católicos dudan del papa
[Charles E. Curran] Un católico llamado a la disidencia.
Crecí como un típico católico de antes del Concilio Vaticano Segundo. Entré al seminario a los 13 y me ordené sacerdote 11 años después, sin haber cuestionado nunca la doctrina de la iglesia. Pero como teólogo moral en los años sesenta, comencé a ver las cosas de manera diferente, concluyendo finalmente que los católicos, aunque deben preserva un núcleo de doctrinas de fe básicas, pueden y a veces deben disentir de las enseñanzas más periféricas de la iglesia.
Desafortunadamente, las autoridades de la iglesia católica lo ven de otra manera. En el verano de 1986, la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Vaticano, entonces bajo el cardenal José Ratzinger, el poderoso guardián de la ortodoxia doctrinaria en todo el mundo, concluyó una investigación de mis escritos que duró siete años. El Papa Juan Pablo II aprobó la conclusión de que "alguien que disiente del magisterio como usted no es conveniente ni elegible para enseñar teología católica". El cardenal Ratzinger -ahora el Papa Benedicto XVI- ordenó a la Universidad Católica de América que revocara mi licencia para enseñar teología debido a mi "obstinado rechazo a aceptar las enseñanzas de la iglesia".
Fui despedido. Fue la primera vez que un teólogo católico estadounidense fue censurado de este modo. En discusión estaba mi desacuerdo con las enseñanzas de la iglesia sobre "la indisolubilidad del matrimonio sacramental consumado, el aborto, la eutanasia, la masturbación, la contracepción artificial, el intercurso sexual premarital y los actos homosexuales", de acuerdo a su documento final. Es verdad que yo cuestioné la idea de que tales actos fueran siempre inmorales y nunca aceptable (aunque yo pensaba que mi desacuerdo sobre estos asuntos era bastante matizado).
Desafortunadamente el Vaticano -que estaba avanzando hacia la aplicación de mayor disciplina y ortodoxia- no aceptaría nada de esto. Siete años antes, había castigado al teólogo suizo Hans Küng debido a sus enseñanzas sobre la infalibilidad de la iglesia. Más tarde, el cardenal Ratzinger "silenció" al franciscano brasileño Leonardo Boff, un partidario de la teología de la liberación. Hace poco, Ratzinger dijo que el jesuita estadounidense Roger Haight no podría enseñar teología católica sino cambiaba su interpretación del papel de Jesucristo.
Desde 1986 ninguna institución católica me ha ofrecido trabajo. Aunque sigo siendo un católico bautizado y sacerdote católico -el Papa y el cardenal no intentaron expulsarme-, mi caso envió un mensaje inconfundible e inequívoco a los católicos del mundo de que no se tolerarían desviaciones.
La doctrina oficial católica ha causado siempre la impresión de que el Papa y los obispos no quieren ni pueden cambiar las enseñanzas morales porque estas enseñanzas se basan en la ley de Dios. Ciertamente el Papa Benedicto XVI insistirá en el mismo enfoque.
Pero no tiene por qué ser así. La historia muestra que la iglesia católica ha cambiado sus posturas morales en el curso de los años sobre varios temas (sin admitir que sus posiciones previas eran equivocadas). Una triste página en la historia del catolicismo, por ejemplo, es que durante 1.800 años ningún Papa ni la iglesia condenaron la esclavitud. Y hasta el siglo 17, los Papas condenaron en los términos más enérgicos el interés de los préstamos como una violación de la ley divina.
La historia no es el único argumento a favor de un cambio en las enseñanzas morales de la iglesia. Los católicos en general reconocen que muchas (si no todas) las enseñanzas morales católicas sobre temas específicos pertenecen a la categoría de enseñanzas "no infalibles". A pesar de la "agobiante infalibilidad" que busca colocar más y más posiciones más allá de todo cuestionamiento, el hecho es que muchos temas morales están abiertos para la re-interpretación y reflexión.
Han ocurrido cambios dramáticos en algunos aspectos de la enseñanza papal social en los últimos dos siglos. El Papa Gregorio XVI condenó en una encíclica de 1832 la libertad de conciencia en la sociedad como una "enseñanza absurda y errónea o más bien, demencia" y se opuso a la igualdad y a la participación de los ciudadanos en la vida cívica y política. El pueblo, escribió, es "una multitud ignorante" que debe "ser controlada por la autoridad de la ley". El Vaticano Segundo, sin embargo, aceptó la libertad religiosa de todos los seres humanos.
Tratando la vida cívica, política y económica, las enseñanzas papales sociales contemporáneas otorgan gran importancia a la historia y a la noción de que las ideas sociales pueden cambiar con el tiempo. En estas áreas, ahora las enseñanzas de la iglesia enfatizan la libertad, la igualdad y la participación de la persona, así como el modelo de "relacionalidad" que ve a la gente en múltiples relaciones con Dios, vecinos cercanos y lejanos, la Tierra, y el individuo.
Pero en la ética sexual papal, todavía prevalece una metodología más antigua. La inmutable naturaleza humana y la eterna ley de Dios, no los desarrollos históricos ni la persona entendidos a la luz de estas relaciones, constituyen las consideraciones fundamentales. Muchos dentro y fuera de la iglesia católica que sienten alguna disonancia entre las enseñanzas sexuales y sociales del Papa tienen razón. Hay una metodología diferente en operación en estas dos áreas.
Algunos cambios ocurrirían lógicamente en las enseñanzas sexuales si estas enseñanzas emplearan la misma metodología usado en las enseñanzas papales sociales. Por lo mismo, las enseñanzas sexuales papales, como las posturas sociales, no podrían reclamar certidumbre absoluta sobre temas complejos y específicos.
La historia nos recuerda que los cambios en la doctrina moral católica provienen siempre de las bases. Entrevistas con católicos de a pie que lloraban la muerte del Papa Juan Pablo II indicaron que incluso los que le admiraban y amaban estaban fuertemente en desacuerdo con algunas de sus enseñanzas morales específicas. Incluso los más decididos defensores de la condena papal de la contracepción artificial entre esposos reconocen que la inmensa mayoría de los católicos no obedecen al Papa.
Charles E. Curran es profesor de valores humanos en la Universidad Metodista del Sur y autor recientemente de The Moral Theology of Pope John Paul II' [Teología Moral del Papa Juan Pablo II] (Georgetown University Press, 2005).
22 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Crecí como un típico católico de antes del Concilio Vaticano Segundo. Entré al seminario a los 13 y me ordené sacerdote 11 años después, sin haber cuestionado nunca la doctrina de la iglesia. Pero como teólogo moral en los años sesenta, comencé a ver las cosas de manera diferente, concluyendo finalmente que los católicos, aunque deben preserva un núcleo de doctrinas de fe básicas, pueden y a veces deben disentir de las enseñanzas más periféricas de la iglesia.Desafortunadamente, las autoridades de la iglesia católica lo ven de otra manera. En el verano de 1986, la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Vaticano, entonces bajo el cardenal José Ratzinger, el poderoso guardián de la ortodoxia doctrinaria en todo el mundo, concluyó una investigación de mis escritos que duró siete años. El Papa Juan Pablo II aprobó la conclusión de que "alguien que disiente del magisterio como usted no es conveniente ni elegible para enseñar teología católica". El cardenal Ratzinger -ahora el Papa Benedicto XVI- ordenó a la Universidad Católica de América que revocara mi licencia para enseñar teología debido a mi "obstinado rechazo a aceptar las enseñanzas de la iglesia".
Fui despedido. Fue la primera vez que un teólogo católico estadounidense fue censurado de este modo. En discusión estaba mi desacuerdo con las enseñanzas de la iglesia sobre "la indisolubilidad del matrimonio sacramental consumado, el aborto, la eutanasia, la masturbación, la contracepción artificial, el intercurso sexual premarital y los actos homosexuales", de acuerdo a su documento final. Es verdad que yo cuestioné la idea de que tales actos fueran siempre inmorales y nunca aceptable (aunque yo pensaba que mi desacuerdo sobre estos asuntos era bastante matizado).
Desafortunadamente el Vaticano -que estaba avanzando hacia la aplicación de mayor disciplina y ortodoxia- no aceptaría nada de esto. Siete años antes, había castigado al teólogo suizo Hans Küng debido a sus enseñanzas sobre la infalibilidad de la iglesia. Más tarde, el cardenal Ratzinger "silenció" al franciscano brasileño Leonardo Boff, un partidario de la teología de la liberación. Hace poco, Ratzinger dijo que el jesuita estadounidense Roger Haight no podría enseñar teología católica sino cambiaba su interpretación del papel de Jesucristo.
Desde 1986 ninguna institución católica me ha ofrecido trabajo. Aunque sigo siendo un católico bautizado y sacerdote católico -el Papa y el cardenal no intentaron expulsarme-, mi caso envió un mensaje inconfundible e inequívoco a los católicos del mundo de que no se tolerarían desviaciones.
La doctrina oficial católica ha causado siempre la impresión de que el Papa y los obispos no quieren ni pueden cambiar las enseñanzas morales porque estas enseñanzas se basan en la ley de Dios. Ciertamente el Papa Benedicto XVI insistirá en el mismo enfoque.
Pero no tiene por qué ser así. La historia muestra que la iglesia católica ha cambiado sus posturas morales en el curso de los años sobre varios temas (sin admitir que sus posiciones previas eran equivocadas). Una triste página en la historia del catolicismo, por ejemplo, es que durante 1.800 años ningún Papa ni la iglesia condenaron la esclavitud. Y hasta el siglo 17, los Papas condenaron en los términos más enérgicos el interés de los préstamos como una violación de la ley divina.
La historia no es el único argumento a favor de un cambio en las enseñanzas morales de la iglesia. Los católicos en general reconocen que muchas (si no todas) las enseñanzas morales católicas sobre temas específicos pertenecen a la categoría de enseñanzas "no infalibles". A pesar de la "agobiante infalibilidad" que busca colocar más y más posiciones más allá de todo cuestionamiento, el hecho es que muchos temas morales están abiertos para la re-interpretación y reflexión.
Han ocurrido cambios dramáticos en algunos aspectos de la enseñanza papal social en los últimos dos siglos. El Papa Gregorio XVI condenó en una encíclica de 1832 la libertad de conciencia en la sociedad como una "enseñanza absurda y errónea o más bien, demencia" y se opuso a la igualdad y a la participación de los ciudadanos en la vida cívica y política. El pueblo, escribió, es "una multitud ignorante" que debe "ser controlada por la autoridad de la ley". El Vaticano Segundo, sin embargo, aceptó la libertad religiosa de todos los seres humanos.
Tratando la vida cívica, política y económica, las enseñanzas papales sociales contemporáneas otorgan gran importancia a la historia y a la noción de que las ideas sociales pueden cambiar con el tiempo. En estas áreas, ahora las enseñanzas de la iglesia enfatizan la libertad, la igualdad y la participación de la persona, así como el modelo de "relacionalidad" que ve a la gente en múltiples relaciones con Dios, vecinos cercanos y lejanos, la Tierra, y el individuo.
Pero en la ética sexual papal, todavía prevalece una metodología más antigua. La inmutable naturaleza humana y la eterna ley de Dios, no los desarrollos históricos ni la persona entendidos a la luz de estas relaciones, constituyen las consideraciones fundamentales. Muchos dentro y fuera de la iglesia católica que sienten alguna disonancia entre las enseñanzas sexuales y sociales del Papa tienen razón. Hay una metodología diferente en operación en estas dos áreas.
Algunos cambios ocurrirían lógicamente en las enseñanzas sexuales si estas enseñanzas emplearan la misma metodología usado en las enseñanzas papales sociales. Por lo mismo, las enseñanzas sexuales papales, como las posturas sociales, no podrían reclamar certidumbre absoluta sobre temas complejos y específicos.
La historia nos recuerda que los cambios en la doctrina moral católica provienen siempre de las bases. Entrevistas con católicos de a pie que lloraban la muerte del Papa Juan Pablo II indicaron que incluso los que le admiraban y amaban estaban fuertemente en desacuerdo con algunas de sus enseñanzas morales específicas. Incluso los más decididos defensores de la condena papal de la contracepción artificial entre esposos reconocen que la inmensa mayoría de los católicos no obedecen al Papa.
Charles E. Curran es profesor de valores humanos en la Universidad Metodista del Sur y autor recientemente de The Moral Theology of Pope John Paul II' [Teología Moral del Papa Juan Pablo II] (Georgetown University Press, 2005).
22 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
el papa alemán
Inclinaciones conservadoras de Benedicto XVI provocan quebraderos de cabeza.
La iglesia católica hizo el martes lo que menos se esperaba, haciendo lo esperado. Los dos últimos cónclaves papales parecieron retroceder ante cualquiera que fuera visto como un candidato importante.
La rápida elección del cardenal José Ratzinger lo dice todo sobre lo que los cardenales quieren del nuevo Papa: un interregnum estable después de 26 años bajo el carismático Papa Juan Pablo II. Benedicto XVI mantendrá la línea teológicamente conservadora del último Papa, pero no lo hará durante tanto tiempo, proporcionando a la iglesia un respiro para planear su futuro. A los 78, es uno de los más ancianos en asumir el papado. Justo antes de las elecciones, Ratzinger, el deán de cardenales que dirigió el funeral de Juan Pablo II, denostó contra la "dictadura del relativismo".
La iglesia está lamentablemente aplazando los cambios en visión del mundo y se obstina en conservar su enfoque eurocéntrico. Al no elegir a un Papa de América Latina o de otro lugar del mundo en desarrollo, la iglesia refuerza la impresión de que es una empresa colonial, manejada por europeos para europeos que se ven a sí mismos como los únicos capacitados para servir como interlocutores de Dios. Además, Benedicto XVI se ha opuesto firmemente al ingreso de Turquía en la Unión Europea, sobre la base de que Europa debe preservarse como una entidad cristiana.
Sobre acuciantes problemas sociales, este agresivo cardenal alemán ciertamente continuará e incluso reforzará las directrices de la iglesia contra el control de la natalidad, una posición que contribuye a los sufrimientos que causa el sida en África. Probablemente no tolerará las propuestas de aliviar la posición de la iglesia sobre el sacerdocio femenino, el divorcio y la investigación de las células madre -posiciones que han costado a la iglesia seguidores incluso durante el reinado del adorado Papa.
Sólo podemos esperar que los ataques de Benedicto XVI contra el "relativismo moral" lo conducirá a una posición todavía más severa que la de Juan Pablo II sobre los abusos cometidos por sacerdotes que han costado apoyo a la iglesia en Estados Unidos. Ciertamente este no es el único país donde se ha abusado de jóvenes víctimas. ¿Actuará el Papa para erradicar este mal tan activamente como cuando condena a los homosexuales? No necesariamente. Se cree que los cardenales buscaron una decisión rápida para minimizar la percepción de que la iglesia está dividida. De ahí la carrera para ungir al candidato favorito, el lugarteniente jefe de Juan Pablo II.
Benedicto XVI es conocido como un intelectual agudo que es probable que se ocupe del manejo de la administración que el último Papa tendió a pasar por alto. Está habituado a trabajar entre bastidores, sirviendo al Papa como un vigilante doctrinario. Como tal, ha sido en gran parte una fuerza polarizante en la iglesia, reprimiendo duramente a los líderes católicos que buscaban justicia social en América Latina o que estaban desencantados con las enseñanzas del Vaticano.
Pero ¿cómo lo hará frente a las cámaras que el Papa Juan Pablo II empleaba tan diestramente para irradiar su mensaje y su amistosa presencia? Quizás no importe. Pocos sucesores pueden esperar competir con el carisma espiritual del último Papa.
Esos son los temas del pasado y futuro de Benedicto XVI. Pero el martes las campanas tañeron y el hombre cano envuelto en la blanca sotana papal sonrió tímidamente.
21 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
La iglesia católica hizo el martes lo que menos se esperaba, haciendo lo esperado. Los dos últimos cónclaves papales parecieron retroceder ante cualquiera que fuera visto como un candidato importante.La rápida elección del cardenal José Ratzinger lo dice todo sobre lo que los cardenales quieren del nuevo Papa: un interregnum estable después de 26 años bajo el carismático Papa Juan Pablo II. Benedicto XVI mantendrá la línea teológicamente conservadora del último Papa, pero no lo hará durante tanto tiempo, proporcionando a la iglesia un respiro para planear su futuro. A los 78, es uno de los más ancianos en asumir el papado. Justo antes de las elecciones, Ratzinger, el deán de cardenales que dirigió el funeral de Juan Pablo II, denostó contra la "dictadura del relativismo".
La iglesia está lamentablemente aplazando los cambios en visión del mundo y se obstina en conservar su enfoque eurocéntrico. Al no elegir a un Papa de América Latina o de otro lugar del mundo en desarrollo, la iglesia refuerza la impresión de que es una empresa colonial, manejada por europeos para europeos que se ven a sí mismos como los únicos capacitados para servir como interlocutores de Dios. Además, Benedicto XVI se ha opuesto firmemente al ingreso de Turquía en la Unión Europea, sobre la base de que Europa debe preservarse como una entidad cristiana.
Sobre acuciantes problemas sociales, este agresivo cardenal alemán ciertamente continuará e incluso reforzará las directrices de la iglesia contra el control de la natalidad, una posición que contribuye a los sufrimientos que causa el sida en África. Probablemente no tolerará las propuestas de aliviar la posición de la iglesia sobre el sacerdocio femenino, el divorcio y la investigación de las células madre -posiciones que han costado a la iglesia seguidores incluso durante el reinado del adorado Papa.
Sólo podemos esperar que los ataques de Benedicto XVI contra el "relativismo moral" lo conducirá a una posición todavía más severa que la de Juan Pablo II sobre los abusos cometidos por sacerdotes que han costado apoyo a la iglesia en Estados Unidos. Ciertamente este no es el único país donde se ha abusado de jóvenes víctimas. ¿Actuará el Papa para erradicar este mal tan activamente como cuando condena a los homosexuales? No necesariamente. Se cree que los cardenales buscaron una decisión rápida para minimizar la percepción de que la iglesia está dividida. De ahí la carrera para ungir al candidato favorito, el lugarteniente jefe de Juan Pablo II.
Benedicto XVI es conocido como un intelectual agudo que es probable que se ocupe del manejo de la administración que el último Papa tendió a pasar por alto. Está habituado a trabajar entre bastidores, sirviendo al Papa como un vigilante doctrinario. Como tal, ha sido en gran parte una fuerza polarizante en la iglesia, reprimiendo duramente a los líderes católicos que buscaban justicia social en América Latina o que estaban desencantados con las enseñanzas del Vaticano.
Pero ¿cómo lo hará frente a las cámaras que el Papa Juan Pablo II empleaba tan diestramente para irradiar su mensaje y su amistosa presencia? Quizás no importe. Pocos sucesores pueden esperar competir con el carisma espiritual del último Papa.
Esos son los temas del pasado y futuro de Benedicto XVI. Pero el martes las campanas tañeron y el hombre cano envuelto en la blanca sotana papal sonrió tímidamente.
21 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
benedicto xvi
Prensa liberal preocupada por inclinaciones antimusulmanas de nuevo Papa.
Debido a que casi todos los cardenales que se reunieron para elegir al nuevo Papa fueron nombrados por Juan Pablo II, probablemente no es tan sorprendente que hayan elegido a alguien tan cercano como posible al difunto pontífice. El cardenal José Ratzinger, el nuevo Papa Benedicto XVI, trabajó en estrecha asociación con su predecesor y compartía la posición de una firme defensa de la doctrina católica ortodoxa. Por supuesto, no hay razón para esperar ningún cambio de la iglesia en asuntos como el control de la natalidad, el celibato sacerdotal o la homosexualidad. Son temas relacionados con la fe, y se dejan propiamente a los fieles. Sin embargo, en materias públicas tenemos todos razón para preocuparnos de las opiniones del líder de más de mil millones de católicos.
Por ejemplo, como cardenal, el nuevo Papa se insertó a sí mismo el año pasado en el debate sobre si permitir o no el ingreso de Turquía en la Unión Europea. Fue citado diciendo que integrar a Turquía, un país predominantemente musulmán de 70 millones de personas, diluiría la cultura de lo que él considera un continente cristiano y que Turquía en realidad debería permanecer junto a otros países musulmanes. En una época en que hay pocas cosas más importantes que la reconciliación del mundo islámico con el Occidente no-musulmán, sería extremadamente inquietante si el Papa se transforma en una innecesaria brecha. También se desviaría del legado de Juan Pablo II, el que, a pesar de su conservadurismo doctrinario, fue un hombre conocido por su acercamiento a gente de otros credos.
Como su predecesor, Benedicto XVI no es italiano, pero continúa una antigua tradición de Papas europeos en una época en que el catolicismo crece cada vez más fuera de Europa. Su futuro parece estar en el hemisferio sur, especialmente en los países en desarrollo de Asia y África, donde el Papa Juan Pablo II era querido por su cálida y paternal personalidad.
Al menos como cardenal, Benedicto XVI era más cortés que carismático. Es un logrado políglota que habla 10 idiomas, un teólogo de gran estatura y un hombre que ha tenido una carrera académica tanto como eclesiástica. Todos los que oyeron su homenaje en el funeral del último Papa se quedaron impresionados por su elocuencia y devoción a Juan Pablo. Es posible que los cardenales que lo han elegido esperan proteger a la iglesia de corrupciones doctrinales en momentos en que más y más fieles viven en lugares donde las congregaciones habitualmente adaptan su religión a las costumbres y creencias locales.
El nuevo Papa, 78, probablemente no reinará demasiado como causar el impacto de su predecesor. Pero la iglesia ha elegido en el pasado a hombres que eran supuestamente transicionales y que se convirtieron en agentes de extensos cambios. El bien amado Papa Juan XXIII fue un ejemplo reciente. Y en una era cargada con los peligros de hoy, cualquiera que ocupe el trono de San Pedro obtiene un abrumador poder para hacer el bien y la responsabilidad de prevenir el mal. Hoy, el mundo sólo puede desear al Papa Benedicto XVI fortaleza e inspiración cuando asuma el extraordinario peso del liderazgo espiritual, moral y político.
20 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh
Debido a que casi todos los cardenales que se reunieron para elegir al nuevo Papa fueron nombrados por Juan Pablo II, probablemente no es tan sorprendente que hayan elegido a alguien tan cercano como posible al difunto pontífice. El cardenal José Ratzinger, el nuevo Papa Benedicto XVI, trabajó en estrecha asociación con su predecesor y compartía la posición de una firme defensa de la doctrina católica ortodoxa. Por supuesto, no hay razón para esperar ningún cambio de la iglesia en asuntos como el control de la natalidad, el celibato sacerdotal o la homosexualidad. Son temas relacionados con la fe, y se dejan propiamente a los fieles. Sin embargo, en materias públicas tenemos todos razón para preocuparnos de las opiniones del líder de más de mil millones de católicos.Por ejemplo, como cardenal, el nuevo Papa se insertó a sí mismo el año pasado en el debate sobre si permitir o no el ingreso de Turquía en la Unión Europea. Fue citado diciendo que integrar a Turquía, un país predominantemente musulmán de 70 millones de personas, diluiría la cultura de lo que él considera un continente cristiano y que Turquía en realidad debería permanecer junto a otros países musulmanes. En una época en que hay pocas cosas más importantes que la reconciliación del mundo islámico con el Occidente no-musulmán, sería extremadamente inquietante si el Papa se transforma en una innecesaria brecha. También se desviaría del legado de Juan Pablo II, el que, a pesar de su conservadurismo doctrinario, fue un hombre conocido por su acercamiento a gente de otros credos.
Como su predecesor, Benedicto XVI no es italiano, pero continúa una antigua tradición de Papas europeos en una época en que el catolicismo crece cada vez más fuera de Europa. Su futuro parece estar en el hemisferio sur, especialmente en los países en desarrollo de Asia y África, donde el Papa Juan Pablo II era querido por su cálida y paternal personalidad.
Al menos como cardenal, Benedicto XVI era más cortés que carismático. Es un logrado políglota que habla 10 idiomas, un teólogo de gran estatura y un hombre que ha tenido una carrera académica tanto como eclesiástica. Todos los que oyeron su homenaje en el funeral del último Papa se quedaron impresionados por su elocuencia y devoción a Juan Pablo. Es posible que los cardenales que lo han elegido esperan proteger a la iglesia de corrupciones doctrinales en momentos en que más y más fieles viven en lugares donde las congregaciones habitualmente adaptan su religión a las costumbres y creencias locales.
El nuevo Papa, 78, probablemente no reinará demasiado como causar el impacto de su predecesor. Pero la iglesia ha elegido en el pasado a hombres que eran supuestamente transicionales y que se convirtieron en agentes de extensos cambios. El bien amado Papa Juan XXIII fue un ejemplo reciente. Y en una era cargada con los peligros de hoy, cualquiera que ocupe el trono de San Pedro obtiene un abrumador poder para hacer el bien y la responsabilidad de prevenir el mal. Hoy, el mundo sólo puede desear al Papa Benedicto XVI fortaleza e inspiración cuando asuma el extraordinario peso del liderazgo espiritual, moral y político.
20 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh
el nuevo papa
No es probable que Benedicto XVI se desvíe de la doctrina de Juan Pablo.
"Una fe adulta no sigue los dictados de la moda ni de la última novedad". Con esas palabras concluyó el cardenal José Ratzinger, ahora el Papa Benedicto XVI, el último sermón que dio antes de que los cardenales de la iglesia católica celebraran su cónclave en Roma. No nos corresponde comentar sobre asuntos doctrinarios de la iglesia ni en realidad sobre las deliberaciones internas de una institución religiosa. Pero como lo demostró la reacción internacional ante la muerte del Papa Juan Pablo II -y como la internacional multitud que ayer ondeaba banderas en la Plaza de San Pedro lo demostró una vez más-, el jefe de la iglesia católica tiene una extraordinaria influencia política y moral en el mundo. Hay áreas en las que el nuevo Papa podría tener un enorme impacto, tanto sobre católicos como no-católicos, aquí y en otros lugares, para mejor o peor.
El Papa Juan Pablo II se hizo famoso por acercarse a otras religiones, y hay motivos para esperar que su sucesor continúe esa tradición. El Papa Benedicto XVI podría hacer un gran bien expresando una clara y abierta oposición a la intolerancia y al prejuicio religioso en un mundo donde hay demasiado de ambos. También esperamos que este Papa, como su predecesor, haga frente a las dictaduras del mundo y en defensa de los derechos de los católicos y otros en la libre práctica de sus credos. Debido a la presencia de su iglesia en casi todos los países del mundo, el Papa goza de una posición inusualmente privilegiada para hablar sobre los abusos de derechos humanos, el respeto por la dignidad humana y el imperio de la ley.
Hay quizás menos razones para esperar que el Papa Benedicto XVI reconsidere políticas que creemos que tienen efectos nocivos, pero es justo señalar que no son sólo los católicos los que las sufren. Ciertamente esperamos que la admirable profesión del Papa Benedicto XVI sobre la "fe adulta" no signifique que la iglesia deba continuar impidiendo la distribución de condones en África y otros países en desarrollo, donde un mayor uso podría inhibir la propagación del sida y prevenir miles de muertes prematuras. También esperamos que el nuevo Papa tenga el coraje de intervenir rápida y decisivamente para implantar una política de tolerancia cero cuando se trate de sacerdotes que abusan de niños. Y esperamos que sopese los posibles beneficios de nuevas tecnologías médicas, y no desecharlas de antemano. Es un púlpito extraordinario el que le han dado al cardenal Ratzinger. Si lo usa bien, será de beneficio para todo el mundo.
20 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
El Papa Juan Pablo II se hizo famoso por acercarse a otras religiones, y hay motivos para esperar que su sucesor continúe esa tradición. El Papa Benedicto XVI podría hacer un gran bien expresando una clara y abierta oposición a la intolerancia y al prejuicio religioso en un mundo donde hay demasiado de ambos. También esperamos que este Papa, como su predecesor, haga frente a las dictaduras del mundo y en defensa de los derechos de los católicos y otros en la libre práctica de sus credos. Debido a la presencia de su iglesia en casi todos los países del mundo, el Papa goza de una posición inusualmente privilegiada para hablar sobre los abusos de derechos humanos, el respeto por la dignidad humana y el imperio de la ley.
Hay quizás menos razones para esperar que el Papa Benedicto XVI reconsidere políticas que creemos que tienen efectos nocivos, pero es justo señalar que no son sólo los católicos los que las sufren. Ciertamente esperamos que la admirable profesión del Papa Benedicto XVI sobre la "fe adulta" no signifique que la iglesia deba continuar impidiendo la distribución de condones en África y otros países en desarrollo, donde un mayor uso podría inhibir la propagación del sida y prevenir miles de muertes prematuras. También esperamos que el nuevo Papa tenga el coraje de intervenir rápida y decisivamente para implantar una política de tolerancia cero cuando se trate de sacerdotes que abusan de niños. Y esperamos que sopese los posibles beneficios de nuevas tecnologías médicas, y no desecharlas de antemano. Es un púlpito extraordinario el que le han dado al cardenal Ratzinger. Si lo usa bien, será de beneficio para todo el mundo.
20 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
otro lado oscuro de la guerra
[Jeffrey Fleishman] Denuncias ofrecen mirada en otro lado oscuro de la guerra contra el terrorismo.
Ulm, Alemania. Khaled el-Masri dice que su extraño y violento viaje al vacío empezó en un autobús en la noche vieja de 2003.
Cuando volvió a la ciudad cinco meses después, sus amigos no creyeron en la odisea que contó. Masri fue secuestrado en Macedonia, golpeado por hombres enmascarados que le vendaron la vista, le inyectaron drogas y lo llevaron a Afganistán, donde fue encarcelado e interrogado por agentes secretos norteamericanos. Dijo que fue finalmente liberado en las montañas de Albania.
"Una persona me dijo que no contara esta historia porque es tan extraña que nadie me creería", dijo Masri, ciudadano alemán nacido en el Líbano.
Un fiscal de Munich ha iniciado una investigación y tiene intenciones de interrogar a funcionarios norteamericanos sobre la denuncia del vendedor de coches desempleado de que fue injustamente identificado como un militante islámico. La historia de Masri, si es verídica, ofrecería una rara mirada de primera mano en la desaparición de un hombre en una dimensión oculta de la guerra contra el terrorismo de Bush.
Desde los atentados del 11 de septiembre, las autoridades norteamericanas han usado centros de detención y cárceles en el extranjero para retener o interrogar a sospechosos de terrorismo, como en Bahía Guantánamo, Cuba. Muchos de los estimados 9.000 prisioneros bajo custodia militar norteamericana fueron capturados en Iraq, pero otros, como Masri, fueron según se dice secuestrados en otro país, entregados a las autoridades norteamericanas en Afganistán o en otras partes y detenidos durante meses.
Un portavoz de la CIA se negó a comentar el caso de Masri, pero funcionarios de la Casa Blanca, el ministerio de Justicia y la CIA han insistido durante largo tiempo que las leyes estadounidenses permiten esas operaciones encubiertas. Dicen que los funcionarios norteamericanos ha asegurado en todos los casos que no han sido torturados.
"No somos canallas en esta agencia sobre esos asuntos", dijo un ex funcionario de la CIA familiarizado con la práctica. "Todos estos programas se han aplicado bajo estricta supervisión, y ha salvado vidas".
El gobierno alemán está investigando las acusaciones de Masri.
"No tengo indicios de que Masri no esté contando la verdad", dijo en una entrevista reciente Martin Hofmann, el fiscal de Munich. Análisis de pelo -que puede detectar desnutrición y si alguien ha pasado algún tiempo en alguna parte del mundo- sugiere que Masri fue maltratado y pudo haber sido en Afganistán a principios de 2004, dijo su abogado, Manfred Gnjidic.
"No puedo acusar de secuestro a un país", dijo Hofmann. "Ahora las decisiones deben ser tomadas por las autoridades alemanas superiores. Teniendo en cuenta la naturaleza políticamente explosivo de este caso, creo que puede ser resuelto expeditamente".
Las acusaciones de Masri se producen en un momento delicado para Washington y Berlín. El presidente Bush y el canciller alemán Gerhard Schroeder se reunieron el mes pasado para ayudar a remendar los vínculos en la secuela de la oposición alemana a la invasión norteamericana de Iraq. Funcionarios alemanes están preocupados de que el posible secuestro de uno de sus ciudadanos, pero no quieren poner en peligro la cooperación con Washington en la guerra contra el terrorismo. También está la pregunta sobre qué papel, si alguno, jugó la inteligencia alemana en la desaparición de Masri.
Masri, un hombre corpulento con el pelo negro peinado hacia atrás, puede haber tenido problemas debido a su nombre y lugar de culto.
Su mezquita, la Casa Multicultural en Ulm, ha estado bajo vigilancia de las autoridades alemanas como un refugio de ulemas y extremistas radicales. Algunos de sus fieles se alistaron con militantes en Chechenia, la república separatista rusa. Reda Seyam, sospechoso de ser miembro de Al Qaeda, que fue arrestado después del atentado con bomba contra una discoteca en Bali, Indonesia, y más tarde dejado en libertad, pasó un tiempo en la mezquita de Ulm y una vez tomó prestado un coche que pertenecía a la esposa de Masri.
En un giro de aumenta la posibilidad de confusión de identidades, los servicios de inteligencia de Estados Unidos clasificaron a Khaled el-Masri como un sospechoso operativo terrorista con lazos con Osama bin Laden. Ese Masri, del que se cree que está todavía fugitivo, supuestamente convenció a varios de los secuestradores del 11 de septiembre de 2001, incluyendo a Mohamed Atta, para seguir adiestramiento en los campos de bin Laden en Afganistán.
Esos factores pueden haber convergido cuando Masri estaba en un bus en vísperas de noche vieja.
Masri, padre de cuatro hijos, dijo que estaba teniendo problemas con su familia y decidió escapar de su pequeño apartamento para pasar una cortas vacaciones en Macedonia. Este informe causa dudas entre algunos funcionarios alemanes, pero Masri insiste en que necesitaba tiempo para alejarse de su mujer.
El tenor de su viaje cambió hacia las tres de la tarde, cuando su pasaporte fue confiscado después de que el bus cruzara la frontera serbia hacia Macedonia. Tres horas más tarde, dijo Masri, estaba esperando que le devolvieran los documentos cuando "llegaron dos tipos de paisano y con pistolas y me preguntaron si tenía conexiones con organizaciones islámicas. Les dije que no. Me interrogaron hasta las 10 de la noche, y luego me subieron a un coche".
Masri dijo que fue llevado a un hotel en la capital, Skopje, y fue custodiado por equipos de macedonios de tres hombres que trabajaban en turnos. Dijo que pidió ver a un funcionario de la embajada alemana, pero nadie apareció. Trató de huir, dijo, pero fue amenazado con armas.
Al séptimo día de su confinamiento, dijo, un hombre lo fotografió y tomó sus huellas dactilares. Otro hombre, al que Masri describe como el "gran patrón", le ofreció un trato.
"El gran patrón me dijo los días que habían pasado", dijo. "Me dijo que si confesaba que pertenecía a Al Qaeda, me deportarían a Alemania. Yo me negué. Siguieron haciéndome preguntas sobre mi vida. ¿Cuántas veces rezaba? ¿Bebía alcohol? ¿Pertenecía a la Hermandad Musulmana? ¿Conocía a extremistas? Me hicieron todas las preguntas en inglés. No me dejaron llamar a mi esposa".
Masri dijo que había contado a los interrogadores que asistía a la mezquita de Ulm para rezar pero no tenía conexiones con extremistas. Dijo que fue entonces acusado de tener un pasaporte falso y de ser un egipcio que había estado en Afganistán. Se le negó la ayuda de un abogado, dijo, y empezó una huelga de hambre cuando llevaba 13 días en el hotel.
Diez días después, el 23 de enero, un hombre con una cámara de video le dijo a Masri que se parara junto a una pared y le ordenó que dijera que estaba en buenas condiciones físicas y que estaba siendo trasladado al aeropuerto para zarpar hacia Alemania, dijo Masri. Le vendaron los ojos y fue subido a un coche.
"En el trayecto pude oír el ruido de los aviones. Me llevaron a un cuarto. Cerraron la puerta detrás de mí y me golpearon durante un minuto. Pusieron sus armas contra mi espalda y me desnudaron. Oí el click de una cámara. Durante un momento me sacaron la venda. Había siete u ocho hombres vestidos de negro y con máscaras. Traté de quedarme con mis calzoncillos, pero me los arrancaron. Me pusieron pañales y un chandal azul oscuro con las piernas y las mangas cortadas".
Dijo que fue llevado a un avión con las manos atadas a la espalda y con grilletes en sus pies. "Me pusieron tapones en los oídos y un saco en la cabeza. Me echaron al suelo y me inyectaron algo. Perdí la conciencia. En algún momento olí el tipo de alcohol que usan en los hospitales. Recibí otra inyección".
Documentos de aviación mostrados por Los Angeles Times enseñan que un avión registrado con una compañía norteamericana aterrizó en el aeropuerto de Skopje a las 8:51 de la tarde, el 23 de enero de 2004. El número de registro del avión era N313P y estaba registrado con los Servicios de Transporte Premier Executive, una firma de Massachusetts con conexiones con la CIA. No entregaba los números de teléfono de la compañía ni sus directores.
El avión salió de Skopje más de tres horas después, y su destino -revelado primero por el programa de televisión alemán Frontal 21'- era Kabul, la capital afgana, con una parada en Bagdad.
Cuando fue sacado del avión, dijo Masri, fue puesto en la maletera de un coche para un trayecto de unos 10 minutos. "Desperté en una celda chica y sucia", dijo. "Era como el cuarto de un sótano con una pequeña ventana. Había textos en árabe y en farsi en la pared, de otros prisioneros. Fue entonces que supe que estaba en Afganistán".
Su celda estaba en un pabellón con otras cinco celdas, dijo, agregando que los otros reclusos incluían a tres saudíes, dos tanzanos, un paquistaní que había estado viviendo en Estados Unidos y un yemení.
Masri dijo que mientras estaba en Afganistán no fue torturado, pero fue fotografiado desnudo. Un doctor que hablaba inglés y que llevaba vaqueros y una camisa a cuadros, y que fue identificado por un intérprete como norteamericano, le sacó una vez sangre, dijo, agregando: "Me quejé al doctor sobre el agua sucia en mi celda y dijo: "Eso no es problema nuestro, es problema de los afganos".Masri dijo que un interrogador, un hombre con acento libanés, le dijo: "Estás en un país donde no hay leyes y nadie sabe dónde estás. ¿Sabes lo que significa?"
Durante los meses siguientes, dijo Masri, el ciclo fue el mismo. Lo sacaban de la celda varios minutos al día. Algunas noches, dijo, hombres con máscara lo llevaban a un cuarto donde era interrogado de 30 minutos a 2 horas. Dos de sus interrogadores, dijo, se identificaron a sí mismos como norteamericanos. Dijo que los americanos lo interrogaron diez veces. También fue interrogado algunas veces por un hombre que hablaba alemán que se identificó a sí mismo como Sam.
"Las preguntas eran siempre las mismas", dijo Masri. "Querían saber sobre la mezquita y el centro de información islámica en Ulm. Me preguntaron si conocía a Mohamed Atta. Pero las preguntas nunca eran sobre actos específicos... Yo seguí insistiendo en ver a autoridades alemanas. Estuve 37 días en huelga de hambre.
"Al día 35 perdí la conciencia. Al 37 el doctor norteamericano volvió el director norteamericano de la cárcel. Me dijeron que parara mi huelga de hambre. Yo estaba amarrado a una silla y me echaron la cabeza hacia atrás y me pusieron un tubo en la nariz y me echaron un líquido que parecía chocolate".
Un poco más tarde, el 28 de mayo de 2004, dijo Masri, fue sacado de su celda y vendado. Dijo que fue subido a un avión y lo llevaron a Tirana, la capital albanesa. Masri dijo que cuando el avió aterrizó le entregaron su pasaporte, subido a una furgoneta y conducido durante tres horas por las montañas. Fue echado fuera y la furgoneta desapareció. "Caminé 500 metros. Yo tenía el pelo largo y barba. Llegué a un puesto de control y pregunté dónde estaba", dijo Masri. "Un guardia me dijo que estaba en la frontera albano-macedonia. Luego me dijo que yo estaba ilegalmente en el país porque no tenía un sello de entrada en mi pasaporte. Dijo: Pareces un terrorista'. Le conté mi historia y se rió".
Los guardias lo subieron a una furgoneta y lo llevaron a través de las montañas al Aeropuerto Madre Teresa en Tirana. Dijo que fue subido a un avión que aterrizó en Frankfurt, Alemania. Horas más tarde llegó a Ulm. Su apartamento estaba vacío, excepto las cuentas impagas. Su esposa y cuatro hijos no estaban; se habían mudado al Líbano cuando no retornó en los meses siguientes.
"Nadie dijo: Lo lamento, fue un error'", dijo Masri. "Ahora quiero saber qué pasó y por qué pasó. Quiero que los responsables sean castigados".
Nunca fue acusado de delito alguno.
Bob Drogin en Washington contribuyó a este reportaje.
12 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Cuando volvió a la ciudad cinco meses después, sus amigos no creyeron en la odisea que contó. Masri fue secuestrado en Macedonia, golpeado por hombres enmascarados que le vendaron la vista, le inyectaron drogas y lo llevaron a Afganistán, donde fue encarcelado e interrogado por agentes secretos norteamericanos. Dijo que fue finalmente liberado en las montañas de Albania.
"Una persona me dijo que no contara esta historia porque es tan extraña que nadie me creería", dijo Masri, ciudadano alemán nacido en el Líbano.
Un fiscal de Munich ha iniciado una investigación y tiene intenciones de interrogar a funcionarios norteamericanos sobre la denuncia del vendedor de coches desempleado de que fue injustamente identificado como un militante islámico. La historia de Masri, si es verídica, ofrecería una rara mirada de primera mano en la desaparición de un hombre en una dimensión oculta de la guerra contra el terrorismo de Bush.
Desde los atentados del 11 de septiembre, las autoridades norteamericanas han usado centros de detención y cárceles en el extranjero para retener o interrogar a sospechosos de terrorismo, como en Bahía Guantánamo, Cuba. Muchos de los estimados 9.000 prisioneros bajo custodia militar norteamericana fueron capturados en Iraq, pero otros, como Masri, fueron según se dice secuestrados en otro país, entregados a las autoridades norteamericanas en Afganistán o en otras partes y detenidos durante meses.
Un portavoz de la CIA se negó a comentar el caso de Masri, pero funcionarios de la Casa Blanca, el ministerio de Justicia y la CIA han insistido durante largo tiempo que las leyes estadounidenses permiten esas operaciones encubiertas. Dicen que los funcionarios norteamericanos ha asegurado en todos los casos que no han sido torturados.
"No somos canallas en esta agencia sobre esos asuntos", dijo un ex funcionario de la CIA familiarizado con la práctica. "Todos estos programas se han aplicado bajo estricta supervisión, y ha salvado vidas".
El gobierno alemán está investigando las acusaciones de Masri.
"No tengo indicios de que Masri no esté contando la verdad", dijo en una entrevista reciente Martin Hofmann, el fiscal de Munich. Análisis de pelo -que puede detectar desnutrición y si alguien ha pasado algún tiempo en alguna parte del mundo- sugiere que Masri fue maltratado y pudo haber sido en Afganistán a principios de 2004, dijo su abogado, Manfred Gnjidic.
"No puedo acusar de secuestro a un país", dijo Hofmann. "Ahora las decisiones deben ser tomadas por las autoridades alemanas superiores. Teniendo en cuenta la naturaleza políticamente explosivo de este caso, creo que puede ser resuelto expeditamente".
Las acusaciones de Masri se producen en un momento delicado para Washington y Berlín. El presidente Bush y el canciller alemán Gerhard Schroeder se reunieron el mes pasado para ayudar a remendar los vínculos en la secuela de la oposición alemana a la invasión norteamericana de Iraq. Funcionarios alemanes están preocupados de que el posible secuestro de uno de sus ciudadanos, pero no quieren poner en peligro la cooperación con Washington en la guerra contra el terrorismo. También está la pregunta sobre qué papel, si alguno, jugó la inteligencia alemana en la desaparición de Masri.
Masri, un hombre corpulento con el pelo negro peinado hacia atrás, puede haber tenido problemas debido a su nombre y lugar de culto.
Su mezquita, la Casa Multicultural en Ulm, ha estado bajo vigilancia de las autoridades alemanas como un refugio de ulemas y extremistas radicales. Algunos de sus fieles se alistaron con militantes en Chechenia, la república separatista rusa. Reda Seyam, sospechoso de ser miembro de Al Qaeda, que fue arrestado después del atentado con bomba contra una discoteca en Bali, Indonesia, y más tarde dejado en libertad, pasó un tiempo en la mezquita de Ulm y una vez tomó prestado un coche que pertenecía a la esposa de Masri.
En un giro de aumenta la posibilidad de confusión de identidades, los servicios de inteligencia de Estados Unidos clasificaron a Khaled el-Masri como un sospechoso operativo terrorista con lazos con Osama bin Laden. Ese Masri, del que se cree que está todavía fugitivo, supuestamente convenció a varios de los secuestradores del 11 de septiembre de 2001, incluyendo a Mohamed Atta, para seguir adiestramiento en los campos de bin Laden en Afganistán.
Esos factores pueden haber convergido cuando Masri estaba en un bus en vísperas de noche vieja.
Masri, padre de cuatro hijos, dijo que estaba teniendo problemas con su familia y decidió escapar de su pequeño apartamento para pasar una cortas vacaciones en Macedonia. Este informe causa dudas entre algunos funcionarios alemanes, pero Masri insiste en que necesitaba tiempo para alejarse de su mujer.
El tenor de su viaje cambió hacia las tres de la tarde, cuando su pasaporte fue confiscado después de que el bus cruzara la frontera serbia hacia Macedonia. Tres horas más tarde, dijo Masri, estaba esperando que le devolvieran los documentos cuando "llegaron dos tipos de paisano y con pistolas y me preguntaron si tenía conexiones con organizaciones islámicas. Les dije que no. Me interrogaron hasta las 10 de la noche, y luego me subieron a un coche".
Masri dijo que fue llevado a un hotel en la capital, Skopje, y fue custodiado por equipos de macedonios de tres hombres que trabajaban en turnos. Dijo que pidió ver a un funcionario de la embajada alemana, pero nadie apareció. Trató de huir, dijo, pero fue amenazado con armas.
Al séptimo día de su confinamiento, dijo, un hombre lo fotografió y tomó sus huellas dactilares. Otro hombre, al que Masri describe como el "gran patrón", le ofreció un trato.
"El gran patrón me dijo los días que habían pasado", dijo. "Me dijo que si confesaba que pertenecía a Al Qaeda, me deportarían a Alemania. Yo me negué. Siguieron haciéndome preguntas sobre mi vida. ¿Cuántas veces rezaba? ¿Bebía alcohol? ¿Pertenecía a la Hermandad Musulmana? ¿Conocía a extremistas? Me hicieron todas las preguntas en inglés. No me dejaron llamar a mi esposa".
Masri dijo que había contado a los interrogadores que asistía a la mezquita de Ulm para rezar pero no tenía conexiones con extremistas. Dijo que fue entonces acusado de tener un pasaporte falso y de ser un egipcio que había estado en Afganistán. Se le negó la ayuda de un abogado, dijo, y empezó una huelga de hambre cuando llevaba 13 días en el hotel.
Diez días después, el 23 de enero, un hombre con una cámara de video le dijo a Masri que se parara junto a una pared y le ordenó que dijera que estaba en buenas condiciones físicas y que estaba siendo trasladado al aeropuerto para zarpar hacia Alemania, dijo Masri. Le vendaron los ojos y fue subido a un coche.
"En el trayecto pude oír el ruido de los aviones. Me llevaron a un cuarto. Cerraron la puerta detrás de mí y me golpearon durante un minuto. Pusieron sus armas contra mi espalda y me desnudaron. Oí el click de una cámara. Durante un momento me sacaron la venda. Había siete u ocho hombres vestidos de negro y con máscaras. Traté de quedarme con mis calzoncillos, pero me los arrancaron. Me pusieron pañales y un chandal azul oscuro con las piernas y las mangas cortadas".
Dijo que fue llevado a un avión con las manos atadas a la espalda y con grilletes en sus pies. "Me pusieron tapones en los oídos y un saco en la cabeza. Me echaron al suelo y me inyectaron algo. Perdí la conciencia. En algún momento olí el tipo de alcohol que usan en los hospitales. Recibí otra inyección".
Documentos de aviación mostrados por Los Angeles Times enseñan que un avión registrado con una compañía norteamericana aterrizó en el aeropuerto de Skopje a las 8:51 de la tarde, el 23 de enero de 2004. El número de registro del avión era N313P y estaba registrado con los Servicios de Transporte Premier Executive, una firma de Massachusetts con conexiones con la CIA. No entregaba los números de teléfono de la compañía ni sus directores.
El avión salió de Skopje más de tres horas después, y su destino -revelado primero por el programa de televisión alemán Frontal 21'- era Kabul, la capital afgana, con una parada en Bagdad.
Cuando fue sacado del avión, dijo Masri, fue puesto en la maletera de un coche para un trayecto de unos 10 minutos. "Desperté en una celda chica y sucia", dijo. "Era como el cuarto de un sótano con una pequeña ventana. Había textos en árabe y en farsi en la pared, de otros prisioneros. Fue entonces que supe que estaba en Afganistán".
Su celda estaba en un pabellón con otras cinco celdas, dijo, agregando que los otros reclusos incluían a tres saudíes, dos tanzanos, un paquistaní que había estado viviendo en Estados Unidos y un yemení.
Masri dijo que mientras estaba en Afganistán no fue torturado, pero fue fotografiado desnudo. Un doctor que hablaba inglés y que llevaba vaqueros y una camisa a cuadros, y que fue identificado por un intérprete como norteamericano, le sacó una vez sangre, dijo, agregando: "Me quejé al doctor sobre el agua sucia en mi celda y dijo: "Eso no es problema nuestro, es problema de los afganos".Masri dijo que un interrogador, un hombre con acento libanés, le dijo: "Estás en un país donde no hay leyes y nadie sabe dónde estás. ¿Sabes lo que significa?"
Durante los meses siguientes, dijo Masri, el ciclo fue el mismo. Lo sacaban de la celda varios minutos al día. Algunas noches, dijo, hombres con máscara lo llevaban a un cuarto donde era interrogado de 30 minutos a 2 horas. Dos de sus interrogadores, dijo, se identificaron a sí mismos como norteamericanos. Dijo que los americanos lo interrogaron diez veces. También fue interrogado algunas veces por un hombre que hablaba alemán que se identificó a sí mismo como Sam.
"Las preguntas eran siempre las mismas", dijo Masri. "Querían saber sobre la mezquita y el centro de información islámica en Ulm. Me preguntaron si conocía a Mohamed Atta. Pero las preguntas nunca eran sobre actos específicos... Yo seguí insistiendo en ver a autoridades alemanas. Estuve 37 días en huelga de hambre.
"Al día 35 perdí la conciencia. Al 37 el doctor norteamericano volvió el director norteamericano de la cárcel. Me dijeron que parara mi huelga de hambre. Yo estaba amarrado a una silla y me echaron la cabeza hacia atrás y me pusieron un tubo en la nariz y me echaron un líquido que parecía chocolate".
Un poco más tarde, el 28 de mayo de 2004, dijo Masri, fue sacado de su celda y vendado. Dijo que fue subido a un avión y lo llevaron a Tirana, la capital albanesa. Masri dijo que cuando el avió aterrizó le entregaron su pasaporte, subido a una furgoneta y conducido durante tres horas por las montañas. Fue echado fuera y la furgoneta desapareció. "Caminé 500 metros. Yo tenía el pelo largo y barba. Llegué a un puesto de control y pregunté dónde estaba", dijo Masri. "Un guardia me dijo que estaba en la frontera albano-macedonia. Luego me dijo que yo estaba ilegalmente en el país porque no tenía un sello de entrada en mi pasaporte. Dijo: Pareces un terrorista'. Le conté mi historia y se rió".
Los guardias lo subieron a una furgoneta y lo llevaron a través de las montañas al Aeropuerto Madre Teresa en Tirana. Dijo que fue subido a un avión que aterrizó en Frankfurt, Alemania. Horas más tarde llegó a Ulm. Su apartamento estaba vacío, excepto las cuentas impagas. Su esposa y cuatro hijos no estaban; se habían mudado al Líbano cuando no retornó en los meses siguientes.
"Nadie dijo: Lo lamento, fue un error'", dijo Masri. "Ahora quiero saber qué pasó y por qué pasó. Quiero que los responsables sean castigados".
Nunca fue acusado de delito alguno.
Bob Drogin en Washington contribuyó a este reportaje.
12 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
¿otra revolución rusa?
[Peter Finn] Movimiento juvenil adopta espíritu rebelde.
Moscú, Rusia. En Rusia repentinamente todo el mundo habla sobre una revolución.
En un país con un presidente popular, una economía en crecimiento y una oposición fragmentada y débil, Rusia no parece madura para el tipo de revuelta que derrocó a los gobiernos de Georgia, Ucrania y Kyrgyzstán en los últimos 17 meses. Pero como dijo Lenin alguna vez: "Una revolución es un milagro", y el Kremlin y sus opositores políticos parecen espantados ante la posibilidad.
"Existe en Rusia un espíritu naranja", dijo Andrei Sidelnikov, el joven jefe del nuevo grupos juvenil ruso Pora! (Ya Es Hora), que tomó su nombre de los jóvenes activistas que estuvieron en el centro de las protestas callejeras a fines del año pasado que finalmente llevaron a Viktor Yushchenko al poder en Ucrania. "Estamos viviendo en una nueva era de política callejera. Nuestra gente joven es cada vez más activa... Podrían explotar cuando no puedan soportarlo".
La afirmación de Sidelnikov, hecha en una rueda de prensa en Moscú esta semana, habría parecido ridícula hace algunos meses. Pero después de la Revolución Naranja en Ucrania, el gobierno del presidente Vladimir Putin se vio inesperadamente sacudido por miles de jubilados que se echaron a la calle a protestar por los recortes de sus pensiones. Se ellos se unieron los departamentos juveniles de los partidos políticos de oposición.
El gobierno retrocedió rápidamente y la amenaza se disipó, pero el temor o la expectativa de un cambio radical siguen en el aire.
"Si nos logramos consolidar a las elites, Rusia podría desaparecer como un país", dijo esta semana Dmitri Medvedev, el jefe del estado mayor del Kremlin en la revista rusa Ekspert. "La desintegración de la Unión Soviética se verá como un juego de niños en comparación con el derrumbe de los gobiernos en Ruia moderna".
Esta primavera la excitación se ha centrado en el potencial de la gente joven del país que hasta ahora sólo era conocida por su apatía política. Tanto el Kremlin como la oposición han estado fundando grupos juveniles para fomentar o impedir disturbios. En meses recientes, además de Pora!, se han formado grupos con nombres como Defensa y Andando Sin Putin para luchar contra lo que describen como una dictadura emergente. Fuerzas pro-gobierno han formado organizaciones llamadas Nashi y Unión de Jóvenes Euroasiáticos; la última ha prometido "pararse como escudos humanos ante la excavadora naranja".
El subdirector en el gobierno de Putin, Vladislaw Surkov, se reunió el mes pasado con algunos de los más importantes músicos rockeros del país, ostensiblemente para hablar sobre el estado de la industria.
Pero la reunión provocó especulaciones de que el Kremlin quiere cultivar la lealtad de la industria musical, que jugó un papel crucial de apoyo a las multitudes de la Plaza de la Independencia en Kiev, la capital ucraniana.
Surkov, una de las eminencias grises del Kremlin y él mismo antiguamente libretista del grupo Agata Kristi, debatió sobre el estado del rock ruso, desde la piratería hasta el dominio del alegre pop de la televisión estatal, de acuerdo a algunos informes aquí y entrevistas con entendidos de la música que hablaron más tarde con algunos de los participantes. Los músicos accedieron no tratar con la prensa la reunión, y el Kremlin se ha negado a dar comentarios.
"Fue una reunión muy aburrida", dijo Alexander Kushnir, compositor y promotor que ha trabajado con algunos de los músicos invitados y hablado con ellos después. "Al comienzo de la reunión, Surkov dijo que no estaba tratando de meterles debajo del estandarte de Putin. Para el Kremlin, era como mandar un cohete a territorio enemigo para hacer fotografías y ayudarles a hacer algún análisis".
Esa misma semana, otro funcionario de gobierno se reunió con un selecto grupo de luminarias del cine, los medios y la prensa para debatir sobre la cultura juvenil.
"El Kremlin empezó a preocuparse, incluso se pusieron histéricos después de los sucesos en Ucrania", dijo Alexander Tarasov, co-director del Nuevo Centro de Sociología y Política Práctica en Moscú, donde estudia los movimientos juveniles. "Tenían miedo de que no tenían ningún plan en caso de que cosas así ocurrieran en Rusia".
Se cree que Surkov también está detrás de la creación de la nueva organización juvenil Nashi, o Nosotros, que realizará su congreso fundador este mes en Moscú. Miembros del grupo, que surgió pocos después de que apareciera Andando Sin Putin antes este año, dicen que quieren crear una nueva elite que gobierne Rusia, al mismo tiempo que impeden cualquier intento de desmantelar el orden existente.
"En mi opinión, todo lo que pasó en Ucrania ha sacudido a Rusia", dijo en una entrevista Ivan Mostovich, 25, secretario de prensa de Nashi. "La gente joven comenzó a discutir y a pensar sobre el rumbo de Rusia. Los principales objetivos de nuestro movimiento son la modernización, la democracia y el patriotismo".
Pero Tarasov y jóvenes activistas como Sidelnikov dicen que creen que Nashi tratará de contener a su vanguardia de vándalos que están preparados para participar en luchas callejeras con otras organizaciones juveniles.
"Para resistir ante organizaciones de jóvenes radicales como Pora! se necesita, además de la fuerza policial, a grupos de jóvenes que sean igual de radicales, pero a favor del gobierno", dijo Tarasov. "Nashi tiene un objetivo claro. Saben que tienen que luchar contra los que quieran cambiar el régimen político de Putin. Su ideología es que los que están contra el régimen son enemigos de la Patria -debe impedirse que usen la violencia".
Los organizadores de Nashi insisten en que no son violentos, pero parte de su retórica parece contradecir esas afirmaciones.
"Es necesario usar mano dura con los traidores", dijo en una entrevista Vasily Yakemenko, uno de los fundadores de Nashi, en el diario Kommersant después de la formación de Andando Sin Putin.
10 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
En un país con un presidente popular, una economía en crecimiento y una oposición fragmentada y débil, Rusia no parece madura para el tipo de revuelta que derrocó a los gobiernos de Georgia, Ucrania y Kyrgyzstán en los últimos 17 meses. Pero como dijo Lenin alguna vez: "Una revolución es un milagro", y el Kremlin y sus opositores políticos parecen espantados ante la posibilidad.
"Existe en Rusia un espíritu naranja", dijo Andrei Sidelnikov, el joven jefe del nuevo grupos juvenil ruso Pora! (Ya Es Hora), que tomó su nombre de los jóvenes activistas que estuvieron en el centro de las protestas callejeras a fines del año pasado que finalmente llevaron a Viktor Yushchenko al poder en Ucrania. "Estamos viviendo en una nueva era de política callejera. Nuestra gente joven es cada vez más activa... Podrían explotar cuando no puedan soportarlo".
La afirmación de Sidelnikov, hecha en una rueda de prensa en Moscú esta semana, habría parecido ridícula hace algunos meses. Pero después de la Revolución Naranja en Ucrania, el gobierno del presidente Vladimir Putin se vio inesperadamente sacudido por miles de jubilados que se echaron a la calle a protestar por los recortes de sus pensiones. Se ellos se unieron los departamentos juveniles de los partidos políticos de oposición.
El gobierno retrocedió rápidamente y la amenaza se disipó, pero el temor o la expectativa de un cambio radical siguen en el aire.
"Si nos logramos consolidar a las elites, Rusia podría desaparecer como un país", dijo esta semana Dmitri Medvedev, el jefe del estado mayor del Kremlin en la revista rusa Ekspert. "La desintegración de la Unión Soviética se verá como un juego de niños en comparación con el derrumbe de los gobiernos en Ruia moderna".
Esta primavera la excitación se ha centrado en el potencial de la gente joven del país que hasta ahora sólo era conocida por su apatía política. Tanto el Kremlin como la oposición han estado fundando grupos juveniles para fomentar o impedir disturbios. En meses recientes, además de Pora!, se han formado grupos con nombres como Defensa y Andando Sin Putin para luchar contra lo que describen como una dictadura emergente. Fuerzas pro-gobierno han formado organizaciones llamadas Nashi y Unión de Jóvenes Euroasiáticos; la última ha prometido "pararse como escudos humanos ante la excavadora naranja".
El subdirector en el gobierno de Putin, Vladislaw Surkov, se reunió el mes pasado con algunos de los más importantes músicos rockeros del país, ostensiblemente para hablar sobre el estado de la industria.
Pero la reunión provocó especulaciones de que el Kremlin quiere cultivar la lealtad de la industria musical, que jugó un papel crucial de apoyo a las multitudes de la Plaza de la Independencia en Kiev, la capital ucraniana.
Surkov, una de las eminencias grises del Kremlin y él mismo antiguamente libretista del grupo Agata Kristi, debatió sobre el estado del rock ruso, desde la piratería hasta el dominio del alegre pop de la televisión estatal, de acuerdo a algunos informes aquí y entrevistas con entendidos de la música que hablaron más tarde con algunos de los participantes. Los músicos accedieron no tratar con la prensa la reunión, y el Kremlin se ha negado a dar comentarios.
"Fue una reunión muy aburrida", dijo Alexander Kushnir, compositor y promotor que ha trabajado con algunos de los músicos invitados y hablado con ellos después. "Al comienzo de la reunión, Surkov dijo que no estaba tratando de meterles debajo del estandarte de Putin. Para el Kremlin, era como mandar un cohete a territorio enemigo para hacer fotografías y ayudarles a hacer algún análisis".
Esa misma semana, otro funcionario de gobierno se reunió con un selecto grupo de luminarias del cine, los medios y la prensa para debatir sobre la cultura juvenil.
"El Kremlin empezó a preocuparse, incluso se pusieron histéricos después de los sucesos en Ucrania", dijo Alexander Tarasov, co-director del Nuevo Centro de Sociología y Política Práctica en Moscú, donde estudia los movimientos juveniles. "Tenían miedo de que no tenían ningún plan en caso de que cosas así ocurrieran en Rusia".
Se cree que Surkov también está detrás de la creación de la nueva organización juvenil Nashi, o Nosotros, que realizará su congreso fundador este mes en Moscú. Miembros del grupo, que surgió pocos después de que apareciera Andando Sin Putin antes este año, dicen que quieren crear una nueva elite que gobierne Rusia, al mismo tiempo que impeden cualquier intento de desmantelar el orden existente.
"En mi opinión, todo lo que pasó en Ucrania ha sacudido a Rusia", dijo en una entrevista Ivan Mostovich, 25, secretario de prensa de Nashi. "La gente joven comenzó a discutir y a pensar sobre el rumbo de Rusia. Los principales objetivos de nuestro movimiento son la modernización, la democracia y el patriotismo".
Pero Tarasov y jóvenes activistas como Sidelnikov dicen que creen que Nashi tratará de contener a su vanguardia de vándalos que están preparados para participar en luchas callejeras con otras organizaciones juveniles.
"Para resistir ante organizaciones de jóvenes radicales como Pora! se necesita, además de la fuerza policial, a grupos de jóvenes que sean igual de radicales, pero a favor del gobierno", dijo Tarasov. "Nashi tiene un objetivo claro. Saben que tienen que luchar contra los que quieran cambiar el régimen político de Putin. Su ideología es que los que están contra el régimen son enemigos de la Patria -debe impedirse que usen la violencia".
Los organizadores de Nashi insisten en que no son violentos, pero parte de su retórica parece contradecir esas afirmaciones.
"Es necesario usar mano dura con los traidores", dijo en una entrevista Vasily Yakemenko, uno de los fundadores de Nashi, en el diario Kommersant después de la formación de Andando Sin Putin.
10 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
desapariciones en chechenia
Rusos asesinan y hacen desaparecer a cientos de miles de civiles.
Cuando las tropas rusas mataron el mes pasado al presidente checheno Aslan Maskhadov, también eliminaron la última esperanza de un acuerdo negociado entre Rusia y las fuerzas separatistas chechenas. El líder checheno sobreviviente, Shamil Basayev, es un terrorista que apoya el asesinato de civiles rusos y con el que las negociaciones son impensables. Maskhadov, al contrario, el presidente elegido de la región separatista del sur de Rusia, era un musulmán laico que llamó repetidas veces a una solución política al devastador conflicto -y fue también repetidamente desairado por el presidente Vladimir Putin.
Ahora un nuevo informe de Human Rights Watch ilustra algunos de los costes humanos de este conflicto sin un fin aparente. En la capital Grozny, el grupo sin fines de lucro informa que ya no hay combates a toda escala, pero lo que sigue es "peor que la guerra", de acuerdo a muchos residentes. La ciudad sigue en las ruinas, sin agua corriente ni electricidad, pero lo que hace que la vida sea verdaderamente insoportable allá y en toda la provincia es la constante amenaza de las "desapariciones". De acuerdo al respetado grupo de derechos humanos ruso, Memorial, han "desaparecido" entre 3.000 y 5.000 civiles desde 1999, cuando tropas rusas entraron a Chechenia por segunda vez en una década. Estadísticas oficiales del gobierno reconocen más de 2.000 desapariciones.
En enero, durante un viaje por Chechenia, investigadores de Human Rights Watch concluyeron que la inmensa mayoría de los secuestros son realizados por fuerzas de seguridad rusas o chechenas pro-rusas. La mayoría de las víctimas son hombres, pero cada vez más mujeres están siendo secuestradas. Las fuerzas de seguridad, a menudo armadas y con el rostro cubierto, a veces borrachos, llegan normalmente a una casa y se llevan a alguien sin explicación. Algunos cuerpos, que muestran signos de tortura, han sido recuperados; en la mayoría de los casos, los parientes no tienen ni idea si sus seres queridos están muertos o vivos. "De acuerdo a un funcionario checheno, se han iniciado 1.814 investigaciones sobre desapariciones forzadas, y sin embargo no se ha condenado todavía a nadie", informa Human Rights Watch.
Por lo general, la gente fuera de Rusia no habla demasiado sobre estos crímenes. Los funcionarios norteamericanos se muestran reluctantes a ejercer presión sobre Putin en el caso de Chechenia, mientras busca su cooperación en otros lugares en el mundo; la vulnerabilidad del gobierno de Bush ante acusaciones de violaciones de derechos humanos en Abu Ghraib y otros lugares es también un factor inhibidor. La mayoría de los funcionarios europeos no se enfrentan a acusaciones comparables de hipocresía, pero motivados por consideraciones comerciales, están todavía menos dispuestos a ofender a Putin hablando sobre sus crímenes contra la humanidad en Chechenia. Y el conflicto parece ser tan intratable, y muchos de los combatientes chechenos son tan antipáticos, que existe la tendencia a encogerse de hombros y cambiar de tema.
Entretanto, los civiles chechenos siguen siendo víctimas de combatientes de los dos lados del conflicto. En el pasado tenía una población de un millón de habitantes; aunque no se sabe con certeza, probablemente cientos de miles han sido asesinados, heridos, "desaparecidos" u obligados a mudarse durante las dos guerras con Rusia (la primera duró de 1994 a 1996). Nadie puede obligar a Putin a negociar para poner fin a la guerra, y de momento quizás nadie pueda conjurar un socio negociador. Pero la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas debería insistir en que se investiguen esas desapariciones y que los funcionarios responsables sean llamados a rendir cuentas.
4 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
Cuando las tropas rusas mataron el mes pasado al presidente checheno Aslan Maskhadov, también eliminaron la última esperanza de un acuerdo negociado entre Rusia y las fuerzas separatistas chechenas. El líder checheno sobreviviente, Shamil Basayev, es un terrorista que apoya el asesinato de civiles rusos y con el que las negociaciones son impensables. Maskhadov, al contrario, el presidente elegido de la región separatista del sur de Rusia, era un musulmán laico que llamó repetidas veces a una solución política al devastador conflicto -y fue también repetidamente desairado por el presidente Vladimir Putin.Ahora un nuevo informe de Human Rights Watch ilustra algunos de los costes humanos de este conflicto sin un fin aparente. En la capital Grozny, el grupo sin fines de lucro informa que ya no hay combates a toda escala, pero lo que sigue es "peor que la guerra", de acuerdo a muchos residentes. La ciudad sigue en las ruinas, sin agua corriente ni electricidad, pero lo que hace que la vida sea verdaderamente insoportable allá y en toda la provincia es la constante amenaza de las "desapariciones". De acuerdo al respetado grupo de derechos humanos ruso, Memorial, han "desaparecido" entre 3.000 y 5.000 civiles desde 1999, cuando tropas rusas entraron a Chechenia por segunda vez en una década. Estadísticas oficiales del gobierno reconocen más de 2.000 desapariciones.
En enero, durante un viaje por Chechenia, investigadores de Human Rights Watch concluyeron que la inmensa mayoría de los secuestros son realizados por fuerzas de seguridad rusas o chechenas pro-rusas. La mayoría de las víctimas son hombres, pero cada vez más mujeres están siendo secuestradas. Las fuerzas de seguridad, a menudo armadas y con el rostro cubierto, a veces borrachos, llegan normalmente a una casa y se llevan a alguien sin explicación. Algunos cuerpos, que muestran signos de tortura, han sido recuperados; en la mayoría de los casos, los parientes no tienen ni idea si sus seres queridos están muertos o vivos. "De acuerdo a un funcionario checheno, se han iniciado 1.814 investigaciones sobre desapariciones forzadas, y sin embargo no se ha condenado todavía a nadie", informa Human Rights Watch.
Por lo general, la gente fuera de Rusia no habla demasiado sobre estos crímenes. Los funcionarios norteamericanos se muestran reluctantes a ejercer presión sobre Putin en el caso de Chechenia, mientras busca su cooperación en otros lugares en el mundo; la vulnerabilidad del gobierno de Bush ante acusaciones de violaciones de derechos humanos en Abu Ghraib y otros lugares es también un factor inhibidor. La mayoría de los funcionarios europeos no se enfrentan a acusaciones comparables de hipocresía, pero motivados por consideraciones comerciales, están todavía menos dispuestos a ofender a Putin hablando sobre sus crímenes contra la humanidad en Chechenia. Y el conflicto parece ser tan intratable, y muchos de los combatientes chechenos son tan antipáticos, que existe la tendencia a encogerse de hombros y cambiar de tema.
Entretanto, los civiles chechenos siguen siendo víctimas de combatientes de los dos lados del conflicto. En el pasado tenía una población de un millón de habitantes; aunque no se sabe con certeza, probablemente cientos de miles han sido asesinados, heridos, "desaparecidos" u obligados a mudarse durante las dos guerras con Rusia (la primera duró de 1994 a 1996). Nadie puede obligar a Putin a negociar para poner fin a la guerra, y de momento quizás nadie pueda conjurar un socio negociador. Pero la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas debería insistir en que se investiguen esas desapariciones y que los funcionarios responsables sean llamados a rendir cuentas.
4 de abril de 2005
©washington post
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quién será el nuevo papa
[Rachel Zoll] Los cardenales difieren sobre quién sucederá al Papa.
El Papa Pablo II ha nombrado a casi todos los cardenales que designarán a su sucesor, pero eso no significa que el próximo pontífice será alguien como él.
Los cardenales del mundo tienen ideas diversas y a veces contradictorias sobre cuáles son los problemas más urgentes de la Iglesia Católica y tratarán probablemente de elegir un líder con cualidades diferentes a las de Juan Pablo.
"Los cardenales, cuando se reúnan en cónclave, obedecerán a su conciencia y verán que es lo que necesita la iglesia hoy", dijo el cardenal belga Godfried Danneels en una entrevista reciente con Associated Press. "No existe ese tipo de nepotismo en la iglesia -Yo nombré a todos los cardenales, así que lo que habrá será un copia mía'-. No. Somos algo más inteligentes que eso".
Entre los cardenales mencionados como futuros papas potenciales se encuentran el cardenal Joseph Ratzinger, un alemán que es el guardián de la doctrina vaticana; el cardenal brasileño Claudio Hummes; y el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Madariaga, de Honduras. Otros considerados como posibles sucesores de Juan Pablo incluyen al cardenal Francis Arinze, un nigeriano que vive en el Vaticano; el cardenal Christroph Schoenborn, de Austria, y el cardenal Dionigi Tettamanzi, de Italia.
El próximo Papa deberá hacer frente a toda una gama de desafíos, incluyendo los avances científicos que contradicen las enseñanzas de la iglesia; el declive de la observancia religiosa en Europa y América del Norte; una explosión de miembros de la iglesia en el Tercer Mundo; y un menguante número de sacerdotes en Occidente.
Deberá asumir en una época de terribles tensiones internas a veces mortíferas, y en un período de enorme intranquilidad global, cuando presidentes del mundo luchan contra el terrorismo de maneras que la iglesia no siempre aprueba.
Sin embargo, cuando los cardenales decidan quién entre ellos podrá manejar estos problemas, algunas de sus preocupaciones parecen mundanas.
Después de un cuarto de siglo de la fuerte personalidad de Juan Pablo y su activo estilo de gestión, algunos funcionarios del Vaticano prefieren mantenerse alejados de las operaciones día a día de las diócesis. Otros creen que los funcionarios en Roma deberían participar más activamente en reprimir la disensión.
Algunos líderes de la iglesia creen que los cardenales y obispos deberían tener más influencia en los asuntos de la iglesia, mientras otros piensan que ese poder debería reposar en general en el Papa.
En términos simples, el nuevo Papa debería ser el tipo de jefe que los cardenales quieren para sí mismos.
También preferirán a un hombre que domine fluidamente el inglés y el italiano, para comunicarse con los católicos del mundo y con funcionarios de la iglesia a cargo de las operaciones corrientes del Vaticano.
La edad puede ser un factor. El papado de 26 años de Juan Pablo ha sido uno de los más largos de la historia de la iglesia, y los cardenales podrían apoyar a un candidato más viejo como un "Papa de transición" -alguien cuyo período no dure demasiado tiempo.
"La mayoría de los cardenales cree que un papado realmente largo sería una buena idea", dijo James Hitchcock, historiador y teólogo en la Universidad de Saint Louis. "Pero con la medicina moderna, un elegido de 70 podría vivir hasta las 95".
La geografía también puede influir en la votación. Juan Pablo fue el primer Papa no italiano en 455 años. Los observadores del Vaticano no están de acuerdo en si habrá presión en el cónclave para retornar el papado a un italiano, o si querrán enviar una señal a las crecientes filas de católicos en el Tercer Mundo, eligiendo a un candidato africano o latinoamericano.
"Esa es una línea divisoria que es probable que tomen en cuenta", dijo David Gibson, un antiguo periodista de Radio Vaticano y autor de The Coming Catholic Church' [La Iglesia Católica del Futuro].
"Si quieren volver a un anciano italiano, se provocará una especie de enfriamiento de la intensidad del Papado. O podrían decir: "Mantengamos este interés; la última vez entramos detrás de la Cortina de Hierro, vayamos esta vez a América Latina".
Aunque hay muchas interrogantes sobre el cónclave, expertos en la iglesia concuerdan en al menos una cosa: No hay casi ninguna posibilidad de que el próximo Papa sea un estadounidense. Los cardenales no quieren causar la impresión de que la iglesia está en manos de la única potencia mundial.
Y los católicos que se aferran a una pizca de esperanza de que la iglesia hará que el celibato de los sacerdotes sea optativo y permita que se ordene a mujeres, se verán probablemente decepcionados.
"No elegirán a un liberal en ese sentido. Realmente no hay liberales de ese tipo", dijo Gibson. "Creo que hay algo de espacio para discutir el celibato. Y eso es lo que será: una discusión".
Danneels apunta otra razón por la que el próximo Papa no será una copia de Juan Pablo: no hay nadie como él en el Colegio de Cardenales.
"Mi impresión es que el Papa combina dos cualidades que se encuentran rara vez juntas en una persona", dijo Danneels. "Él es un líder... Al mismo tiempo, es una persona muy cálida".
2 de abril de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh
Los cardenales del mundo tienen ideas diversas y a veces contradictorias sobre cuáles son los problemas más urgentes de la Iglesia Católica y tratarán probablemente de elegir un líder con cualidades diferentes a las de Juan Pablo.
"Los cardenales, cuando se reúnan en cónclave, obedecerán a su conciencia y verán que es lo que necesita la iglesia hoy", dijo el cardenal belga Godfried Danneels en una entrevista reciente con Associated Press. "No existe ese tipo de nepotismo en la iglesia -Yo nombré a todos los cardenales, así que lo que habrá será un copia mía'-. No. Somos algo más inteligentes que eso".
Entre los cardenales mencionados como futuros papas potenciales se encuentran el cardenal Joseph Ratzinger, un alemán que es el guardián de la doctrina vaticana; el cardenal brasileño Claudio Hummes; y el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Madariaga, de Honduras. Otros considerados como posibles sucesores de Juan Pablo incluyen al cardenal Francis Arinze, un nigeriano que vive en el Vaticano; el cardenal Christroph Schoenborn, de Austria, y el cardenal Dionigi Tettamanzi, de Italia.
El próximo Papa deberá hacer frente a toda una gama de desafíos, incluyendo los avances científicos que contradicen las enseñanzas de la iglesia; el declive de la observancia religiosa en Europa y América del Norte; una explosión de miembros de la iglesia en el Tercer Mundo; y un menguante número de sacerdotes en Occidente.
Deberá asumir en una época de terribles tensiones internas a veces mortíferas, y en un período de enorme intranquilidad global, cuando presidentes del mundo luchan contra el terrorismo de maneras que la iglesia no siempre aprueba.
Sin embargo, cuando los cardenales decidan quién entre ellos podrá manejar estos problemas, algunas de sus preocupaciones parecen mundanas.
Después de un cuarto de siglo de la fuerte personalidad de Juan Pablo y su activo estilo de gestión, algunos funcionarios del Vaticano prefieren mantenerse alejados de las operaciones día a día de las diócesis. Otros creen que los funcionarios en Roma deberían participar más activamente en reprimir la disensión.
Algunos líderes de la iglesia creen que los cardenales y obispos deberían tener más influencia en los asuntos de la iglesia, mientras otros piensan que ese poder debería reposar en general en el Papa.
En términos simples, el nuevo Papa debería ser el tipo de jefe que los cardenales quieren para sí mismos.
También preferirán a un hombre que domine fluidamente el inglés y el italiano, para comunicarse con los católicos del mundo y con funcionarios de la iglesia a cargo de las operaciones corrientes del Vaticano.
La edad puede ser un factor. El papado de 26 años de Juan Pablo ha sido uno de los más largos de la historia de la iglesia, y los cardenales podrían apoyar a un candidato más viejo como un "Papa de transición" -alguien cuyo período no dure demasiado tiempo.
"La mayoría de los cardenales cree que un papado realmente largo sería una buena idea", dijo James Hitchcock, historiador y teólogo en la Universidad de Saint Louis. "Pero con la medicina moderna, un elegido de 70 podría vivir hasta las 95".
La geografía también puede influir en la votación. Juan Pablo fue el primer Papa no italiano en 455 años. Los observadores del Vaticano no están de acuerdo en si habrá presión en el cónclave para retornar el papado a un italiano, o si querrán enviar una señal a las crecientes filas de católicos en el Tercer Mundo, eligiendo a un candidato africano o latinoamericano.
"Esa es una línea divisoria que es probable que tomen en cuenta", dijo David Gibson, un antiguo periodista de Radio Vaticano y autor de The Coming Catholic Church' [La Iglesia Católica del Futuro].
"Si quieren volver a un anciano italiano, se provocará una especie de enfriamiento de la intensidad del Papado. O podrían decir: "Mantengamos este interés; la última vez entramos detrás de la Cortina de Hierro, vayamos esta vez a América Latina".
Aunque hay muchas interrogantes sobre el cónclave, expertos en la iglesia concuerdan en al menos una cosa: No hay casi ninguna posibilidad de que el próximo Papa sea un estadounidense. Los cardenales no quieren causar la impresión de que la iglesia está en manos de la única potencia mundial.
Y los católicos que se aferran a una pizca de esperanza de que la iglesia hará que el celibato de los sacerdotes sea optativo y permita que se ordene a mujeres, se verán probablemente decepcionados.
"No elegirán a un liberal en ese sentido. Realmente no hay liberales de ese tipo", dijo Gibson. "Creo que hay algo de espacio para discutir el celibato. Y eso es lo que será: una discusión".
Danneels apunta otra razón por la que el próximo Papa no será una copia de Juan Pablo: no hay nadie como él en el Colegio de Cardenales.
"Mi impresión es que el Papa combina dos cualidades que se encuentran rara vez juntas en una persona", dijo Danneels. "Él es un líder... Al mismo tiempo, es una persona muy cálida".
2 de abril de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh