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más control de productos chinos


[Nelson D. Schwartz] Compañías norteamericanas aumentan control de productos chinos.
General Mills, Kellogg, Toys ‘R' Us y otras grandes compañías estadounidenses están extendiendo el control de miles de productos de uso común que reciben de abastecedores chinos, a medida que se amplían los retiros de artículos como juguetes y pasta dental, obligándolos a concentrarse en los posibles riesgos que fueron pasados por alto en el pasado.
Estas compañías están multiplicando sus análisis de los productos importados que venden, haciendo visitas de inspección sorpresivas a fábricas chinas y, en un caso, retirando las mercaderías de las estanterías americanas al primer indicio de problemas.
General Mills, que hace productos alimenticios como masa Pillsbury y cereales Chex, está analizando en los productos la presencia de contaminantes potenciales que no eran controlados en el pasado, aunque no quiso mencionar esas substancias. Kellogg ha aumentado su uso de servicios externos que examinan a los abastecedores chinos y ha identificado a abastecedores alternativos para el caso de que algunos ingredientes vitales no estuviesen disponibles. Y Toys ‘R' Us contrató hace poco a dos altos ejecutivos en nuevas posiciones para supervisar la adquisición e idoneidad de los productos, principalmente de artículos hechos en China.
"Estamos ideando nuevas maneras de hacerlo", dijo Tom Forsythe, portavoz de General Mills. "Estamos analizando cosas no que revisábamos en el pasado".
Una portavoz de Kellogg, Kris Charles, confirmó que los detallistas habían preguntado si la compañía usaba ingredientes de China que habían sido prohibidos por la Administración de Fármacos y Alimentos [FDA], incluyendo gluten de trigo y proteína de soya.
La compañía no lo hace, dijo Charles, pero Kellogg tomó la medida extra de analizar los ingredientes que sí importa de China, como vitaminas, miel, canela, castañas de agua y fresas deshidratadas. También estudió a sus abastecedores chinos para chequear si tenían relación con el reciente retiro de alimento para mascotas.
El hallazgo hace unos meses de productos contaminados o defectuosos de China -incluyendo pasta dental, llantas, juguetes y pescado- ha provocado que los legisladores estadounidenses acusaran a las compañías de sacrificar la calidad en su afán de importar a bajo costo y obtener beneficios más altos.
Si las compañías no mejoran sus controles y se encuentran más productos contaminados ingresando a Estados Unidos, la seguridad de las importaciones podría adquirir una dimensión política más pronunciada, dijeron los legisladores.
"Las compañías de alimentos han estado entre las que han resistido más fuertemente la tarea de informar al público sobre los ingredientes que usan", dijo el senador Sherrod Brown, demócrata de Ohio, que ha sido un importante crítico de China en el Congreso. "Y ahora lo que es más inquietante es que esos ingredientes provienen de ambientes no controlados".
En Estados Unidos no se ha informado de muertes o lesiones graves provocadas por los productos alimenticios chinos, aunque la glicerina falsificada china ha sido asociada con al menos cien muertes en Panamá. En mayo, altos personeros del gobierno de Bush, incluyendo al secretario de Agricultura, Mike Johanns, trataron el problema de la seguridad de los alimentos con funcionarios chinos durante las negociaciones comerciales en Washington. Y la semana pasada, en un paso destinado a tranquilizar a los consumidores occidentales, el gobierno chino declaró que había clausurado 180 fábricas de alimentos e identificado 23 mil violaciones a la seguridad.
Aunque afecta a sólo una fracción de las importaciones desde China, el creciente ritmo de las alertas, incluyendo la restricción impuesta por la FDA el jueves sobre la venta de cinco tipos de mariscos de piscifactorías chinas, ha llamado la atención a la repentina emergencia de China como un importante exportador agrícola. Entre 2002 y2006, las importaciones de alimentos de China reguladas por la FDA subió de unos cien mil envíos a casi 235 mil. Expertos predicen que esos envíos llegarán a 300 mil este año.
La avalancha de retiros y el creciente volumen de las exportaciones han subrayado otro problema: la creciente dependencia con respecto a China de los grandes fabricantes de alimentos de Estados Unidos en cuanto a aditivos básicos como el jugo de manzana, un edulcorante corriente y conservantes como el ácido ascórbico.
Estos aditivos poco conocidos forman los componentes esenciales en muchas cocinas estadounidenses, impidiendo que la fruta se vuelva marrón o proporcionando el dulzor de las barras de desayuno. Los expertos en alimentos observan, por ejemplo, que China suministra más de la mitad del jugo de manzana importado por Estados Unidos -era una pequeña fracción hace una década.
Otros aditivos críticos, pero comunes, han seguido una trayectoria incluso más pronunciada, de acuerdo a Peter Kovacs, el ex presidente de NutraSweet Kelco y ahora un consultor de la industria alimenticia. Más del ochenta por ciento del ácido ascórbico, mejor conocido como vitamina C y también usado como conservante, proviene de China, dijo Kovacs. Las importaciones chinas de goma de xantan, usada para espesar productos lácteos y aliños de ensalada, cubren el cuarenta por ciento del consumo en Estados Unidos.
"Este es un problema para toda la cadena alimenticia, pero era una laguna", dijo Kovacs. "Ahora lo están haciendo, pero antes las compañías no controlaban estos aditivos".
Aunque Kellogg y General Mills comunicaron estas medidas adicionales, se mostraron reticentes a entregar más detalles. Y muchos fabricantes de alimentos se ponen nerviosos a la hora de tratar lo que se está revelando como un problema que podría poner en peligro la confianza de los consumidores en las marcas más tradicionales.
Un portavoz de Sara Lee dijo que los ejecutivos no estaban disponibles para hacer comentarios, mientras que J.M. Smucker no devolvió las llamadas.
No todas las compañías están modificando sus métodos. En una declaración, el gigante agrícola Cargill declaró que "nuestras prácticas, que incluyen un completo control y auditorías de los abastecedores y auditorías, no han cambiado".
Como muchos observadores, Brown traza paralelos entre la China de hoy y el mundo descrito por Upton Sinclair en ‘The Jungle' hace un siglo. Esa descripción de la industria cárnica condujo a la creación de la FDA.
Otros legisladores, entre ellos la representante Rosa L. DeLauro, demócrata de Connecticut, están pidiendo la creación de una nueva organización federal para supervisar las inspecciones de alimentos. Una agencia semejante remplazaría la estructura actual, que divide la responsabilidad entre la FDA, el Departamento de Agricultura y otras dependencias.
"Desde la época de ‘The Jungle' que no hemos visto cambios significativos", dijo DeLauro. "Es hora de reexaminarlo, porque se trata de prevenir, y no esperar a que muera alguien".
Fundiendo los temores frente al creciente poderío económico de China con problemas sobre la seguridad de los alimentos, políticos como Brown y el senador Charles E. Schumer, demócrata de Nueva York, han dejado en claro que la seguridad de los alimentos es un problema que encuentra eco entre los votantes.
"Estamos diciendo a las empresas que es mejor que se protejan a sí mismas porque de momento ni el gobierno chino ni el estadounidense lo están haciendo bien", dijo Schumer.
Pero los consumidores no están seguros en quién confiar.
"Si compras Cheerios, es una marca, pero si das vuelta la caja, no te indica de dónde provienen los ingredientes", dijo Michael O'Brien, 59, mientras hacía compras en un Food Emporium en Union Square en Nueva York, refiriéndose a los cereales de General Mills. "Me preocupa enormemente porque nunca sabes realmente el origen del producto que consumes".
Para las compañías, el problema es doble: determinar qué examinar y mantener el control sobre su red de abastecedores, incluso cuando recurren a China para la importación de grandes cantidades de productos a precios bajos.
En realidad, el hallazgo del químico industrial melamina en alimento para mascotas antes este año -y la probable muerte de miles de animales como consecuencia- alertó sobre la industria alimenticia sobre los peligros potenciales en el suministro de alimento humano.
"Lo que estoy viendo es que las compañías han reconocido la importancia de controlar a sus abastecedores", dijo el doctor David Acheson, subcomisario para la protección de los alimentos de la FDA.
Mientras que la industria alimenticia ha estado en el centro de la atención en los últimos tiempos, otros sectores también están cambiando sus métodos en cuanto a las importaciones. Incluso antes de que el fabricante de juguetes RC2 Corporation retirara sus populares trenes Thomas & Friends debido a los altos niveles de plomo, que puede ser venenoso si es ingerido, Toys ‘R' Us rediseñó sus controles internos en adquisición y seguridad de los productos.
A fines del año pasado, Toys ‘R' Us contrató a Rick Ruppert, del detallista de ropas The Limited, como vicepresidente ejecutivo para el desarrollo de productos y servicios externos globales, una nueva función. Ruppert dijo que la compañía ha aumentado su gasto en seguridad y desarrollo de productos en casi un 25 por ciento en los últimos seis meses.
Toys "R" Us también está siguiendo más estrechamente las acciones de sus competidores. Después de que Target retirara en noviembre cerca de 200 mil muñecos de acción Kool Toyz debido a sus bordes afilados y por estar contaminados con plomo, Toys ‘R' Us descubrió que la misma compañía china que había fabricado esos juguetes también hacía las figuritas de Elite Operations que vendía en sus tiendas. Casi el ochenta por ciento de los juguetes vendidos en Estados Unidos son hechos en China.
Una firma externa de análisis fue llamada para examinar los juguetes, y estos fueron subsecuentemente retirados de las estanterías de Toys ‘R' Us cuando los análisis confirmaron problemas similares. Toys ‘R' Us también dejó de hacer negocios con su abastecedor, Toy Century Industrial Ltd., de Hong Kong.
Más recientemente, después del retiro del mes pasado de Thomas, Toys ‘R' volvió a pedir a una firma externa que analizara su propia línea de trenes Imaginarium. Los juguetes resultaron ser seguros.
"En el pasado habríamos simplemente revisado los resultados previos", dijo Ruppert. Esta vez "decidimos dar el paso siguiente: una revisión auténtica en tiempo real por una firma externa".
Mientras que los problemas recientes han provocado preocupación, es demasiado pronto como para saber qué extendidos están. Pero personeros de la industria alimenticia disputan fuertemente con legisladores como Brown y DeLauro, que advierten sobre una crisis inminente.
"La industria alimenticia estadounidense tiene un tremendo historial", dijo Pat Verduin, el científico jefe de la Asociación de Fabricantes de Abarrotes [Grocery Manufacturers Association], que representa a los fabricantes de alimentos. "Estamos aprendiendo a analizar. No estoy seguro si hace dos años habríamos estudiado un producto para saber si contenía melamina".

Kai Ma contribuyó al reportaje para este artículo.

8 de julio de 2007
©new york times
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debate jurídico por indulto de libby


[Adam Liptak] Motivos de Bush para indultar a Libby provocan un debate jurídico.
Al conmutar el lunes la pena de treinta meses de prisión de I. Lewis Libby Jr., el presidente Bush se basó en la misma gama de argumentos sobre el sistema federal de sentencias judiciales esgrimidos a menudo por los abogados defensores -y a los que se opone rutinaria y vigorosamente su propio ministerio de Justicia.
Los críticos del sistema tienen una larga lista de quejas. Las sentencias, dicen, son demasiado severas. A los jueces se les permite tomar en cuenta hechos que no han sido demostrados ante el jurado. Se ignoran las contribuciones positivas de los acusados, así como el daño colateral que causa el encarcelamiento en las familias involucradas.
El lunes, Bush hizo uso de todos los elementos de esas críticas en una detallada declaración explicando sus razones para conmutar la sentencia de Libby, entregando con ello un inesperado regalo a los abogados defensores en todo el país, que se pelearon por hacer uso de los argumentos del presidente en sus propios casos.
Dada la postura generalmente dura del gobierno en cuanto a las sentencias, los argumentos del presidente dejaron a los expertos rascándose la cabeza.
"El gobierno de Bush, siguiendo de cierto modo las indicaciones de los tres gobiernos anteriores, ha respaldado repetidas veces la doctrina federal de sentencias que claramente ignora los argumentos que ha avanzado Bush para dar un respiro a Libby", dijo Douglas A. Berman, profesor de derecho en la Universidad de Ohio, que escribe el blog Sentencing Law and Policy.
Quizás inadvertidamente, la decisión de Bush de conmutar la pena, antes que indultarlo derechamente, ha iniciado un debate nacional sobre las sentencias en general.
"Al decir que la sentencia era excesiva, me pregunto si entiende las implicaciones que tiene", dijo Ellen S. Podgor, que enseña derecho penal en la Universidad Stetson de St. Petersburg, Florida. "Esto equivale a abrir una lata de gusanos sobre las sentencias federales".
La clemencia con Libby será la base de muchos alegatos jurídicos, dijo Susan James, una abogado de Alamaba que representa a Don E. Siegelman, el ex gobernador del estado, que está recurriendo una sentencia que recibió la semana pasada, de 88 meses por obstrucción a la justicia y otros delitos.
"Es mucho más importante que si hubiese simplemente indultado a Libby", dijo James, ya que el indulto de un delito como un acto de merced del ejecutivo sólo tendría repercusiones políticas. "Ahora verás a gente citando al presidente Bush en todos los alegatos que pasen por los escritorios de los jueces federales".
En realidad, la decisión de Bush puede haber dado origen a un nuevo tipo de documento jurídico.
"Puedo anticipar que tendremos una nueva moción llamada ‘la moción Libby'", dijo la profesora Podgor. "Básicamente, dirá: ‘Mi cliente debería ser tratado como Libby, y explicaré por qué'".
Por supuesto, en términos puramente jurídicos, la declaración de Bush no tiene ningún valor particular fuera del caso de Libby. Pero eso no quiere decir necesariamente que los jueces la ignorarán.
Nadie pone en duda que Bush tiene la autoridad, según la Constitución, para indultar y conmutar penas en casos de delitos federales. Pero expertos en el área, recordando escándalos políticos en los gobiernos de Reagan, Truman y Grant, dicen que Bush ha actuado con una inusitada rapidez.
"Lo que distingue a Scooter Libby de los actos de clemencia en los otros tres casos", dijo P.S. Ruckman Jr., profesor de ciencias políticas que estudia los indultos en el Rock Valley College, Rockford, Illinois, refiriéndose a Libby por su apodo, "es que en esos casos los imputados generalmente cumplieron sus penas y otro presidente los perdonó".
Bush repitió ayer que pensaba que el castigo de Libby era demasiado severo. Pero expertos en la ley de sentencias federales dijeron que una sentencia de treinta meses por mentir y obstruir a la justicia era consistente con las duras sentencias que impone normalmente el sistema federal.
"¿Sobre qué bases legales puede haber llegado a esa conclusión?", preguntó Frank O. Bowman III, una autoridad en el campo de la doctrina federal de sentencias que enseña derecho en la Universidad de Missouri-Columbia. "Carece de fundamentos legales".
Tampoco hay razones para pensar que el ministerio de Justicia ha cambiado su posición sobre la doctrina de sentencias en general. En realidad, el ministro de Justicia, Alberto R. Gonzales, dijo el mes pasado que el ministerio apoyará leyes que endurezcan y hagan menos flexibles las sentencias federales.
Similarmente, en un caso resuelto hace dos semanas por la Corte Suprema de Estados Unidos y discutido ampliamente por juristas a la luz del caso de Libby, el ministerio de Justicia persuadió a la corte de ratificar una sentencia de treinta y tres meses de un acusado cuyo caso era muy parecido al de Libby. El acusado,Victor A. Rita, fue, como Libby, condenado por perjurio, por mentir a agentes federales y por obstrucción a la justicia. Rita sirvió en las fuerzas armadas por más de 25 años, recibió 35 recomendaciones, condecoraciones y medallas. Como Libby, Rita no tenía antecedentes criminales para propósitos de las directrices en cuanto a las sentencias federales.
Los jueces que sentenciaron a los dos hombres elevaron sus sentencias tomando en cuenta los delitos sobre los que mintieron. El perjurio de Rita tuvo que ver con lo que la corte calificó de "posible violación de la ley de inscripción de armas"; la única violación posible de una ley federal cometida por Libby, es la que convierte en delito la revelación de la identidad de agentes de inteligencia encubiertos en algunas circunstancias.
Cuando Rita alegó que su sentencia de 33 meses no tomaba en cuenta adecuadamente su historia y circunstancias, el ministerio de Justicia rechazó vigorosamente su argumentación.
El senador Joseph R. Biden Jr., demócrata de Delaware, subió ayer a su blog una copia del resumen del sumario del gobierno en el caso de Rita y preguntó: "¿Por qué está el presidente revirtiendo las decisiones de la justicia criminal?"
El ministerio de Justicia también adoptó una línea dura el año pasado en el caso de Jamie Olis, un ejecutivo de nivel medio de la compañía de energía Dynegy, condenado por fraude. El ministerio alegó que Olis merecía 292 meses, más de 24 años. Fue sentenciado a seis años.
Los expertos en sentencia dicen que la sentencia de Libby fue dura y acorde las tendencias generales.
"Fue una sentencia bastante severa", dijo el profesor Berman, "porque yo tiendo a considerar como severo todo término de prisión por delitos no violentos cometidos por personas sin antecedentes. Pero ciertamente no estuvo fuera de lo normal en los casos que veo todos los días".

6 de julio de 2007
4 de julio de 2007
©new york times
©traducción mQh
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un presidente asediado y solo


[Peter Baker] Sin embargo, desenvuelto, buscando respuestas y obsesionado con Iraq.
En el nadir de su presidencia, George W. Bush anda a la búsqueda de respuestas. De uno a la vez o en pequeños grupos, lleva a la Casa Blanca a importantes autores, historiadores, filósofos y teólogos para unirse a su búsqueda.
Plantea sus preguntas bebiendo refrescos y agua mineral con gas: ¿Cuál es la naturaleza del bien y del mal en el mundo de después del 11 de septiembre de 2001? ¿Qué lecciones reserva la historia para un presidente que hace frente al revuelo al que hago frente yo? ¿Cómo juzgará la historia lo que hemos hecho? ¿Por qué odia el resto del mundo a Estados Unidos? ¿O sólo me odian a mí?
Estas son las preguntas de un presidente que ha sufrido el derrumbe político más dramático en toda una generación. Aunque no es conocido por su curiosidad intelectual, Bush está invitando a aquellos que sí la tienen, involucrándoles en una exploración filosófica de las tendencias históricas que han enredado a su gobierno. Pese a todos los reveses, sigue inflexible, expresando rara vez dudas sobre su conducción, y sin embargo tratando de entender cómo fue que perdió el rumbo.
Esas sesiones, realizadas usualmente en el Despacho Oval o en los elegantes salones de la mansión del presidente, no aparecen nunca en el programa público del presidente y son en gran parte desconocidas, incluso para muchos de sus empleados. Para algunos de los invitados a hablar, Bush les parece solo, aislado por acontecimientos que están más allá de su control, con asesores de confianza abandonándolo o antiguos amigos volviéndose contra él.
"Siempre se piensa que los primeros ministros y presidentes están constantemente rodeados por funcionarios del gabinete y asesores", dijo Alistair Horne, un historiador británico que se reunió con Bush hace poco. "Pero al final del día están solos. Y son solitarios. Y me di cuenta de eso cuando estuve en la Casa Blanca. Para él debe ser muy difícil para él aguantar todo eso".
También preocupa a los amigos. Atribulado por una implacable guerra, desafiado por la oposición en el Congreso, derrotado hace apenas una semana sobre la inmigración, su última prioridad nacional importante, Bush sigue en gran parte encerrado en su fortaleza de la Avenida de Pensilvania 1600 en el séptimo año de una presidencia que se tornó agria. Todavía viaja, lee discursos ante audiencias amistosas y asiste a cumbres, como las conversaciones de este fin de semana en Kennebunkport con el presidente Vladimir Putin, de Rusia. Pero sale rara vez a cenar fuera, y ya no juega al golf, excepto ocasionalmente en Camp David, donde, como en su rancho en Texas, puede encontrar refugio.
"No sé cómo lo hace para aguantar", dice Donald Burnham Ensenat, amigo durante 43 años que acaba de renunciar como encargado de protocolo en el Departamento de Estado. El representante K. Michael Conaway (republicano de Texas), otro amigo de toda la vida que trabajó anteriormente para Bush, dijo que se veía agotado. "Hay una marcada diferencia en su aspecto físico", dijo Conaway. "Es una carga increíblemente pesada. Cuando pides a hombres y mujeres que corran riesgos, enviándolos a la guerra sabiendo que quizás no vuelvan a casa, eso debe ser una increíble responsabilidad que te echas encima".
De acuerdo a sus amigos y asesores, Bush está obsesionado con Iraq. Un ex ayudante lo fue a ver hace poco para tratar algunos asuntos, y Bush volvía una y otra vez al tema de Iraq en la conversación. Reconoce que su presidencia depende de si Iraq puede ser transformado en dieciocho meses. "Nada importa, excepto la guerra", dijo una persona cercana a Bush. "Eso es todo lo que importa. Todo depende de eso".
Y, sin embargo, Bush no parece un hombre que se lamente de sus aprietos. En público y en privado, de acuerdo a sus amigos íntimos, exhibe una inexorable y optimista energía que ignora las tormentas políticas. Incluso cuando se reúne con académicos para discusiones filosóficas, evita anticipar sus acciones. Todavía se comporta como si fuera señor del universo, incluso si el resto de Washington ya no lo ve así.
"No te da la impresión de que esté agazapado en el búnker", dijo Irwin M. Stelzer, del Instituto Hudson, que fue parte de un grupo de académicos que se reunió con Bush. "Tiene o una confianza extraordinaria en sí mismo o perdió el contacto con la realidad. No puedo determinar cuál de las dos".

Un Desfile de Reveses
La realidad ha sido desmoralizadora por donde se la mire. En tiempos modernos, ningún presidente ha sostenido semejante rechazo de la opinión pública estadounidense. El índice de aprobación de Bush se deslizó por debajo del cincuenta por ciento en la encuesta del Washington Post-ABC News en enero de 2005 y no ha superado ese nivel en los treinta meses que han pasado desde entonces. El último presidente que se atascó por debajo del cincuenta por ciento durante tanto tiempo fue Harry S. Truman. Incluso Richard M. Nixon no descendió por debajo del cincuenta por ciento sino en abril de 1973, dieciséis meses antes de que renunciara.
Los sondeos reflejan el segundo término de Bush, una tenaz secuencia de malas noticias. La seguridad social. El huracán Katrina. Harriet E. Miers. Dubai Ports World. El accidente de caza del vicepresidente Cheney. Jack Abramoff, Tom DeLay y Mark Foley. Las elecciones legislativas. I. Lewis ‘Scooter' Libby, Alberto Gonzales y Paul D. Wolfowitz. La inmigración. Y eclipsando todo esto, la guerra de Iraq, ahora más prolongada que la intervención de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.
Desde que ganara la reelección hace dos años y medio, Bush ha tenido pocos días de buenas noticias, y estas noticias no han durado mucho tiempo. Los iraquíes se mancharon los dedos en las urnas para establecer una democracia, pero eligieron a un gobierno que funciona mal, fracturado por el conflicto sectario. Las tropas norteamericanas eliminaron a Abu Musab al-Zarqawi, el cabecilla de al Qaeda en Iraq, pero la violencia sólo se hizo peor. Se condenó a Saddam Hussein, pero su ejecución fue arruinada por los ultrajes que fueron filmados. Quizás la única victoria importante pura de este segundo mandato de Bush fue la confirmación de dos jueces de la Corte Suprema, que ya han empezado a mover a la corte hacia la derecha.
Otros presidentes han sucumbido ante la presión. Lyndon B. Johnson vivía atormentado por los manifestantes contra la guerra de Vietnam, que gritaban frente a su ventana: "Hey, hey, LBJ, ¿a cuántos chicos mataste hoy?" Nixon nadó en un mar de autocompasión durante Watergate, hablándole a pinturas y pidiéndole una vez a Henry Kissinger que rezara con él. Bill Clinton echaba humo frente a sus enemigos y guardó profundos reproches durante su guerra contra la impugnación.
Pero si Bush se descarga así, no lo sabe nadie. Kissinger, que asesora a Bush, dijo que el presidente no le ha pedido nunca que se arrodille junto a él en el Despacho Oval. "Lo encuentro sereno", dijo Kissinger. "Sé que el presidente Johnson despotricaba contra su destino. No es el caso de Bush. Cree que está haciendo lo que debe hacer, y parece estar en paz consigo mismo".
Bush ha prácticamente renunciado a ganar conversos durante su mandato y en lugar de eso espera ser vindicado después de su muerte. "Cree ser víctima de la fatalidad", dijo el representante Peter T. King (republicano de Nueva York), que pasó hace poco un día viajando con Bush. "Lo único que puede hacer, es seguir haciéndolo lo mejor que puede, y la gente va a decidir de aquí a cien años si lo hizo bien o mal. No posee ningún falso sentimiento machista. No está ensimismado. Lo encuentro asombrosamente tranquilo".
De cierto modo, Bush se protege a sí mismo de las críticas. Pese a lo que cree la opinión pública, lee los diarios, pero mira poco televisión y no pasa demasiado tiempo en su sala de medios. "Se mantiene alejado de las cosas extremas de su vida", dijo Conaway, el congresista. "No mira Leno y Letterman. No se expone demasiado tiempo a ese tipo de materiales. Posee el terrible talento de no mirar en el espejo retrovisor".
El representante Jack Kingston (republicano de Georgia), que asistió a una sesión legislativa con Bush el mes pasado, dijo que su naturaleza impenetrable funciona de dos maneras. "Las cosas que lo hacen impopular son también las que lo ayudan a soportar la presión", dijo Kingston. "Es testarudo. Es fiel a su filosofía".

Reprendido por Su Propia Gente
La legendaria lealtad del equipo de Bush, sin embargo, se ha deshilachado mucho más de lo se puede creer. La disputa sobre si Gonzales debía seguir siendo ministro ha dejado al descubierto una profunda grieta. Bush sigue convencido de que su viejo amigo no hizo nada éticamente reprensible cuando despidió a los fiscales, y el asesor Karl Rove rechaza enfadado lo que considera una caza de brujas de inspiración demócrata, de acuerdo a funcionarios de la Casa Blanca. Sin embargo, más allá de su círculo íntimo, es difícil encontrar a un funcionario actual o pasado del gobierno que piense que Gonzales debe quedarse.
"No logro entender por qué Al Gonzales sigue ahí", dijo un importante ex asesor, que, como otros, sólo habló a condición de conservar el anonimato. "No se trata de él. Se trata del cargo y de quién tiene la capacidad de dirigir el ministerio". El ex asesor dijo que toda vez que se encuentra con ex secretarios de gabinete, "universalmente lo primero que sale de sus bocas" es asombro por el hecho de que Gonzales todavía siga ahí.
Algunos ayudantes creen que Bush se niega a aceptar la realidad. "El presidente piensa que abandonar a los amigos es un signo de debilidad", dijo un exasperado alto funcionario. "El cambio muestra debilidad. Hacer lo que todo el mundo sabe que tienes que hacer, es debilidad". Otro antiguo asesor dijo que independientemente de cuánta gente consulta Bush, él sólo escucha a dos o tres.
Más allá de Gonzales, el descontento con la presidencia de Bush es más amplio y más profundo entre los legisladores republicanos, algunos de los cuales hierven de furia. "Nuestros miembros simplemente quieren que este período termine de una vez", dijo un republicano de la Cámara que se reunión con Bush hace poco. "La gente está cansada de él". El círculo íntimo de Bush sigue estando fuertemente precintado, dijo el legislador. "No hay nadie que capaz de decirle: ‘Señor presidente, esto tiene usted que hacerlo. En esto, usted está equivocado'. No hay ninguna supervisión adulta. Es como si no se diera cuenta. Quizás es un mecanismo de defensa".
Los ayudantes dicen que ellos desafían a Bush. El jefe de gabinete de la Casa Blanca, Joshua B. Bolten, tuvo lo que un colega llamó "un montón de serias discusiones" con el presidente después de las elecciones de noviembre para obligarlo a reconocer que su estrategia para la guerra de Iraq había fracasado. Bolten organizó reuniones de modo que Bush pudiera oír a críticos de sus políticas y le envió materiales escritos que enfatizaban la necesidad de un cambio, dijo el colega. Eso provocó la decisión de enviar más tropas.
Incluso si trata de evitar el sonido ambiente de la prensa, Bush no puede evitar las críticas. Un grupo de republicanos moderados le dijo francamente durante una reunión en la Casa Blanca hace poco que se había convertido en un lastre para el partido. Y cuando el presidente invitó a la locutora de radio conservadora, Laura Ingraham, para un paseo en bicicleta el mes pasado, ella le reprendió por su posición sobre la inmigración.
La impopularidad de Bush parece limitar sus opciones de adónde ir. Rechazó una invitación de los Washington Nationals para el primer lanzamiento el Día de Apertura, argumentando que tenía un programa muy abultado. El ex dueño del equipo de béisbol organizó en su lugar una ceremonia cerrada con un equipo de fútbol americano en el Salón Este, donde nadie abuchearía. Cuando empezó la temporada de graduaciones, se mantuvo alejado de las grandes universidades, leyendo discursos en un instituto universitario en Florida y en una pequeña escuela religiosa en Pensilvania, dirigida por un antiguo asesor. Pero incluso entonces fue recibido con protestas de parte de estudiantes y docentes.

Buscando las Lecciones de la Historia
En medio del tumulto, el presidente ha buscado refugio en la historia. El año pasado leyó tres libros sobre George Washington, leyó sobre la guerra de independencia de Argelia y la explotación del Congo, y últimamente ha estado hojeando ‘Troublesome Young Men', el relato de Lynne Olson sobre los diputados conservadores que llevaron a Winston Churchill al poder. Bush adora a Churchill y tiene un busto de él en el Despacho Oval.
Después de leer ‘A History of the English-Speaking Peoples Since 1900', de Andrew Roberts, Bush invitó al autor y una docena de académicos a hablar sobre las lecciones. "¿Qué puedo aprender del pasado?", preguntó Bush a Roberts, de acuerdo a Stelzer, el académico del Instituto Hudson, que era uno de los invitados.
Stelzer dijo que Bush le pareció más penetrante de lo que esperaba. La conversación giró sobre historia y religión y se tocaron algunos temas sensibles para un presidente que tiene problemas con su legado. "Me preguntó: ‘¿Cree usted que nuestra impopularidad en el exterior se debe a mi personalidad?' Y se echó a reír. "Le dije: ‘En parte'. Y se echó a reír nuevamente".
Gran parte de la conversación se concentró en la naturaleza del bien y del mal, un tema eterno en Bush, que retrata la lucha contra los extremistas musulmanes en términos de blanco y negro. Michael Novak, un teólogo que participó, dijo que estaba claro que Bush soporta sus dificultades porque se ve a sí mismo realizando el trabajo del Señor.
"Tiene una fe muy fuerte", dijo Novak, académico del American Enterprise Institute. "La fe en sí misma no es suficiente porque hay un montón de gente que tienen fe, pero el corazón débil. Pero su fe es muy fuerte. Busca orientación, como cualquier otro presidente, en la oración. Y eso significa que está tratando de asegurarse de que lo que hace, es lo correcto. Y si tienes esa disposición de ánimo, ninguna crítica te perturba demasiado. Porque estás respondiendo ante Dios".
Horne, el historiador británico, se encontró con Bush en otra ocasión después de que Kissinger diera al presidente un ejemplar de ‘A Savage War of Peace', el libro de Horne sobre la derrota de los franceses en Argelia en el siglo veinte. Bush invitó a Horne. Hablaron sobre los paralelos y diferencias entre Argelia e Iraq mientras Bush buscaba alguna idea que pudiera aplicar a su propia situación.
Horne no es un partidario de Buh pero, sin embargo, se quedó impresionado con la tranquilidad del presidente. "Fue muy amistoso, estaba muy relajado", dijo Horne. "Dios mío, se veía bien. Se veía como si viniera llegando de un crucero en el Caribe. Se veía como si nada le preocupara en el mundo. Es asombroso".

Seguidores Perdidos
Mientras Bush entra en el crepúsculo de su presidencia, la Casa Blanca se ve cada vez más vacía. Uno tras otro, los asesores que se habían quedado con él, se están encaminando hacia la puerta. Andrew H. Card Jr., su jefe de gabinete durante más de cinco años, renunció el año pasado. Y ahora su consejero Dan Bartlett, su asesor durante catorce años, también lo deja.
Card y Bartlett fueron los asesores que más tiempo pasaron junto a Bush. Bolten, que remplazará a Card, y Ed Gillespie, el sucesor de Bartlett, decidieron no dedicarle demasiado tiempo, dejando al presidente sin su constante presencia. Otros que se han retirado han atacado públicamente al presidente. Bush se sintió particularmente herido, dijeron amigos, cuando el estratega de la reelección Matthew Dowd, lo desaprobó.
Bush busca consuelo con sus viejos amigos de Texas y de la Universidad de Yale, organizando un picnic anual en el verano y una fiesta de Navidad. Invita a amigos a la Casa Blanca o al rancho en Crawford. Pero esas experiencias son extrañamente impersonales. "Pueden ser como clínicas", dijo un amigo que habló a condición de conservar el anonimato. "Estás allá y es un evento muy controlado -se sirve los tragos a las siete, a las siete y media viene la cena, y a las nueve estás de regreso en tu hotel".
Bush sale rara vez de la Casa Blanca para asistir a veladas en Washington, aunque en los últimos tiempos ha tratado de salir más, asistiendo el mes pasado a cenar en casa de dos viejos amigos, el abogado Jim Langdon y el asesor de presupuesto, Clay Johnson III. Bush evita hablar de política en esos momentos. Busca signos de normalidad, preguntando como marchan los negocios o sobre amigos mutuos. "Quiere saber si has pescado algo", dijo Robert McCleskeu, un amigo desde la escuela primaria.
Bush también enfrenta la estrés con disciplina, rutina y ejercicios. En un día normal, se despierta a las cinco de la mañana, llega al Despacho Oval a las seis y media, y sale a las cuatro y media para sesenta minutos de ejercicio. Vuelve al trabajo por un rato antes de retirarse a su residencia, a las nueve y media. Durante los fines de semana, hace paseos en bicicleta de dos horas en las instalaciones del Servicio Secreto en Beltsville, en compañía de gente como Card o Alexander Ellis IV, un joven primo.
Sus amigos dicen que esto no lo convierte en ignorante de sus problemas. "No hay ninguna duda de que está total y completamente consciente de todas las circunstancias en las que se encuentra", dijo un amigo cercano. "No hay nada de lo que no esté consciente -de cómo es percibido, de cómo es percibido su pueblo, de los problemas de su pueblo. Está muy al tanto de todo lo que ocurre... En algún lugar en su mente hay una autopsia bastante completa".
Sin embargo, Bush puede parecer desconectado. Cuando viajó a Nueva York para visitar una escuela de Harlem y promover su programa de educación, llevó consigo a congresistas de Nueva York en Air Force One, incluyendo al demócrata Charles B. Rangel, presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara. La Casa Blanca se encontraba en medio de duras negociaciones con Rangel sobre los pactos comerciales. Pero Bush no trató de llegar a un acuerdo con Rangel, dedicándose en su lugar a hablar de béisbol. "Habló un montón sobre los Rangers", dijo Rangel. "Yo no sabía de qué diablos me estaba hablando".
Sin embargo, ese viaje demostró que Bush no puede ignorar sus cargas. King, el viejo congresista republicano, lo introdujo en los camerinos a un soldado herido en un ojo. A Bush se le llenaron los ojos de lágrimas y le pidió al joven que se sacara las gafas oscuras para mirar su herida, recordó King. "El instinto humano es mirar hacia otro lado cuando alguien tiene una herida grave", dijo King. "Él, en cambio, le pidió que se sacara las gafas. En realidad le tocó el ojo un poco. Era como si tuviera que sentirlo para poder enfrentarlo".
Cuando volvían a Washington unas horas después, con las pantallas de televisión a bordo de Air Force One sintonizadas para el partido de los New York Mets, King caviló que Bush debía estar sintiendo el peso de su cargo.
"Mi mujer lo adora, pero no sabe cómo no despierta usted en las mañanas y dice: ‘Ya me cansé. Me marcho'", le dijo King.
"¿Piensa eso?", le dijo Bush. "Ponla al teléfono".
King marcó, pero estaba puesto el contestador. Bush le dejó un mensaje. "Estoy bien. No te preocupes por mí".

3 de julio de 2007
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bush indulta a asesor libby


[Amy Goldstein] Presidente Bush anula pena de prisión de jefe de gabinete de Cheney condenado por revelar a la prensa nombre de agente de la CIA.
El presidente Bush conmutó la sentencia de prisión de I. Lewis ‘Scooter' Libby, ex jefe de gabinete del vicepresidente Cheney, librándole de los treinta meses de cárcel a los que fue condenado el mes pasado por mentir ante investigadores federales sobre su participación en la filtración ordenada por la Casa Blanca de la identidad de una agente de la CIA.
Bush tomó la decisión algunas horas después de que una corte de apelaciones federal resolviera que Libby no tenía derecho a permanecer en libertad mientras recurría su condena por cuatro delitos.
"Al negársele la fianza, y siendo su encarcelamiento inminente, creo que es importante que reaccione ante esa decisión", dijo Bush en una declaración emitida por la Casa Blanca a principios de la tarde. Aunque el presidente dijo que "respetaba" el veredicto del jurado, agregó que había "concluido que la pena de prisión impuesta a Libby era excesiva".
Bush dijo que no objetaría la multa de 250 mil dólares que también forma parte de la sentencia, dictada el mes pasado por el juez de distrito Reggie B. Walton, que presidió el juicio que duró un mes este invierno pasado.
John Conyers Jr. (demócrata de Micigan), presidente del Comité Judicial de la Cámara dio a conocer una declaración diciendo que "hasta ahora parecía que el presidente se había limitado a hacer la vista gorda ante el hecho de que un alto funcionario del gobierno filtrara información clasificada. La acción de hoy del presidente deja en claro que aprueba esa actividad. Esta decisión es inconsistente con el estado de derecho y envía un terrible señal al pueblo norteamericano y a nuestros operativos de inteligencia que arriesgan sus vidas todos los días".
El líder de la mayoría del Senado, Harry Reid (demócrata de Nevada) agregó que "la decisión del presidente de indultar a Libby es un escándalo. La condena de Libby fue un débil indicio de rendir cuentas ante los esfuerzos de la Casa Blanca de manipular los servicios de inteligencia y silenciar a los críticos de Iraq. Ahora, incluso esa pequeña dosis de justicia ha sido anulada".
Pero el ex senador Fred Thompson, candidato no proclamado a la presidencia que ha llamado a Bush a perdonar a Libby, dijo que se sentía "muy contento" por el ex jefe de gabinete de Cheney. "Sé que esto lo aliviará mucho, a él, su esposa e hijos. Aunque he estado pidiendo durante mucho tiempo la amnistía para Scooter, respeto la decisión del presidente. Esto permitirá que un buen estadounidense, que ha hecho mucho por su país, reanude su vida".
En su resolución de un párrafo antes en el día, una comisión de tres jueces de la Corte de Apelaciones de Circuito de Washington había rechazado la petición de Libby de permanecer en libertad mientras recurría su condena por perjurio y obstrucción a la justicia.
Los jueces dijeron con respecto a la apelación de Libby que no era probable que su condena fuera revocada.
La resolución de la corte de apelaciones llevó a Bush a abandonar su postura no intervencionista que había adoptado hacia los procedimientos criminales contra Libby, el abogado de 56 años que era la mano derecha de Cheney y arquitecto de las políticas de seguridad nacional del gobierno. A medida que en los últimos meses aumentaba la presión de los conservadores sobre Bush para que indultara a Libby, la Casa Blanca había dicho, hasta ahora, que no era apropiado intervenir.
La resolución de los jueces había sostenido una decisión de Walton, que presidió el juicio de un mes de Libby. A mediados de junio, Walton resolvió que la defensa no había planteado ningún alegato que hiciera probable que, en la apelación, se resolviera dejarle en libertad bajo fianza mientras duraba el recurso.
En esa época, Walton estimó que Libby tendría que presentarse a prisión dentro de cuarenta y cinco a sesenta días, después de que funcionarios de la cárcel federal determinaran dónde debía cumplir la sentencia.
En marzo, el jurado de la corte federal encontró culpable a Libby de cuatro delitos por mentir a los agentes del FBI y al gran jurado que investigó la filtración a la prensa, por funcionarios de gobierno, de la identidad de la agente secreto de la CIA, Valerie Plame. En un juicio al que comparecieron altos personeros del gobierno y una lista de periodistas de Washington como testigos, el jurado condenó a Libby por dos cargos de perjurio y uno de obstrucción a la justicia y de declaraciones falsas sobre cuándo y como se enteró de la identidad de Plame -y lo que contó sobre ella a los periodistas.
Entre los jueces de la corte de apelaciones que resolvieron hoy se encuentran dos que fueron nombrados por presidentes republicanos y un demócrata. Se trata de David Sentelle, elegido por el presidente Reagan; Karen LeCraft Henderson, nombrado por el presidente George H.W. Bush; y David Tatel, nombrado por el presidente Clinton.

3 de julio de 2007
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suprema verá casos de guantánamo


[Antonio Caño] El máximo tribunal estadounidense estudiará la legalidad de las detenciones. La Corte desafía a Bush por Guantánamo.
En un nuevo golpe contra el sistema legal paralelo pergeñado por la administración Bush para enfrentar la guerra contra el terrorismo, la Corte Suprema dio marcha atrás en su decisión de no considerar pedidos de los prisioneros en la base para ser juzgados por tribunales federales. La cárcel en la base podría cerrar.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos anunció ayer, en una sorprendente decisión, que se pronunciará próximamente sobre la legalidad de los juicios a los que son sometidos los presos en la base militar estadounidense de Guantánamo. Teniendo en cuenta los precedentes pronunciamientos del Supremo en relación con este asunto y la constante pérdida de autoridad de la administración republicana al respecto, esto podría constituir el golpe de gracia a un sistema de detención que ha hecho sonrojar a Estados Unidos ante los ojos del mundo.
La decisión del Supremo estadounidense corrige otra del mismo tribunal el pasado mes de abril en sentido contrario. En aquella fecha, la más alta institución judicial del país consideró que no debería pronunciarse sobre si los presos de Guantánamo tenían derecho a acudir a tribunales federales ordinarios.
Ahora, tras la insistencia de los demandantes, el Supremo decide, en un gesto del que no se encuentran antecedentes en la memoria reciente, que su posición anterior fue equivocada y que, en efecto, el caso merece ser atendido y que será objeto de un pronunciamiento en una fecha futura y en ningún caso anterior al próximo otoño.
Este es, por supuesto, un gran triunfo de los abogados que representan a algunos de los cerca de 400 detenidos en Guantánamo –los que han llevado el caso adelante– y un nuevo traspié de la administración que dirige el presidente George W. Bush, que podría incluso llegar a decidir que no vale la pena seguir batallando en defensa de ese campo de detención y lo cierre por voluntad propia.
Si el Supremo es coherente con sus decisiones anteriores sobre este asunto, Bush puede esperar, con alta probabilidad, un veredicto contrario a sus intereses. El Supremo se ha pronunciado dos veces sobre Guantánamo, y las dos veces en contra de la política de la administración.
En 2003, el Tribunal Supremo contradijo al gobierno y le advirtió que, pese a sus particulares condiciones de captura –no son militares en el sentido tradicional ni civiles sospechosos de delitos comunes–, tenían derecho a ser juzgados. Posteriormente, el Supremo rebatió también una orden de la Casa Blanca sobre la creación de comisiones de militares para juzgarles y exigió que los juicios se desarrollaran de acuerdo con leyes aprobadas por el Congreso. Poco después, el Congreso, todavía con mayoría republicana, respondió con una ley a medida de Bush que daba luz verde a esas comisiones militares. Ahora, el Supremo vuelve a ocuparse del asunto para pronunciarse sobre la legalidad de esta última medida. Si la administración está tan preocupada al respecto es porque sabe el alto riesgo que corre de que los nueve altos magistrados le quiten la razón. Hasta tal punto eso es así, que no sería extraño que cuando el Supremo llegue a pronunciarse Guantánamo ya esté cerrada. Actualmente hay un debate abierto en el seno de la administración sobre la conveniencia de mantener abierta esa instalación. Ese debate trascendió a la prensa la semana pasada y fue suspendida una reunión en la que iba a ser tratado el asunto.
Básicamente, las fuerzas están divididas entre la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el secretario de Defensa, Robert Gates, por un lado, que creen que Guantánamo acarrea ya más perjuicios que ventajas y debe de ser cerrada, y el vicepresidente, Dick Cheney, y el fiscal general, Alberto Gonzales, por otro, que todavía recomiendan mantener abierta esa prisión.
El argumento de estos últimos es el de que los interrogatorios en Guantánamo, sin la protección que la ley da a los presos bajo el sistema de Justicia norteamericano, está aportando información muy valiosa en la lucha contra el terrorismo. Entre los presos se encuentra actualmente Khalid Shaik Mohammed, considerado el cerebro de los ataques del 11 de septiembre de 2001.
Rice y Gates, por su parte, estiman que la información que se pueda estar obteniendo no compensa en absoluto el enorme daño que Guantánamo está haciendo a la imagen internacional de Estados Unidos y a su capacidad de formar alianzas y buscar amigos precisamente para luchar contra el terrorismo.
El sector, digamos, moderado del gobierno tiene hoy a su favor el declive en el que han entrado desde hace meses figuras como Gonzales y Cheney –ambos se encuentran literalmente con la soga de las investigaciones parlamentarias al cuello–, aunque éstos siguen siendo las personas de máxima confianza del presidente y los grandes estrategas de la política de seguridad de la Casa Blanca.
Aun queriendo seguir a sus más estrechos amigos y colaboradores, Bush se va viendo cada día legalmente más incapacitado para mantener Guantánamo. Además de la decisión del Supremo, la situación de esa prisión en la isla de Cuba está pendiente de sentencias de tribunales federales de apelaciones y de la propia capacidad de los tribunales militares para actuar allí. Dos jueces militares que presidían otros tantos tribunales coincidieron recientemente en que no podían juzgar a los presos por un pequeño problema semántico que los hacía incompatibles con esos juicios. En el momento de la detención fueron catalogados como "combatientes enemigos" y la ley sobre esos tribunales afecta a los "combatientes enemigos ilegales".

30 de junio de 2007
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cia vuelve a desclasificar archivos


[Philippe Bolopion] Agencia Central de Inteligencia anunció que desclasificará hoy un archivo de 693 páginas. La CIA saca del ropero sus ‘esqueletos' y revela sus ‘joyas familiares'.
Intentos de asesinatos de personajes como Rafael Trujillo o Fidel Castro, intervención de teléfono de periodistas estadounidenses, experimentos con substancias químicas, entre otras polémicas actividades, podrían conocerse con más detalle tras la desclasificación.
La CIA está a punto de sacar de sus roperos ‘esqueletos' guardados desde las más sombrías horas de la guerra fría: complots para asesinar dirigentes extranjeros (como Fidel Castro o Rafael Trujillo), secuestros, escuchas a periodistas… El director de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense, Michael Hayden, anunció que desclasificará hoy (estaba previsto para el lunes, pero se retrasó un día) un archivo de 693 páginas que compila algunas de las actividades más dudosas en el pasado de la agencia. Lo esencial ya se conocía. Los que abruman a veces son los detalles.
El archivo, irónicamente bautizado ‘joyas de la familia' por la CIA, fue solicitado el 9 de mayo de 1973 por James Schlesinger, director por entonces de la CIA, tras el escándalo de Watergate que trajo a la luz el rol de la institución en la ejecución de los golpes bajos del presidente Richard Nixon y que lo obligaron a renunciar.
Partes del informe fueron publicados el 22 de diciembre de 1974 por el periodista Seymour Hesh, que trabajaba entonces para el New York Times. Como anticipo del gran desembalaje, reclamado desde hace años por los historiadores, el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington hizo públicos documentos reveladores. Uno de ellos, fechado el 3 de enero de 1975, es un memorando secreto de seis páginas que resume las actividades ilegales de la CIA, tal como las describió el director de la agencia a funcionarios del Ministerio de Justicia. Detalla 14 ‘esqueletos', un término empleado por la agencia. El memorando afirma que la CIA complotó para asesinar a dirigentes extranjeros, incluidos Fidel Castro, Patrice Lumumba (padre de la independencia de la República Democrática del Congo) y Rafael Trujillo (dictador de la República Dominicana), precisando que en todo caso la agencia no habría tenido "papel alguno" en el asesinato de Lumumba en 1961 y solamente un "encuentro" con los asesinos de Trujillo ese mismo año.
A partir de 1967 y 1969, la "cobertura en el extranjero de estudiantes subversivos" y de "las actividades internacionales de militantes negros y radicales", fueron objeto de vigilancia. Agentes de la CIA fueron infiltrados en el movimiento pacifista y censaron los nombres de 9.900 estadounidenses.

La ‘Punta de un Iceberg'
Entre 1953 y 1973, los servicios de contraespionaje abrieron ilegalmente correspondencia de correo dirigida o proveniente de China y la Unión Soviética, apoderándose especialmente de cuatro cartas destinadas a la actriz contraria a la guerra Jane Fonda.
Entre 1969 y 1973, la CIA financió además investigaciones sobre modificación de los comportamientos, en los que participaron sin saberlo ciudadanos estadounidenses. Se llevaron a cabo pruebas respecto de las "reacciones a ciertas drogas".
De 1963 a 1972, varios periodistas y editorialistas destacados (Robert Allen, Paul Scout, Jack Anderson, Mike Getler) fueron puestos bajo escucha o sus teléfonos fueron intervenidos. Entre 1964 y 1966, un ruso sospechoso de ser un falso tránsfuga, fue mantenido bajo arresto, aparentemente en "violación de las leyes sobre secuestro".
Otra práctica corriente: en 1971, agentes de la CIA desvalijaron las oficinas de una ex empleada de la agencia porque vivía con un cubano. En una conversación transcrita con el presidente Gerald Ford, su secretario de Estado Henry Kissinger le advierte el 4 de enero de 1975: "Richard Helms (ex director de la CIA) ha dicho que todas esas historias no eran más que la parte visible del iceberg. Si salen a la luz va a correr sangre. Por ejemplo, Robert Kennedy (secretario de Justicia de 1961 a 1964) dirigió personalmente la operación del asesinato de Castro".
Las ‘joyas de la familia' representan "elementos de una época muy diferente y de una agencia muy diferente", declaró Michael Hayden. La historia lo dirá.

26 de junio de 2007
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el juicio de libby y la prensa


[Patrick Martin] La relación entre el juicio de Libby por perjurio y la prensa convencional de Washington. Antecentes de la sentencia esta semana, publicados en febrero de 2007.
Un desfile de corresponsales famosos subieron a la estrada de los testigos durante el juicio de Lewis Libby, ex jefe del personal del Vicepresidente Cheney acusado de perjurio. El juicio ha enfocado el incesto que existe entre los niveles más altos de los medios de comunicación y los ámbitos más poderosos de los sectores, políticos, militares y de espionaje.
Corresponsales de la televisión, los periódicos y las revistas más importantes del cuerpo de prensa de Washington, cuyos salarios alcanzan cifras en los cientos de miles de dólares, se encuentran prestando testimonio en las diligencias.
A Libby se le ha imputado cargos de haber cometido perjurio y obstruir a la justicia cuando le mintió al gran jurado que investiga la divulgación subrepticia y sin autorización de la identidad de Valerie Plame Wilson, ex agente secreta de la CIA. Fue el gobierno de Bush que divulgó la información a la prensa en represalia por la crítica pública que Joseph Wilson, ex embajador y esposo de la Valerie, le hiciera a la Casa Blanca y a sus mentiras acerca de la guerra en Iraq.
Esta semana, el testimonio de periodistas y asistentes de la Casa Blanca confirmó que Karl Rove, jefe asistente del personal de la Casa Blanca y consejero político principal de Bush, había jugado un importante papel en la diseminación de la información acerca de la esposa del embajador.
El testimonio de otras personas ha fortificado el caso contra Libby, quien le declaró a varios agentes del FBI, así también como al gran jurado convocado por el fiscal especial, Patrick Fitzgerald, que él había sabido la identidad secreta de la señora Wilson como agente de la CIA por medio de la prensa misma, y que él no había jugado ningún papel en diseminar la información. Ambas afirmaciones comprobaron ser completamente falsas. Más de una docena de testigos las han refutado.
Dos periodistas testificaron que Libby les había informado acerca del papel de Valerie Plame como agente de la CIA hacia fines de junio y a principios de julio, 2003: Matt Cooper, quien antiguamente había trabajado para las revistas Time y Newsweek; y Judith Miller, ex periodista del New York Times.
El momento en que estas conversaciones tomaron lugar es crítico, tanto desde el punto de vista jurídico como político. Desde el punto de vista de la jurisprudencia, Libby se enfrenta a cargos de perjurio porque repetidamente le dijo al FBI y al gran jurado que se había enterado que Plame era espía de la CIA durante una conversación con Tim Russert, de la cadena nacional de televisión, NBC, el 10 de julio, 2003. A Russert se le ha citado el lunes para comparecer como último testigo de cargo, pero éste ha negado haber tenido ninguna conversación con Libby en cuanto al caso
Miller testificó que, antes del intercambio entre Lobby y Russert el 10 de julio, había tenido dos conversaciones acerca de Valerie Plame durante el 23 de junio y el 8 de julio. Cooper testificó que se había percatado del papel de Plame en la CIA durante una conversación con Karl Rove el 11 de julio, y, además, que Libby había confirmado la información al otro día, el 12 de julio.
Las conversaciones con Miller son especialmente importantes porque revelan que la Casa Blanca y los medios de prensa en Washington ya hacían referencias a las acusaciones del embajador Wilson mucho antes de éste publicarlas el 6 de julio en una columna de opinión en el New York Times. Las acusaciones de Wilson -que la Casa Blanca incluyó información falsa en el discurso sobre el estado de la nación de Bush en enero, 2003; información sobre las presuntas compras de uranio que el gobierno iraquí hizo en Níger- primero fueron diseminadas por Nicolas Kristof en una columna del Times en mayo 2003. El artículo apareció sin mencionar el nombre del autor.
La Casa Blanca inmediatamente identificó a Wilson como el funcionario que Kristof citó sin nombrar, y empezó la lucha para vilipendiar el ex embajador disidente y poner en duda su credibilidad. Había ciertas sospechas acerca del papel del vicepresidente Cheney, pues en 2002 éste había exigido que la CIA investigara acusaciones acerca de una conexión iraquí con los depósitos de uranio africanos, orden que finalmente condujo a la agencia a enviar a Wilson a Niger, donde éste no encontró ninguna evidencia de que Irak había intentado comprar uranio.
Miller testificó que cuando se reunió con Libby el 23 de junio, 2003, él "parecía agitado y frustrado," y que especialmente se quejaba de que la CIA participaba en "una perversa guerra de divulgaciones subrepticias" en cuanto al viaje de Wilson a Niger. ¿Sabía ella -él le preguntó- que Wilson estaba casado con una agente de la CIA llamada Valerie Plame? Lobby relató las labores de la Sra. Plame con la agencia y sugirió que la influencia de ella había resultado en que su esposo fuera seleccionado para la misión.
La periodista del Times acababa de regresar a Washington de Irak, donde había pasado varios meses ‘insertada' en una unidad militar secreta de espionaje que recorría el país para encontrar evidencia de las armas para la destrucción en masa, campaña que fracasó totalmente. Miller había escrito cuantiosos artículos y un libro sobre el tema, todos apoyando la acusación que Saddam Hussein acumulaba enormes reservas de semejantes armas.
Libby había alabado esta obra de Miller y se convirtió en una fuente regular de los escritos de Miller, Para describir la relación entre los dos con más precisión, Miller se convirtió en la vocera favorita del gobierno de Bush por medio de la cual podía diseminar la propaganda pro bélica en el período antes y durante la conquista de Irak.
Fue en esta capacidad, como co conspiradora en la promoción de la guerra, que Miller se reunía con Libby. Esta es la única explicación para el próximo encuentro entre los dos el 8 de julio en el Hotel St. Regis en Washington. Éste ocurrió dos días después que la columna por invitación de Joseph Wilson apareciera en el New York Times. La columna desenmascaraba un aspecto clave del fraude de las armas para la destrucción en masa perpetrado por el gobierno.
Durante un desayuno de dos horas de duración -tiempo que sugiere más una colaboración de trabajo entre dos cómplices que una entrevista entre un funcionario del gobierno y una periodista presuntamente independiente- Libby le propuso a Miller que escribiera un artículo desenmascarando a Valerie Plame Wilson. También le propuso que atribuyera la información (que él mismo proveía) a "un ex miembro del personal del Congreso de Estados Unidos". Esta descripción es, a primera vista, verídica desde el punto de vista técnico, pues Libby cierta vez había trabajado para el Congreso como miembro del personal Republicano. Pero la realidad es que Libby, con fines de hacerle daño a uno de sus críticos, intencionalmente plantaba una pista falsa.
Miller aseveró en su testimonio que Jill Abramson, directora del la cede del New York Times en Washington del Times, había vetado la propuesta, pero Abramson lo niega. De todos modos, el artículo no apareció, y el Times no publicó nada acerca del tema hasta después de una columna, publicada el 14 de julio y escrita por el comentarista derechista, Robert Novak, que mencionaba a Plame como espía y describía su papel en la CIA.
Miller testificó como testigo de cargo para el fiscal especial Fitzgerald, quien ordenó su encarcelación por 85 días en 2005 para obligarla a contestar preguntas acerca de la identidad de la persona en el gobierno de Bush que había conversado con ella acerca del asunto Plame-Wilson. Sólo cesó de rehusar prestar testimonio después de una carta enigmática de Libby, librándola de toda promesa de confidencialidad, y sugiriendo — quizás en código — que los dos estaban "unidos hasta las raíces."
El caso de Libby no representa el único proceso penal en el que Fitzgerald ha obligado a Miller a testificar. El noviembre pasado, ella subió a la estrada de testigos en el juicio de Muhammed Hamid Khalil Salah, tendero en una tienda de comestibles en los suburbios de Chicago, y de Abdelhaleem Ashqar, ex profesor universitario en los suburbios de Washington, DC. A éstos se les había acusado de organizar apoyo financiero para Hamas, grupo que constituye la dirigencia elegida de la Autoridad Palestina. El gobierno de Estados Unidos, sin embargo, clasifica a esta organización como terrorista. Casualmente, ese juicio terminó el jueves cuando el jurado absolvió a los dos hombres de todos los cargos de terrorismo. También los declaró culpables de infracciones menores, tales como mentirle a investigadores federales.
Este juicio, que intentó criminalizar retroactivamente el apoyo presuntamente brindado a Hamas a principios de la década del 90, merece su propio análisis. El significado del papel de Miller en dicho juicio es que a ella se le presentó como testigo para refutar y poner en tela de juicio las declaraciones de Salah, quien sostenía que había sido torturado por la agencia de espionaje israelí, Shin Bet, cuya evidencia formaba una mayor parte del caso presentado por el fiscal. Dos policías secretos israelíes, disfrazados y con voces falsas, testificaron durante el juicio.
Miller describió que había presenciado una interrogación de Salah por Shin Bet en 1993 mientras trabajaba como corresponsal del New Times en Israel. Aseveró que Salah no parecía "haber sido víctima de la tortura" y añadió que éste "se jactaba y se mostraba enfadado. No había razón de creer que había sido sujeto a ese tipo de tratamiento".
Aparte del ambiguo valor de este testimonio -Salah fue interrogado durante semanas enteras, pero Miller lo vio por unos pocos minutos nada más- queda el hecho extraordinario que Miller fue invitada por el primer ministro en esa época, Yitzhak Rabin, y el director de Shin Bet, Yaakov Perry, a presenciar la investigación de un ‘terrorista' por Shin Bet. ¡Los agentes de Shin Bet hasta sugirieron que ella podía interrogarlos!
Durante el contrainterrogatorio, Miller declaró que un editor del New York Times había aprobado su visita al centro de interrogaciones de Shin Bet. Se le preguntó la identidad de este editor. "No recuerdo", contestó. "Teníamos muchos editores". Admitió que la interrogación había sido conducida en árabe, que no habla, y que había dependido de un intérprete de Shin Bet. También afirmó que no podía recordar si había grabado parte de la sesión o no, pero en una entrevista por la radio en 1998 había descrito que sí había usado una grabadora. El abogado de Salah, Michael Deutsch, le preguntó directamente": "¿Alguna vez ha colaborado usted con Mossad?" Miller respondió que no.
Miller había escrito acerca de la interrogación de Salah en un artículo para el New York Times en 1993 sin divulgar que había estado presente durante la sesión. En un libro publicado en 1996, consagrado a informes sobre el Oriente Medio como corresponsal del Times, ella no obstante relata detalladamente el incidente, y hace notar la invitación a participar en la formulación de preguntas al sospechoso. También hace la pregunta que la pone en seria tela de juicio: "¿Dónde se encuentra la línea de demarcación entre el periodismo y la participación en una investigación oficial que yo supiera consistía de la tortura?"
El hecho es que, después de estas revelaciones, Miller trabajó como corresponsal del Times durante la próxima década, lo que muestra que la dirigencia principal del periódico estaba perfectamente dispuesta a emplear a una agente -no declarada, pero sí de hecho- de los servicios de espionaje israelíes y estadounidenses y hasta a promoverla como corresponsal investigadora que abre nuevos caminos a su profesión.

10 de junio de 2007
3 de febrero de 2007
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asesor de cheney irá a la cárcel


[Matt Apuzzo] Juicio demuestra que filtración de la identidad de una espía de la CIA se originó en el despacho del vicepresidente Cheney.
Washington, Estados Unidos. El ex asesor de la Casa Blanca, I. Lewis ‘Scooter' Libby fue sentenciado el martes a una pena de dos años y medio de prisión por mentir y obstruir la investigación sobre una filtración de la CIA.
Libby, ex jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney, se mostró tranquilo ante la atiborrada sala del tribunal cuando un juez federal dijo que las evidencias probaban su culpa más allá de toda duda, y dejó la sala del tribunal sin hacer comentarios.
"La gente que ocupa este tipo de posiciones, donde tienen el bienestar y la seguridad del país en sus manos, tienen la obligación especial de no hacer nada que pueda provocar un problema", dijo el juez de distrito Reggie B. Walton.
Walton no fijó una fecha para el ingreso en prisión de Libby. Aunque no vio motivos para que Libby siga libre mientras dure la apelación, Walton dijo que aceptaría alegatos escritos sobre el caso y resolvería más tarde.
La secretario de prensa de la Casa Blanca, Dana Perino, que acompañó al presidente Bush en el Air Force One en su viaje a la República Checa y Alemania el martes, dijo a periodistas que Bush "lo lamentaba mucho por la familia, especialmente por su mujer e hijos".
Dijo que de momento Bush no haría comentarios sobre el caso.
Cheney emitió una declaración diciendo que estaba "profundamente afectado por esta tragedia".
"Como ministro de Defensa y como vicepresidente, he confiado plenamente él", dijo. "Los abogados defensores han indicado que recurrirán la condena en el caso. Hablando como amigo, espero que nuestro sistema dictamine en conformidad con lo que sabemos sobre esta excelente persona".
Libby fue condenado en marzo por mentir y obstruir la investigación sobre la filtración de 2003 de la identidad de la agente de la CIA, Valerie Plame.
El funcionario de más alto nivel de la Casa Blanca condenado en un escándalo del gobierno desde el caso Irán-Contras, Libby ha mantenido firmemente su inocencia.
"Respetuosamente espero que el tribunal considere, junto con el veredicto del jurado, toda mi vida", dijo Libby en una breve intervención ante el juez.
Sentados junto a la mujer de Libby, Harriet Grant, durante la lectura de la sentencia se encontraban la comentarista conservadora Mary Matalin, una ex asesora de Cheney, y Victoria Toensing, ex asistente del fiscal general en el gobierno de Reagan.
Walton impuso a Libby una multa de 250 mil dólares y lo colocó bajo libertad vigilada cuando termine su período en prisión. Walton no trató inmediatamente si Libby podría o no permanecer en libertad durante la apelación.
La Oficina de Prisiones de Estados Unidos decidirá Libby dónde cumplirá Libby su sentencia y fijará una fecha de entrega. La agencia trata de mantener a los reclusos cerca de casa.
Con cartas de recomendación de varios ex jefes militares y de funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, Libby había pedido no ser condenado a una pena de prisión. Sus partidarios mencionaron su carrera en la administración donde Libby ayudó a ganar la Guerra Fría y la primera Guerra del Golfo.
"Ha caído en desgracia", dijo el abogado defensor Theodore Wells, "Es un tragedia, una tragedia".
El fiscal especial Patrick Fitzgerald llamó a Libby a cumplir su pena de prisión.
"Tenemos que dejar claro que la verdad es lo que más importa", dijo Fitsgerald.
El fiscal no habló con los periodistas al dejar el tribunal.
Los abogados de Libby buscaron una pena sin cárcel. Argumentaron que es injusto aumentar la sentencia simplemente por la naturaleza de la investigación, especialmente ya que Fitzgerald nunca demostró que la filtración fuese un delito.
"Nunca se acusó a nadie. Nadie se declaró culpable", dijo el abogado William Jeffress. "El gobierno no estableció la existencia de un delito".
En apoyo de la petición de libertad condicional de Libby escribieron a Walton muchos prominentes. Entre las cartas las había del ex ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld; el general de la Armada, Peter Pace, presidente del Estado Mayor Conjunto; el ex secretario de estado, Henry Kissinger; y el ex embajador ante Naciones Unidas, John Bolton.
"Espero y ruego que sus excelentes antecedentes, sus numerosas contribuciones a nuestro país y su valor como ciudadano sean considerados cuidadosamente", escribió Rumsfeld.
Agentes de probatoria habían recomendado una sentencia del orden de los 15 a 21 meses, pero dejaron abierta la posibilidad de que los abogados de la defensa alegaran por una condena menor.
Libby fue condenado por un cargo de obstrucción a la justicia, dos por perjurio al gran jurado y uno por mentir al FBI sobre cómo se enteró de la identidad de Plame y a quién se lo comunicó. El veredicto se produjo después de un juicio de siete semanas que concentró nuevamente la atención sobre el criticado manejo por parte del gobierno de Bush de los informes de inteligencia sobre las armas de destrucción masiva en los preliminares de la guerra de Iraq.
Al final, los miembros del jurado dijeron que no creían en el principal argumento de Libby: que no había mentido, sino que sólo tenía mala memoria.
Sus decisiones convirtieron a Libby en el funcionario de la Casa Blanca de más alto nivel en ser condenado en un escándalo de gobierno desde el asesor de Seguridad Nacional, John Poindexter en el caso Irán-Contras hace veinte años.
Walton retuvo la sentencia hasta que se completara un análisis jurídico de los funcionarios de probatoria sobre el modo en que estaba estructurada técnicamente la sentencia. Walton dijo que oficializaría la sentencia la próxima semana.
El caso costó a Cheney su asesor de más confianza, y el juicio reveló la obsesión personal de Cheney con las críticas a la justificación de la guerra.
Fue Cheney quien primero reveló a Libby la identidad de Plame en junio de 2003, después de que su marido, el ex embajador Joseph Wilson, cuestionara la inteligencia de preguerra del gobierno. Varios otros funcionarios declararon que también ellos hablaron sobre la agente de la CIA con Libby cuando Wilson efectuaba sus críticas.
Libby dice que él olvidó esas conversaciones y que se sorprendió al enterarse de las declaraciones de Plame un mes después por boca del reportero de la NBC, Tim Russert. Este, el principal testigo del gobierno en el juicio, declaró que los dos nunca hablaron sobre Plame. Fitzgerald dijo que Libby inventó esa historia con Russert para eludir su procesamiento por el manejo impropio de informaciones confidenciales.
Libby no fue acusado de filtrar la identidad de Plame, ni tampoco las dos fuentes originales de la filtración: el subsecretario Richard Armitage, y el asesor político de la Casa Blanca, Karl Rove.
Los partidarios de Libby criticaron a Fitzgerald por seguir adelante con la investigación a pesar de saber cuál era la primera fuente de la filtración. Fitzgerald dijo que necesitaba saber si la filtración había sido autorizada por altos funcionarios de gobierno y habló en el tribunal sobre la "nube" que colgaba sobre Cheney.
En un e-mail a la Associated Press, Wilson dijo que él y su esposa lo lamentaban por la familia de Libby.
"Que mintiera a sabiendas, que cometiera perjurio y que obstruyese una investigación criminal legítima es incomprensible", dijo Wilson. "Es nuestra esperanza que ahora cooperará con el fiscal especial Fitzgerald en sus esfuerzos por descubrir la verdad. Como dijo el señor Fitzgerald, todavía pende una nube sobre el vicepresidente".
Aunque el juicio ya terminó, la pelea jurídica sobre la filtración continúa. Plame y Wilson demandarán a Libby, Cheney y otros altos personeros del gobierno de Bush por violar el derecho a la privacidad. Ahora un juez está considerando esa demanda.
Plame está también demandando a la CIA por retrasar la publicación de sus memorias, en la que discute detalles sobre su carrera de veinte años en la agencia de inteligencia. Agentes de la CIA dicen que el material que quiere publicar es confidencial.

9 de junio de 2007
5 de junio de 2007
©boston globe
©traducción mQh
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