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princesa stripteasera en el diván 1


[Keith O’Brien] Lucy Wightman tenía un exitoso consultorio psicológico en South Shore hasta que su pasado se hizo público. Ahora, después de la acusación, la mujer que en el pasado era la más conocida stripteasera de Boston, defiende su segunda vida como terapeuta, y trata de salvar su dignidad.
En noviembre de 2004, Lucy Wightman empezó a recibir mensajes anónimos en su correo electrónico que la amenazaban con revelar la vida que se había forjado como psicóloga en dos afluentes suburbios de Boston. Llevaba, desde todo punto de vista, una buena vida. Su consultorio, South Shore Psychology Associates, había prosperado, primero con una consulta en Hingham, luego otra en Norwell. Aparte de sus pacientes adultos, después de la escuela también la visitaban niños, que eran enviados por pediatras, asesores escolares, y colegas psicólogos. Era bien recibida en todas partes, en parte porque era más tranquila que los psicólogos tradicionales. No llevaba maquillaje, y durante las sesiones con los pacientes, vestía faldas sueltas y suéteres cuello de tortuga. A menudo la acompañaba su perro, Perry. "Con mi hija", dice una madre de Braintree, "fue amor a primera vista".
A los 46, Wightman era una madre trabajadora con dos divorcios a la espalda, que vivía en Hull y no se destacaba sobremanera. A algunos de sus clientes había revelado sólo fragmentos de su colorido pasado -incluyendo un breve noviazgo con el cantante Cat Stevens. Con los años Wightman había tenido muchos oficios, incluyendo el de presentadora de radio, escritora, culturista y agente inmobiliaria. Pero durante casi dos décadas, volvía siempre al trabajo que mejor conocía: el striptease.
Ahora había mensajes hostiles en su cuenta de correo electrónico, amenazando con revelar ese secreto y algunos más. El escritor prometía contar todo a una emisora local, incluyendo que había asistido durante un breve período a una escuela privada para niñas de la que expulsada en 1975 por fumar marihuana, que había sido una famosa como stripteasera en la Combat Zone de Boston y, la más perjudicial de todo, que no tenía licencia para practicar la psicología.
Wightman leyó los mensajes y los archivó. Los detalles oscuros eran correctos; tenían que ser alguien al que conocía. Pero un e-mail en particular le llamó la atención, porque la devolvió a su pasado con toda su impactante gloria. Empezaba con una palabra: "Princesa".

Lucy Wightman era conocida como la Princesa Cheyenne, el nombre artístico que le dio, dice, el dueño de un club de striptease. En los años setenta y ochenta agradecía la notoriedad, pero esa clase de atención no iba a ser buena para su nueva carrera. A principios de 2005, tres meses después de que Wightman recibiera las primeras amenazas, la Princesa Cheyenne estaba de vuelta en las noticias: su historia había sido transmitida en Fox 25 Undercover, como había prometido el escritor de los e-mails. Tres días más tarde, el Departamento de Asuntos del Consumidor y Reglamentación Comercial [Office of Consumer Affairs and Business Regulation] del estado anunció que sus investigadores estaban tratando de determinar, si Wightman, al presentarse como psicóloga, había violado alguna ley.
Luego, el 6 de octubre, el despacho del fiscal general del estado y un jurado del condado de Suffolk, dictaron un severo veredicto. Wightman fue acusada de 26 cargos de delitos graves, 6 por presentar reclamos falsos al seguro médico, 6 por fraude a compañías de seguros, y uno por practicar la psicología sin licencia. Michael Goldberg, presidente de la Asociación Psicológica de Massachusetts y psicólogo en Norwood, lo compara con un cirujano que opera sin una licencia médica.
Pero la mayor sorpresa emergió en el transcurso del proceso: Aunque muchos de sus clientes se sintieron enfadados, decepcionados y engañados tras enterarse de los antecedentes de Wightman, muchos más apoyaron a su terapeuta, diciendo que había hecho exactamente lo que le habían dicho y pagado para que lo hiciera: escuchar y dar consejos. No les importaba que no hubiese completado nunca sus estudios ni sacado una licencia profesional, ni que hubiera comprado su diploma doctoral de una fábrica de diplomas online. Calificaron el juicio de ‘caza de brujas’, un intento de los políticos de explotar el pasado de una ex stripteasera para llegar ellos mismos a primera plana.
Wightman dice que su abogado le ha recomendado guardar silencio mientras se trata su caso. Declinó ser entrevistada para este reportaje, diciendo en un e-mail que había rechazado todas las peticiones: "Oprah tuvo la misma respuesta". Pero el silencio no es exactamente lo que le conviene a Wightman.
Cuando las noticias de la acusación aparecieron en octubre pasado en la bitácora de un vecino, Wightman respondió en su propia bitácora. "En esta historia hay muchas cosas que no se han dicho", escribió. Algún día, aseguró a sus partidarios, comentaría lo sucedido. "Entretanto", escribió justo antes de su comparecencia, llevaría "Talbots o Ann Taylor para mi día en la corte".
Este respuesta -descarada, segura de sí misma- indignó a algunos de sus antiguos clientes. Pero Wightman no había más que comenzado. Lanzó su propia bitácora y la llenó con actualizaciones diversas sobre todo, desde mariquitas hasta leyes (desde entonces, las actualizaciones han sido retiradas). Su período de no conceder entrevistas también fue breve.
"Mi pequeña existencia", me escribió en un e-mail en noviembre pasado, "es realmente un punto de despegue para diálogos más importantes sobre la libertad, el territorio, chivos expiatorios, política, poder y sexo". Poco a poco, empezó a revelarse como una mujer que estuvo cerca de sacar su doctorado en una universidad acreditada, sólo para ser apartada, dice, por su vida como stripteasera.
En cuanto a sus antiguos clientes, algunos están preocupados de que sus vecinos y colegas descubran que han enviado a un hijo problemático a sesiones semanales con una psicóloga sin licencia que era antes una stripteasera. Algunos hablarían con Wightman sólo si pudieran guardarse su identidad. Pero otros dijeron que continuarían viéndola y seguirían pagándole, y que lo harían con agrado. Dicen que ella sabe escuchar y es una buena consejera. Lo que probablemente no saben es que esas son habilidades que aprendió en su carrera anterior.

La Princese Cheyenne era una stripteasera con cerebro. Empezó a bailar en el Naked i Cabaret en la sórdida Combat Zone de Boston a fines de los años setenta. El distrito consumía varias calles cerca del cruce de Washington y Boylston -yuxtaponiéndose en lo que ahora se conoce como el Ladder District- y rebosaba de clubes de striptease, salas de cine pornográfico, librerías para adultos y prostitutas. Incontables mujeres danzaron ahí en esos años, pero sólo había una Princesa Cheyenne.
Durante casi una década apareció no solamente en el escenario sino también en columnas sociales de los diarios y en la radio, como la presentadora de Pregúntenle a la Princesa Cheyenne en la WBCN-FM. Era una celebridad local. Estuvo por un breve período comprometida con Cat Stevens, y durante uno de sus retiros del negocio del striptease en 1982, dijo a los diarios locales que estaba escribiendo un libro sobre su vida, que se titularía ‘Desnuda’. Wightman era guapa. Rubia y seductora, posó para el Playboy en marzo de 1986 como parte de una historia sobre mujeres dj. Era el tipo de atención que no recibe cualquier stripteasera. "Era una auténtica estrella", dice Tom Tsoumas, el dueño y administrador, desde 1979, del club de caballeros Foxy Lady, en Providence, que ha seguido la carrera de Wightman desde hace tiempo y la contrató para bailar en su club a principios de los años noventa.
Pero en un mundo de caras bonitas y cuerpos bien hechos, Wightman se destacaba porque era diferente: Era inteligente, y lo hacía por dinero. Nacida como Louise Johnson en Lake Forest, Illinois, en 1959, estudió en la Escuela Emma Willard, una escuela privada para niñas en Troy, Nueva York. Pero apenas a las seis semanas de comenzado el año escolar, Wightman confesó a la directora que había fumado marihuana en una fiesta. "Esa tarde me volví a casa en el tren, hecha pedazos", escribió Wightman en un e-mail.
A fines de los setenta, empezó a trabajar en el Naked i Cabaret y fue pronto conocida como la stripteasera de los hombres inteligentes. Los clientes se desmayaban. Luego vino la atención. Cuando se casó el 14 de mayo de 1983, con Mitchell Zweibel, hicieron sus votos matrimoniales en la Trinity Church, en Back Bay.
De hecho, fue una idea que ella misma había promovido. Ser una stripteasera, dijo al Boston Herald en octubre de 1985, era como ser una especie de terapeuta. "La gente me pide consejos", dijo. "Supongo que es porque soy honrada". Se veía a sí misma como una versión más joven y sensual de la doctora Ruth.
Wightman se divorció de Zweibel en 1985 y se casó pronto con Donnie Wightman, un agente de policía de Boston. Se mudaron a Hanover. Obtuvo una licencia real como agente inmobiliaria y tuvieron una hija. Pero le dijo al Globe en 1993 que se sentía miserable con su vida sedentaria y que fue entonces que empezó a trabajar en el Foxy Lady y también empezó una breve pero exitosa carrera en el culturismo. Marcy Baskin, una entrenadora personal de Hanover, que se convirtió en amiga de Wightman, recuerda lo duro que trabajaba Wightman en el gimnasio New England Healt & Racquet Club. Ganó dos torneos amateurs de culturismo en 1993 y en 1996 fue entrevistada para la revista Women’s Physique World bajo el titular de: "IQ de 138, Asiento 86".
"Su cuerpo", dice Baskin, "era perfecto". Pero para entonces Wightman estaba dispuesta a volver a reinventarse a sí misma. Y esta vez quería usar su cabeza.

22 de enero de 2006

©boston globe
©traducción mQh

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de ronda con policía musulmán


[Mary Jordan] Los críticos incluyen a agentes blancos y miembros de su fe.
Londres, Gran Bretaña. Cuando el agente de barrio de Scotland Yard, Saeed Hajjaj detuvo hace poco a un joven acusado de robo, el hombre le dijo enfadado: "Eres un musulmán. No deberías trabajar en la policía".
"También tú eres musulmán", le dijo Hajjaj. "Y no deberías robar".
En estos días, en Londes es a menudo complicado ser musulmán, a menudo difícil ser un agente de policía y siempre duro ser las dos cosas.
Mientras otros creyentes musulmanes están encantados de toparse con Hajjaj, un hombre de 25 de piel morena que patrulla a pie su barrio de Londres del Este saludando a la gente en árabe, otros se asombran de porqué se ha unido a un cuerpo policial abrumadoramente blanco y con la reputación de ser racista.
Todavía otros son derechamente hostiles. Consideran a los agentes de policía uniformados como los representantes más visibles de las guerras que libra el gobierno en Iraq y Afganistán que han terminado con la vida de muchos musulmanes.
Mientras la población musulmana de Europa aumenta rápidamente -ahora hay casi dos millones de musulmanes en Gran Bretaña y 15 millones en la Unión Europea-, los gobiernos están trabajando con variados grados de éxito y entusiasmo para integrar a los inmigrantes no sólo en la sociedad sino también en el gobierno.
Musulmanes y funcionarios policiales coinciden en la importancia de contratar a musulmanes para funciones policiales, pero está demostrando ser particularmente difícil. En su opinión, tener más agentes musulmanes puede ayudar a mitigar las ásperas relaciones entre las poblaciones mayoritarias y una minoría respetuosa de la ley y forjar mejores vínculos con las comunidades que han refugiado a extremistas violentos.
La Asociación de Policías Musulmanes, que apoya a los musulmanes en el cuerpo, calcula que de los 30 mil agentes de Scotland Yard, sólo unos 300 -el uno por ciento- son musulmanes, aunque casi el diez por ciento de los londinenses son musulmanes.
Una portavoz de Scotland Yard dijo que el cuerpo no lleva estadísticas sobre la religión de sus empleados, pero que estaba tratando de incrementar la diversidad étnica debido a que el siete por ciento de los agentes pertenecen a minorías.
"Si uno de nueve londinenses es musulmán, entonces quiero que uno de nueve agentes sean musulmanes", dijo Ian Blair, el comisario de la policía metropolitana el verano pasado. "Eso significa que nos faltan unos dos mil".
Hajjaj, cuya fotografía es usada frecuentemente en anuncios de Scotland Yard, quería ser agente de policía desde que tenía 14 años. Sorprendentemente alto -un metro 95- y nacido en Londres de padres marroquíes, dijo que ve el trabajo policial como un servicio comunitario, como un puente para abreviar las diferencias culturales. Pero después de 19 meses en el trabajo, dijo, ha resultado ser más difícil de lo que creía, y no está seguro de si seguirá por mucho tiempo más.
La cultura del cuerpo policial no es siempre acogedora, dijo Hajjaj. Como muchos musulmanes, no bebe alcohol, y sabe que en el cuerpo se forjan muchos vínculos y se acuerdan ascensos en sesiones de bebida después de horas de trabajo. Y las comisarías inglesas no fueron diseñadas con las oraciones en mente. Así que Hajjaj desenrolla su estera verde y amarilla para las oraciones en un pequeño espacio en la oficina de un sargento con paredes de cristal y sin ninguna privacidad. Cuando está ocupada, utiliza el vestuario.
"Yo nací aquí. Amo a Gran Bretaña", dijo, pero sin embargo lo llaman "extranjero" como un insulto -a veces por gente de dentro de la comisaría. "Algunos respetan tu religión", dijo, negándose a dar más detalles.
Mohammad Mahroof, secretario general de la Asociación de Policías Musulmanes, dijo que muchos agentes musulmanes son atacados de todos lados, incluyendo sus familias. Un agente de policía londinense le dijo que hace poco sus familiares le habían roto la mandíbula como una advertencia para que abandonara el cuerpo. Mahroof dijo que el agente no quiere ser identificado públicamente y explicó que la presión puede ser tan intensa que hay inclusive policías "en el armario", agentes que no se atreven a contar lo que hacen ni a sus familias.
Un agente musulmán uniformado, dijo Mahroof, fue hace poco golpeado frente a la mezquita de Shadwell por hombres jóvenes que le gritaban: "¿Cómo puedes trabajar para esa gente?" El imán denunció el incidente después de una visita de Mahroof, un veterano inspector de Scotland Yard.
Mahroof, que lleva barba larga y a menudo ropa musulmana tradicional, dijo que ha causado alarma al entrar a comisarías locales e incluso en el edificio central donde ha trabajado durante años. "Han habido alarmas terroristas a toda escala cuando he entrado", dijo, sacudiendo la cabeza.
Frecuentes cacheos en la calle de musulmanes tras los mortíferos atentados en el metro y en un autobús de Londres en julio pasado, que la policía dice que fueron llevados a cabo por extremistas musulmanes, han aumentado las fricciones entre la policía y jóvenes musulmanes en Londres. En Francia, jóvenes musulmanes marginados y enfadados provocaron disturbios callejeros durante tres semanas en octubre y noviembre, quemando coches y edificios.
Ningún distrito inglés tiene un porcentaje más alto de musulmanes que el que patrulla Hajjaj, Tower Hamlets. Aunque el censo de 2001 mostraba que el 36 por ciento de sus 200 mil habitantes eran musulmanes, funcionarios locales dicen que la cifra real es casi un 50 por ciento. Inmigrantes de Bangladesh, Pakistán, Somalia y otros países -y sus hijos nacidos en Gran Bretaña- se reúnen en más y más mezquitas en áreas de bajos ingresos que antes rebosaban de costureras judías y trabajadores portuarios irlandeses.
Muchos musulmanes mayores aquí no hablan inglés o prefieren no hablarlo. Muchos dejan rara vez los atiborrados bloques de pequeños apartamentos donde todo, desde diarios hasta tiendas de alquiler de videos, está en bengalí, sylheti (la lengua hablada por la mayoría de los bangladeses en Gran Bretaña), urdu o árabe. Es una burbuja sorprendentemente separada del cercano Canary Wharf, un vecindario de brillantes rascacielos de cristal habitado por financistas millonarios.
"Creo que he hecho mejores vínculos con la comunidad", dijo Hajjaj, relajado, mientras entraba a la mezquita de Shadwell una invernal noche reciente. Es un lugar al que sus colegas no han ido nunca. Hajjaj charla cómodamente con los imanes, parados con calcetines en la brillante alfombra verde de la cavernosa mezquita, que ha crecido en los últimos 11 años para servir ahora a dos mil personas.
Creada en un enorme espacio debajo de la línea ferroviaria de la maestranza -los cuartos vibran con cada vagón pasando por encima-, la mezquita contrasta con las viejas iglesias cristianas del vecindario, que están normalmente cerradas y desiertas. La mayoría de las tardes niños y niñas de hasta cinco años se inscriben para lecciones del Corán. Hajjaj para ahí para orar toda vez que puede.
Serio y reservado, Hajjaj sonríe más de lo que habla, pero saluda tranquilamente a prácticamete todos los que pasan. Su trabajo consiste en conocer el vecindario en los alrededores de la estación de trenes de Shadwell calle por calle, cara por cara, y ayudar a solucionar problemas que se presenten en el camino. La mayoría de los problemas tienen que ver con jóvenes desempleados que se reúnen en la calle, a menudo tocando su música a todo volumen y a veces vendiendo heroína.
Cuando empezó a presentarse por primera vez el año pasado, decía a los transeúntes: "Salaam aleikum", "Que la paz sea con usted", en árabe. Algunos se asombraron. "Nunca habían oído eso en boca de un agente".
Patrullando los alrededores de la estación de Shadwell un día reciente en una de sus rondas policiales, paró en el mercado de Watney, una ajetreada área de pequeñas tiendas y vendedores en las aceras vendiendo una colorida gama de artículos, tales como pijamas para niños y chirivías.
Se metió a Shoe World, donde saludó a una joven dependiente de Bangladesh, Parvin Begum, 26, que llevaba un pañuelo de cabeza de color aguamarina. Le dijo a Hajjaj que no tenía problemas, pero que la reconfortaba ver su cara amistosa.
"Es alguien como nosotros", dijo. "Con él podemos hablar más que con los otros".
En otro lado de la calle del mercado, Surman Miah, 48, de Bangladesh, charló con Hajjaj mientras vendía bolsas con pequeñas patatas y cebollas rojas en su puesto. Miah dijo que a veces "viene gente mala y me quitan el dinero" y que estaba agradecido de las patrullas más visibles que hacían agentes como Hajjaj.
Mientras Hajjaj continuó su ronda en Shadwell, Hassan Ahmed, 22, hijo de inmigrantes de Bangladesh, lo paró y le dijo que estaba ansioso de dejar su trabajo como manager de un restaurante.
"¿Quieres ser agente de policía?", le preguntó.
Hajjaj explicó el procedimiento y habló positivamente del trabajo, pero más tarde se mostró más circunspecto.
Hay días que consuelan, dijo. Mientras que algunos agentes han ofendido a mujeres musulmanas que llevan sus rostros y cuerpos cubiertos, durante interrogatorios, Hajjaj dice que sabe que no tiene que mirar a los ojos a una mujer, a menos que lo haga ella primero, y "no darle la mano, a menos que ella la extienda primero". Esos gestos básicos de cortesía crean buena voluntad, dijo.
Pero otros días son fastidiosos. "No hables con él. No es un musulmán", le dijo hace poco un hombre a su esposa, que volvía de saludar a Hajjaj.
Dijo que es agotador: Alguna gente no puede ir más allá del hecho de que es musulmán, otros niegan que lo sea.
"Antes, yo realmente quería ser policía", dijo. "Ahora tengo dudas. Es un trabajo muy exigente".

22 de enero de 2006

©washington post
©traducción mQh

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playboy en india


[Swati Pandey] Tomando de prestando algunas técnicas de Bollywood, la revista podría sobrevivir en un país de estrictas leyes contra la obscenidad.
A pesar de estrictas leyes contra la obscenidad, costumbres religiosas más severas y elementos fanáticos que amenazan regularmente con hacer volar salas de cine que proyectan películas eróticas, Playboy Enterprises está considerando publicar una versión india de su revista.
Probablemente no será el Playboy que se conoce en Estados Unidos. Las ediciones internacionales de Playboy están culturalmente adaptadas a sus mercados y la versión india, sin duda, será hecha a medida de una sociedad en la que las cosas más inofensivas se piden en secreto.
En diciembre, Christie Hefner, presidente de Playboy, dijo a periodistas que la revista india incluirá "elementos de Playboy como estilo de vida, cultura pop, famosas, moda, deportes y entrevistas".
Pero Playboy también puede publicar imágenes sensuales que todo indio comprenderá, incluso sin desnudos. Para eso debería aprender de las películas que se producen en Bollywood.
Gran parte de las leyes contra la obscenidad en India, redactadas después de su independencia, se parecen a las leyes británicas y estadounidenses en que definen la obscenidad de acuerdo a los sentimientos viscerales sobre lo que daña a la sociedad y sobre lo que cuenta como arte. (Una importante diferencia es que las leyes indias hacen una excepción en cuanto a materiales religiosos, con el fin de preservar en templos históricos imágenes mucho más osadas que cualquiera que haya publicado Playboy).
Pero las leyes indias no toleran la obscenidad. La venta de pornografía, en cualquiera de sus formas, incluyendo desnudos discretos, está prohibida.
Man’s World, una de las raras revistas masculinas indias perdida en un mar de revistas de chismes, apenas roza el desnudo, concentrándose en realidad en datos sobre estilo para hombres de clase media alta.
La inmensamente popular industria cinematográfica india ha funcionado acatando las reglas fijadas en la Ley de Cine de 1952, que establece un proceso de certificación para películas y un sistema de clasificación (las películas consideradas osadas son clasificadas como ‘para adultos’ y pierden las opciones de distribución). Las películas deben también adoptar otros reglamentos sobre obscenidad. La certificación no les protege.
Años de estricta censura y leyes contra la obscenidad han obligado a generaciones de directores de cine indios a dominar el arte de las metáforas sexuales. Mis padres nunca supieron cómo protegerme del sexo al estilo de Bollywood. Con los medios de comunicación estadounidenses, mis padres sabían perfectamente cuándo cubrir mis ojos, sea que fuera un momento delicado en ‘Bailando con lobos’ [Dances With Wolfes] o en un episodio de ‘Amigos’.
Pero las metáforas de Bollywood de la sexualidad se hicieron tan corrientes con el curso de los años que no tenían que ser descifradas para ser entendidas. El sexo se significaba con la música suave, palpitante; letras susurradas; rotura de brazaletes; mujeres bailando con saris mojadas.
No todas las metáforas eran buenas. Durante años, los directores indios cortaban, digamos, una abeja fecundando una flor, dos pájaros revoloteando, o un rayo rompiendo, para señalar la actividad sexual. Pero la imaginería erótica que evita el porno natural tiene un firme arraigo en la conciencia colectiva india. Hay sitios en la red dedicados a fotografías de actrices de Bollywood en saris húmedos y blusas sin espalda -hay incluso una galería de fotos con axilas de actrices.
Si Bollywood puede transformar los sobacos en algo erótico, ciertamente Playboy puede hacer lo mismo con las rodillas, pies, codos, manos o cualquier otra parte del cuerpo que eluda la censura. Con suficiente sexo al estilo de Bollywood -imágenes que los indios han aprendido a reconocer como sensuales-, Playboy en India todavía puede seguir siendo Playboy.
En realidad, Playboy debería lanzar una revolución sexual ‘en reverso’. Quizás se deba a la influencia de MTV o de internet, pero las metáforas eróticas están desapareciendo.
Las películas incluyen todavía abundantes pies desnudos y barrigas desnudas y mujeres con saris sin espalda de la vieja escuela erótica. Pero están teniendo problemas para competir con la embestida de estrellas en cortos musicales con ropas cortas y ajustadas, empujando y cimbreando al ritmo de pesados bajos. En lugar de sugerir el sexo con imágenes genuinamente sexuales, las películas indias crecientemente se privan de sugerir a favor de exhibiciones poco excitantes de más y más piel.
Playboy no puede competir con el asalto visual y auditivo de las imágenes al estilo de MTV, con o sin desnudos.
Pero si escoge sus imágenes con cuidado y se aferra a la vieja fórmula de Playboy de sexo con elegancia, podría volver a introducir la antigua y sutil tradición de Bollywood.

22 de enero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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muerte de una animadora 2


La muerte de una chica de 14, Ashley Burns, muestra porqué la animación, con todos sus cabriolas y vuelos acrobáticos, es un deporte peligroso.
Las barras de animación han remontado en popularidad. De acuerdo a la Asociación de Fabricantes de Artículos Deportivos [Sporting Goods Manufacturers Association] hoy participan en equipos de animación de aficionados unos 4.1 millones de personas en todo el país. Desde 1998, han crecido más rápido que el fútbol, y más rápido que cualquier deporte de equipo -incluyendo al fútbol y al baloncesto y el hockey sobre césped-, independientemente de que el Título IX de la ley de la igualdad de géneros abriera en 1972 otros deportes para las niñas.
"La animación ha aumentado en popularidad en los últimos 20 años, y se debe en realidad a un aumento de los niveles de atletismo", dice Lisa Moskow, la certificadora regional de seguridad de la Asociación Americana de Asesores y Coaches de Animación [American Association of Cheerleading Coaches and Advisors], una asociación nacional para la seguridad en los equipos de animación. Después de que en los años ochenta muchas escuelas secundarias en el país redujeran drásticamente sus programas de gimnasia por razones de responsabilidad jurídica, los gimnastas dejados de lado se incorporaron en los equipos de animación, obligando a las porristas tradicionales a mejorar sus habilidades gimnásticas para participar en los equipos. Muchos recurrieron a los gimnasios privados para aprender esas habilidades y los gimnasios privados pudieron entonces capitalizar el fenómeno en los años noventa y se convirtieron en gimnasios especializados en equipos de animación. Además de entrenar a los equipos locales, estos gimnasios de porristas crearon equipos estelares para competir unos con otros. "Con la introducción de los programas estelares y después de lograr que elevaran su nivel de prestación, el concepto se extendió a los programas de las escuelas secundarias que querían hacer algunas de las mismas cosas", dice Jim Lord, presidente de la asociación de animación. "La tasa de lesiones en la animación creció debido al hecho de que la animación pasó de ser no atlética, o apenas atlética, a atlética".
Mientras que los torneos han hecho subir la popularidad de la animación y la han transformado de una actividad estacional en una de entrenamientos intensivos durante todo el año, también han inspirado un examen de conciencia. El informe de 2004 del Centro Nacional de Investigación sobre Lesiones Catastróficas en el Deporte [National Center for Catastrophic Sports Injury Research] plantea la pregunta sobre cuál es la función de la animación. "¿Es una actividad que dirige los vítores de los espectadores, o es un deporte? Si la respuesta es que debe entretener a la audiencia y participar en torneos con otros equipos de animación, entonces debe haber directivas en torno a la seguridad", concluye el informe.
Pero, ¿quién va a tomar la iniciativa? ¿A nivel de escuelas secundaria, deberían hacerlo las escuelas individuales, que ya tienen dificultades debido a problemas presupuestarios, o un órgano nacional con suficiente autoridad para que los equipos y sus escuelas acaten sus reglas de seguridad? Ahora mismo, ninguna de las dos cosas parece probable. "La animación atraviesa por un período de caos", dice Susan Loomis, coordinadora de equipos para la Federación Nacional de Asociaciones de Escuelas Secundarias [National Federation of High School Associations], una organización que se ocupa de las directivas deportivas a nivel nacional.
En Massachusetts, como en muchos otros estados, la animación en las escuelas secundarias no está regulada de ningún modo significativo. Si fuera regulada por la Asociación Atlética Interescolar de Massachusetts MIAA [Massachusetts Interscholastic Athletic Association], que regula estrictamente deportes como el fútbol, el golf, y la natación, la animación debería contar, entre otras cosas, con entrenadores capacitados. En lugar de eso, en 1977, la animación se convirtió en terreno de la Asociación de Administradores de Escuelas Secundarias de Massachusetts [Massachusetts Secondary Schools Administrators Association], la asociación profesional para directores de escuelas secundarias que supervisa a clubes no-atléticos, como el equipo de debate y centros de alumnos y que considera a la animación una actividad estudiantil, no un deporte. "El director de educación física de la MIAA no quieren saber nada de eso", dice Jerry Silverman, subdirector de la asociación de directores, que está a cargo de la animación. Antes de 1977, dice, la animación no contaba con ningún tipo de reglamento.
Ya que la animación en las escuelas secundarias en este estado no está regulada por la MIAA, tampoco está sujeta a la supervisión de la Federación Nacional de Asociaciones de Escuelas Secundarias [National Federation of High School Associations] que define las reglas del atletismo a nivel nacional y que ha establecido algunas para la animación. Aunque Silverman dice que Massachusetts acata voluntariamente las reglas de la federación, Loomis, coordinadora de equipos de la federación, duda que esas normas se apliquen. "Un montón de gente dice que ellos acatan las reglas de Federación Nacional", dice. "Pero no creo que la asociación de directores la implemente, a menos que lo hagan de coach en coach y sobre la base de denuncias".
Además de eso, las escuelas individuales no están obligadas a pertenecer a la MSSAA para la animación (sólo unas 200 de las escuelas secundarias públicas del estado pertenecen a ella) -e, incluso entonces, pueden organizar "actividades" del modo que quieran. Así, por ejemplo, el programa de animación de fútbol de la Escuela Secundaria Brockton lo considera un deporte, dependiente del departamento de educación física e independiente de la asociación de directores, pero en la Escuela Secundaria Concord-Carlisle, es una actividad curricular no atlética (junto con la olimpíada de ciencias y los tribunales de debates) que pertenece a la asociación de directores y no está vinculada al departamento de educación física.
Al final, este caos burocrático coloca a las animadoras en mayor riesgo que una pirámide de tres personas de altura. "La animación no es peligrosa en sí misma", dice Lord, de la asociación de coaches. "Si nos aseguramos de que todos los coaches sean calificados, entonces desaparecerá la gran mayoría de las lesiones que se derivan de la negligencia y nos quedaremos solamente con la realidad, que es donde se corren riesgos en el atletismo".
Su organización proporciona cursos de certificación de seguridad para entrenadores de porristas, y la federación nacional ofrece programas de educación. Pero a menos que se exija que los coaches cumplan con ciertas normas, dicen los expertos, eso no va a ocurrir.
"La animación no reporta dinero, así que a menudo no hay demasiado en el presupuesto como para pagar a un coach de animación, y muchos menos para pagarles un entrenamiento en seguridad", dice Moskow, el certificador regional de seguridad para coaches. Loomis, de la Federación Nacional de Asociaciones de Escuelas Secundaria, está de acuerdo: "Los coaches de animación están en el escalón más bajo de la pirámide". Cuando siguen cursos o asisten a congresos, a menudo tienen que pagarlo de su bolsillo, dice, y agrega: "Los entrenadores de fútbol no tienen que hacer eso".

Porristas y entrenadores a nivel escolar entrenan ferozmente. En un ensayo de cuatro horas en la Universidad del Nordeste [Northeastern University] en noviembre pasado, las 24 porristas de Huskies están repitiendo su rutina para el torneo nacional en abril. Jaclyn Bent está doblada en el piso del gimnasio, chillando, agarrándose la nuca, frotándose el medio de su espalda. La estudiante de tercer año acaba ser lanzada demasiado alto en el aire, y cayó feo. "Te salen chichones y cardenales todo el rato", dice la chica de 20 después de secarse las lágrimas.
"Realmente la gente subestima la animación", dice la estudiante de segundo año Kristina Chianese, capitana del equipo. "Algunas de las atletas más locas, jugadores de fútbol y de baloncesto, intentan lo más difícil y entonces les dicen: ‘No puedo creer que hagas eso’. Nuestro equipo es mitad chicas y mitad chicos, y los tipos se pasan en el gimnasio más tiempo que todos los otros, más tiempo de los que son considerados atletas y que les pagan por ir a la escuela. Nosotros no tenemos becas, y trabajamos más duro que todos los demás".
Y no reciben el respeto que reciben los que juegan en la cancha. La Universidad del Nordeste tiene el programa de animación para la División I de más prestigio del estado, y en los últimos diez años ha estado entre las primeras cinco, y en 2002 ganó el campeonato nacional, el Super Tazón de la animación. "Para nosotros, ganarle a las escuelas del Sur fue increíble", dice Lorrie Wright, directora de coaches durante los últimos 23 años. "Allá en el sur es importante. Ofrecen becas; dependen del departamento de educación física; es una gran cosa". En el Nordeste, la animación era hasta hace dos años una actividad estudiantil, cuando se convirtió en un club deportivo. "El único beneficio que obtenemos es el tiempo de prácticas en el gimnasio", dice Wright, "pero, después de todo, esos son los equipos universitarios".
Del mismo modo que no hay un único órgano nacional de regulación para la animación en las escuelas secundarias, tampoco existe nada para las porristas universitarias. "No es un deporte de la NCAA", dice Sheely, manager de viaje y seguros de la NCAA. "Nosotros no definimos ninguna de las reglas y no somos un organismo regulador como lo somos en otros deportes".
El programa de seguros para lesiones catastróficas de la NCAA para atletas-estudiantes, sin embargo, ofrece cobertura a las porristas, y la organización está analizando los costes de su tratamiento. Después de que su asegurador, la Mutual de Omaha, constatara que las lesiones de animación representaban un 25 por ciento de las reclamaciones por lesiones catastróficas desde 1998, la NCAA decidió hacer algo. Con la animación, dice Sheely, "cuando no se supervisa adecuadamente, es cuando se empiezan a ver lesiones". Y así, para agosto de 2006, para tener la cobertura de la Mutual de Omaha, la NCAA exigirá que todos los equipos de colegios sean supervisados por un entrenador con certificación de seguridad de la Asociación Americana de Asesores y Coaches de Animación. La medida es un intento de reducir las lesiones debidas a negligencia de los coaches, pero no removerá el riesgo de lesiones graves, como parálisis, o incluso la muerte.
Aunque, en tanto que club deportivo, el equipo de la Nordeste es parte del departamento de educación física, el dinero sigue siendo un problema. "Nadie quería asegurarnos, porque nadie quería pagarnos", dice Wright. Ella reparte su salario con sus dos asistentes de preparación -embolsándose ella misma unos seis mil dólares al año- y tiene un presupuesto de 17 mil dólares. "En el fútbol eso sería un millón. Es muy frustrante", dice. Wright termina recolectando dinero para todo, incluyendo las colchonetas de cinco mil dólares que impiden que sus porristas se rompan la nuca. "Trabajamos al menos 30 horas a la semana, si no más. Sin beneficios, nada".
Mientras que las colchonetas pueden ayudar a amortiguar las caídas, muchas universidades adoptan otro enfoque, más controvertido, para limitar las lesiones: Han incorporado restricciones de peso para las chicas porristas, ostensiblemente para proteger a las porristas que las levantan y lanzan al aire. En muchas escuelas, el límite se fijó en unos 54 kilos. En la Nordeste, sólo hay límites de peso para las ‘aviadoras’, esas mujeres que son lanzadas al aire, que no pueden pesar más de 61 kilos. Muchos dicen que esas restricciones de peso son la causa de desórdenes alimentarios que a menudo sufren las porristas. "Cuando me doy cuenta de que una chica no está comiendo o que va a los lavabos, encaro el asunto", dice Wright.
Los chicos de la animación tienen sus propios problemas. En 2004, un animador de la Academia de la Fuerza Aérea en Colorado fue sorprendido tomando esteroides. "He oído de un montón de tipos que toman esteroides", dice Rob di Vincenzo, 20, un estudiante entrante del Emerson College que está tratando de hacerse con un lugar en Pro X, un equipo de animación profesional a nivel nacional que realiza cabriolas extremas. "Ocurre. Pero es un secreto".
A pesar de los riesgos, las porristas probablemente continuarán haciendo lo que piensan que deben hacer en el deporte que aman. "Dientes quebrados, concusiones, clavícula quebrada -una lesión tras otra y otra que sólo esperan que ocurran", dice Di Vincenzo.
"Es definitivamente peligroso", accede Chianese, la capitana de las porristas de la Nordeste. "Le puede pasar a cualquiera".
De regreso en el gimnasio de la Nordeste, la estruendosa base de Metallica anima a las porristas de Huskie. Las mujeres caen de pirámides de tres personas de altura -a veces de cabeza, a veces de espalda. Un tipo, frotándose el pecho furiosamente después de golpearse debido a un error de un compañero de su equipo, camina en círculos profiriendo blasfemias. Otro tira violentamente la camiseta al suelo y sale dando zancadas, sólo para volver con dos bolsas de hielo, que él y un compañero se pegan a sus espaldas.

8 de enero de 2006


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muerte de una animadora 1


[Gretchen Voss] La muerte de una chica de 14, Ashley Burns, muestra porqué la animación, con todos sus cabriolas y vuelos acrobáticos, es un deporte peligroso.
"¡Agáchense, agáchense!", grita Josephine Miele, 88, a las fans que obstaculizan su vida de Cassandra Dugas, su biznieta y la capitana de ensayos de los Mustangs, el equipo femenino de la barra de la Escuela Secundaria Medford.
Es frenético, casi todo el tiempo. "Dios mío, no tienes ni idea. Hace una semana que tengo los nervios destrozados", dice la ronca mamá de Cassandra, Debbdy Dugas, antes de empezar a gritar. "¡Ahora, Medford, arriba!" Es una apasionada, como las cinco generaciones de la familia Dugas, y ha empezado a gritar animando a su hija de 17, Cassandra, que compite en la Torneo de Barras Regionales en la Escuela Secundaria de Burlington. Cinco generaciones, apretujadas en la primera fila del gimnasio, rodeadas de cientos de ruidosas fans, familias e incluso jugadores de fútbol, que, en un cariñoso gesto, han venido a apoyar a sus partidarias.
Mientras los 22 Medford Mustangs -pelo lacado y sujeto atrás con chispeantes gomitas rojas, pesado maquillaje al estilo de Tammy Faye Bakker, practicaron la noche pasada hasta la perfección- hacen cabriolas en la enorme colchoneta azul, en la casa la abuela de Cassandra, Marianne Dugas, se inclina y susurra: "Mi corazón está que explota de orgullo".
Hay una explosión. Un borrón de brazos y piernas y uniformes sincronizados a los compases mezclados de números disco de principios de los años ochenta, tocados a toda velocidad. Las chicas vuelan sobre la colchoneta, cayendo, rodando y brincando. Las chicas son lanzadas hacia arriba, más arriba, en el aire. Forman precarias pirámides. Hacen una pausa para entonar su característico vitoreo -casi como una ocurrencia tardía, parece, ya que las gimnásticas cabriolas cosechan intensos ‘uuhs’ de la audiencia. Cuando una de las chicas cae, escurriéndose de las manos de sus compañeras, se produce una reacción todavía mayor.
Fue una maniobra similar, pero fracasada, ensayada por este mismo equipo el verano pasado, la que hizo renacer la preocupación a través del estado, y el país, sobre la seguridad de las animadoras. Uno de los miembros más jóvenes de los Mustangs, Ashley Burns, de 14, murió en agosto debido a las lesiones que sufrió durante las prácticas, antes inclusive de que empezara la temporada, y ahora no es difícil imaginar que los padres de las otras animadoras estén observando con un poco más de inquietud mientras las chicas vuelan y dan volteretas en el aire.
"Siempre me he preocupado sobre sus peligros", confiesa el padre de Cassandra, Phil Dugas, un antiguo jugador de hockey juvenil. "Al principio no quería que fuera animadora. Son también niñas las que deben recoger a otras niñas".
El clan Dugas se pone inquieto a medida que pasa noviembre y las enérgicas rutinas de dos minutos se funden unas en otras. Para un observador sin experiencia, todas parecen lo mismo. Pero el padre de una animadora sabe mejor. "Nuestra rutina es más difícil", dice Dugas. Lo atribuye a los 200 dólares que paga todos los años cada miembro de la barra de Medford para pagar a un coreógrafo -dinero reunido, en parte, agitando una lata frente al Dunkin’ Donuts. El jurado, por supuesto, sabe exactamente en qué debe fijarse, y sus hojas de puntajes son actualizados todos los años para que reflejen las cabriolas especiales que ofrecen la mayoría de las barras más preparadas.
Y el momento finalmente llegó. Los miembros del jurado han sacado la cuenta de sus anotaciones para los 12 equipos participantes. Los Dugas se aferran al borde de las butacas. Las Medford Mustangs, anuncia el maestro de ceremonias, están en segundo lugar. "Están realmente decepcionadas", dice Debby Dugas más tarde. Esperaban salir primeras -al menos, hasta que se cayó la chica.
Caer de varios metros en el aire no era normalmente un riesgo de una barra. Desde su inicio, ampliamente reconocido, en 1898, cuando el activo estudiante de la Universidad de Minnesota, Johnny Campbell, cogiera un megáfono, reclutara a varios ‘gritadores’ masculinos y dirigiera los gritos de ánimo del público, la animación no era más que manso boato. Los hombres han participado siempre en la animación -incluso el presidente Bush fue un animador en la Phillips Academy, en Andover-, pero las mujeres se incorporaron en los años veinte y finalmente llegaron a dominar la actividad.
Durante décadas, los gritos de las barras no tuvieron nada que ver con proezas atléticas. Si podías coger un megáfono y sacudir un pompón centelleante, te hacías miembro de la barra. Pero ahora, las cabriolas se hacen más difíciles y peligrosas cada año. De acuerdo a la Comisión para la Seguridad de los Productos de Consumo de Estados Unidos [US Consumer Product Safety Commission], las lesiones entre animadoras de la secundaria y de la universidad han más que duplicado desde principios de los años noventa, con un número estimado de visitas a la sala de urgencias subiendo de menos de 12 mil en 1991, a cerca de 28 mil en 2004. Y ningún otro deporte se acerca siquiera a la animación en términos de lesiones graves, como traumas espinales y encefálicos, de acuerdo al Centro Nacional de Investigación de Lesiones Deportivas Catastróficas [Catastrophic Sports Injury Research], de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. De las 101 lesiones catastróficas sufridas por chicas de la secundaria y universitarias entre 1982 y 2004, un 55 por ciento lo fueron en la animación -más que todos los otros deportes combinados. El doctor Frederick Mueller, director del centro, lo dice francamente: "No hay ninguna duda de que la animación es el deporte femenino más peligroso".
Algunos dirían que la animación es el deporte más peligroso, punto. Estadísticas recientes de la Asociación Nacional de Atletismo Intercolegial NCAA [National Collegiate Athletic Association] sugiere que puede ser todavía más peligroso que el fútbol americano, el deporte para la que fue creada. El año pasado, el Programa de Seguros de Lesiones Catastróficas de la NCAA constató que desde 1998 un 25 por ciento de todos las reclamaciones provenían de atletas universitarias que participaban en barras de animación. "Sólo el fútbol está primero, y no por demasiado puntos", dice Juanita Sheely, manager de viajes y seguros de la NCAA. Cuando se considera la ratio de animadoras universitarias con los jugadores de fútbol americano -12 a 100, calcula Sheely-, la cifra de 25 por ciento es realmente impresionante.
Sólo durante el año escolar 2003-2004, seis animadoras en todo el país sufrieron lesiones catastróficas, de acuerdo al centro de investigación de Mueller. Entre las estudiantes secundarias, una se golpeó la cabeza y fue colocada en un coma inducido médicamente para reducir la hinchazón del cerebro. Otra fue golpeada en la espalda por una compañera de barra, provocándole una contusión de la médula espinal, y todavía otra quedó lesionada cuando sus compañeras no la recibieron a tiempo. A nivel universitario, una cayó de cabeza al suelo y se fracturó la vértebra cervical y se daño la médula espinal, quedando inválida permanentemente, y otra cayó al suelo después de haber sido lanzada al aire; quedó paralítica. La única muerte ocurrió cuando el corazón de una chica de la secundaria dejó de funcionar durante una práctica.
"No se parece en nada a lo que hacíamos cuando éramos niñas", dice Debby Dugas sobre sus días de porrista en los años sesenta. "Todas las niñas éramos del equipo. No tenías que ensayar como ahora. Ahora todo es ensayos y torneos". Para los típicos miembros de los Medford Mustangs de hoy, la animación es un serio compromiso para la mayor parte del año -practican casi todos los días, compiten los fines de semana, participan en el circuito nacional, y, por supuesto, animan los partidos de fútbol y balonmano. (Los entrenadores de Medford rehusaron hablar con Globe para este reportaje). Dugas dice que la animación mantiene a su hija, un estudiante de cuadro de honor, concentrada: "Es lo mejor que le ha pasado en la vida".
Llegar a ser miembro de la barra de los Mustangs era un sueño a punto de lograr para Ashley Burns, una pequeña chica de pelo castaño rizado y un ramillete de pecas sobre su nariz respingada, que empezó a hacer animación para los equipos de fútbol de Pop Warner cuando estaba en primero, dice una amiga de la familia, Angela Murphy. En 2005, la estudiante de una escuela técnico-vocacional era una de sólo un puñado de novatas que se hicieron con un lugar en los equipos de animación combinados de la Escuela Secundaria Medford y de la Escuela Secundaria Técnico-Vocacional Medford, que habían ganado un campeonato nacional el año anterior. "Estaba tan feliz de estar en el equipo de la escuela Medford", dice Murphy. "Era una aviadora, siempre le gustaba estar arriba... Recién había aprendido a dar volteretas de espalda. Pasó de ser la niñita que no hacía nada sin que mi hijo la sujetara por la espalda, a la chica completamente segura de sí misma".
La tarde del martes 9 de agosto -casi un mes después de entrar a la barra universitaria-, la abuela de Ashley, Ruth Burns, llevó a Ashley al East Elite Cheer Gym en Tewksbury para una sesión de entrenamiento pre-temporada con sus nuevas compañeras.
Ashley, apenas de 1 metro con 49 y 41 kilos, estaba ensayando una complicada cabriola, un arabesco doble. Tres compañeras la sostenían en el aire con un solo pie. La lanzaron en el aire. Ashley giró una vez y luego, en lugar de volver a girar y aterrizar sobre su espalda, cayó bruscamente sobre su estómago. Poco después se quejó de dolor en el abdomen. Pensó que se había quedado sin aire. Eso pasa todo el tiempo. Pero pasaron los minutos y ella no se sentía mejor; de hecho, estaba peor. Su entrenadora, Julie Brown, llamó al 911 justo antes de las 5 de la tarde. Ashley todavía podía hablar cuando llegaron los paramédicos, pero entonces tenía problemas para respirar y perdió la conciencia. Una hora después fue declarada muerta y la autopsia más tarde reveló un bazo lacerado debido a un trauma abdominal.
Murphy no considera la muerte de la chica como un entredicho de la animación. "Ellas lo toman en serio", dice. "Y eso fue mala suerte, y nadie sabrá nunca por qué pasó".
El hijo de Murphy, Brian, que ayudó a criar a Ashley desde que era niña, dice que había estado haciendo volteretas en el patio de atrás el domingo justo antes del accidente. La animación "te da un montón de respeto hacia ti mismo", dice. "Es uno de los deportes más duros que he practicado y eso que he jugado fútbol durante seis años. Por difícil que sea para las compañeras de Ashley su muerte, agrega, "todas las chicas aquí ponen su corazón y su alma en el deporte, y esto no será algo que las disuadirá. Podría haber sido un choque en el camino de vuelta a casa".
No sorprendería si los padres se aferran a esa idea como a un bote salvavidas o si las animadoras repitieran las palabras ‘mala suerte’ una y otra vez, como una tranquilizadora invocación. Las chicas tienen que conservar la confianza que necesitan para hacer lo que hacen. Pero los padres sin duda se preocupan, como los padres de cualquier atleta. Incluso así, Debby Dugas dice que nunca impediría a su hija las estrechas amistades y las capacidades de liderazgo que Cassandra ha desarrollado gracias a la animación. Como lo dice Angela Murphy: "Es un deporte donde las chicas realmente forman una familia. No me importa lo que digan los demás; es tan seguro como cruzar la calle".

8 de enero de 2006

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desaparecidos


[Scott Allen] Todos los años desaparecen miles de enfermos mentales, y sólo se dan cuenta familiares y amigos.
La desaparición de Lorne Boulet Jr. fue inesperada. Ahora hace más de cuatro años, el infantil esquizofrénico salió de su casa una tarde de verano a dar un paseo y todavía no vuelve.
James Rowe pasó de los mareos a los sollozos en su última conversación telefónica con su hermana, mientras le contaba el modo en que en julio de 2004 una charla sobre desarrollo personal lo había cambiado. En los días siguientes, el dueño de un restaurante de Colorado abandonó su vehículo, se rapó y se metió al bosque: desde entonces su familia no ha sabido nada de él.
Michael Hogan, un hombre tímido con un trastorno obsesivo compulsivo, dejó un día su trabajo en Vermont, diciendo que necesitaba estar solo. Ocho meses más tarde, su madre todavía está tan convencida de que llamará, que ha dejado un mensaje en el contestador: "Michael, si eres tú, por favor dime cómo puedo tomar contacto contigo... Te echo mucho de menos".
Boulet, Rowe y Hogan son unos de los miles de hombres y mujeres con enfermedades mentales que desaparecen cada año. De sus desapariciones apenas se enteran sus familias y un puñado de organizaciones dedicadas a mantener vivas sus esperanzas. Sus miembros creen que la mayoría de los ocho mil adultos desaparecidos que el FBI ha clasificado como "en peligro" o "incapacitados", sufren de algún tipo de enfermedad mental y pueden haber sufrido una ruptura psicológica con la realidad que los lleva a abandonar sus vidas antiguas o a intentar el suicidio.
Los desaparecidos tienden a ser hombres, y sus problemas de salud mental ocupan toda la gama de crisis nerviosas repentinas frente a la adversidad, y enfermedades crónicas tales como esquizofrenia, que puede provocar delirios o sentimientos de paranoia. El síndrome bipolar, que causa cambios repentinos de humor, también explica algunas de las desapariciones; sus víctimas obedecen a impulsos imprevisibles.
"Normalmente hay una especie de lógica interna" cuando personas con alguna enfermedad mental huyen, "aunque parezca extraño a otras personas", dice el doctor Dost Ongur, director del programa de esquizofrenia y síndrome bipolar en el Hospital McLean. "Pueden decir que necesitan enlistarse en el ejército porque realmente sienten la necesidad de ir a Iraq a ayudar a Estados Unidos, mientras que los demás dirán: ‘Tienes 65 años, y la espalda mala. No me parece que sea una buena idea’".
La desaparición de un adulto -especialmente de un hombre- usualmente no desencadena las búsquedas intensas a nivel nacional que lanzan las agencias policiales cuando desaparece un niño. Sus desapariciones no despiertan inmediatamente temores de juego sucio, de modo que a veces la policía es lenta en investigar meticulosamente. Y legalmente los adultos pueden cambiar de vida, aunque no piensen claramente.
"Un adulto tiene derecho a desaparecer", dice Roy Weise, asesor de los Servicios de Información de Justicia Criminal del FBI, que lleva el listado nacional de personas desaparecidas. "La esposa puede pensar que su marido ha desaparecido, pero él tiene derecho a estar donde quiera". Los hospitales y refugios de sin techo, que a menudo acogen a gente con problemas mentales, también se encuentran en apuros, ya que deben proteger la privacidad de los clientes cuando familiares desesperados preguntan por ellos. "Si un familiar me llama y dice: ‘Estoy buscando a mi hermano’, le enviaremos un mensaje a esa persona", dice John Yazwinski, del refugio para sin techo Father Bill’s Place en Quincy. Pero, agrega, es el residente del refugio quien decide si responder o no.
Como consecuencia, los familiares se sienten como si ellos mismos debieran encargarse de las búsquedas, hacer circular avisos de ‘desaparecidos’, abrir y mantener sitios en la red, reunir dinero para recompensas, y entregar a la policía las pistas que encuentren.
Louise Holmburg, de Bristol, New Hampshire, ha convertido su furgoneta en una valla de anuncios itinerante sobre su sobrino Boulet, con su fotografía a un lado y una dirección e-mail (findlorne@yahoo.com) para pistas. Dice que la gente a menudo asume que debido a que Boulet tiene 25 años y pesa más de 90 kilos, puede cuidar de sí mismo, pero "él es en realidad un niño... Supongo que perdió la lucidez y se marchó".
Holmburg, como otros familiares de desaparecidos con enfermedades mentales, se amarga por la falta de interés público en comparación con la enorme atención que se da a casos sensacionales como ‘la novia fugitiva’, Jennifer Wilbanks, que dijo originalmente que había sido secuestrada antes de confesar que escapó debido a la ansiedad que le causaba la boda.
Funcionarios del Proyecto Jason, una organización de Nebraska, que informa sobre los desaparecidos, dijo que los medios de comunicación habían prestado atención a sólo uno de sus siete últimos comunicados sobre un adulto desaparecido, la mayoría de los cuales tienen enfermedades mentales.
Una vez que la gente mentalmente enferma abandona su área habitual, dicen los miembros, es improbable que sean localizados a menos que la policía los detenga, de casualidad, y verifiquen su nombre en el Centro Nacional de Información Criminal del FBI, que tiene un listado de desaparecidos que sólo pueden consultar agencias policiales.
El Centro Nacional de Adultos Desaparecidos, privado, mantiene el listado público más extenso (www.theyaremissed.org), pero su página incluye sólo 1.173 nombres, y sólo una parte de ellos son enfermos mentales.
"No sólo es como buscar una aguja en un pajar, sino que además se trata de un millón de pajares, y con los ojos vendados", dice Kelly Jolkowski, fundador del Proyecto Jason (www.projectjason.org), llamado así por su hijo de 19, que no era un enfermo mental pero que desapareció frente a su casa en Nebraska en 2001. "Realmente, existen pocos recursos para los adultos desaparecidos".
Muchas familias se desalientan por la falta de progresos -e inclusive interés- en la búsqueda de sus familiares. La gente con diagnóstico de trastorno mental probablemente suspenderá sus medicaciones, convirtiéndoles en más imprevisibles a medida que pasa el tiempo, y es más probable que se causen daño a sí mismos. Hasta un 40 por ciento de la gente con esquizofrenia intenta en algún momento el suicidio, y es más probable que las personas con enfermedades mentales más graves usen drogas, colocando su seguridad en peligro.
James Bowman, de Kiamesha Lake, Nueva York, sospecha que su hijo está muerto, un año y medio después de que saliera de casa en mitad de la noche. Patrick Bowman, que tendría ahora 47, sufre de síndrome bipolar, que le provoca profundos e imprevisibles cambios de ánimo, dijo su padre, un problema que empeoró con la adicción a la cocaína.
"Lo que le puede haber ocurrido sólo lo limita tu imaginación", dijo el viejo Bowman. "Lo único que quiero es que no sufra".
Funcionarios del FBI dijeron que para las familias la situación está lejos de ser desesperada. Las agencias policiales chequean sus bases de datos cinco millones de veces al día, incluyendo los chequeos rutinarios de gente detenida por infracciones de tráfico. Funcionarios de la agencia estiman que los chequeos de la policía con la lista del FBI contribuyó el año pasado a la localización de 50 mil adultos y niños desaparecidos, aunque sólo una pequeña fracción de ellos eran adultos con enfermedades mentales.
La policía dice que toman muy en serio la desaparición de adultos cuando existen dudas sobre la seguridad de la persona. Por ejemplo, en Corpus Christi, Texas, la policía realizó búsquedas con helicóptero en una remota playa el mes pasado donde un hombre deprimido había abandonado su coche dejando una carta de despedida. Samuel Young Chong había abandonado la universidad sin contárselo a sus padres, que aparentemente provocaron la desaparición de Chong cuando se aparecieron para lo que creían que sería su graduación.
Mike Walsh, jefe de investigaciones criminales de la policía de Corpus Christi, dijo: "Esperábamos, basándonos en lo que se nos dijo, que encontraríamos un cadáver. En lugar de eso, finalmente localizamos a Chong en Los Angeles, donde permitió que un pariente se reuniera con él en un cyber café, y lo persuadió de volver a casa".
Pero por cada persona desaparecida como Chong, cuyos casos tienen un final feliz, hay muchos más como el de Michael Jarvi, de Naselle, Washington, un hombre con esquizofrenia que fue visto por última vez cuando abandonaba su Ford Escort en un camping para caravanas de Oregon en marzo de 2002. Sus padres se enteraron por un club de videos que la subscripción de Jarvi había sido pagada hasta abril de 2005, sugiriendo que todavía está vivo, pero la mayoría de las otras pistas no han llevado a ninguna parte.
"¿Cómo puedes siguiera suponer dónde se encuentra?", dijo el padre de Jarvi, James Jarvi. "Piensas todos los días en ello, pero te acostumbras a esperar lo mejor".

Se puede escribir al autor a
allen@globe.com

16 de enero de 2006

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bush contra salim hamdan 7


[Ionathan Mahler] Aunque una nueva ley privará a los detenidos de Guantánamo de habeas corpus y de acceso a tribunales estadounidenses, Hamdan logró que se mantuviera la decisión de la Corte Suprema, que verá su caso contra Rumsfeld.
Para Swift, que fue nombrado por el gobierno, fue bastante difícil ganar la confianza de Hamdan cuando empezó a reunirse con él -con su uniforme de la Marina- a principios de 2004; ahora se pasa todo el tiempo tratando de ganarla nuevamente. A medida que los períodos de detención indefinida de cientos de hombres musulmanes, muchos de ellos partidarios del extremismo musulmán, entra en su quinto año, Guantánamo se está convirtiendo en un semillero de sentimientos anti-norteamericanos. Para el gobierno, la radicalización de Guantánamo es un problema complicado. La principal forma de protesta en los campos es la huelga de hambre, y un prisionero que se mate a sí mismo dejando de comer, transformaría a Guantánamo, que ya es un problema de relaciones públicas, en un completo desastre. (Para el 30 de diciembre, más de 30 detenidos habían sido hospitalizados y alimentados forzosamente). La radicalización también socava uno de los principales objetivos del encarcelamiento: la disuasión. Como dicen los detractores de Guantánamo: "Si no eras terrorista cuando llegaste al campo, seguramente lo serás cuando salgas".
Pero la radicalización también tiene sus ventajas para el gobierno de Bush. El verano pasado algunos detenidos dijeron a sus abogados estadounidenses que dejarían de verlos, y varios de ellos llegaron incluso a despedirlos formalmente. El gobierno considera las legiones de abogados defensores que trabajan gratuitamente para los detenidos -desde abogados de bufete hasta abogados de derechos humanos y profesores de derecho- un obstáculo para proseguir su guerra contra el terrorismo. Entre otras cosas, los abogados han presentado cientos de peticiones de habeas corpus para recusar la continuada detención de sus clientes sin posibilidad de recurrir.
Más ampliamente, la radicalización ayuda a justificar la existencia de Guantánamo. Mientras más anti-norteamericanos devienen los detenidos, más grande el peligro que representan y por tanto más necesario que continúen en detención. Así que cuando Swift se enteró por primera vez de la decisión de trasladar a Hamdan junto a al-Bahul, se preguntó si acaso la decisión era deliberada. "Si logran radicalizar a Salim", dijo, "entonces podrán justificar su juicio". (El Pentágono se negó a explicar por qué un detenido puede ser trasladado).
En agosto pasado Hamdan se unió a una huelga de hambre en la prisión para protestar contra las condiciones de detención en Guantánamo. Las numerosas exigencias de los detenidos incluían la devolución de los libros religiosos que les habían sido confiscados. Cuando Swift visitó a Hamdan en agosto, lo encontró inusualmente intransigente. Durante dos días Hamdan se negó a recibirlo del todo. Poco después de que Swift volviera a casa en Virginia del Norte, recibió una llamada de otro abogado de Guantánamo, informándole que Hamdan, un hombre delgado para comenzar, se había desmayado en su celda debido a la deshidratación y había sido llevado a la clínica médica del Delta y le habían colocado suero. Swift viajó de vuelta a Bahía Guantánamo casi inmediatamente y logró persuadir a Hamdan de que comenzara a comer de nuevo, apelando al mismo sentimiento de solidaridad que dice que lo llevó a unirse a la huelga en primer lugar. El mejor modo de ayudar a los otros detenidos, le dijo Swift, era no convertirse en mártir él mismo sino continuar desafiando al sistema.
Como el gobierno, los abogados de Hamdan también lo ven como mucho más que un detenido; para ellos, representa el pretexto para el histórico e inconstitucional control del poder presidencial. Los abogados de Hamdan y otros críticos piensan que el gobierno, al instituir los tribunales, definir los delitos y determinar unilateralmente la composición de los tribunales, no sólo niega a los detenidos un juicio justo, sino además viola uno de los principios fundamentales del gobierno norteamericano. Dicen que el gobierno de Bush está minando los valores mismos que dice defender en su guerra contra el extremismo musulmán. Les gustaría que Hamdan y otros combatientes enemigos sean juzgados por un tribunal militar tradicional, que es un sistema jurídico preexistente aprobado por el Congreso con disposiciones incorporadas para las complicaciones que surjan durante tiempos de guerra.
Katyal, que sirvió como co-asesor del vice-presidente Gore en el pleito por las elecciones de 2000, hace una clara distinción entre hacer una guerra, una acción sobre la que el presidente debe tener una autoridad más amplia, y la dispensación de justicia. Y así, trabajando por propia cuenta con el apoyo de investigaciones de una floja red de estudiantes de derecho de las universidades de Georgetown, Yale y Michigan, junto con abogados del bufete de abogados Perkins Coie, Katyal, ha escrito cientos de páginas de escritos argumentando que el presidente no tiene la autoridad para crear esos tribunales sin la aprobación explícita del Congreso ni el derecho a negar a Hamdan la condición de prisionero de guerra, privándolo por ello de las protecciones garantizadas por las Convenciones de Ginebra. "Las Convenciones de Ginebra fueron escritas precisamente para dificultar a los líderes políticos, que están bajo presión política, que suspendan los derechos básicos y las protecciones de que gozan los prisioneros de guerra", dice Katyal. "En el momento en que dejemos que un presidente determine quién es o no prisionero de guerra, otros países empezarán a hacer lo mismo con nosotros".
Los argumentos de Katyal fueron acogidos por un tribunal federal de Washington en otoño de 2004. Justo en el momento en que empezaba la segunda vuelta de las vistas preliminares de Hamdan en Guantánamo, el juez James Robertson, ex oficial de la Marina, resolvió a su favor, declarando que los tribunales eran ilegales y terminóo abruptamente los procedimientos 30 minutos después de que hubieran empezado. Sin embargo, en julio de 2005, una comisión de tres jueces de una corte de apelaciones, que incluía a John G. Roberts, ahora presidente de la Corte Suprema, revocó la resolución. Katyal y Swift solicitaron una revisión a la Corte Suprema, y en noviembre, después de retrasar el caso durante varias semanas, la corte anunció que vería el caso de Hamdan contra Rumsfeld.
Sin embargo, no fue la palabra final. La Corte Suprema acababa de considerar el caso de Hamdan cuando un senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham, introdujo una enmienda de último minuto a un proyecto de ley que niega explícitamente el derecho de habeas corpus o acceso a tribunales federales norteamericanos a los detenidos de Guantánamo. Ese había sido el objetivo del gobierno desde el momento en que empezó a bosquejar su estrategia legal de su guerra contra el terrorismo después del 11 de septiembre de 2001, pero la última vez que el tema se vio ante la Corte Suprema, en la primavera de 2004 en otro caso de un detenido, la corte resolvió contra el presidente (con una ruidosa disensión del juez Scalia). Ahora Graham intercedió efectivamente a nombre del gobierno con una medida que desmentía la decisión de la Corte Suprema.
Sin embargo, pocos días después el senador Carl Levin, un demócrata de Michigan, convenció a Graham de modificar la redacción de la enmienda de modo que no descarrilara los casos pendientes, incluyendo el de Hamdan contra Rumsfeld. Desde entonces ha sido aprobado en la Cámara y en el Senado y cuando este artículo iba a imprenta, sólo esperaba la firma del presidente.

¿Qué pasará con los cientos de detenidos que todavía no han presentado una demanda recusando sus detenciones? Aparte del juicio o de continuar su detención, la única opción para Estados Unidos es enviarlos de vuelta a sus países de origen. Hasta la fecha, el gobierno ha dejado en libertad a 260 hombres, incluyendo a un puñado de yemeníes, todos los cuales siguen en prisión en Yemen, sin duda a petición del gobierno de Bush. Pero Yemen es un aliado imprevisible. En noviembre, Estados Unidos lo excluyó de un programa de ayuda por un valor de cientos de millones de dólares, refiriéndose a la permanente corrupción oficial, la irresponsabilidad fiscal y el fracaso a la hora de introducir reformas democráticas. Entretanto, el fundamentalismo musulmán continúa reuniendo fuerzas en Yemen. Hace poco, tres de los extremistas más conocidos del país, incluyendo a al-Zindani, uno de los mentores espirituales de bin Laden, llamó a formar una nueva coalición dedicada a combatir a los enemigos del islam y a fomentar los valores musulmanes. La continuada detención de cien yemeníes en Bahía Guantánamo no hace más que ayudar su causa y aumentar su influencia ante el presidente Saleh. Así que Estados Unidos se encuentra atrapado entre dos opciones desagradables: mantener detenidos a estos hombres en una guerra contra el terrorismo potencialmente infinita, o devolverlos a un caldo de cultivo del radicalismo musulmán en Yemen.
Por su parte, las preocupaciones inmediatas de Hamdan tienen más que ver con el día a día de la vida en Bahía Guantánamo -cuánto tiempo pueden los prisioneros dedicarse a hacer ejercicios y a qué hora del día, qué libros se les permite leer, qué artículos de lujo pueden conservar en sus celdas- que en el futuro de su histórica demanda contra el gobierno de Estados Unidos. Como me dijo hace poco Schmitz, su intérprete: "Lo más importante para él es qué podemos llevarle al campo".
Poco después de que la Corte Suprema accediera a ver el caso de Hamdan contra Rumsfeld, Swift visitó la celda de Hamdan armado con varios titulares de artículos de diarios sobre el caso. Cuando Swift le dio las noticias, Hamdan sonrió. En cuestión de segundos, sin embargo, su ánimo ensombreció visiblemente, dice Swift. Entonces Hamdan le preguntó: "¿Qué es exactamente lo que he ganado?"

Jonathan Mahler está trabajando en un libro sobre el caso de Hamdan, que será publicado por Farrar, Straus & Giroux.

8 de enero de 2006


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putas gastronómicas


[Mandy Stadtmiller] Aceptan tu invitación a cenar. Son despampanantes. Eso es lo primero que ves.
¿Cómo podría un hombre resistir a llevar a cenar a estas damas, aunque sospeche que no pasará más allá del restaurante -más allá de los caros martinis-, sin la posibilidad de la bendición marital ni encamado?
Son las modernas -perdone señora Steinem- ‘putas de cenar’.
Inmortalizadas por frecuentes debates en Craiglist, y definidas más objetivamente en urbandictionary.com, el franco término no asusta a las modernas escoltas de hoy.
"El concepto de salir ha cambiado", dice la despampanante rubia de 26, Brooke Parkhurst, que calcula que en el curso de sus más de 200 salidas como puta de cenar se ha gastado en cuentas unos 30 mil dólares en Nueva York y otros sitios. "Normalmente las mujeres piensan que tienen que dar algo a cambio, mientras que yo creo que mi compañía es suficiente".
Del mismo modo, el moderno escolta masculino de hoy no tiene miedo de identificarse a sí mismo como un "vengativo puto de cenar". En Craiglist escribió alguien que había abandonado a su pareja, sin pagar la cuenta: "No, gracias, puta de cenar. No quiero ser tu ticket de comida".
Pero conoce a las damas, y decide entonces si no quieres invitarlas a cenar. Por ejemplo, Parkhurst, que dice que sus días de puta de cenar son cosa del pasado, ahora que está saliendo con un hombre que es fabuloso, obviamente, en la cocina.
"Es irónico", dice con una risa tonta. "Un puta de cenar reformada saliendo con un cocinero".
¿No conocía el término? Visite urbandictionary.com: "Una chica que busca exclusivamente una cena gratis o un regalo caro. Busca activamente a hombres de buena posición que la llevarán a cenar a restaurantes elegantes. Usualmente es suficientemente atractiva como para que el hombre ceda ante sus trucos femeninos".
Pero eso es sólo el principio.
Prepárense para entrar... al Club.
La primera regla de una puta de cenar, dice Parkhurst, que lleva la crónica de sus salidas en su bitácora Belle in the Big Apple, la ayudó a firmar un contrato con una editorial en noviembre, es que no debes decir que lo haces por oficio.
"El ego masculino piensa, por supuesto, que una chica de 25 realmente quiere salir con un hombre de 55 ", dice la novelista de SoHo y ex debutante sureña. "Pero él debería saber que es porque es él el que paga la cuenta".
La segunda regla de una puta de cenas es que no hablas sobre el tema. "Ahí es cuando empiezan a tener sospechas", dice. "Y se empiezan a desesperar".
La tercera regla: si alguna se pone bizca de aburrimiento, incomodidad o un aplastante sentido de patetismo, la velada termina -sin obligaciones. "Mi peor salida fue una con un tipo que me dejó 15 minutos en el patio, y volvió vestido con tacones de lucita de cuatro pulgadas, mallas y bragas. Era hora de despedirse".
Cuarta regla: Sólo una chica por cena. "A veces tus amigas pueden sacar provecho", confiesa. "Una vez mi pareja terminó pagando la comida de mi amiga, en Spice Market. Le dijo: ‘Lo vas a gastar de todos modos’".
Quinta regla: Una vez a la vez, chicas. "Y yo diría que debería haber una regla de tres salidas con el mismo tipo como máximo", dice, "porque después de eso se pone espeso".
Sexta regla: camisas caras, zapatos caros. "Gracias a Dios, tengo un vestido negro clásico, que puedo llevar siempre", dice. "La clave es tener una chaqueta fabulosa y tacos altos".
Séptima regla: Las cenas deben durar lo que duren. "O hasta que no puedas beber otra copa de champaña".
Y la octava y última regla es, si esta es tu primera salida como puta de cenar, tienes que pedir postre. "Al principio yo hacía eso", dice Parkhurst, "cuando no me importaba quedarme más tiempo".
Así, Belle in the Big Apple, nos lleva a una velada típica.
Ocho de la noche. "Por supuesto, primero tiene que jugar pelota vasca, ducharse y reunirse con él para un trago".
Nueve de la noche. ""Un club privado. Examina la lista de vinos, y pide el que quieras".
Nueve y media de la noche. "Aperitivos. Franceses y caros".
Diez de la noche. "Estás muerta de hambre, medio borracha, y ahora te empiezas a aburrir. Al principio, quiere saber todo, absolutamente todo sobre ti. Piensa que es maravilloso que yo tenga ilusiones, y habla sobre cómo a él lo obligó su madre a estudiar la profesión que estudió. Yo lo hago sentirse normal".
Once de la noche. "Él pide otro cóctel. Quizás oporto. Realmente se ha puesto a beber. Un poquito de comida en tu cuerpo, eso es lo ideal. Es cuando los más viejos quieren seguirla en un club, como Cain, y te pones a pensar que mejor no".
De medianoche a una de la mañana: "Tengo que poner fin a la velada. Estas son noches de semana, de lunes a jueves, que no son las noches buenas. Ten siempre la llave en la mano, de modo que puedas marcharte. Habla lo menos posible. Luego márchate. Llena y satisfecha".
¿Siente alguna vez remordimientos?
"Para la mayoría de ellos son gastos de representación", replica Parkhurst. "Los hombres dicen siempre: ‘Es sólo sexo. Es simplemente una noche’. Bueno, para mí es simplemente una cena. No siento pena por ellos. Los tipos tienen que preguntarse a sí mismos cuáles son sus intenciones". Muchas que han nadado en las aguas de las putas de cenar abandonan pronto. Como Blaise Kearsley, 33, escritora, fotógrafa y diseñadora de Brooklyn, que ha hecho una apta crónica de sus aventuras amorosas en su bitácora, Bazima. Aunque se dedicó al asunto de las putas de cenar, se describió a sí misma más como un "puta de recepciones" reformada.
"Era tan terrible que me pregunté por qué lo hacía", recuerda Kearsley, que tiene una relación de dos años. "Seguían trayendo comida que era asombroso, y mi pareja me decía: ‘No vas a creerlo’. Montones de vino, de postres, la mesa estaba constantemente llena. Pero la comida no compensaba la compañía".
Esta es una queja común de las putas de cenar reformadas. Michelle Fowler, 26, mejor conocida como Mimi Foe, y autora de una popular bitácora en Nueva York, es una periodista freelance de tres diplomas que a menudo suple la falta de dinero haciendo striptease en la ciudad. La nativa de Wales, que vive ahora en el centro, recuerda su primera experiencia como puta de cenar. Fue en Miami, en diciembre de 2002.
"Para mí, fue la oportunidad de ir a todos esos lugares estúpidos sobre los que lees en Us Weekly", dice. "Para él, yo era como un accesorio".
¿Cómo se compara su trabajo ocasional en clubes de caballeros con ser una puta de cenar?
"El striptease te da más libertad", dice. "En el restaurante tienes que ser más amable con el tipo. En un club de striptease puedes decir: ‘No lo estoy pasando bien. Lárgate’. En un restaurante, a menos que sea descaradamente rudo, tienes que respetar una especie de protocolo".
¿Y qué sobre el concepto de puta de almorzar, puta de desayunar? ¿Es posible?
"No deberías aceptar un brunch", dice Fowler. "Quiero decir, tendría que ser un brunch muy impresionante".
Piensa un rato.
"En realidad, ese sitio, Bed, sirve un brunch muy bonito", dice. "Con champaña. Eso es aceptable".Se puede escribir a la autora a mandy.stadtmiller@nypost.com

12 de enero de 2006

©new york post
©traducción mQh