Blogia
mQh

américa latina

condenan asesinato de diputados


OEA condena asesinato de ex legisladores rehenes de las FARC en Colombia.
Washington, Estados Unidos. La OEA expresó este viernes su "más enérgica condena" del "asesinato" de 11 legisladores colombianos secuestrados por la guerrilla de las FARC, en una declaración que se limitó a tomar nota del pedido del presidente Álvaro Uribe de crear una comisión investigadora.
La Organización de Estados Americanos (OEA) manifestó asimismo "su solidaridad y más sinceras condolencias a las familias afectadas, el pueblo y el gobierno colombianos", en una resolución aprobada por consenso en su Consejo Permanente, reunido de urgencia en Washington.
Asimismo, la organización "insta a la entrega inmediata de los cuerpos" de los 11 ex diputados que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) habían secuestrado hace cinco años en el suroeste de Colombia, y cuya muerte se conoció esta semana.
Reunidos desde la mañana del viernes, los representantes permanentes de los 34 países del continente buscaron durante horas un consenso sobre esta declaración, que estuvo trabado por un punto en particular: el pedido del presidente Uribe de crear una comisión investigadora que determine la circunstancia en la que murieron los 11 ex legisladores.
Según las FARC, los rehenes murieron durante un intento de rescate militar y según el gobierno colombiano fueron asesinados por la guerrilla.
Uribe dialogó en la mañana de este viernes con el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, pudo saber la AFP.
En su declaración, la OEA "reconoce la disposición del Gobierno colombiano de conformar una comisión internacional para esclarecer los hechos", pero no establece un mandato para que esa comisión se cree en el marco de la organización continental.
En declaraciones a la prensa luego de aprobada la declaración, Insulza explicó que "no va a haber ninguna misión de la organización misma".
"Lo importante es que haya una investigación independiente", enfatizó. Y "si las partes lo solicitan que estemos involucrados por cierto que vamos a estarlo", "estamos dispuestos", resaltó.
"Esperamos sinceramente que las FARC tengan la misma disposición (que el gobierno colombiano) para que alguien esclarezca de qué manera murieron esos 11 diputados", dijo el titular de la OEA, que el jueves ya había adelantado la idea de que las FARC sometieran su versión de los hechos -la cual calificó de "no creíble"- a una comisión internacional.
Argentina y Brasil lideraron la postura para que la organización se limitara a "tomar nota" del pedido del gobierno colombiano de crear una comisión investigadora, señalaron fuentes diplomáticas a la AFP.
En el Consejo, Venezuela expresó a través de su representante durante esta sesión, Nelson Pineda, que "si la OEA quiere de verdad ayudar a Colombia" a conseguir la paz "no puede convertirse en un participante directo" del conflicto interno colombiano.
El representante adjunto de Colombia ante la OEA, Mauricio Baquero, dijo a la AFP que Colombia está conforme con la declaración.
"(Estamos) muy satisfechos", sostuvo.
Consultado sobre el pedido de crear una comisión investigadora, se limitó a señalar: "En un día era imposible que se organizara".
Con esta declaración, la OEA descarta por el momento organizar por sí misma una comisión investigadora para este caso, pero deja abierta la puerta a participar en una comisión internacional junto con otras organizaciones.
Once de 12 ex diputados provinciales secuestrados por las FARC desde el año 2002 murieron según la guerrilla de las FARC durante el ataque de un "grupo militar" a un campamento. De acuerdo con esa versión, las muertes se produjeron el 18 de junio.
El gobierno colombiano negó que hubiera ordenado un rescate y acusó a los rebeldes de haber asesinado a los 11 ex legisladores.
Los políticos formaban parte de un grupo de 56 rehenes a quienes las FARC exigen canjear por más de 500 guerrilleros presos.

30 de junio de 2007
©mi punto
rss


intrigas en la frontera


[Chris Kraul] Intrigas en la frontera colombo-venezolana. El hallazgo de los cadáveres de dos soldados colombianos despierta interrogantes de ambos gobiernos.
Santa Bárbara, Venezuela. Una película policiaca que implica a dos soldados colombianos encubiertos cuyos cadáveres fueron encontrados al oeste de Venezuela ha elevado las tensiones entre los dos países vecinos y levantado el velo de los pequeños y sucios secretos de sus relaciones fronterizas.
Al principio, se pensó que los cuerpos no identificados y en avanzado estado de descomposición encontrados a fines de abril en el vertedero de la ciudad eran de víctimas del tráfico de drogas. Casi un tercio de la cocaína procesada en Colombia es transportada a través de la región y las guerras territoriales son constantes.
Luego, funcionarios policiales mencionaron el robo como motivo de los asesinatos después de que familiares colombianos se apersonaran a reclamar los cuerpos y dijeran que las víctimas eran vendedores viajeros.
Más tarde, la sorpresa: el ministro colombiano de Defensa, Juan Manuel Santos, confirmó que los dos, el capitán Camilo González y el sargento Gregorio Martínez, eran agentes encubiertos del ejército colombiano. Habían sido descubiertos por rebeldes de izquierda colombianos que operan en Venezuela, que los capturaron, torturaron y mataron, dijo el mes pasado en una entrevista por radio.
Para enardecer aun más las cosas, la revista colombiana Semana, citando fuentes venezolanas, afirmó que los dos colombianos habían sido detenidos en una instalación de la Guardia Nacional Venezolana en Santa Bárbara poco antes de que fueran asesinados. Una de las víctimas logró llamar por celular a un familiar para decir que estaba detenido en Venezuela y para alertar al gobierno colombiano, confirmó al Times una fuente cercana a la investigación.
"Plantea la incógnita de si las fuerzas armadas venezolanas facilitaron o incluso participaron en los asesinatos", dijo la fuente, que pidió no ser identificada debido a la sensibilidad del caso.
En una entrevista con el Times la semana pasada en Bogotá, la capital colombiana, el conservador presidente colombiano Álvaro Uribe se negó a comentar el caso, diciendo que estaba siendo "investigado por los dos países".
Dejando de lado las turbias circunstancias, el caso ha arroja luz sobre las intrigas fronterizas -la amplia red de espionaje de Colombia y lo que los críticos del izquierdista presidente Hugo Chávez llaman la actitud permisiva de Venezuela para con los grupos rebeldes que operan en su territorio. También plantea interrogantes sobre si las fuerzas armadas venezolanas ofrecen a los rebeldes colombianos más que un apoyo pasivo.
Santos, cuyo despacho no respondió a peticiones de una entrevista sobre el caso, reconoció en una entrevista por radio que Colombia tenía "montones de personas" que habían infiltrado las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia [FARC]. En los últimos años, espías colombianos han logrado capturar a dos conocidos comandantes de las FARC, Rodrigo Granda, en Venezuela en diciembre de 2004, y Simón Trinidad, en Ecuador en enero de 2004.
El gobierno colombiano considera los espías como un arma necesaria, especialmente en Venezuela, donde Chávez está tratando de remodelar su país como un estado socialista. Aunque Chávez niega que apoye a los grupos rebeldes, adora a Fidel Castro, el líder cubano que patrocinó en el pasado los movimientos guerrilleros de América Latina.
Chávez no oculta su oposición al Plan Colombia, la campaña norteamericana contra las drogas y el terrorismo. Chávez responsabiliza a la campaña de empujar hacia Venezuela a los combatientes de ambos lados de la guerra civil en Colombia.
En una entrevista a fines del mes pasado en la capital venezolana, Caracas, el general Alberto Muller Rojas, asesor de seguridad de Chávez, dijo que su gobierno no tenía "datos que vinculen a nuestras fuerzas armadas con esos dos oficiales. Al menos oficialmente no sabemos nada sobre ese asunto... Imagino que los mataron los guerrilleros".
Muller también criticó a Santos, diciendo que estaba determinado a presentar a Venezuela como un "estado paria". Pero reconoció que las FARC y otro grupo izquierda rebelde de Colombia, el Ejército de Liberación Nacional, conocido por sus iniciales ELN, utiliza comúnmente Venezuela como un refugio.
Pararlos "no es nuestro trabajo", dijo. "No tenemos porqué incurrir en gastos para contener a un enemigo que no es nuestro enemigo. Eso es trabajo de ellos", dijo Muller, refiriéndose al gobierno colombiano.
Muller dijo que los rebeldes colombianos en Venezuela "se portan bien".
"No quieren provocar problemas. Son los paramilitares los que están en el origen de los desórdenes públicos", dijo, refiriéndose a los grupos paramilitares colombianos de extrema derecha que dice que también se internan en Venezuela.
En su ‘Aló, Presidente', el programa radial semanal de los domingos, Chávez reconoció que la presencia de las guerrillas colombianas en Venezuela era un problema, diciendo que estaba consciente de que los funcionarios en Apure habían tomado contacto con los rebeldes. Prohibió que los oficiales venezolanos siguieran haciéndolo, diciendo que aplicaría "todo el peso de la ley" contra quien lo hiciera.
"Sean quiénes sean, el ELN o las FARC, ellos tienen su guerra en Colombia y deberían hacerla allá. No tienen nada que hacer en Venezuela", dijo Chávez a sus oyentes.
Aunque las relaciones entre Uribe y Chávez son a primera vista cordiales, las tensiones son evidentes en otros lugares. El mes pasado, el ex vicepresidente venezolano José Vicente Rangel dijo que Santos estaba detrás de una conspiración contra Chávez y que los dos soldados muertos eran parte de una misión para desestabilizar a Venezuela. El gobierno colombiano desechó como absurdas esas acusaciones.
Desde que Chávez asumiera en 1999, Venezuela ha discontinuado las reuniones de los dos comandos militares y gobernadores fronterizos de los dos países, debido a que su verdadera función, dijo, era "involucrarnos en su guerra civil".
Pese a las declaraciones de Chávez el domingo, aquí los funcionarios que se oponen al presidente venezolano ven un propósito político en lo que consideran una actitud permisiva de las fuerzas armadas con respecto a la presencia de rebeldes armados colombianos. Aquí en el estado fronterizo de Zulia, donde 13 de los 21 municipios son controlados por alcaldes de la oposición, se ha producido un rompimiento entre las fuerzas de la seguridad pública y los gobiernos locales dirigidos por opositores de Chávez.
"Tenemos que defendernos porque hay un quiebre institucional", dijo Alfonso Márquez, el alcalde antichavista de Machiques, un pueblo ganadero a unos 130 kilómetros al noroeste de Santa Bárbara. Dijo que los rebeldes colombianos eran vistos frecuentemente en las calles y tiendas del pueblo, sin que la policía local los molestara.
"Son fáciles de detectar", dijo. "Tienen la piel curtida y andan siempre en grupos de tres o cuatro... Los grupos armados han entrado siempre a Venezuela, desde Colombia. Pero antes, el gobierno trataba de impedirlo. Ahora no. Ahora simplemente les dejan entrar".

chris.kraul@latimes.com

16 de junio de 2007
15 de junio de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
rss

anatomía íntima de un golpe


[Miguel Bonasso] Contada por Chávez. Documentos sobre los sucesos de abril de 2002 en Venezuela. La muerte de uñas moradas.
Desde los sueños recurrentes, donde la muerte es una señora de uñas largas y moradas, hasta el relato minucioso de cómo se frustró su asesinato en la noche que estuvo preso de los golpistas, pasando por su relación con las mujeres («Venus no se monta en el carro de Marte», dice), sus hijos y el propio Fidel Castro. Las confesiones de una larga madrugada.
La muerte de las uñas largas y moradas en un sueño recurrente, la muerte real en la isla del Caribe que evita al darse vuelta y mirar cara a cara al sicario que lo ha puesto de espaldas; las parejas frustradas porque «Venus no se monta en el carro de Marte»; las traiciones de algunos cuadros cercanos; la conspiración en Washington; la hija que le salva la vida con la ayuda de Fidel Castro, el hermano-padre. O esos niños también recurrentes que aparecen en el momento oportuno, cuando todo está perdido, para darle fuerzas. Estas y muchas otras confesiones jamás contadas se fueron desgranando en la continuación de la entrevista interrumpida por la mañana. Son las tres de la madrugada cuando la guardia abre las puertas de un salón del hotel Four Seasons, donde el presidente de Venezuela ha recibido a intelectuales, a industriales de Techint, a militantes de centros bolivarianos, a decenas de personas citadas a las que atiende con su proverbial sencillez. Hay que apurarse. Falta lo mejor del reportaje, un relato que por momentos parece de Dumas o Le Carré y empieza de manera obvia, con este simple disparador:

Quisiera conocer sus vivencias del golpe de abril. La intimidad del golpe.

Hugo Chávez:
La intimidad... Déjame ver por dónde te comienzo a seguir una línea que no sea simplemente un recuento de hechos. Ellos habían decidido domarme, desde el momento en que ya se hizo visible que yo iba a ganar las elecciones. Es decir, antes de ser presidente. Cuando las encuestas reflejaron lo que iba a ocurrir, los sectores pudientes del país decidieron acercarse un poco, a tratar de rodear al presidente. Y eso se incrementa una vez que asumo. Tenían un plan, pues, de tratar de desviarme, de que no hubiera quien llevara adelante los planes de transformación. Cuando se dan cuenta de que no consiguen domarme, entonces se van por la vía golpista. El golpe de Estado en Venezuela tuvo tres disparadores. El primero de ellos es el 11 de septiembre. Eso desató una nueva actitud del gobierno de Estados Unidos, que comenzó entonces a alentar a la oposición venezolana. Ahí hubo un cambio notable. Producto de unas declaraciones que yo emití sobre el ataque a Afganistán, ellos mandaron a buscar a su embajadora de entonces [Donna Hrinak], cosa que no había ocurrido nunca en Venezuela. La mandaron a llamar para una consulta y regresó luego con un mensaje. Yo la recibí y déjame decirte que la embajadora, en un tono muy desafiante, agresivo, me hizo una serie de planteamientos. Yo me vi obligado a pararla y decirle: «Embajadora, yo le recuerdo que está hablando con el presidente de este país, hágame el favor y se retira y cuando usted entienda cómo tiene que hablar al presidente de un país, usted regresa». La señora salió hecha una tromba.
Todo había comenzado cuando el bombardeo de Afganistán, yo hice una declaración que me salió del alma porque vi una foto de unos niños muertos por una de esas bombas que llaman inteligentes. Yo vi esa foto y dije: «Así no, terrorismo con más terrorismo no es justo esto», ¿no? Me salió muy del alma. Ellos lo tomaron como una agresión. Ahora bien, ese fue un disparador y metió a la oposición interna a coger vuelo; se dijeron: estamos apoyados ahora, vamos contra Chávez. Y comenzaron a viajar mucho a Washington, a ser recibidos allá por funcionarios y a recibir apoyo, incluso abiertamente. Yo una vez llamé a la embajadora y le dije: «Mira, tengo informes de que ustedes están recibiendo allá a dirigentes de la oposición y lo vengo a plantear porque me lo dijo alguien que estuvo en una reunión». Un venezolano que invitaron por error, porque a veces se equivocan también, y este venezolano que no es chavista vino alarmado y le comunicó a un amigo común lo que él le oyó decir allá a gente de la oposición, que a Chávez había que derrocarlo o matarlo. Y lo dijeron hablando con funcionarios del Pentágono.
El segundo disparador, también en el 2001, fue la aprobación en noviembre de las 49 leyes transformadoras, revolucionarias: ley de pesca, ley de hidrocarburos, ley de tierras, ley de finanzas, ley de impuestos sobre la renta, leyes para sembrar el proyecto de la Constitución.
El tercer disparador, que era consecuencia del primero y del segundo, fue el hecho de que un grupo importante de generales de la Nación terminaron comprometiéndose con el sector empresarial, con el sector político golpista y sus aliados internacionales. Fíjate que en diciembre un hombre en quien yo creí mucho, [Luis] Miquelena, un hombre de una trayectoria larga, al que conocí estando en prisión y al salir de la cárcel formamos el partido; el que presidió la Constituyente (imagínate tú la confianza que yo le tenía), este hombre comenzó a quebrarse. Una noche después de un extraño viaje a Estados Unidos a un supuesto chequeo médico que se hizo muy largo, Miquelena —que era ministro de Interior y Justicia— vino al Palacio y me dijo así, abiertamente: «Mira, Hugo, yo vengo a plantearte que tenemos que dar un paso atrás con estas leyes habilitantes que aprobaste; han generado todo este conflicto, tenemos que anularlas». «No, le dije. Es el momento de profundizar el proyecto de transformación». Luego vino la huelga del 10 de diciembre, de la patronal, el lock out empresarial. Comenzó enero con movilizaciones de la oposición, la campaña mediática incendiaria, llamando a los militares abiertamente a conspirar y luego vino el golpe de Estado. ¿Por qué se da el golpe de Estado? La respuesta se la di, ya estando preso, a un obispo de la Iglesia Católica que era opositor desde antes que yo fuera presidente. En el amanecer del 12 de abril de 2002 yo llego preso al comando del ejército y allí me encuentro con el obispo junto a los golpistas. Entonces los generales salen del salón para debatir con [el presidente de facto Pedro] Carmona qué iban a hacer conmigo. El obispo se me acerca y me dice: «¿Cómo se siente Chávez». «Bueno, monseñor, yo me siento por supuesto muy preocupado, pero déjeme decirle que muy bien espiritualmente». «¿Ah sí?, ¿por qué se siente bien, con todo esto que ha pasado?: los muertos, el país dividido. ¿No cree que se hubiera podido hacer un esfuerzo mayor de consenso, de diálogo?»
Yo le respondí: «Monseñor, no me venga usted a dar aquí sermones. Yo estoy muy claro y usted debería estarlo. Yo estoy aquí sentado, no sé si me van a matar incluso y no sé si me pesaría, porque estoy consciente de estar aquí por haber sido fiel a un pueblo. Yo hubiera podido entregarme a esa oligarquía fiera; hubiera sido fácil para mí, cualquiera de estas noche de batalla que he pasado, llamar a palacio a tres o cinco personas y decirles, está bien, qué quieren y hubiese terminado ese conflicto. Sólo que yo hubiese pasado a formar parte de esa columna larga de los enanos de largas trenzas, como los llama el poeta chileno Mafud Masis en su Oración a Simón Bolívar en la noche oscura de América. Y yo no seré nunca uno de tantos enanos de largas trenzas como hubo en esta patria. Así que por eso estoy bien espiritualmente». La fidelidad absoluta a la esperanza del pueblo basta para aguantar lo que haya que aguantar y eso enriquece por dentro.
Ahora, déjame decirte algo, yo hoy me siento mucho más que ayer, a pesar de los errores que como cualquiera he cometido, porque me he probado, vencí halagos, vencí tentaciones del poder económico; yo pudiera ser rico ahorita, pudiese tener cuentas y casas, pudiese tener mujeres, pero yo me he mantenido fiel y ya sé que siempre me mantendré así.

¿Hubo real peligro de muerte esa noche?
Claro, me iban a matar, hermano. Los generales y almirantes que habían salido para deliberar con Carmona entran en tropel. Eran muchos, como 60. Algunos eran amigos de toda la vida, y eso es lo que duele, ¿no? De la misma manera que debo decirte que muchos se mantuvieron fieles: por un traidor, cien leales. Me colocan una hoja con una renuncia ya redactada y me dicen: «Tienes que firmar aquí». Yo les contesto: «No, ustedes se equivocan». Los miro a todos y les digo cuatro cosas: «Yo no voy a firmar ese papel, ustedes parece que no me conocen a mí. Tantos años juntos en este camino y ustedes no me conocen. Yo no voy a firmar eso. Ustedes con eso podrán hacer lo que quieran». Eran como las cuatro de la mañana del 12 de abril y entonces les dije: «Ustedes como que no se dan cuenta de lo que están haciendo, cuando salga el sol dentro de poco, van a tener que explicarle a este país qué es lo que están haciendo». Ellos vuelven a insistir en que tengo que firmar la renuncia. Les digo que ni siquiera me muestren esa hoja. Entonces uno de ellos dijo «bueno, eso no importa», agarró el papel y se lo llevó.
Luego me llevan a un sitio de reclusión dentro del fuerte Tiuna, al regimiento de la policía militar. Y, a propósito del fuerte Tiuna, les cuento algo que he dicho poco en verdad. Cuando yo decido entregarme [unas horas antes, en el Palacio de Miraflores], en contra de la opinión de José Vicente [Rangel], le digo: «Yo me voy a ir a fuerte Tiuna para ver qué pasa allá». Pero lo que hay en el fondo de esa expresión es que yo iba como un pez a su propia agua. Yo ahí me hice hombre, ahí me hice rebelde, conozco cada cuadra, cada esquina. Y las eché de menos cuando salí de prisión y entregué el uniforme. Debo decirles que de cuando en cuando el desierto pega, el desierto pega, ustedes cruzaron el desierto y lo saben: entonces fue el divorcio, los hijos pequeños lejos, enamorarme de nuevo y tampoco, porque yo andaba en batalla... Una noche, con una botella de vino, le conté mis penas al general Jacinto Pérez Arcay, que era comandante cuando yo era cadete y me encendió la llama bolivariana. Un maestro de esos que uno tiene toda la vida. Le digo que terminé con la amada, que ella me ama y yo la amo pero no se puede porque ella quiere vivir, quiere playa y quiere fines de semana...

¿Era su primera mujer?
No, era la segunda. Yo estaba divorciado de la primera, que me acompañó durante 17 años y es la madre de María, de Rosa y de Hugo. Le cuento la pena a este buen general, maestro y filósofo, que es muy severo en el análisis pero profundo y me dice: «Hugo, ¿de qué te quejas, no te acuerdas de lo que dijo Bolívar?». Ya al final de su vida Bolívar le dijo a Perú de Lacroix que si María Teresa, su mujer, que se murió de unas fiebres muy jovencita, no se hubiese muerto, él no hubiese sido más que alcalde de San Mateo. Así me dijo Pérez Arcay y agregó: «Tú andas en el carro de Marte, Venus no se monta en ese carro». Yo creo que sí se monta a veces, ¿no? Tú ves a Fidel y sus soledades y entonces entiendes: es difícil el amor, la pareja en estas circunstancias. Me ha pasado de nuevo, otro matrimonio e igual la tormenta que lo rompe y ahí está esa Rosa Inés hermosa... [su debilidad, la hija menor de seis años].
Les decía: fui a Fuerte Tiuna, como a mi propia agua. Como había ido en secreto cuando salí de prisión en 1994. En 1994, 1995, yo estaba perseguido y no tenía ni dónde vivir, dormía en una camita prestada en la casa de una viejita que era la mamá de un oficial. La viejita se atrevió a alojarme, porque casa donde yo iba, casa que era vigilada. Presionaban con llamadas anónimas amenazando con destrozar a Chávez. La idea era aislarme de todo contexto, de toda posibilidad, mientras las organizaciones avanzaban por otro lado. No tenía ni carro. Un buen día, en mi cumpleaños del año `94, unos amigos me trajeron una torta y me hicieron salir a la calle: «Mira Hugo, ven a ver el regalo que te trajimos». Y era una camioneta usada, una Toyota de esas Samurai, pero buena, ¿no? Empecé a recorrer el país con esa camioneta, como siempre fortalecido, aunque de vez en cuando el sol del desierto pega duro, y en esos momentos, cuando me sentía débil, yo buscaba algún oficial activo, que fuese como Pérez Arcay, general, o coronel, y le decía mira, vale, llévame a Fuerte Tiuna. Como no me dejaban entrar a Fuerte Tiuna, ni a ningún cuartel, yo entraba a FuerteTiuna en un carro manejado por un oficial al que no le pedían identificación y yo atrás, como leyendo un periódico, pasaba. Y entonces yo le decía al oficial, mira, vale, damos la vuelta por allá, párate ahí. Yo me iba donde un arbolito, yo me bajaba ahí dos o tres minutos, daba unas vueltas por el fuerte y salía fortalecido. No se lo dije la noche del golpe a José Vicente, pero yo quizá de modo inconsciente quería ir al Fuerte Tiuna en vez de quedarme en palacio resistiendo, porque los golpistas me llamaban que se venga a Fuerte Tiuna, que se entregue aquí. Bueno, vamos y entonces, en efecto, comenzó a funcionar algo. Recuerdo que cuando llego hay un capitán o un teniente que lo ponen en la puerta y siento que el muchacho me está mirando y yo lo miro. Primera señal. Luego viene otro, se asoma y me dice tome esta piedra y frótela (esas piedras de cuarzo que usan para la energía). Luego viene un tercero y le digo: Consígueme un televisor, para ver qué está pasando ahí afuera, para ver qué es lo que están diciendo por ahí en la TV, entonces el muchacho me consigue un televisor y me pongo a verlo. Veo entonces que todos los canales privados, porque el 8 [público] estaba fuera del aire, están leyendo que ha renunciado irrevocablemente el presidente de la república y ha destituido al vicepresidente Diosdado Cabello. Veo eso y pienso: «Estoy muerto, estoy muerto, la única forma que yo no desmienta eso más nunca es que me van a matar». Entonces le digo al teniente: «Mira consígueme un celular por ahí», y el muchacho me lo consigue, el muchacho me lo consigue. Llamo a Palacio y llamo a mamá y a papá, y no responden; llamo a un hermano, tampoco, llamo a mi hija María, que estaba escondida en una casa de playa del novio de su hermana Rosa, que ahora es el marido.
«María, cómo estás», María tiene mucho de mí; Fidel la llama la heroína. Rosa, la mayor, se pone a llorar, Rosa es muy sensible. María me dice como animándome: «Papá, otra vez preso, qué broma tú, dónde estás». «No, mi vida, estoy en el Fuerte Tiuna. Mira María, óyeme, llámate a alguien, llama a Fidel si puedes». «¿Y qué le digo?» «Dile que no he renunciado, que yo estoy preso y que me van a matar, pero que yo no he renunciado». Y la niña con mucho aplomo me dice: «Papá, tranquilo». Y, en efecto, ella logró hablar con Fidel y Fidel la saca al mundo. «Papá no ha renunciado, Papá es un presidente prisionero». Rompió el cerco mediático por La Habana, fíjate.
Luego los hechos van desencadenándose, el pueblo empieza a movilizarse. Los militares patriotas en Fuerte Tiuna empiezan a hacer planes para rescatarme. Sabían —de eso me entero yo luego— que Carmona da la orden a unos almirantes y a unos generales de que debo amanecer muerto pero que me apliquen la ley de fuga, que parezca un accidente. Eso lo oyeron mesoneros [mozos] que se habían quedado ahí, en Miraflores. Como para estos señorones los mesoneros no son gente, no repararon en ellos y en los soldados que se habían quedado y que oyeron cuando Carmona dio la orden a unos generales y unos almirantes. Uno de los mesoneros empieza a llamar a oficiales leales y avisa: «Mira, acaban de dar la orden de matar al presidente». Los oficiales empiezan a moverse pero no pueden impedir que me saquen del Fuerte Tiuna en la noche y me lleven a la bahía de Turiamo. Allí me iban a matar, allí me iban a matar. Incluso ¿sabes de quién me acordé yo, ahora que estoy en la Argentina? Del Che, porque yo sentí la muerte, yo dije hasta aquí llegué. Como ves [el presidente Chávez se abre la camisa y saca un crucifijo de metal que lleva colgado], cargo el Cristo que me había dado Pérez Arcay cuando iba saliendo. «Lleva este Cristo», me dijo y yo lo cargaba cuando me bajé del helicóptero en la base naval de Turiamo, donde estuvieron a punto de asesinarme.
Al bajar del helicóptero y empezar a caminar observé un conflicto entre los militares que me custodiaban. Dos de ellos estaban ahí para matarme, pero otros no, otros eran constitucionalistas. En el momento en que están por cumplir la orden y yo estoy parado así, uno de los mercenarios estos me da la vuelta y se pone por detrás y yo pienso «éste me la va a dar por la espalda». Yo volteo y le veo la cara: «Mira lo que vas a hacer», le digo, y en ese instante salta un muchacho oficial por mi costado y dice: «Si matan al presidente, aquí nos matamos todos». Eso neutralizó a estos dos mercenarios y me salvó la vida. Después llegó otro oficial y me dijo: «Tranquilo, aquí vamos a buscarle dónde dormir», y me buscaron un catre de cuartel. Sentí que el peligro de muerte había pasado. Luego se desencadenaron los hechos y me trasladaron a la isla de Orchila, en el Caribe venezolano. Allí hay otra base naval. Pero antes de eso, ahí mismo en Turiamo, ya los muchachos de Marina estaban haciendo planes para detener a los jefes de la base y llevarme por tierra a [la guarnición de] Maracay, donde estaba firme el general [Raúl] Baduel. A todo eso yo había pedido un short y una franela [camiseta] para ir a caminar cuando saliera el sol. Me dieron permiso y se pegaron a mí, trotando. «Tranquilo —me decían— que Maracay está en la calle y el general Baduel está firme».

Baduel es compañero suyo de promoción, ¿no?
Yo le llevo un año, pero es como si lo fuera. Es un hermano de muchos años Baduel... Yo me sentía ya adueñándome de la situación; había sargentos que me obedecían y listos para cuando capturar a los coroneles y los capitanes de navío, cuando les dieran la orden. Me decían: «Ahí tenemos camiones, en dos horas estamos en Maracay». Sin embargo yo les dije: «Aguanten muchachos, esperen que llegue la noche. Estén pendientes con Maracay, comunicándose con los paracaidistas». Los paracaidistas ya sabían que yo estaba en Turiamo, así que ya me tenían ubicado y haciendo planes. Entonces me llevan a la Orchila, adonde mandaron al cardenal y a unos militares golpistas. El cardenal me dijo que yo debería colaborar y firmar la renuncia. Yo después me entero por qué: desde Washington pedían copia de la renuncia firmada. Hay una carta que envía el encargado de negocios de Venezuela diciendo que lo llamaron del Departamento de Estado ese día y le dijeron que el gobierno norteamericano veía con buenos ojos el gobierno de transición pero que necesitaban urgentemente la renuncia firmada. Entonces los golpistas mandaron al cardenal para que a nombre de Dios me pidiera un sacrificio más por el país. Incluso tenían un avión listo allí para que yo fuera donde quisiera.
Yo había decidido no irme y estábamos en eso cuando anuncian que vienen los paracaidistas, que viene un escuadrón de helicópteros a la isla a rescatarme. Yo me doy cuenta de que la situación ha comenzado a cambiar porque el mismo almirante que era el jefe de mis captores en esa isla viene de repente a hablar conmigo, se para firme y me dice «señor presidente». Y yo me dije: «Aaayyy, algo está pasando en el continente». Antes observo que los muchachos de la Marina que me están custodiando comienzan a adoptar posiciones de combate en torno a la casa donde yo estaba, allí en la playa. Veo unos comandos que empiezan a perderse a buscar visores nocturnos y a establecer posiciones defensivas. Entonces yo les digo, ya medio dueño de la situación: «¿Qué es lo que están haciendo ustedes allí?». «Bueno, no mi comandante, el almirante dio la orden de que asumiéramos posición de defensa». «Llámame al almirante», le digo. El cardenal y los dos coroneles están ahí cuando el almirante viene, se para firme, y me dice «ordene, señor presidente». Ahí todos entendimos y el cardenal se puso blanco. Entonces me dice el almirante: «Presidente, le pido que me atienda en privado». Me paro, pido permiso al señor cardenal, me voy con el almirante, le pongo la mano en el hombro y le digo: «¿qué te pasa?». «No, comandante, que la situación allá está muy difícil en verdad, el pueblo está en la calle, yo estoy cumpliendo órdenes, pero cuente con su vida, yo estoy aquí para protegerlo». «¿Para protegerme de quién?» Me dice: «Baduel está con los paracaidistas, vienen en el aire y no quiero muertos allí, si usted puede llámelo y hable con él». Pido comunicarme por radio, Baduel no venía, pero venía otro general y otro almirante. No hubo un disparo, ellos sencillamente se entregaron, entregaron las armas y me liberaron allí mismo. [En ese momento entró al salón donde se hacía la entrevista María Gabriela, la segunda hija del presidente Chávez, una muchacha morena de 22 años, a la que el líder venezolano —visiblemente orgulloso— le hizo repetir la historia del llamado a Fidel Castro que él mismo nos había contado].

María, señalando a su padre:
Nosotros estábamos escondidos y él nos llamó. Mi hermana lloraba muchísimo. Yo soy muy llorona también, pero ese día yo dije, no, no tengo que llorar. Cuando agarré el teléfono, nos echamos a dar bromas, ¿te acuerdas, papá? «¡Qué cosas, pórtate bien!» Luego de echar bromas ahí, él me dijo: «No he renunciado». Yo le dije que en la televisión estaban mostrando su renuncia, me contestó que era mentira y que me comunicara con alguien. Llama a tu tío, me dijo, pero no era sencillo, todos estábamos escondidos. Apenas suelto ese teléfono empiezo a llorar. Pero luego reaccioné y empecé a buscar a Fidel hasta que logré hablar con él, y Fidel me dijo de hablar con Randy Alonso, que es el conductor de la mesa redonda, y Randy me entrevistó.

Chávez, abrazándola:
Fidel la llama la heroína. Te digo otra cosa, conversar con mis hijas María y Rosa a mí me dio mucha fuerza. En un momento en que yo estaba como resignado a lo que fuese, comienzo a reaccionar, a responderme a mí mismo, a ponerme de pie y a decir esto no ha terminado. Hay un efecto sobre mí, chico, que tiene que ver con los niños. Había ahí una enfermera en Turiamo que me fue a chequear en la noche del 12, antes que me llevaran a Orchila, ella me toma la presión, descalzo, en shorts, y me dice: «Mi mamá y yo que lo queremos tanto, pero quién iba a pensar que lo conocería así, tanto que yo quise conocerlo». Y me cuenta, entre lágrimas, que tenía un niño. Se va y me deja tocado. Empiezan a aparecerme niños y empiezo yo a pensar en los niños, sobre todo en los niños pobres, en manos de esta caterva de traidores gobernando. Me voy al baño y lloro, lloro mucho, pero salgo de ese baño de pie otra vez. Me digo: «No, esto no puede quedarse así» y empiezo a reaccionar. Ahora tú sabes que a mí me ha pasado eso de los niños varias veces. Yo tengo un sueño recurrente con la muerte. El más claro que recuerdo lo soñé cuando fui a Pernambuco a un encuentro con Lula. Un sueño muy clarito, parecía una película. Soñé que estaba por allí y que salía la muerte buscándome. Se estaba llevando gente y andaba por mí. Entonces yo digo «voy a enfrentar a esta muerte. Una mujer elegante, madura pero no fea, con largas uñas moradas». Empiezo a hablar con ella: «Ah, bueno, me vas a llevar», como resignado pues, y de repente yo le pregunto a la muerte: «Bueno, qué es lo que estás pensando que pasó, qué hay que hacer». De pronto pasa un niño y la visión del niño me hace reaccionar contra la muerte y le digo: «no, no, no, oye, ¿qué derecho tienes tú para llevarme a mí, qué voy a hacer después con esos niños?». Y me escapo, entonces me convierto en un avión que va volando. En un avión así angosto, y un ala choca y no cae, sin ala sigue volando y detrás venía, ahora sí, el monstruo, y el avión yo sé que se metió en un pajonal pero yo me escapé al fin, porque luego, como en una película, aparezco en un pueblo, caminando, pensando «me escapé». Pero de repente en la esquina la veo parada. «¡Coño, está la muerte otra vez!» Entonces veo ya no es la muerte, es la misma mujer, pero me sonríe y está con un niño. Yo, un poco temeroso me acerco, «te presento a mi hijo», y ahí terminó el sueño. Yo lo he soñado como dos o tres veces, o sea que aquí por dentro hay una fuerza que me dan esos niños, una fuerza que se resiste a ser derrotada o a morir.

Chávez bosteza, está agotado después de una jornada interminable. Pregunta la hora. Nos da vergüenza decirlo: las cinco y media de la mañana. Atrasó la salida del avión presidencial para cumplir su promesa de la mañana. Aunque todos estamos destruidos, Hugo Chávez quiere agregar algo, que también tiene que ver con la señora de las uñas moradas, a la que ha burlado con el hermano-padre que es Fidel Castro.

Hugo Chávez: La llamada de Fidel fue definitiva para mí. Llamó a las 12.05 de la noche del 11 de abril, cuando yo estaba en el dilema de resistirme o entregarme. No sé cómo entró al Palacio de Miraflores la llamada de Fidel, porque los teléfonos estaban saturados y saboteados. Fidel me pregunta cómo está la situación. Le comento rápidamente y entonces me dice: «Mira, te voy a decir algo, salva a tu gente y sálvate tú, haz lo que tengas que hacer, negocia con dignidad, no te vayas a inmolar, Chávez, porque esto no termina ahí. No te vayas a inmolar».
Al rato sale del hotel, con la comitiva y la custodia. Rosa Inés, su nena mimada, camina a su lado. Los dos van muertos de risa. Si la mirada logra abstraerse de la escolta, nadie diría que es el odiado e idolatrado Hugo Chávez. Sino un hombre del pueblo que le va sonriendo a su hija de seis años.

10 de junio de 2007
12 de junio de 2003
©analítica
rss

la muerte del alcalde, en detalle


[Chris Kraul] El testimonio de jefe paramilitar delata el control que ejercía la milicia de extrema derecha sobre la vida política y comercial del país.
Sincelejo, Colombia. Esta es la crónica de una muerte anunciada. El alcalde Eudaldo ‘Tito' Díaz sabía que era un hombre marcado. Se había opuesto a los combatientes paramilitares de extrema derecha en El Roble, un pueblo en el estado de Sucre, al norte del país, y los asesinos lo habían puesto en su lista negra. En el salón de reuniones del ayuntamiento confrontó al presidente de Colombia, Álvaro Uribe, cogiendo el micrófono y diciéndole que lo iban a matar.
Dos meses después, Díaz fue secuestrado por una docena de hombres en varios coches, aparentemente traicionado por miembros de su propio equipo de seguridad.
Fue trasladado al infame ‘campo de concentración' paramilitar, un rancho llamado El Palmar donde se han encontrado varias fosas comunes. Fue torturado durante cinco días antes de ser matado a balazos.
El asesinato de Díaz, 47, médico, permite echar una mirada en la pesadilla que viene viviendo Colombia desde que empezara la guerra hace algunas décadas. Este mes el país revivió la pesadilla con el testimonio del capo paramilitar Salvatore Mancuso, cuando confesó haber traficado drogas, cometido asesinatos en masa, extorsiones y expropiaciones ilegales de extensos terrenos, todo con la ayuda de políticos corruptos.
En los cuatro estados del norte, incluyendo Sucre, que controlaba Mancuso, los políticos que se resistieron fueron asesinados despiadadamente. En abril de 2003, Díaz se convirtió en una de las víctimas.
"Mi padre murió porque quería un país mejor, donde no hubiera mafias traficando con drogas y saqueando ciudades, donde la gente inocente no fuera asesinada por voluntad de los políticos que se quieren perpetuar en el poder", dijo Juan David Díaz, 28, hijo del difunto alcalde, que es también médico y que ahora encabeza el grupo Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, que defiende los derechos de las víctimas de la localidad, con sede aquí en la capital de Sucre.

Testimonio y Confesión
En su comparecencia ante un tribunal especial, Mancuso fue el primero en un desfile de cabecillas paramilitares que esperaban para declarar ante una corte especial en cumplimiento de los términos del proceso de paz de Colombia, y evitar así su extradición a Estados Unidos.
Los relatos de las atrocidades cometidas por los paramilitares y rebeldes de extrema izquierda no son nada nuevo en Colombia después de cuatro décadas de guerra civil, y el país oirá probablemente muchas más versiones en los meses por venir, cuando otros jefes paramilitares comparezcan ante la corte.
Pero el relato en primera persona de Mancuso, leyendo calmamente de un ordenador portátil y luciendo impecable con un caro traje de hombre de negocios, agregó un especial tinte de horror. A medida que recitaba los nombres de las decenas de políticos que controlaba y de los empresarios que extorsionaba para obtener fondos, el alcance de los tentáculos de los paramilitares que llegaron a controlar la vida política y empresarial de Colombia se hizo vívidamente evidente.
Mancuso terminó su testimonio en la misma semana en que se emitieron órdenes de detención de cinco miembros del congreso colombiano, casi todos partidarios de Uribe, por vínculos con las ilegales milicias de extrema derecha. Eso llevó el número de parlamentarios tras las rejas a trece, todos excepto uno seguidores de Uribe. El vicepresidente Francisco Santos dijo este mes que el número podría llegar hasta cuarenta.
Las repercusiones de las detenciones y el testimonio de Mancuso llegaron hasta Washington, donde el congreso ha aprobado, desde 2000, más de cinco billones de dólares en ayuda para la lucha antinarcóticos y contraterrorista del Plan Colombia.
Aunque los crímenes en cuestión ocurrieron hace años, los observadores dicen que los sucesos del mes han empeorado las posibilidades de que se firme un tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Colombia, arrojado una sombra sobre el Plan Colombia y debilitado la confianza en Uribe.
Las milicias de extrema derecha fueron formadas por hacendados como grupos de autodefensa para hacer frente a los grupos rebeldes de izquierda. Pero se convirtieron en bandas criminales que se dedicaron a matar, robar y traficar en drogas.
Mancuso declaró en el marco del proceso de desmovilización que ha implicado el desarme de 31 mil milicianos de extrema derecha. Él y otros jefes paramilitares esperan recibir sentencias leves a cambio de la confesión de las atrocidades cometidas, pagando indemnizaciones y renunciando a sus organizaciones criminales. Pero, como parecen demostrar transcripciones de interceptaciones filtradas hace poco, muchos continúan dirigiendo sus redes criminales desde sus celdas en la cárcel.
Mancuso y otros jefes paramilitares tenían numerosas maneras de financiar sus operaciones militares y de enriquecerse a sí mismos. El tráfico de drogas era el método principal, proporcionando el setenta por ciento del dinero generado por los paramilitares, dijo una vez el difunto jefe paramilitar Carlos Castaño. También extorsionaban a los hombres de negocios de sus territorios, desde plantaciones de banana hasta taxistas, exigiéndoles dinero de protección, o ‘vacunas'.
Mediante políticos corruptos a nivel de estado y nacional, Mancuso y otros jefes paramilitares se apoderaron de las loterías de los estados y de proyectos regionales de obras públicas, que saquearon sistemáticamente o de los cuales cobraron sobornos. A cambio, los políticos que colaboraban con ellos tenían una victoria segura en las urnas, la que se obtenía mediante la intimidación de los rivales potenciales y los votantes.
Díaz fue candidato a alcalde con un programa para mejorar la calidad de vida de la gente de El Roble con un mejor servicio médico, educación y obras públicas. Pero poco después de su elección, los paramilitares, a través de políticos corruptos, empezaron a plantear exigencias, incluyendo el derecho a nombrar al tesorero del pueblo y a los directores de los servicios médicos, educativos y de obras públicas, dijo el joven Díaz.
Con el control de esas posiciones, Mancuso y sus subordinados pudieron apoderarse del presupuesto anual de El Roble, de un millón de dólares, más decenas de miles de dólares de los fondos de salud transferidos desde el gobierno central. Díaz rechazó esas exigencias.
"Los paramilitares querían todos los recursos que tenía el pueblo para funcionar. Pero mi padre no podía dejar al pueblo en la miseria", dijo Díaz. "Fue el único alcalde de Sucre que resistió, y es el único alcalde que fue asesinado en los últimos años".

Queja Previa
En dos ocasiones se quejó el alcalde Díaz ante Uribe, diciéndole que su vida corría peligro en diciembre de 2002, y delatando que los paramilitares contaban con el apoyo del gobernador de Sucre, Salvador Arana, ahora un fugitivo buscado por cargos de corrupción paramilitar.
Díaz confrontó a Uribe una segunda vez en el salón de reuniones del pueblo en febrero de 2003. Cogió el micrófono, denunció al gobernador y otros funcionarios por estar asociados con las fuerzas paramilitares y advirtió que él sería asesinado pronto por haber abierto la boca.
De acuerdo a los presentes, habló durante diez minutos y continuó hablando aunque sonó dos veces un timbre avisándole que se le había acabado el tiempo. Finalmente cedió la palabra cuando Uribe dijo al director del salón de reuniones que investigara lo que estaba ocurriendo.
Uribe había enviado previamente dos mil tropas adicionales a El Roble estaba a horcajadas en la ruta del tráfico de drogas.
Antes de matarlo, los asesinos de Díaz le hicieron firmar varias órdenes de pago autorizando proyectos de obras públicas en El Roble, otro modo en que los paramilitares pudieron hacerse con el dinero del pueblo.
"Al final, obtuvieron lo que querían", dijo su hijo. "Pero primero tuvieron que matarlo".

chris.kraul@latimes.com

2 de junio de 2007
30 de mayo de 2007
©los angeles times
rss

silencio en canal reaccionario


[Chris Kraul] RCTV, un frecuente crítico del presidente Chávez, no volverá a emitir en red pública. El gobierno se negó a renovar su licencia.
Caracas, Venezuela. Música folclórica venezolana, un documental cubano y fuertes dosis de propaganda oficial celebrando su ‘socialismo del siglo 21' destacaron el primer día caracterizaron la programación del nuevo canal de televisión que este lunes utilizará el espacio que había usado hasta hoy uno de los canales más antiguos y populares de Venezuela, un canal frecuentemente crítico del izquierdista presidente Hugo Chávez.
A medianoche del domingo, Radio Caracas Televisión, RCTV, dejó de emitir por primera vez en 53 años en la red pública después de que el gobierno de Chávez se negara a renovar su licencia de transmisión, acusando al canal de haber violado repetidas veces la ley de telecomunicaciones. Esa decisión, anunciada en diciembre, ha sido fuertemente criticada por grupos internacionales de defensa de la libertad de prensa, varios gobiernos e incluso algunos partidarios del mismo Chávez.
Las protestas empezaron el domingo noche en los alrededores de la oficina de la comisión nacional que regula las telecomunicaciones y continuaron hasta la mañana del lunes en varias universidades en el área de Caracas. La policía utilizó gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes que bloqueaban el lunes la entrada de una importante autopista.
También hubo en la ciudad manifestaciones en apoyo de la decisión del gobierno.
RCTV, una central de noticias y de programas de alta audiencia, fue remplazado por Televisora Venezolana Social, TVes, después de que, este fin de semana, la Corte Suprema otorgara al nuevo canal el derecho a usar las torres y microtransmisores de RCTV.
En una rueda de prensa final ante cientos de afligidos empleados de RCTV en los estudios en el centro de la ciudad el domingo noche, el jefe del canal, Marcel Granier, dijo que la negativa del gobierno a renovar la licencia del canal era parte de una campaña de Chávez para ahogar la libertad de expresión de la oposición. También llamó de "robo" la decisión de la Corte Suprema.
Ninguno de los tres mil empleados de RCTV fue despedido, en momentos en que el directorio intenta continuar las transmisiones en el cable o por satélite. Pero el decorador Valentín Martiradonna dijo que los despidos eran "inevitables. No podrán seguir manteniéndonos a todos".
Virginia Vera, anfitriona de un programa de llamadas que tiene un rating del sesenta por ciento, dijo: "Todos tenemos miedo".
Funcionarios de gobierno dijeron que no se había renovado la licencia por violaciones de las leyes que regulan la proyección de contenidos violentos o pornográficos. Andrés Izarra, ex productor de RCTV y hoy presidente de Telesur, uno de los tres canales oficiales iniciados por Chávez, defendió el cambio de canal, diciendo que no era una "confiscación, sino un caso de expiración de licencia... Esto conducirá a un mayor pluralismo de opiniones y la democratización de los medios de comunicación".
Pero la mayoría de los observadores mencionan las estridentes críticas de RCTV hacia Chávez y sus políticas como el principal motivo para no renovar la licencia. Como los otros canales importantes de Venezuela, RCTV apoyó al menos tácitamente el golpe de 2002 contra el presidente, dando instrucciones a los manifestantes y luego no informando al público que el golpe había fallado. Mientras que los otros canales importantes llegaron a acuerdos, según se comenta, con el gobierno de Chávez para moderar sus críticas, RCTV siguió con la política crítica que había asumido desde el intento de golpe.
"¿Qué gobierno en el mundo renovaría la licencia de un canal implicado en un golpe de estado militar?", dijo el asesor presidencial Alexander Main, observando que la última semana se renovaron las licencias de otros dos canales comerciales.
El cierre de la emisión provocó censuras del Senado norteamericano, la Unión Europea, la Asociación Interamericana de Prensa, y los gobiernos de Chile y El Salvador.
La mayoría de los venezolanos se oponen a cancelar la licencia de RCTV, de acuerdo a un reciente sondeo en Caracas de la firma de encuestas Datanalisis [antichavista]. Sin embargo, el índice de aprobación de la gestión de Chávez sigue siendo alto: el 64 por ciento.
"Este podría ser un error de Chávez, porque rompe la apariencia de democracia que ha logrado mantener, especialmente ante los europeos", dijo el presidente Datanalisis, Luis Vicente León.
Los llamados de último minuto de los trabajadores de RCTV pidiendo a Chávez que reconsiderara la medida no resultaron en nada.
Algunos consideraron irónica la decisión de Chávez, dado que RCTV, según algunos, mostró simpatía por el propio intento de golpe de estado de Chávez en febrero de 1992. Poco después, el canal emitió un popular culebrón titulado ‘Por estas calles', que presentaba a un juez honesto tratando de introducir reformas en un barrio pobre de Caracas. El culebrón logró ratings sin precedentes y se emitió durante dos años. Muchos atribuyen al culebrón que la opinión pública apoyara a Chávez, que fue elegido presidente en 1998.
El escritor de telenovelas, Ibsen Martínez, dijo en una entrevista que el presidente Chávez le pedía sus opiniones y que continuó su amistad con él, nombrándolo incluso en una comisión de reconciliación después del golpe de 2002. Pero, dijo Martínez, renunció después de que Chávez convirtiera la comisión en una "plataforma de sí mismo". Martínez dijo que creía que el presidente estaba tratando de limitar la opinión pública creando una "hegemonía" en los medios de comunicación.
"Chávez es típico de la izquierda latinoamericana, que ven la democracia y las instituciones libres como un medio para hacerse con el poder. Pero una vez que lo tienen, piensan que la democracia es sólo un truco de la burguesía", dijo Martínez.

chris.kraul@latimes.com

29 de mayo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
rss

lazos del gobierno con paramilitares


[Juan Forero] Detallan vínculos con la elite colombiana. Comandantes acusan al estado de complicidad.
Medellín, Colombia. Altos jefes paramilitares han confirmado en los últimos días lo que grupos de derechos humanos y otros vienen diciendo desde hace años: Que algunos de los personajes políticos, militares y del mundo empresarial ayudaron a levantar a ese poderoso movimiento antiguerrillero que operaba con impunidad, mataba a civiles y transportaba cocaína a ciudades norteamericanas.
Los jefes han mencionado a generales de ejército, empresarios, compañías extranjeras y políticos que no sólo financiaban operaciones paramilitares, sino también trabajaban codo a codo con los combatientes para llevarlas a cabo. En informes que contradicen al gobierno, los comandantes han dicho que su organización, antes que simplemente brotar para llenar un vacío en regiones sin ley del país, había sido construida sistemáticamente por fuerzas más importantes.
"Los paramilitares fueron una política de estado", dijo la semana pasada Salvatore Mancuso, un alto comandante paramilitar, en una audiencia en el Palacio de Justicia de esta ciudad. "Tengo pruebas de que el estado creó a los paramilitares en Colombia".
En un escándalo que empezó a ganar ímpetu el otoño pasado, los investigadores han revelado decenas de casos de colaboración del gobierno con grupos paramilitares. Pero la declaración de Mancuso, apoyada por observaciones que hizo en una entrevista en la cárcel a otro comandante paramilitar, es la primera vez que actores importantes del escándalo describen en detalles cómo la clase política unió fuerzas con ellos.
Decenas de otros comandantes paramilitares deben declarar en una audiencia judicial especial en los próximos días y semanas. Sus testimonios podrían ayudar a descubrir las raíces de la violencia y el tráfico de drogas que han plagado a este país y significado importantes ayudas de Washington.
El gobierno del presidente Álvaro Uribe dice que ha tomado agresivas acciones para desmantelar a los grupos paramilitares y que su determinación de concluirlo ha hecho posible las investigaciones. Sin embargo, sus investigaciones han resultado en un dolorosa catarsis colectiva para este país.
Iván Duque, un estratega que colaboró en la formulación de la ideología de la coalición paramilitar conocida como las Fuerzas Unidas de Autodefensa de Colombia [AUC], dijo en una entrevista que el grupo tenía vínculos con todo el mundo de influencia en las regiones donde operaban.
"¿Podían estos tres grupos -estoy hablando de los políticos, los economistas, la gente institucional, vale decir, los militares- haber operado sin estar en contacto con el primer jefe?", dijo Duque, hablando desde la cárcel de Itagui en Medellín, que alberga a decenas de comandantes paramilitares. "Eso es imposible. Eso no puede ser".
Elegido por sus colegas comandantes para hablar con dos periodistas estadounidenses, Duque dijo la semana pasada, ahora que los comandantes paramilitares habían decidido contar sus sucios secretos, también era hora de que confesaran las elites que ayudaron a la AUC. Dijo que los grupos paramilitares tenían diecisiete mil combatientes armados y más de diez mil asociados más, desde cocineros hasta choferes y técnicos informáticos e informantes. Y dijo que eso lo podía ver todo el mundo.
"Hombres armados hasta los dientes", dijo Duque, gesticulando en una oficina puesta a disposición por los gendarmes. "¿Puede realmente viajar por todo el territorio, sin que nadie los vea, ni mire, que nadie colabore con ellos? Es por eso que digo que este es un país de hipocresías, una sociedad de mentiras".
El movimiento paramilitar colombiano empezó hace más de una generación como contrapeso de una creciente fuerza guerrillera marxista y convertido rápidamente en un ejército irregular que cometió terribles masacres y asesinatos, que financiaba gran parte de sus actividades con el tráfico de cocaína. El despacho del fiscal general calcula que los combatientes paramilitares asesinaron a unas diez mil personas desde mediados de los años noventa hasta la primera parte de esta década, cuando sus comandantes empezaron a negociar un acuerdo de desarme con el gobierno de Uribe. La AUC está en la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado de Estados Unidos.
Ahora, en una crucial fase post-desarme que exige que los comandantes revelen sus crímenes a cambio de un tratamiento más leniente, Mancuso y los otros empezaron a hablar.
La declaración de Mancuso se produce en medio de una difícil semana para Uribe, cuyo gobierno ha recibido de Washington, desde su elección en 2002, cuatro billones de dólares principalmente en ayudas par combatir el narcotráfico y ayuda militar. Las autoridades arrestaron a más aliados en el congreso relacionados con comandantes paramilitares, y entonces Mancuso empezó a hacer sus incómodas revelaciones.
"Habló Salvatore Mancuso", decía el semanario Semana, "y la clase política del país tembló".
Uribe sigue gozando de enorme popularidad en Colombia por haber reducido la violencia, pero en Washington, los demócratas del Capitolio están citando recientes revelaciones para impedir la anuencia norteamericana para firmar un tratado de libre comercio con Colombia.
De momento, las autoridades han acusado a catorce miembros del congreso colombiano, siete ex legisladores, el director de la policía secreta y ex gobernadores de haber colaborado con comandantes paramilitares. Una docena de legisladores en activo están siendo investigados. La mayoría han sido estrechos aliados de Uribe, que apoyaron una enmienda constitucional que permite su reelección y aprobaron una ley leniente, conocida como Justicia y Paz, que regula el desarme de los paramilitares.
Aunque Mancuso declaró a principios de año haber ordenado asesinatos y colaborado con unidades militares, su testimonio de la semana pasada fue mucho más explosivo. Habló de haber trabajado estrechamente con tres ex generales, todos los cuales niegan esos lazos.
Las revelaciones de Mancuso -especialmente sobre el general jubilado Rito Alejo del Río, conocido en el estado de Antioquía como el ‘pacificador' de la región de Uraba- han causado la incomodidad de Uribe. Aunque el predecesor de Uribe, Andrés Pastrana, despidió a del Río por colaborar con grupos paramilitares, y aunque Estados Unidos anuló su visado, Uribe lo elogió públicamente diciendo que era un "hombre honorable" y lo defendió en Washington.
"Yo apoyo a todos los generales que estuvieron en Antioquía", dijo Uribe a Radio Caracol antes este año.
Quizás el mayor impacto de Mancuso se produjo cuando dijo que dos ministros actuales del gobierno de Uribe, el vicepresidente Francisco Santos, y el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, se reunieron con altos comandantes paramilitares en los años noventa. Los dos hombres, primos de una influyente familia que posee El Tiempo, el diario más influyente de Colombia, reconocieron haber estado con miembros de los paramilitares en el pasado. Los dos dijeron que lo hicieron para ayudar al proceso de paz en Colombia, y no como parte de un plan siniestro, como afirma Mancuso.
Las acusaciones de Mancuso han llevado a algunos comentaristas a observar que el comandante ha manchado a tanta gente como posible, aunque todavía no rinde cuentas por todos los crímenes que cometió. "Debemos entender la estrategia detrás de los tres días de testimonio que han manchado a personas, instituciones y empresas", dijo El Tiempo, en un editorial del domingo. "Si todo el país es responsable, entonces nadie es responsable".
Sin embargo, el fiscal general Mario Iguarán observó que bajo un nuevo sistema diseñado especialmente para procesar a los comandantes, se les exige que digan la verdad, so pena de perder los beneficios adquiridos bajo los términos de la ley del desarme. "Ese es el principio de la ley Justicia y Paz".
En la entrevista, Duque, el estratega, contó que estaba escribiendo un libro en el que piensa contar la historia de los paramilitares. En el pasado alcalde de una pequeña ciudad y maestro, Duque habló de los profundos sentimientos antimarxistas que lo llevaron a unirse a los grupos paramilitares. "Me enamoré de esta causa", dijo.
Sin embargo, Duque calificó la guerra de Colombia como "sucia, falsa, anárquica, anacrónica" y dijo que los combatientes paramilitares habían matado a innumerables civiles en masacres, contradiciendo persistentes reclamos de que los muertos eran guerrilleros marxistas. Y dijo que los grupos paramilitares también habían asesinado a muchos sindicalistas debido a su "postura ideológica", no por supuestos lazos con la guerrilla, como se dijo. "Fue profundamente injusta", dijo.
Pero Duque, como Mancuso, dijo que los colombianos debían aceptar su responsabilidad. "Colombia podría dar vuelta la hoja", dijo, "si en un acto de fe en nuestro país, nos levantáramos y dijéramos derechamente: ‘Sí, soy culpable. Sí, soy responsable'".

23 de mayo de 2007
©washington post
©traducción mQh
rss

nuevos problemas para uribe


[Juan Forero] Unidad policial intercepta teléfonos de líderes de la oposición y periodistas.
Bogotá, Colombia. El martes, políticos de oposición en Colombia exigieron una explicación al gobierno del presidente Álvaro Uribe, después de que se revelara que una unidad de elite de la inteligencia de la policía había interceptado ilegalmente, y durante dos años, los teléfonos de figuras de la oposición y periodistas.
Las revelaciones, comunicadas el lunes noche, después de una larga reunión con Uribe, por el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, fueron incómodas para un aliado de los norteamericanos que ha recibido más de cuatro billones de dólares en ayuda militar y antinarcóticos, principalmente. Los demócratas en el Capitolio han expresado sus dudas en cuanto a apoyar un tratado de libre comercio con Colombia, mencionando su inquietante hoja de antecedentes en derechos humanos, y algunos representantes en el congreso estadounidense están pidiendo más restricciones a la ayuda militar.
El gobierno declaró que el despacho del ministro de Justicia iniciaría de inmediato una investigación de las interceptaciones.
Carlos Gaviria, que fue el segundo candidato después de Uribe en las elecciones del año pasado, dijo en una entrevista que los partidos de oposición -incluyendo su Polo Democrático- exigirían una audiencia en el congreso para determinar lo que sabía el gobierno de esas operaciones.
Santos dijo el martes a periodistas, que Gaviria estaba en el grupo de personas cuyos teléfonos fueron pinchados.
"Alguien ordenó los pinchazos, y luego esa información fue enviada a alguien, por algún motivo específico", dijo Rafael Pardo, ex senador y ministro de defensa. "La pregunta no es quién hacía los pinchazos, sino cuál es la razón más profunda de todo esto".
Políticos de la oposición dijeron que se sentían particularmente preocupados por las revelaciones, porque Uribe mismo había sugerido el mes pasado que sabía al menos sobre algunas operaciones de vigilancia de la oposición. En una rueda de prensa, acusó a sus opositores de intentar hacer fracasar el tratado de libre comercio, que su gobierno quiere firmar con Estados Unidos.
"Tengo pruebas, que no voy a revelar -de la inteligencia militar y policial-, de que algunos de los que han ido a Estados Unidos dicen: ‘Vamos a atacar el tratado acusando a este tipo, Uribe'", dijo el presidente en una alocución televisada.
"Muchos de los críticos que van allá a difamar al gobierno, son los adversarios aquí" del tratado de libre comercio, dijo Uribe. "Y tengo pruebas específicas. Para no revelarlas, no haré ninguna referencia personal".
El lunes noche, el gobierno actuó rápidamente para distanciarse de las revelaciones sobre las intervenciones telefónicas. Santos, el ministro de Defensa, sugirió que la policía nacional había montando una operación ilegal. También dijo que la policía había interceptado los teléfonos de algunos miembros del gobierno de Uribe, aunque no proporcionó nombres.
"El procedimiento es completamente inaceptable, ilegal y contrario a la posición del gobierno", dijo Santos en una declaración. Como en Estados Unidos, la interceptación de teléfonos requiere una orden judicial. Sin esa orden, es considerada un delito punible con uno a tres años de cárcel.
El gobierno removió al general Jorge Daniel Castro, director de la Policía Nacional, y al general Guillermo Chávez, el jefe de la inteligencia de la policía. Otros diez generales fueron también removidos como parte de una reorganización. El general Óscar Naranjo, un legendario policía que trabajó estrechamente con los norteamericanos en el desmantelamiento de los carteles de la cocaína, fue nombrado el nuevo director de la policía.
Las revelaciones se producen en medio del escándalo de los ‘para-políticos' que, para el lunes, había conducido a acusaciones contra catorce congresistas, todos aliados de Uribe, excepto uno, por presuntos vínculos con grupos paramilitares ilegales. Esos grupos han sido acusados de formar escuadrones de la muerte.
Algunos funcionarios dijeron que se habían enterado de las interceptaciones después de que Semana, el principal semanario de Colombia, publicara el domingo las transcripciones de conversaciones secretas en las que miembros encarcelados de las milicias paramilitares ordenaban asesinatos y negocios en operaciones de narcotráfico. La revelación de esas grabaciones, que fueron hechas por la policía, llevaron al gobierno a advertir a los comandantes paramilitares que podrían perder sus privilegios legales que habían recibido a cambio del desarme y de iniciar negociaciones con el gobierno.
El gobierno de Uribe ha criticado a los periodistas por informar que la policía secreta, conocida como DAS, estaba proporcionando datos de la inteligencia a los señores de la guerra paramilitares. Y funcionarios de gobierno no han dicho demasiado sobre las persistentes quejas de figuras de la oposición de que sus teléfonos estaban intervenidos. El lunes, funcionarios de la oposición cuestionaron que el gobierno revelara las intervenciones sólo después de que conversaciones de miembros de los paramilitares fueran publicadas por Semana.
"El presidente de la república sólo actuó cuando quedó en claro que la inteligencia de la policía estaba no solamente trabajando contra la oposición, sino contra los paramilitares", dijo el senador Gustavo Petro, que realizó una audiencia en el congreso y acusó a Uribe de tener mano blanda con los paramilitares. "La cuestión es ¿por qué no reaccionó hace dos años? ¿Y por qué no reaccionó cuando la DAS lo estaba haciendo y luego entregando datos de inteligencia a los paramilitares?"

20 de mayo de 2007
16 de mayo de 2007
©washington post
©traducción mQh
rss

cautivos en la selvas colombianas


[Chris Kraul] Un prisionero que se escapó cuenta que vio a otros rehenes
Bogotá, Colombia. Durante tres años, la madre del rehén más importante de Colombia no había sabido prácticamente nada del destino de su hija. Ahora tiene al menos algo a que aferrarse: Un agente de policía que logró escapar de sus captores de la guerrilla izquierdista dijo que hace algunas semanas vio viva a Ingrid Betancourt.
Betancourt, que fue candidata a la presidencia de Colombia, fue secuestrada junto con su director de campaña en febrero de 2002. En una entrevista telefónica el jueves, la madre de Betancourt, Yolanda, dijo que había hablado con el agente de policía Jhon Frank Pinchao, que dijo que su hija se encontraba bien de salud y ánimo.
Pinchao, que escapó el mes pasado de los rebeldes que lo tuvieron prisionero durante más de ocho años, también dijo que vio hace poco a tres estadounidenses secuestrados y que uno de ellos estaba gravemente enfermo.
El relato de Pinchao es la primera indicación en casi cuatro años de que los tres contratistas de Defensa están vivos. Fueron capturados en febrero de 2003, después de que su avioneta se estrellara en la selva colombiana.
El demacrado agente dijo a periodistas en una rueda de prensa aquí el miércoles noche que uno de los estadounidenses, Marc Gonsalves, sufría de hepatitis.
Yolanda Betancourt dijo que hasta que habló con Pinchao, no había recibido ningún indicio de que su hija estuviera viva desde que le hicieran llegar un video de ella hace tres años. La versión de Pinchao es un consuelo para las familias de los rehenes, dijo.
"Ha pasado tanto tiempo desde que nos dejara, a su familia y sus dos hijos", dijo.
La causa de Betancourt, que tiene la doble nacionalidad colombiana y francesa, es una causa célebre en Francia, donde carteles con su retrato se han colgado frente al ayuntamiento de París y en otros lugares. El gobierno francés ha intentado mediar para conseguir su liberación.
Pinchao escapó el 28 de abril de un campo en la selva de las tierras bajas al este del país, donde son retenidos varios rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia [FARC]. Pinchao dice que vio a los estadounidenses y a Betancourt el día que escapó.
Luego sobrevivió diecisiete días luchando contra los mosquitos y las serpientes mientras avanzaba junto a un río en la selva amazónica antes de tropezar con un amable agente de policía que lo condujo a la seguridad el miércoles. Horas después entregó a los colombianos un apasionante relato de su cautiverio.
Tenía poco que decir sobre los tres estadounidenses -Gonsalves, Tom Howes y Keith Stansell-, excepto que estaban todos vivos y que Gonsalves se encontraba mal de salud. Los tres trabajaban para la compañía de defensa Northtrop Grumman Corp., cuando se vieron obligados a efectuar un aterrizaje de emergencia durante una misión de reconocimiento relacionada con un programa de fumigación de plantaciones de coca financiadas por Estados Unidos.
Las FARC secuestraron a tres de ellos, pero mataron a un cuarto ciudadano norteamericano.
La fuga de Pinchao hacia la libertad se produce en momentos en que los rebeldes rechazaron un ofrecimiento del presidente Álvaro Uribe de ayudar a poner en marcha conversaciones para llegar a algún acuerdo humanitario. La semana pasada, Uribe dijo que estaba dispuesto a liberar a cientos de rebeldes de las FARC encarcelados si los insurgentes empezaban negociaciones con el fin de liberar a 56 rehenes ‘intercambiables'. Entre esos rehenes se encuentran 34 oficiales del ejército y agentes de la policía nacional y varios políticos.
Durante el gobierno de Uribe no ha habido intercambio de prisioneros, y el presidente ha sido presionado para que ablande su política. En los últimos meses, ha dicho que sólo intentaría rescates militares, en lugar de negociar con los rebeldes, sólo para corregirse a si mismo con ofrecimientos como el que hizo la semana pasada.
Uribe goza de enorme popularidad en Colombia en parte debido a la línea dura que ha adoptado hacia las FARC. Pero a medida que continúa la desmovilización de las milicias de extrema derecha y la persecución de sus cabecillas, la presión seguirá subiendo sobre el presidente para que llegue a algún acuerdo de paz con los rebeldes.
Además de esos 56 prisioneros políticos, se cree que las FARC y otros grupos retienen a más de tres mil rehenes a la espera de rescate, de acuerdo a la Fundación País Libre, un grupo que representa a las familias de las víctimas de secuestro.
"Las selvas de Colombia no pueden seguir siendo cárceles para de personas inocentes y refugio de los que violan los derechos humanos', dijo País Libre en una declaración. El jueves, las FARC fueron citadas en una página web afín, diciendo que el ofrecimiento de Uribe era una cortina de humano para desviar a la opinión pública de los escándalos de los paramilitares.
La afirmación de Pinchao de que estuvo cautivo con los estadounidenses y Betancourt sorprendió a un ex rehén.
Fernando Araujo, un político que escapó de las guerrillas en el norte de Colombia en vísperas de Noche Vieja y fue más tarde nombrado ministro de relaciones exteriores, dijo que los guerrilleros normalmente mantienen separados a los rehenes de alto nivel.

chris.kraul@latimes.com

19 de mayo de 2007
18 de mayo de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
rss