abducidos
[Benedict Carey] Cómo explicar los vívidos recuerdos de los que han sido secuestrados por extraterrestres.
Personas que tienen recuerdos de haber sido secuestradas por extraterrestres se convierten en recalcitrantes escépticos. Desdeñan la procesión de científicos que explican los recuerdos como ilusiones o fantasías. Se burlan de las chácharas sobre hipnosis y el procesamiento inconsciente de guiones de Hollywood. Y se mantienen en sus trece entre las risitas de un público que piensa que están chalados o son psicóticos.
Pero no son ninguna de las dos cosas, y sus experiencias deberían ser tomadas con la misma seriedad que cualquier creencia exótica, de acuerdo a Susan Clancy, psicóloga de Harvard, que entrevistó en los últimos años a docenas de llamados abducidos, como parte de una serie de estudios sobre la memoria.
En su libro, Abducted', de próxima aparición en octubre, la doctora Clancy refuta y defiende al mismo tiempo a esos creyentes, y en el camino repasa investigaciones actuales sobre la memoria, la emoción y la cultura que hace comprensibles, si no verosímiles, las historias de los abducidos. Aunque se concentra en los recuerdos de la abducción, el libro tiene una ambición más grande, que es explicar la psicología de las experiencias transformadoras, sean supuestas abducciones, conversiones o visitaciones divinas.
"Entender por qué la gente cree cosas raras, es importante para cualquiera que quiera saber más sobre la gente -eso es, de los humanos en general", escribe.
El relato de Clancy sobre los recuerdos de abducciones empieza con una rara, pero no inusual experiencia llamada parálisis del sueño. Cuando la gente se encuentra en el ligero y rico sueño llamado REM [Rapid Eye Mouvement], en algunos raros casos despierta para descubrir que durante unos momentos no se puede mover. Los psicólogos calculan que un quinto de la gente tendrá esa experiencia al menos una vez, durante la cual un 5 por ciento será inundado por terroríficas sensaciones, como zumbidos, contracciones eléctricas en todo el cuerpo, la sensación de estar levitando -a veces acompañadas de alucinaciones de intrusos.
Algunos de ellos tienen una explicación tan exótica como la naturaleza surrealista de la experiencia misma. Aunque nadie ha estudiado a este grupo sistemáticamente, Clancy sugiere, basándose en sus entrevistas, que tiende a ser gente que ya tenía interés en lo paranormal, en las artes místicas y en la posibilidad de visitantes extraterrestres. A menudo su búsqueda del significado los lleva a terapeutas que usan hipnosis para sacar más detalles de sus experiencias oníricas.
La hipnosis es un estado de profunda relajación, cuando la gente está particularmente inclinada a la sugestión, piensan los psicólogos. Cuando son estimulados bajo hipnosis a imaginar un incidente vívido pero enteramente inventado -como ser despertado por fuertes ruidos-, es más probable que recuerden la escena como una experiencia real, concluyen los estudios.
¿De dónde, exactamente, provienen esas figuras verdes con ojos grandes? Del profundo pozo de la cultura popular, dice Clancy, basándose en una revisión de la historia de avistamientos de ovnis, películas taquilleras y programas de televisión sobre extraterrestres. La primera abducción' en Estados Unidos fue dramatizada en 1953, en la película Invasores de Marte', escribe, y fue seguida de un estallido de informes sobre abducciones y extraterrestres, incluyendo la serie de televisión Más Allá del Límite'.
Uno de esos informes, por una pareja de New Hampshire, Betty y Barney Hill, se conoció a días de un episodio particularmente evocador del programa en 1961. La descripción del señor Hill de los extraterrestres -con grandes cabezas y brillantes ojos redondos- apareció en un exitoso libro sobre la experiencia, e inspiró los extraterrestres de la película de Steven Spielberg, Encuentros en la Tercera Fase' de 1977, de acuerdo a Clancy.
Así la vida imita al arte, y al revés, en un relato lleno de espejos en los que se reciclan las escenas e incluso los diálogos. Aunque distintas en detalles, las narrativas de abducción son extremadamente similares en estructura y a menudo incluyen experimentos sexuales o reproductivos. "¡Ah! Está abriendo mi camisa y -va a poner esa cosa en mi ombligo", dice una historia de 1970, refiriéndose a una aguja.
"Puedo sentir cómo se mueve en mi estómago, en mi cuerpo", continúa la historia en el libro. El pasaje se hace eco de otros informes de abducciones, pasadas y futuras.
En un estudio de laboratorio de 2002, Clandy y otro psicólogo de Harvard, Richard McNally, proporcionaron a llamados abducidos un test estandarizado de asociaciones de palabras para medir la inclinación hacia la creación de memorias falsas -"azúcar", "caramelo", "agrio", "amargo"- y hacia otra palabra que no estaba en la lista, en este caso, "dulce".
Cuando se les pidió que recordasen las palabras listadas, aquellos con memorias de abducción estaban más inclinados que un grupo de colegas que no tenían esos recuerdos, a recordar falsamente la palabra no listada. Los hallazgos sugieren una susceptibilidad de lo que se llama errores de fuente, atribuyendo erróneamente fuentes a la información recordada confundiendo, digamos, una escena apenas recordada de una película, con un sueño.
En otro experimento, los investigadores encontraron que el recuerdo de abducciones provocaba cambios fisiológicos en la presión sanguínea y actividad de la glándula sudorípara que eran más altos que aquellos con síndrome de estrés post-traumática. Los recuerdos producen un intenso trauma emocional, y cada vez que ocurre hace más profunda la certeza de que realmente pasó algo.
Aunque ninguno de esos elementos -parálisis de sueño, interés en lo paranormal, hipnosis, trucos de la memoria o involucración emocional- es necesario o suficiente para crear recuerdos de abducciones, tienden a reunirse en los llamados abducidos, piensa Clancy. "En el pasado, los investigadores tendían a concentrarse en uno u otro factor", dijo en una entrevista. "Yo digo que todos juegan un papel".
Sin embargo, las narrativas de abducción a menudo tienen otra dimensión, menos explícita, que Clancy sospecha que son centrales para su poder. Véase este comentario, de una participante en el estudio a la que Clancy llama Jan, una divorciada de edad mediana que participa en la búsqueda de una comprensión personal: "Sabes, ellos están entre nosotros en la Tierra. Tienen que transformarse en un cuerpo físico, lo que es muy doloroso para ellos. Pero lo hacen por amor. Están aquí para decirnos que todos estamos conectados de alguna manera. Que todo lo está".
A un nivel básico, concluye Clancy, las historias de abducciones extraterrestres dan a la gente un significado, un modo de comprender las muchas cosas raras y deprimentes que pueblan toda vida, así como una profunda sensación de que no estamos solos en el universo. En este sentido, las memorias de abducciones son como visiones religiosas transcendentes, espeluznantes, y sin embargo de algún modo reconfortantes y, en un nivel psicológico personal, verdaderas.
Clancy dijo que lamentaba no haber preguntado a los abducidos que entrevistó sobre sus creencias religiosas, que no hacían parte de su proyecto de investigación original. También lo lamentarán los lectores.
La calidez, asombro y emoción de las historias de abducidos y de los que las cuentan, revelan fuertes tendencias culturales que son familiares para millones de personas cuyas vidas internas son animadas por imaginerías religiosas.
Cuando se trata de sondear las profundidades de las historias de extraterrestres, investigaciones científicas como esta pueden terminar en una investigación de la religión.
Libro reseñado:
Abducted: How People Come to Believe They Were Kidnapped by Aliens
Susan Clancy
Harvard University Press
$22.95
9 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
Personas que tienen recuerdos de haber sido secuestradas por extraterrestres se convierten en recalcitrantes escépticos. Desdeñan la procesión de científicos que explican los recuerdos como ilusiones o fantasías. Se burlan de las chácharas sobre hipnosis y el procesamiento inconsciente de guiones de Hollywood. Y se mantienen en sus trece entre las risitas de un público que piensa que están chalados o son psicóticos.Pero no son ninguna de las dos cosas, y sus experiencias deberían ser tomadas con la misma seriedad que cualquier creencia exótica, de acuerdo a Susan Clancy, psicóloga de Harvard, que entrevistó en los últimos años a docenas de llamados abducidos, como parte de una serie de estudios sobre la memoria.
En su libro, Abducted', de próxima aparición en octubre, la doctora Clancy refuta y defiende al mismo tiempo a esos creyentes, y en el camino repasa investigaciones actuales sobre la memoria, la emoción y la cultura que hace comprensibles, si no verosímiles, las historias de los abducidos. Aunque se concentra en los recuerdos de la abducción, el libro tiene una ambición más grande, que es explicar la psicología de las experiencias transformadoras, sean supuestas abducciones, conversiones o visitaciones divinas.
"Entender por qué la gente cree cosas raras, es importante para cualquiera que quiera saber más sobre la gente -eso es, de los humanos en general", escribe.
El relato de Clancy sobre los recuerdos de abducciones empieza con una rara, pero no inusual experiencia llamada parálisis del sueño. Cuando la gente se encuentra en el ligero y rico sueño llamado REM [Rapid Eye Mouvement], en algunos raros casos despierta para descubrir que durante unos momentos no se puede mover. Los psicólogos calculan que un quinto de la gente tendrá esa experiencia al menos una vez, durante la cual un 5 por ciento será inundado por terroríficas sensaciones, como zumbidos, contracciones eléctricas en todo el cuerpo, la sensación de estar levitando -a veces acompañadas de alucinaciones de intrusos.
Algunos de ellos tienen una explicación tan exótica como la naturaleza surrealista de la experiencia misma. Aunque nadie ha estudiado a este grupo sistemáticamente, Clancy sugiere, basándose en sus entrevistas, que tiende a ser gente que ya tenía interés en lo paranormal, en las artes místicas y en la posibilidad de visitantes extraterrestres. A menudo su búsqueda del significado los lleva a terapeutas que usan hipnosis para sacar más detalles de sus experiencias oníricas.
La hipnosis es un estado de profunda relajación, cuando la gente está particularmente inclinada a la sugestión, piensan los psicólogos. Cuando son estimulados bajo hipnosis a imaginar un incidente vívido pero enteramente inventado -como ser despertado por fuertes ruidos-, es más probable que recuerden la escena como una experiencia real, concluyen los estudios.
¿De dónde, exactamente, provienen esas figuras verdes con ojos grandes? Del profundo pozo de la cultura popular, dice Clancy, basándose en una revisión de la historia de avistamientos de ovnis, películas taquilleras y programas de televisión sobre extraterrestres. La primera abducción' en Estados Unidos fue dramatizada en 1953, en la película Invasores de Marte', escribe, y fue seguida de un estallido de informes sobre abducciones y extraterrestres, incluyendo la serie de televisión Más Allá del Límite'.
Uno de esos informes, por una pareja de New Hampshire, Betty y Barney Hill, se conoció a días de un episodio particularmente evocador del programa en 1961. La descripción del señor Hill de los extraterrestres -con grandes cabezas y brillantes ojos redondos- apareció en un exitoso libro sobre la experiencia, e inspiró los extraterrestres de la película de Steven Spielberg, Encuentros en la Tercera Fase' de 1977, de acuerdo a Clancy.
Así la vida imita al arte, y al revés, en un relato lleno de espejos en los que se reciclan las escenas e incluso los diálogos. Aunque distintas en detalles, las narrativas de abducción son extremadamente similares en estructura y a menudo incluyen experimentos sexuales o reproductivos. "¡Ah! Está abriendo mi camisa y -va a poner esa cosa en mi ombligo", dice una historia de 1970, refiriéndose a una aguja.
"Puedo sentir cómo se mueve en mi estómago, en mi cuerpo", continúa la historia en el libro. El pasaje se hace eco de otros informes de abducciones, pasadas y futuras.
En un estudio de laboratorio de 2002, Clandy y otro psicólogo de Harvard, Richard McNally, proporcionaron a llamados abducidos un test estandarizado de asociaciones de palabras para medir la inclinación hacia la creación de memorias falsas -"azúcar", "caramelo", "agrio", "amargo"- y hacia otra palabra que no estaba en la lista, en este caso, "dulce".
Cuando se les pidió que recordasen las palabras listadas, aquellos con memorias de abducción estaban más inclinados que un grupo de colegas que no tenían esos recuerdos, a recordar falsamente la palabra no listada. Los hallazgos sugieren una susceptibilidad de lo que se llama errores de fuente, atribuyendo erróneamente fuentes a la información recordada confundiendo, digamos, una escena apenas recordada de una película, con un sueño.
En otro experimento, los investigadores encontraron que el recuerdo de abducciones provocaba cambios fisiológicos en la presión sanguínea y actividad de la glándula sudorípara que eran más altos que aquellos con síndrome de estrés post-traumática. Los recuerdos producen un intenso trauma emocional, y cada vez que ocurre hace más profunda la certeza de que realmente pasó algo.
Aunque ninguno de esos elementos -parálisis de sueño, interés en lo paranormal, hipnosis, trucos de la memoria o involucración emocional- es necesario o suficiente para crear recuerdos de abducciones, tienden a reunirse en los llamados abducidos, piensa Clancy. "En el pasado, los investigadores tendían a concentrarse en uno u otro factor", dijo en una entrevista. "Yo digo que todos juegan un papel".
Sin embargo, las narrativas de abducción a menudo tienen otra dimensión, menos explícita, que Clancy sospecha que son centrales para su poder. Véase este comentario, de una participante en el estudio a la que Clancy llama Jan, una divorciada de edad mediana que participa en la búsqueda de una comprensión personal: "Sabes, ellos están entre nosotros en la Tierra. Tienen que transformarse en un cuerpo físico, lo que es muy doloroso para ellos. Pero lo hacen por amor. Están aquí para decirnos que todos estamos conectados de alguna manera. Que todo lo está".
A un nivel básico, concluye Clancy, las historias de abducciones extraterrestres dan a la gente un significado, un modo de comprender las muchas cosas raras y deprimentes que pueblan toda vida, así como una profunda sensación de que no estamos solos en el universo. En este sentido, las memorias de abducciones son como visiones religiosas transcendentes, espeluznantes, y sin embargo de algún modo reconfortantes y, en un nivel psicológico personal, verdaderas.
Clancy dijo que lamentaba no haber preguntado a los abducidos que entrevistó sobre sus creencias religiosas, que no hacían parte de su proyecto de investigación original. También lo lamentarán los lectores.
La calidez, asombro y emoción de las historias de abducidos y de los que las cuentan, revelan fuertes tendencias culturales que son familiares para millones de personas cuyas vidas internas son animadas por imaginerías religiosas.
Cuando se trata de sondear las profundidades de las historias de extraterrestres, investigaciones científicas como esta pueden terminar en una investigación de la religión.
Libro reseñado:
Abducted: How People Come to Believe They Were Kidnapped by Aliens
Susan Clancy
Harvard University Press
$22.95
9 de agosto de 2005
©new york times
©traducción mQh
nuevo misterio de marilyn
[Robert W. Welkos] ¿Fueron sus propias palabras?
Sigue siendo uno de los misterios más irresistibles e inolvidables de Hollywood. El 5 de agosto de 1962 se encontró el cuerpo de Marilyn Monroe en el dormitorio de su casa en Brentwood. La estrella de cine de 36 años estaba desnuda y boca abajo en su cama. Una autopsia realizada por el doctor Thomas Noguchi, entonces médico forense, concluyó que la muerte se debió a un agudo envenenamiento por barbitúricos, y el equipo psiquiátrico unido a la investigación la calificó de "probable suicidio".
Hoy, 43 años después, fans de todo el mundo se reunirán, como lo han hecho durante décadas, cerca de la cripta de Monroe en el Westwood Village Memorial Park para celebrar su vida y lamentar su muerte. John W. Miner, 86, también llorará su muerte.
Pero también hay amargura y frustración para el antiguo fiscal del condado de Los Angeles, que estuvo presente en la autopsia e investigó su muerte. No creía que la actriz hubiera tomado su vida en 1962 y todavía no lo cree hoy, y Miner dice que ha escuchado las cintas secretas que grabó Monroe en los días previos a su muerte que demuestran que la actriz no tenía nada de suicida.
Si Monroe murió por su propia mano ha sido debatido y disecado en libros, documentales, teorías conspirativas y entendidos de Hollywood y Washington.
Se dio suficiente crédito a los varios informes para que en 1982 el despacho del fiscal de distrito de Los Angeles reexaminara el caso. Miner, entonces en su práctica privada, fue uno de los entrevistados.
El informe resultante observa que Miner mencionaba las grabaciones. Sin embargo, no decía que tenía una transcripción. Aunque el informe reconoce "discrepancias de hecho" y "preguntas sin respuestas" siguen en el caso, no se encontraron suficientes evidencias que permitieran iniciar una pesquisa penal.
Como director de la sección médico-legal del fiscal de distrito a la muerte de Monroe, Miner se había reunido con el psiquiatra de la actriz, el doctor Ralph Greenson. Durante la entrevista, dice Miner, Greenson le hizo escuchar las cintas de Monroe, pero sólo a condición de que el investigador no revelara nunca sus contenidos.
Miner dijo que tomó "extensas" notas, "casi literales", y sólo rompió su promesa años después de la muerte de Greenson, cuando algunos biógrafos de Monroe sugirieron que el psiquiatra debe ser considerado un sospechoso de su muerte. Hace poco Miner entregó una copia de la transcripción a Times.
Las transcripciones de Miner muestran que Monroe estaba obsesionada con los Oscars, describe un encuentro sexual con Joan Crawford, anhela el amor paternal de Clark Gable, sueña con ser tomada en serio como actriz y piensa en hacer a Shakespeare, y habla ingenuamente sobre por qué terminaron en divorcio sus matrimonios con el bateador de béisbol Joe DiMaggio y el dramaturgo Arthur Miller.
En un momento, describe estar desnuda frente a su espejo de cuerpo entero, mirando el cuerpo que cautivó al mundo, sabiendo que está entrando en la mediana edad y comentando que "mis pechos empiezan a colgar un poco" pero "mi cintura no está mal" y sus nalgas todavía son "lo mejor".
"Tú eres la única persona que conocerá los pensamientos más íntimos, más secretos de Marilyn Monroe", le dice a Greenson, de acuerdo a la transcripción de Miner. "Tengo absoluta confianza en ti y confío en que nunca reveles a nadie lo que te he digo".
Miner dice que cualquiera que lea la transcripción concluiría que "no era posible que esta mujer se matara. Tenía planes muy específicos para el futuro. Sabía exactamente lo que quería hacer. Lee Strasberg [su mentor de actuación] le dijo, quizás desatinadamente, que llevaba Shakespeare en el alma y ella estaba fascinada con la idea".
En los últimos años, Miner ha mostrado la transcripción a varios autores. En el libro del escritor británico Matthew Smith, Marilyn's Last Words: Her Secret Tapes and Mysterious Death' [Las Últimas Palabras de Marilyn: Sus Cintas Secretas y Misteriosa Muerte], fragmentos de la transcripción corresponden a la primera parte de las cintas, en la que Monroe filosofa sobre Freud y la asociación libre, los orgasmos, Gable y su agente, Johnny Hyde. Seymour M. Hersh incluyó una breve referencia al difunto presidente Kennedy en El lado oscuro de Camelot'
Miner fue también entrevistado para un documental de la ABC en 1997 llamado Dangerous World: The Kennedy Years' [Mundo Peligroso: Los Años de Kennedy], pero finalmente no se usaron las transcripciones.
Los fragmentos inéditos de la transcripción incluyen descripciones de sus sentimientos hacia sus ex maridos, una disección de por qué fracasan sus matrimonios, un picante catálogo de sus supuestos encuentros sexuales, detalles de su riña con la 20th Century Fox, su amistad con Frank Sinatra, y sus quejas sobre la ama de llaves, Eunice Murray, que descubriría su cuerpo.
Smith y Hersh, junto con el productor del documental, Mark Obenhaus, dijeron en entrevistas esta semana que pensaban que Miner era creíble.
Pero para aceptar la historia de Miner, uno debe dar un salto en el vacío -es el único todavía vivo que asegura haber oído las cintas. Greenson murió en 1979, y Miner cree que destruyó las cintas.
"Es como una historia con una sola fuente", dijo Obenhaus. "Sólo tienes a un tipo; es un tipo creíble, pero es sólo uno".
Smith, que dijo que él pagó honorarios a Miner, que se negó a revelar, por el uso de las transcripciones de Monroe, agregó: "Creo que es un hombre íntegro. Por supuesto, he mirado en el contenido de las cintas y, francamente, creo que es completamente imposible para John Miner haber inventado lo que dice -absolutamente imposible".
Ronald H. Mike' Carroll, es fiscal de distrito del condado de Los Angeles que realizó en 1982 la revisión de la muerte de Monroe, dijo que él y un detective del fiscal entrevistaron a Miner para su informe y, aunque mencionó que Greenson tenía cintas de la actriz, no pensaron que Miner tuviera una transcripción.
Carroll, el fiscal número 3 en el despacho de la fiscalía en esa época, que ahora se ha jubilado, dijo que si él tuviera tenido alguna sospecha de que Miner estaba escondiendo la transcripción, él habría conseguido una citación de un jurado para obligar a Miner a entregarla, de modo que él pudiera incluirla en su informe.
Miner dijo que no podía hablar sobre la transcripción debido a la promesa que hizo a Greenson. "Greenson... estaba absolutamente dedicado a proteger la intimidad de sus pacientes", recordó Miner. "Pensaba que no podía dejarme ver lo que había dicho ella si hubiera alguna posibilidad de que su intimidad fuera violada". Así que Miner le dio su palabra.
Cuando alguien sugirió que Greenson mismo era el asesino de la actriz, Miner visitó a la viuda del psiquiatra y le pidió permiso para ser liberado de su promesa.
La viuda de Greenson, Hildegard, dijo a Times esta semana que ella no sabía si las cintas existían y nunca había oído a su marido hablar sobre ellas. Sin embargo, no descarta que Monroe haya dado a su marido esas cintas y que las haya hecho escuchar a Miner.
"Eso es algo que marido habría hecho", dijo. "Puede haber querido escucharlas para saber cómo se sentía ella y qué le estaba pasando". En la época de las grabaciones, Monroe llevaba una vida desordenada. Había rumores de que tenía un romance con Kennedy, alimentados por su aparición en el homenaje de cumpleaños el 19 de mayo en Madison Square Garden donde ella cantó Happy Birthday, Mr. President'. Los jefes de los estudios de la 20th Century Fox la habían retirado de la película Something's Got to Give' debido a los crónicos retrasos y dependencia de medicamentos.
Nadie ha establecido la fecha exacta de las grabaciones, aunque la referencia a JFK la situaría después de cantar en el cumpleaños, algo más de dos meses antes de su muerte.
Smith dice que su investigación sugiere que Monroe dio las cintas al psiquiatra el 4 de agosto. De acuerdo a Miner, el único propósito de Greenson en hacerle oír las cintas era ayudarle a determinar su estado de ánimo en el momento de su muerte, "de modo que fueron grabadas poco antes de su muerte".
James Bacon, 91, el columnista de Hollywood que conoció a Monroe en 1949 cuando era una desconocida y se transformaría más tarde en un amigo íntimo, estuvo en casa de Monroe cinco días antes de su muerte.
"Estaba bebiendo champaña y vodka solo y de vez en vez se metía una píldora", dijo Bacon a Times. "Le dije: Marilyn, la combinación de las píldoras y el alcohol terminará matándote'. Y ella me dijo: Todavía no me mata'. Entonces se echó otro trago y se metió otra píldora. Yo sé que en las noches tomaba barbitúricos".
Pero Bacon agregó: "No estaba deprimida ni en lo más mínimo. Estaba planeando viajar a México. En esa época tenía un novio mexicano. Me olvidé de su nombre. Estaba en la primera casa que era suya. Pensaba comprar algunos muebles. Ese día estaba de muy buen ánimo -por supuesto, la champaña y el vodka ayudaban".
En la transcripción Monroe usa lo que los terapeutas llaman asociación libre', diciendo lo primero que se le viene a la mente. "¿No es verdad que la clave del análisis es la asociación libre?", dice ella. "Marilyn Monroe asocia. Usted, mi doctor, al comprender e interpretar lo que pasa en mi mente, llega a mi inconsciente, y eso hace posible que trate mis neurosis y a mí me permite superarlas".
"Y va a oír groserías", le advierte ella a Greenson.
Aunque Monroe a menudo se veía en la pantalla como una rubia boba, en las cintas discute las Lecturas Introductorias' de Freud ("Jesús, qué genio", observa. "Lo hace tan comprensible") y al escritor James Joyce ("Joyce es un artista que puede podía penetrar el alma de la gente, hombre y mujeres") y dice que ha leído las obras completas de Shakespeare.
Habla de su admiración por Gable, su co-protagonista en The Misfits': "En las escenas con besos, lo besé con amor verdadero. No quería acostarme con él, pero quería que supiera lo mucho que le quería y apreciaba".
Y regañaba duramente a los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas por no dar un Oscar a Gable por Lo que el viento se llevó', observando que nunca había habido un actor más romántico. Dice que lloró durante dos días cuando se enteró de la muerte de Gable.
Su amor por DiMaggio no había palidecido. "Lo quiero y siempre lo querré", dice. "Pero Joe no aguantaba estar casado con Marilyn Monroe, la famosa actriz de cine. Joe, en su testaruda cabeza italiana, tiene la imagen de la esposa italiana tradicional. Tenía que se fiel, hacer lo que él le dijera, dedicarse enteramente a él. Doctor, usted sabe no es algo para mí".
Con Miller fue diferente. "Casarme con él fue mi error, no el suyo. Él no podía darme la atención, el cariño y el afecto que yo necesito. No está en él. Arthur nunca pensó que yo fuera inteligente. No podía compartir su vida intelectual conmigo. En la cama éramos corrientes".
Sobre su amor de una noche con Joan Crawford, dijo: "Cuando vi a Crawford nuevamente, quería otro turno. Le dije derechamente que no me gustaba mucho hacerlo con mujeres. Después de que la rechacé, se puso rencorosa".
En las cintas, Monroe apila elogios sobre Kennedy, y no hay ninguna sugerencia de que los dos fueran amantes. "Este hombre va a cambiar nuestro país", dice sobre JFK, y agrega: "Cambiará a Estados Unidos de hoy como FDR en los años 30".
En cuanto al hermano del presidente, Robert F. Kennedy, el fiscal general de la época: "Como ve, en mi vida no hay espacio para él. Supongo que no tengo el coraje de reconocerlo y herirlo. Quiero que alguien le diga que ya se acabó. Traté de que lo hiciera el presidente, pero no pude llegar a él".
En las transcripciones Monroe dice que necesita la ayuda de Greenson para conseguirle a su ama de llaves otro trabajo. "Doctor, quiero que me ayude a deshacerme de Murray... No puedo simplemente despedirla. Lo primero que pasaría es que aparecería un libro titulado Secretos de Marilyn Monroe Según su Ama de Llaves' . Ganaría una fortuna contando lo que sabe, y sabe un montón".
Mientras escuchaba la voz de Monroe ese día de 1962, dijo Miner, él se "emocionó mucho". "Debería desconocer la capacidad de sentir empatía o emoción" si eso no te emocionara, dijo.
Miner, que colaboró con el doctor Seymour Pollack en la creación del Instituto de Psiquiatría, Ley y Ciencias de la Conducta de la USC en 1963 y enseñó allí durante años, dijo que le gustaría ver una "re-autopsia" para aclarar cuestiones médicas que él había observado en la original.
"La autopsia muestra claramente que los barbitúricos -en grandes cantidades- que entraron en su cuerpo, lo hicieron a través del intestino grueso", dijo. "¿Cómo lo sabemos? Porque no hay ninguna indicación, de hecho hay una contraindicación, de que las cápsulas fueran tragadas".
Cree que si Monroe hubiera tragado 30 o más cápsulas, "habría absorbido suficientes barbitúricos que la mataran antes de que se disolvieran todos".
También descarta la posibilidad de que le hubieran dado una inyección de medicamentos ya que ni él ni Noguchi pudieron encontrar alguna marca de jeringa en su cuerpo. (Tanto el informe de la autopsia original y la revisión de 1982 llegaron a la misma conclusión).
Miner esperaba conseguir el apoyo de Noguchi para otra autopsia. El abogado de Noguchi, Godfrey Isaac, dijo que el ex juez de instrucción estaba viajando por Asia y no podía ser localizado.
La teoría de Miner es que la actriz tomó o le aplicaron hidrato de cloral para hacerle perder la conciencia -posiblemente en un refresco- y luego alguien disolvió Nembutal en agua rompiendo 30 o más cápsulas y administró la solución letal por enema).
Dijo que él y Noguchi observaron una decoloración del intestino grueso en la autopsia original y que existe la posibilidad de que si el cuerpo fuera exhumado, se podrían tomar muestras de tejidos para determinar si se le aplicó un enema relleno de suficientes medicamentos como para ser tóxicos.
Carroll dijo que no tenía objeciones para otra autopsia y enfatizó que él no tenía "intereses creados" en el resultado.
Pero observó que en su revisión, habló con un experto independiente, el doctor Boyd G. Stephens, ex médico forense y pesquisidor de la ciudad y el condado de San Francisco, que dijo que la cantidad de Nembutal en el hígado era dos veces mayor que en la sangre, lo que sugiere que la persona vivió "bastante tiempo" después de ingerir las medicinas.
Carroll dijo a Times que si Monroe tuvo un enema con medicamentos, se habría introducido rápidamente en su sistema y "no se encontraría en esa cantidad en el hígado".
La revisión de la fiscalía concluyó que "las evidencias acumulativas de que disponemos no nos permiten sostener ninguna teoría de conducta criminal en torno a su muerte".
6 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Sigue siendo uno de los misterios más irresistibles e inolvidables de Hollywood. El 5 de agosto de 1962 se encontró el cuerpo de Marilyn Monroe en el dormitorio de su casa en Brentwood. La estrella de cine de 36 años estaba desnuda y boca abajo en su cama. Una autopsia realizada por el doctor Thomas Noguchi, entonces médico forense, concluyó que la muerte se debió a un agudo envenenamiento por barbitúricos, y el equipo psiquiátrico unido a la investigación la calificó de "probable suicidio".Hoy, 43 años después, fans de todo el mundo se reunirán, como lo han hecho durante décadas, cerca de la cripta de Monroe en el Westwood Village Memorial Park para celebrar su vida y lamentar su muerte. John W. Miner, 86, también llorará su muerte.
Pero también hay amargura y frustración para el antiguo fiscal del condado de Los Angeles, que estuvo presente en la autopsia e investigó su muerte. No creía que la actriz hubiera tomado su vida en 1962 y todavía no lo cree hoy, y Miner dice que ha escuchado las cintas secretas que grabó Monroe en los días previos a su muerte que demuestran que la actriz no tenía nada de suicida.
Si Monroe murió por su propia mano ha sido debatido y disecado en libros, documentales, teorías conspirativas y entendidos de Hollywood y Washington.
Se dio suficiente crédito a los varios informes para que en 1982 el despacho del fiscal de distrito de Los Angeles reexaminara el caso. Miner, entonces en su práctica privada, fue uno de los entrevistados.
El informe resultante observa que Miner mencionaba las grabaciones. Sin embargo, no decía que tenía una transcripción. Aunque el informe reconoce "discrepancias de hecho" y "preguntas sin respuestas" siguen en el caso, no se encontraron suficientes evidencias que permitieran iniciar una pesquisa penal.
Como director de la sección médico-legal del fiscal de distrito a la muerte de Monroe, Miner se había reunido con el psiquiatra de la actriz, el doctor Ralph Greenson. Durante la entrevista, dice Miner, Greenson le hizo escuchar las cintas de Monroe, pero sólo a condición de que el investigador no revelara nunca sus contenidos.
Miner dijo que tomó "extensas" notas, "casi literales", y sólo rompió su promesa años después de la muerte de Greenson, cuando algunos biógrafos de Monroe sugirieron que el psiquiatra debe ser considerado un sospechoso de su muerte. Hace poco Miner entregó una copia de la transcripción a Times.
Las transcripciones de Miner muestran que Monroe estaba obsesionada con los Oscars, describe un encuentro sexual con Joan Crawford, anhela el amor paternal de Clark Gable, sueña con ser tomada en serio como actriz y piensa en hacer a Shakespeare, y habla ingenuamente sobre por qué terminaron en divorcio sus matrimonios con el bateador de béisbol Joe DiMaggio y el dramaturgo Arthur Miller.
En un momento, describe estar desnuda frente a su espejo de cuerpo entero, mirando el cuerpo que cautivó al mundo, sabiendo que está entrando en la mediana edad y comentando que "mis pechos empiezan a colgar un poco" pero "mi cintura no está mal" y sus nalgas todavía son "lo mejor".
"Tú eres la única persona que conocerá los pensamientos más íntimos, más secretos de Marilyn Monroe", le dice a Greenson, de acuerdo a la transcripción de Miner. "Tengo absoluta confianza en ti y confío en que nunca reveles a nadie lo que te he digo".
Miner dice que cualquiera que lea la transcripción concluiría que "no era posible que esta mujer se matara. Tenía planes muy específicos para el futuro. Sabía exactamente lo que quería hacer. Lee Strasberg [su mentor de actuación] le dijo, quizás desatinadamente, que llevaba Shakespeare en el alma y ella estaba fascinada con la idea".
En los últimos años, Miner ha mostrado la transcripción a varios autores. En el libro del escritor británico Matthew Smith, Marilyn's Last Words: Her Secret Tapes and Mysterious Death' [Las Últimas Palabras de Marilyn: Sus Cintas Secretas y Misteriosa Muerte], fragmentos de la transcripción corresponden a la primera parte de las cintas, en la que Monroe filosofa sobre Freud y la asociación libre, los orgasmos, Gable y su agente, Johnny Hyde. Seymour M. Hersh incluyó una breve referencia al difunto presidente Kennedy en El lado oscuro de Camelot'
Miner fue también entrevistado para un documental de la ABC en 1997 llamado Dangerous World: The Kennedy Years' [Mundo Peligroso: Los Años de Kennedy], pero finalmente no se usaron las transcripciones.
Los fragmentos inéditos de la transcripción incluyen descripciones de sus sentimientos hacia sus ex maridos, una disección de por qué fracasan sus matrimonios, un picante catálogo de sus supuestos encuentros sexuales, detalles de su riña con la 20th Century Fox, su amistad con Frank Sinatra, y sus quejas sobre la ama de llaves, Eunice Murray, que descubriría su cuerpo.
Smith y Hersh, junto con el productor del documental, Mark Obenhaus, dijeron en entrevistas esta semana que pensaban que Miner era creíble.
Pero para aceptar la historia de Miner, uno debe dar un salto en el vacío -es el único todavía vivo que asegura haber oído las cintas. Greenson murió en 1979, y Miner cree que destruyó las cintas.
"Es como una historia con una sola fuente", dijo Obenhaus. "Sólo tienes a un tipo; es un tipo creíble, pero es sólo uno".
Smith, que dijo que él pagó honorarios a Miner, que se negó a revelar, por el uso de las transcripciones de Monroe, agregó: "Creo que es un hombre íntegro. Por supuesto, he mirado en el contenido de las cintas y, francamente, creo que es completamente imposible para John Miner haber inventado lo que dice -absolutamente imposible".
Ronald H. Mike' Carroll, es fiscal de distrito del condado de Los Angeles que realizó en 1982 la revisión de la muerte de Monroe, dijo que él y un detective del fiscal entrevistaron a Miner para su informe y, aunque mencionó que Greenson tenía cintas de la actriz, no pensaron que Miner tuviera una transcripción.
Carroll, el fiscal número 3 en el despacho de la fiscalía en esa época, que ahora se ha jubilado, dijo que si él tuviera tenido alguna sospecha de que Miner estaba escondiendo la transcripción, él habría conseguido una citación de un jurado para obligar a Miner a entregarla, de modo que él pudiera incluirla en su informe.
Miner dijo que no podía hablar sobre la transcripción debido a la promesa que hizo a Greenson. "Greenson... estaba absolutamente dedicado a proteger la intimidad de sus pacientes", recordó Miner. "Pensaba que no podía dejarme ver lo que había dicho ella si hubiera alguna posibilidad de que su intimidad fuera violada". Así que Miner le dio su palabra.
Cuando alguien sugirió que Greenson mismo era el asesino de la actriz, Miner visitó a la viuda del psiquiatra y le pidió permiso para ser liberado de su promesa.
La viuda de Greenson, Hildegard, dijo a Times esta semana que ella no sabía si las cintas existían y nunca había oído a su marido hablar sobre ellas. Sin embargo, no descarta que Monroe haya dado a su marido esas cintas y que las haya hecho escuchar a Miner.
"Eso es algo que marido habría hecho", dijo. "Puede haber querido escucharlas para saber cómo se sentía ella y qué le estaba pasando". En la época de las grabaciones, Monroe llevaba una vida desordenada. Había rumores de que tenía un romance con Kennedy, alimentados por su aparición en el homenaje de cumpleaños el 19 de mayo en Madison Square Garden donde ella cantó Happy Birthday, Mr. President'. Los jefes de los estudios de la 20th Century Fox la habían retirado de la película Something's Got to Give' debido a los crónicos retrasos y dependencia de medicamentos.
Nadie ha establecido la fecha exacta de las grabaciones, aunque la referencia a JFK la situaría después de cantar en el cumpleaños, algo más de dos meses antes de su muerte.
Smith dice que su investigación sugiere que Monroe dio las cintas al psiquiatra el 4 de agosto. De acuerdo a Miner, el único propósito de Greenson en hacerle oír las cintas era ayudarle a determinar su estado de ánimo en el momento de su muerte, "de modo que fueron grabadas poco antes de su muerte".
James Bacon, 91, el columnista de Hollywood que conoció a Monroe en 1949 cuando era una desconocida y se transformaría más tarde en un amigo íntimo, estuvo en casa de Monroe cinco días antes de su muerte.
"Estaba bebiendo champaña y vodka solo y de vez en vez se metía una píldora", dijo Bacon a Times. "Le dije: Marilyn, la combinación de las píldoras y el alcohol terminará matándote'. Y ella me dijo: Todavía no me mata'. Entonces se echó otro trago y se metió otra píldora. Yo sé que en las noches tomaba barbitúricos".
Pero Bacon agregó: "No estaba deprimida ni en lo más mínimo. Estaba planeando viajar a México. En esa época tenía un novio mexicano. Me olvidé de su nombre. Estaba en la primera casa que era suya. Pensaba comprar algunos muebles. Ese día estaba de muy buen ánimo -por supuesto, la champaña y el vodka ayudaban".
En la transcripción Monroe usa lo que los terapeutas llaman asociación libre', diciendo lo primero que se le viene a la mente. "¿No es verdad que la clave del análisis es la asociación libre?", dice ella. "Marilyn Monroe asocia. Usted, mi doctor, al comprender e interpretar lo que pasa en mi mente, llega a mi inconsciente, y eso hace posible que trate mis neurosis y a mí me permite superarlas".
"Y va a oír groserías", le advierte ella a Greenson.
Aunque Monroe a menudo se veía en la pantalla como una rubia boba, en las cintas discute las Lecturas Introductorias' de Freud ("Jesús, qué genio", observa. "Lo hace tan comprensible") y al escritor James Joyce ("Joyce es un artista que puede podía penetrar el alma de la gente, hombre y mujeres") y dice que ha leído las obras completas de Shakespeare.
Habla de su admiración por Gable, su co-protagonista en The Misfits': "En las escenas con besos, lo besé con amor verdadero. No quería acostarme con él, pero quería que supiera lo mucho que le quería y apreciaba".
Y regañaba duramente a los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas por no dar un Oscar a Gable por Lo que el viento se llevó', observando que nunca había habido un actor más romántico. Dice que lloró durante dos días cuando se enteró de la muerte de Gable.
Su amor por DiMaggio no había palidecido. "Lo quiero y siempre lo querré", dice. "Pero Joe no aguantaba estar casado con Marilyn Monroe, la famosa actriz de cine. Joe, en su testaruda cabeza italiana, tiene la imagen de la esposa italiana tradicional. Tenía que se fiel, hacer lo que él le dijera, dedicarse enteramente a él. Doctor, usted sabe no es algo para mí".
Con Miller fue diferente. "Casarme con él fue mi error, no el suyo. Él no podía darme la atención, el cariño y el afecto que yo necesito. No está en él. Arthur nunca pensó que yo fuera inteligente. No podía compartir su vida intelectual conmigo. En la cama éramos corrientes".
Sobre su amor de una noche con Joan Crawford, dijo: "Cuando vi a Crawford nuevamente, quería otro turno. Le dije derechamente que no me gustaba mucho hacerlo con mujeres. Después de que la rechacé, se puso rencorosa".
En las cintas, Monroe apila elogios sobre Kennedy, y no hay ninguna sugerencia de que los dos fueran amantes. "Este hombre va a cambiar nuestro país", dice sobre JFK, y agrega: "Cambiará a Estados Unidos de hoy como FDR en los años 30".
En cuanto al hermano del presidente, Robert F. Kennedy, el fiscal general de la época: "Como ve, en mi vida no hay espacio para él. Supongo que no tengo el coraje de reconocerlo y herirlo. Quiero que alguien le diga que ya se acabó. Traté de que lo hiciera el presidente, pero no pude llegar a él".
En las transcripciones Monroe dice que necesita la ayuda de Greenson para conseguirle a su ama de llaves otro trabajo. "Doctor, quiero que me ayude a deshacerme de Murray... No puedo simplemente despedirla. Lo primero que pasaría es que aparecería un libro titulado Secretos de Marilyn Monroe Según su Ama de Llaves' . Ganaría una fortuna contando lo que sabe, y sabe un montón".
Mientras escuchaba la voz de Monroe ese día de 1962, dijo Miner, él se "emocionó mucho". "Debería desconocer la capacidad de sentir empatía o emoción" si eso no te emocionara, dijo.
Miner, que colaboró con el doctor Seymour Pollack en la creación del Instituto de Psiquiatría, Ley y Ciencias de la Conducta de la USC en 1963 y enseñó allí durante años, dijo que le gustaría ver una "re-autopsia" para aclarar cuestiones médicas que él había observado en la original.
"La autopsia muestra claramente que los barbitúricos -en grandes cantidades- que entraron en su cuerpo, lo hicieron a través del intestino grueso", dijo. "¿Cómo lo sabemos? Porque no hay ninguna indicación, de hecho hay una contraindicación, de que las cápsulas fueran tragadas".
Cree que si Monroe hubiera tragado 30 o más cápsulas, "habría absorbido suficientes barbitúricos que la mataran antes de que se disolvieran todos".
También descarta la posibilidad de que le hubieran dado una inyección de medicamentos ya que ni él ni Noguchi pudieron encontrar alguna marca de jeringa en su cuerpo. (Tanto el informe de la autopsia original y la revisión de 1982 llegaron a la misma conclusión).
Miner esperaba conseguir el apoyo de Noguchi para otra autopsia. El abogado de Noguchi, Godfrey Isaac, dijo que el ex juez de instrucción estaba viajando por Asia y no podía ser localizado.
La teoría de Miner es que la actriz tomó o le aplicaron hidrato de cloral para hacerle perder la conciencia -posiblemente en un refresco- y luego alguien disolvió Nembutal en agua rompiendo 30 o más cápsulas y administró la solución letal por enema).
Dijo que él y Noguchi observaron una decoloración del intestino grueso en la autopsia original y que existe la posibilidad de que si el cuerpo fuera exhumado, se podrían tomar muestras de tejidos para determinar si se le aplicó un enema relleno de suficientes medicamentos como para ser tóxicos.
Carroll dijo que no tenía objeciones para otra autopsia y enfatizó que él no tenía "intereses creados" en el resultado.
Pero observó que en su revisión, habló con un experto independiente, el doctor Boyd G. Stephens, ex médico forense y pesquisidor de la ciudad y el condado de San Francisco, que dijo que la cantidad de Nembutal en el hígado era dos veces mayor que en la sangre, lo que sugiere que la persona vivió "bastante tiempo" después de ingerir las medicinas.
Carroll dijo a Times que si Monroe tuvo un enema con medicamentos, se habría introducido rápidamente en su sistema y "no se encontraría en esa cantidad en el hígado".
La revisión de la fiscalía concluyó que "las evidencias acumulativas de que disponemos no nos permiten sostener ninguna teoría de conducta criminal en torno a su muerte".
6 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
esquizofrenia y pobreza
[Shankar Vedantam] Poder curativo de redes sociales nace en países más pobres. Segundo artículo en la serie. [Consulte 'La cultura y la locura', en Reportajes].
Raipur Rani, India. El psiquiatra Naren Wig cruzó una alcantarilla abierta, bordeó una charca y, en la polvorosa tarde, vio algo milagroso.
Krishna Devi, una mujer que él había tratado durante años por esquizofrenia, estaba sentada en el patio, rodeada de imágenes religiosas, expuestos ladrillos de la pared y secando ropa. Hace tiempo que Devi había dejado de tomar la medicación, pero su conversación articulada y fácil sonrisa eran un elocuente testimonio de que se había recuperado de una debilitante enfermedad.
Pocos pacientes de esquizofrenia en Estados Unidos tienen tanta suerte, incluso después de años de tratamiento. Pero Devi tenía recursos secretos: una familia cariñosa y una aldea acogedora que nunca la excluyó de ningún evento social, obligaciones familiares o trabajo.
Devi es un recuerdo vivo de un extraordinario estudio de tres décadas de la Organización Mundial de la Salud -uno que muchos médicos occidentales inicialmente se negaron a creer: La gente con esquizofrenia, un enfermedad mortal conocida por sus alucinaciones, ideas desorganizadas y exclusión social, normalmente se encuentra mucho mejor en países pobres como India, Nigeria y Colombia, que en Dinamarca, Inglaterra y Estados Unidos.
El sorprendente resultado pone en entredicho uno de los dogmas centrales de la psiquiatría moderna: que una "enfermedad mental" como la esquizofrenia, es mejor tratada en hospitales, con intervención de medicinas e intervenciones bio-médicas.
Psiquiatras europeos y estadounidenses estuvieron tan choqueados por los hallazgos iniciales en los años setenta que asumieron que había algo malo con el estudio. Lo repitieron. El segundo análisis proporcionó el mismo resultado. La mejor explicación, dijeron los investigadores, es que los lazos familiares más fuertes en los países más pobres tienen un impacto profundo en la recuperación.
"Si tienes un problema cardiovascular, preferirías ser un ciudadano de Los Angeles antes que de India", dijo Benedetto Saraceno, director del departamento de salud mental y abuso de substancias en la sede de la Organización Mundial de la Salud OMS en Ginebra. "Si tuviera cáncer, me gustaría que me trataran en Nueva York antes que en Irán. Pero si tuviera esquizofrenia, no estoy seguro dónde preferiría ser tratado, si en Los Angeles o en India".
La mayoría de la gente con esquizofrenia en India viven con sus familias y otras redes sociales -en agudo contraste con Estados Unidos, donde la mayoría de los pacientes no tienen casa, viven en grupo o solos, en recintos psiquiátricos o en la cárcel. Muchos pacientes indios reciben trabajos de bajo estrés en una cultura que da más valor a las relaciones sociales que a la productividad; los pacientes en Estados Unidos son normalmente excluidos de los trabajos normales.
Las familias indias participan en las discusiones entre doctor y paciente porque las familias son consideradas centrales en el problema y para su solución. En Estados Unidos, las conversaciones entre doctor y paciente son confidenciales -y los psiquiatras se concentran fundamentalmente en la química del cerebro.
Norman Sartorius, ex director del programa de salud mental de la Organización Mundial del Trabajo, encabezó los estudios de esquizofrenia. Dice que hay muchas cosas que Europa y Estados Unidos pueden aprender de aldeas como Raipur Rani.
En una entrevista en su casa en Ginebra, dijo que los países occidentales podían ayudar a familias a cuidar de sus familiares, lo que ahorraría dinero en hospitalización y encarcelamientos. Los cuidadores deben descansar de sus trabajos. Y los doctores podrían contactar a grupos de recreación y religiosos para remplazar las redes sociales que han perdido los pacientes.
"Los factores sociales juegan un importante papel en el desarrollo de la enfermedad", dijo Sartorius. "En medicina, muy pocas soluciones son médicas".
Décadas de investigación han confirmado los hallazgos de la OMS, pero han sido recibidos con un pétreo silencio en Estados Unidos, en parte porque los grupos anti-psiquiatría han sostenido erróneamente que los estudios demuestran que las medicinas y los doctores son inútiles. La mayoría de los psiquiatras estadounidenses consideran la esquizofrenia como un desorden cerebral orgánico, cuyos orígenes y resultado dependen de los genes y de la química del cerebro. Reconocen los aspectos psico-sociales de la enfermedad, pero el reto de conectar a los pacientes con sus trabajos, educación y redes sociales ha sido desdeñado -a menudo porque caen justo fuera de los confines de la medicina tradicional.
Interrogado sobre si estaría de acuerdo con que los pacientes de esquizofrenia estarían mejor en Nigeria que en Nueva York, Darrel Regier, director de investigaciones de la Asociación Americana de Psiquiatría, fue franco: "¡Dios me libre, no!"
Regier no es el único. Grupos de defensa de los pacientes también dudan a la hora de otorgar a las familias un papel central porque, en la era previa, una teoría ahora desacreditada atribuía la esquizofrenia a cuidados familiares deficientes.
Los fabricantes de medicamentos también enfatizan otras cosas. "Las compañías farmacéuticas, que controlan la producción científica de investigaciones en las universidades, no están interesadas en decir: Los factores sociales son más importantes que mis medicamentos'", dijo José Bertolote, un psiquiatra de la OMS. "Yo no estoy contra el uso de medicamentos, pero es una cuestión de balance".
Los doctores occidentales favorecen los lazos familiares más sólidos, dijo Bertolote. Pero los psiquiatras indios, a diferencia de sus contrapartes occidentales, recetan no solamente medicinas, sino además guía espiritual, consejos en el ámbito de la familia -incluso servicios de casamentero. Los doctores indios no son solamente vistos como expertos médicos, sino como sensatas figuras de autoridad.
En la ciudad de Chennai al sur de India, la psiquiatra Shantha Kamath receta mejores lazos familiares: Cuando un padre pidió su ayuda para concertar el matrimonio de su hija, que sufría de esquizofrenia, las instrucciones escritas de Kamath instruían a los familiares cómo relacionarse con su hija y hacía el listado de las cosas que la joven mujer debía aprender antes de que la doctora pudiera buscarle una pareja.
Tendencia Que Emergen Lentamente
En 1967 se inició el Estudio Piloto Internacional sobre Esquizofrenia para determinar si la enfermedad existía en todos los países y si podía ser diagnosticada y tratada de manera fiable.
El estudio estableció rápidamente que la enfermedad ocurre en todas partes. Sólo gradualmente salió a superficie que los pacientes en países pobres tienen mejores resultados. El segundo estudio, que tenía pautas más rigurosas, incluía a los pacientes de Naren Wig, en el pueblo de Raipur Rani.
En total, el estudio seguía a 3.300 pacientes, dijo Sartorius, y 30 años de seguimiento confirmaron las tendencias iniciales. El estudio abarcaba una docena de países -capitalistas y comunistas, orientales y occidentales, del norte y del sur, grandes y pequeños, ricos y pobres.
Los resultados fueron consistentes -y sorprendentes. Los pacientes en los países más pobres pasaban menos días en hospitales, era más probable que tuviesen empleo y estaban más conectados socialmente. Entre la mitad y dos tercios se libraron de sus síntomas, mientras que sólo un tercio de los pacientes de los países ricos se recuperaron en el mismo grado, dijo Sartorius.
También era menos probable que pacientes nigerianos, colombianos e indios sufrieran recaídas y tenían largos períodos de salud entre las recaídas. Los doctores en los países más pobres dejaban las medicaciones cuando los pacientes mejoraban -mientras que los doctores en los países ricos a menudo requerían que los pacientes tomaran medicamentos toda su vida.
Otro estudio, en China rural, reveló recientemente que una dosis baja de medicación puede ser tan efectiva como una dosis alta, y prácticamente eliminaron los efectos secundarios, dijo Martin Gittelman, profesor de psiquiatría de la Universidad de Nueva York. Y las medicaciones más antiguas, en gran parte desechadas en los países más ricos, eran tan efectivas como las nuevas y caras drogas anti-psicóticas.
¿El secreto? El trabajo manual' de las familias extendidas y enfermeros básicos para acompañar constantemente a los pacientes y aumentar sus dosis a los primeros signos de estallidos psicóticos, dijo Gittelman. Las familias nucleares en las sociedades más urbanizadas son a menudo incapaces de proporcionar ese tipo de ayuda y seguimiento, agregó. "La Shanghai urbana está más cerca del Nueva York urbano que del campo de China".
"Una cultura como la nuestra está orientada hacia la autonomía individual y el logro", dijo William Carpenter, psiquiatra de la Universidad de Maryland en Baltimore, que ayudó a dirigir una sección del estudio de la OMS en el área de Washington. En países como Dinamarca, "si fueras psicótico, vivirías de una pensión de incapacidad toda la vida. Prácticamente nadie con esquizofrenia tenía trabajo".
País tras país, la OMS constantó que conexiones sociales y familiares fuertes sorprenden las instalaciones médicas de alta tecnología. Wig, el psiquiatra indio, acababa de abrir un departamento de psiquiatría en la norteña ciudad india de Chandigarh, donde empezó en 1978 la segunda fase del estudio de la OMS. No tenía enfermeras. Por necesidad, pidió a familiares que se quedaran con los pacientes las 24 horas del día. Los familiares se convirtieron en enfermeros. La práctica persiste hasta hoy.
La estricta seguridad que se encuentra en la mayoría de los pabellones psiquiátricos estadounidenses está ausente en Chandigarh: Por un lado, es impagable, pero Wig también se dio cuenta de que había muchos pacientes en India que no podían pagar siquiera los cuidados hospitalarios más baratos. Por eso el estudio incluyó pacientes en la aldea cercana de Raipur Rani, donde los doctores atienden a externos.
Hoy los pacientes del hospital Chandigarh pagan un dólar al día. Eso incluye las comidas.
Krishna Devi tenía 22 cuando se inscribió en el estudio. Los doctores observaron que sus ideas eran desordenadas -hablaba sobre cosas irrelevantes y se ponía agresiva sin razón. Era paranoica y tenía alucinaciones de que un hombre la perseguía, dijo Arun Misra, un psiquiatra que la trató y escribió archivos manuscritos en carpetas encuadernadas de hojas de papel ahora amarillentas.
Los aldeanos tenían sus propias explicaciones de la conducta de Devi -nadie había oído hablar de esquizofrenia. Y la rara conducta de Devi no era vista como razón para mantenerla aislada. Se casó y tuvo cinco hijos. El marido de Devi, un alfarero, la cuidaba, así como otros familiares. También la ayudaban los vecinos, y, con el tiempo, mejoró.
Wig, que estudió psiquiatría en Inglaterra, se mantiene al día de las últimas investigaciones, pero la mayor parte de las veces habla a sus pacientes sobre personajes religiosos que superan obstáculos. Nunca les dice que la esquizofrenia es una enfermedad cerebral crónica e incurable. Y alienta a sus pacientes a complementar su tratamiento con técnicas de curación por la fe.
"En India, la gente no acepta el modelo médico de la esquizofrenia", dijo Wig. "El modelo médico dice: Esto es algo genético, bio-químico, y hay que usar medicamentos, y no hay nada más que se puede hacer'... Los pacientes indios siguen teniendo esperanzas".
Las Familias Juegan un Papel Central
Lakshmi Ramachandran vivía en Detroit, pero decidió llevar a su hijo de vuelta a India después de que le diagnosticaran esquizofrenia entrados sus 20 años. La familia se había mudado a Estados Unidos cuando Rajesh tenía 2, pero después de enfermar se decidió que estaría mejor en Chennai.
"Le gustan las multitudes -en Detroit, tenías que motivarte a ti misma para hacer vida social", dijo la madre en una entrevista en Chennai. "Aquí, los vecinos entran y preguntan: Hola, Rajesh, ¿cómo estás?'"
Las familias son la razón por la que los pacientes indios tienen mejores resultados, dijo el psiquiatra R. Thara Srinivasan, que encabeza una clínica de tratamientos sin fines de lucro llamada Fundación para la Investigación de la Esquizofrenia SCARF en Chennai. La fundación ha verificado independientemente los resultados del estudio de la OMS.
"Mi teoría es que la familia aquí se asegura de que tome adecuadamente la medicación", dijo la siquiatra, que prefiere ser identificada por su nombre de soltera Thara. "La conformidad es un problema en el Occidente".
Si los pacientes rechazan la medicación, Thara instruye a las familias que muelan las píldoras y la mezclen con la comida. Durante una visita del periodista, otra psiquiatra de SCARF, Shantha Kamath, pagó una pequeña suma de dinero a su paciente por colocarse una inyección anti-psicótica -una recompensa que ahora esperaba.
Los occidentales han criticado esas prácticas, pero Thara dice que las relaciones entre paciente y doctor en India son fundamentalmente diferentes a las de Estados Unidos: Las relaciones pueden ser paternalistas, pero los beneficios son costes más bajos y menos fragmentación. Con un presupuesto anual de 67.000 dólares, SCARF trata a 1.200 pacientes, expende medicamentos gratuitamente, gestiona tres residencias para 150 pacientes y ofrece formación vocacional diariamente a 100 pacientes.
Las relaciones sociales de los pacientes son consideradas tan importantes que los psiquiatras dicen a las familias que den en secreto dinero a sus empleadores de modo que los pacientes puedan tener trabajos falsos, vivir con horarios regulares y tener la satisfacción de ser "pagados" -prácticas que serían poco éticas, incluso ilegales, en Estados Unidos.
Mientras que el trabajo y la familia son claramente provechosas para los pacientes, Thara reconoce que los cuidadores, que son usualmente mujeres, pagan un precio.
"Mis pacientes me dicen que me case", dijo una mujer de Chennai, C. Chitra, cuyo matrimonio fue concertado cuando tenía 23 años. Sus parientes políticos pertenecían a una familia más rica, le dijeron que su marido a vece se "enfadaba".
Chitra no le dio importancia: "Todo el mundo se enfada".
Pero el marido, de 34, tenía esquizofrenia. "Me pega sin ninguna razón", dijo.
Chitra no pensó en divorciarse: Pensó que como mujer pobre y divorciada sus opciones serían peores. Poco después, el hermano de su marido se mudó a vivir con ellos -y también tenía esquizofrenia. Chitra cuidaba de los dos, trataba sus psicosis y los calmaba cuando se ponían violentos.
Su marido mejoró poco a poco. Chitra tuvo un bebé y dijo que ahora finalmente es feliz. Pero cuando sus suegros quisieron arreglar unas bodas para el hermano de su marido, ella se puso firme. No quería que otra mujer pasara por lo que había pasado ella.
Luchando Contra el Aislamiento
El condado de Prince George en las afueras de Washington fue uno de los sitios del pionero estudio de la OMS -William Carpenter ayudó a tratar a unos 90 pacientes de esquizofrenia en tres hospitales. Esa experiencia le enseñó que las medicaciones controlan principalmente las alucinaciones y delirios de los pacientes, no los síntomas "negativos" que empujan a los pacientes a desaparecer en mundos interiores silenciosos.
"Siempre ha habido un prejuicio en cuanto a reducir la psicosis", dijo Carpenter, director del Centro de Investigaciones Psiquiátricas de Maryland. "La psicosis es pública y molesta... Los síntomas negativos te molestan si es tu hijo, pero eso no provoca disturbios públicos".
Las medicinas anti-psicóticas que ayudan a aliviar los síntomas exteriores pueden en realidad exacerbar el retraimiento social, dijo. "Mientras tratamos una parte de la enfermedad, complicamos potencialmente otra parte de la enfermedad".
Las nuevas medicinas deben dar cuenta de los síntomas negativos. Pero Carpenter y otros expertos dijeron que está claro que las medicinas no pueden remplazar los soportes sociales.
Tratar la esquizofrenia sin medicamentos anti-psicóticos es impensable, dijeron Wig y Saraceno. Pero el sistema actual en los países ricos es simplemente meter a los pacientes con crisis en hospitales, estabilizarlos con drogas y darles de alta después de unos días. Saraceno dijo que ese enfoque está destinado a terminar en una nueva crisis -la "puerta giratoria" familiar.
Ronald Manderscheid, experto en salud pública de la Autoridad de Servicios de Salud Mental y Abuso de Substancias de Estados Unidos, dijo que los funcionarios habían entendido que la clave para tratar la esquizofrenia reside en integrar los soportes culturales y sociales con la medicina, como han hecho durante largo tiempo en aldeas como Raipur Rani.
"¿Es posible que un sistema de salud mental que es pobre, necesitado, sin recursos ni medicamentos, esté proporcionando un servicio considerablemente mejor y más humano para la población que en los países ricos?", pregunta Saraceno, de la OMS. "Un buen servicio de salud mental no necesita grandes tecnologías, sino tecnologías humanas. A veces, hay mejores tecnologías humanas en las calles de Río que en el centro de Roma".
5 de agosto de 2005
27 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh
Raipur Rani, India. El psiquiatra Naren Wig cruzó una alcantarilla abierta, bordeó una charca y, en la polvorosa tarde, vio algo milagroso.Krishna Devi, una mujer que él había tratado durante años por esquizofrenia, estaba sentada en el patio, rodeada de imágenes religiosas, expuestos ladrillos de la pared y secando ropa. Hace tiempo que Devi había dejado de tomar la medicación, pero su conversación articulada y fácil sonrisa eran un elocuente testimonio de que se había recuperado de una debilitante enfermedad.
Pocos pacientes de esquizofrenia en Estados Unidos tienen tanta suerte, incluso después de años de tratamiento. Pero Devi tenía recursos secretos: una familia cariñosa y una aldea acogedora que nunca la excluyó de ningún evento social, obligaciones familiares o trabajo.
Devi es un recuerdo vivo de un extraordinario estudio de tres décadas de la Organización Mundial de la Salud -uno que muchos médicos occidentales inicialmente se negaron a creer: La gente con esquizofrenia, un enfermedad mortal conocida por sus alucinaciones, ideas desorganizadas y exclusión social, normalmente se encuentra mucho mejor en países pobres como India, Nigeria y Colombia, que en Dinamarca, Inglaterra y Estados Unidos.
El sorprendente resultado pone en entredicho uno de los dogmas centrales de la psiquiatría moderna: que una "enfermedad mental" como la esquizofrenia, es mejor tratada en hospitales, con intervención de medicinas e intervenciones bio-médicas.
Psiquiatras europeos y estadounidenses estuvieron tan choqueados por los hallazgos iniciales en los años setenta que asumieron que había algo malo con el estudio. Lo repitieron. El segundo análisis proporcionó el mismo resultado. La mejor explicación, dijeron los investigadores, es que los lazos familiares más fuertes en los países más pobres tienen un impacto profundo en la recuperación.
"Si tienes un problema cardiovascular, preferirías ser un ciudadano de Los Angeles antes que de India", dijo Benedetto Saraceno, director del departamento de salud mental y abuso de substancias en la sede de la Organización Mundial de la Salud OMS en Ginebra. "Si tuviera cáncer, me gustaría que me trataran en Nueva York antes que en Irán. Pero si tuviera esquizofrenia, no estoy seguro dónde preferiría ser tratado, si en Los Angeles o en India".
La mayoría de la gente con esquizofrenia en India viven con sus familias y otras redes sociales -en agudo contraste con Estados Unidos, donde la mayoría de los pacientes no tienen casa, viven en grupo o solos, en recintos psiquiátricos o en la cárcel. Muchos pacientes indios reciben trabajos de bajo estrés en una cultura que da más valor a las relaciones sociales que a la productividad; los pacientes en Estados Unidos son normalmente excluidos de los trabajos normales.
Las familias indias participan en las discusiones entre doctor y paciente porque las familias son consideradas centrales en el problema y para su solución. En Estados Unidos, las conversaciones entre doctor y paciente son confidenciales -y los psiquiatras se concentran fundamentalmente en la química del cerebro.
Norman Sartorius, ex director del programa de salud mental de la Organización Mundial del Trabajo, encabezó los estudios de esquizofrenia. Dice que hay muchas cosas que Europa y Estados Unidos pueden aprender de aldeas como Raipur Rani.
En una entrevista en su casa en Ginebra, dijo que los países occidentales podían ayudar a familias a cuidar de sus familiares, lo que ahorraría dinero en hospitalización y encarcelamientos. Los cuidadores deben descansar de sus trabajos. Y los doctores podrían contactar a grupos de recreación y religiosos para remplazar las redes sociales que han perdido los pacientes.
"Los factores sociales juegan un importante papel en el desarrollo de la enfermedad", dijo Sartorius. "En medicina, muy pocas soluciones son médicas".
Décadas de investigación han confirmado los hallazgos de la OMS, pero han sido recibidos con un pétreo silencio en Estados Unidos, en parte porque los grupos anti-psiquiatría han sostenido erróneamente que los estudios demuestran que las medicinas y los doctores son inútiles. La mayoría de los psiquiatras estadounidenses consideran la esquizofrenia como un desorden cerebral orgánico, cuyos orígenes y resultado dependen de los genes y de la química del cerebro. Reconocen los aspectos psico-sociales de la enfermedad, pero el reto de conectar a los pacientes con sus trabajos, educación y redes sociales ha sido desdeñado -a menudo porque caen justo fuera de los confines de la medicina tradicional.
Interrogado sobre si estaría de acuerdo con que los pacientes de esquizofrenia estarían mejor en Nigeria que en Nueva York, Darrel Regier, director de investigaciones de la Asociación Americana de Psiquiatría, fue franco: "¡Dios me libre, no!"
Regier no es el único. Grupos de defensa de los pacientes también dudan a la hora de otorgar a las familias un papel central porque, en la era previa, una teoría ahora desacreditada atribuía la esquizofrenia a cuidados familiares deficientes.
Los fabricantes de medicamentos también enfatizan otras cosas. "Las compañías farmacéuticas, que controlan la producción científica de investigaciones en las universidades, no están interesadas en decir: Los factores sociales son más importantes que mis medicamentos'", dijo José Bertolote, un psiquiatra de la OMS. "Yo no estoy contra el uso de medicamentos, pero es una cuestión de balance".
Los doctores occidentales favorecen los lazos familiares más sólidos, dijo Bertolote. Pero los psiquiatras indios, a diferencia de sus contrapartes occidentales, recetan no solamente medicinas, sino además guía espiritual, consejos en el ámbito de la familia -incluso servicios de casamentero. Los doctores indios no son solamente vistos como expertos médicos, sino como sensatas figuras de autoridad.
En la ciudad de Chennai al sur de India, la psiquiatra Shantha Kamath receta mejores lazos familiares: Cuando un padre pidió su ayuda para concertar el matrimonio de su hija, que sufría de esquizofrenia, las instrucciones escritas de Kamath instruían a los familiares cómo relacionarse con su hija y hacía el listado de las cosas que la joven mujer debía aprender antes de que la doctora pudiera buscarle una pareja.
Tendencia Que Emergen Lentamente
En 1967 se inició el Estudio Piloto Internacional sobre Esquizofrenia para determinar si la enfermedad existía en todos los países y si podía ser diagnosticada y tratada de manera fiable.
El estudio estableció rápidamente que la enfermedad ocurre en todas partes. Sólo gradualmente salió a superficie que los pacientes en países pobres tienen mejores resultados. El segundo estudio, que tenía pautas más rigurosas, incluía a los pacientes de Naren Wig, en el pueblo de Raipur Rani.
En total, el estudio seguía a 3.300 pacientes, dijo Sartorius, y 30 años de seguimiento confirmaron las tendencias iniciales. El estudio abarcaba una docena de países -capitalistas y comunistas, orientales y occidentales, del norte y del sur, grandes y pequeños, ricos y pobres.
Los resultados fueron consistentes -y sorprendentes. Los pacientes en los países más pobres pasaban menos días en hospitales, era más probable que tuviesen empleo y estaban más conectados socialmente. Entre la mitad y dos tercios se libraron de sus síntomas, mientras que sólo un tercio de los pacientes de los países ricos se recuperaron en el mismo grado, dijo Sartorius.
También era menos probable que pacientes nigerianos, colombianos e indios sufrieran recaídas y tenían largos períodos de salud entre las recaídas. Los doctores en los países más pobres dejaban las medicaciones cuando los pacientes mejoraban -mientras que los doctores en los países ricos a menudo requerían que los pacientes tomaran medicamentos toda su vida.
Otro estudio, en China rural, reveló recientemente que una dosis baja de medicación puede ser tan efectiva como una dosis alta, y prácticamente eliminaron los efectos secundarios, dijo Martin Gittelman, profesor de psiquiatría de la Universidad de Nueva York. Y las medicaciones más antiguas, en gran parte desechadas en los países más ricos, eran tan efectivas como las nuevas y caras drogas anti-psicóticas.
¿El secreto? El trabajo manual' de las familias extendidas y enfermeros básicos para acompañar constantemente a los pacientes y aumentar sus dosis a los primeros signos de estallidos psicóticos, dijo Gittelman. Las familias nucleares en las sociedades más urbanizadas son a menudo incapaces de proporcionar ese tipo de ayuda y seguimiento, agregó. "La Shanghai urbana está más cerca del Nueva York urbano que del campo de China".
"Una cultura como la nuestra está orientada hacia la autonomía individual y el logro", dijo William Carpenter, psiquiatra de la Universidad de Maryland en Baltimore, que ayudó a dirigir una sección del estudio de la OMS en el área de Washington. En países como Dinamarca, "si fueras psicótico, vivirías de una pensión de incapacidad toda la vida. Prácticamente nadie con esquizofrenia tenía trabajo".
País tras país, la OMS constantó que conexiones sociales y familiares fuertes sorprenden las instalaciones médicas de alta tecnología. Wig, el psiquiatra indio, acababa de abrir un departamento de psiquiatría en la norteña ciudad india de Chandigarh, donde empezó en 1978 la segunda fase del estudio de la OMS. No tenía enfermeras. Por necesidad, pidió a familiares que se quedaran con los pacientes las 24 horas del día. Los familiares se convirtieron en enfermeros. La práctica persiste hasta hoy.
La estricta seguridad que se encuentra en la mayoría de los pabellones psiquiátricos estadounidenses está ausente en Chandigarh: Por un lado, es impagable, pero Wig también se dio cuenta de que había muchos pacientes en India que no podían pagar siquiera los cuidados hospitalarios más baratos. Por eso el estudio incluyó pacientes en la aldea cercana de Raipur Rani, donde los doctores atienden a externos.
Hoy los pacientes del hospital Chandigarh pagan un dólar al día. Eso incluye las comidas.
Krishna Devi tenía 22 cuando se inscribió en el estudio. Los doctores observaron que sus ideas eran desordenadas -hablaba sobre cosas irrelevantes y se ponía agresiva sin razón. Era paranoica y tenía alucinaciones de que un hombre la perseguía, dijo Arun Misra, un psiquiatra que la trató y escribió archivos manuscritos en carpetas encuadernadas de hojas de papel ahora amarillentas.
Los aldeanos tenían sus propias explicaciones de la conducta de Devi -nadie había oído hablar de esquizofrenia. Y la rara conducta de Devi no era vista como razón para mantenerla aislada. Se casó y tuvo cinco hijos. El marido de Devi, un alfarero, la cuidaba, así como otros familiares. También la ayudaban los vecinos, y, con el tiempo, mejoró.
Wig, que estudió psiquiatría en Inglaterra, se mantiene al día de las últimas investigaciones, pero la mayor parte de las veces habla a sus pacientes sobre personajes religiosos que superan obstáculos. Nunca les dice que la esquizofrenia es una enfermedad cerebral crónica e incurable. Y alienta a sus pacientes a complementar su tratamiento con técnicas de curación por la fe.
"En India, la gente no acepta el modelo médico de la esquizofrenia", dijo Wig. "El modelo médico dice: Esto es algo genético, bio-químico, y hay que usar medicamentos, y no hay nada más que se puede hacer'... Los pacientes indios siguen teniendo esperanzas".
Las Familias Juegan un Papel Central
Lakshmi Ramachandran vivía en Detroit, pero decidió llevar a su hijo de vuelta a India después de que le diagnosticaran esquizofrenia entrados sus 20 años. La familia se había mudado a Estados Unidos cuando Rajesh tenía 2, pero después de enfermar se decidió que estaría mejor en Chennai.
"Le gustan las multitudes -en Detroit, tenías que motivarte a ti misma para hacer vida social", dijo la madre en una entrevista en Chennai. "Aquí, los vecinos entran y preguntan: Hola, Rajesh, ¿cómo estás?'"
Las familias son la razón por la que los pacientes indios tienen mejores resultados, dijo el psiquiatra R. Thara Srinivasan, que encabeza una clínica de tratamientos sin fines de lucro llamada Fundación para la Investigación de la Esquizofrenia SCARF en Chennai. La fundación ha verificado independientemente los resultados del estudio de la OMS.
"Mi teoría es que la familia aquí se asegura de que tome adecuadamente la medicación", dijo la siquiatra, que prefiere ser identificada por su nombre de soltera Thara. "La conformidad es un problema en el Occidente".
Si los pacientes rechazan la medicación, Thara instruye a las familias que muelan las píldoras y la mezclen con la comida. Durante una visita del periodista, otra psiquiatra de SCARF, Shantha Kamath, pagó una pequeña suma de dinero a su paciente por colocarse una inyección anti-psicótica -una recompensa que ahora esperaba.
Los occidentales han criticado esas prácticas, pero Thara dice que las relaciones entre paciente y doctor en India son fundamentalmente diferentes a las de Estados Unidos: Las relaciones pueden ser paternalistas, pero los beneficios son costes más bajos y menos fragmentación. Con un presupuesto anual de 67.000 dólares, SCARF trata a 1.200 pacientes, expende medicamentos gratuitamente, gestiona tres residencias para 150 pacientes y ofrece formación vocacional diariamente a 100 pacientes.
Las relaciones sociales de los pacientes son consideradas tan importantes que los psiquiatras dicen a las familias que den en secreto dinero a sus empleadores de modo que los pacientes puedan tener trabajos falsos, vivir con horarios regulares y tener la satisfacción de ser "pagados" -prácticas que serían poco éticas, incluso ilegales, en Estados Unidos.
Mientras que el trabajo y la familia son claramente provechosas para los pacientes, Thara reconoce que los cuidadores, que son usualmente mujeres, pagan un precio.
"Mis pacientes me dicen que me case", dijo una mujer de Chennai, C. Chitra, cuyo matrimonio fue concertado cuando tenía 23 años. Sus parientes políticos pertenecían a una familia más rica, le dijeron que su marido a vece se "enfadaba".
Chitra no le dio importancia: "Todo el mundo se enfada".
Pero el marido, de 34, tenía esquizofrenia. "Me pega sin ninguna razón", dijo.
Chitra no pensó en divorciarse: Pensó que como mujer pobre y divorciada sus opciones serían peores. Poco después, el hermano de su marido se mudó a vivir con ellos -y también tenía esquizofrenia. Chitra cuidaba de los dos, trataba sus psicosis y los calmaba cuando se ponían violentos.
Su marido mejoró poco a poco. Chitra tuvo un bebé y dijo que ahora finalmente es feliz. Pero cuando sus suegros quisieron arreglar unas bodas para el hermano de su marido, ella se puso firme. No quería que otra mujer pasara por lo que había pasado ella.
Luchando Contra el Aislamiento
El condado de Prince George en las afueras de Washington fue uno de los sitios del pionero estudio de la OMS -William Carpenter ayudó a tratar a unos 90 pacientes de esquizofrenia en tres hospitales. Esa experiencia le enseñó que las medicaciones controlan principalmente las alucinaciones y delirios de los pacientes, no los síntomas "negativos" que empujan a los pacientes a desaparecer en mundos interiores silenciosos.
"Siempre ha habido un prejuicio en cuanto a reducir la psicosis", dijo Carpenter, director del Centro de Investigaciones Psiquiátricas de Maryland. "La psicosis es pública y molesta... Los síntomas negativos te molestan si es tu hijo, pero eso no provoca disturbios públicos".
Las medicinas anti-psicóticas que ayudan a aliviar los síntomas exteriores pueden en realidad exacerbar el retraimiento social, dijo. "Mientras tratamos una parte de la enfermedad, complicamos potencialmente otra parte de la enfermedad".
Las nuevas medicinas deben dar cuenta de los síntomas negativos. Pero Carpenter y otros expertos dijeron que está claro que las medicinas no pueden remplazar los soportes sociales.
Tratar la esquizofrenia sin medicamentos anti-psicóticos es impensable, dijeron Wig y Saraceno. Pero el sistema actual en los países ricos es simplemente meter a los pacientes con crisis en hospitales, estabilizarlos con drogas y darles de alta después de unos días. Saraceno dijo que ese enfoque está destinado a terminar en una nueva crisis -la "puerta giratoria" familiar.
Ronald Manderscheid, experto en salud pública de la Autoridad de Servicios de Salud Mental y Abuso de Substancias de Estados Unidos, dijo que los funcionarios habían entendido que la clave para tratar la esquizofrenia reside en integrar los soportes culturales y sociales con la medicina, como han hecho durante largo tiempo en aldeas como Raipur Rani.
"¿Es posible que un sistema de salud mental que es pobre, necesitado, sin recursos ni medicamentos, esté proporcionando un servicio considerablemente mejor y más humano para la población que en los países ricos?", pregunta Saraceno, de la OMS. "Un buen servicio de salud mental no necesita grandes tecnologías, sino tecnologías humanas. A veces, hay mejores tecnologías humanas en las calles de Río que en el centro de Roma".
5 de agosto de 2005
27 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh
la niña boxeadora 5
[Kurt Streeter] La pelea de su vida. Seniesa aprende de una derrota y ansía vengarse. Para ella y su padre, no es sólo el título lo que está en juego. Es su sueño.
No había nada que pudiera aliviar ese dolor.
Aunque había perdido, su padre le compró un enorme trofeo con un púgil arriba, con la inscripción "Seniesa Estrada, Regional Junior Champion". La sorprendió. Se lo llevó a su dormitorio y lo colocó cerca de su almohada. Pero no la ayudaba.
Miró un video de su pelea chupando un pirulí. "Quizás gané", dijo. "No peleé tan mal como pensaba". Pero no la consolaba.
Se alejó del gimnasio. Cuando finalmente volvió a su entrenamiento, estaba decaída. Hablaba de otros deportes y practicó con un equipo de balonmano, contra la voluntad de su padre. No la alivió. Incluso sus maestros observaron que algo marchaba mal. Seniesa se puso holgazana, y empezó a sacar malas notas. Interrumpía las clases con chácharas y chismes. Le demostró, dijo Lupe Arellano, una de sus maestras, que no era invencible, y la obligó a darse cuenta de que la vida era más que el boxeo. "Está explorando qué significa ser una niña corriente", dijo Arellano. "Quizás es bueno para ella. Es sólo una niña. Es hora de que busque y descubra dónde pertenece".
También era hora de que se probara ante los obstáculos de la familia. Su padre, Joe Estrada, 45, que compartía su sueño de convertirse en una campeona olímpica y luego en campeona del mundo, era un problema en sí mismo. Su hermano, el Tío Rick de Seniesa, estaba siendo juzgado por intento de homicidio y podría ser condenado a 25 años o cadena perpetua. Joe temía que Rick se suicidara, quizás provocando a alguien en la cárcel para que lo mataran.
Joe apenas dormía. Pasaba largos días encargándose del negocio familiar de letreros, sin la ayuda de su hermano. Lo distrajo de la preparación de su hija como boxeadora. Un día en su tienda, mientras ordenaba letras de metal y de vinilo, sus manos arrugadas y estropeadas temblaron, luego paró. Levantó la vista. Hace algunos años, dijo, la presión lo habría aplastado. Habría empezado a salir de nuevo, quizás a usar dogas, quizás encaminándose derechamente hacia las cloacas, quizás volviendo a la cárcel -o un ataúd.
Afortunadamente, ahora tenía a su chiquilla y la ilusión que compartían. El boxeo de Seniesa había significado durante largo tiempo su propia redención. Lo mantenía en el camino recto. "Tengo que estar ahí, por ella", dijo. "No quiero que esto la afecte, porque le duele cuando me duele a mí. Estamos atados uno al otro. Ella es la cola que me mantiene entero".
Sin embargo, el Tío Rick era un problema sobre el que tenía que hablar. Era sólo una niña, pero era la que mejor entendía a su padre. Durante el almuerzo un día, comiendo hamburguesas y bebiendo Coca-Cola, recordaría, él le contó lo cansado que estaba, preocupado y distraído y estresado.
"¿Qué crees tú, mija?", preguntó. ¿Qué podía hacer él por su hermano? ¿Qué tenía que hacer con el negocio? ¿Debía cerrar la tienda? ¿Qué debo hacer?
"Sé que es difícil", dijo ella, aceptando el reto. Nunca olvidaría mirándolo, con lágrimas en los ojos. "Papa, sí que puedes", dijo. "Ya has pasado por un montón de cosas. Esto no es nada comparado con lo que has pasado".
No necesitaba decir más. Su presencia, su preocupación y su boxeo eran suficientes. Si haber perdido la pelea en el ring, de manera tan inesperada y tan dolorosa, no la llevaba a abandonar el boxeo.
Una Visión de los Chicos
Le ayudaría si derrotaba a algunos niños.
La idea se le ocurrió naturalmente. Pero ahora estaba envuelta en complejidad. Aunque necesitaba derrotarlos en el ring, estaba descubriendo que los chicos podían ser atractivos.
Ella era la cabecilla de un cerrado grupo de niñas de sexto, de risa tonta, alborotadoras, desbordándose en conversaciones interminables sobre compras, comida y música. ¿Pero los chicos?
La verdad era, me dijo su maestra, que había visto a Seniesa tomada de la mano con un niño.
Le pregunté a Seniesa. Me miró como si yo fuera un fantasma. Entonces se rió y enrojeció. "La señorita Arellano", dijo, "debería preocuparse de sus propios asuntos".
Sus amigas se retorcían de curiosidad. Una preguntó: ¿Era verdad que se subía a un ring de boxeo y peleaba con niños? Si eso era verdad, debía ser bastante buena.
"¿Qué quieres decir, bastante buena?", dijo Seniesa. Su voz sonó severa y seria. "Tú sabes que peleo con niños. Y a veces les pego tan fuerte que terminan llenos de sangre. ¿Qué quieres decir, bastante buena? Soy más que bastante buena. Yo hago sangrar a los niños".
Su padre la animó. Quizás así volvería a recuperar la confianza.
La oportunidad se presentó un día cuando Seniesa enfermó con una gripe. Era el 23 de febrero de 2004. Estaba sola en su gimnasio en Los Angeles Este, mirando entrenar a los niños. Había un equipo de Hawaiian Gardens para empezar un sparring. Sólo se competía por el honor, pero al menos era algo.
Cuando llegó el equipo, Seniesa estaba jugando ojo de buey con una niña del vecindario, y se veía triste, excluida.
Un niño de 11 de Hawaiian Gardens llamado Ulises, trepó al ring para pelear contra uno de los niños de Los Angeles Este. Ulises peleó con fuerza y destreza, y machacó al chico del gimnasio de Seniesa. Los preparadores de Ulises dijeron que era nuevo en el boxeo. Joe sospechaba que no era verdad. ¿Pelearía Ulises con una niña?
"Seguro", dijo su apoderado.
"Dile a tu niño que no se contenga", dijo Joe. Se volvió hacia Seniesa. "Tú no te sientes bien, ¿no?"
Sus ojos se agrandaron. Asintió: No.
"Prepárate", dijo su padre. "Vas a pelear".
Se levantó se un brinco y estiró sus brazos hacia él. Se puso los guantes en los puños. "Tiene una derecha fuerte", dijo su padre. "Esquiva la derecha. No te quedes atrás. No te apartes. Deslízate y pégale en la mandíbula con tu izquierda. Se están volviendo engreídos. No nos gusta. Vamos a darle una lección a este chiquillo".
Al sonar la campana, Seniesa propinó a Ulises una serie de ganchos, jabs y rectos. Lo empujó contra las cuerdas, golpeando rápido, abajo, arriba en la cabeza. El gimnasio se llenó de sus crujidos.
Ulises estaba choqueado. Entonces empezó a pelear de vuelta, golpeándola en el cuerpo y en la cara. Su cabeza se sacudió, pero se mantuvo cerca, esquivando su derecha mientras lo amartillaba hacia atrás. Yo podía oír y ver los resultados de sus golpeadas. La boca de Ulisas formó una O. "Ugh", gimió. "Uhh. Uhh".
"¡Vamos, Ulises, vamos!", gritaron sus preparadores. "¡A la derecha! ¡A la derecha!"
Brotaba el sudor. Los puños se alzaban y caían y cruzaban el aire caliente y húmedo. Joe y los entrenadores rivales bramaban. Lo mismo hacía el vecindario, que había llenado el gimnasio.
"¡Durán, Seniesa, durán!" Era el golpe que ella había bautizado en honor del campeón Roberto Durán.
"¡Vamos, Ulises, vamos!".
"¡Muestra lo que puedes, niña, muestra tu fuerza!"
Una mujer chillaba más alto que los demás. "¡Vamos, mami! ¡Vamos, mami! ¡Muéstrales que eres una verdadera mexicana! ¡Muéstrales que eres una chica! Muéstrales el poder de las chicas!"
Seniesa llevó la delantera. Giró, dio vueltas, con su coleta de caballo flotando, boxeando como si estuviera ahuyentando a un demonio.
Al final, la multitud aplaudió admirada. Seniesa y Ulises se abrazaron en medio del ring. Repentinamente, parecía tranquila, feliz. Se veía alta, algo que no había visto en semanas.
"Estuvo bien", dijo Ulises mientras se retiraba hacia la parte de atrás del gimnasio a por agua. Tenía la camiseta mojada, el paso tieso. "No dejaba de atacar. Atacándome y pegándome".
Joe deslizó un brazo sobre los hombros de su hija, y se alejaron en la oscuridad de la noche. Seniesa sonreía.
"Nadie la puede tocar", dijo él, alzando su puño. "NA-DIEE. Mi niña está de vuelta".
Volviendo a Creer
Para recuperar el ímpetu, Joe aprovechó casi toda oportunidad para que boxeara. Una de ellas fueron la Olimpíadas Juveniles. A pesar de la preocupación de su madre, de que se veía muy pálida para subirse al ring, Seniesa ganó en el segundo asalto por knock-out técnico. Viajó dos veces a Arizona. Las dos veces derrotó a una niña 4 kilos más pesada.
En el último de esos torneos, cuando se anunció que Seniesa había ganado, la gente local abucheó, silbó y agitó los brazos. Joe trató de sacar rápido a Seniesa, pero ella levantó el brazo derecho y apuntó desafiantemente el dedo del corazón hacia arriba.
"¡No hagas eso, mami, no hagas eso!", gritó Joe sobre el estrépito.
Cuando volvían a su hotel, él sacudió su cabeza. No podía creer que su hija se hubiera burlado de la gente.
"¿Qué?", dijo, con una sonrisa astuta. "¡Yo sólo estaba diciendo que Soy el Número Uno! ¡Soy el Número Uno!'"
Su padre volvió a sacudir la cabeza, pero se serenó. En su intimidad, se sentía contento. Ella había vuelto a creer en su sueño.
Incluso Lupe Arellano, su maestra, podía ver que Seniesa se estaba sintiendo mejor consigo misma. Podía concentrarse más y mejoró sus notas.
En su diario escolar Seniesa escribió: "Soy una mexicana. Una niña que vive en El Sereno. No tengo mucho dinero. Soy ciudadana americana. Tengo inteligencia. Orgullosa de mis logros".
Fue la única de su curso de sexto que tenía metas definidas, dijo Arellano. "La mayoría de los niños están en una fase en que todo lo que importa es la gratificación inmediata. Pero para ella, es una dedicación de largo plazo. Está diciendo que quiere hacer las Olimpíadas algún día. Nadie me parará. Si no te gusta, mala suerte'".
Lo que restauraría completamente la confianza de Seniesa, sabía su padre, sería ganar la revancha a Daveena Villalva, que la había vencido en el Octavo Campeonato Guantes de Plata ese enero.
Fue la primera derrota importante de Seniesa -y empezó su bajón. Ahora que la tristeza se estaba aliviando, quería venganza. Daveena vivía en Arizona y Seniesa la había visto en sus dos peleas de Phoenix. Pero Joe no pudo convencer al padre de Daveena para otra pelea.
Con cada negativa, crecía la sed de venganza de Seniesa. "No quiere pelear", me dijo Seniesa. "Oh, la odio".
La verdad sea dicha, Daveena quería, y mucho, pelear. Estas dos niñas se parecían un montón.
En su apartamento, una casa prefabricada de un piso en un vecindario en gran parte pobre y en gran parte latino al sur del centro de Phoenix, donde la visité una tarde, Daveena estaba dando vueltas cerca de un ring que su padre, que era su apoderado, había construido en su terreno.
Como Joe, David Villalva había sido un matón callejero. Ahora era un soldador y podador de árboles que criaba pit bulls en 18 casetas junto al ring para hacer algún dinero extra. Tal como había sido para Seniesa, el boxeo fue idea de Daveena. David no quería que su hija tuviera nada que ver con eso. Pero entonces ella hizo un sparring por primera vez -como Seniesa, contra un niño. Y, como Seniesa, la dejó tan mal que su padre cambió de opinión.
Los Villalva eran una familia cálida y unida. Cuando Daveena corría junto a las perreras en un calor de 42 grados Celsius, me vio y trotó hacia mí. Se presentó a sí misma y extendió su mano. Tenía la piel suave, los ojos oscuros y redondos, las mejillas redondas y el pelo negro y liso que caía por debajo de sus hombros.
Su postura me impresionó. Como Seniesa, era encantadora, pero era más relajada, más abierta. Me miraba fijamente cuando respondía mis preguntas.
Como Seniesa, tenía rabia. Odiaba el modo en que Seniesa la había tratado, cómo Seniesa se había negado a darle la mano después de que Daveena ganara, cómo Seniesa salió a toda prisa del ring y luego del vestuario cuando entró Daveena.
David estaba preocupado por la rabia de su hija. Si era demasiado, la podría llevar a ser abiertamente agresiva, temía. Eso la podría cegar ante el peligro. Y eso, a su vez, podría hacerla vulnerable. Necesitaba relajarse, dijo, antes de que peleara otra vez con Seniesa.
La vi martillar sus golpes en un enorme saco rojo de entrenamiento y luego hacer un sparring con un niño.
Daveena era agresiva. Era fuerte. Era tan agresiva y fuerte como Seniesa.
Oh, habría revancha, me aseguró Daveena. "La última pelea pensé que estuve muy bien. Vamos a pelear. Espero que pronto".
La primavera se estaba tornando verano cuando un torneo en Tucson conocido como los Guantes Turquesas ofrecieron una oportunidad.
Joe lo volvió a intentar.
Esta vez, David estuvo de acuerdo.
Seniesa vio la excitación de su padre.
Y ella vio su alivio; el juicio de su hermano Rick había terminado finalmente. El jurado absolvió al tío de Seniesa de intento de homicidio y lo condenó por cargos menores: agresión de su esposa con un arma letal, uso de arma de fuego para causar daños corporales y agresión con graves lesiones corporales. El juez lo sentenció a 10 años de cárcel. Era menos de lo que había temido Joe, y pensaba que su hermano podría soportarlo.
También vio otro cambio. Poco a poco, su padre se estaba transformando. En una discusión que lo colocaba, con otro entrenador, de punta con un entrenador rival, la rabia de Joe destelló un instante. La quería terminar a puñetazos. Seniesa lo pudo ver en las venas de su cuello. Pero su padre retrocedió de la furia que era parte de su naturaleza, de lo que él llamaba "la zona".
"Cálmate", dijo. "No vale la pena pelear, peleando no vamos a solucionar esto. Creen que somos cholos de la calle. No les vamos a dar en el gusto".
Seniesa se dio cuenta que su padre podía eludir una pelea. Quizás el sueño que tenían lo estaba cambiando.
Incluso así, cuando se acercaba la pelea con Daveena, el mundo volvió a atraparla. Era después de la puesta de sol cuando pasaba con su madre, Maryann, frente a una tienda de licores del vecindario llamada Mickey's. Vieron un gentío. Entonces vieron una cinta amarilla y luego unas piernas en pantalones negros saliendo por debajo de una manta.
¿Era uno de los hermanos de Seniesa?
¿Johnny?
¿Joey, quizás?
Maryann paró el coche, corrió hacia el cuerpo y preguntó frenéticamente: "¿Quién es ese muerto en el suelo?"
No era de su familia. Pero Seniesa se despertó esa noche llorando en la salita, mientras su madre y Joey hablaban sobre la víctima, una mujer que la familia conocía, y el supuesto asesino, al que también conocían.
Seniesa me dijo que eso la paralizó de terror.
Pero sabía que no podía detenerse en eso. Donde vivía, a veces parecía que recién se había cometido un asesinato. Su padre le dijo que debía estar preparada mentalmente, o sino perdería ante Daveena. Tenía que olvidar el asesinato.
"Eso tienes que dejarlo", le dijo Joe. "Esta es tu prueba. Es hora de que nos concentremos, es hora de viajar a Arizona a arreglar ese asunto".
Soñando con Daveena
Finalmente, Seniesa no pensaba más que en una cosa: Daveena. De noche, Seniesa soñaba con ella, peleando con ella tres días seguidos, todo el día, cada día un round.
En sus sueños le pegaba a Daveena todos los días.
"Al principio, cuando llamaron nuestros nombres yo iba a darle la mano rápido, porque no quería mirarla siquiera", me dijo, fría. "Lo que quería era pegarle, eso era".
Yo dije que Daveena era una niña muy parecida a ella, una niña buena que quería ganar tanto como ella. Si vivieran en el mismo barrio y fueran a la misma escuela, dijo, podrían ser buenas amigas.
"Nunca", dijo. "No me gusta".
La rabia es un combustible poderoso, y se podía ver que parte de su postura dura se había transformado en parte de su propia terapia.
La pelea tendría lugar el 26 de junio, cuando cumpliera 12. Su padre le prometió 400 dólares como regalo de cumpleaños, pero para recibirlo, tenía que ganar. Su táctica me sorprendió. Estaba claro que Seniesa no necesitaba motivación extra,
Sin embargo, la pelea se había convertido en algo especial para Joe, en una especie de prueba de supervivencia.
"Dios la bendiga, a ella y su familia", dijo, hablando de Daveena. "No le deseo nada mal. No, nada personalmente, de verdad. Es simplemente un deporte violento. Es un deporte muy violento. Y una vez que te subas al ring, lo lamento, pero mi niña le va a pegar a la tuya. Mi niña realmente le va a pegar a tu niña. Después de que salgamos del ring pueden jugar a las muñecas y hacer lo que quieran, hablar sobre Barbie y Ken. Pero cuando estén en el ring, lo lamento: Se trata de que yo te pegue antes de que tu me pegues a mí. Así es como es".
Salimos para Tucson el día antes de la pelea, llevando a un equipo de niños boxeadores del gimnasio de Seniesa. A la mañana siguiente, nadie habló de su cumpleaños. En su cuarto en el hotel, se sentaba aparte, inquieta, jugando con sus trenzas, chequeando su bolso para asegurarse de que tenía todo.
De vez en vez se levantaba para liberar tensión de sus piernas. Los chicos estaban jugando a un videojuego. Ella los ignoró. Se estiró y levantó una pierna hacia atrás, balanceándose. Parada en una pierna, parecía una delgada garza morena.
Colocaron clandestinamente un ring en el centro de El Casino Ballroom, en un barrio de Tucson. El vestíbulo estaba lleno del caliente aire de junio en Arizona. Olía a polvo. Brillantes luces rebotaban sobre la lona. Habían suficientes sillas plegables para al menos 500 personas, y el local se estaba llenando rápidamente.
Seniesa no tuvo problemas en hacer peso. Cuando ella y Daveena se subieron a la balanza, pesaban lo mismo: 35 kilos.
Las dos niñas apenas se saludaron. Las dos trataron de parecer indiferentes, imperturbables, pero las vi mirarse a hurtadillas, cuando pensaban que nadie estaba mirando.
En camino al almuerzo, Seniesa y su padre pasaron frente a los Villalva. Daveena estaba comiendo Doritos. Le extendió la bolsita.
"¿Quieres un poco?"
Seniesa parecía asombrada de que Daveena hubiera hablado. Retrocedió, esquivando los Doritos como si fuera un golpe. "No", dijo, alejándose. "Estoy bien".
Después de almuerzo, se acercó un niño de 8. "No puedo", jadeó, sollozando. "No puedo". Era su turno de pelear, y Joe había ayudado a enseñarle a boxear. Joe se dio un momento y le hizo un masaje en sus delgados hombros. "Trata. Si ves que no te gusta, voy a parar la pelea. No voy a dejar que te pase nada malo".
Miraron la pelea del chico, y cuando ganó, Seniesa lo abrazó a él y a su padre. Luego se colgó el bolso sobre un hombro y se alejó del ring, con los labios apretados. Se acercaba su día del ajuste de cuentas.
Una hora antes de la pelea, Seniesa se había puesto su shorts azules brillantes, una camiseta sin mangas azul y zapatillas de boxeo negras Adidas, impecables, cuidadosamente envuelta en los tobillos con delgadas tiras de cinta blanca. Como Daveena, miraba a media distancia. Las miré a las dos. Se restregaron los ojos. Estiraron los brazos.
"¿Estás lista?", le pregunté a Seniesa.
"No, no estoy lista", dijo, con su voz llena de ironía. Forzó una sonrisa. Ya no tenía problemas en mirarme a los ojos. "Sí, estoy lista. Por supuesto. Yo nací lista".
El Gran Momento
Veinte minutos para la campana.
Joe le había puesto unos abultados guantes azules en sus puños envueltos en cinta.
"No me gustan estos guantes", dijo Seniesa.
Joe la paró en seco. "No, no. no. Hoy no hay excusas, mami. No hay excusas".
Ella y Daveena se acercaron, a apenas unos metros del ring. Los referís examinaron sus protectores de cabeza y sus guantes. Las chicas se veían solemnes, inexpresivas.
Daveena se balanceaba sobre sus pies, luego se paró y mantuvo quieta. Apoyó los puños en las caderas. Miró el ring.
Seniesa lanzó unos rectos en el aire, los labios apretados.
David y Joe se dieron palmadas en la espalda. "Buena suerte", se dijeron uno al otro.
Seniesa y su padre caminaron hacia las cuerdas. Les seguía Ronny Rivota, un preparador de los chicos, estirándose y recordándole el plan de la pelea: Ponte firme, contrarresta las fintas de Daveena con artillería pesada, con toda tu fuerza. "Si te pega", advirtió, "controla tu rabia".
Miró sobre sus hombros, los ojos redondos, grandes y concentrados.
"¿Lista, novia?", preguntó su padre.
"Sí".
"Okey, mano derecha, mano izquierda, mano derecha. Recuerda, ella no pega rectos. Acércate. Acórralala".
Seniesa no pareció escucharle. Estaba en un mundo propio, estirando, balanceándose y rebotando sobre los dedos de los pies.
Durante semanas Joe había preparado este momento, quedarse tarde noche tras noche mirando un video de la primera pelea de Seniesa con Daveena, contando los golpes, convenciéndose de que a su hija le habían robado el título. Me dijo que sabía qué decirle a Seniesa cuando subiera al ring a pelear de nuevo con Daveena.
Agachándose, lanzó una precipitada hilera de palabras.
"Machácala", le dijo. "Los referís están parando las peleas hoy en día. Deja que los referís la paren. Vamos, nena, ella no pega más fuerte que Richard [uno de los chicos del gimnasio]. Recuerda eso. Ahora les vas a demostrar. Creen que te pueden ganar, pero no tienen talento para ganarte. No saben ni la mitad de lo que sabes tú. Vamos, mami, eres 10 veces, 100 veces mejor que ella. En cuanto a capacidades y en todo sentido, mami. Puedes hacerlo, mami. Dios está con nosotros. Es entre tú y el Señor ahora, mami. Pídele al Señor que te de fuerza. Yo no puedo subir contigo, pero Dios está contigo todo el rato, nena. Vamos a ganar. Hemos esperado mucho tiempo este momento, mami. Te lo digo, creen que ganaron la primera pelea, pero sé que tienen dudas. Vamos a ganar, muñeca".
Seniesa asintió -sí, sí, sí.
Pero, en realidad, no había nada, ni siquiera Joe, que pudiera decir algo que la interrumpiera de su concentración y se metiera en su cabeza. Este era el momento más importante en la vida que había compartido con su padre, un ensayo para las muchas y difíciles peleas que esperaban tener en el futuro. Quería ganar esta pelea más que cualquier cosa. Ya estaba en el estado de trance que había heredado de su padre.
Cruzó las cuerdas y entró al ring. Pasaron unos segundos. ¡Clangs! La campanada hizo eco en todo el salón de baile.
Dispuesta a Más
Seniesa y Daveena se abalanzaron una sobre otra, dejando fluir los seis meses de ansiedad desde su último duelo.
Seniesa dirigía con la izquierda, raspando los guantes de Daveena.
Le dio a Daveena un momento de duda. Entonces atacó.
Seniesa retrocedió. Pero en esta pelea, a diferencia de la anterior, se paró, se agachó sobre la pierna izquierda, se adelantó y lanzó una rápida combinación -jab, golpe cruzado, jab, cruzado. Los golpes, más fuertes que cualquiera de los que había lanzado antes, se incrustaron en Daveena. Dolieron.
Pero esta no era una niña a la que Seniesa pudiera intimidar. Era Daveena, la boxeadora a cuerda. Se concentró en su objetivo, y siguió persiguiendo, yéndose encima, tal como la primera vez. La persiguió, le lanzó golpes curvos, negándose a dar cuartel.
Seniesa se protegía de las fintas como una avisada maestra. Llena de energía, dispuesta a atacar, se balanceaba entre los golpes de Daveena, esquivando la mayoría de ellos. Golpeaba rápido, respondiendo con su derecha, luego la izquierda.
La cabeza de Daveena se torció hacia atrás. Guap. Su cabeza giró de lado a lado, de izquierda a derecha. Guap-guop.
Cuando sonó la campana. Seniesa desbordaba de confianza y agilidad.
"¡Relájate, mami!", le dijo su padre.
Estaba contento, tan contento que no le dio instrucciones. Sigue haciendo lo que estás haciendo, dijo, porque lo que estás haciendo es ganar.
Ella asintió, dispuesta a más.
En el segundo asalto, abrió con un gancho, luego un duro gancho izquierdo.
Los hombres y mujeres en las butacas que no habían esperado ver boxear a niñas, me gritaban su asombro en los oídos: "¡Maldición!" Un durán al estómago. Otro. "¡Maldición!"
"¡Sigue!", gritaba su padre, tan fuerte que el referí paró un momento la pelea, se volvió hacia Joe y le dijo que se calmara. Lo hizo, pero siguió retorciéndose con cada golpea que lanzaba y recibía su hija. Era como vudú; lo sentía todo.
Daveena, frente a un nuevo tipo de ataque, esquivó muchos de los golpes. Siguió atacando, empujando a Seniesa con sus golpes. Muchos de ellos aterrizaron sólidamente en los lados de Seniesa. La hizo girar y retorcerse.
"¡Vamos, Chiqui! ¡Pelea, Chiqui!", gritaban los familiares y amigos de Daveena, parados junto al ring.
Entonces, justo antes de la campana, Seniesa asestó un duro golpe que casi hizo perder el equilibrio a Daveena. Varios de los fans de Daveena se derrumbaron preocupados en sus butacas.
Pero no se rindieron. Se levantaron cuando el tercero y último round ya estaba en camino, animando ruidosamente a Daveena cuando esta encontró nuevas fuerzas. ¡Guap! Varios llegaron a destino, guap-guap, sacudiéndola.
Sin embargo, pronto Daveena perdió su fuerza.
Seniesa resistió el ataque, y ahora estaba pegando. Derecha. Durán. Derecha. Durán. Marcha atrás. Jab.
Tal como en los entrenamientos, como la había instruido su padre, como había soñado. Entonces se cansó.
Las chicas se midieron cerca del centro del ring, buscando un hueco, esperando una segunda vuelta. No había tiempo. ¡Clang! La campanada final. Había terminado. Seis meses de esperar y esperar habían terminado.
Joe abrazó a Seniesa. Se veía excitada y nerviosa, cansada pero contenta.
David abrazó a Daveena, su cara tranquila, como si se estuviera preparando para aceptar elegantemente lo que decidieran los jueces.Los jueces reunieron sus tarjetas de puntos, contaron los resultados, y un referí en blanco tomó las manos de las púgiles.
Ahí, en medio del ring, pasaron cinco, 10, 15 segundos. Las dos niñas mostraban esperanza -y miedo.
"Damas y señores", dijo el anunciador por el micrófono, su voz resonando a través de los altavoces. "Damas y señores, un aplauso para nuestras luchadoras, por favor". La multitud gritó y pateó el suelo.
Y la Ganadora Es
Las piernas de Seniesa temblaban.
"Y la ganadora, por decisión, es..."
Daveena miró hacia arriba, como rogando. Pasó un segundo, otro.
"¡Se-nie-sa Es-tra-da!"
No debería haberme sorprendido cuando todo lo que mostró fue sencilla satisfacción: un rápido brinco en el aire, el puño alzado por un momento. Cualquier otra cosa habría indicado dudas. La postura de Seniesa, correcta pero imperturbable, decía suficiente: No te sorprendas de lo que hago. Seniesa Carmen Estrada se puede cuidar a sí misma.
Le dio la mano a Daveena, firmemente, e incluso la ayudó a pasar por las cuerdas y salir del ring. Los oficiales le entregaron a Seniesa el cinturón del campeonato y caminó hacia su padre, que lo colgó sobre su hombro. Ella golpeó las palmas.
"¿Está claro para ti?", preguntó, aludiendo a los momentos en que había tenido dudas. "¿Lo tienes claro?"
Sonrió, pero sin decir nada, dejándole desahogarse con alguien en la multitud -"La última vez nos robaron. La última vez nos robaron"-, dejándolo complaciéndose en lo que ella había creado.
Pronto estábamos parados bajo el sol, en el aparcamiento de tierra. Le pregunté a Seniesa cómo se había sentido en el ring.
Más fuertes que nunca, dijo. Sabía que estaba golpeando fuerte, porque podía sentir, en sus nudillos, lo blando del cuerpo de Daveena. Dijo que estaba contenta de que hubiera terminado, porque ahora ya no necesitaba vengarse. El rencor había pasado. Miró al suelo y vio un hormiguero.
Joe habló con agitación, las palabras a borbotones. "Ay, man, me siento en la gloria. Esto hace que todo valiera la pena. Todo salió como tenía que salir. Su agresividad. Le dije que lanzara combinaciones. Le dije que pegara fuerte y que no retrocediera". La besó en la frente.
Sonrió, y luego se agachó sobre el hormiguero.
"Lo hiciste también como pensé que lo harías, mami", dijo su padre.
Con su dedo tocó suavemente la tierra, diciendo que nunca había visto antes unas hormigas negras tan grandes. La amazona que había peleado tan furiosamente en el salón de baile había desaparecido. De repente, Seniesa era como cualquier otra niña.
Su padre no se dio cuenta. "Hay algo más importante que mi niña aprendió hoy", dijo. "No hay que rendirse. Es como mi vida. No te rindas, pase lo que pase. Si pierdes una pelea, o si pasa algo peor, como lo que pasó con mi vida, o no importa qué, sigue peleando, sigue atacando, sigue volviendo".
Tocó su cuello con sus dedos. Parecía estar hablando tanto consigo mismo como con ella, recordándose dónde había estado y lo lejos que había llegado. Tijuana. Primera Flats. La cárcel. La adicción. La agresión. La pérdida de su familia, la pérdida de su niña. Y luego, el largo camino de vuelta.
"Eso es lo que tengo que enseñarte. No te rindas, no te rindas, no te rindas".
Ahora su pasado estaba lejos. La pelea de Seniesa ayudó a dejarlo en claro. Sin embargo, sólo era una niña, que cumplía 12 ese mismo día. Era demasiado joven como para poner su vida y la de él en perspectiva. Tampoco era necesario que lo hiciera.
Se agachó sobre sus delgadas rodillas, mirando las hormigas.
"¿Papá?", preguntó, tirándole de la camisa. "¿Papá?", preguntó de nuevo, mirando hacia arriba. "¿Podemos irnos?"
Él asintió.
Ella se irguió de un brinco, y pasó junto a él, apurándose.
"Eso es, te quiero, mija", dijo.
"Lo sé", dijo ella. "Yo también te quiero, papi".
5 de agosto de 2005
14 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
video 1
No había nada que pudiera aliviar ese dolor.Aunque había perdido, su padre le compró un enorme trofeo con un púgil arriba, con la inscripción "Seniesa Estrada, Regional Junior Champion". La sorprendió. Se lo llevó a su dormitorio y lo colocó cerca de su almohada. Pero no la ayudaba.
Miró un video de su pelea chupando un pirulí. "Quizás gané", dijo. "No peleé tan mal como pensaba". Pero no la consolaba.
Se alejó del gimnasio. Cuando finalmente volvió a su entrenamiento, estaba decaída. Hablaba de otros deportes y practicó con un equipo de balonmano, contra la voluntad de su padre. No la alivió. Incluso sus maestros observaron que algo marchaba mal. Seniesa se puso holgazana, y empezó a sacar malas notas. Interrumpía las clases con chácharas y chismes. Le demostró, dijo Lupe Arellano, una de sus maestras, que no era invencible, y la obligó a darse cuenta de que la vida era más que el boxeo. "Está explorando qué significa ser una niña corriente", dijo Arellano. "Quizás es bueno para ella. Es sólo una niña. Es hora de que busque y descubra dónde pertenece".
También era hora de que se probara ante los obstáculos de la familia. Su padre, Joe Estrada, 45, que compartía su sueño de convertirse en una campeona olímpica y luego en campeona del mundo, era un problema en sí mismo. Su hermano, el Tío Rick de Seniesa, estaba siendo juzgado por intento de homicidio y podría ser condenado a 25 años o cadena perpetua. Joe temía que Rick se suicidara, quizás provocando a alguien en la cárcel para que lo mataran.
Joe apenas dormía. Pasaba largos días encargándose del negocio familiar de letreros, sin la ayuda de su hermano. Lo distrajo de la preparación de su hija como boxeadora. Un día en su tienda, mientras ordenaba letras de metal y de vinilo, sus manos arrugadas y estropeadas temblaron, luego paró. Levantó la vista. Hace algunos años, dijo, la presión lo habría aplastado. Habría empezado a salir de nuevo, quizás a usar dogas, quizás encaminándose derechamente hacia las cloacas, quizás volviendo a la cárcel -o un ataúd.
Afortunadamente, ahora tenía a su chiquilla y la ilusión que compartían. El boxeo de Seniesa había significado durante largo tiempo su propia redención. Lo mantenía en el camino recto. "Tengo que estar ahí, por ella", dijo. "No quiero que esto la afecte, porque le duele cuando me duele a mí. Estamos atados uno al otro. Ella es la cola que me mantiene entero".
Sin embargo, el Tío Rick era un problema sobre el que tenía que hablar. Era sólo una niña, pero era la que mejor entendía a su padre. Durante el almuerzo un día, comiendo hamburguesas y bebiendo Coca-Cola, recordaría, él le contó lo cansado que estaba, preocupado y distraído y estresado.
"¿Qué crees tú, mija?", preguntó. ¿Qué podía hacer él por su hermano? ¿Qué tenía que hacer con el negocio? ¿Debía cerrar la tienda? ¿Qué debo hacer?
"Sé que es difícil", dijo ella, aceptando el reto. Nunca olvidaría mirándolo, con lágrimas en los ojos. "Papa, sí que puedes", dijo. "Ya has pasado por un montón de cosas. Esto no es nada comparado con lo que has pasado".
No necesitaba decir más. Su presencia, su preocupación y su boxeo eran suficientes. Si haber perdido la pelea en el ring, de manera tan inesperada y tan dolorosa, no la llevaba a abandonar el boxeo.
Una Visión de los Chicos
Le ayudaría si derrotaba a algunos niños.
La idea se le ocurrió naturalmente. Pero ahora estaba envuelta en complejidad. Aunque necesitaba derrotarlos en el ring, estaba descubriendo que los chicos podían ser atractivos.
Ella era la cabecilla de un cerrado grupo de niñas de sexto, de risa tonta, alborotadoras, desbordándose en conversaciones interminables sobre compras, comida y música. ¿Pero los chicos?
La verdad era, me dijo su maestra, que había visto a Seniesa tomada de la mano con un niño.
Le pregunté a Seniesa. Me miró como si yo fuera un fantasma. Entonces se rió y enrojeció. "La señorita Arellano", dijo, "debería preocuparse de sus propios asuntos".
Sus amigas se retorcían de curiosidad. Una preguntó: ¿Era verdad que se subía a un ring de boxeo y peleaba con niños? Si eso era verdad, debía ser bastante buena.
"¿Qué quieres decir, bastante buena?", dijo Seniesa. Su voz sonó severa y seria. "Tú sabes que peleo con niños. Y a veces les pego tan fuerte que terminan llenos de sangre. ¿Qué quieres decir, bastante buena? Soy más que bastante buena. Yo hago sangrar a los niños".
Su padre la animó. Quizás así volvería a recuperar la confianza.
La oportunidad se presentó un día cuando Seniesa enfermó con una gripe. Era el 23 de febrero de 2004. Estaba sola en su gimnasio en Los Angeles Este, mirando entrenar a los niños. Había un equipo de Hawaiian Gardens para empezar un sparring. Sólo se competía por el honor, pero al menos era algo.
Cuando llegó el equipo, Seniesa estaba jugando ojo de buey con una niña del vecindario, y se veía triste, excluida.
Un niño de 11 de Hawaiian Gardens llamado Ulises, trepó al ring para pelear contra uno de los niños de Los Angeles Este. Ulises peleó con fuerza y destreza, y machacó al chico del gimnasio de Seniesa. Los preparadores de Ulises dijeron que era nuevo en el boxeo. Joe sospechaba que no era verdad. ¿Pelearía Ulises con una niña?
"Seguro", dijo su apoderado.
"Dile a tu niño que no se contenga", dijo Joe. Se volvió hacia Seniesa. "Tú no te sientes bien, ¿no?"
Sus ojos se agrandaron. Asintió: No.
"Prepárate", dijo su padre. "Vas a pelear".
Se levantó se un brinco y estiró sus brazos hacia él. Se puso los guantes en los puños. "Tiene una derecha fuerte", dijo su padre. "Esquiva la derecha. No te quedes atrás. No te apartes. Deslízate y pégale en la mandíbula con tu izquierda. Se están volviendo engreídos. No nos gusta. Vamos a darle una lección a este chiquillo".
Al sonar la campana, Seniesa propinó a Ulises una serie de ganchos, jabs y rectos. Lo empujó contra las cuerdas, golpeando rápido, abajo, arriba en la cabeza. El gimnasio se llenó de sus crujidos.
Ulises estaba choqueado. Entonces empezó a pelear de vuelta, golpeándola en el cuerpo y en la cara. Su cabeza se sacudió, pero se mantuvo cerca, esquivando su derecha mientras lo amartillaba hacia atrás. Yo podía oír y ver los resultados de sus golpeadas. La boca de Ulisas formó una O. "Ugh", gimió. "Uhh. Uhh".
"¡Vamos, Ulises, vamos!", gritaron sus preparadores. "¡A la derecha! ¡A la derecha!"
Brotaba el sudor. Los puños se alzaban y caían y cruzaban el aire caliente y húmedo. Joe y los entrenadores rivales bramaban. Lo mismo hacía el vecindario, que había llenado el gimnasio.
"¡Durán, Seniesa, durán!" Era el golpe que ella había bautizado en honor del campeón Roberto Durán.
"¡Vamos, Ulises, vamos!".
"¡Muestra lo que puedes, niña, muestra tu fuerza!"
Una mujer chillaba más alto que los demás. "¡Vamos, mami! ¡Vamos, mami! ¡Muéstrales que eres una verdadera mexicana! ¡Muéstrales que eres una chica! Muéstrales el poder de las chicas!"
Seniesa llevó la delantera. Giró, dio vueltas, con su coleta de caballo flotando, boxeando como si estuviera ahuyentando a un demonio.
Al final, la multitud aplaudió admirada. Seniesa y Ulises se abrazaron en medio del ring. Repentinamente, parecía tranquila, feliz. Se veía alta, algo que no había visto en semanas.
"Estuvo bien", dijo Ulises mientras se retiraba hacia la parte de atrás del gimnasio a por agua. Tenía la camiseta mojada, el paso tieso. "No dejaba de atacar. Atacándome y pegándome".
Joe deslizó un brazo sobre los hombros de su hija, y se alejaron en la oscuridad de la noche. Seniesa sonreía.
"Nadie la puede tocar", dijo él, alzando su puño. "NA-DIEE. Mi niña está de vuelta".
Volviendo a Creer
Para recuperar el ímpetu, Joe aprovechó casi toda oportunidad para que boxeara. Una de ellas fueron la Olimpíadas Juveniles. A pesar de la preocupación de su madre, de que se veía muy pálida para subirse al ring, Seniesa ganó en el segundo asalto por knock-out técnico. Viajó dos veces a Arizona. Las dos veces derrotó a una niña 4 kilos más pesada.
En el último de esos torneos, cuando se anunció que Seniesa había ganado, la gente local abucheó, silbó y agitó los brazos. Joe trató de sacar rápido a Seniesa, pero ella levantó el brazo derecho y apuntó desafiantemente el dedo del corazón hacia arriba.
"¡No hagas eso, mami, no hagas eso!", gritó Joe sobre el estrépito.
Cuando volvían a su hotel, él sacudió su cabeza. No podía creer que su hija se hubiera burlado de la gente.
"¿Qué?", dijo, con una sonrisa astuta. "¡Yo sólo estaba diciendo que Soy el Número Uno! ¡Soy el Número Uno!'"
Su padre volvió a sacudir la cabeza, pero se serenó. En su intimidad, se sentía contento. Ella había vuelto a creer en su sueño.
Incluso Lupe Arellano, su maestra, podía ver que Seniesa se estaba sintiendo mejor consigo misma. Podía concentrarse más y mejoró sus notas.
En su diario escolar Seniesa escribió: "Soy una mexicana. Una niña que vive en El Sereno. No tengo mucho dinero. Soy ciudadana americana. Tengo inteligencia. Orgullosa de mis logros".
Fue la única de su curso de sexto que tenía metas definidas, dijo Arellano. "La mayoría de los niños están en una fase en que todo lo que importa es la gratificación inmediata. Pero para ella, es una dedicación de largo plazo. Está diciendo que quiere hacer las Olimpíadas algún día. Nadie me parará. Si no te gusta, mala suerte'".
Lo que restauraría completamente la confianza de Seniesa, sabía su padre, sería ganar la revancha a Daveena Villalva, que la había vencido en el Octavo Campeonato Guantes de Plata ese enero.
Fue la primera derrota importante de Seniesa -y empezó su bajón. Ahora que la tristeza se estaba aliviando, quería venganza. Daveena vivía en Arizona y Seniesa la había visto en sus dos peleas de Phoenix. Pero Joe no pudo convencer al padre de Daveena para otra pelea.
Con cada negativa, crecía la sed de venganza de Seniesa. "No quiere pelear", me dijo Seniesa. "Oh, la odio".
La verdad sea dicha, Daveena quería, y mucho, pelear. Estas dos niñas se parecían un montón.
En su apartamento, una casa prefabricada de un piso en un vecindario en gran parte pobre y en gran parte latino al sur del centro de Phoenix, donde la visité una tarde, Daveena estaba dando vueltas cerca de un ring que su padre, que era su apoderado, había construido en su terreno.
Como Joe, David Villalva había sido un matón callejero. Ahora era un soldador y podador de árboles que criaba pit bulls en 18 casetas junto al ring para hacer algún dinero extra. Tal como había sido para Seniesa, el boxeo fue idea de Daveena. David no quería que su hija tuviera nada que ver con eso. Pero entonces ella hizo un sparring por primera vez -como Seniesa, contra un niño. Y, como Seniesa, la dejó tan mal que su padre cambió de opinión.
Los Villalva eran una familia cálida y unida. Cuando Daveena corría junto a las perreras en un calor de 42 grados Celsius, me vio y trotó hacia mí. Se presentó a sí misma y extendió su mano. Tenía la piel suave, los ojos oscuros y redondos, las mejillas redondas y el pelo negro y liso que caía por debajo de sus hombros.
Su postura me impresionó. Como Seniesa, era encantadora, pero era más relajada, más abierta. Me miraba fijamente cuando respondía mis preguntas.
Como Seniesa, tenía rabia. Odiaba el modo en que Seniesa la había tratado, cómo Seniesa se había negado a darle la mano después de que Daveena ganara, cómo Seniesa salió a toda prisa del ring y luego del vestuario cuando entró Daveena.
David estaba preocupado por la rabia de su hija. Si era demasiado, la podría llevar a ser abiertamente agresiva, temía. Eso la podría cegar ante el peligro. Y eso, a su vez, podría hacerla vulnerable. Necesitaba relajarse, dijo, antes de que peleara otra vez con Seniesa.
La vi martillar sus golpes en un enorme saco rojo de entrenamiento y luego hacer un sparring con un niño.
Daveena era agresiva. Era fuerte. Era tan agresiva y fuerte como Seniesa.
Oh, habría revancha, me aseguró Daveena. "La última pelea pensé que estuve muy bien. Vamos a pelear. Espero que pronto".
La primavera se estaba tornando verano cuando un torneo en Tucson conocido como los Guantes Turquesas ofrecieron una oportunidad.
Joe lo volvió a intentar.
Esta vez, David estuvo de acuerdo.
Seniesa vio la excitación de su padre.
Y ella vio su alivio; el juicio de su hermano Rick había terminado finalmente. El jurado absolvió al tío de Seniesa de intento de homicidio y lo condenó por cargos menores: agresión de su esposa con un arma letal, uso de arma de fuego para causar daños corporales y agresión con graves lesiones corporales. El juez lo sentenció a 10 años de cárcel. Era menos de lo que había temido Joe, y pensaba que su hermano podría soportarlo.
También vio otro cambio. Poco a poco, su padre se estaba transformando. En una discusión que lo colocaba, con otro entrenador, de punta con un entrenador rival, la rabia de Joe destelló un instante. La quería terminar a puñetazos. Seniesa lo pudo ver en las venas de su cuello. Pero su padre retrocedió de la furia que era parte de su naturaleza, de lo que él llamaba "la zona".
"Cálmate", dijo. "No vale la pena pelear, peleando no vamos a solucionar esto. Creen que somos cholos de la calle. No les vamos a dar en el gusto".
Seniesa se dio cuenta que su padre podía eludir una pelea. Quizás el sueño que tenían lo estaba cambiando.
Incluso así, cuando se acercaba la pelea con Daveena, el mundo volvió a atraparla. Era después de la puesta de sol cuando pasaba con su madre, Maryann, frente a una tienda de licores del vecindario llamada Mickey's. Vieron un gentío. Entonces vieron una cinta amarilla y luego unas piernas en pantalones negros saliendo por debajo de una manta.
¿Era uno de los hermanos de Seniesa?
¿Johnny?
¿Joey, quizás?
Maryann paró el coche, corrió hacia el cuerpo y preguntó frenéticamente: "¿Quién es ese muerto en el suelo?"
No era de su familia. Pero Seniesa se despertó esa noche llorando en la salita, mientras su madre y Joey hablaban sobre la víctima, una mujer que la familia conocía, y el supuesto asesino, al que también conocían.
Seniesa me dijo que eso la paralizó de terror.
Pero sabía que no podía detenerse en eso. Donde vivía, a veces parecía que recién se había cometido un asesinato. Su padre le dijo que debía estar preparada mentalmente, o sino perdería ante Daveena. Tenía que olvidar el asesinato.
"Eso tienes que dejarlo", le dijo Joe. "Esta es tu prueba. Es hora de que nos concentremos, es hora de viajar a Arizona a arreglar ese asunto".
Soñando con Daveena
Finalmente, Seniesa no pensaba más que en una cosa: Daveena. De noche, Seniesa soñaba con ella, peleando con ella tres días seguidos, todo el día, cada día un round.
En sus sueños le pegaba a Daveena todos los días.
"Al principio, cuando llamaron nuestros nombres yo iba a darle la mano rápido, porque no quería mirarla siquiera", me dijo, fría. "Lo que quería era pegarle, eso era".
Yo dije que Daveena era una niña muy parecida a ella, una niña buena que quería ganar tanto como ella. Si vivieran en el mismo barrio y fueran a la misma escuela, dijo, podrían ser buenas amigas.
"Nunca", dijo. "No me gusta".
La rabia es un combustible poderoso, y se podía ver que parte de su postura dura se había transformado en parte de su propia terapia.
La pelea tendría lugar el 26 de junio, cuando cumpliera 12. Su padre le prometió 400 dólares como regalo de cumpleaños, pero para recibirlo, tenía que ganar. Su táctica me sorprendió. Estaba claro que Seniesa no necesitaba motivación extra,
Sin embargo, la pelea se había convertido en algo especial para Joe, en una especie de prueba de supervivencia.
"Dios la bendiga, a ella y su familia", dijo, hablando de Daveena. "No le deseo nada mal. No, nada personalmente, de verdad. Es simplemente un deporte violento. Es un deporte muy violento. Y una vez que te subas al ring, lo lamento, pero mi niña le va a pegar a la tuya. Mi niña realmente le va a pegar a tu niña. Después de que salgamos del ring pueden jugar a las muñecas y hacer lo que quieran, hablar sobre Barbie y Ken. Pero cuando estén en el ring, lo lamento: Se trata de que yo te pegue antes de que tu me pegues a mí. Así es como es".
Salimos para Tucson el día antes de la pelea, llevando a un equipo de niños boxeadores del gimnasio de Seniesa. A la mañana siguiente, nadie habló de su cumpleaños. En su cuarto en el hotel, se sentaba aparte, inquieta, jugando con sus trenzas, chequeando su bolso para asegurarse de que tenía todo.
De vez en vez se levantaba para liberar tensión de sus piernas. Los chicos estaban jugando a un videojuego. Ella los ignoró. Se estiró y levantó una pierna hacia atrás, balanceándose. Parada en una pierna, parecía una delgada garza morena.
Colocaron clandestinamente un ring en el centro de El Casino Ballroom, en un barrio de Tucson. El vestíbulo estaba lleno del caliente aire de junio en Arizona. Olía a polvo. Brillantes luces rebotaban sobre la lona. Habían suficientes sillas plegables para al menos 500 personas, y el local se estaba llenando rápidamente.
Seniesa no tuvo problemas en hacer peso. Cuando ella y Daveena se subieron a la balanza, pesaban lo mismo: 35 kilos.
Las dos niñas apenas se saludaron. Las dos trataron de parecer indiferentes, imperturbables, pero las vi mirarse a hurtadillas, cuando pensaban que nadie estaba mirando.
En camino al almuerzo, Seniesa y su padre pasaron frente a los Villalva. Daveena estaba comiendo Doritos. Le extendió la bolsita.
"¿Quieres un poco?"
Seniesa parecía asombrada de que Daveena hubiera hablado. Retrocedió, esquivando los Doritos como si fuera un golpe. "No", dijo, alejándose. "Estoy bien".
Después de almuerzo, se acercó un niño de 8. "No puedo", jadeó, sollozando. "No puedo". Era su turno de pelear, y Joe había ayudado a enseñarle a boxear. Joe se dio un momento y le hizo un masaje en sus delgados hombros. "Trata. Si ves que no te gusta, voy a parar la pelea. No voy a dejar que te pase nada malo".
Miraron la pelea del chico, y cuando ganó, Seniesa lo abrazó a él y a su padre. Luego se colgó el bolso sobre un hombro y se alejó del ring, con los labios apretados. Se acercaba su día del ajuste de cuentas.
Una hora antes de la pelea, Seniesa se había puesto su shorts azules brillantes, una camiseta sin mangas azul y zapatillas de boxeo negras Adidas, impecables, cuidadosamente envuelta en los tobillos con delgadas tiras de cinta blanca. Como Daveena, miraba a media distancia. Las miré a las dos. Se restregaron los ojos. Estiraron los brazos.
"¿Estás lista?", le pregunté a Seniesa.
"No, no estoy lista", dijo, con su voz llena de ironía. Forzó una sonrisa. Ya no tenía problemas en mirarme a los ojos. "Sí, estoy lista. Por supuesto. Yo nací lista".
El Gran Momento
Veinte minutos para la campana.
Joe le había puesto unos abultados guantes azules en sus puños envueltos en cinta.
"No me gustan estos guantes", dijo Seniesa.
Joe la paró en seco. "No, no. no. Hoy no hay excusas, mami. No hay excusas".
Ella y Daveena se acercaron, a apenas unos metros del ring. Los referís examinaron sus protectores de cabeza y sus guantes. Las chicas se veían solemnes, inexpresivas.
Daveena se balanceaba sobre sus pies, luego se paró y mantuvo quieta. Apoyó los puños en las caderas. Miró el ring.
Seniesa lanzó unos rectos en el aire, los labios apretados.
David y Joe se dieron palmadas en la espalda. "Buena suerte", se dijeron uno al otro.
Seniesa y su padre caminaron hacia las cuerdas. Les seguía Ronny Rivota, un preparador de los chicos, estirándose y recordándole el plan de la pelea: Ponte firme, contrarresta las fintas de Daveena con artillería pesada, con toda tu fuerza. "Si te pega", advirtió, "controla tu rabia".
Miró sobre sus hombros, los ojos redondos, grandes y concentrados.
"¿Lista, novia?", preguntó su padre.
"Sí".
"Okey, mano derecha, mano izquierda, mano derecha. Recuerda, ella no pega rectos. Acércate. Acórralala".
Seniesa no pareció escucharle. Estaba en un mundo propio, estirando, balanceándose y rebotando sobre los dedos de los pies.
Durante semanas Joe había preparado este momento, quedarse tarde noche tras noche mirando un video de la primera pelea de Seniesa con Daveena, contando los golpes, convenciéndose de que a su hija le habían robado el título. Me dijo que sabía qué decirle a Seniesa cuando subiera al ring a pelear de nuevo con Daveena.
Agachándose, lanzó una precipitada hilera de palabras.
"Machácala", le dijo. "Los referís están parando las peleas hoy en día. Deja que los referís la paren. Vamos, nena, ella no pega más fuerte que Richard [uno de los chicos del gimnasio]. Recuerda eso. Ahora les vas a demostrar. Creen que te pueden ganar, pero no tienen talento para ganarte. No saben ni la mitad de lo que sabes tú. Vamos, mami, eres 10 veces, 100 veces mejor que ella. En cuanto a capacidades y en todo sentido, mami. Puedes hacerlo, mami. Dios está con nosotros. Es entre tú y el Señor ahora, mami. Pídele al Señor que te de fuerza. Yo no puedo subir contigo, pero Dios está contigo todo el rato, nena. Vamos a ganar. Hemos esperado mucho tiempo este momento, mami. Te lo digo, creen que ganaron la primera pelea, pero sé que tienen dudas. Vamos a ganar, muñeca".
Seniesa asintió -sí, sí, sí.
Pero, en realidad, no había nada, ni siquiera Joe, que pudiera decir algo que la interrumpiera de su concentración y se metiera en su cabeza. Este era el momento más importante en la vida que había compartido con su padre, un ensayo para las muchas y difíciles peleas que esperaban tener en el futuro. Quería ganar esta pelea más que cualquier cosa. Ya estaba en el estado de trance que había heredado de su padre.
Cruzó las cuerdas y entró al ring. Pasaron unos segundos. ¡Clangs! La campanada hizo eco en todo el salón de baile.
Dispuesta a Más
Seniesa y Daveena se abalanzaron una sobre otra, dejando fluir los seis meses de ansiedad desde su último duelo.
Seniesa dirigía con la izquierda, raspando los guantes de Daveena.
Le dio a Daveena un momento de duda. Entonces atacó.
Seniesa retrocedió. Pero en esta pelea, a diferencia de la anterior, se paró, se agachó sobre la pierna izquierda, se adelantó y lanzó una rápida combinación -jab, golpe cruzado, jab, cruzado. Los golpes, más fuertes que cualquiera de los que había lanzado antes, se incrustaron en Daveena. Dolieron.
Pero esta no era una niña a la que Seniesa pudiera intimidar. Era Daveena, la boxeadora a cuerda. Se concentró en su objetivo, y siguió persiguiendo, yéndose encima, tal como la primera vez. La persiguió, le lanzó golpes curvos, negándose a dar cuartel.
Seniesa se protegía de las fintas como una avisada maestra. Llena de energía, dispuesta a atacar, se balanceaba entre los golpes de Daveena, esquivando la mayoría de ellos. Golpeaba rápido, respondiendo con su derecha, luego la izquierda.
La cabeza de Daveena se torció hacia atrás. Guap. Su cabeza giró de lado a lado, de izquierda a derecha. Guap-guop.
Cuando sonó la campana. Seniesa desbordaba de confianza y agilidad.
"¡Relájate, mami!", le dijo su padre.
Estaba contento, tan contento que no le dio instrucciones. Sigue haciendo lo que estás haciendo, dijo, porque lo que estás haciendo es ganar.
Ella asintió, dispuesta a más.
En el segundo asalto, abrió con un gancho, luego un duro gancho izquierdo.
Los hombres y mujeres en las butacas que no habían esperado ver boxear a niñas, me gritaban su asombro en los oídos: "¡Maldición!" Un durán al estómago. Otro. "¡Maldición!"
"¡Sigue!", gritaba su padre, tan fuerte que el referí paró un momento la pelea, se volvió hacia Joe y le dijo que se calmara. Lo hizo, pero siguió retorciéndose con cada golpea que lanzaba y recibía su hija. Era como vudú; lo sentía todo.
Daveena, frente a un nuevo tipo de ataque, esquivó muchos de los golpes. Siguió atacando, empujando a Seniesa con sus golpes. Muchos de ellos aterrizaron sólidamente en los lados de Seniesa. La hizo girar y retorcerse.
"¡Vamos, Chiqui! ¡Pelea, Chiqui!", gritaban los familiares y amigos de Daveena, parados junto al ring.
Entonces, justo antes de la campana, Seniesa asestó un duro golpe que casi hizo perder el equilibrio a Daveena. Varios de los fans de Daveena se derrumbaron preocupados en sus butacas.
Pero no se rindieron. Se levantaron cuando el tercero y último round ya estaba en camino, animando ruidosamente a Daveena cuando esta encontró nuevas fuerzas. ¡Guap! Varios llegaron a destino, guap-guap, sacudiéndola.
Sin embargo, pronto Daveena perdió su fuerza.
Seniesa resistió el ataque, y ahora estaba pegando. Derecha. Durán. Derecha. Durán. Marcha atrás. Jab.
Tal como en los entrenamientos, como la había instruido su padre, como había soñado. Entonces se cansó.
Las chicas se midieron cerca del centro del ring, buscando un hueco, esperando una segunda vuelta. No había tiempo. ¡Clang! La campanada final. Había terminado. Seis meses de esperar y esperar habían terminado.
Joe abrazó a Seniesa. Se veía excitada y nerviosa, cansada pero contenta.
David abrazó a Daveena, su cara tranquila, como si se estuviera preparando para aceptar elegantemente lo que decidieran los jueces.Los jueces reunieron sus tarjetas de puntos, contaron los resultados, y un referí en blanco tomó las manos de las púgiles.
Ahí, en medio del ring, pasaron cinco, 10, 15 segundos. Las dos niñas mostraban esperanza -y miedo.
"Damas y señores", dijo el anunciador por el micrófono, su voz resonando a través de los altavoces. "Damas y señores, un aplauso para nuestras luchadoras, por favor". La multitud gritó y pateó el suelo.
Y la Ganadora Es
Las piernas de Seniesa temblaban.
"Y la ganadora, por decisión, es..."
Daveena miró hacia arriba, como rogando. Pasó un segundo, otro.
"¡Se-nie-sa Es-tra-da!"
No debería haberme sorprendido cuando todo lo que mostró fue sencilla satisfacción: un rápido brinco en el aire, el puño alzado por un momento. Cualquier otra cosa habría indicado dudas. La postura de Seniesa, correcta pero imperturbable, decía suficiente: No te sorprendas de lo que hago. Seniesa Carmen Estrada se puede cuidar a sí misma.
Le dio la mano a Daveena, firmemente, e incluso la ayudó a pasar por las cuerdas y salir del ring. Los oficiales le entregaron a Seniesa el cinturón del campeonato y caminó hacia su padre, que lo colgó sobre su hombro. Ella golpeó las palmas.
"¿Está claro para ti?", preguntó, aludiendo a los momentos en que había tenido dudas. "¿Lo tienes claro?"
Sonrió, pero sin decir nada, dejándole desahogarse con alguien en la multitud -"La última vez nos robaron. La última vez nos robaron"-, dejándolo complaciéndose en lo que ella había creado.
Pronto estábamos parados bajo el sol, en el aparcamiento de tierra. Le pregunté a Seniesa cómo se había sentido en el ring.
Más fuertes que nunca, dijo. Sabía que estaba golpeando fuerte, porque podía sentir, en sus nudillos, lo blando del cuerpo de Daveena. Dijo que estaba contenta de que hubiera terminado, porque ahora ya no necesitaba vengarse. El rencor había pasado. Miró al suelo y vio un hormiguero.
Joe habló con agitación, las palabras a borbotones. "Ay, man, me siento en la gloria. Esto hace que todo valiera la pena. Todo salió como tenía que salir. Su agresividad. Le dije que lanzara combinaciones. Le dije que pegara fuerte y que no retrocediera". La besó en la frente.
Sonrió, y luego se agachó sobre el hormiguero.
"Lo hiciste también como pensé que lo harías, mami", dijo su padre.
Con su dedo tocó suavemente la tierra, diciendo que nunca había visto antes unas hormigas negras tan grandes. La amazona que había peleado tan furiosamente en el salón de baile había desaparecido. De repente, Seniesa era como cualquier otra niña.
Su padre no se dio cuenta. "Hay algo más importante que mi niña aprendió hoy", dijo. "No hay que rendirse. Es como mi vida. No te rindas, pase lo que pase. Si pierdes una pelea, o si pasa algo peor, como lo que pasó con mi vida, o no importa qué, sigue peleando, sigue atacando, sigue volviendo".
Tocó su cuello con sus dedos. Parecía estar hablando tanto consigo mismo como con ella, recordándose dónde había estado y lo lejos que había llegado. Tijuana. Primera Flats. La cárcel. La adicción. La agresión. La pérdida de su familia, la pérdida de su niña. Y luego, el largo camino de vuelta.
"Eso es lo que tengo que enseñarte. No te rindas, no te rindas, no te rindas".
Ahora su pasado estaba lejos. La pelea de Seniesa ayudó a dejarlo en claro. Sin embargo, sólo era una niña, que cumplía 12 ese mismo día. Era demasiado joven como para poner su vida y la de él en perspectiva. Tampoco era necesario que lo hiciera.
Se agachó sobre sus delgadas rodillas, mirando las hormigas.
"¿Papá?", preguntó, tirándole de la camisa. "¿Papá?", preguntó de nuevo, mirando hacia arriba. "¿Podemos irnos?"
Él asintió.
Ella se irguió de un brinco, y pasó junto a él, apurándose.
"Eso es, te quiero, mija", dijo.
"Lo sé", dijo ella. "Yo también te quiero, papi".
5 de agosto de 2005
14 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
video 1
curandero en entredicho
[Caitlin Liu] El llamado espiritualista ayurvédico es acusado de práctica ilegal de la medicina. Su juicio empieza este mes.
En lo más profundo de las montañas sobre el Cañón de Topanga, más allá de un grupo de viviendas destartaladas, caballerizas y jardines de flores, Felix Babu Stephen, nacido en India, está trabajando en su tienda de fieltro yurt.
La gigantesca tienda verde en forma de cúpula es donde el espiritualista ayurvédico -al que los clientes llaman gurú, sanador y maestro espiritual- dirige las sesiones de meditación, enseña respiración yoga y hace masajes profundos.
En camiseta y abombados shorts de surfista, el hirsuto Davis, 43, que abandonó la Universidad de California, no parece un gurú. No tiene arrugas, tiene el pelo negro y rizado y parece 15 años más joven. Su ligeramente marcado acento de California del Sur lo salpica de vez en vez con la exclamación: "¡Dude!"
La Nueva Era es una sandez, dice, pero los clientes le dicen que él puede predecir el futuro. De niño en India veía a través de las paredes, pero ese poder ya lo perdió.
Stephen, también conocido como Felix Sinnappan, se jacta de una clientela exclusiva -de tan lejos como Gran Bretaña, Alemania y las Bahamas- que buscan alivio para todo tipo de dolores: físicos, emocionales y espirituales.
No hace publicidad, pero su negocio se conoce boca a boca. Sus clientes famosos incluyen al músico rockero británico Sting y al actor Robert Downey Jr., que, según se lee en un informe del sheriff, pagaron a Stephen por sus servicios con una furgoneta negra BMW 2001.
Stephen dijo que cobra sobre la base de donaciones, dependiendo de la capacidad de cada persona. Una cliente dijo que había pagado 800 dólares por una sesión de todo un día. Otra, a cambio, friega su piso.
"Tengo tantos clientes que no los busco. Si necesitan mi ayuda, me encuentran", dijo Stephen, parado en chancletas debajo de un frondoso árbol en su recinto montañoso, que incluye la casa principal y casas de huéspedes, así como la tienda. Unos pavos reales se pavonean en los alrededores.
Pero una nube de acusaciones criminales penden ahora sobre el espiritualista de Topanga y su tienda.
Stephen, que está con libertad bajo fianza desde el verano pasado, debe presentarse a juicio este mes en Malibu. Está acusado de practicar la medicina sin certificación; de poseer una substancia controlada, la codeína; y de robar con engaños más de 200.000 dólares a una cliente. Si es condenado, pasará más de seis años en la cárcel.
Las autoridades dicen que Stephen proporcionaba drogas, pastillas y alucinógenos a sus clientes, durante sesiones de meditación. Sólo profesionales autorizados pueden dispensar artículos farmacéuticos, de acuerdo a las leyes del estado.
Las autoridades quieren mostrar que una cliente, Anita Lenaburg, pagó a Stephen más de 200.000 dólares en el curso de tres años por lo que dicen que era en lo fundamental, charlatanería.
"Se presentaba como un curandero", dijo el sargento Steven Opferman, del Departamento del Sheriff del Condado de Los Angeles, que supervisó la investigación criminal. "Básicamente, este era una secta hippie".
Stephen niega los cargos; la codeína era para un resfrío, dice. Michael Levin, su abogado, dijo que el caso presenta un clásico choque entre las creencias espirituales y la práctica de la medicina.
"Debido a que la medicina ayurvédica tiene sus raíces en la religión hindú, este caso tendrá que ver con la Primera Enmienda", dijo Levin. "Lo que constituye la medicina no puede ser definido de manera tan amplia que incluya las clases de yoga o de meditación. Toda la ciencia cristiana tiene que ver con no usar doctores y con tratar las enfermedades a través de oraciones. La cientología rechaza la psiquiatría en favor de sus propias sesiones de terapia... Los sanadores imponen manos".
Lenaburg, 44, propietario de la compañía de azulejos Covina, y su hijastra se quejaron ante la policía en junio de 2004 que Stephen había tenido sexo con ellos como parte del tratamiento, en el caso de ella por un nervio pellizcado, según se lee en dos informes del sheriff sobre el incidente.
Lenaburg dijo que Stephen la acarició en un acto de "sexo tántrico" hasta que ella perdió el conocimiento; su hijastra dijo que Stephen la había obligado a realizar sexo oral con él hasta que ella vomitó, se lee en los informes. Una tercera mujer dijo a las autoridades que Stephen la había tocado de manera no apropiada, dice uno de los informes.
Stephen reunía a hombres y mujeres en "varios estados de desnudez" dentro de su tienda y les administraba refrescos de colores brillantes que los hacía sentirse como si hubieran ingerido drogas alucinógenas, de acuerdo a entrevista y a un informe del sheriff. Los participantes se vendaban la vista y colocaban auriculares con música hindú.
"Cada persona debe entonces tenderse en una estera y concentrarse en sí misma. La sesión dura ocho horas", se lee en el informe del sheriff.
En una entrevista, Lenaburg repitió la acusación de "sexo tántrico". El tantra es una forma de yoga que enseña cómo llegar al éxtasis espiritual a través de técnicas a veces eróticas.
"Me confundí tanto con las drogas que no podía pensar lúcidamente", dice Lenaburg.
"Mi familia está profundamente herida", dijo, rechazando responder otras preguntas para este artículo.
"Esta nuestra única posibilidad de obtener compensación, y no quiero hacer nada que lo ponga en peligro", dijo.
Stephen negó tener sexo con los clientes y dijo que Lenaburg está enfadada porque tuvieron una discusión y él dejó de comunicarse con ella. También dijo que ella quería dinero.
Los refrescos, dijo, eran sólo hierbas como hierba de San Juan y camomila. Ayuda a clientes con problemas de adicción, a mantenerse sobrios y no aprueba ninguna droga ilegal, dijo.
"Soy un espiritualista. Enseño a la gente cómo hacer su casa espiritual y a vivir en ella", dijo.
Las autoridades no presentaron cargos sexuales debido a que no hay testigos y el abuso denunciado no fue notificado a tiempo para reunir evidencias físicas.
También creen que otros actos sexuales mencionados fueron consensuales, porque las mujeres, según admitieron, no lo objetaron y siguieron bajo tratamiento y pagando a Stephen por sus servicios.
"Tienes que hacerte tú mismo la pregunta: ¿Volvería? La mayoría de la gente diría no", dijo Opferman.
Las acusaciones de abusos sexuales contra practicantes de medicina alternativa no son raras, dijo John Holmstrom, ex presidente de la Asociación de Medicina Ayurvédica de California.
"La gente habla sobre ello abiertamente. Hay un montón de él dijo, ella dijo'", dijo Holmstrom. "Si yo estuviera solo con una mujer, haría todo en presencia de otro", dijo Holmstrom, que dirige el programa de medicina ayurvédica en la Universidad Americana de Medicina Complementaria en Los Angeles.
Los partidarios de Stephen creen que está siendo perseguido por sus orígenes indios y creencias espirituales exóticas, no debido a los abusos sexuales, que ellos nunca presenciaron.
La vecina Gail Wronsky, que a veces invita a Stephen a charlar con sus estudiantes de escritura creativa en la Universidad de Marymount en Loyola, calificó la acusación de "un terrible ejemplo de una aplicación rígida de la ley, obedeciendo a gente que tiene propósitos ilógicos y equivocados".
Ayurveda, que significa ciencia de la vida', es un sistema médico holístico de India y abarca hierbas, dietas, yoga y terapia aromática que fue popularizada en Estados Unidos por el autor Deepak Chopra y la cantante Madonna.
Aunque 1.000 a 2.000 personas, y más de una docena de escuelas, enseñan u ofrecen tratamientos ayurvédicos en Estados Unidos, la práctica no está regulada.
El ex gobernador Gray Davis firmó un ley en 2002 prohibiendo a los practicantes de medicina alternativa que realizaran cirugías, administraran rayos equis o dispensaran substancias controladas. Pero cualquier puede decir que es un practicante ayurvédico.
Stephen no tiene ni certificados ni diplomas en medicina ayurvédica, ni pertenece a ninguna asociación ayurvédica y no es conocido, ni por nombre ni por reputación, entre los líderes de la comunidad ayurvédica de Los Angeles. Dijo que él practica una versión más esotérica del Ayurveda.
"No es vudú ni nada parecido", dijo.
Sus poderes espirituales surgieron cuando fue picado por un escorpión cuando era niño en Bangalore, dijo. Los sacerdotes locales lo tomaron a su cuidado y lo educaron en los principios ayurvédicos.
Emigró a Estados Unidos con su familia cuando tenía 15 y se convirtió en un residente legal. Stephen asistió en la Universidad de California en Davis entre 1979 y 1983, pero no terminó de estudiar, según archivos universitarios.
El ex residente de Venice, que no sabía qué quería hacer con su vida, dijo que empezó primero trabajando para sus amigos y que la voz se esparció.
"Ayudo a la gente a tener éxito", dijo.Stephen fue una de las 57 personas detenidas en el condado de Los Angeles el año pasado por una unidad policial que se dedica a la detección de la práctica ilegal sin licencia y a la venta ilegal de artículos farmacéuticos.
La mayoría de los casos implica a doctores con credenciales vencidas, doctores extranjeros que no aprobado exámenes norteamericanos u homeópatas en comunidades de inmigrantes pobres que prescriben medicinas ilegalmente.
"Un montón de estos charlatanes... venden falsas esperanzas", dijo Erick Aguilar, un funcionario de la salud del condado en la brigada. "No estamos necesariamente contra las terapias alternativas, provisto que los clientes entiendan los riesgos'.
Muchos de los clientes de Stephen creen en sus poderes curativos y espirituales.
Sting recuerda haber pasado por recinto de Stephens en Topanga para unos masajes hace unos años, dijo el agente del cantante, Kathryn Schenker.
"Sting visita a un montón de terapeutas en todo el mundo... Evidentemente esta persona debe haber sido muy bien recomendada", dijo Schenker. "Lamenta mucho los problemas del tipo".
Downey es un visitante frecuente, de acuerdo a varios clientes de Stephen. El actor no pudo ser localizado.
"Lo que hace es bastante sorprendente", dijo Michelle Agasi, co-propietaria de una firma de plomeros en Tarzana, que lucha contra un cáncer de colon y dijo que visita a Stephen para aprender a relajarse.
"Me enseña diferentes técnicas de respiración, y hablamos sobre el control de la ira... Es simplemente otra forma de curación natural. ¿Es ilegal?"
1 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
En lo más profundo de las montañas sobre el Cañón de Topanga, más allá de un grupo de viviendas destartaladas, caballerizas y jardines de flores, Felix Babu Stephen, nacido en India, está trabajando en su tienda de fieltro yurt.La gigantesca tienda verde en forma de cúpula es donde el espiritualista ayurvédico -al que los clientes llaman gurú, sanador y maestro espiritual- dirige las sesiones de meditación, enseña respiración yoga y hace masajes profundos.
En camiseta y abombados shorts de surfista, el hirsuto Davis, 43, que abandonó la Universidad de California, no parece un gurú. No tiene arrugas, tiene el pelo negro y rizado y parece 15 años más joven. Su ligeramente marcado acento de California del Sur lo salpica de vez en vez con la exclamación: "¡Dude!"
La Nueva Era es una sandez, dice, pero los clientes le dicen que él puede predecir el futuro. De niño en India veía a través de las paredes, pero ese poder ya lo perdió.
Stephen, también conocido como Felix Sinnappan, se jacta de una clientela exclusiva -de tan lejos como Gran Bretaña, Alemania y las Bahamas- que buscan alivio para todo tipo de dolores: físicos, emocionales y espirituales.
No hace publicidad, pero su negocio se conoce boca a boca. Sus clientes famosos incluyen al músico rockero británico Sting y al actor Robert Downey Jr., que, según se lee en un informe del sheriff, pagaron a Stephen por sus servicios con una furgoneta negra BMW 2001.
Stephen dijo que cobra sobre la base de donaciones, dependiendo de la capacidad de cada persona. Una cliente dijo que había pagado 800 dólares por una sesión de todo un día. Otra, a cambio, friega su piso.
"Tengo tantos clientes que no los busco. Si necesitan mi ayuda, me encuentran", dijo Stephen, parado en chancletas debajo de un frondoso árbol en su recinto montañoso, que incluye la casa principal y casas de huéspedes, así como la tienda. Unos pavos reales se pavonean en los alrededores.
Pero una nube de acusaciones criminales penden ahora sobre el espiritualista de Topanga y su tienda.
Stephen, que está con libertad bajo fianza desde el verano pasado, debe presentarse a juicio este mes en Malibu. Está acusado de practicar la medicina sin certificación; de poseer una substancia controlada, la codeína; y de robar con engaños más de 200.000 dólares a una cliente. Si es condenado, pasará más de seis años en la cárcel.
Las autoridades dicen que Stephen proporcionaba drogas, pastillas y alucinógenos a sus clientes, durante sesiones de meditación. Sólo profesionales autorizados pueden dispensar artículos farmacéuticos, de acuerdo a las leyes del estado.
Las autoridades quieren mostrar que una cliente, Anita Lenaburg, pagó a Stephen más de 200.000 dólares en el curso de tres años por lo que dicen que era en lo fundamental, charlatanería.
"Se presentaba como un curandero", dijo el sargento Steven Opferman, del Departamento del Sheriff del Condado de Los Angeles, que supervisó la investigación criminal. "Básicamente, este era una secta hippie".
Stephen niega los cargos; la codeína era para un resfrío, dice. Michael Levin, su abogado, dijo que el caso presenta un clásico choque entre las creencias espirituales y la práctica de la medicina.
"Debido a que la medicina ayurvédica tiene sus raíces en la religión hindú, este caso tendrá que ver con la Primera Enmienda", dijo Levin. "Lo que constituye la medicina no puede ser definido de manera tan amplia que incluya las clases de yoga o de meditación. Toda la ciencia cristiana tiene que ver con no usar doctores y con tratar las enfermedades a través de oraciones. La cientología rechaza la psiquiatría en favor de sus propias sesiones de terapia... Los sanadores imponen manos".
Lenaburg, 44, propietario de la compañía de azulejos Covina, y su hijastra se quejaron ante la policía en junio de 2004 que Stephen había tenido sexo con ellos como parte del tratamiento, en el caso de ella por un nervio pellizcado, según se lee en dos informes del sheriff sobre el incidente.
Lenaburg dijo que Stephen la acarició en un acto de "sexo tántrico" hasta que ella perdió el conocimiento; su hijastra dijo que Stephen la había obligado a realizar sexo oral con él hasta que ella vomitó, se lee en los informes. Una tercera mujer dijo a las autoridades que Stephen la había tocado de manera no apropiada, dice uno de los informes.
Stephen reunía a hombres y mujeres en "varios estados de desnudez" dentro de su tienda y les administraba refrescos de colores brillantes que los hacía sentirse como si hubieran ingerido drogas alucinógenas, de acuerdo a entrevista y a un informe del sheriff. Los participantes se vendaban la vista y colocaban auriculares con música hindú.
"Cada persona debe entonces tenderse en una estera y concentrarse en sí misma. La sesión dura ocho horas", se lee en el informe del sheriff.
En una entrevista, Lenaburg repitió la acusación de "sexo tántrico". El tantra es una forma de yoga que enseña cómo llegar al éxtasis espiritual a través de técnicas a veces eróticas.
"Me confundí tanto con las drogas que no podía pensar lúcidamente", dice Lenaburg.
"Mi familia está profundamente herida", dijo, rechazando responder otras preguntas para este artículo.
"Esta nuestra única posibilidad de obtener compensación, y no quiero hacer nada que lo ponga en peligro", dijo.
Stephen negó tener sexo con los clientes y dijo que Lenaburg está enfadada porque tuvieron una discusión y él dejó de comunicarse con ella. También dijo que ella quería dinero.
Los refrescos, dijo, eran sólo hierbas como hierba de San Juan y camomila. Ayuda a clientes con problemas de adicción, a mantenerse sobrios y no aprueba ninguna droga ilegal, dijo.
"Soy un espiritualista. Enseño a la gente cómo hacer su casa espiritual y a vivir en ella", dijo.
Las autoridades no presentaron cargos sexuales debido a que no hay testigos y el abuso denunciado no fue notificado a tiempo para reunir evidencias físicas.
También creen que otros actos sexuales mencionados fueron consensuales, porque las mujeres, según admitieron, no lo objetaron y siguieron bajo tratamiento y pagando a Stephen por sus servicios.
"Tienes que hacerte tú mismo la pregunta: ¿Volvería? La mayoría de la gente diría no", dijo Opferman.
Las acusaciones de abusos sexuales contra practicantes de medicina alternativa no son raras, dijo John Holmstrom, ex presidente de la Asociación de Medicina Ayurvédica de California.
"La gente habla sobre ello abiertamente. Hay un montón de él dijo, ella dijo'", dijo Holmstrom. "Si yo estuviera solo con una mujer, haría todo en presencia de otro", dijo Holmstrom, que dirige el programa de medicina ayurvédica en la Universidad Americana de Medicina Complementaria en Los Angeles.
Los partidarios de Stephen creen que está siendo perseguido por sus orígenes indios y creencias espirituales exóticas, no debido a los abusos sexuales, que ellos nunca presenciaron.
La vecina Gail Wronsky, que a veces invita a Stephen a charlar con sus estudiantes de escritura creativa en la Universidad de Marymount en Loyola, calificó la acusación de "un terrible ejemplo de una aplicación rígida de la ley, obedeciendo a gente que tiene propósitos ilógicos y equivocados".
Ayurveda, que significa ciencia de la vida', es un sistema médico holístico de India y abarca hierbas, dietas, yoga y terapia aromática que fue popularizada en Estados Unidos por el autor Deepak Chopra y la cantante Madonna.
Aunque 1.000 a 2.000 personas, y más de una docena de escuelas, enseñan u ofrecen tratamientos ayurvédicos en Estados Unidos, la práctica no está regulada.
El ex gobernador Gray Davis firmó un ley en 2002 prohibiendo a los practicantes de medicina alternativa que realizaran cirugías, administraran rayos equis o dispensaran substancias controladas. Pero cualquier puede decir que es un practicante ayurvédico.
Stephen no tiene ni certificados ni diplomas en medicina ayurvédica, ni pertenece a ninguna asociación ayurvédica y no es conocido, ni por nombre ni por reputación, entre los líderes de la comunidad ayurvédica de Los Angeles. Dijo que él practica una versión más esotérica del Ayurveda.
"No es vudú ni nada parecido", dijo.
Sus poderes espirituales surgieron cuando fue picado por un escorpión cuando era niño en Bangalore, dijo. Los sacerdotes locales lo tomaron a su cuidado y lo educaron en los principios ayurvédicos.
Emigró a Estados Unidos con su familia cuando tenía 15 y se convirtió en un residente legal. Stephen asistió en la Universidad de California en Davis entre 1979 y 1983, pero no terminó de estudiar, según archivos universitarios.
El ex residente de Venice, que no sabía qué quería hacer con su vida, dijo que empezó primero trabajando para sus amigos y que la voz se esparció.
"Ayudo a la gente a tener éxito", dijo.Stephen fue una de las 57 personas detenidas en el condado de Los Angeles el año pasado por una unidad policial que se dedica a la detección de la práctica ilegal sin licencia y a la venta ilegal de artículos farmacéuticos.
La mayoría de los casos implica a doctores con credenciales vencidas, doctores extranjeros que no aprobado exámenes norteamericanos u homeópatas en comunidades de inmigrantes pobres que prescriben medicinas ilegalmente.
"Un montón de estos charlatanes... venden falsas esperanzas", dijo Erick Aguilar, un funcionario de la salud del condado en la brigada. "No estamos necesariamente contra las terapias alternativas, provisto que los clientes entiendan los riesgos'.
Muchos de los clientes de Stephen creen en sus poderes curativos y espirituales.
Sting recuerda haber pasado por recinto de Stephens en Topanga para unos masajes hace unos años, dijo el agente del cantante, Kathryn Schenker.
"Sting visita a un montón de terapeutas en todo el mundo... Evidentemente esta persona debe haber sido muy bien recomendada", dijo Schenker. "Lamenta mucho los problemas del tipo".
Downey es un visitante frecuente, de acuerdo a varios clientes de Stephen. El actor no pudo ser localizado.
"Lo que hace es bastante sorprendente", dijo Michelle Agasi, co-propietaria de una firma de plomeros en Tarzana, que lucha contra un cáncer de colon y dijo que visita a Stephen para aprender a relajarse.
"Me enseña diferentes técnicas de respiración, y hablamos sobre el control de la ira... Es simplemente otra forma de curación natural. ¿Es ilegal?"
1 de agosto de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
peleando en una jaula
[Michael Wilson] Boxeo en jaula vivo y en buena salud en el Midwest de Estados Unidos.
Sioux Falls, Dakota del Sur, Estados Unidos. Cuando rebobinen el video de la pelea en la jaula, la sangre brotará otra vez de la nariz de Gervis Fool Bull, los gritos serán absorbidos por el pecho colectivo de la sudorosa multitud, y el puñetazo rebotará contra el alto camionero de Iowa que lo lanzó, un hombre con un corte de mohicano, que creció peleando con su hermano gemelo en el depósito de chatarra del vecindario.
Pero para encontrar dónde empezó realmente esta pelea entre desconocidos, rebobinar significaría retroceder casi semanas, al Cuatro de Julio en el pueblo turístico junto al lago, Okoboki, Iowa, donde los gemelos andaban parrandeando, bebiendo, y apestados con los turistas.
"Mi meta esa noche era pegarle al turista más grande que pudiera encontrar", dijo Nate Hawn, de 20 años.
Escogió a un marine, dijo, y le pegó en la calle llena de gente. Se acercó un desconocido, y los Hawn se preguntaron si acaso quería un poco de lo mismo.
El hombre dijo que trabajaba para un promotor de peleas de jaula y que los tipos debían estar en Sioux Falls en unas semanas. "Nos dijo: Vosotros sois exactamente lo que andamos buscando'", dijo el hermano con el corte mohicano, Ryan Hawn.
Los hermanos llegaron el sábado a The Cage' [La Jaula], para una noche sin reglas de peleas de hombre a hombre, encerrados en una jaula de rejas al exterior aquí en W.H. Lyon Fairgrounds. En un deporte conocido por nombres intercambiables -lucha extrema, pelea sin reglas, pelea de jaula- los púgiles pueden usar el boxeo, el kickboxing, las artes marciales y las llaves de lucha libre, o cualquier combinación de estos. Sus detractores lo han llamado "pelea de gallos entre hombres", un brutal pseudo-deporte.
Nueva York prohibió la pelea de jaula en 1997, dos años después de que el fiscal de distrito de Brooklyn amenazó con presentar cargos de agresión si la pelea programada no se suspendía. Comisiones de atletismo en Pensilvania, Ohio y varios otros estados se han negado a permitir las peleas. Los casinos indios han continuado permitiendo las peleas, mientras que la mayoría de los fans han dependido de los canales de pago que emiten las batallas del Ultimate Fighting Championship y DVDs con títulos como Cage Rage 8: Knights of the Octagon'.
Pero en Sioux Falls y otras pequeñas ciudades y pueblos de las Grandes Praderas -Fargo, Dakota del Norte; Rochester, Minnesota; Marshfield, Wisconsin; Sioux City y Des Moines- la pelea de jaula está volviendo, convocando a cientos, incluso miles de espectadores a las ferias, pequeños gimnasios y, lo que más inquieta a los funcionarios del ayuntamiento, los estacionamientos de bares.
El 4 de junio, los promotores montaron una jaula en el lote de gravilla al lado de Sidewinder, un bar de moteros en Sioux Falls, y organizaron 17 peleas en un Summer Slam'. Hay una pelea de jaula anunciada para el 13 de agosto en un bar en la ciudad de Yankton.
"Es como el grupo más firme", dijo Jarod Stevens, 25, un musculoso y pecoso pelirrojo que trabaja en un negocio de Hummer, alistándose para su primera pelea el sábado en Sioux Falls. "Es probar algo para ti mismo, que eres suficientemente hombre como para participar y hacerlo bien, espero".
Al final de la noche, Stevens estará aplicándose una bolsa de cielo contra un chichón azuloso en la frente. Y será uno de los más afortunados de las 11 peleas durante 2 horas en las que participan hombres que entrenan diariamente y se describen a sí mismos como matones de la calle. Ex convictos pelearán en la misma ficha que un oficial de rehabilitación de la Penitenciaría de Dakot del Sur, al que se han acercado varios de sus colegas para aprender unas llaves nuevas, en caso de que las cosas se pongan feas en el trabajo. Tres hombres serán derrotados por knock-out, y la noche terminará inundada por las brillantes y giratorias luces de una ambulancia.
"Siempre digo: ¿Dónde están los reglamentos?'", dijo Vernon Brown, 37, ex reportero de televisión que se incorporó al ayuntamiento de Sioux Falls el año pasado y es un opositor de la pelea de jaula. "No dejan de fastidiarme con una hoja impresa de internet que dice: está prohibido sacar los ojos, meter los dedos en la boca o en cualquier orificio corporale".
No cree que el deporte sea prohibido. Su principal preocupación, dijo, son los espectadores de una potente mezcla de violencia, alcohol y floja seguridad.
Se espera que una medida para mantener las peleas alejadas de los bares y que hace de los promotores, responsables por las lesiones de los púgiles, se discuta en el ayuntamiento en agosto.
Esta no es la Sioux Falls que Money Magazine declaró el mejor lugar para vivir en el país en 1992, ni la Sioux Falls que ha atraído al Citibank y a la Automatic Data Processing Inc., una tranquila, segura ciudad portuaria de 141.000 habitantes, adonde llegan en promedio 8 personas al día y se presenta un espectáculo de rayos láser todas las noches.
En esta Sioux Falls la gente tiene 19 y 20 y 21 años y andan buscando algo que hacer, cualquier cosa excepto uno de los programas para la juventud en uno de los 65 parques de la ciudad o todavía otro show de rayos más. El eterno ritual del paseo en una plaza del centro llamado "el nudo", fue prohibido hace dos años, cuando agentes de policía empezaron a imponer multas al tercer avistamiento nocturno del mismo coche.
"En realidad, no hay mucho que hacer en Sioux Falls", dijo Anna Anderson, 21, una ama de llaves de ropa negra y las uñas pintadas haciendo juego para su primera pelea del sábado. "La gente debería dejar de quejarse. Hay un montón de gente que quiere pelear, así que pueden venir aquí y pelear y no causarle problemas a nadie. Nadie sale con lesiones graves, pero si ocurre, que se jodan".
Casi la mitad de los púgiles en las ferias son de la localidad. Los más dedicados se reúnen en la Suite A de una hilera de oficinas de Active Mixed Martial Arts, donde se enseña yiu-yitsu brasileño.
El dueño del gimnasio y maestro, Aaron Hullinger, 33, no traería a sus hijos a una pelea de jaula. "No me gusta el ambiente que hay aquí", dijo. Pero no le impide adiestrar a sus púgiles para que ganen. "El objetivo de aprender yiu-yitsu es no caer en la jaula", dijo, "pero si eso es lo que quieres hacer, mejor aprendes yiu-yitsu".
Uno de los púgiles con más experiencia es Lee Lohff, 23, un policía del ejército que fue enviado dos veces a Afganistán, que a pesar de su modesto peso de 76 kilos, piensa que las competencias que valen la pena son escasas.
"Nosotros somos limpios, tenemos trabajo, vamos a la escuela", dijo, "y estos tipos que son los más duros de sus pandillas de moteros", pero no tienen ningún adiestramiento. "Es frustrante".
En realidad, el primer púgil en aparecer el sábado por la mañana para pesarse está fumando y bebiendo una lata de Budweiser: Fred Christian, 40, que se presenta a sí mismo como Dog. Su coleta es canosa, y su torso tatuado empieza a aflojarse. Esta debe ser su primera pelea. "Esto es algo completamente nuevo", dijo. "Pero está alarmado por una pregunta en los formularios -"Esto es exigido por los cuerpos de policía, ¿qué significa?", pregunta- y finalmente se retira.
Otros púgiles llegan más sobrios que Dog, pero no con más experiencia en la jaula.
Stevens, el del negocio de Hummer: "Yo no soy uno de esos tipos que se echa para atrás de una pelea. Me han quebrado seis costillas. Me han dejado con knockout fulminante en un concierto".
Para cuando el guitarrista de la banda de heavy-metal empieza a rasgar The Star Spangled Banner' [La Bandera de las Estrellas Centelleantes] poco después de las 9 de la noche, varios cientos de espectadores se han reunido alrededor del ring y en las gradas, la mayoría en la veintena y sus novias. Un dejota trepa a la jaula y agradece a los auspiciadores: Budweiser, Outlaw Tattoos, Bullet Proof Graphics, Sioux Empire Tint.
El promotor de los púgiles es Chris Christianson, 31, de Sioux Falls, que ha levantado su negocio con una o dos peleas al mes desde el otoño pasado. Coge el micrófono y agradece a todos por venir a pesar de la "controversia". Su hermana de 21, en un corpiño de encaje, es una de las dos muchachas que entran a la jaula entre asalto y asalto, mostrando un número en una tarjeta.
El siguiente en el ring es Bruce Hoyer, 23, que era una jugador de fútbol americano hasta que una violenta entrada le desprendió una de sus retinas, dejándolo ciego del ojo derecho y prácticamente inmovilizado. Tiene un cinturón azul de yiu-yitsu brasileño. Es el referí.
La primera pelea dura lo que dura leer sobre ella: dos hombres se dan un par de puñetazos y caen retorciéndose y jadeando en la lona, hasta que uno inmoviliza al otro con una dolorosa llave, quizás dando puñetazos en la nuca de su oponente con la mano libre. El púgil debajo golpea dos veces la lona: Me rindo. Sería la norma de la mayoría de las 11 peleas. Encontrar púgiles y llevarlos a la jaula toma más tiempo que las peleas.
Una excepción es una pelea que presenta a David Adamyan, 22, un inmigrante ucraniano que no ha entrenado, mal aparejado con uno de los estudiantes estrella de yiu-yitsu, Paul Willman, 22. En los primeros segundos, Willman vuela sobre el novato, le pega en la cara dos veces. Los ojos de Adamyan se ponen blancos y se le doblan las piernas. No se mueve sino hasta que el referí lo ayuda, temblando, a ponerse de pie. Lo examinan dos paramédicos y una enfermera.
"No sé lo que pasó", dijo Adamyan más tarde, fumando un cigarrillo. "Fue simplemente bum, no supe nada más".
Hawn, el mohicano, gana por abandono después de pegarle en la nariz a Fool Bull con su puño o rodilla, las dos salpicadas de la sangre del hombrón.
La última pelea termina en un knockout. El perdedor parece estar tan mal que alguien llama al 911, pero cuando llegan los bomberos y los paramédicos, se levanta y pasa arrastrando los pies junto a la ambulancia, hacia su coche deportivo.
Cerca de la jaula mirando las peleas estaba Damien Alexander, 30, el hombre que se acercó a los gemelos Hawn en Iowa a invitarles a venir a pelear. Pensando en esa noche, dice que no recuerda haber visto a ninguno de ellos pegándole a un marine, pero algo lo hizo acercarse a ellos.
Tal como lo ve, la pelea de jaula está destinada a despegar en Sioux Falls. "¿Sabes lo que tenemos? Un montón de bares y un parque", dijo. "Eso es bueno".
28 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
Sioux Falls, Dakota del Sur, Estados Unidos. Cuando rebobinen el video de la pelea en la jaula, la sangre brotará otra vez de la nariz de Gervis Fool Bull, los gritos serán absorbidos por el pecho colectivo de la sudorosa multitud, y el puñetazo rebotará contra el alto camionero de Iowa que lo lanzó, un hombre con un corte de mohicano, que creció peleando con su hermano gemelo en el depósito de chatarra del vecindario.Pero para encontrar dónde empezó realmente esta pelea entre desconocidos, rebobinar significaría retroceder casi semanas, al Cuatro de Julio en el pueblo turístico junto al lago, Okoboki, Iowa, donde los gemelos andaban parrandeando, bebiendo, y apestados con los turistas.
"Mi meta esa noche era pegarle al turista más grande que pudiera encontrar", dijo Nate Hawn, de 20 años.
Escogió a un marine, dijo, y le pegó en la calle llena de gente. Se acercó un desconocido, y los Hawn se preguntaron si acaso quería un poco de lo mismo.
El hombre dijo que trabajaba para un promotor de peleas de jaula y que los tipos debían estar en Sioux Falls en unas semanas. "Nos dijo: Vosotros sois exactamente lo que andamos buscando'", dijo el hermano con el corte mohicano, Ryan Hawn.
Los hermanos llegaron el sábado a The Cage' [La Jaula], para una noche sin reglas de peleas de hombre a hombre, encerrados en una jaula de rejas al exterior aquí en W.H. Lyon Fairgrounds. En un deporte conocido por nombres intercambiables -lucha extrema, pelea sin reglas, pelea de jaula- los púgiles pueden usar el boxeo, el kickboxing, las artes marciales y las llaves de lucha libre, o cualquier combinación de estos. Sus detractores lo han llamado "pelea de gallos entre hombres", un brutal pseudo-deporte.
Nueva York prohibió la pelea de jaula en 1997, dos años después de que el fiscal de distrito de Brooklyn amenazó con presentar cargos de agresión si la pelea programada no se suspendía. Comisiones de atletismo en Pensilvania, Ohio y varios otros estados se han negado a permitir las peleas. Los casinos indios han continuado permitiendo las peleas, mientras que la mayoría de los fans han dependido de los canales de pago que emiten las batallas del Ultimate Fighting Championship y DVDs con títulos como Cage Rage 8: Knights of the Octagon'.
Pero en Sioux Falls y otras pequeñas ciudades y pueblos de las Grandes Praderas -Fargo, Dakota del Norte; Rochester, Minnesota; Marshfield, Wisconsin; Sioux City y Des Moines- la pelea de jaula está volviendo, convocando a cientos, incluso miles de espectadores a las ferias, pequeños gimnasios y, lo que más inquieta a los funcionarios del ayuntamiento, los estacionamientos de bares.
El 4 de junio, los promotores montaron una jaula en el lote de gravilla al lado de Sidewinder, un bar de moteros en Sioux Falls, y organizaron 17 peleas en un Summer Slam'. Hay una pelea de jaula anunciada para el 13 de agosto en un bar en la ciudad de Yankton.
"Es como el grupo más firme", dijo Jarod Stevens, 25, un musculoso y pecoso pelirrojo que trabaja en un negocio de Hummer, alistándose para su primera pelea el sábado en Sioux Falls. "Es probar algo para ti mismo, que eres suficientemente hombre como para participar y hacerlo bien, espero".
Al final de la noche, Stevens estará aplicándose una bolsa de cielo contra un chichón azuloso en la frente. Y será uno de los más afortunados de las 11 peleas durante 2 horas en las que participan hombres que entrenan diariamente y se describen a sí mismos como matones de la calle. Ex convictos pelearán en la misma ficha que un oficial de rehabilitación de la Penitenciaría de Dakot del Sur, al que se han acercado varios de sus colegas para aprender unas llaves nuevas, en caso de que las cosas se pongan feas en el trabajo. Tres hombres serán derrotados por knock-out, y la noche terminará inundada por las brillantes y giratorias luces de una ambulancia.
"Siempre digo: ¿Dónde están los reglamentos?'", dijo Vernon Brown, 37, ex reportero de televisión que se incorporó al ayuntamiento de Sioux Falls el año pasado y es un opositor de la pelea de jaula. "No dejan de fastidiarme con una hoja impresa de internet que dice: está prohibido sacar los ojos, meter los dedos en la boca o en cualquier orificio corporale".
No cree que el deporte sea prohibido. Su principal preocupación, dijo, son los espectadores de una potente mezcla de violencia, alcohol y floja seguridad.
Se espera que una medida para mantener las peleas alejadas de los bares y que hace de los promotores, responsables por las lesiones de los púgiles, se discuta en el ayuntamiento en agosto.
Esta no es la Sioux Falls que Money Magazine declaró el mejor lugar para vivir en el país en 1992, ni la Sioux Falls que ha atraído al Citibank y a la Automatic Data Processing Inc., una tranquila, segura ciudad portuaria de 141.000 habitantes, adonde llegan en promedio 8 personas al día y se presenta un espectáculo de rayos láser todas las noches.
En esta Sioux Falls la gente tiene 19 y 20 y 21 años y andan buscando algo que hacer, cualquier cosa excepto uno de los programas para la juventud en uno de los 65 parques de la ciudad o todavía otro show de rayos más. El eterno ritual del paseo en una plaza del centro llamado "el nudo", fue prohibido hace dos años, cuando agentes de policía empezaron a imponer multas al tercer avistamiento nocturno del mismo coche.
"En realidad, no hay mucho que hacer en Sioux Falls", dijo Anna Anderson, 21, una ama de llaves de ropa negra y las uñas pintadas haciendo juego para su primera pelea del sábado. "La gente debería dejar de quejarse. Hay un montón de gente que quiere pelear, así que pueden venir aquí y pelear y no causarle problemas a nadie. Nadie sale con lesiones graves, pero si ocurre, que se jodan".
Casi la mitad de los púgiles en las ferias son de la localidad. Los más dedicados se reúnen en la Suite A de una hilera de oficinas de Active Mixed Martial Arts, donde se enseña yiu-yitsu brasileño.
El dueño del gimnasio y maestro, Aaron Hullinger, 33, no traería a sus hijos a una pelea de jaula. "No me gusta el ambiente que hay aquí", dijo. Pero no le impide adiestrar a sus púgiles para que ganen. "El objetivo de aprender yiu-yitsu es no caer en la jaula", dijo, "pero si eso es lo que quieres hacer, mejor aprendes yiu-yitsu".
Uno de los púgiles con más experiencia es Lee Lohff, 23, un policía del ejército que fue enviado dos veces a Afganistán, que a pesar de su modesto peso de 76 kilos, piensa que las competencias que valen la pena son escasas.
"Nosotros somos limpios, tenemos trabajo, vamos a la escuela", dijo, "y estos tipos que son los más duros de sus pandillas de moteros", pero no tienen ningún adiestramiento. "Es frustrante".
En realidad, el primer púgil en aparecer el sábado por la mañana para pesarse está fumando y bebiendo una lata de Budweiser: Fred Christian, 40, que se presenta a sí mismo como Dog. Su coleta es canosa, y su torso tatuado empieza a aflojarse. Esta debe ser su primera pelea. "Esto es algo completamente nuevo", dijo. "Pero está alarmado por una pregunta en los formularios -"Esto es exigido por los cuerpos de policía, ¿qué significa?", pregunta- y finalmente se retira.
Otros púgiles llegan más sobrios que Dog, pero no con más experiencia en la jaula.
Stevens, el del negocio de Hummer: "Yo no soy uno de esos tipos que se echa para atrás de una pelea. Me han quebrado seis costillas. Me han dejado con knockout fulminante en un concierto".
Para cuando el guitarrista de la banda de heavy-metal empieza a rasgar The Star Spangled Banner' [La Bandera de las Estrellas Centelleantes] poco después de las 9 de la noche, varios cientos de espectadores se han reunido alrededor del ring y en las gradas, la mayoría en la veintena y sus novias. Un dejota trepa a la jaula y agradece a los auspiciadores: Budweiser, Outlaw Tattoos, Bullet Proof Graphics, Sioux Empire Tint.
El promotor de los púgiles es Chris Christianson, 31, de Sioux Falls, que ha levantado su negocio con una o dos peleas al mes desde el otoño pasado. Coge el micrófono y agradece a todos por venir a pesar de la "controversia". Su hermana de 21, en un corpiño de encaje, es una de las dos muchachas que entran a la jaula entre asalto y asalto, mostrando un número en una tarjeta.
El siguiente en el ring es Bruce Hoyer, 23, que era una jugador de fútbol americano hasta que una violenta entrada le desprendió una de sus retinas, dejándolo ciego del ojo derecho y prácticamente inmovilizado. Tiene un cinturón azul de yiu-yitsu brasileño. Es el referí.
La primera pelea dura lo que dura leer sobre ella: dos hombres se dan un par de puñetazos y caen retorciéndose y jadeando en la lona, hasta que uno inmoviliza al otro con una dolorosa llave, quizás dando puñetazos en la nuca de su oponente con la mano libre. El púgil debajo golpea dos veces la lona: Me rindo. Sería la norma de la mayoría de las 11 peleas. Encontrar púgiles y llevarlos a la jaula toma más tiempo que las peleas.
Una excepción es una pelea que presenta a David Adamyan, 22, un inmigrante ucraniano que no ha entrenado, mal aparejado con uno de los estudiantes estrella de yiu-yitsu, Paul Willman, 22. En los primeros segundos, Willman vuela sobre el novato, le pega en la cara dos veces. Los ojos de Adamyan se ponen blancos y se le doblan las piernas. No se mueve sino hasta que el referí lo ayuda, temblando, a ponerse de pie. Lo examinan dos paramédicos y una enfermera.
"No sé lo que pasó", dijo Adamyan más tarde, fumando un cigarrillo. "Fue simplemente bum, no supe nada más".
Hawn, el mohicano, gana por abandono después de pegarle en la nariz a Fool Bull con su puño o rodilla, las dos salpicadas de la sangre del hombrón.
La última pelea termina en un knockout. El perdedor parece estar tan mal que alguien llama al 911, pero cuando llegan los bomberos y los paramédicos, se levanta y pasa arrastrando los pies junto a la ambulancia, hacia su coche deportivo.
Cerca de la jaula mirando las peleas estaba Damien Alexander, 30, el hombre que se acercó a los gemelos Hawn en Iowa a invitarles a venir a pelear. Pensando en esa noche, dice que no recuerda haber visto a ninguno de ellos pegándole a un marine, pero algo lo hizo acercarse a ellos.
Tal como lo ve, la pelea de jaula está destinada a despegar en Sioux Falls. "¿Sabes lo que tenemos? Un montón de bares y un parque", dijo. "Eso es bueno".
28 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
botánica de santería
[Daniel Hernández] En su jardín botánico en Hollywood, el sacerdote Charles Guelperin saluda a los parroquianos que quieren contactarse con el mundo sobrenatural.
Una calurosa y amarilla tarde de sábado en Hollywood, una docena de personas se reunieron para una sesión con Olga, una joven judía rusa que pedía ayuda a Manuel.
Se sentaron en el atiborrado cuarto trasero de una tienda botánica en el Boulevard de Santa Mónica, y ante un altar en el que hay una pintura de Jesucristo, Charles Guelperin, el sacerdote santero, explicó los objetivos del día:
"Estamos investigando a los espíritus que trabajan con ella, o para ella", dijo Guelperin en un inglés declinado que refleja sus raíces argentinas. "No hay de que asustarse. Todos tenemos un espíritu que nos ayuda en la vida".
Para Guelperin, ese espíritu es Manuel, conocido en círculos de estudiantes de la santería y del folclore africano como un guerrero del Congo que fue llevado en un barco esclavista a Cuba cuando era joven, hace 500 años.
Guelperin "canaliza" a Manuel para sus clientes en su tienda El Congo Manuel.
"Yo fui su hijo en una vida anterior y así como tenemos esta relación", explicó Guelperin, 59. "Era mi padre, que también era un santero, e hijo de Ogún".
En la religión afro-cubana de la santería, Ogún es uno de los 401 orishas que operan como agentes de un ser supremo. Los fieles también adoran a los santos católicos y a espíritus ancestrales. De ahí la conexión sobrenatural con Manuel.
Para Guelperin y la gente que frecuenta su tienda, los espíritus están tan vivos como los vivos. Si todo se hace bien, dicen, un espíritu puede ser engatusado para que se "monte" un cuerpo. Entonces está preparado para decir proverbios, dar consejos o adivinaciones.
O bebe ron y fuma cigarros. A Manuel le gustan los dos.
"Tiene los sentimientos de la carne", advirtió Guelperin. "Ahora tiene un cuerpo. ¿Por qué no disfrutar de él?"
La gente en el cuarto encendieron sus cigarrillos en anticipación, echando las cenizas en cáscaras de coco dispersas por el suelo. Un signo amarillento en un rincón advertía en español: "La dirección no es responsable de los accidentes que ocurran en el establecimiento".
Religión Creciente
Guelperin se refiere a sí mismo como brujo, un médium en contacto con el "mundo cósmico", un amante de todas las religiones y tradiciones. Pero se identifica la mayor parte de las veces con la santería, que ha crecido en Estados Unidos en las últimas décadas. Los cálculos sobre los adherentes a la santería en Estados Unidos van de 1 a 5 millones, la mayor parte de ellos concentrados fuertemente en ciudades latinas como Miami, Nueva York o Los Angeles.
La religión se está acercando a las sectas establecidas, apareciéndose en programas de estudios universitarios, museos y canciones populares y videos musicales. Algunos aspectos han comenzado a atraer a no-latinos, como Olga, la inmigrante rusa.
La santería se practica en casas y en un creciente número de botánicas, como El Congo Manuel, apretujada entre Pizza Loca y Pupusería Loca, en un centro comercial de Hollywood. Las tiendas son mercados espirituales que venden estatuillas, aceites, velas, hierbas y otros artículos.
A menudo, una botánica parece un cruce entre una estrecha rectoría católica en la América Latina rural, una hortera tienda de Halloween y quizás un desgastado estudio de televisión privado. Las botánicas huelen casi siempre a incienso fresco y madera muerta.
En El Congo Manuel, el precio de los artículos pequeños, como figuritas o cristales especiales, es de algunos pocos dólares. Servicios tales como sesiones de espiritismo en las que aparece Manuel, o limpias, pueden costar varios cientos de dólares.
Guelperin cobra mucho más, aunque no dijo cuánto exactamente, por iniciar a alguien en la santería.
Los rituales, que pueden implicar el sacrificio de animales, toman lugar a veces en cañones, bosques y cerca de fuentes de agua natural. Durante años funcionarios policiales se han preguntado si acaso los restos de los rituales de santería que veían no constituían evidencias de juego sucio.
Las cosas cambiaron en 1993 cuando la Corte Suprema de Estados Unidos resolvió que la Iglesia de Lukumi Babalu Aye, una congregación de santeros de Hialeah, Florida, ejercía derechos protegidos por la Primera Enmienda al sacrificar animales.
En su propio trabajo en Los Angeles y Cuba, adonde viaja a menudo para iniciaciones de santería, Guelperin dijo que ha sacrificado "pollos, gallos, palomas, codornices, cabras, carneros y gallinas de Guinea".
Está consciente de que esas prácticas plantean un problema de relaciones públicas para la santería.
"Hay una diferencia entre matar, en destruir vidas sin ningún propósito, y el sacrificio ritual", dijo. "Matar es destruir vidas sin propósito. Un sacrificio es una ofrenda a Dios, a un ser más alto, y está escrito en la Biblia, en el Corán, que Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su propio hijo".
Se sabe que médium y dueños de botánicas fraudulentos han engañado o abusado de clientes crédulos.
En casos en Los Angeles y Chicago, curanderos de fe' han abusado sexualmente de mujeres jóvenes a cambio de tratar a familiares enfermos. En 1994, el departamento de Servicios Sanitarios del condado de Los Angeles, emitió un aviso advirtiendo contra las "cápsulas de serpiente cascabel" que estaban siendo vendidas en botánicas como tratamientos del acné, cáncer y desórdenes sanguíneos. Aparentemente las cápsulas también llevaban salmonela y habían causado tres muertes.
Donald Cosentino, profesor de folclore de la Universidad de California en Los Angeles UCLA que recibió recientemente una beca Guggenheim para escribir un libro sobre Guelperin y Manuel, dice que no ha creído nunca que el sacerdote sea un tramposo.
Guelperin canaliza a Manuel regularmente en las clases de Cosentino en la UCLA, dijo el profesor. "Obviamente, [las tradiciones africanas] funcionan", dijo Cosentino. "Cómo funcionan, eso es asunto para otra gente".
Guelperin reconoce la existencia de santeros inescrupulosos. "Somos humanos, como todos los demás".
Aprendiendo el Oficio
Alto y físicamente imponente, Guelperin guía a los clientes a su oficina, donde se sienta detrás de un angosto escritorio, enciende un cigarro cubano y da consejos mediante alegorías y jerga.
Dice que nació con poderes espirituales, pero no se dio cuenta sino hasta que tenía 7 y en su dormitorio en Buenos Aires se le apareció una tía muerta.
Guelperin fue capaz de describir a su madre el vestido que llevaba su tía cuando la sepultaron -diez años antes del nacimiento de Guelperin.
Su padre lo llevó a psiquiatras. Su madre lo arrastró a la Escuela Científica Basilio, una escuela espiritualista en la capital argentina. Asistió siete días a la semana, después de la escuela normal, durante ocho años.
No pasó mucho tiempo antes de que vecinos y desconocidos empezaran a llamar a la puerta de Guelperin, pidiendo una audiencia con el niño del que habían oído decir que se podía conectar con el mundo espiritual.
Como todo adolescente, Guelperin también fue inquieto. Dice que trabajó, viajó por el mundo y parrandeó, al mismo tiempo que conservaba sus poderes espirituales y recogía nuevos clientes.
En los años ochenta era promotor de un club y vivía bien en Sherman Oaks. Entonces, dijo Guelperin, un orisha llamado Obatala se le apareció y le dijo que su desbocada vida nocturna había terminado.
"Yo me resistía a los espíritus", dijo Guelperin. "Estoy ganando 10.000 dólares al mes, la estoy pasando tremendamente bien en el negocio de los clubes nocturnos. ¿Crees que tengo ganas quedarme en casa esperando a ver quien quiere un reading?"
Pero el llamado de la vocación era demasiado fuerte, dijo.
Vendió su casa, se marchó a Cuba para iniciarse como sacerdote de santería y volvió para abrir El Congo Manuel, en el Boulevard de Santa Mónica, donde está su negocio desde 1990.
Hoy Guelperin vive modestamente -excepto por su Chevrolet SSR 2005, tan brillante y amarillo que lo persiguen las abejas.
Prostitutas, travestís, jornaleros, pacientes de SIDA, ejecutivos de estudios, actores de lista B, algunos funcionarios elegidos -todos recurren a él, dice Guelperin, cuando las religiones tradicionales y templos no parecen ayudar en asuntos de salud, el corazón y el juego competitivo de la vida moderna.
Algunas de sus elaboradas prescripciones implican animales muertos, oscuras raíces y el peso místico de los dígitos, el tiempo, la luz diurna y la Tierra.
El otro día, mientras Guleperin era entrevistado y atendía una llamada de teléfono, un cliente esperaba que le dijera qué hacer con las verduras usadas en un ritual anterior.
"Trae las berenjenas", le dijo Guelperin a su ayudante. "Saca las banderas, y dáselas a ella. Ella tiene que llevarlas a un bosque".
A la cliente, todo eso le parecía coherente.
Sesión de Espiritismo
Mientras en El Congo Manuel se celebraba la sesión espiritista para Olga, los participantes debieron untar sus dedos en un grueso cuenco lleno de un delgado líquido azuloso y pétalos de flores blancas. Salpicándose el líquido en sus caras, cuellos y brazos, los participantes se limpiaban la "radiación de las calles", explicó Guelperin.
Estaba sentado en una alta silla de madera con un cojín púrpura, "la silla de Manuel", y empezó a recitar monótonamente en español, leyendo en un usado libro. Intermitentemente escupía al piso en los cuatro lados. Golpeteó con su bastón nueve veces contra el linóleo.
Entonces, de repente, se oyó un gruñido. Los ojos de Guelperin se achicaron y sus pupilas se echaron hacia atrás. Un profundo, bajo cacareo salió por su garganta. Su pie derecho se doblaba y retorcía. Había "llegado" Manuel.
Los ayudantes apartaron sillas y revoltijos. Guelperin se sacó su zapato derecho y el calcetín -explica que el espíritu todavía tiene molestias de la época en que un esclavista en Cuba le cortó su pie para impedir sus repetidas fugas. Se apoyó en su bastón. Bebió ron. Habló por el lado derecho de su boca en una mezcla de español y lukumi, un dialecto estrechamente vinculado a la santería, que los ayudantes ayudan a traducir.
Entonces Manuel fue derecho al grano. A la gente que había visto antes, el espíritu ofrecía escuetas recetas para sus dilemas recurrentes. A una mujer le dijo que hiciera un hoyito en una sandía, encendiera una vela en ella y llevara la fruta, una vez seca, a una montaña. La mujer lo apuntó.
Entre los nuevos clientes había una joven estudiante universitaria llamada Alicia.
Después de comentar groseramente sobre su aspecto físico, el espíritu le preguntó a Alicia: ¿Por qué lloras por dentro pero no por fuera?
"Porque quiero ser fuerte", dijo Alicia, después de un mesurado silencio.
Si quieres llorar, llora, le dijo Manuel a través de sus intérpretes. Si quieres gritar, grita. Si quieres decir no, di no.
"A veces eres como un cigarro encendido por los dos lados", le dijo, acercándose a ella. El espíritu y la estudiante universitaria se dieron la mano.
Durante la sesión Manuel dio más prescripciones espirituales, coqueteó con las mujeres y se colocó cigarros en la lengua. Para hacer un punto, cortaba el aire con un machete que le habían llevado, a petición suya, de la tienda que daba a la calle.
Manuel preguntó si había más preguntas, antes de desmontarse de Guelperin.
Le preguntaron qué echaba de menos de no estar vivo físicamente.
El sexo, respondió el espíritu, aunque en términos mucho más coloridos.
"Lo que echo de menos es el sexo, porque me gustaba mucho", dijo Manuel, que dice haber tenido más de 100 hijos. "Pero, aparte eso, no echo nada más de menos de la Tierra".
Pronto Manuel estaba listo para volver al plano espiritual. Pero, aparentemente, dejar entrar a un espíritu es mucho más fácil que dejarlo salir. El cuerpo de Guelperin se convulsionó violentamente. Gritó y salió disparado de la silla de Manuel, con la cara roja y sudando. Los ayudantes lo sujetaron.
Y después de unos momentos, Guelperin volvió a sentarse, respirando dificultosamente, algo aturdido.
"Si no hay algo real en todo esto... entonces estoy loco", dijo, con una risita.
Olga, la joven que buscaba la ayuda de Manuel, no obtuvo las respuestas que esperaba. Manuel le dijo sólo sus espíritus se le aparecerían. Le dijo que habría otras oportunidades. Manuel está siempre disponible.
Antes de cerrar su botánica hace poco, después de un largo día de vender objetos espirituales y responder llamadas de clientes, Guelperin parecía estar consciente que era necesaria una explicación.
Hay un muñeco de un Manuel de aspecto sabio en la vitrina de la tienda que da a la calle. Los certificados que atestan que Guelperin es miembro de varias asociaciones comerciales acumulan polvo en las paredes. El tráfico pasaba a toda velocidad por el Boulevard de Santa Mónica.
"Yo soy el que soy", dijo Guelperin, reflexionando sobre temas tales como la muerte del Papa Juan Pablo II y el surgimiento del cristianismo evangélico"."No estoy buscando seguidores. No construir una iglesia grande, no soy un mensajero", dijo Guelperin. "Soy simplemente un pobre donnadie en el centro de Hollywood en una tienda de moda que trata de hablar con la gente".
¿Y qué de los que pueden decir que su trabajo es una farsa, o algo peor?
"A cada cual lo que corresponda".
27 de julio de 2005
7 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"
Una calurosa y amarilla tarde de sábado en Hollywood, una docena de personas se reunieron para una sesión con Olga, una joven judía rusa que pedía ayuda a Manuel.Se sentaron en el atiborrado cuarto trasero de una tienda botánica en el Boulevard de Santa Mónica, y ante un altar en el que hay una pintura de Jesucristo, Charles Guelperin, el sacerdote santero, explicó los objetivos del día:
"Estamos investigando a los espíritus que trabajan con ella, o para ella", dijo Guelperin en un inglés declinado que refleja sus raíces argentinas. "No hay de que asustarse. Todos tenemos un espíritu que nos ayuda en la vida".
Para Guelperin, ese espíritu es Manuel, conocido en círculos de estudiantes de la santería y del folclore africano como un guerrero del Congo que fue llevado en un barco esclavista a Cuba cuando era joven, hace 500 años.
Guelperin "canaliza" a Manuel para sus clientes en su tienda El Congo Manuel.
"Yo fui su hijo en una vida anterior y así como tenemos esta relación", explicó Guelperin, 59. "Era mi padre, que también era un santero, e hijo de Ogún".
En la religión afro-cubana de la santería, Ogún es uno de los 401 orishas que operan como agentes de un ser supremo. Los fieles también adoran a los santos católicos y a espíritus ancestrales. De ahí la conexión sobrenatural con Manuel.
Para Guelperin y la gente que frecuenta su tienda, los espíritus están tan vivos como los vivos. Si todo se hace bien, dicen, un espíritu puede ser engatusado para que se "monte" un cuerpo. Entonces está preparado para decir proverbios, dar consejos o adivinaciones.
O bebe ron y fuma cigarros. A Manuel le gustan los dos.
"Tiene los sentimientos de la carne", advirtió Guelperin. "Ahora tiene un cuerpo. ¿Por qué no disfrutar de él?"
La gente en el cuarto encendieron sus cigarrillos en anticipación, echando las cenizas en cáscaras de coco dispersas por el suelo. Un signo amarillento en un rincón advertía en español: "La dirección no es responsable de los accidentes que ocurran en el establecimiento".
Religión Creciente
Guelperin se refiere a sí mismo como brujo, un médium en contacto con el "mundo cósmico", un amante de todas las religiones y tradiciones. Pero se identifica la mayor parte de las veces con la santería, que ha crecido en Estados Unidos en las últimas décadas. Los cálculos sobre los adherentes a la santería en Estados Unidos van de 1 a 5 millones, la mayor parte de ellos concentrados fuertemente en ciudades latinas como Miami, Nueva York o Los Angeles.
La religión se está acercando a las sectas establecidas, apareciéndose en programas de estudios universitarios, museos y canciones populares y videos musicales. Algunos aspectos han comenzado a atraer a no-latinos, como Olga, la inmigrante rusa.
La santería se practica en casas y en un creciente número de botánicas, como El Congo Manuel, apretujada entre Pizza Loca y Pupusería Loca, en un centro comercial de Hollywood. Las tiendas son mercados espirituales que venden estatuillas, aceites, velas, hierbas y otros artículos.
A menudo, una botánica parece un cruce entre una estrecha rectoría católica en la América Latina rural, una hortera tienda de Halloween y quizás un desgastado estudio de televisión privado. Las botánicas huelen casi siempre a incienso fresco y madera muerta.
En El Congo Manuel, el precio de los artículos pequeños, como figuritas o cristales especiales, es de algunos pocos dólares. Servicios tales como sesiones de espiritismo en las que aparece Manuel, o limpias, pueden costar varios cientos de dólares.
Guelperin cobra mucho más, aunque no dijo cuánto exactamente, por iniciar a alguien en la santería.
Los rituales, que pueden implicar el sacrificio de animales, toman lugar a veces en cañones, bosques y cerca de fuentes de agua natural. Durante años funcionarios policiales se han preguntado si acaso los restos de los rituales de santería que veían no constituían evidencias de juego sucio.
Las cosas cambiaron en 1993 cuando la Corte Suprema de Estados Unidos resolvió que la Iglesia de Lukumi Babalu Aye, una congregación de santeros de Hialeah, Florida, ejercía derechos protegidos por la Primera Enmienda al sacrificar animales.
En su propio trabajo en Los Angeles y Cuba, adonde viaja a menudo para iniciaciones de santería, Guelperin dijo que ha sacrificado "pollos, gallos, palomas, codornices, cabras, carneros y gallinas de Guinea".
Está consciente de que esas prácticas plantean un problema de relaciones públicas para la santería.
"Hay una diferencia entre matar, en destruir vidas sin ningún propósito, y el sacrificio ritual", dijo. "Matar es destruir vidas sin propósito. Un sacrificio es una ofrenda a Dios, a un ser más alto, y está escrito en la Biblia, en el Corán, que Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su propio hijo".
Se sabe que médium y dueños de botánicas fraudulentos han engañado o abusado de clientes crédulos.
En casos en Los Angeles y Chicago, curanderos de fe' han abusado sexualmente de mujeres jóvenes a cambio de tratar a familiares enfermos. En 1994, el departamento de Servicios Sanitarios del condado de Los Angeles, emitió un aviso advirtiendo contra las "cápsulas de serpiente cascabel" que estaban siendo vendidas en botánicas como tratamientos del acné, cáncer y desórdenes sanguíneos. Aparentemente las cápsulas también llevaban salmonela y habían causado tres muertes.
Donald Cosentino, profesor de folclore de la Universidad de California en Los Angeles UCLA que recibió recientemente una beca Guggenheim para escribir un libro sobre Guelperin y Manuel, dice que no ha creído nunca que el sacerdote sea un tramposo.
Guelperin canaliza a Manuel regularmente en las clases de Cosentino en la UCLA, dijo el profesor. "Obviamente, [las tradiciones africanas] funcionan", dijo Cosentino. "Cómo funcionan, eso es asunto para otra gente".
Guelperin reconoce la existencia de santeros inescrupulosos. "Somos humanos, como todos los demás".
Aprendiendo el Oficio
Alto y físicamente imponente, Guelperin guía a los clientes a su oficina, donde se sienta detrás de un angosto escritorio, enciende un cigarro cubano y da consejos mediante alegorías y jerga.
Dice que nació con poderes espirituales, pero no se dio cuenta sino hasta que tenía 7 y en su dormitorio en Buenos Aires se le apareció una tía muerta.
Guelperin fue capaz de describir a su madre el vestido que llevaba su tía cuando la sepultaron -diez años antes del nacimiento de Guelperin.
Su padre lo llevó a psiquiatras. Su madre lo arrastró a la Escuela Científica Basilio, una escuela espiritualista en la capital argentina. Asistió siete días a la semana, después de la escuela normal, durante ocho años.
No pasó mucho tiempo antes de que vecinos y desconocidos empezaran a llamar a la puerta de Guelperin, pidiendo una audiencia con el niño del que habían oído decir que se podía conectar con el mundo espiritual.
Como todo adolescente, Guelperin también fue inquieto. Dice que trabajó, viajó por el mundo y parrandeó, al mismo tiempo que conservaba sus poderes espirituales y recogía nuevos clientes.
En los años ochenta era promotor de un club y vivía bien en Sherman Oaks. Entonces, dijo Guelperin, un orisha llamado Obatala se le apareció y le dijo que su desbocada vida nocturna había terminado.
"Yo me resistía a los espíritus", dijo Guelperin. "Estoy ganando 10.000 dólares al mes, la estoy pasando tremendamente bien en el negocio de los clubes nocturnos. ¿Crees que tengo ganas quedarme en casa esperando a ver quien quiere un reading?"
Pero el llamado de la vocación era demasiado fuerte, dijo.
Vendió su casa, se marchó a Cuba para iniciarse como sacerdote de santería y volvió para abrir El Congo Manuel, en el Boulevard de Santa Mónica, donde está su negocio desde 1990.
Hoy Guelperin vive modestamente -excepto por su Chevrolet SSR 2005, tan brillante y amarillo que lo persiguen las abejas.
Prostitutas, travestís, jornaleros, pacientes de SIDA, ejecutivos de estudios, actores de lista B, algunos funcionarios elegidos -todos recurren a él, dice Guelperin, cuando las religiones tradicionales y templos no parecen ayudar en asuntos de salud, el corazón y el juego competitivo de la vida moderna.
Algunas de sus elaboradas prescripciones implican animales muertos, oscuras raíces y el peso místico de los dígitos, el tiempo, la luz diurna y la Tierra.
El otro día, mientras Guleperin era entrevistado y atendía una llamada de teléfono, un cliente esperaba que le dijera qué hacer con las verduras usadas en un ritual anterior.
"Trae las berenjenas", le dijo Guelperin a su ayudante. "Saca las banderas, y dáselas a ella. Ella tiene que llevarlas a un bosque".
A la cliente, todo eso le parecía coherente.
Sesión de Espiritismo
Mientras en El Congo Manuel se celebraba la sesión espiritista para Olga, los participantes debieron untar sus dedos en un grueso cuenco lleno de un delgado líquido azuloso y pétalos de flores blancas. Salpicándose el líquido en sus caras, cuellos y brazos, los participantes se limpiaban la "radiación de las calles", explicó Guelperin.
Estaba sentado en una alta silla de madera con un cojín púrpura, "la silla de Manuel", y empezó a recitar monótonamente en español, leyendo en un usado libro. Intermitentemente escupía al piso en los cuatro lados. Golpeteó con su bastón nueve veces contra el linóleo.
Entonces, de repente, se oyó un gruñido. Los ojos de Guelperin se achicaron y sus pupilas se echaron hacia atrás. Un profundo, bajo cacareo salió por su garganta. Su pie derecho se doblaba y retorcía. Había "llegado" Manuel.
Los ayudantes apartaron sillas y revoltijos. Guelperin se sacó su zapato derecho y el calcetín -explica que el espíritu todavía tiene molestias de la época en que un esclavista en Cuba le cortó su pie para impedir sus repetidas fugas. Se apoyó en su bastón. Bebió ron. Habló por el lado derecho de su boca en una mezcla de español y lukumi, un dialecto estrechamente vinculado a la santería, que los ayudantes ayudan a traducir.
Entonces Manuel fue derecho al grano. A la gente que había visto antes, el espíritu ofrecía escuetas recetas para sus dilemas recurrentes. A una mujer le dijo que hiciera un hoyito en una sandía, encendiera una vela en ella y llevara la fruta, una vez seca, a una montaña. La mujer lo apuntó.
Entre los nuevos clientes había una joven estudiante universitaria llamada Alicia.
Después de comentar groseramente sobre su aspecto físico, el espíritu le preguntó a Alicia: ¿Por qué lloras por dentro pero no por fuera?
"Porque quiero ser fuerte", dijo Alicia, después de un mesurado silencio.
Si quieres llorar, llora, le dijo Manuel a través de sus intérpretes. Si quieres gritar, grita. Si quieres decir no, di no.
"A veces eres como un cigarro encendido por los dos lados", le dijo, acercándose a ella. El espíritu y la estudiante universitaria se dieron la mano.
Durante la sesión Manuel dio más prescripciones espirituales, coqueteó con las mujeres y se colocó cigarros en la lengua. Para hacer un punto, cortaba el aire con un machete que le habían llevado, a petición suya, de la tienda que daba a la calle.
Manuel preguntó si había más preguntas, antes de desmontarse de Guelperin.
Le preguntaron qué echaba de menos de no estar vivo físicamente.
El sexo, respondió el espíritu, aunque en términos mucho más coloridos.
"Lo que echo de menos es el sexo, porque me gustaba mucho", dijo Manuel, que dice haber tenido más de 100 hijos. "Pero, aparte eso, no echo nada más de menos de la Tierra".
Pronto Manuel estaba listo para volver al plano espiritual. Pero, aparentemente, dejar entrar a un espíritu es mucho más fácil que dejarlo salir. El cuerpo de Guelperin se convulsionó violentamente. Gritó y salió disparado de la silla de Manuel, con la cara roja y sudando. Los ayudantes lo sujetaron.
Y después de unos momentos, Guelperin volvió a sentarse, respirando dificultosamente, algo aturdido.
"Si no hay algo real en todo esto... entonces estoy loco", dijo, con una risita.
Olga, la joven que buscaba la ayuda de Manuel, no obtuvo las respuestas que esperaba. Manuel le dijo sólo sus espíritus se le aparecerían. Le dijo que habría otras oportunidades. Manuel está siempre disponible.
Antes de cerrar su botánica hace poco, después de un largo día de vender objetos espirituales y responder llamadas de clientes, Guelperin parecía estar consciente que era necesaria una explicación.
Hay un muñeco de un Manuel de aspecto sabio en la vitrina de la tienda que da a la calle. Los certificados que atestan que Guelperin es miembro de varias asociaciones comerciales acumulan polvo en las paredes. El tráfico pasaba a toda velocidad por el Boulevard de Santa Mónica.
"Yo soy el que soy", dijo Guelperin, reflexionando sobre temas tales como la muerte del Papa Juan Pablo II y el surgimiento del cristianismo evangélico"."No estoy buscando seguidores. No construir una iglesia grande, no soy un mensajero", dijo Guelperin. "Soy simplemente un pobre donnadie en el centro de Hollywood en una tienda de moda que trata de hablar con la gente".
¿Y qué de los que pueden decir que su trabajo es una farsa, o algo peor?
"A cada cual lo que corresponda".
27 de julio de 2005
7 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"
blancas como el marfil
[Jia-Rui Chong] Algunas mujeres asiático-americanas gastan miles de dólares en la búsqueda de la tradicionalmente ideal piel blanca. Otros advierten en ello el lado oscuro del prejuicio.
Para muchos habitantes de California del Sur, el verano es la temporada de las playas, de tumbonas y del bronceado perfecto.
No para Margaret Qiu. Ella, y miles de otras mujeres asiático-americanas, hacen cualquier cosa para evitar el sol -luchando por conservar o mejorar sus claras complexiones con caras cremas, máscaras, guantes, limpiezas de cara profesionales y tratamientos médicos.
Para estas mujeres, el ideal femenino es tener una cara blanca como la porcelana, y refleja una antigua creencia de que la piel clara representa una vida confortable. También creen que pueden ocultar las imperfecciones físicas.
"Se dice que con la piel blanca, puedes ocultar mil fealdades", dijo Qiu, 36, inmigrante china que vive en Alhambra.
Qiu se somete a un régimen de productos para blanquear la piel dos veces al día. Es una de las numerosas clientes que han convertido las cremas y lociones blanqueadoras asiáticas en una industria de varios millones de dólares en Estados Unidos.
Pero eso es sólo el principio.
Dad una vuelta en coche a través de los enclaves de inmigrantes asiáticos, como el Monterrey Park y veréis mujeres tratando de protegerse con paraguas -incluso para el corto trayecto que va del estacionamiento al supermercado. Mientras conducen, muchas llevan "guantes infrarrojos" especiales -que se parecen a los largos guantes de los trajes de gala- para proteger sus antebrazos, y llevan viseras envolventes que parecen máscaras de soldadores.
En los salones de belleza las mujeres se apiñan en torno a los mostradores de cosmética, preguntando sobre los últimos limpiadores y lociones que dicen que controlan la producción de melanina en las células de la piel, pagando a menudo más de 100 dólares por un paquete. Cosmetólogos hacen pingües negocios con terapias de blanqueamiento de 65 dólares. Las mujeres se retocan la cara con frutas ácidas, que se supone que destruyen las células viejas que envejecen la piel, y se colocan máscaras de polvo de perla u otros ingredientes que creen que blanquean la piel.
Hay doctores que, por unos mil dólares, usarán un campo eléctrico para aplicar vitaminas, cremas hidratantes y agentes blanqueadores a la cara de las mujeres como parte de un tratamiento conocido como "mesofacial".
Los productos blanqueadores han sido un pilar en Asia durante décadas, pero empleados de la industria cosmética dijeron que se han convertido en un negocio beneficioso en Estados Unidos solamente en los últimos cuatro años. Ahora los productos blanqueadores llegan a 10 millones de dólares en ventas, de acuerdo a la forma de investigación de mercado Euromonitor.
Pero su popularidad ha encendido un debate en la comunidad asiático-americana sobre la política del blanqueo. Qui y otras dicen que la búsqueda de la piel blanca es una tradición china. Pero otras -asiáticas más jóvenes, nacidas en Estados Unidos- se preguntan si la obsesión por la piel de marfil no tendrá más que ver con fundirse en la cultura americana blanca o incluso con un sutil prejuicio contra la gente de piel más oscura.
La firma de investigaciones de mercado dice que las compañías de cosmética han tomado nota de la sensibilidad, diciendo que sus productos asiáticos para la piel en Estados Unidos no la "blanquean" sino que la "iluminan".
"No es un término políticamente correcto porque parece implicar que tener aspecto caucasiano vía una complexión blanca es la meta de belleza deseada", dijo Virginia Lee, una analista de Euromonitor.
Qiu, 36, de Xi'an, China, piensa que no hay nada de políticamente incorrecto en el uso de productos que aclaran la piel, que son conocidos en mandarín como mei bai, o "belleza blanca".
Qiu, que vende suplementos herbales, ha usado cremas blanqueadoras durante cinco años y visitó la tienda de cosmética Vitativ, en Monterey Park, para re-abastecerse.
Cuando pagaba por un paquete de lociones UV Blancas' Shiseido, Qiu dijo que se había sorprendido cuando llegó la primera vez a Estados Unidos y vio a tantas jóvenes haciendo ostentación de sus bronceados.
Se dio cuenta de que las ideas orientales y occidentales de belleza eran diferentes. Aquí, dijo, "cuando te ves oscura, piensan que era muy rica. Que tienes un bote. Que tienes suficiente tiempo como para ir a la playa".
Está bien que las mujeres estadounidenses sean más morenas, dijo su marido Lei Sun, 36, chef de sushi. "Es parte del estilo deportivo".
Pero Lei Sun prefiere a las mujeres asiáticas de piel más clara, diciendo que personifican el ideal tradicional conocido como si si wen wen. Miró a su esposa para explicar el concepto.
"Eso significa que una mujer debe ser de piel blanca y muy educada, y no hacer demasiado ruido al reír", dijo Qiu.
Las mujeres con la piel clara son más delicadas, más femeninas y se ve que no tienen que trabajar, explicó Qiu.
"La piel más clara también significa una clase más alta", dijo.
Todos los días, mañana y noche, Qiu gasta unos minutos aplicándose lociones blanqueadoras.
"Nunca compro los más baratos", dijo una mañana mientras se retocaba la cara con una crema humectante blanqueadora en el blanco cuarto de servicios de su casa en Alhambra. "A veces, con esos productos baratos tu cuello y tu cara quedan de color diferente y la gente se da cuenta de que no es tu verdadera piel".
Algunos de los productos más baratos pueden ser peligrosos, dijo.
En 2002, los diarios informaron que en Hong Kong algunas mujeres fueron hospitalizadas por envenenamiento con mercurio causado por tres marcas de cremas blanqueadoras.
En California, funcionarios del ministerio de Servicios Sanitarios del estado y el ministerio de Asuntos del Consumidor dijeron que no han recibido quejas y no han emitido ninguna advertencia sobre los cosméticos o tratamientos blanqueadores.
Los productos vendidos en Estados Unidos y Asia incluyen ingredientes como extracto de regaliz y té verde, que supuestamente controlan la producción de melanina de la piel.
Para Qiu y otras, es importante encontrar la sombra correcta de blanco. La mayoría de los productos no prometen convertir el color de la piel de una mujer en blanca como papel, sino algo apenas una sombra más clara y más delicada -digamos, como la parte interior del brazo de una mujer.
Más blanco que eso, dijo Qiu, y te verías de aspecto enfermizo.
"Y mira cómo se ve Mickael Jackson", dijo. "Se ve terrible".
Sarah Mar, de Irvine, no usa cosméticos blanqueadores, pero ha ideado un puñado de otras estrategias para mantener clara su cara, tales como usar un enorme visor cuando conduce. En la última temporada navideña, pidió a su familia que olvidara las cicatrices y le hicieran un regalo que podría usar todos los días: un bronceador de prescripción.
"Los niños hacen eso -se queman a sí mismos- pero no yo", dijo Mar, agregando que su aversión a la luz del sol directa mantiene su piel clara y la protege del cáncer a la piel.
Mar, que creció en Taiwán y supervisó la Asociación Debutante China-Americana en Irvine durante unos años, dijo que hace lo que puede para mantenerse adentro entre las 10 de la mañana y las 3 de la tarde. Lo mismo hacen sus amigas, con las que sale a menudo a pasear en las mañanas.
En actividades al aire libre como el picnic, dijo Mar, nunca le cuesta demasiado ubicar a sus amigas: Están todas acurrucadas debajo de un árbol o debajo de una paraguas gigantesco.
Catherine, la hija de Mar, nunca compartió la búsqueda de una piel blanca de su madre y pasó la mayor parte de sus años adolescentes con un dorado bronceado. Pero provocó la risa de su madre y otros familiares hace unos años cuando volvió para Navidad desde la Universidad de Boston. Separada durante todo un semestre del sol de California del Sur, tenía una complexión perfectamente blanca.
"Su prima tenía que marcharse a Stanford y era muy morena", dijo Mar. "En Navidad, sus abuelos dijeron: ¡Mira, mira! La niña de Oriente se ve mejor porque su cara es más blanca".
Para Theresa Lin-Cheng, 50, evitar el sol y aplicarse cremas por la noche no era suficientes. Lin-Cheng, que es anfitriona de un programa de cocina en chino en televisión y radio por cable, se mudó a Chino Hills hace nueve años desde Taiwán y pronto se dio cuenta de que el sol de California del Sur le estaba poniendo la piel más oscura y más seca.
Sus amigas le hablaron del Dr. George Sun, de Arcadia, que ofrece un tratamiento llamado "RF fotofacial", que usa intensos pulsos de luz y frecuencias radiales para intervenir en la producción de melanina de la piel.
Cuando el doctor Sun -que se ríe entre dientes de la ironía de su apellido, pero dice que quiere decir "descendiente" en chino- introdujo el mesofacial hace unos ocho meses, ella también siguió ese tratamiento. Lin-Cheng dice que gasta varios cientos de dólares al mes en tratamientos de la piel en el consultorio de Sun.
Lin-Cheng, cuya piel se parece a una blanca peonía, dice que sus amigas la felicitan por su aspecto.
"Sé que nunca me pareceré a ella, pero Nicole Kidman es mi ídolo", dijo.
Lin-Cheng se aplica religiosamente filtro solar para bebés y utiliza su visor opaco, que llama su "casco de soldador", en todas partes. Compró el casco hace poco en un viaje a Taiwán, y trajo cascos adicionales para las "amigas que quieren verse guapas". Se veía mejor que su hija Jessica con uno de sus cascos, y la mujer de 22 años lo usaba diariamente para hacer el trayecto desde su apartamento en Westwood hacia la Universidad de California en Los Angeles.
Sun, cirujano plástico, empezó a tratar mujeres por "problemas de pigmentación" en 1996 después de que sus clientes le preguntaran cómo podían aclarar su piel y eliminar las manchas solares y las manchas oscuras. Sun dijo que ahora atiende a unas 30 mujeres a la semana.
"Es como un Botox", dijo. "¿Crees que en el pasado la gente tenía interés en sacarse las arrugas? Sí. ¿Pero podían hacer algo? Las preocupaciones de las mujeres y su deseo de verse mejor están finalmente en manos de especialistas".
Pero la idea de mujeres asiáticas obsesionadas con la piel blanca preocupa a Glen Mimura, 37, profesor de estudios asiático-americanos en la Universidad de California en Irvine.
"Parece estar vinculado fundamentalmente con la historia colonial, esa fascinación con la blancura", dijo. "La piel morena es asociada con el trabajo manual, las comunidades agrarias, con ser menos cosmopolita".
La búsqueda de la piel clara es todavía más inquietante porque parece reforzar antiguos prejuicios en Asia contra compatriotas de piel más morena, dijo Mimura. Dado el coste de los tratamientos de blanqueamiento, agregó, mantener ese perfecto destello lechoso parece estar reservado a las mujeres que pueden pagarlo.
"Creo que estas mujeres ven el blanqueamiento de la piel de la misma manera que uno compra un bolso Louis Vuitton", dijo.
Anna Park, editor de Audrey, una revista de estilo y belleza para las mujeres asiático-americanas, de Gardena, no está segura de que el auge del blanqueamiento tenga que ver con los ideales europeos de belleza.
"Si miras fotografías, antiguas, pinturas antiguas de lo que era considerado bello en Corea o Japón, todas sus caras eran realmente pálidas", dijo Park, 35.
Para entender en qué tipo de fenómeno se ha convertido el blanqueamiento en las comunidades asiático-americanas, entré al salón de bronceados de Rick Armstrong, Casal del Sol, en Irvine.
Armstrong ha instalado un elegante aparato con una máscara en forma de herraduras de caballo que cubre la cara de una persona. En lugar de usar luz para broncear la piel, como otras máquinas en su salón, utiliza la luz para estirar las arrugas e iluminar las manchas que salen con la edad.
"En Japón hay salones con unidades faciales y le colocan una gel blanqueadora", dice Armstrong. "Para la sesión no tienes más que sentarte".
Supone que el aparato se hará popular entre los asiáticos, así como entre otros clientes que quieren mantener lisas sus caras.
"Nadie tiene la cara perfecta".
26 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Para muchos habitantes de California del Sur, el verano es la temporada de las playas, de tumbonas y del bronceado perfecto.No para Margaret Qiu. Ella, y miles de otras mujeres asiático-americanas, hacen cualquier cosa para evitar el sol -luchando por conservar o mejorar sus claras complexiones con caras cremas, máscaras, guantes, limpiezas de cara profesionales y tratamientos médicos.
Para estas mujeres, el ideal femenino es tener una cara blanca como la porcelana, y refleja una antigua creencia de que la piel clara representa una vida confortable. También creen que pueden ocultar las imperfecciones físicas.
"Se dice que con la piel blanca, puedes ocultar mil fealdades", dijo Qiu, 36, inmigrante china que vive en Alhambra.
Qiu se somete a un régimen de productos para blanquear la piel dos veces al día. Es una de las numerosas clientes que han convertido las cremas y lociones blanqueadoras asiáticas en una industria de varios millones de dólares en Estados Unidos.
Pero eso es sólo el principio.
Dad una vuelta en coche a través de los enclaves de inmigrantes asiáticos, como el Monterrey Park y veréis mujeres tratando de protegerse con paraguas -incluso para el corto trayecto que va del estacionamiento al supermercado. Mientras conducen, muchas llevan "guantes infrarrojos" especiales -que se parecen a los largos guantes de los trajes de gala- para proteger sus antebrazos, y llevan viseras envolventes que parecen máscaras de soldadores.
En los salones de belleza las mujeres se apiñan en torno a los mostradores de cosmética, preguntando sobre los últimos limpiadores y lociones que dicen que controlan la producción de melanina en las células de la piel, pagando a menudo más de 100 dólares por un paquete. Cosmetólogos hacen pingües negocios con terapias de blanqueamiento de 65 dólares. Las mujeres se retocan la cara con frutas ácidas, que se supone que destruyen las células viejas que envejecen la piel, y se colocan máscaras de polvo de perla u otros ingredientes que creen que blanquean la piel.
Hay doctores que, por unos mil dólares, usarán un campo eléctrico para aplicar vitaminas, cremas hidratantes y agentes blanqueadores a la cara de las mujeres como parte de un tratamiento conocido como "mesofacial".
Los productos blanqueadores han sido un pilar en Asia durante décadas, pero empleados de la industria cosmética dijeron que se han convertido en un negocio beneficioso en Estados Unidos solamente en los últimos cuatro años. Ahora los productos blanqueadores llegan a 10 millones de dólares en ventas, de acuerdo a la forma de investigación de mercado Euromonitor.
Pero su popularidad ha encendido un debate en la comunidad asiático-americana sobre la política del blanqueo. Qui y otras dicen que la búsqueda de la piel blanca es una tradición china. Pero otras -asiáticas más jóvenes, nacidas en Estados Unidos- se preguntan si la obsesión por la piel de marfil no tendrá más que ver con fundirse en la cultura americana blanca o incluso con un sutil prejuicio contra la gente de piel más oscura.
La firma de investigaciones de mercado dice que las compañías de cosmética han tomado nota de la sensibilidad, diciendo que sus productos asiáticos para la piel en Estados Unidos no la "blanquean" sino que la "iluminan".
"No es un término políticamente correcto porque parece implicar que tener aspecto caucasiano vía una complexión blanca es la meta de belleza deseada", dijo Virginia Lee, una analista de Euromonitor.
Qiu, 36, de Xi'an, China, piensa que no hay nada de políticamente incorrecto en el uso de productos que aclaran la piel, que son conocidos en mandarín como mei bai, o "belleza blanca".
Qiu, que vende suplementos herbales, ha usado cremas blanqueadoras durante cinco años y visitó la tienda de cosmética Vitativ, en Monterey Park, para re-abastecerse.
Cuando pagaba por un paquete de lociones UV Blancas' Shiseido, Qiu dijo que se había sorprendido cuando llegó la primera vez a Estados Unidos y vio a tantas jóvenes haciendo ostentación de sus bronceados.
Se dio cuenta de que las ideas orientales y occidentales de belleza eran diferentes. Aquí, dijo, "cuando te ves oscura, piensan que era muy rica. Que tienes un bote. Que tienes suficiente tiempo como para ir a la playa".
Está bien que las mujeres estadounidenses sean más morenas, dijo su marido Lei Sun, 36, chef de sushi. "Es parte del estilo deportivo".
Pero Lei Sun prefiere a las mujeres asiáticas de piel más clara, diciendo que personifican el ideal tradicional conocido como si si wen wen. Miró a su esposa para explicar el concepto.
"Eso significa que una mujer debe ser de piel blanca y muy educada, y no hacer demasiado ruido al reír", dijo Qiu.
Las mujeres con la piel clara son más delicadas, más femeninas y se ve que no tienen que trabajar, explicó Qiu.
"La piel más clara también significa una clase más alta", dijo.
Todos los días, mañana y noche, Qiu gasta unos minutos aplicándose lociones blanqueadoras.
"Nunca compro los más baratos", dijo una mañana mientras se retocaba la cara con una crema humectante blanqueadora en el blanco cuarto de servicios de su casa en Alhambra. "A veces, con esos productos baratos tu cuello y tu cara quedan de color diferente y la gente se da cuenta de que no es tu verdadera piel".
Algunos de los productos más baratos pueden ser peligrosos, dijo.
En 2002, los diarios informaron que en Hong Kong algunas mujeres fueron hospitalizadas por envenenamiento con mercurio causado por tres marcas de cremas blanqueadoras.
En California, funcionarios del ministerio de Servicios Sanitarios del estado y el ministerio de Asuntos del Consumidor dijeron que no han recibido quejas y no han emitido ninguna advertencia sobre los cosméticos o tratamientos blanqueadores.
Los productos vendidos en Estados Unidos y Asia incluyen ingredientes como extracto de regaliz y té verde, que supuestamente controlan la producción de melanina de la piel.
Para Qiu y otras, es importante encontrar la sombra correcta de blanco. La mayoría de los productos no prometen convertir el color de la piel de una mujer en blanca como papel, sino algo apenas una sombra más clara y más delicada -digamos, como la parte interior del brazo de una mujer.
Más blanco que eso, dijo Qiu, y te verías de aspecto enfermizo.
"Y mira cómo se ve Mickael Jackson", dijo. "Se ve terrible".
Sarah Mar, de Irvine, no usa cosméticos blanqueadores, pero ha ideado un puñado de otras estrategias para mantener clara su cara, tales como usar un enorme visor cuando conduce. En la última temporada navideña, pidió a su familia que olvidara las cicatrices y le hicieran un regalo que podría usar todos los días: un bronceador de prescripción.
"Los niños hacen eso -se queman a sí mismos- pero no yo", dijo Mar, agregando que su aversión a la luz del sol directa mantiene su piel clara y la protege del cáncer a la piel.
Mar, que creció en Taiwán y supervisó la Asociación Debutante China-Americana en Irvine durante unos años, dijo que hace lo que puede para mantenerse adentro entre las 10 de la mañana y las 3 de la tarde. Lo mismo hacen sus amigas, con las que sale a menudo a pasear en las mañanas.
En actividades al aire libre como el picnic, dijo Mar, nunca le cuesta demasiado ubicar a sus amigas: Están todas acurrucadas debajo de un árbol o debajo de una paraguas gigantesco.
Catherine, la hija de Mar, nunca compartió la búsqueda de una piel blanca de su madre y pasó la mayor parte de sus años adolescentes con un dorado bronceado. Pero provocó la risa de su madre y otros familiares hace unos años cuando volvió para Navidad desde la Universidad de Boston. Separada durante todo un semestre del sol de California del Sur, tenía una complexión perfectamente blanca.
"Su prima tenía que marcharse a Stanford y era muy morena", dijo Mar. "En Navidad, sus abuelos dijeron: ¡Mira, mira! La niña de Oriente se ve mejor porque su cara es más blanca".
Para Theresa Lin-Cheng, 50, evitar el sol y aplicarse cremas por la noche no era suficientes. Lin-Cheng, que es anfitriona de un programa de cocina en chino en televisión y radio por cable, se mudó a Chino Hills hace nueve años desde Taiwán y pronto se dio cuenta de que el sol de California del Sur le estaba poniendo la piel más oscura y más seca.
Sus amigas le hablaron del Dr. George Sun, de Arcadia, que ofrece un tratamiento llamado "RF fotofacial", que usa intensos pulsos de luz y frecuencias radiales para intervenir en la producción de melanina de la piel.
Cuando el doctor Sun -que se ríe entre dientes de la ironía de su apellido, pero dice que quiere decir "descendiente" en chino- introdujo el mesofacial hace unos ocho meses, ella también siguió ese tratamiento. Lin-Cheng dice que gasta varios cientos de dólares al mes en tratamientos de la piel en el consultorio de Sun.
Lin-Cheng, cuya piel se parece a una blanca peonía, dice que sus amigas la felicitan por su aspecto.
"Sé que nunca me pareceré a ella, pero Nicole Kidman es mi ídolo", dijo.
Lin-Cheng se aplica religiosamente filtro solar para bebés y utiliza su visor opaco, que llama su "casco de soldador", en todas partes. Compró el casco hace poco en un viaje a Taiwán, y trajo cascos adicionales para las "amigas que quieren verse guapas". Se veía mejor que su hija Jessica con uno de sus cascos, y la mujer de 22 años lo usaba diariamente para hacer el trayecto desde su apartamento en Westwood hacia la Universidad de California en Los Angeles.
Sun, cirujano plástico, empezó a tratar mujeres por "problemas de pigmentación" en 1996 después de que sus clientes le preguntaran cómo podían aclarar su piel y eliminar las manchas solares y las manchas oscuras. Sun dijo que ahora atiende a unas 30 mujeres a la semana.
"Es como un Botox", dijo. "¿Crees que en el pasado la gente tenía interés en sacarse las arrugas? Sí. ¿Pero podían hacer algo? Las preocupaciones de las mujeres y su deseo de verse mejor están finalmente en manos de especialistas".
Pero la idea de mujeres asiáticas obsesionadas con la piel blanca preocupa a Glen Mimura, 37, profesor de estudios asiático-americanos en la Universidad de California en Irvine.
"Parece estar vinculado fundamentalmente con la historia colonial, esa fascinación con la blancura", dijo. "La piel morena es asociada con el trabajo manual, las comunidades agrarias, con ser menos cosmopolita".
La búsqueda de la piel clara es todavía más inquietante porque parece reforzar antiguos prejuicios en Asia contra compatriotas de piel más morena, dijo Mimura. Dado el coste de los tratamientos de blanqueamiento, agregó, mantener ese perfecto destello lechoso parece estar reservado a las mujeres que pueden pagarlo.
"Creo que estas mujeres ven el blanqueamiento de la piel de la misma manera que uno compra un bolso Louis Vuitton", dijo.
Anna Park, editor de Audrey, una revista de estilo y belleza para las mujeres asiático-americanas, de Gardena, no está segura de que el auge del blanqueamiento tenga que ver con los ideales europeos de belleza.
"Si miras fotografías, antiguas, pinturas antiguas de lo que era considerado bello en Corea o Japón, todas sus caras eran realmente pálidas", dijo Park, 35.
Para entender en qué tipo de fenómeno se ha convertido el blanqueamiento en las comunidades asiático-americanas, entré al salón de bronceados de Rick Armstrong, Casal del Sol, en Irvine.
Armstrong ha instalado un elegante aparato con una máscara en forma de herraduras de caballo que cubre la cara de una persona. En lugar de usar luz para broncear la piel, como otras máquinas en su salón, utiliza la luz para estirar las arrugas e iluminar las manchas que salen con la edad.
"En Japón hay salones con unidades faciales y le colocan una gel blanqueadora", dice Armstrong. "Para la sesión no tienes más que sentarte".
Supone que el aparato se hará popular entre los asiáticos, así como entre otros clientes que quieren mantener lisas sus caras.
"Nadie tiene la cara perfecta".
26 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh