Blogia
mQh

europa

áfrica y sus niños 2


[John Donnelly] Bidemi perdió a su madre y huyó de su padre. Hoy dirige una pandilla de niñas, huérfanas y escapadas, sableándose la vida en una villa miseria de Nigeria.

Playa de Kuramo, Nigeria. No era más que una casucha de cartón y bambú.
Pero para Bidemi Ademibo, 12, era todo. Durante más de dos meses, la casucha había sido un hogar para ella y otras ocho niñas. Algunas de ellas, como Bidemi, se habían escapado de casa. Otras eran huérfanas. Otras habían escapado de la esclavitud. Todas vivían por su cuenta.
Una mañana hace un año en esta villa miseria en la playa en los lindes sureños de Lagos, las nueve niñas miraban apáticas los restos de la casucha, palos carbonizados y los humeantes montones de cenizas. La noche anterior, una pandilla de hombres jóvenes habían echado gasolina sobre la casucha y encendido fuego. Las niñas despertaron con el calor y el humo, y se hicieron camino hacia la puerta, trepando unas sobre otras. Gritaron de miedo, sólo para ser silenciadas por los golpes de los hombres que esperaban fuera. Más tarde, las niñas se enteraron de que la pandilla estaba peleando con el dueño de la casucha por el control de la playa de Kuramo, y ellas eran simplemente un estorbo.
"Así piensa la gente aquí", dijo Bidemi, cuando sacaba espuma de un cojín quemado. "Todos sólo piensan en sí mismos, y en nadie más".
Bajo un cielo de un azul profundo, con el oleaje rugiendo en sus oídos, Bidemi y sus amigas entierran los dedos de los pies en la arena tibia. No saben dónde ir.
El motivo de la pelea no les interesa. Su casa ya no existe, y ellas están a la deriva. Otra vez.
Niñas como Bidemi son una vista inevitable en África, desde Senegal a Somalia, desde Egipto a Sudáfrica.
Una pobreza cada vez más aguda está llevando a muchas familias a echar a sus hijos a la calle a ganarse unos centavos por día. Las guerras y las enfermedades -el sida, en particular- han casi duplicado el número de huérfanos en el continente, de 3.5 millones en 1990 a casi 6 millones en 2001, y más millones hoy. Mientras que en el pasado estos huérfanos, abandonados y escapados habrían sido recogidos por familias extendidas, tribus y aldeas, la enorme cantidad de ellos ha barrido con esta tradición compasiva.
Y deben sobrevivir por sí mismos.
El año pasado, un reportero y un fotógrafo de Globe viajaron entre estos niños sobrevivientes y apuntaron sus historias: Niñas que no piensan dos veces en los peligros de vender sus cuerpos para pagarse una comida, y niñas que lo arriesgan todo por negarse a hacerlo. Un amable niño que confesó haber matado a otros niños para salvar su propia vida, y ahora se pregunta si acaso Dios le perdonará. Y una niña que perdió a sus dos padres, sólo para transformarse en la madre de sus hermanos menores y tener a cargo a su abuela -una matriarca, a los doce años.
Algunos de estos niños ruegan que algún adulto les ayude. Otros se aferran a su libertad.
Una niña menuda con sólo un ojo bueno, su izquierdo, está siempre al quite, mirando a su alrededor, atenta a la próxima oportunidad, y al próximo peligro.
Con el pelo corto, la pinta favorita de Bidemi es la camiseta sin mangas y pantalones bombachos o faldas sueltas; y a diferencia de muchas de sus amiguitas, rara vez se coloca pendientes. Muestra los primeros signos de que se está transformando en una mujer, y parece sentirse cómoda en la brecha entre la niñez y la adultez. Es tan popular con niñas de 10 como con jóvenes de 18.
Tiene algo especial, algo joven y frágil, y extrañamente indestructible. Su madurez, confianza en sí misma y conocimiento de la calle le ha ganado un séquito de seguidoras. Capta a la gente con sólo mirarla.
Pero aunque no le guste admitirlo, Bidemi es vulnerable. Se le nota a veces, cuando pone mala cara, o cuando alguien se burla de ella y la llama "tuerta", y ella se echa a llorar.
La playa de Kuramo, su mundo, es un estrecho tramo de arena, de sólo 120 metros de largo, atiborrada de gente que busca cualquier ventaja, por pequeña que sea. Aquí, Bidemi, con su magnética sonrisa, llama la atención. Las otras niñas, especialmente las de su edad, la ven como su confidente, su prestamista. La han visto librarse de casi todo. Y cuando fracasa, tiene el inexplicable don de escabullirse de las garras de los adultos que la han sorprendido en una mentira, o en algo peor.
Esta villa miseria es menos una comunidad que una colección de gente que tuvo problemas en otra parte y anda a la búsqueda de una nueva oportunidad en Lagos, una ciudad turbia y caótica de millones de habitantes que es el motor económico de Nigeria. La villa miseria de la playa en la de otro modo exclusiva Isla Victoria, a ocho kilómetros del centro de la ciudad, son realmente cinco aldeas conectadas con una población total de unas 15.000 personas. Ha sido un asentamiento ilegal por más de una generación, pero las autoridades no lo han demolido, en parte por temor a provocar disturbios.
No hay agua potable; los vendedores ambulantes la acarrean desde tierra firme y la venden a altos precios. No hay instalaciones sanitarias; una bahía que separa la faja de playa de la Isla Victoria es el retrete del pueblo. Y tampoco hay electricidad, aunque algunos se han colgado ilegalmente al tendido de la ciudad, conectando cables hacia sus casas.
Algunos en Kuramo sobreviven vendiendo pescado, que pescan en un canal contaminado en las cercanías o en el mar. Otros tienen pequeños negocios en sus casuchas. Pero la mayoría de las mujeres aquí venden su cuerpo para sobrevivir.
La buena vida está exasperantemente cerca, tan cerca que la pueden ver y oír -pero sin vivir en ella. Al otro lado de la bahía se ubican los hoteles más caros de África, donde una habitación corriente cuesta 320 dólares la noche, más que el salario anual de casi todos los que viven en Kuramo.

