giro contra la resistencia
[Bradley Graham] Oficiales norteamericanos ponen énfasis en fundamentalistas. Nacionalistas pan-árabes ya no son considerados como la principal amenaza.
Bagdad, Iraq. Jefes militares norteamericanos dicen que su visión de la resistencia ha empezado a cambiar, dando ahora mayor prioridad a la lucha contra los combatientes extranjeros y los yihadistas iraquíes.
Este giro se produce en respuesta al reciente aumento de los atentados suicidas y otros desarrollos que indican un rol más prominente en la resistencia de estos grupos radicales, dijeron los comandantes.
Antes las autoridades norteamericanas habían descrito a la resistencia como dominada en gran parte por lo que el Pentágono ha llamado "elementos del antiguo régimen" -una combinación de miembros del Partido Baaz y militares iraquíes y agentes de servicios de seguridad empecinados en reconquistar el dominio sunní. Pero desde las elecciones del 30 de enero, este segmento de la resistencia parece haberse retirado de la guerra, al menos de momento, para revaluar sus estrategias y explorar un posible acuerdo político con el nuevo gobierno, dijeron aquí oficiales estadounidenses.
Actuando sobre la suposición de que combatientes extranjeros y extremistas iraquíes puedan ahora plantear una amenaza más grande y más inmediata a la seguridad de Iraq, los comandantes han dado órdenes en los últimos días para reponer algunas fuerzas de tierra norteamericanas y recursos de inteligencia en el noroeste de Iraq para reforzar la frontera con Siria y obstaculizar las rutas de infiltración. También están aumentando sus esfuerzos para capturar a los fabricantes de bombas y coordinadores clave de los atentados kamikaze.
En entrevistas varios comandantes y agentes de inteligencia han pedido cautela ya que el cambio era todavía tentativo y se basaba más en información fragmentaria e intuición que en evidencias específicas sólidas. Dijeron que las evaluaciones diferían entre los especialistas de inteligencia estadounidenses.
Pero reforzando la impresión de que una tendencia de elementos intransigentes ha adquirido más importancia, dicen los oficiales, está el hecho de que las misiones suicidas se han hecho más frecuentes y más despiadadas -muchas han sido colocadas y sincronizadas para matar tanto a civiles como a fuerzas de seguridad iraquíes. Las autoridades estadounidenses e iraquíes dicen que los conductores suicidas son invariablemente combatientes extranjeros. Agentes aquí dijeron que no conocían ningún caso documentado en que el atacante suicida fuera un iraquí.
Un reciente informe de inteligencia norteamericano también muestra un aumento el mes de pasado en el flujo de combatientes extranjeros en Iraq, de acuerdo a varios oficiales familiarizados con el tema.
"Parece haber un aumento de los elementos extranjeros en la resistencia", dijo el general de ejército George Casey, el comandante en Iraq.
Con los grupos sunníes baazistas aparentemente alejados del frente, algunos agentes dicen que la resistencia parece haberse reducido a medida que sus métodos devienen más crueles.
"La base de la resistencia se está achicando, pero todavía es razonablemente competente como una base terrorista", dijo un oficial a condición de guardar el anonimato. Más de 300 personas han muerto desde la formación del nuevo gobierno iraquí hace 10 días.
Los generales admiten la posibilidad de que el aparente cambio en la naturaleza de la resistencia pueda ser sólo temporal. Observaron, por ejemplo, que el fracaso en incorporar a los sunníes al nuevo proceso político podría empujar a los baazistas a una oposición más violenta.
"Puede ser solamente una pausa", dijo el general de división John DeFreitas III, el oficial a cargo de la inteligencia militar en Iraq. "No estoy seguro de que hayan abandonado la resistencia. Seguramente volverán".
Incluso con el aumento de los combatientes extranjeros, dijeron varios oficiales, el número estimado que llega cada mes al país todavía es relativamente pequeño -varios cientos. En términos numéricos, dijeron, la resistencia sigue siendo esencialmente nacional. Los miembros iraquíes de las facciones islámicas extremistas, como el Ejército Ansar al Sunna, siguen siendo responsables de muchos de los atentados insurgentes.
Pero en términos del efecto general, los combatientes extranjeros que sirven como terroristas suicidas y causan enormes bajas están teniendo un impacto desproporcionado, dijeron los oficiales. El más prominente combatiente extranjero -el jordano Abu Musab Zarqawi- se ha transformado en el rebelde mejor conocido de Iraq, y dirige una red que ha reivindicado responsabilidad por algunos de los atentados más sangrientos.
Como Zarqawi, se dice que varios combatientes extranjeros están formando alianzas tácticas con grupos extremistas iraquíes para llevar a cabo los atentados. Aunque extranjeros pueden conducir los coches suicidas, son iraquíes quienes frecuentemente controlan las misiones tras bastidores, dirigiendo redes que proporcionan casas de seguridad, montan los explosivos y se encargan de otras tareas.
El número de atentados con coches-bomba subió bruscamente de 64 en febrero a 135 en abril, según estadísticas militares norteamericanas. La proporción de los ataques que implican la participación con conductores suicidas también subió fuertemente, de un 25 a algo más del 50 por ciento.
"El coche-bomba se ha transformado en el arma predilecta de esos tipos, es su arma de precisión", dijo aquí otro general.
En general, la tasa de atentados ha subido a entre 30 a 40 al día en febrero y marzo a un promedio de 70 por día, según estadísticas militares norteamericanas.
La principal ruta de infiltración en Iraq de combatientes extranjeros continúa a través de Siria, dijeron aquí los oficiales. Citando a páginas web terroristas que buscan reclutas en países como Sudán, Libia y Arabia Saudí, los oficiales dijeron que los combatientes tendían a llegar desde Damasco, la capital siria, donde eran recibidos por intermediarios y trasladados a través de la frontera en Iraq.
La avalancha de atentados con coches-bomba ha llevado a los jefes militares norteamericanos a poner énfasis en frenar las infiltraciones cerca de la frontera y en detectar las redes de talleres para fabricar bombas dentro de Iraq. Pero los comandantes están todavía debatiendo cómo reorientar las operaciones militares estadounidenses contra los elementos más radicales de la resistencia.
"¿Nos concentramos en los elementos del antiguo régimen, o nos volcamos hacia la otra parte de la resistencia? Eso es lo que la gente quiere saber ahora", dijo DeFreitas, el oficial de inteligencia.
Con el reciente aumento de los ataques, los comandantes norteamericanos reconocen que algo del ímpetu ganado desde las elecciones se enero se ha evaporado. Pero dicen que todavía tienen la esperanza de hacer suficientes esfuerzos para contener la resistencia y construir este año las fuerzas de seguridad iraquíes para permitir una reducción significativa de tropas norteamericanas a principios del próximo año. Este próximo mes se ha programado una evaluación formal de los progresos hacia ese fin.
22 de mayo de 2005
9 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Jefes militares norteamericanos dicen que su visión de la resistencia ha empezado a cambiar, dando ahora mayor prioridad a la lucha contra los combatientes extranjeros y los yihadistas iraquíes.Este giro se produce en respuesta al reciente aumento de los atentados suicidas y otros desarrollos que indican un rol más prominente en la resistencia de estos grupos radicales, dijeron los comandantes.
Antes las autoridades norteamericanas habían descrito a la resistencia como dominada en gran parte por lo que el Pentágono ha llamado "elementos del antiguo régimen" -una combinación de miembros del Partido Baaz y militares iraquíes y agentes de servicios de seguridad empecinados en reconquistar el dominio sunní. Pero desde las elecciones del 30 de enero, este segmento de la resistencia parece haberse retirado de la guerra, al menos de momento, para revaluar sus estrategias y explorar un posible acuerdo político con el nuevo gobierno, dijeron aquí oficiales estadounidenses.
Actuando sobre la suposición de que combatientes extranjeros y extremistas iraquíes puedan ahora plantear una amenaza más grande y más inmediata a la seguridad de Iraq, los comandantes han dado órdenes en los últimos días para reponer algunas fuerzas de tierra norteamericanas y recursos de inteligencia en el noroeste de Iraq para reforzar la frontera con Siria y obstaculizar las rutas de infiltración. También están aumentando sus esfuerzos para capturar a los fabricantes de bombas y coordinadores clave de los atentados kamikaze.
En entrevistas varios comandantes y agentes de inteligencia han pedido cautela ya que el cambio era todavía tentativo y se basaba más en información fragmentaria e intuición que en evidencias específicas sólidas. Dijeron que las evaluaciones diferían entre los especialistas de inteligencia estadounidenses.
Pero reforzando la impresión de que una tendencia de elementos intransigentes ha adquirido más importancia, dicen los oficiales, está el hecho de que las misiones suicidas se han hecho más frecuentes y más despiadadas -muchas han sido colocadas y sincronizadas para matar tanto a civiles como a fuerzas de seguridad iraquíes. Las autoridades estadounidenses e iraquíes dicen que los conductores suicidas son invariablemente combatientes extranjeros. Agentes aquí dijeron que no conocían ningún caso documentado en que el atacante suicida fuera un iraquí.
Un reciente informe de inteligencia norteamericano también muestra un aumento el mes de pasado en el flujo de combatientes extranjeros en Iraq, de acuerdo a varios oficiales familiarizados con el tema.
"Parece haber un aumento de los elementos extranjeros en la resistencia", dijo el general de ejército George Casey, el comandante en Iraq.
Con los grupos sunníes baazistas aparentemente alejados del frente, algunos agentes dicen que la resistencia parece haberse reducido a medida que sus métodos devienen más crueles.
"La base de la resistencia se está achicando, pero todavía es razonablemente competente como una base terrorista", dijo un oficial a condición de guardar el anonimato. Más de 300 personas han muerto desde la formación del nuevo gobierno iraquí hace 10 días.
Los generales admiten la posibilidad de que el aparente cambio en la naturaleza de la resistencia pueda ser sólo temporal. Observaron, por ejemplo, que el fracaso en incorporar a los sunníes al nuevo proceso político podría empujar a los baazistas a una oposición más violenta.
"Puede ser solamente una pausa", dijo el general de división John DeFreitas III, el oficial a cargo de la inteligencia militar en Iraq. "No estoy seguro de que hayan abandonado la resistencia. Seguramente volverán".
Incluso con el aumento de los combatientes extranjeros, dijeron varios oficiales, el número estimado que llega cada mes al país todavía es relativamente pequeño -varios cientos. En términos numéricos, dijeron, la resistencia sigue siendo esencialmente nacional. Los miembros iraquíes de las facciones islámicas extremistas, como el Ejército Ansar al Sunna, siguen siendo responsables de muchos de los atentados insurgentes.
Pero en términos del efecto general, los combatientes extranjeros que sirven como terroristas suicidas y causan enormes bajas están teniendo un impacto desproporcionado, dijeron los oficiales. El más prominente combatiente extranjero -el jordano Abu Musab Zarqawi- se ha transformado en el rebelde mejor conocido de Iraq, y dirige una red que ha reivindicado responsabilidad por algunos de los atentados más sangrientos.
Como Zarqawi, se dice que varios combatientes extranjeros están formando alianzas tácticas con grupos extremistas iraquíes para llevar a cabo los atentados. Aunque extranjeros pueden conducir los coches suicidas, son iraquíes quienes frecuentemente controlan las misiones tras bastidores, dirigiendo redes que proporcionan casas de seguridad, montan los explosivos y se encargan de otras tareas.
El número de atentados con coches-bomba subió bruscamente de 64 en febrero a 135 en abril, según estadísticas militares norteamericanas. La proporción de los ataques que implican la participación con conductores suicidas también subió fuertemente, de un 25 a algo más del 50 por ciento.
"El coche-bomba se ha transformado en el arma predilecta de esos tipos, es su arma de precisión", dijo aquí otro general.
En general, la tasa de atentados ha subido a entre 30 a 40 al día en febrero y marzo a un promedio de 70 por día, según estadísticas militares norteamericanas.
La principal ruta de infiltración en Iraq de combatientes extranjeros continúa a través de Siria, dijeron aquí los oficiales. Citando a páginas web terroristas que buscan reclutas en países como Sudán, Libia y Arabia Saudí, los oficiales dijeron que los combatientes tendían a llegar desde Damasco, la capital siria, donde eran recibidos por intermediarios y trasladados a través de la frontera en Iraq.
La avalancha de atentados con coches-bomba ha llevado a los jefes militares norteamericanos a poner énfasis en frenar las infiltraciones cerca de la frontera y en detectar las redes de talleres para fabricar bombas dentro de Iraq. Pero los comandantes están todavía debatiendo cómo reorientar las operaciones militares estadounidenses contra los elementos más radicales de la resistencia.
"¿Nos concentramos en los elementos del antiguo régimen, o nos volcamos hacia la otra parte de la resistencia? Eso es lo que la gente quiere saber ahora", dijo DeFreitas, el oficial de inteligencia.
Con el reciente aumento de los ataques, los comandantes norteamericanos reconocen que algo del ímpetu ganado desde las elecciones se enero se ha evaporado. Pero dicen que todavía tienen la esperanza de hacer suficientes esfuerzos para contener la resistencia y construir este año las fuerzas de seguridad iraquíes para permitir una reducción significativa de tropas norteamericanas a principios del próximo año. Este próximo mes se ha programado una evaluación formal de los progresos hacia ese fin.
22 de mayo de 2005
9 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
conflictos sobre torturas
[Bradley Graham] A pesar de leyes y cursos, policía iraquí continúa torturando a detenidos.
Bagdad, Iraq. Antes de partir de Iraq en febrero la Primera División de Caballería compiló una lista de más de 100 acusaciones de maltratos de los detenidos en los seis meses previos -no a manos de tropas estadounidenses, sino de soldados y agentes de policía iraquíes.
La Tercera División de Infantería, que ha quedado desde entonces a cargo de la región de Bagdad, ha recibido 28 acusaciones semejantes más, 15 de las cuales han sido verificadas, dijeron abogados de la división.
Estos archivos militares norteamericanos previamente desconocidos, que documentan los maltratos iraquíes de los detenidos, a menudo con fotos mostrando a prisioneros amoratados o cortados, subrayan lo que comandantes americanos han llamado una preocupación de alta prioridad. A medida que la policía y fuerzas armadas iraquíes asumen mayores responsabilidades en lucha contra los insurgentes, oficiales norteamericanos dicen que han advertido repetidas veces a las autoridades iraquíes -en cartas formales de los comandantes y en encuentros cara a cara en centros de detención y otros sitios- contra la práctica de maltratar a los prisioneros.
Estos encuentros han provocado fricciones entre las fuerzas norteamericanas e iraquíes, con iraquíes que a veces ponen en duda las exigencias de trato humano de combatientes enemigos que ellos mismos no respetan las leyes de la guerra. Oficiales norteamericanos dicen que advierten regularmente a los iraquíes que la incapacidad de poner fin a las conductas abusivas podría teñir la imagen de los nuevos servicios de seguridad, corriendo el riesgo de perder el apoyo de la opinión pública iraquí y poniendo en peligro la ayuda extranjera norteamericana y otra.
En privado los comandantes norteamericanos también manifiestan preocupación de que sus tropas sean empujadas a una guerra sucia iraquí, especialmente ahora que este año hay varios miles de asesores militares incrustados en unidades iraquíes, colocándolos en posición de presenciar acciones ilegales o ser acusados de consentirlas. Las fuerzas armadas norteamericanas han gastado todo el año pasado tratando de salir de la sombra de los maltratos a manos de soldados norteamericanos en la cárcel de Abu Ghraib y otros centros de detención en Iraq, Afganistán y Bahía Guantánamo, Cuba.
En una carta el mes pasado a las tropas que se preparan para actuar como asesores de unidades iraquíes, el general del ejército George Casey, el oficial norteamericano de más alto rango en Iraq, dijo que una de sus principales misiones sería asegurarse de que las tropas iraquíes comprendieran y cumplieran con las normas propias de tratamiento de los detenidos.
"Es muy importante que no hagamos nunca la vista gorda con los abusos, pensando que lo que hacen los iraquíes con sus prisioneros es un asunto de los iraquíes'", escribió Casey, de acuerdo a una copia de la carta accesible a Washington Post. "Ni podemos hacer la vista gorda con esas transgresiones".
El 29 de abril el teniente general John Vines, comandante táctico norteamericano, emitió una orden requiriendo que las fuerzas norteamericanas prevengan, cuando sea posible, todo maltrato por parte de fuerzas iraquíes e informen todo incidente de abuso en la cadena de mando.
"No esperamos que nuestros soldados hagan una investigación formal, pero sí esperamos que obtengan la información básica -qué unidad iraquí lo hizo, los nombres de los soldados implicados, los testigos- y tomen declaraciones y fotos lo mejor que puedan", dijo un abogado del staff de Vines que habló a condición de conservar el anonimato.
El abogado dijo que los miembros del staff del comando no se habían concentrado en cómo abordar el problema de los maltratos iraquíes de prisioneros sino hasta que llegaron en febrero y recibieron los archivos confidenciales compilados por el Primero de Caballería. Esos documentos revelaron una gama de métodos utilizados. Un índice de materias, mostrado en el Post, mencionaba "agresión con puños, palos, cuerdas y armas" y "agresiones con cables eléctricos". También decía que "las descargas eléctricas y la asfixia" se usaban "consistentemente para obtener confesiones".
"Una vez que lo vimos, empezamos a pensar sobre qué era necesario hacer, y, francamente, todavía estamos trabajando en ello", dijo el abogado.
El tratamiento que dan los iraquíes a los detenidos ha sido criticado por grupos de derechos humanos. Un informe de 94 páginas de Human Rights Watch de enero concluyó que los maltratos por parte de la policía y fuerzas de inteligencia iraquíes se habían transformado en "rutina y lugar común". Basándose en investigaciones entre julio y octubre del año pasado, el estudio encontró "pocos indicios" de cualquier medida seria "para implementar las leyes existentes y poner fin" a los maltratos.
Miembros del nuevo gobierno iraquí han asegurado a los comandantes norteamericanos en conversaciones privadas de que estaban al tanto del problema y dedicidos a resolverlo, de acuerdo a varios oficiales norteamericanos. Pero portavoces de los ministerios de Defensa e Interior dijeron esta semana que no estaban al tanto de ningún informe militar norteamericano específico tratando los abusos de prisioneros por fuerzas iraquíes.
El tema ha ganado en urgencia en los últimos meses a medida que las fuerzas de seguridad iraquíes se expandían y empezaban a realizar operaciones contra-insurgentes por su cuenta. Los prisioneros hechos en las operaciones dirigidas por fuerzas americanas son todavía enviados a centros de detención norteamericanos. Pero los insurgentes capturados en redadas dirigidas por iraquíes terminan ahora a menudo siendo detenidos por los iraquíes y sometidos a veces a severos interrogatorios.
Fuerzas iraquíes reciben algo de instrucción en derechos humanos y leyes de conflictos armados en los programas norteamericanos de adiestramiento básico, y soldados estadounidenses están proporcionando asesoría adicional a los responsables de las prisiones. Pero la asesoría ha tendido a ser general y carece de muchos de los detalles del manual de terreno para el tratamiento de prisioneros que fueron revisados hace poco por el ejército norteamericano.
"Les hemos dado recomendaciones", dijo el capitán Jacob Lilly, asesor jefe para operaciones con detenidos de la Tercera Infantería. "Pero no han sido tan detalladas".
Según órdenes emitidas por Vines, los informes sobre abusos iraquíes documentados por tropas norteamericanas deben ser revisados por los comandantes de división, luego pasado a Vines y Casey y enviados a las autoridades provinciales o nacionales iraquíes.
A veces los comandantes norteamericanos se involucran personalmente. Este mes, por ejemplo, el teniente general del ejército David H. Petraus, que dirige el proyecto para desarrollar las fuerzas de seguridad iraquíes, entregó lo que testigos describieron como una serie advertencia a los miembros de la Unidad de Delitos Graves, el equivalente del FBI en el país.
El aviso ocurrió después de un incidente en la comisaría de policía de Rusafa en Bagdad durante una visita de fuerzas norteamericanas y un equipo policial de enlace internacional. Al oír los gritos en un cuarto del segundo piso, el grupo investigó y encontró a un general de división iraquí y dos comisarios de policía con un detenido que estaba "gritando y brincando de un pie a otro", de acuerdo al informe norteamericano. El detenido había sido "interrogado sobre el robo de dinero" del sistema bancario iraquí, dijo el informe.
El general iraquí reconoció que el detenido había sido golpeado un par de veces "para obtener más información", dijo el informe. Al revisar la habitación, los visitantes estadounidenses encontraron dos mangueras de plástico, un largo rodillo con una cuerda y una generador a manivela con una abrazadera para cables", dijo el informe.
El grupo visitó a un general iraquí de dos estrellas en la comisaría para hablar sobre el asunto, pero el general "no respondió", dijo el informe. Volviendo al cuarto de interrogatorios, los miembros del grupo vieron al detenido que estaba siendo nuevamente interrogado y observa que "había cambiado su historia acerca de qué le había pasado". Entonces sacaron al detenido de la comisaría "por su propia seguridad", dice el informe.
Petraeus, según los participantes en la reunión, dijo a los miembros de la Unidad de Delitos Graves que esos maltratos podían en entredicho sus operaciones al socavar el prestigio público e internacional de sus operaciones. "No se puede permitir que en el nuevo Iraq se maltrate a la gente como lo hacía Saddam", dijo.
El jefe de la Unidad de Delitos Graves dijo a los oficiales norteamericanos que el incidente está siendo investigado y que los hallazgos serán dados a conocer al ministro del Interior.
En clases y en conversaciones sobre el tratamiento de detenidos, los soldados iraquíes a menudo rechazan la idea de que las convenciones internacionales de derechos humanos se apliquen a los insurgentes, dijeron varios oficiales.
"Una de las preguntas más frecuentes que nos hacen, es: ¿Por qué tenemos que tratarlos de manera huminitaria, cuando su único objetivo es matarnos?'", dijo el coronel William Hudson, abogado de la Tercera División de Infantería.
Lilly estuvo de acuerdo. "La primera pregunta que nos hacen los interrogadores iraquíes es: ¿Cómo voy a romper a estos tipos si no puede usar fuerza física?'", dijo.
Naseer Nouri contribuyó a este reportaje.
21 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Antes de partir de Iraq en febrero la Primera División de Caballería compiló una lista de más de 100 acusaciones de maltratos de los detenidos en los seis meses previos -no a manos de tropas estadounidenses, sino de soldados y agentes de policía iraquíes.La Tercera División de Infantería, que ha quedado desde entonces a cargo de la región de Bagdad, ha recibido 28 acusaciones semejantes más, 15 de las cuales han sido verificadas, dijeron abogados de la división.
Estos archivos militares norteamericanos previamente desconocidos, que documentan los maltratos iraquíes de los detenidos, a menudo con fotos mostrando a prisioneros amoratados o cortados, subrayan lo que comandantes americanos han llamado una preocupación de alta prioridad. A medida que la policía y fuerzas armadas iraquíes asumen mayores responsabilidades en lucha contra los insurgentes, oficiales norteamericanos dicen que han advertido repetidas veces a las autoridades iraquíes -en cartas formales de los comandantes y en encuentros cara a cara en centros de detención y otros sitios- contra la práctica de maltratar a los prisioneros.
Estos encuentros han provocado fricciones entre las fuerzas norteamericanas e iraquíes, con iraquíes que a veces ponen en duda las exigencias de trato humano de combatientes enemigos que ellos mismos no respetan las leyes de la guerra. Oficiales norteamericanos dicen que advierten regularmente a los iraquíes que la incapacidad de poner fin a las conductas abusivas podría teñir la imagen de los nuevos servicios de seguridad, corriendo el riesgo de perder el apoyo de la opinión pública iraquí y poniendo en peligro la ayuda extranjera norteamericana y otra.
En privado los comandantes norteamericanos también manifiestan preocupación de que sus tropas sean empujadas a una guerra sucia iraquí, especialmente ahora que este año hay varios miles de asesores militares incrustados en unidades iraquíes, colocándolos en posición de presenciar acciones ilegales o ser acusados de consentirlas. Las fuerzas armadas norteamericanas han gastado todo el año pasado tratando de salir de la sombra de los maltratos a manos de soldados norteamericanos en la cárcel de Abu Ghraib y otros centros de detención en Iraq, Afganistán y Bahía Guantánamo, Cuba.
En una carta el mes pasado a las tropas que se preparan para actuar como asesores de unidades iraquíes, el general del ejército George Casey, el oficial norteamericano de más alto rango en Iraq, dijo que una de sus principales misiones sería asegurarse de que las tropas iraquíes comprendieran y cumplieran con las normas propias de tratamiento de los detenidos.
"Es muy importante que no hagamos nunca la vista gorda con los abusos, pensando que lo que hacen los iraquíes con sus prisioneros es un asunto de los iraquíes'", escribió Casey, de acuerdo a una copia de la carta accesible a Washington Post. "Ni podemos hacer la vista gorda con esas transgresiones".
El 29 de abril el teniente general John Vines, comandante táctico norteamericano, emitió una orden requiriendo que las fuerzas norteamericanas prevengan, cuando sea posible, todo maltrato por parte de fuerzas iraquíes e informen todo incidente de abuso en la cadena de mando.
"No esperamos que nuestros soldados hagan una investigación formal, pero sí esperamos que obtengan la información básica -qué unidad iraquí lo hizo, los nombres de los soldados implicados, los testigos- y tomen declaraciones y fotos lo mejor que puedan", dijo un abogado del staff de Vines que habló a condición de conservar el anonimato.
El abogado dijo que los miembros del staff del comando no se habían concentrado en cómo abordar el problema de los maltratos iraquíes de prisioneros sino hasta que llegaron en febrero y recibieron los archivos confidenciales compilados por el Primero de Caballería. Esos documentos revelaron una gama de métodos utilizados. Un índice de materias, mostrado en el Post, mencionaba "agresión con puños, palos, cuerdas y armas" y "agresiones con cables eléctricos". También decía que "las descargas eléctricas y la asfixia" se usaban "consistentemente para obtener confesiones".
"Una vez que lo vimos, empezamos a pensar sobre qué era necesario hacer, y, francamente, todavía estamos trabajando en ello", dijo el abogado.
El tratamiento que dan los iraquíes a los detenidos ha sido criticado por grupos de derechos humanos. Un informe de 94 páginas de Human Rights Watch de enero concluyó que los maltratos por parte de la policía y fuerzas de inteligencia iraquíes se habían transformado en "rutina y lugar común". Basándose en investigaciones entre julio y octubre del año pasado, el estudio encontró "pocos indicios" de cualquier medida seria "para implementar las leyes existentes y poner fin" a los maltratos.
Miembros del nuevo gobierno iraquí han asegurado a los comandantes norteamericanos en conversaciones privadas de que estaban al tanto del problema y dedicidos a resolverlo, de acuerdo a varios oficiales norteamericanos. Pero portavoces de los ministerios de Defensa e Interior dijeron esta semana que no estaban al tanto de ningún informe militar norteamericano específico tratando los abusos de prisioneros por fuerzas iraquíes.
El tema ha ganado en urgencia en los últimos meses a medida que las fuerzas de seguridad iraquíes se expandían y empezaban a realizar operaciones contra-insurgentes por su cuenta. Los prisioneros hechos en las operaciones dirigidas por fuerzas americanas son todavía enviados a centros de detención norteamericanos. Pero los insurgentes capturados en redadas dirigidas por iraquíes terminan ahora a menudo siendo detenidos por los iraquíes y sometidos a veces a severos interrogatorios.
Fuerzas iraquíes reciben algo de instrucción en derechos humanos y leyes de conflictos armados en los programas norteamericanos de adiestramiento básico, y soldados estadounidenses están proporcionando asesoría adicional a los responsables de las prisiones. Pero la asesoría ha tendido a ser general y carece de muchos de los detalles del manual de terreno para el tratamiento de prisioneros que fueron revisados hace poco por el ejército norteamericano.
"Les hemos dado recomendaciones", dijo el capitán Jacob Lilly, asesor jefe para operaciones con detenidos de la Tercera Infantería. "Pero no han sido tan detalladas".
Según órdenes emitidas por Vines, los informes sobre abusos iraquíes documentados por tropas norteamericanas deben ser revisados por los comandantes de división, luego pasado a Vines y Casey y enviados a las autoridades provinciales o nacionales iraquíes.
A veces los comandantes norteamericanos se involucran personalmente. Este mes, por ejemplo, el teniente general del ejército David H. Petraus, que dirige el proyecto para desarrollar las fuerzas de seguridad iraquíes, entregó lo que testigos describieron como una serie advertencia a los miembros de la Unidad de Delitos Graves, el equivalente del FBI en el país.
El aviso ocurrió después de un incidente en la comisaría de policía de Rusafa en Bagdad durante una visita de fuerzas norteamericanas y un equipo policial de enlace internacional. Al oír los gritos en un cuarto del segundo piso, el grupo investigó y encontró a un general de división iraquí y dos comisarios de policía con un detenido que estaba "gritando y brincando de un pie a otro", de acuerdo al informe norteamericano. El detenido había sido "interrogado sobre el robo de dinero" del sistema bancario iraquí, dijo el informe.
El general iraquí reconoció que el detenido había sido golpeado un par de veces "para obtener más información", dijo el informe. Al revisar la habitación, los visitantes estadounidenses encontraron dos mangueras de plástico, un largo rodillo con una cuerda y una generador a manivela con una abrazadera para cables", dijo el informe.
El grupo visitó a un general iraquí de dos estrellas en la comisaría para hablar sobre el asunto, pero el general "no respondió", dijo el informe. Volviendo al cuarto de interrogatorios, los miembros del grupo vieron al detenido que estaba siendo nuevamente interrogado y observa que "había cambiado su historia acerca de qué le había pasado". Entonces sacaron al detenido de la comisaría "por su propia seguridad", dice el informe.
Petraeus, según los participantes en la reunión, dijo a los miembros de la Unidad de Delitos Graves que esos maltratos podían en entredicho sus operaciones al socavar el prestigio público e internacional de sus operaciones. "No se puede permitir que en el nuevo Iraq se maltrate a la gente como lo hacía Saddam", dijo.
El jefe de la Unidad de Delitos Graves dijo a los oficiales norteamericanos que el incidente está siendo investigado y que los hallazgos serán dados a conocer al ministro del Interior.
En clases y en conversaciones sobre el tratamiento de detenidos, los soldados iraquíes a menudo rechazan la idea de que las convenciones internacionales de derechos humanos se apliquen a los insurgentes, dijeron varios oficiales.
"Una de las preguntas más frecuentes que nos hacen, es: ¿Por qué tenemos que tratarlos de manera huminitaria, cuando su único objetivo es matarnos?'", dijo el coronel William Hudson, abogado de la Tercera División de Infantería.
Lilly estuvo de acuerdo. "La primera pregunta que nos hacen los interrogadores iraquíes es: ¿Cómo voy a romper a estos tipos si no puede usar fuerza física?'", dijo.
Naseer Nouri contribuyó a este reportaje.
21 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
chiíes rechazan ocupación
[Abdul Hussein Al-Obeidit] Masivas protestas anti-norteamericanas en Nayaf.
Nayaf, Iraq. Miles de chiíes pisotearon banderas norteamericanas pintadas en las calles frente a las mezquitas en una demostración de indignación por la presencia norteamericana en Iraq, mientras líderes sunníes llamaron el viernes a cerrar los templos en protesta por la violencia sectaria que muchos temen que termine en una guerra civil.
Un soldado americano murió al estallar una bomba improvisada al norte de Bagdad, dijeron los militares. Al menos 1.628 miembros de las fuerzas armadas estadounidenses han muerto desde que empezara la guerra de Iraq en marzo de 2003, de acuerdo a un conteo de la Associated Press.
En un intento de frenar la violencia diaria, el primer ministro Ibrahim al-Jaafari dijo que viajará a Damasco para pedir personalmente al gobierno que tome medidas más enérgicas para impedir que los insurgentes entren al país a través de Siria. Al-Jaafari y funcionarios norteamericanos acusaron a los combatientes extranjeros de tramar muchos de los atentados.
Una fotografía de Saddam Hussein llevando solamente calzoncillos apareció en la primera plana del diario New York Post y del británico The Sun. Los diarios dijeron que las fotografías, tomadas en la antigua celda de la prisión de Bagdad del antiguo dictador, fueron proporcionadas por un funcionario militar norteamericano. Las fuerzas armadas estadounidenses condenaron las fotos y lanzaran de inmediato una investigación para determinar quién las tomó.
Las tensiones recrudecieron en todo Iraq, especialmente en el centro del territorio chií al sur, cuando más de 10.000 manifestantes acataron un llamado del clérigo anti-norteamericano Muqtada al-Sáder para pisotear y caminar por encima de banderas americanas e israelíes pintadas en la calle frente a las mezquitas. Muchos de los fieles cantaban con el Corán, el libro sagrado musulmán.
Al-Sáder, un clérigo robusto y de barba negra, lanzó dos insurrecciones contra las tropas norteamericanas en Bagdad y Nayaf en abril y agosto del año pasado, y luego entró en la clandestinidad antes de emerger nuevamente el lunes para exigir que las fuerzas norteamericanas y otras extranjeras se retiren de Iraq.
Su llamado se produce después de fuerzas norteamericanas e iraquíes detuvieran a 13 partidarios de al-Sáder durante una redada esta semana en una mezquita chií en Mahmoudiya, al sur de Bagdad.
La muchedumbre asistió a indignados servicios en las ciudades dominadas por chiíes de Nayaf, Kufa y Nasiriyah, donde estalló una balacera entre partidarios de al-Sáder y guardias que custodiaban el despacho del gobernador provincial.
Cuatro policías y cuatro civiles resultaron heridos, dijo un funcionario del hospital. Otros 9 partidarios de al-Sáder, dijo el jeque al-Khafaji, un funcionario de la oficina en Nasiriyah de al-Sáder.
