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opinión

caín y abel


[Israel Lotersztain] Cada vez que se comete un crimen, se mata a un hermano, escribe historiador y columnista de Página 12.
Hace 75 años, ante la aprobación de buena parte de la sociedad alemana y la absoluta pasividad del resto del planeta, Hitler llegaba al poder. Esto le costó al mundo una guerra en la que, directa o indirectamente, murieron más de setenta millones de personas, entre ellos un tercio del pueblo judío.
Me parece atinado, como un simple y sencillo homenaje a todos esos muertos, promover la reflexión sobre lo que significa el matar a otros seres humanos.
Y para ello un agnóstico militante como yo encuentra especialmente adecuado transcribir un fragmento del curso que, sobre el Antiguo Testamento y durante el año 2006, dictó en la Universidad de Yale Christine Hayes. La doctora Hayes estructuró dicho curso en torno del proceso por el cual la Biblia adaptó muy conocidas leyendas del Cercano Oriente (sobre la Creación, el Jardín del Edén y la Caída, Caín y Abel, el Diluvio), pero las impregnó de un sentido moral absolutamente nuevo y especial, de vigencia universal y eterna. Hayes dice:
"La historia de Caín y Abel, de Génesis 4.1 a 4.16, es la historia del primer homicidio. Y es un homicidio que ocurre pese a las advertencias de Dios a Caín de que es posible dominar los instintos de violencia a través de un ejercicio de voluntad. En Génesis 4.7 la Biblia le señala: El pecado (de violencia) acecha a tu puerta / te trata de atraer / pero tú puedes ser su dueño. Pero más importante es lo que sigue: muchos estudiosos han señalado la insólita cantidad de veces que a lo largo del relato del episodio se repite la palabra hermano, una y otra vez, llegando a un clímax cuando Dios interroga a Caín: ‘¿Donde está tu hermano Abel?' Y este responde: ‘No lo sé. ¿Acaso soy el guardián de mi hermano?'"
Y es allí que Christine Hayes señala con gran acierto que pese a la ironía que pretende imponer Caín la respuesta a su pregunta es absolutamente afirmativa, y en realidad va mucho más allá: todos somos guardianes de nuestros hermanos, los demás seres humanos. Y por eso la gran mayoría de los estudiosos de la Biblia concuerda en señalar el mensaje implícito en este relato bíblico: cada vez que se mata a un ser humano se comete un fratricidio.
Pero existe otro aspecto muy significativo del relato bíblico de Caín y Abel que invariablemente ha llamado la atención a los estudiosos: Caín es castigado, pero su culpabilidad tiene características muy particulares. Se supone que si alguien es culpable debe demostrarse que ha violado alguna ley, alguna norma. Y Caín muy bien podría aducir que hasta ese momento Dios no había dictado ley alguna, lo haría tan solo luego del Diluvio. Por ello, y dado el castigo que se le impone a Caín (y posteriormente a los habitantes de la Tierra con excepción de Noé y su familia) cabe deducir que la Biblia presupone la existencia de una ley básica, previa a cualquier otra, primordial, una "ley moral universal" que rige al Universo desde la misma Creación, y esta ley es la que define que la vida humana es sagrada. Y es la violación de esta ley básica, primordial, la que hace culpable a Caín.
Y Christine Hayes agrega: "Que manera más brillante de establecer el hecho de que la violencia y la inhumanidad son tan terribles que explicar, como hace el texto bíblico, que las mismas pueden llegar a provocar cataclismos cósmicos como el propio Diluvio Universal. Y en los Salmos la Biblia va incluso más allá cuando agrega que idénticos cataclismos cósmicos pueden ser provocados por otra forma más sutil de violencia tal como la injusticia social, la explotación de los pobres y los desvalidos. (Salmos 82.5)"
Más de un historiador del nazismo afirma que la atroz, la desmesurada y criminalmente loca violencia hitleriana tuvo como propósito final eliminar estas ideas de la faz de la Tierra. Pero no pudo, ni se podrá jamás.

18 de febrero de 2008
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demonios en el paraíso


[Carlos Peña] Los jueces no están para perseguir a los criminales, sino para resolver conflictos, dice un columnista de El Mercurio.
Mataron a los carabineros con la simple expedición de un trámite. Metieron las balas por los intersticios del chaleco y luego, por si no hubiera quedado claro, se devolvieron a rematarlos. En los funerales, el General Director de Carabineros (hablando, la verdad sea dicha, más como deudo que como autoridad) criticó severamente a los tribunales ¿No era una insensatez, como lo probaba ese doble asesinato, que los jueces dejaran en libertad a reincidentes? ¿Acaso no están siendo blandos de más al conceder libertades a sujetos que, a ojos vista, volverán a cometer delitos? ¿No serán los tribunales el gozne principal de esa puerta giratoria que permite a quienes delinquen entrar por un lado y salir campantes por el otro?
A primera vista esas críticas tienen toda la razón.
Pero sólo a primera vista.
Desde luego, y aunque solemos olvidarlo, los jueces no están para perseguir el crimen, sino para resolver conflictos. En el caso de la justicia penal, conflictos entre el estado (o el Ministerio Público) y el ciudadano (o el imputado). En ese conflicto, los jueces no son el brazo armado de una de las partes en pugna. Son un tercero imparcial que decide en base a reglas. Por eso la virtud de los jueces no se mide por la severidad con que actúan, sino por la imparcialidad con que aplican las reglas.
En un estado de derecho -porque eso es lo que tratamos de construir- cuando el aparato estatal pretende aplicar la fuerza sobre un ciudadano, debe probar ante los tribunales que cuenta con suficientes razones, amparadas en reglas, para hacerlo. Verificar que esas razones existan es el deber de los jueces.
Así entonces no tiene sentido alguno -salvo que no sea un estado de derecho lo que nos interese- pedirle a los jueces que controlen la delincuencia. Hay que repetirlo una vez más por si no ha quedado claro: los jueces son árbitros imparciales, no guardianes encargados de la seguridad suya o mía.
¿Significa lo anterior que debamos cruzarnos de brazos mientras la delincuencia aumenta y la sensación de inseguridad cunde por allá y por acá?
Por supuesto que no; aunque lo que hay que hacer no coincide del todo con lo que la gente espera.
Mientras la gente espera que se aloje sin más a sospechosos e imputados en la cárcel, la literatura enseña que eso puede ser peor (la cárcel es una institución total que acaba modelando el alma y el cuerpo, de manera que lo más seguro es que quien pasa una larga temporada en ella adquiera, si ya no lo tenía, el habitus de un delincuente hecho y derecho); mientras la mayoría cree que hay que subir las penas, la racionalidad económica indica que hay que graduarlas cuidadosamente (si usted agrava todas las penas, entonces dará lo mismo lesionar que matar, robar que violar, puesto que las consecuencias serán más o menos iguales); mientras un gran número piensa que los jueces deben creerle a pie juntillas a la policía, la experiencia indica que los jueces deben controlarla (quienes tienen el monopolio de las armas son también una amenaza para la seguridad de los ciudadanos); mientras la mayor parte cree que este es un asunto de falta de dureza y de rigor, la literatura enseña que tiene causas de variada indole (desde la existencia de guetos que favorecen culturas de la marginalidad y conductas de subsistencia a la calidad del sistema escolar y la crisis de la familia); mientras la gente cree que el delincuente es un grupo social identificable, la literatura enseña que no, que usted también puede transformarse en uno (a veces basta un día de furia, unos tragos de más, una evasión tributaria y cosas así); en fin, mientras la mayoría piensa que el problema de la delincuencia es de derecho penal, la evidencia indica que no, que es más complejo e incluye múltiples dimensiones de las políticas públicas.
Así entonces a la hora de la delincuencia no hay que quejarse tanto de los jueces y, en cambio, poner más atención al resto de la administración estatal; aunque tampoco hay que hacerse demasiadas ilusiones.
La transgresión a la ley -lo que los sociólogos llaman conducta desviada- es un fenómeno normal. Como las enfermedades, los accidentes o las tristezas, forma parte de lo que somos. No puede borrarse de la vida que tenemos en común.O quizá podríamos, pero el precio que deberíamos pagar sería tan alto que no valdría la pena. Habría que incrementar el control social al extremo casi de ahogar la libertad. Como todas las utopías -la sociedad sin clases o el mercado perfecto- el ideal de un mundo sin delitos ni delincuentes es peor que lo que tenemos.
Así entonces no queda más que aceptarlo: el paraíso no existe. O quizá existe. Sólo que, según nos enteramos esta semana, en él también habitan demonios.

18 de febrero de 2008
17 de febrero de 2008
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usted es santelices


[Carlos Peña] Reconocer limitación de opciones no libra de culpa a generl Santelices por su participación en crímenes de Caravana de la Muerte.
Algunas de las reacciones que ha suscitado el caso del general Santelices arriesgan el peligro de borrar de nuestro vocabulario público un puñado de palabras -culpa y responsabilidad, entre ellas- que hacen toda la diferencia del mundo entre una comunidad moralmente alerta y otra que, en cambio, se anestesia a sí misma.
Cuando ocurrieron los hechos que hoy se le reprochan, Santelices era un militar muy joven. Tendría apenas veinte años. Entonces -se ha dicho- desobedecer una orden se castigaba con la muerte. ¿Acaso su juventud y la posibilidad de un castigo tan severo no debe aminorar nuestro juicio de hoy acerca de su conducta? ¿No será una demasía echar sobre esos hombros, siquiera en parte, la culpa de ese crimen?
El vocero de la Iglesia -en ese tono suyo que es casi una fonética de la comprensión- ha recordado incluso que hubo quienes delataron a sus compañeros bajo tortura. Si somos comprensivos con ellos, ¿por qué no debiéramos serlo con quienes, como el general Santelices, actuaron por temor?
Temo que con ese tipo de reflexiones se arriesga el peligro de confundir el juicio histórico, el jurídico, el moral y el político.
Desde el punto de vista histórico (donde sin quererlo se sitúa monseñor Contreras) siempre es posible, claro, alcanzar la comprensión plena de la conducta. Es lo que Weber, si no recuerdo mal, llamaba Verstehen.
Situado en las mismas circunstancias de Santelices, usted es capaz de sentir el miedo que él sintió y entender su elección: eludir la pena participando de eso que hoy se revela como crimen. Este juicio, sin embargo, prueba que usted pudo ser Santelices; pero no prueba que Santelices deba ser exculpado o que usted haya participado de un crimen.
Si es un buen lector, usted puede comprender a Raskolnikov e incluso, mientras dura la lectura, ser él; pero eso no despoja al personaje de Dostoievski de su carácter criminal.
El juicio jurídico es radicalmente distinto al histórico. Desde el punto de vista del derecho no se trata, por regla general, de comprender los motivos del obrar, ni tampoco juzgar la justicia del fin que se perseguía. Se trata, simplemente, de evaluar la legitimidad de los medios empleados. El derecho proscribe el empleo de ciertos medios bajo ciertas circunstancias. Prohíbe, por ejemplo, privar de la vida a un sujeto indefenso, fueren cuales fueren los motivos de esa acción.
Todos comprendemos a Santelices -cualquiera de nosotros pudo ser él- pero eso no lo exculpa si participó de un crimen.

Distinto al juicio de comprensión histórica y al estrictamente jurídico, es el juicio moral.
Desde el punto de vista moral, juzgamos si acaso el sujeto en cuestión obró o no de manera imparcial, resistiendo sus inclinaciones, entre ellas el miedo. Si en cambio, enseña Kant, el sujeto actuó por amor o por odio (a estos efectos ambos son inclinaciones) entonces no obró de manera moral. Es el famoso rigorismo de Kant. Obrar moralmente supone obrar de una manera imparcial y por estricta consideración al deber. Es lo que no hizo Santelices.
Y es que si todos consintiéramos en que el miedo u otra inclinación exculpa, entonces la vida en común no sería posible.
Esto es, dicho sea de paso, lo que argumentó mañosamente Eichmann en el juicio que se llevó en su contra. ¿Qué se me reprocha? Arguyó. Actué sin ira, lo hice por simple consideración al deber que se me imponía; soy un lector de la crítica de Kant, dijo. Santelices no llegó al extremo de manipular a Kant; aunque ha insinuado que cumplió una orden de una autoridad legalmente investida. De acuerdo; pero hay ocasiones -como la quebrada del Way- en que el deber moral no coincide con el legal.
Por eso monseñor Contreras se equivoca cuando insinúa que si no hay libertad -entendida como ausencia de miedo u otra compulsión-, el sujeto puede ser excusado. Una libertad como esa no existe. Obrar moralmente supone hacerlo en medio de la imperfección y la necesidad. Fue, dicho sea de paso, lo que hicieron muchos que, a la misma edad de Santelices y puestos en circunstancias similares, prefirieron el castigo.
En fin, todavía se encuentra el juicio político. Este tipo de juicios son los que han inspirado los procesos de reconciliación como el de Sudáfrica. En ocasiones la subsistencia de la vida en común exige el olvido, hacer las paces, poner en paréntesis los agravios. Pero nada de eso se logra a costa de renunciar a una mínima justicia: individualizar a los culpables, a quienes no estuvieron a la altura del comportamiento que nos demandamos como semejantes.
Por eso, en todo esto no se trata de maltratar a Santelices. Después de todo, cualquiera de nosotros puesto en sus mismas circunstancias, pudo ser él. Se trata, en cambio, de salvaguardar los principios que hacen que cada uno sea hasta cierto punto responsable del otro, incluso en momentos en los que el miedo aconseje hacer algo distinto.
¿Que no sacamos nada con exigirnos tanto? Es probable; pero si cuidamos nuestra capacidad de juicio y no la perdemos por piedad o conmiseración, sabremos en el futuro cuándo nos equivocamos de nuevo.

11 de febrero de 2008
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la guerra contra las farc


[Raúl Sohr] No habrá más FARC cuando en Colombia reine la equidad y desaparezca la violencia de las clases ricas.
Cientos de miles de colombianos marcharon el lunes para repudiar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La primera manifestación de semejantes magnitudes que en América Latina es convocada a través de internet, específicamente por la vía del muy exitoso Facebook, para marchar tras el lema "Un millón de voces contra las FARC". La iniciativa surgió, se dice, de un grupo de estudiantes y profesionales hartos de los secuestros y una violencia de medio siglo. Que el grueso de los colombianos de las ciudades está harto de la insurgencia y sus métodos es evidente. Con habilidad, el Presidente Álvaro Uribe supo capitalizar la iniciativa ciudadana. Empleados públicos y del sector privado recibieron facilidades para sumarse a las concentraciones que se desarrollaron en distintos puntos del país. Además se realizaron mítines en varias ciudades del mundo, incluida Santiago.

Las Cosas Marchan Bien para Uribe
en el campo económico. También tiene razones para estar optimista con el progreso de su estrategia para aislar y golpear a la organización guerrillera. El plan puesto en práctica por su gobierno, denominado ‘Política de seguridad democrática', en la que las Fuerzas Armadas tuvieron participación activa, contemplaba varias etapas. En realidad, es una expresión del Plan Colombia, puesto en práctica por Estados Unidos a partir de 2000. Desde entonces, el país andino ha recibido contribuciones norteamericanas por 4.500 millones de dólares. El grueso del dinero ha sido destinado a mejorar el equipamiento militar. La llegada de decenas de helicópteros, aviones y sistemas de comunicaciones, entre otros materiales bélicos, ha sido decisiva. Con una creciente movilidad y capacidad de respuesta rápida, los militares han podido neutralizar las operaciones de unidades insurgentes de mayor tamaño.
La primera fase militar, consistente en reabrir las rutas nacionales y restablecer la autoridad estatal en buena parte del país, está lograda. A través de esfuerzos de consecutivos gobiernos, Bogotá ha logrado aislar a las FARC a nivel internacional. El reciente viaje de Uribe a Europa culminó con un apoyo contundente por parte de la Unión Europea. Ahora parece haber llegado el momento de lanzar una ofensiva con la consigna "no más FARC" destinada a movilizar a la ciudadanía. En todo conflicto armado, el respaldo de la población es decisivo. La moral de combate de los bandos depende, a la larga, de su relación con el conjunto de la sociedad. Están las armas de fuego y está también esa arma sutil y efectiva que es la propaganda. En definitiva, mucho depende de la opinión pública. Estados Unidos, por ejemplo, no perdió en Vietnam desde un punto de vista estrictamente militar. Su derrota fue causada por su incapacidad de vencer y por la falta de convicción de los norteamericanos por continuar la guerra.
En lo que toca a Colombia, los estrategos estadounidenses que diseñaron el Plan Colombia deben estar satisfechos: el gasto realizado hasta ahora ha dado frutos. En 2007, por feliz coincidencia con la gestión de Uribe, el plan entró en su segunda fase, denominada ‘Estrategia de fortalecimiento de la democracia y el desarrollo social', que debe concluir en el 2013. Este año Bogotá recibirá ayuda por parte de Washington por más de 600 millones de dólares.
Cabe, en todo caso, preguntarse cuán efectivas son las manifestaciones contra las FARC. En España se ha realizado una gran cantidad de enormes concentraciones de repudio contra las acciones terroristas de los independentistas vascos de la ETA, pero ello no parece haber mermado en forma decisiva sus núcleos de apoyo duro. En el caso de las FARC, la última encuesta Gallup muestra un rechazo de 96% de los encuestados. Este porcentaje quizá no es del todo representativo pues nadie aprobaría en público a los insurgentes , pero es también el porcentaje más alto de condena desde que se realizan estos sondeos.
El problema para elgGobierno es que las FARC no están en las ciudades, pues son una guerrilla rural. Y en muchos casos es una fuerza de supervivencia frente a las agresiones perpetradas por el Estado o elementos paramilitares. Los asesinatos políticos de líderes izquierdistas han contribuido al rechazo de los guerrilleros a la incorporación al proceso político nacional. Lo intentaron en 1985, cuando algunas fuerzas depusieron sus armas. Pero la transición de la lucha armada a la política les resultó funesta: más de dos mil ex insurgentes fueron asesinados por unidades paramilitares. Cercar a las FARC es una condición necesaria para derrotarlas, pero no es suficiente. Frente a una fuerza con casi medio siglo de lucha, y con miles de cuadros bien implantados, es necesario ofrecer una salida política. Ello implica garantizar en forma efectiva sus vidas y llevar a cabo profundas reformas en los campos colombianos. El anhelo de "no más FARC" se cumplirá cuando las armas sean reemplazadas por un desarrollo que acabe con la inequidad y la violencia endémica ejercida por hacendados y sus agentes.

10 de febrero de 2008
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alumno de satanás


[Miguel Terry Valdespino] Participación de la iglesia en crímenes contra la humanidad.
Las viejas noticias, las que ya conocíamos desde hace décadas, volvieron a desempolvarse y adquieren (para bien y para mal) una vigencia entre dolorosa y escalofriante: sacerdotes de la Iglesia Católica argentina participaron en el martirio, tortura y muerte de una incalculable cantidad de sus coterráneos, a quienes la represión, estimulada por los gorilas nacionales y los gobiernos norteamericanos causó la cifra de 30 000 víctimas, entre asesinados y desaparecidos.

Sacerdote Christian Von Wernich
El asunto volvió a refrescarse recientemente, cuando la justicia argentina decidió poner entre rejas para siempre al sacerdote Christian Von Wernich, un tipo al que Adolfo Hitler hubiera aceptado con verdadero gusto entre sus filas de desalmados.
Según informaciones irrebatibles, Christian, en sus tiempos de esplendor satánico, estuvo vinculado al asesinato de siete personas, a 31 casos de tortura y a 42 privaciones ilegales de libertad. Con una sonrisa socarrona y alguna que otra monserga bíblica, debió "asistir" a sus compatriotas en los peores instantes de la matanza, mutilación y tortura fascistas.
El pastor de ovejas no resultó otra cosa que un enviado de Satanás, o un enviado de aquellos ricos que, según la Biblia, no accederán jamás el cielo mientras no pase un camello por el ojo de una aguja.
Contaba el gran poeta argentino Juan Gelman que una vez se cruzó en la calle con una de aquellas bestias que había asesinado a su familia. Frescamente, el asesino se paseaba por las calles del país, como si la justicia y el pueblo argentino fueran el clásico aceite y vinagre, dos elementos químicos que pueden revolverse en un mismo frasco, pero jamás unirse.
Si bien la negra historia del sacerdote Christian desnuda un pasado no muy distante en ese país sureño, no es, ni por mucho, la única historia por resolver y enjaular. En naciones como Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay continúan abiertas las heridas de personas que siguen pidiendo la cárcel para tipos que ensangrentaron un continente completo a través del terror más demencial.
Por suerte, hoy la justicia fue implacablemente certera con un sacerdote endemoniado. Pero apenas nos hallamos frente a la punta del iceberg, aún queda mucho por resolver, aún quedan muchos nombres siniestros por darle frente a la justicia que una vez pisotearon y ensangrentaron. En el proceso de Nurenberg, un tipejo como Von Wernich hubiera terminado en la horca. Ahora, si no está la horca, que purguen él y otros canallas en el fondo de una celda. Dios es amor, dice la Biblia. Pero el sacerdote Christian no era precisamente amor. Que pague ahora como bestia y fariseo. Que paguen también los otros asesinos y torturadores que faltan y se pasean impunemente por las calles de Latinoamérica o de Miami. El que a hierro mata...

24 de diciembre de 2007
7 de diciembre de 2007
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regimiento con nombre de chacal


[Antonio Gil] Grupo de Artillería Nº 3: masacrador de mujeres y niños Silva Renard.
¿Qué honra el Ejército poniéndole el nombre de un chacal a una de sus fuerzas? ¿Qué herencia de coraje le debe a su memoria? ¿Dónde diablos está el ministro de Defensa? ¿Y los encargados de la conmemoración, nunca se enteraron?
Roberto Silva Renard se llama el ‘valiente' soldado que hace cien años ordenó abrir fuego contra obreros desarmados y sus familias en la Escuela Santa María de Iquique, dando muerte a miles de civiles, hombres, mujeres y niños, lo que lo convierte en un auténtico pionero. Nació este héroe en Santiago, en 1855, y sus 39 años de servicio estuvieron marcados por el sello de la traición y el oportunismo. En la Revolución de 1891 era miembro del Estado Mayor de la guarnición de Santiago, lo que no le impidió huir al norte para unirse a su ídolo, el general alemán Koerner y su recién adquirido arsenal de Mauser, las primeras armas con bala de acero que se usaron en Chile. Hay quienes afirman que fue justamente la supremacía del acero parlamentarista lo que inclinó la balanza contra el plomo de los proyectiles balmacedistas. Silva Renard sabía de qué lado del pan estaba la mantequilla.
Luego, es llamado a reprimir una huelga en las salitreras: 17 muertos y 300 heridos. Viene pronto otra linda ocasión: la llamada huelga de la carne, donde bate su récord aniquilando a 70 manifestantes. Pero el premio gordo estaba por llegar. Estaba a la vuelta de la esquina.
Con su cartel de masacrador bien afianzado, desembarcó el 19 de diciembre con sus tropas en Iquique. Lo demás ya se sabe. Montado en un caballo blanco dirigió la ‘batalla' contra familias enteras reunidas, ordenando disparar con ametralladoras contra los pampinos. A su lado, un ordenanza soplaba la corneta dando las órdenes. Regresó a Santiago como un prócer. Y se lo nombró director de Famae. Pero la cosa no quedaría ahí. Un medio hermano de uno de los acribillados en Santa María, el anarquista argentino de apellido Ramón, esperó pacientemente en la calle Viel a que el ‘héroe' dejara la fábrica de cartuchos para ir a su casa a almorzar. Le propinó varias estocadas que no alcanzaron a dañar mayormente al valiente militar, el que, gritando como un verraco, pidió ayuda a los transeúntes. Pero el heroico soldado ya nunca volvió a ser el mismo. Una paranoia y un terror sin límites lo persiguieron hasta Viña del Mar, donde se encerró con llave hasta, literalmente, morir de miedo. Se meaba de susto. Se cagaba de pavor.
Hasta ahí la historieta sangrienta y patética. Ahora viene el hecho más asqueroso de todos, y aquí copio literalmente de la página web del Ejército chileno: "El 01 de enero del 2004, en el marco del proceso modernizador que está efectuando el Ejército, su orgánica es modificada, se forma el Regimiento Reforzado Nº 7 Chacabuco, de la fusión de los Regimientos de Infantería Nº 6 Chacabuco, Regimiento de Artillería Nº 3 Silva Renard y el Batallón Logístico Nº 3 Concepción, quedando su orgánica como se detalla: Las Unidades que lo componen son las siguientes: un Batallón de Infantería Nº 6 Chacabuco, Grupo de Artillería Nº 3 Silva Renard [ ]".
¿Qué honra el Ejército poniéndole el nombre de un chacal a una de sus fuerzas? ¿Qué herencia de coraje le debe a su memoria? ¿Dónde diablos está el ministro de Defensa? ¿Y los encargados de la conmemoración, nunca se enteraron? Desde estas líneas exigimos enérgicamente que, por respeto a la memoria de los hombres, mujeres y niños masacrados, sea borrado para siempre el nombre de ese asesino alevoso de la historia de Chile y sus instituciones. No es propio de un país civilizado bautizar con nombres de criminales cobardes como ése ni a la más inmunda cloaca.

23 de diciembre de 2007
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mande, patrón


[Carlos Peña] Columnista de El Mercurio, Carlos Peña, comenta el insólito discurso del padrino de la casta parásita: el club de empresarios de Chile.
La amplia humanidad de Alfredo Ovalle se remeció apenas cuando reprendió a la Presidenta —porque eso fue lo que hizo— por su falta de autoridad. Como si revelara un secreto, se quejó de "un aire enrarecido", y citando fortuitamente a Aristóteles —a quien sospecho no ha leído, porque o si no tendría algo de la prudencia que suele aconsejar el filósofo—, reclamó tomar el "timón más resueltamente". Ovalle habló ex cátedra, como un maestro que aconseja a su discípulo —discípula, en este caso— en el difícil arte de gobernar.
El reproche de don Alfredo ocurrió en el encuentro anual de Enade, esa reunión con nombre en latín —al leer el nombre del encuentro, cualquiera pensaría que todos los partícipes leen a Catulo y meditan a Virgilio— que se perpetra año a año y a la que asisten unos pocos empresarios y, sobre todo, una gran mayoría de los empleados de los empresarios y de los empleados de los empleados de los empresarios. Gente que habla de incentivos, de autoridad, de hacer bien las cosas, y de otras profundidades semejantes.
Lo más alarmante del discurso de don Alfredo —de él, porque él fue quien lo dijo— radica en su sinceridad.
Como un ideólogo casual e involuntario, el bueno de don Alfredo dio a conocer el puñado de conceptos —por llamarlos así— que configuran el ideario de la derecha empresarial de Chile.

Desde luego, gobernar, como enseñó don Alfredo en este encuentro, es un asunto de "tomar el timón"; o sea, de coger la cúspide de la pirámide con firmeza para que las órdenes se transmitan de allí hasta la base. Bien situado en lo alto de la escalera, se trata, piensa don Alfredo, de aplicar la fuerza a ese punto desde el que las órdenes se imparten. Así de simple. Una vez que usted toma el timón, la nave del Estado —o sea, todo el resto de los sujetos comunes y corrientes que se agrupan en la cubierta o se apretujan debajo de ella— obedece sin problemas, y entonces, como gritaba el ciego de Fellini, película que sugiero ver a don Alfredo, "la nave va".

Don Alfredo explicó esta semana que sus palabras no tenían ninguna mala intención y que quizás las formas fueron inadecuadas.
Me temo, sin embargo, que no fueron las formas, sino el fondo, don Alfredo, lo preocupante.
Lo alarmante es que quien preside a buena parte del PIB —como quien dice el líder de quienes concentran la propiedad— piense con tal simplicidad la gestión de un estado democrático. Como si todo consistiera en "hacer las cosas bien" y en "tomar el timón".

En suma, que alguien que tiene tan altas y dignas funciones se permita decir —no digo pensar— que el problema se reduce a saber mandar y que insinúe que gobernar un estado democrático equivale más o menos a ejecutar un plan de negocios de una pyme, tomar una decisión de inversión, ordenar a la poblada que se comporte y que nadie se mueva en la fila.

En el fondo del planteamiento de don Alfredo —que tiene derecho a decirlo, por supuesto, a condición de que los demás podamos criticarlo— subyace algo que de veras alarma: la pretensión de que la autoridad (no en el sentido latino que gusta a quienes lo oían en la Enade, sino en el vulgar) lo es todo y que los errores principian cuando no se sabe mandar. Porque de afirmar eso y sostener luego que hay algunos que saben mandar de veras y otros obedecer hay un paso, y ahí sí que sí, don Alfredo, el asunto se vuelve insoportable, porque no es el gobierno, sino la democracia la que zozobra.

Porque no vale la pena imaginar algo todavía peor: y es que don Alfredo Ovalle, y quienes lo aplaudían, piensen, siquiera por un momento, que el éxito económico en la vida es una señal de que se ha descubierto el secreto de todo. Sería terrible que él hubiera cedido a esa ilusión de pensar que porque tuvo éxito en el mercado, develó todos los misterios y puede instruir a quien le plazca.

Pero tal vez, y después de todo, no sea don Alfredo el culpable de la tontería en que incurrió, sino la magra dieta de lecturas de un sector del empresariado de derechas que reduce el buen gobierno a la capacidad de mandar, la sociedad de masas al desorden, la democracia a la vulgaridad, los reclamos de mejor trato a excesos, y las desigualdades de la historia a distribuciones naturales.
O quizás ni siquiera sean don Alfredo y sus lecturas los culpables, sino el propio gobierno que, por motivos inexplicables para cualquiera que tenga dos dedos de frente, acepta año a año peregrinar frente a un pequeño grupo de empresarios y una mayoría de empleados de empresarios, para rendir cuentas y ponerse de igual a igual, desde la publicidad del encuentro en adelante, con personas como don Alfredo Ovalle, que, después de eso, siente, por qué no, que puede dar consejos tan banales y torpes como los que dio esta semana hasta el extremo que uno tiende a pensar que cuando planeaba sus palabras, él imaginó sonriendo que, después de sus reprimendas, la Presidenta le diría toda contrita: Mande, Patrón.

9 de diciembre de 2007
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¿es mala la reelección indefinida?


[Jorge Palacios C.] ¿Es deschavetada la reelección indefinida?
El referéndum en Venezuela sobre la posibilidad de reelegir de manera indefinida al Presidente está bajo el ataque de la gigantesca maquinaria propagandística de Bush. Ataques que repiten como loros decenas de miles de medios. Presentan -con cinismo- la reforma como si significara que Chávez deba ser por fuerza elegido siempre. Lo grave es que muchos progresistas pisan el palito de esa tergiversación, dramatizada, amplificada y repetida hasta el infinito por la maquinaria de mentiras de la Casa Blanca. Pero el único derecho que tendrá el actual Presidente es presentarse como candidato a las elecciones, y si gana a sus oponentes, ser reelegido tantas veces como obtenga el apoyo popular. ¡Qué escándalo! A lo mejor, Chávez sigue haciendo cambios beneficiosos para el pueblo y lo reeligen. A él, tan feo, insolente, "macaco" y enemigo de Bush.
Una de las formas arteras de ataque contra Chávez es hacer aparecer la mencionada reforma como algo excepcional, producto del maquiavélico anhelo dictatorial del líder caribeño. Es una vergüenza que los numerosos países que tienen constituciones, que ofrecen la posibilidad indefinida de reelección de sus mandamases, no salgan en defensa de sus sistemas electorales y guarden un silencio cómplice para que Chávez sea atacado. En Francia, tanto el Jefe de Estado como su Primer Ministro, pueden ser reelegidos indefinidamente; en Italia lo mismo; en Inglaterra el Primer Ministro tiene también la opción; en Alemania el Canciller puede ser reelegido cuantas veces gane; en España, Portugal, Eslovaquia, Chipre, Suecia, Dinamarca, Bélgica, Eslovenia, Grecia, Letonia y Países Bajos. ¿Será toda Europa fascista y dictatorial por la reelección indefinida de sus líderes?
Lo grave es que el "crimen" de ser reelegido cuantas veces gane a sus contendores es el principal pretexto que los innumerables voceros antichavistas esgrimen dentro y fuera del país para justificar allí un nuevo golpe de Estado. Un golpe como el que Aznar apoyó públicamente en 2002. Claro está, no todos los que apoyaron el golpe de Pinochet son en rigor fascistas, pero no les hace asco un régimen así, mientras les favorezca. Las maniobras golpistas contra Chávez son muy parecidas a las que se utilizaron contra Allende: mentiras, tergiversación, provocaciones de todo tipo para obtener "víctimas" del Gobierno, ocultamiento de productos, soborno a militares traidores, y para qué sigo... En toda América Latina, son conocidos los métodos de la CIA.
Todo lo anterior se ha dicho sin aceptar que se me atribuya un apoyo incondicional al llamado ‘socialismo del siglo XXI'. Hasta no ver con mis ojos -si me alcanza el resuello- la realización de ese proyecto. No me gustaría para nada que se pareciera al ‘socialismo' del siglo XX. Encuentro formidables una serie de reformas hechas a favor del pueblo de Venezuela por su gobernante. Me reconfortan los chillidos de Bush y la Condoleezza en su contra. De lo poco que conozco del programa que será sometido a plebiscito, aplaudo con entusiasmo el poder que será transferido a las comunas. Ojalá, en el futuro, todo el poder vaya a sus manos y que ellas elijan y puedan revocar, indefinidamente, a quienes las representen.

16 de noviembre de 2007
©la nación
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