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[Manuel Roig-Franzia y Juan Forero] Ayuda de Estados Unidos busca atacar a grupos de narcotraficantes mexicanos.
Ciudad de México, México. El gobierno de Bush está cerca de cerrar un importante acuerdo de ayudas de varios años para combatir a los carteles de la droga en México que sería la mayor iniciativa antinarcóticos norteamericana en el extranjero desde la aplicación del programa en Colombia hace siete años, de cinco mil millones de dólares, de acuerdo a legisladores estadounidenses, asesores del Congreso y autoridades mexicanas.
Los negociadores para México y Estados Unidos han hecho importantes progresos para el logro de un acuerdo sobre un plan de ayuda que incluiría equipos para interceptaciones telefónicas, radares para identificar embarques aéreos de los traficantes, aviones para transportar equipos antidroga mexicanos y adiestramiento, según algunas fuentes. Siguen planteándose preguntas delicadas -principalmente sobre las sensibilidades mexicanas sobre el nivel de actividades norteamericanas en suelo mexicano-, pero hay altas expectativas de que el acuerdo se selle pronto.
"Estoy seguro de que vamos a gastar cientos de millones de dólares", dijo en una entrevista el representante Henry Cuéllar (demócrata de Texas). "Si queremos tener éxito en erradicar ese cáncer allá, tendremos que invertir fuertemente".
Cuéllar, que ha propuesto legislar para aumentar la ayuda a México, predijo que el acuerdo se anunciaría tan pronto como el veinte de agosto, cuando se espera que el presidente Bush se reúna con el presidente mexicano Felipe Calderón y el primer ministro canadiense, Stephen Harper, en Quebec. Una fuente del gobierno mexicano advirtió que no conviene especular sobre un calendario exacto, pese a los ‘avances' en las conversaciones.
Los planes están siendo discutidos en momentos en que México lucha por contener una guerra entre importantes carteles de traficantes que se ha cobrado más de tres mil vidas el año pasado y ha horrorizado a los mexicanos con imágenes de decapitaciones y asesinatos filmados en video. Calderón ha impresionado a los funcionarios norteamericanos con la extradición a Estados Unidos de un número récord de sospechosos de narcotráfico y enviando más de veinte mil soldados y agentes de la policía federal para combatir a las organizaciones de narcotraficantes, pero la iniciativa no ha logrado detener la violencia.
El paquete de ayuda antidrogas representa un importante cambio en las relaciones después de años de tensiones y sospechas mutuas entre las agencias policiales a ambos lados de la frontera. "Es asombroso", dijo un asesor republicano que trabaja en temas de política antidrogas. "Es un reconocimiento real de que Calderón tiene un problema. Y su éxito o fracaso tendrá consecuencias aquí. Los días de las acusaciones mutuas han terminado".
El asesor, que habló a condición de conservar el anonimato, dijo que cree que el plan será bien recibido en Washington una vez que sea presentado.
En México, las autoridades han rehuido hablar en público sobre el plan, preocupadas de que las sospechas en el país sobre la intervención norteamericana provoquen un amplio rechazo entre los mexicanos. El gobierno de Bush ha estado trabajando discretamente en la propuesta, tan discretamente que algunos en el Congreso están empezando a quejarse del secretismo.
"¿A quién ayudará el Congreso, en qué términos y condiciones, y cómo sabe el Congreso que la ayuda no terminará en los bolsillos de la gente que está implicada en este tipo de delitos?", preguntó Tim Rieser, un importante asesor en política exterior del senador Patrick J. Leahy (demócrata de Vermont), que preside el subcomité de asignaciones para operaciones extranjeras del Senado. "Existe preocupación en los dos partidos sobre la ausencia de consultas significativas del gobierno de Bush con el Congreso. Ellos ven al Congreso como su cajero automático propio, no como una rama del estado a la par con el gobierno".
Persuadir a otros legisladores de que la ayuda es vital y no caerá en las manos equivocadas, dijo Cuéllar, "será toda una empresa comercial, o, dicho de otro modo, una empresa educativa". Asesores republicanos y demócratas dijeron que no está claro si el gobierno de Bush tratará de conseguir una asignación complementaria de emergencia para el presupuesto de ayuda exterior del próximo año o esperar el siguiente.
México parece estar echando los cimientos para concebir el plan no tanto como un paquete de ayuda, sino como una consecuencia de los problemas que enfrenta Estados Unidos en relación con el consumo de drogas en el país. Calderón, normalmente un precavido orador, ha llamado severamente a Estados Unidos a pagar más para combatir a los carteles.
"El lenguaje que usan es que Estados Unidos tiene una gran responsabilidad en este problema", dijo Ana María Salazar, ex funcionaria antinarcóticos de alto rango del gobierno de Clinton que estuvo involucrada en la implementación del programa financiado por Estados Unidos en Bogotá, conocido como Plan Colombia.
Los legisladores norteamericanos, que enfatizaron que la iniciativa para México no se basa en el Plan Colombia, han estado viajando a México para reunirse con legisladores aquí con la esperanza de aliviar los temores. "Estamos por primera vez en la historia frente a u congreso mexicano que se muestra más comprometido, más dispuesto y capaz de ser un socio del gobierno norteamericano, y están haciendo preguntas sobre cuáles son las políticas del presidente, qué necesitan las autoridades, y cuáles son las implicaciones de trabajar tan estrechamente con Estados Unidos", dijo en una entrevista el representante Silvestre Reyes (demócrata de Texas). "Hemos sido vecinos y aliados, pero esto coloca esa relación en otro nivel".
En una entrevista, Thomas Shannon, subsecretario de estado para el Hemisferio Occidental, se negó a comentar detalles del plan. Pero observó que Bush se ha reunido recientemente con Calderón y otros presidentes centroamericanos para discutir modos de colaboración en la lucha contra traficantes y bandas dedicadas al narcotráfico que asolan la región.
América Central es un importante punto de embarque de la cocaína colombiana que llega por mar; los carteles mexicanos canalizan toneladas de cocaína, marihuana y metanfetamina hacia el otro lado de la frontera en Estados Unidos.
"Nosotros tres, Estados Unidos, México y los países de América Central teníamos que encontrar un modo de coordinar nuestras actividades y mejorar la colaboración y desarrollar una estrategia regional para combatir los problemas que enfrentamos", dijo Shannon.
El gobierno mexicano tiembla ante las comparaciones con Colombia, que, a diferencia de México, es un país enfrascado contra una guerra de guerrillas por más de cuarenta años y es el mayor productor de cocaína del mundo. Como parte del Plan Colombia, que empezó en 2000, Estados Unidos ha proporcionado a Colombia helicópteros Black Hawk, tecnología de recolección de datos de inteligencia, adiestramiento para militares, policías y agentes de inteligencia, y una flota de avionetas fumigadoras que ayudan al gobierno colombiano a combatir contra las guerrillas marxistas y a destruir las plantaciones de coca. Aunque ese programa ayudó al presidente Álvaro Uribe a reducir la violencia, sus críticos han dicho que no ha cumplido con su objetivo inicial de dar un golpe mortal al negocio de la cocaína.
Las autoridades mexicanas se muestran recelosas de permitir la entrada de militares norteamericanos al país, incluso para propósitos de adiestramiento, debido a las heridas históricas que datan de la Guerra Mexicano-Americana de 1846-48. Maureen Meyer, analista de política exterior para la Oficina Washington sobre América Latina, dijo que la policía antinarcóticos mexicana tiene toda una historia de adiestramientos discretos con especialistas norteamericanos. Pero un adiestramiento a gran escala en suelo mexicano es otro asunto, dijo.
"Eso sería el punto más polémico, con respecto al Congreso mexicano y entre los mexicanos en general", dijo.
Esa duda podría impedir que los especialistas estadounidense vayan a México a dictar cursos de adiestramiento para soldados y policías, así como para jueces y fiscales. Muchos oficiales norteamericanos dicen que esa flexibilidad es vital para el plan.
"¿Cómo damos asistencia sin que los mexicanos se sientan incómodos?', preguntó Cuéllar. "Esa es la cuerda floja que tenemos que atravesar".

Forero informó desde Bogotá, Colombia.

12 de agosto de 2007
7 de agosto de 2007
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balneario invadido por la violencia


[Manuel Roig-Franzia] Próspero puerto mexicano es invadido por la violencia relacionada con las drogas.
Monterrey, México. Biti Rodríguez podría haber ido a cualquier lugar para celebrar su décima fiesta de cumpleaños. Pero Incredible Pizza le ofrecía algo que, repentinamente, se había convertido en una consumidora obsesión: seguridad.
Arreó a su hija, Alejandra, y una docena de otras niñas tímidas a través de dos detectores de metal una tarde hace poco a este local de pizzas que promete "increíble seguridad para sus hijos", y luego colocó los presentes en una mesa para que fueran revisados por un guardia. En realidad, le tomó un tiempo poder entrar, pero a Rodríguez no le había importado. Piensa que toda seguridad adicional está "super bien".
No hace mucho, los detectores de metal de la pizzería habrían sido inimaginables en Monterrey, el tercer área metropolitana de México, con más de 3.6 millones de habitantes. La ciudad de la que se pensaba que no podía irle nunca mal, fue hace dos años llamada la ciudad más segura de América Latina por un grupo consultor internacional, y se fanfarroneaba de ser el distrito residencial más rico de la región.
Pero el año pasado, la violencia que recorre México ha llegado imponentemente a Monterrey, incordiando a los vecinos que se sentían antes inmunes a los tiroteos tan corrientes en otras grandes ciudades mexicanas.
En los primeros seis meses de 2007, Monterrey registró 162 asesinatos, casi tanto como los registrados el año pasado y unos cincuenta más en 2004. Pero no fueron solamente los asesinatos los que conmocionaron a las mujeres como Biti Rodríguez de esta ciudad: era también el descaro de los asesinos.
Un asesino a sueldo entró tranquilamente al histórico restaurante Gran San Carlos, pasó frente a los característicos cabritos asados que cuelgan tradicionalmente y mató a balazos al hombre sentado a una mesa debajo de una cúpula de vitrales. Un grupo de hombres armados lanzaron ráfagas de balas contra una popular marisquería a la hora pique del almuerzo y agentes de policía fueron acribillados a plena luz del día.
Los asesinatos provocaron escalofríos de terror. Los diarios publican ahora conteos diarios de los asesinatos. Un hotel de carretera anuncia cuartos a prueba de balas. Los coches fuertemente blindados se han convertido en un nuevo símbolo de estatus, con jefes de la industria luciéndose en sedanes Mercedes-Benz de cuatrocientos mil dólares que resisten no solamente balas sino también granadas. En el suburbio de San Pedro Garza García, donde los palacios en las colinas rivalizan con las mansiones de Beverly Hills, ha nacido un nuevo dicho: "No hay martes sin asesinatos".
"Ya no sé puede decir que Monterrey sea la ciudad más segura de México; eso sería una mentira", dijo Jesús Marcos Giacomán, presidente de la Cámara de Comercio y Turismo de Monterrey fundada hace 122 años, en una entrevista. "Puedo decir que la volveremos a convertir en la más segura".

Un Motor Económico
Monterrey se extiende entre los abrumadores y rocosos picos de Sierra Madre, a 209 kilómetros al sudoeste de McAllen, Texas. Destellantes torres forman su horizonte, y centros comerciales como los malls de Estados Unidos y restaurantes elegantes se extienden a lo largo de sus amplios bulevares.
Conocida como el ‘Sultanato del Norte' debido a su popularidad con los hombres de negocios de Oriente Medio, Monterrey se convirtió en una fuerza motriz después de que entrara en efecto el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica en 1994. El fabricante de cemento más grande del mundo, es también el mayor productor de cerveza de México y uno de los más importantes fabricantes de cristal del mundo. Importantes corporaciones estadounidenses tienen aquí enormes instalaciones.
En los últimos cinco años, Monterrey ha permanecido relativamente pacífica, mientras que los carteles de droga rivales de Sinaloa y el Golfo luchaban por el territorio en otras ciudades cerca de la frontera, como Nuevo Laredo. Pero algo más complicado ha pasado aquí en el último año, dijo Aldo Fasci Zuazua, subprocurador del estado de Nuevo Laredo en una entrevista en su despacho de Monterrey.
Por razones desconocidas, los barones locales de la droga que almacenan cocaína, metanfetaminas y marihuana para los grandes carteles, empezaron a pelear unos con otros, dijo Fasci. Sus cruentas batallas inquietaron a los carteles nacionales e internacionales que dependían de los pequeños operadores de Monterrey para canalizar toneladas de drogas en Estados Unidos.
Un negocio que se había estado desarrollando fluidamente durante años se convirtió rápidamente en un caos, y los carteles nacionales se sintieron obligados a entrar en Monterrey para "restablecer el orden", dijo Fasci. En el idioma del crimen organizado, eso quería decir asesinatos.

Se Instala el Miedo
Para abril, los asesinatos eran tan desenfrenados que la embajada estadounidense emitió un aviso de viaje para Monterrey, observando que "transeúntes mexicanos y extranjeros" habían sido asesinados en México. Al mes siguiente, la revista de negocios América Economía borró a Monterrey de la parte de arriba de la lista de las mejores ciudades donde invertir en América Latina, un golpe para una ciudad que cosechó una bonanza de publicidad en 1999, cuando la revista Fortune la apodó la mejor ciudad latinoamericana para hacer negocios.
A los pocos días del artículos de América Economía, el presidente mexicano Felipe Calderón envió tropas federales a las calles de Monterrey, en el marco de una serie de asaltos militares contra los bastiones de los carteles en todo el país.
Los ricos de Monterrey -se dice que la ciudad es el hogar de más de una docena de las familias más poderosas de México- estaban bien preparados para resistir a la violencia en sus calles. Importantes multinacionales empezaron a contratar a fuerzas de seguridad armadas. Los ejecutivos y sus familias viajan ahora en burbujas de protección rodeados de guardaespaldas y viven detrás de altas murallas equipadas con sensores de movimiento y cámaras.
Pero la clase media de Monterrey, el orgullo de un estado que se jacta de que su ingreso per cápita anual es de catorce mil dólares o el doble del ingreso promedio nacional, se desesperó. Biti Rodríguez se encoge cada vez que mira el telediario en la noche. En su barrio, los padres ya no dejan que sus niños se vayan caminando a la escuela. Los directores de escuelas endurecieron las reglas sobre quién puede recoger a los niños.
Las autoridades saben que las escuelas privadas aceptan el dinero de los narcotraficantes para educar a sus hijos, pero "no hay nada que pueda hacer el gobierno para evitarlo", dijo Fasci.
Rodríguez se sintió obligada a hacer algo que nunca había hecho antes: Empezó a cerrar sus puertas con cerrojo, en su casa en los suburbios de Monterrey.

Infiltración del Bajo Mundo
Con cientos de millones de dólares fluyendo a los bolsillos de los narcotraficantes, las autoridades de aquí sospechan que el crimen organizado se ha diversificado, invirtiendo en empresas criminales como secuestros y contrabando de inmigrantes ilegales así como negocios legítimos como la propiedad inmobiliaria.
El hampa ha infiltrado los gobiernos de los estados y municipales y las fuerzas policiales, dañando la confianza en las instituciones públicas, aunque se ha sacado de las calles a unos cuatrocientos agentes de policía corruptos. Un concejal aquí calculaba en doscientas mil las personas en el estado de Nuevo León -cinco por ciento de la población- que pueden estar involucradas directa o indirectamente en el comercio de drogas.
Los políticos locales, especialmente en las numerosas municipalidades de Monterrey, dicen que creen que ellos son los blancos. Una tarde reciente un concejal del municipio, que habló a condición de guardar el anonimato, dijo que se sentía "amenazado constantemente" y que incluso las decisiones menos importantes se convierten en complicados laberintos que pueden paralizar a los ayuntamientos, temerosos de ganarse la mala voluntad de los barones de la droga.
Para protegerse a sí mismo, realiza extensas investigaciones, examinando todos los escenarios posibles sobre el posible efecto dominó de sus votos. Pero esas pesquisas también conllevan riesgos. "Si empiezas a hacer este tipo de preguntas", dijo, "a veces los narcos se enteran y se ponen nerviosos".
Aunque podría comprarse un coche, no lo hace. Dijo que conducir el mismo coche lo hacía más fácil de localizar, así que a veces se sube a un taxi, a veces a un autobús. Su ruta hacia la oficina la cambia todos los días -le toma más tiempo, pero se siente más seguro.
Su municipalidad y otros en Monterrey sufren de escasez de policías, pues los agentes renuncian antes que arriesgar sus vidas en una época en que han muerto asesinados decenas de agentes. Las autoridades dicen que las víctimas van de polis buenos que se enfrentan a los carteles, hasta policías corruptos muertos en enfrentamientos entre carteles.
José Antonio Samaniego Hernández puede haber sido uno de esos policías buenos, dijo su familia en una entrevista. Sobrevivió un intento de asesinato, pero fue atacado tres meses después cuando salía de la destartalada casa donde vivía en un pequeño dormitorio con su mujer, su hija y su madre. Samaniego ese día se convirtió en una cifra: la víctima por ejecución número 33 de 2007, de acuerdo al diario Milenio.
Pero para Ana Calderón García, 15, él era el agente de policía de más abajo, el tipo en uniforme que se paraba a hablar con los niños. Era también uno de la media docena de agentes de policía que había conocido -sea porque eran vecinos o porque se hablaban en la escuela- que habían sido asesinados a balazos.
Sin haber oído nunca un balazo en su vida, dijo Calderón, se ha asustado dos veces por armas de fuego. Una noche cuando salía de un Wal-Mart, ella y sus amigas vieron los cuerpos de los dos policías asesinados en el suelo del aparcadero.
"Eso cambió mi vida para siempre", dijo. "Ahora siempre miro a mi alrededor, preguntándome si me dispararán".
Aunque la mayoría de las víctimas de tiroteos en Monterrey han sido presuntamente narcotraficantes, también han caído víctimas inocentes, entre ellas una madre de 42 años, de cinco hijos, en el fuego cruzado durante una balacera en diciembre.
Los niños del curso de Calderón, como los niños de muchos otros lugares, antes soñaban con llegar a ser agentes de policía, y se ponían uniformes para jugar el elegante juego de policías y ladrones. Pero ya no lo hacen.
Vive a tres cuadras de una funeraria y se cubre las orejas cuando oye ulular a las sirenas. Cada vez que lo hace, dice, se susurra a sí misma: "Otro muerto".

6 de agosto de 2007
3 de agosto de 2007
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tumba de emperador azteca


[Mark Stevenson] Arqueólogos localizan lo que creen que son las cámaras fúnebres de un emperador azteca.
Ciudad de México, México. Fue emperador en el apogeo de la civilización azteca, el último en completar su gobierno antes de la Conquista española. Pero la tumba de Ahuizotl no se había encontrado nunca. De hecho, no se ha encontrado ninguna cámara mortuoria de gobernantes aztecas. Pero arqueólogos mexicanos creen que eso finalmente ha cambiado.
Utilizando radar de subsuelo, han detectado cámaras subterráneas que podría contener los restos de Ahuizotl, que gobernó a los aztecas cuando Colón atracó en el Nuevo Mundo.
El hallazgo podría proporcionar una extraordinaria ventana a la civilización azteca. Ahuizotl fue un constructor, que extendió el dominio azteca hasta Guatemala.
Los relatos dejados por sacerdotes españoles sugieren que la zona era usada por los aztecas para incinerar y sepultar a sus gobernantes. Pero nunca se ha encontrado ninguna tumba de gobernantes aztecas, en parte debido a que los conquistadores españoles construyeron su propia ciudad encima del centro ceremonial azteca, colocando en su lugar estructuras coloniales que son históricamente demasiado valiosas como para removerlas y excavar.
Uno de esos edificios coloniales quedó tan estropeado tras el terremoto de 1985 que tuvo que ser demolido, dando finalmente a los expertos la primera oportunidad de examinar el sitio a un costado de la plaza del Zócalo en Ciudad de México, entre la Catedral Metropolitana y las ruinas de la pirámide del Templo Mayor.
Los arqueólogos dijeron a la Associated Press, que han localizado lo que parece ser una entrada de un metro ochenta por un metro ochenta a la tumba que se encuentra a unos cinco metros debajo. El pasaje está lleno de agua, piedras y lodo, obligando a los trabajadores a excavar cuidadosamente mientras cuelgan de correas. Las bombas mantienen bajo el nivel del agua.
"Lo estamos haciendo muy, muy lentamente... debido a que la responsabilidad es muy grande y queremos grabar todo", dijo Leonardo López Luján, el arqueólogo jefe del gobierno en el proyecto. "Esta es una situación totalmente nueva para mí, y no sé exactamente cómo se verá allá abajo".
En otoño esperan poder entrar a las cámaras interiores -un espacio de cielo bajo y húmedo- y descubrir las cenizas de Ahuizotl, que probablemente fue incinerado en una pira funeraria en 1502.
Para entonces, Colón ya había llegado al Nuevo Mundo. Pero el primer contacto de los aztecas con los europeos se produciría diecisiete años después, en 1519, cuando Hernán Cortés y su banda de conquistadores marcharon sobre el Valle de México y tomaron rehén al sucesor de Ahuizotl, su sobrino Montezuma.
El hijo de Ahuizotl, Cuauhtemoc, ocupó el lugar de Montezuma y dirigió la última resistencia contra los españoles en la batalla por Ciudad de México en 1521. Fue más tarde hecho prisionero y asesinado. Como Montezuma, se desconoce dónde está enterrado.
Debido a que no se ha encontrado nunca una tumba real azteca, los arqueólogos están literalmente excavando hacia lo desconocido. Los radares indican que la tumba tiene cuatro cámaras, y los científicos piensan que encontrarán toda una constelación de elaboradas ofrendas a los dioses.
"Debe haber sido sepultado en una ceremonia solemne y con abundantes ofrendas, como vasijas, adornos... y ciertamente algunos de sus objetos personales", dijo Luis Alberto Martos, director de estudios arqueológicos en el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.
La maldición de la tumba -el agua- también puede ser su salvación. López Luján dijo que la temperatura constante del agua pH-neutral en las cámaras inundadas, junto con la falta de oxígeno, refrena la descomposición de materiales como la madera y huesos que se han encontrado en otras excavaciones en torno a la pirámide, que fue lo único que quedó de la Conquista.
"Esto será un hallazgo importante para la arqueología azteca", dijo Michael Smith, arqueólogo de la Universidad del Estado de Arizona que no está relacionado con la excavación. "Será tremendamente importante porque proporcionará información directa sobre la realeza, la sepultura y el imperio que es difícil de obtener de otra manera".
Todos los indicios apuntan hacia Ahuizotl. El sitio yace directamente debajo de un enorme y recién descubierto monolito de piedra esculpido con una representación de Tlaltecuhtli, el dios azteca de la Tierra.
Descrito como una mujer con enormes garras y un chorro de sangre que corre hacia su boca mientras se agacha para parir, se creía que Tlaltecuhtli devoraba a los muertos, para darles nueva vida. El dios era tan horripilante, que los aztecas normalmente enterraban sus retratos boca abajo. Sin embargo, este estaba boca arriba.
En la garra de su pie derecho, el dios sostiene un conejo y diez puntos, lo que indica la fecha de ‘Diez Conejo' -1502, el año de la muerte de Ahuizotl.
"Nuestra hipótesis es precisamente que esta es probablemente la tumba de Ahuizotl", dijo López Luján.
Cualquier objeto relacionado con Ahuizotl enorgullecería enormemente a México. El país ha tratado en vano de recuperar artefactos aztecas como el ‘escudo de Ahuizotl', adornado con plumas, y el ‘penacho de Montezuma', que se encuentran en el Museo de Etnología de Viena, Austria.
"Imagine, este no era simplemente un funcionario de alto rango. Los aztecas eran la sociedad más poderosa de su época antes de la llegada de los españoles", dijo Martos. "Por eso es que la tumba de Ahuizotl es tan importante".

4 de agosto de 2007
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antigua tribu en encrucijada


[Manuel Roig-Franzia] Los huraños seri de México confrontan la inevitable marcha hacia el desarrollo.
Punta Chueca, México. Gloria Sesma sujeta con fuerza los duros tallos de un mimbre del desierto con sus incisivos, despojando a la planta de las blandas fibras que necesita para trenzar unas gráciles cestas.
El trabajo de toda la vida de Sesma le ha gastado sus incisivos, dejándolos convertidos en diminutos tocones, como los dientes de otras mujeres en esta remota aldea del Golfo de California, territorio de uno de los pueblos indígenas más hoscos, los indios seri. Ella y sus hijas adhieren a las técnicas tradicionales, de modo que puede tomar hasta diez meses nada más desfibrar y trenzar una sola cesta.
Pero la familia de Sesma también refleja las nuevas realidades de los seri, una tribu en una encrucijada. Mientras que ocho de sus hijos se casaron dentro de la tribu, el noveno -su hijo Ezekiel- irritó a la familia al romper con la tradición y marchándose, el año pasado, para casarse con una mujer desconocida.
Ahora el anhelo de aislamiento de los seri está siendo puesto a prueba. La inevitable marcha del desarrollo está obligando a los seri a hacer frente a cuestiones fundamentales sobre su futuro, cuestiones que ayudarán a determinar si una de las últimas tribus verdaderamente autónomas de México se funde con la sociedad mayor o se mantiene aislada del resto del mundo.
"La comunidad está atravesando por este crucial momento", dice Jay Roberts, profesor en el Earlham College, en Indiana, que estudia a los seri. "Son un caso de estudio de lo que está ocurriendo con los pueblos indígenas en todo el mundo".
Las dos aldeas de la tribu -Punta Chueca y Desemboque- yacen directamente en el camino de la más grande operación turística mexicana de los últimos veinticinco años. Según un plan todavía en curso, hoteles y condominios surgirán a lo largo del borde costero del mismo modo que otra generación de mexicanos transformaron Cancún y Acapulco, de los dos pueblos somnolientos que eran, en balnearios. Aquí el cambio parece inevitable, sea que el desarrollo perfore el territorio seri o simplemente se extienda hasta sus bordes.
Los seri controlan más de 1.165 kilómetros cuadrados de una paradisíaca línea costera donde han recolectado cangrejos, recorrido el desierto a la búsqueda de plantas medicinales y peleado por mantener fuera a los desconocidos. En el pasado eran nómades, y se trasladaban de un campamento de pesca a otro en el continente y su principal asentamiento en Isla Tiburón, la isla más grande de México, que está separada de Punta Chueca por un estrecho pero traicionero estrecho conocido como Infiernillo.
En los años sesenta, el gobierno mexicano declaró la Isla Tiburón reserva natural y obligó a los indios seri a abandonar la isla, reasentando a la tribu en achaparradas casas de cemento en Punta Chueca y Desemboque. La tribu, que cuenta con menos de mil miembros, vive en las inhóspitas condiciones del desierto: el agua fresca la traen en camiones y casi no existe la fontanería moderna.
Los seri ganan dinero vendiendo ostiones y cangrejos que recogen en el Infiernillo, así como vendiendo sus cestas y grabados en palo hacha. Según un acuerdo con el gobierno, la tribu también recibe ingresos por la venta de permisos a cazadores norteamericanos, que pagan cincuenta mil dólares al año por el derecho a matar a muflones en Isla Tiburón. Pero el dinero no estira demasiado, lo que deja a los seri viviendo en aldeas sembradas de basura.
Punta Chueca, a cuatro horas de Tucson, es un lugar de inexplicables contradicciones. Brillantes coches nuevos -algunos presuntamente robados- aparcan frente a casas destartaladas donde los inquilinos duermen en el suelo de tierra. Los perros deambulan por todos lados, mientras los niños de caras sucias pasan días sin jabón o agua para asearse. Algunos jóvenes vuelven a casa equipados de antenas parabólicas, para mirar culebrones mexicanos.
Aunque su territorio está en México, los seri no se consideran mexicanos -dicen que los mexicanos son los que viven fuera de las tierras seri. Han habido ocasionales enfrentamientos a balazos entre la tribu y las autoridades del estado de Sonora por entrar a territorio seri a investigar algunos crímenes. El gobernador de Sonora, Eduardo Bours Castelo, se ha quejado del "primitivismo de los seri".
"Somos tercos", dijo el marido de Sema, Ernesto Molina, 58, una tarde hace poco. "Tampoco queremos que nos visiten. No tenemos muchos contactos con la gente de México. Los mexicanos no son bienvenidos aquí".
Molina, que se gana difícilmente la vida con la pesca y haciendo de guía para los escasos turistas que encuentran su aldea, pasa del español, que aprendió con pescadores mexicanos, y al oscuro dialecto seri, que según Roberts lo entienden sólo cinco extranjeros. El dialecto alcanza la cima del lirismo cuando las torturas laúdes fondean en la playa y los seri entonan antiguas melodías para rogarle que vuelva al mar.
Molina considera sacrosantas esas tradiciones y le fastidia la intrusión de extranjeros y sus ideas. Es por eso que para él fue difícil tener que tragarse lo que pasó hace algunos años durante un rito seri -la celebración de Año Nuevo el 30 de junio, el fin del calendario anual de la tribu. Una joven turista mexicana conquistó a la gema de su corazón, su hijo Ezekiel, durante las festividades.
El romance floreció y no mucho después, Ezekiel anunció que quería casarse. Algunos hombres seri se habían casado fuera de la tribu, pero Molina no pensó nunca que eso iba a pasar en su propia familia.
"Me entristeció", dijo.
Ezekiel, sin embargo, no pudo ser disuadido.
"Para mí, ella era una mujer, aunque no fuera seri", dijo hace poco Ezekiel Molina, ahora de 33 años. "Yo no pienso de ese modo. No soy racista. Rechazo la discriminación".
Dejó Punta Chueca, cruzando los 20 kilómetros del surcado sendero del desierto que conecta la aldea con el pequeño pueblo costero de Bahía de Kino. Pero la vida fuera de la aldea no es fácil. No se puede adaptar a horarios de trabajo regulares y ni a los esfuerzos por educar a su hija con los pocos pesos que gana trabajando ocasionalmente como artista de tatuajes. Dice que se siente incómodo en una sociedad donde el consumo de drogas es habitual; desde que dejara su aldea natal, el uso de drogas ilegales se ha convertido en un importante problema entre los seri.
Ha pensado en volver, pero no está seguro. Fuera de la aldea, él y su familia usan medicinas modernas cuando se enferman. Cuando vuelve a la aldea, ve a su padre en la choza de la curandera, recogiendo remedios derivados de plantas del desierto. Su hija no entiende a sus hermanos y hermanas: sólo habla español.
La partida de Ezekiel de la aldea es parte de un goteo de seri, la mayoría de los cuales deambulan entre Punta Chueca y Bahía de Kino de modo que sus hijos puedan asistir a mejores escuelas. Pedro Torres, 41, el único seri que ha sacado un doctorado, traslada a su familia a Bahía de Kino al comienzo del año escolar. Allá, sus hijos descubrieron las historietas de Power Rangers y hablan español fluidamente.
Su mujer, Blanca Lidia Monroy -las mujeres seri no adoptan el apellido del hombre-, estaba sentada en un patio lateral una tarde hace poco trenzando cestas mientras uno de sus hijos hojeaba un diccionario seri-español publicado recientemente, el primer diccionario en su tipo. Monroy sonrió, luciendo los dientes postizos que se hizo poner para cubrir el daño hecho a sus dientes por pelar talos de mimbre.
Al término del año escolar, cuando vuelve a Punta Chueca sus vecinos la miran raro. Algunos la evitan.
"Aquí las cosas no cambian nunca", dijo. "No entienden por qué debería dejar Punta Chueca por la educación de mis hijos. No entienden que quiero algo más para mis hijos".
Torres, que trabaja a una hora de camino de la ciudad de Hermosillo como educador indígena del estado, califica las urbanizaciones para jubilados que están surgiendo en el norte del territorio seri de "alarma roja" para su pueblo. Se estremece cuando oye a los viejos de la aldea instar a su pueblo a aislarse todavía más.
"Tenemos que hacer frente a la realidad", dijo Torres. "Tarde o temprano, tendremos este conflicto con todo este desarrollo. Vendrán aquí y querrán construir hoteles y no estamos preparando para detenerlos".
El único modo de salvar la cultura seri, dijo Torres, es que la gente joven se marche de las aldeas, se eduque, y vuelva luego capacitada con nuevas ideas. Otros pueblos indígenas de México han hecho lo mismo, dijo, nombrando en ayuntamientos y negocios a jóvenes profesionales, mientras conserva su identidad tribal.
Pero los seri, dijo, en general aprueban el aislamiento. Incluso el camino que lleva a su aldea es poco acogedor, dijo. Una tarde hace poco, un todoterrenos lleno de desconocidos avanzó hasta Punta Chueca. Tres niños esperaban en la entrada. Cuando vieron el vehículo, lanzaron contra este una lluvia de piedras.

31 de julio de 2007
28 de junio de 2007
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militares contra el narcotráfico


[Manuel Roig-Franzia] La campaña del presidente Calderón contra los carteles de la droga es cada vez más criticada por su uso de militares.
Ciudad de México, México. Todos los lunes por la mañana el presidente Felipe Calderón se sienta a la cabecera de la mesa en la biblioteca presidencial de Los Pinos, el recinto fortificado del jefe del ejecutivo en México.
Calderón preside sesiones sobre estrategia con los jefes del ejército y armada de México, actores claves en la iniciativa más importante de sus siete meses de presidencia: el asalto militar contra los carteles de la droga. Ningún presidente mexicano de la historia reciente ha convocado a su consejo de seguridad con tanta regularidad, pero pocos de sus predecesores modernos han debido hacer frente a una crisis de seguridad tan desalentadora.
Calderón se está jugando la presidencia al involucrar a tropas mexicanas -en uno de los despliegues más grandes del país en una función en la guerra contra las drogas ilegales- en la guerra callejera contra los carteles de la droga que son culpables de los más de tres mil asesinatos o ejecuciones en el último año y medio. Enviando a más de veinte mil soldados y agentes de policía federales a nueve estados mexicanos ha convertido a Calderón en enormemente popular; su último índice de aprobación llegó al 65 por ciento.
Pero a medida que la campaña se estira hacia su octavo mes y el número de bajas sube, Calderón hace frente a un creciente cuadro de críticos, incluyendo al representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en México, que se opone al uso de los militares para labores policiales. Calderón también está peleando contra sus adversarios en el Congreso mexicano que quieren despojarlo de la autoridad para utilizar tropas sin el consentimiento del Congreso. La Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos, una organización de defensa de los derechos humanos, le ha reprochado ser demasiado rápido a la hora de hacer intervenir a los militares, y demasiado lento cuando se trata de reformar la corrupta policía de México.
Todo esto es terreno familiar para Calderón, un ex parlamentario y ministro de energía que se siente cómodo en el papel de político combatiente.
Los entendidos pronosticaron que tendría un cargo difícil después de conseguir apenas algo más de un tercio de los votos en las elecciones de julio pasado y de verse obligado a una disputa jurídica de dos meses -dos veces más larga que la crisis electoral de Bush-Gore en 2000- antes de ser declarado presidente por el Tribunal Electoral Supremo de México.
Pero Calderón no sólo se ha lanzado contra la violencia asociada a las drogas. También ha impulsado una polémica reforma del corrupto y anticuado sistema mexicano de pensiones, y está reuniendo ímpetu para una masiva iniciativa fiscal destinada a reducir la dependencia del país de los ingresos por el petróleo.
"Este parece ser su destino político", escribió Ramón Alberto Garza, editor del semanario Índigo. Zarpar con el viento en contra, con una tormenta en el horizonte, con una tripulación rebeldes, pero llegar salvo a puerto, dijo.
Calderón heredó el problema de las drogas en México, que había empezado a rivalizar en alcance y barbarie con las guerras de las drogas en Colombia en los años ochenta. Los barones de la droga, que fundan su riqueza en el tráfico de cocaína, pero también de metanfetamina y marihuana, estaban decapitando a sus rivales y matando a agentes de policía, funcionarios municipales y periodistas que se les cruzaban en el camino. Algunos ayuntamientos y fuerzas policiales estaban tan infiltradas por el crimen organizado que esencialmente habían dejado de funcionar como organizaciones de servicio público y se habían convertido prácticamente en extensiones de los carteles.

Guerras Territoriales
A mediados de julio de 2006, cuando el resultado de la elección estaba todavía en duda, Calderón empezó a definir los cimientos de la campaña militar, dijo en una entrevista el procurador general de México, Eduardo Medina Mora. Dijo que con una corrupción extendida por los ayuntamientos y con sólo 27 mil agentes de la policía federal disponibles, los militares parecieron la única opción viable.
"El problema era suficientemente grande como para comprender que el despliegue de toda la policía federal no sería suficiente", dijo Medina Mora mientras se oía en el fondo una sonata para piano de Beethoven en su oficina en un rascacielos de Ciudad de México.
Para cuando Calderón asumió el cargo en diciembre, las dos organizaciones de la droga más poderosas de México -los carteles de Sinaloa y del Golfo- estaban implicadas en una guerra por las ‘plazas', como llaman los mexicanos a los territorios de las drogas. Había matanzas casi todos los días. Fue entonces que Calderón, un orador público meticuloso y aplicado no conocido por discursos disparatados, empezó a tener éxito.
"Mi mano no temblará" a la hora de detener firmemente el crimen que tiene de rehenes a los mexicanos, dijo Calderón una y otra vez.
El 11 de diciembre, diez días después de asumir el cargo, Calderón lanzó la primera de seis operaciones militares, enviando a más de seis mil tropas y agentes de policía federales a su estado natal de Michoacán. Al día siguiente, un primo de la primera dama, Margarita Zavala, fue encontrado asesinado en el maletero de un coche en las afueras de Ciudad de México -un asesinato que algunos sospechan fue la represalia de las bandas de narcotraficantes. Imperturbable, Calderón envió tres semanas más tarde una fuerza de tres mil soldados a Tijuana.
El día después de la redada de Tijuana se convirtió en un momento decisivo de la guerra contra las drogas de Calderón. Se puso una gorra caqui y uniforme militar para revisar las tropas en la ciudad de Aparzingán, pretendidamente la primera vez en un siglo que un presidente mexicano lucía un uniforme militar. Los columnistas se apuraron a declarar que convertiría a México en un estado militar. Otros se burlaron de la holgura del uniforme en el poco atlético y pequeño Calderón.
"Se veía patético", dijo con desdén el senador Graco Ramírez -un justo castigo para Calderón que es hijo, nieto y hermano de generales del ejército mexicano- durante una entrevista reciente en el palacio legislativo de México.
Ramírez es más que un crítico de modas; él y otros miembros del Partido de la Revolución Democrática están entre los líderes de una iniciativa que busca declarar inconstitucional el uso de los militares en redadas contra las drogas. Medina Mora contrarresta que bajo la Constitución mexicana, las fuerzas armadas "no sólo tienen la autoridad sino además el deber de preservar el orden interno".
Calderón rechaza las críticas. En febrero anunció un aumento del 45 por ciento en el salario de las fuerzas armadas, una decisión que contrastó agudamente con la de reducir en un diez por ciento su propio salario y abolir las pensiones para los presidentes mexicanos.

Admiradores en Estados Unidos
En los seis meses desde que apareciera por primera vez en uniforme militar, Calderón ha enviado miles de tropas a las infames zonas de la droga en Sinaloa, Durango y Chihuahua, conocida como el Triángulo Dorado, y a Acapulco, Veracruz y los estados de Tamaulipas y Nuevo León, y a la capital de la industria mexicana, Monterrey. Los soldados instalan controles carreteros, acordonan zonas urbanas para hacer allanamientos casa por casa y a menudo se enfrentan a narcotraficantes fuertemente armados en batallas callejeras.
Las tropas han arrestado a más de 580 personas, según el gobierno, aunque sólo una parte pueden ser considerados figuras importantes. Desde que empezara la campaña militar, han muerto diecinueve soldados y 168 agentes de la policía; se han registrado más de mil ochenta muertes de civiles, aunque la mayoría de estas fueron el resultado de enfrentamientos internos entre los carteles.
Los analistas dicen que es muy pronto todavía para determinar si las operaciones militares tendrán efecto en el largo plazo. Los asesinatos por ejecución han disminuido en las últimas semanas, pero algunos boletines de prensa lo atribuyen a lo que llaman una tregua entre los carteles en conflicto; Medina Mora lo atribuye a los militares y dijo que no había pruebas de que existiese esa tregua.
Ninguna de las muertes ha resonado tanto como las cinco que ocurrieron por error el 2 de junio, cuando los soldados dispararon contra dos mujeres desarmadas y tres niños en un control carretero en el estado de Sonora al norte del país. Los asesinatos desencadenaron fuertes críticas en México, pero Calderón ha mantenido su estrategia militar.
Su enfoque le ha ganado admiradores en Estados Unidos, donde las agencias policiales han pedido durante largo tiempo que México se enfrente de manera más agresiva a los carteles de la droga.
Esa recepción positiva se produce en momentos potencialmente críticos en las conversaciones entre Estados Unidos y México para aumentar drásticamente la ayuda norteamericana.
Informes noticiosos compararon originalmente la iniciativa mexicana con el Plan Colombia de varios billones de dólares, un extenso paquete de ayuda destinado a erradicar la coca y erosionar el apoyo de los rebeldes marxistas. Diplomáticos mexicanos se han apresurado a indicar que sus propuestas difieren en un aspecto clave: No contempla una presencia militar norteamericana que se parezca a esa presencia en Colombia. Toda insinuación de que tropas norteamericanas operarían en México es aquí terriblemente incendiaria; la gente todavía cuida las históricas heridas de la Guerra Mexicana-Norteamericana de 1846-1848.
María Eugenia Campos Galván, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Baja en el Congreso mexicano, dijo en una entrevista que las autoridades mexicanas han considerado pedir hasta mil millones de dólares. El representante norteamericanos Silvestre Reyes (demócrata de Texas), presidente del comité de inteligencia de la Cámara, está pidiendo una mayor contribución en dólares norteamericanos.
"Si somos listos, será muy alta", dijo Reyes en una entrevista.
Las autoridades mexicanas dicen que han demostrado su cooperación aumentado agudamente las extradiciones -México ya superó su récord anual en 2007 con la extradición de 63 personas en los primeros seis meses del año. Esperan que Estados Unidos devuelva la mano pagando por el adiestramiento y equipos adicionales, incluyendo la tecnología que permitirá la transferencia instantánea de información entre funcionarios de las agencias policiales a los dos lados de la frontera. Calderón en particular ha sugerido que Estados Unidos tiene la obligación de ayudar en los costes de las operaciones policiales mexicanas debido a la dimensión en el uso de drogas ilegales en Estados Unidos.
Las conversaciones se han complicado por los problemas en Estados Unidos relacionados con México en momentos en que los legisladores en el Capitolio debaten las propuestas sobre la inmigración.
"Cuando ocurrió esa toma de rehenes en Rusia, recibí e-mails diciendo: ‘Es por eso que necesitamos una muralla en la frontera mexicana'", dijo Reyes. "Independientemente de lo que hagamos, habrá quien trate de politizar el asunto".
Las autoridades mexicanas están conscientes de que las tensiones políticas podrían retrasar o incluso echar a pique las propuestas de más ayuda norteamericana. De momento, se están preparando para meses, quizás años de batallas militares con los narcotraficantes sin ayuda extra de Estados Unidos y para largas mañanas de reuniones los lunes en la biblioteca presidencial.

17 de julio de 2007
7 de julio de 2007
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traficantes amenazan a pueblos


[Héctor Tobar y Carlos Martínez] Mal preparados y a menudo corruptos, funcionarios y agentes de la policía fronteriza son el eslabón más débil de la guerra contra las drogas prohibidas.
Naco, México. El mensaje llegó por la radio de emergencia de la policía: Un ejército de narcotraficantes con ametralladoras montadas en sus camiones se dirigían hacia este pueblo de cinco mil habitantes en la frontera entre Arizona y México.
Como un sheriff en una película de vaqueros, el jefe de policía y maestro a tiempo parcial, Juan Bracamontes, apretó sus dientes y reunió a sus quince agentes, que lo único que tenían para hacer frente al enemigo eran sus viejos revólveres calibre 38.
"Los que quieran marcharse, pueden hacerlo", dijo el jefe. "Los que quieran quedarse y pelear, pónganse detrás de mí y les daremos una buena paliza".
Un agente se marchó enseguida. Los otros se dispersaron por el pueblo, no sin antes despojarse de sus uniformes y cambiar las patrulleras por coches camuflados.
En otros pueblos mexicanos, las autoridades locales no han demostrado tanto coraje frente a las amenazas de los adinerados narcotraficantes. Mal armados, mal preparados y a menudo corruptos, funcionarios y agentes de policía de pueblos chicos son el talón de Aquiles de la campaña del presidente Felipe Calderón contra el narcotráfico en su país.
Calderón ha convertido la guerra contra los carteles de la droga de México en el elemento central de su presidencia, destinando a la campaña grandes segmentos del ejército y gran parte de la policía federal.
Los carteles han estado guerreando entre sí por el control de las rutas de transporte hacia Estados Unidos. La violencia resultante se reclamó el año pasado más de dos mil vidas y este año los asesinatos pueden superar esa cifra.
En las zonas rurales y fronterizas donde operan los contrabandistas, la policía frecuentemente se encuentra en la primera línea de las guerras de las drogas. Detener a un operativo de un cartel puede significar la muerte. Incluso los que acceden a proteger a una banda de traficantes corren el riesgo de ser atacados por pistoleros rivales. Los agentes municipales constituyen el sesenta por ciento de las fuerzas policiales en México, mientras que el resto lo conforman las policías federal y del estado. Funcionarios y analistas mexicanos dicen que la policía municipal y funcionarios municipales reciben una gran parte de los alrededor de tres mil millones de dólares que pagan los narcotraficantes en sobornos cada año.
Funcionarios de la Secretaría de Seguridad Pública de México calculan que los traficantes pagan a la policía un promedio de sobornos mensuales de unos quinientos a seiscientos dólares, el equivalente de un salario de un agente primerizo en pueblos como Naco y el vecino Cananea.
"El adiestramiento de esos agentes es muy precario, como su paga", dijo Raúl Benítez, profesor de la Universidad Americana en Washington y especialista en temas de seguridad mexicana. En muchos pueblos, dijo Benítez, el único requisito para ser agente de policía es ser amigo del alcalde. La fuerza policial es un cargo político por excelencia.
A medida que los carteles de la droga en México forman pequeños ejércitos en los que muchas de las ‘tropas' reciben al menos alguna forma de adiestramiento paramilitar, estos agentes mal preparados hacen frente a un enemigo cada vez más sofisticado.
Dos días antes de los rumores sobre una ‘caravana de la muerte' que se dirigía a Naco, unos cincuenta hombres armados atacaron Cananea. Cinco agentes municipales fueron secuestrados y asesinados en el incidente el 16 de mayo. A las pocas horas, la mitad de los 48 agentes de la policía de Cananea entregaron sus armas y renunciaron.
"No tenemos protección", dijeron agentes de Cananea a los periodistas reunidos en torno a la comisaría de policía del pueblo. En medio de acusaciones de vínculos con los traficantes del cuerpo de policía, ocho agentes fueron despedidos, así como el jefe de policía mismo.
"Por un lado, el crimen organizado está asesinando a policías y, por otro, el gobierno los está investigando y despidiéndolos", dijo José Arturo Yañez, investigador del Instituto Técnico de Formación Policial de Ciudad de México. "Nadie los protege".
Funcionarios de seguridad han renunciado o sido despedidos en masa en al menos dieciocho estados en casi todas las regiones de México.
Decenas han abandonado sus trabajos. Algunos han huido para evitar órdenes de detención. Otros, como Orlando Valencia, de Cananea, desaparecieron de sus oficinas.
Valencia era tanto alcalde como coordinador de emergencias de la ciudad. Desapareció a fines de mayo, y los oficiales anunciaron que lo estaban buscando por sospechas de haber ayudado a escapar a los traficantes después del ataque contra Cananea.
Incluso los que son suficientemente valientes como para servir en los pueblos más peligrosos del país, usualmente la discreción se lleva la mejor parte del valor. Un oficial de policía de alto rango en un pueblo del estado de Zacatecas contó los consejos que da a sus agentes en cuanto a su seguridad:
"Les digo que si ven algo sospechoso, que se retiren", dijo el oficial, que pidió no ser identificado. "No importa lo que sea... Esta gente está bien armada y nosotros tenemos apenas lo básico".
Después de un encuentro con asesinos a sueldo de un cartel, muchos agentes en su pueblo recibieron llamadas telefónicas con amenazas. Un buen montón de ellos renunciaron.
"No sé por qué renunciaron", dijo el oficial. "¿Y sabes que más? No me interesa".
Los alrededor de cincuenta asesinos a sueldo que atacaron Cananea habían asistido a un campo de adiestramiento durante dos meses para preparar el asalto, dijeron las autoridades del estado de Sonora, que entrevistaron a los sicarios que sobrevivieron. El adiestramiento estuvo a cargo de ex miembros del departamento de policía de la ciudad de Hermosillo. Y oficiales federales dijeron que al menos cuatro de los pistoleros era veteranos del ejército.
Los sicarios estaban a sueldo de una organización de narcotráfico asociada con un traficante local, Francisco Hernández García, también conocido como el ‘Dos Mil'.
El ‘Dos Mil' tenía acuerdos con los jefes de policía locales para proteger sus transportes, de acuerdo a boletines de prensa. Esos acuerdos son llamados compromisos aquí, una palabra que implica cumplimientos y obligaciones.
Pero los pactos fueron rotos, provocando una serie de violentos incidentes que escalaron hasta el ataque contra Cananea.
Con treinta mil habitantes, Cananea es famoso por la huelga de mineros de 1906 que ayudó a desencadenar la Revolución Mexicana. Asentado entre las pardas colinas del desierto de Sonora, es un lugar donde la rutina diaria del trabajo policial implica rara vez algo más serio que una riña doméstica o una pelea de borrachos en una fiesta.
Todo eso cambió en la mañana del 16 de mayo. La policía de Cananea se enteró de que un par de agentes habían sido atacados y golpeados en un puesto de control en las afueras del pueblo. Enviaron cinco agentes para asistirlos.
Los cinco salieron con sus escopetas y rifles calibre 223 proporcionados recientemente por las autoridades del estado, aunque los chalecos antibala prometidos por el estado no habían llegado todavía, dijeron funcionarios. Cuando los agentes llegaron al lugar, se encontraron con cuatro docenas de asesinos a sueldo del cartel: Los agentes se rindieron sin disparar un tiro; fueron luego torturados y ejecutados.
El alcalde pidió ayuda. Agentes de la policía federal y del estado persiguieron a los pistoleros hasta un remoto asentamiento en la montaña. En la balacera resultante, murieron quince miembros del cartel.
"Desde la época de la Revolución que no había un batalla así", dijo Martín Ballesteros, ahora el jefe de policía interino de Cananea.
Gabriel Hurtado, jefe de policía en ese momento, fue despedido cinco días después; las fuentes dicen que había abandonado su puesto. Aunque no ha sido acusado formalmente, hay rumores. Los funcionarios dijeron que desde que dejó el cargo no había sido visto en el pueblo.
Fue remplazado por Ballesteros Ríos.
El jefe interino dice que no le preocupa lo que pueda ocurrirle, pese a las advertencias de amigos y familiares.
"Tengo la conciencia limpia, porque no tengo compromisos con nadie", dijo.
A 48 kilómetros, en Naco, el alcalde José Lorenzo Villegas despidió a seis jefes de policía durante sus dos períodos en el cargo. En enero despidió al jefe Roberto Tacho; semanas más tarde, oficiales norteamericanos detuvieron al ex policía cuando supuestamente intentaba ingresar ilegalmente a Estados Unidos unos 27 kilos de marihuana.
Tacho y su hermano Ramón formaban parte de un pequeño círculo que hasta hace poco controlaba la policía en tres pueblos aledaños: Naco, Cananea y Agua Prieta. Ramón Tacho, el jefe de policía de Agua Prieta, fue asesinado en febrero frente a su oficina, presuntamente por sicarios de un cartel.
En Naco, un pueblo azotado por el viento de edificios achaparrados pegados a la frontera norteamericana, hay una creciente sensación de que la comunidad está siendo arrastrada hacia un conflicto de más envergadura.
El día que se informó que un ejército de narcotraficantes avanzaba hacia el pueblo, los habitantes pensaron que se había desatado la guerra.
El comercio y las escuelas cerraron. El edificio del ayuntamiento fue evacuado, y algunos funcionarios huyeron a Estados Unidos.
Agentes de la Patrulla Fronteriza norteamericana ocuparon posiciones en el tejado de la comisaría al otro lado de la frontera de Naco, Arizona, que tiene vista hacia el pequeño centro del Naco mexicano.
El alcalde Villegas se encontraba en Hermosillo, la capital del estado de Sonora, recogiendo las nuevas pistolas de 9 milímetros y rifles AR-15 que habían sido entregados a su cuerpo policial.
"Ese día pasamos por momentos muy feos", dijo el alcalde, 34. "La gente me llamaba por teléfono diciéndome que debía declarar el estado de sitio".
Pero el informe de la ‘caravana de la muerte' que se acercaba a Naco resultó ser una falsa alarma.
Al final del día, después de que pasara la crisis, Villegas llegó a Naco con cajas de pistolas y rifles.
"Miren estas cosas bonitas", dijo el jefe de policía, Bracamontes, cogiendo una de las nuevas pistolas de su funda. "Y esta", dijo, levantando un bruñido rifle negro AR-15 que estaba apoyado contra la pared de su oficina.
Como la mayoría de las armas nuevas, esta todavía no había sido disparada.

hector.tobar@latimes.com
Tobar informó desde Naco; Martínez desde Zacatecas.

13 de julio de 2007
9 de julio de 2007
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méxico purga policía federal


[Sam Enríquez] La limpieza se produce en momentos en que el país busca rescatar la debilitada guerra contra las drogas.
Ciudad de México, México. México remplazó el lunes a los jefes de la policía federal de todos los 31 estados del país y del Distrito Federal, a la espera de análisis poligráficos y de drogas para determinar si están del lado correcto en la vapuleada guerra del país contra el narcotráfico.
La sorpresiva purga de los jefes de la policía federal y de una unidad federal de elite de investigaciones se produce en momentos en que el presidente mexicano Felipe Calderón trata de dar un nuevo impulso a la campaña de seis meses contra los narcotraficantes que no ha logrado frenar los asesinatos ni reducir los envíos de droga.
La corrupción entre agentes de las policías local, estatal y federal ha protegido durante años a las bandas dedicadas al tráfico de drogas, ahora en guerra por las rutas de acceso a Estados Unidos y por el control del creciente mercado doméstico mexicano.
"Todos los agentes federales están obligados a cumplir sus funciones dentro de la legalidad, honesta y eficientemente", dijo en una rueda de prensa el lunes el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, al anunciar la purga. "Tenemos una estrategia para luchar contra la delincuencia. El eje de nuestra estrategia es profesionalizar y purgar nuestros cuerpos policiales".
Los jefes policiales fueron remplazados el lunes por agentes federales que han aprobado rigurosos controles, dijo García Luna.
Poco después de asumir el cargo en diciembre, Calderón envió al ejército a trabajar junto con la policía federal en nueve estados. Pero hay crecientes sospechas de que los millonarios cabecillas continúan comprando su protección tan fácilmente como siempre, pese a los esfuerzos de Calderón. Media docena de agentes de la policía federal fueron arrestados este mes cuando sus contrapartes del ejército descubrieron que habían permitido que un embarque de cocaína pasara por el aeropuerto Mexicali.
Casi un tercio de la policía federal mexicana de veinte mil miembros, que investiga todos los delitos y homicidios relacionados con las drogas, está asignado a trabajar con los doce mil soldados utilizados en la campaña de Calderón contra el narcotráfico. El apareo ha provocado especulaciones de que la información está siendo filtrada hacia los contrabandistas y cultivadores.
Los precios en la calle siguen estables en Estados Unidos, lo que sugiere que los abastecedores continúan internando narcóticos a través de una frontera estadounidense-mexicana relativamente tranquila, dicen expertos en drogas.
Con más de dos mil personas asesinadas el año pasado, refrenar la violencia relacionada con las drogas ha emergido como la primera prioridad de Calderón cuando asumió el cargo. El ejército, con su reputación de ser más de fiar que las agencias policiales mexicanas, emergió como la principal herramienta de Calderón.
Pero algunos críticos se preocupan de que el ejército mexicano se convierta en la próxima institución en ser contaminada por los beneficios de las drogas. Los usuarios estadounidenses gastan según se calcula unos 65 billones de dólares al año, principalmente en cocaína, marihuana, heroína y metanfetamina, productos controlados en gran parte por organizaciones de narcotráfico mexicanas y sus asociados colombianos.
"El tráfico de drogas reporta un montón de dinero, y el dinero compra poder", dijo un alto funcionario de antinarcóticos de Estados Unidos. "Cuando tienes a alguien que tiene una base de operaciones lo suficientemente importante como para ganar millones de dólares al año, es no raro que ejerzan un tipo de poder para formar círculos de protección. México no es una excepción. Aquí, eso no es ningún secreto. El gobierno de México está muy consciente de eso".
Calderón ha pedido a Estados Unidos que cargue con una cuota más grande del peso de la campaña antinarcóticos. Oficiales estadounidenses reconocen que la guerra en Iraq ha desviado la atención y recursos militares de la campaña antidrogas en el aire y en zonas marítimas de transporte en México y América Central.
Aunque a Calderón se le reconoce el mérito de hacer frente a los carteles de la droga, persiste la incertidumbre en Washington sobre cuánta ayuda dar a las agencias policiales mexicanas, especialmente en el recabamiento y transmisión de inteligencia.
García Luna no dijo si alguno de los agentes federales reemplazados estaban siendo investigados por corrupción, o qué provocó la decisión del gobierno.
"Toda evidencia que tengamos será procesada por el despacho del procurador general y, por supuesto, cualquier referencia que encontremos será analizada y enviada a los procuradores", dijo.
Los legisladores mexicanos exigieron el lunes que el gobierno de Calderón de a conocer las evidencias que tenga de corrupción en la policía federal.
Los removidos jefes de la policía federal, conocida como Policía Federal Preventiva, o PFP, así como la Agencia Federal de Investigación, o AFI, recibirán adiestramiento adicional y serán sometidos a un escrutinio más estricto, dijo García Luna. Serán sometidos a tests poligráficos y de drogas, agregó, y se estudiarán sus recursos económicos para ver si guardan relación con el salario de los servidores públicos.
García Luna dijo que los nuevos jefes de policía en los estados estaban entre los 284 agentes de la policía federal que empezaron a trabajar el lunes como remplazos. En marzo, Calderón pidió nuevas normas de ética y disciplina policiales, provocando las remociones.
"Es obvio que hay mafias que no quieren que las cosas cambien", dijo García Luna. "Pero en la lucha contra la corrupción, no debemos ceder ante presiones".
La campaña de Calderón empezó con un aluvión de éxitos en su estado natal de Michoacán; los canales de televisión mostraron la destrucción de plantaciones de marihuana y amapola. Pero las incautaciones de cocaína por el ejército este año son menos de la mitad que en el mismo período de 2006. Los asesinatos relacionados con las drogas mantienen la frecuencia del año pasado.
La PFP fue creada en 1998, fusionando a varias agencias federales que tenían jurisdicción especial sobre aeropuertos, aduanas, carreteras y agitación civil. La AFI, de cinco mil miembros, fue creada por el presidente Vicente Fox en 2001 para reemplazar a una fuerza policial federal corrupta.
Más de cien agentes de AFI trabajan bajo la supervisión de la base mexicana de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos, de acuerdo a la Oficina del Inspector General del ministerio de Justicia.

sam.enriquez@latimes.com
Carlos Martínez y Cecilia Sánchez contribuyeron a este reportaje.

7 de julio de 2007
26 de junio de 2007
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cayó jefe de asesinos a sueldo


[Carlos Martínez] Temida banda mexicana de asesinos a sueldo pierde a cabecilla.
Ciudad de México, México. Luis Reyes Enríquez estaba tendido en la cama de su cuarto de hotel de trece dólares la noche en una ciudad provincial cuando las tropas federales llegaron por él. A Reyes, en Ciudad de México cabecilla de la infame banda de asesinos a sueldo conocidos como los Zetas, lo pillaron desprevenido: Andaba con la resaca de una boda la noche anterior.
La detención del hombre también conocido como ‘Zeta 12' y ‘El Rex', es el último en una serie de golpes en las últimas semanas que han debido soportar los Zetas, una organización que nació a fines de los años noventa cuando el cartel de narcotraficantes del Golfo empezó a reclutar a desertores del ejército mexicano.
Reyes, 39, era un desertor, así como ex agente de la policía federal que en el pasado había estado asignado al despacho del procurador general. Como bien adiestrado pistolero con un pedigrí oficial, era precisamente el tipo de hombre que ayudó a los Zetas a construir su reputación como una milicia paramilitar al servicio de los narcotraficantes.
Desde que asumiera el cargo en diciembre, el presidente Felipe Calderón ha declarado una agresiva guerra contra las drogas ilegales y desplegado miles de tropas federales en varios estados mexicanos.
Durante los primeros siete meses de su gobierno, las autoridades han arrestado a cinco cabecillas de los Zetas. Un sexto Zeta fue matado por rivales en una emboscada. Y el líder y fundador del grupo, Osiel Cárdenas, ha sido extraditado a Estados Unidos para ser juzgado por cargos de tráfico de drogas.
Hace tres años, el despacho del procurador general de México tenía 44 miembros de los Zetas en su lista de buscados. Para mayo, con un creciente número de Zetas en la cárcel o muertos en tiroteos con las autoridades y traficantes rivales, el número había descendido a 27.
Algunos analistas dicen que la campaña represiva de Calderón, junto con una división en el cartel del Golfo que ha puesto a viejos cómplices a pelear entre sí, está llevando a los Zetas a buscar nuevas fuentes de ingreso, tales como secuestros y extorsión.
"Ha habido un claro efecto en el mercado mexicano de drogas, que a su vez ha reducido el flujo de dinero hacia estos grupos criminales y los ha obligado a diversificar sus actividades", dijo Erubiel Tirado, experto en seguridad de la Universidad Ibero-Americana de aquí. "De repente se convirtieron en hombres de negocios secuestradores. Es entonces que corren más riesgos de ser capturados".
Un secuestro condujo este año a la detención de Nabor Vargas, otro miembro de los Zetas.
Vargas, alias ‘El Débora', fue capturado en abril cuando agentes federales irrumpieron en su casa en Ciudad del Carmen en el estado de Campeche, en el Golfo, cuando buscaban a víctimas de secuestros y armas. Después de un breve impasse, las autoridades rescataron a un prominente hombre de negocios de la región y detuvieron a diecinueve personas.
Para sorpresa de las autoridades, los secuestradores eran dirigidos por ‘El Débora', uno de los criminales más buscados de México y uno de los primeros soldados que desertó y se unió a los Zetas.
Vargas "fue uno de los fundadores de los Zetas y uno de los pocos miembros activos que fue reclutado personalmente por Osiel Cárdenas", escribió en el diario El Universal el columnista Raymundo Riva Palacio. Para Vargas, participar en un secuestro reflejaba un tremendo revés, dijo Riva Palacio.
Fue una llamada anónima la que alertó a la policía sobre la presencia de Reyes en Atotonilco, una ciudad en el estado de Hidalgo, de acuerdo a boletines de prensa. ‘El Rex' había asistido a la boda de un amigo y su cortejo de hombres fuertemente armados había llamado la atención de los vecinos.
A primera hora del 24 de junio, después de una noche de fiesta, se dirigió al Hotel La Fuente para descansar, inconsciente de que estaba siendo vigilado por decenas de soldados y agentes federales. Fue arrestado sin incidentes. Cuando las autoridades lo presentaron a la prensa al día siguiente en Ciudad de México, estaba todavía vestido con un traje caqui y una camisa blanca.
No todas las detenciones de los Zetas son resultado de la campaña federal. Algunas simplemente son errores cometidos por criminales conocidos por su conducta impulsiva y temeraria.
Ese fue el caso de José Ramón Dávila López, ‘El Cholo', que fue detenido en febrero en el norteño estado de Tamaulipas.
De acuerdo al diario Reforma, El Cholo estaba cruzando la capital del estado, Ciudad Victoria, con su novia, cuando vio a un transeúnte mirándolo. Para el hombre considerado uno de los criminales más peligrosos de México, esto era aparentemente un grave insulto.
‘El Cholo' echó marcha atrás con el coche y gritó: "¿Qué estás mirando?" Segundos después sacó un arma y abrió fuego, fallando apenas con el hombre que lo había ofendido.
Los tiros llamaron la atención de la policía local. Después de una breve balacera, ‘El Cholo' fue detenido. A las autoridades les tomó seis días identificarlo como uno de los Zetas.
Aunque no está claro cuánto poder tienen todavía los Zetas, funcionarios norteamericanos dicen que el gobierno mexicano está haciendo importantes progresos en muchos de los estados donde se han desplegado tropas para luchar contra el tráfico de drogas prohibidas.
"Atacando en lugares como Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, Tabasco y Veracriz, puedes privar a muchas de estas células de su base de operaciones y círculos de protección", dijo un alto funcionario norteamericano, que pidió no ser identificado. Las autoridades mexicanas están empezando a penetrar la "estructura de mando y control" de varias organizaciones de narcotráfico, dijo el funcionario.

Héctor Tobar contribuyó a este reportaje.

3 de julio de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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