CUANDO LOS SOLDADOS DICEN NO
Que los soldados lleguen al punto que no crean tener otra opción que rechazar una orden, demuestra los errores cometidos por el ministro de Defensa, Donald Rumsfeld desde el inicio de la guerra. Errores de estrategia, de imaginación y de liderazgo.
Desde el seguro punto de vista en Estados Unidos, es apenas posible imaginar los temores y preocupaciones que llevaron la semana pasada a dieciocho reservistas de una sección del Ejército en Iraq a desobedecer las órdenes de entregar un cargamento de combustible a una distante base aérea en el corazón de una zona insurgente. Los soldados en misión de combate no puede elegir sus propias misiones, no importa lo serios que sean los riesgos que se les pide que corran. Las órdenes legales directa deben ser obedecidas. Pero aquellos que dieron esas órdenes y funcionarios civiles del Pentágono a cargo de la gestión de la guerra tienen también responsabilidades irrenunciables. Entre ellas, la de procurar que todas las unidades enviadas a misiones riesgosas cuentan con los equipos y apoyo necesarios para llevar a cabo sus misiones y retornar a salvo de ellas.
Los detalles del incidente de la semana pasada, incluyendo acusaciones de que la sección había sido mandada a una misión en camiones poco seguros y sin una escolta armada adecuada, están todavía siendo investigados. Los familiares dan fe del patriotismo y coraje de los hombres y mujeres involucrados, e informan que los soldados les habían contado antes que habían hecho esfuerzos infructuosos por llamar la atención de sus superiores sobre los crónicos problemas logísticos.
Cualquiera se revelen ser los hechos sobre esta Compañía de Intendencia Nº343, basada en Carolina del Sur, está dolorosamente claro que desde el principio de la guerra en Iraq, los planificadores del Pentágono no han proporcionado tropas suficientes, ni defensas personales y adiestramiento a los jóvenes hombres y mujeres que arriesgan valientemente sus vidas por su país.
Son estos soldados y marines, tanto en servicio activo como las unidades de la Reservam las que están pagando el precio de la distorsionada visión de una guerra barata del ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, que evaluó desastrosamente las duras realidades de la ocupación de Iraq. Ignorando testarudamente la correcta y profesional evaluación de la comandancia el Ejército sobre la cantidad de tropas que serían necesarias para garantizar la seguridad del país, el Pentágono permitió que el caos y la resistencia los llevaron por delante. Los catastróficos efectos son hoy muy claros.
Desde entonces, y a pesar de la promesa pública del presidente Bush de "proporcionar a nuestras tropas todo lo necesario para que completen su misión con la mayor seguridad", las tropas estadounidenses en Iraq se han visto plagadas por una paralizante insuficiencia de tanques, vehículos blindados y repuestos. El Washington Post informó la semana pasada que a fines del año pasado el teniente general Ricardo Sánchez, entonces el comandante de mayor jerarquía en Iraq, advirtió al Pentágono que una apremiante escasez de repuestos ponía en peligro las futuras operaciones de combate. Desde entonces la situación ha mejorado algo, pero sigue siendo seriamente tensa.
Mientras decenas de miles de tropas recién llegadas fueron rotadas en Iraq antes este año, algunas divisiones del Ejército y la Marina llegaron al país sin vehículos blindados. Eso reflejaba fiel y absurdamente la visión ilusoria del Pentágono de que la insurgencia se estaba disolviendo. Unos meses más tarde, cuando los combates previsiblemente volvieron a estallar, muchos de los soldados recién llegados se encontraron peligrosamente expuestos al deber conducir todoterrenos sin blindaje. Se llevaron rápidamente nuevos equipos de protección, pero algunos vehículos, incluyendo aquellos de la sección que rehusó una orden la semana pasada, todavía siguen sin blindaje. Enviar a reservistas insuficientemente adiestrados a combatir la insurgencia, incluyendo a unidades de apoyo logístico y aprovisionamiento como la del incidente de la semana pasada, ha sido otro problema crónico de esta guerra.
Ninguna de estas cosas disminuyen la seriedad del desacato de los soldados uniformados a obedecer órdenes legales. Un Ejército donde la disciplina desaparece no puede ni cumplir su misión ni proteger a sus propias tropas. Una vez que se establezcan los hechos, los hombres y mujeres que rechazaron la misión deben rendir cuentas. Pero parece mucho menos probable que Rumsfeld y sus colegas civiles tengan alguna que rendir las suyas por sus flagrantes errores de planificación, imaginación y liderazgo.
19 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh
Desde el seguro punto de vista en Estados Unidos, es apenas posible imaginar los temores y preocupaciones que llevaron la semana pasada a dieciocho reservistas de una sección del Ejército en Iraq a desobedecer las órdenes de entregar un cargamento de combustible a una distante base aérea en el corazón de una zona insurgente. Los soldados en misión de combate no puede elegir sus propias misiones, no importa lo serios que sean los riesgos que se les pide que corran. Las órdenes legales directa deben ser obedecidas. Pero aquellos que dieron esas órdenes y funcionarios civiles del Pentágono a cargo de la gestión de la guerra tienen también responsabilidades irrenunciables. Entre ellas, la de procurar que todas las unidades enviadas a misiones riesgosas cuentan con los equipos y apoyo necesarios para llevar a cabo sus misiones y retornar a salvo de ellas. Los detalles del incidente de la semana pasada, incluyendo acusaciones de que la sección había sido mandada a una misión en camiones poco seguros y sin una escolta armada adecuada, están todavía siendo investigados. Los familiares dan fe del patriotismo y coraje de los hombres y mujeres involucrados, e informan que los soldados les habían contado antes que habían hecho esfuerzos infructuosos por llamar la atención de sus superiores sobre los crónicos problemas logísticos.
Cualquiera se revelen ser los hechos sobre esta Compañía de Intendencia Nº343, basada en Carolina del Sur, está dolorosamente claro que desde el principio de la guerra en Iraq, los planificadores del Pentágono no han proporcionado tropas suficientes, ni defensas personales y adiestramiento a los jóvenes hombres y mujeres que arriesgan valientemente sus vidas por su país.
Son estos soldados y marines, tanto en servicio activo como las unidades de la Reservam las que están pagando el precio de la distorsionada visión de una guerra barata del ministro de Defensa, Donald Rumsfeld, que evaluó desastrosamente las duras realidades de la ocupación de Iraq. Ignorando testarudamente la correcta y profesional evaluación de la comandancia el Ejército sobre la cantidad de tropas que serían necesarias para garantizar la seguridad del país, el Pentágono permitió que el caos y la resistencia los llevaron por delante. Los catastróficos efectos son hoy muy claros.
Desde entonces, y a pesar de la promesa pública del presidente Bush de "proporcionar a nuestras tropas todo lo necesario para que completen su misión con la mayor seguridad", las tropas estadounidenses en Iraq se han visto plagadas por una paralizante insuficiencia de tanques, vehículos blindados y repuestos. El Washington Post informó la semana pasada que a fines del año pasado el teniente general Ricardo Sánchez, entonces el comandante de mayor jerarquía en Iraq, advirtió al Pentágono que una apremiante escasez de repuestos ponía en peligro las futuras operaciones de combate. Desde entonces la situación ha mejorado algo, pero sigue siendo seriamente tensa.
Mientras decenas de miles de tropas recién llegadas fueron rotadas en Iraq antes este año, algunas divisiones del Ejército y la Marina llegaron al país sin vehículos blindados. Eso reflejaba fiel y absurdamente la visión ilusoria del Pentágono de que la insurgencia se estaba disolviendo. Unos meses más tarde, cuando los combates previsiblemente volvieron a estallar, muchos de los soldados recién llegados se encontraron peligrosamente expuestos al deber conducir todoterrenos sin blindaje. Se llevaron rápidamente nuevos equipos de protección, pero algunos vehículos, incluyendo aquellos de la sección que rehusó una orden la semana pasada, todavía siguen sin blindaje. Enviar a reservistas insuficientemente adiestrados a combatir la insurgencia, incluyendo a unidades de apoyo logístico y aprovisionamiento como la del incidente de la semana pasada, ha sido otro problema crónico de esta guerra.
Ninguna de estas cosas disminuyen la seriedad del desacato de los soldados uniformados a obedecer órdenes legales. Un Ejército donde la disciplina desaparece no puede ni cumplir su misión ni proteger a sus propias tropas. Una vez que se establezcan los hechos, los hombres y mujeres que rechazaron la misión deben rendir cuentas. Pero parece mucho menos probable que Rumsfeld y sus colegas civiles tengan alguna que rendir las suyas por sus flagrantes errores de planificación, imaginación y liderazgo.
19 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh
RESERVISTAS INSUBORDINADOS TRATARON DE CONVENCER A SUS SUPERIORES - neela banerjee y john kifner
Desde septiembre se había informado sobre la baja moral de los soldados en la base de Tallil.
Jackson, Mississippi. Los miembros de la sección de la Reserva del Ejército en Iraq que desobedecieron las órdenes de transportar combustible a otra base la semana pasada trataron durante horas de convencer a sus superiores de que cancelara misión, dijeron familiares de los soldados este lunes.
Que negar una orden se haya transformado en una opción para 18 miembros de la Compañía de Intendencia 343 parece indicar un empeoramiento de la baja moral que ha plagado a la unidad.
El Cuerpo de Comando de Apoyo Nº13, al que pertenece la 343, y su comandante el general de brigada James E. Chambers, han sido blanco de repetidas críticas de los soldados en una página web y en una columna de David H. Hackworth, un coronel del Ejército en retiro y decorado veterano de las guerras de Corea y Vietnam. La página en la red www.hackworth.com, sirve como un canal de quejas contra la comandancia militar y el coronel Hackworth se llama a sí mismo "portavoz de los gruñidos". Hackworth escribió el 13 de septiembre sobre la baja moral en el comando.
Los soldados que rehusaron su misión se han quejado ante familiares en los meses pasados de la pobre calidad de sus camiones y equipos, aunque nunca dejaron ver que harían algo, excepto transmitir las quejas a través de la línea de mando, dijeron los familiares.
Pero Kathy Harris dijo que había recibido un e-mail de su hijo, el especialista Aaron Gordon, en el que él le pregunta sobre las posibles repercusiones de no acatar órdenes. De acuerdo a la fecha del mensaje, la señora Harris dijo que fue probablemente enviado entre la una y las dos de la mañana del 13 de octubre, tiempo de Iraq.
La sección había vuelto de una misión de entrega de combustible que había durado entre cuatro y cinco días, según los informes de los familiares que hablaron con los soldados. El cargamento de combustible para aviones fue rechazado porque estaba contaminado con diesel, dijeron los familiares. Los militares han negado que el combustible fuera inservible.
Algunos de los camiones, que debían ser reparados, quedaron en pana durante el trayecto, dijo Stephanie Parks, la novia de Johnny Coates, padre del mayor especialista Coates, de Charlotte, Carolina del Norte, un miembro de la sección. La sección volvió la noche del 12 de octubre. A las cuatro de la mañana del día siguiente fueron despertados para que llevaran el combustible desde su base en Tallil a Taji, mucho más al norte, dijeron miembros de las familias.
"Fue entonces que las cosas se descontrolaron", dijo Ricky Shealey, padre del especialista Scott Shealey. "Mi hijo dice que argumentaron durante tres horas tratando de convencer a esa gente. Hablaron con sus superiores. Incluso consultaron con un civil. Él dijo que el combustible estaba contaminado".
Los soldados también estaban preocupados acerca de su seguridad; dijeron que los camiones no tenían blindaje y que el convoy carecía de una escolta armada adecuada, dijeron los familiares.
Los soldados se quejaron amargamente en la página web del coronel Hackworth sobre la baja moral del Cuerpo de Comando de Apoyo Nº13 y sobre el general Chambers mismo. El general Chambers dijo el domingo en Bagdad que había ordenado una revisión de la seguridad del equipo y camiones de la 343. También dijo que había iniciado una investigación sobre la conducta de los soldados.
Funcionarios del Pentágono indicaron que había iniciativas en camino para calmar la situación. Por ejemplo, el Ejército está considerando reincorporar a los deberes a todos, excepto cinco de los miembros de la unidad, dijo un funcionario de alto rango. Pero dos de ellos pueden sufrir medidas disciplinarias tienen antecedentes de mala conducta, especialmente por el uso de substancias, dijo el funcionario. No dio de los nombres de los soldados y las acusaciones no pudieron ser confirmadas.
Las acusaciones han indignado a los familiares de los soldados. "Los quieren hacer aparecer mal", dijo Stacy Shealey, la hermana del especialista Shealey. "No es más que otro intento de dejarlos mal".
Ariel Hart contribuyó a este reportaje desde Atlanta; Thom Shanker desde Washington
19 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh
Que negar una orden se haya transformado en una opción para 18 miembros de la Compañía de Intendencia 343 parece indicar un empeoramiento de la baja moral que ha plagado a la unidad.
El Cuerpo de Comando de Apoyo Nº13, al que pertenece la 343, y su comandante el general de brigada James E. Chambers, han sido blanco de repetidas críticas de los soldados en una página web y en una columna de David H. Hackworth, un coronel del Ejército en retiro y decorado veterano de las guerras de Corea y Vietnam. La página en la red www.hackworth.com, sirve como un canal de quejas contra la comandancia militar y el coronel Hackworth se llama a sí mismo "portavoz de los gruñidos". Hackworth escribió el 13 de septiembre sobre la baja moral en el comando.
Los soldados que rehusaron su misión se han quejado ante familiares en los meses pasados de la pobre calidad de sus camiones y equipos, aunque nunca dejaron ver que harían algo, excepto transmitir las quejas a través de la línea de mando, dijeron los familiares.
Pero Kathy Harris dijo que había recibido un e-mail de su hijo, el especialista Aaron Gordon, en el que él le pregunta sobre las posibles repercusiones de no acatar órdenes. De acuerdo a la fecha del mensaje, la señora Harris dijo que fue probablemente enviado entre la una y las dos de la mañana del 13 de octubre, tiempo de Iraq.
La sección había vuelto de una misión de entrega de combustible que había durado entre cuatro y cinco días, según los informes de los familiares que hablaron con los soldados. El cargamento de combustible para aviones fue rechazado porque estaba contaminado con diesel, dijeron los familiares. Los militares han negado que el combustible fuera inservible.
Algunos de los camiones, que debían ser reparados, quedaron en pana durante el trayecto, dijo Stephanie Parks, la novia de Johnny Coates, padre del mayor especialista Coates, de Charlotte, Carolina del Norte, un miembro de la sección. La sección volvió la noche del 12 de octubre. A las cuatro de la mañana del día siguiente fueron despertados para que llevaran el combustible desde su base en Tallil a Taji, mucho más al norte, dijeron miembros de las familias.
"Fue entonces que las cosas se descontrolaron", dijo Ricky Shealey, padre del especialista Scott Shealey. "Mi hijo dice que argumentaron durante tres horas tratando de convencer a esa gente. Hablaron con sus superiores. Incluso consultaron con un civil. Él dijo que el combustible estaba contaminado".
Los soldados también estaban preocupados acerca de su seguridad; dijeron que los camiones no tenían blindaje y que el convoy carecía de una escolta armada adecuada, dijeron los familiares.
Los soldados se quejaron amargamente en la página web del coronel Hackworth sobre la baja moral del Cuerpo de Comando de Apoyo Nº13 y sobre el general Chambers mismo. El general Chambers dijo el domingo en Bagdad que había ordenado una revisión de la seguridad del equipo y camiones de la 343. También dijo que había iniciado una investigación sobre la conducta de los soldados.
Funcionarios del Pentágono indicaron que había iniciativas en camino para calmar la situación. Por ejemplo, el Ejército está considerando reincorporar a los deberes a todos, excepto cinco de los miembros de la unidad, dijo un funcionario de alto rango. Pero dos de ellos pueden sufrir medidas disciplinarias tienen antecedentes de mala conducta, especialmente por el uso de substancias, dijo el funcionario. No dio de los nombres de los soldados y las acusaciones no pudieron ser confirmadas.
Las acusaciones han indignado a los familiares de los soldados. "Los quieren hacer aparecer mal", dijo Stacy Shealey, la hermana del especialista Shealey. "No es más que otro intento de dejarlos mal".
Ariel Hart contribuyó a este reportaje desde Atlanta; Thom Shanker desde Washington
19 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh
SOLDADOS EN IRAK DESOBEDECEN ÓRDENES - neela banerjee y ariel hart
Varios soldados se negaron a obedecer órdenes en Iraq porque, dijeron, aceptarlas habría sido un suicidio.
Jackson, Mississippi. ¿Qué debe pasar para que un hombre como el sargento de segunda clase Michael Butler, un veterano de 24 años del Ejército y de la Reserva que participó en la primera guerra del Golfo Pérsico y que, como reservista, fue llamado a pelear en la actual guerra de Iraq, lo arriesgue todo desobedeciendo órdenes directas en tiempos de guerra?
La mañana del 13 de octubre, dicen los militares, el sargento Butler y la mayoría de su sección, unos 18 hombres y mujeres de la Compañía de Intendencia 343, rehusaron transportar un cargamento de combustible de la Base Aérea de Tallil, en las cercanías de Nasiriya, Iraq, a otra base mucho más al norte.
El Ejército ha iniciado una investigación y los soldados podrían ser sometidos a medidas disciplinarias, incluyendo posiblemente la corte marcial. Pero Jackie Butler, la esposa del sargento Butler, y su familia en Jackson, dicen que él no habría puesto en peligro su carrera y su libertad de manera impulsiva o por algo sin importancia.
Los soldados, muchos de los cuales han llamado a sus familias este fin de semana, dijeron que sus camiones no eran seguros y carecían de una escolta armada adecuada, problemas con los que se han enfrentado desde que llegaran a Iraq hace nueves meses, dijeron sus familiares. Ya era hora de que ellos, y su marido, hicieran algo, dijo la señora Butler.
"Estoy orgullosa de que haya dicho no'", dijo la señora Butler. "Se habían quejado y quejado hacía meses a la cadena de mando sobre la maquinaria y los camiones. Pero nada se hizo, y creo que él creía que tenía que dejar en claro cuál era su posición".
Otros soldados llevaron a cabo la misión que fue rechazada por la sección, los militares siguieron trabajando y el Ejército ha calificado el incidente de aislado.
Pero a medida que los soldados involucrados en el rechazo de la orden en Tallil y otros empiezan a hablar, se hace más evidente que los militares todavía tienen que resolver la falta de adiestramiento, de repuestos y de equipos que han plagado las operaciones militares en Iraq desde el principio, especialmente entre las unidades de la Guardia Nacional y de la Reserva.
El general de brigada James E. Chambers, comandante de Cuerpo del Comando de Apoyo Nº13, al que pertenece la 343, dijo en una rueda de prensa en Bagdad el domingo que había ordenado dos investigaciones sobre el incidente y las preocupaciones expresadas por los 18 soldados "sobre la mantención y la seguridad".
El general Chambers dijo que las pesquisas preliminares concluyeron que los camiones no estaban todavía blindados y que fueron los últimos bajo su mando en recibir esa protección, debido a que operaban usualmente en las partes menos peligrosas de Iraq. Contó a periodistas que había ordenado una revisión de mantención y seguridad de todos los camiones de la 343.
"Basándose en los resultados de esta investigación, es posible que otras medidas sean también necesarias", dijo el general, pero agregó: "Es demasiado pronto como para especular sobre acusaciones u otras medidas disciplinarias".
El general Chambers describió el episodio como "un incidente aislado, limitado a un número pequeño de individuos".
Varios oficiales del Ejército contactados en días recientes dijeron que ese aparente acto de insubordinación era muy inusual, especialmente entre un grupo tan grande de soldados de una sola unidad, y especialmente debido a que los militares son todos voluntarios.
El incidente ha causado un amplio interés entre las familias de los militares que se han quejado en los últimos meses sobre el equipamiento y protección inadecuada de sus soldados.
Nancy Lessin, miembro activo de Familias Militares que Alzan Sus Voces', que se opone a la guerra, dijo que han sido inundados con llamadas y mensajes de correo electrónico con un simple recado: Lo que había ocurrido a los reservistas repetía las condiciones de que sus propios soldados habían vivido en Iraq: una escasez de vehículos blindados, especialmente en las unidades de soldados de tiempo parcial; misiones de convoyes a través de tramos peligrosos sin potencia de fuego apropiada; y constantes panas de los viejos vehículos especialmente las unidades de la Guardia Nacional y de reservistas.
"Esto absolutamente nos pone los nervios de punta", dijo Lessin. "La gente dice: Eso es lo mismo que le pasó a mi hijo' y si el Ejército trata de transformar esto en que se trata de unas pocas manzanas podridas', la gente tiene que saber que estos son problemas comunes y que lo que hicieron estos soldados requiere mucho coraje".
Nada parece separar a los hombres y mujeres que desafiaron a sus superiores en Tallil de las decenas de miles de otros soldados en Iraq, dijeron sus familias. La 343 tiene soldados principalmente de los estados sureños como las Carolinas, Alabama y Mississippi, y los militares dijeron el viernes que la 343 se había comportado honorablemente durante su período de servicio en Iraq.
Los soldados de la sección son descritos como dedicados a sus tareas militares y incondicionalmente patriotas. Una pared de la salida de casa del sargento Butler está cubierta de diplomas y menciones del Ejército. Otro miembro de la 343, el especialista Joe Dobbs, 19, de Vandiver, Alabama, tenía su dormitorio pintado con el azul oscuro de la bandera estadounidense. Y otro soldado de la unidad, el sargento Justin Rogers, de Louisville, Kentucky, solía pasearse por la ciudad en uniforme cuando estaba de permiso en casa, dijo Chris Helm, un estudiante de secundaria de 14 años, y su primer primo.
Cuando el sargento Roger volvió a casa en un permiso de dos semanas en julio, su hermano Derrick le preguntó si la guerra y todos esos muertos valían la pena. "Su respuesta fue simple", dijo Derrick Rogers. "Dijo: Si no creyera que vale la pena, no estaría ahí'".
La señora Butler no quiso hablar por su marido sobre sus sentimientos sobre la guerra. Lo hará él mejor que nadie cuando vuelva a casa, dijo, que debe ocurrir el próximo año. Pero el sargento Butler sabía que sería llamado, una vez que comenzó la guerra contra Iraq en marzo de 2003. A fines del año pasado, se presentó a Rock Hill, y su confianza se derrumbó en poco tiempo, dijo su esposa. Vio que el equipo que estaba siendo embarcado "no era muy bueno", dijo la señora Butler.
Una vez que la unidad llegó a Iraq, la insuficiencia y estado de la maquinaria de la sección contrastaron fuertemente con los peligros que presentaba el país. Aunque la unidad está estacionada cerca de Nasiriya, en el sur bajo control chií, que no es tan volátil como las áreas dominadas por los sunníes, todo el país se ha visto convulsionado por batallas e insurrecciones la mayor parte del período de servicio de la Compañía 343. "No es la primera vez que han tenido problemas con esas misiones, para las que no tienen blindados ni radios", dijo Beverly Dobbs, madre del especialista Dobbs. "Hace dos meses mi hijo me contó -me llamó y me dijo: Mamá, me pegué el susto de mi vida'".
"Yo le pregunté qué pasaba", dijo la señora Dobbs. "Él dijo: Nos mandaron a una misión, nos atacaron, nuestra propia gente estaba disparándonos y ni siquiera teníamos un radio para decirles que éramos nosotros'. Los están mandando a misiones sin el equipo que necesitan. No me importa lo que diga el Ejército".
Las familias que hablaron con los soldados este fin de semana recibieron relatos ligeramente diferentes de lo que ocurrió la mañana del 13 de octubre. Todas dijeron, sin embargo, que el combustible que tenían que transportar los soldados era inservible porque había sido contaminado con un segundo líquido. Todas dijeron que los soldados están bajo custodia armada. El general Chambers negó esos informes. Los familiares dijeron que el sargento Butler y el sargento Larry McCook, de Jackson, y el especialista Scott Shealey, de Graysville, Alabama, han sido identificados como tres de los cinco cabecillas' del incidente y trasladados a otras unidades en la base aérea. Los padres del especialista Shealey dijeron que su hijo dijo en una llamada telefónica que lo darían de baja.
"Estará en casa en tres o cuatro semanas, eso es lo que le dijeron", dijo Ricky Shealey, el padre del especialista Shealey, un supervisor de Correos jubilado y antiguo sargento en el Ejército. "Está deprimido", dijo la señora Shealey. "No puede creer lo que le está pasando".
La señora Butler dijo que su marido no sabe lo que le puede pasar y que no ha oído nada sobre que lo darán de baja. Otras familias dijeron que los militares todavía no habían tomado contacto con ellos para explicarles la situación. Las familias no han contratado todavía a abogados, en gran parte porque no saben de qué serán acusados sus familiares.
Algunas familias se están comunicando con otras a través del correo electrónico y por llamadas telefónicas, ofreciéndose ayuda y discutiendo la estrategia a seguir. Han contactado a miembros del Congreso. Otros, como la señora Dobbs, se la pasan mirando la televisión, esperando una aclaración del incidente.
La señora Butler tiene una gran familia sobre la que apoyarse, y el domingo, el día después de la llamada de su marido, fueron a la iglesia y hablaron con sus vecinos, amigos y feligreses. La señora Butler se acercó a la barandilla del altar de la Iglesia Bautista Misionera de los Viajeros de Sión y contó a la congregación: "Mi marido lleva más de 20 años en el Ejército, pero se negó a llevar a esos hombres en ese convoy. Dijo que habría sido un suicidio".
"Así que les voy a pedir que rueguen por mí", dijo, "porque él no va a llevar a los hijos de otros hombres a la tierra de la muerte".
Inclinó la cabeza, y así hicieron todos los demás. "Señor, la Hermana Butler te necesita", dijo el Reverendo Daniel Watkins, cerrando fuertemente los ojos. "Su marido te necesita. Todos los soldados en Iraq te necesitan".
Monica Davey contribuyó a este reportaje desde Chicago; Richard A. Oppel Jr. y Dexter Filkins desde Bagdad.
18 de octubre de 2004
19 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh
Jackson, Mississippi. ¿Qué debe pasar para que un hombre como el sargento de segunda clase Michael Butler, un veterano de 24 años del Ejército y de la Reserva que participó en la primera guerra del Golfo Pérsico y que, como reservista, fue llamado a pelear en la actual guerra de Iraq, lo arriesgue todo desobedeciendo órdenes directas en tiempos de guerra?La mañana del 13 de octubre, dicen los militares, el sargento Butler y la mayoría de su sección, unos 18 hombres y mujeres de la Compañía de Intendencia 343, rehusaron transportar un cargamento de combustible de la Base Aérea de Tallil, en las cercanías de Nasiriya, Iraq, a otra base mucho más al norte.
El Ejército ha iniciado una investigación y los soldados podrían ser sometidos a medidas disciplinarias, incluyendo posiblemente la corte marcial. Pero Jackie Butler, la esposa del sargento Butler, y su familia en Jackson, dicen que él no habría puesto en peligro su carrera y su libertad de manera impulsiva o por algo sin importancia.
Los soldados, muchos de los cuales han llamado a sus familias este fin de semana, dijeron que sus camiones no eran seguros y carecían de una escolta armada adecuada, problemas con los que se han enfrentado desde que llegaran a Iraq hace nueves meses, dijeron sus familiares. Ya era hora de que ellos, y su marido, hicieran algo, dijo la señora Butler.
"Estoy orgullosa de que haya dicho no'", dijo la señora Butler. "Se habían quejado y quejado hacía meses a la cadena de mando sobre la maquinaria y los camiones. Pero nada se hizo, y creo que él creía que tenía que dejar en claro cuál era su posición".
Otros soldados llevaron a cabo la misión que fue rechazada por la sección, los militares siguieron trabajando y el Ejército ha calificado el incidente de aislado.
Pero a medida que los soldados involucrados en el rechazo de la orden en Tallil y otros empiezan a hablar, se hace más evidente que los militares todavía tienen que resolver la falta de adiestramiento, de repuestos y de equipos que han plagado las operaciones militares en Iraq desde el principio, especialmente entre las unidades de la Guardia Nacional y de la Reserva.
El general de brigada James E. Chambers, comandante de Cuerpo del Comando de Apoyo Nº13, al que pertenece la 343, dijo en una rueda de prensa en Bagdad el domingo que había ordenado dos investigaciones sobre el incidente y las preocupaciones expresadas por los 18 soldados "sobre la mantención y la seguridad".
El general Chambers dijo que las pesquisas preliminares concluyeron que los camiones no estaban todavía blindados y que fueron los últimos bajo su mando en recibir esa protección, debido a que operaban usualmente en las partes menos peligrosas de Iraq. Contó a periodistas que había ordenado una revisión de mantención y seguridad de todos los camiones de la 343.
"Basándose en los resultados de esta investigación, es posible que otras medidas sean también necesarias", dijo el general, pero agregó: "Es demasiado pronto como para especular sobre acusaciones u otras medidas disciplinarias".
El general Chambers describió el episodio como "un incidente aislado, limitado a un número pequeño de individuos".
Varios oficiales del Ejército contactados en días recientes dijeron que ese aparente acto de insubordinación era muy inusual, especialmente entre un grupo tan grande de soldados de una sola unidad, y especialmente debido a que los militares son todos voluntarios.
El incidente ha causado un amplio interés entre las familias de los militares que se han quejado en los últimos meses sobre el equipamiento y protección inadecuada de sus soldados.
Nancy Lessin, miembro activo de Familias Militares que Alzan Sus Voces', que se opone a la guerra, dijo que han sido inundados con llamadas y mensajes de correo electrónico con un simple recado: Lo que había ocurrido a los reservistas repetía las condiciones de que sus propios soldados habían vivido en Iraq: una escasez de vehículos blindados, especialmente en las unidades de soldados de tiempo parcial; misiones de convoyes a través de tramos peligrosos sin potencia de fuego apropiada; y constantes panas de los viejos vehículos especialmente las unidades de la Guardia Nacional y de reservistas.
"Esto absolutamente nos pone los nervios de punta", dijo Lessin. "La gente dice: Eso es lo mismo que le pasó a mi hijo' y si el Ejército trata de transformar esto en que se trata de unas pocas manzanas podridas', la gente tiene que saber que estos son problemas comunes y que lo que hicieron estos soldados requiere mucho coraje".
Nada parece separar a los hombres y mujeres que desafiaron a sus superiores en Tallil de las decenas de miles de otros soldados en Iraq, dijeron sus familias. La 343 tiene soldados principalmente de los estados sureños como las Carolinas, Alabama y Mississippi, y los militares dijeron el viernes que la 343 se había comportado honorablemente durante su período de servicio en Iraq.
Los soldados de la sección son descritos como dedicados a sus tareas militares y incondicionalmente patriotas. Una pared de la salida de casa del sargento Butler está cubierta de diplomas y menciones del Ejército. Otro miembro de la 343, el especialista Joe Dobbs, 19, de Vandiver, Alabama, tenía su dormitorio pintado con el azul oscuro de la bandera estadounidense. Y otro soldado de la unidad, el sargento Justin Rogers, de Louisville, Kentucky, solía pasearse por la ciudad en uniforme cuando estaba de permiso en casa, dijo Chris Helm, un estudiante de secundaria de 14 años, y su primer primo.
Cuando el sargento Roger volvió a casa en un permiso de dos semanas en julio, su hermano Derrick le preguntó si la guerra y todos esos muertos valían la pena. "Su respuesta fue simple", dijo Derrick Rogers. "Dijo: Si no creyera que vale la pena, no estaría ahí'".
La señora Butler no quiso hablar por su marido sobre sus sentimientos sobre la guerra. Lo hará él mejor que nadie cuando vuelva a casa, dijo, que debe ocurrir el próximo año. Pero el sargento Butler sabía que sería llamado, una vez que comenzó la guerra contra Iraq en marzo de 2003. A fines del año pasado, se presentó a Rock Hill, y su confianza se derrumbó en poco tiempo, dijo su esposa. Vio que el equipo que estaba siendo embarcado "no era muy bueno", dijo la señora Butler.
Una vez que la unidad llegó a Iraq, la insuficiencia y estado de la maquinaria de la sección contrastaron fuertemente con los peligros que presentaba el país. Aunque la unidad está estacionada cerca de Nasiriya, en el sur bajo control chií, que no es tan volátil como las áreas dominadas por los sunníes, todo el país se ha visto convulsionado por batallas e insurrecciones la mayor parte del período de servicio de la Compañía 343. "No es la primera vez que han tenido problemas con esas misiones, para las que no tienen blindados ni radios", dijo Beverly Dobbs, madre del especialista Dobbs. "Hace dos meses mi hijo me contó -me llamó y me dijo: Mamá, me pegué el susto de mi vida'".
"Yo le pregunté qué pasaba", dijo la señora Dobbs. "Él dijo: Nos mandaron a una misión, nos atacaron, nuestra propia gente estaba disparándonos y ni siquiera teníamos un radio para decirles que éramos nosotros'. Los están mandando a misiones sin el equipo que necesitan. No me importa lo que diga el Ejército".
Las familias que hablaron con los soldados este fin de semana recibieron relatos ligeramente diferentes de lo que ocurrió la mañana del 13 de octubre. Todas dijeron, sin embargo, que el combustible que tenían que transportar los soldados era inservible porque había sido contaminado con un segundo líquido. Todas dijeron que los soldados están bajo custodia armada. El general Chambers negó esos informes. Los familiares dijeron que el sargento Butler y el sargento Larry McCook, de Jackson, y el especialista Scott Shealey, de Graysville, Alabama, han sido identificados como tres de los cinco cabecillas' del incidente y trasladados a otras unidades en la base aérea. Los padres del especialista Shealey dijeron que su hijo dijo en una llamada telefónica que lo darían de baja.
"Estará en casa en tres o cuatro semanas, eso es lo que le dijeron", dijo Ricky Shealey, el padre del especialista Shealey, un supervisor de Correos jubilado y antiguo sargento en el Ejército. "Está deprimido", dijo la señora Shealey. "No puede creer lo que le está pasando".
La señora Butler dijo que su marido no sabe lo que le puede pasar y que no ha oído nada sobre que lo darán de baja. Otras familias dijeron que los militares todavía no habían tomado contacto con ellos para explicarles la situación. Las familias no han contratado todavía a abogados, en gran parte porque no saben de qué serán acusados sus familiares.
Algunas familias se están comunicando con otras a través del correo electrónico y por llamadas telefónicas, ofreciéndose ayuda y discutiendo la estrategia a seguir. Han contactado a miembros del Congreso. Otros, como la señora Dobbs, se la pasan mirando la televisión, esperando una aclaración del incidente.
La señora Butler tiene una gran familia sobre la que apoyarse, y el domingo, el día después de la llamada de su marido, fueron a la iglesia y hablaron con sus vecinos, amigos y feligreses. La señora Butler se acercó a la barandilla del altar de la Iglesia Bautista Misionera de los Viajeros de Sión y contó a la congregación: "Mi marido lleva más de 20 años en el Ejército, pero se negó a llevar a esos hombres en ese convoy. Dijo que habría sido un suicidio".
"Así que les voy a pedir que rueguen por mí", dijo, "porque él no va a llevar a los hijos de otros hombres a la tierra de la muerte".
Inclinó la cabeza, y así hicieron todos los demás. "Señor, la Hermana Butler te necesita", dijo el Reverendo Daniel Watkins, cerrando fuertemente los ojos. "Su marido te necesita. Todos los soldados en Iraq te necesitan".
Monica Davey contribuyó a este reportaje desde Chicago; Richard A. Oppel Jr. y Dexter Filkins desde Bagdad.
18 de octubre de 2004
19 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh
ALGUNOS MARINES CUESTIONAN LA GUERRA DE IRAK - steve fainaru
Algunos soldados se quejan de que la guerra de Iraq no es la guerra que pensaban hacer contra el terrorismo. No ven la conexión con los atentados del 11 de septiembre de 2001 ni con Al Qaeda.
Iskandariyah, Iraq. En el caso del soldado de primera clase Carlos Pérez están garrapateadas las letras FDNY. Tras los atentados en Nueva York, el Pentágono y en el oeste de Pensilvania el 11 de septiembre de 2001, Pérez dejó la escuela y su trabajo como bombero en Long Island, Nueva York, y se alistó en el Cuerpo de Infantería de Marina.
"Para ser honesto, me quería vengar", dijo Pérez, de 20 años.
Ahora, tras dos de sietes meses de un período de servicio en Iraq, Pérez no ve la conexión entre los sucesos del 11 de septiembre y la guerra que está librando. En realidad, dijo, está cada vez más desilusionado de un conflicto cuyos orígenes siguen siendo poco claros y frustrado por la timidez de las fuerzas estadounidenses ante un enemigo que es invisible la mayor parte de la veces.
"A veces no veo la razón por la que estoy aquí", dijo Pérez. "En primer lugar, no puedes combatir tantas veces como quieres. En segundo lugar, estamos frente a un enemigo que es invisible. El único modo de hacerlo es ir de casa en casa hasta que lo encontremos".
Pérez no es el único. En una docena de entrevistas, los marines de una sección conocida como 81' expresó francamente sus frustraciones por el modo en que se conduce la guerra y, en algunos casos, con dudas sobre los motivos de por qué se hace. La sección, llamada 81' por el tamaño en milímetros de sus proyectiles de mortero, es parte del Primer Batallón del Regimiento de Infantería Nº2, asignado a Iskandariyah, a unos 48 kilómetros al suroeste de Bagdad.
Los marines dieron abiertamente sus opiniones a un periodista que viajó con el Primer Batallón del Regimiento de Infantería Nº2 durante las operaciones de la semana pasada en la provincia de Balil, y luego se extendieron sobre ellas durante entrevistas a lo largo de tres días en sus cuarteles en el Campamento Iskandariyah, su base de operaciones de avanzada.
Las opiniones de los marines han sido determinadas por su participación en cientos de horas de operaciones en los últimos dos meses. Sus evaluaciones difieren marcadamente de las del gobierno interino iraquí y del gobierno de Bush, que han dichjo que Iraq está en camino seguro -aunque accidentado- hacia una democracia pacífica.
"Tengo la sensación de haber estado aquí años y años", dijo el soldado de primera clase Edward Elston, 22, de Hackettstown, Nueva Jersey. "No creo que se vaya a poner mejor; creo que se va poner mucho peor. Se va a poner como en Palestina. Vamos a dejar de ser una presencia policial y nos vamos a transformar en una fuerza de ocupación... Vamos a estar siempre aquí. No nos iremos nunca".
Las opiniones de la sección de morteros de unos 50 jóvenes marines, varios de los cuales han combatido en la primera fase de la guerra el año pasado, no reflejan necesariamente todas o ni siquiera a la mayoría de las tropas estadounidenses que están luchando en Iraq. Pero ofrecen una instantánea de las frustraciones engendradas por un pesado conflicto que ha terminado con la vida de 1.064 estadounidenses, dejado heridos a otros 7.730, y que se ha extendido a muchas áreas del país.
Aunque no tan altamente publicitados como los ataques en zonas conflictivas como Faluya, Samarra y Ciudad Sader, Bagdad, la violencia en la provincia de Balil, al sur de la capital, es también intensa. Desde el 28 de julio, cuando los marines se hicieron responsables de las operaciones en la región, 102 de las 1.100 tropas de la unidad han sido heridas, 85 en combate, de acuerdo a los archivos del batallón. Cuatro han muerto, dos de ellos en combate.
Oficiales de jerarquía atribuyen la enorme diferencia entre la cantidad de muertos y heridos a la efectividad de las armaduras y blindajes -chalecos antibala, cascos y vehículos blindados reforzados, especialmente todoterrenos- ante la persistencia de los ataques. La semana pasada, los marines hallaron 61 bombas al borde la carretera, casi una por día. De ellas, estallaron 49. El Campamento Iskandariyah fue impactado por proyectiles de mortero o cohetes en 12 ocasiones; pero los insurgentes lanzaron proyectiles contra la base, sin dar en el blanco, 21 veces.
La Realidad En El Terreno
Varios miembros de la sección dijeron que estaban sorprendidos por la diferencia entre el modo en que se retrata la guerra en Estados Unidos y la realidad de sus vidas cotidianas.
"Todos los días lees artículos en Estados Unidos, del tipo: Ah, está cada vez mejor'", dijo el soldado de primera clase Jonathan Snyder, 22, de Gettysburg, Pensilvania. "Pero los que estamos aquí sabemos que se pone cada día peor".
El soldado de primera clase, Kyle Maio, 19, de Bucks County, Pensilvania, dijo que pensaba que los funcionarios de gobierno eran reticentes a hablar con franqueza debido a las futuras elecciones en Estados Unidos. "Están pasando cosas aquí, pero no lo dicen directamente", dijo. "No pueden decirlo".
Maio dijo que cuando llegó a Iraq, "no pensé, honestamente, que iba a vivir tanto tiempo". Agregó: "No es que sea malo. Es parte del trabajo, supongo".
Cuando el periodista le iba a hacer otra pregunta a Maio, la entrevista fue interrumpida por el chillido de un proyectil entrante, seguido de una ensordecedora explosión afuera del cuartel. El ambiente se alborotó de inmediato.
"¡Al suelo! ¡Al suelo!", gritó el radio-operador del batallón, el soldado Brandon Autin, 21, de Nueva Iberia, Los Angeles, sus órdenes enlazadas con tacos. "¡Al búnker! ¡Métanse al búnker!"
Los miembros del batallón salieron corriendo de sus cuartos hacia el búnker de 1 metro y medio por cinco metros, ubicado afuera al final de un edificio de un piso. El cuarto con piso de tierra estaba protegido por un techo bajo y paredes de sacos de arena de 1 metro veinte de grosor. Una vez en el búnker, varios marines encendieron cigarrillos, llenando el cuarto ya congestionado, de humo.
"La realidad ahora mismo es que la opinión más peligrosa del mundo es la opinión de un militar estadounidense", dijo el soldado de primera clase Devin Kelly, 20, de Fairbanks, Alaska.
El soldado de primera clase Alexander Jones, 20, de Ball Ground, Georgia, asintió: "De hecho, estamos demostrando que el gobierno está equivocado", dijo. "Los pillamos en una mentira".
Oficiales de alto rango dijeron que compartían muchas de las frustraciones del batallón, pero agregaron que era difícil para marines de bajo nivel ser los progresos mayores que se hacían en todo Iraq. El mayor Douglas Bell, el oficial ejecutivo del batallón, dijo que "una de las cosas más difíciles acerca de la insurrección es identificar al enemigo".
Bell dijo que era frustrante para " todos los marines en el batallón" salir todos los días a buscar a insurgentes, sólo para ser atacados repetidas veces con bombas y explosiones de morteros o lanzados por un enemigo invisible. "Te gustaría agarrarlo por el cuello y darle una patada en el culo", dijo Bell. "Pero se escabullen".
Bell dijo que los marines que hacían predicciones pesimistas sobre Iraq no tomaban en cuenta el adiestramiento de las nuevas fuerzas iraquíes. Dijo que la instalación del nuevo ejército iraquí, la Guardia Nacional Iraquí y la policía en el país sentaría las bases de la retirada de las tropas estadounidenses.
"Así es como vamos a salir de Iraq", dijo Bell. "Así es como Estados Unidos saldrá de Iraq".
Los marines reconocieron que les frustraba el carácter elusivo de los insurgentes. "Realmente no sabes contra quién estás peleando. Eres más o menos un objeto de guerra", dijo Elston, el soldado de Nueva Jersey. "De repente ves algo al borde del camino, y explota".
Pero los marines dijeron que las frustraciones son más profundas. Varios dijeron que las fuerzas de seguridad iraquí que se supone que finalmente deberán reemplazarles, no están listas y pueden no estarlo nunca".
"No pueden protegerse a sí mismos", dijo el soldado de primera clase Matthew Combs, 19, de Cincinnati, que agregó que no pensaba que los guardias nacionales "puedan hacer algo. Sólo hacen lo que les mandas a hacer".
El Precio De La Cautela
Los marines también expresaron frustración por el hecho de que no podían luchar de manera más agresiva debido a las limitaciones de las reglas de combate impuestas por los comandantes.
Las reglas, que requieren que los marines identifiquen positivamente los blancos hostiles antes de abrir fuego, son engorrosas frente a la guerra de guerrillas urbana, dijeron varios de ellos.
"Cuando nos envían fuera, nos preparamos durante una hora", dijo Maio. "Cuando estamos listos para avanzar, ellos ya se han ido. Hace unas semanas, atacaron la comisaría de policía de Iskandariyah. Nos tuvimos que preparar durante casi una hora antes de salir hacia ellá. Es algo estúpido. Tienes que esperar la aprobación y todo lo demás".
Kelly, el soldado de Alaska, dijo que entendía la necesidad de proteger a los civiles pero que las limitaciones estaban poniendo en peligro la vida de los estadounidenses. "Parece que les dan más valor a acatar la ley al pie de la letra y así sacrificar nuestras, antes que observar el espíritu de la ley y hacer el trabajo", dijo refiriéndose a sus superiores.
Bell dijo que la frustración de los marines era comprensible, pero que era extremadamente difícil determinar el alcance de la hostilidad después de un bomba de carretera que puede haber sido detonada desde cualquier cosa, desde un coche de juguete a control remoto hasta un teléfono móvil. "Es una decisión harto difícil para un chico de 19 años", dijo.
El soldado Jeremy Kyrl, 21, de Chicago, dijo que los insurgentes aprovechaban las limitaciones impuestas a las tropas estadounidenses. "No nos dan libertad de acción, no nos dejan movernos", dijo. "Ellos agarran a la gente y le cortan la cabeza. Ellos conocen nuestros límites, y ellos no los tienen. No podemos competir con eso".
La Decisión De Servir
Pérez dijo que las frustraciones inherentes a la guerra se hicieron evidentes casi inmediatamente cuando llegó a Iraq en julio. Inmigrante colombiano, dijo que había decidido enlistarse en el Cuerpo de Infantería después de asistir a los funerales de un amigo que murió en los atentados del 11 de septiembre. El amigo, Thomas Hetzel, era un bombero voluntario en la Compañía de Bomberos de la Plaza de Franklin y Munson, donde Pérez también era voluntario.
En esa época, Pérez estaba estudiando derecho penal en el Nassau Community College. "Cuando estaba en el funeral vi llorar a su hijita", dijo. "Su esposa estaba embarazada y tenía dos hijos. Me dije: Esto es, esto es lo que haré'".
Pero Pérez dijo que concluyó que esta guerra en Iraq no tenía nada que ver con su rabia. "¿Cómo lo digo?", dijo. "Antes que nada, este es un asunto totalmente diferente. Se suponía que estábamos buscando a Al Qaeda. Ellos son los responsables de los atentados del 11 de septiembre. Esto no tiene relación ninguna con el 11 de septiembre, porque esta guerra la empezaron diciéndonos todo eso sobre las bombas atómicas que tendrían aquí".
Snyder, que estaba escuchando, agregó: "Creo lo mismo, que están desviando la guerra contra el terrorismo. Estoy de acuerdo con la guerra en Afganistán y todo eso sobre el 11 de septiembre, pero creo que dejaron la guerra que había que hacer allá [en Afganistán] para venirse a esta guerra chica de aquí. Y ahora que estamos en el terreno, parece que no estamos ni cerca de atrapar a ese desgraciado de Bin Laden".
Pérez dijo que pensaba que de algún modo todavía estaban combatiendo a los terroristas y "puedo imaginar que ellos atacarán a Estados Unidos en el futuro. Hay un vínculo, pero realmente no se basa en lo mismo".
Pérez agregó que ahora cree que la principal razón de la presencia estadounidense es ayudar a los iraquíes. "Pero no parece que quieran ser ayudados", dijo. "He estado solamente dos meses aquí, pero cada vez que salgo, la gente te mira mal y parece que todos quieren matarte".
Cuestionando Las Órdenes
La frustración de los marines se hizo evidente una tarde de la semana pasada cuando miembros del batallón se desplazaron de Base Operacional de Avanzada de Kalsu al Campamento Iskandariyah. Se había informado de un ataque en el área, y se pidió a los miembros del batallón que dejaran sus todoterrenos e hicieran una patrulla a pie para detectar actividades sospechosas.
El tráfico comenzó a estancarse rápidamente: coches atiborrados de familias, camiones cargados con animales y verduras. Revisar la hilera de vehículos habría tomado horas. Repentinamente se dio la orden a los marines de revisar todos los buses para detectar insurgentes y requisar armas.
"Eso es lo que llamamos un acto de circo", dijo Kelly, el robusto y mordaz soldado de Fairbanks. Dijo que la operación era fundamentalmente un show para los periodistas estadounidenses que viajaban con los marines. "Es para que puedas escribir en el diario lo grande que es nuestra capacidad de respuesta", dijo.
Él y otro marine subieron a un pequeño bus lleno en su mayor parte de mujeres y niños. Entró hasta el centro del pasillo con su rifle de asalto M-16 y se bajó, disgustado.
"Lo único que hicimos fue asustar a esa gente", dijo. "Eso es todo lo que hicimos".
Cuando los marines volvieron a su camión, Autin y Kelly comenzaron a discutir los méritos de la presencia estadounidense en Iraq.
"Y, dicho sea de paso, ¿por qué estamos aquí?"
"Yo te diré porque estamos aquí", dijo Kelly. "Estamos aquí para ayudar a esa gente".
Autin asintió y dijo que apoyaba la misión.
Agregó más tarde que era difícil hacer la guerra cuando los comandantes les ponían trabas.
"Tengo la impresión de que les preocupan más los civiles iraquíes que los soldados estadounidenses", dijo.
Cuando le pregunté sino le preocupaba que los marines fueran castigados por hablar, Autin dijo: "Me da un carajo. ¿Cómo nos van a castigar? ¿Mandándonos a Iraq?"
10 de octubre de 2004
19 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh
"Para ser honesto, me quería vengar", dijo Pérez, de 20 años.
Ahora, tras dos de sietes meses de un período de servicio en Iraq, Pérez no ve la conexión entre los sucesos del 11 de septiembre y la guerra que está librando. En realidad, dijo, está cada vez más desilusionado de un conflicto cuyos orígenes siguen siendo poco claros y frustrado por la timidez de las fuerzas estadounidenses ante un enemigo que es invisible la mayor parte de la veces.
"A veces no veo la razón por la que estoy aquí", dijo Pérez. "En primer lugar, no puedes combatir tantas veces como quieres. En segundo lugar, estamos frente a un enemigo que es invisible. El único modo de hacerlo es ir de casa en casa hasta que lo encontremos".
Pérez no es el único. En una docena de entrevistas, los marines de una sección conocida como 81' expresó francamente sus frustraciones por el modo en que se conduce la guerra y, en algunos casos, con dudas sobre los motivos de por qué se hace. La sección, llamada 81' por el tamaño en milímetros de sus proyectiles de mortero, es parte del Primer Batallón del Regimiento de Infantería Nº2, asignado a Iskandariyah, a unos 48 kilómetros al suroeste de Bagdad.
Los marines dieron abiertamente sus opiniones a un periodista que viajó con el Primer Batallón del Regimiento de Infantería Nº2 durante las operaciones de la semana pasada en la provincia de Balil, y luego se extendieron sobre ellas durante entrevistas a lo largo de tres días en sus cuarteles en el Campamento Iskandariyah, su base de operaciones de avanzada.
Las opiniones de los marines han sido determinadas por su participación en cientos de horas de operaciones en los últimos dos meses. Sus evaluaciones difieren marcadamente de las del gobierno interino iraquí y del gobierno de Bush, que han dichjo que Iraq está en camino seguro -aunque accidentado- hacia una democracia pacífica.
"Tengo la sensación de haber estado aquí años y años", dijo el soldado de primera clase Edward Elston, 22, de Hackettstown, Nueva Jersey. "No creo que se vaya a poner mejor; creo que se va poner mucho peor. Se va a poner como en Palestina. Vamos a dejar de ser una presencia policial y nos vamos a transformar en una fuerza de ocupación... Vamos a estar siempre aquí. No nos iremos nunca".
Las opiniones de la sección de morteros de unos 50 jóvenes marines, varios de los cuales han combatido en la primera fase de la guerra el año pasado, no reflejan necesariamente todas o ni siquiera a la mayoría de las tropas estadounidenses que están luchando en Iraq. Pero ofrecen una instantánea de las frustraciones engendradas por un pesado conflicto que ha terminado con la vida de 1.064 estadounidenses, dejado heridos a otros 7.730, y que se ha extendido a muchas áreas del país.
Aunque no tan altamente publicitados como los ataques en zonas conflictivas como Faluya, Samarra y Ciudad Sader, Bagdad, la violencia en la provincia de Balil, al sur de la capital, es también intensa. Desde el 28 de julio, cuando los marines se hicieron responsables de las operaciones en la región, 102 de las 1.100 tropas de la unidad han sido heridas, 85 en combate, de acuerdo a los archivos del batallón. Cuatro han muerto, dos de ellos en combate.
Oficiales de jerarquía atribuyen la enorme diferencia entre la cantidad de muertos y heridos a la efectividad de las armaduras y blindajes -chalecos antibala, cascos y vehículos blindados reforzados, especialmente todoterrenos- ante la persistencia de los ataques. La semana pasada, los marines hallaron 61 bombas al borde la carretera, casi una por día. De ellas, estallaron 49. El Campamento Iskandariyah fue impactado por proyectiles de mortero o cohetes en 12 ocasiones; pero los insurgentes lanzaron proyectiles contra la base, sin dar en el blanco, 21 veces.
La Realidad En El Terreno
Varios miembros de la sección dijeron que estaban sorprendidos por la diferencia entre el modo en que se retrata la guerra en Estados Unidos y la realidad de sus vidas cotidianas.
"Todos los días lees artículos en Estados Unidos, del tipo: Ah, está cada vez mejor'", dijo el soldado de primera clase Jonathan Snyder, 22, de Gettysburg, Pensilvania. "Pero los que estamos aquí sabemos que se pone cada día peor".
El soldado de primera clase, Kyle Maio, 19, de Bucks County, Pensilvania, dijo que pensaba que los funcionarios de gobierno eran reticentes a hablar con franqueza debido a las futuras elecciones en Estados Unidos. "Están pasando cosas aquí, pero no lo dicen directamente", dijo. "No pueden decirlo".
Maio dijo que cuando llegó a Iraq, "no pensé, honestamente, que iba a vivir tanto tiempo". Agregó: "No es que sea malo. Es parte del trabajo, supongo".
Cuando el periodista le iba a hacer otra pregunta a Maio, la entrevista fue interrumpida por el chillido de un proyectil entrante, seguido de una ensordecedora explosión afuera del cuartel. El ambiente se alborotó de inmediato.
"¡Al suelo! ¡Al suelo!", gritó el radio-operador del batallón, el soldado Brandon Autin, 21, de Nueva Iberia, Los Angeles, sus órdenes enlazadas con tacos. "¡Al búnker! ¡Métanse al búnker!"
Los miembros del batallón salieron corriendo de sus cuartos hacia el búnker de 1 metro y medio por cinco metros, ubicado afuera al final de un edificio de un piso. El cuarto con piso de tierra estaba protegido por un techo bajo y paredes de sacos de arena de 1 metro veinte de grosor. Una vez en el búnker, varios marines encendieron cigarrillos, llenando el cuarto ya congestionado, de humo.
"La realidad ahora mismo es que la opinión más peligrosa del mundo es la opinión de un militar estadounidense", dijo el soldado de primera clase Devin Kelly, 20, de Fairbanks, Alaska.
El soldado de primera clase Alexander Jones, 20, de Ball Ground, Georgia, asintió: "De hecho, estamos demostrando que el gobierno está equivocado", dijo. "Los pillamos en una mentira".
Oficiales de alto rango dijeron que compartían muchas de las frustraciones del batallón, pero agregaron que era difícil para marines de bajo nivel ser los progresos mayores que se hacían en todo Iraq. El mayor Douglas Bell, el oficial ejecutivo del batallón, dijo que "una de las cosas más difíciles acerca de la insurrección es identificar al enemigo".
Bell dijo que era frustrante para " todos los marines en el batallón" salir todos los días a buscar a insurgentes, sólo para ser atacados repetidas veces con bombas y explosiones de morteros o lanzados por un enemigo invisible. "Te gustaría agarrarlo por el cuello y darle una patada en el culo", dijo Bell. "Pero se escabullen".
Bell dijo que los marines que hacían predicciones pesimistas sobre Iraq no tomaban en cuenta el adiestramiento de las nuevas fuerzas iraquíes. Dijo que la instalación del nuevo ejército iraquí, la Guardia Nacional Iraquí y la policía en el país sentaría las bases de la retirada de las tropas estadounidenses.
"Así es como vamos a salir de Iraq", dijo Bell. "Así es como Estados Unidos saldrá de Iraq".
Los marines reconocieron que les frustraba el carácter elusivo de los insurgentes. "Realmente no sabes contra quién estás peleando. Eres más o menos un objeto de guerra", dijo Elston, el soldado de Nueva Jersey. "De repente ves algo al borde del camino, y explota".
Pero los marines dijeron que las frustraciones son más profundas. Varios dijeron que las fuerzas de seguridad iraquí que se supone que finalmente deberán reemplazarles, no están listas y pueden no estarlo nunca".
"No pueden protegerse a sí mismos", dijo el soldado de primera clase Matthew Combs, 19, de Cincinnati, que agregó que no pensaba que los guardias nacionales "puedan hacer algo. Sólo hacen lo que les mandas a hacer".
El Precio De La Cautela
Los marines también expresaron frustración por el hecho de que no podían luchar de manera más agresiva debido a las limitaciones de las reglas de combate impuestas por los comandantes.
Las reglas, que requieren que los marines identifiquen positivamente los blancos hostiles antes de abrir fuego, son engorrosas frente a la guerra de guerrillas urbana, dijeron varios de ellos.
"Cuando nos envían fuera, nos preparamos durante una hora", dijo Maio. "Cuando estamos listos para avanzar, ellos ya se han ido. Hace unas semanas, atacaron la comisaría de policía de Iskandariyah. Nos tuvimos que preparar durante casi una hora antes de salir hacia ellá. Es algo estúpido. Tienes que esperar la aprobación y todo lo demás".
Kelly, el soldado de Alaska, dijo que entendía la necesidad de proteger a los civiles pero que las limitaciones estaban poniendo en peligro la vida de los estadounidenses. "Parece que les dan más valor a acatar la ley al pie de la letra y así sacrificar nuestras, antes que observar el espíritu de la ley y hacer el trabajo", dijo refiriéndose a sus superiores.
Bell dijo que la frustración de los marines era comprensible, pero que era extremadamente difícil determinar el alcance de la hostilidad después de un bomba de carretera que puede haber sido detonada desde cualquier cosa, desde un coche de juguete a control remoto hasta un teléfono móvil. "Es una decisión harto difícil para un chico de 19 años", dijo.
El soldado Jeremy Kyrl, 21, de Chicago, dijo que los insurgentes aprovechaban las limitaciones impuestas a las tropas estadounidenses. "No nos dan libertad de acción, no nos dejan movernos", dijo. "Ellos agarran a la gente y le cortan la cabeza. Ellos conocen nuestros límites, y ellos no los tienen. No podemos competir con eso".
La Decisión De Servir
Pérez dijo que las frustraciones inherentes a la guerra se hicieron evidentes casi inmediatamente cuando llegó a Iraq en julio. Inmigrante colombiano, dijo que había decidido enlistarse en el Cuerpo de Infantería después de asistir a los funerales de un amigo que murió en los atentados del 11 de septiembre. El amigo, Thomas Hetzel, era un bombero voluntario en la Compañía de Bomberos de la Plaza de Franklin y Munson, donde Pérez también era voluntario.
En esa época, Pérez estaba estudiando derecho penal en el Nassau Community College. "Cuando estaba en el funeral vi llorar a su hijita", dijo. "Su esposa estaba embarazada y tenía dos hijos. Me dije: Esto es, esto es lo que haré'".
Pero Pérez dijo que concluyó que esta guerra en Iraq no tenía nada que ver con su rabia. "¿Cómo lo digo?", dijo. "Antes que nada, este es un asunto totalmente diferente. Se suponía que estábamos buscando a Al Qaeda. Ellos son los responsables de los atentados del 11 de septiembre. Esto no tiene relación ninguna con el 11 de septiembre, porque esta guerra la empezaron diciéndonos todo eso sobre las bombas atómicas que tendrían aquí".
Snyder, que estaba escuchando, agregó: "Creo lo mismo, que están desviando la guerra contra el terrorismo. Estoy de acuerdo con la guerra en Afganistán y todo eso sobre el 11 de septiembre, pero creo que dejaron la guerra que había que hacer allá [en Afganistán] para venirse a esta guerra chica de aquí. Y ahora que estamos en el terreno, parece que no estamos ni cerca de atrapar a ese desgraciado de Bin Laden".
Pérez dijo que pensaba que de algún modo todavía estaban combatiendo a los terroristas y "puedo imaginar que ellos atacarán a Estados Unidos en el futuro. Hay un vínculo, pero realmente no se basa en lo mismo".
Pérez agregó que ahora cree que la principal razón de la presencia estadounidense es ayudar a los iraquíes. "Pero no parece que quieran ser ayudados", dijo. "He estado solamente dos meses aquí, pero cada vez que salgo, la gente te mira mal y parece que todos quieren matarte".
Cuestionando Las Órdenes
La frustración de los marines se hizo evidente una tarde de la semana pasada cuando miembros del batallón se desplazaron de Base Operacional de Avanzada de Kalsu al Campamento Iskandariyah. Se había informado de un ataque en el área, y se pidió a los miembros del batallón que dejaran sus todoterrenos e hicieran una patrulla a pie para detectar actividades sospechosas.
El tráfico comenzó a estancarse rápidamente: coches atiborrados de familias, camiones cargados con animales y verduras. Revisar la hilera de vehículos habría tomado horas. Repentinamente se dio la orden a los marines de revisar todos los buses para detectar insurgentes y requisar armas.
"Eso es lo que llamamos un acto de circo", dijo Kelly, el robusto y mordaz soldado de Fairbanks. Dijo que la operación era fundamentalmente un show para los periodistas estadounidenses que viajaban con los marines. "Es para que puedas escribir en el diario lo grande que es nuestra capacidad de respuesta", dijo.
Él y otro marine subieron a un pequeño bus lleno en su mayor parte de mujeres y niños. Entró hasta el centro del pasillo con su rifle de asalto M-16 y se bajó, disgustado.
"Lo único que hicimos fue asustar a esa gente", dijo. "Eso es todo lo que hicimos".
Cuando los marines volvieron a su camión, Autin y Kelly comenzaron a discutir los méritos de la presencia estadounidense en Iraq.
"Y, dicho sea de paso, ¿por qué estamos aquí?"
"Yo te diré porque estamos aquí", dijo Kelly. "Estamos aquí para ayudar a esa gente".
Autin asintió y dijo que apoyaba la misión.
Agregó más tarde que era difícil hacer la guerra cuando los comandantes les ponían trabas.
"Tengo la impresión de que les preocupan más los civiles iraquíes que los soldados estadounidenses", dijo.
Cuando le pregunté sino le preocupaba que los marines fueran castigados por hablar, Autin dijo: "Me da un carajo. ¿Cómo nos van a castigar? ¿Mandándonos a Iraq?"
10 de octubre de 2004
19 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh
EJÉRCITO NORTEAMERICANO EN IRAQ MAL APROVISIONADO - thomas e. ricks
Además de la incompetente conducción de la guerra contra Iraq por parte del gobierno de Bush, las tropas sufren problemas de aprovisionamiento que afectan su capacidad de combate. El año pasado familiares enviaron materiales de protección personal de mejor calidad a sus hijos en el frente.
Según un documento oficial que fue conocido recién ayer, el comandante de las tropas estadounidenses en Iraq se quejó en el invierno pasado ante el Pentágono que la situación de aprovisionamiento era tan precaria que ponía en peligro la capacidad de combate de las tropas del Ejército.
La falta de repuestos claves de maquinarias que son vitales para las operaciones de combate, tales como tanques y helicópteros, estaba causando problemas tan serios, escribió el teniente general del Ejército, Ricardo S. Sánchez, en una carta a oficiales de alto nivel del Ejército, que "no puedo continuar operaciones de combate prolongadas con tasas [de aprovisionamiento] tan bajas".
Oficiales del Ejército dijeron que la mayor parte de las preocupaciones de Sánchez han sido solucionadas en los últimos meses, pero que ellos continúan supervisando estrechamente los problemas que identificó el teniente general. La situación ha "mejorado substancialmente" ahora, dijo Gary Motsek, subdirector de operaciones del Mando Logístico del Ejército.
Sánchez, que fue el comandante de mayor jerarquía en el terreno en Iraq desde el verano de 2003 hasta el verano de 2004, dijo en su carta que las unidades del Ejército en Iraq estaban "esforzándose para mantener solamente... tasas relativamente bajas de preparación" en sistemas de combate claves, tales los tanques M-1 Abrams, los vehículos de combate Bradley, los radares anti-morteros y los helicópteros Black Hawk.
También dijo que las unidades tenían que esperar un promedio de 40 días antes de recibir repuestos vitales, lo que, observó, es casi tres veces el promedio del Ejército. Dijo que en algunos depósitos de aprovisionamiento del Ejército en Iraq, el 40 por ciento de los repuestos claves estaban a "balance cero", lo que quiere decir que no se encontraban en las estanterías de los depósitos.
También protestó en su carta, enviada el 4 de diciembre al segundo oficial a cargo del Ejército, con copias a otros oficiales de mayor jerarquía, que sus soldados todavía necesitaban rellenos protectores para mejorar 36.000 piezas de chalecos antibalas, pero que su entrega había sido pospuesta dos veces en el mes previo a su carta. En ese momento había 131.000 tropas estadounidenses en Iraq.
En lo que parece ser una súplica a los oficiales de mayor jerarquía para espolear la burocracia para que responda con más rapidez, Sánchez concluyó: "No puedo mantener la preparación de las tropas sin una intervención del Ejército".
Sánchez, que desde entonces volvió a su base permanente en Alemania, no respondió llamadas telefónicas ni mensajes por correo electrónico donde pedíamos su comentario.
Su carta de preocupación ha salido a la luz después de repetidas declaraciones del presidente Bush de que está determinado a asegurar que las tropas estadounidenses que luchan en Iraq tengan todo lo que necesitan para llevar a cabo sus misiones. "Yo he jurado, como también el ministro de Defensa, dar a nuestras tropas todo lo que sea necesario para que completen sus misiones con la mayor seguridad posible", dijo en mayo. Antes este mes, en Manchester, NewHampshire, dijo: "Cuando Estados Unidos enviamos tropas al campo de batalla, creo que merecen el mejor adiestramiento, el mejor equipo y todo el apoyo de nuestro gobierno".
Una copia de la carta de Sánchez fue entregada al Washington Post por una persona familiarizada con la situación que estaba consternada de que las tropas en el frente no fueran aprovisionadas adecuadamente. Esa persona no aprueba la conducción de la guerra de Iraq por el gobierno de Bush, pero dijo que eso no hacía parte de sus motivos para dar a conocer la carta.
La revelación de las preocupaciones de Sánchez se produce tras recientes comentarios del antiguo embajador L. Paul Bremer, la contraparte civil de Sánchez en la gestión de la ocupación estadounidense de Iraq, de que creía que se necesitaban más tropas en Iraq y había pedido al gobierno de Bush que las enviara.
El teniente general Claude V. Christianson, el oficial de logística de mayor jerarquía en el mando del Ejército en el Pentágono, dijo que los problemas de preparación en Iraq llegaron a un máximo el otoño pasado, pero que han sido en gran parte solucionados. Dijo que fueron causados por una combinación de problemas en la línea de aprovisionamiento y un inesperado ritmo de operaciones de combate cuando estalló la insurrección iraquí el año pasado.
"De repente, a fines de julio [de 2003], los insurgentes empezaron sus operaciones AEI en todo Iraq", observó, usando las siglas para artefactos explosivos improvisados', el término utilizado por los militares para referirse a las bombas en los bordes de las calles. En respuesta, el ritmo o tempo operacional' de las tropas estadounidenses aumentó fuertemente, obligándolas a usar sus tanques y otros vehículos blindados a ritmos mucho más altos de lo que se había calculado.
"Los tanques están operando a 5.000 y 6.50 kilómetros al año", dijo Christianson, lo que, observó, es casi cinco veces la tasa que tenían cuando fueron usados en el adiestramiento en sus bases. La tasa de disponibilidad de los tanques M-1 Abrams cayó a un 78 por ciento en octubre pasado, dijo, comparado con lo que es normal en el Ejército de 90 por ciento. Motsek, del Mando Logístico del Ejército, dijo que debido a la intensidad de las operaciones recientes la tasa de disponibilidad de los tanques descendió recientemente de 95 a 83 por ciento.
Las tasas de preparación también disminuyeron en general la primavera pasada cuando los insurgentes destruyeron siete puentes a lo largo de la principal ruta de aprovisionamiento desde Kuwait a Bagdad, dijo Christianson. En algunos casos, dijo, las provisiones fueron interrumpidas durante "varios días".
Pero dijo que la situación de aprovisionamiento ha mejorado desde entonces, incluso si el ritmo de las operaciones de combate estadounidenses ha seguido siendo intenso. El tiempo de espera de repuestos claves en Iraq ahora es de 24 días, casi la mitad de lo que era cuando Sánchez escribió su carta, dijo Christianson.
El problema de los chalecos antibala -que se ha transformado en un problema candente con el Congreso después de que algunas familias compraran privadamente chalecos antibala y las embarcaran a sus familiares en el Ejército en Iraq- fue solucionado más pronto, observó Christianson, y todas las tropas en Iraq han sido equipadas con material de última generación a fines de enero, unas siete semanas después de que Sánchez escribiera su carta.
Christianson dijo que Sánchez sólo envió una carta con sus preocupaciones sobre Iraq. "Es la única que recibimos de Rick que tuviera algo que ver con la disponibilidad de combate", dijo. Dijo que no le había impresionado la carta porque los encargados de logística del Ejército estaban conscientes de los problemas, concordaban con la evaluación de Sánchez y ya habían tomado medidas para remediarlos.
Motsek dijo que la preparación de los sistemas de combate en el terreno, tales como tanques y vehículos de combate Bradley sigue siendo una preocupación, pero que ya no debe ser tratada como un problema "urgente", ya que las llantas de oruga y otros repuestos pesados están siendo transportados por aire. "Ahora hemos alcanzado el punto en que podemos enviar llantas de oruga sobre bases rutinarias" por vía marítima, que es mucho menos caro, dijo. Eso se debe principalmente a que la capacidad de producción de llantas de oruga ha sido aumentada para satisfacer la inesperada demanda provocada por los combates en Iraq, dijo.
La carta de Sánchez fue enviada después de la más intensa ofensiva insurreccional contra las fuerzas de la ocupación estadounidense hasta ese momento. En una serie de ataques que coincidieron con el inicio del mes sagrado musulmán de Ramadán a fines de octubre del año pasado, perdieron la vida 87 miembros de las fuerzas estadounidenses. Según el calendario lunar de los musulmanes, el Ramadán este año comenzó hace unos días.
Mike Allen contribuyó a este reportaje.
19 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh
Según un documento oficial que fue conocido recién ayer, el comandante de las tropas estadounidenses en Iraq se quejó en el invierno pasado ante el Pentágono que la situación de aprovisionamiento era tan precaria que ponía en peligro la capacidad de combate de las tropas del Ejército.La falta de repuestos claves de maquinarias que son vitales para las operaciones de combate, tales como tanques y helicópteros, estaba causando problemas tan serios, escribió el teniente general del Ejército, Ricardo S. Sánchez, en una carta a oficiales de alto nivel del Ejército, que "no puedo continuar operaciones de combate prolongadas con tasas [de aprovisionamiento] tan bajas".
Oficiales del Ejército dijeron que la mayor parte de las preocupaciones de Sánchez han sido solucionadas en los últimos meses, pero que ellos continúan supervisando estrechamente los problemas que identificó el teniente general. La situación ha "mejorado substancialmente" ahora, dijo Gary Motsek, subdirector de operaciones del Mando Logístico del Ejército.
Sánchez, que fue el comandante de mayor jerarquía en el terreno en Iraq desde el verano de 2003 hasta el verano de 2004, dijo en su carta que las unidades del Ejército en Iraq estaban "esforzándose para mantener solamente... tasas relativamente bajas de preparación" en sistemas de combate claves, tales los tanques M-1 Abrams, los vehículos de combate Bradley, los radares anti-morteros y los helicópteros Black Hawk.
También dijo que las unidades tenían que esperar un promedio de 40 días antes de recibir repuestos vitales, lo que, observó, es casi tres veces el promedio del Ejército. Dijo que en algunos depósitos de aprovisionamiento del Ejército en Iraq, el 40 por ciento de los repuestos claves estaban a "balance cero", lo que quiere decir que no se encontraban en las estanterías de los depósitos.
También protestó en su carta, enviada el 4 de diciembre al segundo oficial a cargo del Ejército, con copias a otros oficiales de mayor jerarquía, que sus soldados todavía necesitaban rellenos protectores para mejorar 36.000 piezas de chalecos antibalas, pero que su entrega había sido pospuesta dos veces en el mes previo a su carta. En ese momento había 131.000 tropas estadounidenses en Iraq.
En lo que parece ser una súplica a los oficiales de mayor jerarquía para espolear la burocracia para que responda con más rapidez, Sánchez concluyó: "No puedo mantener la preparación de las tropas sin una intervención del Ejército".
Sánchez, que desde entonces volvió a su base permanente en Alemania, no respondió llamadas telefónicas ni mensajes por correo electrónico donde pedíamos su comentario.
Su carta de preocupación ha salido a la luz después de repetidas declaraciones del presidente Bush de que está determinado a asegurar que las tropas estadounidenses que luchan en Iraq tengan todo lo que necesitan para llevar a cabo sus misiones. "Yo he jurado, como también el ministro de Defensa, dar a nuestras tropas todo lo que sea necesario para que completen sus misiones con la mayor seguridad posible", dijo en mayo. Antes este mes, en Manchester, NewHampshire, dijo: "Cuando Estados Unidos enviamos tropas al campo de batalla, creo que merecen el mejor adiestramiento, el mejor equipo y todo el apoyo de nuestro gobierno".
Una copia de la carta de Sánchez fue entregada al Washington Post por una persona familiarizada con la situación que estaba consternada de que las tropas en el frente no fueran aprovisionadas adecuadamente. Esa persona no aprueba la conducción de la guerra de Iraq por el gobierno de Bush, pero dijo que eso no hacía parte de sus motivos para dar a conocer la carta.
La revelación de las preocupaciones de Sánchez se produce tras recientes comentarios del antiguo embajador L. Paul Bremer, la contraparte civil de Sánchez en la gestión de la ocupación estadounidense de Iraq, de que creía que se necesitaban más tropas en Iraq y había pedido al gobierno de Bush que las enviara.
El teniente general Claude V. Christianson, el oficial de logística de mayor jerarquía en el mando del Ejército en el Pentágono, dijo que los problemas de preparación en Iraq llegaron a un máximo el otoño pasado, pero que han sido en gran parte solucionados. Dijo que fueron causados por una combinación de problemas en la línea de aprovisionamiento y un inesperado ritmo de operaciones de combate cuando estalló la insurrección iraquí el año pasado.
"De repente, a fines de julio [de 2003], los insurgentes empezaron sus operaciones AEI en todo Iraq", observó, usando las siglas para artefactos explosivos improvisados', el término utilizado por los militares para referirse a las bombas en los bordes de las calles. En respuesta, el ritmo o tempo operacional' de las tropas estadounidenses aumentó fuertemente, obligándolas a usar sus tanques y otros vehículos blindados a ritmos mucho más altos de lo que se había calculado.
"Los tanques están operando a 5.000 y 6.50 kilómetros al año", dijo Christianson, lo que, observó, es casi cinco veces la tasa que tenían cuando fueron usados en el adiestramiento en sus bases. La tasa de disponibilidad de los tanques M-1 Abrams cayó a un 78 por ciento en octubre pasado, dijo, comparado con lo que es normal en el Ejército de 90 por ciento. Motsek, del Mando Logístico del Ejército, dijo que debido a la intensidad de las operaciones recientes la tasa de disponibilidad de los tanques descendió recientemente de 95 a 83 por ciento.
Las tasas de preparación también disminuyeron en general la primavera pasada cuando los insurgentes destruyeron siete puentes a lo largo de la principal ruta de aprovisionamiento desde Kuwait a Bagdad, dijo Christianson. En algunos casos, dijo, las provisiones fueron interrumpidas durante "varios días".
Pero dijo que la situación de aprovisionamiento ha mejorado desde entonces, incluso si el ritmo de las operaciones de combate estadounidenses ha seguido siendo intenso. El tiempo de espera de repuestos claves en Iraq ahora es de 24 días, casi la mitad de lo que era cuando Sánchez escribió su carta, dijo Christianson.
El problema de los chalecos antibala -que se ha transformado en un problema candente con el Congreso después de que algunas familias compraran privadamente chalecos antibala y las embarcaran a sus familiares en el Ejército en Iraq- fue solucionado más pronto, observó Christianson, y todas las tropas en Iraq han sido equipadas con material de última generación a fines de enero, unas siete semanas después de que Sánchez escribiera su carta.
Christianson dijo que Sánchez sólo envió una carta con sus preocupaciones sobre Iraq. "Es la única que recibimos de Rick que tuviera algo que ver con la disponibilidad de combate", dijo. Dijo que no le había impresionado la carta porque los encargados de logística del Ejército estaban conscientes de los problemas, concordaban con la evaluación de Sánchez y ya habían tomado medidas para remediarlos.
Motsek dijo que la preparación de los sistemas de combate en el terreno, tales como tanques y vehículos de combate Bradley sigue siendo una preocupación, pero que ya no debe ser tratada como un problema "urgente", ya que las llantas de oruga y otros repuestos pesados están siendo transportados por aire. "Ahora hemos alcanzado el punto en que podemos enviar llantas de oruga sobre bases rutinarias" por vía marítima, que es mucho menos caro, dijo. Eso se debe principalmente a que la capacidad de producción de llantas de oruga ha sido aumentada para satisfacer la inesperada demanda provocada por los combates en Iraq, dijo.
La carta de Sánchez fue enviada después de la más intensa ofensiva insurreccional contra las fuerzas de la ocupación estadounidense hasta ese momento. En una serie de ataques que coincidieron con el inicio del mes sagrado musulmán de Ramadán a fines de octubre del año pasado, perdieron la vida 87 miembros de las fuerzas estadounidenses. Según el calendario lunar de los musulmanes, el Ramadán este año comenzó hace unos días.
Mike Allen contribuyó a este reportaje.
19 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh
POLONIA RETIRA TROPAS DE IRAK
Polonia comenzará a retirar sus tropas a principios de 2005 y vuelve al redil europeo tras la insólita decisión de apoyar la guerra contra Iraq.
Varsovia, Polonia. El primer ministro polaco, Marek Belka, sobrevivió estrechamente un voto de censura ayer después de decir al Parlamento: "No estaremos en Iraq ni un día más del necesario".
"Polonia reducirá su contingente a principios de 2005 y considerará reducciones posteriores", dijo Belka durante un discurso ante el Parlamento, aunque enfatizó que la retirada de unas 2.500 tropas polacas no debe conducir a una mayor inestabilidad en Iraq.
Funcionarios de gobierno dijeron que el discurso de Belka puede significar un embarazoso traspiés para el presidente Bush. El presidente, en el primer debate con el senador John Kerry, el candidato demócrata, elogió al presidente Aleksander Kwasniewski por contribuir con tropas a la guerra contra Iraq. Insistió frente a Kerry que Polonia respaldaba a Estados Unidos.
Polonia en realidad rompió filas con varios de sus socios de la Unión Europea y la OTAN al apoyar abiertamente la guerra contra Iraq y al enviar tropas para dirigir una de las divisiones multinacionales en Iraq central.
El gobierno de Bush acogió el papel de Polonia y el respaldo de otros países de Europa del Este, incluyendo a Rumania y Bulgaria. Ese respaldo llevó al ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld, a describir una división entre una nueva Europa', de los países que apoyaban a Estados Unidos en Iraq, y una vieja Europa', dirigida por Francia y Alemania, que se opuso a la guerra incluso en momentos en que el Pentágono diseñaba sus planes bélicos.
En los últimos meses la opinión pública polaca ha cuestionado la conducción de la guerra y sus costes económicos. Más del 75 por ciento de los encuestados en Polonia han dicho que se oponen a una participación polaca en Iraq.
16 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh
Un informe de la CIA dice que el presidente iraquí asumió que la agencia sabía que él no tenía armas prohibidas. Hussein pensaba que Estados Unidos e Iraq podían ser aliados en Oriente Medio.
Washington, Estados Unidos. Saddam Hussein estaba convencido de que había ganado la Guerra del Golfo Pérsico de 1991.
Y cuando después de la guerra destruyó sus armas de destrucción masiva, estaba convencido de que la CIA lo sabía.
Como resultado, consideró los 12 años de resoluciones de Naciones Unidas, de sanciones comerciales y amenazas de guerra como una farsa para humillarlo.
