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filosofía

el mal y la existencia de dios


[Stanley Fish] ¿Cuál es el origen del mal? ¿Es esta una pregunta que corresponde hacer en la teología?
En el Libro 10 del ‘Paraíso Perdido', de Milton, Adán hace la pregunta que tantos de sus descendientes han hecho: ¿por qué se han de arruinar millones de vidas por un pecado que cometió él, no ellos? ("¿Pero, por que razón, siendo inocente, / Ha de ser en mis penas comprendida?"). Se responde él mismo, inmediatamente: "De mi crimen la horrible levadura / Corrompió toda aquella masa pura. / Su alma, su voluntad, su entendimiento, / Son cada uno una fuente ya dañada, / Desde su nacimiento". El Pecado Original de Adán es como un virus heredado. Aunque aquellos que nacen con él son técnicamente inocentes del crimen -pues no fueron ellos quienes comieron del árbol prohibido-, sus efectos arden en su sangre y trastornan sus acciones.
Por supuesto, Dios pudo haberles devuelto su salud espiritual, pero en lugar de eso, nos dice Pablo en Romanos, "los entregó" a sus propias "mentes réprobas" y a los impulsos de sus voluntades depravadas. Debido a que están por naturaleza "llenos de todo tipo de iniquidades", sólo harán cosas perversas: "fornicación, homicidio, robo, codicia, maldad, engaño". "No hay justo, ni aun uno", declara Pablo. "[...] por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios".
La consecuencia -al menos con estas presupuestos- es que la presencia del mal en el mundo no se puede trazar hasta Dios, que abrió la posibilidad de su emergencia al otorgar a sus criaturas libre albedrío, pero no es responsable de lo que ellos, en la persona de su progenitor Adán, decidan hacer libremente.
Lo que Milton y Pablo ofrecen (no como colaboradores, por supuesto, sino como participantes en la misma tradición) es una solución al principal problema de la teodicea: la existencia del sufrimiento y del mal en un mundo presidido por una deidad benevolente y todopoderosa. La ocurrencia de catástrofes naturales (huracanes, sequías, epidemias) y no naturales (el Holocausto) reviven siempre el problema y provocan angustiadas discusiones sobre este. La convicción, de algunos, de que el problema es intratable conduce a la conclusión de que no existe Dios, una conclusión a la que llegan alegremente autores de libros como ‘The God Delusion', ‘God Is Not Great' y ‘The End of Faith'.
Ahora dos nuevos libros (que serán publicados en los próximos meses) renuevan el debate. Sus autores provienen de direcciones opuestas -una del teísmo al agnosticismo, la otra del ateísmo al teísmo-, pero se encuentran, o más bien cruzan sus caminos, en el tema del dolor y del mal.
Bart D. Ehrman es profesor de estudios religiosos y su libro se titula ‘God's Problem: How the Bible Fails to Answer Our Most Important Question – Why We Suffer' [El problema de Dios: Por qué la Biblia no responde nuestra pregunta más importante: ¿Por qué sufrimos?]. Graduado en el Seminario Teológico de Princeton, Ehrman se especializó en Estudios del Nuevo Testamento y es ministro. Convertido en su adolescencia, se dedicó a las Escrituras (se aprendió de memoria libros enteros del Nuevo Testamento) y, aunque vigorosamente devoto, perdió la fe porque, dice, "no podía reconciliar las pretensiones de la fe con los hechos de la vida... Llegué a un punto en que simplemente no podía creer que había un Señor bondadoso y bien dispuesto que estaba a cargo de todo". "El problema del sufrimiento", dice, "se convirtió para mí en un problema de fe".
Gran parte del libro lo dedica a su análisis de pasajes de la Biblia que le dieron alguna vez consuelo, pero que ahora sólo le entregan preguntas sin respuestas: "Dada la teología de la selección -que Dios ha elegido al pueblo de Israel para una relación especial con él-, ¿qué se supone que pensaban los antiguos israelitas cuando las cosas no salían como se esperaba?... ¿Cómo explican a la gente el hecho de que el pueblo de Dios sufriera hambre, sequías, y plagas?"
Erhman sabe y revisa las respuestas habituales a estas preguntas: Dios se enfada con los pecaminosos y desobedientes; el sufrimiento redime, como lo demostró Cristo en la cruz; el sufrimiento induce a la humildad y es un antídoto del orgullo; el sufrimiento es una prueba de la fe -pero las encuentra poco convincentes y horribles en sus modos, tal como los eventos que no pueden explicar: "Si Dios tortura, mutila y asesina simplemente para ver cómo reaccionamos -para ver si no lo responsabilizan a él mismo, cuando de hecho él es el responsable-, entonces no me parece a mí que este Dios merezca ser adorado".
Y en cuanto al argumento (derivado de las palabras de Dios en el torbellino en el Libro de Job) de que Dios existe a un nivel mucho más allá de la comprensión de aquellos que se quejan sobre sus modos, "¿no implica esta visión que Dios puede mutilar, atormentar y matar a voluntad y que no es imputable de ello?... ¿Es esto bueno?"
Estas preguntas son tan viejas como Epicuro, que les dio forma canónica: "O bien Zeus no es capaz de eliminar el sufrimiento, en cuyo caso no es lo bastante poderoso como para ser considerado un Dios supremo, o bien Zeus tiene el poder de eliminar el mal, pero no quiere emplearlo, en cuyo caso no es lo bastante honrado como para ser adorado como deidad suprema". Hume, en voz de Philo, argumenta: "¿Quiere Dios evitar el mal, pero no puede? Entonces es impotente. ¿Puede, pero no quiere? Entonces es malévolo ¿Quiere o puede? ¿Por qué hay, pues, mal?"
Se han escrito muchos libros de teología y filosofía en respuesta a los rompecabezas de Epicuro, pero el de Ehrman no es uno de ellos. Lo que lo impulsa no es la fascinación con los acertijos intelectuales, sino la angustia que le produce ver lo que ve cuando abre los ojos. "Si podía hacer milagros por su pueblo en toda la Biblia. ¿dónde estás hoy cuando tu hijo muere en un accidente de carretera, o tu marido enferma de esclerosis?... Realmente no veo ninguna redención en que los bebés etiopes mueran de malnutrición".
El horror del dolor y sufrimiento que cita como ejemplo, lleva a Ehrman a mostrarse desdeñoso con aquellos que responden con fríos y abstractos análisis: "Lo que encuentro moralmente repugnante en esos libros es que están muy alejados del dolor y sufrimiento reales que ocurren en nuestro mundo".
