guerra en la calle de las fianzas
[Paul Pringle] Un mercado de fianzas florece en las sombras de las dos cárceles de Los Angeles. Lucrativas comisiones están nutriendo prácticas de matones.
Frente a Fianzas Bad Boys, alguien ha pintado ilegalmente de rojo el bordillo de la acera. Otra vez. Neil Angos, el jefe de operaciones en Los Angeles de Bad Boys, dijo que sospechaba que sus concurrentes habían mandado pintar de rojo el bordillo y que lo habían hecho al menos una vez antes, para alejar a posibles clientes de llegar hasta la puerta.
"Realmente nos odian", dijo Angos, sacando con el pie la pintura desconchada, que era algo más clara que el rojo oficial del ayuntamiento.
Este es la Calle de las Fianzas -el sucio bloque de edificios en el centro de la ciudad donde la competencia por los compradores de libertad es cada vez más despiadada. En los últimos tiempos, a medida que un creciente número de empresas se rebaten por comisiones cada vez más grandes, investigaciones sobre corrupción han apuntado a Bad Boys y otras empresas de fianzas de California del Sur.
En la Calle de las Fianzas, cerca de una docena de oficinas de fianzas se alinean lado a lado en el pequeño centro comercial de color mostaza y luces de carnaval y un tramo de tiendas vecinas en decadencia de Windex. Están en Vignes Street, al frente de las cárceles Men's Central y Twin Towers.
Las cárceles albergan al sistema penal más grande del país, un mina de oro de 24 horas al día para los vendedores de fianzas. Y aunque pareciera que se pueden hacer bastante beneficios en el negocio de las fianzas, las empresas se hacen una especie de guerrilla urbana por cada dólar.
"Es un negocio sucio", dijo Bertha Comar, propietaria de Fianzas Aliso Village, una diminuta firma en un edificio a prueba de ladrones a pocos pasos del centro comercial. Estaba desplomada sobre su escritorio en una oficina vacía, con una pintura de la Virgen María en la pared detrás de ella y un cartel de la película de gángsteres Scarface, el terror del hampa' a su derecha.
Comar dijo que ella ya no podía competir con las empresas más grandes y pensaba cerrar su negocio pronto. Varios inquilinos de la Calle de las Fianzas dicen que se las arreglan para sobrevivir la refriega, pero otros se quejan de que sus llantas son cortadas y sus parabrisas hechos trizas. Las quejas por el vandalismo incluyen también llamadas hechas por agentes de fianzas haciéndose pasar por clientes e incluso pedidos falsos de pizzas.
"Es estúpido", dijo Comar, que dijo estar atormentada por los pedidos de pizzas, que dijo que habían sido ordenados por alguien en el centro comercial.
Luego están las siempre presentes remolcadoras, que perdonan rápidamente los coches de los clientes que estacionan frente al mercado, pero acosan las oficinas de fianzas en otros tramos de Vignes Street o Bauchet Street, entre ellas Bad Boys.
Vince Ebarb, propietario de Fianzas Anyway, dijo que las remolcadoras "probablemente ganan más dinero que todos... Es una especie de comedia".
Willie McCray no se reía. "¡Se llevaron mi camión!", exclamó, parado en un lote vacío en el estacionamiento del mercado.
El vecino de Lancaster había estado tratando de sacar bajo fianza a su esposa, que estaba acusada de fraude en propiedades inmobiliarias. Agarró algunos folletos y un llavero de promoción de Bad Boys.
"Todos tienen un truco diferente", dijo McCray mirando deprimido la calle buscando su coche.
La fianza se puede dar sin un agente, provisto que el tribunal reciba la suma total en dinero contante o con una garantía, como las actas de propiedad de una casa. Pero la gran mayoría de los acusados utilizan una empresa de fianzas, que normalmente cobran una tarifa fija, no-reembolsable, de 10 por ciento. A veces la comisión se paga en varias mensualidades.
Los agentes entregan al tribunal una promesa escrita de que pagarán toda la fianza si el acusado "se salta": no comparece al juicio. La promesa es respaldada por las compañías de seguro de los agentes.
Sólo un pequeño porcentaje de los acusados desaparece, y la mayoría que sí lo hace es normalmente capturada. El pequeño riesgo de pérdidas, así como la empinada comisión que puede significar una sola fianza, ha ampliado el campo de los vendedores, incluyendo a los de la Calle de las Fianzas.
En los últimos ocho o diez años, el número de agentes de fianzas en el estado se ha duplicado a 2.200, y la comisión promedio en el condado de Los Angeles han saltado de 5.000 a 20.000 dólares, de acuerdo a Frank Repetti, funcionario de las asociaciones de agentes de fianzas de Los Angeles y California.
"No tienes que tener muchas comisiones para hacer dinero", dijo Repetti.
El dinero fácil han sellado el fin de los días en que los negocios familiares dominaban la industria y el mercadeo consistía en un anuncio en las Páginas Amarillas y letreros de neón pestañeando arriba de la puerta: "Cero Renta para Propietarios" o "No Siempre Necesita un Aval".
Empresas nuevas y más grandes han elevado el ramo con comerciales en la radio y televisión -y, en el caso de Bad Boys, con una flota de vehículos pintados con imágenes de un gordo vestido de mujer y la leyenda: "Porque Tu Mamá Te Quiere en Casa".
Las comisiones fijadas por el estado limitan los descuentos, así que empresas como Bad Boys tratan de ganar a la competencia ofreciendo construcciones financieras más creativas. Por ejemplo, dijo Angos: "Tenemos 20 avales" de un acuerdo de fianza.
Bad Boys también paga fianzas incluso de 500 dólares, que algunas agencias rechazan porque no valen la pena.
"La codicia domina a todo el mundo", dijo Joel Díaz, agente de Fianzas Eddie Nardoni. "Hay gente que venderían hasta sus madres".
Siete años tras su fundación, Bad Boys dice que genera 300 millones de dólares al año en fianzas, transformándola en la segunda empresa del estado después de Fianzas Aladdin. Bad Boys se unió a la batalla en la Calle de las Fianzas hace tres años, mudándose a un edificio de cemento al lado del centro comercial. La empresa no fue bien recibida.
"Creo que estoy más seguro en las selvas de África que en la Vignes Street", dijo Jeff Stanley, presidente de Bad Boys, en una conferencia telefónica tras retornar de un safari en ese continente.
Dijo que sus cámaras de seguridad habían una vez captado a un agente de la concurrencia cortando con un cuchillo las llantas de tres coches que pertenecían a empleados de Bad Boys. El cuchillero fue confrontado con el video y accedió a pagar las llantas, dijo Stanley. No quiso decir quién era.
"Hay constantes actos vandálicos contra los vehículos de nuestros empleados y amenazas en su contra", dijo Stanley, ex caza-recompensas cuya empresa tiene tres oficinas en California. "Nunca antes pasamos por algo así... Es una brutalidad".
La empresa lleva luchando 14 meses para remover el rojo del bordillo de la acera. Dos veces ordenaron los funcionarios del estacionamiento que se removiera la pintura ilegal. Pero el ayuntamiento entonces accedió a la petición del dueño del centro comercial de mantener el rojo.
Bad Bods tiene otra pelea entre las manos. El jurado del condado de Los Angeles ha acusado a la empresa por más de 40 cargos de perjurio, falsificación y falso testimonio por haber supuestamente mentido al tribunal sobre sus esfuerzos en trazar a clientes que no se habían presentado. Bad Boys se declaró inocente.
La fiscal de distrito Shirley Sun dijo que agentes inescrupulosos, amparados con regulaciones que ayudaban a escribir cabilderos de las fianzas, pueden ahogar a los jueces con tecnicismos y deberes de abecedario para evitar dar las fianzas infringidas. Algunos han mentido diciendo que los acusados escaparon a México o que han muerto, dijo Sun.
Investigaciones locales y del estado en curso se han concentrado en parte en acusaciones de que agencias de grandes volúmenes quebraron la ley después de pagar las fianzas de demasiadas personas con pocas garantías, privando a los condados y ciudades de millones de dólares en impuestos potenciales por las fianzas impagas, además de los costes de perseguir a los acusados fugitivos.
Fianzas American Liberty cerró en la Calle de las Fianzas después de que las autoridades allanaran sus oficinas en el verano pasado y acusaran al propietario y cinco empleados de secuestros de clientes y extorsión, entre otros delitos. Ellos se declararon inocentes.
En la Calle de las Fianzas llueven los rumores de allanamientos y juicios. Sin embargo, el drama del día a día es de la variedad polvorosa. Los agentes mencionan peleas a gritos en el estacionamiento, ocasionales puñetazos a los coches enganchados y numerosas ocasiones en que un competidor le robó el cliente en la puerta de su negocio.
"Todos están robando en las fianzas", dijo Guy Quinteros, un nervioso hombre de 34 que perdió hace poco su trabajo como agente en Aliso Village. "Lo odio".
Gran parte de la prevaleciente animosidad se deriva de las actividades permanentes en la acera. Bad Boys innovó el uso de los equipos de calle -empleados que reparten volantes y llaveros a las visitas de la cárcel, pero sin estar autorizados a negociar una fianza. La empresa demandó con éxito al ayuntamiento de Los Angeles por el permiso de utilizar esos equipos."Un montón de oficinas de fianzas creen que lo que hacemos es ilegal, pero no lo es", dijo Angos. Estaba trabajando hasta tarde en su oficina, quizás la más formal de la Calle de las Fianzas, con sus muebles oscuros y lisos. El antiguo gerente de software llevaba un traje de hombre de negocios, una vista igualmente poco usual a la sombra de las cárceles.
En la esquina afuera, gente sin casa, muchos recién salidos de las celdas, gritaban obscenidades en la noche. Vendedores de drogas y chulos usan el estacionamiento como una parada, aumentando la tensión de los agentes.
"Uno de cada 10 de los tipos que aparca aquí lleva un arma en su coche", dijo Bert Potter. Estaba en el estacionamiento mirando cómo se llevaban otro coche con la remolcadora. "Vienen a visitar a alguien en la cárcel o están dejando drogas para que las recojan otros".
Potter y Eddie Nardoni son dos curtidos veteranos de la Calle de las Fianzas.
"Es un buen negocio, con buenos beneficios", dijo Nardoni, que llevaba una gorra de béisbol y un nevado mostacho. Estaba terminando la tarde detrás de un largo mostrador en su oficina, con pinturas de payasos en las paredes. Su rostro se ensombreció.
"Pero los beneficios no son lo que eran porque ahora hay más competencia", dijo.
Era un día típico, con aturdidos parientes de los presos entrando a preguntar sobre los costes. Ángel Hernández pasó a preguntar por la fianza de su sobrino.
"Esta parece más grande, bien iluminada", dijo sobre la oficina de Nardoni.
El vecino de 57 de Los Angeles salió a echar una segunda mirada a las otras tiendas en el centro comercial. Apuntó con su dedo el iluminado letrero de la ventana, que anunciaba descuentos en rojo, verde y amarillo.
"Ese apenas tenía un sillón y un escritorio, no parecía un negocio de verdad", dijo. "Y ese otro dice 5 Por Ciento de Descuento', pero no me gusta la pinta".
Hernández se fue sin cerrar un trato. El agente Nardono miró marcharse a Díaz. También lo hicieron los agentes sospechosos al acecho en Vignes.
Al lado, se podía palpar el desprecio que siente Potter por la Calle de las Fianzas.
Un hombre de voz suave con una camisa con gruesas letras, Potter presidía sobre raspados escritorios debajo de lámparas austeras, donde dos de sus empleados atendían el teléfono.
Revisó con sus dedos el correo mientras hacía el inventario de las muchas tribulaciones de ganarse la vida en la Calle de las Fianzas.
"La mayoría de esta gente, me entiendes, está tratando de ganar dinero ilegalmente en la calle", dijo. Tu hora pico puede ser la una de la mañana".
Su negocio de reincidentes es muchas veces un asunto de familia. "He trabajado con tres generaciones quizás unas 40 o 50 veces", dijo Potter. "Todavía viven en la misma casa, y hacen las mismas cosas".
Como la mayoría de los agentes, Potter depende de los reincidentes, referencias y anuncios para la parte importante de sus ventas. Su cálculo de los clientes que entran es de un 20 por ciento. Y eso lo llevó de vuelta a las escaramuzas en la Calle de las Fianzas.
"Te dirán que somos gente mala, que te robaremos el dinero", dijo Potter vagamente sobre sus concurrentes, resumiéndolo con una grosería.
Richard Negrete dice que no tiene por qué ser así. Él lanzó sus Fianzas Platinum con su hermano Raymond hace un año después de trabajar para Ebarb en Anyway. Negrete y Ebarb dijeron que siguen siendo amigos.
Platinum, ocupa el segundo piso de un edificio sin ascensor de Vignes, a poca distancia del centro comercial. Paga fianzas de hasta 50.000 dólares por detenciones por violencia doméstica, un creciente sector en la industria. Negrete los llama fianzas de desposorios.
"Nueve de diez veces, es la esposa la que paga", dijo.
El antiguo jugador de rugby de Cal State Chico de 34 años acusó a los atrincherados veteranos de la Calle de las Fianzas de la enrarecida atmósfera.
En los viejos días, dijo, podía adoptar hacia los clientes una actitud de tómelo-o-déjelo, porque tenían pocas alternativas.
"Esos tipos han estado haciendo dinero echados hacia atrás durante demasiado tiempo", dijo Negrete. "Pero ahora hay sangre nueva en el negocio. El juego cambió".
26 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"
"Realmente nos odian", dijo Angos, sacando con el pie la pintura desconchada, que era algo más clara que el rojo oficial del ayuntamiento.
Este es la Calle de las Fianzas -el sucio bloque de edificios en el centro de la ciudad donde la competencia por los compradores de libertad es cada vez más despiadada. En los últimos tiempos, a medida que un creciente número de empresas se rebaten por comisiones cada vez más grandes, investigaciones sobre corrupción han apuntado a Bad Boys y otras empresas de fianzas de California del Sur.
En la Calle de las Fianzas, cerca de una docena de oficinas de fianzas se alinean lado a lado en el pequeño centro comercial de color mostaza y luces de carnaval y un tramo de tiendas vecinas en decadencia de Windex. Están en Vignes Street, al frente de las cárceles Men's Central y Twin Towers.
Las cárceles albergan al sistema penal más grande del país, un mina de oro de 24 horas al día para los vendedores de fianzas. Y aunque pareciera que se pueden hacer bastante beneficios en el negocio de las fianzas, las empresas se hacen una especie de guerrilla urbana por cada dólar.
"Es un negocio sucio", dijo Bertha Comar, propietaria de Fianzas Aliso Village, una diminuta firma en un edificio a prueba de ladrones a pocos pasos del centro comercial. Estaba desplomada sobre su escritorio en una oficina vacía, con una pintura de la Virgen María en la pared detrás de ella y un cartel de la película de gángsteres Scarface, el terror del hampa' a su derecha.
Comar dijo que ella ya no podía competir con las empresas más grandes y pensaba cerrar su negocio pronto. Varios inquilinos de la Calle de las Fianzas dicen que se las arreglan para sobrevivir la refriega, pero otros se quejan de que sus llantas son cortadas y sus parabrisas hechos trizas. Las quejas por el vandalismo incluyen también llamadas hechas por agentes de fianzas haciéndose pasar por clientes e incluso pedidos falsos de pizzas.
"Es estúpido", dijo Comar, que dijo estar atormentada por los pedidos de pizzas, que dijo que habían sido ordenados por alguien en el centro comercial.
Luego están las siempre presentes remolcadoras, que perdonan rápidamente los coches de los clientes que estacionan frente al mercado, pero acosan las oficinas de fianzas en otros tramos de Vignes Street o Bauchet Street, entre ellas Bad Boys.
Vince Ebarb, propietario de Fianzas Anyway, dijo que las remolcadoras "probablemente ganan más dinero que todos... Es una especie de comedia".
Willie McCray no se reía. "¡Se llevaron mi camión!", exclamó, parado en un lote vacío en el estacionamiento del mercado.
El vecino de Lancaster había estado tratando de sacar bajo fianza a su esposa, que estaba acusada de fraude en propiedades inmobiliarias. Agarró algunos folletos y un llavero de promoción de Bad Boys.
"Todos tienen un truco diferente", dijo McCray mirando deprimido la calle buscando su coche.
La fianza se puede dar sin un agente, provisto que el tribunal reciba la suma total en dinero contante o con una garantía, como las actas de propiedad de una casa. Pero la gran mayoría de los acusados utilizan una empresa de fianzas, que normalmente cobran una tarifa fija, no-reembolsable, de 10 por ciento. A veces la comisión se paga en varias mensualidades.
Los agentes entregan al tribunal una promesa escrita de que pagarán toda la fianza si el acusado "se salta": no comparece al juicio. La promesa es respaldada por las compañías de seguro de los agentes.
Sólo un pequeño porcentaje de los acusados desaparece, y la mayoría que sí lo hace es normalmente capturada. El pequeño riesgo de pérdidas, así como la empinada comisión que puede significar una sola fianza, ha ampliado el campo de los vendedores, incluyendo a los de la Calle de las Fianzas.
En los últimos ocho o diez años, el número de agentes de fianzas en el estado se ha duplicado a 2.200, y la comisión promedio en el condado de Los Angeles han saltado de 5.000 a 20.000 dólares, de acuerdo a Frank Repetti, funcionario de las asociaciones de agentes de fianzas de Los Angeles y California.
"No tienes que tener muchas comisiones para hacer dinero", dijo Repetti.
El dinero fácil han sellado el fin de los días en que los negocios familiares dominaban la industria y el mercadeo consistía en un anuncio en las Páginas Amarillas y letreros de neón pestañeando arriba de la puerta: "Cero Renta para Propietarios" o "No Siempre Necesita un Aval".
