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opinión

renace culto a stalin en rusia


[Cathy Young] La negación del Holacausto y la negación del Gulag son dos males gemelos. En Rusia renace culto a Stalin con el apoyo oficial de las autoridades rusas.
Dos sucesos la semana pasada ilustran crudamente los dilemas de países que lidian con pasados terribles. En Austria, el historiador que negaba el Holocausto, David Irving, fue condenado a tres años de cárcel por sus declaraciones públicas de que los nazis no llevaron a cabo el exterminio sistemático de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Entretanto, en Rusia, mientras el país conmemoraba el 50 aniversario de su rechazo oficial del estalinismo durante el régimen de Kruschev, mucha gente considera el legado del dictador en gran parte en términos positivos -y un nuevo museo que celebra su legado está a punto de abrir sus puertas.
La sentencia de Irving refleja la dura aproximación de Europa a su pasado nazi. Las leyes que prohíben la negación del Holocausto y la propaganda pro-nazi son muy severas en Alemania y Austria, los países más directamente implicados en los crímenes nazis contra la humanidad; pero también existen en muchos otros países del continente europeo. Esas leyes son problemáticas para la mayoría de los estadounidenses.
Para algunos, el tema no está tan claro. El rabí Abraham Cooper, decano del Centro Simon Wiesenthal, dijo que "mientras que las vociferaciones de Irving no habrían llevado a acciones legales en Estados Unidos, es importante que reconozcamos y respetemos la dedicación de Austria a combatir la negación del Holocausto... como parte de su responsabilidad histórica por su pasado nazi".
Aunque no tengo ninguna simpatía por Irving (que, ante la posibilidad de ser encarcelado, trató de escabullirse de su postura con la ridícula afirmación de que nuevas evidencias le habían llevado a creer que en Auschwitz después de todo sí se había masacrado a gente), todavía creo que la ley usada contra él es una mala idea. El estado de Austria puede vivir a la altura de su responsabilidad con su pasado sin criminalizar ni siquiera el peor de los discursos. En Estados Unidos, incluso sin sanciones legales, la negación del Holocausto es efectivamente marginada por la opinión pública.
Entretanto, la criminalización de la negación del Holocausto puede fortalecer perversamente a los que lo niegan, llevando a algunos a argumentar que los que defienden la historia del Holocausto deben tener poca confianza en los hechos como para creer que necesitan silenciar a los opositores. La historiadora Deborah Lipstadt cree que la sentencia de cárcel pueda dar publicidad y el martirologio a Irving, en lugar de la obscuridad que merece.
Volvamos a Rusia, donde desde principios de los años de 1930 y hasta su muerte en 1953, Stalin masacró a su propio pueblo a una escala similar al Holocausto. Se calcula que murieron al menos 20 millones de personas. El exterminio no fue tan sistemático como el de los nazis, pero las víctimas, a fin de cuentas, estaban igual de muertas.
Hace cincuenta años en una reunión secreta del Partido Comunista, el sucesor de Stalin, Nikita Kruschev leyó un discurso denunciando el "culto a la personalidad" de Stalin y las represiones durante su gobierno. Este discurso empezó el proceso de desestalinización de la Unión Soviética: se liberó a la mayoría de los presos políticos, y muchos de que los murieron fueron exonerados póstumamente.
Sin embargo, ni la Unión Soviética ni, años más tarde, la Rusia post-soviética, repudiaron completamente a Stalin, ni se saldaron cuentas con sus crímenes. En los últimos años, el presidente ruso Vladimir Putin ha estado defendiendo una visión más positiva del pasado soviético del país. Las ciudades han vuelto a erigir monumentos a Stalin.
El diario británico The Independent dijo que se programa la inauguración de un museo de Stalin en marzo, en Volvograd, antiguamente conocida como Stalingrado.
Las encuestas muestran que un 30 a 40 por ciento de los rusos consideran ahora el papel de Stalin en la historia en general "positivo", dándole el crédito de haber convertido a la Unión Soviética en una superpotencia y de haber derrotado a Hitler.
Comparada con esta amnesia sobre los crímenes de estado contra la humanidad, la experiencia alemana es ciertamente un buen modelo -independientemente de lo que uno piense sobre las leyes contra la negación del Holocausto en Alemania. Lamentablemente, la amnesia sobre los crímenes del comunismo es bastante común en Occidente; los historiadores que han subestimado y minimizado esos crímenes, como por ejemplo el historiador de la Universidad Miami de Ohio, Robert W. Thurston, no ha sido aislados del modo en que lo ha sido David Irving.
El resurgimiento del culto a Stalin en Rusia hoy muestra el peligro de semejante amnesia. La negación del Holocausto y la negación del Gulag deberían ser vistas como los males gemelos que son.

Cathy Young escribe para la revista Reason.

28 de febrero de 2006

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los piojos y la inmigración y la raza


[David Dorado Romo] ¿Pedirá alguien alguna vez en Estados Unidos excusas por la relación que establecieron sus intelectuales anglosajones entre la inmigracion y la eugenésica?
Yo nací en California de padres inmigrantes mexicanos, pero he vivido la mayor parte de mi vida en El Paso, donde el fervor anti-inmigración que se extiende hoy por Estados Unidos no es nada nuevo. De hecho, los primeros llamados para levantar una valla a lo largo del Río Grande, para mantener a raya a los extranjeros indeseables, se oyeron en El Paso hace un siglo, en 1904. Pero en esa época -a diferencia de lo quieren los republicanos en estos días con su propuesta de construir una valla fronteriza de 1120 kilómetros- no estaban tratando de mantener fuera las hordas latinas. En esa época los indeseables eran los chinos.
Los que cruzaban la frontera mexicanas no fueron considerados ilegales en Estados Unidos sino en 1917, cuando una nueva ley impuso formidables obstáculos para entrar: una prueba de alfabetismo, el impuesto per cápita y la prohibición del trabajo a contrata. Los nacionales mexicanos necesitaron por primera vez mostrar un pasaporte para entrar a Estados Unidos. También fue el año en que Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial.
La guerra despertó profundos sentimientos de paranoia y de patriotismo xenófobo en este país. Los estadounidenses tenían miedo de que los alemanes lanzaran ataques aéreos desde México. Como protesta contra Alemania, los estadounidenses cambiaron el nombre de los frankfurters a hot dogs y la sauerkraut [chucrut] a ‘liberty cabbage’ [col de la libertad]. Y para proteger al país de la amenaza del tifus, los agentes de Aduanas empezaron a despiojar obligatoriamente a los mexicanos que cruzaban la frontera en El Paso y en el puente internacional de Juárez; solamente en 1917, 127 mil personas fueron sometidas a este tratamiento.
Todos los inmigrantes del interior de México, y aquellos a los que los agentes de la Aduana norteamericana consideraba residentes de "segunda clase" de Juárez, fueron obligados a desnudarse completamente, entregar sus ropas para ser esterilizadas en una secadora a vapor y fumigadas con ácido hidrociánico, y pararse desnudos ante un inspector de Aduanas que revisaría entonces sus "partes pilosas" -cuero cabelludo, axilas, pecho, área genital- para detectar si tenían piojos. Los que sí los tenían debían afeitarse la cabeza y el pelo del cuerpo con máquinas de cortar el pelo y bañarse con una mezcla de queroseno y vinagre.
Mi tía abuela, Adela Dorado, nos contaba lo humillante que era tener que pasar por el despiojamiento cada ocho días solamente para ir a hacer el aseo en casas de norteamericanos. Recordaba cómo en una ocasión los agentes de Aduanas colocaron sus ropas y zapatos en una secadora y sus zapatos se fundieron.
Pero lo que este tratamiento en los puestos internacionales de control logró, fue exacerbar los cruces ilegales de la frontera. Los mexicanos que cruzaban la frontera que no querían someterse a esos baños, evitaban los puntos de entrada. Como resultado, en 1921, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos creó un guardia montada de cuarentena que debía llevar a los inmigrantes mexicanos a los locales de desinfección.
Más allá de la indignidad del proceso, se corría verdaderamente el riesgo de resultar quemado. Eso pasó en 1916 en la cárcel de El Paso, cuando alguien encendió un fósforo cerca de una cuba durante la campaña de desinfección del alcalde y 27 reclusos murieron quemados.
El 28 de enero de 1917, una criada mexicana de Juárez de 17 años, Carmelita Torres, que cruzaba diariamente la frontera para hacer la limpieza en casas de El Paso, se negó a tomar un baño y ser desinfectada. Los boletines de prensa calcularon que, hacia el mediodía, se unieron a ella "varios miles" de manifestantes en el puente fronterizo. La protesta llegó a ser conocida como ‘las revueltas del Baño’.
La prensa anglo local hizo todo lo que pudo para exagerar la amenaza de tifus desde México, aunque un funcionario del Servicio de Salud Pública declaró que el problema del tifus en El Paso no era peor que en las principales ciudades estadounidenses. En 1917, hubo en Estados Unidos 31 casos de tifus, y sólo muertes relacionadas con el tifus en El Paso.
Sin embargo, la campaña de despiojamiento continuó durante décadas a lo largo de la frontera estadounidense-mexicana, mucho después de que hubiera terminado el peligro de sea una epidemia de tifus o de los bombarderos alemanes. Incluso hasta fines de los años cincuenta, durante el programa de los braceros invitados, los trabajadores mexicanos estaban todavía siendo fumigados con DDT antes de ser admitidos en Estados Unidos. ¿Por qué? Porque la paranoia no era solamente sobre la contaminación física, era también una paranoia cultural y genética.
Durante la primera parte del siglo 20, los eugenésicos californianos -muchos de ellos miembros de la Fundación para el Mejoramiento Humano [Human Betterment Foundation], como el rector de Stanford, David Starr Jordan, y el dueño de Los Angeles Times, Harry Chandler- jugaron un papel crucial en la restricción del flujo de mexicanos en Estados Unidos. Para prevenir el "mestizaje" y la profanación de lo que Jordan llamó la "sangre sajona y goda del país", se pronunciaron contra el mestizaje y pidieron la esterilización forzada, control de la natalidad y exclusión de las reservas genéticas inferiores por medio de una reforma de las leyes de inmigración del país.
En un artículo titulado ‘Peligros de la Invasión Mexicana’ [Perils of the Mexican Invasion], Samuel Holmes -que enseñaba eugenésica en la Universidad de Berkeley en los años veinte- argumentaba que los mexicanos eran "los menos asimilables de los contingentes extranjeros". Estos intelectuales y líderes cívicos anglos tuvieron una gran influencia en ayudar a redactar la restrictiva Ley de Inmigración de 1924, que estableció la primera Patrulla Fronteriza norteamericana para conservar lo que los higienistas raciales mantenían fuera de las fronteras a los que consideraban como "extranjeros genéticamente inferiores".
Hace unos años, varios gobiernos de estados, incluyendo el de California, ofrecieron disculpas a las miles de personas que fueron esterilizadas a la fuerza en campañas realizadas a nombre de la eugenésica y del "mejoramiento humano" entre 1909 y hasta los años setenta.
¿Cuánto tiempo tomará para que un funcionario de gobierno ofrezca excusas por los cientos de miles de despiojamientos con químicos nocivos a lo largo de la frontera estadounidense-mexicana? ¿Pedirá alguien algún día excusas por la conexión establecida entre la eugenésica y las leyes de inmigración estadounidenses?
¿Cuántas décadas deben pasar que alguien pide perdón por las inhumanas políticas de inmigración de hoy, que han resultado en la muerte de tantos inmigrantes indocumentados en los últimos años? ¿Es más fácil pedir excusas por una historia en un pasado enterrado que por una historia que se repite una y otra vez, aquí y ahora?

David Dorado Romo es el autor de ‘Ringside Seat to a Revolution: An Underground Cultural History of El Paso and Juarez, 1893-1923’, que viene de ser publicado por Cinco Puntos Press.
February 27 2006.

28 de febrero de 2006

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©traducción mQh

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qué debe hacer hamas


[Henry A. Kissinger] Avances en el proceso de paz deben corresponder a condiciones en el terreno.
La imagen Ariel Sharon, que yace en coma en un hospital israelí, tiene una obsesionante cualidad. Tiene la intensidad del guerrero que participó -a veces despiadadamente- en todas las guerras de Israel, que quedó incapacitado cuando estaba a punto de proclamar una dramática revaluación de la posición de Israel con respecto a la paz. Y existe la perspectiva de que este combativo general haya transcendido su implacable pasado para mostrar a los dos lados los sacrificios que se necesitan para un proceso de paz serio.
Un proceso de paz serio presupone una disposición recíproca a hacer compromisos. Pero la diplomacia tradicional trabaja más efectivamente cuando existe un acuerdo general sobre los objetivos: una condición mínima es que los dos lados acepten la legitimidad de cada uno, que se de por sentado el derecho a existir de las partes.
Ese compromiso recíproco no existe entre Israel y los palestinos. Hasta el acuerdo de Oslo de 1993, Israel se negó a negociar con la Organización para la Liberación de Palestina porque la carta magna de esta incluía la eliminación de Israel y sus políticas, el frecuente recurso al terrorismo. Después de Oslo, Israel estaba dispuesto a negociar con la OLP, pero sólo sobre la autonomía de los territorios ocupados, no sobre la soberanía. Después de que Ariel Sharon se convirtiera en primer ministro en 2001, aceptó inesperadamente la formación de un estado palestino, primero como una necesidad, y finalmente como un requisito estratégico israelí. Cuando enfermó, estaba preparando crear las condiciones objetivas para ese resultado, a través de acciones israelíes unilaterales, incluyendo la retirada de Gaza y de una gran parte de Cisjordania.
Los palestinos todavía tienen un hacer un ajuste comparable. Incluso declaraciones árabes relativamente conciliadoras, como la declaración de la cumbre de Beirut en 2003, rechazan la legitimidad de Israel como inherente a su soberanía; exigen la implementación de ciertas condiciones previas. Casi todos los órganos de prensa oficiales y semi-oficiales árabes y palestinos, y libros de texto, presentan a Israel como un intruso imperialista ilegítimo en la región.
La emergencia de Hamas como el partido dominante en Palestina no debe ser considerada como una desviación radical. Hamas representa la mentalidad que ha impedido el completo reconocimiento de la legitimidad de Israel por la OLP durante estas décadas, impidió que Yasser Arafat aceptara la partición de Israel en Camp David en 2000, ha producido dos intifadas y prestado apoyo consistentemente al terrorismo. Demasiado a menudo gran parte del debate dentro del campo palestino ha girado sobre si Israel debía ser eliminado inmediatamente por una guerra permanente o si debía ser en etapas, con negociaciones ocasionales que sirvieran de armisticios periódicos. La reacción de Fatah de la OLP ante la victoria electoral de Hamas ha sido un intento de superar a Hamas en cuanto a su radicalismo. Sólo un pequeño número de moderados ha aceptado una coexistencia genuina y permanente.
Es por eso que, hasta este momento, incluso compromisos aparentes eran sólo alcanzables a través de gimnasias verbales, utilizando adjetivos que hacían inevitable que el contenido fuera interpretado de maneras incompatibles. El tratamiento de los refugiados en la ‘hoja de ruta’ es un buen ejemplo. Pide una "solución pactada, justa, correcta y realista". Para los palestinos, "justa y correcta" significa el retorno de los refugiados a toda la antigua Palestina, incluyendo el actual territorio de Israel, empantanando con ello la solución. Para los israelíes la frase implica que los refugiados que retornen sólo se pueden asentar en territorio palestino.
El advenimiento de Hamas nos lleva a un punto en que el proceso de paz debe ser ajustado de algún modo a las condiciones en el terreno. La vieja estrategia de juego de que las elecciones palestinas producirían un socio laico moderado no puede ser implementado con Hamas, en el corto plazo. Lo que se necesita de Hamas es una evolución comparable a la de Sharon. La magnitud de ese cambio es rara vez reconocido adecuadamente. Durante la mayor parte de su carrera, el objetivo estratégico de Sharon fue la incorporación de Cisjordania en Israel por medio de una política de asentamientos destinada a impedir la autonomía palestina sobre significativas porciones de territorios contiguos. En su infatigable búsqueda de este objetivo, Sharon se convirtió en una figura familiar en sus frecuentes visitas a Estados Unidos, con mapas de su concepto estratégico enrollados debajo del brazo para explicarlo a sus interlocutores.
Más tarde en la vida, Sharon, junto con un creciente número de sus compatriotas, concluyó que gobernar Cisjordania deformaría el objetivo histórico de Israel. En lugar de crear una patria judía, la población judía, con el tiempo, se convertiría en una minoría. La coexistencia de dos estados en territorio palestino se había convertido en un imperativo. Bajo Sharon, Israel estaba preparado para retirarse a cerca del 95 por ciento de territorio de Cisjordania, a abandonar importantes porcentajes de los asentamientos -muchos de ellos colocados por Sharon mismo-, implicando el desplazamiento de decenas de miles de colonos a Israel de antes de 1967, y a compensar a los palestinos por el territorio retenido con porciones equivalentes de territorio israelí. En un acuerdo como este, significativos porcentajes de israelíes están dispuestos a agregar la parte árabe de Jerusalén como posible capital de un estado palestino.
No se ha avanzado en gran parte por la rígida insistencia en las fronteras de 1967 y por el problema de los refugiados -dos condiciones irrealizables. Las fronteras de 1967 fueron establecidas como líneas de demarcación en la tregua de 1948. En ese momento, ni un solo estado árabe aceptó a Israel como legítimo dentro de esas fronteras o estaba preparado para considerar las líneas divisorias como una frontera internacional. El retorno a las líneas de 1967 y el abandono de los asentamientos cerca de Jerusalén constituiría un trauma psicológico tan grande para Israel que pondría en peligro su supervivencia.
El resultado más lógico sería canjear bloques de asentamientos israelíes en los alrededores de Jerusalén -una exigencia que el presidente Bush ha apoyado- por territorios equivalentes en el Israel de hoy con importantes poblaciones árabes. El rechazo de esta propuesta, o de conceptos alternativos disponibles que contribuirían enormemente a la estabilidad y al balance demográfico, refleja la determinación de mantener temas incendiarios permanentemente abiertos.
De momento Hamas no dejado dudas sobre sus intenciones, y formará claramente el próximo gobierno de los territorios. Por eso, una negociación seria, comprehensiva es imposible a menos que Hamas cruce el mismo Rubicón conceptual que Sharon. Y, como con Sharon, esto puede no ocurrir sino hasta que Hamas se convenza de que no hay estrategia alternativa -una tarea mucho más difícil, ya que mientras que la visión de Sharon es, esencialmente, laica, la de Hamas está nutrida por convicciones religiosas.
Con el tiempo Hamas podría aceptar una coexistencia institucionalizada debido a que Israel está en condiciones de imponer unilateralmente gran parte del esquema descrito aquí. En principio, se puede decir mucho a favor de una negociación comprehensiva, especialmente si Estados Unidos juega un papel protagonista y si los otros miembros del ‘cuarteto’ -Estados Unidos, Europa y Rusia- que redactaron la hoja de ruta calculan los límites exteriores de flexibilidad. Exige sobre todo una presidencia palestina que vaya más allá de lo que hemos visto hasta ahora y una disponibilidad de los árabes moderados a apaciguar a su ala radical y hacerse responsables de una solución moderada y laica.
El peligro de una negociación sobre el status definitivo es que, ausente un acuerdo previo firme entre el cuarteto, podría convertirse en un intento incendiario de imponer términos a Israel que son incompatibles con su seguridad a largo plazo e inconsistentes con los parámetros establecidos por el presidente Bill Clinton en Camp David y en su discurso de enero de 2001, y por el presidente Bush en su carta a Sharon en abril de 2004. Las negociaciones sobre el status definitivo en las condiciones presentes podría probablemente hacer fracasar el reto subyacente descrito antes: ¿Ven los partidos esto como un paso hacia la coexistencia o como una etapa hacia la victoria final?
¿Significa esto el fin de la diplomacia? Pase lo que pase, quienquiera gobierne Israel o la Autoridad Palestina, las partes serán compelidas por su cercanía a relacionarse sobre una gama de tópicos que incluyen puntos de cruce, permisos de trabajo y uso del agua. Estas relaciones fácticas pueden ser formuladas en algún tipo de marco internacional, poniendo a prueba en el proceso la disposición de Hamas a discutir una tregua. Un resultado posible de una iniciativa semejante podría ser un acuerdo provisional de duración indefinida. Los dos lados suspenderían algunos de sus reclamos más intratables sobre las fronteras permanentes, los refugiados y quizá sobre el status definitivo de la parte árabe de Jerusalén. Israel se retiraría a líneas basadas en las varias fórmulas que se han presentado desde Camp David y que han sido respaldadas por los presidentes estadounidenses. Desmantelaría los asentamientos instalados más allá de la línea divisoria. El gobierno controlado por Hamas se vería obligado a renunciar a la violencia. También debería acceder a respetar acuerdos alcanzados previamente por la OLP. Debería establecerse un sistema de seguridad que limite a las fuerzas militares en los territorios del emergente estado palestino. Debería cesar la propaganda patrocinada por el estado para socavar al adversario.
Semejante acuerdo provisional de largo plazo se construiría sobre el precedente del acuerdo de retirada sirio-israelí, que ha regulado el despliegue de fuerzas en las Alturas del Golán desde 1974 entre disputas sobre una variedad de otros temas y la incapacidad de Siria a la hora de reconocer a Israel.
Si Hamas puede ser atraído para un resultado semejante o cualquier resultado negociado depende de la unidad del cuarteto y, esencialmente, del mundo árabe moderado. También está por verse si el gobierno israelí que emerja de las elecciones del 28 de marzo tendrá el prestigio de Sharon y la autoridad para preservar la estrategia de Sharon, con la que se ha comprometido el primer ministro interino, Ehud Olmert. Se necesita un marco diplomático dentro del cual Israel pueda realizar esas partes de la hoja de ruta que sea capaz de imponer unilateralmente, y la comunidad mundial pueda luchar por un estatus internacional que termine con la violencia mientras deja abiertas las perspectivas de mayores progresos hacia una paz permanente.

27 de febrero de 2006

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¿guerra civil o guerra santa?


[James Carroll] ¿Quiénes profanan realmente el nombre de Dios?
"El fanatismo", escribió William James, "no es más que la lealtad llevada a extremos convulsivos". El fanatismo religioso era el tema de James, y su reflexión, publicada en ‘Las variedades de la experiencia religiosa’ [The Varieties of Religious Experience] hace más de cien años, parece hoy especialmente resonante.
Lo que James llamó "celos por el honor de la divinidad" define la aparente modalidad de sentimientos entre los que se echan a las calles a protestar contra las blasfemias que suenan como gritos de batalla una vez que la guerra es considerada sagrada. Cuando la virtud de la lealtad es vivida como lealtad al señor de los cielos, las restricciones sobre la conducta pueden ser prueba de una devoción insuficiente. Los editores daneses de las caricaturas pueden no haber sido capaces de anticipar las respuestas que todavía irritan al mundo islámico, pero los que atacaron el santuario de Askariya la semana pasada en Samarra seguramente sabía cuál sería la reacción entre los chiíes: nada menos que un desenfrenado anhelo de defender lo Sagrado contra semejantes sacrilegios. La guerra civil de Iraq aspira a ser una guerra santa.
Un ejército que se ve a sí mismo como defendiendo a Dios provoca inevitablemente reacciones que son vistas como ataques, no contra el ejército, sino contra el Todopoderoso mismo. Esto a su vez genera escaladas todavía más furiosas, porque lo que está en juego es más que el país o incluso la familia. Es por eso que, como una suprema ironía de la historia, las guerras religiosas son las más bárbaras de todas.
Las ahora familiares escenas de manifestantes enfurecidos agitando sus puños frente a las cámaras, en camino a actos de venganza sagrada, no pueden ser entendidos aparte de la teología que sostiene esa pasión. "¡Dios es grande!", dice el Corán, y los musulmanes en la calle parecen interpretarlo como que la divinidad es un ser de tal infinita supremacía que cualquier ofensa contra él debe ser vivida en sí misma como infinita, exigiendo una rabia infinita en nombre de Dios.
Al parecer, Dios es interpretado como un potentado feudal cuyo honor, una vez manchado por las viles acciones humanas, sólo puede ser restaurado por viles acciones de contrapeso. Esta teología, que no es particularmente musulmana, está enraizada en las varias mitologías del monoteísmo, algunas de las cuales tienden a retratar a la divinidad misma como celosa de su gloria, y dispuesta a ofenderse.
Así, como dice James, "se han predicado cruzadas y se han instigado masacres por la simple razón de neutralizar una extravagante ofensa de Dios". Esa teología ha "conspirado para avivar el mal genio hasta convertirlo en ira, de modo que la intolerancia y la persecución han llegado a ser vicios asociados por algunos de nosotros como inseparables de la mente de los santos".
Pero ¿qué pasaría si ‘¡Dios es grande!’ no significa que Dio es un rey transcendental, atento a las invasiones de seres más pequeños? El estudioso musulmán Seyyed Hossein Nasr sugiere que la frase es una mala traducción y que lo que significa realmente es que "Dios es más grande que cualquier cosa que imaginemos sobre Él".
En esta radical otredad, la realeza es una imagen tan irrelevante como el vasallaje, y la idea de ofender a semejante divinidad simplemente no se aplica. La grandeza no es el punto. Tampoco lo es defenderla. "Tan pronto como se representa a Dios como menos interesado en su propio honor y gloria", concluye James, el fanatismo religioso "deja de ser un peligro".
En el islam, lo mismo que en el judaísmo y el cristianismo, y como lo entiende este cristiano, la tradición teológica clave afirma que esta radical otredad de la divinidad impide que se puedan hacer reclamos familiares, tribales o nacionales en su nombre. En realidad, ese Todopoderoso como totalmente otro es el primer principio de la tolerancia humana, ya que ninguna persona o grupos tiene derecho de exclusividad sobre lo divino. El segundo principio de la tolerancia es que Dios, como su autor, pertenece a todo el cosmos, y no solamente a una parte de él.
Dios es otro, y sin embargo, como lo afirman todas las tradiciones, Dios es también el creador, investido completamente en la creación. "Yo era un tesoro escondido", es lo que según el Corán dice Dios al profeta. "Quiero ser conocido. Por eso hice la creación, para ser conocido". Vale decir, Dios crea para ser conocido por todo lo que Dios crea. La familia, tribu y país de Dios, son todos y todo.
Obviamente, el islam, el judaísmo, y el cristianismo han tenido todos problemas en conservar incólumes estos principios de tolerancia, ya que cada uno de los monoteísmos ha reducido a Dios a divinidad tribal, y la lealtad a Dios en un motivo de guerra. Lo vemos en las calles de las ciudades musulmanas hoy, en que los auto-designados defensores de la grandeza de Dios son los que, de hecho, la profanan.

27 de febrero de 2006

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bin laden, mejor muerto que vivo


[Ahmed Rashid] Cada día que pasa con bin Laden vivo, sus partidarios y otros creen que está ganado la guerra y se unen a sus filas.
Lahora, Pakistán. Cuando el presidente Bush aterrice en Islamabad más tarde esta semana, puede ser lo más cerca que llegue a estar en el mismo barrio que Osama bin Laden. Su némesis está probablemente a sólo unas horas de camino en el cordón pashtún, considerado ahora la región central de al Qaeda y una de las zonas más peligrosas del mundo.
Durante los últimos doce meses o algo así, la CIA y funcionarios del Pentágono han modificado discretamente el discurso que emplearon durante tres años después de los atentados del 11 de septiembre de 2010 -de que bin Laden se estaba escondiendo en "las áreas tribales a lo largo de la frontera paquistano-afgana". Ahora los mismos funcionarios dicen con algo de aplomo que él "no está en Afganistán". La ambigüedad del pasado ha desaparecido: bin Laden está en Pakistán.
Lo que queda es la pregunta: ¿Qué va a hacer Estados Unidos y su aliado Pakistán?
No lo suficiente, de acuerdo a altos funcionarios afganos, paquistaníes y occidentales con los que he hablado aquí. En realidad, las desastrosas políticas de Estados Unidos y Pakistán, que empezaron tras la guerra de 2001, no han hecho más que apresurar la radicalización del noroeste de Pakistán y lo ha convertido en una zona de apoyo a bin Laden y en base para los ataques de los talibanes, que cruzan la frontera hacia Afganistán, de donde han huido.
Tampoco es que puedas ver algo de lo que los funcionarios del gobierno de Bush han venido diciendo. Casi todo lo que dice el gobierno sobre el líder de al Qaeda, está impregnado de bravuconerías y falsedades. "Estamos hablando de un personaje que ha sido capaz de esconderse, pero está huyendo", dijo antes este mes la secretario de estado Condoleezza Rice. No se piensa que bin Laden esté huyendo; se supone que está bien protegido por amigos que están haciendo su vida tan cómoda como posible.
Después de todo, su número dos, el doctor egipcio Ayman al-Zawahiri, parece tener un ajetreado calendario social en el cordón pashtún de Pakistán. Los misiles estadounidenses estuvieron a punto de terminar con él en un banquete realizado en su honor el 13 de enero.
Esto representa un cambio para bin Laden y sus lugartenientes. Antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la zona de influencia de bin Laden estaba entre los pashtún de Afganistán, que era el centro del poder de los talibanes y su base de reclutamiento más importante. Los pashtún son el grupo étnico más grande de Afganistán y han gobernado el país en los últimos 300 años. Fueron artificialmente divididos por los británicos de modo que hoy los pashtún también viven al otro lado de la frontera paquistaní, muchos de ellos en siete ‘zonas tribales’ donde el control del gobierno ha sido mínimo.
Fue en el oriente de Afganistán que bin Laden hizo su primera aparición pública en Jalalabad el 10 de noviembre de 2001, justo después de que las ciudades del norte empezaran a caer ante la alianza anti-taibán. Se dirigió a unos mil militantes y personajes importantes, y les llamó a continuar la resistencia contra los invasores estadounidenses, de acuerdo a periodistas norteamericanos en la región en esa época. Repartió fajos de dinero norteamericano y paquistaní y luego desapareció en el bastión montañés de Tora Bora, para no volver a ser visto nunca más. (La CIA no se enteró de la reunión sino varios días después).
Pocos pashtún afganos se habrían atrevido entonces a traicionarlo. Pero las cosas han cambiado en Afganistán. Ahora la mayoría de los pashtún afganos quieren disfrutar de los beneficios de la paz: desarrollo económico, caminos y escuelas.
En contraste, los pashtún de Pakistán se han radicalizado más de lo que lo eran antes del 11 de septiembre de 2001. Y la sangrienta re-emergencia de los talibanes y al Qaeda ahora en camino ha dependido del cordón pashtún de Pakistán para la mayor parte de su reclutamiento, logística, armas y financiamiento.
La nueva zona de amistad de bin Laden se extiende a lo largo de los casi 3200 kilómetros del cordón pashtún de Pakistán -desde Chitral en las Áreas del Norte, hasta la frontera china, hacia el sur a través de las turbulentas zonas tribales, incluyendo Waziristán, más abajo hacia Zhob en la frontera de Balochistán, y luego hacia la capital provincial de Quetta y al sudoeste de la frontera iraní. La región incluye todo tipo de paisajes, desde los desiertos hasta las montañas cubiertas de nieve. Escasamente poblada, proporciona a bin Laden un santuario ideal.
El dinero, inspiración y capacidad organizativa de al Qaeda han contribuido a hacer del cordón pashtún de Pakistán la base extremista que es hoy, pero Estados Unidos y las políticas paquistaníes han contribuido todavía más. Aunque los talibanes y los extremistas de al Qaeda fueron expulsados de Afganistán por las tropas estadounidenses, la negativa del ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld de destinar más tropas en el terreno permitió que los extremistas escaparan y se reagruparan en el cordón pashtún de Pakistán. Los talibanes se establecieron en Balochistán, donde se habían originado antes de 1994, mientras los miembros de al Qaeda se refugiaron en las zonas tribales que conocían bien. Bin Laden había construido túneles y cuevas allá para los muyahedines antisoviéticos en los años ochenta.
Lo que siguió fue un desastre: Durante 27 meses tras la caída del régimen talibán, el presidente de Pakistán, el general Pervez Musharraf, el aliado más cercano de Washington en la región, permitió que los extremistas tuvieran carta blanca en las áreas tribales de Pakistán para restablecer campos de adiestramiento para los militantes que habían escapado de Afganistán. Entre ellos había árabes, gente de Asia Central, chechenos, cachemires, africanos, uigures y un variado montón de asiáticos del este. Fue un mini-ensayo del reagrupamiento en Afganistán cuando llegó allá bin Laden en 1996.
Musharraf capturó a algunos miembros árabes de al Qaeda, pero evitó a los talibanes porque estaba convencido de que las fuerzas de la coalición norteamericana no estarían demasiado tiempo en Afganistán. Quería conservar a los talibanes como una opción estratégica en caso de que Afganistán se deslizara nuevamente hacia la guerra civil y el caos. El ejército también protegió a los grupos extremistas de Cachemira, que se habían adiestrado en Afganistán antes del 11 de septiembre de 2001 y ahora tenía que ser re-desplegados.
En realidad, en marzo de 2002, apenas tres meses después de la derrota de los talibanes, Estados Unidos empezó a retirar a sus Fuerzas Especiales, satélites de vigilancia y aeroplanos espías de Afganistán para prepararlos para la guerra en Iraq. Distraídos por Bagdad, no se dieron cuenta de lo que estaba pasando en las zonas tribales. Para cuando el ejército paquistaní entró a Waziristán del Sur en 2004, los extremistas se habían atrincherado tan bien que en los primeros encuentros murieron 250 soldados paquistaníes.
Desde entonces, sin una estrategia política consistente para ganarse a la población pashtún y alejarla de bin Laden, el ejército ha perdido terreno firmemente. Los agentes políticos que administraban las dependencias tribales con una mezcla de corrupción y presión, han sido remplazados por generales arrogantes que ignoran las condiciones locales. Hoy los extremistas controlan Waziristán del Norte y del Sur y otras dependencias tribales, mientras que las 70 mil tropas paquistaníes estacionadas allá están embaladas en avanzadas, demasiado asustados como para salir a patrullar las montañas. Más de cien notables tribales pro-gubernamentales han sido asesinados por extremistas por divulgar información a Estados Unidos o a los servicios secretos paquistaníes.
Entretanto, más al sur, el gobierno provincial de Balochistán está controlado por una coalición de partidos fundamentalistas pro-talibanes, que llegaron al poder en las elecciones de 2002.
Jamiat-e-Ulema-i-Islami, el partido que controla los ministerios claves, apoya abiertamente a los talibanes.
Esto ha creado un nuevo bastión desde el cual los talibanes pueden montar ataques en Afganistán. Los 99 soldados estadounidenses asesinados el año pasado en Afganistán fueron en gran parte atacados por los talibanes de Balochistán. Mientras el principal objetivo de Washington ha sido capturar a bin Laden y decapitar a al Qaeda, cuyos miembros se encuentran según se cree en Waziristán, Estados Unidos no ha logrado presionar a Pakistán para que persiga a los talibanes, a pesar de protestas del presidente afgano Hamid Karzai. En una visita a Islamabad este mes, Karzai entró a Musharraf dossiers de la inteligencia donde se detalla cómo se adiestra a los terroristas suicidas en Pakistán. En los últimos meses al menos 30 atentados han matado a casi cien personas en Afganistán, incluyendo a soldados de la OTAN y a un diplomático canadiense.
Los dossiers incluían los nombres y direcciones de reclutadores paquistaníes y de la gente que equipa a los terroristas suicidas con explosivos antes de enviarlos a Afganistán. Gran parte del reclutamiento toma lugar en una librería musulmana radical, varias mezquitas y algunas madrasas en la ciudad portuaria de Karachi, mientras el adiestramiento se hace en casas de seguridad en Quetta y Chaman, en la provincia de Balochistán.
"Hemos entregado al presidente Musharraf un montón de informaciones muy detalladas sobre actos terroristas... y estamos discutiendo en detalle qué medidas debería tomar ahora Pakistán", me dijo Karzai el 17 de febrero en Islamabad. "Los americanos están muriendo, han asesinado a un diplomático canadiense, nuestra gente está sufriendo. Así que es tiempo de que se tomen medidas para detener esas acciones terroristas e intervenir en los asuntos internos de Afganistán", dijo. "Esperamos resultados".
Obtener esos resultados no va a ser fácil. Bin Laden tiene combatientes y simpatizantes a lo ancho y largo del cordón pashtún de Pakistán. Ningún pashtún tiene motivos para traicionar a bin Laden, a pesar de la recompensa de 27 millones de dólares por su cabeza. Gracias al tráfico de drogas en Afganistán y a las maletas llenas de dinero que todavía llegan de partidarios en el Golfo Arábico, ni a al Qaeda ni a los pashtún locales les falta el dinero. La incapacidad del ejército paquistaní de ofrecer a los pashtún un papel político de más importancia en el contexto nacional no ha inspirado ninguna lealtad entre las tribus. Y las mal aconsejadas intervenciones norteamericanas, tales como el ataque con misiles en enero que terminó con la vida de mujeres y niños, hacen el resto.
La reciente decisión de Washington de empezar este año a retirar tropas de Afganistán sólo ha reforzado la creencia de al Qaeda de que está ganando. Después de casi cinco años de eludir la captura y la muerte, cada día que pasa con bin Laden vivo es un día que inspira a los extremistas que lo protegen y se unen a sus filas.

Ahmed Rashid es un periodista paquistaní y autor de ‘Taliban: Militant Islam, Oil and Fundamentalism in Central Asia’ (Yale University Press) y de ‘Jihad: The Rise of Militant Islam in Central Asia’ (Penguin Books).

26 de febrero de 2006

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erradicando la esclavitud en sudán


[John Eibner] Desde hace 20 años al menos, permite el gobierno de Sudán que las milicias árabes ataquen y esclavicen a mujeres y niños negros.

Durante 20 años, Abuk Ater fue una esclava en el norte de Sudán. Era una mujer joven, sin hijos, casada, cuando fue secuestrada y esclavizada por un miembro de una milicia árabe respaldada por el gobierno de Sudán. Su amo, Mohammed El Nur, la violó, la llamó su "esclava" y la obligó a convertirse al islam. La rebautizó "Howah".
Este mes, Abuk, sus cuatro hijos, y 162 otros esclavos fueron repatriados al sur de Sudán por el Comité para la Erradicación del Secuestro de Mujeres y Niños del gobierno. Funcionarios gubernamentales pusieron a Abuk y los otros como si fueran ganado en unos camiones abiertos, sin asientos, para iniciar un viaje de tres días bajo un sol de 38 grados Celsius. A pesar de las sombrías perspectivas de que quizás tendrán que alimentarse con hojas, Abuk se siente aliviada de ser libre, y de vivir con su propia gente, en su propia tierra.
Abuk es apenas una de las decenas de miles o más ciudadanos sudaneses negros que fueron esclavizados por las fuerzas armadas del gobierno y milicias aliadas desde el comienzo de la guerra civil en 1983. Kartún ha usado consistentemente los ataques contra aldeas negras como un método barato, y brutalmente efectivo en sus medidas contra los rebeldes.
El presidente Bush declaró que la erradicación de la esclavitud era una de sus metas cuando lanzó su iniciativa de paz para Sudán en septiembre de 2001. Pero del mismo modo que la firma del acuerdo de paz entre Kartún y el Ejército Popular de Liberación de Sudán en enero de 2005 no ha terminado con el conflicto y el genocidio en Darfur, tampoco ha resultado en la emancipación de los esclavos del país. La esclavitud -un crimen contra la humanidad reconocido internacionalmente- continúa deteriorando vidas y empaña las perspectivas de un Sudán pacífico, estable y unido.
Las mujeres negras y los niños de Darfur continúan siendo esclavizados por los milicianos apoyados por el gobierno, especialmente para propósitos sexuales. En el lejano sur, un aliado de toda la vida de Kartún, el Ejército de Resistencia del Señor todavía comete atrocidades contra civiles, incluyendo la esclavitud.
Además, decenas de miles de mujeres dinka y nuer y niños secuestrados antes de la firma de la paz entre el gobierno y el Ejército Popular de Liberación de Sudán siguen en cautiverio. Funcionarios del Comité para la Erradicación del Secuestro de Mujeres y Niños calculan la presencia de al menos 40 mil esclavos de esos en el norte de Sudán y han documentado los nombres y localizaciones de más de 8 mil.
El gobierno retiene los fondos necesarios para liberar a los 8 mil esclavos registrados. Calcula que la comunidad internacional se satisfará con repatriaciones a pequeña escala y ocasionales, y parece tener razón. En septiembre pasado el gobierno de Bush recompensó la letargia de Kartún actualizando la situación de la esclavitud en Kartún del Nivel III (el nivel de los peores perpetradores) al Nivel II.
Al menos un miembro del nuevo gobierno de unidad nacional de Sudán ha tenido el coraje de oponerse al tabú sobre la esclavitud de Kartún. Hablando en una conferencia en Oxford, el asesor presidencial Bona Malwal instó a su gobierno a establecer una comisión creíble para localizar a los esclavos, repatriarlos de modo rápido y civilizado, y pagarles compensaciones.
La credibilidad, explicó Malwal, requeriría financiamiento adecuado, transparencia financiera, una fuerte representación de las comunidades que han sido víctimas de esclavitud, y participación de organizaciones internacionales que han hecho campañas contra la esclavitud. Estas características están ausentes en el moribundo Comité para la Erradicación del Secuestro de Mujeres y Niños. La propuesta de Malwal fue acogida con protestas y críticas en la prensa árabe de Kartún.
La erradicación de la esclavitud era una piedra angular de la incompleta iniciativa de paz para Sudán de Bush. Debería acoger la iniciativa contra la esclavitud de Malwal y poner ayuda financiera y técnica a disposición de una comisión contra la esclavitud que sea creíble, con o sin la cooperación de Kartún.
Bush debería también estimular abiertamente el general Omar al-Bashir, presidente de Sudán, para terminar con la captura de esclavos y presionar para liberar a todos los que vivan en cautiverio. El lugar para empezar es la emancipación y repatriación este año de los 8 mil esclavos registrados.
El fracaso en la erradicación de la esclavitud -con todos sus tonos de racismo y fanatismo religioso- dejará a Sudán con un cáncer mortífero, destruyendo sus posibilidades de reconciliación nacional y minando las perspectivas de una paz sostenible y estabilidad.

John Eibner es presidente de Solidaridad Cristiana Internacional (USA).

22 de febrero de 2006

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la relación sexual como violación


[Ellen Goodman] Las leyes de Kansas permiten el matrimonio de niños de 13, pero considera toda relación sexual entre adolescentes como un abuso punible.
Hace algunos años, la revista Rolling Stone publicó una encuesta sobre las actitudes de los padres de los años cincuenta. Lo esencial del asunto fue que la gente que vivió la revolución sexual hizo de todo, no lamentaba nada, y no quería que sus hijos pasaran por lo mismo.
No me sorprendió. Nada cambia tanto su perspectiva como ser padre, y la primera preocupación de la crianza de los niños es la protección. Recuerdo el irónico consejo sexual de Hillary Clinton cuando era primera dama y madre de una adolescente: "Mi teoría es que no debes hacerlo antes de los 21, y luego no me lo cuentes".
Hoy los padres de adolescentes, los de los años cincuenta y los de la generación X por igual son a menudo azotados por la cultura. Miran con un ojo cómo los medios de comunicación imponen la sexualidad a niños cada vez más pequeños. Con el otro, leen las parpadeantes señales de peligro, desde el embarazo hasta las enfermedades y el SIDA.
En medio de todo esto, las promesas de protección más estridentes provienen de aquellos que proponen educar a los niños en edad escolar solamente en la abstinencia, lo que de hecho es temer a la educación sexual. Y ahora tenemos un nuevo producto de los chantajistas de la protección: la noción de que toda actividad sexual entre adolescentes debe ser considerada como abuso sexual.
Bienvenida a Kansas, tía Em.
Mientras escribo esto, los ciudadanos del estado republicano prototipo están esperando el veredicto de un juez en uno de los casos más estrafalarios de los que se ha enterado la opinión pública. Kansas es uno de los 12 estados en los que el sexo de un menor de edad -menor de 16 en este caso- es un delito inclusive si se trata de sexo entre compañeros de edad. En 2003, el fiscal general del estado Phill Kline, un enemigo del aborto, interpretó esa ley en el sentido de que exigía que los médicos, educadores, psicólogos y trabajadores de la salud informaran al estado prácticamente sobre toda actividad sexual de menores de 16.
La teoría de Kline es algo así: Si la actividad sexual entre adolescentes es ilegal, no existe el sexo consentido, y por tanto todo acto es perjudicial. Estos actos, dicho sea de paso, incluyen "cualquier caricia o toqueteo lascivo de la persona... con la intención de despertar o satisfacer deseos sexuales". En breve, los trabajadores de la salud tienen que delatar a criminales sexuales de 15 años que lasciva y mutuamente "abusen" unos de otros en el asiento trasero de un Toyota.
Los trabajadores de la salud pusieron una demanda y el juicio reciente produjo algunos extraños intercambios. Cuando la abogado Bonnie Scott Jones, del Centro de Derechos Reproductivos llamó a Kline al estrado, le preguntó si había algo aceptable más allá del beso. ¿El sexo oral practicado por un niño es un delito que debe ser delatado? Sí, dijo Kline. ¿Y el sexo oral realizado por una niña? "No estoy seguro", dijo.
También estuvo el testimonio de la doctora Elizabeth Shadigian, mejor conocida como una incondicional de la campaña de desinformación ‘el aborto provoca cáncer’. Dijo que las chicas adolescentes son siempre víctimas de actividades sexuales debido a "siempre hay un poder diferencial entre un niño y una niña". Cuando las niñas tienen sexo, no hacen, dijo, "lo que se les ha hecho".
Francamente, no había oído este argumento desde que la difunta Andrea Dworking sostuviera que toda relación sexual era violación. El feminismo radical se da la mano con la derecha radical en el renacimiento del puritanismo.
Creo que el verdadero propósito de Kline al encargar esos informes es alejar a los adolescentes del control de la natalidad y de las clínicas de aborto. Si Kansas realmente creyera que todo sexo de los menores de 16 es perjudicial, ¿por qué permite el matrimonio de adolescentes de 13? Pero la observación más sensible provino del exasperado juez J. Thomas Marten, que preguntó insistentemente al estado: "¿Dónde está la evidencia clara, creíble, de que el sexo entre menores de edad es siempre perjudicial?"
Esto es lo que hoy en día pasa por ser una pregunta radical. Al defenderse de una cultura que es sexualmente agresiva, el mensaje dominante es una sexualidad sobre-protectora: Utilizan toda la gama desde "di simplemente no" a "di no ahora". El centro de la atención hoy es la actividad sexual malsana. Preguntar: ¿Qué es una actividad sexual sana para un adolescente?, se ha convertido prácticamente en un tabú.
En Kansas, en lugar de atacarse a los abusos sexuales reales de niños, están redefiniendo todo sexo entre menores como abuso. En cuanto a la noción de que las niñas son invariablemente víctimas del sexo, incapaces de consentir a las "caricias lascivas": ¿Queremos volver a esos maravillosos días pasados cuando se suponía que las mujeres eran sexualmente inertes hasta la noche de boda, cuando se convertían por arte de magia en mujeres sexualmente ansiosas?
Phill Kline ha producido la ‘Reefer Madness’ de la sexualidad adolescente. Sólo puedo esperar que el juez revoque la idea de que los trabajadores de la salud y educadores tengan que informar sobre las caricias como si fueran signos de pedofilia.
Entretanto, los padres preocupados necesitamos explorar qué queremos, así como qué temenos para nuestros hijos. Necesitamos guías mientras navegamos los traicioneros bancos de la sexualidad adolescente entre el pánico y la protección. Empecemos con un edicto simple: Ya no estamos en Kansas.

ellengoodman@globe.com

24 de febrero de 2006

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verdades del islam


[Mansoor Ijaz] Los extremistas y fanáticos del islam han secuestrado los valores del islam. Sólo los musulmanes pueden rescatarlos de sus manos manchadas de sangre.
Otra semana más, y otro país musulmán que arde de furia por las viñetas danesas -que ya tienen varios meses de edad- donde se describe al profeta Mahoma (que la paz sea con él) de modo poco halagador. El viernes fue el turno de Libia, y antes en la semana, el de la patria de mi padre, Pakistán, donde hubo violentas protestas en todo el país. Algunos musulmanes han decidido que quemar ciudades en defensa de las enseñanzas del profeta -enseñanzas que ninguno de ellos parece dispuesto a practicar- es mejor que participar en un debate racional sobre los mitos y realidades de una religión cuyos peores enemigos son cada vez más sus propios adherentes.
Los acontecimientos de esta semana nos compelen a los que tenemos al islam como nuestro sistema de orientación filosófica a hacernos preguntas difíciles a fin de revivir los fundamentos esenciales de la religión: justicia, coexistencia pacífica y tolerancia, compasión, la búsqueda del conocimiento y una inquebrantable fe en la unidad de Dios.
Soy estadounidense por nacimiento y musulmán de religión. Para muchos de mis amigos americanos, soy la voz de la razón en el mar de oscuridad musulmana, mientras que muchos musulmanes me llaman ‘Tío Tom’, por congraciarme con los intereses creados que ellos quieren destruir por medios violentos. En general, sin embargo, trato de no ignorar las difíciles realidades que los seguidores de mi religión a menudo se muestran incapaces de querer enfrentar.
La primera verdad es que la mayoría de los ideólogos musulmanes son hipócritas. ¿Qué ha hecho Osama Bin Laden por las víctimas del maremoto de 2004 o las golpeadas familias que perdieron todo en el terremoto de Pakistán el año pasado? No ha construido ni una sola escuela, ni ofrecido ni una rebanada de pan ni pagado una sola vacuna. Y sin embargo él, no los dedicados médicos musulmanes de California y Iowa que curan miembros rotos y vidas en los nevados picos de Cachemira, es el que habla más alto por lo que supuestamente quieren los musulmanes. Ha logrado presentarse a sí mismo como el defensor de los musulmanes pobres, y los medios de comunicación occidentales han aceptado a primera vista su mensaje yihadista.
Ahí empieza la hipocresía. Los musulmanes y árabes han hecho terriblemente poco para ayudar a mejorar la capacidad del pueblo palestino de convertirse en buenos vecinos de sus hermanos israelíes. Con el dinero que gasta cualquiera familia real de Oriente Medio en un hotel de Londres o en un balneario de Ginebra durante un mes, se podrían construir suficientes escuelas y clínicas médicas para encargarse de mil niños palestinos durante un año. Sin embargo, antes que educar y alimentar a los niños palestinos y musulmanes para que aprendan a solucionar sus disputas a través del diálogo y el debate, en lugar de arrojar piedras y cargando bombas, los musulmanes ‘ricos’ han montado unas pocas teletones para reunir unas irrisorias sumas de dinero para los "pobres" y poder apaciguar así su sentimiento de culpa en sus palaciegas jaulas de oro.
La segunda verdad -una que el Occidente necesita entender- es que no existe nadie que sea un ‘musulmán moderado’. Tú crees en la unicidad de Dios, o no crees en ella. Tú crees en las enseñanzas del profeta, o no crees en ellas. Aprendes las enseñanzas y las aplicas a las circunstancias de la vida en el país donde vives, o no deberías estar viviendo allí.
Los que odian al islam utilizan la simplicidad y elegancia de su rigor en blanco y negro para sacar dudosas ventajas políticas de clasificar los edictos religiosos del Corán como equivalentes de la conducta sectaria de los fanáticos. Occidente ganaría un montón de corazones y mentes si mostrara al islam como realmente es -contando la historia, por ejemplo, de que el profeta Mahoma fue el más grande comerciante de todos los tiempos, porque basaba sus tratos en valores exclusivamente musulmanes, o que el hecho de que tuviera varias esposas no era por el sexo, sino para brindar un hogar a los niños de mujeres que quedaban viudas en tiempos de guerra. El barullo de las viñetas ofreció a los medios de comunicación occidentales la oportunidad de retratar al profeta en sus muchas y dignas dimensiones, no solamente en las deformes; lamentablemente, pocos aprovecharon la ocasión.
Pero una mirada a las indignadas reacciones del islam en el telediario nocturno impone la pregunta sobre lo que podríamos hacer si la energía desperdiciada de miles de vándalos musulmanes se invirtiera en las aldeas de Aceh para reconstruir las casas o en Cachemira, construyendo escuelas.
De hecho, la verdad más deslumbrante es que los mafiosos del islam tienen miedo que el Occidente tenga razón: que hemos perfeccionado el sistema que las mismas escrituras sagradas del islam les instan a aprender y practicar. Y habiendo fracasado en su misión de dirigir a sus masas, buscan una excusa en la demonización de nosotros en Occidente y anhelan nuestra derrota. Saben que están perdiendo la guerra ideológica en todos los frentes, y se están preparando y preparándonos para el Armagedón iniciando conflictos en todas partes en una exhibición de unidad musulmana que tiene por objetivo galvanizar a las masas que son incapaces de alimentar, vestir, educar o poner bajo un techo.
Eso no es el islam. Y mientras más rápido sus verdaderos creyentes se levanten y demuestren sus valores y principios por sus acciones, y no solamente palabras, más rápidamente volverá una gran religión a su legítimo papel como guía espiritual de casi un cuarto de la humanidad.

18 de febrero de 2006

©los angeles times

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