Podría haber estado hablando sobre ‘There Is a God: How the World's Most Notorious Atheist Changed His Mind' [Dios existe. Cómo cambió de opinión el ateo más notorio del mundo], de Antony Flew. Flew, un destacado profesor de filosofía, anunció en 2004 que después de décadas de escribir ensayos y libros desde el punto de vista del ateísmo, ahora cree en Dios. "Cambió de opinión" no es una formulación casual. Flew no quiere llamar conversión a lo que le ocurrió, pues eso sugeriría algo inaccesible al análisis. Su itinerario, nos dice, es mejor verlo como "un peregrinaje de la razón", una extensión de su hábito de toda la vida de "seguir el argumento, sin importar dónde llegue".
Adónde le condujo cuando iba todavía a la escuela, es el mismo lugar al que llegó Ehrman después de muchos años de devota práctica cristiana: "Yo discutía habitualmente con otros niños de que la idea de Dios, que es a la vez omnipotente y perfectamente bondadoso, es incompatible con los manifiestos males e imperfecciones del mundo". Durante gran parte de su carrera, Flew continuó debatiendo con una distinguida lista de filósofos, científicos, teólogos e historiadores. Y luego, poco a poco y para su propia sorpresa, llegó a la conclusión de que su exploración durante décadas "de lo divino, me llevaron de la negación al descubrimiento".
¿Qué descubrió exactamente? Que al interrogar al ateísmo con el mismo rigor que había utilizado para interrogar al teísmo, pudo empezar a sacudir los fundamentos de ese dogmatismo. Plantea a sus colegas ateos la siguiente pregunta: "¿Qué tendría que ocurrir o haber ocurrido para que usted al menos considere la existencia de una mente superior?" Sabe que la piedra angular del credo ateo es un argumento que utilizó él mismo muchas veces: la suficiencia del mundo natural materialista como una explicación de cómo funcionan las cosas. "Señalé", dijo, "que incluso en las entidades más complejas del universo -los seres humanos- son productos de fuerzas físicas y mecánicas inconscientes".
Pero es precisamente la palabra "inconsciente" la que, al final, envía a Flew en otra dirección. ¿Cómo -pregunta- pueden fuerzas que son puramente físicas y mecánicas -fuerzas sin mente, sin conciencia- dar origen a un mundo de propósitos, ideas y proyectos morales? "¿Cómo puede un universo de materia irreflexiva producir seres con fines intrínsecos y capacidades de auto-replicación?"
Flew no niega la potencia explicativa del pensamiento materialista cuando la pregunta es cómo debemos entender las causas físicas de este o ese evento o efecto. Lo que dice es que lo que explica el pensamiento materialista -las intrincadas operaciones de la naturaleza- necesita él mismo una explicación, y el pensamiento materialista no puede entregarla. Los científicos, dice, "tratan de la interacción entre los elementos químicos, mientras que nuestras preguntas tienen que ver con cómo puede algo tener un propósito intrínseco y cómo puede la materia ser controlada por procesos simbólicos?" Estas interrogantes, insiste Flew, existen en niveles enteramente diferentes y el conocimiento obtenido del primero no puede ser utilizado para iluminar el segundo.
En un apéndice, Abraham Varghese explica el punto de Flew con la ayuda de un ejemplo de todos los días: "Sugerir que el ordenador entiende lo que está haciendo es como decir que una línea eléctrica puede meditar sobre la cuestión del libre albedrío y el determinismo en la solución de un problema, o que un reproductor de DVDés entiende y disfruta de la música que toca".
¿Cómo pudieron las conductas con propósito del tipo que realizamos todo el tiempo -comprender, meditar, disfrutar- emerger de electrones y elementos químicos?
El origen habitual de las teorías sobre la vida, observa Flew, están atrapadas en una regresión infinita que sólo se puede detener por una declaración arbitraria del tipo que él mismo solía utilizar: "[...] nuestro conocimiento del universo se detiene en el big bang, que es visto como el hecho último". O: "Las leyes de la física son ‘leyes sin ley', que surgen del vacío". Ahora está convencido de que esos pronunciamientos dan por sentado una pregunta crucial -¿por qué hay algo en lugar de nada?-, una pregunta a la que responde con la misma proposición que defendió durante la mayor parte de su vida: "La única explicación satisfactoria del origen de esa vida ‘con un fin, y auto-replicante' como la que vemos en la Tierra, es un Mente infinitamente inteligente".
¿Considerará Ehrman su posición actual y se reconvertirá si lee el nuevo de Flew? No es probable, porque Flew está firmemente anclado en la postura intelectual que Ehrman encuentra tan árida. Flew asegura a sus lectores que él "no tiene ninguna relación con ninguna de las religiones reveladas" y no "tiene ninguna experiencia personal de Dios o ninguna experiencia que pudiera llamarse sobrenatural o religiosa". Tampoco nos dice en este libro si ha tenido alguna experiencia del dolor y el sufrimiento que impregnan cada frase de Ehrman.
Mientras Ehrman empieza y termina con el problema del mal, Flew sólo dice que es una cuestión que "debemos enfrentar", aunque él no la tratará en este libro porque lo que le preocupa es la pregunta previa "sobre la existencia de Dios". Respondiendo esta pregunta afirmativamente, deja la otra sin responder (uno podría siempre desechar los atributos divinos de poder y benevolencia y alegar que la ausencia del segundo no desmiente la realidad del primero).
De momento, Flew está satisfecho con el progreso intelectual que ha sido capaz de hacer. Ehrman no se satisface con nada, y la pasión e indignación que siente con las manifiestas desigualdades del mundo no se ven disminuidas ni en lo más mínimo cuando escribe sus últimas palabras.
¿Se puede sacar alguna conclusión de estos dos libros, tan similares en sus preocupaciones y tan diferentes en sus modos de resolverlas? ¿Persuade uno al otro?
Quizás un lector individual de alguno de ellos tendrá que cambiar de parecer, pero su principal valor es que juntos dan testimonio de la continua vitalidad y significación de la materia que comparten. Ambas son indagaciones serias en materias que han sido discutidas y debatidas por personas sinceras y sabias durante siglos. El proyecto es antiguo, pero estos autores lo prosiguen con una energía y buena voluntad que invita a más conversaciones con lectores de ambos campos.
En breve, estos libros no trivializan su materia ni demonizan a aquellos que tienen un punto de vista diferente, que es más de lo que se puede decir sobre los esfuerzos de esos escritores ateos de moda cuyo principal argumento parece ser el escarnio.

