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desenfrenada corrupción en iraq


[William Branigin] Funcionario iraquí advierte a comité de la Cámara que la corrupción crece firmemente.
Iraq/Estados Unidos. Un ex investigador iraquí de la corrupción dijo hoy a un comité de la Cámara que en el gobierno iraquí la corrupción es "desenfrenada", le ha costado al erario nacional unos dieciocho mil millones de dólares en los últimos tres años y está empeorando firmemente en medio de la violencia y amenazas dirigidas contra funcionarios encargadas de combatirla.
Radhi Hamza al-Radhi, un juez iraquí que presidía la Comisión sobre Integridad Pública instalada por las autoridades norteamericanas en 2004, declaró ante el Comité de Control y Reforma del Gobierno de la Cámara, que 31 empleados de la comisión y al menos 12 de sus familiares han sido asesinados en un intento por detener sus investigaciones sobre corrupción.
"En varios casos, mi personal y sus familiares han sido secuestrados o detenidos y torturados antes de ser ultimados", dijo Radhi. Entre los asesinados, dijo, se encuentra un miembro del personal que fue matado a balazos con su mujer, que llevaba siete meses de embarazo, y el padre de su jefe de seguridad, cuyo cuerpo fue encontrado colgando de un gancho de carnicero.
Radhi denunció que la corrupción llega a los niveles más altos del gobierno del primer ministro Nuri al-Maliki, sobre el que dijo que había suspendido las investigaciones sobre el desvío de miles de millones de dólares. Dijo que no podía afirmar si Maliki está implicado personalmente en el desfalco, pero denunció que el primer ministro "ha protegido a algunos de sus familiares implicados en casos de corrupción", incluyendo a un ex ministro de Transporte.
Radhi dijo que las crecientes amenazas contra él y su familia le obligaron a buscar asilo en Estados Unidos. Llegó en agosto como director de una delegación que debía participar en jornadas de adiestramiento forense y de recabamiento de evidencias del ministerio norteamericano de Justicia.
También declararon hoy ante el comité David Walker, el contralor general de Estados Unidos, y Stuart Bowen, inspector general especial para la reconstrucción de Iraq. Confirmaron el carácter desenfrenado de la corrupción en Iraq hoy y expresaron su frustración de que Estados Unidos no haya definido una estrategia coordinada para combatirla.
La audiencia se realizó después de un altercado entre el presidente del comité, el representante Henry A. Waxman (demócrata de California) y la secretario de Estado, Condeleezza Rice, por la petición de Waxman de acceder a documentos y testimonios de funcionarios del departamento de Estado sobre la corrupción en Iraq.
La semana pasada Waxman acusó a Rice de interferir el trabajo del comité después de que la secretario intentara excluir amplias áreas de la investigación.
En un e-mail al comité poco antes de las entrevistas programadas con funcionarios del ministerio la semana pasada, el departamento de Estado advirtió que no se podrían cruzar ciertas líneas en el interrogatorio sobre la corrupción iraquí. Dice que las áreas restringidas incluyen: "amplias declaraciones/evaluaciones que juzguen o definan la calidad de la gobernabilidad en Iraq o la capacidad/determinación del gobierno iraquí de combatir la corrupción, incluyendo las acusaciones de que las investigaciones han sido desbaratadas/ahogadas por razones políticas; y declaraciones/acusaciones sobre acciones de individuos específicos, como el primer ministro u otros funcionarios del gobierno iraquí, o con respecto a investigaciones de esos funcionarios".
La riña surgió en agosto cuando la revista Nation publicó una versión de un memorándum interno de la embajada norteamericana en Bagdad. El documento en borrador de 82 páginas, que fue subsecuentemente ampliamente filtrado hacia la prensa, dice que el gobierno iraquí no ha "sido capaz ni de la implementación más rudimentaria" de sus propias leyes contra la corrupción y no cumpliría con "ningún calendario razonable" para introducir mejoras.
En una declaración hoy, Waxman dijo que el comité estaba realizando una investigación en vistas del hecho de que habían muerto más de 3.800 soldados norteamericanos, 28 mil habían resultado heridos y se habían gastado en Iraq, en el intento de convertirlo en una democracia operacional, más de 450 mil millones de dólares. Ese esfuerzos está siendo amenazado por una "epidemia de corrupción" que está "socavando la reconciliación política, colocando a iraquíes corrientes contra el gobierno y alimentando a la resistencia", dijo.
"El gobierno de Maliki es nuestro aliado en Iraq", dijo Waxman. "Pero tenemos que preguntarnos: ¿Es el gobierno de Maliki demasiado corrupto como para triunfar? Y si el gobierno de Maliki es corrupto, necesitamos preguntarnos en buena conciencia, si podemos seguir sacrificando nuestra sangre y nuestro dinero para apuntalar a su régimen".
Dijo que Rice y el departamento de Estado no quieren que el comité plantee estas preguntas. Dijo que el departamento "incluso ha convertido en confidenciales retrospectivamente algunos memoranda sobre la corrupción en Iraq después de que los solicitara el comité". Denunció que los intentos de acallar la pesquisa eran "un completo bochorno".
En entrevistas en las últimas semanas con funcionarios del departamento de Estado a cargo de los programas contra la corrupción en Iraq, el comité sin embargo se ha enterado de que "esos programas se encuentran en un estado de completa confusión", dijo Waxman. "La investigación del comité ha revelado que los programas contra la corrupción son disfuncionales, subfinanciados y han sido clasificados como de baja prioridad".
El representante Thomas M. Davis III (republicano de Virginia), el republicano más importante de la comisión, dijo que tenía "algunas preocupaciones" sobre la dirección que estaban tomando las audiencias porque los iraquíes que luchan por la democracia "no necesitan recibir lecciones de este comité", sino que "necesitan nuestra ayuda'. Dijo que los legisladores "no pueden permitirse ser ingenuos" sobre la corrupción en Iraq.
"Nosotros no llevamos la corrupción a Iraq, y no dejará de existir cuando nos marchemos", dijo.
Otros republicanos han tratado de desacreditar a Radhi y han descrito la corrupción en este país como un legado del régimen de Saddam Hussein, que fue derrocado por la invasión norteamericana de marzo de 2003.
El representante Darrell Issa (republicano de California) preguntó cuando pidió Radhi por primera vez que los nueve miembros de su familia fueran "traídos como refugiados a Estados Unidos". Radhi dijo que no quería hablar sobre su familia, pero dijo que él no podía volver a su país.
El representante Dan Burton (republicano de Indiana) dijo a Radhi que "sus antecedentes demuestran que usted trabajó para el régimen de Saddam Hussein de 1979 a 1992 y que usted era un fiscal público". Preguntó: "¿Cómo obtuvo usted esa posición?"
Radhi dijo que él se había ocupado de la gestión de fondos para delincuentes juveniles y huérfanos y que había sido fiscal "en el tribunal para delitos menores". Dijo que había sido nombrado pese a no ser miembro del partido pan-árabe Baaz, de Hussein, y que había sido detenido y "torturado" en dos ocasiones.

9 de octubre de 2007
4 de octubre de 2007
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otros crímenes de blackwater


[Karen DeYoung] Revelan más crímenes de los guardias de Blackwater. Documentos del Departamento de Estado mencionan encubrimiento.
Bagdad, Iraq. Los contratistas de seguridad de Blackwater en Iraq han estado implicados en al menos 195 incidentes en los que han usado armas de fuego desde principios de 2005, incluyendo varios asesinatos previamente no reportados de civiles iraquíes, de acuerdo a un nuevo informe del congreso sobre documentos del Departamento de Estado y la compañía.
De acuerdo a un documento del Departamento de Estado, en uno de esos asesinatos el personal de Blackwater trató de ocultar lo que había ocurrido y entregó un informe falso. En otro caso -el choque de una caravana de Blackwater con dieciocho vehículos civiles- la firma acusó a sus propios empleados de mentir sobre el incidente.
El Departamento de Estado apenas si realizó esfuerzos para exigir responsabilidades del personal de Blackwater, limitándose a presionar a la compañía para que pagara compensaciones económicas a las familias de las víctimas, indican algunos documentos. En un caso en el que un empleado de Blackwater ebrio asesinó a uno de los guardias de seguridad de uno de los vicepresidentes de Iraq en Nochebuena, personal del gobierno de Estados Unidos ayudó a negociar un convenio económico y permitió que el empleado se marchara de Iraq.
Detalles de este y otros incidentes fueron entregados ayer por el presidente del Comité de Control y Reforma del Gobierno de la Cámara, el representante Henry A. Waxman (demócrata de California), después de que el personal del comité estudiara cientos de documentos internos de Blackwater y del Departamento de Estado. Erik Prince, presidente de Blackwater, y David M. Satterfield, coordinador para Iraq del Departamento de Estado, deben declarar hoy ante el comité.
En vísperas de la audiencia, el FBI anunció que enviara un equipo de agentes para ayudar al Departamento de Estado en la investigación del presunto homicidio de al menos once civiles iraquíes por personal de Blackwater el 16 de septiembre.
Ese incidente provocó controversias en Washington y la exigencia del ministerio iraquí del Interior de que Blackwater cesara sus operaciones en Iraq y entregara a los responsables para ser procesados. El ministerio fue entonces desautorizado por el primer ministro Nuri al-Maliki, que aceptó una investigación conjunta de Estados Unidos y el gobierno iraquí. El FBI participará en una pesquisa aparte que será dirigida por el Servicio de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado.
Waxman y otros detractores han dicho que el Departamento de Estado, que ha pagado a Blackwater casi mil millones de dólares por labores de seguridad en Iraq, permitió que la compañía operara con impunidad. "En los documentos que ha estudiado el comité, no hay evidencias", dice un memorándum dado a conocer por los demócratas, "de que el Departamento de Estado intentara limitar las acciones de Blackwater, haciendo surgir temores sobre la cantidad de incidentes en los que han estado implicados empleados de Blackwater o sobre la alta tasa de incidentes provocados por la compañía, ni ha investigado a contratistas de Blackwater para ser investigados".
En total, indican los documentos, Blackwater ha despedido a 122 empleados de su contrato con el Departamento de Estado. De acuerdo a Prince, actualmente la compañía tiene unos mil empleados en Iraq.
La compañía, en una declaración dada a conocer ayer tarde, prometió completa cooperación con la investigación del FBI sobre el incidente del 16 de septiembre. "Blackwater USA ha sido siempre un fuerte partidario de la rendición de responsabilidades de los contratistas y este último paso es una decisión positiva", dice la declaración.
En su declaración escrita, Prince dijo que Blackwater opera bajo "circunstancias difíciles y peligrosas" y su trabajo asegura que "más militares norteamericanos estén disponibles para luchar contra el enemigo". Dice que la compañía "cumple con todas las condiciones y términos contractuales relevantes" y leyes correspondientes y ha sido objeto de "acusaciones negativas y sin fundamento presentadas como verdades".
Los republicanos en el comité pidieron a Waxman sin éxito que pospusiera la audiencia de hoy hasta que se completen las investigaciones. En su propio memorándum de ayer, lo acusaron de "precipitarse a prejuzgar y a determinar culpabilidades antes de que se conozcan los hechos". Aunque reconocieron que "los problemas surgen del uso de contratistas militares privados", advirtieron contra los intentos de presentar el incidente como "el Abu Ghraib del Departamento de Estado".
Basándose en más de 437 documentos de Blackwater y un "número limitado de informes sobre incidentes y documentos del Departamento de Estado", el memorándum de los demócratas dice que el personal de Blackwater ha participado en 195 incidentes en los que hicieron uso de sus armas de fuego, en los que Blackwater disparó primero en más del 80 por ciento de los casos. El resultado fueron al menos dieciséis víctimas iraquíes.
Funcionarios del Departamento de Estado dijeron que la secretario de Estado, Condoleezza Rice pidió la intervención del FBI para asegurarse de que no surjan apariencias de "prejuicios institucionales" en la investigación del departamento de sus propias acciones. Dijeron que Rice estaba determinada a llegar hasta el fondo del incidente del 16 de septiembre y a asegurarse de que el departamento, que emplea en Iraq a Blackwater y otras dos compañías de seguridad privadas, pueda proteger a diplomáticos norteamericanos mientras las compañías acatan estrictamente las estipulaciones de sus contratos.
En un incidente del 24 de junio de 2005 -mencionado en un memorándum de la embajada norteamericana que fue citado por el comité y obtenido por el Washington Post-, un grupo de guardias de seguridad de Blackwater en la ciudad de Hilla, al sur de Bagdad, mataron a balazos a un civil que estaba parado en la acera por donde pasaban los contratistas. "En este caso, el destacamento de seguridad no informó sobre el incidente, lo ocultó, y fueron subsecuentemente trasferidos" de la ciudad, escribió un oficial de seguridad de la embajada en un informe del 1 de julio de 2005.
El oficial, que se reunió con la familia de la víctima, dijo que "tres mil dólares es la cantidad habitual que pagan las fuerzas armadas norteamericanas" en casos de muerte accidental, "y dos mil dólares adicionales es apropiado, dada la naturaleza del incidente, pues se trata de la muerte accidental de un ciudadano iraquí inocente".
En un incidente del 24 de octubre de 2005 en Mosul, una ciudad al norte del país, que aparece descrito en documentos de la compañía, personal de Blackwater disparó contra un vehículo que parecía que se interpondría en su ruta. Una de las balas atravesó el coche e impactó en la cabeza a un transeúnte. Blackwater informó "el incidente y probable muerte", pero no informó sobre intentos de ayudar a la víctima o su familia.
Un documento de Blackwater del 28 de noviembre de 2005 informaba que la compañía había "despedido" a dos de sus empleados después de que una caravana de automóviles que protegían "colisionó o entró en contacto con unos dieciocho vehículos -seis vehículos en ruta" al ministerio iraquí del Petróleo y "doce vehículos en la dirección contraria". Blackwater estimó las colisiones como "actos de negligencia" y dijo que las declaraciones escritas de los dos empleados eran "inválidas, imprecisas y, en el mejor de los casos, descripciones deshonestas".
El 26 de septiembre de 2006, un convoy de Blackwater escoltaba una limusina diplomática que avanzaba por el lado equivocado de la carretera, y un conductor civil perdió el control de su vehículo en su intento de esquivarla y apartarse. El coche civil impactó en la limusina y chocó contra un poste junto a la carretera. El equipo de Blackwater evacuó la limusina, inutilizó su equipo de radio con disparos y se marcharon.
"El Equipo 46 debería haber prestado ayuda al vehículo local nacional", escribió Blackwater en un informe sobre el incidente. "Sin embargo, el vehículo estalló en llamas casi inmediatamente".
Un informe sobre el incidente escrito por una compañía de seguridad norteamericana, la Triple Canopy, describe la muerte de un guardia de seguridad de uno de los vicepresidentes como "homicidio". En su propia evaluación, Blackwater menciona que el empleado violó las reglas en cuanto al estado de ebriedad y uso de armas de fuego en esas condiciones. Calculando su propio castigo, la compañía determinó que "dada la naturaleza escandalosa de esta infracción, debería prohibírsele toda posterior asociación con Blackwater y se pedirá que se le revoque su permiso para trabajar en seguridad".
En su propio informe preliminar, la embajada observó que "el oficial de seguridad regional... autorizó la libertad del señor [el nombre fue borrado] y su traslado a Blackwater USA".
Aunque un alto funcionario de la embajada sugirió primero que la compañía pagara entre cien mil y doscientos cincuenta mil dolares a la familia de la víctima, informaba el memorándum del comité, un funcionario de la seguridad diplomática consideró esas sumas "estrafalarias" y sugirió que provocaría que los iraquíes "trataran de ser matados para ayudar a sus familias a establecerse económicamente". Finalmente Blackwater pagó quince mil dólares, que el Departamento de Estado ayudó a hacer llegar a la familia.

7 de octubre de 2007
©washington post
©traducción mQh
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obligados a matar por cuotas


[Ned Parker] Miembros de una unidad del ejército norteamericano en Iraq dicen que fueron presionados por sus superiores para producir más muertes.
Bagdad, Iraq. Ahí estaban finalmente, curtidos soldados de combate, con orden de arraigo en una base militar lejos de los palmares, canales y esteros donde merodeaban antes.
Pero al menos por un instante esta semana, fueron todavía los Demonios Pintados, la unidad de elite de francotiradores que infundían miedo en el llamado Triángulo de la Muerte al sur de Bagdad. Eso no se los podían quitar: no disolviéndolos, como había hecho el ejército, y ni siquiera con los juicios por homicidio de tres de sus miembros en el Campamento de la Victoria.
Rodearon al sargento Evan Vela, cuya vista preliminar por cargos de homicidio empezó el domingo en la mañana. Vela, un corpulento hombre de 23 años, los abrazó calurosamente, sonriendo y riendo. No se parecía en nada al hombre que se había quebrado en el estrado de los testigos algunos antes, en el juicio de otro francotirador. Entonces había dicho con una voz apenas audible que había disparado dos veces a bocajarro contra un iraquí detenido, impactándolo en la cabeza, según dijo por órdenes del sargento segundo Michael A. Hensley, el comandante de los Demonios Pintados.
Entrevistas y transcripciones judiciales demuestran que la unidad de francotiradores de trece hombres estaba operando con órdenes de causar un alto número de bajas, una medida de la época de la Guerra de Vietnam que el Pentágono había desautorizado oficialmente para esta guerra. Los documentos describen a una unidad de francotiradores cuyas definiciones de lo correcto e incorrecto eran borrosas: gracias a Hensley, si se ha de creer a los procuradores del ejército; gracias al ejército, si se ha de creer a los acusados.
La principal línea de defensa para Vela y Hensley es impactante: En su celo para que los francotiradores reportasen más muertes, oficiales del Primer Batallón del Regimiento de Infantería 501 implementaron presuntamente un programa en el cual se abandonaban armas como ‘cebo', permitiendo que los francotiradores mataran a cualquiera que se acercara a recogerlas. Eso, dicen los abogados de la defensa, condujo a una relajación de las reglas de combate que ahora el ejército dice que es equivalente a homicidio.
El Pentágono ha rechazado las acusaciones sobre la colocación del ‘cebo' y está tratando los tres juicios como casos aislados de soldados renegados.
"No sé lo lejos que llega este programa de provocaciones en la cadena de mando. Sé que el gobierno está tratando de reducirlo al más bajo nivel posible", dijo el abogado de Vela, James Culp.
"Nuestro gobierno está pidiendo a nuestros soldados y marines que tomen decisiones morales en las condiciones más horrorosas que se pueda imaginar", agregó Culp. "Cuando al gobierno no le gustan los resultados, aíslan y denigran a los soldados mientras ellos mismos se ocultan detrás de autorizaciones, clasificaciones y expectativas poco razonables".
Cuando Hensley se unió a los exploradores del ejército en marzo, lo precedió su reputación: Había sido francotirador en Afganistán. En 2002 ganó un torneo de tiro del ejército.
Mide un metro 92, es musculoso, y llegó con la cabeza rapada y tatuajes de dragones y otros símbolos. Los soldados dijeron que a Hensley se lo quiere o se lo odia. No hay término medio. En palabras de sus soldados, "el tipo era cien por cien del ejército". Nadie más se acercaba tanto. Si sus hombres cargaban 45 kilos en sus mochilas, el cargaba noventa. Ese era el sargento Hensley.
"Sabes, si estabas en un pantano y lo veías avanzando apenas por ese terrible terreno, seguro decías: ‘Dios mío, ese tío está loco. ¿Qué pasa con él?'", dijo el especialista Joshua Michaud en la vista inicial de Hensley en julio.
La policía iraquí empezó a llamar ‘Demonios Pintados' a los francotiradores debido al modo en que Hensley usaba maquillaje de camuflaje trazando rayas de tigre en su cara.
"Es el tipo de hombre sobre los que se hacen películas. Sabes, el tipo que es simplemente tan bueno en su trabajo que no lo puedes eludir", agregó Michaud.
Pero los hombres reconocieron en sus testimonios que conocían el lado oscuro de Hensley. Poco después de Navidad, su ex compañero de cuarto en Ft. Richardson, Alaska, murió en un atentado con bomba en Bagdad. Unos meses después su novia se suicidó. Si sintió pena, no lo demostró. Les dijo que se ocuparía de eso cuando se marcharan de Iraq. Ahora, dijo, quería que vivieran.
Había una cuestión moral planeando sobre el equipo de francotiradores antes de que llegara Hensley, dijeron sus miembros. Si les habían autorizado a dejar materiales para montar bombas y otros accesorios, y luego ocultarse a esperar que alguien se acercara a recogerlos para matarlo, ¿no podían igualmente colocar los accesorios después de haber matado a alguien?
El sargento primero Steve Kipling, el predecesor de Hensley, había ampliado la pregunta, recordó el sargento Anthony Murphy. "Él dijo: ‘¿Deberíamos hacerlo, qué piensas? ¿Deberíamos hacer que el cuerpo se viera más ‘culpable'?'"
La respuesta en el código de conducta militar norteamericano es un inequívoco no.
Pero los comandantes estaban insatisfechos con los resultados de los francotiradores, y les presionaban para mejorar esos resultados, dijeron miembros de la unidad.
"Estuvieron enfadados con los exploradores y francotiradores hasta marzo", dijo Murphy en una declaración ante el tribunal en julio. "Parece que pensaban: ‘¿Qué estáis haciendo tan mal allá? ¿Qué pasa?'" Las instrucciones para los francotiradores en los pantanos parecían implicar que estaba bien si las reglas de combate se interpretaban de manera amplia, especialmente en cuanto al uso de fuerza letal cuando estaban siendo atacados, dijeron los soldados. "Teníamos que encontrar un modo de eliminar a los tipos malos de la manera correcta y sin embargo seguir desempeñando correctamente nuestras funciones militares", dijo Michaud. "Pero si lo estiramos un poquito más, sabes: ‘Hey, ¿te sentiste amenazado?' De eso se trataba: ‘Sí, me sentí amenazado'. Entonces está bien'".
Con Hensley, la tasa de bajas causadas por la unidad de francotiradores aumentó. En los cinco meses y medio previos a su llegada, sólo se había registrado una baja causada por los francotiradores. En la primera misión de Hensley, la unidad mató a cinco iraquíes. Los soldados atribuyeron el éxito a su formación y práctica. También tenía una estrecha relación con el sargento mayor, uno de los altos oficiales enrolados en el batallón, dijeron los soldados. Los abogados de la defensa dicen que la práctica de la provocación la propuso el sargento mayor y el comandante del batallón, si no autoridades todavía más arriba.
Pero la creciente tasa de bajas provocó más control. Después de que dos especialistas de la unidad de francotiradores fueran sorprendidos durmiendo durante la guardia, alertaron a los oficiales del ejército sobre lo que sospechaban que era el programa de provocaciones.
La unidad de francotiradores fue investigada por tres incidentes. Hensley está acusado del asesinato de un hombre desarmado el 14 de abril y de ordenar al especialista Jorge G. Sandoval Jr., el 27 de abril, que matara a un hombre desarmado que estaba cortando el césped con una guadaña. Ambos Hensley y Vela son acusados por el asesinato el 11 de mayo de un iraquí que había dado casualmente con la posición de los francotiradores.
Los cargos de homicidio contra Sandoval fueron retirados la semana pasada. Fue condenado por mala conducta, por plantar una cuerda de detonador en el cuerpo del hombre con la guadaña.
La unidad -y todavía se consideran una unidad- está enfadada por lo que les ocurrió. Acusan a otros. El sargento Richard Hand, que estaba en la misión del 11 de mayo durante la cual Vela mató al iraquí, arremetió contra los fiscales y el comando del ejército durante su testimonio en julio. Criticó a los oficiales por no entender la vida de los equipos de francotiradores, que sobreviven en el campo iraquí gracias a su ingenio.
"Si no has estado nunca al otro lado de la alambrada, realmente no tienes base, no tienes base para juzgar lo que hago o dejo de hacer. No has estado nunca en una situación de vida o muerte, en la que tienes que depender del tipo que está a tu lado", dijo Hand.
"En mi opinión, la gente que se queda atrás no están participando mentalmente en la partida. No han estado nunca allá".

ned.parker@latimes.com

7 de octubre de 2007
5 de octubre de 2007
©los angeles times
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escisión y retirada en irak


[E. J. Dionne Jr.] Para salir de Iraq.
Asombrosamente, la semana pasada 26 senadores republicanos rompieron con la política iraquí del presidente Bush. Pero es probable que usted no lo haya advertido, y no es su culpa.
La resolución del senador Joe Biden proponiendo una solución federal del caos en Iraq -conocida también como la ‘división blanda'- no causó apenas reacción, aunque fue aprobada por 75 contra 23 votos. Parece que hay mucho más interés en cómo va la recaudación de fondos de Hillary Clinton, Barack Obama y John Edwards.
La votación sobre la propuesta de Biden de devolver el poder a las regiones iraquíes y a los tres grupos principales, podría convertirse en una piedra angular en los intentos para terminar la guerra. Fue también un reflejo de la frustración existente en el campo republicano con el gobierno iraquí y la conducción de la guerra por Bush.
Desde el principio, Bush ha insistido en que la actual cosecha de políticos iraquíes podría alcanzar la paz entre chiíes, sunníes y kurdos y dirigir un gobierno central fuerte. Pero esa idea es cada vez más improbable. Las obras del gobierno (en contraste con sus palabras) son una admisión tácita de fracaso.
Los reclamos de éxito con respecto al aumento del nivel de tropas descansan en gran parte en la alianza entre tropas norteamericanas y jeques sunníes en la provincia de Anbar para luchar contra al-Qaeda y otros grupos de la resistencia. Sin embargo, este acuerdo de base no tiene nada que ver con un gobierno central fuerte y puede incluso trabajar contra este.
En una entrevista, Biden dijo que no le sorprendía que tantos republicanos apoyaran su resolución no vinculante. No cree que hay siquiera "doce republicanos" que todavía piensen en privado que "la presencia norteamericana en Iraq hará posible un gobierno central fuerte".
El mayor problema con el federalismo -Biden rechaza el término ‘escisión', pues cree que un gobierno central más débil es el único modo de mantener incluso una apariencia de unidad en el país- es que los iraquíes mismos no han hecho a la idea. Durante el fin de semana, el gobierno iraquí condenó en duros términos la acción del senado. Escisión o descentralización, no podrán imponerla fácilmente ni Estados Unidos ni sus aliados
Esto no impide que Biden, que se unió ayer a su co-patrocinador el senador Sam Brownback (republicano de Kansas) al pedir una reunión con Bush para tratar la resolución. Biden insiste en que la lógica de la descentralización está ganando terreno entre los iraquíes, pese a lo que dice su gobierno, y menciona un encuentro con un prominente líder sunní durante una visita reciente a Iraq. Poco después de criticar públicamente las propuestas de descentralización de Biden, este líder le dijo a Biden en privado: "Mi corazón está en guerra con mi cabeza". Biden dijo que los iraquíes veían la descentralización como el único modo práctico de salir del caos actual. El personero agregó: "Necesito tiempo para convencer a mi gente".
La claridad de Biden es un reto no solamente para Bush, sino también para Clinton, Obama and Edwwards. En un debate el miércoles pasado, todos ellos rehusaron prometer que las tropas norteamericanas en Iraq dejarán ese país antes del fin de sus mandatos. ¿Si las tropas permanecen allá, que estrategia propondrán? ¿Si no es el federalismo, la ‘división blanda', qué será entonces? Clinton, dicho sea de paso, votó por la resolución de Biden, mientras que Obama no llegó a votar. ¿Será el federalismo también la opción de Clinton?
Y si Biden está aumentando la presión sobre los favoritos en una dirección, el gobernador Bill Richardson de Nuevo México está empezando a ganar ímpetu sobre la izquierda con su compromiso de retirar todas las tropas "en seis a ocho meses", como escribió el mes pasado en el Post.
Es asombroso que Richardson, cuyas opiniones sobre política nacional están, según criterios convencionales, a la ‘derecha' de la derecha, se pudiera transformar en el favorito de la izquierda. Pero ha estado aumentando en las encuestas en Iowa y New Hampshire, en parte debido a una efectiva campaña de anuncios, y ahora tiene la posibilidad de hacerse con los votos contra la guerra.
John Nichols, uno de los analistas electorales más perspicaces, dijo en la edición del 8 de octubre de The Nation, que "el avance de Richardson" hará difícil que los favoritos "sigan eludiendo las preguntas centrales de la guerra".
Los candidatos demócratas más importantes podrían argüir que Bush ha provocado tanto caos en Iraq que las soluciones nítidas y aparentemente novedosas ofrecidas por Biden y Richardson simplemente no son operacionales.
Pero no se puede eludir lo importante que es Iraq para muchos votantes demócratas. Están buscando alternativas bien definidas a la receta de Bush de enviar más tropas. Biden y Richardson están tratando de hacerse camino ofreciendo visiones bastante diferentes de un futuro que quizás nos permita marcharnos.

4 de octubre de 2007
2 de octubre de 2007<br>©traducción <b>mQh</b><br>©washington post
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mataron por placer


[Ned Parker] Soldado describe asesinato de iraquí desarmado. Uno de los tres miembros de un equipo de francotiradores hizo una compungida confesión durante su declaración en la corte marcial de un compañero.
Bagdad, Iraq. El sargento del ejército norteamericano, Evan Vela, habló en voz baja el jueves en el tribunal militar de un compañero soldado. Las lágrimas corrieron por las mejillas del hombre de 23 y el juez le conminó a hablar más alto.
El 11 de mayo, el equipo de francotiradores de Vela detuvo a un iraquí cerca de Jarf Sakhr, dijo Vela. El sargento Michael A. Hensley desató las cuerdas que sujetaban los brazos del prisionero y le preguntó a Vela si estaba listo, dijo.
El nativo de Idaho de pelo negro dijo al tribunal que en ese momento no estaba seguro de qué quería decir su superior. Vela dijo que Hensley acarició la cabeza del iraquí, le estiró su turbante, luego se alejó de Vela, que cogió una pistola de nueve milímetros.
"Oí la orden de disparar. No recuerdo haber jalado el gatillo. Simplemente miré y el tipo estaba muerto. Me tomó un segundo darme cuenta que el tiro salió de la pistola que estaba en mi mano", dijo Vela.
Vela es uno de los tres soldados del mismo equipo de francotiradores que están acusados de homicidio premeditado en tres ocasiones esta primavera. Sus casos han contribuido a una imagen de tropas mentalmente exhaustas y el rol que pueden haber jugado en un ‘programa de señuelos', en el que según se cree los francotiradores plantaron armas y materiales para hacer bombas, y luego mataban a todo aquel que los recogiera.
La presunta táctica fue revelada en la vista en julio que finalmente envió a Hensley y el especialista Jorge G. Sandoval Jr. a corte marcial por cargos de homicidio. El Pentágono se niega a hablar públicamente del programa de señuelos y otras tácticas semejantes, pero insiste en que las prácticas militares están dentro de la ley.
"Mi cliente no es un asesino. Es una víctima", dijo James Culp, el abogado civil de Vela, que sospecha que el programa de señuelos contribuyó al asesinato de un iraquí el 11 de mayo.
"Las reglas de combate son difíciles en los mejores días. Las reglas de los francotiradores son dos veces más difíciles", dijo Culp. "No puedes enturbiar las reglas de combate de los francotiradores sin sufrir las consecuencias".
Vela hizo su sorpresiva confesión el jueves en el segundo día de la corte marcial de Sandoval por cargos de homicidio, abandono del deber y negligencia. Sandoval también está acusado de homicidio en la muerte de otro iraquí en la misma región al sur de Bagdad; está acusado de colocar un alambre de detonación en el cuerpo. Como Vela y Hensley, puede ser condenado a prisión perpetua.
Vela, que viajó desde un centro de detención en Kuwait para declarar por la defensa, dijo al tribunal que Sandoval estaba de guardia en una gasolinera cercana en el momento en que se ejecutaba al iraquí.
A Vela le prometieron que sus declaraciones no serían usadas en el caso de Sandoval cuando empiece su juicio por su presunto rol en el asesinato.
Pero la primera vista de Vela se ha retrasado por sus problemas con estrés post-traumática. Dijo que tiene recuerdos repentinos y alucinaciones y está tomando medicamentos antipsicóticos y antidepresivos.
La versión del jueves de Vela mostró a una unidad que había dormido poco y había perdido el control. En tres días, dijo, había dormido menos de cuatro horas.
La misión -vigilar la casa de un militante y apoyar operaciones de tropas en las cercanías- empezó el 8 de mayo, dijo Vela.
El terreno al sur de Bagdad, cerca de Jafr Sakhr, es una mezcla de pantanos, canales llenos de aguas residuales y hierbas crecidas. Los cinco hombres llevaban mochilas, que llaman sucks, cada una de 67 kilos y medio. Después de dos días, dijo Vela, uno de los soldados fue enviado a retaguardia después de recibir dos veces tratamiento intravenoso para el agotamiento por calor.
Vela dijo que la mañana del 11 de mayo él estaba aturdido. No podía recordar el jueves cómo había llegado el iraquí al lugar donde estaban durmiendo las tropas. El hombre simplemente se materializó, dijo.
Vela no sabía qué hacer, así que despertó a Sandoval, que le dijo que siguiera apuntando al hombre mientras Sandoval despertaba a los otros, dijo Vela. Colocaron al hombre en el suelo y lo registraron, dijo.
Hensley parecía agitado al despertar y golpeó al hombre con la rodilla por la espalda, dijo Vela. Luego Hensley cogió al hombre por la boca y amenazó con matarlo, dijo. Entonces Hensley amarró al iraquí por las manos por detrás, y envió a Sandoval y su colega a custodiar una gasolinera cercana, dijo.
Vela dijo que oyó a Hensley llamar por radio al comandante de su pelotón y decirle que había visto a un hombre corriendo con un rifle automático.
Un niño se acercó al campamento y Hensley lo sujetó brevemente contra el suelo, con un poncho sobre la cabeza, dijo Vela. Finalmente soltó al niño, que miró al iraquí y lo llamó "padre". Entonces huyó.
Vela dijo que pensó que iban a dejar marcharse al hombre, pero Hensley llamó al comandante del pelotón y dijo que vio a un "nacional sospechoso" avanzando hacia su posición. Hensley pidió permiso para disparar a matar, recordó Vela. "En ese momento, yo estaba realmente confuso sobre lo que estaba oyendo", dijo Vela.
El único otro soldado en la escena estaba tan fatigado que durmió durante todo el revuelo, dijo Vela.
Entonces Hensley le dio a Vela orden de disparar contra el iraquí, dijo Vela.
Una vez hecho, dijo Vela, vio a Hensley coger un rifle AK-47 de su mochila y colocarlo junto al hombre agonizante. Hensley llamó por radio a su capitán y le dijo que habían detectado AIF, que en la jerga militar quiere decir disparar contra insurgentes.
El iraquí tuvo una convulsión más. La sangre cubría su cara y su barba.
"El sargento Hensley estaba como riéndose sobre el asunto. Le pegó en la garganta y dijo, dispárale de nuevo, lo que hice", dijo Vela al juez.
Dirigiéndose a la corte, la voz de Vela fue bajando hasta convertirse en un susurro y sus lágrimas continuaron rodando, así que el juez llamó a receso.
La corte llamó al sargento primero Tarrol Peterson, el hombre a cargo de la escuela de francotiradores del ejército norteamericano en Fort Benning, Georgia.
"Como francotiradores, miramos por un catalejo", dijo. "Es muy diferente a dispararle a alguien a cien metros con un rifle corriente. Cuando los francotiradores cometen un error, lo cometen feo".

ned.parker@latimes.com

29 de septiembre de 2007
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negocio arriesgado


[John F. Burns] El letal juego de la seguridad privada.
Cambridge, Inglaterra. Un sofocante día de verano en Bagdad hace unos años, un alto oficial norteamericano en camino a una revisión de tropas en el campo iraquí se aprestaba a abordar un Black Hawk en la pista de aterrizaje para helicópteros en la Zona Verde de Bagdad, el recinto del comando.
Con no disimulado desdén, fijó su mirada al otro lado del concreto en dos pequeños helicópteros que se elevaban desde un hangar operado por Blackwater USA -la compañía privada de seguridad cuyos hombres, mientras protegían un convoy diplomático norteamericano, estuvieron implicados en una balacera en Bagdad que dejó al menos ocho civiles muertos y, de acuerdo a un informe del gobierno iraquí, quizás veinte.
En un estilo ahora familiar para muchos de los que viven debajo de los cielos de Bagdad, había un francotirador de Blackwater con pantalones caqui, y camiseta y chaleco antibalas haciendo juego, a cada lado del helicóptero, inclinándose hacia afuera. Con sus armas automáticas en posición de batalla, sus pies plantados en la plataforma metálica del helicóptero, y con sólo una delgada correa conectándolos al artefacto, se veían como si estuvieran recreando a postas las películas de Arnold Schwarzenegger y Jean-Claude Van Damme.
Blackwater defiende sus instrucciones de vuelo raso y postura en posición de combate como un poderoso disuasivo de ataques contra oficiales norteamericanos que deben cruzar las calles de la capital. Pero esa posición se ha convertido, para los críticos de la compañía, en una característica de su musculosa vistosidad.
Mientras las máquinas de Blackwater limpiaban la zona de aterrizaje ese día, el oficial norteamericano se inclinó hacia su acompañante y, por encima del estruendo de los rotores del Black Hawk, expresó su desprecio. "Todavía me queda una ambición", dijo, "y es ver caer uno de esos juguetes de tómbola".
Desde el momento en que llegaron a Iraq en 2003, en los talones de la invasión norteamericana, gran parte de sus operaciones parecen teñidas de un agresivo machismo que ha llevado a críticos, incluyendo a muchos en las fuerzas armadas norteamericanas, a desechar sus operativos -y contrapartes de al menos otras 25 compañías privadas de seguridad, con un personal combinado de entre veinte a treinta mil personas- como "cowboys", "mercenarios" y otros términos todavía más duros.
En parte, el descrédito se deriva del desprecio con que miran los militares profesionales a los mercenarios -especialmente a aquellos que ganan, como algunos contratistas en Bagdad, hasta mil dólares al día por sus habilidades y riesgos, por los que un soldado norteamericano recibe menos de una décima parte de eso. Ni siquiera un general de cuatro estrellas gana eso.
Los defensores de los contratistas de seguridad contraatacan señalando el profesionalismo de los guardias. Los más bien pagados aprendieron sus capacidades en unidades como los Navy Seals, la Fuerza Delta del ejército, y unidades equivalentes en las fuerzas armadas británicas, australianas, sudafricanas y otras.
Con raras excepciones, los hombres se ven y actúan como guardias, con los antebrazos llenos de tatuajes, pelo cortado al rape o cabezas rapadas, y un aire taciturno que desalienta todo intercambio, excepto los mensajes más crípticos, con desconocidos. El valor de sus capacidades, dicen sus defensores, lo indica la disponibilidad del Pentágono de pagar a los soldados de Fuerzas Especiales un bono de realistamiento de hasta 150 mil dólares. Pero eso y más se puede ganar en un año de salario en compañías como Blackwater.
No se puede evitar el hecho de que estos guardaespaldas cumplen funciones que son peligrosas e indispensables. Blackwater tiene un contrato con el Departamento de Estado para proteger a funcionarios estadounidenses, incluyendo al embajador.
Esos funcionarios se encuentran entre los individuos más amenazados en Iraq; sin embargo, ningún alto funcionario americano ha sido asesinado, mientras que el asesinato de importantes funcionarios iraquíes se ha convertido en algo de todos los días.
Con otros contratistas de seguridad -especialmente las compañías americanas DynCorp International y Triple Canopy, y las británicas Aegis Security y Erinys International-, Blackwater opera en un paisaje de pesadilla.
Ningún viaje fuera de la Zona Verde es ni remotamente segura. El enemigo acecha en todas partes entre la población. Los atacantes no muestran piedad por los transeúntes inocentes, que por lo general son muchos más que los blancos. Cada misión conlleva la amenaza de bombas improvisadas, ataques suicidas con coches y camiones llenos de explosivos, y emboscadas de los insurgentes.
Las cifras fiables son elusivas, pero las citadas por conocidos de la industria de la seguridad sugieren que en Iraq han muerto más de cien contratistas, y decenas más han resultado heridos.
Contra esto, los críticos señalan patrones de imprudencia en el uso de fuerza letal, de un tipo que el gobierno iraquí y algunos testigos iraquíes han denunciado -y Blackwater ha negado- en el episodio del domingo noche en la plaza de Nisour en Bagdad. Mientras los vehículos blindados de Blackwater que acompañaban a diplomáticos fueron enviados para cerrar el tráfico en la plaza, un coche no obedeció la señal de alto de policía, y fue acribillado, una pasajera y un bebé en sus brazos. Hay contradicciones sobre el tiroteo subsiguiente y sobre si fue personal de Blackwater, insurgentes o tropas iraquíes en las cercanías las que causaron las muertes.
Una pesquisa posterior del gobierno iraquí concluyó que Blackwater eran "cien por cien culpable" en los asesinatos y personeros de gobierno exigieron el fin de las actividades de Blackwater. La compañía respondió que sus contratistas respondieron en defensa propia. Después de una suspensión de cuatro días, un compromiso el viernes permitió a Blackwater reanudar sus "misiones esenciales" mientras una comisión iraquí-norteamericana prosigue la investigación.
Para los que han estudiado las operaciones de las compañías privadas de seguridad en los últimos cuatro años, la única sorpresa real fue que la crisis tomó tanto tiempo en llegar. Las semillas se sembraron en el primer año de la ocupación norteamericana, cuando un decreto del administrador norteamericano L. Paul Bremer III eximió a las compañías de seguridad y sus empleados de responsabilidad bajo la ley iraquí por las muertes o lesiones causadas en la ejecución de sus deberes. Aunque el Congreso instruyó en 2005 al Pentágono que pusiera a los contratistas bajo el Código de Justicia Militar, no se ha hecho nada, lo que ha dejado a los contratistas en una tierra de nadie, en realidad, libres de tratar Iraq como una zona de combate.
No se ha hecho público ningún registro de los civiles inocentes muertos a manos de los contratistas. Pero una mirada en la dimensión la ofreció un general norteamericano que lleva su propio conteo, el general de brigada Karl R. Horst, de la Tercera División de Infantería; contó al Washington Post en 2005 que había contado al menos una docena de tiroteos de civiles en Bagdad entre mayo y julio de ese año, con seis muertes iraquíes.
"En este país esos tipos andan sueltos y hacen cosas estúpidas", citó el diario al general. "Nadie tiene autoridad sobre ellos".
Pero los críticos dicen que el centro del problema reside en la creencia que los contratistas de seguridad comparten con los militares norteamericanos, y que eleva la ‘fuerza de protección' a algo cerca de lo absoluto. Esto, dicen los críticos, tiene el efecto de poner el rescate de vidas americanas por encima de evitar los riesgos a iraquíes inocentes. Esta actitud tiene sus orígenes en Vietnam, cuando las horrorosas pérdidas en combate de Estados Unidos dejaron a varias generaciones de comandantes norteamericanos con el instinto de aplicar rápidos incrementos de poder de fuego -lo que los militares llaman una ‘escalada de fuerza'- con el objetivo de evitar las bajas norteamericanas.
Después de algunos de los incidentes más mortíferos en Iraq, especialmente el asesinato cometido por marines de 24 civiles iraquíes en Haditha en noviembre de 2005, el comando americano puso en práctica nuevas restricciones a la escalada de fuerza que tuvo el efecto de reducir fuertemente los incidentes en los que las tropas disparaban contra civiles.
Pero el cambio tuvo escaso impacto sobre los contratistas de seguridad, cuyas actitudes, espontáneas y libres del temor de tener que rendir cuentas ante la ley, continuaron arrojando una nube de temor y resentimiento entre los iraquíes.
Esto ha tenido el efecto -como han dicho oficiales como el general Horst- de socavar la confianza de los iraquíes en las fuerzas norteamericanas, y en la empresa norteamericana más amplia, ya que muchos iraquíes que sobreviven o son testigos de tiroteos negligentes no distinguen entre americanos en uniforme y otros con los uniformes paramilitares de los contratistas.
Los contratistas dicen que el impacto de sus convoyes blindados, junto con la naturaleza encubierta de los insurgentes, coloca una prima sobre la alta movilidad y rápida respuesta -conducir a alta velocidad y de manera agresiva por las calles de la ciudad y conduciendo a contramano en paseos y autopistas, siempre listo a recurrir al instante, al primer indicio de amenaza, a armas pesadas.
Es una fórmula cargada de potencial para el error. Ser sorprendido en Bagdad en la carretera hacia el aeropuerto por un convoy de seguridad privada a 190 kilómetros por hora, con los contratistas inclinándose por fuera de las ventanillas o por las puertas abiertas con las armas en ristre, blandiendo sus puños en frenéticos ademanes, es una experiencia paralizante incluso para otros occidentales en coches blindados con guardias propias. Para los iraquíes de a pie, sin armas y sin blindados, puede ser puro terror.
En los peores momentos, algunos contratistas han convertido Iraq en un horrible patio de recreo para probar tendencias que han superado la intimidación. En un caso civil en Virginia contra Triple Canopy el mes pasado, dos ex empleados dijeron que su supervisor -como sus demandantes, un veterano de las fuerzas armadas de Estados Unidos- había disparado arbitrariamente contra dos vehículos civiles iraquíes en la carretera hacia el aeropuerto en Bagdad el año pasado, después de decirles que quería "matar a alguien" antes de volver al país por las vacaciones. El supervisor lo niega.
Por qué algunos contratistas recurren a esos extremos es un estudio de la guerra y de los modos en que penetra en los lados más oscuros de la naturaleza humana. En las unidades militares donde adquirieron sus armas y capacidades tácticas, los hombres que provocan caos en las calles y autopistas de Iraq estaban sometidos a controles más estrictos -como dijo un ex soldado que trabaja en seguridad en Iraq y no quiere ser identificado en una nota privada a este periodista:
"Ser motivado, y también de algún modo limitado por las operaciones de la historia, y ser parte de algo más grande, colectivo y, creemos, justo", escribió este hombre. "Pero ser un contratista de seguridad anula gran parte de tapicería sociológica y política, y la remplaza con dinero".

27 de septiembre de 2007
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detienen a alto funcionario


[Sam Enríquez] Agente de inteligencia está acusado de ordenar la detención y tortura de sunníes en Bagdad como miembro de una milicia chií.
Bagdad, Iraq. Soldados iraquíes arrestaron el jueves a un alto funcionario de policía por sospechas de atacar a árabes sunníes en la capital para arrestarlos y torturarlos a nombre de las milicias chiíes radicales, así como para cobrar rescate.
La detención subrayó las profundas divisiones sectarias y temores sobre el grado en que los grupos extremistas han infiltrado las instituciones iraquíes responsables de la protección de los ciudadanos.
El coronel Thamir Mohammed Ismail Husseini, también conocido como Abu Turab, era el agente de inteligencia de la Segunda Sede Nacional de Policía. Está acusado de dirigir a agentes federales para detener a sunníes en puestos de control al oeste de Bagdad, dijeron fuentes militares.
Se dice que Husseini ordenó a los agentes maltratar a sus prisioneros y obligarlos a hacer confesiones y a pedir rescate por ellos. También tenía acceso a fuentes de inteligencia que usaba contra fuerzas norteamericanas e iraquíes, dijeron los militares en una declaración.
En julio oficiales dijeron que Husseini estaba relacionado con la milicia Ejército Mahdi, que obedece al clérigo musulmán chií Muqtada Sáder. También dijeron que el personal de Husseini permitía que los detenidos chiíes salieran rápidamente en libertad mientras los reos sunníes languidecían en condiciones de hacimiento y poco higiénicas.
Desde mayo, once miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes han sido arrestados por sospechas de estar implicados en actividades ilegales, dijeron los militares.
"La detención del coronel Thamir es una medida preventiva para eliminar la influencia de las milicias ilegales, el sectarismo y las actividades criminales en las fuerzas de seguridad iraquíes", dijo el mayor Scott Nelson, en una declaración.
Fuerzas norteamericanas e iraquíes rara vez entregan detalles sobre la detención o muerte de iraquíes acusados de tener lazos con grupos extremistas. La ausencia de revelaciones públicas hace difícil que un extranjero distinga las lealtades sectarias en las fuerzas de seguridad.
También el jueves las fuerzas armadas norteamericanas dijeron que habían detenido a un iraní supuestamente implicado en el transporte de explosivos para ser usados contra fuerzas de seguridad iraquíes y norteamericanas, así como en el adiestramiento de terroristas por encargo de la Guardia Revolucionaria iraní.
El sospechoso, Aghawi Farhadi, fue uno de los tres hombres detenidos al amanecer en un hotel de Sulaymaniya, una ciudad predominantemente kurda en el norte de Iraq, dijeron testigos. Unos veinte soldados norteamericanos llegaron en vehículos particulares y entraron el hotel Sulaymaniya Palace a eso de las cuatro y media, dijeron testigos.
Los otros dos detenidos fueron dejados en libertad, dijeron testigos. Farhadi estaba de visita como miembro de una delegación comercial iraní.
Las autoridades norteamericanas no entregaron detalles de las detenciones, ni de las evidencias que relacionan a Farhadi con materiales para hacer bombas capaces de perforar blindados. Oficiales estadounidenses dicen que las municiones son iraníes.
En Bagdad, el teniente general de ejército, Raymond T. Odierno, el segundo jefe militar en Iraq, dijo en una rueda de prensa el jueves que los coches bomba y atentados suicidas habían descendido a su nivel más bajo este año. El promedio de asesinatos por día cayó de 32 a casi una docena, dijo, basándose en datos dados a conocer en la semana.
Pese a la baja, "yo diría que tampoco está en los niveles que queremos. Todavía hay demasiadas bajas civiles en Bagdad y en Iraq", dijo Odierno.
Al este de Bagdad, un grupo de militantes mataron a balazos al juez presidente de un tribunal penal local, Mustafa Kadhim Jawad, y su chofer. Los dos fueron declarados muertos en el Hospital Kindi.
En un puesto de control al nordeste de Bagdad, murieron tres agentes de la policía iraquí y un transeúnte al estallar un coche bomba. El chofer de un camión remolque dejó el vehículo, diciendo que tenía que ir a por otro. Más tarde el camión explotó, hiriendo a siete personas.
Un iraquí murió durante un allanamiento de las fuerzas norteamericanas al nordeste de Bagdad, de Ciudad Sáder; cinco personas quedaron heridas. Una bomba explotó cerca del Estadio Shaab en Bagdad, matando a un agente de policía e hiriendo a otras cuatro personas. Y un ataque de mortero el jueves noche en el sur de la ciudad mató a tres personas e hirió a once. La morgue también informó sobre el hallazgo en la capital de siete cuerpos.

sam.enriquez@latimes.com

Wail Alhafith, Raheem Salman, Said Rifai, Saif Rasheed y Saif Hameed en Bagdad contribuyeron a este reportaje.

27 de septiembre de 2007
21 de septiembre de 2007
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nueva campaña terrorista


[Alissa J. Rubin] Insurgentes sunníes inician nueva campaña de asesinato de funcionarios.
Bagdad, Iraq. Extremistas árabes sunníes han empezado una campaña sistemática de asesinatos de jefes de policía, agentes de policía, funcionarios del ministerio del Interior y líderes tribales en todo Iraq, montando al menos diez ataques en 48 horas.
Ocho agentes de policía, entre ellos el jefe de policía de Baquba, fueron asesinados en Baquba, la ciudad más grande de la provincia de Diyala. Otros dos jefes de policía sobrevivieron a ataques, aunque uno quedó grave, y unos treinta agentes de policía resultaron heridos, de acuerdo a informes de agentes de seguridad locales.
"Advertimos al gobierno hace unos días de que había un nuevo plan de los grupos terroristas de asesinar a altos funcionarios de gobierno, y especialmente a funcionarios del ministerio del Interior', dijo el general de división Hussein Kamal, viceministro del Interior para información e investigaciones nacionales. El ministerio del Interior es dominado por chiíes.
Un grupo, el Estado Islámico de Iraq, asumió el martes responsabilidad por el atentado en Diyala, que mató el lunes al menos a dieciocho personas. El grupo tiene lazos con al Qaeda en Mesopotamia, un grupo extremista local cuyos dirigentes tienen lazos con el extranjero, de acuerdo a funcionarios de la inteligencia estadounidense.
El último estallido de violencia sigue estrechamente los esfuerzos concertados del presidente Bush y del general David H. Petraeus en atribuir al aumento del nivel de tropas norteamericanas la mayor estabilidad de Iraq. Funcionarios iraquíes dijeron el martes que los atentados pueden haber sido cometidos para enturbiar ese mensaje.
"La principal razón de estos atentados son los indicios de mejoramiento de la situación de seguridad mencionado en el informe de Crocker-Petraeus", dijo Tahseen al-Sheikhly, el portavoz iraquí del plan de seguridad, en una referencia al reciente testimonio en el Congreso del general Petraeus y al embajador norteamericano en Iraq, Ryan C. Crocker. "Los grupos terroristas están tratando de decir al mundo que el informe no refleja la realidad de la situación de seguridad en Iraq".
Sheikhly quitó importancia a la violencia reciente, sin embargo, diciendo que los grupos estaban buscando publicidad para compensar su incapacidad de emprender operaciones ofensivas importantes, que se han reducido agudamente con el aumento de tropas.
En realidad, las enormes explosiones de coches y camiones bomba que han asolado Bagdad durante tanto tiempo, han estado ausentes en las últimas semanas. Pero la serie de ataques esta semana sirvieron como recordatorio de la persistencia de la resistencia, especialmente en áreas en las afueras de Bagdad y alrededores.
Además del atentado del lunes en Diyala, los insurgentes atacaron en Basora, Mosul, Kirkuk, Faluya, Kut y Samarra. Los ataques ocurrieron principalmente en áreas mixtas de chiíes y árabes sunníes o en áreas exclusivamente sunníes donde hay conflictos entre las tribus árabes sunníes y grupos extremistas como al Qaeda en Mesopotamia. Cada ataque sería por sí mismo notorio, ya que en Iraq hay tiroteos y estallidos de bombas improvisadas todos los días, pero tantos ataques contra víctimas similares sugieren una campaña más concertada.
La nueva campaña de asesinatos fue anunciada en una página islamita en la red el 15 de septiembre, apenas dos días después del asesinato de Abdul Sattar Buzaigh al-Rishawi, también conocido como Abu Risha, el líder árabe sunní de Consejo del Despertar de las tribus de la provincia de Anbar, que dirigía la lucha contra al Qaeda en Mesopotamia.
En una cinta grabada, los militantes anunciaron que empezarían una nueva serie de atentados para conmemorar el mes musulmán sagrado de Ramadán, y concentrarían sus esfuerzos en personalidades tribales rivales y colaboracionistas. Los grupos militantes árabes sunníes tienen una larga historia de asesinatos selectivos para sembrar terror en la opinión pública y desalentar a la gente que colabora con el gobierno.
Esa promesa parece haberse cumplido con los atentados de Baquba y Samarra. En ambos, los blancos fueron reuniones donde personalidades árabes tribales y funcionarios iraquíes diseñaban iniciativas para derrotar a al Qaeda en Mesopotamia.
Durante la guerra, el ejército y la policía iraquíes han sido blancos regulares de los insurgentes, que consideran a las fuerzas de seguridad como agentes del gobierno controlado por chiíes. Sin embargo, los ataques contra las fuerzas de seguridad iraquíes se han reducido últimamente; los últimos días han marcado el fin de esa tendencia.
En los incidentes recientes, varios de los atacantes eran terroristas suicidas -una característica de los extremistas sunníes-, sea conduciendo coches o llevando chalecos suicidas.
El ataque más mortífero ocurrió el lunes tarde en Baquba, cuando un hombre con un chaleco suicida entró a una reunión de reconciliación en una mezquita chií en Shifta, un suburbio de la capital provincial, para hacer explotar su artefacto mientras cientos de personas bebían té después del ayuno de Ramadán durante el día, de acuerdo a un informe militar norteamericano.
El jefe de policía, Ali Dlyan, fue asesinado junto a otros once agentes de policía, dos de los cuales eran comandantes de alto rango. Hubo informes divergentes sobre el número de bajas; los norteamericanos dicen que murieron 24, y 37 resultaron heridos, y funcionarios de salud en Diyala dijeron que habían recibido dieciocho cuerpos. El hospital de Baquba informó haber recibido 27 heridos.
El gobernador de la provincia de Diyala , que fue herido en el ataque, fue salvado de la muerte por sus guardaespaldas, que vieron al terrorista acercarse al gobernador y se arrojaron encima de él. Todos sus cinco guardaespaldas murieron y el gobernador tuvo que ser sacado de debajo de ellos, dijo un funcionario provincial en Diyala que corría al sitio del suceso. Pidió conservar su identidad por miedo a convertirse en un blanco.
El martes continuaron los ataques contra la policía, encontrándose en Diyala tres cuerpos más de agentes de policía.
El martes en Basora, un terrorista suicida atacó el cuartel de la policía en la mañana, matando a tres personas, incluyendo un agente de policía, y dejando heridos a 17 agentes de policía.
Entrada la tarde del martes en Mosul al norte del país, un terrorista con un chaleco suicida atacó al coronel Abid Hamid, jefe de policía de Abu Tamam, una zona de Mosul, dijo el brigadier Said al-Jubori, el agente encargado de la prensa en la provincia de Nineveh. Sobrevivió, pero está grave.
Una bomba improvisada estalló al alba en Faluya al paso de un patrullero policial. Murió un policía, quedando otro herido.
En Kirkuk el lunes una bomba improvisada fue detonada cerca del convoy del general de división Jamal Taher, el jefe de policía de la ciudad. No lo mató, pero dejó heridos a sus guardaespaldas.
En Samarra el lunes un grupo de vecinos que se había reunido en la casa del alcalde para organizar la oposición contra al Qaeda en Mesopotamia fue atacado por hombres armados. Cuatro personas quedaron gravemente heridas. En Kut, la capital provincial de la provincia de Wasit, el jefe de la policía provincial, Abudl Haneen al-Amara, que asumió el cargo el 9 de septiembre, sobrevivió un intento de asesinato el domingo por la noche. Hombres armados abrieron fuego contra su convoy mientras avanzada hacia la parte nordeste de la provincia donde operan tanto milicias sunníes como chiíes.
El martes se hallaron ocho cuerpos más en Bagdad.

Ali Hamdani contribuyó desde Bagdad.

27 de septiembre de 2007
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