Empresas nuevas y más grandes han elevado el ramo con comerciales en la radio y televisión -y, en el caso de Bad Boys, con una flota de vehículos pintados con imágenes de un gordo vestido de mujer y la leyenda: "Porque Tu Mamá Te Quiere en Casa".
Las comisiones fijadas por el estado limitan los descuentos, así que empresas como Bad Boys tratan de ganar a la competencia ofreciendo construcciones financieras más creativas. Por ejemplo, dijo Angos: "Tenemos 20 avales" de un acuerdo de fianza.
Bad Boys también paga fianzas incluso de 500 dólares, que algunas agencias rechazan porque no valen la pena.
"La codicia domina a todo el mundo", dijo Joel Díaz, agente de Fianzas Eddie Nardoni. "Hay gente que venderían hasta sus madres".
Siete años tras su fundación, Bad Boys dice que genera 300 millones de dólares al año en fianzas, transformándola en la segunda empresa del estado después de Fianzas Aladdin. Bad Boys se unió a la batalla en la Calle de las Fianzas hace tres años, mudándose a un edificio de cemento al lado del centro comercial. La empresa no fue bien recibida.
"Creo que estoy más seguro en las selvas de África que en la Vignes Street", dijo Jeff Stanley, presidente de Bad Boys, en una conferencia telefónica tras retornar de un safari en ese continente.
Dijo que sus cámaras de seguridad habían una vez captado a un agente de la concurrencia cortando con un cuchillo las llantas de tres coches que pertenecían a empleados de Bad Boys. El cuchillero fue confrontado con el video y accedió a pagar las llantas, dijo Stanley. No quiso decir quién era.
"Hay constantes actos vandálicos contra los vehículos de nuestros empleados y amenazas en su contra", dijo Stanley, ex caza-recompensas cuya empresa tiene tres oficinas en California. "Nunca antes pasamos por algo así... Es una brutalidad".
La empresa lleva luchando 14 meses para remover el rojo del bordillo de la acera. Dos veces ordenaron los funcionarios del estacionamiento que se removiera la pintura ilegal. Pero el ayuntamiento entonces accedió a la petición del dueño del centro comercial de mantener el rojo.
Bad Bods tiene otra pelea entre las manos. El jurado del condado de Los Angeles ha acusado a la empresa por más de 40 cargos de perjurio, falsificación y falso testimonio por haber supuestamente mentido al tribunal sobre sus esfuerzos en trazar a clientes que no se habían presentado. Bad Boys se declaró inocente.
La fiscal de distrito Shirley Sun dijo que agentes inescrupulosos, amparados con regulaciones que ayudaban a escribir cabilderos de las fianzas, pueden ahogar a los jueces con tecnicismos y deberes de abecedario para evitar dar las fianzas infringidas. Algunos han mentido diciendo que los acusados escaparon a México o que han muerto, dijo Sun.
Investigaciones locales y del estado en curso se han concentrado en parte en acusaciones de que agencias de grandes volúmenes quebraron la ley después de pagar las fianzas de demasiadas personas con pocas garantías, privando a los condados y ciudades de millones de dólares en impuestos potenciales por las fianzas impagas, además de los costes de perseguir a los acusados fugitivos.
Fianzas American Liberty cerró en la Calle de las Fianzas después de que las autoridades allanaran sus oficinas en el verano pasado y acusaran al propietario y cinco empleados de secuestros de clientes y extorsión, entre otros delitos. Ellos se declararon inocentes.
En la Calle de las Fianzas llueven los rumores de allanamientos y juicios. Sin embargo, el drama del día a día es de la variedad polvorosa. Los agentes mencionan peleas a gritos en el estacionamiento, ocasionales puñetazos a los coches enganchados y numerosas ocasiones en que un competidor le robó el cliente en la puerta de su negocio.
"Todos están robando en las fianzas", dijo Guy Quinteros, un nervioso hombre de 34 que perdió hace poco su trabajo como agente en Aliso Village. "Lo odio".
Gran parte de la prevaleciente animosidad se deriva de las actividades permanentes en la acera. Bad Boys innovó el uso de los equipos de calle -empleados que reparten volantes y llaveros a las visitas de la cárcel, pero sin estar autorizados a negociar una fianza. La empresa demandó con éxito al ayuntamiento de Los Angeles por el permiso de utilizar esos equipos."Un montón de oficinas de fianzas creen que lo que hacemos es ilegal, pero no lo es", dijo Angos. Estaba trabajando hasta tarde en su oficina, quizás la más formal de la Calle de las Fianzas, con sus muebles oscuros y lisos. El antiguo gerente de software llevaba un traje de hombre de negocios, una vista igualmente poco usual a la sombra de las cárceles.
En la esquina afuera, gente sin casa, muchos recién salidos de las celdas, gritaban obscenidades en la noche. Vendedores de drogas y chulos usan el estacionamiento como una parada, aumentando la tensión de los agentes.
"Uno de cada 10 de los tipos que aparca aquí lleva un arma en su coche", dijo Bert Potter. Estaba en el estacionamiento mirando cómo se llevaban otro coche con la remolcadora. "Vienen a visitar a alguien en la cárcel o están dejando drogas para que las recojan otros".
Potter y Eddie Nardoni son dos curtidos veteranos de la Calle de las Fianzas.
"Es un buen negocio, con buenos beneficios", dijo Nardoni, que llevaba una gorra de béisbol y un nevado mostacho. Estaba terminando la tarde detrás de un largo mostrador en su oficina, con pinturas de payasos en las paredes. Su rostro se ensombreció.
"Pero los beneficios no son lo que eran porque ahora hay más competencia", dijo.
Era un día típico, con aturdidos parientes de los presos entrando a preguntar sobre los costes. Ángel Hernández pasó a preguntar por la fianza de su sobrino.
"Esta parece más grande, bien iluminada", dijo sobre la oficina de Nardoni.
El vecino de 57 de Los Angeles salió a echar una segunda mirada a las otras tiendas en el centro comercial. Apuntó con su dedo el iluminado letrero de la ventana, que anunciaba descuentos en rojo, verde y amarillo.
"Ese apenas tenía un sillón y un escritorio, no parecía un negocio de verdad", dijo. "Y ese otro dice 5 Por Ciento de Descuento', pero no me gusta la pinta".
Hernández se fue sin cerrar un trato. El agente Nardono miró marcharse a Díaz. También lo hicieron los agentes sospechosos al acecho en Vignes.
Al lado, se podía palpar el desprecio que siente Potter por la Calle de las Fianzas.
Un hombre de voz suave con una camisa con gruesas letras, Potter presidía sobre raspados escritorios debajo de lámparas austeras, donde dos de sus empleados atendían el teléfono.
Revisó con sus dedos el correo mientras hacía el inventario de las muchas tribulaciones de ganarse la vida en la Calle de las Fianzas.
"La mayoría de esta gente, me entiendes, está tratando de ganar dinero ilegalmente en la calle", dijo. Tu hora pico puede ser la una de la mañana".
Su negocio de reincidentes es muchas veces un asunto de familia. "He trabajado con tres generaciones quizás unas 40 o 50 veces", dijo Potter. "Todavía viven en la misma casa, y hacen las mismas cosas".
Como la mayoría de los agentes, Potter depende de los reincidentes, referencias y anuncios para la parte importante de sus ventas. Su cálculo de los clientes que entran es de un 20 por ciento. Y eso lo llevó de vuelta a las escaramuzas en la Calle de las Fianzas.
"Te dirán que somos gente mala, que te robaremos el dinero", dijo Potter vagamente sobre sus concurrentes, resumiéndolo con una grosería.
Richard Negrete dice que no tiene por qué ser así. Él lanzó sus Fianzas Platinum con su hermano Raymond hace un año después de trabajar para Ebarb en Anyway. Negrete y Ebarb dijeron que siguen siendo amigos.
Platinum, ocupa el segundo piso de un edificio sin ascensor de Vignes, a poca distancia del centro comercial. Paga fianzas de hasta 50.000 dólares por detenciones por violencia doméstica, un creciente sector en la industria. Negrete los llama fianzas de desposorios.
"Nueve de diez veces, es la esposa la que paga", dijo.
El antiguo jugador de rugby de Cal State Chico de 34 años acusó a los atrincherados veteranos de la Calle de las Fianzas de la enrarecida atmósfera.
En los viejos días, dijo, podía adoptar hacia los clientes una actitud de tómelo-o-déjelo, porque tenían pocas alternativas.
"Esos tipos han estado haciendo dinero echados hacia atrás durante demasiado tiempo", dijo Negrete. "Pero ahora hay sangre nueva en el negocio. El juego cambió".
26 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
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redadas contra bandas latinas
[Rich Connell y Robert J. López] En una acción nacional, las autoridades detuvieron a miembros de MS 13, formada en Los Angeles, y ahora implicada en contrabando, tráficos de drogas y asesinatos.
Como parte de una represión a nivel nacional, las autoridades federales anunciaron el lunes la detención en seis importantes ciudades de 103 personas de miembros de Mara Salvatrucha, una banda internacional nacida en Los Angeles y ahora implicada en asesinatos, tráfico de drogas y tráfico de seres humanos.
Las redadas, realizadas en las últimas semanas en una operación que se extiende desde Hollywood a Ciudad de Nueva York y Miami por agentes del ministerio de Seguridad Nacional, representan las primeras embestidas de una campaña para contener a Mara Salvatrucha, también conocida como MS 13, dijeron funcionarios.
Con nuevas células en 33 estados y hasta 50.000 miembros en Estados Unidos y América Latina, la banda se ha transformado en una prioridad policial en Washington, y en El Salvador, Honduras y México.
Subrayando el alcance nacional de la banda, más de la mitad de las detenciones anunciadas el lunes se realizaron en Nueva York, Washington y Baltimore. En Los Angeles las autoridades arrestaron a 17 supuestos miembros de MS 13, incluyendo a un ex soldado de las fuerzas armadas salvadoreñas, descrito como un miembro fundador del capítulo de Hollywood de la banda.
"Si tienes una organización criminal de gran escala operando en Estados Unidos, de la que se sabe que ha estado contrabandeando, contrabandeando mercaderías y personas, aprovechándose de los puntos flacos de las fronteras, tienes que aceptar que constituyen un riesgo para la seguridad nacional", dijo en una rueda de prensa en Washington, Michael J. García, subsecretario de Seguridad Interior de la Policía de Inmigración y Aduanas.
Kevin Kozak, agente encargado de la oficina de Los Angeles de la Policía de Inmigración y Aduanas, agregó en una entrevista que el objetivo de la nueva campaña, conocida como Operación Escudo de la Comunidad, es "desbaratar y finalmente desmantelar esta banda".
El FBI ha organizado un destacamento especial nacional para atacar a la MS 13, el primero de su tipo que se concentra en una sola banda callejera. Formado el año pasado con el objetivo de formular una estrategia comprehensiva que implique a funcionarios policiales locales e internacionales, incluye a los funcionarios de Seguridad Interior que hicieron los anuncios el lunes.
"Esta es la primera vez que tenemos que vernóslas con una banda que ha escalado tan rápidamente en todo el país", dijo Robert F. Clifford, jefe del destacamento especial del FBI.
Todavía tiene que verse si estas acciones reducen a la MS 13. Durante años, las autoridades en Los Angeles, la capital de la banda del país, han perseguido a la MS 13, deteniendo a cientos de miembros cada año. Sin embargo, se cree que varios miles más operan todavía en California del Sur.
Además, iniciativas pasadas para detener y deportar a miembros de la Mara Salvatrucha han ayudado a extender la influencia del grupo y ampliar sus terrenos de reclutamiento a México y América Central, donde operan ahora unos 20.000 a 40.000 miembros.
Fuentes policiales temen ahora que los miembros de la banda reclutados en América Central están volviendo a Estados Unidos. Un reciente memorándum interno del FBI repartido entre agencias policiales en todo el país detalla las rutas que ha usado la MS 13 supuestamente para introducir gente a Estados Unidos, posiblemente incluyendo reclutas para fortalecer las filas de la banda.
Kozak reconoció que los miembros deportados de la MS 13 han vuelto a Estados Unidos a unirse a la banda. "Eso ha sido históricamente un problema", dijo. "No es algo que podamos cambiar de la noche a la mañana... Uno de los retos es reforzar las fronteras y hacer más difícil que puedan volver".
Dijo que la banda también recluta nuevos miembros, algunos de apenas 13 años, de países como El Salvador.
Formada en los años ochenta en las calles de Pico-Union, al oeste del centro de Los Angeles, Mara Salvatrucha ofreció medios de protección a los jóvenes inmigrantes centro-americanos frente las mejor establecidas bandas callejeras mexicano-americanas. Dentro de una década, MS 13 se transformó en una de las bandas más grandes y despiadadas de California. Es conocida por su espeluznante tarjeta de visita: el uso de machetes para cortar en pedazos a enemigos e informantes.
La represión anunciada el lunes se produce justo semanas después de que un importante funcionario de Seguridad Interior dijera al Congreso que la banda, debido a su supuesta implicación el tráfico de seres humanos, podía ser usada por terroristas que intenten entrar a Estados Unidos desde México. Los funcionarios insisten en que no hay encontrado pruebas de esos vínculos.
Un reciente memorándum confidencial preparado por una unidad de inteligencia del ministerio de Justicia estadounidense, advirtió que la banda ha "establecido bases de operaciones a lo largo de la frontera estadounidense-mexicana, especialmente en el área de Laredo, Texas". MS 13 también tiene una importante presencia en la frontera mexicano-guatemalteca, afirmó el memorándum.
"Los miembros de la banda ahora transportan drogas y extranjeros ilegales en vagones desde Chiapas a la frontera norteamericana, donde son introducidos ilegalmente por tierra en Estados Unidos", dice.
Envalentonada por su enorme cantidad de miembros y de operaciones en expansión en América Latina, la banda ejerce su poder de maneras alarmantes, incluyendo el asesinato de 28 personas en un autobús en Honduras a fines del año pasado. El presidente hondureño Ricardo Maduro ha dicho que el ataque puede haber sido una amenaza de la MS 13 al país para que camcele sus planes de combatir a las bandas callejeras.
Un sospechoso de ser el cerebro de los ataques, que tiene una larga hoja de antecedentes criminales en California y ha sido deportado cuatro veces, puede tener lazos con una pandilla de MS 13 de Los Angeles, muestran archivos y entrevistas.
En Honduras, el ministro de seguridad dijo a fines del año pasado que datos de su servicio secreto sugieren que los cabecillas de MS 13 en ese país se habían reunido con un operativo de Al Qaeda que es buscado por Estados Unidos.
Hace varias semanas, cuando se reunieron en San Salvador funcionarios policiales internacionales, el presidente Maduro dijo que no excluía que hubiera una conexión entre Al Qaeda y Mara Salvatrucha.
Clifford, del FBI, dijo el lunes que no había pruebas de que el supuesto encuentro entre Al Qaeda y Mara Salvatrucha hubiera tenido lugar. Dijo que esa alianza sería improbable. Pero agregó que las autoridades no pueden excluir la posibilidad.
"Creo que existe esa posibilidad para cualquier organización criminal que tenga una infraestructura para trasladar gente y dinero y armas y documentos", dijo Clifford.
En Los Angeles, las redadas de agentes de Seguridad Interior atraparon a supuestos miembros de la banda que tenían entre 20 y 40 años de edad con antecedentes penales por tráfico de drogas y posesión de armas de fuego hasta asalto e intento de homicidio, de acuerdo a las autoridades federales. Muchos de los detenidos han vuelto a entrar al país ilegalmente después de haber sido deportados y pueden pasar un tiempo en prisión antes de ser deportados nuevamente.
En los próximos meses, dicen las autoridades, esperan cientos de nuevas detenciones de miembros de la MS 13, la mayoría de los cuales se encuentran ilegalmente en el país.
Elise Castelli en Washington y Richard Winton en Los Angeles contribuyeron a este reportaje.
15 de marzo de 2005
24 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Como parte de una represión a nivel nacional, las autoridades federales anunciaron el lunes la detención en seis importantes ciudades de 103 personas de miembros de Mara Salvatrucha, una banda internacional nacida en Los Angeles y ahora implicada en asesinatos, tráfico de drogas y tráfico de seres humanos.Las redadas, realizadas en las últimas semanas en una operación que se extiende desde Hollywood a Ciudad de Nueva York y Miami por agentes del ministerio de Seguridad Nacional, representan las primeras embestidas de una campaña para contener a Mara Salvatrucha, también conocida como MS 13, dijeron funcionarios.
Con nuevas células en 33 estados y hasta 50.000 miembros en Estados Unidos y América Latina, la banda se ha transformado en una prioridad policial en Washington, y en El Salvador, Honduras y México.
Subrayando el alcance nacional de la banda, más de la mitad de las detenciones anunciadas el lunes se realizaron en Nueva York, Washington y Baltimore. En Los Angeles las autoridades arrestaron a 17 supuestos miembros de MS 13, incluyendo a un ex soldado de las fuerzas armadas salvadoreñas, descrito como un miembro fundador del capítulo de Hollywood de la banda.
"Si tienes una organización criminal de gran escala operando en Estados Unidos, de la que se sabe que ha estado contrabandeando, contrabandeando mercaderías y personas, aprovechándose de los puntos flacos de las fronteras, tienes que aceptar que constituyen un riesgo para la seguridad nacional", dijo en una rueda de prensa en Washington, Michael J. García, subsecretario de Seguridad Interior de la Policía de Inmigración y Aduanas.
Kevin Kozak, agente encargado de la oficina de Los Angeles de la Policía de Inmigración y Aduanas, agregó en una entrevista que el objetivo de la nueva campaña, conocida como Operación Escudo de la Comunidad, es "desbaratar y finalmente desmantelar esta banda".
El FBI ha organizado un destacamento especial nacional para atacar a la MS 13, el primero de su tipo que se concentra en una sola banda callejera. Formado el año pasado con el objetivo de formular una estrategia comprehensiva que implique a funcionarios policiales locales e internacionales, incluye a los funcionarios de Seguridad Interior que hicieron los anuncios el lunes.
"Esta es la primera vez que tenemos que vernóslas con una banda que ha escalado tan rápidamente en todo el país", dijo Robert F. Clifford, jefe del destacamento especial del FBI.
Todavía tiene que verse si estas acciones reducen a la MS 13. Durante años, las autoridades en Los Angeles, la capital de la banda del país, han perseguido a la MS 13, deteniendo a cientos de miembros cada año. Sin embargo, se cree que varios miles más operan todavía en California del Sur.
Además, iniciativas pasadas para detener y deportar a miembros de la Mara Salvatrucha han ayudado a extender la influencia del grupo y ampliar sus terrenos de reclutamiento a México y América Central, donde operan ahora unos 20.000 a 40.000 miembros.
Fuentes policiales temen ahora que los miembros de la banda reclutados en América Central están volviendo a Estados Unidos. Un reciente memorándum interno del FBI repartido entre agencias policiales en todo el país detalla las rutas que ha usado la MS 13 supuestamente para introducir gente a Estados Unidos, posiblemente incluyendo reclutas para fortalecer las filas de la banda.
Kozak reconoció que los miembros deportados de la MS 13 han vuelto a Estados Unidos a unirse a la banda. "Eso ha sido históricamente un problema", dijo. "No es algo que podamos cambiar de la noche a la mañana... Uno de los retos es reforzar las fronteras y hacer más difícil que puedan volver".
Dijo que la banda también recluta nuevos miembros, algunos de apenas 13 años, de países como El Salvador.
Formada en los años ochenta en las calles de Pico-Union, al oeste del centro de Los Angeles, Mara Salvatrucha ofreció medios de protección a los jóvenes inmigrantes centro-americanos frente las mejor establecidas bandas callejeras mexicano-americanas. Dentro de una década, MS 13 se transformó en una de las bandas más grandes y despiadadas de California. Es conocida por su espeluznante tarjeta de visita: el uso de machetes para cortar en pedazos a enemigos e informantes.
La represión anunciada el lunes se produce justo semanas después de que un importante funcionario de Seguridad Interior dijera al Congreso que la banda, debido a su supuesta implicación el tráfico de seres humanos, podía ser usada por terroristas que intenten entrar a Estados Unidos desde México. Los funcionarios insisten en que no hay encontrado pruebas de esos vínculos.
Un reciente memorándum confidencial preparado por una unidad de inteligencia del ministerio de Justicia estadounidense, advirtió que la banda ha "establecido bases de operaciones a lo largo de la frontera estadounidense-mexicana, especialmente en el área de Laredo, Texas". MS 13 también tiene una importante presencia en la frontera mexicano-guatemalteca, afirmó el memorándum.
"Los miembros de la banda ahora transportan drogas y extranjeros ilegales en vagones desde Chiapas a la frontera norteamericana, donde son introducidos ilegalmente por tierra en Estados Unidos", dice.
Envalentonada por su enorme cantidad de miembros y de operaciones en expansión en América Latina, la banda ejerce su poder de maneras alarmantes, incluyendo el asesinato de 28 personas en un autobús en Honduras a fines del año pasado. El presidente hondureño Ricardo Maduro ha dicho que el ataque puede haber sido una amenaza de la MS 13 al país para que camcele sus planes de combatir a las bandas callejeras.
Un sospechoso de ser el cerebro de los ataques, que tiene una larga hoja de antecedentes criminales en California y ha sido deportado cuatro veces, puede tener lazos con una pandilla de MS 13 de Los Angeles, muestran archivos y entrevistas.
En Honduras, el ministro de seguridad dijo a fines del año pasado que datos de su servicio secreto sugieren que los cabecillas de MS 13 en ese país se habían reunido con un operativo de Al Qaeda que es buscado por Estados Unidos.
Hace varias semanas, cuando se reunieron en San Salvador funcionarios policiales internacionales, el presidente Maduro dijo que no excluía que hubiera una conexión entre Al Qaeda y Mara Salvatrucha.
Clifford, del FBI, dijo el lunes que no había pruebas de que el supuesto encuentro entre Al Qaeda y Mara Salvatrucha hubiera tenido lugar. Dijo que esa alianza sería improbable. Pero agregó que las autoridades no pueden excluir la posibilidad.
"Creo que existe esa posibilidad para cualquier organización criminal que tenga una infraestructura para trasladar gente y dinero y armas y documentos", dijo Clifford.
En Los Angeles, las redadas de agentes de Seguridad Interior atraparon a supuestos miembros de la banda que tenían entre 20 y 40 años de edad con antecedentes penales por tráfico de drogas y posesión de armas de fuego hasta asalto e intento de homicidio, de acuerdo a las autoridades federales. Muchos de los detenidos han vuelto a entrar al país ilegalmente después de haber sido deportados y pueden pasar un tiempo en prisión antes de ser deportados nuevamente.
En los próximos meses, dicen las autoridades, esperan cientos de nuevas detenciones de miembros de la MS 13, la mayoría de los cuales se encuentran ilegalmente en el país.
Elise Castelli en Washington y Richard Winton en Los Angeles contribuyeron a este reportaje.
15 de marzo de 2005
24 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
prohibido viajar a cuba
[Bob Herbert] Las nuevas restricciones para viajar a Cuba -una vez cada tres años- impuestas a personas con familiares en la isla reaviva llamados a terminar con el embargo.
Washington, Estados Unidos. El sargento Carlos Lazo, un médico que volvió de Iraq a Estados Unidos hace dos semana, todavía tiene en su mente las desgarradoras imágenes del violento asalto de Faluya. Durante la campaña debió conducir una ambulancia, acompañado por dos compañeros, también médicos. Sus compañeros iban normalmente en la parte de atrás, con los heridos.
A veces la batalla bramaba tan furiosamente, que los tres amigos apenas se podían oír unos a otros. Con morteros que estallaban y hacían temblar la tierra en su rededor, y con el fragor casi constante de las ráfagas de balas y otros explosivos, el sargento Lazo no podía saber siempre si sus compañeros se encontraban bien.
"Nos poníamos a cantar para oírnos", dijo. "Nos llamaban el equipo latino. Los tres éramos latino-americanos. Uno era portorriqueño, el otro mexicano, y yo soy cubano-americano. Cantábamos canciones en español, a todo volumen, y así sabíamos que estábamos bien".
La vida durante la batalla de Faluya fue "extremadamente intensa", dijo. "Era triste, sabes, ver a alguien hablando dos horas antes, y verlo más tarde herido, gimiendo. Y lo que haces, es tratar de calmarlo, diciéndole: Relájate, hermano. Todo va a salir bien'".
El sargento Lazo, que cumplió ayer 40, es un miembro de la Guardia Nacional del estado de Washington. Su equipo de médicos, que se comportó heroicamente durante todo el período de servicio en Iraq, fue asignado a un regimiento de Marines durante la ofensiva de Faluya. Yo entrevisté al sargento en Washington, D.C., donde está buscando apoyo para una nueva, más personal misión.
Ciudadano americano, el sargento Lazo tiene dos hijos adolescentes en La Habana. Los visita lo más a menudo que puede, pero ellos no quieren emigrar a Estados Unidos. En junio último, durante un permiso de Iraq de dos semanas, el sargento visitó a sus parientes en su casa en Seattle, luego viajó a Miami, donde pensaba abordar un vuelo hacia Cuba para visitar brevemente a sus hijos. Tenía muchas ganas de verlos antes de volver a Iraq.
Pero las nuevas y duras restricciones para viajar a Cuba impuestas a personas con familiares en la isla estaban siendo implementadas. "Fui al aeropuerto, pero no dejaron que nadie abordara el avión", dijo el sargento Lazo. "Todavía faltaban dos días para que entraran en vigor las restricciones pero me dijeron que los aviones partían vacíos".
Los aviones volaban a Cuba a recoger a cubano-americanos en su viaje de vuelta a Estados Unidos. Anticipando reglas más estrictas, no se permitió subir a nuevos pasajeros para el viaje a Cuba. El sargento Lazo tuvo que volver a Iraq sin ver a sus hijos.
Bajo las antiguas reglas, las personas autorizadas para visitar a parientes en Cuba podía entrar a la isla una vez al año, y más a menudo encaso de emergencias familiares. Podían visitar a sus primos, tías y tíos, así como a los familiares directos.
Pero como el presidente Bush debía lanzar su campaña para la re-elección, y cubanos intransigentes en Florida quejándose de que el gobierno no era lo suficientemente agresivo con Fidel Castro, las reglas fueron cambiadas. Ahora los familiares pueden visitar la isla sólo una vez cada tres años, y las visitas deben limitarse a la familia inmediata. Las visitas por casos de emergencia no son permitidas.
"Si mi padre o uno de mis hijos estuviera muriéndose", dijo el sargento Lazo -hizo una pausa para golpear fuertemente con los nudillos en la madera-, "no podría visitarlos".
El sargento no ha visto a sus hijos en más de dos años, y no se le permitirá verlos sino hasta el próximo año. Su nueva misión es pedir el fin de la prohibición a los viajes a Cuba. En su iniciativa lo ayuda el Centro para Política Exterior, que se ha opuesto durante largo tiempo a las restricciones de viaje.
El sargento Lazo me dijo que no ha tenido nunca segundas intenciones en su servicio en Iraq. "Yo firmé para la Guardia Nacional y juré defender a Estados Unidos, mi país de adopción", dijo. "Ir era mi deber".
Pero cree que es poco razonable que el gobierno, por el que estaba dispuesto a morir, le impida ver a sus hijos.
Las restricciones de viajes a Cuba, arbitrarias y motivadas políticamente, son crueles, contraproducentes y, francamente, absurdas. Apenas si son apoyadas en el exterior por un pequeño grupo de viejos reaccionarios anti-castristas en Florida del Sur. Las restricciones hacen parte del embargo impuesto por Estados Unidos hace 45 años, que ha sido un completo y abyecto fracaso.
Mientras sigan en vigor estas medidas, la gente de verdad, como el sargento lazo, un verdadero patriota americanos, continuará sufriendo innecesariamente.
Al autor se puede escribir a: bobherb@nytimes.com
21 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. El sargento Carlos Lazo, un médico que volvió de Iraq a Estados Unidos hace dos semana, todavía tiene en su mente las desgarradoras imágenes del violento asalto de Faluya. Durante la campaña debió conducir una ambulancia, acompañado por dos compañeros, también médicos. Sus compañeros iban normalmente en la parte de atrás, con los heridos.A veces la batalla bramaba tan furiosamente, que los tres amigos apenas se podían oír unos a otros. Con morteros que estallaban y hacían temblar la tierra en su rededor, y con el fragor casi constante de las ráfagas de balas y otros explosivos, el sargento Lazo no podía saber siempre si sus compañeros se encontraban bien.
"Nos poníamos a cantar para oírnos", dijo. "Nos llamaban el equipo latino. Los tres éramos latino-americanos. Uno era portorriqueño, el otro mexicano, y yo soy cubano-americano. Cantábamos canciones en español, a todo volumen, y así sabíamos que estábamos bien".
La vida durante la batalla de Faluya fue "extremadamente intensa", dijo. "Era triste, sabes, ver a alguien hablando dos horas antes, y verlo más tarde herido, gimiendo. Y lo que haces, es tratar de calmarlo, diciéndole: Relájate, hermano. Todo va a salir bien'".
El sargento Lazo, que cumplió ayer 40, es un miembro de la Guardia Nacional del estado de Washington. Su equipo de médicos, que se comportó heroicamente durante todo el período de servicio en Iraq, fue asignado a un regimiento de Marines durante la ofensiva de Faluya. Yo entrevisté al sargento en Washington, D.C., donde está buscando apoyo para una nueva, más personal misión.
Ciudadano americano, el sargento Lazo tiene dos hijos adolescentes en La Habana. Los visita lo más a menudo que puede, pero ellos no quieren emigrar a Estados Unidos. En junio último, durante un permiso de Iraq de dos semanas, el sargento visitó a sus parientes en su casa en Seattle, luego viajó a Miami, donde pensaba abordar un vuelo hacia Cuba para visitar brevemente a sus hijos. Tenía muchas ganas de verlos antes de volver a Iraq.
Pero las nuevas y duras restricciones para viajar a Cuba impuestas a personas con familiares en la isla estaban siendo implementadas. "Fui al aeropuerto, pero no dejaron que nadie abordara el avión", dijo el sargento Lazo. "Todavía faltaban dos días para que entraran en vigor las restricciones pero me dijeron que los aviones partían vacíos".
Los aviones volaban a Cuba a recoger a cubano-americanos en su viaje de vuelta a Estados Unidos. Anticipando reglas más estrictas, no se permitió subir a nuevos pasajeros para el viaje a Cuba. El sargento Lazo tuvo que volver a Iraq sin ver a sus hijos.
Bajo las antiguas reglas, las personas autorizadas para visitar a parientes en Cuba podía entrar a la isla una vez al año, y más a menudo encaso de emergencias familiares. Podían visitar a sus primos, tías y tíos, así como a los familiares directos.
Pero como el presidente Bush debía lanzar su campaña para la re-elección, y cubanos intransigentes en Florida quejándose de que el gobierno no era lo suficientemente agresivo con Fidel Castro, las reglas fueron cambiadas. Ahora los familiares pueden visitar la isla sólo una vez cada tres años, y las visitas deben limitarse a la familia inmediata. Las visitas por casos de emergencia no son permitidas.
"Si mi padre o uno de mis hijos estuviera muriéndose", dijo el sargento Lazo -hizo una pausa para golpear fuertemente con los nudillos en la madera-, "no podría visitarlos".
El sargento no ha visto a sus hijos en más de dos años, y no se le permitirá verlos sino hasta el próximo año. Su nueva misión es pedir el fin de la prohibición a los viajes a Cuba. En su iniciativa lo ayuda el Centro para Política Exterior, que se ha opuesto durante largo tiempo a las restricciones de viaje.
El sargento Lazo me dijo que no ha tenido nunca segundas intenciones en su servicio en Iraq. "Yo firmé para la Guardia Nacional y juré defender a Estados Unidos, mi país de adopción", dijo. "Ir era mi deber".
Pero cree que es poco razonable que el gobierno, por el que estaba dispuesto a morir, le impida ver a sus hijos.
Las restricciones de viajes a Cuba, arbitrarias y motivadas políticamente, son crueles, contraproducentes y, francamente, absurdas. Apenas si son apoyadas en el exterior por un pequeño grupo de viejos reaccionarios anti-castristas en Florida del Sur. Las restricciones hacen parte del embargo impuesto por Estados Unidos hace 45 años, que ha sido un completo y abyecto fracaso.
Mientras sigan en vigor estas medidas, la gente de verdad, como el sargento lazo, un verdadero patriota americanos, continuará sufriendo innecesariamente.
Al autor se puede escribir a: bobherb@nytimes.com
21 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
ex espías lo cuentan todo
[Scott Shane] En estos días, cada vez más espías estadounidenses que vienen del frío, podrían volver allí directamente, en giras de promoción de sus libros. Y su retrato de la Agencia Central de Inteligencia CIA no es demasiado halagüeño.
Washington, Estados Unidos. Desde diciembre, tres ex agentes de caso de la CIA que hicieron trabajos muy delicados para el gobierno -persuadir a extranjeros para que traicionaran sus países o sus causas-, han publicado memorias. Dos libros más saldrán en mayo, completando una docena de informes de primera mano publicados desde fines de los años noventa. Esta hinchada biblioteca de memorias cada vez más francas sobre la CIA refleja un impresionante cambio cultural en la agencia.
"Estamos acostumbrados a la idea de No pienses siquiera en escribir un libro' y yo compartía ese sentimiento", dijo Floyd L. Paseman, 64, que trabajó para la agencia en Asia y Europa durante casi 35 años. Sin embargo, Paseman acaba de publicar A Spy's Journey' [Diario de un Espía] (Zenith Press), en el que cuenta cómo ayudó a desbaratar los planes de asesinos a sueldo libios para matar a un embajador norteamericano, se puso a sí mismo en la mira de un francotirador después de haber reclutado a un agente iraní e impidió -un riesgo más frecuente- que colegas fueran enviados a terreno sin las habilidades lingüísticas y el sentido común necesarios.
¿Por qué ese cambio de opinión? "Le pedimos a la opinión pública que nos apoye cuando las cosas salen mal", dijo Paseman, que se retiró en 2001 y vive cerca de Williamsburg, Virginia. "La gente tiene que entender lo difícil y frágil que es el trabajo de inteligencia humana".
También hay un motivo menos noble: la venganza. De una manera clásica entre agentes de campo, Paseman y especialmente dos otros autores recientes de la CIA -Melissa Boyle Mahle, que habla árabe y trabajó la mayor parte de su carrera de 14 años en Oriente Medio, y Lindsay Moran, que renunció tras cinco años y un solo viaje a los Balcanes- disfrutan de la posibilidad de exponer las chapuzas de la sede central.
"No creo que nadie fuera de la agencia tenga alguna idea de lo ineficaz que", dijo Moran. "Un montón de gente dentro de la agencia sí lo sabe".
Ni ella Ni Mahle ofrece ninguna excusa por juicios que son a veces severos. "Entiendo que la actual administración no está contenta con mi libro", dijo Mahle, con evidente satisfacción.
No es probable que alguno de estos tres últimos libros gane algún premio literario importante, pero todos ellos tienen la autenticidad de la primera persona en un tema a menudo oscurecido por el secreto o engalanado con fantasías. La memoria de Moran, Blowing My Cover' [Destruyendo Mi Chapa] (Putnam), es la lectura más desenfadada, con un montón de detalles sobre su vida sentimental. El libro de Mahle, Denial and Deception' [Negación y Decepción] (Nation Books) es mucho más substancioso, fundiendo experiencias personales con críticas sobre políticas de la CIA. Paseman tiene la carrera más larga y variada que contar y parece gozar del mayor afecto de su antiguo empleador.
En la CIA no han cambiado las reglas que se aplican a los escritores de memorias. Los empleados han podido siempre publicar sus historias después de que la agencia ha revisado los manuscritos para retirar información clasificada, dijo un portavoz de la agencia. (Lejos de dejarse llevar por algún nuevo espíritu de apertura, habló sólo a condición de mantener el anonimato).
Pero el número de páginas manuscritas sometidas al Comité de Revisión de Publicaciones de la agencia se ha casi duplicado en los últimos ocho años. La razón, según antiguos agentes de la agencia, es un cambio de actitud.
En el pasado, dijo J. Ransom Clark, que trabajó para la agencia durante 26 años, "nadie hablaba". Después de que varios libros en los años setenta expusieran a los agentes y desafiaran las reglas de censura, escribir sobre operaciones de la CIA era visto en el cuartel general de la agencia en Virginia en el mejor de los casos como algo imprudente, y en el peor, como traición.
Luego terminó la Guerra Fría, y se soltaron los labios de los agentes de caso que habían luchado contra el comunismo, desde América Central hasta Afganistán. Los atentados terroristas del 11 de septiembre reiniciaron el interés por el espionaje entre la opinión pública.
Clark, ahora administrador de una universidad, dijo que tenía que pelearse para mantener al día su bibliografía online de la inteligencia (http://intellit.muskingum.edu). Además de las memorias, hay ensayos críticos y novelas de espionaje escritos por agentes veteranos, como los dos recientes libros de Michael Scheuer sobre Al Qaeda, publicados anónimamente, y la novela de suspense de Gene Coyle, The Dream Merchant of Lisbon' [El Vendedor de Sueños de Lisboa].
Clark dice que el despegue de los libros de espionaje empezó en 1997 con la autobiografía del legendario agente de operaciones, Duane R. Clarridge.
"La generación anterior pensaba: ¿Por qué escribirías algo así?'", dijo Clarridge, 72, y retirado en California. "Yo presioné bastante llevando las cosas bastante lejos, porque pensé que había un montón de absurdos sobre el espionaje".
Algunos autores recientes se han inspirado en el ejemplo de Robert Baer, que abandonó la agencia después de 22 años y dice que escribió See No Evil' en 2002 "por rabia" con la burocracia del espionaje, que lo sometió a dos análisis de poligrafía en un año por lo que él considera son sospechas infundadas. Se transformó en un éxito de ventas y fue seleccionado por Hollywood; George Clooney hace de Baer en la inminente película Syriana'.
Cualquiera sean los motivos que los animan, los libros recientes describen una imagen acumulativa dolorosamente detallada del arte de espiar, junto con una desalentadora sensación de que el cuartel general se puede transformar en el más mañoso adversario.
Los autores explican el uso de apodos y disfraces, métodos de desprenderse de un equipo de seguimiento y mil maneras en que una identidad encubierta puede desmoronarse. Describen cómo se detecta, corteja y seduce a agentes extranjeros: halagos, visados americanos, becas escolares, pero sobre todo arrugados billetes de 100 dólares. Paseman, que toca el banjo, a veces usaba música bluegrass para conectarse con fuentes potenciales. Tanto Mahle como Moran cuentan cómo manejaron la desilusión de un objetivo masculino cuando se enteró de que el romance no era la razón de su interés.
¿Pueden esas revelaciones beneficiar al enemigo? "Plantea el problema de qué debe seguir siendo secreto", dijo Clark. "Pero yo soy un verdadero creyente en el valor de que la opinión pública norteamericana sea informada. Yo leo un montón de memorias y rara vez he leído algo que vaya realmente a dañar la seguridad de Estados Unidos".
No todos son tan optimistas. Martha Sutherland, que pasó 18 años en la agencia y ahora dirige una galería de arte en Nueva York, estaba indignada de que en el libro de Moran se narrara en detalle el adiestramiento en el servicio secreto.
"Fue una especie de manual para nuestros adversarios -así es como la CIA adiestra a sus agentes-, todo en un solo lugar", dijo Sutherland. "Lo encontré despreciable".
Moran, 35, dijo que todo en su libro fue aprobado por la agencia. Dijo que la verdadera razón por la que se habían indignado a algunos de sus antiguos colegas es que perfora la mística que oculta las torpezas de la CIA.
"Mi suposición es que es el tono el que les molesta. Es desenfadado y descarado, y no lo aguantan", dijo.
Algunos libros todavía siguen bloqueados por los censores. Jeffrey A. Sterling, un afro-americano que habla farsi y trabajó como agente de caso desde 1993 a 2002, dijo que la agencia destripó eficientemente sus memorias después de que presentara una denuncia por discriminación. Otro autor futuro, todavía oficialmente encubierto, dijo que su libro fue prohibido porque había descrito la conducta camorrera de los agentes en su tiempo libre. (La agencia se negó a comentar el tratamiento de los dos libros).
La mayoría de los autores recientes, en contraste, dijo que la agencia sólo hizo cortes discretos. Pero agregaron que el proceso de censura revela una gran ambivalencia institucional hacia la publicidad.
La revisión de la CIA de las memorias de Mahle, que según las reglas debería haber tomado 30 días, tomó más de un año. Cuando el libro ya estaba en pruebas, los censores aparecieron repentinamente con una nueva lista de cortes, dijo. El editor debió tapar varias páginas, incluyendo un pasaje ya aprobado para publicación en la revista Middle East Policy, en la que aparecerá próximamente.
"Imagínese", dijo Mahle. "Creo que el proceso es muy misterioso y muy subjetivo".
Paseman dijo que algunos de los 11 cortes exigidos de su libro de casi 320 páginas era quebraderos de cabeza. "Dijeron: No puedes referirte a ti mismo como jefe de estación'", recordó. "Así que me llamé a mi mismo jefe de planta'".
Durante la campaña presidencial la agencia impidió una tormenta política permitiendo la publicación de Imperial Hubris: Why the West Is Losing the War on Terror' [Orgullo Imperial: Por Qué Está Occidente Perdiendo la Guerra contra el Terrorismo], de Scheuer, un agente de la CIA que en el pasado dirigió una unidad para seguir la huella de Osama bin Laden.
Desde entonces, ha habido muchos rumores de que el nuevo director de la CIA, Porter Goss, prohibiría casi todas las memorias. El anónimo portavoz de la agencia insistió en que no se preparaba ninguna medida represiva. Si hay alguna restricción, esta puede encontrar simpatía de una fuente inesperada.
"Al riesgo de un 100 por cien de hipocresía, creo que es una mala tendencia", dijo Baer, el memorialista de la CIA que es un éxito de ventas, sobre la creciente anaquel de revelaciones. "Para que una agencia de inteligencia pueda funcionar, tiene que operar realmente en la oscuridad. Necesita esa mística. Tres o cuatro libros al año que digan que el emperador anda desnudo, no causarán verdadero daño".
14 de marzo de 2005
19 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. Desde diciembre, tres ex agentes de caso de la CIA que hicieron trabajos muy delicados para el gobierno -persuadir a extranjeros para que traicionaran sus países o sus causas-, han publicado memorias. Dos libros más saldrán en mayo, completando una docena de informes de primera mano publicados desde fines de los años noventa. Esta hinchada biblioteca de memorias cada vez más francas sobre la CIA refleja un impresionante cambio cultural en la agencia."Estamos acostumbrados a la idea de No pienses siquiera en escribir un libro' y yo compartía ese sentimiento", dijo Floyd L. Paseman, 64, que trabajó para la agencia en Asia y Europa durante casi 35 años. Sin embargo, Paseman acaba de publicar A Spy's Journey' [Diario de un Espía] (Zenith Press), en el que cuenta cómo ayudó a desbaratar los planes de asesinos a sueldo libios para matar a un embajador norteamericano, se puso a sí mismo en la mira de un francotirador después de haber reclutado a un agente iraní e impidió -un riesgo más frecuente- que colegas fueran enviados a terreno sin las habilidades lingüísticas y el sentido común necesarios.
¿Por qué ese cambio de opinión? "Le pedimos a la opinión pública que nos apoye cuando las cosas salen mal", dijo Paseman, que se retiró en 2001 y vive cerca de Williamsburg, Virginia. "La gente tiene que entender lo difícil y frágil que es el trabajo de inteligencia humana".
También hay un motivo menos noble: la venganza. De una manera clásica entre agentes de campo, Paseman y especialmente dos otros autores recientes de la CIA -Melissa Boyle Mahle, que habla árabe y trabajó la mayor parte de su carrera de 14 años en Oriente Medio, y Lindsay Moran, que renunció tras cinco años y un solo viaje a los Balcanes- disfrutan de la posibilidad de exponer las chapuzas de la sede central.
"No creo que nadie fuera de la agencia tenga alguna idea de lo ineficaz que", dijo Moran. "Un montón de gente dentro de la agencia sí lo sabe".
Ni ella Ni Mahle ofrece ninguna excusa por juicios que son a veces severos. "Entiendo que la actual administración no está contenta con mi libro", dijo Mahle, con evidente satisfacción.
No es probable que alguno de estos tres últimos libros gane algún premio literario importante, pero todos ellos tienen la autenticidad de la primera persona en un tema a menudo oscurecido por el secreto o engalanado con fantasías. La memoria de Moran, Blowing My Cover' [Destruyendo Mi Chapa] (Putnam), es la lectura más desenfadada, con un montón de detalles sobre su vida sentimental. El libro de Mahle, Denial and Deception' [Negación y Decepción] (Nation Books) es mucho más substancioso, fundiendo experiencias personales con críticas sobre políticas de la CIA. Paseman tiene la carrera más larga y variada que contar y parece gozar del mayor afecto de su antiguo empleador.
En la CIA no han cambiado las reglas que se aplican a los escritores de memorias. Los empleados han podido siempre publicar sus historias después de que la agencia ha revisado los manuscritos para retirar información clasificada, dijo un portavoz de la agencia. (Lejos de dejarse llevar por algún nuevo espíritu de apertura, habló sólo a condición de mantener el anonimato).
Pero el número de páginas manuscritas sometidas al Comité de Revisión de Publicaciones de la agencia se ha casi duplicado en los últimos ocho años. La razón, según antiguos agentes de la agencia, es un cambio de actitud.
En el pasado, dijo J. Ransom Clark, que trabajó para la agencia durante 26 años, "nadie hablaba". Después de que varios libros en los años setenta expusieran a los agentes y desafiaran las reglas de censura, escribir sobre operaciones de la CIA era visto en el cuartel general de la agencia en Virginia en el mejor de los casos como algo imprudente, y en el peor, como traición.
Luego terminó la Guerra Fría, y se soltaron los labios de los agentes de caso que habían luchado contra el comunismo, desde América Central hasta Afganistán. Los atentados terroristas del 11 de septiembre reiniciaron el interés por el espionaje entre la opinión pública.
Clark, ahora administrador de una universidad, dijo que tenía que pelearse para mantener al día su bibliografía online de la inteligencia (http://intellit.muskingum.edu). Además de las memorias, hay ensayos críticos y novelas de espionaje escritos por agentes veteranos, como los dos recientes libros de Michael Scheuer sobre Al Qaeda, publicados anónimamente, y la novela de suspense de Gene Coyle, The Dream Merchant of Lisbon' [El Vendedor de Sueños de Lisboa].
Clark dice que el despegue de los libros de espionaje empezó en 1997 con la autobiografía del legendario agente de operaciones, Duane R. Clarridge.
"La generación anterior pensaba: ¿Por qué escribirías algo así?'", dijo Clarridge, 72, y retirado en California. "Yo presioné bastante llevando las cosas bastante lejos, porque pensé que había un montón de absurdos sobre el espionaje".
Algunos autores recientes se han inspirado en el ejemplo de Robert Baer, que abandonó la agencia después de 22 años y dice que escribió See No Evil' en 2002 "por rabia" con la burocracia del espionaje, que lo sometió a dos análisis de poligrafía en un año por lo que él considera son sospechas infundadas. Se transformó en un éxito de ventas y fue seleccionado por Hollywood; George Clooney hace de Baer en la inminente película Syriana'.
Cualquiera sean los motivos que los animan, los libros recientes describen una imagen acumulativa dolorosamente detallada del arte de espiar, junto con una desalentadora sensación de que el cuartel general se puede transformar en el más mañoso adversario.
Los autores explican el uso de apodos y disfraces, métodos de desprenderse de un equipo de seguimiento y mil maneras en que una identidad encubierta puede desmoronarse. Describen cómo se detecta, corteja y seduce a agentes extranjeros: halagos, visados americanos, becas escolares, pero sobre todo arrugados billetes de 100 dólares. Paseman, que toca el banjo, a veces usaba música bluegrass para conectarse con fuentes potenciales. Tanto Mahle como Moran cuentan cómo manejaron la desilusión de un objetivo masculino cuando se enteró de que el romance no era la razón de su interés.
¿Pueden esas revelaciones beneficiar al enemigo? "Plantea el problema de qué debe seguir siendo secreto", dijo Clark. "Pero yo soy un verdadero creyente en el valor de que la opinión pública norteamericana sea informada. Yo leo un montón de memorias y rara vez he leído algo que vaya realmente a dañar la seguridad de Estados Unidos".
No todos son tan optimistas. Martha Sutherland, que pasó 18 años en la agencia y ahora dirige una galería de arte en Nueva York, estaba indignada de que en el libro de Moran se narrara en detalle el adiestramiento en el servicio secreto.
"Fue una especie de manual para nuestros adversarios -así es como la CIA adiestra a sus agentes-, todo en un solo lugar", dijo Sutherland. "Lo encontré despreciable".
Moran, 35, dijo que todo en su libro fue aprobado por la agencia. Dijo que la verdadera razón por la que se habían indignado a algunos de sus antiguos colegas es que perfora la mística que oculta las torpezas de la CIA.
"Mi suposición es que es el tono el que les molesta. Es desenfadado y descarado, y no lo aguantan", dijo.
Algunos libros todavía siguen bloqueados por los censores. Jeffrey A. Sterling, un afro-americano que habla farsi y trabajó como agente de caso desde 1993 a 2002, dijo que la agencia destripó eficientemente sus memorias después de que presentara una denuncia por discriminación. Otro autor futuro, todavía oficialmente encubierto, dijo que su libro fue prohibido porque había descrito la conducta camorrera de los agentes en su tiempo libre. (La agencia se negó a comentar el tratamiento de los dos libros).
La mayoría de los autores recientes, en contraste, dijo que la agencia sólo hizo cortes discretos. Pero agregaron que el proceso de censura revela una gran ambivalencia institucional hacia la publicidad.
La revisión de la CIA de las memorias de Mahle, que según las reglas debería haber tomado 30 días, tomó más de un año. Cuando el libro ya estaba en pruebas, los censores aparecieron repentinamente con una nueva lista de cortes, dijo. El editor debió tapar varias páginas, incluyendo un pasaje ya aprobado para publicación en la revista Middle East Policy, en la que aparecerá próximamente.
"Imagínese", dijo Mahle. "Creo que el proceso es muy misterioso y muy subjetivo".
Paseman dijo que algunos de los 11 cortes exigidos de su libro de casi 320 páginas era quebraderos de cabeza. "Dijeron: No puedes referirte a ti mismo como jefe de estación'", recordó. "Así que me llamé a mi mismo jefe de planta'".
Durante la campaña presidencial la agencia impidió una tormenta política permitiendo la publicación de Imperial Hubris: Why the West Is Losing the War on Terror' [Orgullo Imperial: Por Qué Está Occidente Perdiendo la Guerra contra el Terrorismo], de Scheuer, un agente de la CIA que en el pasado dirigió una unidad para seguir la huella de Osama bin Laden.
Desde entonces, ha habido muchos rumores de que el nuevo director de la CIA, Porter Goss, prohibiría casi todas las memorias. El anónimo portavoz de la agencia insistió en que no se preparaba ninguna medida represiva. Si hay alguna restricción, esta puede encontrar simpatía de una fuente inesperada.
"Al riesgo de un 100 por cien de hipocresía, creo que es una mala tendencia", dijo Baer, el memorialista de la CIA que es un éxito de ventas, sobre la creciente anaquel de revelaciones. "Para que una agencia de inteligencia pueda funcionar, tiene que operar realmente en la oscuridad. Necesita esa mística. Tres o cuatro libros al año que digan que el emperador anda desnudo, no causarán verdadero daño".
14 de marzo de 2005
19 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
bush sobre pena de muerte
Como gobernador de Texas, George W. Bush afirmaba tener pocas dudas sobre la pena de muerte. Ahora, como presidente, parece tener algunas.
En su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente reconoció la creciente preocupación pública contra un sistema jurídico defectuoso que envía a gente inocente a la muerte. Propuso un proyecto de 50 millones de dólares y tres años, para mejorar la formación de abogados defensores, fiscales y jueces en casos de pena capital. El decreto del presidente de la última semana con respecto a los nacionales mexicanos en el pabellón de la muerte en California, Texas y otros estados es otro paso en la dirección correcta.
El decreto de Bush fue provocado por una reciente resolución de la Corte Mundial de que Estados Unidos había violado de Convención de Ginebra al no notificar a funcionarios mexicanos cuando sus ciudadanos fueron detenidos y acusados de delitos graves. El tratado de Viena también protege a los estadounidenses cuando viven o viajan al extranjero, pero la policía y fiscales norteamericanos han ignorado ampliamente el pacto cuando se trató de nacionales extranjeros detenidos en este país.
En el decreto, el presidente afirmó que, como presidente, podía instruir a los tribunales de los estados a respetar el tratado realizando nuevos juicios. El decreto se aplicará a 28 mexicanos en el pabellón de la muerte en California, 15 en Texas y otros en Arizona, Arkansas, Florida, Nevada, Ohio y Oregon. Los tribunales en esos estados deben ahora reconsiderar si las condenas y sentencias de todos los mexicanos para determinar si la comunicación de su derecho a ser ayudados por su gobierno, fue causa de un trato injusto en sus juicios o sentencias.
La declaración, que se puede extender también a decenas de otros nacionales extranjeros condenados en este país, está lejos de la revisión nacional sistemática de la pena de muerte que nos gustaría ver. Pero para el hombre que, como gobernador, parodió una vez las súplicas de clemencia de un desesperado recluso de Texas, es un buen comienzo.
10 de marzo de 2005
19 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
En su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente reconoció la creciente preocupación pública contra un sistema jurídico defectuoso que envía a gente inocente a la muerte. Propuso un proyecto de 50 millones de dólares y tres años, para mejorar la formación de abogados defensores, fiscales y jueces en casos de pena capital. El decreto del presidente de la última semana con respecto a los nacionales mexicanos en el pabellón de la muerte en California, Texas y otros estados es otro paso en la dirección correcta.El decreto de Bush fue provocado por una reciente resolución de la Corte Mundial de que Estados Unidos había violado de Convención de Ginebra al no notificar a funcionarios mexicanos cuando sus ciudadanos fueron detenidos y acusados de delitos graves. El tratado de Viena también protege a los estadounidenses cuando viven o viajan al extranjero, pero la policía y fiscales norteamericanos han ignorado ampliamente el pacto cuando se trató de nacionales extranjeros detenidos en este país.
En el decreto, el presidente afirmó que, como presidente, podía instruir a los tribunales de los estados a respetar el tratado realizando nuevos juicios. El decreto se aplicará a 28 mexicanos en el pabellón de la muerte en California, 15 en Texas y otros en Arizona, Arkansas, Florida, Nevada, Ohio y Oregon. Los tribunales en esos estados deben ahora reconsiderar si las condenas y sentencias de todos los mexicanos para determinar si la comunicación de su derecho a ser ayudados por su gobierno, fue causa de un trato injusto en sus juicios o sentencias.
La declaración, que se puede extender también a decenas de otros nacionales extranjeros condenados en este país, está lejos de la revisión nacional sistemática de la pena de muerte que nos gustaría ver. Pero para el hombre que, como gobernador, parodió una vez las súplicas de clemencia de un desesperado recluso de Texas, es un buen comienzo.
10 de marzo de 2005
19 de marzo de 2005
©los angeles times
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menores no serán ejecutados
En una resolución por 5-4 votos, los jueces invocaron normas globales.
Washington, Estados Unidos. La Corte Suprema abolió ayer la pena de muerte para homicidas menores de edad, una práctica que tenía a Estados Unidos en conflicto con casi todo el resto del mundo.
Una mayoría de 5 a 4 votos estableció que las "normas corrientes de decencia" de la sociedad había alcanzado un consenso en que la mayoría de los menores son menos responsables por sus crímenes que los adultos, así que ejecutar a los delincuentes que cometieron delitos capitales antes de los 18 años es inconstitucionalmente un castigo "cruel e inusual" prohibido por la Octava Enmienda.
"La edad de 18 años es el punto en el que la sociedad traza, para muchos propósitos, la línea que separa la infancia de la adultez", escribió el juez Anthony Kennedy para la mayoría. "Es, concluimos, la edad en que debe suspenderse la posibilidad de aplicar la pena de la muerte".
En 1988 la corte prohibió la pena de muerte para menores de 16, pero se negó al año siguiente a eliminar la pena capital para delincuentes juveniles u homicidas retardados mentalmente. En 2002, señalando su nueva disposición de astillar la pena de muerte, la corte prohibió la ejecución de los retardados mentales. Ayer, extendió también la prohibición a jóvenes de más edad.
La decisión invalidó leyes en 19 estados, la mayoría en el Sur y el Oeste, pero incluyendo Nueva Hampshire, que permitía condenar a la pena de muerte a jóvenes de 16 y 17 años. Sin embargo, en la década pasada sólo tres estados han llevado a cabo esas sentencias: Tejas, Virginia y Oklahoma, que el 3 de abril de 2003 ejecutó al último homicida de 17 años, Scot Allen Hain.
La resolución de la corte cambió la pena de muerte por prisión perpetua para 72 homicidas jóvenes en todo el país, de acuerdo al Centro de Información sobre la Pena de Muerte, y puso fin a los planes del procurador de presentar nuevos cargos contra el más conocido de los homicidas juveniles, Lee Boyd Malvo, con la esperanza de obtener la decisión de ejecutarlo.
Malvo ha sido condenados dos veces a prisión perpetua sin libertad condicional por su implicación en los 10 asesinatos de francotirador que aterrorizaron el área de Washington en 2002, cuando tenía 17. Los fiscales habían planeado un tercer juicio contra Malvo por otra de las letales balaceras.
La resolución también es extraordinaria porque la mayoría invocó precedentes al alcanzar la decisión sobre lo que permite la Constitución de Estados Unidos, un rumbo en el alegato jurídico en fuerte oposición a los conservadores. Kennedy, el voto fundamental en el caso, observó que desde 1990, sólo siete otros países -incluyendo Irán, Arabia Saudí y China- han ejecutado a delincuentes juveniles, y desde entonces todos han abandonado la práctica.
Kennedy también observó que todos los países del mundo, excepto Estados Unidos y Somalia, han ratificado la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, que incluye una disposición que prohíbe la pena de muerte de los delincuentes menores de edad. Somalia no tiene gobierno.
"Es justo decir que Estados Unidos está ahora solo en un mundo que ha rechazado la pena de muerte para los jóvenes", escribió Kennedy, alegando que era "adecuado reconocer el peso abrumador de la opinión internacional" contra la posición americana.
Entre los partidos presentando escritos a favor del fin de la pena de muerte para los delincuentes juveniles había antiguos diplomáticos norteamericanos que dijeron que la práctica dañaba la posición y autoridad moral de Estados Unidos en sus relaciones con otros países; 48 países, incluyendo a la Unión Europea; y laureados con el Premio Nobel, incluyendo a Jimmy Carter y la Asociación de Abogados de Inglaterra y Gales.
En el caso de 2002 sobre los homicidas mentalmente retardados y la nueva decisión, la mayoría de la corte sostuvo su resolución de 1989 de confirmar las ejecuciones de delincuentes juveniles más adultos por haber sido deliberadas correctamente en su época.
La corte dijo que la significación de lo que es un castigo cruel e inusual bajo la Octava Enmienda ha cambiado junto con la sociedad. Desde 1989, dijo la corte, la sociedad alcanzó un nuevo consenso de que los retardados mentales y delincuentes juveniles más adultos eran como los dementes y los niños pequeños -menos culpables de sus acciones, y por eso tienen derecho a ser protegidos de la pena última.
Como en su resolución de 2002, la corte argumentó que las normas sociales de decencia han evolucionado, citando los estados que lo han hecho. Desde 1989, todos los estados han cambiado las leyes de pena capital para los retardados mentales y delincuentes jóvenes y desde 1989 prohibido la pena de muerte en tales casos.
Por ejemplo, cinco estados que permitían la pena de muerte a menores en la época de la resolución de 1989 la han abandonado desde entonces -cuatro a través de promulgaciones legislativas y uno mediante una decisión de la corte. Ningún estado que haya previamente prohibido la pena de muerte juvenil la ha restaurado durante ese período, observó Kennedy.
Los otros cuatro jueces con Kennedy en la mayoría -Stephen Breyer, Ruth Bader Ginsburg, David Souter y John Paul Stevens- habían declarado anteriormente su oposición a la pena de muerte en cualquier circunstancia.
En un disentimiento formulado severamente, el juez Antonin Scalia ridiculizó la idea de que las normas de la sociedad hayan cambiado tan claramente desde la resolución de 1989. Alegó que la estrecha mayoría había usurpado el poder de las legislaturas para decidir sobre esos complicados asuntos morales.
"De este modo la corte se proclama la sola arbitradora de las normas morales de nuestro país -y en proceso de aceptar esa terrible responsabilidad que supone seguir las opiniones de tribunales y legislaturas extranjeras", escribió Scalia. "Porque no creo que la interpretación de nuestra... Constitución deba ser determinada por las opiniones subjetivas de cinco miembros de esta corte y otros extranjeros de la misma opinión, yo disiento".
A Scalia se le unió el presidente de la corte William H. Rehnquist y el juez Clarence Thomas. Todos ellos son originalistas' que creen que la interpretación de la Constitución se fijó en su significación cuando fue ratificada en 1791.
Según esa visión, la Octava Enmienda no puede interpretarse en el sentido de que prohíba la pena de muerte a menores porque ejecutar a menores por crímenes atroces era aceptable para la sociedad de la época de los fundadores.
La juez Sandra Day O'Connor, que votó en 2002 para abolir la pena de muerte a los homicidas retardados mentales pero ayer votó contra la abolición para menores, escribió un disentimiento separado. Reconoció la relevancia de los precedentes extranjeros y aceptó la opinión de que la Constitución evoluciona, pero dijo que no estaba convencida de que se hubiera alcanzado un consenso sobre este tema.
"Yo no colocaría nuestro juicio sobre la propiedad moral de la pena capital para asesinos de 17 años en lugar del juicio de las legislaturas del país", escribió O'Connor. "Más bien, yo pediría una muestra más clara de que nuestra sociedad verdaderamente rechaza esta práctica antes de leer que la Octava Enmienda lo prohíbe categóricamente".
La decisión afectó el caso de 1993 de Christopher Simmons, de Missouri. Simmons tenía 17 cuando le dijo a dos amigos que quería cometer un asesinato y que "se salvaría" porque era menor. Entró a la casa de una vecina, Shirley Crook, la amarró con cinta adhesiva y cables y la arrojó de un puente en un río, donde se ahogó.
El estado de Missouri procesó a Simmons como adulto, y fue condenado por un jurado por asesinato en primer grado y sentenciado a muerte.
Pero en 2003, nueve años después de la condena de Simmons, la Corte Suprema de Missouri revocó la sentencia, sosteniendo que las "cambiantes normas corrientes de decencia" de la sociedad significaban que ejecutar a delincuentes juveniles ya no era aceptable.
La estrecha mayoría de la Corte Suprema de Estados Unidos estuvo de acuerdo. Citando tanto experiencia parental como investigaciones neurológicas, Kennedy describió "marcadas" diferencias entre delincuentes menores y adultos, incluyendo la inmadurez de los menores, su susceptibilidad ante influencias tales como presión del grupo y el hecho de que su carácter y personalidad no están aún bien formados.
Debido a estos factores, escribió Kennedy, las dos principales justificaciones de la pena de muerte -la retribución y disuasión- no se cumplen. Los asesinos menores son menos culpables por sus acciones, y por tanto un castigo menor es una retribución justa. Y son menos capaces de tomar decisiones racionales, de modo que disminuye el valor de la disuasión de la pena de muerte.
La población en el pabellón de la muerte en Estados Unidos es de unos 3.500 condenados.
2 de marzo de 2005
3 de marzo de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. La Corte Suprema abolió ayer la pena de muerte para homicidas menores de edad, una práctica que tenía a Estados Unidos en conflicto con casi todo el resto del mundo.Una mayoría de 5 a 4 votos estableció que las "normas corrientes de decencia" de la sociedad había alcanzado un consenso en que la mayoría de los menores son menos responsables por sus crímenes que los adultos, así que ejecutar a los delincuentes que cometieron delitos capitales antes de los 18 años es inconstitucionalmente un castigo "cruel e inusual" prohibido por la Octava Enmienda.
"La edad de 18 años es el punto en el que la sociedad traza, para muchos propósitos, la línea que separa la infancia de la adultez", escribió el juez Anthony Kennedy para la mayoría. "Es, concluimos, la edad en que debe suspenderse la posibilidad de aplicar la pena de la muerte".
En 1988 la corte prohibió la pena de muerte para menores de 16, pero se negó al año siguiente a eliminar la pena capital para delincuentes juveniles u homicidas retardados mentalmente. En 2002, señalando su nueva disposición de astillar la pena de muerte, la corte prohibió la ejecución de los retardados mentales. Ayer, extendió también la prohibición a jóvenes de más edad.
La decisión invalidó leyes en 19 estados, la mayoría en el Sur y el Oeste, pero incluyendo Nueva Hampshire, que permitía condenar a la pena de muerte a jóvenes de 16 y 17 años. Sin embargo, en la década pasada sólo tres estados han llevado a cabo esas sentencias: Tejas, Virginia y Oklahoma, que el 3 de abril de 2003 ejecutó al último homicida de 17 años, Scot Allen Hain.
La resolución de la corte cambió la pena de muerte por prisión perpetua para 72 homicidas jóvenes en todo el país, de acuerdo al Centro de Información sobre la Pena de Muerte, y puso fin a los planes del procurador de presentar nuevos cargos contra el más conocido de los homicidas juveniles, Lee Boyd Malvo, con la esperanza de obtener la decisión de ejecutarlo.
Malvo ha sido condenados dos veces a prisión perpetua sin libertad condicional por su implicación en los 10 asesinatos de francotirador que aterrorizaron el área de Washington en 2002, cuando tenía 17. Los fiscales habían planeado un tercer juicio contra Malvo por otra de las letales balaceras.
La resolución también es extraordinaria porque la mayoría invocó precedentes al alcanzar la decisión sobre lo que permite la Constitución de Estados Unidos, un rumbo en el alegato jurídico en fuerte oposición a los conservadores. Kennedy, el voto fundamental en el caso, observó que desde 1990, sólo siete otros países -incluyendo Irán, Arabia Saudí y China- han ejecutado a delincuentes juveniles, y desde entonces todos han abandonado la práctica.
Kennedy también observó que todos los países del mundo, excepto Estados Unidos y Somalia, han ratificado la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, que incluye una disposición que prohíbe la pena de muerte de los delincuentes menores de edad. Somalia no tiene gobierno.
"Es justo decir que Estados Unidos está ahora solo en un mundo que ha rechazado la pena de muerte para los jóvenes", escribió Kennedy, alegando que era "adecuado reconocer el peso abrumador de la opinión internacional" contra la posición americana.
Entre los partidos presentando escritos a favor del fin de la pena de muerte para los delincuentes juveniles había antiguos diplomáticos norteamericanos que dijeron que la práctica dañaba la posición y autoridad moral de Estados Unidos en sus relaciones con otros países; 48 países, incluyendo a la Unión Europea; y laureados con el Premio Nobel, incluyendo a Jimmy Carter y la Asociación de Abogados de Inglaterra y Gales.
En el caso de 2002 sobre los homicidas mentalmente retardados y la nueva decisión, la mayoría de la corte sostuvo su resolución de 1989 de confirmar las ejecuciones de delincuentes juveniles más adultos por haber sido deliberadas correctamente en su época.
La corte dijo que la significación de lo que es un castigo cruel e inusual bajo la Octava Enmienda ha cambiado junto con la sociedad. Desde 1989, dijo la corte, la sociedad alcanzó un nuevo consenso de que los retardados mentales y delincuentes juveniles más adultos eran como los dementes y los niños pequeños -menos culpables de sus acciones, y por eso tienen derecho a ser protegidos de la pena última.
Como en su resolución de 2002, la corte argumentó que las normas sociales de decencia han evolucionado, citando los estados que lo han hecho. Desde 1989, todos los estados han cambiado las leyes de pena capital para los retardados mentales y delincuentes jóvenes y desde 1989 prohibido la pena de muerte en tales casos.
Por ejemplo, cinco estados que permitían la pena de muerte a menores en la época de la resolución de 1989 la han abandonado desde entonces -cuatro a través de promulgaciones legislativas y uno mediante una decisión de la corte. Ningún estado que haya previamente prohibido la pena de muerte juvenil la ha restaurado durante ese período, observó Kennedy.
Los otros cuatro jueces con Kennedy en la mayoría -Stephen Breyer, Ruth Bader Ginsburg, David Souter y John Paul Stevens- habían declarado anteriormente su oposición a la pena de muerte en cualquier circunstancia.
En un disentimiento formulado severamente, el juez Antonin Scalia ridiculizó la idea de que las normas de la sociedad hayan cambiado tan claramente desde la resolución de 1989. Alegó que la estrecha mayoría había usurpado el poder de las legislaturas para decidir sobre esos complicados asuntos morales.
"De este modo la corte se proclama la sola arbitradora de las normas morales de nuestro país -y en proceso de aceptar esa terrible responsabilidad que supone seguir las opiniones de tribunales y legislaturas extranjeras", escribió Scalia. "Porque no creo que la interpretación de nuestra... Constitución deba ser determinada por las opiniones subjetivas de cinco miembros de esta corte y otros extranjeros de la misma opinión, yo disiento".
A Scalia se le unió el presidente de la corte William H. Rehnquist y el juez Clarence Thomas. Todos ellos son originalistas' que creen que la interpretación de la Constitución se fijó en su significación cuando fue ratificada en 1791.
Según esa visión, la Octava Enmienda no puede interpretarse en el sentido de que prohíba la pena de muerte a menores porque ejecutar a menores por crímenes atroces era aceptable para la sociedad de la época de los fundadores.
La juez Sandra Day O'Connor, que votó en 2002 para abolir la pena de muerte a los homicidas retardados mentales pero ayer votó contra la abolición para menores, escribió un disentimiento separado. Reconoció la relevancia de los precedentes extranjeros y aceptó la opinión de que la Constitución evoluciona, pero dijo que no estaba convencida de que se hubiera alcanzado un consenso sobre este tema.
"Yo no colocaría nuestro juicio sobre la propiedad moral de la pena capital para asesinos de 17 años en lugar del juicio de las legislaturas del país", escribió O'Connor. "Más bien, yo pediría una muestra más clara de que nuestra sociedad verdaderamente rechaza esta práctica antes de leer que la Octava Enmienda lo prohíbe categóricamente".
La decisión afectó el caso de 1993 de Christopher Simmons, de Missouri. Simmons tenía 17 cuando le dijo a dos amigos que quería cometer un asesinato y que "se salvaría" porque era menor. Entró a la casa de una vecina, Shirley Crook, la amarró con cinta adhesiva y cables y la arrojó de un puente en un río, donde se ahogó.
El estado de Missouri procesó a Simmons como adulto, y fue condenado por un jurado por asesinato en primer grado y sentenciado a muerte.
Pero en 2003, nueve años después de la condena de Simmons, la Corte Suprema de Missouri revocó la sentencia, sosteniendo que las "cambiantes normas corrientes de decencia" de la sociedad significaban que ejecutar a delincuentes juveniles ya no era aceptable.
La estrecha mayoría de la Corte Suprema de Estados Unidos estuvo de acuerdo. Citando tanto experiencia parental como investigaciones neurológicas, Kennedy describió "marcadas" diferencias entre delincuentes menores y adultos, incluyendo la inmadurez de los menores, su susceptibilidad ante influencias tales como presión del grupo y el hecho de que su carácter y personalidad no están aún bien formados.
Debido a estos factores, escribió Kennedy, las dos principales justificaciones de la pena de muerte -la retribución y disuasión- no se cumplen. Los asesinos menores son menos culpables por sus acciones, y por tanto un castigo menor es una retribución justa. Y son menos capaces de tomar decisiones racionales, de modo que disminuye el valor de la disuasión de la pena de muerte.
La población en el pabellón de la muerte en Estados Unidos es de unos 3.500 condenados.
2 de marzo de 2005
3 de marzo de 2005
©boston globe
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negroponte bajo sospecha
[Scott Shane] El nominado para inteligencia es acusado por activistas de derechos humanos.
Washington, Estados Unidos. Defensores de derechos humanos repitieron el viernes sus prolongadas críticas de John D. Negroponte, el nominado del presidente Bush para el cargo de director de la inteligencia nacional. Dijeron que las acusaciones de que tapó como embajador las violaciones cometidas en Honduras en los años ochenta adquieren renovada importancia tras los recientes casos de maltratos a detenidos por personal estadounidense.
En Honduras, Negroponte "hizo la vista gorda" cuando salieron a la luz evidencias de violaciones de derechos humanos, dijo Reed Brody, abogado de Human Rights Watch.
"Desafortunadamente", dijo Brody, "hoy Estados Unidos está implicado en serios crímenes contra los derechos humanos cometidos en el proceso de recabar inteligencia. ¿Está de nuevo haciendo la vista gorda?"
Sandra Coliver, directora ejecutiva del Centro de Justicia y Responsabilidad Legal, un centro jurídico de derechos humanos de San Francisco que ha ayudado a víctimas hondureñas de torturas, dijo que la nominación perjudicaría la imagen de Estados Unidos en América Central.
"En Centroamérica", dijo Coliver, "Negroponte es recordado indeleblemente por su participación en el aumento de la ayuda norteamericana a los militares hondureños en la misma época en que quedaba abundantemente en claro el papel de los militares en los brutales escuadrones de la muerte. ¿Cómo será interpretado este nombramiento por la gente de América Central? Que Estados Unidos está dispuesto a pasar por alto atrocidades masivas contra los derechos humanos a cambio de recoger inteligencia para proteger los intereses nacionales propios".
Negroponte, 65, ahora embajador en Iraq, es un diplomático de carrera que ha trabajado en todo el mundo durante sus 40 años de servicio. Ha debido enfrentar repetidas críticas por su trabajo como enviado a Honduras de 1981 a 1985, cuando unidades militares hondureñas, algunas adiestradas por la CIA, llevaron a cabo secuestros, torturas y asesinatos.
Como primer director de la inteligencia nacional, Negroponte supervisará a la CIA y a otras 14 agencias que forman parte del sector de espionaje del país, calculado en unos 40 billones de dólares. El cargo es la pieza fundamental en la reorganización de la inteligencia iniciada fundamentalmente debido al fracaso en impedir los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La CIA y los militares están también bajo intenso escrutinio debido a evidencias de que detenidos en Afganistán, Iraq y otros lugares han sido torturados durante interrogatorios y, en algunos casos, asesinados mientras permanecían bajo custodia norteamericana. También han surgido interrogantes sobre si la agencia de inteligencia ha entregado a prisioneros a terceros países, donde pueden ser torturados.
En las comparecencias de confirmación para cargos anteriores, Negroponte ha negado firmemente que él tolerara o encubriera los abusos.
Dijo en una comparecencia en 2001 que su principal prioridad como enviado en Honduras era "alentar a los hondureños a volver a un gobierno civil democrático, incluyendo la protección de los derechos huamnos".
Los intentos de contactar a Negroponte a través del ministerio de Asuntos Exteriores fueron infructuosos.
En el pasado ha sido confirmado fácilmente, y no es probable que los antecedentes hondureños constituyan un obstáculo importante para su confirmación en la nueva posición.
El senador John D. Rockefeller IV, de Virginia Oeste, el principal demócrata en el Comité de Inteligencia del Senado, dijo que no le preocupaban particularmente los antecedentes de Negroponte en este asunto.
"La gente madura y cambia en 20 años", dijo Rockefeller, agregando que la comisión realizará una "exhaustiva" revisión del nominado.
El senador Christopher J. Dodd, el demócrata de Connecticut que inició las preguntas sobre Honduras en 2001, cuando Negroponte fue confirmado como delegado ante Naciones Unidas, emitió una declaración el jueves elogiándolo y sin mencionar Honduras.
El senador Pat Roberts, el republicano de Kansas que es presidente del Comité de Inteligencia, describió a Negroponte en una conferencia telefónica como una "persona con un montón de credibilidad". Jack R. Binns, que precedió a Negroponte como embajador en Honduras, dijo que se oponía a la confirmación porque creía que Negroponte había engañado al Congreso en testimonios pasados y porque podría ajustar la inteligencia para adaptarse a las políticas del gobierno.
"Basándonos en su funcionamiento en Honduras, esa es una posibilidad", dijo Binns, que fue embajador desde 1980 a 1991 y ahora, retirado, vive en Arizona.
Óscar Reyes, a quien los militares hondureños capturaron y torturaron en 1982, junto con su esposa Gloria, se mostró consternado al enterarse de la nominación de Negroponte.
"Te dirá que no lo sabía", dijo Reyes, 69, que ahora publica un diario en español en Washington. "Pero la embajada norteamericana sabía todo lo que estaba pasando".
Douglas Jehl contribuyó a este artículo.
19 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh
En Honduras, Negroponte "hizo la vista gorda" cuando salieron a la luz evidencias de violaciones de derechos humanos, dijo Reed Brody, abogado de Human Rights Watch.
"Desafortunadamente", dijo Brody, "hoy Estados Unidos está implicado en serios crímenes contra los derechos humanos cometidos en el proceso de recabar inteligencia. ¿Está de nuevo haciendo la vista gorda?"
Sandra Coliver, directora ejecutiva del Centro de Justicia y Responsabilidad Legal, un centro jurídico de derechos humanos de San Francisco que ha ayudado a víctimas hondureñas de torturas, dijo que la nominación perjudicaría la imagen de Estados Unidos en América Central.
"En Centroamérica", dijo Coliver, "Negroponte es recordado indeleblemente por su participación en el aumento de la ayuda norteamericana a los militares hondureños en la misma época en que quedaba abundantemente en claro el papel de los militares en los brutales escuadrones de la muerte. ¿Cómo será interpretado este nombramiento por la gente de América Central? Que Estados Unidos está dispuesto a pasar por alto atrocidades masivas contra los derechos humanos a cambio de recoger inteligencia para proteger los intereses nacionales propios".
Negroponte, 65, ahora embajador en Iraq, es un diplomático de carrera que ha trabajado en todo el mundo durante sus 40 años de servicio. Ha debido enfrentar repetidas críticas por su trabajo como enviado a Honduras de 1981 a 1985, cuando unidades militares hondureñas, algunas adiestradas por la CIA, llevaron a cabo secuestros, torturas y asesinatos.
Como primer director de la inteligencia nacional, Negroponte supervisará a la CIA y a otras 14 agencias que forman parte del sector de espionaje del país, calculado en unos 40 billones de dólares. El cargo es la pieza fundamental en la reorganización de la inteligencia iniciada fundamentalmente debido al fracaso en impedir los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La CIA y los militares están también bajo intenso escrutinio debido a evidencias de que detenidos en Afganistán, Iraq y otros lugares han sido torturados durante interrogatorios y, en algunos casos, asesinados mientras permanecían bajo custodia norteamericana. También han surgido interrogantes sobre si la agencia de inteligencia ha entregado a prisioneros a terceros países, donde pueden ser torturados.
En las comparecencias de confirmación para cargos anteriores, Negroponte ha negado firmemente que él tolerara o encubriera los abusos.
Dijo en una comparecencia en 2001 que su principal prioridad como enviado en Honduras era "alentar a los hondureños a volver a un gobierno civil democrático, incluyendo la protección de los derechos huamnos".
Los intentos de contactar a Negroponte a través del ministerio de Asuntos Exteriores fueron infructuosos.
En el pasado ha sido confirmado fácilmente, y no es probable que los antecedentes hondureños constituyan un obstáculo importante para su confirmación en la nueva posición.
El senador John D. Rockefeller IV, de Virginia Oeste, el principal demócrata en el Comité de Inteligencia del Senado, dijo que no le preocupaban particularmente los antecedentes de Negroponte en este asunto.
"La gente madura y cambia en 20 años", dijo Rockefeller, agregando que la comisión realizará una "exhaustiva" revisión del nominado.
El senador Christopher J. Dodd, el demócrata de Connecticut que inició las preguntas sobre Honduras en 2001, cuando Negroponte fue confirmado como delegado ante Naciones Unidas, emitió una declaración el jueves elogiándolo y sin mencionar Honduras.
El senador Pat Roberts, el republicano de Kansas que es presidente del Comité de Inteligencia, describió a Negroponte en una conferencia telefónica como una "persona con un montón de credibilidad". Jack R. Binns, que precedió a Negroponte como embajador en Honduras, dijo que se oponía a la confirmación porque creía que Negroponte había engañado al Congreso en testimonios pasados y porque podría ajustar la inteligencia para adaptarse a las políticas del gobierno.
"Basándonos en su funcionamiento en Honduras, esa es una posibilidad", dijo Binns, que fue embajador desde 1980 a 1991 y ahora, retirado, vive en Arizona.
Óscar Reyes, a quien los militares hondureños capturaron y torturaron en 1982, junto con su esposa Gloria, se mostró consternado al enterarse de la nominación de Negroponte.
"Te dirá que no lo sabía", dijo Reyes, 69, que ahora publica un diario en español en Washington. "Pero la embajada norteamericana sabía todo lo que estaba pasando".
Douglas Jehl contribuyó a este artículo.
19 de febrero de 2005
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en la cola de la despensería
[Tim Jones] Los trabajadores pobres, los que no aparecen en los archivos de la seguridad social.
McArthur, Ohio. La cola de la despensería se empieza a formar durante el frío que acompaña a la salida del sol, más de dos horas antes de que se abran las puertas de metal de la despensería del Centro de Ayuda de la Iglesia Metodista.
Cientos de personas como Teresa Ware llegan temprano porque tienen miedo de que las cajas con alimentos ordenadas en pulcras hileras puedan desaparecer para cuando pasen con el oxidado carrito de supermercado a la cabeza de la cola de dos horas. Ware controla el tiempo en su reloj pulsera porque no puede llegar tarde al trabajo, ni siquiera si la razón es que fue a recoger alimentos.
"Hay una caja para cada uno. Es humillante", dijo Ware, 49, que gana 7.50 dólares por hora en el turno vespertino de una residencia. Esta reciente visita a la despensería es una de las dos que hacen ella y su marido desempleado, Rocky, al mes.
"No deberíamos hacer esto", dijo ella.
Theresa y Rocky Ware pertenecen a los rangos de los trabajadores pobres, una creciente categoría de millones de estadounidenses que observan la regla de trabajar duro y todavía no logran llegar a fin de mes.
Después de pedir dinero a amigos y familiares, de sacar todo de sus tarjetas de crédito y de haber tragado suficiente orgullo, al menos 23 millones de norteamericanos hicieron las colas de las despenserías el año pasado -muchos de ellos trabajadores pobres, de acuerdo a Segunda Cosecha, la organización de ayuda contra el hambre con sede en Chicago. El incremento en la demanda de alimentos se nutre de varias fuentes: pérdida del trabajo, término de la seguridad social, problemas de salud y costes de alquiler, y la incapacidad de mucha gente de encontrar trabajo que corresponda con los ingresos y beneficios perdidos.
El Centro de Presupuesto y Políticas de Prioridad, un laboratorio ideológico de Washington, informó recientemente que 43 millones de personas viven en familias de bajos ingresos con niños. Otros datos del gobierno muestran que el número de personas que vive por debajo de la línea de la pobreza creció entre 2000 y 2002 más de 3.5 millones, para llegar a 34.6 millones. Y el ministerio de Agricultura de Estados Unidos informó que el número de norteamericanos que no saben dónde comer -clasificados como inseguridad en la alimentación'- saltó de 31 a 35 millones entre 1999 y 2002.
"El alcance de la recesión económica ha afectado a mucha gente que pensaba que nunca llegarían a ser pobres", dijo Stacy Dean, director de políticas de cupones de alimentos para el Centro de Presupuesto y Políticas de Prioridad. "Lo que vemos ahora son familias que recurren a organizaciones particulares para lo que a menudo es una muy pequeña ayuda".
"No es solamente un efecto del desempleo. Un mayor porcentaje de norteamericanos son trabajadores pobres, y la cantidad ha estado creciendo en los últimos nueve años", dijo Robert Forney, director ejecutivo de Second Harvest. "Esta sería la línea de aguas de la economía, pero para los 40 millones de ellos es la única opción de ganar un salario y obtener beneficios. Es terrible".
Explosión de la Demanda
Operadores de despenserías de alimentos en todo el país -urbanos, suburbanos y rurales- cuentan historias de una explosión en la demanda de alimentos de parte de familias, viejos y el segmento de mayor crecimiento: los trabajadores pobres.
En el sur de Ohio, donde el presidente Lyndon Johnson declaró la guerra a la pobreza hace 40 años, los coches hacen colas dobles a lo largo de un kilómetro o más a la espera del buffet en cajas mensuales de leche en polvo, arroz, cereales, fruta y verduras enlatadas, puré de patatas instantáneo y, en los buenos días, carne enlatada y pollo.
"Estamos observando que comunidades que pensaban que eran inmunes están ahora siendo afectadas, urbanas y suburbanas", dijo Lisa Hamler-Podolski, directora ejecutiva de la Asociación de Bancos de Alimento Segunda Cosecha, de Ohio.
El reverendo Walt Goble, que dirige el Centro de Ayuda de la Iglesia Metodista en McArthur, Ohio, un pueblo pequeño y antiguamente próspero de unos 96 kilómetros al sur de Columbus, dijo: "Estamos aquí de 11:30 a 4, o hasta que se nos acaba el alimento. Normalmente se nos acaba antes".
Theresa y Rocky Ware se han unido a regañadientes a las colas de las despenserías. El año pasado, en esta escasamente poblada región de nueve condados al sudeste de Ohio, se distribuyeron 4.120 kilos de alimentos -eso es, de los 1.766 kilos en 2000. En los últimos tres años, el número de familias que dependían de las despenserías se ha triplicado, de acuerdo a Segunda Cosecha de Ohio del Sudeste.
Aunque la economía nacional muestra espasmódicos signos de recuperación, los datos no toman en cuenta que cada vez menos empleadores ofrecen seguro médico y muchos nuevos empleos sólo pagan el mínimo de 5.15 dólares por hora.
Danny Palmer, que viven en el pueblo Ohio River de Cheshire, perdió su trabajo de soldador de 20 dólares la hora y trabaja ajora en un Wal-Mart por 5.95 la hora. El seguro que tenía como parte de un paquete de seguros con su antiguo empleador, expira el mes que viene. No tiene seguro médico en Wal-Mart.
Melissa Barringer tiene tres trabajos parciales para aumentar los ingresos de ella y su marido Brian, un jornalero, y poder sostenerse con sus tres hijos adolescentes. El año pasado, sus ingresos combinados fueron de 18.000 dólares.
"No podemos mantenernos a la altura", dijo Melissa Barringer mientras sus hijos comían una sopa de pollo en Coolville, Ohio.
Óscar Sánchez se aparece todos los jueces a recoger bolsas de latas y comestibles no perecederos. Sánchez es un pintor auto-empleado que perdió su trabajo en la construcción hace tres años. Su paga por hora es de 7 dólares. No tiene seguro médico.
Y en el barrio Ferguson, de St. Louis, Mary Williams trabaja como temporera y conduce su Mercury Marquis de 1983 hacia trabajos que pagan entre 7 y 8 dólares la hora. El trabajo no es estable. Ni ella ni su hijo tienen seguro médico.
Todos ellos cuentan historias diferentes, pero tienen un punto en común: Tienen trabajo y son clientes regulares de las despenserías de alimentos.
Lo Que No Dicen las Cifras
Las dificultades de gente como los Ware no aparecen en las cifras mensuales de desempleo. Estos americanos vuelan dificultosamente debajo de los radares oficiales que reconocen las penurias económicas, la línea federal de la pobreza de 12.490 dólares para una pareja y 18.850 dólares para una familia de cuatro.
"Las cifras económicas oficiales van a menudo detrás de la historia real", dijo Gregory Acs, investigador del Instituto Urbano, una organización de investigación con sede en Washington.
"Las cifras sobre la pobreza normalmente cuentan sólo una parte de la historia. Técnicamente puedes ser no pobre, pero todavía no puedes pagar todas las cuentas y tienes que ir una o dos veces a la semana a alguna despensería", dijo Acs, observando que los ajustes hacia arriba en los niveles de pobreza no dan cuenta de todas las presiones financieras a las que hacen frente las familias.
Por ejemplo, la cuota de norteamericanos menores de 65 con seguros médicos pagados por los empleadores bajó de un 70 por ciento en 1999 a 68 por ciento en 2002, de acuerdo al Instituto Urbano. Entre los trabajadores de bajos ingresos, el porcentaje cayó de 40 por ciento a 35 por ciento.
Algunos de los que están luchando visitan a Felipe Ayala, que ha dirigido el Centro Juvenil Latinoamericano de Chicago durante 32 años.
"Normalmente nos quedábamos sin alimentos a fin de mes. Ahora nos quedamos sin ellos al final de la primera semana", dijo Ayala.
La creciente demanda proviene de gente que o está sin trabajo, como en el caso de Óscar Sánchez, o no ganan lo suficiente como para poder sobrevivir por sí mismos.
"Se ha puesto peor", dijo Ayala. "Todos los trabajos son de la industria del alimento o en los suburbios. Las colas están siempre aumentando".
Sánchez, divorciado, dijo que va todos los jueves al sótano de la vieja escuela. La gente empieza a llegar a las nueve de la mañana y se mueven de una silla plegable de metal a otra antes de que puedan recoger las bolsas con alimentos de plástico blanco en las que se ha impreso Gracias' con letras rojas. Esperan pacientemente a que les llegue el turno.
"Esto es lo que me mantiene en vida", dijo Sánchez, que visita las despenserías desde hace dos años. Cuando el tiempo mejore, dijo Sánchez, espera encontrar trabajo más estable. Sin embargo, no cree que termine su hábito de visitar regularmente la despensería de la calle 17.
Tampoco tiene esas esperanzas Mary Williams. Con tres años de universidad, esta obrera de fábrica de 42 años no tiene seguro médico desde el verano pasado. William gana unos 400 dólares al mes y visita regularmente la despensería del Ejército de Salvación de St. Louis.
El destartalado coche de Williams ha empezado a desarmarse, y a veces tiene que conducir durante una hora, de ida, a su trabajo.
"Es una lucha la mayor parte del tiempo", dijo Williams, madre soltera. "Y las cosas no se ve que se pongan mejor".
La presión sobre las familias trabajadoras ha aumentado en los últimos años a medida que muchos estados han reducido la cobertura del seguro médico Medicaid para hacer frente a sus propios problemas presupuestarios. Dos informes recientes muestran que casi 1.6 millones de personas de bajos ingresos han perdido la cobertura financiada por el estado debido a recortes presupuestarios.
En respuesta, se acomodan saltándose comidas, pidiendo dinero prestado a los amigos, viviendo con la familia o cortando las recetas médicas en dos o saltándose derechamente las prescripciones. Algunos ignoran las cuentas, que es una razón por la que en Ohio, por ejemplo, un estado afectado duramente por la recesión, tiene la tasa más alta de extinción de préstamos del país, de acuerdo a la Asociación de Banqueros Hipotecarios.
Muchos quedan atrapados en los tornillos de la burocracia: Ganan demasiado dinero para el seguro médico Medicaid, el seguro médico del estado para personas de bajos ingresos, y al mismo tiempo demasiado poco como para pagar un seguro médico privado.
Debido a que no pueden pagar los impuestos a la propiedad, los Ware pasaron sus casas a sus hijos adultos, que pagan la cuenta. Las cuentas médicas del tratamiento del enfisema de Rocky están aumentando aceleradamente.
"Me llegan cuentas y las mando al carajo. Pueden venir y meterme en la cárcel", dijo Theresa Ware, mientras colocaba en el asiento de atrás de su camioneta la caja de alimentos.
Esta no es la visión que tenía el optimista presidente Johnson cuando hace cuatro décadas le dijo a los estudiantes de la cercana Universidad de Ohio en Athens: "Debemos abolir la pobreza humana". Al fomentar su programa llamado Gran Sociedad, Johnson describió en un discurso de mayo de 1964 una nueva sociedad "donde los niños no pasan hambre... Donde ningún hombre que quiera trabajar no pueda encontrar un empleo".
La "guerra incondicional contra la pobreza" de Johnson marcha mal. El desempleo en el condado de Athens era en febrero de 5.9 por ciento, pero cerca de un tercio de los habitantes del condado viven en o debajo de la línea de pobreza. Muchos de los buenos trabajos han desaparecido de Ohio, como de muchos estados, durante su transición de una economía industrial a una basada en los servicios.
En un estado que produjo gigantes industriales como John D. Rockefeller, Harvet Firestone y B.F. Goodrich y proporcionaron al país coches, llantas, jabón, cristales y acero, la compañía de mayor empleo del sector privado es Wal-Mart. Kroger, la cadena de supermercados de comestibles, es la segunda.
Desde el principio de 2001 han desaparecido de Ohio unos 200.000 empleos industriales. En febrero, 14 condados tenían tasas de desempleo de dos dígitos, de sólo 3 condados en noviembre pasado. Los estudios dicen que el empleo está creciendo en el sector de servicios, encabezados por la comida rápida y el comercio detallista, posiciones que rara vez pagan 10 dólares por hora.
Jack Frech, director del departamento de Servicios Humanos del condado dijo que los trabajadores pobres "respetan todas las reglas, y sin embargo son sacrificados" en una economía que a menudo no proporciona salarios con los que se pueda vivir.
"La gente aquí no te pueden decir dónde están los pobres, aunque los vean todos los días", dijo Frech. "Esa gente es invisible. Hacen algunos de los trabajos más pesados del mundo, y lo hacen casi por nada. Y todos nos beneficiamos de ello. Mantienen bajos los precios del alimento y del cuidado infantil porque están dispuestos a trabajar por salarios por debajo de la línea de la pobreza".
Un informe reciente del Congreso de Alcaldes de Estados Unidos dice que los trabajos perdidos entre 2001 y 2003 serán remplazados por trabajos que pagan un 20 por ciento menos. Para algunos, la caída ha sido mucho más pronunciada.
Intrigados y Enfadados
Los llamados nuevos pobres, como Danny y Shirley Palmer, están intrigados y enfadados por su situación. Danny Palmer trabajó para una compañía de energía durante 25 años hasta que un día a fines de noviembre de 2002 volvió a almorzar a casa después de que le dijeran que no volviera.
"Recorre el monte, pero no encuentra nada", dijo Shirley Palmer sobre su marido, que sacó su carnet sindical de plomero hace seis meses. Paga la cuota mensual, pero todavía no le ofrecen un trabajo. La hipoteca mensual de 343.20 dólares y ellos mismos, están gastando sus ahorros porque su salario en Wal-Mart no les alcanza.
"Me pone furiosa", dijo ella.
"Aquí hay un montón de gente", agregó, levantando la mano, "que está ganando sumas astronómicas de dinero, y la gente aquí hacen lo imposible, y no les pagan nada".
"Así es la vida", dijo, encogiéndose de hombros.
La breve explosión de cólera de Shirley Palmer no se oye tan a menudo. La gente que hace la cola en las despenserías expresa su descontento con las políticas oficiales, mencionando frecuentemente los billones de dólares que se gastan en la reconstrucción de Iraq. Pero las explosiones incendiarias son raras. La política empuja al trasfondo las preocupaciones inmediata por el alimento, las cuentas y el seguro médico.
El presidente Bush ha estado en Ohio 15 veces desde que asumiera el cargo, pero no ha llegado a esta región del estado. Tampoco lo ha hecho el senador John Kerry. El senador John Edwards (demócrata de Carolina del Norte), que hizo campaña en todo el país para las nominaciones presidenciales demócratas con el tema de Las Dos Américas', nunca estuvo cerca de la cola de la despensería de McArthur, que Creasid Wright visita todos los meses.
La cola de la despensería, dijo Wright, "es una opción de largo plazo" para su familia, incluyendo a su marido William y sus cinco hijos, todos varones. Gana 10.55 dólares por hora como enfermera a domicilio.
"Tuve un aumento de 15 centavos. Me habría gustado que me pagaran 50 más", dijo. Como muchos de los habituales de la despensería, conoce su paga por hora y las cuentas del mes al dedillo. Wright, 36, vive con su marido William junto a la carretera nacional 50, llamada la Carretera de los Apalaches. William es jornalero y gana 10 dólares por hora. El año pasado sus ingresos combinados fueron de 23 mil dólares. En los últimos años han recogido partes de coches y cortado leña para hacer dinero.
Después de vivir 13 años en una estrecha caravana, Creasid y William construyeron una cabaña de madera de cinco dormitorios -"sin préstamos", agrega ella. Los fundamentos de cemento de la caravana en el jardín son un recordatorio de lo lejos que han llegado los Wright. La cola de la despensería es un recordatorio de lo lejos que tienen que ir todavía.
Ella quiere hacer un jardín. La antena de televisión detrás de su cabaña de madera recibe tres canales. No tienen teléfono.
"Prefiero la comida al teléfono", dijo ella.
Los niños tienen el seguro médico de Medicaid. Los padres no tienen seguro. Confían en la suerte. Cuando Williams tuvo celulitis el año pasado, los antibióticos costaron 300 dólares. "Casi nos llevó a la ruina", dijo su esposa.
Creasid Wright dijo que no estaba indignada "porque la vida ha sido siempre difícil". Se niega a ir a la oficina de bienestar social a recoger cupones de alimento porque cree que es humillante. La cola de la despensería, por otro lado, es algo que no disminuye tu dignidad, dice.
"No me da vergüenza venir aquí. No me siento por encima o por debajo de algo", dijo.
Hoy, Creasid Wright hizo una tarta para el cumpleaños de su hijo de 9 años, Jared. Luego, después de la fiesta de cumpleaños familiar, se dirigió a la residencia para su turno de 12 horas.
No todo el mundo es tan estoico. Dave, padre solo que no quiso mencionar su apellido debido a que tres de sus hijas se avergüenzan de que haga la cola de la despensería en Logan, al norte de Athens, calificó su dependencia de la caridad de "humillante". Pidió prestada gasolina del cortacésped en el jardín de su vecino para ir a la despensería. Washington, dice Dave, se preocupa más de Iraq que de los norteamericanos.
La crisis del empleo ha puesto en duda la suposición fundamental detrás de los proyectos nacionales y estatales de reformar el sistema de bienestar haciendo que la gente trabaje por sus prestaciones. Los trabajos están desapareciendo, y los que quedan no pagan lo suficiente para mantener a una familia.
"No hay nada malo con que la gente sea auto-suficiente. El problema es que no hay trabajos que les permita ser auto-suficientes. Trabajan, pero viven en la pobreza", dijo Dick Stevens, director de sección de Acción Comunitaria de Hocking-Athens-Perry, en Logan.
"Puedes haber ayudado al sistema, pero no a la gente... Es una cosa tan alarmante ver cómo se desarrolla y tener la impresión de que nadie se da cuenta.
"¿Por qué no se preocupan? ¿Cuántos empleos serán remplazados por trabajos de salarios mínimos en el sector servicios?", se pregunta Stevens.
Las visitas a las despenserías en este área del sudeste de Ohio totalizaron 204.000 el año pasado, un aumento de las 130.000 de 2000. Dannie Devol, que ayuda a gestionar la despensería de la Capilla de Santiago, dijo que mucha gente era demasiado orgullosa como para ir a las despenserías. En la Capilla de Santiago la ropa usada -zapatos, vestidos y abrigos- cuelga de colgadores o se exhibe sobre mesas plegables. Discos antiguos y libros de bolsillo cubren las paredes, junto con juguetes.
"Cuando se abrió esta despensería, todo era gratis y no pasaba nada", dijo Marilyn Sloan, coordinadora de un banco de alimentos. "Cuando pusieron etiquetas de 25 centavos, empezaron a vender. Es por orgullo y dignidad y un sentido de propiedad que pueden pagar 25 centavos. Eso significa un montón".
Algunos que son habituales de la despensería de McArthur, como Vance Reaser, 35, carpintero sindicado, dicen que se "sienten raros" de hacer la cola.
Reaser fue despedido en enero de 2003 de un trabajo donde ganaba 25 dólares por hora. Su seguro de desempleo terminó hace tres meses. En los últimos 15 meses ha trabajado 3, y ahora se aparece por la despensería de McArthur cuatro días a la semana a ayudar y comer en la cantina.
"No puedo pagar el seguro médico mío ni de mis dos hijas", dijo Reaser, que es divorciado. "Hay cosas que se supone que tienes que hacer, y no puedes. Te hace sentir como si fueras un fracasado".
Reaser, como muchos en esta región, tiene esperanzas de que las cosas mejoren. Pero entretanto, funcionarios de la localidad tienen que tratar de resolver las consecuencias de la crisis del empleo.
David Martin, sheriff del condado de Gallia, dijo: "En los últimos tres años la delincuencia se ha ido a las nubes". El año pasado hubo seis atracos armados, un delito antes desconocido en Gallipolis, un pueblo de 4.900 habitantes.
"La gente hará cualquier cosa para alimentar a sus familias", dijo Martin.
Devol, que tiene 78 años y nítidos recuerdos de su infancia con 11 hermanos y hermanas durante la Depresión, dijo que es más fácil entender lo que pasa ahora "si has vivido lo que pasó antes".
Devol ha tratado con una familia de cuatro que vivían en un coche después de que el padre perdiera su trabajo en Marietta. Hoy, Devol habló de varias familias -16 personas- que viven en una caravana. Es parte de la ruina económica que ha presenciado en los últimos años.
Pero Devol dice que nunca pensó que volvería a ver gente haciendo la cola de la despensería como hoy -como las 635 familias que hicieron la cola por las cajas de alimentos el lunes después de Semana Santa.
"La gente se queja de que los coches esperan en la calle, bloqueando el tráfico", dijo Devol. "Pero cuando ven la cola, se dan cuenta de lo que pasan".
19 februari 2005
©chicago tribune
©traducción mQh
McArthur, Ohio. La cola de la despensería se empieza a formar durante el frío que acompaña a la salida del sol, más de dos horas antes de que se abran las puertas de metal de la despensería del Centro de Ayuda de la Iglesia Metodista.Cientos de personas como Teresa Ware llegan temprano porque tienen miedo de que las cajas con alimentos ordenadas en pulcras hileras puedan desaparecer para cuando pasen con el oxidado carrito de supermercado a la cabeza de la cola de dos horas. Ware controla el tiempo en su reloj pulsera porque no puede llegar tarde al trabajo, ni siquiera si la razón es que fue a recoger alimentos.
"Hay una caja para cada uno. Es humillante", dijo Ware, 49, que gana 7.50 dólares por hora en el turno vespertino de una residencia. Esta reciente visita a la despensería es una de las dos que hacen ella y su marido desempleado, Rocky, al mes.
"No deberíamos hacer esto", dijo ella.
Theresa y Rocky Ware pertenecen a los rangos de los trabajadores pobres, una creciente categoría de millones de estadounidenses que observan la regla de trabajar duro y todavía no logran llegar a fin de mes.
Después de pedir dinero a amigos y familiares, de sacar todo de sus tarjetas de crédito y de haber tragado suficiente orgullo, al menos 23 millones de norteamericanos hicieron las colas de las despenserías el año pasado -muchos de ellos trabajadores pobres, de acuerdo a Segunda Cosecha, la organización de ayuda contra el hambre con sede en Chicago. El incremento en la demanda de alimentos se nutre de varias fuentes: pérdida del trabajo, término de la seguridad social, problemas de salud y costes de alquiler, y la incapacidad de mucha gente de encontrar trabajo que corresponda con los ingresos y beneficios perdidos.
El Centro de Presupuesto y Políticas de Prioridad, un laboratorio ideológico de Washington, informó recientemente que 43 millones de personas viven en familias de bajos ingresos con niños. Otros datos del gobierno muestran que el número de personas que vive por debajo de la línea de la pobreza creció entre 2000 y 2002 más de 3.5 millones, para llegar a 34.6 millones. Y el ministerio de Agricultura de Estados Unidos informó que el número de norteamericanos que no saben dónde comer -clasificados como inseguridad en la alimentación'- saltó de 31 a 35 millones entre 1999 y 2002.
"El alcance de la recesión económica ha afectado a mucha gente que pensaba que nunca llegarían a ser pobres", dijo Stacy Dean, director de políticas de cupones de alimentos para el Centro de Presupuesto y Políticas de Prioridad. "Lo que vemos ahora son familias que recurren a organizaciones particulares para lo que a menudo es una muy pequeña ayuda".
"No es solamente un efecto del desempleo. Un mayor porcentaje de norteamericanos son trabajadores pobres, y la cantidad ha estado creciendo en los últimos nueve años", dijo Robert Forney, director ejecutivo de Second Harvest. "Esta sería la línea de aguas de la economía, pero para los 40 millones de ellos es la única opción de ganar un salario y obtener beneficios. Es terrible".