"Advertimos al gobierno que no luchara contra el movimiento al-Sáder porque ningún tirano del mundo podrá destruirlo", dijo Hazim al-Araji, imán de una mezquita de Kufa, durante el sermón del viernes. "Decimos al gobierno: No os transforméis en el tirano que era Saddam, en el tirano que era Allawi [el antiguo primer ministro, Ayad]".
Otros 5.000 partidarios de al-Sáder marcharon en la barriada de Ciudad Sáder, de Bagdad, el escenario de feroces combates el año pasado entre tropas norteamericanas y combatientes de su Ejército al-Mahdi.
Entretanto, clérigos sunníes pronunciaron incendiarios sermones en Bagdad y Ramadi, en el oeste de Iraq en el volátil Triángulo Sunní, donde 3.000 fieles rezaron debajo de un ardiente sol y obedecieron un llamado de las tres organizaciones sunníes más influyentes de Iraq para cerrar los templos durante tres días en protesta por supuestas agresiones chiíes contra ellos.
En la mezquita sunní de Um al-Oura en Bagdad, el jeque Ahmed al-Samaraei acusó a las fuerzas de seguridad iraquíes dominadas por los chiíes de matar la semana pasada a musulmanes sunníes en el suburbio de Shaab al este de la capital.
"La sangre de los musulmanes es barata para ellos", dijo al-Samaraei. "Yo exijo que el gobierno investigue qué pasó o las cosas empeorarán".
Los chiíes constituyen un 60 por ciento de los 26 millones de habitantes de Iraq y fueron oprimidos durante el régimen de Saddam, pero emergieron de las elecciones de enero como el más importante bloque electoral en el parlamento.
La explosión de un coche-bomba mató a dos soldados iraquíes que patrullaban Bagdad con tropas norteamericanas, dijeron los militares norteamericanos. Llamaron en apoyo a helicópteros norteamericanos que dispararon contra los insurgentes en el área. La policía dijo que cuatro soldados iraquíes fueron matados aparentemente en el mismo atentado.
Una bomba improvisada mató en Latifiyah a un civil iraquí, al sur de Bagdad, dijo el teniente de policía Ali Obeid. Más de 250 personas han muerto en atentados kamikaze y otros ataques desde el 28 de abril, cuando se formó el gobierno chií de al-Jaafari.
En Turquía, al-Jaafari dijo que Iraq no tolerará que los combatientes extranjeros crucen la porosa frontera que separa al país de Siria.
"Dentro de poco visitaremos Siria y uno de los temas que trataremos será la seguridad y cómo prevenir esas infiltraciones", dijo.
Su decisión de visitar Damasco se produce después de alegatos de las fuerzas armadas estadounidenses de que lugartenientes importantes de Musab al-Zarqawi, el jefe de Al Qaeda en Iraq, se reunieron en Siria el mes pasado para tramar más atentados kamikaze en Iraq.
21 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Nayaf, Iraq. Miles de chiíes pisotearon banderas norteamericanas pintadas en las calles frente a las mezquitas en una demostración de indignación por la presencia norteamericana en Iraq, mientras líderes sunníes llamaron el viernes a cerrar los templos en protesta por la violencia sectaria que muchos temen que termine en una guerra civil.Un soldado americano murió al estallar una bomba improvisada al norte de Bagdad, dijeron los militares. Al menos 1.628 miembros de las fuerzas armadas estadounidenses han muerto desde que empezara la guerra de Iraq en marzo de 2003, de acuerdo a un conteo de la Associated Press.
En un intento de frenar la violencia diaria, el primer ministro Ibrahim al-Jaafari dijo que viajará a Damasco para pedir personalmente al gobierno que tome medidas más enérgicas para impedir que los insurgentes entren al país a través de Siria. Al-Jaafari y funcionarios norteamericanos acusaron a los combatientes extranjeros de tramar muchos de los atentados.
Una fotografía de Saddam Hussein llevando solamente calzoncillos apareció en la primera plana del diario New York Post y del británico The Sun. Los diarios dijeron que las fotografías, tomadas en la antigua celda de la prisión de Bagdad del antiguo dictador, fueron proporcionadas por un funcionario militar norteamericano. Las fuerzas armadas estadounidenses condenaron las fotos y lanzaran de inmediato una investigación para determinar quién las tomó.
Las tensiones recrudecieron en todo Iraq, especialmente en el centro del territorio chií al sur, cuando más de 10.000 manifestantes acataron un llamado del clérigo anti-norteamericano Muqtada al-Sáder para pisotear y caminar por encima de banderas americanas e israelíes pintadas en la calle frente a las mezquitas. Muchos de los fieles cantaban con el Corán, el libro sagrado musulmán.
Al-Sáder, un clérigo robusto y de barba negra, lanzó dos insurrecciones contra las tropas norteamericanas en Bagdad y Nayaf en abril y agosto del año pasado, y luego entró en la clandestinidad antes de emerger nuevamente el lunes para exigir que las fuerzas norteamericanas y otras extranjeras se retiren de Iraq.
Su llamado se produce después de fuerzas norteamericanas e iraquíes detuvieran a 13 partidarios de al-Sáder durante una redada esta semana en una mezquita chií en Mahmoudiya, al sur de Bagdad.
La muchedumbre asistió a indignados servicios en las ciudades dominadas por chiíes de Nayaf, Kufa y Nasiriyah, donde estalló una balacera entre partidarios de al-Sáder y guardias que custodiaban el despacho del gobernador provincial.
Cuatro policías y cuatro civiles resultaron heridos, dijo un funcionario del hospital. Otros 9 partidarios de al-Sáder, dijo el jeque al-Khafaji, un funcionario de la oficina en Nasiriyah de al-Sáder.
"Advertimos al gobierno que no luchara contra el movimiento al-Sáder porque ningún tirano del mundo podrá destruirlo", dijo Hazim al-Araji, imán de una mezquita de Kufa, durante el sermón del viernes. "Decimos al gobierno: No os transforméis en el tirano que era Saddam, en el tirano que era Allawi [el antiguo primer ministro, Ayad]".
Otros 5.000 partidarios de al-Sáder marcharon en la barriada de Ciudad Sáder, de Bagdad, el escenario de feroces combates el año pasado entre tropas norteamericanas y combatientes de su Ejército al-Mahdi.
Entretanto, clérigos sunníes pronunciaron incendiarios sermones en Bagdad y Ramadi, en el oeste de Iraq en el volátil Triángulo Sunní, donde 3.000 fieles rezaron debajo de un ardiente sol y obedecieron un llamado de las tres organizaciones sunníes más influyentes de Iraq para cerrar los templos durante tres días en protesta por supuestas agresiones chiíes contra ellos.
En la mezquita sunní de Um al-Oura en Bagdad, el jeque Ahmed al-Samaraei acusó a las fuerzas de seguridad iraquíes dominadas por los chiíes de matar la semana pasada a musulmanes sunníes en el suburbio de Shaab al este de la capital.
"La sangre de los musulmanes es barata para ellos", dijo al-Samaraei. "Yo exijo que el gobierno investigue qué pasó o las cosas empeorarán".
Los chiíes constituyen un 60 por ciento de los 26 millones de habitantes de Iraq y fueron oprimidos durante el régimen de Saddam, pero emergieron de las elecciones de enero como el más importante bloque electoral en el parlamento.
La explosión de un coche-bomba mató a dos soldados iraquíes que patrullaban Bagdad con tropas norteamericanas, dijeron los militares norteamericanos. Llamaron en apoyo a helicópteros norteamericanos que dispararon contra los insurgentes en el área. La policía dijo que cuatro soldados iraquíes fueron matados aparentemente en el mismo atentado.
Una bomba improvisada mató en Latifiyah a un civil iraquí, al sur de Bagdad, dijo el teniente de policía Ali Obeid. Más de 250 personas han muerto en atentados kamikaze y otros ataques desde el 28 de abril, cuando se formó el gobierno chií de al-Jaafari.
En Turquía, al-Jaafari dijo que Iraq no tolerará que los combatientes extranjeros crucen la porosa frontera que separa al país de Siria.
"Dentro de poco visitaremos Siria y uno de los temas que trataremos será la seguridad y cómo prevenir esas infiltraciones", dijo.
Su decisión de visitar Damasco se produce después de alegatos de las fuerzas armadas estadounidenses de que lugartenientes importantes de Musab al-Zarqawi, el jefe de Al Qaeda en Iraq, se reunieron en Siria el mes pasado para tramar más atentados kamikaze en Iraq.
21 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
zarqawi modifica estrategia
[Jeffrey Fleishman] Se reunió con otros líderes rebeldes e intensificarán campaña de atentados, dice oficial norteamericano.
Bagdad, Iraq. El líder militante Abu Musab Zarqawi se reunió hace un mes en Siria con los jefes de grupos insurgentes iraquíes y anunció un cambio de la estrategia contra las tropas iraquíes y americanas aumentando los atentados con coches kamikaze, dijo el miércoles un importante funcionario militar norteamericano.
El funcionario dijo que poco después de la reunión, realizada justo dentro de territorio sirio en la frontera, los insurgentes lanzaron docenas de coches-bomba en todo Iraq como parte de una ola de violencia que en las últimas semanas ha terminado con la vida de más de 450 personas. Los comentarios sobre Zarqawi del funcionario no pudieron ser verificados independientemente y no se sabe cómo pudieron las fuerzas norteamericanas obtener información sobre una reunión secreta de la resistencia.
Hasta el momento ha habido 21 atentados con coches-bomba en Bagdad, en comparación con los 25 ataques de ese tipo que hubo aquí en todo 2004. Desde el 27 de febrero, según militares norteamericanos, han estallado o sido desactivados 126 coches-bomba en la capital.
"Zarqawi no estaba satisfecho con el curso de la resistencia", dijo el funcionario, que se negó a ser identificado. Funcionarios estadounidenses dicen que el énfasis de Zarqawi en los vehículos-bomba indica la frustración de los extremistas en su intento de sostener una guerra contra 140.000 tropas norteamericanas y un creciente ejército iraquí.
El funcionario estadounidense dijo que varias fuentes de inteligencia informaron que Zarqawi y varios otros líderes de la guerrilla habían asistido al menos a cinco reuniones en Siria y en el oeste de Iraq el año pasado. No se dieron indicaciones de si el gobierno sirio estaba al tanto de las reuniones, dijo el funcionario.
Interrogado sobre si el gobierno iraquí estaba suficientemente equipado como para enfrentarse a la resistencia y a una opinión pública cada vez más atemorizada y decepcionada, el militar norteamericano adoptó un tono menos optimista que el que adoptan normalmente los funcionarios estadounidenses. Dijo que era probable que el Iraq democrático ganara la guerra, pero agregó: "Creo que todavía podría fracasar" y que el país recaería en la guerra civil y el caos.
En un mensaje publicado el miércoles en una página islámica en la red y atribuido a Zarqawi, el líder militante trató de justificar los atentados con coches-bomba que se multiplicaron después de que el nuevo gobierno iraquí nombrara su gabinete el 28 de abril.
"El asesinato de infieles por cualquier modo que incluya operaciones de mártires [suicidas] ha sido santificado por muchos teólogos musulmanes, incluso si implica la muerte de musulmanes inocentes. Esta legalidad ha sido establecida... para no interrumpir la guerra santa", dijo.
De acuerdo al funcionario militar norteamericano, los insurgentes "atienden lo que dice Zarqawi".
Cuando se le preguntó si la resistencia estaba creciendo, el funcionario agregó: "No creo que estén ganando fuerza. Creo que están cambiando sus técnicas".
Los comentarios del funcionario se producen en medio de una pausa de dos días en los atentados después de batidas de la Tercera División de Infantería del Ejército y una ofensiva de la Marina a lo largo de la frontera siria en las que según dicen comandantes americanos mataron a unos 125 combatientes. También murieron 9 marines y 40 quedaron heridos en la operación que duró una semana.
La creciente dependencia de los rebeldes de los coches-bomba complica la conducción de la guerra del nuevo gobierno iraquí a medida que hace frente a una remontada de los asesinatos de funcionarios públicos y la violencia sectaria entre chiíes y árabes sunníes. Pistoleros que dispararon desde un sedán el miércoles mataron al general de división Ibrahim Khamas, un importante funcionario policial del ministerio del Interior, mientras conducía en el sudeste de Bagdad.
El funcionario militar estadounidense dijo que no estaba claro para las fuerzas americanas si los asesinatos "ojo por ojo" entre los grupos religiosos presagiaban una guerra civil o indicaban la re-emergencia de rivalidades entre clanes que habían sido contenidas por el estado policial de Saddam Hussein.
"Para nosotros es difícil verlo ahora", dijo el funcionario, aunque más tarde reconoció que había crecientes prejuicios entre líderes religiosos y políticos.
Zarqawi, un sunní nacido en Jordania, intentó aumentar las tensiones con su mensaje en la red. Atacó a los iraquíes chiíes que controlan el nuevo gobierno por colaborar con Estados Unidos.
"En toda la historia", dijo Zarqawi, "han habido muchas batallas y ahora tenemos un nuevo capítulo en el país de los dos ríos [Iraq] -los infieles cristianos están torturando este país y sus lugares sagrados con la ayuda de sus hermanos, los infieles chiíes, que cuando hay guerra contra el islam, se transforman en el cuchillo de la agresión contra el islam".
El funcionario militar dijo que la resistencia en Bagdad abarca a varios grupos que a veces reúnen sus fuerzas, pero no siguen a un solo líder. Las facciones, dijo, incluyen a los militantes de Al Qaeda de Zarqawi, a elementos del antiguo régimen de Hussein, a radicales sunníes, a la milicia Al Mahdi del clérigo chií Muqtada Sáder y delincuentes variopintos. Las veces que han unido sus fuerzas, han infligido severas bajas.
El general del ejército John P. Abizaid dijo que el fracaso de las fuerzas policiales iraquíes en asumir rápidamente mayores responsabilidades impedirá cualquier reducción del contingente norteamericano en Iraq. Durante una entrevista en Washington, agregó que algunos militantes sunníes estaban "jugando dos cartas", intentando unirse al proceso político mientras trabajan para la resistencia.
"Tengo la impresión de que la mayoría de los insurgentes que están peleando siguen siendo iraquíes", dijo Abizaid, el general que dirige a las tropas americanas en Iraq. "Están matando a su propia gente sólo para obtener ventajas políticas".
El funcionario militar en Bagdad dijo que las recientes detenciones de 1.100 militantes y hallazgos de talleres de bombas han dado a las fuerzas estadounidenses información sobre los arsenales de los insurgentes, que incluye los coches-bomba suicidas.
Pero sigue estando poco claro qué proporción de los vehículos que llevan bombas son conducidos por combatientes extranjeros, dijo. También es difícil determinar cuántos asaltantes piensan que han enviado a aparcar un coche-bomba, sin saber que una vez que llegan a destino son detonados por control remoto, dijo el funcionario.
Muchos iraquíes, observó el funcionario militar, se han frustrado por la incapacidad del nuevo gobierno de detener los atentados e imponer el orden en Bagdad. La euforia que siguió a las elecciones de enero está empezando a esfumarse, de acuerdo a un reciente sondeo de la Universidad de Bagdad. Sólo el 45 por ciento de los iraquíes encuestados creían que el gobierno sería más fuerte en tres meses.
El ministro iraquí de Defensa, Saadoun Dulaimi, dijo el lunes que los atentados suicidas contra civiles mostraba que la resistencia se estaba desmoronando.
"Los terroristas en Iraq están viviendo sus últimos días debido a las intensificadas medidas de seguridad que los empujan a cometer atentados que causan bajas entre civiles", dijo Dulaimi en una rueda de prensa.
Un diplomático occidental dijo este mes que los insurgentes pueden haber almacenado coches-bomba. "Ahora los han lanzado contra nosotros. Mi expectativa es que habrá pronto una reducción significativa de la violencia, porque no creo que puedan mantenerla".
Patrick J. McDonnell en Baghdad y John Hendren en Washington contribuyeron a este reportaje.
20 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. El líder militante Abu Musab Zarqawi se reunió hace un mes en Siria con los jefes de grupos insurgentes iraquíes y anunció un cambio de la estrategia contra las tropas iraquíes y americanas aumentando los atentados con coches kamikaze, dijo el miércoles un importante funcionario militar norteamericano.El funcionario dijo que poco después de la reunión, realizada justo dentro de territorio sirio en la frontera, los insurgentes lanzaron docenas de coches-bomba en todo Iraq como parte de una ola de violencia que en las últimas semanas ha terminado con la vida de más de 450 personas. Los comentarios sobre Zarqawi del funcionario no pudieron ser verificados independientemente y no se sabe cómo pudieron las fuerzas norteamericanas obtener información sobre una reunión secreta de la resistencia.
Hasta el momento ha habido 21 atentados con coches-bomba en Bagdad, en comparación con los 25 ataques de ese tipo que hubo aquí en todo 2004. Desde el 27 de febrero, según militares norteamericanos, han estallado o sido desactivados 126 coches-bomba en la capital.
