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¿qué haría mahoma?


[Jamil Momand] La historia sugiere que el profeta era más pragmático que sus seguidores que provocan desórdenes en su nombre.
El viernes me acuclillé en la alfombra para escuchar el sermón en una mezquita de Los Angeles. El tema era de esperar, y familiar: la denuncia de la publicación de las caricaturas ofensivas que han provocado el levantamiento del mundo musulmán. Me puse a mirar la alfombra para que nadie viera la expresión de disgusto en mi cara. "No otra vez", pensé. "¿No se cansan los musulmanes nunca de quejarse?"
El khateeb (la persona que lee el sermón) dijo que no estaba bien que el islam fuera blanco de abusos. Dijo que algunos iban demasiado lejos en su falta de respeto por el islam. Dijo que la comunidad musulmana exigía excusas y (felizmente) llamó a los musulmanes a conservar la paz y a perdonar.
Salí de la mezquita pensando en cómo verán la situación los no musulmanes. Si se basan en las fotografías y reportajes en la prensa, y en las crecientes exigencias y la violencia en todo el mundo, se están formando una imagen falsa del islam.
¿Cómo podrían pensar que los musulmanes no son violentos? Varios diarios han informado que algunos líderes musulmanes han pedido la muerte de los que publicaron las caricaturas. Los musulmanes han quemado banderas danesas y destruido embajadas danesas en países musulmanes; hay gente que ha muerto en las protestas.
La violenta respuesta también logra que parezca que las caricaturas valen la pena de ver, que son importantes. Si la intención era impedir que la gente viera esas imágenes ofensivas sobre el islam, el tiro salió por la culata. Ahora todos (yo incluido) queremos ver esas caricaturas.
Y los musulmanes parecen medir con doble rasero. Gritamos que el islam no debe ser profanado, pero en varios países de mayoría musulmana es ilegal o increíblemente difícil que las minorías religiosas puedan construir sus iglesias, sinagogas o templos.
Finalmente, pareciera que los musulmanes no creyeran en la libertad. Los que vivimos en Occidente decimos que apreciamos la libertad de practicar nuestra religión y expresar nuestras opiniones, incluso si nuestras acciones pueden ofender la sensibilidad de nuestros vecinos no musulmanes. Pero cuando otros expresan opiniones que son ofensivas para los musulmanes, se acaba la tolerancia.
¿Saben los musulmanes que esta posición es indefendible? Conozco los argumentos intelectuales, religiosos y jurídicos utilizados para defender la posición de que esas caricaturas no debieron ser publicadas nunca: los musulmanes respetan a los personajes de la fe bíblica, incluyendo a Moisés, Jesús y María. ¿Por qué no respetan ellos las nuestras?
Pero pedirle a cinco mil millones de no musulmanes que respeten un código particular de ética no es realista. E incluso si la mayoría de los no musulmanes se restringieran, siempre habrá individuos que no respetarán los límites.
Otra queja que hacen mis correligionarios musulmanes es que nosotros somos las únicas víctimas. Este argumento es enteramente falso. Los cristianos se sintieron atacados con la película ‘La última tentación de Cristo’, y hay muchos que objetan la película que se hará basándose en el bestseller ‘El Código Da Vinci’. El judaísmo es la base de chistes, caricaturas y películas consideradas antisemitas -la más reciente es ‘La Pasión de Cristo’.
Los musulmanes sólo agrandan el supuesto ataque contra el islam cuando exageramos nuestras reacciones por las acciones anti-musulmanas. La honra del islam puede sobrevivir las calumnias triviales sin desórdenes callejeros.
¿Qué haremos después? Desafortunadamente el daño ha sido hecho. Si el gobierno danés ofrece excusas, los musulmanes serán vistos como matones que son capaces de aplastar la libertad de expresión recurriendo a la violencia. Si los daneses se niegan a ofrecer excusas, el Occidente será visto como victorioso sobre una religión fanática que debe ser puesta en su sitio. Cualquier resultado es desastroso para los musulmanes ante la opinión pública no musulmana.
Algunos musulmanes pueden decir que la opinión pública no importa cuando se trata del islam. Sin embargo, si uno examina la vida del profeta Mahoma, uno debería concluir que él tomaba cuidadosamente en cuenta a la opinión pública. Cuando negoció un tratado con los árabes que estaban en guerra con él, no insistió en que su título como ‘profeta’ fue colocado en el documento (este acto horrorizó a sus compañeros, hasta el punto que pensaron que era sacrilegio). En lugar de eso, hizo que su nombre se escribiera simplemente como Mahoma, hijo de Abdula. Esto aplacó al enemigo y fue esencial para la firma exitosa del tratado, que dio a los musulmanes un prolongado período de paz que les permitió difundir el islam. De hecho, las oportunidades que creó el tratado pueden ser responsables de la existencia del islam.
Sin embargo, al profeta le interesaba profundamente la opinión pública. Ahora lo que falta es que los musulmanes sigan sus enseñanzas. Necesitamos aprender a ignorar esos ataques insignificantes y concentrar la opinión de los musulmanes en temas importantes, como la gente sin techo, el hambre en el mundo, la brecha cada vez más grande que separada a ricos de pobres, y la libertad.

10 de febrero de 2006

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se alquilan escritores


Es hora de preguntarse si la prensa estadounidense no debe hacer algo contra los escritores de alquiler que cada vez más frecuentemente pasan por las redacciones.
Esta semana nos trajo otras gotas más de una corriente de historias recientes sobre escritores de alquiler que son menos que una inundación, pero más que un hilito de agua -y que debería haber provocado un buen montón más de reflexión y preocupación entre editores y redactores de las que ha provocado.
Primero fueron las revelaciones de una mujer de Alabama de que le habían pagado 11 mil dólares para escribir columnas favorables al ejecutivo Richard Scrushy durante el juicio de seis semanas que terminó con su absolución de la acusación de que había cometido un fraude de 2.7 billones de dólares cuando era presidente ejecutivo de HealthSouth Corp. Todas las columnas aparecieron en el Birmigham Times, el diario negro más antiguo de la ciudad. La mayoría de los miembros del jurado de Scrushy eran afro-americanos.
El ejecutivo despedido niega haber pagado esta cobertura favorable, aunque admitió ante la Associated Press que leyó algunas de las columnas antes de que fueran publicadas "para cerciorarse de que los hechos del juicio eran correctos". La AP obtuvo documentos que muestran pagos hechos a la mujer por gente de relaciones públicas empleadas por Scrushy.
Entretanto, en una columna para la National Review Online, la escritora y comentarista independiente de Los Angeles, Cathy Seipp, contó que había rechazado la oferta de un representante de relaciones públicas de que aceptara mil dólares "para escribir un artículo para atacar a una organización de izquierda que a un cliente de una multinacional le gustaría que fuera criticada". Seipp no identificó a la persona que le ofreció el soborno ni el nombre de la organización que esperaban que ella criticara.
(Su empleador todavía puede querer ese artículo, ya que si el ejecutivo de relaciones públicas pensó que Seipp podría aceptar un soborno, es que no estaban familiarizados con su trabajo o tienen un serio problema de interpretación de las cosas escritas).
Estas historias nos llegaron el mismo día y pudieron parecernos mera coincidencia, pero las dos se ajustan demasiado bien en una inquietante secuencia.
El mes pasado el columnista sindicado Doug Bandow fue despedido por Copley News Service y obligado a renunciar a su posición de toda la vida como profesor en el Cato Institute después de que Business Week Online revelara que había estado en la planilla de pago de Jack Abramoff por casi diez años.
En ese período, el deshonesto cabildero de Washington pagó a Bandow para que escribiera entre doce y dos docenas de columnas a favor de sus clientes y
sus intereses. Demás está decir que las fuerzas del mercado pusieron a Bandow -un auto-proclamado libertario- fuera del negocio de las columnas.
No ocurrió lo mismo con Peter Ferrara, un asesor de políticas del Institute for Policy Innovation -y un importante promotor de la privatización de las páginas de opinión abierta del país- que también admite que Abramoff hizo contribuciones económicas a su trabajo pero niega que haya sido pagado por hacerlo. Business Week lo vincula con Bandow como alguien a quien el desacreditado cabildero pagó para escribir "artículos de opinión favorables a las posiciones de algunos de los clientes de Abramoff". Paul Krugman, del New York Times, observó posteriormente que Ferrara, de hecho, había escrito a favor de Malasia y las Islas Marianas del Norte, hogar de una de las economías más infamemente explotadoras del mundo. Ambos países son antiguos clientes de Abramoff.
Luego está el asunto de Michael Fumento, del Hudson Institute, que fue despedido por Scripps Howard después de que se descubriera que había aceptado pagos de Monsanto para escribir artículos de opinión favorables al negocio de la bio-industria.
Todo esto ocurre apenas conocidas las revelaciones del año pasado de que el columnista y comentarista de televisión Armstrong Williams había recibido 240 mil dólares del ministerio de Educación estadounidense para que usara sus plataformas periodísticas para fomentar las políticas sobre educación del presidente Bush. La columna de Williams fue inmediatamente cancelada por su sindicato, el Tribune Media Services.
Más allá de lo obvio -corrupción mala contra integridad buena- de todo esto, hay varias inquietantes implicaciones que vale la pena considerar.
La primera es que -con la excepción de Seipp- todos estos casos salieron a luz casi por accidente, como parte de investigaciones de otros asuntos. El fiasco del Birmingham Times salió a superficie sólo cuando la enfadada escritora lo denunció porque pensaba que Scrushy todavía le debía dinero. Nada en el proceso normal del periodismo o de la redacción sacó a la luz estas situaciones de corrupción, que es precisamente la razón por la que se hicieran públicas. El ejemplo de Bandow sugiere que ha sido así durante bastante tiempo, pero la dolorosa verdad es que nadie ahora que trabaje en algún órgano de prensa de Estados Unidos puede decir con certeza durante cuánto tiempo se vienen produciendo estas situaciones o cuál es su magnitud.
Lo que podemos decir es que un par de fuertes tendencias entre las organizaciones de prensa hacen de este tipo de soborno una ocurrencia más probable, y más posible de lo que hubiera sido hace algunos años.
Una de esas fuerzas es la continua ronda de recortes presupuestarios impuestos a los diarios y organizaciones de emisoras por sus dueños. Con menos empleados y presupuestos más estrechos las organizaciones de prensa se han visto obligadas a depender crecientemente de los escritores autónomos, que trabajan con tarifas reducidas y sin beneficios laborales.
No hay un vínculo entre el ingreso y la integridad, pero es lógico asumir que la gente que es mal pagada por su trabajo es probablemente la más vulnerable a la transitoria tentación, que la gente que recibe salarios regulares con seguro médico y la promesa de una modesta jubilación.
Otra es el crecimiento de lo que podría llamarse la cultura de la opinión abierta en la que hay cada vez más espacio y tiempo para la opinión antes que para el periodismo. La mayoría de la gente que escribe o emite sus opiniones tienen otros trabajos, especialmente los afiliados a laboratorios ideológicos, como Fumento, Ferrara y Bandow.
La verdad es que la mayoría de los editores de la mayoría de los diarios hacen poco o nada para controlar si esta gente tiene conflictos de intereses -aunque es también un hecho que no hay nada menos que una citación judicial podría descubrir los pagos que se hacen por debajo de la mesa.
La admisión más incómoda implicaría una evaluación honesta del papel que juegan los materiales sindicados relativamente baratos, tales como los de Bandow, Fumento y Williams. La abrumadora mayoría de los jefes de redacción que compran sus columnas a sindicatos no han tenido nunca contacto directo con los escritores, menos todavía encontrado personalmente para formarse una idea de su personalidad o integridad.
Nuevamente, nada protegerá completamente a las organizaciones de noticias de los granujas de alquiler, pero un recurso tan importante como la integridad no debería probablemente ser encomendado a lo que, desde todo punto de vista y propósito, poco más que un tiro en la oscuridad.
Cosas como la situación de Alabama son probablemente una rareza. No hace mucho tiempo atrás, eran rutina. El legendario patrón del béisbol Bill Veeck acostumbraba a bromear: "Nunca me preocupo de los periodistas deportivos. Los puedes comprar con un bistec".
Las pequeñas sumas de dinero tampoco hacían daño, y hasta que las organizaciones de prensar hicieron la limpieza en sus casas en la posguerra, eran tan comunes en las salas de redacción como las bebidas gratuitas.
Si la gente que dirige nuestras organizaciones de prensa hoy no levantan la vista del balance y consideran lo que está pasando a su alrededor, se encontrarán de vuelta en esos viejos y malos días -sin nada que vender.

21 de enero de 2006

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¿se acuerdan de piss christ?


[Anne Applebaum] Retrato de Estados Unidos.
El problema empezó en Dinamarca, un lejano país del que sabemos poco. Giraba en torno a unas caricaturas, un tipo de arte que asociamos con el humor liviano.
Ha provocado disturbios en Surabaya, Teherán, Peshawar y en el campo de Somalia, lugares en los que ni en las mejores época se encuentran demasiados estadounidenses. Quizás esto explique las apagadas reacciones de Estados Unidos ante la violencia, ira y muertes -nueve hasta el momento- provocadas por una docena de dibujos daneses describiendo al profeta Mahoma. Sin embargo, la controversia ha dejado al descubierto unas contracorrientes en Estados Unidos que son muy poco atractivas:
Schadenfreude -o, más bien, los estadounidenses se sienten un pelín aliviados de que los europeos sean víctimas de quemas de banderas y revueltas, en lugar de ellos. Para mi propia vergüenza, sentí una involuntaria punzada de este sentimiento cuando leí sobre los disturbios inspirados por las caricaturas frente a un base noruega de la OTAN en Afganistán. En Oslo el año pasado un noruego viajado y culto me dijo que "Estados Unidos es el país más peligroso del mundo" (me pregunto si acaso sigue pensando lo mismo). Pero también oigo un deje en el mojigato comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores, que proclama que "no es aceptable incitar de este modo al odio religioso o étnico". En realidad, los diarios europeos no estaban tratando de incitar al odio: estaban haciendo un punto sobre sus propias leyes y tradiciones. ¿Estamos corriendo para vernos bien a ojos del mundo musulmán justo en un momento en que los europeos, por una vez, se ven peor?
La hipocresía de la izquierda cultural. Decenas de diarios estadounidenses, incluyendo al Washington Post, han afirmado que no publicarán las caricaturas porque, en las palabras de un santurrón editorial, prefieren "abstenerse de atacar símbolos religiosos". Es suficientemente honesto, ¿pero es siempre verdad? Un excelente paralelo doméstico es el escándalo que se produjo en 1989 tras la publicación de ‘Piss Christ’, una fotografía de un crucifijo con Cristo sumergido en una jarra con orina. Esa fotografía -una obra de arte que recibió una subvención de la Fundación Nacional para las Artes [National Endowment for the Arts]- provocó denuncias en el Congreso, protestas y campañas de cartas.
En esa época, muchos diarios estadounidenses que la semana pasada se negaron a publicar las viñetas danesas -Los Angeles Times, Boston Globe (pero aparentemente no el Post)- publicaron ‘Piss Christ’. El fotógrafo, Andrés Serrano, gozó de sus quince minutos de fama, y apareció incluso en la página de moda del New York Times. La fotografía fue exhibida en el Museo Whitney de Arte Americano y en otros lugares. La moraleja: Mientras que nos ponemos nerviosos sobre la idea de insultar gratuitamente a creyentes en países distantes y subdesarrollados, no nos importa insultar gratuitamente a los creyentes en casa.
La hipocresía de la blogosfera de extrema derecha. ¿Recordáis la controversia sobre el Newsweek y el Corán? El año pasado, Newsweek publicó un reportaje sobre el vejamen del Corán en la base naval de Bahía Guantánamo -aunque métodos de interrogatorio sorprendentemente similares se usaban en realidad para intimidar a los musulmanes en Guantánamo- que no fue corroborado por ninguna investigación oficial. Casi no importó: En el extranjero, muchos políticos y clérigos musulmanes fomentaron una exagerada versión de la historia, del mismo modo a como ahora están fomentando y exagerando la historia de las viñetas danesas. El resultado fueron disturbios y actos violentos en una escala similar a los disturbios y violencias de la semana pasada.
Pero aunque la polémica fue tan manipulada como esta, los arrogantes conservadores estadounidenses culparon no a los políticos y clérigos cínicos sino a Newsweek por haber incitado (accidentalmente) a la violencia en el mundo musulmán: "Newsweek mintió y provocó la muerte de personas". Peor, gran parte del comentario implicaba no solamente que Newsweek se había equivocado al cometer un error (que lo era), sino también en que la revista se equivocaba en investigar la denuncia de las torturas aplicadas por soldados estadounidenses. Lógicamente, los blogueros deberían ahora estar atacando al diario danés por incitar (menos que accidentalmente) a la violencia en el mundo musulmán.
Sin embargo, curiosamente, no he oído gritos de "Jyllands-Posten insultó, la gente murió". La moraleja es: Nosotros defendemos la libertad de prensa si esta significa el derecho de los dibujantes daneses a caricaturizar a Mahoma; pero no la defendemos si quiere decir que los medios de comunicación tienen derecho a investigar al gobierno norteamericano.
Por supuesto, algo bueno puede salir de esta historia, incluso en este país. Si nada más, esta controversia debería poner fin a esa ingenua, encantadora y tristemente incorrecta teoría estadounidense sobre la relaciones internacionales de que "mientras más aprendemos unos sobre otros, menos pelearemos". Poco a poco, el mundo musulmán se entera de que nosotros no respetamos la religión del mismo modo que ellos. Lentamente, estamos aprendiendo que ellos interpretan de otro modo las palabras e imágenes impresas. Y, de algún modo, tengo la sensación de que este nuevo conocimiento no será el comienzo de la comprensión, sino la fuente de inspiración de más actos violentos.

applebaumanne@yahoo.com

8 de febrero de 2006

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tolerancia de la intolerancia


[Thomas Kleine-Brockhoff] La semana pasada, la publicación en la que trabajo, en semanario alemán Dei Zeit, publicó una de las caricaturas polémicas del profeta Mahoma. Fue una decisión correcta.
Cuando se publicaron las caricaturas por primera vez en Dinamarca, en septiembre, nadie en Alemania se enteró. Si a nuestra publicación le hubiesen ofrecido entonces los dibujos, muy probablemente habríamos desistido de publicarlos. Al menos uno de ellos parece identificar al islam con el islamismo radical. Esa es exactamente la dirección que nadie quiere que tome el debate -incluso aunque la naturaleza misma de una caricatura política sea la exageración. No las habríamos publicado por moderación y por respeto hacia la minoría musulmana en nuestro país. La gente que trabaja en periodismo toma decisiones sobre gustos todo el tiempo. Nosotros no publicamos imágenes sexualmente explícitas ni fragmentos de cuerpos de después de un atentado terrorista. Tratamos de mantener el racismo y el antisemitismo fuera de nuestras páginas. La libertad de prensa viene con una responsabilidad.
Pero los criterios cambian cuando el material que es considerado ofensivo se convierte en un ítem noticioso. Es por eso que vimos gente lanzándose por las ventanas del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001. Eso por eso que hemos visto fotografías de Abu Ghraib. En esas ocasiones publicamos cosas que normalmente no publicamos. La naturaleza misma del discurso es encontrar parámetros sobre lo que es culturalmente aceptable. ¿Cuántas veces no hemos visto el pecho de Janet Jackson en el curso de una discusión sobre los límites de los espectáculos familiares? ¿Cuántas veces hemos publicado materiales que los judíos podrían considerar ofensivo, en un intento por definir la magnitud del antisemitismo? Suena raro que la mayoría de los diarios estadounidenses traten con condescendencia a sus lectores no mostrando los dibujos sobre los que habla todo el mundo. Publicar no significa endorsar. El contexto importa.
Vale la pena recordar que la controversia empezó como un intento bien intencionado de escribir un libro para niños sobre la vida del profeta Mahoma. El libro fue diseñado para promover la tolerancia religiosa. Pero el autor chocó con las consecuencias del odio religioso cuando buscaba a un dibujante. No podía encontrar a nadie. Los artistas de Dinamarca parecían temer por sus vidas. Al rechazar el encargo mencionaban el destino del cineasta holandés Theo van Gogh, asesinado por un fundamentalista musulmán por criticar en términos groseros al fundamentalismo.
Cuando este episodio se extendió a la compañía láctea danesa Jyllands-Posten, el editor cultural del diario encargó las caricaturas. Quería ver si los dibujantes censurarían su trabajo por temor a la violencia de los radicales musulmanes. Sin embargo, muchos medios de prensa europeos ignoraron esta historia en un pequeño país escandinavo. Tomó meses, un boicot de los productos daneses en el mundo árabe y la intervención de adalides tales de la libertad religiosa como los gobiernos de Siria, Kuwait, Arabia Saudí y Libia (todos ellos retiraron sus embajadores de Copenhagen) para que algunos diarios europeos reconsideraran su posición sobre las caricaturas. La semana pasada ya no era un tópico oscuro sino una noticia de primera plana. Y no giraba tanto sobre las sensibilidades religiosas como sobre la libertad de expresión. Es entonces que se empezaron a publicar los dibujos en diarios en todas partes de Europa.
Gran parte de la cobertura estadounidense sobre la reyerta muestra a los europeos como si no entendieran -nuevamente. Tienen dificultades con la inmigración. Tienen dificultades con la religión. Tienen dificultades con el respeto a las minorías. Y al final les queman sus ciudades, como demuestra París. Bill Clinton incluso detectó un "prejuicio antimusulmán" y lo asimiló al anterior "prejuicio antisemita".
El ex presidente ha puesto el argumento al revés. En esta yihad sobre el humor, la tolerancia es desechada por gente que la exige de otros. Los gobiernos autoritarios que hablan en nombre de las minorías musulmanas de Europa supuestamente oprimidas practican una sistemática represión de sus propias minorías religiosas. Han radicalizado lo que no era al principio más que una pregunta difícil. Ahora no están pidiendo respeto, sino sumisión. Quieren que los no musulmanes de Europa vivan según normas musulmanas. ¿Recomienda Bill Clinton la tolerancia de la intolerancia?
El viernes el ministerio de Relaciones Exteriores pensó apropiado intervenir. Calificó la publicación de las caricaturas como una inaceptable incitación al odio religioso. Vivimos un momento peculiar, en el que el gobierno de Estados Unidos, que se ve considera a sí mismo como el hogar de la libertad de expresión, sugiere a los periodistas europeos qué imprimir y qué no.

7 de febrero de 2006

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planeta tierra rechaza a bush


[Robert Kuttner] El mundo más democrático rechaza globalización a la Bush.
Las buenas noticias: La democracia está ganando terreno en todas partes. Las inoportunas: Mientras más libre se siente y vota la gente, más fervientemente rechaza los planes globales de George W. Bush y el país que proyecta.
En Oriente Medio la gente ha elegido libremente a dos gobiernos que no podrían ser un repudio más contundente de los planes de Bush para la región, ni más alarmante para las expectativas de paz y estabilidad -Hamas en Palestina y el presidente Mahmoud Ahmadinejad en Irán. Inclusive en Iraq, donde las elecciones se realizaron bajo el tutelaje directo de Estados Unidos, nuestros secuaces preferidos fueron decididamente desbancados.
En América Latina, los votantes en Venezuela, Brasil, Bolivia, y más recientemente en Chile, han elegido presidentes que son, en el mejor de los casos, socialdemócratas y, en el peor, caudillos populistas. En México, donde un extremista popular, Andrés Manuel López Obrador encabeza los sondeos, será probablemente el próximo presidente. Algunos, como la nueva presidente de Chile, Michelle Bachelet, son admirables; otros lo son mucho menos. Pero ninguno apoya la visión de Bush de una globalización de las multinacionales.
En el pasado, Estados Unidos era un faro universal. Incluso desde que Estados Unidos afirmara su liderazgo global a mediados del siglo 20, la gente en el planeta no ha expresado otra cosa que ambivalencia.
Despreciaban el poderío militar estadounidense que con frecuencia instalaba a dictadores locales que gobernaban en beneficio de Washington y Wall Street, se enriquecían a sí mismos, y masacraban a los opositores domésticos; pero admiraban la democracia interna y la vitalidad de Estados Unidos.
Odiaban el imperialismo económico que a menudo transformaba sus economías locales en apéndice de Estados Unidos; pero apreciaban los artículos de consumo y la difusión de tecnología avanzadas.
Resentían la proyección universal de la cultura popular estadounidense a expensas de las suyas propias; pero llevaban vaqueros, compraban discos y llenaban las salas de cine.
Los presidentes estadounidenses más efectivos de la posguerra navegaron hábilmente en esta compleja ambivalencia. Maximizaron lo que la gente adora de Estados Unidos en todas partes: la apertura, el idealismo, el dinamismo, el apoyo de los derechos humanos universales. Los presidentes estadounidenses, a veces, recurrieron a la fuerza, pero trataron de hacerlo después de consultas y con consenso. Hasta hace poco, la opinión pública global, en general, respetaba a Estados Unidos.
Pero llegó George W. Bush y ofreció la peor combinación posible de estrategias: la arrogancia unilateral combinado con una ruidosa proclamación de la democracia. ¿Puede sorprender que algunas elecciones democráticas produzcan una serie de repudios? ¿O que Estados Unidos no se atreva a fomentar la democracia en su despóticos y fieles aliados de Egipto o Arabia Saudí, por miedo a que la gente elija a regímenes más radicales?
Antes era un artículo de fe que las elecciones libres y el modo de vida americano iban de la mano. Durante la Guerra Fría creíamos que ningún país votaría libremente por un gobierno comunista. Pero evidentemente el mundo de la posguerra fría es diferente.
Sí, las raíces de este contragolpe van más allá de la presidencia de George W. Bush. Se remontan a un siglo atrás, a la era de la diplomacia de los cañones en América Latina, y a la división imperial del antiguo imperio otomano en convenientes países modernos en Oriente Medio, gobernados por dinastías instantáneas creadas por Winston Churchill y las compañías refinadoras occidentales.
Más recientemente, el contragolpe refleja los resentimientos locales por el "consenso de Washington": la imposición de sus políticas económicas de una sola talla que han triturado las redes de seguridad locales y favorecido una clase empresarial global a expensas de la gente corriente. Pero por complejas que sean sus raíces, esos resentimientos están ahora profundamente enraizados en las culturas locales.
Algunas de esas culturas tienen rasgos que son verdaderamente odiosos según normas universales, como la represión de las mujeres, las brutales versiones de justicias sumarias, y el fanatismo religioso. Pero se han hecho todavía más profundamente populares, precisamente en la medida en que Estados Unidos no las entiende e intenta imponer su propio orden de manera unilateral.
Bush no es un hombre ni demasiado culto ni cosmopolita. Lo que es verdaderamente asombroso es que la cábala de asesores neo-conservadores que controlan su política exterior, muchos de ellos intelectuales serios, pudieran creer que Estados Unidos podía, simultáneamente, fomentar su desdeñosa imposición de su poderío militar y esperar que la proliferación de la democracia produjera gobiernos populares que fueran también fieles clientes de Estados Unidos.
Dado este contragolpe, algunos neo-conservadores han últimamente recomendado el imperio. Al menos tiene la virtud de la consistencia. Pero el imperio no es exactamente atractivo para la opinión pública global, y es mucho menos factible.
El mundo que heredó Bush no era un lugar fácil en el que fomentar la sociedad civil al estilo estadounidense, ni un orden civil mundial. Pero Bush ha echado aceite en las llamas (y, en su caso, fuego sobre el petróleo).
Tomará décadas deshacer el daño y restaurar un mundo en el que las posiciones por la democracia coincidan con las posiciones a favor de Estados Unidos. Entretanto, nada necesitamos más que un estallido de democracia en casa.

Robert Kuttner es co-editor de The American Prospect.

4 de febrero de 2006

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nueva amenaza de la otan


Europa debe reconocer la necesidad de la lucha antiterrorista. Pero ¿se esconde el terrorismo en Afganistán?
La Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN fue creada en 1949 para proteger a Europa Occidental de la Unión Soviética. Debido a que no existe el peligro de que el Ejército Rojo marche sobre París, la misión de la alianza, comprensiblemente, ha cambiado con el tiempo. Es desafortunado que algunos miembros europeos estén retirando su participación en una OTAN con nuevos bríos.
El gobierno de Bush está, correctamente, tratando de llevar a la OTAN por un nuevo camino, esperando transformarla, de una fuerza eurocéntrica y defensiva, en una que sea capaz de ir a la ofensiva contra amenazas para Occidente. Esa política favorece claramente los intereses de Estados Unidos, porque las fuerzas americanas están malamente dilatadas en Iraq y Afganistán, pero favorece igualmente los intereses europeos. Los atentados con bomba en Madrid y Londres muestran que el terrorismo no es solamente un problema americano. Un Afganistán estable, por ejemplo, debería ser una alta prioridad tanto para europeos como para estadounidenses.
Es por eso que el examen de conciencia en el parlamento holandés sobre su rol militar fue alarmante. La OTAN accedió en diciembre a aumentar el número de tropas en Afganistán, de nueve mil a 16 mil, y a expandir su misión en el sur del país, que ha sido asolado por la violencia. Eso permitirá que Estados Unidos retire a varios miles de sus soldados para concentrarse en el este del país. El plan fue puesto en peligro cuando surgieron objeciones en Holanda, cuyo parlamento accedió finalmente el jueves, después de semanas de debate, a enviar 1400 tropas holandesas a zonas de más peligro.
Los holandeses son normalmente aliados fiables de Estados Unidos; si hubiese sido, digamos, Bélgica la que obstaculizara una clave iniciativa de la OTAN, no habría sido ni sorprendente ni significativo. De modo que la reluctancia holandesa era especialmente preocupante. Aunque el partido D66, que se inclina a la izquierda y dirigió la campaña anti-Afganistán, finalmente perdió, refleja la opinión popular en Holanda, donde la mitad de los encuestados en un sondeo reciente se oponían al despliegue, y sólo un 38 por ciento estaba a favor de él.
Es difícil saber a quién culpar de esto: a los holandeses, que aparentemente no logran darse cuenta de su propia fragilidad ante las amenazas terroristas, o al gobierno de Bush. Los europeos están preocupados del enfoque unilateral de Washingon en materias de relaciones exteriores, que ha volcado a la opinión pública holandesa contra la misión afgana, que era poco controvertida en el pasado.
Pero al final es importante que los europeos reconozcan que su continente no es secundario en el teatro de la guerra contra el terrorismo -está en el centro del escenario.

5 de febrero de 2006

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arrastrados a una guerra religiosa


[Tim Rutten] Hay una diferencia entre una publicación periodística que provoca inevitablemente y una que es meramente provocativo. Así que, ¿qué eran las caricaturas de Maoma publicadas esta semana en diarios europeos desde Bulgaria a Madrid?
Las caricaturas, que son en realidad suave garabatos, fueron publicadas primero en un diario danés el otoño pasado. Musulmanes indignados en los países del Golfo Pérsico iniciaron un boycot de productos daneses que condujo al gobierno en Copenhagen a expresar que lamentaba la ofensa, pero defendía el derecho del diario a publicarlas. Esta semana, los daneses se enfrentaban no sólo a violentas protestas en las calles islámicas, pero sino también a crecientes demandas de gobiernos en Oriente Medio y otros lugares a pedir excusas y a hacer algo contra el diario.
Para el fin de semana, diarios y revistas en toda Europa habían vuelto a publicar algunas o todas de las caricaturas en un gesto de solidaridad con sus colegas daneses y en defensa de su rechazo a dejarse intimidar por el ejercicio de la libertad de expresión. La indignación musulmana creció. Pistoleros palestinos rodearon la misión de la Unión Europea en Gaza y otros amenazaron con secuestrar a occidentales como forma de represalia. La violencia se extendió y diplomáticos occidentales, incluyendo a Kofi Annan y el ministro de relaciones exteriores británico empezaron a atorarse pidiendo excusas por la insensibilidad de sus medios de prensa.
Todo esto podría haber sido ligeramente más edificante si no reflejara la destructiva y peligrosa doble moral que observan comúnmente los países occidentales cuando se trata de medios controlados por los gobiernos en los países musulmanes. Allá la prensa está rutinariamente rebosante del odio más vil contra los judíos y, menos a menudo, los cristianos. Los ‘Protocolos de los sabios de Sión’ siguen estando ampliamente disponibles en países donde no se publica nada sin el permiso del gobierno, y citas de esa infame falsificación son un elemento básico de comentarios publicados en todo Oriente Medio. En años recientes canales de televisión de propiedad del gobierno en Egipto y Siria han transmitido dramas que repiten el sangriento libelo.
¿Dónde quedaron las implacables y unidas exigencias de Occidente de que se ofrecieran excusas?
Si quieres ver las continuadas consecuencias de este doble rasero, considera las reacciones a los acontecimientos de esta semana según informó el viernes la Associated Press: en Ciuda de Gaza terroristas palestinos arrojaron una bomba en el centro cultural francés. Ismail Hassan, 37, un modisto que participaba en una marcha de protesta contra Europa, dijo: "Quienquiera que difame a nuestro profeta debería ser ejecutado".
Entretanto, el imán que predicó en el sermón de los viernes en la mezquita Omari, de Gaza, dijo a los nueve mil fieles que los dibujantes que hicieron las caricaturas debían ser decapitados.
En Nablús, el imán Hassan Sharaf dijo a su congregación que: "Si quieren una guerra de religión, estamos preparados".
Una Ruptura en la Filosofía
Cualquiera sean las sensibilidades religiosas involucradas, reacciones como estas te pueden parecer ominosamente, incluso viciosamente irracionales. Es porque lo son, y hay una razón para ello.
En la Edad Media, las tres grandes religiones monoteístas -el judaísmo, el cristianismo y el islam- alcanzaron uno de esas bifurcaciones fundamentales en el camino de la historia. Durante siglos, una serie de estudiosos musulmanes habían conservado las obras de Aristóteles que sentarían un día los fundamentos de la lógica y ciencia seculares que hicieron posible el mundo moderno. Su ‘redescubrimiento’ por estudiosos medievales provocó una crisis. Reconocieron que la razón era una herramienta poderosa, pero tenían miedo de que su uso pudiera socavar la fe, que era la base de la autoridad en las tres comunidades.
¿Qué hace -o, más precisamente-, qué pensar?
Tres gigantes intelectuales aceptaron el reto. Dos de ellos -el filósofo y jurista Abu al-Walid Ibn Rushd, conocido en Occidente como Averroes, y el gran rabí y médico Moisés Maimónides- eran en realidad contemporáneos, habiendo nacido los dos en la ciudad española de Córdoba. Según la tradición incluso se conocieron y trabaron amistad mientras escapaban de los almohades, fundamentalistas musulmanes del Magreb, que habían conquistado Andalucía y destruido su legendaria cultura de tolerancia. El tercero era Tomás de Aquino -de quien sus admiradores correligionarios dirían un día: "Tenía a la razón cautiva en la casa de la fe". Recuerda que esta era una época en la que el culto Occidente, no muy diferente de los musulmanes de hoy, todavía consideraba la teología como "la reina de las ciencias".
La exposición de Aristóteles por Averroes era tan ampliamente admirada e influyente que cuando Aquino la retomó un siglo o algo así más tarde en la Universidad de París, se refirió a Aristóteles simplemente como "el filósofo’, y a Averroes como "el comentarista". Pero mientras Maimónides y, más tarde, Aquino -que también leyó y admiraba al filósofo rabí- sostenían que había una sola verdad y que esa fe, propiamente entendida, no podía nunca entrar en conflicto con la razón, Averroes tomó la otra bifurcación. Sostenía que había dos verdades -la de la revelación y la del mundo natural. No había necesidad de reconciliarlas porque estaban separadas y eran distintas.
Fue una forma de suicidio intelectual y durante siglos privó a gran parte del mundo musulmán de los progresos científicos y políticos que siguieron.
Como han demostrado los sucesos de la semana pasada con bastante contundencia, todo esto es más que curiosidad histórica, porque la globalización de los mercados y gentes han llevado al resto del mundo moderno al islam, guste o no a los musulmanes. Una de las paradojas menores en operación aquí es que mucho antes de que los encendidos sermones de los imanes lanzaran a la gente a las calles esta semana, habían sido avivados hasta el frenesí por creaciones esencialmente modernas -mensajes de texto en el celular e internet. Las sociedades musulmanas son entusiastas consumidoras de casi todo lo que produce Occidente -excepto esa indispensable valor sobre la separación de la iglesia del estado y la libertad de expresión.
La Tolerancia Tiene Dos Caras
La actual lucha de Occidente contra la homicida resistencia sunní global, y la amenaza de una teocracia con armas nucleares en Irán deja en claro que ya no es posible pasar por alto a la cultura de la intolerancia, odio y xenofobia que insufla al mundo islámico. El difícil trabajo de erradicar esas cosas tendrán que hacerlo líderes e intelectuales musulmanes honestos dispuestos a volver a trazar los pasos de sus tradiciones y hacer la pesada operación intelectual que exige la participación en el mundo moderno. Sin embargo, no les ayudará que los gobiernos occidentales continúen complaciendo la sensibilidad islámica mientras desvían la vista de la violenta intolerancia musulmana. No les ayudará que diplomáticos y funcionarios europeos que continúan ignorando el odio sancionado oficialmente y dirigido regularmente contra los judíos por los medios de comunicación controlados por gobiernos de Oriente Medio muestren al mismo tiempo conmiseración con los musulmanes ofendidos por unas caricaturas en los medios de comunicación libres de Occidente.
El respeto decente por las opiniones de los otros que exige la vida en sociedades modernas, tolerantes, no es una forma de relativismo. No será suficiente con decir, como lo dijo una vez Isaiah Berlin: "Yo creo en la bondad y tú crees en los campos de concentración", y dejémoslo ahí.
La prueba de esto está escrita en los hechos. En todo Estados Unidos hay mezquitas financiadas por los saudíes, que enseñan la versión particularmente intolerante del islam de ese país. En Arabia Saudí no hay ni iglesias ni sinagogas; es contra la ley. En Iraq, el viernes, la reducida comunidad de católicos caldeos se preparaban para más atentados terroristas que se han convertido en rutina; no hubo informes de ningún ataque contra musulmanes en ninguno de los países donde se han vuelto a publicar las caricaturas danesas. Los musulmanes en esos países pueden haber sido ofendidos, pero no temen por sus vidas. Ningún líder occidental reclama que Fernando e Isabel no expulsaron a los moros de España o que no hubo masacres durante las Cruzadas. Si lo hicieran, serían sacados a gritos del podio y ridiculizados. El presidente del teocrático Irán sostiene que no hubo Holocausto y la gente en el mundo musulmán lo aplaude.
Los medios de comunicación europeos pueden haberse comportado de manera provocativa esta semana, pero fue una provocación por la buena causa. Los gobiernos occidentales -siempre atentos a sus intereses comerciales- no están obligados a apoyar lo que ha hecho su prensa, pero no le hacen un favor a nadie pidiendo disculpas por ello.

4 de febrero de 2006

©los angeles times
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traducción mQh

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acoso en el capitolio


[Cindy Sheehan] Justo antes de que Bush hablara sobre la libertad el martes noche, fue encarcelada por llevar una camiseta con un mensaje.
Fui detenida en el Capitolio de Estados Unidos minutos antes del discurso sobre el Estado de la Unión por llevar una camiseta que mostraba cuántos estadounidenses, como mi hijo Casey, han muerto en Iraq. La camiseta decía simplemente: "2245 muertos. ¿Cuántos más?"
Durante el discurso, el presidente Bush repitió la palabra ‘libertad’ 17 veces, diciendo que era lo que nuestras tropas estaban defendiendo en Iraq. Como mínimo deberíamos pensar que tenemos toda la libertad para expresarnos por medio de textos en una camiseta.
¿Para esto murió mi hijo? ¿Es el robo de nuestra preciosa libertad de expresión la "noble causa" por la que están peleando nuestros soldados, según Bush?
Seguro, soy franca y normalmente no me avergüenza protestar. Pero eso no era mi pan. Justo horas antes del discurso, la diputada Lynn Woolsey, de Peteluma, que ha trabajado para presionar al Congreso para traer las tropas a casa, me había dado una entrada.
Al principio, no tenía realmente ganas de ir, y le pasé la entrada a otra persona, que me la devolvió. Yo no habría hecho nada para interrumpir [el discurso] por respeto hacia Lynn y a otros muchos miembros del Congreso a los que admiro profundamente.
Yo quería hacer una declaración, no armar un escándalo. Si hubiese querido interrumpir, habría esperado a que llegara el presidente para mostrar mi camiseta.
Mi entrada era para la quinta fila, primera fila. Un agente -que minutos después me detendría- me ayudó a llegar a mi butaca. Me senté y me sentía acalorada tras haber subido tres escaleras, así que me desabotoné mi chaqueta. Me volví a la derecha para sacar la manga izquierda y el agente vio mi camiseta y gritó: "¡Manifestante!" Entonces me sacó de mi butaca y me empujó por la escalera.
El agente corrió, arrastrándome con él, hacia un ascensor, gritando a todo el mundo que se hicieran a un lado. Luego me puso las esposas, mientras corríamos hacia abajo, y me llevó afuera, a esperar un patrullero.

A pesar de lo que se ha dicho en varios informes, nunca me pidieron que me cambiara la camiseta o que me cerrara la chaqueta. Si me hubiesen pedido alguna cosa así, lo habría hecho y habría expresado más tarde mi preocupación por la supresión de mi libertad de expresión.
Yo fui sacada del lugar inmediata y rudamente (tengo los moretones y espasmos musculares para probarlo) y detenida por "conducta indebida". Los informes sobre el hecho de que yo gritara, atribuidos a la policía, son falsos.
Los abogados me han dicho que yo tenía derecho a llevar una camiseta con un texto. La policía estuvo tardíamente de acuerdo y dijo que desistiría de los cargos. No entiendo cómo pueden encarcelarme durante horas antes de decir que todo fue un error.
Después de que hicieran el inventario de mis cosas personales, y de tomarme las huellas dactilares, un simpático sargento se acercó a mí, miró la camiseta y dijo: "¿2245, eh? Acabo de volver". Yo le dije que mi hijo había muerto allá.
Fue entonces que entendí la inmensidad de mi pérdida. Además de perder a mi hijo, había perdido mis derechos de la primera enmienda.
¿Hacia dónde iba Estados Unidos? Empecé a llorar, adolorida.
¿Para qué murió Casey? ¿Para qué han muerto los otros 2244 jóvenes y valientes estadounidenses? ¿Para qué hay decenas de miles de otros corriendo riesgos allá? ¿Para esto? Ni siquiera puedo llevar una camiseta que marca el número de nuestros soldados de cuya muerte son responsables Bush y sus medidas arrogantes y estúpidas.
Los sondeos indican que la gente en nuestro país y en Iraq quieren que la guerra termine. La guerra está convirtiendo a este país, y al mundo, en un lugar cada vez menos seguro. Es hora de parar con la muerte, trayendo a las tropas a casa.
Yo llevé esa camiseta para decir algo. Yo creía que tenía derecho a hacerlo.
No quiero vivir en un país que prohíba a la gente llevar, decir, escribir o hacer por teléfono comentarios negativos sobre el gobierno. Eso por eso que estoy tratando de recuperar mis libertades y derechos. Es por eso que no voy a permitir que el gobierno de Bush me quite algo más. Ya me quitaron a mi hijo. Eso es más que suficiente.

Cindy Sheehan es la co-fundadora de Gold Star Families for Peace, y miembro de Military Families Speak Out.

3 de febrero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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