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seduciendo a los sunníes


[Bryan Bender] La resistencia parece estar forzando cambio en estrategia en Iraq.
Washington, Estados Unidos. Las operaciones militares en Iraq no han logrado debilitar a la resistencia y el gobierno de Iraq, con el respaldo norteamericano, está buscando ahora una reconciliación política entre las facciones étnicas y tribales del país como la única ruta viable hacia la estabilidad, de acuerdo a oficiales norteamericanos y especialistas privados.
Dos años después del derrocamiento de Saddam Hussein, el conflicto en Iraq se ha transformado, dicen, en una clásica guerra de guerrillas. Estallidos de violencia son seguidos por períodos de relativa calma y poco después, un nuevo retorno a una desenfrenada violencia. A pesar de importantes reveses de la guerrilla y optimistas predicciones de un grupo de comandantes americanos antes este año, la resistencia respaldada por los sunníes sigue estando tan fuerte como siempre, obligando a los funcionarios americanos y sus aliados iraquíes a buscar una solución política a la carnicería. Funcionarios del Pentágono y actuales miembros de las fuerzas armadas entrevistados para este reportaje hablaron a condición de conservar el anonimato.
"No lograremos la entrega incondicional de los insurgentes y no tenemos otra opción que integrarlos de algún modo a la sociedad", dijo el coronel jubilado Paul Hughes, un veterano de la guerra de Iraq que trabaja ahora en Instituto por la Paz financiado por el gobierno norteamericano. "Pensar que habrá un suceso militar culminante que ponga fin a la guerra, es de locos. Los que se aferran a eso no entienden nada".
En realidad, en comentarios recientes en ese sentido el vice-presidente Dick Cheney -que dijo el 31 de mayo que la resistencia estaba "en la agonía"- tomó por sorpresa a muchos funcionarios y analistas norteamericanos, dijeron en una serie de entrevistas funcionarios del Pentágono y otros con extenso conocimiento de la guerra. Dijeron que los datos disponibles no sostienen esa aseveración.
"Es la forma más extrema de imaginación", dijo Michael O'Hanlon, un especialista militar de la Brookings Institution, en Washington. "Simplemente no hay base para esa afirmación".
Nuevos análisis del gobierno norteamericanos sugieren que los insurgentes -dirigidos por nacionalistas sunníes, los restos del estado policial de Hussein, y extremistas extranjeros librando una guerra santa- tienen mucho más poder de persistencia de lo que se pensaba previamente.
Tras la exitosa ofensiva americana contra el bastión insurgente de Faluya en el otoño pasado, en la que murieron al menos 1.000 rebeldes, hubo una dramática reducción de los ataques, de acuerdo a oficiales norteamericanos. Después de Faluya algunos comandantes norteamericanos y estrategas del Pentágono habían expresado optimismo en que los niveles de tropas pudieren ser reducidos después de las elecciones iraquíes. Pero desde las elecciones iraquíes el 30 de enero, los insurgentes, que cuentan con estables suministros de financiamiento y armas, nuevos reclutas y zonas de adiestramiento en Siria y posiblemente Irán, han golpeado en venganza y los niveles de tropas norteamericanas siguen constantes.
A pesar de los cálculos norteamericanos de que mata o captura entre 1.000 y 3.000 rebeldes al mes, el número de ataques diarios está subiendo. Se habían reducido en febrero a 30 a 40 al día, y ahora hay al menos 70 por día, según cifras del Comando Central estadounidense. La resistencia ha demostrado una aguda habilidad para cambiar sus tácticas frente a las persistentes victorias norteamericanas e iraquíes en el campo de batalla.
Un informe interno del ejército en abril decía que antes que una reducción en el número de ataques diarios antes este año, los insurgentes habían simplemente girado su foco y apuntado, en lugar de a las fuerzas norteamericanas, a blancos más vulnerables, de los que entonces no se llevaba un conteo sistemático.
"La resistencia está montando una campaña comparable a hace un año", dijo Andrew Krepinevich, un oficial del ejército jubilado y especialista en operaciones de contra-insurgencia que dirige el Centro de Tasaciones Estratégicas y Presupuestarias, un laboratorio ideológico independiente de Washington. "Hacemos algo que creemos que cambiará las cosas, pero un mes o dos después las bajas y el nivel de violencia están donde estaban".
De momento este año cerca de 1.000 miembros de la policía y fuerzas de seguridad iraquíes han muerto en atentados, casi tantos como el total del año y medio pasado, de acuerdo a cifras del Pentágono.
Oficiales norteamericanos han documentado otras tendencia inquietantes.
El número de ataques por terroristas suicidas, por ejemplo, subió de 25 por ciento en febrero, a más de 50 por ciento en abril, de acuerdo a estimaciones proporcionadas por funcionarios del Pentágono que pidieron no ser mencionados. En las primeras dos semanas de mayo hubo 21 atentados suicidas solamente en Bagdad; en 2004 hubo 25 en total. Los datos también han sido compilados por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, que resume los mismos informes de terreno militares.
El ejército dice de nuevo que no oculta las muertes. Entretanto, en promedio continúan muriendo dos soldados norteamericanos al día. Muchos más son heridos e incontables miles de civiles iraquíes que caen en fuego cruzado. Hasta ayer, 1.688 norteamericanos habían muerto desde la invasión norteamericana. Ayer murieron cuatro soldados norteamericanos en dos ataques separados.
Un importante motivo de por qué la resistencia sigue tan inmutable, creen funcionarios norteamericanos e iraquíes, es el continuado, aunque pasivo apoyo que recibe de grandes secciones de la minoría iraquí sunní.
Los especialistas dicen que creen que los estimado 5 millones de sunníes de Iraq temen que el gobierno del país, dominado por chiíes y kurdos, se vengue en ellos de las décadas de brutal reino de Hussein. Hay sólo 17 sunníes en la Asamblea Nacional Iraquí de 275 miembros.
Entretanto, un sondeo interno realizado por la coalición norteamericana constató que casi un 45 por ciento de la población apoyaba los ataques de los rebeldes, haciendo difícil la obtención de inteligencia precisa. Sólo un 15 por ciento de los encuestados dijeron que apoyaban fuertemente a la coalición norteamericana.
El constante flujo de las ofensivas norteamericanas e iraquíes de la guerra, los reveses de la resistencia, y renovados ataques enemigos, ha llevado al nuevo gobierno iraquí -con el respaldo norteamericano- a hacer aberturas a través de intermediarios sunníes en los últimos días a algunos elementos de la resistencia.
Las conversaciones deben superar el atolladero, buscando el acuerdo de los insurgentes para deponer las armas a cambio de una mayor participación en el proceso político. Las conversaciones entre el nuevo gobierno y los intermediarios sunníes continuaron ayer en Bagdad, dijeron funcionarios de gobierno.
Funcionarios norteamericanos e iraquíes dicen que no se puede negocia con algunos rebeldes -especialmente los extremistas extranjeros dirigidos por el lugarteniente de Al Qaeda, Abu Musab al-Zarqawi- porque tienen demasiada sangre en las manos. Sin embargo, grandes segmentos pueden estar dispuestos a unirse al proceso político si se les asegura que no se convertirán en blancos del nuevo gobierno.
En realidad, un signo positivo, dicen funcionarios norteamericanos e iraquíes es que los representantes de los insurgentes han incluso accedido a sentarse frente a frente, algo que no estaban dispuestos a hacer antes.
Críticos de la guerra norteamericana en Iraq ven el apoyo del gobierno a las aperturas como un signo positivo de que el gobierno de Bush, junto con sus aliados iraquíes, está preparado para cambiar de enfoque.
"Parece que el gobierno se está dando cuenta de que no se puede pelear contra el 15 por ciento del país toda la vida", dijo el diputado Martin T. Meehan, demócrata de Lowell y miembro del Comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara Baja. "Los generales con los que hablo en el terreno en Iraq, saben muy bien que la inmensa mayoría de la resistencia no son bandoleros desesperados, sino cientos de miles de sunníes que están descontentos con el proceso político y a los que debería convencerse para que depongan las armas y participen".
"Los insurgentes tienen un montón de apoyo pasivo", dice Hughes. "Un montón de sunníes saben que hay insurgentes en su ciudad. Tenemos que lograr que participen".

Se puede escribir a Bryan Bender a: bender@globe.com.

11 de junio de 2005
©boston globe
©traducción mQh

misión improbable


[Anthony Shadid y Steve Fainaru] Construir el ejército iraquí. Proyecto revela profunda división entre fuerzas norteamericanas e iraquíes.
Baiji, Iraq. Una hora antes del amanecer, con el cielo todavía nublado por una tormenta de arena, los soldados de la Compañía Charlie del ejército iraquí comenzaron su misión con una balada al derrocado presidente Saddam Hussein. "Hemos vivido en la humillación desde que usted nos dejó", cantó uno en árabe, fuera del alcance del oído de sus contrapartes americanos. "Habíamos esperado pasar nuestra vida con usted".
Pero los soldados iraquíes no tenían idea de dónde iban. Se encogieron de hombros cuando se les preguntó que harían. Los militares norteamericanos habían dicho que la misión era crucial para el avance de los iraquíes como una fuerza de combate, pero habían mantenido secretos el destino y objetivos por temor a los que los iraquíes filtraran la información a los insurgentes.
"Hay un montón de cosas que no les podemos contar, porque no estamos realmente seguros de quién está de nuestro lado y quién no", dijo Rick McGovern, un sargento de tono estricto de 37 del pelotón, de Hershey, Pensilvania, que dirige el adiestramiento militar de la Compañía Charlie.
La reconstrucción de las fuerzas de seguridad iraquíes es la condición previa para la retirada americana de Iraq. Pero a medida que el gobierno de Bush ensalza los continuos progresos del nuevo ejército iraquí, en Baiji, una desolada ciudad petrolera en la estratégica encrucijada en el norte de Iraq, el proyecto ilustra los formidables retos de construir de la nada un ejército en medio de una violenta resistencia.
La Compañía Charlie se desintegró una vez después de que su comandante muriera en un atentado con coche-bomba, en diciembre. Y miembros de la unidad amenazaron con renunciar en masa esta semana por quejas que van desde las deprimentes condiciones de vida hasta las amenazas de los insurgentes. En esa enorme división cultural, el idioma es sólo uno de los obstáculos. Jóvenes soldados iraquíes, mal equipados y reclutados entre la desencantada minoría árabe sunní, dicen que ni siquiera están seguros de para qué están peleando. Se quejan amargamente de que sus mentores americanos no los respetan.
De hecho, los americanos no lo hacen: Frustrados soldados norteamericanos ponen en duda el coraje, disciplina y dedicación de los iraquíes y se preguntan si alguna vez podrán pelear por sí solos, para no decir nada de alcanzar la meta militar norteamericana de que para otoño operen autónomamente.
"Conozco la línea del partido. Sabes el ministerio de Defensa, el ejército norteamericano, los generales de cinco estrellas, los generales de cuatro estrellas, el presidente Bush, Donald Rumsfeld: Los iraquíes estarán listos en cualquier período de tiempo", dijo el teniente primero Kenrick Cato, 34, de Long Island, Nueva York, oficial ejecutivo de la compañía McGovern, que vendió su parte en una firma de base de datos para unirse completamente a los militares después de los atentados del 11 de septiembre. "Pero desde el terreno te puedo decir con certeza que no estarán listos para cuando yo me marche. Y sé que volveré a Iraq probablemente en tres o cuatro años y no creo que estén listos para entonces".
"No queremos tomar esa responsabilidad; no lo queremos", dijo Amar Mana, 27, un soldado iraquí cuya frente fue rozada por una bala durante un ataque de los rebeldes en noviembre. "Aquí, ni modo. La situación es que no estaremos dispuestos a hacernos responsables en los próximos mil años".
El general de división, Joseph J. Taluto, comandante de la División de Infantería 42, que supervisa el área del centro-norte de Iraq que incluye a Baiji y es del tamaño de Virginia del Oeste, dijo que las fuerzas iraquíes había "mejorado" y estaban "mejorando". Reconoció que los iraquíes sufrían de escasez de equipos y personal, pero predijo que al menos en su área de operaciones los militares norteamericanos alcanzarían su objetivo de contar con unidades a nivel de batallón que operen independientemente para fines de otoño.
"Te puedo decir que, calculando, creo que lo lograremos", dijo en una entrevista.
Oficiales norteamericanos dijeron que los iraquíes han sido particularmente efectivos en obtener informaciones que condujeron a la detención de varios líderes rebeldes sospechosos en la región. Dijeron que era injusto evaluar las fuerzas iraquíes con normas americanas.
"Aquí no estamos tratando de crear la Aerotransportada 82", dijo Taluto.
En general el número de militares y policías iraquíes adiestrados y equipados es más de 160.000, de acuerdo a las fuerzas armadas estadounidenses, que también dijeron que hay 107 batallones militares y policiales operacionales especiales. Para el mes pasado, sin embargo, jefes militares de Estados Unidos e Iraq habían calculado en tres los batallones capaces de operar autónomamente.
Dos periodistas del Washington Post pasaron tres días viajando con los norteamericanos e iraquíes, respectivamente. La unidad fue escogida por militares norteamericanos. El viaje reveló diferencias fundamentales, quizás irreconciliables sobre todo, desde la reluctancia de los soldados musulmanes a allanar mezquitas y casas hasta cuestiones básicas de estilo de vida. Antes este año, por ejemplo, los americanos importaron inodoros portátiles occidentales que los iraquíes, acostumbrados a otro estilo, encontraron objetable. En un intento de abreviar las diferencias, los militares instalaron diagramas describiendo el uso correcto del port-a-johns.
El choque de diferencias en un paisaje que se ha hecho cada vez más violento desde las elecciones parlamentarias del 30 de enero en Iraq, cuando los comandantes estadounidenses hicieron del adiestramiento de las fuerzas iraquíes una prioridad de primer orden. En febrero, en la región de Taluto, los insurgentes hicieron estallar cinco coches-bomba; hubo 35 en mayo. En ese período, se colocaron 1.150 bombas improvisadas de calle, de acuerdo a cifras de la división.
La semana pasada, soldados norteamericanos del Primer Pelotón, Compañía Alfa, e iraquíes del Segundo Pelotón, Compañía Charlie, se subieron gateando a sus vehículos para patrullar las calles de Baiji. Los americanos conducían Humvees completamente blindados, los iraquíes lo llevaban abierto por detrás, con bancos, con los lados protegidos con un blindaje que era el equivalente de un chaleco antibalas. Los americanos eran parte del Primer Batallón del Regimiento Blindado 103 de la Guardia Nacional de Pensilvania.
Cuando un periodista americano se trepó con los iraquíes, los soldados estadounidenses se quedaron mirando perplejos.
"A lo mejor tendrás que volver a casa solo", le dijo un soldado al otro periodista.
"¿Va delante o atrás?", preguntó otro. "Voy a agregar una oración".

Colegiales con Armas
Los soldados iraquíes se veían fatales cuando patrullaban las calles donde vivían y las mezquitas donde rezaban. Cuando entraban a sus vecindarios, algunos se ponían sus pasamontañas negros y pañuelos verdes para ocultar su identidad. Pasaron frente a pintadas en paredes, como el pueblo, de matices marrones. "Sí al presidente Saddam", decía un eslogan. "Vivan los muyahedines", decía otro. Casi todos los hombres habían recibido folletos conminándoles a renunciar; las casas de varios habían sido atacadas por los rebeldes.
"¡No te atrevas a moverte!", gritó el capitán Ahmed Zwayid, 26, apuntando su arma a un coche que se aproximaba.
Los hombres hablaban de los insurgentes con un toque de sobrecogimiento, diciendo que los combatientes estaban dispuestos a morir y los superaban en armamento con sus lanzagranadas y, más temible, sus coches-bomba. Zwayid, padre de tres hijos, miró con disgusto su propio rifle de asalto AK-47, con un cordón de zapatos verde de correa.
"Si disparamos diez veces, se desarma", dijo. Zwayid acarició una ametralladora pesada montada en el piso del Humvee. "Este se atasca", dijo. "¿Son estas armas dignas de un soldado?" Él y otros dijeron de que era un signo de la falta de confianza que mostraban los americanos hacia ellos.
"Nosotros confiamos en los norteamericanos. Vamos a todas partes con ellos, hacemos lo que nos dicen", dijo. "Pero no nos confían".
Más adelante, McGovern hace su propia excursión del panorama de violencia de Baiji. Señaló la "arboleda del muerto", un grupo de árboles que los americanos talaron recientemente porque era usado para ocultar bombas, y la "carretera del muerto", un peligroso tramo de la autopista. Un terreno adyacente estaba sembrado de pedazos de un coche-bomba.
"Honestamente, no creo que la gente en Estados Unidos entienda lo delicada que es realmente la situación', dijo McGovern. "Tenemos el poderío militar, el poder militar, pero estamos haciendo todo con guantes de seda porque esperamos que los iraquíes aumenten y empiecen a hacerse cargo de las cosas. Pero ellos no tienen ni idea de cómo hacerlo".
Interrogado sobre cuándo pensaba que los soldados iraquíes estarían listos para operar autónomamente, McGovern dijo: "Honestamente, hay una parte de mí que dice nunca. Hay cuestiones culturales que no creo que podamos superar".
McGovern agregó que los iraquíes habían "avanzado un montón en un breve período de tiempo" y predijo que finalmente tendrían éxito. Pero dijo que el intento estaba todavía en los pañales.
"Nos referimos al ejército iraquí como colegiales con armas", dijo.
Una hora más tarde los hombres retornaron a la Base Operacional de Avanzada Summerall, una arenosa extensión detrás de barricadas de cemento y alambre de púas a unos kilómetros fuera de la ciudad. Seguían el protocolo militar norteamericano: Al bajar del vehículo, los soldados deben limpiar sus armas. Zwayid se quedó en el camión, le pasó su arma a un amigo y le pidió que la limpiara.
"¡Bájate y limpia tu arma!", le gritó el capitán William Kozlowski a Zwayid, en inglés.
Zwayid respondió en árabe: "Ese es mi arma", explicó, indicando a su amigo.
"¡Cabo, usted es un jefe!", gritó Kozlowki. "¡Hágase cargo!"
Zwayid le sonrió. "¿Qué me está diciendo?", susurró.

A la Búsqueda de Respeto
La Compañía Charlie colapsó el 5 de diciembre a las 9:15 de la mañana. Un Chevrolet Caprice gris atestado de explosivos explotó entre una multitud de soldados iraquíes durante un cambio de turno. Entre los cinco muertos se encontraba el capitán Mohammed Jassim Rumayidh, el comandante de la compañía. Su muerto provocó que todos los 250 soldados de la compañía, excepto 30, renunciaran; muchos se llevaron sus armas.
El atentado coincidió con la llegada de un batallón de la Guardia Nacional del Ejército de Pensilvania. La unidad empezó a reconstruir desde la nada la compañía iraquí. Los norteamericanos enviaron inicialmente a un pequeño grupo de soldados a trabajar con los iraquíes. Eso cambió después de las elecciones del 30 de enero. Cato dijo que la unidad recibió una avalancha de órdenes de los comandantes para transformar el adiestramiento de las fuerzas de seguridad iraquíes en "nuestro principal esfuerzo".
El batallón envió al pelotón de McGovern, unos 35 soldados, para trabajar exclusivamente con los iraquíes. Pero el proyecto estuvo plagado de problemas desde el principio. Debido a un lío con los papeles, docenas de soldados iraquíes estuvieron sin paga durante tres meses. muchos de ellos carecen de uniformes, equipos de protección personal y armas adecuadas. Para suplir ese déficit, las fuerzas norteamericanas entregaron a los iraquíes rifles y municiones confiscadas durante allanamientos en Baiji. De los seis intérpretes asignados a la compañía, dos renunciaron y otros dos dijeron que renunciarían pronto.
"Han avanzado un montón en un corto período de tiempo", dijo Cato, el oficial ejecutivo de la Compañía Alfa sobre los soldados iraquíes. "Cuando llegamos aquí, los soldados iban a dormir en el objetivo. Otros soldados vendían sus armas cuando salían a patrullar. He estado en misiones en que los soldados se cansaban y empezaban a arrastrar las armas o a usarlas como bastón".
Los hombres son albergados en lo que llaman simplemente "la base", un lugar tan espartano como su nombre. La mayoría de los iraquíes duermen en dos tiendas y un cobertizo con un piso de cemento y tejado de hojalata ondulada. Algunos tienen catres; otros duermen en pedazos de cartón o de madera terciada encima de mantas deshilachadas y andrajosas. El aire acondicionado no funciona. No hay electricidad.
El agua potable proviene de un camión tanque con camuflaje de verano cuyo magra canilla también proporciona el agua para asearse.
"Esta es la ducha de la Guardia Nacional, División Baiji", dijo Tala Izba, 23, cabo. Los otros rieron.
"Minas antipersonales, coches-bombas y nuestros deberes, ¿y tenemos que volver a esto?", dijo otro soldado, Kamil Khalaf.
El soldado Aziz Nawaf, 23, sacudió la cabeza. "En la noche tengo tanto calor que parece que se me va a desprender la piel".
Casi todos los soldados dijeron que se habían unido a la fuerza por el dinero -unos relativamente generosos 300 a 400 dólares al mes. Las fuerzas militares y policiales ofrecían una de las pocas oportunidades de trabajo en la ciudad. Incluso entonces los soldados estaban indignados: Querían más tiempo libre, cuarteles con aire acondicionado como sus contrapartes norteamericanos y, más importante aún, respeto. Lo más frustrante, dijeron, era la espera de dos a tres horas para el control en la puerta de la base cuando vuelven de un permiso.
Los soldados dijeron que en los últimos días 17 colegas habían renunciado.
"En 15 días más no quedará nadie", declaró Nawaf.
Las dos docenas de soldados reunidos asintieron.
"Todos nosotros", dijo Khalaf. "Todos dependemos de Dios, pero queremos que se nos respete".
Pero los americanos dijeron que los iraquíes no se lo habían ganado. "Como hombres árabes, quieren que pensemos que ellos son lo mismo que nosotros como soldados, que son igual de valientes", dijo Cato. "Pero muestran cobardía. Me dicen: ‘No tengo miedo'. Pero si estás escapando corriendo, entonces obviamente no sólo tienes miedo, además te estás escapando".

Divididos por la Cultura
El mes pasado tres camiones llenos con dos docenas de soldados de la Compañía Charlie fueron emboscados cerca de un puente en el río Tigris. En lugar de hacer frente al ataque, los iraquíes huyeron y pidieron ayuda por radio. Los americanos dijeron que los iraquíes les habían dicho que habían perdido 20 hombres, se les habían acabado las municiones y estaban completamente rodeados.
Cuando llegó una fuerza de reacción rápida norteamericana, el área estaba tranquila y los soldados iraquíes estaban acurrucados junto a sus camiones. Cuatro estaban perdidos; más tarde se supo que se habían marcjado en taxi a casa a cambiarse ropa. Otro soldado, el oficial superior de la compañía, se negó a salir, diciendo que seguía estando rodeado por los insurgentes.
Después del incidente, McGovern dijo que había llamado a un intérprete, le había pedido que tradujera literalmente las palabras del soldado y "deshonrado" a los soldados iraquíes.
"Sois todos unos cobardes", empezó. "Mis soldados han venido hasta aquí, dejando atrás a sus familias durante un año. Estamos dispuestos a morir para que vosotros tengáis libertad, pero vosotros debéis estar dispuestos a morir por ella. Si continuáis huyendo del enemigo, el enemigo continuará persiguiéndoos. No triunfaréis nunca".
McGovern le preguntó al intérprete, Nabras Mohammed, si acaso había ido demasiado lejos.
"Bueno, no debió decirles que eran mujeres, y no debió llamarles" chulos, dijo Mohammed.
"Por supuesto tenían miedo", dijo el capitán Idris Dhanoun, 30, nativo de Baiji con dos años en las fuerzas de seguridad, que defendió a sus colegas. "La mayor parte de ellos no han estado nunca en una batalla, no saben lo que es la guerra, no son soldados. Todos ellos quieren morir. Es la guerra santa. Quieren morir sirviendo al Señor".
Poco después de la emboscada, un francotirador disparó contra un soldado norteamericano que estaba parado en el tejado de una comisaría de policía, causándole una grave herida en la cabeza. Los americanos sospechaban que el fuego provenía de la cercana mezquita de Rahma. Tropas americanas e iraquíes rodearon el edificio. Temerosos de alimentar más resentimiento, los soldados estadounidenses ordenaron a sus contrapartes iraquíes que allanaran la mezquita. Al principio se negaron, y entraron solamente después de que McGovern los regañara.
"Pero no sé si hicieron bien el allanamiento. Entraron caminando con la punta de los pies", dijo el sargento Cary Conner, 25, de Newport News, Virginia, que fue uno de los primeros soldados en llegar al sitio.
Las fuerzas norteamericanas ordenaron entonces a los iraquíes detener a todos los que estaban en la mezquita, incluyendo al respetado jefe de oraciones. El jefe del pelotón iraquí se negó a obedecer la orden, recordaron soldados norteamericanos. El líder del pelotón y sus hombres se sentaron junto a la mezquita, como protesta.
"Queríamos decirles a los americanos que no pueden hacer eso otra vez", dijo Dhanoun.
En una medida de la vergüenza que sentían, los hombres insistieron en que ellos no habían entrado a la mezquita.
"No puedes entrar con armas a una mezquita. Tenemos nuestra tradiciones, tenemos honor, y somos musulmanes", dijo Dhanoun. "A la mezquita se entra a orar, no se entra con armas".
A las 4:30 de la mañana del lunes, los hombres de la Compañía Charlie y todo el batallón norteamericano -unos 800 soldados- se pusieron en marcha en un convoy hacia el oeste de Baiji. Los americanos usaron lentes infrarrojas para ver en la oscuridad. Los iraquíes llevaban barras de neón. Antes de que las tropas salieran de la base, un conductor iraquí chocó contra una barrera de concreto, paralizando momentáneamente el convoy.
Comandantes americanos dijeron que la participación de los iraquíes en la misión -una serie de redadas para desmantelar una célula fabricante de bombas- fue crucial para su ejecución. Pero los americanos han bajado notoriamente sus expectativas de progreso de los iraquíes.
"Las cosas van a cambiar de acuerdo a su esquema, no según nuestros políticos en casa", dijo el sargento Jonathan Flynn, 36, de Star Lake, Nueva York. "No se le puede imponer a eso un horario artificial".
Los hombres de la Compañía Charlie se agacharon junto a un camino de tierra cortado por las canaletas del alcantarillado, con las armas en ristre. Ante ellos estaba su ciudad natal, destartalada y abandonada. El capitán Amir Omar, 19, miró adelante.
"Mire las casas de los iraquíes", dijo, tapándose la cara con un pañuelo. "La gente ha sido destruida".
¿Por quién?, se le preguntó.
"Ellos", dijo Omar, señalando a los Humvees norteamericanos que encabezaban la patrulla.

11 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh


rebeldes quieren negociar


[Jonathan Finer] Antiguo funcionario iraquí dice que dos grupos están dispuestos a terminar con la violencia.
Bagdad, Iraq. Un ex ministro del gobierno interino iraquí dijo el martes que los líderes de dos grupos insurgentes estaban preparados para discutir las condiciones para terminar con sus campañas de violencia.
Aiham Alsammarae, que fue ministro de electricidad durante el antiguo gobierno del primer ministro Ayad Allawi, dijo que los grupos, que identificó como Ejército Islámico de Iraq y el Ejército Mujahedín, estaban dispuestos a iniciar negociaciones con funcionarios norteamericanos e iraquíes.
Dijo que había iniciado un diálogo con los grupos y que se ha reunido al menos 10 veces con sus líderes en los últimos cuatro meses en su casa de Bagdad.
"Les dijimos, si ustedes siguen atacando sin decir cuáles son sus demandas, ustedes van a ser siendo un blanco", dijo en una entrevista. "Ahora el gobierno puede dialogar con ellos y ver qué necesitan. Si ellos quieren ocuparse de la situación de la seguridad, esta es una oportunidad".
La versión de Alsammarae sobre las conversaciones de reconciliación no pudo ser verificada independientemente. Dijo que había abordado el tema con funcionarios norteamericanos aquí y en Washington durante su visita allá el mes pasado, así como con el gobierno iraquí.
"Nos hemos reunido con él en el pasado y damos la bienvenida a todo iraquí que quiera fomentar el diálogo, la participación política y la reconciliación en Iraq y que promueva el rechazo de la violencia como una herramienta política", dijo un funcionario de la embajada norteamericana en Bagdad que habló a condición de que no se apuntara su nombre. "Este es un asunto que debe ser discutido con el gobierno de transición iraquí", agregó.
Laith Kubba, portavoz del primer ministro Ibrahim Jafari, dijo que en los últimos meses, el gobierno ha hecho contactos preliminares con representantes de algunos grupos de rebeldes. Pero dijo que no sabía nada de la propuesta de Alsammarae. "No he oído nada de él ni de ningún grupo que represente", dijo Kubba.
Un sunní musulmán y ciudadano tanto de Iraq como de Estados Unidos, donde estudió en la universidad y pasó varios años en el exilio en los años noventa, Alsammarae dijo que dirige un nuevo grupo político, predominantemente sunní, llamado el Frente del Consejo Nacional Iraquí.
Se cree que la resistencia está compuesta en gran parte por la minoría de árabes sunníes iraquíes. Alsammarae dijo que concentró sus intentos de reconciliación en los grupos insurgentes dirigidos por iraquíes, antes que en combatientes árabes extranjeros, como Abu Musab Zarqawi, un jordano que encabeza el grupo de Al Qaeda en Iraq.
Interrogado sobre qué quieren los grupos de la resistencia, dijo que sus demandas incluyen un esquema para la retirada de las tropas norteamericanas y pasos para recudir la influencia del vecino Irán, donde el gobierno musulmán chií tiene estrechos lazos con los nuevos líderes de Iraq.
Alsammarae dijo había hablado también con representantes del Ejército Ansar al-Sunna iraquí, un grupo insurgente que ha reivindicado su responsabilidad en una serie de secuestros, asesinatos y atentados con coches-bomba. Las tácticas del grupo son demasiado similares a los de Zarqawi como para ser incluido en las negociaciones, dijo.

