la iglesia nazi protestante de berlín
[Niels C. Sorrells] Todavía sigue en pie iglesia que fundió la ideología nazi con la religión luterana. Pero no por mucho tiempo más.
Berlín, Alemania. Normalmente, aquí hay pocas ganas de realzar la historia de la Alemania nazi. Y normalmente, aquí, cerrar una iglesia protestante, es un asunto sencillo.
Pero la Iglesia en Memoria de Martín Lutero parece destinada a ser una excepción en los dos casos.
Desde fuera, es una iglesia corriente, con un campanario que necesita reparaciones. A primera vista, el interior parece normal, hasta que uno mira más detenidamente el elevado púlpito. Tallado en la madera se ve a Jesucristo predicando; entre la multitud reunida a su alrededor hay un soldado nazi y uno de los infames guardias de asalto con camisas marrones de Adolfo Hitler.
Diseñada en los años veinte, pero terminada en 1935, la iglesia es una rara mezcla de la fe protestante con el dogma nacional-socialista. Un soldado tallado decora la fuente bautismal. Los azulejos en la pared incluyen símbolos nazis. El lugar ocupado ahora por un busto de Martín Lutero, lo ocupaba antes uno de Hitler. Incluso la figura de Cristo en la cruz del altar es fuerte, atlética y desafiante, personificando el concepto nazi de Ubermensch, más que el tradicional Jesús, rindiéndose.
"Puedes ignorarlo", dice Walter Jungnickel, un ministro luterano que ayuda a administrar la iglesia y ha predicado aquí algunas veces. "Pero sería difícil predicar y competir con esto todos los domingos".
Las probabilidades de que los ministros tengan ese problema en el futuro son mínimas. Aunque la iglesia estuvo funcionando hasta hace unos dos años, ahora ha sido colocada en la lista de las que serán cerradas.
Con su inclinado campanario, la iglesia sería normalmente condenada a la demolición.
Pero esa no es una opción simple para esta iglesia.
"Antes de que podamos destruirla, tenemos que demostrar que hemos hecho todo lo posible para salvarla; de otro modo, la gente dirá que la iglesia está tratando de encubrir su historia", dice Matthias Hoffmann-Tauschwitz, director de proyectos de construcción de iglesias de las Iglesias Evangélicas de Berlín, Brandenburgo y la parte silesiana de Oberlausitz.
Monica Geyler y Beate Rossie, historiadoras de arte del Foro para la Historia y lo Contemporáneo de Berlín, dicen que la demolición no debería ser una opción. Las dos mujeres han examinado la iglesia y están pidiendo que sea convertida en una instalación educativa. Otros grupos han propuesto convertirla en un monumento o museo.
El problema, dice Hoffmann-Tauschwitz, es el dinero. Estabilizar el campanario costará más o menos un millón 300 mil dólares. Convertirla en monumento o museo podría costar fácilmente tres veces esa suma.
La iglesia no está preparada para pagar esa cantidad por un edificio que no tiene intenciones de usar, ni está dispuesta a ceder el terreno a cualquier organización. Pero encontrar a un grupo privado dispuesto a gastar dinero para construir un monumento es difícil. Hoffmann-Tauschwitz dijo que algunos grupos han mostrado interés, pero no se han comprometido. La iglesia está dispuesta a seguir buscando, pero en algún momento la tambaleante torre será demasiado peligrosa como para ignorarla.
"Está claro que la iglesia sólo tendrá futuro si podemos encontrar a alguien que pueda usarla y explicarla", dice.
Geyler y Rossie dicen que sería una vergüenza perder un edificio histórico. Mientras que hay algunas otras iglesias alemanas con iconografías nazis, ninguna posee tantas como la Iglesia en Memoria de Martín Lutero.
Jungnickel dice que la mayoría de los miembros de la congregación simplemente ignoraban el arte nazi. Dice que ha tenido que consolar a una mujer a la que le gustaría que la iglesia siguiera abierta, ya que era la iglesia donde fue confirmada.
