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luchas internas en iraq


[Ellen Knickmeyer] Seguidores de Zarqawi chocan con sunníes. Enfrentamientos que dejan a los marines al margen revela fracturas en el apoyo de los combatientes extranjeros.
Bagdad, Iraq. Durante cuatro días este año los marines norteamericanos han sido espectadores del tipo de conflicto que habían esperado que surgiera: un enfrentamiento entre los seguidores de Abu Musab Zarqawi, el rebelde nacido en el extranjero, y milicianos tribales sunníes en la ciudad de Husaybah en la frontera occidental.
En los enfrentamiento desencadenados tras el asesinato de un jeque tribal, que fue encargado por Zarqawi, combatientes extranjeros y milicianos tribales iraquíes se atacaron unos a otros con armas pequeñas y proyectiles de mortero en las calles de la ciudad mientras los militares norteamericanos miraban desde la distancia, dijeron miembros de las tribus y militares estadounidenses.
Cuando un proyectil de mortero perdido impactó accidentalmente cerca de los marines, dijo el teniente coronel Tim Mundy, "reajustaron su fuego y no nos dispararon" por temor a arrastrar a los norteamericanos en el conflicto. "Se dispararon unos a otros", dijo.
El único daño reportado en el lado norteamericano ocurrió cuando unos disparos con armas livianas impactaron en un helicóptero cuando la curiosa tripulación americana se acercó demasiado al combate abajo.
La tribu árabe sunní implicada en los enfrentamientos, los sulaiman, perdieron cuatro hombres, dijo en una entrevista Salman Reesha Sulaiman, un miembro de la tribu, después de un combate que ocurrió en la primera semana de mayo.
En el lado de Zarqawi murieron 11 combatientes extranjeros que fueron matados en el enfrentamiento, más un número desconocido de otros combatientes extranjeros y sus aliados iraquíes en un bombardeo norteamericano después de que las tribus locales delataran su presencia a los norteamericanos.
La lucha en Husaybah fue un dramático signo de la fractura en el apoyo y lealtad que están sufriendo los combatientes extranjeros , dijeron varios líderes políticos iraquíes y otros. Los combates también revelaron lo que parecen ser fisuras en la dirigencia de las redes, dijeron.
Durante el fin de semana declaraciones contradictorias sobre la salud de Zarqawi en sitios en la red pusieron en duda que estuviera incluso vivo después de que sus lugartenientes anunciaran que había sido herido en un enfrentamiento con fuerzas norteamericanas e iraquíes.
Las experiencias de los vecinos de Husaybah ilustran por qué han surgido tensiones entre iraquíes locales y combatientes extranjeros.
Familias con medios han podido escapar del pueblo en abril, cuando los seguidores de Zarqawi empezaron a lanzar sus operaciones desde ahí, dijo un educador de Husaybah. Su nombre se mantiene oculto por temor a las represalias.
Los combatientes de Zarqawi se instalaron en las casas abandonadas recientemente, alimentándose con la comida dejada por las familias, dijo el educador. Dijo que árabes extranjero habían ordenado a las mujeres en la ciudad a llevar pañuelos que cubren toda la cara y túnicas y prohibió a los jóvenes usar ropas occidentales. Los extranjeros cerraron las tiendas de músicas y vendedores de parabólicas, dijo.
"Estoy convencido de que los americanos serán capaces de deshacerse de estos miserables que derraman la sangre de gente inocente", dijo Alaa Muhammed, un vecino de Husaybah. "Nos hemos convertido en sus prisioneros y esclavos".
El grupo de Zarqawi ordenó el asesinato del jeque Sulaiman después de que el líder tribal invitara a los marines a almorzar para mostrar las buenas relaciones entre su pueblo y los norteamericanos, dijo Salman Reesha Sulaiman, el líder tribal. Dijo que el grupo de Zarqawi reivindicó en una declaración su responsabilidad por el asesinato.
Ese asesinato encendió los enfrentamientos entre combatientes extranjeros y tribales, con Husaybah como campo de batalla.
Ahora sólo los residentes demasiado pobres como para escapar siguen en Husaybah.
"La gente huyó porque tenían miedo de correr la misma suerte que Faluya", dijo el educador, refiriéndose al ataque norteamericano que redujo a escombros gran parte de la ciudad ocupada por los insurgentes en noviembre.
Para un combatiente de Zarqawi, la comparación era motivo fanfarronear.
"Husaybah es ahora la nueva Faluya en todo, y estamos orgullosos de eso", dijo un seguidor iraquí de Zarqawi que se identificó a sí mismo como Abu Obaida Kubaisi. Si los norteamericanos atacan Husaybah, dijo, había 250 milicianos árabes dispuestos a realizar atentados suicidas.
"Son como Tom y Jerry con los norteamericanos porque toda vez que vamos a un área, nos siguen", dijo. "Finalmente gana el ratón".
Dos ofensivas a gran escala de los marines en la provincia de Anbar, la región occidental en la frontera con Siria que incluye Husaybah, han obligado a los rebeldes a dispersarse, dijeron militares. La segunda ofensiva continuó al sábado en otro supuesto bastión de Zarqawi, en Haditha.
A medida que se desarrollaba la ofensiva, los combatientes y lugartenientes de Zarqawi dijeron en entrevistas y en internet que había sido herido gravemente y estaba ayudando a designar a un sucesor de entre sus seguidores extranjeros e iraquíes.
Los anuncios de los rebeldes fueron recibidos en general con escepticismo. Muchos militares norteamericanos mencionaron informes de los insurgentes de que Zarqawi había pedido a sus ayudantes que lo mataran si en algún enfrentamiento corría el riesgo de caer en manos americanas.
Funcionarios del gobierno iraquí también dicen que el hecho de que los lugartenientes de Zarqawi anunciaran que estaba incapacitado sugirió una luchar por el poder en la resistencia -entre los combatientes extranjeros e insurgentes iraquíes árabes sunníes aliados.
Se cree que los combatientes extranjeros y los insurgentes sunníes de Iraq han a veces trabajado juntos, unidos por los objetivos comunes de obligar a Estados Unidos a retirar sus tropas y minar al gobierno de la era post-Saddam Hussein.
Pero fuerzas norteamericanas e iraquíes han matado o capturado a unas dos docenas de cuadros desde las elecciones del 30 de enero, de acuerdo a militares norteamericanos. Cientos de combatientes extranjeros han muerto desde entonces, dicen funcionarios norteamericanos.
La rabia entre los combatientes extranjeros por esas pérdidas han contribuido a erosionar la posición de Zarqawi entre sus seguidores.
Los esfuerzos del nuevo gobierno de incluir a los sunníes en el proceso político también ha contribuido a reducir fuertemente el apoyo de los combatientes extranjeros en las comunidades árabes sunníes, dijo esta semana el primer ministro Ibrahim Jafari. Mientras eso continúa, dijo Jafari, "están expuestos".
Algunos oficiales dijeron que la red de Zarqawi -sus medios para canalizar armas, combatientes y fondos para los ataques- es más importante que el hombre mismo para la resistencia.
"Van a dejar que Zarqawi sea sólo un símbolo", dijo esta semana Humam Hammoudi, miembro del parlamento y uno de los líderes de ahora dominante Consejo Suprema de la Revolución Islámica del país. "Y cuando ese símbolo desaparezca, habrá confusión e inestabilidad -psicológicamente, no tienen estabilidad".
"Van a necesitar algún tiempo... para reagruparse", dijo Hammoudi. "Hay varias estrategias para impedir que eso ocurra".

31 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh

iraq tras zarqawi


[Jeffrey Fleishman] El militante puede haber sufrido heridas graves. Si muere, pueden aumentar las divisiones en la resistencia.
Bagdad, Iraq. Los crípticos mensajes publicados en sitios de internet que informan que el líder militante Abu Musab Zarqawi ha sido herido, plantean interrogantes sobre el futuro de la dividida resistencia iraquí dirigida en parte por el poder de su personalidad y su volátil estrategia contra las tropas norteamericanas.
A veces descrito como delgado y alto, otras como regordete y barbudo, Zarqawi es el rostro del movimiento insurgente. Si las noticias en la red son correctas y Zarqawi ha sufrido una herida de bala en un pulmón, los rebeldes podrían perder a su portavoz más intransigente en el intento de desbaratar los planes de Washington para el nuevo Iraq.
Oficiales norteamericanos dicen que la muerte de Zarqawi no dividirá a la resistencia, pero podría desencadenar una lucha por el poder entre por un lado los combatientes extranjeros de Al Qaeda y, por otro, los baazistas de Saddam Hussein. Estos grupos desconfían unos de otros, y la incertidumbre sobre un nuevo líder podría profundizar la división, mientras Estados Unidos y las tropas iraquíes aumentan sus ataques contra bastiones militantes en Bagdad y el oeste de Iraq.
"Es difícil encontrar líderes como Zarqawi", dijo Mohamed Askari, un analista militar iraquí. La ausencia de este nombre de marquesina podría dañar las capacidades de reclutamiento y recaudación de fondos de la resistencia, agregó.
"Zarqawi es osado, elusivo. Tiene capacidad de maniobra, de evitar riesgos, y tiene talento para comunicarse con el público... ¿Quién ocupará su lugar?"
La pérdida del militante jordano como el principal líder de una red fundamentalmente iraquí, a veces dividida, no significará que el movimiento "se derrumbe y deje de existir", dijo esta semana en una reunión informativa el general de división Carter Ham en el Pentágono. "La organización ha demostrado tener flexibilidad".
Nombres de posibles sucesores que siguen la ideología de Al Qaeda y otras organizaciones militantes incluyen a Khalid Shami, un sirio; Abdel Rahmaan, iraquí; y Abu Hifs Qurani, que se cree que es saudí o yemení.
El clan Qurani es conocido por producir milicianos para la guerra santa musulmana en Afganistán y en todo Oriente Medio. Uno de los sitios de internet vinculados a Al Qaeda indicó esta semana que Qurani ha sido nombrado provisionalmente para suplir la ausencia de Zarqawi. Más tarde el mismo sitio arrojó dudas sobre esa información. Ninguno de los informes pudo ser verificado independientemente.
No está claro si Qurani y los otros poseen la aparente capacidad de Zarqawi de galvanizar las facciones de un movimiento que incluye a cuadros internacionales de terroristas suicidas, antiguos oficiales del ejército iraquí, imanes radicales y delincuentes. Tampoco está claro si comparten el don de Zarqawi para las declaraciones dramáticas para una audiencia mundial, como sus apariciones en video decapitando a occidentales como el empresario norteamericano Nicholas Berg.
Si Zarqawi está "herido o muerto, definitivamente debilitará la resistencia", dijo un portavoz de los comandos del gobierno iraquí conocidos como Brigada Lobo. Dijo que el aumento de los atentados con coches-bomba era un síntoma de desesperación de las guerrillas y la "desaparición de una base para gente como Zarqawi".
La fusión de Zarqawi de tácticas terroristas con el odio hacia Estados Unidos ha ayudado a hacer de Iraq un terreno de persistente brutalidad.
Se cree que el año pasado dirigió a los insurgentes que lucharon contra las tropas norteamericanas en Faluya. En los últimos meses, dicen funcionarios militares norteamericanos, se ha concentrado en organizar atentados con coche-bomba y de avivar las rivalidades sectarias entre chiíes y sunníes musulmanes para provocar una guerra civil. Desde el 28 de abril, cuando se formó el nuevo gobierno iraquí, han muerto más de 600 iraquíes, la mayor parte civiles.
Hijo de un curandero tradicional y de un jefe tribal en Jordania, Zarqawi ha ganado una estatura mítica entre los islamitas radicales como un audaz guerrero en la lucha contra los infieles. Es visto como una figura solitaria, un hombre con un rifle Kalashnikov y una espada cuyos decretos de vez en vez resuenan en las radios, condenando a los iraquíes que colaboran con Washington y llamando a nuevos reclutas. Si Osama bin Laden es la fuerza intelectual efectiva detrás de Al Qaeda, Zaraqawi es su brazo armado. Se unió a Al Qaeda con su grupo de combatientes en 2004, después de resolver diferencias ideológias.
No hay cifras fiables sobre el tamaño de la resistencia o cuántos combatientes extranjeros han cruzado la frontera de Iraq. La elusiva reputación de Zarqawi se reforzó en febrero, cuando escapó por poco de ser capturado en un puesto de control norteamericano cerca de Ramadi. Sin embargo, las tropas norteamericanas confiscaron su ordenador portátil en el camión donde viajaba. Desde entonces, una veintena de sus lugartenientes, incluyendo a su especialista en montar coches-bombas, Ghassan Mohammed Amin, han sido detenidos o matados.
La imagen de Zarqawi entre los iraquíes se ha deteriorado desde que la semana pasada proclamara que en la guerra contra Washington se justificaba la muerte de civiles en atentados con coches-bomba. Funcionarios norteamericanos dicen que los ataques recientes de tropas norteamericanas e iraquíes a lo largo de la frontera siria y en la capital han terminado con la vida de más de 135 milicianos y aumentado la presión de los recursos de los insurgentes. En los ataques se han confiscado armas antiblindados, lanzagranadas y más de 6 millones de dólares.
"Aunque la red de Zarqawi ha sido reducida, sus seguidores todavía tienen suficiente fuerza como para continuar los ataques", dijo este mes el coronel Don Alston, portavoz de las fuerzas norteamericanas. El gobierno iraquí está preocupado de que la muerte de Zarqawi lo pueda convertir en un mártir y proporcionar un punto de reunión para los extremistas que se unen a la resistencia.
Algunos funcionarios de inteligencia se preocupan de que los informes sobre las heridas de Zarqawi puedan formar parte de una campaña de desinformación. La publicación en un sitio de Al Qaeda llamó la atención de los expertos en terrorismo porque el sitio es conocido por haber publicado mensajes de operativos, y la noticia sobre Zarqawi fue atribuida a un conocido portavoz de su red en Iraq.
"Parece consistente" con lo que es una publicación auténtica, dijo un funcionario de inteligencia. "¿Pero cómo verificar una declaración en la red?"
El funcionario agregó que el grupo de Zarqawi podría estar tratando de retratar a su líder como el ‘Harry Houdini' de Iraq, burlando a sus perseguidores norteamericanos, escondiéndose en pueblos repartidos en todo el desierto occidental. Otra publicación el viernes en un sitio de internet usado por seguidores de Zarqawi aumentó la confusión. Decía que estaba en "buena salud y dirigiendo él mismo la yihad".
El ministro de Interior iraquí, Bayan Jabr, dijo el jueves que creía que Zarqawi había sido herido. Sin embargo, es difícil conseguir un cuadro médico preciso. Meses antes de que las tropas norteamericanas derrocaran a Hussein en abril de 2003, informes de inteligencia occidentales sugirieron que a Zarqawi -entonces un militante de poca monta en Jordania- le habían amputado una pierna. Otras fuentes dijeron que había sido herido en la pierna durante un combate en Afganistán, pero que estaba intacto.
En las últimas semanas ha habido informes de inteligencia y de prensa de que Zarqawi buscó ayuda en un hospital y escapó antes de la llegada de fuerzas de seguridad. También hay informaciones no confirmadas de que Zarqawi ha huido del país y está siendo cuidado por varios médicos. Estados Unidos ha ofrecido 25 millones de dólares por informaciones que conduzcan a su captura.
Es difícil determinar cuándo entró Zarqawi en Iraq. Algunos informes de inteligencia occidentales dicen que fue tratado de la pierna en Bagdad cuando Hussein estaba todavía en el poder. Funcionarios de inteligencia kurdos y norteamericanos dicen que poco antes de la invasión Zarqawi viajó por el norte de Iraq y ayudó a Ansar al Islam, un grupo de kurdos sunníes radicales que se vio reforzado con combatientes de Al Qaeda después del bombardeo norteamericano de Afganistán en 2001.
La relación de Zarqawi con Ansar en los últimos dos años sugiere la habilidad de inspirar a los que antes se mostraban desconfiados.
Después de la invasión de Iraq, Ansar se reagrupó para formar Ansar al Sunna, responsable de los atentados kamikaze y otros ataques en todo el país, incluyendo la explosión de diciembre en la base militar de Mosul que mató a 22 personas, incluyendo a 14 soldados norteamericanos.
Muchos miembros de Ansar al Sunna no quisieron jurar lealtad a Zarqawi, al que veían como un extranjero tratando de manipular la resistencia para fomentar las ambiciones de Al Qaeda. En una entrevista con Los Angeles Times, Abdurahman Ali Khursid, un operativo de Ansar detenido por los kurdos, dijo que las tensiones entre el grupo y Zarqawi se intensificaron cuando un líder de Ansar, Omar Baziyani, se pasó al bando de Zarqawi.Pero esta semana una noticia en el sitio en internet de Ansar sugiere que Zarqawi los convenció.
"Dios lo eligió para ser una aguja en el ojo de los enemigos", dice el mensaje. "Él es quien contentó a los musulmanes con sus operaciones contra las tropas cristianas y sus seguidores... Ansar al Sunna le pide a Dios que cure a Zarqawi para que continúe su yihad y sus santas operaciones".

Greg Miller y Mark Mazzetti en Washington y Asmaa Waguih en Baghdad contribuyeron a este reportaje.

29 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

vuelve pena de muerte


[Jonathan Finer y Naseer Nouri] En Iraq opinión pública acoge práctica suspendida tras invasión norteamericana.
Bagdad, Iraq. Tres hombres condenados por homicidio, violación y secuestro se sentaron frente al juez, esperando sus sentencias. Pero antes tuvieron que hacer frente a las encolerizadas familias de sus víctimas.
"Le quebraron sus brazos. Le quebraron sus piernas. Le sacaron los ojos", dijo una mujer en la sesión del domingo de la ciudad de Kut, al sudeste de Bagdad, describiendo lo que los hombres habían hecho a su hijo. "Pena de muerte. Quiero la pena de muerte".

Un hombre en la parte de atrás de la concurrida sala de la corte levantaba un letrero que decía: "No aceptaremos más que la muerte".
Momentos después, los espectadores vieron satisfechos sus deseos. Los tres hombres, supuestamente miembros de un grupo rebelde conocido como Ansar al-Sunna, fueron condenados a morir en la horca "en los próximos diez días", de acuerdo a la sentencia dictada por el tribunal criminal especial.
En una demostración de fuerza con la que el gobierno espera sofocar la resistencia, Iraq llevará a cabo pronto sus primeras ejecuciones judiciales desde la caída del presidente Saddam Hussein. Y a pesar de las objeciones planteadas por algunos otros países y grupos internacionales de derechos humanos, la opinión pública iraquí en general ha recibido con alegría su reimplantación.
"Antes, los delincuentes pensaban que pasarían en la cárcel algunos meses y que luego serían dejados en libertad", dijo Abu Muhammad, propietario del Kuwat Monet Exchange Co. "Pero ahora esto les parará".
En el Iraq de Hussein, las ejecuciones eran utilizadas normalmente para reprimir la disensión política, y había 144 delitos diferentes por los que un acusado podía ser condenado a muerte. Después de la invasión de Iraq en 2003, el administrador norteamericano L. Paul Bremer suspendió la pena capital, declarando que "el antiguo régimen usaba ciertas provisiones del código penal como un medio de opresión, en violación de derechos humanos reconocidos internacionalmente".
El gobierno interino iraquí revivió la pena de muerte en agosto pasado para un pequeño paquete de crímenes violentos, así como para el tráfico de drogas. Se cree que la decisión fue motivada por el deseo de ejecutar a Hussein, del que se espera que será juzgado este verano por un tribunal especial.
"Estoy esperando el día en que muestren el colgamiento de Saddam por la televisión", dijo Salam Naji, 52, propietario de una mueblería bagdadí. "Él está detrás de toda esta violencia y asesinatos".
Ahora el gobierno ha jurado hacer un uso más amplio de la pena de muerte, en momentos en que intenta sofocar una resistencia que se ha cobrado más de 600 vidas el mes pasado.
"Aplicaremos la pena de muerte contra los que han matado a cientos de iraquíes", dijo en una rueda de prensa el ministro del Interior, la semana pasada. "Haremos pagar a los criminales".
Pero organizaciones de derechos humanos han planteado preocupación sobre el uso del gobierno dominado por los chiíes para frenar los ataques insurgentes. Además, las fuerzas de seguridad iraquíes, y especialmente los comandos del ministerio del Interior han sido acusados en las últimas semanas de ejecutar sumariamente a líderes religiosos sunníes.
"Nos oponemos por principio a la pena de muerte y ciertamente en un país donde se detiene a una enorme cantidad de personas y donde hay un alto grado de violencia", dijo Joe Stork, subdirector de la división de Oriente Medio de Human Rights Watch, con sede en Nueva York. A la luz de la historia de Iraq en cuanto al uso de la ejecución como una herramienta política, eliminar la pena capital "sería un modo apropiado para que el gobierno iraquí se apartara de esa sombra y se distinguiera a sí mismo", dijo.
Gran Bretaña, que mantiene varios miles de soldados en Iraq, abolió hace décadas la pena capital. Peter Goldsmith, el fiscal general británico, repitió la objeción de su país ante la nueva política de Iraq el lunes pasado en una conversación matutina con el ministro de Justicia iraquí, Abdul Hussein Shandal, de acuerdo a un funcionario inglés aquí.
"El Reino Unido se opone a la pena de muerte cualquiera sean las circunstancias y llama a Iraq a abolirla", dijo Doug Wilson, asesor jurídica de la embajada británica en Bagdad.
La embajada norteamericana emitió una declaración en la que dice que Iraq, como nación soberana, debe determinar sus propias penas criminales. "La pena de muerte es una decisión de las autoridades iraquíes elegidas democrática y legalmente", dice la declaración.
Varios iraquíes dijeron que eran partidarios de la pena de muerte porque permitiría ejecutar a Hussein, que ha pasado 17 meses en una cárcel cerca del aeropuerto de Bagdad.
El bloque chií que dirige el nuevo gobierno dijo el mes pasado que si Hussein fuera condenado, se opondría a cualquier intento de salvar su vida. El primer ministro Ibrahim Jafari dijo que "apoyaba completamente" la ejecución de Hussein, si era condenado, de acuerdo a su portavoz, Laith Kubba.
El único miembro del gobierno iraquí que se opone públicamente a ejecutar a Hussein es el presidente Jalal Talabani, un antiguo opositor de la pena capital. Dijo a la BBC en abril que se "tomaría vacaciones" antes que firmar una orden autorizando la ejecución de Hussein. Debido a que las firmas de sus dos subdirectores son suficientes, su oposición no impedirá que la ejecución se lleve a cabo.

26 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh

policías a pesar de todo


[Jeffrey Fleishman] Hombres pobremente equipados son atacados y emboscados. Sin embargo, siguen apareciéndose por las comisarías.
Bagdad, Iraq. La cicatriz que le dejó la metralla corre como un brillante hilo sobre la oreja de Jawad Ali. Se eleva como la ampolla de su pulgar. Su piel es toda una bitácora de estas violentas calles. El otro día se sacó el chaleco antibalas y se bajó el cuello, mostrando una herida de bala que recibió en un atentado rebelde cuando se dirigía a su trabajo.
"Hace cinco meses me entrevistaron para la televisión iraquí", dijo Ali, un veterano que ha estado 19 años con la policía, con esposa y cuatro hijas. "Los insurgentes deben haberme visto e identificado. Me atacaron a la mañana siguiente, cuando venía a la comisaría vestido de paisano. En estos días no le tengo miedo a nada, excepto a Dios. Es nuestra hombría la que nos mantiene volviendo al trabajo".
La policía iraquí se desplaza al terrorífico ritmo de los atentados con coches-bomba, balaceras, secuestros, proyectiles y fosas comunes poco profundas con hombres esposados con agujeros de bala en sus cabezas. El país ha entrado en una confusa red donde el crimen, la resistencia y los cada vez más crecientes ataques sectarios están abrumando a una fuerza policial pobremente equipada que trata de mantener el orden en un remolino de humo y rabia.
Helicópteros militares norteamericanos zumban en el cielo, los soldados se agachan en las calles, y los agentes de policía están metidos entre una guerra y un país que lucha por la democracia. Las comisarías de policía se han transformado en tensos puestos de control marcados por barricadas, alambres de púas y cicatrices de granadas de los rebeldes que consideran a todos los que llevan uniforme como colaboracionistas de Washington.
En un momento un policía puede estar persiguiendo a un ladrón con un saco de harina robada, y al siguiente estar parado entre los sangrientos surcos dejados por un terrorista kamikaze.
Para hombres como Ali, el silencio entre los dos es breve. Acepta el trabajo porque hay pocas otras oportunidades. Pero hay más, dice. Se trata del honor. Se trata de ser un hombre de 39 al que le falta un incisivo, que tiene quizás otra oportunidad de casar a sus dos hijas y guiar a su país hacia un lugar donde haya menos ataúdes balanceándose en los portaequipajes de los coches.
Sin embargo, es mejor no decir que eres policía. Las chapas y recomendaciones se mantienen a resguardo de los vecinos que podrían susurrar algo en la espeluznante red de chismes de Iraq. Todo agente sabe que cada vez que pone la sirena, puede estar yendo a impedir un crimen, pero también puede ser un estruendoso aviso de una emboscada insurgente.
Al menos 487 agentes de policía han sido asesinados y 1.258 han quedado heridos en Bagdad desde la caída del régimen de Saddam Hussein el 9 de abril de 2003, de acuerdo a estadísticas del gobierno. Se trata del 12 por ciento del cuerpo policial de la ciudad compuesto por 15.000 agentes.
Estas cifras no incluyen a docenas de comandos especiales de la policía y los cientos de hombres muertos en atentados con coches-bomba y ataques de los insurgentes mientras hacían cola para inscribirse en los centros de reclutamiento de la policía.
"Yo he recibido dos cartas con amenazas de los mujahedines", dijo Ghassan Ali, un agente de 23 años. "Me dijeron que dejara mi trabajo, de otro modo me atacarán a mí y a mi familia. Mi madre y mi esposa me han pedido que deje la policía. Pero si todos hacemos lo que dicen nuestras madres y esposas, ¿quién hará nuestro trabajo?"
Ghassan Ali y su socio Hasan Kadum estaban días atrás en un restaurante, cuchareando arroz con pollo y descifrando los ruidos del walkie-talkie.
Ali, de piel clara y el más erguido de los dos, llevaba una arrugada camisa azul pálido. Kadum llevaba galones plateados de sargento en sus robustos hombros, su pistola bruñida. Sudaban e intercambiaban historias. Recordaban a los agentes que habían muerto, y las veces en que ellos estuvieron a punto de morir. Rieron a medias sobre el hecho de que ganaban 240 dólares al mes y tenían que comprar sus propios uniformes.
Como la mayoría de los agentes iraquíes, también dicen que es demasiado peligroso llevar uniforme hacia y desde el trabajo. Kadum oculta el suyo en una bolsa de plástico.
"Los insurgentes levantaron un puesto de control falso y pararon mi autobús hace algunos meses", dijo Kadum, 24, con un bigotito. "Enrollé mi uniforme y lo escondí entre el asiento del conductor y el del primer pasajero. Metí el carné de identidad de la policía en mis calcetines. La vida es así. No tenemos otra opción que vivir así".
A Kadum no le gusta fundirse de esa manera, achicarse él mismo, como su uniforme, hasta que pasa el peligro y su bus continúa el trayecto. Se eriza con la humillación, la guarda, la comparte con sus compañeros en la comisaría, muchos de los cuales tienen sus propios modos de enrollar sus uniformes y ocultarlos. Pero cuando llevan sus uniformes y sus armas están cargadas, dicen que sólo temen a Dios. Es el tipo de bravuconería que se necesita.
"Hace poco tuvimos una llamada desde la casa de un ministro del gobierno, que no diré quién es", dijo Kadum. "Había un coche sospechosos en el vecindario. Había un tipo con un coche-bomba y se disponía a esperar frente a la casa hasta la mañana siguiente para matar al ministro. Pero estaba lloviendo y el coche se empantanó en el lodo y el terrorista huyó. Nos acercamos al coche. Los limpiaparabrisas aún estaban funcionando.
"Miramos a través de la lluvia y el polvo. Había explosivos y proyectiles de artillería. Huimos y llamamos a la brigada de bombas".
Otro día explotó un coche frente a Jawad Ali en la sección Dora, en Bagdad.
Ali tiene muchas historias. Él y su equipo almorzaban en diferentes restaurantes. Estaba sentado en una silla de plástico mientras el cordero era asado en un fuego abierto y los tomates y escabeches eran servidos en bandejas abolladas. Había rifles Kalashnikov gastados y astillados apoyadas contra las mesas, junto a los tenedores. Algunos de los hombres estaban tranquilos, algunos no dejaban de hablar. Estaban detrás de una alta barricada de cemento, seguros, creía la mayoría, lejos del alcance de la calle.
"Las calles son peligrosas", dijo Ali. "Recibimos un montón de llamadas falsas. A veces los que llaman son nuestros enemigos. Nos tienden emboscadas y nos atacan con bombas. He visto morir a muchos hombres".
Estaban en un restaurante a sólo unos minutos cuando un walkie-talkie empezó a chirriar: Un sospechoso estaba rondando por el vecindario. Abandonaron los platos. Jawad Ali se volvió a ajustar su chaleco antibalas.
Los agentes esperaron fuera otra llamada. Pero no hubo, y el cielo se mantuvo tranquilo. Volvieron a sus almuerzos; el camarero azuzó el fuego y llevó nuevos vasitos de té.
"Mi viejo comandante, el teniente primero Ali, siempre lleva alicates en su bolsillo", dijo Jawad Ali cuando los hombres se reunían. "Le gustaba desactivar bombas. Trató de desactivar una junto a la calle y lo mató. Estábamos a 50 metros y le habíamos rogado que no se acercara".
"Las cosas son más peligrosas ahora. No tenemos suficientes armas y nuestro abastecimiento es malo. Míreme, soy un agente de orden y no tengo pistola. Tengo un Kalashnikov, pero lo tengo que entregar cuando termina mi turno. Me voy a casa por la noche sin ninguna protección".
Policías como Jawad Ali y Ali Mahmood están celosos de los soldados con salarios más altos de la guardia nacional iraquí. Según lo ven los policías en el violento paisaje de hoy, hacen frente a los mismos peligros que los soldados. Los policías trabajan en turnos de 12 horas, y muchos de ellos temen el toque de queda entre las 11 de la noche y las 5 de la mañana, cuando un rebelde podría llamar para decir que su esposa está dando a luz y no sea más que una trampa montada para sorprender a la ambulancia o patrullera que se aparezca.
"Un guardia nacional gana unos 300 dólares al mes", dijo Mahmood, que fue adiestrado por instructores norteamericanos después de la guerra. "Pero un montón de policías ganan mucho menos. Nuestros enemigos van armados con ametralladoras pesadas, rifles de francotirador, lanzagranadas y coches-bomba".
"Durante Saddam Hussein yo era policía", dijo Jawad Ali, que está feliz de haberse librado del dictador pero un poco sorprendido de los costes. "Entonces era más seguro ser miembro de la policía".
El sargento Kadum dijo que era difícil conservar el anonimato en estos días. Hay en todas partes ojos fisgoneando. La gente ha tomado partido, dijo, y parece que se necesitan los talentos de un mago para salir de la vida de policía al final del día y aventurarse como civil en la peligrosa ruta hacia casa. Su refugio era una barbería en las afueras de la ciudad, donde él y otros agentes y guardias nacionales se reunían después del amanecer para mostrarse solidaridad antes de iniciar sus turnos.
Los insurgentes vigilaron la barbería. Ocultaron una bomba debajo de una banca. Murieron dos hombres.

Suhail Ahmed contribuyó a este reportaje.

25 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

iraq necesita a los sunníes


Iraq puede desintegrarse.
Casi cinco meses después de las primeras elecciones libres en Iraq durante décadas, los terroristas suicidas y guerrilleros blandiendo rifles continúan causando una espantosa carnicería. Los insurgentes mataron a tres soldados norteamericanos y dos iraquíes en atentados con coches-bomba el martes en Bagdad, un día después de que una ola de ataques y explosiones de bombas mataran a más de 50 iraquíes y cinco soldados norteamericanos. La creciente violencia debería impulsar a los rivales islámicos a buscar un compromiso para impedir que se desintegre el país.
Los árabes sunníes boicotearon las elecciones del 30 de enero para elegir a la asamblea nacional, una elección que inspiró al mundo cuando los iraquíes desafiaron las amenazas de los rebeldes y asistieron en tropel a las urnas. Los líderes sunníes parecen ahora haberse dado cuenta de que el boicot fue un error; el sábado, clérigos, políticos y líderes tribales prometieron buscar un plan unificado para volver a la política y negociar con chiíes y kurdos.
Otro signo esperanzador provino del incendiario clérigo chií, Muqrada Sáder, que envió representantes a reunirse con dirigentes sunníes el domingo y llamó a poner fin a las peleas entre sunníes y chiíes. Los sunníes dominaron Iraq durante Saddam Hussein, aunque sólo constituyen el 20 por ciento de la población. El nuevo gobierno formado este mes está dominado por los chiíes, que constituyen más de la mitad de la población, y los kurdos, que son sunníes pero no árabes.
Sáder dirigie a miles de milicianos y no ha cumplido promesas previas de refrenar a sus matones. El año pasado su milicia combatió a las tropas norteamericanas en un distrito de Bagdad y en la ciudad santa de Nayaf. Entró a la clandestinidad después de que el más reverenciado clérigo del país, el gran ayatollah Ali Sistani, le ordenara poner fin a la violencia, pero ha vuelto a emerger y sus seguidores han montado concurridas manifestaciones pidiendo la retirada de las tropas americanas. Eso cae mal a los líderes del gobierno, que quieren que las tropas se queden hasta que los iraquíes puedan proteger el país.
La mayoría de los insurgentes son árabes sunníes; algunos son antiguos miembros del ejército y de la policía, otros son de fuera del país. Sus blancos han incluido a tropas norteamericanas, iraquíes que se alistan como policías o soldados y sitios religiosos chiíes. Los chiíes han resistido en general vengarse por los asesinatos, pero en las últimas semanas ha habido ataques de venganza. Las riñas en chiíes y sunníes plantean una amenaza para la unidad de Iraq, como también las exigencias kurdas de un mayor papel en el gobierno y más control sobre los campos de petróleo.
No es probable que las guerrillas abandonan las armas, pero una mayor participación de los árabes sunníes podría hacerles sentir menos marginados, privando así a los insurgentes de parte de su apoyo. La asamblea nacional tiene la misión de redactar una nueva constitución este año y preparar las nuevas elecciones parlamentarias. Las facciones religiosas y étnicas deben impedir que sus diferencias pongan en peligro la unidad de Iraq. Los sunníes deben entender la necesidad de que su comunidad esté representada en el gobierno que surja de los escombros del país.

25 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

universitarios asustados


[Louise Roug y Zainab Hussein] Con frecuentes cortes de luz e intranquilidad en las universidades, ha sido difícil concentrarse en los exámenes de fin de año.
Bagdad, Iraq. Un grupo de guardias de seguridad irrumpieron en el aula donde Mais Khalid y sus compañeros de curso estaban haciendo un examen de drama la semana pasada. Agitando sus armas en el aire, ordenaron salir a todo el mundo. Para los estudiantes no era seguro seguir en sus pupitres, gritaron.
Fuera, la gente se había reunido para protestar por el reciente asesinato de un popular activista chií, matado después de que organizara una fiesta en homenaje del nuevo gobierno.
"El profesor tuvo que llevarnos a todos a su cubículo y nos tomó el examen allá", dijo el estudiante de francés, de 21 años.
Para Khalid y sus compañeras en la Universidad de Bagdad, concentrarse en los libros no es fácil. A pocos días del decisivo examen nacional, 2005 se siente cansada, el ánimo decaído.
"Estamos realmente cansados", dijo la estudiante Noor Sabaah, 23.
La electricidad se corta regularmente, convirtiendo las aulas en calderas: sin ventiladores, las cabezas calientes se ponen somnolientas, las horas se hacen largas.
El trayecto hacia la universidad puede ser peligroso y lento. Los estudiantes pierden clases, retenidos por puestos de control y atascos. Incluso frente a las puertas de la universidad, los coches se detienen para ser controlados a la búsqueda de armas y bombas.
A veces los profesores tampoco llegan. Algunos se han jubilado anticipadamente o han abandonado el país. En la inquietud que siguió al asesinato de Masar Sarhan, el estudiante chií, varios profesores sunníes huyeron, temerosos de las represalias.
"Es todavía peor que cuando la caída de Bagdad", dijo Khalid, el estudiante de la clase de teatro. "Hasta los profesores están siendo amenazados".
Al menos 100 docentes universitarios han sido asesinados en los últimos dos años, dijo Isam Alrawi, que encabeza la Asociación de Docentes Universitarios. La mayor parte de los asesinatos tenían motivos políticos o sectarios, dijo. "Eran todos iraquíes altamente calificados, tanto musulmanes como cristianos, chiíes como turcomanos".
A veces la muerte es arbitraria. Este mes, un proyectil de mortero impactó en otra universidad de Bagdad, matando a cuatro personas en la Facultad de Ingeniería.
Tras los estudios, las perspectivas de empleo son sombrías. La tasa de desempleo oficial es de 18 por ciento, pero el nuevo ministro de Planificación reconoció hace poco que la cifra real probablemente se acerca al 50 por ciento.
Khalid dijo que su hermana se había licenciado con un diploma en agricultura hace dos años y no ha encontrado trabajo desde entonces. Su vecino tiene un diploma en literatura. "Ahora es taxista", dijo. "Es su único modo de ganarse el pan".
Shata Saadi, la recién nombrada decano de la Facultad de Pedagogía, trata de ser optimista. Pero reconoció: "Todos estamos cansados, de cansados de la situación, cansados del caos en que estamos".
Sin embargo, enseñar a los niños tiene que ver con el futuro, dice Saadi a sus estudiantes, tiene que ver con la esperanza.
Pero las charlas optimistas no calmaron a Suha Najir, 22.
"Tomando en cuenta la situación, no creo que encuentre un trabajo decente", dijo. "Hablamos todos los días de lo mismo. Soñamos".
Cuando Najir salió de la habitación, Saadi comentó: "Es la generación perdida".
Ehsan Hassan, profesor de sociología, tiene problemas en reconocer la institución en la que ha enseñado durante décadas. El año pasado fue malo, pero este es todavía peor. "Las normas académicas están relajándose", dijo. En los exámenes "esperamos una alta tasa de fracaso".
Antes de la invasión, cerca del 15 por ciento de los estudiante desaprobaban su examen de fin de año, dijo. Ahora se acercan al 30 por ciento. Y el examen es crucial: Es el 50 por ciento de la nota final.
Algunos estudiantes aplazan el examen, mientras otros tratan de ponerse al día empollando asignaturas.
"No están absorbiendo las materias", dijo Hassan. "Se aterran en vísperas del examen".
Pero una mañana hace poco, el campus se veía idílico. Los setos habían sido recientemente recortados. Cerca de la cantina, tres estudiantes se ponían de acuerdo sobre los encantos de una estrella pop local. En otra parte en el campus, una pareja compartía un momento, a la sombra de un árbol.
Las conversaciones entre hombres y mujeres en el campus reflejan desesperación, observó la estudiante de inglés Wrood Tariq.
"Los viejos se quejan de las penurias de la vida, de lo que la vida les ha hecho", dijo. "Usted no está con una joven. Está con un tipo viejo".
A la entrada de la biblioteca, una mujer recogía los celulares, entregando a los estudiantes pequeños papelitos rosados y amarillos como recibo. La recogida tenía dos propósitos: seguridad y control del ruido.
Arriba, tres estudiantes de química -una mujer y dos hombres- se inclinaban sobre unos apuntes y cálculos que se movían con la brisa de un ventilador cercano. Las polvorientas estanterías estaban semi vacías. Una fotocopiadora -que no sirve cuando la electricidad es esporádica- estaba desenchufada en un rincón.
Hadwa Imad, Noor Sabaah y Marwan Ismael estaban orgullosamente aplicados. "Si tenemos un examen, estudiamos durante 10 horas", dijo Imad.
Sabaah la empezó a fastidiar. "Nosotros los chicos", bromeó, "sólo tenemos que estudiar cinco horas".
Detrás de él, un cartel dice: "La verdadera victoria de Iraq es su independencia: participa en las elecciones".
Eso fue hace cuatro meses. Desde entonces, la violencia ha escalado, haciendo de mayo el mes más sangriento de memoria reciente.
Era mejor durante el reinado de Saddam Hussein, dijo Ismael, e Imad estuvo de acuerdo. Sabaah se encolerizó. Eso es estúpido, dijo, pero su mal humor se disipó rápidamente. Hacía demasiado calor como para discutir.
Se acercó un espigado estudiante. Llevaba lentes, y una colección de bolígrafos sobresalían del bolsillo de su camisa.
Sabaah sacó una silla, pero Mohammed Azhar, 28, se quedó de pie.
Azhar les inspiraba respeto. Es el mejor estudiante del departamento de química, explicaron con reverencia. Le gustaría seguir estudiando y trabajar en su campo, dijo, quizás en un ministerio o en una academia.
Pero incluso Azhar tiene dudas sobre el futuro.
"Soy muy ambicioso", dijo, "pero depende de Iraq".

Shamil Aziz contribuyó a este reportaje.

25 de mayo de 2005
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muerte de policía iraquí


[Monica Davey] Contradictorios informes sobre muerte de un agente de policía iraquí.
El soldado norteamericano y el agente de policía iraquí patrullaban detrás de un mercadillo al sur de Bagdad, charlando de vez en vez, cuando de repente uno de ellos empezó a disparar.
No se sabe qué provocó la balacera, pero sí qué pasó: El soldado, el cabo Dustin M. Berg, disparó tres veces contra su colega iraquí, Hussein Kamel Hadi Dawood al-Zubeidi, y lo mató. Mientras corría alejándose de la escena, el cabo Berg recogió el AK-47 de Zubeidi y se disparó a sí mismo en un lado.
En los días posteriores, el cabo Berg mintió sobre lo que había ocurrido, diciendo que Zubeidi era quien le había disparado. Y durante meses siguió mintiendo, después de que se recuperara de la herida, después de que dejara Iraq e incluso después de recibir la medalla Corazón Púrpura, que no merecía, en una solemne ceremonia que presenciaron sus padres en Indiana.
El cabo Berg ha reconocido que mató a Zubeidi en un momento de ofuscación ese día de noviembre de 2003, pero dice que ocurrió después de que el agente levantara abruptamente su arma de un modo amenazador. Todo lo que hizo después, admite ahora el cabo Berg -disparándose a sí mismo y mintiendo sobre el incidente-, se explica por el miedo que sentía de que le pasara algo, dice, y el conocimiento de que otros soldados de su unidad habían sido investigados por incidentes en Iraq.
"No creía que me fuera a creer todo el mundo", escribió el cabo Berg en su declaración bajo juramento, "y no quería meterme en problemas por algo que creo que fue una decisión correcta".
El cabo Berg, 22, miembro de la Guardia Nacional de Indiana, ha sido acusado de homicidio y debe presentarse a otro juicio militar el lunes. Es uno de varios soldados y marines que han sido acusados en relación con muertes de iraquíes y que dicen que actuaron en defensa propia.
A diferencia de los maltratos a prisioneros que alarmaron y captaron la atención de la opinión pública, estos casos menos conocidos han creado contradicciones sobre la definición de homicidio en una zona de guerra. En Iraq estas historias han causado un amargo resentimiento y desconfianza entre las tropas. Entre los norteamericanos han provocado unidades estresadas, y algunos supervisores del ejército dicen que las tropas se muestran reluctantes a cumplir con sus obligaciones y han provocado un estallido de indignación en ciudades en Estados Unidos.
"¿Esos tipos se marchan a hacer lo que el país les pide y ahora les decimos que lo hicieron mal?", dijo Rich Hendrix, un veterano de la era de Vietnam que pasó una tarde reciente en el Salón de la Legión Americana, en Ferdinand, el pueblo natal del cabo Berg en Indiana del Sur, de 2.300 habitantes, donde los residentes dicen abrumadoramente que lo apoyan. "Yo digo, son lo mejor que tenemos. Allá no estás nunca seguro sobre quiénes son tus amigos y quiénes tus enemigos, así que ¿qué se supone que deben hacer?"
Desde que comenzara la guerra en Iraq hace más dos años, más de 20 soldados y marines norteamericanos han sido acusados de delitos en relación con muertes de iraquíes, incluyendo un pequeño número de casos en los que militares han dicho que actuaron en defensa propia. Personal de la Marina está también siendo investigado por la muerte de dos detenidos, aunque no se han presentado cargos. Al menos 10 miembros de las fuerzas armadas han sido condenados, pero en la mayoría de los casos por cargos menos serios que los originales.
Ninguna guerra es igual a otra, y es imposible comparar esos casos con los de guerras pasadas; alguna gente con experiencia militar no está de acuerdo sobre si en Iraq los procesos son diferentes.

Los Mismos Argumentos
En Vietnam, después de una intervención mucho más larga, 95 soldados y 27 marines norteamericanos fueron condenados por el asesinato de no-combatientes. Gary D. Solis, que enseña leyes en la Academia Militar de Estados Unidos en West Point, dijo que muchos de esos casos son similares a descripciones de asesinatos que están siendo investigados en Iraq.
"Mire, esa gente sale y por la razón que sea matan a gente desarmada", dijo Solis. "Son crímenes. Y estamos oyendo los mismos argumentos que entonces: que en la niebla de la guerra hay que tomar decisiones instantáneas. En esa época decían lo mismo".
En algunos de los 20 casos, los fiscales dicen que actos flagrantes causaron la muerte. Un soldado fue condenado por el asesinato de un iraquí de 17 años después de haber tenido sexo con él en una torre de vigilancia. Otros cuatro han sido acusados de ahogar a un detenido en un saco de dormir durante un interrogatorio. Otro fue acusado de disparar contra un iraquí desarmado cuando bajaba de un camión, sacudiendo un trozo de tela blanca, dijeron testigos.
En otros casos, miembros de las fuerzas armadas han reconocido su participación en las muertes, pero han dicho que sus acciones eran similares a las "muertes piadosas": pegar un balazo o golpe final a iraquíes que sufren heridas de muerte y están sufriendo.

Casos Difíciles
Pero quizás los casos más contenciosos son los de un puñado de miembros de las fuerzas armadas, como el cabo Berg, que dicen que actuaron para protegerse a sí mismos de lo que consideraban que era una amenaza contra sus vidas, tal como lo permiten las reglas militares. Sin embargo, algunos testigos dicen que vieron cosas muy diferentes.
Un marine de Nueva York dice que disparó y mató a dos iraquíes que había detenido recién en el allanamiento de una casa porque hicieron movimientos hostiles hacia él; pero entonces, ¿por qué vació su arma, la cargó nuevamente y volvió a disparar? Un soldado de primera clase de Louisiana dijo que un vaquero iraquí arremetió contra otro soldado en un campo, así que disparó y lo mató; pero el vaquero desarmado tenía las manos esposadas, un hecho que, dijo el soldado, no había advertido.
Jack B. Zimmermann, un abogado de Texas que ha defendido a miembros de las fuerzas armadas en casos similares y que también fue fiscal y juez de lo criminal en el Cuerpo de Marines, dijo que considera esos casos "los más problemáticos".
Y algunos abogados militares dicen que creen que esos casos están siendo investigados más a menudo en esta guerra. Quizás, dicen, la cobertura periodística las 24 horas del día de la guerra en Iraq también ha aumentado el control. Quizás es más probable que casos como esos surjan en una guerra complicada por la guerrilla urbana y el temor de los terroristas suicidas, explosivos ocultos y un enemigo elusivo.
"En guerras anteriores no creo que esos casos de homicidio fueran llevados a juicio", dijo Guy L. Womack, un abogado de Houston y teniente coronel de la Marina jubilado que procesó a marines y ha representado al reservista del Ejército acusado de ser el cabecilla de los maltratos a prisioneros en Abu Ghraib. "Estamos suponiendo cosas que no tenemos por qué suponer".
En Iraq las investigaciones criminales como la del asesinato cometido por el cabo Berg dejaron un extraña marca en otros soldados, reconoció el capitán Rodney J. Shambarger, uno de los supervisores del cabo Berg.
Algunos de los soldados dijeron al capitán Shambarger que se sentían "menos aptos" para disparar sus armas por temor a ser investigados, de acuerdo a un sumario de la declaración judicial del capitán en el juicio del cabo Berg. En pocas ocasiones, dijo, los soldados han dejado de acatar las reglas de combate. En un incidente, un soldado observó un vehículo que se acercaba a toda prisa a un puesto de control, pero no disparó.
El capitán Shambarger dice que el cabo Berg tenía buena reputación en su unidad de la Guardia, compuesta por soldados de Ferdinand y el cercano pueblo de Jasper. Era calmado y tranquilo y hacía su trabajo, dijo el capitán, y tenía nota 10 en la escala de 1 a 10. No era el tipo de que "buscara excitaciones", ni era un tipo ambicioso que quisiera volver a casa cargado de medallas.

Un Joven Soldado
En 2002, cuando Dustin Berg se marchó al adiestramiento básico en Fort Benning, Georgia, era el primero de cuatro hermanos que viajaba más allá de Ferdinand, un pueblo de familias de origen alemán y un lugar tan ordenado que un vecino llama al martes el "día del corte del césped".
Mirando atrás, Mary Lee Berg dijo que ella nunca pensó que su hijo llegaría a ser un soldado. Pero a los 17, cuando estudiaba en la Escuela Secundaria de Forest Park y se entretenía con el salto con garrocha, Dustin le pidió que firmara un permiso para poder alistarse en las fuerzas armadas antes de cumplir los 18 años.
La señora Berg dijo que no; un año después, él ya no necesitaba su permiso.
Tras llegar a Iraq a principios de 2003, las llamadas telefónicas a casa del cabo Berg eran optimistas, llenas de historias sobre las inmensas habitaciones y los accesorios de oro en el cuarto de baño de los palacios de Saddam Hussein, dijo su madre. Pero también hablaba de la dura vida de su unidad, con una simple hamaca para dormir y una piscina infable para niños en lugar de una ducha.
Ese noviembre un soldado llegó a casa de los Berg con alarmantes noticias: El cabo Berg había sido herido por armas livianas, presumiblemente disparadas por el enemigo, durante una misión de seguridad.
La señora Berg dijo que nunca preguntó a su hijo qué había pasado. Un terapeuta adiestrado para asistir a las familias de militares le dijo que no insistiera o husmeara. Así que lo dejó de lado, incluso aunque él llegó a casa unos meses después e incluso después de que él y otros tres miembros del Primer Batallón de Infantería 152 viajaran tres horas hacia Camp Atterbury para recibir sus Corazones Púrpuras, medallas que se otorgan a los heridos en combate.

Versiones del Asesinato
El capitán Dan Stigall, el fiscal del ejército en Fort Knox en el caso del cabo Berg, se negó a conceder una entrevista para este artículo, y Connie Shaffery, portavoz de Fort Knox, dijo que los fiscales no pueden proporcionar documentos, aparte los documentos básicos de la acusación, porque el caso continúa. Pero transcripciones sumarias de declaraciones bajo juramento de la audiencia de febrero sobre el artículo 32, el equivalente militar de un gran jurado, y copias de la declaración judicial del cabo Berg ante un investigador del ejército, ofrecen una mirada en el caso desde dos lados.
El 23 de noviembre de 2003, detrás de mercadillo de una aldea, el cabo Berg disparó tres balazos con su arma, escribió en su declaración, impactando a Zubeidi en la cabeza y pecho. El cabo Berg cogió entonces el arma de Zubeidi y se disparó a sí mismo en el lazo izquierdo.
Momentos después el cabo Berg se alejó corriendo del área, hacia varios soldados, apretándose la herida y gritando que no quería morir, dijo el sargento de primera clase Joseph Milton en un testimonio bajo juramento. El sargento Milton dijo que le preguntó quién le había disparado, pero el cabo Berg era incoherente, estaba bajo estrés emocional y a punto de llorar. Mencionó a un hombre con turbante rojo y "ropa de hombre" blanca. Mientras se desangraba no mencionó nunca al agente de policía iraquí, dijo el sargento Milton.
En los meses posteriores el cabo Berg proporcionó a los investigadores militares descripciones contradictorias sobre lo que había pasado. Al principio, les dijo que Zubeidi le había disparado primero con su arma. Otras veces dijo que él había disparado primero y que Zubeidi retornó el fuego.
Luego, en junio de 2004, el cabo Berg dijo que quería "aclarar los hechos" y confesó a los investigadores que él había hecho todos los disparos, incluyendo el que le hirió.
En esa declaración bajo juramento y escrita, el cabo Berg dijo que había trabajado en el turno de patrulla con Zubeidi. Hablaron sobre sus vidas en Iraq y Estados Unidos, sobre armas y cuchillos -"todo tipo de cosas", escribió el cabo Berg. Entonces, dijo el cabo Berg, vio al hombre de turbante rojo y "ropa de hombre" blanca, una descripción que su abogado dijo que era similar a la del sospechoso que había sido visto en el área el día anterior.
Pero cuando el cabo Berg le dijo a Zubeidi que iba a llamar por radio para comunicar la descripción del hombre para que fuera chequeado, dijo que Zubeidi le dijo: "No, mi amigo".
El cabo Berg dijo que había cogido su radio de todos modos y vio a Zubeidi levantar su arma. "La cara se le puso lívida y me miraba furioso", escribió el cabo Berg. "Pensé que me iba a matar". Así, dijo, empezó a disparar. Dijo que se echó a correr, pero se paró a recoger el arma del agente de policía, que estaba en el suelo, y le dio pánico pensar en lo que pensarían los militares sobre la balacera, y se disparó a sí mismo.
Antes de que el cabo Berg se hiriera a sí mismo, dijo el capitán Shambarger, otros tres soldados de su unidad fueron investigados por varios incidentes, dejando tensos a los demás. También en otras unidades miembros de las fuerzas armadas se preguntan cómo están decidiendo los militares qué casos procesar y qué no. Un marine filmado cuando asesinaba a un iraquí desarmado en una mezquita en Faluya fue exonerado este mes, mientras que el teniente segundo, Ilario Pantano, un marine, está esperando si su asesinato de dos iraquíes durante un allanamiento será llevado a la corte marcial o será desechado, como aconsejó este mes un oficial.

Otras Investigaciones
A fines de abril oficiales del ejército dijeron que habían empezado 367 investigaciones sobre supuestos maltratos y homicidios en Iraq y Afganistán desde 2002. De esos, 218 han sido resueltos, incluyendo 35 cortes marciales y 105 castigos administrativos o no judiciales de 129 soldados.
En el caso del cabo Berg, está acusado de homicidio involuntario, múltiples cargos de falso testimonio, una declaración oficial falsa, herirse a sí mismo en zona de combate y recibir una medalla que no merecía.
El agente especial Clarence Joubert, un investigador del ejército que entrevistó al cabo Berg, sondeó otro posible motivo del asesinato. Le preguntó al cabo Berg si era verdad que había pedido a otros agentes de policía iraquíes que le dispararan, de modo que pudiera volver a Estados Unidos.
El cabo Berg dijo no: "Eso no ocurrió nunca".
"Me disparé a mí mismo porque tenía miedo de lo que me pudiera pasar con los militares", escribió Berg en su declaración. "No fue por medallas, ni drogas ni fue porque quizás era una manera de salir del desierto".
Ahora el cabo Berg está en la encrucijada de dos caminos.
El uno conduce a Fort Knox, donde debe vivir y trabajar los días de semana mientras espera su juicio y quizás una corte marcial. Si lo declaran culpable, puede pasar la vida en prisión.
El otro va hacia Ferdinand, donde él y su novia se casaron el fin de semana pasada en compañía de 400 invitados, y donde se firmó una hipoteca, un bebé está en camino y su patrón insiste en que su viejo trabajo como tapizador de muebles todavía está a su disposición en la fábrica Las Mejores Sillas Ltda. [Best Chairs Inc.]

Gretchen Ruethling contribuyó desde Chicago a este reportaje.

23 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh

sunníes forman alianza


[Sinan Salaheddin] Cerca de mil sunníes se reunieron ayer en la capital iraquí y formaron una alianza de grupos religiosos, políticos y tribales para exigir un rol más importante en la estructura de poder del país dominada por los chiíes.
Bagdad, Iraq. Con la tensión y violencia sectarias en aumento, la nueva organización exigió de inmediato la renuncia del ministro del Interior, un chií cuyo despacho, dijo, había tenido que ver en el asesinato de varios clérigos sunníes.
Bayan Jabr, el ministro, negó todas las acusaciones sobre la implicación del gobierno en los asesinatos y dijo que no renunciaría.
"Nadie tiene el derecho de pedir la renuncia de un ministro, sólo el parlamento puede hacer eso. Los que no votaron no tienen derecho a exigir nada", dijo, refiriéndose a que muchos sunníes se quedaron en casa en las elecciones del 30 de enero en protesta o por temor a los atentados.
En la violencia de ayer, ocho miembros de una fuerza de elite del ministerio del Interior conocida como la Brigada Lobo fueron matadas en una emboscada en horas del alba contra un convoy de 20 vehículos en el centro de Beiji, a 250 kilómetros al norte de Bagdad, dijo el teniente primero de policía, Nadar Adil. Los sunníes acusan de la Brigada Lobo, entre otros grupos, de los asesinatos de sus clérigos.
Dos helicópteros Apache de combate del ejército norteamericano respondieron y abrieron fuego cerca del sitio de la emboscada.
La nueva alianza sunní, que aún no tiene nombre, abrirá su primera oficina en Bagdad y otras sucursales en otras ciudades más adelante.
"Las decisiones que tome esta organización serán compartidas por los todos los partidos y movimientos sunníes, islamitas, independientes, comerciales, oficiales militares, jefes de tribus y trabajadores", dijo Adnan al-Duleimi, el presidente de Poder Sunní.
La organización benéfica fue uno de los tres principales grupos sunníes que respaldaron la formación de la nueva organización. Las otras son la influyente Asociación de Clérigos Musulmanes y el Partido Islámico Iraquí.
La nueva organización sunní podría contribuir a revigorizar a la minoría, que apenas está representada en el parlamento de 275 escaños, y cuenta con apenas 6 puestos en el gabinete de 37 miembros. Las próximas elecciones deben convocarse en diciembre después de que los iraquíes redacten una nueva constitución, que debe ser aprobada primero en un referéndum nacional.
Las tensiones sectarias han sido altas en todo el país, y se cree que son extremistas sunníes quienes están impulsando la intransigente resistente, que ha causado la muerte de más de 520 personas desde que se anunciara el 28 de abril la formación del gobierno dirigido por los chiíes.
Los sunníes eran dominantes durante el régimen baazista de Hussein, pero constituyen entre un 15 a 20 por ciento de los 26 millones de habitantes de Iraq y la mayoría se mantuvieron alejados de las urnas en las que se eligió al primer gobierno democrático del país.
Los chiíes, que constituyen el 60 por ciento de la población, emergieron de las elecciones del 30 de enero como el bloque más votado de la Asamblea Nacional. Se han unido a los kurdos y tratado de incluir a los sunníes en el gobierno.
La amenaza de una guerra civil, mezclada con manifestaciones anti-norteamericanas el viernes, especialmente en el sureño territorio chií -donde más de 10.000 manifestantes acataron un llamado del clérigo anti-norteamericano Moqtada al-Sáder a pisotear y pasar por encima de banderas norteamericanas e israelíes pintadas en las calles junto a las mezquitas después de que varios de sus partidarios fueran detenidos.
Sáder organizó dos rebeliones contra fuerzas norteamericanas en Bafdad y Nayaf en abril y agosto del año pasado, y luego desapareció hasta volver a emerger el lunes para exigir la retirada de las fuerzas norteamericanas de Iraq.
Hubo enfrentamientos el viernes en Nasiriyah, donde una balacera entre partidarios de Sáder y guardias que protegían la oficina del gobernador provincial dejó heridas a 17 personas.
El gobernador de Nasiriyah, Aziz Kadhim Alwan advirtió que no permitiría que volviesen a ocurrir incidentes semejantes. "Dimos autoridad a las tropas del ejército para que se defiendan a sí mismas y detengan a miembros armados de cualquier milicia o partido", dijo ayer. Los sunníes también montaron manifestaciones anti-norteamericanas el viernes pero concentraron sus protestas contra la mayoría chií.
"Condenamos los allanamientos y detenciones bajo pretexto de la ley contra los imanes y las mezquitas. Pedimos que se forme un comité independiente para que verifique si ha habido detenidos que hayan sido torturados o asesinados y exigieron la renuncia del ministro del Interior", dijeron los sunníes en una declaración anunciando la formación de su organización.
La Asociación de Clérigos Musulmanes acusó recientemente a una prominente milicia chií, las Brigadas Sáder, de atacar a líderes religiosos sunníes.

23 de mayo de 2005
©boston globe
©traducción mQh