rebeldes atacan ministerio
[Slodoban Lekic] Del Interior, en Bagdad.
Bagdad, Iraq. El lunes temprano los rebeldes atacaron el fuertemente custodiado ministerio del Interior de Iraq, y mataron a dos agentes de policía, dijeron funcionarios. Los abogados de Saddam Hussein se quejaron de que no tendrán suficiente tiempo para preparar su defensa, que el gobierno fijó oficialmente para el 19 de octubre.
El ataque en Bagdad sólo duró unos 10 minutos, dijo el mayor de policía Falah al-Hamdani. Cinco policías quedaron heridos. La resistencia ataca frecuentemente a las fuerzas de seguridad iraquíes, aunque audaces ataques diurnos en la capital, contra blancos fuertemente defendidos, como el ministerio del Interior, son raros.
Las guerrillas, que utilizaron lanzagranadas y armas automáticas, se retiraron después del corto enfrentamiento. No quedó claro si sufrieron bajas.
Al menos cuatro helicópteros americanos Apache y Blackhawk fueron avistados sobrevolando el centro de Bagdad horas después del tiroteo. A los Apache se unieron luego patrullas militares en vehículos blindados que barrieron las calles en un aparente intento de capturar a los atacantes.
En las últimas semanas se han dado repetidas advertencias de que los rebeldes podían estar preparando una serie de ataques en Bagdad contra objetivos de alto perfil, como instalaciones del gobierno iraquí, embajadas extranjeras y hoteles donde alojan contratistas extranjeros.
Abdel-Haq Alani, asesor jurídico de la familia de Saddam, dijo el domingo que empezar el juicio el próximo mes "perjudicaría la capacidad de la defensa para revisar el caso".
Estaba reaccionando a un anuncio hecho por el principal portavoz del gobierno, Laith Kubba, el domingo, de que Saddam y siete otros ex ayudantes serían juzgados el 19 de octubre por la masacre en 1982 de 143 musulmanes chiíes en Dujail, una ciudad al norte de Bagdad.
El anuncio de Kubba confirmó informes oficiosos de que el primer juicio de Saddam y sus lugartenientes más importantes empezaría en los días posteriores al referéndum nacional del 15 de octubre sobre la constitución iraquí.
Juzgar a Saddam tan pronto después del referéndum podría inflamar aun más las tensiones entre los árabes sunníes, muchos de los cuales se oponen al borrador de constitución.
Si se lo condena, Saddam y los otros pueden recibir la pena de muerte.
Alani dijo que la defensa no había recibido ninguna notificación oficial sobre la fecha, pero se quejó de que si empezaba el 19 de octubre, no tendrían suficiente tiempo para prepararse.
"¿Cómo puede alguien revisar miles y miles de páginas en cuestión de días?", dijo a la Associated Press por teléfono desde Londres. "Este tribunal ha estado deliberando sobre las evidencias durante al año pasado, pero las han prohibido para la defensa, lo que no es justo".
El gobierno chií-kurdo de Iraq está convencido de que acelerar los juicios de Saddam expondrá los crímenes de su régimen y minará el apoyo de que goza en la resistencia sunní.
Los militares norteamericanos dijeron que sus tropas detuvieron a siete rebeldes sospechosos durante un allanamiento el viernes en la mañana en el distrito de al-Rashid, al oeste de Bagdad.
Durante el allanamiento, soldados del Destacamento Especial de Bagdad hallaron armas por un valor de 600.000 dólares en moneda iraquí y uniformes de policía falsos, se leía en una declaración militar emitida el lunes.
El domingo, las tropas americanas mataron a siete rebeldes en la norteña ciudad de Tal Afar, incluyendo a seis que habían disparado a los americanos desde una mezquita, dijo el mando americano. Oficiales iraquíes dijeron que rebeldes bien armados controlaban el centro de Tal Afar y sus filas incluían a milicianos de Yemen, Siria, Arabia Saudí y otros países árabes.
Según testigos oculares, hubo el lunes choques esporádicos.
Otros desarrollos:
-La policía de Badgad dijo que nueve civiles murieron durante la noche o el lunes temprano en varios incidentes separados.
-Cuatro civiles murieron y otros cuatro quedaron heridos cuando varios impactos de mortero golpearon su vecindario el lunes en la ciudad de Baquba, al norte de Bagdad, dijo la policía.
5 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. El lunes temprano los rebeldes atacaron el fuertemente custodiado ministerio del Interior de Iraq, y mataron a dos agentes de policía, dijeron funcionarios. Los abogados de Saddam Hussein se quejaron de que no tendrán suficiente tiempo para preparar su defensa, que el gobierno fijó oficialmente para el 19 de octubre.El ataque en Bagdad sólo duró unos 10 minutos, dijo el mayor de policía Falah al-Hamdani. Cinco policías quedaron heridos. La resistencia ataca frecuentemente a las fuerzas de seguridad iraquíes, aunque audaces ataques diurnos en la capital, contra blancos fuertemente defendidos, como el ministerio del Interior, son raros.
Las guerrillas, que utilizaron lanzagranadas y armas automáticas, se retiraron después del corto enfrentamiento. No quedó claro si sufrieron bajas.
Al menos cuatro helicópteros americanos Apache y Blackhawk fueron avistados sobrevolando el centro de Bagdad horas después del tiroteo. A los Apache se unieron luego patrullas militares en vehículos blindados que barrieron las calles en un aparente intento de capturar a los atacantes.
En las últimas semanas se han dado repetidas advertencias de que los rebeldes podían estar preparando una serie de ataques en Bagdad contra objetivos de alto perfil, como instalaciones del gobierno iraquí, embajadas extranjeras y hoteles donde alojan contratistas extranjeros.
Abdel-Haq Alani, asesor jurídico de la familia de Saddam, dijo el domingo que empezar el juicio el próximo mes "perjudicaría la capacidad de la defensa para revisar el caso".
Estaba reaccionando a un anuncio hecho por el principal portavoz del gobierno, Laith Kubba, el domingo, de que Saddam y siete otros ex ayudantes serían juzgados el 19 de octubre por la masacre en 1982 de 143 musulmanes chiíes en Dujail, una ciudad al norte de Bagdad.
El anuncio de Kubba confirmó informes oficiosos de que el primer juicio de Saddam y sus lugartenientes más importantes empezaría en los días posteriores al referéndum nacional del 15 de octubre sobre la constitución iraquí.
Juzgar a Saddam tan pronto después del referéndum podría inflamar aun más las tensiones entre los árabes sunníes, muchos de los cuales se oponen al borrador de constitución.
Si se lo condena, Saddam y los otros pueden recibir la pena de muerte.
Alani dijo que la defensa no había recibido ninguna notificación oficial sobre la fecha, pero se quejó de que si empezaba el 19 de octubre, no tendrían suficiente tiempo para prepararse.
"¿Cómo puede alguien revisar miles y miles de páginas en cuestión de días?", dijo a la Associated Press por teléfono desde Londres. "Este tribunal ha estado deliberando sobre las evidencias durante al año pasado, pero las han prohibido para la defensa, lo que no es justo".
El gobierno chií-kurdo de Iraq está convencido de que acelerar los juicios de Saddam expondrá los crímenes de su régimen y minará el apoyo de que goza en la resistencia sunní.
Los militares norteamericanos dijeron que sus tropas detuvieron a siete rebeldes sospechosos durante un allanamiento el viernes en la mañana en el distrito de al-Rashid, al oeste de Bagdad.
Durante el allanamiento, soldados del Destacamento Especial de Bagdad hallaron armas por un valor de 600.000 dólares en moneda iraquí y uniformes de policía falsos, se leía en una declaración militar emitida el lunes.
El domingo, las tropas americanas mataron a siete rebeldes en la norteña ciudad de Tal Afar, incluyendo a seis que habían disparado a los americanos desde una mezquita, dijo el mando americano. Oficiales iraquíes dijeron que rebeldes bien armados controlaban el centro de Tal Afar y sus filas incluían a milicianos de Yemen, Siria, Arabia Saudí y otros países árabes.
Según testigos oculares, hubo el lunes choques esporádicos.
Otros desarrollos:
-La policía de Badgad dijo que nueve civiles murieron durante la noche o el lunes temprano en varios incidentes separados.
-Cuatro civiles murieron y otros cuatro quedaron heridos cuando varios impactos de mortero golpearon su vecindario el lunes en la ciudad de Baquba, al norte de Bagdad, dijo la policía.
5 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
la guerra de amal
[Anthony Shadid] El diario de una niña de Bagdad describe la lucha diaria por sobrevivir en la guerra.
Bagdad, Iraq. En marzo de 2003, la guerra tanto tiempo esperada llegó a Bagdad, y el apartamento de Amal Salman, una inquieta niña que cumpliría 14 esa semana, estaba tranquilo.
Estaba con su madre, Karima, y sus cuatro hermanas, todas ellas reluctantes a dejar la relativa seguridad de su casa, que estaba junto a una transitada calle de cuatro vías en el barrio obrero de Karrada. Su apartamento de tres habitaciones daba a una floja acera de ladrillos y se entraba a través de una abollada y oxidada puerta de acero. Las ratas corrían por debajo de muebles desechados apilados en el corredor; había cables colgando del techo.
Dentro, la monotonía del aislamiento de tiempos de guerra controlaba sus vidas. Por las mañanas compartían un azucarado té con los vecinos, los que, a su vez, compartían rumores febrilmente obtenidos de que el ejército americano había empezado a avanzar cruzando los valles de los ríos Tigris y Eúfrates. Por la noche, al toque de la hora, trataban de captar las señales de las transmisiones en lengua árabe de Radio Monte Carlo, para escuchar lo que consideraban informes imparciales de la guerra -la mera mención de ciudades y pueblos sureños como Umm Qasr, Nasiriya, Basra y Nayaf, provocaban el temor de los que tenían parientes que eran soldados o residentes allá. En silencio, buscaban radios para enterarse de cualquier detalle sobre los combates cerca de Mosul, en el norte, donde su hermano Ali, un tímido y macilento soldado, estaba asignado a una batería anti-aérea.
"Él no tenía miedo", dijo con orgullo Fátima, 16, la mayor de las hermanas de Amal.
Su madre dio a Fátima una mirada de desaprobación. "Por supuesto que tenía miedo", espetó. "Es ansioso. Y nosotras estábamos angustiadas por él. Pero Dios está presente".
A veces, reunidas como esa noche, Amal y sus risueñas hermanas rompieron en un filosófico canto por el presidente Saddam Hussein, revertiendo los lemas que habían oído tan a menudo. Parecía que lo estaban haciendo más por miedo o por hábito que por lealtad. "Que Dios proteja a Saddam", empezaría una de las hermanas. Las otras dirían: "El presidente es el país, y el país es el presidente". Aunque mostraban hostilidad hacia los americanos y la guerra, parecían estar repitiendo lo que habían sido obligadas a decir y creer siempre. Su celo parecía fingido; a veces, simplemente enmascarada confusión. Como a menudo en Iraq, eran espectadores de un drama que ellas no habían provocado.
De ellos, la precoz Amal era el más entusiasta. Todavía torpe, colocaba su cara en sus manos, los hombros hundidos. Su risita adolescente ocultaba una mente de aguda inteligencia y curiosidad. Como muchas niñas de su edad, era miembro de la sección juvenil del Partido Baaz. Más que sus hermanas, dijo lo que esperaba, en el estilo que ella conocía.
"Si un extranjero quiere entrar a Bagdad en paz, lo recibiremos como a un hermano", dijo. "Si un extranjero quiere entrar como enemigo, todas las familias se echarán a las calles a expulsarlos, incluso con piedras. Si no pueden arrojar piedras, arrojarán tierra".
Su madre miraba pensativa, un poco extraviada.
Llorando por Todo lo Valioso
Antes de que empezara la guerra, Amal había empezado a llevar un diario, que guardaba en una gaveta en el apartamento de la familia. Sus pasajes son una historia de la guerra vista a través de los ojos cada vez más maduros de una niña brillante, pero aislada. En días de su diario -unos simple cronología, otros filosóficos- describió las experiencias de su familia en la capital y trató de hacer sentido de su mundo, encaramada entre un inminente fin y un incierto principio.
Pronto se rompió la encuadernación del diario, y su andrajosa cubierta era mantenida en su lugar con papel de diario. Las palabras habían sido garrapateadas por la mano de una niña, la inclinada escritura de su inseguro árabe. A menudo escribía tendida en el suelo, con su pelo negro y trenzado cayendo hacia atrás mientras ella se agachaba sobre el diario, su cabeza a un aliento de las palabras que escribía. Su trabajo era iluminado por luces parpadeantes o -durante los frecuentes apagones- por una lámpara de parafina o una vela barata que despedía humo negro. Su mensaje no era político; durante la guerra, no escribió el nombre de Hussein ni una sola vez. En sus días, define la guerra como el modo más simple, más humano, simplemente como la lucha por la supervivencia. Temía los veredictos arbitrarios e inapelables de la guerra.
Empezó de manera sencilla, con la tradicional invocación religiosa: "En nombre de Dios el misericordioso, el compasivo.
"Mi nombre es Amal. Tengo una familia feliz compuesta por nueve personas: tres hermanos, que son Ali, soldado en Mosul; Mohammed, grabador; y Mahmoud, estudiante. Hay cinco hermanas: Fátima, que ayuda a mi madre en casa; Zainab; Amal; y mis hermanas gemelas, Duaa y Hibba. Estoy muy orgullosa de mi madre porque es una buena persona, que trabaja para alimentarnos porque mi padre murió cuando éramos niñas".
Amal había sido absorbida por las preparaciones de Bagdad antes de que empezara la guerra. Su familia tenía poco dinero. Durante años, su madre había vendido chicles en una estera de lona en la calle y ahora amasaba pan para los vecinos; su padre lisiado, herido seis veces en las guerras de Iraq con Irán y Estados Unidos, había muerto durante el mes santo de Ramadán en 1996, cuando se rompieron los frenos de su coche. Ahora, la inflación de preguerra ponía a prueba su magro presupuesto. Una bandeja de 24 huevos costaba ahora casi tres veces más. Las panaderías habían cerrado, y el pan era caro y escaso. En esos días, visitaban el mercado pero no encontraron demasiado que pudieran comprar. Algunos de sus vecinos más acomodados habían abandonado sus apartamentos en el edificio, buscando seguridad en el campo.
"Estamos usando el agua y tenemos miedo de que la corten, junto con la electricidad. Duaa y Hibba piden a Dios todo el tiempo, que evite la guerra", escribió Amal sobre su hermana gemela menor. "Fátima tiene esperanzas de que no habrá guerra".
"Alabamos a Dios por todo", escribió, "pero me gustaría que no hubiera guerra".
Poco a poco, a medida que se acercaba la invasión, todas las piezas de la vida corriente de Amal empezaron a derrumbarse, una por una. Fue a la escuela con su hermana Zainab, 15, una chica reservada, sólo para encontrar allá a un puñado de niñas. Así que volvieron a casa.
Con su vida tambaleándose, la madre de Amal lloraba a menudo, a veces incontrolablemente. A menudo, al ver sus lágrimas, sus hijas también se echaban a llorar. Ellas buscaban su consuelo, y su debilidad les aterraba. Duaa y Hibba, las dos de 11, leerían el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, para tranquilizarse. Amal seguiría agachada sobre su diario, escribiendo.
"Mis ojos lloran por todo lo que es precioso", escribió en un párrafo.
El 20 de marzo, a las 5:34 de la mañana, a oscuras durante otro apagón, escucharon la llegada anticipada de la guerra. Seis buques de guerra norteamericanos en el Golfo Pérsico dispararon 40 misiles de crucero y lanzaron bombas de precisión contra un búnker en las afueras de Bagdad, en el que funcionarios de la inteligencia americana creían que se ocultaba Hussein. Pasó un minuto antes de que las sirenas de alarma de bombardeo aéreo empezaran a ulular, y más tiempo todavía antes de que sonara el staccato del fuego antiaéreo, brincando por el cielo gris antes del amanecer.
"Por favor, Dios, sálvanos. Tenemos tanto miedo", escribió Amal.
Sus pensamientos se volvieron a Ali. "Por favor, Dios", escribió simplemente, "protege a mi hermano".
Dadnos Paz y Seguridad
Para Amal y su familia, la fe no era una cuestión de fanatismo religioso. Ni siquiera era piedad, realmente. Daba cadencia a sus vidas. Como el llamado musulmán a la oración, propagado desde los minaretes cinco veces al día, empezando al amanecer, la religión ordenaba el día. Era clara, ofrecía simplicidad y servía como refugio familiar en tiempos difíciles. En el diario de Amal hay escenas entremezcladas de sus vecinos leyendo el Corán, sus páginas usualmente aprendidas de memorias. Las gemelas a menudo recitaban oraciones -poco más que súplicas para que parara la guerra- y se podían oír oraciones similares en todo el edificio.
"Dios, dadnos paz y seguridad".
Amal escribió a menudo esta frase en las páginas íntimas de su diario.
En televisión, durante la guerra, la familia de Amal y el resto de Bagdad estuvieron sometidos a un montón de canciones patrióticas, imágenes de soldados marchando a paso de ganso y de Hussein disparando al aire. Aunque el poder aéreo americano encontró poca resistencia en la capital, la propaganda continuaba, para pesar de los estrategas americanos de la guerra. Sin embargo, en el diario de Amal, las fanfarronadas eran escasas. Cuando caían las bombas, ella y su familia se acurrucaban en la sucia escalera del edificio en penumbras, con los vecinos que de momento habían dejado sus disputas de lado -las que surgen cuando demasiada gente se ve obligada a compartir un pequeño espacio. La gente intercambiaba rumores, a menudo salvajes especulaciones, que aterrorizaban a la familia de Amal.
"Vino a vernos el vecino", escribió Amal. "Dijo que habían bombardeado el Comando de la Defensa Civil, a sólo veinte minutos de nosotros. Lo volvieron a bombardear a las 10:45, y otra vez, y otra vez. Sintonicé la radio. Los boletines decían que Estados Unidos había bombardeado dos palacios principales en el Tigris, a las 10:50. Yo estaba en el corredor del apartamento con Um Haider y Um Saif, y hablamos sobre la guerra. Luego, a las 11:10, el ataque terminó y mi madre dijo: "Gracias a Dios". Um Haider dijo: "Es sólo por 10 minutos. Volverán a bombardearnos".
En los primeros días de la guerra, la vida eran apagones, sirenas de alarma de bombardeos aéreos, estallidos que sacudían el mal construido edificio, y miedo. "Estoy sentada en el corredor frente al apartamento, junto a mi madre", escribió Amal en una de las peores noches de bombardeos. "Ahora, a las 9:25, las explosiones son cada vez más fuertes". El relato continúa después, su letra menos temblorosa. "Colocas la radio, pero no dicen toda la verdad. Son las 11:35. Fátima piensa que es lo mismo estar muertos que vivos".
A medida que pasaban los días, la familia de Amal se preguntaba una y otra vez cuándo terminarían los bombardeos y cuándo empezarían de nuevo. Pasaban las noches sin dormir, y a medida que se alargaba la guerra, las sirenas de alarma se hacían cada vez más desorientadoras. ¿Esa sirena... marcaba el inicio o el fin del ataque aéreo? Se hacía difícil llevar la cuenta. Afuera, las tormentas de arena, feroces como nunca, envolvían al sol en tintes de rojo, marrón y un macilento amarillo.
"La ira del cielo castiga con el tiempo a la tierra y la gente", escribió Amal.
Por Qué Hay Guerra
La frágil e remendada red del tendido eléctrico de Bagdad no estaba a la altura de la guerra, y cedía día a día. Durante horas a la vez, la casa de Amal quedaría sumida en la oscuridad. A veces, la familia sacaría lámparas y velas, dando al apartamento un suave brillo. La electricidad volvería una y otra vez, creando la apariencia de normalidad.
Sin embargo, el 3 de abril, las luces no volvieron; las sombras se quedaron con la guerra alcanzaba su clímax. "Estamos en la oscuridad, no hay luz y no podemos ver nada, ni siquiera las escaleras junto a la puerta. Nadie ve nada debido a la oscuridad", escribió Amal. "Oh, Dios, ilumina a Iraq con Tu esplendorosa luz".
Al día siguiente, los grifos de la cocina y de los lavabos arrojaron agua durante unos momentos. Siguió una toz, luego un resuello, y las tuberías volvieron a callar.
"Salimos a buscar agua y hallamos que todas los grifos estaban secos", dijo Amal en uno de sus días. "Madre salió a hacer pan a las 3:30 y dijo, Dios, tampoco hay agua".
El apagón marcó un nuevo capítulo en una guerra que sería sorprendentemente breve, al menos para los iraquíes, que creían y temían mucho más de Hussein. Ahora había más que bombardeos a los que hacer frente. En la última semana de la invasión, un ejército extranjero había sitiado Bagdad por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. En su reclusión, la familia de Amal trató de enterarse de su curso a través de sonidos, miradas, fugaces palabras en la radio, todo en secreto. Los vecinos asomaban sus cabezas a través de la estropeada puerta de madera del apartamento, especulando con cualquiera que se quisiera oír sobre lo lejos que habían llegado los soldados norteamericanos -al aeropuerto, al campamento de Rashid, su propio vecindario de Karrada. Abu Saif, un vecino, predijo que los soldados empezarían a lanzarse en paracaídas en la ciudad envuelta en la oscuridad.
"¿Por qué?", escribió Amal, sus preguntas apuntadas en ráfagas. "¿Es la culpa de esos soldados que fueron matados? ¿Por qué está pasando esta guerra?"
Cuando las tropas americanas avanzaron a través del sur de Iraq y se acercaron a las afueras de Bagdad, las explosiones se hicieron más violentas. Un vecino dijo que los estallidos más potentes era bombas de fragmentación. "No sabíamos lo que significaba", escribió Amal.
Que Dios Se Apiade de Nosotros
El 5 de abril, los americanos rompieron las defensas de Bagdad por primera vez. La incursión de 30 tanques Abrams y vehículos de combate Bradley fue breve pero devastadora. Los escombros siguieron ardiendo largo tiempo después del ataque: tanques iraquíes calcinados y carbonizados camiones de soldados yacían desparramados a lo largo de una calle.
Para Amal, la ciudad que se había enfrentado a la guerra desde el aire, tomaba ahora posición para la batalla. Los milicianos del Partido Baaz se multiplicaron dramáticamente, superando a los vecinos en las calles. Miembros de los Fedayines de Saddam, una fuerza militar pobremente adiestrada pero especialmente fanática, se reunieron debajo de los puentes y se mezclaron con grupos de soldados debajo de la copa de las palmas.
Los últimos días fueron los más desoladores en Bagdad, a medida que las tropas americanas marchaban sobre los suburbios de la ciudad. Como es su tradición, desplegaron una fuerza abrumadora, a menudo obliterando la distinción entre vehículos civiles y militares cuando se hacían camino. Los hospitales se desbordaron de heridos, y las salas de emergencia estaban llenas de moscas y el hedor de sangre, suciedad y desinfectantes. En un hospital, los refrigeradores en la morgue estaban estropeados, y los cuerpos se apilaban unos sobre otros, corrompiéndose en el calor.
"Oímos el sonido de armas de fuego, muy cerca del edificio", escribió Amal. "Vino Um Mohamed a decirnos que los americanos estaban aterrizando en Bagdad".
El 7 de abril, dos días después de la primera incursión americana en la capital, los soldados estadounidenses habían entrado hasta el corazón mismo de la ciudad, capturando el Palacio Republicano. La batalla no había terminado, pero las calles que habían asumido tan rápidamente un porte marcial, también perdieron rápidamente el espíritu de lucha. El temor que mantenía la disciplina empezó a desvanecerse mientras se acercaba el fin del gobierno, su alcance reduciéndose después de un largo período en el poder.
Había escenas dispersas de una burocracia todavía funcionando, especialmente los buses rojos que todavía, fantasmagóricamente, hacían sus trayectos. Pero las vistas más comunes eran de una ciudad derrumbándose. Las posiciones protegidas por sacos de arena que salpicaban los puentes y cruces de la ciudad fueron abandonadas, dejando atrás los lemas de "Muerte por el Martirio", irónicamente desmentidos. En un estado policial que se desintegraba rápidamente, no se veía policías en ninguna parte. Las señalizaciones de la carretera que antes dirigían el tráfico hacia Mosul en el norte, donde estaba asignado Alí, estaban derrumbadas a lo largo del bandejón. Incluso antes de que cayera, Bagdad parecía conquistada.
"Los aviones volaron sobre nuestro edificio", escribió Amal el 17 de abril. "Cada vez que pasaban, repetimos: ¡Dios es grande!' Tenemos miedo y estamos tensos. Es oscuro, el cielo está cubierto de humo. Que Dios se apiade de nosotros".
En la casa de Amal, la guerra urbana sólo sembraba confusión. Nadie conocía la situación precisa de la ciudad. La familia escuchaba la BBC, que informó sobre la caída del Palacio Republicano a manos americanas. Luego sintonizaron la radio iraquí, cuyos anuncios suplicaban a los iraquíes unirse a los militares: "Levántate contra la opresión y la tiranía. Desenvaina la espada de la justicia frente a la falsedad".
"¿Qué va a pasar ahora?", escribió Amal. "No lo sabemos".
Las horas que siguieron se llenaron de escenas que nunca había visto antes: Abu Saif les contó sobre los cuerpos quemados que cubrían el puente. Amal oyó el estruendo de los tanques americanos avanzando pesadamente cerca de su casa. Su hermana vio un helicóptero americano en la distancia. La noche del 8 de abril, sus anotaciones fueron breves, en rápida sucesión. Los aviones sobrevolaron su edificio, las explosiones hicieron sacudir su apartamento y se oían tiroteos en la calle. Cuando se acercaba la medianoche, se abrieron las nubes y goteó brevemente. El agua bailaba en el enervado paisaje de marrones, entre el humo de la guerra y el fuego.
De momento, fugazmente, lavó Bagdad.
Al día siguiente, una asoleada mañana de abril, Amal despertó con las noticias en la radio de un vecino. Su diario de ese día fue más corto que la mayoría de los demás. Terminaba con unas pocas palabras.
"Y así", escribió, "Bagdad cayó en manos de los americanos".
5 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. En marzo de 2003, la guerra tanto tiempo esperada llegó a Bagdad, y el apartamento de Amal Salman, una inquieta niña que cumpliría 14 esa semana, estaba tranquilo.Estaba con su madre, Karima, y sus cuatro hermanas, todas ellas reluctantes a dejar la relativa seguridad de su casa, que estaba junto a una transitada calle de cuatro vías en el barrio obrero de Karrada. Su apartamento de tres habitaciones daba a una floja acera de ladrillos y se entraba a través de una abollada y oxidada puerta de acero. Las ratas corrían por debajo de muebles desechados apilados en el corredor; había cables colgando del techo.
Dentro, la monotonía del aislamiento de tiempos de guerra controlaba sus vidas. Por las mañanas compartían un azucarado té con los vecinos, los que, a su vez, compartían rumores febrilmente obtenidos de que el ejército americano había empezado a avanzar cruzando los valles de los ríos Tigris y Eúfrates. Por la noche, al toque de la hora, trataban de captar las señales de las transmisiones en lengua árabe de Radio Monte Carlo, para escuchar lo que consideraban informes imparciales de la guerra -la mera mención de ciudades y pueblos sureños como Umm Qasr, Nasiriya, Basra y Nayaf, provocaban el temor de los que tenían parientes que eran soldados o residentes allá. En silencio, buscaban radios para enterarse de cualquier detalle sobre los combates cerca de Mosul, en el norte, donde su hermano Ali, un tímido y macilento soldado, estaba asignado a una batería anti-aérea.
"Él no tenía miedo", dijo con orgullo Fátima, 16, la mayor de las hermanas de Amal.
Su madre dio a Fátima una mirada de desaprobación. "Por supuesto que tenía miedo", espetó. "Es ansioso. Y nosotras estábamos angustiadas por él. Pero Dios está presente".
A veces, reunidas como esa noche, Amal y sus risueñas hermanas rompieron en un filosófico canto por el presidente Saddam Hussein, revertiendo los lemas que habían oído tan a menudo. Parecía que lo estaban haciendo más por miedo o por hábito que por lealtad. "Que Dios proteja a Saddam", empezaría una de las hermanas. Las otras dirían: "El presidente es el país, y el país es el presidente". Aunque mostraban hostilidad hacia los americanos y la guerra, parecían estar repitiendo lo que habían sido obligadas a decir y creer siempre. Su celo parecía fingido; a veces, simplemente enmascarada confusión. Como a menudo en Iraq, eran espectadores de un drama que ellas no habían provocado.
De ellos, la precoz Amal era el más entusiasta. Todavía torpe, colocaba su cara en sus manos, los hombros hundidos. Su risita adolescente ocultaba una mente de aguda inteligencia y curiosidad. Como muchas niñas de su edad, era miembro de la sección juvenil del Partido Baaz. Más que sus hermanas, dijo lo que esperaba, en el estilo que ella conocía.
"Si un extranjero quiere entrar a Bagdad en paz, lo recibiremos como a un hermano", dijo. "Si un extranjero quiere entrar como enemigo, todas las familias se echarán a las calles a expulsarlos, incluso con piedras. Si no pueden arrojar piedras, arrojarán tierra".
Su madre miraba pensativa, un poco extraviada.
Llorando por Todo lo Valioso
Antes de que empezara la guerra, Amal había empezado a llevar un diario, que guardaba en una gaveta en el apartamento de la familia. Sus pasajes son una historia de la guerra vista a través de los ojos cada vez más maduros de una niña brillante, pero aislada. En días de su diario -unos simple cronología, otros filosóficos- describió las experiencias de su familia en la capital y trató de hacer sentido de su mundo, encaramada entre un inminente fin y un incierto principio.
Pronto se rompió la encuadernación del diario, y su andrajosa cubierta era mantenida en su lugar con papel de diario. Las palabras habían sido garrapateadas por la mano de una niña, la inclinada escritura de su inseguro árabe. A menudo escribía tendida en el suelo, con su pelo negro y trenzado cayendo hacia atrás mientras ella se agachaba sobre el diario, su cabeza a un aliento de las palabras que escribía. Su trabajo era iluminado por luces parpadeantes o -durante los frecuentes apagones- por una lámpara de parafina o una vela barata que despedía humo negro. Su mensaje no era político; durante la guerra, no escribió el nombre de Hussein ni una sola vez. En sus días, define la guerra como el modo más simple, más humano, simplemente como la lucha por la supervivencia. Temía los veredictos arbitrarios e inapelables de la guerra.
Empezó de manera sencilla, con la tradicional invocación religiosa: "En nombre de Dios el misericordioso, el compasivo.
"Mi nombre es Amal. Tengo una familia feliz compuesta por nueve personas: tres hermanos, que son Ali, soldado en Mosul; Mohammed, grabador; y Mahmoud, estudiante. Hay cinco hermanas: Fátima, que ayuda a mi madre en casa; Zainab; Amal; y mis hermanas gemelas, Duaa y Hibba. Estoy muy orgullosa de mi madre porque es una buena persona, que trabaja para alimentarnos porque mi padre murió cuando éramos niñas".
Amal había sido absorbida por las preparaciones de Bagdad antes de que empezara la guerra. Su familia tenía poco dinero. Durante años, su madre había vendido chicles en una estera de lona en la calle y ahora amasaba pan para los vecinos; su padre lisiado, herido seis veces en las guerras de Iraq con Irán y Estados Unidos, había muerto durante el mes santo de Ramadán en 1996, cuando se rompieron los frenos de su coche. Ahora, la inflación de preguerra ponía a prueba su magro presupuesto. Una bandeja de 24 huevos costaba ahora casi tres veces más. Las panaderías habían cerrado, y el pan era caro y escaso. En esos días, visitaban el mercado pero no encontraron demasiado que pudieran comprar. Algunos de sus vecinos más acomodados habían abandonado sus apartamentos en el edificio, buscando seguridad en el campo.
"Estamos usando el agua y tenemos miedo de que la corten, junto con la electricidad. Duaa y Hibba piden a Dios todo el tiempo, que evite la guerra", escribió Amal sobre su hermana gemela menor. "Fátima tiene esperanzas de que no habrá guerra".
"Alabamos a Dios por todo", escribió, "pero me gustaría que no hubiera guerra".
Poco a poco, a medida que se acercaba la invasión, todas las piezas de la vida corriente de Amal empezaron a derrumbarse, una por una. Fue a la escuela con su hermana Zainab, 15, una chica reservada, sólo para encontrar allá a un puñado de niñas. Así que volvieron a casa.
Con su vida tambaleándose, la madre de Amal lloraba a menudo, a veces incontrolablemente. A menudo, al ver sus lágrimas, sus hijas también se echaban a llorar. Ellas buscaban su consuelo, y su debilidad les aterraba. Duaa y Hibba, las dos de 11, leerían el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, para tranquilizarse. Amal seguiría agachada sobre su diario, escribiendo.
"Mis ojos lloran por todo lo que es precioso", escribió en un párrafo.
El 20 de marzo, a las 5:34 de la mañana, a oscuras durante otro apagón, escucharon la llegada anticipada de la guerra. Seis buques de guerra norteamericanos en el Golfo Pérsico dispararon 40 misiles de crucero y lanzaron bombas de precisión contra un búnker en las afueras de Bagdad, en el que funcionarios de la inteligencia americana creían que se ocultaba Hussein. Pasó un minuto antes de que las sirenas de alarma de bombardeo aéreo empezaran a ulular, y más tiempo todavía antes de que sonara el staccato del fuego antiaéreo, brincando por el cielo gris antes del amanecer.
"Por favor, Dios, sálvanos. Tenemos tanto miedo", escribió Amal.
Sus pensamientos se volvieron a Ali. "Por favor, Dios", escribió simplemente, "protege a mi hermano".
Dadnos Paz y Seguridad
Para Amal y su familia, la fe no era una cuestión de fanatismo religioso. Ni siquiera era piedad, realmente. Daba cadencia a sus vidas. Como el llamado musulmán a la oración, propagado desde los minaretes cinco veces al día, empezando al amanecer, la religión ordenaba el día. Era clara, ofrecía simplicidad y servía como refugio familiar en tiempos difíciles. En el diario de Amal hay escenas entremezcladas de sus vecinos leyendo el Corán, sus páginas usualmente aprendidas de memorias. Las gemelas a menudo recitaban oraciones -poco más que súplicas para que parara la guerra- y se podían oír oraciones similares en todo el edificio.
"Dios, dadnos paz y seguridad".
Amal escribió a menudo esta frase en las páginas íntimas de su diario.
En televisión, durante la guerra, la familia de Amal y el resto de Bagdad estuvieron sometidos a un montón de canciones patrióticas, imágenes de soldados marchando a paso de ganso y de Hussein disparando al aire. Aunque el poder aéreo americano encontró poca resistencia en la capital, la propaganda continuaba, para pesar de los estrategas americanos de la guerra. Sin embargo, en el diario de Amal, las fanfarronadas eran escasas. Cuando caían las bombas, ella y su familia se acurrucaban en la sucia escalera del edificio en penumbras, con los vecinos que de momento habían dejado sus disputas de lado -las que surgen cuando demasiada gente se ve obligada a compartir un pequeño espacio. La gente intercambiaba rumores, a menudo salvajes especulaciones, que aterrorizaban a la familia de Amal.
"Vino a vernos el vecino", escribió Amal. "Dijo que habían bombardeado el Comando de la Defensa Civil, a sólo veinte minutos de nosotros. Lo volvieron a bombardear a las 10:45, y otra vez, y otra vez. Sintonicé la radio. Los boletines decían que Estados Unidos había bombardeado dos palacios principales en el Tigris, a las 10:50. Yo estaba en el corredor del apartamento con Um Haider y Um Saif, y hablamos sobre la guerra. Luego, a las 11:10, el ataque terminó y mi madre dijo: "Gracias a Dios". Um Haider dijo: "Es sólo por 10 minutos. Volverán a bombardearnos".
En los primeros días de la guerra, la vida eran apagones, sirenas de alarma de bombardeos aéreos, estallidos que sacudían el mal construido edificio, y miedo. "Estoy sentada en el corredor frente al apartamento, junto a mi madre", escribió Amal en una de las peores noches de bombardeos. "Ahora, a las 9:25, las explosiones son cada vez más fuertes". El relato continúa después, su letra menos temblorosa. "Colocas la radio, pero no dicen toda la verdad. Son las 11:35. Fátima piensa que es lo mismo estar muertos que vivos".
A medida que pasaban los días, la familia de Amal se preguntaba una y otra vez cuándo terminarían los bombardeos y cuándo empezarían de nuevo. Pasaban las noches sin dormir, y a medida que se alargaba la guerra, las sirenas de alarma se hacían cada vez más desorientadoras. ¿Esa sirena... marcaba el inicio o el fin del ataque aéreo? Se hacía difícil llevar la cuenta. Afuera, las tormentas de arena, feroces como nunca, envolvían al sol en tintes de rojo, marrón y un macilento amarillo.
"La ira del cielo castiga con el tiempo a la tierra y la gente", escribió Amal.
Por Qué Hay Guerra
La frágil e remendada red del tendido eléctrico de Bagdad no estaba a la altura de la guerra, y cedía día a día. Durante horas a la vez, la casa de Amal quedaría sumida en la oscuridad. A veces, la familia sacaría lámparas y velas, dando al apartamento un suave brillo. La electricidad volvería una y otra vez, creando la apariencia de normalidad.
Sin embargo, el 3 de abril, las luces no volvieron; las sombras se quedaron con la guerra alcanzaba su clímax. "Estamos en la oscuridad, no hay luz y no podemos ver nada, ni siquiera las escaleras junto a la puerta. Nadie ve nada debido a la oscuridad", escribió Amal. "Oh, Dios, ilumina a Iraq con Tu esplendorosa luz".
Al día siguiente, los grifos de la cocina y de los lavabos arrojaron agua durante unos momentos. Siguió una toz, luego un resuello, y las tuberías volvieron a callar.
"Salimos a buscar agua y hallamos que todas los grifos estaban secos", dijo Amal en uno de sus días. "Madre salió a hacer pan a las 3:30 y dijo, Dios, tampoco hay agua".
El apagón marcó un nuevo capítulo en una guerra que sería sorprendentemente breve, al menos para los iraquíes, que creían y temían mucho más de Hussein. Ahora había más que bombardeos a los que hacer frente. En la última semana de la invasión, un ejército extranjero había sitiado Bagdad por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. En su reclusión, la familia de Amal trató de enterarse de su curso a través de sonidos, miradas, fugaces palabras en la radio, todo en secreto. Los vecinos asomaban sus cabezas a través de la estropeada puerta de madera del apartamento, especulando con cualquiera que se quisiera oír sobre lo lejos que habían llegado los soldados norteamericanos -al aeropuerto, al campamento de Rashid, su propio vecindario de Karrada. Abu Saif, un vecino, predijo que los soldados empezarían a lanzarse en paracaídas en la ciudad envuelta en la oscuridad.
"¿Por qué?", escribió Amal, sus preguntas apuntadas en ráfagas. "¿Es la culpa de esos soldados que fueron matados? ¿Por qué está pasando esta guerra?"
Cuando las tropas americanas avanzaron a través del sur de Iraq y se acercaron a las afueras de Bagdad, las explosiones se hicieron más violentas. Un vecino dijo que los estallidos más potentes era bombas de fragmentación. "No sabíamos lo que significaba", escribió Amal.
Que Dios Se Apiade de Nosotros
El 5 de abril, los americanos rompieron las defensas de Bagdad por primera vez. La incursión de 30 tanques Abrams y vehículos de combate Bradley fue breve pero devastadora. Los escombros siguieron ardiendo largo tiempo después del ataque: tanques iraquíes calcinados y carbonizados camiones de soldados yacían desparramados a lo largo de una calle.
Para Amal, la ciudad que se había enfrentado a la guerra desde el aire, tomaba ahora posición para la batalla. Los milicianos del Partido Baaz se multiplicaron dramáticamente, superando a los vecinos en las calles. Miembros de los Fedayines de Saddam, una fuerza militar pobremente adiestrada pero especialmente fanática, se reunieron debajo de los puentes y se mezclaron con grupos de soldados debajo de la copa de las palmas.
Los últimos días fueron los más desoladores en Bagdad, a medida que las tropas americanas marchaban sobre los suburbios de la ciudad. Como es su tradición, desplegaron una fuerza abrumadora, a menudo obliterando la distinción entre vehículos civiles y militares cuando se hacían camino. Los hospitales se desbordaron de heridos, y las salas de emergencia estaban llenas de moscas y el hedor de sangre, suciedad y desinfectantes. En un hospital, los refrigeradores en la morgue estaban estropeados, y los cuerpos se apilaban unos sobre otros, corrompiéndose en el calor.
"Oímos el sonido de armas de fuego, muy cerca del edificio", escribió Amal. "Vino Um Mohamed a decirnos que los americanos estaban aterrizando en Bagdad".
El 7 de abril, dos días después de la primera incursión americana en la capital, los soldados estadounidenses habían entrado hasta el corazón mismo de la ciudad, capturando el Palacio Republicano. La batalla no había terminado, pero las calles que habían asumido tan rápidamente un porte marcial, también perdieron rápidamente el espíritu de lucha. El temor que mantenía la disciplina empezó a desvanecerse mientras se acercaba el fin del gobierno, su alcance reduciéndose después de un largo período en el poder.
Había escenas dispersas de una burocracia todavía funcionando, especialmente los buses rojos que todavía, fantasmagóricamente, hacían sus trayectos. Pero las vistas más comunes eran de una ciudad derrumbándose. Las posiciones protegidas por sacos de arena que salpicaban los puentes y cruces de la ciudad fueron abandonadas, dejando atrás los lemas de "Muerte por el Martirio", irónicamente desmentidos. En un estado policial que se desintegraba rápidamente, no se veía policías en ninguna parte. Las señalizaciones de la carretera que antes dirigían el tráfico hacia Mosul en el norte, donde estaba asignado Alí, estaban derrumbadas a lo largo del bandejón. Incluso antes de que cayera, Bagdad parecía conquistada.
"Los aviones volaron sobre nuestro edificio", escribió Amal el 17 de abril. "Cada vez que pasaban, repetimos: ¡Dios es grande!' Tenemos miedo y estamos tensos. Es oscuro, el cielo está cubierto de humo. Que Dios se apiade de nosotros".
En la casa de Amal, la guerra urbana sólo sembraba confusión. Nadie conocía la situación precisa de la ciudad. La familia escuchaba la BBC, que informó sobre la caída del Palacio Republicano a manos americanas. Luego sintonizaron la radio iraquí, cuyos anuncios suplicaban a los iraquíes unirse a los militares: "Levántate contra la opresión y la tiranía. Desenvaina la espada de la justicia frente a la falsedad".
"¿Qué va a pasar ahora?", escribió Amal. "No lo sabemos".
Las horas que siguieron se llenaron de escenas que nunca había visto antes: Abu Saif les contó sobre los cuerpos quemados que cubrían el puente. Amal oyó el estruendo de los tanques americanos avanzando pesadamente cerca de su casa. Su hermana vio un helicóptero americano en la distancia. La noche del 8 de abril, sus anotaciones fueron breves, en rápida sucesión. Los aviones sobrevolaron su edificio, las explosiones hicieron sacudir su apartamento y se oían tiroteos en la calle. Cuando se acercaba la medianoche, se abrieron las nubes y goteó brevemente. El agua bailaba en el enervado paisaje de marrones, entre el humo de la guerra y el fuego.
De momento, fugazmente, lavó Bagdad.
Al día siguiente, una asoleada mañana de abril, Amal despertó con las noticias en la radio de un vecino. Su diario de ese día fue más corto que la mayoría de los demás. Terminaba con unas pocas palabras.
"Y así", escribió, "Bagdad cayó en manos de los americanos".
5 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
liberan a sunníes
[Steve Fainaru] Cincuenta sunníes secuestrados por autoridades son liberados de una cárcel kurda.
Bagdad, Iraq. Cincuenta árabes que fueron secuestrados y luego trasladados en secreto hacia prisiones en el norte kurdo de Iraq han sido dejados en libertad en el marco de un acuerdo entre líderes políticos kurdos y árabes y las fuerzas armadas norteamericanas, anunciaron el viernes funcionarios árabes.
Abdullah Sami, miembro árabe del consejo provincial de la norteña ciudad de Kirkuk, calificó la liberación de una "primera fase" y dijo que el acuerdo implica que los detenidos que fueron trasladados ilegalmente a cárceles kurdas, serán liberados o sometidos a juicio en tribunales de fuera de la región kurda.
La liberación de los detenidos "ayudará a calmar la situación", dijo Sami, refiriéndose a las tensiones entre árabes y kurdos en torno a Kirkuk.
Durante meses, las fuerzas de seguridad controladas por partidos políticos kurdos han intensificado una campaña para apresar a cientos de sunníes, turcomanos y miembros de otras minorías de ciudades como Kirkuk y Mosul y trasladarlos luego ilegalmente a una red de cárceles en el Kurdistán, la región kurda semi-autónoma. Algunos detenidos fueron torturados, de acuerdo a versiones de los prisioneros y policías.
Un preso liberado recientemente, Muhammad Shihab, dijo que las autoridades kurdas ocultaban a los detenidos cuando representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja inspeccionaban los centros de detención.
Sami dijo que los dos partidos políticos más grandes, el Partido Democrático del Kurdistán KDP y la Unión Patriótica del Kurdistán PUK, accedieron a liberar a los prisioneros bajo presión de funcionarios y militares americanos. Dijo que el acuerdo fue forjado bajo la supervisión del general de brigada Alan Gayhart, comandante del Equipo de Combate de la Brigada 116, que es responsable de la seguridad de Kirkuk.
Los detenidos liberados fueron retenidos durante seis meses a un año, dijo Sami. Treinta de ellos fueron liberados de la cárcel de la ciudad de Irbil, controlada por el KDP, y los otros 20 de una prisión del PUL en Sulaymaniyah. Anteriormente el KDP había liberado a 42 detenidos de Irbil tras presiones de los militares norteamericanos, pero el PUK se ha mostrado recalcitrante, de acuerdo a oficiales militares.
En junio, un cable del ministerio de Asuntos Exteriores dijo que las "detenciones extra-judiciales" habían "exacerbado enormemente las tensiones a lo largo de líneas puramente étnicas" y puesto en entredicho la credibilidad de Estados Unidos en la región.
Funcionarios norteamericanos en Bagdad dijeron que no contaban con información inmediata sobre el acuerdo. Sin embargo, los funcionarios dijeron que sería consistente con los esfuerzos diplomáticos y militares estadounidenses para presionar a las autoridades kurdas a respetar el debido proceso de la ley y los derechos humanos.
Funcionarios kurdos no hicieron comentarios. Antes, reconocieron que los presos habían sido trasladados al Kurdistán, pero negó su participación en los secuestros extra-judiciales y detenciones arbitrarias.
Se desconoce el número total de detenidos, pero algunos funcionarios americanos y líderes árabes calculan que se trata de cientos.
Versiones de los detenidos recientemente liberados eran consistentes con informes previos sobre maltratos.
Shihab dijo que durante su detención él y otros prisioneros fueron "insultados y presionados psicológicamente" por las autoridades kurdas. Se les dijo que no debían hablar nunca de cómo habían sido tratados, dijo Shihab. Dijo que la mayoría de los detenidos eran de Kirkuk, Mosul y Tikrit y estuvieron encerrados en casas privadas donde habían aproximadamente unos 75 prisioneros.
"No sabíamos qué esperar", dijo.
Otro preso liberado, Muhammad Awad, dijo que creía que fue detenido porque había sido agente de inteligencia de las fuerzas armadas iraquíes. Awad dijo que estuvo detenido en Kirkuk durante una operación conjunta de las fuerzas americanas y la Unidad de Servicios de Emergencia kurda, una unidad antiterrorista de 500 miembros dentro del cuerpo policial kurdo.
Awad dijo que fue retenido en una celda de castigo durante cuatro meses.
3 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Cincuenta árabes que fueron secuestrados y luego trasladados en secreto hacia prisiones en el norte kurdo de Iraq han sido dejados en libertad en el marco de un acuerdo entre líderes políticos kurdos y árabes y las fuerzas armadas norteamericanas, anunciaron el viernes funcionarios árabes.Abdullah Sami, miembro árabe del consejo provincial de la norteña ciudad de Kirkuk, calificó la liberación de una "primera fase" y dijo que el acuerdo implica que los detenidos que fueron trasladados ilegalmente a cárceles kurdas, serán liberados o sometidos a juicio en tribunales de fuera de la región kurda.
La liberación de los detenidos "ayudará a calmar la situación", dijo Sami, refiriéndose a las tensiones entre árabes y kurdos en torno a Kirkuk.
Durante meses, las fuerzas de seguridad controladas por partidos políticos kurdos han intensificado una campaña para apresar a cientos de sunníes, turcomanos y miembros de otras minorías de ciudades como Kirkuk y Mosul y trasladarlos luego ilegalmente a una red de cárceles en el Kurdistán, la región kurda semi-autónoma. Algunos detenidos fueron torturados, de acuerdo a versiones de los prisioneros y policías.
Un preso liberado recientemente, Muhammad Shihab, dijo que las autoridades kurdas ocultaban a los detenidos cuando representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja inspeccionaban los centros de detención.
Sami dijo que los dos partidos políticos más grandes, el Partido Democrático del Kurdistán KDP y la Unión Patriótica del Kurdistán PUK, accedieron a liberar a los prisioneros bajo presión de funcionarios y militares americanos. Dijo que el acuerdo fue forjado bajo la supervisión del general de brigada Alan Gayhart, comandante del Equipo de Combate de la Brigada 116, que es responsable de la seguridad de Kirkuk.
Los detenidos liberados fueron retenidos durante seis meses a un año, dijo Sami. Treinta de ellos fueron liberados de la cárcel de la ciudad de Irbil, controlada por el KDP, y los otros 20 de una prisión del PUL en Sulaymaniyah. Anteriormente el KDP había liberado a 42 detenidos de Irbil tras presiones de los militares norteamericanos, pero el PUK se ha mostrado recalcitrante, de acuerdo a oficiales militares.
En junio, un cable del ministerio de Asuntos Exteriores dijo que las "detenciones extra-judiciales" habían "exacerbado enormemente las tensiones a lo largo de líneas puramente étnicas" y puesto en entredicho la credibilidad de Estados Unidos en la región.
Funcionarios norteamericanos en Bagdad dijeron que no contaban con información inmediata sobre el acuerdo. Sin embargo, los funcionarios dijeron que sería consistente con los esfuerzos diplomáticos y militares estadounidenses para presionar a las autoridades kurdas a respetar el debido proceso de la ley y los derechos humanos.
Funcionarios kurdos no hicieron comentarios. Antes, reconocieron que los presos habían sido trasladados al Kurdistán, pero negó su participación en los secuestros extra-judiciales y detenciones arbitrarias.
Se desconoce el número total de detenidos, pero algunos funcionarios americanos y líderes árabes calculan que se trata de cientos.
Versiones de los detenidos recientemente liberados eran consistentes con informes previos sobre maltratos.
Shihab dijo que durante su detención él y otros prisioneros fueron "insultados y presionados psicológicamente" por las autoridades kurdas. Se les dijo que no debían hablar nunca de cómo habían sido tratados, dijo Shihab. Dijo que la mayoría de los detenidos eran de Kirkuk, Mosul y Tikrit y estuvieron encerrados en casas privadas donde habían aproximadamente unos 75 prisioneros.
"No sabíamos qué esperar", dijo.
Otro preso liberado, Muhammad Awad, dijo que creía que fue detenido porque había sido agente de inteligencia de las fuerzas armadas iraquíes. Awad dijo que estuvo detenido en Kirkuk durante una operación conjunta de las fuerzas americanas y la Unidad de Servicios de Emergencia kurda, una unidad antiterrorista de 500 miembros dentro del cuerpo policial kurdo.
Awad dijo que fue retenido en una celda de castigo durante cuatro meses.
3 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
menos influencia en iraq
[Farah Stockman] Disminuye influencia de Estados Unidos en medio de enfrentamientos por la constitución.
Washington, Estados Unidos. La tormenta de fuego sobre la constitución iraquí -y si será o no adoptada a pesar de las objeciones de la minoría sunní- ha subrayado el poco control que tiene Estados Unidos sobre la ahora rápidamente cambiante situación política en Iraq.
"Todavía tiene una gran influencia, pero ya no tienen un control significativo", dijo Anthony Cordesman, ex analista del ministerio de Defensa y ahora en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. El poder que tenía antes para determinar el resultado de las negociaciones, dijo, es "limitado y se está reduciendo".
Funcionarios estadounidenses dijeron ayer que todavía esperan que la constitución iraquí propuesta sea enmendada para satisfacer a los descontentos sunníes, que han jurado rechazarla en el referéndum del 15 de octubre.
"Puede cambiar y será cambiada", dijo un funcionario en Washington, que sigue estrechamente los desarrollos en Iraq y que habló a condición de conservar el anonimato, señalando que los sunníes todavía no han abandonado la mesa de negociaciones.
Pero los intentos del gobierno de Bush que guiar el proceso han producido, en el mejor de los casos, resultados tibios. Funcionarios norteamericanos presionaron a los iraquíes para que terminaran la constitución para el 15 de agosto y esperaban que su adopción sería un momento de celebración que unificaría al país y destacaría los compromisos políticos hechos por todas las partes.
En lugar de eso, el debate sobre la constitución ha dividido al país, al menos en el corto plazo, con muchos chiíes defendiendo la necesidad de su propia región semi-autónoma en el sur rico en petróleo, como los kurdos en el norte, y con muchos sunníes temen que el federalismo implique la desintegración del estado iraquí.
El funcionario del gobierno norteamericano dijo que una opción para el gobierno ahora es tratar de convencer a los sunníes de que ellos también obtendrán beneficios con el nuevo federalismo en la constitución, quizás creando su propia área semi-autónoma. Los sunníes están alarmados de que un enclave étnico sunní no tendría acceso a los recursos del petróleo en el norte y sur.
Pero reconoció que los americanos tienen limitadas posibilidades de modelar lo que pase luego, observando: "Podemos decir algo... y luego, 20 minutos después, tomar otra dirección".
El resultado del debate constitucional tendrá enormes consecuencias para Estados Unidos. Por ejemplo, si se adopta la constitución, su estructura federalista podría significar que Iraq tendrá poderosas fuerzas de seguridad regionales y un débil ejército nacional, aumentando el reto de adiestrar y apoyar a las fuerzas iraquíes para hacer posible reducciones de las tropas americanas.
"La idea de un ejército nacional no serviría para nada", dijo Kenneth Katzman, un especialista en Oriente Medio para el Servicio de Investigaciones del Congreso, que proporciona análisis para los miembros del congreso. "De hecho, en el contexto en que el federalismo será probablemente implementado, que es que las tres comunidades seguirán caminos separados y cooperarán en pocas cosas... la idea de un ejército nacional queda en el camino".
Cordesman dijo que los especialistas regionales están preocupados de que el ejército de Iraq está mostrando signos de "libanización" -o fracturado a lo largo de líneas religiosas o étnicas, como ocurrió en el Líbano antes de la devastadora guerra civil del país.
Si el próximo mes se rechaza resueltamente la constitución, obligará a los iraquíes a empezar de cero y eso significaría casi ciertamente un retraso de la retirada norteamericana.
"Sería tremendamente costoso para los americanos", dijo Daniel Serwer, vice-presidente para operaciones de paz y estabilidad en el Instituto de la Paz norteamericano, una organización no partidista del gobierno. "Lo asombroso es lo devastador que sería reclamar que las cosas están marchando".
Pero si los kurdos y chiíes de Iraq votan por la constitución contra las vociferantes objeciones de muchos sunníes, el resultado podría ser incluso peor, dejando potencialmente a los sunníes creyendo que unirse a la resistencia es el único modo de lograr que sean oídos, dijeron varios especialistas ayer.
Durante meses, el gobierno de Bush ha estado tratando de convencer a los sunníes, que constituyen la columna vertebral de la resistencia y dominaron el gobierno con Saddam Hussein, de que se incorporen al proceso político.
La semana pasada, el presidente Bush mismo llamó a Abdul Aziz al-Hakim, un clérigo chií que representa al bloque más grande en el parlamento, para pedirle que no alejara a los sunníes que han expresado preocupaciones sobre el borrador. Pero días después, kurdos y chiíes presentaron el borrador a la asamblea sin el respaldo sunní, y ahora esperan derrotar a los sunníes que lo rechazaron públicamente.
Zalmay Khalilzad, afgano-americano, el embajador norteamericano en Iraq, está trabajando "sin parar" para tratar de lograr un compromiso, y ha tratado de convencer a los sunníes de que el federalismo puede ser bueno para los sunníes, de acuerdo a Qubad Talabani, el representante del gobierno regional de Kurdistán en Washington.
"Ha habido esfuerzos informales para tratar de convencer a miembros del equipo negociador sunní sobre los beneficios del federalismo", dijo. "Gobierno local para ellos, una distribución más equitativa de la riqueza iraquí... antes que centralizar todo".
Pero reconoció que los sunníes no han expresado mayor interés en la idea. Ayer, el portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores, Sean McCormack, dijo que el federalismo continúa siendo un "tópico de activo debate entre iraquíes, incluyendo a los sunníes" y que nada impide que los iraquíes opten por cambiar la constitución antes del referéndum de octubre para incluir cualquier cambio que quieran introducir.
McCormack subrayó, como lo ha hecho en las últimas dos semanas, que este es un proceso iraquí y los americanos no están llevando la voz cantante.
"El embajador Khalilzad está aquí, con su equipo, en la embajada de Bagdad", dijo McCormack. "Seguimos en contacto con todos los diferentes grupos iraquíes discutiendo los problemas políticos que enfrentan".
2 de septiembre de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. La tormenta de fuego sobre la constitución iraquí -y si será o no adoptada a pesar de las objeciones de la minoría sunní- ha subrayado el poco control que tiene Estados Unidos sobre la ahora rápidamente cambiante situación política en Iraq."Todavía tiene una gran influencia, pero ya no tienen un control significativo", dijo Anthony Cordesman, ex analista del ministerio de Defensa y ahora en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. El poder que tenía antes para determinar el resultado de las negociaciones, dijo, es "limitado y se está reduciendo".
Funcionarios estadounidenses dijeron ayer que todavía esperan que la constitución iraquí propuesta sea enmendada para satisfacer a los descontentos sunníes, que han jurado rechazarla en el referéndum del 15 de octubre.
"Puede cambiar y será cambiada", dijo un funcionario en Washington, que sigue estrechamente los desarrollos en Iraq y que habló a condición de conservar el anonimato, señalando que los sunníes todavía no han abandonado la mesa de negociaciones.
Pero los intentos del gobierno de Bush que guiar el proceso han producido, en el mejor de los casos, resultados tibios. Funcionarios norteamericanos presionaron a los iraquíes para que terminaran la constitución para el 15 de agosto y esperaban que su adopción sería un momento de celebración que unificaría al país y destacaría los compromisos políticos hechos por todas las partes.
En lugar de eso, el debate sobre la constitución ha dividido al país, al menos en el corto plazo, con muchos chiíes defendiendo la necesidad de su propia región semi-autónoma en el sur rico en petróleo, como los kurdos en el norte, y con muchos sunníes temen que el federalismo implique la desintegración del estado iraquí.
El funcionario del gobierno norteamericano dijo que una opción para el gobierno ahora es tratar de convencer a los sunníes de que ellos también obtendrán beneficios con el nuevo federalismo en la constitución, quizás creando su propia área semi-autónoma. Los sunníes están alarmados de que un enclave étnico sunní no tendría acceso a los recursos del petróleo en el norte y sur.
Pero reconoció que los americanos tienen limitadas posibilidades de modelar lo que pase luego, observando: "Podemos decir algo... y luego, 20 minutos después, tomar otra dirección".
El resultado del debate constitucional tendrá enormes consecuencias para Estados Unidos. Por ejemplo, si se adopta la constitución, su estructura federalista podría significar que Iraq tendrá poderosas fuerzas de seguridad regionales y un débil ejército nacional, aumentando el reto de adiestrar y apoyar a las fuerzas iraquíes para hacer posible reducciones de las tropas americanas.
"La idea de un ejército nacional no serviría para nada", dijo Kenneth Katzman, un especialista en Oriente Medio para el Servicio de Investigaciones del Congreso, que proporciona análisis para los miembros del congreso. "De hecho, en el contexto en que el federalismo será probablemente implementado, que es que las tres comunidades seguirán caminos separados y cooperarán en pocas cosas... la idea de un ejército nacional queda en el camino".
Cordesman dijo que los especialistas regionales están preocupados de que el ejército de Iraq está mostrando signos de "libanización" -o fracturado a lo largo de líneas religiosas o étnicas, como ocurrió en el Líbano antes de la devastadora guerra civil del país.
Si el próximo mes se rechaza resueltamente la constitución, obligará a los iraquíes a empezar de cero y eso significaría casi ciertamente un retraso de la retirada norteamericana.
"Sería tremendamente costoso para los americanos", dijo Daniel Serwer, vice-presidente para operaciones de paz y estabilidad en el Instituto de la Paz norteamericano, una organización no partidista del gobierno. "Lo asombroso es lo devastador que sería reclamar que las cosas están marchando".
Pero si los kurdos y chiíes de Iraq votan por la constitución contra las vociferantes objeciones de muchos sunníes, el resultado podría ser incluso peor, dejando potencialmente a los sunníes creyendo que unirse a la resistencia es el único modo de lograr que sean oídos, dijeron varios especialistas ayer.
Durante meses, el gobierno de Bush ha estado tratando de convencer a los sunníes, que constituyen la columna vertebral de la resistencia y dominaron el gobierno con Saddam Hussein, de que se incorporen al proceso político.
La semana pasada, el presidente Bush mismo llamó a Abdul Aziz al-Hakim, un clérigo chií que representa al bloque más grande en el parlamento, para pedirle que no alejara a los sunníes que han expresado preocupaciones sobre el borrador. Pero días después, kurdos y chiíes presentaron el borrador a la asamblea sin el respaldo sunní, y ahora esperan derrotar a los sunníes que lo rechazaron públicamente.
Zalmay Khalilzad, afgano-americano, el embajador norteamericano en Iraq, está trabajando "sin parar" para tratar de lograr un compromiso, y ha tratado de convencer a los sunníes de que el federalismo puede ser bueno para los sunníes, de acuerdo a Qubad Talabani, el representante del gobierno regional de Kurdistán en Washington.
"Ha habido esfuerzos informales para tratar de convencer a miembros del equipo negociador sunní sobre los beneficios del federalismo", dijo. "Gobierno local para ellos, una distribución más equitativa de la riqueza iraquí... antes que centralizar todo".
Pero reconoció que los sunníes no han expresado mayor interés en la idea. Ayer, el portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores, Sean McCormack, dijo que el federalismo continúa siendo un "tópico de activo debate entre iraquíes, incluyendo a los sunníes" y que nada impide que los iraquíes opten por cambiar la constitución antes del referéndum de octubre para incluir cualquier cambio que quieran introducir.
McCormack subrayó, como lo ha hecho en las últimas dos semanas, que este es un proceso iraquí y los americanos no están llevando la voz cantante.
"El embajador Khalilzad está aquí, con su equipo, en la embajada de Bagdad", dijo McCormack. "Seguimos en contacto con todos los diferentes grupos iraquíes discutiendo los problemas políticos que enfrentan".
2 de septiembre de 2005
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©traducción mQh
horca en iraq
[Hamed Ahmed] Cuelgan a tres asesinos convictos. Empieza régimen islámico.
Bagdad, Iraq. Iraq colgó el jueves a tres asesinos convictos, las primeras ejecuciones desde el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003, declaró el gobierno.
Las autoridades iraquíes han reimplantado la pena de muerte después del término de la ocupación norteamericana en junio de 2004, para poder ejecutar a Saddam Hussein cuando se lo condene por los crímenes cometidos por su régimen. Se espera que Saddam será sometido a juicio poco después del referéndum constitucional del 15 de octubre, dijo un funcionario el jueves.
"A las 10 de la mañana en Bagdad se llevaron a cabo las primeras ejecuciones desde la caída del régimen, de tres criminales", dijo el portavoz Laith Kubba.
El 17 de agosto el gobierno anunció que los tres habían sido sentenciados a muerte después de ser condenados por un tribunal en mayo en la ciudad chií de Kut, a 160 kilómetros al sudeste de Bagdad.
La declaración del gobierno dijo que fueron condenados por el asesinato de tres agentes de policía, secuestros y violaciones. Kubba dijo que los hombres fueron ahorcados.
"Fue una decisión difícil porque estamos viviendo en un régimen democrático", dijo Kubba. "Este es el mayor castigo de gente que ha cometido asesinatos, y pretende disuadir a otros criminales".
Funcionarios iraquíes dicen que otras 7 personas, incluyendo a una mujer, han sido condenados a muerte pero sus casos están siendo revisados o en apelación.
Las sentencias de muerte deben ser aprobadas por tres miembros del consejo presidencial encabezado por el presidente Jalal Talabani, que se opone a la pena capital. Talabani se negó a firmar la autorización él mismo, pero su despacho dijo que el presidente había autorizado a uno de sus vice-presidentes, Adil Abdul-Mahdi, para que firmara por él.
La autoridad de la ocupación norteamericana había abolido la pena capital después del derrumbe del régimen de Saddam durante la invasión anglo-americana de 2003, pero la decisión fue revertida cuando terminó oficialmente el control legal de Estados Unidos en junio de 2004.
Funcionarios iraquíes dijeron en ese momento que la pena capital fue reimplantada con la intención de ejecutar a Saddam. Se espera que el primer juicio del presidente derrocado empiece poco después del referéndum constitucional, dijo el jueves un funcionario del Tribunal Especial iraquí.
El funcionario habló a condición de conservar el anonimato porque no está autorizado a hacer declaraciones formales. El primer juicio de Saddam se concentrará enteramente en la masacre de chiíes en el pueblo de Dujail en 1982.
Juicios separados por otros crímenes, incluyendo el ataque con gas contra kurdos y la represión de una rebelión chií en el sur en 1991, serán realizados más tarde, dijeron funcionarios.
Los países de la Unión Europea se han distanciado de los procedimientos legales contra Saddam, negándose a proveer asistencia forense y de otro tipo, porque se oponen a la pena capital.
Qassim Abdul-Zahra contribuyó a este reportaje.
1 de septiembre de 2005
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Bagdad, Iraq. Iraq colgó el jueves a tres asesinos convictos, las primeras ejecuciones desde el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003, declaró el gobierno.Las autoridades iraquíes han reimplantado la pena de muerte después del término de la ocupación norteamericana en junio de 2004, para poder ejecutar a Saddam Hussein cuando se lo condene por los crímenes cometidos por su régimen. Se espera que Saddam será sometido a juicio poco después del referéndum constitucional del 15 de octubre, dijo un funcionario el jueves.
"A las 10 de la mañana en Bagdad se llevaron a cabo las primeras ejecuciones desde la caída del régimen, de tres criminales", dijo el portavoz Laith Kubba.
El 17 de agosto el gobierno anunció que los tres habían sido sentenciados a muerte después de ser condenados por un tribunal en mayo en la ciudad chií de Kut, a 160 kilómetros al sudeste de Bagdad.
La declaración del gobierno dijo que fueron condenados por el asesinato de tres agentes de policía, secuestros y violaciones. Kubba dijo que los hombres fueron ahorcados.
"Fue una decisión difícil porque estamos viviendo en un régimen democrático", dijo Kubba. "Este es el mayor castigo de gente que ha cometido asesinatos, y pretende disuadir a otros criminales".
Funcionarios iraquíes dicen que otras 7 personas, incluyendo a una mujer, han sido condenados a muerte pero sus casos están siendo revisados o en apelación.
Las sentencias de muerte deben ser aprobadas por tres miembros del consejo presidencial encabezado por el presidente Jalal Talabani, que se opone a la pena capital. Talabani se negó a firmar la autorización él mismo, pero su despacho dijo que el presidente había autorizado a uno de sus vice-presidentes, Adil Abdul-Mahdi, para que firmara por él.
La autoridad de la ocupación norteamericana había abolido la pena capital después del derrumbe del régimen de Saddam durante la invasión anglo-americana de 2003, pero la decisión fue revertida cuando terminó oficialmente el control legal de Estados Unidos en junio de 2004.
Funcionarios iraquíes dijeron en ese momento que la pena capital fue reimplantada con la intención de ejecutar a Saddam. Se espera que el primer juicio del presidente derrocado empiece poco después del referéndum constitucional, dijo el jueves un funcionario del Tribunal Especial iraquí.
El funcionario habló a condición de conservar el anonimato porque no está autorizado a hacer declaraciones formales. El primer juicio de Saddam se concentrará enteramente en la masacre de chiíes en el pueblo de Dujail en 1982.
Juicios separados por otros crímenes, incluyendo el ataque con gas contra kurdos y la represión de una rebelión chií en el sur en 1991, serán realizados más tarde, dijeron funcionarios.
Los países de la Unión Europea se han distanciado de los procedimientos legales contra Saddam, negándose a proveer asistencia forense y de otro tipo, porque se oponen a la pena capital.
Qassim Abdul-Zahra contribuyó a este reportaje.
1 de septiembre de 2005
©washington post
©traducción mQh
pueblo de forajidos
[Clifford Krauss] Yukón está poblado por convictos y fantasmas.
Dawson, Territorio de Yukón, Canadá. La gente aquí todavía lía sus propios cigarrillos, beben montones y juegan en un casino donde el ritmo sincopado se toca en un piano de pared. Ha sido así desde que hace un siglo la gran fiebre del oro de Klondike llenó en pocos meses Dawson de 30.000 mineros enloquecidos por el oro, bailarinas y una gran variedad de gamberros.
En estos días el pueblo cuenta con 1.200 habitantes y el gobierno municipal se encuentra en bancarrota, a pesar de una creciente industria turística y una colonia de artistas. Pero en el remoto Yukón algunas cosas nunca cambian.
Las calles siguen sin pavimentar, las aceras son de madera, los edificios clásicos son de madera y muchas casas son poco más que cabañas de troncos, sin agua corriente ni electricidad. Las agua del alcantarillado municipal todavía corren sin tratar hacia el río Yukón, para horror de los ecologistas e indios que viven corriente abajo, hasta en Alaska.
Este área se llamaba el Salvaje Oeste. Dawson, que muchos residentes todavía llaman Dawson City, todavía lo es. Apenas el otro día un hombre incendió un garaje de la sede de la Real Policía Montada de Canadá, destruyendo una lancha de propulsión a chorro, sin motivo aparente.
Se rumorea que en un hotel en el centro acechan los fantasmas y otro rumor sigue la vieja tradición de mezclar las bebidas con dedos humanos en salmuera (el local dice que son deshidratados y conservados en sal) donados por la gente en sus testamentos o por los desafortunados que sufren congelamientos en invierno. (Los que las beben son inscritos en el Club del Cóctel del Dedo Agrio').
El gusano del oro tarda en morir, y mucha gente aquí todavía trabaja en la minería en los ríos y manantiales circundantes. Montones de vecinos, incluyendo a sus principales políticos, tienen antecedentes criminales. E incluso los que no parecen venir escapando de algo o que simplemente buscan el tipo de libertad que no se encuentra en lugares corrientes.
"Una cosa sobre Yukón: el pasado lo dejas en la puerta", dijo Bob Hilliard, 53, el pianista de Dawson, mejor conocido como Barnacle Bob. "Hay un montón de historias personales que es mejor dejar fuera del territorio".
Entre los grandes estafadores, dicen algunos, se encuentran los líderes municipales de Dawson. Peter Jenkins, que fue alcalde de 1980 a 1994, es conocido aquí como Pete el Pirata' porque -lo admite espontáneamente- pirateaba las señales de satélite y distribuía televisión gratuitamente a la gente del pueblo.
"Ayudé a traer la televisión a mi comunidad", dijo Jenkins, sonriendo, hace poco. Sin una pizca de remordimiento, explicó cómo el pueblo se subscribió a la televisión por satélite pagando tasas residenciales inscribiendo los nombres de gente muerta, pioneros como Tagish Charley y Skookum Jim.
Jenkins, ahora jefe adjunto de todo Yukón, ganó las elecciones de alcalde aunque había sido condenado por perjurio en los años setenta, cuando se descubrió que su hotel estaba robando electricidad. Aprendió a volar cuando estuvo en la cárcel de seguridad mínima en Whitehorse. El premier de Yukón, Dennis Fentie, fue condenado por tráfico de drogas en 1975 y pasó 17 meses en una penitenciaría federal antes de ser indultado.
"En Yukón, todo es transparente", dijo Jenkins en una entrevista. "No existen los secretos".
La política de Dawson es dominada por la enemistad entre Jenkins y Glen Everitt, que fue alcalde e 1996 hasta abril de 2004, cuando el gobierno territorial despidió al ayuntamiento debido a irregularidades fiscales, acusaciones de corrupción y crecientes deudas. Una nueva intervención de cuentas y una revisión financiera mostró que casi 200.000 dólares fueron hechos desaparecer o fueron malgastados por importantes funcionarios del ayuntamiento. "El abuso de las tarjetas de crédito de la municipalidad de parte de funcionarios de Dawson era un secreto público", dice el informe.
Everitt está siendo investigado por la Real Policía Montada de Canadá, y ha admitido públicamente ante la Compañía de Radiodifusión Canadiense haber presentado una cuenta de un bar de más de 2.000 dólares, a cargo de la municipalidad, que estaba escrita en una servilleta y firmada por una camarera. Su explicación al CBC fue que era "un asunto promocional".
Pero en una entrevista culpó del escándalo a sus enemigos políticos.
Everitt dijo que estaba considerando presentarse nuevamente al cargo de alcalde, dependiendo de quién se presente cuando se restablezca el gobierno democrático.
"Aquí la mayoría de la gente perdona los errores de los otros", dijo Everitt. "La gente no juzga a los otros por su pasado. Se concentran en lo que ofrecen en el presente".
Para sus vecinos y visitantes habituales, Dawson tiene una poderosa cualidad redentora, un lugar donde todos tienen una segunda posibilidad, y gente de todo tipo, edades y profesiones se sienten protegidos y aceptados por los otros.
"En una ciudad, un tipo como yo sería considerado un vagabundo y la gente rica no sabría qué hacer conmigo", dijo Bill Donaldson, 41, que es aquí mejor conocido como Bill el Cavernario', porque vive en una caverna al otro lado del río. "Aquí puede beber con cualquiera y le escucharán, y si no nos conocieras no sabrías quiénes son los ricos y quiénes los vagabundos. Nos vemos todos iguales".
La sensación de que están todos juntos en Dawson sorprendió a Wade Simon, propietario de uno de los restaurantes más importantes del pueblo, cuando fue detenido en 1997. Un policía montado entró al restaurante, el Klondike Kate's, y lo detuvo por rompimiento de la libertad condicional tras pasar un tiempo en la cárcel por agresión en Quebec hace 17 años.
El pueblo se unió en torno a Simon, y los vecinos escribieron docenas de cartas a la comisión local de libertad condicional defendiendo su causa. Fue liberado rápidamente y volvió a su restaurante. Su novia, que no conocía los detalles más oscuros de su vida anterior, se casó con él de todos modos.
Después de que Simon fuera liberado, recordó que "un montón de gente del pueblo me vino a ver y me contaron sus historias".
"También han hecho cosas", dijo. "Yo era el sacerdote en la cabina".
Ahora está contento de haber sido atrapado y puede vivir su vida sin mirar sobre sus hombros. "Aquí es donde terminó todo, y donde comenzó todo", dijo durante una entrevista en la ordenada terraza de su restaurante. "En este lugar me siento en casa".
1 de septiembre de 2005
17 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh
Dawson, Territorio de Yukón, Canadá. La gente aquí todavía lía sus propios cigarrillos, beben montones y juegan en un casino donde el ritmo sincopado se toca en un piano de pared. Ha sido así desde que hace un siglo la gran fiebre del oro de Klondike llenó en pocos meses Dawson de 30.000 mineros enloquecidos por el oro, bailarinas y una gran variedad de gamberros.En estos días el pueblo cuenta con 1.200 habitantes y el gobierno municipal se encuentra en bancarrota, a pesar de una creciente industria turística y una colonia de artistas. Pero en el remoto Yukón algunas cosas nunca cambian.
Las calles siguen sin pavimentar, las aceras son de madera, los edificios clásicos son de madera y muchas casas son poco más que cabañas de troncos, sin agua corriente ni electricidad. Las agua del alcantarillado municipal todavía corren sin tratar hacia el río Yukón, para horror de los ecologistas e indios que viven corriente abajo, hasta en Alaska.
Este área se llamaba el Salvaje Oeste. Dawson, que muchos residentes todavía llaman Dawson City, todavía lo es. Apenas el otro día un hombre incendió un garaje de la sede de la Real Policía Montada de Canadá, destruyendo una lancha de propulsión a chorro, sin motivo aparente.
Se rumorea que en un hotel en el centro acechan los fantasmas y otro rumor sigue la vieja tradición de mezclar las bebidas con dedos humanos en salmuera (el local dice que son deshidratados y conservados en sal) donados por la gente en sus testamentos o por los desafortunados que sufren congelamientos en invierno. (Los que las beben son inscritos en el Club del Cóctel del Dedo Agrio').
El gusano del oro tarda en morir, y mucha gente aquí todavía trabaja en la minería en los ríos y manantiales circundantes. Montones de vecinos, incluyendo a sus principales políticos, tienen antecedentes criminales. E incluso los que no parecen venir escapando de algo o que simplemente buscan el tipo de libertad que no se encuentra en lugares corrientes.
"Una cosa sobre Yukón: el pasado lo dejas en la puerta", dijo Bob Hilliard, 53, el pianista de Dawson, mejor conocido como Barnacle Bob. "Hay un montón de historias personales que es mejor dejar fuera del territorio".
Entre los grandes estafadores, dicen algunos, se encuentran los líderes municipales de Dawson. Peter Jenkins, que fue alcalde de 1980 a 1994, es conocido aquí como Pete el Pirata' porque -lo admite espontáneamente- pirateaba las señales de satélite y distribuía televisión gratuitamente a la gente del pueblo.
"Ayudé a traer la televisión a mi comunidad", dijo Jenkins, sonriendo, hace poco. Sin una pizca de remordimiento, explicó cómo el pueblo se subscribió a la televisión por satélite pagando tasas residenciales inscribiendo los nombres de gente muerta, pioneros como Tagish Charley y Skookum Jim.
Jenkins, ahora jefe adjunto de todo Yukón, ganó las elecciones de alcalde aunque había sido condenado por perjurio en los años setenta, cuando se descubrió que su hotel estaba robando electricidad. Aprendió a volar cuando estuvo en la cárcel de seguridad mínima en Whitehorse. El premier de Yukón, Dennis Fentie, fue condenado por tráfico de drogas en 1975 y pasó 17 meses en una penitenciaría federal antes de ser indultado.
"En Yukón, todo es transparente", dijo Jenkins en una entrevista. "No existen los secretos".
La política de Dawson es dominada por la enemistad entre Jenkins y Glen Everitt, que fue alcalde e 1996 hasta abril de 2004, cuando el gobierno territorial despidió al ayuntamiento debido a irregularidades fiscales, acusaciones de corrupción y crecientes deudas. Una nueva intervención de cuentas y una revisión financiera mostró que casi 200.000 dólares fueron hechos desaparecer o fueron malgastados por importantes funcionarios del ayuntamiento. "El abuso de las tarjetas de crédito de la municipalidad de parte de funcionarios de Dawson era un secreto público", dice el informe.
Everitt está siendo investigado por la Real Policía Montada de Canadá, y ha admitido públicamente ante la Compañía de Radiodifusión Canadiense haber presentado una cuenta de un bar de más de 2.000 dólares, a cargo de la municipalidad, que estaba escrita en una servilleta y firmada por una camarera. Su explicación al CBC fue que era "un asunto promocional".
Pero en una entrevista culpó del escándalo a sus enemigos políticos.
Everitt dijo que estaba considerando presentarse nuevamente al cargo de alcalde, dependiendo de quién se presente cuando se restablezca el gobierno democrático.
"Aquí la mayoría de la gente perdona los errores de los otros", dijo Everitt. "La gente no juzga a los otros por su pasado. Se concentran en lo que ofrecen en el presente".
Para sus vecinos y visitantes habituales, Dawson tiene una poderosa cualidad redentora, un lugar donde todos tienen una segunda posibilidad, y gente de todo tipo, edades y profesiones se sienten protegidos y aceptados por los otros.
"En una ciudad, un tipo como yo sería considerado un vagabundo y la gente rica no sabría qué hacer conmigo", dijo Bill Donaldson, 41, que es aquí mejor conocido como Bill el Cavernario', porque vive en una caverna al otro lado del río. "Aquí puede beber con cualquiera y le escucharán, y si no nos conocieras no sabrías quiénes son los ricos y quiénes los vagabundos. Nos vemos todos iguales".
La sensación de que están todos juntos en Dawson sorprendió a Wade Simon, propietario de uno de los restaurantes más importantes del pueblo, cuando fue detenido en 1997. Un policía montado entró al restaurante, el Klondike Kate's, y lo detuvo por rompimiento de la libertad condicional tras pasar un tiempo en la cárcel por agresión en Quebec hace 17 años.
El pueblo se unió en torno a Simon, y los vecinos escribieron docenas de cartas a la comisión local de libertad condicional defendiendo su causa. Fue liberado rápidamente y volvió a su restaurante. Su novia, que no conocía los detalles más oscuros de su vida anterior, se casó con él de todos modos.
Después de que Simon fuera liberado, recordó que "un montón de gente del pueblo me vino a ver y me contaron sus historias".
"También han hecho cosas", dijo. "Yo era el sacerdote en la cabina".
Ahora está contento de haber sido atrapado y puede vivir su vida sin mirar sobre sus hombros. "Aquí es donde terminó todo, y donde comenzó todo", dijo durante una entrevista en la ordenada terraza de su restaurante. "En este lugar me siento en casa".
1 de septiembre de 2005
17 de junio de 2005
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pueblo de forajidos
[Clifford Krauss] Yukón está poblado por convictos y fantasmas.
Dawson, Territorio de Yukón, Canadá. La gente aquí todavía lía sus propios cigarrillos, beben montones y juegan en un casino donde el ritmo sincopado se toca en un piano de pared. Ha sido así desde que hace un siglo la gran fiebre del oro de Klondike llenó en pocos meses Dawson de 30.000 mineros enloquecidos por el oro, bailarinas y una gran variedad de gamberros.
En estos días el pueblo cuenta con 1.200 habitantes y el gobierno municipal se encuentra en bancarrota, a pesar de una creciente industria turística y una colonia de artistas. Pero en el remoto Yukón algunas cosas nunca cambian.
Las calles siguen sin pavimentar, las aceras son de madera, los edificios clásicos son de madera y muchas casas son poco más que cabañas de troncos, sin agua corriente ni electricidad. Las agua del alcantarillado municipal todavía corren sin tratar hacia el río Yukón, para horror de los ecologistas e indios que viven corriente abajo, hasta en Alaska.
Este área se llamaba el Salvaje Oeste. Dawson, que muchos residentes todavía llaman Dawson City, todavía lo es. Apenas el otro día un hombre incendió un garaje de la sede de la Real Policía Montada de Canadá, destruyendo una lancha de propulsión a chorro, sin motivo aparente.
Se rumorea que en un hotel en el centro acechan los fantasmas y otro rumor sigue la vieja tradición de mezclar las bebidas con dedos humanos en salmuera (el local dice que son deshidratados y conservados en sal) donados por la gente en sus testamentos o por los desafortunados que sufren congelamientos en invierno. (Los que las beben son inscritos en el Club del Cóctel del Dedo Agrio').
El gusano del oro tarda en morir, y mucha gente aquí todavía trabaja en la minería en los ríos y manantiales circundantes. Montones de vecinos, incluyendo a sus principales políticos, tienen antecedentes criminales. E incluso los que no parecen venir escapando de algo o que simplemente buscan el tipo de libertad que no se encuentra en lugares corrientes.
"Una cosa sobre Yukón: el pasado lo dejas en la puerta", dijo Bob Hilliard, 53, el pianista de Dawson, mejor conocido como Barnacle Bob. "Hay un montón de historias personales que es mejor dejar fuera del territorio".
Entre los grandes estafadores, dicen algunos, se encuentran los líderes municipales de Dawson. Peter Jenkins, que fue alcalde de 1980 a 1994, es conocido aquí como Pete el Pirata' porque -lo admite espontáneamente- pirateaba las señales de satélite y distribuía televisión gratuitamente a la gente del pueblo.
"Ayudé a traer la televisión a mi comunidad", dijo Jenkins, sonriendo, hace poco. Sin una pizca de remordimiento, explicó cómo el pueblo se subscribió a la televisión por satélite pagando tasas residenciales inscribiendo los nombres de gente muerta, pioneros como Tagish Charley y Skookum Jim.
Jenkins, ahora jefe adjunto de todo Yukón, ganó las elecciones de alcalde aunque había sido condenado por perjurio en los años setenta, cuando se descubrió que su hotel estaba robando electricidad. Aprendió a volar cuando estuvo en la cárcel de seguridad mínima en Whitehorse. El premier de Yukón, Dennis Fentie, fue condenado por tráfico de drogas en 1975 y pasó 17 meses en una penitenciaría federal antes de ser indultado.
"En Yukón, todo es transparente", dijo Jenkins en una entrevista. "No existen los secretos".
La política de Dawson es dominada por la enemistad entre Jenkins y Glen Everitt, que fue alcalde e 1996 hasta abril de 2004, cuando el gobierno territorial despidió al ayuntamiento debido a irregularidades fiscales, acusaciones de corrupción y crecientes deudas. Una nueva intervención de cuentas y una revisión financiera mostró que casi 200.000 dólares fueron hechos desaparecer o fueron malgastados por importantes funcionarios del ayuntamiento. "El abuso de las tarjetas de crédito de la municipalidad de parte de funcionarios de Dawson era un secreto público", dice el informe.
Everitt está siendo investigado por la Real Policía Montada de Canadá, y ha admitido públicamente ante la Compañía de Radiodifusión Canadiense haber presentado una cuenta de un bar de más de 2.000 dólares, a cargo de la municipalidad, que estaba escrita en una servilleta y firmada por una camarera. Su explicación al CBC fue que era "un asunto promocional".
Pero en una entrevista culpó del escándalo a sus enemigos políticos.
Everitt dijo que estaba considerando presentarse nuevamente al cargo de alcalde, dependiendo de quién se presente cuando se restablezca el gobierno democrático.
"Aquí la mayoría de la gente perdona los errores de los otros", dijo Everitt. "La gente no juzga a los otros por su pasado. Se concentran en lo que ofrecen en el presente".
Para sus vecinos y visitantes habituales, Dawson tiene una poderosa cualidad redentora, un lugar donde todos tienen una segunda posibilidad, y gente de todo tipo, edades y profesiones se sienten protegidos y aceptados por los otros.
"En una ciudad, un tipo como yo sería considerado un vagabundo y la gente rica no sabría qué hacer conmigo", dijo Bill Donaldson, 41, que es aquí mejor conocido como Bill el Cavernario', porque vive en una caverna al otro lado del río. "Aquí puede beber con cualquiera y le escucharán, y si no nos conocieras no sabrías quiénes son los ricos y quiénes los vagabundos. Nos vemos todos iguales".
La sensación de que están todos juntos en Dawson sorprendió a Wade Simon, propietario de uno de los restaurantes más importantes del pueblo, cuando fue detenido en 1997. Un policía montado entró al restaurante, el Klondike Kate's, y lo detuvo por rompimiento de la libertad condicional tras pasar un tiempo en la cárcel por agresión en Quebec hace 17 años.
El pueblo se unió en torno a Simon, y los vecinos escribieron docenas de cartas a la comisión local de libertad condicional defendiendo su causa. Fue liberado rápidamente y volvió a su restaurante. Su novia, que no conocía los detalles más oscuros de su vida anterior, se casó con él de todos modos.
Después de que Simon fuera liberado, recordó que "un montón de gente del pueblo me vino a ver y me contaron sus historias".
"También han hecho cosas", dijo. "Yo era el sacerdote en la cabina".
Ahora está contento de haber sido atrapado y puede vivir su vida sin mirar sobre sus hombros. "Aquí es donde terminó todo, y donde comenzó todo", dijo durante una entrevista en la ordenada terraza de su restaurante. "En este lugar me siento en casa".
1 de septiembre de 2005
17 de junio de 2005
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Dawson, Territorio de Yukón, Canadá. La gente aquí todavía lía sus propios cigarrillos, beben montones y juegan en un casino donde el ritmo sincopado se toca en un piano de pared. Ha sido así desde que hace un siglo la gran fiebre del oro de Klondike llenó en pocos meses Dawson de 30.000 mineros enloquecidos por el oro, bailarinas y una gran variedad de gamberros.En estos días el pueblo cuenta con 1.200 habitantes y el gobierno municipal se encuentra en bancarrota, a pesar de una creciente industria turística y una colonia de artistas. Pero en el remoto Yukón algunas cosas nunca cambian.
Las calles siguen sin pavimentar, las aceras son de madera, los edificios clásicos son de madera y muchas casas son poco más que cabañas de troncos, sin agua corriente ni electricidad. Las agua del alcantarillado municipal todavía corren sin tratar hacia el río Yukón, para horror de los ecologistas e indios que viven corriente abajo, hasta en Alaska.
Este área se llamaba el Salvaje Oeste. Dawson, que muchos residentes todavía llaman Dawson City, todavía lo es. Apenas el otro día un hombre incendió un garaje de la sede de la Real Policía Montada de Canadá, destruyendo una lancha de propulsión a chorro, sin motivo aparente.
Se rumorea que en un hotel en el centro acechan los fantasmas y otro rumor sigue la vieja tradición de mezclar las bebidas con dedos humanos en salmuera (el local dice que son deshidratados y conservados en sal) donados por la gente en sus testamentos o por los desafortunados que sufren congelamientos en invierno. (Los que las beben son inscritos en el Club del Cóctel del Dedo Agrio').
El gusano del oro tarda en morir, y mucha gente aquí todavía trabaja en la minería en los ríos y manantiales circundantes. Montones de vecinos, incluyendo a sus principales políticos, tienen antecedentes criminales. E incluso los que no parecen venir escapando de algo o que simplemente buscan el tipo de libertad que no se encuentra en lugares corrientes.
"Una cosa sobre Yukón: el pasado lo dejas en la puerta", dijo Bob Hilliard, 53, el pianista de Dawson, mejor conocido como Barnacle Bob. "Hay un montón de historias personales que es mejor dejar fuera del territorio".
Entre los grandes estafadores, dicen algunos, se encuentran los líderes municipales de Dawson. Peter Jenkins, que fue alcalde de 1980 a 1994, es conocido aquí como Pete el Pirata' porque -lo admite espontáneamente- pirateaba las señales de satélite y distribuía televisión gratuitamente a la gente del pueblo.
"Ayudé a traer la televisión a mi comunidad", dijo Jenkins, sonriendo, hace poco. Sin una pizca de remordimiento, explicó cómo el pueblo se subscribió a la televisión por satélite pagando tasas residenciales inscribiendo los nombres de gente muerta, pioneros como Tagish Charley y Skookum Jim.
Jenkins, ahora jefe adjunto de todo Yukón, ganó las elecciones de alcalde aunque había sido condenado por perjurio en los años setenta, cuando se descubrió que su hotel estaba robando electricidad. Aprendió a volar cuando estuvo en la cárcel de seguridad mínima en Whitehorse. El premier de Yukón, Dennis Fentie, fue condenado por tráfico de drogas en 1975 y pasó 17 meses en una penitenciaría federal antes de ser indultado.
"En Yukón, todo es transparente", dijo Jenkins en una entrevista. "No existen los secretos".
La política de Dawson es dominada por la enemistad entre Jenkins y Glen Everitt, que fue alcalde e 1996 hasta abril de 2004, cuando el gobierno territorial despidió al ayuntamiento debido a irregularidades fiscales, acusaciones de corrupción y crecientes deudas. Una nueva intervención de cuentas y una revisión financiera mostró que casi 200.000 dólares fueron hechos desaparecer o fueron malgastados por importantes funcionarios del ayuntamiento. "El abuso de las tarjetas de crédito de la municipalidad de parte de funcionarios de Dawson era un secreto público", dice el informe.
Everitt está siendo investigado por la Real Policía Montada de Canadá, y ha admitido públicamente ante la Compañía de Radiodifusión Canadiense haber presentado una cuenta de un bar de más de 2.000 dólares, a cargo de la municipalidad, que estaba escrita en una servilleta y firmada por una camarera. Su explicación al CBC fue que era "un asunto promocional".
Pero en una entrevista culpó del escándalo a sus enemigos políticos.
Everitt dijo que estaba considerando presentarse nuevamente al cargo de alcalde, dependiendo de quién se presente cuando se restablezca el gobierno democrático.
"Aquí la mayoría de la gente perdona los errores de los otros", dijo Everitt. "La gente no juzga a los otros por su pasado. Se concentran en lo que ofrecen en el presente".
Para sus vecinos y visitantes habituales, Dawson tiene una poderosa cualidad redentora, un lugar donde todos tienen una segunda posibilidad, y gente de todo tipo, edades y profesiones se sienten protegidos y aceptados por los otros.
"En una ciudad, un tipo como yo sería considerado un vagabundo y la gente rica no sabría qué hacer conmigo", dijo Bill Donaldson, 41, que es aquí mejor conocido como Bill el Cavernario', porque vive en una caverna al otro lado del río. "Aquí puede beber con cualquiera y le escucharán, y si no nos conocieras no sabrías quiénes son los ricos y quiénes los vagabundos. Nos vemos todos iguales".
La sensación de que están todos juntos en Dawson sorprendió a Wade Simon, propietario de uno de los restaurantes más importantes del pueblo, cuando fue detenido en 1997. Un policía montado entró al restaurante, el Klondike Kate's, y lo detuvo por rompimiento de la libertad condicional tras pasar un tiempo en la cárcel por agresión en Quebec hace 17 años.
El pueblo se unió en torno a Simon, y los vecinos escribieron docenas de cartas a la comisión local de libertad condicional defendiendo su causa. Fue liberado rápidamente y volvió a su restaurante. Su novia, que no conocía los detalles más oscuros de su vida anterior, se casó con él de todos modos.
Después de que Simon fuera liberado, recordó que "un montón de gente del pueblo me vino a ver y me contaron sus historias".
"También han hecho cosas", dijo. "Yo era el sacerdote en la cabina".
Ahora está contento de haber sido atrapado y puede vivir su vida sin mirar sobre sus hombros. "Aquí es donde terminó todo, y donde comenzó todo", dijo durante una entrevista en la ordenada terraza de su restaurante. "En este lugar me siento en casa".
1 de septiembre de 2005
17 de junio de 2005
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pueblo de forajidos
[Clifford Krauss] Yukón está poblado por convictos y fantasmas.
Dawson, Territorio de Yukón, Canadá. La gente aquí todavía lía sus propios cigarrillos, beben montones y juegan en un casino donde el ritmo sincopado se toca en un piano de pared. Ha sido así desde que hace un siglo la gran fiebre del oro de Klondike llenó en pocos meses Dawson de 30.000 mineros enloquecidos por el oro, bailarinas y una gran variedad de gamberros.
En estos días el pueblo cuenta con 1.200 habitantes y el gobierno municipal se encuentra en bancarrota, a pesar de una creciente industria turística y una colonia de artistas. Pero en el remoto Yukón algunas cosas nunca cambian.
Las calles siguen sin pavimentar, las aceras son de madera, los edificios clásicos son de madera y muchas casas son poco más que cabañas de troncos, sin agua corriente ni electricidad. Las agua del alcantarillado municipal todavía corren sin tratar hacia el río Yukón, para horror de los ecologistas e indios que viven corriente abajo, hasta en Alaska.
Este área se llamaba el Salvaje Oeste. Dawson, que muchos residentes todavía llaman Dawson City, todavía lo es. Apenas el otro día un hombre incendió un garaje de la sede de la Real Policía Montada de Canadá, destruyendo una lancha de propulsión a chorro, sin motivo aparente.
Se rumorea que en un hotel en el centro acechan los fantasmas y otro rumor sigue la vieja tradición de mezclar las bebidas con dedos humanos en salmuera (el local dice que son deshidratados y conservados en sal) donados por la gente en sus testamentos o por los desafortunados que sufren congelamientos en invierno. (Los que las beben son inscritos en el Club del Cóctel del Dedo Agrio').
El gusano del oro tarda en morir, y mucha gente aquí todavía trabaja en la minería en los ríos y manantiales circundantes. Montones de vecinos, incluyendo a sus principales políticos, tienen antecedentes criminales. E incluso los que no parecen venir escapando de algo o que simplemente buscan el tipo de libertad que no se encuentra en lugares corrientes.
"Una cosa sobre Yukón: el pasado lo dejas en la puerta", dijo Bob Hilliard, 53, el pianista de Dawson, mejor conocido como Barnacle Bob. "Hay un montón de historias personales que es mejor dejar fuera del territorio".
Entre los grandes estafadores, dicen algunos, se encuentran los líderes municipales de Dawson. Peter Jenkins, que fue alcalde de 1980 a 1994, es conocido aquí como Pete el Pirata' porque -lo admite espontáneamente- pirateaba las señales de satélite y distribuía televisión gratuitamente a la gente del pueblo.
"Ayudé a traer la televisión a mi comunidad", dijo Jenkins, sonriendo, hace poco. Sin una pizca de remordimiento, explicó cómo el pueblo se subscribió a la televisión por satélite pagando tasas residenciales inscribiendo los nombres de gente muerta, pioneros como Tagish Charley y Skookum Jim.
Jenkins, ahora jefe adjunto de todo Yukón, ganó las elecciones de alcalde aunque había sido condenado por perjurio en los años setenta, cuando se descubrió que su hotel estaba robando electricidad. Aprendió a volar cuando estuvo en la cárcel de seguridad mínima en Whitehorse. El premier de Yukón, Dennis Fentie, fue condenado por tráfico de drogas en 1975 y pasó 17 meses en una penitenciaría federal antes de ser indultado.
"En Yukón, todo es transparente", dijo Jenkins en una entrevista. "No existen los secretos".
La política de Dawson es dominada por la enemistad entre Jenkins y Glen Everitt, que fue alcalde e 1996 hasta abril de 2004, cuando el gobierno territorial despidió al ayuntamiento debido a irregularidades fiscales, acusaciones de corrupción y crecientes deudas. Una nueva intervención de cuentas y una revisión financiera mostró que casi 200.000 dólares fueron hechos desaparecer o fueron malgastados por importantes funcionarios del ayuntamiento. "El abuso de las tarjetas de crédito de la municipalidad de parte de funcionarios de Dawson era un secreto público", dice el informe.
Everitt está siendo investigado por la Real Policía Montada de Canadá, y ha admitido públicamente ante la Compañía de Radiodifusión Canadiense haber presentado una cuenta de un bar de más de 2.000 dólares, a cargo de la municipalidad, que estaba escrita en una servilleta y firmada por una camarera. Su explicación al CBC fue que era "un asunto promocional".
Pero en una entrevista culpó del escándalo a sus enemigos políticos.
Everitt dijo que estaba considerando presentarse nuevamente al cargo de alcalde, dependiendo de quién se presente cuando se restablezca el gobierno democrático.
"Aquí la mayoría de la gente perdona los errores de los otros", dijo Everitt. "La gente no juzga a los otros por su pasado. Se concentran en lo que ofrecen en el presente".
Para sus vecinos y visitantes habituales, Dawson tiene una poderosa cualidad redentora, un lugar donde todos tienen una segunda posibilidad, y gente de todo tipo, edades y profesiones se sienten protegidos y aceptados por los otros.
"En una ciudad, un tipo como yo sería considerado un vagabundo y la gente rica no sabría qué hacer conmigo", dijo Bill Donaldson, 41, que es aquí mejor conocido como Bill el Cavernario', porque vive en una caverna al otro lado del río. "Aquí puede beber con cualquiera y le escucharán, y si no nos conocieras no sabrías quiénes son los ricos y quiénes los vagabundos. Nos vemos todos iguales".
La sensación de que están todos juntos en Dawson sorprendió a Wade Simon, propietario de uno de los restaurantes más importantes del pueblo, cuando fue detenido en 1997. Un policía montado entró al restaurante, el Klondike Kate's, y lo detuvo por rompimiento de la libertad condicional tras pasar un tiempo en la cárcel por agresión en Quebec hace 17 años.
El pueblo se unió en torno a Simon, y los vecinos escribieron docenas de cartas a la comisión local de libertad condicional defendiendo su causa. Fue liberado rápidamente y volvió a su restaurante. Su novia, que no conocía los detalles más oscuros de su vida anterior, se casó con él de todos modos.
Después de que Simon fuera liberado, recordó que "un montón de gente del pueblo me vino a ver y me contaron sus historias".
"También han hecho cosas", dijo. "Yo era el sacerdote en la cabina".
Ahora está contento de haber sido atrapado y puede vivir su vida sin mirar sobre sus hombros. "Aquí es donde terminó todo, y donde comenzó todo", dijo durante una entrevista en la ordenada terraza de su restaurante. "En este lugar me siento en casa".
1 de septiembre de 2005
17 de junio de 2005
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Dawson, Territorio de Yukón, Canadá. La gente aquí todavía lía sus propios cigarrillos, beben montones y juegan en un casino donde el ritmo sincopado se toca en un piano de pared. Ha sido así desde que hace un siglo la gran fiebre del oro de Klondike llenó en pocos meses Dawson de 30.000 mineros enloquecidos por el oro, bailarinas y una gran variedad de gamberros.En estos días el pueblo cuenta con 1.200 habitantes y el gobierno municipal se encuentra en bancarrota, a pesar de una creciente industria turística y una colonia de artistas. Pero en el remoto Yukón algunas cosas nunca cambian.
Las calles siguen sin pavimentar, las aceras son de madera, los edificios clásicos son de madera y muchas casas son poco más que cabañas de troncos, sin agua corriente ni electricidad. Las agua del alcantarillado municipal todavía corren sin tratar hacia el río Yukón, para horror de los ecologistas e indios que viven corriente abajo, hasta en Alaska.
Este área se llamaba el Salvaje Oeste. Dawson, que muchos residentes todavía llaman Dawson City, todavía lo es. Apenas el otro día un hombre incendió un garaje de la sede de la Real Policía Montada de Canadá, destruyendo una lancha de propulsión a chorro, sin motivo aparente.
Se rumorea que en un hotel en el centro acechan los fantasmas y otro rumor sigue la vieja tradición de mezclar las bebidas con dedos humanos en salmuera (el local dice que son deshidratados y conservados en sal) donados por la gente en sus testamentos o por los desafortunados que sufren congelamientos en invierno. (Los que las beben son inscritos en el Club del Cóctel del Dedo Agrio').
El gusano del oro tarda en morir, y mucha gente aquí todavía trabaja en la minería en los ríos y manantiales circundantes. Montones de vecinos, incluyendo a sus principales políticos, tienen antecedentes criminales. E incluso los que no parecen venir escapando de algo o que simplemente buscan el tipo de libertad que no se encuentra en lugares corrientes.
"Una cosa sobre Yukón: el pasado lo dejas en la puerta", dijo Bob Hilliard, 53, el pianista de Dawson, mejor conocido como Barnacle Bob. "Hay un montón de historias personales que es mejor dejar fuera del territorio".
Entre los grandes estafadores, dicen algunos, se encuentran los líderes municipales de Dawson. Peter Jenkins, que fue alcalde de 1980 a 1994, es conocido aquí como Pete el Pirata' porque -lo admite espontáneamente- pirateaba las señales de satélite y distribuía televisión gratuitamente a la gente del pueblo.
"Ayudé a traer la televisión a mi comunidad", dijo Jenkins, sonriendo, hace poco. Sin una pizca de remordimiento, explicó cómo el pueblo se subscribió a la televisión por satélite pagando tasas residenciales inscribiendo los nombres de gente muerta, pioneros como Tagish Charley y Skookum Jim.
Jenkins, ahora jefe adjunto de todo Yukón, ganó las elecciones de alcalde aunque había sido condenado por perjurio en los años setenta, cuando se descubrió que su hotel estaba robando electricidad. Aprendió a volar cuando estuvo en la cárcel de seguridad mínima en Whitehorse. El premier de Yukón, Dennis Fentie, fue condenado por tráfico de drogas en 1975 y pasó 17 meses en una penitenciaría federal antes de ser indultado.
"En Yukón, todo es transparente", dijo Jenkins en una entrevista. "No existen los secretos".
La política de Dawson es dominada por la enemistad entre Jenkins y Glen Everitt, que fue alcalde e 1996 hasta abril de 2004, cuando el gobierno territorial despidió al ayuntamiento debido a irregularidades fiscales, acusaciones de corrupción y crecientes deudas. Una nueva intervención de cuentas y una revisión financiera mostró que casi 200.000 dólares fueron hechos desaparecer o fueron malgastados por importantes funcionarios del ayuntamiento. "El abuso de las tarjetas de crédito de la municipalidad de parte de funcionarios de Dawson era un secreto público", dice el informe.
Everitt está siendo investigado por la Real Policía Montada de Canadá, y ha admitido públicamente ante la Compañía de Radiodifusión Canadiense haber presentado una cuenta de un bar de más de 2.000 dólares, a cargo de la municipalidad, que estaba escrita en una servilleta y firmada por una camarera. Su explicación al CBC fue que era "un asunto promocional".
Pero en una entrevista culpó del escándalo a sus enemigos políticos.
Everitt dijo que estaba considerando presentarse nuevamente al cargo de alcalde, dependiendo de quién se presente cuando se restablezca el gobierno democrático.
"Aquí la mayoría de la gente perdona los errores de los otros", dijo Everitt. "La gente no juzga a los otros por su pasado. Se concentran en lo que ofrecen en el presente".
Para sus vecinos y visitantes habituales, Dawson tiene una poderosa cualidad redentora, un lugar donde todos tienen una segunda posibilidad, y gente de todo tipo, edades y profesiones se sienten protegidos y aceptados por los otros.
"En una ciudad, un tipo como yo sería considerado un vagabundo y la gente rica no sabría qué hacer conmigo", dijo Bill Donaldson, 41, que es aquí mejor conocido como Bill el Cavernario', porque vive en una caverna al otro lado del río. "Aquí puede beber con cualquiera y le escucharán, y si no nos conocieras no sabrías quiénes son los ricos y quiénes los vagabundos. Nos vemos todos iguales".
La sensación de que están todos juntos en Dawson sorprendió a Wade Simon, propietario de uno de los restaurantes más importantes del pueblo, cuando fue detenido en 1997. Un policía montado entró al restaurante, el Klondike Kate's, y lo detuvo por rompimiento de la libertad condicional tras pasar un tiempo en la cárcel por agresión en Quebec hace 17 años.
El pueblo se unió en torno a Simon, y los vecinos escribieron docenas de cartas a la comisión local de libertad condicional defendiendo su causa. Fue liberado rápidamente y volvió a su restaurante. Su novia, que no conocía los detalles más oscuros de su vida anterior, se casó con él de todos modos.
Después de que Simon fuera liberado, recordó que "un montón de gente del pueblo me vino a ver y me contaron sus historias".
"También han hecho cosas", dijo. "Yo era el sacerdote en la cabina".
Ahora está contento de haber sido atrapado y puede vivir su vida sin mirar sobre sus hombros. "Aquí es donde terminó todo, y donde comenzó todo", dijo durante una entrevista en la ordenada terraza de su restaurante. "En este lugar me siento en casa".
1 de septiembre de 2005
17 de junio de 2005
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