Un Niña Escapa de su Casa
Bidemi, ahora de 13, nació en un hospital justo al lado de la playa el 17 de enero de 1991. Su padre dijo que pesaba unos saludables 3 kilos y medio.
Su madre los abandonó cuando Bidemi tenía apenas 4 años; nunca le dijeron por qué ni adónde se había marchado, sólo que estaba en algún lugar de Lagos. Su padre, Ademibo Ogunyamoju, 46, no habla de su esposa, excepto para decir que es el demonio.
Ogunyamoju se volvió a casar poco después, y su segunda esposa y sus tres hijos viven en una desvencijada casucha sobre pilotes en la playa de Kuramo. Es una de las edificaciones más grandes de la aldea. Cuando Bidemi cumplió seis años, su padre la ponía a trabajar cuando no estaba en la escuela. Se dio cuenta de que era rápida con las matemáticas y la preparó para manejar sus múltiples negocios. Manejaba expertamente las cuentas de la venta de pescado, agua y licores, y de la recarga de baterías para motores. Durante sus ausencias, no era raro que ella manejara sumas de más de 50 dólares.
"Hice lo que pude por criarla", dijo su padre una tarde cuando reparaba una red de pesca. "Manejaba todo mi dinero, desde que era chica. Nunca sufrió conmigo. Le di un cuarto, la alimentaba, la envié a la escuela".
El padre, dijeron varios habitantes de la aldea, a menudo la castigaba duramente, a Bidemi y a su hermano mayor, Sunday, ahora de 21. La gente aquí tiene una alta resistencia a la violencia; no es raro en la aldea de la playa que las peleas terminen en los senderos de arena. Pero las golpizas de Ogunyamouju, cuando eran observadas por los vecinos, eran especialmente crueles.
"Tiene muy mal carácter", dijo Ade Alongo, 50, uno de los líderes del barrio. "Les pegaba con cualquier cosa que encontraba a la mano".
A veces, dijo Bidemi, su padre la golpeaba por las faltas más insignificantes. En otras ocasiones, admite, le robó dinero para comprar ropa o comida. Durante una paliza en 2001, dijo, la hebilla de su cinturón le dió en su ojo derecho, causándole una grotesca inflamación. Cuando finalmente logró abrirlo, ya no podía ver con él, dijo.
"Yo tenía diez años y mi padre y mi madrasta estaban buscando algo que era de uno de sus hijos y no lo podían encontrar", dijo, hablando en yoruba, la lengua dominante en esta parte de Nigeria. "Me acusaron de haberlo robado, y mi padre empezó a pegarme con el cinturón. Después de unos días mi ojo se había hinchado mucho, y me llevaron a un hospital. Querían operarme, pero mi padre se opuso".
En septiembre de 2003, después de terminar el quinto en la escuela primaria cerca de la playa, Bidemi se escapó de casa después de haber gastado unas 1.000 naira, el equivalente des 7 dólares con 25 centavos, del dinero de su padre, para comprarse dos blusas. Tenía miedo de que la golpeara.
Pero no llegó demasiado lejos. Terminó apenas a 150 metros de la casa de su padre, viviendo en un escondite con una pandilla de niñas. El padre dijo que durante las primeras semanas salió a buscarla todos los días, pero luego lo abandonó.
Niega haber golpeado a sus hijos y dijo que Bidemi había perdido la vista cuando fue atropellada por una motocicleta.
"¡Es una mentirosa!", gritó. "Nunca la he golpeado, nunca la he amenazado de ninguna manera".
Ogunyamoju se puso de mal humor. "Creo que la libertad que le di es lo que hizo que se descarriara. Se puso mala. Si la dejara vivir conmigo, me mataría. Fue mala desde el día mismo que nació. La traidora ataca a su propio padre".
No deja que ella se acerque a su casa, aunque dijo que le pagaría la matrícula escolar, que cuesta el equivalente de 120 dólares al año. Bidemi tampoco se acercaría a casa, ni aunque pudiera; le gusta demasiado su nueva independencia.
"A su edad, una niña que no pasa hambre, que no le falta nada, ¿qué hace para ganarse la vida? ¿A su edad? Pregúntele".
Se volvió hacia su red.

Con una Banda de Escapadas
En Kuramo, la pandilla de Bidemi cambia constantemente.
Seis meses después de que la casucha desapareciera entre las llamas, una niña volvió con su familia y otras tres se marcharon sin decir dónde. Pero varias otras niñas nuevas se han acercado.
Todavía andan juntas por la playa, a menudo haciendo el recorrido de varios restaurantes marítimos al aire libre con nombres como ‘De Genius' y ‘Black Ebony Spot'. Pero Bidemi extraña a sus viejas amigas.
"Éramos tan felices cuando jugábamos juntas", dijo. "La gente no nos molestaba. Nadie nos pegaba".
Bidemo y Sarah Olatunde, 12, estaban ahora durmiendo en lo que parece una videoteca. Tiene un piso de arena, un televisor en mal estado, y 60 videos, muchos de ellos hechos de películas de ‘Nollywood', hechas en Nigeria. El dueño, Lati Ganiu, 25, uno de los matones de Kuramo, permite que varias de las niñas vagabundas alojen en su tienda por la noche. A veces duermen ahí más de una docena de niñas.
Ganiu, cuya esposa y dos hijos viven en otro lugar de Lagos, tenía una novia de 18 años de la playa llamada Amuda Idris. La ronca joven dijo que había escapado hace ocho meses de una familia que la había comprado a su padre y luego obligado a vender cosas en la calle. Idris dijo que soñaba con que Ganiu se casara algún día con ella. Por sugerencia de Ganiu, había tomado a Bidemi bajo su custodia.
Ganiu dijo que Bidemi lo impresionó desde el principio. "Es muy, muy obediente y trabajadora", y podía hacer cálculos matemáticos sin usar los dedos, dijo. "Es muy inteligente, de verdad".
Dijo también que era humilde, sin las bravatas de muchas niñas de la playa.
Bidemi se quedaba a menudo en la choza de Ganiu porque se preocupaba de que la tienda no estaba segura. En varias ocasiones habían entrado chicos en la noche, dijo, y habían tratado de quitarle la ropa.
A veces Ganiu le da de comer, pero Bidemi dijo que la mayoría de las veces mendiga dinero a los extranjeros y nigerianos ricos en un centro comercial en las cercanías y en torno a los restaurantes en la playa. A diferencia de otras muchas niñas, dijo, no hace ‘contactos', o sexo, a cambio de dinero. "Nunca", dijo.
Dijo que todavía quiere ir a la escuela, y quedarse ahí varios años. "Quiero ser médico", dijo.
Durante un tiempo, la pandilla de Bidemi, cuyos miembros tienen entre 11 y 16 años, asistieron a una escuela en la playa gestionado por una iglesia local. Pero la iglesia había cerrado la escuela, y nadie sabía cuándo volverían a abrir.
Sin escuela, las niñas quedaron a la deriva. No había trabajo para ellas, en o fuera de la playa. Así que gorroneaban pequeñas sumas de dinero, la mayor parte de las veces a hombres o niños que conocían, y en raras ocasiones a parientes que vivían en las cercanías. Todo el dinero que obtenían lo gastaban de inmediato en galletas o en refrescos en alguna de las numerosas tiendas de Kuramo. Comida para una significaba comida para todas. Entre las niñas una norma ética no formulada es que el alimento se comparte.
Cuando satisfacían su hambre, y cuando no, el océano les hacía volver a ser niñas.
Tarde una noche, Bidemi e Idris llevaron a un grupo de 14 niñas y niños cerca de rompen las olas. La playa estaba llena de basura y magníficas cáscaras de naranja. Jugaron a la rayuela, bailaron, cantaron, y a una señal de Bidemi, corrieron a toda velocidad hacia el mar. Al principio se volvían cuando el agua les llegaba a las rodillas, pero una de ellas se agachó y una enorme ola le rompió encima. Chillaron de risa y pronto estaban todos en el oleaje, con el cuerpo batido por el agua espumosa.
"Es delicioso", dijo Bidemi al salir, una hora más tarde, empapada.
Pero, en el corto tiempo que toma a las niñas secarse, el ánimo puede pasar de la alegría al peligro en los calientes y arenosos pasillos de Kuramo, a 30 metros de ahí. Las mujeres, dijeron las niñas, a menudo las acosan y amenazan con pegarles a menos que les laven la ropa y les den dinero. Las peleas son habituales. Y los hombres les exigían sexo. Y los ladrones.
Un día Kuramo estalló de rabia. En un callejón, en un lapso de apenas 15 minutos, una vendedora de tomates de 8 años atacó a un niño dos veces mayor después de que él le birlara un tomate de su bandeja, y no dejó de arañarlo sino hasta que le arrancó su camiseta blanca. A unos pocos metros dos hombres se daban empujones y patadas y se arañaban, y terminaron cayendo contra una casucha, que casi echaron abajo. En una puerta, la sangre corría de un enorme tajo en la mano derecha de una de las amigas de Bidemi, una niña de 16 llamada Tawa Zubair, que dijo que un barbero la había cortado accidentalmente.
Pero lo que llamó la atención de los vecinos curtidos por la violencia, fue la vista de Ganiu, desnudo hasta la cintura, preparándose para dar de latigazos a dos niñas con un largo cable eléctrico blanco.
"¡Párenlo, párenlo!", gritó Sarah Olatunde, una de las mejores amigas de Bidemi, encogida de miedo y arrodillada debajo del cable levantado.
Bidemi se asomó a mirar la escena desde la videoteca.
La gente formó un círculo en torno a Ganiu y Sarah como espectadores en una pelea de gladiadores.
"¡Whack!", sonó el cable sobre la espalda de Sarah. Ganiu volvió a levantar el látigo. "¡Whack!" El sudor le corría por el torso.
"Nunca", gritó por sobre la multitud que murmuraba, golpeándola de nuevo. "¡Nunca vuelvas a hacer eso!"
Sarah se arrastró entre la multitud y se refugió detrás de unas piernas, como lo haría un perro. Ganiu cogió a la segunda niña, otra amiga de Bidemi, y la golpeó con igual ferocidad. La niña escapó, llorando.
Ganiu dijo que las dos habían llevado a otras niñas a la casucha la noche anterior, y ellas habían recibido a unos hombres para tener sexo a cambio de dinero.
"Yo los vi, y no voy a permitir que vuelva a ocurrir", dijo, jadeando pesadamente. "Lo que necesitan estas niñas es ir a la escuela, o trabajar. O simplemente marcharse de aquí".
Entonces arrojó el cable eléctrico a su tienda de videos.

Un Doctor Trata de Ayudar
La indignación de Ganiu no se extendió a Bidemi. Y él no era el único en ver en ella una promesa.
El doctor Job Ailuogwemhe, 35, médico e investigador afiliado a la Facultad de Salud Pública de Harvard, también se quedó intrigado. La conoció un día cuando controlaba la construcción de una clínica sanitaria en Kuramo, donde Harvard quiere trabajar para impedir la propagación del sida.
Ailuogwmhe, nigeriano, examinó detenidamente su ojo y dijo que conocía a un doctor en el Hospital Central de Lagos que podría tratarla. Le fijó una cita para el día siguiente. Bidemi, acompañada por su amiga Idris, estaba tranquila cuando el coche entró al hospital, a unos 10 minutos de la playa. Sólo una vez antes se había aventurado tan lejos de Kuramo, y fue sólo para vender ropa usada en un mercado de Lagos, a 25 minutos de autobús.
"El doctor Job", como es conocido entre sus amigos, la llevó a través de una sala atiborrada de archivos desde el suelo hasta el techo y la presentó a Anthony O. Anyameluna, optometrista. El doctor se volvió hacia Bidemi y abrió su ojo derecho, para examinarla. La lente de su ojo derecho estaba seriamente dañado. "Si sacamos las lentes, y la remplazamos, hay una posibilidad de que pueda volver a ver", dijo. "Pero tenemos que mirarla más de cerca".
La llevó a su despacho. Se transformó en el caso número 11421.
"¿Dónde están tus padres?", le preguntó. Ella no dijo nada. El doctor Job lo hizo por ella. "Fue su papá el que le hizo eso".
"¿La golpearon? Sabes que toda historia tiene dos lados", dijo el optometrista, enfocando la luz en su ojo derecho y cubriendo el izquierdo con un pedazo de papel. "Yo creo que eres una niña terca. Sabes, esto no es Estados Unidos. Aquí a los niños les pegamos. Es disciplina".
Apagó la luz del despacho.
"¿Puedes ver ahora?", preguntó, enfocando la linterna en su ojo derecho. "Toca la linterna".
Bidemi buscó con su brazo derecho. Pero no estuvo ni cerca. Él volvió a encender la luz, y suspiró.
"Los pronósticos son malos, muy malos", dijo el doctor. "Tiene dañada la retina. No puede ver la luz en absoluto. Hay una ligera desviación del ojo hacia la derecha. Un ojo está haciendo el trabajo de dos".
Pero dijo que una operación tendría propósitos cosméticos; si le sacaba las descoloridas lentes azul y blanco, los otros no se darían cuenta de que era ciega del ojo derecho. La operación costaría unos 360 dólares.
Bidemi lloró al salir.
"Yo quiero ver", susurró.

Estoy Dispuesta a Ser Obediente
Un día después de su paliza pública, Sarah Olatunde estaba en un cuarto de la clínica todavía en obras, un popular lugar de reunión de las niñas debido a que les daba privacidad y era fresco. Sarah estaba inquieta.
La niña de 12 años llevaba a menudo el ceño fruncido, como para alejar los problemas. Sentía a menudo que la vida era injusta con ella, y la paliza de Ganiu era la demostración más reciente. Dijo que ninguna de las niñas había tenido sexo esa noche.
Y sin embargo admitió espontáneamente que no era raro que ella, o las otras chicas, se prostituyeran. Dijo que hacía la calle en otras aldeas pobres cercanas, y ganaba 200 nairas por tener sexo con condón, y 400 sin condón -el equivalente de 1 dólar con 44 centavos, y 2 dólares con 88 centavos respectivamente. Prefería sin condón "porque necesito el dinero".
"Todas somos trabajadoras sexuales", dijo, encogiéndose de hombros. También Bidemi era una de ellas, dijo.
Sarah, con un vestido negro ajustado y pendientes en forma de cruces, describió una noche reciente en que Bidemi, ella misma y una tercera niña habían estado con un hombre cerca de la playa. Bidemi había accedido a tener sexo con él, pero cuando el hombre vio a Sarah y a la amiga mirando desde una ventana, la despachó con sólo 60 naira, unos 40 centavos de dólar.
Cuando terminó de contar la historia, Bidemi entró en el cuarto. Sonrió hacia Sarah, pero esta frunció el entrecejo.
Cuando se le dijo lo que había contado Sarah, Bidemi dijo simplemente: "Yo no hago trabajos sexuales".
Sarah rió y empezó a simular burlonamente incredulidad, hasta caerse contra un tabique de madera terciada.
"Bueno", dijo Bidemi, mirándola enfadada, "no quiero hacerlo más. Por eso dije que no lo hacía. Quiero volver a la escuela. Eso es lo que quiero hacer. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo hacerlo?"
Salió corriendo de la clínica y entró a un sendero de arena. Sarah y otras dos la siguieron gritando hasta que otros ruidos las silenciaron. Decenas de personas se acercaban a la aldea, pasando frente a la clínica. No estaba claro dónde iban ni por qué. Bidemi cogió a un amigo de la multitud.
"Se llevan a Ibrahim", gritó el amigo.
"¡No!", gritó Bidemi metiéndose en la turba.
Minutos después la multitud volvió a pasar, dirigida por un grupo de jóvenes que llevaban agarrado a un adolescente. El niño sollozaba.
Ganiu se apareció entonces y les obstruyó el paso. Bidemi le suplicó que interviniera y liberara al niño, Ibrahim, que vivía en la playa. Bidemi y sus amigas se reunían a menudo con los niños; Bidemi se sentía muy cerca de él.
Ganiu indicó al grupo de hombres que lo siguieran para hablar. Le contaron que Ibrahim, 14, era su pariente, que se había escapado y habían venido a recogerlo para llevarlo a casa. La familia estaba reclamando a su hijo.
Limpiándose las lágrimas, Bidemi dijo: "Es tan simpático, no quiero que se marche".
"Tiene que marcharse", dijo Nekan Bolade, 20, uno de los hermanos de Ibrahim, el sudor corriéndole por la cara y la espalda.
Ganiu se hizo a un lado. Bidemi no dijo nada cuando Ibrahim pasó de su familia a la de él. Esto no es nuevo en Kuramo. Es una aldea donde hay drama todos los días, y cambios constantes.
Ganiu también quiere marcharse. Dijo que espera marcharse pronto con un amigo a la Costa de Marfil, donde espera encontrar trabajo reparando equipos electrónicos.
Pero ha estado pensando en qué pasaría con Bidemi y las otras niñas si él se marchara. "Para ellas es terrible estar solas", dijo. "Pero tengo que empezar a pensar en mí mismo".
El doctor Job pasó por la villa miseria de la playa un día y se encontró con Bidemi. Ella llevaba una camiseta con las palabras ‘Love Cat' y pantalones acampanados que se arrastraban por la arena.
"No te quiero obligar a nada", le dijo con su profunda voz de barítono. "Pero ¿vas a ir a la escuela? ¿Lo dices en serio?"
Ella miró hacia arriba la imponente figura del doctor, su ojo derecho cerrado. "Estoy lista para ponerme seria con los estudios", dijo. "Estoy dispuesta a ser obediente. Prefiero irme de aquí. Creo que tengo que marcharme".
Parecía triste, y sola. Le temblaba el cuerpo.
"¿Qué te pasa?", preguntó el doctor.
"Tengo hambre", dijo ella. "Tenía algo de comida, pero la compartí con mis amigas. Todas comieron, menos yo".
Job sacudió la cabeza. Y empezó a decir algo.
Pero entonces desde un callejón, una amiga de Bidemi la llamó, en yoruba. Bidemi desapareció con la velocidad de un rayo, corriendo por un sendero de arena.

Se puede escribir al autor: donnelly@globe.com

23 de noviembre de 2004
15 de enero de 2005
©boston globe
©traducción mQh

don quijote habla con el lector


Obra fundadora de la literatura moderna, Don Quijote, de cuya primera publicación se cumplen 400 años el 16 de enero, es un clásico entre los clásicos porque su universalidad hace que siga siendo una obra actual, que siga dialogando con el lector del siglo XXI.

París, Francia. Los especialistas son unánimes: si se excluye la Biblia, no hay libro que tenga más presencia en la vida de todos los días.
Para todo el mundo, en todos los idiomas, "el Quijote evoca algo y se recuerda alguno de sus episodios, como el de los molinos de viento". Y todo el mundo entiende lo que significa comportarse de manera quijotesca o ser un Sancho Panza o la Dulcinea de alguien, dice en entrevista con la AFP Agustín Redondo, catedrático emérito de la Universidad de París y presidente de la asociación internacional de hispanistas.
Aún más ¿Quién tiene una estatuilla con la imagen de Edipo, un cenicero con la de Orlando el Furioso o una jabonera con la de Lady Macbeth? ¿Alguien ha visto a Ana Karenina en azulejos de baño, o sujetapapeles con los hermanos Karamazov?
"¿Cuántas de estas figuras de la literatura reconoceríamos a primera vista sin que nos dijeran de quién se trata?", plantea José Manuel Martín Morán, profesor de la Universidad de Piamonte en Milán, que participó esta semana en París en un coloquio sobre la obra de Miguel de Cervantes.
A Don Quijote se lo puede ver en todo tipo de objetos y se lo identifica inmediatamente.
¿Cómo se explica esa universalidad, esa presencia en la imaginería popular y el hecho de que El Quijote sigue siendo uno de los libros más leídos del mundo?
"El Quijote es hoy un texto con el cual todos podemos dialogar. Un texto escrito en el siglo XVII, pero que contesta a una serie de preocupaciones de la época actual, que se amolda a los códigos culturales que nosotros tenemos", responde Redondo.
Están en él problemas de total actualidad, como "la lectura y la censura, lo que significa el buen gobierno y la justicia y la cuestión de la alteridad y la convivencia", problema candente en nuestros países de fuerte inmigración.
Don Quijote es la primera novela moderna "porque rompe con todos los cánones y es al mismo tiempo un crisol en el que todos los géneros anteriores vienen a remodelarse, es un proceso muy complejo de intertextualidad", explica Redondo.
En la literatura actual, su influencia sigue siendo grande. En toda la literatura latinoamericana, de Gabriel García Márquez a Carlos Fuentes, pasando por Augusto Roa Bastos. En la literatura española, basta citar a Francisco Ayala. "Son casos llamativos de compenetración con la obra de Cervantes", dice Redondo.
Pero no sólo en el mundo hispánico.
"En la literatura francesa, alguien que ha hecho una lectura muy profunda del Quijote es Gustave Flauvert ¿Qué es Madame Bovary? Es una especie de Quijote femenino, vive, transporta a la realidad, lo que los libros le proporcionan. Claro que no lucha de la misma manera pero, como en la obra de Cervantes, se trata de la proyección de la literatura en la vida, y eso es lo que le da la fuerza vital para poder ir más allá", sostiene.
Y es que El Quijote abre nuevas perspectivas literarias, el problema de autoría y las relaciones entre literatura y vida se plantean en él de otra manera. Hay además una autonomía de los personajes que se salen de su propio marco para juzgar sus propias aventuras.
"Es un texto en el cual se mezclan la literatura y la vida, y que permite ir más alla de lo que son nuestras contigencias habituales cotidianas, lanzando la imaginación hacia otros dominios y liberándonos de todo lo que nos impone la vida real. Permite soñar. Soñar con otra vida, con otras posibilidades, con otros mundos, ver la realidad de otra manera, plantearse un sinfín de problemas: ¿Qué es lo que nos empuja, lo que nos hace ir adelante, cómo se pueden compaginar la libertad, la justicia, lo que llamamos los ideales?", explica el cervantista francés.
Don Quijote y Sancho Panza constituyen un complejo mítico que va mucho más allá de España y de Europa, que es universal y atemporal.
Sus imágenes remiten a la esencia humana. Cada uno de nosotros tiene algo de Sancho Panza, práctico y prosaico, pero también cada uno de nosotros proyecta en la imagen del Ingenioso Hidalgo esa parte de imaginación, de ideal, de utopía o de sueño, sin la cual la vida sería imposible.

15 de enero de 2005
©mi punto

culpable torturador de iraq


Posible condena a 15 años de reclusión por maltratar a prisioneros iraquíes. La corte declara culpable de tortura al soldado estadounidense Charles Graner. En Bagdad, otro militar de EU fue sentenciado a un año de cárcel por rematar a un joven.
Fort Hood, Estados Unidos. El soldado estadunidense Charles Graner fue encontrado culpable este viernes de nueve de 10 cargos de abuso contra prisioneros iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib, Iraq, por una corte marcial, la cual podría condenarlo a 15 años de prisión.
Asimismo, en Bagdad un tribunal militar estadunidense condenó a un año de prisión al sargento Cárdenas Alban, al encontrarlo culpable de rematar con el "tiro de gracia" a un iraquí herido en agosto de 2004 en Ciudad Sadr.
Alban y otros dos soldados, uno de los cuales ya fue condenado por el hecho, se enfrentaron contra un grupo de jóvenes, quienes, supusieron, pretendían colocar minas. En el tiroteo murieron varios iraquíes y otros resultaron heridos. Uno fue rematado por Alban de un tiro en la nuca.
En Tejas, el jurado militar declaró culpable de todos los cargos a Graner, de 36 años, pero optó por reducir uno. Se le acusó de "asalto contra un prisionero" en lugar de "usar fuerza que pudiera causar la muerte o lesiones de gravedad" a un detenido.
Muchas acusaciones fueron documentadas con fotografías que conmocionaron al mundo y fueron divulgadas el año pasado, y otras hasta ahora desconocidas.
La defensa del soldado argumentó que éste siguió órdenes de sus superiores para "golpear suavemente" a los prisioneros antes de los interrogatorios. No todos los testigos de la defensa respaldaron esa postura, pues sus declaraciones fueron contradictorias en cuanto a si hubo órdenes claras de soldados de mayor rango, quienes habrían alentado y tolerado los abusos.
A su vez, la fiscalía acusó al militar de tortura y humillación contra prisioneros para divertirse, así como de instigar los abusos en la prisión de Abu Ghraib.
El jurado también tomó como evidencia correos electrónicos que contienen fotos de torturas acompañadas de textos que Graner envió a familiares, incluídos hijos y amigos. Una muestra a un prisionero sangrando y gritando. Debajo de la imagen Graner escribió: "Otra noche de trabajo aburrido".
También se presentó como prueba contra el acusado una fotografía que lo muestra sonriente junto a otro guardia, posando frente a prisioneros desnudos en humillantes posiciones sexuales.
El capitán Chris Graveline, abogado de la acusación, aseguró que esta imagen demuestra que el acusado usó un "perverso humor sexual" para "humillar a los prisioneros para propio regocijo".
Esto destruyó la defensa del abogado Guy Womack, quien aseguró que es válido atar por el cuello a los prisioneros, pues ello facilita sacar de sus celdas "a los más peligrosos".
Graveline ridiculizó los argumentos de la defensa, de que la captura del derrocado presidente iraquí, Saddam Hussein, se logró gracias a la práctica de los soldados de "ablandar" a los prisioneros, alegando que éstos eran, casi en su totalidad, delincuentes comunes.
Para enfatizar el punto, el abogado mostró la fotografía de una prostituta presa semidesnuda, y preguntó: "¿Pudo haber sido ella la que nos dio a Hussein?"
Los cargos contra Graner incluyen maltrato, conspiración para maltratar, violencia, indecencia y negligencia en el cumplimiento del deber. Por este escándalo cuatro soldados ya fueron sentenciados a penas que van de la expulsión deshonrosa del ejército a ocho años de prisión. Otros dos serán juzgados en los próximos meses.

15 de enero de 2005
©la jornada

PARTIDO FASCISTA BELGA PUEDE CAMBIAR NUEVAMENTE DE NOMBRE


El nombre había sido inscrito por un grupo sindicalista.
El Vlaams Belang [Interés Flamenco], el nuevo nombre para el antiguo partido de extrema derecha Vlaams Blok de Flandes, será llevado a tribunales por un grupo anti-racista que tiene el mismo nombre. Así lo anunciaron los cuatro trabajadores sindicalistas que formaron el original Vlaams Belang el 8 de noviembre en Lieja. El Vlaams Blok se re-bautizó como Vlaams Belang el 14 de noviembre después de que la Corte Suprema confirmara que el partido había infringido las leyes anti-racistas de Bélgica. Los sindicalistas de Lieja declararon que había inscrito deliberadamente ese nombre para destacar el peligro que representaba la extrema derecha. "Enfrentados al surgimiento de partidos de extrema derecha y a la creciente atención que reciben en los medios de comunicación, no podemos quedarnos sentados sin hacer nada", dijo Pierre Heldenbergh. Su campaña tiene por objetivo impedir que representantes de la extrema derecha puedan participar en las elecciones locales de Lieja en 2006. Los partidos democráticos están usando todos los medios legales para impedirlo, dijo el secretario general del grupo basado en Lieja, Thierry Bodson, agregando que la primera iniciativa era privar al partido político de su nuevo nombre. El Vlaams Belang no se ha impresionado con la iniciativa, juzgándola ridícula. "La creación de un grupo sin fines de lucro llamado Vlaams Belang no puede impedir que haya un partido político con el mismo nombre", declaró el ex-Blok. El partido señaló que el grupo de Lieja no podrá usar el mismo nombre en las elecciones.
26 de noviembre de 2004
29 de noviembre de 2004
©expatica
©traducción mQh

BOMBA DE TIEMPO DEMOGRÁFICA PONE EN PELIGRO LAS PENSIONES EN EUROPA - alan cowell


Hay cada vez más jubilados y menos jóvenes que trabajen. El sistema de pensiones corre peligro. Sólo algunos estados ven la inmigración como una solución. Algunos preferirán que los viejos trabajen hasta reventar.
Brighton, Reino Unido. Con su traje gris planchado, camisa blanca y una insignia en la solapa conmemorando el fin de la Primera Guerra Mundial, Chris Shergold no se ve exactamente como la imagen del futuro. Pero, para muchos en Europa, su historia se hace poco a poco la de ellos, revirtiendo los presupuestos de que este viejo continente ha refinado las fatigas de la vida tan bien que su gente puede mirar hacia un futuro de vidas laborales más cortas con una comodidad siempre creciente.
En 1997, Shergold, ahora un antiguo banquero de 61 años, fue obligado a jubilarse prematuramente tras la fusión de su empleador con otro banco. En esa época, le pareció bien: tenía una pensión de la compañía, la posibilidad de un trabajo de oficina de media jornada y unos ahorros por sus de inversiones. Parecía como si esa combinación le proporcionaría una jubilación generosa, con vacaciones en el sol y una buena vida en casa.
Entonces, en 2000, la bolsa se hundió. Ahora ha vuelto a trabajar a tiempo completo como gerente financiero de una organización sin fines de lucro, donde tendrá que trabajar hasta que cumpla sus 67 años para volver a los niveles de prosperidad de que disfrutaba hace siete años. En otras palabras, dijo, descubrió que "no hay una especie de nube dorada y brillante al final del día".
La historia de Shergold va mucho más allá de las pedregosas playas y embarcaderos de este sureño balneario inglés que ha sido su casa desde 1976. Representa una historia aleccionadora para la generación del boom en muchas partes de Europa a medida que las envejecidas sociedades de Suecia hasta España -y también las de Europa del Este- se enfrentan a una bomba de tiempo demográfica. Hay cada vez menos gente joven para trabajar y pagar impuestos, y los costes de cuidar de cantidades cada vez más crecientes de viejos con pensiones del estado son cada vez más prohibitivos.
El sueño de una jubilación temprana con una pensión generosa está perdiendo terreno, junto a otras visiones cómodas del futuro, como la semana laboral más breve y la ampliación del tiempo de ocio que preocuparon a muchos, especialmente en la Europa continental, en los años noventa.
"Se acostumbraron a tener a ese sistema social cómodo, y ahora están descubriendo que ese sistema ya no es posible", dijo Katinka Barysch, una economista en el Centro para la Reforma Europea, una organización privada de investigación en Londres. O, como lo dijo Shergold: "La mayoría de la gente tendrá que trabajar muchos más años".
Las alternativas se ven funestas.
En Gran Bretaña, que tiene las pensiones de vejez menos generosas de Europa, Adair Turner, presidente de la Comisión de Pensiones del gobierno en Londres, dijo: "Nuestro problema es que vamos a tener pensionistas muy pobres en los próximos 30 años". Y en la mayor parte de Europa, donde años de legislación social han garantizado pensiones de casi un 70 por ciento en promedio de las pagas de jubilación, dijo Turner, el continente "tendrá pensionistas razonablemente bien pagados durante un número de años que la sociedad no puede financiar".
Como resultado, las generaciones europeas posteriores a la del baby boom tendrán que ahorrar más, pagar impuestos más altos y trabajar más tiempo para mantener el tipo de jubilación que antes se consideraba normal.
Para la mayoría de los europeos esto no es un drama de privaciones dickensianas. Por ejemplo, consideremos el caso de Marie Claude Hourcade, 55, que vive en París y se jubiló en febrero pasado de su trabajo como inspectora en la aduana francesa.
Como madre de tres hijos -para criterios europeos una familia grande- y funcionaria de gobierno, entraba en una pequeña categoría de personas cuyos beneficios con la jubilación la dejaban impresionada.
Su jubilación dijo, le pagaba el equivalente de unos 3.000 dólares al mes, que, con el salario de su bien pagado marido, le permitía llevar una vida afluente.
"El dinero me permite algunas cosas extras", dijo. "Voy mucho al teatro, a exposiciones de pintura, tenemos una casa en el campo donde pasamos los veranos".
Junto a países como Holanda, Suecia, Alemania, Italia y España, Francia se encuentra entre los más generosos de los estados proveedores, con jubilados que esperan que sus pensiones sean de un 70 por ciento de los beneficios promedios del país. (El menos generoso es Gran Bretaña, con justo menos del 37 por ciento, comparado con el 45 por ciento de Estados Unidos, según muestran cifras de la Comisión de Pensiones inglesa).
Pero es precisamente ese nivel de generosidad el que corre peligro si la población europea envejece y hay cada vez menos gente trabajando que pague los impuestos necesarios para financiar los crecientes números de jubilados de la generación del baby boom.
Hoy, de acuerdo a cifras europeas y de Naciones Unidas, la gente en edad laboral en Europa supera el número de gente jubilada en tres a uno, comparado con la tasa de cinco a uno en Estados Unidos. Para 2050, según esos cálculos, en Europa la cifra será de dos a uno.
Esto representa enormes problemas. Los 18 millones de pensionistas de Italia se han acostumbrado a generosas pensiones después de 35 años de trabajo. Pero frente a una de las tasas de fertilidad más bajas de Europa y a las cuentas más altas de pensión, el gobierno del primer ministro Silvio Berlusconi se propone elevar la edad para jubilar en cinco años a partir de 2007. Alemania, con casi 20 millones de jubilados, se propone reducir las pensiones del estado en comparación con el salario promedio de los trabajadores.
Con una población de 12 millones de jubilados en 2000, Francia también se propone subir la cantidad de años que debe trabajar la población para tener derecho a pensiones. Incluso en la llamada nueva Europa de los antiguos países comunistas que se unieron a la Unión Europea este año, se cierne en el horizonte la amenaza de una crisis de las pensiones debido a las bajas tasas de natalidad. "Cualquiera que hable acerca de la ‘vieja' y de la ‘nueva' Europa sobre este tema no podrá reconocer que este es un problema global", dijo Turner.
Por supuesto existen los matices. A diferencia de la mayoría de los países de Europa continental, Gran Bretaña tradicionalmente ha dependido de su gente para aumentar las modestas pensiones del estado ahorrando para su vejez a través de fondos privados y de compañías de pensiones. Pero en los últimos años los fondos de pensiones han perdido beneficios fiscales de casi 9.5 billones de dólares al año, los descensos en la bolsa han erosionado las carpetas de inversiones y los ahorros han sido remplazados por un enorme incremento de la deuda privada, en parte debido al auge del mercado de la vivienda.
Como las compañías privadas tienen acceso limitado a planes de pensión generosos, más de 12 millones de personas en Gran Bretaña -un quinto de la población- "no están ahorrando lo suficiente para jubilarse", concluye la Comisión de Pensiones.
La idea de que la gente trabaje más tiempo parece una panacea simple. Después de todo, la gente generalmente es más sana y puede seguir trabajando hasta, digamos, los 67 años en lugar de 63 o 65. Pero eso parte del presupuesto de que hay trabajo para gente más vieja.
En Berlín, Brigitte Beyerdörfer, como muchos otros alemanes mayores de 50, especialmente en la antigua Alemania del Este, ha descubierto que las economías no son tan complacientes.
Su marido, Klaus, es un antiguo chofer de camiones de 62 años que ha estado cotizando en los planes de pensión del estado de Alemania Occidental y del Este durante 46 años. Pero recibió un seguro de desempleo por el máximo estipulado de tres años cuando fue obligado a retirarse prematuramente el pasado 1 de septiembre. Su jubilación mensual es de unos 1.000 dólares.
La señora Beyerdörfer dijo que ella ganaba unos 1.800 dólares en su trabajo en una agencia de empleo en Berlín. Y así, después de pagar las cuentas, como el alquiler de 520 dólares de sus apartamento de 55 metros cuadrados cuadrados en el antiguo Berlín Oriental, los Beyerdörfer sobreviven bastante bien. El problema, sin embargo, es que el mercado laboral, como en otras partes de Europa continental, el crecimiento económico es lento.
Con una tasa de desempleo en la antigua Alemania del Este de cerca de un 18 por ciento, "si pierdo mi trabajo, no encontraré otro", dijo la señora Beyerdörfer. "Todas mis amigas están en casa. Nunca pensamos que sería tan difícil encontrar un trabajo".
Además, para recibir un pensión estatal completa de 1.650 dólares, dijo, tendría que trabajar diez años más, hasta los 65. "Mientras trabaje, no será un problema", dijo. "Pero si no puedo, va a ser muy difícil".
29 de noviembre de 2004
©new york times
©traducción mQh

FASCISTAS BELGAS CAMBIAN DE NOMBRE - bart dirks


Dominado por la amargura y el odio, el comité del partido Vlaams Blok, prohibido el domingo por racismo, fundó de inmediato el partido Vlaams Belang. "Pero nuestro lema sigue siendo: Nuestro pueblo primero".
Amberes, Bélgica. En los ocho años que Frank Vanhecke ha sido presidente del Vlaams Blok, él y su partido han sido llamados de todo: moscas de la mierda y racistas, extremistas, psicópatas y tarados mentales, la escoria de la calle. "Pero", dijo Vanhecke el domingo cuando fue disuelto el partido Vlaams Blok, "nunca me he sentido tan humillado como hoy, ahora que algunos de entre nosotros nos sospechan de tener la ambición de transformarnos en políticos belgas decentes".
Pues los políticos belgas, según Vanhecke, son los que "no han tocado en décadas los problemas que tenemos, que durante décadas y sistemáticamente dejan en la estacada al propio pueblo y a los débiles de su propio pueblo. Son los que han puesto en peligro nuestro bienestar y trabajo, porque no tienen coraje de decir ‘no' a los dictados valones del Partido Socialista".
Quien esperaba o creía que la condena del Vlaams Blok por racismo y discriminación sería aprovechada "lavarnos la sangre de las manos y limpiarnos la saliva de los labios", se equivocó. El partido cambia de nombre, pero no de carácter -el Blok fue disuelto sólo porque lo ordenó el tribunal.
Apenas si hay auto-críticas aquí. El nuevo partido no necesita bravuconadas como comienzos de los años ochenta. "A veces hemos provocado para provocar un debate", confiesa Filip Dewinter, jefe del grupo parlamentario en el Parlamento Flamenco, "y hemos formulado algunas cosas de manera muy acentuada".
Pero eso no justifica, según el partido, la sentencia judicial. La amargura y el rencor dominan el ambiente. Amargura porque deben disolver el Blok, rencor hacia los "jueces injustos" que dictaron la sentencia.
El domingo por la mañana el comité del partido disolvió el Vlaams Blok, el partido que entre 1978 y 2004 subió de 0 a 24,1 por ciento de los votantes flamencos. El nuevo partido Vlaams Belang continuará la tradición del partido de extrema derecha nacionalista flamenca. Mil cuadros del partido llegaron el domingo por la tarde a la Hortazaal de Amberes.
Como siempre, destaca el odio contra los muchos "enemigos y opositores": contra los valones en general, contra los valones socialistas en particular, contra los "extranjeros" y contra la prensa (en primer lugar, el diario De Morgen) y contra la clase política que mantiene excluido al Vlaams Blok con un cordón sanitario desde 1989 y que fue "lo suficientemente cobarde" como para dejar que los jueces condenaran al Blok.
La nueva declaración de principios apenas si es diferente de la vieja. El Vlaams Belang defiende la identidad cultural del "propio pueblo" y lucha contra "el error multicultural". El Vlaams Belang quiere fundar un estado flamenco independiente con "un estrecho vínculo con Holanda". Un "Flandes para los flamencos" y una "Europa europea", y por eso no quiere Frank Vanhecke transformarse en un político decente.
La sala grita, aplaude y repite: "¡Bélgica Se Hunde!" Todo el repertorio de lemas es repetido varias veces: desde "Bélgica Se Hunde", hasta "Párenlos", "La Patria Es Nuestra" y "Propio Pueblo Primero".
El Vlaams Belang espera liberarse del cordón sanitario y tratará los próximos días de romper el cordón mediático: el partido quiere comprar espacio publicitario en los diarios, y siente curiosidad por saber si es rechazado, como lo fue antes el Vlaams Blok.
"El Vlaams Blok ha defendido siempre los intereses vlaams, y el Vlaams Belang continuará defendiendo al Vlaams Blok", dice Filip Dewinter, a gritos. "El propio pueblo primero sigue siendo nuestro lema".

15 de noviembre de 2004
©volkskrant
©traducción mQh

BÉLGICA PROHÍBE PARTIDO FASCISTA - hans buddingh'


Bélgica da un ejemplo de cómo combatir al fascismo. La condena del partido de extrema derecha Vlaams Blok por racismo fue ratificada ayer por la Corte de Apelaciones. Con la decisión, el partido se ha transformado en una organización prohibida. Pero espera volver a emerger bajo un nuevo nombre.
Bruselas, Bélgica. "Hoy es el décimo quinto aniversario de la caída del Muro de Berlín, cuando el pueblo de Europa del Este recuperó su libertad. Hoy se confirma que en Bélgica la democracia y la libertad de expresión están en peligro".
Con mucha conciencia de la presencia de innumerables cámaras de televisión, el presidente del Vlaams Blok, Frank Vanhecke, interpretaba así la resolución de la Corte de Apelaciones, que ratificó la condena del partido de extrema derecha por racista. El Vlaams Blok es ahora una organización prohibida.
La sentencia del más alto órgano judicial belga no es una sorpresa. El Vlaams Blok se prepara desde hace bastante tiempo para un nuevo futuro. El fin de semana pasado se borraron de su declaración de principios los lados más ásperos. El próximo domingo el partido será rebautizado con un nuevo nombre -el que más circula es el de Vlaams Belang- y presentará nuevos estatutos. El dirigente del partido Filip Dewinter dijo ayer, con una sonrisa, que el Vlaams Blok "una virtud de necesidad".
Los analistas piensan unánimemente que la sentencia condenatoria del partido les ofrece una buena oportunidad para sacudirse los aires marrones y presentarse como un partido de derechas conservador. Así se puede poner fin al cordón sanitario con el que los otros partidos excluyeron al Vlaams Blok del centro del poder. La sentencia puede provocar un re-acomodo del paisaje político en Vlaanderen.
El tribunal de apelaciones de Gent condenó en abril a tres fundaciones que forman la espina dorsal del Vlaams Blok, en virtud de la ley aprobada hace cinco años que condena expresiones de racismo. Según el juez, de las publicaciones del Vlaams Blok se desprende que "aplica abierta y sistemáticamente el principio del chivo expiatorio" y trata a los extranjeros como "criminales, malhechores, oportunistas, fanáticos que no se integran y como una amenaza para el pueblo belga". Según el juez de Gent, las "opiniones ofensivas y groseras" son permitidas por la ley, pero no la incitación a la xenofobia.
El Vlaams Blok recurrió la sentencia, porque estaría en contradicción con la libertad de expresión. La Corte de Apelaciones rechazó este alegato. Según el más alto órgano judicial, la ley anti-racista no limita la libertad de expresión en contradicción con el tratado europeo sobre derechos humanos. El Vlaams Blok considera ahora acudir a la Corte Europea de Derechos del Hombre en Estrasburgo, pero ese debate jurídico apenas si tiene todavía importancia política.
Los otros partidos no han observado con buenos ojos cómo el Vlaams Blok sacó ventajas electorales del prolongado proceso. Nunca vieron la utilidad de la demanda, que fue presentada hace cinco años por el Centro para la Igualdad de Oportunidades y Lucha contra el Racismo y la Liga por los Derechos Humanos, porque con ella el Vlaams Blok se presentaría como víctima.
En las elecciones regionales de junio el Vlaams Blok obtuvo casi un cuarto de los votos y se transformó en el segundo partido de Vlaanderen, detrás de la alianza cristiano-demócrata del CD y V/NVA. En algunos sondeos el Vlaams Blok es incluso el más grande. ¿Por cuánto tiempo más se mantendrá al partido con su nuevo disfraz fuera de los gobiernos locales y regionales? El primer test serán las elecciones municipales de 2006.
El presidente de los social-demócratas del SP, Steve Stevaert, dijo ayer que no se colaborará con ellos "porque el nuevo partido no es en realidad nuevo". El CD y V, y los liberales del VLD se muestran muy escépticos, pero prefieren esperar los acontecimientos. "Hay una evolución en el Vlaams Blok y tenemos que esperar para ver cómo se desarrolla ese partido", según el presidente del VLD, Bart Somers. "Si no es más que cosmética, la brecha será infranqueable".
El parlamentario Gerolf Annemans, del Vlaams Blok, dijo el sábado al diario De Standaard, que la modificada declaración de principios quedará "suficientemente sucia como para atraer al pueblo". El dirigente Filip Dewinter, que quiere ser alcalde a Amberes, habla desde hace un tiempo de "errores" y "excesos", cometidos por él y su partido en el pasado. Pero días atrás dijo que las mujeres musulmanas que lleven un paño en la cabeza no serán consideradas como integradas y que deben ser expulsadas del país.
Dewinter salió ayer de la sala de los tribunales diciendo: "El Vlaams Blok ha muerto, viva el Vlaams Blok". Los comentaristas de Het Laatste Nieuws calificaron la sentencia como "al mismo tiempo una bendición que una maldición para el Blok".

11 de noviembre de 2004
©nrc
©traducción mQh

OCULTANDO EL PROBLEMA DE LOS REFUGIADOS


Europa debería formular una política común sobre los refugiados e inmigrantes ilegales, sin olvidar que necesita extranjeros para paliar sus graves problemas de escasez de mano de obra y envejecimiento de la población, problemas que se anuncian cada vez más serios en el horizonte de las economías europeas.
Las espantosas escenas que hemos visto recientemente de desesperadas familias africanas a la deriva en herrumbrosos botes en el Mediterráneo, ponen de relieve la urgente necesidad que tiene Europa de formular una política común para solucionar el problema de los solicitantes de asilo, refugiados e inmigrantes ilegales que lo arriesgan todo para escapar de sus desgraciados países.Este problema global requiere más que la vieja respuesta de empujar a los que logran pasar las fronteras hacia una vida oscura, y almacenando a los demás.
Alemania e Italia han propuesto instalar centros de tramitación en países norteafricanos como Libia, Túnez y Marruecos para tratar los casos de refugiados de África, Oriente Medio y Asia. Esta inquietante propuesta se motiva en parte por una crecientemente violenta reacción populista contra los solicitantes de asilo en esos dos países. Sin una imagen clara sobre cómo funcionarán estos campos -especialmente en países que no son conocidos por su respeto de los derechos humanos y en la ausencia de una política europea común sobre los refugiados-, es una mala idea. Esta semana fue rechazada resueltamente por Francia y España, cuyo nuevo gobierno de centro-izquierda ha sido mucho más acogedor de todas las variadas formas de inmigración que su predecesor conservador. Una propuesta similar hicieron hace poco los ministros del Interior de Estonia, Latvia, Lituania, Austria y Eslovaquia. Expresaron su preocupación sobre Chechenia y otros refugiados y propusieron habilitar campos de tránsito. Comprensiblemente, el gobierno ucraniano rechazó la propuesta, en primer lugar porque nadie pidió su opinión.
Es obvio que aquellos que entran ilegalmente a Europa, como en Estados Unidos, plantean un serio problema. Muchos de ellos viven fuera de los sistemas legales y sociales de los países en que residen. Pero este problema no puede ser solucionado encargando su solución fuera de las fronteras.
Los refugiados que terminen en campos de tránsito extranjeros muy probablemente deberán pasar ahí largos períodos de tiempo en lo que es en realidad un régimen de detención, y muy posiblemente en desagradables condiciones. Libia, en particular, tiene un horrendo historial, ya que envía a los solicitantes de asilo a la fuerza de vuelta a países como Eritrea y Sudán, donde serán sin ninguna duda perseguidos.
Es posible que centros de tránsito adecuadamente habilitados, gestionados y supervisados sean parte de una eventual solución. Pero la tarea más urgente de Europa es formular una política de asilo común, que reconozca que los solicitantes de asilo tengan derecho a una completa protección hasta que sus casos sean vistos.
La Unión Europea debería también modernizar sus procedimientos para la inmigración legal. Eso ayudaría a contrarrestar la ominosa escasez de mano de obra y las crisis de la jubilación que es probable que resulten debido al agudo descenso de las tasas de natalidad en varias de las grandes economías de Europa. Mientras estas medidas no se apliquen, los campos de tránsito no harán más que ocultar el problema.

20 de octubre de 2004
©http://www.nytimes.com/2004/10/20/opinion/20wed3.html?th
©traducción mQh