24 de noviembre de 2007
4 de noviembre de 2007
©new york times
©traducción mQh
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sobre la tortura


[Susan Jacoby] Finalmente un tema sobre valores reales.
Nunca. La tortura no se puede justificar, ni tampoco los análisis sobre el significado de la tortura, como las evasiones sobre el simulacro de asfixia ante el Comité Judicial del Senado por el candidato del presidente Bush al ministerio de Justicia. Todo senador que vote por la confirmación de Michael Mukasey estará deshonrando su cargo, tanto en términos morales como constitucionales. ¿Cómo es posible que mi país llegue a niveles morales y jurídicos tan bajos?
En un artículo de opinión del 6 de noviembre en el New York Times, el senador Charles Schumer (demócrata de Nueva York) explica que votará por Mukasey, a pesar de sus evasiones sobre el simulacro de asfixia, porque el ministerio de Justicia necesita una mano firme para desenredar la maraña que dejó el ex ministro de Justicia, Alberto Gonzales. Schumer dice que tiene la "certeza" de que Mulakey implementará cualquier ley que apruebe el Congreso donde se defina como tortura el simulacro de asfixia por inmersión. Yo digo que el ministerio de Justicia necesita un líder que no necesite una ley que le diga que el simulacro de asfixia por inmersión, o el uso del potro, son tortura. Todo esto me hace recordar un lema que los trabajadores por los derechos civiles utilizaban en Mississippi en los años sesenta: "En Mississippi hay un pueblo que se llama Libertad. En Washington hay un ministerio que se llama Justicia". El senador Schumer, por el que he votado dos veces, debería saber que hay algunos principios que son más importantes que la necesidad de llenar a corto plazo un vacío administrativo.
Es absolutamente idiota preguntar: "¿Estaría usted dispuesto a torturar a un prisionero si él supiera cuándo y dónde se encuentra una bomba nuclear que será lanzada en Estados Unidos?" Este es el tipo de situaciones que sólo aparece en las novelas de espionaje. En general, los "métodos extremos de interrogatorio" se aplicaban en un intento de extraer de un prisionero, que podría o no estar en condiciones de proporcionar informaciones útiles, algún conocimiento general sobre el enemigo (o enemigos). Todos los estudios han demostrado que la mayor parte de la información obtenida mediante la tortura es inútil. La gente dirá cualquier cosa, confesará cualquier cosa para detener la tortura. Los terroristas musulmanes dirán la misma verdad bajo tortura que los judíos que renunciaban a su religión y abrazaban el cristianismo durante la Inquisición.
¿Y qué si yo estuviera dispuesta a violar mis propios valores en un intento de obtener información sobre un atentado con bomba? ¿Significa eso que debemos tener una política oficial que apruebe esas conductas de nuestras fuerzas armadas o de nuestro ministerio de Justicia? Sin duda, la Declaración de Derechos Individuales ha sido violada infinitas veces por funcionarios de gobierno. Eso no significa que haya algo malo con la declaración: sólo muestra lo necesario que es tener leyes que nos inspiren hacia las más altas normas de conducta ética.
De acuerdos a expertos en interrogatorios, la tortura no funciona. Ese es un problema práctico. El tema moral es qué hace la práctica de la tortura al carácter de los individuos que la ejercen directamente, y al carácter de un país que la tolera. La tortura envilece tanto a los individuos como a la sociedad. Nuestro rechazo a exigir responsabilidades de la parte superior de la cadena de comando responsables de Abu Ghraib lo dice todo sobre la crisis moral de nuestra sociedad.
Para mí, este no es un tema específicamente religioso, aunque varias iglesias y grupos dentro de las iglesias han adoptado diferentes posturas sobre el tema. Pero es ciertamente un tema valórico -un tema valórico de mucho mayor importancia para nuestro país que los interminables debates sobre temas sexuales como el matrimonio homosexual y el acceso de menores a los anticonceptivos.
Hay algunos temas -la esclavitud y el sacrificio humano entre ellos- con los que se miden los largos y lentos procesos civilizatorios. Al aceptar la tortura, directa o indirectamente, estamos dando la espalda al proceso de civilización mismo, así como a los ideales que dieron nacimiento a nuestro país. Siempre habrá violaciones de las normas civilizadas de la guerra -en realidad, esas violaciones son la esencia de la guerra-, pero hay una enorme diferencia entre reconocer que esas violaciones existen y hacer la vista gorda cuando el gobierno de Bush reclama el derecho a hacer lo que quiera con los detenidos, todo bajo el pretexto de proteger a Estados Unidos.
¿Qué quedará por proteger después de haber aprobado acciones que violan lo mejor de nuestros valores? Sobre la esclavitud, Jefferson dijo: "Tiemblo por mi país cuando pienso que Dios es justo". (Por favor, ahorraros los comentarios sobre el uso que hace una atea de una cita con la palabra Dios en ella). Todos esos senadores cobardes que votarán a favor de la confirmación de Mukasey como ministro, pese a sus evasiones sobre la tortura, deben reflexionar profundamente sobre la cita. Quizás no haya un Dios justo, pero siempre se rinden responsabilidades por aprobar o hacer la vista gorda ante prácticas que violan derechos humanos fundamentales.

Susan Jacoby ha publicado ‘Freethinkers: A History of American Secularism' (2004), que fue llamado un extraordinario libro documental por el Washington Post y Los Angeles Times, y mencionado como un excelente libro de alcance internacional por el Times Literary Supplement y el Guardian.

9 de noviembre de 2007
©newsweek.washington post
©traducción mQh
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nueva evangelización pro-animal


[Stephanie Simon] Los llamados a proteger a todas las criaturas de Dios están encontrando acogida en la comunidad religiosa, incluso en la derecha.
Estados Unidos. Pasó años como una declarada activista antiaborto, que es una causa que sigue apoyando. Pero en estos días, Karen Swallow Prior tiene una nueva pasión: el bienestar animal.
Al principio no estaba muy segura de que defender a la criaturas cuadrúpedas de Dios tuviera alguna resonancia en el campus de la Universidad Libre, una institución bautista fundamentalista fundada por el Reverendo Jerry Falwell.
Entre los miembros de la facultad -y en general entre evangélicos conservadores- el movimiento por los derechos animales es a menudo desdeñada como una causa laica y liberal.
Pero los activistas han estado actuando con creciente intensidad para despojarse de esa imagen. Están dictando charlas en templos cuáqueros y en iglesias episcopales, abriendo páginas en la red que publican textos de las Escrituras junto con recetas de sopas vegetarianas estrictos -y utilizando un lenguaje bíblico para fomentar iniciativas políticas, tales como leyes que estipulan jaulas más grandes para marranas embarazadas.
El miércoles, clérigos de veinte credos religiosos diferentes -incluyendo a hindúes, judíos, musulmanes, pentecostales y católicos- firmarán una declaración en la que dicen que es un deber moral tratar con respeto a los animales. En una ceremonia en Washington, llamarán a la gente de todos los credos religiosos a que dejen de usar pieles, reducir el consumo de carne y comprar solamente en granjas con prácticas humanas. La Best Friends Animal Society, que reunió al grupo, reclutará a voluntarios para que lleven ese mensaje al menos a dos mil congregaciones en todo el país.
Entretanto, en la Universidad Libre Prior corrió un riesgo: Escribió un editorial para la revista universitaria de este mes declarando que el bienestar animal es una preocupación evangélica. Señaló que el abolicionista William Wilberforce, héroe evangelista de fines del siglo dieciocho e inicios del diecinueve, propugnó leyes que protegieran a los animales contra la crueldad humana. Y dijo que había un "amplio apoyo bíblico" para continuar con esa causa hoy.
Para sorpresa de Prior, recibió montones de elogios en el campus y alrededores en Lynchburg, Virginia. Su pastor le pidió incluso que dictara una charla sobre el tópico en un grupo de estudio de la Biblia.
"Un montón de estas ideas son desechadas porque se inscriben en la división entre liberales y conservadores. Pero hay algunos temas que transcienden eso", dijo Prior, profesora de inglés.
Ciertamente, la Universidad Libre no va a servir comida vegana en sus comedores. (Prior no ha hecho suya toda la causa del bienestar animal: Admite que ella come venado fresco cuando su marido vuelve a casa de cacería).
Pero los activistas dicen que se sienten estimulados por incluso los esfuerzos más modestos por despertar conciencia.
La comunidad evangélica "está ampliando su definición de valores que incluyen trabajar contra la pobreza y por el medio ambiente. También esperamos introducir la preocupación por el bienestar animal", dijo Christine Gutleben, que dirige el nuevo programa ‘Animales y religión' de la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos.
Ese programa, con 400 mil dólares en fondos al año, persigue convencer a las comunidades religiosas para que den una serie de pequeños pasos: ofrecer una entrada vegetariana en una cena bíblica, o insistir en que la tarta del café los domingos sea hecha sin huevos.
La Sociedad Protectora también está tratando de reclutar a líderes religiosos en sus campañas políticas. En California, por ejemplo, el grupo ha estado demandando someter a votación la prohibición de ciertos sistemas de confinamiento de los animales de granja. Algunos anuncios muestran fotos de gallinas en jaulas atestadas, y preguntan: "¿Es esto el cuidado fiel de las criaturas de Dios?"
Algunas tradiciones religiosas ya han adoptado posturas agresivas en apoyo del bienestar animal. La Iglesia Episcopal alienta a sus miembros a trabajar contra las "fábricas de perros y granjas industriales". La Iglesia Metodista Unida apoya las granjas donde los animales viven tanto como posible en su ambiente natural.
Antes de convertirse en Papa, Benedicto XVI (entonces el cardenal Joseph Ratzinger) se pronunció contra la alimentación forzosa de los gansos para producir paté de hígado y contra su confinamiento tan apretado "que se convierten apenas en caricaturas de aves".
El reto para los activistas por los derechos animales ha sido traducir esos sentimientos en códigos de conducta concretos para las congregaciones. También deben superar la permanente desconfianza, especialmente de la derecha religiosa, para los que la mera mención de ‘derechos animales' subvierte los planes divinos en cuanto al dominio humano sobre el resto de la creación.
En su programa radial de esta semana, el comentarista evangélico Charles Colson sugiere que la causa de los derechos animales implica que "los humanos son... apenas otro más de los abundantes accidentes vivos que pueblan el planeta".
Los cristianos deben tratar humanamente a los animales, dice Colson. Pero eso no significa otorgarles el derecho legal a vivir en jaulas más grandes. Esas iniciativas confunden la distinción entre humanos y animales, dice: "Los cristianos deben tener cuidado".
Pese a esos avisos de cautela, los activistas por los derechos animales dicen que esperan que las comunidades religiosas se conviertan en una fuerza importante en su movimiento en la próxima década.
"Dios creó a otros animales con necesidades, deseos y todo la gama de emociones", dice Bruce Friedrich, un católico cuya fe lo llevó a una carrera como activista con la organización Personas por el Tratamiento Ético de los Animales [People for the Ethical Treatment of Animals].
Un cerdo está hecho para vivir en el suelo, dice Friedrich. Un pollo, para construir un nido. Así que mantener a esos animales -y otros que son criados como mercadería- en jaulas atestadas, sin luz solar, sucios, sin hierba y a menudo sin compañía es una "negación de la voluntad de Dios", dice Friedrich.
Él y otros señalan también que Dios estableció para el hombre, en la historia de la creación en el Libro del Génesis, una dieta vegetariana. Sólo después del pecado, caída y expulsión del Edén empieza la Biblia a hablar del hombre como consumidor de carne animal.
Por supuesto, la Biblia está repleta de ejemplos de Dios ordenando sacrificios animales. Pero los activistas por los derechos animales contienden que el verdadero ideal de Dios es la piedad y la dignidad para toda la creación.
El argumento religioso puede ser tan convincente que incluso los no religiosos han aprendido a usarlo en beneficio de la causa de los derechos animales.
Bernard E. Rollin, un célebre filósofo ético, no es una persona de fe. Sin embargo, cita a la Biblia cuando habla a los productores de carne, tratando de convencerlos de que los métodos industriales modernos pisotean los ideales de Dios sobre el respeto de los animales.
Ese argumento resuena ampliamente, dice Rollin, profesor en la Universidad de Colorado. Así que espera oír en los próximos años un montón más de charlas sobre la fe de parte de activistas por los derechos de los animales.
"Un montón de gente de este país es religiosa, y toda esa gente religiosa come", dijo. "Cualquier cosa que funcione".

stephanie.simon@latimes.com

6 de noviembre de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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visión de un mundo compasivo


[Dalai Lama] Debemos enfrentarnos al mundo con corazón y mente templados por la compasión.
La fuerza fruta no podrá doblegar jamás el fundamental anhelo humano de libertad. Las miles de personas que en las últimas décadas han marchado en las ciudades de Europa del Este, la firme determinación de la gente de mi tierra del Tibet y las recientes manifestaciones en Birmania son potentes recordatorios de esta verdad. La libertad es la fuente misma de creatividad y desarrollo humano. No es suficiente, como asumieron los sistemas comunistas, proveer a la gente de alimento, vivienda y ropa. Si tenemos estas cosas, pero carecemos del precioso aire de la libertad para sostener nuestra naturaleza más profunda, sólo somos mitad humanos.
En el pasado, los pueblos oprimidos recurrían a menudo a la violencia en su lucha por la libertad. Pero visionarios como Mahatma Gandhi y el Reverendo Martin Luther King Jr. nos han mostrado que se pueden lograr cambios de manera no violenta. Yo creo que, en el nivel humano más básico, la mayoría de nosotros queremos ser pacíficos. En el fondo, lo que queremos es un crecimiento constructivo y fructífero, y repudiamos la destrucción.
Hoy mucha gente está de acuerdo en que necesitamos reducir la violencia en nuestra sociedad. Si somos realmente serios sobre este asunto, debemos tratar las raíces de la violencia, especialmente las que existen dentro de cada uno de nosotros. Necesitamos hacer nuestro el ‘desarme interno', reducir nuestras propias emociones de desconfianza, odio y hostilidad hacia nuestras hermanas y hermanos.
Además, debemos reexaminar cómo nos relacionamos con la cuestión misma del uso de la violencia en el mundo tan profundamente interconectado de hoy. A veces uno puede creer que puede resolver con fuerza rápidamente un problema, pero a menudo el éxito se alcanza a expensas de los derechos y del bienestar de otros. Se puede resolver un problema, pero se planta al mismo tiempo la semilla de otro, abriendo así un nuevo capítulo en un ciclo de violencia y contraviolencia.
Desde la Revolución del Terciopelo en la antigua Checoslovaquia al popular movimiento en pro de la democracia en Filipinas, el mundo ha visto cómo una estrategia no violenta puede conducir a cambios políticos positivos. Pero la práctica genuina de la no violencia todavía está en su fase experimental. Si este experimento tiene éxito, puede abrir el camino para un mundo más pacífico. Necesitamos idear un modo más realista de resolver conflictos humanos, un modo que esté en sintonía con la nueva realidad de fuerte interdependencia en la que los viejos conceptos de ‘ellos' y ‘nosotros' ya no son relevantes. La idea misma de anhelar la victoria total de la propia causa y la derrota total del enemigo es insostenible. En los conflictos violentos, a menudo los inocentes son las primeras víctimas, como nos lo recuerdan dolorosamente la guerra de Iraq y la crisis en Darfur, Sudán. Hoy, la única solución viable de los conflictos humanos es el diálogo y la reconciliación, basado en el espíritu de compromiso.
Muchos de los problemas que tenemos hoy son propia obra nuestra. Creo que una de las causas primeras de estos problemas hechos por el hombre es la incapacidad de los humanos de controlar sus excitadas mentes y corazones -una zona en la que las enseñanzas de las grandes religiones del mundo tienen mucho que decir.
Un científico de Chile me dijo una vez que es inadecuado que un científico se apegue a su particular campo de estudio, porque eso minaría su objetividad. Yo soy un budista practicante, pero si mezclo mi devoción por el budismo con una predilección por él, mi mente estará predispuesta hacia él. Una mente predispuesta no ve nunca toda la historia, y toda acción que emprenda no estará nunca en sintonía con la realidad. Si los religiosos practicantes pudieran acatar el consejo de este científico y se refrenaran de sentirse apegados a sus propias tradiciones religiosas, podría prevenir el crecimiento del fundamentalismo. También permitiría que esos seguidores respetaran genuinamente otras tradiciones religiosas, aparte de las suyas propias. Digo a menudo que mientras uno puede adherir al principio de ‘una verdad, una religión' a nivel de la fe personal, deberíamos al mismo tiempo respetar el principio de ‘muchas verdades, muchas religiones' en el contexto de una sociedad más amplia. Yo no veo contradicción entre estas dos cosas.
No quiero sugerir que la religión sea indispensable para un modo de vida sólido y ético ni, igualmente, para una felicidad genuina. Al final, sea que uno sea creyente o no-creyente, lo que importa es que uno sea una persona buena, servicial y cariñosa. La esencia de la enseñanza de todas las grandes religiones del mundo es una profunda sensación de preocuparse de los otros, sobre la base de un profundo sentido de la interconexión. En mis viajes, siempre considero que mi misión más importante es el fomento de las cualidades humanas básicas de bondad -la necesidad de, y el aprecio por el valor del amor, nuestra capacidad natural de sentir compasión y la necesidad de empatía. Por más que las caras sean nuevas o diferentes las ropas y conductas, no hay una división significativa entre nosotros y la otra gente.
Cuando vi por primera vez una fotografía de la Tierra tomada desde el espacio exterior, me hizo darme cuenta de lo pequeño y frágil que es nuestro planeta y lo pequeñas que son nuestras riñas. En medio de nuestras diferencias percibidas, tendemos a olvidar que las diferentes religiones del mundo, sus diferentes ideologías y sistemas políticos debían atender a seres humanos, no destruirlos. Cuando viajé a la ex Unión Soviética a fines de los años setenta, presencié una paranoia generalizada, incluso entre gente corriente que temía que el Occidente les odiara tanto que estaba dispuesto a invadir su país. Por supuesto, yo sabía que esto era mera proyección.
Hoy más que nunca necesitamos hacer de este reconocimiento fundamental de la esencial unicidad de la humanidad, el fundamento de nuestra perspectiva sobre el mundo y sus habitantes. Desde la peligrosa tasa de calentamiento global a la creciente brecha entre ricos y pobres, desde el surgimiento del terrorismo global a los conflictos regionales, necesitamos un cambio fundamental en nuestras actitudes y nuestra conciencia -una visión más amplia y más holística.
Como sociedad, necesitamos cambiar nuestra actitud básica en cuanto a cómo educamos a las generaciones jóvenes. Falta algo fundamental en nuestra educación moderna cuando se trata de educar al corazón humano. Mientras la gente aprende a explorar esta importante cuestión, mi esperanza es que seamos capaces de resolver el actual desequilibrio entre el desarrollo de nuestro cerebro y el desarrollo de nuestro corazón.
Para fomentar una mayor compasión, debemos prestar especial atención al papel de las mujeres. Dado que las madres llevan el feto durante meses en sus propios cuerpos, desde un punto de vista biológico las mujeres en general pueden poseer una mayor sensibilidad de corazón y capacidad de empatía. Mi primer maestro en amor y compasión fue mi propia madre, que me dio un máximo de amor. No quiero reforzar de ninguna manera la visión tradicional de que el lugar de la mujer es la casa. Creo que ha llegado la hora de que las mujeres desempeñen roles más activos en todos los ámbitos de la sociedad, en una época en que la educación y las capacidades de la mente, y no la fortaleza física, definen el liderato. Esto podría ayudarnos a crear una sociedad más equitativa y más compasiva.
En general, me siento optimista acerca del futuro. En los años cincuenta y sesenta, la gente creía que la guerra era la condición inevitable de la humanidad y que los conflictos debían ser resueltos mediante la fuerza. Hoy, pese a los conflictos en curso y a la amenaza del terrorismo, la mayoría de la gente está realmente preocupada acerca de la paz mundial, mucho menos interesada en el planteamiento de ideologías y mucho más comprometida con la coexistencia.
Los rápidos cambios en nuestra actitud hacia la Tierra son también una fuente de esperanza. Hasta hace poco, consumíamos irreflexivamente sus recursos como si estos no tuvieran fin. Ahora no solo individuos sino también gobiernos están buscando un nuevo orden ecológico. A menudo bromeo diciendo que la luna y las estrellas se ven bonitas, pero si tratáramos de vivir en ellas la pasaríamos muy mal. Este azul planeta nuestro es el hábitat más maravilloso que conocemos. Su vida es la nuestra, su futuro nuestro futuro. Ahora la Madre Naturaleza nos está diciendo que debemos cooperar. Frente a problemas globales como el efecto invernadero y el deterioro de la capa de ozono, las organizaciones individuales y las naciones solas son impotentes. Nuestra madre nos está enseñando una lección en responsabilidad universal.
El siglo veinte se ha convertido en un siglo de derramamiento de sangre; pese a sus inicios vacilantes, el siglo veintiuno debería ser un siglo de diálogo, uno en el que la compasión, la semilla de la no-violencia, podrá florecer. Pero las buenas intenciones no son suficientes. Debemos resolver seriamente la urgente cuestión de la proliferación de las armas nucleares y hacer esfuerzos mundiales hacia un mayor desarme externo.
Grandes movimientos humanos surgen de iniciativas humanas individuales. Si crees que tu participación es innecesaria, la persona junto a ti también se sentirá desalentada, y se perderá una gran oportunidad. Por otro lado, cada uno de nosotros puede inspirar a otros simplemente trabajando para desarrollar nuestras propias motivaciones altruistas -y enfrentarnos al mundo con corazón y mente templados por la compasión.