En opinión de Hussein, Washington y Bagdad deberían haber sido aliados. Podría haber ayudado a poner freno a las ambiciones nucleares de Irán y a resolver el conflicto palestino-israelí. Ofreció transformarse en el "mejor amigo de Estados Unidos en la región". Estaba seguro de que las tropas norteamericanas no invadirían nunca Iraq.
La visión distorsionada del mundo de Saddam Hussein es descrita en vívidos detalles en el informe publicado la semana pasada, de Charles A. Duelfer, el jefe de los inspectores de armas de la CIA. El documento se basa en una variedad de fuentes, incluyendo interrogatorios a Hussein mismo. Una detenida lectura del informe, junto con entrevistas con agentes del servicio secreto y expertos externos, arroja nuevas luces sobre qué pensaba Hussein en los prolegómenos de la invasión estadounidense en 2003.
Duelfer dice que para que los norteamericanos entiendan la desconcertante decisión de Hussein de desafiar las resoluciones de Naciones Unidas y enfrentarse a la posibilidad de un desastre, deben "mirar el universo desde el punto de vista de Saddam".
Sin embargo, lo inverso es también verdad. Si Hussein no entendió a Occidente, está claro que desde 1991 sucesivos gobiernos en Washington proyectaron sus propios prejuicios y errores sobre Hussein. También ellos tenían una visión distorsionada. Vieron evidencias de armas prohibidas donde no las había. No percibieron señales que ahora parecen obvias. El presidente Bush, por ejemplo, insistió antes de la guerra que el fracaso de los equipos de Naciones Unidas en encontrar alguna evidencia de armas químicas, biológicas o nucleares a pesar de 731 inspecciones en los cuatro meses previos a la invasión simplemente probaban que Hussein las estaba escondiendo -no que ellas no existieran.
"A veces me pregunto qué región del mundo sí entendemos", filosofó un funcionario del Pentágono que ha estudiado durante largo tiempo el régimen de Hussein.
Claramente Duelfer batalló con el rompecabezas de años de comunicaciones distorsionadas entre dos adversarios. Buscando claridad entre realidades alternates en Washington y Bagdad, su informe se lee a veces como una entrega de La dimensión desconocida'.
Para entender a Hussein, escribe Duelfer, uno debe dar un paso atrás en "la realidad y en el tiempo. Podríamos recabar el flujo de imágenes, sonidos, sentimientos e incidentes que pasaron por la mente de Saddam y proyectarlas en un planetario... Los incidentes fluirían ante el lector, como fluyeron ante Saddam".
Duelfer exhorta al lector olvidar las imágenes que retratan a Hussein como un payaso. En la mente del dictador, él era el último de una línea de grandes líderes, tales como Hammurabi, Nabucodonosor y Saladino.
"Saddam veía admiración en las multitudes que lo vitoreaban cuando disparaba un rifle por sobre sus cabezas -no lo que nosotros, occidentales, no vemos de la misma manera, y lo que vemos es a un tipo con un sombrero ridículo y disparando un arma insensatamente", escribe Duelfer. Imagine lo que pensaba el dictador, agrega, cuando él veía a Bush en televisión "llamándolo loco".
Duelfer lleva una década estudiando a Hussein, primero como jefe adjunto del equipo de inspección de armas de Naciones Unidas y luego como investigador jefe de Estados Unidos en Iraq. Su informe de 960 páginas se basa en 16 meses de trabajo en Iraq, entrevistas con Hussein y la mayoría de sus principales asesores y científicos, y una revisión de unos 40 millones de páginas de documentos requisados en Iraq.
Un solo agente del FBI realizó todos los interrogatorios norteamericanos a Hussein desde que este fuera capturado en diciembre y recluido en régimen de confinamiento solitario en una celda de una base militar estadounidense en las afueras de Bagdad. Según los informes, Hussein se ha mostrado lúcido, racional y reflexivo durante meses de sesiones.
"Sería más fácil de entender si realmente estuviera chiflado", dijo un antiguo funcionario de inteligencia que ha leído muchos de los informes y que habló a condición de conservar el anonimato. "No hay nada de lo que puedas leer en las entrevistas que te haga pensar que este tipo tiene un tornillo suelto".
Pero el antiguo funcionario dijo que los interrogatorios a Hussein eran frustrantes para aquellos que estaban tratando de entender los motivos y decisiones del derrocado dictador -así como el recurso del régimen a la tortura, los asesinatos y las matanzas.
"Tú esperarías que explicara por qué hizo lo que hizo, o qué estaba pensando cuando hizo todas esas cosas estúpidas", dijo. "Pero no nos entrega información sobre esas cosas. No nos ha revelado mucho... Es como tener a Hitler en el diván, sin que te diga nada sobre los campos de concentración".
El antiguo agente dijo que la CIA no entendió nunca que Hussein estaba blufeando sobre sus armas, que había abandonado hacía largo tiempo, principalmente con la intención de disuadir a Irán, el enemigo de toda la vida de Iraq. Para Hussein, las supuestas actividades de Teherán para obtener armas nucleares que se le negaban a él, representaban un peligro inaceptable para su país y una amenaza a su legítimo lugar en la historia.
Agentes de la CIA oyeron atroces amenazas en los bombásticos discursos de Hussein. Asumieron que las armas prohibidas estaban en camiones y en edificios a los que no tenían acceso. Creyeron en desertores con nombres en clave como Curveball' y Red River', que les dijeron lo que querían oír. Razonaron que Hussein no estaría aguantando las sanciones de Naciones Unidas y perdiendo un estimado de 100 billones de dólares de intercambios comerciales, si no tuviera nada que ocultar.
Al final, el bluf de Hussein le salió por la culata. La incapacidad de Washington de darse cuenta de que era un bluf tendría un enorme impacto para ambos países.
El error de Hussein "fue uno de los errores de cálculo más garrafales de la historia", dijo el antiguo agente. "Incluso peor que el nuestro al no comprender lo que estaba haciendo... Nosotros estamos acostumbrados a gente que hacen lo imposible para pretender que no tienen cosas malas. Pero no habíamos conocido nunca antes a alguien que hiciera lo imposible para pretender que sí las tenía. Sé que decía que no las tenía [las armas prohibidas], pero todas sus acciones apuntaban a que sí las tenía".
En opinión de Hussein, la prioridad de Estados Unidos en la región era asegurarse de que la Revolución Islámica de Irán no se extendiera a otros países y entregar a los radicales clérigos chiíes el poder completo sobre el suministro global de petróleo. Estaba convencido de que los intereses nacionales de Washington consistían en contener el programa de armas nucleares de Irán, no en derrocar su régimen. En realidad, dependía de eso.
David Kay, que precedió a Duelfer como jefe de los sabuesos de armas de Naciones Unidas, dijo que preguntó a Tarik Aziz, el antiguo primer ministro adjunto de Iraq, en un interrogatorio el año pasado, por qué Hussein no conservó sus armas ilícitas si le preocupaban tanto los proyectos de Irán de fabricar una bomba atómica. "Dijo que cada vez que trataron este asunto con Saddam, él dijo: No debemos preocuparnos de Irán, porque si resulta ser lo que pensamos, los israelíes o los americanos se ocuparán de ellos'", dijo Kay. "En otras palabras, esperaba que nosotros diéramos cuenta de su enemigo".
Azis dijo que Hussein obtenía sus noticias de los servicios de radio en lengua árabe de la BBC y de Voz de América. Pero Hussein mostraba más interés en libros y en noticias sobre líderes árabes rivales. Resentía especialmente a los gobernantes saudíes por sus lazos con los norteamericanos.
La propia visión de Hussein sobre Estados Unidos era encontrada. En su opinión, él era un líder heroico que había ganado prestigio en el mundo árabe por haber retado a la única superpotencia. Pero Hussein dijo a sus asesores que sería igualmente prestigioso transformarse en un aliado de Estados Unidos. Por eso utilizó a diplomáticos de Naciones Unidas, periodistas y otros para llevar de vuelta ofrecimientos para mejorar las relaciones con Washington.
"Pensaban realmente que se podía llegar a un acuerdo", dijo un antiguo agente de la CIA que fue contactado por un importante oficial iraquí poco antes de la invasión en marzo de 2003. "Pensaba que el juego de poder terminaría. No podía creer que eliminaríamos a su país del mapa. Así es como lo veía él".
Todos los intentos de Hussein fueron rechazados y es imposible saber si era serio acerca de cooperar con Washington. Pero se quejó ante un interrogador de que "no le dieron ninguna oportunidad porque Estados Unidos se negó a escuchar lo que Iraq tenía que decir".
El doctor Jerrold M. Post, un psiquiatra que ha hecho un retrato de Hussein para la CIA, dijo que Hussein "no es psicótico". Pero dijo que el dictador tenía pocas experiencias recientes fuera de Iraq y tenía una visión distorsionada del mundo.
"Pensaba que las amenazas reales que profería Occidente eran un tipo de hipérbole de las que a menudo se profieren en el mundo árabe", dijo Post. "Y estaba rodeado de aduladores que le decían lo que él quería oír, no lo que debía saber".
Un interrogatorio de Ali Hassan Majid, un alto directivo conocido como Alí el Químico' por su supuesto rol en el uso de gas venenoso para masacrar a los kurdos iraquíes en 1988, ilustró el punto. Cuando le preguntaron cómo había reaccionado Hussein ante las malas noticias, Majid indicó que él "no conocía ningún ejemplo de nadie que le llevara malas noticias a Saddam", de acuerdo al informe de Duelfer.
El segundo hijo de Hussein y su heredero aparente, Qusai, no era mejor. El antiguo comandante de la división Nabucodonosor de la Guardia Republicana dijo a un interrogador de Estados Unidos que Qusai "pensaba que la mayoría de nosotros éramos payasos. Pretendíamos que estábamos ganando y nunca dimos informaciones verdaderas sobre lo que estaba pasando en este planeta... Todo comandante que dijera la verdad perdería la cabeza".
Irónicamente, Saddam Hussein mal interpretó las intenciones de Estados Unidos en parte porque creía que la CIA era un mejor servicio secreto de lo que demostró ser. Altos personeros dijeron a interrogadores que Hussein estaba convencido de que el servicio secreto estadounidense sabía que él no tenía armas ilegales.
Hussein dio por sentado que la CIA había infiltrado su régimen, del mismo modo que su propio servicio de inteligencia usaba escuchas telefónicas, cámaras ocultas e informantes para espiar a los equipos de inspección de armas de Naciones Unidas.
Estaba equivocado. En julio, el Comité para la Inteligencia del Senado informó que la CIA no había tenido informantes ni espías en Iraq durante los cinco años previos a la guerra.
"Saddam creía en el mito de la CIA", dijo Robert Baer, un antiguo agente de la CIA que trabajó en el norte de Iraq. "Realmente pensaba que sabíamos lo que estaba pasando en su régimen. No podía creer que no tuviéramos fuentes".
Otros iraquíes también creyeron en la CIA. Duelfer cuenta cómo un alto funcionario del régimen, Abdel Tawab Mullah Huweish, comenzó a preocuparse de que Hussein estuviera escondiendo armas prohibidas después de que Bush mencionara a Iraq como parte del eje del mal' en enero de 2002.
"Huweish no podía entender cómo Estados Unidos podría amenazar a Iraq en términos tan severos y amenazantes a menos que tuviera informaciones irrefutables", escribe Duelfer.
Por otro lado, los iraquíes entendían demasiado bien las ideas de Estados Unidos. Los líderes más importantes del régimen "tenían una mejor comprensión de cómo veía Occidente sus proyectos, que al revés", concluye Duelfer.
En los años noventa, cuando las tensiones entre Iraq y la comunidad internacional vivían altibajos, analistas de Estados Unidos estudiaron imágenes de satélites espías e identificaron edificios prominentes del régimen como blancos potenciales para ser atacados con misiles de crucero. Estados Unidos lanzó ataques limitados ocasionalmente, apuntando a instalaciones balísticas y supuestamente laboratorios de armas.
Pero funcionarios iraquíes entendieron rápidamente la estrategia estadounidense y desocuparon muchos de los sitios de los equipos y archivos clave antes de los ataques, según Duelfer.
Más de una década de bombardeos periódicos estadounidenses y británicos de instalaciones anti-aéreas iraquíes, instalaciones militares y de comunicaciones en las zonas prohibidas en el norte y sur de Iraq valían la pena para Hussein. Tarde o temprano, pensaba el dictador, derribaría a algún avión.
"Era una batalla que estaba librando con resultados muy favorables", escribe Duelfer. "Le costaba a Estados Unidos un montón, y él no incurría casi en ningún coste, y podía librar la batalla indefinidamente".
En otros casos, funcionarios estadounidenses simplemente interpretaron erróneamente los datos de inteligencia de alta tecnología de que disponían.
El 5 de febrero de 2003, por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores, Colin L. Powell, apareció ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para defender la argumentación del gobierno para hacer la guerra. Hizo escuchar una cinta de una llamada telefónica que dijo que había sido interceptada el 30 de enero entre un oficial de la Guardia Republicana y un subalterno en el terreno. De acuerdo a Powell, el oficial dio órdenes de "limpiar todas las áreas, las áreas de desechos, las abandonadas. Asegúrense de que no quede nada".
Powell dijo que la cinta probaba que Hussein estaba ocultando "la presencia de armas de destrucción masiva". Los investigadores estadounidenses nunca encontraron a esos oficiales. Pero concluyeron que Powell había interpretado mal la cinta. La llamada giraba sobre materiales del programa de armas largo tiempo caduco de 1991 de Iraq, no de armas nuevas.
De hecho, el 25 de enero, cinco días antes de que la llamada fuera interceptada, un importante funcionario del régimen se reunió con los líderes militares de la Guardia Republicana y les advirtió que "el gobierno los haría responsable" si los inspectores de Naciones Unidas encontraban algunos de los viejos materiales en sus áreas "o si quedaba ahí algo que arrojara dudas sobre la cooperación de Iraq".
Hasta los últimos meses, Hussein estuvo convencido de que Bush no invadiría. Le dijo a sus asesores que Estados Unidos todavía estaba sufriendo del "síndrome de Vietnam".
"Probablemente no pensaba que estaría vivo a esta altura", dijo Kay, el antiguo inspector de armas de Estados Unidos. "Probablemente se interroga todos los días sobre qué salió mal".
13 de octubre de 2004
©los angeles times
©traducción mQh
Varsovia, Polonia. El primer ministro polaco, Marek Belka, sobrevivió estrechamente un voto de censura ayer después de decir al Parlamento: "No estaremos en Iraq ni un día más del necesario"."Polonia reducirá su contingente a principios de 2005 y considerará reducciones posteriores", dijo Belka durante un discurso ante el Parlamento, aunque enfatizó que la retirada de unas 2.500 tropas polacas no debe conducir a una mayor inestabilidad en Iraq.
Funcionarios de gobierno dijeron que el discurso de Belka puede significar un embarazoso traspiés para el presidente Bush. El presidente, en el primer debate con el senador John Kerry, el candidato demócrata, elogió al presidente Aleksander Kwasniewski por contribuir con tropas a la guerra contra Iraq. Insistió frente a Kerry que Polonia respaldaba a Estados Unidos.
Polonia en realidad rompió filas con varios de sus socios de la Unión Europea y la OTAN al apoyar abiertamente la guerra contra Iraq y al enviar tropas para dirigir una de las divisiones multinacionales en Iraq central.
El gobierno de Bush acogió el papel de Polonia y el respaldo de otros países de Europa del Este, incluyendo a Rumania y Bulgaria. Ese respaldo llevó al ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld, a describir una división entre una nueva Europa', de los países que apoyaban a Estados Unidos en Iraq, y una vieja Europa', dirigida por Francia y Alemania, que se opuso a la guerra incluso en momentos en que el Pentágono diseñaba sus planes bélicos.
En los últimos meses la opinión pública polaca ha cuestionado la conducción de la guerra y sus costes económicos. Más del 75 por ciento de los encuestados en Polonia han dicho que se oponen a una participación polaca en Iraq.
16 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh
MIRANDO LAS COSAS CON SADDAM HUSSEIN - bob drogin
Un informe de la CIA dice que el presidente iraquí asumió que la agencia sabía que él no tenía armas prohibidas. Hussein pensaba que Estados Unidos e Iraq podían ser aliados en Oriente Medio.
Y cuando después de la guerra destruyó sus armas de destrucción masiva, estaba convencido de que la CIA lo sabía.
Como resultado, consideró los 12 años de resoluciones de Naciones Unidas, de sanciones comerciales y amenazas de guerra como una farsa para humillarlo.
En opinión de Hussein, Washington y Bagdad deberían haber sido aliados. Podría haber ayudado a poner freno a las ambiciones nucleares de Irán y a resolver el conflicto palestino-israelí. Ofreció transformarse en el "mejor amigo de Estados Unidos en la región". Estaba seguro de que las tropas norteamericanas no invadirían nunca Iraq.
La visión distorsionada del mundo de Saddam Hussein es descrita en vívidos detalles en el informe publicado la semana pasada, de Charles A. Duelfer, el jefe de los inspectores de armas de la CIA. El documento se basa en una variedad de fuentes, incluyendo interrogatorios a Hussein mismo. Una detenida lectura del informe, junto con entrevistas con agentes del servicio secreto y expertos externos, arroja nuevas luces sobre qué pensaba Hussein en los prolegómenos de la invasión estadounidense en 2003.
Duelfer dice que para que los norteamericanos entiendan la desconcertante decisión de Hussein de desafiar las resoluciones de Naciones Unidas y enfrentarse a la posibilidad de un desastre, deben "mirar el universo desde el punto de vista de Saddam".
Sin embargo, lo inverso es también verdad. Si Hussein no entendió a Occidente, está claro que desde 1991 sucesivos gobiernos en Washington proyectaron sus propios prejuicios y errores sobre Hussein. También ellos tenían una visión distorsionada. Vieron evidencias de armas prohibidas donde no las había. No percibieron señales que ahora parecen obvias. El presidente Bush, por ejemplo, insistió antes de la guerra que el fracaso de los equipos de Naciones Unidas en encontrar alguna evidencia de armas químicas, biológicas o nucleares a pesar de 731 inspecciones en los cuatro meses previos a la invasión simplemente probaban que Hussein las estaba escondiendo -no que ellas no existieran.
"A veces me pregunto qué región del mundo sí entendemos", filosofó un funcionario del Pentágono que ha estudiado durante largo tiempo el régimen de Hussein.
Claramente Duelfer batalló con el rompecabezas de años de comunicaciones distorsionadas entre dos adversarios. Buscando claridad entre realidades alternates en Washington y Bagdad, su informe se lee a veces como una entrega de La dimensión desconocida'.
Para entender a Hussein, escribe Duelfer, uno debe dar un paso atrás en "la realidad y en el tiempo. Podríamos recabar el flujo de imágenes, sonidos, sentimientos e incidentes que pasaron por la mente de Saddam y proyectarlas en un planetario... Los incidentes fluirían ante el lector, como fluyeron ante Saddam".
Duelfer exhorta al lector olvidar las imágenes que retratan a Hussein como un payaso. En la mente del dictador, él era el último de una línea de grandes líderes, tales como Hammurabi, Nabucodonosor y Saladino.
"Saddam veía admiración en las multitudes que lo vitoreaban cuando disparaba un rifle por sobre sus cabezas -no lo que nosotros, occidentales, no vemos de la misma manera, y lo que vemos es a un tipo con un sombrero ridículo y disparando un arma insensatamente", escribe Duelfer. Imagine lo que pensaba el dictador, agrega, cuando él veía a Bush en televisión "llamándolo loco".
Duelfer lleva una década estudiando a Hussein, primero como jefe adjunto del equipo de inspección de armas de Naciones Unidas y luego como investigador jefe de Estados Unidos en Iraq. Su informe de 960 páginas se basa en 16 meses de trabajo en Iraq, entrevistas con Hussein y la mayoría de sus principales asesores y científicos, y una revisión de unos 40 millones de páginas de documentos requisados en Iraq.
Un solo agente del FBI realizó todos los interrogatorios norteamericanos a Hussein desde que este fuera capturado en diciembre y recluido en régimen de confinamiento solitario en una celda de una base militar estadounidense en las afueras de Bagdad. Según los informes, Hussein se ha mostrado lúcido, racional y reflexivo durante meses de sesiones.
"Sería más fácil de entender si realmente estuviera chiflado", dijo un antiguo funcionario de inteligencia que ha leído muchos de los informes y que habló a condición de conservar el anonimato. "No hay nada de lo que puedas leer en las entrevistas que te haga pensar que este tipo tiene un tornillo suelto".
Pero el antiguo funcionario dijo que los interrogatorios a Hussein eran frustrantes para aquellos que estaban tratando de entender los motivos y decisiones del derrocado dictador -así como el recurso del régimen a la tortura, los asesinatos y las matanzas.
"Tú esperarías que explicara por qué hizo lo que hizo, o qué estaba pensando cuando hizo todas esas cosas estúpidas", dijo. "Pero no nos entrega información sobre esas cosas. No nos ha revelado mucho... Es como tener a Hitler en el diván, sin que te diga nada sobre los campos de concentración".
El antiguo agente dijo que la CIA no entendió nunca que Hussein estaba blufeando sobre sus armas, que había abandonado hacía largo tiempo, principalmente con la intención de disuadir a Irán, el enemigo de toda la vida de Iraq. Para Hussein, las supuestas actividades de Teherán para obtener armas nucleares que se le negaban a él, representaban un peligro inaceptable para su país y una amenaza a su legítimo lugar en la historia.
Agentes de la CIA oyeron atroces amenazas en los bombásticos discursos de Hussein. Asumieron que las armas prohibidas estaban en camiones y en edificios a los que no tenían acceso. Creyeron en desertores con nombres en clave como Curveball' y Red River', que les dijeron lo que querían oír. Razonaron que Hussein no estaría aguantando las sanciones de Naciones Unidas y perdiendo un estimado de 100 billones de dólares de intercambios comerciales, si no tuviera nada que ocultar.
Al final, el bluf de Hussein le salió por la culata. La incapacidad de Washington de darse cuenta de que era un bluf tendría un enorme impacto para ambos países.
El error de Hussein "fue uno de los errores de cálculo más garrafales de la historia", dijo el antiguo agente. "Incluso peor que el nuestro al no comprender lo que estaba haciendo... Nosotros estamos acostumbrados a gente que hacen lo imposible para pretender que no tienen cosas malas. Pero no habíamos conocido nunca antes a alguien que hiciera lo imposible para pretender que sí las tenía. Sé que decía que no las tenía [las armas prohibidas], pero todas sus acciones apuntaban a que sí las tenía".
En opinión de Hussein, la prioridad de Estados Unidos en la región era asegurarse de que la Revolución Islámica de Irán no se extendiera a otros países y entregar a los radicales clérigos chiíes el poder completo sobre el suministro global de petróleo. Estaba convencido de que los intereses nacionales de Washington consistían en contener el programa de armas nucleares de Irán, no en derrocar su régimen. En realidad, dependía de eso.
David Kay, que precedió a Duelfer como jefe de los sabuesos de armas de Naciones Unidas, dijo que preguntó a Tarik Aziz, el antiguo primer ministro adjunto de Iraq, en un interrogatorio el año pasado, por qué Hussein no conservó sus armas ilícitas si le preocupaban tanto los proyectos de Irán de fabricar una bomba atómica. "Dijo que cada vez que trataron este asunto con Saddam, él dijo: No debemos preocuparnos de Irán, porque si resulta ser lo que pensamos, los israelíes o los americanos se ocuparán de ellos'", dijo Kay. "En otras palabras, esperaba que nosotros diéramos cuenta de su enemigo".
Azis dijo que Hussein obtenía sus noticias de los servicios de radio en lengua árabe de la BBC y de Voz de América. Pero Hussein mostraba más interés en libros y en noticias sobre líderes árabes rivales. Resentía especialmente a los gobernantes saudíes por sus lazos con los norteamericanos.
La propia visión de Hussein sobre Estados Unidos era encontrada. En su opinión, él era un líder heroico que había ganado prestigio en el mundo árabe por haber retado a la única superpotencia. Pero Hussein dijo a sus asesores que sería igualmente prestigioso transformarse en un aliado de Estados Unidos. Por eso utilizó a diplomáticos de Naciones Unidas, periodistas y otros para llevar de vuelta ofrecimientos para mejorar las relaciones con Washington.
"Pensaban realmente que se podía llegar a un acuerdo", dijo un antiguo agente de la CIA que fue contactado por un importante oficial iraquí poco antes de la invasión en marzo de 2003. "Pensaba que el juego de poder terminaría. No podía creer que eliminaríamos a su país del mapa. Así es como lo veía él".
Todos los intentos de Hussein fueron rechazados y es imposible saber si era serio acerca de cooperar con Washington. Pero se quejó ante un interrogador de que "no le dieron ninguna oportunidad porque Estados Unidos se negó a escuchar lo que Iraq tenía que decir".
El doctor Jerrold M. Post, un psiquiatra que ha hecho un retrato de Hussein para la CIA, dijo que Hussein "no es psicótico". Pero dijo que el dictador tenía pocas experiencias recientes fuera de Iraq y tenía una visión distorsionada del mundo.
"Pensaba que las amenazas reales que profería Occidente eran un tipo de hipérbole de las que a menudo se profieren en el mundo árabe", dijo Post. "Y estaba rodeado de aduladores que le decían lo que él quería oír, no lo que debía saber".
Un interrogatorio de Ali Hassan Majid, un alto directivo conocido como Alí el Químico' por su supuesto rol en el uso de gas venenoso para masacrar a los kurdos iraquíes en 1988, ilustró el punto. Cuando le preguntaron cómo había reaccionado Hussein ante las malas noticias, Majid indicó que él "no conocía ningún ejemplo de nadie que le llevara malas noticias a Saddam", de acuerdo al informe de Duelfer.
El segundo hijo de Hussein y su heredero aparente, Qusai, no era mejor. El antiguo comandante de la división Nabucodonosor de la Guardia Republicana dijo a un interrogador de Estados Unidos que Qusai "pensaba que la mayoría de nosotros éramos payasos. Pretendíamos que estábamos ganando y nunca dimos informaciones verdaderas sobre lo que estaba pasando en este planeta... Todo comandante que dijera la verdad perdería la cabeza".
Irónicamente, Saddam Hussein mal interpretó las intenciones de Estados Unidos en parte porque creía que la CIA era un mejor servicio secreto de lo que demostró ser. Altos personeros dijeron a interrogadores que Hussein estaba convencido de que el servicio secreto estadounidense sabía que él no tenía armas ilegales.
Hussein dio por sentado que la CIA había infiltrado su régimen, del mismo modo que su propio servicio de inteligencia usaba escuchas telefónicas, cámaras ocultas e informantes para espiar a los equipos de inspección de armas de Naciones Unidas.
Estaba equivocado. En julio, el Comité para la Inteligencia del Senado informó que la CIA no había tenido informantes ni espías en Iraq durante los cinco años previos a la guerra.
"Saddam creía en el mito de la CIA", dijo Robert Baer, un antiguo agente de la CIA que trabajó en el norte de Iraq. "Realmente pensaba que sabíamos lo que estaba pasando en su régimen. No podía creer que no tuviéramos fuentes".
Otros iraquíes también creyeron en la CIA. Duelfer cuenta cómo un alto funcionario del régimen, Abdel Tawab Mullah Huweish, comenzó a preocuparse de que Hussein estuviera escondiendo armas prohibidas después de que Bush mencionara a Iraq como parte del eje del mal' en enero de 2002.
"Huweish no podía entender cómo Estados Unidos podría amenazar a Iraq en términos tan severos y amenazantes a menos que tuviera informaciones irrefutables", escribe Duelfer.
Por otro lado, los iraquíes entendían demasiado bien las ideas de Estados Unidos. Los líderes más importantes del régimen "tenían una mejor comprensión de cómo veía Occidente sus proyectos, que al revés", concluye Duelfer.
En los años noventa, cuando las tensiones entre Iraq y la comunidad internacional vivían altibajos, analistas de Estados Unidos estudiaron imágenes de satélites espías e identificaron edificios prominentes del régimen como blancos potenciales para ser atacados con misiles de crucero. Estados Unidos lanzó ataques limitados ocasionalmente, apuntando a instalaciones balísticas y supuestamente laboratorios de armas.
Pero funcionarios iraquíes entendieron rápidamente la estrategia estadounidense y desocuparon muchos de los sitios de los equipos y archivos clave antes de los ataques, según Duelfer.
Más de una década de bombardeos periódicos estadounidenses y británicos de instalaciones anti-aéreas iraquíes, instalaciones militares y de comunicaciones en las zonas prohibidas en el norte y sur de Iraq valían la pena para Hussein. Tarde o temprano, pensaba el dictador, derribaría a algún avión.
"Era una batalla que estaba librando con resultados muy favorables", escribe Duelfer. "Le costaba a Estados Unidos un montón, y él no incurría casi en ningún coste, y podía librar la batalla indefinidamente".
En otros casos, funcionarios estadounidenses simplemente interpretaron erróneamente los datos de inteligencia de alta tecnología de que disponían.
El 5 de febrero de 2003, por ejemplo, el ministro de Asuntos Exteriores, Colin L. Powell, apareció ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para defender la argumentación del gobierno para hacer la guerra. Hizo escuchar una cinta de una llamada telefónica que dijo que había sido interceptada el 30 de enero entre un oficial de la Guardia Republicana y un subalterno en el terreno. De acuerdo a Powell, el oficial dio órdenes de "limpiar todas las áreas, las áreas de desechos, las abandonadas. Asegúrense de que no quede nada".
Powell dijo que la cinta probaba que Hussein estaba ocultando "la presencia de armas de destrucción masiva". Los investigadores estadounidenses nunca encontraron a esos oficiales. Pero concluyeron que Powell había interpretado mal la cinta. La llamada giraba sobre materiales del programa de armas largo tiempo caduco de 1991 de Iraq, no de armas nuevas.
De hecho, el 25 de enero, cinco días antes de que la llamada fuera interceptada, un importante funcionario del régimen se reunió con los líderes militares de la Guardia Republicana y les advirtió que "el gobierno los haría responsable" si los inspectores de Naciones Unidas encontraban algunos de los viejos materiales en sus áreas "o si quedaba ahí algo que arrojara dudas sobre la cooperación de Iraq".
Hasta los últimos meses, Hussein estuvo convencido de que Bush no invadiría. Le dijo a sus asesores que Estados Unidos todavía estaba sufriendo del "síndrome de Vietnam".
"Probablemente no pensaba que estaría vivo a esta altura", dijo Kay, el antiguo inspector de armas de Estados Unidos. "Probablemente se interroga todos los días sobre qué salió mal".
13 de octubre de 2004
©los angeles times
©traducción mQh
DESERTORES NORTEAMERICANOS EN CANADÁ - doug struck
Objetores a la guerra siguen la bien conocida ruta de la era de Vietnam: deserción y exilio en Canadá.
Toronto, Canadá. Jeremy Hinzman se enlistó en el Ejército en Boston, hizo una gira por Afganistán y se preparó para entrar a la elitista Rangers School. Entonces llegaron las órdenes de marchar a Iraq. Ordenó cuidadosamente sus cosas del ejército en su salita en Fort Bragg y se marchó a Canadá con su esposa e hijo.
"Por más esfuerzos que hice, no me pude convencer de que matar a alguien sea algo correcto", dijo Hinzman, 25, en una entrevista aquí.
El especialista Hinzman es un desertor, uno de al menos cuatro que han seguido la ruta de los que se resistieron contra la Guerra de Vietnam hace una generación y buscaron refugio en Canadá. Aquí, han sido recibidos por muchos de esa época: antiguos peaceniks que son ahora pilares de la comunidad.
El gobierno se muestra menos acogedor. A pesar de la oposición de Canadá a la guerra de Iraq, el gobierno también se opone a la solicitudes de refugio de los desertores, diciendo que los soldados no son perseguidos. Y rechaza el argumento de que la guerra de Iraq es ilegal.
"Canadá está preocupada de que si nos conceden la condición de refugiados, vendrán otros", dijo Hinzman.
Los desertores en Canadá provocan la indignación en Estados Unidos de gente que argumenta que están esquivando un deber al que se comprometieron voluntariamente. "No es el servicio militar. Esta gente se presentó voluntariamente al ejército", dijo Jerry Newberry, portavoz de Veteranos de Guerras Extranjeras, de St. Louis. "Esta gente quiere tener un trozo de la torta, y, además, comérselo".
Hinzman, un hombre delgado y aplicado, acepta las críticas. Pero responde que sus objeciones a los militares surgieron después de que se hubiera enlistado. Antes de que se le enviara a Iraq, había solicitado funciones no-combatientes. Si se le hubiesen otorgado, habría cumplido con su deber, habría incluso ido a Iraq como médico o cocinero o cualquier cosa que no implicara operaciones ofensivas.
"Habría aceptado incluso si se trataba de situaciones en las que las balas te pasan zumbando", dijo. "No digo que eso no me asuste, pero habría seguido en el ejército..., provisto que no tenga que disparar".
Hinzman pasa sus días leyendo y cuidando de Liam, su hijito de dos años y medio, en el pequeño patio del apartamento de sótano de la familia en el centro de Toronto. Él y su esposa, Nga Nguyen, bióloga y asistente social que tenía apenas tres años cuando su familia abandonó Laos después de la Guerra de Vietnam, hace turnos para cocinar comidas vegetarianas.
Están en un limbo legal mientras el caso de Hinzman pasa por los trámites de la Junta de Inmigración y Refugiados, que verá su situación el 6 de diciembre. Esperan que se les otorgue un permiso de trabajo y encontrarlo, pero hasta entonces deberán pagar el alquiler, la comida y los abogados con los cada vez más menguados ahorros de los tres años que pasó Jeremy en el ejército.
"Le dije a Jeremy que yo lo apoyaría en su decisión, sea que nos marcháramos o que entrara en prisión", dijo Nguyen, 31. "Al menos, la familia sigue junta, y estamos vivos".
Hinzman hace ocasionalmente discursos, junto a otros dos desertores estadounidenses que han hablado públicamente sobre sus casos, el soldado raso Brandon Hughley, 19, y David Sunders, un recluta de la Marina. De acuerdo a Jeffrey House, un abogado de los norteamericanos, al menos otro desertor se encuentra en Canadá,, aunque no se ha dejado ver.
House, 57, dijo que sintió un calofrío de reconocimiento cuando Hinzman entró por primera vez a su despacho. Treinta y cuatro años antes, House cruzó la frontera de Wisconsin antes que obedecer una orden de reclutamiento durante la Guerra de Vietnam.
Estimaciones de cuántos estadounidenses llegaron a Canadá en esos tiempos para evitar el servicio militar en la guerra varían de 30.000 a 90.000. Fueron invitados por el primer ministro de la época, Pierre Trudeau, que declaró en 1969 que Canadá sería "un refugio contra el militarismo".
Cuando asumió en 1977, el presidente Jimmy Carter perdonó a los desertores y les permitió que solicitaran la resolución de sus casos. Muchos de los estadounidenses volvieron a casa. Otros se quedaron en Canadá, y muchos prosperaron allí. Entre ellos se encuentran hoy jueces, cientos de profesores universitarios, un popular locutor de radio, un agente artístico, políticos y un crítico de cine.
"Es una enorme decisión", dijo House sobre su cliente. "Yo respeto y admiro su decisión".
House ha alegado ante la junta de inmigración que Hinzman está huyendo de una guerra ilegal. El abogado dijo que está preparado para probar que en la guerra de Iraq se cometen sistemáticamente crímenes de guerra -dijo que las torturas en la prisión de Abu Ghraib son la prueba número uno- que justifica que un soldado se niege a servir en el ejército.
El gobierno respondió que la legalidad de la guerra no era el tema de las vistas y que, de todos modos, la presencia estadounidense en Iraq había sido sancionada por Naciones Unidas en la época en que Hinzman escapó de Fort Bragg en enero. El abogado del gobierno se negó a discutir el caso, como lo hicieron también los portavoces de la junta y de la Oficina de Ciudadanía e Inmigración.
Sin embargo, otros han apoyado la causa de los estadounidenses. Un agente artístico organizó un concierto en junio para reunir fondos para ellos. Una firma de relaciones públicas en el oeste de Canadá inició una página web, que ahora está desbordada de mensaje de apoyo.
"Aquí hay un sentimiento muy fuerte contra la guerra en Iraq", dijo Carolyn Egan, presidente del comité local de Trabajadores Siderúrgicos Unidos, que apoyó a Hinzman. A diferencia de los resistentes de Vietnam, dijo, estos desertores "no vienen de facultades universitarias, comprometidos con una ideología política. Son jóvenes honestos que han tomado decisiones muy personales por las que no pueden apoyar la guerra".
Hinzman creció en Rapid City, Dakota del Sur, terminó la secundaria y trabajó como panadero durante un tiempo. A través de amigos conoció y empezó a salir con Nguyen, cuya familia había huido de Laos en 1975.
Se mudaron a Boston, se casaron, y Hinzman se enlistó en el Ejército en enero de 2001, porque, dijo, le parecía una vocación honorable, firme y con los beneficios de una educación universitaria. Fue asignado a la División Aerotransportada Nº82 y llegó a lanzarse 17 veces en paracaídas durante el adiestramiento.
"El Ejército me dio un centro y una estructura a mi vida", dijo. "Cuando me enlisté, pensé que podía ser enviado. Pensé que si me llamaban, podría hacerlo. Pero no sabía, a lo mejor estúpidamente, que tenía una inhibición arraigada de matar a otro ser humano".
Hinzman dijo que le repelían los cantos militares de Kill! Kill!' que se usan en el adiestramiento básico y se sentía más atraído, en sus lecturas, por el budismo.
"Yo estaba a punto de ir a la Rangers School", dijo. "Pero el reverso de eso era que yo estaba pasando por un debate interior sobre si realmente podía hacerlo. Y finalmente decidí que no podía".
En 2002 solicitó la condición de objetor de conciencia, que le habría permitido seguir en el Ejército, pero como un no-combatiente. Mientras su petición estaba en trámite, su unidad fue enviada a Afganistán. Hinzman fue asignado a labores como lavaplatos y cocinero cuando su unidad estuvo en Kandahar de diciembre de 2002 a julio de 2003. En Afganistán, un teniente primero rechazó su petición, diciendo que las razones alegadas no "eran congruentes con la definición de un objetor de conciencia".
Hinzman volvió con su unidad a Fort Bragg. Pero a fines de 2003 le dijeron que sería enviado a Iraq. Él y Nguyen hablaron largamente y "se hizo cada vez más claro" que él se negaría a ir, dijo. "Es una guerra ilegal. Yo no voy a matar o ser matado para subsidiar la gasolina para que un tipo salga en su todoterrenos".
El día de Noche Vieja, Hinzman ayudó a instalar unas miras en tanques el Ejército. La noche siguiente, con un permiso de tres días, él y su familia cargaron calladamente su equipaje en su Chevrolet Prism y se dirigieron hacia Canadá.
Cruzaron las Cataratas del Niágara el 3 de enero, a las 6 de la tarde, diciéndole al guardia de fronteras que estaban "visitando a amigos". Era casi un juego de palabras. Hinzman había estado en contacto con los Cuáqueros -la Sociedad Religiosa de los Amigos- y se dirigía a un refugio en una casa de reunión de los Cuáqueros en Toronto.
Llamaron a sus padres. "Todos me han ayudado mucho", dijo Hinzman. "La única excepción fue mi abuelo. Tiene problemas conmigo, incluso aunque piensa que la guerra es algo malo. Creo que tiene un concepto diferente del deber".
"Creo que Estados Unidos es un gran país", dijo Hinzman. "Pero la dirección en la que vamos no es buena. No quiero ser parte de eso. Hay algo bueno en eso de quedarse y ser una voz de la oposición. Pero yo no estoy llamado a eso.
"Algunos nos llaman cobardes, para otros somos víctimas", reflexionó. "Yo creo que ninguna de las dos cosas es verdad. Yo elegí hacer esto. Creo que agoté todas las opciones que tenía".
12 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh
"Por más esfuerzos que hice, no me pude convencer de que matar a alguien sea algo correcto", dijo Hinzman, 25, en una entrevista aquí.
El especialista Hinzman es un desertor, uno de al menos cuatro que han seguido la ruta de los que se resistieron contra la Guerra de Vietnam hace una generación y buscaron refugio en Canadá. Aquí, han sido recibidos por muchos de esa época: antiguos peaceniks que son ahora pilares de la comunidad.
El gobierno se muestra menos acogedor. A pesar de la oposición de Canadá a la guerra de Iraq, el gobierno también se opone a la solicitudes de refugio de los desertores, diciendo que los soldados no son perseguidos. Y rechaza el argumento de que la guerra de Iraq es ilegal.
"Canadá está preocupada de que si nos conceden la condición de refugiados, vendrán otros", dijo Hinzman.
Los desertores en Canadá provocan la indignación en Estados Unidos de gente que argumenta que están esquivando un deber al que se comprometieron voluntariamente. "No es el servicio militar. Esta gente se presentó voluntariamente al ejército", dijo Jerry Newberry, portavoz de Veteranos de Guerras Extranjeras, de St. Louis. "Esta gente quiere tener un trozo de la torta, y, además, comérselo".
Hinzman, un hombre delgado y aplicado, acepta las críticas. Pero responde que sus objeciones a los militares surgieron después de que se hubiera enlistado. Antes de que se le enviara a Iraq, había solicitado funciones no-combatientes. Si se le hubiesen otorgado, habría cumplido con su deber, habría incluso ido a Iraq como médico o cocinero o cualquier cosa que no implicara operaciones ofensivas.
"Habría aceptado incluso si se trataba de situaciones en las que las balas te pasan zumbando", dijo. "No digo que eso no me asuste, pero habría seguido en el ejército..., provisto que no tenga que disparar".
Hinzman pasa sus días leyendo y cuidando de Liam, su hijito de dos años y medio, en el pequeño patio del apartamento de sótano de la familia en el centro de Toronto. Él y su esposa, Nga Nguyen, bióloga y asistente social que tenía apenas tres años cuando su familia abandonó Laos después de la Guerra de Vietnam, hace turnos para cocinar comidas vegetarianas.
Están en un limbo legal mientras el caso de Hinzman pasa por los trámites de la Junta de Inmigración y Refugiados, que verá su situación el 6 de diciembre. Esperan que se les otorgue un permiso de trabajo y encontrarlo, pero hasta entonces deberán pagar el alquiler, la comida y los abogados con los cada vez más menguados ahorros de los tres años que pasó Jeremy en el ejército.
"Le dije a Jeremy que yo lo apoyaría en su decisión, sea que nos marcháramos o que entrara en prisión", dijo Nguyen, 31. "Al menos, la familia sigue junta, y estamos vivos".
Hinzman hace ocasionalmente discursos, junto a otros dos desertores estadounidenses que han hablado públicamente sobre sus casos, el soldado raso Brandon Hughley, 19, y David Sunders, un recluta de la Marina. De acuerdo a Jeffrey House, un abogado de los norteamericanos, al menos otro desertor se encuentra en Canadá,, aunque no se ha dejado ver.
House, 57, dijo que sintió un calofrío de reconocimiento cuando Hinzman entró por primera vez a su despacho. Treinta y cuatro años antes, House cruzó la frontera de Wisconsin antes que obedecer una orden de reclutamiento durante la Guerra de Vietnam.
Estimaciones de cuántos estadounidenses llegaron a Canadá en esos tiempos para evitar el servicio militar en la guerra varían de 30.000 a 90.000. Fueron invitados por el primer ministro de la época, Pierre Trudeau, que declaró en 1969 que Canadá sería "un refugio contra el militarismo".
Cuando asumió en 1977, el presidente Jimmy Carter perdonó a los desertores y les permitió que solicitaran la resolución de sus casos. Muchos de los estadounidenses volvieron a casa. Otros se quedaron en Canadá, y muchos prosperaron allí. Entre ellos se encuentran hoy jueces, cientos de profesores universitarios, un popular locutor de radio, un agente artístico, políticos y un crítico de cine.
"Es una enorme decisión", dijo House sobre su cliente. "Yo respeto y admiro su decisión".
House ha alegado ante la junta de inmigración que Hinzman está huyendo de una guerra ilegal. El abogado dijo que está preparado para probar que en la guerra de Iraq se cometen sistemáticamente crímenes de guerra -dijo que las torturas en la prisión de Abu Ghraib son la prueba número uno- que justifica que un soldado se niege a servir en el ejército.
El gobierno respondió que la legalidad de la guerra no era el tema de las vistas y que, de todos modos, la presencia estadounidense en Iraq había sido sancionada por Naciones Unidas en la época en que Hinzman escapó de Fort Bragg en enero. El abogado del gobierno se negó a discutir el caso, como lo hicieron también los portavoces de la junta y de la Oficina de Ciudadanía e Inmigración.
Sin embargo, otros han apoyado la causa de los estadounidenses. Un agente artístico organizó un concierto en junio para reunir fondos para ellos. Una firma de relaciones públicas en el oeste de Canadá inició una página web, que ahora está desbordada de mensaje de apoyo.
"Aquí hay un sentimiento muy fuerte contra la guerra en Iraq", dijo Carolyn Egan, presidente del comité local de Trabajadores Siderúrgicos Unidos, que apoyó a Hinzman. A diferencia de los resistentes de Vietnam, dijo, estos desertores "no vienen de facultades universitarias, comprometidos con una ideología política. Son jóvenes honestos que han tomado decisiones muy personales por las que no pueden apoyar la guerra".
Hinzman creció en Rapid City, Dakota del Sur, terminó la secundaria y trabajó como panadero durante un tiempo. A través de amigos conoció y empezó a salir con Nguyen, cuya familia había huido de Laos en 1975.
Se mudaron a Boston, se casaron, y Hinzman se enlistó en el Ejército en enero de 2001, porque, dijo, le parecía una vocación honorable, firme y con los beneficios de una educación universitaria. Fue asignado a la División Aerotransportada Nº82 y llegó a lanzarse 17 veces en paracaídas durante el adiestramiento.
"El Ejército me dio un centro y una estructura a mi vida", dijo. "Cuando me enlisté, pensé que podía ser enviado. Pensé que si me llamaban, podría hacerlo. Pero no sabía, a lo mejor estúpidamente, que tenía una inhibición arraigada de matar a otro ser humano".
Hinzman dijo que le repelían los cantos militares de Kill! Kill!' que se usan en el adiestramiento básico y se sentía más atraído, en sus lecturas, por el budismo.
"Yo estaba a punto de ir a la Rangers School", dijo. "Pero el reverso de eso era que yo estaba pasando por un debate interior sobre si realmente podía hacerlo. Y finalmente decidí que no podía".
En 2002 solicitó la condición de objetor de conciencia, que le habría permitido seguir en el Ejército, pero como un no-combatiente. Mientras su petición estaba en trámite, su unidad fue enviada a Afganistán. Hinzman fue asignado a labores como lavaplatos y cocinero cuando su unidad estuvo en Kandahar de diciembre de 2002 a julio de 2003. En Afganistán, un teniente primero rechazó su petición, diciendo que las razones alegadas no "eran congruentes con la definición de un objetor de conciencia".
Hinzman volvió con su unidad a Fort Bragg. Pero a fines de 2003 le dijeron que sería enviado a Iraq. Él y Nguyen hablaron largamente y "se hizo cada vez más claro" que él se negaría a ir, dijo. "Es una guerra ilegal. Yo no voy a matar o ser matado para subsidiar la gasolina para que un tipo salga en su todoterrenos".
El día de Noche Vieja, Hinzman ayudó a instalar unas miras en tanques el Ejército. La noche siguiente, con un permiso de tres días, él y su familia cargaron calladamente su equipaje en su Chevrolet Prism y se dirigieron hacia Canadá.
Cruzaron las Cataratas del Niágara el 3 de enero, a las 6 de la tarde, diciéndole al guardia de fronteras que estaban "visitando a amigos". Era casi un juego de palabras. Hinzman había estado en contacto con los Cuáqueros -la Sociedad Religiosa de los Amigos- y se dirigía a un refugio en una casa de reunión de los Cuáqueros en Toronto.
Llamaron a sus padres. "Todos me han ayudado mucho", dijo Hinzman. "La única excepción fue mi abuelo. Tiene problemas conmigo, incluso aunque piensa que la guerra es algo malo. Creo que tiene un concepto diferente del deber".
"Creo que Estados Unidos es un gran país", dijo Hinzman. "Pero la dirección en la que vamos no es buena. No quiero ser parte de eso. Hay algo bueno en eso de quedarse y ser una voz de la oposición. Pero yo no estoy llamado a eso.
"Algunos nos llaman cobardes, para otros somos víctimas", reflexionó. "Yo creo que ninguna de las dos cosas es verdad. Yo elegí hacer esto. Creo que agoté todas las opciones que tenía".
12 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh