castro pide más paciencia
[Indira A.R. Lakshmanan] Aumenta escepticismo de cubanos en medio de penurias económicas.
La Habana, Cuba. Ayer los cubanos terminaron un festivo de tres días conmemorando la rebelión que culminó en la revolución de 1959 con casi nada de la fanfarria pública y multitudinarias celebraciones de años anteriores. El apagado ambiente refleja un extendido malestar en el país comunista, alimentado por aumentos de precios y apagones de 12 horas en un sofocante verano.
Los pocos disidentes pro-democracia dispuestos a manifestarse fueron acosados por partidarios del gobierno y detenidos por las autoridades la semana pasada.
Frente a la escasez de alimentos, bajos salarios, viviendas destartaladas y persistentes apagones, la exasperación por las condiciones de vida está en sus niveles más altos desde que Cuba sufriera un shock económico con la pérdida de los subsidios soviéticos a principios de los años noventa, de acuerdo a residentes.
Pero los críticos, desde los nerviosos ciudadanos corrientes a activistas declarados, advirtieron que el extendido descontento no significa que los cubanos tengan algún plan de levantarse contra el gobierno de Fidel Castro. No es solamente por temor a las severas represalias, sino también porque muchos cubanos todavía piensan que Castro tiene buenas intenciones pero es obstaculizado por enemigos ideológicos en el extranjero y lacayos incompetentes en casa.
La ironía, dicen muchos que están tan molestos con Estados Unidos como con su propio gobierno, es que los cubanos de a pie están sufriendo los efectos de mayores restricciones del embargo comercial norteamericano impuesto por el presidente Bush hace un año, mientras que el objetivo explícito -Castro- retiene el control indisputado del poder.
Vestido con su característico uniforme de faena de color oliva, el presidente de 78 años se dirigió el martes noche a leales del Partido Comunista durante casi cuatro horas, responsabilizando de las penurias de su país al bloqueo norteamericano impuesto en 1962. Sin embargo, dijo que la economía había crecido en un 7.3 por ciento en el primer semestre del año. El Banco Mundial calculó el crecimiento económico en un 1.1 por ciento en 2002, el último año sobre el cual se cuenta con datos.
Castro leyó su discurso con la solemnidad de un discurso sobre el estado de la nación en una discreta reunión en el Teatro Carlos Marx, apartándose de su tradición de hablar el 26 de julio en plazas al aire libre donde se reúnen a aclamarlo las multitudes.
Gritando "¡Viva Fidel!" cuando subía al podio, uno miles de invitados, incluyendo a más de 100 estadounidenses de una organización de beneficencia que trae a Cuba ayuda humanitaria en contravención del embargo norteamericano, aplaudieron la afirmación de Castro de que un sistema que ostenta seguro médico y educación gratuitos es mejor que la mayoría de las sociedades del mundo.
"Como cualquier otro país, tenemos problemas", dijo Gloria Hernández, 55, directora de una escuela local entre los invitados. "Pero aquí nadie se va a dormir sin haber comido ni se despierta sin tomar desayuno".
Responsabilizando a la misión diplomática americana y a la prensa extranjera por fomentar una imagen falsa de intranquilidad en esta isla de 11.2 millones de habitantes, Castro dijo que sus enemigos cubano-americanos en "la mafia de Miami están prácticamente haciendo las maletas para el inminente colapso de la revolución".
Reconoció que varios críticos trataron de protestar la semana pasada. Nueve de los 33 están todavía detenidos, de acuerdo a líderes de la oposición, incluyendo a tres que pueden ser acusados de cargos de subversión, castigados con penas de 20 años de prisión.
Pero en medio de un estruendoso aplauso, Castro dijo que los "traidores y mercenarios" -una referencia a los disidentes locales de los que dice que son pagados por Estados Unidos- no lograrán en "avanzar ni un solo milímetro más allá de lo que... permita el público revolucionario".
Reconociendo que los prolongados apagones estaban causando descontento, dijo que el gobierno había gastado más de 150 millones de dólares para mantener y poner al día las plantas eléctricas y el tendido eléctrico, y había adquirido nuevos equipos para ahorrar energía por un valor de 282 millones de dólares.
El gobierno no ha olvidado los severos cortes de electricidad en agosto de 1994, que provocó disturbios y una crisis de emigración que presenció la salida en balsas al mar de unas 30.000 personas. El martes noche Castro prometió que esos apagones serán pronto cosa del pasado. "Venceremos. Hay que tener un poco de fe", dijo.
Pero con sofocantes temperaturas de 32 grados y humedad, muchos cubanos dicen que se necesita más que fe para dormir sin ventilador, mantenerse limpios cuando los grifos no funcionan o guardan alimentos escasos en las neveras apagadas.
Sonia, 42, que como mucha otra gente pidió que no se usara su apellido por temor a represalias, dijo que no podía dormir y que era atacada por mosquitos cuando había apagones.
"La economía está peor que nunca", dijo, abatida, agregando que la mayor parte de los días no puede comprar carne para su hijo de 12. Vecina de Cabaiguán, a unas horas al este de La Habana, hace autostop a la capital para vender queso casero; gana unos 300 pesos al mes (unos 12 dólares), más o menos el promedio de los salarios cubanos.
Óscar Espinosa Chepe, un ex economista del gobierno convertido en disidente cuya sentencia de 20 años por oponerse al régimen fue suspendida por razones médicas, dijo ayer que no podía reconciliar el pronóstico de Castro de un crecimiento del 9 por ciento este año con las cifras oficiales que muestran dramáticas reducciones en la producción de azúcar, llegando a los niveles de 1908, y una reducción en la generación de electricidad que está afectando a las industrias.
Los 312 pesos que gana al mes el cubano promedio "no es suficiente para comprar 6 litros de aceite de cocina de soja hecho en casa... Los cupones de racionamiento nos permiten comprar sólo un jabón cada dos meses", dijo. "Eso ha creado grandes divisiones sociales".
Un reciente informe del gobierno decía que un 43 por ciento de las casas cubanas necesita reformas, y se necesita medio millón de casas nuevas. El mes pasado, funcionarios dijeron que 1.7 millones de cubanos no tenían agua potable debido a la sequía.
Francos comentarios en el diario del partido, Ganma, indican que el gobierno está consciente de los problemas. Hay rumores de que las autoridades han cubierto con pintura pintadas ridiculizando el ofrecimiento de Castro de arroceras eléctricas cuando no hay electricidad. En apagadas conversaciones los cubanos refunfuñan sobre su destino e imitan sarcásticamente el eslogan del gobierno pintado en chillonas vallas publicitarias: "Vamos bien".
Petróleo subsidiado de Venezuela y créditos de China han permitido a Castro aliviar algo las condiciones, subiendo hace dos meses las pensiones de los jubilados a 150 pesos (6 dólares) al mes y aumentando el salario de los médicos, de modo que los mejor pagados ganan ahora unos 25 dólares al mes. El martes noche Castro dijo que estaba poniendo a disposición unos 14 millones de electrodomésticos.
Pero estas medidas populistas pueden no ser suficientes para satisfacer a los que dicen que han perdido fe en el sistema.
"Yo nací y me crié con la revolución", dijo Mario, 50, taxista oficial. "Pero hoy, ¿qué vamos a celebrar?"
"Es una fachada, una farsa", dijo sobre el discurso de Castro sobre un futuro mejor. "Las palabras son bonitas, pero la realidad es otra cosa. Toda la gente que conozco está desilusionada".
29 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
La Habana, Cuba. Ayer los cubanos terminaron un festivo de tres días conmemorando la rebelión que culminó en la revolución de 1959 con casi nada de la fanfarria pública y multitudinarias celebraciones de años anteriores. El apagado ambiente refleja un extendido malestar en el país comunista, alimentado por aumentos de precios y apagones de 12 horas en un sofocante verano.Los pocos disidentes pro-democracia dispuestos a manifestarse fueron acosados por partidarios del gobierno y detenidos por las autoridades la semana pasada.
Frente a la escasez de alimentos, bajos salarios, viviendas destartaladas y persistentes apagones, la exasperación por las condiciones de vida está en sus niveles más altos desde que Cuba sufriera un shock económico con la pérdida de los subsidios soviéticos a principios de los años noventa, de acuerdo a residentes.
Pero los críticos, desde los nerviosos ciudadanos corrientes a activistas declarados, advirtieron que el extendido descontento no significa que los cubanos tengan algún plan de levantarse contra el gobierno de Fidel Castro. No es solamente por temor a las severas represalias, sino también porque muchos cubanos todavía piensan que Castro tiene buenas intenciones pero es obstaculizado por enemigos ideológicos en el extranjero y lacayos incompetentes en casa.
La ironía, dicen muchos que están tan molestos con Estados Unidos como con su propio gobierno, es que los cubanos de a pie están sufriendo los efectos de mayores restricciones del embargo comercial norteamericano impuesto por el presidente Bush hace un año, mientras que el objetivo explícito -Castro- retiene el control indisputado del poder.
Vestido con su característico uniforme de faena de color oliva, el presidente de 78 años se dirigió el martes noche a leales del Partido Comunista durante casi cuatro horas, responsabilizando de las penurias de su país al bloqueo norteamericano impuesto en 1962. Sin embargo, dijo que la economía había crecido en un 7.3 por ciento en el primer semestre del año. El Banco Mundial calculó el crecimiento económico en un 1.1 por ciento en 2002, el último año sobre el cual se cuenta con datos.
Castro leyó su discurso con la solemnidad de un discurso sobre el estado de la nación en una discreta reunión en el Teatro Carlos Marx, apartándose de su tradición de hablar el 26 de julio en plazas al aire libre donde se reúnen a aclamarlo las multitudes.
Gritando "¡Viva Fidel!" cuando subía al podio, uno miles de invitados, incluyendo a más de 100 estadounidenses de una organización de beneficencia que trae a Cuba ayuda humanitaria en contravención del embargo norteamericano, aplaudieron la afirmación de Castro de que un sistema que ostenta seguro médico y educación gratuitos es mejor que la mayoría de las sociedades del mundo.
"Como cualquier otro país, tenemos problemas", dijo Gloria Hernández, 55, directora de una escuela local entre los invitados. "Pero aquí nadie se va a dormir sin haber comido ni se despierta sin tomar desayuno".
Responsabilizando a la misión diplomática americana y a la prensa extranjera por fomentar una imagen falsa de intranquilidad en esta isla de 11.2 millones de habitantes, Castro dijo que sus enemigos cubano-americanos en "la mafia de Miami están prácticamente haciendo las maletas para el inminente colapso de la revolución".
Reconoció que varios críticos trataron de protestar la semana pasada. Nueve de los 33 están todavía detenidos, de acuerdo a líderes de la oposición, incluyendo a tres que pueden ser acusados de cargos de subversión, castigados con penas de 20 años de prisión.
Pero en medio de un estruendoso aplauso, Castro dijo que los "traidores y mercenarios" -una referencia a los disidentes locales de los que dice que son pagados por Estados Unidos- no lograrán en "avanzar ni un solo milímetro más allá de lo que... permita el público revolucionario".
Reconociendo que los prolongados apagones estaban causando descontento, dijo que el gobierno había gastado más de 150 millones de dólares para mantener y poner al día las plantas eléctricas y el tendido eléctrico, y había adquirido nuevos equipos para ahorrar energía por un valor de 282 millones de dólares.
El gobierno no ha olvidado los severos cortes de electricidad en agosto de 1994, que provocó disturbios y una crisis de emigración que presenció la salida en balsas al mar de unas 30.000 personas. El martes noche Castro prometió que esos apagones serán pronto cosa del pasado. "Venceremos. Hay que tener un poco de fe", dijo.
Pero con sofocantes temperaturas de 32 grados y humedad, muchos cubanos dicen que se necesita más que fe para dormir sin ventilador, mantenerse limpios cuando los grifos no funcionan o guardan alimentos escasos en las neveras apagadas.
Sonia, 42, que como mucha otra gente pidió que no se usara su apellido por temor a represalias, dijo que no podía dormir y que era atacada por mosquitos cuando había apagones.
"La economía está peor que nunca", dijo, abatida, agregando que la mayor parte de los días no puede comprar carne para su hijo de 12. Vecina de Cabaiguán, a unas horas al este de La Habana, hace autostop a la capital para vender queso casero; gana unos 300 pesos al mes (unos 12 dólares), más o menos el promedio de los salarios cubanos.
Óscar Espinosa Chepe, un ex economista del gobierno convertido en disidente cuya sentencia de 20 años por oponerse al régimen fue suspendida por razones médicas, dijo ayer que no podía reconciliar el pronóstico de Castro de un crecimiento del 9 por ciento este año con las cifras oficiales que muestran dramáticas reducciones en la producción de azúcar, llegando a los niveles de 1908, y una reducción en la generación de electricidad que está afectando a las industrias.
Los 312 pesos que gana al mes el cubano promedio "no es suficiente para comprar 6 litros de aceite de cocina de soja hecho en casa... Los cupones de racionamiento nos permiten comprar sólo un jabón cada dos meses", dijo. "Eso ha creado grandes divisiones sociales".
Un reciente informe del gobierno decía que un 43 por ciento de las casas cubanas necesita reformas, y se necesita medio millón de casas nuevas. El mes pasado, funcionarios dijeron que 1.7 millones de cubanos no tenían agua potable debido a la sequía.
Francos comentarios en el diario del partido, Ganma, indican que el gobierno está consciente de los problemas. Hay rumores de que las autoridades han cubierto con pintura pintadas ridiculizando el ofrecimiento de Castro de arroceras eléctricas cuando no hay electricidad. En apagadas conversaciones los cubanos refunfuñan sobre su destino e imitan sarcásticamente el eslogan del gobierno pintado en chillonas vallas publicitarias: "Vamos bien".
Petróleo subsidiado de Venezuela y créditos de China han permitido a Castro aliviar algo las condiciones, subiendo hace dos meses las pensiones de los jubilados a 150 pesos (6 dólares) al mes y aumentando el salario de los médicos, de modo que los mejor pagados ganan ahora unos 25 dólares al mes. El martes noche Castro dijo que estaba poniendo a disposición unos 14 millones de electrodomésticos.
Pero estas medidas populistas pueden no ser suficientes para satisfacer a los que dicen que han perdido fe en el sistema.
"Yo nací y me crié con la revolución", dijo Mario, 50, taxista oficial. "Pero hoy, ¿qué vamos a celebrar?"
"Es una fachada, una farsa", dijo sobre el discurso de Castro sobre un futuro mejor. "Las palabras son bonitas, pero la realidad es otra cosa. Toda la gente que conozco está desilusionada".
29 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
el show del domingo
[Indira A. R. Lakshmanan] Venezolanos cautivados por programa de televisión del presidente.
Maturín, Venezuela. Queriéndolo u odiándolo, los venezolanos están obsesionados con su presidente. Y nunca tanto como los domingos, cuando el locuaz populista de izquierda habla en una maratón de televisión en vivo y sin guión, que es parte sermón popular, parte diatriba revolucionaria y parte sencilla entretención -y completamente Hugo Chávez. Uno de los programas de televisión del domingo de más alta sintonía en Venezuela, ¡Hola, Presidente!' -un monólogo con recepción de llamadas imprevisible y caótico- es mirado tan intensamente por algunos de los frustrados opositores de Chávez como por sus dedicados partidarios.
"Millones están mirando ahora para seguirlo, y millones lo miran para tratar de destruirlo", dijo Zenndy Berríos, la productora ejecutiva del programa.
Una telenovela para el mercado de masas con las políticas y meditaciones del terriblemente popular, controvertido y potencialmente el líder latinoamericano más influyente hoy en América Latina, ¡Hola, Presidente! -como Chávez mismo- todavía cautiva, place y causa la ira de una audiencia polarizada después de más de seis años en el aire. De muchos modos, el programa refleja el estilo de mando de Chávez: caprichoso, polémico, y altamente personalizado. Y su mensaje es una profunda amenaza para la visión política del gobierno de Bush con respecto a su patio trasero.
Chávez rara vez pierde una oportunidad para salir al aire llamando a los venezolanos a deshacerse de los grilletes de la influencia capitalista del Tío Sam, al que acusa de la persistente pobreza de la región, y a seguir el modelo de su admirado amigo el presidente cubano Fidel Castro. "El socialismo es amor. El capitalismo es odio y egoísmo", declaró en un programa reciente.
Aunque es fácilmente el personaje más popular del país con más de 70 por ciento de aprobación, de acuerdo a las encuestas, sólo un tercio del país comparte su visión de una Venezuela socializada. Quizás no sorprende, por eso, que Chávez dedique sus domingos a predicar su mensaje con el fervor de un tele-evangelista.
Un propagandista inteligente y progresista, Chávez, que mañana cumple 51, tiene la riqueza del petróleo para influir en la opinión pública más allá de las fronteras del país. Su gobierno ha otorgado el uso de una red de plantas de transmisión y el financiamiento hasta un 70 por ciento a un canal de noticias por satélite de 24 horas, Telesur, que empezara a emitir el domingo. Apoyado por los gobiernos izquierdistas de Argentina, Uruguay y Brasil, Telesur está siendo publicitada como la respuesta socialista latina a la CNN. Críticos de Telesur la han bautizado "TeleChávez", pronosticando que será un micrófono para las ideas del presidente sobre la revolución regional, todavía más inquietante para algunos en momentos en que Chávez es acusado de limitar la libertad de los medios de comunicación en casa con una ley que impone multas o penas de prisión por difundir información "contraria a la seguridad nacional".
Los ejecutivos de Telesur insisten en que la red será independiente e internacional, un contrapeso al predominio norteamericano de los medios de comunicación. Como quiera que sea, hasta que empiece a emitir, ¡Hola, Presidente!', ofrece una ventana para el efectivo uso que hace Chávez las ondas radiales para fomentar sus ideas.
Casi todas las ideas y medidas de Chávez son cubiertas en su programa semanal, con importantes ministros enterándose de nuevas iniciativas presidenciales y de reorganizaciones de gabinete al mismo tiempo que el público. Lo que empezó como una programa de radio con recepción de llamadas después de que Chávez asumiera en 1999 se mudó pronto a la televisión. Este año, un nuevo y joven equipo de producción que animó el programa con un logo, videos y música, y sacó a Chávez del palacio presidencial para llevarlo a la calle.
El programa empieza el domingo a las 11 de la mañana, pero nadie -incluyendo la red de televisión que lo emite- sabe cuándo dejará de hablar el presidente. Un programa reciente sobre el seguro médico gratuito en el estado de Monagas al nordeste canalizó tanto el entusiasmo de Chávez que continuó sin parar durante ocho horas, rompiendo récords previos.
"Me hace recordar al Conejo Hiperactivo... Más que un buen presidente, lo que tenemos es un buen presentador de televisión: canta, recita poemas, mantiene a la gente al corriente de la gorra de tortuga de su hija, acusa a la CIA de todo. Tienes que reír", dijo uno de sus críticos más declarados, Alberto Ravell, propietario del canal de televisión de noticias privado venezolano, Globovisión.
Pero incluso Ravell reconoce que Chávez "hace contacto con la gente". Al reconocer la profunda influencia del programa en la opinión pública, la red de Ravell creó un programa rival llamado ¡Hola, Ciudadanos!', en el que los críticos desmenuzan las declaraciones de Chávez a medidas que las hace.
Chávez es un orador extemporáneo y verboso, pero carismático. Tras ocho horas un domingo hace poco, el infatigable presidente se veía como si pudiera seguir. Había unos 40 funcionarios de gobierno e invitados, que aplaudían y respondían preguntas oportunamente y almorzaban furtivamente de contenedores de espuma a las cuatro de la tarde, parecían a medianoche necesitar un descanso.
El épico programa empezó con una entusiasta muchedumbre apiñándose contra las vallas para poder ver a Chávez frente a la recién abierta "centro de salud de diagnóstico integrado", una de las 30 clínicas sanitarias gratuitas con modernos equipos con médicos cubanos que se inauguraba ese día. Chávez condujo a los camarógrafos durante un tour en directo de varias horas, preguntando a los médicos sobre procedimientos y equipos, y traduciendo sus respuestas en comentarios fáciles de seguir por los legos. Si no fuera por la energía de Chávez, el programa sería un aburrido canal por cable de acceso público.
Enganchado a un monitor cardiovascular, felicitó a una guapa doctora cubana por su pelo, diciendo que la máquina era tan sofisticada que podía diagnosticar los corazones rotos. Paró en la clínica dental y habló ominosamente de una terapia del conducto radicular que sufrió después de ignorar una carie, instando a los espectadores a cuidar sus dientes. Visitó el centro de rehabilitación física del centro, jugando con un silbato y juguetes de rehabilitación, y luego poniéndose serio para hablar con una adolescente incapacitada. Al examinar un endoscopio y una máquina de glaucoma, Chávez trató de explicar los equipos de alta tecnología a espectadores que pueden no haber visto nunca máquinas semejantes.
"En el pasado, los pobres no tenían nada: sólo agua azucarada o aspirina o un brujo que echaba humo", dijo Chávez, elogiando las clínicas que dijo que eventualmente se construirán en todo el país.
La actitud paternalista de Chávez se deja ver en el programa, pero también su disposición a emitir llamadas y mensajes por correo electrónico críticos, junto con mensajes elogiosos.
El secreto de su éxito parece ser su personalidad campechana y la amplia percepción de que se preocupa de los hombres de la gente de a pie. "En el pasado, cuando hablaba un presidente, yo apagaba la tele. Ahora cuando habla Chávez, se me pone la piel de gallina", dijo Petra Cedeño, 40, coordinadora de un comité sanitario de barrio que fue invitada al estudio para un programa reciente.
"Este es el primer programa de televisión que es participativo, en el que la gente dice lo que tiene que decir y se le pregunta qué opina", dijo Iván Rivas, 52, otro voluntario de un comité sanitario. "Miramos todos los domingos este programa y creo que debería ser más largo, porque tiene que ver con la gente que tiene la posibilidad de contar sus problemas".
Como una indicación de la popularidad del programa, el ministerio de Información recibió antes este año cartas de quejas cuando el programa fue temporalmente sacado del aire para ser remodelado. Más recientemente, Chávez se saltó sin explicación un programa, provocando que sus partidarios más fanáticos se reunieran frente al palacio, preocupados de que pudiera pasarle algo.
"He visto gente desmayándose cuando lo ven o tocan, es como una estrella de rock", dijo Berríos. "No conozco ningún país en el mundo donde el presidente pase al menos cinco horas todos los domingos escuchando a su gente... Para el pueblo, es una oreja gigante".
Los críticos dicen que el programa -y las frecuentes apariciones públicas de Chávez durante la semana- es más boca que oído. "Cualquier presidente que pueda hablar por televisión durante ocho horas los domingos y una hora los otros días, es una persona que no trabaja. No es normal", insistió el doctor Franzel Delgado, un prominente psiquiatra venezolano que ha escrito y dictado conferencias sobre lo que dice es un desorden de personalidad narcisista del presidente.
Delgado se queja de que Chávez usa su encanto en el aire para "manipular a los susceptibles", a la parte menos educada de la población.
Maruja Torre, profesora de ciencias políticas y ex activista de la oposición, dice que se pega a la televisión todos los domingos, paralizada como un testigo de un accidente de carretera. "Empieza tranquilo... y hacia el final, está furioso... Es un gran mentiroso, pero creo que cree sinceramente lo que dice".
Al final, lo que importa es si la mayoría de los venezolanos están convencidos.
De acuerdo a una firma de sondeos independiente Datanálisis, cuando en noviembre de 2002 se preguntó qué pensaban sobre usar el modelo cubano de Castro para su propio país, sólo un 3 por ciento de los venezolanos dijo estar a favor. Ante la misma pregunta en mayo de este año, un 12 por ciento pensaba que sería una buena idea. Otro 33 por ciento de los encuestados dicen ahora que son partidarios del socialismo -un 1 por ciento más que los que apoyan al capitalismo.
28 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Maturín, Venezuela. Queriéndolo u odiándolo, los venezolanos están obsesionados con su presidente. Y nunca tanto como los domingos, cuando el locuaz populista de izquierda habla en una maratón de televisión en vivo y sin guión, que es parte sermón popular, parte diatriba revolucionaria y parte sencilla entretención -y completamente Hugo Chávez. Uno de los programas de televisión del domingo de más alta sintonía en Venezuela, ¡Hola, Presidente!' -un monólogo con recepción de llamadas imprevisible y caótico- es mirado tan intensamente por algunos de los frustrados opositores de Chávez como por sus dedicados partidarios."Millones están mirando ahora para seguirlo, y millones lo miran para tratar de destruirlo", dijo Zenndy Berríos, la productora ejecutiva del programa.
Una telenovela para el mercado de masas con las políticas y meditaciones del terriblemente popular, controvertido y potencialmente el líder latinoamericano más influyente hoy en América Latina, ¡Hola, Presidente! -como Chávez mismo- todavía cautiva, place y causa la ira de una audiencia polarizada después de más de seis años en el aire. De muchos modos, el programa refleja el estilo de mando de Chávez: caprichoso, polémico, y altamente personalizado. Y su mensaje es una profunda amenaza para la visión política del gobierno de Bush con respecto a su patio trasero.
Chávez rara vez pierde una oportunidad para salir al aire llamando a los venezolanos a deshacerse de los grilletes de la influencia capitalista del Tío Sam, al que acusa de la persistente pobreza de la región, y a seguir el modelo de su admirado amigo el presidente cubano Fidel Castro. "El socialismo es amor. El capitalismo es odio y egoísmo", declaró en un programa reciente.
Aunque es fácilmente el personaje más popular del país con más de 70 por ciento de aprobación, de acuerdo a las encuestas, sólo un tercio del país comparte su visión de una Venezuela socializada. Quizás no sorprende, por eso, que Chávez dedique sus domingos a predicar su mensaje con el fervor de un tele-evangelista.
Un propagandista inteligente y progresista, Chávez, que mañana cumple 51, tiene la riqueza del petróleo para influir en la opinión pública más allá de las fronteras del país. Su gobierno ha otorgado el uso de una red de plantas de transmisión y el financiamiento hasta un 70 por ciento a un canal de noticias por satélite de 24 horas, Telesur, que empezara a emitir el domingo. Apoyado por los gobiernos izquierdistas de Argentina, Uruguay y Brasil, Telesur está siendo publicitada como la respuesta socialista latina a la CNN. Críticos de Telesur la han bautizado "TeleChávez", pronosticando que será un micrófono para las ideas del presidente sobre la revolución regional, todavía más inquietante para algunos en momentos en que Chávez es acusado de limitar la libertad de los medios de comunicación en casa con una ley que impone multas o penas de prisión por difundir información "contraria a la seguridad nacional".
Los ejecutivos de Telesur insisten en que la red será independiente e internacional, un contrapeso al predominio norteamericano de los medios de comunicación. Como quiera que sea, hasta que empiece a emitir, ¡Hola, Presidente!', ofrece una ventana para el efectivo uso que hace Chávez las ondas radiales para fomentar sus ideas.
Casi todas las ideas y medidas de Chávez son cubiertas en su programa semanal, con importantes ministros enterándose de nuevas iniciativas presidenciales y de reorganizaciones de gabinete al mismo tiempo que el público. Lo que empezó como una programa de radio con recepción de llamadas después de que Chávez asumiera en 1999 se mudó pronto a la televisión. Este año, un nuevo y joven equipo de producción que animó el programa con un logo, videos y música, y sacó a Chávez del palacio presidencial para llevarlo a la calle.
El programa empieza el domingo a las 11 de la mañana, pero nadie -incluyendo la red de televisión que lo emite- sabe cuándo dejará de hablar el presidente. Un programa reciente sobre el seguro médico gratuito en el estado de Monagas al nordeste canalizó tanto el entusiasmo de Chávez que continuó sin parar durante ocho horas, rompiendo récords previos.
"Me hace recordar al Conejo Hiperactivo... Más que un buen presidente, lo que tenemos es un buen presentador de televisión: canta, recita poemas, mantiene a la gente al corriente de la gorra de tortuga de su hija, acusa a la CIA de todo. Tienes que reír", dijo uno de sus críticos más declarados, Alberto Ravell, propietario del canal de televisión de noticias privado venezolano, Globovisión.
Pero incluso Ravell reconoce que Chávez "hace contacto con la gente". Al reconocer la profunda influencia del programa en la opinión pública, la red de Ravell creó un programa rival llamado ¡Hola, Ciudadanos!', en el que los críticos desmenuzan las declaraciones de Chávez a medidas que las hace.
Chávez es un orador extemporáneo y verboso, pero carismático. Tras ocho horas un domingo hace poco, el infatigable presidente se veía como si pudiera seguir. Había unos 40 funcionarios de gobierno e invitados, que aplaudían y respondían preguntas oportunamente y almorzaban furtivamente de contenedores de espuma a las cuatro de la tarde, parecían a medianoche necesitar un descanso.
El épico programa empezó con una entusiasta muchedumbre apiñándose contra las vallas para poder ver a Chávez frente a la recién abierta "centro de salud de diagnóstico integrado", una de las 30 clínicas sanitarias gratuitas con modernos equipos con médicos cubanos que se inauguraba ese día. Chávez condujo a los camarógrafos durante un tour en directo de varias horas, preguntando a los médicos sobre procedimientos y equipos, y traduciendo sus respuestas en comentarios fáciles de seguir por los legos. Si no fuera por la energía de Chávez, el programa sería un aburrido canal por cable de acceso público.
Enganchado a un monitor cardiovascular, felicitó a una guapa doctora cubana por su pelo, diciendo que la máquina era tan sofisticada que podía diagnosticar los corazones rotos. Paró en la clínica dental y habló ominosamente de una terapia del conducto radicular que sufrió después de ignorar una carie, instando a los espectadores a cuidar sus dientes. Visitó el centro de rehabilitación física del centro, jugando con un silbato y juguetes de rehabilitación, y luego poniéndose serio para hablar con una adolescente incapacitada. Al examinar un endoscopio y una máquina de glaucoma, Chávez trató de explicar los equipos de alta tecnología a espectadores que pueden no haber visto nunca máquinas semejantes.
"En el pasado, los pobres no tenían nada: sólo agua azucarada o aspirina o un brujo que echaba humo", dijo Chávez, elogiando las clínicas que dijo que eventualmente se construirán en todo el país.
La actitud paternalista de Chávez se deja ver en el programa, pero también su disposición a emitir llamadas y mensajes por correo electrónico críticos, junto con mensajes elogiosos.
El secreto de su éxito parece ser su personalidad campechana y la amplia percepción de que se preocupa de los hombres de la gente de a pie. "En el pasado, cuando hablaba un presidente, yo apagaba la tele. Ahora cuando habla Chávez, se me pone la piel de gallina", dijo Petra Cedeño, 40, coordinadora de un comité sanitario de barrio que fue invitada al estudio para un programa reciente.
"Este es el primer programa de televisión que es participativo, en el que la gente dice lo que tiene que decir y se le pregunta qué opina", dijo Iván Rivas, 52, otro voluntario de un comité sanitario. "Miramos todos los domingos este programa y creo que debería ser más largo, porque tiene que ver con la gente que tiene la posibilidad de contar sus problemas".
Como una indicación de la popularidad del programa, el ministerio de Información recibió antes este año cartas de quejas cuando el programa fue temporalmente sacado del aire para ser remodelado. Más recientemente, Chávez se saltó sin explicación un programa, provocando que sus partidarios más fanáticos se reunieran frente al palacio, preocupados de que pudiera pasarle algo.
"He visto gente desmayándose cuando lo ven o tocan, es como una estrella de rock", dijo Berríos. "No conozco ningún país en el mundo donde el presidente pase al menos cinco horas todos los domingos escuchando a su gente... Para el pueblo, es una oreja gigante".
Los críticos dicen que el programa -y las frecuentes apariciones públicas de Chávez durante la semana- es más boca que oído. "Cualquier presidente que pueda hablar por televisión durante ocho horas los domingos y una hora los otros días, es una persona que no trabaja. No es normal", insistió el doctor Franzel Delgado, un prominente psiquiatra venezolano que ha escrito y dictado conferencias sobre lo que dice es un desorden de personalidad narcisista del presidente.
Delgado se queja de que Chávez usa su encanto en el aire para "manipular a los susceptibles", a la parte menos educada de la población.
Maruja Torre, profesora de ciencias políticas y ex activista de la oposición, dice que se pega a la televisión todos los domingos, paralizada como un testigo de un accidente de carretera. "Empieza tranquilo... y hacia el final, está furioso... Es un gran mentiroso, pero creo que cree sinceramente lo que dice".
Al final, lo que importa es si la mayoría de los venezolanos están convencidos.
De acuerdo a una firma de sondeos independiente Datanálisis, cuando en noviembre de 2002 se preguntó qué pensaban sobre usar el modelo cubano de Castro para su propio país, sólo un 3 por ciento de los venezolanos dijo estar a favor. Ante la misma pregunta en mayo de este año, un 12 por ciento pensaba que sería una buena idea. Otro 33 por ciento de los encuestados dicen ahora que son partidarios del socialismo -un 1 por ciento más que los que apoyan al capitalismo.
28 de julio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
cholitas voladoras
[Juan Forero] Adaptan lucha libre mexicana a aires bolivianos. Esta noche: enanos y cholitas luchadoras.
El Alto, Bolivia. Envuelta en sus varias faldas rojas, pompones blancos y un chal de encajes dorados, el vestido tradicional de las mujeres aimara, Ana Polonia Choque podría estar preparándose para una velada de bailes folclóricos o, quizás, para un festival religioso.
Pero como Carmen Rosa, maestra del ring y ganadora de 100 demoledores asaltos en el colorido circuito de la lucha libre en Bolivia, se está en realidad preparando para una noche de caos.
Con sus leales fans gritando su nombre, se trepa a las cuerdas de un rincón por arriba del ring, rebota por un segundo y vuela por el aire, con los brazos estirados para causar más impacto. Para delicia de la muchedumbre, la zambullida aplana a su oponente, María Remedios Condori, mejor conocida como Julia la Paceña.
Esto, señoras y señores, es "lucha libre", la versión boliviana de las estrafalarias y horteras extravagancias de la lucha libre mejor conocidas en Estados Unidos como World Wrestling Entertainment y Triple A en México, que sirve de flojo modelo. Pero no hay espectáculos de luces, ni arenas repletas ni presentadores de un millón de dólares.
Aquí en El Alto, con una población casi enteramente indígena de 800.000 habitantes aimara y quechua, luchar es un retroceso a una época más simple, quizás más inocente, cuando tarde por la noche un espectáculo pugilístico que presentaba a hombres de mallas negras, era transmitido por las parpadeantes pantallas de televisores blanco y negro.
Excepto que la lucha libre boliviana no es transmitida.
Los que quieran ver las peleas -y un número creciente sí quiere- atiborran el Centro Multifuncional de El Alto entrando a cientos, y pagan 1 dólar por personas en gradas de cemento a temperaturas gélidas, con palomitas en la mano. Todos los domingos durante cuatro horas miran luchas entre el bien y el mal que terminan casi siempre con el triunfo de luchadores como Míster Atlas o Batman sobre El Barón Rojo, el Rayo Azteca o Barba Negra.
En una mísera ciudad de cotidianas penurias, la lucha de estilo libre proporciona una necesaria diversión a gente que tiene poco tiempo o dinero para recrearse.
"Es una distracción, una oportunidad de reír, de chillar, especialmente para los niños", dijo Víctor Choque, 40, que no es familiar de Ana. Sin embargo, a juzgar por su amplia sonrisa, parecía estar disfrutando los asaltos todavía más que sus tres hijas. "Vengo todos los domingos, todos. Me encanta. No me pierdo ninguno".
El Alto, que se convirtió de villorrio en una extensa ciudad satélite sobre La Paz en el lapso de una generación, ha creado en gran parte su propia forma de lucha, tomando prestado el famoso espectáculo mexicano de hombres enmascarados que combaten por los honores y salpicándolo con toques locales. La señorita Choque pelea con una troupe de gran éxito de luchadores llamados Los Titanes del Ring.
"La cuna de la lucha libre es México, porque de ahí eran los mejores luchadores -Huracán Ramírez, el Rayo de Jalisco, Blue Demon", dijo Juan Carlos Chávez, apoderado de Los Titanes.
Pero ahora, dice con orgullo, Bolivia tiene su propia cuadra de luchadores que forcejean en peleas coreografiadas. Y los organizadores bolivianos han introducido como innovación a las cholitas luchadoras, las mujeres indígenas bolivianas que usan sombreros bombín y múltiples enaguas.
"Yo quería llamar la atención de la gente y llenar el coliseo", dijo Juan Mamami, 46, presidente de Los Titanes y luchador. "Al principio, pensé que enanos luchadores. Incluso traje uno de Perú. Después pensé en las cholitas. Han tenido mucho éxito".
La más exitosa ha sido Choque, 34, que es dueña de una encantadora e irónica sonrisa y pesa 63 kilos.
Casada, con dos hijos, y la exitosa propietaria de una joyería, Choque recordó el escepticismo de su marido, cuando la veía llegar a casa toda magullada y aporreada. Pero cuando vio lo mucho que le gustaba su pasatiempo, empezó a ir a todas las peleas y ahora la ayuda con su duro régimen de entrenamiento, que incluye una escalada a una montaña a 4.600 metros.
"Quiero hacerlo hasta que no pueda más", dijo. "La lucha libre es mi vida".
Chávez, el promotor, dijo que la introducción de las cholitas fue una idea brillante, que reúne mil o más espectadores a las luchas en El Alto, y a cientos cuando Los Titanes viajan a ciudades más pequeñas.
Hay abundancia de medias llaves y llaves de cabeza y simplemente trucos sucios, con luchadores que son arrojados fuera del ring, con lanzamiento de sillas e incluso con referís machacados en la cabeza de vez en vez.
Para entrenar, Los Titanes se reúnen dos veces a la semana en el frío y húmedo gimnasio de Juan Mamani, y, bajo tres bombillas desnudas, se empujan y practican sus movidas.
Incluso los populares Titanes no pueden vivir de la lucha libre; ganan unos 13 dólares por pelea. La mayoría de ellos tiene trabajo, desde profesor de guitarra hasta obrero textil y vendedores de chucherías y joyas.
Pero eso no quiere decir no que tomen la lucha libre en serio. Tienen que hacerlo. El año pasado uno de Los Titanes perdió la vida tras quebrarse la nuca en una fea caída en el ring.
"Déjame decirte, esto parece farsa pero duele", dijo Yenny Wilma Maras, que pesa 76 kilos y, en el ring, se convierte en Marta, la Mujer de El Alto.
"Parece fácil, que te levantas y pegas unos brincos, pero no es así. Es entrenamiento y preparación".
Quizás el luchador más dedicado es el más viejo, Daniel Torrico, 62, que empezó a luchar hace más de 40 años y se ha enfrentado con enemigos en México, Perú y América Central. Un levantador de pesas con un pecho de barril, en el ring Torrico es Míster Atlas, con su malla azul y su espantosa sonrisa.
"Este es un espectáculo", dijo en su espartano camerino, momentos antes de encaminarse hacia el ring. "La gente nos conoce, aprecian nuestra agilidad, nuestra fuerza. Y lo que hacemos es para la felicidad de la gente".
21 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
El Alto, Bolivia. Envuelta en sus varias faldas rojas, pompones blancos y un chal de encajes dorados, el vestido tradicional de las mujeres aimara, Ana Polonia Choque podría estar preparándose para una velada de bailes folclóricos o, quizás, para un festival religioso.Pero como Carmen Rosa, maestra del ring y ganadora de 100 demoledores asaltos en el colorido circuito de la lucha libre en Bolivia, se está en realidad preparando para una noche de caos.
Con sus leales fans gritando su nombre, se trepa a las cuerdas de un rincón por arriba del ring, rebota por un segundo y vuela por el aire, con los brazos estirados para causar más impacto. Para delicia de la muchedumbre, la zambullida aplana a su oponente, María Remedios Condori, mejor conocida como Julia la Paceña.
Esto, señoras y señores, es "lucha libre", la versión boliviana de las estrafalarias y horteras extravagancias de la lucha libre mejor conocidas en Estados Unidos como World Wrestling Entertainment y Triple A en México, que sirve de flojo modelo. Pero no hay espectáculos de luces, ni arenas repletas ni presentadores de un millón de dólares.
Aquí en El Alto, con una población casi enteramente indígena de 800.000 habitantes aimara y quechua, luchar es un retroceso a una época más simple, quizás más inocente, cuando tarde por la noche un espectáculo pugilístico que presentaba a hombres de mallas negras, era transmitido por las parpadeantes pantallas de televisores blanco y negro.
Excepto que la lucha libre boliviana no es transmitida.
Los que quieran ver las peleas -y un número creciente sí quiere- atiborran el Centro Multifuncional de El Alto entrando a cientos, y pagan 1 dólar por personas en gradas de cemento a temperaturas gélidas, con palomitas en la mano. Todos los domingos durante cuatro horas miran luchas entre el bien y el mal que terminan casi siempre con el triunfo de luchadores como Míster Atlas o Batman sobre El Barón Rojo, el Rayo Azteca o Barba Negra.
En una mísera ciudad de cotidianas penurias, la lucha de estilo libre proporciona una necesaria diversión a gente que tiene poco tiempo o dinero para recrearse.
"Es una distracción, una oportunidad de reír, de chillar, especialmente para los niños", dijo Víctor Choque, 40, que no es familiar de Ana. Sin embargo, a juzgar por su amplia sonrisa, parecía estar disfrutando los asaltos todavía más que sus tres hijas. "Vengo todos los domingos, todos. Me encanta. No me pierdo ninguno".
El Alto, que se convirtió de villorrio en una extensa ciudad satélite sobre La Paz en el lapso de una generación, ha creado en gran parte su propia forma de lucha, tomando prestado el famoso espectáculo mexicano de hombres enmascarados que combaten por los honores y salpicándolo con toques locales. La señorita Choque pelea con una troupe de gran éxito de luchadores llamados Los Titanes del Ring.
"La cuna de la lucha libre es México, porque de ahí eran los mejores luchadores -Huracán Ramírez, el Rayo de Jalisco, Blue Demon", dijo Juan Carlos Chávez, apoderado de Los Titanes.
Pero ahora, dice con orgullo, Bolivia tiene su propia cuadra de luchadores que forcejean en peleas coreografiadas. Y los organizadores bolivianos han introducido como innovación a las cholitas luchadoras, las mujeres indígenas bolivianas que usan sombreros bombín y múltiples enaguas.
"Yo quería llamar la atención de la gente y llenar el coliseo", dijo Juan Mamami, 46, presidente de Los Titanes y luchador. "Al principio, pensé que enanos luchadores. Incluso traje uno de Perú. Después pensé en las cholitas. Han tenido mucho éxito".
La más exitosa ha sido Choque, 34, que es dueña de una encantadora e irónica sonrisa y pesa 63 kilos.
Casada, con dos hijos, y la exitosa propietaria de una joyería, Choque recordó el escepticismo de su marido, cuando la veía llegar a casa toda magullada y aporreada. Pero cuando vio lo mucho que le gustaba su pasatiempo, empezó a ir a todas las peleas y ahora la ayuda con su duro régimen de entrenamiento, que incluye una escalada a una montaña a 4.600 metros.
"Quiero hacerlo hasta que no pueda más", dijo. "La lucha libre es mi vida".
Chávez, el promotor, dijo que la introducción de las cholitas fue una idea brillante, que reúne mil o más espectadores a las luchas en El Alto, y a cientos cuando Los Titanes viajan a ciudades más pequeñas.
Hay abundancia de medias llaves y llaves de cabeza y simplemente trucos sucios, con luchadores que son arrojados fuera del ring, con lanzamiento de sillas e incluso con referís machacados en la cabeza de vez en vez.