El Dalai Lama número 14, Tenzin Gyatso, es el líder espiritual del Tibet. Vive en Dharamsala, al norte de India, sede del gobierno tibetano en el exilio, desde 1959.

3 de noviembre de 2007
21 de octubre de 2007
©washington post
©traducción mQh

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quiénes creen en los fantasmas


[Alan Fran y Trevor Tompson] Casi un tercio de los entrevistados en una encuesta de AP-Ipsos dice que creen en los fantasmas.
Washington, Estados Unidos. ¿Esas cosas que se echan a perder en la noche? Casi un tercio de la gente cree que la explicación son los espíritus.
Y casi uno de cada cuatro personas, el 23 por ciento, dice que en realidad han visto o sentido la presencia de espíritus, constató una encuesta antes de la Noche de las Brujas encargado por la Associated Press e Ipsos.
Una de esas personas es Misty Conrad, que dice que huyó de su casa alquilada en Syracuse, Indiana, después de que su hija empezara a hablar con una niña invisible llamada Nicole y sus vecinos le contaran que en esa casa habían asesinado a unos niños. Eso fue después de que la tele y las luces empezaran a parpadear por las noches.
"Me dio miedo", dijo esta semana Conrad, 40, de Hampton, Virginia. "Quería echarnos".
Casi una de cada cinco personas, el 19 por ciento, dice que acepta la existencia de los hechizos o de la brujería. Casi la mitad, 48 por ciento, creen en la percepción extrasensorial.
La gente que recibe probablemente más visitas fantasmagóricas son los solteros, los católicos y los que no han asistido nunca a servicios religiosos. El 31 por ciento de los liberales dice haber visto un fantasma; lo mismo hace el 18 por ciento de los conservadores.
Entre aquellos que desechan la existencia de espíritus se encuentra Morris Swadener, 66, un jubilado nativo de la Armada nativo de Kingston, Washington.
Dice que de niño le disparó a uno con un rifle.
"Desperté en mitad de la noche y vi un fantasma blanco en mi armario", dijo. "Descubrí que le hice un agujero a mi nueva camisa blanca. Mis padres no estaban para nada divertidos".
Tres de cada diez han despertado con la sensación de que había una presencia extraña en el cuarto. Es más probable que los solteros, en contraste con la gente casada, reciban estas visitas.
El catorce por ciento -la mayoría hombres de bajos ingresos- dice que han visto un ovni. Entre ellos se encuentra Morris Swadener, 44, abogado de Palm Harbor, Florida, que dice como cuando era adolescente en Colorado observó una luz brillante que cruzó el cielo, haciendo abruptas paradas y giros.
"Yo sabía algo sobre aviones y helicópteros, y eso no lo era", dijo. "Es una de las cosas que se han quedado grabadas en mi mente".
Creen más fácilmente en hechizos y brujerías los habitantes urbanos de minorías étnicas y gente de bajos ingresos. Los que encuentran creíble las experiencias extrasensoriales tienden a ser mejor educados y blancos: un 51 por ciento de estudiantes universitarios, en comparación con el 37 por ciento con estudios secundarios o menos.
En general, el 48 por ciento de la gente que acepta las experiencias extrasensoriales es menos que el 66 por ciento que dieron esa respuesta a una pregunta similar de Newsweek en 1996.
Uno de cada cinco dicen que son algo supersticiosos, y los jóvenes, las minorías y los menos educados hacen cualquier cosa para atraer la suerte. Veintiséis por ciento de los residentes urbanos -dos veces la tasa de las áreas rurales- dijeron que son supersticiosos, mientras los solteros eran más supersticiosos que las mujeres solteras, 31 contra 17 por ciento.
La superstición más admitida, por un 17 por ciento, es buscar un trébol de cuatro hojas. Trece por ciento teme pasar por debajo de una escalera o que el novio vea primero a la novia antes de la boda, mientras que cifras más pequeñas mencionaba los gatos negros, romper espejos, abrir el paraguas en interiores, el viernes trece o el número trece.
Generalmente las mujeres son más supersticiosas que los hombres en cuanto a los tréboles de cuatro hojas o novios que ven prematuramente a sus novias. Los demócratas eran más supersticiosos que los republicanos en cuanto a abrir el paraguas en casa, mientras que los liberales fueron más supersticiosos que los conservadores en cuanto a los tréboles de cuatro hojas, novios que ven a sus novias y paraguas.
Luego está Jack Van Geldern, programador de computación de Riverside, Connecticut. Ahora de 51, Van Geldern es uno del cinco por ciento que dice que han visto a un monstruo en el armario: en su caso, la cara del monstruo que vio en la pared de su cuarto cuando era niño.
"Estaba tan aterrado que no me podía mover", dijo. "Está demás decir que sobreviví y nunca lo volví a ver".
La encuesta, realizada entre el 16 y 18 de octubre, se basa en entrevistas telefónicas con 1.013 adultos y tiene un margen de error de más menos 3.1 por ciento.

Dennis Junius, especialista en encuestas de la AP, contribuyó a este reportaje.

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¿por qué la democracia?


[Stanley Fish] Cuando se me pidió votar por presidente del planeta no se me ocurrió nadie, ni vivo ni muerto.
Hace unas semanas un entrevistador de la British Broadcasting Company me hizo diez preguntas sobre la democracia. Yo era uno más de muchos que estaban siendo entrevistados para una serie de programas y películas que llevan el título general de ‘¿Por qué la democracia?' A partir de hoy -8 de octubre- los que los productores llaman "el evento multimedia factual más grande del mundo" será transmitido por televisión, radio y online en más de doscientos países con una audiencia prevista de trescientos millones de personas. La intención es ‘provocar un debate' y una masiva discusión online.

Dos preguntas están relacionadas: "¿Cuál es la mayor amenaza para la democracia?" y "¿Puede el terrorismo destruir la democracia?" Las respuestas dependen de lo que pienses que es la democracia. Yo tiendo a rechazar las definiciones románticas que incluyen conceptos como ‘noble ideal' y opto, al contrario, por algo más analítico; la democracia es una forma de gobierno que no está vinculada a ningún propósito político o ideológico predeterminado, que permite que los objetivos sean elegidos por la mayoría de los votos en elecciones libres.
Esto significa que la democracia es la única forma de gobierno que, al menos en teoría, contempla con ecuanimidad su propia desaparición. Las elecciones democráticas no garantizan que los ganadores se comporten democráticamente, y siempre es posible que los que controlan el proceso legislativo aprueben leyes o incluso revoquen derechos -de propiedad, de libre expresión y libre circulación- que distinguen a las democracias de las teocracias y monarquías. (Algunos dicen que esto es exactamente lo que ha estado ocurriendo en los últimos seis años). El juez Oliver Wendell Holmes captó la fragilidad de una forma de gobierno que se puede alterar a sí misma hasta el punto de que puede dejar de reconocerse a sí misma cuando dijo que si sus conciudadanos querían ir la infierno en una cesta de mimbre, su trabajo era ayudarlos a llegar ahí, pese a que deploraba las consecuencias. De la democracia se puede decir entonces que ella misma es su principal amenaza.

El terrorismo presenta una amenaza paralela desde el exterior. El peligro no es tanto que los terroristas derroten a las democracias por su recurso a la violencia, como que, al hacerles frente, las democracia olviden las garantías constitucionales (contra las detenciones arbitrarias, la censura y la vigilancia policial secreta) que hacen de las democracias lo que son. (Nuevamente, algunos dicen que eso ya está ocurriendo). Si los terroristas pueden manipular a las democracia empleando métodos que no se distinguen de los suyos propios, se podrá decir que han ganado la guerra, independientemente del resultado en el campo de batalla.

Las otras dos preguntas también están relacionadas una con otra. "¿Son buenos los dictadores?" y "¿Vale la democracia para todo el mundo?" La pregunta de si los dictadores son buenos depende una pregunta previa sobre de qué quieres que se ocupe el gobierno. Si estás preocupado por las libertades personales y no quieres que la policía se la pase controlando a todo el mundo, un poder ejecutivo fuerte, permanente e intrusivo tendrá poco o nada de atractivo. Pero si, como Thomas Hobbes, la estabilidad y la seguridad te importan más que todo lo demás, podrías aceptar la idea de que un soberano absoluto que sea suficientemente fuerte como para protegerte de tu vecino y proteger a ambos contra enemigos extranjeros.
El mismo razonamiento se aplica a la pregunta de si la democracia es buena para todo el mundo. Depende de si crees que la democracia es la forma de gobierno hacia la que ha estado avanzando la historia (la tesis de Francis Fukuyama en ‘El fin de la historia') o si es meramente una opción entre otras. Si eres de la primera opinión (como parece serlo el actual gobierno), creerás que mientras más se expongan tus adversarios a las ideas democráticas, más atractivas las encontrarán. Pero si desconfías de los argumentos teleológicos (como yo), te mostrarás incrédulo en cuanto a la posibilidad de exportar la democracia y considerarla, al contrario, como algo que los otros pueden adoptar o desechar, dependiendo del aprecio en que la tengan.
Dado que la democracia privilegia algunos valores -movilidad personal, espíritu empresarial, tolerancia, cosmopolitismo-, y quita importancia a otros -comunidad, adaptación ideológica, estabilidad cultural-, su atractivo variará con los valores que adopte una sociedad particular. Por ejemplo, una sociedad que descansa en sólidos fundamentos religiosos puede encontrar útiles algunas prácticas democráticas, pero no estará inclinada a pelear y morir por ellas.

Esto me lleva a las otras preguntas. "¿Es Dios demócrata?" Esta pregunta es fácil. Dios, como el soberano de Hobbes, exige obediencia, y los que lo adoran deben subordinar sus deseos personales a su voluntad. (Aquí es paradigmática la historia de Abraham e Isaac). Por eso su gobierno es la antítesis de la democracia, que eleva la opción individual a una posición de primacía. Eso no significa, sin embargo, que Dios desconfíe de los estados democráticos o que exija la instauración de una teocracia o que tenga, del todo, opiniones políticas. (Por otro lado, alguien que, como Walt Whitman, crea que Dios no es una entidad separada sino que reside en cada uno de nosotros, podría concluir que la democracia es la forma de gobierno preferida por Dios).

Una pregunta que se me hizo era probablemente un error de categoría: "¿Puede la democracia resolver el cambio climático?" Resolver los problemas del cambio climático, si es que puede hacerse, será asunto de los avances en la tecnología y alteraciones en las conductas personal y profesional en respuesta a directivas y ordenanzas del estado. Ningún sistema político está naturalmente predestinado a la tarea o excluido por definición de llevarla a cabo. La política y la tecnología son variables independientes.