"Dijo que ella nunca le prestó atención al arte", dice Jungnickel. "Uno no puede pensar mal sobre esta gente. Era su iglesia".
Es un accidente de la historia que la iglesia esté tan estrechamente asociada al régimen nazi. El edificio fue diseñado antes de que el Partido Nacional Socialista se hiciera con el poder en Alemania. Hoffmann-Tauschwitz dice que su estilo arquitectónico básico es típico de las iglesias de los años veinte.
Una vez que los nazis llegaron al poder, algunos miembros de la iglesia se las arreglaron para fundir la teología luterana con la ideología nazi, de acuerdo a funcionarios de la iglesia e historiadores. Rossie y Jungnickel dijeron que los miembros de esta iglesia se apoyaron en los escritos antisemitas de Lutero para fundir la iglesia con un partido político. Algunos incluso trataron de abandonar el Viejo Testamento y remover las influencias judías de su credo.
"No fue necesario que el Partido Nazi ordenara estos adornos", dijo Jungnickel, agregando que muchos miembros de esta congregación en particular estaban más que felices de congraciarse con los nazis.
La construcción terminó en 1935. El nuevo órgano de la iglesia fue usado por primera vez por los nazis en su congreso de 1935 en Nuremberg, donde el partido redactó el programa para exterminar a los judíos.
Hoffman-Tauschwitz dijo que algunos de los símbolos nazis más egregios fueron retirados en 1937, después de que el gobierno alemán aprobara una ley prohibiendo el uso de símbolos nazis en las iglesias. Muchos más fueron retirados después de la guerra, especialmente después de que las tropas estadounidenses empezaran a usar la iglesia para orar.
En las paredes se ven muchos huecos, donde antes estuvieron los azulejos con svásticas.
Berlín, Alemania. Normalmente, aquí hay pocas ganas de realzar la historia de la Alemania nazi. Y normalmente, aquí, cerrar una iglesia protestante, es un asunto sencillo.Pero la Iglesia en Memoria de Martín Lutero parece destinada a ser una excepción en los dos casos.
Desde fuera, es una iglesia corriente, con un campanario que necesita reparaciones. A primera vista, el interior parece normal, hasta que uno mira más detenidamente el elevado púlpito. Tallado en la madera se ve a Jesucristo predicando; entre la multitud reunida a su alrededor hay un soldado nazi y uno de los infames guardias de asalto con camisas marrones de Adolfo Hitler.
Diseñada en los años veinte, pero terminada en 1935, la iglesia es una rara mezcla de la fe protestante con el dogma nacional-socialista. Un soldado tallado decora la fuente bautismal. Los azulejos en la pared incluyen símbolos nazis. El lugar ocupado ahora por un busto de Martín Lutero, lo ocupaba antes uno de Hitler. Incluso la figura de Cristo en la cruz del altar es fuerte, atlética y desafiante, personificando el concepto nazi de Ubermensch, más que el tradicional Jesús, rindiéndose.
"Puedes ignorarlo", dice Walter Jungnickel, un ministro luterano que ayuda a administrar la iglesia y ha predicado aquí algunas veces. "Pero sería difícil predicar y competir con esto todos los domingos".
Las probabilidades de que los ministros tengan ese problema en el futuro son mínimas. Aunque la iglesia estuvo funcionando hasta hace unos dos años, ahora ha sido colocada en la lista de las que serán cerradas.
Con su inclinado campanario, la iglesia sería normalmente condenada a la demolición.
Pero esa no es una opción simple para esta iglesia.
"Antes de que podamos destruirla, tenemos que demostrar que hemos hecho todo lo posible para salvarla; de otro modo, la gente dirá que la iglesia está tratando de encubrir su historia", dice Matthias Hoffmann-Tauschwitz, director de proyectos de construcción de iglesias de las Iglesias Evangélicas de Berlín, Brandenburgo y la parte silesiana de Oberlausitz.
Monica Geyler y Beate Rossie, historiadoras de arte del Foro para la Historia y lo Contemporáneo de Berlín, dicen que la demolición no debería ser una opción. Las dos mujeres han examinado la iglesia y están pidiendo que sea convertida en una instalación educativa. Otros grupos han propuesto convertirla en un monumento o museo.
El problema, dice Hoffmann-Tauschwitz, es el dinero. Estabilizar el campanario costará más o menos un millón 300 mil dólares. Convertirla en monumento o museo podría costar fácilmente tres veces esa suma.
La iglesia no está preparada para pagar esa cantidad por un edificio que no tiene intenciones de usar, ni está dispuesta a ceder el terreno a cualquier organización. Pero encontrar a un grupo privado dispuesto a gastar dinero para construir un monumento es difícil. Hoffmann-Tauschwitz dijo que algunos grupos han mostrado interés, pero no se han comprometido. La iglesia está dispuesta a seguir buscando, pero en algún momento la tambaleante torre será demasiado peligrosa como para ignorarla.
"Está claro que la iglesia sólo tendrá futuro si podemos encontrar a alguien que pueda usarla y explicarla", dice.
Geyler y Rossie dicen que sería una vergüenza perder un edificio histórico. Mientras que hay algunas otras iglesias alemanas con iconografías nazis, ninguna posee tantas como la Iglesia en Memoria de Martín Lutero.
Jungnickel dice que la mayoría de los miembros de la congregación simplemente ignoraban el arte nazi. Dice que ha tenido que consolar a una mujer a la que le gustaría que la iglesia siguiera abierta, ya que era la iglesia donde fue confirmada.
"Dijo que ella nunca le prestó atención al arte", dice Jungnickel. "Uno no puede pensar mal sobre esta gente. Era su iglesia".
Es un accidente de la historia que la iglesia esté tan estrechamente asociada al régimen nazi. El edificio fue diseñado antes de que el Partido Nacional Socialista se hiciera con el poder en Alemania. Hoffmann-Tauschwitz dice que su estilo arquitectónico básico es típico de las iglesias de los años veinte.
Una vez que los nazis llegaron al poder, algunos miembros de la iglesia se las arreglaron para fundir la teología luterana con la ideología nazi, de acuerdo a funcionarios de la iglesia e historiadores. Rossie y Jungnickel dijeron que los miembros de esta iglesia se apoyaron en los escritos antisemitas de Lutero para fundir la iglesia con un partido político. Algunos incluso trataron de abandonar el Viejo Testamento y remover las influencias judías de su credo.
"No fue necesario que el Partido Nazi ordenara estos adornos", dijo Jungnickel, agregando que muchos miembros de esta congregación en particular estaban más que felices de congraciarse con los nazis.
La construcción terminó en 1935. El nuevo órgano de la iglesia fue usado por primera vez por los nazis en su congreso de 1935 en Nuremberg, donde el partido redactó el programa para exterminar a los judíos.
Hoffman-Tauschwitz dijo que algunos de los símbolos nazis más egregios fueron retirados en 1937, después de que el gobierno alemán aprobara una ley prohibiendo el uso de símbolos nazis en las iglesias. Muchos más fueron retirados después de la guerra, especialmente después de que las tropas estadounidenses empezaran a usar la iglesia para orar.
En las paredes se ven muchos huecos, donde antes estuvieron los azulejos con svásticas.
15 de septiembre de 2006
©washington post
©traducción mQh
Moscú, Rusia. El colapso de un aparente intento de implicar a un líder de la oposición en Kirguizistán en una trama de tráfico de heroína, ha provocado consternación este martes en este país de Asia Central.
Madrid, España. Carlos Rodríguez Mendoza tiene 17, apenas ha empezado a afeitarse, y, sin embargo, se comporta con la elegante altanería de un matador.
Para la mayoría de la gente, el personaje de cómic Superman no fue nunca mucho más que eso. Pero para un selecto grupo de personas, los primeros encuentros con el Hombre de Acero llevando una malla apretada, botas hasta las rodillas y una capa brillante definieron el curso de una vida erótica."Batman y Robin y Superman eran todos realmente excitantes", dice John Weiss, presidente de la feria callejera de Folsom Street East, que se organiza una vez al año en Nueva York y que en junio puso en marcha la Semana del Orgullo Gay. "Batman estaba siempre atado o en algún peligro, y yo pensaba que era realmente grandioso".
