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guardias privados violentos


[Tina Susman] Vecinos de Hillah esperan respuestas y justicia por el asesinato de dos hombres. Creen que los responsables de sus muertes son empleados de Blackwater.
Bagdad, Iraq. El joven estudiante de biología paró su coche a un lado del ajetreado tráfico de la rotonda cuando vio acercarse por detrás una rápida hilera de SUVs. Cuando pasaban a toda velocidad, el primer vehículo se estrelló intencionalmente en su sedán. Pero lo peor estaba por venir.
Cuando el convoy se alejaba, un artillero en el último vehículo disparó una ráfaga de balas. Los transeúntes corrieron a protegerse. Sentado en el coche más cercano al SUV, el estudiante Ali Karem Fakhri Hilal levantó las manos en el aire para mostrar que estaba desarmado.
Pero cuatro coches detrás de él, Hussein Salih Mohammed Rabee, un hombre de negocios retirado, activo en el comité pro paz local, estaba mortalmente herido.
Casi dos meses después del tiroteo del 13 de agosto en Hillah, a 96 kilómetros al sur de Bagdad, nadie ha asumido la responsabilidad por la muerte de Rabee. Sus hijos dicen que el comandante de la policía provincial y un oficial del ejército norteamericano les dijeron que la responsable era Blackwater USA, la misma compañía acusada de matar a diecisiete iraquíes en una rotonda bagdadí el 16 de septiembre. Vecinos de Hillah montaron una protesta frente a la oficina de una agencia no-gubernamental norteamericana conocida por utilizar a guardias de Blackwater, con pancartas y exigiendo que Blackwater sea llevada a la justicia.
Pero como la mayoría de los afectados por tiroteos con firmas de seguridad privadas, los familiares de Rabee han chocado con los escudos que protegen a las compañías. Para los iraquíes es casi imposible probar quiénes participaron en el tiroteo; incuso si pudieran, las empresas de seguridad reclaman inmunidad.
La historia de la familia de Rabee muestra la futilidad de tratar de presentar cargos contra compañías extranjeras, que han sido acusadas de la muerte de decenas de muertos y heridos en Iraq. Operan con virtual impunidad cuando pasan rompiendo por las atiborradas calles de la ciudad. Los convoyes sin matrícula empujan a un lado a los vehículos lentos, disparan contra cualquiera que perciban como amenaza y dejan en claro que su prioridad es proteger a sus importantes protegidos.
Blackwater, que custodia a funcionarios del Departamento de Estado, al embajador norteamericano y otros, tiene, a ese respecto, un historial perfecto. No ha perdido a un cliente en Iraq.
"Esta compañía mató a mi padre y lo dejó en la calle", dijo uno de los hijos de Rabee, Bahaa Hussein Salih Rabee, director del departamento de física de la Universidad de Babil, en Hillah.
Él y otro hermano, Safa, un hombre de negocios que vive en Gran Bretaña, dicen que ellos se reunieron con el comandante de la policía provincial, el general de brigada Qais Hamza Mamouri, y el teniente coronel del ejército norteamericano, Thomas Roth, después de la muerte de Rabee. Ambos expresaron sus condolencias, pero dijeron que no había nada que ellos pudieran hacer debido a la inmunidad de Blackwater.
"Yo dije: ‘¿Por qué? Él era inocente'", dijo Safa Rabee por teléfono el viernes, su voz todavía temblando de rabia mientras recordaba la muerte de su padre. "Él lo era todo para mí y para mi familia".
Mamounri negó haber contado a la familia que Blackwater estaba implicada.
Roth no respondió directamente a preguntas. Sin embargo, su agente de relaciones públicas, el mayor Dave Butler, de la 4a Brigada del Ejército, División de Infantería 25, dijo en una respuesta por e-mail, que "debido a las investigaciones sobre Blackwater en curso, no podemos hacer comentarios sobre incidentes que presuntamente impliquen a Blackwater".
Memoranda preparados la semana pasada para las audiencias del Congreso sobre Blackwater, y basándose en informes de la compañía y del Departamento de Estado, dicen que tres firmas de seguridad con contratos en Iraq con el Departamento de Estado -Blackwater, Triple Canony y DynCorp International- estuvieron implicadas en al menos 306 tiroteos entre el 1 de enero de 2005 y el 20 de abril de 2007. Blackwater estuvo implicada en 168 incidentes, Dyncorp en 102, y Triple Canopy en 36.
La portavoz de Blackwater, Anne Tyrrel, no respondió mensajes por e-mail ni llamadas telefónicas con preguntas sobre el incidente del 13 de agosto, que no fue mencionado en los memoranda.
Se mencionaron otros dos incidentes en Hillah, incluyendo el del 25 de junio de 2005, en el que murió un iraquí y padre de seis hijos. En ese caso, los guardias de Blackwater implicados no reportaron el tiroteo y trataron de encubrirlo, de acuerdo a copias de correspondencia por e-mail en la época. El Departamento de Estado recomendó que Blackwater pagara a la desconsolada familia una compensación de cinco mil dólares.
Mamouri dijo que debido a la publicidad de la compañía, los vecinos de Hillah asumen que si hay algún problema con una convoy de seguridad privado, que debe ser de Blackwater.
Pero Safa Rabee, que huyó hacia Iraq inmediatamente después del tiroteo, dijo que no había oído hablar de Blackwater hasta que Mamouri la mencionó después de la muerte de su padre. Dijo que había apuntado el nombre para investigarlo en la red.
Un funcionario del Departamento de Estado en Iraq, que habló a condición de conservar el anonimato, dijo que la mayoría de los empleados de Blackwater se comportaban bien y se limitaban a hacer el trabajo por el que eran pagados: proteger a sus clientes en un ambiente peligroso. Sus deberes "no son proclives a dejar vivo a todo el mundo", dijo el funcionario, pero eso no convierte a los empleados de Blackwater en demonios.
"Están adquiriendo la mala reputación de ser como los tipos del Salvaje Oeste".
Para los iraquíes, esa reputación fue sellada por el tiroteo del 16 de septiembre en Bagdad. Los guardias de Blackwater dicen que dispararon en defensa propia, pero testigos iraquíes dicen que el grueso del fuego no fue provocado y era típico de las acciones de las compañías de seguridad cuando eran retenidos por el tráfico.
Algunos legisladores en Washington están insistiendo en tener más leyes para obligar a los contratistas a responder ante tribunales norteamericanos cuando operen en el extranjero, pero eso no ayudará demasiado a gente como los Rabee, o la familia del policía iraquí, teniente Qusay Adil Jabir. Luay Adil Jabir dice que su hermano Qusay fue asesinado en junio de 2006 en Hillah después de que una caravana de SUVs disparara contra el camión policial en el que se encontraba.
El conductor perdió el control y entró a toda velocidad contra el tráfico. El choque, no el fuego, mató a Jabir. Su hermano dice que la familia nunca supo a qué compañía de seguridad hacer responsable.
"Por supuesto estoy enfadado", dijo. "Si hubiese sido un coche particular, quizás puedan haber tenido una razón para sospechar, pero era un vehículo marcado con el azul y blanco de la policía".
La familia de Rabee también está desconcertada y amargada. Rabee, 72, había jubilado un año antes. Sus hijos entregaron una copia de su carné de identidad, que llevaba de un comité pro paz en el que estaba sirviendo.
Documentos oficiales y versiones de testigos dicen que el tiroteo ocurrió a eso de las doce y media de la tarde. El tráfico se movía lentamente en la rotonda del centro, pero los conductores se hicieron a un lado cuando vieron a los SUVs. Ellos sí sabían qué hacer, y eso era no ponerse en el camino de los convoyes que pasaban frecuentemente por la ciudad, dijo Hilal, el estudiante de biología.
Hilal, 23, dice que el primer SUV se dirigió derechamente hacia él, le abolló el coche y se marchó.
"Tenía suficiente espacio para pasar", dijo Hilal. "No había razón para sospechar de mí".
Dijo que había visto a otros convoyes disparar al aire para dispersar multitudes, pero nunca disparar directamente contra coches y personas como este.
Cuando el tiroteo cesó, y el convoy desapareció, la gente corrió hacia Rabee, que había abierto la puerta del coche y estaba cayéndose en la calle. Manaba sangre de su pierna izquierda.
Bahaa Rabee corrió al lado de su padre después de recibir una llamada del hospital. Incluso cuando agonizaba, Rabee fue capaz de declarar ante la policía diciendo que había sentido balas lloviendo sobre su coche. "No sé por qué", dijo. "Quiero presentar una denuncia".
Un informe forense dice que murió por impacto de bala. Marcas de quemaduras en su pecho muestran que los médicos trataron de revivirlo usando un desfibrilador.
Safa Rabee dice que las fuerzas armadas norteamericanas le ofrecieron, a él y a su familia, compensaciones económicas, pero ellos no quieren dinero. "Yo les dije: ‘¿Crees tú que mi padre pueda volver con esos cien millones? ¿Creo que eso sirva de algo?'", le dijo al oficial de ejército.
Hilal dice que las reparaciones de su coche costaron 3.500 dólares, pero tampoco está preocupado por la reparación.
"Lo más importante es que se hizo justicia, porque un hombre inocente perdió su vida", dijo.

tina.susman@latimes.com

22 de octubre de 2007
8 de octubre de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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brotes de cólera en iraq


[Katarina Kratovac] Estallidos de cólera destacan fracturas en el gobierno, y profundizan el sectarismo en Iraq.
Bagdad, Iraq. Majida Hamid Ibrahim no se veía diferente a otras víctimas en Iraq: su cuerpo había sido colocado en una bolsa de plástico y enviado a la morgue para que fuera recogido por sus familiares. Pero las autoridades ya estaban lamentando su muerte.
Apenas unos días antes, la mujer de cuarenta años de los suburbios al sur de Bagdad se convirtió en el primer caso confirmado de cólera en la capital iraquí provocado por un brote que se está propagando por todo el país. La Organización Mundial de la Salud ha confirmado más de 3.300 casos de cólera en Iraq y al menos catorce muertes debido a la aguda y rápida deshidratación que causa.
Sin embargo, los problemas también apuntan más allá de la lucha por controlar el mortífero avance.
Subrayan las crecientes fracturas en el gobierno del primer ministro Nuri al-Maliki, la brecha sectaria cada vez más profunda del país y una situación general de caos en la que incluso los suministros médicos son considerados como botín por los delincuentes.
El ministro de Salud, Ali al-Shemari, huyó del país después de que tropas norteamericanas allanaran sus oficinas en febrero y arrestaran a su subdirector acusado de desviar millones de dólares hacia la milicia chií más poderosa y de permitir que los escuadrones de la muerte usaran ambulaciones y hospitales para cometer secuestros y asesinatos.
El funcionario de gobierno que vigilaba a los iraquíes que vivían en el extranjero fue nombrado ministro de Salud suplente en el endeble gabinete de al-Maliki -que fue sacudido por la renuncia en agosto de seis ministros sunníes.
Los hospitales están divididos según la falla sectaria iraquí, y chiíes y sunníes están a menudo demasiado asustados como para aventurarse en instalaciones controladas por los otros. Para los trabajadores de la salud, esto deja inquietantes brechas en los casos de cólera, que ahora se multiplican por la mitad de las dieciocho provincias de Iraq.
El principal hospital de Baquba -la ciudad que a principios de mes al-Qaeda reclamaba como su base en la provincia de Diyala- fue ocupado dos veces por pistoleros sunníes que secuestraron a algunos pacientes chiíes, dijo un funcionario de la salud provincial que habló a condición de conservar el anonimato por temores por su seguridad.
Desde que los combates se intensificaran en Diyala antes este año, han muerto asesinados catorce médicos y cinco conductores de ambulancia de Baquba y otros doce médicos han sido secuestrados. Los pistoleros roban a menudo equipos médicos y medicinas de los centros de salud y obligan a los farmacéuticos a entregar sus suministros, dijo el funcionario.
Saeed al-Shimary contó que hace cuatro meses, mientras yacía enfermo en el Hospital de Baquba, un grupo de hombres armados dispararon y mataron al guardia del hospital y se llevaron a varios pacientes, incluyendo a su pariente.
"Tenía terror", dijo al-Shimary, maestro de escuela. El cuerpo del familiar fue encontrado días después, al borde de una calle.
La "mala situación de seguridad... está impidiendo que los equipos médicos lleguen a los vecinos", dijo Hom Suhail al-Khishali, director del departamento de Salud de Diyala.
La OMS ha confirmado al menos 3.315 casos de cólera y registrado más de 30 mil casos de diarrea aguda, lo que también demostraría que se trata de la versión más común y suave del cólera. La organización ha advertido también que -si el tiempo enfría y las temperaturas son más favorables para la transmisión- la bacteria podría propagarse todavía más.
La doctora Naeema al-Gasseer, representante de la OMS en Iraq, dice que las cifras alimentan el pánico, cuando de hecho la tasa de defunción ha sido "mucho menos que el uno por ciento de la epidemia total".
"No debemos obsesionarnos con las cifras, ese no es el modo de luchar contra el cólera", dijo. "Tenemos que buscar modos de contenerlo".
El cólera, que se transmite por el agua, causa normalmente una severa diarrea que en casos extremos puede provocar una deshidratación y insuficiencia renal fatales. Cada año se producen en Iraq unos treinta casos registrados de cólera. El principal estallido ocurrió en 1999, cuando en un día se constataron veinte casos.
El cólera puede controlarse mediante el tratamiento con cloro del agua potable. Pero las autoridades quieren mantener un estricto control de los suministros de cloro después de que, antes este año, un grupo de extremistas montara tanques de cloro en camiones suicidas, matando a unas dos docenas de personas en varios ataques y enviando nubes venenosas que dejaron a cientos de angustiadas personas luchando por respirar.
Un embarque de cien mil toneladas de cloro fue retenido durante una semana en la frontera jordana el mes pasado, en medio de temores por su transporte en Iraq.
Naeem al-Qabi, del ayuntamiento de Bagdad, dijo que ahora la ciudad cuenta con dos meses de suministro de cloro y que "se esperan más envíos".
Un informe de julio de la agencia de socorro Oxfam y la red del Comité de Coordinación de las ONG en Iraq, dice que cerca del setenta por ciento de los iraquíes no cuentan con agua potable -era un cincuenta por ciento en 2003.
Eso incluye a más de dos millones de personas que han sido desplazadas por la violencia en Iraq, que se han visto obligadas a vivir en condiciones nada higiénicas donde las aguas residuales pueden infectar los alimentos y el agua y propagar fácilmente el cólera.
Tom Timberman, jefe de un equipo de reconstrucción de la Cuarta Brigada, División de Infantería No. 25, dijo que los sistemas de purificación y limpieza de canales se han roto debido a la falta de mantención y de repuestos.
Muchos trabajadores de la planta de purificación han sido asesinados o han escapado de la violencia dejando el área sin empleados calificados, dijo Timberman. Las pruebas en una de las instalaciones de purificación de agua cerca de Iskandariyah, una ciudad a unos 48 kilómetros al sur de Bagdad, dejaron al descubierto que el sistema de filtración no funcionaba, de modo que las tuberías se habían llenado de aguas servidas.
En Mosul, a 362 kilómetros al noroeste de Bagdad, los funcionarios se quejan de que Bagdad le envió solamente veinte toneladas de cloro, mientras que la ciudad necesita sesenta.
"Ahora le tenemos más miedo al cólera que a la violencia", dijo Shawan Karim, 33, habitante de Kirkuk, la ciudad al norte del país, que da cuenta de más de dos tercios de los casos de cólera confirmados.

Sameer N. Yacoub, Kim Gamel, Saad Abdul-Kadir y Yahya Barzanji contribuyeron a esta historia.

21 de octubre de 2007
©fwdailynews

©traducción mQh
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comandante musulmán va a juicio


[Katarina Kratovac] Ex comandante norteamericano será enjuiciado en Iraq.

Bagdad, Iraq. Empezó hoy lunes la corte marcial de un ex comandante de la policía militar norteamericana aquí en la cárcel donde estuvo Saddam Hussein. El sospechoso está acusado de colaborar con el enemigo por permitir que los reclusos utilizaran un celular, conceder privilegios especiales a los detenidos y por conductas indecorosas con una intérprete.
El teniente coronel William H. Steele, un reservista del ejército de Prince George, Virginia, se había declarado culpable, en una vista preliminar el 7 de octubre, de tres de los siete cargos que se le imputaron. Puede ser condenado a una pena máxima de cinco años de cárcel, retención de su salario y licenciamiento del ejército, de acuerdo a las fuerzas armadas norteamericanas.
También se declaró inocente de los otros cargos de ayudar al enemigo por proporcionar teléfonos celulares sin supervisión a los prisioneros, conceder privilegios especiales a los detenidos, conducta indecorosa con una intérprete y desacato de una orden, dijeron las fuerzas armadas.
Si se lo condena, Steele podría pasar la vida en prisión.
Inicialmente enfrentó la posibilidad de ser condenado a muerte por ayudar al enemigo, lo que, según las leyes norteamericanas, es un delito capital, pero un ex comandante general de las tropas norteamericanas en Iraq lo convirtió en un caso no capital, dijo el portavoz militar, teniente coronel Rudolph Burwell la semana pasada.
El juicio ha sido dos veces pospuesto para dar más tiempo de preparación a los abogados. Sólo un juez lleva el caso contra Steele.
Los supuestos incidentes ocurrieron desde octubre de 2005 a febrero de 2007, empezando cuando Steele era comandante del Destacamento No. 451 de la Policía Militar en la cárcel de Camp Cropper en Bagdad, y en su posición posterior en la Brigada 89 de la Policía Militar como agente de patrulla en el cercano Campamento de la Victoria.
Durante los testimonios preliminares en junio, los testigos dijeron que Steele aprobaba la compra de cigarros cubanos para Saddam Hussein, fraternizaba con la hija de un reo y usaba su pistola de servicio para intimidar a los guardias en las torres. Desde marzo que está tras las rejas en Kuwait.
Sadda, estuvo detenido en Camp Cropper hasta que fue colgado por las autoridades iraquíes en diciembre pasado.
Originalmente Steele fue inculpado de siete delitos, pero los fiscales desecharon las acusaciones relacionadas con la conducta indecorosa con la hija de un reo y el gasto impropio de fondos estatales para comprar artículos de lujo, incluyendo cigarros de Saddam para los presos, dijo Burwell.
El otro oficial norteamericano conocido desde el inicio de la guerra por haber sido acusado de colaborar con el enemigo, fue el capitán James J. Yee, un capellán musulmán que estaba relacionado con una posible red de espionaje en la cárcel militar de Bahía Guantánamo, Cuba. Finalmente fue exonerado y licenciado honrosamente.
En las vistas preliminares antes este año, el general de brigada Kevin R. McBride, ex comandante de la Brigada 43 de la Policía Militar en Iraq, dijo que Camp Cropper fue revisada positivamente por la Cruz Roja Internacional durante el período de Steele allá.
Pero McBride dijo también que Steel usó su arma de servicio para intimidar a los guardias de las torres.
Otro testigo, el agente especial John C. Nocella, dijo que Steel permitía que los detenidos iraquíes utilizaran su celular para hacer llamadas no supervisadas desde la cárcel, aun a sabiendas de que era indebido.
Nocella también dijo que Steele simpatizaba con los detenidos de alto valor, que incluían a Saddam y otras figuras claves de su régimen. Ninguno de los ex detenidos del régimen que usaron presuntamente el celular de Steele ha sido identificado públicamente.
Un tercer testigo, el agente especial Steven Thomas Barnes, dijo que durante un allanamiento de la residencia de Steele en Bagdad se encontraron documentos clasificados muy delicados sobre la misión del ejército en Iraq.
No quedó claro si McBride, Nocella y Barnes declararán en el juicio, que se espera se prolongue durante la semana en una base militar en Bagdad.

19 de octubre de 2007
15 de octubre de 2007
©washington post
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turquía amenaza a iraq


[Alissa J. Rubin] Turquía avanza hacia Iraq y amenaza con incursión.
Bagdad, Iraq. El lunes aumentaron las tensiones a lo largo de la frontera turco-iraquí después de que el gobierno turco pidiera el visto bueno del Congreso para efectuar incursiones militares en el norte de Iraq. El voto en el parlamento permitiría que las fuerzas armadas turcas cruzaran la frontera en persecución de rebeldes kurdos que lanzan ataques contra Turquía desde la región kurda de Iraq.
Los rebeldes, miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, conocido como PKK, se han refugiado en reductos en las montañas en el lado iraquí de la frontera. Son separatistas que buscan fundar una región kurda autónoma en el extremo más oriental de Turquía.
El gobierno iraquí instó el lunes a Turquía a buscar una solución diplomática. El primer ministro Nuri Kamal al-Maliki llamó a sus principales asesores a reunirse el martes a discutir estos desarrollos. También pidió a Turquía más tiempo para formar un comité de seguridad formado por iraquíes, turcos y norteamericanos para buscar una solución conjunta.
El gobierno iraquí estudiará todas las posibilidades de resolver la crisis con Turquía, dijo Maliki en una declaración.
"Nunca aceptaremos una solución militar de las diferencias entre Turquía e Iraq", dijo, agregando que estaba determinado a detener los ataques del PKK.
"Entendemos las preocupaciones de nuestros amigos turcos y estamos dispuestos a emprender urgentes negociaciones con personeros turcos para discutir todos los puntos de desacuerdo", dijo.
Los dos países firmaron un acuerdo de seguridad el mes pasado para colaborar en la lucha contra la violencia del PKK, al que Estados Unidos y la Unión Europea consideran una organización terrorista. Pero los acuerdos niegan a Turquía específicamente el derecho a incursionar en Iraq, incluso en casos de persecuciones.
Los kurdos del norte de Iraq simpatizan con las aspiraciones de los separatistas de los rebeldes y no se conmueven con las súplicas del gobierno de central de que se controle a los nacionalistas.
Se espera que el parlamento turco vote este miércoles y apruebe la moción que autorizaría a las fuerzas armadas turcas a cruzar la frontera iraquí tantas veces como sea necesario durante un año. Las incursiones persiguen desmantelar al PKK, dijo Cemil Cicek, portavoz de gobierno, en una conferencia televisada.
La solicitud de autorización para realizar redadas fue provocada por crecientes ataques del PKK en las últimas semanas, incluyendo el día más mortífero del conflicto en los últimos meses. A principios de octubre murieron trece soldados turcos en un día en el sudeste kurdo, en un ataque contra fuerzas de seguridad turcas atribuido al PKK.
El domingo, la artillería turca bombardeó intensamente dos aldeas en el lado iraquí de la frontera al norte de Kurdistán, de acuerdo al coronel Hussein Rashid, de las Fuerzas Iraquíes de Vigilancia de Fronteras.
"No había motivo para atacar, porque en esta zona no opera el PKK", dijo el coronel Rashid. No se produjeron bajas.

Sebnem Arsu contribuyó al reportaje desde Estambul.

17 de octubre de 2007
16 de octubre de 2007
©new york times
©traducción mQh
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agoniza al-qaeda en iraq


[Thomas E. Ricks y Karen DeYoung] Según informe, al-Qaeda en Iraq prácticamente eliminada. Sin embargo, oficiales advierten sobre su resistencia.
Iraq/Washington. Los militares norteamericanos creen que, en los últimos meses, han golpeado de manera devastadora y quizás irreversible a al-Qaeda en Iraq en los últimos meses, llevando a algunos generales a proponer una declaración de victoria sobre el grupo, que el gobierno de Bush ha descrito durante largo tiempo como el adversario más enconado de Estados Unidos en Iraq.
Pero mientras la Casa Blanca y sus comandantes militares planean la siguiente fase de la guerra, otros oficiales han pedido cautela en lo que ven como un paso prematuro que podría acarrear dificultades políticas y estratégicas para Estados Unidos. Esa declaración podría dar pie a críticas de que la guerra de Iraq se ha convertido en una guerra civil en la que las fuerzas de combate norteamericanas no debiesen estar involucradas. Al mismo tiempo, la comunidad de inteligencia, y algunos oficiales en las fuerzas armadas mismas, se preocupan de que se pueda subestimar a un enemigo que ha mostrado en el pasado una gran capacidad de resistencia.
"Creo que en estos momentos sería prematuro", dijo un alto oficial de inteligencia sobre la idea de emitir una declaración de victoria sobre AQI, como se conoce al grupo. Pese a recientes logros norteamericanos, dijo, AQI conserva "la capacidad de atacar por sorpresa y de catastróficos atentados". Períodos de optimismo previos, como inmediatamente después de la muerte, en junio de 2006, del fundador de AQI, Abu Musab al-Zarqawi, en un bombardeo aéreo norteamericano, no sólo demostraron ser infundados, sino además fueron seguidos por importantes operaciones de la organización militante.
Existe un amplio consenso en cuanto a que AQI ha sufrido serios golpes en los últimos tres meses. Entre los indicadores mencionados se encuentra una pronunciada reducción de los atentados suicidas, los ataques característicos del grupo, de más de sesenta en enero a cerca de treinta al mes desde julio. Las detenciones e interrogatorios de los cabecillas de AQI durante el verano tuvieron lo que un alto funcionario de inteligencia llamó un "efecto de cascada", provocando otras eliminaciones y capturas. El flujo de combatientes extranjeros hacia Iraq, a través de Siria, también ha disminuido, aunque los funcionarios no están seguros de los motivos y temen que la red al-Qaeda más amplia esté desviando a los nuevos reclutas hacia Afganistán y otros lugares.
La movilización de más fuerzas norteamericanas e iraquíes en bastiones de AQI en la provincia de Anbar y al área de Bagdad, así como el reclutamiento de combatientes tribales sunníes para combatir contra los operativos de al-Qaeda en esos territorios, ha contribuido a privar a los militantes de una base de operaciones segura, dijeron oficiales norteamericanos. "Están menos coordinados, y más fragmentados", dijo hace poco el teniente general Raymond T. Odierno, el segundo comandante norteamericano en Iraq. Al describir el desgaste de las estructuras de apoyo y líneas de abastecimiento, Odierno estimó que la capacidad del grupo se ha degradado en un sesenta a setenta por ciento desde principios de año.
El teniente general Stanley McChrystal, jefe de las operaciones del Comando Conjunto de Operaciones Especiales en Iraq, es el principal patrocinador de una declaración de victoria y cree que AQI ha sido eliminado, dijo el oficial de la inteligencia militar. Pero el almirante William J. Fallon, comandante del Comando Central norteamericano, que controla Iraq y el resto de Oriente Medio, pidió cautela, dijo el oficial. El oficial de la inteligencia militar, así como otros militares entrevistados para este artículo, analizaron la estrategia en Iraq a condición de guardar el anonimato.
Comandantes norteamericanos en el terreno, incluyendo al general David H. Petraeus, comandante de las fuerzas norteamericanas en Iraq, se han quejado largo tiempo de que el Comando Central, así como la CIA, son demasiado negativos en sus análisis. Sin embargo, sobre este tema Petraeus concuerda con Fallon, dijo el oficial de la inteligencia militar.
Toda vez que se analizan los avances contra AQI, se adopta una nota de cautela que proviene de experiencias a menudo dolorosas. Pese al aumento de asesinatos y capturas de miembros de AQI, dijo Odierno, "sólo se necesitan tres personas" para montar una bomba y hacer detonar un coche bomba suicida que puede "matar a miles". El objetivo, dijo, es lograr que esos atentados sean menos efectivos y estirar el lapso entre ellos.
De momento, dijo otro oficial norteamericano, que se ha negado incluso a identificarse y mencionar la agencia para la que trabaja, los datos son "insuficientes y difíciles de medir".
"AQI definitivamente ha sufrido severos golpes", dijo el oficial. "Hay progresos, y eso es innegablemente una buena noticia. Pero no sabemos cuánto tiempo durará ni si será sostenible... Han soportado una fuerte presión durante un largo período de tiempo". Tres meses, dijo, no son suficientes para considerar que esa tendencia sea sostenible.
Las opiniones sobre el alcance de la derrota de AQI también reflejan diferencias sobre la extensión en que opera independientemente de la organización al-Qaeda central de Osama bin Laden, en Pakistán. "Todo el mundo tiene una opinión sobre cómo funciona la franquicia de al-Qaeda", dijo un alto funcionario de la Casa Blanca.
"¿Mediante un control central, o está descentralizado?" La respuesta a esa pregunta, dijo el funcionario, afecta "tu capacidad para determinar de qué manera ha sido AQI derrotado o neutralizado. ¿Terminó el juego?"
En Bagdad, dijo el funcionario de la Casa Blanca, "la zona de operaciones del grupo ha sido reducida en un grado importante por varias razones, algunas buenas y otras malas".
Tres años de guerra sectaria han eliminado muchos barrios mixtos de sunníes y chiíes. Esas áreas habían sido las más fértiles y más accesibles para al-Qaeda, que se compone de extremistas sunníes, para atacar a civiles chiíes, fuerzas de seguridad y funcionarios de gobierno. Pero el fin de los barrios mixtos también ha hecho más difícil la consecución de otra prioridad del gobierno de Bush: el logro de la reconciliación política.
La mayor presencia de tropas norteamericanas en avanzadas de combate en muchas partes de Bagdad también ha aumentado la presión sobre AQI, aunque un importante test de los avances contra la organización se producirá cuando las fuerzas armadas norteamericanas empiecen a entregar las labores de seguridad de esas áreas a fuerzas iraquíes este próximo año.
Atentados suicidas recientes en el norte de Iraq han convencido a algunos funcionarios de que AQI está trasladando sus operaciones en esa dirección. Pero los funcionarios dijeron que no saben si los militantes de AQI han abandonado Bagdad y la provincia de Anbar de manera permanente, o si han meramente reducido sus actividades en anticipación de la retirada norteamericana o de la incapacidad del primer ministro chií Nuri al-Maliki de poner fin a las divisiones sectarias que AQI ha estado exacerbando y de las que se nutre.
Mientras que una declaración de victoria podría tener "un aspecto psicológico" y desalentar el reclutamiento de lo que puede ser percibido como una causa perdida, dijo el funcionario de la Casa Blanca, las ventajas general serían mínimas. "Reconozco que hay algunos puntos para decir que los tipos malos están huyendo, pero si más tarde AQI fuera capaz de demostrar sus capacidades residuales con una serie de atentados, aunque fuesen temporales", dijo, "la pregunta sería: ¿Cómo lo interpretaría la opinión pública?"

15 de octubre de 2007
©washington post
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acabar con irak para salvarlo


[David Ignatius] Son los iraquíes los que deben decidir si quieren o no un Iraq federal.
Durante el reciente debate en Washington sobre que se llamó gentilmente la ‘división blanda' de Iraq, estuve recordando una de las macabras frases típicas de la Guerra de Vietnam: "Para salvar esa aldea, había que destruirla".
Sé que los senadores que respaldaron el plan del senador Joe Biden para distribuir el poder en un Iraq más federal no quieren destruir el país. Quieren salvarlo. Pero como el anónimo oficial del ejército norteamericano que fue citado en 1968 después de la destrucción de una aldea llamada Ben Tre, están ocultando la conveniencia detrás de una retórica de salvación.
Iraq podría en realidad separarse en tres cantones semi-autónomos -sunní, chií y kurdo-, como han recomendado Biden y otros. Observando la guerra sectaria que asola al país, ése parece ser, a menudo, el resultado inevitable. Pero este acto de desmembramiento nacional no es algo que los norteamericanos debieran recomendar. No importa cuánta sangre y dinero hayamos gastado en Iraq, seguimos siendo intrusos allá. No es asunto nuestro.
La aprobación de la resolución de Biden el 26 de septiembre ya ha tenido un buen resultado: Ha enfadado a los iraquíes y provocado un raro momento de unidad. Muchos de los partidos políticos árabes importantes en Iraq firmaron una declaración conjunta denunciando lo que llamaron "la propuesta del gobierno norteamericano de adoptar una política para dividir a Iraq". La declaración unió a los seguidores del clérigo chií extremista Moqtada al-Sáder con los chiíes laicos de Ayad Allawi -¡ahora sí hay progreso! Sólo estuvieron ausentes los partidos kurdos, que quieren el mayor grado de autonomía posible con respecto al Iraq árabe, y el Consejo Supremo Islámico Iraquí (conocido antes como SCIRI), que quiere fundar un mini-estado chií en el sur.
Biden se ha apresurado a aclarar que no quiere disolver el estado iraquí sino que se utilice el federalismo que ha sido incorporado en su propia y nueva Constitución. Y para ser justo con Biden, hay que decir que es una de las escasas figuras políticas de cualquiera de los dos partidos que han tratado de pensar en alternativas creativas a la fracasada política del gobierno de Bush. Pero ahora ha encontrado un fuerte rechazo de los iraquíes y debería entender mejor que muchos que ese es un buen desarrollo. La embajada norteamericana en Bagdad enfatizó prudentemente que la resolución del Senado no era vinculante y no representaba la política oficial de Estados Unidos.
"No hay que tener miedo a la soberanía iraquí, aunque se exprese de modos que no te gusten", recordaba a sus comandantes el general John Abizaid, el ex comandante del Comando Central norteamericano toda vez que paraban en la zona de guerra. Y ese es el prisma correcto para mirar el debate sobre la división de Iraq: Es bueno que los iraquíes se enfaden con resoluciones parlamentarias para dividir al país; es bueno que denuncien a los guardias de seguridad de Blackwater que jalan el gatillo con demasiada facilidad. Es bueno que propongan un acuerdo formal para limitar y definir cómo y dónde operarán las tropas norteamericanas en el país. Ésa es la soberanía iraquí.
Uno de los errores de Estados Unidos en Iraq ha sido su relajado desprecio por el país y su historia. La gente a menudo hablaba de Iraq como de una construcción artificial del imperialismo británico y sugirieron que las cosas marcharían mejor si, como la antigua Yugoslavia, se disolviese a lo largo de sus fronteras étnicas. Los analistas israelitas ciertamente apoyaban esa idea. Yo escribí hace 25 años, en el diario Kivunim, sobre una entusiasta propuesta de un académico israelí de dividir Iraq en tres enclaves. Pero esos análisis pasaban por alto la sorprendente resistencia de la identidad iraquí, que ha persistido durante siglos.
Históricamente, este era el país situado entre dos ríos, el Tigris y el Eúfrates, una fértil medialuna que se estiraba desde las montañas en el norte hacia las tibias aguas del Golfo Pérsico. Existía un país llamado Iraq en 539 antes de Cristo, cuando el emperador persa Cyrus ocupó Babilonia y propuso convertirlo en su capital. En su libro ‘Understanding Iraq', el historiador William R. Polk nos recuerda que el nombre proviene en realidad de la palabra persa ‘eragh', que significa ‘tierras bajas'.
Sabemos ciertamente que había un Iraq en el 680 después de Cristo, cuando el nieto Hussein del profeta Mahoma fue llevado con engaños a lo que ahora es Karbala, y asesinado. Y que la identidad árabe iraquí sobrevivió siglos de Imperio Otomano, cuando el país estaba dividido en las tres provincias que los británicos fusionaron en una en 1920 para dar forma al moderno Iraq.
Los iraquíes y sus vecinos árabes tardarán en perdonar a Estados Unidos las penurias humanas que acompañaron la destrucción del régimen de Saddam Hussein. Pero si esa historia termina con la destrucción del estado iraquí, abrirá una herida que no sanará en siglos. Los iraquíes pueden decidir, al final, que sí quieren una ‘división blanda'. Pero mientras no lo digan ellos, no deberíamos inmiscuirnos en el negocio de desmembrar su estado.

isdavidignatius@washpost.com

13 de octubre de 2007
4 de octubre de 2007
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chiíes se cansaron de milicias


[Sabrina Tavernise] Tensas relaciones entre milicias y chiíes.
Bagdad, Iraq. En varios barrios chiíes en Bagdad, los vecinos han empezado a dar la espalda al Ejército Mahdi, la milicia chií que antes veían como su única protección contra los militantes sunníes. Ahora la consideran como una banda callejera de matones sin ideología.
El camio en las percepciones chiíes en Bagdad abre una oportunidad para los militares norteamericanos, que han estado enzarzados en una prolongada campaña contra el Ejército Mahdi, en momentos en que los comandantes estadounidenses dependen cada vez más de la colaboración de líderes y tribus locales para la prosecución de la guerra.
El paisaje sectario ha cambiado, los extremistas sunníes han sido en gran parte derrotados en muchos barrios chiíes, y en esos lugares la guerra se ha convertido en una delincuencia que es a menudo indiferente a las sectas religiosas.
En entrevistas, diez chiíes de cuatro barrios al este y occidente de Bagdad describieron los métodos utilizados por miembros de la milicia para -en su búsqueda de nuevas fuentes de ingreso- atacar a los chiíes.
La estrategia se observa menos frecuentemente en barrios donde sunníes y chiíes todavía pelean por el territorio. Ciudad Sáder, el mayor barrio chií, donde la presencia del Ejército Mahdi es más política que militar, ha escapado en gran parte de la ola de criminalidad.
Entre las personas asesinadas en el barrio de Topchi en los últimos dos meses, dijeron los vecinos, se encontraban el dueño de una tienda de electrodomésticos, un vendedor de golosinas, un hombre rico, tres mujeres, dos concejales, y dos niños, de nueve y once años.
Formaban un grupo disparatado con una cosa en común: Eran todos chiíes que fueron asesinados por chiíes. Los vecinos culpan al Ejército Mahdi, que controla el barrio.
"Todo el mundo sabe quiénes son los asesinos", dijo una madre de Topchi, cuya vecina, una mujer chií, fue una de las víctimas. "Yo soy chií y ruego a Dios que los castigue".
En otros barrios, el sentimiento era el mismo.
"Pensábamos que eran soldados defendiendo a los chiíes", dijo Sayeed Sabah, un chií que dirige una organización de caridad en el barrio de Huriya, al oeste de Bagdad. "Pero ahora nos damos cuenta de que son asesinos de niños, nada más que eso. La gente no quiere saber nada de ellos".
Aunque el Ejército Mahdi controla la mayoría de los barrios chiíes, hay evidencias de que los chiíes están empezando a hacer frente a las milicias. Los jeques chiíes, la base tradicional de la milicia, están empezando a tomar contacto con los norteamericanos, del mismo modo que las tribus sunníes se acercaron a ellos antes este año, redefiniendo todo un frente de la guerra, dijeron algunos oficiales, y el número de denuncias precisas que llegan a las bases norteamericanas han aumentado fuertemente.
Los chiíes están "participando como nunca antes", dijo el mayor Mark Brady, de la División Multinacional-Grupo de Reconciliación de Bagdad, que trabaja con las tribus.
"Algo malo está pasando para que corran el riesgo de llamar a la línea de denuncias o de aproximarse a las Comisarías Conjuntas de Seguridad", dijo, refiriéndose a las mini-bases norteamericanas de barrio instaladas después del aumento del nivel de tropas este año.
"Está cambiando todo", dijo Ali, un hombre de negocios en el barrio de Ur, predominantemente chií, al este de Bagdad, el que, como la mayoría de los entrevistados, no quiso que se mencionara su nombre completo por temor a represalias. "Ahora en nuestro barrio la gente está diciendo por primera vez: ‘Al infierno con el Ejército Mahdi'.
"No lo están diciendo en voz alta en las calles, sino entre amigos, en la familia. Lo dice todo el mundo, hombres y mujeres".
La milicia callejera de hoy no se parece en nada al Ejército Mahdi de 2004, cuando los chiíes, obedeciendo al clérigo Moqtada al-Sáder, lucharon contra los soldados norteamericanos en un estallido de auto-afirmación. Entonces, los combatientes eran también amigos del barrio y llevaban gasolina y otros artículos a las familias necesitadas.
Ahora, tres años después, muchos miembros han abandonado la violencia y conseguido trabajos en el gobierno local y nacional, mientras otros han preferido delinquir, transando coches y casas robadas a los muertos o a las familias expulsadas de ambas sectas.
Incluso ha cambiado el mapa demográfico. Ahora los milicianos callejeros tienden a ser adolescentes de familias errantes, en parte el resultado de la victoria militar norteamericana. En el otoño pasado, los militares empezaron una agresiva campaña durante la cual detuvieron a importantes cabecillas, dejando en su lugar un vacío de poder y a milicianos jóvenes sin líderes.
"Ahora son jóvenes que no tienen nada que ver con la religión", dijo Abbas, 40, vendedor chií de repuestos para coches en Ameen, un barrio al sur de Bagdad. Ratib, 22, primo de Abbas, fue asesinado en la primavera de un tiro en la boca por haber insultado a miembros de la milicia Mahdi.

"La gente los odia", dijo Abbas. "Quieren que desaparezcan de sus vidas". Uno de los asesinos más notorios en Topchi, del que los vecinos dicen que era un combatiente del Ejército Mahdi, Haidar Rahim, nació en 1989. En una cálida tarde de agosto, él y dos cómplices mataron frente a su casa, a balazos, a una mujer llamada Eman, una madre divorciada, cuentan los vecinos. Los combatientes dijeron que la mujer era prostituta, pero poco después de su muerte llevaron inquilinos a vivir en su casa.
"Son niños con armas, con coches y dinero", dijo un vecino de Eman, refiriéndose a los combatientes. "Les seduce todo esto. Son niños".
El miedo de los vecinos era tan grande que el cuerpo de Eman permaneció en un charco de sangre por más de una hora sin que nadie se atreviera a acercarse, hasta que fue retirado por las autoridades iraquíes, dijo el vecino. Junto al cuerpo de Eman estaba su hijito de ocho, llorando.
"Son sanguinarios", dijo un hombre cuyo padre, un miembro de la junta de vecinos de Topchi, fue asesinado el 26 de septiembre. "Son capaces de matar a toda una familia por una tarjeta telefónica de diez dólares".
Rahim fue asesinado un mes después. Su joven cara adorna un letrero recordatorio, colocado cerca de la gigantesca parrilla de una pollería en Topchi. Algunos dicen que lo mataron los norteamericanos. Otros dicen que fueron iraquíes.
Un portavoz de la oficina de Sáder en Shuala, el extenso barrio chií al norte de Topchi, dijo que no tenía información sobre los asesinatos, pero que todas las acciones ilegales eran el trabajo de delincuentes que sólo pretendían ser miembros del Ejército Mahdi.
"Ahora hay muchos que dicen que son del Ejército Mahdi", dijo el portavoz, que se hace llamar Abu Jafar. "La oficina de Sáder no es responsable de que se esté aterrorizando a la gente, sunníes o chiíes".
En el sur chií, la violencia es diferente porque las milicias chiíes están peleándose por el poder.
La milicia bagdadí, que ha estado siempre flojamente organizada, se hinchó de reclutas después del atentado con bomba contra un santuario chií en febrero de 2006. El cambio trastornó a la organización y la llenó de jóvenes enrabiados, algunos con antecedentes criminales que estaban sedientos de venganza.
Los delincuentes empezaron a dar mal nombre a la organización. El precio de los coches usados cayó en picado, pues los milicianos empezaron a vender los vehículos que habían pertenecido a sus víctimas. Un jeque de Ciudad Sáder emitió un edicto religioso que permitía la confiscación de la propiedad de militantes sunníes a quienes los chiíes consideran herejes. Pero muchos consideraron el edito como carta blanca para requisar propiedades, a condición que las víctimas fueran sunníes.
Un cabecilla del Ejército Mahdi, un hombre de 36 del occidente de Bagdad, describió la trama en la que transportaban los coches de las víctimas hacia el norte de Iraq en convoyes de soldados kurdos que volvían de sus permisos. Los nuevos documentos eran rellenados allá.
Para Yasir, 35, ex miliciano que presenció de primera mano su descomposición, el último golpe fue cuando su primo, un rico hombre de negocios, fue secuestrado por jóvenes miembros de la milicia Mahdi del barrio. Fue asesinado.
"No lo llames Ejército Mahdi", dijo Yasir. "Era el Ejército Mahdi cuando la gente tenía conciencia".
En un intento desesperado por restablecer el control y la disciplina, Sáder emitió una orden en agosto congelando todas las actividades del Ejército Mahdi.
Abu Jafar, el portavoz, dijo que "el objetivo de esta declaración es detectar a los malos elementos que dicen ser miembros del Ejército Madhi y entregarlos a las fuerzas de seguridad".
Mientras continuaba la turbulencia en Topchi, un barrio fronterizo donde los miembros locales de la milicia son más pobres, en Ciudad Sáder, hogar de la mayoría de los jefes que se enriquecieron y se han establecido políticamente, se cancelaron gran parte de las actividades.
"Al principio, no podíamos salir en nuestros coches, no podíamos salir a caminar porque estaban ellos en las calles con sus rifles y pistolas", dijo el hombre de negocios Ali. "Ahora se han esfumado. No hay nadie. No se los ve por ninguna parte".
Como muchos chiíes, Abbas, el vendedor de repuestos de automóviles, atribuye parte del decline a la nueva precisión en las detenciones norteamericanas, que se explica por las denuncias de vecinos chiíes.
Comandantes norteamericanos como el teniente coronel David Oclander, del Equipo de Combate de la Segunda Brigada de la División Aerotransportada 82, cuya zona incluye Ciudad Sáder y otros barrios chiíes en Bagdad, han aprovechado esa cooperación. En el último mes y medio, dijo, los líderes chiíes han empezado a tomar contacto con los norteamericanos. Ahora la brigada está trabajando con 25 jeques en los barrios chiíes de Shaab y Ur y están entrevistando a 1200 candidatos para las posiciones semioficiales de guardias del barrio.
El teniente coronel compara el cambio entre los chiíes con el cambio en los barrios sunníes que empezaron a volcarse contra al Qaeda en Mesopotamia, el grupo extremista sunní que el servicio de inteligencia norteamericano dice que es dirigido por extranjeros.
En algunos casos, los vecinos parecen más dispuestos a hacer frente al Ejército Mahdi. En Topchi varios hombres de negocios se negaron este mes a pagar dinero de protección a los miembros del Ejército Mahdi. La noticia corrió por el barrio. Hace cuatro meses, un camionero fue asesinado en el sector del coronel Oclander, después de que el patrón del conductor se negara a pagar el dinero de protección. Ahora ese tipo de represalia es mucho más rara.
Ali, el empresario de Ur, dijo que cree que el Ejército Mahdi será más pequeño en el futuro. La gente simplemente ya no cree en sus líderes. "Ellos ya no tienen ideología", dijo.
Como prueba contó una historia de su barrio sobre un hombre religioso y la compra de un coche.
"Era un hombre pobre, pero ahora tiene un Mercedes-Benz", dijo Ali. "El Profeta Mahoma ni siquiera tenía un caballo".

Johan Spanner, Ahmad Fadam, Kareem Hilm y Qais Mizher de Bagdad contribuyeron al reportaje de este artículo.

13 de octubre de 2007
12 de octubre de 2007
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amargo retorno a casa


Una familia iraquí quiere reiniciar vida en los Emiratos Árabes Unidos, pero el billete hacia la libertad es elusivo.
Bagdad, Iraq. Nunca me di cuenta de lo mucho que quería marcharme de Iraq hasta que me vi obligado a volver.
Mi mujer y yo somos farmacéuticos. En la mayoría de los países, tener un oficio como el nuestro es un billete hacia la libertad, pero Saddam Hussein negaba pasaportes a muchos profesionales, incluyendo a profesionales de la salud. Así que mientras nuestro país caía de una guerra en otra, mi esposa y yo sólo podíamos soñar con marcharnos.
Tras la caída de Hussein en 2003, estábamos tan excitados con los cambios que decidimos quedarnos. El optimismo no duró demasiado, y cuando unos amigos me dijeron el año pasado que podría conseguir un trabajo en los Emiratos Árabes Unidos, decidí unirme a los cientos de miles de iraquíes que buscan una manera de empezar de nuevo.
Mi esposa y yo nos deleitábamos con la idea de vivir en una ciudad moderna con rascacielos con vista al mar, cines, restaurantes, y sin bombas. Lo que más queríamos era un lugar donde Sara, nuestra hijita de diez meses, pudiera crecer en seguridad.
Así que aunque estábamos los dos ganando bastante dinero en Iraq, nos marchamos en diciembre a los Emiratos Árabes Unidos para someternos a los exámenes que exigían allá para trabajar como farmacéuticos.
Incluso si no los aprobábamos, las semanas que pasaríamos allá nos brindarían la posibilidad de descansar de Bagdad y sus penurias.

La vida allá es diferente: no hay explosiones, no hay apagones. Podíamos salir por las noches, y hacer lo que quisiéramos sin temer a las milicias ni a los extremistas religiosos. Yo llevaba ropa de marca, como Nike y Adidas, cosas que en Iraq me habrían señalado, a ojos de secuestradores, como una persona con dinero. Mi mujer llevaba tops sin mangas y vaqueros, el tipo de ropa que las mujeres ya no pueden lucir en público en Bagdad.
Íbamos a restaurantes, volvíamos a medianoche, subíamos a taxis a cualquier hora del día en calles atiborradas de coches y gente.
En Nochevieja miramos con amigos los fuegos artificiales en la Playa de Jumeirah, en Dubai, sorprendidos de ver a la gente bailando en la calle y saludándose mutuamente con ocasión del nuevo año.
En casa en Bagdad había toque de queda. Los únicos coches en las calles en la noche eran vehículos militares o policiales, o quizás secuestradores cazando a los ingenuos que se arriesgaban a salir de noche.
Incluso nuestra bebita, que era demasiado pequeña como para entender lo que estaba ocurriendo, se divertía más. Sonreía a la gente que cruzaba en la calle y era más comunicativa. Mirábamos maravillados las ropas de bebé y los juguetes que exhibían en los centros comerciales, y lo amistosa que era la gente.
Para nosotros, una pequeña familia, eso era un trozo del paraíso. Imaginábamos nuestras nuevas vidas -trabajar en las mañanas y divertirnos en las tardes mientras Sara crecía junto a las azules aguas y soleadas playas del Golfo Pérsico. Dubai era como el Manhattan que habíamos visto en las películas, con rascacielos que se elevaban por todas partes, como si construirlos no costase nada.

Después de los exámenes, volvimos a Bagdad a esperar los resultados. Fueron mejor de lo que esperábamos: Mi esposa y yo estábamos por encima del 95 por ciento. Nuestros futuros parecían asegurados. Conseguí otra visa para volver a los Emiratos Árabes Unidos con la idea de obtener allá un empleo, pedir una visa de trabajo permanente y luego llevar a mi esposa y Sara a vivir conmigo.
Dejé mi trabajo en Bagdad, me despedí de mis amigos. Alquilé un cuarto con algunos amigos iraquíes en Sharjah, uno de los emiratos. Llegué a un acuerdo con un taxista paquistaní: Le pagué cien dólares al día por llevarme a todos los hospitales, farmacias y clínicas que pudiera localizar.
Al cuarto día estaba en un hospital entregando mi currículum en el departamento de recursos humanos cuando me topé con un médico iraquí. Era un amigo de mi madre, que también es farmacéutica. El doctor me llevó a la farmacia del hospital y recomendó que me contrataran.
"¿Le gustaría trabajar en Fujairah?", me preguntó el encargado. "¿Dónde está Fujairah?", pregunté, sin saber si era alguno de los otros emiratos. Me dijo que el hospital también tenía instalaciones allá. Nunca había oído hablar de ese lugar y no lo pude encontrar en el mapa, pero no quería retrasarme. Quería instalarme y llevar a mi familia a vivir conmigo, incluso si eso significaba ganar menos de lo que había calculado. Acepté el ofrecimiento y empecé a trabajar algunos días después.

Fujairah no se parece en nada a Dubai. Es una pequeña ciudad con un solo centro comercial grande. Pero el ambiente es agradable, y la gente lo es todavía más. Los empleados del hospital dijeron que tratarían de contratar a mi esposa cuando llegara a los emiratos.
Alquilé un apartamento con un joven egipcio que trabajaba como contable. Nuestro edificio daba al Golfo de Omán, y teníamos una vista espectacular. Salíamos a dar largos paseos nocturnos por la playa y a respirar el cálido y salado aire de la ciudad.
Pasaron dos meses y mi solicitud de una visa de trabajo todavía no llegaba. Tuve que marcharme de los Emiratos Árabes Unidos porque mi visa de turista estaba a punto de vencer. Después de volver a Bagdad, todos los días tomé contacto con los empleados del hospital para preguntar si sabían algo de mi solicitud de visa.
Después de tres meses, hubo algún progreso: El ministerio del Trabajo había aprobado mi permiso de trabajo. Pero el gobierno de los EAU todavía no me otorgaba la visa necesaria.
Un día, un empleado del hospital me llamó a Bagdad. Me dijo que habían rechazado mi petición de visa. No sabía por qué. Cuando se lo dije a mi esposa, se echó a llorar.
Vivir en Iraq antes era difícil. Pero ahora lo es todavía más, porque sabíamos lo que era vivir en otro lugar.

El mes pasado once iraquíes fueron asesinados por unos contratistas de seguridad norteamericanos que abrieron fuego en medio de una frecuentada plaza bagdadí. La plaza está cerca de casa, y mi mujer, madre y bebé debían estar en esa zona a esas horas. Llamé de inmediato a mi madre y a mi mujer. Ninguna respondió.
No podía dejar de pensar en las terribles escenas que había presenciado en mi trabajo como periodista.
Decidí que tenía que ir a la plaza y ver qué había pasado, cuando mi esposa finalmente respondió mi llamada. Había estado sacando las compras del coche para llevarlas a la cocina y no había visto el incidente, que había ocurrido cuando ellas habían terminado de cruzar la plaza.
Me alivió oír su voz, y el sonido de Sara jugando en el fondo, pero mis manos no dejaron de temblar por el resto de ese día.
Mi esposa dice que ser iraquíes es nuestra mala suerte. "Esta mala suerte la llevaremos eternamente", dijo después de que rechazaran la visa.
Creo que tiene razón.
Después de que rechazaran mi petición, un enfermero de India que había llegado al hospital después de mí, obtuvo su visado. El procesamiento de su solicitud tomó dos semanas. Envió entonces a por su familia.
Pero dejaron pasar tres meses antes de decirme que yo no podría hacer lo mismo.

11 de octubre de 2007
7 de octubre de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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