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opinión

juicios contra terroristas


El planeta comienza a poner en duda las bases morales de la lucha contra el terrorismo.
En noviembre nos enteraremos de cómo la campaña del miedo de la Casa Blanca ha sido recibida por los votantes. Ya sabemos cómo está siendo recibida en el congreso. Apurados por el temor a ser percibidos como débiles frente al terrorismo, los legisladores se apresuran a aprobar el proyecto de ley del presidente -proyecto que tendrá un impacto mínimo sobre las operaciones antiterroristas, pero causará un profundo daño a la justicia y al modo de vida americanos.
Ayer, el presidente mismo visitó el Capitolio para cabildear por su proyecto de ley, que daría la autorización del congreso al mismo tipo de comisiones militares ad hoc que Bush fundó bajo su propia autoridad después del 11 de septiembre de 2001 y que la Corte Suprema ya ha declarado inconstitucionales. Permitiría el uso de evidencias obtenidas con apremios y otras horrendas violaciones de la justicia estadounidense.
Desde el principio, juristas dentro de las fuerzas armadas se han opuesto resueltamente al plan del presidente, y han formado uno de los baluartes más influyentes contra los intentos del gobierno de rescribir las reglas para legalizar retroactivamente sus actuaciones más recientes. Esta semana, la Casa Blanca se rebajó hasta el punto que intentó obligar a los fiscales jefes de las cuatro fuerzas armadas a escribir un carta a la Casa Blanca que pareciera endorsar la posición del presidente sobre dos temas clave. Funcionarios parlamentarios dijeron que esos oficiales contaron posteriormente a los legisladores que se negaron a firmar la carta, lo que contradice todo lo que los fiscales, decenas de sus colegas, ex jefes militares de las fuerzas armadas y una serie de jueces federales han dicho en público.
La idea de que el principal ejecutivo del país esté ejerciendo tanta presión y que sea capaz de socavar las normas básicas de justicia es escandalosa. Y todo argumento de que estos métodos extremos sólo se utilizarían contra los terroristas internacionales más peligrosos ha sido destruido por el tratamiento dado a cientos de prisioneros en Bahía Guantánamo, muchos de los cuales fueron pescados en Afganistán hace años sin que haya habido intentos serios de verificar ningún vínculo con el terrorismo, y ahora corren el peligro de desaparecer para siempre tras las rejas sin que hayan pasado ni un solo día en tribunales.
Para otorgar a sus maniobras un sentido de urgencia claramente falso, el presidente Bush anunció la semana pasada que había sacado a catorce terroristas peligrosos de cárceles secretas de la CIA, donde los venía reteniendo desde hace unos años, y los había enviado a Guantánamo para someterlos a juicio. Pero ninguno de los prisioneros va a ir a ninguna parte, y el actual apresurado esquema sólo se relaciona con las elecciones.

Convenciones de Ginebra
Una sección del proyecto de ley del gobierno colocará a los soldados estadounidenses en grave peligro, ya que la re-redacción de las Convenciones de Ginebra condona la práctica de mantener a prisioneros en calabozos secretos y permite el uso continuado de métodos de interrogatorio en las cárceles de la CIA, que violan las Convenciones de Ginebra.
Bush ha dejado en claro que piensa continuar con la operación de campos de la CIA. Y quiere que el congreso colabore con él exceptuando a Estados Unidos de una disposición en las Convenciones de Ginebra que prohíbe "ultrajes a la dignidad personal, en particular los tratamientos humillantes y degradantes". Bush dice que esta formulación es demasiado vaga, pero eso es un engaño. Lo que realmente quiere es la autorización del congreso para hacer cosas a los prisioneros en cárceles de la CIA que son claras violaciones de reglas internacionales.
También quiere que el congreso vuelva a redactar la Ley de Crímenes de Guerra, que convierte en un delito la violación de las Convenciones de Ginebra. En esto el objetivo del gobierno es evitar que los interrogadores de la CIA, los contratistas privados y los hombres que les dan órdenes sean llamados a dar cuenta por el modo inmoral en que el gobierno gestiona los centros de detención de terroristas.
La oposición a estas disposiciones de parte de juristas, abogados militares y un montón de antiguos jefes militares de las fuerzas armadas ha sido abrumadora. En los últimos días, dos ex presidentes del estado mayor conjunto, Colin L. Powell y John W. Vessey, escribieron al senador John McCain instándole a pelear en la Casa Blanca. "El planeta ha empezado a poner en duda las bases morales de nuestra lucha contra el terrorismo", escribió el general Powell.

15 de septiembre de 2006
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proceso debido o indebido


[Jeffrey Rosen] El presidente Bush propone comisiones militares para juzgar a terroristas, con pruebas indirectas y secretas. Deberá hacer compromisos.
Algunos debates dividen tanto a la opinión pública, con las partes en conflicto tan seguras de que cualquier compromiso podría ser peligroso, que es difícil imaginar la emergencia de grupos conciliadores.
El debate sobre cómo juzgar a los catorce acusados de terrorismo trasladados hace poco desde cárceles de la CIA a custodia militar en Bahía Guantánamo, es uno de ellos.
De un lado está el gobierno de Bush, que la semana pasada propuso que estos sospechosos, a los que llamó los más peligrosos en la guerra contra el terrorismo, deberían ser juzgados por comisiones militares utilizando procedimientos que la Casa Blanca espera que sean aprobados por el Congreso.
Según la propuesta de Bush, los juicios no se parecen a ningún juicio civil ni a las cortes marciales de Estados Unidos. En ellos se admiten pruebas indirectas y evidencias obtenidas bajo coerción o apremios ilegítimos. Y a los sospechosos se les puede negar el acceso a evidencias clasificadas, aunque sí serían reveladas a sus abogados defensores militares.
Al otro lado de este debate están los defensores de los derechos civiles que insisten en que los sospechosos de terrorismo no pueden recibir juicios justos a menos que gocen de las garantías de una corte marcial ordinaria -incluyendo el derecho a excluir las pruebas indirectas y las obtenidas bajo apremios y el derecho a conocer las pruebas que se tengan contra ellos.
Así, ¿qué es un juicio justo y cuánto requiere de proceso debido? ¿Pueden los sospechosos de terrorismo ser juzgados por tribunales que carecen de algunas de las garantías que exigen normalmente los acusados militares? Sorprendentemente, este no es un debate impuesto por la ley. Excepto el endorsamiento de castigos crueles e inhumanos para los terroristas, el congreso puede instalar las comisiones militares que quiera.
"Las propuestas del gobierno, si son adoptadas por el congreso, serían casi ciertamente aprobadas por la Corte Suprema", dice Peter Spiro, que enseña derecho internacional en la Universidad de Temple. "El congreso puede no tener carta blanca para todo, pero en el caso de Hamdan en junio pasado, cuatro de los jueces que votaron contra las comisiones enfatizaron que el presidente puede siempre recurrir al congreso para obtener la autoridad que desee".
El problema, entonces, es más sobre el tribunal de la opinión pública: cómo un juicio, sin los derechos procesales acostumbrados, sería percibido en Estados Unidos y en el resto del mundo.
Inevitablemente, las comisiones militares, cualquiera sea la forma que adopten, serán comparadas con los juicios de Nuremberg, en los que los acusados de crímenes de guerra nazis recibieron un debido proceso -hasta cierto punto.
"En Nuremberg no había evidencias secretas ni procedimientos cerrados de los que estaban excluidos los abogados de los acusados, aunque no está claro qué tipo de acceso físico a las pruebas tenían los acusados individualmente", dice John Barrett, que enseña en la facultad de leyes de la Universidad de St. John. "Las pruebas indirectas y las obtenidas por medio de apremios no estaban formalmente excluidas del reglamento de Nuremberg, pero los interrogadores estadounidenses no recurrían a métodos violentos, como la asfixia simulada en agua, aunque deben haber habido algunos apremios que la norma de coerción habría encontrado inquietante".
Muchos quieren que Estados Unidos se adapte a las normas de Nuremberg, que creen que gozó de autoridad y credibilidad en el siguiente medio siglo para servir como un modelo global del debido proceso.
"Los juicios no deberían diferir fundamentalmente en cuanto a las disposiciones sobre el proceso debido de cualquier juicio, especialmente cuando existe la posibilidad de que se dicten condenas de pena de muerte o de prisión perpetua", dijo Richard Goldstone, el fiscal jefe sudafricano del Tribunal Penal Internacional de Naciones Unidas para la antigua Yugoslavia y Ruanda. "Excluir a un acusado de cualquier fase del juicio o prohibir su acceso a evidencias, me parece que está, según las normas civilizadas, fuera de lo que sería aceptable".
Agregó: "La otra disposición reprensible es que se puede admitir cualquier tipo de evidencias, incluso aquellas obtenidas por apremios ilegítimos o torturas".
Pero otros juristas dicen que vivimos una época diferente. Para empezar, señalan, la guerra no ha terminado. "En una situación de guerra, las comisiones internacionales utilizan a menudo pruebas indirectas, provisto que sean fiables", dijo Jack Goldsmith, de la facultad de derecho de Harvard, que dirigió la Oficina de Asesoría Jurídica del presidente Bush.
Otros juristas que defienden al gobierno alegan que no se puede poner en peligro la seguridad nacional.
"El tema del acceso a información clasificada es fundamental", dice John Yoo, que ayudó al gobierno de Bush en la redacción de una versión anterior del proyecto sobre las comisiones militares y que ahora enseña derecho en la Universidad de California, Berkeley. En su nuevo libro, ‘War By Other Means', el profesor Yoo argumenta que en el primer atentado con bomba contra el World Trade Center en 1993, los fiscales tuvieron que entregar a la defensa una lista de 200 cómplices de la conspiración que no estaban acusados. Esta lista, escribe, fue "entregada a bin Laden", y fue "más tarde encontrada durante la investigación de los atentados contra las embajadas africanas".
Ahora los republicanos en el congreso están negociando con el gobierno de Bush una serie de compromisos. Las comisiones militares podrían introducir procedimientos cercanos a las normas de Nuremberg, pero otorgar al gobierno algunas de las atribuciones a las que aspira. Por ejemplo, una propuesta permitiría el uso de pruebas indirectas y de evidencias obtenidas con apremios ilegítimos, pero no tortura, mientras que se prohíbe el uso de evidencias secretas contra los acusados.
¿Podría esto satisfacer a los críticos? Algunos juristas sugieren que un juicio realizado según estas normas sería legítimo internacionalmente, y también cumpliría con las normas básicas del debido proceso. Incluso Goldstone, fiscal jefe de los tribunales de Naciones Unidas, dice que abandonar el uso de evidencias secretas podría remover la parte "más reprensible" de la propuesta.
El profesor Spiro, de la Universidad de Temple, está de acuerdo. "La propuesta de los republicanos moderados se acercaría bastante en cuanto a satisfacer a la opinión pública internacional y en parte se debe al senado y no al gobierno", dice.
Sin embargo, el escenario físico del juicio, y el hecho de que los acusados puedan ser condenados a muerte, podría dificultar la aceptación internacional de sus veredictos.
"Guantánamo es ahora un grito de guerra en Europa, de modo que cualquier juicio que se realice allá sería contaminado por ese hecho", dijo Spiro. "El gobierno debería permitir que los procedimientos fueran transmitidos por televisión para evitar la impresión de que se trata de farsas".
Pero los procedimientos televisados darían a los acusados una plataforma política desde la cual secuestrar el juicio. "Siempre existe el peligro de que se transforme en un circo político", dice el profesor Goldsmith. "Slobodan Milosevic usó su propio juicio como una plataforma política, y Saddam Hussein está haciendo lo mismo. Mientras más derechos procesales des al acusado, más les permites continuar la guerra por otros medios".
Goldsmith dice que el debate sobre las exigencias de un juicio justo continuará en cada fase de los juicios a terroristas -desde la acusación inicial hasta los juicios mismos y las apelaciones ante la Corte Suprema en caso de que se dicten sentencias de muerte. "Hay una compensación", dice. "Podrías restringir el acceso, pero lo harías a expensas de la percepción de lo que es justo, y encontrar el equilibrio correcto entre justicia y control es muy difícil".

El último libro de Jeffrey Rosen se titula ‘The Most Democratic Branch: How the Courts Serve America'.

10 de septiembre de 2006
©new york times
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más tropas para bagdad


[William Kristol y Rich Lowry] Para ganar la crucial batalla de Bagdad, se necesitan simplemente más tropas.
En Iraq atravesamos por un momento crucial. Los partidarios de la guerra, como nosotros, hemos tenido nuestras diferencias sobre tácticas en el pasado. Pero en estos momentos de urgencia, no puede haber dudas de que necesitamos frenar esta caída cuesta abajo en Iraq, y para ellos debemos controlar Bagdad.
No hay misterios en cuanto a qué puede hacer una crucial diferencia en el campo de batalla de Bagdad: tropas estadounidenses. Ya se han trasladado a Bagdad, desde otros puntos de Iraq, algunos miles de soldados estadounidenses. Donde se han desplegado más tropas norteamericanas, la situación ha mejorado considerablemente. Los barrios patrullados intensamente por los estadounidenses son más seguros y más protegidos. Pero no está de ningún modo claro que los contingentes actuales de tropas en Bagdad sean suficientes para el objetivo. Y está claro que privar de tropas a otros frentes ponen el peligro los avances en otras partes de Iraq.
Lo esencial es esto: Más tropas estadounidenses en Iraq aumentarían nuestras posibilidades de ganar una batalla decisiva en un momento decisivo. Esto quiere decir que la posibilidad de ganar en Iraq está, de modo significativo, en nuestras propias manos. Por eso el presidente debería ordenar un aumento general de los niveles de tropas en Iraq, con fuerzas adicionales que deben concentrarse en Bagdad.
No hay buenos argumentos para no enviar más soldados. El gobierno dice a menudo que no quiere fomentar la dependencia iraquí. Esta es una preocupación legítima, pero es de segundo orden y de largo plazo. Iraq es un estado frágil con una democracia joven que hace frente a la violencia religiosa y de la resistencia. Los iraquíes van a depender de nosotros por algún tiempo. Podríamos empezar a preocuparnos de la dependencia de Iraq en nuestras fuerzas después de que haya pasado la crisis de seguridad en Bagdad.
El gobierno enfatiza que hay una solución política, no solamente militar, para Iraq. Es verdad, por supuesto. Pero la violencia se cruza con la política. La violencia está radicalizando la situación. Sirve para fortalecer a los extremistas que se han aliado con nuestros enemigos. Mientras no logremos controlar esa violencia, un acuerdo político será cada vez más difícil.
En realidad, la violencia cometida por las milicias chiíes está directamente relacionada con la política. Es parte de los juegos de poder de gente como Moqtada al-Sáder para marginar a figuras moderadas, como el gran ayatollah Ali Sistani. La reciente declaración de indignación con la política iraquí sugiere que las tácticas de Sáder están dando sus frutos. Enviar más tropas norteamericanas en estos momentos no será la substitución ingenua y torpe de la fuerza militar por la delicadeza política. Será un intento de influir a favor nuestro en la situación política iraquí.
La estrategia militar del gobierno se ha basado durante largo tiempo en lograr que los iraquíes ‘sostengan' la estrategia de la contrainsurgencia de ‘limpiar, mantener y construir'. Eso, obviamente, sería lo ideal. Pero la experiencia de los últimos tres años es que los iraquíes todavía no están en estado de hacerse cargo, al menos no en zonas furiosamente disputadas como Bagdad. El gobierno merece crédito por los enormes avances en el adiestramiento del ejército iraquí. Pero de momento gran parte de esa estrategia dependerá de nosotros mismos para que sea efectiva. Eso exige, simplemente, más tropas.
Si las tropas americanas entregan los barrios a los iraquíes, es probable que la situación en ellos vuelva a deteriorarse -en la misma dinámica que hemos visto repetirse en lugares problemáticos que han pasado a control de tropas americanas, sólo para deslizarse nuevamente en el caos cuando los soldados estadounidenses se marchan.
Una razón por lo que preferir que los iraquíes mantengan las zonas aseguradas es que las fuerzas nacionales, en teoría, no corren el riesgo de crear la reacción nacionalista que puede provocar un ejército invasor extranjero, vale decir, nosotros. Pero en la actual situación de derramamiento de sangre por conflictos religiosos, se sabe que las tropas estadounidenses inspiran más confianza y son mejor bienvenidas que los iraquíes. Muchos sunníes -perseguidos por las milicias chiíes- ahora aceptan la presencia de nuestros soldados, y líderes chiíes moderados quieren que nos quedemos. De hecho, el principal temor de los iraquíes en los barrios de Bagdad patrullados por los estadounidenses es, aparentemente, que nos marchemos, no que nos quedemos.
William Stuntz, de la Faculta de Leyes de Harvard, lo enfatizó hace poco: "El territorio por el que nos estamos peleando es el importante del mundo, desde el punto de vista estratégico. La victoria pondrá al régimen más peligroso del planeta, la teocracia fascista de Irán, en serio peligro. La derrota fortalecerá inestimablemente a ese mismo régimen. Si hay alguna posibilidad significativa de que la presencia de más soldados norteamericanos en el terreno aumente las posibilidades de éxito, no enviar a esas tropas a terreno sería un crimen".
Portavoces del gobierno han abandonado el discurso de ‘mantener el curso' en Iraq por el lema de ‘adaptarse para ganar'. Si esas palabras significan algo, el gobierno no puede simplemente mantener el curso de los actuales niveles de tropas. Tenemos que adaptarnos para ganar la guerra de Bagdad. Necesitamos substancialmente más tropas en Iraq. Enviarlas allá será un acto de coraje de un liderazgo presidencial adecuado a la crisis que enfrentamos.

William Kristol es editor de The Weekly Standard. Rich Lowry es editor de National Review.

11 de septiembre de 2006
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la realidad del presidente bush


Bush dijo que, en la guerra contra el terrorismo, volvería a hacer exactamente lo mismo, invadiendo Iraq.
Ayer noche, el presidente Bush instó a los estadounidenses una vez más a tomar en serio al terrorismo -una advertencia que difícilmente parece necesaria. Un aspecto de ese terrible día hace cinco años que parece inmune a la politización o banalización, es el temor a otro ataque. Cuando Bush advierte que Al Qaeda dice en serio lo que dice, que hay fanáticos musulmanes en el mundo que nos quieren dañar y que el siguiente atentado podría incluso ser peor que el último, no necesita insistir en el argumento.
Después de eso, los senderos divergen. Bush ha estado marcando el quinto aniversario del 11 de septiembre de 2001 con una serie de discursos sobre el terrorismo que culminaron anoche con su discurso televisado. Describió un mundo donde Iraq es una joven y esperanzada democracia con un "gobierno de unidad" que representa a su variada población. Los terroristas adiestrados por Al Qaeda que se aterrorizan con "la vista de un viejo jalando la palanca de las elecciones", están tratando de detener el curso del progreso. Estados Unidos y sus amigos se mantienen firmes en una guerra que decidirá quién dominará el siglo 21, la libertad o el terror.
Si eso fuera la realidad, el llamado del presidente a "dejar de lado las diferencias y trabajar juntos para pasar la prueba que nos ha dado la historia" sería inspirador, en lugar de frustrante y deprimente.
Iraq no tenía nada que ver con la guerra contra el terrorismo hasta que el gobierno de Bush decidió invadir ese país. El presidente admite ahora que Saddam Hussein no fue responsable del 11 de septiembre de 2001 (aunque afirmó anoche que la invasión era necesaria porque Iraq representaba un "riesgo"). Pero ha fracasado a la hora de ofrecer al país una nueva razón realista para seguir allá.
Fundar una democracia en el corazón de Oriente Medio ya no es un motivo, por deseable que sea. Donde Bush ve un gobierno iraquí laico naciente, la mayoría del mundo ve una colección de líderes partidistas étnicos y religiosos, armados con milicias privadas, dirigiendo un creciente conflicto entre chiíes y sunníes. Advertir a los estadounidenses que la retirada equivaldría a "envalentonar" al enemigo está lejos de ser un argumento mientras haya constantes evidencias de que la presencia estadounidense está provocando una terrible reacción en todo el mundo musulmán que fortalece a los fanáticos mucho más de lo que los atemoriza.
Esquivar el caos que acompañaría ciertamente la guerra civil sería una razón para mantener el curso, aunque la verbosa retórica sobre la libertad que ofreció Bush anoche no inspira para nada. Pero el país necesita un plan operacional para estabilizar un país fragmentado, en proceso de desintegración, y poner fin a la violencia. Si existe esa estrategia, no parece probable que Bush la esté viendo a través del filtro de sus fantasías.
Es difícil imaginar cómo construir un consenso cuando los hombres a cargo viven rodeados de mitos. El vice-presidente Dick Cheney sugirió el fin de semana pasado que la Casa Blanca se hace todavía más ilusiones que lo que sugiere la retórica de Bush. El vice-presidente dijo a Tim Russert, de la NBC, que la invasión de Iraq no solamente había sido lo correcto, sino que "si tuviéramos que hacerlo otra vez, haríamos exactamente lo mismo".
Es un pensamiento impresionante. Si pudiéramos volver al 12 de septiembre de 2001, sabiendo todo lo que sabemos desde entonces, Cheney y el presidente harían de nuevo "exactamente lo mismo". Será difícil volver a oír la frase "las lecciones del 11 de septiembre" sin pensar en esa declaración.

12 de septiembre de 2006
©new york times
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hay que hablar con hezbollah


[Lakhdar Brahimi] Antes que excluir a Hezbollah, ha de animársele a participar de manera responsable.
Qué pena que haya tomado más de treinta días adoptar una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para un cese el fuego en el Líbano. Treinta días durante los cuales no se logró nada positivo y sí un montón de dolor, sufrimientos y daños infligidos a gente inocente.
La pérdida de vidas civiles inocentes es asombrosa y la destrucción, especialmente en el Líbano, ha sido devastadora. Las organizaciones de derechos humanos y Naciones Unidas han condenado la crisis humanitaria y las violaciones a las leyes humanitarias internacionales.
Sin embargo, se utilizó toda la influencia diplomática de Estados Unidos para impedir el cese el fuego, mientras se entregaban al ejército israelí, a toda prisa, más equipos militares. Se dijo que la guerra tenía que continuar para abordar las raíces del conflicto, pero nadie explicó cómo puede contribuir a ello la destrucción del Líbano.
¿Y cuáles son las causas? Es increíble que los acontecimientos recientes sean normalmente atribuidos solamente al secuestro de tres soldados israelíes. Pocos hablan de los miles de prisioneros palestinos retenidos por Israel, ni de sus prisioneros libaneses, algunos de los cuales llevan en prisión más de veinte años. Y casi no se menciona la ocupación militar ni las injusticias que la acompañan.
Antes que ayudar en la llamada guerra contra el terrorismo, los acontecimientos recientes han beneficiado a los enemigos de la paz, la libertad y la democracia. La región hierve de resentimiento, rabia y desesperación, sentimientos que no están conduciendo a los jóvenes árabes y palestinos hacia el llamado Nuevo Oriente Medio.
Tampoco ayudan estas políticas a Israel. La necesidad de seguridad de Israel es real y legítima, pero no podrá ser alcanzada de ningún modo sostenible a expensas de las necesidades y aspiraciones igualmente reales y legítimas de sus vecinos. Israel y sus vecinos podrían negociar un acuerdo honorable y vivir en paz y armonía. Como ocurre a menudo en situaciones de conflicto complejas, sin embargo, las partes no lo pueden lograr solas. Necesitan ayuda externa, que de momento no tienen.
Quizás es demasiado temprano como para sacar conclusiones de este mes de locura. Lo que sí está claro, sin embargo, es que Hezbollah ha logrado una victoria política y que su líder, el jeque Hasán Nasrallah, se ha convertido en la figura más popular del mundo musulmán. En cuanto a Israel, no parece que haya alcanzado sus objetivos formulados. Si estas tendencias continúan, es difícil imaginar que la región alcance alguna estabilidad a corto plazo.
¿Qué se puede hacer? La comunidad internacional debería tomar medidas -algunas concretas, algunas conceptuales- para abordar la crisis actual.
Primero, se debe dar prioridad a garantizar la unidad, soberanía e integridad territorial del Líbano y la completa implementación del acuerdo de Taif de 1989, que yo ayudé a negociar a nombre de la Liga Árabe. Este acuerdo exigía específicamente que el gobierno libanés, como cualquier otro estado, tenga el monopolio de la posesión de armas y el uso de la violencia.
Segundo, debemos recordar que Hezbollah nació como consecuencia de la invasión israelí del Líbano en 1982. Como otros movimientos, ha evolucionado: fue inicialmente una milicia y un movimiento de resistencia contra la ocupación extranjera. Luego desarrolló tanto un partido político como una organización social, proporcionando servicios valiosos a sus empobrecidas comunidades.
Antes que tratar de aislar a Hezbollah, deberíamos alentarlo a jugar un papel responsable en la dinámica interna del Líbano. Sería legítimo esperar a cambio que Hezbollah reconozca el derecho exclusivo del estado libanés a la posesión de armas y uso de la fuerza.
Tercero, es algo paradójico pedir a Irán y Siria que corte relaciones con Hezbollah, al mismo tiempo que se les pide que utilicen su influencia para conseguir su aceptación de la resolución de cese el fuego. ¿No sería más efectivo pedir que los dos países, así como otros estados en la región y más allá, respeten escrupulosamente la soberanía del Líbano y se abstengan de intervenir en sus asuntos internos?
Cuarto, la contribución más valiosa que puede hacer Israel a una paz duradera a lo largo de su frontera norte es retirar sus tropas de todos los territorios que está actualmente ocupando, incluyendo las Granjas de Shebaa.
Finalmente, debe concentrarse de manera urgente y sostenida la atención sobre el problema que subyace a la intranquilidad en Oriente Medio: el problema palestino. Un tesoro de resoluciones de Naciones Unidas y otros acuerdos ya existen que proporcionan una base para una solución justa y viable del conflicto en Oriente Medio.
Una aproximación podría ser que un equipo de mediadores sea autorizado por el Consejo de Seguridad y una conferencia internacional (incluyendo a la Liga Árabe) para encargarse de la gigantesca tarea de revivir los acuerdos preexistentes que funcionen mejor y luego cerciorarse de que sean implementados.
Si Estados Unidos y otros países clave pudieran ver este conflicto a través de lentes diferentes, podría haber una posibilidad real de paz. Sería el mejor modo de mostrar respeto genuino y dolor por el sufrimiento causado a tanta gente inocente durante tantos años.

Lakhdar Brahimi es un ex asesor especial del secretario general de Naciones Unidas.

18 de agosto de 2006
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guerra civil se puede ganar


[Charles Krauthammer] Gobierno central iraquí debe demostrar su voluntad de ganar la guerra de Iraq.
A medida que los demócratas se convierten en el partido antibélico, a medida que el apoyo popular de la guerra sigue hundiéndose, a medida que algunos de los que inicialmente apoyaron la guerra ahora cosechan desprecio por todo el proyecto iraquí, debemos tratar la pregunta sobre la retirada inmediata de las tropas.
Hay dos motivos para retirarse -seamos honestos, para abandonar a Iraq: (a) Iraq no vale la pena, (b) valga o no la pena, la causa está perdida.
El primer motivo fue articulado hace poco por John Terry: "Iraq no está en el centro de la guerra contra el terrorismo. El presidente persiste en decir que sí lo está. El presidente trata de hacer que Estados Unidos se trague esa historia. Es un error. Está equivocado y nos está costando la capacidad de hacer lo que tenemos que hacer en la región". Esto es absurdo. Si Estados Unidos se marcha, el gobierno central iraquí se derrumbará, y los beneficiarios serán Irán, Siria y al-Qaeda, los tres principales actores terroristas hoy en el mundo. No sería solamente una victoria psicológica, sino también una victoria territorial. Al-Qaeda ganaría una base en Mesopotamia; Siria e Irán compartirían esferas de influencias en lo quede del estado iraquí.
Podríamos quedarnos con un Kurdistán independiente que podría ser una base del poder militar norteamericano, pero sería una presencia reducida en una zona turbia, un premio de consuelo trágicamente pequeño.
Uno puede decir que, por eso, no deberíamos haber atacado a Saddam Hussein. Eso asume un status quo ante estable y benigno. Las dos suposiciones son falsas. Pero asumamos por un momento que los críticos tienen razón. Ese es el argumento que deberían haber presentado -que Kerry debió haber hecho- hace cuatro años, antes de que votara sí, antes de que votara no, y antes de que votara sí a la guerra. En este punto, es simplemente indisputable que el colapso del gobierno constitucional de Iraq representaría un enorme avance para las fuerzas del terrorismo.
El otro motivo de la retirada es que la guerra está perdida y que, por eso, es irrazonable aceptar que muera un soldado estadounidense más por una causa que está más allá de todo rescate.
Este es un argumento serio del que nos hemos distraído durante los últimos meses por el debate cada vez más absurdo sobre la significación del concepto de ‘guerra civil', y si acaso Iraq está viviendo una.
Por supuesto que lo está. Empezó cuando la minoría sunní, incapaz de aceptar el fin del régimen baazista empezó a hacer una guerra indiscriminada contra la mayoría kurda-chií que heredó el país como resultado de la invasión norteamericana.
Iraq no es la España en los años treinta ni Estados Unidos en los años de 1860, pero si el concepto ‘guerra civil' ha de usarse o no, es irrelevante. La cuestión relevante es: ¿Podemos ganar todavía, vale decir, podemos dejar atrás un gobierno constitucional estable, funcionando y orientado hacia Occidente?
Y eso depende de si el gobierno del primer ministro Nouri al-Maliki puede hacer frente a sus dos amenazas más mortales: la resistencia sunní y el reto del clérigo chií Moqtada al-Sáder.
La inmensa mayoría de los sunníes está peleando no por ideologías sino por una cuota de poder y de petróleo. Un acuerdo con ellos es eminentemente posible y podría cooptar a suficientes sunníes como para reducir significativamente la resistencia. Incluso ahora, los rebeldes tienen la capacidad de masacrar a civiles y de matar a soldados de la coalición con bombas improvisadas, pero no han demostrado nunca la capacidad del tipo de acción sostenida que finalmente derroca gobiernos y gana guerras civiles. (Véase Castro, Mao, Vietnam del Norte). Nuestro embajador en Bagdad ha estado instando al gobierno de Maliki a llegar a un acuerdo. Lo ha estado instando a ponerse serio en cuanto a la creciente amenaza interna que representa el Ejército Mahdi de Sáder, que es responsable de gran parte de la reciente violencia religiosa y amenaza sea con marginar o suplantar al gobierno central.
El único elemento positivo en la preponderancia de Sáder ha sido la fragmentación del frente chií que ahora podría permitir nuevos acuerdos y alianzas interconfesionales (sunníes-chiíes). Pero eso exige que el gobierno de Maliki esté decisivamente dispuesto a negociar con los sunníes y a atacar a Sáder.
Ayer Maliki asumió el control operacional de las fuerzas armadas iraquíes, la única institución de seguridad nacional que funciona. Necesita demostrar que la usará. El pueblo estadounidense apoyará una causa que es noble y necesaria, pero no una causa perdida. Y sin un gobierno central iraquí capaz de actuar en su propia defensa, esta guerra no se podrá ganar.

letters@charleskrauthammer.com

8 de septiembre de 2006
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júzguenlos o déjenlos en libertad


[Khalid Al-Odah] Padre de detenido exige debido proceso para secuestrados en Guantánamo.
Ciudad de Kuwait, Kuwait. Estados Unidos ha reaccionado hace poco, ante las presiones del gobierno alemán, liberando al detenido Murat Kurnaz de Bahía Guantánamo. Aunque pasó cuatro años en la cárcel norteamericana allá, Kurnaz no fue nunca acusado de ningún delito, y no hay indicios de que haya estado implicado en actividades terroristas. Si se le hubiese permitido gozar de su derecho constitucional a un debido proceso tras su detención, es muy probable que este hombre inocente no habría perdido esos cuatro años de su vida en una cárcel.
Hace dos años la Corte Suprema otorgó el derecho a un debido proceso a los prisioneros de Guantánamo. Más recientemente, en el caso de Hamdan v. Rumsfeld, la corte declaró que los tribunales militares no son un método apropiado para este tipo de juicios. Incluso, el gobierno de Bush sostiene que la resolución de Hamdan se aplica directamente a sólo diez de los detenidos que han sido clasificados formalmente como ‘combatientes enemigos'. ¿Qué ocurre con los otros 450 o más detenidos que no han sido acusados de ningún delito y que, como Murat Kurnaz, son probablemente inocentes?
Mientras cientos de hombres inocentes siguen en prisión, ¿por qué está el gobierno de Bush todavía luchando contra la idea de que los valores americanos incluyen el derecho a un juicio justo y que las deficientes comisiones militares no representan nada semejante?
Para mí, como padre de un prisionero kuwaití retenido en el campamento, las noticias de las últimas semanas han sido parte de mi vida de todos los días durante cuatro años y medio. Mi hijo, Fawzi, era maestro en una región cerca de la frontera afgano-paquistaní cuando fue secuestrado por cazadores de recompensa. Me dicen que ahora vive solo en una celda en Guantánamo; nuestro único contacto consiste en cartas viejas con párrafos enteros que han sido borrados. Para las familias que han sido mantenidas en la ignorancia durante cuatro años, mientras sus maridos, hijos y hermanos sufren en un mundo secreto, la angustia es interminable.
Espero que la gente entienda que los esfuerzos que hemos emprendido por nuestros familiares kuwaitíes en los tribunales estadounidenses, y en los tribunales globales de la opinión pública, no han sido nunca dictados solamente por la exigencia de que liberen a los detenidos. Nuestra exigencia ha sido que los juzguen y condenen, o que los dejen en libertad. Dad a los prisioneros un debido proceso de modo que se pueda determinar en justicia si son culpables o inocentes. En un país que presume la inocencia, es categóricamente injusto que se encarcele a tantos que son probablemente inocentes sólo para castigar a los pocos que podrían ser culpables.
Mi hijo no es un terrorista. Era, de hecho, un gran admirador de los valores políticos y principios jurídicos estadounidenses antes de que fuera secuestrado y enviado a Guantánamo. Nuestra familia, sin embargo, está dispuesta a sufrir la prueba del juicio y sentencia, si el gobierno estadounidense lo permitiera.
Ahora que la Corte Suprema ha resuelto en el caso de Hamdan, veremos si una reafirmación del principio del debido proceso por la corte tendrá más efecto que su resolución de hace dos años.
Sin embargo, es también una lamentable ironía que el gobierno de Bush vea ahora la clausura de la cárcel de Guantánamo como una opción positiva e incluso favorable, a pesar de las reacciones políticas adversas en el corto plazo. Porque con los detenidos fuera de la vista y fuera de la mente, el gobierno todavía podría evitar los problemas más amplios y continuar sus ilegales políticas sin restricción alguna. Guantánamo, un símbolo del temor e indecisión nacionales, podría ser cerrada convenientemente. La opinión pública mundial, así como la norteamericana, podría ser trágicamente diluida.
¿Cuántas más muertes y años de injusticia serán necesarios para que Estados Unidos termine esta violación tanto de los derechos humanos como de las leyes estadounidenses, y acuse formalmente a los retenidos de la comisión de los delitos que estime, o les deje en libertad? Si el gobierno de Bush realmente quisiera cerrar Guantánamo, debería trabajar primero en aplicar un proceso jurídico justo para separar a los culpables de los inocentes.

El autor fundó hace cuatro años la Comisión de Familias Kuwaitíes para defender los derechos legales de los extranjeros encarcelados en la cárcel de Guantánamo.

2 de septiembre de 2006
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tom y jerry ya no fuman


[Joaquín Pérez Azaústre] Pero sí pueden seguir torturando e insultándose.
Para fumarse un pitillo, ahora el gato Tom tiene que salirse de la cámara, enfilar el trayecto hacia su camerino o la escalera de incendios. Deberá hacerlo raudo, casi enfebrecido en la fruición que puede atemperar el cigarrillo. Porque, ahora, ni el gato Tom ni el ratón Jerry podrán acicalarse en la calada, mirar lánguidamente a una gata o ratona con un cilindro breve entre los labios, haciendo cobertura de un deseo que era el de encontrarse sobre el humo. Parece una broma y ojalá lo fuera: en Reino Unido existe un organismo llamado Ofcom, encargado de supervisar los contenidos de los programas televisivos, algo así como el Comité de Sabios del gobierno socialista, pero con capacidad de acción. Los especialistas de Ofcom acaban de descubrir que ciertos personajes de dibujos animados, entre ellos Tom y Jerry, fuman en algunos episodios.
El informe 67 dice así: "(…) Reconocemos que se trata de dibujos de los años 40, 50 y 60, de cuando fumar era una costumbre aceptada por la sociedad. Pero ahora las televisiones deben valorar si son buenas este tipo de escenas (…)". Todo empezó en 1949, cuando la factoría de Hanna–Barbera pensó que sería divertido emitir un capítulo titulado ‘Tennis chumps', en la que aparecía nuestro famoso gato aporreando una pelota con su raqueta de tenis al tiempo que paladeaba un hermoso puro con distancia. Sólo un año después, en Texas, Tom, el mejor amigo del ratón Jerry –y, algunas veces, su peor enemigo– trataba de flirtear con una bella gata mientras se encendía un cigarrillo. No sé si alguna vez han tratado de ligar con una gata –las hay fascinadoras, con o sin bigotes de por medio–, pero la mirada volátil, apenas perceptible sobre una bocanada displicente, puede ser una estrategia directa y eficaz.
No lo han entendido así los analistas de Ofcom, que deben de pensar que cada niño que vea estos dibujos animados va a terminar sus días inmerso en una crisis pulmonar. Y no sólo con Tom y Jerry: también con Los Picapiedra, y el mismísimo Scooby Doo. Sin embargo, no parecen pensar lo mismo de otros comportamientos animados: nadie se ha inmutado hasta el momento porque los mentados Tom y Jerry se hayan torturado durante generaciones armados de puñales, pistolones, hachas y martillos y, tampoco, por el hecho conocido de que Pedro Picapiedra se haya pasado todo su periplo vital, televisivo, humillando a su amigo Pablo refiriéndose siempre a su estatura y llamándolo por el no muy correcto término de 'enano'. "¿Qué pasa, enano? ¿No has crecido nada esta mañana?", vocifera aún Pedro, sin que nadie le llame la atención. ¿Y el capitán Haddock, casi siempre beodo con el abstemio Tintín? Por esa regla de tres, los niños que vean estos dibujos animados terminarán siendo psicópatas al estilo 'Anibal Lecter', acosadores por la altura o borrachos irredentos. Pobres Tom y Jerry y pobres de los niños del futuro.

2 de septiembre de 2006
©diario de granada
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