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derechos humanos

muerte del número cuatro


[Jeff Jacoby] A diferencia de sus decenas de miles de víctimas, este feroz asesino murió en la cama de un hospital.
La semana pasada hubo un recién llegado en el infierno. Era el criminal comunista al que sus padres bautizaron Chhit Choeun. Pero la gente no lo llamaba así.
El antiguo comandante Khmer Rouge era más conocido por su nombre de guerra, Ta Mok; o como ‘Hermano Número Cuatro', el título que le otorgó su colega revolucionario camboyano, Pol Pot (‘Hermano Número Uno'). Hun Sen, el primer ministro de Camboya, lo llamó el ‘Hitler de Camboya'. Para innumerables camboyanos de a pie, era simplemente ‘El Carnicero'.
Han pasado 30 años desde que los Khmer Rouge asesinaran a 1.7 millones de sus compatriotas camboyanos, en una orgía de sangre que exterminó a un cuarto de la población de Camboya en nombre de una utopía marxista radical. El mes pasado, se formó finalmente un tribunal designado por Naciones Unidas para llevar a justicia a los arquitectos de ese genocidio. Pero tres de los más sanguinarios sociópatas Khmer Rouge -Pol Pot, Son Sen y ahora Ta Mok- están muertos. Sólo uno de ellos, Kaing Khek Ieu, conocido como Duch, que dirigía la cárcel de torturas en Tuol Sleng, está todavía bajo custodia. Todos los demás tienen edades entre los setenta y ochenta años. Y de cualquier modo, el juicio no empezará antes de fin de año.
Como es el caso de la mayoría de los monstruos comunistas de los últimos noventa años, no habrá un ajuste de cuentas terrenal de los crímenes de Ta Mok. No habrá una instancia donde se preservarán los nombres ni las historias de sus incontables víctimas, aquellas cuya sangre continuará gritando desde debajo de la tierra.
Mientras que aquellos asesinados por los Khmer Rouge no tendrán nunca la posibilidad de prestar testimonio, algunos de los que les sobrevivieron han contado sus historias. Abajo siguen breves fragmentos de tres de esas memorias.

Ranachith (Ronnie) Yimsut tenía 13 años cuando Camboya cayó en manos de los Khmer Rouge.
Durante la última semana de 1977, él y su familia extendida fueron enviados en una marcha forzada hacia Tonle Sap, donde los esperaban los Khmer Rouge para matarlos. De las docenas que fueron asesinados ese día, sólo sobrevivió Yimsut. Su historia se encuentra entre las compiladas en ‘Children of Cambodia's Killing Fields', de Dith Pran, publicado por Yale en 1997:

"Yo fui el último en ser amarrado fuertemente por los soldados... Mi cabeza empezó a sangrar, por una herida que tenía. Todavía estaba semi inconsciente. Podía sentir dolor y la sangre corría por mi cara. Me estaban usando como ejemplo de lo que les esperaba si se resistían. Amarraron rápidamente al resto del grupo, sin problemas... Me empecé a marear y la sangre seguía goteando por mi cara y en mi ojo derecho. Era la primera vez que tenía lágrimas en los ojos -no por la sangre ni el dolor, sino por la realidad que estaba viviendo. Yo estaba entumecido de temor.
"Estaba más allá del horror cuando oí cómo empezaban los tiros. De algún modo, supe que era el fin. El viejo padre de Oum estaba junto a mí y su pecho se contrajo varias veces antes de caer sobre mí. En ese momento, vi a un niñito al que conocía bien y que empezó a llamar a su madre.
De repente sentí un chorro caliente en mi cara y cuerpo. Estaba seguro de que no era lodo: era la sangre del niño, o quizás sus tejidos cerebrales destrozados por el impacto. Los otros soltaron breves pero horrorosos gritos. Pude oír cómo dejaban de respirar...
Todo pasó como en cámara lenta; era muy irreal. Ocurrió todo en cuestión de segundos, pero todavía puedo recordar vívidamente cada detalle. Cerré mis ojos pero los aterradores sonidos continuaron...
"Desperté con el familiar sonido de los mosquitos que zumbaban como abejas sobre mi cuerpo. Sólo que esta vez eran millones de ellas alimentándose de mi sangre y de la sangre de la gente... Yo estaba desorientado. No podía recordar dónde estaba... De repente lo recordé y me puse a sudar. Recordé las cosas que habían pasado antes y eso fue como una bofetada en mi cabeza. Sentí el agudo dolor de mi cuerpo embotado. Tenía mucho frío. Nunca había sentido tanto frío en toda mi vida. El temor corría desenfrenado por mi cabeza... ¿Estoy muerto? ¿Si lo estoy, porque sufro todavía? Me hacía esas preguntas una y otra vez, y siempre llegaba a la misma conclusión. Que estaba todavía vivo. ¡Estoy vivo! Pero, ¿por qué?
"No podía entender por qué estaba todavía vivo y sufriendo. Podría haber estado muerto. Entonces deseé estar muerto, como el resto de la gente que yacía a mi alrededor".

En Tuol Sleng, una escuela de Phnom Penh convertida en prisión, los Khmer Rouge torturaron al menos a 14 mil víctimas para que confesaran crímenes no existentes contra Angkar, el directorado del gobierno comunista. Tras confesar, fueron ejecutados. Vann Nath fue uno de los siete reclusos que se sabe que sobrevivieron. Su versión de lo que le ocurrió allá aparece en ‘The Killing Fields', un libro de fotografías de Tuol Sleng publicado por Twin Palms en 1996:

"Esa tarde a eso de las siete, varios hombres, con un listado de nombres y uno con un rifle AK-47, llegaron para llevarme... Me empujaron hacia una pequeña casa de ladrillos, donde encendieron una lámpara y me dijeron que me sentara. Vi largos tornillos de metal, porras, bolsas de plástico y látigos colgando de las paredes.
Debajo de mi silla había manchas de sangre fresca. Mientras uno de ellos escribía, me preguntaron sobre mis orígenes...
"‘¿Por qué lo detuvieron?', le preguntó el interrogador. Dije que no lo sabía. ‘Angkar no es estúpido', dijo. ‘Nunca atrapa a gente que no es culpable. Ahora, piense de nuevo: ¿Qué hizo?'... El interrogador me dijo que confesara, pues de otro modo me golpearía. Yo no sabía qué responder. Amarró un cable eléctrico a mis esposas y conectó el otro extremo a mis pantalones con un imperdible. Luego se volvió a sentar.
"‘¿Recuerda ahora? ¿Quién colaboró con usted para traicionara Angkar?', preguntó. No se me ocurría qué decirle. Conectó el cable al soquete y me dio una descarga. Me desmayé.
"No sé cuántas veces me aplicó electricidad, pero cuando volví en mí, podía oír una voz distante preguntándome una y otra vez quién era mi contacto, con quién me estaba comunicando. Pero yo no podía hablar.
"Como no pudieron sacar de mí la confesión que querían, me aplicaron nuevamente electricidad, hasta que me derrumbé en el suelo...
"Todos los días llevaban prisioneros para ser interrogados. Los esposaban y vendaban antes de salir del cuarto.
A veces, los prisioneros volvían con cortes o sangre en sus cuerpos; otros desaparecían. Más tarde, los prisioneros que estaban en el cuarto adonde llegué empezaron a morir uno por uno. Si un prisionero moría en la mañana, no lo sacaban sino hasta la noche. Viví así durante más de treinta días".

Haing Ngor, un doctor de una próspera familia camboyana, perdió a la mayoría de su familia durante el terror del Khmer Rouge. Después de ser arrestado y torturado repetidas veces, escapó de Camboya en 1979, y llegó a Estados Unidos en 1980. Sus memorias, ‘A Cambodia Odyssey', fue publicada por Macmillan en 1987:

"Justo antes de que me colocaran una bolsa de plástico en la cabeza, miré a la señora embarazada que estaba a mi lado. Tenía una bolsa en la cabeza y estaba pateando convulsivamente con los dos pies. Ellos me amarraron la bolsa al cuello.
"[...] Traté de respirar, pero la bolsa se me metió en la boca y no tenía aire y me desesperé, traté de sacarme la bolsa, pero no podía y me puse a dar patadas, pero no veía nada... Entonces me sacaron la bolsa...
"Le quitaron la bolsa a la señora embarazada, pero era demasiado tarde.
"Había muerto, sofocada. Un guardia le rasgó su blusa y le quitó su vestido. Luego cogió su rifle, que llevaba una bayoneta.
"Le... abrió el vientre desde el esternón hasta debajo de su ombligo. Arrancó el feto, le amarró una cuerda al cuello y lo arrojó en una pila de fetos de otras mujeres embarazadas. Entonces hurgó en sus intestinos, le cortó el hígado y finalmente le cercenó los senos con un movimiento de la hoja de su bayoneta.
"[...] Yo estaba tendido de lado, sin moverme. Luego me sacarían las entrañas a mí, simplemente para divertirse. Para ellos, abrir a alguien no significaba nada. Era simplemente un capricho. Pronto vendrían a por mí. Pero los segundos se convirtieron en minutos y luego se marcharon..."

A diferencia de los hombres, mujeres y niños que murieron violentamente bajo su comando, Ta Mok, alias ‘El Carnicero', murió en la cama de un hospital. Tenía 80 y murió plácidamente.

jacoby@globe.com
27 de julio de 2006
©boston globe
©traducción mQh
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lugartenientes de milosevic a juicio


[Marlise Simons] Seis criminales serbios, en La Haya, por crímenes contra la humanidad.
París, Francia. Cuatro meses después de la muerte de Slobodan Milosevic, empezó hoy el juicio de seis de sus lugartenientes, iniciando un proceso que puede finalmente dictar sentencia sobre las acciones de Serbia durante la guerra en Kosovo, en 1999. Los acusados, todos ellos antiguos líderes políticos y militares serbios, deberán rendir cuentas por su participación, si la hay, en una campaña represiva que provocó la persecución y huida de casi un millón de civiles.
Los fiscales dicen que las fuerzas serbias, bajo la dirección de Milosevic, destruyeron muchos pueblos y ciudades "para crear una atmósfera de terror" y expulsar a decenas de miles de albaneses kosovares indeseados. Se calcula que 800 mil albaneses kosovares huyeron aterrorizados, y entre 7.000 y 9.000 fueron asesinados.
El juicio, que se cree que durará más de un año, empezó con una atiborrada sala en el tribunal de crímenes de guerra de La Haya.
Los seis acusados representan casi todo el liderazgo político y militar de Serbia en 1999. Mientras Milosevic, el antiguo presidente serbio, era el hombre fuerte incontestable en la época, los seis acusados formaban parte de su círculo íntimo. Como tal, representan para los fiscales la segunda mejor oportunidad de llegar a un veredicto sobre los acontecimientos en la provincia serbia de Kosovo.
Durante el juicio inconcluso de cuatro años que terminó con su muerte en la cárcel, Milosevic parecía estar obsesionado con Kosovo, al que llamaba el corazón histórico de Serbia que había estado bajo control de los serbios mientras el resto de Yugoslavia se desintegraba. En innumerables discursos ante el tribunal, mantuvo que Serbia no tenía otra opción que combatir a los separatistas armados del Ejército de Liberación del Kosovo, al que calificaba de terroristas respaldados por Occidente.
Entretanto, el estatus de Kosovo como un protectorado de Naciones Unidas continúa sin resolución. Hoy, el primer ministro serbio Vojislav Kostunica viajó a Nueva York con la esperanza de convencer al consejo de seguridad de no otorgar la independencia a Kosovo.
En los meses venideros, el nuevo juicio puede ofrecer también una visión indirecta del papel jugado por la OTAN en la guerra de 1999. Cuando la OTAN lanzó su campaña de bombardeos de Kosovo y Serbia, fue la primera vez en la historia moderna que la alianza occidental organizó lo que llamó una intervención "humanitaria" con el propósito explícito de proteger una población civil.
Milosevic insistió siempre que los serbios y kosovares eran víctimas de los bombardeos de la OTAN y que los civiles huían de los aviones de la OTAN, no de las armas serbias. La intervención de la OTAN para parar la guerra y obligar a los serbios a retirarse de Kosovo también causó bajas civiles, pero esos bombardeos no serán examinados por el tribunal.
Los seis acusados que deben comparecer hoy en el banquillo de los acusados incluyen a dos antiguos políticos: Milan Milutinovic, ex presidente de Serbia; y Nikola Sainovic, ex vice primer ministro de Yugoslavia. También hay cuatro ex generales: Dragoljub Ojdanic; Nebojsa Pavkovic; Vladimir Lazarevic; y Sreten Lukic. Los seis se entregaron voluntariamente al tribunal y se les permitió esperar el inicio del juicio en casa.
Otro ex general, Vlastimir Djordjevic, que debía ser juzgado por el mismo tribunal, todavía se encuentra fugitivo y funcionarios del tribunal dicen que está viviendo en Rusia.
Los seis están acusados de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, incluyendo deportaciones sistemáticas, asesinatos y persecuciones. Todos ellos se declararon inocentes. Los procedimientos sólo atañen a Kosovo y no incluyen otras atrocidades, como las de Croacia y Bosnia.
El caso es uno de los más complejos que está siendo tratado por el tribunal de crímenes de guerra de La Haya, donde ahora toman lugar cinco juicios, con 17 acusados.
Gran parte de la evidencia que presentará la acusación es similar a la usada en el juicio de Milosevic. Pero para llegar a un veredicto, los fiscales deben demostrar a la comisión de tres jueces -de Gran Bretaña, Pakistán y Bulgaria- que Belgrado tenía un "plan criminal" para expulsar definitivamente a una gran parte de los albaneses kosovares y, como dicen los fiscales, "cambiar la composición étnica de Kosovo".
El mundo ha visto muchas imágenes de sobrecogidos refugiados de Kosovo huyendo hacia Albania y Macedonia, de caravanas de personas aterradas y en condiciones deplorables, huyendo en tractores, caravanas, buses y camiones.
Pero abogados familiarizados con los procedimientos del tribunal dicen que los fiscales deben probar que había un plan serbio para expulsarlos. Los fiscales pueden recurrir a participantes o a documentos, pero admiten que tienen pocos. Por eso tratarán de probar las acusaciones por ‘inferencia', dijo uno de los abogados en una entrevista hoy, utilizando los hechos en el terreno. El abogado no estaba autorizado a hablar públicamente sobre el caso.
En su declaración inicial de hoy, el fiscal jefe Thomas Hannis dijo: "Había claramente un plan dirigido desde arriba" para expulsar a los albaneses étnicos.
La gente eran no combatientes, dijo al tribunal, y había muchas mujeres y niños; sus carnés de identidad y sus matrículas de vehículos fueron destruidos para asegurarse de que no pudieran volver. Para ocultar sus acciones, las fuerzas serbias ocultaron a sus víctimas civiles en fosas comunes, a menudo a cientos de kilómetros de distancia, dentro de Serbia.

10 de julio de 2006
©new york times
©traducción mQh
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sombría odisea de argelino


[Craig S. Smith & Souad Mekhennet] Argelino cuenta sombría odisea en manos de Estados Unidos.
Argel, Argelia. Hace dos años, una variopinta colección de prisioneros pasaron noche tras noche repitiéndose sus números de teléfono unos a otros en las oscuras y sucias celdas donde estaban secuestrados en Afganistán. Se pusieron de acuerdo en que cualquiera que saliera, llamaría para ponerse en contacto con las familias de los otros para decirles que todavía estaban vivos.
Al menos dos de esos hombres están ahora libres y, gracias a ese ejercicio de memorización, están nuevamente en contacto.
El caso de uno de ellos, Kahled el-Masri, un ciudadano alemán que fue retenido como parte del programa de entregas antiterrorista de Estados Unidos, se dio a conocer el año pasado y funcionarios alemanes y estadounidenses han reconocido que fue detenido equivocadamente por Estados Unidos. Pero la historia del otro, un argelino llamado Laid Saidi, no ha sido contada nunca antes y presenta nuevas acusaciones contra el programa de detenciones secretas de Estados Unidos.
En mayo de 2003, Saidi fue expulsado de Tanzania, donde dirigía un la rama local de la Fundación Islámica Al Haramain, una organización benéfica internacional con sede en Arabia Saudí que fomentaba la versión fundamentalista wahhabi del islam y que, desde entonces, ha sido prohibida tras ser acusada de financiar a grupos terroristas. Los diarios de Tanzania reportaron entonces la expulsión de Saidi, pero no se sabía adónde se había marchado.
En una entrevista reciente, Saidi, 43, dijo que después de ser expulsado, fue entregado a agentes estadounidenses y trasladado por avión a Afganistán, donde fue retenido durante 16 meses antes de ser entregado a Argelia y dejado en libertad sin haber sido nunca acusado ni se le haya dicho porqué había sido encarcelado. Reconoció que llevaba un pasaporte falso cuando fue secuestrado, pero dijo que no estaba vinculado al terrorismo.
Con una túnica blanca y un gorro blanco en la oficina de su abogado aquí, muestra los dos zapatos blancos que le dieron sus secuestradores antes de devolverle su libertad en agosto de 2004. La única otra evidencia física que ofreció de su encarcelamiento eran unas cicatrices en sus muñecas que dijo que le causaron cuando fue encadenado al cielo raso de una celda durante cinco días.
"A veces lloro cuando pienso en esto", dijo durante su primera entrevista sobre su encarcelamiento. "No pensaba que volvería a ver a mi familia de nuevo".
Auque las acusaciones de tortura de Saidi no pueden ser verificadas, sí es posible corroborar otros elementos de su historia.
Funcionarios estadounidenses, tanzanianos y argelinos se han negado a comentar las acusaciones de Saidi, pero Masri dijo que vio a Saidi en la cárcel afgana donde fue retenido. Los fiscales alemanes que están investigando el secuestro de Masri quieren ahora entrevistar a Saidi, dijo Martin Hofmann, un fiscal de Munich.
Además, una investigación criminal sobre la muerte en 2002 de dos detenidos afganos en el centro de detención militar estadounidense en Bagram, al norte de Kabul, constató que los prisioneros eran a menudo encadenados al cielo raso de sus muñecas como una forma de castigo, como dijo Saidi que había sido su caso. Los oficiales, sin embargo, dijeron que la práctica se dejó de lado después de esas muertes.
Un portavoz de la CIA se negó a comentar las acusaciones de Saidi. "Aunque la CIA, como regla, no comenta públicamente este tipo de acusaciones, la agencia ha declarado repetidas veces que no aprueba la tortura", dijo el portavoz, Paul Gimigliano. Agregó que las entregas, el proceso de trasladar a sospechosos de terrorismo a terceros países para ser interrogados, "son una herramienta antiterrorista que Estados Unidos ha estado utilizando durante años en conformidad con sus leyes y obligaciones impuesta por tratados".

Un Programa Tenebroso
Saidi es uno de los pocos hombres que reclaman públicamente haber sido secuestrados en el marco del programa de entregas de prisioneros
y luego maltratados o torturados, antes de ser liberados sin cargos ni explicaciones. Como los prisioneros liberados desde el centro de detención militar estadounidense de Bahía Guantánamo en Cuba, representan no solamente un creciente problema político, sino un potencial problema jurídico para Estados Unidos y los aliados de este que han participado en los secuestros extrajudiciales.
La repercusión internacional de las entregas continuó el miércoles cuando fiscales en Milán detuvieron a dos agentes de inteligencia italianos por acusaciones de que ayudaron a la CIA en el secuestro, en 2003, de un clérigo radical egipcio en Italia. El clérigo fue entonces enviado a Egipto, donde se encuentra encarcelado.
Saidi fue secuestrado cuando Estados Unidos y Arabia Saudí reprimían a Al Haramain, sobre la que Estados Unidos declaró posteriormente que había proporcionado "apoyo financiero y operacional" para los atentados con bomba contra las embajadas en Kenia y Tanzania en 1998. Pero no se sabe de qué sospechaban las autoridades a Saidi.
En julio de 2004, un informe de la inteligencia alemana sobre Al Haramain tomó nota de la expulsión de Saidi, pero dice que "no está claro todavía si existe una evaluación concreta de que esta persona tenga vínculos con el terrorismo". Agregaba que "el gobierno de Tanzania justificó su procedimiento con el argumento poco verosímil de que había quebrantado las normas legales de extranjería".
Aparte los fiscales alemanes, el Consejo de Europa, un grupo internacional de seguimiento de derechos humanos, quiere entrevistar a Saidi como parte de su investigación sobre si algún país europeo violó la Convención Europea de Derechos Humanos al participar en el programa de entregas.
Saidi dijo que creía que sus secuestradores eran estadounidenses, porque hablaban inglés y parecían estar a cargo de la cárcel afgana. Dijo que esperaba entablar una demanda contra el gobierno más tarde este año. "Todavía no sabemos a quién demandar", dijo Mostefa Bouchachi, el abogado de Saidi. "No sabemos quiénes son los responsables, si la CIA o el FBI".
Saidi dijo que abandonó Argelia en 1991 escapando de la violencia que entonces acosaba al país. Estudió en Yemen y se mudó primero a Kenia y luego a Tanzania a principios de 1997. Empezó a trabajar para Al Haramain y se convirtió en director de su representación en la ciudad costeña de Tanga, una ocupación que le dio prominencia pública.
Dijo que durante ese tiempo usó un pasaporte tunecino falso y vivía bajo el nombre de Ramzi ben Mizauni ben Fraj. Dijo que había perdido su pasaporte y que había comprado uno falso porque tenía miedo de ir a la embajada argelina mientras Argelia estaba inmersa en una guerra civil con los fundamentalistas. Negó que tuviera otro motivo para ocultar su identidad o que las actividades de Al Haraimain no fueran solamente benéficas.
Funcionarios de la inteligencia de Estados Unidos han sospechado durante largo tiempo que Al Haramain estaba implicada en el financiamiento del terrorismo, de acuerdo al informe de la Comisión 9/11. Las sospechas surgieron tras los atentados con bomba contra las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania en agosto de 1998. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, las autoridades estadounidenses y saudíes dijeron que parte del dinero de Al Haramain estaba siendo desviado hacia grupos terroristas y que la organización había sido infiltrada por gente con vínculos con esos grupos.
Para 2003, varias sucursales de Al Haramain fueron clausuradas y al año siguiente las autoridades saudíes disolvieron la organización.
No está claro si la represión de Al Haramain condujo a la detención de Saidi, pero el sábado 10 de mayo de 2003 agentes de la policía tanzaniana rodearon su coche cuando salía de su trabajo, de acuerdo a Saidi, su esposa y boletines de prensa de la época. Esa noche la policía lo llevó a Dar es Salaam y lo encarceló.
"Pensé que me habían arrestado por llevar un pasaporte falso, pero no se los dije", dijo.
Tres días después, dijo, fue empujado en un Land Rover blanco y conducido a la frontera malawi, donde fue entregado a malawianos de paisano que eran acompañados por dos hombres caucasianos de edad mediana que llevaban vaqueros y camisetas de manga corta. Hablaban inglés con los malawianos, dijo Saidi.
Fue entonces que se dio cuenta de que algo terrible estaba pasando.

Fuera de Este Mundo
Poco después de la expulsión, un abogado que representaba a la esposa de Saidi presentó una declaración jurada
ante un tribunal tanzaniano diciendo que los documentos de inmigración mostraban que Saidi había sido deportado por la frontera entre Kasumulu, Tanzania, y Malawi.
Después de estar retenido durante una semana en una cárcel en las montañas de Malawi, dijo Saidi, llegó un grupo de personas en un todoterrenos: una mujer caucasiana de pelo canoso y cinco hombres de negro con pasamontañas igualmente negros.
Los malawianos le vendaron los ojos y le quitaron la ropa, dijo. Oyó que le tomaban fotos. Luego, dijo, le quitaron la venda y los agentes cubrieron sus ojos con algodón y cinta de pegar, le metieron un tapón en su ano y unos pañales desechables antes de volver a vestirlo. Dijo que le taparon los oídos, le esposaron las manos y lo llevaron a un avión, donde lo arrojaron al suelo.
"Fue un viaje largo, del sábado en la noche al domingo en la mañana", recordó Saidi. Cuando el avión aterrizó, lo llevaron a lo que describió como una "prisión oscura" donde se tocaba una ensordecedora música occidental. Las luces no se encendían casi nunca.
Llegaron los hombres de negro, dijo, y recuerda que uno de ellos le gritó, a través de un intérprete: "Estás en un lugar que no pertenece a este mundo. Nadie sabe dónde estás, y nadie te defenderá".
Fue encadenado por una mano a una pared en una celda sin ventana y dejado con un cubo y una botella en lugar de un retrete. Estuvo ahí durante casi una semana, dijo, y luego le vendaron la vista y amarraron de nuevo, y lo llevaron a otra cárcel. "Allá, me pusieron en un cuarto, me suspendieron por los brazos y ataron mis pies al suelo", recordó. "Me quitaron la ropa muy rápidamente y me sacaron la venda". Un hombre viejo, con canas en las sienes, entró al cuarto con una joven mujer con el pelo rubio hasta los hombros, dijo. Hablaban inglés, del que Saidi entiende muy poco, y lo interrogaron durante dos horas por medio de un intérprete marroquí. Al final, dijo, pensó que le dirían porqué estaba allí, pero el interrogatorio sólo lo dejó más confundido.
Dijo que los interrogadores se concentraron en una conversación telefónica que dijeron que había sostenido con la familia de su mujer en Kenia sobre aviones. Pero Saidi dijo que no recordaba haber hablado con nadie sobre aviones.
Dijo que los interrogadores lo encadenaron durante cinco días, desnudo y sin comida. "Me golpearon y me arrojaron agua fría, me escupieron y a veces me dieron agua sucia para beber", dijo. "El estadounidense me dijo que yo moriría allí".
Dijo que sus pies y piernas se la hincharon dolorosamente debido a fue obligado a estar de pie con las muñecas colgando del cielo raso. Después de que le quitaran las cadenas, dijo, fue devuelto a la cárcel "oscura" y un doctor le dio una inyección para las piernas.
Después de pasar una noche allá, fue trasladado a una tercera prisión. Dijo que los guardias en esta cárcel eran afganos, y uno le dijo que estaba en las afueras de Kabul.
Había dos hileras de seis celdas en el sótano, el que describió como "sucio, ni siquiera apto para animales". Las celdas tenían una pequeña apertura en la puerta recubierta de zinc a través de cual los prisioneros podían verse unos a otros cuando eran sacados o metidos a sus celdas. Hablaban en la noche.
"Allí es donde conocí a Khaled el-Masri", dijo Saidi. Un trazado de la cárcel que dibujó se correspondía estrechamente con un dibujo de Masri.
Masri fue secuestrado en Macedonia en diciembre de 2003, y se reveló más tarde que, aparentemente, había sido confundido con un sospechoso de terrorismo de nombre similar. Dijo que pudo ver algunas veces a Saidi en Afganistán. Pero dijo que sus celdas estaban lo suficientemente cerca como para que pudieran hablar en las noches.
"Al principio de nuestro período juntos en la cárcel, yo estaba en la última celda y él estaba dos celdas más allá", dijo Masri por teléfono desde Alemania. "Toda vez que tenía que ir a los servicios o me llevaban a un interrogatorio, tenía que pasar frente a su puerta".
Masri y Saidi dijeron que conocieron también a otros prisioneros, incluyendo a dos hermanos paquistaníes de Arabia Saudí, cuyo número de teléfono también fue memorizado por Masri. Utilizando ese número, el New York Times localizó a familiares de los hermanos, Abdul al-Rahim Ghulam Rabbani y Mohammed Ahmad Ghulam Rabbani, que dijeron que hace dos años la Cruz Roja les había dicho que los hermanos estaban detenidos en Afganistán. Documentos del Pentágono muestran que dos hombres de esos nombres están ahora retenidos en Bahía Guantánamo.

Un Terrible Malentendido
En la cárcel, dijo Saidi, era interrogado diariamente, a veces dos veces al día, durante semanas.
Finalmente, dijo, sus interrogadores le hicieron oír una cinta de la conversación en la que él supuestamente hablaba sobre aviones.
Pero Saidi dijo que estaba hablando sobre llantas, no sobre aviones, que su cuñado pensaba vender de Kenia a Tanzania. Dijo que había mezclado inglés y árabe y usó la palabra ‘tirat', haciendo el plural de ‘llanta' agregando la voz árabe ‘at'. Quienquiera que haya estado siguiendo la conversación entendió aparentemente la palabra como ‘tayarat', aviones, en árabe, dijo Saidi.
"Cuando oí la cinta, le pregunté al intérprete marroquí si acaso comprendía lo que estábamos diciendo en la cinta", dijo Saidi. Después de que el marroquí explicara a los interrogadores, dijo Saidi, nunca le preguntaron por esa conversación de nuevo.
"¿Por qué me han traído a Afganistán para hacerme esas preguntas?", dijo en la entrevista. "¿Por qué no me preguntaron en Tanzania? ¿Por qué me tenían que separar de mi familia? ¿Para torturarme?"
Saidi dijo que los interrogadores también lo acusaron de esconder proyectiles en su casa y de desviar fondos hacia Al Qaeda, acusaciones que rechaza vehementemente y que no han sido probadas nunca.
Sin embargo, cuando estaba en la cárcel, el ministerio de Hacienda estadounidense pidió a Naciones Unidas agregar la sucursal de Al Haramain de Tanzania a la lista de organizaciones benéficas que presuntamente financiaban a organizaciones terroristas.
En su anuncio de enero de 2004, el ministerio declaró que un ex director no identificado de Al Haramain en Tanzania era responsable de preparar el equipo que planificó los atentados con bomba contra las embajadas en 1998. Pero el ministerio de se negó a identificar al antiguo director o comentar el caso de Saidi.
Saidi dijo que los interrogadores le preguntaron repetidas veces sobre el director que lo precedió en Al Haramain, un saudí de nombre Muammar al-Turki. Pero dijo que no mantenía el contacto con él.
Saidi dijo que finalmente dejaron de interrogarlo. A fines de la primavera o principios del verano de 2004, dijo, fue trasladado por avión a Túnez, aparentemente debido a que sus secuestradores pensaban que era tunecino. Pero cuando unos árabes abordaron el avión, les dijo que era de Argelia y que su pasaporte tunecino era falso.
"No quería meterme en más problemas", explicó.
Pasó 75 días más en la cárcel, dijo. A fines de agosto de 2004, nuevamente se preparó para viajar. Sus secuestradores le dieron un par de zapatos blancos que todavía tiene. El vuelo duró diez o doce horas, y cuando el avión aterrizó, dijo, fue entregado a funcionarios de la inteligencia argelina. Lo retuvieron durante algunos días, luego le compraron ropa, le dieron una pequeña cantidad de dinero y lo llevaron a una parada de autobuses en el barrio de Bir Khadem, en Argel.
Después de 16 meses, Saidi recuperó su libertad. Se reunión con su mujer y sus hijos. Marsi había sido liberado algunos meses antes. Trató de contactarse con Saidi en el número de teléfono en Tanzania que había memorizado, pero esa línea había sido desconectada. Finalmente, Saidi le envió un mensaje de texto con un nuevo número de Argelia, al que Masri llamó.
"Conozco su voz", dijo Masri. "Y reconocí su voz cuando me hizo la primera llamada después de que lo dejaran en libertad".

Mark Mazzetti contribuyó desde Washington.

7 de julio de 2006
©new york times

©traducción mQh
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convención contra desapariciones


[Juan Gasparini] ONU adopta histórica Convención contra las Desapariciones Forzadas. Tras 25 años de movilización de familiares de las víctimas y de ongs en todo el mundo.
[Ginebra, Suiza] Al cabo de tres años de negociación diplomática, el Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU aprobó ayer por aclamación la Convención Internacional contra las Desapariciones Forzadas, un instrumento jurídico concebido para prevenir ese crimen, que impone severas penas a los responsables materiales de las desapariciones, a quienes hayan dado la orden o cualquier agente gubernamental que no la hubiere impedido.
El texto -que había sido fuertemente impulsado durante estas dos semanas en la primera cita del flamante CDH por Francia, España, Argentina y Chile- sólo aguarda ahora su proclamación por parte de la Asamblea General de la ONU, en su próxima reunión de septiembre. Entrará en vigor cuando lo hayan ratificado un mínimo de 20 Estados.
Se trata de 45 artículos que definen las desapariciones como una serie de actos conducentes a sustraer a las personas de la protección de la ley, "borrándolas del mapa". Declarándolas ilícitas sin excepción, la Convención establece que si las desapariciones fueran masivas o sistemáticas, se convierten en crímenes de lesa humanidad, o sea, imprescriptibles. Al respecto, los Estados deben asumir el principio de responsabilidad en la comisión del delito, pero ante la eventualidad que lo perpetraran personas o grupos sin su autorización, apoyo o aquiescencia, aquellos deberán procesar a los culpables.
Podrán ser perseguidos penalmente los autores materiales de las desapariciones, quienes hayan dado la orden o cualquier agente gubernamental que no la hubiere impedido por negligencia. Para su enjuiciamiento la ONU consagra la competencia universal, explorada con éxito por el magistrado español Baltasar Garzón en los casos de Argentina y Chile, es decir, que si un país descubriere en su territorio a un "desaparecedor", está obligado a juzgarlo o extraditarlo.

Sin Cárceles Secretas
A título preventivo, la Convención instaura la prohibición de prisiones secretas. Nadie puede ser privado de su libertad en lugares clandestinos. Todo centro de detención tiene la obligación de llevar un registro de prisioneros, al que deben poder acceder los familiares de un presunto desaparecido, abogados, e incluso organismos legítimos en sus demandas, como ONGs o sindicatos.
Con fines de búsqueda y sin valorar lo acontecido, la Convención crea la figura del habeas corpus internacional. Un Comité de diez expertos que nombrarán los países que la ratifiquen, además de velar por el respeto de la Convención, podrán realizar trámites urgentes y visitas rápidas para localizar a la víctima ante la denuncia de una desaparición que alerte a la ONU. La Convención obliga también a la restitución de menores a su familia biológica, anulando cualquier adopción que pudiera haber tenido lugar durante su desaparición o la de sus padres. Como un onceavo mandamiento bíblico, la ONU le pone letra al no desaparecerás. Implanta el derecho a la verdad, es decir, saber lo ocurrido con la víctima, a la que los Estados deberán otorgar la inalienable reparación.

Derechos de los Pueblos Indígenas
Además de la Convención Internacional contra las Desapariciones Forzadas, el flamante Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU aprobó ayer -por 30 votos a favor, 2 en contra y 12 abstenciones- una Declaración Universal que convalida los derechos de los pueblos indígenas.
Tras un arduo debate que pone fin a 11 años de deliberaciones en el seno de Naciones Unidas, el CDH adoptó un acuerdo inédito, apoyado por más de 1.000 ONGs y movimientos indígenas, que han visto satisfechas sus aspiraciones básicas, en particular el impulso para su desarrollo integral.
El texto, presentado por el embajador y ex canciller peruano, Manuel Rodríguez Cuadros, no es coercitivo para los Estados, pero reafirma el principio de la libre determinación para que los pueblos originarios resuelvan los asuntos internos de su comunidad, en el marco de una nueva relación de cooperación y diálogo con los gobiernos. Al mismo tiempo, el documento aprobado ofrece salvaguardas para que los Estados preserven su integridad territorial, de modo que los conflictos y reivindicaciones de tierras eventualmente reclamadas por los indígenas, puedan solucionarse mediante la negociación de autonomías.

30 de junio de 2006
©la nación
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diario de guantánamo


[Mahvish Khan] Cara a cara con la guerra contra el terrorismo.
Bahía de Guantánamo, Cuba/Estados Unidos. El marinero en la entrada de Camp Echo escudriña a través del portón mientras Peter y yo mostramos nuestras tarjetas azules plastificadas. "HC", se lee, por ‘abogado de oficio' [habeas counsel]. Nos indica que avancemos, revisa nuestras bolsas a la búsqueda de grabadoras, luego nos da instrucciones de seguridad -marcar el 2431 en el teléfono de pared en el cuarto- en caso de que ocurra cualquier cosa en nuestra entrevista con el prisionero número 1154.
La gravilla cruje debajo de nuestros zapatos cuando seguimos a un soldado a través de un polvoriento patio hacia una puerta marrón. Antes de entrar, me cubro con el chal que llevo sobre mi cabeza y hombros. Este es mi primer encuentro con un detenido de Bahía Guantánamo, y me pone nerviosa la idea de sentarme a hablar con un hombre que puede ser un terrorista.
Ali Shah Mousovi está al otro lado del cuarto, cuadrado, con una pierna encadenada al suelo. Parece desconfiado, pero cuando me ve con mi tradicional chal bordado de Peshawar, se le escapa una sonrisa. Más tarde me dirá que me parezco a su hermana menor, y que, por una décima de segundo, me confundió con ella.
Me presento a mí misma y a Peter Ryan, un abogado de Filadelfia para el que traduzco. Le paso a Mousovi un té de Starbucks, lo más parecido al té afgano que es posible encontrar en la base. Luego abro unas cajas de pizza, galletas y baklava, pero no toma nada. En lugar de eso, siguiendo los usos afganos, nos insta a compartir el alimento que le hemos traído.
Mousovi es un médico de la ciudad afgana de Gardez, donde fue arrestado por tropas estadounidenses hace dos años y medio. Nos cuenta que había vuelto a Afganistán en agosto de 2003, después de doce años de exilio en Irán, para ayudar a reconstruir su wathan, su patria. Cree que alguien lo denunció a las fuerzas estadounidenses solamente para cobrar la recompensa de 25 mil dólares que se ofrecía a cualquiera que delatara a un talibán o a un militante de al-Qaeda.
Mientras traduzco desde el pashto, Mousovi describe, vacilante, su vida antes de su detención. Llevado a la base aérea de Bagram, cerca de Kabul al este de Afganistán, fue arrojado -con la vista vendada, encapuchado y amordazado- en un cobertizo de uno por dos metros. Dice que fue golpeado periódicamente por estadounidenses con ropa de paisano, impedido de dormir mediante grabaciones de sirenas que resonaban día y noche. Dice que fue arrastrado por una cuerda, y sometido a calores y fríos extremos. Estuvo casi un mes sin dormir.
No sabe por qué la han traído de Bahía Guantánamo. Tenía la esperanza de ser dejado en libertad en el jicio militar de diciembre de 2004. En lugar de eso, fue acusado de tener vínculos con los talibanes y de canalizar dinero hacia los rebeldes. Cuando pidió que le mostrasen las pruebas, le dijeron que era secretas. Así que está en la cárcel, lejos de su mujer y sus tres hijos. Extraña sobre todo a su hija Hajar, de once años. Cuando habla sobre ella, sus ojos de llenan de lágrimas y dobla la cabeza, abatido.
No sé qué exactamente esperaba encontrar viniendo a Bahía Guantánamo, pero no era este hombre cansado y triste. El gobierno dice que es un terrorista y un monstruo, pero cuando lo miro no veo más que lo que él dice que es: un médico que quería construir una clínica en su país natal.
Un guardia llama a la puerta, indicando que se acabó el tiempo. Mousovi firma un documento, accediendo a que Peter lo represente para presentar una petición de habeas corpus ante tribunales civiles estadounidenses. "Yo imploro a Alá para que me de sabar", dice, juntando las palmas de sus manos. Paciencia. Se levanta cuando Peter y yo nos despedimos. Cuando miro hacia atrás al salir, está todavía parado, mirándonos.

Fue Google lo que me llevó a Guantánamo. Mi interés en la base militar estadounidense en Cuba fue despertado por un curso sobre derecho internacional que seguí el año pasado en la Universidad de Miami.
Decidí que quería participar en lo que estaba ocurriendo allá. Así que busqué en Google los nombres de los abogados en el histórico caso de 2004 en la Corte Suprema, de Rasul contra Bush, que resolvió que los tribunales estadounidenses tenían autoridad para decidir si ciudadanos no-estadounidenses retenidos en Bahía Guantánamo estaban o no encarcelados justamente. Luego empecé a bombardearlos con llamadas y mensajes por correo electrónico, expresando mi deseo de colaborar, como estudiante de leyes, como periodista y como pashtún, en cuestiones jurídicas y como intérprete.
La mera existencia del campo de detención militar de Bahía Guantánamo parecía una afrenta a lo que simboliza Estados Unidos. ¿Cómo podía nuestro gobierno negar a los prisioneros allá el derecho a un juicio justo? Yo no sabía si eran inocentes o culpables -pero imaginaba que debían tener derecho a las mismas garantías que cualquier presunto violador u homicida.
Quizás parte de mi interés tenía que ver con mis orígenes. Mis padres pashtún son doctores que se conocieron en la facultad de medicina en Peshawar, una ciudad al noroeste de Pakistán, cerca de la frontera afgana. Llegaron a Estados Unidos para continuar sus estudios de medicina. Yo nací en Estados Unidos en 1978, pero crecí hablando pashto en casa, y soy una musulmana practicante. Siempre he sentido la fuerza de mis orígenes, y la tragedia del pueblo afgano, cuyo país ha sido invadido tantas veces en el pasado.
Como estadounidense, siento el dolor del 11 de septiembre de 2001, y comprendí la necesidad de invadir Afganistán y destruir a los talibanes y a al-Qaeda. Pero también comprendo el sufrimiento de los afganos cuando se bombardea su país. Y cuando cientos de hombres son detenidos y arrojados al hoyo negro de la detención, muchos sin pruebas aparentes de que tuvieran vínculos con terroristas. Sentí que mi propio país había dado un mal paso.
Los abogados a los que escribí me pusieron finalmente en contacto con Peter Ryan en Dechert LLP, que representa a quince detenidos afganos. Después de una rigurosa verificación de antecedentes que duró seis meses, por motivos de seguridad, hice en enero mi primer viaje a la base.
Ahora he estado nueve veces en total. Y siempre me asombra la normalidad de Bahía Guantánamo, la chocante inconexión entre la belleza del paisaje y el infierno que oculta.
Creía que sería un lugar severo, adusto. En cambio, encontré la luz del sol y risueños jóvenes soldados, regadas parrilladas nocturnas y playas que te invitan a nadar a medianoche. También encontré sufrimiento y lágrimas. En tres meses, he hecho de intérprete en decenas de reuniones con detenidos y he oído montones de historias -de traiciones e identidades equivocadas, de golpizas y torturas, de soledad y desesperanza.
He oído protestar a Wali Mohammed de que él era simplemente un hombre de negocios que estaba tratando de hacer negocios en un país dominado por los talibanes. He visto llorar a Chaman Gul, agachado en su jaula de dos por dos metros, pensando que su familia lo puede olvidar. Me he maravillado con el valor e ingenio de Taj Mohammad, un cabrero inculto de 27 años que, en Cuba, se enseñó a sí mismo a hablar fluidamente inglés.
Sin que importen la edad o el pasado del detenido, nuestras reuniones me dejan siempre sintiéndome impotente. Estos hombres me muestran la cara humana de la guerra contra el terrorismo. Han sido deshumanizados sistemáticamente, tratados como meros números al estilo de un campo de concentración. Pero para mí, son casi como amigos, o hermanos, o padres. Puedo decir honestamente que no creo que ninguno de nuestros clientes sea culpable de ningún delito contra Estados Unidos. No tengo ninguna duda de que algunos sí lo son, pero no están entre los que yo he conocido.
Me gustaría que pudiéramos simplemente otorgar a nuestros clientes la libertad que anhelan tan desesperadamente, pero, de momento, no hemos podido, aunque tres de los clientes de Dechert fueron liberados por decisión militar antes de que cualquiera de nosotros fuera siquiera a la prisión. Sin embargo, nuestro trabajo con los que siguen retenidos parece darles lo que necesitan para perseverar: un rayo de esperanza.

El viaje a Bahía Guantánamo empieza en el terminal del Aeropuerto Internacional Fort Lauderdale-Hollywood, de Florida. A excepción de un bufete de abogados que se ha hecho conocido por llegar a lo grande en un jet privado,
los abogados que hacen trabajos de oficio en Bahía Guantánamo viajan con Lynx Air o Air Sunshine.
En el mostrador de la aerolínea, te piden que muestres el permiso del ministerio de Defensa. Luego los pasajeros son pesados para un distribución óptima de la tara en los pequeños aviones de hélice. La cabina con diez asientos es tan pequeña que no te puedes parar completamente. Tampoco hay cuarto de servicio, así que todo el mundo visita los servicios varias veces antes de abordar.
El vuelo desde Fort Lauderdale toma tres horas, debido a que tienes que volar evitando entrar al espacio aéreo cubano. Al llegar, nos saludan militares armados del ejército estadounidense, que nos dirigen a la aduana, que consiste en un par de mesas marrones donde más niños del ejército revuelven nuestros bolsos.
Bahía Guantánamo, de cuatro kilómetros de ancho, divide la base en dos áreas: el lado a sotavento y el lado a barlovento. La base principal está a barlovento, que es donde se construyeron los campos de concentración. Los abogados de oficio son alojados en el lado a sotavento, en la casa cuartel de los solteros, por veinte dólares al día.
Hay televisión por cable, un teléfono, conexión telefónica a internet, una pequeña cocina y un servicio de criadas. Cada habitación tiene cuatro camas gemelas. En mi primer viaje, me debatí sobre si dormir o no en una cama diferente cada noche.
Bahía Guantánamo es un lugar extraño, pero poco después de llegar te sorprendes adaptándote a su rígido ritmo militar. Las mañanas empiezan a las 7:30. Normalmente hace sol y hay mucha luz. El jardinero jamaicano, Bartley, está siempre gritando. Todos se reúnen en torno las mesas de cemento frente a la casa cuartel para esperar el autobús, que parte exactamente a las 7:41. Nos lleva al ferry, adonde llega a las 7:51, justo cuando el ferry atraca. A las 8:20 exactas, el ferry nos deja en el lado a barlovento, donde nos saluda siempre uno de los tres escoltas militares que nos entregan nuestras chapas de oficio. La siguiente parada es Starbucks y el restaurante donde recogemos comida para los detenidos, y desayunamos. Luego partimos hacia Camp Echo, la sección especial de la base donde nos reunimos con los prisioneros.
La única parte de la experiencia de Bahía Guantánamo que no funciona con precisión militar son estas reuniones. Más a menudo que no, se produce un retraso en el traslado de los prisioneros a Camp Echo. Una vez tuvimos que esperar cinco horas en el bus. Esto irrita a los abogados, debido a las semanas que has gastado preparándose. Para no decir nada de los helados que se convierten en sopa.
Cuando salimos de nuestra reunión con Mousovi, me saco el pesado chal de la cabeza. Primo, nuestro escolta militar, está parado fuera del recinto vallado, dando profundas pitadas a un Marlboro Red. Nos amontonamos en el bus, y Peter recoge un enorme sobre marrón, sella su pila de apuntes manuscritas en su interior y escribe "1154" por la parte de fuera. Los apuntes serán enviados a Washington para su revisión.
Primo nos lleva, a nosotros y otro grupo de abogados, al economato de la Marina. Junto a este gigantesco supermercado hay un Subway, una tienda de regalos y cajeros automáticos ATM. Al otro lado de la calle hay un KFC y un McDonald's. En el economato, recogemos una pila de filetes châteaubriand, carbón, patatas, patatitas fritas, montones de cerveza y varios vinos. Todos preparan parrilladas para la cena, porque aparte del Clipper Club, una pequeña y sucia cafetería que sirve perritos calientes fritos y pizzas, donde estamos no hay nada donde comer.
Durante la cena, comento lo amable que son nuestros escoltas militares. Bromean y se ríen con nosotros. Primo me da consejos para jugar al billar en el vestíbulo de la casa cuartel. Todos les traen cerveza y cigarrillos. Creo que yo esperaba que fueran más distantes, incluso hostiles.
Pero Tom Wilner, un socio de la oficina en Washington de Shearman & Sterling LLP, replica rápidamente: "Sí, son amables. Pero este lugar es malo, y la cara del mal a menudo es amistosa".
Sus palabras que impactan. Tom es uno de los abogados más dedicados que están trabajando en Bahía Guantánamo. Se enfada cuando habla sobre las condiciones en las que viven los detenidos. La mayoría de ellos son tenidos en régimen de aislamiento en celdas separadas por una gruesa malla de acero o por paredes de concreto. Los hombres comen solos en sus pequeñas celdas. A los prisioneros se les permite salir de sus celdas sólo tres veces a la semana, quince minutos cada vez, para hacer ejercicios, a menudo en mitad de la noche, de modo que algunos no ven la luz del día durante meses.
Tom y su bufete empezaron a representar a los doce detenidos kuwaitíes en marzo de 2002, después de que un grupo de familiares se pusiera en contacto con ellos. Al principio, como la mayoría de los abogados aquí, Tom aceptó la causa debido a los principios legales que estaban en juego. Pero después de que finalmente se reuniera con los detenidos en enero de 2005, su actitud cambió. Repentinamente estaba peleando por gente de carne y hueso. "La mayoría de estos tipos", dice, "son completamente inocentes y fueron agarrados por error". Incluso el oficial que presidió el juicio de Mousovi declaró que era "difícil de creer" que Estados Unidos hubiese encarcelado y trasladado a Mousovi "a Cuba". Sin embargo, aquí está.
Una de las cosas que Tom más odia es tener que informar a sus clientes que ha muerto un familiar mientras ellos se encontraban detenidos. Pero lo ha tenido que hacer innumerables veces: el padre y el hermano de Fouad al-Rabiah, que murieron; murió el padrede Omar Amin; el padre de Nasser al-Mutairi; el padre de Saad al-Azmi; el padre de Khaled al-Mutairi; la abuela de Fawzi al-Odah.
"El modo en que se ha tratado a estos hombres y lo que les han hecho sufrir me causa vergüenza", dice Tom. Él y los otros abogados piensan que es irónico que las iguanas de Bahía Guantánamo, que son una especie protegida por la Ley de Especies Protegidas estadounidense tengan más derechos que los prisioneros.
Esta noche, Tom está apasionado, explayándose sobre la cara del mal, sobre cuántos perpetradores de los crímenes más terribles de la historia eran hombres que parecían perfectamente corrientes, hombres que eran buenos con los niños y los perros. No puedo dejar de pensar en lo que dice.
Después de cenar, hago una caminata de diez minutos por un inhóspito camino de tierra hacia una impresionante y retirada playa y ahogo todo en la frescura del agua nocturna. Las olas seguían asaltando la arena y fundiéndose con la apacible playa cubana.

A los ochenta, Haji Nusrat -el detenido número 1009- es el prisionero más viejo de Bahía Guantánamo. Un derrame hace quince años lo dejó parcialmente paralizado.
No puede levantarse sin ayuda y cojea hacia los servicios detrás de un andador. A pesar de su parálisis, sus piernas y pies hinchados están apretadamente esposados y encadenado al suelo. Dice que sus zapatos le quedan apretados y que necesita nuevos. Ha pedido atención médica para la inflamación de sus piernas, pero no le han llevado al hospital.
"Esperan hasta que estás medio muerto", dice.
Lleva un larga barba blanca y tiene los ojos pardos cuya mirada pasa de la cara de Peter a la mía mientras le explicamos su situación jurídica. A mitad de camino de nuestra reunión, me dice: "Bachay". Mi niña. "Mira mi barba blanca. Me trajeron aquí con mi barba blanca. No he hecho nada. Ni siquiera he dicho algo contra los americanos".
Es de una pequeña aldea montañesa en Afganistán y no sabe ni leer ni escribir. Tiene diez hijos y no sabe si su mujer vive todavía -no ha recibido ninguna carta.
Soldados estadounidenses arrestaron a Nusrat en 2003, pocos días después de que fuera a quejarse por la detención de su hijo Izat, que también está secuestrado en Bahía Guantánamo. Nusrat está acusado de ser jefe de una organización terrorista en Afganistán con vínculos con Osama bin Laden, y de la posesión de un alijo de armas. Izat, que compareció como testigo en el juicio militar de su padre, dice que las armas en cuestión eran una bodega instalado por el ministerio de Defensa afgano, y que a él le pagaban por su custodia y mantención.
Durante nuestra reunión, las emociones de Nusrat pasan de la rabia a la desesperación. En su desesperación, empieza a ofrecerle a Peter que lo hará famoso si lo ayuda a volver a casa. "En Afganistán, todos te conocerán por tu nombre", dice. "Serás un abogado importante, famoso".
A medida que traduzco, siento que se forma un nudo en mi garganta. No puedo hablar. Peter y Nusrat se detienen mientras las lágrimas caen por mi cara en mi chal.
El viejo me mira. "Para mí, tú eres como una hija", dice. "Piensa en mí como si fuera tu padre". Yo asiento, moviendo las cáscaras de pistaco de un lado a otro de la mesa mientras traduzco.
Cuando termina la reunión, y recogemos nuestras cosas para marcharnos, el viejo abre sus brazos y me abraza. Durante varios minutos, reza por mí mientras Peter mira: "Insha'allah, si Dios quiere, encontrarás un hogar que te hará feliz. Insha'allah, algún día serás madre..."
Me suelta y me pide que rece por él. "Por supuesto", le prometo. "Todos los días".
Y, hasta que lo vea nuevamente, lo haré.

m.rukhsana@gmail.com

Mahvish Khan terminará este próximo mes sus estudios de derecho en la Facultad de Leyes de la Universidad de Miami. Trabaja para el despacho del defensor público de Miami.

30 de abril de 2006©washington post
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tres suicidios en guantánamo


[Julian E. Barnes y Carol J. Williams] Los primeros suicidios de Guantánamo aumentan presión sobre Estados Unidos. Tres prisioneros, todos ellos secuestrados sin cargos, fueron encontrados ahorcados en sus celdas. Activistas de derechos humanos exigen la inmediata clausura de la prisión ilegal.
Bahía Guantánamo, Cuba/Estados Unidos. Tres hombres de Oriente Medio, retenidos sin cargos en el centro de detención estadounidense de Bahía Guantánamo se suicidaron colgándose en sus celdas, declararon oficiales estadounidenses el sábado, convirtiéndose en los primeros prisioneros en suicidarse en la prisión y desencadenando renovados llamados a su clausura inmediata.
El ministerio de Defensa declaró el sábado que los hombres -dos saudíes y uno de Yemen- fueron encontrados en sus celdas y que dejaron cartas de despedida. Al quitarse la vida, los prisioneros burlaron las estrictas medidas de los oficiales militares para evitar los suicidios. Y las muertes se producen en momentos en que el gobierno de Bush hace frente a crecientes críticas internacionales por sus procedimientos de detención y mientras espera una resolución este mes potencialmente adversa de la Corte Suprema.
Los militares no proporcionaron la identidad de los prisioneros y entregaron pocos detalles sobre los hombres, pero dijeron que al menos dos de ellos habían sido miembros de organizaciones terroristas internacionales y el tercero había participado en un levantamiento de los talibanes.
Los tres habían participado en huelgas de hambre y habían sido alimentados forzosamente, un proceso que involucra frecuentemente el uso de tubos nasales y amarras.
"Los tres montaron juntos una huelga de hambre", dijo el contraalmirante Harry Harris, comandante de la red de prisiones. "Los métodos utilizados para colgarse son similares. Creo que fue un intento coordinado".
Llamó a los tres "combatientes yihadistas" que murieron en actos de "guerra asimétrica" -el término usado comúnmente por los militares estadounidenses para describir tácticas utilizadas por insurgentes cuando se enfrentan en combate a fuerzas militares estadounidenses superiores.
El general de ejército John Craddock, jefe del Comando Sur estadounidense, dijo que los hombres no estaban entre los detenidos que han pedido revisiones judiciales en tribunales estadounidenses y que no han comparecido ante comisiones militares. Aunque ninguno de ellos era acusado de ningún delito, Craddock insistió en que eran enemigos y terroristas.
"Este es un elemento determinado, inteligente y dedicado", dijo. "Seguirán haciendo todo lo que puedan... para convertirse en mártires de la guerra santa".
Pero mientras muchos detenidos entran al cuarto año de su cautiverio sin ser acusados formalmente, activistas de derechos humanos y abogados defensores dijeron que los prisioneros se sienten abatidos por el hecho de estar detenidos sin que se les formulen cargos y sin perspectivas inminentes de una audiencia judicial.
"Esa gente ha estado detenida indefinidamente, durante cinco años, sin la perspectiva de volver a casa, o de ver a sus familias, o de ser acusados de algo o de que ese período de sus vidas termine", dijo Jumana Musa, director de temas de Amnistía Internacional en Washington. "No hay ninguna duda que esa situación provoca traumas psicológicos graves".
Anteriormente, oficiales militares habían informado que este año ha habido 41 intentos de suicidio en Guantánamo, incluyendo tres del mes pasado por parte de detenidos que trataron de matarse con sobredosis de medicamentos. El Pentágono observó que un solo detenido era responsable de al menos una docena de intentos de suicidio.
Pero ha habido muchos otros prisioneros en Guantánamo que han intentado suicidarse, colgándose o de otro modo hiriéndose, desde que se usaran las instalaciones para albergar prisioneros a principios de 2002 -23 reclusos intentaron colgarse colectivamente en 2003.
El año pasado 131 prisioneros participaron en huelgas de hambre, y en una protesta similar este año participaron 89 detenidos, dijeron oficiales de la prisión. En estos momentos hay ocho detenidos en huelga de hambre, dijo Harris.
Sólo diez de los aproximadamente 460 hombres bajo custodia en Guantánamo han sido acusado de delitos por su presunta participación en actividades terroristas.
Entretanto, repetidas denuncias de maltratos durante los interrogatorios y abusos en la estructura de los juicios han espoloneado su rechazo mundial. El Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, llamó el mes pasado al presidente Bush a cerrar la prisión, y, este año, el Parlamento Europeo instó a cerrar la prisión y someter a los detenidos a juicio sin mayor dilación.
El secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, ha llamado a cerrar la prisión, e importantes personeros de Gran Bretaña, Alemania y otros países han expresado su preocupación ante sus contrapartes estadounidenses y pedido cambios drásticos.
Katherine Newell Bierman, asesora de contraterrorismo de Human Rights Watch, dijo que es probable que los intentos de suicidio continúen si Estados Unidos no proporciona juicios justos a los detenidos.
"Sólo se pondrá peor", dijo. "Debieran cerrarlo, y deben hacerlo responsablemente. La gente que puede haber cometido delitos debe ser procesada y el resto ha de ser enviado a casa, con las disculpas de rigor".
El presidente Bush, que pasaba el día en Campo David, fue informado de los suicidios a las 7:45 de la mañana por la ministro de Relaciones Exteriores, Condoleezza Rice. Más tarde, el presidente fue informado en detalle sobre el incidente por Stephen Hadley, su asesor de seguridad nacional, y por Joshua Bolton, su jefe del estado mayor. Bush expresó preocupación e inquirió si los militares ya estaban realizando una investigación, dijo Christie Parell, portavoz de la Casa Blanca.
"Enfatizó la importancia de tratar los cadáveres de manera humana y sensible desde un punto de vista cultural", dijo.
Funcionarios del gobierno de Bush tomaron contacto con funcionarios de Naciones Unidas y embajadas de países europeos y de Oriente Medio, así como con líderes parlamentarios y el Comité Internacional de la Cruz Roja, dijo Parell.
Un guardia de la cárcel encontró el domingo temprano al primer hombre, colgando de un nudo hecho con su ropa. El guardia llamó a un equipo de emergencias médicas.
Otros guardias encontraron entonces a los otros dos, también ahorcados, dijeron funcionarios.
"Hicieron todo lo posible por revivirlos, pero estaban determinados a suicidarse", dijo Harris.
Los tres dejaron cartas de despedida en árabe, pero oficiales militares se negaron a proporcionar detalles de las cartas.
Craddock dijo que había una investigación en curso, incluyendo la autopsia, y dijo que los restos estaban siendo tratados "con el máximo de respeto".
Las normas musulmanas ordenan la sepultura dentro de 24 horas después de la muerte. Pero Harris dijo que los militares contaban con un edicto fatwa -una decisión teológica de algún clérigo musulmán- que les permite investigar. "Tenemos una fatwa de un imán respetado que discute los detalles de los derechos de sepultura musulmanes y las razones aceptables de un retraso", dijo Harris.
En una entrevista el mes pasado, Harris dijo que en la eventualidad de muertes en la cárcel, se haría llegar a un patólogo desde Estados Unidos para realizar la autopsia en la morgue.
Los militares proporcionaron pocos detalles biográficos sobre los prisioneros muertos.
Harris dijo que uno de ellos había participado en un levantamiento talibán en la cárcel de Qala-I-Jangi, en Afganistán, donde fue asesinado en 2001 el operativo de la CIA Johnny ‘Mike' Spann, convirtiéndose en la primera baja estadounidense en ese país. Otro de los suicidas era miembro de Jamaet al Tableeg, un grupo musulmán que los militares consideran que es un grupo terrorista. El tercero era un cuadro de "nivel medio a alto" de Al Qaeda, dijo.
"Eran hombres peligrosos, y no estaban aquí ni por accidente ni de casualidad", dijo Harris.
El detenido yemení había participado en una huelga de hambre que empezó en 2005 y terminó el mes pasado. Los otros dos habían estado en huelgas de hambre en 2005 y se reincorporaron a la huelga en 2006.
Ninguno de ellos usaba medicamentos y los oficiales militares dijeron que habían tratado de hacer una evaluación psicológica de los tres después de que pusieran fin a su huelga de hambre. Dos de ellos habían permitido la revisión.
"No había ningún indicio de que alguno de los detenidos representara un alto riesgo de suicidio", dijo Craddock.
Los tres detenidos estaban albergados en Camp 1, un extensión de jaulas de malla de alambres donde los prisioneros se pueden comunicar fácilmente unos con otros, pero no disfrutan de comidas ni de recreación colectivas. Harris dijo que un rumor persistente en el campo era que si los tres lograban matarse al mismo tiempo, los demás serían dejados en libertad.
El sábado, funcionarios militares tomaron medidas para impedir más suicidios. Los guardias fueron puestos en estado de alerta y Harris dijo que ordenó que se distribuyeran sábanas en las noches, para ser retiradas en las mañanas.
Los suicidios también provocaron que el Pentágono cancelara una vista en Guantánamo esta semana en la que un detenido etíope, Binyam Mohammad, debía comparecer con abogados civiles que tratan de mostrar que su cliente fue torturado por instrucciones estadounidenses durante los dieciocho meses que estuvo en manos de interrogadores marroquíes.
El Pentágono, bajo presión, ha estado trabajando para reducir la población de la prisión. Las revisiones anuales antes este año consideraron a 141 detenidos como candidatos a su liberación o traslado, y cerca de dos docenas de ellos han sido sacados de la isla. El ministerio de Relaciones Exteriores está negociando con los gobiernos de países con el mayor número de prisioneros de Guantánamo -Afganistán, Yemen y Arabia Saudí-, para que acepten ser responsables en el enjuiciamiento y/o encarcelamiento de estos prisioneros.
Mientras aumentaban las críticas internacionales, Bush nuevamente debió hacer frente a preguntas el viernes cuando se reunió con el primer ministro danés Anders Fogh Rasmussen en Camp David. Rasmussen, en concordancia con otros presidentes europeos, ha dicho que Guantánamo socava ideales occidentales y pone en peligro las campañas contraterroristas.
Bush dijo que aseguró al líder danés, en una conversación privada, que a Estados Unidos le gustaría que Guantánamo "estuviera vacío", pero dijo que algunos detenidos siguen siendo peligrosos y que el gobierno está esperando una resolución de la Corte Suprema sobre la legalidad del sistema oficial para enjuiciar a los detenidos.
La Corte Suprema puede resolver incluso este mes en el caso de Salim Ahmed Hamdan, un nativo de Yemen y ex chofer de Osama bin Laden que impugna el derecho del gobierno de Bush de negarle acceso a tribunales estadounidenses.
El gobierno quiere enjuiciar a Hamdan, como a los otros detenidos, en Guantánamo según un sistema especial diseñado para detenidos por terrorismo sobre la experiencia de los tribunales militares de después de la Segunda Guerra Mundial. Pero detractores y abogados defensores consideran que las ‘comisiones militares' están por debajo de las normas de los tribunales estadounidenses y del sistema de las cortes marciales.
El caso de la Corte Suprema destaca las inconsistencias dentro del gobierno de Bush sobre las medidas adoptadas hace más de cuatro años.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la invasión de Afganistán, el presidente y sus asesores discutieron cómo tratar a los detenidos, decidiendo que la Convención de Ginebra no se aplicaba a los que eran considerados terroristas. Bush firmó una orden en noviembre de 2001, describiendo las reglas de un sistema judicial especial, según las cuales las apelaciones terminan finalmente en su escritorio.
En el caso de la Corte Suprema, el Pentágono y el gobierno están defendiendo las decisiones del gobierno, argumentando que el sistema ideado por Bush debería ser permitido. Sin embargo, aunque Bush ha empezado a hablar de un eventual cierre de Guantánamo, la prisión allá está siendo remodelada en 30 millones de dólares para albergar a cien prisioneros de seguridad de rango mediano.

Barnes informó desde Washington y Williams desde Bahía Guantánamo, Cuba.

12 de junio de 2006
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europa colaboró en cárceles secretas


[Jon Boyle] Catorce países europeos se coludieron con Estados Unidos en prisiones ilegales y secuestros.
París, Francia. Más de veinte países, la mayoría de ellos europeos, se coludieron en la ‘telaraña global' de cárceles secretas de la CIA y traslados de acusados de terrorismo, dice un grupo de derechos humanos europeo en un informe publicado el miércoles.
Países de Asia Central y Oriente Medio jugaron un papel en la red dirigida por la CIA y los gobiernos europeos no fueron víctimas inconscientes de la operación, declaró ayer la asamblea parlamentaria del Consejo de Europa.
"Ahora está claro -aunque estamos todavía lejos de conocer toda la verdad- que las autoridades de varios países europeos participaron activamente con la CIA es esas actividades ilegales", dijo el investigador del Consejo de Europa, Dick Marty.
"Otros países las ignoraron completamente, o no quisieron enterarse", dice, en las conclusiones del informe de 65 páginas dado a conocer ayer en la página web del organismo.
Aunque el informe admite que no tiene "evidencias formales" de los centros de detención secretos de la CIA, varios estados claramente colaboraron con los vuelos secretos y traslados de prisioneros de la CIA, conocidos como entregas.
La colaboración consiste en:
* Polonia y Rumania en la administración de centros secretos de detención.
* Alemania, Turquía, España, Chipre y Azerbaiyán sirvieron de puntos de escala para vuelos ilegales de transporte de detenidos.
* Irlanda, Gran Bretaña, Portugal, Grecia e Italia por ser ‘paradas' para vuelos de transporte ilegal de personas secuestradas.
* Suecia, Bosnia, Gran Bretaña, la antigua república de Macedonia (de Yugoslavia), Alemania y Turquía fueron citados en relación con casos de individuos específicos.
* El Cairo, Amán, Islamabad, Rabat, Kabul, Bahía Guantánamo, Tashkent, Argelia y Bagdad también sirvieron como puntos de transbordo y/o detención de secuestrados.

Calumniosas
Legisladores escoceses exigieron que Gran Bretaña aclare su rol en el asunto de las entregas, mientras que el primer ministro Kazimierz Marcinkiewics dijo que el informe era escandaloso.
"Esas acusaciones son calumniosas... No se basan en ningún hecho y eso es todo lo que sé y todo lo que tengo que decir", dijo Marcinkiewics a periodistas en el parlamento.
A pesar de la ausencia de evidencias claras, Marty dijo que había "varios elementos coherentes y convergentes que indican que los centros de detención ilegal existieron de verdad y que hubo traslados ilegales de personas en Europa".
Los datos de vuelo proporcionados en enero y febrero por Eurocontrol ayudaron a descubrir la red de vuelos, centros de detención y puntos de parada utilizados en el sistema norteamericano.
Diez casos, involucrando a 17 individuos, salieron a la luz, dijo Marty, pero muchos de los 46 países miembros del Consejo de Europa se han mostrado reluctantes a proporcionar información. Podrían seguir más casos.
Investigadores de la UE dijeron el mes pasado que creían de entre 30 y 50 personas han sido entregadas por Estados Unidos desde los atentados en ciudades norteamericanas el 11 de septiembre de 2001
Aunque el tratamiento de los secuestrados "no parece calificar como tortura, sí puede considerarse degradante e inhumano", agrega su informe. El organismo de derechos pan-europeo puede revelar a los países, pero no puede iniciar procedimientos legales.
Las acusaciones sobre abusos de CIA, emitidas primero por diarios y grupos de derechos humanos más tarde ese año, avivaron las preocupaciones en Europa sobre los métodos antiterroristas de la CIA. Pero ahora los gobiernos europeos están siendo criticados debido a crecientes evidencias de que al menos hicieron vista gorda con actividades ilegales.
Washington insiste en que actuó con el pleno conocimiento de los gobiernos implicados, reconoce los traslados secretos de algunos secuestrados sospechosos de actividades terroristas y niega todo ilícito.

7 de junio de 2006
©washington post
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onu condena torturas en guantánamo


[Juan Gasparini] Condena la ONU a EU por torturas en su lucha antiterrorista.
Ciudad de México, México. El Comité contra la Tortura de la ONU, integrado por 10 expertos independientes que vigilan el cumplimiento de la Convención internacional en la materia, condenó --el pasado viernes 19-- en Ginebra a Estados Unidos, en particular debido a la guerra antiterrorista.
El gobierno de George W: Bush dispone de un año para tomar medidas correctivas en el caso de las torturas.
El ‘relator’ que llevó adelante el proceso fue el catedrático español, Fernando Mariño Menéndez.
A principios de este mes, una delegación del gobierno de Bush compareció dos veces en Ginebra. Alegó que no acatan la Convención contra la Tortura en situaciones de conflicto armado. Afirmaron que han prohibido la tortura, pero que no aplican la Convención a hechos acaecidos fuera de sus fronteras, pese a que esos lugares, como Afganistán, Irak y Guantánamo, estén bajo su control.
Los argumentos fueron impugnados en el dictamen adoptado por ese comité, máxima instancia de la ONU en lo que se refiere a la lucha contra la tortura.
Respecto de los prisioneros en Guantánamo, la ONU exige que Estados Unidos le ofrezca un recurso legal para oponerse a su detención, y que, de no ser juzgados, sean liberados. Si estos manifestaran que fueron torturados en cautiverio, la justicia debe otorgarles una vía para poder reclamar el resarcimiento y la compensación por el daño sufrido.
A juicio de la ONU, cualquier detención en un lugar secreto que no sea asumida y registrada por una autoridad competente, puede considerarse una desaparición forzada, crimen repudiado por la comunidad internacional, que se apresta a promulgar una convención universal que lo condena.
Para la ONU, toda detención sin cargos e indefinida, priva a la persona de la protección frente a conductas de tortura, y Estados Unidos debe erradicar esa practica.
Con el fin de suprimir la tortura, la ONU recomienda al gobierno de Estados Unidos promulgar una ley federal que la castigue y que esa norma incorpore la definición consagrada en la Convención, absteniéndose de cualquier interpretación basada sólo en su propia Constitución.
La ONU recuerda que el derecho interno de un país debe ceder ante el derecho internacional y que la tortura no es delito derogable.
Al mismo tiempo, los expertos de Naciones Unidas, elegidos por los 140 Estados que han ratificado la Convención, reafirmaron que la tortura no se puede justificar en ninguna circunstancia. Señalaron que jamás debe ser exonerada, y todo aquel que la practique, autorizare o consintiera, debe ser perseguido penalmente, en tiempos de paz o de guerra.
A su vez, la ONU considera que Estados Unidos debe abandonar técnicas de interrogatorio de prisioneros utilizando métodos de tortura. Se le pide evitar en sus manuales infundir miedo con perros y el llamado "submarino"; es decir, sumergir la cabeza de los detenidos en el agua hasta ponerlos al borde de la asfixia, para arrancarles declaraciones.
Por otra parte, la ONU define que las actividades de los servicios de inteligencia son actos de gobierno y, por tanto, se prohíbe a la CIA el traslado de prisioneros a países donde los pudieran torturar, al margen de "seguridades diplomáticas" que ofrecieran dichos países.
La decisión incluye a las cárceles secretas controladas por Estados Unidos, cuya sola existencia la ONU considera también contraria a la prohibición de la tortura.
Esta es la definición que se resiste a aceptar Estados Unidos:
"Se entenderá por el término ‘tortura’ todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia".

20 de mayo de 2006
©proceso
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