MÉXICO: PROHÍBEN A VENDEDORES AMBULANTES COMO MEDIDA PARA FRENAR OLA DE DELITOS - susana hayward
Una nueva ley de tolerancia cero inspirada en el antiguo alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani tiene como blanco a limpiadores de parabrisas, payasos, vendedores de flores y lanzafuegos.
Ciudad de México, México. Julio César Fuentes, de 38 años y con sólo tres años de escuela primaria, tiene una lucrativa carrera en las atascadas calles de Ciudad de México, brincando sobre los coches y lanzando chorros de agua espumosa para lavar los parabrisas.
Pero Fuentes, que gana el equivalente de 20 dólares al día, deberá encontrarse una nueva ocupación.
Desde el 1 de agosto, cuando una nueva "ley de cultura cívica" entró en efecto, los limpiadores de parabrisas, los aparcadores, los payasos, los lanzafuegos e incluso los niños que venden caramelos o flores -que han sido todos durante décadas parte de Ciudad de México- pueden verse obligados a pagar multas o ser encarcelados.
En una ciudad de 20 millones de habitantes, con miles de inmigrantes rurales pobres que llegan cada semana a la ciudad y una tasa de desempleo que algunos calculan en un 50 por ciento, las nuevas reglas son enervantes y polémicas.
"Todo lo que hago es ganarme el pan de cada día", dice Fuentes, que pasó hace poco un día en la cárcel, donde dice que fue golpeado y sometido a controles de droga. "¿Por qué no persiguen a los verdaderos criminales, a los ladrones, a los secuestradores y a los policías corruptos?"
La Ley
La nueva ley -inspirada en la campaña de tolerancia cero del antiguo alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani- refleja la creencia de los funcionarios del ayuntamiento de que la batalla campal cotidiana de las calles alimenta la creciente ola de delitos de Ciudad de México. Giuliani se desempeñó como asesor pagado de la ciudad sobre temas de delincuencia e hizo una serie de propuestas para limpiar Ciudad de México.
"Cuando un delincuente es joven, pinta las paredes. Si no lo agarran, se pasa al robo y luego al secuestro", dice Enrique González, el analista jefe del secretariado para la seguridad pública del ayuntamiento.
Muchos vendedores callejeros trabajan con infractores de más peso, como ladrones de coches, dice González.
"Roban espejos, llantas, tapacubos".
Detenciones
Desde que entrara en vigor la ley se ha detenido a 11 mil personas, de los cuales 5.200 por ebriedad pública o posesión de drogas.
El gobierno federal del presidente Vicente Fox y la administración del alcalde de Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, han estado bajo una incendiaria protesta desde que en junio demostraran más de medio millón de personas pidiendo medidas más duras contra los secuestros y la delincuencia en general.
La ley también cuenta con el apoyo de gente que opina que los vendedores callejeros cuando no fastidian, intimidan.
"Saltan sobre tu coche incluso si otro limpiador te ha lavado las ventanillas una cuadra antes. Algunos te insultan", dice el conductor Rafael Castro, 26.
"Pero son pobres. Sólo nos gustaría que preguntaran antes de lanzarte el chorro", dice Castro.
El 11 de agosto cientos de franeleros, vendedores callejeros y prostitutas marcharon por las más sucias calles del centro de la ciudad para protestar contra la ley, una de las 146 medidas que recomendó Giuliani en agosto pasado.
La firma de asesoría contra la delincuencia de Giuliani recibió 4.3 millones de dólares de empresarios para evaluar los problemas que plantea la delincuencia en Ciudad de México y sugerir soluciones en una capital plagada por los asesinatos, robos de automóviles, violaciones, atracos, secuestros y corrupción.
Otras Propuestas
Ciudad de México ha adoptado otras propuestas de Giuliani, incluyendo un botón de pánico en los autobuses de la ciudad y cámaras de vigilancia en áreas de alta criminalidad -tanto para desalentar atracos como para sorprender a agentes recibiendo sobornos.
Las propuestas de Giuliani de modernizar la mal adiestrada policía no fue adoptada. El presupuesto de seguridad en la capital fue reducido en un tercio.
El hecho de que agentes de policía, que ganan alrededor de 300 dólares al mes y deben comprar sus propios uniformes, están acostumbrados a aceptar sobornos, conocidos como mordidas', para dejar escapar a infractores de la ley y llegar a fin de mes, impide que se pueda terminar con los vendedores callejeros.
"Lo hacemos a escondidas", dice Sergio González, que ha sido durante 18 años uno de los franeleros que llaman a los conductores que buscan un espacio para aparcar y piden unos dos dólares por un sitio y lavar el coche.
"Le damos algo a los polis. Algunos nos roban. Pero nosotros no somos delincuentes. Mira todas las otras cosas terribles que pasan aquí".
Una actitud de laissez-faire con respecto a la ley probablemente socavará cualquier intento sostenido de terminar con el comercio callejero.
"Estamos en México", dice el taxista Salvador Ramírez cuando pasa con luz roja. "Siempre hay una ley que quebrar".
13 de septiembre de 2004
17 de septiembre de 2004
©miamiherald
©traducción mQh
Ciudad de México, México. Julio César Fuentes, de 38 años y con sólo tres años de escuela primaria, tiene una lucrativa carrera en las atascadas calles de Ciudad de México, brincando sobre los coches y lanzando chorros de agua espumosa para lavar los parabrisas.Pero Fuentes, que gana el equivalente de 20 dólares al día, deberá encontrarse una nueva ocupación.
Desde el 1 de agosto, cuando una nueva "ley de cultura cívica" entró en efecto, los limpiadores de parabrisas, los aparcadores, los payasos, los lanzafuegos e incluso los niños que venden caramelos o flores -que han sido todos durante décadas parte de Ciudad de México- pueden verse obligados a pagar multas o ser encarcelados.
En una ciudad de 20 millones de habitantes, con miles de inmigrantes rurales pobres que llegan cada semana a la ciudad y una tasa de desempleo que algunos calculan en un 50 por ciento, las nuevas reglas son enervantes y polémicas.
"Todo lo que hago es ganarme el pan de cada día", dice Fuentes, que pasó hace poco un día en la cárcel, donde dice que fue golpeado y sometido a controles de droga. "¿Por qué no persiguen a los verdaderos criminales, a los ladrones, a los secuestradores y a los policías corruptos?"
La Ley
La nueva ley -inspirada en la campaña de tolerancia cero del antiguo alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani- refleja la creencia de los funcionarios del ayuntamiento de que la batalla campal cotidiana de las calles alimenta la creciente ola de delitos de Ciudad de México. Giuliani se desempeñó como asesor pagado de la ciudad sobre temas de delincuencia e hizo una serie de propuestas para limpiar Ciudad de México.
"Cuando un delincuente es joven, pinta las paredes. Si no lo agarran, se pasa al robo y luego al secuestro", dice Enrique González, el analista jefe del secretariado para la seguridad pública del ayuntamiento.
Muchos vendedores callejeros trabajan con infractores de más peso, como ladrones de coches, dice González.
"Roban espejos, llantas, tapacubos".
Detenciones
Desde que entrara en vigor la ley se ha detenido a 11 mil personas, de los cuales 5.200 por ebriedad pública o posesión de drogas.
El gobierno federal del presidente Vicente Fox y la administración del alcalde de Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, han estado bajo una incendiaria protesta desde que en junio demostraran más de medio millón de personas pidiendo medidas más duras contra los secuestros y la delincuencia en general.
La ley también cuenta con el apoyo de gente que opina que los vendedores callejeros cuando no fastidian, intimidan.
"Saltan sobre tu coche incluso si otro limpiador te ha lavado las ventanillas una cuadra antes. Algunos te insultan", dice el conductor Rafael Castro, 26.
"Pero son pobres. Sólo nos gustaría que preguntaran antes de lanzarte el chorro", dice Castro.
El 11 de agosto cientos de franeleros, vendedores callejeros y prostitutas marcharon por las más sucias calles del centro de la ciudad para protestar contra la ley, una de las 146 medidas que recomendó Giuliani en agosto pasado.
La firma de asesoría contra la delincuencia de Giuliani recibió 4.3 millones de dólares de empresarios para evaluar los problemas que plantea la delincuencia en Ciudad de México y sugerir soluciones en una capital plagada por los asesinatos, robos de automóviles, violaciones, atracos, secuestros y corrupción.
Otras Propuestas
Ciudad de México ha adoptado otras propuestas de Giuliani, incluyendo un botón de pánico en los autobuses de la ciudad y cámaras de vigilancia en áreas de alta criminalidad -tanto para desalentar atracos como para sorprender a agentes recibiendo sobornos.
Las propuestas de Giuliani de modernizar la mal adiestrada policía no fue adoptada. El presupuesto de seguridad en la capital fue reducido en un tercio.
El hecho de que agentes de policía, que ganan alrededor de 300 dólares al mes y deben comprar sus propios uniformes, están acostumbrados a aceptar sobornos, conocidos como mordidas', para dejar escapar a infractores de la ley y llegar a fin de mes, impide que se pueda terminar con los vendedores callejeros.
"Lo hacemos a escondidas", dice Sergio González, que ha sido durante 18 años uno de los franeleros que llaman a los conductores que buscan un espacio para aparcar y piden unos dos dólares por un sitio y lavar el coche.
"Le damos algo a los polis. Algunos nos roban. Pero nosotros no somos delincuentes. Mira todas las otras cosas terribles que pasan aquí".
Una actitud de laissez-faire con respecto a la ley probablemente socavará cualquier intento sostenido de terminar con el comercio callejero.
"Estamos en México", dice el taxista Salvador Ramírez cuando pasa con luz roja. "Siempre hay una ley que quebrar".
13 de septiembre de 2004
17 de septiembre de 2004
©miamiherald
©traducción mQh
UN HOMBRE DE MUCHOS NOMBRES PERO SÓLO UN LEGADO EN LA AMAZONIA - larry rohter
El notorio criminal brasileño Sebastião Rodrigues de Moura, responsable de decenas de asesinatos y torturas en los años setenta y ochenta, es un personaje tan importante en Brasil que cuenta con un estado propio. Un reportaje sobre la improbable vida política de ese país.
Curionópolis, Brasil. En Brasilia, donde cuenta con muchos y poderosos clientes agradecidos por los favores que les ha hecho durante muchos años, Sebastião Rodrigues de Moura es conocido bajo muchos nombres. Vicerrey de la Selva. Rey de Pará. En los pasillos del Congreso hay incluso quienes le llaman el Kurtz del Amazonas', en referencia al personaje de la novela de Joseph Conrad, Heart of Darkness'.
"Exageraciones", dice Moura -llamado a menudo Alcalde Curió por su aparente parecido con una agresiva especie de pájaro de la zona-, descartando la idea con un movimiento de mano. Pero nadie en Amazonia reina en un territorio bautizado en su honor que, como aseveran sus críticos en la capital, le es permitido manejar como su feudo personal.
Durante casi 35 años Moura, hoy una paternal figura con el pelo teñido rubio, ha sido uno de los hombres que otros aquí en el estado de Pará al este de la Amazonia tenían miedo de cruzarse en la calle. Guerrilleros trotskistas, avaros mineros, entrometidos curas extranjeros, campesinos taciturnos, políticos palabreros, rancheros ambiciosos -todos los que se han metido con el Alcalde Curió han perdido, contribuyendo así a la leyenda de su ferocidad e implacabilidad.
Algunos, de hechos, no han sobrevivido como para contar la historia, y otros simplemente no quieren hablar. Desde que terminara el gobierno militar en Brasil en 1985, grupos de derechos humanos han estado clamando que Moura sea juzgado por el asesinato de más de 60 guerrilleros de izquierda, algunos de los cuales fueron decapitados, y la tortura de decenas de guías campesinos durante los años setenta, pero han perdido cada vez.
"No puedo negar que he participado en combates para impedir que se implantara en el corazón de la Amazonia un territorio al servicio del comunismo mundial", dijo a propósito de su papel en la más grande operación de contra-insurgencia en la historia de Brasil. "Era una guerra. Les combatimos en la selva con las armas en la mano, y llevamos a cabo la misión que nos habían encomendado las fuerzas armadas".
Las investigaciones del gobierno sobre el destino de aquellos que murieron o que fueron torturados durante la guerrilla de Araguaia han contactado recientemente a Moura y le han invitado a declarar. Él se ha negado a hacerlo, diciendo que lo hará sólo si recibe órdenes de su comandante. Pero cuando se le preguntó si acataría una orden semejante, en caso de que se emitiera, respondió: "No es probable".
"Sé que no tengo el derecho de llevarme a la tumba la verdad de las cosas que he vivido", dijo. "Pero sólo contaré la verdad en mis memorias".
La historia de Moura, según la cuenta él, comienza en diciembre de 1934 en São Sebastião do Paraíso, una pequeña ciudad comercial en el interior del estado de Minas Gerais. "Mis orígenes son humilde", dice. Su padre era un barbero y su madre tenía una pensión para estudiantes.
Recuerda que su infancia no fue nada excepcional, hasta que terminó la Segunda Guerra Mundial y un primo que volvía de combatir con la fuerza expedicionaria brasileña, que se había unido a la causa aliada en Italia, fue paseado por las calles de su ciudad como si fuese un héroe. "En ese momento decidí lo que quería ser", dijo.
Mientras se alistaba como cadete en la academia militar nacional decidió complementar su magro salario transformándose en boxeador, "con lo que podía ganar con una pelea a la semana más de lo que ganaba en un mes". Sus compañeros de clase, impresionados por su agresividad en el ring, le pusieron el apodo que ha usado desde entonces, Alcalde Curió, por un pequeño pájaro negro de buche rojo común en Brasil.
"El curió es un pájaro agresivo, que la gente del nordeste los meten en jaulas juntos y los dejan pelear, a menudo hasta la muerte", explica Moura. "El curió es tan agresivo que es capaz de pelear contra su propia imagen en un espejo".
Cuando el ejército tomó el poder en Brasil en 1964, Moura fue asignado a labores de inteligencia y contra-insurgencia y a lo que llama vagamente "la represión de los movimientos de guerrilla urbana" en las ciudades brasileñas más importantes.
Se había licenciado de su primer curso de adiestramiento en guerra selvática, así que cuando el Partido Comunista de Brasil inició un frente guerrillero a lo largo del río Araguaia en el este de Amazonia, fue llamado a servir. Se presentó a sí mismo como el agrónomo llamado Carlos Alberto Lucchini. Su verdadera misión era identificar y matar a los rebeldes, logrando el apoyo de los campesinos de la zona.
El gobierno militar lo volvió a llamar para restaurar el orden cuando la fiebre del oro que comenzó aquí en 1980. Serra Pelada se transformó pronto en una de las minas a tajo abierto más grandes del mundo, famosa por sus pepitas que podían pesar hasta 137 libras y por sus imágenes de buscadores de oro que trabajaban en condiciones violentas y subhumanas.
En Sierra Pelada, hoy un distrito de Curionópolis, Moura gobernó con puño de hierro. Prohibió el alcohol, los juegos y las mujeres; obligó a los buscadores de oro a entregar sus armas cuando salían de la mina; e hizo que se izase la bandera brasileña todas las mañanas en un ceremonia obligatoria.
"Tenía todo el poder y podía hacer lo que quería", dijo, melancólicamente. "Nadie podía meterse conmigo, ni los habitantes, ni los diputados ni los tribunales".
Pero los 116.000 mineros que habían acudido a Serra Pelada estaban dispuestos a tolerar esos abusos porque Moura había peleado por ellos. Expulsó a los tasadores que ofrecían por el oro un precio muy por debajo del precio de mercado y se las arregló para que se instalasen en la zona una cadena de economatos del estado y un banco, de modo que los buscadores no tuvieran que pagar los exorbitantes precios que les imponían los comerciantes, e impidiendo que quedasen en deuda con los intermediarios.
Finalmente ese papel lo llevó a la política. Moura fue elegido durante un tiempo al Congreso brasileño, pero a fines de los años ochenta, cuando el gobierno creó una nueva jurisdicción y la llamó Curionópolis, volvió a asumir su rol como el señor de facto de la región, al que agregó el título oficial de alcalde durante cuatro años.
En su escritorio aquí Moura exhibe una pancarta apoyando a un movimiento para definir todo el sudeste de Amazonia, una zona rica en oro, platino, hierro, cobre, bauxita, maderas tropicales y energía hidroeléctrica, y transformarlo en el estado de Carajás. Ha sido mencionado como probablemente el primer gobernador de tal entidad. Pero ha quitado importancia a esas aspiraciones.
"No tengo esa ambición, pero si se crea ese estado mis camaradas podrían convencerme de asumir esa obligación", dijo. "En política no puedes decir nunca que de ese agua no beberás".
Entretanto quiere ser re-elegido como alcalde aquí en el territorio que lleva su nombre, en las elecciones programadas para octubre. Su principal opositor utiliza en su campaña un eslogan que pide una "Curionópolis Sin Temor", pero Moura dice que en el último sondeo obtuvo más del 60 por ciento de los votos.
Dadas lo imprevisible de la política brasileña, el partido al que pertenece Moura ha formado parte desde 2003 de la coalición de gobierno dirigida por el izquierdista Partido de los Trabajadores. "Yo capturé a José Genoíno en abril de 1972", dijo refiriéndose al antiguo guerrillero que es ahora presidente del partido gobernante.
Ahora acepta la idea de que los jóvenes e idealistas guerrilleros contra los que luchó todos esos años "estaban motivados por los mismos objetivos, el mismo espíritu social que el ejército, aunque nuestros caminos eran diferentes", dijo. "Pero ellos tomaron una dirección, y yo otra".
11 de septiembre de 2004
15 de septiembre de 2004
©newyorktimes
©traducción mQh
Curionópolis, Brasil. En Brasilia, donde cuenta con muchos y poderosos clientes agradecidos por los favores que les ha hecho durante muchos años, Sebastião Rodrigues de Moura es conocido bajo muchos nombres. Vicerrey de la Selva. Rey de Pará. En los pasillos del Congreso hay incluso quienes le llaman el Kurtz del Amazonas', en referencia al personaje de la novela de Joseph Conrad, Heart of Darkness'."Exageraciones", dice Moura -llamado a menudo Alcalde Curió por su aparente parecido con una agresiva especie de pájaro de la zona-, descartando la idea con un movimiento de mano. Pero nadie en Amazonia reina en un territorio bautizado en su honor que, como aseveran sus críticos en la capital, le es permitido manejar como su feudo personal.
Durante casi 35 años Moura, hoy una paternal figura con el pelo teñido rubio, ha sido uno de los hombres que otros aquí en el estado de Pará al este de la Amazonia tenían miedo de cruzarse en la calle. Guerrilleros trotskistas, avaros mineros, entrometidos curas extranjeros, campesinos taciturnos, políticos palabreros, rancheros ambiciosos -todos los que se han metido con el Alcalde Curió han perdido, contribuyendo así a la leyenda de su ferocidad e implacabilidad.
Algunos, de hechos, no han sobrevivido como para contar la historia, y otros simplemente no quieren hablar. Desde que terminara el gobierno militar en Brasil en 1985, grupos de derechos humanos han estado clamando que Moura sea juzgado por el asesinato de más de 60 guerrilleros de izquierda, algunos de los cuales fueron decapitados, y la tortura de decenas de guías campesinos durante los años setenta, pero han perdido cada vez.
"No puedo negar que he participado en combates para impedir que se implantara en el corazón de la Amazonia un territorio al servicio del comunismo mundial", dijo a propósito de su papel en la más grande operación de contra-insurgencia en la historia de Brasil. "Era una guerra. Les combatimos en la selva con las armas en la mano, y llevamos a cabo la misión que nos habían encomendado las fuerzas armadas".
Las investigaciones del gobierno sobre el destino de aquellos que murieron o que fueron torturados durante la guerrilla de Araguaia han contactado recientemente a Moura y le han invitado a declarar. Él se ha negado a hacerlo, diciendo que lo hará sólo si recibe órdenes de su comandante. Pero cuando se le preguntó si acataría una orden semejante, en caso de que se emitiera, respondió: "No es probable".
"Sé que no tengo el derecho de llevarme a la tumba la verdad de las cosas que he vivido", dijo. "Pero sólo contaré la verdad en mis memorias".
La historia de Moura, según la cuenta él, comienza en diciembre de 1934 en São Sebastião do Paraíso, una pequeña ciudad comercial en el interior del estado de Minas Gerais. "Mis orígenes son humilde", dice. Su padre era un barbero y su madre tenía una pensión para estudiantes.
Recuerda que su infancia no fue nada excepcional, hasta que terminó la Segunda Guerra Mundial y un primo que volvía de combatir con la fuerza expedicionaria brasileña, que se había unido a la causa aliada en Italia, fue paseado por las calles de su ciudad como si fuese un héroe. "En ese momento decidí lo que quería ser", dijo.
Mientras se alistaba como cadete en la academia militar nacional decidió complementar su magro salario transformándose en boxeador, "con lo que podía ganar con una pelea a la semana más de lo que ganaba en un mes". Sus compañeros de clase, impresionados por su agresividad en el ring, le pusieron el apodo que ha usado desde entonces, Alcalde Curió, por un pequeño pájaro negro de buche rojo común en Brasil.
"El curió es un pájaro agresivo, que la gente del nordeste los meten en jaulas juntos y los dejan pelear, a menudo hasta la muerte", explica Moura. "El curió es tan agresivo que es capaz de pelear contra su propia imagen en un espejo".
Cuando el ejército tomó el poder en Brasil en 1964, Moura fue asignado a labores de inteligencia y contra-insurgencia y a lo que llama vagamente "la represión de los movimientos de guerrilla urbana" en las ciudades brasileñas más importantes.
Se había licenciado de su primer curso de adiestramiento en guerra selvática, así que cuando el Partido Comunista de Brasil inició un frente guerrillero a lo largo del río Araguaia en el este de Amazonia, fue llamado a servir. Se presentó a sí mismo como el agrónomo llamado Carlos Alberto Lucchini. Su verdadera misión era identificar y matar a los rebeldes, logrando el apoyo de los campesinos de la zona.
El gobierno militar lo volvió a llamar para restaurar el orden cuando la fiebre del oro que comenzó aquí en 1980. Serra Pelada se transformó pronto en una de las minas a tajo abierto más grandes del mundo, famosa por sus pepitas que podían pesar hasta 137 libras y por sus imágenes de buscadores de oro que trabajaban en condiciones violentas y subhumanas.
En Sierra Pelada, hoy un distrito de Curionópolis, Moura gobernó con puño de hierro. Prohibió el alcohol, los juegos y las mujeres; obligó a los buscadores de oro a entregar sus armas cuando salían de la mina; e hizo que se izase la bandera brasileña todas las mañanas en un ceremonia obligatoria.
"Tenía todo el poder y podía hacer lo que quería", dijo, melancólicamente. "Nadie podía meterse conmigo, ni los habitantes, ni los diputados ni los tribunales".
Pero los 116.000 mineros que habían acudido a Serra Pelada estaban dispuestos a tolerar esos abusos porque Moura había peleado por ellos. Expulsó a los tasadores que ofrecían por el oro un precio muy por debajo del precio de mercado y se las arregló para que se instalasen en la zona una cadena de economatos del estado y un banco, de modo que los buscadores no tuvieran que pagar los exorbitantes precios que les imponían los comerciantes, e impidiendo que quedasen en deuda con los intermediarios.
Finalmente ese papel lo llevó a la política. Moura fue elegido durante un tiempo al Congreso brasileño, pero a fines de los años ochenta, cuando el gobierno creó una nueva jurisdicción y la llamó Curionópolis, volvió a asumir su rol como el señor de facto de la región, al que agregó el título oficial de alcalde durante cuatro años.
En su escritorio aquí Moura exhibe una pancarta apoyando a un movimiento para definir todo el sudeste de Amazonia, una zona rica en oro, platino, hierro, cobre, bauxita, maderas tropicales y energía hidroeléctrica, y transformarlo en el estado de Carajás. Ha sido mencionado como probablemente el primer gobernador de tal entidad. Pero ha quitado importancia a esas aspiraciones.
"No tengo esa ambición, pero si se crea ese estado mis camaradas podrían convencerme de asumir esa obligación", dijo. "En política no puedes decir nunca que de ese agua no beberás".
Entretanto quiere ser re-elegido como alcalde aquí en el territorio que lleva su nombre, en las elecciones programadas para octubre. Su principal opositor utiliza en su campaña un eslogan que pide una "Curionópolis Sin Temor", pero Moura dice que en el último sondeo obtuvo más del 60 por ciento de los votos.
Dadas lo imprevisible de la política brasileña, el partido al que pertenece Moura ha formado parte desde 2003 de la coalición de gobierno dirigida por el izquierdista Partido de los Trabajadores. "Yo capturé a José Genoíno en abril de 1972", dijo refiriéndose al antiguo guerrillero que es ahora presidente del partido gobernante.
Ahora acepta la idea de que los jóvenes e idealistas guerrilleros contra los que luchó todos esos años "estaban motivados por los mismos objetivos, el mismo espíritu social que el ejército, aunque nuestros caminos eran diferentes", dijo. "Pero ellos tomaron una dirección, y yo otra".
11 de septiembre de 2004
15 de septiembre de 2004
©newyorktimes
©traducción mQh
DESACTIVANDO MINAS EN ANGOLA - craig timberg
Las minas que dejaron los cubanos durante la guerra civil de Angola en la Guerra Fría continúan explotando y matando y mutilando angoleños. Los trabajadores de una fundación las desactivan cuidadosamente.
Huambo, Angola. Antonio Cambanda excava la seca y roja tierra ante él con la mirada de un jardinero inusualmente intenso y cauto. Corta la mala hierba, ablanda la tierra con agua y luego, con una pala corta, se hace camino raspando el suelo cuidadosamente.
Esta vez no está buscando bulbos, sino minas anti-personales. Después de cuatro décadas de guerra casi continua, se calcula que hay medio de millón de minas en suelo angoleño, esperando que una pisada desgraciada las haga detonar, como si aquí los combates no hubiesen terminado en 2002.
La mayoría de los angoleños tratan de mantenerse alejados de las minas. Pero por 163 dólares al mes -unos siete dólares al día-, Cambanda las busca, centímetro tras peligroso centímetro. Es uno de los pocos trabajos disponibles en una economía de posguerra que emplea a menos de la mitad de los adultos del país.
"No estoy ganando dinero solamente", dice Cambanda, de 30 años, un hombre delgado y serio, casado y con dos hijos que sueña con llegar a ser ingeniero. "También estoy salvando vidas".
Su equipo es mínimo: una pala del largo de su antebrazo, otra del tamaño de una palita de playa, un cubo de agua negra, unas tijeras podadoras y dos palos para medir el ancho y profundidad de las poco profundas zanjas que excava en el campo de minas.
Por toda protección lleva una armadura Kevlar sobre un mono azul y una pantalla protectora de plástico transparente para proteger su cara. Sus manos, con las que se acerca a las minas, están sólo cubiertas por guantes de algodón blanco.
La mayoría de las minas provienen de Cuba, los restos del apoyo de ese país al gobierno angoleño -entonces declaradamente comunista- en uno de los más prolongados y menos conocidos conflictos por poderes de la Guerra Fría. Los cubanos plantaron las primeras minas en este terreno en 1980, en el que mantenían una base militar, de acuerdo a Halo Trust, un grupo de ayuda con sede en Escocia que emplea a Cambanda y a otros 530 empleados que realizan labores similares en Angola.
Los militares angoleños agregaron más minas a este campo en 1988 y en 1992, según la fundación.
Incluso minas pequeñas pueden contener suficientes explosivos como para matar o mutilar. El gobierno angoleño dice que 700 personas han muerto, y otras 2.300 han sido heridas en accidentes relacionados con las minas en los últimos seis años. Los grupos de ayuda afirman que las cifras son más altas.
La mayoría de las víctimas son hombres, de acuerdo al Comité Internacional de la Cruz Roja. En ciudades y pueblos a través del centro de Angola es común ver a hombres arrastrándose con muletas, una pierna del pantalón colgando vacía debajo de la rodilla.
Trabajadores como Cambanda utilizan una rigurosa técnica para encontrar las minas sin detonarlas. La lámina de presión que gatilla la mina está arriba del artefacto. Tocar una mina por el lado o desde abajo no supone un gran peligro, a menos que se haya desplazado de su posición original, quizás debido lluvias inusualmente fuertes.
Cambanda no cava nunca hacia abajo. Se agacha en un pedazo de terreno ya despejado de minas y se inclina hacia adelante, raspando las paredes de una zanja poco profunda. Cada vez que pasa la pala rastrillando, avanza un poco más.
Hace poco, después de estar rastrillando durante casi una hora, la pala de Cambanda chocó con un pedazo de plástico y provocó un ruido sordo tan suave que más bien sintió que oyó. Era diferente, dijo luego, y entonces oyó el agudo tintineo de una roca. Cambanda se puso de pie y llamó con gestos al supervisor para que lo examinara.
Eran los fundidos restos de una mina que había sido quemada -y probablemente detonada- durante un fuego iniciado por los aldeanos para ahuyentar a las serpientes, dijeron trabajadores de Halo Trust.
El supervisor lanzó a un lado el trozo de plástico negro. Cambanda volvió a agacharse y siguió excavando bajo el ardiente sol angoleño.
Por norma cada trabajador limpia un área de unos cinco metros de largo por uno de ancho en una jornada. En esas horas pueden desactivar hasta diez minas -o ninguna.
En la provincia de Huambo, una zona rebelde y el escenario de algunas de los combates más intensos de la guerra, Halo Trust ha identificado 289 campos de minas. Cada campo tiene unas 50 minas, lo que impide que miles de angoleños vuelvan a sus hogares a plantar sus tierras o enviar sus hijos a la escuela.
Esta campo minado es uno de los peores. Desde que comenzaran las labores de despeje en septiembre de 2001 -varios meses después de que una explosión arrancara el brazo de un hombre- los trabajadores han desenterrado más de mil minas. El trabajo continuará en febrero.
El área incluye un internado, algunos destartalados y antiguos edificios coloniales y una hilera de casas nuevas de ladrillos de adobe. Las estructuras están tan cerca del campo minado que los trabajadores piden a los aldeanos que se queden en casa cuando llevan a cabo explosiones controladas.
Más o menos una hora después de que Cambanda encontrara los restos de una mina, volvió a sentir el sordo ruido de un plástico. Dejó a un lado la pala de mango corto y tomó la más pequeña para retirar la tierra con más cuidado. Pronto pudo ver una mina intacta, a unas dos pulgadas debajo de la superficie.
Cambanda marcó el lugar con dos ramitas cruzadas. Entre ellas metió un signo rojo con una calavera y dos huesos cruzados y la palabra Peligro' en portugués e inglés.
Las minas son detonadas durante las pausas de diez minutos que exigen las normas de seguridad cada 30 minutos de excavación. Hoy, durante una de esas pausas, un supervisor puso en la zanja de Cambanda una carga que parecía una salchicha doblada y encendió una mecha blanca, de tres minutos.
El supervisor se retiró a unos diez metros, luego contó atrás los últimos segundos hasta que la carga y la mina explotaron juntas en un estruendo que sonó como fuegos artificiales. Una columna de humo negro se elevó por sobre el campo minado y permaneció algunos minutos en el aire antes de disolverse.
Cambanda cerró la pantalla de plástico sobre su cara y volvió a su trabajo. Donde había estado la mina había ahora un inofensivo montoncito de tierra. Recogió su pala corta, despejó la tierra suelta y volvió a excavar.
8 de septiembre de 2004
©washingtonpost
©traducción mQh
Esta vez no está buscando bulbos, sino minas anti-personales. Después de cuatro décadas de guerra casi continua, se calcula que hay medio de millón de minas en suelo angoleño, esperando que una pisada desgraciada las haga detonar, como si aquí los combates no hubiesen terminado en 2002.
La mayoría de los angoleños tratan de mantenerse alejados de las minas. Pero por 163 dólares al mes -unos siete dólares al día-, Cambanda las busca, centímetro tras peligroso centímetro. Es uno de los pocos trabajos disponibles en una economía de posguerra que emplea a menos de la mitad de los adultos del país.
"No estoy ganando dinero solamente", dice Cambanda, de 30 años, un hombre delgado y serio, casado y con dos hijos que sueña con llegar a ser ingeniero. "También estoy salvando vidas".
Su equipo es mínimo: una pala del largo de su antebrazo, otra del tamaño de una palita de playa, un cubo de agua negra, unas tijeras podadoras y dos palos para medir el ancho y profundidad de las poco profundas zanjas que excava en el campo de minas.
Por toda protección lleva una armadura Kevlar sobre un mono azul y una pantalla protectora de plástico transparente para proteger su cara. Sus manos, con las que se acerca a las minas, están sólo cubiertas por guantes de algodón blanco.
La mayoría de las minas provienen de Cuba, los restos del apoyo de ese país al gobierno angoleño -entonces declaradamente comunista- en uno de los más prolongados y menos conocidos conflictos por poderes de la Guerra Fría. Los cubanos plantaron las primeras minas en este terreno en 1980, en el que mantenían una base militar, de acuerdo a Halo Trust, un grupo de ayuda con sede en Escocia que emplea a Cambanda y a otros 530 empleados que realizan labores similares en Angola.
Los militares angoleños agregaron más minas a este campo en 1988 y en 1992, según la fundación.
Incluso minas pequeñas pueden contener suficientes explosivos como para matar o mutilar. El gobierno angoleño dice que 700 personas han muerto, y otras 2.300 han sido heridas en accidentes relacionados con las minas en los últimos seis años. Los grupos de ayuda afirman que las cifras son más altas.
La mayoría de las víctimas son hombres, de acuerdo al Comité Internacional de la Cruz Roja. En ciudades y pueblos a través del centro de Angola es común ver a hombres arrastrándose con muletas, una pierna del pantalón colgando vacía debajo de la rodilla.
Trabajadores como Cambanda utilizan una rigurosa técnica para encontrar las minas sin detonarlas. La lámina de presión que gatilla la mina está arriba del artefacto. Tocar una mina por el lado o desde abajo no supone un gran peligro, a menos que se haya desplazado de su posición original, quizás debido lluvias inusualmente fuertes.
Cambanda no cava nunca hacia abajo. Se agacha en un pedazo de terreno ya despejado de minas y se inclina hacia adelante, raspando las paredes de una zanja poco profunda. Cada vez que pasa la pala rastrillando, avanza un poco más.
Hace poco, después de estar rastrillando durante casi una hora, la pala de Cambanda chocó con un pedazo de plástico y provocó un ruido sordo tan suave que más bien sintió que oyó. Era diferente, dijo luego, y entonces oyó el agudo tintineo de una roca. Cambanda se puso de pie y llamó con gestos al supervisor para que lo examinara.
Eran los fundidos restos de una mina que había sido quemada -y probablemente detonada- durante un fuego iniciado por los aldeanos para ahuyentar a las serpientes, dijeron trabajadores de Halo Trust.
El supervisor lanzó a un lado el trozo de plástico negro. Cambanda volvió a agacharse y siguió excavando bajo el ardiente sol angoleño.
Por norma cada trabajador limpia un área de unos cinco metros de largo por uno de ancho en una jornada. En esas horas pueden desactivar hasta diez minas -o ninguna.
En la provincia de Huambo, una zona rebelde y el escenario de algunas de los combates más intensos de la guerra, Halo Trust ha identificado 289 campos de minas. Cada campo tiene unas 50 minas, lo que impide que miles de angoleños vuelvan a sus hogares a plantar sus tierras o enviar sus hijos a la escuela.
Esta campo minado es uno de los peores. Desde que comenzaran las labores de despeje en septiembre de 2001 -varios meses después de que una explosión arrancara el brazo de un hombre- los trabajadores han desenterrado más de mil minas. El trabajo continuará en febrero.
El área incluye un internado, algunos destartalados y antiguos edificios coloniales y una hilera de casas nuevas de ladrillos de adobe. Las estructuras están tan cerca del campo minado que los trabajadores piden a los aldeanos que se queden en casa cuando llevan a cabo explosiones controladas.
Más o menos una hora después de que Cambanda encontrara los restos de una mina, volvió a sentir el sordo ruido de un plástico. Dejó a un lado la pala de mango corto y tomó la más pequeña para retirar la tierra con más cuidado. Pronto pudo ver una mina intacta, a unas dos pulgadas debajo de la superficie.
Cambanda marcó el lugar con dos ramitas cruzadas. Entre ellas metió un signo rojo con una calavera y dos huesos cruzados y la palabra Peligro' en portugués e inglés.
Las minas son detonadas durante las pausas de diez minutos que exigen las normas de seguridad cada 30 minutos de excavación. Hoy, durante una de esas pausas, un supervisor puso en la zanja de Cambanda una carga que parecía una salchicha doblada y encendió una mecha blanca, de tres minutos.
El supervisor se retiró a unos diez metros, luego contó atrás los últimos segundos hasta que la carga y la mina explotaron juntas en un estruendo que sonó como fuegos artificiales. Una columna de humo negro se elevó por sobre el campo minado y permaneció algunos minutos en el aire antes de disolverse.
Cambanda cerró la pantalla de plástico sobre su cara y volvió a su trabajo. Donde había estado la mina había ahora un inofensivo montoncito de tierra. Recogió su pala corta, despejó la tierra suelta y volvió a excavar.
8 de septiembre de 2004
©washingtonpost
©traducción mQh
RENACE OLVIDADA TRIBU CUBANA - gary marx
Expertos descubren a descendientes de indios taínos, un grupo que se creía extinto hace 500 años, viviendo en la costa oriental de la isla. Así informa un reportaje de agosto de Chicago Tribune. Sin embargo, los criterios para determinar esta nuevamente descubierta identidad étnica pueden ser inciertos.
Yara, Cuba. En un húmedo campamento costeño, Alejandro Hartmann sacó una libreta de notas con espiral y comenzó a tomar apuntes mientras un campesino de la localidad le describió sus lazos familiares con un grupo indígena olvidado que vive ahora a un modesto resurgimiento.
"¿Cómo se llaman tus padres?", preguntó Hartmann a Julio Fuentes, una brizna de hombre aparcado en un banco de madera. "¿Dónde viven? ¿Qué edad tienen?"
Hartmann dispara una docena más de preguntas como parte de su intento de completar el primer censo de los descendientes de los indios taínos, un grupo indígena que en el pasado prosperaba en esta remota región oriental de Cuba y que más tarde fueron declarados extintos.
"Julio es una mezcla de españoles e indios, como mucha gente", explicó Hartmann, historiador y experto en los taínos. "Quiero eliminar de una vez para siempre el mito de que los indios ya no existen en Cuba".
Durante años los antropólogos creyeron ampliamente que los una vez poderosos indios taínos fueron exterminados poco después de que Cristóbal Colón atracara en una prístina bahía y se internara por el empinado y densamente selvático terreno hace más de 500 años.
Gentre Trabajadora
El explorador sólo pasó una semana en el área en 1492, pero describió a los taínos como gente suave y trabajadora que cultivaban la tierra y navegaban las cristalinas aguas en enormes piraguas.
Pero como es común en la historia de todas las Américas, la guerra y las enfermedades diezmaron a los taínos, cuya identidad fue arrasada por siglos de racismo y generaciones de relaciones con blancos, negros y otros que se asentaron en la isla.
Hoy es difícil distinguir a un descendiente de taínos de un campesino cubano promedio, o guajiro, como se les llama.
Sin embargo Hartmann y un grupo de expertos siguieron adelante, re-escribiendo la historia de la desaparición de los taínos en un intento por poner en orden su historia y estimular entre los 11 millones de habitantes de la isla el reconocimiento de la contribución del grupo a la vida cubana.
Con un nuevo museo, congresos universitarios y otros proyectos, también están tratando de cultivar un naciente sentido de identidad entre los cientos -quizás miles- de descendientes de taínos que se encuentran dispersos a lo largo de la empobrecida costa oriental de Cuba.
"Estamos recuperando conocimientos que habían sido olvidados, conocimientos que tenían mis padres y mis abuelos", dijo Fuentes, de 51 años. "Un montón de gente tenía ese conocimiento, pero murieron sin enterarse de su origen indio".
Los expertos dicen que la influencia taíno se advierte en todas partes.
Las chozas con techo de paja comunes en la región son similares a aquellas construidas hace siglos por el grupo indígena. Algunos campesinos todavía cultivan la tierra usando un largo y afilado palo conocido por los taínos como coa.
Fuentes dijo que él usa la coa la sacar viejos plataneros y cavar letrinas mientras planta fríjoles, camotes y otros cultivos según las cuatro fases de la luna -una creencia de origen indígena.
Algunos habitantes de la costa pescan con pequeñas redes al estilo taíno y los cangrejos son atrapados con un rudimentario aparato en forma de caja que ha cambiado poco con el tiempo, dicen los expertos.
La Cultura Impregna Cuba
Aunque la lengua taíno, el arawak, ya no se habla en Cuba, el español local está salpicado de cientos de palabras indias. Muchos de los nombres de los lugares mejor conocidos de la isla -desde La Habana hasta Baracoa- provienen del arawak.
"La cultura taína impregna la cultura de Cuba de un modo fundamental", explica José Barreiro, un estudioso afro-cubano de la historia taína. "Es la cultura base del país, junto con influencias españolas y africanas".
Los expertos dicen que los taínos emigraron desde el norte de la cuenca amazónica de América del Sur hace siglos, poblando la mayor parte de lo que hoy es Haití, República Dominicana, Puerto Rico y Cuba.
Los taínos llegaron a Cuba unos 300 años antes de Colón y finalmente contaron cientos de miles.
Organizados en aldeas bajo la autoridad de los caciques, los taínos vivían del cultivo de judías, mandioca, maíz y otros cultivos, junto con algo que llamaban cohiba -tabaco.
Cazaban tortugas, culebras, iguanas y un roedor gigante llamado jutia, mientras que también poseían un complejo conjunto de creencias espirituales cuyo principal deidad, Yucahiguama, representaba la agricultura y el mar.
Roberto Orduñez, antropólogo y director del museo taíno de Baracoa, una pintoresca ciudad colonial de 50 mil habitantes, dijo que Colón describió una emprendedora y densa comunidad de agricultores.
"Subí a una montaña y encontré tierras llanas plantadas de muchas cosas", dijo Colón, según Orduñez, en su diario de 1492. "Era un placer ver [esas tierras] y en medio de ellas vivía una gran población".
Aunque los taínos no dejaron monumentos de significación, construyeron canales de regadío, cuevas para almacenar alimentos en prevención de las sequías y una red de senderos empedrados para viajar y escapar de sus enemigos, una tribu guerrera conocida como los caribes.
Pero los taínos no tenían ninguna posibilidad contra los españoles, que trajeron a la isla la malaria, la viruela y otras enfermedades mortales, junto con armas modernas. Con todo, algunos de ellos les hicieron frente.
Un líder indígena llamado Hatuey viajó desde la isla La Hispaniola a Baracoa para advertir a los taínos de la presencia de los conquistadores. Fue capturado, se negó a convertirse al cristianismo y fue quemado en la hoguera.
Hatuey sigue siendo un personaje venerado en Cuba, donde su historia es una de las primeras lecciones que se enseña a los niños en la escuela.
"Hatuey es considerado el primer rebelde de América debido a que fue el primero en entender los abusos de los colonialistas y se rebeló contra ellos", explica Noel Cautín, un guía del museo taíno.
Un segundo líder indígena, Guama, organizó ataques de guerrilla contra los conquistadores durante una década y fue finalmente matado, quizás por su propio hermano en 1532.
Para entonces, los taínos numeraban sólo unos pocos miles, una cifra que siguió cayendo en picado. Los historiadores del siglo 19 declararon que ya no quedaban indios en la isla.
"Los que sobrevivieron se refugiaron en áreas remotas y los historiadores se encontraban fundamentalmente en las ciudades", dice Barreiro. "Los taínos también adoptaron las tecnologías y la lengua españolas".
Barreiro y otros dicen que ninguna comunidad taína permanece intacta, aunque la cultura del grupo se encuentra mejor preservada en La Caridad de los Indios y en un puñado de otras aldeas remotas en las montañas del suroeste de Baracoa.
Como una señal del creciente reconocimiento internacional, el año pasado la Smithsonian Institution devolvió unos restos óseos de siete indios taínos a la comunidad de La Caridad para que fuesen enterrados en tierras sagradas.
Juntos con miles de artefactos indígenas, los restos humanos fueron recogidos hace casi un siglo por el arqueólogo estadounidense Mark Harrington y pasaron más tarde a ser posesión del Museo Nacional del Indio Americano de la Smithsonian.
Otra fuente de orgullo es el modesto museo taíno de Baracoa, que se inauguró el año pasado en una cueva en una colina y exhibe pendientes, collares y otros artefactos pre-colombinos hechos de concha y otros materiales.
Fuentes ha visitado el museo dos veces.
"Me siento orgulloso porque yo no había visto estas cosas antes y porque soy parte de esa cultura", dijo.
10 de agosto de 2004
5 de septiembre de 2004
©>chicagotribune
©traducción mQh
Yara, Cuba. En un húmedo campamento costeño, Alejandro Hartmann sacó una libreta de notas con espiral y comenzó a tomar apuntes mientras un campesino de la localidad le describió sus lazos familiares con un grupo indígena olvidado que vive ahora a un modesto resurgimiento."¿Cómo se llaman tus padres?", preguntó Hartmann a Julio Fuentes, una brizna de hombre aparcado en un banco de madera. "¿Dónde viven? ¿Qué edad tienen?"
Hartmann dispara una docena más de preguntas como parte de su intento de completar el primer censo de los descendientes de los indios taínos, un grupo indígena que en el pasado prosperaba en esta remota región oriental de Cuba y que más tarde fueron declarados extintos.
"Julio es una mezcla de españoles e indios, como mucha gente", explicó Hartmann, historiador y experto en los taínos. "Quiero eliminar de una vez para siempre el mito de que los indios ya no existen en Cuba".
Durante años los antropólogos creyeron ampliamente que los una vez poderosos indios taínos fueron exterminados poco después de que Cristóbal Colón atracara en una prístina bahía y se internara por el empinado y densamente selvático terreno hace más de 500 años.
Gentre Trabajadora
El explorador sólo pasó una semana en el área en 1492, pero describió a los taínos como gente suave y trabajadora que cultivaban la tierra y navegaban las cristalinas aguas en enormes piraguas.
Pero como es común en la historia de todas las Américas, la guerra y las enfermedades diezmaron a los taínos, cuya identidad fue arrasada por siglos de racismo y generaciones de relaciones con blancos, negros y otros que se asentaron en la isla.
Hoy es difícil distinguir a un descendiente de taínos de un campesino cubano promedio, o guajiro, como se les llama.
Sin embargo Hartmann y un grupo de expertos siguieron adelante, re-escribiendo la historia de la desaparición de los taínos en un intento por poner en orden su historia y estimular entre los 11 millones de habitantes de la isla el reconocimiento de la contribución del grupo a la vida cubana.
Con un nuevo museo, congresos universitarios y otros proyectos, también están tratando de cultivar un naciente sentido de identidad entre los cientos -quizás miles- de descendientes de taínos que se encuentran dispersos a lo largo de la empobrecida costa oriental de Cuba.
"Estamos recuperando conocimientos que habían sido olvidados, conocimientos que tenían mis padres y mis abuelos", dijo Fuentes, de 51 años. "Un montón de gente tenía ese conocimiento, pero murieron sin enterarse de su origen indio".
Los expertos dicen que la influencia taíno se advierte en todas partes.
Las chozas con techo de paja comunes en la región son similares a aquellas construidas hace siglos por el grupo indígena. Algunos campesinos todavía cultivan la tierra usando un largo y afilado palo conocido por los taínos como coa.
Fuentes dijo que él usa la coa la sacar viejos plataneros y cavar letrinas mientras planta fríjoles, camotes y otros cultivos según las cuatro fases de la luna -una creencia de origen indígena.
Algunos habitantes de la costa pescan con pequeñas redes al estilo taíno y los cangrejos son atrapados con un rudimentario aparato en forma de caja que ha cambiado poco con el tiempo, dicen los expertos.
La Cultura Impregna Cuba
Aunque la lengua taíno, el arawak, ya no se habla en Cuba, el español local está salpicado de cientos de palabras indias. Muchos de los nombres de los lugares mejor conocidos de la isla -desde La Habana hasta Baracoa- provienen del arawak.
"La cultura taína impregna la cultura de Cuba de un modo fundamental", explica José Barreiro, un estudioso afro-cubano de la historia taína. "Es la cultura base del país, junto con influencias españolas y africanas".
Los expertos dicen que los taínos emigraron desde el norte de la cuenca amazónica de América del Sur hace siglos, poblando la mayor parte de lo que hoy es Haití, República Dominicana, Puerto Rico y Cuba.
Los taínos llegaron a Cuba unos 300 años antes de Colón y finalmente contaron cientos de miles.
Organizados en aldeas bajo la autoridad de los caciques, los taínos vivían del cultivo de judías, mandioca, maíz y otros cultivos, junto con algo que llamaban cohiba -tabaco.
Cazaban tortugas, culebras, iguanas y un roedor gigante llamado jutia, mientras que también poseían un complejo conjunto de creencias espirituales cuyo principal deidad, Yucahiguama, representaba la agricultura y el mar.
Roberto Orduñez, antropólogo y director del museo taíno de Baracoa, una pintoresca ciudad colonial de 50 mil habitantes, dijo que Colón describió una emprendedora y densa comunidad de agricultores.
"Subí a una montaña y encontré tierras llanas plantadas de muchas cosas", dijo Colón, según Orduñez, en su diario de 1492. "Era un placer ver [esas tierras] y en medio de ellas vivía una gran población".
Aunque los taínos no dejaron monumentos de significación, construyeron canales de regadío, cuevas para almacenar alimentos en prevención de las sequías y una red de senderos empedrados para viajar y escapar de sus enemigos, una tribu guerrera conocida como los caribes.
Pero los taínos no tenían ninguna posibilidad contra los españoles, que trajeron a la isla la malaria, la viruela y otras enfermedades mortales, junto con armas modernas. Con todo, algunos de ellos les hicieron frente.
Un líder indígena llamado Hatuey viajó desde la isla La Hispaniola a Baracoa para advertir a los taínos de la presencia de los conquistadores. Fue capturado, se negó a convertirse al cristianismo y fue quemado en la hoguera.
Hatuey sigue siendo un personaje venerado en Cuba, donde su historia es una de las primeras lecciones que se enseña a los niños en la escuela.
"Hatuey es considerado el primer rebelde de América debido a que fue el primero en entender los abusos de los colonialistas y se rebeló contra ellos", explica Noel Cautín, un guía del museo taíno.
Un segundo líder indígena, Guama, organizó ataques de guerrilla contra los conquistadores durante una década y fue finalmente matado, quizás por su propio hermano en 1532.
Para entonces, los taínos numeraban sólo unos pocos miles, una cifra que siguió cayendo en picado. Los historiadores del siglo 19 declararon que ya no quedaban indios en la isla.
"Los que sobrevivieron se refugiaron en áreas remotas y los historiadores se encontraban fundamentalmente en las ciudades", dice Barreiro. "Los taínos también adoptaron las tecnologías y la lengua españolas".
Barreiro y otros dicen que ninguna comunidad taína permanece intacta, aunque la cultura del grupo se encuentra mejor preservada en La Caridad de los Indios y en un puñado de otras aldeas remotas en las montañas del suroeste de Baracoa.
Como una señal del creciente reconocimiento internacional, el año pasado la Smithsonian Institution devolvió unos restos óseos de siete indios taínos a la comunidad de La Caridad para que fuesen enterrados en tierras sagradas.
Juntos con miles de artefactos indígenas, los restos humanos fueron recogidos hace casi un siglo por el arqueólogo estadounidense Mark Harrington y pasaron más tarde a ser posesión del Museo Nacional del Indio Americano de la Smithsonian.
Otra fuente de orgullo es el modesto museo taíno de Baracoa, que se inauguró el año pasado en una cueva en una colina y exhibe pendientes, collares y otros artefactos pre-colombinos hechos de concha y otros materiales.
Fuentes ha visitado el museo dos veces.
"Me siento orgulloso porque yo no había visto estas cosas antes y porque soy parte de esa cultura", dijo.
10 de agosto de 2004
5 de septiembre de 2004
©>chicagotribune
©traducción mQh
ENAMORADOS TRAICIONADOS POR DINAMARCA - jeffrey fleishman
Las nuevas leyes de inmigración y matrimoniales obligan a parejas culturalmente mixtas al exilio. Régimen neo-fascista danés persigue a sus propios ciudadanos por enamorarse de extranjeros.
Copenhagen, Dinamarca. El tren es elegante y rápido y por las noches aleja a Christina Reves de su país y hacia su marido. Atraviesa los dispersos pantanos daneses y pasa tronando sobre un puente y sobre el agua, para detenerse 35 minutos más tarde en Suecia.
Reves, una danesa, está casada con Walid Badawi, un egipcio. La pareja -y más de 1.200 como ellos- te dirá que el amor no tiene límites, hasta que topa con las leyes danesas de inmigración. Este país es cada vez más xenofóbico, y sus estrictas reglas para regular el matrimonio está obligando cada año a cientos de familias culturalmente mixtas al exilio.
"Paso cada noche hacia por lo que se conoce como el Puente del Amor', y hacemos bromas sobre el hecho de que somos refugiados por amor", dice Reve, que sigue en Copenhagen una formación para llegar a ser una agente inmobiliaria.
"Me siento traicionada y triste. No son solamente los políticos. También es la gente danesa. Tiene mentes estrechas. Somos un país rico, pero los que nos hemos casado con extranjeros no podemos vivir con nuestras parejas".
La desconfianza hacia los inmigrantes ha contribuido a propulsar el surgimiento del partido de extrema derecha danés Partido del Pueblo, que obtuvo un 12 por ciento de los votos en las últimas elecciones federales y es un miembro clave de la coalición de gobierno. El programa del partido, según su página web, es claro:
"Dinamarca pertenece a los daneses y sus ciudadanos deben poder vivir en una comunidad segura... y desarrollarse a lo largo de las líneas de la cultura danesa".
En julio en Consejo Europeo criticó la legislación danesa sobre los inmigrantes como una amenaza para los derechos humanos. Las leyes son una compleja mezcla de exigencias financieras, de vivienda, edad y lealtad nacional que según los críticos desalienta los matrimonios mixtos.
Una de las provisiones más polémicas establece que ambos cónyuges deben tener al menos 24 años de edad. Los políticos de extrema derecha dicen que la legislación impide que los inmigrantes pobres hagan estallar la seguridad social y protege a los chicas musulmanas de matrimonios forzados, que el ministro de Integración Bertel Haarder ha descrito como una "ofensa" de la libertad.
Los inmigrantes y los solicitantes de asilo constituyen un 8 por ciento de los 5.3 millones de habitantes del país. Los musulmanes constituyen el tres por ciento de la población, y el gobierno ha impuesto algunas de las restricciones más severas a los clérigos musulmanes.
El grupo de derechos humanos Matrimonio Sin Fronteras es activo en Dinamarca y Suecia, y muchas parejas están tratando de eludir las leyes danesas. Un danés que viva en Suecia durante dos años puede adquirir la nacionalidad sueca. Con un pasaporte sueco una persona nacida en Dinamarca puede volver a Dinamarca con su marido o esposa extranjera bajo la protección de las leyes de la Unión Europea.
"Cuando escuchas el telediario danés, hablan todo el tiempo sobre democracia", dice Mohssine Boudal, un marroquí casado con una danesa y vive en Suecia. "Pero mira nuestra situación. No podemos vivir en Dinamarca. No es un país democrático, de ninguna manera. Es una contradicción".
Los sentimientos contra los inmigrantes se están extendiendo por todo el norte históricamente liberal de Europa y Escandinavia, una región que en estos días se preocupa acerca de la disolución de las identidades nacionales y del financiamiento de los programas de sanidad y sociales más generosos del mundo. Las actitudes hacia los extranjeros se han endurecido desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 e informes hechos públicos mostrarían que un número desproporcionado de inmigrantes comete delitos.
Los daneses que se han casado con extranjeros dicen que son discriminados de una manera desconocida para los occidentales. Se alejan de los amigos y de la familia. Como viven en Suecia, no pueden votar en Dinamarca, aunque a muchos de ellos se les continúa exigiendo que entreguen el 38 por ciento de sus salarios para pagar los impuestos del país.
Están atrapados en una extraña vida de suburbanitas, viajando dos veces al día entre Copenhagen y Suecia, sopesando el amor y los prejuicios y los derechos perdidos en el proceso.
Funcionarios de Malmö, la ciudad sueca al otro lado del Puente del Amor, calculan que desde 2002, 1.200 parejas de matrimonios mixtos de Dinamarca han emigrado y cruzado el estrecho de Oresund. A Suecia llegan al mes entre 50 y 60 nuevas parejas exiliadas.
"No son los derechos de Walid los que han sido violados. Son los míos", dice Reves, que es hija de un ejecutivo de un banco y de una farmacéutica y creció en un afluente suburbio de Copenhagen. "Europa ha estado durante más de 60 años en paz. La mayoría de los daneses no conocen el sufrimiento. Se han olvidado de lo que es la compasión. No entienden los problemas de los extranjeros. Los daneses tienen miedo de que alguien les quite algo que creen suyo".
Reves conoció a Badawi en 2001. Él estaba viviendo en Egipto y estaba visitando a su padre, que décadas antes se había mudado a Dinamarca como trabajador invitado. La pareja se casó en El Cairo en noviembre de 2003. La ley danesa requiere que si quieren vivir en Copenhagen, Reves debe ganar lo suficiente como para mantener a Walid, tener un saldo bancario de 8.600 dólares y ser propietaria de un apartamento. A las parejas mixtas se les prohíbe vivir con sus familias.
"Perdí la paciencia", dice Reves, que estudia y trabaja en Copenhagen mientras Walid, que tiene un diploma en Económicas, trabaja en Malmö 70 horas a la semana como cocinero. "Yo dije: Si no nos quieren aquí, viviremos en otro lugar'. No quiero que nuestros hijos se críen en un país como este".
Bolette Kornum trabaja con "asesora de inmigración" en una institución gubernamental danesa que ayuda a los extranjeros con cursos de lengua y en asuntos de inmigración y asilo, tales como la reunificación familiar. Sabe lo difícil que puede ser. Kornum dice que se enfadó cuando en 2003 ella y su nuevo marido egipcio trataron de mudarse de El Cairo a Dinamarca.
"Pedí reunirme con mi marido por las leyes de reunificación familiar y me dijeron que la decisión tomaría unos ocho a diez meses", dice Kornum, en la terraza de un restaurante mientras una brisa marina recorre la costa de Malmö. "Luego una señora me dijo que no me darían ese permiso porque había vivido yo muchos años en Egipto y los daneses pondrían en duda mi lealtad hacia Dinamarca".
"Querían saber si mi corazón pertenecía a Egipto", dice el marido de Kornum, Osama Doss.
Kornum estudió y trabajó en Egipto durante cuatro años. Ella y Doss se casaron en 2001 -el mismo año en que surgió el Partido del Pueblo Danés. El gobierno danés decretó leyes de matrimonio y asilo más estrictas en 2002, y la pareja decidió quedarse en Egipto. Un año más tarde, Kornum y Doss, un antiguo vendedor de recambios de automóviles con una maestría en ingeniería comercial, trataron nuevamente de mudarse a Dinamarca. En lugar de eso se establecieron en Suecia.
"No sabemos qué haremos ahora", dice ella. "Si la extrema derecha continúa en la coalición después de las elecciones del próximo año, me quedaré en Suecia".
Como cristiano que ha sufrido discriminación en un Egipto en gran parte musulmán, Doss dijo que estaba acostumbrado a los prejuicios. "El gobierno danés es anti árabe y anti africano", dice. "Es así como tenemos que vivir".
Tina Aalling lloró el día en que el gobierno danés le dijo que no podía votar en su país natal. "Nunca en mi vida pensé que me pasaría esto", dijo Aalling, que vive en Malmö con su marido marroquí Mohssine Boudal y su hijo de 11 meces, Elías.
Aalling conoció a Boudal durante unas vacaciones en España en 2002. Boudal, hijo de un ingeniero en electrónica, habla cinco lenguas y conoce bien la odisea de los inmigrantes. Estudió literatura en España y se mudó a Holanda, donde trabajó para una compañía marítima. La pareja mantiene una relación fronteriza; Aalling estaba estudiando en Dinamarca cuando se quedó embarazada. Boudal tuvo que volver a Marruecos durante tres meses antes de que se le concediera un visado danés.
Se casaron en octubre de 2003, pero no pudieron cumplir con las exigencia financieras y de vivienda de la nueva ley danesa. Se mudaron a Malmö varios meses después.
"Me enamoré de una ciudadana danesa y nos hicieron pasar un mal tiempo", dice Boudal, que sigue clases de sueco y cuida de Elías cuando Aalling da clases en una escuela primaria en Dinamarca. "¿Qué puedes hacer cuando tienes la ley en contra? Necesitamos estabilidad. Me sentí mal como hombre. Tengo un hijo recién nacido y no tengo ni trabajo ni dinero".
El otro día, Aalling y Boudal estaban en el sofá de su apartamiento mientras Elías se ocupaba de sus juguetes. No se ponen de acuerdo sobre el futuro.
"Yo me quedo en Suecia", dice Boudal.
"Me gustaría volver a Dinamarca, pero siento mucha amargura", dice Aalling.
Boudal sonríe. "Y todo", dice, "para estar juntos".
6 de septiembre de 2004
©losangelestimes
mQh
Reves, una danesa, está casada con Walid Badawi, un egipcio. La pareja -y más de 1.200 como ellos- te dirá que el amor no tiene límites, hasta que topa con las leyes danesas de inmigración. Este país es cada vez más xenofóbico, y sus estrictas reglas para regular el matrimonio está obligando cada año a cientos de familias culturalmente mixtas al exilio.
"Paso cada noche hacia por lo que se conoce como el Puente del Amor', y hacemos bromas sobre el hecho de que somos refugiados por amor", dice Reve, que sigue en Copenhagen una formación para llegar a ser una agente inmobiliaria.
"Me siento traicionada y triste. No son solamente los políticos. También es la gente danesa. Tiene mentes estrechas. Somos un país rico, pero los que nos hemos casado con extranjeros no podemos vivir con nuestras parejas".
La desconfianza hacia los inmigrantes ha contribuido a propulsar el surgimiento del partido de extrema derecha danés Partido del Pueblo, que obtuvo un 12 por ciento de los votos en las últimas elecciones federales y es un miembro clave de la coalición de gobierno. El programa del partido, según su página web, es claro:
"Dinamarca pertenece a los daneses y sus ciudadanos deben poder vivir en una comunidad segura... y desarrollarse a lo largo de las líneas de la cultura danesa".
En julio en Consejo Europeo criticó la legislación danesa sobre los inmigrantes como una amenaza para los derechos humanos. Las leyes son una compleja mezcla de exigencias financieras, de vivienda, edad y lealtad nacional que según los críticos desalienta los matrimonios mixtos.
Una de las provisiones más polémicas establece que ambos cónyuges deben tener al menos 24 años de edad. Los políticos de extrema derecha dicen que la legislación impide que los inmigrantes pobres hagan estallar la seguridad social y protege a los chicas musulmanas de matrimonios forzados, que el ministro de Integración Bertel Haarder ha descrito como una "ofensa" de la libertad.
Los inmigrantes y los solicitantes de asilo constituyen un 8 por ciento de los 5.3 millones de habitantes del país. Los musulmanes constituyen el tres por ciento de la población, y el gobierno ha impuesto algunas de las restricciones más severas a los clérigos musulmanes.
El grupo de derechos humanos Matrimonio Sin Fronteras es activo en Dinamarca y Suecia, y muchas parejas están tratando de eludir las leyes danesas. Un danés que viva en Suecia durante dos años puede adquirir la nacionalidad sueca. Con un pasaporte sueco una persona nacida en Dinamarca puede volver a Dinamarca con su marido o esposa extranjera bajo la protección de las leyes de la Unión Europea.
"Cuando escuchas el telediario danés, hablan todo el tiempo sobre democracia", dice Mohssine Boudal, un marroquí casado con una danesa y vive en Suecia. "Pero mira nuestra situación. No podemos vivir en Dinamarca. No es un país democrático, de ninguna manera. Es una contradicción".
Los sentimientos contra los inmigrantes se están extendiendo por todo el norte históricamente liberal de Europa y Escandinavia, una región que en estos días se preocupa acerca de la disolución de las identidades nacionales y del financiamiento de los programas de sanidad y sociales más generosos del mundo. Las actitudes hacia los extranjeros se han endurecido desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 e informes hechos públicos mostrarían que un número desproporcionado de inmigrantes comete delitos.
Los daneses que se han casado con extranjeros dicen que son discriminados de una manera desconocida para los occidentales. Se alejan de los amigos y de la familia. Como viven en Suecia, no pueden votar en Dinamarca, aunque a muchos de ellos se les continúa exigiendo que entreguen el 38 por ciento de sus salarios para pagar los impuestos del país.
Están atrapados en una extraña vida de suburbanitas, viajando dos veces al día entre Copenhagen y Suecia, sopesando el amor y los prejuicios y los derechos perdidos en el proceso.
Funcionarios de Malmö, la ciudad sueca al otro lado del Puente del Amor, calculan que desde 2002, 1.200 parejas de matrimonios mixtos de Dinamarca han emigrado y cruzado el estrecho de Oresund. A Suecia llegan al mes entre 50 y 60 nuevas parejas exiliadas.
"No son los derechos de Walid los que han sido violados. Son los míos", dice Reves, que es hija de un ejecutivo de un banco y de una farmacéutica y creció en un afluente suburbio de Copenhagen. "Europa ha estado durante más de 60 años en paz. La mayoría de los daneses no conocen el sufrimiento. Se han olvidado de lo que es la compasión. No entienden los problemas de los extranjeros. Los daneses tienen miedo de que alguien les quite algo que creen suyo".
Reves conoció a Badawi en 2001. Él estaba viviendo en Egipto y estaba visitando a su padre, que décadas antes se había mudado a Dinamarca como trabajador invitado. La pareja se casó en El Cairo en noviembre de 2003. La ley danesa requiere que si quieren vivir en Copenhagen, Reves debe ganar lo suficiente como para mantener a Walid, tener un saldo bancario de 8.600 dólares y ser propietaria de un apartamento. A las parejas mixtas se les prohíbe vivir con sus familias.
"Perdí la paciencia", dice Reves, que estudia y trabaja en Copenhagen mientras Walid, que tiene un diploma en Económicas, trabaja en Malmö 70 horas a la semana como cocinero. "Yo dije: Si no nos quieren aquí, viviremos en otro lugar'. No quiero que nuestros hijos se críen en un país como este".
Bolette Kornum trabaja con "asesora de inmigración" en una institución gubernamental danesa que ayuda a los extranjeros con cursos de lengua y en asuntos de inmigración y asilo, tales como la reunificación familiar. Sabe lo difícil que puede ser. Kornum dice que se enfadó cuando en 2003 ella y su nuevo marido egipcio trataron de mudarse de El Cairo a Dinamarca.
"Pedí reunirme con mi marido por las leyes de reunificación familiar y me dijeron que la decisión tomaría unos ocho a diez meses", dice Kornum, en la terraza de un restaurante mientras una brisa marina recorre la costa de Malmö. "Luego una señora me dijo que no me darían ese permiso porque había vivido yo muchos años en Egipto y los daneses pondrían en duda mi lealtad hacia Dinamarca".
"Querían saber si mi corazón pertenecía a Egipto", dice el marido de Kornum, Osama Doss.
Kornum estudió y trabajó en Egipto durante cuatro años. Ella y Doss se casaron en 2001 -el mismo año en que surgió el Partido del Pueblo Danés. El gobierno danés decretó leyes de matrimonio y asilo más estrictas en 2002, y la pareja decidió quedarse en Egipto. Un año más tarde, Kornum y Doss, un antiguo vendedor de recambios de automóviles con una maestría en ingeniería comercial, trataron nuevamente de mudarse a Dinamarca. En lugar de eso se establecieron en Suecia.
"No sabemos qué haremos ahora", dice ella. "Si la extrema derecha continúa en la coalición después de las elecciones del próximo año, me quedaré en Suecia".
Como cristiano que ha sufrido discriminación en un Egipto en gran parte musulmán, Doss dijo que estaba acostumbrado a los prejuicios. "El gobierno danés es anti árabe y anti africano", dice. "Es así como tenemos que vivir".
Tina Aalling lloró el día en que el gobierno danés le dijo que no podía votar en su país natal. "Nunca en mi vida pensé que me pasaría esto", dijo Aalling, que vive en Malmö con su marido marroquí Mohssine Boudal y su hijo de 11 meces, Elías.
Aalling conoció a Boudal durante unas vacaciones en España en 2002. Boudal, hijo de un ingeniero en electrónica, habla cinco lenguas y conoce bien la odisea de los inmigrantes. Estudió literatura en España y se mudó a Holanda, donde trabajó para una compañía marítima. La pareja mantiene una relación fronteriza; Aalling estaba estudiando en Dinamarca cuando se quedó embarazada. Boudal tuvo que volver a Marruecos durante tres meses antes de que se le concediera un visado danés.
Se casaron en octubre de 2003, pero no pudieron cumplir con las exigencia financieras y de vivienda de la nueva ley danesa. Se mudaron a Malmö varios meses después.
"Me enamoré de una ciudadana danesa y nos hicieron pasar un mal tiempo", dice Boudal, que sigue clases de sueco y cuida de Elías cuando Aalling da clases en una escuela primaria en Dinamarca. "¿Qué puedes hacer cuando tienes la ley en contra? Necesitamos estabilidad. Me sentí mal como hombre. Tengo un hijo recién nacido y no tengo ni trabajo ni dinero".
El otro día, Aalling y Boudal estaban en el sofá de su apartamiento mientras Elías se ocupaba de sus juguetes. No se ponen de acuerdo sobre el futuro.
"Yo me quedo en Suecia", dice Boudal.
"Me gustaría volver a Dinamarca, pero siento mucha amargura", dice Aalling.
Boudal sonríe. "Y todo", dice, "para estar juntos".
6 de septiembre de 2004
©losangelestimes
mQh
UNA VIDA SIN ALEGRÍAS NI RESPETO - john m. glionna
Los salones de masajes de pie viven un período de auge en China. Pero las condiciones de trabajo y la actitud de los clientes pueden ser miserables.
Pekín, China. Para la campesina Zhang Meiqing, el consejo de su hermano mayor pareció sabio: Cultivar los arrozales, le dijo, es trabajo de locos. Ven a la ciudad y sigue una carrera de lavado y masaje de pies: ése es el camino al bienestar.
Así la madre de 32 años abandonó su aldea en la sureña provincia de Hainan hace un año para sumarse a la creciente ola de trabajadores emigrantes que ocupan uno de los peldaños más bajos de la nueva clase baja urbana de China: las masajistas de pie.
Durante diez horas al día, con su espalda adolorida y sus dedos resentidos y callosos, Zhang, encorvada sobre una pequeña silla proporciona un servicio humilde a la creciente población de chinos afluentes.
Algunos hombres la miran con lascivia; las mujeres la gritan como si fuera una criada. Y muchos huelen tan mal que le provocan lágrimas.
Su salario de cuarenta dólares a la semana sería una suma considerable de dinero en su pueblo. Sin embargo, una cansada Zhang pone en duda la sabiduría de su hermano. Echa de menos casa. En los buenos días, dice, cree que proporciona un servicio valioso. Más a menudo, siente tanta vergüenza de la degradante reputación de su oficio -nada más que una sumisa lavadora de pies- que no se atreve a mirarse en el espejo.
"Es un trabajo doloroso", dice. "Creo que es más duro que trabajar en los arrozales".
La reflexología, una terapia de cinco mil años de antigüedad en el que se ejerce presión sobre puntos específicos del pie y de la que se cree que puede curar o prevenir enfermedades, es un gran negocio en China. Se han abierto innumerables salones y los carteles promueven el lujo y las ventajas sanitarias del masaje de pies entre extranjeros y chinos con dinero por igual. Los hombres, que constituyen la mayoría de la clientela, tienen la oportunidad de ser tratados por mujeres jóvenes como si fueran emperadores.
A fines de los años noventa, un puñado de salones empleaba solamente a masajistas con experiencia. Aunque esos consultorios de reflexología todavía existen, la nueva popularidad de la terapia ha originado un creciente número de salones menos acreditados con empleados sin formación adecuada que trabajan en condiciones cuestionables.
La mayoría de los salones de masajes de pie de las grandes ciudades emplean a gente joven, hombres y mujeres, que han sido reclutados en pequeñas ciudades y pueblos. Tratan de escapar del tedio de la vida rural y responden a los anuncios en los diarios que prometen que pueden triplicar sus ingresos con el masaje de pie.
A menudo terminan desilusionadas. La mayoría de ellas viven atiborradas en dormitorios sin alma con treinta o más trabajadoras. Como Zhang, muchas se sienten fuera de lugar y algunas no duran una semana y vuelven a casa. Otras persisten, envían dinero a casa y prometen retornar una vez que hayan construido sus nidos.
Pero el nuevo negocio del masaje de pies huele mal.
Varias pesquisas periodísticas dicen que las hierbas medicinales' usadas para humedecer los pies antes del masaje pueden ser cáusticas tanto para los clientes como para las trabajadoras. Y han puesto en duda la formación recibida por muchas de las operarias -a veces apenas dos o tres días- diciendo que muchas trabajadoras sin capacitación han lesionado a los clientes.
Un diario de Pekín informó que la gente a veces ha pagado por los permisos gubernamentales para las masajistas sin haber recibido ningún adiestramiento, y citó a un hombre que admitió que había recibido su certificado aunque ni siquiera podía leer su libro de texto.
Zhang Hongjing, co-fundador de la Asociación China de Reflexología, dice que Pekín y Shangaihay tienen 1.600 salones de masaje cada uno, y tres veces más que operan con técnicos no autorizados. Culpa al gobierno por la erupción de salones de mala calidad en toda China.
"Hay un enorme mercado aquí que los funcionarios quieren explotar", dijo. "Pero no hay control de calidad. El gobierno obliga a la gente a pagar por permisos que no están respaldados por una formación legitimada. Y está dañando la reputación de la práctica".
Wang Yi pertenece a la nueva camada de propietarios de salones de masaje de pie. Un hombre chico y moreno, que luce unas chillonas camisas occidentales y parece una versión china del actor Joe Pesci, Wang se metió al negocio hace dos meses.
Quería abrir un bar donde los hombres pagaran por bailar con chicas guapas, pero esos establecimientos no son permitidos en la capital y Wang instaló un salón de masajes de pie. Lo primero que hizo fue colocar un anuncio en el diario de su ciudad en Ashan, 480 kilómetros al norte de Pekín. Prometió un salario de 375 dólares al mes, incluyendo habitación con pensión y transporte. Le llovieron las respuestas.
Pero muchos de los recién contratados dicen que la oferta era exagerada y que ganan mucho menos.
Wang es franco acerca del lado menos conocido del negocio. Él prepara a sus empleadas apenas una semana antes de ponerlas a trabajar en unos puestos con sillas cómodas donde los clientes pueden mirar televisión mientras reciben el masaje.
Aunque portavoces de la industria insisten en que las hierbas usadas en el humedecimiento previo al masaje ayudan la circulación, Wang no está seguro. "Yo las compro al por mayor en el mercado para asegurarme de que los pies de los clientes no huelan mal", dijo. "En lo que se refiere a la salud, la gente cree que por humedecer los pies en aguas con sales durante cinco minutos su salud va a mejorar. Eso es imposible".
Aunque Wang reconoce que el masaje de pies es visto fundamentalmente como un tratamiento curativo, dijo que también es una manera de que sus clientes masculinos se relajen en compañía de mujeres jóvenes.
Muchos salones de masajes de pie emplean a masajistas de los dos sexos que se visten con atuendos evocativos de los hospitales, pero las chicas de Wang van fuertemente maquilladas y llevan minifaldas negras.
"La mayoría de ellas no son ni altas ni atractivas", dijo. "No podrían trabajar en un restaurante o como azafatas de un club. Pero pueden ganar lo mismo con el masaje de pie".
Wang está aprendiendo las duras realidades del negocio. Debido a la nostalgia, todas sus diez nuevas chicas han regresado a Anshan. Una de ellas iba todas las noches en su bicicleta a la plaza de Tiananmen a mirar a los soldados. Le gustaban y quería casarse con uno de ellos.
Así que Wang puso otro anuncio pidiendo mujeres más maduras -chicas de más de 25- y más altas. "Jóvenes y guapas, eso es lo que quieren los clientes, más que dominio de los masajes de pie", dijo.
Los negocios son tan competitivos que Wang bajó los precios al equivalente de 3.75 dólares por masaje. De esos, 2.50 quedan en el salón; el resto se lo quedan las masajistas.
El servicio al cliente más apetecible -y caro-, dijo Wang, es conocido como tratamiento palaciego'.
"Las chicas están permanentemente de rodillas, y tratan al cliente como un emperador de tiempos antiguos", dijo. "Normalmente sólo la gente vieja espera que sus hijos les laven los pies. Es el más alto nivel de atención porque es degradante para quien lo proporciona. Es por eso que es tan caro".
Zhang Meiqing, la esposa campesina, extraña terriblemente a su hijo Wen Libiao, 13, que vive con su abuela. Nada más mencionar su nombre Zxhang se echa a sollozar.
El salario que gana con los masajes lo utilizará algún día pata enviar al joven Libiao a la universidad, algo que no podría hacer si trabajara en los arrozales.
Así Zhang soporta los dormitorios atiborrados y los comentarios despreciativos de los clientes.
Algún día volverá a su pueblo, donde le darán masajes de pie a ella, no al revés.
"Sueño con ese día", dijo. "Es lo que me hace seguir".
15 de agosto de 2004
©traducción mQh
©losangelestimes
Pekín, China. Para la campesina Zhang Meiqing, el consejo de su hermano mayor pareció sabio: Cultivar los arrozales, le dijo, es trabajo de locos. Ven a la ciudad y sigue una carrera de lavado y masaje de pies: ése es el camino al bienestar.Así la madre de 32 años abandonó su aldea en la sureña provincia de Hainan hace un año para sumarse a la creciente ola de trabajadores emigrantes que ocupan uno de los peldaños más bajos de la nueva clase baja urbana de China: las masajistas de pie.
Durante diez horas al día, con su espalda adolorida y sus dedos resentidos y callosos, Zhang, encorvada sobre una pequeña silla proporciona un servicio humilde a la creciente población de chinos afluentes.
Algunos hombres la miran con lascivia; las mujeres la gritan como si fuera una criada. Y muchos huelen tan mal que le provocan lágrimas.
Su salario de cuarenta dólares a la semana sería una suma considerable de dinero en su pueblo. Sin embargo, una cansada Zhang pone en duda la sabiduría de su hermano. Echa de menos casa. En los buenos días, dice, cree que proporciona un servicio valioso. Más a menudo, siente tanta vergüenza de la degradante reputación de su oficio -nada más que una sumisa lavadora de pies- que no se atreve a mirarse en el espejo.
"Es un trabajo doloroso", dice. "Creo que es más duro que trabajar en los arrozales".
La reflexología, una terapia de cinco mil años de antigüedad en el que se ejerce presión sobre puntos específicos del pie y de la que se cree que puede curar o prevenir enfermedades, es un gran negocio en China. Se han abierto innumerables salones y los carteles promueven el lujo y las ventajas sanitarias del masaje de pies entre extranjeros y chinos con dinero por igual. Los hombres, que constituyen la mayoría de la clientela, tienen la oportunidad de ser tratados por mujeres jóvenes como si fueran emperadores.
A fines de los años noventa, un puñado de salones empleaba solamente a masajistas con experiencia. Aunque esos consultorios de reflexología todavía existen, la nueva popularidad de la terapia ha originado un creciente número de salones menos acreditados con empleados sin formación adecuada que trabajan en condiciones cuestionables.
La mayoría de los salones de masajes de pie de las grandes ciudades emplean a gente joven, hombres y mujeres, que han sido reclutados en pequeñas ciudades y pueblos. Tratan de escapar del tedio de la vida rural y responden a los anuncios en los diarios que prometen que pueden triplicar sus ingresos con el masaje de pie.
A menudo terminan desilusionadas. La mayoría de ellas viven atiborradas en dormitorios sin alma con treinta o más trabajadoras. Como Zhang, muchas se sienten fuera de lugar y algunas no duran una semana y vuelven a casa. Otras persisten, envían dinero a casa y prometen retornar una vez que hayan construido sus nidos.
Pero el nuevo negocio del masaje de pies huele mal.
Varias pesquisas periodísticas dicen que las hierbas medicinales' usadas para humedecer los pies antes del masaje pueden ser cáusticas tanto para los clientes como para las trabajadoras. Y han puesto en duda la formación recibida por muchas de las operarias -a veces apenas dos o tres días- diciendo que muchas trabajadoras sin capacitación han lesionado a los clientes.
Un diario de Pekín informó que la gente a veces ha pagado por los permisos gubernamentales para las masajistas sin haber recibido ningún adiestramiento, y citó a un hombre que admitió que había recibido su certificado aunque ni siquiera podía leer su libro de texto.
Zhang Hongjing, co-fundador de la Asociación China de Reflexología, dice que Pekín y Shangaihay tienen 1.600 salones de masaje cada uno, y tres veces más que operan con técnicos no autorizados. Culpa al gobierno por la erupción de salones de mala calidad en toda China.
"Hay un enorme mercado aquí que los funcionarios quieren explotar", dijo. "Pero no hay control de calidad. El gobierno obliga a la gente a pagar por permisos que no están respaldados por una formación legitimada. Y está dañando la reputación de la práctica".
Wang Yi pertenece a la nueva camada de propietarios de salones de masaje de pie. Un hombre chico y moreno, que luce unas chillonas camisas occidentales y parece una versión china del actor Joe Pesci, Wang se metió al negocio hace dos meses.
Quería abrir un bar donde los hombres pagaran por bailar con chicas guapas, pero esos establecimientos no son permitidos en la capital y Wang instaló un salón de masajes de pie. Lo primero que hizo fue colocar un anuncio en el diario de su ciudad en Ashan, 480 kilómetros al norte de Pekín. Prometió un salario de 375 dólares al mes, incluyendo habitación con pensión y transporte. Le llovieron las respuestas.
Pero muchos de los recién contratados dicen que la oferta era exagerada y que ganan mucho menos.
Wang es franco acerca del lado menos conocido del negocio. Él prepara a sus empleadas apenas una semana antes de ponerlas a trabajar en unos puestos con sillas cómodas donde los clientes pueden mirar televisión mientras reciben el masaje.
Aunque portavoces de la industria insisten en que las hierbas usadas en el humedecimiento previo al masaje ayudan la circulación, Wang no está seguro. "Yo las compro al por mayor en el mercado para asegurarme de que los pies de los clientes no huelan mal", dijo. "En lo que se refiere a la salud, la gente cree que por humedecer los pies en aguas con sales durante cinco minutos su salud va a mejorar. Eso es imposible".
Aunque Wang reconoce que el masaje de pies es visto fundamentalmente como un tratamiento curativo, dijo que también es una manera de que sus clientes masculinos se relajen en compañía de mujeres jóvenes.
Muchos salones de masajes de pie emplean a masajistas de los dos sexos que se visten con atuendos evocativos de los hospitales, pero las chicas de Wang van fuertemente maquilladas y llevan minifaldas negras.
"La mayoría de ellas no son ni altas ni atractivas", dijo. "No podrían trabajar en un restaurante o como azafatas de un club. Pero pueden ganar lo mismo con el masaje de pie".
Wang está aprendiendo las duras realidades del negocio. Debido a la nostalgia, todas sus diez nuevas chicas han regresado a Anshan. Una de ellas iba todas las noches en su bicicleta a la plaza de Tiananmen a mirar a los soldados. Le gustaban y quería casarse con uno de ellos.
Así que Wang puso otro anuncio pidiendo mujeres más maduras -chicas de más de 25- y más altas. "Jóvenes y guapas, eso es lo que quieren los clientes, más que dominio de los masajes de pie", dijo.
Los negocios son tan competitivos que Wang bajó los precios al equivalente de 3.75 dólares por masaje. De esos, 2.50 quedan en el salón; el resto se lo quedan las masajistas.
El servicio al cliente más apetecible -y caro-, dijo Wang, es conocido como tratamiento palaciego'.
"Las chicas están permanentemente de rodillas, y tratan al cliente como un emperador de tiempos antiguos", dijo. "Normalmente sólo la gente vieja espera que sus hijos les laven los pies. Es el más alto nivel de atención porque es degradante para quien lo proporciona. Es por eso que es tan caro".
Zhang Meiqing, la esposa campesina, extraña terriblemente a su hijo Wen Libiao, 13, que vive con su abuela. Nada más mencionar su nombre Zxhang se echa a sollozar.
El salario que gana con los masajes lo utilizará algún día pata enviar al joven Libiao a la universidad, algo que no podría hacer si trabajara en los arrozales.
Así Zhang soporta los dormitorios atiborrados y los comentarios despreciativos de los clientes.
Algún día volverá a su pueblo, donde le darán masajes de pie a ella, no al revés.
"Sueño con ese día", dijo. "Es lo que me hace seguir".
15 de agosto de 2004
©traducción mQh
©losangelestimes
LLAMADO A LA HONESTIDAD CONMOCIONA CHINA - edward cody
China vive interesantes cambios. En su lucha contra la corrupción, el partido comunista ha decidido permitir algo más a la prensa del partido. Pero la lucha es dura: un secretario del partido de una provincia del sur de China tuvo que usar chaleco anti-balas y guardaespaldas para protegerse de otros funcionarios del partido.
Pekín, China. Un oscuro cuadro del Partido Comunista en el sur de China irrumpió en la escena nacional el viernes con una carta abierta en la que se queja amargamente de que sus esfuerzos por combatir la corrupción son bloqueados por funcionarios de rango superior del gobierno y del partido.
"No obtuve ningún apoyo de las autoridades o departamentos locales", se lamenta Huang Jingao, secretario del partido en el municipio de Lianjiang, 482 kilómetros al sur de Shangai en la provincia de Fujian. "Me sorprendió".
En un extenso relato de lo que describe como su cruzada para encarcelar a funcionarios locales deshonestos y sus co-conspiradores en negocios, Huang denuncia las "reglas subentendidas" mediante las cuales los funcionarios corruptos se protegen unos a otros.
Después de que se lo nombrara jefe del partido del municipio de Lianjiang en enero de 2002, dice en su larga carta, se le acercó gente a quejarse de que su predecesor había conspirado con agentes de bienes raíces para sacar a los residentes de sus casas y vender tierras del estado por debajo de su valor. Sus investigaciones confirmaron sus denuncias, dijo.
La carta de Huang tocó una fibra nacional. Las páginas en la red zumbaron de comentarios favorables sobre su coraje para hablar. Se oyó a pasajeros de metro de Pekín discutir el caso en camino al trabajo. Los diarios publicaron editoriales sobre su papel en la promoción de una administración honesta.
Publicada por primera vez en la página oficial en la red del Diario del Pueblo, la carta no era inhabitual en sus quejas. Funcionarios y gente de a pie en todo China han lamentado la decadencia que ha acompañado las reformas económicas en los últimos 25 años.
"Rectificarse a sí mismo y combatir la corrupción será una tarea dura para el gobierno", reconoció el premier Wen Jiabao en su informe anual sobre el estado de la nación el 5 de marzo.
Significativa fue la decisión de Huang de airear abiertamente sus frustraciones y la disponibilidad de la censurada prensa china de ofrecerle un foro nacional. A pesar de los cambios que han revolucionado la economía china y permitido algún grado de libertad política y social, la información ha estado normalmente fuertemente controlada; el gobierno y el Partido Comunista trabajan la mayor parte de las veces en secreto.
Huang dijo que había escrito su manifiesto el domingo pasado. Fue emitido el miércoles por la mañana por el Diario del Pueblo, el órgano oficial del gobierno y del partido. El jueves, periodistas desde Hong-Kong a Pekín se abalanzaron sobre la historia. Cuando salió la edición del viernes, todo el país se puso a leer sobre la lucha de Huang en Lianjiang.
"Que Huang haya recurrido a los medios muestra su confianza en el poder de la opinión pública", comentó el gobiernista Diario de China, de Pekín. "Los medios están jugando un papel cada vez más importante en investigar y descubrir la corrupción, y demuestran que la supervisión externa también contribuye a la lucha contra la corrupción".
A pesar del interés público, las autoridades provinciales y nacionales no han comentado el asunto.
En una serie de entrevistas, Huang, 52, se retrató a sí mismos como un antiguo campesino con educación secundaria, un funcionario leal del partido que surgió de entre las filas y sólo desea hacer lo correcto.
"Quiero ser oído, que se oiga la voz de un secretario de partido en una situación desesperada", dijo al diario South China Morning Post de Hong Kong en una entrevista telefónica. "Los cuadros de alto nivel no saben lo qué pasa. A veces son engañados por sus subalternos. Deberían saber la verdad".
Huang se negó a ser entrevistado por The Washington Post. Por teléfono dijo que era un miembro leal del Partido Comunista y no quería hablar con la prensa extranjera. "Es un partido disciplinado", explicó.
De hecho, funcionarios de alto nivel lanzaron el mes pasado una importante investigación de la sección de disciplina del Partido Comunista después de que un inspector de disciplina de la provincia de Hunan fuera vinculado a prácticas económicas corruptas. Las secciones de disciplina y contra la corrupción han sido el último tiempo blanco de los investigadores anti-corrupción, dijo a reporteros en Pekín, Shao Daosheng, profesor jubilado e investigador de la Comisión Central de Disciplina del Partido Comunista chino.
En total, se han abierto más de veinte mil investigaciones de casos de corrupción en los primeros meses del año en lo que el gobierno considera que son delitos laborales relacionados con delitos penales, de acuerdo a Jia Chunwang, procurador general de la Suprema Procuraduría del Pueblo. Esto representa un aumento del 6.9 por ciento en comparación con el mismo período del año pasado, dijo Jia.
Pesquisadores iniciaron recientemente una investigación del antiguo director de la Capital Road Development Corp., de Pekín, que estaba encargado de seis carreteras de circunvalación y otras carreteras construidas para descongestionar el tráfico de la capital. El funcionario Bi Yuxi estaba siendo investigado por sospechas de haber aceptado sobornos de contratistas durante el tiempo que estuvo contratado entre 1994 y 2003, informó el lunes el Diario de la Juventuda de Pekín.
La construcción de carreteras ha sido una particular fuente de corrupción oficial, de acuerdo a fiscales chinos.
"Hay tantos funcionarios corruptos", dijo un usuario de internet al ofrecer anónimamente su opinión sobre la carta de Huang. "¿Cómo agarrarlos a todos?"
Pero otro comentarista de la red, tomando en cuenta la disciplina de partido a la que se refirió Huang, dijo: "¡Qué carta! ¿Fue aprobada por Comisión Central de Disciplina de China?"
Huang dice en la carta que al comienzo de su carrera en la ciudad de Fuzhou descubrió un matadero ilegal que era protegido por agentes de policía locales. Cerca de veinte funcionarios fueron condenados, dijo, después de una investigación durante la cual recibió cartas con amenazas y tuvo que hacer un chaleco anti-balas y guardaespaldas.
Más tarde, en el municipio de Lianjiang, sus esfuerzos por investigar las estafas en el sector de bienes raíces fueron repetidas veces bloqueados por funcionarios más arriba en el escalafón en lo que se transformó en "una enorme e invisible red que cubría siempre los casos", se quejó. En total, dijo, el fraude en la urbanización costó al gobierno local unos ocho millones de dólares. A pesar de sus esfuerzos, el principal caso fue dejado de lado recientemente después de la intervención de funcionarios de más rango, dijo Huang.
"Durante dos años me he cansado luchando contra los rumores, las presiones y a veces amenazas de muerte, pero nunca pierdo la esperanza", continuó. "Nunca lo he abandonado, porque creo que los ojos del pueblo son agudos y la bandera del Partido Comunista de China está siempre ondeando".
Jin Ling y Zhang Wei contribuyeron a este informe.
15 de agosto de 2004
©traducción mQh
©washingtonpost
"No obtuve ningún apoyo de las autoridades o departamentos locales", se lamenta Huang Jingao, secretario del partido en el municipio de Lianjiang, 482 kilómetros al sur de Shangai en la provincia de Fujian. "Me sorprendió".
En un extenso relato de lo que describe como su cruzada para encarcelar a funcionarios locales deshonestos y sus co-conspiradores en negocios, Huang denuncia las "reglas subentendidas" mediante las cuales los funcionarios corruptos se protegen unos a otros.
Después de que se lo nombrara jefe del partido del municipio de Lianjiang en enero de 2002, dice en su larga carta, se le acercó gente a quejarse de que su predecesor había conspirado con agentes de bienes raíces para sacar a los residentes de sus casas y vender tierras del estado por debajo de su valor. Sus investigaciones confirmaron sus denuncias, dijo.
La carta de Huang tocó una fibra nacional. Las páginas en la red zumbaron de comentarios favorables sobre su coraje para hablar. Se oyó a pasajeros de metro de Pekín discutir el caso en camino al trabajo. Los diarios publicaron editoriales sobre su papel en la promoción de una administración honesta.
Publicada por primera vez en la página oficial en la red del Diario del Pueblo, la carta no era inhabitual en sus quejas. Funcionarios y gente de a pie en todo China han lamentado la decadencia que ha acompañado las reformas económicas en los últimos 25 años.
"Rectificarse a sí mismo y combatir la corrupción será una tarea dura para el gobierno", reconoció el premier Wen Jiabao en su informe anual sobre el estado de la nación el 5 de marzo.
Significativa fue la decisión de Huang de airear abiertamente sus frustraciones y la disponibilidad de la censurada prensa china de ofrecerle un foro nacional. A pesar de los cambios que han revolucionado la economía china y permitido algún grado de libertad política y social, la información ha estado normalmente fuertemente controlada; el gobierno y el Partido Comunista trabajan la mayor parte de las veces en secreto.
Huang dijo que había escrito su manifiesto el domingo pasado. Fue emitido el miércoles por la mañana por el Diario del Pueblo, el órgano oficial del gobierno y del partido. El jueves, periodistas desde Hong-Kong a Pekín se abalanzaron sobre la historia. Cuando salió la edición del viernes, todo el país se puso a leer sobre la lucha de Huang en Lianjiang.
"Que Huang haya recurrido a los medios muestra su confianza en el poder de la opinión pública", comentó el gobiernista Diario de China, de Pekín. "Los medios están jugando un papel cada vez más importante en investigar y descubrir la corrupción, y demuestran que la supervisión externa también contribuye a la lucha contra la corrupción".
A pesar del interés público, las autoridades provinciales y nacionales no han comentado el asunto.
En una serie de entrevistas, Huang, 52, se retrató a sí mismos como un antiguo campesino con educación secundaria, un funcionario leal del partido que surgió de entre las filas y sólo desea hacer lo correcto.
"Quiero ser oído, que se oiga la voz de un secretario de partido en una situación desesperada", dijo al diario South China Morning Post de Hong Kong en una entrevista telefónica. "Los cuadros de alto nivel no saben lo qué pasa. A veces son engañados por sus subalternos. Deberían saber la verdad".
Huang se negó a ser entrevistado por The Washington Post. Por teléfono dijo que era un miembro leal del Partido Comunista y no quería hablar con la prensa extranjera. "Es un partido disciplinado", explicó.
De hecho, funcionarios de alto nivel lanzaron el mes pasado una importante investigación de la sección de disciplina del Partido Comunista después de que un inspector de disciplina de la provincia de Hunan fuera vinculado a prácticas económicas corruptas. Las secciones de disciplina y contra la corrupción han sido el último tiempo blanco de los investigadores anti-corrupción, dijo a reporteros en Pekín, Shao Daosheng, profesor jubilado e investigador de la Comisión Central de Disciplina del Partido Comunista chino.
En total, se han abierto más de veinte mil investigaciones de casos de corrupción en los primeros meses del año en lo que el gobierno considera que son delitos laborales relacionados con delitos penales, de acuerdo a Jia Chunwang, procurador general de la Suprema Procuraduría del Pueblo. Esto representa un aumento del 6.9 por ciento en comparación con el mismo período del año pasado, dijo Jia.
Pesquisadores iniciaron recientemente una investigación del antiguo director de la Capital Road Development Corp., de Pekín, que estaba encargado de seis carreteras de circunvalación y otras carreteras construidas para descongestionar el tráfico de la capital. El funcionario Bi Yuxi estaba siendo investigado por sospechas de haber aceptado sobornos de contratistas durante el tiempo que estuvo contratado entre 1994 y 2003, informó el lunes el Diario de la Juventuda de Pekín.
La construcción de carreteras ha sido una particular fuente de corrupción oficial, de acuerdo a fiscales chinos.
"Hay tantos funcionarios corruptos", dijo un usuario de internet al ofrecer anónimamente su opinión sobre la carta de Huang. "¿Cómo agarrarlos a todos?"
Pero otro comentarista de la red, tomando en cuenta la disciplina de partido a la que se refirió Huang, dijo: "¡Qué carta! ¿Fue aprobada por Comisión Central de Disciplina de China?"
Huang dice en la carta que al comienzo de su carrera en la ciudad de Fuzhou descubrió un matadero ilegal que era protegido por agentes de policía locales. Cerca de veinte funcionarios fueron condenados, dijo, después de una investigación durante la cual recibió cartas con amenazas y tuvo que hacer un chaleco anti-balas y guardaespaldas.
Más tarde, en el municipio de Lianjiang, sus esfuerzos por investigar las estafas en el sector de bienes raíces fueron repetidas veces bloqueados por funcionarios más arriba en el escalafón en lo que se transformó en "una enorme e invisible red que cubría siempre los casos", se quejó. En total, dijo, el fraude en la urbanización costó al gobierno local unos ocho millones de dólares. A pesar de sus esfuerzos, el principal caso fue dejado de lado recientemente después de la intervención de funcionarios de más rango, dijo Huang.
"Durante dos años me he cansado luchando contra los rumores, las presiones y a veces amenazas de muerte, pero nunca pierdo la esperanza", continuó. "Nunca lo he abandonado, porque creo que los ojos del pueblo son agudos y la bandera del Partido Comunista de China está siempre ondeando".
Jin Ling y Zhang Wei contribuyeron a este informe.
15 de agosto de 2004
©traducción mQh
©washingtonpost
AMNISTÍA DENUNCIA QUE EN EL MUNDO HAY UNOS 300.000 NIÑOS SOLDADO
Por lo menos 300.000 niños y niñas de todo el mundo son obligados a convertirse en soldados, denunció el sábado la entidad defensora de los derechos humanos Amnistía Internacional AI.
Barcelona, España. "En la actualidad, hay unos 300.000 niños combatientes en el mundo", afirmó el vicepresidente de Amnistía en Cataluña, Jordi Baltá, que como ejemplo de lugares de reclutamiento infantil citó a países como Colombia, la República Democrática del Congo (RDC, ex Zaire), Sierra Leona o Birmania.
Allí, el 30% de los combatientes son menores de edad, sostuvo Baltá antes de aclarar que la cantidad "real" de menores movilizados en conflictos armados se desconoce pues "en muchos países no hay registros de nacimiento ni identificaciones".
Durante su participación en el espacio Speaker's Corner del Fórum de las Culturas, que se celebra en Barcelona (noreste), el vicepresidente de la sección catalana de Amnistía Internacional explicó que los niños son reclutados porque "garantizan" la protección a muchas familias si son entregados a los ejércitos.
"Algunas bandas armadas reclutan niños simplemente para que no sean reclutados por el enemigo", precisó Baltá, asegurando que "lamentablemente" esos menores aportan "ventajas adicionales" pues tienen más vigor, obedecen sin rebelarse ni organizarse y son fácilmente reemplazables.
Para su reclutamiento, explicó que en muchos casos los menores son secuestrados en la calle, en la escuela, en campos de refugiados o de desplazados internos.
Sobre el terreno de combate, son obligados reiteradamente a cometer abusos, violaciones y asesinatos e incluso se les fuerza a veces a matar a miembros de su propia familia y a participar en actos sexuales y de canibalismo con los cadáveres de los enemigos muertos, dijo Baltá.
El responsable de la entidad humanitaria también denunció que para hacerlos "insensibles a sus emociones", se les administran drogas y alcohol.
Aseguró que en el caso de las niñas soldado, las violaciones a las que son sometidas pueden causarles lesiones físicas graves, embarazos no deseados y contagio de Sida, aparte del trauma que conllevan.
8 de agosto de 2004
©lahora
Barcelona, España. "En la actualidad, hay unos 300.000 niños combatientes en el mundo", afirmó el vicepresidente de Amnistía en Cataluña, Jordi Baltá, que como ejemplo de lugares de reclutamiento infantil citó a países como Colombia, la República Democrática del Congo (RDC, ex Zaire), Sierra Leona o Birmania. Allí, el 30% de los combatientes son menores de edad, sostuvo Baltá antes de aclarar que la cantidad "real" de menores movilizados en conflictos armados se desconoce pues "en muchos países no hay registros de nacimiento ni identificaciones".
Durante su participación en el espacio Speaker's Corner del Fórum de las Culturas, que se celebra en Barcelona (noreste), el vicepresidente de la sección catalana de Amnistía Internacional explicó que los niños son reclutados porque "garantizan" la protección a muchas familias si son entregados a los ejércitos.
"Algunas bandas armadas reclutan niños simplemente para que no sean reclutados por el enemigo", precisó Baltá, asegurando que "lamentablemente" esos menores aportan "ventajas adicionales" pues tienen más vigor, obedecen sin rebelarse ni organizarse y son fácilmente reemplazables.
Para su reclutamiento, explicó que en muchos casos los menores son secuestrados en la calle, en la escuela, en campos de refugiados o de desplazados internos.
Sobre el terreno de combate, son obligados reiteradamente a cometer abusos, violaciones y asesinatos e incluso se les fuerza a veces a matar a miembros de su propia familia y a participar en actos sexuales y de canibalismo con los cadáveres de los enemigos muertos, dijo Baltá.
El responsable de la entidad humanitaria también denunció que para hacerlos "insensibles a sus emociones", se les administran drogas y alcohol.
Aseguró que en el caso de las niñas soldado, las violaciones a las que son sometidas pueden causarles lesiones físicas graves, embarazos no deseados y contagio de Sida, aparte del trauma que conllevan.
8 de agosto de 2004
©lahora