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exigen pena capital


Grupo de condenados a cadena perpetua pide que se cambie por pena capital.
Italia. Un grupo de 310 presos condenados a cadena perpetua escribió una carta al presidente Italia, Giorgio Napolitano, para pedir que esta pena se cambie por la de muerte, publica hoy el diario La Repubblica.
"Señor Presidente de la República, estoy cansado de morir un poquito cada día. He decidido morir una vez sólo, le pido que mi pena de cadena perpetua se transforme en pena de muerte", indica la carta, parte de la cual reproduce el diario.
Los condenados a cadena perpetua señalan, según el rotativo, que esa pena es "una muerte bebida a sorbos. Es una victoria sobre la muerte porque es más fuerte que la propia muerte".
El subsecretario de Justicia, Luigi Manconi, citado por el diario, considera que la petición de los presos es "trágicamente paradójica y sin embargo comprensible".
El Parlamento italiano discutirá próximamente un proyecto de ley para abolir la prisión de por vida y sustituirla por una condena que tenga un plazo de cumplimiento, por ejemplo 30 años.
En Italia hay 1.294 personas condenadas a cadena perpetua, de ellas 1.269 hombres y 25 mujeres, y del total 97 han cumplido ya más de 26 años de prisión.

31 de mayo de 2007
©la tercera
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defendiendo los ideales laicos


[Anthony Shadid] De Turquía. Manifestantes se reúnen para rechazar creciente influencia islámica en el gobierno.
Canakkale, Turquía. Era la madrugada del sábado, y una luna llena todavía ascendente compartía el cielo con una pálida luz. Viejos y jóvenes, estudiantes y jubilados -juntos, defensores de las ocho décadas del resuelto laicismo de Turquía- ya habían llegado para el viaje. Había carteles y retratos del fundador del país, Mustafa Kemal Ataturk, pancartas con sus aforismos, chapas proclamando sus principios.
El mensaje era uno solo: "Turquía es un estado laico y seguirá siendo laico", decía uno de las pancartas.
Durante la mañana, cientos, quizás miles de personas llegaron desde Estambul y otras ciudades turcas, a la ciudad balneario de Canakkale, junto a Dardanelas, para una de una serie de manifestaciones que se vienen organizando más o menos todas las semanas para cerrar filas con el fervor de una fe, en defensa de su ideología laicista. El viaje era en parte un homenaje, en parte una peregrinación, y en parte una movilización, en momentos en que los contendientes de una creciente lucha por la identidad de Turquía tratan de trazar líneas en anticipación de las elecciones del 22 de julio, una de las convocatorias más importante del país en los últimos años.
Desde que se fundara en 1923, esta república de 74 millones de habitantes ha sido el país musulmán más declaradamente laico y moderno. Incluso hoy, al menos públicamente, ningún partido cuestiona los principios decretados por Ataturk tras la devastadora Primera Guerra Mundial -ni los laicos de todas las tendencias políticas, ni el partido religioso Justicia y Desarrollo del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, que en 2002 conquistó la mayoría en el parlamento.
Más bien, el debate es a menudo propulsado por sospechas y temores, rumores sobre programas religiosos ocultos, quejas sobre la reflexiva intolerancia laica y preguntas que se reducen a "qué pasaría si", en otras palabras, ¿qué pasaría si el partido de Erdogan controlara completamente al estado cuyas instituciones -las fuerzas armadas, los tribunales y el servicio público- desconfían profundamente de sus intenciones?
"Lo que va a pasar está claro", dice Kivilcim Kilicarslan, 41, actriz de teatro, envuelta en la roja bandera turca.
Para Kilicarslan, la manifestación empezó en el autobús cuando se dirigía hacia Canakkale, sus ventanillas decoradas con seis retratos de Ataturk.
"¡Larga vida a la república de Ataturk!", gritó en el pasillo.
Los pasajeros se unieron a ella entonando canciones e himnos nacionalistas de los días de la fundación de Turquía. Alzó su puño al aire, y los otros aplaudieron. Una mujer entrada en años miró hacia la tranquila parte de atrás del autobús y sonrió. "He, jóvenes, ¿estáis durmiendo?", preguntó.
"Turquía despertó", les gritó Kilicarslan, "y el imam se desmayó".
Durante cinco horas, el bus cruzó bosques de pino y las onduladas colinas de Tracia antes de depositar a sus pasajeros en Eceabat, al otro lado de su destino en las Dardanelas. Fueron recibidos por una plétora de vendedores de resonante parafernalia: banderas con la tradicional medialuna, otras adornadas con Atartuk, y gorras prometiéndole lealtad: "Padre mío, seguimos tus pasos".
"Soy una hija de la república, y la república se encuentra en su peor momento", dijo Kilicarslan cuando se dirigía hacia el ferry.
Las etiquetas son notoriamente inconstantes en la política turca -una confusa colección de tendencias de derechas e izquierdas a veces indescifrables. Los detractores del partido de Erdogan critican a menudo a Estados Unidos y Europa en el mismo aliento. Ocasionalmente una vena de furioso nacionalismo recorre sus creencias: que las reformas económicas de Erdogan están vendiendo al país a intereses extranjeros, que las reformas políticas -permitir las transmisiones de radios en kurdo, por ejemplo- están envalentonando a las minorías del país y socavando la ideología de Atartuk.
Pero los gestos simbólicos -oraciones en lugares públicos y propuestas para penalizar el adulterio- importan. Especialmente irritante para Kilicarslan es la elección de presidente de Erdogan, Abdullah Gul, cuya candidatura fue cancelada este mes por la corte suprema turca. Sin embargo, lo que la pone desconfiada son menos sus políticas que la idea de que su esposa tradicionalista -usa pañuelo de cabeza- se convierta en primera dama.
"Quizás es simbólico, pero me asusta", dijo. "No estamos contra la religión, pero si el pañuelo de cabeza entra al palacio presidencial, entonces la república turca se habrá terminado. El laicismo se acabará". Sacudió su cabeza. "No queremos convertirnos en otra Arabia Saudí".
La contienda sobre la religión en la política en Turquía se arrastra desde hace una generación. El gobierno prohibió en 1998 a los predecesores del partido de Erdogan y nuevamente en 2001. Muchos atribuyen el surgimiento de esos partidos a la década de los ochenta, cuando dicen que el presidente turco Turgut Ozal, creó un ambiente más permisivo, admitiendo que las fundaciones y organizaciones benéficas musulmanas florecieran y facilitando el acceso musulmán a la radiodifusión. En particular, veía en un ‘islam moderado' -una combinación de normas capitalistas con mores y cultura religiosas- un modo de atracción más allá de las fronteras turcas, especialmente hacia los países de Asia Central que emergieron después del derrumbe de la Unión Soviética.
"Para nosotros, los musulmanes moderados no existen. Es simplemente una transición hacia el islamismo radical", insistió Bedri Baykam, crítico de los métodos de Ozal y activista de la Asociación Pensamiento de Ataturk, el grupo que organizó el convoy de buses y ayudó en la coordinación de la manifestación.
"La gente cree que el destino de nuestra caravana es Bruselas, París o Luxemburgo", dijo Baykam, un pintor de cincuenta años con una cabellera que rivaliza con la Beethoven, entretejida con mechones de canas, cuyas inspiraciones van desde la caligrafía otomana hasta iconos del pop como James Dean. "En realidad, esta caravana se dirige a toda velocidad hacia Irán y Arabia Saudí. A toda velocidad. En este momento, estamos luchando por nuestras libertades".
A mediodía, el ferry llevó a los manifestantes a Canakkale, cruzando las Dardanelas. Se encuentra cerca de la ciudad de Troya. También de Gallipoli, donde Ataturk puso los cimientos de su estatus casi mítico como héroe de la guerra al derrotar a los aliados en una batalla durante la Primera Guerra Mundial. La historia sigue siendo memorable. Cuando un soldado se quejó de que la falta de suministros y municiones estaba impidiendo continuar la lucha, se dice que Ataturk respondió: "No le estoy ordenando que pelee. Le estoy ordenando que muera". Lo hicieron decenas de miles.
"Tayyip, mírenos", entonan los pasajeros, dirigiéndose al primer ministro. "Corra mientras pueda".
"Cuando consideras a Irán, constatas que ellos también tenían un estilo de vida moderno -en cultura y en todo lo demás. Repentinamente, eso cambió", dijo en el ferry Tugrul Ergin, 27, estudiante. "Si no nos aferramos a los principios de Ataturk, correremos la misma suerte".
Ergin y los otros se unieron a la manifestación, ya en pleno desarrollo. La calle estaba inundada de banderas turcas; otras colgaban de los balcones, como si estuvieran marcando la ruta del desfile. Himnos marciales evocaban la época de Ataturk y la guerra que condujo a la fundación de Turquía. "Me hirieron en Canakkale", decía una. Se guardó un minuto de silencio por los soldados que murieron en la guerra, que fue respetado por todos, excepto unos niños que lloraban. Pancartas escritas a mano apelaban al partido gobernante de Erdogan. "Se consecuente en palabras y acción", advertía una.
"Nunca aceptaremos que esté ayudando a los que tratan de dividir a nuestro país", declaró un orador.
"Estamos aquí para gritar: ‘¡Tenemos suficiente!'"
Siguió el himno nacional. Sus primeras palabras son: "No teman". Pero el temor era quizás el sentimiento que definía este día.
"Esta es la primera vez que he hecho algo así en mi vida, pero hay un momento en que tenemos que unirnos contra los religiosos", dijo Ugur Kahan, 21, estudiante de medicina en Edirne, que llevaba una bandera turca.
Como otros, invocaba los ejemples de Irán y Arabia Saudí. Acusó al partido gobernante de explotar los sentimientos religiosos de los analfabetos: "Esto no es una mentira. Un tercio de la gente de este país son analfabetos". En un sentimiento oído a menudo, esperaba que los militares -como han hecho cuatro veces desde 1960- intervendrían si el partido gobernante ganaba las elecciones del verano.
"A veces es como una cirugía", dijo. "Tienes que causar dolor al paciente para poder curarlo. Espero que las cosas no lleguen tan lejos, pero si tengo que elegir entre vivir en un país gobernando por los musulmanes y un país gobernado por los militares, elegiría este último".
Por la tarde, los manifestantes -según las apariencias acomodados, vestidos elegantemente y aparentemente urbanos, apenas un pañuelo a la vista- empezaron a desperdigarse. Cuando se marchaban, los vendedores voceaban lo que les quedaba de banderas, revoloteando en la brisa de las Dardanelas. En el bordillo estaba sentada Fatma Durmaz, 27, técnica informática que se había subido al bus en Estambul al amanecer. Una perezosa sonrisa cruzó su cara.
"Es bueno estar con gente que piensa lo mismo que tú, tiene los mismos sentimientos y el mismo entusiasmo", dijo.
Durmaz está preocupada por el futuro. "La ley islámica", dijo, "y que eso lo cambie todo, de punta a cabo".
"Pero no permitiremos que ocurra", agregó. "No les dejaremos hacer lo que quieren".

15 de mayo de 2007
6 de mayo de 2007
©washington post
©traducción mQh
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peligro fascista en francia


[Sebastian Rotella] Como en 2002, el bravucón de la extrema derecha se postula candidato a presidente. Algunos dicen que podría sorprender.
Niza, Francia. Esta agradable, ligeramente descolorida ciudad de palmeras y brisas marinas ha sido conformada por corrientes migratorias: trabajadores del norte de África, jubilados de clase media de Lyon y París, viejos franceses que huyeron de Argelia después de que la antigua colonia conquistara su independencia.
La mezcla mediterránea, a veces difícil, hace de Niza un bastión de Jean-Marie Le Pen, el candidato de la extrema derecha que ha emergido una vez más como una importante fuerza a una semana de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas.
En 2002, Le Pen sorprendió al país al llegar a las eliminatorias presidenciales, que ganó el presidente Jacques Chirac. Cinco años después, ha ganado fuerza pese a persistentes acusaciones de que es racista y antisemita. Las encuestas y análisis políticos sugieren que el tenaz ex paracaidista podría incluso propinar otra sorpresa electoral.
A medida que cultiva una imagen más moderada y bonachona, su partido del Frente Nacional ha atraído a electores de los asediados viñedos de Beaujolais, círculos de intelectuales parisienses antiguamente de izquierdas e, increíblemente, los barrios de vivienda social dominados por los inmigrantes de Niza y otras ciudades.
Independientemente de los resultados que logre Le Pen en contraste con los candidatos favoritos Nicolas Nicolas Sarkozy, Segolene Royal y François Bayrou en las elecciones del 22 de abril, "sus" temas han dominado los debates de campaña.
"Al principio parecía que se habían puesto de acuerdo para no hablar de nuestros temas, porque en los últimos treinta años hemos sido los únicos que se han atrevido a hablar sobre la criminalidad, la inmigración y otros temas", dijo Bruno Ligonie, líder del Frente Nacional local. "Pero el único problema que preocupa aquí a los franceses es si pueden salir a la calle sin ser golpeados o robados... Sarkozy nos ha robado votos proponiendo un ministro de inmigración e identidad. Royal habla de la bandera, del himno nacional. Eso prueba que teníamos razón".
De cualquier modo, aparentemente es una prueba de que los franceses están preocupados sobre la capacidad de su sociedad de integrar a los inmigrantes musulmanes y combatir la delincuencia juvenil y el fundamentalismo islámico. Los disturbios a nivel nacional de 2005 ayudaron a empujar al Frente Nacional hacia el mundo político convencional, que ha reconocido a regañadientes la capacidad callejera de Le Pen para articular los temores e indignación de los trabajadores.
"Mientras más votos reciba Le Pen, más gente estará dispuesta a reconocer en voz alta que lo apoyan", dijo François Rossi, analista político del diario Nice Matin. "Esta vez el gran tema de la campaña es la inmigración y la identidad. El modelo francés de inmigración es un fracaso y todo el mundo lo sabe, en la derecha y en la izquierda".
Las agencias de sondeos, sorprendidos por los inesperados resultados del Partido Socialista hace cinco años, encuentran difícil evaluar las posibilidades de Le Pen. Este año las elecciones son muy estrechas. Y algunos electores se muestran reluctantes a confesar que piensan votar por él debido a la intensa aversión que todavía inspira.
La mayoría de las encuestas muestra a Sarkozy, de centro-derecha, encabezando las intenciones de voto con un 25 por ciento; Royal, socialista, unos pocos puntos detrás; y el centrista Bayrou detrás de ella con alrededor de un veinte por ciento. Aunque Le Pen está en cuarto lugar, aumentó fuertemente en las últimas semanas a un 16 por ciento, superando sus resultados en el mismo momento en la campaña de 2002.
Le Pen parece capaz de un esprint de último minuto, dicen funcionarios de gobierno, operativos de partidos y analistas políticos. Y esta ciudad será un campo de batalla clave.
"Creo que Le Pen ha sido una vez más subestimado y que obtendrá un 17 o 18 por ciento de los votos", dice Bernard Asso, subalcalde de Niza y líder regional del partido Unión por un Movimiento Popular, de Sarkozy. "Cuando haces trabajo político en la calle, todo el mundo habla o de Sarkozy o de Le Pen".
Los orígenes de la extrema derecha aquí en el sudeste de Francia se remontan a la presencia de los partidos pro-nazis de la Segunda Guerra Mundial. Más tarde, cuando los franceses dejaron Argelia en 1961 después de una sangrienta guerra, muchos antiguos colonos franceses, conocidos como pieds noirs, se asentaron en Niza, Marsella y otras ciudades sureñas. Eran furiosamente nacionalistas y despreciaban al presidente Charles de Gaulle, líder de la derecha tradicional, al que responsabilizaban de la pérdida de Argelia.
En los años setenta y ochenta, una afluencia de inmigrantes de África del norte y subsahariana espolearon el surgimiento del Frente Nacional, especialmente entre los trabajadores que vivían en o cerca de barrios industriales donde se asentaron los inmigrantes. Hace poco, la costa sureña se ha convertido en una especie de Franja de Sol francesa, concentrando a jubilados y personas de la tercera edad que tienden a resentir las elites parisienses, los altos impuestos y la generosa burocracia de la seguridad social.
"Debido a que esta es una zona fronteriza, la gente aquí es más sensible a cuestiones sobre la inmigración y los extranjeros", dijo Ligonie la semana pasada en una entrevista en la sede del Frente Nacional aquí. Las discretas oficinas del partido ocupan un apartamento en un barrio multiétnico a unas cuadras de la estación de trenes y de un polvoriento boulevard que está siendo remodelado, donde matones adolescentes holgazanean y pasan en coches a altas velocidades haciendo sonar música rap y norafricana a todo volumen. A diferencia de las sedes de otros partidos políticos, no hay signos exteriores de la presencia del Frente Nacional. El timbre en la entrada ha sido destruido en un acto de aparente sabotaje político.
"No es fácil ser miembro del Frente Nacional", dijo Ligonie, un hombre bronceado, de aspecto pulcro y un fino orador. "Teníamos una imagen terrible porque nos demonizaron".
Esa imagen se suavizó durante el año pasado cuando Marine Le Pen, la hija del candidato, se encargó de la estrategia de comunicaciones. El viejo Le Pen parece reír más y gruñir menos. Pero todavía tiene sus momentos. Hace poco se burló de Sarkoze, que tiene raíces húngaras y greco-judías, llamándolo "el candidato de la inmigración".
La observación hizo recordar los días de escandalosos bochinches de Le Pen, cuando se refirió al Holocausto como "un detalle de la historia" y buscaba el enfrentamiento físico con sus rivales.
Sin embargo, Ligonie insiste en que el partido no tolera actitudes antisemitas o contra los inmigrantes. Tampoco le agrada la etiqueta de "extrema derecha".
"No somos ni de izquierda ni de derecha, sino franceses", dijo. "No hay nada en nuestro programa, en nuestro discurso, que sea antisemita. Y también hay judíos en el Frente Nacional".
La plataforma de Le Pen exige medidas drásticas, tales como la retirada de Francia de la Unión Europea y el cierre de las fronteras y la exclusión de los inmigrantes de la seguridad social. Curiosamente, sin embargo, ha logrado hacerse con un lugar en las mismas comunidades de inmigrantes que cree que son una amenaza para el futuro de Francia. Ha extendido la mano a los ciudadanos franceses de origen extranjero, argumentando que son las víctimas de primera línea de la inmigración excesiva, de la delincuencia y el desorden.
"En los barrios de viviendas sociales hay muchos que votan por Le Pen", dijo Rossi, un periodista político. "Los franceses que viven en esas áreas, y muchos franceses de origen árabe. La psicología es simple. Son personas bien asentadas en Francia, especialmente hombres de negocios con familias, que viven en apartamentos, que se ven confrontados diariamente a los problemas de la juventud en los proyectos de vivienda social. Y ellos quieren autoridad y seguridad".
Uno de los líderes musulmanes más importantes de Francia, Kamel Kabtane, reconoció en una entrevista reciente que Le Pen había ganado algún apoyo en las comunidades de inmigrantes. Kabtane, un inmigrante de Argelia e imam de la principal mezquita de Lyon, dijo que el canoso candidato había logrado consolidar la fuerza de su partido por ser consistentemente franco y abierto.
"Dice en voz alta lo que otros dicen en voz baja", dijo Kabtane. "Y creo que debemos hacer todo lo posible para impedir que sea elegido".

rotella@latimes.com

20 de abril de 2007
16 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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vuelve el infierno


[Juan G. Bedoya] Benedicto XVI da marcha atrás con una postura de Juan Pablo II. Ratzinger hace resucitar el infierno.
Contra lo dicho por Juan Pablo II en 1999, el Papa actual sostuvo ayer que "el Infierno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno". Wojtyla había dicho que no se trata de "un lugar", sino que era "la situación de quien se aparta de Dios".
La llamada de Benedicto XVI a la lucha ideológica contra el pluralismo moral y la modernidad incluye reponer el Infierno, con mayúsculas. "El Infierno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno", dijo el pontífice romano. El papa Ratzinger, a punto de cumplir dos años en el cargo, acudió a la iglesia Santa Felicidad e Hijos Mártires en Roma para predicar como un párroco preconciliar.
"Nuestro verdadero enemigo es unirse al pecado que puede llevarnos a la quiebra de nuestra existencia", dijo en la homilía. Antes había dibujado la figura de un Dios "de justicia" y, por tanto, castigador.
En su llamada a la intolerancia con el relativismo y la laicidad, Benedicto XVI decidió poner sobre la mesa las armas del catolicismo clásico. El Papa alemán cree que la vida cristiana occidental es "una viña devastada por jabalíes". Para hacer frente a la crisis, la fuerza de la Iglesia no está en el diálogo ni en la tolerancia, sino en la vuelta a los orígenes. El Papa exige activismo, no sólo a sus prelados (unos 5000 en todo el mundo, entre obispos, arzobispos y cardenales); también a los fieles creyentes y, más que a nadie, a los políticos que se llaman católicos.
Las tesis sobre cómo recuperar el protagonismo perdido la expuso Benedicto XVI el pasado 13 de marzo, en una exhortación pastoral perfilada durante año y medio. Fue el primer sínodo del pontificado Ratzinger. En presencia de cardenales, arzobispos y obispos de todo el mundo, el Papa, presidente durante décadas de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la antigua inquisición romana, retó a los reunidos a llegar al meollo de la crisis del cristianismo para que Dios, un "proscripto en Europa", según Benedicto XVI, vuelva a figurar en la agenda de una sociedad de bautizados que ya no hace caso a la religión.
La proclamación de que "el Infierno existe y es eterno" es la continuación de esa estrategia papal. Lo curioso es que su antecesor, el polaco Juan Pablo II, muerto hace dos años, corrigió a fondo y en la dirección contraria el concepto tradicional del catolicismo sobre el Infierno. Lo hizo en el verano de 1999, en cuatro audiencias consecutivas, cada una dedicada a desmontar la credulidad popular sobre el cielo, el purgatorio, el infierno e, incluso, el diablo. "El Cielo", dijo entonces el pontífice polaco, no es "un lugar físico entre las nubes". El Infierno tampoco es "un lugar", sino "la situación de quien se aparta de Dios". El Purgatorio es un estado provisional de "purificación" que nada tiene que ver con ubicaciones terrenales. Y Satanás "está vencido: Jesús nos ha liberado de su temor".
La homilía sobre el Infierno la pronunció el papa Juan Pablo II en la audiencia del miércoles 28 de julio de 1999. Dijo: "Las imágenes de la Biblia deben ser rectamente interpretadas. Más que un lugar, el Infierno es una situación de quien se aparta del modo libre y definitivo de Dios". ¿Por qué el Papa polaco revisó entonces la doctrina oficial sobre el Más Allá? La primera respuesta tenía que ver con "el acoso de la ciencia", en palabras de los teólogos. Roma no quería repetir la amarga historia de Galileo.
La segunda razón tenía que ver con las estadísticas: el 60 por ciento de los romanos católicos cree en Cristo, pero no en el Infierno ni en el Paraíso. Por último, aquel Papa cumplía una obligación conciliar, retrasada mucho más de lo prudente. La Iglesia vive en su tiempo, y ha de poner al día la interpretación que en el pasado se hizo de los textos sagrados. Se trata del aggiornamento, la palabra preferida de los papas Juan XXIII y Pablo VI, impulsores del revolucionario Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965.
La decisión de Benedicto XVI de volver a poner sobre la mesa, sin matices, la idea del Infierno eterno choca con ese pasado reciente. No es su primera vuelta al pasado. También autorizó las misas en latín con el oficiante de espaldas a los feligreses, por citar un solo ejemplo.
Lo curioso es que hace menos de un año, el 6 de octubre de 2006, este Papa mantenía el timón de Juan Pablo II haciendo público el documento de los expertos sobre la inexistencia del limbo, otra de las piezas señeras del Más Allá católico. Según los catecismos clásicos, el limbo de los niños era el lugar al que iban a parar quienes morían sin uso de razón y sin haber sido bautizados. Un lugar sin tormento ni gloria. El castigo consistía en vivir en una tercera clase de cavidad distinta del Cielo y el Infierno, en el que las almas cándidas, además de estar privadas de gloria, sufrirían la condenación de la ausencia de quienes habían tenido la fortuna de salvarse: padres, hermanos y demás familia.
La doctrina tridentina incentivaba con tales argumentos el bautismo rápido de los recién nacidos. La doctrina que coloca en el limbo a los niños muertos sin haber cometido pecado, pero con la culpa del pecado original no lavada por el bautismo, es de origen medieval y poco relevante entre los teólogos modernos, a no ser porque se hermana con la idea, también arrumbada por el Vaticano II, de que fuera de la Iglesia romana no había salvación.
La decisión de cerrar el limbo la impulsó el Papa polaco encargando el asunto a una Comisión Teológica Internacional liderada por el hoy papa Ratzinger. La encomienda tenía su relevancia porque no era sólo liquidar la idea de Cielo o Infierno como lugares concretos en el firmamento, sino un repaso en toda regla a las tesis clásicas sobre el pecado original.
Desde San Agustín al Vaticano II, la Iglesia de Roma había sostenido la visión clásica del hombre en pecado desde que Eva y la serpiente tentaron a Adán a comerse juntos una manzana. La escatología cristiana posterior al Vaticano II sostiene que el famoso obispo de Hipona, al extender a todos los hombres la culpa por aquel pecado original –sucedido en un lugar llamado Paraíso que la ciencia tampoco pudo encontrar– lo que hizo fue una mala traducción de una de las epístolas de San Pablo, la 'Carta a los romanos', capítulo 5, versículo 12.

18 de abril de 2007
©página 12
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musulmanes en la catedral


[Tracy Wilkinson] Guerra territorial entre católicos y musulmanes todavía resuena en la catedral de Córdoba.
Córdoba, España. Mansur Escudero sabía la respuesta antes de preguntar.
Se acercó al guardia de la majestuosa catedral,
y antes mezquita, de Córdoba, Escudero hizo la pregunta: ¿Puedo rezar en árabe dentro?
El guardia, algo sobresaltado, respondió con un enfático no. Esta es una iglesia católica, dijo, y como tal está absolutamente prohibido rezar en otra fe. Escudero insistió, pero el guardia fue intransigente.
Esta es una catedral, repitió el guardia, cada vez más agitado: "¡Una iglesia católica!"
La maravilla arquitectónica de 1.200 años, que es uno de los puntos de referencia históricos de más renombre, está en el centro de una guerra territorial sobre espacio religioso, reconocimiento cultural y rivalidades antiguas y contemporáneas a la vez.
Conocida como la Mezquita en español y la Gran Mezquita [Great Mosque] en inglés, su espectacular bosque de arcos rayados y columnas de jaspe y mármol es uno de los legados icónicos más antiguos del islam. Pero la Mezquita ha servido como iglesia católica consagrada durante casi ochocientos años -desde que los reyes católicos de España expulsaran a las fuerzas musulmanas que habían gobernado la mayor parte de la Península Ibérica durante más de cinco siglos.
La escaramuza sobre la Mezquita resonó en toda España cuando miembros de cada fe ponen a prueba la tolerancia del otro en este país predominantemente católico con una creciente minoría musulmana. Las tensiones volvieron a inflamarse cuando fanáticos musulmanes hicieron estallar en Madrid los vagones de trenes de cercanías hace tres años, matando a casi doscientas personas.
La disputa tiene especial resonancia en Córdoba, un cruce de caminos andaluz que hace más de un milenio era la capital de la España mora y era uno de los centros culturales y artísticos más grandes en el mundo occidental.
Algunos musulmanes de hoy pueden anhelar el glorioso pasado del islam, pero Mansur Escudero insiste en que sólo quiere un lugar para orar.
"Podríamos dar un ejemplo al mundo", dijo, "despertando la conciencia de cristianos y musulmanes y mostrando que es posible dejar de lado las guerras pasadas".

Inspirados por el Papa
Escudero, un español que se convirtió al islam hace 28 años, ha estado peleando para obtener el derecho a orar aquí durante gran parte de su vida. Decidió volver a intentarlo, inspirado por el viaje a Estambul del Papa Benedicto XVI, este otoño, cuando el Papa estuvo junto a un ulema en la famosa Mezquita Azul de esa ciudad turca, y se volvió hacia la Meca y oró.
Escudero y el Consejo Islámico de España que encabeza, llevó el caso directamente al Vaticano, y escribió al Papa sugiriéndole que el sitio en Córdoba se convierta en un "único y singular espacio ecuménico" en el que puedan orar cristianos y musulmanes.
El Papa no respondió la carta.
Sin embargo, el obispo de Córdoba, Juan José Asenjo, estuvo más que feliz por la oportunidad de responder. Lejos de fomentar la paz, dijo, compartir los lugares de culto sólo "generaría confusión" entre los feligreses.
El recinto de piedra que cerca la catedral, con patios de fragantes árboles de naranja, al borde del viejo Barrio Judío de Córdoba, es el testamento de una comunidad que prosperó y vivió en relativa paz durante el califato musulmán. Unas calles estrechas y serpenteantes más allá se encuentra una de las tres sinagogas medievales que han sobrevivido en España.
Los musulmanes no están autorizados a orar dentro de la Gran Mezquita, con su decorado púlpito, o mihrab, que se orienta hacia la Meca. Pero los católicos pueden asistir a misa todos los días. Un domingo reciente, poco después de que Escudero terminara su quijotesca arenga al guardia, los clérigos de Córdoba se ataviaron con túnicas moradas y dirigieron el servicio dominical para unos cincuenta feligreses.
Hay algo un poco incongruente en la misa católica dentro de lo que todavía parece una mezquita: un crucifijo de tamaño natural cuelga debajo de un arco moro en forma de herradura; los arcos también se encuentran en las sillas de terciopelo rojo del sacerdote.
Los elementos cristianos fueron agregados cuando se erigió una iglesia aquí dentro de la mezquita durante los siglos dieciséis a dieciocho, incluyendo un gigantesco coro y altares de caoba, numerosas capillas incrustadas en las murallas, cruces góticas y un barroco trono de obispo.
Este domingo en particular, un perfumado humo se elevaba de incensarios de plata hacia el cielo raso abovedado de la catedral, mientras los parroquianos recitan el Padre Nuestro y comulgaban.
En una entrevista después, el Padre Manuel Pérez Moya, dijo que debido a que el edificio estaba consagrado como catedral, era imposible permitir el culto musulmán que fuese. Si no hubiese dio consagrado como iglesia, agregó, la Gran Mezquita habría sufrido el mismo destino que otras propiedades conquistadas: la destrucción.
"Es gracias a que esta es una catedral viva, que podemos proteger una realidad tan bella", dijo.
Las autoridades eclesiásticas han observado también que, en un reflejo de siglos de ocupaciones culturales diferentes, en el sitio había una basílica visigoda antes de que se construyera la mezquita.
Sin embargo, lo que realmente preocupa a muchos sacerdotes, es el espectro de que los musulmanes de España quieran más que una oración ocasional.
"El problema es que si les dejas orar, luego quizás quieran ocupar territorio", dijo Pérez Mora.
Escudero, que fue bautizado Francisco y estudió con los jesuitas antes de su conversión, dice que esos temores son absurdos.
"Creo que tienen miedo de ver a muchos musulmanes rezando, mientras sus iglesias están vacías", dijo.
Un hombre menudo, compacto, con una recortada barba gris, Escudero es psiquiatra y el padre de diez hijos, con dos mujeres. Su primera esposa murió hace nueve años cuando un intruso entró a la casa de la familia. Su muerte ocurrió cuando ella estaba desarrollando una página web para los musulmanes en España, que Escudero dice que es terriblemente exitosa hoy. Sospecha que sus actividades pueden haber tenido algo que ver con su muerte. (Escudero estuvo casado con las dos mujeres al mismo tiempo, aunque la ley española no reconoce la segunda unión).

Opiniones entre Católicos
Los católicos españoles están divididos en cuanto a si se debe permitir que los musulmanes recen en la Mezquita.
"Seguro, que lo hagan... el día que yo pueda rezar en una mezquita", dijo Luis Recio Mateo, 61, que se describió como historiador y guía turístico, luciendo un elegante traje gris, al salir de misa. "Si entro a una mezquita en Marruecos o Mauritania o Constantinopla me dicen que soy un infiel. Tampoco deben los musulmanes orar en mi catedral".
Pero Marta Pérez, una estudiante valenciana de matemáticas de diecinueve años, dijo que no tenía objeciones. "Histórica y culturalmente, les pertenece a ellos", dijo.
Ofemia Casado, 39, adopta un punto de vista más lato. "Antes de los católicos, y antes de los musulmanes, fue de los romanos, de los visigodos, de los fenicios, de los bárbaros... ¿Vamos a dejar que vuelvan?", meditó. "Pertenece a todos y a nadie". Dejemos las cosas como están, concluyó, antes que pelar de vuelta las capas de la cebolla".

Comunidad Fragmentada
Dependiendo de quién esté contando, viven en España (un país de cuarenta millones de habitantes) al menos un millón de musulmanes, y sólo unos mil en Córdoba, una ciudad de 320 mil personas.
En la dividida comunidad musulmana en España, Escudero es considerado como un moderado; está en desacuerdo con los grupos más radicales que incursionan en algunas partes del país.
En numerosas ciudades, grupos católicos han protestado y en algunos casos bloqueado planes para construir mezquitas o expandir los centros culturales musulmanes.
Escudero dice que con los años, las autoridades cordobesas han permitido de vez en vez que un dignatario musulmán visitante rece en la Gran Mezquita -incluyendo a Sadam Hussein en 1974. Pero en la década pasada o algo así, funcionarios de la iglesia han rechazado la idea, dijo, quizás en reacción al crecimiento de la presencia musulmana en España.
Mientras Escudero piensa en la visita del Papa a la Mezquita Azul, hay otra tradición en Estambul, que los sacerdotes pueden citar: la Hagia Sofia, una iglesia bizantina del siglo seis, que fue convertida en mezquita por los musulmanes otomanos en el siglo quince. En teoría, hoy es un museo y nadie puede rezar allí, aunque a veces los musulmanes lo hacen.
Cuando Escudero se enteró del rechazo del obispo de Córdoba de su última idea, protestó. Una gris mañana, se paró frente a la Puerta del Perdón de la Gran Mezquita, extendió una pequeña alfombra en la acerca, se arrodilló y se postró para rezar.
Los reporteros gráficos se hicieron con abundantes fotografías. Y la policía mantuvo a distancia a un pequeño grupo de gritones manifestantes.

wilkinson@latimes.com

6 de abril de 2007
28 de marzo de 2007
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murió lucie aubrac


A los 94. Recibió la medalla por heroísmo por su papel en la resistencia francesa.
Ha muerto Lucie Aubrac, una heroína de la resistencia francesa que ayudó a liberar a su marido de manos de la Gestapo y cuya dramática historia de vida se convirtió en una exitosa película francesa. Tenía 94 años.
Aubrac, cuyo nombre de soltera era Lucie Bernard, murió el miércoles en un hospital en el suburbio parisino de Issy-les-Moulineaux, donde pasó los últimos dos meses, dijo su hija, Catherine Vallade.
El presidente francés Jacques Chirac llamó a Aubrac una "figura emblemática", diciendo "se ha apagado una luz de la Resistencia".
Nacida el 29 de junio de 1912 en la ciudad de Macon, al este del país, Aubrac era profesora de historia y geografía cuando ella y su marido, Raymond Samuel, un ingeniero de origen judío, ayudaron a fundar el movimiento Libération Sud.
Libération Sud fue una de las primeras redes montadas por la resistencia francesa, un movimiento que continuó luchando contra los alemanes después de la derrota francesa en 1940 durante la Segunda Guerra Mundial. Asoció a civiles con grupos armados de guerrilleros que trabajaban en secreto para oponerse a la ocupación nazi.
En la Resistencia, la pareja adoptó el nombre de guerra Aubrac.
En 1943, Aubrac ayudó a preparar la fuga de su marido desde una cárcel de Lyon. Convenció al jefe local de la Gestapo, Klaus Barbie, de que la dejara reunirse con su marido. Durante la visita planearon su fuga.
Aubrac dirigió a los comandos armados que rescataron a su marido y otros guerrilleros encarcelados durante su transferencia a otra cárcel, contó el jueves a la radio, Denis Peschanski, historiador en el Centro Nacional para la Investigación Científica.
La pareja y el primero de sus tres hijos viajaron a Londres en febrero de 1944. Aubrac dio a luz a su segundo hijo días después de su llegada a Londres, dijo el diario Le Monde.
Recibió la Legión de Honor, el más alto galardón francés, por su trabajo en la Resistencia.
Después de la guerra, Aubrac se convirtió en una declarada crítica de la política francesa en Argelia, que era entonces una colonia en el norte de África, y defendió los derechos de los inmigrantes. Tras su retiro de la enseñanza, recorrió las escuelas de Francia hablando a los estudiantes sobre la Resistencia y fomentando los valores del movimiento, dijo Peschanski.
Escribió sobre sus experiencias en tiempos de guerra en su libro de 1984, ‘Ils partiront dans l'ivresse' publicado en Estados Unidos en 1993 bajo el título de ‘Outwitting the Gestapo'.
El director francés Claude Berri basó su película de 1997, ‘Lucie Aubrac', con Carole Bouquet, en el libro de Aubrac. Otras dos cintas, ‘L'armée des ombres' [The Army of Shadows], de Jean-Pierre Melville (1969), y ‘Boulevard des hirondelles' [Boulevard of the Swallows], de Jose Yanne (1991) también estuvieron basadas en la vida de Aubrac.
En 1998, los Aubrac ganaron una demanda contra el historiador francés Gerard Chauvy, que sugirió en su libro de 1997, ‘Aubrac, Lyon1943', que eran en realidad agentes dobles que habían traicionado al líder de la Resistencia francesa, Jean Moulin, que murió torturado por la Gestapo.
Sobreviven a Aubrac su marido y tres hijos.

17 de marzo de 2007
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los desvergonzados ricos de rusia


[Jeffrey Fleishman] Cuando las esculturas en hielo y el caviar no son suficientes, buscan al ‘productor' de emociones -para hacer de vagabundos o putas por un día.
Moscú, Rusia. Flotando en la nieve en sus todoterrenos con las ventanillas opacas, forrados en chucherías y susurrando sus temores de perderlo todo, los ricos rusos creen a veces que su imaginación no es tan escandalosa como sus cuentas bancarias en el extranjero.
Así que buscan a Sergei Knyazev. Lo llaman el ‘productor'. A él le encanta decir eso; incluso lo ha impreso en relieve en su tarjeta de visita. Pero en realidad es más un psicólogo convertido en oportunista, dispuesto a ayudar a "los sobrecargados ricos a liberarse del peso y obligaciones del dinero".
"Simplemente no saben cómo relajarse", dice. "Yo les ayudo. Yo soy escandalosamente caro. Esta gente no confía en nada que no sea caro".
Ser mercenario y auténtico en el mismo aliento es refrescante, y tenebroso. Pero esta es Rusia, el hogar el multimillonarios y egos desenfrenados, un neurótico paisaje con aroma de champaña y esmoquin negro, diamantes, aparatos y armas descontroladas entre las clases adineradas con sus grandes perros y guardaespaldas.
Knyazev empezó de manera muy convencional, organizando hace algunos años fiestas y banquetes para el circuito de las esculturas en hielo y caviar. Pero ¿cuántas mesas largas, manteles bordados, cristales aflautados y retratos vanidosos debe soportar un multimillonario? Tejiendo negocios capitalistas y embolsándose las ganancias del petróleo y el gas, los nuevos oligarcas ansiaban más. Querían ser asombrados; querían que sus lentejuelas repiquetearan.
"Ahora hago espectáculos de todo tipo, desde lo más exótico hasta lo realmente indecente. ¿De cuáles quieres hablar?"
De lo realmente indecente, por supuesto. Pero no vayamos tan rápido.
"Una vez tuve un cliente que le hizo dos veces avances a una chica y fue rechazado las dos veces. No quería ser rechazado una tercera vez, así que me vino a ver. Era muy rico, de una familia rusa antigua. La chica se llamaba Olga. Descubrí dónde vivía. Era una casa nueva, y el terreno no había sido ajardinado. Así que una noche, mientras ella dormía, lo convertimos en un gran jardín con bellas flores formando su nombre, con letras realmente grandes. La ‘O' era tan grande que podías meter dos coches dentro de ella.
"En la mañana el chico estaba parado en el jardín con una orquesta. Tocaron una serenata... Ella miró por la ventana. Se casaron tres meses después".
Encantadora, la historia de Olga, muy ‘Algo para recordar' [Sleepless in Seattle], pero ¿no tienes una historia más picante?
Knyazev sonríe, con un malicioso brillo en sus dientes. Es una sonrisa de suficiencia que dice: "¿Quieres oír más? Tengo un buen montón de historias".
"Invento juegos. A veces disfrazo a mis clientes de vagabundos y los llevo a la estación de trenes. Tienen que mendigar. El que recoja la mayor cantidad de monedas en la mañana, gana", dice. "Las esposas de estos hombres de negocios querían sus propios juegos. Así que pusimos a algunas de ellas a trabajar de camareras en un restaurante. La que recibiera la mayor cantidad de propinas, ganaba. A veces actuaban como estriptiseras y contábamos cuál de ellas ganaba más dinero".
Baja la vista, se rasca su delgada barba de chivo, reflexiona: "Algunas mujeres ricas quieren hacer de prostitutas. Yo organizo eso. Por supuesto, no llegan hasta el fin. Paramos antes de eso... Pero, sí, algunas lo harán hasta el final".
Hace una pausa, agregando, en su mejor interpretación de Sigmund Freud: "¿Por qué quieren hacer todas esas cosas? Tienen miedo de que algún día terminen como mendigos, putas, porque los negocios de muchos de ellos no son limpios".

El tipo es maravilloso, un astuto destello de luz, un símbolo de la nueva Rusia. Knyazev maduró, hablando económicamente, a fines de los ochenta, cuando el presidente ruso Mikhail S. Gorbachev introdujo las reformas conocidas como perestroika. Fue una época de cigarros y sueños. Abrió una cafetería de estudiantes, una academia privada y una agencia publicitaria en Siberia. Más tarde se trasladó a Moscú, donde fundó el club de striptease Empire of Passion y contrató a una ex bailarina del Bolshoi para que diera clases de baile.
Lo interesante sobre Knyazev, 44, es que te preguntas dónde traza la frontera entre la fantasía y la realidad. Se codea con los ricos, pero en su habitación no hay arañas, ni copias de Botticelli, y en realidad se parece a la oficina de un dentista -un largo pasillo, puertas cerradas, voces apagadas. Su traje de rayas diplomáticas es fino, pero no es un Armani. Te da la impresión de ser introducido en una red de origami meticulosamente armados.
"Conozco a Sergei Knyazev y he oído sus historias sobre juegos estrambóticos que inventa para los hombres de negocio ricos. ¿Qué puedo decirte?", dice Konstantin N. Borovoi, fundador de la bolsa de Moscú y presidente del Partido por la Libertad Económica. "No hay modo de verificar eso porque él no revela los nombres de sus clientes. Pero, realmente, algunas de sus historias son difíciles de creer. Todo lo que te puedo decir es que Knyazev ciertamente no carece de imaginación".
El secreto engendra misticismo. Descubrir quién es quién, o, todavía más importante, quién está haciendo qué, es difícil, de todos modos. Este es un país donde las tarjetas de crédito se demoraron décadas en llegar, donde el dinero era sacado ilegalmente del país hacia bancos extranjeros. Hoy las investigaciones económicas terminan a menudo en laberintos, y muchas empresas recurren a chequeos de antecedentes delictuales y a la página web Kompromat.ru [materiales comprometedores], un matorral de rumores y chismes sobre los ricos y poderosos.
"No revelo los nombres de mis clientes", dice Knyazev.
Su lista potencial rebosa de posibilidades. La persona más rica de Rusia, Oleg Deripaska, un magnante del aluminio de 39 años, tiene una fortuna calculada en 21.2 billones de dólares, de acuerdo a la revista Finans. Siete de los diez multimillonarios más importantes nacieron en los años sesenta, en su mayoría jóvenes que encontraron fortuna hace una década o algo así en el hipnótico boom de las privatizaciones que mezclaban una ruda elegancia, cuentas bancarias secretas y audaces empresarios, como Mikhail Khodorkovsky, que cayó en desgracia con el Kremlin y ahora está en una cárcel siberiana condenado por evasión de impuestos y fraude.

En estos días, el nuevo dinero busca el anticuado respeto. Los banqueros todavía son asesinados a balazos y los hombres de negocios tienden a desaparecer, pero el tenor es decididamente más suave a medida que, al menos, se construye una facha de legitimidad en torno a las compañías petrolíferas y de gas, mineras y otras. Sin embargo, el consumo conspicuo impera; el ingreso nacional promedio mensual es de unos 330 dólares, pero eso no impide las lujosas excentricidades de los ricos.
Como Knyazev y su séquito en la ciudad, Irina Volskaya está acostumbrada a las peticiones estrafalarias. Dirige la oficina rusa de Quintessentially, un servicio de conserjería mundial cuyos fundadores incluyen al sobrino de Camilla Parker Bowles. Con botas color bronce y camafeo, Volskaya es un modelo de tranquilidad y confianza, una mujer acostumbrada a tratar con billeteras abultadas y mal genio.
"Una vez llamó un ruso un 26 de diciembre", dice. "Estaba en una fiesta y quería 150 cerdos de plata para celebrar el año nuevo. Era un problema, porque habíamos vendido todo. Pero no era el único problema. También quería 150 cerdos vivos para regalar a cada uno de sus invitados. Encontrar 150 cochinillos rosados un 26 de diciembre es todo un reto... Sin embargo, no tenemos límites. Una de nuestras reglas es no decir nunca no".
Luego había ese millonario en el avión. "El cliente llama: ‘Sabes, estoy en mi jet justo sobre un país europeo y el aeropuerto está cerrado. Por favor ayúdame'. Pero, realmente, ¿qué podías decir? El aeropuerto está cerrado para todo el mundo. Pero lo ayudamos. Una persona en un país llamó a otra en otro país. Es todo asunto de conexiones".

A Knyazev no le gusta ser menos. Tiene otra historia.
"Nuestro cliente tenía una hijita", dice. "Cumplía años en siete días y quería algo especial. Así que hicimos un árbol mágico que crecería dos metros por día hasta su cumpleaños.
"En las mañanas ella se asomaba a ser si había crecido. Teníamos que traer cada noche un árbol más grande. Usamos siete árboles, y el día de su cumpleaños el árbol estaba lleno de piñas y naranjas".
Sin embargo, su historia favorita se basa en la película ‘The Game', en la que Michael Douglas hace de un hombre muy rico con una vida fútil. Su hermano le pide una fantasía, un thriller psicológico de un juego que, una vez empezado, no se puede controlar ni predecir.
El juego de Knyazev incluía a un magnate de la construcción, drogas plantadas, una detención falsa, actores, coches de policía, una cárcel, una reunión en el Kremlin y una carta falsa escrita por la reina de Inglaterra. Costes: 300 mil dólares.
¿Está Knyazev contando la verdad?
Esa es la extraña, cautivante belleza de la nueva Rusia.
"Mi país, tengo que decir, es rico en personalidades. Nuestro pueblo ha sido siempre interesante y original", dice Knyazev. "Y ahora viene la época en que esas personalidades pueden expresarse".

jeffrey.fleishman@latimes.com

2 de marzo de 2007
27 de febrero de 2007
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©traducción mQh
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en bosnia hubo genocidio


[Marlise Simons] Tribunal declara que asesinatos de Bosnia fueron genocidio.
La Haya, Holanda. La Corte Internacional de Justicia calificó el lunes por primera vez como un acto de genocidio la masacre de bosnios musulmanes en Srebrenica en 1995, pero resolvió que Serbia misma no era culpable de ese espantoso crimen.
Sin embargo, responsabilizó a Serbia, diciendo que "podía y debía" haber impedido el genocidio y, tras su comisión, debería haber castigado a los serbo-bosnios que asesinaron sistemáticamente a cerca de ocho mil hombres y niños musulmanes en julio de 1995.
La resolución se produce en el marco de una demanda civil de Bosnia contra Servia, la primera en la que un país demanda a otro por genocidio.
Los quince jueces del tribunal internacional, que realizaron audiencias durante nueve semanas y deliberaron durante casi diez meses, descansaron en parte en evidencias presentadas en casos criminales oídos por el Tribunal de Naciones Unidas para la Antigua Yugoslavia, que declaró culpables de genocidio a dos oficiales serbo-bosnios por la masacre de Srebrenica.
Al final, la demanda dirimida el lunes puede haber sido el caso más complejo en los sesenta años de historia de la Corte Internacional, que Naciones Unidas fundó para resolver disputas jurídicas entre estados.
La resolución provocó satisfacción y frustración en las dos partes. Liberó a Serbia del estigma de ser un país genocida y lo absolvió de pagar reparaciones de guerra, como había demandado Bosnia.
Al mismo tiempo, Bosnia obtuvo lo que dijo que quería desde el principio: el reconocimiento de la culpabilidad de Serbia.
Durante la guerra de Bosnia, de 1992 a 1995, Naciones Unidas declaró Srebrenica como santuario y prometió protegerlo. Pero en julio de 1995, fuerzas serbo-bosnias intimidaron a los 370 soldados holandeses, ocuparon el enclave y mataron a casi todos los hombres y niños bosnios musulmanes capturados en él.
Esa masacre condujo a la resolución del lunes, que también enfatizó que otros asesinatos masivos y maltratos a bosnios musulmanes tomaron lugar con el apoyo militar y económico de Serbia durante la guerra de los años noventa que estalló en Yugoslavia.
La juez Rosalyn Higgins, presidente del tribunal, leyó el veredicto, que describió los estrechos vínculos entre Serbia y las fuerzas serbo-bosnias. Dijo que los líderes en Belgrado, y sobre todo el presidente Slobodan Milosevic, "estaban absolutamente conscientes del profundo odio que reinaba entre los serbo-bosnios y los musulmanes en la región de Srebrenica" y que era probable que ocurrieran masacres. Sin embargo, los serbios no hicieron nada para impedir las atrocidades o los asesinatos, diciendo que "eran impotentes, lo que difícilmente coincide con su reconocida influencia" sobre las fuerzas serbo-bosnias, concluye la resolución.
Serbia violó de este modo la Convención sobre el Genocidio de Naciones Unidas, de la que es firmante, determinó la resolución. La resolución, observó la juez Higgins, es vinculante y definitiva, sin posibilidad de apelación. La incapacidad para detener y entregar al comandante militar serbo-bosnio Ratko Mladic, es otra violación de la Convención, declaró el tribunal.
La corte declaró que otros delitos cometidos contra los bosnios podría constituir crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, pero que no tenía jurisdicción sobre esos problemas. No especificó crímenes específicos ni la cantidad de víctimas. Según organizaciones internacionales, entre 1992 y 1995 murieron más de cien mil personas, dos tercios de ellas bosnios musulmanes.
"Esta es una victoria moral, ciertamente, pero no una victoria jurídica", dijo Alain Pellet, portavoz del equipo jurídico bosnio. "Pero se han determinado las violaciones de un estado contra otro y se han citado muchas atrocidades. El genocidio no es la única atrocidad".
Tras la resolución, el presidente serbio, Boris Tadic, instó al parlamento serbio a condenar la masacre de Srebrenica, pero eso puede ser difícil de lograr debido a que los grupos nacionalistas continúan negando la masacre. Dijo que era "muy importante para Serbia y sus ciudadanos" que Serbia no fuera encontrada culpable, pero lamentó que Serbia fuera mencionada una vez más en el contexto de crímenes de guerra y genocidio.
En una declaración después de la sesión, la juez Higgins observó que los hallazgos no satisficieron completamente a ninguna de las partes. "Por supuesto, eso no significa que la corte haya estado tratando de llegar a un compromiso político", dijo.
De todos modos, la resolución, incluso si se basa estrictamente en la ley, se acerca bastante al deseo de países occidentales que quieren hacer de Serbia un país miembro de la comunidad europea más amplia, antes que mantenerlo aislado como un país paria, acusado de genocidio, y presenciar el fortalecimiento de sus grupos nacionalistas fanáticos.
El año pasado la OTAN invitó a Serbia a incorporarse a su operación Asociación para la Paz y algunos países europeos quieren empezar las conversaciones con Belgrado para su ingreso a la Unión Europea, y algunos están exigiendo que primero localice y entregue al general Mladic, acusado de genocidio por el tribunal de crímenes de guerra de Naciones Unidas.
El tribunal declaró que Serbia debía acatar la Convención sobre el Genocidio, exigiendo que se castigue a los acusados, e instó a hacerlo de inmediato. La resolución del tribunal podría reforzar a los serbios que quieren liberarse de la carga de mantener al general Mladic como fugitivo en Serbia.
Pero la última palabra sobre el papel de la dirigencia serbia en la guerra de Bosnia no se ha dicho todavía. Aunque Milosevic murió el año pasado antes del fin de su juicio de cuatro años, otros importantes líderes políticos y militares serbios deben todavía ser enjuiciados por el tribunal para la antigua Yugoslavia.
El tribunal tiene en su poder los archivos de tiempos de guerra del Consejo Supremo de Defensa, que incluye a los líderes políticos y militares de la antigua Yugoslavia, entre ellos Milosevic. Funcionarios del tribunal dijeron que parte de las minutas de las reuniones fueron tachados y han desaparecido secciones enteras. Pero sin embargo las minutas todavía entregan bastante información sobre cómo los líderes serbios "manejaban su ejercito por encargo" en Bosnia, dijo un funcionario del tribunal.
Serbia llegó a un acuerdo con el tribunal de que sólo sus jueces y abogados podían consultar los archivos, por lo que no pudieron ser utilizados en las demandas en el tribunal internacional. En su veredicto del lunes, los jueces enfatizaron que no habían podido acceder a ellos.
Abogados de Bosnia trataron de convencer al tribunal de que el modo en que se cometieron las atrocidades en muchas comunidades en Bosnia demostraban la intención de cometer genocidio, no solamente matando, encarcelando y deportando a la población, sino también destruyendo las evidencias de su presencia. Andras Riedlmayer, un historiador que testificó para Bosnia, dijo que la campana serbia para purgar 26 municipalidades de Bosnia de sus habitantes no serbios había logrado destruir o arruinar 958 mezquitas y cerca de 300 iglesias y monasterios católicos.
Pero los jueces determinaron que demostrar un esquema en la conducta o en las atrocidades era "demasiado amplio" para satisfacer la definición de genocidio. El crimen de genocidio exige que se demuestre convincentemente que exista un plan específico o la intención específica de destruir a un grupo, o parte de él, resolvieron.
En lo esencial, dejaron sin respuesta una pregunta que se formuló a menudo en La Haya: ¿en qué momento se transforma la limpieza étnica en genocidio?

1 de marzo de 2007
27 de febrero de 2007
©new york times
©traducción mQh
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