"Zarqawi no estaba satisfecho con el curso de la resistencia", dijo el funcionario, que se negó a ser identificado. Funcionarios estadounidenses dicen que el énfasis de Zarqawi en los vehículos-bomba indica la frustración de los extremistas en su intento de sostener una guerra contra 140.000 tropas norteamericanas y un creciente ejército iraquí.
El funcionario estadounidense dijo que varias fuentes de inteligencia informaron que Zarqawi y varios otros líderes de la guerrilla habían asistido al menos a cinco reuniones en Siria y en el oeste de Iraq el año pasado. No se dieron indicaciones de si el gobierno sirio estaba al tanto de las reuniones, dijo el funcionario.
Interrogado sobre si el gobierno iraquí estaba suficientemente equipado como para enfrentarse a la resistencia y a una opinión pública cada vez más atemorizada y decepcionada, el militar norteamericano adoptó un tono menos optimista que el que adoptan normalmente los funcionarios estadounidenses. Dijo que era probable que el Iraq democrático ganara la guerra, pero agregó: "Creo que todavía podría fracasar" y que el país recaería en la guerra civil y el caos.
En un mensaje publicado el miércoles en una página islámica en la red y atribuido a Zarqawi, el líder militante trató de justificar los atentados con coches-bomba que se multiplicaron después de que el nuevo gobierno iraquí nombrara su gabinete el 28 de abril.
"El asesinato de infieles por cualquier modo que incluya operaciones de mártires [suicidas] ha sido santificado por muchos teólogos musulmanes, incluso si implica la muerte de musulmanes inocentes. Esta legalidad ha sido establecida... para no interrumpir la guerra santa", dijo.
De acuerdo al funcionario militar norteamericano, los insurgentes "atienden lo que dice Zarqawi".
Cuando se le preguntó si la resistencia estaba creciendo, el funcionario agregó: "No creo que estén ganando fuerza. Creo que están cambiando sus técnicas".
Los comentarios del funcionario se producen en medio de una pausa de dos días en los atentados después de batidas de la Tercera División de Infantería del Ejército y una ofensiva de la Marina a lo largo de la frontera siria en las que según dicen comandantes americanos mataron a unos 125 combatientes. También murieron 9 marines y 40 quedaron heridos en la operación que duró una semana.
La creciente dependencia de los rebeldes de los coches-bomba complica la conducción de la guerra del nuevo gobierno iraquí a medida que hace frente a una remontada de los asesinatos de funcionarios públicos y la violencia sectaria entre chiíes y árabes sunníes. Pistoleros que dispararon desde un sedán el miércoles mataron al general de división Ibrahim Khamas, un importante funcionario policial del ministerio del Interior, mientras conducía en el sudeste de Bagdad.
El funcionario militar estadounidense dijo que no estaba claro para las fuerzas americanas si los asesinatos "ojo por ojo" entre los grupos religiosos presagiaban una guerra civil o indicaban la re-emergencia de rivalidades entre clanes que habían sido contenidas por el estado policial de Saddam Hussein.
"Para nosotros es difícil verlo ahora", dijo el funcionario, aunque más tarde reconoció que había crecientes prejuicios entre líderes religiosos y políticos.
Zarqawi, un sunní nacido en Jordania, intentó aumentar las tensiones con su mensaje en la red. Atacó a los iraquíes chiíes que controlan el nuevo gobierno por colaborar con Estados Unidos.
"En toda la historia", dijo Zarqawi, "han habido muchas batallas y ahora tenemos un nuevo capítulo en el país de los dos ríos [Iraq] -los infieles cristianos están torturando este país y sus lugares sagrados con la ayuda de sus hermanos, los infieles chiíes, que cuando hay guerra contra el islam, se transforman en el cuchillo de la agresión contra el islam".
El funcionario militar dijo que la resistencia en Bagdad abarca a varios grupos que a veces reúnen sus fuerzas, pero no siguen a un solo líder. Las facciones, dijo, incluyen a los militantes de Al Qaeda de Zarqawi, a elementos del antiguo régimen de Hussein, a radicales sunníes, a la milicia Al Mahdi del clérigo chií Muqtada Sáder y delincuentes variopintos. Las veces que han unido sus fuerzas, han infligido severas bajas.
El general del ejército John P. Abizaid dijo que el fracaso de las fuerzas policiales iraquíes en asumir rápidamente mayores responsabilidades impedirá cualquier reducción del contingente norteamericano en Iraq. Durante una entrevista en Washington, agregó que algunos militantes sunníes estaban "jugando dos cartas", intentando unirse al proceso político mientras trabajan para la resistencia.
"Tengo la impresión de que la mayoría de los insurgentes que están peleando siguen siendo iraquíes", dijo Abizaid, el general que dirige a las tropas americanas en Iraq. "Están matando a su propia gente sólo para obtener ventajas políticas".
El funcionario militar en Bagdad dijo que las recientes detenciones de 1.100 militantes y hallazgos de talleres de bombas han dado a las fuerzas estadounidenses información sobre los arsenales de los insurgentes, que incluye los coches-bomba suicidas.
Pero sigue estando poco claro qué proporción de los vehículos que llevan bombas son conducidos por combatientes extranjeros, dijo. También es difícil determinar cuántos asaltantes piensan que han enviado a aparcar un coche-bomba, sin saber que una vez que llegan a destino son detonados por control remoto, dijo el funcionario.
Muchos iraquíes, observó el funcionario militar, se han frustrado por la incapacidad del nuevo gobierno de detener los atentados e imponer el orden en Bagdad. La euforia que siguió a las elecciones de enero está empezando a esfumarse, de acuerdo a un reciente sondeo de la Universidad de Bagdad. Sólo el 45 por ciento de los iraquíes encuestados creían que el gobierno sería más fuerte en tres meses.
El ministro iraquí de Defensa, Saadoun Dulaimi, dijo el lunes que los atentados suicidas contra civiles mostraba que la resistencia se estaba desmoronando.
"Los terroristas en Iraq están viviendo sus últimos días debido a las intensificadas medidas de seguridad que los empujan a cometer atentados que causan bajas entre civiles", dijo Dulaimi en una rueda de prensa.
Un diplomático occidental dijo este mes que los insurgentes pueden haber almacenado coches-bomba. "Ahora los han lanzado contra nosotros. Mi expectativa es que habrá pronto una reducción significativa de la violencia, porque no creo que puedan mantenerla".
Patrick J. McDonnell en Baghdad y John Hendren en Washington contribuyeron a este reportaje.
20 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
moderación sobre iraq
[John F. Burns y Eric Schmitt] Generales ofrecen una sobria perspectiva de la guerra iraquí.
Bagdad, Iraq. Jefes militares norteamericanos en Bagdad y Washington entregaron el miércoles una sobria, nueva evaluación de la guerra de Iraq, aumentando el ambiente de ansiedad que llevó a la ministro de Asuntos Exteriores Condoleezza Rice a Bagdad el fin de semana pasado para consultas con el nuevo gobierno.
En entrevistas y reuniones informativas esta semana, algunos de los generales se apartaron de sugerencias recientes, algunas hechas por los mismos oficiales, de que tendencia positivas en Iraq podrían permitir una importante reducción de las 138.000 tropas estadounidenses más tarde este año o a principios de 2006. Un oficial sugirió el miércoles que la intervención militar norteamericana podría durar "muchos años".
El general John P. Abizaid, el más importante oficial americano en Oriente Medio, dijo en una reunión en Washington que uno de los problemas era el decepcionante progreso en formar unidades policiales lo suficientemente cohesivas como para montar una amenaza efectiva para los insurgentes y permitir que las tropas americanas se empiecen a retirar del combate. El general Abizaid, que habla directamente con el presidente Bush y el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld, estuvo en Washington esta semana para una reunión de comandantes regionales.
En Bagdad un oficial de alta jerarquía dijo el miércoles en una reunión de antecedentes que los 21 atentados con coches-bomba en Bagdad hasta el momento este mes casi llegaba a los 25 de todo el año pasado.
Contra esto, dijo, ha habido una pausa en actividades insurgentes en Bagdad en días recientes después de meses en que ocurrieron algunos de los atentados más sangrientos, una tendencia que sugiere que la presión norteamericana, incluyendo la captura de importantes fabricantes de bombas, ha dejado a los insurgentes incapaces de montar ofensivas prolongadas. Pero el oficial dijo que a pesar de los recientes éxitos norteamericanos en el desmantelamiento de células insurgentes, que han resultado en la detención de 1.100 sospechosos solamente en Bagdad en los últimos 180 días, el logro de los objetivos americanos en Iraq no estaba garantizado.
"Creo que esto todavía podría fracasar", dijo el oficial en la reunión, refiriéndose a la intervención americana en Iraq. "Es más probable que sea exitosa, pero podría fracasar".
El oficial dijo que dependía mucho del éxito del nuevo gobierno en estimular la confianza pública entre los iraquíes. Dijo que sondeos recientes realizados por la Universidad de Bagdad habían mostrado que la confianza había disminuido fuertemente, a 45 por ciento, de un 85 por ciento inmediatamente después de las elecciones. "Para que la resistencia pueda triunfar, la gente tiene que creer que el gobierno no podrá sobrevivir", dijo. "Cuando estás en medio del conflicto, estás tratando de encontrar pilares contra los que apoyarte". Otro problema mencionado por el oficial superior en Bagdad fue la prohibición del nuevo gobierno de allanar las mezquitas, anunciada el lunes, que el oficial americano dijo que esperaba que fuera revisada después de reuniones a alto nivel el miércoles entre comandantes norteamericanos y funcionarios iraquíes.
El oficial dijo que la prohibición fue anunciada por el nuevo ministro de Defensa, Sadoun al-Dulaimi aparentemente sin mayor aprobación del gobierno, y sería remplazada por una medida "más moderada". Para elevar el nivel de confianza pública, dijo el oficial, el nuevo gobierno necesitaría detener los atentados de la resistencia y responder ante la impaciencia popular mejorando los servicios públicos como la electricidad, que son ahora peores, para muchos iraquíes, que el año pasado. Pero enfatizó la necesidad de cautela -y el tiempo que puede tomar completar la misión americana aquí-, algo que se oye a menudo en conversaciones privadas con oficiales americanos en Iraq.
"Creo que se logrará en el largo plazo, incluso si toma años, muchos años", dijo. En una nota personal agregó que él, como muchos soldados americanos, han pasado largos períodos de servicio relacionados con Iraq, y dijo: "Creemos en la misión que tenemos. Creemos en esto porque estamos en ello, y si aliviamos la presión sobre la resistencia y sacamos el zapato de su garganta, el país podría fracasar y caer en la guerra civil y el caos".
Hace apenas semanas, en la secuela de las elecciones, los generales americanos presentaron una visión más optimista, que estaba relacionada con un aumento de la confianza iraquí que ahora un comandante en Bagdad describe como euforia. Pero esta semana, cinco oficiales de alto rango, hablando separadamente en el Pentágono y en Bagdad, y a través de un intercambio por correo electrónico desde Bagdad con un periodista en Washington, se extendieron con inusual candor y detalle sobre problemas que enfrenta la guerra.
Al insistir en no ser identificados los tres oficiales en Bagdad estaban acatando una medida del Pentágono que exige que los comandantes americanos en Bagdad pongan "una cara iraquí" a la guerra, queriendo decir que deben ser los comandantes iraquíes los que hablen con la prensa, no los americanos. Esa medida ha sido cuestionada hace poco por importantes americanos en Iraq, que dijeron que los comandantes iraquíes no habían dado el paso adelante y habían creado un vacío de información que ha permitido los exitosos ataques insurgentes, no su fracaso, para dominar la cobertura periodística.
Las observaciones de los generales, que enfatizan la flexibilidad de la resistencia pero también los éxitos americanos e iraquíes en su desmantelamiento, sugiere que los comandantes americanos han visto una oportunidad tras el viaje de la ministro Rice para inyectar su propia nota de realismo en el debate público. En conversaciones con los nuevos líderes chiíes, instó a iniciativas más convincentes para acercarse a la descontenta minoría árabe sunní, advirtiendo que el éxito en la guerra requería de una estrategia política que alentara al menos a algunos grupos insurgentes sunníes a girar hacia la paz.
Los generales dijeron que la construcción de las fuerzas iraquíes ha sido más decepcionante de lo que habían admitido previamente, contribuyendo a la ausencia de toda fuerza iraquí cuando un grupo de batalla de los marines de 1.000 miembros montaron una ofensiva la semana pasada contra bastiones insurgentes al noroeste del desierto, a lo largo de la frontera con Siria.
Oficiales americanos dijeron que habían matado a 125 rebeldes, con la pérdida de unos 14 estadounidenses, pero reconocieron que la falta de tropas suficientes puede haber ayudado a que muchos insurgentes escaparan cruzando la frontera o volviendo hacia el interior de Iraq. La ofensiva en la frontera estaba envuelta durante el fin de semana de un aire de decepción de que algunos de los objetivos más amplios no fueran alcanzados -incluyendo posiblemente la captura de Abu Musab al-Zarqawi, el militante islámico que es el hombre más buscado por las fuerzas americanas en Iraq.
El general Abizaid, cuyos cuarteles del Comando Central supervisa la guerra, dijo que la policía iraquí -unos 65.000 de los 160.000 iraquíes que están siendo adiestrados y equipados en el proyecto estadounidense de construir las fuerzas de seguridad- están "retrasadas"en su capacidad de soportar un mayor peso del esfuerzo bélico. Responsabilizó a la tendencia entre los policías iraquíes a operar como individuos antes que como unidades cohesivas, y dijo que los hacía más vulnerables ante las intimidaciones de los insurgentes.
Otro oficial norteamericano, en un mensaje por correo electrónico desde Bagdad, sugirió un problema más amplio en la preparación de fuerzas iraquíes capaces de encargarse de gran parte de la guerra, que era la meta del Pentágono cuando ordenó un reordenamiento completo el año pasado del proyecto de re-adiestramiento. Dijo que los contingentes de tropas iraquíes y de agentes de policía que terminan su adiestramiento eran sólo una medida del éxito.
"Todos miran la cantidad de fuerzas iraquíes y se rascan la cabeza, pero es más complejo que eso", dijo. "Ciertamente no queremos que las tropas participen en combates antes de estar preparadas para ello, como en Faluya", la batalla de noviembre pasado que proporcionó a los comandantes americanos su primera experiencia con las unidades iraquíes, la mayor parte altamente adiestradas unidades de fuerzas especiales, que podrían contribuir significativamente a la ofensiva americana.
Una de las revelaciones más francas de los comandantes implicó el aumento de los atentados con coches-bomba, la principal arma insurgente en ataques de las pasadas tres semanas que han matado a casi 500 personas en el centro y norte de Iraq, la mitad de ellas soldados iraquíes, agentes de policía y reclutas.
La semana pasada el teniente general David H. Petraeus, el principal instructor americano en Iraq, defendió a las fuerzas de seguridad iraquíes diciendo en un mensaje electrónico: "Están operando efectivamente con las fuerzas de la coalición -y, en algunos casos, están operando individualmente- en el intento de detectar las locaciones donde se ocultan vehículos cargados de explosivos".
El oficial que se reunió con periodistas en Bagdad dijo que en mayo hubo 21 atentados con coche-bomba en la capital, y 126 en los pasados 80 días. En todo el año pasado, dijo, no hubo más que 25 atentados con coche-bomba en Bagdad.
[El jueves un pistolero mató a balazos a un alto funcionario iraquí del ministerio del Petróleo, Ali Hameed, en Bagdad, informó la Associated Press, citando a un funcionario de la policía].
El oficial dijo que la inteligencia militar americana tenía información de que la ofensiva de atentados con coches-bomba había sido ordenada en una reunión de alto nivel de insurgentes en Siria en los últimos 30 días, y que los informes indicaban que en una de esas reuniones puede haber estado Zarqawi, el militante nacido en Jordania que fue nombrado por Osama bin Laden antes este año como comisario de Al Qaeda en Iraq. En declaraciones en sitios islámicos de la red, grupos leales a Zarqawi han reivindicado responsabilidad de muchos de los atentados con coche-bomba.
El oficial dijo que en dos de recientes atentados en Bagdad, los investigadores encontraron indicaciones de que los hombres que conducían los coches habían sido amarrados con cinta adhesiva antes de los atentados. Dijo que el pie de uno de los atacantes, en un atentado contra un mercado la semana pasada que mató a 22 personas al sur de Bagdad, había sido encontrado amarrado al acelerador del vehículo. En otro caso, dijo el oficial, las manos del atacante habían sido amarradas al volante del coche.
La implicación era que los que organizan los atentados querían asegurarse de que los vehículos continuarían avanzando hacia sus objetivos incluso si los conductores eran matados por fuego americano o iraquí.
Al llegar a un almuerzo con periodistas después de una reunión con ministros iraquíes y comandantes militares, el oficial dijo que esperaba que el gobierno tomara medidas tempranas para revisar el anuncio del ministro de defensa de prohibir los allanamientos de mezquitas y escuelas religiosas. La revisión de esas medidas, dio a entender el oficial estadounidense, permitiría que las tropas iraquíes, respaldadas por los americanos, allanaran mezquitas donde sean usadas como bastiones insurgentes.
John F. Burns informó desde Bagdad y Eric Schmitt desde Washington. Richard A. Oppel Jr. contribuyó desde Bagdad.
20 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Jefes militares norteamericanos en Bagdad y Washington entregaron el miércoles una sobria, nueva evaluación de la guerra de Iraq, aumentando el ambiente de ansiedad que llevó a la ministro de Asuntos Exteriores Condoleezza Rice a Bagdad el fin de semana pasado para consultas con el nuevo gobierno.En entrevistas y reuniones informativas esta semana, algunos de los generales se apartaron de sugerencias recientes, algunas hechas por los mismos oficiales, de que tendencia positivas en Iraq podrían permitir una importante reducción de las 138.000 tropas estadounidenses más tarde este año o a principios de 2006. Un oficial sugirió el miércoles que la intervención militar norteamericana podría durar "muchos años".
El general John P. Abizaid, el más importante oficial americano en Oriente Medio, dijo en una reunión en Washington que uno de los problemas era el decepcionante progreso en formar unidades policiales lo suficientemente cohesivas como para montar una amenaza efectiva para los insurgentes y permitir que las tropas americanas se empiecen a retirar del combate. El general Abizaid, que habla directamente con el presidente Bush y el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld, estuvo en Washington esta semana para una reunión de comandantes regionales.
En Bagdad un oficial de alta jerarquía dijo el miércoles en una reunión de antecedentes que los 21 atentados con coches-bomba en Bagdad hasta el momento este mes casi llegaba a los 25 de todo el año pasado.
Contra esto, dijo, ha habido una pausa en actividades insurgentes en Bagdad en días recientes después de meses en que ocurrieron algunos de los atentados más sangrientos, una tendencia que sugiere que la presión norteamericana, incluyendo la captura de importantes fabricantes de bombas, ha dejado a los insurgentes incapaces de montar ofensivas prolongadas. Pero el oficial dijo que a pesar de los recientes éxitos norteamericanos en el desmantelamiento de células insurgentes, que han resultado en la detención de 1.100 sospechosos solamente en Bagdad en los últimos 180 días, el logro de los objetivos americanos en Iraq no estaba garantizado.
"Creo que esto todavía podría fracasar", dijo el oficial en la reunión, refiriéndose a la intervención americana en Iraq. "Es más probable que sea exitosa, pero podría fracasar".
El oficial dijo que dependía mucho del éxito del nuevo gobierno en estimular la confianza pública entre los iraquíes. Dijo que sondeos recientes realizados por la Universidad de Bagdad habían mostrado que la confianza había disminuido fuertemente, a 45 por ciento, de un 85 por ciento inmediatamente después de las elecciones. "Para que la resistencia pueda triunfar, la gente tiene que creer que el gobierno no podrá sobrevivir", dijo. "Cuando estás en medio del conflicto, estás tratando de encontrar pilares contra los que apoyarte". Otro problema mencionado por el oficial superior en Bagdad fue la prohibición del nuevo gobierno de allanar las mezquitas, anunciada el lunes, que el oficial americano dijo que esperaba que fuera revisada después de reuniones a alto nivel el miércoles entre comandantes norteamericanos y funcionarios iraquíes.
El oficial dijo que la prohibición fue anunciada por el nuevo ministro de Defensa, Sadoun al-Dulaimi aparentemente sin mayor aprobación del gobierno, y sería remplazada por una medida "más moderada". Para elevar el nivel de confianza pública, dijo el oficial, el nuevo gobierno necesitaría detener los atentados de la resistencia y responder ante la impaciencia popular mejorando los servicios públicos como la electricidad, que son ahora peores, para muchos iraquíes, que el año pasado. Pero enfatizó la necesidad de cautela -y el tiempo que puede tomar completar la misión americana aquí-, algo que se oye a menudo en conversaciones privadas con oficiales americanos en Iraq.
"Creo que se logrará en el largo plazo, incluso si toma años, muchos años", dijo. En una nota personal agregó que él, como muchos soldados americanos, han pasado largos períodos de servicio relacionados con Iraq, y dijo: "Creemos en la misión que tenemos. Creemos en esto porque estamos en ello, y si aliviamos la presión sobre la resistencia y sacamos el zapato de su garganta, el país podría fracasar y caer en la guerra civil y el caos".
Hace apenas semanas, en la secuela de las elecciones, los generales americanos presentaron una visión más optimista, que estaba relacionada con un aumento de la confianza iraquí que ahora un comandante en Bagdad describe como euforia. Pero esta semana, cinco oficiales de alto rango, hablando separadamente en el Pentágono y en Bagdad, y a través de un intercambio por correo electrónico desde Bagdad con un periodista en Washington, se extendieron con inusual candor y detalle sobre problemas que enfrenta la guerra.
Al insistir en no ser identificados los tres oficiales en Bagdad estaban acatando una medida del Pentágono que exige que los comandantes americanos en Bagdad pongan "una cara iraquí" a la guerra, queriendo decir que deben ser los comandantes iraquíes los que hablen con la prensa, no los americanos. Esa medida ha sido cuestionada hace poco por importantes americanos en Iraq, que dijeron que los comandantes iraquíes no habían dado el paso adelante y habían creado un vacío de información que ha permitido los exitosos ataques insurgentes, no su fracaso, para dominar la cobertura periodística.
Las observaciones de los generales, que enfatizan la flexibilidad de la resistencia pero también los éxitos americanos e iraquíes en su desmantelamiento, sugiere que los comandantes americanos han visto una oportunidad tras el viaje de la ministro Rice para inyectar su propia nota de realismo en el debate público. En conversaciones con los nuevos líderes chiíes, instó a iniciativas más convincentes para acercarse a la descontenta minoría árabe sunní, advirtiendo que el éxito en la guerra requería de una estrategia política que alentara al menos a algunos grupos insurgentes sunníes a girar hacia la paz.
Los generales dijeron que la construcción de las fuerzas iraquíes ha sido más decepcionante de lo que habían admitido previamente, contribuyendo a la ausencia de toda fuerza iraquí cuando un grupo de batalla de los marines de 1.000 miembros montaron una ofensiva la semana pasada contra bastiones insurgentes al noroeste del desierto, a lo largo de la frontera con Siria.
Oficiales americanos dijeron que habían matado a 125 rebeldes, con la pérdida de unos 14 estadounidenses, pero reconocieron que la falta de tropas suficientes puede haber ayudado a que muchos insurgentes escaparan cruzando la frontera o volviendo hacia el interior de Iraq. La ofensiva en la frontera estaba envuelta durante el fin de semana de un aire de decepción de que algunos de los objetivos más amplios no fueran alcanzados -incluyendo posiblemente la captura de Abu Musab al-Zarqawi, el militante islámico que es el hombre más buscado por las fuerzas americanas en Iraq.
El general Abizaid, cuyos cuarteles del Comando Central supervisa la guerra, dijo que la policía iraquí -unos 65.000 de los 160.000 iraquíes que están siendo adiestrados y equipados en el proyecto estadounidense de construir las fuerzas de seguridad- están "retrasadas"en su capacidad de soportar un mayor peso del esfuerzo bélico. Responsabilizó a la tendencia entre los policías iraquíes a operar como individuos antes que como unidades cohesivas, y dijo que los hacía más vulnerables ante las intimidaciones de los insurgentes.
Otro oficial norteamericano, en un mensaje por correo electrónico desde Bagdad, sugirió un problema más amplio en la preparación de fuerzas iraquíes capaces de encargarse de gran parte de la guerra, que era la meta del Pentágono cuando ordenó un reordenamiento completo el año pasado del proyecto de re-adiestramiento. Dijo que los contingentes de tropas iraquíes y de agentes de policía que terminan su adiestramiento eran sólo una medida del éxito.
"Todos miran la cantidad de fuerzas iraquíes y se rascan la cabeza, pero es más complejo que eso", dijo. "Ciertamente no queremos que las tropas participen en combates antes de estar preparadas para ello, como en Faluya", la batalla de noviembre pasado que proporcionó a los comandantes americanos su primera experiencia con las unidades iraquíes, la mayor parte altamente adiestradas unidades de fuerzas especiales, que podrían contribuir significativamente a la ofensiva americana.
Una de las revelaciones más francas de los comandantes implicó el aumento de los atentados con coches-bomba, la principal arma insurgente en ataques de las pasadas tres semanas que han matado a casi 500 personas en el centro y norte de Iraq, la mitad de ellas soldados iraquíes, agentes de policía y reclutas.
La semana pasada el teniente general David H. Petraeus, el principal instructor americano en Iraq, defendió a las fuerzas de seguridad iraquíes diciendo en un mensaje electrónico: "Están operando efectivamente con las fuerzas de la coalición -y, en algunos casos, están operando individualmente- en el intento de detectar las locaciones donde se ocultan vehículos cargados de explosivos".
El oficial que se reunió con periodistas en Bagdad dijo que en mayo hubo 21 atentados con coche-bomba en la capital, y 126 en los pasados 80 días. En todo el año pasado, dijo, no hubo más que 25 atentados con coche-bomba en Bagdad.
[El jueves un pistolero mató a balazos a un alto funcionario iraquí del ministerio del Petróleo, Ali Hameed, en Bagdad, informó la Associated Press, citando a un funcionario de la policía].
El oficial dijo que la inteligencia militar americana tenía información de que la ofensiva de atentados con coches-bomba había sido ordenada en una reunión de alto nivel de insurgentes en Siria en los últimos 30 días, y que los informes indicaban que en una de esas reuniones puede haber estado Zarqawi, el militante nacido en Jordania que fue nombrado por Osama bin Laden antes este año como comisario de Al Qaeda en Iraq. En declaraciones en sitios islámicos de la red, grupos leales a Zarqawi han reivindicado responsabilidad de muchos de los atentados con coche-bomba.
El oficial dijo que en dos de recientes atentados en Bagdad, los investigadores encontraron indicaciones de que los hombres que conducían los coches habían sido amarrados con cinta adhesiva antes de los atentados. Dijo que el pie de uno de los atacantes, en un atentado contra un mercado la semana pasada que mató a 22 personas al sur de Bagdad, había sido encontrado amarrado al acelerador del vehículo. En otro caso, dijo el oficial, las manos del atacante habían sido amarradas al volante del coche.
La implicación era que los que organizan los atentados querían asegurarse de que los vehículos continuarían avanzando hacia sus objetivos incluso si los conductores eran matados por fuego americano o iraquí.
Al llegar a un almuerzo con periodistas después de una reunión con ministros iraquíes y comandantes militares, el oficial dijo que esperaba que el gobierno tomara medidas tempranas para revisar el anuncio del ministro de defensa de prohibir los allanamientos de mezquitas y escuelas religiosas. La revisión de esas medidas, dio a entender el oficial estadounidense, permitiría que las tropas iraquíes, respaldadas por los americanos, allanaran mezquitas donde sean usadas como bastiones insurgentes.
John F. Burns informó desde Bagdad y Eric Schmitt desde Washington. Richard A. Oppel Jr. contribuyó desde Bagdad.
20 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh
el verdadero escándalo
[Maggie Farley y Johanna Neuman] George Galloway dice a los senadores que la pesquisa del programa petróleo por alimento pretende desviar la atención de los motivos de la guerra.
Washington, Estados Unidos. Un importante político británico vinculado a los pagos ilegales del programa petróleo por alimento dijo el martes a senadores estadounidenses que su investigación era "la madre de todas las cortinas de humo" para desviar la atención del "verdadero escándalo": la política norteamericana en Iraq.
El parlamentario George Galloway es uno de varios políticos extranjeros a los que el Subcomité de Investigaciones Permanente del Senado acusó la semana pasada de recibir opciones para comprar petróleo iraquí a precios bajos a cambio de ayudar al régimen de Saddam Hussein a evadir las sanciones de Naciones Unidas. Los titulares de esas opciones podían venderlas con beneficios a comerciantes de petróleo. El ex ministro francés de Interior, Charles Pasqua y el parlamentario ruso Vladimir V. Zhirinovsky también fueron nombrados. Los tres han negado haber hecho nada malo.
Pero Galloway, un declarado crítico de las sanciones contra Iraq y la invasión norteamericana del país, fue el único que viajó hasta Washington para defenderse a sí mismo. Declaró bajo juramento y sin inmunidad, pero usó un lenguaje áspero que sorprendió a la normalmente seria sala de sesiones.
Galloway describió al presidente del comité, el republicano de Minnesota, Norm Coleman, como un "halcón neo-conservador partidario de la guerra y babero de George W. Bush" que, dijo, quería vengarse de todos los que no apoyaron la invasión de Iraq.
"Ahora, sé que las normas se han rebajado en los últimos años en Washington, pero para ser un abogado, usted es extraordinariamente arrogante con respecto a cualquier idea de justicia", dijo, acusando a Coleman de no darle la posibilidad de responder a los cargos antes de hacer circulas el informe del comité. "Yo estoy recién hoy aquí, pero usted ya me había encontrado culpable la semana pasada".
La semana pasada Coleman liberó un informe acusando a Galloway de haber recibido adjudicaciones de petróleo de 20 millones de barriles entre 2000 y 2004 y de tener un socio jordano, Fawaz Zureikat, para vender el petróleo y canalizar los beneficios a través de una organización benéfica.
El informe también dice que el ex vice-presidente iraquí, Taha Yassim Ramadan y ex vice-primer ministro Tariq Aziz confirmaron que Galloway estaba en su lista de amigos que debían ser recompensados.
Galloway negó haber comerciado en petróleo o de tener a alguien haciéndolo por él y puso en duda la validez de cualquier información extraída de un prisionero que es acusado de crímenes de guerra, "sabiendo lo que el mundo sabe sobre cómo tratáis a los prisioneros", dijo.
"Ahora, no tenéis qué reprocharme, senador, excepto que mi nombre aparece en listados de nombres de Iraq, muchos de los cuales fueron redactados después de la instalación de vuestro gobierno títere en Bagdad", le dijo a Coleman.
Interrogado sobre qué había logrado con la audiencia, Galloway dijo a un periodista que pensaba que había servido como recordatorio de que la guerra era equivocada.
"La mayoría de la gente piensa que los verdaderos canallas en Iraq no son Kofi Annan [el secretario general de Naciones Unidas] ni Chirac [el presidente francés, Jacques], excepto aquí en Washington y en la Casa Blanca y en la mayoría republicana", dijo.
Tras la comparecencia, Coleman dijo que "nada de lo que se dijo hoy disminuye la veracidad, la fiabilidad de esos documentos que fueron confirmados por importantes funcionarios iraquíes".
Tanto Coleman como Carl Levin, de Michingan, el más importante demócrata en el comité, dijo que "simplemente no es creíble" que Galloway -que se describió a sí mismo como un "querido amigo" de Aziz, uno de los tres funcionarios iraquíes, según Coleman, que elegía a los recipientes de contractos- no supiera que su socio y el hombre que financió su campaña contra la guerra hiciera negocios de petróleo con Hussein.
"Si, de hecho, mintió al comité, sufrirá las consecuencias", dijo Coleman.
La comisión del Senado tenía documentación más detallada sobre los otros políticos implicados. El informe afirma que Pasqua, ahora un senador francés, recibió 11 millones de barriles de petróleo.
El lunes, en París, Pasqua repitió su desmentido de que hubiera recibido algo de esas transacciones y señaló que su nombre desapareció de la lista cuando su asesor, Bernard Guillet, empezó a recibir adjudicaciones en 2000.
"Si mi nombre aparece en algunos documentos iraquíes, eso sólo puede ser el resultado de conducta fraudulenta de parte de algunas personas que usaron mi nombre", dijo.
Las autoridades francesas arrestaron en abril a Guillet por lavado de dinero y tráfico de influencias relacionados con el programa de petróleo por alimento de Naciones Unidas.
El comité del Senado emitió un informe separado de prominentes políticos rusos que supuestamente recibieron derechos al petróleo iraquí. El antiguo jefe del estado mayor del presidente ruso Vladimir V. Putin, Alexander S. Voloshin, y el consejo presidencial recibieron derechos de petróleo por un valor de casi 3 millones de dólares a cambio de trabajar para levantar las sanciones de Naciones Unidas, dice el informe.
También dice que Zhirinovsky, un prominente político ultranacionalista, recibió derechos para comprar 75 millones de barriles de petróleo.
Zhirinovsky, según se dice, fanfarroneó que su partido era responsable de levantar las sanciones rusas contra Iraq. Los investigadores señalaron que Iraq recompensó a Rusia con adjudicaciones extras después de que bloqueara un intento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de endurecer las sanciones en la primavera de 2001.
Pero Coleman no dijo directamente que la política pro-iraquí de Rusia fuera el resultado de los pagos por el petróleo o de que algún país hubiera cambiado su política exterior debido a las adjudicaciones individuales reportadas.
Coleman dijo que el subcomité celebrará este otoño audiencias sobre la reforma de Naciones Unidas.
Farley informó desde Naciones Unidas y Neuman desde Washington. Kim Murphy en Moscú contribuyó a este reportaje.
19 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. Un importante político británico vinculado a los pagos ilegales del programa petróleo por alimento dijo el martes a senadores estadounidenses que su investigación era "la madre de todas las cortinas de humo" para desviar la atención del "verdadero escándalo": la política norteamericana en Iraq.El parlamentario George Galloway es uno de varios políticos extranjeros a los que el Subcomité de Investigaciones Permanente del Senado acusó la semana pasada de recibir opciones para comprar petróleo iraquí a precios bajos a cambio de ayudar al régimen de Saddam Hussein a evadir las sanciones de Naciones Unidas. Los titulares de esas opciones podían venderlas con beneficios a comerciantes de petróleo. El ex ministro francés de Interior, Charles Pasqua y el parlamentario ruso Vladimir V. Zhirinovsky también fueron nombrados. Los tres han negado haber hecho nada malo.
Pero Galloway, un declarado crítico de las sanciones contra Iraq y la invasión norteamericana del país, fue el único que viajó hasta Washington para defenderse a sí mismo. Declaró bajo juramento y sin inmunidad, pero usó un lenguaje áspero que sorprendió a la normalmente seria sala de sesiones.
Galloway describió al presidente del comité, el republicano de Minnesota, Norm Coleman, como un "halcón neo-conservador partidario de la guerra y babero de George W. Bush" que, dijo, quería vengarse de todos los que no apoyaron la invasión de Iraq.
"Ahora, sé que las normas se han rebajado en los últimos años en Washington, pero para ser un abogado, usted es extraordinariamente arrogante con respecto a cualquier idea de justicia", dijo, acusando a Coleman de no darle la posibilidad de responder a los cargos antes de hacer circulas el informe del comité. "Yo estoy recién hoy aquí, pero usted ya me había encontrado culpable la semana pasada".
La semana pasada Coleman liberó un informe acusando a Galloway de haber recibido adjudicaciones de petróleo de 20 millones de barriles entre 2000 y 2004 y de tener un socio jordano, Fawaz Zureikat, para vender el petróleo y canalizar los beneficios a través de una organización benéfica.
El informe también dice que el ex vice-presidente iraquí, Taha Yassim Ramadan y ex vice-primer ministro Tariq Aziz confirmaron que Galloway estaba en su lista de amigos que debían ser recompensados.
Galloway negó haber comerciado en petróleo o de tener a alguien haciéndolo por él y puso en duda la validez de cualquier información extraída de un prisionero que es acusado de crímenes de guerra, "sabiendo lo que el mundo sabe sobre cómo tratáis a los prisioneros", dijo.
"Ahora, no tenéis qué reprocharme, senador, excepto que mi nombre aparece en listados de nombres de Iraq, muchos de los cuales fueron redactados después de la instalación de vuestro gobierno títere en Bagdad", le dijo a Coleman.
Interrogado sobre qué había logrado con la audiencia, Galloway dijo a un periodista que pensaba que había servido como recordatorio de que la guerra era equivocada.
"La mayoría de la gente piensa que los verdaderos canallas en Iraq no son Kofi Annan [el secretario general de Naciones Unidas] ni Chirac [el presidente francés, Jacques], excepto aquí en Washington y en la Casa Blanca y en la mayoría republicana", dijo.
Tras la comparecencia, Coleman dijo que "nada de lo que se dijo hoy disminuye la veracidad, la fiabilidad de esos documentos que fueron confirmados por importantes funcionarios iraquíes".
Tanto Coleman como Carl Levin, de Michingan, el más importante demócrata en el comité, dijo que "simplemente no es creíble" que Galloway -que se describió a sí mismo como un "querido amigo" de Aziz, uno de los tres funcionarios iraquíes, según Coleman, que elegía a los recipientes de contractos- no supiera que su socio y el hombre que financió su campaña contra la guerra hiciera negocios de petróleo con Hussein.
"Si, de hecho, mintió al comité, sufrirá las consecuencias", dijo Coleman.
La comisión del Senado tenía documentación más detallada sobre los otros políticos implicados. El informe afirma que Pasqua, ahora un senador francés, recibió 11 millones de barriles de petróleo.
El lunes, en París, Pasqua repitió su desmentido de que hubiera recibido algo de esas transacciones y señaló que su nombre desapareció de la lista cuando su asesor, Bernard Guillet, empezó a recibir adjudicaciones en 2000.
"Si mi nombre aparece en algunos documentos iraquíes, eso sólo puede ser el resultado de conducta fraudulenta de parte de algunas personas que usaron mi nombre", dijo.
Las autoridades francesas arrestaron en abril a Guillet por lavado de dinero y tráfico de influencias relacionados con el programa de petróleo por alimento de Naciones Unidas.
El comité del Senado emitió un informe separado de prominentes políticos rusos que supuestamente recibieron derechos al petróleo iraquí. El antiguo jefe del estado mayor del presidente ruso Vladimir V. Putin, Alexander S. Voloshin, y el consejo presidencial recibieron derechos de petróleo por un valor de casi 3 millones de dólares a cambio de trabajar para levantar las sanciones de Naciones Unidas, dice el informe.
También dice que Zhirinovsky, un prominente político ultranacionalista, recibió derechos para comprar 75 millones de barriles de petróleo.
Zhirinovsky, según se dice, fanfarroneó que su partido era responsable de levantar las sanciones rusas contra Iraq. Los investigadores señalaron que Iraq recompensó a Rusia con adjudicaciones extras después de que bloqueara un intento del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de endurecer las sanciones en la primavera de 2001.
Pero Coleman no dijo directamente que la política pro-iraquí de Rusia fuera el resultado de los pagos por el petróleo o de que algún país hubiera cambiado su política exterior debido a las adjudicaciones individuales reportadas.
Coleman dijo que el subcomité celebrará este otoño audiencias sobre la reforma de Naciones Unidas.
Farley informó desde Naciones Unidas y Neuman desde Washington. Kim Murphy en Moscú contribuyó a este reportaje.
19 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
hermanos en la resistencia
[Solomon Moore] A Ali lo impulsaba el islam, a Khalid la venganza. Su familia ha pagado el precio de sus opciones.
Bagdad, Iraq. El hermano menor era delgado y serio, un ex guardaespaldas de Saddam Hussein que se convirtió al islam fundamentalista, se dejó crecer barba y rezaba cinco veces al día. El hermano mayor era un vendedor de coches usados al que le gustaban las bromas subidas de tono; hacía viajes periódicos a un hotel de Bagdad para beber.
Los hermanos, Ali y Khalid Mashhandani, crecieron juntos en un suburbio pobre de Mosul, un vecindario de pequeñas casas de piedra con tejados de madera y metal a lo largo del río Eúfrates. Durante años sus senderos se bifurcaron. Eso cambió cuando Ali murió en la Rotonda de Yarmouk en el centro de Mosul.
La historia de los hermanos Mashhandani ofrecen una mirada en la vida de los mortíferos insurgentes árabes sunníes, sus motivos diferentes y las pérdidas que sus acciones han significado para su familia en Mosul, una ciudad norteña que se ha transformado en el bastión de la resistencia.
Con sus convicciones islámicas radicales y su participación en Ansar al Sunna, un grupo militante del norte de Iraq, Ali Jassim Mohammed Mashhandani luchaba por un objetivo ideológico.
"Ali era mucho más serio, con más experiencia", dijo Hania Mashhandani, la hermana de los hombres. "Y era un príncipe mujahedin".
Khalid Mashhandani era más oportunista. Formó su propio grupo de insurgentes no afiliados, dijo la hermana, y empezó a robar coches, a secuestrar por rescate y a contratar a otros para atacar convoyes norteamericanos. Supuestamente violó y mató a dos mujeres iraquíes. Está en una cárcel de Mosul esperando su juicio.
Los hermanos representan dos importantes tendencias en la resistencia: la una organizada, letal y conectada internacionalmente; la otra menos madura y más individualista, pero igualmente peligrosa.
Cuando en enero un convoy americano pasaba retumbando por la Rotonda de Yarmouk, un tiro de rifle estalló como una toz seca y una bala rebotó produciendo un ruido metálico contra el blindaje del Humvee.
La respuesta fue inmediata. Los soldados norteamericanos dispararon ráfagas contra el origen del disparo. Un soldado que manejaba una ametralladora calibre 50 montada en un tanque disparó hacia la acera donde estaba Ali Mashhandani.
Balas del tamaño de un dedo penetraron la pelvis y muslos del hombre de 39 años, pulverizando una de sus piernas. Una bala rompió su riñón y parte de su hígado salió por la espalda. Cuando terminó el fuego, Ali yacía en el polvo, muriendo. Su hermana Hania, que presenció el tiroteó y lo describió para Los Angeles Times en varias entrevistas recientes, dijo que había sido accidental. Insistió en que no sabía quién había disparado contra los norteamericanos.
Aunque los soldados en el terreno ese día no lo sabían, habían herido mortalmente al jefe de una célula local de Ansar al Sunna. Su hermano, dijo Hania, había organizado el atentado suicida de diciembre contra una base norteamericana cerca de Mosul en el que un hombre con uniforme militar iraquí detonó un chaleco-bomba en un comedor de campaña, matando a 22 soldados y guardias privados iraquíes y norteamericanos.
En el funeral de Ali, dijo Habia, su hermano Khalid, 46, abandonó a los deudos para llevar a cabo el primero de sus propios ataques en busca de venganza.
El retrato de los hermanos Mashhandani fue compuesto principalmente a través de entrevistas con Hania, 43, una de sus confidentes más íntimas, pero también se entrevistó a agentes de seguridad iraquíes, funcionarios norteamericanos y de Mosul y vecinos de la localidad.
Una simpatizante, si no miembro de la resistencia, Hania dijo que su contactos estrechos con sus hermanos la habían transformado en una fugitiva de la justicia iraquí, "aunque no soy culpable de nada, excepto que soy la hermana de Khalid y Ali".
Otra hermana, Khalida, desaprobaba sus actividades. Suha Butrus, profesora universitaria y amiga de Khalida, dijo: "Khalida era mi mejor amiga y se quejaba siempre de lo que hacían Khalid y Ali. Khalida quería que sus hermanos volvieran a llevar una vida normal".
Los Mashhandani son de Hamman al Alil, un suburbio de Mosul desprovisto de cualquier forma de policía organizada o gobierno que se ha transformado en un bastión de los insurgentes sunníes musulmanes.
Ali participó en la guerra de Irán-Iraq en los años ochenta y luego se unió al cuerpo de guardaespaldas de Hussein, dijo Hania. Pero a principios de los noventa, se había desilusionado del Partido Baaz.
Hania dijo que su hermano empezó a pasar largas horas en la mezquita de Hamman al Alil y finalmente se unió al ultra-conservador movimiento wahhabi del islam, que aboga por el retorno de una proclamada pureza de las primitivas comunidades musulmanas. Sus colegas baazistas en la guardia especial sospechaban del novedoso despliegue de religiosidad de Ali -su barba y sus cinco oraciones diarias- y finalmente lo echaron, dijo Hania.
Hace varios años, dijo Hania, Ali se hizo miembro de Ansar al Islam, el grupo originario de Ansar al Sunna. El grupo es conocido por haber organizado ataques con Al Qaeda y ha reivindicado su responsabilidad por varios secuestros, decapitaciones filmadas en video y mortíferos atentados contra fuerzas norteamericanas e iraquíes, incluyendo el atentado con coche-bomba del 4 de mayo contra una estación de reclutamiento de la policía iraquí en Irbil que mató al menos a 60 personas.
Cuando invadieron los norteamericanos, dijo Hania, su hermano estaba inicialmente feliz de que Hussein hubiera sido derrocado. Pero a medida que pasaba el tiempo se fue enfadando con la ocupación norteamericana y las libertades resultantes que se tomaron muchos iraquíes.
"Decía que la ocupación daba demasiada libertad a los iraquíes. Decía que la ocupación había reabierto las tiendas de licores y permitía que las mujeres salieran de sus casas. Ali se oponía a todo eso", dijo Hania.
Fundó una célula cuyos miembros fluctuaban entre 10 y 20 hombres. La célula compró armas -ametralladoras, lanzagranadas, minas antipersonales y otros explosivos- de gente que había saqueado los numerosos arsenales de municiones de Hussein después de la invasión, dijo Hania. Montaron la mayor parte de sus ataques en Mosul, la tercera ciudad de Iraq.
"En su primera operación impactó en dos Humvees. Eso fue en el verano de 2003 -lo mostraron por televisión", dijo Hania. El grupo de Ali también atacó convoyes norteamericanos con lanzagranadas en el centro de Mosul, en una avenida que los vecinos llaman "la Calle de la Muerte".
"Y colocaba bombas-trampa en camiones cisternas que explotaban entre las tropas americanas", dijo.
"A veces se reunían con otros grupos", dijo, agregando que ocasionalmente en casa de Ali alojaban combatientes extranjeros. "No decía quién daba las órdenes, pero una vez le dijo a Khalid: No es decisión nuestra. Cuando recibimos órdenes de atacar, atacamos. Cuando recibimos órdenes de dejar de pelear, dejamos de pelear'".
En octubre de 2003, Ali fue detenido por filmar bases militares norteamericanas en Iraq, dijo Hania, y fue detenido en la prisión de Abu Ghraib al oeste de Bagdad.
El teniente coronel del ejército, Guy Rudisill, confirmó que Ali había sido "detenido como un riesgo de seguridad" el 23 de octubre de 2003, pero se negó a especificar los cargos. Ali pasó seis meses en Abu Ghraib antes de ser trasladado al centro de detención del Campamento Bucca en el sur de Iraq.
En octubre fue dejado en libertad por decisión unánime de la Comisión Conjunta de Revisión, un comité formado por seis funcionarios oficiales iraquíes y tres funcionarios militares de la coalición que decide qué detenidos son peligrosos y quiénes son dejados en libertad.
Rudisill dijo que el historial de Ali no mencionaba su participación en Ansar al Sunna ni los ataques contra tropas americanas. Él y otros oficiales norteamericanos se negaron a tratar detalles de su liberación.
Una vez libre, Ali mencionó su renovado odio por Estados Unidos.
"Decía: Los americanos nos han insultado y maltratado. Cuando nos despertaban, nos daban de patadas. En el invierno no obligaban a sacarnos la ropa y nos arrojaban agua. Cuando hacía calor, nos obligaban a quedarnos fuera'", dijo Hania.
"Después de que lo dejaran en libertad de la cárcel de Bucca, Khalid le dijo que los norteamericanos lo estaban vigilando", dijo. "Pero no quiso escuchar. Acostumbraba decirle a Khalid: Antes de ir a la cárcel yo peleaba con mis manos contra los norteamericanos. Ahora voy a pelear con mis manos, mis pies y mis dientes".
Tras la liberación de su hermano, Khalid trató de persuadirlo de que dejara los ataques.
"Khalid le decía que dejara de resistir", dijo Hania. "Le preguntaba: ¿Eres el único iraquí que puede resistir a los norteamericanos?'"
Todo eso cambió cuando Ali fue matado por tropas norteamericanas a poca distancia de la casa de Khalid, dijo Hania.
"¿Quieres saber por qué Khalid se unió a la resistencia?", preguntó. "Fue porque Ali murió lentamente. Estaba pidiendo ayuda y el soldado no dejó que Khalid se acercara a él. Estuvo tirado en la calle durante una hora. Cuando logramos acercarnos, ya no se movía".
Khalid realmente no estaba hecho para la resistencia, dijo Hania. Aunque aprendió sobre municiones y a manejar armas durante su servicio en la guerra de Irán-Iraq, no era un extremista. Más bien, era un vendedor y un mediador tribal, experto en negociaciones y compromisos. No rezaba cinco veces al día, dijo su hermana.
Khalid no era jefe de una célula organizada, dijo Hania. "Hacía las operaciones él mismo y creó su propio grupo. Eran todos nuevos en la resistencia y todos querían vengar la muerte de Ali".
El grupo de Khalid era menos una célula insurgente que una banda variopinta de delincuentes comunes, dicen las autoridades iraquíes. Un miembro gestionaba un hotel de Mosul. Otro, unos baños públicos.
Varios supuestos miembros de la banda fueron mostrados en un popular programa de la televisión iraquí que transmite las confesiones de sospechosos de terrorismo. Funcionarios de derechos humanos en Iraq se han quejado de que muchas de las confesiones son obtenidas bajo coerción e incluyen detalles, tales como actos homosexuales, que tienen por intención humillar a los sospechosos.
Uno de los acusados, Ahmed Jassim Tali, contó que el grupo de Khalid secuestró y mató a mujeres que Khalid consideraba que eran promiscuas.
Hania negó que Khalid hubiera participado en ataques contra otros iraquíes, pero dijo que él había secuestrado a gente por rescate y al menos en dos ocasiones pagó con coches usados a la gente que atacó convoyes norteamericanos.
"Nuestra madre trataba de decirle: ¿Cómo puedes hacer todas esas cosas tan poco después de que mataran a tu hermano?'", dijo Hania. "¿Quieres destruir a tu familia, como Ali destruyó a la suya?'"
A comienzos de marzo unidades militares americanas e iraquíes habían allanado las casas de la familia de Khalid varias veces, pero él se había escapado a Siria, dijo Hania.
"Han detenido a tres familiares", dijo Hania, que insistió en que ni ella ni otros parientes han participado en la resistencia. Su marido, un hermano llamado Hani y su hermana Khalida fueron detenidos todos. Dijo que las autoridades iraquíes habían golpeado a su hermana en las piernas y en la espalda con cables de teléfono para obligarla a identificar a los cómplices de Khalid y confesar que había organizado las operaciones terroristas de Khalid cuando este se encontraba en Siria.
Khalida fue exonerada públicamente el mes pasado después de sus acusaciones sobre maltratos policiales salieran a la luz. Khalid volvió a Iraq el mes pasado y se entregó.
"Khalid envió un mensaje con nosotros al jefe de policía de Mosul de que se entregaría para probar que su familia no ha hecho nada", dijo Hania. "Khalid será encarcelado y quizás ejecutado, pero se sacrificará a sí mismo por su familia".
Hania dijo que todavía quería que los norteamericanos se marcharan, pero también reconoció que la resistencia se ha cobrado un precio entre sus seres queridos.
"Sí, estoy orgullosa de Ali. Era un héroe. Pero se perdió a sí mismo y no ganó nada -y dejó sola a su familia", dijo. "Y Khalid está en prisión. No vale la pena".
19 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Los hermanos, Ali y Khalid Mashhandani, crecieron juntos en un suburbio pobre de Mosul, un vecindario de pequeñas casas de piedra con tejados de madera y metal a lo largo del río Eúfrates. Durante años sus senderos se bifurcaron. Eso cambió cuando Ali murió en la Rotonda de Yarmouk en el centro de Mosul.
La historia de los hermanos Mashhandani ofrecen una mirada en la vida de los mortíferos insurgentes árabes sunníes, sus motivos diferentes y las pérdidas que sus acciones han significado para su familia en Mosul, una ciudad norteña que se ha transformado en el bastión de la resistencia.
Con sus convicciones islámicas radicales y su participación en Ansar al Sunna, un grupo militante del norte de Iraq, Ali Jassim Mohammed Mashhandani luchaba por un objetivo ideológico.
"Ali era mucho más serio, con más experiencia", dijo Hania Mashhandani, la hermana de los hombres. "Y era un príncipe mujahedin".
Khalid Mashhandani era más oportunista. Formó su propio grupo de insurgentes no afiliados, dijo la hermana, y empezó a robar coches, a secuestrar por rescate y a contratar a otros para atacar convoyes norteamericanos. Supuestamente violó y mató a dos mujeres iraquíes. Está en una cárcel de Mosul esperando su juicio.
Los hermanos representan dos importantes tendencias en la resistencia: la una organizada, letal y conectada internacionalmente; la otra menos madura y más individualista, pero igualmente peligrosa.
Cuando en enero un convoy americano pasaba retumbando por la Rotonda de Yarmouk, un tiro de rifle estalló como una toz seca y una bala rebotó produciendo un ruido metálico contra el blindaje del Humvee.
La respuesta fue inmediata. Los soldados norteamericanos dispararon ráfagas contra el origen del disparo. Un soldado que manejaba una ametralladora calibre 50 montada en un tanque disparó hacia la acera donde estaba Ali Mashhandani.
Balas del tamaño de un dedo penetraron la pelvis y muslos del hombre de 39 años, pulverizando una de sus piernas. Una bala rompió su riñón y parte de su hígado salió por la espalda. Cuando terminó el fuego, Ali yacía en el polvo, muriendo. Su hermana Hania, que presenció el tiroteó y lo describió para Los Angeles Times en varias entrevistas recientes, dijo que había sido accidental. Insistió en que no sabía quién había disparado contra los norteamericanos.
Aunque los soldados en el terreno ese día no lo sabían, habían herido mortalmente al jefe de una célula local de Ansar al Sunna. Su hermano, dijo Hania, había organizado el atentado suicida de diciembre contra una base norteamericana cerca de Mosul en el que un hombre con uniforme militar iraquí detonó un chaleco-bomba en un comedor de campaña, matando a 22 soldados y guardias privados iraquíes y norteamericanos.
En el funeral de Ali, dijo Habia, su hermano Khalid, 46, abandonó a los deudos para llevar a cabo el primero de sus propios ataques en busca de venganza.
El retrato de los hermanos Mashhandani fue compuesto principalmente a través de entrevistas con Hania, 43, una de sus confidentes más íntimas, pero también se entrevistó a agentes de seguridad iraquíes, funcionarios norteamericanos y de Mosul y vecinos de la localidad.
Una simpatizante, si no miembro de la resistencia, Hania dijo que su contactos estrechos con sus hermanos la habían transformado en una fugitiva de la justicia iraquí, "aunque no soy culpable de nada, excepto que soy la hermana de Khalid y Ali".
Otra hermana, Khalida, desaprobaba sus actividades. Suha Butrus, profesora universitaria y amiga de Khalida, dijo: "Khalida era mi mejor amiga y se quejaba siempre de lo que hacían Khalid y Ali. Khalida quería que sus hermanos volvieran a llevar una vida normal".
Los Mashhandani son de Hamman al Alil, un suburbio de Mosul desprovisto de cualquier forma de policía organizada o gobierno que se ha transformado en un bastión de los insurgentes sunníes musulmanes.
Ali participó en la guerra de Irán-Iraq en los años ochenta y luego se unió al cuerpo de guardaespaldas de Hussein, dijo Hania. Pero a principios de los noventa, se había desilusionado del Partido Baaz.
Hania dijo que su hermano empezó a pasar largas horas en la mezquita de Hamman al Alil y finalmente se unió al ultra-conservador movimiento wahhabi del islam, que aboga por el retorno de una proclamada pureza de las primitivas comunidades musulmanas. Sus colegas baazistas en la guardia especial sospechaban del novedoso despliegue de religiosidad de Ali -su barba y sus cinco oraciones diarias- y finalmente lo echaron, dijo Hania.
Hace varios años, dijo Hania, Ali se hizo miembro de Ansar al Islam, el grupo originario de Ansar al Sunna. El grupo es conocido por haber organizado ataques con Al Qaeda y ha reivindicado su responsabilidad por varios secuestros, decapitaciones filmadas en video y mortíferos atentados contra fuerzas norteamericanas e iraquíes, incluyendo el atentado con coche-bomba del 4 de mayo contra una estación de reclutamiento de la policía iraquí en Irbil que mató al menos a 60 personas.
Cuando invadieron los norteamericanos, dijo Hania, su hermano estaba inicialmente feliz de que Hussein hubiera sido derrocado. Pero a medida que pasaba el tiempo se fue enfadando con la ocupación norteamericana y las libertades resultantes que se tomaron muchos iraquíes.
"Decía que la ocupación daba demasiada libertad a los iraquíes. Decía que la ocupación había reabierto las tiendas de licores y permitía que las mujeres salieran de sus casas. Ali se oponía a todo eso", dijo Hania.
Fundó una célula cuyos miembros fluctuaban entre 10 y 20 hombres. La célula compró armas -ametralladoras, lanzagranadas, minas antipersonales y otros explosivos- de gente que había saqueado los numerosos arsenales de municiones de Hussein después de la invasión, dijo Hania. Montaron la mayor parte de sus ataques en Mosul, la tercera ciudad de Iraq.
"En su primera operación impactó en dos Humvees. Eso fue en el verano de 2003 -lo mostraron por televisión", dijo Hania. El grupo de Ali también atacó convoyes norteamericanos con lanzagranadas en el centro de Mosul, en una avenida que los vecinos llaman "la Calle de la Muerte".
"Y colocaba bombas-trampa en camiones cisternas que explotaban entre las tropas americanas", dijo.
"A veces se reunían con otros grupos", dijo, agregando que ocasionalmente en casa de Ali alojaban combatientes extranjeros. "No decía quién daba las órdenes, pero una vez le dijo a Khalid: No es decisión nuestra. Cuando recibimos órdenes de atacar, atacamos. Cuando recibimos órdenes de dejar de pelear, dejamos de pelear'".
En octubre de 2003, Ali fue detenido por filmar bases militares norteamericanas en Iraq, dijo Hania, y fue detenido en la prisión de Abu Ghraib al oeste de Bagdad.
El teniente coronel del ejército, Guy Rudisill, confirmó que Ali había sido "detenido como un riesgo de seguridad" el 23 de octubre de 2003, pero se negó a especificar los cargos. Ali pasó seis meses en Abu Ghraib antes de ser trasladado al centro de detención del Campamento Bucca en el sur de Iraq.
En octubre fue dejado en libertad por decisión unánime de la Comisión Conjunta de Revisión, un comité formado por seis funcionarios oficiales iraquíes y tres funcionarios militares de la coalición que decide qué detenidos son peligrosos y quiénes son dejados en libertad.
Rudisill dijo que el historial de Ali no mencionaba su participación en Ansar al Sunna ni los ataques contra tropas americanas. Él y otros oficiales norteamericanos se negaron a tratar detalles de su liberación.
Una vez libre, Ali mencionó su renovado odio por Estados Unidos.
"Decía: Los americanos nos han insultado y maltratado. Cuando nos despertaban, nos daban de patadas. En el invierno no obligaban a sacarnos la ropa y nos arrojaban agua. Cuando hacía calor, nos obligaban a quedarnos fuera'", dijo Hania.
"Después de que lo dejaran en libertad de la cárcel de Bucca, Khalid le dijo que los norteamericanos lo estaban vigilando", dijo. "Pero no quiso escuchar. Acostumbraba decirle a Khalid: Antes de ir a la cárcel yo peleaba con mis manos contra los norteamericanos. Ahora voy a pelear con mis manos, mis pies y mis dientes".
Tras la liberación de su hermano, Khalid trató de persuadirlo de que dejara los ataques.
"Khalid le decía que dejara de resistir", dijo Hania. "Le preguntaba: ¿Eres el único iraquí que puede resistir a los norteamericanos?'"
Todo eso cambió cuando Ali fue matado por tropas norteamericanas a poca distancia de la casa de Khalid, dijo Hania.
"¿Quieres saber por qué Khalid se unió a la resistencia?", preguntó. "Fue porque Ali murió lentamente. Estaba pidiendo ayuda y el soldado no dejó que Khalid se acercara a él. Estuvo tirado en la calle durante una hora. Cuando logramos acercarnos, ya no se movía".
Khalid realmente no estaba hecho para la resistencia, dijo Hania. Aunque aprendió sobre municiones y a manejar armas durante su servicio en la guerra de Irán-Iraq, no era un extremista. Más bien, era un vendedor y un mediador tribal, experto en negociaciones y compromisos. No rezaba cinco veces al día, dijo su hermana.
Khalid no era jefe de una célula organizada, dijo Hania. "Hacía las operaciones él mismo y creó su propio grupo. Eran todos nuevos en la resistencia y todos querían vengar la muerte de Ali".
El grupo de Khalid era menos una célula insurgente que una banda variopinta de delincuentes comunes, dicen las autoridades iraquíes. Un miembro gestionaba un hotel de Mosul. Otro, unos baños públicos.
Varios supuestos miembros de la banda fueron mostrados en un popular programa de la televisión iraquí que transmite las confesiones de sospechosos de terrorismo. Funcionarios de derechos humanos en Iraq se han quejado de que muchas de las confesiones son obtenidas bajo coerción e incluyen detalles, tales como actos homosexuales, que tienen por intención humillar a los sospechosos.
Uno de los acusados, Ahmed Jassim Tali, contó que el grupo de Khalid secuestró y mató a mujeres que Khalid consideraba que eran promiscuas.
Hania negó que Khalid hubiera participado en ataques contra otros iraquíes, pero dijo que él había secuestrado a gente por rescate y al menos en dos ocasiones pagó con coches usados a la gente que atacó convoyes norteamericanos.
"Nuestra madre trataba de decirle: ¿Cómo puedes hacer todas esas cosas tan poco después de que mataran a tu hermano?'", dijo Hania. "¿Quieres destruir a tu familia, como Ali destruyó a la suya?'"
A comienzos de marzo unidades militares americanas e iraquíes habían allanado las casas de la familia de Khalid varias veces, pero él se había escapado a Siria, dijo Hania.
"Han detenido a tres familiares", dijo Hania, que insistió en que ni ella ni otros parientes han participado en la resistencia. Su marido, un hermano llamado Hani y su hermana Khalida fueron detenidos todos. Dijo que las autoridades iraquíes habían golpeado a su hermana en las piernas y en la espalda con cables de teléfono para obligarla a identificar a los cómplices de Khalid y confesar que había organizado las operaciones terroristas de Khalid cuando este se encontraba en Siria.
Khalida fue exonerada públicamente el mes pasado después de sus acusaciones sobre maltratos policiales salieran a la luz. Khalid volvió a Iraq el mes pasado y se entregó.
"Khalid envió un mensaje con nosotros al jefe de policía de Mosul de que se entregaría para probar que su familia no ha hecho nada", dijo Hania. "Khalid será encarcelado y quizás ejecutado, pero se sacrificará a sí mismo por su familia".
Hania dijo que todavía quería que los norteamericanos se marcharan, pero también reconoció que la resistencia se ha cobrado un precio entre sus seres queridos.
"Sí, estoy orgullosa de Ali. Era un héroe. Pero se perdió a sí mismo y no ganó nada -y dejó sola a su familia", dijo. "Y Khalid está en prisión. No vale la pena".
19 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
misterio de la resistencia
[James Bennet] Las fuerzas norteamericanas en Iraq han sido a menudo acusadas de ser lentas en aplicar las duras lecciones de Vietnam y otros lugares sobre cómo luchar contra la resistencia. Sin embargo, desde fuera, nadie ha desdeñado tan decisivamente las lecciones de la historia como los insurgentes mismos.
Washington, Estados Unidos. Los rebeldes en Iraq muestran poco interés en ganarse la simpatía de la mayoría de los iraquíes, en construir legitimidad internacional o en articular un programa de gobierno o incluso una ideología o causa unificada más allá de expulsar a los americanos. No han avanzado ningún líder carismático, no han desarrollado un gobierno alternativo o una rama política, ni han mostrado la intención de controlar territorio para gobernar ahora.
Antes que emplear la clásica táctica rebelde de provocar a las tropas extranjeras para que reaccionen de manera torpe y excesiva y maten a civiles, están eliminando a los intermediarios y matando indiscriminadamente a civiles, además de escoger a blancos más previsibles, como los funcionarios del nuevo gobierno. En las últimas dos semanas han aumentado los atentados.
Este aumento en el asesinato de civiles refleja lo misteriosa que sigue siendo la estrategia a largo plazo -y cómo la aparente indiferencia de los rebeldes ante las actividades pasadas de la resistencia no es necesariamente una buena noticia para todo el mundo.
No es sorprendente que los periodistas, y evidentemente agentes de la inteligencia americana, han tenido enormes dificultades en penetrar la resistencia. Lo que es sorprendente es que los combatientes hayan hecho tan pocos esfuerzos en dar publicidad a sus objetivos comunes.
Expertos en contra-insurgencia se muestran desconcertados, preguntándose si el planeta está asistiendo al nacimiento de un nuevo tipo de insurgencia; como si, como en China en los años treinta o Vietnam en los cuarenta, a los insurgentes les estuviera costando años organizarse a sí mismos; o como si hubiera, como sospechan algunos, una explicación más simple.
"Esto no tiene lógica, no la vemos en ninguna parte", dijo Anthony James Joes, profesor de ciencias políticas en la Universidad de San José, Filadelfia, y autor de varios libros sobre la historia de la guerra de guerrillas. Los ataques ahora parecen "violencia indiscriminada", continuó. "Y esos tipos tienen un nombre: se llaman perdedores".
"Los insurgentes están haciendo todo mal", dijo. "O, de cualquier manera, no entiendo por qué hacen lo que están haciendo".
Steven Metz, del Instituto de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra, dijo que la resistencia podría estar todavía definiéndose. Sin embargo, dijo: "Es realmente significativo que en dos años no ha habido todavía nada parecido a una ideología política o portavoz político o rama política emergente. Es realmente una resistencia nihilista".
Advirtió que esta cualidad de cabeza de hidra podría implicar que la resistencia será difícil de reprimir, incluso aunque la falta de unidad haga improbable que gobiernen Iraq. "Hace más difícil erradicar la insurgencia, pero también les hace más difícil alcanzar su objetivo último -si ese es el control del país", dijo.
Que nadie sepa cuál es el objetivo es, según normas históricas, uno de los varios rasgos extraordinarios e intrigantes de su lucha.
Los expertos dan por sentado una causa clara -con amplio apoyo- como una condición previa para una resistencia exitosa.
Pero los insurgentes en Iraq parecen estar luchando por varias causas: los miembros del Partido Baaz están peleando por alguna forma de restauración del viejo régimen; los sunníes musulmanes están presumiblemente luchando para impedir el dominio de una mayoría chií; los nacionalistas están peleando para expulsar a los norteamericanos; y los combatientes extranjeros quieren transformar a Iraq en un campo de batalla de una guerra religiosa global. Se dice que algunos hombres pelean por el dinero; el crimen organizado también juega un papel.
Esta incoherencia es algo nuevo. "Si analizas las insurgencias del siglo 20, tienden todas a ser razonablemente coherentes en términos de sus ideologías", dijo Metz. "De la mayoría de los rebeldes serios podías decir: Eso es lo que quieren'".
En Iraq los grupos rebeldes parecen compartir la meta común inmediata de expulsar de Iraq a los norteamericanos, un objetivo que encuentra acogida entre iraquíes enfadados por la falta de electricidad y agua potable y el alto desempleo.
Los iraquíes corrientes distinguen entre los grupos de la insurgencia y sus tácticas. Sin embargo, los insurgentes no han propuesto públicamente una alternativa de gobierno, y su mensaje anti-norteamericano se ha visto enturbiado por sus ataques contra civiles y por la elección de un gobierno iraquí que no ha pedido a Estados Unidos que retire sus tropas.
Si la insurgencia está tratando de derrocar este régimen, debe hacer frente a un formidable obstáculo que los rebeldes exitosos del siglo 20 generalmente no enfrentaron: Un gobierno elegido democráticamente. Uno de los más celebrados teóricos y practicantes de la revolución, el Che Guevara, dijo que ese obstáculo era insuperable.
"Donde el gobierno llega al poder a través de alguna forma de voto popular, fraudulento o no, y mantiene al menos la apariencia de la legalidad constitucional", escribió, "no se puede preparar el estallido de la guerrilla, ya que las posibilidades de la lucha pacífica no se han agotado".
La elección de adversario de parte de los insurgentes es inusual. Pero el reciente aumento en la violencia sigue al menos un curso probado por el tiempo. Aparentemente los insurgentes están tratando de desbaratar cualquier progreso hacia la estabilidad con evidencias e imágenes de caos. El asesinato en ese período de al menos 250 agentes de policía, soldados y reclutas se ajusta a otra regularidad, ya que los insurgentes han tradicionalmente declarado como blancos a los acusados de colaboracionismo en un intento de aislar al régimen. En el asesinato de 150 civiles el objetivo es menos obvio.
La relación entre los rebeldes y la población en general es siempre compleja. Mao Tse-Tung postuló que las guerrillas se mueven entre la gente como pez en el agua. Pero también advirtió que "una revolución no es un banquete", y muchos insurgentes, incluyendo al Vietcong, usaron efectivamente el terror -a menudo aplicado selectivamente- contra civiles para obligar a segmentos de la población a prestar un apoyo menos pasivo.
Basándose en sus experiencias fomentando la revuelta árabe contra los turcos, T.E. Lawrence concluyó que los insurgentes necesitaban sólo el 2 por ciento de apoyo activo de la población, y 98 por ciento de apoyo pasivo.
Lo que es curioso sobre la táctica iraquí es que parece tener como objetivo una activa oposición. La resistencia es impulsada por los sunníes; los civiles matados por ellos son abrumadoramente chiíes y kurdos. El objetivo parece ser dividir a la frágil coalición gobernante y fomentar la guerra sectaria.
Sin embargo, si los insurgentes lograran desencadenar un conflicto civil, los probables perdedores serían los sunníes mismos, ya que son una minoría. Después de haber gobernado Iraq durante décadas, los sunníes están acostumbrados a llevar la fusta en la mano y pueden simplemente asumir que reconquistarán el control. O quizás apuestan a que el caos producirá esa división, permitiendo que los sunníes se gobiernen a sí mismos.
David Galula, autor del sistemático estudio de 1964, Counterinsurgency Warfare: Theory and Practice' [Guerra de Guerrillas: Teoría y Práctica], observó la efectividad de la fuerza y de la intimidación como instrumentos de la resistencia. Pero agregó una reserva: "Por supuesto, hay un límite práctico, sino ético, en el uso de la fuerza; la regla básica es no hacer frente nunca a más gente de la que pueda ser controlada".
Ese fue uno de los varios errores que cometieron los rebeldes comunistas en Grecia a fines de los años cuarenta. Una vez que el país fue liberado de los alemanes, los comunistas no tenían una causa mayoritaria, y decidieron enfrentarse al gobierno elegido democráticamente. Careciendo de industrias, Grecia tenía pocos obreros, y los campesinos no estaban particularmente intranquilos.
No es que importara a los comunistas. Despreciaban a los campesinos y los enajenaron todavía más exigiéndoles alimentos y refuerzos por medio de amenazas y ejecuciones. Incendiaron los pueblos con la esperanza de que los campesinos se transformaran en una carga para el gobierno apoyado por los americanos y provocar el desplome de la economía griega.
Las guerrillas sacaron ventaja del apoyo de las dictaduras comunistas de Grecia del norte. Luego, en julio de 1949, Tito cerró la frontera yugoslava, eliminando a Yugoslavia como santuario. Pero el profesor Joes dice que, para entonces, los insurgentes estaban de todos modos condenados al fracaso. "Se habían disparado a sí mismos en los pies y en las rodillas", dijo. En Iraq, las tropas americanas e iraquíes se han embarcado en una ofensiva en el oeste parcialmente con el objetivo de cortar lo que el mando militar dice que es un flujo de combatientes extranjeros y materiales a través de la frontera siria. Pero expertos militares dicen que sin estacionar a miles de soldados a lo largo de la frontera, los militares tienen pocas posibilidades de clausurarla.
Si el objetivo inmediato de los insurgentes es relativamente limitado -no derrocar al gobierno y expulsar a los americanos, sino inmovilizarlos y desangrarlos-, debería al menos tener precedentes sólidos. Como observó el experto en contraterrorismo Bruce Hoffman en un artículo para Rand el año pasado: "Durante más de 30 años, unos aproximadamente 200 a 400 cuadros de pistoleros y terroristas del IRA frustraron la mantención de la ley y el orden en Irlanda del Norte, exigiendo el despliegue prolongado de decenas de miles de tropas británicas". Sin embargo, el IRA está todavía lejos de su objetivo más amplio: expulsar a los británicos.
Entre los rebeldes de Iraq, los yihadistas tienen un objetivo más general. Quieren establecer un nuevo califato -un régimen religioso con fronteras expansivas. Para ellos, la destrucción y el caos en Iraq representan fuerzas creativas, instrumentos para reforzar los conflictos entre sectas, religiones y civilizaciones enteras. Buscando paralelos, varios expertos compararon a los insurgentes de Iraq con los violentos anarquistas de fines del siglo 19 y principios del 20. Ese movimiento echó raíces entre los desplazados que no pudieron encontrar un hueco en la sociedad moderna.
Sin embargo, puede ser una de las lecciones humildes de la historia de que la historia misma no logra iluminar el conflicto en curso en Iraq. Nadie sabe qué harán los insurgentes.
"Claramente tiene sentido para la gente que participa en ella", dijo Loren B. Thompson, un analista de defensa del Instituto Lexington. "Y eso más que cualquier otra cosa nos dice lo poco que entendemos a esta región".
19 de mayo de 2005
15 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Antes que emplear la clásica táctica rebelde de provocar a las tropas extranjeras para que reaccionen de manera torpe y excesiva y maten a civiles, están eliminando a los intermediarios y matando indiscriminadamente a civiles, además de escoger a blancos más previsibles, como los funcionarios del nuevo gobierno. En las últimas dos semanas han aumentado los atentados.
Este aumento en el asesinato de civiles refleja lo misteriosa que sigue siendo la estrategia a largo plazo -y cómo la aparente indiferencia de los rebeldes ante las actividades pasadas de la resistencia no es necesariamente una buena noticia para todo el mundo.
No es sorprendente que los periodistas, y evidentemente agentes de la inteligencia americana, han tenido enormes dificultades en penetrar la resistencia. Lo que es sorprendente es que los combatientes hayan hecho tan pocos esfuerzos en dar publicidad a sus objetivos comunes.
Expertos en contra-insurgencia se muestran desconcertados, preguntándose si el planeta está asistiendo al nacimiento de un nuevo tipo de insurgencia; como si, como en China en los años treinta o Vietnam en los cuarenta, a los insurgentes les estuviera costando años organizarse a sí mismos; o como si hubiera, como sospechan algunos, una explicación más simple.
"Esto no tiene lógica, no la vemos en ninguna parte", dijo Anthony James Joes, profesor de ciencias políticas en la Universidad de San José, Filadelfia, y autor de varios libros sobre la historia de la guerra de guerrillas. Los ataques ahora parecen "violencia indiscriminada", continuó. "Y esos tipos tienen un nombre: se llaman perdedores".
"Los insurgentes están haciendo todo mal", dijo. "O, de cualquier manera, no entiendo por qué hacen lo que están haciendo".
Steven Metz, del Instituto de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra, dijo que la resistencia podría estar todavía definiéndose. Sin embargo, dijo: "Es realmente significativo que en dos años no ha habido todavía nada parecido a una ideología política o portavoz político o rama política emergente. Es realmente una resistencia nihilista".
Advirtió que esta cualidad de cabeza de hidra podría implicar que la resistencia será difícil de reprimir, incluso aunque la falta de unidad haga improbable que gobiernen Iraq. "Hace más difícil erradicar la insurgencia, pero también les hace más difícil alcanzar su objetivo último -si ese es el control del país", dijo.
Que nadie sepa cuál es el objetivo es, según normas históricas, uno de los varios rasgos extraordinarios e intrigantes de su lucha.
Los expertos dan por sentado una causa clara -con amplio apoyo- como una condición previa para una resistencia exitosa.
Pero los insurgentes en Iraq parecen estar luchando por varias causas: los miembros del Partido Baaz están peleando por alguna forma de restauración del viejo régimen; los sunníes musulmanes están presumiblemente luchando para impedir el dominio de una mayoría chií; los nacionalistas están peleando para expulsar a los norteamericanos; y los combatientes extranjeros quieren transformar a Iraq en un campo de batalla de una guerra religiosa global. Se dice que algunos hombres pelean por el dinero; el crimen organizado también juega un papel.
Esta incoherencia es algo nuevo. "Si analizas las insurgencias del siglo 20, tienden todas a ser razonablemente coherentes en términos de sus ideologías", dijo Metz. "De la mayoría de los rebeldes serios podías decir: Eso es lo que quieren'".
En Iraq los grupos rebeldes parecen compartir la meta común inmediata de expulsar de Iraq a los norteamericanos, un objetivo que encuentra acogida entre iraquíes enfadados por la falta de electricidad y agua potable y el alto desempleo.
Los iraquíes corrientes distinguen entre los grupos de la insurgencia y sus tácticas. Sin embargo, los insurgentes no han propuesto públicamente una alternativa de gobierno, y su mensaje anti-norteamericano se ha visto enturbiado por sus ataques contra civiles y por la elección de un gobierno iraquí que no ha pedido a Estados Unidos que retire sus tropas.
Si la insurgencia está tratando de derrocar este régimen, debe hacer frente a un formidable obstáculo que los rebeldes exitosos del siglo 20 generalmente no enfrentaron: Un gobierno elegido democráticamente. Uno de los más celebrados teóricos y practicantes de la revolución, el Che Guevara, dijo que ese obstáculo era insuperable.
"Donde el gobierno llega al poder a través de alguna forma de voto popular, fraudulento o no, y mantiene al menos la apariencia de la legalidad constitucional", escribió, "no se puede preparar el estallido de la guerrilla, ya que las posibilidades de la lucha pacífica no se han agotado".
La elección de adversario de parte de los insurgentes es inusual. Pero el reciente aumento en la violencia sigue al menos un curso probado por el tiempo. Aparentemente los insurgentes están tratando de desbaratar cualquier progreso hacia la estabilidad con evidencias e imágenes de caos. El asesinato en ese período de al menos 250 agentes de policía, soldados y reclutas se ajusta a otra regularidad, ya que los insurgentes han tradicionalmente declarado como blancos a los acusados de colaboracionismo en un intento de aislar al régimen. En el asesinato de 150 civiles el objetivo es menos obvio.
La relación entre los rebeldes y la población en general es siempre compleja. Mao Tse-Tung postuló que las guerrillas se mueven entre la gente como pez en el agua. Pero también advirtió que "una revolución no es un banquete", y muchos insurgentes, incluyendo al Vietcong, usaron efectivamente el terror -a menudo aplicado selectivamente- contra civiles para obligar a segmentos de la población a prestar un apoyo menos pasivo.
Basándose en sus experiencias fomentando la revuelta árabe contra los turcos, T.E. Lawrence concluyó que los insurgentes necesitaban sólo el 2 por ciento de apoyo activo de la población, y 98 por ciento de apoyo pasivo.
Lo que es curioso sobre la táctica iraquí es que parece tener como objetivo una activa oposición. La resistencia es impulsada por los sunníes; los civiles matados por ellos son abrumadoramente chiíes y kurdos. El objetivo parece ser dividir a la frágil coalición gobernante y fomentar la guerra sectaria.
Sin embargo, si los insurgentes lograran desencadenar un conflicto civil, los probables perdedores serían los sunníes mismos, ya que son una minoría. Después de haber gobernado Iraq durante décadas, los sunníes están acostumbrados a llevar la fusta en la mano y pueden simplemente asumir que reconquistarán el control. O quizás apuestan a que el caos producirá esa división, permitiendo que los sunníes se gobiernen a sí mismos.
David Galula, autor del sistemático estudio de 1964, Counterinsurgency Warfare: Theory and Practice' [Guerra de Guerrillas: Teoría y Práctica], observó la efectividad de la fuerza y de la intimidación como instrumentos de la resistencia. Pero agregó una reserva: "Por supuesto, hay un límite práctico, sino ético, en el uso de la fuerza; la regla básica es no hacer frente nunca a más gente de la que pueda ser controlada".
Ese fue uno de los varios errores que cometieron los rebeldes comunistas en Grecia a fines de los años cuarenta. Una vez que el país fue liberado de los alemanes, los comunistas no tenían una causa mayoritaria, y decidieron enfrentarse al gobierno elegido democráticamente. Careciendo de industrias, Grecia tenía pocos obreros, y los campesinos no estaban particularmente intranquilos.
No es que importara a los comunistas. Despreciaban a los campesinos y los enajenaron todavía más exigiéndoles alimentos y refuerzos por medio de amenazas y ejecuciones. Incendiaron los pueblos con la esperanza de que los campesinos se transformaran en una carga para el gobierno apoyado por los americanos y provocar el desplome de la economía griega.
Las guerrillas sacaron ventaja del apoyo de las dictaduras comunistas de Grecia del norte. Luego, en julio de 1949, Tito cerró la frontera yugoslava, eliminando a Yugoslavia como santuario. Pero el profesor Joes dice que, para entonces, los insurgentes estaban de todos modos condenados al fracaso. "Se habían disparado a sí mismos en los pies y en las rodillas", dijo. En Iraq, las tropas americanas e iraquíes se han embarcado en una ofensiva en el oeste parcialmente con el objetivo de cortar lo que el mando militar dice que es un flujo de combatientes extranjeros y materiales a través de la frontera siria. Pero expertos militares dicen que sin estacionar a miles de soldados a lo largo de la frontera, los militares tienen pocas posibilidades de clausurarla.
Si el objetivo inmediato de los insurgentes es relativamente limitado -no derrocar al gobierno y expulsar a los americanos, sino inmovilizarlos y desangrarlos-, debería al menos tener precedentes sólidos. Como observó el experto en contraterrorismo Bruce Hoffman en un artículo para Rand el año pasado: "Durante más de 30 años, unos aproximadamente 200 a 400 cuadros de pistoleros y terroristas del IRA frustraron la mantención de la ley y el orden en Irlanda del Norte, exigiendo el despliegue prolongado de decenas de miles de tropas británicas". Sin embargo, el IRA está todavía lejos de su objetivo más amplio: expulsar a los británicos.
Entre los rebeldes de Iraq, los yihadistas tienen un objetivo más general. Quieren establecer un nuevo califato -un régimen religioso con fronteras expansivas. Para ellos, la destrucción y el caos en Iraq representan fuerzas creativas, instrumentos para reforzar los conflictos entre sectas, religiones y civilizaciones enteras. Buscando paralelos, varios expertos compararon a los insurgentes de Iraq con los violentos anarquistas de fines del siglo 19 y principios del 20. Ese movimiento echó raíces entre los desplazados que no pudieron encontrar un hueco en la sociedad moderna.
Sin embargo, puede ser una de las lecciones humildes de la historia de que la historia misma no logra iluminar el conflicto en curso en Iraq. Nadie sabe qué harán los insurgentes.
"Claramente tiene sentido para la gente que participa en ella", dijo Loren B. Thompson, un analista de defensa del Instituto Lexington. "Y eso más que cualquier otra cosa nos dice lo poco que entendemos a esta región".
19 de mayo de 2005
15 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh