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¿puede calderón parar la guerra?


¿Puede el México de Calderón parar los asesinatos? Decenas de miles de manifestantes protestaron contra la violencia de la guerra de las drogas. Muchos culpan al presidente.
[Sara Miller Llana] Ciudad de México. Solamente en agosto, el hijo adolescente de un hombre de negocios mexicano fue encontrado muerto en el maletero de un coche, después de ser secuestrado en un puesto de control policial falso; en el estado de Yucatán en el sur del país se encontró una decena de cuerpos decapitados; y en el norteño estado de Chihuahua, hombres armados dispararon contra un salón de baile, matando a trece personas, entre ellas un bebé.
Los mexicanos están hartos de esta creciente violencia. Pero veinte meses después de que el conservador presidente Felipe Calderón lanzara una masiva campaña militar contras las drogas prohibidas, el baño de sangre ha empeorado.
Calderón se apresuró a aplacar la indignación pública, firmando este mes un pacto nacional con los líderes del país para mejorar las medidas contra la corrupción entre los policías y formar nuevas brigadas contra el secuestro. Pero la presión continúa.
Durante el fin de semana, miles de mexicanos participaron en marchas por la paz en todo México, expresando su creciente frustración por la inseguridad e impunidad que dicen que reina. Calderón respondió reuniéndose el domingo con los catorce líderes cívicos que organizaron las protestas, diciendo que había formado comisiones de ciudadanos para estudiar los progresos del gobierno, reclutar mejores policías y equipar a los agentes con armas de mayor potencia. Sin embargo, si la violencia no disminuye, podría tener repercusiones negativas para el presidente que ha hecho de la seguridad la piedra angular de su presidencia.
"Calderón, que estaba en terreno resbaladizo después de la elección de 2006, aumentó su índice de aprobación pública militarizando la lucha contra la violencia de los narcotraficantes en México", dice Bruce Bagley, experto en América Latina de la Universidad de Miami. "Convenció a mucha gente... Creo que Calderón ha empezado a perder la confianza de los mexicanos".

Decenas de Miles Exigen Cambios
En Ciudad de México, que presenció las protestas más concurridas durante el fin de semana, decenas de miles de personas llenaron la plaza mayor, el Zócalo, vestidas de blanco y sosteniendo velas y margaritas. "Seguridad", gritaban. "¡Si no puede, renuncie!"
Desde que asumiera la presidencia, Calderón ha enviado cerca de veinticinco mil militares y agentes federales en todo el país a regiones donde reina la violencia.
Su gobierno ha declarado repetidas veces que su éxito en el desmantelamiento de las bandas dedicadas al narcotráfico y la contención del flujo de dinero ha creado más violencia, pero que el mensaje está siendo eclipsado por los espeluznantes titulares sobre decapitaciones y secuestros.
"Las marchas son una manifestación de esa frustración", dice Jorge Chabat, un analista de seguridad de Ciudad de México.
El diario Reforma ha contado 2.950 asesinatos relacionados con la violencia de los narcotraficantes sólo en lo que va de año; dice que su conteo de 167 asesinatos la semana pasada fue la semana más mortífera desde que Calderón asumiera el cargo en diciembre de 2006.
El año pasado hubo 438 secuestros denunciados, en comparación con 325 del año anterior, de acuerdo a cifras oficiales. Fue el reciente secuestro de Fernando Martí, el hijo adolescente de una rica familia mexicana, lo que sacó a la gente a la calle para protestar durante el fin de semana. El cuerpo del adolescente fue encontrado el 1 de agosto; había sido secuestrado dos meses antes; se dice que su familia pagó millones de dólares para obtener su rescate.
Demasiados mexicanos se identifican con esas tragedias, dice Pedro Zugarramurdi, cuyo padre Fermín Zugarramurdi fue secuestrado en la escalinata de su casa en diciembre pasado y luego asesinado, pese a que su familia también pagó por su rescate, dice. "Debemos mantener viva la esperanza", dice Zugarramurdi, que el sábado asistió a la marcha en Ciudad de México con una gorra de béisbol, chaqueta y pantalones blancos. "Tenemos que mantener la presión".

Criminalidad Es Prioridad Número Uno
Hoy la criminalidad es la principal preocupación de los mexicanos. En una encuesta de Jorge Buendía, de la firma de encuestas Buendía & Laredo, el ochenta por ciento de los encuestados consideran la criminalidad como "muy grave", un aumento del sesenta por ciento con respecto a hace dos años, antes de que Calderón asumiera el cargo. La mayoría, dice, piensa que el país está perdiendo la guerra contra la violencia. "No ven la cantidad de muertos como un indicador de que el programa está funcionando", dice Buendía.
Y ahora con los soldados en las primeras líneas de la guerra contra las drogas, Calderón y su Partido de Acción Nacional (PAN) corre un riesgo todavía mayor si las fuerzas armadas, tradicionalmente una de las instituciones más respetadas de México, pierden prestigio por el creciente número de acusaciones de violaciones de derechos humanos presentadas por la comisión de derechos humanos del país. "El PAN y Calderón podrían pagar un precio político significativo en las elecciones de 2009", dijo Bagley.
Sin embargo, Buendía dice que los mexicanos no culpan sólo al gobierno federal de la violencia, sino a todo el sistema político, en todos los niveles de gobierno. Dice que esas protestas podrían en realidad reafirmar a Calderón, si los mexicanos se concentran en la delincuencia y no solamente en la economía, su otra preocupación importante. "La gente percibe el crimen y la delincuencia como un problema que comparten los tres niveles del gobierno", dice. "Es diferente en la economía; nadie responsabiliza al gobierno municipal o al federal por la inflación".
El domingo Calderón se reunió con los líderes de las protestas del fin de semana, reiterando su compromiso a luchar contra la delincuencia. "El gobierno comparte las demandas y la indignación de la gente", dijo.
Esta no es la primera vez que el público mexicano se ha levantado indignado contra la inseguridad. En 2004, decenas de miles de personas también se echaron a las calles para cubrirlas con un mar de velas un sábado noche tras una oleada similar de secuestros y violencia. Sin embargo, poco hizo para mejorar la situación, dice Chabat. "Es difícil que la presión se transforme en algo efectivo si no se mantiene la presión sobre el gobierno", dice. "La marcha es importante. Pero más importante es lo que ocurra después de la marcha".
Los vecinos no pierden la esperanza. "Al menos hay conciencia pública", dice Alejandro Delgado, que concurrió a la marcha con su esposa y su hija adolescente, y dice que ha sido víctima de la delincuencia callejera y robo y que las cosas están empeorando. "Antes llorábamos en nuestras casas; ahora estamos aquí exigiendo cambios. Las cosas tendrán que cambiar, tarde o temprano".

29 de octubre de 2008
2 de septiembre de 2008
©christian science monitor 
cc traducción mQh
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el fantasma de tlatelolco


A cuatro décadas de la brutal represión contra la protesta estudiantil que cambio México para siempre. Corría el año 1968 cuando un grupo de estudiantes se animó a desafiar el régimen totalitario y opresivo del PRI, y pagó con cárcel, exilio, tortura y muerte su osadía.
[Gerardo Albarrán de Alba] Ciudad de México. De la imaginación al poder, la juventud mexicana no fue ajena al espíritu lúdico y contestatario de un movimiento que, en 1968, en las principales capitales del mundo, puso las bases para la crítica del poder mismo. Pero sólo en México los estudiantes fueron masacrados, desaparecidos y hechos prisioneros políticos impunemente.
Hace cuarenta años, hoy, de aquel 2 de octubre, la paranoia anticomunista del gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz lanzó al ejército sobre miles de jóvenes, estudiantes, profesores y trabajadores que se congregaron en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco para realizar un mitin con el que culminaría un movimiento de poco más de dos meses que se había caracterizado por la brutalidad policíaca contra los jóvenes. Faltaban diez días para la inauguración de los XIX Juegos Olímpicos –los únicos que se han realizado en suelo latinoamericano– cuando tuvo lugar un genocidio bendecido por la clase política, la ultraderecha y la Iglesia Católica, y apenas cuestionado por unos pocos, como Octavio Paz, quien renunció a la Embajada de México en la India para expresar su protesta.
Nunca nadie ha sabido el número real de muertos de aquella noche, ni de los desaparecidos entre los cientos que fueron torturados en el Campo Militar Número Uno. Se pierde la cifra de los que terminaron en el palacio negro de Lecumberri, la infausta prisión que lo mismo alojó ladrones y homicidas que presos políticos como el pintor David Alfaro Siqueiros, los dirigentes de izquierda Valentín Campa y Demetrio Vallejo, y el intelectual José Revueltas. Hubo exilio para algunos.
En plena Guerra Fría, las actividades en las embajadas de la Unión Soviética y de Cuba eran vigiladas por el gobierno mexicano, cooptado como espía por la administración estadounidense de Lyndon Johnson. Reportaban como agentes de la CIA desde el presidente Díaz Ordaz hasta su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez –quien lo sucedería en el cargo–, sin faltar quien durante décadas fuera responsable de la policía política, Fernando Gutiérrez Barrios, el mismo que había capturado en México a Fidel Castro y a Ernesto ‘Che’ Guevara, para luego liberarlos a bordo del Moncada.
El movimiento estudiantil nació el 26 de julio de 1968 por la represión contra una marcha que conmemoraba el inicio de la Revolución Cubana, y que se había encontrado con otra que protestaba por la ocupación policíaca de la Vocacional 2, tras una riña callejera con alumnos de una escuela privada, cuatro días antes.
La rebelión de los jóvenes ganó pronto simpatías y adhesiones entre intelectuales, trabajadores y las familias de los propios estudiantes. Inolvidable, la actuación del rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, izando la bandera a media asta en Ciudad Universitaria en señal de duelo, y encabezando una multitudinaria marcha de protesta tres días después de que el ejército recuperara –incluso utilizando una basuka– las escuelas preparatorias tomadas por estudiantes.
Infausta, la memoria de la ultraderecha marchando en contra de la "conjura comunista", cuna ideológica de quienes detentan el poder político en México desde 2000.
Una vez que el movimiento se desbordó, las demandas estudiantiles que buscaban elemental justicia pasaron a ser un cuestionamiento implícito al régimen priísta enquistado en el poder desde 1929. Suspendidas las clases, y pese a los muertos y detenidos que ya se registraban, las marchas organizadas principalmente en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), cuyas escuelas se congregaban en el Consejo Nacional de Huelga (CNH), se sucedieron una tras otra. Cada vez más grande la siguiente que la anterior, nutridas por profesores y trabajadores de todos los ramos, llegaron a rebasar los 300.000 asistentes. Los actos más simbólicos fueron el izamiento de la bandera rojinegra en el asta central del Zócalo capitalino, frente a Palacio Nacional, y la Marcha del Silencio, que hirieron la soberbia del poder.
Las demandas del CNH quedaron plasmadas en un pliego petitorio de seis puntos: "1. Libertad a los presos políticos. 2. Derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal (que instituían el delito de disolución social, aplicado a los estudiantes). 3. Desaparición del Cuerpo de Granaderos (un grupo antichoque). 4. Destitución de los jefes policíacos. 5. Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto. 6. Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos". La respuesta siempre fue la misma: bayonetas, cárcel y muerte.
La toma militar de los campus de la UNAM, el 18 de septiembre, y del IPN, el 23, prefiguraron el desenlace del mitin en la Plaza de las Tres Culturas, el 2 de octubre siguiente, considerado como un parteaguas en la historia moderna de la aún hoy endeble democracia mexicana, pero que en ese momento representó un negro episodio de la Guerra Fría, registrado profusamente por fotógrafos de prensa, cuyas imágenes fueron sistemáticamente censuradas o manipuladas por casi todos los medios mexicanos. Las crónicas, ceñidas a la versión oficial. El silencio ominoso de la prensa mexicana, o –lo que es peor– su obsecuencia hacia el poder tampoco debe ser olvidado.
El genocidio del 2 de octubre de 1968 prescribió mediante burdas maniobras leguleyas. Los responsables políticos y militares ya han muerto. Sólo sobrevive Luis Echeverría Álvarez, sujeto a proceso y cumpliendo un arraigo domiciliario desde hace dos años, no por la masacre que orquestó desde las catacumbas de la Secretaría de Gobernación en 1968, sino por el genocidio que cometió el 10 de junio de 1971, de nuevo contra estudiantes, pero ahora como presidente de México. Todavía hoy Echeverría niega cualquier responsabilidad en ambos crímenes y presume de no arrepentirse de nada.
Todos coinciden en que hace 40 años se inició la transición democrática que aún no termina en México, pese a que el PRI dejó el poder en 2000. Ahí la sociedad mexicana cobró conciencia de sí misma y desde entonces conquista cada vez mayores espacios, pese a que la miseria, el autoritarismo, la corrupción, el clientelismo, el fraude electoral, la impunidad y la represión siguen vivos.
Ahí brotó el germen ideológico de una ultraderecha que tomó el poder político en el 2000 y repitió en 2006. Ahí se forjó una izquierda que se atomizó tras la disolución del Partido Comunista Mexicano, a finales de los ’70, y que fue mudando hacia el Partido Socialista Unificado de México, luego al Partido Mexicano Socialista y terminó como Partido de la Revolución Democrática, hoy hundido en todas sus contradicciones y miserias, justo cuando más izquierda hace falta en México.

3 de octubre de 2008
©página 12
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criminal participa en elecciones


Ex presos políticos de Arica cuestionan a candidato de derecha. Acusan a Nino Baltolu de respaldar a suboficial (R) que participó en la Caravana de la Muerte.
Arica, Chile. Dicen que es necesario que el autodenominado "candidato amigo" entregue una explicación "porque con esta foto estaría lavando la imagen de un homicida".
Mientras el martes pasado el candidato a alcalde de la Alianza en Arica Nino Baltolu posaba para la posteridad muy sonriente junto a Sebastián Piñera, un grupo de integrantes de la Asociación de Usuarios del Programa de Reparación y Atención Integral de Salud y Derechos Humanos (Prais), solicitó una explicación por otra fotografía.
¿Por qué en una de las imágenes difundidas en su campaña Baltolu aparece acompañado por el suboficial (R) del Ejército Luis Carrera Bravo, quien participó en la Caravana de la Muerte? Esa fue la pregunta que asaltó a los miembros del Prais, y que aparentemente, aún no tiene respuesta.
A través de una declaración pública la asociación cuestionó la propaganda del candidato de oposición y aseguró que están totalmente indignados.
"Nos llevamos una desagradable experiencia al ver la fotografía de Nino Baltolu junto a Carrera, uno de los criminales más despiadados que registre la violación de derechos humanos en el norte del país, al poco tiempo del golpe militar", señalan en el escrito Hernán Mery, Isabel Córdova y Walton López, miembros de la agrupación de Presos Políticos de Arica.
Añadieron que es necesario que el autodenominado "candidato amigo" entregue una explicación, "porque con esta foto estaría lavando la imagen de un homicida condenado por la justicia a diez años y un día de presidio".
Además, cuestionaron la fecha en que empezó a circular la propaganda, "ya que se recuerda a miles de víctimas inocentes de la dictadura de Pinochet, las que al parecer, con su actitud, no serían considerados amigos por el candidato de la derecha.

Octubre de 1973
En la carta enviada por el Prais a La Nación, se detalla el momento en que ocurrieron los hechos por los que cuestionan la presencia del ex suboficial de Ejército.
"Para recordar la memoria del señor Baltolu queremos reseñar que los crímenes de Luis Carrera fueron cometidos el 19 de octubre de 1973 en Arica, como parte de la Caravana de la Muerte", apuntaron.
Añadieron que ese día los dirigentes del Partido Socialista Óscar Ripoll, Julio Valenzuela y Manuel Donoso "fueron sacados del cuartel donde estaban detenidos y trasladados hasta la Cuesta Chaca, donde fueron asesinados a tiros por los suboficiales René Bravo y Luis Carrera".
Asimismo, la Agrupación de Presos Políticos de Arica puntualiza que la justicia calificó estos hechos como delitos de lesa humanidad.
"En su resolución, los magistrados argumentaron que el Estado de Chile está obligado a perseguir los delitos cometidos durante la pasada dictadura, porque así lo demanda la legislación penal internacional que protege los derechos humanos", señalan.
El Prais hace hincapié en el comunicado que "nos parece una aberración contra las miles de víctimas que el señor Baltolu se respalde de Carrera, sin el menor cuestionamiento a este homicida, quien fuera parte de la más brutal campaña contra los derechos humanos en la historia de nuestro país".
Pese a que ayer La Nación intentó comunicarse con el empresario de origen italiano, en su comando aseguraron que estaría realizando campaña durante todo el día en la Caleta Vitor y por tanto estaba inubicable.

3 de octubre de 2008
©la nación
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le metieron 45 tiros en el cuerpo


En México, una victoria policial contra una organización de narcotráfico provoca una mortal venganza. Juan José Soriano, subdirector del Departamento de Policía de Tecate ayudó a las autoridades norteamericanas en la detección de un túnel de los narcotraficantes. A la mañana siguiente, dos pistoleros le metieron 45 balazos en el cuerpo.
[Richard Marosi] Tecate, México. Un perro detector de drogas llevó a un agente de la Patrulla Fronteriza norteamericana hacia un contenedor en un almacén justo al norte de la frontera mexicana. Al mirar dentro, vio varias pilas de paquetes de marihuana y a un hombre con una pistola metida en el cinturón.
El agente y el hombre se miraron fijamente por unos instantes y luego el contrabandista se metió en un hoyo y desapareció. Cuando los agentes que llegaron de refuerzo alumbraron la entrada con sus linternas, el hombre ya no estaba. Había escapado hacia México por un serpenteante túnel.
Las autoridades norteamericanas llamaron a un amigo de confianza al otro lado de la frontera: Juan José Soriano.
El subdirector del Departamento de Policía de Tecate reunió a todo el personal de turno de treinta agentes en el destartalado cuartel general en la avenida Benito Juárez. Soriano sabía que cualquiera de ellos podría filtrar información hacia los gángsteres que operaban el túnel. Así que requisó sus celulares y los alejó con una artimaña diciéndoles que había una persecución en coche cerca de la frontera.
El veterano agente sólo confió la existencia del túnel a algunos de sus agentes más fiables. Más tarde ese mismo día, los agentes entraron a Estados Unidos y cruzaron todo el túnel, llegando a un edificio vacío, donde encontraron ordenadores, libros de contabilidad y otras evidencias claves.
Para las autoridades norteamericanas, fue un alentador ejemplo de cooperación a través de las fronteras en la guerra contra las drogas ilegales. Para los capos del crimen en México, fue una victoria policial que no podía quedar sin castigo.
Esa noche en diciembre pasado, cuando Soriano dormía con su esposa y su bebé, dos hombres armados hasta los dientes entraron a su casa y le metieron 45 tiros en el cuerpo. El agente, padre de tres hijas jóvenes, murió en el dormitorio. Duró sólo dos días como subdirector del departamento.
La muerte de un agente de policía se saluda en México generalmente con una sonrisita. Demasiado a menudo, se da por sentado que el agente en cuestión trabajaba para los dos lados en la furiosa guerra de los carteles que, el año pasado, se cobró la vida de al menos dos mil personas en México.

Pero todos los indicios, tanto de fuentes norteamericanas como mexicanas, sugieren que Soriano era uno de los buenos, mal pagado pero de algún modo inmune a la seducción del dinero fácil y a las amenazas del mortal poder de fuego de las violentas organizaciones de narcotraficantes de México.
La cooperación con las agencias policiales estadounidenses abarca desde compartir datos de inteligencia secretos hasta allanamientos y detenciones. Es un agresivo trabajo policial donde los polis honestos arriesgan sus vidas.
Un hombre intenso, pero de voz suave, Soriano luchó durante años para limpiar el problemático departamento. Pero sus campañas contra la corrupción sólo le ganaron el desprecio de muchos policías. En la pequeña capilla en honor de los agentes caídos, en el patio del cuartel de policía, el retrato de Soriano brilla por su ausencia.
"Es una vergüenza", dice Donald McDemott, ex subdirector de la Patrulla Fronteriza, que trabajó con Soriano. "Era uno de los tipos buenos... Su partida prematura fue un golpe a las policías fronterizas de los dos lados".
Una ciudad de 120 mil habitantes metida en las escarpadas montañas a 64 kilómetros al este de Tijuana, Tecate es mejor conocida por su plaza bordeada de árboles y su cervecería. Pero su apacible apariencia oculta su reputación como centro de organizaciones criminales que utilizan el área circundante de rocosos picos y remotos valles como una plataforma de lanzamiento para el transporte de drogas y seres humanos.
Se sospecha desde hace tiempo que los doscientos miembros del departamento de policía funcionan como brazo de los carteles de la droga, proporcionándoles protección y asegurándose de que las rutas de transporte permanezcan abiertas a lo largo de los 120 kilómetros de frontera de los que es responsable el departamento.
Soriano se mantenía aparte. Según fuentes policiales a los dos lados de la frontera, era un policía agresivo y disciplinado que aspiraba a convertirse en jefe de policía. A diferencia de la mayoría de los agentes mexicanos, tenía un diploma en ciencias policiales. Y pasó tres años en el Grupo Beta, una fuerza de seguridad federal con la que, una vez, salvó a 65 inmigrantes durante una tormenta de nieve.
En 2003, Soriano se hizo cargo del equipo de fuerzas especiales. Rompiendo con las prácticas del pasado, se acercó a agencias norteamericanas a la búsqueda de oportunidades de adiestramiento y de lucha contra el crimen en las fronteras.
Los agentes de Soriano arrestaban a bandidos de la frontera, desbarataban operaciones de contrabando y llegaron a lugares donde no se habían visto policías en años, dicen fuentes norteamericanas y mexicanas que, por temor a las represalias, sólo accedieron a hablar a condición de preservar el anonimato.

Soriano era una fuente indispensable para la Patrulla Fronteriza y otras agencias y asistía regularmente a reuniones bilaterales, donde compartía información con sus contrapartes estadounidenses. "Quería hacer las cosas correctamente", dijo una fuente de la policía mexicana. "Pero para mucha gente eso era un problema".
En 2005, los jefes de policía reasignaron a Soriano a una función de escritorio. "Le cortaron las alas. No estaba dispuestos a secundarlo", dijo una fuente en la policía norteamericana.
A fines del año pasado, el nuevo alcalde de Tecate salvó la carrera de Soriano, pidiéndole que fuera el número dos del departamento. Sus contactos con policías al otro lado de la frontera aplaudieron el nombramiento y no tuvieron que esperar demasiado para restaurar los vínculos.
Sin embargo, esta vez lo que estaba en juego era mucho más.
Un túnel bien protegido puede generar decenas de millones de dólares por concepto de ganancias por venta de drogas para los narcotraficantes, que pagan enormes cantidades de dinero de protección para mantenerlos abiertos y amenazan a los que delaten su ubicación.
Era crucial encontrar rápidamente la entrada al túnel descubierto esa noche de diciembre. Las autoridades estadounidenses no querían que los operadores del túnel tuviesen tiempo para sacar las drogas y otras evidencias. En otros casos de túneles, las autoridades mexicanas han respondido tan lentamente, que los capos del crimen organizado han podido escapar llevándose las drogas.
Soriano actuó de inmediato. Después de requisar los celulares de los agentes, los envió a un paso fronterizo de cuatro vías diciéndoles que capturaran a un fugitivo que trataba de escapar de las autoridades californianas. Luego él y varios otros agentes de su confianza empezaron a buscar el túnel en casas particulares y locales comerciales cerca de la frontera. Mantenía vigilados a los policías corruptos, que temía que pudiesen escabullirse para avisar a los operadores del túnel.
La búsqueda fracasó. Para encontrar la entrada, había que recorrer todo el túnel.
Soriano reclutó a siete agentes voluntarios. Cruzaron la frontera norteamericana y bajaron al túnel mientras las autoridades mexicanas y estadounidenses lo esperaban en la superficie en México. Unos 45 minutos más tarde, el equipo mexicano subió por el socavón de veinticuatro metros y llegó a un edificio desocupado de dos plantas en una calle al sur de la frontera.
Cerca de la entrada colgaba una imagen de la Virgen de Guadalupe. Cerca había monitores de ordenadores y libros de contabilidad. Soriano, alertado por una llamada de radio de su equipo, llegó al edificio justo antes que la turba de periodistas y otros policías. Agentes de la policía federal mexicana precintaron la escena del delito.

A eso de las dos de la mañana siguiente una caravana de vehículos se encaminó por el surcado camino de tierra que llevaba a la modesta casa de Soriano, que estaba decorada con una sarta de luces navideñas. Dos hombres armados con rifles de asalto AK-47 entraron a la casa. Soriano saltó de la cama, pero uno de los hombres lo detuvo antes de que pudiera coger sus armas en el pasillo.
Soriano pareció reconocer a sus atacantes y les suplicó que no dispararan, dijo una fuente. Pero los hombres hicieron fuego. Sólo por unos centímetros las balas no alcanzaron a la bebita de un año de Soriano, que dormía en una cuna junto a la cama.
Desde la muerte de Soriano las relaciones entre el Departamento de Policía de Tecate y las agencias norteamericanas se han reducido a la nada. El cuerpo no cuenta con un oficial de enlace, y en los territorios fronterizos ha vuelto a reinar el caos, dicen fuentes mexicanas.
El asesinato de Soriano envió un mensaje a los otros agentes que se atreven a cooperar con las autoridades estadounidenses.
Eso quedó claro en el funeral de Soriano, donde muchos agentes parecían en realidad estar celebrando su muerte, dijo una persona que asistió al funeral. Algunos reían, mientras otros hablaban a toda voz, haciendo ademanes irrespetuosos.
Las autoridades mexicana sospechan que agentes de policía pueden estar implicados en el asesinato, sea como autores materiales o actuando de vigías para los asesinos. Hasta el momento no se ha detenido a nadie.
Entretanto, la investigación del túnel se ha paralizado. No han habido detenciones, y no se sabe quién estuvo detrás de la construcción y del financiamiento del túnel.
El día del hallazgo del túnel, Soriano dejó la escena del delito en gran parte intacta. Pero pronto decenas de soldados, policías, agentes federales y periodistas invadieron el lugar para admirar la sofisticada iluminación y el sistema de bombeo de agua. Otras personas no identificadas aparecieron por el lugar, sin motivos aparentes, dijeron fuentes norteamericanas y mexicanas.
Los ordenadores y otras evidencias desaparecieron.
Soriano escribió una vez en una evaluación de empleo que quería ser jefe de policía y dirigir un equipo de polis leales y agresivos a los que trataría como amigos. "Quiero estar rodeado de policías honestos que nunca traicionen a nadie".

richard.marosi@latimes.com

Robert López contribuyó a este reportaje.

13 de septiembre de 2008
7 de septiembre de 2008
©los angeles times
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violencia altera la vida en méxico


La violencia relacionada con las drogas altera el ritmo de la vida en México.
[Marc Lacey] Tijuana, México. Con un salón de bingo, un canódromo y un enorme salón de tragaperras, Casino Caliente tiene su buena ración de chillidos y quejidos todos los días del año. Pero cuando un grupo de hombres fuertemente armados y vestidos de negro irrumpieron violentamente y ordenaron a todo el mundo a tenderse en el suelo un viernes noche de este mes, los arrebatos alcanzaron un nivel enteramente diferente.
"¡Todo el mundo al suelo!", gritaron los hombres enmascarados, agregando insultos para dejar en claro sus intenciones y apuntando a uno y otro lado con sus armas automáticas. El pánico se apoderó del salón de bingo. Nadie sabía qué pasaría ahora.
Pertenecen al pasado los días en que la guerra de los carteles de la droga en México era algo abstracto para la mayoría de la gente, algo que lamentaban leyendo los diarios de la mañana como si estuviera ocurriendo lejos del país. Las huellas de la guerra están en todas partes, como en las radios que transmiten baladas que romantizan a los narcotraficantes y gigantes pancartas que los carteles cuelgan de las pasarelas para reclutar asesinos a sueldo y amenazar a sus rivales.
Los narcotraficantes mexicanos que embarcan narcóticos desde América del Sur a Estados Unidos están librando una encarnizada guerra contra el gobierno del presidente Felipe Calderón, que ha enviado al ejército a zonas conflictivas del país para reprimirlos. Las reparticiones policiales, infiltradas por los narcotraficantes y sin adiestramiento adecuado, no están a la altura de la misión. Los resultados han sido magros: han habido capturas de enormes alijos de drogas y detenciones de algunos barones de la droga, pero también violentas represalias de parte de traficantes fuertemente armados, que han asesinado a agentes de policía y también a muchos civiles no implicados en su guerra.
La vida en México está cambiando de modos sutiles a medida que la posibilidad de un incidente violento acecha en cada cruce, salón de baile y plaza. Con creciente frecuencia se ven dibujados en el asfalto los contornos en tiza de cuerpos de niños en los últimos sitios del suceso. Hay ataques en fiestas de bautizo, en restaurantes elegantes, en salones de bingo como el Caliente, donde, según se vio, esa noche no se disparó ni un solo tiro. Los hombres armados resultaron ser agentes de la policía federal, y se marcharon rápidamente con dos detenidos, sospechosos de ser narcotraficantes.
"Los que no ven la guerra de los carteles que se lucha a su alrededor tienen la cabeza metida en la arena", dijo Jeannette Anaya, una actriz de Tijuana que está tratando de movilizar a la comunidad artística de la ciudad para manifestarse a favor de la paz.
En los últimos días, dos mujeres y dos niñas se encontraron entre las víctimas de un ataque en Guerrero. Este mes fueron asesinadas nueve personas en una reunión familiar en las montañas de Chihuahua, incluyendo a varios adolescentes, un niño de cuatro y otro de dieciséis. En total, la guerra de las drogas ha significado en lo que va de año la muerte de 2682 personas, incluyendo ancianos, colegiales y mujeres embarazadas, de acuerdo a un conteo del diario El Universal.
"Los violentos asesinatos masivos de personas no relacionadas con el crimen organizado, sus cobardes ejecuciones, son intolerables para México", dijo José Reyes Baeza, gobernador de Chihuahua, que ha criticado la campaña contra la violencia del gobierno federal. "La tendencia es inaceptable y debemos frenarla".
Los ricos blindan sus vehículos, llevan prendas protectoras y se trasladan rodeados de hombres fornidos con auriculares. Pero la gente con menos recursos recurre a sus propias medidas improvisadas para sobrevivir.
Manuel, un hombre de negocios en sus cuarenta que vive en Tijuana, evita los restaurantes de la ciudad, especialmente los que sirven comida de Sinaloa, que tiene más capos del narcotráfico que cualquier otro estado. Su padre es de Sinaloa y adora los tamales de camarones y otros productos de la región, pero teme que existe un mayor peligro de encontrarse con matones en los restaurantes que ofrecen ese tipo de comida.
"Sirven mariscos, y son los mejores", dijo, negándose a proporcionarnos su apellido por temor a que le cobren sus palabras. "Prefiero comer en casa. ¿Cómo podría llevar a mi mujer y mis hijos a un restaurante donde no conozco a la gente que hay a mi lado? ¿Qué pasaría si algo sale mal?"
Tiene razón para estar tan desconfiado. Su hermano fue sacado de su casa de Tijuana hace casi un año por hombres armados y desde entonces no sabe nada de él -una de las numerosas personas que han desaparecido en ataques nocturnos relacionados con los carteles de la droga.
"Todos vivimos con miedo", dijo. "Cualquiera de nosotros puede ser secuestrado o asesinado. Trato de no llevar nada encima y de no hacer nada que atraiga su atención. Uso camisetas de manga corta y un sombrero. No tengo joyas. No quiero destacarme".
En el México moderno un nuevo modo de discreción se está haciendo camino. ¿Se pone detrás de ti un todoterrenos en un cruce? Mejor seguir mirando hacia delante.  Todavía mejor, recomiendan muchos, no parar nunca con luz roja.
Estalló un gran debate sobre los puestos de control de la policía. ¿Deberíamos parar y correr el riesgo de que se trata de tipos disfrazados de policías?
Las mujeres deben precaverse de cómo rehuir la atención no solicitada de un hombre. Quién sabe si se puede ofender y qué armas podría llevar consigo. Los hombres deben tener cuidado de no mirar a la novia, esposa o hermana que alguien que se gana la vida matando.
"En estos días tienes que tener más cuidado con todo", dijo José Carlos Vizcarra, que dirige un grupo de consultores sobre criminalidad en la ciudad fronteriza de Mexicali. "Si entras a un bar y hay una chica guapa sentada sola, piénsalo dos veces antes de acercarte a ella. ¿Quién sabe si no es la novia de un narcotraficante? Si él entra cuando la estás invitando a una cerveza podría ser tu último día".
Y las mujeres no son solamente acompañantes de narcotraficantes, dice Howard Campbell, antropólogo en la Universidad de Texas en El Paso, que ha estudiado el narcotráfico en México. Algunas mujeres son contrabandistas, que han surgido en el mundo dominado por los machos que es el mundo del narcotráfico y responsables de violentas campañas.
Las mujeres también están profundamente implicadas en el lavado de dinero del narcotráfico, escribió Campbell en un reciente artículo en Anthropological Quarterly, dirigiendo negocios como guarderías infantiles, joyerías y boutiques que ayudan a mantener funcionando a las bandas que trafican drogas. ¿Ese collar? ¿Ese vestido? ¿Esa niñera? En el México de hoy, podrían todas estar financiando el negocio de las drogas.
"En estos días es imposible saber exactamente quién es quién", dijo Campbell. "Puede ser peligroso".
De hecho, cualquier cosa puede ser peligrosa. El padre de otra víctima de secuestro dijo que las relaciones amorosas en estos días habían cambiado substancialmente. Uno de los dos hijos del hombre había roto con su novia. Otro chico, con vínculos con los narcotraficantes, empezó a salir con ella. Un día el año pasado un grupo de hombres vestidos de negro llegaron a la casa del hombre y se llevaron a uno de sus hijos, que no era el que andaban buscando. Desde entonces que no saben nada de él.
Esto no quiere decir que los mexicanos estén paralizados por el temor. Cientos de miles de personas se manifestaron el sábado en Ciudad de México, Tijuana y decenas de ciudades en todo México para encender candelas y recuperar las calles.
Sin embargo, muchos se han acostumbrado a cosas que antes les alarmaban. Están haciendo cosas, como insertarse un chip en sus antebrazos de modo que puedan ser localizados en caso de ser secuestrados, que nunca imaginaron en otros tiempos más tranquilos.
La policía se ha quejado de que los transeúntes en escenas del crimen usan sus cámaras para tomar fotos de los cuerpos.
"Lo peor que nos puede pasar es que nos acostumbremos al dramático conteo diario de las muertes y secuestros provocados por los asesinos del narcotráfico", se lee en un editorial reciente de El Universal.
En el salón de bingo de Tijuana, una vez que los agentes federales escoltaron a dos hombres sospechosos de ser narcotraficantes justo después de medianoche un viernes, algunos desconcertados jugadores se levantaron del suelo, abandonaron sus cartones de bingo y se marcharon. Para ellos, la velada les había reportado mucho más acción que la que habían esperado.
Pero otros, como si no hubiese pasado demasiado, se levantaron del suelo, recogieron sus cartones y continuaron desafiando su suerte.

2 de septiembre de 2008
31 de agosto de 2008
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auge del frasco de la muerte


El fármaco utilizado antes como somnífero se ha vuelto popular entre enfermos terminales y personas que quieren terminar con sus vidas.

[Marc Lacey] Tijuana, México. "¿Cocaína?", dijo un tipo en la sórdida Avenida Revolución de Tijuana una noche hace poco, sin darse la molestia de bajar la voz.
"¿Chicas?"
Cuando ninguna de las ofertas provocó la respuesta deseada, ofreció otra cosa: "¿Cigarros cubanos?"
Podría haber seguido por un buen rato recitando la larga lista de artículos de contrabando que se encuentran en Tijuana. Sin embargo, un producto de esta ciudad fronteriza supera a todos los demás en términos de su impacto: la muerte en un frasco, un líquido incluso más potente que el tequila más fuerte.
El fármaco, pentobarbital, literalmente quita el aliento a la persona. Puede matar poniendo a dormir a la gente, y en la mayoría de los países es estrechamente controlado. Pero la gente enferma o de edad avanzada que busca un modo rápido e indoloro de poner fin a sus vidas dicen que no hay un ningún otro país en la Tierra, excepto México, donde sea más fácil conseguir pentobarbital, un barbitúrico conocido comúnmente como Nembutal.
Ampliamente disponible en el pasado como somnífero, ahora es utilizado mayormente para anestesiar a los animales durante operaciones y para matarlos.
Los pequeños frascos de su forma concentrada líquida, cantidad que es suficiente para matar, no se encuentran en las estanterías de las numerosas droguerías de Tijuana, pero sí en sus tiendas de mascotas, que venden una amplia variedad de animales, así como fármacos y otros artículos para ellos.
"Es en México donde se encuentra Nembutal ampliamente disponible", se lee en ‘The Peaceful Pill Handbook’, un libro que detalla métodos para terminar con la propia vida. Co-escrito por Philip Nitschke, fundador de Exit International, una organización australiana que ayuda a la gente que quiere poner fin a sus vidas, el libro está prohibido en Australia y Nueva Zelanda. Sin embargo, en Estados Unidos se encuentra online a apenas unos click de ratón.
El libro, así como seminarios que ofrece Nitschke, ofrece estrategias para los moribundos. La forma de suicidio menos problemática y dolorosa, dice, es comprar el pentobarbital mexicano, que se vende bajo los nombres comerciales de Sedal-Vet, Sedalphorte y Barbithal.
Aquellos que buscan el fármaco, los llamados turistas de la muerte, recorren las farmacias veterinarias que abundan en Tijuana. Las estanterías están colmadas de remedios para perros, vitaminas para caballos y toda una gama de frascos y cajas que sólo entiende el veterinario.
El libro de Nitschke, sin embargo, proporciona brillantes fotos de las numerosas versiones de pentobarbital que son convenientes para el suicidio. Comprar pentobarbital puede ser tan fácil como mostrar las fotos a un dependiente y pagar tan poco como treinta dólares por una dosis.
Dependientes de tiendas de mascotas de Tijuana reconocen que los extranjeros preguntan corrientemente sobre el fármaco. "En los últimos dos años hemos tenido cerca de cien personas que han llegado preguntado por la medicina", dijo Pepe Velásquez, veterinario y propietario de la farmacia El Toro.
Hasta que El Norte, un diario regional, publicara hace poco un artículo que explicaba lo fácil que era comprar pentobarbital -y para qué lo usaban los extranjeros-, muchos dueños y dependientes de tiendas dijeron que pensaban que los clientes lo estaban usando para matar a sus animales.
"No teníamos la menor idea de lo que hacían con eso", dijo un dependiente de una tienda de mascotas llamada California. "Es para los animales. Aquí todo es para los animales. Pensábamos que ellos se lo estaban dando a sus animales".
Pero lo estaban usando para consumo humano. Nitschke calcula que unos trescientos miembros de su organización, la mayoría de ellos de Australia, pero también de Estados Unidos y Europa, han comprado el fármaco en México en los últimos años. Algunos lo guardan para cuando su salud empeore de tal modo que ya no quieran seguir viviendo. En algunos casos, los compradores ingirieron el fármaco estando en México.
"Es una muerte muy pacífica", dijo Nitschke sobre la muerte por pentobarbital. "Normalmente yo recomiendo que lo ingieran con su trago favorito, ya que tiene un sabor amargo. Nunca he visto a nadie terminar su whisky o su champaña. No hay suficiente tiempo para dar un discurso. Te duermes y te mueres".
Pero ahora que se corrió la voz de que el somnífero está siendo usado para consumo humano, las autoridades locales han empezado a reprimir las compras no autorizadas. Ahora se supone que las tiendas venden el fármaco sólo a veterinarios autorizados que muestran una receta.
Don Flounders, 78, sufre de mesotelioma, una extraña y mortífera forma de cáncer asociada usualmente con la exposición al asbesto. No tuvo problemas en conseguir pentobarbital cuando viajó de Australia a Los Angeles en enero para cruzar la frontera hacia Tijuana.
"Entré a la primera farmacia veterinaria que encontré, mostré la foto y me la vendieron", dijo en una conferencia telefónica desde Australia. Más difícil fue llevarla a casa. Es ilegal introducir pentobarbital en Estados Unidos, y Exit International dice que los aduaneros estadounidenses han requisado el fármaco al menos a tres de sus miembros. La organización dice que ninguno de sus miembros ha sido sorprendido con el fármaco en las aduanas australianas.
Pero una vez en casa, Flounders, que defiende la eutanasia, contó a un equipo de la televisión sobre su compra. Fue filmado llevándole un frasco a una amiga, Angie Belecciu, 56, que está muriendo de cáncer y que ayudó a financiar su viaje a México.
Las dos casas fueron más tarde allanadas por la Policía Federal Australiana. El suicidio asistido es ilegal en Australia.
"Fue una afrenta", dijo Flounders sobre el allanamiento. "Tengo 78 años y mi mujer tiene 85. Sufro esta enfermedad incurable, y cuando cuatro enormes policías subieron las escaleras de mi casa me sentí muy desconcertado".
Ni Flounders ni Belecciu han usado pentobarbital y no se han formulado cargos contra ellos.
Otro australiano que compró el fármaco en México, Caren Jenning, fue condenada en junio de complicidad en un caso de homicidio debido a que un amigo, Graeme Wylie, que sufría de un avanzado Alzheimer y había expresado su deseo de terminar con su vida, lo ingirió para cometer suicidio hace dos años.
En el caso también fue condenada por homicidio Shirley Justins, pareja de Wylie, que abrió un frasco de Nembutal comprado por Jenning y le dijo que si lo ingería, moriría.
"El problema era si este hombre estaba en condiciones mentales en ese momento de decidir tomar el fármaco para terminar con su vida", dijo Sam Macedone, abogado de Jenning. El tribunal aparentemente fue persuadido por el alegato de la fiscalía de que Wylie sufría de un grado tal de demencia que era incapaz de tomar una decisión razonada para cometer suicidio.
Jenning tiene cáncer, dijo Macedone. Podría ser condenada a veinticinco años de prisión, aunque probablemente vivirá menos de cinco, dijo. Si recurre, dijo Macedone, probablemente no se resolverá antes de su muerte.
Dijo que era terriblemente triste "que una persona tenga que pasar por todo esto cuando todo lo que hizo fue ayudar a un amigo".
El suicidio asistido ha emergido como un problema en México, donde el Senado aprobó en abril permitir que los médicos puedan retirar medicinas de soporte vital de algunos pacientes, pero no tomar medidas activas para causar la muerte. La eutanasia es fuertemente rechazada por la iglesia católica.
"Para mí es terrible", dijo Velázquez, el veterinario de Tijuana y dueño de una farmacia, sobre la eutanasia. "Creo que la gente debe vivir tanto tiempo como lo decida Dios".
Toda esa publicidad sobre el uso no autorizado de pentobarbital ha hecho algo más difícil encontrarlo a lo largo de la frontera norte de México. "Oh, no, no tenemos eso", dijo un dependiente de El Grano de Oro, la respuesta dada por los empleados cuando se les preguntó en seis farmacias veterinarias en la zona turística de Tijuana una tarde hace poco.
Sin embargo, en la séptima tienda, apenas a unas cuadras de Avenida Revolución, la dependienta dijo lo tenía. Alcanzó una estantería detrás de ella y sacó una caja de Sedalphorte, una de las marcas recomendadas por Nitschke. El envase llevaba fotos de un perro y un gato y decía en gruesos caracteres que sólo se vendía con receta.
Le preguntamos si nos lo vendería, y nos miró confundida. "Por supuesto", dijo, pasándonos un frasco por cuarenta y cinco dólares.

10 de agosto de 2008
21 de julio de 2008
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submarino con coca


México frente a un nuevo reto: mini-submarinos. Proveedores colombianos han aumentado su uso de pequeños semisumergibles para llevar drogas prohibidas a sus mercados en Estados Unidos.
[Ken Ellingwood] Ciudad de México. La captura fue como una película de acción: tropas de elite mexicanas dejándose caer sobre la cubierta de un misterioso submarino.
La embarcación de diez metros de largo resultó estar atiborrada de paquetes con cocaína, posiblemente toneladas. La desaliñada tripulación salió a superficie en calcetas y pantalones cortos, diciendo que habían zarpado en Colombia hacía una semana, bajo amenaza de muerte.
Las fuerzas armadas mexicanas confirmaron el jueves que los hombres eran colombianos, pero no dieron mayores informaciones sobre la captura del mini-submarino en las costas del sur un día antes.
El capitán José Luis Vergara, portavoz de la Armada mexicana, dijo que las autoridades estaban llevando el "bien construido" navío a tierra y todavía tenían que pesar la carga, aunque dijo que se trataba probablemente de toneladas.
El inusual incidente sugiere que el gobierno, que ya persigue a los narcotraficantes por tierra y aire, hace frente a un nueva e inquietante amenaza submarina.
Proveedores de droga colombianos recurren cada vez más a pequeñas embarcaciones semisumergibles para tratar de llevar los estupefacientes hacia el norte a sus mercados finales. En los últimos dos años y medio, fuerzas colombianas y americanas y la Guardia Costera de Estados Unidos han requisado más de una docena de ese tipo de navío.
Funcionarios norteamericanos dicen que el navío está siendo usado más a menudo debido a que son más difíciles de detectar por radar. Según las autoridades estadounidenses, las requisiciones representan una pequeña parte de los cerca de cuarenta navíos que han sido divisados en 2007.
"Cuando creen que pueden ser capturados, la tripulación arroja la carga al mar", dijo José Ruiz, portavoz del Comando Sur de Estados Unidos en Miami, que monitorea las actividades relacionadas con droga. "Las sacan, las arrojan al mar, y las drogas se van al fondo del océano, donde no se pueden recuperar para utilizarlas como evidencia".
La captura del miércoles del navío submarino de color oliva en el Pacífico a unos doscientos kilómetros frente a las costas de Oaxaca, es la primera de su tipo frente a las costas de México, dijeron las autoridades.
La captura incluyó imágenes de lanchas patrulleras de la armada pasando a toda velocidad y comandos cargados de adrenalina colgados arriba de la máquina: una vistosa victoria para el presidente Felipe Calderón y su campaña de dieciocho meses contra las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas.
La campaña ha incluido el envío a las calles a lo largo de la frontera norteamericana y otros corredores claves en el transporte de drogas de 45 mil soldados federales y agentes de policía. Bandas de narcotraficantes han reforzado sus arsenales con granadas y bazucas y, dicen las autoridades, montado coches con bombas para utilizarlos posiblemente contra fuerzas gubernamentales.
Ahora las autoridades hacen frente a un arma marítima a medida que los traficantes buscan modos de llevar su mercadería a los consumidores estadounidenses.
"México no está preparado para esto", dice Guillermo Garduño, especialista en seguridad nacional de la Universidad Autónoma Metropolitana en Ciudad de México. "Si hay un frente naval de los traficantes, México tendrá que reestructurar o modificar sus fuerzas navales".
A diferencia de la mayoría de países latinoamericanos, México no tiene una fuerza naval, que fue considerada cara e innecesaria.
Pero el creciente uso de navíos submarinos pequeños y difíciles de detectar podría alterar esa idea, ya que esas naves también podrían ser utilizadas por terroristas contra las instalaciones petroleras mexicanas en el Golfo de México, dijo Garduño.
En una declaración, la armada dijo que sus fuerzas atacaron el navío después de recibir informes de inteligencia de "agencias nacionales y extranjeras".
Vergara se negó a dar detalles sobre la fuente de los datos o cómo detectaron el submarino. En una entrevista en la televisión, dijo que aunque esos navíos pueden evadir el radar permaneciendo debajo de la superficie, son fáciles de ver desde el aire porque no terminan de hundirse.
Funcionarios norteamericanos en Ciudad de México celebraron la operación pero dicen que ellos sólo cooperan rutinariamente con las autoridades mexicanas en la lucha contra el narcotráfico.
Los miembros de la tripulación, entrevistados por los medios mexicanos en tierra cuando eran llevados al tribunal el miércoles, dijeron que habían zarpado de la ciudad portuaria de Buenaventura, en la costa Pacífico de Colombia, hacía siete días.
Los hombres, de entre veinte y cincuenta, sesenta años, dijeron ser pescadores y que habían sido secuestrados y obligados a hacer el viaje por hombres que amenazaron a sus familias. Los marinos dijeron que no sabían qué estaban transportando ni el destino del navío, que dijeron que era controlado por un sistema de navegación satelital. No quedó claro cuánto control tienen sobre el navío.
"Nos dijeron que teníamos que ir con el submarino hacia dónde ellos nos enviaban", dijo Rafael Jiménez, sospechoso, 27, según el diario Reforma.
Los hombres dijeron que les habían ofrecido quinientos dólares por el trabajo.
Buenaventura es uno de los lugares donde las autoridades colombianas han requisado minisubmarinos de fibra de vidrio, algunos cuando estaban siendo construidos. Los funcionarios creen que al menos algunos de los navíos han sido construidos por encargo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, una organización rebelde considerada ampliamente en el país como la organización de traficantes más grandes del país.
Los navíos caseros son cada vez más sofisticados, con modelos autopropulsados por motores diesel de 350 caballos de fuerza y equipados con lastre y sistemas de comunicación que dificulta que sean detectados.
Los navíos pueden sumergirse casi completamente, pero carecen de la potencia para volver a salir a superficie que tienen los verdaderos submarinos.
Funcionarios policiales estadounidenses han expresado su preocupación de que los navíos pudieran eventualmente ser utilizados por terroristas contra blancos norteamericanos.

ken.ellingwood@latimes.com

Cecilia Sánchez en Ciudad de México y Vimal Patel en Washington contribuyeron a este reportaje.

24 de julio de 2008
18 de julio de 2008
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nueva fase en guerra contra narcos


El reciente asesinato del jefe de policía del país ha provocado una represión. Pero los carteles han respondido con más violencia.
[Héctor Tobar] Ciudad de México. Para responder a los narcotraficantes de los que se sospecha que ordenaron el asesinato del jefe de la policía antinarcóticos de México, el presidente Felipe Calderón envió dos mil tropas del ejército y de la policía federal al territorio de la organización, el estado de Sinaloa al oeste del país.
Los traficantes respondieron con un ataque paramilitar contra una comisaría de policía, y provocaron a las tropas recién llegadas con burlescos letreros colgados en las calles.
Los analistas dicen que esas acciones de la semana pasada muestran que el asesinato de Edgar Millán Gómez, el 8 de mayo, ha abierto una nueva y peligrosa fase en la lucha del país contra las drogas prohibidas.
Millán Gómez, 41, director interino de la policía federal de México, sabía que se había convertido en un blanco de los traficantes y se trasladaba constantemente entre sus tres casas en un intento de burlar a su enemigo: Arturo Beltrán Leyva, el capo de una de las facciones del llamado cartel de Sinaloa.
La policía oficial perdió esa batalla.
Desde que fuera acribillado a balazos, los funcionarios han revelado que los asesinos de Millán Gómez probablemente sabían que dormía en más de una casa. Incluso tenían las llaves de su puerta principal, una inquietante ilustración de la destreza de los carteles a la hora de reunir información sobre operaciones oficiales.
Funcionarios y analistas dicen que el asesinato fue en realidad un síntoma de debilidad. Presionado por el gobierno, argumentan, el cartel de Sinaloa está en retirada y desordenado, dividido en grupos que luchan unos contra otros. Varios miembros de nivel medio y alto de la organización han sido arrestados y las tropas del ejército desplegadas en la región han incautado envíos de drogas, destruido plantaciones de opio y requisado más de cien avionetas que se cree eran usadas por los narcotraficantes.
El asesinato del tercer funcionario en importancia de la seguridad pública fue un acto implacable cometido por criminales arrinconados, dice el gobierno.
"Hemos perjudicado sus operaciones económicas y logísticas", dijo Calderón el domingo. "Y eso aparentemente ha provocado esos actos criminales de desesperación en el que tratan de recuperar los espacios que han perdido".
Millán Gómez, que coordinaba los esfuerzos conjuntos del ejército y la policía federal, había propinado varios golpes al cartel de Sinaloa. El más grande fue la incautación de veintitrés toneladas de cocaína en octubre, en el puerto de Manzanillo, en el Pacífico.
Pero la investigación del asesinato de Millán Gómez también ha revelado el poder y alcance del cartel.
En Ciudad de México, los guardaespaldas y varios ayudantes de Millán Gómez fueron obligados a someterse al detector de mentiras. Los detectives creen que un alto funcionario cercano a Millán Gómez debe haberlo traicionado.
Al menos un agente de la policía federal ha sido detenido en relación con el asesinato: José Antonio Montes Garfias, un veterano que llevaba catorce años en la sede regional de la policía federal en Culiacán, la capital del estado de Sinaloa.
También han salido a superficie detalles sobre el grado en que las organizaciones de narcotráfico de México dependen de ex soldados y agentes de policía en servicio activo.
El cartel de Sinaloa es uno de los más antiguos de México. Fundado por unas pocas familias estrechamente unidas y que en el pasado dominaba el comercio de drogas de México, en la última década ha sido retado por el llamado cartel del Golfo, con sede en el estado fronterizo al nordeste, Tamaulipas. Pero los traficantes de Sinaloa todavía controlan las rutas de transporte del Pacífico que, según funcionarios estadounidenses, se ha convertido en la más popular para el envío de cocaína colombiana a Estados Unidos.
Joaquín ‘el Chapo’ Guzmán, el fugitivo [fue aprehendido hace unas semanas] capo de la organización está peleando por el control de la organización con su ex matón, Beltrán Leyva, dicen funcionarios. La hostilidad entre las facciones puede haber resultado en el asesinato del hijo de Guzmán, Edgar, 8 de mayo, el día que mataron a Millán Gómez.
Millán Gómez estaba dirigiendo una operación contra Beltrán Leyva apenas a horas de ser asesinado, dicen funcionarios. Sus agentes habían arrinconado al barón de la droga en una autopista en las afueras de Cuernavaca, al sur de Ciudad de México. Pero fueron dominados por un bien coordinado equipo de guardaespaldas, dirigido por ex miembros del Batallón de Infantería 43, del ejército mexicano.
Murieron dos hombres de cada lado, dijeron las autoridades. Nueve de los guardaespaldas de Beltrán Leyva fueron arrestados.
Pero Beltrán Leyva escapó. Esa noche, su plan de deshacerse del tenaz Millán Gómez avanzaba hacia su consumación, dijeron las autoridades. De acuerdo a la policía federal, el líder del cartel encargó el asesinato de Millán Gómez a una banda criminal de Ciudad de México.
El horario de Millán Gómez era un secreto celosamente guardado, conocido sólo por algunos colegas, dijeron los funcionarios. Pero cuando se acercaba a casa acompañado de dos guardaespaldas en un todoterrenos blindado, cuatro asesinos a sueldo del cartel lo estaban esperando detrás de la puerta.
Los guardaespaldas dejaron a Millán Gómez, que entró solo a su casa. Segundos más tarde, oyeron disparos.
Aunque herido por al menos ocho tiros, Millán Gómez fue capaz de coger a uno de los atacantes, dijeron los funcionarios.
"¿Quién te mandó?", preguntó. "¿Quién te mandó a matarme?" Murió en un hospital, el tercer funcionario de alto rango de la policía federal en ser asesinado esta semana en México.
Sus guardaespaldas quedaron heridos en un intercambio de fuego con los atacantes que escapaban. Uno de ellos, un delincuente de poca monta con dos condenas por robo de autos, fue detenido. Escaparon al menos tres.
Varios analistas dicen que México está entrando en una nueva fase de la guerra de las drogas. La ofensiva del gobierno, dijeron, ha provocado escasez de dinero y divisiones en los carteles.
El columnista Jorge Hernández Menéndez comparó los aprietos de los traficantes mexicanos con los del barón de la droga colombiano, Pablo Escobar y su cartel de Medellín durante su ocaso a fines de los ochenta y principio de los noventa.
"Mientras más débil se volvía Escobar, más enemigos tenía... y mientras menos dinero tenía, más recurría a la violencia para vengarse de sus enemigos y asustarlos", escribió Fernández Menéndez en el diario Excelsior.
El martes, el ‘gabinete de seguridad’ de Calderón, incluyendo a los ministros del Interior y de Defensa y al fiscal general, viajaron a la capital de Sinaloa para una reunión. Entonces enviaron tropas.
"Si fuera necesario, traeremos más tropas", dijo el ministro de Defensa Guillermo Galván. "El crimen organizado no es, y no puede ser nunca, más fuerte que México".
Los funcionarios actuaron con rapidez para cerrar veinte de las veintidós oficinas de cambio de Culiacán para auditar sus operaciones. Esos negocios son usados a menudo por los traficantes para lavar su dinero.
Los narcotraficantes respondieron con ataques de guerra de guerrillas contra la comisaría de policía.
El miércoles unos cuarenta operativos del cartel lanzaron un ataque contra una comisaría de policía en Guamuchil, una ciudad a 97 kilómetros al noroeste de Culiacán. Llegaron en diez camionetas último modelo, y llevaban chaquetas con la chapa de la agencia de policía federal.
Cuando la media docena de agentes en el interior corrieron a buscar cobertura, los atacantes rociaron el edificio con balas de armas semiautomáticas y lanzaron al menos dos granadas. Dos agentes resultaron heridos antes de que los atacantes huyeran, dejando varios cientos de cartuchos utilizados.
Los traficantes también colgaron unos carteles en las esquinas de Culiacán que ridiculizaban los esfuerzos del gobierno.
"Pequeños soldaditos de plomo, generales de paja", decía una pintada en una tela.
"Este es territorio de Arturo Beltrán".

17 de julio de 2008
18 de mayo de 2008
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