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cia advirtió resultados adversos


[Walter Pincus] Antes de la guerra. En 2002, un grupo de analistas describió escenarios del peor de los casos, incluyendo la anarquía, para Iraq. Antipatía global hacia Estados Unidos.
El 13 de agosto de 2002 la CIA terminó un análisis de inteligencia confidencial, de seis páginas, que describía los peores escenarios que podían ocurrir después del derrocamiento norteamericano de Saddam Hussein: la anarquía y fractura territorial de Iraq, un aumento del terrorismo en todo el planeta, y la intensificación de la antipatía musulmana hacia Estados Unidos.
Titulado ‘The Perfect Storm: Planning for Negative Consequences of Invading Iraq' [Tormenta Perfecta: Prepararse para las consecuencias negativas de la invasión de Iraq], el análisis, escrito siete meses ante de que se iniciara la guerra, también especulaba sobre los operativos de al Qaeda, que sacarían "ventajas de un Iraq desestabilizado para instalar refugios seguros desde los cuales continuar sus operaciones", de acuerdo a un informe sobre la inteligencia de preguerra dado a conocer hace poco por el Comité Selecto de Inteligencia del Senado.
El informe dice que el análisis de la CIA también alertaba sobre resultados tales como el deterioro de la confianza europea en el liderazgo norteamericano, la supervivencia y retiro de Hussein con partidarios del régimen, los esfuerzos de Irán por establecer en Iraq un régimen amistoso y "comprensivo de las políticas iraníes", el deslizamiento de Afganistán hacia la guerra civil en el caso de que las tropas norteamericanas no fueran remplazadas por soldados de Naciones Unidas y otros países, y violentas demostraciones en Pakistán debido al apoyo que prestaba a Washington.
Antes de la guerra, cuando Bush estaba enfatizando las informaciones de la CIA sobre las armas de destrucción masiva de Hussein, que resultaron ser incorrectas, el gobierno ocultó o ignoró los análisis más precisos de la agencia de los problemas que podrían emerger tras el cambio de régimen en Iraq, dice el informe del Senado.
En la época en que se terminó el informe ‘Tormenta Perfecta', el gobierno se encaminaba hacia la decisión de invadir. Una evaluación de la CIA terminada el 8 e agosto de 2002, y enviada también a la Casa Blanca, constató que mientras "aparentemente Iraq carece de las condiciones socio-económicas y político-culturales que los politólogos consideran necesarias para fundar una democracia... creemos que Iraq tiene varias ventajas que, si son apoyadas por Occidente, podrían fomentar la democracia en el Iraq de después de Sadam".
Sin embargo, advertía que las posibilidades de una victoria incluso parcial requeriría "la intervención militar, política y económica norteamericana u occidental activa y de largo plazo".
El 14 de agosto de 2002, un día después de que el análisis ‘Tormenta Perfecta' fuera enviado a la Casa Blanca, la entonces asesora de seguridad nacional, Condoleezza Rice, se reunió con el equipo de seguridad nacional para redactar una directriz presidencial titulada: ‘Iraq: Metas, Objetivos y Estrategia', de acuerdo al libro ‘Plan de Ataque', del periodista del Washington Post, Bob Woodward. Hablaba de liberar Iraq y de impedir que "escape a la contención y se convierta en una amenaza todavía más seria para la región y más allá".
La directriz también hablaba de cortar "los vínculos y patrocinio de Iraq del terrorismo internacional", de liberar al pueblo iraquí y de ayudarles "a crear una sociedad basada en la moderación, el pluralismo y la democracia".
El análisis ‘Tormenta Perfecta' de la CIA, que incluía una serie de advertencias sobre lo mal que se podrían torcer esos objetivos, había sido encargado en el verano de 2002, junto a otros en Iraq, por el entonces asesor de seguridad nacional Stephen J. Hadley. Pero de acuerdo a George J. Tenet, director de la CIA entonces, fue relegado a la parte de atrás de un voluminoso libro de informes entregado al equipo de seguridad nacional del presidente Bush para una reunión el 7 de septiembre de 2002 en Camp David, en la que la guerra de Iraq sería el tema principal.
Un artículo inicial del libro "hacía el listado de las cosas que se alcanzarían derrocando a Saddam: liberar al pueblo iraquí, eliminar las armas de destrucción masiva, terminar con la amenaza que representaba Iraq para sus vecinos, y cosas de ese estilo", escribe Tenet en su libro ‘At the Center of the Storm'. Otro artículo entre los materiales informativos incluidos, escribe Tenet, hablaba en general de cómo debía Estados Unidos tratar al Iraq de después de Hussein, incluyendo un plan para conservar, pero con reformas, a gran parte de la burocracia oficial.
En el artículo ‘Tormenta Perfecta', los analistas de la CIA ofrecían lo que describieron como "medidas tácticas de corto plazo" que el gobierno debía adoptar para minimizar las predicciones incluidas en las descripciones de las peores situaciones que presentaba el informe. Entre ellas se incluían iniciar "pasos diplomáticos concretos hacia una paz árabe-israelí" y tranquilizar "discretamente a Teherán en cuanto a la duración y alcance del despliegue de las tropas estadounidenses" -acciones que no se realizaron.
Tenet admite que en esas reuniones no insistió sobre los análisis negativos en ‘Tormenta Perfecta'. "De hecho, nadie dijo nada, nadie golpeó la mesa", escribe. "No teníamos manera de saber cómo podría evolucionar la situación en el terreno en Iraq".
Ni estaba la CIA al tanto, escribe, de las acciones posteriores del gobierno en Iraq "que harían que muchos de estos resultados negativos hipotéticos se convirtieran en inevitables".

8 de junio de 2007
3 de junio de 2007
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guantánamo, un símbolo fétido


[Joseph Margulies] La prisión norteamericana en el extranjero engendra terroristas y debe ser cerrada cuanto antes.
De vez en vez, episodios aparentemente no relacionados entre sí revelan alguna verdad importante. Es el caso de tres sucesos sobre los que se informó en las últimas tres semanas. El primero ocurrió el miércoles, cuando otro recluso se suicidó en Bahía Guantánamo -es el cuarto suicidio desde que se abriera la base. Como acostumbran, los militares no dijeron nada y se negaron a contar cómo el prisionero, que era un árabe saudí, finalmente logró escapar de Cuba.
Pero sabemos cómo han ocurrido estas cosas en el pasado. El año pasado, tres prisioneros de la base se colgaron con tiras de tela, que habían hecho con jirones de ropa y sábanas. Todos se habían metido una bola de tela en la boca, aparentemente para ahogar todo ruido involuntario antes de morir.
Dejaron cartas de suicidio que no han sido comunicadas al público. Uno de los tres prisioneros, Yassar Talal al Zahrani, de Arabia Saudí, tenía 21 cuando murió, y 17 cuando llegó a la base. Otro, Manu Shaman Turki al Habardi al Utaybi, también de Arabia Saudí, sería dejado pronto en libertad. El Pentágono se ha negado a decir si el prisionero sabía que su liberación era inminente cuando se mató.
Después de la primera banda de suicidios, el Pentágono juró que no los habría más y tomó medidas enérgicas, que traen a la mente la sardónica advertencia de que "los azotes continuarán hasta que mejore la moral". Se reforzaron dramáticamente las medidas de seguridad. Hoy, la mayoría de los prisioneros -incluso aquellos que serán dejados en libertad- son retenidos en una nueva prisión de máxima seguridad. Pasan interminables horas encerrados en jaulas de cemento, sin ver, ni oír ni tocar a otros seres humanos.
El gobierno concluyó que casi la mitad de los prisioneros en Guantánamo no representan ninguna amenaza ni para Estados Unidos ni para sus aliados. La mayor parte del resto son retenidos sobre la base de confesiones hechas en innumerables interrogatorios en los últimos cinco años. Y eso nos lleva al segundo suceso reciente. El jueves, el New York Times informó sobre un importante estudio del Intelligence Science Board, un grupo de expertos encargados de asesorar a la comunidad de inteligencia de Estados Unidos sobre técnicas de interrogatorio.
Para los que han estado atentos a estos desarrollos, los hallazgos eran previsibles: Las técnicas agresivas de interrogatorio adoptadas por el gobierno después del 11 de septiembre de 2001 son "anticuadas, poco profesionales e infiables", como lo dijo el Times. Esas técnicas son una reliquia de un pasado felizmente descartado, abandonado no por sentimientos de culpa sino debido a una "crítica más práctica". No hay evidencias de su efectividad. El doctor Randy Borum, un asesor del ministerio de Defensa, observó: "Existe la creencia, disfrazada a menudo como sentido común, de que mientras más dolor se haga sufrir a alguien, más probable es que confiese". Pero existen muy pocas evidencias para sustentarla.
Por supuesto, a la mayoría de la gente estos asuntos simplemente no les interesan. Para ellos son cosas tan distantes como Darfur, tan remotas como la antigüedad clásica.
Pero de hecho no están tan alejadas como parecen, lo que nos lleva al tercer suceso. El 15 de mayo, Sir Rchard Dearlove, el ex director del M16, el servicio de inteligencia británico, pronunció un importante discurso en Londres. Dearlove dirigió la agencia de 1999 a 2004, y fue un temprano partidario de la respuesta del gobierno a los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Pero hace poco Dearlove concluyó que era hora de una "reformulación estratégica". Nuestros métodos se han convertido en contraproducentes. Al Qaeda y sus virales vástagos están prosperando, y la posición de Gran Bretaña y Estados Unidos es ahora "estratégicamente débil". El problema, de acuerdo a Dearlove, es que nuestros métodos crean más terrorismo del que previenen, y para al Qaeda "se ha hecho más fácil reclutar sus soldados de a pie".
Dearlove entiende lo que el presidente no es capaz de comprender. Nuestras políticas han dado a los terroristas herramientas preciosas en su lucha contra nosotros. Hemos convertido en reclutas potenciales a innumerables árabes y musulmanes. Mientras continúen aplicándose nuestras políticas, su indignación se profundiza, intensificándose en una rabia cada vez más desafiante y comprensible.
Eso explica por qué la secretaria de estado Condeleezza Rice y el ministro de Defensa Robert M. Gates han llamado a cerrar el símbolo más perdurable de esas políticas: la cárcel de Bahía Guantánamo. También ellos entienden lo que el presidente no puede entender: La cárcel engendra terrorismo. Es un fétido y canceroso símbolo de arrogancia y hegemonía, una amenaza no solamente para Estados Unidos sino también para nuestros aliados más estrechos en todo el mundo.
De estas tres historias surge una sola verdad: es hora de que cerremos la cárcel de Guantánamo.

El autor es profesor de derecho de la Facultad de Leyes de la Universidad de Northwestern y autor de ‘Guantanamo and the Abuse of Presidential Power'.

8 de junio de 2007
2 de junio de 2007
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espías predijeron violencia


[Walter Pincus] Tras derrocamiento de Hussein.
Washington, Estados Unidos. Dos análisis de inteligencia de enero de 2003 predijeron que el derrocamiento de Saddam Hussein y la subsecuente ocupación norteamericana de Iraq podrían conducir a una violenta situación interna y dar un empujón a los terroristas en la región, de acuerdo a fuentes del congreso y ex funcionarios de inteligencia.
Los dos análisis, titulados ‘Principal Challenges in Post-Saddam Iraq' [Principales retos en el Iraq después de Saddam] y ‘Regional Consequences of Regime Change in Iraq' [Consecuencias regionales del cambio de régimen en Iraq], fueron elaborados por el Consejo Nacional de Inteligencia y será parte de la Segunda Fase del Informe del Comité Selecto de Inteligencia del Senado sobre los análisis de inteligencia sobre el Iraq de preguerra.
Los análisis fueron entregados a la Casa Blanca y a comités de inteligencia del congreso antes de que empezara la guerra.
El presidente del comité, senador John D. Rockefeller IV, demócrata de Virginia del Oeste, dijo este mes que la comisión había pedido al director de la Inteligencia Nacional, Mike McConnell que desclasificara el informe para que pudiera ser hecho público.
Fuentes en el congreso dijeron que los dos análisis del Consejo Nacional de Inteligencia serán incluidos en la fase 2 del informe, que será publicado dentro de poco.
El análisis del Iraq post-Hussein incluían conclusiones como que mientras no era probable de que Iraq se dividiera, había una fuerte posibilidad de que los grupos internos empezaran a luchar unos contra otros y que antiguos elementos militares del régimen se mezclaran con los grupos terroristas para combatir al nuevo gobierno. Incluso hablaba de una guerra de guerrillas.
El segundo estudio discute "el islam político que está siendo fomentado y la guerra, que es explotada por terroristas y extremistas en otras partes de la región", dijo un ex analista. También sugería que el temor a una ocupación militar norteamericana de un país en Oriente Medio podía atraer a combatientes musulmanes a la zona. Los estudios del Consejo Nacional de Inteligencia pinta un retrato "muy sobrio, y, según se ha visto, en gran parte preciso de las secuelas de una invasión", de acuerdo a un ex funcionario de inteligencia familiarizado con los análisis.

25 de mayo de 2007
21 de mayo de 2007
©boston globe
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murió defensor de la marihuana médica


[Valerie J. Nelson] Tod H. Mikuriya, a los 73. El psiquiatra que defendió el uso legal de la marihuana en medicina.
El doctor Tod H. Mikuriya, el psiquiatra que fue una importante figura en el movimiento por el uso médico de la marihuana en California, murió el domingo en su casa en Berkeley debido a complicaciones de un cáncer, comunicó su familia. Tenía 73 años.
Ayudó a redactar la Proposición 215, una medida que fue votada en el estado y que legalizó la prescripción de marihuana para los enfermos graves. Desde su aprobación en 1996, Mikuriya ha escrito recetas para casi nueve mil pacientes, dijo su amigo Fred Gardner.
Mikuriya estudió el potencial terapéutico de la planta desde los años sesenta y dirigió brevemente la investigación sobre la marihuana en el Instituto Nacional de la Salud Mental. Lo abandonó cuando se dio cuenta de que el gobierno sólo "quería oír cosas malas sobre la marihuana", dijo a la revista online AlteNet en 2004.
En 1999, Mikuriya fundó la Sociedad de Médicos por el Cannabis para enseñar a sus colegas los usos medicinales de la planta. Escribió libros sobre el tema y formuló una lista de enfermedades que han sido mitigadas por el cannabis; entre las 285 afecciones, se encuentran muchos cánceres, el insomnio y el tartamudeo.
Cuando el entonces zar antidrogas de la Casa Blanca, Barry McCaffrey, vio una versión de la lista en una rueda de prensa en 1996, esta incluía "la recuperación de recuerdos olvidados" y "calambre de escritor". Lo llevó a acusar al tipo de medicina de Mikuriya como episodio de "Cheech y Chong" [dos cómicos de los años sesenta y setenta cuyos personajes eran dos hippies marihuaneros de Los Angeles].
"Eso que el zar antidrogas intentaba ridiculizar, era para Mikuriya su más grande contribución: la convicción de que muchas enfermedades podían ser tratadas con marihuana", dijo esta semana Gardner, editor de la revista de la sociedad, al Times.
Las críticas provocaron una creciente vigilancia de Mikuriya y otros de un grupo de unos quince médicos llamados popularmente los ‘doctores del hachís' que prescribían la mayoría de las recetas de marihuana del estado. Muchos capearon las investigaciones del Colegio Médico de California.
En 2000, Mikuriya fue acusado de conducta poco profesional e incompetencia por recomendar marihuana a dieciséis pacientes que no habían sido examinados físicamente y por no llevar historiales adecuados, de acuerdo al reportaje del Times en 2004.
Colocado a prueba por el estado en 2004, Mikuriya apeló y continuó su práctica bajo la supervisión de un monitor del estado. También dejó de recibir pacientes en su casa en las colinas de East Bay y se mudó a una pequeña suite encima de una tienda de comestibles de Trader Joe en El Cerrito, en el lado este de la Bahía de San Francisco.
Mikuriya consideró que las acusaciones estaban motivadas políticamente y pensaba apelar cuando su salud empeoró, dijo Gardner.

Tod Hiro Mikuriya nació en el condado de Bucks, Pensilvania, en 1933, hijo de Anna Schwenk, una inmigrante alemana, y Tadafumi Mikuriya, un samurai japonés. Su padre trabajaba en la educación especial y su padre era un ingeniero civil que a menudo diseñaba puentes.
Asistió a escuelas cuáqueras, financiando sus estudios cantando folclore. Se graduó en el Reed College en Portland, Oregon, en 1956, con un diploma de licenciado en psicología y sirvió como médico en el ejército antes de obtener su diploma médico de la Universidad Temple de Filadelfia, en 1962.
Cuando estudiaba en Temple, encontró una referencia sobre el uso médico de la marihuana en un texto farmacológico, que desencadenó su interés de toda la vida, dijo Gardner.
Mikuriya se especializó en psiquiatría en el Hospital del Estado de Oregon, en Salem, y completó su formación en el Hospital Mendocino. Para 1970 se había mudado a Berkeley e iniciado una consulta privada.
"Era ecléctico y tenía espíritu aventurero, y era muy, muy curioso", dijo su hermana Mary Jane Mikuriya.
Ese espíritu podía extenderse a los viajes, al pilotaje de su propio avión, a las carreras de automóviles y experimentar en la cocina. Una vez con un tinte alimenticio dio un color azul a una comida "simplemente para ver qué efecto psicológico causaría", dijo su hermana.
El doctor Tod, como lo llamaban sus pacientes, tenía modales suaves y llevaba un mandil blanco de laboratorio con un logo bordado que revelaba su especialidad. Mostraba a la serpiente y el báculo de Esculapio, el dios griego de la medicina, encima de una hoja de marihuana.
Le sobreviven sus hermanas Mary Jane y Beverly, doctor en Pensilvania; su hijo, Tadafumi ‘Sean'; y su hija, Hero.

valerie.nelson@latimes.com

25 de mayo de 2007
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poli con historia criminal


[Jeff Coen] Testigo también formaba parte de policías corruptos.

Chicago, Estados Unidos. Un ex agente de la policía de Chicago que declaró contra otro agente en un juicio por robar a narcotraficantes cuando formaba parte de una banda de polis corruptos de Englewood, fue puesto en entredicho en un tribunal federal el martes debido a su propio pasado criminal.
Corey Flagg declaró que él robaba drogas y dinero a traficantes cuando formaba parte de un equipo de agentes tácticos, de lo mismo que se acusa a Eural Black.
Black ha dicho que no sabía que era una actividad ilegal cuando participaba en esos robos con su colega Erik Johnson, que se ha declarado culpable en el caso.
Flagg, que también se declaró culpable por su papel en la conspiración, fue rápidamente atacado por los abogados defensores y acusado de no ser creíble. En lugar de una sentencia potencial a perpetua, Flagg podría ser condenado a sólo diez años de prisión o incluso menos por ayudar a la fiscalía, dijeron.
Flagg admitió que esperaba llegar a un acuerdo, incluso aunque reconoce haber participado en asaltos armados, invasiones de morada, falsificación de informes policiales y haber mentido ante jueces y jurados cuando era miembro del departamento de policía.
Declaró que se incorporó al departamento en 1996, y fue un agente honesto hasta 2002. Pero el abogado del cómplice de Black, Brent Terry -que está acusado por participar en la conspiración, pero no como agente de la policía- preguntó a Flagg si acaso estaba consciente de haber recibido 46 quejas de ciudadanos, algunas de las cuales se remontan a 1997.
El abogado Richard Kling preguntó a Flagg si acaso recordaba un incidente de diciembre de 1997, en el que requisó 400 dólares de una casa, y se guardó 380.
"No, no recuerdo", respondió Flagg.
Flagg también negó haber golpeado en la cabeza a un detenido y de haber plantado drogas en una mujer en el verano de 2001.
Flagg dijo a Kling no podía precisar la cantidad de veces que había mentido a los jueces y jurados. Y Kling preguntó cuánta gente se estaría "pudriendo en la cárcel" gracias a las declaraciones de Flagg.
El juez de distrito Ronald Guzmán impidió que los abogados defensores preguntaran a Flagg sobre el asesinato de Eric Lee en 2001. El agente de policía de Chicago estaba en la calle con Flagg y otros miembros del grupo de agentes corruptos, incluyendo al cabecilla Broderick Jones, la noche que fue asesinado en un callejón de Englewood.
En una audiencia sin la presencia del jurado, Kling dijo al juez que quería explorar con Flagg si acaso Lee fue asesinado durante una de las "escapadas" de la banda. Las autoridades dijeron que no había indicios de que Lee fuera culpable de alguna falta. El fiscal John Lausch dijo al juez el martes que durante sus numerosas conversaciones con agentes del gobierno, Flagg ha "negado rotundamente" toda actividad ilegal cuando mataron a Lee.
Guzmán determinó que las preguntas sobre la muerte de Lee y las actividades de la policía en ese momento no tendrían "valor de prueba" en el juicio. El hecho de que muriera un agente sería lo único que recordaría el jurado, dijo el juez.

jcoen@tribune.com

13 de mayo de 2007
8 de mayo de 2007
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habeas corpus, se busca


La promesa de los demócratas.
El año pasado, los demócratas en el congreso permitieron que el gobierno de Bush impusiera una de las peores leyes en la historia del país: la Ley de Comisiones Militares de 2006. Este año, los demócratas prometieron usar su nueva mayoría para empezar a reparar el profundo daño que ha causado la ley al sistema judicial de nuestro país, y a su imagen en el mundo.
Pero hay inquietantes señales de que su promesa puede ser víctima de los mismas cálculos políticos tácticos y de la propaganda de Bush que permitió que se aprobara, en primer lugar, esta escandalosa ley.
Volver a redactar esa ley debería empezar con una simple medida: devolver a los prisioneros de la guerra contra el terrorismo el derecho fundamental a impugnar sus detenciones en un tribunal auténtico. De momento, las medidas prometidas para restaurar el habeas corpus todavía tienen que ver la luz del día, y seguirán enterradas a menos que los líderes demócratas las conviertan en prioridad y los miembros de ambos partidos voten por principios, y no por temor a los ataques.
El presidente Bush convirtió el habeas corpus en un tema partidista cuando declaró que los prisioneros de Bahía Guantánamo, incluso los inocentes, no merecían una audiencia. Los legisladores que se opusieron fueron retratados como amigos de los terroristas.
Pero seamos claros. No hay nada ‘conservador' o ‘duro con el terrorismo' cuando se despoja a la gente selectivamente de sus derechos. Suspender el habeas corpus es una noción extrema en los márgenes de la filosofía democrática. Como indicaron al congreso cuatro fiscales militares en retiro -de la Marina, los Marines y el Ejército-, negar a los prisioneros el acceso a los tribunales simplemente nutre la máquina propagandista de al Qaeda, aumenta los riesgos que deben correr los militares norteamericanos y sienta un precedente con el que otros gobiernos pueden justificar la detención de civiles norteamericanos sin cargos ni posibilidad de apelación.
Hay otros liberales consternados llamando al congreso a restaurar el habeas corpus: William Sessions, director del FBI durante el primer presidente Bush; David Keene, director de la Unión Conservadora Americana [American Conservative Union]; la Asociación Nacional de Evangélicos; David Neff, editor de Christianity Today, fundada por el Rev. Billy Graham; una larga lista de otros líderes evangélicos y casi dos docenas jueces federales activos y retirados.
Hay una media docena de proyectos de ley en la Cámara y el Senado para restaurar el habeas corpus. Pero los dirigentes demócratas no han hallado el modo de someterlos a votación. El primer vehículo es el proyecto de autorización del presupuesto del ministerio de Defensa. Pero el representante Ike Skelton, presidente del Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara, decidió no incluir el habeas corpus en su versión de la medida, que será debatida hoy por el comité.
Esperamos que el habeas corpus sea agregado al proyecto por el comité, o que otros de los patrocinadores de la restauración de ese antiguo derecho, incluyendo a los representantes John Conyers Jr., de Michigan, y Jerrold Nadler, de Nueva York, y los senadores Christopher Dodd, de Connecticut, y Patrick Leahy, de Vermont, encuentren el modo de hacer que se voten sus proyectos.
La mayoría demócrata tiene una larga lista de errores por enmendar que dejan los seis años de gobierno de Bush. Simpatizamos con sus intentos de encontrar un modo de restaurar el habeas corpus que no sea archivado en el comité ni quede sujeto al veto presidencial de un proyecto mayor. Pero a veces los legisladores tienen que actuar sobre la base de principios y confiar en que los votantes lo entenderán.
Esta es una de esas épocas.

9 de mayo de 2007
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perdiendo otra guerra


[Sam Enríquez] Aliados de Estados Unidos pierden la guerra contra las drogas. Cifras del año pasado muestran que la cocaína es más barata, más pura y ampliamente disponible.
Ciudad de México, México. Estados Unidos y sus aliados latinoamericanos están perdiendo una importante batalla en la guerra contra las drogas, de acuerdo a indicadores que muestran que en 2006 el precio de la cocaína descendió y los usuarios norteamericanos reciben más por el mismo dinero.
Pese a los billones de dólares gastados en la guerra contra las drogas y en decomisos extraordinarios, las estadísticas dadas a conocer recientemente por la Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas de la Casa Blanca, sugieren que la cocaína está más accesible que nunca.
Usuarios de cocaína y funcionarios policiales controlan el precio y la pureza de la cocaína. Las autoridades se esfuerzan por terminar con la oferta, subiendo los costes y aguando las ventas en la calle. Los usuarios quieren mejor coca a precios más baratos.
En 2005, John P. Walters, director de la oficina de políticas contra las drogas, llegó a primera plana anunciando un aumento del precio de la cocaína y decrecientes niveles de calidad. Esas cifras indicaban que las políticas de control de drogas estaban funcionando, dijo.
Pero las nuevas cifras dadas a conocer por su oficina indican que, si hubo victoria, fue de corta duración. De enero a octubre del año pasado el precio en la calle de la cocaína bajó en más de un doce por ciento, mientras que la pureza promedio de la cocaína requisada por las autoridades subió del 68 al 73 por ciento. Y esta vez, la oficina de control de drogas hizo poco por publicitar las cifras, limitándose a comentarlas en una carta al senador Charles E. Grassley (republicano de Iowa).
Las nuevas cifras alentaron a los críticos que dicen que las estrategias antinarcóticos del gobierno de Bush deben cambiar.
"Puedes explicarlo de la manera que quieras, pero cuando los precios bajan y la oferta sube, el hecho es que esta estrategia no está funcionando", dijo el representante Jim McGovern (demócrata de Massachusetts), un crítico de toda la vida que es partidario de gastar más dinero en desarrollo económico.
Desde que empezara la guerra de Iraq hace más de cuatro años, el Pentágono ha reducido fuertemente la vigilancia aérea y marítima de las rutas de narcotráfico en el Pacífico y el Caribe. El elemento más importante de la estrategia norteamericana contra la cocaína lo ha definido el Plan Colombia, que financia la fumigación aérea de las plantas de coca. Los productores colombianos suministran el noventa por ciento de la cocaína que llega a Estados Unidos a través de México, transportada por círculos de contrabandistas que controlan las rutas de la cocaína y la marihuana.
"El control de las cosechas es el medio más eficiente para frenar la oferta", según se lee en el Informe Internacional de Estrategias de Control de Narcóticos 2007, publicado por el Departamento de Estado norteamericano. El año pasado, Colombia informó que había destruido más de 202 mil hectáreas de plantas de coca.
Pero los productores han respondido a la fumigación distribuyendo sus cosechas en zonas más pequeñas en una estrategia de evasión aparentemente exitosa. Funcionarios norteamericanos calculan que Colombia todavía sigue exportando unas 800 toneladas de cocaína.
Patrick Ward, subdirector de la Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas, dijo que el programa de erradicación colombiano impidió la producción de 350 toneladas de cocaína.
Pero los críticos dicen que la disponibilidad de cocaína en la mayoría de las ciudades norteamericanas es evidencia de su fracaso.
"En 2005, se plantó en Colombia más coca que en 2000, cuando empezó el Plan Colombia", dijo Adam Isacson, analista colombiano del Centro de Política Internacional, un laboratorio ideológico de Washington. "Pueden decir: ‘Miren, habría mucho más coca sin fumigación', pero eso es muy poco convincente".
El presidente colombiano Álvaro Uribe viajó esta semana a Washington a cabildear por la continuación del apoyo norteamericano entre acusaciones de vínculos entre su gobierno y grupos paramilitares ilegales. Desde el 2000, Colombia ha recibido 47 billones de dólares.
La continuada alta producción en Colombia también implica noticias problemáticas para México, que cosecha altos beneficios con el comercio de la cocaína y lleva el peso de sus costes. El año pasado, más de dos mil muertes fueron atribuidas a la guerra, todavía en curso, entre bandas de narcotraficantes rivales por el control de las rutas de transporte.
El presidente mexicano Felipe Calderón desplegó en diciembre al ejército para frenar el derramamiento de sangre. Pero los asesinatos siguieron al mismo ritmo, o peor, que el año pasado. En enero, México extraditó a varias figuras claves del tráfico de drogas para ser procesados en tribunales norteamericanos, incluyendo al presunto jefe del cartel con sede en la costa este del país. Se esperan más extradiciones.
Pero la continuada violencia y el firme suministro de cocaína que llega a Estados Unidos desde México han llevado a muchos a cuestionar tanto la estrategia de Calderón como de Estados Unidos.
"Los economistas dirían que las extradiciones desbloquean el mercado", dijo Peter Reuter, economista y experto en estrategias de antinarcóticos de la Rand Corp. "Si estás en México, querrás reducir la capacidad de esas organizaciones para ejecutar grandes cantidades de personas. Pero la idea de que eso pondrá fin al tráfico de cocaína es un error".
Históricamente, las operaciones del ejército mexicano han sido efectivas sólo a corto plazo, dijo José Luis Pineyro, un experto en asuntos militares de Ciudad de México. "Cuando los militares se marchan, los narcos vuelven".

sam.enriquez@latimes.com

Héctor Tobar y Carlos Martínez contribuyeron a este reportaje.

6 de mayo de 2007
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rescribiendo la historia


[Charles Krauthammer] Tenet parece creer que sufrimos de amnesia.
George Tenet ha dejado un legado contradictorio. Por un lado, presidió dos de los más grandes fiascos de la inteligencia de esta época -el 11 de septiembre de 2001 y el debacle de las armas de destrucción masiva de Iraq. Por otro, la CIA dirigida por él forjó y llevó a cabo brillantemente un plan asombrosamente osado para derrocar a los talibanes en Afganistán. Tenet podría haberlo dejado ahí. Se pudo haber marchado a casa con su Medalla Presidencial de la Libertad y dejar que lo juzgara la historia.
En lugar de eso, decidió hacer parte del juicio él mismo. En su libro recién publicado, y mientras lo venteaba en la televisión, Tenet se presentó a sí mismo como una patética víctima y chivo expiatorio de un gobierno que estaba empecinado en ir a la guerra, pasara lo que pasara.
Tenet escribe como si pensara que nadie recuerda nada. Por ejemplo: "Que yo sepa, nunca hubo un debate serio al interior del gobierno sobre la inminencia de la amenaza iraquí".
¿Cree que nadie recuerda al presidente Bush rechazando explícitamente el argumento de la inminencia en su discurso sobre el Estado de la Unión de 2003, ante una audiencia imposiblemente más grande: el mundo? Dijo entonces el presidente: "Algunos han dicho que no debemos actuar si la amenaza no es inminente", y él no era uno de ellos. En el mundo de después del 11 de septiembre no podíamos esperar que los tiranos y terroristas anunciaran caballerosamente sus intenciones. En realidad, en otra parte en el libro, Tenet reconoce ese mismo argumento: "Nunca fue una amenaza inminente, conocida; era más bien la reluctancia a correr el riesgo de alguna sorpresa".
Tenet también avanza una acusación que considera irrefutable y sensacional, de que el gobierno, dirigido por el vicepresidente Cheney, se había empecinado con Iraq incluso antes del 11 de septiembre. De hecho, dice, Cheney pidió un informe sobre Iraq a la CIA, para el presidente, incluso antes de prestar juramento.
¿Es esto raro? ¿Es algo novedoso? Durante toda la década después de la invasión de Kuwait en 1990, Iraq era la amenaza más importante en la región y estaba por eso en el centro de la política exterior norteamericana. Las resoluciones de la ONU, los debates en el congreso y las discusiones sobre política exterior se concentraban sobre la cuestión de Iraq y sus muchas complicaciones después de la Guerra del Golfo: las armas de destrucción masiva, los regímenes de inspección, las violaciones a la tregua, la zona de exclusión aérea, el progresivo debilitamiento de las sanciones.
Iraq fue tal una obsesión para el gobierno de Clinton, que Bill Clinton finalmente ordenó un ataque aéreo con misiles contra sus instalaciones de armas de destrucción masiva que duró cuatro días. Eso fue menos de dos años antes de que Bush ganara la presidencia. ¿Es raro que el gobierno de después de Clinton compartiera su enorme preocupación sobre Iraq y sus armas?
Tenet no es el único en asumir una amnesia generalizada sobre el pasado reciente. Uno de los principales mitos (o más exactamente, teorías paranoicas) sobre la guerra de Iraq -que fue endilgada a un país incauto por una pequeña banda de neo-conservadores- también vive felizmente apartada de la historia.
La decisión de ir a la guerra fue tomada por un gabinete de guerra compuesto por George Bush, Dick Cheney, Condoleezza Rice, Colin Powell y Donald Rumsfeld. Nadie en esa habitación podría ser ni remotamente considerado un neo-conservador. Tampoco el más importante partidario no-norteamericano de la guerra: Tony Blair, el padre del nuevo laborismo.
El argumento más importante a favor de la guerra lo hizo John Cain en la convención republicana de 2004, en un discurso que fue resueltamente ‘realista'. En el lado demócrata, todos los candidatos presidenciales de hoy que estaban en el senado cuando se presentó la moción para autorizar el uso de la fuerza -Hillary Clinton, John Edwards, Joe Biden y Chris Dodd- votaron a favor.
Fuera del gobierno, el argumento a favor de la guerra lo defendió no solamente la neo-conservadora Weekly Standard, sino también -para elegir a alguien al azar- la revista conservadora tradicional National Review, la liberal New Republic y la revista de centro-derecha Economist. Por supuesto, la mayoría de los neo-conservadores apoyaron la guerra, en cuya defensa también se encontraban periodistas y académicos de todos los sectores del espectro político -desde el izquierdista Christopher Hitchens hasta el liberal Tom Friedman y Fareed Zakaria, del centro, y Michael Kelly y el conservador Andrew Sullivan. Y el libro más influyente a favor de la guerra fue escrito no por un conservador, y mucho menos un neo-conservador, sino por Kenneth Pollack, el más importante personero para el Cercano Oriente de Clinton en el Consejo de Seguridad Nacional. Su título: ‘The Threatening Storm: The Case for Invading Iraq'.
Todo el mundo tiene derecho a renunciar a opiniones del pasado. Pero no a rescribir ese pasado. Es un descaro pensar que uno puede reinventar la historia antigua y no pagar por ello, pero lo es todavía más cuando se trata de cosas que vio todo el mundo con sus propios ojos hace apenas unos años. Y, sin embargo, a veces el descaro paga.

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4 de mayo de 2007
©washington post
©traducción mQh
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