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murió robert colescott


Artista afroamericano se destacaba por su explosivo estilo. Conocido por su recreación de obras maestras de la historia del arte europeo y estadounidense, Colescott fue el primer negro americano en representar a Estados Unidos en la Bienal de Venecia.
[Suzanne Muchnic] Murió Robert Colescott, un pintor salvajemente expresivo y ferozmente obstinado que se enfrentó a los estereotipos raciales y sexuales con hilarante fuerza. Tenía 83 años.
Colescott, que sufría del síndrome de Parkinson, murió en su casa en Tucson el 4 de junio, informó Marc Wehby, codirector de la Galería Kravets/Wehby de Nueva York, donde el artista había expuesto su trabajo en los últimos años.
El primer artista afroamericano en representar a Estados Unidos en la Bienal de Venecia en 1997, Colescott era conocido por su recreación de obras maestras de la historia del arte europeo y estadounidense, cambiando el reparto de personajes blancos, por negros. En ‘George Washington Carver Crossing the Delaware: Page From an American History Textbook’, reinterpretó la pintura del héroe de la Guerra Revolucionaria de Emmanuel Leutze, de 1851, colocando a Carver, un pionero químico agrícola afroamericano, en el timón de un bote cargado con cocineros, criadas, pescadores y trovadores negros.

Con un estilo explosivo y un humor igualmente desafiante, también creó sus propias versiones de ‘Los comedores de patatas’, de van Gogh, ‘El matrimonio Arnolfini’, de Jan van Eyck, y ‘Desayuno sobre la hierba’, de Edouard Manet.
"Es un tema que corre peligro", dijo Colescott en una entrevista con el Times en 1986, con ocasión de una muestra de su trabajo en la Galería Koplin, en West Hollywood, ahora la Galería Koplin del Río, en Culver City. "A menos que sean efusivamente positivos o los conviertas en héroes, las imágenes de gente negra en las pinturas son sospechosas. Pero yo estoy muy orgulloso del hecho de que más gente entiende lo que estoy haciendo. Curiosamente, hay más blancos que negros acusándome de ser un racista".

Recurrió a la historia del arte durante toda su carrera, pero también exploró muchos otros temas, a veces describiendo a las mujeres como monstruos rollizos y mezclando razas en figuras individuales. En ‘Oda a la alegría (Himno europeo)’ [Ode to Joy (European Anthem)], una monumental pintura realizada en 1997, el personaje central es una mujer de cara negra, cuerpo amarillo y cabellos rojos. Tras emerger de una lámpara de genio con escasa ropa interior roja, disfruta de una pizza y mira ansiosa las montañas de hamburguesas que hay cerca de ella. Un globo de texto de cómic con música de Beethoven, una paleta de pintor, un bote de oro, un par de esqueletos y un arquero parecido a Cupido, completan la bizarra escena.

"¿Qué está pasando aquí?", preguntó el crítico Peter Schjeldahl en una reseña de 1998 en la Village Voice. "Una alegría sonora, desordenada, turbia. Colescott es sexo, amor, dinero, música, arte, memoria y comida rápida. ¿Qué impulsa tu bote? Quizás la pintura. Como Colescott, este trabajo ilustra una pesada alegoría de briosas emociones, para luego entregar las emociones a mano: pincelada tras pincelada, color tras color, con texturas que son suficientemente buenas como para ser comidas".
Afirmando que Colescott era más bien un cómico que un crítico social, Schjeldahl escribió que "su objetivo no es el fin del mal, sino el aumento de la fuerza vital, un bono de vitalidad del regocijo".

Hijo de músicos, Colescott nació en 1925 y se crió en Oakland. Empezó a dibujar en su infancia y tuvo un importante modelo de conducta en el escultor Sargent Johnson, un amigo de la familia. Como el padre de Colescott, Johnson sobrevivía trabajando en ferrocarriles.
El artista en ciernes fue empadronado por el ejército en 1942 y sirvió en Europa hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Su período de servicio le llevó a París, entonces la capital del arte mundial y una ciudad que era hospitalaria con los artistas afroamericanos. En casa, se inscribió en la Universidad de California en Berkeley, que le otorgó su licenciatura en dibujo y pintura en 1949. Pasó el año siguiente en París, estudiando con el artista francés Fernand Leger, y luego volvió a Berkeley para sacar una maestría en 1952.
Colescott se mudó al noroeste después de estudiar y empezó a enseñar en la Universidad de Portland, donde trabajó entre 1957 y 1966. Pero en 1964 tuvo una experiencia que le cambió la vida cuando tomó un año sabático con una beca de estudios del American Research Center en El Cairo.
"Ponía gente negra en mis pinturas del mismo modo que pondría una guitarra o una botella, pero eso no tenía ninguna significación hasta que viajé a Egipto", dijo Colescott al Times. El viaje lo liberó de "las limitaciones del arte europeo y me permitió inspirarme en otras fuentes", dijo. "La raza se convirtió en mi tema. Fue el año más crucial de mi vida".

Volvió a Portland por un año, pero volvió a viajar a Egipto como profesor invitado de la Universidad Americana de El Cairo de 1966 a 1967. Cuando estalló la guerra, él y su familia se trasladaron a París, donde vivirían tres años. Retornaron a California en 1970 y pasó los siguientes quince años pintando y enseñando arte en la Universidad de California en los campus de Stanislaus y Berkeley y en el Instituto de Arte de San Francisco.
Colescott aceptó una posición como profesor invitado en la Universidad de Arizona en Tucson en 1983 y se unió al departamento en 1985, ascendiendo en su carrera académica hasta 1998, cuando fue nombrado profesor emérito.
Le contó a un entrevistador del Times que originalmente no le agradó Tucson, pero que llegó a quererla. "Es un lugar remoto donde no me conoce nadie y no tengo que hablar sobre arte con la gente".
Pero representar a su país en la Bienal de Venecia en 1997 lo hizo subir a un escenario mundial a los 71, creando una oleada de atención en la prensa y llevando a los conservadores a reconsiderar su trabajo.

Una exposición retrospectiva de sus pinturas, organizada por el Museo de Arte de San José, recorrió el país entre 1998 y 2000.
La obra de Colescott se puede admirar en numerosas exposiciones públicas, entre las cuales destacan las del Museo Metropolitano de Arte, Museo Whitney de Arte Americano y el Museo de Arte Moderno de Nueva York; el Museo de Arte Moderno de San Francisco; el Museo de Arte del Condado de Los Angeles; y el Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles.
Los cuatro primeros matrimonios del artista terminaron en divorcio. Le sobrevive su quinta esposa, Jandava Cattron; su hermano Warrington Colescott Jr. de Hollandale, Wisconsin; cinco hijos; y un nieto.

15 de junio de 2009
13 de junio de 2009
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maestro de las naturalezas muertas


Luis Meléndez: Master of the Spanish Still Life. Un español al que le gustaban las verduras.
[Ken Johnson] Washington, Estados Unidos. Esta es una receta de comprobada eficacia: fracasa en lo que quieres hacer, y luego dedícate a lo que puedes hacer realmente. Le funcionó a Luis Meléndez. Trató desesperadamente de convertirse en un artista de la corte, como su contemporáneo Francisco Goya, pero sus peticiones al rey fueron rechazadas. Así que en lugar de producir empalagosos retratos de nobles, solemnes pinturas históricas y azucaradas escenas míticas, pintó telas, pequeñas e intensamente realistas, de frutas, verduras y utensilios de cocina. Hoy se le considera el pintor español de naturalezas muertas más importante de España en el siglo dieciocho.
Ese juicio es fácil de comprobar a la luz de ‘Luis Meléndez: Master of the Spanish Still Life’, una espléndida exposición en la National Gallery of Art. Se exhiben sólo 31 pinturas, pero debido a que el estudio de cada una es tan absorbente, la exposición parece más grande.
Meléndez (1715-1780) no era un pintor ostentoso. Trabajaba en pequeño; más de la mitad de las pinturas en la exposición miden diecinueve por catorce pulgadas, excepción hecha de un temprano e insípido autorretrato con el que empieza la exposición, ninguna más grande que sesenta por noventa centímetros. La disposición de comestibles, vajilla y utensilios de cocina y la ocasional pieza de plata fina o porcelana implican un estilo de vida humilde y campechano que agradaba a su clientela de la alta sociedad. No hay calaveras ni bichos dando lecciones morales sobre la vanidad y lo efímero de la vida terrenal, y no hay un manejo del pincel que proclame el virtuosismo del pintor.

Lo que cautiva es su verosimilitud casi fotográfica. Las correosas hebras de una piel de cantalupo, el brillo de las cacerolas de cobre, el esponjoso interior de un trozo de pan, las apagadas vetas de la madera vieja, la transparencia del cristal: todo es visto con una atención casi microscópica por el detalle y presentado con un dejo artístico casi imperceptible. La luz y el color son a menudo realizados con una asombrosa intensidad. Las naranjas amontonadas y las peras amarillas retorcidas brillan como si estuviesen iluminadas desde dentro. Una pintura bañada por la fría luz de la mañana, con huevos en una cesta, un embudo de estaño y una olla de bronce, presume en el centro de lo que podría ser la cabeza de coliflor más bella en la historia del arte.
Cómo alcanzó Meléndez ese grado de realismo es un misterio. No existen dibujos relacionados con sus pinturas de naturalezas muertas, y aunque pareciera que debe haber usado algún artefacto, como una cámara oscura o una cámara lúcida, no se han encontrado evidencias de ello.
Practicaba algunos métodos peculiares. En el ensayo del catálogo sobre su proceso, los organizadores de la exposición, Gretchen A. Hirschauer, curadora adjunta de las pinturas italianas y españolas de la galería, y Catherine A. Metzger, conservadora jefe de pinturas, explican que el pintor no trabajaba con bosquejos completos. Más bien estudiaba y pintaba los objetos uno cada vez, empezando con los del frente, rellenando los de más atrás y terminando con la superficie de la mesa y un inexpresivo de fondo habitualmente marrón oscuro.

Esta aproximación paulatina puede ser la razón de porqué la estrella de Meléndez nunca se elevó tan alto como, por ejemplo, la del pintor de naturalezas muertas francés Chardin, cuyo período de vida -de 1699 a 1779- no está demasiado distante. En Chardin, el detalle meticuloso está relativamente simplificado, y hay una mirada más rica del espacio, atmósfera y solidez escultórica. También, la calidez emocional de las pinturas de Chardin hacen que las de Meléndez, en comparación, parezcan clínicas.
Meléndez no era un hombre de trato fácil, pero estaba bien preparado para su vocación. Su padre, Francisco Antonio Meléndez, fue un famoso pintor de ilustraciones en miniatura para manuscritos, y empleaba a Luis y sus otros hijos como ayudantes. Padre e hijo enseñaron ambos en la real academia provisional de arte en Madrid, que Francisco Antonio ayudó a fundar, pero fueron despedidos como consecuencia de conflictos administrativos y políticos en la facultad. El carácter cascarrabias del joven Meléndez puede haber sido la razón de porqué nunca obtuvo el nombramiento real que anhelaba.
Alcanzó renombre durante su vida por sus naturalezas muertas, parcialmente como resultado de un importante encargo. En 1771, Carlos III, Príncipe de Asturias (más tarde el rey Carlos IV), lo contrató para que creara una serie de naturalezas muertas para el Nuevo Gabinete de Historia Natural en el palacio real. La serie debía representar las cuatro estaciones, como dijo el artista, "con el objetivo de componer un gabinete entretenido con todos los tipos de alimentos producidos en el clima español".
Meléndez había pintado 44 telas en un período de cinco años cuando, en 1976, el proyecto fue suspendido. (Nueve obras de la comisión de Asturias se encuentran en la exposición de la Galería Nacional). Cuatro años después se declaraba indigente, y murió poco después de eso, dejando a la posteridad lo que el historiador de arte y escritor de ensayos de catálogo, Peter Chery, llama "los frutos de su fracaso, que se encuentran entre los más brillantes de su especie que se han pintado nunca".

’Luis Meléndez: Master of the Spanish Still Life’ estará en la National Gallery of Art, Fourth Street y Constitution Avenue NW, Washington, hasta el 23 de agosto.

2 de junio de 2009
25 de mayo de 2009
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murió tom kennedy


El escultor creó los extravagantes Art Cars. Ayudó a popularizar el caprichoso movimiento Art Car con elaboradas conversiones de vehículos como Ripper the Friendly Shark, un Nissan Sentra al que agregó diminutas aletas, dientes y cola.
[Valerie J. Nelson] Murió Tom Kennedy, un artista de San Francisco cuyas caprichosas esculturas sobre ruedas y exuberante personalidad ayudó a popularizar el movimiento Art Car. Tenía 48 años.
Kennedy se ahogó el 12 de abril mientras practicaba el body surf en la Ocean Beach en San Francisco, informó Kat ‘P.K.’ Ramos, amigo íntimo y compañero de piso. Estaba luchando contra la contracorriente y un amigo no logró llevarlo a la costa.
Las decenas de vehículos que Kennedy transformó en originales y extravagantes piezas de arte eran alegres expresiones creativas, su modo de hacer un guiño al mundo, retando a la gente a no reír.
Su ‘One-Eyed Wonder’ empezó con un Ford Rander convertido en una torrecilla tipo globo ocular con un cañón que disparaba Twinkies. Para un payaso, hizo dos ‘coches hipopótamo’ [Hippopautomobiles], convirtiendo la capucha en el ancho y sonriente hocico del animal. Un Volkswagen de 1972 lo convirtió en un delfín con el característico toque de Kennedy: aletas.
Su primera y quizás más famosa creación fue ‘Ripper the Friendly Shark’ [Destripador, el Tiburón Amistoso], agregando al coche una mandíbula de dientes de sierra y una cola que se movía. El simple Nissan Sentra se convirtió finalmente en algo similar a un hito histórico en Houston, un temprano epicentro del movimiento Art Car que empezó a cristalizar en los años noventa.
El movimiento puede haber encontrado una inspiración en los psicodélicos VWs de los hippies de los años sesenta. Pero su definición como un movimiento en el que todo es válido es lo que probablemente atrajo a Kennedy, descrito ampliamente por sus amigos como alegre y travieso.
Trabajaba en ventas en el Houston Chronicle cuando quiso participar en el desfile anual de Art Car de la ciudad a principio de los años noventa.
Kennedy "envió la fotografía de un coche que había pintado con vaporizador y al que había pegado trozos de metal y preguntó: ‘¿Puedo enviar mi coche para el desfile?’", recuerda Susanne Theis, ex directora de la compañía que organiza el desfile.
"Era un Art Car primitivo, pero se metamorfoseó en un coche que fue icónico, y él se convirtió en artista", dijo. "Poseía la comprensión instintiva de que se necesitaba conectarse con la gente, y se dedicó a ello".
‘Ripper’ emergió como uno de los iconos "más reconocidos e inspiradores" del movimiento Art Car en parte porque Kennedy llevaba su coche "a todas partes", incluyendo sus visitas a cinco festivales de expresión artística Burning Man en el desierto de Nevada, de acuerdo a ‘Art Cars’, un libro de Harrod Blank de 2007.
Los coches de Kennedy resaltaban por su cualidad escultórica y por el modo en que los usaba para hacer declaraciones políticas, dijo Philo Northrup, co-fundador del ArtCar Fest, una reunión anual en la Bay Area.
Cuando Ben Cohen, de los helados Ben & Jerry, quiso protestar contra el gasto militar, contrató a Kennedy, cuyo equipo construyó el satírico bus escolar ‘Topsy-Turvy’, que tenía encima un segundo bus con las ruedas hacia arriba. Completado en 2007, fue un juego visual que aludía a la idea de que el gasto militar se incurría a expensas de la educación y la salud.

Kennedy nació el 8 de octubre de 1960 en Elizabeth, Nueva Jersey, y tuvo una infancia nómade antes de asentarse en el sur de Oregon cuando tenía doce años.
Estudió administración comercial en la Universidad Tecnológica de Michigan de 1978 a 1981 y empezó luego a trabajar en la sección de cargas del Houston Chronicle, donde se hizo camino hasta convertirse en gerente de ventas.
En 1992 obtuvo su maestría en mercadeo de la Universidad de Houston y pasó los dos años siguientes estudiando escultura en la escuela.
Después de dejar el diario en 1995, se mudó a la Bay Area para construir Art Cars y vehículos conceptuales, evolucionando "hacia el reino en el que fui un personaje del movimiento Art Car", dijo Kennedy una vez.
No se ganaba demasiado dinero en ello, pero entre un proyecto y otro hacía arte funcional, como verjas y globos de metal. Y se deleitaba con la "creciente tribu" de los artistas de Art Car, a los que consideraba como "embajadores de buena voluntad".
Mediante un programa que fundó en 1996, envió bicicletas a los niños de Bosnia durante la guerra y dirigió un desfile de bicicletas inspirado en el movimiento Art Car.
Participó apasionadamente en desfiles en Estados Unidos. En cuatro años recorrió 130 mil kilómetros con su ‘Max the Darevil Finmobile’, un vehículo remolcador con aletas de cuatro metros que podían tocar los árboles.
Se casó, en 2007, con Haideen Anderson, una artista política que colaboraba en sus proyectos.
El artista se definía a sí mismo como "aventurero", y dijo una vez: "Parece que el mundo tiene escasez de aventureros en estos momentos. Hay demasiada gente sentada mirando televisión o ante una pantalla de ordenador. Alguien tiene que estar en la calle para hacer los contenidos. Ese soy yo".
Además de su esposa, le sobreviven su madre, Pat; su hermana, Margret; y sus hermanos Matt y Andy.

4 de mayo de 2009
21 de abril de 2009
©los angeles times
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murió andrew wyeth


Pintor estadounidense. A los 91. Los paisajes en acuarelas de Wyeth y sus retratos lo convirtieron en uno de los más apreciados pintores estadounidenses. Siguió siendo un pintor figurativo que prosperó incluso en momentos en que se consideró que el género se había convertido en anticuado.
[Myrna Oliver] Murió Andrew Wyeth, cuyas perdurables y realistas pinturas del campo de Pensilvania y Maine lo convirtieron en uno de los pintores más apreciados de Estados Unidos, y colocaron sus pinturas entre las más caras del mundo. Tenía 91 años.
Wyeth, que dividía su tiempo entre Chadds Ford, Pensilvania, y Cushing, Maine, murió durmiendo, en su casa en Pensilvania, informó a la Associated Press la portavoz del Museo Brandywine River.
Cientos de pinturas de Wyeth se exhiben en el museo. En 2006, una retrospectiva de su obra en el Museo de Arte de Pensilvania fue visitada por más de 175 mil personas en un período de cuatro meses.
Aunque los críticos a menudo menospreciaron sus paisajes y retratos en acuarela y témpora como "pinturas hechas con cámara", y observaban que no era más que un imitador de Norman Rockwell, Wyeth -como Rockwell- captó la sensibilidad artística de la clase media norteamericana.

Dos temas de Wyeth llamaron ampliamente la atención. En 1948 terminó su ‘Christina’s World’, que muchos críticos y admiradores consideran su obra más perdurable. En esta, Christina Olson, la mujer paralítica de cabellos oscuros que era vecina de Wyeth en Maine, se arrastra por entre la hierba hacia una destartalada casa de campo. El virtuosismo técnico de la pieza y la inquietante soledad que evoca la escena, se convirtieron en características del estilo de Wyeth. Ahora la pintura se encuentra en la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Más de treinta años después, Wyeth atrajo un tipo diferente de atención cuando sus cientos de pinturas y dibujos de Helga Testorf, muchos de ellos desnudos, fueron expuestos por primera vez. La gran cantidad de piezas y la palpable carga que las recorre sugieren más que una simple relación entre el artista y la modelo. La exposición fue comentada en artículos de portada de revistas y terminó como exhibición itinerante, con cuidadosas explicaciones de Wyeth sobre su relación con Testorf.
Durante su carrera de más de siete décadas, Wyeth siguió siendo un pintor figurativo que prosperó incluso en momentos en que se consideró que el género había muerto. Fue aproximado para pintar el retrato oficial del presidente Eisenhower y se convirtió en un favorito del presidente Nixon, que organizó una cena para Wyeth en la Casa Blanca en 1970 cuando se expusieron sus obras en la ciudad. Nixon brindó por Wyeth como un artista cuyas "pinturas conquistaron el corazón de Estados Unidos" y agregó que "ciertamente esta noche el corazón de Estados Unidos pertenece a Andrew Wyeth".
El antiguo crítico de arte de Los Angeles Times, William Wilson, dijo que Wyeth era "la imagen votiva del tradicionalismo estadounidense".
"En sus mejores momentos, Wyeth es sensible, neurótico y preciso", dijo Wilson. "No se puede pasar por alto su existencia como un fenómeno estadounidense".

La popularidad del artista fue instantánea. En 1937, a los treinta, Wyeth tuvo su primera exposición en solitario en la Galería William Macbeth de Nueva York. Para el segundo día se habían vendido todas sus acuarelas -veintitrés en total.
Sin embargo, Wyeth pensaba que se había convertido en un pintor serio sólo en 1945, después de la muerte de su padre, el dibujante N.C. Wyeth, cuyo coche fue impactado por un tren cerca de su casa.
"Cuando murió", dijo Wyeth a su biógrafo, Richard Meryman, "yo era sólo un acuarelista que daba pinceladas a diestra y siniestra".
Resuelto a tomar su talento más en serio, agregó: "El paisaje me ha conmovido siempre, y así, con su muerte... el paisaje adquirió otro significado -la de su propia cualidad".
Haciendo del paisaje un tema de su trabajo, Wyeth incluyó en sus pinturas a personas, de modo que entorno y personajes se apoyan mutuamente para revelar su significado. ‘Faraway’, una pintura de 1952, muestra al joven hijo de Wyeth, Jamie, ahora artista por derecho propio, sentado en un inmenso campo vacío. El niño lleva un sombrero de piel de mapache que sugiere una viva imaginación, pero está solo, sentado, con sus brazos abrazando sus rodillas, como si quisiera protegerse.

Los retratos de Wyeth del granjero Kurt Kuerner y su esposa demente, Anna, vecinos de Pensilvania, captan los desolados trasfondos de la vida rural. Una de sus pinturas mejor conocidas, ‘Ground Hog Day’ (1959) muestra el comedor de Kuerner con su papel de pared descolorido y la mesa servida para una persona. Al otro lado de la ventana, un leño partido con los bordes recortados apunta ominosamente hacia la casa. La obra recuerda los poemas de Robert Frost, que insinuaba el lado oscuro de la vida rural americana en algunos de sus escritos.
A medida que Wyeth alcanzaba la madurez artística, su trabajo se hacía más popular: Su ‘Marsh Hawk’, pintado en 1964, fue vendido por Sotheby Park Bernet por 420 mil dólares en 1981, en la época un precio exorbitante para una pintura de un pintor estadounidense vivo.
También se convirtió en una atracción en importantes museos. Una retrospectiva itinerante de su arte en 1966 atrajo un gran número de visitantes a la Academia de Bellas Artes de Pensilvania, donde cerca de 175 personas vieron la exposición. En Nueva York la exposición fue prolongada durante una semana para poder recibir a las más de 260 mil personas que la visitaron en el Museo Whitney de Arte Americano.
En 1976 se convirtió en el primer artista norteamericano vivo con una importante exposición en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. La exposición incluía pinturas, dibujos y bosquejos de sus temas más frecuentes: sus vecinos, los Olson y los Kuerner.
Mientras seguía haciendo pinturas que contaban una historia y captaban las ruinas de la América pre-industrial, la popularidad de Wyeth justificó dos importantes exposiciones permanentes de su arte, en dos museos distintos.
En 1984, se inauguró en el Museo Brandywine River la Galería Andrew Wyeth, en Chadds Ford. Catorce años después, el Museo de Arte Farnsworth, en Rockland, Maine, inauguró su Centro Wyeth con un ala separada para el arte de Andrew Wyeth, después de exhibir durante décadas su obra en solitario y en exposiciones colectivas.
Los dos museos incluían obras de tres generaciones de Wyeth. El padre de Andrew, N.C., y su hijo Jamie, fueron incluidos en las exposiciones.
La reputación de Wyeth entre los acuarelistas quedó bien establecida cuando mostró otro lado de su naturaleza con las pinturas de Helga que había mantenido oculto durante los años que las pintó.

En 1966 reveló a Jeffrey Schaire, editor de la revista Art and Antiques, que "hay un buen montón de obras mías que nadie conoce".
Entre 1970 y 1985 Wyeth pintó cerca de 240 retratos de Helga Testorf. El alijo hizo surgir preguntas en la familia de Wyeth. El público también se mostró curioso de saber qué había querido decir la esposa y agente comercial de Wyeth cuando dijo que pintaba a Testorf por "amor". Betsy también dijo que tampoco supo nada sobre esas telas en los años en que fueron pintadas.
El incidente de Helga se convirtió en un artículo de portada tanto del Time como de Newsweek mientras el público ponderaba si Wyeth, entonces de casi setenta años, había tenido una aventura con la mujer más joven. Mientras él y su esposa trataban de explicar la relación, el mundo del arte especulaba sobre si Wyeth había montado el secreto y la subsecuente revelación simplemente para elevar su popularidad y el precio de sus pinturas.
"Fue una aventura amorosa con el ardiente amor que he sentido siempre por las cosas que pinto", dijo sobre las pinturas de Helga. "Si no lo sintiera, la pintura se habría convertido en algo rutinario".
"La gente va a pensar, especialmente con esta serie de pinturas, que se trata de una relación sexual", dijo a la revista Time. "Pero no lo es... No es enamoramiento; es amor". Años más tarde dijo que Testorf se había convertido en parte de su familia y que quería ser sepultado junto a ella.
Wyeth dijo que había ocultado las pinturas porque temía la reacción de la opinión pública, que podría interrumpir su creatividad y su trabajo.
Leonard Andrews, editor de Newton Square, Pensilvania, compró la colección de Helga, que se estimaba que valía más de cien millones de dólares. La cifra exacta que pagó no fue revelada. Andrews organizó una gira por el país con la exposición de esas piezas. Fue exhibida en seis ciudades importantes, incluyendo Los Angeles.

La notoriedad no apagó la popularidad de Wyeth. Para su muerte, cientos de sus pinturas habían sido reproducidas en estampados, calendarios, carteles, tarjetas postales y objetos parecidos. En los museos Brandywine y Farnsworth, la colección de tazones, llaveros, camisetas y otros regalos que llevan una reproducción de Andrew Wyeth sugieren el alcance de una industria de gran rendimiento.
Para cuando Wyeth estaba en sus noventa, a los museos Brandywine y Farnsworth llegaba gente de todo el mundo. Podían inscribirse en visitas guiadas del Museo Farnsworth, algunas de ellas dirigidas por la nieta de Wyeth, Victoria. Otra visita incluía la granja de Olson, ahora en propiedad del museo.
La destartalada casa de Olson con sus paredes descascaradas, el suelo desigual y el excusado exterior llevaban a los visitantes a hacerse preguntas. "Fisgoneando su casa y sus vidas le reportó a Wyeth fama y riqueza, así que alguien quiere saber por qué no las compartió con ellos", escribió Paul Lieberman en Los Angeles Times después de hacer una visita colectiva en 2007. La respuesta que le dieron fue que Wyeth dio a los Olson algunas cosas para la casa. "Pero Christina decía siempre ‘no, no’ cuando se trataba de dinero. Decía: ‘Esta es mi vida, y me gusta así’", escribió Lieberman.
Los vecinos de Wyeth consideraban que posar para el venerado Wyeth era un deber cívico, no un pasatiempo para ganar dinero, escribió Lieberman. También se acostumbraron a verlo merodear por sus campos y estancias. Cuando veía una cortina de encaje moviéndose con la brisa, o alguna maquinaria arruinada o alguna vaca que le gustara, empezaba a pintar.
"Me gusta ser libre", dijo Wyeth explicando sus paseos a Meryman, su biógrafo. "Las emociones reales ocurren tan rara vez que son difíciles de vivir. No me refiero a la emoción sintética, sino a la emoción que te da vuelta. Quería estar listo para ello. Me gustaría poder flotar sobre eso. Y ese es, por supuesto, el efecto que ando buscando con mi pintura".

Si Andrew no hubiese cogido nunca un pincel, el nombre Wyeth todavía sería conocido y respetado en círculos artísticos. Nacido en Chadds Ford el 21 de julio de 1917, Andrew era el menor de los cinco hijos de Newell Convers Wyeth, que pintó más de 6.500 telas, incluyendo las ilustraciones de cerca de 75 libros. Aunque el hermano de Andrew, Nathaniel, se convirtió en ingeniero, dos de sus hermanas -Carolyn y Henriette- se hicieron artistas, y la otra, Ann, compositora. El pintor Peter Hurd, que introdujo a Andrew Wyeth a la témpora, se casó con su hermana Henriette. El hijo menor de Andrew Wyeth, Jamie, siguió los pasos de la familia en el caballete.
"¡Dibujen!", escribió Newell Wyeth en una carta cuando Andrew y sus hermanos eran pequeños. "Eso es lo más extraordinario de esta casa, y al ver a los cinco sentados en torno a la lámpara todas las noches, cada uno inclinado sobre un taco de papel, dibujando todo tipo de hechos e historias sobre la naturaleza, uno pensaría al menos que era una noche organizada por la escuela de arte, o que todos eran chiflados del mismo modo".
Educado en casa en gran parte por su padre, Andrew Wyeth creció en el taller del dibujante, posando a cambio de bombones cubiertos de chocolate y preguntando todo lo que quería. Como el hijo menor y libre de clases, Andrew Wyeth empezó a recorrer sin rumbo fijo el campo donde viviría toda su vida.
"Yo jugaba solo y paseaba mucho en los cerros, haciendo acuarelas que literalmente explotaban descuidadamente en mis páginas", dijo a uno de sus biógrafos. "Y pintaba con lápiz o pluma y tinta de manera salvaje, sin ninguna disciplina".
Considerado como una especie de duende travieso, el joven Andrew organizaba a sus hermanos y amigos para representar cuentos de Robin Hood y otros aventureros pintados por su padre. Para una fiesta cerró alegremente el cuarto de baño después de mezclar el ponche con un popular laxante.
De adulto Wyeth siguió creando elaborados trajes, como para Drácula o un hombre lobo en la víspera del Día de Todos los Santos, y dirigía a sus amigos a través de la encantada comunidad.
Al principio, el práctico y sociable Wyeth cortejaba al público como potenciales clientes. Pero a medida que crecían su fama y las ventas, volvió a su personalidad solitaria y se convirtió en una especie de recluso.
Él y Betsy, con la que se casó el 15 de mayo de 1940, compraron el viejo molino de Chadds Ford y lo restauraron para convertirlo en su taller, el granero en oficina y la casa del molinero en su casa. Además de Jamie, tuvieron otro hijo, Nicholas.
Vecinos tanto de Maine como de Pensilvania participaron alegremente obstruyendo a los admiradores curiosos, protegiendo la privacidad de Wyeth. Él insistió en que empezó a evitar a la gente durante su adultez porque los visitantes no invitados interferían con el tiempo que dedicaba a la pintura.
Criticado a veces por lo limitado de su alcance, Wyeth sostenía que sólo pintaba lo que conocía mejor: las escenas y la gente cerca de sus casas en Pensilvania y Maine.
"El realismo sin emoción es una pintura muerta", dijo en una entrevista de 1957. "La emoción es mi baluarte. Creo que eso es lo único que permanece".

Mary Rourke contribuyó a este artículo.

25 de enero de 2009
17 de enero de 2009
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murió robert graham


Escultor de Los Angeles. A los 70. El artista diseñó importantes monumentos cívicos en todo el país. Su legado es visible en Los Angeles.
[Suzanne Muchnic y Cara Mia DiMassa] El sábado murió en el Centro Médico de Santa Monica-UCLA, el escultor de Los Angeles Robert Graham, con una destacada presencia pública en todo el país, informó su amigo Roy Doumani. Graham, que había estado enfermo durante los últimos seis meses, tenía setenta años.
Un artista elegante y caballeroso que poseía un enorme taller en Venice, Graham fue terriblemente prolífico durante toda su carrera. Un perfeccionista furiosamente independiente con habilidades de alta tecnología y una constante fascinación con la figura femenina, exploró casi toda postura y actitud concebible del desnudo humano en su trabajo personal, trabajando a menudo a una escala íntima.
Pero es mejor conocido por sus enormes trabajos públicos que rinden homenaje a personajes históricos o simbolizan grandes ideas en locaciones significativas.
Su legado, dijo Doumani, "está en toda la ciudad. Introdujo un montón de belleza y una visión de lo que debía ser el arte... Bob era especial en esta ciudad y, felizmente, su trabajo seguirá aquí y en todas partes, y ciertamente no va a ser olvidado".
En Los Angeles, Graham diseñó un conjunto de puertas de bronce independientes para el Music Center en 1978, y una escultura de dos figuras sin cabeza conocidas como el ‘Olympic Gateway’ en el Memorial Coliseum de las Olimpíadas de 1984. Su trabajo público más grande e importante en la ciudad son las ‘Grandes Puertas de Bronce’, una enorme entrada custodiada por un ángel, hecho para la Catedral de Nuestra Señora de Los Angeles en 2002.
Graham, cuyo trabajo también era pedido en otras ciudades, creó un monumento en memoria de Joe Louis en Detroit, otro en memoria de Duke Ellington en Nueva York y una remembranza escultórica de Charlie ‘Bird’ Parker en Kansas City, Montana.
Pero entre sus tributos a figuras públicas veneradas, el logro que más le enorgullecía era probablemente el Memorial de Franklin Delano Roosevelt en Washington, D.C. El complejo encargo, realizado en 1997, incluye una figura de tamaño natural del presidente en su silla de ruedas, un bajorrelieve que muestra un noticiario de su primera investidura y una serie de paneles que ilustran 54 programas iniciados por FDR durante el New Deal.

Aunque Graham nunca siguió las tendencias mundiales del arte, prefiriendo trabajar como un escultor de estatuas relativamente anticuado, y exhibió su obra en numerosas galerías y museos, entre ellos en la Ace Gallery de Beverly Hills, en Imago Galleries en Palm Desert y en la Gagosian Gallery en Nueva York. Sus obras se encuentran en colecciones de instituciones como el Museo de Arte del Condado de Los Angeles, el Museo de Bellas Artes de Dallas, el Instituto de Artes de Detroit y el Museo Hirshhorn y el Jardín de Esculturas en Washington, D.C.
El artista Tony Berlant, que conoció a Graham en Londres en 1973, dijo que había tenido un enorme y temprano éxito "en la vanguardia establecida, aquí y en Nueva York y en Europa. Su propia musa lo llevó a producir obras que eran muy independientes... Exigía hacer las cosas en sus propios términos y las hacía con increíble destreza. Por eso se ganó el respeto de todo el mundo".
Berlant dijo que las mujeres eran "el centro obsesivo de su trabajo". Y dijo que Graham era a veces criticado por esas esculturas, que a menudo mostraban a mujeres desnudas y sin cabeza. Pero esas figuras, dijo Berlant, "eran increíblemente naturales... La gente a veces las veía como meros iconos de sexualidad. Pero si te fijas bien, tienen personalidades individuales, creo. Son retratos, no piezas genéricas".

El artista Laddie John Mill, que conoció a Graham a principio de los años setenta, lo llamó "un espectáculo de primera".
"Como artista, estaba siempre a la vanguardia", dijo Dill. "Siempre trataría de ir más allá de lo que estaba haciendo. Empezó con cajas de acrílico, con esas increíbles escenas, y luego se pasaría al bronce y al bronce monumental y estaba empezando a trabajar con concreto y cristal. Obviamente su cabeza iba más rápido que sus manos. Y la tragedia es que Bob estaba recién empezando. Pese a sus logros, había empezado a trabajar en el nuevo taller que le había diseñado su hijo y estaba listo para el siguiente capítulo. Es simplemente una tragedia".
Dill dijo que el nuevo taller y una escultura que fue instalada hace poco en medio de una rotonda en Venice, "parecían cosas de transición. Sabías que venían otras cosas en camino. De repente tienes que cortar con todo eso, es algo horrible. Creo que tuve la fortuna de conocerlo personalmente, y de ser capaz de pasar algún tiempo con él, especialmente en esos primeros días".

El artista nació en Ciudad de México el 19 de agosto de 1938, hijo de Adeline Graham y Roberto Peña, aunque nunca conoció realmente a su padre, que murió cuando él tenía seis años. Fue criado por su abuela Ana, su tía Mercedes y su madre.
En una entrevista con el Times hace algún tiempo, Graham recordó que Adeline lo llevaba de la mano a visitar los magníficos monumentos públicos mexicanos, como el Castillo de Chapultepec y las pirámides, los murales de Diego Rivera y de David Alfaro Siqueiros, y catedrales e iglesias en todo el país.
"No recuerdo haber entrado nunca en una galería", dijo. "Las cosas que eran importantes eran esos murales y lo que la gente veía todo el tiempo. Esos eran mis libros de historia. Podías ver cómo se veían los aztecas, cómo se veía Hernán Cortés. Nunca lo vi como arte: era parte de tu experiencia de vida como mexicano".

A los once, Graham y sus tres ‘madres’ se mudaron a San José y él se educó en los institutos de arte de San José y San Francisco. Vivió en Londres durante algunos años con su primera esposa, Joey, y su hijo Steven, y luego se trasladó a Los Angeles a principio de los setenta.
En 1990, mucho después del fin de su primer matrimonio, Graham encontró a su segunda esposa, la actriz Anjelica Huston, en un banquete. Pronto se comprometieron y casaron en 1992.
El 15 de diciembre, Graham fue introducido al Salón de la Fama de California.
Además de su esposa e hijo, Graham deja a un grupo de artistas amigos, entre ellos Ed Moses, que lo llamó "un hombre fabuloso" y "un gran artista".
"Simplemente fue uno de esos seres humanos impecables al que quería mucho, como todos sus amigos", dijo Moses. "Dejará una huella en la historia como escultor. Los museos todavía no lo saben, pero así será. Era un artista independiente y nunca aceptó las reglas que se le imponían. Hacía lo que quería y no colaboraba ni con museos ni con marchantes de arte. Era realmente una fuerza independiente y poderosa".

Diane Haithman y Mike Boehm contribuyeron a este artículo.

16 de enero de 2009
28 de diciembre de 2008
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murió françois-xavier lalanne


Escultor de animale surrealistas. A los 81.
[William Grimes] El 7 de diciembre murió en su casa en el pueblo de Ury, al sur de París, François-Xavier Lalanne, cuya colección de esculturas animales incluía un babuino de hierro fundido con una chimenea en su estómago, tórtolas gigantes que hacían las veces de sillones y una manada de dinosaurios de jardín. Tenía 81 años.
La familia no proporcionó informaciones sobre la causa de su muerte, que fue confirmada por su mujer, Claude.
Pintor de oficio, Lalanne creó su propia versión del surrealismo cuando, en 1964, reveló ‘Rhinocrétaire’, un rinoceronte vietnamita de tamaño natural, uno de cuyos lados se desplegaba como escritorio. Infinitamente creativo, generó todo un zoológico en las décadas que siguieron: un ‘pez paisaje’ diseñado para exteriores, con un agujero rectangular en el medio que enmarcaba la vista natural como se si tratase de una pintura; una mosca gigantesca, hecha de latón, acero y porcelana, que servía de inodoro; y, la obra más famosa de todas, veinticuatro ovejas cubiertas con pieles auténticas, algunas con caras, otras peludos almohadones sobre patas de cordero.
Dijo una vez que quería introducir la noción de utilidad a la escultura y desmitificar el arte, al que veía como un palacio de la risa antes que como catedral. De ahí las ovejas. "El mero hecho de que puedas sentarte sobre ellas reduce el riesgo de una devoción inapropiada", dijo una vez.

Lalanne nació en Agen, al sudoeste de Francia, y se educó con los jesuitas. A los dieciocho se mudó a París y se inscribió en la Academia Julian, donde estudió dibujo, pintura y escultura. Después de terminar el servicio militar obligatorio alquiló un taller en Montparnasse, junto al de Constantin Brancusi, que tuvo una decisiva influencia en su trabajo.
A través de Brancusi, Lalane conoció a artistas como Max Ernst, Jean Tinguely, Man Ray y Marcel Duchamp. Igualmente influyente en su arte fue su breve período como auxiliar en el Louvre, donde trabajó en las galerías dedicadas al antiguo Egipto y al arte asirio, rodeado de esculturas animales que lo miraban impasible desde el fondo de los tiempos.
Lalanne se las arreglaba para encontrar lo divertido de una situación. "Los martes, cuando el museo cerraba, me montaba sobre la estatua del toro Apis. No podía evitarlo", dijo.
En 1952 expuso sus retratos y paisajes en una galería de arte parisiense, pero decidió pronto que la pintura no le servía. Encontró un empleo como dibujante del arquitecto húngaro André Sive, que en la posguerra estaba haciendo trabajos de reconstrucción, pero que a mediados de los años cincuenta cambió de rumbo hacia una nueva carrera como escaparatista y decorador.
Lalanne conoció a su mujer, Claude Dupeux, en su exposición en la galería; se casaron en 1967. Además de su esposa, le sobreviven dos hermanos, Jean-Philippe y Michel; cuatro hijas -Dorothée, Caroline, Marie y Valérie; seis nietos; y cinco biznietos.

Juntos, los Lalanne llevaron la delantera en las bellas artes, y en su primera exposición juntos su rinoceronte escritorio compartió el espacio de la galería con los objetos de menor escala de ella, como un repollo con patas de pollo. Durante los siguientes cuarenta años, la mayor parte de los cuales la pasaron en una colección de talleres en Ury, trabajaron juntos, produciendo juntos algunas piezas. Un entusiasta mecenas de ambos fue Yves Saint Laurent, que puso varias de las ovejas de Lalanne en la biblioteca de su dúplex de París y cubrió las paredes con los espejos con motivos de azucena de Lalanne.
Aunque Lalanne era mejor conocido por sus escultura con juegos de palabras, también produjo muchas figuras animales serenas y fluidas -algunas de ellas evocativas de los trabajos de Brancusi o René Magritte, otras remontándose al arte funerario egipcio. Él y su esposa también crearon muchas obras de arte público, como los famosos dinosaurios -seis en total- de jardín del Paseo de la Calle Tres en Santa Monica, California.
Algunos de sus proyectos más intrigantes no fueron nunca realizados: una casa de vacaciones de ladrillo con la forma de una gigantesca cabeza humana; una catarata que descendía en una boca abierta; un buque de pasajeros en forma de pato.
Lalanne encontró en el mundo un ilimitado inventario de imágenes e ideas, y el acceso a las audiencias que ansiaba.
"Todos, en todo el mundo, pueden reconocer a los animales", dijo. "No tienes que explicar qué son o qué significan".

27 de diciembre de 2008
13 de diciembre de 2008
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mr. natural va al museo


Una colección de más de cien dibujos originales del dibujante de cómics underground R. Crumb se expondrá hasta el 7 de diciembre en el Institute of Contemporary Art de Filadelfia.
[Ken Johnson] Filadelfia, Estados Unidos. Ha sido un largo y extraño viaje. En el curso de su carrera de cinco décadas, el dibujante de cómics R. Crumb ha pasado de ser un héroe del underground hippie a brindis del mundo del arte internacional. Fundador de la delirantemente obscena y psicodélica revista Zap Comix durante los años dorados de Haight-Ashbury [la esquina de las calles Haight y Ashbury, en San Francisco, que fue el centro de la zona hippie de la ciudad en los años sesenta], ha producido más recientemente historietas en colaboración con su mujer, Aline Kominsky Crumb, para el New Yorker. En 2004 fue incluido en el Carnegie International y se le organizó una retrospectiva de su carrera en el Museo Ludwig, en Colonia, Alemania.
Ahora el Instituto de Arte Contemporáneo de aquí ofrece ‘R. Crumb’s Underground’, una excelente oportunidad para repasar el increíble viaje de Crumb. Esta apasionante selección de más de cien piezas de arte de todas las fases de su carrera fue organizada por Todd Hignite, el editor de la revista Comic Art, para el Yerba Buena Center for the Arts, en San Francisco, donde fue exhibida en 2007.
Crumb no es el único artista que ha cruzado la línea que separa al gueto del cómic del museo de bellas artes. Gary Panter, Chris Ware y Daniel Clowes son apenas tres de los dibujantes contemporáneos mejor conocidos que han contribuido a que el arte del cómic sea tomado en serio por un público adulto más sofisticado. Pero Crumb -un dibujante de enorme capacidad, inventiva y versatilidad, de una intrépida irreverencia, un escritor dolorosamente divertido que se burla de las cosas modernas, progresivamente sabio, y osado explorador de su propia y torcida mente- sigue siendo la norma de oro del género.

Nacido en Filadelfia en 1943, Robert Crumb no asistió nunca a ninguna escuela de arte. Aprendió a dibujar bajo la tutela de su hermano mayor, Charles, que era también un ambicioso dibujante. A principio de los años sesenta diseñaba tarjetas de visita para la American Greetings Corporation, en Cleveland. En 1967 se mudó a San Francisco, donde creó algunos de los personajes más memorables de la historia de las caricaturas, incluyendo al irascible gurú Mr. Natural y su desdichado escudero Flakey Foont; el zalamero y abiertamente lascivo Fritz the Cat; la colérica amazona  Devil Girl; y R. Crumb mismo, un personaje comparable al alter ego autobiográfico de Woody Allen, y Philip Roth. Desde principios de los noventa, Crumb y su mujer viven en el sur de Francia.
La exposición está llena de sexo desenfrenado. Crumb no oculta su predilección por las mujeres grandes y musculosas, y su vida erótica imaginaria y no censurada, no sólo es divertida sino además liberadora. Véase por ejemplo ‘How to Have Fun With a Strong Girl’ (2002), una serie de doce dibujos en los que el escuálido Crumb se trepa como mono a mujeres jóvenes de poderosas contexturas. Todos deberíamos admitir, y perdonarnos, nuestras fantasías libidinosas.
Pero el sexo no es la única preocupación de Crumb. También es un gran amante de la música popular de principios del siglo veinte y un fanático coleccionista de discos de 78 revoluciones. Una parte de la exposición dedicada a sus intereses musicales incluye extensas historias sobre las vidas tristemente breves de los músicos Charlie Patton y Tommy Grady (blue). Hay una humana y profundamente conmovedora ternura en esas piezas.
La influencia del LSD, que Crumb llamó su "camino a Damasco", es evidente en piezas del surrealismo de los años sesenta y setenta. El clásico ‘Meatball’ (1967), en la que gente de toda condición son golpeados por albóndigas azules que alteran la conciencia, es misteriosamente estrafalario.
Pero lo que también es atractivo en la obra de Crumb es cómo a menudo se funda en la realidad más mundana. ‘Lap o’ Luxury’ (1977), que con diez páginas es una de sus producciones más extensas, cuenta en detalle los sucesos de una tarde en la vida de un niño con su mamá y su pesado hermano menor. En un momento se excita sexualmente con las botas de vaquero que luce una mujer que llega de visita, aunque lo demás es diversión sana y decente.
Los espectadores deberían tomarse dos o tres horas para esta exposición. Hay que leer un buen montón, que nos recuerda otra de las virtudes de Crumb: es un talentoso escritor que presta gran atención al habla de todos los días. Se puede decir que el arte de Crumb se consume mejor en formato de libro. Pero realmente no hay nada que substituya los dibujos originales, la mayoría de los cuales están hechos con las finas plumas negras de Rapidograph. Las impresiones conservan la vivacidad de sus anticuados dibujos, pero ninguna reproducción puede captar la sutileza del tacto y agudeza del acto de dibujar.
Cualquiera sean los atractivos formales y estéticos de su arte, la inclinación de Crumb por empujar los límites del buen gusto y de la corrección política hacia territorios psicológica y peligrosamente picantes y complicados es su principal atractivo. Su creación más asombrosamente provocadora es Angelfood McSpade, una joven y pechugona africana, negra como la tinta, con una faldita de hojas de palma que le fue inspirada por las caricaturas racistas de los años veinte y treinta. Dulce y tonta, la desdichada Angelfood es sometida a todo tipo de abusos sexuales en varios episodios dibujados por Crumb. En una hilarante tira en la exposición, Angelfood es raptada y abusada por extraterrestres en un platillo volante.
El escandaloso juego de Crumb con el personaje Angelfood se deriva de la teoría de que toda la gente es, al menos subconscientemente, racista, y que exponer las fantasías racistas es el mejor modo de exponer lo estúpidas y crueles, y sin embargo insidiosamente atractivas que pueden ser esas fantasías, especialmente cuando se mezclan con fantasías sexuales. Kara Walker y Robert Colescott han jugado con estereotipos racistas con fines similares.
Pero Angelfood representa algo más, también para Crumb. Al final de un cuento de 1968, de cuatro delirantes páginas, la vemos danzando en la selva. "Pasa el tiempo bailando en la jungla", dice la leyenda. "¡Es apenas una creatura simple y primitiva! Pero si te quieres meter con ella, ¡cógela! Si acaso te atreves..." En el último cuadro un hombre de traje y corbata corre por un sendero en la dirección opuesta de un letrero que apunta a ‘Schmarvard Law School’. El texto en su maleta dice: ‘Darkest Africa or Bust!’
En otras palabras, Angelfood es el símbolo del anhelo del hombre moderno para conectarse con sus propios y traspapelados instintos. En cierto sentido, esa ha sido la misión de toda la vida de Crumb: permanecer imaginativamente atento a sus deseos más profundos y urgentes, por más que sean vergonzosos, desagradables u ofensivos para la sociedad. Angelfood es el alma de R. Crumb.

La exposición ‘R. Crumb’s Underground’ se mantendrá hasta el 7 de diciembre en el Institute of Contemporary Art, 118 South 36th Street, Philadelphia; (215) 898-7108, icaphila.org.

9 de septiembre de 2008
4 de septiembre de 2008
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manifiesto de peter saul


Largamente esperada retrospectiva de Peter Saul, uno de los tótems del Pop Art. En el Orange County Museum of Art.

[Holland Cotter] Newport Beach, California, Estados Unidos. Peter Saul, que este domingo cumple 74 años, es el clásico artista de artistas, uno de nuestros escasos pero importantes pintores históricos vivos y un perpetrador compulsivo violaciones del buen gusto. Su carrera, aunque larga, estable y admirada, nunca ha logrado superar la condición de culto. Es un ejemplo del tipo de visibilidad en que los árboles no dejan ver el bosque.
La influencia de las pinturas de Saul, con sus personajes de cómics, exuberantes y chillones colores, salpicaduras de expresionismo cinematográfico y una postura inconformista sobre temas de actualidad, impregna el arte reciente. Ha contribuido poderosamente a importantes carreras, como las de Carrol Dunham y Elizabeth Murray. Y ha allanado el camino para los devaneos neo-realistas de los innumerables aprendices que salen de las academias de arte para caer directamente en brazos de un ávido mercado.

Sin embargo, su propia aceptación por el mercado ha sido, hasta hace bastante poco, menos que ávida. Su recepción en los museos se ha caracterizado por la indiferencia, si no la evitación. Que la retrospectiva de su obra en el Museo de Arte del Condado de Orange aquí en California del Sur no haya sido programada para prolongarse en Nueva York, donde vive Saul ahora, dice mucho.
Es verdad que el Museo de Arte Moderno, con su cortesía de marca blanca, no parece un lugar natural para sus perversidades visuales. Tampoco lo es el Museo Metropolitano, pese a su jactanciosa aceptación del arte nuevo ‘provocador’. ¿Pero por qué no lo ha pedido el Whitney, que posee una de sus más incisivas pinturas sobre la Guerra de Vietnam? ¿Se ha perdido quizás entre las abundantes cosas bellas que se pintan en estos días? (La exposición de Saul muestra cincuenta piezas seleccionadas por el ex curador del New Museum, Dan Cameron).

El arte de Saul no es bonito, aunque ofrece muchos placeres visuales. Tampoco es amable. En realidad, el artista hace grandes esfuerzos para parecer lo contrario. Hoy en Estados Unidos, dice en la entrevista del catálogo, "hay una tremenda necesidad de no pasar por racista, de no pasar por sexista. Así que me aseguro de pasar por todas esas cosas".
Y lo logra. ¿Cuál sería el museo adecuado para exhibir una pintura que muestra a O.J. Simpson armado con un cuchillo, pero amarrado para ser ejecutado mientras una rubia regordeta señala un guante manchado de sangre y dice: "¿Es por esto que tienes que morir?" ¿O una pintura de Cristóbal Colón masacrando a nativos del Nuevo Mundo que ellos mismos sostienen en sus brazos bandejas con trozos de carne humana?

¿Cuál es el lugar adecuado para un arte que arrejunta a John Wayne Gacy con Angela Davis, el Ratón Mickey con Ethel Rosenberg, Stalin con Willem de Kooning, Basil Wolverton con George W. Bush, para luego espesar el caldo con puntiagudas referencias al capitalismo, el comunismo, la homofobia, el feminismo, el Poder Negro, el racismo, la pedofilia y la política artística y, finalmente, a sí mismo, el artista decrépito, enfermo y auto-lacerante?
Dependiendo de quién esté mirando, Saul puede ser interpretado sea como elogiando o vilipendiando los ingredientes individuales de su caldo, aunque cuando se lo presiona para que declare sus lealtades, da respuestas equívocas. En realidad, su arte parece repeler de las respuestas, una especie de pintura vista como agitación, como amenaza.

Saul, que nació en San Francisco, empezó su campaña de provocaciones a fines de los cincuenta cuando descubrió que aunque le gustaban algunos expresionistas abstractos, no toleraba las pavadas existencialistas que rodeaban sus trabajos. Así que adoptó el estilo denso, pero dejando de lado las pretensiones. En lugar de profundidad espiritual, pintó neveras por dentro, rellenas de refrescos, bistés, puñales, penes e inodoros. En el proceso, creó una versión gráfica -como hizo Larry Rivers- de lo que sería llamado el Pop Art.
Durante esa época, de 1956 a 1964, vivió en relativo aislamiento en Europa. En París conoció a algunos colegas, como el pintor surrealista Roberto Matta, y el comerciante de arte Allan Frumkin, que representaría a Saul durante más de treinta años. También tuvo importantes encuentros con ‘La guardia nocturna’, de Rembrandt, y la revista Mad.

A mediados de los sesenta, después de volver a California, Saul produjo una serie de pinturas inspiradas por la guerra en el sudeste asiático. En ‘Vietnam’ (1966), realizada con un estilo gráfico liso y lineal, pero supurante, las figuras que personifican las razas negra, blanca y amarilla se revuelcan juntas en una suerte de violación colectiva apocalíptica, violándose y violando todas ellas.
Otras pinturas de la serie -que harían por sí mismas una asombrosa y oportuna exposición- ofrecen la visión de una profanación universal todavía peor. En su indescriptible compás moral, su desdén del solaz humanista y su alarmante belleza formal, se encuentran entre las imágenes de referencia de su época.
En 1975, Saul se mudó a Nueva York. Pero para entonces la pintura, al menos la de su tipo, había pasado de moda. Así que en 1981 se trasladó a Austin, Texas, para enseñar. Se quedó ahí por casi veinte años, retirándose una vez más del ambiente tradicional, y en una época en que el arte político, incluyendo la pintura política, estaba encontrando una nueva audiencia.

En realidad, Saul ha pasado mucho tiempo haciendo parte de su trabajo para una audiencia de una sola persona, él mismo, específicamente en una serie de autorretratos que empezó en los setenta y continúa aumentando hasta hoy. Las imágenes son, casi todas, imágenes del cuerpo capturado, poseído por mortificantes instintos y encendidas emociones, mientras resiste el asedio de un mundo hostil.
En ‘Oedipus Junior’ (1983), el artista se clava él mismo un pincel en un ojo, se castra a sí mismo con una sierra circular y ofrece una cerveza a una teta que le brota del cuello. En un dibujo de 1997, una mujer que vomita taladra la frente de un hombre con una pancarta que dice: "Me enferman tus bromas sexistas". En varias pinturas muestra cabezas derritiéndose, disolviéndose en grasa y sudor, ojos y dientes flotando en un charco de gruesa mugre.

Esas imágenes -los tardíos autorretratos de Rembrandt no están demasiado lejos- han aumentado en cantidad a medida que Saul ha ido envejeciendo. Sin embargo, su trabajo sigue viéndose juvenil. Y para los artistas jóvenes es, por varias razones, un modelo que vale la pena.
Se ha mantenido alejado del mundo del arte, así que no le debe nada a este. También se ha mantenido alejado de la moda -tener un agente que lo ha apoyado siempre, naturalmente, es una de las cosas que le ha permitido esa postura- y, con un escaso respaldo de la crítica, ha seguido magistralmente su propio odioso e hilarante camino. Y esta ruta la ha basado en un género fundamentalmente simple, el surrealismo, cargado con un resuelto contenido crítico.

Si su trabajo se ha suavizado y ampliado con el tiempo -algunas de sus últimas pinturas en esta selección de otro modo excelente, se ven poco elaboradas o demasiado explícitas-, lo esencial sigue siendo rudo y firme. Este es un arte de una combativa ambigüedad moral que parece que proviniera de un lunático marginal, pero de hecho ofrece una sana y realista descripción del mundo. ¿Qué hay de malo con esta imagen?, se pregunta Saul en cada una de sus pinturas. Y la única respuesta es: Todo.

‘Peter Saul’, hasta el 21 de septiembre en Orange County Museum of Art, 850 San Clemente Drive, Newport Beach, Calif.; (949) 759-1122, ocma.net. Luego seguirá ruta hacia la Pennsylvania Academy of Fine Arts en Filadelfia, del 18 de octubre al 4 de enero de 2009; y al Contemporary Art Center en Nueva Orleans, del 14 de febrero al 24 de mayo.

17 de agosto de 2008
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