Otra pregunta era una trampa: "¿Son las mujeres más democráticas que los hombres?" Eso es como preguntar: "¿Son los hombres más decididos que las mujeres?" Cualquiera sea la respuesta que des, te meterá en problemas con la mitad del mundo. La idea de que las cualidades de personalidad y temperamento están determinadas por el género es muy antigua y toda generación tiene una nueva versión de las diferencias. Se nos ha dicho en los últimos años que las mujeres se inclinan por la relación, el compromiso, la empatía y la conversación, mientras que a los hombres les gusta ser independientes y fijar fronteras que los separen nítidamente. Si es así, los hombres son más democráticos que las mujeres porque la democracia, especialmente la democracia de estilo estadounidense, se basa más en los derechos que en la comunidad. Pero soy escéptico con respecto a estas binarias y, por eso, de la pregunta.

Una pregunta era demasiado general y ambiciosa: "¿Quién o qué gobierna el mundo?" ¿El capital? ¿La cultura consumista norteamericana? ¿El fervor religioso? Mi respuesta sería ‘la contingencia'. Nunca sabes lo que va a ocurrir ni que fuerzas serán desencadenadas por acontecimientos imprevisibles.

Pasé otra de las preguntas porque soy demasiado viejo para responderla: "¿Por qué razón empezaría usted una revolución?" A mi edad, nada. Si las cosas se pusieran muy mal, buscaría un lugar donde esconderme.

La última pregunta que se me hizo, fue: "¿Por quién votaría usted como presidente del planeta?" Sí sé por quién me gustaría votar. Por alguien sabio, culto, fuerte, valiente, piadoso, entendido, incorruptible, inspirador, capaz y guapo. No se me ocurrió nadie, ni vivo ni muerto, así que me conformé con un personaje imaginario, Atticus Finch, al menos tal como era representado por Gregory Peck. (Otra posibilidad es Morgan Freeman en cualquier papel).

www.whydemocracy.net and www.myspace.com/whydemocracy

18 de octubre de 2007
7 de octubre de 2007
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el poder de los loros


[George Johnson] Alex quería una galleta. ¿Realmente?
En ‘Oryx and Crake', la novela de Margaret Atwood sobre los últimos días de la humanidad en la Tierra, un niño llamado Jimmy se obsesiona con Alex, el loro gris africano con extraordinarias habilidades cognitivas y lingüísticas. Escondiéndose en la biblioteca, Jimmy mira los documentales históricos en los que el pájaro distingue hábilmente entre triángulos azules y cuadrados amarillos e inventa una nueva palabra para almendra: la nuez corcho.
Pero lo que Jimmy encuentra más entrañable es el mal humor de Alex. Tan aburrido con los experimentos como Jimmy con la escuela, el loro graznaría abruptamente: "Me voy", y luego se negaría a seguir colaborando.
Excepto la parte de Jimmy y el inminente apocalipsis (sin embargo, con los dedos cruzados, todavía faltan algunas décadas), todo lo demás es verdad. Hasta que es encontrado muerto en su jaula en el laboratorio de psicología de la Universidad de Brandeis, Alex fue el tema de treinta años de experimentos que pusieron en cuestión las presuposiciones más básicas sobre la inteligencia animal.
Le sobrevive su entrenadora, Irene Pepperberg, una prominente psicóloga comparativa y la comunidad científica se ha dividido sobre si otras criaturas además de los humanos, son más que autómatas y pueden disfrutar de algún tipo de vida interior.
Los escépticos han desechado los logros de Pepperberg con Alex como una sutil forma de condicionamiento: sin más profundidad filosófica que enseñar a una paloma a picotear un punto en movimiento sobornándola con un grano. Pero los conductistas más radicales dijeron alguna vez lo mismo sobre la gente: que lo que tomamos por pensamiento, esperanzas, e incluso teorías, son simplemente estímulo y respuesta.
¿Estaba Alex repitiendo como loro para impresionar a Alan Alda en ‘Scientific American Frontiers (una de las producciones de la PBS que pudo haber visto el imaginario Jimmy)?
"¿Qué color es más chico?", preguntó Pepperberg al loro mostrándole dos llaves. "Verde", respondió Alex. Alex también parecía entender conceptos como ‘más grande', ‘diferente' y ‘mismo'. Presentado con una bandeja de recortables -los números de uno a seis-, podía decirte cuál era gris: "Cuatro".
Muchos lingüistas dicen que sólo los cerebros humanos tienen la capacidad de almacenar ideas dentro de ideas para formar la infinitamente recurrente arquitectura del pensamiento: Cuando terminas de desayunar, ¿buscarías en la caja en la parte de atrás de la mesa por el guante de goma amarillo con el dedo del corazón empujado hacia dentro?
Alex podía asociar algunos conceptos muy simples. Si se le mostraba un grupo de objetos, te podía decir de "¿qué color es de madera y cuatro esquinas?" o "¿qué forma es de papel y morado?" Pepperberg esperaba adiestrar a Alex para generar sus propias recursiones, informándola que la nuez estaba "en la taza azul que está en la bandeja" o "en la caja amarilla encima de la silla".
"Me gustaría haber llegado más lejos", escribió Pepperberg en un mensaje por correo electrónico. "Estábamos empezando a enseñarle a designar cosas como ‘dentro' y ‘encima'.
La más profunda recursión es la conciencia: saber que sabes y que sabes que sabes. En su reciente libro ‘I Am a Strange Loop', Douglas Hofstadter propuso que se usaran las representaciones mentales de la criatura para medir su alma.
La unidad que Hofstadter proponía caprichosamente es el huneker, llamado así en homenaje a James Huneker, un crítico de música que escribió que el Étude número 11 en A menor (Op. 25) de Chopin era tan majestuoso que "los hombres de alma pequeña, sin que importe la agilidad de sus dedos, no deberían intentarlo".
Si la presencia de alma de una persona normal pesa 100 hunekers, y la de una hámster, Alex planeaba por encima de la mitad. Pero había momentos en que parecía haber llegado a la cima.
En una conversación en edge.org, Pepperberg contó sobre un intento de enseñar al loro los fonemas utilizando símbolos de colores marcados con combinaciones de letras como sh y ch.
"¿Qué sonido es verde?"
"Sssshh", respondió Alex correctamente, y luego pidió una nuez. En lugar de eso, le hicieron otra pregunta.
"¿Qué sonido es naranja?"
"Ch".
"¡Bien hecho, pájaro!"
"¡Quiero una nuez!", exigió Alex. La entrevista había terminado. "¡Quiero una nuez!", repitió. "Nuu....eezz".
Pepperberg estaba atónita. "No solamente te lo podías imaginar pensando: ‘Hey estúpida, ¿tengo que deletreartelo?'", dijo. "En cierto sentido, esa era su manera de decirnos: ‘¡Sé de qué se trata! ¡Terminemos pronto!'"
Se apresura a conceder la imposibilidad de probar que el pájaro estaba efectivamente verbalizando sus reflexiones interiores. Sólo lo sabe Alex.
Junto al infinito, el cero es uno de los conceptos más difíciles de comprender. Hacia el final de su vida Alex estuvo bastante cerca.
En un juego de cubiletes, un experimentador colocaría una nuez debajo de uno de los tres cubiletes y luego los desordenaría. Alex elegiría el cubo debajo del cual se encuentra el premio. Si no lo encontraba ahí, se volvía loco: un pequeño paso, quizás, hacia la comprensión de la nada.
Un salto más grande lo dio en un experimento sobre números, en el que al loro se le mostraron grupos de dos, tres y seis objetos. Los objetos dentro de cada conjunto tenían exactamente los mismos colores, y se le preguntó a Alex: "¿De qué color es el tres?"
"Cinco", dijo perversamente (estaba de mal humor ese día), repitiendo la respuesta hasta que el experimentador finalmente preguntó: "Está bien, Alex, dime: ‘¿De qué color es el cinco?'"
"Ninguno", dijo el loro.
Bingo. En la bandeja no había un grupo de cinco. Fue otro de esos álgidos momentos huneker. Alex había aprendido la palabra ‘ninguno' años antes en un contexto diferente. Ahora parecía que la estaba usando de manera más abstracta.
Pepperberg informó sobre el resultando con adecuados subentendidos: "Que el cero haya sido representado de algún modo por el loro, con un cerebro del tamaño de una nuez cuya historia evolucionaria ancestral con humanos probablemente data de la época de los dinosaurios, es asombroso".
En un conocido ensayo, ‘What Is it Like to Be a Bat?', el filósofo Thomas Nagel especuló sobre el carácter elusivo de la subjetividad. ¿Qué se sentirá siendo Alex durante la última noche en su jaula? Nunca sabremos si tenía una mente, haciéndose camino trabajosamente desde la ausencia de las nueces corcho hasta la ausencia de Alex, entendiendo la nada de la muerte.

2 de octubre de 2007
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la lucha contra los modernistas


[Peter Steinfels] Catolicismo a base de decretos.
El sábado hace cien años el Papa Pío Nono emitió la encíclica papal Pascendi Dominici Gregis que tendría un enorme impacto en la Iglesia Católica Romana y consecuentemente en su papel en la sangrienta historia de la primera mitad del siglo veinte.
Hoy, muchos católicos, para no mencionar otros credos, podrían identificar o describir la encíclica Pascendi. Sin embargo, en comparación con las encíclicas ampliamente conocidas que tratan de problemas sociales y morales, ha tenido un impacto mucho más profundo sobre sus vidas religiosas.
Pascendi fue una amplia y vehemente condena de un flojo movimiento de académicos bíblicos, filósofos y teólogos católicos que fueron llamados ‘modernistas'.
Esos pensadores creían que la iglesia no podía ignorar los nuevos hallazgos históricos sobre la Biblia y los orígenes del cristianismo. Los modernistas consideraban la intuición, la experiencia humana y los anhelos íntimos como el fundamento de la creencia religiosa, antes que las pruebas argumentales que el neo-escolasticismo, la escuela dominante en el pensamiento católico-romano, ofrecía para demostrar la existencia de Dios y la autoridad de las Sagradas Escrituras y la iglesia. Los modernistas enfatizaron las limitaciones de todas las formulaciones dogmáticas.
Pero más allá de esas tendencias generales, los modernistas no estaban de acuerdo en los detalles. Habían sido influidos por la filosofía laica y la teología protestante liberal. Pero también estaban tratando de crear una alternativa distintivamente católico-romana al racionalismo laico o al protestantismo liberal.
Roma no lo veía de esa manera. En opinión de todos los Papas desde la Revolución Francesa, la iglesia estaba sitiada, intelectualmente por el racionalismo y el materialismo, y políticamente por el liberalismo y el anticlericalismo. Por eso todo llamado al cambio o crítica del marco neo-escolástico existente representaba una amenaza letal para la fe.
Así que Pascendi no solamente repitió advertencias papales anteriores sobre errores modernistas específicos; retrataba a los modernistas como una quinta columna de la iglesia, una conspiración traicionera de individuos del mismo parecer con un programa coherente y una agenda secreta para destruir al catolicismo.
La encíclica no dudó en atribuir motivos e intenciones ocultas a los intelectuales que atacó. Los movía la curiosidad, el orgullo y la obstinación. Eran "los más perniciosos adversarios de la Iglesia" porque trabajaban desde dentro, empleando "mil ponzoñosas artimañas" para difundir "astutamente" sus "perniciosas doctrinas". Las teorías modernistas parecen estar "dispersas y desconectadas"; de hecho, constituían "un cuerpo perfectamente organizado" que era nada menos que la "síntesis de las herejías existentes".
Pascendi planteó objeciones legítimas a algunas ideas modernistas, pero la encíclica no admitía en ningún lugar que las proposiciones modernistas pudieran ser respuestas a preguntas genuinas.
Después de todo, el contenido de Pascendi contaba menos que la purga de los pensadores católicos que lo echaron a andar. Pedía un control cuidadoso de los seminaristas y su firme adoctrinamiento en el neo-escolasticismo, la censura de las publicaciones católicas y la restricción de las reuniones donde los sacerdotes podrían charlar sobre teología.
Cada diócesis debía instalar un ‘Consejo de Vigilancia' que actuaría secretamente para detectar "todo indicio y signo de modernismo" y "cortarlo de raíz".
En 1910, el Papa Pío Nono exigió además que los actuales y futuros párrocos católicos hicieran un largo juramento contra el modernismo, ratificando en detalle las condenas de Pascendi.
Pronto una red secreta de informantes internacionales empezó a operar desde el Vaticano, denunciando en secreto todo tipo de pensadores católicos con inclinaciones modernistas.
En 1915, el recién elegido Papa Benedicto XV puso fin a lo peor de esta caza de brujas, que se había extendido a asuntos políticos y teológicos.
Pero se había creado una atmósfera que no se disiparía hasta el Concilio Vaticano Segundo de la iglesia en los años sesenta y que repercute todavía hoy en muchos debates dentro del catolicismo. (Se exigió prestar el Juramento Antimodernista hasta 1967).
Muchos gigantes de la teología católico-romana de la primera mitad del siglo veinte despertaron sospechas de influencias modernistas, incluyendo a Angelo Roncalli, el futuro Papa Juan 23 y Romano Guardini, un héroe del presente pontífice. Los católicos que mostraran algún indicio de pensamiento independiente o innovador, especialmente si implicaba algo valioso en la filosofía y cultura modernas, corría el riesgo de ver interrumpidas sus perspectivas de liderazgo en la iglesia.
Importantes documentos aprobados solemnemente por el Concilio Vaticano Segundo -sobre la naturaleza de la iglesia, las Sagradas Escrituras y el culto- no cuadraban con aspectos de Pascendi, ni muchas declaraciones del Papa Juan Pablo II, o el libro más reciente, sobre Jesús, del Papa Benedicto XVI.
Pero Pascendi, sin embargo, cuenta con defensores. Algunos dicen que, cualquiera sean sus errores, fue una decisión correcta en su época. Para estos defensores, la encíclica y purga subsiguiente impidió que el catolicismo perdiera su vigor interno e influencia externa que creen que fue el destino del protestantismo. También creen que la represión fue justificada cuando algunos modernistas reaccionaron volviéndose contra la iglesia, y una figura importante del movimiento admitió que había tenido siempre fundamentales dudas sobre la fe.
Otros defensores van más allá. Convencidos de que hoy la iglesia no está menos amenazada por herejes desde dentro y enemigos externos, les gustaría ver resucitar el Pascendi e implementar un estricto régimen de juramentos, censura y denuncias. Por otro lado, hay muchos, católico-romanos o no, que piensan que gran parte de la confusión en el catolicismo contemporáneo ha surgido del hielo con que envolvió la campaña antimodernista durante décadas la vida intelectual de la iglesia, y la consecuente prisa para plantear interrogantes que fueron dejadas de lado durante demasiado tiempo.
En una perspectiva histórica más amplia, alegarían que el antimodernismo de Pascendi fue un renacimiento contemporáneo de la guerra contra el liberalismo que el Papado y gran parte de la iglesia han estado librando durante todo el siglo diecinueve, y, trágicamente, la purga que inició la encíclica mutiló los elementos mismos del catolicismo europeo que pudieran haber resistido contra la simpatía de la iglesia por los regímenes autoritarios después de la Primera Guerra Mundial, cuando los gobiernos parlamentarios liberales estaban siendo asediados por un creciente totalitarismo.
A corto plazo, en otras palabras, la encíclica Pascendi fue un éxito: detuvo toda idea nueva matándola en la cuma. A largo plazo, sin embargo fracasó terriblemente, y a un coste muy alto.

1 de septiembre de 2007
©new york times
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