Fue en un momento en los años setenta, dice Steele, que ropas similares a las fetichistas empezaron a ser comercializadas incluso por detallistas convencionales como Montgomery Ward. Cuando, hace poco, el diseñador francés Thiery Mugler fue llamado a crear trajes para el picante espectáculo ‘Zumanity' para familias del Cirque du Soleil en Las Vegas, su primer diseño fue para un M.C. travestido, adornado con cueros de dominatrix y vertiginosos zapatos bondage. Está demás decir que Mugler sólo llegó hasta donde habían llegado antes los dibujantes de cómics.
Hacer suposiciones sobre la libido de otras personas es normalmente trivial, pero en Folsom Street East se necesitaban pocas suposiciones. "Soy holandés, soy muy liberal", dijo Rob Tiller, un amsterdamés envuelto en cuero que explicó todas las decisiones que tuvo que tomar para su refinado guardarropa (el cuero gris significa que tiene interés en el bondage y un brazalete llevado en la mano izquierda indica el rol dominante) fuera una etiqueta fácilmente descifrable para los iniciados. El compositor galardonado con un Pulitzer, David Del Tredici, se paseaba con un tank top con la poco ambigua leyenda de MASTER [Amo]. Lo acompañaba un amigo con una capa de baile de la Academia Americana de Artes y Letras y una pesada falda escocesa de goma.
¿Cuántos superbilletes hay en circulación y qué tipo de provocación representan?
A principios de año visité a David Asher, ex asesor para asuntos del Este asiático y del Pacífico en el departamento de estado y un declarado crítico del régimen norcoreano. A fines de 2001, me explicó, el subsecretario de estado, James Kelly, le pidió que estudiara por qué el régimen norcoreano no se había derrumbado, dado que la economía del país se había deteriorado mucho más que en la década anterior, con una producción industrial reducida en casi un setenta y cinco por ciento. Países antiguamente comunistas habían terminado sus subsidios, Kim Il Sung había muerto, el país había sido golpeado por inundaciones y la hambruna y el sistema de distribución de alimentos había colapsado. (Los lemas del partido dejaban ver más que un indicio de desesperación: "Comamos Dos Veces Al Día", era una de las optimistas exhortaciones). Sin embargo, Kim Jong Il, desafiando todas las expectativas, se las arregló para aferrarse al poder.
En un país tan hermético y secreto como Corea del Norte, es difícil obtener información sobre las actividades del gobierno. Pero a fines de los años noventa llegó una nueva fuente de información: los desertores. El hambre, la corrupción y la desesperación impulsó a miles de norcoreanos, muchos de ellos funcionarios de gobierno, a huir del país. En 1997, dos burócratas de alto rango -Hwang Jang Yop, ex secretario del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte, y Kim Duk Hong, director de una firma comercial del estado- pidieron asilo político en la embajada de Corea del Sur en Pekín. Fueron dos de los funcionarios más prominentes en desertar, pero no fueron los únicos: miles de norcoreanos huyeron hacia Corea del Sur. Muchos miles más escaparon hacia China.
En diciembre de 1989, mientras contaba un fajo de cien billetes, un hábil contador de dinero del Banco Central de Filipinas, tuvo sospechas de un billete en particular. Pasó las pruebas corrientes de autenticidad, pero todavía lo encontraba raro. Finalmente el billete fue entregado al Servicio Secreto norteamericano. Todas las falsificaciones enviadas a la sede del Servicio Secreto en Washington, son examinadas bajo microscopio, estudiadas con luz ultravioleta y analizadas de otros modos para controlar sus defectos y deficiencias, así como las técnicas de impresión utilizadas en su fabricación. Esta información es entonces comparada con una base de datos de todas las falsificaciones conocidas.