Explosión de la Demanda
Operadores de despenserías de alimentos en todo el país -urbanos, suburbanos y rurales- cuentan historias de una explosión en la demanda de alimentos de parte de familias, viejos y el segmento de mayor crecimiento: los trabajadores pobres.
En el sur de Ohio, donde el presidente Lyndon Johnson declaró la guerra a la pobreza hace 40 años, los coches hacen colas dobles a lo largo de un kilómetro o más a la espera del buffet en cajas mensuales de leche en polvo, arroz, cereales, fruta y verduras enlatadas, puré de patatas instantáneo y, en los buenos días, carne enlatada y pollo.
"Estamos observando que comunidades que pensaban que eran inmunes están ahora siendo afectadas, urbanas y suburbanas", dijo Lisa Hamler-Podolski, directora ejecutiva de la Asociación de Bancos de Alimento Segunda Cosecha, de Ohio.
El reverendo Walt Goble, que dirige el Centro de Ayuda de la Iglesia Metodista en McArthur, Ohio, un pueblo pequeño y antiguamente próspero de unos 96 kilómetros al sur de Columbus, dijo: "Estamos aquí de 11:30 a 4, o hasta que se nos acaba el alimento. Normalmente se nos acaba antes".
Theresa y Rocky Ware se han unido a regañadientes a las colas de las despenserías. El año pasado, en esta escasamente poblada región de nueve condados al sudeste de Ohio, se distribuyeron 4.120 kilos de alimentos -eso es, de los 1.766 kilos en 2000. En los últimos tres años, el número de familias que dependían de las despenserías se ha triplicado, de acuerdo a Segunda Cosecha de Ohio del Sudeste.
Aunque la economía nacional muestra espasmódicos signos de recuperación, los datos no toman en cuenta que cada vez menos empleadores ofrecen seguro médico y muchos nuevos empleos sólo pagan el mínimo de 5.15 dólares por hora.
Danny Palmer, que viven en el pueblo Ohio River de Cheshire, perdió su trabajo de soldador de 20 dólares la hora y trabaja ajora en un Wal-Mart por 5.95 la hora. El seguro que tenía como parte de un paquete de seguros con su antiguo empleador, expira el mes que viene. No tiene seguro médico en Wal-Mart.
Melissa Barringer tiene tres trabajos parciales para aumentar los ingresos de ella y su marido Brian, un jornalero, y poder sostenerse con sus tres hijos adolescentes. El año pasado, sus ingresos combinados fueron de 18.000 dólares.
"No podemos mantenernos a la altura", dijo Melissa Barringer mientras sus hijos comían una sopa de pollo en Coolville, Ohio.
Óscar Sánchez se aparece todos los jueces a recoger bolsas de latas y comestibles no perecederos. Sánchez es un pintor auto-empleado que perdió su trabajo en la construcción hace tres años. Su paga por hora es de 7 dólares. No tiene seguro médico.
Y en el barrio Ferguson, de St. Louis, Mary Williams trabaja como temporera y conduce su Mercury Marquis de 1983 hacia trabajos que pagan entre 7 y 8 dólares la hora. El trabajo no es estable. Ni ella ni su hijo tienen seguro médico.
Todos ellos cuentan historias diferentes, pero tienen un punto en común: Tienen trabajo y son clientes regulares de las despenserías de alimentos.
Lo Que No Dicen las Cifras
Las dificultades de gente como los Ware no aparecen en las cifras mensuales de desempleo. Estos americanos vuelan dificultosamente debajo de los radares oficiales que reconocen las penurias económicas, la línea federal de la pobreza de 12.490 dólares para una pareja y 18.850 dólares para una familia de cuatro.
"Las cifras económicas oficiales van a menudo detrás de la historia real", dijo Gregory Acs, investigador del Instituto Urbano, una organización de investigación con sede en Washington.
"Las cifras sobre la pobreza normalmente cuentan sólo una parte de la historia. Técnicamente puedes ser no pobre, pero todavía no puedes pagar todas las cuentas y tienes que ir una o dos veces a la semana a alguna despensería", dijo Acs, observando que los ajustes hacia arriba en los niveles de pobreza no dan cuenta de todas las presiones financieras a las que hacen frente las familias.
Por ejemplo, la cuota de norteamericanos menores de 65 con seguros médicos pagados por los empleadores bajó de un 70 por ciento en 1999 a 68 por ciento en 2002, de acuerdo al Instituto Urbano. Entre los trabajadores de bajos ingresos, el porcentaje cayó de 40 por ciento a 35 por ciento.
Algunos de los que están luchando visitan a Felipe Ayala, que ha dirigido el Centro Juvenil Latinoamericano de Chicago durante 32 años.
"Normalmente nos quedábamos sin alimentos a fin de mes. Ahora nos quedamos sin ellos al final de la primera semana", dijo Ayala.
La creciente demanda proviene de gente que o está sin trabajo, como en el caso de Óscar Sánchez, o no ganan lo suficiente como para poder sobrevivir por sí mismos.
"Se ha puesto peor", dijo Ayala. "Todos los trabajos son de la industria del alimento o en los suburbios. Las colas están siempre aumentando".
Sánchez, divorciado, dijo que va todos los jueves al sótano de la vieja escuela. La gente empieza a llegar a las nueve de la mañana y se mueven de una silla plegable de metal a otra antes de que puedan recoger las bolsas con alimentos de plástico blanco en las que se ha impreso Gracias' con letras rojas. Esperan pacientemente a que les llegue el turno.
"Esto es lo que me mantiene en vida", dijo Sánchez, que visita las despenserías desde hace dos años. Cuando el tiempo mejore, dijo Sánchez, espera encontrar trabajo más estable. Sin embargo, no cree que termine su hábito de visitar regularmente la despensería de la calle 17.
Tampoco tiene esas esperanzas Mary Williams. Con tres años de universidad, esta obrera de fábrica de 42 años no tiene seguro médico desde el verano pasado. William gana unos 400 dólares al mes y visita regularmente la despensería del Ejército de Salvación de St. Louis.
El destartalado coche de Williams ha empezado a desarmarse, y a veces tiene que conducir durante una hora, de ida, a su trabajo.
"Es una lucha la mayor parte del tiempo", dijo Williams, madre soltera. "Y las cosas no se ve que se pongan mejor".
La presión sobre las familias trabajadoras ha aumentado en los últimos años a medida que muchos estados han reducido la cobertura del seguro médico Medicaid para hacer frente a sus propios problemas presupuestarios. Dos informes recientes muestran que casi 1.6 millones de personas de bajos ingresos han perdido la cobertura financiada por el estado debido a recortes presupuestarios.
En respuesta, se acomodan saltándose comidas, pidiendo dinero prestado a los amigos, viviendo con la familia o cortando las recetas médicas en dos o saltándose derechamente las prescripciones. Algunos ignoran las cuentas, que es una razón por la que en Ohio, por ejemplo, un estado afectado duramente por la recesión, tiene la tasa más alta de extinción de préstamos del país, de acuerdo a la Asociación de Banqueros Hipotecarios.
Muchos quedan atrapados en los tornillos de la burocracia: Ganan demasiado dinero para el seguro médico Medicaid, el seguro médico del estado para personas de bajos ingresos, y al mismo tiempo demasiado poco como para pagar un seguro médico privado.
Debido a que no pueden pagar los impuestos a la propiedad, los Ware pasaron sus casas a sus hijos adultos, que pagan la cuenta. Las cuentas médicas del tratamiento del enfisema de Rocky están aumentando aceleradamente.
"Me llegan cuentas y las mando al carajo. Pueden venir y meterme en la cárcel", dijo Theresa Ware, mientras colocaba en el asiento de atrás de su camioneta la caja de alimentos.
Esta no es la visión que tenía el optimista presidente Johnson cuando hace cuatro décadas le dijo a los estudiantes de la cercana Universidad de Ohio en Athens: "Debemos abolir la pobreza humana". Al fomentar su programa llamado Gran Sociedad, Johnson describió en un discurso de mayo de 1964 una nueva sociedad "donde los niños no pasan hambre... Donde ningún hombre que quiera trabajar no pueda encontrar un empleo".
La "guerra incondicional contra la pobreza" de Johnson marcha mal. El desempleo en el condado de Athens era en febrero de 5.9 por ciento, pero cerca de un tercio de los habitantes del condado viven en o debajo de la línea de pobreza. Muchos de los buenos trabajos han desaparecido de Ohio, como de muchos estados, durante su transición de una economía industrial a una basada en los servicios.
En un estado que produjo gigantes industriales como John D. Rockefeller, Harvet Firestone y B.F. Goodrich y proporcionaron al país coches, llantas, jabón, cristales y acero, la compañía de mayor empleo del sector privado es Wal-Mart. Kroger, la cadena de supermercados de comestibles, es la segunda.
Desde el principio de 2001 han desaparecido de Ohio unos 200.000 empleos industriales. En febrero, 14 condados tenían tasas de desempleo de dos dígitos, de sólo 3 condados en noviembre pasado. Los estudios dicen que el empleo está creciendo en el sector de servicios, encabezados por la comida rápida y el comercio detallista, posiciones que rara vez pagan 10 dólares por hora.
Jack Frech, director del departamento de Servicios Humanos del condado dijo que los trabajadores pobres "respetan todas las reglas, y sin embargo son sacrificados" en una economía que a menudo no proporciona salarios con los que se pueda vivir.
"La gente aquí no te pueden decir dónde están los pobres, aunque los vean todos los días", dijo Frech. "Esa gente es invisible. Hacen algunos de los trabajos más pesados del mundo, y lo hacen casi por nada. Y todos nos beneficiamos de ello. Mantienen bajos los precios del alimento y del cuidado infantil porque están dispuestos a trabajar por salarios por debajo de la línea de la pobreza".
Un informe reciente del Congreso de Alcaldes de Estados Unidos dice que los trabajos perdidos entre 2001 y 2003 serán remplazados por trabajos que pagan un 20 por ciento menos. Para algunos, la caída ha sido mucho más pronunciada.
Intrigados y Enfadados
Los llamados nuevos pobres, como Danny y Shirley Palmer, están intrigados y enfadados por su situación. Danny Palmer trabajó para una compañía de energía durante 25 años hasta que un día a fines de noviembre de 2002 volvió a almorzar a casa después de que le dijeran que no volviera.
"Recorre el monte, pero no encuentra nada", dijo Shirley Palmer sobre su marido, que sacó su carnet sindical de plomero hace seis meses. Paga la cuota mensual, pero todavía no le ofrecen un trabajo. La hipoteca mensual de 343.20 dólares y ellos mismos, están gastando sus ahorros porque su salario en Wal-Mart no les alcanza.
"Me pone furiosa", dijo ella.
"Aquí hay un montón de gente", agregó, levantando la mano, "que está ganando sumas astronómicas de dinero, y la gente aquí hacen lo imposible, y no les pagan nada".
"Así es la vida", dijo, encogiéndose de hombros.
La breve explosión de cólera de Shirley Palmer no se oye tan a menudo. La gente que hace la cola en las despenserías expresa su descontento con las políticas oficiales, mencionando frecuentemente los billones de dólares que se gastan en la reconstrucción de Iraq. Pero las explosiones incendiarias son raras. La política empuja al trasfondo las preocupaciones inmediata por el alimento, las cuentas y el seguro médico.
El presidente Bush ha estado en Ohio 15 veces desde que asumiera el cargo, pero no ha llegado a esta región del estado. Tampoco lo ha hecho el senador John Kerry. El senador John Edwards (demócrata de Carolina del Norte), que hizo campaña en todo el país para las nominaciones presidenciales demócratas con el tema de Las Dos Américas', nunca estuvo cerca de la cola de la despensería de McArthur, que Creasid Wright visita todos los meses.
La cola de la despensería, dijo Wright, "es una opción de largo plazo" para su familia, incluyendo a su marido William y sus cinco hijos, todos varones. Gana 10.55 dólares por hora como enfermera a domicilio.
"Tuve un aumento de 15 centavos. Me habría gustado que me pagaran 50 más", dijo. Como muchos de los habituales de la despensería, conoce su paga por hora y las cuentas del mes al dedillo. Wright, 36, vive con su marido William junto a la carretera nacional 50, llamada la Carretera de los Apalaches. William es jornalero y gana 10 dólares por hora. El año pasado sus ingresos combinados fueron de 23 mil dólares. En los últimos años han recogido partes de coches y cortado leña para hacer dinero.
Después de vivir 13 años en una estrecha caravana, Creasid y William construyeron una cabaña de madera de cinco dormitorios -"sin préstamos", agrega ella. Los fundamentos de cemento de la caravana en el jardín son un recordatorio de lo lejos que han llegado los Wright. La cola de la despensería es un recordatorio de lo lejos que tienen que ir todavía.
Ella quiere hacer un jardín. La antena de televisión detrás de su cabaña de madera recibe tres canales. No tienen teléfono.
"Prefiero la comida al teléfono", dijo ella.
Los niños tienen el seguro médico de Medicaid. Los padres no tienen seguro. Confían en la suerte. Cuando Williams tuvo celulitis el año pasado, los antibióticos costaron 300 dólares. "Casi nos llevó a la ruina", dijo su esposa.
Creasid Wright dijo que no estaba indignada "porque la vida ha sido siempre difícil". Se niega a ir a la oficina de bienestar social a recoger cupones de alimento porque cree que es humillante. La cola de la despensería, por otro lado, es algo que no disminuye tu dignidad, dice.
"No me da vergüenza venir aquí. No me siento por encima o por debajo de algo", dijo.
Hoy, Creasid Wright hizo una tarta para el cumpleaños de su hijo de 9 años, Jared. Luego, después de la fiesta de cumpleaños familiar, se dirigió a la residencia para su turno de 12 horas.
No todo el mundo es tan estoico. Dave, padre solo que no quiso mencionar su apellido debido a que tres de sus hijas se avergüenzan de que haga la cola de la despensería en Logan, al norte de Athens, calificó su dependencia de la caridad de "humillante". Pidió prestada gasolina del cortacésped en el jardín de su vecino para ir a la despensería. Washington, dice Dave, se preocupa más de Iraq que de los norteamericanos.
La crisis del empleo ha puesto en duda la suposición fundamental detrás de los proyectos nacionales y estatales de reformar el sistema de bienestar haciendo que la gente trabaje por sus prestaciones. Los trabajos están desapareciendo, y los que quedan no pagan lo suficiente para mantener a una familia.
"No hay nada malo con que la gente sea auto-suficiente. El problema es que no hay trabajos que les permita ser auto-suficientes. Trabajan, pero viven en la pobreza", dijo Dick Stevens, director de sección de Acción Comunitaria de Hocking-Athens-Perry, en Logan.
"Puedes haber ayudado al sistema, pero no a la gente... Es una cosa tan alarmante ver cómo se desarrolla y tener la impresión de que nadie se da cuenta.
"¿Por qué no se preocupan? ¿Cuántos empleos serán remplazados por trabajos de salarios mínimos en el sector servicios?", se pregunta Stevens.
Las visitas a las despenserías en este área del sudeste de Ohio totalizaron 204.000 el año pasado, un aumento de las 130.000 de 2000. Dannie Devol, que ayuda a gestionar la despensería de la Capilla de Santiago, dijo que mucha gente era demasiado orgullosa como para ir a las despenserías. En la Capilla de Santiago la ropa usada -zapatos, vestidos y abrigos- cuelga de colgadores o se exhibe sobre mesas plegables. Discos antiguos y libros de bolsillo cubren las paredes, junto con juguetes.
"Cuando se abrió esta despensería, todo era gratis y no pasaba nada", dijo Marilyn Sloan, coordinadora de un banco de alimentos. "Cuando pusieron etiquetas de 25 centavos, empezaron a vender. Es por orgullo y dignidad y un sentido de propiedad que pueden pagar 25 centavos. Eso significa un montón".
Algunos que son habituales de la despensería de McArthur, como Vance Reaser, 35, carpintero sindicado, dicen que se "sienten raros" de hacer la cola.
Reaser fue despedido en enero de 2003 de un trabajo donde ganaba 25 dólares por hora. Su seguro de desempleo terminó hace tres meses. En los últimos 15 meses ha trabajado 3, y ahora se aparece por la despensería de McArthur cuatro días a la semana a ayudar y comer en la cantina.
"No puedo pagar el seguro médico mío ni de mis dos hijas", dijo Reaser, que es divorciado. "Hay cosas que se supone que tienes que hacer, y no puedes. Te hace sentir como si fueras un fracasado".
Reaser, como muchos en esta región, tiene esperanzas de que las cosas mejoren. Pero entretanto, funcionarios de la localidad tienen que tratar de resolver las consecuencias de la crisis del empleo.
David Martin, sheriff del condado de Gallia, dijo: "En los últimos tres años la delincuencia se ha ido a las nubes". El año pasado hubo seis atracos armados, un delito antes desconocido en Gallipolis, un pueblo de 4.900 habitantes.
"La gente hará cualquier cosa para alimentar a sus familias", dijo Martin.
Devol, que tiene 78 años y nítidos recuerdos de su infancia con 11 hermanos y hermanas durante la Depresión, dijo que es más fácil entender lo que pasa ahora "si has vivido lo que pasó antes".
Devol ha tratado con una familia de cuatro que vivían en un coche después de que el padre perdiera su trabajo en Marietta. Hoy, Devol habló de varias familias -16 personas- que viven en una caravana. Es parte de la ruina económica que ha presenciado en los últimos años.
Pero Devol dice que nunca pensó que volvería a ver gente haciendo la cola de la despensería como hoy -como las 635 familias que hicieron la cola por las cajas de alimentos el lunes después de Semana Santa.
"La gente se queja de que los coches esperan en la calle, bloqueando el tráfico", dijo Devol. "Pero cuando ven la cola, se dan cuenta de lo que pasan".
19 februari 2005
©chicago tribune
©traducción mQh