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envenenan a ex espía


El envenenamiento de un ex espía puede haber sido provocado por su investigación del asesinato de Anna Politkovskaya.
Londres, Gran Bretaña. Un ex espía ruso envenenado en Gran Bretaña y ahora hospitalizado y protegido por una guardia armada, puede haber sido atacado debido a sus críticas a antiguos colegas y su investigación del asesinato de un prominente periodista anti-Kremlin, dijeron el domingo amigos y otros disidentes.
El coronel Alexander Litvinenko, un ex agente de la KGB, dijo el 1 de noviembre -la semana pasada- que se sentía mal después de una cena con un contacto que afirmaba tener detalles sobre el asesinato de Anna Politkovskaya, la periodista rusa asesinada a balazos en Moscú el 7 de octubre.
Un doctor que examinó a Litvinenko dijo a la BBC que los análisis mostraban que había sido envenenado con talio -un metal tóxico que se utiliza en el veneno para ratas. Se encuentra ahora con guardia armada en el University College Hospital de Londres.
Litvinenko se mudó de Rusia a Gran Bretaña hace seis años y se ha convertido en un declarado crítico del Kremlin.
En una entrevista con el Sunday Times antes de que empeorara, Litvinenko dijo que había almorzado con un contacto italiano que aseguraba tener información sobre el asesinato de Politkovskaya, que no ha sido resuelto.
Agencias de prensa británicas han identificado al contacto como Mario Scaramella, un académico universitario que ayudó a investigar las actividades de la KGB en Italia durante la Guerra Fría.
La policía ha iniciado una investigación del envenenamiento, dijo un portavoz.

20 de noviembre de 2006
©associated press
©traducción mQh
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murió markus wolf


[Jeffrey Fleishman] Murió a los 83 años el jefe del espionaje de Alemania del Este, llamado ‘el Hombre Sin Cara'.
Varsovia, Polonia. Markus Wolf, el jefe de espías que personificó el espionaje de la Guerra Fría como director del brutal e inventivo servicio de contraespionaje de Alemania del Este, murió el jueves en su casa en Berlín. Tenía 83 años. No se anunció la causa de su muerte.
Suave y escurridizo, Wolf fue un gran enigma para los servicios de inteligencia occidentales, que no sabían exactamente cómo se veía durante las tensas décadas que se vivieron cuando una dividida Alemania era un refugio de agentes y agentes dobles en la guerra por información entre Moscú y Washington. Wolf era conocido como ‘el Hombre Sin Cara', que más tarde se convirtió en el título de su autobiografía.
Dirigía a cuatro mil espías, muchos de los cuales infiltraron la policía y las fuerzas armadas de Alemania occidental, y corporaciones como Siemens e IBM. Uno de sus grandes golpes de inteligencia fue plantar a Gunter Guillaume como ayudante del canciller de Alemania federal, Willy Brandt. Guillaume fue descubierto, obligando a un avergonzado Brandt a renunciar en 1974. Wolf también dirigía a los agentes ‘Romeo', que seducían a secretarias del gobierno para conseguir documentos y expedientes.
Wolf, cuyos espías descubrieron los planes para la ubicación de los misiles norteamericanos en los años setenta y ochenta, escribió en sus memorias que Alemania "era una inmensa red de conexiones declaradas y no declaradas, vergüenzas secretas y lealtades encubiertas a derecha e izquierda. Nada era seguro, no se podía confiar en nadie completamente, las apariencias engañaban".
Las proezas de sus agentes, que cruzaban el Muro de Berlín y penetraban a Occidente, le daban un aire romántico en el extranjero, especialmente con la popularidad de las novelas de John Le Carré. Pero en casa en la comunista Alemania del Estte, el servicio de contraespionaje de Wolf estaba conectado con la Stasi -la vilipendiada policía secreta responsable del encarcelamiento, muerte y desaparición de miles de alemanes. Más tarde Wolf reconoció que su servicio había colaborado con grupos violentistas, incluyendo al Ejército Republicano Irlandés y al grupo Ejército Rojo de Alemania federal.
Marianne Birthler, directora del archivo de la Stasi, dijo a la prensa alemana: "Lamento que haya dejado este mundo sin tener que enfrentarse a su pasado y declararse responsable".
Ex periodista y diplomático nacido el 19 de enero de 1923, en Hechingen, una pequeña ciudad al sudoeste de Alemania, Wolf no tenía treinta años cuando se convirtió en el jefe de la inteligencia de Alemania comunista en 1952. Los dossiers de espías occidentales lo describían como un hombre de extraordinaria inteligencia, ingenioso y elegante. Asombró al mundo del espionaje el 6 de febrero de 1987 cuando apareció en el diario del partido Neues Deutschland en Alemania del Este una nota de ocho renglones: "El general Markus Wolf, que a petición propia abandona el servicio activo del ministerio de Seguridad del Estado, ha recibido expresiones de gratitud y reconocimiento..."
Tras el colapso del Muro de Berlín, Wolf escapó a Rusia, donde había pasado gran parte de su infancia con su padre, un dramaturgo judío, y su madre comunista que huyeron de Alemania en 1933.
La CIA ofreció a Wolf una nueva identidad y una casa en California a cambio de su colaboración para terminar con los infiltardos soviéticos. Rechazó la oferta y en 1991 se entregó voluntariamente a las autoridades de Alemania occidental. Fue juzgado y encontrado culpable de traición, pero la sentencia fue revocada. Fue más tarde condenado por cargos de secuestro en un segundo juicio y condenado a dos años de prisión en sentencia suspendida.
En sus últimos años Wolf publicó un libro de cocina sobre gastronomía rusa y escribió sus memorias. Ocasionalemente dictaba charlas y cedía entrevistas a la televisión en un intento de rehabilitar su reputación después de la reunificación alemana. Una vez dijo a Reuters: "No puedo decir que esté orgulloso de lo que hice. No lo estoy. Pero no creo que haya vivido por nada".
Le sobreviven su esposa, tres hijos y una hijastra.

jeffrey.fleishman@latimes.com

Petra Falkenberg y Christian Retzlaff contribuyeron a este artículo.

10 de noviembre de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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murió j.j. servan-schreiber


J.J. Servan-Schreiber, 82, co-fundador de la revista francesa L'Express.
Jean-Jacques Servan-Schreiber, 82, que co-fundó el semanario francés L'Express y llamó a Europa a emular a Estados Unidos, murió el martes tras complicaciones con una bronquitis, en Fecamp, en el noroeste de Francia.
Tras trabajar como periodista en asuntos internacionales en el diario Le Monde, Servan-Schreiber co-fundó L'Express en 1953 con la periodista Françoise Giroud. Comenzó como un suplemento semanal de Les Echos, un diario financiero fundado y dirigido por el padre de Servan-Schreiber, Émile, y su tío Robert.
L'Express se convirtió pronto en una revista noticiosa, impulsada por su temprano respaldo a la retirada de Francia de sus colonias.
Servan-Schreiber fue también conocido durante la Guerra Fría por su apoyo a Estados Unidos y la economía de libre mercado. Colocó en la portada a John F. Kennedy en los años cincuenta, mucho antes de que llegara a ser presidente, y viajó para reunirse con Kennedy cuando este ejercía su cargo, contó su hijo.
En 1967 Servan-Schreiber publicó el popular ensayo ‘El desafío americano', que detallaba los mecanismos de una lucha por el poder en la economía que libraban Europa y Estados Unidos.
Servan-Schreiber vendió L'Express en 1977 y escribió ‘El desafío mundial' en 1980, una secuela de su ensayo. El libro destaca los innovadores estudios en tecnología en la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh, donde vivió con su familia de 1984 a 1995.

9 de noviembre de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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alemanes simpatizan con el mal


Un cuarto de los alemanes simpatiza con la extrema derecha.
Leipzig, Alemania. Uno de cada cuatro alemanes tiene opiniones de extrema derecha. También las personas que se consideran ‘de izquierdas' no rechazan todas las expresiones de la extrema derecha.
Así se desprende de una investigación de la fundación alemana Friedrich-Ebert, de la que la prensa alemana presentó el miércoles los resultados. Casi un cuarto de los habitantes de la república alemana son partidarios de un partido de unidad fuerte que personifique al pueblo alemán. También ha aumentado el nacionalismo. En algunas regiones casi la mitad de los ciudadanos se muestra hostil hacia los extranjeros.
De los casi cinco mil ciudadanos entrevistados, casi el 18 por ciento cree que la influencia de los judíos es demasiado grande. Casi un 15 por ciento piensa que Alemania necesita un líder de mano dura.
Los investigadores enfatizan que el concepto extrema derecha es engañoso. Sugiere que se trata de un fenómeno marginal. Pero las opiniones de extrema derecha atraviesan todas las capas de la población, todas las generaciones, todas las provincias y los votantes de todos los partidos, según los investigadores de la universidad de Leipzig.

9 de noviembre de 2006
©het parool
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fantasma de la intolerancia en europa


[Dan Bilefsky y Ian Fisher] En Europa, preocupación por el Islam se extiende hacia el centro del espectro político.
Bruselas, Bélgica. Europa parece estar cruzando una línea invisible con respecto a sus minorías musulmanas: hay cada vez más gente de opiniones políticas tradicionales, alegando que el Islam es irreconciliable con los valores europeos.
"Ya ves lo que pasó con el Papa", dice Patrick Gonman, 43, propietario de Raga, una original cantina de vinos en el centro de Amberes, a 40 kilómetros de aquí. "Dijo que el Islam era una religión agresiva. Y al día siguiente, mataron a una monja no sé dónde, probando que tenía razón".
"Se acabó la racionalidad".
Gonman no es un extremista. De hecho, la semana pasada organizó una protesta en la que veinte bares y restaurantes cerraron sus puertas una noche cuando un partido de extrema derecha realizó una manifestación anti-musulmana en el vecindario.
Su preocupación la comparten otros moderados en toda Europa, indignados por los atentados terroristas cometidos en nombre de la religión en un continente que los ha abandonado, e inquietos de que toda crítica del Islam o de los musulmanes provoque amenazas de violencia.
Durante años los que han elevado sus voces eran en su mayor parte de extrema derecha. Ahora la gente vista normalmente como moderada -gente corriente lo mismo que políticos- se están preguntando si los valores antes considerados básicos, de la tolerancia y el multiculturalismo, no deberían tener límites.
El ex ministro de Relaciones Exteriores, Jack Straw, un importante político laborista, pareció resumir el momento cuando escribió, la semana pasada, que se sentía incómodo hablar con mujeres cuyas caras estaban cubiertas por un velo. El velo, escribió, es una "declaración visible de la separación y la diferencia".
Cuando el mes pasado el Papa Benedicto XVI leyó un discurso que incluía una cita en la que se calificaban aspectos del Islam como "crueles e inhumanos", desencadenó sentimientos similares. Los musulmanes lo reprendieron por estigmatizar su cultura, mientras que los no-musulmanes lo aplaudieron por decir valientemente la verdad.
La línea entre la crítica abierta de otro grupo o religión y la intolerancia puede ser angosta, y muchos musulmanes temen que se esté cruzando cada vez más.
Cualquiera sean los motivos, "la realidad es que, a ambos lados, las opiniones se están radicalizando", dijo el imán Wahid Pedersen, un prominente danés que se convirtió el Islam. "Atacar al Islam se ha convertido en políticamente correcto, y conservar la calma se hace difícil para los moderados de los dos lados". Pedersen teme que los moderados de antaño estén acosando a los musulmanes, los mismos que dicen que deberían integrarse en Europa.
Las preocupaciones sobre el extremismo son reales. El partido belga de extrema derecha, Vlaams Belang, obtuvo el 20.5 por ciento de los votos en las elecciones del domingo pasado, cinco puntos porcentuales más que en 2000. En Amberes, su base, sin embargo, sus rendimientos apenas si mejoraron, sugiriendo a algunos expertos que su auge ya alcanzó su punto máximo.
Este mes en Austria los partidos de extrema derecha también obtuvieron buenos resultados electorales, con una campaña de promesas que rara vez se habían expresado abiertamente: que Austria debería empezar a deportar a sus inmigrantes. El Vlaams Belang también ha sugerido la "repatriación" de los inmigrantes que no hacen esfuerzos por integrarse.
La idea es impensable para los líderes tradicionales, pero, sin embargo, muchos musulmanes temen que el día en que ocurra -o al menos un debate sobre el tema- puede estar apenas a un atentado terrorista de distancia.
"Creo que ocurrirá", dice Amir Shafe, 34, un paquistaní que se gana decentemente la vida vendiendo ropa en un mercado de Amberes. Deplora el terrorismo y dice que él mismo no ha sentido hostilidad en Bélgica. Pero, dijo: "Ahora estamos pensando en volver a nuestros países, antes de que eso ocurra".
Muchos expertos observan que existe una profunda y conflictiva historia entre el Islam y Europa, con los cruzados y el Imperio Otomano empujándose mutuamente durante siglos y definiendo violentamente las fronteras de la cristiandad y del Islam.
Un sentimiento de culpa en torno al pasado colonial de Europa y luego la Segunda Guerra Mundial, cuando la intolerancia se convirtió en genocidio, permitió que ocurriera una numerosa inmigración sin debates incómodos sobre las diferencias reales entre inmigrantes y anfitriones.
Entonces los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, despertaron en Europa una nueva conciencia y preocupación.
Los atentados con bomba posteriores en Madrid y Londres, y el asesinato del cineasta holandés Theo van Gogh por un holandés de origen marroquí, destacan como ejemplos de ese extremo. Pero muchos europeos -incluso aquellos que normalmente apoyan la inmigración- han empezado a hablar más francamente sobre las diferencias culturales, específicamente sobre las enraizadas creencias religiosas y normas sociales de los musulmanes, que son mucho más conservadoras que las de la mayoría de los europeos, sobre temas como los derechos de la mujer y la homosexualidad.
"Un montón de gente progresista -no estamos hablando de los nacionalistas ni de la extrema derecha- están diciendo: "Ahora tenemos esta religión, que es importante y que pone en aprietos los principios que aprendimos en los años sesenta y setenta, dice Joost Lagendijk, miembro del Partido Verde holandés en el Parlamento Europeo, que trabaja en temas musulmanes.
"Así que existe el temor", dice, "de que estamos retrocediendo en una máquina del tiempo y que tenemos que explicar a nuestros inmigrantes que hombres y mujeres son iguales, y que los homosexuales deben ser tratados civilizadamente. Existe la sensación de que tenemos que hacerlo de nuevo".
Ahora los europeos están debatiendo sobre los límites de la tolerancia: la derecha con creciente estridencia, y con algunas reservas la izquierda.
En sus últimas elecciones los austriacos se quejaron sobre las escuelas públicas de Viena, por estar casi llenas de alumnos musulmanes, y acusaron a los últimos gobiernos de permitir que ocurriera.
Algunos musulmanes holandeses han expresado su respaldo a los rebeldes en Irak por sobre los soldados holandeses allá, basándose en la teoría de que su primera lealtad la deben a un país musulmán que está invadido.
Tan fuerte es el sentimiento de que los valores holandeses de la tolerancia están bajo sitio, que en el invierno pasado el gobierno introdujo un cursillo sobre esos valores para los inmigrantes recién llegados a Holanda: un DVD que muestra por breves instantes a una mujer desnuda y a dos hombres besándose. La película no menciona explícitamente a los musulmanes, pero la audiencia que tiene en mente es tan clara como su mensaje: asimila nuestra cultura o lárgate.
Quizás lo más angustiante ha sido el tema de la libertad de expresión y prensa, y el creciente temor de que toda crítica del Islam pueda provocar violencia.
El mes pasado en Francia, un profesor de la secundaria decidió ocultarse después de recibir amenazas de muerte por escribir un artículo en el que llama "un cruel señor de la guerra, un saqueador, un asesino de judíos y un polígamo" al profeta Mahoma. En Alemania, una ópera de Mozart con una escena en la que se exhibía la cabeza cercenada de Mahoma, fue suspendida por temores por la seguridad.
Con cada nuevo incidente, los líderes tradicionales hablan más francamente. "La auto-censura no nos protege de gente que quiere usar la violencia en nombre del Islam", dijo la canciller Angela Merkel, de Alemania, criticando la suspensión de la ópera.
"Contenerse no tiene sentido".
La reacción se manifiesta de otros modos. El mes pasado el ministro del Interior británico, John Reid, llamó a los padres musulmanes a vigilar más estrechamente a sus hijos. "No se puede decir esto de manera más simpática", dijo a un grupo musulmán en East London. "Esos fanáticos están tratando de preparar y de indoctrinar a los niños, incluyendo a los vuestros, para cometer atentados suicidas, prepararlos para matarse a sí mismos y matar a otros".
Muchos musulmanes dicen que este nuevo ánimo está imponiendo repentinamente expectativas que no existían antes, de que los musulmanes deben ser exactamente iguales a sus anfitriones europeos.
Dyab Abou Jahjah, un activista libanés nacido aquí en Bélgica, dijo que durante años los europeos habían enfatizado "la ciudadanía y los derechos humanos", la idea de que los inmigrantes musulmanes tenían la responsabilidad de acatar la ley, pero que de otro modo podían vivir con sus tradiciones.
"Luego llegaron otros y dijeron que hay más diferencias que esas", dice Jahjah, que se opone a la asimilación. "Tienes que deshacerte de tu cultura y de tu religión. Ahora se trata de otra cosa".
Lianne Duinberke, 34, que trabaja en un supermercado racialmente mixto en la parte norte de Amberes, dijo: "Antes yo estaba ansiosa de decirle a la gente que estaba casada con un musulmán. Ahora titubeo". Ha estado viviendo con su esposo tunecino durante los últimos 12 años, y tienen tres hijos.
Muchos europeos, dijo, no aceptan a los musulmanes, especialmente después del 11 de septiembre de 2001. Por otro lado, dijo, los musulmanes son en realidad culturalmente diferentes: Ninguna explicación sobre la libertad de expresión podría convencer a su marido de que la publicación de unas caricaturas sobre Mahoma en un diario danés, se justificaba de algún modo.
Cuando se le preguntó si era optimista o pesimista con respecto al futuro de la inmigración musulmana en Europa, lo pensé dos veces.
Finalmente sonrió débilmente. "Estoy tratando de ser optimista", dijo. "Pero si ves los problemas que hay en todo el mundo, no puedes serlo".

Dan Bilefsky informó desde Bruselas, y Ian Fisher desde Roma. Sarah Lyall y Alan Cowell, de Londres; Mark Landler, de Frankfurt; Peter Kiefer, de Roma; Renwick Malean, de Madrid; y Maia de la Baume, de París, contribuyeron a este artículo.

11 de octubre de 2006
©new york times
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neonazis en parlamento regional


Alemania no prohíbe a los neonazis. Ahora han llegado a un parlamento regional.
Rotterdam, Holanda. Los neonazis en Alemania han logrado por segunda vez en dos años introducirse en un parlamento regional. El Nationaldemokratische Partei Deutschlands NPD, de extrema derecha, superó en las elecciones regionales del parlamento de Meclenburg-Vorpommern, al este de Alemania, el umbral electoral del cinco por ciento. Las elecciones fueron ganadas por el gobernante SPD. Los social-demócratas ganaron también las elecciones regionales simultáneas en la capital Berlín.
Ayer noche, tras el conteo de prácticamente todos los votos en ‘Meck-Pom', el NPD contaba con casi un siete por ciento de los votos. Los neonazis, presentes en el parlamento de Saksen al este de Alemania desde 2004, se aprovechan del descontento de muchos habitantes como consecuencia del enorme desempleo en la antigua Alemania del Este.
El partido neonazi propugna medidas duras contra los inmigrantes y relativiza el pasado nazi. Un intento del gobierno anterior de prohibir el NPD fue desbaratado en 2003 por un veto del Tribunal Constitucional.
Las elecciones en Mecklenburg-Vorpommern fueron ganadas por el SPD. Los social-demócratas perdieron casi un diez por ciento de los votos en comparación con las elecciones anteriores, pero siguen siendo indispensables para la formación de una coalición de mayoría. En Mecklenburg-Vorpommern gobierna desde 1998 una coalición ‘rojo-roja' del SPD y PDS, los sucesores del partido comunista de la antigua DDR. Según resultados parciales, la coalición rojo-roja habría obtenido una estrecha mayoría.
En Berlín ganó el gobernante SPD con una amplia mayoría. Los social-demócratas obtuvieron, con el liderazgo del popular alcalde Klaus Wowereit, casi un 30 por ciento de los votos. El CDU de oposición alcanzó el veinte por ciento.
Los malos resultados de los demócrata-cristianos en las dos elecciones -también en ‘Meck-Pom' estuvieron los resultados del CDU por debajo de las expectativas-, reflejan posiblemente el descontento de muchos alemanes por la lentitud con que el gobierno federal de la canciller del CDU, Merkel, introduce reformas largo tiempo esperadas.
El SPD de Berlín se niega a comprometerse en la continuación de la actual coalición, que como en ‘Meck-Pom', está formada por el SPD y PDS. Muchos social-demócratas reprochan al PDS no haberse pronunciado nunca claramente sobre los abusos en la antigua Alemania comunista.

18 de septiembre de 2006
©nrc-handelsblad
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inmigrantes inquietos en inglaterra


[Kim Murphy] Recientes allanamientos sobre presunta trama para hacer explotar aviones de pasajeros arroja sombras sobre las actitudes hacia los musulmanes y otros trabajadores extranjeros.
Birmingham, Inglaterra. Azmat Begg lo ha observado en las últimas semanas, cuando hace su caminata de todos los días, que ha hecho siempre en el mismo parque en los últimos treinta años.
Nadie lo mira a los ojos.
Durante años, Begg ha sido aquí en la comunidad comercial de Birmingham, una cara conocida. Trabajó primero como banquero, y luego como corredor de propiedades. Incluso cuando su hijo fue arrestado en Pakistán en 2002, y enviado a Bahía Guantánamo en Cuba, incluso después de los atentados con bomba del verano pasado en Londres, sus conocidos británicos lo saludaban, le daban la mano, le preguntaban cómo estaba su familia.
Todo eso cambió el 10 de agosto, cuando más de dos docenas de británicos musulmanes, incluyendo al menos a dos de Birmingham, fueron arrestados durante allanamientos en lo que la policía describe como el desbaratamiento de una conspiración para hacer explotar aviones de pasajeros con explosivos líquidos.
"Nunca antes vi sentimientos tan intensos como ahora", dice Begg, que creció en Afganistán. "Ahora voy al parque para mi paseo, y me doy cuenta de que la gente me mira. Pero si los miro, dan vuelta la cara".
La alarma pública sobre las detenciones ha hecho más profunda una extendida sensación de inquietud sobre la inmigración en Gran Bretaña, que el año pasado vivió su mayor incremento demográfico en 40 años, impulsado principalmente por los nuevos inmigrantes y las numerosas familias de los antiguos inmigrantes.
Gran parte de la reciente afluencia proviene de la expansión hacia el este de la Unión Europea. Del más de un millón de nuevos inmigrantes que se han inscrito para trabajar en Gran Bretaña en los últimos dos años, unos 600 mil provienen del antiguo bloque comunista.
Pero al menos de momento, las crecientes tensiones sociales se han concentrado en las comunidades paquistaní e india que se han convertido cada vez más en una parte prominente del paisaje en lugares como Birmingham, que se espera que tenga una mayoría de población no blanca dentro de veinte años.
Incluso el gobernante Partido Laborista, que ha celebrado el multiculturalismo y los beneficios económicos de la fuerza laboral extranjera, mostró signos de una fundamental reformulación el mes pasado cuando la secretaria del Gobiernos Locales, Ruth Kelly, dijo que había llegado la hora de realizar un debate nacional sobre la inmigración e integración.
"En nuestro intento de evitar la imposición de una sola identidad y cultura británicas, hemos terminado con algunas comunidades que viven aisladas unas de otras, sin vínculos comunes entre ellas", dijo.
Aquí en Birmingham es fácil trazar la geografía social. Los británicos blancos viven en frondosos vecindarios con grandes casas y amplios jardines, o en barrios de clase media como Weoley Castle, donde los jubilados holgazanean en alegres plazas públicas y jóvenes matones arrojan piedras contra los taxistas paquistaníes que se atreven a entrar al barrio.
Los asiáticos viven hacinados en casas pequeñas en atiborrados barrios como Small Heath y Alum Rock, cuyas calles comerciales se ven llenas de carnicerías halal, puestos de kebab, librerías musulmanas y mezquitas con pintadas en la puerta principal.
En su mayor parte, Birmingham ha escapado a las tensiones raciales que estallaron en disturbios en varias ciudades del norte de Inglaterra en 2001, en los que cientos de personas resultaron heridas. Una excepción fue un pequeño conflicto que estalló en el otoño pasado cuando se esparcieron rumores de que una joven negra había sido violada por una pandilla en un salón de belleza asiático. Un empleado de ordenadores afro-caribeño, Isaiah Young-Sam, fue asesinado por una pandilla de asiáticos durante la violencia.
Más a menudo, la amistad y las asociaciones comerciales han transcendido los límites étnicos.
Pero muchos dicen que eso ha empezado a cambiar desde la detención el mes pasado de Tayib Rauf, 22, por sospechas de estar implicado en una presunta trama para hacer explotar aviones de pasajeros en vuelos transatlánticos. Su hermano Rashid, que vive en Pakistán desde 2004, era una figura clave en la conspiración, dijeron aquí funcionarios policiales.
Amigos y vecinos han reafirmado la inocencia de Tayib Rauf, diciendo que era un joven profundamente religioso y agradable, que pasaba la mayor parte del tiempo trabajando en la panadería de su padre. Fue dejado en libertad sin cargos a fines de agosto, pero después de que muchos en esta ciudad empezaran a tomar partido.
"He vivido aquí desde 1968. He vivido en otras ciudades. He vivido en Londres, he viajado por el mundo", dice Nassar Mahmood, miembro de la mezquita central de Birmingham. "Birmingham es la única ciudad donde la gente de diferentes comunidades vivía en un ambiente de amistad. Hay amistades. No diría que había armonía total, pero había mucha aceptación y respeto mutuo.
"Pero este caso ha creado definitivamente una especie de histeria de masas. Francamente, los musulmanes han empezado a ser demonizados, hasta el punto que ahora es muy difícil ser musulmán".
Como en otras partes de Inglaterra, en Birmignham los temas de la inmigración, la economía, la raza y la religión están siendo arrejuntados en estos días, y los inmigrantes -y sus hijos y nietos nacidos en Gran Bretaña- están siendo acusados de apropiarse de los trabajos y de la seguridad social.
"Años atrás, cuando teníamos montones de trabajos, les permitimos que vinieran. Se suponía que debían integrarse en nuestra sociedad, pero nunca lo hicieron. No quisieron integrarse, y ahora mira todas las mezquitas que hay por aquí", dice Walter O'Hare, un jubilado de Weoley Castle.
"Es el error más grande que hemos cometido. ¡Ahora son ciudadanos británicos! ¿Qué podemos hacer? No podemos deportarlos", dice su amigo Jack O'Donohue, 64, carpintero.
Begg, un cortés hombre de voz suave que a menudo lleva un conservador traje de hombre de negociosl, incluso aunque no se dirija a su trabajo, pasó años tratando de obtener la libertad de su hijo Moazzam, que fue detenido por asistir a lo que dijo que eran campamentos no terroristas en Afganistán. Después de pasar casi tres años en cautiverio en Guantánamo, sin ser acusado de nada, el joven fue dejado en libertad.
Sus otros hijos, dijo Begg, han tenido infancias agradables y normales en Gran Bretaña. Begg llegó a Inglaterra hace 40 años como empleado de un banco paquistaní, y se quedó. A medida que pasaron los años, empezó a viajar cada vez menos a Pakistán. La mayoría de sus familiares murieron; sus hijos no estaban seguros de qué era.
"Esta tercera generación... son ingleses", dice Begg. "No quieren saber nada de Pakistán o India. ‘¿Qué estás diciendo? Olvídate', dicen. ‘Países del Tercer Mundo'. No quieren hablar la lengua, no les interesa la cultura, son británicos y occidentales".
De hecho, muchos asiáticos aquí miran con desconfianza a los europeos del Este que están llegando en tropel, y se preocupan de los miles más que pueden llegar si la Unión Europea se expande todavía más para incluir a Bulgaria y Rumania.
Amardeep Bassey, que escribe sobre la comunidad musulmana de Birmingham para el Sunday Mercury, dijo: "Es realmente divertido ver a gente como mi padre decir que aquí hay muchos europeos del Este, y que les están robando los trabajos".
Pero la línea divisoria más intensa entre asiáticos y no asiáticos ha emergido sólo en los últimos años, a medida que los musulmanes británicos se han sentido cada vez más alienados por las políticas antiterroristas del país: el apoyo del gobierno a las guerras en Afganistán e Iraq, las investigaciones ocasionalmente torpes sobre musulmanes sospechosos que más tarde son declarados inocentes.
Con sus extensos reportajes sobre la comunidad musulmana, incluyendo a los grupos radicalizados que empiezan a atraer a grandes cantidades de gente joven, Bassey dice que se ha convencido de que los cientistas sociales británicos se equivocan cuando advierten que los musulmanes jóvenes y desempleados son atraídos por los grupos extremistas.
"No necesitan preocuparse de ese pobre chico musulmán que no consigue trabajo. Ese es el tipo que va a llevar la bomba, okay, pero lo que este país tiene que hacer es preocuparse de gente como yo", dice Bassey. "Asiáticos de segunda generación que somos educados, que sabemos cómo utilizar el sistema para ayudar a sus hermanos en Pakistán. Tipos que todavía no hemos sido ascendidos, que todavía nos sentimos apartados, pero que sabemos cómo movernos y cómo seguir el juego -acomodados, educados, pero indignados".
Jahan Mahmood, un uzbek étnico que trabaja con delincuentes juveniles musulmanes, dijo que les dice a muchos de ellos de que sus enraizados prejuicios sobre los occidentales son inapropiados, y que las similitudes entre las dos culturas religiosas son más profundas que las diferencias.
Pero dijo que a medida que los jóvenes musulmanes se sienten cada vez más frustrados, su mensaje de conciliación es más difícil de defender.

kim.murphy@latimes.com

16 de septiembre de 2006
©los angeles times
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murió joachim fest


[Wolfgang Saxon] Era experto en Hitler. Murió a los 79 años.
Joachim Fest, periodista alemán y autor conocido internacionalmente por sus biografías e interpretaciones de Hitler, Albert Speer y el régimen que personificaban, murió el lunes en Kronberg-im-Taunus, su ciudad natal, cerca de Frankfurt-am-Main. Tenía 79 años.
Su muerte fue anunciada por el Frankfurter Allgemeine Zeitung, el diario conservador de circulación nacional, del que se retiró en 1993 cuando era su co-editor y director de las páginas culturales. El periódico no mencionó la causa de su muerte.
Considerado como políticamente conservador, Fest se negaba a ser etiquetado. Lo que estaba claro era su estatura como escritor autorizado y uno de los analistas más respetados y claros del período nazi de Alemania.
Dejó una marca indeleble con su comprehensiva biografía de Hitler, de 1973, que salió en Estados Unidos al año siguiente bajo el título ‘Hitler: A Biography' (Harcourt) [Hitler. Una biografía]. Ha sido reimpresa recientemente en 2000, y sigue siendo un valioso trabajo de referencia, así como una sólida introducción para los lectores corrientes.
La primera biografía importante de Hitler escrita por un alemán, dedica menos espacio a detallar los crímenes del régimen nazi en sus últimos años de destrucción y auto-destrucción que a explicar el fenómeno de Hitler y su inverosímil ascenso al poder.
"Fest", escribió Walter Clemons en The New York Times Book Review, "ofrece una imagen convincente del visionario y dramático atractivo de este personaje para el pueblo alemán y la astucia táctica con la que se deshizo de sus adversarios durante la década de 1929 a 1939.
"Que la Segunda Guerra Mundial ocupe apenas 150 páginas finales del largo libro de Fest despertó sospechas en los lectores norteamericanos", continuó. "Pero no esquivó ninguna pregunta".
En la perspectiva de Fest, escribió Clemons,"Hitler era un hombre derrotado cuando empezó a llegar a su cénit".
Joachim Fest había descrito el contexto en un trabajo anterior, aclamado por la crítica: ‘The Face of the Third Reich: Portraits of the Nazi Leadership' (Pantheon, 1970), en el que hizo el retrato de los dieciocho principales jefes nazis de esa época.
Aunque que muchos libros de Fest giraron sobre tópicos tan diversos como ‘Der Ring des Nibelungen' de Richard Wagner, viajes por Italia y reflexiones filosóficas sobre la vida y la historia, volvió a los años de la guerra con ‘Plotting Hitler's Death: The Story of the German Resistance' (Holt, 1996) y ‘Inside Hitler's Bunker: The Last Days of the Third Reich' (Farrar, Straus; 2004).
Su ‘Speer: The Final Verdict' (Harcourt, 2002), estudió cómo Speer, arquitecto y culto miembro de la burguesía, fue seducido por Hitler, que lo eligió para diseñar las grandiosas estructuras que anhelaba para el Tercer Reich. También se convirtió en el ministro de armas del régimen y cumplió veinte años en la cárcel de Spandau, en Berlón, por haber supervisado el uso del trabajo de esclavos.
Joachim Fest nació en Berlín el 8 de diciembre de 1926. Su padre, un maestro, perdió su trabajo por oponerse a los nazis. Fest describe su educación en sus memorias ‘Ich nicht', que saldrá en las próximas semanas, de acuerdo al Frankfurter Allgemeine. Narra que se presentó voluntariamente a la Wehrmacht para evitar ser enlistado por las Waffen SS. Criticó recientemente a Günter Grass, un opositor de izquierda de toda la vida, por haber ocultado que había sido reclutado por las Waffen SS.
Capturado, pasó un tiempo como prisionero de guerra de los norteamericanos. Estudió en las universidades de Frankfurt y Berlín y se dedicó al periodismo. Durante su vida trabajó en radio, la televisión, diarios y revistas, incluyendo el semanario Der Spiegel, antes de su período de veinte años con el Frankfutter Allgemeine.
Fest se casó en 1959 con Ingrid Ascher y tuvo dos hijos, Alexander y Nicolaus.

13 de septiembre de 2006
©new york times
©traducción mQh
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