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opinión

la rebelión de las masas


Interesante columna de Carlos Peña, de El Mercurio, en la que sostiene que satisfacer los impulsos -llamados narcisistas- de las masas es un error.
[Carlos Peña] Esta semana las masas fueron protagonistas: se estimularon sus emociones más básicas hasta el hartazgo y se les concedió lo que pidieron, o casi.
Todo comenzó con la muerte del general Bernales. Su rito funerario -una puesta en escena que parecía diseñada para quien merece entrar en la historia- permitió asistir a uno de los fenómenos más peculiares, y excesivos, del último tiempo.
No obstante que murió en un accidente -¿habrá una forma más casual de morir?- el general Bernales fue erigido en héroe y su fallecimiento se relató por los medios como una epifanía. En él las gentes proyectaron sus emociones más básicas, desde los deseos de protección al sentido de pertenencia.
Igual como las masas que llenaron la política y las calles del siglo XX.
En este caso, claro está, la masa no fue una muchedumbre físicamente reunida, sino un auditorio de miles y miles de personas congregadas a la distancia en torno a los medios de comunicación que, en un perfecto sinsentido, hicieron de un accidente un acontecimiento heroico.
Como han sugerido algunos autores -Sloterdijk, entre ellos- ese tipo de acontecimientos prueba que, al contrario de lo que suele creerse, las masas y su manipulación no se han alejado de la escena pública, sólo que ahora se trata de un "individualismo de masas": miles de personas que descargan sus emociones, o se dejan anestesiar, en la comodidad de sus casas, participando así, a la distancia, de esa proximidad emotiva que da el contacto masivo y vulgar.
No tiene nada de malo -se dirá- que la gente se deje llevar por las emociones e incurra en esa medianía que es propia de la masa. No, no hay nada malo en ello. Salvo un detalle: así ni se construye el espacio cívico, ni se fortalecen las virtudes democráticas.
Las protestas estudiantiles de esta semana fueron también un fenómeno de masas.
Los grupos hace poco incorporados al sistema educativo esperan encontrar en él los mismos bienes que ese sistema era capaz de proveer cuando era de minorías y ellos estaban excluidos. Este desajuste de expectativas -Bourdieu lo llamó "efecto de histéresis"- nos acompañará durante mucho tiempo. La masificación del sistema educativo no sólo ha puesto todos los problemas de la sociedad dentro de la sala de clases, sino que ha privado a los certificados educativos del aura de privilegio y de bienestar que los grupos recién incorporados esperan encontrar en ellos. El resultado es -y desgraciadamente será así por mucho tiempo- una creciente frustración: se espera de los bienes masivos una distinción y un bienestar que, justo porque ahora son de masas, ya no son capaces de proveer.
En otras palabras, es inevitable que los 25.000 estudiantes de derecho no encuentren en el título de abogado los privilegios que éste confería cuando los alumnos eran apenas 2.500; que los miles de estudiantes de periodismo no hallen en la profesión lo que ésta daba cuando los periodistas eran un puñado; y así con cada una de las profesiones.
Y es que cuando los bienes son masivos, ya no privilegian a nadie.
Ese fenómeno nada tiene que ver con la educación con o sin fines de lucro o con la índole privada o estatal de las instituciones educativas. Es un fenómeno inevitable en las sociedades que tienen sistemas educativos de masas.
Los otros problemas del sistema educativo -su baja calidad y la grave asociación entre rendimiento y origen socioeconómico- se resuelven también de otra forma: mejora en la formación de profesores, sistemas de aseguramiento de la calidad, cambio del estatuto docente, subvención diferenciada.
Pero nada de eso es posible de ser reflexionado cuando las masas se hacen cargo del asunto. El rasgo más evidente de su comportamiento -lo vimos esta semana también a propósito de los reclamos de los camioneros- es el narcisismo: esa tendencia a creer que el suyo es el único punto de vista válido, inmune a toda evidencia. Y es que la masa -lo dijo Freud- es como un niño: desconoce el principio de realidad.
Por eso -al margen de sus beneficios inmediatos- la actitud del gobierno hacia los reclamos de esta semana producirá más mal que bien. No se saca nada con confundir los fenómenos de masa con la participación democrática.
Las masas -en palabras de Elías Canetti esas muchedumbres que reclaman, ansían, lloran o vociferan- han jugado desde siempre un papel central en la política. Saber halagarlas es una de las habilidades fundamentales de quien aspira al poder. Saber contenerlas, y sobre todo decirles que no, es una de las virtudes de quien alcanzó el poder del Estado.
Porque una cosa es aspirar al poder y otra cosa distinta es ejercerlo.
Confundir ambos planos -ejercer el poder como quien aspira a él, que es lo que el gobierno hizo esta semana- tarde o temprano se revela como un error.

9 de junio de 2008
©el mercurio
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estados unidos y la tortura


Un columnista de El Mercurio muestra debilidades de argumentación norteamericana en defensa de la tortura.
[José Zalaquett] Desde hace años el gobierno de Bush autoriza la tortura como instrumento de lucha contra el terrorismo. Casi todos los que sufren esos tratos crueles se "quiebran". Acuciados por la desesperación, los prisioneros le dicen al torturador lo que quiere oír, sea o no verdadero. Los tormentos deshumanizan a las personas y las reducen a un mero aullido de la carne, desprovistas de toda dignidad y albedrío.
En Estados Unidos, algunos intelectuales han propuesto legalizar la tortura para circunstancias extremas. Frente a ello uno puede rehusarse a debatir una proposición tan descabellada o bien exponer pacientemente las razones por las cuales la tortura debiera ser siempre ilegal. Andrew Sullivan, uno de los bloggers más leídos, optó correctamente por esto último.
Quienes argumentan que debiera permitirse la tortura suelen poner el ejemplo de "la bomba de tiempo": Supongamos que un terrorista acaba de explotar una bomba en un lugar público, matando a centenares de personas. Es detenido, pero se jacta de haber escondido otra bomba de tiempo y que no dirá dónde. Es torturado, termina confesando y la policía llega a tiempo para desactivar el explosivo. ¿Condenaría Ud. a estos agentes de la ley por el crimen de tortura? Si lo hace —se argumenta—, la próxima vez la policía no actuará y morirán muchos inocentes.
El ejemplo puede parecer fantasioso, pero en el clima posterior al 11 de septiembre de 2001, a muchos estadounidenses no les parece que lo sea tanto y aceptan el razonamiento que justifica la tortura. Por ello, es bueno reiterar por qué su prohibición debe ser total.
Se dice que hay otras prácticas iguales o peores que la tortura, como matar, que no están prohibidas absolutamente. Por ejemplo, es permisible dar muerte a otro en legítima defensa o disparar contra un combatiente enemigo en una guerra. ¿Por qué, entonces, cerrarse ante la posibilidad de permitir la tortura en ciertas situaciones críticas? Lo que explica la diferencia es que no son raros los casos en que el derecho a la vida de unos entra en conflicto con igual derecho de otros y conviene que la ley los regule. En cambio, el ejemplo de la "bomba de tiempo" sigue siendo extremadamente implausible. ¿Y si llegara a suceder alguna vez? Pues entonces se decidirá, prudencialmente, sobre la suerte de los policías; quizás los jueces concluyan que éstos actuaron bajo una extrema presión que los exime de responsabilidad o a lo mejor se les otorga un perdón presidencial… Lo que no se puede hacer es legalizar la tortura, aunque sea para los casos más extremos. Ello es así porque, a diferencia de la realidad, que admite variaciones infinitesimales, los cambios de la ley siempre son más gruesos, como quien baja o sube un peldaño completo. Y cuando una prohibición absoluta se relativiza, así sea mínimamente, se está abriendo un boquete por donde se irán expandiendo las excepciones a la regla. De este modo la tortura, que revierte a los estados a los tiempos de barbarie y los coloca al nivel de sus más despiadados enemigos, ganará más terreno.
El error de quienes abogan por legalizar la tortura es su obsesión porque todo calce lógicamente. "Si imagino una situación excepcionalísima, la ley debiera regularla". Pero no tiene por qué ser así. Lo cuerdo es que si llegan a ocurrir circunstancias inimaginables, la sociedad respectiva delibere con sensatez sobre cómo tratarlas. Pero pretender que la norma se ponga anticipadamente en casos inconcebibles, es abrir una Caja de Pandora.

9 de junio de 2008
©el mercurio
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hambre infame


Hay cada vez más hambre. La causa es la globalización neoliberal.
[Boaventura de Sousa Santos] Conocido hace tiempo por los que estudian la cuestión alimentaria, el escándalo finalmente estalló en la opinión pública: la sustitución de la agricultura familiar, campesina, orientada a la autosuficiencia alimentaria y a los mercados locales, por la gran agroindustria, orientada al monocultivo de productos de exportación (flores, soja, etc.), lejos de resolver el problema de la alimentación mundial, lo agrava. Habiendo prometido erradicar el hambre del mundo en veinte años, hoy nos enfrentamos con una situación peor de la que existía hace cuatro décadas. Cerca de un sexto de la humanidad pasa hambre: según el Banco Mundial, 33 países están al borde de una crisis alimentaria grave; aun en los países más desarrollados los bancos de alimentos están por perder sus reservas; y volvieron las revueltas del hambre, que en algunos países ya causaron muertes. Mientras tanto, la ayuda alimentaria de la ONU hoy está comprando a 780 dólares la tonelada de alimentos que en marzo pasado compraba a 460 dólares.
La opinión pública está siendo sistemáticamente desinformada sobre este tema para que no se dé cuenta de lo que está pasando. Es que lo que está pasando es explosivo y puede ser resumido del siguiente modo: el hambre del mundo es la nueva gran fuente de lucro del gran capital financiero, y sus ganancias aumentan en la misma proporción que el hambre.
El hambre en el mundo no es un fenómeno nuevo. Desde la Edad Media hasta el siglo XIX fueron famosas en Europa las revueltas del hambre (con el saqueo de comerciantes y la imposición de la distribución gratuita del pan). Lo que es nuevo en el hambre del siglo XXI son sus causas y el modo en que las principales son ocultadas. A la opinión pública se le ha informado que el hambre está ligado a la escasez de productos agrícolas, y que ésta se debe a las malas cosechas provocadas por el calentamiento global y las alteraciones climáticas; al aumento del consumo de cereales en la India y en China; al incremento de los costos de los transportes debido a la suba del petróleo; a la creciente reserva de tierras agrícolas para producir agrocombustibles. Todas estas causas han contribuido al problema, pero no son suficientes para explicar que el precio de la tonelada de arroz se haya triplicado desde el inicio de 2007.
Estos aumentos especulativos, como los del precio del petróleo, son el resultado de que el capital financiero (bancos, fondos de pensiones, fondos hedge de alto riesgo y rendimiento) ha comenzado a invertir fuertemente en los mercados internacionales de productos agrícolas, tras la crisis de la inversión en el sector inmobiliario. En articulación con las grandes empresas que controlan el mercado de semillas y la distribución mundial de cereales, el capital financiero invierte en el mercado de futuros con la expectativa de que los precios continuarán subiendo y, al hacerlo, se refuerza esa expectativa. Cuanto más altos sean los precios, más hambre habrá en el mundo, mayores serán las ganancias de las empresas y los retornos de las inversiones financieras. En los últimos meses, los meses en que aumentó el hambre, las ganancias de la mayor empresa de semillas y cereales aumentaron un 83 por ciento. O sea, el hambre de lucro de Cargill se alimenta del hambre de millones de seres humanos.
El escándalo del enriquecimiento de algunos a costa del hambre y la subnutrición de millones ya no puede ser disfrazado con ‘generosas’ ayudas alimentarias. Tales ayudas son un fraude que encubre otro mayor: las políticas económicas neoliberales que hace treinta años vienen forzando a los países del Tercer Mundo a dejar de elaborar los productos agrícolas necesarios para alimentar a sus propias poblaciones y a concentrarse en productos de exportación, con los cuales ganarán divisas que les permitirán importar productos agrícolas... de los países más desarrollados. Quien tenga dudas sobre este fraude, que compare la reciente ‘generosidad’ de los Estados Unidos en la ayuda alimentaria con su consistente voto en la ONU contra el derecho a la alimentación reconocido por todos los demás países.
El terrorismo fue el primer gran aviso de que no se puede continuar impunemente con la destrucción o el robo de la riqueza de algunos países para beneficio exclusivo de un pequeño grupo de países más poderosos. El hambre y la revuelta que acarrea parecen ser el segundo aviso. Para responder eficazmente será necesario poner fin a la globalización neoliberal tal como la conocemos. El capitalismo global debe volver a sujetarse a reglas que no sean las que él mismo establece para su beneficio. Debe exigirse una moratoria inmediata en las negociaciones sobre productos agrícolas en curso en la Organización Mundial del Comercio. Los ciudadanos tienen que comenzar a privilegiar los mercados locales, a rechazar en los supermercados los productos que vienen de lejos, a exigir del Estado y de los municipios la creación de incentivos a la producción agrícola local, a exigir que las agencias nacionales de seguridad alimentaria, donde las haya, entiendan que la agricultura y la alimentación industriales no son el remedio contra la inseguridad alimentaria. Bien por el contrario, son su causa.

El autor es doctor en Sociología, catedrático de las universidades de Coimbra (Portugal) y de Wisconsin (EE.UU.)

Traducción de Javier Lorca.

16 de mayo de 2008
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bolivia blanca y próspera


¿Qué fundamento moral puede tener un país o una región autónoma basada en principios de agudo retardo histórico y mental?
[Jorge Majfud] La rápida conquista de Amerindia hubiese sido imposible sin la cosmología mesoamericana y andina. De otra forma nunca dos imperios maduros, con poblaciones millonarias y ejércitos de valor, hubiesen sucumbido a la locura de un puñado de españoles. Pero también fue posible por el nuevo espíritu aventurero y guerrero de la cultura medieval de la Castilla vencedora en la Reconquista y del nuevo espíritu capitalista del Renacimiento. Desde un punto de vista simplemente militar, ni Cortés ni Pizarro se recordarían hoy de no haber sido por la mala conciencia de dos imperios como el azteca de Moctezuma y el inca de Atahualpa. Ambos se sabían ilegítimos y les pesaba como no les pesa a ningún gobernador moderno.
Los españoles conquistaron primero estas cabezas o las estrujaron y cortaron para poner en su lugar a caciques títeres y privilegiar la vieja aristocracia nativa, una historia que le puede ser muy familiar a cualquier pueblo periférico del siglo XXI.
La principal herencia estratégica de esta historia fue la progresiva división social y geográfica. Mientras se admiraba primero la revolución cultural de Estados Unidos, basada en teorías utópicas, y luego simplemente se admiró su fuerza muscular, la que procedía por uniones y anexiones, la América del Sur procedía con el método inverso de las divisiones. Así se destruyeron los sueños de los hoy llamados libertadores, como Simón Bolívar, José Artigas o San Martín. Así explotaron en fragmentos de pequeñas naciones como las de América Central o las de América del Sur.
Esta fragmentación fue conveniente a los nacientes imperios de la Revolución Industrial y del celebrado caudillismo criollo, donde un jefe representante de la cultura agrícolo-feudal se imponía sobre la ley y el progreso humanista para salvar su prosperidad, la que confundía con la prosperidad del nuevo país. Paradójicamente, como en la democracia imperial de la Atenas de Pericles, tanto el imperio británico como el americano se administraban de forma diferente, como democracias representativas. Paradójicamente, mientras el discurso de las clases prósperas en América latina imponía el ideoléxico "patriotismo", su práctica consistía en servir los intereses extranjeros, los suyos propios como minorías, y someter a la expoliación, expropiación y ninguneo de una mayoría que estratégicamente se consideraban minorías.
En Bolivia los indígenas fueron siempre una minoría. Minoría en los diarios, en las universidades, en la mayoría de los colegios católicos, en la imagen pública, en la política, en la televisión. El detalle radicaba en que esa minoría era por lejos más de la mitad de la población invisible. Algo así como hoy se llama minoría a los hombres y mujeres de piel negra en el Sur de Estados Unidos, allí donde suman más del cincuenta por ciento. Para no ver que la clase dirigente boliviana era la minoría étnica de una población democrática, se pretendía que un indígena, para serlo, debía llevar plumas en la cabeza y hablar el aymará del siglo XVI, antes de la contaminación de la Colonia. Como este fenómeno es imposible en cualquier pueblo y en cualquier momento de la historia, entonces le negaban ciudadanía amerindia por pecado de impureza. Para ello, el mejor recurso ahora consiste en la burla sistemática en libros harto publicitados: se burlan de aquellos que reclaman su linaje amerindio por hablar español y encima lo hacen a través de Internet o de un teléfono celular. Por el contrario, a un buen francés o a un japonés tradicional nunca se les exige que orinen detrás de un naranjo como en Versailles o que su mujer camine detrás con la cabeza gacha. Es decir, los pueblos amerindios no tienen más lugar que el museo y los bailes para turistas. No tienen derecho al progreso, eso que no es invento de ninguna nación desarrollada sino de la humanidad a lo largo de toda su historia.
Los recientes referéndum separatistas de Bolivia –evitemos el eufemismo– son parte de una larga tradición, lo que demuestra que la habilidad para retener el pasado no es patrimonio exclusivo de quienes se niegan a progresar sino de quienes se consideran la vanguardia del progreso civilizador.
Si las ideologías y las culturas medievales (es decir, prehumanistas) defendían hasta ayer con sangre en los ojos y en sus sermones políticos y religiosos las diferencias de clase, de raza y de género como parte de la naturaleza o del derecho divino y ahora han cambiado el discurso, no es que hayan progresado gracias a su propia tradición sino a pesar de esa tradición. No han tenido más remedio que reconocer e incluso tratar de apropiarse de ideoléxicos como ‘libertad’, ‘igualdad’, ‘diversidad’, ‘derechos de minorías’, etcétera, para legitimarse y extender una práctica contraria. Si la democracia era "un invento del demonio" hasta mediados del siglo XX, según esta mentalidad feudal, hoy ni el más fascista sería capaz de manifestarlo en una plaza pública. Por el contrario, su método consiste en repetir esta palabra asociándola a prácticas musculares contrarias hasta vaciarla de significado.
Es fácil advertir por qué un patriotismo o un nacionalismo puede ser fascista y el otro humanista: uno impone la diferencia de su fuerza muscular y el otro reclama el derecho a la igualdad. Pero como tenemos una sola palabra y dentro de ella se mezclan todas las circunstancias históricas, usualmente condenamos o elogiamos indiscriminadamente.
Ahora, la fuerza muscular del opresor no es suficiente; es necesaria también la tara moral del oprimido. No hace mucho una Miss Bolivia –con unos trazos de rasgos indígenas para una mirada exterior– se quejaba de que su país sea reconocido por sus cholas, cuando en realidad había otras partes del país donde las mujeres eran más lindas. Esta es la misma mentalidad de un impuro llamado Domingo Sarmiento en el siglo XIX y la mayoría de los educadores de la época.
El coloniaje militar ha dejado paso al coloniaje político y éste le ha pasado la posta al coloniaje cultural. Esta es la razón por la cual un gobierno compuesto de etnias históricamente repudiadas por propios y ajenos no sólo debe lidiar con las dificultades prácticas de un mundo dominado y hecho a la medida del sistema capitalista, cuya única bandera es el interés y el beneficio de clases financieras, sino que además debe lidiar con siglos de prejuicios, racismo, sexismo y clasismo que se encuentran incrustados debajo de cada poro de la piel de cada habitante de esta adormecida América.
Como reacción a esta realidad, quienes se oponen recurren al mismo método de elevar a la cúspide caudillos, hombres o mujeres individuales a quienes hay que defender a rajatabla. Desde un punto de vista de un análisis humanista, esto es un error. Sin embargo, si consideramos que el progreso de la historia –cuando es posible– también está movido por los cambios políticos, entonces habría que reconocer que la teoría del intelectual debe hacer concesiones a la práctica del político. No obstante, otra vez, aunque dejemos en suspenso esta advertencia, no debemos olvidar que no hay progreso humanista luchando eternamente con los instrumentos de una vieja tradición opresora y antihumanista.
Pero primero lo primero: Bolivia no se puede partir en dos en base a una Bolivia rica y blanca y otra Bolivia india y pobre. ¿Qué fundamento moral puede tener un país o una región autónoma basada en principios de agudo retardo histórico y mental? ¿Por qué no se llegó a estos límites separatistas –o de "unión descentralizada"– cuando el gobierno y la sociedad estaban dominados por las tradicionales clases criollas? ¿Por qué entonces era más patriótica una Bolivia unida sin autonomías indígenas?

El autor es un scritor uruguayo. Profesor en la Universidad de Georgia, EE.UU.

10 de mayo de 2008
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bush debe solucionar caos


Antes de terminar su mandato. Bush mantendrá tropas en Iraq, y probablemente también dejará a su sucesor el caos que creó su gobierno. Editorial del New York Times.
El presidente Bush no olvidará nunca su ‘Misión cumplida’, y no debería. Cuando la Casa Blanca lanzó la afirmación hace cinco años, sonó engreída y prematura. Y mientras Bush continúa su guerra sin fin de 526 billones de dólares en Iraq, parece asombrosamente falsa.
La única misión que hay que cumplir es una retirada ordenada de Iraq, y Bush no parece estar siquiera cerca de reconocerlo. Tampoco lo está el senador John McCain. Todo lo que hace el Congreso es retorcerse las manos.
Así que son los senadores Barack Obama y Hillary Rodham Clinton los que deben revivir el debate nacional sobre Iraq, y aumentar la presión sobre la Casa Blanca. Aunque está claro que Bush no tiene ninguna intención de ofrecer una estrategia de salida, hay cosas que podría hacer para que sus sucesores tengan una mejor posibilidad de contener el caos después de la partida de las tropas estadounidenses.
Un debate racional debe reconocer en primer lugar que Iraq todavía es un lugar muy peligroso. El aumento de tropas estadounidenses el año pasado produjo inicialmente un marcado descenso de los ataques de los insurgentes. Pero los ataques en abril mataron a más de cincuenta soldados estadounidenses, el mayor número de bajas en un solo mes desde septiembre pasado.
Los estadounidenses también necesitan un informe completo sobre los programas de adiestramiento militar financiados y dirigidos por Estados Unidos en Iraq, y una mejor explicación de por qué las tropas iraquíes siguen siendo tan débiles. La decisión del primer ministro Nuri Kamal al-Maliki de reprimir al fin a algunas milicias chiíes fue una buena cosa, pero dejó ver lo poco preparado que está el ejército iraquí para, incluso ahora, luchar solo.
Nos alegra saber que Maliki optó con hablar con Teherán sobre su papel en el armamento y financiamiento de las milicias. Era urgente que los líderes iraníes oyeran directa y firmemente de sus hermanos chiíes en Bagdad que esa intervención desestabilizadora debe terminar. Estados Unidos también implicar a Irán, Siria y todos los otros países vecinos de Iraq. Deben entender que más caos en Iraq no les conviene.
Es preocupante que Estados Unidos e Iraq todavía no tengan una estrategia para abordar el hecho de que más de cuatro millones de iraquíes han sido desplazados de sus hogares; que dos millones setecientas mil personas son refugiados internos , y que hay otro millón y medio o más que viven como refugiados en Siria y Jordania. No es solamente una cuestión de sufrimiento humano. Amenaza con extender el caos de Iraq mucho más allá de sus fronteras.
Tanto Iraq como Estados Unidos debe asumir responsabilidades. Bagdad, inundada por los beneficios del petróleo, debe ofrecer más ayuda a su propio pueblo. Washington debe proporcionar más ayuda y permitir muchos refugiados más que los doce mil que se ha comprometido a aceptar este año. Tememos que ni siquiera cumpla con ese magro objetivo.
La lista de errores y misiones incumplidas no termina ahí. Millones de iraquíes todavía no tienen agua potable ni cuidados médicos, miles están desempleados, el gobierno todavía no implementa reformas importantes, como la ley de distribución de los beneficios del petróleo.
Bush ya no declara que ha cumplido la misión. Al contrario. He dejado en claro que mantendrá las tropas en Iraq hasta el fin de su mandato, y deje el caos a sus sucesor. Los tres senadores que quieren su cargo deben insistir en que solucione ahora esos problemas.

4 de mayo de 2008
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las sesiones de tortura


Se necesita un nuevo congreso y un nuevo presidente para reparar los daños que ha causado Bush con su política de violación de las libertades civiles y los derechos humanos.
Desde que los estadounidenses se enteraran de que soldados y agentes de inteligencia norteamericanos estaban torturando a prisioneros, ha surgido una inquietante pregunta: ¿Cuán arriba llegó la decisión de ignorar las leyes de Estados Unidos, los tratados internacionales, las Convenciones de Ginebra y principios morales elementales?
La respuesta, según nos hemos enterado hace poco, es que -con el pleno conocimiento y aprobación del presidente Bush- algunos de los funcionarios de más alto rango del país no sólo aprobaron la aplicación de torturas a prisioneros, sino además participaron en la detallada planificación de duros métodos de interrogatorio y contribuyeron a crear una estructura jurídica que protegiera de la justicia a los que obedecieran las órdenes.
Desde hace tiempo que sabemos que el ministerio de Justicia torció las leyes para dar su orwelliana bendición a la tortura de personas, y que el ministro de Defensa, Donald Rumsfeld aprobó toda una lista de técnicas para torturar a prisioneros. Pero informes recientes de ABC News y de la Associated Press dicen que todos los principales asesores de seguridad nacional del presidente en la época participaron en la creación de los métodos de interrogatorio: el vicepresidente Dick Cheney; Rumsfeld; Condoleezza Rice, entonces asesora de seguridad nacional; Colin Powell, el ministro de relaciones exteriores; John Ashcroft, el fiscal general [ministro de Justicia]; y George Tenet, director de la central de inteligencia.
Estos funcionarios no tuvieron el tiempo ni la previsión para planificar las secuelas de la invasión de Iraq ni la tenacidad para llevar a buen término la cacería de Osama bin Laden. Pero se las arreglaron para celebrar decenas de reuniones en la Sala de Crisis de la Casa Blanca para organizar y dar cobertura jurídica a la tortura de prisioneros, incluyendo bestiales métodos que son considerados como tortura por las naciones civilizadas.
Bush dijo a ABC News este mes que él estaba enterado de esas reuniones y había aprobado sus conclusiones.
Los que han seguido la historia de las políticas del gobierno sobre los prisioneros no se asombrarán. Hemos leído los memoranda del ministerio de Justicia redefiniendo la tortura, afirmando que Bush no estaba obligado a acatar las leyes y ofreciendo una estrategia sobre cómo evitar responsabilidades criminales por las torturas infligidas a prisioneros.
La cantidad de tiempo y energía dedicados a estas prácticas ilegales en los más altos niveles del gobierno nos recuerda lo poco que, de hecho, sabemos los estadounidenses sobre los modos en que Bush y su equipo han minado, subvertido y quebrantado la ley en nombre del modo de vida americano.
En particular tenemos preguntas que hacer sobre la participación de Rice, que ha logrado evitar que se la acuse de las catastróficas decisiones tomadas en la época en que era asesora de seguridad nacional de Bush, y de Powell, un oficial de carrera del ejército que debería haber sabido que la tortura no tiene gran valor como método de recabamiento de informaciones y que puso así en mayor peligro a los soldados estadounidenses capturados. ¿Hizo objeciones o advirtió sobre los desastrosos efectos que tendría sobre el prestigio de Estados Unidos en el mundo? ¿Lo hizo alguien?
Bush ha eludido o anulado todo intento de revelar el alcance y profundidad de sus sórdidas acciones. El probable que el Congreso endorse el encubrimiento del alcance de las interceptaciones ilegales que autorizó después del 11 de septiembre de 2001, y todavía estamos esperando, cada día con menos esperanzas, el prometido informe sobre lo que el equipo de Bush sabía realmente antes de la invasión de Iraq sobre la ausencia de armas de destrucción masiva -lo contrario de lo que proclamaba.
En este momento parece que para obtener respuestas tendremos que seguir esperando al menos hasta la formación de un nuevo Congreso y un nuevo presidente. Sería ideal que la verdad y la rendición de cuentas coexistieran. Pero lo menos que necesita la opinión pública es conocer toda la verdad.
Alguien llamará a esto una distracción retrospectiva, pero solamente una comprensión completa de lo que ha hecho Bush durante los últimos ocho años para torcer el estado de derecho y violar las libertades civiles y los derechos humanos puede dar a Estados Unidos la esperanza de reparar los daños y tomar medidas para que no vuelva a ocurrir.

21 de abril de 2008
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sobre la despenalización de las drogas


[Eva Giberti] Se trata de desactivar la legislación dogmática y persecutoria que transformó el consumo personal en un delito<./b>
Argentina. Durante los primeros tres días arreciaron los llamados telefónicos para buscar información acerca de "la despenalización de la droga". Con esa frase se grabaron múltiples mensajes en mi contestador, debido a mi participación en el Comité Científico Asesor en Control de Tráfico Ilícito de Estupefacientes, Sustancias Psicotrópicas y Criminalidad Compleja.
La expresión ‘despenalización de la droga' evidencia cómo el imaginario social conduce, a quienes leen y escuchan una noticia, a quedar capturados por una idea ajena al contenido de la información. Los medios de comunicación publicaron con claridad que se trata de lograr la despenalización de quienes consumen sustancias conocidas como ‘drogas', lo cual constituye un proceso distante de esa imagen, instalada en determinados sectores de la sociedad que temen la ‘despenalización de la droga', descontando que, si eso sucediera, desembocaríamos en un caos ético y social.
¿Puede penalizarse y luego despenalizarse una sustancia? ¿A qué denominamos droga? La respuesta formal: "Todo el mundo lo sabe... la juventud está arrasada por ese flagelo..."
Cuando se afirma que hay algo "que todo el mundo sabe" se repite uno de los prejuicios clásicos del imaginario social: ese "todos" es lo suficientemente abarcativo como para que resulte imposible responsabilizar a alguien concreto por dicha afirmación.
Estamos frente a un proyecto destinado a cuidar de quienes avanzan en el consumo de sustancias que podrían dañarlos, o que ya los han dañado, aportándoles los medios para contribuir a su mejoría o ‘salida' de su situación.
Un principio fundamental para trabajar en serio con ellos reside en aislarlos de cualquier intervención policial y desactivar la legislación dogmática y persecutoria que transformó el consumo personal en un delito.
Al respecto, los técnicos en Derecho que forman la comisión han sistematizado declaraciones que ponen de manifiesto no sólo la inutilidad de las detenciones, a cargo de la policía, sino la violencia que las mismas significan para el trato con quienes están necesitando otra índole de acompañamiento.
Era necesario decidir una política nacional abarcativa que comprometa a las instituciones que se ocupan de la salud, de la vida psíquica, de quienes no logran zafar del consumo indebido, además de los imprescindibles aportes de personal idóneo en materia de creatividad, laborterapia, técnicas dramáticas y teatrales que acompañan las prácticas de rehabilitación. En este nivel es donde nos movemos los profesionales del denominado Mundo Psi y también los médicos. Mientras los expertos en leyes describen qué es lo que hay que evitar –judicializar a la persona que consume–, nosotros, que transcurrimos horas al lado de esas personas, somos quienes podemos reconocer la ferocidad del efecto de una legislación brutal en el ya vulnerable psiquismo de quien recurrió a ‘las drogas'.

El Pharmakon y los Venenos
Alguna vez alguien, discutiendo el tema, comentó: "Si se despenaliza la droga los jóvenes se van a volcar en ella..."
Los jóvenes, en realidad, están haciendo otras cosas, tratando de estudiar y de buscar trabajo. (Algunos creen que sólo se ocupan de delinquir y haraganear, lo que ya constituye una definición de quiénes piensan de este modo.) Por su parte, un segmento de adolescentes estrujados psíquicamente por la necesidad de ser admirados y de formar parte de grupos ‘de avanzada', se sumergen en baldes repletos con basuras alcohólicas cuyo consumo suele conducirlos al coma alcohólico. Alcanza con hablar con los colegas que trabajan en las guardias de los hospitales durante los fines de semana.
¿Hay que penalizar al alcohol? La pregunta resulta tan absurda como la afirmación que reza: ‘despenalizar la droga'.
"Pero no va a negar que la droga es veneno." Interesante el perfil cultural de quien lo afirma. Droga es una palabra de origen latino que se empezó a utilizar con ese significado en 1582 e inicialmente, en los años 1220 a 1250, se escribía ‘avenino'.
Ese significado funciona juntamente con la expresión que los griegos socráticos y los latinos denominaban pharmakon, sustancia que es capaz de matar y de curar. Palabra de la cual derivan farmacia y farmacopea, de manera que no es tan sencillo mantener una sola interpretación malevolente de la palabra. De allí que se utiliza la expresión sustancias y no ‘drogas' cuando queremos pensar cuidadosamente.

La Encerrona Semántica
¿Cómo se supone que se podría condenar y sancionar una sustancia? "¡Ah no! Se entiende que no se refiere a sancionar a la droga sino a la gente que la vende y a quien la consume..." Esa es la trampa que permitió la creación de una legislación represiva destinada a convertir en personas castigadas a quienes por algún motivo eligieron un arriesgado ‘alivio' en el uso de sustancias.
Al generalizar el sentido de la palabra ‘droga', utilizada de manera incorrecta, en realidad se apunta a sancionar a los consumidores pero sin decirlo abiertamente, escamoteando el afán de encontrar un chivo expiatorio para justiciar y explicar determinados problemas y peligros sociales. Caracterizar a un consumidor como sujeto que amerita ser castigado es lo mismo que decirle: "Te sancionamos porque sos la representación del delito y del peligro social. Sabemos que para ordenar esta sociedad corrupta, en la cual, además, todos somos víctimas de la inseguridad, lo mejor es meterte preso o marcarte con una sanción jurídica para que tengas miedo, vergüenza y se te reconozca culpable, partícipe voluntario de la destrucción de las buenas costumbres. Judicializándote tendrás que asumir tu culpabilidad y pecado y darte cuenta de que sos un vicioso, diferente de nosotros que no usamos drogas; ustedes, los drogadictos, han estropeado a esta sociedad que entre todos tratamos de construir".
Plantearlo tan claramente evidenciaría la perversidad –necesidad de dañar al otro– de quien de este modo lo piensa y lo siente. Como manera de encubrir la necesidad de encontrar a alguien responsable por determinados transgresiones y delitos, la ‘droga' aporta el argumento mayor para desembarcarse de las propias responsabilidades sociales. Proyectar en quien consume sustancias, cualquiera que ella sea, la maldad del mundo e intentar subsanarla mediante una legislación que ha demostrado su fracaso, reclamaba una apertura ajena a la hipocresía cotidiana y admitir que aquellos, cuya patología psíquica los ha conducido a buscar sustancias, engañados acerca de las ventajas que obtendrían, constituyen un núcleo de responsabilidad social. Corresponde empezar por estudiar esa patología o esa desesperación existencial o la búsqueda coyuntural de placer.

La Formación Profesional
Tema que reclama la participación por parte de las universidades en la formación de personal capacitado; además de contar con los presupuestos que permitan contratarlos, eludiendo los ad honorem que se instituyen como excesos crónicos en nuestras instituciones (aun contando con el beneplácito generoso de los colegas).
Se trata de terminar con el mandato legal que se instala como dispositivo sancionador contra quien debe ser acompañado por rostros ajenos al perfil judicial y policíaco. Cuando quien consume se convierte en mero destinatario de normas legales y administrativas y pierde su calidad de sujeto necesitado de una escucha abierta, y se transforma en quien debe responder a un interrogatorio, las intervenciones legales se tornan hipócritas. El reino del derecho termina definiéndose por el poder de controlar la intimidad de los ciudadanos con el propósito de sentenciarlos.
Los técnicos que en esta comisión se ocupan de las pautas del derecho han respondido con claridad. Quienes estamos en contacto cotidiano con quienes demandan ayuda para desbaratar su necesidad de consumir sabemos que el proyecto actual, que cumple una función preventiva y asistencial temprana, no ignora la gravedad del daño que las sobredosis y el hábito pueden producir en quienes, antes de recurrir a ‘la droga', fragilizaron sus recursos psíquicos –probablemente también padecieron exclusiones diversas– y quedaron expuestos al uso erróneo del pharmakon.

18 de marzo de 2008
©página 12
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sobre el voto obligatorio


[Manuel Antonio Garretón M.] Inscripción automática y voto obligatorio.
El gobierno ha anunciado nuevamente el envío de un proyecto sobre inscripción automática y voto voluntario, como parte de un conjunto de reformas que mejoren la calidad de la política y cambien también el sistema electoral binominal. Para ello ha pedido el consenso de la oposición y se estaría a las puertas de un nuevo gran acuerdo cupular de la clase política.
Desde hace tiempo que el sistema político, en gran parte heredado de la Constitución impuesta por la dictadura, requiere de reformas radicales que profundicen la democracia. La inscripción automática va en ese sentido, porque reduce lo que se llaman los costos de la participación, genera una base electoral reconocida y estable, y busca asegurar el derecho y deber de participación electoral, elemento imprescindible en democracia. No se entiende por qué algo tan elemental e indispensable ha sido siempre postergado.
En cambio, al reintroducir la cuestión del voto voluntario, que afortunadamente se ha olvidado, el gobierno y la Concertación, apoyados en esto por la oposición, cometen un error histórico gravísimo, contrario a nuestra tradición política, en la que el voto obligatorio con sanciones fue introducido precisamente por la crisis de escasa participación electoral a mediados del siglo pasado.
Sus consecuencias significarán un retroceso enorme en el proceso de democratización, lo que va precisamente en contra de los objetivos de mejorar la calidad de la política. Además, se trata de una medida contradictoria (tanto como la situación actual), pues el sentido de la inscripción automática (una manera de obligatoriedad) es que toda la base inscrita participe siempre en las elecciones. Si el voto es voluntario, entonces, ¿por qué no dejar que la inscripción también lo sea?
Se trata de una iniciativa demagógica, en el sentido de hacerse eco de las visiones y demandas que afirman que nadie debe estar obligado a nada, favoreciendo y adulando el individualismo, con lo que se les hace un flaco favor a quienes se sienten distantes de la política, al no incentivar institucionalmente su participación. Y también lo es, porque el voto voluntario favorece precisamente a quienes con propuestas demagógicas son capaces de movilizar a un electorado circunstancial.
Se trata de una iniciativa antidemocrática, en la medida en que -como muestran todos los estudios- el voto voluntario, comparado con el voto obligatorio, reduce la participación electoral y, sobre todo, la elitiza, pues tienden espontáneamente a votar los sectores de mayor nivel socioeconómico y cultural. Dicho de otra manera, si se quiere que voten menos personas y que voten los de mejor nivel de vida, es decir, si se quiere trasladar la desigualdad económica y cultural al plano político, entonces corresponde el voto voluntario. Se entiende que la oposición haga este cálculo y quizás algunos partidos ‘ciudadanos' o ‘ilustrados' de la Concertación, pero no el conjunto de ella ni un gobierno que quiere mejorar la vida política del país.
Por último, se trata de una iniciativa que esconde y a la vez promueve una desvalorización del concepto de ciudadanía, el que siempre ha supuesto que la participación en los asuntos de la polis vía elecciones de representantes o plebiscitos no es sólo un derecho, sino un deber, como lo es pagar impuestos o darles educación a los niños. ¿Por qué no hacemos que los impuestos y la educación escolar sean también voluntarios? La ciudadanía política es un principio, un derecho y un deber, que no pueden quedar a merced de estados de ánimo o preferencias cambiantes.
Si se quiere mejorar la política y promover la participación de la gente, la inscripción debe ser automática y el voto, obligatorio. En todo caso, el gobierno y la clase política debieran abrirse a un debate con el mundo intelectual y académico sobre estos temas.

2 de marzo de 2008
©el mercurio
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