Para entrenar, Los Titanes se reúnen dos veces a la semana en el frío y húmedo gimnasio de Juan Mamani, y, bajo tres bombillas desnudas, se empujan y practican sus movidas.
Incluso los populares Titanes no pueden vivir de la lucha libre; ganan unos 13 dólares por pelea. La mayoría de ellos tiene trabajo, desde profesor de guitarra hasta obrero textil y vendedores de chucherías y joyas.
Pero eso no quiere decir no que tomen la lucha libre en serio. Tienen que hacerlo. El año pasado uno de Los Titanes perdió la vida tras quebrarse la nuca en una fea caída en el ring.
"Déjame decirte, esto parece farsa pero duele", dijo Yenny Wilma Maras, que pesa 76 kilos y, en el ring, se convierte en Marta, la Mujer de El Alto.
"Parece fácil, que te levantas y pegas unos brincos, pero no es así. Es entrenamiento y preparación".
Quizás el luchador más dedicado es el más viejo, Daniel Torrico, 62, que empezó a luchar hace más de 40 años y se ha enfrentado con enemigos en México, Perú y América Central. Un levantador de pesas con un pecho de barril, en el ring Torrico es Míster Atlas, con su malla azul y su espantosa sonrisa.
"Este es un espectáculo", dijo en su espartano camerino, momentos antes de encaminarse hacia el ring. "La gente nos conoce, aprecian nuestra agilidad, nuestra fuerza. Y lo que hacemos es para la felicidad de la gente".
21 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
chávez enciende mecha
[Monte Reel] Denuncia intervención de Estados Unidos en Venezuela.
Caracas, Venezuela. Después de que se apagara el estruendo de los tanques y el último soldado pasara frente al pabellón de espectadores, el presidente Hugo Chávez dijo a las miles de personas que asistían a la parada del Día de la Independencia de Venezuela el 5 de julio, que ningún ejército invasor podía compararse con las fuerzas de combate que acababan de marchar, "armadas hasta los dientes".
La hipotética invasión que invocó estaba claro: Dos días antes, Chávez anunció el hallazgo de evidencias de que Estados Unidos tiene planes para invadir Venezuela, un plan, dijo, cuyo nombre secreto era Operación Balboa'.
Funcionarios norteamericanos rechazaron la acusación como ficción, lo mismo que han negado repetidas veces las denuncias de Chávez de que la CIA está tratando de asesinarlo, o de que el gobierno de Bush estaba detrás del golpe militar que derrocó brevemente su gobierno en abril de 2002.
Sin embargo, hay pocas dudas de que las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela, tensas durante años, estaban llegando a nuevas profundidades.
Chávez ha sido siempre un declarado oponente de lo que llama el "imperialismo norteamericano", burlándose del presidente Bush y llamándolo "Mister Peligro" y "Mister Guerra" al ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld. Pero funcionarios venezolanos insisten en que sus recientes amenazas de cortar lazos con Washington -y suspendiendo con ello la exportación de 1.5 millones de barriles de petróleo al día- son más que retórica de un populista reuniendo apoyo público.
"Cuando el presidente habla, no es broma", dijo Mary Pili Hernández, una importante funcionaria del ministerio de Asuntos Exteriores. "El único país con el que Venezuela tiene malas relaciones, es Estados Unidos; con todos los demás nuestras relaciones son buenas o excelentes. Con sólo una palabra Washington podría resolver todos los problemas. Esa palabra es respeto".
Chávez dice que el equivalente en el siglo 21 de la Guerra Fría es la sed de petróleo del mundo desarrollado -y sus intentos de manipular a gobiernos más débiles para asegurar su control. Venezuela, rico en petróleo, vende un 60 a 65 por ciento de su crudo a Estados Unidos, lo que lo hace el cuarto proveedor del mercado norteamericano. Este año, precios casi récords del petróleo han ayudado a Chávez a financiar una serie de programas sociales que jura que harán que el país sea más independiente de la influencia de Estados Unidos.
Observadores han dicho que los ingresos del petróleo han alentado la estrategia de la política exterior de Chávez. Recientemente firmó acuerdos sobre el petróleo con Argentina, Brasil y sus vecinos caribeños, y ha impulsado esfuerzos para fortalecer lazos con China mediante acuerdos sobre el petróleo.
Rafael Quiroz, un analista de la industria petrolera, dijo que el gobierno de Chávez cree que el conflicto entre los países en desarrollo con recursos naturales y los países con altas demandas se intensificará en los años venideros. A Chávez le gustaría precipitar ese conflicto, dijo Quiroz.
"Creo que tiene razón en tratar de acelerar ese tipo de enfrentamiento, porque el mundo en desarrollo -donde están el 85 por ciento de las reservas mundiales- quedará en mejor posición después de eso", dijo Quiroz. "Todos los días se hace más evidente que es petróleo es fundamental para las relaciones internacionales de Venezuela, y es el principal ingrediente que usa Chávez para formar alianzas estratégicas".
Venezuela podría encontrar otros compradores de su petróleo y Estados Unidos podría encontrar otros abastecedores, pero ambos tienen sólidos incentivos financieros para continuar el actual acuerdo comercial. Si Venezuela corta los suministros, Estados Unidos tendría probablemente que pagar más para cerrar esa brecha, haciendo subir los precios domésticos del combustible.
Venezuela también sufriría las consecuencias debido a los costes más altos de embarque e infraestructura, dijeron funcionarios norteamericanos. Ahora hay cinco refinerías en Estados Unidos específicamente equipadas para procesar una variedad de crudos venezolanos; ningún otro país tiene equipos similares, dijeron los funcionarios.
"Sería una interrupción, pero a fin de cuentas, ningún país puede controlar el mercado internacional del petróleo", dijo William R. Brownfield, el embajador norteamericano en Venezuela.
Funcionarios norteamericanos también se han quejado de las tensiones en las campañas tradicionalmente de cooperación contra el tráfico de drogas. Antes este año, la Guardia Nacional venezolana requisó equipos del destacamento anti-narcóticos de Colombia, que trabaja estrechamente con Estados Unidos. Y el mes pasado, fue despedido el director de la brigada anti-drogas de Venezuela -que los agentes anti-narcóticos internacionales consideraban muy comprensivo.
Las autoridades venezolanas se erizan ante las sugerencias de que no están colaborando en materias policiales. Argumentan que el gobierno norteamericano aplica un doble rasero, indicando en particular el caso de Luis Posada Carriles, un ex operativo de la CIA que participó en la fracasada invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Ahora un ciudadano naturalizado venezolano en una prisión de Tejas por cargos de inmigración, Posada, 77, ha sido acusado de atentar en 1976 contra un avión de pasajeros cubano, en el que murieron todos sus 73 ocupantes. Fue detenido en Venezuela por cargos de terrorismo, pero se escapó de la prisión en 1985.
Después de embrollarse en una red dirigida por el ex asesor de la Casa Blanca, Oliver L. North, para contrabandear armas a rebeldes anti-gubernamentales en Nicaragua, y en un supuesto intento de asesinar al presidente cubano Fidel Castro, por lo que estuvo en la cárcel en Panamá, Posada fue divisado en Miami antes este año. Funcionarios estadounidenses indicaron que no conocían su paradero, pero en mayo, después de que fuera entrevistado por el Miami Herald, fue arrestado y enviado a un centro de detención en El Paso. Ahora está pidiendo asilo para protegerse de una orden de extradición venezolana. Se enfrente a unas vistas en agosto.
El caso de Posada es tan complejo como una novela de espionaje, pero las autoridades venezolanas dicen que se reduce a esto: Si Estados Unidos es serio sobre la guerra contra el terrorismo, debería extraditar a Posada -al que comparan con Osama bin Laden- para enfrentarse a la justicia por el atentado contra el avión.
"Si tienes un presidente que habla todo el tiempo sobre la importancia de luchar contra el terrorismo", dijo Hernández, el funcionario del ministerio de Asuntos Exteriores, "no entendemos" la reluctancia norteamericana de entregar a Posada. "La principal razón es dar justicia a las familias de las 73 personas que murieron".
Los abogados de Posada dicen que él fue absuelto dos veces -la primera por un tribunal militar venezolano, y luego por un tribunal civil que no lo condenó. Su abogado aquí, un ex agente de inteligencia llamado Joaquín Chaffardet, fue acusado pero nunca condenado por la organización de la fuga de la cárcel de Posada.
"Justifico plenamente esa decisión", dijo Chaffardet sobre la fuga de Posada, agregando que estaba convencido de que Posada no recibiría en Venezuela nunca un juicio justo. "No es justicia hacer esperar a alguien nueve años, después de haber sido absuelto".
Las autoridades venezolanas dicen que la acusación civil contra Posada estaba todavía en tramitación cuando escapó. Los defensores de Posada insisten en que la extradición de Venezuela no tiene nada que ver con llevar al terrorista a la justicia; dicen que Chávez está simplemente usando el caso como una herramienta contra Estados Unidos.
Los opositores políticos de Chávez también critican las repetidas denuncias del presidente de que la CIA está apoyando una conspiración para asesinarlo. El 24 de junio, el gobierno canceló una parada militar anual mencionando informes sobre un intento de asesinato contra Chávez. El Día de la Independencia, revisó una parada de la recién formada fuerza militar de reserva que espera que llegue a los 2 millones de partidarios leales. Un grupo de parlamentarios de la oposición calcula que Chávez ha aumentado el financiamiento de su propia seguridad en un 673 por ciento en los últimos seis años.
Las preocupaciones del presidente por su seguridad no es sorprendente, ya que fue derrocado brevemente en un golpe de estado hace tres años. Antes este mes, un juez resolvió que el grupo de oposición Sumate -acusado de aceptar 31.000 dólares de la Fundación Nacional para la Democracia, financiada por el gobierno norteamericano- debe ser sometido a juicio por su supuesto papel en incitar al golpe.
Uno de los miembros del grupo, María Corina Machado, también está acusada de rebelión por su participación en el gobierno que remplazó a Chávez durante dos días, hasta que sus partidarios lo volvieron al poder. En mayo, Bush se reunió con Machado en la Casa Blanca, una decisión que enfureció a Chávez. Un portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores defendió este mes a Sumate, diciendo que el grupo se dedicaba a la educación de los votantes y fomentaba la democracia.
"Las acciones judiciales que se están tomando son, desde nuestro punto de vista, simplemente parte de una campaña del gobierno venezolano que está designada a intimidar a miembros de la sociedad civil e impedirles el ejercicio de sus derechos democráticos", dijo en una reunión informativa el 8 de julio, Tom Casey, el portavoz del ministerio de Exteriores.
Funcionarios estadounidenses dicen que la atmósfera entre los dos países está cargada de tanta mala sangre que ninguna solución sencilla la podrá limpiar.
"Vamos a estar constantemente molestándole", dijo un funcionario norteamericano sobre Chávez. "Estamos hablando de un hombre que se ha pasado toda su vida adulta peleándose. No es que tengamos una relación negativa con él".
20 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh
Caracas, Venezuela. Después de que se apagara el estruendo de los tanques y el último soldado pasara frente al pabellón de espectadores, el presidente Hugo Chávez dijo a las miles de personas que asistían a la parada del Día de la Independencia de Venezuela el 5 de julio, que ningún ejército invasor podía compararse con las fuerzas de combate que acababan de marchar, "armadas hasta los dientes".La hipotética invasión que invocó estaba claro: Dos días antes, Chávez anunció el hallazgo de evidencias de que Estados Unidos tiene planes para invadir Venezuela, un plan, dijo, cuyo nombre secreto era Operación Balboa'.
Funcionarios norteamericanos rechazaron la acusación como ficción, lo mismo que han negado repetidas veces las denuncias de Chávez de que la CIA está tratando de asesinarlo, o de que el gobierno de Bush estaba detrás del golpe militar que derrocó brevemente su gobierno en abril de 2002.
Sin embargo, hay pocas dudas de que las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela, tensas durante años, estaban llegando a nuevas profundidades.
Chávez ha sido siempre un declarado oponente de lo que llama el "imperialismo norteamericano", burlándose del presidente Bush y llamándolo "Mister Peligro" y "Mister Guerra" al ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld. Pero funcionarios venezolanos insisten en que sus recientes amenazas de cortar lazos con Washington -y suspendiendo con ello la exportación de 1.5 millones de barriles de petróleo al día- son más que retórica de un populista reuniendo apoyo público.
"Cuando el presidente habla, no es broma", dijo Mary Pili Hernández, una importante funcionaria del ministerio de Asuntos Exteriores. "El único país con el que Venezuela tiene malas relaciones, es Estados Unidos; con todos los demás nuestras relaciones son buenas o excelentes. Con sólo una palabra Washington podría resolver todos los problemas. Esa palabra es respeto".
Chávez dice que el equivalente en el siglo 21 de la Guerra Fría es la sed de petróleo del mundo desarrollado -y sus intentos de manipular a gobiernos más débiles para asegurar su control. Venezuela, rico en petróleo, vende un 60 a 65 por ciento de su crudo a Estados Unidos, lo que lo hace el cuarto proveedor del mercado norteamericano. Este año, precios casi récords del petróleo han ayudado a Chávez a financiar una serie de programas sociales que jura que harán que el país sea más independiente de la influencia de Estados Unidos.
Observadores han dicho que los ingresos del petróleo han alentado la estrategia de la política exterior de Chávez. Recientemente firmó acuerdos sobre el petróleo con Argentina, Brasil y sus vecinos caribeños, y ha impulsado esfuerzos para fortalecer lazos con China mediante acuerdos sobre el petróleo.
Rafael Quiroz, un analista de la industria petrolera, dijo que el gobierno de Chávez cree que el conflicto entre los países en desarrollo con recursos naturales y los países con altas demandas se intensificará en los años venideros. A Chávez le gustaría precipitar ese conflicto, dijo Quiroz.
"Creo que tiene razón en tratar de acelerar ese tipo de enfrentamiento, porque el mundo en desarrollo -donde están el 85 por ciento de las reservas mundiales- quedará en mejor posición después de eso", dijo Quiroz. "Todos los días se hace más evidente que es petróleo es fundamental para las relaciones internacionales de Venezuela, y es el principal ingrediente que usa Chávez para formar alianzas estratégicas".
Venezuela podría encontrar otros compradores de su petróleo y Estados Unidos podría encontrar otros abastecedores, pero ambos tienen sólidos incentivos financieros para continuar el actual acuerdo comercial. Si Venezuela corta los suministros, Estados Unidos tendría probablemente que pagar más para cerrar esa brecha, haciendo subir los precios domésticos del combustible.
Venezuela también sufriría las consecuencias debido a los costes más altos de embarque e infraestructura, dijeron funcionarios norteamericanos. Ahora hay cinco refinerías en Estados Unidos específicamente equipadas para procesar una variedad de crudos venezolanos; ningún otro país tiene equipos similares, dijeron los funcionarios.
"Sería una interrupción, pero a fin de cuentas, ningún país puede controlar el mercado internacional del petróleo", dijo William R. Brownfield, el embajador norteamericano en Venezuela.
Funcionarios norteamericanos también se han quejado de las tensiones en las campañas tradicionalmente de cooperación contra el tráfico de drogas. Antes este año, la Guardia Nacional venezolana requisó equipos del destacamento anti-narcóticos de Colombia, que trabaja estrechamente con Estados Unidos. Y el mes pasado, fue despedido el director de la brigada anti-drogas de Venezuela -que los agentes anti-narcóticos internacionales consideraban muy comprensivo.
Las autoridades venezolanas se erizan ante las sugerencias de que no están colaborando en materias policiales. Argumentan que el gobierno norteamericano aplica un doble rasero, indicando en particular el caso de Luis Posada Carriles, un ex operativo de la CIA que participó en la fracasada invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Ahora un ciudadano naturalizado venezolano en una prisión de Tejas por cargos de inmigración, Posada, 77, ha sido acusado de atentar en 1976 contra un avión de pasajeros cubano, en el que murieron todos sus 73 ocupantes. Fue detenido en Venezuela por cargos de terrorismo, pero se escapó de la prisión en 1985.
Después de embrollarse en una red dirigida por el ex asesor de la Casa Blanca, Oliver L. North, para contrabandear armas a rebeldes anti-gubernamentales en Nicaragua, y en un supuesto intento de asesinar al presidente cubano Fidel Castro, por lo que estuvo en la cárcel en Panamá, Posada fue divisado en Miami antes este año. Funcionarios estadounidenses indicaron que no conocían su paradero, pero en mayo, después de que fuera entrevistado por el Miami Herald, fue arrestado y enviado a un centro de detención en El Paso. Ahora está pidiendo asilo para protegerse de una orden de extradición venezolana. Se enfrente a unas vistas en agosto.
El caso de Posada es tan complejo como una novela de espionaje, pero las autoridades venezolanas dicen que se reduce a esto: Si Estados Unidos es serio sobre la guerra contra el terrorismo, debería extraditar a Posada -al que comparan con Osama bin Laden- para enfrentarse a la justicia por el atentado contra el avión.
"Si tienes un presidente que habla todo el tiempo sobre la importancia de luchar contra el terrorismo", dijo Hernández, el funcionario del ministerio de Asuntos Exteriores, "no entendemos" la reluctancia norteamericana de entregar a Posada. "La principal razón es dar justicia a las familias de las 73 personas que murieron".
Los abogados de Posada dicen que él fue absuelto dos veces -la primera por un tribunal militar venezolano, y luego por un tribunal civil que no lo condenó. Su abogado aquí, un ex agente de inteligencia llamado Joaquín Chaffardet, fue acusado pero nunca condenado por la organización de la fuga de la cárcel de Posada.
"Justifico plenamente esa decisión", dijo Chaffardet sobre la fuga de Posada, agregando que estaba convencido de que Posada no recibiría en Venezuela nunca un juicio justo. "No es justicia hacer esperar a alguien nueve años, después de haber sido absuelto".
Las autoridades venezolanas dicen que la acusación civil contra Posada estaba todavía en tramitación cuando escapó. Los defensores de Posada insisten en que la extradición de Venezuela no tiene nada que ver con llevar al terrorista a la justicia; dicen que Chávez está simplemente usando el caso como una herramienta contra Estados Unidos.
Los opositores políticos de Chávez también critican las repetidas denuncias del presidente de que la CIA está apoyando una conspiración para asesinarlo. El 24 de junio, el gobierno canceló una parada militar anual mencionando informes sobre un intento de asesinato contra Chávez. El Día de la Independencia, revisó una parada de la recién formada fuerza militar de reserva que espera que llegue a los 2 millones de partidarios leales. Un grupo de parlamentarios de la oposición calcula que Chávez ha aumentado el financiamiento de su propia seguridad en un 673 por ciento en los últimos seis años.
Las preocupaciones del presidente por su seguridad no es sorprendente, ya que fue derrocado brevemente en un golpe de estado hace tres años. Antes este mes, un juez resolvió que el grupo de oposición Sumate -acusado de aceptar 31.000 dólares de la Fundación Nacional para la Democracia, financiada por el gobierno norteamericano- debe ser sometido a juicio por su supuesto papel en incitar al golpe.
Uno de los miembros del grupo, María Corina Machado, también está acusada de rebelión por su participación en el gobierno que remplazó a Chávez durante dos días, hasta que sus partidarios lo volvieron al poder. En mayo, Bush se reunió con Machado en la Casa Blanca, una decisión que enfureció a Chávez. Un portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores defendió este mes a Sumate, diciendo que el grupo se dedicaba a la educación de los votantes y fomentaba la democracia.
"Las acciones judiciales que se están tomando son, desde nuestro punto de vista, simplemente parte de una campaña del gobierno venezolano que está designada a intimidar a miembros de la sociedad civil e impedirles el ejercicio de sus derechos democráticos", dijo en una reunión informativa el 8 de julio, Tom Casey, el portavoz del ministerio de Exteriores.
Funcionarios estadounidenses dicen que la atmósfera entre los dos países está cargada de tanta mala sangre que ninguna solución sencilla la podrá limpiar.
"Vamos a estar constantemente molestándole", dijo un funcionario norteamericano sobre Chávez. "Estamos hablando de un hombre que se ha pasado toda su vida adulta peleándose. No es que tengamos una relación negativa con él".
20 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh
paramilitares impunes
[Juan Forero] Nueva ley colombiana hace concesiones a paramilitares. Indignación en Colombia.
Bogotá, Colombia. El congreso colombiano aprobó un ley que regula el desarme de los escuadrones de la muerte del país, que permite la desmovilización de miles de combatientes, pero otorga generosas concesiones a los cabecillas paramilitares acusados de atrocidades y tráfico de cocaína.
La Ley Justicia y Paz, un apuntalamiento del objetivo del presidente Álvaro Uribe para pacificar Colombia, fue anunciado por funcionarios de gobierno como una manera de sentar las bases para el desmantelamiento de tres grupos armados ilegales que pelean en Colombia. "Estamos orgullosos de este instrumento", dijo Luis Carlos Restrepo, el comisionado de paz del país.
Pero líderes del congreso dicen que a cambio del desarme de hasta 20.000 combatientes, los cabecillas paramilitares se verán libres de castigos significativos ni serán extraditados a Estados Unidos por cargos de tráfico de drogas. La ley, aprobada por el congreso el martes y por varios comités de las dos cámaras el miércoles, será convertida en ley por Uribe dentro de unos días.
"Esta es una ley que no trae justicia ni paz", dijo el senador Jimmy Chamorro. "Debería ser llamada como lo que es: una ley de impunidad y de inmunidad ".
Washington tiene una lista de 18 cabecillas paramilitares como entre los principales barones de la cocaína de Colombia y funcionarios anti-narcóticos norteamericanos dicen que el grupo paramilitar, la Fuerzas Unidas de Autodefensa, es responsable del traficar la mayor parte de la cocaína que llega a las ciudades estadounidenses. El grupo, fundado por hacendados y traficantes de drogas para combatir contra los rebeldes marxistas, también aparece en una lista negra del ministerio de Relaciones Exteriores como organización terrorista acusada de asesinar a políticos y miles de campesinos.
"Eso favorece a gente que ha cometido los crímenes más atroces, y no nos da nada a cambio", dijo Gina Parody, una importante congresista y aliada de Uribe, que habría propuesto sin embargo una ley mucho más severa. "El mensaje que estamos enviando a la sociedad colombiana es que el crimen paga".
La ley destaca la naturaleza contradictoria de la política norteamericana en Colombia, que ha recibido desde 2000 más de 3 billones de dólares en gran parte en ayuda militar para destruir las plantaciones de coca y debilitar a las guerrillas.
La ley protege a los cabecillas paramilitares de ser extraditados por cargos de drogas a cambio de que confiesen el tráfico, garantizándoles que no serán juzgados dos veces. También clasifica el paramilitarismo' y otros crímenes como delitos políticos, que bajo la constitución impedirá que los cabecillas sean extraditados por delitos relacionados con el tráfico de drogas.
El gobierno de Bush y su representante en Colombia, el embajador William Wood, han apoyado firmemente la ley y Uribe, que ha hecho del desarme de los paramilitares una piedra angular de su campaña para ganar las re-elecciones.
Pero algunos influyentes miembros del congreso norteamericano han expresado urgentes advertencias.
"Queremos que los grupos armados sean desmovilizados, pero esta ley recompensa a algunos de los peores terroristas y traficantes de drogas de Colombia sin ninguna seguridad de que sus organizaciones criminales sean desmanteladas", dijo el senador Patrick J. Leahy, un demócrata de Vermont que es el miembro más importante del subcomité de operaciones exteriores y trabaja en el área de las relaciones con Colombia.
En una carta dirigida a Uribe el mes pasado, el senador Richard G. Lugar, el republicano que es presidente del Comité de Relaciones Exteriores, dijo que estaba preocupado de que la ley "deje intactas las complejas estructuras delictivas" al no exigir que los cabecillas revelen lo que saben de las operaciones de la organización o de su financiamiento.
La ley contrasta agudamente con otros países sudamericanos que están ahora ocupándose de las violaciones a los derechos humanos en la secuela de conflictos civiles.
La semana pasada, la Corte Suprema de Argentina resolvió que las leyes de hace 19 años que garantizaban las leyes de amnistía de los militares por su participación en la guerra sucia, fueron declaradas inconstitucionales. En Chile, cientos de ex oficiales militares han sido acusados de crímenes cometidos durante el gobierno del general Augusto Pinochet.
Aquím el alto comisionado para los derechos humanos de Naciones Unidas en Colombia, Michael Frühling, así como grupos de derechos humanos y miembros del congreso colombiano, dijo que Uribe había aceptado un precio demasiado alto por el desarme después de un año de negociaciones oficiales en un área segura de 367 metros cuadrados donde los cabecillas paramilitares podían moverse libremente. Los detractores dicen que la ley hará poco por compensar a la víctimas, recuperar tierras bajo control paramilitar o revelar la verdad sobre sus atrocidades.
"Si no aclaras lo que pasó y revelas las organizaciones ilegales que existen, no sólo no tienes justicia ni ofreces reparaciones a las víctimas, sino también no tienes los elementos para desmantelar esas organizaciones criminales", dijo Frühling.
La mayor preocupación de Washington es que los comandantes que son en realidad traficantes de drogas siguen traficando en cocaína. Estados Unidos ha emitido órdenes de extradición de al menos seis comandantes, incluyendo al más poderoso de los cabecillas, Diego Fernando Murillo, un antiguo asesino a sueldo de la mafia que es buscado por los fiscales federales de Nueva York.
"Están muy involucrados en actividades de tráfico de drogas", dijo un funcionario de anti-narcóticos norteamericano. "Si me preguntas si hemos advertido una reducción del tráfico de drogas de parte de la misma gente que estuvo sentada a la mesa de negociaciones, la respuesta es No".
El gobierno dice que con las negociaciones se han salvado cientos de vidas; desde fines de 2003 se han desarmado cerca de 5.200 paramilitares.
Pero bajo la ley, los cabecillas no tienen que garantizar que todos sus combatientes sean desmovilizados, ni que esos combatientes respeten la tregua. Los detractores dicen también que la ley no exige una confesión completa y honesta de los cabecillas a cambio de sentencias reducidas.
Los cabecillas pueden, en teoría, ser acusados de delitos, pero las investigaciones son limitadas y el castigo, leve -tan poco como 22 meses y posiblemente en granjas, no en cárceles.
"Esta ley trata de simular verdad, justicia y reparaciones, pero lo que en realidad ofrece es impunidad", dijo Iván Cepeda, cuyo padre, el senador Manuel Cepeda, fue asesinado por pistoleros paramilitares en 1994.
Entre los indignados familiares de las víctimas está Leonel Sánchez, cuyo hijo Jairo Hernando Sánchez, 29, fue secuestrado y asesinado por los paramilitares en 2003.
"Es grave que esta ley los proteja de crímenes de guerra, crímenes donde mataron a tanta gente pobre", dijo Sánchez, 57.
Monica Trujillo contribuyó al reportaje de este artículo.
10 de julio de 2005
23 de junio de 2005
new york times
©traducción mQh
Bogotá, Colombia. El congreso colombiano aprobó un ley que regula el desarme de los escuadrones de la muerte del país, que permite la desmovilización de miles de combatientes, pero otorga generosas concesiones a los cabecillas paramilitares acusados de atrocidades y tráfico de cocaína.La Ley Justicia y Paz, un apuntalamiento del objetivo del presidente Álvaro Uribe para pacificar Colombia, fue anunciado por funcionarios de gobierno como una manera de sentar las bases para el desmantelamiento de tres grupos armados ilegales que pelean en Colombia. "Estamos orgullosos de este instrumento", dijo Luis Carlos Restrepo, el comisionado de paz del país.
Pero líderes del congreso dicen que a cambio del desarme de hasta 20.000 combatientes, los cabecillas paramilitares se verán libres de castigos significativos ni serán extraditados a Estados Unidos por cargos de tráfico de drogas. La ley, aprobada por el congreso el martes y por varios comités de las dos cámaras el miércoles, será convertida en ley por Uribe dentro de unos días.
"Esta es una ley que no trae justicia ni paz", dijo el senador Jimmy Chamorro. "Debería ser llamada como lo que es: una ley de impunidad y de inmunidad ".
Washington tiene una lista de 18 cabecillas paramilitares como entre los principales barones de la cocaína de Colombia y funcionarios anti-narcóticos norteamericanos dicen que el grupo paramilitar, la Fuerzas Unidas de Autodefensa, es responsable del traficar la mayor parte de la cocaína que llega a las ciudades estadounidenses. El grupo, fundado por hacendados y traficantes de drogas para combatir contra los rebeldes marxistas, también aparece en una lista negra del ministerio de Relaciones Exteriores como organización terrorista acusada de asesinar a políticos y miles de campesinos.
"Eso favorece a gente que ha cometido los crímenes más atroces, y no nos da nada a cambio", dijo Gina Parody, una importante congresista y aliada de Uribe, que habría propuesto sin embargo una ley mucho más severa. "El mensaje que estamos enviando a la sociedad colombiana es que el crimen paga".
La ley destaca la naturaleza contradictoria de la política norteamericana en Colombia, que ha recibido desde 2000 más de 3 billones de dólares en gran parte en ayuda militar para destruir las plantaciones de coca y debilitar a las guerrillas.
La ley protege a los cabecillas paramilitares de ser extraditados por cargos de drogas a cambio de que confiesen el tráfico, garantizándoles que no serán juzgados dos veces. También clasifica el paramilitarismo' y otros crímenes como delitos políticos, que bajo la constitución impedirá que los cabecillas sean extraditados por delitos relacionados con el tráfico de drogas.
El gobierno de Bush y su representante en Colombia, el embajador William Wood, han apoyado firmemente la ley y Uribe, que ha hecho del desarme de los paramilitares una piedra angular de su campaña para ganar las re-elecciones.
Pero algunos influyentes miembros del congreso norteamericano han expresado urgentes advertencias.
"Queremos que los grupos armados sean desmovilizados, pero esta ley recompensa a algunos de los peores terroristas y traficantes de drogas de Colombia sin ninguna seguridad de que sus organizaciones criminales sean desmanteladas", dijo el senador Patrick J. Leahy, un demócrata de Vermont que es el miembro más importante del subcomité de operaciones exteriores y trabaja en el área de las relaciones con Colombia.
En una carta dirigida a Uribe el mes pasado, el senador Richard G. Lugar, el republicano que es presidente del Comité de Relaciones Exteriores, dijo que estaba preocupado de que la ley "deje intactas las complejas estructuras delictivas" al no exigir que los cabecillas revelen lo que saben de las operaciones de la organización o de su financiamiento.
La ley contrasta agudamente con otros países sudamericanos que están ahora ocupándose de las violaciones a los derechos humanos en la secuela de conflictos civiles.
La semana pasada, la Corte Suprema de Argentina resolvió que las leyes de hace 19 años que garantizaban las leyes de amnistía de los militares por su participación en la guerra sucia, fueron declaradas inconstitucionales. En Chile, cientos de ex oficiales militares han sido acusados de crímenes cometidos durante el gobierno del general Augusto Pinochet.
Aquím el alto comisionado para los derechos humanos de Naciones Unidas en Colombia, Michael Frühling, así como grupos de derechos humanos y miembros del congreso colombiano, dijo que Uribe había aceptado un precio demasiado alto por el desarme después de un año de negociaciones oficiales en un área segura de 367 metros cuadrados donde los cabecillas paramilitares podían moverse libremente. Los detractores dicen que la ley hará poco por compensar a la víctimas, recuperar tierras bajo control paramilitar o revelar la verdad sobre sus atrocidades.
"Si no aclaras lo que pasó y revelas las organizaciones ilegales que existen, no sólo no tienes justicia ni ofreces reparaciones a las víctimas, sino también no tienes los elementos para desmantelar esas organizaciones criminales", dijo Frühling.
La mayor preocupación de Washington es que los comandantes que son en realidad traficantes de drogas siguen traficando en cocaína. Estados Unidos ha emitido órdenes de extradición de al menos seis comandantes, incluyendo al más poderoso de los cabecillas, Diego Fernando Murillo, un antiguo asesino a sueldo de la mafia que es buscado por los fiscales federales de Nueva York.
"Están muy involucrados en actividades de tráfico de drogas", dijo un funcionario de anti-narcóticos norteamericano. "Si me preguntas si hemos advertido una reducción del tráfico de drogas de parte de la misma gente que estuvo sentada a la mesa de negociaciones, la respuesta es No".
El gobierno dice que con las negociaciones se han salvado cientos de vidas; desde fines de 2003 se han desarmado cerca de 5.200 paramilitares.
Pero bajo la ley, los cabecillas no tienen que garantizar que todos sus combatientes sean desmovilizados, ni que esos combatientes respeten la tregua. Los detractores dicen también que la ley no exige una confesión completa y honesta de los cabecillas a cambio de sentencias reducidas.
Los cabecillas pueden, en teoría, ser acusados de delitos, pero las investigaciones son limitadas y el castigo, leve -tan poco como 22 meses y posiblemente en granjas, no en cárceles.
"Esta ley trata de simular verdad, justicia y reparaciones, pero lo que en realidad ofrece es impunidad", dijo Iván Cepeda, cuyo padre, el senador Manuel Cepeda, fue asesinado por pistoleros paramilitares en 1994.
Entre los indignados familiares de las víctimas está Leonel Sánchez, cuyo hijo Jairo Hernando Sánchez, 29, fue secuestrado y asesinado por los paramilitares en 2003.
"Es grave que esta ley los proteja de crímenes de guerra, crímenes donde mataron a tanta gente pobre", dijo Sánchez, 57.
Monica Trujillo contribuyó al reportaje de este artículo.
10 de julio de 2005
23 de junio de 2005
new york times
©traducción mQh
querella contra presidente
Se querellan en Chile contra presidente Lagos e Insulza por denegación de justicia.
Un grupo de exonerados políticos y víctimas de torturas presentó una querella en la Corte de Apelaciones de Santiago por denegación de justicia contra el presidente Ricardo Lagos y el ex ministro del Interior, José Miguel Insulza, actual Secretario General de la OEA.
El escrito es patrocinado por los abogados Julia Urquieta, Hugo Gutiérrez y Eduardo Contreras, quienes detallaron que la acusación contra las autoridades responde al supuesto encubrimiento del delito de tortura, obstrucción a la justicia, prevaricación administrativa e incumplimiento del deber legal de denunciar delitos a la justicia por parte de funcionarios públicos.
Según se informó, el libelo se basa en el dictamen de una ley que prohíbe durante 50 años, dar a conocer los nombres de las víctimas y victimarios de violaciones a los derechos humanos.
Los querellantes sostienen que fueron víctimas de la tortura ejercida en el marco de la política de "terrorismo de Estado" implementada por el régimen militar encabezada por Augusto Pinochet, consignada en el propio informe de la Comisión Nacional de Presión Política y Tortura, por tanto éstos reclaman verdad y justicia y reparación integral.
De esta forma se solicitó al tribunal de alzada la designación de un ministro para que se aboque a la investigación de los mencionados delitos.
2 de julio de 2005
©tercera
Un grupo de exonerados políticos y víctimas de torturas presentó una querella en la Corte de Apelaciones de Santiago por denegación de justicia contra el presidente Ricardo Lagos y el ex ministro del Interior, José Miguel Insulza, actual Secretario General de la OEA.El escrito es patrocinado por los abogados Julia Urquieta, Hugo Gutiérrez y Eduardo Contreras, quienes detallaron que la acusación contra las autoridades responde al supuesto encubrimiento del delito de tortura, obstrucción a la justicia, prevaricación administrativa e incumplimiento del deber legal de denunciar delitos a la justicia por parte de funcionarios públicos.
Según se informó, el libelo se basa en el dictamen de una ley que prohíbe durante 50 años, dar a conocer los nombres de las víctimas y victimarios de violaciones a los derechos humanos.
Los querellantes sostienen que fueron víctimas de la tortura ejercida en el marco de la política de "terrorismo de Estado" implementada por el régimen militar encabezada por Augusto Pinochet, consignada en el propio informe de la Comisión Nacional de Presión Política y Tortura, por tanto éstos reclaman verdad y justicia y reparación integral.
De esta forma se solicitó al tribunal de alzada la designación de un ministro para que se aboque a la investigación de los mencionados delitos.
2 de julio de 2005
©tercera
no se juzgará a pinochet
Guzmán dice que es "muy difícil" juzgar a Pinochet porque algunos jueces siguen siendo "agentes" de la dictadura.
El juez chileno Juan Guzmán reconoció hoy que "honradamente no cree" que el ex dictador Augusto Pinochet (1973-1990) vaya a ser juzgado por un tribunal de Chile por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante su régimen, principalmente por la "falta de voluntad política" de algunos jueces del Tribunal Supremo de Justicia que "siguen siendo agentes de la dictadura y colaborando con ella".
Guzmán, quien presenta hoy [27 de junio] en la jornada inaugural de los Cursos de Verano del Escorial su libro En el borde del mundo. Memorias del juez que procesó a Pinochet', realizó estas declaraciones en el programa Los Desayunos de RTVE', recogidas por Europa Press.
"Hoy día Pinochet está condenado por la justicia del mundo entero (...) sin embargo, honestamente, como ciudadano, lo veo muy difícil (que sea juzgado en Chile) por la falta de voluntad política sobre todo de ciertos miembros de la Corte Suprema que siguen siendo agentes de la dictadura y siguen colaborando con ella", afirmó.
"Creo que, hoy día, nadie en Chile ni en el resto del mundo puede dudar sobre si Pinochet es o no responsable de aquellos crímenes, de aquellas atrocidades (...) Pero mis dos autos de procesamiento fueron dejados sin efecto, uno por la Corte Suprema --el que se refería a la Caravana de la Muerte'-- y otro revocado por la Corte de Apelaciones de Santiago", explicó.
Para el magistrado, en esas condiciones es "muy difícil" que llegue a juzgarse a Pinochet, a pesar de que está pendiente aún un eventual procesamiento por la denominada Operación Colombo' y en la causa por las cuentas secretas de Pinochet en bancos extranjeros. A su juicio, el ex dictador "físicamente sí está bastante enfermo"; sin embargo, añadió, "un hombre digno no va a aducir que está más enfermo cada vez que va a comparecer ante la Justicia".
Garzón, Justicia Universal
Para Guzmán la detención ordenada por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón el 16 de octubre de 1998, cuando el ex dictador se encontraba en Londres, le hizo sentirse "muy contento" porque le sacaba "un gran peso de encima", tras considerar que fue la manera "ideal" de como debe actuar "la justicia internacional, la justicia universal".
"Por cualquier cosas se estima que no se puede juzgar a alguien por crímenes universales, de lesa humanidad, en el país donde se cometieron (...) lo normal es que se pueda juzgar en otros países, como España, a través de la competencia que tiene el juez Garzón en materia de delitos de lesa humanidad", sostuvo, agregando que ahora, con el Tribunal Penal Internacional (TPI) "obviamente se va a poder juzgar así en todo el mundo respecto de los países que ratificaron el Tratado de Roma".
En este sentido, Guzmán insistió diciendo que, tanto el juez español como la judicatura inglesa, "fueron esenciales para que los ojos del mundo se dieran cuenta de la importancia de esta causa, para que se globalizara, para que los dictadores sepan que, si en sus países están relativamente protegidos, no lo están en el resto del mundo".
Precisamente, según el magistrado, en su libro de memorias -en el que habla sobre su búsqueda de vocación, su contacto con la pobreza y su encuentro con las atrocidades y con los crímenes cometidos en la dictadura- quiere demostrar "que hay ciertas causas que requieren de la atención de los medios de comunicación".
Los Ojos del Mundo
"Es este libro con lo que quiero demostrar que hay ciertas causas que requieren de los medios de comunicación cuando un país está dividido y una parte dice que Pinochet y los militares fueron ángeles, que salvaron al país del comunismo y de sus atrocidades, y paralelamente otra gente cree lo que ocurrió porque tuvieron parientes, porque fueron torturados, maltratados, vejados", explicó.
Al mismo tiempo, añadió Guzmán, "trato de comunicar, a sus colegas de hoy y del futuro, la necesidad de que la vista, los ojos del mundo, estén sobre este tipo de causas que. "Mucha gente por planteamiento filosófico o político, no cree. Dicen: "en Chile, no pasó nada", como muchos fingieron, durante tantos años, que en Alemania u otros países de Europa, el holocausto no existió", señaló.
Sobre la posibilidad de cerrar y olvidar los casos de violaciones a los Derechos Humanos de la dictadura, Guzmán aseguró que si alguien piensa que Chile debería olvidar y dejar en el pasado atrocidades, piensa en algo "imposible". "Eso es imposible, porque aún hay más de 1.000 detenidos desaparecidos y, si no se sabe dónde están esos cuerpos, la familia sigue sin poder realizar el duelo", indicó.
Honradez y Celo
Según el juez chileno, en su libro de memorias narra como supuso para él un "gran cambio" en su vida el hecho de que, a los 61 años de edad, le tocara hacerse cargo del expediente de Augusto Pinochet y de las más de 300 querellas criminales en su contra.
"Cuando tuve contacto con la miseria, el dolor, el sufrimiento, la barbarie que existió en Chile durante 17 años y me correspondió investigarlo -después de que le tocara por sorteo el expediente de Pinochet en el año 200- lo hice con la mayor honradez y celo posible", expresó.
Guzmán recuerda en su libro que, cuando sólo era un administrativo de la justicia, ya intuía la existencia de casos de violaciones de Derechos Humanos. "Cuando era juez para causas pequeñas me llamaron muchas veces a la Corte de Apelaciones como relator para explicarle a los miembros de los tribunales que había sido detenida una persona, que no se sabía por quienes, que había sido llevada en un vehículo sin patentes y que se desconocía el paradero", contó.
Pinochet y la Torturas
Guzmán, que procesó en dos ocasiones a Pinochet y le interrogó en tres oportunidades, reconoció que estos fueron "los momentos más difíciles" de la investigación ya que, "con el sistema que creó la dictadura, tenía que ir el juez a interrogar a determinados inculpados y no los inculpados a la sede del juez", circunstancia que situaba al magistrado "en una posición de inferioridad". "Es una forma de que exista el mundo al revés", acotó.
"Yo lo conocía (a Pinochet) socialmente por haber sido antes presidente de la Corte de Apelaciones de Talca. Había tenido relaciones afables con él en dos o tres oportunidades y es un hombre normal, un chileno que sabe que tiene mando, más bien cordial. Pero cuando me correspondió interrogarlo como inculpado, allí me trató con bastante caballerosidad y una cierta altanería, sabiendo o pensando posiblemente que la justicia jamás podría prenderlo", manifestó.
"Obviamente -consideró Guzmán- Pinochet derivó su responsabilidad en personas de mando inferior, cosa que no puede ocurrir en un Ejército prusiano como es el chileno". Sin embargo, según el juez, "no se puede aceptar que diga que, en 17 años de dictadura, nunca supo lo que pasaba en su país". "Eso se puede aceptar un mes, un mes y medio, no 17 años", sentenció.
Según el juez, lo que más le conmovió "fueron los relatos de las personas torturadas, la manera en que se hizo la tortura, inhumanamente". "Hombres y mujeres desnudos, con introducción de objetos, a veces los cañones de las armas de fuego, animales, una sedicia sexual tan grande que solamente puede explicarse en seres infrahumanos", narró.
"Estos (los de las víctimas directas) fueron los relatos que más me afectaron y más me llegaron al alma, sin contar con la cantidad de parientes que jamás recuperaron a los desaparecidos, esa fue una de las etapas que más me emocionó y me produjo la más profunda compasión que debe sentir todo juez ante atrocidades tan grandes", confesó.
30 de junio de 2005
©periodista digital
©traducción mQh
El juez chileno Juan Guzmán reconoció hoy que "honradamente no cree" que el ex dictador Augusto Pinochet (1973-1990) vaya a ser juzgado por un tribunal de Chile por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante su régimen, principalmente por la "falta de voluntad política" de algunos jueces del Tribunal Supremo de Justicia que "siguen siendo agentes de la dictadura y colaborando con ella". Guzmán, quien presenta hoy [27 de junio] en la jornada inaugural de los Cursos de Verano del Escorial su libro En el borde del mundo. Memorias del juez que procesó a Pinochet', realizó estas declaraciones en el programa Los Desayunos de RTVE', recogidas por Europa Press.
"Hoy día Pinochet está condenado por la justicia del mundo entero (...) sin embargo, honestamente, como ciudadano, lo veo muy difícil (que sea juzgado en Chile) por la falta de voluntad política sobre todo de ciertos miembros de la Corte Suprema que siguen siendo agentes de la dictadura y siguen colaborando con ella", afirmó.
"Creo que, hoy día, nadie en Chile ni en el resto del mundo puede dudar sobre si Pinochet es o no responsable de aquellos crímenes, de aquellas atrocidades (...) Pero mis dos autos de procesamiento fueron dejados sin efecto, uno por la Corte Suprema --el que se refería a la Caravana de la Muerte'-- y otro revocado por la Corte de Apelaciones de Santiago", explicó.
Para el magistrado, en esas condiciones es "muy difícil" que llegue a juzgarse a Pinochet, a pesar de que está pendiente aún un eventual procesamiento por la denominada Operación Colombo' y en la causa por las cuentas secretas de Pinochet en bancos extranjeros. A su juicio, el ex dictador "físicamente sí está bastante enfermo"; sin embargo, añadió, "un hombre digno no va a aducir que está más enfermo cada vez que va a comparecer ante la Justicia".
Garzón, Justicia Universal
Para Guzmán la detención ordenada por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón el 16 de octubre de 1998, cuando el ex dictador se encontraba en Londres, le hizo sentirse "muy contento" porque le sacaba "un gran peso de encima", tras considerar que fue la manera "ideal" de como debe actuar "la justicia internacional, la justicia universal".
"Por cualquier cosas se estima que no se puede juzgar a alguien por crímenes universales, de lesa humanidad, en el país donde se cometieron (...) lo normal es que se pueda juzgar en otros países, como España, a través de la competencia que tiene el juez Garzón en materia de delitos de lesa humanidad", sostuvo, agregando que ahora, con el Tribunal Penal Internacional (TPI) "obviamente se va a poder juzgar así en todo el mundo respecto de los países que ratificaron el Tratado de Roma".
En este sentido, Guzmán insistió diciendo que, tanto el juez español como la judicatura inglesa, "fueron esenciales para que los ojos del mundo se dieran cuenta de la importancia de esta causa, para que se globalizara, para que los dictadores sepan que, si en sus países están relativamente protegidos, no lo están en el resto del mundo".
Precisamente, según el magistrado, en su libro de memorias -en el que habla sobre su búsqueda de vocación, su contacto con la pobreza y su encuentro con las atrocidades y con los crímenes cometidos en la dictadura- quiere demostrar "que hay ciertas causas que requieren de la atención de los medios de comunicación".
Los Ojos del Mundo
"Es este libro con lo que quiero demostrar que hay ciertas causas que requieren de los medios de comunicación cuando un país está dividido y una parte dice que Pinochet y los militares fueron ángeles, que salvaron al país del comunismo y de sus atrocidades, y paralelamente otra gente cree lo que ocurrió porque tuvieron parientes, porque fueron torturados, maltratados, vejados", explicó.
Al mismo tiempo, añadió Guzmán, "trato de comunicar, a sus colegas de hoy y del futuro, la necesidad de que la vista, los ojos del mundo, estén sobre este tipo de causas que. "Mucha gente por planteamiento filosófico o político, no cree. Dicen: "en Chile, no pasó nada", como muchos fingieron, durante tantos años, que en Alemania u otros países de Europa, el holocausto no existió", señaló.
Sobre la posibilidad de cerrar y olvidar los casos de violaciones a los Derechos Humanos de la dictadura, Guzmán aseguró que si alguien piensa que Chile debería olvidar y dejar en el pasado atrocidades, piensa en algo "imposible". "Eso es imposible, porque aún hay más de 1.000 detenidos desaparecidos y, si no se sabe dónde están esos cuerpos, la familia sigue sin poder realizar el duelo", indicó.
Honradez y Celo
Según el juez chileno, en su libro de memorias narra como supuso para él un "gran cambio" en su vida el hecho de que, a los 61 años de edad, le tocara hacerse cargo del expediente de Augusto Pinochet y de las más de 300 querellas criminales en su contra.
"Cuando tuve contacto con la miseria, el dolor, el sufrimiento, la barbarie que existió en Chile durante 17 años y me correspondió investigarlo -después de que le tocara por sorteo el expediente de Pinochet en el año 200- lo hice con la mayor honradez y celo posible", expresó.
Guzmán recuerda en su libro que, cuando sólo era un administrativo de la justicia, ya intuía la existencia de casos de violaciones de Derechos Humanos. "Cuando era juez para causas pequeñas me llamaron muchas veces a la Corte de Apelaciones como relator para explicarle a los miembros de los tribunales que había sido detenida una persona, que no se sabía por quienes, que había sido llevada en un vehículo sin patentes y que se desconocía el paradero", contó.
Pinochet y la Torturas
Guzmán, que procesó en dos ocasiones a Pinochet y le interrogó en tres oportunidades, reconoció que estos fueron "los momentos más difíciles" de la investigación ya que, "con el sistema que creó la dictadura, tenía que ir el juez a interrogar a determinados inculpados y no los inculpados a la sede del juez", circunstancia que situaba al magistrado "en una posición de inferioridad". "Es una forma de que exista el mundo al revés", acotó.
"Yo lo conocía (a Pinochet) socialmente por haber sido antes presidente de la Corte de Apelaciones de Talca. Había tenido relaciones afables con él en dos o tres oportunidades y es un hombre normal, un chileno que sabe que tiene mando, más bien cordial. Pero cuando me correspondió interrogarlo como inculpado, allí me trató con bastante caballerosidad y una cierta altanería, sabiendo o pensando posiblemente que la justicia jamás podría prenderlo", manifestó.
"Obviamente -consideró Guzmán- Pinochet derivó su responsabilidad en personas de mando inferior, cosa que no puede ocurrir en un Ejército prusiano como es el chileno". Sin embargo, según el juez, "no se puede aceptar que diga que, en 17 años de dictadura, nunca supo lo que pasaba en su país". "Eso se puede aceptar un mes, un mes y medio, no 17 años", sentenció.
Según el juez, lo que más le conmovió "fueron los relatos de las personas torturadas, la manera en que se hizo la tortura, inhumanamente". "Hombres y mujeres desnudos, con introducción de objetos, a veces los cañones de las armas de fuego, animales, una sedicia sexual tan grande que solamente puede explicarse en seres infrahumanos", narró.
"Estos (los de las víctimas directas) fueron los relatos que más me afectaron y más me llegaron al alma, sin contar con la cantidad de parientes que jamás recuperaron a los desaparecidos, esa fue una de las etapas que más me emocionó y me produjo la más profunda compasión que debe sentir todo juez ante atrocidades tan grandes", confesó.
30 de junio de 2005
©periodista digital
©traducción mQh
niños mineros de bolivia
[Indira A.R. Lakshmanan] Atrapados en los ciclos de miseria, los niños trabajan las minas bolivianas.
Potosí, Bolivia. El día que murió el padre de Lucas Garito, también terminó su infancia. La familia necesitaba dinero para sobrevivir, así que Lucas, de 7, y su hermano Marco, entonces de 11, se marcharon a la semana siguiente a trabajar a la montaña de varios pisos que se ha cobrado la vida de su padre y de innumerables mineros en los últimos cinco siglos.
Ahora de 12, Lucas -que no sabe leer ni escribir- trabaja junto a su hermano para mantener a sus cinco hermanos. Saca rocas a través de un diminuto agujero que cavó su madre en la inmensa montaña, una apertura justo lo suficiente para un niño. Por un total de 18.75 dólares a la semana, pica las vetas de zinc, sulfato, estaño, bronce y plata.
Marco, ahora de 16, pasa desde el amanecer hasta la puesta de sol a unos 700 metros dentro de las implacables entrañas de la montaña. Después de pasar durante 30 minutos por un sofocante y embarrado túnel, desciende por una tambaleante escalera para encender cartuchos de dinamita y ayudar a perforar, a la búsqueda de minerales casi agotados después de 500 años de explotación. Por el peligroso trabajo que destruyó los pulmones de su padre y ha costado a Marco medio dedo de su mano derecha, gana 25 dólares a la semana.
Lucas y Marco se encuentran entre los miles de niños que trabajan en el cordón minero en el sudoeste de Bolivia, donde las privaciones y una economía estancada atrapa a las familias en un ciclo de peligro y muerte prematura que condena a la siguiente generación a lo mismo. Vulnerables antes deslizamientos de tierra, inundaciones, gases nocivo y polvo, sofocación, y explosiones, los niños que trabajan en las minas y canteras están entre los que más riesgos corren en el mundo, de acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo, que lanzó este mes una campaña con el objetivo de eliminar la minería como una de las formas más insidiosas de trabajo infantil.
La OIT calcula que unos 250 millones de niños en todo el mundo son obligados a trabajar en una gama de trabajos meniales o peligrosos, más de la mitad de ellos a tiempo completo, perdiéndose la educación que podría ofrecerles una oportunidad para salir de la miseria.
En Bolivia, el país más pobre de América Latina, el trabajo infantil está prohibido por la ley, pero la necesidad económica obliga al 24 por ciento de los niños menores de 16 años a trabajar fuera de casa, de acuerdo a un estudio de la organización benéfica CARE, de Atlanta. El gobierno calcula que hasta 120.000 niños trabajan en condiciones con peligro para la vida en la pequeña minería. Funcionarios reconocen que no tienen más alternativa que ofrecer a las familias que envíen a sus hijos a trabajar. Las escuelas son a menudo tan malas que los padres no ven la educación como un billete para escapar.
Con un subsidio de 1.5 millones de dólares del ministerio estadounidense del Trabajo, CARE, en colaboración con organizaciones benéficas bolivianas, está tratando de cambiar la situación. Hace tres años, CARE Bolivia lanzó un proyecto que implica a 15.000 niños mineros y 684 maestros para elevar la conciencia sobre los peligros de la minería, y mejorar la educación primaria y profesional de las familias afectadas. Sin embargo -independientemente del peligro- la minería sigue siendo la única opción para muchos residentes de las tierras altas del sur. Es difícil persuadir a los padres que sacrifiquen el vital ingreso de un niño para un hipotético futuro mejor, un proyecto a largo plazo que no estará terminado cuando el subsidio de CARE termine este próximo año.
"Ha empeorado en los últimos años, y los niños son cada vez más chicos", reconoció la doctora Elizabeth Patiño Durán, subministro boliviana de Niñez, Juventud y Tercera Edad. "No es suficiente ofrecerles una educación, porque es un problema estructural del mercado laboral" -la escasez de trabajos seguros y bien pagados que permita que los niños estudien.
Cerro Rico
La minería ha sido la sangre de esta ciudad de 140.000 desde que aquí se descubriera plata a mediados del siglo 16. El volcán extinto que se impone sobre la ciudad tenía tantos minerales que los españoles lo bautizaron el Cerro Rico. Potosí se transformó pronto en la ciudad más rica de las Américas, y su botín aseguró la conquista española del Nuevo Mundo.
Pero con el paso de los siglos, dicen los historiadores, la sobreexplotación y las enfermedades se reclamaron la vida de cientos de miles, quizás de millones de indígenas y esclavos de África que fueron obligados a trabajar en las minas, y Cerro Rico se hizo conocido como "el cerro que come gente".
El adagio sigue siendo verdadero; los mineros mueren a una edad promedio de 45 años debido a neumoconiosis o silicosis, si es que algún accidente no les mata antes -20 años menos que la esperanza de vida corriente de Bolivia. Las mujeres mineras, que trabajan fuera de los socavones cerniendo restos, alcanzan una edad promedio de 53 años.
Las condiciones han empeorado desde el colapso del precio del estaño y la empresa estatal minera en los años ochenta, que aceleró la desaparición de los trabajos bien pagados y con buenas condiciones secundarias. Una docena de cooperativas privadas operan ahora cientos de socavones pobremente controlados donde las condiciones de trabajo hacen recordar siglos pasados. Los mineros trabajan a menudo sin mascarillas, equipos de protección, reguladores de aire, agua o carros para acarrear las rocas. Los intermediarios de la minería fijan precios bajos -tómelo o déjelo-, sacando ventaja de la debilidad de las cooperativas.
Los mineros dicen que necesitan la ayuda de sus hijos para encender más cartuchos de dinamita, perforar más hoyos y sacar más minerales para que el trabajo mal pagado valga la pena. Sólo cuando pasa algo terriblemente grave los costes superan las ventajas a corto plazo para las familias.
Álvaro Apuri, 16, perdió la vista de los dos ojos y el uso de su brazo izquierdo cuando un fusible de dinamita defectuoso que estaba encendiendo para su padre explotó antes de tiempo, estallando en su cara y cambiando su vida dos días antes de cumplir los 15 años. Apuri recuerda que un "ruido terrible -no podía ver nada. Pensé que se había apagado mi lámpara. Me toqué la cara y sentí los chichones... La gente estaba gritando. Luego me contaron que yo estaba cubierto de sangre", dijo Apuri, un flaco y tímido niño que parece, con la corbata de su escuela, más un jugador de ajedrez que un obrero.
Después de cinco operaciones y seis meses en el hospital, a cuenta de CARE, Apuri recuperó la visión parcial de un ojo y está empezado a mover los dedos de su mano izquierda. Reuniendo para sonreír en la penumbrosa luz de la choza de un cuarto en la boca de la mina Monja Dos, donde su familia de cuatro comparte una cama, Apuri dice que quizás algo bueno surgió del accidente: ahora no puede trabajar como minero. Apuri sueña con estudiar medicina, pero su familia no tiene dinero para retirar las cataratas de su único ojo -muchos menos para comprar libros y pagar matrículas.
Sin un adulto que mantenga a la familia, Lucas y Marco Garito no tienen otra opción que habituarse a la vida de los mineros. Todas las mañanas se levantan de la cama que comparten con dos hermanos, se echan agua en la cara, y se marchan hacia la plaza a los pies del cerro. Allá, tratan de conseguir transporte parado en el parachoques de un camión que lleva a los mineros hacia el delgado y frío aire a 3.600 metros de altura.
Un Día Típico
A las 8 de la mañana Lucas se esconde en el espacio de gatear desde donde lanza prometedores piedras contra su madre, Alberta. Marco llevó a este periodista a la Mina Colquechaquita (hormiguero de riquezas', en la lengua indígena), donde trabaja en una húmeda claustrofobia hasta la pausa del almuerzo. Los niños chupan hojas de coca, el ingrediente básico de la cocaína, para tener energía y apaciguar el hambre, ya que almuerzan solamente los sábados, por gentileza de una organización benéfica local que alimenta a los niños mineros. Dejan ofrendas de hojas de coca, cigarrillos y licores en los altares de El Tío', un espíritu maligno, y una deesa de la tierra indígena vestida como la Virgen María, que esperan que les proteja. Al atardecer, los trabajadores más viejos se encaminan hacia los bares, donde se emborrachan hasta perder el sentido por 1.25 dólares el cuarto de galón de cerveza.
Marco, un adolescente tranquilo que parece mayor, abandonó la escuela vespertina hace unos meses, porque estaba demasiado cansado como para estudiar después de ocho horas de trabajo duro. Dice que no tiene otra opción que seguir trabajando en las minas.
"Estoy dispuesto a trabajar para mantener a mi familia, de modo que mis hermanos menores no tengan que trabajar como mineros. Quiero que estudien para que lleguen a ser maestros, secretarias, cualquier cosa". Confiesa que para Lucas, analfabeto a los 12, puede ser demasiado tarde. Marco no se hace ilusiones sobre su futuro: "Sé que me estoy enfermando de lo mismo que mató a mi padre".
Esa desesperanza y fatalismo son algunos de los obstáculos más grandes para sacar a los niños de las minas. "No pueden imaginar una vida mejor", dijo Edgar Arando, 38, presidente del centro de padres y alumnos de la Escuela Vespertina Integrada Luis Subieta, una escuela secundaria y de educación para adultos a la sombra del cerro.
Arando estudió económicas durante dos años en una universidad y obtuvo su diploma como profesor de instituto. Pero cuando se trató de trabajar "tuve que volver a la minería, como mi padre y mi abuelo -no había otros trabajos", dijo. Su mayor frustración es que con todas las herramientas y asesoría de CARE sobre cómo empezar pequeños negocios como sastrerías y metalurgia, "no hay relación entre la formación que te dan y los trabajos que hay".
Sin embargo, se conocen algunas historias de triunfos que dan esperanza a los maestros. José Luján, director suplente de la escuela Subieta Sagarnaga, cuenta a los alumnos una historia sobre un niño de 16 que trabajaba en la mina de día y estudiaba de noche. El año pasado llevó a sus padres a la escuela y abandonó los estudios durante un año para mantener a sus padres mientras ellos aprendían nuevos oficios. Su madre aprendió a hacer ropa, y su padre se hizo carpintero, y los dos encontraron trabajo. El niño emigró a Argentina, donde trabaja en la construcción. "Este es un niño que salvó a toda su familia de la minería", dijo Luján, orgulloso.
Muchos de los que nunca escapan de las minas terminan más abajo en la calle en el Hospital Obrero General, donde hay un pabellón para enfermos de silicosis. Pablo Cruz empezó a trabajar como minero a los 13; ahora, a los 47, yace débil y esquelético, luchando por cada aliento. Con una Biblia como todo consuelo, es fatalista, y dice que "todos moriremos algún día".
Cruz quiere que sus hijos estudien y encuentren otros trabajos. Pero interrogado sobre qué consejo daría a niños huérfanos de padre como Lucas, hizo una pausa antes de seguir.
"Eso no es fácil... Un joven minero trabaja para ganar dinero para su familia. No hay otros trabajos, así que tienes suerte de ser un minero. El día que dejé la mina me puse a llorar".
26 de junio de 2005
©boston globe mQh
Potosí, Bolivia. El día que murió el padre de Lucas Garito, también terminó su infancia. La familia necesitaba dinero para sobrevivir, así que Lucas, de 7, y su hermano Marco, entonces de 11, se marcharon a la semana siguiente a trabajar a la montaña de varios pisos que se ha cobrado la vida de su padre y de innumerables mineros en los últimos cinco siglos.Ahora de 12, Lucas -que no sabe leer ni escribir- trabaja junto a su hermano para mantener a sus cinco hermanos. Saca rocas a través de un diminuto agujero que cavó su madre en la inmensa montaña, una apertura justo lo suficiente para un niño. Por un total de 18.75 dólares a la semana, pica las vetas de zinc, sulfato, estaño, bronce y plata.
Marco, ahora de 16, pasa desde el amanecer hasta la puesta de sol a unos 700 metros dentro de las implacables entrañas de la montaña. Después de pasar durante 30 minutos por un sofocante y embarrado túnel, desciende por una tambaleante escalera para encender cartuchos de dinamita y ayudar a perforar, a la búsqueda de minerales casi agotados después de 500 años de explotación. Por el peligroso trabajo que destruyó los pulmones de su padre y ha costado a Marco medio dedo de su mano derecha, gana 25 dólares a la semana.
Lucas y Marco se encuentran entre los miles de niños que trabajan en el cordón minero en el sudoeste de Bolivia, donde las privaciones y una economía estancada atrapa a las familias en un ciclo de peligro y muerte prematura que condena a la siguiente generación a lo mismo. Vulnerables antes deslizamientos de tierra, inundaciones, gases nocivo y polvo, sofocación, y explosiones, los niños que trabajan en las minas y canteras están entre los que más riesgos corren en el mundo, de acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo, que lanzó este mes una campaña con el objetivo de eliminar la minería como una de las formas más insidiosas de trabajo infantil.
La OIT calcula que unos 250 millones de niños en todo el mundo son obligados a trabajar en una gama de trabajos meniales o peligrosos, más de la mitad de ellos a tiempo completo, perdiéndose la educación que podría ofrecerles una oportunidad para salir de la miseria.
En Bolivia, el país más pobre de América Latina, el trabajo infantil está prohibido por la ley, pero la necesidad económica obliga al 24 por ciento de los niños menores de 16 años a trabajar fuera de casa, de acuerdo a un estudio de la organización benéfica CARE, de Atlanta. El gobierno calcula que hasta 120.000 niños trabajan en condiciones con peligro para la vida en la pequeña minería. Funcionarios reconocen que no tienen más alternativa que ofrecer a las familias que envíen a sus hijos a trabajar. Las escuelas son a menudo tan malas que los padres no ven la educación como un billete para escapar.
Con un subsidio de 1.5 millones de dólares del ministerio estadounidense del Trabajo, CARE, en colaboración con organizaciones benéficas bolivianas, está tratando de cambiar la situación. Hace tres años, CARE Bolivia lanzó un proyecto que implica a 15.000 niños mineros y 684 maestros para elevar la conciencia sobre los peligros de la minería, y mejorar la educación primaria y profesional de las familias afectadas. Sin embargo -independientemente del peligro- la minería sigue siendo la única opción para muchos residentes de las tierras altas del sur. Es difícil persuadir a los padres que sacrifiquen el vital ingreso de un niño para un hipotético futuro mejor, un proyecto a largo plazo que no estará terminado cuando el subsidio de CARE termine este próximo año.
"Ha empeorado en los últimos años, y los niños son cada vez más chicos", reconoció la doctora Elizabeth Patiño Durán, subministro boliviana de Niñez, Juventud y Tercera Edad. "No es suficiente ofrecerles una educación, porque es un problema estructural del mercado laboral" -la escasez de trabajos seguros y bien pagados que permita que los niños estudien.
Cerro Rico
La minería ha sido la sangre de esta ciudad de 140.000 desde que aquí se descubriera plata a mediados del siglo 16. El volcán extinto que se impone sobre la ciudad tenía tantos minerales que los españoles lo bautizaron el Cerro Rico. Potosí se transformó pronto en la ciudad más rica de las Américas, y su botín aseguró la conquista española del Nuevo Mundo.
Pero con el paso de los siglos, dicen los historiadores, la sobreexplotación y las enfermedades se reclamaron la vida de cientos de miles, quizás de millones de indígenas y esclavos de África que fueron obligados a trabajar en las minas, y Cerro Rico se hizo conocido como "el cerro que come gente".
El adagio sigue siendo verdadero; los mineros mueren a una edad promedio de 45 años debido a neumoconiosis o silicosis, si es que algún accidente no les mata antes -20 años menos que la esperanza de vida corriente de Bolivia. Las mujeres mineras, que trabajan fuera de los socavones cerniendo restos, alcanzan una edad promedio de 53 años.
Las condiciones han empeorado desde el colapso del precio del estaño y la empresa estatal minera en los años ochenta, que aceleró la desaparición de los trabajos bien pagados y con buenas condiciones secundarias. Una docena de cooperativas privadas operan ahora cientos de socavones pobremente controlados donde las condiciones de trabajo hacen recordar siglos pasados. Los mineros trabajan a menudo sin mascarillas, equipos de protección, reguladores de aire, agua o carros para acarrear las rocas. Los intermediarios de la minería fijan precios bajos -tómelo o déjelo-, sacando ventaja de la debilidad de las cooperativas.
Los mineros dicen que necesitan la ayuda de sus hijos para encender más cartuchos de dinamita, perforar más hoyos y sacar más minerales para que el trabajo mal pagado valga la pena. Sólo cuando pasa algo terriblemente grave los costes superan las ventajas a corto plazo para las familias.
Álvaro Apuri, 16, perdió la vista de los dos ojos y el uso de su brazo izquierdo cuando un fusible de dinamita defectuoso que estaba encendiendo para su padre explotó antes de tiempo, estallando en su cara y cambiando su vida dos días antes de cumplir los 15 años. Apuri recuerda que un "ruido terrible -no podía ver nada. Pensé que se había apagado mi lámpara. Me toqué la cara y sentí los chichones... La gente estaba gritando. Luego me contaron que yo estaba cubierto de sangre", dijo Apuri, un flaco y tímido niño que parece, con la corbata de su escuela, más un jugador de ajedrez que un obrero.
Después de cinco operaciones y seis meses en el hospital, a cuenta de CARE, Apuri recuperó la visión parcial de un ojo y está empezado a mover los dedos de su mano izquierda. Reuniendo para sonreír en la penumbrosa luz de la choza de un cuarto en la boca de la mina Monja Dos, donde su familia de cuatro comparte una cama, Apuri dice que quizás algo bueno surgió del accidente: ahora no puede trabajar como minero. Apuri sueña con estudiar medicina, pero su familia no tiene dinero para retirar las cataratas de su único ojo -muchos menos para comprar libros y pagar matrículas.
Sin un adulto que mantenga a la familia, Lucas y Marco Garito no tienen otra opción que habituarse a la vida de los mineros. Todas las mañanas se levantan de la cama que comparten con dos hermanos, se echan agua en la cara, y se marchan hacia la plaza a los pies del cerro. Allá, tratan de conseguir transporte parado en el parachoques de un camión que lleva a los mineros hacia el delgado y frío aire a 3.600 metros de altura.
Un Día Típico
A las 8 de la mañana Lucas se esconde en el espacio de gatear desde donde lanza prometedores piedras contra su madre, Alberta. Marco llevó a este periodista a la Mina Colquechaquita (hormiguero de riquezas', en la lengua indígena), donde trabaja en una húmeda claustrofobia hasta la pausa del almuerzo. Los niños chupan hojas de coca, el ingrediente básico de la cocaína, para tener energía y apaciguar el hambre, ya que almuerzan solamente los sábados, por gentileza de una organización benéfica local que alimenta a los niños mineros. Dejan ofrendas de hojas de coca, cigarrillos y licores en los altares de El Tío', un espíritu maligno, y una deesa de la tierra indígena vestida como la Virgen María, que esperan que les proteja. Al atardecer, los trabajadores más viejos se encaminan hacia los bares, donde se emborrachan hasta perder el sentido por 1.25 dólares el cuarto de galón de cerveza.
Marco, un adolescente tranquilo que parece mayor, abandonó la escuela vespertina hace unos meses, porque estaba demasiado cansado como para estudiar después de ocho horas de trabajo duro. Dice que no tiene otra opción que seguir trabajando en las minas.
"Estoy dispuesto a trabajar para mantener a mi familia, de modo que mis hermanos menores no tengan que trabajar como mineros. Quiero que estudien para que lleguen a ser maestros, secretarias, cualquier cosa". Confiesa que para Lucas, analfabeto a los 12, puede ser demasiado tarde. Marco no se hace ilusiones sobre su futuro: "Sé que me estoy enfermando de lo mismo que mató a mi padre".
Esa desesperanza y fatalismo son algunos de los obstáculos más grandes para sacar a los niños de las minas. "No pueden imaginar una vida mejor", dijo Edgar Arando, 38, presidente del centro de padres y alumnos de la Escuela Vespertina Integrada Luis Subieta, una escuela secundaria y de educación para adultos a la sombra del cerro.
Arando estudió económicas durante dos años en una universidad y obtuvo su diploma como profesor de instituto. Pero cuando se trató de trabajar "tuve que volver a la minería, como mi padre y mi abuelo -no había otros trabajos", dijo. Su mayor frustración es que con todas las herramientas y asesoría de CARE sobre cómo empezar pequeños negocios como sastrerías y metalurgia, "no hay relación entre la formación que te dan y los trabajos que hay".
Sin embargo, se conocen algunas historias de triunfos que dan esperanza a los maestros. José Luján, director suplente de la escuela Subieta Sagarnaga, cuenta a los alumnos una historia sobre un niño de 16 que trabajaba en la mina de día y estudiaba de noche. El año pasado llevó a sus padres a la escuela y abandonó los estudios durante un año para mantener a sus padres mientras ellos aprendían nuevos oficios. Su madre aprendió a hacer ropa, y su padre se hizo carpintero, y los dos encontraron trabajo. El niño emigró a Argentina, donde trabaja en la construcción. "Este es un niño que salvó a toda su familia de la minería", dijo Luján, orgulloso.
Muchos de los que nunca escapan de las minas terminan más abajo en la calle en el Hospital Obrero General, donde hay un pabellón para enfermos de silicosis. Pablo Cruz empezó a trabajar como minero a los 13; ahora, a los 47, yace débil y esquelético, luchando por cada aliento. Con una Biblia como todo consuelo, es fatalista, y dice que "todos moriremos algún día".
Cruz quiere que sus hijos estudien y encuentren otros trabajos. Pero interrogado sobre qué consejo daría a niños huérfanos de padre como Lucas, hizo una pausa antes de seguir.
"Eso no es fácil... Un joven minero trabaja para ganar dinero para su familia. No hay otros trabajos, así que tienes suerte de ser un minero. El día que dejé la mina me puse a llorar".
26 de junio de 2005
©boston globe mQh