8 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh

periodistas en iraq


[Jonathan Finer] 82 periodistas muertos en 2 años.
Bagdad, Iraq. Israa Shakir garabateó la primera edición del diario Iraq Today en unas hojas de papel lineal 10 días después de la caída de Saddam Hussein. Tres meses más tarde, dijo, un hombre la siguió tras salir de su trabajo hacia su casa y le puso una pistola a la cabeza.
Shakir había publicado un reportaje sobre un grupo islámico que estaba obligando a las mujeres iraquíes a llevar el hijab, el tradicional pañuelo de cabeza de las musulmanas. Alguien hizo circular un folleto llamando a su asesinato, y un colega con contactos con la resistencia iraquí le dijo que le costaría 200 dólares sacar su nombre de la lista negra. Ella se negó a pagar, pero por alguna razón el aspirante a ejecutarla nunca apretó el gatillo.
"Todavía no sé por qué no me mató", dijo, volviendo a contar la historia en una entrevista reciente. "Supongo que era un aviso".
En una oficina atestada de diarios viejos y baratijas de sus viajes por Oriente Medio, Shakir, ahora de 29, mantiene el celular pegado a su oreja, una libreta en su bolsillo de atrás y una pistola de 7mm en su cadera. Más de dos años después de su lanzamiento, el diario Iraq Today ha crecido y se ha transformado en un periódico de gran formato, con una circulación de más de 5.000 ejemplares.
Pero como deja ver su siempre presente pistola, Iraq se está adaptando con gran dificultad a sus nuevas libertades de prensa, que sus partidarios consideran tan importantes para cultivar la democracia aquí como las elecciones libres y honestas. Al menos 85 periodistas y otros empleados de organizaciones de prensa -la gran mayoría de ellos iraquíes- han sido asesinados aquí desde marzo de 2003, de acuerdo a la Federación Internacional de Periodistas, que en abril abrió una oficina en Bagdad para distribuir información sobre seguridad.
Incidentes recientes han sido especialmente alarmantes. Cinco periodistas fueron asesinados en abril en un período de cuatro días, incluyendo a Ahmed Rubaei, un reportero del diario al-Sabah, de Bagdad, que fue secuestrado y, según se dice, decapitado. Más tarde ese mes, dos columnistas fueron sentenciados a penas de prisión en Wasit, al sudeste de Bagdad, por un tribunal penal tras haber escrito reportajes críticos sobre el gobierno y la policía provinciales, según la Asociación de Defensa de los Periodistas iraquí, un grupo de apoyo que también está investigando acusaciones recientes de intimidación de parte del gobierno y la policía iraquíes.
Y el 16 de mayo, en una carretera al sur del Bagdad, los insurgentes detuvieron a un minibús con 13 pasajeros, tres de los cuales llevaban pases de prensa, de acuerdo a Samir Adili, de la Comisión Nacional de Periodismo iraquí, un grupo de apoyo formado recientemente. Los tres periodistas fueron matados a balazos, dijo.
"De momento, las cosas en Iraq son muy malas para los periodistas, y es todavía peor para los periodistas iraquíes", dijo Robert Shaw, encargado de derechos humanos e información para la Federación Internacional de Periodistas. "Cuando los medios de comunicación occidentales enviaron a su gente, ellos tomaron muy en serio las cuestiones de seguridad, preparándose para trabajar en condiciones peligrosas y con equipos especializados. Pero pocos periodistas iraquíes tienen estas defensas. Y cuando mueren, sus familias no reciben nada porque sus empleadores no tienen suficientes recursos".
El periodismo ya era un negocio peligroso en la década anterior a la invasión norteamericana en 2003, cuando Uday, el hijo de Hussein, conocido por su brutalidad, supervisaba la prensa. Shakir trabajaba como reportero para el diario al-Ittihad, que, como toda publicación iraquí, debía incluir un artículo sobre Uday o Saddam Hussein en primera plana. Los periodistas debían entregar a funcionarios de gobierno sus preguntas dos semanas antes de una entrevista, y no se permitían preguntas sobre las respuestas. Los errores, incluso los más inocuos, como una fecha incorrecta, eran castigados con palizas.
Después de que cayera el gobierno, unos 200 diarios, revistas y otras publicaciones brotaron en todo el país, con periodistas ambiciosos que aprovecharon la oportunidad para publicar con más libertad. Muchos de los primeros intentos fracasaron, pero otros han surgido en su lugar. Estados Unidos destinaba dinero a la Red de Medios de Comunicación Iraquí, un grupo de estaciones de radio y televisión y a un diario.
"Al principio, el nivel de responsabilidad con la prensa no era lo que te gustaría ver", dijo Richard Schmierer, un empleado de asuntos públicos de la embajada norteamericana en Bagdad, citando a lo que dijo que eran informaciones tendenciosas y la creencia de que algunos periodistas colaboraban con los terroristas. "Ahora con la reducción del número en general, hay un aumento de la calidad. La prensa es una llave, un elemento esencial para el desarrollo de la sociedad iraquí".
Hoy los sondeos muestran que la mayoría de los iraquíes obtienen sus noticias a través de la televisión. Pero solamente en Bagdad todavía hay al menos 100 publicaciones impresas -desde hojas informativas publicadas irregularmente por grupos políticos y religiosos hasta diarios independientes-, de acuerdo a Adili, que también trabaja en Bagdad como corresponsal de la Dubai TV, una red de los Emiratos Árabes Unidos.
El canal de televisión nacional más popular es al-Iraqiya, un canal de noticias y entretención fundado por el gobierno iraquí. Los diarios más influyentes y ampliamente leídos son al-Sabah, que tiene una circulación de más de 50.000 ejemplares y fue fundado después de la invasión con fondos norteamericanos, y Azzaman, que durante los años de Hussein se distribuía en Londres, donde vivía su editor en el exilio. Ahora se publica en Bagdad y en la ciudad de Basra, al sudeste del país.
"Podemos informar sobre todo lo que queremos y criticar a quien queramos, lo que es un progreso", dijo Raed Qais, 28, un ex periodista de diario que ahora cubre el panorama político para la Radio Voz de Iraq. Qais pasa la mayor parte del día en la fortificada Zona Verde norteamericana, un enclave de 10 kilómetros cuadrados donde está la mayoría de las oficinas de gobierno y embajadas.
Hace seis meses, Qais dijo que fue parado por un grupo de extremistas cuando estaba haciendo una entrevista en la calle de Haifa, que está en un área notoriamente violenta de la capital. Aterrado de que pudieran ver el texto en inglés en la chapa que le daba acceso a la Zona Verde y asumieran que trabajaba para el gobierno o Estados Unidos, lo apretó en sus manos hasta que se fueron.
Qais y otros periodistas iraquíes dijeron que ellos también encontraron oposición de su gobierno y fuerzas de seguridad. Algunos dijeron haber sido amenazados, que les habían quitado sus libretas o que sus cámaras fueron aplastadas por la policía y soldados. Otros dicen que los funcionarios iraquíes prefieren a la prensa occidental. "Los extranjeros pueden ir al gobierno y obtener las entrevistas que quieran", dijo Qais. "A nosotros nos ignoran".
A pesar de esos reveses, el periodismo como carrera está muy de moda, de acuerdo a Hameeda Smaisim, decano del Colegio de Información en la Universidad de Bagdad. En este momento hay 750 estudiantes matriculados en su carrera de periodismo, en comparación con 500 hace dos años, dijo.
"Es peligroso, pero la mayoría de los trabajos en Iraq son peligrosos y el periodismo está de moda ahora", dijo Smaisim, antigua editora de un diario en Bagdad y reportera en Moscú para la agencia de noticias Tass. Desde 2003, cuatro de sus estudiantes fueron asesinados mientras hacían reportajes, pero dijo que la violencia no debe desalentar a que otros entren en la carrera.
"Desde la caída del régimen de Saddam ha habido un montón de caos, y esta disciplina se está formando en este caos", dijo. "Este es un trabajo de gran importancia".
Interrogada sobre los peligros a los que hacen frente, todos los periodistas iraquíes entrevistados para este reportaje mencionaron a Rubaie, el reportero de al-Sabah asesinado.
Cuando desapareció a mediados de abril, su familia llamó a la oficina del diario, dijo un colega, pero nadie parecía saber dónde encontrarlo. Pocos días después la policía arrestó a varios miembros de una banda criminal que confesó haber asesinado a varias personas. El pase de prensa de Rubaie fue encontrado entre los carnés de identidad en su posesión.
"Todos nosotros escribimos historias sobre los insurgentes y el terrorismo", dijo Asifa Mousa, un periodista que trabajaba con Rubaie. "Podía haber sido cualquiera de nosotros".
Adili dijo que la Comisión Nacional de Periodismo iraquí y la Federación Internacional de Periodistas proporciona a los periodistas botiquines de primeros auxilios y cursos de adiestramiento para situaciones peligrosas. Unos 60 periodistas han completado los cursos en Bagdad, Basra y otras ciudades, dijo. El Instituto para el Periodismo de Guerra y de Paz, con sede en Londres, también adiestra aquí a periodistas locales.
Estados Unidos dejó de financiar los medios iraquíes en enero de 2004, pero ha instalado una oficina de trabajo para los periodistas en la Zona Verde. Los militares norteamericanos han sido criticados por detener a periodistas de los que sospechan que están colaborando con los insurgentes; entretanto, la Federación Internacional de Periodistas dice que desde 2003 las tropas norteamericanas han asesinado a 14 periodistas.
En un incidente, un corresponsal y un camarógrafo de la red de televisión al-Arabiya fueron matados en un puesto de control de Bagdad cuando soldados norteamericanos que disparaban a otro vehículo, también lo hicieron por error contra el suyo.
La mayoría de los medios de prensa iraquíes están vinculados a organizaciones políticas o religiosas que pueden ofrecer alguna protección. Pero un puñado de canales independientes como el diario Iraq Today, de Shakir, no tienen compromisos y nadie les protege.
"Cuando entrevisto a políticos, lo primero que me preguntan es si soy sunní o chií", dijo Shakir. "Mi padre es sunní y mi madre es chií. Les digo: ‘Puedes llamarme cií'".
Su padre, un pescador, y su madre, una ama de casa, nunca aprendieron a leer o escribir, dijo. Con un personal todavía en crecimiento de 25 redactores y reporteros, espera convertir algún día a Iraq Today en una compañía multimedia y agregar un canal de televisión de noticias. Está terminando un doctorado en periodismo en la Universidad de Bagdad, pero a diferencia de muchos iraquíes educados y jóvenes, dijo que no tiene intención de abandonar el país para continuar su carrera.
"Aquí me puedo ayudar a mí mismo y puedo ayudar a mi país", dijo. "Todo esto, empezar un diario, ser un líder de mi país, este es mi sueño. ¿Por qué me marcharía. No tengo miedo".

Omar Fekeiki y Bassam Sebti en Baghdad contribuyeron a este reportaje.

7 de junio de 2005
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padres contra la guerra


[Damien Cave] Madres y padres, creciente problema para los reclutadores militares.
Rachel Rogers, madre soltera de cuatro hijos en el norte de Nueva York, no se preocupó por la presencia de reclutadores de la Guardia Nacional en la escuela secundaria de su hijo hasta que se enteró de que le enseñaban a los alumnos cómo arrojar granadas de mano usando pelotas de balonmano como substitutos. Durante el mes pasado ha estado insistiendo ante la dirección que limite el acceso de los reclutadores a los niños.
Orlando Terrazas, ex camionero en California del Sur, dijo que se quedó lelo cuando su hijo le contó que los reclutadores estaban prometiendo a los estudiantes trabajo como músicos. Desde septiembre Terrazas ha estado tratando de colgar carteles en la escuela pública de su hijo para contrarrestar la propaganda del gobierno.
Entretanto, Amy Hagopian, co-presidente de la Asociación de Padres, Profesores y Estudiantes APPE de la Escuela Secundaria Garfield, Seattle, ha estado luchando contra una ley de federal promulgada hace cuatro años que exige que las escuelas públicas proporcionen a los reclutadores militares el mismo tipo de acceso a los estudiantes que los reclutadores en las universidades, so pena de perder el financiamiento federal. También hace poco tomó libre de su trabajo para apostarse junto a los reclutadores de la Escuela Garfield y exhibir fotos de soldados americanos heridos en Iraq.
"Queremos mostrar a los militares que no son bienvenidos por la APPE en la escuela", dijo. "Esperamos que otros centros de padres continúen la iniciativa de la APPE".
Mientras el Ejército y la Marina luchan por aumentar sus filas tras dos años de guerra en Iraq, los padres se han transformado en rocas de oposición que los reclutadores no pueden mover.
Madres y padres en todo el país dijeron que estaban aterrados de que sus hijos tuvieran que matar -o ser matados- en una guerra que muchos ven como innecesaria e interminable.
Muchos padres dijeron que utilizan la hora de la cena para desalentar a sus hijos de que sirvan en el ejército.
En las escuelas están insistiendo en que los reclutadores sean apartados, indignados por el acceso que tienen a adolescentes que son fácilmente deslumbrados por paquetes de incentivos y equipos llamativos.
Un sondeo del ministerio de Defensa de noviembre pasado, el último, muestra que sólo un 25 por ciento de los padres recomienda el servicio militar a sus hijos; en agosto de 2003, era un 42 por ciento.
"Los padres", dijo un reclutador en Ohio que insistió en conservar el anonimato porque el Ejército ordenó a los reclutadores no hablar con periodistas, "son el obstáculo más grande".
Legalmente, hay poco que pueda hacer un padre para impedir que se aliste un niño mayor de 18 años. Pero en entrevistas, los reclutadores dijeron que era muy difícil que un joven o una joven se alistara contra las fuertes objeciones de sus padres.
El Pentágono -enfrentado a la posibilidad de contar solamente con voluntarios para un conflicto prolongado, una posición rara vez intentada en la historia de Estados Unidos- está especialmente irritado por una generación de padres activistas que no vacilan en proyectar sus propias opiniones sobre sus hijos.
Lawrence S. Wittner, historiador militar de la Universidad del Estado de Nueva York, Albany, dijo que los padres de hoy tienen más poder.
"Con el servicio militar había pocas posibilidades de evitar a los militares y los padres estaban atrapados, reducidos al consulta del psicólogo o a llevar a sus hijos a Canadá", dijo. "Pero con las fuerzas armadas voluntarias, tenemos un reclutamiento más agresivo y más oportunidades de oponerse".
Algunas de esas oportunidades fueron provocadas por la misma ley que se suponía que facilitaría a los reclutadores la tarea de llegar más directamente a los estudiantes. La ley ‘Que ningún niño se quede atrás', que fue aprobada por el Congreso en 2001, exige que las escuelas proporcionen el teléfono de casa y dirección de los alumnos a menos que los padres se opongan. Esa es a menudo la chispa que enciende la resistencia de los padres.
En entrevistas en los últimos seis meses, los reclutadores dijeron que la oposición puede ser feroz. Hace tres años, quizás 1 o 2 o 10 padres colgarían de inmediato al recibir la llamada en casa de un reclutador, dijo un reclutador en Nueva York que, como la mayoría de los otros entrevistados, insistieron en conservar el anonimato para proteger su carrera. "Ahora", dijo, "en los últimos dos años, la gente cuelga siempre".
Varios reclutadores dijeron que habían sido incluso amenazados.
"Tuve un padre que me dijo que si me veía a la puerta de su casa, que mejor que llevara protección", dijo un reclutador en Ohio. "Hay un montón de hostilidad".
Oficiales militares están claramente preocupados. En una entrevista el mes pasado, el general de división Michael D. Rochelle, comandante de reclutamiento del Ejército, dijo que la resistencia de los padres podrían poner en peligro las fuerzas armadas completamente voluntarias. Si los padres y otros adultos influyentes disuaden a los jóvenes de alistarse, dijo, "plantea la cuestión de que cómo vamos un mantener un potencial nacional para lo que parece que será una guerra larga".
En respuesta, el Ejército ha iniciado una campaña destinada a los padres, con anuncios de televisión y una página en internet que incluye videos de padres que hablan sobre por qué apoyaron la decisión de alistarse de sus hijos. El general Rochelle dijo que era demasiado temprano para decir si hacía alguna diferencia.
Pero el coronel David Slotwinski, un ex jefe de estado mayor para el reclutamiento del ejército, dijo que el Ejército se enfrentaba a una batalla difícil porque muchos padres de la generación baby boomer están inclinados a mirar negativamente el servicio militar, especialmente durante una guerra controvertida.
"No se dan cuenta de que tienen un papel que jugar para hacer que las fuerzas armadas voluntarias sean un éxito", dijo el coronel Slotwinski, que jubiló en 2004. "Si no, tenemos que buscar otra alternativa, y la otra alternativa es a la que más se oponen: el servicio militar obligatorio".
Gran parte de las madres y padres más consternados por el reclutamiento tienen una historia de oposición a Vietnam. Amy Hagopian, 49, profesor de salud pública en la Universidad de Washington, y su marido, Stephen Ludwig, 57, carpintero, dijo que ellos y muchos padres que rechazaban el reclutamiento en la Escuela Garfield tienen una historia de sentimientos anti-bélicos y ven sus intentos como una extensión de su pacifismo.
Pero, agregó, los padres también están reaccionando ante lo que ven como una creciente intrusión militar en la vida de sus hijos.
"Los reclutadores están en todas partes, en la biblioteca, en el comedor", dijo. "Están contactando a los estudiantes más vulnerables y reclutándolos para ir a la guerra".
El acceso está legalmente protegido. En 2000, dijo un ex reclutador en California, era necesario escarbar en los tachos de basura en las escuelas secundarias y universidades para recuperar los nombres y números de teléfono de los alumnos. Pero la ley ‘Que ningún niño quede atrás' establece que las escuelas públicas recibirán financiamiento federal sólo si otorgan a los reclutadores militares "el mismo acceso a los estudiantes de escuelas secundarias" que se proporciona en el caso de universidades y empleadores.
Así, aunque la APPE de Garfield votó el mes pasado prohibir a los reclutadores militares en la escuela con sus 1.600 alumnos, la escuela pública de Seattle no podía aprobar la idea sin perder al menos 15 millones de dólares en fondos de educación federales.
"Los padres han optado por tomar posición, pero nosotros tenemos que cumplir con la ley ‘Que ningún niño se quede atrás'", dijo Peter Daniels, director de comunicaciones del distrito. En Whittier, una ciudad de 85.000 habitantes a 16 kilómetros al sudeste de Los Angeles del Este, una docena de familias acusaron al distrito en septiembre pasado de no asesorar propiamente a los apoderados de que tienen derecho a negar el acceso a los reclutadores a la información personal de su hijo.
Terrazas, 51, padre de un alumno de la Escuela Secundaria de Whittier, dijo que la notificación fue incluida entre otros documentos en un paquete de pre-matrícula enviado en el verano pasado.
"No decía que los militares tuvieran acceso a informaciones sobre los estudiantes", dijo. "Solamente decía que si no querías que tu hijo estuviera listado en un directorio público, tenías que escribir una carta".
Hace algunos años, después del 11 de septiembre de 2001, el tema no habría llamado la atención de Terrazas. Su padre sirvió en la Segunda Guerra Mundial, su hermano estuvo en Vietnam, y dijo que había sido siempre partidario de unas fuerzas armadas fuertes capaces de defender al país.
Pero después de que en la guerra de Iraq no se hallaran armas de destrucción masiva, y que el número de bajas aumentara, no puede reconciliar el orgullo que siente cuando ve a los marines entregando ayuda tras el maremoto en Asia con su preocupación sobre la guerra en Bagdad, dijo.
"No quiero que mi hijo se enliste debido a la situación en que estamos", dijo. "Estoy contra la política de la guerra, no contra los militares".
Después de que Terrazas y varios otros padres expresaron su preocupación sobre el papel de la escuela en las campañas de reclutamiento, el distrito redactó una nueva política. El 23 de mayo introdujo un formulario de no participación para los 14.000 estudiantes.
El formulario, dijo Ron Carruth, asistente de conserjería de la Escuela Whittier, incluye una explicación de la ley, y recuadros que los padres pueden marcar para indicar que no quieren que los militares, universidades, escuelas vocacionales y otras fuentes de reclutamiento reciban información sobre sus hijos. Carruth dijo que el próximo año el distrito también prohibirá que los reclutadores entren a las aulas, y que los militares introduzcan a los terrenos escolares equipos como todoterrenos Humvee, una herramienta de reclutamiento utilizada habitualmente.
Dijo que alguna de la información en el cartel de 28 x 43 centímetros que Terrazas quería afichar, incluyendo cómo verificar las afirmaciones de los reclutadores sobre los beneficios financieros, serán parte de un folleto redactado por la escuela para los estudiantes.
Y al menos una docena de otros distritos en el área, agregó Carruth, de tres que había en noviembre, están considerando aplicar planes similares.
A diferencia de Terrazas, la señora Rogers, 37, de la Escuela Secundaria Falls, en el alto Valle de Hudson, no había pensado mucho sobre la guerra antes de que empezara a dar su opinión en la escuela del ayuntamiento. Había sido "políticamente apática", dijo. No sabía nada de la exigencia de entregar información de la ley ‘Que ningún niño se quede atrás', ni se excluyó.
Cuando su hijo Jonah le dijo que estaba pensando en abandonar una clase de gimnasia que iba a ser organizada por reclutadores de la Guardia Nacional, Rogers, que trabaja a media jornada como oficinista en la oficina de vehículos motorizados local y recibe asistencia pública, dijo que le dijo no transformarse en "un rebelde sin causa".
"En este mundo", le dijo, "necesitamos unas fuerzas armadas fuertes".
Pero cuando se enteró por su hijo de que la clase era obligatoria, y que los reclutadores estaban repartiendo camisetas y llaveros gratis -"Como: ‘Hola, unámonos a las fuerzas armadas. Es divertido'", dijo.
Primero llamó a la Escuela Secundaria Rondout Valley para quejarse sobre la "publicidad falsa", dijo; luego llamó a su legislador.
El 24 de mayo en la primera reunión del directorio de la escuela desde las clases de gimnasia, leyó en voz alta de un manual de reclutamiento que aconsejaba a los reclutadores sobre métodos para obtener el máximo de acceso en las escuelas, incluyendo la distribución de dónuts. Una alumna de la secundaria, Katie Coalla, 18, se levantó en un momento y defendió lacrimosamente a los reclutadores, recibiendo un aplauso de un grupo de unas 70 personas, pero Rogers insistió.
"Tocar esta necesidad de apoyo patriótico profundo está enturbiando el problema", dijo. "El punto no es si yo apoyo a las tropas. Se trata de si una máquina de propaganda bien organizada puede ser utilizada para seducir a niños [para ir la guerra] en las escuelas".

Laura Cummins, en Accord, Nueva York, contribuyó a este reportaje.

7 de junio de 2005
3 de junio de 2005
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©traducción mQh

cargos contra hussein


[John F. Burns] Primera acusación por asesinatos en un pueblo en 1982.
Bagdad, Iraq. El tribunal iraquí instalado para enjuiciar a Saddam Hussein y sus principales colaboradores iniciará el primer proceso a fines del verano o comienzos de otoño, por el asesinato en 1982 de casi 160 hombres de Dujail, un pueblo predominantemente chií al norte de Bagdad, después de que sobreviviera un intento de asesinato allí, de acuerdo a un importante funcionario del tribunal iraquí.
Al programar un temprano juicio contra Hussein de una pequeña fracción de las acusaciones contra él, el Tribunal Especial iraquí ha en realidad cedido a las presiones del gobierno de transición de Iraq, poniendo fin a una lucha de poder tras los bastidores en la que participaron abogados norteamericanos que han guiado el trabajo del tribunal desde que fuera instalado el año pasado.
Los norteamericanos preferían juzgar primero al menos a algunos colaboradores de Hussein, diciendo que eso podría contribuir a definir la "responsabilidad de mando" que conduce concluyentemente hacia él.
Ese enfoque, han dicho los abogados norteamericanos, permitiría a los fiscales utilizar las declaraciones de sus colaboradores contra él, dando más valor a documentos que son a menudo poco definitivos sobre el papel de Hussein en esos asesinatos en masa.
Pero el enfoque habría probablemente retrasado el juicio hasta 2006, debido a que el tribunal, que utiliza dos salas adyacentes del tribunal, cada una con una comisión de cinco jueces sin jurado, debía hacerse camino enjuiciando al menos a algunos de sus subordinados.
Laith Kubba, portavoz del primer ministro Ibrahim al-Jafaari, que asumió el poder el mes pasado como jefe del primer gobierno de mayoría chií de Iraq, dijo el domingo a los periodistas que el gobierno quería que el juicio de Hussein empezara dentro de dos meses.
Kubba dijo que no había "razón para perder tiempo" en la preparación del juicio que hará responder a Hussein, un árabe sunní, por 500 casos diferentes de crímenes contra la humanidad, muchos de ellos contra a chiíes y kurdos, que Kubba dijo que estaban siendo investigados.
"La opinión del gobierno es que el juicio de Saddam debería tener lugar tan pronto como posible", dijo Kubba.
Kubba dijo que el gobierno prefería concentrarse en 12 "casos completamente documentados", incluyendo el de Dujail, y que por esos casos era seguro que Hussein, 68, fuera condenado a la pena de muerte.
El gobierno de Jafaari ha dicho que aplicará la pena de muerte -contemplada en el código penal iraquí, de la época de Hussein- a los responsables de los peores crímenes de la era de Hussein, así como a los rebeldes que han arruinado a Iraq desde su derrocamiento.
Funcionarios americanos, que han proporcionado más de 75 millones de dólares para el tribunal, no ofrecieron comentarios sobre la decisión iraquí. Un portavoz de la embajada norteamericana dijo que Gregg Nivala, el abogado norteamericano que asesora al tribunal, estaba viajando por Europa, y no respondió un e-mail en que se le pedía un comentario.
Pero funcionarios estadounidenses han dicho que Gregg Kehoe, un antiguo fiscal de Tampa que fue el predecesor de Nivala en el tribunal, hizo frente el año pasado a fuertes presiones de Ayad Allawi, el primer ministro del gobierno interino remplazado por el gobierno de Jafaari, de someter a Hussein a un juicio temprano.
Para los políticos chiíes y kurdos que dominan el nuevo gobierno, la nueva fecha pone a Hussein en el banquillo de los acusados por un caso que implica el asesinato en masa de chiíes y kurdos, antes de las elecciones para elegir un gobierno pleno por cinco años convocadas para el 15 de diciembre. Pero también parece significar que los iraquíes no tendrán el tipo de exhaustivo juicio al que se somete en La Haya a Slobodan Milosevic, el ex presidente de Yugoslavia, que ha sido acusado de una panoplia de cargos durante las guerras de los años noventa en Croacia, Bosnia y Kosovo.
Cherif Bassiouni, profesor de derecho en la Universidad DePaul y una autoridad sobre leyes iraquíes, dijo el domingo en una entrevista que la nueva estrategia del gobierno en Bagdad era comprensible, pero contenía varias dificultades. El profesor Bassiouni, que ha asesorado al gobierno de Estados Unidos sobre cómo reconstruir el sistema de justicia penal iraquí y llevar a Hussein a juicio, dijo que la utilización de los detalles específicos de un caso como el de Dujail reducirían las dificultades de enjuiciar a Hussein por el tema más abstracto de la responsabilidad de mando, dijo.
Pero dijo que la prisa podría costar caro porque el gobierno iraquí tendrá que recurrir a las leyes implantadas por las autoridades de la ocupación americana. Proceder sin que los iraquíes apliquen sus propias leyes, dijo, "carecería de credibilidad y legitimidad a los ojos del pueblo iraquí y de otros árabes".
Funcionarios del tribunal han dicho que Hussen finalmente deberá enfrentarse a juicios similares por otras atrocidades, incluyendo la campaña de Anfal a fines de los años ochenta, en la que docenas de aldeas y ciudades kurdas, incluyendo Halabja, fueron atacadas con armas químicas; la represión de una rebelión chií tras la guerra del Golfo Pérsico en 1991, en la que murieron 150.000 chiíes; la ejecución sumaria de más de 20 jefes del Partido Baaz, a los que Hussein acusó de traición después de que ocupara la presidencia en 1979; y los asesinatos de más de 500 miembros de la familia de Massoud Barzani, un líder kurdo, y de varios líderes religiosos chiíes.
Todavía sin decidir, dijo el domingo el funcionario del tribunal, era si Hussein debía ser llevado a juicio por su papel en la guerra de ocho años de Iraq contra Irán en los años ochenta, en la que murieron casi un millón de iraquíes e iraníes.
El gobierno de Jafaari, en su primer encuentro de alto nivel con el gobierno iraní en Bagdad el mes pasado, firmó un comunicado conjunto aceptando la responsabilidad de Hussein en el inicio de la guerra, y las pérdidas de vidas que implicó.
Aunque funcionarios americanos escribieron una provisión para las investigaciones de crímenes de guerra en el estatuto que instaló al tribunal el año pasado, funcionarios norteamericanos en Bagdad han advertido que ampliar los casos contra Hussein para incluir la guerra Irán-Iraq expondría a Iraq, ya con deudas de billones de dólares, a demandas de fuertes reparaciones de guerra por parte de Irán.
Hussein se unirá a cinco acusados en el juicio de Dujail, incluyendo a Barzan al-Tikriti, hermanastro de Hussein, que dirigía en la época el servicio de inteligencia iraquí; Taha Yassin Ramadan, 66, ex vice-primer ministro y vice-presidente; y Awad
Al-Sadoun, 60, el juez que condenó a muerte a 143 hombres de Dujail.
Un funcionario del tribunal dijo que el caso contra Hussein sería reforzado con los testimonios de Tikriti y Ramadan que comprometen a Hussein en la destrucción que siguió, con la demolición de la mayoría de las casas de la aldea y de los palmares y huertos frutales que constituían su principal fuente de sustento. Pero el funcionario, hablando a condición de conservar el anonimato, dijo que la primera fecha conveniente para el juicio de Dujail sería en unos tres meses, debido a que los fiscales y los abogados de la defensa necesitan tiempo para prepararse.
Hubo informes contradictorios de la reacción de Hussein, que ha estado en custodia militar americana desde su captura en un hoyo cerca de su ciudad natal, Tikrit, el 13 de diciembre de 2003. Un diario árabe de Londres, Asharq Al Awsat, dijo en sus ediciones del fin de semana que Raid Juhi, el juez instructor del tribunal iraquí, dijo al diario en una entrevista que Hussein había "sufrido un colapso moral porque entiende el alcance de las acusaciones en su contra".
El abogado iraquí elegido para dirigir la defensa de Hussein, Khalil al-Duleimi, no estuvo de acuerdo. "La última vez que vi a Saddam fue a fines de abril y estaba de muy buen ánimo", dijo Duleimi, de acuerdo a un informe el domingo de la Associated Press. No quedó claro si Duleimi se había reunido con Hussein antes o después de que se le dijera que sería sometido a un juicio preliminar.
Desde que fuera capturado, mucho sobre las circunstancias de Hussein han sido obscuras. Funcionarios norteamericanos han dicho que fue retenido en Camp Cropper, un centro de detención especial cercano al aeropuerto de Bagdad.
Pero un abogado jordano, uno de los más de 30 abogados defensores extranjeros que la familia de Hussein en el exilio dice que ha contratado, dijo el mes pasado que Hussein le había contado a Duleimi que había pasado largos períodos fuera de Camp Cropper. Gran parte de su detención la ha pasado en otros lugares, a los que ha sido trasladado en aviones norteamericanos, que Hussein creía que estaban fuera de Iraq, dijo el abogado jordano Ziad Najdawi.
Najdawi dijo que Hussein no le había dicho a Duleimi dónde había sido retenido entre sus encuentros con Duleimi en Camp Cropper, las sesiones con los fiscales del tribunal especial, y las visitas que ha tenido Hussein de representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja con sede en Suiza. Hussein, dijo Najdawi, se comportó en sus reuniones con Duleimi como si creyera que sus conversaciones estaban siendo interceptadas electrónicamente, y, dijo Najdawi, como si sus carceleros norteamericanos le hubiesen prohibido hablar sobre dónde estaba retenido.
Pero Najdawi dijo que según otros indicios, que no especificó, el equipo de la defensa de Hussein creía que Hussein había sido trasladado a Qatar, un país del Golfo Pérsico, y base en Oriente Medio del Comando Central norteamericano, que es responsable de la guerra de Iraq, o posiblemente en la isla británica de Diego García en el Océano Índico en el sur.

Edward Wong contribuyó desde Baghdad, y Neil A. Lewis desde Washington.

6 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh

ricos en vaqueros


[Jennifer Steinhauer] Clases sociales, consumo y objetos del deseo.
Breachwood, Ohio. Eran las cuatro y media de la tarde, la dulce hora de las oportunidades en el centro comercial de Beachwood.
Los compradores entraban a las tiendas a la hora pique de antes de la cena, y las dependientas, como si manejasen una clave, empezaron el ritual de la venta al detalle: tratar de distinguir a los compradores de los mirones, los clientes con tarjeta de crédito platino de los que apenas pueden pagar sus mensualidades mínimas.

No es siempre fácil. Ellyn Lebby, una dependienta de Saks Fifth Avenue, dijo que tenía un cliente que compraba normalmente trajes de 3.000 dólares pero que "se ve como si hubiera estado parado fuera pidiendo limosna con una taza".
En Oh How Cute [Ah Qué Encantador], una boutique para niños, la propietaria, Kira Alexander, se fija en las uñas de los clientes. Una buena manicura es usualmente un signo de dinero. "Pero", concede Alexander, "yo no me hago las uñas y puedo comprar todo lo que quiero".
En la chocolatería Godiva, más abajo en el centro comercial, Mark Fiorilli, el administrador, ni siquiera se preocupa de saber quién tiene dinero. En el curso de unas horas, sus clientes fueron una joven con un anillo de diamantes gigante y un ex inspector de aviones que vive de una pensión de invalidez.
"No se puede presuponer", dijo Fiorilli.
Las clases sociales, que antes eran fáciles de detectar por el coche en la calle o el bolso en el brazo, se han hecho más difíciles de observar en las cosas que compran los norteamericanos. Ingresos en aumento, precios bajos y créditos fácilmente accesibles han dado a tantos americanos acceso a una gama tan amplia de artículos caros que los marcadores tradicionales de condición social han perdido gran parte de su significado.
Una familia firmemente anclada en la clase media puede poseer una televisión de pantalla plana, conducir un BMW y permitirse los chocolates caros.
Una familia rica sólo puede empañar la imagen algo más comprando vino en Costco y toallas de baño en Target, que durante años ha llenado sus estanterías con artículos de alta calidad.
Entretanto, todos parecen estar fundiéndose en una masa sin clase, desechando la ropa elegante más vistosa y llevando informales vaqueros y chandales. Cuando el vice-presidente Dick Cheney, un hombre rico por derecho propio, asistió a una ceremonia en enero en Polonia para conmemorar la liberación de los campos de exterminio nazis, llevaba una parka.
Pero los símbolos de status no han desaparecido. A medida que el lujo se hace más popular, el mercado se ha hecho simplemente mejor, ofreciendo artículos cada vez más caros y lanzándolos a los cada vez más altaneros ricos. Este es un Estados Unidos de Hummers de 130.000 dólares y conjuntos de brazaletes de tenis con diamantes para madre e hijo de 12.000 dólares, de vaqueros de 600 dólares, cortes de pelo de 800 dólares y resbaladizas revistas nuevas con anuncios de botellas de vino a 400 dólares.
Luego existen las nuevas etiquetas de consumo de calidad que puede ser menos conspicuas pero no menos potentes. Cada vez más los más ricos del país gastan su dinero en servicios personales o experiencias exclusivas y se aíslan de las masas de modos que van más allá de edificios amurallados.
Estos estadounidenses emplean a unos 9.000 chefs personales, de unos 400 hace 10 años, de acuerdo a la Asociación Americana de Chefs Personales. Están reservando los destinos de vacaciones más exóticos, a menudo en aviones privados. Visitan a los cirujanos plásticos y dermatólogos para caras y frecuentes intervenciones cosméticas. Y están enviando a sus niños a clases particulares de matemáticas a 400 dólares la hora, campamentos de verano en castillos franceses y cursos intensivos sobre el manejo del dinero.
"Si alguien tiene o no una televisión con pantalla plana te dirá menos que si observas los servicios de los que hacen uso, dónde viven y el control que tienen sobre el trabajo de otras personas, de los que trabajan para ellos", dijo Dalton Conley, autor y sociólogo de la Universidad de Nueva York.
Los bienes y servicios han sido siempre instrumentos para medir la condición social. Thorstein Veblen, un economista político que acuñó la frase "consumo conspicuo" a principios del siglo pasado, observó que era la rica "clase ociosa", por su "manera de vivir y valores", la que fijaba las normas para todos los demás.
"La observación de esas normas", escribió Veblen, "en algún grado de aproximación, se impone sobre todas las clases más abajo en la escala".
Así es hoy. En un sondeo reciente del New York Times, un 81 por ciento de los norteamericanos dijeron que habían sentido la presión social para comprar artículos más caros.
Pero lo que Veblen no pudo anticipar es de dónde proviene alguna de esa presión, dice Juliet B. Schor, profesora de sociología del Boston College que ha escrito ampliamente sobre la cultura del consumidor. Mientras los ricos pueden haber fijado siempre las normas, dijo la profesora Schor, la competencia social real tomaba lugar en gran parte a nivel de vecindario, entre gente más o menos de la misma clase.
Sin embargo, dijo que en los últimos 30 años, a medida que la gente empezaba a aislarse cada vez más de sus vecindarios, un bombardeo de revistas y programas de televisión celebrando los juguetes y símbolos de los ricos han fomentado todo un nuevo nivel de deseos a través de las clases sociales. El "deseo horizontal", codiciar las cosas de un vecino, ha sido remplazado por el "deseo vertical", ansiando las cosas de los ricos y los poderosos vistos por televisión, dijo la profesora Schor.
"El viejo sistema era mantenerse a la altura de los Jones", dijo. "El nuevo sistema es mantenerse al día con los Gates".
Por supuesto, sólo otros multimillonarios lo pueden hacer. La mayoría de los norteamericanos están observando del otro lado de una creciente brecha de ingresos entre ellos y los muy ricos, haciendo los deseos verticales todavía menos realistas. "Hay una brecha más grande entre la persona promedio y sus ambiciones", dijo la profesora Schor.
Pero otros que estudian la conducta de los consumidores dicen que querer y obtener bienes materiales no es solamente un ejercicio en competitividad. En esta visión, los americanos se preocupan menos de imitar a las primeras filas que simplemente tener una parte justa de la riqueza y una posibilidad de hacerse un lugar en la sociedad.

"A la gente le gusta tener cosas, y las cosas son buenas para la gente", dijo Thomas O'Guinn, profesor de publicidad en la Universidad de Illinois, que ha escrito libros de texto sobre márketing y consumo. "Una cosa que trajo la modernidad fueron todo tipo de identidades, la capacidad de la gente para elegir lo que quiere ser, cómo presentarse a sí mismos, qué tipo de estilo de vida te gusta. Y lo que consumes no se puede separar de eso".

Precios Más Bajos, Deudas Más Altas
En todo el centro comercial de este suburbio de clase alta de Cleveland, los artículos caros seguían: monos de algodón por 80 dólares, velas aromatizadas por 40 dólares en Bigelow Pharmacy. Y en todas partes se oía el sonido de los celulares, uno con su musiquilla de salsa, otro con acordes de Brahms.
Pocos artículos de consumo ilustran mejor la democratización del lujo que el celular, inmortalizado alguna vez como el juguete supremo de la exclusividad por Michael Douglas cuando daba vueltas en la película ‘Wall Street', de 1987, gritando en uno del tamaño de un cojín.
Ahora uno de dos americanos usa un celular; el año pasado, había 176 millones de subscriptores, casi ocho veces más que los usuarios de hace una década, de acuerdo a la firma de investigaciones de mercado IDC. La cantidad ha subido enormemente debido a que los precios correspondientemente han bajado en picado, a un octavo de lo que costaban hace 10 años.
El patrón es familiar en los aparatos electrónicos. Lo que comienza como un producto caro -un ordenador portátil, un reproductor de DVD- pasa poco a poco al mercado masivo a medida que bajan los precios y sube la producción, en gran parte debido a los baratos costes de trabajo en los países en desarrollo que fabrican crecientemente estos artículos.
Esa especie de "encargo global" ha tenido un impacto similar en todo el mercado norteamericano. Los precios de la ropa, por ejemplo, apenas han subido en la última década, mientras los precios en los grandes almacenes cayeron en general un 10 por ciento entre 1994 y 2004, dice el gobierno federal.
Incluso en lugares donde los precios de los artículos de lujo siguen siendo prohibitivamente altos, algunos fabricantes han desarrollado estrategias para incluir a más clientes, apuntando hacia los consumidores de clase media, cuyos ingresos generalmente han subido en los últimos años; el ingreso familiar medio en Estados Unidos creció un 17.6 por ciento entre 1983 y 2003, cuando fue reajustado con la inflación.
Un modo en que los fabricantes de coches de lujo explotaron este mercado fue introduciendo versiones más baratas de sus coches, tratando de atraer a los compradores jóvenes y menos prósperos con la esperanza de que puedan acceder a modelos más prestigiosos a medida que aumentan sus ingresos.
Mercedes-Benz, BMW y Audi ya están ofreciendo coches a 30.000 dólares y ahora piensan introducir modelos que se venderán por unos 25.000 dólares. Los coches de lujo son el segmento de más rápido crecimiento de la industria.
"La nueva gran tendencia que se está desarrollando en Estados Unidos es el coche ‘sublujoso'", dijo David Thomas, editor de Autoblog, una guía de coches online. "El verdadero reto ahora es bajar un peldaño más, pero los fabricantes de coches no dirán nunca un peldaño más ‘abajo'".
La industria de los coches de lujo es solamente una de las que hecho sus productos más accesibles a la clase media. La industria de los cruceros, en el pasado asociada con la capa superior, es otra.
"La rama de los cruceros ha evolucionado totalmente", dijo Oivind Mathisen, editor del boletín Cruise Industry News, "y se convirtió en un negocio que satisface a los ingresos moderados". El fragmento lujoso sólo comprende un 10 por ciento del mercado de cruceros ahora, dijo Mathisen.
Sin embargo, los viajes en crucero de hoy continúan haciendo sus negocios sobre los vestigios de su mística de clase alta, incluso cuando ofrece entretenciones como patinaje sobre hielo a bordo y escalada. Aunque la cena con el capitán son cosas del pasado, los buques todavía miman a los pasajeros con gimnasio, boutiques y sofisticados restaurantes.
Todo eso se puede obtener por un promedio de 1.500 dólares por persona por semana, un precio que casi no ha cambiado en los últimos 15 años, dijo Mathisen. La industria ha mantenido los precios bajos en parte comprando barcos más grandes para acomodar a una clientela más amplia.
Pero los precios accesibles no son la única razón por la que el mercado está empañado. Los americanos se han cargado de juguetes caros en gran parte gracias a préstamos y tarjeta de crédito. Ahora tienen una deuda de unos 750 billones de dólares, de acuerdo a la Reserva Federal, seis veces más que hace dos décadas.
Ese gran salto se puede trazar en parte al explosivo crecimiento de la industria del crédito. En los últimos 20 años, la industria se ha mostrado cada vez más indulgente sobre a quién prestar dinero, más sofisticada a la hora de evaluar los riesgos de crédito y cada vez más generosa sobre cuánto prestar a la gente, mientras esos clientes estuvieran dispuestos a pagar tarifas más altas y a correr el riesgo de vivir endeudados.
Como resultado, para tomar un ejemplo, millones de americanos que no podrían haber soñado con comprar una casa propia hace dos décadas, lo están haciendo ahora en números nunca visto antes debido a un agudo descenso de las tasas de interés hipotecario y la creación de una industria prestamista de segunda calidad, que otorga crédito a altos costes a gente de bajos ingresos.
"Los acreedores adoran el término ‘democratización del crédito'", dijo Travis B. Plunkett, el director legislativo de la Federación de Consumidores de América, un grupo de defensa de los consumidores. "En general, ciertamente ha tenido un efecto positivo. Muchas familias que nunca tuvieron crédito antes, lo tiene ahora. El problema es que ahora hay una avalancha de créditos disponibles para muchas familias económicamente vulnerables y extendidos de una manera imprudente y agresiva en muchos casos sin pensar en las implicaciones. Los acreedores dicen que ha empujado a la economía hacia adelante, y ayudado a muchas familias a mejorar su situación económica, pero omiten hablar sobre la otra mitad de la ecuación".

La Respuesta de los Comerciantes
Los marketers han tenido que ajustar sus estrategias en este fluido mundo del consumo. Donde antes apuntaban sus anuncios principalmente hacia un grupo básico de clientes -hombres que ganaban entre 35.000 y 50.000 dólares al año, digamos-, ahora están cada vez más refinando sus esfuerzos, tratando de identificar los intereses y gustos y nivel de ingreso de clientes potenciales.

"La dinámica del mercado ha cambiado", dijo Idris Mootee, un experto en márketing de Boston. "Normalmente estaba claramente definido cuánto podías gastar. Antes, si pertenecías a algún grupo, tú comprabas en el Wal-Mart y comprabas el café más barato y las zapatillas más baratas. Ahora, la gente puede comprar las marcas más baratas de artículos de consumo, pero todavía quieren café Starbucks y un iPod".
Los comerciantes, por ejemplo, pueden estar mirando dos tipos de golfistas, uno de clase media baja, el otro rico, y saber que leen la misma revista de golf, ven los mismos anuncios y posiblemente compran un controlador de la misma calidad. La diferencia es que el primero estará derrochando y luego jugará en un club público mientras el otro no pestaña ante el precio y toma té en un club de campo privado.
Similarmente, una gerente de oficina de ingresos medios puede ahorrar su dinero para comprar un solo artículos de lujo, como una chaqueta de Chanel, la misma que lleva una ama de casa rica que tiene una docenas de otras parecidas en su casa de 2.5 millones de dólares.
Los marketers también saben que los compradores de hoy tienen prioridades imprevisibles. Robert Gross, que estaba paseando por el centro comercial de Beachwood con su hijo David, dijo que no podría vivir sin su crucero anual. Gross, 65, también aprecia sus dos anillos de diamantes en el meñique, sus perchas con suéteres de cachemir y su Mercedes CLK 430. "Mi matrícula dice BENZABOB", dijo. "¿Te dice eso que tipo de persona soy?"
Pero la predilección por las cosas lujosas no detuvieron a Gross, contable, de burlarse de que David pagara 30 dólares por una caja de chocolates Godiva para su esposa. El viejo Gross había ido a un fabricante de chocolates local. "Fui a Malley's", dijo, "y compré mi chocolate a mitad de precio".
Sin embargo, prácticamente ninguna compañía que se haya construido una reputación como distribuidora de artículos de lujo querrá perder su posición en ese territorio, incluso si baja los precios de algunos artículos y vende a una audiencia más amplia. Si un producto caro se ha deslizado en el mercado masivo, otro nuevo tomará su lugar en la cima.
Hasta principios de los años noventa, Godiva vendía solamente en Neiman Marcus y otras pocas tiendas elegantes. Hoy es una de esas compañías cuyos clientes provienen de todos los puntos del espectro económico. Sus caramelos se pueden encontrar ahora en 2.500 puntos de venta, incluyendo las tiendas de postales Hallmark y grandes almacenes en el mercado medio como Dillard's.
"La gente quiere participar en nuestra marca porque somos un lujo accesible", dijo Gene Dunkin, presidente de Godiva North America, una unidad de la Compañía de Sopas Campbell. "Entre 1 y 350 dólares, con un increíble surtido de lujo, damos la impresión de ser un producto muy caro".
Pero la compañía está tratando simultáneamente de aferrarse al verdadero mercado de lujo, que ha sido crecientemente seducido por artesanos chocolateros pequeños y caros, muchos de Europa, que se están instalando en el país. Hace dos años, Godiva introdujo su línea más cara, ‘G', chocolates hechos a mano que se venden a 100 dólares el medio kilo. Hoy está disponible solamente durante la temporada de vacaciones y sólo en tiendas selectas.

Nuevos Símbolos de Posición
Mientras el resto de Estados Unidos parece estar poniéndose al día con los Jones, los Jones ricos ya se han mudado.
Algunos han desaparecido de la vista, comprando casas más grandes y más lujosas en vecindarios cada vez más aislados del resto de los norteamericanos. Pero la verdadera medida de la clase alta hoy está en los servicios personales con que se consienten.
El profesor Conley, sociólogo de la Universidad de Nueva York, se refiere a estas etiquetas menos tangibles de posición social como "bienes posicionales". Por ejemplo, una pareja que contrata a un niñeras para recoger a los niños de la escuela porque los dos trabajan, dijo. Su posición sería en general más baja que la pareja que recoge ella misma a los niños, porque la segunda pareja tendría suficiente poder adquisitivo para permitir que un padre se quede en casa mientras el otro trabajo.
Pero la segunda pareja ocuparía en realidad el segundo peldaño en esta jerarquía de después de la escuela. "En el grupo, encima de todos están los padres que tienen una nana", dijo Conley.
La posición social entre la gente de las capas superiores, dijo, "es el tiempo que se gasta en esperarlos, en ser atendido en las manicuras, es cuánta gente trabaja para ellos". Desde 1997 hasta 2002, los ingresos por servicios de cuidado del pelo, uñas y piel saltaron un 42 por ciento en todo el país, muestran datos de la Oficina de Censos. Los ingresos descritos por la oficina como "otros servicios personales" aumentaron en un 74 por ciento.
En realidad, en algunos casos, los servicios y experiencias han remplazado a los objetos como verdaderos símbolos de una alta posición. "Cualquiera puede comprar un coche caro fuera de serie", dijo Paul Nunes, que escribió ‘Mass Affluence' con Brian Johnson, un libro sobre estrategias de mercado. "Pero ahora la gente compite más por los estilos de vida. Se trata de qué campos deportivos son visitados por tus niños y cuán a menudo, dónde sales de vacaciones, incluso lo a menudo que haces cosas como trabajar para Habitat for Humanity, que es un gasto caritativo por el que la gente puede competir".
En las ciudades más grandes del país, servicios de otro modo prosaicos se han transformado en símbolos de posición social debido simplemente a la etiqueta del precio. El año pasado en Nueva York un salón de belleza introdujo un corte de pelo de 800 dólares, y una restaurante japonés, Masa, inauguró un menú fijo de 350 dólares (sin incluir impuestos, propinas y bebidas). La experiencia no trata de una buena cena, ni incluso de una cena exquisita; se trata de un encuentro transformador en un ambiente tipo Zen, con un chef que decide qué comer y a qué ritmo. Y se trata finalmente de exclusividad: hay sólo 26 sillas. Hoy, uno de los símbolos de status más anhelados en Nueva York es una reservación en Masa.
Y así es como funciona el mercado, dice Conley. Por cada objeto de deseo, pronto aparecerá otro al lado, haciendo subir incluso más las aspiraciones.
"La clase ahora es realmente como un juego de carteta", dijo. "En el momento en que el aspirante de posición baja piensa que ha encontrado la nuez debajo de la cáscara, en realidad la nuez se ha deslizado y se da cuenta de que ha llegado demasiado tarde".
new york times
5 de junio de 2005
29 de mayo de 2005
©
©traducción mQh

entrar y salir de iraq


[Marjorie Miller] Desde la llegada hasta el despegue, un viaje a Bagdad es un introducción a la inseguridad y luchas de un país.
Bagdad, Iraq. El vuelo desde Iraq ha sido impedido por una tormenta de arena. El cielo está opaco, amarillo ámbar, y los viajeros matan el tiempo hablando de armas.
A un bien conocido líder político sunní de viaje al Líbano le gusta la liviana Glock alemana. La puede meter en el cinturón de sus pantalones. Su amigo, un contratista estadounidense, prefiere la Beretta italiana, un arma más fiable. Señala hacia la ventana, hacia el cegador polvo de arena.
"¿Te imaginas lo que le hace eso a un arma?", dijo el norteamericano.
A medida que las horas pasan y el tiempo se niega a aclarar, el iraquí recorre el rosario con sus dedos. El americano se mece sobre sus talones. El avión todavía está en Jordania, a dos horas.
"¿Te conté que trataron de matarme con un terrorista kamizake?", pregunta el iraquí a su amigo americano.
"No, no me lo has contado".
"Murieron dos de mis guardaespaldas", dice.
El iraquí, que pide no ser identificado, es un participante activo. Se comunica con líderes políticos y religiosos chiíes. Conoce a los americanos y a Ahmad Chalabi, un antiguo aliado de Estados Unidos. Sabe quién es quién entre los jeques sunníes, y quién sabe a quién más conoce.
"Sí, bueno, quieren matarte. Probablemente te quiere matar un montón de gente", dice el norteamericano.
Es principios de mayo y sólo he estado en Bagdad unos días y un par de atentados con bomba, pero ya entiendo el paralizante efecto de la violencia dominante. Mi vuelo hacia Bagdad con la Royal Jordanian ha hecho el aterrizaje sacacorchos exigido para eludir cualquier proyectil de los insurgentes. Un asistente de vuelo anunció después que los pasajeros debían permanecer sentados hasta que el avión se detuviera completamente y no abrir los compartimientos de arriba "por su propia seguridad".
Me reí entre dientes. Un golpe en la cabeza con un bolso de mano parecía la menor de mis preocupaciones con la mortífera carretera del aeropuerto y la ciudad infestada de bombas que me esperaban más allá. Pero nadie parece ver la ironía. Los otros pasajeros miraron hacia adelante, con los cinturones obedientemente ajustados.
En Bagdad me movilicé en la parte de atrás de un coche blindado cuyas gruesas ventanas me separaban de las tiendas de kebab, cafeterías y tenderetes de frutas con brillantes manzanas rojas que podía ver pero no tocar, como en un sueño. Para mi viaje de vuelta al aeropuerto me puse una abaya negra y un pañuelo de cabeza, de modo que si alguien miraba por la ventana del coche no vería inmediatamente a una mujer occidental.
Pero entonces me puse paranoica. Me pregunté si el hombre que encendía un cigarrillo junto a la carretera del aeropuerto quería simplemente fumar o era una señal para los insurgentes, si el niño que arreaba a las ovejas era un pastor o un vigía.
En el primer puesto de control del aeropuerto, me bajé del coche para que me revisaran, lo mismo que mis maletas. Mujeres laicas iraquíes que se dirigían al aeropuerto miraban mi tenida musulmana. No les gusta la islamización de Iraq, y peligro o no peligro, no les gustó mi abaya. Me la saqué en el aeropuerto, y cuando una de las mujeres que trabaja en el mostrador de billetes divisó mi tenida Eileen Fisher, gritó: "¡Ahora sí te ves guapa!"
El aeropuerto está abierto para los iraquíes que muestran un pasaporte y un billete, pero hoy la mayoría de los pasajeros que esperan en el vestíbulo iluminado por tubos fluorescentes grises y verdes son contratistas norteamericanos con polvorientas botas y bolsas colgando del cuello con chapas del ministerio de Defensa. Hacen la cola de vuelos alquilados por KBR, la subsidiaria de Halliburton, a lugares como Tikrit e Irbil.
Algunos de ellos son veteranos de guerras pasadas, antiguos soldados y otros viajeros en Panamá, Somalia y el Kosovo. Comen los chatos bocadillos iraquíes y beben tazas de un fuerte y azucarado café que los podría poner a volar sin avión.
La charla se vuelca hacia la política. El contratista americano y su amigo iraquí están frustrados. Las cosas en Iraq salieron mal desde el principio, dicen, cuando Estados Unidos no logró impedir el saqueo después de la caída de Saddam Hussein, decidió desmovilizar el ejército iraquí y se negó a entregar inmediatamente el poder a los iraquíes.
El gobierno norteamericano permitió que la liberación se transformara en ocupación, dicen, y está todavía pagando el precio de ese error. En su opinión, la violencia no está disminuyendo. El gobierno iraquí de transición será un fracaso. La continuada violencia terminará en una guerra civil.
Un día antes yo había visitado la llamada Zona Verde, que comprende las instalaciones norteamericanas y la sede del gobierno, donde me dijeron que las cosas en Iraq estaban mejorando.
La amurallada Zona Verde conjura imágenes de Oz, pero es camuflaje de desierto antes que esmeralda. Entrar es pasar capas y capas de barricadas de seguridad, de torres de vigilancia y tanques blindados con torrecillas, de revisiones personales y del coche, de escáneres ruidosos, y de miradas escudriñadoras. Los guardias son gurkas y georgianos, muchos de los cuales no hablan ni árabe ni inglés.
El teniente coronel Fred Wellman ofreció un refresco y una muestra de diapositivas de las elecciones del 30 de enero. Fue una emotiva presentación con acompañamiento musical de hombres y mujeres en colas separadas y serpenteantes para votar en las primeras elecciones libres de su vida. Tuvo la entusiasta sensación de un anuncio de campaña. Votante tras votante levantaban el dedo púrpura untado en la tinta en una inspiradora demostración de voluntad popular.
"No hubo problemas en ninguno de los colegios electorales", dijo Wellman, orgullosamente.
Funcionarios norteamericanos en la Zona Verde estaban de especial buen humor ese día porque al final, más de tres meses después de las elecciones, los iraquíes habían completado la formación del nuevo gobierno con la elección de un ministro de defensa sunní. Las cosas estaban mejorando, dijeron.
"Si mantenemos el curso, podemos hacerlo", se entusiasmó un funcionario norteamericano que, como la mayoría de los norteamericanos en la Zona Verde, habló a condición de no ser identificado. "Ciertamente veo el camino adelante. Creo que las tropas iraquíes harán mejor su trabajo y creo que la resistencia se va a dividir".
Wellman dijo que unas 162.000 tropas iraquíes habían sido adiestradas y equipadas por Estados Unidos y fuerzas aliadas. Esta es la ‘iraquización' de la guerra, la entrega gradual de la guerra y la seguridad a la que será una fuerza estimada en 300.000 soldados y policías iraquíes.
Entretanto un oficial explicaba con impasible seriedad su creencia de que los iraquíes eran diferentes a nosotros. Ellos se lo dijeron. Los iraquíes tienen más hijos que los americanos, dijo. Si un niño muere, por supuesto se entristecen, pero tienen otros. Incluso puede tomar una segunda esposa para tener más hijos.
Una expresión de horror surcó brevemente mi cara. Las bombas explotan casi todos los días, en ocasiones varias veces al día en Bagdad y en el resto del país. Por lo que he visto, cuando muere un iraquí, las madres, padres e hijos lloran de dolor. En mayo solamente han muerto más de 450 civiles iraquíes.
El oficial dijo que este era un período inusualmente malo. Las semanas anteriores habían estado bastante tranquilas mientras los insurgentes se hacían con coches-bomba y reunían a los terroristas kamikaze extranjeros, muchos de los cuales son drogados como ovejas llevadas al matadero, dijo. Pero pronto se les acabarán las bombas. En unas semanas todo volverá a la tranquilidad, dijo.
En el aeropuerto les cuento sobre el optimismo que vi en la Zona Verde sobre la formación del nuevo gobierno, y del nuevo ministro de Defensa sunní, Saadoun Dulaimi. Los sunníes ahogan una risa. El ministro del Interior es un chií, dice. Ahí es donde está el poder.
"El ministro del Interior es un agente iraní", dice. Los americanos no entienden.
El cielo empieza a aclarar un poco. Oímos que el avión ha despegado de Jordania y que llegará a las 4 de la tarde. El aeropuerto cierra a las cinco, así que tenemos justo una hora para abordar y partir. De otro modo, tendremos que volver por la carretera del aeropuerto, de vuelta a los escombros que han causado las bombas en Bagdad.
Finalmente se anuncia el vuelo hacia Jordania. Saldrá a las 4:40 de la tarde. Veinte minutos antes se consideraba que volar era muy peligroso.

1 de junio de 2005
28 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh