europa
otra vez nazis en alemania
[Jeffrey Fleishman] Alemanes del Este descontentos se vuelven hacia la extrema derecha. El desempleo y programas sociales suprimidos aumentan el apoyo de políticos extremistas.
Koenigstein, Alemania. Al otro lado del camino del aserradero cerrado un hombre con la cabeza rapada se sentó detrás del mostrador de Crime Store, una boutique neo-nazi que vende ropa interior de cuero y cedés con títulos como It's Our Europe, Not Theirs' y Rockin' the Reich Volume II'.
El hombre dijo que los negocios marchaban bien. En esta ciudad alemana del este en apuros, las perspectivas son buenas para el Partido Nacional Democrático de extrema derecha NPD, que emergió hace décadas de las ruinas ideológicas del régimen nazi. Con muchos en esta parte del estado de Sajonia sintiéndose traicionados por los principales partidos políticos del país, el NPD ha casi duplicado sus partidarios en las elecciones locales de junio último, obteniendo un 21 por ciento de los votos en Koenigstein.
Gran parte del éxito de la extrema derecha se deriva de los errores en la reunificación de Alemania desde el fin de la Guerra Fría. Empezando a mediados de los años noventa, el NPD se concentró en las ciudades pobres del este, exhibiendo una retórica xenófoba al mismo tiempo que trataba de domar a los grupos radicales de cabezas rapadas. Aunque todavía anhelan una "patria" étnicamente pura, el partido se ha hecho más populista, trabajando en problemas locales como escuelas y calles para ganar más influencia.
Pocos miembros sugieren un renacimiento del entusiasmo político de la extrema derecha, pero el alto desempleo, programas sociales recortados y la pérdida de orgullo de los trabajadores despedidos están reforzando el apoyo a los políticos extremistas. En septiembre el NPD sacó un 9.2 por ciento de los votos en Sajonia, logrando 12 escaños en el parlamento del estado. El partido no significa nada a nivel nacional, pero sus miembros están siendo elegidos en consejos municipales y regionales. El NPD y otros partidos radicales de extrema derecha tienen 313 políticos en gobiernos municipales en toda Alemania.
Uwe Leichsenring personifica el giro del NPD en personalidad y tácticas. El regordete propietario de una autoescuela que fue investigado en el pasado por el servicio secreto alemán por su asociación con las SSS, un grupo radical prohibido conocido por su violencia hacia los inmigrantes. Hoy es el portavoz del NPD en el consejo de Koenigstein y en el parlamento sajón, donde lleva camisas abotonadas y habla de los males de la globalización y de "reconstruir la identidad nacional" de los alemanes.
"El NPD es un partido que quiere ganar gente, no asustarlos", dijo Leichsenring, cuyo despacho en la capital sajona de Dresden da a los ennegrecidos edificios que fueron restaurados después de los bombardeos aliados en la Segunda Guerra Mundial. "Mucha gente simpatiza discretamente con nosotros porque no pueden apoyarnos públicamente. Recibimos un montón de faxes de apoyo. Si tuviéramos libertad de opinión en nuestro país, y la clase política no estuviera tratando de destruirnos, las filas de nuestro partido se hincharían".
Frieder Haase, el alcalde independiente de Koenigstein y vigilante opositor del NPD, conoce a Leichsenring de años. Atribuye el creciente apoyo a la extrema derecha a la imagen popular, de marginal, de algunos miembros. "Miembros del NPD como Uwe Leichsenring llevan ropas normales y parecen cualquier hijo de vecino", dijo. "Es de aquí y es agradable y la gente no lo ve como un peligro nazi".
Es difícil medir el mayor atractivo del NPD. La presencia del partido en el paisaje político es ampliamente rechazada y considerada como una persistente aparición que representa lo peor de las tendencia de un pueblo. Pero para algunos alemanes del este, el NPD es una de las pocas veces que exalta el orgullo nacional, una pasión que ha sido suprimida desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Los detractores del NPD e incluso algunos miembros reconocen que el partido tiene limitada resonancia y que su victoria en Sajonia derivó de un voto de protesta de los alemanes del este contra los social-demócratas del canciller alemán Gerhard Schroeder y la oposición de la Unión Demócrata-Cristiana. Schroeder ha sido criticado y a veces demonizado por no lograr reducir la tasa de desempleo de 18% de Alemania del este.
"La gente está deprimida. Las cosas no han mejorado en Alemania del este desde la caída del Muro de Berlín", dijo Anke Moede, cortando carne en la carnicería de su marido en Koenigstein. "No pasamos por una revolución para terminar con el caos. A veces me gustaría volver a la época de los comunistas. No tengo para qué fumar Marlboros".
La rabia y la desilusión cristalizó en la más grande manifestación de extrema derecha en años cuando 5.000 neo-nazis marcharon en febrero a través de Dresden para conmemorar el 60 aniversario de los bombardeos aliados, que mataron al menos al 25.000 alemanes. El presidente del NPD de Sajonia, Holger Apfel, se refirió a los bombardeos como un "holocausto". Él y su partido se retiraron una vez del parlamento durante un minuto de silencio para recordar a los judíos y otros pueblos perseguidos por el Tercer Reich.
"Es natural que los partidos políticos grandes se asusten con nosotros", dijo Leichsenring. "Queremos que los alemanes vuelvan a mandar en su casa... Si hablas del orgullo alemán, te encasillan inmediatamente como de extrema derecha. Los partidos políticos quieren impedir que surja algo que ha estado burbujeando desde hace 70 años. Quieren eliminar todo vestigio de emoción nacional".
Esos sentimientos han llevado a los infructuosos esfuerzos del gobierno nacional por prohibir al NPD como racista y antisemita. Schroeder ha denunciado al NPD, diciendo: "Alemania es un país libre y democrático. Y todo lo que nos conecta con la cloaca nazi nos perjudica, perjudica a Alemania y perjudica nuestra posición ante los inversores internacionales".
Las ambiciones políticas del NPD son más hipérbole que cosas concretas. El amplio programa del partido incluye la reorientación del gobierno alemán hacia ideales nacionalistas, la limitación de la inmigración, retirar a Berlín de organizaciones internacionales como la OTAN y resistir la globalización y la expansión de la Unión Europea, los que de acuerdo al NPD, están dañando la economía del país.
Sin embargo, los extremistas de derecha no han logrado entrar en los pulidos pasillos y antecámaras del parlamento alemán. En lugar de eso, el NPD se instala en villorrios y ciudades a lo largo del Río Danubio, donde kilómetros de fábricas destartaladas revelan la fragilidad del este. En lugares como Koenigstein, con su fortaleza medieval sobresaliendo por la colina por encima de cruz dorada de la iglesia del pueblo, la gente se siente indignada y atrapada entre el comunismo y el capitalismo.
"Yo trabajaba en ferrocarriles e hice lo que el estado quería que hiciera", dijo Erich Quaschnuk, con una gorra azul sobre su cabello blanco. "Pero ahora no tengo una pensión completa como las del occidente. Los políticos nos están ordeñando. ¿Qué puedes hacer? Si votas al NPD, la gente dice que los nazis están volviendo. El NPD es demasiado pequeño y el capitalismo muy grande. Pero la gente necesita algo diferente".
Se acomodó el borde de su gorra, se pasó su bolsa de las compras a la otra manos. "Cuando cayó el Muro de Berlín la alegría era verdadera", dijo. "Pero las promesas de paisajes en flor nunca se concretaron".
Más allá en la calle, pasando un ventanal manchado que muestra polvorientas herramientas de un cerrajero en quiebra, los niños salen corriendo de la escuela, metiéndose por callejones y en la parte turística de este pueblo de 3.000 habitantes. Los restaurantes sirven jabalí y bola de masa de harina, el humo de madera se enrosca en las chimeneas, un escudo de armas de un barón bohemio brilla en la plaza, y un ferry cruza el río.
Más allá de los adoquines y hacia la montaña, las cosas no están pintadas y no son bonitas. Parras marchitas tapan una casa. El aserradero está cerrado. Las compañías de construcción han desaparecido. A uno de los tres inmigrantes del área, un tendero vietnamita, le rompieron el año pasado las vitrinas. Una agencia de turismo, preocupada de que la región se ganara la reputación de ser un bastión de la extrema derecha, publicitaba en su página en la red las virtudes de tolerancia y democracia.
Un hombre pragmático de sonrisa amplia, el alcalde Haase consideraba en su despacho las complejidades de contrarrestar el extremismo. Los intentos de prohibir al NPD, dijo, aumenta su credibilidad, especialmente entre los jóvenes con oportunidades limitadas que se inspiran en los llamados a fortalecer el patriotismo. Mientras los partidos políticos no arreglen la economía, agregó el alcalde, el NPD tiene un tema que explotar: El número de miembros del NPD con sillas en los gobiernos locales en Sajonia saltó de 10 en 1999 a 42 en 2004.
"El NPD es peligroso porque lo que quiere es destruir la democracia, y eso ya ha ocurrido una vez en la historia alemana", dijo Haase. "Nosotros podemos contener a gente Leichsenring a nivel local, pero es la filosofía reinante la que inquieta".
Dirk Hohlfeld anda a horcajadas en su motocicleta cerca de la iglesia. Padre de dos niños, conduce un bus para niños incapacitados. Dice que su esposa no puede encontrar trabajo, ni como secretaria ni como camionera. La pareja no tiene demasiado dinero y las reformas de Schroeder están haciendo difícil que los Hohlfeld se compren una casa.
Los diarios le dicen que los checos y polacos, nuevos miembros de la Unión Europea, están emigrando hacia sitios de construcción en Dresden y Berlín por la mitad del salario que los alemanes. Hohlfeld dice que está siendo torpedeado de todos lados. No cuenta con el apoyo del NPD, pero entiende la atracción del partido.
"El NPD dio en el clavo en cuanto a limitar la inmigración", dijo Hohfeld. "Y ellos se preocupan de la ley y el orden. En la época de la Alemania del Este, había respeto por la autoridad. Eso ya no se ve en estos días". Se pone el casco, aprieta el acelerador y desaparece en el camino hacia el río.
11 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Koenigstein, Alemania. Al otro lado del camino del aserradero cerrado un hombre con la cabeza rapada se sentó detrás del mostrador de Crime Store, una boutique neo-nazi que vende ropa interior de cuero y cedés con títulos como It's Our Europe, Not Theirs' y Rockin' the Reich Volume II'.El hombre dijo que los negocios marchaban bien. En esta ciudad alemana del este en apuros, las perspectivas son buenas para el Partido Nacional Democrático de extrema derecha NPD, que emergió hace décadas de las ruinas ideológicas del régimen nazi. Con muchos en esta parte del estado de Sajonia sintiéndose traicionados por los principales partidos políticos del país, el NPD ha casi duplicado sus partidarios en las elecciones locales de junio último, obteniendo un 21 por ciento de los votos en Koenigstein.
Gran parte del éxito de la extrema derecha se deriva de los errores en la reunificación de Alemania desde el fin de la Guerra Fría. Empezando a mediados de los años noventa, el NPD se concentró en las ciudades pobres del este, exhibiendo una retórica xenófoba al mismo tiempo que trataba de domar a los grupos radicales de cabezas rapadas. Aunque todavía anhelan una "patria" étnicamente pura, el partido se ha hecho más populista, trabajando en problemas locales como escuelas y calles para ganar más influencia.
Pocos miembros sugieren un renacimiento del entusiasmo político de la extrema derecha, pero el alto desempleo, programas sociales recortados y la pérdida de orgullo de los trabajadores despedidos están reforzando el apoyo a los políticos extremistas. En septiembre el NPD sacó un 9.2 por ciento de los votos en Sajonia, logrando 12 escaños en el parlamento del estado. El partido no significa nada a nivel nacional, pero sus miembros están siendo elegidos en consejos municipales y regionales. El NPD y otros partidos radicales de extrema derecha tienen 313 políticos en gobiernos municipales en toda Alemania.
Uwe Leichsenring personifica el giro del NPD en personalidad y tácticas. El regordete propietario de una autoescuela que fue investigado en el pasado por el servicio secreto alemán por su asociación con las SSS, un grupo radical prohibido conocido por su violencia hacia los inmigrantes. Hoy es el portavoz del NPD en el consejo de Koenigstein y en el parlamento sajón, donde lleva camisas abotonadas y habla de los males de la globalización y de "reconstruir la identidad nacional" de los alemanes.
"El NPD es un partido que quiere ganar gente, no asustarlos", dijo Leichsenring, cuyo despacho en la capital sajona de Dresden da a los ennegrecidos edificios que fueron restaurados después de los bombardeos aliados en la Segunda Guerra Mundial. "Mucha gente simpatiza discretamente con nosotros porque no pueden apoyarnos públicamente. Recibimos un montón de faxes de apoyo. Si tuviéramos libertad de opinión en nuestro país, y la clase política no estuviera tratando de destruirnos, las filas de nuestro partido se hincharían".
Frieder Haase, el alcalde independiente de Koenigstein y vigilante opositor del NPD, conoce a Leichsenring de años. Atribuye el creciente apoyo a la extrema derecha a la imagen popular, de marginal, de algunos miembros. "Miembros del NPD como Uwe Leichsenring llevan ropas normales y parecen cualquier hijo de vecino", dijo. "Es de aquí y es agradable y la gente no lo ve como un peligro nazi".
Es difícil medir el mayor atractivo del NPD. La presencia del partido en el paisaje político es ampliamente rechazada y considerada como una persistente aparición que representa lo peor de las tendencia de un pueblo. Pero para algunos alemanes del este, el NPD es una de las pocas veces que exalta el orgullo nacional, una pasión que ha sido suprimida desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Los detractores del NPD e incluso algunos miembros reconocen que el partido tiene limitada resonancia y que su victoria en Sajonia derivó de un voto de protesta de los alemanes del este contra los social-demócratas del canciller alemán Gerhard Schroeder y la oposición de la Unión Demócrata-Cristiana. Schroeder ha sido criticado y a veces demonizado por no lograr reducir la tasa de desempleo de 18% de Alemania del este.
"La gente está deprimida. Las cosas no han mejorado en Alemania del este desde la caída del Muro de Berlín", dijo Anke Moede, cortando carne en la carnicería de su marido en Koenigstein. "No pasamos por una revolución para terminar con el caos. A veces me gustaría volver a la época de los comunistas. No tengo para qué fumar Marlboros".
La rabia y la desilusión cristalizó en la más grande manifestación de extrema derecha en años cuando 5.000 neo-nazis marcharon en febrero a través de Dresden para conmemorar el 60 aniversario de los bombardeos aliados, que mataron al menos al 25.000 alemanes. El presidente del NPD de Sajonia, Holger Apfel, se refirió a los bombardeos como un "holocausto". Él y su partido se retiraron una vez del parlamento durante un minuto de silencio para recordar a los judíos y otros pueblos perseguidos por el Tercer Reich.
"Es natural que los partidos políticos grandes se asusten con nosotros", dijo Leichsenring. "Queremos que los alemanes vuelvan a mandar en su casa... Si hablas del orgullo alemán, te encasillan inmediatamente como de extrema derecha. Los partidos políticos quieren impedir que surja algo que ha estado burbujeando desde hace 70 años. Quieren eliminar todo vestigio de emoción nacional".
Esos sentimientos han llevado a los infructuosos esfuerzos del gobierno nacional por prohibir al NPD como racista y antisemita. Schroeder ha denunciado al NPD, diciendo: "Alemania es un país libre y democrático. Y todo lo que nos conecta con la cloaca nazi nos perjudica, perjudica a Alemania y perjudica nuestra posición ante los inversores internacionales".
Las ambiciones políticas del NPD son más hipérbole que cosas concretas. El amplio programa del partido incluye la reorientación del gobierno alemán hacia ideales nacionalistas, la limitación de la inmigración, retirar a Berlín de organizaciones internacionales como la OTAN y resistir la globalización y la expansión de la Unión Europea, los que de acuerdo al NPD, están dañando la economía del país.
Sin embargo, los extremistas de derecha no han logrado entrar en los pulidos pasillos y antecámaras del parlamento alemán. En lugar de eso, el NPD se instala en villorrios y ciudades a lo largo del Río Danubio, donde kilómetros de fábricas destartaladas revelan la fragilidad del este. En lugares como Koenigstein, con su fortaleza medieval sobresaliendo por la colina por encima de cruz dorada de la iglesia del pueblo, la gente se siente indignada y atrapada entre el comunismo y el capitalismo.
"Yo trabajaba en ferrocarriles e hice lo que el estado quería que hiciera", dijo Erich Quaschnuk, con una gorra azul sobre su cabello blanco. "Pero ahora no tengo una pensión completa como las del occidente. Los políticos nos están ordeñando. ¿Qué puedes hacer? Si votas al NPD, la gente dice que los nazis están volviendo. El NPD es demasiado pequeño y el capitalismo muy grande. Pero la gente necesita algo diferente".
Se acomodó el borde de su gorra, se pasó su bolsa de las compras a la otra manos. "Cuando cayó el Muro de Berlín la alegría era verdadera", dijo. "Pero las promesas de paisajes en flor nunca se concretaron".
Más allá en la calle, pasando un ventanal manchado que muestra polvorientas herramientas de un cerrajero en quiebra, los niños salen corriendo de la escuela, metiéndose por callejones y en la parte turística de este pueblo de 3.000 habitantes. Los restaurantes sirven jabalí y bola de masa de harina, el humo de madera se enrosca en las chimeneas, un escudo de armas de un barón bohemio brilla en la plaza, y un ferry cruza el río.
Más allá de los adoquines y hacia la montaña, las cosas no están pintadas y no son bonitas. Parras marchitas tapan una casa. El aserradero está cerrado. Las compañías de construcción han desaparecido. A uno de los tres inmigrantes del área, un tendero vietnamita, le rompieron el año pasado las vitrinas. Una agencia de turismo, preocupada de que la región se ganara la reputación de ser un bastión de la extrema derecha, publicitaba en su página en la red las virtudes de tolerancia y democracia.
Un hombre pragmático de sonrisa amplia, el alcalde Haase consideraba en su despacho las complejidades de contrarrestar el extremismo. Los intentos de prohibir al NPD, dijo, aumenta su credibilidad, especialmente entre los jóvenes con oportunidades limitadas que se inspiran en los llamados a fortalecer el patriotismo. Mientras los partidos políticos no arreglen la economía, agregó el alcalde, el NPD tiene un tema que explotar: El número de miembros del NPD con sillas en los gobiernos locales en Sajonia saltó de 10 en 1999 a 42 en 2004.
"El NPD es peligroso porque lo que quiere es destruir la democracia, y eso ya ha ocurrido una vez en la historia alemana", dijo Haase. "Nosotros podemos contener a gente Leichsenring a nivel local, pero es la filosofía reinante la que inquieta".
Dirk Hohlfeld anda a horcajadas en su motocicleta cerca de la iglesia. Padre de dos niños, conduce un bus para niños incapacitados. Dice que su esposa no puede encontrar trabajo, ni como secretaria ni como camionera. La pareja no tiene demasiado dinero y las reformas de Schroeder están haciendo difícil que los Hohlfeld se compren una casa.
Los diarios le dicen que los checos y polacos, nuevos miembros de la Unión Europea, están emigrando hacia sitios de construcción en Dresden y Berlín por la mitad del salario que los alemanes. Hohlfeld dice que está siendo torpedeado de todos lados. No cuenta con el apoyo del NPD, pero entiende la atracción del partido.
"El NPD dio en el clavo en cuanto a limitar la inmigración", dijo Hohfeld. "Y ellos se preocupan de la ley y el orden. En la época de la Alemania del Este, había respeto por la autoridad. Eso ya no se ve en estos días". Se pone el casco, aprieta el acelerador y desaparece en el camino hacia el río.
11 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
desertores en la guerra
[Richard Bernstein] Los alemanes todavía encuentran nuevos pesos morales de la guerra.
Ulm, Alemania. Esta atractiva ciudad en el Río Danubio está dotada de docenas de monumentos conmemorativos dedicados a los que sufrieron las dos guerras mundiales, entre los que destaca un monumento en particular, un grupo de siete losas inscritas encima de un montículo en el cementerio principal, que sirve oficialmente como el monumento conmemorativo a todas las víctimas del nazismo.
Pero hay una controversia local sobre estos monumentos, y refleja un hecho más importante de la vida alemana. Incluso ahora este país todavía no ha determinado cómo recordar a las víctimas, o cuáles sufrimientos y pérdidas tienen derecho a conmemorar.
Un pequeño grupo de gente joven aquí ha empezado a llamar la atención de los diarios locales, argumentando en folletos y en mítines públicos que los monumentos en memoria de Ulm deja fuera una categoría de víctimas: los que desertaron del ejército alemán, muchos de los cuales fueron ejecutados durante la guerra.
"Es absolutamente obvio que la Segunda Guerra Mundial fue un crimen terrible", dijo uno de los jóvenes, Johanna Nimrich, 18. "Es imposible entender por qué se honra a la gente que participó en la guerra, pero no a los que se negaron a participar".
Nimrich y otros cinco jóvenes, que se reunieron en torno a su oposición a la invasión norteamericana de Iraq, quieren honrar a los desertores, los que, en su visión y en la opinión que prevalece en Alemania, dieron una respuesta moral a una guerra definida por su inmoralidad.
Su exigencia, de que un imponente trabajo de la artista Hannah Stütz-Mentzel honrando la memoria de los desertores sea exhibido de manera permanente en algún espacio público, es ciertamente un asunto local, al que se ha prestado poca atención en la prensa nacional de Alemania.
Pero otras ideas y argumentos han emergido en los últimos años, incluyendo la insistencia de algunos historiadores y otros de que Alemania debe llorar por sus propios sufrimientos en la guerra, y entre ellos los causados por los bombardeos de los aliados.
Entretanto también se están haciendo oír los miembros de millones de familias alemanas étnicas que fueron deportados de Europa del Este a países como Polonia y Checoslovaquia después de la guerra, y que quieren reconocimiento público de lo que perdieron.
"El trauma es demasiado familiar, el peso moral sopesado y aceptado", escribió hace poco Jürgen Leinemann, ensayista de la revista Der Spiegel. "Ahora la atención esta girando hacia los sufrimientos de Alemania misma".
Alemania ha tenido una larga evolución en comprender la guerra. En los primeros años, una generación desconcertada y avergonzada dio cuenta del nazismo y las persecuciones nazis con mucha delicadeza, si es que del todo.
"Incluso el estudio académico del genocidio del pueblo judío", escribió Leinemann, "fue tentativo e incierto en esas primeras tres décadas".
Pero en los años sesenta y setenta, poderosamente influida por los juicios de crímenes de guerra de esos años, la generación que nació durante la guerra empezó a cuestionar la complicidad de sus padres en los crímenes de los nazis. Al mismo tiempo, personajes como los novelistas Günter Grass y Christa Wolf y dirigentes de movimientos estudiantiles como Joshka Fischer, ahora ministro de Asuntos Exteriores, exigieron un informe completo y franco de los crímenes de Alemania, especialmente la persecución de los judíos.
Y ahora, es justo decirlo, hay muy poco de desconocimiento oficial o incluso evitación de todo el horror de los crímenes nazis, que fueron explicados en las escuelas alemanas y documentados por cientos de museos y exposiciones en todo el país.
En este sentido es significativo que la conmemoración del fin de la guerra en Alemania sea un domingo, pero lo que es quizás el evento nacional más grande relacionado con la guerra tomará lugar el martes cuando el monumental Monumento Conmemorativo del Asesinato de los Judíos de Europa sea inaugurado oficialmente en Berlín. Consiste principalmente de 2.711 estelas de cemento gris oscuro erigidas en un campo parecido a un cementerio en el corazón del Berlín reunificado, a poco más de un tiro de piedra del Puente de Brandenburgo.
El tamaño y ubicación central del monumento son considerados ampliamente aquí como un testimonio a la centralidad y unicidad del Holocausto entre los muchos crímenes de los nazis, así como la voluntad de Alemania de aceptar su responsabilidad, tanto moral como material, por los crímenes de los nazis.
También es significativo, en las secuelas de la decisión de levantar el monumento al Holocausto, que varios grupos, entre ellos homosexuales y gitanos, que también fueron perseguidos por los nazis, han exigido monumentos propios, así como miembros de familias deportadas del Este.
En este sentido, lo único que es diferente sobre Ulm, una ciudad de más de 100.000 habitantes en las riberas del Danubio al sur de Alemania, es que parece ser el único lugar donde ha surgido la demanda de que el movimiento que busca recordar a los desertores de la Wehrmacht forme parte de las conmemoraciones públicas.
Las raíces de la iniciativa de Ulm se remonta a 18 años, cuando un grupo de gente opuesto al servicio militar en Alemania encargó a Stütz-Mentzel, una artista de la localidad, que creara una obra dedicada a los desertores. Stütz-Mentzel hizo una enorme estructura de metal que mostraba una serie de losas, de muy pequeñas a muy grandes, en la que la losa más pequeña iniciaba un efecto de dominó, derrumbando a las losas más grandes.
"La idea es que incluso el más insignificante de los soldados puede influir en los más grandes", dijo recientemente en su taller.
En 1989 Stütz-Mentzel y sus amigos colocaron la escultura en una plaza pública en las afueras de Ulm, donde se cree que fueron ejecutados algunos desertores. Pero las autoridades de la ciudad le ordenaron retirarla. Como consecuencia en los últimos 16 años la pieza de Stütz-Mentzel ha estado guardada en un pequeño jardín trasero del maestro de inglés de la localidad, Hildegard Henseler, donde, de vez en vez, la gente para a visitarla.
Entonces, hace unos meses, un pequeño grupo de estudiantes secundarios de Ulm oyeron hablar sobre la escultura semi-desechada de Stütz-Mentzel. El ayuntamiento rechazó la petición de los estudiantes de colocar la obra en un espacio público. Los estudiantes y sus partidarios sospechan que es porque la deserción sigue siendo una materia delicada, especialmente en una ciudad como Ulm, sede de una enorme base del ejército alemán. Pero el alcalde de Ulm, Ivo Gönner, un social-demócrata de 52 años, niega que sea el caso.
"Los desertores están incluidos en el monumento general como víctimas del régimen nazi", dijo Gönner en una entrevista en su despacho. "No se trata de que los desertores, por principio, no puedan tener monumentos".
Otros, incluyendo a los estudiantes que han reiniciado el debate en Ulm sobre la escultura de Stütz-Mentzel, están en desacuerdo.
"Los desertores no cuadran, cómo decirlo, en nuestra historia no procesada", dijo Manfred Messerschmidt, profesor de historia militar de la Universidad de Ulm. De acuerdo a Messerschmidt unos 22.000 soldados alemanes fueron ejecutados por deserción durante la guerra. Entre los desertores que sobrevivieron estaba José Ratzinger, un joven soldado que desertó en las semanas finales de la guerra y que llegó a ser el Papa Benedicto XVI medio siglo después.
"El desertor, que es una especie de conciencia potencial, no es adoptado aquí, y eso es inquietante", dijo Messerschmidt. "Es por eso que no lo quieren tomar en cuenta. Es por eso que no quieren un monumento".
10 de mayo de 2005
8 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Ulm, Alemania. Esta atractiva ciudad en el Río Danubio está dotada de docenas de monumentos conmemorativos dedicados a los que sufrieron las dos guerras mundiales, entre los que destaca un monumento en particular, un grupo de siete losas inscritas encima de un montículo en el cementerio principal, que sirve oficialmente como el monumento conmemorativo a todas las víctimas del nazismo.Pero hay una controversia local sobre estos monumentos, y refleja un hecho más importante de la vida alemana. Incluso ahora este país todavía no ha determinado cómo recordar a las víctimas, o cuáles sufrimientos y pérdidas tienen derecho a conmemorar.
Un pequeño grupo de gente joven aquí ha empezado a llamar la atención de los diarios locales, argumentando en folletos y en mítines públicos que los monumentos en memoria de Ulm deja fuera una categoría de víctimas: los que desertaron del ejército alemán, muchos de los cuales fueron ejecutados durante la guerra.
"Es absolutamente obvio que la Segunda Guerra Mundial fue un crimen terrible", dijo uno de los jóvenes, Johanna Nimrich, 18. "Es imposible entender por qué se honra a la gente que participó en la guerra, pero no a los que se negaron a participar".
Nimrich y otros cinco jóvenes, que se reunieron en torno a su oposición a la invasión norteamericana de Iraq, quieren honrar a los desertores, los que, en su visión y en la opinión que prevalece en Alemania, dieron una respuesta moral a una guerra definida por su inmoralidad.
Su exigencia, de que un imponente trabajo de la artista Hannah Stütz-Mentzel honrando la memoria de los desertores sea exhibido de manera permanente en algún espacio público, es ciertamente un asunto local, al que se ha prestado poca atención en la prensa nacional de Alemania.
Pero otras ideas y argumentos han emergido en los últimos años, incluyendo la insistencia de algunos historiadores y otros de que Alemania debe llorar por sus propios sufrimientos en la guerra, y entre ellos los causados por los bombardeos de los aliados.
Entretanto también se están haciendo oír los miembros de millones de familias alemanas étnicas que fueron deportados de Europa del Este a países como Polonia y Checoslovaquia después de la guerra, y que quieren reconocimiento público de lo que perdieron.
"El trauma es demasiado familiar, el peso moral sopesado y aceptado", escribió hace poco Jürgen Leinemann, ensayista de la revista Der Spiegel. "Ahora la atención esta girando hacia los sufrimientos de Alemania misma".
Alemania ha tenido una larga evolución en comprender la guerra. En los primeros años, una generación desconcertada y avergonzada dio cuenta del nazismo y las persecuciones nazis con mucha delicadeza, si es que del todo.
"Incluso el estudio académico del genocidio del pueblo judío", escribió Leinemann, "fue tentativo e incierto en esas primeras tres décadas".
Pero en los años sesenta y setenta, poderosamente influida por los juicios de crímenes de guerra de esos años, la generación que nació durante la guerra empezó a cuestionar la complicidad de sus padres en los crímenes de los nazis. Al mismo tiempo, personajes como los novelistas Günter Grass y Christa Wolf y dirigentes de movimientos estudiantiles como Joshka Fischer, ahora ministro de Asuntos Exteriores, exigieron un informe completo y franco de los crímenes de Alemania, especialmente la persecución de los judíos.
Y ahora, es justo decirlo, hay muy poco de desconocimiento oficial o incluso evitación de todo el horror de los crímenes nazis, que fueron explicados en las escuelas alemanas y documentados por cientos de museos y exposiciones en todo el país.
En este sentido es significativo que la conmemoración del fin de la guerra en Alemania sea un domingo, pero lo que es quizás el evento nacional más grande relacionado con la guerra tomará lugar el martes cuando el monumental Monumento Conmemorativo del Asesinato de los Judíos de Europa sea inaugurado oficialmente en Berlín. Consiste principalmente de 2.711 estelas de cemento gris oscuro erigidas en un campo parecido a un cementerio en el corazón del Berlín reunificado, a poco más de un tiro de piedra del Puente de Brandenburgo.
El tamaño y ubicación central del monumento son considerados ampliamente aquí como un testimonio a la centralidad y unicidad del Holocausto entre los muchos crímenes de los nazis, así como la voluntad de Alemania de aceptar su responsabilidad, tanto moral como material, por los crímenes de los nazis.
También es significativo, en las secuelas de la decisión de levantar el monumento al Holocausto, que varios grupos, entre ellos homosexuales y gitanos, que también fueron perseguidos por los nazis, han exigido monumentos propios, así como miembros de familias deportadas del Este.
En este sentido, lo único que es diferente sobre Ulm, una ciudad de más de 100.000 habitantes en las riberas del Danubio al sur de Alemania, es que parece ser el único lugar donde ha surgido la demanda de que el movimiento que busca recordar a los desertores de la Wehrmacht forme parte de las conmemoraciones públicas.
Las raíces de la iniciativa de Ulm se remonta a 18 años, cuando un grupo de gente opuesto al servicio militar en Alemania encargó a Stütz-Mentzel, una artista de la localidad, que creara una obra dedicada a los desertores. Stütz-Mentzel hizo una enorme estructura de metal que mostraba una serie de losas, de muy pequeñas a muy grandes, en la que la losa más pequeña iniciaba un efecto de dominó, derrumbando a las losas más grandes.
"La idea es que incluso el más insignificante de los soldados puede influir en los más grandes", dijo recientemente en su taller.
En 1989 Stütz-Mentzel y sus amigos colocaron la escultura en una plaza pública en las afueras de Ulm, donde se cree que fueron ejecutados algunos desertores. Pero las autoridades de la ciudad le ordenaron retirarla. Como consecuencia en los últimos 16 años la pieza de Stütz-Mentzel ha estado guardada en un pequeño jardín trasero del maestro de inglés de la localidad, Hildegard Henseler, donde, de vez en vez, la gente para a visitarla.
Entonces, hace unos meses, un pequeño grupo de estudiantes secundarios de Ulm oyeron hablar sobre la escultura semi-desechada de Stütz-Mentzel. El ayuntamiento rechazó la petición de los estudiantes de colocar la obra en un espacio público. Los estudiantes y sus partidarios sospechan que es porque la deserción sigue siendo una materia delicada, especialmente en una ciudad como Ulm, sede de una enorme base del ejército alemán. Pero el alcalde de Ulm, Ivo Gönner, un social-demócrata de 52 años, niega que sea el caso.
"Los desertores están incluidos en el monumento general como víctimas del régimen nazi", dijo Gönner en una entrevista en su despacho. "No se trata de que los desertores, por principio, no puedan tener monumentos".
Otros, incluyendo a los estudiantes que han reiniciado el debate en Ulm sobre la escultura de Stütz-Mentzel, están en desacuerdo.
"Los desertores no cuadran, cómo decirlo, en nuestra historia no procesada", dijo Manfred Messerschmidt, profesor de historia militar de la Universidad de Ulm. De acuerdo a Messerschmidt unos 22.000 soldados alemanes fueron ejecutados por deserción durante la guerra. Entre los desertores que sobrevivieron estaba José Ratzinger, un joven soldado que desertó en las semanas finales de la guerra y que llegó a ser el Papa Benedicto XVI medio siglo después.
"El desertor, que es una especie de conciencia potencial, no es adoptado aquí, y eso es inquietante", dijo Messerschmidt. "Es por eso que no lo quieren tomar en cuenta. Es por eso que no quieren un monumento".
10 de mayo de 2005
8 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh
saliendo del búnker
[Jeffrey Fleishman] Los alemanes meditan sobre la derrota de su país en la Segunda Guerra Mundial de modos más matizados.
Berlín, Alemania. Waltraud Sussmilch y su madre se escondieron debajo de una ciudad en guerra y en llamas. Salieron de un vagón del metro, pasaron sigilosamente junto a soldados rusos borrachos y cuerpos de mujeres alemanas violadas. Su madre paró y arregló las faldas de las muertas. Sussmilch salió rápidamente del túnel hacia la luz de la mañana, donde la sangre goteaba sobre los ladrillos y el humo se enroscaba en el cielo.
"No reconocí nada", dijo Sussmilch, que tenía 14 años y vivía en la Saarlandstrasse cuando las tropas rusas entraron a la capital alemana en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. "No había ni un edificio en pie. Se oía el sonido del fuego, como bolsas de papel explotando unas detrás de otras... Yo pensaba, ¿cómo puede brillar el sol en estas circunstancias?"
Alemania se rindió hace 60 años, terminando una guerra que mató a unos 50 millones de personas, destruyó el mapa de Europa y agregó la palabra Holocausto' al léxico de la barbarie. Adolfo Hitler se había suicidado unos días antes en un búnker. Los soldados aliados repartían barras de chocolate y cigarrillos.
Dejada con incalculables toneladas de escombros y haciendo frente a décadas de culpabilidad y expiación, Alemania se transformó en un país en el diván del psiquiatra, suprimiendo todo vestigio de patriotismo, viviendo la negación y, finalmente, la aceptación.
Durante años el país se negó a considerar los enormes sufrimientos de sus civiles. No cuestionó la moralidad de los bombardeos aliados que provocaron tormentas de fuego de 1.000 grados en ciudades como Dresden, donde el 13 febrero de 1945 murieron 40.000 civiles. Pero hoy los alemanes están articulando una visión más atenuada que va más allá de la complicidad con el nazismo para mostrar que muchos alemanes fueron víctimas del Tercer Reich -y de los bombardeos aéreos aliados.
"¿Se están viendo los alemanes ahora repentinamente bajo una luz diferente -como una comunidad que sufrió?", se preguntaba hace poco la revista Der Spiegel. "¿Se ha convertido el país de perpetradores' en el país de las víctimas'? ¿Se ha cerrado el capítulo del auto-castigo?"
Generaciones de alemanes han querido navegar más allá de su historia. Sobreviviendo la Guerra Fría y construyendo la economía más grande de Europa, una Alemania reunificada entró al nuevo siglo con una influyente voz en asuntos internacionales. El país se tornó hacia la globalización y empezó a restaurar la identidad nacional; la guerra se convirtió en algo para ser estudiado, no para quedarse atrapado en ella. Incluso los nuevos edificios oficiales de Berlín fueron diseñados con agudos ángulos y paredes de cristal, una arquitectura transparente que implica que nada oscuro volverá a surgir otra vez.
Pero para los viejos soldados y supervivientes, el pasado perdura como una sonata que cruje en un gramófono.
"He vivido toda mi vida sintiéndome culpable por lo que hicieron los alemanes", dijo Sussmilch, que publicó recientemente In the Bunker', sus recuerdos de Berlín durante el sitio. "Pensaba que yo tenía algo que ver con eso. Como muchos alemanes, creía que llevaría el sentimiento de culpa hasta la tumba. Pero incluso si lo hubiera sabido, no podría haber hecho nada. No sabes los tiempos en los que estábamos viviendo entonces".
Una mujer alta y enérgica de pelo rojizo, Sussmilch escribe una prosa deliberada que no busca simpatía cuando describe su vecindario desaparecido. "Pasó y terminó", dijo, sentada junto a su marido Martin, que hizo el servicio militar en una división blindada en los años cuarenta y fue capturado por fuerzas americanas. "¿Qué es justo en una guerra? Nada."
La literatura del sufrimiento alemán fue escasa durante gran parte de la era de posguerra. Hubo memorias dramáticas, como la entrada del 20 de agosto de 1943 del diario de vida de Friedrich Reck-Malleczewen que describe una maleta de cartón que contenía "el cuerpo carbonizado de un niño, encogido como una momia, que su madre semi demente había estado acarreando de un lugar a otro". Pero las historias de llamas que entraban aullando por los callejones, fundiendo los cuerpos y los enjambres de moscas que bajaban formando negras olas sobre las fosas comunes estaban inscritas fundamentalmente en la memoria.
Un país que "había asesinado y llevado a la muerte a millones de personas en sus campos podía difícilmente exigir de las potencias victoriosas que explicaran la lógica militar y política que dictó la destrucción de las ciudades alemanas", escribió W.G. Sebald en su libro Sobre la historia natural de la destrucción'. Sebald descubrió que muchos alemanes "consideraban las grandes tormentas de fuego como un castigo justo, incluso un acto de retribución de parte de una potencia superior con la que no se podía discutir".
Los historiadores han debatido sobre los bombardeos aéreos contra Dresden y otras ciudades. Los aliados dijeron que los bombardeos fueron necesarios para destruir el aporreado complejo industrial alemán y romper la voluntad del país. Pero los alemanes han cuestionado cada vez más esta interpretación, diciendo que la máquina de guerra de Hitler se había derrumbado y que, en palabras del ex presidente alemán Richard von Weizsacker, fue "inhumano" castigar a decenas de miles de civiles.
Sin embargo, los alemanes no quieren eludir su responsabilidad de la guerra, ni disminuir el respeto por los millones que fueron asesinados por Hitler. "Nie wieder", o nunca más, es una lección que los niños en la escuela aprenden de memoria. Sin embargo, en un país donde el pasado a menudo emerge en el presente, hay constantes batallas sobre esa memoria. Berlín inaugurará el martes su Monumento A los Judíos Asesinados de Europa en medio de amenazas de los neo-nazis de marchar cerca del sitio con la esperanza de instigar un nuevo arrebato nacionalista.
A pesar de los persistentes problemas económicos y el alto desempleo, hay pocas posibilidades de que los partidos políticos de extrema derecha gane un apoyo más amplio. Uno rara vez oye las palabras alemán' y orgullo' en la misma frase. La guerra es un espectro demasiado grande como para ese renacimiento, incluso si los hechos históricos son a veces ocultados en eufemismos. Un reciente sondeo de Forsa, por ejemplo, reveló que 80 por ciento de los alemanes prefiere creer que el 8 de mayo de 1945 fueron "liberados" antes que derrotados.
"El proceso de la memoria no ha terminado en Alemania", dijo Susanne Kiewits, una historiadora que supervisa una exhibición de 200 cartas escritas por soldados alemanes en los años cuarenta. "Sesenta años después de la guerra queda poca gente que la haya vivido directamente. Todavía nos quedan quizás unos cinco años para obtener sus recuerdos. Estamos en el umbral entre la memoria biológica y la memoria histórica objetiva".
Reinhold Skoecz calcula que entre 1940 y 1945 su división de infantería marchó 1.900 kilómetros de Polonia a Rusia. Fue herido en una pierna en 1943; dos años más tarde la metralla rompió su mandíbula. A los 85 es un fornido jubilado con un tesoro de elefantes esculpidos. Su pelo tiene el mismo tinte castaño rojizo que cuando posó para su retrato en el ejército. Visitas las escuelas toda vez que puede para contar su historia a los alumnos.
"Nosotros empezamos la guerra y empujamos a Europa en una tragedia", dijo, desenrollando un mapa en su apartamento y recordando sus batallas en los pantanos de Belarus cuando avanzaba hacia Moscú. "No hay mucho que aprender de lo que ocurrió. Es amargo y triste para nosotros, alemanes, pero tenemos que admitirlo. No quiero que me vean como un viejo que habla sobre una guerra olvidada".
Skoecz fue expulsado de una liga de fútbol local por rehusar inscribirse en la Juventud Hitleriana. Fue alistado poco después en el ejército y, como muchos alemanes que presenciaron el antisemitismo en las escuelas y en sus trabajos, dice que no sabía nada de las atrocidades de los nazis. No fue sino hasta que leyó los diarios en un campo de prisioneros de guerra ruso a fines de los años cuarenta que, dice, se enteró del Holocausto.
"Pensábamos que los judíos estaban siendo enviados al este a cavar trincheras y construir puentes", dijo Skoecz. Hizo una pausa. Era inútil buscar palabras. Luego agregó: "Destrozamos el continente, pero con los años se nos ha aceptado nuevamente. Pero no debemos abrir la boca y comportarnos como si fuéramos importantes. Deberíamos ser modestos y mantenernos tranquilos".
La unidad de artillería alemana de Harri Czepuck luchó contra el Ejército Rojo en el sur de Berlín, cerca de Franfurt an der Oder en la primavera de 1945. Las tropas rusas avanzaban desde el este y el norte y rodearon la capital, colapsando las filas alemanas. En la región alrededor de Halbe todavía se encuentran restos de soldados alemanes dispersos en los campos y bosques y enterrados propiamente.
"El 20 de abril nos quedamos sin alimentos", dijo Czepuck, periodista jubilado con una monumental biblioteca en su casa. "Todos queríamos marchar hacia el oeste, hacia los norteamericanos. Nadie quería ser capturado por los rusos. Cuando se nos acabó el combustible, confiscamos caballos a los granjeros locales para acarrear los cañones. Pero aparecieron los aviones rusos y terminaron con los caballos. No podíamos mover la artillería, pero podíamos comernos a los caballos. Entonces pusimos vacas a tirar de la artillería, pero los aviones volvieron y terminamos comiendo vacas".
Czepuck está preocupado por la Alemania de hoy. Piensa que es demasiado materialista, demasiado obsesionada con ser el más grande y el más fuerte. Lo llama la "enfermedad alemana". Era todavía un niño cuando un hombre raro con un mostacho pequeño subió al poder con una hipnotizadora retórica.
"Es complicado", dijo Czepuck, un hombre de cara ancha con el pelo plateado. "Cuando hice la secundaria había sido fuertemente influido por los nazis. Eran a veces más fuertes que la influencia de mi padre. Siempre traté de eludir a la Juventud Hitleriana. Pero ¿cómo eludir el servicio militar? A veces cuando eres joven no sabes lo que es el coraje. ¿Es de valientes unirse? A los 17 ¿cómo imaginar lo que es una guerra? Sonaba como si fuera una aventura".
Sussmilch, la superviviente de Berlín que escribió In the Bunker', tiene preguntas propias.
"¿A quién escucha Dios?", dijo, sentada con su marido cerca de un cuenco con galletas y un ejemplar de su libro. "De niña rogaba a Dios que no bombardearan Berlín. Luego imaginaba a una niña inglesa lejos rezando sus oraciones en la guerra. ¿A quién escucha?"
Más de 10.000 personas se escondieron en el búnker adonde Sussmilch, su madre y hermano huyeron después de que su casa fuera bombardeada. Les ordenaron rápidamente abandonar el búnker y escapar a través de los túneles del metro antes de que el subterráneo fuera inundado para impedir que los tanques rusos usaran los rieles. Miles de personas se arrastraron en la oscuridad.
Una noche aparecieron en el túnel soldados rusos. Se llevaron a los soldados alemanes heridos y reunieron a las mujeres en un andén. Sussmilch y su familia se ocultaron en un vagón del metro.
"Obligaron a las mujeres a beber alcohol", dijo. "Sus voces ya no sonaban humanas. No creerías lo que hicieron con las botellas. Fue una noche que no podrías imaginar".
En la mañana, las mujeres, con las faldas levantadas y cruces gamadas grabadas en sus nalgas, yacían muertas en el andén. Sussmilch y su familia pasaron junto a ellas, hacia la luz.
La madre de Sussmilch moriría más tarde en un hospital psiquiátrico; su hermano desaparecía para comenzar una nueva vida.
10 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"No reconocí nada", dijo Sussmilch, que tenía 14 años y vivía en la Saarlandstrasse cuando las tropas rusas entraron a la capital alemana en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. "No había ni un edificio en pie. Se oía el sonido del fuego, como bolsas de papel explotando unas detrás de otras... Yo pensaba, ¿cómo puede brillar el sol en estas circunstancias?"
Alemania se rindió hace 60 años, terminando una guerra que mató a unos 50 millones de personas, destruyó el mapa de Europa y agregó la palabra Holocausto' al léxico de la barbarie. Adolfo Hitler se había suicidado unos días antes en un búnker. Los soldados aliados repartían barras de chocolate y cigarrillos.
Dejada con incalculables toneladas de escombros y haciendo frente a décadas de culpabilidad y expiación, Alemania se transformó en un país en el diván del psiquiatra, suprimiendo todo vestigio de patriotismo, viviendo la negación y, finalmente, la aceptación.
Durante años el país se negó a considerar los enormes sufrimientos de sus civiles. No cuestionó la moralidad de los bombardeos aliados que provocaron tormentas de fuego de 1.000 grados en ciudades como Dresden, donde el 13 febrero de 1945 murieron 40.000 civiles. Pero hoy los alemanes están articulando una visión más atenuada que va más allá de la complicidad con el nazismo para mostrar que muchos alemanes fueron víctimas del Tercer Reich -y de los bombardeos aéreos aliados.
"¿Se están viendo los alemanes ahora repentinamente bajo una luz diferente -como una comunidad que sufrió?", se preguntaba hace poco la revista Der Spiegel. "¿Se ha convertido el país de perpetradores' en el país de las víctimas'? ¿Se ha cerrado el capítulo del auto-castigo?"
Generaciones de alemanes han querido navegar más allá de su historia. Sobreviviendo la Guerra Fría y construyendo la economía más grande de Europa, una Alemania reunificada entró al nuevo siglo con una influyente voz en asuntos internacionales. El país se tornó hacia la globalización y empezó a restaurar la identidad nacional; la guerra se convirtió en algo para ser estudiado, no para quedarse atrapado en ella. Incluso los nuevos edificios oficiales de Berlín fueron diseñados con agudos ángulos y paredes de cristal, una arquitectura transparente que implica que nada oscuro volverá a surgir otra vez.
Pero para los viejos soldados y supervivientes, el pasado perdura como una sonata que cruje en un gramófono.
"He vivido toda mi vida sintiéndome culpable por lo que hicieron los alemanes", dijo Sussmilch, que publicó recientemente In the Bunker', sus recuerdos de Berlín durante el sitio. "Pensaba que yo tenía algo que ver con eso. Como muchos alemanes, creía que llevaría el sentimiento de culpa hasta la tumba. Pero incluso si lo hubiera sabido, no podría haber hecho nada. No sabes los tiempos en los que estábamos viviendo entonces".
Una mujer alta y enérgica de pelo rojizo, Sussmilch escribe una prosa deliberada que no busca simpatía cuando describe su vecindario desaparecido. "Pasó y terminó", dijo, sentada junto a su marido Martin, que hizo el servicio militar en una división blindada en los años cuarenta y fue capturado por fuerzas americanas. "¿Qué es justo en una guerra? Nada."
La literatura del sufrimiento alemán fue escasa durante gran parte de la era de posguerra. Hubo memorias dramáticas, como la entrada del 20 de agosto de 1943 del diario de vida de Friedrich Reck-Malleczewen que describe una maleta de cartón que contenía "el cuerpo carbonizado de un niño, encogido como una momia, que su madre semi demente había estado acarreando de un lugar a otro". Pero las historias de llamas que entraban aullando por los callejones, fundiendo los cuerpos y los enjambres de moscas que bajaban formando negras olas sobre las fosas comunes estaban inscritas fundamentalmente en la memoria.
Un país que "había asesinado y llevado a la muerte a millones de personas en sus campos podía difícilmente exigir de las potencias victoriosas que explicaran la lógica militar y política que dictó la destrucción de las ciudades alemanas", escribió W.G. Sebald en su libro Sobre la historia natural de la destrucción'. Sebald descubrió que muchos alemanes "consideraban las grandes tormentas de fuego como un castigo justo, incluso un acto de retribución de parte de una potencia superior con la que no se podía discutir".
Los historiadores han debatido sobre los bombardeos aéreos contra Dresden y otras ciudades. Los aliados dijeron que los bombardeos fueron necesarios para destruir el aporreado complejo industrial alemán y romper la voluntad del país. Pero los alemanes han cuestionado cada vez más esta interpretación, diciendo que la máquina de guerra de Hitler se había derrumbado y que, en palabras del ex presidente alemán Richard von Weizsacker, fue "inhumano" castigar a decenas de miles de civiles.
Sin embargo, los alemanes no quieren eludir su responsabilidad de la guerra, ni disminuir el respeto por los millones que fueron asesinados por Hitler. "Nie wieder", o nunca más, es una lección que los niños en la escuela aprenden de memoria. Sin embargo, en un país donde el pasado a menudo emerge en el presente, hay constantes batallas sobre esa memoria. Berlín inaugurará el martes su Monumento A los Judíos Asesinados de Europa en medio de amenazas de los neo-nazis de marchar cerca del sitio con la esperanza de instigar un nuevo arrebato nacionalista.
A pesar de los persistentes problemas económicos y el alto desempleo, hay pocas posibilidades de que los partidos políticos de extrema derecha gane un apoyo más amplio. Uno rara vez oye las palabras alemán' y orgullo' en la misma frase. La guerra es un espectro demasiado grande como para ese renacimiento, incluso si los hechos históricos son a veces ocultados en eufemismos. Un reciente sondeo de Forsa, por ejemplo, reveló que 80 por ciento de los alemanes prefiere creer que el 8 de mayo de 1945 fueron "liberados" antes que derrotados.
"El proceso de la memoria no ha terminado en Alemania", dijo Susanne Kiewits, una historiadora que supervisa una exhibición de 200 cartas escritas por soldados alemanes en los años cuarenta. "Sesenta años después de la guerra queda poca gente que la haya vivido directamente. Todavía nos quedan quizás unos cinco años para obtener sus recuerdos. Estamos en el umbral entre la memoria biológica y la memoria histórica objetiva".
Reinhold Skoecz calcula que entre 1940 y 1945 su división de infantería marchó 1.900 kilómetros de Polonia a Rusia. Fue herido en una pierna en 1943; dos años más tarde la metralla rompió su mandíbula. A los 85 es un fornido jubilado con un tesoro de elefantes esculpidos. Su pelo tiene el mismo tinte castaño rojizo que cuando posó para su retrato en el ejército. Visitas las escuelas toda vez que puede para contar su historia a los alumnos.
"Nosotros empezamos la guerra y empujamos a Europa en una tragedia", dijo, desenrollando un mapa en su apartamento y recordando sus batallas en los pantanos de Belarus cuando avanzaba hacia Moscú. "No hay mucho que aprender de lo que ocurrió. Es amargo y triste para nosotros, alemanes, pero tenemos que admitirlo. No quiero que me vean como un viejo que habla sobre una guerra olvidada".
Skoecz fue expulsado de una liga de fútbol local por rehusar inscribirse en la Juventud Hitleriana. Fue alistado poco después en el ejército y, como muchos alemanes que presenciaron el antisemitismo en las escuelas y en sus trabajos, dice que no sabía nada de las atrocidades de los nazis. No fue sino hasta que leyó los diarios en un campo de prisioneros de guerra ruso a fines de los años cuarenta que, dice, se enteró del Holocausto.
"Pensábamos que los judíos estaban siendo enviados al este a cavar trincheras y construir puentes", dijo Skoecz. Hizo una pausa. Era inútil buscar palabras. Luego agregó: "Destrozamos el continente, pero con los años se nos ha aceptado nuevamente. Pero no debemos abrir la boca y comportarnos como si fuéramos importantes. Deberíamos ser modestos y mantenernos tranquilos".
La unidad de artillería alemana de Harri Czepuck luchó contra el Ejército Rojo en el sur de Berlín, cerca de Franfurt an der Oder en la primavera de 1945. Las tropas rusas avanzaban desde el este y el norte y rodearon la capital, colapsando las filas alemanas. En la región alrededor de Halbe todavía se encuentran restos de soldados alemanes dispersos en los campos y bosques y enterrados propiamente.
"El 20 de abril nos quedamos sin alimentos", dijo Czepuck, periodista jubilado con una monumental biblioteca en su casa. "Todos queríamos marchar hacia el oeste, hacia los norteamericanos. Nadie quería ser capturado por los rusos. Cuando se nos acabó el combustible, confiscamos caballos a los granjeros locales para acarrear los cañones. Pero aparecieron los aviones rusos y terminaron con los caballos. No podíamos mover la artillería, pero podíamos comernos a los caballos. Entonces pusimos vacas a tirar de la artillería, pero los aviones volvieron y terminamos comiendo vacas".
Czepuck está preocupado por la Alemania de hoy. Piensa que es demasiado materialista, demasiado obsesionada con ser el más grande y el más fuerte. Lo llama la "enfermedad alemana". Era todavía un niño cuando un hombre raro con un mostacho pequeño subió al poder con una hipnotizadora retórica.
"Es complicado", dijo Czepuck, un hombre de cara ancha con el pelo plateado. "Cuando hice la secundaria había sido fuertemente influido por los nazis. Eran a veces más fuertes que la influencia de mi padre. Siempre traté de eludir a la Juventud Hitleriana. Pero ¿cómo eludir el servicio militar? A veces cuando eres joven no sabes lo que es el coraje. ¿Es de valientes unirse? A los 17 ¿cómo imaginar lo que es una guerra? Sonaba como si fuera una aventura".
Sussmilch, la superviviente de Berlín que escribió In the Bunker', tiene preguntas propias.
"¿A quién escucha Dios?", dijo, sentada con su marido cerca de un cuenco con galletas y un ejemplar de su libro. "De niña rogaba a Dios que no bombardearan Berlín. Luego imaginaba a una niña inglesa lejos rezando sus oraciones en la guerra. ¿A quién escucha?"
Más de 10.000 personas se escondieron en el búnker adonde Sussmilch, su madre y hermano huyeron después de que su casa fuera bombardeada. Les ordenaron rápidamente abandonar el búnker y escapar a través de los túneles del metro antes de que el subterráneo fuera inundado para impedir que los tanques rusos usaran los rieles. Miles de personas se arrastraron en la oscuridad.
Una noche aparecieron en el túnel soldados rusos. Se llevaron a los soldados alemanes heridos y reunieron a las mujeres en un andén. Sussmilch y su familia se ocultaron en un vagón del metro.
"Obligaron a las mujeres a beber alcohol", dijo. "Sus voces ya no sonaban humanas. No creerías lo que hicieron con las botellas. Fue una noche que no podrías imaginar".
En la mañana, las mujeres, con las faldas levantadas y cruces gamadas grabadas en sus nalgas, yacían muertas en el andén. Sussmilch y su familia pasaron junto a ellas, hacia la luz.
La madre de Sussmilch moriría más tarde en un hospital psiquiátrico; su hermano desaparecía para comenzar una nueva vida.
10 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
minorías buscan políticos
[Keith B. Richburg] Escasez de políticos de minorías étnicas en Europa. Las barreras se están derrumbando, pero los parlamentos todavía no reflejan a la población.
París, Francia. Mariam Osman Sherifay es una mujer musulmana nacida en Egipto. Coskun Coruz dejó su nativa Turquía cuando era niña. Y Paul Boateng es un valiente abogado de voz suave, un negro que pasó en Gana la mayor parte de su infancia.
Hoy Sherifay vive en Suecia, Ciruz en Holanda y Boateng en Gran Bretaña. No se conocen. Pero juntos son de algún modo discretos pioneros, miembros de uno de los grupos más exclusivos de Europa -parlamentarios de minorías elegidos a los parlamentos en sus respectivos países.
Dicen que no se consideran pioneros ellos mismos, representantes de sus grupos ni roles modélicos. Pero ellos y un puñado de otros están agrietando una de las barreras de color más duraderas en una Europa que cambia rápidamente: las puertas de las cámaras legislativas.
"Toda mi vida he tratado de romper barreras", dijo Boateng, secretario jefe de hacienda que en 2002 se transformó en el primer ministro de gabinete negro de Gran Bretaña. "Soy negro y estoy orgulloso de mis orígenes étnicos". Pero agregó: "No me considero un miembro negro del Parlamento... Creo que es importante que la gente joven sepa que pueden aspirar a una vida en el servicio público".
En Europa Occidental, décadas de inmigración de Oriente Medio, el África subsahariana y el Caribe han creado grandes poblaciones negras y musulmanas -al menos un 10 por ciento en Francia, Gran Bretaña y Holanda, y un 7 por ciento en Suecia. Los recién llegados y sus hijos están cambiando la cara de algunas de las ciudades más grandes; el islam es la segunda religión de Europa.
Europa también tiene otros inmigrantes: judíos rusos que se han asentado en Alemania y refugiados de la antigua Yugoslavia han encontrado su hogar en toda Europa. Esta gente tiene frecuentemente rasgos raciales y culturales similares a los de la gente de sus nuevos países y la asimilación ha sido a menudo relativamente fluida.
La historia ha sido diferente para los africanos y musulmanes de Oriente Medio. Aunque han ocupado las canchas de fútbol y contribuyen cada vez más a definir las artes y culturas populares, han seguido siendo en gran parte invisibles en los gobiernos elegidos.
Para cambiar eso, muchos políticos de minorías en Europa dicen que buscan inspiración en Estados Unidos, donde las minorías tienen una presencia nacional y local más grande en cargos elegidos. Hay diferencias en historia y en sistemas electorales -los sistemas europeos tienden a dificultar que en barrios étnicos se elijan representantes de minorías -pero muchos políticos de minorías dicen que la experiencia de Estados Unidos sugiere que ocupar un lugar en gobiernos europeos será un proceso largo.
Los negros estaban presentes como esclavos en Estados Unidos y fueron primero elegidos al Congreso norteamericano en los años de 1870. Pero las barreras empezaron a derrumbarse seriamente en los años sesenta, con la Ley de Derechos de Sufragio de 1965, la consolidación del poder político negro en las ciudades y la formación del Congressional Black Caucus en 1969. La asamblea tiene 43 miembros, y los negros comprenden un 10 por ciento de los 435 parlamentarios, justo por debajo de su nivel de 13 por ciento de la población total.
Galopante Inmigración
La ola de inmigración contemporánea en Gran Bretaña empezó tras la Segunda Guerra Mundial con la llegada de numerosos trabajadores jamaicanos. En otros lugares de Europa la tendencia se remonta a los años sesenta, cuando Alemania y Holanda comenzaron a admitir grandes contingentes de trabajadores turcos y marroquíes. Al mismo tiempo llegaron a Francia grandes contingentes de marroquíes y argelinos.
Las estrictas reglas de ciudadanía en algunos países han a menudo impedido que los nacidos en el extranjero se transformen en ciudadanos o sean elegibles para participar en elecciones. En Alemania los residentes con padres extranjeros son todavía llamados auslander, extranjeros. Pero en lugares donde adquirir la ciudadanía es más fácil -como Suecia y Holanda- hasta recientemente pocos de los inmigrantes y sus hijos nacidos allá han participado activamente en política.
El caso más patente es Francia, un país con cerca de 60 millones de habitantes con unos 6 millones de musulmanes norafricanos y unos 2.5 millones de negros del sur del desierto del Sahara -un cálculo, porque oficialmente Francia no lleva estadísticas basadas en la raza. Francia se enorgullece de ser el país de l'égalité, donde la discriminación, al menos oficialmente, no existe. Pero de los 555 diputados que representan distritos en la Francia continental, ninguno es negro o musulmán. (Las minorías ocupan 22 escaños, que representan a los territorios franceses de ultramar).
"Si yo fuera miembro del parlamento y blanco y lo viera todos los días, claramente me preocuparía", dijo Patrick Lozes, un farmacéutico negro y activista que está tratando de aumentar la representación política negra en Francia. "¿Cómo pueden vivir y trabajar y votar leyes y ver un parlamento que claramente no es representativo?"
Alemania, con 82 millones de personas, es el hogar de 3.5 millones de musulmanes, la mayoría ciudadanos turcos y alemanes de origen turco. Pero entre los 603 miembros del parlamento alemán, o Bundestag, hay dos personas de origen turco, Ekin Deligöz, miembro del Partido Verde que recibió la ciudadanía en 1997 y Lale Arguen, de la gobernante Social Democracia, que ha vivido en Alemania durante más de 40 años.
Akguen, 51, ganó su escaño en 2002 después de una campaña en que su rival dijo: "No votéis a una turca, votadme a mí" y un hombre en un mitin de campaña le dijo: "Sólo la gente con sangre alemana puede ser admitida en el parlamento alemán". Algunos miembros de su partido pensaron que su nombre turco les costaría el 10 por ciento de los votos. Pero ella ganó de todos modos, sacando un 43 por ciento del voto popular. "Fue el milagro de Colonia", dijo.
Pioneros en Suecia
Suecia, con 9 millones de habitantes y una legislatura de 349 miembros, tiene un parlamento más diverso, con media docena de miembros que trazan su origen en Eritrea, Gana, Congo, Turquía y Chile.
Sherifay, la legisladora musulmana de Egipto, recuerda que llegó a Suecia cuando tenía 21 años siguiendo a su marido eritreo -y no hablaba "ni una palabra de sueco". Tomó un trabajo colocando etiquetas en la ropa -una experiencia que le dio la oportunidad de hablar con los suecos y aprender el idioma. Después de que el menor de sus cuatro hijos entrara a la escuela, ella continuó su propia educación y llegó a ser maestra de escuela primaria.
Hace dos años, Sherifay, 59, fue reclutada por el Partido Socialdemócrata para participar en las elecciones como candidata. Pensó que hacerse camino en la política sueca como una mujer musulmana negra no era fácil, e incluso hoy sigue siendo un reto. Todavía recibe correo de odio, incluyendo e-mails de un escritor habitual de la vecina Dinamarca que ha usado insultos raciales y dijo que "lo lamentaba por Suecia" debido a ella. Ahora toda la correspondencia que recibe es chequeada por agentes de seguridad.
Sherifay se llama a sí misma "afro-sueca" y aprecia las oportunidades que le ha dado su país adoptivo. Pero como musulmana y funcionaria elegida, siente un peso adicional. "Es en interés nuestro, incluso es un deber nuestro, mostrar que no somos terroristas", dijo.
Una de las colegas de Sherifay en el parlamento, Nyamko Sabuni, se mudó a Suecia a la edad de 12 cuando su padre, un refugiado político, huyó del Congo. Ella creció en los suburbios rodeada de niños suecos y aprendió rápidamente la lengua. Para ella la asimilación fue fácil.
Hoy Sabuni, 35, evita hablar de temas de minorías, porque dice que no quiere ser metida en una casilla. Describe su origen africano como un detalle. "Realmente yo no represento mi origen", dijo. "Hablo sueco. Me comporto como sueca. No me veo como inmigrante o miembro de una minoría. Quiero verme como una joven mujer sueca con niños, que participa en política".
Aparte o Juntos
La cuestión de la integración -si presentarse aparte como minoría, representando las opiniones del grupo, o quitando importancia a las diferencias- divide a los políticos de minorías de Europa. Es también un debate que sostienen regularmente entre ellos.
Coruz, la política holandesa de origen turco, dijo que el debate empezó en su familia. Después de ser cortejada por varios partidos que estaban ansiosos de agregar a inmigrantes a sus listas de miembros, decidió unirse a la Alianza Demócrata Cristiana (CDA), que pensó que estaba más cercana a sus ideas.
"Yo fui la primera musulmana en un partido demócrata-cristiano de Europa", dijo Coruz, 41, debiendo un café un el vestíbulos de un hotel de Haarlem, donde nació. "Cuando entré al partido, mi padre pensó que me había convertido al cristianismo. Me dijo: ¿No sabes qué significa la C' del CDA?'"
Después del debate familiar vino el debate en el partido: ¿Son bienvenidos los musulmanes en un partido que es en gran parte laico pero tiene sus raíces en la iglesia cristiana? ¿Puede un inmigrante musulmán ser elegido al parlamento holandés como demócrata-cristiano? La respuesta de Coruz fue: "Si me aceptas como miembro del partido, también tienes que aceptarme para ocupar uno de esos escaños azules del parlamento holandés".
Desde su elección hace tres años Coruz se ha especializado en temas de derechos humanos, terrorismo y justicia juvenil. Ha permanecido alejada del tema de la inmigración para evitar ser clasificada como una "inmigrante política". Pero al mismo tiempo, como turca étnica, sabe que tiene una responsabilidad especial hacia la comunidad turca en Holanda, que -le guste o no- la ve como su representante en el parlamento.
Coruz usa la historia de su vida como un modelo para los jóvenes turcos en Holanda. Su padre, un pescador, llegó a Holanda y trabajó primero en una fábrica haciendo calcetines y más tarde en otra haciendo ruedas de trenes. Su padre le pagó clases privadas de inglés y lo sacaba a la fuerza de la cancha de fútbol cuando pensaba que su hijo estaba pasando demasiado tiempo haciendo deportes.
Hoy Coruz acusa a los turcos holandeses de tener una mentalidad de "gueto", preocupados principalmente de un "programa de inmigrantes" y de no asimilarse cabalmente.
"No voy a negar mis raíces", dijo. Pero "me veo a mí mismo sobre todo como un político holandés, con una antena especial ajustada hacia la comunidad turca".
Votos Negros en Gran Bretaña
En Estados Unidos todos los miembros negros del Congreso son demócratas y prácticamente todos son de distritos de mayoría negra.
Pero en países europeos hay pocos distritos de mayoría no-blanca. En muchos países, los miembros del parlamento son elegidos de las listas de partidos, repartiéndose los escaños proporcionalmente de acuerdo a los resultados nacionales. El resultado es que los candidatos de las minorías deben apelar a los votos de todos.
"En Gran Bretaña no puedes ser elegido solamente con los votos de los negros", dijo Diane Abbot, uno de los 13 miembros negros de la Cámara Baja británica, que tiene 659 escaños.
Junto con Paul Boateng, Abbott fue uno de los cuatro candidatos de minoría de la lista del Partido Laborista y asumió su cargo tras las elecciones de 1987 en Gran Bretaña, después de que disturbios raciales en las ciudades del país subrayaran la falta de representación política de negros y de grupos minoritarios.
Boateng, que fue nombrado al puesto del tesoro por el primer ministro Tony Blair, dijo que los votantes británicos tendían a votar según la afiliación de partido.
En su distrito, Brent South, donde una combinación de grupos étnicos conforman la mayoría, ha visto crecer firmemente su popularidad en elecciones recientes; muchos de los votos fueron depositados por asiáticos. "Todas las evidencias muestran que la raza no juega ningún papel", dijo.
ahora, como el funcionario elegido negro de más alto rango de Gran Bretaña, Boateng dijo que su electorado ve más allá de su raza, aunque continúa denunciando situaciones de injusticia social.
"La minoría afro-caribeña espera que uno represente a toda la comunidad", dijo en una entrevista. "No esperan que yo, como miembro del parlamento o como ministro del gabinete, sea definido por el color de mi piel".
Sin embargo Viswanathan, de la Operación Voto Negro, un grupo de movilización política, dijo que su grupo ha identificado 100 distritos parlamentarios "donde los candidatos no pueden ganar sin los votos negros". Con cifras que muestran que un cuarto de los votantes de las minorías no están inscritos, espera convencer a más a que lo hagan.
Viswanathan dijo que esperaba que el número de miembros negros del parlamento suba a 22. Pero con unos 7 millones de residentes de minorías en Gran Bretaña, dijo, el parlamento probablemente no será verdaderamente representativo hasta que no haya 55 a 60 miembros de minorías.
Viswanathan, y muchos de los políticos negros y de minorías entrevistados en media docena de países, dijeron que miraban hacia Estados Unidos como inspiración, especialmente a nivel local.
"Es muy importante tener representantes en la política -no sólo las minorías, sino también los grupos de edad y sexo", dijo Sherifay en Estocolmo. "Necesitamos elaborar una estrategia y aprender de Estados Unidos".
Erika Lorentzsen y Alexandra Topping en París y Shannon Smiley en Berlín contribuyeron a este reportaje.
7 de mayo de 2005
24 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
París, Francia. Mariam Osman Sherifay es una mujer musulmana nacida en Egipto. Coskun Coruz dejó su nativa Turquía cuando era niña. Y Paul Boateng es un valiente abogado de voz suave, un negro que pasó en Gana la mayor parte de su infancia.Hoy Sherifay vive en Suecia, Ciruz en Holanda y Boateng en Gran Bretaña. No se conocen. Pero juntos son de algún modo discretos pioneros, miembros de uno de los grupos más exclusivos de Europa -parlamentarios de minorías elegidos a los parlamentos en sus respectivos países.
Dicen que no se consideran pioneros ellos mismos, representantes de sus grupos ni roles modélicos. Pero ellos y un puñado de otros están agrietando una de las barreras de color más duraderas en una Europa que cambia rápidamente: las puertas de las cámaras legislativas.
"Toda mi vida he tratado de romper barreras", dijo Boateng, secretario jefe de hacienda que en 2002 se transformó en el primer ministro de gabinete negro de Gran Bretaña. "Soy negro y estoy orgulloso de mis orígenes étnicos". Pero agregó: "No me considero un miembro negro del Parlamento... Creo que es importante que la gente joven sepa que pueden aspirar a una vida en el servicio público".
En Europa Occidental, décadas de inmigración de Oriente Medio, el África subsahariana y el Caribe han creado grandes poblaciones negras y musulmanas -al menos un 10 por ciento en Francia, Gran Bretaña y Holanda, y un 7 por ciento en Suecia. Los recién llegados y sus hijos están cambiando la cara de algunas de las ciudades más grandes; el islam es la segunda religión de Europa.
Europa también tiene otros inmigrantes: judíos rusos que se han asentado en Alemania y refugiados de la antigua Yugoslavia han encontrado su hogar en toda Europa. Esta gente tiene frecuentemente rasgos raciales y culturales similares a los de la gente de sus nuevos países y la asimilación ha sido a menudo relativamente fluida.
La historia ha sido diferente para los africanos y musulmanes de Oriente Medio. Aunque han ocupado las canchas de fútbol y contribuyen cada vez más a definir las artes y culturas populares, han seguido siendo en gran parte invisibles en los gobiernos elegidos.
Para cambiar eso, muchos políticos de minorías en Europa dicen que buscan inspiración en Estados Unidos, donde las minorías tienen una presencia nacional y local más grande en cargos elegidos. Hay diferencias en historia y en sistemas electorales -los sistemas europeos tienden a dificultar que en barrios étnicos se elijan representantes de minorías -pero muchos políticos de minorías dicen que la experiencia de Estados Unidos sugiere que ocupar un lugar en gobiernos europeos será un proceso largo.
Los negros estaban presentes como esclavos en Estados Unidos y fueron primero elegidos al Congreso norteamericano en los años de 1870. Pero las barreras empezaron a derrumbarse seriamente en los años sesenta, con la Ley de Derechos de Sufragio de 1965, la consolidación del poder político negro en las ciudades y la formación del Congressional Black Caucus en 1969. La asamblea tiene 43 miembros, y los negros comprenden un 10 por ciento de los 435 parlamentarios, justo por debajo de su nivel de 13 por ciento de la población total.
Galopante Inmigración
La ola de inmigración contemporánea en Gran Bretaña empezó tras la Segunda Guerra Mundial con la llegada de numerosos trabajadores jamaicanos. En otros lugares de Europa la tendencia se remonta a los años sesenta, cuando Alemania y Holanda comenzaron a admitir grandes contingentes de trabajadores turcos y marroquíes. Al mismo tiempo llegaron a Francia grandes contingentes de marroquíes y argelinos.
Las estrictas reglas de ciudadanía en algunos países han a menudo impedido que los nacidos en el extranjero se transformen en ciudadanos o sean elegibles para participar en elecciones. En Alemania los residentes con padres extranjeros son todavía llamados auslander, extranjeros. Pero en lugares donde adquirir la ciudadanía es más fácil -como Suecia y Holanda- hasta recientemente pocos de los inmigrantes y sus hijos nacidos allá han participado activamente en política.
El caso más patente es Francia, un país con cerca de 60 millones de habitantes con unos 6 millones de musulmanes norafricanos y unos 2.5 millones de negros del sur del desierto del Sahara -un cálculo, porque oficialmente Francia no lleva estadísticas basadas en la raza. Francia se enorgullece de ser el país de l'égalité, donde la discriminación, al menos oficialmente, no existe. Pero de los 555 diputados que representan distritos en la Francia continental, ninguno es negro o musulmán. (Las minorías ocupan 22 escaños, que representan a los territorios franceses de ultramar).
"Si yo fuera miembro del parlamento y blanco y lo viera todos los días, claramente me preocuparía", dijo Patrick Lozes, un farmacéutico negro y activista que está tratando de aumentar la representación política negra en Francia. "¿Cómo pueden vivir y trabajar y votar leyes y ver un parlamento que claramente no es representativo?"
Alemania, con 82 millones de personas, es el hogar de 3.5 millones de musulmanes, la mayoría ciudadanos turcos y alemanes de origen turco. Pero entre los 603 miembros del parlamento alemán, o Bundestag, hay dos personas de origen turco, Ekin Deligöz, miembro del Partido Verde que recibió la ciudadanía en 1997 y Lale Arguen, de la gobernante Social Democracia, que ha vivido en Alemania durante más de 40 años.
Akguen, 51, ganó su escaño en 2002 después de una campaña en que su rival dijo: "No votéis a una turca, votadme a mí" y un hombre en un mitin de campaña le dijo: "Sólo la gente con sangre alemana puede ser admitida en el parlamento alemán". Algunos miembros de su partido pensaron que su nombre turco les costaría el 10 por ciento de los votos. Pero ella ganó de todos modos, sacando un 43 por ciento del voto popular. "Fue el milagro de Colonia", dijo.
Pioneros en Suecia
Suecia, con 9 millones de habitantes y una legislatura de 349 miembros, tiene un parlamento más diverso, con media docena de miembros que trazan su origen en Eritrea, Gana, Congo, Turquía y Chile.
Sherifay, la legisladora musulmana de Egipto, recuerda que llegó a Suecia cuando tenía 21 años siguiendo a su marido eritreo -y no hablaba "ni una palabra de sueco". Tomó un trabajo colocando etiquetas en la ropa -una experiencia que le dio la oportunidad de hablar con los suecos y aprender el idioma. Después de que el menor de sus cuatro hijos entrara a la escuela, ella continuó su propia educación y llegó a ser maestra de escuela primaria.
Hace dos años, Sherifay, 59, fue reclutada por el Partido Socialdemócrata para participar en las elecciones como candidata. Pensó que hacerse camino en la política sueca como una mujer musulmana negra no era fácil, e incluso hoy sigue siendo un reto. Todavía recibe correo de odio, incluyendo e-mails de un escritor habitual de la vecina Dinamarca que ha usado insultos raciales y dijo que "lo lamentaba por Suecia" debido a ella. Ahora toda la correspondencia que recibe es chequeada por agentes de seguridad.
Sherifay se llama a sí misma "afro-sueca" y aprecia las oportunidades que le ha dado su país adoptivo. Pero como musulmana y funcionaria elegida, siente un peso adicional. "Es en interés nuestro, incluso es un deber nuestro, mostrar que no somos terroristas", dijo.
Una de las colegas de Sherifay en el parlamento, Nyamko Sabuni, se mudó a Suecia a la edad de 12 cuando su padre, un refugiado político, huyó del Congo. Ella creció en los suburbios rodeada de niños suecos y aprendió rápidamente la lengua. Para ella la asimilación fue fácil.
Hoy Sabuni, 35, evita hablar de temas de minorías, porque dice que no quiere ser metida en una casilla. Describe su origen africano como un detalle. "Realmente yo no represento mi origen", dijo. "Hablo sueco. Me comporto como sueca. No me veo como inmigrante o miembro de una minoría. Quiero verme como una joven mujer sueca con niños, que participa en política".
Aparte o Juntos
La cuestión de la integración -si presentarse aparte como minoría, representando las opiniones del grupo, o quitando importancia a las diferencias- divide a los políticos de minorías de Europa. Es también un debate que sostienen regularmente entre ellos.
Coruz, la política holandesa de origen turco, dijo que el debate empezó en su familia. Después de ser cortejada por varios partidos que estaban ansiosos de agregar a inmigrantes a sus listas de miembros, decidió unirse a la Alianza Demócrata Cristiana (CDA), que pensó que estaba más cercana a sus ideas.
"Yo fui la primera musulmana en un partido demócrata-cristiano de Europa", dijo Coruz, 41, debiendo un café un el vestíbulos de un hotel de Haarlem, donde nació. "Cuando entré al partido, mi padre pensó que me había convertido al cristianismo. Me dijo: ¿No sabes qué significa la C' del CDA?'"
Después del debate familiar vino el debate en el partido: ¿Son bienvenidos los musulmanes en un partido que es en gran parte laico pero tiene sus raíces en la iglesia cristiana? ¿Puede un inmigrante musulmán ser elegido al parlamento holandés como demócrata-cristiano? La respuesta de Coruz fue: "Si me aceptas como miembro del partido, también tienes que aceptarme para ocupar uno de esos escaños azules del parlamento holandés".
Desde su elección hace tres años Coruz se ha especializado en temas de derechos humanos, terrorismo y justicia juvenil. Ha permanecido alejada del tema de la inmigración para evitar ser clasificada como una "inmigrante política". Pero al mismo tiempo, como turca étnica, sabe que tiene una responsabilidad especial hacia la comunidad turca en Holanda, que -le guste o no- la ve como su representante en el parlamento.
Coruz usa la historia de su vida como un modelo para los jóvenes turcos en Holanda. Su padre, un pescador, llegó a Holanda y trabajó primero en una fábrica haciendo calcetines y más tarde en otra haciendo ruedas de trenes. Su padre le pagó clases privadas de inglés y lo sacaba a la fuerza de la cancha de fútbol cuando pensaba que su hijo estaba pasando demasiado tiempo haciendo deportes.
Hoy Coruz acusa a los turcos holandeses de tener una mentalidad de "gueto", preocupados principalmente de un "programa de inmigrantes" y de no asimilarse cabalmente.
"No voy a negar mis raíces", dijo. Pero "me veo a mí mismo sobre todo como un político holandés, con una antena especial ajustada hacia la comunidad turca".
Votos Negros en Gran Bretaña
En Estados Unidos todos los miembros negros del Congreso son demócratas y prácticamente todos son de distritos de mayoría negra.
Pero en países europeos hay pocos distritos de mayoría no-blanca. En muchos países, los miembros del parlamento son elegidos de las listas de partidos, repartiéndose los escaños proporcionalmente de acuerdo a los resultados nacionales. El resultado es que los candidatos de las minorías deben apelar a los votos de todos.
"En Gran Bretaña no puedes ser elegido solamente con los votos de los negros", dijo Diane Abbot, uno de los 13 miembros negros de la Cámara Baja británica, que tiene 659 escaños.
Junto con Paul Boateng, Abbott fue uno de los cuatro candidatos de minoría de la lista del Partido Laborista y asumió su cargo tras las elecciones de 1987 en Gran Bretaña, después de que disturbios raciales en las ciudades del país subrayaran la falta de representación política de negros y de grupos minoritarios.
Boateng, que fue nombrado al puesto del tesoro por el primer ministro Tony Blair, dijo que los votantes británicos tendían a votar según la afiliación de partido.
En su distrito, Brent South, donde una combinación de grupos étnicos conforman la mayoría, ha visto crecer firmemente su popularidad en elecciones recientes; muchos de los votos fueron depositados por asiáticos. "Todas las evidencias muestran que la raza no juega ningún papel", dijo.
ahora, como el funcionario elegido negro de más alto rango de Gran Bretaña, Boateng dijo que su electorado ve más allá de su raza, aunque continúa denunciando situaciones de injusticia social.
"La minoría afro-caribeña espera que uno represente a toda la comunidad", dijo en una entrevista. "No esperan que yo, como miembro del parlamento o como ministro del gabinete, sea definido por el color de mi piel".
Sin embargo Viswanathan, de la Operación Voto Negro, un grupo de movilización política, dijo que su grupo ha identificado 100 distritos parlamentarios "donde los candidatos no pueden ganar sin los votos negros". Con cifras que muestran que un cuarto de los votantes de las minorías no están inscritos, espera convencer a más a que lo hagan.
Viswanathan dijo que esperaba que el número de miembros negros del parlamento suba a 22. Pero con unos 7 millones de residentes de minorías en Gran Bretaña, dijo, el parlamento probablemente no será verdaderamente representativo hasta que no haya 55 a 60 miembros de minorías.
Viswanathan, y muchos de los políticos negros y de minorías entrevistados en media docena de países, dijeron que miraban hacia Estados Unidos como inspiración, especialmente a nivel local.
"Es muy importante tener representantes en la política -no sólo las minorías, sino también los grupos de edad y sexo", dijo Sherifay en Estocolmo. "Necesitamos elaborar una estrategia y aprender de Estados Unidos".
Erika Lorentzsen y Alexandra Topping en París y Shannon Smiley en Berlín contribuyeron a este reportaje.
7 de mayo de 2005
24 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
preso racista belga
Un hombre de 57 años fue detenido por enviar cartas racistas con amenazas al dueño de una empresa en Flandes.
Ledegem, Bélgica. Rik van Nieuwenhuyse, que gestiona una firma de comidas hechas Remmery, en Ledegem, tiene protección policial desde noviembre cuando empezó a recibir cartas amenazándolo a él y su familia por permitir que la trabajadora musulmana Naima Amzil llevara pañuelo. Hasta ahora la policía no había encontrado pistas, a pesar de una publicitada campaña para identificar al criminal, respaldada por el rey Alberto II y la ministro de Justicia, Laurette Onkelinkx.
Pero el miércoles el juez Kortrijk anunció la detención de un hombre cuyo juicio comenzará el viernes. El hombre, el marido de una mujer que trabaja en Amzil, niega haber enviado esas (siete) cartas. Su ADN y una huella digital fueron encontrados en uno de los sellos de las cartas, después de que los trabajadores de la empresa fueran controlados por la policía. Su esposa también fue interrogada el martes por la policía, pero fue liberada sin cargos. El juez de instrucción dijo que no excluye más detenciones en el caso, diciendo que la pesquisa está lejos de estar terminada.
Van Nieuwenhuyse, que ha apoyado a Amzil desde el inicio de las amenazas, dijo a la prensa que estaba aliviado de que finalmente se hubiera detenido a alguien, pero desilusionado de que uno de sus empleados estuviera implicado. Se espera que la detención ponga fin a las penurias de Amzil, que renunció hace varias semanas debido a la presión. Si es condenado, el sospechoso -que no se puede identificar por razones legales- pasará entre seis meses y cinco años en la cárcel, y deberá pagar una multa de entre 500 y 2.500 euros.
5 de mayo de 2005
©expatica
©traducción mQh
Ledegem, Bélgica. Rik van Nieuwenhuyse, que gestiona una firma de comidas hechas Remmery, en Ledegem, tiene protección policial desde noviembre cuando empezó a recibir cartas amenazándolo a él y su familia por permitir que la trabajadora musulmana Naima Amzil llevara pañuelo. Hasta ahora la policía no había encontrado pistas, a pesar de una publicitada campaña para identificar al criminal, respaldada por el rey Alberto II y la ministro de Justicia, Laurette Onkelinkx.Pero el miércoles el juez Kortrijk anunció la detención de un hombre cuyo juicio comenzará el viernes. El hombre, el marido de una mujer que trabaja en Amzil, niega haber enviado esas (siete) cartas. Su ADN y una huella digital fueron encontrados en uno de los sellos de las cartas, después de que los trabajadores de la empresa fueran controlados por la policía. Su esposa también fue interrogada el martes por la policía, pero fue liberada sin cargos. El juez de instrucción dijo que no excluye más detenciones en el caso, diciendo que la pesquisa está lejos de estar terminada.
Van Nieuwenhuyse, que ha apoyado a Amzil desde el inicio de las amenazas, dijo a la prensa que estaba aliviado de que finalmente se hubiera detenido a alguien, pero desilusionado de que uno de sus empleados estuviera implicado. Se espera que la detención ponga fin a las penurias de Amzil, que renunció hace varias semanas debido a la presión. Si es condenado, el sospechoso -que no se puede identificar por razones legales- pasará entre seis meses y cinco años en la cárcel, y deberá pagar una multa de entre 500 y 2.500 euros.
5 de mayo de 2005
©expatica
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vuelve stalin
[David Holley] Stalin de vuelta en su pedestal.
Moscú, Rusia. La última estatua pública de José Stalin en Moscú está abandonada en un cementerio posmoderno de los monumentos de la era comunista aquí, y le falta una parte de su nariz.
Pero a más de 800 kilómetros en la ciudad conocida antes como Stalingrado, el infame líder soviético está recibiendo más respeto.
Las autoridades en Volgogrado están planeando descubrir la próxima semana una estatua cuando Rusia celebre su 60 aniversario de su victoria sobre la Alemania nazi. Los partidarios del dictador lo ven simplemente como un reconocimiento debido del papel clave que jugó en la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, para los detractores la medida refleja una peligrosa y creciente infatuación con un tirano al que muchos rusos veneran como un símbolo de fortaleza -sin importar que haya matado a millones de sus propios ciudadanos.
"El retorno de Stalin al pedestal... significaría la rehabilitación política de uno de los dictadores más sangrientos de la historia moderna", declaró Memorial, una organización rusa de derechos humanos, sobre los planes del monumento de Stalin y otros líderes de tiempos de guerra en Volgogrado, donde se libró una de las batallas más críticas de la guerra.
A pesar de airadas críticas de un pequeño número de activistas demócratas en Rusia, Stalin parece estar ganando la partida a medida que el Kremlin se prepara para tres días de importantes eventos internacionales conmemorando el aniversario de la victoria de los aliados en Europa el 8 de mayo de 1945. Una de las famosas citas de Stalin sobre la guerra -"Nuestra causa es justa. La victoria será nuestra"- aparece prominentemente en los carteles de las celebraciones.
En la librería Reading City, una vitrina está llena de ejemplares de Stalin: Throne of Ice', un comprensivo estudio del dictador. "Sin Stalin, ni esta Gran Victoria ni este país en general habrían sido posibles", dice el autor Alexander Bushkov. "Esos fueron tiempos heroicos, y no volverá a nacer gente como él".
La librería tiene unas dos docenas de títulos sobre Stalin, que refleja un agudo aumento en el interés en el último año, dijo Olga Patina, 24, dependienta.
"Es nuestra historia. No podemos cambiarla o deshacernos de ella", dijo. "Durante la guerra nuestras abuelas y abuelos lucharon y murieron con el nombre de Stalin en los labios.
"No creo que podamos encubrir a Stalin", agregó. "Por otro lado... tenemos que recordar que todos somos humanos, y que cometer errores está en la naturaleza del ser humano. Algunos cometen pequeños errores, y otros cometen grandes errores".
Una reciente encuesta del Centro de Investigación de la Opinión Pública de Rusia halló que la mitad de los encuestados tenían una visión favorable de Stalin, un 20 por ciento describiendo su papel en la vida del país como "muy positiva" y 30 por ciento calificándola "algo positiva". Sólo un 12 por ciento lo describió como "muy negativo".
En la Rusia de hoy, Stalin es una especie de chico de póster para los que favorecen un estado más fuerte y están enojados por la erosión postsoviética de la seguridad del trabajo y beneficios sociales pagados por el gobierno.
Alexander Prokhanov, que se define como estalinista y editor del diario nacionalista de izquierda Zavtra, dijo que el "renacimiento neo-estalinista" era sobre todo el rechazo de las medidas de liberalización lanzadas desde fines de los años ochenta, especialmente su efecto de arrojar a la pobreza a muchos segmentos de la sociedad.
"Cuando los demócratas', los reformistas', subieron al poder, destruyeron al estado fuerte", dijo Prokhanov. "La Rusia de hoy odia a esos reformistas y adora todo lo que destruyeron. En otras palabras, la gente quiere a Stalin justamente debido a que los reformistas lo odian".
Igor Dolutsky, autor de un libro de texto para la escuela secundaria prohibido por ser demasiado crítico tanto de presidente Vladimir V. Putin como de Stalin, dijo que los recuerdos populares del dictador constituían un muro que causaría grandes daños en el futuro.
"La esencia de este mito es que la violencia, el terror y la represión pueden ser usadas efectivamente para construir un gran país", Dolutsky dijo. "Creo que el retorno a las tradiciones estalinistas es en realidad peligroso".Putin se ha cuidado de no asociarse demasiado estrechamente con la nostalgia de Stalin. Pero él y otros a su alrededor todavía usan el simbolismo del estado fuerte, dijo Dolutsky.
Las estimaciones sobre el número de víctimas de Stalin varían ampliamente, pero la mayoría de los historiadores dicen que entre 10 y 20 millones de personas murieron en purgas, hambrunas, deportaciones y campos de trabajo como resultado de sus políticas desde que llegó al poder a mediados de los años 20 hasta su muerte en 1953. Además, la Unión Soviética sufrió al menos 20 millones de muertos entre soldados y civiles durante la Segunda Guerra Mundial.
Pocos rusos ignoran el hecho de que Stalin mató a enormes cantidades de personas. Pero para cada categoría de sus delitos existe una especie de explicación, que los que lo respetan a menudo interpretan al menos como una justificación parcial de sus actos.
Durante su vida la imagen de Stalin entre los ciudadanos era reforzada por medio del culto a la personalidad fomentado por un poderoso aparato de propaganda. Tres años tras su muerte, los crímenes de Stalin fueron denunciados por el líder del Partido Comunista Nikita Khruschev, y las omnipresentes estatuas de Stalin fueron retiradas.
Los rusos que respetan a Stalin le atribuyen no sólo el mérito de la victoria de la Unión Soviética en su titánica lucha contra la Alemania nazi, sino también por transformar a un débil país agrario en una superpotencia industrializada y con armas nucleares. Esos logros, dicen, superan sus errores.
"Durante Stalin había ley y orden, y la gente tenía un objetivo en la vida. Eso explica por qué la gente corriente realmente no sintió el peso de todas esas terribles represiones", dijo Karl Voinov, 82, ingeniero jubilado y antiguo funcionario del Partido Comunista. "Éramos patriotas, y podíamos ver que la vida del país estaba mucho mejor".
La encuesta del Centro de Investigación de la Opinión Pública de Rusia encontró las opiniones más favorables sobre Stalin entre los mayores de 60; 67 por ciento de ellos dijeron que su papel histórico era positivo. El menor apoyo ocurre en el grupo etario de 25-34, con un 38 por ciento considerándolo positivamente y un 47 por ciento críticamente. En el grupo etario 18-24, un 45 por ciento tenía opiniones positivas, en comparación con el 39 por ciento que lo miraba negativamente y un 16 por ciento sin opinión.
La falta de voluntad para condenar resueltamente a Stalin ha tenido repercusiones en la diplomacia del país, incluyendo la planificación de las celebraciones del aniversario.
Moscú espera recibir a unos 50 presidentes extranjeros y directores de organizaciones internacionales, incluyendo al presidente Bush, en los principales eventos del 9 de mayo -la fecha en que los rusos celebran el fin de la guerra y porque en la Unión Soviética ya era el día siguiente cuando se rindieron los alemanes. Una cumbre de la Comunidad de Estados Independientes, una floja agrupación de ex estados soviéticos, se celebrará el 8 de mayo, y se planea una cumbre entre Rusia y la Unión Europea el 10 de mayo.
Pero los preparativos se han visto agriados por la negativa de los presidentes de Lituania y Estonia a asistir a las celebraciones del Día de la Victoria. Ellos dicen que la derrota nazi fue seguida por una ocupación de décadas de sus países por tropas soviéticas -por la que Moscú se ha negado a ofrecer excusas.
El controvertido monumento que será erigido en Volgogrado muestra a Stalin con el presidente Franklin D. Roosevelt y el primer ministro británico Winston Churchill en la conferencia de Yalta en 1945. El bronce de 11 toneladas, cuyo molde ya se encuentra en un taller en San Petersburgo, será descubierto el 9 de mayo frente al museo de la Batalla de Leningrado, dijo Boris Usik, su director.
"Es muy difícil entender todo esta agitación sobre el monumento", dijo Usik. "Para nosotros simboliza un acontecimiento importante en la historia de nuestro país. No es que estemos ardiendo de deseo por jurar lealtad al pasado".
Pero Usik agregó que él pensaba que el período de Stalin salía favorecido en una comparación con los últimos 15 años en Rusia, especialmente en términos de desarrollo económico.
"La gente no tiende a asociar el nombre de Stalin con un régimen dictatorial y represiones", dijo.
Los retractores dicen que esto es así parcialmente debido a que no se ha hecho casi nada para transformar los sitios de los crímenes de Stalin en monumentos en memoria de sus víctimas.
Hay muy pocos lugares en Rusia hoy que honren la memoria de los que fueron asesinados por Stalin. Un proyecto está en un terreno de ejecuciones y sepultura cerca del pueblo de Butovo, 27 kilómetros al sur de Moscú. Ahora está bajo gestión de la Iglesia Ortodoxa Rusa.
Las ejecuciones tomaban lugar aquí "a una escala industrial" durante el Gran Terror, dijo el Padre Kirill Kaleda, que ayuda a supervisar la Iglesia de los Nuevos Mártires de Butovo construida en el sitio. "En algunos días ejecutaban a 500 personas o más".
Los archivos muestran que entre agosto de 1937 y octubre de 1938, durante el punto álgido de las represiones de Stalin, se ejecutó y enterró en Butovo a 20.765 personas, dijo Kaleda.
"La mayoría eran residentes de la región de Moscú, aunque podías encontrar gente ejecutada que venía de todo el mundo, incluyendo a Estados Unidos", dijo.
"Cuando vi la lista por primera vez, me asombró ver a mucha gente corriente entre los ejecutados -obreros, campesinos. Se ejecutó a políticos famosos, y a oficiales militares e intelectuales. Aquí ejecutaron a casi 1.000 personas debido a sus creencias ortodoxas".
Entre los asesinados estaba su abuelo, Vladimir A. Ambartsumov, un importante sacerdote ruso ortodoxo.
"Cuando nuestra familia descubrió que nuestro abuelo fue matado y enterrado aquí, participé en organizar una parroquia aquí y construir una iglesia", dijo Kaleda. "Descubrimos en 1989 que a mi abuelo lo habían asesinado, y en 1994 nos enteramos de que estaba aquí. Antes de eso, en los años cincuenta, nos dijeron que había muerto en 1943 de una enfermedad al riñón en un campo de trabajo".
Le horroriza la posición de que todo esto esté de algún modo justificado. La nostalgia por Stalin, dijo, "es simplemente demencia".
2 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"
Moscú, Rusia. La última estatua pública de José Stalin en Moscú está abandonada en un cementerio posmoderno de los monumentos de la era comunista aquí, y le falta una parte de su nariz.Pero a más de 800 kilómetros en la ciudad conocida antes como Stalingrado, el infame líder soviético está recibiendo más respeto.
Las autoridades en Volgogrado están planeando descubrir la próxima semana una estatua cuando Rusia celebre su 60 aniversario de su victoria sobre la Alemania nazi. Los partidarios del dictador lo ven simplemente como un reconocimiento debido del papel clave que jugó en la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, para los detractores la medida refleja una peligrosa y creciente infatuación con un tirano al que muchos rusos veneran como un símbolo de fortaleza -sin importar que haya matado a millones de sus propios ciudadanos.
"El retorno de Stalin al pedestal... significaría la rehabilitación política de uno de los dictadores más sangrientos de la historia moderna", declaró Memorial, una organización rusa de derechos humanos, sobre los planes del monumento de Stalin y otros líderes de tiempos de guerra en Volgogrado, donde se libró una de las batallas más críticas de la guerra.
A pesar de airadas críticas de un pequeño número de activistas demócratas en Rusia, Stalin parece estar ganando la partida a medida que el Kremlin se prepara para tres días de importantes eventos internacionales conmemorando el aniversario de la victoria de los aliados en Europa el 8 de mayo de 1945. Una de las famosas citas de Stalin sobre la guerra -"Nuestra causa es justa. La victoria será nuestra"- aparece prominentemente en los carteles de las celebraciones.
En la librería Reading City, una vitrina está llena de ejemplares de Stalin: Throne of Ice', un comprensivo estudio del dictador. "Sin Stalin, ni esta Gran Victoria ni este país en general habrían sido posibles", dice el autor Alexander Bushkov. "Esos fueron tiempos heroicos, y no volverá a nacer gente como él".
La librería tiene unas dos docenas de títulos sobre Stalin, que refleja un agudo aumento en el interés en el último año, dijo Olga Patina, 24, dependienta.
"Es nuestra historia. No podemos cambiarla o deshacernos de ella", dijo. "Durante la guerra nuestras abuelas y abuelos lucharon y murieron con el nombre de Stalin en los labios.
"No creo que podamos encubrir a Stalin", agregó. "Por otro lado... tenemos que recordar que todos somos humanos, y que cometer errores está en la naturaleza del ser humano. Algunos cometen pequeños errores, y otros cometen grandes errores".
Una reciente encuesta del Centro de Investigación de la Opinión Pública de Rusia halló que la mitad de los encuestados tenían una visión favorable de Stalin, un 20 por ciento describiendo su papel en la vida del país como "muy positiva" y 30 por ciento calificándola "algo positiva". Sólo un 12 por ciento lo describió como "muy negativo".
En la Rusia de hoy, Stalin es una especie de chico de póster para los que favorecen un estado más fuerte y están enojados por la erosión postsoviética de la seguridad del trabajo y beneficios sociales pagados por el gobierno.
Alexander Prokhanov, que se define como estalinista y editor del diario nacionalista de izquierda Zavtra, dijo que el "renacimiento neo-estalinista" era sobre todo el rechazo de las medidas de liberalización lanzadas desde fines de los años ochenta, especialmente su efecto de arrojar a la pobreza a muchos segmentos de la sociedad.
"Cuando los demócratas', los reformistas', subieron al poder, destruyeron al estado fuerte", dijo Prokhanov. "La Rusia de hoy odia a esos reformistas y adora todo lo que destruyeron. En otras palabras, la gente quiere a Stalin justamente debido a que los reformistas lo odian".
Igor Dolutsky, autor de un libro de texto para la escuela secundaria prohibido por ser demasiado crítico tanto de presidente Vladimir V. Putin como de Stalin, dijo que los recuerdos populares del dictador constituían un muro que causaría grandes daños en el futuro.
"La esencia de este mito es que la violencia, el terror y la represión pueden ser usadas efectivamente para construir un gran país", Dolutsky dijo. "Creo que el retorno a las tradiciones estalinistas es en realidad peligroso".Putin se ha cuidado de no asociarse demasiado estrechamente con la nostalgia de Stalin. Pero él y otros a su alrededor todavía usan el simbolismo del estado fuerte, dijo Dolutsky.
Las estimaciones sobre el número de víctimas de Stalin varían ampliamente, pero la mayoría de los historiadores dicen que entre 10 y 20 millones de personas murieron en purgas, hambrunas, deportaciones y campos de trabajo como resultado de sus políticas desde que llegó al poder a mediados de los años 20 hasta su muerte en 1953. Además, la Unión Soviética sufrió al menos 20 millones de muertos entre soldados y civiles durante la Segunda Guerra Mundial.
Pocos rusos ignoran el hecho de que Stalin mató a enormes cantidades de personas. Pero para cada categoría de sus delitos existe una especie de explicación, que los que lo respetan a menudo interpretan al menos como una justificación parcial de sus actos.
Durante su vida la imagen de Stalin entre los ciudadanos era reforzada por medio del culto a la personalidad fomentado por un poderoso aparato de propaganda. Tres años tras su muerte, los crímenes de Stalin fueron denunciados por el líder del Partido Comunista Nikita Khruschev, y las omnipresentes estatuas de Stalin fueron retiradas.
Los rusos que respetan a Stalin le atribuyen no sólo el mérito de la victoria de la Unión Soviética en su titánica lucha contra la Alemania nazi, sino también por transformar a un débil país agrario en una superpotencia industrializada y con armas nucleares. Esos logros, dicen, superan sus errores.
"Durante Stalin había ley y orden, y la gente tenía un objetivo en la vida. Eso explica por qué la gente corriente realmente no sintió el peso de todas esas terribles represiones", dijo Karl Voinov, 82, ingeniero jubilado y antiguo funcionario del Partido Comunista. "Éramos patriotas, y podíamos ver que la vida del país estaba mucho mejor".
La encuesta del Centro de Investigación de la Opinión Pública de Rusia encontró las opiniones más favorables sobre Stalin entre los mayores de 60; 67 por ciento de ellos dijeron que su papel histórico era positivo. El menor apoyo ocurre en el grupo etario de 25-34, con un 38 por ciento considerándolo positivamente y un 47 por ciento críticamente. En el grupo etario 18-24, un 45 por ciento tenía opiniones positivas, en comparación con el 39 por ciento que lo miraba negativamente y un 16 por ciento sin opinión.
La falta de voluntad para condenar resueltamente a Stalin ha tenido repercusiones en la diplomacia del país, incluyendo la planificación de las celebraciones del aniversario.
Moscú espera recibir a unos 50 presidentes extranjeros y directores de organizaciones internacionales, incluyendo al presidente Bush, en los principales eventos del 9 de mayo -la fecha en que los rusos celebran el fin de la guerra y porque en la Unión Soviética ya era el día siguiente cuando se rindieron los alemanes. Una cumbre de la Comunidad de Estados Independientes, una floja agrupación de ex estados soviéticos, se celebrará el 8 de mayo, y se planea una cumbre entre Rusia y la Unión Europea el 10 de mayo.
Pero los preparativos se han visto agriados por la negativa de los presidentes de Lituania y Estonia a asistir a las celebraciones del Día de la Victoria. Ellos dicen que la derrota nazi fue seguida por una ocupación de décadas de sus países por tropas soviéticas -por la que Moscú se ha negado a ofrecer excusas.
El controvertido monumento que será erigido en Volgogrado muestra a Stalin con el presidente Franklin D. Roosevelt y el primer ministro británico Winston Churchill en la conferencia de Yalta en 1945. El bronce de 11 toneladas, cuyo molde ya se encuentra en un taller en San Petersburgo, será descubierto el 9 de mayo frente al museo de la Batalla de Leningrado, dijo Boris Usik, su director.
"Es muy difícil entender todo esta agitación sobre el monumento", dijo Usik. "Para nosotros simboliza un acontecimiento importante en la historia de nuestro país. No es que estemos ardiendo de deseo por jurar lealtad al pasado".
Pero Usik agregó que él pensaba que el período de Stalin salía favorecido en una comparación con los últimos 15 años en Rusia, especialmente en términos de desarrollo económico.
"La gente no tiende a asociar el nombre de Stalin con un régimen dictatorial y represiones", dijo.
Los retractores dicen que esto es así parcialmente debido a que no se ha hecho casi nada para transformar los sitios de los crímenes de Stalin en monumentos en memoria de sus víctimas.
Hay muy pocos lugares en Rusia hoy que honren la memoria de los que fueron asesinados por Stalin. Un proyecto está en un terreno de ejecuciones y sepultura cerca del pueblo de Butovo, 27 kilómetros al sur de Moscú. Ahora está bajo gestión de la Iglesia Ortodoxa Rusa.
Las ejecuciones tomaban lugar aquí "a una escala industrial" durante el Gran Terror, dijo el Padre Kirill Kaleda, que ayuda a supervisar la Iglesia de los Nuevos Mártires de Butovo construida en el sitio. "En algunos días ejecutaban a 500 personas o más".
Los archivos muestran que entre agosto de 1937 y octubre de 1938, durante el punto álgido de las represiones de Stalin, se ejecutó y enterró en Butovo a 20.765 personas, dijo Kaleda.
"La mayoría eran residentes de la región de Moscú, aunque podías encontrar gente ejecutada que venía de todo el mundo, incluyendo a Estados Unidos", dijo.
"Cuando vi la lista por primera vez, me asombró ver a mucha gente corriente entre los ejecutados -obreros, campesinos. Se ejecutó a políticos famosos, y a oficiales militares e intelectuales. Aquí ejecutaron a casi 1.000 personas debido a sus creencias ortodoxas".
Entre los asesinados estaba su abuelo, Vladimir A. Ambartsumov, un importante sacerdote ruso ortodoxo.
"Cuando nuestra familia descubrió que nuestro abuelo fue matado y enterrado aquí, participé en organizar una parroquia aquí y construir una iglesia", dijo Kaleda. "Descubrimos en 1989 que a mi abuelo lo habían asesinado, y en 1994 nos enteramos de que estaba aquí. Antes de eso, en los años cincuenta, nos dijeron que había muerto en 1943 de una enfermedad al riñón en un campo de trabajo".
Le horroriza la posición de que todo esto esté de algún modo justificado. La nostalgia por Stalin, dijo, "es simplemente demencia".
2 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
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hijos de la elite rusa
[Denis Maternovsky] En tiempos de los soviéticos, a los hijos de los miembros del Politburó se les daban los chollos del comercio exterior o posiciones como diplomáticos en países occidentales. Hoy, los hijos de la nueva elite política del país son contratados en las exigentes alturas de los negocios rusos.
Por ejemplo, Sergei Ivanor, 24, el hijo del ministro de Defensa, fue nombrado en enero vice-presidente de Gazprombank, el brazo bancario del monopolio estatal del gas.
Pyotr Fradkov, 26, cuyo padre fue nombrado en julio vice-director general de la Far East Shippinh Co. FESCP, de Vladivostok, el tercer expedidor de Rusia.
Ilya Voloshin, 29, fue nombrado vice-presidente del Conversbank a fines del año pasado. Su padre, el antiguo jefe del estado mayor del Kremlin, es presidente de la directiva del monopolio de la electricidad Sistemas de Energía Unificados [Unified Energy Systems].
Y Sergei Matviyenko, 31, hijo del gobernador de San Petersburgo, fue nombrado primer vice-presidente del gigante estatal de la banca Vneshtorgbank, en noviembre último.
Son apenas los ejemplos más prominentes de hijos de burócratas bien conectados que han asumido importantes cargos en algunos de los bancos y compañías más grandes del país.
Maxim Druzhinin, presidente de la directiva del Conversbank, defendió la decisión de contratar a Voloshin.
"Las responsabilidades del hijo de Ilya no tienen relación con las de su padre", dijo Druzhinin. "Ilya Voloshin se caracteriza por su profesionalismo, una educación de primera y abundantes conexiones personales. Nuestra amistad también jugó un papel en la decisión de nombrarlo vice-presidente del Conversbank".
Una petición para hablar con directamente con Voloshin fue rechazada.
Conversbank, con capitales de 395 millones de dólares, es parte del Grupo Convers, que también es propietario del 90 por ciento del Akademkhimbank y del 50 por ciento del banco Snoras, de Lituania. El grupo tiene capitales por 1.46 billones de dólares.
Alexei Mukhin, director del Centro de Información Política y autor de numerosos libros sobre los clanes políticos del Kremlin, dijo que no hay que hacerse ilusiones sobre por qué los hijos de funcionarios del estado eran empleados atractivos.
"No tengo ninguna duda de que la juventud dorada gozó de excelente educación en el extranjero, pero son las altas posiciones de sus papacitos en posiciones de gobierno las que juegan un rol decisivo en la decisión de darles un trabajo", dijo Mukhin.
"No importa de quién se trate, los hijos de funcionarios oficiales tienen posiciones bien pagadas", dijo. "Es un signo de que los burócratas se están volviendo descarados y no tienen miedo de nada que pueda comprometerlos".
Roland Nash, director de Renaissance Capital, dijo que la práctica había sido observada desde hace algún tiempo. Tener relaciones estrechas con el estado puede ser "muy útil" para una compañía en Rusia, del mismo modo que puede ser ventajoso para el estado, dijo.
Mukhin dijo que aunque no había nada de nuevo o específicamente ruso sobre esta práctica, había sido en el último año y medio que el país había asistido a una ola de este tipo de nombramientos, que él relacionó con la creciente confianza de la nueva clase dominante.
"Desde que Putin llegara al poder, a los clanes de San Petersburgo les tomó varios años para consolidar su poder. Ahora pueden encontrar trabajo fácilmente en compañías claves del país. ¿Y en quién confiar mejor que en tus parientes?", dijo.
El más joven padre de Ivanov, el ministro de Defensa Sergei Ivanov, ex agente de la KGB cercano a Putin, es uno de los partidarios de los esfuerzos del estado de reinstalar el control del sector energético. Gazprom, con la compañía estatal del petróleo Rosneft, es clave en estos esfuerzos.
La rama de gas natural del gigante bancario Gazprombank ha estado involucrada en publicitados proyectos de energía nuclear en el extranjero. A fines de octubre compró el 54 por ciento de Atomstroieksport, que está construyendo plantas nucleares en Irán, India y China.
Su principal proyecto es la planta nuclear Bushehr en Irán, de 1 billón de dólares. Estados Unidos se ha opuesto a los planes de construcción, diciendo que los científicos rusos podían ayudar a Teherán a hacer armas nucleares.
Con capitales de 12.7 billones de dólares, a fines de 2004 Gazprombank era el tercer banco del país. Era el cuarto en términos de depósitos individuales de 1.1 billón de dólares.
El único comentario que hizo un portavoz de Gazprombank sobre el nombramiento del joven Sergei Ivanov fue que ese "parentesco no fue nuestro criterio de contratación". El portavoz dijo que Ivanov no quería hablar con los periodistas.
Sergei Markov, un analista político con conexiones en el Kremlin que dirige el Instituto de Estudios Políticos, dijo que no había motivos para creer que los nombramientos de los hijos de burócratas importantes a posiciones altas en los negocios reflejara un intento del estado por reforzar su influencia en la economía.
"En su mayor parte son sinecuras, trabajos fáciles que no les dan poder real ni influencia", dijo Markov. "Este es uno de los ejemplos de burócratas específicos que sacan provecho de sus posiciones actuales, pero no veo ninguna estrategia del estado detrás de ello".
Las posiciones de la generación más joven tienden a ser las de vice-presidente o subdirector general.
Mukhin dijo que el sistema de nombramientos se basaba en una "interdependencia mutua" entre miembros de varios grupos dentro de la elite a medida que tratan de hacerse con buenas posiciones para su gente.
"Antes de que se proceda al nombramiento de un pariente, hay un lento proceso de aprobación que incluye consultas entre diferentes grupos para asegurarse que nadie se ofenda, incluyendo al presidente", dijo.
"Desde un punto de vista legal no se viola ninguna ley, pero en realidad se está usando para controlar el flujo de dinero", dijo Mukhin.
Andrei Piontkovsky, un analista político independiente, dijo algo similar pasaba en el período soviético, aunque muchas de las posiciones lucrativas no existían bajo el socialismo.
Por ejemplo, el hijo del secretario general Leonid Brezhnev, Jury, era vice-ministro de comercio exterior, mientras su yerno Yury Churbanov hizo una impresionante carrera que culminó en su nombramiento como vice-ministro del interior.
Mientras el nepotismo fue una parte integral del sistema soviético, fue después del colapso de la Unión Soviética en 1991 que empezó a florecer. Esto fue especialmente así en Asia Central, con la tradicional mentalidad de clan, donde los miembros de las de las extensas familias de los presidentes ocupan posiciones claves en el gobierno y en los negocios.
Piontkovsky dijo que aunque las acusaciones de nepotismo de Occidente podían ser perjudiciales para las carreras de los burócratas, no era así en Rusia, ya que "no tenemos un término como conflicto de intereses aquí".
"Es uno de los síntomas de por qué es difícil para los hombres de negocios extranjeros hacer negocios aquí. El poder y la riqueza están muy concentradas en Rusia, así que no sería una sorpresa que haya cruces entre las dos", dijo Nash, de Renaissance Capital.
1 de mayo de 2005
©moscow times
©traducción mQh
Por ejemplo, Sergei Ivanor, 24, el hijo del ministro de Defensa, fue nombrado en enero vice-presidente de Gazprombank, el brazo bancario del monopolio estatal del gas.Pyotr Fradkov, 26, cuyo padre fue nombrado en julio vice-director general de la Far East Shippinh Co. FESCP, de Vladivostok, el tercer expedidor de Rusia.
Ilya Voloshin, 29, fue nombrado vice-presidente del Conversbank a fines del año pasado. Su padre, el antiguo jefe del estado mayor del Kremlin, es presidente de la directiva del monopolio de la electricidad Sistemas de Energía Unificados [Unified Energy Systems].
Y Sergei Matviyenko, 31, hijo del gobernador de San Petersburgo, fue nombrado primer vice-presidente del gigante estatal de la banca Vneshtorgbank, en noviembre último.
Son apenas los ejemplos más prominentes de hijos de burócratas bien conectados que han asumido importantes cargos en algunos de los bancos y compañías más grandes del país.
Maxim Druzhinin, presidente de la directiva del Conversbank, defendió la decisión de contratar a Voloshin.
"Las responsabilidades del hijo de Ilya no tienen relación con las de su padre", dijo Druzhinin. "Ilya Voloshin se caracteriza por su profesionalismo, una educación de primera y abundantes conexiones personales. Nuestra amistad también jugó un papel en la decisión de nombrarlo vice-presidente del Conversbank".
Una petición para hablar con directamente con Voloshin fue rechazada.
Conversbank, con capitales de 395 millones de dólares, es parte del Grupo Convers, que también es propietario del 90 por ciento del Akademkhimbank y del 50 por ciento del banco Snoras, de Lituania. El grupo tiene capitales por 1.46 billones de dólares.
Alexei Mukhin, director del Centro de Información Política y autor de numerosos libros sobre los clanes políticos del Kremlin, dijo que no hay que hacerse ilusiones sobre por qué los hijos de funcionarios del estado eran empleados atractivos.
"No tengo ninguna duda de que la juventud dorada gozó de excelente educación en el extranjero, pero son las altas posiciones de sus papacitos en posiciones de gobierno las que juegan un rol decisivo en la decisión de darles un trabajo", dijo Mukhin.
"No importa de quién se trate, los hijos de funcionarios oficiales tienen posiciones bien pagadas", dijo. "Es un signo de que los burócratas se están volviendo descarados y no tienen miedo de nada que pueda comprometerlos".
Roland Nash, director de Renaissance Capital, dijo que la práctica había sido observada desde hace algún tiempo. Tener relaciones estrechas con el estado puede ser "muy útil" para una compañía en Rusia, del mismo modo que puede ser ventajoso para el estado, dijo.
Mukhin dijo que aunque no había nada de nuevo o específicamente ruso sobre esta práctica, había sido en el último año y medio que el país había asistido a una ola de este tipo de nombramientos, que él relacionó con la creciente confianza de la nueva clase dominante.
"Desde que Putin llegara al poder, a los clanes de San Petersburgo les tomó varios años para consolidar su poder. Ahora pueden encontrar trabajo fácilmente en compañías claves del país. ¿Y en quién confiar mejor que en tus parientes?", dijo.
El más joven padre de Ivanov, el ministro de Defensa Sergei Ivanov, ex agente de la KGB cercano a Putin, es uno de los partidarios de los esfuerzos del estado de reinstalar el control del sector energético. Gazprom, con la compañía estatal del petróleo Rosneft, es clave en estos esfuerzos.
La rama de gas natural del gigante bancario Gazprombank ha estado involucrada en publicitados proyectos de energía nuclear en el extranjero. A fines de octubre compró el 54 por ciento de Atomstroieksport, que está construyendo plantas nucleares en Irán, India y China.
Su principal proyecto es la planta nuclear Bushehr en Irán, de 1 billón de dólares. Estados Unidos se ha opuesto a los planes de construcción, diciendo que los científicos rusos podían ayudar a Teherán a hacer armas nucleares.
Con capitales de 12.7 billones de dólares, a fines de 2004 Gazprombank era el tercer banco del país. Era el cuarto en términos de depósitos individuales de 1.1 billón de dólares.
El único comentario que hizo un portavoz de Gazprombank sobre el nombramiento del joven Sergei Ivanov fue que ese "parentesco no fue nuestro criterio de contratación". El portavoz dijo que Ivanov no quería hablar con los periodistas.
Sergei Markov, un analista político con conexiones en el Kremlin que dirige el Instituto de Estudios Políticos, dijo que no había motivos para creer que los nombramientos de los hijos de burócratas importantes a posiciones altas en los negocios reflejara un intento del estado por reforzar su influencia en la economía.
"En su mayor parte son sinecuras, trabajos fáciles que no les dan poder real ni influencia", dijo Markov. "Este es uno de los ejemplos de burócratas específicos que sacan provecho de sus posiciones actuales, pero no veo ninguna estrategia del estado detrás de ello".
Las posiciones de la generación más joven tienden a ser las de vice-presidente o subdirector general.
Mukhin dijo que el sistema de nombramientos se basaba en una "interdependencia mutua" entre miembros de varios grupos dentro de la elite a medida que tratan de hacerse con buenas posiciones para su gente.
"Antes de que se proceda al nombramiento de un pariente, hay un lento proceso de aprobación que incluye consultas entre diferentes grupos para asegurarse que nadie se ofenda, incluyendo al presidente", dijo.
"Desde un punto de vista legal no se viola ninguna ley, pero en realidad se está usando para controlar el flujo de dinero", dijo Mukhin.
Andrei Piontkovsky, un analista político independiente, dijo algo similar pasaba en el período soviético, aunque muchas de las posiciones lucrativas no existían bajo el socialismo.
Por ejemplo, el hijo del secretario general Leonid Brezhnev, Jury, era vice-ministro de comercio exterior, mientras su yerno Yury Churbanov hizo una impresionante carrera que culminó en su nombramiento como vice-ministro del interior.
Mientras el nepotismo fue una parte integral del sistema soviético, fue después del colapso de la Unión Soviética en 1991 que empezó a florecer. Esto fue especialmente así en Asia Central, con la tradicional mentalidad de clan, donde los miembros de las de las extensas familias de los presidentes ocupan posiciones claves en el gobierno y en los negocios.
Piontkovsky dijo que aunque las acusaciones de nepotismo de Occidente podían ser perjudiciales para las carreras de los burócratas, no era así en Rusia, ya que "no tenemos un término como conflicto de intereses aquí".
"Es uno de los síntomas de por qué es difícil para los hombres de negocios extranjeros hacer negocios aquí. El poder y la riqueza están muy concentradas en Rusia, así que no sería una sorpresa que haya cruces entre las dos", dijo Nash, de Renaissance Capital.
1 de mayo de 2005
©moscow times
©traducción mQh