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carta del enviado


[Edmund L. Andrews] Contradice versión de Bush sobre el desmantelamiento del ejército iraquí.
Washington, Estados Unidos. Un intercambio de cartas previamente desconocido muestra que el presidente Bush fue informado por adelantado por su enviado en Iraq en mayo de 2003 de un plan para "disolver las estructuras militares y de inteligencia de Saddam", un plan que el enviado L. Paul Bremer, dijo que se refería al desmantelamiento del ejército iraquí.
El lunes Bremer dio a conocer al New York Times las cartas, después de leer que Bush es citado en un nuevo libro diciendo que la política americana ha sido de "mantener intacto al ejército iraquí", pero que "eso no ocurrió".
El desmantelamiento del ejército iraquí tras la invasión norteamericana es ahora considerado ampliamente como un error que provocó una rebelión entre cientos de miles de ex soldados iraquíes e hizo difícil la reducción del derramamiento de sangre sectario y ataques de insurgentes. Al dar a conocer las cartas, Bremer dijo que quería refutar la sugerencia en el comentario de Bush de que Bremer había actuado para desmantelar el ejército sin el conocimiento y la anuencia de la Casa Blanca.
"Tiene que quedar claro para todo el mundo que somos serios: que Saddam y los baazistas son pasado", escribió Bremer en una carta redactada el 20 de mayo de 2003 y enviada al presidente el 22 de mayo a través de Donald H. Rumsfeld, entonces ministro de Defensa.
Tras describir los intentos norteamericanos de remover a miembros del Partido Baaz [pan-árabe] de Saddam Hussein de las dependencias civiles, Bremer le dijo a Bush que él tomaría una decisión "paralela con una medida más robusta" para desmantelar a las fuerzas armadas iraquíes.
Al día siguiente, Bush contestó con una breve nota de agradecimiento. "Su liderato es evidente", escribió el presidente. "Usted ha hecho rápidamente un impacto positivo e importante. Usted cuenta con todo mi apoyo y confianza".
El mismo día, Bremer, en Bagdad, emitió la orden desmantelando a las fuerzas armadas iraquíes. Bush no mencionó la orden para abolir las fuerzas armadas y las cartas no muestran que aprobara la orden ni que supiera demasiado sobre eso. Bremer se refiere sólo fugazmente a su plan a mitad de camino en una carta de tres carillas y sin mencionar detalles.
En una entrevista con Robert Draper, autor del nuevo libro ‘Dead Certain', Bush suena como si la decisión le hubiera sorprendido, o al menos por la necesidad de abandonar el plan original de mantener al ejécito.
"La política hacía sido de mantener intacto el ejército, pero eso no ocurrió", dijo Bush al entrevistador. Cuando Draper preguntó al presidente cómo había reaccionado cuando se enteró de revocación de esa política, Bush replicó: "Bueno, no recuerdo. Estoy seguro de que dije: ‘Esta es la posición, ¿qué pasó?'"
Bremer indicó que había estado candente durante meses mientras otros funcionarios de gobierno se distanciaban de la orden. "Esto no surgió espontáneamente de mi cabeza", dijo en una entrevista telefónica el lunes, agregando que había enviado un borrador de la orden a altos personeros del Pentágono y lo había tratado " varias veces"con Rumsfeld.
Un funcionario de la Casa Blanca, que habló a condición de conservar el anonimato debido a que la Casa Blanca no comentará el libro de Draper, dijo que Bush había entendido realmente la orden y había reconocido en una entrevista con Draper que el plan original no era viable.
"El plan era mantener intacto al ejército iraquí, y eso es correcto", dijo el funcionario. "Pero para cuando Jerry Bremer anunció la orden, estaba bastante claro que el ejército iraquí no podía ser reconstituido, y el presidente entendía eso. Estaba reconociendo que eso no había salido de acuerdo a los planes".
Pero las cartas, combinadas con los comentarios de Bush, sugieren confusión en el gobierno sobre lo que fue una decisión con explosivas repercusiones.
En realidad, la carta de Bremer a Bush es impactante en su casi despreocupada referencia a una decisión más importante que era resistida por varios oficiales norteamericanos en Iraq. Algunos altos funcionarios, incluyendo al secretario de estado de la época, Colin L. Powell, han dicho luego que no supieron nada de antemano sobre la decisión.
El general Peter Pace, entonces vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, dijo en una reunión del Consejo de Relaciones Exteriores en febrero de 2004 que la decisión de desbandar el ejército iraquí fue tomada sin consultar a los jefes del estado mayor. "No se nos pidió su recomendación ni asesoría", dijo.
La referencia de la nota de Bremer a Bush se limita a una frase al final de un largo párrafo en una carta de tres páginas. La carta dedicaba bastante espacio a contar lo que Bremer describía como "un expresión casi universal de gratitud" del pueblo iraquí "a Estados Unidos y usted en particular por haber liberado a Iraq de la tiranía de Saddam". Luego contó que Bremer había sido besado por un viejo iraquí que creía que Bremer era Bush. En sus memorias de 2006, Bremer dice que había informado del plan a altos personeros en Washington, pero no mencionó el intercambio de cartas con Bush.
El lunes, Bremer dejó en claro que no se sentía cómodo con ser descrito como un renegado por una serie de ex funcionarios de gobierno.
Bremer dijo que envió un borrador de la propuesta de orden el 9 de mayo antes de partir a su nueva posición en Bagdad, a Rumsfeld y otros altos personeros.
Entre otros que recibieron el borrador de la orden, dijo, estaban Paul D. Wolfowitz, entonces ministro de Defensa; Douglas J. Feith, entonces subsecretario de Defensa; el teniente general David D. McKiernan, entonces dirigiendo las fuerzas de la coalición en Iraq; y el Estado Mayor Conjunto.
Bremer dijo que había informado a Rumsfeld "varias veces" sobre el plan, y que su asesor en seguridad en Bagdad, Walter B. Slocombe, lo había discutido en detalle con importantes funcionarios del Pentágono y con altos oficiales de las fuerzas armadas británicas. Dijo que recibió detallados comentarios del estado mayor conjunto, no teniendo duda alguna de que entendieron el plan.
"Puedo agrega que no fue una decisión polémica", dijo Bremer. "El ejército iraquí había desaparecido y la única pregunta era si volverías a reconstituir al ejército. Abolir el ejército tendría dificultades muy prácticas, y acarrearía consecuencias políticas. El ejército había sido el principal instrumento de represión durante Saddam Hussein. Yo diría que fue una decisión correcta".
Se dice que el general McKiernan se sentía incómodo con el plan de Bremer de reconstruir desde cero, poco a poco, un nuevo ejército iraquí, sentimiento que compartía con otros oficiales norteamericanos.

Michael R. Gordon contribuyó al reportaje.

26 de septiembre de 2007
3 de septiembre de 2007
©new york times
©traducción mQh
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qué es un crimen sectario


[Karen DeYoung] Equipos de militares estadounidenses analizan y llevan la cuenta de muertes de civiles.
Bagdad, Iraq. El 1 de septiembre se encontraron en una calle de Bagdad los cuerpos acribillados de balas de cuatro iraquíes. Dos días más tarde, en otra calle se encontró el cuerpo de un solo hombre, con un balazo en la cabeza. De acuerdo a militares norteamericanos en Iraq, el hombre solo fue víctima de la violencia sectaria. Los primeros cuatro, no.
Esas descripciones son las bases de lo que el gobierno de Bush ha declarado que es una tendencia a la baja en las muertes de civiles y un signo de que su estrategia de guerra está dando resultados. Son hechas por equipos especializados de militares que pasan sus noches en terminales de ordenador, escudriñando datos sobre las víctimas civiles del día a la búsqueda de indicios sobre los motivos de los asesinos.
Los militares tienen un manual que les dice en qué fijarse. Signos de tortura o un solo balazo en la cabeza, cuerpos dejados en lugares donde habitualmente se arroja a cadáveres -como el cuerpo del hombre sunní dejado ahí el 3 de septiembre- indican violencia sectaria, dijo el sargento mayor Dan Macomber, jefe del equipo. Macomber, que llegó a Bagdad en febrero, rara vez tiene que pensárselo dos veces.
"Si no fueras más que un delincuente y quisieras quitarle el dinero de alguien, si sólo querías castigarlo, no te vas a tomar el tiempo de amarrarlo, quemarlo, cortarle los brazos, cortarle la cabeza", explicó. "Simplemente le vas a disparar al cuerpo y terminar el asunto". Eso, dijo el jefe del equipo, es lo que les pasó a esos hombres chiíes, acribillados a balas y dejados ahí donde cayeron.
En la guerra de Iraq, los criterios militares tradicionales de logro -despliegues de tropas, enemigos muertos, territorio conquistado- son puestos en cuestión por el caos de la guerra contrainsurgente. Pero el Congreso, la opinión pública y los militares mismos exigen una rendición de cuentas. Lejos del campo de batalla, pelotones de soldados en Iraq y en el Pentágono son asignados a trazar cálculos -asesinatos sectarios, bombas improvisadas, fuerzas iraquíes adiestradas, alijos de armas descubiertos y otras cosas- en un constante esfuerzo por estimar cómo marcha la guerra.
En los últimos meses, la mayoría de los indicadores militares han señalado una dirección favorable. Como con toda estadística, sin embargo, esta interpretación depende de cómo se reúnen y analizan las cifras. "Todo el mundo tiene su modo de hacerlo", dijo Macomber sobre los análisis de violencia sectaria. "Si tú y yo... utilizáramos la misma base de datos, y tú escogieras un día, y yo el siguiente, terminaríamos con cifras completamente diferentes".
Las contradicciones aparentes son relativamente fáciles de detectar en la avalancha de gráficos de barras y líneas de tendencia que producen los militares. Las cifras de bajas civiles en el último informe trimestral del Pentágono sobre Iraq de la semana pasada, por ejemplo, difieren significativamente de las presentadas por el jefe militar en Iraq, el general David H. Petraeus, en su reciente testimonio ante el Congreso. Los gráficos de Petraeus se limitaban a la cantidad de muertes, mientras que el Pentágono combinaba las cifras de muertos y heridos -una cifra que podría ser mayor. Sin embargo, las cifras de Petraeus eran más altas que las del Pentágono en los meses previos al aumento de tropas norteamericanas en Iraq este año, y más bajas desde la escalada de operaciones militares norteamericanas este verano.
Los gráficos son difíciles de comparar: Petraeus utilizó cifras mensuales en una gráfica de línea, mientras que el Pentágono computaba ‘Promedio Diario de Bajas' en un gráfico de barras, y ninguno de los dos incluía cifras reales. Pero las diferencias numéricas son todavía muy pronunciadas y las razones ofrecidas pueden ser difíciles de analizar. El Pentágono, en una aclaración escrita, dijo que "el general Petraeus informaba sobre las muertes civiles basándose en incidentes reportados por las fuerzas de la Coalición más datos del gobierno iraquí. El informe del Pentágono sólo incluye incidentes reportados por las fuerzas de la Coalición sobre bajas civiles".
"Hay un esfuerzo en curso para consolidar múltiples bases de datos en el teatro de guerra", dijo el portavoz de la Fuerza Multinacional_Iraq, en un e-mail.
El número de asesinatos sectarios en 2006 -una referencia clave para medir los avances este año- ha cambiado considerablemente en los diagramas de barras utilizados en los últimos tres informes trimestrales del Pentágono, aumentando entre las evaluaciones de marzo y junio y nuevamente en el informe de la semana pasada. Macomber, el analista en Bagdad, dijo que la primera subida ocurrió cuando su despacho se dio cuenta después de publicada la versión de marzo que una actualización de datos del gobierno iraquí no había sido incluida en las cifras de 2006.
El aumento más reciente se produjo cuando el Pentágono decidió incluir a los iraquíes muertos en atentados suicidas o con coches bomba, las formas más obvias de violencia sectaria. Bagdad ha contado siempre esas cifras junto con los otros homicidios, dijo Macomber, pero el Pentágono siempre los retira del conteo cuando prepara sus propias gráficas. Interrogado sobre el cambio, un portavoz del Pentágono respondió por e-mail que: "Nosotros revisamos regularmente nuestras métricas para determinar del modo más informativo posible sobre lo que está ocurriendo en Iraq".
En un informe sobre Iraq dado a conocer este mes, la Oficina de Contraloría del gobierno dijo que "no podía determinar si la violencia sectaria se había reducido" desde el aumento del nivel de tropas norteamericanas en la primavera y no observaba ningún aumento de los ataques contra civiles desde fines de julio. La Contraloría recomendó que el gobierno ampliara sus fuentes estadísticas para incluir a "todas las agencias norteamericanas relevantes" y que recurra a "medidas más amplias de protección de la población" para marcar tendencias. Un apéndice clasificado no publicado de su informe hacía el listado de fuentes de agencias con opiniones diferentes y entregaba más detalles sobre los tipos de medidas que debían incluirse según la Contraloría.
La comunidad de inteligencia norteamericana considera más que números a la hora de evaluar la guerra. "Lo que crean los iraquíes" sobre su país y su vida de todos los días, "puede ser más importante que las cifras", dijo un importante funcionario de inteligencia que trató el tema a condición de conservar el anonimato. Incluso así, dijo, los funcionarios de inteligencia encontraron contradicciones en las estadísticas disponibles cuando escribían el Estimado Nacional de Inteligencia sobre Iraq del mes pasado, cuyas conclusiones son algo menos optimistas que las de las fuerzas armadas.
"No hay nadie tratando de manipularlas", dijo el funcionario, que comprendía la necesidad de cuantificación de los militares. Pero es importante, dijo, determinar "qué quieren decir las cifras. ¿Quién las recogió? ¿Por qué las cifras provenientes de esta dependencia del gobierno estadounidense difieren de las que provienen de otra dependencia?"
Aunque tanto Petraeus como el reciente informe del Pentágono enfatizan los mejores resultados estadísticos en los últimos tres meses, la comunidad de inteligencia en general se niega a anunciar tendencias basadas en datos medidos en períodos menores a seis meses. Varios funcionarios de inteligencia dijeron la semana pasada que la mayoría de los indicadores cuantificables entregan resultados positivos en los casi dos meses desde el límite de los datos de inteligencia, aunque dijeron que era demasiado pronto como para definir tendencias definitivas.
A medida que surgen interrogantes sobre las estadísticas, las fuerzas armadas han tratado de hacerlas más transparentes. Después de su testimonio ante el Congreso, Petraeus dio a conocer una versión no clasificada del documento de la Fuerza Multinacional_Iraq titulado ‘Metodología para la violencia-etnosectaria' y el comando bagdadí cedió la semana pasada una entrevista telefónica con Macomber, el hombre encargado de su implementación.
Macomber, un veterano con dieciocho años de ejército, dijo que es "un analista de inteligencia de fuentes" y que la misión de su equipo de seis es "compilar datos y trazar tendencias y analizar para el general Petraeus". Los datos diarios sobre bajas civiles son compilados en una base de datos llamada Red de Intercambios de Datos de Información Combinada. La fuente de la información "podría ser una fuerza de la Coalición en patrulla", dijo Macomber. "Podría ser la policía, o alguien que llamó y dijo que habían encontrado un cuerpo".
"Examinamos todo informe separadamente y solucionamos las contradicciones entre la Coalición y la información del país anfitrión para asegurarnos de no duplicar nada ni incluir nada erróneo", dijo. "Luego analizamos cada informe y aplicamos nuestros métodos y criterios para determinar si se trata o no de un incidente de violencia etnosectaria".
Su definición escrita del término es: "Un incidente o cualquier muerte de civil causada por o durante asesinatos/ejecuciones, secuestros, fuego directo, fuego indirecto y todo tipo de aparatos explosivos que utilice un grupo/persona étnica/religiosa contra otro grupo/persona étnica/religiosa, donde el motivo principal del incidente se deriva de la etnicidad o secta religiosa".
El proceso para determinar si un cuerpo es de un chií, sunní o miembro de alguna de las varias sectas minoritarias de Iraq es imperfecto, dijo Macomber. "A veces lo saben por algún tipo de identificación", dijo. "A veces simplemente no saben... Un montón de veces se reduce a que se encontró un cuerpo en un área chií, que ese cuerpo no fue llevado hasta allí, y decimos entonces que se trataba probablemente de un chií".
Los recientes enfrentamientos sectarios en un área es otra fuente. "No se puede identificar a todas las personas", dijo Macomber. "Pero hay elementos que nos pueden ayudar". Al final del día, dijo, "es la conclusión de un analista".
El asesinato el 25 de agosto pasado de siete iraquíes en el barrio predominante chií de Kadhimiya de Bagdad, fue declarado sectario. Las víctimas eran chiíes, y el método y ubicación -un coche bomba en un mercado- apuntaba a los sunníes.
Sin embargo, dos iraquíes que murieron en la explosión de un coche bomba el 3 de septiembre no fueron incluidos en la base de datos. El atentado ocurrió en un camino cerca de Ramadi, no lejos de donde el presidente Bush se reunía con funcionarios de gobierno ese día. Pero las víctimas, independientemente de la etnia y secta, eran agentes de policía. Los agregaron a otra lista en otro lugar.

25 de septiembre de 2007
©washington post
©traducción mQh
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enemigos íntimos


[Ned Parker] En Bagdad, un suní en un enclave chií descubre que las viejas amistades se pueden evaporar, dejando sólo el deseo de venganza.
Bagdad, Iraq. Cuando hace unos días un amigo del viejo vecindario llamó al amanecer a Abu Ali para contarle que su casa había sido destruida, el sunní de edad mediana se confesó a sí mismo que eso lo había puesto feliz.
Se volvió hacia su mujer en la cama y le dijo que los norteamericanos habían arrasado su casa en el barrio de Washash y matado a algunos miembros de la milicia chií que los habían expulsado en siempre pasado.
Eran personas con las que habían sido vecinos durante años, gente a la que saludaba todos los días.
Gente que había asesinado a su hijo adolescente hace tres meses, dejándole con un agujero de bala en un ojo y en la frente.
"Dios se vengó en nuestro nombre", respondió su esposa, chií.
Pensó en el amigo que lo había llamado para darle la noticia. Se llamaba Sattar, y, como los hombres que mataron a su hijo, era miembro de la milicia Ejército Mahdi de Muqtada Sáder.
Volvió a pensar en la conversación.
"Estos son los que me robaron mi casa y mataron a mi hijo", soltó en el auricular Abu Ali, que no quiere que se use su nombre.
Su amigo contraatacó: "¿Qué me dices de las mujeres y niños que había allí?"
"Es la voluntad de Dios", respondió. "Se lo merecían".
Se dijeron adiós. Para ellos era normal hablar, y Sattar volvería a llamar para darle más información sobre los daños.
Los dos hombres habían sido amigos durante diez años, y todavía eran amigos, pese a la amistad de Sattar con los vecinos que habían echado a Abu Ali de su casa. Sattar siguió siendo leal porque Abu Ali lo había defendido cuando los propios hermanos de Sattar trataron de engañarlo para hacerse con el dinero. Sin embargo, Abu Ali pensaba que su amigo se asustaba demasiado fácilmente y nunca lo ayudaría en tiempos de peligro.
Si amistad muestra la naturaleza demasiado íntima de la guerra en Iraq, una guerra en la que tus enemigos son a menudo personas a las que has conocido de toda la vida; en la que tus vecinos a menudo son los responsables de crímenes cometidos contra ti; en la que toda falta, toda fechoría, toda injusticia queda registrada y el deseo de venganza es profundo.

Se Extiende la Segregación
Mientras el general de ejército David H. Petraeus y el presidente Bush alaban los logros del plan de seguridad de Bagdad y saludan el inicio del retorno a la normalidad, la capital iraquí ha sido invadida por al menos 171 mil personas desplazadas, incluyendo a Abu Ali. Muchos sunníes y chiíes se han retirado a barrios prácticamente enclaustrados por murallas anti-explosiones y alambres de púa para protegerse de la secta religiosa rival.
Incluso comandantes norteamericanos reconocen que en Iraq no es fácil reparar los daños causados por la guerra civil del país, y no será fácil que la gente vuelva a sus vidas anteriores. Dicen que pase lo que pase en Bagdad, será diferente al pasado.
La mañana que destruyeron su casa, los amigos empezaron a visitar a Abu Ali a las ocho de la mañana, en Ghazaliya, donde había vivido por un año. Todo el mundo le preguntó lo mismo: ¿Lo indemnizarían los norteamericanos?
Al mediodía, los canales de noticias por cable empezaron a pasar el video de una cuadra hecha polvo. Sólo entonces empezó a llorar su mujer. Vecinos de Washash dijeron que habían matado a civiles inocentes, pero los militares norteamericanos dijeron que los combatientes les habían disparado desde los tejados. La policía calculó en catorce el número de bajas.
A Abu Ali no le importaba siquiera que su casa ya no existiera. La asociaba con su hijo muerto, Ali.
"Todo es un mal recuerdo", dijo.
Había vivido en una tranquilla calle secundaria en Washash. Era asequible para lo que él ganaba con su pequeña tienda de textiles donde hacía ropa de mujeres. Incluso se llevaba bien con el Ejército Mahdi. Algunos de sus vecinos se habían unido a la milicia y les pagaba de buena gana tres dólares al mes por la protección del barrio.
"Era un buen arreglo", dijo.

Mezquita Atacada
Entonces, en febrero de 2006, el atentado contra la Mezquita Dorada chií de Samarra cambió todo. La milicia empezó a atacar a sunníes, y Abu Ali fue siendo testigo cuando sus amigos y conocidos empezaron a desaparecer. Un maestro de árabe de la escuela secundaria Dakar estaba parado en la puerta cuando unos hombres en un coche lo acribillaron a balazos.
"Era un hombre muy viejo. Incluso enseñaba a gente más joven que yo", dijo Abu Ali. "Reprendía a sus alumnos por fumar cigarrillos en la calle. Si lo veían, los echaban, por respeto".
Algunos milicianos decidieron matar al borracho del pueblo, un chií llamado Abbas, que paseaba frecuentemente por el barrio y cuya bebida favorita era el arac. Seis meses después de que Abu Ali huyera de Washash, asesinaron a su zapatero favorito cuando unos milicianos lo encontraron bebiendo alcohol en los huertos de dátiles de la zona.
"Mataron al menos a cien personas que yo conocía, en Washash, contando sunníes y chiíes", dijo, hablando sobre su barrio al oeste de Bagdad, que era una zona mixta, con más chiíes que sunníes.
Pero Abu Ali pensaba que estaba seguro. Todo el mundo lo quería, a él y sus seis hijos y dos hijas. Confiaba en que sus vecinos no le traicionarían. La mayoría de los jóvenes de la calle se habían unido al Ejército Mahdi, pero él había sido amable con todo el mundo.
Conocía a Tayseer, cuya madre era sunní y cuyo tío Ahmed era amigo de Abu Ali. El año antes, Abu Ali rescató al padre de Tayseer, Majid, cuando este fue secuestrado por insurgentes cuando iba en camino a Ghazaliya a comprar helado. Los militantes llamaron por teléfono a Abu Ali y él juró que Majid era sunní.
Luego estaban sus vecinos Uday y Luay, cuyo padre los abandonó cuando eran muy niños. Abu Ali dijo que él los había ayudado siempre. Siempre paraba a saludar a su madre y preguntarle si necesitaba algo y le ofrecía ropa de su taller. Sus hijos iban a veces a su casa.
Después de Samarra, nada de eso importó.
Sus vecinos estaban envalentonados y querían su casa para unos parientes. Primero Tayseer le dijo a los hijos de Abu Ali, de modo amistoso, que sería mejor que se marcharan de Washash.
Entonces el tío Hassan, de Tayseer, visitó a Abu Ali. Le aconsejó que se marchara de Washash antes de septiembre y sugirió que Abu Ali le podía alquilar la casa a él. Abu Ali ignoró el ultimátum. No quería dejar su casa de estuco blanco, con sus arbustos de hojas perennes y enredaderas de jazmín.
Estaba decidido a esperar al menos hasta que Hassan fuera obligado a arrendar otra casa. Dijo que había odiado a Hassan durante quince años, que estaba en el Ejército Mahdi, y que prefería alquilar su casa a otro.
Cuando estuvo seguro de que Hassan había firmado un contrato de arrendamiento, Abu Ali cargó sus caros muebles, sus máquinas de coser, televisores y una mesa de comedor y se marchó a Ghazaliya, donde vivían dos hermanas.

Valiente
Entretanto, su hijo Ali había sido contratado para trabajar en el barrio de Mansur, al oeste de Bagdad, en una panadería que vende a domicilio pasteles con su viejo amigo chií Haidar. En junio, terminaron una entrega y cuando volvían a Mansur dos coches bloquearon la ruta. Un grupo de hombres armados les vendaron los ojos.
Haidar trató de convencerlos de que él era chií y juró que Ali también lo era. Los hombres respondieron: "Sabemos quién es. Lo hemos estado vigilando, y es un sunní. Arrojaron a Haidar en un coche y lo dejaron en una rotonda en Washash. A la mañana siguiente temprano, Ali, de sólo 17, delgado y apenas un metro 52, fue encontrado en la calle paralela de donde estaba la casa donde había crecido.
"¿Cómo pudieron matar a alguien tan débil y tan pequeño?", dijo Abu Ali. "Era valiente. La prueba más grande es cuando lo encontré. Estaba sonriendo y tenía su ojo abierto".
Después de ser liberado, Haidar huyó de Bagdad, aterrado de que sus secuestradores lo descubrieran. Pero el tío de Haidar le dijo a Abu Ali que uno de los secuestradores se llamaba Tayseer. Abu Ali se convenció de que sus viejos vecinos eran responsables.
Después de la destrucción de su casa, uno de sus familiares asistió al funeral de uno de los asesinados. Alguien en el funeral le dijo a Abu Ali: "Todas las deudas han sido canceladas".
Abu Ali accedió.
"No quiero más muertes, más asesinatos", dijo. "Yo soy una persona amante de la paz. No quiero hacer daño a nadie".

ned.parker@latimes.com

22 de septiembre de 2007
16 de septiembre de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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iraq prohíbe a blackwater


[Joshua Partlow y Walter Pincus] Iraq prohíbe a contratista de seguridad. Blackwater responsabilizada de asesinatos en Bagdad.
Bagdad, Iraq. El lunes el gobierno iraquí anunció que había revocado el permiso de Blackwater USA, una compañía de seguridad estadounidense implicada en una balacera en Bagdad que terminó con la vida de al menos nueve personas, provocando interrogantes sobre qué país debe controlar a las decenas de miles de civiles que operan como guardias privados en Iraq.
El anuncio del gobierno iraquí fue la determinación pública más firme hasta la fecha de su derecho a iniciar acciones contra compañías de seguridad extranjeras cuando se sospecha que han cometido algún delito.
Varios episodios violentos que implican a Blackwater han indignado a funcionarios iraquíes. Un portavoz del ministerio del Interior, el general de brigada Abdul-Karim Khalaf, dijo que la decisión significaba que Blackwater "ya no puede seguir operando en Iraq".
"Blackwater ha cometido muchos errores que han resultado en otras muertes, pero este es el error más grande y el último. Es injustificado", dijo Khalaf. "Los contratos de seguridad no les permiten disparar arbitrariamente contra la gente. Están aquí para proteger al personal, no para disparar sin motivos contra la gente".
Martin L. Strong, vicepresidente de Blackwater, dijo que los guardias de la compañía respondieron apropiadamente cuando eran emboscados y que la compañía no había recibido "ninguna notificación oficial" de acciones iraquíes contra Blackwater.
Blackwater, con sede en Carolina del Norte, tiene unos mil empleados en Iraq. La compañía es muy conocida debido a que protege al embajador norteamericano Ryan C. Crocker, y otros diplomáticos en el país. Los negros todoterrenos y los ágiles helicópteros Little Bird armados de la compañía escoltan las caravanas diplomáticas en todo Bagdad.
Blackwater consiguió un permiso de operación de un año del ministerio del Interior en 2005, según se puede leer en un escáner del documento proporcionado por la compañía. Después de que el Washington Post informara en junio que la compañía estaba efectivamente operando al margen de las leyes iraquíes, Blackwater se acercó a la Asociación de Compañías de Seguridad Privadas de Iraq para pedir ayuda para conseguir un permiso, de acuerdo a la organización gremial.
"Nuestro permiso está siendo renovado en el ministerio del Interior", dijo Strong.
El tiroteo empezó a mediodía del lunes cuando explotó un coche bomba en las cercanías del barrio de Mansur, al oeste de Bagdad, cerca de la Plaza de Nisur, dijeron funcionarios norteamericanos. Tras la explosión, los guardias de Blackwater que protegían a diplomáticos intercambiaron fuego con un grupo de atacantes armados, dijeron empleados de Blakwater y oficiales norteamericanos.
En la batalla subsecuente murieron al menos nueve personas y catorce resultaron heridas, dijeron la policía iraquí y empleados del hospital. Según Khalaf, el número de bajas mortales fue de 11.
"Nos asombró cuando vimos a esos combatientes descendiendo de sus todoterrenos y disparar al azar contra la gente", dijo el sargento Mohammed Juwad Hussein, soldado del ejército iraquí que dijo que estaba en un puesto de control en Bagdad, cerca del sitio del enfrentamiento. "No sabíamos ni a quién estaban atacando ni a quién querían atacar".
Strong describió el incidente como emboscada porque después de la explosión se oyó fuego de armas livianas a "unos 360 grados de la caravana".
Normalmente, dijo, hay que tratar de salir de la zona de la emboscada, pero en este caso uno de los vehículos de Blackwater quedó averiado por los tiros.
En esas circunstancias, el personal de Blackwater está autorizado para utilizar "fuego dirigido" solamente contra personas armas. "Si se trata de un secuestro de personal nuestros, estos pueden disparar para defenderse a sí mismos", dijo Strong. Dijo que no hubo heridos entre los empleados de Blackwater y todos escaparon ilesos.
Dijo que Blackwater está realizando su propia investigación del incidente y cooperaría con la pesquisa del Departamento de Estado. Dijo que en la semana pasada, uno de los helicópteros de Blackwater había sido derribado y al menos dos convoyes habían sido atacados.
Funcionarios de la embajada norteamericana no quisieron especular sobre de qué modo la decisión del gobierno iraquí podría afectar su relación con Blackwater. La secretaria de estado Condoleezza Rice llamó al primer ministro Nuri al-Maliki para disculparse por el incidente y prometió investigar el asunto, informó el despacho de Maliki en una declaración.
Rice también expresó su pesar por la muerte de civiles inocentes en el incidente, dijo Tom Casey, portavoz del Departamento de Estado.
El incidente ilustró el turbio espacio legal ocupado por las compañías privadas de seguridad extranjeras en Iraq. Algunos expertos de seguridad dijeron que es improbable que el gobierno iraquí expulse a Blackwater, debido a que tiene contratos con el Departamento de Estado.
Una ordenanza conocida como Orden 17, que fue implementada durante el período de la Autoridad Provisional de la Coalición encabezada por L. Paul Bremer y está todavía en vigor, otorga a los contratistas de seguridad privados norteamericanos inmunidad ante tribunales iraquíes.
Funcionarios del Pentágono dijeron que en Iraq operan al menos veinte mil guardias de seguridad privados. La Asociación Internacional de Contratistas, un grupo gremial privado, declaró hace poco que el número podría llegar a cincuenta mil, incluyendo a guardias de decenas de países y miles de iraquíes empleados por compañías extranjeras.
Otro memorándum de la autoridad de la ocupación ahora disuelta, exige que las compañías privadas de seguridad se inscriban para obtener un permiso del ministerio del Interior, pero algunas de las compañías en Iraq operan sin hacerlo. Una carta de junio de 2004 de la autoridad de la ocupación a las compañías privadas de seguridad dice que "no operarán sin los permisos apropiados" del gobierno iraquí.
"Creo que lo esencial es el ministerio del Interior tiene el derecho -si no la capacidad- de limitar las operaciones de Blackwater", dijo un funcionario occidental familiarizado con el ministerio del Interior que no estaba autorizado para hablar con la prensa.
En los últimos siete meses, el gobierno iraquí ha cancelado los permisos de dos compañías de seguridad privadas, para volverlas a autorizar después de un control, dijo Lawrence T. Peter, director de la Asociación de Compañías Privadas de Seguridad de Iraq.
La autoridad de la ocupación permitió que los contratistas de seguridad utilizaran fuerza letal en casos de defensa personal y especificó que debían hacer "todo lo posible para evitar bajas civiles", "disparar sólo dirigidamente" y "considerar la seguridad de civiles inocentes".
Los veloces convoyes y guardias privados armados patrullando las calles enfurece a muchos iraquíes, que dicen que son mercenarios imprevisibles que no respetan a los civiles iraquíes.
Blackwater ha estado intensamente vigilada. En mayo, guardias de Blackwater estuvieron implicados en balaceras varios días seguidos en Bagdad. Uno de los incidentes, que ocurrieron frente al ministerio del Interior, condujo a un enfrentamiento armado entre guardias de Blackwater y comandos del ministerio del Interior que convergieron en el lugar.
El tenso punto muerto terminó después de la intervención de funcionarios del Departamento de Estado y tropas norteamericanas. El Departamento de Estado declaró que pensaba investigar el asunto, pero no se conocen resultados de esa investigación. Un día antes, un equipo de Blackwater fue atacado, desencadenando una furiosa batalla en la que participaron guardias de seguridad, soldados norteamericanos y helicópteros de ataque Apache en el centro municipal de Bagdad.
Antes de los tiroteos del domingo, funcionarios del ministerio del Interior dijeron que habían recibido informes de al menos media docena de incidentes en los que, presuntamente, guardias de Blackwater habían disparado contra iraquíes, muchos más que cualquier otra compañía. Pero los funcionarios dijeron que estaban inmovilizados por la inmunidad que otorga la Orden 17.
"Yo diría que los funcionarios iraquíes no son diferentes a otros ciudadanos iraquíes: No pueden tolerar a compañías de seguridad occidentales que son realmente agresivas, entre las cuales está Blackwater", dijo otro funcionario occidental familiarizado en asuntos del ministerio del Interior y que también insistió en conservar el anonimato. "Blackwater es particularmente flagrante, pero supongo que han sido instruidos a seguir ese protocolo por la embajada norteamericana. No son guardias parias".
Legisladores norteamericanos, entre ellos el representante David E. Price (demócrata de Carolina del Norte), han exigido más control de los contratistas de seguridad en Iraq. Price ha propuesto leyes que pondrían a todos los contratistas de seguridad, sea que trabajen para el Departamento de Estado o para el ministerio de Defensa, bajo jurisdicción de las leyes norteamericanas.
"No hay ninguna duda de que la falta de transparencia y responsabilidad de las operaciones de contratistas de seguridad, especialmente la falta de opciones jurídicas para proseguir judicialmente estas conductas aberrantes han dañado seriamente nuestros esfuerzos en Iraq y han aumentado los riesgos para nuestras tropas", dijo Price.

Pincus informó desde Washington. Steve Fainaru en El Cerrito, California, Megan Greenwell y Salih Dehema en Bagdad, y Dana Hedgpeth y Robin Wright y Julie Tate en Washington contribuyeron a este reportaje.

21 de septiembre de 2007
17 de septiembre de 2007
©washington post
©traducción mQh

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el peligroso negocio del alcohol


[Bassem Mroue] El negocio del alcohol es peligroso en la caótica Bagdad.
Bagdad, Iraq. Los tres hombres miraron a uno y otro lado antes de entrar sigilosamente en una tienda de licores en la calle de Saadoun, una de las dos áreas de la capital iraquí donde se vende alcohol públicamente. Una vez dentro, mostraron una botella de champaña.
"Déme una caja de esas", dijo uno.
En Iraq vender alcohol, o beberlo, todavía es ilegal, pero desde el surgimiento de los partidos religiosos en este país predominantemente musulmán, el comercio ha estado bajo una fuerte presión. Aparte de las restricciones legales, muchas tiendas de licores han sido blanco de atentados con bomba en los últimos cuatro años.
Algunos que se atrevieron a vender alcohol en sus casas han sido asesinados por milicias religiosas, que utilizan el miedo y las amenazas para mantener el alcohol fuera de las zonas que controlan.
Sin embargo, eso no ha disuadido a los comerciantes ni a los clientes.
"En estos días tenemos trabajo", dijo Yasser, un dependiente de la tienda de la calle Saadoun que se negó a decir su nombre completo por razones de seguridad. "La gente está comprando grandes cantidades de alcohol debido a la cercanía del Ramadán", dijo refiriéndose al mes santo musulmán que se caracteriza por el ayuno que empezó esta semana.
Durante Ramadán cierran todas las tiendas de licores, una medida que se viene implementando desde antes del derrocamiento del régimen de Saddam Hussein en abril de 2003.
"Usualmente los clientes se llevan botellas, pero ahora están comprando cajas", dijo Naim, un dependiente que no quiso decir su nombre completo por miedo por su seguridad. "Quieren asegurarse de que tendrán suficiente alcohol hasta fin de mes. Estamos vendiendo un montón de cerveza y whiskey".
La industria del alcohol en Iraq se enfrenta a varias presiones desde antes de la invasión norteamericana.
Durante décadas los clubes nocturnos y bares a orillas del río Tigris fueron famosos en todo Oriente Medio por su pescado a la plancha, alcohol y bailarinas de vientre ligeramente vestidas.
Clubes similares en la sureña ciudad de Basora también atraían a miles de kuwaitíes que llegaban a la ciudad iraquí buscando diversión y bebidas.
Pero en 1993 Saddam, debilitado por sus pérdidas en la Guerra del Golfo en 1991, lanzó una campaña religiosa que incluía la prohibición del consumo público de alcohol, y cerró los clubes nocturnos, prohibió la prostitución y empezó a dar lecciones de religión en público, incluyendo a los militantes del partido laico Baaz.
Saddam restringió y reguló estrictamente la venta de alcohol. Los clubes nocturnos se convirtieron en restaurantes, aunque algunos siguieron vendiendo alcohol clandestinamente a sus clientes.
Poco después del derrocamiento de Saddam, la industria del licor empezó a prosperar. Las tiendas empezaron a vender alcohol abiertamente, y en las calles de Bagdad se empezaron a ver vendedores ofreciendo cerveza y whiskey importados.
Todo eso terminó cuando los partidos religiosos consolidaron su poder.
Hoy existen sólo dos áreas en Bagdad donde se vende alcohol legalmente: cerca del Hotel Bagdad en el centro de la ciudad en la calle Saadoun y en la zona de Karradit Mariam, justo fuera de la Zona Verde, donde sitan las oficinas del primer ministro y presidente iraquíes y la embajada norteamericana.
La mayoría de las tiendas las llevan las minorías cristianas y yazidi de Iraq, que cultivan una antigua religión que no prohíbe el alcohol.
Naim, que es yazidi, dijo que la bebida más popular es el arak, un anís o un licor con aroma de dátiles que se produce en Iraq y que se vende por unos 2.40 dólares la botella.
La marca más cara que vende es el whisky Johnny Walker Black Label, por 28 dólares la botella.
En otra tienda, un empleado cristiano que también se negó a mencionar su nombre, diciendo que ha estado recibiendo amenazas desde hace meses, dijo que la marca más barata es un whiskey hecho en India que se vende a dos dólares el cuarto.
"Normalmente lo compra la gente sin casa que vive en la calle", dijo.
Dijo que la mayoría de sus clientes son musulmanes.
"Los cristianos y los yazidi lo venden, y los musulmanes lo beben", dijo.

18 de septiembre de 2007
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©traducción mQh
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refugiados indeseados


[Jeffrey Fleishman] Muchos iraquíes que huyen de la guerra encuentran refugio temporal en Egipto. Pero las tensiones económicas y culturales engendran hostilidad entre ‘hermanos árabes'.
El Cairo, Egipto. Vive en el barrio rico, pero hace las compras en el barrio pobre, conduciendo hasta las afueras de la ciudad para comprar verduras y carne en los sucios y angostos callejones de un mercado donde moscas y niños descalzos corren entre el aroma del jenjibre y el cilantro.
¿Es este el destino de Mahmoud Mussa? No lo sabe. De lo que sí está seguro es de que vendió una de sus dos casas en Iraq por 25 mil dólares, que el dinero se le acabó y que envió a su mujer a Bagdad a vender la otra. Ese dinero también está desapareciendo y ahora, después de catorce meses viviendo como refugiado en un suburbio de El Cairo, a Mussa le queda poco que vender o trocar, y teme que tendrá que abandonar su barrio rico para terminar en un lugar con las paredes agrietadas y toldos haraposos.
Él y su familia escaparon de la guerra, pero a veces hay cosas peores, como ver que todo lo que ganaste con tu trabajo en un país, desaparece en otro.
En Iraq llevaba una vida lograda, era un ingeniero mecánico dueño de un par de coches y con criada. Pero ahora es simplemente un hombre intranquilo con un permiso de residencia temporal tratando de matar el tiempo en un país que es en muchos aspectos más pobre que el país que dejó. Y los egipcios ahora tampoco son demasiado amistosos. Basta con caminar por el barrio de Mussa, conocido como Ciudad 6 de Octubre, y oyes en las panaderías, en las esquinas, en los patios de las escuelas, eufemismos susurrados de una paciencia que se avinagró.
"Nuestras relaciones con los egipcios están empeorando. Te rechazan psicológicamente", dijo Mussad. "Si tratas de empezar un negocio, se oponen a ti. Son pobres y pasan hambre y nos vieron llegar desde Iraq con coches y dinero y les dio miedo que vengas a competir con ellos".
Hace décadas, cientos de miles de egipcios emigraron a Iraq a trabajar como campesinos, jornaleros y técnicos; ahora el flujo ha cambiado de dirección y existe incomodidad sobre cómo habituarse al reverso de fortunas. Egipcios e iraquíes se consideran hermanos árabes, pero se inquietan por las idiosincrasias del otro, insinuando cada uno una superioridad moral que acusa al otro de llevar estilos de vida impíos y de tener almas lascivas.
"No puedo imaginar qué religión tienen", dijo sobre los egipcios Moh Nuri Hamza, un refugiado musulmán chií del sur de Iraq. "Sus mujeres llevan pañuelos de cabeza, pero apretados vaqueros debajo. Yo no dejo que mis cuñadas salgan de la casa. No quiero que se corrompan".
En Egipto viven unos cien mil refugiados iraquíes, muchos de ellos en Ciudad Octubre, que se ubica más allá de las pirámides de Giza en un aire emblanquecido por el polvo de piedra caliza y restallantes banderas anunciando nuevas subdivisiones en el desierto. Se dice que el gobierno del presidente Hosni Mubarak ha limitado el número de iraquíes en su país. Egipto, que ha sido generoso en el pasado con aquellos que huyen de zonas de conflicto, quiere evitarse las crisis humanitarias que se han propagado en Siria, que tiene 1.2 millones de refugiados iraquíes, y Jordania, que ha acogido a 750 mil.
Pero una tensa contracorriente recorre Ciudad Octubre, desde el mercado de Mussa hasta los edificios de apartamentos de colores pastel adornados con postigos de madera. No es ruidosa, no sacude el aire. Son palabras expulsadas entre labios apretados. Los iraquíes han elevado los alquileres. Los iraquíes han hecho subir el precio de la comida.
Muchos dicen que sólo algunos egipcios se muestran inhospitalarios, que los iraquíes han sido y son bienvenidos aquí, pero una persona como Mohamed Mokhtar, tendero, deja de lado su carácter cordial.
"Si yo estuviera a cargo", dice, "los deportaría de vuelta a Iraq".
Los iraquíes tienen sus propias y severas opiniones. No muy lejos de la tienda de Mokhtar, junto a un niño que pela ajos y otro que juega con una motocicleta, Ahmad Badri dijo que no conocía la destreza egipcia a la hora de timar a los extranjeros, incluso a los extranjeros que venían huyendo de una guerra, cuando llegó a Bagdad hace dieciocho meses y abrió un café internet.
"El dueño me cobró un alquiler de 600 libras egipcias [unos 107 dólares] al mes. Después descubrí que debían ser 400", dijo Badri. "Al día siguiente los tenderos egipcios del barrio se acercaron a mí y me dijeron: ‘Ahora has subido el alquiler para todos nosotros'. Al principio me criticaron de manera amistosa, pero hoy las cosas están tensas. Está empezando a deteriorarse y estoy empezando a odiarlos. Son vampiros de primera clase.
"Mi hija de seis años habla con acento egipcio. La estoy enviando a una escuela de idiomas especial para que no adquiera ese molesto hábito".
A Badri ya no le queda dinero. Ha visto a muchos como él volver a Iraq con los bolsillos vacíos. Llegaron a Ciudad Octubre con dinero y joyas, pero tras semanas y meses vendieron las más valiosas y entraron en una espiral descendente, pasando poco a poco de los barrios elegantes del principio a casas con habitaciones más pequeñas y calles peligrosas.
Badri, un hombre ancho con una barba negra de varios días, cuya sinuosa voz no delata ninguna prisa en el calor de la tarde, guardó silencio y mostró el aire como si hubiera topado con un viejo amigo. Era una canción del cantante iraquí Hussam Rassam que venía de una radio; a Badri lo ponía nostálgico, y lo inquietaba.
"¿Cómo perdimos nuestro país?", cantaba Rassam. "Hay cinco muertos en cada esquina. El poli y el ladrón llevan el mismo uniforme".

Los iraquíes de Ciudad Octubre tienen sus propias tiendas y panaderías, y un puesto de helados, Al Saquma, llamado así por una popular heladería de Bagdad. Estos son los trucos y ritmos aprendidos: El humus aquí es diferente; cuidado que no te estafen; inscribe a tus niños en una escuela privada; no olvides acudir al ministerio de Inversiones, donde por 500 dólares puedes solicitar un permiso para iniciar un negocio, que te otorga automáticamente un permiso de residencia por un año. Si no abres un negocio, vuelve al año siguiente y solicita abrir otro.
"Hay una inflación dirigida contra los iraquíes", dijo Nabeel Shawi, poeta y fotógrafo que usa tirantes y enormes gafas de sol. "Cuando llegué el año pasado, el alquiler de una casa con cuatro dormitorios costaba 1200 libras egipcias [unos 214 dólares] al mes, pero hoy esa misma casa llega a las tres mil libras [535 dólares]. La escuela es muy cara. La matrícula de mi hijo cuesta dos mil dólares al año, y podría subir a tres mil. Y a todo esto mi dinero se está desvaneciendo. Naciones Unidas tiene el deber de preocuparse de nosotros".
Mahmoud Amer, tendero egipcio, no muestra simpatía.
"Como árabes, deberíamos apoyar a los iraquíes, pero ellos tienen que respetar las normas de nuestro país", dijo. "Cuando abren un negocio aquí y contratan a egipcios, los maltratan. Siempre se ven a sí mismos como los dueños y consideran a los egipcios como si fueran sus sirvientes... Francamente, a mí no me gustan".
El hecho de que Fatima Garibawy le pegara a la nana egipcia de su hija sugiere que el sentimiento es mutuo. Garibawy vive en el centro de El Cairo en un apartamento en el sexto piso con vistas a un palacio presidencial. No hay imágenes en sus paredes; sus escasos muebles son prestados. Su marido murió. Lo mataron en Iraq, pero no hablará sobre ello. No tiene palabras para ese recuerdo.
Ella dirigía un diario y participaba activamente en la política iraquí cuando fue obligada a marcharse de su país con amenazas y fotografías de amigos asesinados. Llegó a Egipto con dinero e ideas. La primera era abrir una agencia inmobiliaria.
"Duré una semana y la cerramos", dijo Garibawy, con el pelo negro sujeto atrás con un pañuelo, su maquillaje resistiendo el calor de la ciudad. "Unos egipcios que decían que eran funcionarios llegaron pidiendo sobornos. ‘Muéstreme su permiso', y ese tipo de cosas. Nos interrogaron. Pero nunca les pagué nada... Mi próximo plan era abrir un gimnasio, pero me estafaron en 30 mil libras egipcias. Firmé un contrato falso y me dieron un recibo falso. Me dijeron que me harían expulsar de Egipto si se lo contaba a alguien".
Su niñera preparó el engaño, dijo. Garibawu dijo que había confiado en la mujer y su familia durante meses, pagándoles bien para que cuidaran a su hija cuando visitó Iraq el año pasado con la esperanza de poder reanudar su vida en Bagdad. Incluso vivió en la casa de su nana por un tiempo, pensando que había encontrado refugio en una ciudad de extraños.
"Cuando me robaron el dinero, perdí mi paciencia y le pegué un puñetazo en la cara", dijo Garibawy. "No tengo dinero. Perdí mi identidad. Oculto que soy iraquí porque si me descubren por el acento, los egipcios me explotarán. Ellos creen que los iraquíes somos gallinas que ponemos huevos de oro".
Quizás, dijo, vuelva a Iraq, cruzando la frontera con su hija de dieciocho meses, quizás encuentre trabajo en alguna universidad. Miró desde su sofá de respaldo alto, una cosa barroca y recargada que parecía fuera de lugar entre esas paredes desnudas. "Me paso el día llorando".
Hay una panadería en Ciudad Octubre que vende pan iraquí, tres en un paquete. La lleva una estudiante con un pañuelo verde y un hombre de veinte, cuyas piernas desnudas están manchadas de harina y cuya frente la cubren su negro y enmarañado cabello y su sudor.
Quieren volver a Bagdad, pero no pueden, de modo que crearon este lugar, colgando luces de colores para recordar cosas que no quieren olvidar. Así es la vida en Octubre. Los iraquíes llaman así al barrio, simplemente Octubre.
A unos kilómetros de la panadería, el óxido rasga las paredes y la basura vuela por la calle. El olor a matadero de cordero se mezcla con el de las especias y la sangre. El bazar en la esquina parece tan endeble como un pueblo construido con palos de helado, pero hay trajín; en este barrio pobre, hay mejores ofertas al final del día. Mahmoud Mussa hace aquí las compras, con su familia, para ahorrar dinero. Su esposa Hanan, lleva una hijab negra, y compara precios y calidad. Su lápiz labial es rosado.
Mussa sonríe. Este padre de cuatro hijos que se vio obligado a vender sus dos casas, y cuyo dinero está desapareciendo, sigue siendo alegre.
Lleva bigotes y es de espaldas amplias; sus ojos no eluden la mirada. Es un musulmán sunní. Antes eso era bueno en Iraq, pero no ahora; ahora, dijo, nada está bien en Iraq, por eso tiene que hacer dinero, para no tener que volver.
Su hijo menor, que es más alto, y sigue las palabras de su padre como si tuvieran precio, va pulcramente vestido; parece haber llegado al mercado por accidente.
"Fuimos a las embajadas francesa, suiza y española pidiendo ayuda para nuestros hijos, pero no nos han dado respuesta", dice Mussa. "No podemos volver a Iraq con nuestros hijos. Somos sunníes. Nos han amenazado, en caso de que volvamos... Las milicias llegaron a nuestra casas antes de nuestra fuga y trataron de secuestrar a mi hijo".
"Si nos quedamos sin dinero, tendremos que volver", dice Hanan. Ella y su marido no conocen a nadie aquí. No hay modo de hacer que el sistema funcione para una familia de refugiados. Sin dinero, esas cosas son imposibles".
El hijo escucha, tratando de pasar desapercibido entre puestos de verdura y egipcios pobres.

jeffrey.fleishman@latimes.com

Noha El Hennawy contribuyó a este reportaje.

16 de septiembre de 2007
8 de septiembre de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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bush anuncia retiro de tropas


Bush anuncia retiro de tropas mientras advierte a Bagdad.
El mandatario también apuntó a la opisición diciendo que "el éxito de un Iraq libre es crucial para la seguridad de Estados Unidos" y que los demócratas, al afirmar "que los progresos en Iraq llegan demasiado tarde, se equivocan".
Como ya se había adelantado ampliamente tras la presentación -el lunes- del general estadounidense David Petraeus ante el congreso de su país, el presidente George W. Bush confirmó anoche en un discurso por televisión, que realizará un retiro parcial de fuerzas desde Iraq. Pero, al mismo tiempo, el mandatario norteamericano hizo una advertencia clara y directa a su aliado gobierno iraquí para que muestre más "determinación" en su tarea de reconciliación interna y presente pronto avances políticos.
"El gobierno (iraquí) no alcanzó sus propios objetivos legislativos y, en mis reuniones con los dirigentes iraquíes, dejé claro que deben lograrlo", afirmó el mandatario en un discurso que fue adelantado horas antes por la prensa. El presidente estadounidense considera que el gobierno de su aliado, el primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, debe "esforzarse más".
Pero Bush no sólo criticó al gobierno iraquí sino también a su propia oposición política. Bush aseguró que "el éxito de un Iraq libre es crucial para la seguridad de Estados Unidos" y que los demócratas, al afirmar "que los progresos en Iraq llegan demasiado tarde, se equivocan".
"Nunca es tarde para golpear a Al Qaeda. Nunca es tarde para avanzar hacia la libertad. Y nunca es tarde para apoyar a nuestras tropas en una batalla que pueden ganar", afirmó.
Sobre el retiro de tropas, el presidente aceptó en su mayor parte las recomendaciones hechas por el general Petraeus, comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Irak.
Bush adelantó que espera retirar 30.000 hombres antes de fin del próximo año y que unos 5.700 podrían incluso abandonar el país antes de diciembre próximo.
Y como para responder a las críticas demócratas Bush afirmó: "Cuanto más éxito tengamos, más tropas volverán a casa".
Para los demócratas, este discurso no supone un cambio de estrategia, pues el nivel de tropas que se alcanzará el próximo año es el mismo que había en enero pasado, antes de que la Casa Blanca decidiera enviar refuerzos.

Matan a Aliado de Estados Unidos
Abdul Sattar Abu Risha era el líder de una alianza de tribus sunnitas que rechazan a Al Qaeda por sus métodos y que cooperaba con Estados Unidos, al punto que fue uno de los dirigentes que se reunió la semana pasada con el presidente George W. Bush, cuando éste visitó por sorpresa Irak.
El dirigente sunnita murió en una explosión cerca de su domicilio en la provincia occidental de Anbar. "El vehículo del jeque quedó totalmente destrozado por la explosión. Abu Risha murió y dos de sus guardaespaldas resultaron gravemente heridos", aseguró el oficial de policía Ahmed Mahmoud Al-Alwani.
La muerte del líder sunnita se produjo sólo unos días después de que el comandante militar en Iraq, el general David Petraeus, asegurara ante el congreso estadounidense que la seguridad en la provincia de Anbar había mejorado dramáticamente.

14 de septiembre de 2007
©la nación
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retirada en cinco años


[Robin Wright] Nuevo informe recomienda retirarse de Iraq en cinco años. La comisión también llama a reducir las tropas en un cincuenta por ciento en un plazo de tres años.
Washington, Estados Unidos. En un informe que fue dado a conocer el domingo pasado, una comisión de expertos reunidos por el Instituto de la Paz norteamericano propone reducir en un cincuenta por ciento y en un plazo de tres años las tropas norteamericanas en Iraq y la retirada total y el traspaso de la seguridad a las fuerzas armadas iraquíes en un plazo de cinco años.
"Estados Unidos hace frente a demasiados retos en el mundo como para continuar su actual nivel de intervención en Iraq, o incluso el despliegue del nivel de fuerzas previo a la campaña de seguridad", dice el informe. "Es hora de trazar una ruta más clara".
La comisión incluye a muchos de los expertos que participaron en la comisión Grupo de Estudio de Iraq dirigido por el ex secretario de estado James A. Baker III y ex representante demócrata Lee H. Hamilton, que dio a conocer su informe en diciembre pasado. Desde entonces el gobierno de Bush ha adoptado muchas de sus recomendaciones, algunas a regañadientes. El Instituto de la Paz se encargó del informe Baker-Hamilton y reunió a los expertos.
La Casa Blanca impidió volver a convocar a la comisión Baker-Hamilton, que estaba dividida por partes iguales entre diez prominentes representantes demócratas y republicanos, instando a Baker a no participar, de acuerdo a funcionarios norteamericanos. Así que el Instituto de la Paz volvió a convocar a los expertos que les habían asesorado. El grupo, que sesionó durante el verano, está compuesto de unas dos docenas de ex funcionarios y embajadores norteamericanos, analistas de la CIA y especialistas en Iraq de laboratorios ideológicos y universidades.
Las recomendaciones en ‘Iraq: A Time for Change', el último de varios informes publicados en las semanas previas a la evaluación del gobierno de Bush esta semana, también llama a Naciones Unidas a empezar de inmediato "negociaciones intensas" entre los beligerantes políticos iraquíes. Las conversaciones no deberían ser aplazadas sin acuerdos sobre la repartición del poder y deberían revisar la Constitución, los recursos petroleros, las elecciones locales, la política de exclusión de ex miembros del Partido Baaz y el futuro de Kirkuk, insta el informe. Un modelo similar fue utilizado para poner fin a la guerra en Bosnia.
Con algunas mejoras recientes en la seguridad, el problema más grande que enfrentan el gobierno de Bush e Iraq es el fracaso de los políticos en Bagdad en cuanto a lograr la reconciliación de los grupos sunníes y chiíes y aprobar leyes cruciales para proteger la naciente democracia. "La situación sigue siendo incierta, pero se ha abierto una ventana, fugazmente, para que Iraq continúe con la reconciliación política. Los políticos nacionales de Iraq han sido incapaces de explotar completamente esta oportunidad", dice el informe, escrito por el vicepresidente del Instituto de la Paz norteamericano, Daniel Serwer.
El informe Baker-Hamilton ha sido muy polémico debido a sus recomendaciones en cuanto a un acercamiento diplomático con Irán y Siria. El nuevo informe dice que Estados Unidos debería bloquear los intentos de Irán de controlar la política iraquí y prohibir que siga entregando armas a las milicias iraquíes, mientras continúa tratando directamente con Irán y adaptándose a algunos intereses de Irán en algún país vecino. "Mientras Estados Unidos e Irán sigan implicados en un contexto de influencia de suma cero, Iraq seguirá en el caos y Estados Unidos se empantanará", advierte el informe.
El informe arremete contra los vecinos de Iraq por no contribuir a la estabilización de Iraq. Pero también critica a Estados Unidos por perder la confianza de aliados claves en la región debido a Iraq.
En contraste con un número creciente de recientes propuestas de varias formas de fragmentación de Iraq a lo largo de líneas religiosas y étnicas, el informe se opone firmemente a la división de uno de los centros neurálgicos geo-estratégicos de Oriente Medio, aunque deja a los iraquíes el tema de la descentralización del poder.

13 de septiembre de 2007
8 de septiembre de 2007
©washington post
©traducción mQh
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