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la moral de los soldados


[Tina Susman] Con misiones más largas, despliegues múltiples y nuevas tácticas que los destinan a posiciones de mayor peligro, creen que sus jefes perdieron el contacto con la realidad.
Yousifiya, Iraq. En el comedor de un cuartel del ejército estadounidense al sur de Bagdad, el presidente Bush se apareció en una pantalla de televisión gigante pronunciando un discurso sobre la guerra de Iraq. Los soldados no apartaron sus ojos del pollo con puré de patatas.
Mientras los jefes militares y políticos se preparan para entregar al Congreso el mes que viene un informe sobre la situación en el conflicto, muchos soldados se muestran crecientemente desdeñosos de la liviandad que dicen que comandantes en el terreno y funcionarios de la Casa Blanca están usando en sus decisiones sobre la guerra.
Y están expresando su frustración por los despliegues más prolongados y una agotadora misión que tiene a muchos viviendo en condiciones peligrosas e incómodamente austeras. Algunos dicen que aquí se están librando dos guerras: una, la que ven los soldados alistados, y dos, la que los oficiales superiores y políticos quieren que vea el mundo.
"No veo ningún progreso. Simplemente nos están matando", dijo el especialista Yvenson Tertulien, uno de los hombres que estaba en el comedor en Yousifiya, unos dieciséis kilómetros al sur de Bagdad, cuando pasaron el discurso de Bush el mes pasado. "No quiero estar aquí".
Los problemas con la moral de los soldados se presenta en momentos en que el gobierno de Bush hace frente a una creciente presión para que empiece a retirar las tropas.
El Times informó el viernes que el general Peter Pace, presidente del Estado Mayor Conjunto, aconsejará a Bush reducir el próximo año el nivel de tropas norteamericanas a casi la mitad, debido a la presión sobre las fuerzas armadas.
Pero Pace dijo el viernes: "Esa historia es errónea, es especulativa. Todavía no he decidido hacer ninguna recomendación".
Muchos soldados siguen mostrándose optimistas sobre su misión en Iraq. En la Base de Patrulla Shanghai, flanqueando la ciudad de Rushdi Mullah al sur de Bagdad, el capitán de ejército Matt Dawson contó que los habitantes solían disparar contra los soldados, pero que ahora los visitan y ofrecen ideas de cómo mejorar la seguridad.
"Para los jóvenes que han estado aquí aguantando los tiros durante diez meses seguidos, el cambio es una experiencia fantástica", dijo Dawson la semana pasada.
El ejército cita cifras de re-alistamiento como prueba de que la moral sigue estando alta y dice que espera que llegue a su objetivo de retención de 62.200 para el año fiscal.
"EL 4 de julio, re-alistamos a 588 miembros... en Bagdad. Eso es ciertamente un indicador", dijo el sargento mayor Marvin Hill, que visita la base para calibrar la moral de las tropas por encargo del general de ejército David H. Petraeus, comandante de las tropas estadounidenses en Iraq.
Basándose en sus encuentros, Hill dijo que daría a la moral un ocho en una escala de uno a diez.
"Las unidades que están logrando verdaderos éxitos son unidades donde la moral de la tropa es extremadamente alta", dijo Hill. "Las unidades que están teniendo bajas, sean pérdidas personales, heridos o accidentes, son las organizaciones donde la moral puede decaer un poco".
Los signos de frustración y de una baja moral son inconfundibles, incluyendo los comentarios francos, las diatribas online y las conclusiones de las encuestas sobre moral militar y suicidios.
"Esta ocupación, este pozo de dinero, este popurrí de agresiones superfluas es cada vez más inútil y terrible", escribió un soldado en la provincia de Diyala, al norte de Bagdad, el 7 de agosto en su blog www.armyofdude.blogspot.com.
"La única persona que conozco que creía que Iraq estaba mejorando, murió en mayo por un tiro de un francotirador", dijo en un e-mail separado el bloguero, identificado solamente como Alex, de Frisco, Texas.
La tasa de suicidio del ejército es la más alta en 23 años: 17.3 por cien mil soldados, en comparación con 12.4 por cien mil en 2003, el primer año de la guerra. De los 99 suicidios del año pasado, 27 ocurrieron en Iraq.
El último sondeo de una serie de sondeos de salud mental de las tropas en Iraq, dado a conocer en mayo, dice que el 45 por ciento de los soldados entrevistados tasaban la moral de su unidad como baja o muy baja. Siete por ciento la calificaba alta o muy alta.
Las tendencias en la salud mental han empeorado en los últimos dos años, dijo Cindy Williams, experta en personal militar en el Massachusetts Institute of Technology. "Estos despliegues largos y repetidos están causando una aguda estrés mental", dijo.
La mayoría de los soldados en Iraq cumplen misiones de doce meses, que fueron extendidos en tres meses más en mayo para el refuerzo de tropas. Miles de ellos iban por su segundo o tercer despliegue.
El resultado es una fuerza de combate que incluye a muchos soldados que están agotados, justo cuando Petraeus, que asumió el mando de la guerra hace seis meses, les está pidiendo que adopten intensas tácticas de contrainsurgencia. Esas estrategias enfatizan vivir ‘fuera de las alambradas', como dicen los militares, en puestos que acercan a las tropas a los iraquíes. La teoría es que la gente empezará a confiar en los soldados y a compartir la información que se necesita para sofocar la violencia.
Pero esos puestos carecen a menudo de los servicios más básicos, como agua corriente, inodoros con cisterna, teléfonos y acceso a internet, cosas de las que disfrutan las tropas en las bases de operaciones de avanzada, además de restaurantes e instalaciones deportivas. En la línea de fuego, las tropas en los puestos de avanzada también corren mayores peligros que en las bases.
Desde que empezara la guerra, han habido ocho meses en que las bajas norteamericanas superaron las cien muertes, tres de ellos desde que empezara la campaña de seguridad en febrero.
En Yousifiya, las tropas ocupan los terrenos requemados de una antigua planta procesadora de patatas. Usan letrinas de pozo y se duchan sólo donde hay agua suficiente. Trotan alrededor de un sitio de concreto que hace las veces de helipuerto y de plataforma para lanzar morteros. Otros soldados en este área tienen entornos mucho menos cómodos.
El mayor de ejército Rob Griggs cree que las condiciones duras son buenas para la misión. Sin distracciones reconfortantes, las tropas están más motivadas para terminar el trabajo, dijo Griggs, que va en su quinto despliegue, incluyendo dos en Iraq desde que se alistara hace diecisiete años.
"Les permite concentrarse en por qué están aquí", dijo Grigss, que duerme y vive en la mitad de un contenedor de carga marítima en la base de Yousifiya. Que las tropas viven en las mismas sobrias condiciones que muchos iraquíes también ayuda a convencer a la gente de que los estadounidenses son sinceros en que quieren que las cosas funcionen mejor, dijo.
Pero las diferencias en las condiciones de vida y trabajo entre los soldados agravan los resentimientos, mermando la moral. Lo mismo que la sensación de que la misión es inútil, una creencia alimentada por el punto muerto de la política iraquí y la falta de fiabilidad de las fuerzas iraquíes.
"Hay dos guerras diferentes", dijo el sargento Donald Richard Harris, comparando la visión de sus soldados con la de los comandantes en bases lejanas. "Parece un proceso sin salida".
Interrogado sobre la moral de su unidad, Harris le dio cuatro en una escala de diez. "Mira a esos tipos. Es su pausa", dijo, mientras jóvenes soldados limpiaban silenciosos el polvo de sus rifles en un puesto de batalla al sur de la capital. Un tórrido viento atravesó la pequeña base, una casa abandonada rodeada de sacos de arena y alambres de púa.
"Suena egoísta, pero ojalá tuviéramos teléfono e internet", dijo el sargento primero Clark Merlin.
Se suponía que su unidad volvería a casa este mes, pero su periodo de servicio fue extendido hasta noviembre. Eso significa tres meses más de tener que usar sacos de plástico en lugar de inodoros, de quemar la basura y de esperar que lleguen los paquetes de casa.
"Creo que la extensión es el 99 por ciento de la razón de la baja moral", dijo Merlin, calificándola de cuatro o cinco.
El experto en contrainsurgencia Sthepen Biddle, del Consejo de Relaciones Exteriores, dijo que el tema de las ‘dos guerras' es común en zonas de conflicto a medida que los soldados de las primeras líneas anidan resentimiento contra las tropas en las bases y llegan a creer que sus comandantes han perdido el contacto con las realidades del terreno.
"Pero este tipo de guerra realmente lo pone de relieve", dijo sobre Iraq Biddle, que ha asesorado a Petraeus. El descontento de los soldados se complica más con la tarea de forjar relaciones con gente en que muy pocos confían y que a menudo expresan su rechazo a la presencia estadounidense.
"Todas las guerras son políticas, pero normalmente los soldados rasos y los técnicos no tienen que pensar demasiado sobre esa parte. En este conflicto, sí lo hacen y en un grado mucho mayor", dijo Biddle, refiriéndose a las actividades comunitarias que las tropas deben emprender. Estas actividades incluyen negociar con líderes tribales que antes protegían a los insurgentes, hacer tratos con ex insurgentes para integrarlos a las fuerzas de seguridad iraquíes, y escuchar las quejas de los vecinos sobre la falta de servicios.
"Tienes que ayudar a la gente a pesar de la fuerte sospecha de que montones de ellos te odian", dijo Biddle. "Estamos exigiendo demasiado de gente muy, muy joven".
Es especialmente difícil para los soldados adiestrados para pelear contra un enemigo en uniforme, pero en Iraq hacen frente a toda una gama de fuerzas no convencionales. La mayoría de ellos pensaban que su trabajo terminaría después de derrocar a Saddam Hussein. En lugar de eso, pronto se tuvieron que dedicar a dirigir el tráfico en las caóticas calles de Bagdad. Cuatro años más tarde, todavía están realizando funciones de policía y haciendo trabajos comunitarios que no estaban en el programa.
"Agrégale a eso que puedes salir volando por los aires y que te disparan, y definitivamente eso hace difícil decir misión cumplida con una sonrisa", dijo el sargento primero Kevin Littrell, cuyo plan de dejar el ejército en mayo se frustró cuando la misión de su unidad fue extendida.
En otra base de patrulla, el general de división Rick Lynch, comandante de las fuerzas estadounidenses en el sur de Iraq, fue presentado al teniente primero Jeff Bess. El joven había llegado recién en su primera misión. Interrogado si le gustaba hasta ahora el ejército, Bess intentó sonar amable. "Es una experiencia de aprendizaje, señor", replicó.
Lynch le dijo: "Estás haciendo historia aquí mientras en casa lo están mirando en la televisión".

tina.susman@latimes.com

Julian E. Barnes en Washington y Garrett Therolf, Carol J. Williams y Alexandra Zavis en Iraq contribuyeron a este reportaje.

28 de agosto de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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más niños en la guerra de iraq


[Alexandra Zavis y Garrett Therolf] A medida que los militantes reclutan más niños para colocar bombas y pelear, crece el número de estos bajo custodia militar norteamericana.
Bagdad, Iraq. Niños guerreros, en el pasado una rara presencia en los campos de batalla de Iraq, están jugando un papel cada vez más importante en secuestros, asesinatos y colocación de bombas en las calles en el país, dicen oficiales norteamericanos.
Los niños, algunos de hasta once años, ahora superan a los combatientes extranjeros en los campos de detención estadounidenses en Iraq. Desde marzo han aumentado de cien a ochocientos, dijo el general de división Douglas Stone, comandante encargado de los detenidos. El Times informó el mes pasado que había 130 combatientes no iraquíes bajo custodia norteamericana en Iraq.
Stone atribuye el aumento en el número de niños combatientes en el país en parte a la presión que ha ejercido la campaña de seguridad norteamericana sobre el flujo de combatientes extranjeros.
Menos de ellos logran ingresar al país, dijo, y el grupo militante al_Qaeda en Iraq tiene dificultades para reclutar a adultos. Por esto se ha volcado hacia los niños.
"A medida que aumentan nuestras operaciones, al_Qaeda en Iraq y otros han empezado a utilizar a más menores de edad en la lucha contra nosotros, y en el proceso hemos detenido a más jóvenes", dijo Stone.
Dijo que los niños son combatientes efectivos porque son fácilmente influenciados, no sienten temor del mismo modo que los adultos y no llaman la atención de las fuerzas norteamericanas.
Otra causa del aumento de las detenciones puede ser que las fuerzas estadounidenses están simplemente entrando en contacto con más niños debido al aumento del nivel de tropas y que las presiones económicas pueden haber empujado a algunas familias iraquíes hacia los militantes.
Stone dijo que algunos niños han contado a los interrogadores que sus padres les alentaban a hacer el trabajo sucio de los militantes porque los extremistas tienen mucho dinero.
Los insurgentes pagan normalmente a los niños entre doscientos a trescientos dólares por colocar una bomba, lo que es suficiente para mantener a una familia durante dos o tres meses, dicen sus instructores iraquíes en un centro de rehabilitación norteamericano.
Cerca del 85 por ciento de los niños detenidos son sunníes y la mayor parte de ellos viven en regiones dominadas por los árabes sunníes al oeste y norte del país. En estas comunidades de profunda miseria y convulsionadas por la violencia, los hombres con dinero e influencia son los que poseen los arsenales más grandes. Son los modelos que tienen los niños.
El aumento de los niños combatientes hará que el conflicto devenga todavía más espeluznante, dijo Peter W. Singer, un experto en niños combatientes de la Brookings Institution.
Dijo que los líderes militantes a menudo tratan a los niños como mercaderías baratas, y la paz será más difícil de alcanzar debido a que los "empresarios de la guerra" cuentan ahora con una fuerza de combate establecida y flexible en sus comunidades.
Reportajes en sitios en la red describen a niños mártires como una inspiración, y al otro lado de la división sectaria, el clérigo radical musulmán chií, Muqtada Sáder, del Ejército Mahdi, también se fanfarronea de la participación de niños.
"Esto muestra que el Ejército Mahdi es un movimiento de resistencia popular contra los invasores. Viejos y jóvenes están ahora en el mismo campo de batalla", dijo al London Daily Telegraph el jeque Ahmad Shebani, portavoz de Sáder.
Los niños han sido detenidos en una amplia gama de circunstancias, y se cree que su participación en grupos insurgentes varía grandemente.
Aunque algunos de sus presuntos delitos incluyen secuestros y asesinatos, la inmensa mayoría de ellos están detenidos por colocar bombas en las calles a cambio de dinero, dijeron las autoridades.
El aumento de jóvenes combatientes agrava la brutalidad que ya ha obligado a cerrar a muchas escuelas, dejando a los niños heridos y hambrientos, y escenas de asesinatos de padres frente a sus hijos.
Para sus captores estadounidenses, el aparente aumento de niños combatientes confunde todavía más a amigos y enemigos en el campo de batalla, y provoca una renovada revisión de las políticas de detención militar y la falta de acceso judicial de los delincuentes juveniles bajo custodia.
Para recibir el flujo de niños, y romper el lazo con los militantes, se abrió aquí un nuevo establecimiento educacional el 13 de agosto.
Está a una parada de Camp Cropper, la zona de detención norteamericana donde los niños, de once a diecisiete años, viven separados de muchos de los 24 mil insurgentes bajo custodia norteamericana en Iraq.
El nuevo centro educacional reemplaza a la escuela de una habitación de Camp Cropper y puede acomodarlos a todos, excepto a cien que no pueden asistir porque están severamente incapacitados, enfermos, o son fanáticos.
Los estudiantes, de los cuales un cuarto son analfabetos, aprenden árabe e inglés básicos, matemáticas, geografía y ciencia en aulas en tiendas con aire-acondicionado. Apodada la Casa de la Sabiduría, las aulas están rodeadas de murallas de concreto coronadas con alambre de púa.
En las clases de civismo de todos los días, los niños estudian historia iraquí y las nuevas instituciones de gobierno. Un equipo de psiquiatras proporciona orientación. La biblioteca tendrá cuatro mil libros y ya tiene libros de texto en inglés, manuales de informática y una serie de las novelas de Harry Potter traducidas al árabe.
"Nos dimos cuenta pronto", dijo Stone durante una entrevista en el nuevo local, "que la mayoría de estos jóvenes son no solamente víctimas de al_Qaeda en Iraq, sino también de su propio analfabetismo. Como no saben leer ni escribir, tampoco pueden encontrar trabajo, y los jóvenes desempleados son también jóvenes enrabiados, susceptibles ante los astutos argumentos de los extremistas".
En la sala A5, un periodista del Times fue admitido para que observara a los niños, pero sin dejarle que hiciera preguntas. Un maestro iraquí con pantalones caquis y gafas de sol encaramadas en su gorra de béisbol dirigía una lección sobre de árabe para unos treinta niños.
"¿Quién quiere leer?", preguntó. Algunos alzaron sus manos.
El maestro escogió a un niño de la fila de atrás con su pelo alisado hacia atrás y le pidió que eligiera una historia.
El niño hojeó cuidadosamente el libro, quedándose finalmente con una historia sobre un narrador que encuentra a un gato encerrado y maltratado y decide alimentarlo, darle de beber y soltarlo.
"Gira sobre la libertad", dijo el niño.
Los niños estaban en una sala decorada con sus dibujos de tiza de casas, flores y palmeras. Una bandera iraquí estaba pegada a un tabique de madera contrachapeada, y una pila de esteras para orar estaba pulcramente colocada sobre una silla de plástico blanca.
El edificio extiende los esfuerzos de rehabilitación en campos de detención previos para los niños de la cárcel de Abu Ghraib en Bagdad, donde la Cruz Roja se quejó de que los niños sufrían tratos injustamente severos, y de Camp Iguana de Bahía Guantánamo, Cuba, donde sólo niños menores de dieciséis son separados de los adultos. Abu Ghraib fue entregada posteriormente al gobierno iraquí, y los detenidos fueron trasladados a Camp Cropper.
"Fundando este tipo de establecimiento", dijo Singer, "deja en claro al pueblo americano y al mundo que no estamos hacienda nada malo contra estos niños... Pero decir a estos detenidos que los vamos a tratar bien y que leerán Harry Potter no encuentra eco en alguien que dice: ‘Quiero morir matándote'".
Algunos de los niños escriben el nombre de un líder militante en sus uniformes de internos, diciendo a los gendarmes que es el nombre de un familiar o de alguien querido, dijo Kareem, un iraquí-estadounidense que actúa como orientador de los niños y que pidió que no mencionáramos su nombre.
Los detenidos adultos tratan de instigar a los menores escribiéndoles notas que lanzan con piedras sobre las murallas contra sus dormitorios o llamándolos. Les dicen que los maestros y gendarmes son infieles que están tratando de convertirlos al cristianismo, dijo Kareem.
Los choques entre sectas provocan la segregación entre los detenidos chiíes y sunníes en los dormitorios, pero todavía estudian, juegan y comen juntos.
En diciembre, los gendarmes de Camp Cropper sofocaron un motín cuando unos 240 niños arrancaron los inodoros del suelo y lanzaron piedras y pedazos de cemento, dijo el teniente primero Rob Glenn, el administrador de la educación de los jóvenes.
Stone reconoció que los niños detenidos en Camp Cropper incluyen un creciente número de extremistas islámicos fanáticos, y dijo que le preocupaba que pudieran influir sobre los jóvenes, algunos de los cuales dicen que cometieron sus presuntos crímenes bajo coerción.
El mes pasado, por ejemplo, los soldados pararon a un niño de trece años que llevaba una bomba casera en su bicicleta. El niño contó a los interrogadores que militantes de al_Qaeda en Iraq habían secuestrado a su madre y hermana y obligado a hacer el trabajo sucio, dijo el coronel Paul Funk, comandante de la Primera Brigada del Ejército, de la Primera División de Caballería.
En esos casos, los militares a menudo preguntan al líder tribal del niños si acaso cree que ha sido obligado y si el líder asumirá la responsabilidad de sus acciones futuras. En este caso, el jeque dijo que el niño era un delincuente, así que lo detuvimos, dijo Funk.
Hicham Hassan, portavoz de la Cruz Roja y supervisor de los centros de detención estadounidenses, dijo que su agencia había presentado una queja formal a los militares a propósito de la denegación de acceso a un abogado y a tribunales. Los militares mantienen a los niños hasta un año antes de liberarlos o de transferirlos al sistema judicial iraquí para que sean juzgados.
El uso de niños de parte de los militantes tiene algunos precedentes en el régimen de Saddam Hussein, que utilizó la organización Ashbal Saddam -los Cachorros de León de Saddam- como una fuerza paramilitar de niños de entre diez y quince años que nutría a las unidades de feyadines dirigidas por su hijo Uday.
Los restos de los fedayines conforman una de las fuerzas insurgentes que están peleando hoy, y en el menos tres ciudades iraquíes, los niños también atacaron a las tropas norteamericanas durante la invasión de 2003.
Stone cree que del mismo modo que los niños pueden ser formados para convertirse en militantes, pueden ser rehabilitados. El general de división, que es cristiano, les lee del Corán todos los días para ayudarse en sus intentos de dar a los niños las herramientas para poner en duda su adoctrinamiento militante.
Algunos signos indican que si se aísla a los niños de los extremistas, se pueden hacer algunos progresos.
Dibujos tempranos de algunos de los niños mostraban imágenes de hombres enmascarados derrotando a los soldados iraquíes. En dibujos posteriores, los perdedores eran los hombres enmascarados.

zavis@latimes.com
garrett.therolf@latimes.com

Mohammed Rasheed contribuyó a este reportaje.

27 de agosto de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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severo informe de espías


[Greg Miller] Las agencias de inteligencia norteamericanas dicen que Maliki es ineficiente y observan brecha entre los progresos militares y el mal funcionamiento político.
Washington, Estados Unidos. Pese a algunos progresos en el terreno militar, el primer ministro iraquí Nouri Maliki es incapaz de gobernar efectivamente a su país y es probable que la situación política se haga todavía más precaria en los próximos seis a doce meses, según las conclusiones de las agencias de inteligencia del país en un nuevo análisis dado a conocer el jueves.
El documento, una actualización del Estimado Nacional de Inteligencia presentado en enero, recoge la opinión de las dieciséis agencias de espionaje de Estados Unidos. Es el primer informe comprehensivo sobre la situación actual en Iraq desde que empezara el refuerzo de tropas antes este año y es presentado a menos de un mes de un importante análisis sobre la intervención militar norteamericana que debe entregar el general de ejército David H. Petraeus, el más alto jefe militar norteamericano en Iraq.
Aunque formulado de manera cauta y lleno de advertencias, el estimado ofrece una dura conclusión: Aunque el aumento de tropas ha dado al gobierno iraquí más espacio, Maliki y los otros líderes no se han acercado al objetivo de alcanzar la reconciliación política necesaria para impedir que el país se desintegre.
El informe menciona "mejoras perceptibles, pero desiguales" en seguridad, pero dice que en Iraq el nivel de violencia sigue siendo alto. "Los líderes políticos iraquíes siguen siendo incapaces de gobernar efectivamente", agrega.
Destacando la desconexión entre los avances militares y políticos en Iraq, el informe podría hacer más profundas las divisiones en Washington sobre la continuada presencia de tropas norteamericanas.
Los partidarios del presidente Bush señalan los signos de progreso militar descritos en el informe. Dice que "el nivel total de ataques en Iraq ha descendido en las últimas siete a nueve semanas" y menciona la creciente oposición a los militantes asociados con al_Qaeda de parte de líderes tribales sunníes".
Pero los demócratas y detractores de la guerra cuestionan esos progresos y el concomitante sacrificio norteamericano es cada vez más inútil debido a la ineficiencia del gobierno de Maliki.
El líder de la mayoría en el Senado, Harry Reid (demócrata de Nevada) dijo que el informe confirmaba que "nuestras tropas están atascadas en la guerra civil iraquí y la estrategia de escalada del presidente no ha logrado producir los resultados políticos que prometió a nuestros soldados y al pueblo estadounidense".
"Cada día que seguimos aferrándonos a la frustrada estrategia del presidente", dijo Reid, "es una día en que Estados Unidos no está tan seguro como debería estar".
El texto completo del informe, titulado ‘Perspectivas para la estabilidad de Iraq: Progresos en seguridad, aunque la reconciliación política sigue siendo elusiva', es de acceso clasificado. Pero el director de inteligencia del país, J. Michael McConnell, dio a conocer un resumen de cuatro páginas de las conclusiones más importantes del documento.
Funcionarios de inteligencia dijeron que el documento fue redactado a petición del Congreso y del Consejo de Seguridad Nacional y que su publicación ahora se debe a que los oficiales militares y otros funcionarios que trabajan en la elaboración de otros informes que deben ser presentados este próximo mes puedan consultarlo.
El resumen concluye que "el gobierno iraquí estará en una situación más precaria en los próximos seis a doce meses". Ese es un período crucial porque los expertos militares creen que el aumento de tropas no puede continuar mucho más tiempo sin causar una seria degradación de la capacidad de las fuerzas norteamericanas.
Si la reforzada presencia militar continúa, el informe predice que "la seguridad de Iraq seguirá mejorando modestamente en los próximos seis a doce meses, pero los niveles de violencia insurgente y sectaria seguirán altos y el gobierno iraquí continuará luchando por alcanzar la reconciliación política y una mejor gobernabilidad a nivel nacional".
La severa conclusión del gobierno iraquí se produce en momentos en que Bagdad y Washington atraviesan por un periodo de relaciones ásperas.
El senador Carl Levin (demócrata de Michigan), presidente del Comité de los Servicios Armados, es uno de los que llamó a dimitir a Maliki. Bush se levantó en defensa de Maliki, y el primer ministro rechazó duramente las críticas norteamericanas, diciendo el miércoles en una visita a Siria que su país "puede encontrar amigos en otros lugares".
La autoridad de Maliki se ha visto erodada por una serie de deserciones de su gabinete y la pérdida del apoyo de grupos entre los que se encuentra la poderosa organización liderada por el clérigo musulmán chií anti-norteamericano y jefe de la milicia, Muqtada Sáder.
Un funcionario de inteligencia de alto rango dijo que uno de los pocos factores a favor de Maliki es que "es difícil encontrarle un remplazo".
Las recientes deserciones del gobierno de Maliki reflejan profundas divisiones sectarias que han empujado a Iraq hacia la guerra civil, un término que el estimado de inteligencia no utiliza.
En un sombrío análisis de las perspectivas de reconciliación en Iraq, el informe dice que las luchas internas entre chiíes por el poder y los recursos "probablemente se intensificará"; que la comunidad árabe sunní "seguirá estando fragmentada políticamente"; y que los líderes kurdos están preocupados de conservar su autonomía en la parte norte del país.
El informe menciona dos elementos nuevos que están complicando más los desarrollos políticos y militares: la creciente oposición árabe sunní a los militantes de al_Qaeda en Iraq, y el amplio temor en el país de una eventual retirada de las tropas estadounidenses.
El último desarrollo está empujando a líderes locales a encargarse ellos mismos de proteger sus áreas, dijeron funcionarios de inteligencia. Eso podría conducir a una reducción de la violencia si el gobierno de Maliki puede lograr su apoyo.
Pero funcionarios de inteligencia dijeron que esa perspectiva era incierta y que grupos autónomos más fuertemente armados podrían desafiar la autoridad del gobierno central y desestabilizar todavía más al país.
En general, el informe concluye que la capacidad de los grupos asociados con al_Qaeda para movilizarse y montar ataques en partes de Iraq ha sido erosionada de modo significativo por la cooperación entre los líderes tribales sunníes, que se han visto fortalecidos por las exitosas operaciones norteamericanas y están cada vez más consternados por los sangrientos métodos del grupo al_Qaeda en Iraq.
Las organizaciones militantes sunníes en Iraq están "perdiendo muchos líderes", dijo un funcionario de la inteligencia norteamericana. Era uno de los tres oficiales que informaron a los periodistas sobre las conclusiones de la inteligencia. Todos hablaron a condición de conservar el anonimato, diciendo que eso les permitía hablar con más franqueza sobre sus contenidos.
Aunque los militantes son todavía capaces de espectaculares ataques, dijo el alto funcionario, esos ataques les han reducido su apoyo entre la población iraquí. También observó que la creciente oposición sunní a los militantes se no ha traducido en un apoyo más amplio para el gobierno de Maliki.
El informe no llega a emitir una conclusión definitiva sobre la efectividad del aumento del nivel de tropas. Lo más cerca que llega es cuando advierte que un cambio importante de la misión de las fuerzas de Estados Unidos y la coalición "erosionaría los avances logrados en seguridad hasta el momento".
Ese capítulo del informe parece dirigido a algunas propuestas en el Congreso para que las tropas norteamericanas modifiquen su misión de operaciones de contrainsurgencia para concentrarse en la persecución de los grupos sunníes militantes y apoyar al ejército iraquí.
También menciona que la violencia ha emergido en zonas de donde se han retirado las fuerzas norteamericanas.
En Basra, una ciudad al sur de Iraq donde Gran Bretaña está reduciendo poco a poco el tamaño de su fuerza, la violencia ha escalado, dice el informe.
"Las milicias locales muestran pocos signos de que estén reduciendo sus peleas por el control de los valiosos recursos petroleros y el territorio", dice el informe.
Los autores del informe observan que las mejoras en la seguridad no han alterado las realidades que deben enfrentar la mayoría de los iraquíes. La situación está "todavía en altos niveles de violencia", dijo un oficial. "Ese es el marco en el que los iraquíes están analizando las cosas".
El análisis de Iraq es el último en una serie de informes de inteligencia que han sido desclasificados, al menos en parte, y hecho asequibles al público.
Funcionarios de inteligencia dijeron que se estaban preparando tres nuevos informes sobre Irán, incluyendo informes sobre su arsenal nuclear, sus fuerzas armadas convencionales y la situación política en el país".

greg.miller@latimes.com

25 de agosto de 2007
©los angeles times
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al-qaeda ataca aldea sunní


[Bushra Juhi] Al-Qaeda atacó pueblo sunní y mató al líder de la comunidad.
Bagdad, Iraq. El jueves combatientes de al-Qaeda atacaron un pueblo sunní al este de Baquba y mataron a un líder de la comunidad que había dirigido un levantamiento contra la organización terrorista, dijeron testigos y la policía.
Al mismo tiempo, Timim, un pueblo chií cercano, también fue atacado, nuevamente por combatientes de al-Qaeda. En total, en los dos asaltos quince personas perdieron la vida, y 22 resultaron heridas, dijo el brigadier de la policía de Baquba, Ali Dlaiyan.
Diez atacantes fueron eliminados cuando los aldeanos se defendieron, dijo. Un destacamento conjunto iraquí-norteamericano bloqueó la zona.
El ataque, realizado por unos veinticinco hombres armados contra el pueblo de Ibrahim al-Yahya, empezó a las seis y media de la mañana, cuando los combatientes hicieron estallar una bomba en la casa del jeque Younis al-Shimari, destruyendo la vivienda y matándolo a él y a otro miembro de su familia. Diez personas resultaron heridas, incluyendo a otros cuatro miembros de la familia y a transeúntes. Algunos de los heridos fueron alcanzados por impactos de armas de fuego.
"Gritaban ‘Allah Akbar' y ‘Malditos sean los renegados' ", dijo Umm Ahmed, que fue una de las tres mujeres heridas en el ataque. Se negó a proporcionar su nombre completo por temor a represalias. "Este ataque provocará el levantamiento contra ellos en otras aldeas".
Un vehículo policial que se apresuraba al sitio del ataque chocó violentamente, muriendo sus dos agentes, de acuerdo a agentes de la fuerza policial de la provincia de Diyala que hablaron a condición de guardar el anonimato debido a que no estaban autorizados a proporcionar información.
Los aldeanos se armaron y reunieron para repeler a los atacantes en una batalla que duró treinta minutos, dijeron testigos.
Al-Qaeda se ha visto obligado a emprender acciones de retaguardia contra muchos de sus antiguos aliados en la comunidad sunní que se han levantado contra la organización debido a su brutalidad e intentos de imponer la versión austera del islam.
El levantamiento empezó espontáneamente en la provincia de Anbar, antiguamente un bastión de la resistencia sunní al oeste de Iraq, y se ha extendido a la provincia de Diyala y algunos barrios de Bagdad.
También el jueves, las fuerzas armadas norteamericanas informaron que un soldado estadounidense murió y cuatro resultaron heridos en operaciones de combate el miércoles al oeste de la capital. La muerte elevó al menos a 3.723 el número de militares norteamericanos que han muerto desde que empezara la guerra de Iraq en marzo de 2003, de acuerdo al conteo de la Associated Press.
Entretanto, el general norteamericano que dirige las tropas en el norte de Iraq ofreció sus condolencias por los catorce soldados que murieron el jueves cuando un helicóptero Blackhawk se estrelló poco después de recoger a un grupo de soldados de caballería que terminaban una operación nocturna en la provincia de Tamim, donde se sitúa la ciudad petrolera de Kirkuk.
"Sin ninguna duda este es un acontecimiento trágico no sólo para el Destacamento Relámpago, sino también para las familias y soldados de Schofield y Fort Lewis", dijo el general de división Benjamin Mixon, comandante del Destacamento Relámpago y la 25 División de Infantería.
"Extiendo mis sinceras condolencias a todos aquellos afectados por la pérdida de estos guerreros".
La declaración militar dice que entre las víctimas se encuentran cuatro miembros de la tripulación de Fort Lewis, Washington, y de las Barracas de Schofield, en Hawai.
El accidente del miércoles marcó el día de mayores bajas para el Pentágono en Iraq desde enero e indica que las tropas dependen fuertemente de la fuerza aérea en ofensivas en las regiones norteñas después de erradicar a muchos bastiones militantes en Bagdad y en las zonas centrales.
Pero los extremistas están contraatacando.
Un camión bomba suicida chocó contra una comisaría de policía en el centro petrolero de Beiji, al norte del país, reclamándose la muerte de al menos cuarenta y cinco personas -veinticinco agentes de policía y veinte civiles- en medio de una serie de mortíferos atentados al norte de la capital.
El creciente derramamiento de sangre en el norte transmite un mensaje contradictorio. Sugiere algún éxito de la campaña de seguridad norteamericana que busca recuperar el control en Bagdad y en áreas adyacentes. Pero también destaca la aparente elasticidad de grupos como al-Qaeda en Iraq, que emprenden ataques de represalia y buscan nuevas posiciones.
Entretanto, la Casa Blanca trató de apaciguar la tormenta política con el primer ministro de Iraq, Nouri al_Maliki.
El presidente Bush, dirigiéndose a una convención de veteranos en Kansas City, Montana, llamó a al-Maliki un "buen hombre con un trabajo difícil". Agregó: "Yo lo apoyo".
Apenas horas antes al_Maliki se defendió de las críticas norteamericanas por la incapacidad de su gobierno de abreviar las divisiones políticas o detener la violencia, advirtiendo que él podía "encontrar amigos en otros lugares".
El altercado fue superado, pero las agudas palabras de al_Maliki delatan una deshilachada relación con su principal aliado casi tres semanas antes de que el Congreso reciba un importante informe sobre los avances en Iraq.
La fecha cierre del 15 de septiembre para el progreso en Iraq ante el Congreso, deja a Bush con poco tiempo para mostrar que el aumento del nivel de tropas está resultando en una mayor seguridad para que los políticos iraquíes puedan forjar una estrategia unificada para seguir avanzando.
Jefes militares norteamericanos han advertido que los extremistas aumentarían la violencia este mes en un intento de eclipsar el informe en medio de un feroz debate sobre si Bush debe empezar a retirar las tropas norteamericanas.
El mortífero ataque del miércoles destruyó una comisaría de policía en una zona residencial en Beiji, a 250 kilómetros al norte de Bagdad, de acuerdo a la policía y empleados del hospital.
Los funcionarios, que hablaron a condición de conservar el anonimato debido a que no estaban autorizados a entregar información, dijeron que murieron veinticinco agentes de policía y veinte civiles. Los funcionarios también dijeron que cincuenta y siete civiles y veintitrés agentes resultaron heridos.
El general de brigada Kevin Bergner, portavoz de los militares norteamericanos en Bagdad, dijo que el ataque presenta todas las características de al_Qaeda en Iraq, que está tratando de reatrincherarse en partes del norte de Iraq.
"Lo que se ve es consistente con ataques de al_Qaeda", dijo en una entrevista a la radio de la AP.
El miércoles un terrorista suicida en una motocicleta provocó una explosión cerca de cuatro vehículos policiales aparcados frente a tiendas de abarrotes en Muqdadiyah, a unos 100 kilómetros al norte de Bagdad, matando a seis personas e hiriendo a otras treinta y cinco, declaró la policía.
Los militares norteamericanos dijeron que dos vehículos bomba estallaron en un puesto de control conjunto norteamericano-iraquí al norte de Bagdad, matando a cuatro soldados iraquíes e hiriendo a once norteamericanos de la Primera División de Caballería. Cuatro soldados iraquíes resultaron heridos.
La declaración militar del jueves dice que ocho iraquíes fueron detenidos porque se cree que posee información sobre el atentado.

23 de agosto de 2007
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ya van mil contratistas muertos


[Bernd Debusmann] En las guerras por encargo de Estados Unidos, los contratistas muertos ya llegan a mil.
Washington, Estados Unidos. El número de muertes de contratistas privados en las guerras de Estados Unidos y Afganistán ha superado la cifra de mil, un duro recordatorio de los riesgos que corren los civiles que trabajan en funciones militares que eran realizadas previamente por soldados.
Otros trece mil contratistas han sido heridos en las dos guerras separadas iniciadas por Estados Unidos contra enemigos que comparten creencias islámicas fundamentalistas y las tácticas de ataques sorpresivos que desgastan a los ejércitos convencionales.
El número de bajas se basa en cifras del ministerio norteamericano del Trabajo proporcionadas a Reuters en respuesta a una petición bajo la Ley de Libertad de Información y en datos recogidos localmente.
El ministerio informó que, para fines de marzo, se habían registrado 990 muertes -917 en Iraq y 73 en Afganistán. Desde entonces, de acuerdo a boletines reunidos por Reuters en Bagdad y Kabul, en Iraq han muerto al menos dieciséis contratistas, y dos en Afganistán.
Aquellos muertos en Iraq entre el 31 de marzo y hoy incluyen a cuatro contratistas de Filipinas que murieron en un ataque de proyectiles contra la fortificada Zona Verde de Bagdad, un blanco frecuente de ataques.
Las estadísticas del ministerio del Trabajo colocan el número de heridos en Iraq entre el 1 de marzo de 2003 y el 31 de marzo de 2007 en 10.569. La cifra correspondiente para Afganistán, de septiembre de 2001 a marzo de 2007, es de 2.428.
Los muertos y heridos entre las crecientes filas de civiles que trabajan en zonas de guerra son contados sobre la base de reclamaciones de pólizas de seguro, la Ley de Base de la Defensa, que todas las compañías contratistas y subcontratistas norteamericanas deben subscribir para civiles que empleen fuera de Estados Unidos.
En Iraq, su número se calcula en cerca de 130 mil -no mucho menos que las 157 tropas norteamericanas desplegadas en la actualidad en el país. Sus trabajos van desde conducir camiones cisterna, cocinar y asear hasta manejar avanzados sistemas de armas y proteger a oficiales norteamericanos.
El número de bajas de contratistas contrasta con las 3.577 bajas militares estadounidense en Iraq. Eso significa que en promedio, desde que empezaran los dos conflictos en 2001 y 2003 respectivamente, muere un contratista civil por cada cuatro soldado de las fuerzas armadas norteamericanas.

Hay Más Solicitantes que Trabajos
Pese a los riesgos, no hay escasez de los que quieren trabajar en zonas de guerra, seducidos por los altos salarios y, en algunos casos, la aventura.
"Hay más solicitantes que trabajos", dijo Doug Brooks, presidente de la Asociación Internacional de Operaciones de Paz, una asociación gremial de más de treinta compañías de seguridad privadas.
"Ha sido así desde el principio y sigue siendo así, incluso aunque los salarios han disminuido por la competencia".
Ni el Pentágono ni ninguna agencia oficial norteamericana lleva estadísticas precisas del número de compañías de seguridad privadas activas en zonas de guerra, un hecho que ha provocado crecientes quejas entre críticos en el Congreso que dicen que no hay suficiente control y poca rendición de cuentas.
Según algunas estimaciones, el número de compañías privadas de seguridad en Iraq y Afganistán ha subido a casi trescientas, tantos estadounidenses como extranjeras. Uno de los contratos más abultados desde que Estados Unidos invadiera Iraq fue otorgado a Aegis, una firma británica que trabaja en la recolección de informaciones.
Al contrario de lo que se cree habitualmente, a medida que Estados Unidos destina a personal externo funciones que eran antes realizadas por soldados, la mayoría de los contratistas civiles en zonas de guerra no son estadounidenses, y la mayoría de los que mueren son extranjeros.
El ministerio del Trabajo se negó a dar detalles sobre las nacionalidades de los contratistas muertos o heridos, diciendo que hacerlo "constituiría un invasión injustificada de la privacidad" según la Ley de Privacidad.
Pero en una audiencia en el Congreso en mayo, Joseph McDermott, Subinspector General para Iraq, citó estadísticas del ministerio del Trabajo según las cuales de los algo más de novecientos contratistas muertos para fines de abril, 224 eran ciudadanos estadounidenses.
La mayoría de los contratistas son iraquíes y gente de países en desarrollo tan distantes como Chile y Nepal, Colombia e India, Fuji y El Salvador. Los filipinos conforman uno de los grupos más numerosos.

21 de agosto de 2007
3 de julio de 2007
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chiíes infiltran ejército y policía


[Ned Parker] Milicias chiíes infiltran fuerzas iraquíes. El Ejército Mahdi del clérigo radical chií Muqtada Sáder ha infiltrado las fuerzas de seguridad.
Bagdad, Iraq. Abu Mohammed trabaja de día como agente de policía, patrullando la comuna musulmana chií de Ciudad Sáder. Pero tras la puesta de sol, Abu Mohammed dirige un pelotón de Jaish al Mahdi, o el Ejército Mahdi, una milicia chií asociada con el clérigo radical Muqtada Sáder, que está acusada de cometer asesinatos sectarios.
Abu Mohammed no es el único que lleva una doble vida. Según su versión y la de los militares norteamericanos y fuentes iraquíes, los miembros de la milicia Mahdi han infiltrado gran parte del aparato de seguridad del país, incluyendo al ejército, donde según se dice intimidan y sobornan a soldados y comandantes para que hagan la vista gorda mientras los militantes llevan a cabo su brutal programa de ‘limpiezas' sectarias.
"En Iraq en todas las familias, en todas las casas, hay un miembro del Ejército Mahdi y los militares no están excluidos", dijo Abu Mohammed despreocupadamente en un callejón de Ciudad Sáder, mientras los niños jugaban en la calle. "El ejército no podría perseguir al Ejército Mahdi porque muchos efectivos en el ejército son del Ejército Mahdi. Aquí en Ciudad Sáder, por ejemplo, hay una compañía y treinta y cinco de sus soldados son del Ejército Mahdi".
Abu Mohammed, que insistió en identificarse a sí mismo sólo por su nombre de guerra, representa uno de los retos a los que hacen frente los estrategas norteamericanos aquí en Iraq. Mientras que las tropas norteamericanas persiguen a los milicianos y tratan de construir una fuerza policial y un ejército no sectario, hombres como Abu Mohammed deshacen subrepticiamente su trabajo.
Además de infiltrar unidades del ejército en Bagdad en los barrios chiíes, el Ejército Mahdi ha sido capaz de ejercer presión política sobre los comandantes y en al menos una ocasión, crear sus propias unidades del ejército con sus milicianos.
El movimiento Sáder ha usado a soldados iraquíes y a agentes de la policía nacional iraquí para penetrar más profundamente en comunas árabes sunníes al oeste de Bagdad, dijeron oficiales del ejército norteamericano. También han convencido, en la primavera, a los comandantes de un batallón del ejército iraquí para montar ataques en Fadil, una comuna sunní al este de Bagdad, dijeron oficiales norteamericanos.
El nexo ha incluido a soldados cometiendo asesinatos o haciendo la vista gorda cuando los milicianos de Sáder ignoran los puestos de control. A fines de marzo, en la primera etapa del aumento del nivel de tropas norteamericanas, un combatiente de Mahdi que dijo que se llamaba Abu Haidar bravuconeaba ante el Times que oficiales del ejército iraquí habían proporcionado los vehículos para realizar ejecuciones. "Tenemos un acuerdo con la policía y el ejército iraquíes", dijo.
En uno de los ejemplos más inquietantes de la relación entre la milicia y el gobierno iraquí, en enero el ministerio de Defensa autorizó al legislador Baha Araji, un seguidor de Sáder, para formar una unidad no uniformada del ejército para patrullar la comuna chií de Kadhimiya, dijeron al Times oficiales del ejército norteamericano y un político chií.
"La compañía Baha Araji era un grupo de trescientos hombres de paisano de Jaish al Mahdi... que más tarde recibieron uniformes del ejército iraquí", dijo el teniente coronel Steven Miska, de la Primera División de Infantería. "Nadie en la cadena de mando del ejército iraquí quería a esos tipos en uniforme. Fue una decisión política".
El miembro saderista del parlamento, Falah Hassan, defendió la creación de la compañía. "Este batallón era para proteger Kadhimiya", dijo. En la comuna se encuentra un santuario chií.
El ministerio de Defensa desbandó la unidad en mayo. El comandante se convirtió en el jefe de un nuevo batallón que incluía a muchos de sus antiguos soldados. Los otros soldados de Araji fueron integrados a la Compañía Bravo de Kadhimiya. El ejército norteamericano detuvo la semana pasada a tres miembros de la compañía Bravo después de encontrarlos en una reunión con combatientes del Ejército Mahdi. El oficial de inteligencia del batallón fue detenido por disparar el 29 de abril contra soldados norteamericanos frente a una mezquita saderista.
"Los hemos frenado, pero todavía están expandiéndose lentamente. La expansión de Jaish al Mahdi está ocurriendo", dijo un oficiales de la inteligencia militar norteamericana en Bagdad a condición de conservar el anonimato. "Como el agua, encontrarán una grieta y se moverán por las zonas más débiles".
Oficiales norteamericanos de alto rango involucrados en el adiestramiento de iraquíes reconocen que la influencia de la milicia en el ejército ha sido un problema, pero dijeron que creían que el reto es pequeño si se lo compara con el peligro en el cuerpo de policía.
Creen que la milicia ha sido capaz de cortejar e intimidar a los soldados que viven áreas bajo el control del grupo.
"De cierta manera, no podríamos sorprendernos si algunas de las personas involucradas han sucumbido ante las presiones de la milicia", dijo el brigadier Stephen Gledhill, subdirector de los proyectos norteamericanos para adiestrar al ejército y a la policía.
Oficiales norteamericanos dijeron que el ministerio de Defensa estaba haciendo frente al desafío.
"Están desarrollando más capacidades para identificar los problemas... para luego perseguirlos", dijo el teniente coronel Daniel Williams, portavoz de las fuerzas armadas norteamericanas.
El uso de batallones del ejército iraquí infiltrados o partidarios para expulsar a los sunníes ha sido más evidente en los barrios occidentales de Hurriya y Ghazaliya.
En noviembre de 2006, los soldados iraquíes miraron impávidos cómo milicianos chiíes expulsaron a miles de familias sunníes de Hurriya después del atentado en Ciudad Sáder, dijeron oficiales norteamericanos e iraquíes.
Un mes más tarde, un comandante iraquí y cuatro oficiales responsables de la comuna de Hurriya fueron detenidos por sospechas de homicidios, extorsión y vínculos con el Ejército Mahdi. El juez ordenó su libertad después de siete días debido a la ausencia de pruebas. El día que fueron liberados, un teniente coronel iraquí que había presentado una denuncia contra los cinco, fue asesinado en un puesto de control.
En la parte norte de Ghazaliya, soldados iraquíes ayudaron al Ejército Mahdi a recuperar territorio en manos de militantes de al Qaeda en Iraq. Pero el ejército también permitió que la milicia se hiciera con tres calles adicionales habitadas por sunníes, dijeron vecinos sunníes y oficiales norteamericanos.
En junio, el ejército iraquí advirtió al comandante del batallón del área, un simpatizante de Sáder contra más actos de indisciplina, y lo trasladó a Amiriya a luchar contra los rebeldes.
Un aire de desconfianza se respira ahora en el batallón al norte de Ghazaliya. Se sospecha que al menos dos de sus comandantes trabajan para el Ejército Mahdi.
"La milicia anda buscando tipos que trabajen en el ejército y que vivan en el área. Ellos se convierten en sus fuentes", dijo un oficial iraquí, uno de los pocos del batallón en el que confían los norteamericanos. Pidió que no se mencionara su nombre debido a que teme por su vida.
El oficial dijo que si actuaba agresivamente contra el Ejército Mahdi, el grupo podría mover cuerdas en el parlamento y gobierno para castigar a los oficiales. La semana pasada, cuando el oficial insistió en que se registrara a los civiles en un puesto de control de Ghazaliya, la milicia lo amenazó, diciéndole que llamarían al comandante de su división para pedir que fuera removido.
El oficial dijo que fue pronto interrogado por la inteligencia militar; los saderistas lo acusaron de ayudar a al Qaeda.
"Si no les gusto, que se quejen" ante el ministerio de Defensa, dijo. "Quizás el comandante de la división los escuche a ellos y no a mí".
Tratando de contrarrestar la presión del Ejército Mahdi, el ejército norteamericano ha organizado un grupo de vigilancia ciudadana de árabes sunníes llamados los Guardianes de Ghazaliya. Los hombres se instalan junto a puestos de control iraquíes, vestidos con ropas de trabajo color caqui y gorras de béisbol, para controlar con cámaras a los soldados iraquíes y chequear si dejan pasar a miembros del Ejército Mahdi.
En Hurriya, se dice que la milicia intimidó a la unidad del ejército iraquí que fue llevada desde el sur de Iraq. Han atacado con bombas a caravanas norteamericanas a apenas cientos de metros de puestos del ejército iraquí, dijo el capitán del ejército norteamericano Andrew Lee.
La milicia también ha empezado a mostrar sus músculos en los barrios aledaños, incluyendo Washash, de Mansour, y la zona de Iskan. Un cabecilla de Mahdi "hace frecuentemente llamadas telefónicas al ejército iraquí en ese área... con ofrecimientos de dinero y amenazas, que son todas tácticas de corrupción comunes de la mafia para adquirir poder y control", dijo Miska.
Hace poco el Ejército Mahdi sorprendió con un golpe: el secuestro de los jefes de un elogiado batallón del ejército iraquí al este de Bagdad, utilizándolo para montar ataques en Fadil, un bastión de los insurgentes sunníes. El batallón 2-26, bajo el mando del coronel Talib Abdul Razzaq, era un batallón considerado como uno de los más capaces de operar autónomamente.
En abril el gobierno detuvo al coronel Abdul Razzqa y a once miembros de su estado mayor. Fueron acusados de estar implicados en la ejecución de los sunníes que provocó el atentado con coche bomba contra un mercado chií que mató a 141 personas.
"Talib llevaba una vida doble", dijo un oficial.

ned.parker@latimes.com

17 de agosto de 2007
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secta yazidi bajo fuego


[Borzou Daragahi] La secta yazidi ha sido un tradicional blanco de persecuciones. Los miembros de la esotérica religión temen por su futuro en Iraq después de los devastadores atentados de la semana.
Para los yazidi del mundo, el del martes fue el número 73. Hasta ese día, la recelosa secta religiosa llevaba contadas 72 campañas contra ella por cuenta de turcos, árabes, persas y kurdos a lo largo de su historia, dijo Aidan Sheikh-Kalo, director del Centro Cultural Yazidi.
La sociedad yazidi ha estado huyendo desde el estallido de violencia religiosa en abril. Ahora, después de un devastador atentado que mató a más de 250 de ellos, muchos temen por su futuro en Iraq.
"Salimos de nuestras casas a toda prisa porque sabíamos que estábamos en peligro", dijo Sheikh-Kalo, 30, yazidi, que fue obligado a trasladarse a la región autónoma kurda de Mosul después de que los insurgentes hicieran llamados para el exterminio de los miembros de su secta.
"Nuestras casas han sido ocupadas por terroristas", dijo. "Nos han quitado todo".
Sheikh-Kalo está apesadumbrado por la muerte de tres familiares en los atentados, que tuvieron como blanco unas aldeas cercanas a la ciudad de Sinjar, junto a la frontera siria.
Pese a periódicos pogromos y persistente intolerancia hacia su religión, dijo Sheikh-Kalo, desde el fin del régimen de Saddam Hussein no habían sido molestados.
"Hubo casos de violencia, pero no estaban dirigidos específicamente contra los yazidi", dijo. "Fuimos víctimas de la situación general".
Pero el 25 de abril Sheikh-Kalo y los siete miembros de su organización abandonaron con sus familias de Mosul después de que miembros del Estado Islámico de Iraq, que tiene lazos con al Qaeda, distribuyeran folletos en las mezquitas llamando a atacar a los yazidi.
Unos días después del 21 un grupo de trabajadores yazidi fueron sacados de un autobús y matados a balazos en aparente represalia por la muerte por lapidación de una niña yazidi de diecisiete años que se había convertido al islam para casarse.
La mayoría de los yazidi se horrorizaron ante la lapidación, que fue filmada y subida a internet. El asesinato destacó las diferencias entre los yazidi más urbanos y aquellos que todavía guardan fuertes lazos con sus raíces tribales.
Muchos yazidi temen que el fatal ataque contra la adolescente aumentó los prejuicios contra la secta, que se basa fuertemente en los principios del zoroastrismo, así como en el islam y otros credos. Se cree que la secta cuenta con cincuenta mil fieles, y sus miembros están dispersos por todo Oriente Medio.
"Muchos árabes creen que son bárbaros, que son infieles", dijo Sheikh-Kalo.
Los yazidi han vivido en la pobreza desde 1975, cuando el régimen de Hussein los expulsó de sus aldeas en las montañas y los instaló en campos para sofocar la insurgencia, dijo.
Abandonaron los campos para dirigirse a sus viejas ciudades y pueblos después del establecimiento de la zona autónoma kurda en 1991, sólo para regresar a ellos cuando la violencia empezó a cernirse sobre ellos.
Hay pocos recursos y servicios cerca de las ciudades atacadas, entre las que se encuentra Qahtaniya y Jazeera. A diferencia de Sinjar, no están bajo el control oficioso de partidos políticos kurdos y deben defenderse a sí mismos, dijo Sheikh-Kalo.
"Los terroristas pueden entrar en este área porque no hay nadie que pueda pararlos", dijo.

daragahi@latimes.com

17 de agosto de 2007
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la tierra de la venganza


[Sudarsan Raghavan] Al sur de Bagdad, tropas norteamericanas sondean la estructura de sectas y tribus.
Khird, Iraq. En la penumbra antes del alba, cruzando monótonas aldeas envueltas en gris, los soldados del 3er Batallón del Regimiento de Infantería Paracaidista 509, buscaban enemigos. Un aeroplano espía había descubierto a un grupo de hombres enterrando armas en un cementerio sunní cercano.
Los soldados caminaron por una angosta banda de arena, flanqueada por altos juncos y palmeras, hasta que llegaron este lugar abandonado cubierto de lápidas desmoronadas. El silencio se burlaba de la unidad, pues los hombres se habían esfumado. Los soldados revisaron las tumbas abiertas buscando el alijo, y quince minutos más tarde encontraron cuatro armas y algunas municiones. El teniente Thomas Murphy, 32, se preguntaba quiénes habrían sido los hombres. ¿Miembros de al Qaeda en Iraq? ¿Partidarios del antiguo régimen? ¿Tribus?
"Aquí tenemos tantos enemigos diferentes", dijo.
En los agitados márgenes exteriores de la zona sunní al sur de Bagdad conocida como el Triángulo de la Muerte, los soldados atraviesan por más de una docena de zonas de combate a horcajadas entre las líneas divisorias de secta y tribu. Al Qaeda en Iraq -nombrado por el presidente Bush y sus generales como el principal enemigo de Estados Unidos- es apenas uno de una miríada de grupos armados que compiten aquí por influencia y autoridad. Esta árida región regada por el Río Eúfrates es un microcosmo de los numerosos y a menudo yuxtapuestos conflictos que han estallado en todo el nuevo Iraq.
"Estamos peleando en direcciones múltiples", dijo el coronel Michael Garret, comandante del Equipo de Combate de la 4a Brigada (Aerotransportada) de la 25a División de Infantería.
En la oficina de Garret en Base de Operaciones Kalsu, cerca del borde sur del Triángulo de la Muerte, cuelga en la pared un enorme mapa del teatro de operaciones de su brigada. Al sur de Kalsu, la tierra se extiende hacia las ciudades chiíes de Musayyib y Karbala. El noroeste, al otro lado de las tierras agrícolas de Jurf al-Sakhr y Khidr, está bajo control sunní. Y al norte está Iskandariyah, una volátil ciudad mixta de fábricas y edificios chatos.
"Estamos justo en el centro", dijo Garrett, apuntando al centro de su área de operaciones, que es del tamaño de Rhode Island. "No estoy peleando contra una u otra secta. Estoy peleando contra las dos. Y no solamente estoy peleando contra las dos, sino que en ciertos momentos tengo que colocar a mis hombres entre los grupos sunníes y chiíes para proteger a la población".
Antes en el día, una bomba improvisada explotó cerca de un caravana de todoterrenos, cerca de Kalsu. Las milicias chiíes tomaron control de un lado de la ruta, los rebeldes sunníes del otro. La determinar la identidad del enemigo, Garrett quería saber qué tipo de bomba había sido.
Le dijeron que era una bomba penetradora [EFP], un poderoso artefacto que según los militares norteamericanos es utilizada principalmente por las milicias chiíes.
"A los chiíes no les gusta disparar... Simplemente te lanzan una bomba penetradora", dijo el mayor Craig Whiteside, de Silver Springs, Maryland. "Los sunníes son francotiradores, usan lanzagranadas, morteros, te atacan de todas las formas posibles", agregó.
O se atacan unos a otros. Los enfrentamientos entre las tribus, entre chiíes y entre sunníes toman lugar contra el telón de fondo de bizantinas lealtades y arcanos códigos de conducta.
"Estamos en la tierra de las riñas violentas", dijo el mayor Rick Williams, oficial de enlace con las tribus del área. "Es muy difícil distinguir entre una pelea entre tribus o entre sectas porque los intereses están bastante mezclados. No puedes simplemente levantar una valla".
Aquí, al Qaeda en Iraq no es ni el rival más grande, ni el más mortífero. Los comandantes americanos dicen que los combatientes extranjeros que trabajan con el grupo predominantemente iraquí son raros aquí. Los comandantes estiman que hay unos cincuenta miembros fanáticos de al Qaeda, cuyas actividades están en gran parte restringidas a financiar los atentados en el área.
Garret considera a los elementos extremistas del Ejército Mahdi del clérigo chií Moqtada al-Sáder como su peor enemigo.
"Continúan atacándonos, así seguiremos atacándolos", dijo Garrett.
"Nosotros inflamos a al Qaeda en Iraq y a Jaish al-Islami y los hacemos más grandes de lo que son", dijo el teniente coronel Robert Balcavage, comandante del 1er Batallón, Regimiento de Infantería Paracaidista No. 501.
De los veintitrés soldados que perdió entre noviembre y julio, dijo Balcavage, seis fueron matados por insurgentes sunníes o en zonas sunníes, y doce por las milicias chiíes o en áreas chiíes. Cuatro murieron en accidentes, y otro murió en una zona mixta, dijo.
En la Base de Operaciones Iskan, a veintinueve kilómetros al oeste de Kalsu, Balcavage encendió su portátil. El voluminoso graduado de West Point desenrolló un mapa de colores de su área de operaciones llamado ‘La línea divisoria y tú', que utiliza en presentaciones para sus soldados. Describe un mundo dividido en sectores que representan diferentes niveles de peligro, de diferentes tipos de enemigos.
Balcavage pulsó en el centro del mapa. Apareció una ventana de texto con una flecha apuntando a la base.
"RECUERDA... TÚ VIVES AQUÍ", decía.

Iskandariyah
Un día hace poco junto a lo que llaman la Route Cleveland, los soldados de Balcavage estaban en alarma máxima. Desde que empezaron las operaciones aquí en noviembre, han sufrido al menos seis ataques con bombas penetradoras en la carretera de dos bandas a Iskandariyah. La caravana de todoterrenos blindados avanzaba lentamente, y los conductores evitaban las rocas grandes y los bloques de concreto donde se colocan a menudo las bombas.
Pasaron cuidadosamente por lo que llamaron "la zona peligrosa", un extenso complejo de apartamentos lleno de milicianos del Ejército Mahdi. Pegados a los edificios colgaban gigantescos retratos de Sáder, el clérigo.
Dos minutos después, la caravana entró a la zona insurgente sunní, pasando frente a una enorme mezquita. Dos minutos después de eso, estaban de regreso en territorio sunní mientras avanzaban hacia el corazón de Iskandariyah para reunirse con Sabah al-Khafaji, un contratista, para tratar unos negocios.
"Antes sólo teníamos miedo de Saddam" Hussein, dijo Khafaji, en su espaciosa oficina con sus paredes adornadas de fotos aéreas de su fábrica de autobuses y fotografías de coches de lujo. "Ahora, tenemos miedo de un montón de grupos. Si apoyas a un lado, te matan los del otro. Si te asomas por ese lado, te matan, y si te asomas por este lado de acá, también te matan", dijo, indicando el sur, este y oeste.
En Iskandariyah, donde casi dos tercios de la población son chiíes, los asesinatos sectarios están aumentando, de acuerdo a comandantes norteamericanos. Desde noviembre, ha habido siete jefes de policía. El sexto fue asesinado el mes pasado.
"La policía tiene miedo y no hace nada", dijo Khafaji. Alto y elegante, con el pelo plateado corto, es un prominente líder tribal chií cuya familia ha vivido aquí durante generaciones.
El 26 de marzo, los soldados de Balcavage respondieron a feroces combates callejeros entre insurgentes sunníes y milicias chiíes en el centro de Isakndariyah.
En represalia, una serie de ataques contra mezquitas había puesto a la ciudad con los nervios de punta. Luego, milicianos chiíes de una mezquita atacaron un santuario sunní más abajo en la calle.
Cuando una unidad del Batallón No. 1 entró en la zona de combate, no lejos de la fábrica de Khafaji, fueron repentinamente atacados con ametralladoras y lanzagranadas, según un informe militar.
"Los dos lados dejaron de dispararse, y empezaron a abrir fuego contra nuestros hombres", dijo Whiteside. Los norteamericanos tuvieron que hacerse camino peleando.
El enfrentamiento convenció a Khafaji que las fuerzas norteamericanas son vitales para conservar la débil balance de poder. "Ahora los norteamericanos están en el medio, empujando a veces a un lado, a veces al otro", dijo. "Pero si los norteamericanos se marchan, la historia será diferente".

Musayyib
Veinticinco kilómetros al sur, el coronel Mohammed al-Mahawili está luchando por el control de Musayyib. Hace cuatro meses, comandantes norteamericanos instalaron al ex oficial del ejército iraquí, de 32 años, como jefe de policía. Su predecesor tenía lazos con el Ejército Mahdi.
Las milicias chiíes utilizan la ciudad para montar ataques contra los norteamericanos. La mayoría de las bombas penetradoras en la zona entorno a Kalsu han ocurrido en Musayyib, dijo Whiteside.
Mahawili, un alto y enérgico chií, ha escapado a seis atentados contra su vida: uno con ametralladora, dos por francotiradores y dos por bombas en la calle. Un proyectil Katyusha impactó en el local de su comisaría de policía.
Trata de mantener la paz entre una caótica gama de combatientes -todos chiíes, algunos aliados con los principales partidos políticos de Iraq-, peleando por el control con ciclos de asesinatos por venganza.
Los seguidores de Sáder se enfrentan con otros chiíes y entre ellos mismos. Hace dos días, milicianos del Ejército Mahdi secuestraron al líder de la influyente tribu Mowafat, aparentemente en represalia por el asesinato de dos líderes de la milicia.
"Si el Ejército Mahdi mata al jeque, se creará un gran problema", dijo Mahawili. "Los Mowafat se vengarán".
Mahawili tenía sus propios temores. El concejo municipal de Musayyib es controlado por seguidores de Sáder que respaldan al Ejército Mahdi. La semana anterior, había sido convocado a Bagdad. Se negó a ir, sospechando que fuera una emboscada.
"Puede ocurrir cualquier cosa", dijo. "Puedo morir en cualquier momento".

Khidr
Treinta y dos kilómetros al noroeste, en los lujuriantes cenagales de Khidir, las fuerzas norteamericanas hacen frente a un elusivo enemigo sunní. Al Qaeda en Iraq recluta a miembros de las tribus locales, y estallan venganzas tanto entre las tribus como al interior de las tribus mismas.
Grupos sunníes lanzan ataques desde Khidr contra los chiíes de más al sur y al este. Algunos combatientes que vienen escapando de la campaña de seguridad iniciada hace seis meses en Bagdad, han buscado refugio en la zona, dijeron comandantes americanos. Y aunque las fuerzas norteamericanas aquí y en otras partes del país están trabajando con tribus que se han vuelto contra al Qaeda en Iraq, las lealtades son a menudo tornadizas en esta región.
"Cualquiera sea el grupo con el que trabajes, se pueden volcar contra ti", dijo Williams, el oficial de enlace con las tribus, observando que incluso unidades de la policía iraquí han atacado a tropas norteamericanas. "Eso es parte de los costes de operación".
A diferencia de Iskandariyah o Musayyib, las tropas norteamericanas rara vez patrullan en zonas sunníes remotas y aisladas. El rudo terreno y las bombas que salpican las carreteras, presentan un formidable obstáculo. Los extremistas encuentran refugio en granjas y aldeas.
"Todavía no vemos a ninguno", dijo Murphy, el teniente en el cementerio, refiriéndose a combatientes de al Qaeda. "Tienen un sistema de alarma temprana".
Cada vez más frecuentemente, las fuerzas norteamericanas están enviando misiones de helicópteros a estas áreas para conocer el terreno y establecer un punto de apoyo", dijo el teniente coronel Valery Keaveny, comandante del 3er Batallón, Regimiento de Infantería Paracaidista 509.
Pero incluso antes de su misión a Khidr, la frustración era profunda entre sus soldados, que han pasado meses persiguiendo a un enemigo difícil de definir.
"Aquí no hemos hecho nada. Pasarán 24 horas más y no veremos nada", dijo el sargento Josh Claeson, un operador de radio, mientras esperaba los helicópteros para marcharse a Khidr, con casi doscientos soldados bajo el brillo de una luna anaranjada. "Nuestra misión básica aquí es dar vueltas y hacer que nos vuelen".
En el cementerio al día siguiente, después del descubrimiento del alijo de armas, un soldado recogió una de las armas y alzó triunfante. "Hey, somos héroes", declaró, posando para una cámara.
Al final del día, la búsqueda sólo habría entregado algunas armas más, incluyendo una ametralladora anti-aérea. Los comandantes declararían que la misión fue exitosa.

11 de agosto de 2007
©washington post
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