guerra empeoró amenaza terrorista
Las conclusiones desclasificadas del Estimado Nacional de Inteligencia sobre el terrorismo causaron conmoción en el mundo político esta semana, pero para la mayoría -suponemos que casi todos- de los estudiosos del terrorismo yihadista son en gran parte poco polémicos. La guerra de Iraq, la ausencia de reformas en el mundo musulmán y la cólera por su endémica corrupción e injusticias, la difusión de sentimientos anti-occidentales -todos estos factores han sido identificados hace mucho tiempo como importantes facilitadores del terrorismo radical islámico.Lo que es sorprendente, en realidad, es que alguien pueda todavía estar en desacuerdo con su evaluación del papel de Iraq, como han hecho el presidente Bush y comentaristas como Robert Kagan. Es una vergüenza que no se entreguen al público más partes del documento, porque no se incluyó ninguna de las evidencias o argumentos en apoyo de la afirmación de que Iraq ha agregado leña a la fogata yihadista. Y no hay una buena razón para no hacer público la mayor parte o todo el documento.
Sin embargo, de hecho, no necesitamos un Estimado Nacional de Inteligencia para demostrar la conclusión más controvertida: que la guerra de Iraq ha hecho peor la amenaza terrorista. La coordinada evaluación oficial de la seguridad interior británica y servicios de inteligencia extranjeros observaron que "la guerra en Iraq ha exacerbado la amenaza del terrorismo internacional y continuará causando impacto a largo plazo". Esta conclusión es repetida en ministerios del interior, agencias policiales y servicios de inteligencia en todo el mundo.
Desde que Estados Unidos invadiera Iraq ha habido un importante aumento de personas que han adoptado la causa yihadista. Por supuesto, no existe un torniquete que lleve la cuenta de los individuos que se suben al tren yihadista, como concede un fragmento del estimado. Las exigencias de una precisión inalcanzable no son realistas.
Aunque la actividad yihadista está floreciendo en todo el mundo, muchos de los nuevos reclutas pueden agruparse en tres categorías. La primera es la de los terroristas ‘domésticos', que tiene poca conexión con al-Qaeda u otros grupos existentes pero que han sido seducidos por las ideas de Osama bin Laden y sus seguidores. Los emprendedores han aparecido no solamente en Madrid, Leeds y Londres, sino también en Canadá, el Magreb, Oriente Medio y Pakistán.
Algunos cuestionan que esta gente haya sido en realidad provocada por Iraq. Del mismo modo que el presidente Bush ha insistido en que debemos tomar en serio a los terroristas en cuanto a su deseo de instalar un nuevo califato, también los tomamos en serio en cuanto a su motivación: Iraq ha sido crucial. Los terroristas de Madrid fueron explícitos sobre su deseo de castigar a España por su respaldo a Estados Unidos en Iraq; amigos y vecinos cuentan que los que colocaron las bombas en el metro de Londres estaban obsesionados con Iraq. Y una y otra vez los investigadores han descubierto que estos nuevos reclutas bajaban videos de internet llenos de escenas de violencia en Iraq -parte de una historia de heroico desafío que es profundamente atractivo para algunos jóvenes musulmanes.
Las otras dos categorías de reclutas se centran en Iraq mismo. Una consiste de combatientes extranjeros que, según se ve, no son los restos de al-Qaeda que creía el gobierno de llegarían a Iraq en tropel a buscar su destino. De acuerdo a estudiosos saudíes e israelíes que han estudiado las biografías de combatientes extranjeros muertos en Iraq, pocos tenían experiencias previas con el radicalismo musulmán. Fueron atraídos hacia su ideología por su percepción de que hay que luchar contra la indignidad de la ocupación de Iraq.
La categoría final son los yihadistas iraquíes. Antes de la invasión, en Iraq no había prácticamente ninguno. Ahora las organizaciones de rebeldes sunníes que han adoptado el yihadismo están dominadas por los iraquíes, que suman varios miles. Como sugieren las conclusiones del Estimado Nacional de Inteligencia, es probable que esos grupos, que ya han realizado atentados con bomba en Jordania, busquen nuevos blancos fuera de Iraq.
Los terroristas están aumentando en números y están aumentando su capacidad de destrucción. Como han observado informes del gobierno filtrados y análisis de expertos, los yihadistas han sido capaces de mejorar sus técnicas de producción de bombas y sus habilidades en la guerrilla urbana en Iraq de un modo que no pudieron en Afganistán. Un informe de inteligencia de la marina indicaba el mes pasado que también se han hecho con un santuario en la provincia de Anbar que Estados Unidos probablemente no podrá destruir.
Los defensores de la guerra de Iraq, como el vice-presidente Cheney, dicen que ya que Estados Unidos no ha sido atacado desde el 11 de septiembre de 2001, la amenaza no puede estar creciendo. De hecho, los terroristas entienden que de momento es más fácil matar estadounidenses en Iraq que en Estados Unidos, y en esto han tenido éxito. Después de la conspiración de Heathrow para hacer explotar aviones de pasajeros con destino a Estados Unidos y la detención de una célula doméstica en Canadá, sugerir que el peligro está disminuyendo delata inconsciencia o negación.
Luego está la afirmación de que Iraq no ha tenido un efecto catalítico porque los terroristas ya nos habían elegido como blanco, un argumento que el presidente repitió el jueves. "No estábamos en Iraq cuando nos atacaron el 11 de septiembre de 2001... Nos estábamos en Iraq cuando nos atacaron por primera vez en el Wolrd Trade Center en 1993".
Sin duda, Estados Unidos habría tenido una seria lucha contra el islam radical después del 11 de septiembre bajo cualquier circunstancia. Pero la ocupación de Iraq, al confirmar aparentemente los argumentos de bin Laden sobre la antipatía de Estados Unidos hacia el mundo musulmán, ha tenido un efecto incendiario y empeorado las cosas de modo dramático.
La invasión de Iraq fue la respuesta equivocada a la amenaza terrorista, por la que pagaremos un alto precio en los años venideros. La persistente necesidad de defender esa decisión por parte del gobierno y sus partidarios está impidiendo que el país desarrolle la estrategia necesaria para hacer frente a la amenaza terrorista y hacer más seguros a los estadounidenses. Las pruebas están a la mano.
Daniel Benjamin es investigador del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. Steven Simon trabaja para el Consejo de Relaciones Exteriores. Ambos fueron miembros del personal del Consejo de Seguridad Nacional de 1994 a 1999.
29 de septiembre de 2006
©washington post
©traducción mQh
Está muy mal que no podamos leer completamente el Estimado Nacional de Inteligencia sobre ‘Tendencias del Terrorismo Global' que fue selectivamente filtrado hacia el Washington Post y el New York Times la semana pasada. El titular del Times decía ‘Agencias de Espionaje Afirman Que Guerra de Iraq Empeora Amenaza Terrorista'. Pero no había citas del estimado mismo, de modo que todo lo que tenemos son descripciones de los periodistas de comentarios anónimos hechos por funcionarios de gobierno cuyos motivos y fiabilidad no podemos juzgar, sobre evaluaciones de inteligencia cuya lógica y argumentación, así como bases factuales, no tenemos modo de conocer ni de calibrar. Basándonos solamente en la cobertura de prensa, las conclusiones del Estimado Nacional de Inteligencia parecen impresionistas e imprecisos. Sobre un tópico de semejante importancia, sería conveniente tener las respuestas a algunas preguntas.
Hace algún tiempo -quizás un mes-, el antiguo director de la policía política de Pinochet, el general Contreras, declaró en una entrevista en la cárcel, donde cumple varias condenas de prisión en relación con procesos de violación de derechos humanos, que en época de la dictadura el ex presidente Lagos, y otros funcionarios de la oposición de entonces, como el que fuera luego ministro de Lagos, el señor Arrate, eran agentes de la CIA. Estos políticos, y otros más cuyos nombres no recuerdo ahora, se habrían introducido e incrustado en la oposición a la dictadura por orden del servicio de inteligencia norteamericano. Al menos, así entiende uno que sean agentes de la CIA. Quizás eran activistas de izquierda y al mismo tiempo agentes, una combinación que todavía es posible de creer en el convulso período de la dictadura.
Mientras Iraq es un tema central en la campaña electoral de este año, no está nada de claro qué hay que hacer, más allá de recomendaciones generales sobre mantener el curso o de definir calendarios de retirada a de largo plazo. Se debe a que los políticos que son candidatos en estas elecciones quieren entregar buenas noticias, y no hay nada en cuanto a Iraq -incluyendo los planes de retirada- que no sea ominoso.
El presidente Bush ha dicho repetidas veces que nosotros no torturamos a los prisioneros: simplemente hacemos uso de ‘procedimientos alternativos' legales para interrogar.
Hace dos años publiqué un libro muy crítico de las religiones, ‘The End of Faith'. Ahí argumento que las principales religiones del mundo son en realidad incompatibles, que causan inevitablemente conflictos y ahora impiden la emergencia de una civilización global viable. En respuesta, he recibido miles de cartas y mensajes por correo electrónico de sacerdotes, periodistas, científicos, políticos, soldados, rabíes, actores, socorristas, estudiantes -jóvenes y viejos que ocupan todos los puntos del espectro de creencias e incredulidad.
Me gustaría escribir sobre asuntos más alegres, pero no puedo ignorar este tema de la tortura: el hecho de que George W. Bush, el presidente de Estados Unidos de América persista en exigir al congreso que le otorgue el derecho a torturar a cualquiera que considere un terrorista de ‘alto valor'. El presidente de Estados Unidos. Interrogatorios con tortura. No puede ser verdad.
Iracundos militantes palestinos han asaltado siete iglesias en Gaza y Cisjordania, destruyendo dos de ellas. En Somalia, hombres armados mataron a balazos a una monja italiana de edad. Desde Qatar a Quom clérigos radicales han llamado, de diversas maneras, a un ‘día de ira', incitando a los fieles a ‘cazar' al Papa y a sus seguidores. Desde Turquía a Malasia, políticos musulmanes han condenado al Papa y declarado que sus excusas son ‘insuficientes'. Y todo esto porque Benedicto XVI, en una charla en la Universidad de Regensburg, citó a un emperador bizantino que, hace más de seiscientos años, llamó al islam una fe "difundida por la espada". Por supuesto, esto ya lo hemos vivido antes. Protestas similares estallaron este invierno pasado por las caricaturas de Mahoma en la prensa danesa. Se ofrecieron disculpas similares, aunque las de Benedicto son mucho más asombrosas que las del gobierno danés. Nadie, aparentemente, puede recordar a algún Papa, ni siquiera al amistoso Juan Pablo II, ofreciendo excusas por algo en términos tan específicos: ni por la Inquisición, ni por la persecución de Galileo y ciertamente no por un comentario aislado hecho ante una audiencia de académicos en una ciudad alemana sin importancia.