condiciones, diciendo a los bancos que no podrían elevar sus dividendos sin la aprobación del gobierno y que no podrían ofrecer a sus ejecutivos nuevos acuerdos de jubilación, aunque los acuerdos ya cerrados serán respetados.
Paulson les dijo que estas medidas aumentarían la confianza en sus propias instituciones, estimularían el crédito en el sistema y dejarían en claro ante instituciones más pequeñas que no es deshonroso aceptar financiamiento federal. Aunque algunos se mostraron reluctantes, todos los ejecutivos terminaron aceptando el plan.
Se corre el riesgo de que los bancos utilicen el nuevo capital estatal para reforzar sus balances, pero sin reanudar todavía los créditos, y Hacienda no ha obtenido ninguna garantía contractual específica para impedir que eso ocurra. Pero los reguladores bancarios, especialmente la Reserva Federal, se apoyarán pesadamente en los bancos que reciban infusiones para usar el capital para reanudar los créditos a empresas y consumidores.

En conjunto, las medidas anunciadas por Hacienda, la Superintendencia Federal de Seguro de Depósitos, y la Reserva Federal equivalen a un monumental intento de hacer arrancar los créditos, que en las últimas semanas se habían paralizado a medida que los bancos perdían la fe ellos y en sus clientes. Los mercados globales empezaron a derrumbarse. Algunos países emergentes se tambalearon hasta quedar al borde de un colapso financiero.
Durante reuniones sostenidas el fin de semana, los presidentes de varios países del mundo accedieron en Washington a lanzar un programa coordinado para inyectar dinero en los bancos del mundo y garantizar sus deudas. La iniciativa, ayer, de funcionarios de Estados Unidos representó la versión estadounidense de esos principios generales, que fue correspondida ayer por iniciativas similares en Europa.
Como parte del esfuerzo para inyectar el sistema financiero con dinero, la Reserva Federal puso ayer temprano fondos ilimitados a disposición de otros importantes bancos centrales de modo que puedan inyectar dinero en bancos en sus países y aliviar la escasez de dólares a la que hacen frente. Anteriormente el programa crediticio de la Reserva Federal, de prestar dólares al Banco Central Europeo, al Banco de Inglaterra, al Banco de Japón y otros ha sido calculado en un total de 380 mil millones de dólares.
Según la ley de rescate firmada antes este mes, Hacienda está autorizada a adquirir participaciones en los bancos.
Durante los debates en el Capitolio, Paulson dijo repetidas veces que la medida era un modo de apuntalar a las instituciones financieras en problemas, comprando sus valores hipotecarios y otros.
Ahora que decidió utilizar el plan de financiación de 250 mil millones de dólares para inyectar capital directamente en el sistema bancario, está planificando pedir inmediatamente al Congreso una segunda financiación de cien mil millones de dólares para comprar o asegurar valores de otras instituciones, de acuerdo a personal del Congreso y ejecutivos bancarios informados sobre el plan.
"Cuando hablé con los miembros del Congreso entonces, creían que estaban votando para comprar los valores con problemas, no para inyectar capital en los bancos", dijo Alan Blinder, un economista de Princeton y ex vicepresidente de la Reserva Federal. "Si yo fuera parlamentario, me estaría preguntando si no nos están dando gato por liebre, porque eso no fue discutido".
Entre los primeros en defender la idea de inyectar dinero en los bancos a cambio de adquirir participaciones estuvo el representante Spencer Bachus (republicano, Alabama), que propuso la idea en la reunión nocturna del 18 de septiembre en el Capitolio en la que participaron legisladores, Paulson, y Ben S. Bernanke, presidente de la Reserva Federal.
Después de que Paulson describiera su plan de que Hacienda comprara los valores hipotecarios, Bachus sugirió que había ciertamente otros modos de superar la crisis. "Tiene que haber más alternativas", dijo al grupo, según una versión que es consistente con las versiones de otros que estuvieron presentes en la reunión. "¿Por qué no inyectar capital en las instituciones?"
En la reunión, el representante Barney Frank (demócrata, Massachusetts) y el senador Jack Reed (demócrata, Rhode Island) expresaron su apoyo a la idea, según dijeron personas que asistieron a la reunión.
Pero funcionarios de Hacienda "dijeron que esta era una crisis y que no había tiempo", dijo Bachus. Paulson "tenía miedo de que si no hacíamos algo inmediatamente, pasarían cosas terribles".
Dijo que pensaba que Paulson había actuado con "integridad", pero que "creo que tenían un plan, y todos estaban diciendo: ‘Esto es lo que tenemos que hacer’".
Bachis respondió a la objeción diciendo que el gobierno podría adquirir participaciones sin derecho a voto en los bancos. Pero los opositores en la reunión, entre ellos los funcionarios de Hacienda, no se inmutaron.
"Creo que había una predisposición ideológica contra las inyecciones de capital", dijo el senador Charles E. Schumer (demócrata, Nueva York) sobre la reunión. También, "su visión era que eso tomaría demasiado tiempo porque había que hacerlo banco por banco".
Ayer, pocos legisladores abordaron el tema del plan de recapitalizar los bancos. Pero demócratas claves dijeron que tenían que respetarse estrictos límites a las remuneraciones de los ejecutivos de bancos que aceptaran dinero del gobierno.
"Las restricciones a la remuneración de los ejecutivos asegurará que el dinero de los contribuyentes no se malgaste enriqueciendo a las mismas personas cuyas pésimas decisiones provocaron esta crisis", escribió Schumer ayer en una carta a Paulson. "Es imperativo que todas estas restricciones, incluyendo las limitaciones a los incentivos de los ejecutivos que toman riesgos excesivos y la eliminación de los contratos blindados, sean incorporadas en cualquier programa de inyección de capital".

El nuevo programa de seguros que será lanzado por la Superintendencia Federal de Seguro de Depósitos para asegurar los depósitos que no conllevan intereses se dirige principalmente a las pequeñas empresas, que tienden a mantener sus balances en cuentas bancarias y por eso es muy probable que retiren el dinero si creen que su banco está teniendo problemas de solvencia. Debido a que los bancos no pueden legalmente pagar intereses a cuentas comerciales, la nueva garantía comprenderá  básicamente todas esas cuentas.
La garantía se corresponde con otras similares en países europeos, aliviando la preocupación de que las empresas empiecen a transferir su dinero a cuentas en el extranjero. Pero la medida también provoca preguntas sobre si la Superintendencia Federal de Seguro de Depósitos tendrá suficiente dinero como para cumplir con sus crecientes obligaciones si los bancos continúan derrumbándose.
La garantía de deuda bancaria de Superintendencia Federal de Seguro de Depósitos estará abierta para nuevas emisiones de bonos y otras formas de deuda que sean emitidas antes de junio del próximo año. La garantía del gobierno durará tres años.
Ayer temprano, mientras hablaba con banqueros internacionales, Neel Kashkari, que está temporalmente supervisando el paquete de rescate del gobierno por 700 mil millones de dólares, explicó algunos detalles de los esfuerzos de Hacienda en ese plan y reconoció la necesidad de actuar rápidamente. Kashkari, que fue nombrado subsecretario interino de Hacienda para la estabilidad financiera la semana pasada, dijo que nombramientos claves, incluyendo el de la compañía principal que supervise y gestione la compra de valores con problemas a los bancos, será anunciado hoy. También ha recibido "cientos" de solicitudes de empresas que quieren convertirse en administradores de los valores que comprará Hacienda. Otros funcionarios agregaron que el ministerio ha contratado al bufete de abogados Simpson Thacher & Bartlett y a los consultores de inversiones Ennis Knupp & Associates para que ayuden a seleccionar a los contratistas del programa.
Kashkari dijo que Hacienda aclarará la situación de conflicto de intereses de las empresas que contrate porque "las firmas con la experiencia financiera relevante también pueden poseer valores que pueden ser vendidos".

Binyamin Appelbaum, Zachary A. Goldfarb y Lori Montgomery contribuyeron a este artículo.

14 de octubre de 2008
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¿fin del capitalismo estadounidense?


La peor crisis financiera desde la Gran Depresión se cobra otra víctima: el capitalismo al estilo americano.
[Anthony Faiola] Desde los años treinta, los bancos estadounidenses eran los estandartes del poderío económico norteamericano, y se esperaba, y estimulaba, que otros países imitaran el salvaje sistema financiero de libre mercado practicado en Estados Unidos. Pero el desconcierto en el mercado que está vaciando el tesoro del país y que ha paralizado a Wall Street, ahora amenaza con poner en manos del gobierno los bancos que se encuentran en el corazón del sistema financiero estadounidense.
El gobierno de Bush está considerando nacionalizar parcialmente algunos bancos, comprando una parte de sus acciones para apuntalarlos y recuperar la confianza como parte del plan de rescate del gobierno, de setecientos mil millones de dólares. La idea de que el gobierno adquiera propiedades en el sector financiero, incluso como accionista minoritario, va contra lo que los puristas del mercado ven como el fundamento del sistema estadounidense.
Sin embargo, el gobierno cree que no tiene alternativas. El crédito, el elemento vital del capitalismo, dejó de fluir. Una economía basada en el libre mercado no puede funcionar de este modo.
La media vuelta del gobierno va más allá del sector bancario. Se está reafirmando a sí mismo en la vida de los ciudadanos en modos que habrían sido impensables en la era en que se creía que el mercado lo solucionaba todo. Con las recientes absorciones de los importantes prestamistas Fannie Mae y Freddie Mac y el rescate de AIG, el gobierno norteamericano está ahora
encargándose efectivamente de las hipotecas y seguros de vida de decenas de millones de estadounidenses. Muchos economistas se están preguntando si sigue siendo un mercado libre cuando el gobierno está tan metido en el sistema financiero.
Dado que Estados Unidos se ha mostrado como modelo económico global, el cambio podría inclinar la balanza en cuanto a cómo otros gobiernos del mundo practican la empresa libre. En las últimas décadas, Estados Unidos encabezó una cruzada para convencer a gran parte del planeta, especialmente a países en desarrollo, de levantar la pesada mano del estado de las finanzas y la industria.
Pero la política no intervencionista del capitalismo en Estados Unidos está siendo acusada ahora del crédito fácil que enfermó el mercado de la vivienda y permitió que una Wall Street irresponsable creara una pileta de inversiones tóxicas que ha infectado el sistema financiero global. Según los críticos, una intervención fuerte del gobierno está despojando a Washington de la autoridad moral para difundir el evangelio del laissez-faire.
El gobierno podría lanzar un programa específico en el que pueda comprar una minoría en los bancos con problemas, o un programa más amplio que abarque a todo el sistema bancario. Sin embargo, en cualquier caso la decisión podría ser vista como evidencia de que Washington sigue siendo esclavo de Wall Street. El plan, por ejemplo, no obliga a las firmas participantes a recortar los salarios de los altos ejecutivos, como quieren algunos en el congreso. Pero si el plan no funcionara, el gobierno podría adquirir una participación mayor.
"En todo el mundo se nos admiraba por nuestra economía y les dijimos que si querían ser como nosotros, lo que tenían que hacer era... entregar el poder al mercado", dijo Joseph Stiglitz, de la Universidad de Columbia, economista y Premio Nobel. "Ahora el punto es que, debido a esta crisis, nadie tiene respeto en ese tipo de modelo. Y, por supuesto, plantea la cuestión de nuestra credibilidad. Ahora todos creen que están sufriendo por culpa nuestra".
En Seúl, muchos ven el exceso americano como una advertencia. Al mismo tiempo, la indignación por el efecto del derrame global de la crisis en Estados Unidos está aumentando. La moneda coreana, el won, ha caído fuertemente en los últimos días a medida que las corporaciones allá luchan por encontrar dólares en medio de la crisis crediticia.
"Los derivados y los fondos de cobertura son como apuestas en el casino", dijo el ministro de finanzas surcoreano, Kang Man-Soo. "Un montón de coreanos se están preguntando ¿cómo es posible que Estados Unidos sea tan débil?"
Aparte algunos jefes de estado radicales y titulares quijotescos, nadie está hablando de la muerte del capitalismo. En las últimas décadas, la adopción de las teorías del libre mercado, especialmente en Asia, ha ayudado a cientos de millones de personas a salir de la pobreza. Pero está creciendo el resentimiento contra el capitalismo al estilo americano que, en contraste con, digamos el alemán, rechaza las regulaciones y venera el riesgo.
En Corea del Sur las crecientes críticas de que el gobierno se aferra demasiado al modelo norteamericano han aumentado la oposición a la privatización del enorme Banco de Desarrollo de Corea [Korea Development Bank]. Corea del Sur es uno de los países que más se han beneficiado de la adopción de los principios del libre mercado, emergiendo desde las cenizas de la Guerra de Corea para convertirse en una de las principales economías del mundo. Se ha distinguido de Corea del Norte, un país empobrecido, aplastado por un sistema comunista anticuado y un presidente autoritario.
Pero las repercusiones de la crisis que empezó en Estados Unidos son globales. En Gran Bretaña, donde la primer ministro Margaret Thatcher se unió en los años ochenta al presidente Ronald Reagan para anunciar la promesa del capitalismo, esta semana el gobierno decidió nacionalizar parcialmente el achacoso sistema bancario. Al otro lado del Canal de la Mancha, los presidentes europeos que no desconocen la regulación, están insistiendo en que Washington retire gradualmente a los vigilantes del gobierno del sector financiero más grande del mundo. Dirigidos por el presidente francés Nicolás Sarkozy, están llamando a implementar nuevos códigos internacionales para imponer el control de las finanzas globales.
Hasta cierto punto, esos llamados están siendo reduplicados incluso por el Fondo Monetario Internacional, una institución encargada del fomento del libre mercado en el extranjero y que predicaba que cuanto menos interviniera el gobierno cuanto mejor, durante las crisis económicas en Asia y América Latina en los años noventa. Ahora se está hablando de la necesidad de la regulación y supervisión.
"Obviamente, la crisis proviene de un importante fallo de regulación y control en los países avanzados... y un fallo de los mecanismos disciplinarios del mercado", dijo ayer en la reunión anual del fondo Dominique Strauss-Kahn, directora general del FMI.
En una presentación de diapositivas, Strauss-Kahn ilustró el impacto global de la crisis financiera. Algunos países en África, incluyendo a muchos con los niveles más bajos de integración mercantil y financiera y apertura, están ahora decididos a capear la crisis con el mínimo de turbulencia.
Poco después, el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, fue interrogado por periodistas sobre la ‘confusión’ en el mundo en desarrollo sobre si continuar adoptando el modelo del libre mercado. Dijo: "Creo que la gente se ha confundido por estos terribles acontecimientos, no solamente en los países en desarrollo, sino también en los países desarrollados".
En gran parte del mundo en desarrollo, los sistemas financieros todavía son mucho más controlados por el estado, pese a la presión de Estados Unidos sobre esos países para que desvíen el poder hacia el sector privado y creen mercados financieros más libres. Podrían seguir así por algún tiempo más.
China ha resistido los llamados de Washington y Wall Street a introducir una amplia gama de inversiones exóticas, incluyendo muchos de los derivados entonces populares que ahora son acusados de agravar la crisis en Occidente. En las últimas semanas, Pekín ha dejado en claro esa posición, diciendo que no permitirá la expansión de instrumentos financieros complejos.
Con la actual decisión del gobierno norteamericano de intervenir y la reflexión sobre el papel de la ausencia de regulación en la crisis, el escenario parece estar preparado, al menos temporalmente, para un modelo más restringido de libre empresa, especialmente en los mercados financieros.
"Si miras en otros lugares del mundo, ahora mismo China lo está haciendo bastante bien, y Estados Unidos no", dijo C. Fred Bergsten, director del Instituto Peterson para la Economía Internacional. "Vamos a tener un retroceso de la globalización en los mercados financieros".

Blaine Harden, en Seúl, y Ariana Cha en Washington contribuyeron a este artículo.

11 de octubre de 2008
9 de octubre de 2008
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un zorro en el gallinero


La banca de inversión pesa en la Casa Blanca.
[Raúl Dellatorre] Más allá del generoso salvavidas que el gobierno arrojó sobre las cabezas de la banca privada, en particular la relación entre los bancos de inversión y la Casa Blanca reconoce antecedentes mucho más antiguos. El hecho de que el principal gestor del salvataje vaya a ser Henry Paulson, hoy secretario del Tesoro, habiendo sido hasta antes de asumir en ese cargo el presidente precisamente de Goldman Sachs –hasta mayo de 2006–, no es ni siquiera un hecho aislado. A lo largo de la historia contemporánea, la relación entre banca de inversión y gobierno norteamericano ha tenido la fluidez de un permanente aporte de cuadros técnico-políticos a distintos gobiernos. Y, por supuesto, también hay registro de caminos de regreso: de la Casa Blanca a la poltrona de un cargo en el directorio de las hasta hace poco prestigiosas entidades financieras. ¿Connivencia o incompatibilidades éticas? Es Estados Unidos, estúpido, como diría Bill.
Paulson mudó sus oficinas de Manhattan a Washington en la primavera boreal de 2006, convocado por George Bush para hacerse cargo del Departamento del Tesoro. A nadie sorprendió que el gobierno recurriera al titular de Goldman Sachs, ya que otros funcionarios del mismo gobierno reconocían el mismo origen. Stephen Friedman, consejero para Asuntos Exteriores, y Joshua Bolten, nada menos que jefe de Gabinete de la Casa Blanca, provenían de la misma entidad. Por nombrar sólo a funcionarios de primera línea.
No es una particularidad de los Bush la afinidad con Goldman Sachs. Ya Bill Clinton había recurrido a los legajos de la compañía para formar su equipo en el área de Finanzas. Así sumó a su gobierno a Robert Rubin, como secretario, y a su segundo, Gary Gensler. Años antes, lo propio había hecho Ronald Reagan, al nombrar a John Whitehead (otro ex Goldman Sachs) como subsecretario.
Pero hay quienes hicieron carrera en sentido inverso. Un viejo conocido de la Argentina, y más conocido de Domingo Cavallo, es David Mulford, subsecretario para Asuntos Internacionales del Departamento del Tesoro desde 1989. Desde este puesto acompañó y apoyó la política de reprogramación de las deudas latinoamericanas que impulsó Nicholas Brady, a partir de 1991, que terminó en sucesivas crisis y catástrofes durante toda la década en la región. No satisfecho del todo con su labor en el sector público, Mulford siguió dedicándose a las deudas latinoamericanas al volver al sector privado, cuando quedó al mando del Crédit Swiss First Boston. Desde ese espacio, instrumentó el megacanje de deuda de 2001, que fue la acelerada a fondo que pegó la economía argentina mientras transitaba por un camino de cornisa. En sus cuentas, la operación no fue tan gravosa, puesto que cobró más de 150 millones de dólares en comisiones por su gestión.
La administración Bush había iniciado su gestión, hace ya siete años, intentando diferenciarse de los gobiernos que apañaron los abusos en materia de especulación en el sistema financiero. "Los carpinteros y albañiles no tienen por qué pagar los desastres hechos por los banqueros", había sido una de las frases inaugurales de su cargo de Paul O’Neill, un secretario del Tesoro atípico por su discurso confrontativo con la banca y proindustrialista.
La postura no le duró demasiado al gobierno de Bush, que terminó optando por quien había sido uno de los mentores de las operaciones de alto riesgo en intermediación financiera, ya fuera con divisas, papeles de deuda con bajo respaldo o empresas en condiciones de alta inestabilidad. Henry Paulson al frente de esas prácticas logró batir records de utilidades en Goldman Sachs, haciéndole ganar más de 5600 millones de dólares en 2005.
Por ese resultado cobró 38,5 millones de dólares de bonus al año siguiente. Y un puesto de secretario del Tesoro. Hoy está al frente del combate contra la hecatombe que armó la especulación ilimitada.

22 de septiembre de 2008
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verdugos en el cadalso


La banca de inversión que fue herramienta de control y sometimiento, hoy en su momento final. La sensación de poder les duró hasta hace poco más de un mes, cuando aún lanzaban informes que ponían en duda la solvencia argentina para hacer frente a sus compromisos. Tres de los cinco ‘grandes’ ya cayeron. Los otros dos esperan.
[Cristian Carrillo] Argentina. Los verdugos piden clemencia. Los bancos de inversión que condenaron a los países latinoamericanos durante décadas a pagar altas tasas de interés y aceptar las condiciones que se les impusieran para poder acceder al favor de inversores y prestamistas, hoy buscan desesperadamente candidato dispuesto a tomar las riendas y evitar un colapso. Los bancos insignia del reinado del capitalismo financiero han debido dejar de lado su tradicional arrogancia y han cedido hasta el orgullo nacionalista: el directorio de Morgan Stanley evaluaba anoche, como una de sus salidas más probables, arrojarse a los brazos del capital chino, uno de cuyos bancos, CIC (China Investment Corp.), ofreció ampliar su participación, del 5 al 49 por ciento, para pasar a controlar la entidad. La otra oferta en estudio es la fusión con Wachowia Bank. Pese a que el plan de rescate anunciado por el gobierno debió haberle quitado algo de presión –la banca de inversión está incluida entre las entidades que podrán venderle sus hipotecas ‘basura’ a una nueva entidad oficial–, ello no parece haber torcido el pronóstico que hace días se plantea para Morgan Stanley: su suerte, como la de Goldman Sachs, el otro sobreviviente, no podrá ser muy diferente de la corrida por los otros tres ‘grandes’. Bear Stearns y Merrill Lynch salieron del negocio al ser absorbidos por otras entidades, Lehman Brothers quebró y se venderá desmembrada.
Hasta no hace mucho más de un mes, esas compañías, piezas claves del descontrol especulativo y posterior crac de Wall Street, ocupaban parte de su tiempo en evaluar distintos escenarios de una posible cesación de pagos de deuda argentina. Los informes de estos bancos aparecían hasta debajo de las piedras, con recomendaciones y pronósticos firmados en su mayoría por economistas y/o ex funcionarios argentinos. Hubo titulares de diarios locales que señalaban que Wall Street advertía sobre un posible nuevo default argentino en base a esos papers. Esos bancos habían logrado reemplazar en parte al desprestigiado FMI como voceros del establishment internacional sobre la política económica que debería implementar el país. Esos informes despiadados escondían muchas veces el objetivo de defender intereses de los acreedores. Sin embargo, ahora tienen cosas más importantes para explicarles a sus clientes.
Tras la caída al precipicio de Bear Stearns, Lehman y Merrill Lynch, quedaron Goldman Sachs y Morgan Stanley colgados de la cornisa. En la semana, las acciones de ambos se derrumbaron en la Bolsa de Nueva York a la mitad de su valor. Ese grupo era el más agresivo en el mercado financiero global, el menos regulado y el elegido por grandes inversores –incluso argentinos– para colocar sus capitales. Hoy penden de una intervención pública para no desaparecer y llevarse por delante el sistema financiero mundial. Esos mismos bancos fueron socios de la Argentina durante la convertibilidad y críticos implacables de 2002 en adelante.
Con escasa o prácticamente nula supervisión gubernamental, los bancos de inversión nacieron para sortear las reglamentaciones vigentes sobre aquellas entidades denominadas de ‘ahorro y préstamo’ (conocida como banca comercial, con la que opera el público cotidianamente). Esas entidades salieron a ocupar un lugar en el sistema financiero, en el medio de una situación de exceso de liquidez, captando ese enorme capital que no encontraba una oportunidad de negocios en el espectro conocido y diversificando el riesgo en nuevas emisiones, lo que tiempo después amplificó la crisis. En el explosivo crecimiento de la actividad inmobiliaria en los Estados Unidos ocuparon un rol protagónico como respaldo de las hipotecas de alto riesgo.
Escudados bajo esa posición de ‘innovación de la ingeniería financiera’, criticaron en varios informes a economías, como la argentina, menos expuestas a los vaivenes financieros de los mercados. Rubricados, incluso, por ex funcionarios argentinos que avalaron las peores recetas económicas de la historia del país. Los informes achacaban la necesidad de subirse al "tren de la modernidad". Desestimaban cualquier fortaleza que la economía real –superávit comercial, reservas internacionales o administración del tipo del cambio– pudiera otorgar a países emergentes, si éstos no lograban ser atractivos para la llegada de capitales especulativos. La explosión de la burbuja no tardó en llegar: lleva un año y se cobró una a una a esas firmas. La ola expansiva alcanzó a las hipotecarias Freddie Mae y Fannie Mac y a la aseguradora American International Group (AIG). Los países más perjudicados fueron aquellos más expuestos al ingreso de capitales desde el exterior, con déficit en sus cuentas corrientes. No es el caso argentino.
Pero en el mundo del revés hay lugar para todo. Los gurúes financieros no descansaron ni siquiera con el agua en cubierta y sólo se callaron al tocar fondo. El economista para América latina de Lehman Brothers, ex jefe de asesores de Domingo Cavallo, Guillermo Mondino, disparó munición pesada sobre la Argentina por la decisión de pagar la deuda al Club de París con las reservas del Banco Central. Se refirió al país como "un defaulteador serial, que siempre cree que puede salirse con la suya, que se escabullirá y violará sus compromisos". Una semana después ponía sus cosas, incluso los borradores de sus informes, en una caja y descolgaba los cuadros de su oficina en Nueva York para desalojar el edificio que compraría luego, por monedas, un banco inglés. La quiebra de Lehman se estima en cinco veces la cesación de pagos de Argentina en 2001. Como todo buen discípulo, tiene un maestro que no lo deja solo: el ex ministro Cavallo previó semanas atrás una corrida local contra el dólar que lo llevaría a 4,40 pesos. Por suerte, no maneja ningún banco.
Otros de los caídos o que están bajo la espada de Damocles también salieron a evaluar escenarios para la economía argentina. Morgan Stanley previó que la atmósfera de calma en Argentina duraría, como máximo, un año y medio, y que después reaparecerían los problemas de financiamiento. En tanto, los últimos papers de Goldman Sachs y Credit Swiss coinciden en que la inflación local impedirá emitir deuda y que esa combinación de suba de precios y ahogo financiero llevará "a una destrucción del crédito local". Es difícil no encontrar en las páginas de esos bancos algún informe pesimista sobre el futuro del país. Por lo pronto, las fichas de este dominó en que se convirtió la crisis ya se comieron a tres de los cinco.
Bear Stearns, el quinto mayor banco de Estados Unidos, fue el primero en sucumbir a los cimbronazos de la crisis subprime. La firma había logrado sobrevivir al crac de 1929 sin despedir un solo empleado y cuatro años después inauguraba su primera oficina en Chicago. Antes de su colapso, la compañía con base en Nueva York era una de las firmas globales de inversión más grandes del mundo. Su principal área de negocios era el mercado de capitales, servicios de clearing y consultoría. Desde que se desató la crisis, la compañía quedó seriamente dañada y sus acciones se desplomaron en marzo último un 45,8 por ciento, mientras que su capitalización cayó a 4100 millones de dólares. La FED le otorgó un préstamo de emergencia para evitar la quiebra, pero no lo logró. La firma debió ser vendida a JP Morgan en 236 millones de dólares, el equivalente a 2 dólares por acción.
El segundo gigante en caer fue Lehman Brothers. Con 158 años de vida, el 15 de septiembre pasado se le firmó el acta de defunción. La empresa también había logrado superar las dificultades de la Gran Depresión, pero acumuló enormes pérdidas por la tenencia de títulos respaldados por hipotecas. Lehman informó un pasivo por 2800 millones de dólares y tuvo que vender activos por 6000 millones. La firma perdió 73 por ciento de su valor en Bolsa y el 13 de septiembre pasado se convocó a una reunión para sanear la empresa. Finalmente, dos días después anunció la presentación de quiebra al no encontrarse comprador. El Barclays compró algunos activos de la firma. El último, hasta el momento, fue Merrill Lynch, que fue absorbido por el Bank of America en 50.000 millones de dólares en acciones.

22 de septiembre de 2008
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a golpes mataron a inmigrante mexicano


Adolescentes de Pensilvania acusados de matar a golpes a inmigrante.
[Michael Rubinkam] Port Carbon, Pensilvania, Estados Unidos. Tres adolescentes blancos fueron imputados el viernes por lo que los funcionarios definieron como una fatal y odiosa golpiza a un inmigrante ilegal mexicano en un pequeño pueblo minero en el nordeste de Pensilvania. Brandon J. Piekarsky, 16, y Colin J. Walsh, 17, fueron acusados como adultos por el homicidio e intimidación étnica [amenazas de carácter étnico] durante la agresión el 12 de julio contra Luis Ramírez.
Un tercer joven, Derrick M. Donchak, fue acusado de agresión agravada, amenazas de carácter étnico y otros delitos. Todos son de Shenandoah, donde ocurrió el ataque.
Se espera que se anuncien nuevos cargos en el caso, que ha enturbiado Shenandoah, un pequeño pueblo económicamente empobrecido donde la policía ha informado sobre fricciones entre los nativos blancos y una creciente población hispánica.
Los acusados estaban jugando fútbol en el Escuela Secundaria del Valle de Shenandoah; Donchack, matriculado en la Universidad de Bloomsburg, debía jugar como corredor [quarterback] la última temporada
"Como resultado de este crimen, un joven ha perdido la vida. Muchas otras vidas han quedado devastadas, y el condado de Shenandoah se ha llenado de tensiones entre sus numerosos grupos étnicos", dijo James Goodman, fiscal de distrito del condado de Schuylkill.
"Ahora que se han presentado cargos criminales, debemos permitir que el caso sea tratado por el poder judicial", dijo.
De acuerdo a una declaración de la policía, los acusados y otros tres jóvenes de diecisiete, toparon con Ramírez, 25, y una adolescente en un parque la noche del 12 de julio.
Los jóvenes molestaron a Ramírez y la chica diciendo: "No deberías estar en este barrio", y "Saca de aquí a tu novio mexicano", dicen los documentos. Después de que Ramírez y la chica empezaran a alejarse, alguien lanzó un insulto racista, dicen las actas judiciales. Él respondió: "¿Tienes algún problema?"
Estalló una pelea durante la cual Walsh golpeó a Ramírez en la cara. La víctima cayó al suelo y se golpeó la cabeza en la calzada, quedando inconsciente -momento que aprovechó Piekarsky para patearlo en la cabeza, declaró la policía.
Los tres sospechosos utilizaron insultos racistas durante la pelea, que terminó con Ramírez convulsionando y echando espuma por la boca, dijeron las autoridades. Los agresores huyeron del lugar; Ramírez fue intervenido, pero murió el 14 de julio debido a sus lesiones en la cabeza.
Piekarsky y Walsh han sido detenidos sin posibilidad de fianza. A Donchak se le fijó una fianza de 75 mil dólares.
Abogados de Piekarsky y Walsh dijeron que sus clientes no son culpables y que no hay pruebas del cargo de homicidio. También dijeron que pedirán que el caso sea transferido a un tribunal juvenil.
Roger Laguna, abogado de Walsh, dijo que la declaración policial "describe el caos, y lo que ocurre después del hecho de que alguien esté tratando de determinar qué pasó y atribuir ciertos actos a ciertos individuos".
Dijo que aunque se usaron insultos racistas, la pelea no surgió por problemas étnicos.
"Creo que siempre que hay una pelea y siempre que un grupo étnico pelea contra otro, hay insultos raciales", dijo. "Lo he visto desde que jugaba en el patio de recreo de niño, pero nunca dijeron que eso era intimidación étnica sino hasta hace poco".
Frederick Fanelli, abogado de Piekarsky, dijo que está "sorprendido y desilusionado" de que su cliente haya sido acusado de homicidio, atribuyendo la muerte de Ramírez a una "pelea callejera que terminó trágicamente".
Donchak no quiso hacer comentarios.
Ramírez, que entró a Estados Unidos ilegalmente hace unos seis años, trabajaba en una fábrica y recogía fresas y cerezas.
Crystal Dillman, 24, novia de la víctima, que es blanca y creció en Shenandoah, dijo que Ramírez era a menudo insultado y le había dicho que pensaba volver a su país. La pareja tenía dos hijos, y Dillman también tiene una hija de tres años que pensaba que Ramírez era su padre.
"Quiero marcharme cuanto antes de este pueblo. No porque tenga miedo. Simplemente no quiero que mis hijos tengan que vivir lo que vivió su padre", dijo Dillman.
Las audiencias preliminares de tres imputados se fijaron para el 4 de agosto.
Goodman dijo que un cuarto adolescente fue acusado -como menor- de agresión agravada e intimidación étnica y que se presentarán cargos contra el hombre que proporcionó alcohol a los acusados horas antes de la agresión.

26 de julio de 2008
©pocono record
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murió mando ramos


Estuvo sin beber en los últimos veinticinco años y fundó Boxing Against Alcohol and Drugs para asesorar a jóvenes sobre cómo evitar los problemas que tuvo. A los 59.
[Steve Springer] Murió Mando Ramos, que tuvo una meteórica carrera en el cuadrilátero y ganó el título de peso ligero a los veinte, y luego pasó sus últimos años ayudando a los jóvenes a evitar los demonios gemelos de las drogas y el alcohol que habían acortado su carrera. El domingo, a los 59 años.
Ramos, que fue inducido en el Boxing Hall of Fame de California hace dos semanas, murió en su casa de San Pedro por causas naturales, según informó su mujer, Sylvia. Ramos sufría de una lesión crónica a la espalda y diabetes.
"Le encantaba mirar las peleas en televisión", dijo Sylvia Ramos, "pero no se quiso levantar a mirarlas [el sábado noche]. Me dijo que quería dormir, así que grabé las peleas".
El domingo en la mañana, Ramos, con los ojos todavía cerrados, empezó a tener dificultades para respirar. La familia llamó a los paramédicos, pero Ramos no volvió a recuperar la conciencia. En la cumbre de su carrera, Ramos fue el Óscar de la Hoya de su época, un talento y guapo púgil de Los Ángeles que seducía a fans de los dos sexos. Pero a diferencia de De la Hoya, la fama de Ramos duró poco, apagada por sus adicciones. Se convirtió en profesional en 1965, tres días después de cumplir los diecisiete, pero una década después todo había terminado. Seis de sus derrotas terminaron en knockout.
"¿Quién sabe lo lejos que pude llegar?", dijo una vez al Times. "Nunca entrené, para ninguna pelea. Oh, claro que iba al gimnasio todos los días. Pero también bebía todas las noches. Los boxeadores no me ganaron nunca. Me ganó el alcohol y las drogas.
"Creo en serio que yo podría haber sido el más grande boxeador de todos los tiempos, excepto por esto". Ramos golpetea su sien con su índice.
"Una vez tuvo una pelea de quince asaltos después de haber entrenado nada más una semana", dijo el ex campeón Carlos Palomino, presentador de Ramos en el Hall of Fame cuando fue inducido el mes pasado.
"Tenía tanto talento, que podía hacerlo. Para él era natural. Era el boxeador completo. Podía boxear, podía pelear, podía hacer todo. Era alto, para un peso ligero", con su metro ochenta, aunque algunos dicen que era más alto. "Usaba su estatura, alcance y fuerza muy efectivamente, tenía una gran resistencia y una potente izquierda".

Nacido como Armando Ramos el 15 de noviembre de 1948, en Long Beach, subió pronto al ring.
"Empecé a pelear tan pronto como pude caminar", dijo. El maestro de Ramos fue su padre, Ray, un ex púgil.
Ramos era el púgil de Los Angeles por excelencia. Veintisiete de sus 49 combates fueron en el Olympic Auditorium, el punto de referencia del boxeo de esa época. También peleó en el Los Angeles Memorial Coliseum y en la Memorial Sports Arena.
"Llegado un momento", dijo John Hall, ex columnista del Times, "pensé que Ramos era tan rápido y tan inteligente, que podría haber batido a cualquier peso ligero de la historia".
Ramos derrotó a Carlos Teo Cruz en el undécimo asalto por TKO para hacerse con el título de peso ligero en 1969, perdió con Ismael Laguna, y luego ganó el campeonato por segunda vez al derrotar a Pedro Carrasco. Otros de los memorables rivales de Ramos fueron ‘Sugar’ Ramos, Raúl Rojas, Rubén Navarro y Chango Carmona.
"Mi novena pelea en el Olympic Auditorium fue a estadio lleno", dijo Ramos. "Había dinero por todas partes... Yo tenía diecinueve, o veinte. Era muy joven".
"En 1974 estaba durmiendo en coches".
Tras perder a dos hermanos por sobredosis de heroína, Ramos se internó en una clínica de rehabilitación a principio de los ochenta, se desintoxicó y siguió así hasta sus últimos veinticinco años.
Cuando salió de la clínica, empezó Boxing Against Alcohol and Drugs, con un programa para trabajar con niños.
"Es un hombre con muchas cualidades", dijo su hijo, Mando Jr. "Tenía el aspecto rudo y fuerte de un boxeador. Pero por dentro tenía un corazón puro y un alma tierna. Fue un gran campeón en el ring, pero fue mejor campeón en su vida. Ayudó a un montón de niños de los vecindarios".
Ramos reclutaba púgiles y montaba exhibiciones con charlas contra la adicción en escuelas secundarias en California del Sur.
"Una vez que dejó el hábito", dijo Hall, "volvió triunfante, como ser humano". "Realmente encontró su nicho en la vida", dijo su hijo.
Le sobreviven su esposa y su hijo; cuatro nietos; un hermano, Andrew; y una sobrina.
Como participante del programa de donación de órganos de la UCLA, Ramos estipuló que se donasen los suyos.

steve.springer@latimes.com

16 de julio de 2008
7 de julio de 2008
©los angeles times
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el insulto y el odio como derecho


Es un excepción men el mundo: Estados Unidos defiende el derecho a ofender.
[Adam Liptak] Vancouver, Columbia Británica, Estados Unidos. Hace algunos años, una revista canadiense publicó un artículo diciendo que el surgimiento del islam era una amenaza para los valores occidentales. El tono del artículo era burlón y sarcástico, pero no decía nada que revistas y blogs conservadores de Estados Unidos no digan todos los días sin temor a represalias legales.
Aquí las cosas son diferentes. La revista está en juicio.
Dos miembros del Congreso Islámico Canadiense dicen que la revista Maclean’s, el más importante semanario de Canadá, violó una ley provincial sobre libertad de expresión al fomentar el odio contra los musulmanes. Dicen que deberían prohibirle volver a publicar cosas similares, obligarla a publicar una rectificación y pagar compensación a los musulmanes por ofender su "dignidad, sentimientos y autoestima".
El Tribunal de Derechos Humanos de Columbia Británica, que realizó cinco días de audiencias sobre estos temas aquí la semana pasada, resolverá pronto si Maclean’s violó esa ley. Cuando la semana pasada los espectadores hacía la cola para la sesión de la tarde, estalló una discusión:
"¡Son ideologías que fomentan el odio!", gritó un hombre.
"¡Es libertad de expresión!", gritó otro.
En Estados Unidos, ese debate se ha superado. Según la Primera Enmienda, diarios y revistas pueden decir lo que quieran sobre las minorías y las religiones -incluso cosas falsas, provocadoras y odiosas- sin que esas acciones tengan consecuencias legales.
El artículo en Maclean’s, ‘The Future Belongs to Islam’ [El futuro pertenece al islam] era un fragmento de un libro de Mark Steyn titulado ‘America Alone’ (Regnery, 2006). El título era adecuado: Estados Unidos, en su tratamiento de las ideologías de odio, así como en otras muchas áreas jurídicas, adopta una definición legal que lo aparta del resto de los países.
"En gran parte del mundo civilizado, uno usa epítetos raciales a propio riesgo; uno puede exhibir parafernalia nazi y otros símbolos de odio étnico, pero corriendo grandes riesgos legales; y uno puede llamar a discriminar las minorías religiosas, pero bajo la amenaza de multas o cárcel", escribió Frederick Schauer, profesor de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de Harvard, en un ensayo reciente titulado ‘The Exceptional First Amendment’.
"Pero en Estados Unidos", continua el profesor Schauer, "esas ideologías son protegidas por la Constitución".

Canadá, Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Sudáfrica, Australia e India tienen todos leyes o han firmado tratados internacionales que prohíben las expresiones de odio. Israel y Francia prohíben la venta de artículos de la parafernalia nazi, como suásticas y banderas. En Canadá, Alemania y Francia es un delito negar el Holocausto.
A principios de mes, la actriz Brigitte Bardot, una activista por los derechos animales, fue condenada a pagar una multa de veintitrés mil dólares por incitar al odio racial al criticar una ceremonia musulmana que incluye el sacrificio de corderos.
En contraste, los tribunales estadounidenses no impidieron una marcha del Partido Nazi Americano en Stokie, Illinois, en 1977, aunque la marcha habría provocado una profunda angustia entre los numerosos sobrevivientes del Holocausto que viven allá.
Seis años más tarde, un juez de una corte del estado de Nueva York desechó una querella por injurias presentada por varias organizaciones portorriqueñas contra un ejecutivo que llamó los bonos de alimentación un "programa básicamente portorriqueño". La Primera Enmienda, escribió la juez Eve M. Preminger, no permite que se prohíban o castiguen ni siquiera las falsedades sobre grupos raciales o étnicos simplemente porque puedan elevar "los niveles generales de prejuicios".
Algunos importantes juristas dicen que Estados Unidos debería reconsiderar su posición sobre las expresiones de odio.
"Para mí no está claro que los europeos estén equivocados", escribió Jeremy Waldron, un filósofo del derecho, en la The New York Review of Books del mes pasado, "cuando dicen que una democracia liberal debe tomar una responsabilidad afirmativa en cuanto a proteger la norma de respeto mutuo contra ciertas formas de ataques viciosos".
El profesor Waldron estaba comentando ‘Freedom for the Thought That We Hate: A Biography of the First Amendment’, de Anthony Lewis, ex columnista del New York Times. Lewis ha criticado los intentos de utilizar la ley para limitar las expresiones de odio.
Pero incluso Lewis, que es liberal, escribió en su libro que pensaba que se debía abandonar algunas de las garantías más estrictas de la Primera Enmienda "en una época en que las palabras han inspirado genocidio y terrorismo". Llamó en particular a reexaminar la insistencia de la Corte Suprema en que sólo hay una justificación para considerar la incitación como un delito criminal: la probabilidad de violencia inminente.
La exigencia de inminencia es un gran obstáculo. La mera incitación a la violencia, al terrorismo o al derrocamiento de un gobierno no es suficiente; las palabras deben provocar actos violentos, y debe ser probable que los produzcan. Probablemente un discurso incendiario instando a una turba furiosa a atacar inmediatamente a un hombre negro que se encuentre en el lugar podría ser considerado como incitación en el sentido de la Primera Enmienda -pero no un artículo en una revista -o en cualquier otra publicación- con la intención de espolonear el odio racial.
Lewis escribió que había discursos "genuinamente peligrosos" que no cumplían el requisito de acción inminente.
"Creo que deberíamos poder castigar los discursos que instan al público a la violencia terrorista, algunos de cuyos miembros están dispuestos a poner en práctica la incitación", escribió Lewis. "Eso es suficientemente inminente".
Harvey A. Silverglate, un abogado de libertades civiles de Cambridge, Massachusetts, no está de acuerdo. "Cuando los tiempos son difíciles", dijo, "parece surgir una tendencia a decir que hay demasiada libertad".
"La libertad de expresión importa porque funciona", continuó Silverglate. El control y el debate son medios más efectivos que la censura a la hora de combatir las expresiones de odio, dijo, y especialmente después del 11 de septiembre.
"El mundo no sufrió porque muchas personas hayan leído ‘Mein Kampf’", dijo Silverglate. "Enviar a Hitler en una gira de charlas por Estados Unidos habría sido una buena idea".
Silverglate se hacía eco de las palabras del juez Oliver Wendell Holmes Jr., cuya disensión de 1919 en el caso de Abrams v. Estados Unidos fue finalmente la base de la moderna Primera Enmienda.
"La mejor prueba de la verdad es el poder del pensamiento que es aceptado en la competencia en el mercado", escribió el juez Holmes.
"Creo que todos deberíamos estar vigilando siempre", agregó, "los intentos de poner límites a la expresión de opiniones que aborrecemos y creemos que están cargadas de muerte".
Por supuesto, la Primera Enmienda no es absoluta. La Corte Suprema ha dicho que el gobierno puede prohibir palabras hirientes o amenazas. Se pueden agravar las penas por crímenes violentos inspirados en el odio racial. Y las instituciones privadas, incluyendo universidades y empleadores, no están sujetas a la Primera Enmienda que sólo restringe las actividades del gobierno.
Pero decir cosas odiosas sobre las minorías, incluso con la intención de provocar dolor a sus miembros y generar desprecio y aversión, es algo que está protegido por la Primera Enmienda.
En 1969, por ejemplo, la Corte Suprema revocó unánimemente la condena de un dirigente de un grupo del Ku Klux Klan por una ley de Ohio que prohibía la defensa del terrorismo. En una manifestación, el líder del Klan, Clarence Brandenburg, había llamado a sus seguidores a "enviar a los judíos de vuelta a Israel", a "enterrar" a los negros, aunque no los llamó así, y a considerar acciones de "venganza" contra los políticos y jueces que no mostraran simpatía por los blancos.
En la manifestación sólo había periodistas y miembros del Klan. Debido a que las palabras de Brandeburg no llamaron a la violencia inmediata en un contexto en el que esa violencia fuera probable, la Corte Suprema resolvió que no podía ser procesado por incitación.
En su declaración inicial en el caso de la revista canadiense, un abogado que representa a los querellantes musulmanes ofendidos por el artículo en Maclean’s pidió a la comisión de tres miembros del tribunal que declarara que el artículo sometía a sus clientes al "odio y al ridículo" y obligara a la revista a publicar una respuesta.
"Vosotros sois lo único que hay entre el periodismo racista, odioso, despectivamente islamofóbico e irresponsable, y los ciudadanos canadienses respetuosos de la ley", dijo al tribunal el abogado Faisal Joseph.
En respuesta, el abogado de Maclean’s, Roger D. McConchie, dijo que el juicio era una farsa.
"Las intenciones no son un argumento", dijo McConchie en una mordaz crítica de la ley sobre las expresiones de odio de Columbia Británica. "Tampoco lo es la verdad. Tampoco lo es un comentario honesto sobre hechos verídicos. La publicación en aras del bien general y para beneficio de todos tampoco es un argumento. Tampoco lo es la opinión expresada de buena fe. Y el periodismo responsable tampoco es un argumento".
Jason Gratl, abogado de la Asociación de Libertades Civiles de Columbia Británica y la Asociación Canadiense de Periodistas, que han intervenido en el caso en apoyo de la revista, fue comedido en su crítica de la ley.
"Los canadienses no tenemos estómago de hierro como para soportar las expresiones ofensivas", dijo Gratl en una entrevista telefónica. "No defendemos el mercado de las ideas. Los estadounidenses en general son más rudos y más preparados para las guerras lingüísticas".
Muchos tribunales extranjeros han considerado respetuosamente la interpretación norteamericana, para luego rechazarla.
En una decisión de 1990 de la Corte Suprema de Canadá, por ejemplo, se mantuvo la condena criminal de James Keegstra por "fomentar ilegalmente el odio contra un grupo identificable difundiendo declaraciones antisemitas". Keegstra, un maestro, había dicho a sus alumnos que los judíos "adoraban el dinero", "les gustaba el poder" y eran "traicioneros".
Escribiendo por la mayoría, el juez presidente Brian Dickson dijo que era un problema "crucial para decidir sobre la apelación: la relación entre las interpretaciones canadiense y estadounidense y la protección constitucional de la libertad de expresión, más notablemente en el reino de la propaganda de odio".
El juez presidente Dickson dijo "que debemos aprender mucho de la jurisprudencia de la Primera Enmienda". Pero concluyó que "el compromiso internacional en cuanto a erradicar la propagación del odio y, más importante, el rol especial otorgado a la igualdad y al multiculturalismo en la Constitución canadiense deben desviarse de esa la opinión, razonablemente dominante en Estados Unidos en estos momentos, de que la supresión de las expresiones de odio es incompatible con la garantía de la libertad de expresión".
El distintivo enfoque norteamericano de la libertad de expresión, dicen juristas, tiene muchas causas. Está parcialmente enraizada en una visión individualista del mundo. El temor a permitir que el gobierno decida que ideologías son aceptables también tiene algo que ver. Lo mismo que la historia.
"Sería realmente difícil criticar a Israel, Austria, Alemania y Sudáfrica, considerando su pasado", por tener leyes que prohíben las expresiones de odio, dijo en una entrevista el profesor Schauer.
Sin embargo, en Canadá las leyes que prohíben las ideologías de odio se derivan del deseo de promover la armonía social. Aunque la Comisión de Derechos Humanos de Ontario desechó demandar a Maclean’s, condenó de todos modos el artículo.
"En Canadá, el derecho a la libertad de expresión no es absoluto, ni debería serlo", se lee en una declaración de la comisión. "Al retratar a los musulmanes como compartiendo las mismas características negativas, incluyendo la de ser una amenaza para ‘el Occidente’, esta expresión explícita de odio hacia el islam perpetúa y fomenta los prejuicios contra los musulmanes y otros".
Todavía está pendiente una querella federal separada contra Maclean’s.
Steyn, autor del artículo, dijo que el juicio canadiense había ilustrado algunas importantes distinciones. "El problema con las llamadas leyes contra las expresiones de odio es que no giran sobre hechos", dijo en una conferencia telefónica. "Giran sobre sentimientos".
"Lo que estamos aprendiendo aquí es realmente la diferencia de fondo que existe entre Estados Unidos y los países que son, en un sentido amplio, sus primos jurídicos", agregó Steyn. "Los gobiernos occidentales se sienten cada vez más cómodos restringiendo las opiniones. Es la Primera Enmienda la que distingue a Estados Unidos, y no solamente a Canadá, del resto del mundo occidental".

5 de julio de 2008
12 de junio de 2008
©new york times
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