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eeuu controlará policía iraquí


[Louise Roug] La supervisión militar será reforzada en respuesta a informes sobre torturas de prisioneros, reafirmando la autoridad norteamericana sobre las fuerzas de seguridad.
Bagdad, Iraq. Después de una serie de escándalos sobre apremios a prisioneros que han exacerbado las tensiones sectarias, funcionarios norteamericanos anunciaron el jueves planes para controlar a las fuerzas especiales de la policía iraquí. Se aumentará el número de tropas americanas asignadas para colaborar con ellas y se exigirán consultas antes de que los iraquíes preparen allanamientos en Bagdad.
La decisión de imponer una supervisión diaria sugiere un reconocimiento de parte de las fuerzas armadas norteamericanas de que las duras tácticas de algunas unidades iraquíes, que deben ocuparse de la lucha contra los insurgentes, han agravado el conflicto sectario que contribuye a fortalecer a la resistencia.
Más de 2 años y medio después de la invasión norteamericana y un año y medio después de la ocupación formal del país, también ilustra que los americanos todavía tienen la última palabra en materias de seguridad.
Los árabes musulmanes sunníes de Iraq, que dominaron Iraq durante el gobierno del presidente Saddam Hussein, se han quejado de ser atacados por las fuerzas de seguridad que son ahora controladas por los musulmanes chiíes. Los cadáveres de cientos de hombres sunníes han sido recogidos de las aguas del Río Tigris o encontrados abandonados en sitios eriazos y vertederos. Muchos de ellos habían sido maniatados, vendados y ejecutados. Los familiares dicen a menudo que sus parientes fueron detenidos por las fuerzas de seguridad iraquíes o por hombres vestidos como ellos.
La rabia sunní por el cambio de poder en Iraq ha alimentado en gran parte la insurgencia.
El anuncio norteamericano se produce después de varios escándalos sobre torturas en las que están implicadas las tropas del ministerio del Interior iraquí. El mes pasado, tropas estadounidenses allanaron una prisión clandestina donde las fuerzas del ministerio detenían a decenas de reclusos demacrados y torturados, muchos de ellos sunníes.
Entretanto, los chiíes dicen que, en venganza, ellos han sido víctimas de asesinatos.
El jueves un camionero que visitaba a su familia en un suburbio al sur de Bagdad descubrió que los 14 miembros de su familia habían sido asesinados a balazos.
En otros actos de violencia, un terrorista suicida disfrazado de policía mató a cuatro agentes de policía en un puesto de control cerca del ministerio del Interior, dijeron funcionarios.
Siete de las nueves brigadas especiales de la policía iraquí en Bagdad cuentan ahora con 40 a 45 asesores norteamericanos. Según el nuevo plan, cientos de tropas estadounidenses adicionales se unirán a las nueve brigadas.
El plan, que se espera que sea aprobado formalmente en Washington en unas semanas, será implementado primero en la capital, pero servirá de modelo para el resto del país, dijo un alto funcionario norteamericano que habló a condición de conservar el anonimato.
Funcionarios americanos han expresado últimamente su preocupación de que milicias pro-iraníes hayan infiltrado a las fuerzas de seguridad. En un país con profundos lazos tribales y confesionales, es difícil determinar cuáles son las lealtades de los comandantes, dijo el funcionario.
Otro funcionario militar norteamericano, el teniente general de ejército Martin Dempsey, que está a cargo del adiestramiento de las tropas iraquíes, dijo este mes a periodistas que la penetración de la policía por las milicias era "un serio problema... No toleraremos la presencia de milicias".
Dempsey dijo que el gobierno iraquí se mostraba ambivalente sobre la existencia de las milicias, lo que complica el problema. Aunque la Constitución iraquí prohíbe que las milicias actúen como un ejército nacional, permite que la regiones tengan ‘guardias regionales’.
"Francamente, el gobierno iraquí debe dejar en claro qué quiere decir con eso", dijo Dempsey.
Al aumentar el número de tropas norteamericanas que trabajan con las unidades de la policía iraquí, los americanos podrán supervisar mejor y adiestrar a la policía, como es el caso ahora con el ejército iraquí, dijo el funcionario militar.
"Lo que estamos tratando de lograr es moderación", dijo el oficial. "Que no puedes simplemente atacar un vecindario porque está habitado por una secta diferente o una raza diferente o un grupo de extranjeros... y detenerlos simplemente porque son diferentes y encerrarlos en instalaciones clandestinas por períodos indeterminados de tiempo".
Desde un allanamiento a mediados de noviembre en que se encontraron en una prisión de Bagdad a prisioneros torturados, funcionarios americanos dicen que investigadores estadounidenses e iraquíes han acumulado numerosas indicciones de torturas en dos otras instalaciones en Bagdad y una en la Tall Afar, al noroeste del país.
Esta semana, las fuerzas armadas estadounidense anunciaron que retrasarían la entrega de prisiones americanas a los iraquíes.
Comandantes americanos han también empezado a sostener encuentros de intercambio de información dos veces a la semana con funcionarios de la seguridad iraquí, dijo el alto funcionario militar. Las reuniones permitirán a los estadounidenses supervisar las detenciones realizadas por la policía durante los allanamientos y enterarse dónde son retenidos. "Tienen que coordinarse con nosotros y pedir permiso para entrar en acción en nuestros espacios bélicos", dijo el funcionario.
"Hemos aprendido nuestras lecciones en el lado militar y ahora queremos aplicar ese conocimiento a la policía", dijo el teniente coronel Fred Wellman, portavoz del comando multinacional que supervisa el adiestramiento del ejército iraquí. Dijo que no se trataba de planes elaborados en respuesta a los informes sobre tortura de los prisioneros o asesinatos extrajudiciales, sino como parte de una estrategia mayor para pasar el control a las fuerzas de seguridad iraquíes.
"No se trata de supervisar o controlar a nuestros socios", dijo. "Queremos ser modelos positivos, entregar experiencia y recursos, de modo que Iraq puede hacer su transición hacia la seguridad civil, hacia un país normal".
La medida norteamericana disgustará a algunos funcionarios del ministerio del Interior, reconoció el oficial. Implica la re-imposición de la autoridad norteamericana sobre las fuerzas de seguridad que han estado operando autónomamente durante meses.
A diferencia del ejército iraquí, las fuerzas especiales de la policía se desarrollaron sin supervisión después del derrocamiento en abril de 2003 del gobierno de Hussein y ahora numeran unos 15 mil agentes. Algunos pueden ser vistos disparando sus armas al aire cuando cruzan las calles de Bagdad en camiones con ametralladoras.
"Había algunos elementos a los que se les permitió crecer y que no comprendemos", dijo el oficial, mencionando el ala militar del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, uno de los partidos políticos del gobierno de coalición que tiene lazos con Irán.
El gobierno de Bush ha hecho del adiestramiento adecuado de las fuerzas de seguridad iraquíes una condición para el retiro de las tropas estadounidenses de Iraq.
James Dobbins, de Rand Corp., antiguo enviado del gobierno de Bush, calificó la medida para aumentar la presencia norteamericana en la policía iraquí una "respuesta apropiada para una serie y nueva amenaza".
Después de casi tres años en que han puesto mucho más énfasis en el control y formación de las fuerzas armadas iraquíes, funcionarios del gobierno han reconocido la necesidad de ejercer más influencia sobre la policía, dijo.
"Están preocupados, y sus preocupaciones pueden haber aumentado en las últimas semanas como consecuencia de algunos graves casos de torturas", dijo Dobbins, que dirige el Centro de Seguridad Internacional y Asuntos de Defensa de la Rand [International Security and Defense Policy Center], "Es posible que esa preocupaciones hayan acelerado lo que ya estaba en camino y le haya dado más énfasis".
Aunque Iraq es técnicamente una nación soberana, la resolución de Naciones Unidas aprobada el año pasado da a las fuerzas norteamericanas la autoridad para "tomar todas las medidas necesarias para contribuir a la mantención de la seguridad y estabilidad de Iraq".
El embajador norteamericano en Iraq, Zalmay Khalilzad, describió hace poco el año 2006 como "el año de la policía" en Iraq.
Este año, el coronel de ejército jubilado, Andrew F. Krepinevich, preparó un informe sobre Khalilzad, diciendo que la policía era más importante que el ejército en el combate de la resistencia.
La semana pasada en Bagdad, hablando con periodistas, Khalilzad dijo que el ministro del Interior sería una de las posiciones clave en el nuevo gobierno.
"La policía tiene que ser creíble para las comunidades de Iraq", dijo. "Debe gozar de la confianza de toda la gente de Iraq. Es por eso que la elección del ministro del Interior será tan importante. Enviará un mensaje. No se puede nombrar a alguien que sea considerado sectario. Debes tener a alguien que cuente con la confianza de todas las comunidades".

Paul Richter en Washington y Borzou Daragahi y Asmaa Waguih en Bagdad contribuyeron a este reportaje.

3 de enero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

chalabi, ministro del petróleo


[Jonathan Finer y Naseer Nouri] Crisis del petróleo espolonea nombramiento de agente de la CIA como ministro en Iraq.
Bagdad, Iraq. Mientras se agrava la crisis del petróleo en Iraq, el gobierno remplazó a su ministro del petróleo por el polémico vice-primer ministro Ahmed Chalabi, cuyos magros resultados en las elecciones del 15 de diciembre fue un traspiés para su reciente intento de rehabilitación política.
El ministro del petróleo, Ibrahim Bahr Uloom, fue enviado a casa con un permiso de un mes. Previamente había amenazado con renunciar debido a la reciente decisión del gobierno de aumentar considerablemente los precios de la gasolina, una medida que indignó a los automovilistas y provocó ataques contra las gasolineras y convoyes de combustible.
La violencia ha escalado en todo Iraq desde las elecciones. El viernes murieron dos soldados norteamericanos, uno al estallar una bomba al sur de Bagdad, y otro en un ataque con armas ligeras en la occidental ciudad de Faluya. Los proyectiles de morteros impactaron cerca de un terminal de buses en la capital, cobrándose la vida de cinco personas e hiriendo a 24, dijeron policías en el lugar de los hechos.
Las amenazas de los insurgentes -que han utilizado la impopularidad del aumento del precio de la gasolina- provocó el cierre este mes de la refinería de petróleo más productiva del país, en Baiji, al norte de Bagdad. Assim Jihad, portavoz del ministerio del Petróleo, dijo que el cierre costaría 20 millones de dólares al día hasta que se reabriera la refinería.
Entretanto, el mal tiempo invernal ha paralizado las exportaciones de petróleo de la sureña ciudad de Umm Qasr, el único puerto importante de Iraq. Muchas de las plantas eléctricas más grandes de Iraq están experimentando dificultades para satisfacer incluso una fracción de las demandas de energía del país.
"Si no se solucionan pronto estos problemas, el país caerá en una situación incontrolable", dijo Jihad. "Chalabi estará aquí por un período corto, pero esto debe ser resuelto por el nuevo gobierno, el ministerio de Defensa y las fuerzas de la coalición".
Chalabi, cuya cartera en el gobierno ya incluye la dirección del comité de energía del país y la supervisión de la seguridad de la infraestructura petrolera del país, tomará provisionalmente el mando de la única industria importante de Iraq. Ya había dirigido brevemente el ministerio del Petróleo antes este año, mientras se formaba el actual gobierno.
Jihad sugirió que Uloom probablemente renunciará antes que volver a su posición, lo que quiere decir que el nombramiento de Chalabi se mantendrá hasta que los partidos que ganaron las elecciones recientes formen un nuevo gobierno.
Las negociaciones en ese sentido continuaron el viernes en la norteña ciudad de Sulaymaniyah entre Abdul Aziz Hakim, que dirige el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq, un partido musulmán predominantemente chií, y líderes kurdos. También el viernes un aliado del influyente clérigo chií Moqtada Sáder, cuyos seguidores políticos se unieron a la lista electoral del Consejo Supremo, dijo que los partidos chiíes buscarían una alianza con los árabes sunníes de Iraq antes que aliarse a los kurdos.
Líderes iraquíes dijeron que no se tomarán decisiones importantes mientras no se determine la composición de un nuevo gobierno de coalición.
"No creo que haya cambios drásticos", dijo el ayudante de Chalabi, Haidar Moussawi cuando le preguntaron sobre las intenciones de Chalabi en su nueva posición. "Pero sí puedo decir que hemos los montones de problemas a los que se enfrenta la industria en términos de seguridad y el tiempo, y nos concentraremos en tratar de controlar las cosas y recuperar el nivel de exportaciones de Iraq".
En el pasado propuesto por algunos funcionarios norteamericanos como futuro presidente de Iraq, Chalabi sufrió una serie de reveses tras la invasión norteamericana, que empezaron cuando se descubrió que los datos de inteligencia que había proporcionado al Pentágono sobre las supuestas armas de destrucción masiva de Iraq eran falsos. Más tarde fue acusado de entregar secretos norteamericanos al gobierno de Irán. Pero en los últimos meses varios funcionarios americanos han elogiado su capacidad técnica y la habilidad para lograr acuerdos entre las facciones beligerantes dentro del gobierno.
"Ha demostrado que es bastante capaz y que tiene experiencia a la hora de ocuparse de todos los aspectos del sector energético de Iraq y tiene las calificaciones para esa función", dijo un funcionario norteamericano a condición de mantener el anonimato debido a que estaba comentando una decisión del gobierno iraquí.
Basándose en los resultados preliminares de las elecciones de diciembre, Chalabi recibió 8.645 votos en Bagdad, muy por debajo del umbral que según un alto funcionario de Naciones Unidas se exigirá para obtener un escaño.
Moussawi dijo el viernes que Chalabi podría todavía terminar en el parlamento, dependiendo de cómo interpreten los funcionarios un detalle técnico de las normas electorales sobre cómo se distribuyen los escaños restantes después de que los partidos cumplen con umbrales específicos.
"Todavía hay confusión, incluso hoy en la comisión electoral, sobre este asunto, pero entendemos que el partido obtendrá al menos un escaño", dijo Moussawi.
Entretanto, en Bagdad, el viernes por la tarde impactaron -uno en una cafetería, el segundo en el capó de un coche- a escasos minutos de distancia proyectiles de morteros en una atiborrada sección del centro de la ciudad. Sadon Ali, 48, estaba jugando backgammon en un restaurante cercano cuando oyó la explosión. "Nos estábamos preguntando qué podría haber ocurrido cuando nos sorprendió la segunda explosión", dijo.
Un hombre que según la policía estaba borrado y enojado porque un amigo suyo había resultado herido en la explosión, empezó a disparar contra la multitud, haciendo huir en todas direcciones a la gente e hiriendo a un hombre en la pierna izquierda.
También en Bagdad el gobierno de Sudán declaró que cerraría su embajada para safistacer las exigencias del grupo insurgente de Al Qaeda en Iraq, que dijo haber secuestrado la semana pasada a seis ciudadanos sudaneses, informó la Associated Press. Cinco de los hombres fueron mostrados en un video dado a conocer por el grupo en los últimos días. Los insurgentes han realizado una ola de secuestros y ataques con el fin de obligar a los diplomáticos a abandonar Iraq.

Omar Fekeiki contribuyó a este reportaje.

1 de enero de 2006

©http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2005/12/30/AR2005123001307.html
©traducción mQh

investigan a guardias privados


[T. Christian Miller] En Iraq, los guardias de seguridad privados en entredicho.

Bagdad, Iraq. En Iraq, los guardias de seguridad privados se han visto involucrados en decenas de tiroteos, sin ser llevados a juicio a pesar de que se ha determinado que en al menos una ocasión provocaron una muerte cuando no respetaron los procedimientos apropiados –según entrevistas y documentos obtenidos por Times.
En lugar de eso, los guardias de seguridad sospechosos de conductas imprudentes son enviados a casa, a veces con la anuencia de oficiales estadounidenses, aumentando los interrogantes sobre su grado de responsabilidad y alimentando un intenso resentimiento entre los iraquíes.
En Iraq se encuentran miles de guardias privados fuertemente armados, bajo contrato con el gobierno norteamericano y compañías privadas. La conducta de ese personal de seguridad ha sido uno de los temas más polémicos en la reconstrucción de Iraq. La semana pasada un diario británico publicó un llamado video de trofeo que muestra a guardias privados en Iraq disparando contra vehículos civiles mientras escuchan una canción de Elvis.
Los guardias operan en un área legal turbia. De acuerdo a una ordenanza emitida por la Autoridad Provisional de la Coalición instituida por Estados Unidos que gobernó Iraq hasta junio de 2004, los guardias sospechosos de mala conducta deben ser enjuiciados en sus países de origen. Los contratistas son inmunes ante los tribunales iraquíes y de momento no han sido juzgados en Estados Unidos, dejando pocas opciones a los iraquíes que buscan justicia por tiroteos injustificados.
"Qué crimen cometió mi hijo?", preguntó Zahra Ridha, madre de un chico de 19 que fue atacado y asesinado en mayo por guardias de seguridad. "¿Nos merecemos esto?" Empleados de la industria dicen que algunos contratistas han iniciado programas de indemnización voluntariamente, pero no existe un sistema formal parecido al que opera cuando hay tropas americanas involucradas.
Las fuerzas armadas norteamericanas cuentan con una comisión que revisa las demandas de reparación y efectúa pagos cuando se determina que soldados americanos han cometido errores al abrir fuego sobre propiedades o personas. Tropas norteamericanas acusadas de disparar contra iraquíes pueden enfrentarse a juicios en tribunales militares. Más de 20 miembros de las fuerzas armadas han sido acusados de crímenes que resultaron en la muerte de iraquíes, y al menos 10 han sido condenados. Un funcionario del ministerio de Justicia, que pidió no ser identificado debido a que no es un portavoz autorizado, dijo que la ausencia de juicios de contratistas reflejaba la pobre supervisión de los oficiales norteamericanos en Iraq, que no están obligados a informar sobre conductas delictivas.
"Toda vez que se reúne un grupo numeroso de gente en algún lugar, empiezan a ocurrir cosas malas", dijo el funcionario.
Un sondeo del Times de casi 200 informes sobre "incidentes graves" entregados por firmas de seguridad privadas desde noviembre de 2004 muestra que el 11 por ciento de los incidentes involucró a guardias que dispararon contra vehículos civiles a los que consideraron como una amenaza.
Los informes no indican si los tiroteos fueron considerados justificados y contienen poca información sobre el destino de los ocupantes de los vehículos. Los informes, entregados voluntariamente al Pentágono, dicen que los guardias no fueron atacados desde los vehículos, pero dispararon contra ellos porque creyeron que eran terroristas suicidas.
Cerca de un 20 por ciento de los informes involucraron a guardias que dijeron que fueron atacados por tropas norteamericanas aparentemente en casos de confusión de identidades. Los guardias en Iraq viajan a menudo en vehículos sin matrícula y no cuentan con comunicaciones fiables con las unidades militares.
La mayoría del resto de los informes contienen horrorosos relatos de ataques insurgentes contra guardias, desde bombas en la berma de las carreteras, emboscadas, ataques con lanzagranadas, morteros y fuego de ametralladoras.
Los informes, que fueron dados a conocer en respuesta a una petición del Times en virtud de la Ley de Libertad de Información, representan solo una pequeña parte de los incidentes graves registrados por el Pentágono desde que se empezara a llevar la cuenta en 2004.
El ministerio de Defensa ha rechazado una petición del Times de que proveyera los nombres de los guardias de seguridad privados en los informes y todavía no ha sacado a la luz un número indeterminado de informes adicionales. El Times ha presentado una demanda federal con el fin de obtener la publicación de todos esos informes y las identidades de las compañías de seguridad.
Las firmas de seguridad proveen guardias armados para proteger a funcionarios norteamericanos y a contratistas privados que operan en Iraq.
Aunque la mayoría son pagados con fondos oficiales, ninguna agencia norteamericana se ocupa de su control.
El año pasado el Pentágono calculó que había unas 60 firmas operando en Iraq con unos 20 mil empleados.
Desde 2003, las firmas han recibido al menos 766 millones de dólares en contratos, de acuerdo a un reciente informe de la Contraloría del Gobierno.
En el mejor de los casos, los guardias de seguridad son antiguos soldados de las fuerzas especiales altamente adiestrados cuyo profesionalismo ha salvado innumerables vidas. Su presencia aligera la necesidad de tropas norteamericanas adicionales.
Funcionarios de la industria defienden su desempeño en Iraq. Los rebeldes atacan frecuentemente conduciendo coches llenos de explosivos contra convoyes que trasladan a funcionarios. Un guardia de seguridad tiene solo unos minutos para decidir si un vehículo que se aproxima está siendo conducido por un insurgente o por un iraquí inocente, dijeron. Los guardias de seguridad "no quieren disparar contra gente inocente", dijo Lawrence Peters, ex director de la Asociación de Compañías Privadas de Seguridad de Iraq, una asociación del ramo. "Pero estamos en una zona de guerra, y se cometen errores".
En el peor de los casos, dicen los críticos, los guardias son mercenarios caros e implacables que complican la misión de Estados Unidos en Iraq.
Un equipo de guardias privados para proteger a un solo funcionario norteamericano puede costar hasta 5 mil dólares al día. Firmas de seguridad que operan en Iraq han sido acusadas de fraude y de haber chocado con fuerzas estadounidenses.
"La abrumadora mayoría de estos guardias son altamente profesionales y disciplinados", dijo un funcionario norteamericano que trabajó en Iraq. "Pero si sólo el 1 por ciento es malo, tendrás personajes viciosos que pueden causar daño".
Han muerto en Iraq más de 400 contratistas, muchos de ellos guardias de seguridad, de acuerdo a estadísticas recientes del ministerio del Trabajo.
Al mismo tiempo, los guardias han matado a un número desconocido de iraquíes durante enfrentamientos con insurgentes, accidentes en carretera y tiroteos accidentales, de acuerdo a archivos y entrevistas.
La conducta a veces agresiva de los guardias privados ha creado una fuente de indignación por la presencia estadounidense en Iraq.
Innumerables iraquíes han tenido que soportar la humillación de verse obligados a parar o a salirse del camino para dejar el paso a todoterrenos sin matrícula, llenos de hombres blandiendo armas y gesticulando amenazadoramente.
"Este no es un modo particularmente efectivo de ganarse los corazones y la mente de los iraquíes", dijo Joshua Schwartz, do-director del programa gubernamental de adquisiciones de la Universidad George Washington. "Los contratistas hacen más difícil la misión de los militares estadounidenses en Iraq".
Un incidente en mayo ilustra la situación.
Robert J. Callahan, reiniciando su gira como portavoz de la embajada estadounidense en Iraq, volvía a sus oficinas en la Zona Verde –bajo control norteamericano- cuando su convoy viró hacia una amplia arteria que cruza el barrio de Masbah de Bagdad, dijeron oficiales estadounidenses y testigos iraquíes entrevistados por el Times.
En ese mismo momento, Mohammed Nouri Hattab, 32, se dirigía hacia el norte en su Opel. Estaba ganándose unos dólares como taxista, llevando a dos pasajeros que había recogido momentos antes.
Hattab levantó la vista y vio un convoy de cinco coches salir velozmente de una calle lateral frente a él.
Empezó a aminorar para detenerse a unos 15 metros del convoy cuando oyó un estallido de fuego de ametralladoras, dijo.
Las balas atravesaron el capó de su Opel, dijo Hattab, le perforaron la espalda y agujerearon el pecho de Yas Ali Mohammed Yassiri, que estaba en el asiento de atrás, matándolo. El segundo pasajero libró sin heridas graves. El convoy continuó a toda velocidad, dejando un caos tras su paso.
"No hubo ningún disparo de advertencia. Fue un ataque repentino", dijo Hattab, un hombre delgado que ya no puede mover libremente su brazo derecho.
Hattab contó que era la tercera vez desde la invasión americana de 2003 que los estadounidenses le habían disparado. En la primera ocasión, las tropas norteamericanas que dispararon por error contra él le pidieron más tarde disculpas, contó.
Esta vez, dijo, se ha visto involucrado en una interminable lucha legal por una indemnización, rebotando entre tribunales iraquíes y funcionarios estadounidenses. A Hattab, empleado del ministerio del Petróleo ahora con permiso de incapacidad, le han reducido el salario a la mitad, a 51 dólares al mes.
"Pensábamos que los americanos nos traerían libertad. Se deshicieron de Saddam", dijo Hattab. "Pero han pasado tres años y no ha pasado nada.
¿Dónde está la libertad?"
A la familia de su pasajero, Yassiri, no le ha ido mejor. El recién casado de 19 años, un chií de un barrio pobre de Nayaf, estaba de viaje en Bagdad.
En su casa de dos habitaciones en una polvorienta calle de tierra, los miembros de la familia dijeron que recién se enteraron de que Yassiri había sido matado por guardias privados y no por soldados estadounidenses cuando se los dijo un periodista del Times. Les habían dicho que Yassiri había muerto a manos de soldados norteamericanos.
"Vivimos en la pobreza y en la opresión durante la era de Saddam y cuando desapareció esperábamos lo contrario", dijo Adil Jasi, 26, un amigo de la familia. "Yo digo que la situación es la misma o incluso peor. Las tropas americanas llegaron para ocuparnos y alcanzar sus metas. Los iraquíes no les interesamos".
Funcionarios del ministerio de Relaciones Exteriores no respondieron a las peticiones de que comentaran el incidente. Pero un funcionario estadounidenses informado del caso dijo que los funcionarios de la embajada habían estudiado el tiroteo y concluido que los empleados de la firma de seguridad involucrada, la Blackwater USA de Carolina del Norte, no habían actuado de acuerdo a los procedimientos normales.
El funcionario norteamericano dijo que dos empleados de la firma habían disparado. Blackwater se negó a comentar sobre el tema.
Un ex funcionario norteamericano reconoció que esos tiroteos perjudican la imagen de Estados Unidos en Iraq. Sin embargo, dijo que los estadounidenses deben depender de guardias de seguridad para movilizarse en Iraq, debido a que los militares están concentrados en la lucha anti-insurgente.
"Cuando pasa algo como esto, la gente se pierde la confianza. Es un riesgo que hay que tomar en cuenta", dijo el funcionario, pero pidió la reserva de su identidad debido a que no está autorizado para hablar con la prensa. "No hay una buena respuesta".
No está clara la extensión del problema. Los informes entregados al Times son de valor limitado debido a que el Pentágono sólo ha dado a conocer una muestra. Sin embargo, ofrecen una mirada en el caos que reina en las calles iraquíes. Varios informes documentan choques con iraquíes que no vieron o ignoraron a los convoyes de seguridad. En un caso, un contratista obligó a un coche con un hombre, una mujer y un niño iraquíes a salir de la carretera, haciéndoles chocar contra un árbol. Se desconoce si hubo heridos. El convoy "apenas advirtió" al coche, dijo el informe que un guardia de seguridad que presenció el incidente. Fue "un ejemplo de normas de operación no profesionales".
Los contratistas que abrieron fuego contra vehículos iraquíes lo hicieron habitualmente después de que los conductores no acataran los signos de advertencia tales como la mano empuñada, indican los informes.
En febrero un contratista informó que había disparado contra un Opel Negro después de que el conductor no acatara los signos de mano y un disparo de advertencia. Los guardias dispararon 23 balazos con una ametrallador PKM rusa y nueve rondas de un AK-47 contra el coche.
"Tuvimos que disparar directamente contra el coche", escribió el contratista, agregando con evidente sorpresa. "Pero el conductor del Opel negro sobrevivió".

Borzou Daragahi en Bagdad y Saad Fakhrildeen en Nayaf y Asmaa Waguih en Bagdad contribuyeron a este reportaje.

4 de diciembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

iraq sin clase media


[Sabrina Tavernise] En medio del caos en Iraq.
Bagdad, Iraq. Desde la ventana de su dormitorio, Nesma Abdul-Razzaq, 43, ama de casa, ha visto a los rebeldes disparar granadas desde un terreno con césped cerca de su jardín. Frecuentes patrullas americanas hacen vibrar los cristales. Una bala perforó un vidrio.
"No puedes vivir con seguridad si cooperas con alguno de los dos lados", dijo en el dormitorio de su casa, en lo más profundo de uno de los barrios controlados por la resistencia al oeste de Bagdad. El mes pasado, cuando soldados americanos le ofrecieron dinero por el uso de su tejado, los rechazó cortésmente.
"¿Qué le diría a mis vecinos?", dijo.
Dos años y medio después de la invasión norteamericana, la violencia no muestra signos de amainar y la vida para los iraquíes de clase media es cada vez peor.
Educada, con inversiones en negocios y propiedades y ansiosa por los cambios, la clase media aquí tenía mucho que ganar con la intervención americana.
Pero la frustración se está convirtiendo en desesperanza a medida que las familias se ven cada vez más atrapadas por las muchas fuerzas que amenazan con desgarrar el país.
Los insurgentes pelean su guerra en las calles. Las diferencias sectarias se están introduciendo en las aulas de sus hijos e incluso en sus propias discusiones de sobremesa. Sus opiniones laicas son apenas audibles entre el estruendo de los políticos religiosos y los iraquíes pobres a los que atraen.
La vida diaria que define a la clase media es una carrera de obstáculos entre las colas de las gasolineras, calles bloqueadas y reparaciones nocturnas de generadores.
En las casas de estas familias la conversación gira normalmente sobre cómo marcharse. Los letreros de ‘A la Venta' salpican las puertas de las casas de su manzana. Pero reunir a los niños y a las extensas familias se hace crecientemente difícil, y muchas familias, potencialmente las más adecuadas constructoras de la democracia aquí, se están preparando para un futuro que les parece que está cada vez más bajo sitio.
Durante el año pasado los insurgentes han logrado controlar grandes extensiones de Bagdad occidental, incluyendo Khadra, la zona con la señora Abdul-Razzaq vive con su marido, Monkath, y sus dos hijos, de 9 y 12, en una espaciosa casa de dos pisos. La ventana de su dormitorio da a unas autopistas elevadas que son las principales arterias hacia la capital desde el norte y el oeste, donde los insurgentes han levantado zonas de exclusión.
En los últimos meses Abdul-Razzaq ha visto cuatro veces a hombres enmascarados aplastando su antejardín, con lanzagranadas a sus espaldas. Una vez, varios hombres dispararon contra un convoy americano desde detrás de una tienda funeraria cerca de su casa. A menudo se aparecen tropas americanas buscando a atacantes. Han allanado su casa seis veces.
Al sudoeste de Amariya, la zona a los lados del peligroso camino hacia el aeropuerto, las batallas entre insurgentes y la policía iraquí han sido tan intensas que los dos principales supermercados quedaron seriamente dañados y han cerrado. Ahora los residentes deben hacer las compras en otro lugar.
"Lo llamamos el Triángulo Sunní", dijo Abdul-Razzaq, sonriendo -una referencia al área tribal al noroeste de Bagdad donde los rebeldes han recurrido a la violencia para oponerse a la ocupación desde 2003.
Como consecuencia, ella y sus hijos han estado en gran parte confinados a la casa. Ya no van a los parques o salen a pasear. Miran más televisión. Después de que seis niños fueran secuestrados en la escuela de sus hijos, la familia contrató a un chófer para llevar y traer a los niños de la escuela. Los niños secuestrados fueron liberados después de que sus padres pagaron rescates.
Pero aunque se deteriorara el vecindario, Monkath Abdul-Razzar -46, ingeniero mecánica y sunní laica- mantuvo la esperanza de una vida mejor aquí. Dijo que pensaba que las elecciones de enero eran importantes para Iraq y había ignorado los llamados de los sunníes religiosos a no votar. El día de las elecciones, cuando unos hombres cerca de su casa amenazaron a los residentes a no votar, Abdul-Razzaq salió furtivamente de su casa para acercarse al colegio electoral.
Como muchos iraquíes, Abdul-Razzaq dijo que despreciaba a Saddam Hussein. Su tío estuvo en la cárcel durante cuatro años. Como oficial del ejército iraquí, debió presenciar la ejecución de cinco de sus amigos por traición en 1983, durante la guerra con Irán. Pero también disfrutó de los privilegios de sus conexiones con los militares, asegurándose contratos para repuestos después de que dejara el ejército. Sin embargo, la caída de Hussein fue motivo de celebración, y tenía altas esperanzas sobre su futuro aquí.
Pero el surgimiento de los partidos religiosos en los últimos siete meses han borrado lo que quedaba de las esperanzas de Abdul-Razzaq. La clase media es en gran parte secular, y a la mayoría de sus miembros les repugnan los partidos religiosos que apelan a las paupérrimas masas chiíes, por una parte, y a los resentidos sunníes, que perdieron su posición después de la invasión americana. Abdul-Razzaq votó por un chií porque el candidato era laico.
El gobierno religioso chií del primer ministro Ibrahim al-Jafaari, dijo Abdul-Razzaq, tiene un programa que favorece a los partidos religiosos chiíes, ahondando las peligrosas divisiones de la sociedad iraquí.
"Los americanos nos colocan en una situación ridícula", dijo. "Vinieron a Iraq y los partidos religiosos llegaron con ellos. El hombre religioso en Iraq es como un zorro".
Él y su esposa han hablado de marcharse; en su manzana hay al menos tres letreros de venta. La mejor amiga de la señora Abdul-Razzaq, una cristiana que vivía al otro lado de la calle, se mudó con su familia a Siria el mes pasado.
Pero marcharse es caro, y el dinero escaso. El mes pasado, por primera vez desde la guerra, Abdul-Razzaq no vendió nada en su tienda de repuestos. Los ingresos de un edificio que posee le ayudaron a pagar las cuentas.
"Estoy muy preocupado", dijo, sudando después de su tercer viaje en dos horas para encender el generador en el tejado. "No hay electricidad. No hay paz. ¿Crees que se puede vivir así? Es un infierno".
Abajo, su esposa estaba fregando los platos del almuerzo. "En estos dos años he aprendido a ser paciente", dijo. "A ver valiente".
Al otro lado de la ciudad, en una tranquila zona del centro de Bagdad una familia de comerciantes sabe un montón sobre la idea de marcharse. Dhia al-Din, 70, chií, preside tres generaciones distribuidas en dos casas. En total, cinco de sus ocho hijos adultos viven en el extranjero, y él vive gran parte del año en Jordania. Habló a condición de que no se mencionara su apellido. Ha recibido dos amenazas de muerte. Un hijo escapó de ser secuestrado y se marchó de Iraq con su familia el mes pasado.
Tiene los medios para marcharse, pero la emigración está dispersando a su familia y eliminando lentamente la vida que había construido con tanto esmero en varias décadas.
"Yo perdí mi dinero, mi hotel, mi maravillosa relación con la gente", dijo, con la voz quebrada. "Mi familia está desapareciendo".
Luego dijo en un tono a medias en broma: "Es todo culpa de los sunníes".
Su esposa Samira, sunní, contrarrestó: "¿Por qué se culpa siempre a los sunníes?"
Los dos han estado casados durante 50 años y que pertenecieran a cultos diferentes nunca importó. Pero recientemente han surgido nuevos problemas. El mes pasado, a un nieto de 9 le preguntaron en la escuela si era chií o sunní. Luego los padres del novio de su sobrina Rim 24, cancelaron el compromiso porque ella es sunní.
"No hacía más que llorar y llorar", dijo su madre, Hana, sentada en un amplio recibidor con las manos dobladas en su regazo. "Incluso si vuelven, nunca les daré mi hija a esos".
El golpe ha llevado a su hija a vivir más intensamente su identidad sunní, dijo. Eso, a su vez, ha causado problemas con su tío Husham, que estuvo en prisión durante el régimen de Hussein y ahora es funcionario del gobierno de Jafaari. Otro miembro de la familia se introdujo graciosamente ante una visitante como "el chií extremista". Rim dejó de dirigirle la palabra cuando hizo comentarios negativos sobre los sunníes.
"No debería hablar de esa manera sobre los sunníes", dijo, sus ojos evitándolo. "Odia a los sunníes".
Más tarde, durante un almuerzo de quingombó, cordero y berenjena, Samira y una tía estaban solas en su nostalgia por el pasado. Hussein dijeron, era por lo menos capaz de proveer electricidad.
Dhia al-Din reaccionó enfadado: "Nos están matando como corderos".
Su hijo señaló a la gente en torno a la mesa y dijo: "Es un Iraq en miniatura".
En Mansour, un vecindario en la parte más segura de Bagdad occidental, cerca del centro de la ciudad, los miembros de la familia Abbas se dedican en su enorme casa a sus ritmos cotidianos.
Salwa Ibrahim hace tartas en la cocina. Su marido, Ali Abbas, vende artículos deportivos en una tienda al lado. Su hermano mayor, minusválido desde nacimiento, mira televisión en un cuarto trasero.
Hasta hace poco la familia vivía en gran parte protegida de la violencia. Pero los rebeldes han logrado introducirse en la zona, y algunos de ellos alquilan las casas de las familias que se marchan.
El mes pasado la familia había recién salido de un restaurante cercano cuando estalló un coche-bomba justo enfrente, matando 2 personas e hiriendo a otras 20. La semana pasada los insurgentes mantuvieron a rehenes en una casa a unas manzanas. La batalla que estalló duró cuatro horas, hasta que llegaron helicópteros americanos y dispararon contra la casa.
La señora Ibrahim escuchaba horrorizada en su cocina, cuando en la zona estallaron los tiroteos y la gente en la calle no alcanzó a llegar a sus casas.
Los miembros de la familia se sienten cómodos en su casa, pero temen la creciente violencia. Abbas dijo que había pensado en marcharse, pero con 10 personas, incluyendo a su hermano, había descartado esa opción.
"Somos una enorme familia con un minusválido", dijo, sentado a la mesa de la cocina. "No es nada fácil".

Abdul Razzaq al-Saiedy contribuyó al reportaje de este artículo.

4 de octubre de 2005
©new york times
©traducción mQh

la guerra en los barrios


[Louise Roug] Ataques sunníes contra chiíes profundizan la división entre los grupos.
Bagdad, Iraq. Los comerciantes estaban silenciosos, las tiendas cerradas. El mercado de Jamiyat Shurta estaba envuelto en silencio. Antes en la mañana, tres panaderos habían sido asesinados, matados silenciosamente cuando preparaban el khubz, un popular pan similar al panqueque.
Pocas horas después, dos pistoleros se abalanzaron sobre un pescadero en otro mercado cercano, y lo acribillaron a balazos antes de desaparecer en la muchedumbre.

A la vuelta de la esquina, unos asaltantes mataron a balazos a un vendedor de bicicletas y a un docente universitario en ataques separados antes esta semana.
Todas las víctimas eran chiíes que vivían o trabajaban en el barrio Dora de Bagdad. En las calles de la capital, los carteles proclaman: "La constitución: Unidad y esperanza".
Pero mientras los iraquíes se preparan para votar sobre la nueva constitución el 15 de octubre, la esperanza y la unidad no están en ninguna parte, y los pistoleros están redefiniendo con sangre el mapa de esta milenaria ciudad.
Una aparente campaña de asesinatos sectarios está ahondando la división entre la mayoría chií del país y la minoría árabe sunní.
Una ola de atentados con bomba en los últimos dos días terminó con la vida de al menos 111 personas en áreas predominantemente chiíes. El viernes un coche-bomba explotó cerca de un mercado abierto en Hillah, al sur de Bagdad, matando al menos a 8 personas e hiriendo a 41, dijo la policía.
En Balad, donde tres atentados coordinados atacaron a comerciantes y clientes el jueves noche, los doctores trabajaron sin parar para salvar a los heridos, que rondaban en los cientos; el viernes, el número de muertes de esos ataques había llegado a 103. La ciudad fue atacada porque es predominantemente chií, dicen muchos vecinos.
Pero también los árabes sunníes se quejan de abusos, incluyendo torturas y asesinatos, diciendo que fuerzas de seguridad iraquíes o impostores frecuentemente secuestran y asesinan a sunníes. En los últimos meses, han aparecido cadáveres en el río Tigris, en un vertedero, y, esta semana, cerca de un parque ferroviario.
El viernes, en la mezquita Umm Qura de la capital, el jeque Ahmed Abdel Ghafour llamó a los sunníes a defenderse a sí mismos de tropas iraquíes sospechosas. "Es mejor que los iraquíes mueran en este templo que torturados, matados y arrojados a las calles", dijo.
En Bagdad, como en el resto del país, las divisiones confesionales se están profundizando y los vecinos están siendo obligados a abandonar sus vecindarios.
El lunes, los insurgentes sacaron a cinco maestros chiíes y su chófer de una escuela en el pueblo de Muelha, a 50 kilómetros al sur de Bagdad, y los mataron a balazos.
El jueves noche, hombres en uniformes de policías llegaron a buscar a siete sunníes en el barrio de Hurriya. La policía descubrió sus cuerpos al día siguiente, arrojados cerca de una vía férrea en Shula, una comuna al noroeste de Bagdad. A los hombres les habían vendado los ojos, esposado y ejecutados.
En Dora, que se extiende sobre 80 kilómetros cuadrados en el borde sur de la capital, una campaña sistemática de intimidación ha cambiado el tejido de este barrio antes diverso, dicen las autoridades.
Jasim Hasan, 63, herrero, dijo que tres tenderos chiíes de su calle en Dora habían empacado y marchado. "Hay dos o tres asesinatos a la semana", dijo Hasan, que ha observado el constante estruendo de los camiones trasladando muebles fuera del barrio.
Las chimeneas gemelas de la planta refinadora arroja una sombra sobre el barrio de clase media, adonde llegó a trabajar una enorme comunidad de cristianos asirios cuando los británicos construyeron la planta en los años cuarenta. En estas calles, los árboles genealógicos se entrelazaban, y cristianos, sunníes y chiíes vivían, y rezaban, juntos.
Pero el año pasado las cosas empezaron a cambiar.
Primero huyeron los cristianos, cuando sus iglesias fueron destruidas por los rebeldes.
Ahora están huyendo los chiíes, abandonando sus casas y negocios. Al menos 150 familias han dejado el barrio; los escaparates son desmontados, los postigos cerrados donde ante había animados mercados. Los camiones de mudanza pasan frente a letreros que proclaman el éxodo en letras garabateadas apresuradamente: "Se Alquila".La huida de los chiíes ha fulminado a la zona. "Con mi trabajo de este mes no podré pagar el alquiler", dijo Hassan, el herrero.
El capitán de policía Sari Dulaimi, que está a cargo de la seguridad en el vecindario, dijo: "El ataque contra la panadería es otro ejemplo del tipo de violencia que tenemos en el área". Hace poco, dijo, mataron a 10 peluqueros, "y todo sigue igual".
Con poco dinero del gobierno, para cubrir Dora hay sólo una comisaría de policía completamente operacional.
La otra comisaría de la zona ha sido "atacada tantas veces que casi no funciona", dijo Dulaimi. "Rara vez patrullamos en Dora".
Las tropas americanas asignadas al área también han sufrido violentos ataques. Desde el 15 de septiembre, han muerto al menos 7 soldados americanos.
Cuando las fuerzas de seguridad americanas y iraquíes empezaron a allanar en otros barrios de Bagdad este año, los insurgentes simplemente se mudaron a Dora, dijo la policía.
"En esos lugares vivía una buena cantidad de partidarios de Saddam y una vez que los rebeldes..., se unieron a ellos, en Dora empezamos a ver esos incidentes", dijo el capitán de policía Khudayir Mohammed.
Lo que hace atractivo al barrio a ojos de los insurgentes, dice la policía, es su tamaño, su proximidad al centro de Bagdad, una red de caminos secundarios que conducen al llamado Triángulo Sunní y una abundancia de granjas que pueden ser usadas como escondites de los insurgentes.
Las familias están huyendo, dijo, "escapando de la zona de guerra en que se ha convertido Dora".
Como consecuencia, los precios de las casas se han caído en picado.
"Nosotros, los corredores, tenemos muchas más casas a la venta o alquiler que lo normal", dijo Naji Salam, 55, una agente inmobiliaria de Dora, que compraba el pan en la panadería atacada el jueves, que también piensa mudarse.
La corredora de propiedades Rasool Alazawi dijo que tenía más de 20 casas a la venta y más de 30 en alquiler, "pero no hay nadie que quiera comprar o alquilar".
Las casas que antes se vendían por más de 130.000 dólares, se están vendiendo a la mitad de ese precio, dijo. Son los barrios más ricos los que están siendo abandonados.
En un área residencial cerca del mercado, un taxista desviaba combustible de su coche para alimentar su pequeño generador. Los tenderos que habían mantenido retratos de clérigos chiíes en sus vitrinas han sido asesinados, dijo el taxista, que se negó a dar su nombre o afiliación religiosa porque dijo que tenía miedo de las represalias.
"Muchos residentes de Dora han decidido mudarse", dijo, agregando que algunos se han marchado a zonas más seguras de Bagdad. Otros, sin embargo, han tomado medidas más drásticas. "Nuestro vecinos, que vivían detrás de nuestra casa, se han marchado de Iraq".

1 de octubre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

mujer terrorista en tal afar


[Lee Keath] Mata a seis reclutas.
Bagdad, Iraq. Una mujer con bata de hombre y turbante se introdujo el miércoles en una cola de reclutas del ejército e hizo detonar los explosivos que llevaba amarrados a su cuerpo, matando al menos a seis reclutas y dejando heridos a otros 35 -el primer atentado terrorista suicida realizado por una mujer de la insurgencia iraquí.
El atentado en Tal Afar, cerca de la frontera siria, parece destinado a demostrar que los militantes todavía pueden golpear en una ciudad que las ofensivas iraquíes y americanas desalojaron de milicianos hace sólo dos semanas. Probablemente eligieron a una mujer terrorista para que pudiera eludir los puestos de control -donde las mujeres son rara vez checadas-, luego se colocó el disfraz para unirse a la cola de hombres, dijeron oficiales iraquíes.
El más notorio grupo insurgente de Iraq, al-Qaeda en Iraq, reivindicó responsabilidad por el atentado en una declaración en internet, diciendo que fue llevado a cabo por una "hermana bendita".
El atentado se produjo un día después de que funcionarios norteamericanos e iraquíes anunciaran que sus fuerzas mataron al lugarteniente de al-Qaeda en Iraq, Abdullah Abu Azzam, en un allanamiento en Bagdad el fin de semana pasado. Su muerte no ha disminuido la violencia insurgente; desde el domingo han muerto en atentados al menos 84 personas, incluyendo a 7 militares norteamericanos.
El presidente Bush advirtió que la violencia aumentará en los días previos al decisivo referéndum del 15 de octubre sobre la nueva constitución, un documento que ha dividido severamente a la mayoría chií de Iraq y la minoría sunní, que forman la espina dorsal de la resistencia.
"Creemos que van a hacer todo lo que esté en su poder para detener la marcha hacia la libertad", dijo Bush. "Y nuestras tropas están listas".
Las fuerzas armadas americanas anunciaron el miércoles que otros dos soldados y un aviador americano fueron asesinados en incidentes violentos; un marine murió por un disparo en un incidente no relacionado con el combate. Las muertes llevan el total de bajas de militares norteamericanos a 1.929 desde que empezara la guerra de Iraq en marzo de 2003, de acuerdo a un conteo de la Associated Press.
En la ciudad santa de Nayaf, al sur de Bagdad, un atacante provocó una explosión en la casa de un guardaespaldas del clérigo radical chií Moqtada al-Sáder el miércoles, matando a dos personas e hiriendo a cinco, dijeron ayudantes de al-Sáder y un funcionario del hospital.
En el ataque contra el centro de reclutamiento de Tal Afar, la terrorista suicida llevaba una bata dishdasha blanca tradicional y un pañuelo de cabeza kaffiya a cuadros -sólo usado por los hombres- para fundirse en la cola de solicitantes iraquíes, dijo el mayor Jamil Mohammed Saleh.
Hizo detonar los explosivos, inflada de bolas de metal escondidas debajo de la ropa, dijo Saleh. Murieron 6 reclutas y 35 quedaron heridos, dijeron funcionarios del hospital en Tal Afar, a 420 kilómetros al noroeste de Bagdad.
En una foto de la cabeza de la atacante tomada por Saleh y mostrada a la AP, la mujer parece estar en sus veinte y tenía los ojos oscuros, la piel clara y el pelo castaño. Saleh dijo que no sabía si era iraquí.
Tropas norteamericanas e iraquíes barrieron Tal Afar en la ofensiva del 8 al 12 de septiembre, y las autoridades iraquíes dijeron que habían matado a cerca de 200 militantes y capturado a otros 315, aunque escaparon muchos de los rebeldes de la ciudad. Desde entonces se ha retirado el grueso de las fuerzas que participaron en la ofensiva, aunque sigue ahí una base americana.
Es la primera vez que una mujer comete un atentado terrorista en Iraq desde que empezara la resistencia, aunque no fue el primer intento.
En marzo, cuatro mujeres enviadas, según se dice, por el grupo rebelde Ejército Islámico de Iraq, fueron capturadas en una ciudad al sur de la capital antes de que pudieran hacer detonar los cinturones explosivos que llevaban. En los últimos días del régimen de Saddam Hussein, justo antes de la caída de Bagdad en otoño de 2003, dos mujeres detonaron su coche cerca de la ciudad de Haditha, matando a tres soldados americanos.
El general Ahmed Mohammed Khalaf, el jefe de la policía regional, dijo que los insurgentes estaban utilizando el hecho de que las mujeres no eran revisadas en los puestos de control "debido a tradiciones religiosas y sociales".Mujeres y niños no pueden ser checados en los puestos de control de Tal Afar, dijo.
Sin embargo, el atentado planteó la prospectiva de que la resistencia utilice a más mujeres terroristas, una táctica contra la que será difícil defenderse, especialmente durante el referéndum. Hombres y mujeres participaron masivamente en las elecciones parlamentarias de enero, y las imágenes de mujeres con velos mostrando sus relampagueantes dedos manchados de tinta después de la votación se convirtieron en un símbolo de las esperanzas de democracia.
El general de brigada Hussein Ali Kamal, director de inteligencia del ministerio iraquí del Interior, dijo que el atentado de Tal Afar "hacía sonar la alarma de peligro" y exigía nuevos métodos, incluyendo la cacheo de mujeres en sitios sensibles.
"Pero esto será un problema, porque las mujeres participan en nuestra nueva vida política y encontrar a suficientes mujeres para funciones de agentes de seguridad no será nada fácil", dijo a la Associated Press.
En el pasado, las mujeres han jugado solamente un rol de apoyo en la resistencia, ayudando a transportar materiales o alimentar, acoger y dar tratamiento médico a los milicianos, dijo Nora Bensahel, una experta en la insurgencia de la Rand Corp., una organización sin fines de lucro de Santa Mónica, California.
"Esto podría ser una señal de que la insurgencia está recibiendo mayor apoyo entre un segmento más grande de la población, que las mujeres se están volviendo más militantes y dispuestas a participar en funciones más importantes", dijo Bensahel. "También puede ser un signo de que los insurgentes están teniendo problemas con el reclutamiento de hombres".

Omar Sinan en Bagdad y Jim Krane en Dubai, Emiratos Árabes Unidos, contribuyeron a este reportaje.

29 de septiembre de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh


decae esperanza en iraq


[Ellen Knickmeyer] Esperanzas de barrio bagdadí atenuadas por estragos de la guerra.
Bagdad, Iraq. En el caótico y esperanzado abril de 2003, el barrio Karrada de Bagdad era uno de esos vecindarios donde los vecinos colmaron de flores a las tropas americanas que entraron a la capital. Los juerguistas se arrojaron agua unos a otros, exudando alegría por el aplastamiento de una dictadura que había silenciado, torturado y matado a su gente.
Ahora, al final del tercero y de muchos modos el más difícil verano desde la ocupación norteamericana, las luces de Karrada son penumbrosas. El colapso del sistema central de energía de Iraq ha dejado a Bagdad con un promedio de menos de ocho horas de electricidad al día.
La gente en las aceras ha disminuido -los secuestros y otras formas de delincuencia desde la invasión significa que las mujeres de Bagdad, relativamente modernas, rara vez salen de casa sin una buena razón.
Los atentados con coches-bomba y otros ataques de los insurgentes, tan desconocidos en Bagdad antes de la invasión como lo fueron los atentados suicidas en el metro de Londres este verano, han matado desde la primavera a más de 3.000 personas en la capital.
Salir de casa todos los días para ir a trabajar se ha convertido en girar la llave y dejar tu vida en manos de Dios, dijo Jassim Mohammed, 41, comerciante de Karrada que desde la llegada de los americanos ha perdido a dos de sus mejores amigos y una de sus tiendas de lámparas.
"Ahora, en Iraq nadie ni nada te protege más que eso. Todas las mañanas te despides con un beso", dijo Mohammed, refiriéndose a su esposa e hijos, "debido a que no sabes si volverás o no. Todo el mundo hace lo mismo ahora".
La tienda restante de Mohammed, con sus arañas centelleantes con sus lágrimas de cristal hechas en Checoslovaquia, es uno de los locales que más tiempo permanece iluminado en la noche en las sucias calles de Karrada.
Como el resto de Bagdad, Karrada es más desordenado, más golpeado de que lo que estaba antes de la invasión. Los comerciantes no reparan los locales dañados por los atentados, temiendo más violencia. Los escombros se apilan en las calles antiguamente ordenadas, abandonadas por un gobierno débil y arrejuntado.
Y más de dos años después de que lanzaran cascadas de flores y agua contra los americanos que llegaban, lo que se arroja ahora en las calles de Karrada, y quiénes las arrojan, también ha cambiado.
Mohammed, un hombre amable de maneras finas eligió cuidadosamente la palabra más acre para describir la orina.
Este verano en Karrada, Mohammed y el vecindario miraron cómo unos soldados americanos patrullando se irritaron con un iraquí que había dejado su coche en la calle para correr a una tienda a comprar algo, bloqueando su convoy blindado.
Los americanos cogieron una botella de agua de plástico, dijo Mohammed, de las que usan ellos para la sed cuando salen de patrulla. Cuando el conductor iraquí volvió corriendo a sacar el coche, un irritado americano lo plantificó con la botella nueva y siguió camino, dijo Mohammed.
"Él empezó a llorar", dijo Mohammed sobre el conductor iraquí, humillado frente al vecindario.
Mohammed, que dijo que había sido uno de los más felices en Karrada cuando llegaron los americanos en abril de 2003, retiró la botella y se la pasó al hombre.
"Yo dije: ‘Entrégale esto al gobierno iraquí'", dijo Mohammed. "Diles que esta es la soberanía que nos han traído los americanos'".

Crisis de Orden
Muchos en Bagdad estaban seguros de que el más poderoso ejército del mundo tenía un plan para después de la invasión. Escondidos en sus casas, esperaron a que les dijeren en qué consistía.
Un mes después de que llegaran los americanos, Kareema, 42, estudiante de ingeniería, se preguntaba cuándo volverían a programar las defensas orales de las tesis doctorales.
Kareema estaba refugiada en su oscura casa con sus cuatro hermanas y cuñadas -todos doctoras o ingenieras que habían dedicado sus vidas a aprender y a sus carreras y sólo esperaban reiniciarlas. Fuera, los saqueadores había despojado las aulas de pupitres y pizarras, quemado los edificios universitarios y saqueado un museo que conservaba artefactos que ilustraban 5.000 años de civilización en Iraq.
La crisis de orden y el licenciamiento de las fuerzas de seguridad de Iraq desencadenaron una avalancha de crímenes que todavía dura. Hay secuestros y asaltos a plena luz del día. Los padres contratan a guardias armados para proteger los buses escolares de los niños. Niños y niñas en barrios de clase media se resisten regularmente ante desconocidos que intentan meterlos en portaequipajes o en el asiento trasero de coches para llevárselos y pedir rescate.
Y los tres veranos de la ocupación estadounidense, Kareema y sus hermanas y cuñadas se envuelven en negro y llevan guantes negros cuando salen, dijo una vecina que las conoce. Pero en estos días, dijo la vecina, las hermanas rara vez salen a la calle.

Una Red de Problemas
Cuando llegaron los americanos, protegieron de los saqueadores sólo unos pocos edificios públicos, dijo Nagham Emad, 23, estudiante universitario matando el tiempo en una heladería de Karrada, cuchareando su congelado helado para aplazar su retorno a una casa oscura y calurosa.
Uno de los edificios fue el ministerio del Petróleo, dijo Emad. Los otros eran los dorados palacios de mármol de Saddam Hussein, que los americanos ocuparon para instalar sus oficinas. Ahora, cuando los apagones dejan en la oscuridad al resto de Bagdad, gigantes generadores hacen que los palacios protegidos con barricadas y fuertemente custodiados brillen en la noche.
La falta de electricidad, como la falta de seguridad, sigue siendo una de las quejas más grandes de los 6 millones de bagdadíes.
Los americanos subestimaron los problemas de la infraestructura iraquí, dijo un funcionario norteamericano a condición de proteger su identidad. Un portavoz militar americano, el teniente coronel Steve Boylam, dijo que una gran parte de los problemas de electricidad en Bagdad es que aunque aumente la oferta, es inexorablemente sobrepasada por la demanda.
Pero los problemas van más allá de la dilapidación del tendido eléctrico durante Hussein, los sabotajes no calculados de los rebeldes que regularmente estropean las reparaciones y una miríada de otras complicaciones.
Antes que controlado centralmente, el flujo de electricidad en Iraq se distribuye por interruptores en cientos de subestaciones en todo el país, dijo el funcionario norteamericano. Sin un gobierno central fuerte para forzar respeto, las subestaciones a veces se niegan a compartir la electricidad, y el sur musulmán chií y el norte kurdo cortan el suministro de Bagdad.
Como resultado, dijo el funcionario, no sólo las casas y negocios de Bagdad son robados de su energía, sino además el agujereado sistema de agua potable se seca continuamente y las plantas purificadoras corren el riesgo de la contaminación.
Una red similar de problemas ha plagado la industria iraquí del petróleo. Los ataques insurgentes, precios artificialmente bajos y un contrabando desatado, han ayudado a desbaratar los planes estadounidenses de hacer de Iraq un país auto-suficiente mediante su industria petrolera. Iraq exportó en agosto 1.46 millones de barriles al día, una reducción de los 2 millones de barriles al día de antes de la invasión norteamericana.
Los ataques insurgentes a fines de agosto obligaron a cerrar el principal oleoducto de los yacimientos norteños justo cuando había sido reparado después de un atentado que paralizaron las exportaciones durante la mayor parte de 2004. El cierre se produjo cuando el huracán Katrina golpeaba la Costa del Golfo estadounidense y el precio mundial del barril se encaramó a más de 70 dólares al día.
Iraq, que posee las segundas reservas más grandes del mundo, implantó antes este mes el racionamiento del combustible, limitando el reposte de cada vehículo en las calles de Bagdad a un día de dos. Los jefes de familias debieron luchar consigo mismos para trasladarse al trabajo y dejar a sus hijos en la escuela.
A fines de esa semana, el racionamiento superó brevemente a la seguridad y electricidad como la principal queja de los vecinos en un verano que fue demasiado caluroso, oscuro y peligroso.

Sentimientos Mezclados
Los estadounidenses y el resto del mundo compararon este mes frecuentemente el caos en Nueva Orleans con la situación en Bagdad. Pero Nueva Orleans no se veía así hace un mes. Y, hace tres años, tampoco Bagdad, dice la gente de Karrada.
"Teníamos electricidad", dijo Emad, la estudiante universitaria. "Teníamos agua".
"Entretención", interrumpió Emad Mahdi, un chofer de un ministerio de gobierno que estaba con ella.
"Andábamos en las calles con la cabeza en alto, sin miedo", dijo Emad. Lo que pasó en Nueva Orleans -el contraste entre las palabras oficiales y los hechos- le da al mundo una mejor idea del funcionamiento norteamericano en Bagdad, dijo.
"Fracasaron allá, fracasaron aquí", dijo Emad, enfadada. "Los americanos deberían aprender de lo que han hecho en Iraq los últimos tres años".
"Ahora en Estados Unidos todos quieren ayudar, pero aquí, todo el mundo nos olvida", dijo Saif Ali, 27, vendedor de una tienda de móviles dos puertas más abajo de la tienda de lámparas de Mohammed.
Como otros muchos jefes de familia de Bagdad, Ali se despierta tres o cuatro veces cada noche para encender y apagar generadores y aparatos. Una de sus tías pasó el verano entre la vida y la muerte -una de los siete familiares que han quedado heridos en atentados con bomba, dijo.
En todo Iraq mucha gente expresó sentimientos compartidos sobre el pasado. Están felices de que Hussein y su régimen represivo hayan desaparecido, pero extrañan cuando vivían en seguridad, con luces y otros elementos de la vida normal de esa época.
Sus ideas sobre el futuro varían ampliamente. Ali, como muchos chiíes ahora seguros de su condición de mayoría en la versión iraquí de democracia, tiene esperanzas.
Pero sus ideas sobre el futuro son parejas.
"Es peor de lo que pensamos", dijo Ali.

27 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh


constitución divide a iraq


Guerra civil parece inevitable.
La constitución propuesta -y el proceso de su redacción- han profundizado la división entre los grupos iraquíes y probablemente desencadenarán una guerra civil, a menos que se negocie rápidamente cambios para incorporar a los musulmanes sunníes, advirtió un nuevo informe del Grupo Internacional de Crisis.
El informe sale a la luz menos de tres semanas antes del referéndum del 15 de octubre sobre la propuesta de constitución en Iraq. El GIC llama al gobierno inglés a iniciar un "último esfuerzo determinado" para alcanzar un compromiso entre los tres principales grupos étnicos y religiosos del país.
"Si en las próximas semanas no se corrigen las fallas en el borrador de la constitución antes de que los iraquíes voten, es probable que Iraq se deslice hacia una guerra civil abierta y la desintegración del país", dice el GIC, una organización no-gubernamental sin fines de lucro que trabaja en la resolución de conflictos en 50 países de cuatro continentes.
El grupo dice que la constitución fue apresurada, que significó la pérdida de toda posibilidad de consenso. Partes críticas de la constitución -especialmente las estructuras federales que descentralizarán el poder- son tan vagas que ya contienen en sí "las semillas de desacuerdos futuros", dice el informe.
Debido a que los recursos petrolíferos de Iraq yacen enteramente en el sur chií y en el norte dominado por los kurdos, los sunníes se sienten marginados y enfrentándose a un futuro en una región sin acceso al mar y desprovista de recursos naturales, dice.
"El principal peligro es que la constitución ratifique y exacerbe las divisiones confesionales en el país", dijo en una entrevista ayer Robert Malley, director del programa Oriente Medio del GIC. "Tanto el proceso con el que se hizo como el contenido están ahondando las divisiones entre kurdos y chiíes por un lado, y los sunníes por otro. Si la constitución es aprobada por sólo dos de las tres comunidades, no será más que una confirmación de las divisiones confesionales y étnicas de Iraq, antes que un intento de superarlas. Esto no ha ayudado al proceso de reconciliación; es... en realidad un retroceso".
Debido a que es probable que la constitución sea aprobada, el informe concluye que la única opción que queda es un esfuerzo concertado de parte de Estados Unidos para alcanzar un nuevo acuerdo político sobre las medidas que han de tomarse tras el proceso político del referéndum de octubre y de las elecciones de diciembre para un gobierno permanente. El acuerdo podría entonces ser implementado sea a través de una enmienda constitucional o nuevas leyes, propone el GIC.

27 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh