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murió hans keilson


Escritor que huyó de los nazis.
[Elaine Woo] Hans Keilson era un médico recién titulado a mediados de los años treinta cuando empezó la persecución. Como judío en la Alemania de Hitler, fue despojado del derecho a practicar la medicina. Como escritor, también perdió pronto esa identidad. Su primera novela autobiográfica fue destruida poco después de su publicación debido a una ley nazi que prohibía a los escritores judíos.
Huyó hacia Holanda, donde escribió el principio de dos novelas más y enterró las páginas en su jardín. Tras el fin de la guerra en 1945, las rescató y las terminó. ‘Comedia en clave menor’ [Comedy in a Minor Key], una historia de oscuro humor ambientada en los Países Bajos durante la ocupación nazi, fue publicada en Alemania en 1947, el mismo año en que se publicó el diario de Ana Frank. La segunda novela, que es una obra más filosófica, ‘The Death of the Adversary’, cosechó entusiastas reseñas cuando fue publicada en Estados Unidos en 1962.
Eso fue lo último que se supo en Estados Unidos sobre Keilson, hasta el año pasado. Después de cinco décadas de oscuridad literaria, apareció en la lista de éxitos de venta cuando ambos libros volvieron a ser publicados. Fue un milagro de vindicación literaria, cuanto más notable debido a que el autor, olvidado hacía mucho, había vivido lo suficiente como para presenciar su redescubrimiento.
Keilson murió el martes en un hospital en la ciudad holandesa de Hilversum, a unos veintinueve kilómetros al sureste de Amsterdam, según informó su editor, Farrar, Straus and Giroux. Tenía 101 años y se cree que murió por causas relacionadas con su edad.
El verano pasado, Farrar, Strauss publicaron la primera traducción al inglés de ‘Comedia en clave menor’ y reeditaron ‘The Death of the Adversary’. La reacción fue efusiva. El Observer de Londres describió a Keilson como "el más grande novelista de que se tenga conocimiento". En el New York Times, la novelista Francine Prose proclamó que sus libros eran "obras de arte" y Keilson, "un genio".
El centenario escritor se mostró cauto al principio, diciendo que la reseña le había parecido "un poco extrema", antes de reconocer sus logros. "Quizás logré escribir algo que va más allá de lo ordinario", dijo al Observer.
Su tardío éxito ocurrió por accidente. En 2007, el traductor Damion Searls estaba revisando la canasta de gangas en una librería austriaca cuando divisó un ejemplar de ‘Comedia...’ y lo compró, sin saber nada de su historia. Le sorprendió el tenso estilo de Keilson y su interpretación del Holocausto y se propuso introducirlo al público de habla inglesa. La elocuente traducción de Searls puso a Keilson en el centro de la atención.

Nacido el 12 de diciembre de 1909 en Brandenburg, Alemania, Keilson era el hijo de un comerciante de textiles que fue galardonado con una Cruz de Hierro por sus servicios durante la Primera Guerra Mundial. Estudió farmacología en Berlín y se tituló médico en 1934, cuando Hitler llegó al poder. Su primera novela, ‘Life Goes On’ [Das Leben Geht Weiter], fue publicada en 1933. Fue la última novela de un escritor judío que publicara la distinguida editorial alemana S. Fischer Verlag.
Impedido de ejercer la medicina, Keilson trabajó como profesor de natación y gimnasia en escuelas judías privadas. Conoció a Gertrud Manz, la mujer con la que quería casarse, pero era católica y los judíos no podían casarse con esposas no judías. Huyeron a Holanda en 1936. Él vivió en otra casa que ella, y adoptó un nombre falso para evitar ser detectado por los simpatizantes nazis. Cuando nació su hija en 1941, Manz dijo que el padre del niño era un soldado alemán.
Le sobreviven su segunda esposa, Marita Keilson-Lauritz, con la que se casó en 1969 después de la muerte de Manz; dos hijas; y tres nietos.
En 1943, Keilson se escondió, pero fue incapaz de convencer a sus padres de que hicieran lo mismo. Fueron deportados y murieron en Auschwitz, dejando a su hijo con un sentimiento de culpa que duró toda la vida.
La pareja holandesa que admitió a Keilson en su casa inspiró los personajes de Wim y Marie de ‘Comedia n clave menor’, que accedieron a ocultar a un vendedor de perfumes judío llamado Nico. Cuando empieza la historia, Nico ha muerto de causas naturales, dejando a Wim y Marie ante un dilema: ¿Cómo disponer del cuerpo sin ser sorprendido y castigado por proteger a un judío? ¿Y cómo reconciliar el riesgo que corrían con el hecho de que, como dice un personaje, "se les murió encima"?
La exposición de los dilemas prácticos y existenciales de Keilson produjeron lo que el crítico literario de Los Angeles Times, David Ulin, describió como "un libro de una belleza y comprensión tan profundas que casi parece una parábola".
En ‘The Death of the Adversary’, Keilson presenta una perspectiva más matizada del Holocausto, ofreciendo un relato en primera persona de un hombre obsesionado con un demagogo genocida que es claramente un doble de Hitler. Los detalles históricos particulares son ilusorios: Keilson llama "B" al dictador. La palabra "nazi" no la usa nunca.
Los críticos dicen que el poder de la historia surge de la capacidad de Keilson para mostrar cómo la víctima y el victimario contribuyen a la profunda tragedia humana que tuvo lugar durante el régimen de Hitler. La revista Time consideró la novela como una de los diez libros más vendidos de 1062, junto con obras de autores mucho mejor conocidos, incluyendo a William Faulkner, Philip Roth, Vladimir Nabokov y Jorge Luis Borges.
‘Adversary’ fue la última novela de Keilson, pero no el fin de su carrera literaria. Pasó los últimos años de la guerra en el movimiento de resistencia ayudando a conseguir refugios para niños refugiados judíos y utilizó sus conocimientos médicos para aliviar el dolor de verse separados de sus familias. Después de la guerra trabajó como psiquiatra y se basó en sus experiencias para escribir ‘Sequential Traumatization of Children’ (1979), un revolucionario estudio de 204 niños judíos que sobrevivieron la guerra en Holanda. Holanda se convirtió en su hogar permanente.
Keilson tenía todo el derecho de albergar amargura, si se considera todo lo que le quitó la guerra. Sin embargo, Searls, el traductor, que lo visitó el año pasado, encontró a una "persona vivaz, divertida, positiva", inclinada por la edad, pero todavía sin usar bastón a sus cien años.
Como la mayoría de las personas que conocieron al autor y sabían su historia, a Searls le sorprendió la capacidad de resistencia de Keilson. "Eso es justamente el milagro de su personaje", dijo el traductor en una entrevista el jueves.
O, como le dijo Keilson a Searls en un contexto diferente: "No todo termina en Auschwitz". Para Keilson, la vida continuaba.
6 de junio de 2011
4 de junio de 2011
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la vida como blanco del fbi


Durante al menos tres años, agentes de contraterrorismo vigilaron a los que entraban o salían de la casa del anarquista Scott Crow en Austin, Texas.
[Colin Moynihan y Scott Shane] Austin, Texas, Estados Unidos. Un grueso fajo de informes del FBI detallan con minucioso detalle la vigilancia a que agentes de contraterrorismo sometieron la casa de una planta en el este de Austin. Durante al menos tres años, apuntaron los números de las matrículas de los coches que aparcaron frente a la casa, anotaron las ideas y venidas de vecinos e invitados y, en un caso, especularon sobre un objeto plano en medio de la entrada.
"Desde la calle no se pudo determinar el contenido", observó un agente desde su coche un día de 2005. "Tenía un gran número de bloques multicolores, con figuras y/o letras", dice el informe, y "puede ser un letrero para ser usado en alguna protesta futura."
En realidad, el objeto en cuestión era más mundano.
"Era un edredón", dijo Scott Crow, preguntándose sobre los papeles en la mesa del comedor de su destartalada casa, donde vive con su esposa, una compañera de piso y un patio trasero con dos cabras, una docena de pollos y un pavo. "Para el programa extracurricular de la escuela de los chicos."
Crow, 44, anarquista y veterano organizador de manifestaciones contra el capitalismo según se define él mismo, es uno de varias decenas de activistas políticos en todo el país que se sabe que fue vigilado en el marco de las crecientes operaciones contraterroristas del FBI desde el 11 de septiembre de 2001.
Otros blancos para la vigilancia del buró, que ha sido criticado por organizaciones de libertades civiles y levemente acusada por el inspector general del ministerio de Justicia, han incluido a activistas pacifistas en Pittsburgh, defensores de los derechos animales en Virginia y católicos liberales en Nebraska. Cuando estas investigaciones no resultan en cargos criminales, sus métodos rara vez llegan a conocimiento del público.
Pero Crow, un larguirucho nativo de Texas que trabaja en un centro de reciclaje, es uno de los varios activistas de Austin que pidieron sus expedientes al FBI, recurriendo a la Ley de Libertad de Información. Las 440 páginas densamente redactadas que recibió, muchas de ellas con la rúbrica de ‘Terrorismo Interior’, entregan una reveladora mirada sobre los esfuerzos del buró, respaldado por otras agencias de la policía federal, estadual y local, para vigilar a la gente que consideraba peligrosa.
En el caso de Crow, que ha sido detenido una docena de veces durante manifestaciones, pero que no ha sido nunca condenado por nada más serio que invasión de morada, el buró presentó una impresionante variedad de herramientas, según muestran los documentos.
Los agentes observaban desde sus coches durante horas -Crow recuerda un agente habitual como un "tío gordo en un todoterrenos, con el motor y el aire acondicionado encendidos"- y espiaron reuniones en una librería y en un café. Para lograr cubrir el día entero, adosaron una cámara de video al poste del teléfono al otro lado de su casa en la Avenida Nueva York.
Trazaron las llamadas telefónicas y mails de Crow y revisaron su basura, identificando su banco y las compañías de crédito hipotecario, que parecen haber sido visitadas. Visitaron las tiendas de armas donde compró un rifle, observando escuetamente, en un documento, que un defensor vegano de los derechos animales, como Crow, no era el más probable de los cazadores. (Dice que el arma era para defenderse personalmente, porque vive en un vecindario marginal.)
Pidieron al Servicio de Impuestos Internos que examinara su relación con Hacienda, pero se retractaron después de que un empleado del SII sugiriera que los modestos ingresos de Crow no impresionarían al jurado, pese a que sus ingresos eran de origen incierto. (Gana 32 mil dólares al año en Ecology Action of Texas, dijo.)
Se infiltraron en reuniones políticas con agentes de policía encubiertos e informantes. Crow descubrió que cinco colegas activistas estaban informando al FBI.
Crow parece haberse sentido alternativamente asombrado, indignado y halagado por la atención del gobierno. "He pasado por momentos de intensa paranoia", dijo, especialmente cuando descubrió que algunos aliados en los que confiaba, eran en realidad espías.
"Pero al principio me hizo reír", dijo. "Es simplemente una gran farsa que el gobierno haga esos tigres de papel. Al Qaeda y los terroristas de verdad son difíciles de encontrar. Nosotros somos fáciles. Es escandaloso que gasten tanto dinero en vigilar a activistas civiles, y en particular a los anarquistas, y equiparando nuestras acciones con las de al Qaeda."
La investigación de activistas políticos tiene una larga historia en el FBI, siendo el episodio más infame el programa Cointel, que vigilaba y a veces hostigaba a defensores de los derechos civiles y pacifistas entre los años cincuenta y setenta. Esas actividades fueron limitadas después de que fueran denunciadas por la Comisión Church del Senado, y la vigilancia del FBI se ha regido por un conjunto de directrices establecidas por los fiscales generales desde 1976.
Pero el atentado con bomba de Oklahoma City de 1995 demostraron el letal peligro que representa el terrorismo nacional, y después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el FBI juró no volver nunca más a pasar por alto a los terroristas que se ocultan a la luz del día. Las células durmientes de al Qaeda que temían muchos estadounidenses, resultaron ser escasas o no existentes.
La consecuencia, dijo Michael German, ex agente del FBI y ahora en la Unión Americana de Libertades Civiles, ha sido un excesivo celo a la hora de investigar a los activistas políticos que no representan ninguna amenaza realista de terrorismo.
"Tienes a todo un equipo de hombres y mujeres en todo el país buscando a terroristas. Afortunadamente, no hay mucho terrorismo en las comunidades", dijo German. "Así que terminan persiguiendo a las personas que critican al gobierno."
Las quejas de la ACLU llevó al inspector general del ministerio de Justicia a evaluar las incursiones del FBI en el espionaje doméstico. El informe resultante de septiembre pasado absuelve al buró de investigar a disidentes sobre la única base de la expresión de sus opiniones políticas. Pero el inspector general también encontró una pobre justificación de algunas pesquisas, incertidumbre sobre si algún delito federal era incluso plausible en otros y un modo engañoso de etiquetar la desobediencia civil no violenta.
Interrogado sobre el espionaje de Crow, un portavoz del FBI, Paul E. Bresson, dijo que sería "inapropiado" discutir casos individuales. Pero dijo que las investigaciones eran realizadas sólo después de que el buró recibiera información sobre posibles delitos.
"No empezamos investigaciones sobre la base de individuos que ejercen sus derechos, que están garantizados por la Primera Enmienda", dijo Bresson. "De hecho, el ministerio de Justicia y las directrices del propio buró para realizar operaciones domésticas prohíben estrictamente esas acciones."
No es difícil entender por qué Crow atrajo la atención del buró. Se ha enfrentado deliberadamente con skinheads y miembros del Ku Klux Klan en sus reuniones, deleitándose con las escaramuzas resultantes. Dice que ha obligado a ejecutivos de multinacionales a mudarse debido a ruidosas protestas nocturnas.
Dice que le gustó particularmente una manifestación en 2003 a favor de Greenpeace en la que los activistas irrumpieron en la sede de ExxonMobil en Irving, Texas, para protestar por los daños ocasionados al medio ambiente. Vestidos con trajes de tigre, los manifestantes llevaron sus pancartas hasta el techo del edificio de la compañía, mientras otros, vestidos con trajes de ejecutivos, llegaban en coches Jaguar con choferes, obligando a los frustrados agentes de policía a distinguir entre los falsos y los verdaderos ejecutivos.
"Fue muy divertido", dijo Crow, uno de los trajes, que escapó mientras otros 36 manifestantes eran detenidos. "Tenían que ignorarnos y nos ignoraron. Pero eso les llamó la atención."
También llamó la atención del FBI, evidentemente, lo que condujo a una investigación de tres años que se concentró específicamente en Crow. Los documentos de la vigilancia muestran que también aparece en otras investigaciones sobre activistas en Texas y más allá, entre 2001 y 2008 al menos.
Para un aficionado de la desobediencia civil, Crow causa la impresión de ser más afable que combativo. Abandonó los estudios, se fue de gira con una banda de rock electrónico y gestionó con éxito un negocio de antigüedades en Dallas mientras se iniciaba en el tema de los derechos animales. En 2001, seducido por la filosofía del anarquismo, vendió su parte del negocio y decidió dedicarse completamente a sus actividades como activista.
Desde entonces ha dirigido una media docena de grupos y dirigido un campo de adiestramiento anual para manifestantes. (Los campos atraen invariablemente a los infiltrados de la policía, que a menudo no eran difíciles de reconocer. "Teníamos una regla", dijo. "Si eras fornido, no eras parte del grupo.") También ayudó a fundar Common Ground Relief, una red de organizaciones sin fines de lucro creada en Nueva Orleans después del huracán Katrina.
El anarquismo era un movimiento terrorista internacional al principio del siglo veinte. Pero Crow, cuya dirección electrónica incluye la frase "sueños quijotescos", describe al anarquismo como una suerte de movimiento de auto-ayuda locales, una variedad de "libertarismo social".
"No me gusta el estado", dice. "No quiero derrocarlo, pero sí quiero crear alternativas."
Este tipo de discurso parece haber dejado perplejos a los agentes asignados a vigilarlo, cuyos informes a los jefes del FBI parecen algo petulantes. Uno de los agentes habla de "acción directa no violenta", una frase del repertorio de los activistas, "un oxímoron". Curiosamente, otro agente comenta sobre Crow y su esposa, Ann Harkness, que llevan juntos veinticuatro años, escribiendo que "según las apariencias no parecía que estuvieran hechos el uno para el otro". En una sesión de formación, "la mayoría de los asistentes se vestían como hippies."
Esos comentarios se destacan en medio de detallados informes sobre banalidades: el correo en el cubo de reciclaje contenía "varios catálogos de negocios como Neiman Marcus, Ann Taylor y Pottery Barn."
Crow dijo que esperaba que la difusión de la operación del FBI podría disuadirlo de continuar vigilándolo. Los últimos documentos que ha visto en los que lo mencionan datan de 2008. Pero la Ley de Libertad de Información impide comentar o filtrar revelaciones de investigaciones todavía en curso.
"Todavía de vez en vez veo a gente sentada en sus coches al otro lado de la calle", dijo. "No creo que se hayan rendido."
6 de junio de 2011
28 de mayo de 2011
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murió lawrence s. eagleburger


Ex secretario de Estado.
Murió Lawrence S. Eagleburger, el agudo y empedernido fumador en cadena que seducía a republicanos y demócratas por igual, resolvió difíciles misiones durante la Primera Guerra del Golfo Pérsico y ascendió hasta convertirse en secretario de Estado hacia el fin del período del presidente George H.W. Bush. Tenía 80 años.
Eagleburger falleció el sábado, en Charlottesville, Virginia, después de una breve enfermedad, contó a la Associated Press una portavoz de la familia, que no entregó otros detalles.
Eagleburger encabezó el Departamento de Estado durante cerca de cinco meses. Se convirtió en secretario de Estado interino en agosto de 1992 después de que James A. Baker III se apartara para dirigir la campaña de reelección del presidente Bush. Juró el 8 de diciembre y fue miembro del gabinete durante las seis últimas semanas de la presidencia de Bush.
Antes de su nombramiento como secretario de Estado, Eagleburger sirvió en el gobierno de Nixon como asistente ejecutivo del secretario de Estado Henry A. Kissinger, como embajador del presidente Carter ante Yugoslavia y como subsecretario de Estado durante el primer mandato del presidente Reagan.
"En mi opinión es Kissinger, sin sus verrugas. Kissinger con un compás moral más claro", dijo entonces el senador Joseph R. Biden (demócrata de Delaware) al National Journal en 1992.
"Lawrence Eagleburger dedicó su vida a la seguridad de nuestro país y al fortalecimiento de nuestros lazos con aliados y socios", dijo el presidente Obama en una declaración. "Ayudó a nuestro país a navegar durante los cruciales días de la caída del Muro de Berlín y del fin de la Guerra Fría".
El pragmático funcionario, que sufrió incontables problemas de salud durante su carrera, era conocido por supervisar delicadas misiones diplomáticas. Uno de sus momentos más memorables se produjo cuando en 1991, como subsecretario de Estado después de que se apresurara a Tel Aviv después de que Iraq lanzara un ataque con misiles scud contra Isral durante la Primera Guerra del Golfo Pérsico.
Con su bastón en medio de los escombros, cuidando su rodilla mala, su presencia fue saludada por cerca de cien vecinos que gritaron "¡Bien hecho!" Eagleburger logró convencer a los israelíes de que no se vengaran directamente, ya que podría romper la frágil coalición árabe-estadounidense contra Saddam Hussein.
"Conozco a los israelíes... Necesitan que alguien que conozcan se preocupe por ellos’, dijo.
Eagleburger también tuvo que defender la política previa a la Guerra del Golfo del primer mandato de Bush, que cultivaba la amistad con Hussein después de la guerra Irán-Iraq. Esa política fomentaba las relaciones económicas para facilitar los intereses estadounidenses, incluyendo el acceso al petróleo y alejando a los soviéticos. Dijo al Congreso: "Valía la pena intentarlo".
Según muchas interpretaciones, el corpulento Eagleburger no era el secretario de Estado más probable.
"La imagen común de un secretario de Estado norteamericano es la de un Dean Acheson, Cyrus Vance, James Baker -un abogado WASP amable, delgado y urbano, que probablemente remó en Yale o Princeton. Pero Lawrence Eagleburger, el nuevo ministro interino, se parece al muñeco de Michelin, pero con bastón", escribió en 1992 la revista Time.

Eagleburger nació en Milwaukee el 1 de agosto de 1930, en el seno de una familia republicana. Pero su enfado con las payasadas anticomunistas del senador por Wisconsin, Joseph McCarthy, lo alejaron de la política.
Contó al Washington Post que pudo no haber entrado a la diplomacia si un día, aburrido, cuando era estudiante en la Universidad de Wisconsin, no hubiera visto un letrero sobre un test del servicio diplomático, que aprobó.
Después de entrar al cuerpo diplomático en 1957, viajó a Honduras, Cuba y Yugoslavia y más tarde fue nombrado asistente especial de Dean Acheson, asesor del presidente Johnson. Después de que Richard Nixon fuera elegido presidente, Eagleburger ayudó a Kissinger a crear el Consejo de Seguridad Nacional.
Eagleburger dejó el servicio diplomático en 1984 para convertirse en presidente de la consultora privada de Kissinger, Kissinger Associates, contando al Washington Post que estaba descontento porque, desde Vietnam, los presidentes no eran capaces de sostener una política exterior consistente. Dijo que los años setenta destruyeron la credibilidad de la "elite de la política exterior", que dijo que definía los parámetros del debate sobre la política exterior.
Se reía de la sugerencia de que algún día dirigiría el Departamento de Estado.
"Nadie me lo pedirá", dijo al Washington Post en 1984. "Pero si lo hicieran, tendría que pensarlo."
Cuando Eagleburger volvió al Departamento de Estado en 1989, trabajó como subdirector de Baker y fue descrito como el hombre, entre bastidores, que lograba que se hicieran las cosas.
El irónico humor de Eagleburger lo convirtió en un favorito del Capitolio. Después del derrumbe del comunismo en Europa, le dijo a una multitud que el mundo algún día sentiría nostalgia de la Guerra Fría, porque en un mundo bipolar era más fácil de entender dónde estaban los países.
Una vez, interrogado sobre cómo planeaba dirigir el Departamento de Estado en 1992 después de la partida de Baker, dijo: "Mal."
Hablaba de por qué había bautizado a sus tres hijos con el primer nombre de Lawrence, obligándolos a identificarse profesionalmente con el segundo nombre -Scott, Andrew y Jason. "Fue el ego", explicó al Washington Post. "En segundo lugar, quería fastidiar a la Seguridad Social."
Eagleburger estuvo casado con Marlene Ann Heinemann, que murió el año pasado. Un matrimonio anterior terminó en divorcio.
5 de junio de 2011
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sed de venganza en kirkuk


Mientras los militantes iraquíes huyen, sus familias se convierten en blancos de ajustes de cuentas.
[Jack Healy y Omar al-Jawoshy] Kirkuk, Iraq. Incluso sus padres admitían que Faras Awad era un asesino. Como líder insurgente en esta ciudad al norte de Iraq, en los años que siguieron a la invasión estadounidense secuestró a mujeres y ejecutó a civiles. Entonces desapareció -para escapar de la ley, de sus enemigos y de la recompensa de cincuenta mil dólares que ofrecían por su cabeza.
Una cartelera publicitaria en Kirkuk muestra a individuos "buscados por secuestro y asesinato", incluyendo a Farad Awad, el segundo por la izquierda, cuyo hermano fue asesinado aparentemente como venganza por los crímenes de Farad.
Pero alguien tenía que pagar. A fines del año pasado, el hermano menor de Faras, Yousef, fue secuestrado, ejecutado de un tiro en la cabeza y su cuerpo arrojado a un sitio eriazo. La policía lo describió como un salvaje acto de venganza -un hermano que muere por los pecados del otro.
Los líderes tribales dicen que decenas de otros familiares de insurgentes han sido atacados y asesinados en los últimos años a medida que los iraquíes se volvían contra al Qaeda y otras organizaciones militantes. Algunas familias de los insurgentes también han sido expulsadas de sus casas y pueblos, acusadas de ser cómplices de los crímenes cometidos por sus parientes o simplemente culpables por asociación.
Los ataques representan una pequeña fracción de la violencia general, pero ilustran uno de los grandes problemas de Iraq en momentos en que trata de romper el círculo vicioso de asesinatos y venganza. A medida que Iraq trata de convertirse en un país más estable, basado en el imperio de la ley antes que en códigos de sangre, sus líderes tratan de convencer a los iraquíes de que depositen su fe en el viciado y a veces poco efectivo sistema jurídico. "Este es el problema en Iraq", dijo Zuhair al-Chalabi, asesor para la reconciliación nacional en Iraq, que pasa sus días tratando de mediar en riñas de honor entre milicias y tribus rivales. "Los iraquíes deben olvidar sus heridas. Tiempo. Necesitamos tiempo."
Pero no todo el mundo es igualmente paciente. "La ley y los tribunales no nos ayudan ", dijo Jasim al-Ajili, musulmán chií de la norteña ciudad de Baquba, que perdió dos sobrinos a manos de al Qaeda. Dijo que había identificado al responsable de los asesinatos y estaba preparando su venganza.
"Lo detendré, lo secuestraré, grabaré su confesión", dijo. "Luego, si la justicia no hace nada, lo mataré."
Las familias asociadas a los combatientes extranjeros y nacionales de al Qaeda, que mataron a decenas de miles de iraquíes e inclinaron al país hacia el caos, despiertan pocas simpatías. Las esposas y viudas de los militantes son parias. Sus hijos no son reconocidos legalmente por el gobierno iraquí.
En zonas rurales de la provincia de Diyala, al nordeste de Iraq, reclutadores de la causa encontraron suelo fértil en las filas de sunníes jóvenes y pobres. Decenas de miembros de la tribu de un jeque local, Yousef al-Hilan, se unieron a al Qaeda. Hicieron volar coches; montaron puestos de control desde donde disparaban y asesinaban a conductores chiíes; y controlaban pueblos enteros.
Ahora, calculaba el jeque Hilan, cerca de la mitad de sus familias habían sido asesinadas o desplazadas por ataques de represalia.
"Tuvimos muchas familias cuyos hijos se incorporaron a al Qaeda", dijo el jeque Hilan, que perdió a cuatro hijos en asesinatos por venganza. "Todo el dolor cayó sobre ellos. La gente quiere venganza. Irrumpirán en la casa y matarán a todo el mundo. Hasta que sacien su sed de venganza."
Un concejal de la provincia de Diyala dijo que los asesinatos por venganza eran casi el cinco por ciento de todos los asesinatos cometidos en los últimos dos años.
Los asesinatos y ataques reflejan culturas tribales profundamente enraizadas que permiten, e incluso exigen, duros ajustes de cuentas, en los que la sangre se paga con sangre. Kareem Mohammed Abu Hatem contó que su casa, su coche y una pequeña tienda en el pueblo de Bohruz fueron incendiados como venganza por el trabajo de su hijastro para al Qaeda. Los culpables no fueron nunca habidos, lo que hace imposible verificar su versión.
Poco después de la invasión de 2003, árabes de barga larga, acentos extranjeros y una inclinación por las arengas justicieras llegaron al pueblo de Ahmed Mustafa en Diyala e instaron a los jóvenes a luchar contra los invasores estadounidenses. El hijo mayor de Mustafa, Waleed, quedó encandilado, y se marchó con los combatientes.
Cuando empezaron a aparecer en las calles los cuerpos decapitados de iraquíes, Mustafa pidió a su hijo que dejara la organización. Entonces, contó Mustafa, recibió una carta que le advertía que "te cortaremos la lengua y te mataremos". En 2007, su hijo de diecisiete fue asesinado cuando salía de la granja familiar. Al año siguiente, su otro hijo fue asesinado a balazos cuando hacía las compras con su madre.
Temiendo por su vida, Mustafa y su esposa se mudaron a una aldea donde no conocían prácticamente a nadie. "Soy inocente", dice.
Sin embargo, teme que pueda ser el siguiente.
Para la familia Awad en Kirkuk, la historia de sus dos hijos mayores se interpretaba como la de Caín y Abel en la edad de al Qaeda.
Faras, el hijo mayor, nació en 1981, y Yousef, un año más tarde. Los niños crecieron en una remota granja de hortalizas y melones a unos 32 kilómetros al sur de Kirkuk, fuera del alcance de las promesas de su riqueza petrolífera. De niños eran observantes, y rezaban y ayunaban juntos, contó su padre. Faras llegó a ser un joven ídolo del fútbol y culturista; Yousef ahorraba el dinero que ganaba como obrero de la construcción.
Después de la invasión, la familia empezó a oír rumores de que Faras se había unido a la insurgencia. Yousef trató de convencer a su hermano de que volviera a la agricultura, y sus parientes le dieron un ultimátum: o renuncias, o te marchas. Se marchó.
"Fue su opción", dijo su madre, Khomaysa. "Nos preguntábamos: ¿Qué le dijeron que lo hizo dejar a su familia? Eso no lo pudo entender."
Sus padres repudiaban a Faras ante cualquiera que preguntara, pero los soldados todavía allanaban su casa después de atentados o balaceras. Empezaron a recibir llamadas amenazantes, en las que les decían que Faras tenía que comportarse, sino lo pagaría su familia.
"No es nuestro hijo", dijo el padre de Faras, Awad al-Hail Abdullah. "Le dije al gobierno: ‘Maténlo, secuéstrenlo, deténganlo. Ya no somos responsables de lo que hace."
Funcionarios de seguridad dijeron que Faras emergió como un líder de niveles inferiores de la insurgencia en Kirkuk, quizás la ciudad iraquí más furiosamente disputada, donde las tensiones étnicas entre árabes, kurdos, turcomanos y cristianos estallan frecuentemente en actos de violencia. Aunque en los últimos años se han reducido los asesinatos, la policía observó un reciente repunte en atentados que atribuyen a un influjo de militantes provenientes de la norteña ciudad de Mosul, de Diyala al este y de zonas musulmanas sunníes de Samarra y Kikrit justo al norte de Bagdad.
Funcionarios de seguridad dijeron que Faras se unió a la organización insurgente Ansar al-Sunnah, asociada a la rama iraquí de al Qaeda. Funcionarios de seguridad dijeron que Faras estuvo implicado en atentados con bomba y secuestros de kurdos.
En estos momentos es el criminal más buscado de Kirkuk.
El 29 de noviembre su hermano menor Yousef estaba trabajando en unas obras en Kirkuk cuando varios hombres lo cogieron y metieron en una furgoneta blanca. Dos semanas después su cuerpo fue encontrado en un sitio eriazo, metido en un saco de harina. Había sido torturado y ejecutado de un tiro en la cabeza.
El jefe de la policía de Kirkuk, el general Turhan Abdul-Rahman Yousef, y un líder tribal familiarizado con el caso confirmaron independientemente la versión de la familia y dijeron que Yousef no tenía relación alguna con grupos militantes. Los dos dijeron que creían que el asesinato de uno de los hermanos era en venganza por las acciones del otro.
La familia enterró a Yousef cerca de la granja y trató de olvidar a Faras. Pero es difícil. Sus ojos te miran desde las carteleras en todo Kirkuk, junto con las palabras: "Buscado por secuestro y asesinato."
[Durain Adnan contribuyó desde Iraq a este reportaje.]
5 de junio de 2011
4 de junio de 2011
©new york times
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murió adolfas mekas


Cineasta vanguardista y docente.
[Bruce Weber] Murió el martes en Poughkeepsie, Nueva York, el inmigrante lituano Adolfas Mekas, el que se convirtió en un influyente cineasta de vanguardia y maestro que, con su hermano Jonas, fundó Film Culture, la seminal revista para cineastas. Tenía 85.
Según su esposa, Pola Chapelle, la causa de su muerte fue una insuficiencia cardiaca.
Aunque Jonas Mekas, prolífico director y archivista de cine de vanguardia, era el mejor conocido de los hermanos Mekas. Adolfas Mekas hizo un puñado de películas que han sido descritas como hitos históricos del cine de vanguardia. La mejor conocida es ‘Aleluya las colinas’ [Hallelujah the Hills], una comedia en la que se parodiaba la historia del cine con una trama sobre dos jóvenes y su cómico cortejo de la misma chica, que fue uno de los éxitos populares y entre críticos en el primer Festival de Cine de Nueva York en 1963.
‘Aleluya...’ fue elogiada en el festival junto con las películas ‘Muriel’, de Alain Resnais; ‘El cuchillo en el agua’ [Knife in the Water], de Roman Polansky; ‘El ángel exterminador’ [The Exterminating Angel], de Luis Buñuel; y ‘El sirviente’ [The Servant], de Joseph Losey.
El New York Times describió la película como "una modesta y pequeña farsa hecha en Vermont" que "sorprende y deleita" al público "afirmando bulliciosamente que la vida puede ser un baile y que hacer una película puede ser divertido".
Mekas y su hermano llegaron a Nueva York en 1949 después de sobrevivir un campo de trabajos forzados nazi al final de la Segunda Guerra Mundial. Hijos de un campesino que adoraba los libros y las películas, se zambulleron ambos en la vida bohemia intelectual de la ciudad a principio de los años cincuenta, fundaron  Film Culture, la revolucionaria revista que empezó en 1955 con la entonces presuntuosa idea de que el cine era un arte serio e influía potentemente en la cultura en general.
Con colaboradores como Andrew Sarris, Stan Brakhage, Richard Leacock, Rudolf Arnheim, Arlene Croce y Peter Bogdanovich, definió la vanguardia, aunque prestó una reflexiva cobertura al cine tradicional. (La revista dejó de existir en los años noventa.)
Mekas, que vivía en Rhinebeck, Nueva York, fue miembro fundador del departamento de cine del Bard College en Annandale-on-Hudson, Nueva York, y enseñó allá de 1971 a 2004; dirigió su programa de cine de 1971 a 1994.

Adolfas Mekas nació en un villorrio lituano llamado Semeniskiai el 30 de septiembre de 1925. Durante el último año de la Segunda Guerra Mundial, él y Jonas se marchaban de Lituania para unirse a un tío en Austria, cuando fueron capturados por los alemanes y enviados a un campo de trabajos forzados. Tras el fin de la guerra vivieron en campamentos de refugiados, uno de los cuales estaba en Mainz, cerca de Frankfurt, donde pudieron estudiar en la universidad. Al principio pensaban marcharse a Israel -"No eran judíos", dijo Chapelle, pero les parecía romántico luchar por un nuevo país-, pero en lugar de eso emigraron a Estados Unidos, asentándose en Williamsburg, en Brooklyn.
"Todo era miseria y desplazamiento y sufrimiento y pérdida", escribió Jonas Mekas sobre sus primeros años en Europa. Pero llegar a Nueva York les cambió la vida.
"Ahora, de repente, todo era brillante, excitante y estaba disponible", escribió. "Las calles de Nueva York eran ferias, muy parecidas a las de El Cairo. En nuestro primer día compramos tres o cuatro naranjas. ¡La pesadilla había terminado! ¡Podemos comprar fruta!"
En 1971, los hermanos Mekas volvieron a Lituania por primera vez desde su partida, y cada uno hizo una película sobre el viaje: ‘Reminiscencias de un viaje a Lituania’ [Reminiscences of a Journey to Lithuania], de Jonas, y ‘Going Home’, de Adolfas. "Se proyectaron juntas en el Festival de Cine de Nueva York de 1972, un evento que Vincent Canby describió en el Times como "más desbordante de Mekases de lo que uno esperaría, y sin embargo sucesivamente conmovedores, indulgentes, bellos, poéticos, banales, repetitivos y audaz y descuidadamente irresponsables".
Además de su hermano, que vive todavía en Brooklyn, ahora en Greenpoint, y su esposa, a la que conoció en una proyección de cine y se casaron en 1965, a Mekas le sobreviven su otro hermano, Costas, de Semeniskiai, y un hijo, Sean, de Rhinebeck.
Entre sus otras películas se encuentran ‘The Brig’ (1964), la que, dirigida por ambos hermanos, es una adaptación de una deprimente pieza montada por el Living Theater sobre los marines confinados en una cárcel militar, y ‘Windflower’ (1968), una elegía, una historia ambientada en la era de la Guerra de Vietnam sobre un prófugo que es asesinado cuando trata de escapar de las garras del FBI.
A su muerte, Mekas estaba trabajando en una película sobre Giordano Bruno, un pensador italiano que fue quemado en la hoguera por herejía en 1600. Mekas describió a Bruno como "el primer beatnik" y tituló la película, con típico descaro, ‘Burn, Bruno, Burn’.
Su esposa dijo que inicialmente se sintió atraída por él por su inesperado y demostrativo humor; en su primera cita, arrojó su sombrero por la ventanilla de un taxi, contó. Otra vez, después de la première de una película en el Museo Arte Moderno, enrolló la alfombra roja, la puso debajo de un brazo y se marchó con ella, como si se la llevara a casa. (Nadie lo paró y la llevó de vuelta.)
"Esos dos tíos", dijo sobre los hermanos Mekas. "Siempre le dije a nuestro hijo: ‘Llegaron al país con diez dólares. No hablaban el idioma, y empezaron su primera revista seria sobre cine en ingles. Nada de mal."
5 de junio de 2011
2 de junio de 2011
©new york times
cc traducción mQh

amnistía está de aniversario


Entrevista con el experto Javier Zúñiga en el aniversario de Amnistía Internacional. Amnistía es un movimiento global con más de tres millones de miembros y su historia es un reflejo de la evolución de los derechos humanos desde la Guerra Fría hasta Guantánamo.
[Marcelo Justo] Londres, Inglaterra. El 28 de mayo de 1961 un abogado inglés, representante de lo mejor de la tradición liberal británica, denunció en un largo artículo en el dominical The Observer el arresto de dos portugueses que habían osado brindar por la libertad en la vía pública durante la dictadura de Salazar y recordaba a sus lectores que hechos similares pasaban en todo el mundo. El abogado, Peter Benenson, invocaba la declaración de los derechos humanos de 1948 y pedía una "acción conjunta" para poner fin a este tipo de hechos. La respuesta de los lectores fue masiva y marcó el nacimiento de Amnistía Internacional. Cincuenta años más tarde, Amnistía es un movimiento global con más de tres millones de miembros y su historia es un reflejo de la evolución de los derechos humanos desde la Guerra Fría hasta Guantánamo, la revolución árabe y el desafío de las nuevas tecnologías. En una entrevista con Página/12, Javier Zuñiga, asesor especial del secretariado internacional de Amnistía, ex director de la región de las Américas, reflexionó sobre esta historia y el futuro de los derechos humanos en los tiempos de Twitter e Internet.

En aquel famoso artículo en el The Observer, Benenson citaba la declaración universal de los derechos humanos en 1948. Ayer y hoy es fácil entender por qué esa declaración puede provocar escepticismo cuando los mismos gobiernos que la firmaron son los primeros en violarla.
Es un problema permanente de los derechos humanos. La importancia de esta declaración es que por primera vez hubo un consenso discursivo global acerca del tema. Las Naciones Unidas le daban una universalidad que no tenían documentos previos como la Carta Magna o la declaración de derechos de la Revolución Francesa. Pero el documento era eso: una declaración de principios. Todavía no existía la Convención contra la Tortura, el genocidio o los derechos del niño, por ejemplo, que fueron incorporándose como legislación global y nacional en estos 50 años. Ahora bien, toda esta normativa está en manos de los gobiernos. Cuando hablamos de 50 años de Amnistía Internacional, estamos hablando también de 50 años de fracasos de los gobiernos por hacer cumplir estas normativas.

Al mismo tiempo, en estos 50 años ha habido una ampliación enorme del campo de los derechos humanos. ¿Cuáles han sido los principales hitos de este cambio?
Amnistía empezó con los presos de conciencia, pero muy pronto nos dimos cuenta de que esto era apenas una parte, porque también existía la tortura y la falta de proceso judicial independiente, demandas que fuimos incorporando en nuestra actividad. Con el tiempo añadimos la pena de muerte, la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales. En estos 50 años ha habido grandes hitos para los derechos humanos como fueron la caída del gobierno de los coroneles en Grecia, debida en gran medida a la denuncia de torturas, las Madres de Plaza de Mayo y la lucha de la sociedad civil contra la desaparición de las personas o el caso Pinochet en relación con la inmunidad de un jefe de Estado.

El caso Pinochet pareció un espectacular salto para los derechos humanos y, sin embargo, 13 años más tarde no hay consenso internacional sobre la inmunidad de un ex jefe de Estado.
Es cierto que no hay consenso, pero ha habido varios casos que han tomado el de Pinochet como precedente. El ex presidente del Perú, Alberto Fujimori, arrestado en Japón y deportado a Perú es un ejemplo. Creo que hay que tener en claro que el compromiso con los derechos humanos es a largo plazo, porque es un campo en el que siempre hay avances y retrocesos. Durante la Guerra Fría la justificación de torturas y desapariciones era la lucha contra el comunismo internacional. Pero mucho después de la caída del muro de Berlín, con el 11 de septiembre y la llamada guerra contra el terrorismo, se creó un nuevo tipo de enemigo que justificó nuevamente el uso de la tortura y la desaparición forzada.

A pesar de esta reaparición continua de violaciones de los derechos humanos con distintos ropajes, ¿sería posible, a partir de la revolución en el mundo árabe y con esta perspectiva de 50 años, ver una evolución?
Con los medios de comunicación modernos y las redes sociales, hay mucha más información y esto ha llevado a la gente a salir a las calles y cambiar una historia que en el mundo árabe podía parecer eterna. Pero como decía antes, siempre hay una fragilidad en los avances de los derechos humanos. En el mismo mundo árabe es obvio que si no se afirman bien los cambios que se han logrado y refuerzan los mecanismos de participación social, puede haber nuevamente retrocesos. Igual soy optimista. Si uno mira lo que pasó en estos 50 años, uno ve una participación de la sociedad civil no solo en el reclamo de sus derechos políticos y civiles, sino como está pasando ahora en España con los indignados y el reclamo de sus derechos económicos y sociales. En este sentido, los derechos humanos son indivisibles. No se puede adoptar uno y hacer el otro a un lado. Los derechos económicos y sociales son una parte inalienable de estos derechos.
5 de junio de 2011
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vecinos de las víctimas


Los vecinos de las víctimas que declaran en los juicios sobre la última dictadura. Testigos ocasionales de los operativos están aportando su relato en los procesos por crímenes de lesa humanidad. Desde una mirada diferente a la de los familiares, subrayan sus pequeños actos de resistencia y los episodios que ellos mismos vivieron vinculados a la represión.
[Alejandra Dandan] Argentina. Las audiencias de los juicios orales por los crímenes de lesa humanidad convocan no sólo a sobrevivientes de los centros de exterminio o sus familias, sino a testigos ocasionales de los operativos. Vecinos de los departamentos donde vivían a quienes secuestraron; habitantes de las casas contiguas. También bomberos, médicos o porteros. Algunos no habían declarado jamás. En los juicios se reavivan los miedos, las respiraciones jadeantes de esos días. Y la sucesión de relatos parece empezar a mostrar el punto en el que el terror empujó al cierre de las puertas: la voz de mando de una patota clausurando la mirada, obligándolos a aquello del "métase adentro" o "acá nunca hubo nada". Pero el entramado también muestra fisuras. Algunos agacharon el cuerpo para mirar por el ojo de una cerradura o entraron a una casa desmantelada a rescatar a algún niño. Hay voces y diálogos que están aportando a modo de pruebas. El camino permite pensar –aun a modo de equívoco– que las escenas clausuradas treinta y pico de años atrás pueden volver a mirarse, como si se rearmara un puente cortado por el espanto.
Uno de los testigos-vecinos paradigmáticos de los últimos meses fue Eustacio Galeano. Galeano vive donde vivía en 1977: un taller de marcos de La Boca, abajo de la pieza de Remo Berardo, el artista plástico del grupo de la Santa Cruz que buscaba a su hermano y fue secuestrado el 8 de diciembre de ese año. Galeano no había declarado hasta ahora. La fiscalía del juicio oral por la ESMA lo convocó y el relato permitió probar por primera vez –en la lógica de la prueba penal– el secuestro de Berardo.
Su negocio estaba en la calle Magallanes, y arriba funcionaba la sala de arte de lo que había sido la carbonería de los padres de Quinquela Martín, donde vivía Remo Berardo. "Iba a aprender dibujo y pintura con Quinquela –dijo Galeano en la audiencia–, pasaba por el taller y me mostraba qué era lo que estaba haciendo." Durante la inauguración de alguna exposición, por el local pasó el "almirante Massera" y la "señora de Videla" fue a comprar unos cuadros: "Vino un par de veces, venía, se llevaba, me firmaba y yo tenía que ir a cobrar al Comando".
Galeano no recordó el día exacto del operativo pero conserva las imágenes intactas: "Estaba yo con un par de clientes, en realidad con una cliente y el marido y la dueña de casa, pasa Berardo por el patio, con una chica vestida de blanco y me saluda y entra a la casa. No pasaron dos o tres minutos y aparecen camionetas particulares; una para en el frente, pasando el local, vino de contramano, las otras estaban del otro lado de la calle Garibaldi y estacionó en la puerta donde había entrado Remo Berardo y en ese momento cuando bajan los soldados –estaban vestidos con ropa de fajina—, uno se para en la puerta y me pone una ametralladora en la nariz, y me dice que me meta adentro y cierre la puerta".
Galeano cerró pero se quedó mirando por la ventana. "Junto con el de la ametralladora estaba la otra persona que con el tiempo y fotos supe quién era", dijo sobre a quien años después reconoció como Alfredo Astiz. "A los cinco o diez minutos los bajan a Berardo y a la chica, a los dos esposados, y los tiran adentro de la camioneta como dos bolsas de papa, ni los ayudaron a subir. Por la puerta de atrás pude ver gente por los techos con ametralladoras".
A Galeano le costó presentarse en la audiencia. Dijo que lo hacía porque creía que estaban dadas las condiciones de seguridad, pero el trámite no fue fácil, le despertó un estado de ebullición interno por el que todavía atraviesa y por el cual su familia prefiere que no vuelva a hablar.
Como Galeano hubo otros casos de testigos-vecinos que contaron la orden para cerrar la puerta pero que intentaron subrayar de alguna manera que no lo hicieron, como si esa lógica remitiera a alguna estrategia de resistencia al control total. Galeano miró por la ventana, preservó datos y reconoció a Astiz.
Guillermo Eduardo Foley era vecino del duplex de Martínez de los Reboratti. Asistió al operativo del secuestro, el 6 de julio de 1976, de Laura, una de las hijas de la familia, de 20 años, a quien se llevaron a la ESMA. Foley declaró ahora por primera vez. Lo había intentado años atrás pero fracasó por las leyes de impunidad. Contó que cuando se llevaron a Laura él salía del duplex con sus dos hijos hacia el colegio. No se acordó del día exacto, pero sí que era invierno: "Primero porque mis hijos tenían uniforme de invierno y segundo porque la persona que se dirigió a mí, que era aparentemente el que daba las órdenes, tenía un gamulán no muy oscuro. El del gamulán discutía con unos policías, a mí me gritó que me metiera adentro con los chicos, que no mirara, que no hiciera nada y que ahí no había pasado nada". Foley se fue pero siguió alerta. Y escuchó gritos. "Habrán pasado quince, veinte minutos; vino Dora –la mamá de Laura– a casa a hablar por teléfono porque le había cortado la línea, y nos contó qué sucedía."
Yolanda Mastruzzo no se acordó de su número de documento cuando se lo pidieron los jueces pero tenía intacto el tiroteo a la casa de Rodolfo Walsh un día después del secuestro, la bomba que arrojaron los marinos y el robo. Cuando le pidieron el juramento efusivamente dijo que se haga justicia "¡por el susto que me pegué yo esa noche!".
Ella vivía en la casa lindera. La patota entró primero a su casa equivocadamente buscando a una pareja de "extremistas". Ella los corrigió diciéndoles que ahí eran "una familia con hijos". "Nosotros nos fuimos adentro, empezaron a tirar bombas, ¡qué sé yo! Y yo con los chicos todos asustados...", dijo en el mismo momento en el que dejó de hablar atragantada por las palpitaciones del pecho que subía y bajaba jadeante. Tomó agua. Pidió un "cachito" de tiempo. Sacó un abanico inmenso de la cartera: "Ay, señor, por favor... –dijo–, estoy muy nerviosa recordando todo lo que pasé...".

La Sociedad de las Víctimas
¿Qué son esas fisuras? ¿Qué representan? ¿Por qué todavía no se puede hablar de lo que no se hizo, de la parálisis? ¿O es que de esa manera se está hablando?
"Durante el terrorismo de Estado esto funcionó a la manera del trauma en los secretos de familia: la sociedad sabía, todos tenían un conocido, pariente lejano o cercano, amigo de un amigo desaparecido, pero aparecía el ‘de eso no se habla’ en el momento en el que caló la frase del ‘por algo será’ para justificar el hecho traumático, que justifica el no involucramiento. Con el advenimiento del Estado de derecho, el show mediático del horror, todos parecían enterarse de lo que pasó recién en ese momento. Y ahora que se está institucionalizando la idea de que no hubo dos demonios, de que la dictadura era cívico-militar y llegó a excluir e implantar un modelo económico, eso está habilitando el habla", dice Ana María Careaga, sobreviviente del circuito Atlético Banco Olimpo y directora del Instituto por la Memoria.
Más allá de las razones, los relatos de los juicios hablan. Y con la palabra y el miedo aparece además una revisión de la idea del otro.
Entre los vecinos de Walsh, muchos de los cuales jamás leyeron sus libros, él es recordado como un profesor jubilado que pasea con el changuito de compras, que se para a hablar en el jardín de un vecino de los pájaros o del tren.
Daniel Mundo, docente de la carrera de Comunicación de la UBA y autor de ‘El mundo de Hannah Arendt’. Crítica apasionada, dice que Pilar Calveiro fue quien dijo que la sociedad había sido la primera víctima. "Pero que sea víctima no significa que sea inocente", propone Mundo. "La dictadura quería cambiar esa sociedad que estaba empapada políticamente, que no podía dirimir dentro de los marcos políticos la lucha hegemónica. Y en lugar de desarmar el nudo, lo cortó directamente sustrayendo a una fracción etaria de una generación con cierto compromiso, de formación social y política y gremial". En ese camino, Mundo problematiza sin embargo también qué pasó con las organizaciones políticas y armadas. "Los aparatos habían abandonado a la sociedad antes del golpe, como también desprotegieron a muchos cuadros, muchos entraron a la clandestinidad, que es una estrategia política, bélica, atrapada en un imaginario y la sociedad comienza a separarse, a no entender cuál es el objetivo".
El juicio por la ESMA no fue el único lugar donde declararon. Hubo otros que acudieron citados como testigos en el juicio de El Vesubio, del circuito Atlético-Banco-Olimpo, Jefes de Área –sobre todo porteros de edificios– y ahora los hay en el Robo de bebés. Hay algo de la extensión de lo que hasta ahora significó la idea de las víctimas, que podría pensarse en otro de los puntos que está cambiando para abarcar también a quienes hasta ahora estuvieron afuera o del otro lado. Una de las razones es que son ellos los que hablan en los juicios para aportar pruebas que hasta ahora se construyeron por el aporte mayoritario de sobrevivientes y sus familias. Pero hay otra razón. Foley, por ejemplo, mencionó en su relato dos situaciones que no tenían nada que ver con los motivos por los que estaba ahí. Dos episodios en los que él resultó víctima de la represión, situaciones azarosos y hasta menores, pero para él destacables.
Existen otros dos casos con subrayados similares. Un bombero declaró en la audiencia de El Vesubio sobre los cuerpos que levantó en la masacre de Monte Grande. Le costó bastante reconstruir las escenas ante el Tribunal, pero cuando terminó la audiencia el bombero Daniel Aníbal Cassimelli se levantó las mangas de la camisa para mostrar con orgullo un tatuaje del Che Guevara mientras insistía en el recuerdo de un primo lejano desaparecido.
5 de junio de 2011
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más de bueno que de malo


Alan Iud, abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, explica el fallo sobre el ADN de los Noble Herrera. El representante de Abuelas resalta que el máximo tribunal penal del país dijo que hay "elementos suficientes que justifican un análisis" de ADN. De todas formas, cuestiona por "arbitrario" el límite puesto a las muestras.
[Irina Hauser] Argentina. La sala II de la Cámara de Casación Penal tomó una decisión de enorme relevancia –tratándose del segundo tribunal en jerarquía del país– al ordenar que Marcela y Felipe Noble Herrera se sometan "a la extracción directa, con o sin consentimiento" de "mínimas muestras" que contengan su ADN para poder determinar si son hijos de desaparecidos. Sin embargo, la misma resolución sembró obstáculos para llevar esos estudios a la práctica al limitar la comparación de los perfiles genéticos de los jóvenes con los de un grupo acotado de familias, aquellas cuyos parientes hubieran desaparecido "con certeza" antes de la entrega en guarda de los niños a Ernestina Herrera de Noble. Alan Iud, abogado de Abuelas de Plaza de Mayo, explica por qué interpreta que "el fallo tiene más de bueno que de malo" y aun así está pensando en apelar ante la Corte Suprema, algo que también harían los hijos adoptivos de la dueña de Clarín. Pese a que es una sentencia "arbitraria", con aristas que contrarían la ley y amagan con producir nuevas dilaciones, Iud rescata que "Casación reconoce que hay elementos suficientes que justifican un análisis" para conocer la verdad sobre su identidad.

Al final, ¿qué debemos pensar, estuvo bien o mal el fallo de Casación?
El núcleo es bueno, pero las consecuencias que produce son negativas. El objetivo de obtener el perfil genético de Marcela y Felipe Noble se consigue. Pero la posibilidad de contrastarlo con todos los datos del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) no se cumple. Por esto digo que tiene puntos buenos y malos, aunque tiene más de bueno que de malo. La ley 26.548 dice que cuando se hacen análisis genéticos para identificar a hijos de desaparecidos se debe entrecruzar la información con todos los datos del banco. Lo llamativo es que en un fallo que fundamenta con minuciosidad por qué hay que obtener las muestras de sangre, piel, saliva, cabello u otras con o sin consentimiento, no justifica por qué se apartan de la ley. Esto hace que en términos técnicos el fallo sea arbitrario.

¿La ley está por encima de lo que resuelva la Justicia?
Un tribunal aplica las leyes y sólo puede apartarse de lo que dispone una ley si la declara inconstitucional. En el fallo de la Casación se aplica la ley de ADN, pero se desconoce la ley del BNDG sin fundamento.

¿Qué problemas genera el límite temporal?
Casación toma por ciertas las fechas que surgen de los dos expedientes que contienen elementos que está probado que son falsos. Su propio fallo reseña esas irregularidades. Esto muestra una contradicción. Segundo, pone un límite demasiado preciso: deja afuera todas las desapariciones posteriores a mayo y julio de 1976, y todas las que no se hayan producido con "certeza", dicen, hasta esa fecha. Sería distinto si excluyeran los casos del año 1979, cuando ya estaba totalmente claro que Ernestina Herrera de Noble estaba con Marcela y Felipe porque salieron en la tapa de Clarín. Deja afuera muchos casos en los que puede haber dudas sobre el momento de la desaparición. A esto se agrega otro posible impacto negativo, ya que no está claro quién definiría la "certeza" de que una desaparición se produjo en tal o cual fecha.

¿Cuántas familias dieron muestras de ADN al BNDG y cuántas entrarían en el recorte que establece Casación?
En el BNDG hay ADN de 198 familias de chicos que falta encontrar. Por supuesto está también el de los 104 ya restituidos. En el entrecruzamiento que ordena Casación entrarían en principio 36 familias para Felipe y 23 para Marcela.

¿Siempre se hizo la comparación con todo el banco?
La práctica fue comparar con todo el banco. Limitar los estudios a ciertos grupos familiares es un mal precedente y desconoce el carácter clandestino y masivo que tuvo el terrorismo de Estado, por el cual muchas familias desconocen las fechas de las desapariciones. Por otro lado, es preocupante que el voto del juez (Luis) García deja una duda sobre si las muestras de ADN de Marcela y Felipe pueden quedar o no en el BNDG. Dice que como la jueza de primera instancia nada de eso resolvió entonces él no se expide. La jueza nada tenía que resolver. En esto también se aparta de la ley. Sólo si las muestras quedan en el banco podremos hacer comparaciones con familias que se incorporen con posterioridad.

Da la impresión de que Casación quiso dejar contentos a todos, pero no dejó conforme a nadie. ¿Alguien resulta beneficiado con este fallo?
Salimos mucho mejor parados nosotros. El fallo reconoce el núcleo de nuestra posición: la identidad de estas personas se tiene que esclarecer. Si uno mira los precedentes de la propia Cámara de Casación, que en viejos casos rechazó la obligatoriedad de los análisis de ADN, también salimos fortalecidos. Igual que si analizamos el perfil de los jueces que fallaron en este caso (García, Guillermo Yacobucci y Raúl Madueño), que no sustentan activamente el avance de las causas por violaciones a los derechos humanos. Han dispuesto el cese de las prisiones preventivas de los represores Alfredo Astiz y Jorge "Tigre" Acosta y hasta negaron en otro expediente el rol de querellantes a los organismos de derechos humanos. Pero tampoco ha sido ésta una postura uniforme. Yacobucci y García fueron los primeros en declarar que un chico apropiado durante la dictadura es un desaparecido. Lo que hicieron respecto de Marcela y Felipe fue aplicar la ley, no hay que felicitarlos por eso sino cuestionar lo que recortaron, que nadie se los pidió y no tiene fundamento sólido.

En definitiva, dejaron más problemas que certezas.
Da la sensación de que quisieron mandar un mensaje de cierta ecuanimidad o tener un gesto hacia la posición de los abogados de Marcela, Felipe y Ernestina Herrera de Noble. Pero desatendieron el impacto que esto puede tener en esta y otras causas: abrirá la discusión sobre qué familias quedan incluidas para comparar los perfiles genéticos e invita a que en cualquier otro caso de apropiación (y todos son tan importantes como éste) las personas que no se quieren hacer el estudio y sus apropiadores exijan un análisis limitado.

¿Qué piensan hacer para tratar de revertir estos efectos del fallo?
Evaluamos presentar un recurso extraordinario para que intervenga la Corte Suprema. El tiempo que puede demorar en expedirse la Corte igual se va a perder porque los abogados de Marcela y Felipe van a recurrir. Hay otras alternativas, que son presentaciones ante la misma Casación para aclarar esta cuestión del límite. Pero además, advertimos que no hay un criterio uniforme en los votos de los tres jueces sobre qué grupo de casos quedarían incluidos o excluidos en el análisis. Cada uno dice algo distinto. Esas discordancias, en una sentencia que en otros aspectos es muy meticulosa, hacen pensar que la cuestión del límite fue introducida a último momento.

Los abogados de Marcela y Felipe dicen que no son ellos los que tratan de dilatar el expediente sino que acusan a las querellas.
Es una falacia notable. Ellos cuestionan que nos opusimos a que se hicieran un tipo de análisis que plantearon en 2003, cuyo único fin era que no se llegue a la verdad. En diciembre de 2009 dieron muestras de sangre y saliva ante el Cuerpo Médico Forense, un organismo que estuvo intervenido por la Corte por sospechas de corrupción. Dos muestras quedaron allí pero no se acreditó en qué lugar preciso se reservaron ni su traslado al BNDG. No sabemos si fueron cambiadas. La otra muestra quedó en el juzgado de Conrado Bergesio hasta quince días después de ser apartado. Estaba en la caja fuerte, que apareció con la manija rota. Su secretario dijo que se le rompió por accidente. Es el hijo de Fernando Goldaracena, abogado de represores de la Marina. Todo esto, más las irregularidades en los allanamientos de los dos últimos años, hicieron que hoy estemos buscando nuevas muestras de ADN.

Los abogados de los hermanos dijeron, a través de Clarín, que el fallo de Casación contradice la jurisprudencia de la Corte. ¿Es así?
Claramente el fallo de Casación no contradice a la Corte. La reinterpreta en conjunto con la ley que regula la obtención de ADN. En el caso de (Emiliano) Prieto surge que si no se puede obtener ADN por medios alternativos en última instancia se pude recurrir a una extracción compulsiva. En Prieto la Corte dijo no a la extracción porque no se habían agotado otros caminos.

¿Y cuál es la diferencia entre el caso Noble y el de Prieto? ¿Por qué ahora la Corte debería hacer lugar a la extracción?
En el caso de Marcela y Felipe ya se agotaron los medios alternativos. Hubo dos intentos de obtener su perfil genético en allanamientos, pero hubo irregularidades y las muestras no son indubitables. La sangre que dieron ellos también está en duda. Además, el fallo de Prieto es de agosto de 2009, antes de la ley de ADN, lo que implica que algunos de los jueces van a tener que reformular sus votos.

Cómo están dadas las cosas, la extracción de ADN de Marcela y Felipe no va a ser ni mañana ni en poco tiempo. ¿Cuándo se podrá saber la verdad?
No se podrá hacer ningún tipo de análisis mientras la Corte no se pronuncie y la Corte no tiene plazos. Después de que se llegue a la verdad, dependerá también de que los padres de cada uno de ellos sean algunos de los desaparecidos cuyos familiares dieron muestras de ADN al BNDG. Todavía se siguen incorporando grupos familiares y se detectan casos de mujeres (cuarenta en los últimos cinco años) que no se sabía que estaban embarazadas al momento de ser secuestradas. Otra posibilidad es que no sean hijos de desaparecidos y que sean producto del tráfico de niños.

¿Ustedes por qué creen que son hijos de desaparecidos?
Está acreditado que la guarda fue irregular (con varios testigos falsos) y que la jueza que los dio es la misma que entregó a Andrés La Blunda, hijo de desaparecidos. Esto sugiere que se quiso esconder el origen de los niños. Como se sabe, en esa fecha ya estaba en marcha el plan sistemático de apropiación de menores. Además, son públicos los vínculos de Clarín con la dictadura. La propia Ernestina Herrera de Noble reconoció la posibilidad de que sean hijos de desaparecidos en una carta que publicó en su diario en enero de 2003. Sólo ella sabe la verdad y alguna gente que falleció. Casación reconoce que hay elementos suficientes para sostener la hipótesis de que podrían ser hijos de desaparecidos que justifica la necesidad de un análisis.
5 de junio de 2011
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