camino equivocado en iraq
La guerra continuará mientras chiíes y kurdos por un lado, y sunníes, por otro, no alcancen un acuerdo sobre qué Iraq quieren.
Mientras Iraq avanza hacia el referéndum sobre su nueva constitución a sólo tres semanas, muchos de sus políticos más importantes conceden de buena gana que la constitución presenta serios defectos y que su aprobación puede empeorar antes que aliviar la inclemente violencia. Los presidentes de países árabes vecinos y algunos funcionarios del gobierno de Bush parecen compartir esta opinión. Sin embargo, ninguno de esos funcionarios ha estado dispuesto o sido capaz de detener el proceso político. Algunos, como el presidente iraquí Jalal Talabani, hablan con optimismo sobre solucionar los problemas de la constitución agregando un apéndice entre ahora y el 15 de octubre. Otros, incluyendo a importantes funcionarios de gobierno, más realistas, miran más allá del referéndum a las elecciones parlamentarias de fin de año. Las elecciones, creen, producirán un grupo diferente y más representativo de iraquíes capaces de resolver los muchos problemas que la constitución deja sin solucionar.
Enfrentado a un decreciente apoyo interno, el gobierno de Bush parece impulsado por un imprudente celo para producir resultados visibles en Iraq -tales como la ratificación de la constitución-, por difícil que sea. En el mejor de los casos, los estrategas de la administración calculan que seguir adelante con el referéndum ofrece mejores posibilidades de un éxito potencial antes que tratar de parar y empezar de nuevo. Sin embargo, a juzgar por lo que dicen algunos iraquíes afines, el riesgo es tan grande que el proceso constitucional inclinará a Iraq definitivamente hacia la guerra civil o producirá un estado lejos del objetivo de una democracia tolerante por la que casi 2.000 estadounidenses han entregado sus vidas.
La fuente fundamental de los problemas no son los extremistas musulmanes sobre los que habla el presidente Bush; tampoco es la presencia de soldados americanos. Si los manifestantes que visitan Washington esta semana logran obligar a Estados Unidos a una rápida retirada de tropas, el derramamiento de sangre en Iraq y el daño para Estados Unidos, serán mucho peores. Es así porque el problema real es la falta de un acuerdo sobre el futuro de Iraq entre la mayoría chií y las comunidades kurdas y la minoría sunní, que gobernó el país desde su fundación hasta la caída de Saddam Hussein. Esa desconexión se expresó en el abrumador rechazo por líderes sunníes del borrador constitucional.
En un signo esperanzador, los sunníes están esforzándose para inscribir a sus votantes y lograr una participación masiva en el referéndum, en marcado contraste con su boicot de las elecciones de enero. Pero el resultado más probable de esa participación democrática es que los sunníes votarán abrumadoramente contra la constitución -y sin embargo será ratificada por los votos de chiíes y kurdos. Funcionarios del actual gobierno chií temen que ese resultado provoque que sunníes moderados rechacen el naciente sistema político y se incorporan más profundamente a la resistencia armada, que no dirigen musulmanes extranjeros como Abu Musab Zarqawi, sino nacionalistas sunníes iraquíes.
Los defensores de la constitución dicen que muchos líderes sunníes son partidarios recalcitrantes de Hussein que no aceptarán ningún sistema democrático en Iraq y que representan a la mayoría de los sunníes. Eso es probablemente verdad, pero es también verdad que algunas quejas sunníes sobre la constitución son legítimas. Aunque los detalles de la implementación fueron pospuestos, el borrador actual permitirá a los chiíes, que ya controlan el gobierno nacional, crear su propio mini-estado en el sur de Iraq, que será muy probablemente gobernado por clérigos y la ley musulmana y se aliarán estrechamente con el vecino Irán. Los kurdos tienen su propio mini-estado en el norte de Iraq y probablemente se apoderarán de la ciudad de Kirkuk y de su petróleo. Esta radical forma de federalismo' no sólo arruinaría a la comunidad sunní, sino también la población mixta de Bagdad: Sería una amenaza e incluso desestabilizaría a todos los vecinos de Iraq, excepto Irán. Produciría un Iraq que Estados Unidos no tendrá interés en defender.
El único modo que tiene Iraq para evitar una catástrofe es alcanzando un acuerdo político entre chiíes, kurdos y sunníes, que se base en la preservación de Iraq como un estado federal, pero unido, en el que los recursos y el poder político sean repartidos con ecuanimidad y se protejan los derechos humanos. El gobierno de Bush, y los líderes iraquíes mismos, deben concentrarse más en lograr un compromiso nacional antes que consagrar prematuramente pedazos de papel o adhiriendo a fechas límite fijadas arbitrariamente hace 18 meses. Mientras más se tarde en alcanzar un compromiso real, más grande será el riesgo de que los iraquíes se estanquen en una marcha hacia una ruinosa guerra civil, se acate o no el calendario político. Muchos importantes líderes iraquíes, entre ellos chiíes y kurdos, saben qué se necesita. El gobierno de Bush debe impulsarlos a la acción. Si lo logra en las próximas tres semanas, las posibilidades de que pueda rescatar la misión americana en Iraq serán mucho mejores.
25 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
Mientras Iraq avanza hacia el referéndum sobre su nueva constitución a sólo tres semanas, muchos de sus políticos más importantes conceden de buena gana que la constitución presenta serios defectos y que su aprobación puede empeorar antes que aliviar la inclemente violencia. Los presidentes de países árabes vecinos y algunos funcionarios del gobierno de Bush parecen compartir esta opinión. Sin embargo, ninguno de esos funcionarios ha estado dispuesto o sido capaz de detener el proceso político. Algunos, como el presidente iraquí Jalal Talabani, hablan con optimismo sobre solucionar los problemas de la constitución agregando un apéndice entre ahora y el 15 de octubre. Otros, incluyendo a importantes funcionarios de gobierno, más realistas, miran más allá del referéndum a las elecciones parlamentarias de fin de año. Las elecciones, creen, producirán un grupo diferente y más representativo de iraquíes capaces de resolver los muchos problemas que la constitución deja sin solucionar.Enfrentado a un decreciente apoyo interno, el gobierno de Bush parece impulsado por un imprudente celo para producir resultados visibles en Iraq -tales como la ratificación de la constitución-, por difícil que sea. En el mejor de los casos, los estrategas de la administración calculan que seguir adelante con el referéndum ofrece mejores posibilidades de un éxito potencial antes que tratar de parar y empezar de nuevo. Sin embargo, a juzgar por lo que dicen algunos iraquíes afines, el riesgo es tan grande que el proceso constitucional inclinará a Iraq definitivamente hacia la guerra civil o producirá un estado lejos del objetivo de una democracia tolerante por la que casi 2.000 estadounidenses han entregado sus vidas.
La fuente fundamental de los problemas no son los extremistas musulmanes sobre los que habla el presidente Bush; tampoco es la presencia de soldados americanos. Si los manifestantes que visitan Washington esta semana logran obligar a Estados Unidos a una rápida retirada de tropas, el derramamiento de sangre en Iraq y el daño para Estados Unidos, serán mucho peores. Es así porque el problema real es la falta de un acuerdo sobre el futuro de Iraq entre la mayoría chií y las comunidades kurdas y la minoría sunní, que gobernó el país desde su fundación hasta la caída de Saddam Hussein. Esa desconexión se expresó en el abrumador rechazo por líderes sunníes del borrador constitucional.
En un signo esperanzador, los sunníes están esforzándose para inscribir a sus votantes y lograr una participación masiva en el referéndum, en marcado contraste con su boicot de las elecciones de enero. Pero el resultado más probable de esa participación democrática es que los sunníes votarán abrumadoramente contra la constitución -y sin embargo será ratificada por los votos de chiíes y kurdos. Funcionarios del actual gobierno chií temen que ese resultado provoque que sunníes moderados rechacen el naciente sistema político y se incorporan más profundamente a la resistencia armada, que no dirigen musulmanes extranjeros como Abu Musab Zarqawi, sino nacionalistas sunníes iraquíes.
Los defensores de la constitución dicen que muchos líderes sunníes son partidarios recalcitrantes de Hussein que no aceptarán ningún sistema democrático en Iraq y que representan a la mayoría de los sunníes. Eso es probablemente verdad, pero es también verdad que algunas quejas sunníes sobre la constitución son legítimas. Aunque los detalles de la implementación fueron pospuestos, el borrador actual permitirá a los chiíes, que ya controlan el gobierno nacional, crear su propio mini-estado en el sur de Iraq, que será muy probablemente gobernado por clérigos y la ley musulmana y se aliarán estrechamente con el vecino Irán. Los kurdos tienen su propio mini-estado en el norte de Iraq y probablemente se apoderarán de la ciudad de Kirkuk y de su petróleo. Esta radical forma de federalismo' no sólo arruinaría a la comunidad sunní, sino también la población mixta de Bagdad: Sería una amenaza e incluso desestabilizaría a todos los vecinos de Iraq, excepto Irán. Produciría un Iraq que Estados Unidos no tendrá interés en defender.
El único modo que tiene Iraq para evitar una catástrofe es alcanzando un acuerdo político entre chiíes, kurdos y sunníes, que se base en la preservación de Iraq como un estado federal, pero unido, en el que los recursos y el poder político sean repartidos con ecuanimidad y se protejan los derechos humanos. El gobierno de Bush, y los líderes iraquíes mismos, deben concentrarse más en lograr un compromiso nacional antes que consagrar prematuramente pedazos de papel o adhiriendo a fechas límite fijadas arbitrariamente hace 18 meses. Mientras más se tarde en alcanzar un compromiso real, más grande será el riesgo de que los iraquíes se estanquen en una marcha hacia una ruinosa guerra civil, se acate o no el calendario político. Muchos importantes líderes iraquíes, entre ellos chiíes y kurdos, saben qué se necesita. El gobierno de Bush debe impulsarlos a la acción. Si lo logra en las próximas tres semanas, las posibilidades de que pueda rescatar la misión americana en Iraq serán mucho mejores.
25 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
más torturas en iraq
[Richard A. Serrano] La 82 División Aerotransportada es acusada de maltratos en 2003 y principios de 2004.
Washington, Estados Unidos. Un capitán del Ejército y dos sargentos de la División Aerotransportada 82 que fueron responsables de la vigilancia de prisioneros en Iraq han acusado públicamente a miembros de la unidad de golpear, torturar y abusar de los detenidos de manera sistemática en 2003 y principios de 2004.
El Pentágono anunció el viernes que había abierto una investigación criminal de las acusaciones de esta semana, después de enterarse hace poco de las acusaciones del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado y de Human Rights Watch.
El capitán Ian Fishback, licenciado en West Point, se puso en contacto con la comisión del senado y presentó las acusaciones en los últimos diez días, diciendo que le frustraba que sus oficiales superiores no hubieran respondido, dijeron ayudantes del comité.
Fishback y los dos sargentos, cuyos nombres no han sido revelados, también hicieron acusaciones de abusos a Human Rights Watch. El capitán es el primer oficial en hacer públicas acusaciones de maltratos a detenidos en Iraq desde que estallara el escándalo de las torturas en la prisión de Abu Ghraib.
En cartas recientes a varios miembros del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, Fishback dijo que presenció a detenidos que eran desnudados, privados de sueño, expuestos a los elementos y "obligados a estar en posiciones incómodas durante prolongados períodos de tiempo con el propósito expreso de forzarles a revelar otras informaciones además del nombre, rango y número".
Human Rights Watch, de Nueva York, declaró el viernes que uno de los sargentos contó al grupo: "Les pegábamos en la cabeza, pecho, piernas y estómago, los echábamos al suelo, los pateábamos. Eso ocurría todos los días". El sargento, dijeron, describió los maltratos que ocurrieron en una base cerca de Faluya como "iguales", diciendo que "lo hacíamos para divertirnos".
De acuerdo a Human Rights Watch, los sargentos dijeron que habían visto a soldados quebrar las piernas de prisioneros. El grupo dijo que los sargentos habían contado que habían mirado y participado en algunos de los incidentes.
Ninguno de los sargentos ni el capitán -que escribió a los miembros del comité del senado, incluyendo al presidente John W. Warner (republicano de Virginia), Carl Levin (demócrata de Michigan) y John McCain (republicano de Arizona), víctima de torturas en Vietnam- pudo ser localizado el viernes.
Si se prueban, las acusaciones representarían uno de los peores episodios en el maltrato de prisioneros de parte de personal militar americano desde la invasión estadounidense de Iraq en marzo de 2003. Esta es la primera vez que soldados del ejército regular han sido implicados en extensos abusos. Casos previos han girado sobre actos antirreglamentarios de tropas relativamente poco adiestradas de la Guardia Nacional y la Reserva.
La Divisiónn 82 es una de las unidades más legendarias de las fuerzas armadas americanas. La división tiene una historia de servicios distinguidos de casi un siglo, y sus miembros son considerados como profesionales altamente profesionales. Formada en la Primera Guerra Mundial, la división fue reactivada durante la Segunda, cuando sus paracaidistas escogidos se lanzaron detrás de las líneas alemanas para preparar la invasión de Europa el Día D.
Con base en Ft. Bragg, Carolina del Norte, es el cuerpo de paracaidistas más grande del mundo. Sus miembros participaron en la Guerra del Golfo Pérsico en 1991 y varias brigadas han cumplido varios períodos de servicio en Iraq.
En esa unidad evidencias de un rompimiento importante de la disciplina pondría en cuestión la contención del ejército de que abusos revelados anteriormente no reflejaban problemas sistemáticos. Los actos antirreglamentarios reportados por Fishback y los dos suboficiales habrían empezado en septiembre de 2003 y continuaron hasta el siguiente abril. Los abusos en Abu Ghraib ocurrieron dentro de ese período, principalmente en el otoño de 2003, y fueron revelados públicamente en abril de 2004.
Un ayudante del Capitolio familiarizado con las nuevas acusaciones dijeron que eran consideradas "muy verosímiles".
En sus revelaciones, Fishback y los sargentos dijeron que los detenidos temían por sus vidas y se refirieron a miembros de la División 82 como "maníacos asesinos" debido al nivel de brutalidad con que trataban a los prisioneros.
En el Pentágono, el portavoz del Ejército Paul Boyce dijo el viernes que los militares creían que las acusaciones eran lo suficientemente serias como para justificar una investigación criminal a gran escala. "Estas acusaciones son delitos potenciales", dijo Boyce. "Queremos hablar con cualquiera que pueda corroborar esta información. Estas cosas deben ser investigadas cuidadosamente".
Interrogado sobre si la investigación criminal del ejército fue lanzada solamente porque el comité del senado se enteró de las acusaciones, Boyce dijo: "Lo empezamos a investigar tan pronto como nos enteramos".
Los dos sargentos proporcionaron detallados informes sobre las torturas rutinarias a que eran sometidos los prisioneros recluidos en los alrededores de Faluya. Faluya ha sido el escenario de algunas de las peores batallas de la guerra.
"Un día aparece un sargento y le dice a un PUC [person under control, persona bajo control] que recoja un palo", dijo uno de los sargentos, según Human Rights Watch. "Le dijimos que se agachara y le quebramos la pierna con un mini Louisville Slugger, un bate de metal".
Los sargentos formaban parte de una base de operaciones de avanzada llamada Mercury.
En sus declaraciones los tres dijeron que habían presenciado con otros a soldados dando puñetazos y patadas a los prisioneros en las caras, pechos, estómagos y miembros, arrojando químicos a su piel y ojos, y obligando a los detenidos a estar en posiciones difíciles tales como sostener pesadas jarras de agua con los brazos estirados.
En retrospectiva, uno de los sargentos reconoció en una entrevista con Human Rights Watch que "lo que hicimos estaba equivocado". En esa época, dijo, "se aceptaba todo lo que hacíamos; todo el mundo hacía la vista gorda".
Dijo que los maltratos continuaron después de que su unidad se enterara de lo sucedido en Abu Ghraib.
El otro sargento dijo que los soldados se fanfarroneaban a menudo de que torturaban a los prisioneros. "Vi unas palizas muy duras, oí un montón de historias", dijo. "Los tipos hablaban siempre de que lo hacían a los PUKs. Los tipos decían lo que les hacían, no les importaba".
Tratando de explicar los graves maltratos, el sargento dijo: "Poner a tipos frustrados a cargo de los prisioneros es lo peor que se puede hacer". La frustración entre las tropas que dirigía el sargento fue aparentemente el resultado de sus experiencias con los ataques de los rebeldes en el área de Faluya, que se reclamaron muchas vidas americanas.
La unidad de Fishback volvió de Iraq en la primavera de 2004. Para entonces, dijo, él y sus soldados y paracaidistas ya conocían los maltratos de Abu Ghraib.
Como en la infame penitenciaría cerca de Bagdad, dijo Fishback a la comisión del senado, los soldados sacaban fotos a los prisioneros mientras eran violentados para que hablaran -y, dijo, la violencia fue ejercida bajo la dirección de oficiales de la inteligencia militar que querían ablandar a los prisioneros antes del interrogatorio.
Fishback fue descrito por ayudantes del senado como un oficial tranquilo, concienzudo, formalista, que se mostró reluctante a ver al ejército sometido al tipo de la vergüenza pública que vivió durante el escándalo de Abu Ghraib.
"Algunos paracaidistas tomaron fotos durante los interrogatorios de los detenidos, pero las destruyeron después del escándalo de Abu Ghraib porque otros soldados estaban teniendo serias dificultades por las cosas que nos ordenaban que hiciéramos", dijo Fishback en una carta al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado.
Dijo que estaba indignado, así como preocupado de que su unidad también hubiera cruzado esa línea. Dijo que había comentado lo que había visto y oído en Iraq con compañeros de curso de West Point y con el capellán de la academia.
Dijo al comité que en los últimos 17 meses primero escribió un memorándum al comandante de su compañía, diciendo que los militares violaban la Convención de Ginebra. Dijo que le dijeron que considerara el honor de su unidad y el comandante dijo: "no me defendería si yo llevaba el asunto más arriba", decía una de las cartas de Fishback.
Fishback dijo que "conté inmediatamente mis preocupaciones al comandante de mi batallón", que le dijo que ese era un "área gris". Habló con abogados del ejército, dijo, y le dijeron lo mismo, que cosas como "desnudar a los prisioneros y encadenarlos al suelo puede estar en conformidad con la Convención de Ginebra".
Todavía frustrado, llamó a su diputado. Luego, a principios de mes, se acercó a la comisión del senado, que había realizado audiencias sobre lo sucedido en Abu Ghraib.
Fishback dijo que se preocupó en particular cuando el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo al comité el año pasado, justo después de que estallara el escándalo de Abu Ghraib, que los militares acataban las reglas de la Convención de Ginebra.
"Me preocupó de inmediato que el ejército estuviera participando en una mentira al congreso, que habría sido una clara violación de la Constitución", dijo.
"Métodos de interrogatorios que violan la Convención de Ginebra se introdujeron en los sistemas americanos. El problema era sistemático, y estaba extendido".
25 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. Un capitán del Ejército y dos sargentos de la División Aerotransportada 82 que fueron responsables de la vigilancia de prisioneros en Iraq han acusado públicamente a miembros de la unidad de golpear, torturar y abusar de los detenidos de manera sistemática en 2003 y principios de 2004.El Pentágono anunció el viernes que había abierto una investigación criminal de las acusaciones de esta semana, después de enterarse hace poco de las acusaciones del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado y de Human Rights Watch.
El capitán Ian Fishback, licenciado en West Point, se puso en contacto con la comisión del senado y presentó las acusaciones en los últimos diez días, diciendo que le frustraba que sus oficiales superiores no hubieran respondido, dijeron ayudantes del comité.
Fishback y los dos sargentos, cuyos nombres no han sido revelados, también hicieron acusaciones de abusos a Human Rights Watch. El capitán es el primer oficial en hacer públicas acusaciones de maltratos a detenidos en Iraq desde que estallara el escándalo de las torturas en la prisión de Abu Ghraib.
En cartas recientes a varios miembros del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, Fishback dijo que presenció a detenidos que eran desnudados, privados de sueño, expuestos a los elementos y "obligados a estar en posiciones incómodas durante prolongados períodos de tiempo con el propósito expreso de forzarles a revelar otras informaciones además del nombre, rango y número".
Human Rights Watch, de Nueva York, declaró el viernes que uno de los sargentos contó al grupo: "Les pegábamos en la cabeza, pecho, piernas y estómago, los echábamos al suelo, los pateábamos. Eso ocurría todos los días". El sargento, dijeron, describió los maltratos que ocurrieron en una base cerca de Faluya como "iguales", diciendo que "lo hacíamos para divertirnos".
De acuerdo a Human Rights Watch, los sargentos dijeron que habían visto a soldados quebrar las piernas de prisioneros. El grupo dijo que los sargentos habían contado que habían mirado y participado en algunos de los incidentes.
Ninguno de los sargentos ni el capitán -que escribió a los miembros del comité del senado, incluyendo al presidente John W. Warner (republicano de Virginia), Carl Levin (demócrata de Michigan) y John McCain (republicano de Arizona), víctima de torturas en Vietnam- pudo ser localizado el viernes.
Si se prueban, las acusaciones representarían uno de los peores episodios en el maltrato de prisioneros de parte de personal militar americano desde la invasión estadounidense de Iraq en marzo de 2003. Esta es la primera vez que soldados del ejército regular han sido implicados en extensos abusos. Casos previos han girado sobre actos antirreglamentarios de tropas relativamente poco adiestradas de la Guardia Nacional y la Reserva.
La Divisiónn 82 es una de las unidades más legendarias de las fuerzas armadas americanas. La división tiene una historia de servicios distinguidos de casi un siglo, y sus miembros son considerados como profesionales altamente profesionales. Formada en la Primera Guerra Mundial, la división fue reactivada durante la Segunda, cuando sus paracaidistas escogidos se lanzaron detrás de las líneas alemanas para preparar la invasión de Europa el Día D.
Con base en Ft. Bragg, Carolina del Norte, es el cuerpo de paracaidistas más grande del mundo. Sus miembros participaron en la Guerra del Golfo Pérsico en 1991 y varias brigadas han cumplido varios períodos de servicio en Iraq.
En esa unidad evidencias de un rompimiento importante de la disciplina pondría en cuestión la contención del ejército de que abusos revelados anteriormente no reflejaban problemas sistemáticos. Los actos antirreglamentarios reportados por Fishback y los dos suboficiales habrían empezado en septiembre de 2003 y continuaron hasta el siguiente abril. Los abusos en Abu Ghraib ocurrieron dentro de ese período, principalmente en el otoño de 2003, y fueron revelados públicamente en abril de 2004.
Un ayudante del Capitolio familiarizado con las nuevas acusaciones dijeron que eran consideradas "muy verosímiles".
En sus revelaciones, Fishback y los sargentos dijeron que los detenidos temían por sus vidas y se refirieron a miembros de la División 82 como "maníacos asesinos" debido al nivel de brutalidad con que trataban a los prisioneros.
En el Pentágono, el portavoz del Ejército Paul Boyce dijo el viernes que los militares creían que las acusaciones eran lo suficientemente serias como para justificar una investigación criminal a gran escala. "Estas acusaciones son delitos potenciales", dijo Boyce. "Queremos hablar con cualquiera que pueda corroborar esta información. Estas cosas deben ser investigadas cuidadosamente".
Interrogado sobre si la investigación criminal del ejército fue lanzada solamente porque el comité del senado se enteró de las acusaciones, Boyce dijo: "Lo empezamos a investigar tan pronto como nos enteramos".
Los dos sargentos proporcionaron detallados informes sobre las torturas rutinarias a que eran sometidos los prisioneros recluidos en los alrededores de Faluya. Faluya ha sido el escenario de algunas de las peores batallas de la guerra.
"Un día aparece un sargento y le dice a un PUC [person under control, persona bajo control] que recoja un palo", dijo uno de los sargentos, según Human Rights Watch. "Le dijimos que se agachara y le quebramos la pierna con un mini Louisville Slugger, un bate de metal".
Los sargentos formaban parte de una base de operaciones de avanzada llamada Mercury.
En sus declaraciones los tres dijeron que habían presenciado con otros a soldados dando puñetazos y patadas a los prisioneros en las caras, pechos, estómagos y miembros, arrojando químicos a su piel y ojos, y obligando a los detenidos a estar en posiciones difíciles tales como sostener pesadas jarras de agua con los brazos estirados.
En retrospectiva, uno de los sargentos reconoció en una entrevista con Human Rights Watch que "lo que hicimos estaba equivocado". En esa época, dijo, "se aceptaba todo lo que hacíamos; todo el mundo hacía la vista gorda".
Dijo que los maltratos continuaron después de que su unidad se enterara de lo sucedido en Abu Ghraib.
El otro sargento dijo que los soldados se fanfarroneaban a menudo de que torturaban a los prisioneros. "Vi unas palizas muy duras, oí un montón de historias", dijo. "Los tipos hablaban siempre de que lo hacían a los PUKs. Los tipos decían lo que les hacían, no les importaba".
Tratando de explicar los graves maltratos, el sargento dijo: "Poner a tipos frustrados a cargo de los prisioneros es lo peor que se puede hacer". La frustración entre las tropas que dirigía el sargento fue aparentemente el resultado de sus experiencias con los ataques de los rebeldes en el área de Faluya, que se reclamaron muchas vidas americanas.
La unidad de Fishback volvió de Iraq en la primavera de 2004. Para entonces, dijo, él y sus soldados y paracaidistas ya conocían los maltratos de Abu Ghraib.
Como en la infame penitenciaría cerca de Bagdad, dijo Fishback a la comisión del senado, los soldados sacaban fotos a los prisioneros mientras eran violentados para que hablaran -y, dijo, la violencia fue ejercida bajo la dirección de oficiales de la inteligencia militar que querían ablandar a los prisioneros antes del interrogatorio.
Fishback fue descrito por ayudantes del senado como un oficial tranquilo, concienzudo, formalista, que se mostró reluctante a ver al ejército sometido al tipo de la vergüenza pública que vivió durante el escándalo de Abu Ghraib.
"Algunos paracaidistas tomaron fotos durante los interrogatorios de los detenidos, pero las destruyeron después del escándalo de Abu Ghraib porque otros soldados estaban teniendo serias dificultades por las cosas que nos ordenaban que hiciéramos", dijo Fishback en una carta al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado.
Dijo que estaba indignado, así como preocupado de que su unidad también hubiera cruzado esa línea. Dijo que había comentado lo que había visto y oído en Iraq con compañeros de curso de West Point y con el capellán de la academia.
Dijo al comité que en los últimos 17 meses primero escribió un memorándum al comandante de su compañía, diciendo que los militares violaban la Convención de Ginebra. Dijo que le dijeron que considerara el honor de su unidad y el comandante dijo: "no me defendería si yo llevaba el asunto más arriba", decía una de las cartas de Fishback.
Fishback dijo que "conté inmediatamente mis preocupaciones al comandante de mi batallón", que le dijo que ese era un "área gris". Habló con abogados del ejército, dijo, y le dijeron lo mismo, que cosas como "desnudar a los prisioneros y encadenarlos al suelo puede estar en conformidad con la Convención de Ginebra".
Todavía frustrado, llamó a su diputado. Luego, a principios de mes, se acercó a la comisión del senado, que había realizado audiencias sobre lo sucedido en Abu Ghraib.
Fishback dijo que se preocupó en particular cuando el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo al comité el año pasado, justo después de que estallara el escándalo de Abu Ghraib, que los militares acataban las reglas de la Convención de Ginebra.
"Me preocupó de inmediato que el ejército estuviera participando en una mentira al congreso, que habría sido una clara violación de la Constitución", dijo.
"Métodos de interrogatorios que violan la Convención de Ginebra se introdujeron en los sistemas americanos. El problema era sistemático, y estaba extendido".
25 de septiembre de 2005
©los angeles times
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paciencia chií a prueba
[Sabrina Tavernise y Robert F. Worth] Con implacables y crueles ataques insurgentes.
Bagdad, Iraq. La mayoría de los cuartos de los muertos están ahora vacíos. Todo lo que queda son sus escuálidas pertenencias: Una pequeña pila de escabeches. Una bolsa de sal. Un par de zapatos viejos. Camisas de trabajo y toallas cubriendo una percha en el rincón.
Los artículos, dejados en un hostal en el barrio de Kadhimiya de Bagdad, pertenecían a pobres jornaleros chiíes que murieron el miércoles en un atentado kamikaze. El atacante los atrajo a su furgoneta con promesas de trabajo y se hizo entonces volar, matando a 114 personas. Fue el atentado más sangriento de la ciudad desde la invasión estadounidense y, según muchos, el más cruel.
Ese ataque, y una serie de otros que siguieron, todos dirigidos contra chiíes, han introducido una nueva vulnerabilidad y desorden en las calles de Bagdad, la capital. Durante días, tres de las cuatro carreteras principales de Kadhimiya estuvieron cerradas. Los barrios han estado inusualmente tranquilos, ya que los chiíes se quedan en casa, con miedo a salir. La violencia también ha reforzado una nueva realidad de la guerra: Que ahora los chiíes están pagando el precio más alto en sangre que cualquier otro grupo en Iraq.
"A los americanos ya no los atacan; son los chiíes los que sufren con estos atentados", dijo el propietario, de cuarenta años, de una tabaquería frente al sitio del atentado, que sólo dio su apodo, Abu Ali. "Ahora están subiendo. A veces hay varios al día".
Los miembros de las fuerzas americanas siguen siendo claramente un importante blanco de los ataques rebeldes, que causan muertes todas las semanas, y las bajas americanas totales de la guerra se acercan a los 2.000 soldados. Pero en los últimos meses los insurgentes han cambiado marcadamente su estrategia hacia el asesinato de civiles chiíes, y el número de atentados en mezquitas, mercados y áreas populosas han subido vertiginosamente desde la primavera. La amenaza de más masacres se agudizó la semana pasada cuando el arquitecto de gran parte de los asesinatos, Abu Musab al-Zarqawi, declaró una "guerra total contra los chiíes en todo Iraq, donde y cuando les encontremos".
Si el país no se deslizado a una guerra civil abierta es principalmente porque la inmensa mayoría de los chiíes se niega a ser arrastrada al asesinato. Adhiriendo a los llamados de sus jefes espirituales en Nayaf, hablan de los atentados en Kadhimiya como la última tragedia en una larga historia de sufrimientos que se remontan a la fundación del chiísmo en el siglo 7.
Pero a medida que la resistencia se vuelve más mortífera, la cuestión es si esa histórica tolerancia del sufrimiento se mantendrá.
En Kadhimiya, la respuesta es, al menos de momento, sí.
"Es la voluntad de Dios", dijo Ali Hussein, 38, jornalero de Nasiriya, que vive en el hostal, llamado Haji Awda. "Ha sido así desde la antigüedad. Es nuestro destino".
La explosión destruyó a la familia Hussein. Su cuñado, con el que compartía el cuarto, ha desaparecido desde la explosión. Hussein no ha podido convencerse de llamar a su hermana, esperando primero tener noticias de su marido, con el que llevaba apenas dos meses casada. Desde el miércoles Hussein ha buscado en 12 hospitales de Bagdad, pero sin éxito.
Sin embargo, en el pequeño cuarto que compartían no había indignación, sino una discreta aceptación y tristeza por la pérdida. Hussein mostró a un visitante las escasas pertenencias de su cuñado -una camisa deshilachada, pantalones de algodón sueltos, y una dishdasa o bata tradicional- en su catre.
"Como chiíes decimos que los iraquíes somos todos una mano: sunníes, chiíes, kurdos y cristianos".
Sin embargo, los implacables ataques han profundizado la sensación de angustia entre los chiíes, que dicen que el temor a más masacres ha penetrado todos los aspectos de sus vidas. En Kadhimiya se observa más visiblemente, por las pancartas negras con los nombres de algunos de los muertos que ondean desde las fachadas de los edificios, mientras los trabajadores todavía sacan con palas las pilas de escombros causadas por la explosión y la mayoría de las ventanas no tienen cristal.
Las calles en los alrededores del sitio del atentado en Kadhimiya, aunque sombrías, bullían el domingo con tranquilas reparaciones. Los tenderos estaban parados entre pilas de escombros y observaban los daños mientras barrían y martillaban. Mussa Awda, uno de los tres hermanos que administran el hostal, mostró donde se había claveteado madera terciada para remplazar un techo que se había derrumbado con la explosión. "Tenemos bastante paciencia", dijo Awda. "Gracias a Dios".
En más de una docena de entrevistas este fin de semana, el deseo de buscar venganza no fue mencionado nunca.
"Si eligiera pelear", dijo Dhafer Amer, 23, que trabaja en la tienda de alfombras de su padre no muy lejos de donde estalló la bomba en Kadhimiya, "sólo haría las cosas peor".
Sin embargo, hay signos de que la eterna tolerancia chií puede haber empezado a agotarse. Algunos chiíes han empezado a acusar al gobierno -controlado por partidos religiosos chiíes- de no ser capaz de actuar decisivamente contra los autores de los atentados.
"Nuestra paciencia muestra que somos más fuertes que ellos", dijo Abbas Swadi, que trabaja en un salón de té de Kadhimiya. "Pero estamos peleando con nuestra paciencia".
Muchos chiíes también se quejaron de que los líderes árabes sunníes no se han pronunciado con suficiente firmeza contra los atentados. Poco después de los atentados el miércoles, el grupo de clérigos sunníes de línea dura más prominente de Iraq, la Asociación de Clérigos Musulmanes, respondió a la declaración de guerra de Zarqawi con un suave comentario público donde le "aconsejaban" desistir. La observación no pasó desapercibida en los barrios chiíes que llevaban el peso del dolor del miércoles.
"Cómo se atreven a decirlo tan débilmente", dijo Falah Jiad, trabajador en una heladería en Shula, otra área chií de Bagdad donde se cometió un atentado el miércoles. "Nos hace pensar que aceptan los ataques de Zarqawi contra nosotros".
Los sunníes también están siendo asesinados, y los clérigos han acusado de las ejecuciones a las milicias chiíes. Los clérigos nunca dejan de mostrar su propio dolor, incluso en el hecho de las mayores pérdidas entre los chiíes. Las pérdidas de los chiíes son generalmente mayores, y algunos chiíes han expresado su frustración de que el desequilibrio no sea reconocido.
Las víctimas son a menudo los más pobres de la ciudad en un país donde el desempleo es de al menos un 30 por ciento. Swadi, 25, que es Nasiriya y perdió a varios amigos en la explosión, mantiene a su esposa e hijos con varios trabajos, incluyendo uno en un salón de té por 4.79 dólares al día. Duerme en el suelo del local. Otros jornaleros pagan unos 60 centavos por noche por un catre en un hostal como el de Awda.
Kadhimiya conoce la violencia; fue cerca de aquí que casi 1.000 peregrinos chiíes fueron matados en una estampida hace tres semanas que fue provocada por el temor a un terrorista suicida. Incluso así, la mera escala del sufrimiento en el atentado de miércoles fue asombrosa.
Karim al-Azawi iba en camino a abrir su tienda de desayunos la mañana de la explosión. Corrió a ayudar a la gente, pero terminó recogiendo partes de cuerpos -piernas, brazos, hasta un torso- en lugar de personas enteras, y haciendo una pila con ellos. Más tarde, cuando quiso chequear el daño desde el techo del edificio, encontró una espalda humana, desprovista de hueso, en el suelo del polvoriento concreto.
Una larga y aceitosa mancha oscura era todo lo que quedaba de la horripilante vista del domingo. Pero nada, aparentemente, puede menoscabar la elasticidad chií. El domingo por la noche, muchedumbres de peregrinos chiíes del sur y centro de Iraq inundaron la ciudad santa chií de Karbala para el festivo religioso de Shabaniya, una celebración del nacimiento del duodécimo imán chií.
En Bagdad, a unos 100 kilómetros al norte, Hussein meditaba sobre la oportunidad del viaje. Cuando le pregunté cómo llegaría, dijo sin titubear: "Caminando con mis propios pies".
Sahar Najib y Abdul Razzaq al-Saiedy contribuyeron con informes desde Bagdad y un empleado iraquí del New York Times de Karbala.
24 de septiembre de 2005
19 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. La mayoría de los cuartos de los muertos están ahora vacíos. Todo lo que queda son sus escuálidas pertenencias: Una pequeña pila de escabeches. Una bolsa de sal. Un par de zapatos viejos. Camisas de trabajo y toallas cubriendo una percha en el rincón. Los artículos, dejados en un hostal en el barrio de Kadhimiya de Bagdad, pertenecían a pobres jornaleros chiíes que murieron el miércoles en un atentado kamikaze. El atacante los atrajo a su furgoneta con promesas de trabajo y se hizo entonces volar, matando a 114 personas. Fue el atentado más sangriento de la ciudad desde la invasión estadounidense y, según muchos, el más cruel.
Ese ataque, y una serie de otros que siguieron, todos dirigidos contra chiíes, han introducido una nueva vulnerabilidad y desorden en las calles de Bagdad, la capital. Durante días, tres de las cuatro carreteras principales de Kadhimiya estuvieron cerradas. Los barrios han estado inusualmente tranquilos, ya que los chiíes se quedan en casa, con miedo a salir. La violencia también ha reforzado una nueva realidad de la guerra: Que ahora los chiíes están pagando el precio más alto en sangre que cualquier otro grupo en Iraq.
"A los americanos ya no los atacan; son los chiíes los que sufren con estos atentados", dijo el propietario, de cuarenta años, de una tabaquería frente al sitio del atentado, que sólo dio su apodo, Abu Ali. "Ahora están subiendo. A veces hay varios al día".
Los miembros de las fuerzas americanas siguen siendo claramente un importante blanco de los ataques rebeldes, que causan muertes todas las semanas, y las bajas americanas totales de la guerra se acercan a los 2.000 soldados. Pero en los últimos meses los insurgentes han cambiado marcadamente su estrategia hacia el asesinato de civiles chiíes, y el número de atentados en mezquitas, mercados y áreas populosas han subido vertiginosamente desde la primavera. La amenaza de más masacres se agudizó la semana pasada cuando el arquitecto de gran parte de los asesinatos, Abu Musab al-Zarqawi, declaró una "guerra total contra los chiíes en todo Iraq, donde y cuando les encontremos".
Si el país no se deslizado a una guerra civil abierta es principalmente porque la inmensa mayoría de los chiíes se niega a ser arrastrada al asesinato. Adhiriendo a los llamados de sus jefes espirituales en Nayaf, hablan de los atentados en Kadhimiya como la última tragedia en una larga historia de sufrimientos que se remontan a la fundación del chiísmo en el siglo 7.
Pero a medida que la resistencia se vuelve más mortífera, la cuestión es si esa histórica tolerancia del sufrimiento se mantendrá.
En Kadhimiya, la respuesta es, al menos de momento, sí.
"Es la voluntad de Dios", dijo Ali Hussein, 38, jornalero de Nasiriya, que vive en el hostal, llamado Haji Awda. "Ha sido así desde la antigüedad. Es nuestro destino".
La explosión destruyó a la familia Hussein. Su cuñado, con el que compartía el cuarto, ha desaparecido desde la explosión. Hussein no ha podido convencerse de llamar a su hermana, esperando primero tener noticias de su marido, con el que llevaba apenas dos meses casada. Desde el miércoles Hussein ha buscado en 12 hospitales de Bagdad, pero sin éxito.
Sin embargo, en el pequeño cuarto que compartían no había indignación, sino una discreta aceptación y tristeza por la pérdida. Hussein mostró a un visitante las escasas pertenencias de su cuñado -una camisa deshilachada, pantalones de algodón sueltos, y una dishdasa o bata tradicional- en su catre.
"Como chiíes decimos que los iraquíes somos todos una mano: sunníes, chiíes, kurdos y cristianos".
Sin embargo, los implacables ataques han profundizado la sensación de angustia entre los chiíes, que dicen que el temor a más masacres ha penetrado todos los aspectos de sus vidas. En Kadhimiya se observa más visiblemente, por las pancartas negras con los nombres de algunos de los muertos que ondean desde las fachadas de los edificios, mientras los trabajadores todavía sacan con palas las pilas de escombros causadas por la explosión y la mayoría de las ventanas no tienen cristal.
Las calles en los alrededores del sitio del atentado en Kadhimiya, aunque sombrías, bullían el domingo con tranquilas reparaciones. Los tenderos estaban parados entre pilas de escombros y observaban los daños mientras barrían y martillaban. Mussa Awda, uno de los tres hermanos que administran el hostal, mostró donde se había claveteado madera terciada para remplazar un techo que se había derrumbado con la explosión. "Tenemos bastante paciencia", dijo Awda. "Gracias a Dios".
En más de una docena de entrevistas este fin de semana, el deseo de buscar venganza no fue mencionado nunca.
"Si eligiera pelear", dijo Dhafer Amer, 23, que trabaja en la tienda de alfombras de su padre no muy lejos de donde estalló la bomba en Kadhimiya, "sólo haría las cosas peor".
Sin embargo, hay signos de que la eterna tolerancia chií puede haber empezado a agotarse. Algunos chiíes han empezado a acusar al gobierno -controlado por partidos religiosos chiíes- de no ser capaz de actuar decisivamente contra los autores de los atentados.
"Nuestra paciencia muestra que somos más fuertes que ellos", dijo Abbas Swadi, que trabaja en un salón de té de Kadhimiya. "Pero estamos peleando con nuestra paciencia".
Muchos chiíes también se quejaron de que los líderes árabes sunníes no se han pronunciado con suficiente firmeza contra los atentados. Poco después de los atentados el miércoles, el grupo de clérigos sunníes de línea dura más prominente de Iraq, la Asociación de Clérigos Musulmanes, respondió a la declaración de guerra de Zarqawi con un suave comentario público donde le "aconsejaban" desistir. La observación no pasó desapercibida en los barrios chiíes que llevaban el peso del dolor del miércoles.
"Cómo se atreven a decirlo tan débilmente", dijo Falah Jiad, trabajador en una heladería en Shula, otra área chií de Bagdad donde se cometió un atentado el miércoles. "Nos hace pensar que aceptan los ataques de Zarqawi contra nosotros".
Los sunníes también están siendo asesinados, y los clérigos han acusado de las ejecuciones a las milicias chiíes. Los clérigos nunca dejan de mostrar su propio dolor, incluso en el hecho de las mayores pérdidas entre los chiíes. Las pérdidas de los chiíes son generalmente mayores, y algunos chiíes han expresado su frustración de que el desequilibrio no sea reconocido.
Las víctimas son a menudo los más pobres de la ciudad en un país donde el desempleo es de al menos un 30 por ciento. Swadi, 25, que es Nasiriya y perdió a varios amigos en la explosión, mantiene a su esposa e hijos con varios trabajos, incluyendo uno en un salón de té por 4.79 dólares al día. Duerme en el suelo del local. Otros jornaleros pagan unos 60 centavos por noche por un catre en un hostal como el de Awda.
Kadhimiya conoce la violencia; fue cerca de aquí que casi 1.000 peregrinos chiíes fueron matados en una estampida hace tres semanas que fue provocada por el temor a un terrorista suicida. Incluso así, la mera escala del sufrimiento en el atentado de miércoles fue asombrosa.
Karim al-Azawi iba en camino a abrir su tienda de desayunos la mañana de la explosión. Corrió a ayudar a la gente, pero terminó recogiendo partes de cuerpos -piernas, brazos, hasta un torso- en lugar de personas enteras, y haciendo una pila con ellos. Más tarde, cuando quiso chequear el daño desde el techo del edificio, encontró una espalda humana, desprovista de hueso, en el suelo del polvoriento concreto.
Una larga y aceitosa mancha oscura era todo lo que quedaba de la horripilante vista del domingo. Pero nada, aparentemente, puede menoscabar la elasticidad chií. El domingo por la noche, muchedumbres de peregrinos chiíes del sur y centro de Iraq inundaron la ciudad santa chií de Karbala para el festivo religioso de Shabaniya, una celebración del nacimiento del duodécimo imán chií.
En Bagdad, a unos 100 kilómetros al norte, Hussein meditaba sobre la oportunidad del viaje. Cuando le pregunté cómo llegaría, dijo sin titubear: "Caminando con mis propios pies".
Sahar Najib y Abdul Razzaq al-Saiedy contribuyeron con informes desde Bagdad y un empleado iraquí del New York Times de Karbala.
24 de septiembre de 2005
19 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh
saudíes alertan sobre iraq
[Joel Brinkley] Iraq se puede desintegrar.
Washington, Estados Unidos. El Príncipe Saud al-Faisal, el ministro de Asuntos Exteriores saudí, dijo el jueves que en los últimos días había estado advirtiendo al gobierno de Bush que Iraq se estaba abalanzando hacia su desintegración, un desarrollo que dijo podría arrastrar a toda la región a la guerra.
"Ahora no hay ninguna dinámica de unión del país", dijo en una reunión con periodistas en la embajada saudí aquí. "Todas las dinámicas están separando al país". Dijo que estaba tan preocupado de que se lo estaba diciendo a "todos los que quieran escuchar" en el gobierno de Bush.
Las declaraciones del Príncipe Saud, los comentarios públicos más pesimistas sobre Iraq hechos por un líder de Oriente Medio en los últimos tiempos, estuvieron en fuerte contraste con las evaluaciones generalmente optimistas que ofrecen la Casa Blanca y el Pentágono.
Pero en una aparición en el Pentágono el jueves, el presidente Bush, mientras que expresó una vez más su optimismo, advirtió que el derramamiento de sangre en Iraq probablemente aumentará en las próximas semanas.
"Hoy nuestros comandantes nos dejaron claro", dijo después de una reunión sobre Iraq con importantes oficiales militares, "que a medida que los iraquíes se preparan para la votación sobre la constitución en octubre y eligen un gobierno permanente en diciembre, debemos estar preparados para más incidentes violentos".
Jefes militares americanos han advertido repetidas veces que los insurgentes buscan interrumpir la votación, como hicieron antes de las elecciones legislativas en enero.
Bush dijo que si Estados Unidos abandonaba Iraq ahora, se podría convertir en un refugio de terroristas, como Afganistán antes del derrocamiento de los talibanes.
"Dejar Iraq ahora sería repetir los caros errores del pasado que permitieron los atentados del 11 de septiembre de 2001", dijo.
El Príncipe Saud, que está en Washington para reunirse con funcionarios de gobierno, acusó a varias decisiones americanas del deslizamiento hacia la desintegración, aunque no se refirió directamente al gobierno de Bush.
El principal de ellos fue calificar a "todos los sunnies de delincuentes baazistas", dijo.
Arabia Saudí se presenta a sí misma como la capital y protectora del islam sunní, y las observaciones del príncipe -a veces duro y a veces cauteloso- fueron emblemáticas de la conflictiva relación saudí-estadounidense.
Un funcionario de gobierno, dijo en reacción a las observaciones del Príncipe Saud: "Estados Unidos valora y respeta su opinión y todos compartimos la preocupación por el futuro y la estabilidad de Iraq". Se negó a ser identificado, por recomendación de la administración.
El Príncipe Saud dijo que la semana pasada se había reunido con la ministro de Asuntos Exteriores Condoleezza Rice y agregó que los funcionarios estadounidenses respondían a sus advertencias diciéndole que Estados Unidos realizó con éxito las elecciones en Iraq y que "dicen lo mismo sobre la constitución" y la situación general en Iraq ahora. El jueves, de hecho, un importante funcionario de gobierno dijo: "Los progresos del proceso político son la mejor respuesta".
El Príncipe Saud dijo: "Pero lo que estoy tratando de hacer es decir que a menos que se haga algo que una a los iraquíes, las elecciones no lo harán. Solamente la constitución no lo hará". El Príncipe Saud es hijo del difunto Rey Faisal y ha sido ministro de Asuntos Exteriores durante 30 años.
El príncipe dijo que había estado en un grupo de países vecinos de Iraq -Jordania, Siria, Turquía, Irán y Kuwait, así como Arabia Saudí- "y la principal preocupación de los vecinos" es que la potencial desintegración de Iraq en estados sunníes, chiíes y kurdos "puede arrastrar al conflicto a otros país de la región".
Turquía, observó, ha amenazado con enviar tropas al norte de Iraq si los kurdos allá declaran la independencia. Irán, dijo, está enviando dinero y armas al sur chií de Iraq y probablemente incrementará las relaciones, para el caso de que el sur se declare independiente. Arabia Saudí ha temido siempre la influencia de Irán en la región, debido a que es una teocracia chií.
"Es una situación muy peligrosa", dijo. "Una situación muy amenazante".
David E. Sanger contribuyó al reportaje de este artículo.
24 de septiembre de 2005
©new york times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. El Príncipe Saud al-Faisal, el ministro de Asuntos Exteriores saudí, dijo el jueves que en los últimos días había estado advirtiendo al gobierno de Bush que Iraq se estaba abalanzando hacia su desintegración, un desarrollo que dijo podría arrastrar a toda la región a la guerra."Ahora no hay ninguna dinámica de unión del país", dijo en una reunión con periodistas en la embajada saudí aquí. "Todas las dinámicas están separando al país". Dijo que estaba tan preocupado de que se lo estaba diciendo a "todos los que quieran escuchar" en el gobierno de Bush.
Las declaraciones del Príncipe Saud, los comentarios públicos más pesimistas sobre Iraq hechos por un líder de Oriente Medio en los últimos tiempos, estuvieron en fuerte contraste con las evaluaciones generalmente optimistas que ofrecen la Casa Blanca y el Pentágono.
Pero en una aparición en el Pentágono el jueves, el presidente Bush, mientras que expresó una vez más su optimismo, advirtió que el derramamiento de sangre en Iraq probablemente aumentará en las próximas semanas.
"Hoy nuestros comandantes nos dejaron claro", dijo después de una reunión sobre Iraq con importantes oficiales militares, "que a medida que los iraquíes se preparan para la votación sobre la constitución en octubre y eligen un gobierno permanente en diciembre, debemos estar preparados para más incidentes violentos".
Jefes militares americanos han advertido repetidas veces que los insurgentes buscan interrumpir la votación, como hicieron antes de las elecciones legislativas en enero.
Bush dijo que si Estados Unidos abandonaba Iraq ahora, se podría convertir en un refugio de terroristas, como Afganistán antes del derrocamiento de los talibanes.
"Dejar Iraq ahora sería repetir los caros errores del pasado que permitieron los atentados del 11 de septiembre de 2001", dijo.
El Príncipe Saud, que está en Washington para reunirse con funcionarios de gobierno, acusó a varias decisiones americanas del deslizamiento hacia la desintegración, aunque no se refirió directamente al gobierno de Bush.
El principal de ellos fue calificar a "todos los sunnies de delincuentes baazistas", dijo.
Arabia Saudí se presenta a sí misma como la capital y protectora del islam sunní, y las observaciones del príncipe -a veces duro y a veces cauteloso- fueron emblemáticas de la conflictiva relación saudí-estadounidense.
Un funcionario de gobierno, dijo en reacción a las observaciones del Príncipe Saud: "Estados Unidos valora y respeta su opinión y todos compartimos la preocupación por el futuro y la estabilidad de Iraq". Se negó a ser identificado, por recomendación de la administración.
El Príncipe Saud dijo que la semana pasada se había reunido con la ministro de Asuntos Exteriores Condoleezza Rice y agregó que los funcionarios estadounidenses respondían a sus advertencias diciéndole que Estados Unidos realizó con éxito las elecciones en Iraq y que "dicen lo mismo sobre la constitución" y la situación general en Iraq ahora. El jueves, de hecho, un importante funcionario de gobierno dijo: "Los progresos del proceso político son la mejor respuesta".
El Príncipe Saud dijo: "Pero lo que estoy tratando de hacer es decir que a menos que se haga algo que una a los iraquíes, las elecciones no lo harán. Solamente la constitución no lo hará". El Príncipe Saud es hijo del difunto Rey Faisal y ha sido ministro de Asuntos Exteriores durante 30 años.
El príncipe dijo que había estado en un grupo de países vecinos de Iraq -Jordania, Siria, Turquía, Irán y Kuwait, así como Arabia Saudí- "y la principal preocupación de los vecinos" es que la potencial desintegración de Iraq en estados sunníes, chiíes y kurdos "puede arrastrar al conflicto a otros país de la región".
Turquía, observó, ha amenazado con enviar tropas al norte de Iraq si los kurdos allá declaran la independencia. Irán, dijo, está enviando dinero y armas al sur chií de Iraq y probablemente incrementará las relaciones, para el caso de que el sur se declare independiente. Arabia Saudí ha temido siempre la influencia de Irán en la región, debido a que es una teocracia chií.
"Es una situación muy peligrosa", dijo. "Una situación muy amenazante".
David E. Sanger contribuyó al reportaje de este artículo.
24 de septiembre de 2005
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espías en bagdad
[Borzou Daragahi] El servicio de inteligencia empieza de cero después de la purga de los agentes de la época de Hussein.
Bagdad, Iraq. Formaban una pareja inverosímil. Uno era un alegre agente de inteligencia kurdo, el otro un residente de Faluya con lazos con la resistencia.
Sin embargo, dos veces a la semana durante meses el general Hussain Ali Kamal, director del servicio de espionaje del ministerio del Interior almorzaba con un robusto hombre en sus veinte con el nombre en clave de Muslah, o el reformador, que llevaba a menudo una túnica dishdasha árabe tradicional.
"¿Qué hizo Saddam Hussein por Iraq?", dijo Kamal al antiguo miembro del Partido Baaz de Hussein, tratando de convencerlo de que tomara partido por el nuevo gobierno iraquí. "Los iraquíes no tenemos nada".
Eso es verdad, reconoció Muslah. "Pero tenemos que luchar contra los americanos. Los americanos nos han ocupado", dijo Kamal.
"Pero los americanos se marcharán", contrarrestó Kamal, "y tenemos que reconstruir el país".
Ese era el tenor de las conversaciones, dos veces a la semana durante meses. "Era el trabajo más entretenido que he tenido" dijo Kamal, que finalmente consiguió el gran dato que esperaba.
La victoria de Kamal resultaría fatal para Muslah.
Kamal no tenía que mirar demasiado lejos para ver lo que pasaba a los que trabajaban para la nueva red de inteligencia de Iraq. La pared de su oficina está empapelada con las fotografías de color de 20 agentes asesinados el año pasado, un recordatorio de que los recursos de inteligencia a menudo aparecen muertos cuando las operaciones son estropeadas y las fachadas descubiertas.
En el mundo de dishdaya y puñal de la inteligencia de Oriente Medio, el nuevo aparato de espionaje de Iraq tiene un vacilante inicio, desjarretado por la falta de experiencia, superada por infiltrados de sus rivales dentro y fuera de Iraq y leales a múltiples jefes.
"Estamos haciendo frente al mismo tipo de dificultades que todas las fuerzas de seguridad iraquíes", dijo el general Mohammed Shahwani, director del Servicio de Inteligencia Nacional Iraquí, en una entrevista en su espacioso despacho en la Zona Verde. "Los problemas que tenemos tienen todo que ver con descubrir modos de infiltración".
El complejo de órganos de inteligencia y redes de espías de Hussein, conocido comúnmente como Mukhabarat, inspiraba temor en Iraq y en el extranjero. Sus 50.000 o más operativos eran conocidos por su crueldad y profesionalismo así como por su alcance, que se extendía a Europa, donde una vez casi asesinaron al líder exiliado Iyad Allawi, que se convirtió en primer ministro después de Hussein.
Con la mayoría de sus antiguos agentes de inteligencia escondidos, en la resistencia o demasiado radioactivos políticamente como para ser aproximados, la reconstrucción de los servicios de espionaje de Iraq ha significado en gran parte partir de cero.
"Puedo coger a un artillero del antiguo régimen y montarlo en un tanque", dijo Babekir Zebari, jefe del estado mayor del ministerio de Defensa. "¿Cómo puedo coger a un agente de inteligencia y ponerlo a hacer el mismo trabajo?"
Los servicios de espionaje de Iraq fueron desmantelados en abril de 2003 con la disolución del régimen de Hussein. Eso, dicen algunos críticos, fue uno de los más grandes errores cometidos por el ex administrador civil norteamericano de Iraq, L. Paul Bremer III. Otro puede haber sido su decisión de mantener al servicio de inteligencia iraquí realizando sus propias operaciones.
Algunos funcionarios iraquíes han seguido el ejemplo de Irán. En los años de después de la revolución de Irán en 1970, el gran ayatollah Rohullah Khomeini optó por retener e incluso a modernizar al grueso del servicio de inteligencia del Shah Reza Pahlavi. La agencia sucesora se ha convertido en una de las agencias de operaciones de servicios clandestinos más temidas del mundo.
"Deberíamos haber dado amnistía a todo el mundo, excepto a los criminales", dijo Jounadam Kanna, un legislador iraquí y líder de un partido político cristiano.
Junto con el Mukhabarat de Iraq desaparecieron agentes con décadas de experiencia en los servicios clandestinos. En realidad, funcionarios norteamericanos e iraquíes sospechan que muchos de los antiguos operativos de Hussein se han unido a la resistencia, contribuyendo con sus habilidades al espionaje, la infiltración y la subversión. Los esfuerzos por reincorporar a algunos de ellos a sus antiguos trabajos se han convertido en un tema políticamente delicado en un Iraq crecientemente dominado por las tensiones entre la mayoría chií y la minoría árabe sunní.
"Casi todos los iraquíes con alguna experiencia previa en los servicios de inteligencia son árabes sunníes, lo que aumenta el riesgo de penetración del nuevo aparato de seguridad por los insurgentes", dijo Wayne White, ex agente de inteligencia del ministerio de Asuntos Exteriores que trabajó en Iraq.
El sistema de espionaje del gobierno iraquí interino es una operación de tres puntales, montada en gran parte por agentes norteamericanos y británicos, a los que los agentes de inteligencia iraquíes llaman "los amigos"; incluye al servicio nacional de inteligencia de Shahwani así como ramas de la inteligencia de los ministerios de Defensa y del Interior.
Los directores de los tres servicios coordinan sus actividades a través de un grupo paraguas llamado Comisión de Coordinación de la Inteligencia Nacional, presidida por Mowaffak Rubaie, asesor de seguridad nacional, ex doctor y activista chií que pasó años en Inglaterra después de ser encarcelado y torturado por el régimen de Hussein.
En los buenos días, los servicios de ocupaban de las minucias del recabamiento de información así como de infiltración, antiterrorismo, anti-insurgencia y operaciones de contraespionaje.
"No tenemos cárceles ni autoridad para detener a nadie", dijo el director de la inteligencia nacional, Shahwani. "Nuestras informaciones nos llevan a sospechosos que pueden ser detenidos por el ministerio del Interior".
Funcionarios iraquíes reconocen que el aparato de recabamiento de inteligencia del país consiste en su mayor parte en vigilancia pasiva, con algunos informantes -como Muslah- en ciudades y pueblos en Iraq, donde reciben datos discretamente.
La naciente red de inteligencia ha sido incapaz de penetrar los complejos vínculos tribales que unen a la resistencia y mantienen sus operaciones internas en un misterio.
Las agencias de espionaje pueden enviar a fisgones a tomar apuntes en las mezquitas, pero son incapaces de infiltrar las células de rebeldes que usan las mezquitas para misiones de reclutamiento.
"Tenemos buenos operativos en la calle y ellos saben cómo recabar información, y podemos seguir a cualquiera", dijo el coronel Ali Fadhel Obeid, uno de los muchos y enérgicos jóvenes iraquíes que son comandantes en el nuevo ejército. "Pero no somos lo suficientemente buenos como para realizar operaciones".
Eso es lo que hacía de Muslah un recurso de inteligencia tan valioso. Era un contacto impresionante: un respetado miembro de la tribu Dulaimi, que se piensa dirige a la resistencia, así como un hombre con lazos con un oscuro grupo rebelde llamado Asadullah, o los Leones de Dios.
Otra fuente dijo que se trataba de un joven tolerante que podría traicionar a su clan y a los insurgentes por el nuevo Iraq. A través de intermediarios Kamal invitó a Muslah a su oficina.
Muslah era ancho de espaldas y alto, un tipo duro a fines de la veintena que ya tenía dos esposas. Kamal apeló a su virilidad.
"Mira a Saddam", dijo Kamal con desprecio. "Saddam era un cobarde. Hasta sus hijos eran más honorables que él. Al menos, ellos pelearon y murieron".
Los objetivos de Kamal eran obvios; los de Muslah, más turbios. Quizás quería creer que había un lugar para él en el nuevo Iraq.
"Cuando seamos estables y capaces de construir nuestras propias fuerzas de seguridad, tendrás un papel en la lucha contra los verdaderos terroristas", le dijo Kamal. "Algún día los americanos se marcharán y tendremos que gobernar el país".
Muslah empezó a ceder. Empezó a llegar con pequeños datos, en pequeñas notas firmadas con su nombre en clave.
Pero días después de la decapitación de un guardia americano, Muslah llegó con un gran dato: los nombres y localizaciones de miembros de la célula insurgente responsable. Lo que es más, le dijo a Kamal dónde los podía detener de inmediato.
La operación estaba destinada al fracaso desde el principio. Las fuerzas iraquíes no estaban a la altura de la tarea y tuvieron que llamar a las tropas americanas en su ayuda. Los americanos llegaron demasiado pronto.
"Estudiamos las informaciones que teníamos", dijo Kamal. "Les dije que atacaran el lugar a una hora específica porque entonces estarían reunidos todos los terroristas. Pero se adelantaron y no pudimos agarrar a todo el grupo".Los que escaparon sospecharon que había un soplón entre sus filas. Días después, sorprendieron a Muslah en la carretera hacia Taji, al norte de Bagdad, y lo decapitaron.
"Consideramos a Muslah como un mártir", dijo Kamal en una entrevista en el séptimo piso de la enorme sede del ministerio del Interior.
"Aunque era un baazista, nos era leal", dijo pensativo. "Que Dios se apiade de él. Él entendía".
Los americanos también han luchado por resolver el puzzle de la inteligencia iraquí. Sin embargo, los esfuerzos de los militares americanos han sido cualquier cosa menos secretos.
Hace poco, cerca de Baquba un batallón de la 42 División de Infantería irrumpió en un pueblo rural en Humvees blindados para verificar informes de que tres furgonetas habían trasladado hasta allá a insurgentes unos días antes.
Los soldados acordonaron la plaza del pueblo en As Sadah y empezaron a repartir caramelos entre los niños, mientras agentes de inteligencia estrujaban a los tenderos sobre los insurgentes.
"Aquí no hay resistencia", dijo Ali Iskander, 30, a un soldado parado frente a una choza que hace las veces de ferretería.
"Bueno, dinos si ves algo", le dijo el frustrado agente de inteligencia a Iskander y los aldeanos que se habían congregado.
Menos de 20 minutos después, los americanos se marcharon del pueblo.
"Nadie va a delatar a sus vecinos frente a todo el pueblo", dijo el agente de inteligencia, que pidió que no se publicara su nombre debido a la naturaliza delicada de su trabajo.
Sin embargo los militares americanos han demostrado ser capaces de utilizar tecnología de información. Usando yuxtaposiciones y bases de datos informáticos, por ejemplo, los militares han trazado el modus operandi de los insurgentes para colocar coches-bomba. Las ubicaciones de las células insurgentes conocidas -dónde vivían y trabajaban sus miembros- fueron yuxtapuestas sobre mapas que mostraban las explosiones de coches-bomba e informes de actividades sospechosas.
Descubrieron que los coches-bomba que afligían a Bagdad eran probablemente montados dentro de un radio de 10 kilómetros de dónde era detonados. Ubicaron 12 ubicaciones sospechosas, que fueron allanadas por soldados iraquíes y norteamericanos. Como resultado, dicen oficiales militares americanos, el número de atentados con coches-bomba en la capital se redujo a la mitad entre mayo y junio.
Funcionarios norteamericanos e iraquíes han acusado a Siria, Arabia Saudí, Turquía y especialmente Irán de enviar una avalancha de agentes de inteligencia a Iraq, y de lanzar ofensivas clandestinas. Los iraquíes también dicen que están demasiado ocupados luchando contra la resistencia para hacer frente a esas campañas.
"Ahora mismo la mayoría de nuestras fuerzas están tratando de establecer la seguridad, mientras que no tenemos suficientes tropas", dijo Zebari, el ministro de Defensa, un canoso miliciano kurdo pershmerga que trabajó con los americanos como comandante de la provincia kurda de Dohuk durante la invasión de 2003. "Todavía tenemos carencias en cuanto a la inteligencia".
Sin embargo, a veces, los iraquíes pueden señalar con orgullo golpes de inteligencia. En un caso todavía secreto, un líder insurgente iraquí se ocultaba en un país vecino cuando recibió un mensaje, supuestamente de otro miliciano. Vuelve a la frontera de inmediato, decía, para ayudar a realizar una importante operación.
Pero cuando el ex operativo del aparato de seguridad de Hussein volvió a Bagdad, lo estaban esperando las autoridades iraquíes. El sospechoso fue detenido rápidamente y esta vez, dijo Rubaie, "lo hicimos protegiendo completamente nuestras fuentes".
Noam N. Levey en Baquba contribuyó a este reportaje.
19 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Formaban una pareja inverosímil. Uno era un alegre agente de inteligencia kurdo, el otro un residente de Faluya con lazos con la resistencia.Sin embargo, dos veces a la semana durante meses el general Hussain Ali Kamal, director del servicio de espionaje del ministerio del Interior almorzaba con un robusto hombre en sus veinte con el nombre en clave de Muslah, o el reformador, que llevaba a menudo una túnica dishdasha árabe tradicional.
"¿Qué hizo Saddam Hussein por Iraq?", dijo Kamal al antiguo miembro del Partido Baaz de Hussein, tratando de convencerlo de que tomara partido por el nuevo gobierno iraquí. "Los iraquíes no tenemos nada".
Eso es verdad, reconoció Muslah. "Pero tenemos que luchar contra los americanos. Los americanos nos han ocupado", dijo Kamal.
"Pero los americanos se marcharán", contrarrestó Kamal, "y tenemos que reconstruir el país".
Ese era el tenor de las conversaciones, dos veces a la semana durante meses. "Era el trabajo más entretenido que he tenido" dijo Kamal, que finalmente consiguió el gran dato que esperaba.
La victoria de Kamal resultaría fatal para Muslah.
Kamal no tenía que mirar demasiado lejos para ver lo que pasaba a los que trabajaban para la nueva red de inteligencia de Iraq. La pared de su oficina está empapelada con las fotografías de color de 20 agentes asesinados el año pasado, un recordatorio de que los recursos de inteligencia a menudo aparecen muertos cuando las operaciones son estropeadas y las fachadas descubiertas.
En el mundo de dishdaya y puñal de la inteligencia de Oriente Medio, el nuevo aparato de espionaje de Iraq tiene un vacilante inicio, desjarretado por la falta de experiencia, superada por infiltrados de sus rivales dentro y fuera de Iraq y leales a múltiples jefes.
"Estamos haciendo frente al mismo tipo de dificultades que todas las fuerzas de seguridad iraquíes", dijo el general Mohammed Shahwani, director del Servicio de Inteligencia Nacional Iraquí, en una entrevista en su espacioso despacho en la Zona Verde. "Los problemas que tenemos tienen todo que ver con descubrir modos de infiltración".
El complejo de órganos de inteligencia y redes de espías de Hussein, conocido comúnmente como Mukhabarat, inspiraba temor en Iraq y en el extranjero. Sus 50.000 o más operativos eran conocidos por su crueldad y profesionalismo así como por su alcance, que se extendía a Europa, donde una vez casi asesinaron al líder exiliado Iyad Allawi, que se convirtió en primer ministro después de Hussein.
Con la mayoría de sus antiguos agentes de inteligencia escondidos, en la resistencia o demasiado radioactivos políticamente como para ser aproximados, la reconstrucción de los servicios de espionaje de Iraq ha significado en gran parte partir de cero.
"Puedo coger a un artillero del antiguo régimen y montarlo en un tanque", dijo Babekir Zebari, jefe del estado mayor del ministerio de Defensa. "¿Cómo puedo coger a un agente de inteligencia y ponerlo a hacer el mismo trabajo?"
Los servicios de espionaje de Iraq fueron desmantelados en abril de 2003 con la disolución del régimen de Hussein. Eso, dicen algunos críticos, fue uno de los más grandes errores cometidos por el ex administrador civil norteamericano de Iraq, L. Paul Bremer III. Otro puede haber sido su decisión de mantener al servicio de inteligencia iraquí realizando sus propias operaciones.
Algunos funcionarios iraquíes han seguido el ejemplo de Irán. En los años de después de la revolución de Irán en 1970, el gran ayatollah Rohullah Khomeini optó por retener e incluso a modernizar al grueso del servicio de inteligencia del Shah Reza Pahlavi. La agencia sucesora se ha convertido en una de las agencias de operaciones de servicios clandestinos más temidas del mundo.
"Deberíamos haber dado amnistía a todo el mundo, excepto a los criminales", dijo Jounadam Kanna, un legislador iraquí y líder de un partido político cristiano.
Junto con el Mukhabarat de Iraq desaparecieron agentes con décadas de experiencia en los servicios clandestinos. En realidad, funcionarios norteamericanos e iraquíes sospechan que muchos de los antiguos operativos de Hussein se han unido a la resistencia, contribuyendo con sus habilidades al espionaje, la infiltración y la subversión. Los esfuerzos por reincorporar a algunos de ellos a sus antiguos trabajos se han convertido en un tema políticamente delicado en un Iraq crecientemente dominado por las tensiones entre la mayoría chií y la minoría árabe sunní.
"Casi todos los iraquíes con alguna experiencia previa en los servicios de inteligencia son árabes sunníes, lo que aumenta el riesgo de penetración del nuevo aparato de seguridad por los insurgentes", dijo Wayne White, ex agente de inteligencia del ministerio de Asuntos Exteriores que trabajó en Iraq.
El sistema de espionaje del gobierno iraquí interino es una operación de tres puntales, montada en gran parte por agentes norteamericanos y británicos, a los que los agentes de inteligencia iraquíes llaman "los amigos"; incluye al servicio nacional de inteligencia de Shahwani así como ramas de la inteligencia de los ministerios de Defensa y del Interior.
Los directores de los tres servicios coordinan sus actividades a través de un grupo paraguas llamado Comisión de Coordinación de la Inteligencia Nacional, presidida por Mowaffak Rubaie, asesor de seguridad nacional, ex doctor y activista chií que pasó años en Inglaterra después de ser encarcelado y torturado por el régimen de Hussein.
En los buenos días, los servicios de ocupaban de las minucias del recabamiento de información así como de infiltración, antiterrorismo, anti-insurgencia y operaciones de contraespionaje.
"No tenemos cárceles ni autoridad para detener a nadie", dijo el director de la inteligencia nacional, Shahwani. "Nuestras informaciones nos llevan a sospechosos que pueden ser detenidos por el ministerio del Interior".
Funcionarios iraquíes reconocen que el aparato de recabamiento de inteligencia del país consiste en su mayor parte en vigilancia pasiva, con algunos informantes -como Muslah- en ciudades y pueblos en Iraq, donde reciben datos discretamente.
La naciente red de inteligencia ha sido incapaz de penetrar los complejos vínculos tribales que unen a la resistencia y mantienen sus operaciones internas en un misterio.
Las agencias de espionaje pueden enviar a fisgones a tomar apuntes en las mezquitas, pero son incapaces de infiltrar las células de rebeldes que usan las mezquitas para misiones de reclutamiento.
"Tenemos buenos operativos en la calle y ellos saben cómo recabar información, y podemos seguir a cualquiera", dijo el coronel Ali Fadhel Obeid, uno de los muchos y enérgicos jóvenes iraquíes que son comandantes en el nuevo ejército. "Pero no somos lo suficientemente buenos como para realizar operaciones".
Eso es lo que hacía de Muslah un recurso de inteligencia tan valioso. Era un contacto impresionante: un respetado miembro de la tribu Dulaimi, que se piensa dirige a la resistencia, así como un hombre con lazos con un oscuro grupo rebelde llamado Asadullah, o los Leones de Dios.
Otra fuente dijo que se trataba de un joven tolerante que podría traicionar a su clan y a los insurgentes por el nuevo Iraq. A través de intermediarios Kamal invitó a Muslah a su oficina.
Muslah era ancho de espaldas y alto, un tipo duro a fines de la veintena que ya tenía dos esposas. Kamal apeló a su virilidad.
"Mira a Saddam", dijo Kamal con desprecio. "Saddam era un cobarde. Hasta sus hijos eran más honorables que él. Al menos, ellos pelearon y murieron".
Los objetivos de Kamal eran obvios; los de Muslah, más turbios. Quizás quería creer que había un lugar para él en el nuevo Iraq.
"Cuando seamos estables y capaces de construir nuestras propias fuerzas de seguridad, tendrás un papel en la lucha contra los verdaderos terroristas", le dijo Kamal. "Algún día los americanos se marcharán y tendremos que gobernar el país".
Muslah empezó a ceder. Empezó a llegar con pequeños datos, en pequeñas notas firmadas con su nombre en clave.
Pero días después de la decapitación de un guardia americano, Muslah llegó con un gran dato: los nombres y localizaciones de miembros de la célula insurgente responsable. Lo que es más, le dijo a Kamal dónde los podía detener de inmediato.
La operación estaba destinada al fracaso desde el principio. Las fuerzas iraquíes no estaban a la altura de la tarea y tuvieron que llamar a las tropas americanas en su ayuda. Los americanos llegaron demasiado pronto.
"Estudiamos las informaciones que teníamos", dijo Kamal. "Les dije que atacaran el lugar a una hora específica porque entonces estarían reunidos todos los terroristas. Pero se adelantaron y no pudimos agarrar a todo el grupo".Los que escaparon sospecharon que había un soplón entre sus filas. Días después, sorprendieron a Muslah en la carretera hacia Taji, al norte de Bagdad, y lo decapitaron.
"Consideramos a Muslah como un mártir", dijo Kamal en una entrevista en el séptimo piso de la enorme sede del ministerio del Interior.
"Aunque era un baazista, nos era leal", dijo pensativo. "Que Dios se apiade de él. Él entendía".
Los americanos también han luchado por resolver el puzzle de la inteligencia iraquí. Sin embargo, los esfuerzos de los militares americanos han sido cualquier cosa menos secretos.
Hace poco, cerca de Baquba un batallón de la 42 División de Infantería irrumpió en un pueblo rural en Humvees blindados para verificar informes de que tres furgonetas habían trasladado hasta allá a insurgentes unos días antes.
Los soldados acordonaron la plaza del pueblo en As Sadah y empezaron a repartir caramelos entre los niños, mientras agentes de inteligencia estrujaban a los tenderos sobre los insurgentes.
"Aquí no hay resistencia", dijo Ali Iskander, 30, a un soldado parado frente a una choza que hace las veces de ferretería.
"Bueno, dinos si ves algo", le dijo el frustrado agente de inteligencia a Iskander y los aldeanos que se habían congregado.
Menos de 20 minutos después, los americanos se marcharon del pueblo.
"Nadie va a delatar a sus vecinos frente a todo el pueblo", dijo el agente de inteligencia, que pidió que no se publicara su nombre debido a la naturaliza delicada de su trabajo.
Sin embargo los militares americanos han demostrado ser capaces de utilizar tecnología de información. Usando yuxtaposiciones y bases de datos informáticos, por ejemplo, los militares han trazado el modus operandi de los insurgentes para colocar coches-bomba. Las ubicaciones de las células insurgentes conocidas -dónde vivían y trabajaban sus miembros- fueron yuxtapuestas sobre mapas que mostraban las explosiones de coches-bomba e informes de actividades sospechosas.
Descubrieron que los coches-bomba que afligían a Bagdad eran probablemente montados dentro de un radio de 10 kilómetros de dónde era detonados. Ubicaron 12 ubicaciones sospechosas, que fueron allanadas por soldados iraquíes y norteamericanos. Como resultado, dicen oficiales militares americanos, el número de atentados con coches-bomba en la capital se redujo a la mitad entre mayo y junio.
Funcionarios norteamericanos e iraquíes han acusado a Siria, Arabia Saudí, Turquía y especialmente Irán de enviar una avalancha de agentes de inteligencia a Iraq, y de lanzar ofensivas clandestinas. Los iraquíes también dicen que están demasiado ocupados luchando contra la resistencia para hacer frente a esas campañas.
"Ahora mismo la mayoría de nuestras fuerzas están tratando de establecer la seguridad, mientras que no tenemos suficientes tropas", dijo Zebari, el ministro de Defensa, un canoso miliciano kurdo pershmerga que trabajó con los americanos como comandante de la provincia kurda de Dohuk durante la invasión de 2003. "Todavía tenemos carencias en cuanto a la inteligencia".
Sin embargo, a veces, los iraquíes pueden señalar con orgullo golpes de inteligencia. En un caso todavía secreto, un líder insurgente iraquí se ocultaba en un país vecino cuando recibió un mensaje, supuestamente de otro miliciano. Vuelve a la frontera de inmediato, decía, para ayudar a realizar una importante operación.
Pero cuando el ex operativo del aparato de seguridad de Hussein volvió a Bagdad, lo estaban esperando las autoridades iraquíes. El sospechoso fue detenido rápidamente y esta vez, dijo Rubaie, "lo hicimos protegiendo completamente nuestras fuentes".
Noam N. Levey en Baquba contribuyó a este reportaje.
19 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
tensión con guardias
[Josh White y Griff Witte] Equipo de guardias fue detenido por marines tras tiroteo. Incidente ocurrió en julio.
Los sentimientos de impotencia empezaron a dominarlo de inmediato. El mono naranja y las frágiles sandalias eran demasiado pequeñas, el silencio espeluznante. El tiempo pasaba lentamente. No pasó mucho tiempo antes de que Darrell Cleland supiera que había exactamente 197 bloques de cemento en su diminuta celda y 861 huecos en la reja sobre su cabeza.
Cleland, 28, escoltaba prisioneros en Bahía Guantánamo, Cuba, como sargento de pelotón en el Cuerpo de Marines. Tras las rejas en Faluya, en mayo, sus hermanos del Cuerpo de Marines que son ahora sus guardias, Cleland se identificó repentinamente con sus antiguos prisioneros.
"Estoy seguro que los tipos en Guantánamo estaban pensando lo mismo: ¿Cuánto tiempo voy a estar aquí?", dijo Cleland, de Salem, Ohio, que había dejado el Cuerpo en 2002 y se había incorporado a la firma Zapata Engineering, uno de los muchos subcontratistas de seguridad que operan en Iraq.
Cleland y otros 15 guardias norteamericanos fueron detenidos el 28 de mayo por una unidad de los Marines, cuando oficiales militares dijeron que los guardias dispararon contra un puesto de control de la Marina cuando su convoy pasaba a través de Faluya -la primera acusación pública de ese tipo. Le dio a Cleland y sus compatriotas una poco habitual mirada en la vida de los detenidos, y la humillación, temor y desesperación que es parte de ella.
Los guardias también se vieron atrapados en una subterránea lucha por el poder entre el personal militar en servicio activo y los más de 20.000 bien pagados guardias de seguridad privados que trabajan en Iraq. Los guardias operan fuera de la cadena de mando militar y no están sujetos a las leyes militares, lo que puede provocar resentimiento entre las fuerzas norteamericanas y confusión en el terreno. Los guardias, muchos de ellos veteranos con años de combate, se quejan de que las jóvenes tropas estadounidenses carecen de la experiencia y de la capacidad de juzgar en condiciones de presión. Sin embargo, sin el otro, ninguno de los dos grupos puede llevar a cabo sus misiones en un Iraq hostil.
Esa noche, la tensión puede haberse exacerbado un poco más que hace un mes, cuando los marines denunciaron que 16 guardias, todos ellos con experiencia militar, habían disparado frenéticamente contras civiles y un puesto de observación americano. Los guardias contrarrestaron que estaban simplemente volviendo a su base y que nunca dispararon contra las tropas norteamericanas.
El Cuerpo de Marines está investigando. Los guardias de Zapata fueron dejados en libertad pero colocados en una lista negra, con la prohibición de trabajar en el campo de la seguridad en Iraq y fichados como criminales -aunque ninguno de ellos ha sido acusado de nada.
Esta versión se basa en entrevistas con ocho de ellos. Un portavoz de la Marina proporcionó alguna información sobre el incidente y se negó a permitir que cualquiera de los marines implicados fuera entrevistado mientras esté pendiente el resultado de la pesquisa.
Una Misión Corriente
El 28 de mayo un convoy de cuatro camiones Ford F-350 y un todoterrenos Ford Excursion blindado salió de la base de Zapata en las afueras de Faluya con una misión bastante corriente: Entregar una pequeña cantidad de explosivos en una enorme base americana llamada Campamento de la Victoria cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad y recoger a unos empleados civiles iraquíes. Luego debían volver a la base.
Los hombres del convoy venían de todos los rincones de Estados Unidos, y los acentos de Nueva Yersey se mezclaban con el gangueo de Tennessee. Catorce de ellos eran guardias de seguridad armados, y los otros ocho eran ex-marines.
Su sesión informativa antes de la salida del convoy incluyó una discusión del creciente número de ataques en su ruta y el frecuente uso de coches-bomba para atacar los convoyes.
Pero la primera pata de su viaje fue bastante irregular. Los miembros del convoy dicen que llegaron al Campo Victoria y estaban almorzando hacia las 2 de la tarde. Fue hacia esas horas, alegarían los marines más tarde, que un convoy que correspondía con la descripción de los vehículos de Zapata empezaron a disparar "indiscriminadamente" contra civiles. Los guardias dicen que eso nunca ocurrió y que no tenían idea de ningún problema sino hasta que volvieron.
"Antes de salir del Campo Victoria, llamé a mi esposa y le dije: Estaré de vuelta en una media hora. Te llamaré entonces'", dijo Pete Ginter, un veterano de ocho años de servicio en la Marina que había trabajado como guardia en Bosnia y Kosovo antes de trasladarse a Iraq. "Esa fue la última vez que hablé con ella -y duró tres días y medio".
Para los guardias los problemas empezaron cuando, más tarde ese día, en el viaje de regreso a través de Faluya divisaron un cargador frontal acercándose por el lado derecho. Temiendo una emboscada, Cleland, armado con un M-4 se asomó por su ventana y trató de alejar con señas al camión. No pudo llamar la atención del conductor y disparó tres tiros al suelo.
"Tomé cuidado que al rebotar no dieran contra su camión", dijo Cleland. "Sólo se trataba de hacerle saber que estábamos allá".
El convoy estaba todavía en la ribera este del río Eúfrates, al otro lado de un puente desde el puesto de control ECP 6 de los Marines. Cleland dijo que las balas no pueden haber cruzado el puente e impactado en el puesto de control.
Los marines cuentan otra historia, diciendo que el puesto de observación "fue atacado por hombres armados en vehículos cuya descripción corresponde con los implicados en un ataque anterior". De acuerdo a declaraciones de los Marines emitidas tras el incidente, los marines también vieron al convoy disparando contra vehículos civiles en Faluya. El Cuerpo de Marines se negó a responder preguntas específicas sobre el incidente publicado por el Washington Post, debido a que la investigación aún estaba en curso.
Miembros del convoy dijeron que creen que fueron atacados cuando cruzaban el puente, pero no retornaron el fuego. Una vez al lado oeste del puente, los guardias cruzaron las barricadas que llevan al puesto de control, y el cuarto vehículo, un camión Ford, arrojó una tira de púas diseñadas para obligar a los conductores a disminuir la velocidad mientras se acercaban. Una de las llantas traseras del camión explotó.
Pero los marines en el puesto no se alarmaron, de acuerdo a los guardias. Los miembros del convoy cambiaron la llanta y hablaron con un joven marine que les preguntó si necesitaban ayuda. Minutos después, salió un capitán de marines, acusó a los hombres de haber disparado contra el puesto, y les ordenó dirigirse a una base en Faluya.
"Dijo que mis hombres sólo dispararon seis balas contra su puesto", dijo Richard Devine, 41, veterano de las Fuerzas Especiales del Ejército y el comandante del convoy. "Me impactó oírlo. Quise salir a ver los impactos. Cambiaron la historia y ahora dicen que fueron dos balas que cayeron cerca del puesto de control".
Todavía armados, los guardias fueron llevados a la base, algunos en un Humvee con un sospechoso encapuchado y amarrado. Allá, fueron llevados al salón de conferencias, donde entregaron sus carnés de identificación del ministerio de Defensa. Sus armas fueron guardados en otro lugar.
Varias horas después, 15 a 20 marines en uniforme de combate entraron al salón y ordenaron a los guardias colocarse contra la pared con las manos sobre la cabeza. Un perro militar gruñía y ladraba, dijeron.
"Una policía militar tenía un perro, y el perro estaba muy cerca, tan cerca que yo podía oler su aliento", dijo Gary Simpler, 39, ex sargento de las Fuerzas Especiales que pasó 20 años en el ejército.
En una declaración un portavoz de los Marines dijo que un perro militar estuvo presente, pero dijo que, de acuerdo a un testigo, el perro no asumió nunca una postura agresiva y no estuvo cerca de los detenidos.
Los guardias fueron escoltados uno por uno a un patio donde los focos iluminaban el cerrado cielo. Varios guardias dijeron que un grupo de unos 40 marines estaban parados formando un semi-círculo, mofándose y abucheándolos. Los guardias fueron colocados de rodilla y les pusieron esposas de plástico. Varios marines tomaron fotografías, y otros reían y se burlaban de sus salarios.
"Los marines no hacen esto a otros marines", dijo Robert Shaver, 32, de Saratoga Springs, Nueva York. "¿Qué pasó con semper fidelis?"
Ginter, que es católico, lleva un rosario de muñeca y una cruz en el cuello. Dijo que no se había sacado el rosario en casi cuatro años y llevaba la cruz desde que se la diera su esposa poco antes de que partiera para Iraq. "Pensaba que me protegía", dijo.
Un marine empujó a Ginter. Cuando Ginter le pidió que tuviera cuidado con los objetos religiosos, los arrojó al suelo y maldijo, dijo Ginter.
"Les dije: Perdón, señor. Yo soy estadounidense. Tengo derecho a practicar mi religión", dijo Ginter. El marine maldijo nuevamente y agarró a Ginter por los testículos, dijo Ginter. "Me los apretó tan fuerte que casi me desmayé", dijo.
Los guardias fueron llevados a un bus, todos con gafas oscurecidas. Cuando el bus paró, fueron encerrados en un polvoriento corral de alambre de púa y obligados a quitarse la ropa -excepto los calzoncillos. Se entregó a cada uno un mono naranja, un Corán, una botella para orinar y una estera para rezar.
"Ah, entonces yo sabía exactamente dónde estaba", dijo Devine. "Estaba en algún lugar donde colocan a los iraquíes y a los terroristas".
Los guardias fueron encerrados en celdas de 1.80m por 1.80m, con una estera azul para extenderla en el suelo de cemento. Sus repetidas súplicas de hablar con un abogado, sus familiares, la Cruz Roja o Amnistía Internacional fueron denegadas.
Se Ordena Investigación
Dave Lapan, teniente coronel de los Marines y portazos de la Fuerza Multinacional-Oeste, dijo que el general de brigada Stephen T. Johnson, el comandante de su unidad, ordenó la detención de los guardias de seguridad mientras dure la pesquisa. Lapan dijo no se exige que los detenidos sean informados sobre sus derechos ni tienen derecho a hablar con un abogado durante el período de detención inicial y que no hay representantes de la Cruz Roja en el área de Faluya.
"Sus acciones fueron consideradas una amenaza para los marines y otros, que es por qué están detenidos", dijo Lapan. "Estamos investigando incidentes previos de naturaleza similar".
De acuerdo a documentos conseguidos por el Post, un memorándum de los Marines del 7 de junio señalaba que las Fuerzas Multinacionales-I "han tenido muchos problemas con Zapata y no renovarán su contrato". Otro memorándum, escrito el 4 de junio, indicaba que los guardias fueron acusados de "disparar repetidas veces contra civiles y marines, de conducir erráticamente y de posesión ilegal de armas", representando una "amenaza directa a los marines".
Gail Rosenberg, portavoz de Zapata, dijo que no había incidentes previos y que el contrato con el Cuero de Ingenieros del Ejército americano expiró después del incidente.
Los guardias dijeron que las armas "ilegales" mencionadas en las acusaciones son seis armas antitanques que llevaban para defenderse de ataques insurgentes. Dijeron que el ejército y oficiales de la compañía les habían alentado a llevar las armas con guiños y gestos, diciéndoles que las mantuvieran ocultas.
Después de que los guardias pasaran tres días bajo detención, aparecieron agentes del FBI y militares norteamericanos para entrevistar a algunos de ellos. De acuerdo a Shaver, Simpler y Devine, parecía que el FBI estaba tratando de determinar si eran insurgentes, aunque los investigadores tenían frente a sus ojos las fichas militares de los guardias. Una vez que fueron confirmados, fueron entregados a un agente del Servicio de Investigaciones Criminales de la Marina. Fueron liberados poco después. Los Marines distribuyeron una "cartas de exclusión", prohibiendo su entrada a las bases de la coalición en el oeste del país.
Cleland, que de acuerdo a los guardias fue el único en disparar un tiro esa tarde, no fue interrogado nunca sobre el incidente.
Ahora los guardias dicen que quieren limpiar sus nombres. Las noticias del incidente se esparcieron rápidamente en Iraq y las acusaciones de que habían disparado contra tropas americanas destruyó su reputación.
Rick Blanchard, 42, ex marine, dijo que tenía dos trabajos de seguridad esperándole en Iraq, pero ahora no sabe si le permitirán entrar al país. "Han arruinado mi carrera", dijo.
Lapan dijo que una decisión sobre si presentar o no cargos penales será tomada cuando se complete la investigación.
17 de septiembre de 2005
10 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh
Los sentimientos de impotencia empezaron a dominarlo de inmediato. El mono naranja y las frágiles sandalias eran demasiado pequeñas, el silencio espeluznante. El tiempo pasaba lentamente. No pasó mucho tiempo antes de que Darrell Cleland supiera que había exactamente 197 bloques de cemento en su diminuta celda y 861 huecos en la reja sobre su cabeza.Cleland, 28, escoltaba prisioneros en Bahía Guantánamo, Cuba, como sargento de pelotón en el Cuerpo de Marines. Tras las rejas en Faluya, en mayo, sus hermanos del Cuerpo de Marines que son ahora sus guardias, Cleland se identificó repentinamente con sus antiguos prisioneros.
"Estoy seguro que los tipos en Guantánamo estaban pensando lo mismo: ¿Cuánto tiempo voy a estar aquí?", dijo Cleland, de Salem, Ohio, que había dejado el Cuerpo en 2002 y se había incorporado a la firma Zapata Engineering, uno de los muchos subcontratistas de seguridad que operan en Iraq.
Cleland y otros 15 guardias norteamericanos fueron detenidos el 28 de mayo por una unidad de los Marines, cuando oficiales militares dijeron que los guardias dispararon contra un puesto de control de la Marina cuando su convoy pasaba a través de Faluya -la primera acusación pública de ese tipo. Le dio a Cleland y sus compatriotas una poco habitual mirada en la vida de los detenidos, y la humillación, temor y desesperación que es parte de ella.
Los guardias también se vieron atrapados en una subterránea lucha por el poder entre el personal militar en servicio activo y los más de 20.000 bien pagados guardias de seguridad privados que trabajan en Iraq. Los guardias operan fuera de la cadena de mando militar y no están sujetos a las leyes militares, lo que puede provocar resentimiento entre las fuerzas norteamericanas y confusión en el terreno. Los guardias, muchos de ellos veteranos con años de combate, se quejan de que las jóvenes tropas estadounidenses carecen de la experiencia y de la capacidad de juzgar en condiciones de presión. Sin embargo, sin el otro, ninguno de los dos grupos puede llevar a cabo sus misiones en un Iraq hostil.
Esa noche, la tensión puede haberse exacerbado un poco más que hace un mes, cuando los marines denunciaron que 16 guardias, todos ellos con experiencia militar, habían disparado frenéticamente contras civiles y un puesto de observación americano. Los guardias contrarrestaron que estaban simplemente volviendo a su base y que nunca dispararon contra las tropas norteamericanas.
El Cuerpo de Marines está investigando. Los guardias de Zapata fueron dejados en libertad pero colocados en una lista negra, con la prohibición de trabajar en el campo de la seguridad en Iraq y fichados como criminales -aunque ninguno de ellos ha sido acusado de nada.
Esta versión se basa en entrevistas con ocho de ellos. Un portavoz de la Marina proporcionó alguna información sobre el incidente y se negó a permitir que cualquiera de los marines implicados fuera entrevistado mientras esté pendiente el resultado de la pesquisa.
Una Misión Corriente
El 28 de mayo un convoy de cuatro camiones Ford F-350 y un todoterrenos Ford Excursion blindado salió de la base de Zapata en las afueras de Faluya con una misión bastante corriente: Entregar una pequeña cantidad de explosivos en una enorme base americana llamada Campamento de la Victoria cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad y recoger a unos empleados civiles iraquíes. Luego debían volver a la base.
Los hombres del convoy venían de todos los rincones de Estados Unidos, y los acentos de Nueva Yersey se mezclaban con el gangueo de Tennessee. Catorce de ellos eran guardias de seguridad armados, y los otros ocho eran ex-marines.
Su sesión informativa antes de la salida del convoy incluyó una discusión del creciente número de ataques en su ruta y el frecuente uso de coches-bomba para atacar los convoyes.
Pero la primera pata de su viaje fue bastante irregular. Los miembros del convoy dicen que llegaron al Campo Victoria y estaban almorzando hacia las 2 de la tarde. Fue hacia esas horas, alegarían los marines más tarde, que un convoy que correspondía con la descripción de los vehículos de Zapata empezaron a disparar "indiscriminadamente" contra civiles. Los guardias dicen que eso nunca ocurrió y que no tenían idea de ningún problema sino hasta que volvieron.
"Antes de salir del Campo Victoria, llamé a mi esposa y le dije: Estaré de vuelta en una media hora. Te llamaré entonces'", dijo Pete Ginter, un veterano de ocho años de servicio en la Marina que había trabajado como guardia en Bosnia y Kosovo antes de trasladarse a Iraq. "Esa fue la última vez que hablé con ella -y duró tres días y medio".
Para los guardias los problemas empezaron cuando, más tarde ese día, en el viaje de regreso a través de Faluya divisaron un cargador frontal acercándose por el lado derecho. Temiendo una emboscada, Cleland, armado con un M-4 se asomó por su ventana y trató de alejar con señas al camión. No pudo llamar la atención del conductor y disparó tres tiros al suelo.
"Tomé cuidado que al rebotar no dieran contra su camión", dijo Cleland. "Sólo se trataba de hacerle saber que estábamos allá".
El convoy estaba todavía en la ribera este del río Eúfrates, al otro lado de un puente desde el puesto de control ECP 6 de los Marines. Cleland dijo que las balas no pueden haber cruzado el puente e impactado en el puesto de control.
Los marines cuentan otra historia, diciendo que el puesto de observación "fue atacado por hombres armados en vehículos cuya descripción corresponde con los implicados en un ataque anterior". De acuerdo a declaraciones de los Marines emitidas tras el incidente, los marines también vieron al convoy disparando contra vehículos civiles en Faluya. El Cuerpo de Marines se negó a responder preguntas específicas sobre el incidente publicado por el Washington Post, debido a que la investigación aún estaba en curso.
Miembros del convoy dijeron que creen que fueron atacados cuando cruzaban el puente, pero no retornaron el fuego. Una vez al lado oeste del puente, los guardias cruzaron las barricadas que llevan al puesto de control, y el cuarto vehículo, un camión Ford, arrojó una tira de púas diseñadas para obligar a los conductores a disminuir la velocidad mientras se acercaban. Una de las llantas traseras del camión explotó.
Pero los marines en el puesto no se alarmaron, de acuerdo a los guardias. Los miembros del convoy cambiaron la llanta y hablaron con un joven marine que les preguntó si necesitaban ayuda. Minutos después, salió un capitán de marines, acusó a los hombres de haber disparado contra el puesto, y les ordenó dirigirse a una base en Faluya.
"Dijo que mis hombres sólo dispararon seis balas contra su puesto", dijo Richard Devine, 41, veterano de las Fuerzas Especiales del Ejército y el comandante del convoy. "Me impactó oírlo. Quise salir a ver los impactos. Cambiaron la historia y ahora dicen que fueron dos balas que cayeron cerca del puesto de control".
Todavía armados, los guardias fueron llevados a la base, algunos en un Humvee con un sospechoso encapuchado y amarrado. Allá, fueron llevados al salón de conferencias, donde entregaron sus carnés de identificación del ministerio de Defensa. Sus armas fueron guardados en otro lugar.
Varias horas después, 15 a 20 marines en uniforme de combate entraron al salón y ordenaron a los guardias colocarse contra la pared con las manos sobre la cabeza. Un perro militar gruñía y ladraba, dijeron.
"Una policía militar tenía un perro, y el perro estaba muy cerca, tan cerca que yo podía oler su aliento", dijo Gary Simpler, 39, ex sargento de las Fuerzas Especiales que pasó 20 años en el ejército.
En una declaración un portavoz de los Marines dijo que un perro militar estuvo presente, pero dijo que, de acuerdo a un testigo, el perro no asumió nunca una postura agresiva y no estuvo cerca de los detenidos.
Los guardias fueron escoltados uno por uno a un patio donde los focos iluminaban el cerrado cielo. Varios guardias dijeron que un grupo de unos 40 marines estaban parados formando un semi-círculo, mofándose y abucheándolos. Los guardias fueron colocados de rodilla y les pusieron esposas de plástico. Varios marines tomaron fotografías, y otros reían y se burlaban de sus salarios.
"Los marines no hacen esto a otros marines", dijo Robert Shaver, 32, de Saratoga Springs, Nueva York. "¿Qué pasó con semper fidelis?"
Ginter, que es católico, lleva un rosario de muñeca y una cruz en el cuello. Dijo que no se había sacado el rosario en casi cuatro años y llevaba la cruz desde que se la diera su esposa poco antes de que partiera para Iraq. "Pensaba que me protegía", dijo.
Un marine empujó a Ginter. Cuando Ginter le pidió que tuviera cuidado con los objetos religiosos, los arrojó al suelo y maldijo, dijo Ginter.
"Les dije: Perdón, señor. Yo soy estadounidense. Tengo derecho a practicar mi religión", dijo Ginter. El marine maldijo nuevamente y agarró a Ginter por los testículos, dijo Ginter. "Me los apretó tan fuerte que casi me desmayé", dijo.
Los guardias fueron llevados a un bus, todos con gafas oscurecidas. Cuando el bus paró, fueron encerrados en un polvoriento corral de alambre de púa y obligados a quitarse la ropa -excepto los calzoncillos. Se entregó a cada uno un mono naranja, un Corán, una botella para orinar y una estera para rezar.
"Ah, entonces yo sabía exactamente dónde estaba", dijo Devine. "Estaba en algún lugar donde colocan a los iraquíes y a los terroristas".
Los guardias fueron encerrados en celdas de 1.80m por 1.80m, con una estera azul para extenderla en el suelo de cemento. Sus repetidas súplicas de hablar con un abogado, sus familiares, la Cruz Roja o Amnistía Internacional fueron denegadas.
Se Ordena Investigación
Dave Lapan, teniente coronel de los Marines y portazos de la Fuerza Multinacional-Oeste, dijo que el general de brigada Stephen T. Johnson, el comandante de su unidad, ordenó la detención de los guardias de seguridad mientras dure la pesquisa. Lapan dijo no se exige que los detenidos sean informados sobre sus derechos ni tienen derecho a hablar con un abogado durante el período de detención inicial y que no hay representantes de la Cruz Roja en el área de Faluya.
"Sus acciones fueron consideradas una amenaza para los marines y otros, que es por qué están detenidos", dijo Lapan. "Estamos investigando incidentes previos de naturaleza similar".
De acuerdo a documentos conseguidos por el Post, un memorándum de los Marines del 7 de junio señalaba que las Fuerzas Multinacionales-I "han tenido muchos problemas con Zapata y no renovarán su contrato". Otro memorándum, escrito el 4 de junio, indicaba que los guardias fueron acusados de "disparar repetidas veces contra civiles y marines, de conducir erráticamente y de posesión ilegal de armas", representando una "amenaza directa a los marines".
Gail Rosenberg, portavoz de Zapata, dijo que no había incidentes previos y que el contrato con el Cuero de Ingenieros del Ejército americano expiró después del incidente.
Los guardias dijeron que las armas "ilegales" mencionadas en las acusaciones son seis armas antitanques que llevaban para defenderse de ataques insurgentes. Dijeron que el ejército y oficiales de la compañía les habían alentado a llevar las armas con guiños y gestos, diciéndoles que las mantuvieran ocultas.
Después de que los guardias pasaran tres días bajo detención, aparecieron agentes del FBI y militares norteamericanos para entrevistar a algunos de ellos. De acuerdo a Shaver, Simpler y Devine, parecía que el FBI estaba tratando de determinar si eran insurgentes, aunque los investigadores tenían frente a sus ojos las fichas militares de los guardias. Una vez que fueron confirmados, fueron entregados a un agente del Servicio de Investigaciones Criminales de la Marina. Fueron liberados poco después. Los Marines distribuyeron una "cartas de exclusión", prohibiendo su entrada a las bases de la coalición en el oeste del país.
Cleland, que de acuerdo a los guardias fue el único en disparar un tiro esa tarde, no fue interrogado nunca sobre el incidente.
Ahora los guardias dicen que quieren limpiar sus nombres. Las noticias del incidente se esparcieron rápidamente en Iraq y las acusaciones de que habían disparado contra tropas americanas destruyó su reputación.
Rick Blanchard, 42, ex marine, dijo que tenía dos trabajos de seguridad esperándole en Iraq, pero ahora no sabe si le permitirán entrar al país. "Han arruinado mi carrera", dijo.
Lapan dijo que una decisión sobre si presentar o no cargos penales será tomada cuando se complete la investigación.
17 de septiembre de 2005
10 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh
más iraquíes con zarqawi
[Greg Miller y Tyler Marshall] Sintiéndose acosados, muchos sunníes incluso laicos se acercan a la red terrorista.
Washington, Estados Unidos. El principal operativo de Al Qaeda en Iraq atrae a un creciente número de nacionales iraquíes a su organización, aumentando su alcance y la amenaza del grupo insurgente, que ha sido responsable de muchos de los más devastadores ataques en el país, dicen funcionarios norteamericanos y personeros del gobierno iraquí.
El grupo, encabezado por el extremista jordano Abu Musab Zarqawi, se componía previamente casi exclusivamente de militantes de otros países árabes, y ha servido de símbolo para la dimensión extranjera de una pertinaz resistencia que lucha para expulsar a las tropas americanas.
Pero Zarqawi "está atrayendo a más combatientes iraquíes a sus filas", dijo un funcionario norteamericano, agregando que los iraquíes ahora constituían "más de la mitad de la organización".
Aunque se cree que Zarqawi cuenta con menos de 1.000 combatientes, la osadía y mortífera naturaleza de sus atentados, y los vínculos de Zarqawi con la red terrorista de Al Qaeda, lo han convertido en uno de los personajes más infames de la resistencia iraquí.
Estados Unidos ha ofrecido una recompensa de 25 millones de dólares por Zarqawi, cuya organización es responsable de una serie de decapitaciones, atentados suicidas y otros ataques espeluznantes.
El grupo de Zarqawi ha reivindicado responsabilidad por la campaña de atentados con bomba de esta semana que ha causado la muerte de al menos 169 personas en Bagdad, aparentemente en represalia por la campaña americana-iraquí contra rebeldes en la norteña ciudad de Tall Afar. Uno de los terroristas llamó a unos jornaleros a que se acercaran a su vehículo, diciéndoles que buscaba trabajadores. No quedó claro si se trataba de un iraquí.
Detalles sobre la creciente dimensión iraquí del grupo de Zarqawi fueron proporcionados por tres funcionarios norteamericanos con acceso a informaciones de inteligencia clasificadas y que hablaron a condición de conservar el anonimato debido a la sensibilidad del tema. Sus comentarios reflejan el último intento del gobierno de terminar con una resistencia de varios niveles que a menudo ha confundido a las fuerzas y agencias de inteligencia norteamericanas.
Los funcionarios americanos indicaron que la incorporación de iraquíes, incluyendo aparentemente a ex miembros del servicio de inteligencia y de las fuerzas armadas iraquíes, representa un cambio en la composición del grupo, más que una expansión importante.
Un componente iraquí significativo en el grupo de Zarqawi tienen ominosas implicaciones, tanto para el gobierno de Bush como para el naciente gobierno elegido en las urnas que respalda en Bagdad.
Los iraquíes en el grupo de Zarqawi le pueden proporcionar mejores datos de inteligencia y dar legitimidad al grupo, que es considerado por muchos iraquíes como compuesto por extranjeros indeseables. Además, los reclutas iraquíes están expuestos a las operaciones de un grupo extremistas musulmán de gran eficiencia.
La incorporación de iraquíes también reduciría el efecto sobre la capacidad de la resistencia con el control más estrecho de las fronteras -un objetivo clave del gobierno de Bush.
La inteligencia americana sobre Iraq ha mostrado frecuentemente ser equivocada. Sin embargo, dos factores dan credibilidad a los informes sobre la fluctuante composición del grupo de Zarqawi: Varios de sus lugartenientes importantes han sido capturados por fuerzas americanas en los últimos meses y algunos según se dice han hablado extensamente durante los interrogatorios.
Funcionarios iraquíes de alto rango han dicho que han presenciado el mismo desarrollo.
Mowaffak Rubaie, asesor de seguridad nacional de Iraq y ex activista chíi, dijo que "no hay dudas" de que elementos nacionalistas de la resistencia se estaban acercando a Zarqawi y su extremista secta musulmana salafita.
"Existe la tendencia a ver la resistencia como algo religioso", dijo. "La religión es un motivo importante. No te va a ser fácil encontrar a alguien que muera por los baazistas. Pero los salafitas tienen un mensaje muy fuerte. Si usas el Corán de manera selectiva, lo puedes convertir en un arma de destrucción masiva".
Pocos iraquíes comparten el objetivo de Zarqawi de establecer un país musulmán radical, pero pequeños contingentes de iraquíes recalcitrantes se sienten aparentemente atraídos por la efectividad del grupo de Zarqawi."Es el grupo mejor organizado del país", dijo un funcionario norteamericano, que agregó que la red de Zarqawi era también una "organización bien financiada que está dispuesta a pagar a la gente por su trabajo" en momentos en que muchos iraquíes, especialmente la policía, ganan muy poco o nada.
Los funcionarios observaron que la policía de tres ciudades, incluyendo Mosul, no está siendo pagada. No mencionaron las otras ciudades.
Funcionarios dijeron que no estaba claro lo leales que eran estos iraquíes hacia la causa más amplia de Al Qaeda, o si estarían dispuestos a viajar fuera del país para realizar atentados terroristas en países árabes u occidentales.
Zarqawi escapó de ser capturado en febrero pasado cerca de la ciudad de Ramadi, dicen las autoridades. Huyó a pie cuando las fuerzas de la coalición en un puesto de control interceptaron un camión con un ordenador y documentos. Desde entonces las tropas de la coalición han matado o capturado a varios de sus lugartenientes. El último de esos incidentes fue anunciado el 9 de septiembre cuando un oficial militar americano dijo que un ayudante de alto rango fue matado al oeste del país.
Pero los funcionarios estadounidenses familiarizados con la inteligencia sobre al grupo de Zarqawi dijeron que la organización ha demostrado una extraordinaria flexibilidad y estaba organizada para soportar pérdidas de líderes claves, incluyendo a Zarqawi.
Uno de los funcionarios observó que las fuerzas de la coalición pensaban que habían dado un golpe importante en enero con la captura del principal fabricante de bombas de Zarqawi en Bagdad. Pero desde entonces, dijo el funcionario, "los atentados con coches-bomba han aumentado en Bagdad".
En general, dijeron los funcionarios, la resistencia en Iraq se divide en tres grupos': extremistas religiosos como Zarqawi; ex miembros del Partido Baaz de Saddam Hussein; y grupos disparatados iraquíes que actúan al margen de intereses locales o nacionales.
Los funcionarios dijeron que hay un constante flujo de saudíes, yemeníes y otros nacionales árabes hacia y fuera del país. Pero los funcionarios dijeron que los combatientes extranjeros constituyen menos del 10 por ciento de los rebeldes en Iraq.
Los logros de Zarqawi en el reclutamiento de iraquíes para su causa se deriva de una creciente frustración entre la minoría árabe sunní, que temen quedar marginados en un Iraq democrático y están dispuestos a impedir su emergencia.
La CIA y otras agencias han resistido presiones para proporcionar una estimación del número de insurgentes en Iraq, en parte debido a la preocupación de que pueda hacer surgir la impresión de que se trata de una población finita que puede ser exterminada.
Más bien, los funcionarios dijeron que los analistas de inteligencia habían observado que había unos 800.000 a 1 millones de árabes sunníes iraquíes en edad militar que representan una fuente de insurgentes potenciales. Cuántos se inclinarán hacia la violencia depende de varios factores, empezando con el grado de satisfacción de los sunníes con su participación en cualquier nuevo gobierno.
Algunos sunníes han hecho objeciones al borrador de constitución que será presentado a los iraquíes en el referéndum nacional el próximo mes. La sensación de enajenación de la comunidad aumentará si el documento es aprobado, como es probable, por encima de sus objeciones.
"Se van a llevar una tremenda decepción cuando fracasen, y van a creer que es el resultado de fraude y que han sido privados de lo que merecen", dijo uno de los funcionarios estadounidenses. "En el proceso, los sunníes se alejarán todavía más".
El juicio de Hussein, programado para principios del próximo mes, es probable que avive la sensación de victimización entre los sunníes, dicen analistas.
Borzou Daragahi en Baghdad contribuyeron a este reportaje.
16 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. El principal operativo de Al Qaeda en Iraq atrae a un creciente número de nacionales iraquíes a su organización, aumentando su alcance y la amenaza del grupo insurgente, que ha sido responsable de muchos de los más devastadores ataques en el país, dicen funcionarios norteamericanos y personeros del gobierno iraquí.El grupo, encabezado por el extremista jordano Abu Musab Zarqawi, se componía previamente casi exclusivamente de militantes de otros países árabes, y ha servido de símbolo para la dimensión extranjera de una pertinaz resistencia que lucha para expulsar a las tropas americanas.
Pero Zarqawi "está atrayendo a más combatientes iraquíes a sus filas", dijo un funcionario norteamericano, agregando que los iraquíes ahora constituían "más de la mitad de la organización".
Aunque se cree que Zarqawi cuenta con menos de 1.000 combatientes, la osadía y mortífera naturaleza de sus atentados, y los vínculos de Zarqawi con la red terrorista de Al Qaeda, lo han convertido en uno de los personajes más infames de la resistencia iraquí.
Estados Unidos ha ofrecido una recompensa de 25 millones de dólares por Zarqawi, cuya organización es responsable de una serie de decapitaciones, atentados suicidas y otros ataques espeluznantes.
El grupo de Zarqawi ha reivindicado responsabilidad por la campaña de atentados con bomba de esta semana que ha causado la muerte de al menos 169 personas en Bagdad, aparentemente en represalia por la campaña americana-iraquí contra rebeldes en la norteña ciudad de Tall Afar. Uno de los terroristas llamó a unos jornaleros a que se acercaran a su vehículo, diciéndoles que buscaba trabajadores. No quedó claro si se trataba de un iraquí.
Detalles sobre la creciente dimensión iraquí del grupo de Zarqawi fueron proporcionados por tres funcionarios norteamericanos con acceso a informaciones de inteligencia clasificadas y que hablaron a condición de conservar el anonimato debido a la sensibilidad del tema. Sus comentarios reflejan el último intento del gobierno de terminar con una resistencia de varios niveles que a menudo ha confundido a las fuerzas y agencias de inteligencia norteamericanas.
Los funcionarios americanos indicaron que la incorporación de iraquíes, incluyendo aparentemente a ex miembros del servicio de inteligencia y de las fuerzas armadas iraquíes, representa un cambio en la composición del grupo, más que una expansión importante.
Un componente iraquí significativo en el grupo de Zarqawi tienen ominosas implicaciones, tanto para el gobierno de Bush como para el naciente gobierno elegido en las urnas que respalda en Bagdad.
Los iraquíes en el grupo de Zarqawi le pueden proporcionar mejores datos de inteligencia y dar legitimidad al grupo, que es considerado por muchos iraquíes como compuesto por extranjeros indeseables. Además, los reclutas iraquíes están expuestos a las operaciones de un grupo extremistas musulmán de gran eficiencia.
La incorporación de iraquíes también reduciría el efecto sobre la capacidad de la resistencia con el control más estrecho de las fronteras -un objetivo clave del gobierno de Bush.
La inteligencia americana sobre Iraq ha mostrado frecuentemente ser equivocada. Sin embargo, dos factores dan credibilidad a los informes sobre la fluctuante composición del grupo de Zarqawi: Varios de sus lugartenientes importantes han sido capturados por fuerzas americanas en los últimos meses y algunos según se dice han hablado extensamente durante los interrogatorios.
Funcionarios iraquíes de alto rango han dicho que han presenciado el mismo desarrollo.
Mowaffak Rubaie, asesor de seguridad nacional de Iraq y ex activista chíi, dijo que "no hay dudas" de que elementos nacionalistas de la resistencia se estaban acercando a Zarqawi y su extremista secta musulmana salafita.
"Existe la tendencia a ver la resistencia como algo religioso", dijo. "La religión es un motivo importante. No te va a ser fácil encontrar a alguien que muera por los baazistas. Pero los salafitas tienen un mensaje muy fuerte. Si usas el Corán de manera selectiva, lo puedes convertir en un arma de destrucción masiva".
Pocos iraquíes comparten el objetivo de Zarqawi de establecer un país musulmán radical, pero pequeños contingentes de iraquíes recalcitrantes se sienten aparentemente atraídos por la efectividad del grupo de Zarqawi."Es el grupo mejor organizado del país", dijo un funcionario norteamericano, que agregó que la red de Zarqawi era también una "organización bien financiada que está dispuesta a pagar a la gente por su trabajo" en momentos en que muchos iraquíes, especialmente la policía, ganan muy poco o nada.
Los funcionarios observaron que la policía de tres ciudades, incluyendo Mosul, no está siendo pagada. No mencionaron las otras ciudades.
Funcionarios dijeron que no estaba claro lo leales que eran estos iraquíes hacia la causa más amplia de Al Qaeda, o si estarían dispuestos a viajar fuera del país para realizar atentados terroristas en países árabes u occidentales.
Zarqawi escapó de ser capturado en febrero pasado cerca de la ciudad de Ramadi, dicen las autoridades. Huyó a pie cuando las fuerzas de la coalición en un puesto de control interceptaron un camión con un ordenador y documentos. Desde entonces las tropas de la coalición han matado o capturado a varios de sus lugartenientes. El último de esos incidentes fue anunciado el 9 de septiembre cuando un oficial militar americano dijo que un ayudante de alto rango fue matado al oeste del país.
Pero los funcionarios estadounidenses familiarizados con la inteligencia sobre al grupo de Zarqawi dijeron que la organización ha demostrado una extraordinaria flexibilidad y estaba organizada para soportar pérdidas de líderes claves, incluyendo a Zarqawi.
Uno de los funcionarios observó que las fuerzas de la coalición pensaban que habían dado un golpe importante en enero con la captura del principal fabricante de bombas de Zarqawi en Bagdad. Pero desde entonces, dijo el funcionario, "los atentados con coches-bomba han aumentado en Bagdad".
En general, dijeron los funcionarios, la resistencia en Iraq se divide en tres grupos': extremistas religiosos como Zarqawi; ex miembros del Partido Baaz de Saddam Hussein; y grupos disparatados iraquíes que actúan al margen de intereses locales o nacionales.
Los funcionarios dijeron que hay un constante flujo de saudíes, yemeníes y otros nacionales árabes hacia y fuera del país. Pero los funcionarios dijeron que los combatientes extranjeros constituyen menos del 10 por ciento de los rebeldes en Iraq.
Los logros de Zarqawi en el reclutamiento de iraquíes para su causa se deriva de una creciente frustración entre la minoría árabe sunní, que temen quedar marginados en un Iraq democrático y están dispuestos a impedir su emergencia.
La CIA y otras agencias han resistido presiones para proporcionar una estimación del número de insurgentes en Iraq, en parte debido a la preocupación de que pueda hacer surgir la impresión de que se trata de una población finita que puede ser exterminada.
Más bien, los funcionarios dijeron que los analistas de inteligencia habían observado que había unos 800.000 a 1 millones de árabes sunníes iraquíes en edad militar que representan una fuente de insurgentes potenciales. Cuántos se inclinarán hacia la violencia depende de varios factores, empezando con el grado de satisfacción de los sunníes con su participación en cualquier nuevo gobierno.
Algunos sunníes han hecho objeciones al borrador de constitución que será presentado a los iraquíes en el referéndum nacional el próximo mes. La sensación de enajenación de la comunidad aumentará si el documento es aprobado, como es probable, por encima de sus objeciones.
"Se van a llevar una tremenda decepción cuando fracasen, y van a creer que es el resultado de fraude y que han sido privados de lo que merecen", dijo uno de los funcionarios estadounidenses. "En el proceso, los sunníes se alejarán todavía más".
El juicio de Hussein, programado para principios del próximo mes, es probable que avive la sensación de victimización entre los sunníes, dicen analistas.
Borzou Daragahi en Baghdad contribuyeron a este reportaje.
16 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
una familia destrozada
[Ellen Knickmeyer] Un clan iraquí busca a los vivos mientras entierra a sus muertos tras atentado suicida.
Bagdad, Iraq. La búsqueda de uno de los jóvenes desaparecidos de la familia Rahim terminó en un camión frigorífico en el estacionamiento de un hospital.
"¡Está muerto! ¡Está muerto!", gritó una tía de Saif Kadhum Rahim, 19, golpeándose con las palmas abiertas en la cara al ver a su sobrino. Sus piernas desnudas y carbonizadas emergían de debajo de un sudario blanco en la parte de atrás del camión.
"¡Mi hermano! ¡Mi hermano!", dijo uno de los hermanos menores de Saif, inclinando su cabeza hacia atrás y cogiéndole del pelo. Casi sin pausas, los hombres de la familia se agruparon en torno al aturdido muchacho y trasladaron el cuerpo de Saif desde el camión de acero a un ataúd de madera, luego colocaron el ataúd en una furgoneta para hacer su último viaje.
El caos se instaló todo el día en la capital iraquí, estallando a través de la delgada superficie de lo que pasa como rutina. Familias y ambulancias corrían para encontrar a sus familiares y ayudar a los sobrevivientes, incluso mientras nuevos estallidos enviaban nuevas olas de frenéticas búsquedas en medio del caos. Torres de humo negro se elevaban en el cielo mientras la policía alejaba a los coches de los hospitales, por temor a atentados secundarios que podrían atacar a los centros médicos que trataban a las víctimas de los primeros atentados.
Miembros de la milicia del clérigo chií Moqtada Sáder y agentes de policía iraquí corrían en furgonetas, yendo y viviendo por las carreteras de la ciudad y a través de los barrios pobres de mayoría chií. Agitaba pistolas y rifles de asalto AK-47, apuntando a nada. "¡Explosiones! ¡Explosiones!" gritó un miliciano chií, golpeando el techo de metal del coche para que se devolviera del sitio de uno de los estallidos.
En su furgoneta, los hombres de la familia Rahim cruzaron a toda prisa la ciudad, corriendo para recuperar el cuerpo de Saif y llevarlo a casa, y buscar a Haider, su primo de 17, que estaba desaparecido y presuntamente muerto, y cuidar de otro primo de 24 que yacía herido en un hospital.
Los tres fueron víctimas de un atentado suicida en el barrio de Kadhimiyah de Bagdad, el primero de 10 atentados con bomba y otros ataques durante el día. Estaban con varios otros familiares -algunos sentados en el taxi minibús de Saif, otros tomando té en una cabina en la acera- cuando un atacante kamikaze se hizo volar con su Volkswagen de cuatro puertas cargado de explosivos.
Murieron al menos 112 personas, la mayoría de ellos jornaleros del barrio chií que se habían reunido en una rotonda de tráfico esperando trabajo. Los sobrevivientes dijeron que el terrorista llamó a los hombres ofreciéndoles trabajo antes de detonar su carga explosiva. Hussein Ali, otro primero de la extensa familia Rahim, dijo que los trabajadores, pobres, fueron atacados simplemente "porque eran chiíes".
Al Qaeda en Iraq, el grupo insurgente dirigido por el jordano Abu Musab Zarqawi, emitió una declaración elogiando los atentados. El grupo, dominado por extremistas musulmanes sunníes extranjeros como Zarqawi, es apoyado en gran parte por sunníes iraquíes resentidos con el nuevo dominio político del país en manos de la mayoría chií.
Los insurgentes sunníes llevan "el odio contra nosotros", dijo Ali. "Esta es una guerra contra los chiíes".
Este mes hace un año los rebeldes mataron a balazos al padre de Saif, 50, en una calle de un barrio chií de Bagdad, dijo su familia. Uno de los tíos de Saif murió el mismo día, hace cuatro meses, dijeron.
Saif heredó el taxi minibús de su padre y la responsabilidad por su madre, seis hermanas y dos hermanos menores, dijo la familia. El miércoles la familia repartió una foto de Saif parado junto al minibús negro, sacando un pie descalzo de su sandalia -un incierto sostén de la familia.
Saif ganaba 7 dólares al día llevando y trayendo a los jornaleros hacia y desde sus trabajos. El miércoles uno de sus primos, alertado por una llamada de la familia de que había habido un atentado en la rotonda donde trabajaba Saif, se apresuró hacia el lugar de los hechos. Dijo que encontró a Saif muerto, todavía dentro del minibús. Llevó el cuerpo al hospital, donde fue colocado en el camión frigorífico mientras la familia procuraba un ataúd.
Después de retirar el cuerpo de Saif y de llevarlo a casa, los hombres de la familia se reunieron en silencio, tocándose preocupados sus barbas debajo de las fotos enmarcadas de miembros de la familia matados por los insurgentes. Colgando de las paredes de concreto con una delgada capa de pintura, debajo de arañas rotas, había carteles con retratos del venerado fundador del islam chií, acunando niños o blandiendo una espada.
Los hombres esperaron que otros terminaran de buscar el cuerpo de Haider, el primo desaparecido, en las morgues de la ciudad, de modo que la familia pudiera llevarlos, a él y Saif, a la ciudad santa chií de Nayaf para ser sepultado. De acuerdo a la tradición musulmana, Saif sería enterrado el mismo día que fue asesinado, su cuerpo encaminándose a su sepultura menos de seis horas después de que cruzara por última vez la puerta principal de su casa.
"En otro país, si las cosas estuvieran tan revueltas, todo el mundo lo estaría comentando", dijo Ali, 27, sobre la muerte de Saif mientras esperaba. "Aquí mueren tantos y a nadie le preocupa".
Uno de los tíos de Saif, Falih Kehait, llamó a un niño de 8 y lo besó levemente. El niño había brincado fuera del minibús justo antes de que explotara.
En otro cuarto, lejos de los hombres, se lamentaban las seis hermanas de Saif. Arrodilladas y apoyadas por otras mujeres, las hermanas se cogían del pelo, lloraban con la boca abierta y se bajaban sus pañuelos negros para abofetearse en la cara hasta que las tenían rojas. Las niñas, una de ellas con una abaya del Ratón Mickey y otras en pijama, miraban con los ojos abiertos las paredes del cuarto de atrás.
Interrogadas sobre quién cuidaría ahora de los ocho hermanos y hermanas de Rahim, Ali dijo: "Dios se ocupará de ellos".
En un pasillo, una vecina, Fátima Yassim, habló suavemente: "Lo que estáis viendo ahora no es nada en comparación con la tragedia que ha pasado".
"Pero, ¿qué haremos?", preguntó, con las manos en los hombros de una niña con un lazo en su pelo castaño. "¿Vamos a dejar a nuestras hijas en casa, sin ir a la escuela? Tenemos miedo incluso de que nuestros hijos vayan a trabajar".
Los rebeldes "quieren que nuestra gente se maten unos a otros", concluyó. "Pero somos musulmanes. Tenemos una sola religión. Queremos mucho a los sunníes".
En el cuarto junto a la calle, los hombres dudaban entre devolver el cuerpo de Saif a la morgue y reanudar la búsqueda de Haider, o llevar sólo a Saif a Nayaf para su sepultura. Kehait, el tío, finalmente decidió que él y otros tres harían el viaje hacia Nayaf y confiarían a los milicianos y policías la protección de las familias chiíes que estarían encaminándose hacia la ciudad santa.
"Sólo nosotros cuatro", ordenó. "Si nos atacan, sólo moriremos nosotros".
Una niña de 6 o 7, pariente de Saif, miraba en silencio mientras los hombres envolvían su ataúd en una manta de terciopelo rosada y lo ataban al techo de un coche. Su barbilla temblaba incontrolablemente.
Ninguna mujer, ordenó un hombre de la familia. Mientras hablaba nuevos sollozos señalaron que la madre de Saif salía de la intimidad del duelo de su casa. Sostenida por otras mujeres, la mujer dos veces tocada por la muerte, se desplomó, arrojando la tierra de la calle sobre su cara.
Los hombres que llevaban el ataúd pararon, ocultaron sus caras con sus manos y lloraron.
Ninguna mujer, insistió nuevamente un tío, dando la espalda a las hermanas mientras el minibús se calentaba. Las mujeres salieron de la casa. El tío cedió el paso, y la madre de Saif se subió al taxi y se hizo un hueco para el viaje hacia Nayaf.
15 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. La búsqueda de uno de los jóvenes desaparecidos de la familia Rahim terminó en un camión frigorífico en el estacionamiento de un hospital."¡Está muerto! ¡Está muerto!", gritó una tía de Saif Kadhum Rahim, 19, golpeándose con las palmas abiertas en la cara al ver a su sobrino. Sus piernas desnudas y carbonizadas emergían de debajo de un sudario blanco en la parte de atrás del camión.
"¡Mi hermano! ¡Mi hermano!", dijo uno de los hermanos menores de Saif, inclinando su cabeza hacia atrás y cogiéndole del pelo. Casi sin pausas, los hombres de la familia se agruparon en torno al aturdido muchacho y trasladaron el cuerpo de Saif desde el camión de acero a un ataúd de madera, luego colocaron el ataúd en una furgoneta para hacer su último viaje.
El caos se instaló todo el día en la capital iraquí, estallando a través de la delgada superficie de lo que pasa como rutina. Familias y ambulancias corrían para encontrar a sus familiares y ayudar a los sobrevivientes, incluso mientras nuevos estallidos enviaban nuevas olas de frenéticas búsquedas en medio del caos. Torres de humo negro se elevaban en el cielo mientras la policía alejaba a los coches de los hospitales, por temor a atentados secundarios que podrían atacar a los centros médicos que trataban a las víctimas de los primeros atentados.
Miembros de la milicia del clérigo chií Moqtada Sáder y agentes de policía iraquí corrían en furgonetas, yendo y viviendo por las carreteras de la ciudad y a través de los barrios pobres de mayoría chií. Agitaba pistolas y rifles de asalto AK-47, apuntando a nada. "¡Explosiones! ¡Explosiones!" gritó un miliciano chií, golpeando el techo de metal del coche para que se devolviera del sitio de uno de los estallidos.
En su furgoneta, los hombres de la familia Rahim cruzaron a toda prisa la ciudad, corriendo para recuperar el cuerpo de Saif y llevarlo a casa, y buscar a Haider, su primo de 17, que estaba desaparecido y presuntamente muerto, y cuidar de otro primo de 24 que yacía herido en un hospital.
Los tres fueron víctimas de un atentado suicida en el barrio de Kadhimiyah de Bagdad, el primero de 10 atentados con bomba y otros ataques durante el día. Estaban con varios otros familiares -algunos sentados en el taxi minibús de Saif, otros tomando té en una cabina en la acera- cuando un atacante kamikaze se hizo volar con su Volkswagen de cuatro puertas cargado de explosivos.
Murieron al menos 112 personas, la mayoría de ellos jornaleros del barrio chií que se habían reunido en una rotonda de tráfico esperando trabajo. Los sobrevivientes dijeron que el terrorista llamó a los hombres ofreciéndoles trabajo antes de detonar su carga explosiva. Hussein Ali, otro primero de la extensa familia Rahim, dijo que los trabajadores, pobres, fueron atacados simplemente "porque eran chiíes".
Al Qaeda en Iraq, el grupo insurgente dirigido por el jordano Abu Musab Zarqawi, emitió una declaración elogiando los atentados. El grupo, dominado por extremistas musulmanes sunníes extranjeros como Zarqawi, es apoyado en gran parte por sunníes iraquíes resentidos con el nuevo dominio político del país en manos de la mayoría chií.
Los insurgentes sunníes llevan "el odio contra nosotros", dijo Ali. "Esta es una guerra contra los chiíes".
Este mes hace un año los rebeldes mataron a balazos al padre de Saif, 50, en una calle de un barrio chií de Bagdad, dijo su familia. Uno de los tíos de Saif murió el mismo día, hace cuatro meses, dijeron.
Saif heredó el taxi minibús de su padre y la responsabilidad por su madre, seis hermanas y dos hermanos menores, dijo la familia. El miércoles la familia repartió una foto de Saif parado junto al minibús negro, sacando un pie descalzo de su sandalia -un incierto sostén de la familia.
Saif ganaba 7 dólares al día llevando y trayendo a los jornaleros hacia y desde sus trabajos. El miércoles uno de sus primos, alertado por una llamada de la familia de que había habido un atentado en la rotonda donde trabajaba Saif, se apresuró hacia el lugar de los hechos. Dijo que encontró a Saif muerto, todavía dentro del minibús. Llevó el cuerpo al hospital, donde fue colocado en el camión frigorífico mientras la familia procuraba un ataúd.
Después de retirar el cuerpo de Saif y de llevarlo a casa, los hombres de la familia se reunieron en silencio, tocándose preocupados sus barbas debajo de las fotos enmarcadas de miembros de la familia matados por los insurgentes. Colgando de las paredes de concreto con una delgada capa de pintura, debajo de arañas rotas, había carteles con retratos del venerado fundador del islam chií, acunando niños o blandiendo una espada.
Los hombres esperaron que otros terminaran de buscar el cuerpo de Haider, el primo desaparecido, en las morgues de la ciudad, de modo que la familia pudiera llevarlos, a él y Saif, a la ciudad santa chií de Nayaf para ser sepultado. De acuerdo a la tradición musulmana, Saif sería enterrado el mismo día que fue asesinado, su cuerpo encaminándose a su sepultura menos de seis horas después de que cruzara por última vez la puerta principal de su casa.
"En otro país, si las cosas estuvieran tan revueltas, todo el mundo lo estaría comentando", dijo Ali, 27, sobre la muerte de Saif mientras esperaba. "Aquí mueren tantos y a nadie le preocupa".
Uno de los tíos de Saif, Falih Kehait, llamó a un niño de 8 y lo besó levemente. El niño había brincado fuera del minibús justo antes de que explotara.
En otro cuarto, lejos de los hombres, se lamentaban las seis hermanas de Saif. Arrodilladas y apoyadas por otras mujeres, las hermanas se cogían del pelo, lloraban con la boca abierta y se bajaban sus pañuelos negros para abofetearse en la cara hasta que las tenían rojas. Las niñas, una de ellas con una abaya del Ratón Mickey y otras en pijama, miraban con los ojos abiertos las paredes del cuarto de atrás.
Interrogadas sobre quién cuidaría ahora de los ocho hermanos y hermanas de Rahim, Ali dijo: "Dios se ocupará de ellos".
En un pasillo, una vecina, Fátima Yassim, habló suavemente: "Lo que estáis viendo ahora no es nada en comparación con la tragedia que ha pasado".
"Pero, ¿qué haremos?", preguntó, con las manos en los hombros de una niña con un lazo en su pelo castaño. "¿Vamos a dejar a nuestras hijas en casa, sin ir a la escuela? Tenemos miedo incluso de que nuestros hijos vayan a trabajar".
Los rebeldes "quieren que nuestra gente se maten unos a otros", concluyó. "Pero somos musulmanes. Tenemos una sola religión. Queremos mucho a los sunníes".
En el cuarto junto a la calle, los hombres dudaban entre devolver el cuerpo de Saif a la morgue y reanudar la búsqueda de Haider, o llevar sólo a Saif a Nayaf para su sepultura. Kehait, el tío, finalmente decidió que él y otros tres harían el viaje hacia Nayaf y confiarían a los milicianos y policías la protección de las familias chiíes que estarían encaminándose hacia la ciudad santa.
"Sólo nosotros cuatro", ordenó. "Si nos atacan, sólo moriremos nosotros".
Una niña de 6 o 7, pariente de Saif, miraba en silencio mientras los hombres envolvían su ataúd en una manta de terciopelo rosada y lo ataban al techo de un coche. Su barbilla temblaba incontrolablemente.
Ninguna mujer, ordenó un hombre de la familia. Mientras hablaba nuevos sollozos señalaron que la madre de Saif salía de la intimidad del duelo de su casa. Sostenida por otras mujeres, la mujer dos veces tocada por la muerte, se desplomó, arrojando la tierra de la calle sobre su cara.
Los hombres que llevaban el ataúd pararon, ocultaron sus caras con sus manos y lloraron.
Ninguna mujer, insistió nuevamente un tío, dando la espalda a las hermanas mientras el minibús se calentaba. Las mujeres salieron de la casa. El tío cedió el paso, y la madre de Saif se subió al taxi y se hizo un hueco para el viaje hacia Nayaf.
15 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh