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miedo en bagdad


[Sudarsan Raghavan] Pese a la campaña de seguridad, las familias todavía huyen de sus casas en Bagdad a medida que la violencia y las rivalidades superan a un paralizado gobierno iraquí.
Bagdad, Iraq. Empujados por el temor y la desesperación, los padres de Um Abdullah, que son sunníes, cambiaron casa con una familia chií a la que conocían de muchos años. Sus padres se mudaron a una sección del barrio de Saidiya en Bagdad controlada por rebeldes sunníes. Y sus amigos se mudaron a su casa en el área de Risala, controlada por milicias chiíes. Cada familia dejó atrás los muebles, de modo que pudieran desplazarme más rápidamente y en secreto.
Parecía una solución perfecta en una capital cuya polarización a lo largo de divisiones sectarias se ha profundizado este año, pese al influjo de treinta mil refuerzos militares norteamericanos. Pero en días de la llegada de los padres de Um Abdullah hace dos meses, las milicias chiíes entraron más profundamente en Saidiya, expulsando a cientos de familias sunníes. El temor de los padres volvió.
"Si dejan su casa en Saidiya, querrá decir que perderán su casa en Risala porque hicieron un trueque", dijo Um Abdullah, que sólo permite que se mencione su apodo por razones de seguridad. "Mis padres se sienten atrapados".
La ofensiva de seguridad que lleva ya siete meses, tenía que apaciguar Bagdad y otras áreas para resucitar a Iraq social, política y físicamente. Alcanzar esas metas ha sido elusivo.
Aunque las estadísticas sobre la guerra en Iraq son turbias, un grupo -fuentes oficiosas del ministerio del Interior y datos de la morgue proporcionados al Washington Post- indica que el número de iraquíes que murieron violentamente en agosto fue menos que la mitad en enero. Las estadísticas repiten las afirmaciones de oficiales norteamericanos de que esas muertes están descendiendo, aunque un informe de la Oficina de Contraloría del gobierno sobre Iraq dado a conocer el martes dice que no está "claro si se ha reducido la violencia sectaria".
Al mismo tiempo, el número de cadáveres iraquíes encontrados arrojados en las calles fue mayor en agosto que antes del inicio de la campaña de seguridad y el número de iraquíes que abandonan sus casas ha aumentado considerablemente en los últimos meses.
Para algunos no hay dónde marcharse. "¿Adónde podríamos irnos? En todo Iraq es lo mismo ahora', dijo Um Abullah, 33, madre de cuatro niños que vive en Dora, otro barrio peligroso. Hoy, en una capital salpicada de puestos de control y zonas sectarias prohibidas, Um Abdullah está más aislada que nunca de sus padres, con quienes habla sólo por teléfono. "Nunca volveré a Saidiya", dijo. "Me pueden venir a visitar, si quieren".
La violencia continúa dividiendo Iraq, paralizando su sistema político y esfuerzos de reconciliación nacional. La región kurda semi-autónoma está avanzando con su propia ley del petróleo cuando la legislación nacional para compartir los ingresos iraquíes por el petróleo -un requisito clave exigido por el gobierno de Bush- sigue estancada en una ciénaga política y nacionalista.
En áreas controladas por las tropas norteamericanas, oficiales norteamericanos están inadvertidamente creando dependencia en su intento de fomentar la reconstrucción. Oficiales norteamericanos dicen que se sienten frustrados de que el gobierno chií no gaste diez billones de dólares de sus ingresos por el petróleo para entregar servicios básicos y reconstruir la infraestructura, especialmente en las comunidades sunníes.
Hace dos meses, Adeeb Fahad al-Azzawo, también huyó de Saidiya. Había presenciado demasiados tiroteos, había visto demasiados cadáveres abandonados en la calle donde vivió durante quince años. Alto, con su pelo plateado muy corto y ojos grisáceos, el sunní de 75 años envió a su hija a casa de sus parientes políticos en Mosul. Él y su mujer se mudaron a casa de familiares en Zafraniya, una zona cercana. Abbas, su hijo de 25, se quedó para cuidar la casa.
Hace un mes, un grupo de milicianos chiíes hicieron parar a una camioneta y separaron a los pasajeros sunníes. Abbas estaba entre ellos. Los pistoleros, contó el padre de Abbas, le golpearon el cuerpo y la cara con las culatas de sus armas y lo dejaron por muerto. Sobrevivió y dejó Saidiya al día siguiente.
"De momento, su mente no es estable", dijo Azzawi, su voz teñida de indignación y pesar.
De enero a julio casi cien mil iraquíes al mes han abandonado sus casas, según la Organización del Creciente Rojo iraquí. En su revisión semestral, la Organización Mundial para las Migraciones, una organización de Naciones Unidas, también informó un aumento de los desplazamientos, diciendo que el 63 por ciento de los casos implicaba una amenaza de muerte directa.
"La estabilidad que se anticipó como resultado de los varios planes de seguridad no se ha materializado, y la violencia continúa en Iraq, lo mismo que las expulsiones", dijo la agencia.
En los últimos meses, el agente inmobiliario Alla Thabit ha canalizado a decenas de familias desplazadas a casas en el elegante barrio de Karrada en Bagdad. Casi todas provenían de áreas mixtas. Al principio de la ofensiva de seguridad en febrero, entraban a su oficina en promedio al día cinco familias. Ahora ese número se ha triplicado.
"El plan de seguridad ha fracasado en los barrios. Es por eso que se están mudando", dijo Thabit. "No he visto a nadie volviendo a sus casas".
La afluencia ha elevado los alquileres en Karrada, considerado como uno de los enclaves más seguros y más tolerantes de Bagdad, pero de manera creciente el escenario de coches bomba y fuego de morteros. Sin embargo, iraquíes desplazados todavía entran a la austera oficina de Thabit. Hoy, la mayoría de sus clientes vienen de Saidiya.
Algunos huyeron después de ser amenazados, otros simplemente por miedo. A una familia, dijo, le dejaron un cadáver frente a su casa. Otro empacó después de que asesinaran a su vecino. Una madre observó como milicianos chiíes asesinaban a su marido e hijo. Después, los pistoleros le ordenaron, a ella y su nuera que abandonaran Saidiya.
"Llegaron aquí el mismo día. Estaban llorando", contó Thabit, que les encontró un apartamento. "Si se hubiesen quedado, habrían sido asesinados".
El teniente general Aboud Qanbar, comandante iraquí de la ofensiva de seguridad, concedió en una entrevista que en Bagdad están "ocurriendo desplazamientos". Lo que está pasando en Saidiya, dijo, se debe a las campañas represivas en áreas adyacentes, que están empujando a los extremistas chiíes y sunníes hacia el enclave. Agregó que las fuerzas iraquíes y norteamericanas tenía la situación "bajo control".
Las tensiones en Saidiya están agregando obstáculos a la reconciliación política. Los líderes sunníes, ya decepcionados con el gobierno dirigido por chiíes, culpan a las fuerzas de seguridad iraquíes controladas ese mismo grupo de permitir que milicias chiíes infiltren la zona.
"Lo que estamos viendo en el terreno es que la policía y el ejército protegen a las milicias y facilitan su acceso a áreas sunníes", dijo Adnan al-Dulaimi, un importante político sunní. "Lo que está pasando en Saidiya es el mayor ejemplo de que están atacando a vecinos sunníes para expulsarlos y obligarlos a marcharse, abandonando sus casas para ser saqueadas por las milicias".
Los vecinos dijeron que militantes sunníes y elementos del Ejército Mahdi, la milicia aliada con el clérigo chií Moqtada al-Sáder, estaban luchando por el control de su barrio, como parte de una lucha más amplia por el predominio que también se está librando en otras comunas de la capital.
Los vecinos describen una brutal topografía en la que se han incendiado casas y donde los extremistas de los dos lados han ocupado casas, dividiendo el área entre zonas sunníes y chiíes. Francotiradores y balaceras en las calles son ahora comunes. Las tiendas han cerrado. Las familias se ocultan en sus casas, muchas de ellas agujereadas por impactos de bala. Algunos ni siquiera responden cuando llaman a la puerta.
"Nunca sabes quién te va a disparar", dijo Azzawi.
El enclave ilustra los límites del plan de seguridad. Incluso con los refuerzos y decenas de comisarías conjuntas en todo Bagdad, para las tropas norteamericanas es imposible estar en todas partes. En Saidiya hay una pequeña avanzada de combate norteamericana, pero los extremistas dominan el barrio.
"De vez en vez pasa una patrulla. ¿Para qué nos sirve?", dijo Abu Yousef, 60, empleado del ministerio de Transporte. "No pueden mantener la seguridad. Eso es un hecho en Saidiya. Hay un montón de áreas parecidas en Bagdad".
Abu Yousef, que pidió que no se mencionara su nombre, por temor, no puede marcharse de Saidiya con su familia, dijo. Cada vez que él y sus familiares oyen disparos, se encierran en su casa, esperando que vuelva el silencio. Decenas de vecinos se han marchado, dijo.
"Cuando colocan sus cosas en el coche y se marchan, eso es lo peor que puedes ver", dijo Abu Yousef. "Me he convertido en un extranjero en mi propio barrio".

Megan Greenwell y K.I. Ibrahim, Saad al-Izzi and Naseer Nouri contribuyeron a este reportaje.

6 de septiembre de 2007
4 de septiembre de 2007
©washington post
©traducción mQh
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ejército y policía no están listos


[Karen DeYoung] Informe de Jones: Las fuerzas de seguridad iraquíes no están listas. La autosuficiencia logística está a dos años de distancia.
El ministerio iraquí del Interior es "ineficiente", y está plagado por el sectarismo y la corrupción, según un análisis independiente de las fuerzas de seguridad iraquíes que será publicado mañana. El informe dice que la policía nacional iraquí, controlada por ese ministerio, es "operacionalmente ineficiente" y debería ser desbandada y reorganizada.
El informe, de una comisión nombrada por el Congreso de altos oficiales en retiro, menciona los progresos en la operación y adiestramiento del ejército iraquí. Pero estima que "no estarán en estado de cumplir de modo independiente su papel en la seguridad en los siguientes doce a dieciocho meses" sin una substancial presencia militar norteamericana. La autosuficiencia logística, que el informe describe como clave para la independencia de las operaciones iraquíes, está al menos a dos años de distancia, dice el informe.
Las fuerzas de seguridad iraquíes "tienen el potencial para ayudar a reducir la violencia sectaria", dice el informe. Pero el informe, que enfatiza la incapacidad del gobierno del primer ministro Nouri al-Maliki de lograr progresos políticos claves, dice que la violencia no terminará sin una reconciliación política. Además de la incapacidad del ministerio del Interior y la policía, dice que Maliki es percibido como pasando por alto al ministerio de Defensa y la cadena de mando para crear "una segunda" estructura de mando en el ejército, "más motivada políticamente".
La Comisión Independiente de las Fuerzas de Seguridad de Iraq, presidida por el general de infantería James L. Jones, es el último de una serie de informes sobre la situación política y militar en Iraq antes del propio análisis del gobierno de Bush que debe ser publicado la próxima semana. Un informe de la Contraloría del gobierno, dado a conocer ayer, dice que Iraq había cumplido solamente tres de los dieciocho criterios de progreso determinados por el Congreso.
El documento de 152 páginas, obtenido por el Washington Post, está de acuerdo con el análisis del gobierno de que la situación de seguridad ha mejorado enormemente en la provincia de Anbar y menciona "signos de estímulo de los éxitos tácticos en la región capital de Bagdad".
Dice que esas "circunstancias del momento" podrían proporcionar la oportunidad para empezar la transición de las fuerzas norteamericanas hacia "una posición de control estratégico" a principio de 2008, reasignándolas y concentrándolas en labores de defensa de las fronteras e infraestructura.
Aunque sólo era necesario analizar la situación de las fuerzas de seguridad, el informe de la comisión también menciona divergencias entre percepciones y realidad en Iraq, especialmente en la imagen de las fuerzas norteamericanas. La "presencia" masiva, dice, conlleva la imagen de "una fuerza invasora" cuando "lo que se necesita es causar la impresión opuesta". Propone una significativa consolidación y reducción de las instalaciones norteamericanas y el establecimiento de ‘sedes de transición' iraquí-norteamericanas.

6 de septiembre de 2007
©washington post
©traducción mQh
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muchos reclutas son enemigos


[Joshua Partlow] Muchos policías en adiestramiento son cómplices de ‘blancos enemigos'.
Bagdad, Iraq. El pelotón de soldados norteamericanos fue emboscado en un callejón en las afueras del santuario sagrado en el barrio de Kadhimiyah, al oeste de Bagdad. El fuego de ametralladoras desde ventanas de apartamentos y tejados causaba un ensordecedor estrépito. Los soldados estaban a quince metros de sus vehículos blindados, pero no sabían si sobrevivirían la carrera.
A menos de un kilómetro de distancia, un poderoso parlamentario chií estaba frente a una base militar norteamericana, en la oficina de un comandante de brigada responsable de Kadhimiyah. Los norteamericanos habían pedido refuerzos al ejército iraquí, pero según el comandante de la brigada y oficiales norteamericanos, el legislador se encargaría de que la ayuda no llegara a los iraquíes ese crucial día.
"Ninguna unidad del ejército iraquí, ninguno de los 2.700 soldados de seguridad estacionados en Kadhimiyah, ninguna unidad del ejército iraquí respondería", dijo el teniente coronel Steven Miska, subcomandante de la brigada, en este enclave chií de doscientas mil personas en la orilla occidental del río Tigris. "Muestra lo difícil que es erradicar la influencia de la milicia cuando tienen fachadas políticas tan encumbradas".
El tiroteo de dos horas debajo de las cúpulas doradas de la mezquita de Musa al-Kadhim el 29 de abril dejó al menos ocho iraquíes muertos. Aunque no hubo bajas americanas, marcó el inicio del deterioro de la seguridad en Kadhimiyah, que era en el pasado uno de los barrios más seguros de Bagdad. También dejó en claro -"la primera vez que la complicidad nos estaba mirando a la cara", como dijo un soldado norteamericano- que el problema del ejército iraquí en el área era más que la falta de equipos o de adiestramiento.
El desarrollo de las capacidades de las fuerzas de seguridad iraquíes ha sido un pilar de la estrategia de contrainsurgencia del general David H. Petraeus en Iraq, pero el ejército iraquí en Kadhimiyah está tan infiltrado por los milicianos del Ejército Mahdi que los soldados norteamericanos e iraquíes dicen que es prácticamente inútil. Soldados iraquíes en Kadhimiyah han sido arrestados y acusados de atacar a ropas norteamericanas y otros soldados iraquíes. Los que no son miembros de la milicia, que sigue al clérigo radical chií Moqtada al-Sáder, temen por sus familias como para perseguir a los colegas parias.
"No quiero que espere que este batallón va a hacer nada bueno en Kadhimiyah", dijo un oficial del ejército iraquí, insistiendo en conservar el anonimato por temor por su seguridad. "Ahora el Ejército Mahdi controla al ejército y la policía iraquíes. Nadie puede llevar a cabo órdenes directas de detenerlos".
Oficiales iraquíes y norteamericanos estiman que unos doscientos de los novecientos soldados del Quinto Batallón, Primera Brigada de la Sexta División del ejército iraquí son miembros de la milicia. El 28 de agosto, fuerzas norteamericanas tomaron las huellas digitales, escáneres de retina y fotografiaron a los soldados iraquíes del batallón que llegaron a recoger su salario.
"Es triste que tengamos que hacer esto con nuestros socios", dijo el capitán Jared Harty, que dirige el equipo de transición norteamericano que trabaja con el ejército iraquí en el área.
Los soldados norteamericanos atribuyen parte de la culpa a Bahaa al-Araji, un legislador fiel a Sáder cuyo hermano, Hazim al-Araji, predica en la mezquita de Musa al-Kadhim y es asesor de Sáder. En enero, Bahaa al-Araji creó una brigada de agentes de seguridad de paisano en Kadhimiyah, de los que se cree ampliamente que son miembros del Ejército Mahdi. Algunos de ellos fueron más tarde incorporados en el ejército iraquí.
Oficiales leales a Sáder han dicho que sus hombres operan en Kadhimiyah para proteger el santuario, que podría ser un blanco atractivo para los rebeldes sunníes.
Al día siguiente del tiroteo del 29 de abril, el parlamento votó para prohibir que tropas estadounidenses se aproximaran en ochocientos metros a la mezquita sagrada. Los soldados norteamericanos todavía patrullan la zona, pero ahora con la precaución de no acercarse demasiado por temor a provocar un estallido popular y contragolpes políticos.
"Básicamente lo que hicieron fue crear un santuario" del Ejército Mahdi, dijo el capitán Stephen Duperre, otro miembro del equipo de transición. "El gobierno iraquí no nos dejar perseguir a estos tipos, y el gobierno estadounidense dice que está bien. Nos... disparan, y nos podemos hacer nada para defendernos".
Los comandantes norteamericanos acusan a los soldados iraquíes de participar en ataques contra tropas norteamericanas y oficiales iraquíes que trabajan con los norteamericanos. El 5 de agosto, el aliado más fiable de los norteamericanos en el ejército iraquí, el general de brigada Falah Hassan fue convencido por un subordinado de caminar hacia la oficina de Sáder en Kadhimiyah después de una reunión en el santuario. En el camino, decenas de hombres armados saltaron de detrás de carros de vendedores ambulantes y descendieron de vehículos del ejército iraquí para rodear a Hassan. Sus guardaespaldas fueron capaces de sacarlo ileso del lugar.
"A la milicia no le gusta mi estilo, por eso trataron de matarme. Esta es la cuarta vez", dijo Hassan, 39, comandante de brigada. "Las oficinas del gobierno aquí en Kadhimiyah ejercen mucha presión. Yo nunca les respondo".
El ejército iraquí también sufre de deficiencias más mundanas. El batallón en Kadhimiyah tiene apenas tres todoterrenos y dos transportadores de personal blindados para novecientos soldados. Carecen de armamento suficiente, cascos, chalecos antibalas, uniformes, radios, combustible y otros equipos básicos.
"La unidad básicamente está fuera de combate. Estamos tratando de que se concentren en los blancos enemigos, pero esos blancos enemigos son sus amigos", dijo Harty. "Creo que todo lo que encontraron fue un rifle, lo que es muy ridículo y una pérdida de tiempo".
A fines del mes pasado en una misión nocturna no demasiado lejos de la mezquita, las tropas iraquíes llegaron en una caravana variopinta que incluía camiones y ambulancias. Se dirigieron casualmente hacia el centro de las penumbrosas calles, arrejuntados y expuestos. No todos llevaban cascos o chalecos antibala. Algunos fumaban despreocupadamente. Durante más de una hora, revisaron varias casas pero no hicieron detenciones ni encontraron nada.
"Venimos simplemente para asegurarnos de que no roben o rompan nada", dijo Duperre. En su trabajo con el ejército iraquí, ha aprendido a reducir sus expectativas, pero la frustración todavía se hace notar. Salió de una casa, miró a los soldados iraquíes y habló con su intérprete con la fatiga instalada en su voz.
"Hey, pregúntale a esos dos tipos porqué están sentados ahí", dijo.

5 de septiembre de 2007
4 de septiembre de 2007
©washington post
©traducción mQh
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brote de cólera en iraq


[Asso Ahmed y Tina Susman] Estallidos de cólera en ciudades iraquíes.
Sulaymaniya, Iraq. Un estallido de cólera en el norte de Iraq, donde miles de personas han buscado refugio contra la violencia sectaria está abrumando a los hospitales y ha causado la muerte de al menos diez personas, dijeron el viernes funcionarios de la salud.
Las ciudades de Sulaymaniya y Kirkuk han sido afectadas por el brote, que es considerado el último ejemplo de las deterioradas condiciones de vida y desplazamientos causados por el conflicto en curso. Al menos 1.773 civiles iraquíes murieron en agosto en incidentes relacionados con la violencia, de acuerdo a estadísticas del gobierno iraquí dadas a conocer el viernes, el tercer mes consecutivo en el que aumenta las muertes civiles, pese al reciente aumento de tropas estadounidenses.
La cólera, una enfermedad potencialmente letal transmitida por el agua, ha infectado a más de ochenta personas en las dos ciudades, que están a unos 160 kilómetros de distancia entre sí, dijo Claire Hajaj, de UNICEF. Dijo que cinco muertes fueron confirmadas como causadas por el cólera y otras cinco muertes fueron clasificadas como casos sospechosos de cólera.
Antes este año, las agencias de ayuda advirtieron sobre la posibilidad de un brote de cólera a medida que Iraq, con su infraestructura destruida por la guerra y el abandono, entra en los intensos meses de verano. La cólera tiende a aparecer en verano debido a la mayor necesidad de agua. Con las estaciones de procesamiento de agua en mal estado debido a su antigüedad y daño relacionados con la guerra, y a menudo incapaz de funcionar debido a los cortes de energía, aumenta la posibilidad de beber aguas contaminadas.
Eso fue evidente el miércoles en un mugriento campamento en las afueras de Sulaymaniya, donde varios cientos de personas estaban viviendo en tiendas improvisadas que eran poco más que mantas roídas enrolladas sobre estructuras de madera. Mujeres y niñas hacían la cola para rellenar sus recipientes desde un camión cisterna.
"Bebemos este agua, sea potable o no", dijo Zahra Jabbar Kadhim.
Una enfermera de la Organización de la Salud de Kurdistán, Abdul Karim, dijo que el campamento, que no tiene contenedores de basura ni alcantarillado, era un semillero de enfermedades.
La Organización Internacional para las Migraciones dijo en su último estudio del problema de los desplazados internos de Iraq que este año más de setecientas mil personas habían huido hacia el norte de Iraq desde otras partes del país, la mayoría de ellas escapando de la violencia.
El doctor Sabbah Amin, director del Departamento de Salud de Kirkuk, anunció medidas para combatir el cólera, incluyendo el cierre de las piscinas públicas, la prohibición de la venta callejera de alimentos y bebidas, y la inspección de fábricas de helados y refrescos.
El número de pacientes que llegan a centros de salud con síntomas de cólera, que incluyen una severa diarrea, ha aumentado hasta el punto que los hospitales han dejado de hacer análisis de todo el mundo. "Simplemente ya no pueden examinarlos a todos", dijo Hajaj. "Asumen que si ve como cólera, es cólera".
El norte de Iraq no ha quedado inmune a la violencia previamente, pero no ha sido afectado por la guerra del mismo modo que Bagdad y las cercanas provincias de Diyala y Anbar. Esto ha convertido a la zona norte es una destinación de decenas de miles de personas que buscan seguridad.
Sin embargo, la violencia del viernes en Kirkuk es un recordatorio de los peligros que cruzan Iraq. La policía dijo que un grupo de hombres armados mataron a balazos a un barbero en su local en la parte norte de la ciudad. Fue el noveno asesinato de un peluquero en la ciudad este año, desde que los militantes islámicos se opusieran a cortes de pelo y estilos occidentales.
En Anbar, la policía informó sobre una cruenta batalla entre tribus sunníes e insurgentes cerca de la ciudad de Haditha, a 130 kilómetros al noroeste de Bagdad. Se informó que en el enfrentamiento murieron tres sunníes y seis atacantes insurgentes.
El miércoles murieron en combate en la provincia un marine y un soldado norteamericanos, dijeron las fuerzas armadas el viernes. No dieron detalles sobre los incidentes; sin embargo, dijeron que las fuerzas norteamericanas mataron a doce insurgentes en Anbar en un asalto ese día.

1 de septiembre de 2007
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proponen disolver policía iraquí


[Julian E. Barnes] Un inminente informe encargado por el Congreso se muestra positivo sobre el ejército iraquí, pero sugiere desmantelar a la sectaria Policía Nacional.
Washington, Estados Unidos. La Policía Nacional Iraquí necesita una reforma para sacar de sus filas a miembros de milicias, de acuerdo a una evaluación de las fuerzas de seguridad iraquíes que será dado a conocer la próxima semana.
El informe -encargado por el Congreso y presidido por el general de infantería en retiro James L. Jones- concluye relativamente bien para el ejército iraquí, según un funcionario al tanto del informe. Dice que el ejército se encuentra bien equipado y adiestrado y ahora realiza operaciones de manera muy efectiva.
Su evaluación de la policía es mucho más pesimista. El informe sugiere empezar de nuevo con la Policía Nacional, posiblemente configurándola como una fuerza más reducida.
La Policía Nacional Iraquí, dependiente del ministerio del Interior, está compuesta por cerca de 25 mil hombres. El informe no recomienda una reforma de las policías locales y provinciales, con 325 mil funcionarios.
Las conclusiones de la Comisión de Evaluación Independiente de las Fuerzas de Seguridad Iraquíes, conocidas informalmente como el informe Jones, se dan a conocer cuando el presidente Bush prepara su propia evaluación para el Congreso y está recibiendo una serie de análisis de sus asesores militares. Bush debe reunirse con miembros del Estado Mayor Conjunto hoy en el ‘tanque' del Pentágono, como llaman a su salón de conferencias secreto.
Oficiales estadounidenses han reconocido hace tiempo los problemas con la policía iraquí, diciendo que muchas unidades eran controladas por varios grupos religiosos. Estados Unidos ha hecho algunos intentos de mejoramiento de la policía, incluso declarando el 2006 como el ‘año de la policía' y prometiendo incrementar considerablemente el adiestramiento y supervisión estadounidenses.
Aunque reconociendo los problemas, el Pentágono rechazó el jueves la recomendación de Jones de desbandar la Policía Nacional Iraquí, diciendo que los oficiales no pensaban que empezar de nuevo fuera el mejor modo de mejorar al cuerpo.
"El hecho de que tengamos el problema de un sectarismo desenfrenado en la Policía Nacional no debe sorprendernos", dijo Geoff Morrell, secretario de prensa del Pentágono.
Morrell dijo que oficiales iraquíes y estadounidenses habían estado trabajando juntos para volver a adiestrar y reconstruir unidades, y observó que se había remplazado a nueve comandantes de batallón. "Creemos que en última instancia el readiestramiento podría reformar a la Policía Nacional Iraquí y deshacerse de sus prejuicios sectarios".
El informe es de lejos más positivo sobre las capacidades del ejército iraquí, aunque dice que tiene problemas logísticos y las unidades tienen problemas en cuanto a aprovisionamiento adecuado.
El ministro de Defensa, Robert M. Gates, y miembros del Estado Mayor Conjunto, fueron informados el miércoles por Jones de las conclusiones. Miembros de la comisión de Jones contactados el jueves dijeron que habían acordado no comentar el contenido del informe antes de su publicación.
El informe Jones, que será presentado al Senado la próxima semana, es uno de los dos informes encargados por el Congreso, en anticipo de la evaluación del general David H. Petraeus, el jefe militar norteamericano en Iraq.
La contraloría del gobierno estadounidense debe dar a conocer un informe la próxima semana sobre los progresos del gobierno iraquí en el cumplimiento de 18 criterios definidos por el Congreso. Un borrador de ese informe se mostraba más negativo sobre el ejército iraquí que las conclusiones de Jones. La contraloría constató que el número de unidades del ejército iraquí capaces de operar autónomamente bajó de diez en marzo a seis el mes pasado. Constató que se han habían alcanzado tres de los requisitos, dos habían sido parcialmente alcanzados y trece no se habían cumplido.
Funcionarios del Pentágono objetaron el borrador y dijeron que la contraloría llegó a una conclusión errónea sobre los tres criterios.
Al contrario de las conclusiones de la contraloría, funcionarios del Pentágono dicen que el gobierno iraquí ha desplazado brigadas para la seguridad de Bagdad y no ha impedido que las tropas norteamericanas entren en barrios o enclaves particulares. El Pentágono también dice que el gobierno iraquí debiera recibir un visto bueno parcial por reducir el sectarismo en sus fuerzas militares.
Morrell dijo que el Pentágono acogía los informes externos, pero que el informe de Petraeus era más importante. "La opinión que más importa es la de los comandantes en el terreno que han estado viviendo y respirando esto durante meses, antes que la gente que llega en paracaídas para estudios externos", dijo Morrell.
Petraeus y Ryan C. Crocker, embajador norteamericano en Iraq, deben presentar sus conclusiones ante la Cámara el 10 de septiembre, y el 12 de septiembre ante el Senado, de acuerdo a un funcionario del Congreso.
Esta semana funcionarios del Pentágono dijeron que todo el Estado Mayor Conjunto tendrían la oportunidad de presentar sus opiniones sobre Iraq a Bush cuando el presidente delibere sobre la estrategia a seguir en Iraq.
La reunión entre el Estado Mayor Conjunto y el presidente fue anunciada por el general de división Richard Sherlock, director de planificación operacional. "El Estado Mayor proveerá al presidente con recomendaciones francas y sus opiniones sobre las operaciones en curso. Lo harán individualmente y en privado", dijo Sherlock.
El portavoz de la Casa Blanca, Gordon Johndroe, dijo que Bush quería hablar sobre Iraq con los jefes militares y la situación de las fuerzas armadas estadounidenses. El Estado Mayor debe tratar la tensión que están provocando los despliegues sobre las familias militares y la necesidad de aumentar el tamaño de las fuerzas armadas.
Militares y funcionarios de gobierno han dicho que el Estado Mayor apoya una reducción a un contingente mucho menor en Iraq para el próximo año.
El Jefe del Estado Mayor del ejército, el general George W. Casey Jr., ha estado refiriéndose a menudo a la tensión que causa el alto nivel de despliegues en Iraq y otros lugares en el ejército. "Nuestra fuerza está estirada y desequilibrada", dijo el jueves. "El tempo de nuestros despliegues no es sustentable; el uso de nuestros equipos es cinco veces mayor que el promedio y operamos constantemente en ambientes hostiles".

julian.barnes@latimes.com

31 de agosto de 2007
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los juicios se están destiñendo


[Paul von Zielbauer] Pese a la indignación y escándalo inicial, la mayoría de los soldados implicados en atrocidades terminan absueltos en corte militares.
Camp Pendleton, California, Estados Unidos. En diciembre pasado, cuando el Cuerpo de Marines acusó a cuatro soldados de infantería por el asesinato de civiles iraquíes en Haditha, Iraq, en 2005, el alegato fue tan oscuro como devastador: después de que una bomba improvisada matara a un camarada, un grupo de marines atacaron las casas vecinas masacrando a 24 personas inocentes.
En Iraq y en Estados Unidos, los asesinatos fueron vistos como una venganza a sangre fría. Después de una descuidada investigación militar, Haditha fue dejada de lado, pero una vez que se revelaron los detalles, los asesinatos se convirtieron en un terrible símbolo de una guerra difícil y desmoralizadora. Después de una pesquisa más completa, los marines prometieron castigar a los culpables.
Pero ahora han flaqueado los fiscales. Desde mayo, los cargos contra dos de los infantes y un oficial marine han sido desechados, y se ha recomendado igualmente desechar los cargos de asesinato contra un tercer infante. Los fiscales no fueron ni siquiera capaces de probar que los asesinatos violaron el código de justifica militar estadounidense.
Ahora que está por empezar su último intento de obtener una sentencia por homicidio ante un tribunal militar el jueves para el sargento primero Frank D. Wuterich, el último marine que todavía está siendo acusado. Está acusado el asesinato de dieciocho iraquíes, incluyendo varias mujeres y niños después del ataque contra su convoy.
Si los problemas jurídicos que han frustrado a los fiscales en otros casos se vuelven a repetir esta vez, existe la posibilidad de que ningún infante sea sentenciado por lo que ocurrió en Haditha.
Tampoco está claro si los otros oficiales más arriba en la cadena de mando que el sargento Wuterich deberán rendir responsabilidades por la inadecuada investigación oficial.
Al menos uno de los cuatro oficiales marines acusados en diciembre pasado de no investigar apropiadamente las muertes de civiles parece estar encaminado hacia una corte marcial. Ese oficial, el teniente coronel Jeffrey R. Chessani, comandante del Tercer Batallón, Primera División de Marines, "no hizo nada personalmente para investigar completamente las acciones que desembocaron en la muerte de civiles", concluyó el coronel Christopher C. Conlin, el oficial que estudió las pruebas.
Pero el caso contra el capitán Randy W. Stone, el abogado del batallón encargado de descubrir por qué mataron a tantos civiles, fue remplazado por el teniente general James N. Mattis, cuyas decisiones en los casos de Haditha son definitivas. Los cargos contra el teniente primero Andrew A. Grayson, un oficial de inteligencia, están en el limbo debido a su alegato de que el Cuerpo de Marines lo había licenciado.
En una amplia gama de casos que implican abusos cometidos por soldados norteamericanos en Iraq y Afganistán, las fiscalías han tendido a concentrarse en los reclutas y en los suboficiales -acusados de haber cometido personalmente esos actos-, no en los oficiales que dirigían a las unidades. Y aunque se han dictado numerosas condenas, también han habido muchos casos en los que los convenios entre las partes han redundado en penas menores, o los que se abandonaron las acusaciones o se determinó que eran infundadas.
El único oficial que debe hacer frente a cargos criminales por los maltratos a los prisioneros de Abu Ghraib en Iraq, fue condenado el martes solamente por un cargo menor y será amonestado, informó Reuters, citando un anuncio del ejército. El oficial, el teniente coronel Steven L. Jordan, podía ser condenado a cinco años de cárcel y licenciamiento deshonroso del ejército, pero una corte marcial decidió una pena mucho menor, dijo el ejército.
La corte marcial lo absolvió del cargo de ser responsable de tratos crueles a los detenidos en Abu Ghraib.
Expertos en derechos militar dijeron que la dificultad de perseguir a marines por homicidios es comprensible, dado que las acciones tomadas en combate a menudo reciben inmunidad según el Código Único de Justicia Militar.
"Se podría decir que este es un caso que se está desmoronando a los pies del fiscal, o se podría pensar que así funciona el sistema de justicia del Código Único de Justicia Militar", dijo Gary D. Solis, ex juez marine que enseña leyes de guerra en el Centro Jurídico de la Universidad de Georgetown y en West Point.
El proceso del caso de Haditha fue especialmente difícil porque los asesinatos no fueron investigados exhaustivamente cuando ocurrieron. Meses después, cuando salieron a la luz los detalles, no había cuerpos para examinar, ni testigos iraquíes para declarar ni evidencias forenses comprometedoras.
Por otro lado, algunos estudiosos dijeron que la avalancha de desestimaciones los ha dejado preguntándose qué pensar de los jóvenes marines reclutados que, legal o ilegalmente, claramente asesinaron a gente desarmada en una zona de combate.
"Esto ciertamente corroe la idea de que lo que hicieron es reprensible", dijo Elizabeth L. Hillman, una historiadora jurídica que enseña derecho militar en la Facultad de Leyes de la Universidad de Rutgers en Camden, sobre los resultados hasta el momento. "Cuando se descubrió la historia, parecía que todos habíamos entendido qué había ocurrido; no parecía que tuviéramos dudas. Pero ahora no sé".
Walter B. Huffman, ex fiscal militar del ejército, dijo que no era inusual en los procedimientos criminales de la justicia militar ver que los cargos contra tropas implicadas en un solo episodio, sean desechados cuando se los examina con mayor detención, reduciendo la culpabilidad a apenas uno o dos acusados.
Cuando el sargento Wuterich, el jefe de la patrulla de voz suave que hace frente a los cargos más extensos de homicidio en el caso de Haditha, comparecerá aquí ante el tribunal el jueves, "y toda la atención del proceso se centrará en él", dijo Solis.
Los abogados del sargento Wuterich tienen una batalla jurídica difícil. Primero, a diferencia de los otros marines acusados de homicidio, el sargento Wuterich está acusado del homicidio a corta distancia de cinco hombres desarmados que fueron detenidos en un vehículo cerca del lugar de los hechos.
También, como suboficial y como jefe de la patrulla, el sargento Wuterich puede ser utilizado por los fiscales para alegar que tenía mayor responsabilidad para discernir sobre blancos adecuados y evitar las bajas civiles. También condujo el ataque contra ellos o estuvo presente en todas las casas donde murieron civiles.
Pero casos anteriores muestran que la defensa también tiene oportunidades.
El presidente, el teniente coronel Paul J. Ware, es el mismo abogado marine que dirigió las vistas de Justin L. Sharratt y Stephen B. Tatum, dos soldados acusados del asesinato de un total de cinco iraquíes en tres casas en Haditha.
El coronel Ware recomendó más tarde desechar los cargos contra esos dos soldados y dijo que los asesinatos debían ser vistos en el contexto de una guerra contra un enemigo que emplea despiadadamente a civiles como escudos. Advirtió que los cargos de asesinato contra marines podría dañar la moral de las tropas en Iraq.
Las declaraciones del general Mattis, que expresaron simpatía por los problemas de otros marines enlistados a los que libró de un juicio en Haditha, pueden indicar su disponibilidad para interpretar el caso de Wuterich de manera similar.
Independientemente de lo que ocurrió con los cargos contra los otros acusados, todavía hay una enorme presión pública sobre el Cuerpo de Marines para que investigue y castigue cualquier delito en un caso en el que murieron tantos civiles.
"No podemos decir que esos tipos no cometieron un delito", dijo Michael F. Noone Jr., abogado retirado de la Fuerza Aérea y profesor de derecho en la Universidad Católica de Estados Unidos. "Sólo podemos decir que después de una investigación, no hay suficientes evidencias como para iniciar un juicio".

31 de agosto de 2007
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ser juez en iraq


[Molly Hennessy-Fiske] Jueces iraquíes en una ocupación peligrosa. En un recinto fortificado de Bagdad, viven encerrados, como aquellos cuyos casos ven.
Bagdad, Iraq. En un nuevo recinto fortificado aquí, los jueces iraquíes se han convertido prácticamente en prisioneros, y viven con los reclusos a los que juzgan.
Guardias occidentales patrullan el recinto, cerciorándose que los elementos criminales permanezcan en la enorme cárcel del complejo, o fuera de sus murallas. En todoterrenos montados con ametralladoras, los jueces cruzan desde sus residencias en las antiguas barracas de la policía frente al centro de detención que alberga a más de cinco mil reclusos, hacia un edificio de tribunales improvisado a cinco minutos de distancia, con estrado de madera, batas negras, cámaras de video y doradas balanzas de la justicia repujadas en la pared.
Un círculo de barreras de concreto cerca el recinto, que se parece a la Zona Verde fortificada de Bagdad, incluyendo el Estadio Olímpico de Saddam Hussein y el pululante enclave musulmán chií de Ciudad Sáder.
Algunos jueces iraquíes se han mudado al recinto judicial fortificado para proteger a sus familias y protegerse de las amenazas. Algunos jueces y sus familias no han salido del Complejo Imperio de la Ley Rusafa en meses.
Desde la invasión estadounidense de marzo de 2003, han muerto asesinados en Iraq treinta y un jueces y decenas de ellos han perdido a familiares, dijo el coronel de ejército Mark Martins, fiscal militar y asesor jurídico del general de ejército David H. Petraeus, el comandante de los militares norteamericanos en Iraq.
Los asesinatos, de los que culpan a delincuentes y milicias religiosas, llamaron ampliamente la atención durante los juicios de Hussein, cuando atacaron a varios jueves del tribunal especial, pese a los esfuerzos por mantener ocultas sus identidades.
Ahora los jueces de Rusafa están preparándose para decidir su primer caso de corrupción importante contra un hombre conocido solamente como ‘Coronel A'. Es una prueba del nuevo sistema jurídico iraquí, que los asesores estadounidenses dicen que está diseñado para asegurarse de que los casos de corrupción vayan a tribunales, que los jueces sean protegidos de intimidaciones, que las sentencias se basen en evidencias sólidas y que los detenidos inocentes sean liberados prontamente.
"Si se sienten protegidos, y si se protege a sus familias, los jueces dictarán juicios independientes y seguirán las pistas hasta donde les lleven", dijo Martins durante una visita al complejo, que Martin llamó un "refugio seguro" para los jueces.
Renovado y provisto de personal, utilizando 48.8 millones de dólares del gobierno iraquí, el complejo ha sido diseñado siguiendo el modelo de los tribunales fortificados en países asediados como Colombia, donde los jueces son a menudo amenazados y asesinados. Abrió sus puertas en abril, y es la primera de varias instalaciones similares planeadas en todo Iraq.
Sin esa seguridad agregada, dijo Martins, los jueces deben soportar presiones para que se desechen o subestimen los cargos contra funcionarios poderosos, particularmente desde que las tropas iraquíes y norteamericanas reforzaran la seguridad en los últimos cuatro meses, enviando más militantes a tribunales.
"Son humanos", dijo Martins sobre los jueces, "y si amenazan a sus familias, ellos responderán a eso".
Coronel A está acusado de violaciones de los derechos humanos en relación con la tortura de prisioneros árabes sunníes en un centro de detención de la Policía Nacional Iraquí al oeste de Bagdad llamado Sitio 4. El centro fue cerrado después de que una inspección conjunta norteamericana e iraquí en 2006 revelara que más de mil cuatrocientos prisioneros eran retenidos apretujados en pequeños espacios, algunos de ellos con signos de tortura.
El juez del caso del Coronel A dijo que se sentía "cómodo" en el complejo, donde vive desde mayo con su mujer y dos hijos adultos. Su esposa pasa la mayor parte del tiempo dentro de las antiguas barracas, en un apartamento en pisos superiores que ha decorado con un sofá de felpa, cortinas con borlas y alfombras tejidas a mano.
Abajo, los niños jugaban al pingpong en el patio fuera, junto a un aparcamiento protegido con barricadas. Los visitantes, incluso familiares, son revisados en los puestos de control de seguridad.
El juez, un árabe sunní de 57 años, dice que nunca ha temido por su seguridad, pero pidió que no publicáramos su nombre y que su imagen fuera obscurecida en las fotografías como una medida de precaución.
"La naturaleza de nuestro trabajo implica que nos amenazarán, porque llevamos casos criminales", dijo, agregando que él no había sido amenazado personalmente, pero que conoce a otros jueces que sí lo han sido, incluyendo a un juez civil asesinado hace poco al oeste de Bagdad.
Los jueces pueden pedir ser transferidos de un caso, pero pocos lo hacen, dijo el juez.
"Hay evidencias reales de que ha invertido en este proceso, que lo ha transformado en su casa", dijo Michael Walther, director del Destacamento Ley y Orden de las fuerzas armadas norteamericanas, que está colaborando con el gobierno iraquí para reformar el poder judicial.
La esposa del juez confió más tarde que ella y otros familiares están preocupados, incluso en el complejo fortificado. Pero también están orgullosos de su trabajo.
"Estoy muy feliz de verlo donde está. Se está encargando de la gente que corrompió a nuestro país", dijo, bebiendo un vaso de jugo de albaricoques en el apartamento de la familia. "Me preocupa, hay peligro. Pero se está deshaciendo de la gente que creó ese peligro".
Iraq tiene un sistema judicial más similar al de Francia que al de Estados Unidos los jueces dependen de evidencias reunidas y procesadas o de jueces instructores y toman sus decisiones basándose en historiales antes que en alegatos entre abogados antagónicos. En el complejo Rusafa hay tres jueces en lo penal y siete jueces instructores, y 26 jueces instructores más que están siendo adiestrados con asesores del FBI.
Desde su primera vista en abril los jueces de Rusafa han manejado 2.001 casos criminales, la mayoría de ellos por cargos de terrorismo. El mes pasado, el gobierno iraquí otorgó al complejo un presupuesto operacional de ciento diez millones de dolares para 2008.
El gobierno también paga para enviar equipos de tres jueces en misiones temporales a tribunales en Bagdad, Mosul, Ramadi y otras ciudades donde los jueces locales han sido amenazados y se han negado a oír casos o desechado la formulación de cargos criminales, dijo Martins.
Pero algunos jueces itinerantes se quejan de que sus misiones temporales les hacen vulnerables y sin tribunales formales, lo que confunde a los prisioneros.
El juez Najim Abid teme todos los días en su trayecto hacia y desde su misión temporal en el centro de detención de la Policía Nacional Iraquí en el barrio de Kadhimiya, al noroeste de Bagdad. Y le enerva tener que oír casos en un escritorio de metal en una oficina blanqueada a pasos del macizo centro de detención.
"Cuando pasan los detenidos, no saben quiénes somos. Piensan que somos de la policía", dijo.
"Deberían saber que soy un juez".
Abid se ocupa del sobrante del tribunal de Kadhimiya, que ve cuatro veces más casos que Rusafa y está siendo remplazado por un tribunal de once millones de dólares que está en construcción en el norte. Funcionarios de gobierno también están buscando terrenos para construir complejos regionales en Baquba, Basra, Mosul y Ramadi.
Pero el importante jurista iraquí dijo que sería difícil construir y proteger esos complejos judiciales regionales. En lugar de eso, dijo, el gobierno debería mejorar la seguridad de los jueces individuales.
Midhat Mahmoud, director del Consejo Judicial Supremo Iraquí, que controla cerca de mil jueces en todo Iraq, dijo que él y otros jueces reciben un estipendio para guardaespaldas, pero que desde que empezara la campaña de seguridad en febrero la mayoría de los juristas han sido incapaces de renovar el permiso de porte de armas de los guardias.
"Se ha hecho muy fácil perseguir a un juez porque sus guardias son inútiles", dijo Mahmoud, cuyo hijo fue asesinado en mayo de 2006 por hombres armados que trataban de llegar al jurista. Dijo que los ataques contra jueces han aumentado en los últimos meses.
"Hemos sacrificado a montones de jueces", dijo.

molly.hennessy-fiske@latimes.com

Said Rifai contribuyó a este reportaje.

31 de agosto de 2007
26 de agosto de 2007
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choques entre milicias chiíes


[Saad Fakhrildeen y Carol J. Williams] Choques entre milicias se cobran cincuenta vidas. La lucha entre el Ejército Mahdi y la Organización Báder lleva a las autoridades a ordenar que cerca de un millón de peregrinos abandonen Karbala.
Nayaf, Iraq. Milicias chiíes se atacaron unas a otras en Karbala el martes, causando la muerte de más de cincuenta personas en tiroteos, incendiando tres hoteles y obligando a las autoridades a cancelar un festival religioso ordenando a millones de celebrantes que dejen la ciudad sagrada donde se habían reunido.
Más de doscientas personas resultaron heridos en el pánico que se desató cuando miembros del Ejército Mahdi, leales al clérigo anti-norteamericano Muqtada Sáder, atacaron a miembros de la Organización Báder, el brazo armado del rival Consejo Supremo Islámico Iraquí.
Se espera que aumente el número de bajas. Testigos informan sobre decenas de cuerpos todavía en las calles adyacentes al santuario de Imán Hussein y en medio de los escombros todavía ardientes de los tres edificios cercanos que fueron incendiados durante la batalla.
Las dos milicias chiíes han estado librando una guerra cada vez más cruenta por el control de las ciudades más importantes del sur de Iraq y sus abundantes recursos petrolíferos. La sureña ciudad de Basra, la ciudad de Iraq más rica en petróleo, será pronto entregada a fuerzas iraquíes por las tropas británicas, y la inminente decisión ha acelerado los choques entre el Ejército Mahdi y las milicias de Báder que luchan por el poder en una región en la ausencia de cualquier gobierno central funcional.
El último conflicto se produjo en medio del peregrinaje musulmán chií anual a Karbala que debía haber culminado con oraciones y festividades hoy en conmemoración del nacimiento de Mohammed Mahdi, uno de los doce imanes venerados del islam chií. El toque de queda y la evacuación estropearon el momento culmine del ritual en honor del profeta del siglo nueve, que desapareció y, de acuerdo a las creencias chiíes, volverá algún día para anunciar una era de paz.
Desde el derrocamiento de Saddam Hussein después de la invasión norteamericana de 2003, la mayoría de la población chií que era oprimida por su gobierno dominado por sunníes, ha tenido la nueva libertad de participar en peregrinajes y otras actividades rituales. Pero parte de las actividades masivas han sido estropeadas por los ataques de la comunidad sunní rival. En este caso, la lucha opone a grupos chiíes rivales que han estado peleando por la supremacía política mientras el gobierno del primer ministro Nouri Maliki falla en medio de acusaciones de incompetencia y sectarismo.
El movimiento político de Sáder ha estado boicoteando al gobierno, y Adel Abdul Mehdi, el vicepresidente del Consejo Supremo Islámico Iraquí, ha sido visto como un potencial sucesor de Maliki en caso de que este renuncie o sea desbancado por el parlamento.
Algunos testigos informaron que los enfrentamientos empezaron esta semana cuando milicianos del Ejército Mahdi armados de piedras, ladrillos y cuchillos atacaron una comisaría de policía, incidente que pronto escaló a un intercambio de granadas y fuego de rifles AK-47.
Las autoridades implantaron un toque de queda para la asediada ciudad a ochenta kilómetros al sur de Bagdad, así como en Nayaf y Hillah, otros bastiones de Báder en la región, y enviaron buses para la evacuación de los peregrinos.
"Estoy estancado en Karbala cerca del edificio de gobierno y estoy oyendo un fuerte intercambio de fuego", dijo por celular desde donde había buscado refugio a unos doscientos metros del santuario del Imán Hussein, un peregrino de Nayaf, que no quiso identificarse. Dijo que unos hombres armados habían incendiado los hoteles cercanos después de que milicianos escondidos dentro empezaran a disparar contra la policía local y tropas del ejército iraquí. Los peregrinos también se habían refugiado en los edificios, para huir de las balas perdidas.
Mientras escalaba la violencia pese al despliegue de quince mil tropas de seguridad del gobierno iraquí, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad proclamó que la misión de Estados Unidos de llevar la paz a Iraq era un fracaso que había producido un vacío de poder. Observó que Irán y otros países en la región estaban "preparados para llenar ese vacío". No quedó claro inmediatamente si estaba hablando en reacción a la situación en Karbala o expresando una condena general de la presencia de Estados Unidos en Iraq.
"El poder político de los invasores ha sido destruido", dijo Ahmadinejad a los periodistas en una rueda de prensa en Teherán. "Muy pronto presenciaremos un gran vacío en la región, y nosotros y nuestros amigos, junto con los árabes saudíes y la nación de Iraq, estamos preparados para llenar ese vacío".
En los últimos seis meses, el Pentágono ha enviado 28.500 tropas norteamericanas adicionales a Iraq, pero las muertes de civiles por conflictos sectarios, los asesinatos y luchas de poder de las milicias continúan. La violencia ha frustrado los objetivos de Estados Unidos de pasar la responsabilidad de la seguridad al gobierno iraquí, cuya policía y filas del ejército están a menudo dominadas, o infiltradas por milicias más fuertes y mejor armadas.
La violencia que sacude Karbala se ha cobrado la vida de 51 personas , con 206 heridos al caer la tarde, dijo un funcionario del ministerio del Interior aquí que pidió que no se mencionara su nombre. No quedó claro si esa cifra incluía las once personas matadas en los dos días previos cuando los peregrinos avanzaban hacia Karbala por caminos infestados de francotiradores. El lunes noche murieron cuatro personas en un enfrentamiento a balas cerca de la mezquita.
Para el martes tarde, las luchas internas entre chiíes se habían propagado a Bagdad, cuando hombres armados que se cree eran milicianos del Ejército Mahdi atacaron a al menos cuatro locales de facciones políticas rivales. Quemaron edificios del Consejo Supremo Islámico Iraquí y del Partido Islámico Dawa en el barrio de Kadhimiya y secuestraron a cuatro guardias de la sede del consejo.
En Ciudad Sáder, la comuna de Bagdad que es el bastión del Ejército Mahdi y el hogar de dos millones de chiíes, atacaron las oficinas del Consejo Supremo Islámico Iraquí, matando a cinco personas y dejando heridas a otras veinte. En el barrio de Husseiniya al nordeste de la ciudad, hombres armados utilizaron lanzagranadas para destruir las oficinas del consejo, que es encabezado por el clérigo de Nayaf, Abdelaziz Hakim.
Tropas norteamericanas en vehículos blindados controlaron las áreas, informó la policía bagdadí.
Los estadounidenses también rodearon uno de los hoteles más elegantes de Bagdad en lo que la policía y el personal dijeron que era una operación a la búsqueda de iraníes sospechosos de contrabandear armas. La embajada iraní dijo que siete ciudadanos detenidos habían sido dejados en libertad por las fuerzas armadas norteamericanas el miércoles en la mañana, sin cargos ni explicaciones.
Un video de la Associated Press Television News muestra a tropas norteamericanas sacando del hotel a unas diez personas con la vista vendada y esposados. La embajada iraní en Bagdad se limitó a decir que en el hotel alojaba una delegación del ministerio de Electricidad de Irán.
Fuerzas norteamericanas allanaron el lunes lo que dijeron que era un refugio de insurgentes sunníes al norte de Bagdad, cerca de la ciudad chií de Khalis, y el martes mataron a 33 combatientes de al_Qaeda en Iraq. No se reportaron bajas estadounidenses, que suman 3.732 desde el inicio de la guerra en marzo de 2003, de acuerdo a la página en la red icasualties.org.
En el barrio El Cairo al nordeste de Bagdad, cinco camionadas de milicianos atacaron una mezquita sunní, donde mataron a tres personas y secuestraron al imán y dos asistentes, dijo la policía.
Un mortero cayó al este de Bagdad a las cinco de la tarde, matando a un civil, y antes en el día un coche bomba detonó fuera de los barrios de la defensa civil de la capital, matando a una persona y dejando heridas a otras dos.
Los enfrentamientos en Karbala se iniciaron el lunes noche cuando Ammar, el hijo de Hakim, el clérigo de Nayaf, llegó al santuario con una falange de guardaespaldas de la Organización Báder. Los hicieron pasar por el cordón de seguridad, reteniendo al resto de los devotos, incluyendo a milicianos del Ejército Mahdi, según dijeron testigos. En ese enfrentamiento inicial murieron tres personas y uno de los heridos sucumbió durante la noche.
Para el martes, los dos grupos parecían estar vengándose por el derramamiento de sangre de la noche anterior.
"Los guardias de la mezquita empezaron a disparar contra los peregrinos", dijo un hombre en Ciudad Sáder, en medio del tumulto, que sólo quiso identificarse como Abu Anwar. "Algunas de las bajas son por herida de bala, pero muchas otras fueron causadas por la estampida que se produjo cuando todo el mundo trató de huir".
Estallaron tiroteos en la tarde cuando la policía local, parte de la cual está asociada con la milicia Báder, trató de erradicar a grupos de hombres armados que habían tomado posiciones en los hoteles que flanquean la carretera entre las dos mezquitas -del Imán Hussein y del Imán Abbas-, que forman el corazón religioso de la ciudad. Los hoteles fueron incendiados, así como los coches aparcados en las atestadas calles y partes del santuario de Hussein. Las ventanas estaban rotas y sus marcos carbonizados por las llamas iniciadas por las granadas.
Algunos testigos dijeron que el martes noche el combate se prosiguió durante varias cuadras en los alrededores de los sitios sagrados y que se podía ver humo sobre la mezquita, que había sido adornada con guirlandas de bombillas blancas formando una festiva canopia. Según testigos, aviones militares norteamericanos sobrevolaron el lugar.
La policía y tropas del ejército iraquí utilizaron altavoces para ordenar a los fieles de fuera de Karbala que se marcharan hacia las afueras de la ciudad, desde donde serían trasladados a lugares más seguros.
Algunos peregrinos que salieron antes de que se emitiera la orden, fueron molestados por hombres armados a lo largo de la ruta. Un niño murió, resultando su padre herido cuando fueron atacados en la carretera desde un coche, cuando viajaban desde el norte de Hillah a Bagdad, y al menos seis personas en coches particulares o minibuses recibieron impactos de bala de presuntos francotiradores sunníes.
Maliki envió más fuerzas de seguridad a Karbala para proteger la ruta de evacuación hacia Bagdad y prometió llevar a justicia a los perpetradores de la violencia.
"El gobierno hará frente a esos forajidos y no aceptará que la extorsión debilite al estado", dijo el primer ministro a la TV Al Hurra al final de lo que fue día lleno del caos del que ha sido acusado de fomentar por ignorar las acciones de las milicias chiíes parias.
Un portavoz de la Organización Sáder negó en una declaración de Nayaf que el Ejército Mahdi haya intervenido en la violencia en la provincia de Karbala.

carol.williams@latimes.com

Fakhrildeen informó desde Nayaf y Williams desde Bagdad. Ramin Mostaghim en Teherán y Maha Khateeb en Hillah, y Saif Rasheed en Bagdad contribuyeron a este reportaje.

29 de agosto de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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