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muerte por fuego amigo


[Josh White] Y una familia dejada en la obscuridad. Incidente con fuego amigo en Iraq sigue sin respuesta.

El especialista del ejército, Jesse Buryj, 21, estaba en la torreta de un todoterrenos blindado Humvee esa noche, controlando una rotonda en Karbala, Iraq. Los soldados estaban alerta -les habían advertido sobre un coche bomba-, de modo que cuando un volquete se acercó a toda velocidad al cruce, abrieron el fuego. Pero el camión siguió avanzando, y se incrustó en el vehículo blindado de Buryj, lanzándolo al suelo.
Al día siguiente, el 5 de mayo de 2004, un oficial del ejército notificó a la esposa y padres de Buryj en Canton, Ohio, que había muerto esa mañana misma, en un choque. Varios días después, cuando la familia pidió más información, un oficial del centro de bajas dijo que Buryj había sufrido una herida de bala. Un acta de defunción que llegó en julio indicaba una herida de bala como la causa de su muerte, pero no daba información sobre las circunstancias.
Peggy Buryj pidió a todo el mundo que la ayudaran a descubrir los detalles de las últimas horas de su hijo. Inclusive se lo preguntó al presidente Bush, cuando ella y otros padres desolados se reunieron con él durante una parada de campaña en el ardientemente disputado Ohio. Prometió investigar. Poco después, dijo, el comité de campaña la llamó y le pidió que apareciera en un comercial para él, pero ella rehusó.
Pasaron meses sin recibir ninguna información. "Teníamos un montón de preguntas", dijo Amber Buryj, 22, la novia de siete meses de Jesse Buryj. "No nos informaron de nada".

Y siguen sin saber nada. Los familiares dicen que no les dijeron que Jesse había muerto por ‘fuego amigo’, aunque más tarde el ejército afirmó que sí les habían informado. No sabían que los soldados polacos que viajaban en la unidad de Jesse pueden haber hecho el disparo fatal y que su muerte podía causar problemas con un miembro de la coalición justo antes de las elecciones presidenciales de 2004. Le preguntaron a los amigos de Jesse en el pelotón qué había pasado, pero les dijeron que les habían ordenado no discutir el incidente mientras no se terminara la investigación.
Incluso hoy, veinte meses después, Peggy Bruyj -partidaria de Bush que cree firmemente en la guerra de Iraq- tiene un montón de preguntas, una fe hecha añicos en el ejército y la inquietante sensación de que la muerte de su hijo puede enturbiada por la política y las intrigas internacionales.

El Paralelo Tillman
De las aproximadamente 1500 bajas americanas hasta el momento en la guerra de Iraq, oficialmente se han atribuido 11 a fuego amigo. Incluso oficiales del ejército reconocen que esa cifra es demasiado baja, explicando que es difícil verificar la causa de muerte durante enfrentamientos intensos.
Pero expertos militares están de acuerdo en que hay otra razón por la que los casos de muerte por fuego amigo a menudo no se investigan. El teniente coronel en retiro Charles R. Schrader dijo que estos incidentes pueden ser tan devastadores para las tropas que "no es útil" investigarlas. "La única razón por la que investigar uno de estos incidentes, es definir las reglas y principios que permitan evitarlos en el futuro", dijo.
El fuego amigo fue responsable de 10 a 14 por ciento de las bajas en la Guerra de Vietnam y del 12 al 14 por ciento en la Segunda Guerra Mundial, de acuerdo a estadísticas del ejército. La mayoría de los incidentes son el resultado de blancos mal identificados y a la "niebla de guerra", como fue el caso de Jesse Buryj.
Buryj murió justo días antes de que el ex jugador de fútbol profesional Pat Tillman fuera atacado por error por sus propios hombres en Afganistán, y la familia de Buryj compara su caso a la muerte del famoso soldado.
El ejército informó originalmente que Tillman había muerto cuando atacaban una colina en manos del enemigo. Le concedieron la medalla al valor, los miembros de su unidad no debían comentar el incidente, la evidencia fue destruida y las circunstancias de su muerte fueron mantenidas ocultas a su familia hasta después de su funeral en televisión nacional.
Y aunque el caso de Tillman podía convertirse en un desastre de relaciones públicas en Estados Unidos, la muerte de Buryj tenía ramificaciones internacionales. Oficiales norteamericanos dijeron en canales internos que lo habían matado tropas polacas con disparos imprudentes. Oficiales polacos dijeron que sus soldados no podrían haberlo matado. Pero no se hicieron las pruebas que pudieron haber determinado la verdad.
"Si pueden mentir a la familia de Pat Tillman, ¿qué crees tú que van a decir a una mamá y un papá de provincias?", preguntó Peggy Buryj, que había apoyado la decisión de su hijo de enlistarse en el ejército después de terminar la escuela secundaria en 2002. "Han cambiado la historia. No puedes creer cualquier cosa".
Peggy y Amber Buryj creen que fueron engañados porque la causa de la muerte de Jesse podría convertirse en un aprieto diplomático. Los documentos obtenidos por Washington Post revelan una investigación que fue abruptamente terminada debido a preocupaciones diplomáticas, otras que no fueron compartidas con los aliados polacos, y retrasos a la hora de dar a conocer los informes oficiales sobre la muerte de Buryj. Esos documentos no fueron emitidos sino después de que Bush fuera reelegido -con la ayuda de un pequeño margen en el estado natal de Buryj. "Tengo rabia, tengo tanta rabia", dijo Peggy Buryj. "Les di un hijo, y él se enlistó con orgullo. No merecía esto. Su familia no merecía esto. Sólo quiero saber la verdad".

Batalla Nocturna
De acuerdo a documentos del ejército, informes de investigaciones y entrevistas, la noche del 4 de mayo de 2004 fue una noche caótica.
Jesse Ryan Buryj era artillero del Pelotón 4, de la Compañía 66 de la Policía Militar, de Fort Lewis, Washington. Su unidad participaba en la Operación Dagger Stab en respuesta a la rebelión de la milicia Mahdi, encabezada por el clérigo chií Moqtada Sader. Habían varios informes de que la milicia estaba transformando vehículos pesados en inmensos coches bomba, una de las tácticas más mortíferas de la resistencia.
A las 11:30 de la noche, la unidad de Buryj se acopló con las tropas polacas y varias decenas de soldados se dirigieron hacia un cruce en Karbala, donde levantaron un puesto de control en una rotonda. Era la primera misión en que la unidad había operado en conjunto con tropas polacas.
"Los polacos son muy generosos en su uso de la fuerza cuando se sienten amenazados", dijo en una entrevista con investigadores un oficial estadounidense no identificado. (Muchos nombres en los documentos fueron cambiad por razones de seguridad). Soldados estadounidenses informaron que esa noche las tropas polacas habían abierto fuego contra varios vehículos, a veces sin justificación.
Buryi estaba en la torreta de un Humvee blindado, con un trailer al lado este de la rotonda, mientras tropas polacas y unidades estadounidenses controlaban varias entradas del puesto de control.
A la 1 de la mañana del 5 de mayo, un volquete se acercó desde el sur a la rotonda y aminoró la marcha, como si fuera a parar.
"Se detuvo unos segundos, dudó, y luego siguió adelante", dijo el sargento Chris DeCloud, un miembro de la unidad de Buryj, en una entrevista reciente. "La máquina aceleró y bum, se estaba acercando al puesto de control. Los polacos empezaron a disparar en todas direcciones. Nosotros disparamos".
Las llantas reventaron, y el camión giró hacia la derecha, pero no disminuyó la velocidad. Su parabrisas se rompió y quedó como una tosca tela de araña, y el conductor se desplomó hacia adelante, muerto. Al ver que el camión iba directamente hacia él, Buryjdisparó varias rondas con su ametralladora M249. El camión chocó contra su vehículo, volcándolo por el lado del pasajero, y lanzando a Buryj al suelo.
"Pensamos que el camión iba a estallar, que era el fin. Todos pensamos lo mismo", dijo DeCloud, agregando que no pensaba que su unidad hubiera recibido balazos de los polacos. "Pensé que nosotros éramos los únicos que estábamos disparando" cuando el camión chocó contra el Humvee. Un soldado dijo a los investigadores que no recordaba haber oído su propia arma ni que el camión impactara contra el Humvee. "El ambiente durante el incidente era confuso y yo lo estaba presenciando como desde fuera", dijo.

La investigación estadounidense excluye la posibilidad de que los soldados norteamericanos junto a Buryj puedan haberle disparado accidentalmente, aunque varios soldados informaron que las balas volaban en todas direcciones. Más tarde los investigadores encontraron agujeros en el vehículo de Buryj que parecían demostrar que las balas venían de cerca -tan cerca que las balas trazadoras todavía estaban quemándose cuando hicieron impacto.
A la 1:08 de la mañana, el jefe del pelotón estadounidense pidió soporte médico. Buryj estaba en el suelo, quejándose de que no podía sentir sus piernas. Los médicos que llegaron 10 minutos después presumieron que tenía la espalda quebrada. Lo llevaron a la base y más tarde lo transfirieron a un hospital de combate en Bagdad.
En el camino, unas dos horas después de quedar herido, los médicos descubrieron un herida profunda en la espalda. Para entonces, estaba inconsciente. Murió de heridas internas a las 4:49 de la mañana.
Entretanto, los soldados en la rotonda vehicular en Karbala descubrieron que el volquete estaba lleno de tierra, no de explosivos. "El conductor y el pasajero llevaban ropas civiles y no tenían armas", dice el informe sobre el incidente.
Un informe oficial de bajas estadounidense dice que Buryj murió de "una herida en la espalda", causada por fuego hostil.

Homicidio
DeCloud, compañero de cuarto de Buryj y un estrecho amigo, dijo que su muerte había devastado a su unidad.
"Él era simplemente asombroso. Era muy divertido", dijo. "Te hacía reír en las peores circunstancias. Todo este asunto fue muy doloroso. Siempre me pregunto porqué tenía que ser él".
El 7 de mayo, el comandante del batallón de la policía militar escribió una carta a la familia elogiando a Buryj y diciendo que había matado a uno de los atacantes y herido a otro en el incidente en el que perdió la vida.
"Desafortunadamente, el camión impactó contra el vehículo militar de Jesse durante el combate y Jesse recibió varias heridas graves que no pudo superar", se lee en la carta.
Buryj fue condecorado con la Estrella de Bronce al valor. Sin embargo, un acta de defunción emitida cuatro días después, calificó el incidente de "homicidio" causado por una "herida de bala penetrante en la espalda". Buryj fue enterrado con honores militares en Canton, el 15 de mayo.
El acta de defunción fue entregada a la familia casi dos meses después. En cuanto al origen de la bala, un investigador informó que "es imposible que el proyectil haya provenido de un arma estadounidense". Ese oficial entrevistó a los soldados polacos, pero escribió que "no se tomaron declaraciones juradas, debido a la sensibilidad internacional de esta investigación". La investigación fue suspendida el 18 de mayo "debido a la naturaleza conjunta" de la operación.
Una investigación posterior de Estados Unidos a cargo de oficiales de rango más alto, cuyo informe fue entregado a los comandantes el 27 de julio de 2004, clasificó la muerte de Buryj como un "trágico accidente", provocado muy probablemente por el fuego de las fuerzas polacas. Se recomendaba que fueran llamados a "rendir responsabilidades" por violaciones de las reglas normales de combate, pero también observaba que "errores trágicos y equívocos inevitables pueden ser utilizados por críticos internacionales para intentar entorpecer o descarrillar el proceso democrático" en Iraq. Los polacos también investigaron. Su informe -terminado el 25 de junio de 2004, y traducido al inglés- constató exactamente lo contrario: las tropas polacas no podían haber disparado la bala fatal debido a su ubicación. Las tropas estadounidenses pudieron haber efectuado ese tiro final.
Piotr Paszkowski, portavoz del ministerio polaco de Defensa, dijo que se horrorizó enterarse de que el ejército responsabilizaba a las tropas polacas. Dijo que una investigación conjunta estadounidense-polaca contenía suficientes evidencias que demostraban quién mató a Buryj.
"Toda sugerencia de que Jesse Buryj fue matado por soldados polacos, la noche del 4 al5 de mayo de 2004, en un puesto de control conjunto estadounidense-polaco en Karbala, no tiene bases en la realidad", dijeron funcionarios de Defensa polacos en una respuesta escrita a preguntas, traducidas desde el polaco.
El Laboratorio de Investigaciones Criminales del ejército en Forest Park, Georgia, pudo haber aclarado el misterio. Informó que la bala y fragmentos recuperados del cuerpo de Buryj proporcionaban "características individuales suficientes para propósitos comparativos" y sugería recoger todas las armas sospechosas para ser analizadas.
Pero eso no ocurrió. DeCloud dijo que la unidad propuso entregar sus armas para ser analizadas, pero ellos "nunca volvieron a llamarnos".
Debido a que la investigación del gobierno no estaba completa, "no pudimos hablar sobre el caso durante un año, y estábamos bastante molestos sobre el asunto", dijo DeCloud, que es amigo de Amber. "Quizás no querían mostrar que había problemas dentro de la coalición. Indudablemente causó alguna tensión entre los dos aliados. Nadie quiere ser culpable de lo que ocurrió".
Una declaración del comandante del destacamento, de junio de 2004, expresó el mismo sentimiento: "Como comandante, estoy preocupado sobre los efectos del fratricidio para las operaciones conjuntas de la Policía Militar y los polacos".

Encuentro Presidencial
En julio de 2004, dos meses después de la muerte de su hijo, Steve y Peggy Buryj se reunieron con Bush después de una manifestación en el Centro Cívico de Canton y le entregaron una carta pidiéndole que les dijera la verdad. "Le pedí que hiciera lo que pudiera", dijo Peggy. "Parecía preocupado y fue muy sincero. Dijo que a veces todo lo que hace falta es una llamada del presidente".
No pasó nada, y Peggy Buryj no sabe si él llamó. A principios de octubre, dijo, recibió una llamada del comité de campaña de Bush en Ohio. Dijo que Darrin Klinger, entonces director ejecutivo de la campaña de Bush-Cheney en Ohio, le preguntó si le interesaba aparecer en un comercial de la campaña como una madre desolada que apoyaba a su presidente. (Klinger, contactado en su oficina en Colombus, dijo que conoce a la familia Buryj, pero no recordaba esa conversación). Dijo que había rehusado. "Les dije que si él descubría qué había pasado a mi hijo, yo le haría ganar un Oscar", dijo. "Yo voté por Bush, yo era partidaria de Bush. Pero me estaban engañando y me di cuenta en ese momento".
"Creo que Bush necesitaba a Ohio para ganar las elecciones, y creo que no quería que se supiera cómo había muerto Jesse", dijo.
Los funcionarios de la Casa Blanca no comentan conversaciones personales de Bush con las familias de los caídos, dijo Trent Duffy, un portavoz de la Casa Blanca.
"Él ofrece ayuda, y esas son ofrecimientos genuinos y son respetados", dijo Duffy, agregando que a veces toma tiempo entregar información a las familias. "Nunca es lo suficientemente rápido, pero es un sistema pausado y cuidadoso de chequeos y controles para asegurarnos de que la información más delicada sea precisa".
El informe final sobre el incidente fue preparado el 22 de noviembre de 2004, atribuyendo la muerte de Buryj a "fuego hostil". El acta de defunción dice que murió a "minutos" de quedar herido de bala, pero fijó la hora de su muerte horas después del incidente. El informe de la autopsia, datado el 24 de noviembre de 2004, atribuyó la muerte a fuego amigo, pero Peggy Buryj no lo recibió sino hasta febrero. Dice que fue el primer indicio que tuvo de que su hijo había muerto por fuego amigo. Otra inconsistencia: El Centro de Seguridad del ejército dice que Buryj murió por fuego amigo estadounidense, de acuerdo a una portavoz el ejército, aunque las investigaciones estadounidenses excluyen que los disparos hayan sido hechos por americanos.
Peggy Buryj recibió el informe final sobre la muerte de su hijo en abril. Un oficial del ejército confirmó que había muerto por fuego amigo e indicó que "muy probablemente" los polacos habían disparado la bala fatal. En una presentación con PowerPoint usada en la sesión informativa, se leía esta declaración: "12 de mayo de 2004, 1440 notificó a la familia de un cambio en los hallazgos sobre el incidente, de fuego hostil a fuego amigo".
Peggy y Amber Buryj dicen que se quedaron horrorizados y pusieron en duda lo que les habían dicho al principio: Si eso era verdad, ¿por qué se iban a pasar casi un año tratando de descubrir cómo había muerto Jesse? Peggy Buryj dijo que en la sesión informativa no respondieron sus preguntas. Interrogados para este artículo sobre las discrepancias, portavoces del ejército dijeron que ellos no comentan casos individuales.
Oficiales en el Centro de Operaciones de Bajas y Conmemorativas [Casualty and Memorial Affairs Operation Center] en Alexandria dijeron que han estado trabajando para mejorar las notificaciones, especialmente en casos de fuego amigo. Las fallas de las comunicaciones entre oficiales en el campo de batalla y oficiales en Estados Unidos han causado retrasos en la transmisión de información, y el ejército está consciente de los efectos que tienen las historias incompletas.
"Comprendemos que un informe completo de las circunstancias que conducen a la pérdida de un ser querido proporciona una sensación de cierre de un acontecimiento tan trágico en sus vidas", dijo la coronel Mary Torgersen, que dirige el centro. "El ejército está buscando constantemente modos de mejorar las informaciones sobre las bajas... No hay nada más importante para esa familia que saber la verdad sobre cómo murió ese ser querido".
A pesar de su frustración, Peggy Buryj sigue apoyando al presidente y la guerra, y cree que su hijo no murió en vano. Incluso le escribió a Bush en abril, agradeciéndole por "ser el comandante en jefe de mi hijo".
Pero Peggy y Amber Buryj dijeron que están convencidas de que nunca sabrán la historia completa sobre la muerte de Jesse. "Todavía siento que necesito respuestas", dijo Amber. "Cuando quieres tanto a alguien, no puedes simplemente dejarlo de lado. Necesitas saberlo".

17 de enero de 2006

©washinton post
©traducción mQh

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sunníes claves para estabilidad


[John O’Neil] Afirma general estadounidense en Iraq. Parte de la violencia se explicaría por los obstáculos puestos a la participación sunní en el nuevo gobierno.
En una reunión de despedida antes de dejar Iraq, el teniente general John R. Vines, el principal comandante de operaciones allá, dijo hoy que el nivel de violencia en los próximos meses será determinado en gran parte de si los sunníes reciben o no un papel de importancia en el gobierno en formación.
Hablando con periodistas en Bagdad en una sesión televisada, el general Vines confirmó también que un helicóptero americano se había estrellado hoy cerca de la ciudad de Mosul, posiblemente como resultado de fuego hostil. Dos pilotos estadounidenses, la única tripulación a bordo, murieron en el incidente, de acuerdo a un portavoz militar.
Fue el segundo accidente de un helicóptero estadounidense en menos de una semana. Ocho soldados y cuatro civiles americanos murieron el sábado pasado cuando un helicóptero Blackhawk se estrelló debido al mal tiempo.
El general Vines, cuyo período de servicio en Bagdad terminará pronto, dijo que asegurarse de que los partidos políticos sunníes sientan que tienen un papel suficiente en el gobierno, era un "componente crítico" para avanzar hacia la estabilidad de Iraq.
"Creo que la composición del gobierno determinará el nivel de violencia", dijo. "Muchos sunníes están preocupados de si tendrán una representación adecuada, y algunos de ellos expresan esa preocupación de manera violenta".
Además, el general dijo que podría haber un aumento de la violencia a manos de terroristas extranjeros en Iraq después de que se anuncien los resultados de las elecciones del mes pasado, que podría producirse este fin de semana.
"Sabemos que los yihadistas intentarán atacar instituciones de gobierno cuando se anuncien los resultados, para mostrar su desprecio por el proceso democrático", dijo.
Interrogado sobre las perspectivas de reducir la presencia de tropas estadounidenses este año, el general Vines dijo que el nivel de ataques era sólo un factor. "La capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes y la capacidad del gobierno iraquí de mantenerlas serán otro", dijo.
Los recursos destinados al adiestramiento, que se han dirigido sobre todo el ejército iraquí, se concentrarán ahora en la problemática fuerza policial, dijo el general Vines.
"El ejército ha hecho enormes, enormes progresos", dijo. "La policía ha hecho progresos, pero habrá más progreso si les ayudamos más".
La semana pasada el general se había referido sobriamente a las preocupaciones sobre las rivalidades confesionales y la incompetencia que podría paralizar a los principales ministerios y sobre la posibilidad de que las fuerzas de seguridad se conviertan en milicias privadas. Funcionarios estadounidenses y líderes políticos chiíes han chocado en las últimas semanas como resultado de informes de que las fuerzas de seguridad iraquíes pueden haber estado realizando campañas de asesinatos y torturas de prisioneros.
En general, el militar se mostró optimista hoy, calificando de "sin precedentes" la rápida creación de un nuevo sistema político en el país y diciendo que el principal grupo terrorista en Iraq, Al Qaeda, sufría un proceso "creciente desorganización".
"Aunque previamente habían recibido algún nivel apoyo importante", dijo el general, los sunníes están empezando "a rechazar su presencia y eso es algo bueno".
"Se están dando cuenta de que Al Qaeda no tiene interés en su bienestar", dijo.
El general Vines describió tres motivos separados de los grupos que realizan los atentados, y dijo que la mayoría de los rebeldes eran iraquíes, no combatientes extranjeros.
Algunos de los rebeldes podrían "usar la violencia como herramienta de negociación", dijo. "Y sin ninguna duda algunos sunníes consideran la presencia de la coalición una razón para continuar los ataques violentos contra nosotros".
Ambos grupos podrían ser persuadidos de que depongan las armas a cambio de progresos políticos y el traspaso de autoridad a las tropas iraquíes, dijo.
Pero grupos como Al Qaeda y otros que describió como yihadistas probablemente lucharán hasta que sean capturados o matados, dijo, porque en su ideología la guerra en Iraq es parte de un proyecto mayor para crear un estado teocrático musulmán.
"Creemos que los yihadistas y los extremistas religiosos continuarán atacando a las fuerzas de seguridad iraquíes, a su gobierno y otras fuerzas de la coalición", dijo, "porque quieren imponer sus opiniones sobre las leyes y la vida del resto de la sociedad".

13 de enero de 2006

©new york times
©traducción mQh

bush contra salim hamdan 1


[Ionathan Mahler] Abogados de combatientes enemigos retenidos en Guantánamo esperan defender sus casos ante la Corte Suprema.
En 1996, Salim Hamdan, un yemení de 26 años de gruesos bigotes y rizado pelo negro, estaba trabajando como taxista de media jornada, dividiendo sus modestos ingresos entre el colchón que arrendaba en una hacinada pensión en la sucia y agitada ciudad de Sana, y su dosis diaria de hojas de khat, el estimulante que mastican la mayoría de los hombres yemeníes. Entonces, un día, los pocos horizontes de su vida cambiaron: fue reclutado para la guerra santa yihad. Se unió a otros 35 musulmanes, la mayoría yemeníes que se estaban preparando para ir a Tayikistán para pelear junto a la pequeña resistencia de ese país contra el gobierno apoyado por los rusos.
Uno de los líderes del grupo era un joven seguro de sí mismo llamado Nasser al-Bahru. Hamdan, un hijo único huérfano de un pueblo rural del sur de Yemen, se sentía espontáneamente atraído hacia las personalidades fuertes. Aunque era dos años menor que él, al-Bahri, que provenía de una familia de clase media alta en Jidda, Arabia Saudí, era mucho más mundano y refinado que Hamdan y era sin la menor duda la persona más educada que jamás había conocido. Al-Bahri había estudiado economía en la universidad, pero también poseía un profundo conocimiento del Corán, y se había convertido, cuando en su adolescencia de rebeló contra su educación burguesa, en un devoto musulmán. Hablaba con facilidad y convincentemente sobre las penurias de los musulmanes en el mundo, y había viajado extensamente a lugares tan remotos como Bosnia y Somalia, para defender a sus oprimidos hermanos musulmanes.
Hamdan, que había estudiado el equivalente de cuarto básico, no era particularmente religioso y no tenía grandes planes en su vida, aparte que esperaba casarse algún día, adoptó sin embargo la idea de convertirse en soldado de la guerra santa. Tampoco le molestaba que el viaje fuera a ser pagado -al-Bahri le contó que el grupo había recibido dinero de varias organizaciones de beneficencia musulmanas saudíes- ni que además fuera a recibir un salario.
Los combatientes se reunieron en Jalalabad, Afganistán, y empezaron a trasladarse hacia Tayikistán, primero en jeep y luego, cuando los caminos se hicieron intransitables, a pie. Tras seis meses de travesía en el montañoso Afganistán, a menudo cubierto de nieve, regresaron a la frontera tayik.
Sin saber qué hace, uno de los combatientes propuso ir a ver a un hombre llamado Osama bin Laden, un jeque bien conocido entre los radicales islamitas que dirigía un grupo militante de yihadistas musulmanes itinerantes llamado Al Qaeda. Bin Laden había sido expulsado de Sudán no hacía mucho y se había asentado en Afganistán, desde donde planeaba reconstruir Al Qaeda con la ayuda de sus nuevos anfitriones, los talibanes. Bin Laden se ganó su reputación durante la campaña contra los soviéticos en Afganistán en los años ochenta, pero ahora estaba reclutando soldados para su nueva cruzada para expulsar a Estados Unidos de la Península Arábica.
Al-Bahri, Hamdan y el resto del grupo volvieron a cruzar Afganistán para llegar a la casa de bin Laden en Farm Hada, un pueblo en las afueras de Jalalabad, no demasiado lejos del Paso Khyber. Llegaron allá a fines de 1996 poco antes del Ramadán, la época más sagrada del año. Durante tres días bin Laden predicó a los nuevos reclutas sobre el imperativo religioso de revertir la perniciosa presencia estadounidense en el golfo. Diecisiete de los 35 combatientes originales decidieron quedarse; Hamdan y al-Bahri estaban entre ellos.
Durante los próximos años los dos hombres trabajaron para bin Laden, primero en Farm Hada, y luego, cuando se trasladaron en 1997 por razones de seguridad, en un recinto mejor fortificado en el desierto en las afueras de Kandahar. En 1999 la vida de al-Bahri y Hamdan se entrelazaron todavía más. A instancias de bin Laden y con su ayuda económica, se casaron con unas hermanas yemeníes en Sana y volvieron a Afganistán con sus nuevas esposas.
Sin embargo, hacia el 11 de septiembre de 2001, los senderos de al-Bahri y Hamdan se habían bifurcado. Al-Bahri estaba en Yemen en la cárcel por sus vínculos con el atentado con bomba de Al Qaeda contra un destructor de la Marina norteamericana, el U.S.S. Cole, en 2000. Hamdan estaba todavía con bin Laden, aunque no por demasiado tiempo. A fines de noviembre de 2001, durante la campaña militar norteamericana en Afganistán, fue capturado cerca de la frontera de Afganistán por un grupo de señores de la guerra afganos. Lo amarraron con cables eléctricos y en cuestión de días lo entregaron a los americanos por una recompensa de cinco mil dólares.
Empezaron los interrogatorios y Hamdan fue pronto identificado como Saqr al-Jedawi, su apodo durante sus años con bin Laden. Pasó los siguientes seis meses en campos de prisioneros norteamericanos en Bagram y Kandahar, antes de ser trasladado a la Bahía de Guantánamo en mayo de 2002.
Hoy, Salim Hamdan vive en Guantánamo en una celda de 1.8 por 2.7 metros, a la espera de su juicio por un tribunal militar especial instalado por decreto presidencial tras el 11 de septiembre de 2001. Si todo sale de acuerdo a los planes del gobierno de Bush, Hamdan será procesado por violar las leyes de la guerra al conspirar para cometer actos de terrorismo contra Estados Unidos. El gobierno ha revelado poco de su caso contra Hamdan -mi retrato se deriva principalmente de sus abogados, familiares y al-Bahri-, pero lo ha acusado de delitos graves, incluyendo el transporte de armas y haber sido guardaespaldas de bin Laden. Si lo encuentran culpable de todos los cargos Hamdan puede ser condenado a cadena perpetua.
Los abogados de Hamdan, un abogado de la Marina nombrado por el gobierno y un profesor de la Facultad de Leyes de la Universidad de Georgetown, no niegan que su defendido haya trabajado directamente para bin Laden, pero restan importancia a su militancia en Al Qaeda, retratándolo como un empleado, un conductor sin educación y lejos de ser un musulmán devoto, y un mecánico que estaba agradecido por su salario pero que en general ignoraba los planes terroristas de la empresa para la que trabajaba. Además, dicen que los tribunales, conocidos oficialmente como comisiones militares, son ilegales y han demandado al gobierno estadounidense por bloquear sus intentos de avanzar con el juicio.
Esta primavera los abogados del detenido tendrán la posibilidad de defender su caso ante la Corte Suprema, cuando esta vea el caso de Hamdan contra Rumsfeld. El mero nombre garantiza que será uno de los alegatos más estrechamente observados del año, y la resolución final tendrá importantes implicaciones no sólo para Hamdan y el resto de los detenidos de Guantánamo, sino también para los poderes de guerra presidenciales y muy posiblemente para el futuro de la democracia en Oriente Medio. Si la guerra contra el terrorismo, en el fondo, es una batalla para mostrar al mundo musulmán que hay una alternativa a las teocracias represivas y a los dictadores autocráticos, nada es más importante que el modo en que el gobierno norteamericano haga justicia en el caso de detenidos como Salim Hamdan. La práctica norteamericana en tiempos de guerra ha sido retener a los combatientes capturados hasta el término de las hostilidades, cuando ya no hay peligro de que los prisioneros liberados vuelvan al campo de batalla. Sin embargo, en este caso el campo de batalla no está en el mapa y las hostilidades podrían continuar durante décadas. De momento, el gobierno ha clasificado ampliamente a casi todos los más de 500 detenidos en Guantánamo como combatientes enemigos, pero eventualmente tendrá que empezar a distinguirlos con más precisión. Este proceso implica algunas preguntas difíciles: ¿Son todos los musulmanes que han obedecido al llamado de la guerra santa igualmente culpables? ¿Qué detenidos representan una amenaza para Estados Unidos? ¿A quién vale la pena procesar, y cómo?

8 de enero de 2006

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guerra de dudas en irak


Thanassis Cambanis] Para una unidad norteamericana que vuelve de Iraq.
Kirkuk, Iraq. La compañía de veteranos del capitán John McLaughlin ha vuelto a Iraq. Esta vez vienen con mucho menos ilusiones, y han trocado el ciego entusiasmo por la Operación Libertad Iraquí en la primavera de 2003 por una mezcla de profesionalismo, resignación y cinismo.
Ahora los hombres alistados en la División Aerotransportada 101 saben mucho más sobre el país, sopesando confidentemente las agendas étnicas concurrentes a medida que navegan entre los reclamos contradictorios de kurdos, árabes sunníes y chiíes y turcomanos.
La mayoría de ellos desdeñan como irrelevante el debate en Estados Unidos sobre los méritos de la guerra, y muchos de ellos dicen que luchan por lealtad al ejército, incluso si creen que su misión en Iraq es poco realista. La mayoría dice no querer a Iraq ni a su gente.
Cuanto estos paracaidistas volvieron a Iraq en octubre, el teatro de operaciones era apenas reconocible.
En abril de 2003 el Segundo Batallón de la Infantería 327 de la 101 participó en los combates más duros de la invasión de Iraq, saltando de helicópteros para pelear contra los leales a Saddam Hussein en Nayaf y Mosul, donde finalmente establecieron una base de fuego de avanzada al sur de la ciudad y se quedaron allá hasta febrero de 2004.
La división sufrió 59 bajas ese año. Volvieron a sus puestos en Fort Campbell, Kentucky, por un año y medio antes de volver en octubre a Iraq.
Pero para los jóvenes veteranos, el 2003 parece haber pasado hace siglos.
El batallón que llegó a Kirkuk -dos tercios de ellos son veteranos de Iraq o Afganistán- encontraron una base tan cómoda que los comandantes están preocupan de que los soldados se pongan blandos y olviden que están en una zona de guerra. En lugar de dormir en el suelo de almacenes destripados, comer raciones militares y quemar sus propios desechos en trincheras detrás de sus cuarteles, los soldados ahora disfrutan de la infraestructura de una ocupación larga.
FOB Warrior, como se conoce a la base aérea, ostenta duchas calientes, comedor, gimnasio, piscina, dos barberías y un hermoso salón de masajes. Hay un Burger King y un local de Green Beans Coffee que abren las 24 horas del día, donde los soldados hacen cola para café y bizcochos de chocolate a cualquier hora de la noche.
La permanencia de las instalaciones en la base de Kirkuk también sugiere una misión indefinida.
La ciudad circundante todavía es un lugar mortal -menos letal que Faluya, pero mucho más que el sur chií. En esta misión, hacia mediados de diciembre habían muerto 26 soldados de la División 101.
Tras la invasión de 2003, las tropas norteamericanas tenían claras órdenes de marcha: Capturen a Hussein y sus lugartenientes y estabilicen Iraq. Durante los primeros meses, no fueron los insurgentes los que representaron los principales retos al orden y la seguridad, sino las bandas de delincuentes.
Algunos soldados que han vuelto dijeron que aunque en el pasado habían creído que podrían adiestrar rápidamente a la policía iraquí para remplazar a las tropas americanas, ahora se han fijado perspectivas mucho más modestas, esperando quizás significar un ejemplo decente para los agentes de policía y soldados que adiestran pero en los que no confían enteramente.
"Independientemente de si esta es la gran marcha hacia la democracia, o la protección de la costa de de Estados Unidos, de si creo en eso o no, ya no importa", dijo una noche tarde McLaughlin en su puesto de mando después de regresar de un largo día de reuniones con jefes de policía iraquíes y comandantes del ejército. "Mi obligación como soldado, como oficial, como jefe, es realizar la misión del mejor modo posible. Eso es el único consuelo de todo este asunto".
Durante una visita de cuatro días de un periodista del Globe a la base de Kirkuk, soldados y sus comandantes -la mayoría de ellos veteranos que volvían- dijeron que ven la misión en Iraq con menos ambiciones, más dificultades y más tensiones que hace tres años.
Los soldados todavía trabajan a ritmo de combate, siempre de guardia y sin días de permiso. Y aunque sigue siendo peligroso, sus rutinas diarias incluyen patrullar entre comisarías de la policía y cuarteles del ejército en Kirkuk, investigando asesinatos y atentados con bomba contra iraquíes -y a menudo investigando a las mismas fuerzas de seguridad que están tratando de adiestrar.

Enemigo Poco Claro
Por donde mire, McLaughlin no ve más que ambigüedades. Tal como lo ven él y sus soldados, la mayoría de los iraquíes rechazan a los norteamericanos y toleran su presencia sólo cuando sus intereses coinciden con los de los estadounidenses.
En ese océano de dudas, hay pocos refugios seguros.
Para la Compañía Charlie de McLaughlin, uno de ellos es el pútrido asentamiento que llaman Gypsy Camp, una fábrica abandonada habitada por okupas que hace las veces de burdel.
McLaughlin disfruta la compañía de sus soldados, contando chistes con su pesado acento bostoniano. Pero en el trabajo es dedicado, y el trabajo ocupa la mayor parte de su tiempo. En su Humvee escucha actualizaciones del sur de Kirkuk por medio de un auricular y charla con el conductor, artillero, sargento e intérprete que viajan con él.
Los más importantes grupos étnicos de la ciudad -kurdos, árabes y turcomanos- comparten el desprecio por los gitanos. Para McLaughlin representan las víctimas más irreprochables del complejo conflicto en Iraq y los abusos de que son objeto a manos de las fuerzas de seguridad de iraquíes adiestrados por Estados Unidos refleja el mayor escollo de la nueva misión del ejército estadounidense: que las autoridades iraquíes abusen de sus crecientes poderes.
Muchos soldados y policías iraquíes que adiestra McLaughlin violan la prohibición de visitar el burdel. A mediados de diciembre soldados iraquíes golpearon a varias mujeres y quemaron las tiendas que los okupas habían levantado detrás de la sucia armazón a medio construir del edificio.
"Si no estamos aquí para proteger a esa gente, ¿qué hacemos aquí?", se pregunta McLaughlin durante una visita al campamento.
Las familias viven en una hilera de tiendas, mientras las prostitutas, que llevan un pesado maquillaje, pañuelos de rojo púrpura y pantalones de pana, se ubican a la entrada de la fábrica.
Cuando McLaughlin detuvo el Humvee para investigar, el día después de la razzia iraquí, cuatro soldados iraquíes trataron de escapar por un camino secundario. El conductor de McLaughlin les bloqueó el camino.
El incidente ejemplifica la nueva misión militar en Iraq: La principal prioridad ya no es matar rebeldes y allanar vecindarios. Ahora se supone que las tropas norteamericanas deben usar su energía en el adiestramiento de las fuerzas iraquíes para que hagan el trabajo.
Los superiores de McLaughlin en Kirkuk se jactan de que dos tercios de todas las patrullas combinan a tropas norteamericanas e iraquíes y que dentro de tres meses unidades iraquíes -como la que McLaughlin sospecha que asaltan rutinariamente el burdel- estarán en estado de ocuparse de controlar Kirkuk.
Los soldados de la División Aerotransportada 101 han recibido para esta misión de adiestramiento un arsenal que no tenían la primera vez que pelearon en Iraq. La mayoría de los oficiales saben algo de árabe y han aprendido a pasar el tiempo cultivando relaciones personales con la policía local y oficiales del ejército que pueden proporcionar datos de inteligencia. Beben té con sus colegas iraquíes y les alientan a concentrarse en su misión.
Durante una patrulla un sábado por la mañana, McLaughlin instruyó a dos jefes de policía sobre una gama de tipos de ataques y células rebeldes, incitándolos a seguir pistas específicas y conduciéndoles de vuelta al tema cuando trataban de desviar la conversación sobre la delincuencia hacia perogrulladas insignificantes sobre política iraquí.
También confrontó a la compañía del ejército iraquí sobre su tratamiento de los gitanos.
"Nosotros -ustedes, yo, la policía- estamos aquí para garantizar la seguridad de todos en la ciudad, y eso incluye a los gitanos", bramó McLaughlin contra un joven teniente del ejército iraquí. "Cuando bajáis a su campamento y les golpeáis, quemáis sus tiendas, no sois mejores que un delincuente".

Aburrimiento y Burocracia
El sargento Matt Somma y el soldado raso Gregory Miller patrullan juntos en un Humvee fuertemente blindado que tiene la tendencia a volcarse. Es un capullo mucho más seguro que el Humvee sin puertas con el que Somma patrullaba en la norteña ciudad de Mosul al principio de la guerra de Iraq.
Los dos llegaron a Kirkuk en octubre con una fuerte impresión de Iraq.
Somma, 22, participó en algunas de las peores batallas de 2003 y se quedó hasta fines de febrero de 2004. No piensa en otra vida que en el ejército.
Sin embargo, la actual fase de la guerra de Iraq lo aburre: Para su gusto, hay demasiada política y pocos disparos.
Como jefe de cuadrilla dentro de su pelotón, Somma pasa gran parte del tiempo aplicando nuevas reglas de seguridad para los soldados, asegurándose de que lleven las gafas, que descarguen sus armas al volver a la base y que no bajen la guardia simplemente porque la guerra no parece exigir demasiada adrenalina.
"A veces me apesta", dijo Somma sobre los aspectos burocráticos de su trabajo.
Alto, flaco, con nariz de gancho, Somma sobresale entre los hombres de su pelotón. Camina con un contoneo y mantiene un constante parloteo como músico profesional -la única otra carrera que le atrae. Cuando patrulla juega a las cartas por radio un juego llamado ‘¿Qué estás pensando?’ con los otros sargentos, mezclando observaciones absurdas sobre los iraquíes en su área de operaciones, letras de canciones y referencias a programas de televisión norteamericanos.
Somma también gasta mucha de su energía en el videojuego ‘Age of Empires III’, que juega en su portátil acurrucado en su litera de madera. Somma dedica la mayor parte de sus horas despierto cuando no está patrullando al juego, en el que dirige una civilización que trata de conquistar América en el siglo 17.
Miller, a los 27 el viejo del pelotón, dejó el año pasado su trabajo como instructor de buceo para cumplir la promesa que le hizo a su mejor amigo de infancia, Matt Brown, al que se refiere como a su hermano. Brown, un oficial del ejército enviado a Iraq central hace un año, perdió un ojo cuando los rebeldes emboscaron su convoy.
"Le prometí a mi hermano que si le herían, yo me uniría al ejército", dijo Miller. "Aquí estoy, ocho meses después. Sabía en qué me estaba metiendo".
El ritmo de la vida es desgastante, pero también adictivo. Somma dice que quiere un permiso del ejército para ir a la universidad, pero no se imagina integrándose de nuevo en la sociedad civil. Él y Miller dijeron que se sienten alienados en una sociedad donde, según creen, los individuos no asumen responsabilidades personales.
En Iraq, a pesar de lo sombrío de la misión, han encontrado una claridad de cristal en su relación con su propia unidad -tanto que en su última misión Somma no utilizó ninguno de los permisos a los que tenía derecho.
Somma dijo que la guerra de Iraq se está convirtiendo poco a poco como Corea o Alemania para los militares de carrera, un alto precio que todos los dedicados al ejército tendrán que pagar. Aunque esta misión ha sufrido más bajas por muerte de soldados por mes que en 2003, para Somma la misión se siente como un trabajo y menos como una guerra.
"No hay mucho contacto" con el enemigo, dice Somma mientras conducía su Humvee una noche tarde a través de un camino de tierra lleno de baches en la sección árabe de Kirkuk. "Nada es completamente seguro, pero Kirkuk es una ciudad bastante tranquila".
La comparó nostálgicamente con Mosul, donde estuvo estacionado la última vez y donde su división cosechó elogios por matar a baazistas importantes, incluyendo a los hijos de Hussein. "Mosul era igual de caótica cuando estábamos allá", dijo, con una sonrisa.
Un falso sentido de seguridad en la Base Aérea de Kirkuk es que los soldados viven en la sección más lejana de la pista. Las unidades de apoyo y contratistas -la mayoría de los cuales nunca cruzan "al otro lado del alambre de púa"- viven al otro lado.
Un cartel pegado en casi todos los locales advierte a los soldados que no se engañen por la comodidad de las instalaciones: "Advertencia sobre la Calidad de Vida", dice. "La calidad de vida en FOB Warriors es excelente. No os confiéis ni engañéis con este aparente sentido de seguridad. Estamos en un lugar peligroso y hay gente fuera del FOB que nos quiere matar. Mantener la alerta es tu vida".
"La última vez que vinimos aquí no había nada. Era raro ir y venir todo el rato leyendo esto", dijo Somma.
En su última misión, el capitán McLaughlin vivía en un búnker de municiones sin electricidad ni aire acondicionado. Ahora tiene su propia habitación con puerta, escritorio, catre y un librero para su libro de poemas de Tennyson, y una biblioteca de otros libros que todavía no ha leído -‘Don Quijote’, una historia del islam, una polémica sobre las reformas en el mundo árabe.
Los soldados en el pelotón de Somma heredaron un red inalámbrica de internet instalada por un contratista iraquí. Los comandantes ordenaron desmantelarla después de Navidad en parte porque parecía demasiado cómodo.
Soldados sofisticados y una misión en Iraq que ya no incluye el control del momento álgido de las elecciones nacionales, constituyen un duro reto para la comandancia de la compañía de McLaughlin: ¿cómo mantener motivados a los soldados si su éxito sólo se puede medir mejorando a las fuerzas de seguridad iraquíes?
La respuesta, dicen, es pensar pequeño.
"Los tipos buscan victorias pequeñas, acumulativas", dijo el teniente primero de la compañía, Brett Bean.
El sargento primero Jason Larson, que cumplió 35 en Navidad y lleva 15 años en el ejército, dijo que había pensado siempre que el ejército sería su último trabajo. Pero lo inevitable del retorno a Iraq, dijo, lo había convencido de dejar el ejército cuando termine su contrato, en cinco años.
"No me voy a quedar ni un día más, aunque tuviera que trabajar como saludador en un Wal-Mart", dijo Larson.
En una guerra sin puntos de referencia a la vista, dijo, los comandantes deben refinar constantemente su mensaje a los soldados, contabilizando pequeños avances, como el mejoramiento de un batallón iraquí, como victorias importantes. "Para nosotros, el reto es mantener a todo el mundo centrado", dijo.

Thanassis Cambanis can be reached at tcambanis@globe.com

8 de enero de 2006

©boston globe


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más obstáculos en iraq


[Eric Schmitt] Advierte general estadounidense sobre el peligro de que las fuerzas de seguridad iraquíes se conviertan en bandas de delincuentes o milicias confesionales.
Camp Victory, Iraq. El comandante operacional estadounidense en Iraq ha presentado una sobria evaluación de los obstáculos que enfrenta el nuevo gobierno iraquí, advirtiendo que las rivalidades confesionales y la incompetencia podrían paralizar los ministerios más importantes y convertir las fuerzas de seguridad iraquíes recientemente adiestradas por los americanos en milicias a sueldo.
El comandante, el teniente general del ejército, John R. Vines, advirtió en una entrevista el miércoles, que el desarrollo de los ministerios de Defensa e Interior que mantienen a las fuerzas de seguridad iraquíes van detrás de la capacidad y destreza de los más de 220 mil soldados y agentes de policía iraquíes.
"La capacidad de los ministerios en cuanto a mantenerlos, pagarles, abastecerlos, proveerles de agua, municiones, repuestos y armas no está a la altura de la competencia de las tropas en el terreno", dijo el general Vines en su cuartel general aquí en las afueras de Bagdad, cuando una nueva ola de violencia ha paralizado a Iraq esta semana. "Debemos hacer progresos importantes en ese área antes de que puedan llevar a cabo operaciones independientes".
El general Vines advirtió que otros ministerios importantes, como el de Petróleo y Electricidad, deben también fortalecer sus operaciones para que las tropas de seguridad puedan tener éxito, y para que Iraq prospere política y económicamente.
"La razón por la que es importante estudiar áreas como la administración y la infraestructura es que el petróleo es la sangre de Iraq", dijo el general Vines, que dirige el Cuerpo Aerotransportado XVIII en Fort Bragg, Carolina del Norte. "Si no producen suficientes ingresos para sostener esas tropas de seguridad, los miembros de esas fuerzas podrían adoptar otros objetivos y transformarse en milicias o bandas armadas".
Los comentarios del general Vines, que sirvió anteriormente con la Fuerzas Especiales en Somalia y dirigió las tropas americanas en Afganistán, presenta quizás la evaluación pública más franca hecha hasta el momento por un importante oficial norteamericano sobre los retos que debe superar la coalición norteamericana y el novato gobierno iraquí en los próximos meses.
El general Vines mencionó una serie de importantes éxitos en el último año, incluyendo la construcción de las fuerzas de seguridad iraquíes y el creciente número de unidades que están tomando responsabilidades en proporcionar seguridad al país y que han supervisado dos elecciones y un referendo en 2005.
Pero también advirtió sobre problemas potenciales en las semanas y meses por venir, a medida que los árabes sunníes observan al gobierno dominado por chiíes a la espera de signos de que sus opiniones y necesidades son tomados en serio.
El general Vines dijo que el hecho de que los iraquíes votaran tan masivamente el 15 de diciembre era alentador, pero lamentó que los iraquíes votaran en gran parte a lo largo de líneas religiosas y étnicas. "Se votó fundamentalmente según líneas confesionales, lo que no es especialmente alentador", dijo. "Había un gran entusiasmo por las elecciones. Pero tiene que ser un gobierno de y para los iraquíes, no para las sectas. Creo que no sabemos lo que ocurriá".
El general Vines dijo que es demasiado pronto para medir el éxito de los árabes sunníes, chiíes y kurdos en forjar un gobierno amplio que proteja a todos los ciudadanos de Iraq. "Si cuando se forme el gobierno vemos indicadores de que hay purgas de gente competente para ser remplazada por ideólogos en los ministerios de seguridad, sería para nosotros algo inquietante", dijo. "Si comandantes competentes fueran remplazados por otros cuya principal calificación es su lealtad a una secta, eso sería una preocupación para nosotros".
A instancias de comandantes estadounidense y funcionarios civiles, el ministerio de Defensa iraquí ha acelerado el reclutamiento de árabes sunníes para servir en un ejército que está dominado ahora en gran parte por soldados chiíes y kurdos. "El ministerio de Defensa debe continuar siendo pensado como una fuerza que protege a la población, en lugar de oprimirla", dijo el general Vines. "Esa es la razón por la que estamos observando con mucho cuidado qué ocurre en el ministerio de Defensa".
Como comandante operacional de más de 150 mil tropas estadounidenses y 20 mil de fuerzas de la coalición, el general Vines tiene la supervisión del día a día, junto a sus contrapartes iraquíes, de lo que las tropas aquí llaman el espacio de batalla en todo el país.
En los últimos meses el general Vines dijo que el flujo de combatientes extranjeros que infiltran Iraq ha disminuido en parte debido a que casi 20 mil soldados iraquíes están ahora asignados en la provincia de Anbar, a una serie de operaciones militares norteamericanas en el valle del Río Eúfrates y a la creciente cooperación de Siria y Arabia Saudí en fortalecer los controles fronterizos.
Sin embargo, en las semanas anteriores a las elecciones de diciembre el general Vines disintió con su jefe, el general George W. Casey Jr., el comandante general en Iraq, sobre cómo y dónde enviar tropas para asegurar unas votaciones pacíficas y exitosas.
De acuerdo a entrevistas con varios altos oficiales del ejército, que pidieron guardar el anonimato debido que las discusiones de sus jefes son confidenciales, el general Casey quería llevar a cabo operaciones a lo largo de la frontera entre Iraq y Siria, así en el valle del Río Eúfrates, para dificultar la infiltración de terroristas suicidas para hacerse explotar en Bagdad durante las elecciones.
Pero el general Vines y sus comandantes de operaciones dijeron que el centro de gravedad era Bagdad y sus suburbios predominantemente sunníes como Faluya, dijeron los oficiales. El general Vines quería posicionar más fuerzas allá para aumentar la participación sunní, un importante objetivo político del gobierno de Bush pero también un modo de ayudar a reducir la resistencia.
Los dos comandantes finalmente alcanzaron un compromiso para asignar tropas en los dos lugares, dijeron los oficiales.

6 de enero de 2006

©new york times
©traducción mQh

los símbolos de sadam hussein


[Jackie Spinner] Algunos lamentan retiro de estatuas de la capital.
Bagdad, Iraq. La fuente en forma de barco fue despojada de todos sus elementos y reducida a una pila de pedazos de mármol y cemento en el Museo de Bagdad.Otras esculturas, de un soldado con casco, una gavilla de trigo y un grupo de gente con girasoles en las manos, todas erigidas como símbolos de prosperidad y poder durante el régimen de Saddam Hussein, fueron retiradas.
En la calle de Palestina, la estatua de un soldado iraquí, con sus brazos amarrados entre los vehículos, también fue sacada de sus cuencos. El monumento estaba dedicado a los prisioneros de la guerra de ocho años entre Iraq e Irán; cuando el partido pan-árabe de Hussein estaba en el poder, todas las escuelas iraquíes observaban el 1 de diciembre un momento de silencio para conmemorar el horror que representaban.
En una decisión de octubre que ha polarizado a los residentes de la capital, el Comité de Desbaazificación oficial ordenó el retiro de las estatuas y monumentos que declaró ofensivos. La medida ha llamado la atención sobre un tema sensible: ¿Cuánto de la era de Hussein, ahora en juicio por crímenes contra la humanidad, debe ser protegido para la posteridad?
El comité, que también veta a antiguos miembros del gobierno de Hussein para su integración en el gobierno actual, redactó en secreto un edito sobre los monumentos, llamado Documento 900. No fue nunca hecho público. Aún no se ha publicado la lista de monumentos que serán retirados en todo el país.
"Nuestra tarea es retirar los símbolos del régimen anterior que recuerdan a la gente esa sangrienta época", dijo Khalid Shami, general que administra la sección cultural y educativa del comité, que reconoció en una entrevista que la decisión ya se había tomado. "Se retirará todo lo que se vincule con el Partido Baaz".
Shami dijo que el monumento del Partido Baaz en el Museo de Bagdad era el primero en ser retirado como un símbolo obvio de Hussein y su gobierno. El monumento conmemorativo de los prisioneros de la guerra Iraq-Irán fue retirado, dijo, porque "representaba una enorme propaganda para la mentira con que Saddam Hussein había engañado al pueblo".
Pero mucha gente aquí se ha sorprendido por la destrucción de los monumentos, así como por el secreto con que el comité ha realizado sus trabajos. No hubo ninguna consulta pública sobre la decisión de derrumbar las estatuas, y los residentes se enteraron de ellos sólo después de que empezaran a observar de que faltaban partes de las estatuas.
Nidhal Mawsawi, columnista del diario Azzaman, comparó las acciones del comité con el retiro de los monumentos norteamericanos conmemorativos del Holocausto o de la Guerra Civil, períodos dolorosos de la historia que sin embargo vale la pena conmemorar.
"No debería retirarse completamente esos monumentos y estatuas", dijo Mawsawi. "Deberían retirarse sólo las partes que representan los crímenes del anterior régimen y colocarlos en un museo, como los museos en Alemania. Esas estatuas representan un período de la historia iraquí, aunque no haya sido bueno. Creo que es por eso que la gente está decepcionada".
Shami dijo que el comité había dividido su trabajo en cuatro fases. La primera pide el retiro del monumento del Partido Baaz y de otros relacionados con Hussein. Luego el comité retirará producciones menos importantes, incluyendo pinturas, fotografías y pequeñas estatuas de las largas décadas de la época de Hussein que permanecen en edificios públicos. Finalmente el comité borrará las pintadas y lemas del anterior gobierno que se encuentran en paredes y edificios en todo el país.
En octubre, cuando los residentes iraquíes observaron que empezaban a desaparecer elementos de los monumentos, y se enteraron a través de la prensa iraquí de que era una política oficial, la noticia provocó escándalo. Muchos musulmanes chiíes y kurdos iraquíes, que fueron perseguidos durante la época de Hussein y del partido pan-árabe, pidieron al gobierno dejar de retirar los monumentos, diciendo que eran recordatorios necesarios de su sufrimiento y parte importante de la historia del país.
Uno de los críticos más declarados de la decisión fue el alcalde de Bagdad, Sabir Isawi, un conservador religioso chií del barrio de Ciudad Sáder, cuya decorada oficina está adornada con una enorme celosía de madera con el símbolo del Partido Baaz: una estrella de ocho puntas. En una entrevista, Isawi dijo que deberían retirarse sólo partes de los monumentos.
"Quiero mantener esos monumentos como representación histórica", dijo.
Noori Rawi, ministro de Cultura de Iraq, dijo que todos los monumentos y estatuas relacionadas con Hussein y sus casi tres décadas en el poder serán retiradas y almacenadas. La mayoría de los monumentos que describen al presidente depuesto han sido destruidos o desfigurados.
En una de las escenas más memorables de la invasión estadounidense de Iraq, residentes de Bagdad [funcionarios de las milicias de Chalabi] ayudados por vehículos blindados norteamericanos derrumbaron una gigantesca estatua de Hussein el 9 de abril de 2003.
"Como iraquíes no sentimos la necesidad de conservar las estatuas de un asesino", dijo Rawi. "No hay ninguna necesidad de mostrar al pueblo estas cosas. Quizás después de cien años, cuando haya una nueva generación, las volveremos a mostrar al hombre que destruyó Iraq".
En 2003, la autoridad de la ocupación estadounidense en Iraq gastó 35 mil dólares para retirar cuatro bustos de Hussein, de 9 metros de alto, del antiguo Palacio Republicano en la Zona Verde, donde acamparon funcionarios norteamericanos. En esa época, el ministerio de Cultura, asesorado por los norteamericanos, declaró que los bustos serían retirados para guardarlos en un lugar seguro hasta que se tomara una decisión sobre qué hacer con ellos.
En un patio cerca del antiguo Monumento al Prisionero Iraquí -donde un mural de Hussein ha sido remplazado por uno de un importante clérigo chií, Abdul Aziz Hakim-, los transeúntes expresaron opiniones contradictorias sobre el retiro del monumento. Todo lo que quedó fue una fachada de ladrillos y estacas que en el pasado sostuvieron las figuras de cobre de un soldado iraquí, tanques y una barricada.
"Yo fui prisionero de guerra y no se puede imaginar lo que sufrí en una cárcel iraní", dijo Muhammad Hussein, 42, que vende cigarrillos en una pequeña tienda. "Siempre que pasaba frente al monumento, me hacía recordar y me sentía bien de que los iraquíes todavía recordaran".
Hussein, un sunní, dijo que se oponía al retiro de los monumentos y criticó lo que consideraba la influencia de los iraníes en esa decisión.
"Están tratando de cambiar nuestra historia y llenar el país con sus retratos de jeques", dijo. "Seremos otro Irán. En Irán tuve que decirles que yo era chií y tuve que rezar como si fuera chií para que no me golpearan".
Pero Sattar Hassan, 45, también un antiguo prisionero de guerra, dijo que se alegraba de que el monumento hubiese sido removido.
"Cada vez que pasaba frente al monumento, me hacía recordar la guerra y me hacía subir el odio que llevo en el corazón", dijo. "Yo transmití este odio a mis hijos, así que creo que las estatuas pueden ser retiradas. No podemos empezar un Iraq nuevo si no doblamos la página del pasado".
Bassam Sebti, Naseer Nouri y Omar Fekeiki contribuyeron a este reportaje.

9 de enero de 2006

©washington post
©traducción mQh

¿empezó la guerra civil?


[John Daniszewski] Algunos expertos dicen que sí. La magnitud del conflicto es ocultado por la presencia de tropas estadounidenses, afirma uno, pero una retirada prematura podría desencadenar un conflicto mucho peor.
Bagdad, Iraq. Catorce miembros de una familia musulmana chií fueron masacrados en su casa. Días después, atacantes enmascarados allanaron una casa árabe sunní, matando a cinco personas. Los asesinatos políticos organizados continúan como si no hubieran habido elecciones hace dos semanas.
En un discurso leído mientras los iraquíes se preparaban para votar, el presidente Bush dijo que no creía que estallara una guerra civil en el país. Pero algunos observadores creen que ya comenzó: un guerra silenciosa y mortífera cuyas líneas de batalla fueron trazadas en agudos relieves por los altamente polarizados resultados electorales.
Un grupo de policías chiíes podría ser blanco de un atentado o emboscada suicida sunní en cualquier momento. Un miliciano de los servicios de seguridad chiíes podría detener, torturar y matar a cualquier sunní del que sospeche que es un rebelde. O un funcionario kurdo del nuevo gobierno podría ser matado a balazos de camino a casa.
A menos que el blanco de un asesinato sea un personaje prominente, o el número de víctimas aumente en varios dígitos, esos acontecimientos apenas si son mencionados en los boletines de prensa occidentales. Sin embargo, según los cálculos más fiables mueren al mes en Iraq unos mil iraquíes, la mayoría de ellos a manos de compatriotas.
El término ‘guerra civil’ evoca imágenes de ejércitos congregados unos contra otros, y finalmente el derrumbe del estado, muy distante del paradigma democrático que quería alcanzar el gobierno estadounidense tras el derrocamiento de Saddam Hussein hace dos años y medio.
Políticos y líderes iraquíes resaltan rutinariamente la unidad del país y su aversión a la guerra civil. La semana pasada, Abbas Bayati, un funcionario del Consejo Supremo de la Revolución Islámica chií en Iraq, dijo que no ocurriría nunca, porque no lo permitirían los líderes religiosos del país.
Otros expertos dentro y fuera de Iraq no están tan seguros.
James Fearon, politólogo de la Universidad de Stanford y una autoridad en guerras modernas, cree que la guerra civil iraquí empezó tan pronto como fue derrocado Hussein, y que eso está ahora obscurecido y parcialmente impedido por la presencia de tropas extranjeras.
"Creo que la guerra civil empezó en el momento en que terminaron las operaciones de combate más importantes", dijo Fearon. Rechaza la posición de muchos observadores de que la guerra civil es sólo una de las posibilidades de Iraq.
"Cuando la gente habla sobre si habrá o no una guerra civil, en realidad están hablando de un tipo diferente de guerra", dijo.
El tipo de guerra que está emergiendo en Iraq, caracterizada por ataques de guerrilla, secuestros, asesinatos y ‘limpiezas étnicas’, es típico de los conflictos civiles modernos, dijo Fearon.
"Desde 1945 casi todas las guerras civiles han sido guerras de guerrillas, con una insurgencia versus una contra-insurgencia", dijo. "La mayoría de las guerras civiles se parecen a lo que estamos viendo en Iraq hoy".
La presencia de tropas estadounidenses en el conflicto no es inusual, dijo. "Un gran número de guerras civiles han involucrado intervenciones extranjeras. Pero las seguiría llamando guerras civiles sobre la base de que los insurgentes están atacando y matando a muchos más iraquíes que las tropas norteamericanas".
Aunque considera las elecciones recientes como un posible paso adelante, cree que si las delicadas negociaciones del gobierno empiezan a fallar ahora y no terminan en un compromiso, la guerra entre los iraquíes podría ampliarse e intensificarse y convertirse en un conflicto de mayor escala, especialmente si las tropas estadounidenses se retiran demasiado rápidamente del país.
En general, el conflicto opone a grupos armados sunníes desesperados por reconquistar el poder en Iraq y milicianos chiíes. Los últimos quieren proteger al nuevo gobierno, dominado por los chiíes, y vengarse de males pasados y presentes a manos de los sunníes. Entretanto los kurdos son también atacados por los sunníes. Su objetivo de independencia o de una fuerte autonomía, y su deseo de anexionar Kirkuk, una ciudad rica en petróleo, los ha puesto en camino de un posible choque con el resto del país.
Un ex funcionario de rago medio del gobierno iraquí, que pidió no ser identificado, dijo que había sido obligado a dejar su barrio en Bagdad debido a su apellido chií y ahora oculta su identidad cuando viaja entre la capital y su pueblo cerca de Babilonia.
"No puedes entrar al sur con un apellido sunní. No puedes ir a la provincia de Al Anbar con un apellido chií", dijo. "No hay una guerra civil en todo el país, pero hay guerras civiles en al menos 20 ciudades: guerras civiles de baja intensidad".

Violencia Sectaria
Desde el verano de 2003 las mezquitas han sido atacadas con bombas y proyectiles, ha habido secuestros y barrios bagdadíes que eran mixtos, como Ghazaliya y Doura, han sido lenta e inexorablemente "limpiados" de chiíes por medio de intimidaciones y violencia. Presiones similares han sufrido pueblos sunníes en el sur chií y los árabes y turcomanos en Kirkuk.
En un espantoso ejemplo de ese conflicto, 14 miembros de una familia chií que habían sido advertidos que debían abandonar el barrio sunní donde vivían fueron masacrados la semana pasada en su pueblo en un área mixta justo al sur de Bagdad, en una zona que se conoce ahora como el ‘triángulo de la muerte’.
Los atacantes cercenaron las gargantas de sus víctimas mientras obligaban a mirar a sus familiares. Sólo las mujeres de la familia y un niño de 7 años fueron perdonados, en un incidente que evocó las carnicerías internas que ocurrieron en Argelia durante gran parte de los años noventa.
Aludiendo a las recientes elecciones parlamentarias, en la que casi todos los iraquíes votaron a lo largo de líneas confesionales o étnicas antes que por los partidos de bases más amplias, James Dobbins, un investigador de la Rand Corp., un laboratorio ideológico de Washington, ha sostenido que las fuertes divisiones tienen el potencial de destruir el país.
Dijo que los conflictos en Iraq ya constituían una guerra civil no convencional, en la que un sólo lado -el gobierno iraquí ayudado por sus aliados norteamericanos y británicos- poseía armas pesadas, mientras el otro dependía de tácticas guerrilleras. También él ve el peligro de una escalada. "Podías tener una guerra civil del tipo que hubo en Yugoslavia en los años noventa, en que los dos lados poseían armas pesadas y las bajas fueron mucho más altas".
De hecho, "el principal argumento para la continuación de la presencia estadounidense en Iraq y ejercer influencia es impedir que la situación se degenere hacia una guerra civil. Pero va a ser difícil, caro y costará tiempo", dijo Dobbins.
La extensión media de una guerra civil, de acuerdo a un estudio de 2002, de Fearon su colega el historiador británico David D. Laitin, es de unos seis años y en general, desde 1945, las guerras civiles han sido más mortíferas que las guerras entre países, costando la vida a más de 16 millones de personas y destruyendo las economías de los países involucrados.
En septiembre de 2004, el prestigioso Instituto Real de Asuntos Internacionales [Royal Institute for International Affairs] de Londres predijo que sería difícil que Iraq evitara una guerra civil, y que su capacidad de evitarla dependerá en gran parte de si el gobierno de transición que se estaba formando entonces daba a los iraquíes la sensación de propiedad y de pertenencia al estado.
Analizando los 15 meses anteriores, Rosemary Hollis, una de los autores, dijo sobre las perspectivas optimistas: "Creo que eso se puede descartar". Sin embargo, no está segura de que el país vaya en camino de su disolución.
"La otra posibilidad, todavía plausible, es que no se desintegre pero que las tremendas tensiones internas de algún de neutralicen", dijo. Por ejemplo, las rivalidades dentro de la comunidad chií podrían mantener localizadas las luchas de sus miembros e impedirles actuar directamente contra otras comunidades, dijo.

Elecciones Cuestionadas
Aunque todavía no definitivos, los resultados de las elecciones preliminares de la votación de diciembre para la Asamblea Nacional señalan la emergencia de un parlamento dominado por partidos religiosos, tanto de grupos chiíes como sunníes. Los partidos con los resultados más magros fueron los partidos inclinados secularmente y los que buscan transcender las divisiones confesionales y étnicas.
Grupos laicos y sunníes desencantados denunciaron inmediatamente que hubo tongo en los votos e intimidación; varios importantes políticos sunníes se sintieron lo suficientemente afligidos como para cuestionar la legitimidad de la votación, pidiendo que se volviera a realizar. Pero la triunfante alianza chií rechazó la idea y los líderes políticos chiíes empezaron las consultas para ver si un gobierno de unidad nacional podría satisfacer, o al menos apaciguar a los perdedores.
La mayoría de los iraquíes se estremece ante la sugerencia de que el país podría caer en una guerra civil a toda escala, pero el peligro nunca deja de estar presente en sus cavilaciones.
"Los chiíes insisten en sus exigencias, y los sunníes y los nacionalistas árabes siguen sintiéndose marginados y aislados o ignorados y esto y lo otro, así que creo que habrá grandes problemas y la violencia continuará" durante los próximos dos o tres años, dijo Yunadim Kana, un político cristiano.
"¿Habrá guerra civil? No creo que lleguemos a ese punto", dijo, agregando sin embargo que nadie podía estar seguro. "Cada vez que en Iraq hay un A más B que debería producir C, pasa algo inesperado".
Wamid Nadhmi, un analista político iraquí, dijo que estaba contento de que las perspectivas más pesadillezcas no se hubieran producido.
"Ahora hay indicios de que el país está siendo llevado gradualmente hacia un tipo de conflicto confesional, porque hay informes de que algunos chiíes y algunos sunníes están siendo asesinados. Pero hasta ahora me parece que son acciones de grupos pequeños", dijo.
"Es más una mafia organizada que actividades espontáneas de las masas".
El gran ayatollah Ali Sistani, el más importante clérigo chií del país, ha sido desde la invasión americana un partidario consistente de moderar las tensiones entre sunníes y chiíes. El mes pasado apoyó un gobierno de unidad nacional que incluiría a los sunníes.
Bayati, del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, dice que esas ideas ilustradas mantendrán la tapa en su lugar. "Las tensiones políticas por sí mismas no pueden conducir a la guerra civil", dijo. "El confesionalismo es una de las causas posibles... Pero la posición de los dirigentes le ha quitado vuelo a esa posibilidad".

El Factor Extranjero
Juan Cole, profesor de la Universidad de Michigan y especialista en Iraq, advierte contra la conclusión de que si el país se encuentra ya en medio de una guerra civil, no importa si las tropas estadounidenses se quedan o se marchan.
Recordando el derramamiento de sangre en el Líbano entre 1975 y 1990, una guerra civil que él presenció en persona, dice que cree que la situación en Iraq empeorará mucho más si las tropas norteamericanas abandonan prematuramente el país o si se las reduce de manera significativa. Con una presencia americana más débil, provocada por el erosionado apoyo americano de la guerra, las milicias de barrio que se han formado y están ahora operando a pequeña escala se verían alentadas a salir a la luz pública, montando quizás ataques contra ciudades vecinas o contra el gobierno central en Bagdad, dijo Cole.
Otro polvorón es Kirkuk. Con toda probabilidad, los kurdos buscarán un referendo para anexar la disputada ciudad a su federación regional, dijo. "¿Lo aceptarán los turcomanos sin hacer nada? ¿O los árabes? Creo que no", dijo Cole.
Los sunníes, acostumbrados durante largo tiempo a gobernar Iraq y ahora amenazados por el prospecto de ser privados de los ingresos por el petróleo del país, también tendrían una razón para rebelarse.
"Pueden ver las pintadas en las murallas", dijo Cole.
Advirtió que en una guerra civil declarada los vecinos de Iraq serían probablemente involucrados, cambiando de lugar las "placas tectónicas" de la estabilidad regional. Turquía podría tratar de impedir que la minoría turcomana sea derrotada en Kirkuk. Los estados del Golfo Pérsico podrían querer ayudar a los sunníes, e Irán podría intervenir del lado de los chiíes.
Fearon, como Cole, cree que una retirada muy rápida de las tropas americanas sería un catalizador de una guerra civil más amplia. Pero, por otro lado, dijo, permanecer indefinidamente daría a los iraquíes escasos incentivos "para solucionar sus problemas políticos y militares".
"Creo que la presencia estadounidense hace posible que puedas tener conversaciones que resulten en un gobierno que podría funcionar de alguna manera, pero lo deprimente es que no veo que las negociaciones lleven a la formación de un gobierno que pueda sobrevivir sin una presencia bastante fuerte de Estados Unidos", dijo Fearon.
Tal como están ahora las cosas "no hay una salida bonita de Estados Unidos".

Asmaa Waguih y Raheem Salman en Baghdad y Janet Stobart en Londres contribuyeron a este reportaje.

2 de enero de 2006

©los angeles times

©traducción mQh

incierta economía iraquí


[Borzou Daragahi, Paul Richter y Doug Smith] Proyectos de vitrina y animados emprendedores se enfrentan a un hinchado sector público y a una agricultura anticuada.
Bagdad, Iraq. Las atiborradas aceras de la calle de Sanaa ofrecen una imagen de la economía de Iraq, una bulliciosa meca empresarial que es un cruce entre el Silicon Valley y la película de vaqueros ‘Deadwood’ de la HBO, donde los jóvenes y ambiciones logran sus fortunas, si no son asesinados primero.
Los solemnes pasillos del edificio del ministerio del Interior dan otra imagen. Aquí, hombres y mujeres ociosos barajan papeles y miran con ambivalencia cuando los visitantes extranjeros se arrastran de oficina en oficina a la búsqueda del elusivo sello que les permitirá quedarse en Iraq.
Umm al Shabab, una somnolienta aldea agrícola junto al Río Eúfrates, muestra otro lado de la remendada economía iraquí: Los aparceros usan herramientas antiguas para arar los últimos terrenos de trigo y cebada en la cansada tierra.
Considerado como un todo, el paisaje económico iraquí sigue siendo despilfarrador y primitivo, con un toque de lo postmoderno, un toque de feudalismo y una fuerte dosis de una tediosa burocracia estatal que consume gran parte de los recursos y energía del país.
Los analistas calculan que el producto nacional bruto de Iraq creció de 20.5 billones de dólares en 2002 a 29.3 billones de dólares el año pasado, y el presidente Bush ha destacado los signos de vitalidad económica, como las ventas en el sector de consumos y las nuevas empresas privadas. Pero los analistas creen que estos meneos tienen efectos limitados, debido a la ausencia de infraestructura y a décadas de abandono.
Aunque funcionarios americanos en Bagdad dijeron hace poco que la economía iraquí creció en 2005 entre un 3 a 4 por ciento, la Unidad de Inteligencia Económica [Economist Intelligence Unit] declaró que el producto nacional bruto de Iraq bajó en un 3 por ciento en 2005, aunque predijo que volvería a aumentar en 2006.
"Pero ser fundamentalmente optimista sería ir demasiado lejos", dijo Michael O’Hanlon, investigador de la Brookings Institution de Washington, sobre la economía iraquí. "La economía está cambiando gradualmente. En 2005, Iraq estaba haciendo agua, con un pequeño movimiento hacia adelante. 2006 será fundamentalmente lo mismo, y la resistencia impedirá la recuperación".
En una conferencia reciente funcionarios estadounidenses en Bagdad dijeron que las elecciones iraquíes de diciembre, de un gobierno con un mandato de cuatro años, traería la estabilidad necesaria para mejorar las condiciones económicas. Se han destinado más de 18 billones de dólares en fondos de ayuda y reconstrucción.
En una excursión reciente por Bagdad en helicóptero, funcionarios estadounidenses señalaron la planta de tratamiento de aguas, el terminal del Aeropuerto Internacional de Bagdad, el edificio del ministerio del Medio Ambiente, dos centrales eléctricas y una academia de policía para demostrar que los fondos americanos de reconstrucción estaban siendo bien utilizados.
Esos proyectos de vitrina pueden agradar a los contribuyentes estadounidenses, pero rara vez apaciguan a los iraquíes. Norteamericanos e iraquíes usan diferentes criterios a la hora de medir los progresos en Iraq: los americanos elogian los grandes pasos adelante desde la invasión norteamericana de marzo de 2003, y los iraquíes son incapaces de olvidar los tiempos relativamente prósperos de fines de los ochenta, antes de la Guerra del Golfo Pérsico y una docena de años de sanciones que destruyeron la infraestructura y la clase media iraquí.
Además, muchos aquí y en el extranjero dicen que las inversiones son a veces despilfarradas en el hinchado sector público de Iraq, que sigue sin reformar y ahoga el potencial comercial de Iraq.
Engordado bajo Saddam Hussein para ocultar el desempleo, el sector público emplea a casi la mitad de la fuerza de trabajo del país. Desde la invasión, los salarios oficiales han aumentado dramáticamente, reforzando todavía más la costumbre por la que los iraquíes esperan ser bien pagados por aparecerse por trabajos que son esencialmente innecesarios.
Por ejemplo, todos los visitantes extranjeros en Iraq, incluyendo hombres de negocios, deben gastar horas, al llegar y al salir de Iraq, inscribiéndose en el departamento de extranjería del ministerio del Interior, un kafkiano laberinto de pasillos llenos de funcionarios ociosos que no hacen mucho más que pedir sobornos por llevar los documentos de una oficina a otra.
Para los iraquíes el sistema es todavía más implacable, ya que ignora el mérito y recompensa las conexiones. Hind Absulmunim, una mujer de 26 graduada de la escuela de bellas artes, pidió trabajo como maestra. Su solicitud no llegó a ninguna parte hasta que intervino su madre, que conocía a alguien que conocía a alguien.
"Yo solicité como todo el mundo en el ministerio de Educación, pero como todo el mundo sabe, se necesitan conexiones para que las funcionen las oficinas en Iraq", dijo.
La corrupción endémica y la constante amenaza de ataques de la resistencia han mantenido alejados a los inversores extranjeros. Un reciente informe del senado norteamericano decía que "la corrupción no ha menguado y no debemos esperar que ocurra en los próximos tiempos".
En el lado positivo, PepsiCo ha renovado su asociación con la compañía bagdadí productora de refrescos que había montando en 1990 pero que tuvo que rescindir debido a las sanciones.
Pero de los bancos extranjeros con licencia para abrir sucursales en Iraq, ninguno lo ha hecho debido a problemas de seguridad.
El puñado de empresarios occidentales que viene a Iraq gastan miles de dólares en el alquiler de vehículos blindados y helicópteros para cubrir la ruta de nueve kilómetros desde el aeropuerto hasta el centro comercial de Bagdad.
Desde mayo de 2003 han sido asesinados más de 300 contratistas civiles no-iraquíes, según un estudio de Brookings, y un reciente informe del gobierno estadounidense concluye que 25 centavos de cada dólar gastado en la reconstrucción de Iraq se destina a seguridad.
Muchos de los ciudadanos más ricos de Iraq, aterrados por los problemas de seguridad, han abandonado el país.
"El dinero ha sido aparcado fuera", dijo un funcionario occidental involucrado en asuntos económicos de Iraq, que habló a condición de conservar su anonimato. "Hemos hablado con empresarios iraquíes en el exterior. Quieren lo mismo que todo el resto del mundo. Quieren seguridad. Quieren incluso mejores escuelas para sus niños, cuando vuelvan".
La agricultura continúa asediada de dificultades, cogida entre la ineficiencia de la planificación central del viejo régimen y la promesa todavía no cumplida de la economía de libre mercado.
Visto desde un helicóptero del ejército norteamericano, la tierra agrícola en las riberas de los ríos Tigris y Eúfrates hace recordar al Valle de San Joaquín, California, con sus campos cultivados que se extienden por kilómetros en todas direcciones. Pero a diferencia de la agricultura comercial estadounidense, esta es una tierra de aldeas de adobe y familias que se visten a la usanza tribal tradicional y que a menudo trabajan los campos con herramientas primitivas.
Como todos los iraquíes, los campesinos carecen de electricidad y son víctimas de un sistema corrupto de subvenciones a los precios y subsidios. El soborno está extendido, permitiendo que los terratenientes ricos vendan cosechas de baja calidad a altos precios, dijo Ali Abu Areef, 52, que trabaja una granja de 2 hectáreas en la ribera oriental del Río Eúfrates cerca de Nayaf. Areef dijo que gana 500 dólares al año y tiene deudas por ocho mil dólares.
La agricultura, considerada en Estados Unidos y Europa un oficio noble, en Iraq es el escalón más baja del orden social.
"Nos trataron injustamente durante la época de Saddam; y nos tratan injustamente ahora", dijo Areef, cuya granja mantiene a sus cuatro esposas y otros 28 familiares.
"Los subsidios del gobierno van hacia los terratenientes ricos", dijo Areef. "Los otros recogen las migajas".
Gran parte del trabajo todavía lo hacen aparceros como Kashash Yassin Mashhadi, 85, que vive con sus dos esposas y ocho hijos en Umm al Shabab, a 16 kilómetros al este de Nayaf. La casa y la propiedad son propiedad de dos hombres, uno el hermano de un edil de la ciudad de Nayaf.
Mashhadi recibe un porcentaje de las ventas de los dátiles, arroz y trigo que cultiva. Riega con agua bombeada directamente del Eúfrates usando el mismo motor de gasolina que genera electricidad para su casa de ladrillos.
"También bebemos de ese agua porque nunca ha habido un proyecto de agua para la aldea", dijo.
Los signos de vitalidad aparecen en Iraq en el sector privado. Los iraquíes ambiciosos se concentran en lugares como la calle de Sanaa, la capital de la tecnología de punta de Iraq, donde los niños empujan carretones de madera atiborrados de las últimas generaciones de impresoras y ordenadores portátiles.
El Grupo Nabaa, una de las firmas más grandes de la calle, inauguró recientemente una brillante tienda de tres pisos con una pulida fachada de cristal.
"Esperamos que por una vez al menos el sector privado tenga prioridad en Iraq", dijo Ali Mizban Sulayman, director de la empresa, la que en 2004 tuvo beneficios de 15 millones de dólares. "En contraste con los trabajos del gobierno, la gente que trabaja aquí adora sus trabajos".
Pero la falta de herramientas comerciales de Iraq quiere decir que lugares como la calle de Sanaa emergen poco más que como pequeños y coloridos milagros. Un informe dado a conocer el mes pasado por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado cita a diplomáticos estadounidenses y a líderes empresariales iraquíes diciendo que la falta de seguridad y la falta de una infraestructura mercantil básica "impiden el despegue de la economía".
Esta infraestructura incluye no sólo energía y comunicaciones, sino también transporte fiable, leyes básica que regulen el comercio y un sistema de libre mercado que privatice el sector de propiedad del estado y ponga fin a los subsidios.
El sector comercial cojea, dijo el informe del Congreso, por el hecho de que el 90 por ciento de los capitales están en manos de dos bancos estatales que son incapaces de transferir fondos electrónicamente.
Y la calle de Sanaa no es inmune a la incesante violencia en el país y al caos. Hace seis meses, Roget Nasser, empleado de una firma de ordenares, fue matado a balazos a plena luz del día cuando se resistió a un intento de secuestro.
"Oímos gritos y disparos", dijo Sarmad Mahmoud Ismail, colega de Nasser. "Lo vimos tendido en la calle en un charco de sangre a diez metros de la tienda".
Sin embargo, Sulayman, director del Grupo Nabaa, dice que el negocio ha subido espectacularmente desde la caída de Hussein y ha terminado con muchas de las restricciones del anterior régimen. "Antes, si querías vender un scanner, tenías que tener permiso del gobierno", dijo.
Más que políticas creativas, los expertos dicen que gran parte del crecimiento económico del país hasta el momento puede ser atribuido a la anulación de los obstáculos de la era de Hussein.
"Si abres las fronteras, traes dinero de fuera y terminas con las sanciones internacionales, se generará crecimiento", dijo Frederick Barton, ex funcionario de la USAID y de Naciones Unidas que trabaja ahora para Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington [Center for Strategic and International Studies].
Ahora que el auge post-invasión ha amainado, el reto es buscar un modo de superar la corrupción de Iraq y gastar los 2 millones de barriles de petróleo que produce el país al día de modo que incremente la estabilidad del país en lugar de despilfarrarlos en salarios para el sector público.
Los beneficios del petróleo constituyen el 98 por ciento de las ganancias que generan las exportaciones iraquíes, y paga al menos el 90 por ciento del presupuesto de 21 billones de dólares del gobierno, de acuerdo a estimaciones oficiales e independientes. Pero los ataques de la resistencia contra la infraestructura han costado al país billones de dólares en beneficios perdidos en una época en que el precio del petróleo en el mundo ha subido enormemente, dicen funcionarios iraquíes.
"La gran pregunta de este año será cómo se va a repartir del petróleo", dijo O’Hanlon, de la Brookings, "y cómo va a repercutir en la cohesión política del estado".

 

Daragahi y Smith informaron desde Bagdad y Richter desde Washington. Maggie Farley en Nueva York y Saif Rasheed en Bagdad y Saad Fakhrildeen en Nayaf contribuyeron a este reportaje.

2 de enero de 2006

©los angeles times
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