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RESISTENCIA IRAQUÍ ANTICIPADA POR SADDAM HUSSEIN - bryan bender


Según estudios, Estados Unidos puede haber caído en trampa de estrategia iraquí.
Washington, Estados Unidos. El ataque ‘impacto y pavor' que derrocó a Saddam Hussein en tres semanas es a menudo presentado como una brillante estrategia que derrotó a Iraq con relativamente pocas bajas estadounidenses. Pero nuevas informaciones sugieren que Estados Unidos puede haber caído en los planes de Hussein, que preveían una guerra breve seguida por una larga guerra de guerrillas.
El informe publicado la semana pasada por el Grupo de Búsqueda en Iraq [Iraq Survey Group] ISG, basado en parte en entrevistas con líderes capturados del cerrado régimen iraquí, dijo que Hussein planeaba retirar sus tropas y fuerzas leales después del ataque inicial norteamericano y atacarlos en condiciones más favorables a los iraquíes.
La rápida caída de Bagdad fue originalmente vista como una vindicación de la creencia del ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld, en el poder de pequeños números de tropas rápidas. Pero recientemente incluso el presidente Bush ha concedido que la temprana victoria de la coalición encabezada por Estados Unidos ayudó a sentar los fundamentos de una insurrección que se ha cobrado la vida de 929 soldados norteamericanos desde el término de los principales combates el 1 de mayo de 2003.
Bush caracterizó la insurrección como consecuencia accidental de un plan de guerra que funcionó demasiado bien. La semana pasada sin embargo, el informe del ISG declaró que una guerra de guerrillas era exactamente lo que Hussein tenía en mente. El ISG, un equipo de 1.500 miembros montado por el director de la CIA para buscar las armas de destrucción masiva, ha estado en el terreno desde el desmantelamiento del régimen de Hussein.
"Saddam creía que los iraquíes no soportarían que el país fuera ocupado o conquistado por Estados Unidos y que resistirían -provocando una insurrección", dice el informe de mil páginas del jefe inspector de arma, Charles A. Duelfer. "Saddam dijo que esperaba que la guerra evolucionara de una guerra convencional a una de guerrillas".
Antes de la invasión, el dictador dijo a sus asesores y comandantes militares que resistieran durante unas ocho semanas, luego de lo cual Hussein "se ocuparía" [de dirigir la resistencia], de acuerdo al informe.
El informe Duelfer, el primer informe detallado sobre la estrategia de Hussein frente al probable ataque militar norteamericano, concluye que las instrucciones de Hussein -repetidas en al menos tres ocasiones- eran un signo de su estrategia general de desgastar a las tropas norteamericanas y de la coalición, incluso si él mismo no coordinó la resistencia directamente en los ocho meses antes de que fuera capturado en diciembre de 2003.
El informe dice que desde agosto de 2002 a enero de 2003 los comandantes iraquíes en todo el país recibieron órdenes de ocultar las armas en el campo. Un índice del informe dice que una rama de la inteligencia militar adiestró a combatientes de Siria, Yemen, Egipto, Líbano y Sudán en el uso de explosivos y puntería en Salman Pak, cerca de Bagdad.
En realidad, oficiales de la inteligencia dijeron que en lugar de hacer frente a una guerra de tanques, Hussein y algunos de sus generales se dedicaron a estudiar concienzudamente libros escritos por los comunistas vietnamitas sobre las tácticas de la guerra de guerrillas.
Estados Unidos no debería sorprenderse, de acuerdo a funcionarios y analistas externos. Los signos de que se estaba preparando una guerra de guerrillas eran evidentes antes de la invasión norteamericana. Sin embargo, la Agencia de Inteligencia de la Defensa y las ramas de inteligencia del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea no parecen haberles dado demasiada credibilidad y dejaron sus preocupaciones en la línea de mando, dijeron.
Por ejemplo, la CIA advirtió en varios informes secretos antes de la guerra que la invasión sería probablemente seguida por una campaña de guerrilla. Entretanto, cuando las tropas norteamericanas se trasladaban hacia el norte, los Fedayín Saddam, las fuerzas irregulares bajo el mando de Qusay Hussein, uno de los hijos de Saddam Hussein, lanzaron ataques sorpresivos del tipo ‘golpear-y-huir' contra la línea de aprovisionamiento de Estados Unidos. Eso también debió ser un signo de lo que se vendría encima si las tropas regulares e irregulares iraquíes eran capaces de escabullirse, dijeron funcionarios y analistas.
"Estaban haciendo otro tipo de guerra", dijo el general de Ejército en retiro George Joulwan, el antiguo comandante de la OTAN que condujo la fuerza de paz en Bosnia. "Estados Unidos estaba haciendo frente a una resistencia organizada de un tipo diferente, no de las Guardias Republicanas, sino un tipo diferente de lucha. Fue una señal temprana".
Incluso al anunciar que el ataque de Estados Unidos sería violento y con el fin de impactar y causar pavor, Estados Unidos hizo innecesariamente el juego de los iraquíes, de acuerdo a Joulwan, porque desde el punto de vista del enemigo les daba una razón adicional para no enfrentarse directamente a Estados Unidos. "Había fuertes indicios de que esto era parte de su estrategia", dijo Joulwan.
El informe del ISG ha conducido a renovadas quejas acerca de la planificación de pre-guerra del Pentágono, que anticipaba un plan de guerra convencional dirigido a derrotar a las divisiones de elite de la Guardia Republicana de Saddam.
"La idea básica de tratar de decapitar al régimen era sin embargo el enfoque correcto", dijo Michael O'Hanlon, un especialista militar en la Brookings Institution de Washington. "Pero carecer de un plan serio para combatir la insurgencia era desaprensivo hasta el punto de ser incompetente. No tener un plan alternativo en caso de que se fracasara, fue una locura".
La principal lección militar de la guerra, dijo otro especialista, es que el poderío bélico no es una garantía de victoria.
"Todos los informes de post-guerra señalan el hecho de que nos estábamos preparando para el tipo equivocado de adversario", dijo Loren Thompson, un experto en defensa en la conservadora Lexington Institution en Arlington, Virginia. "Estábamos buscando armas nucleares y formaciones convencionales, y el enemigo estaba planeando operaciones elusivas y no convencionales".
Agregó: "Lo que parecía al principio como una gran victoria convencional parece un reto militar para el que no hemos desarrollado una buena respuesta. Este es un problema serio porque todo el mundo puede ver ahora el mismo patrón en Iraq que en Vietnam y en Somalia antes".
De acuerdo al teniente general del Ejército, Andrew Krepinevich (r), un experto en contra-insurgencia, "buenos planificadores estratégicos no analizan solamente las posibilidades rosadas sino también las más oscuras, como las que enfrentamos ahora en Iraq".
Pero al final, dijo, esta insurgencia a todo nivel es probablemente menos el resultado de una estrategia iraquí que "de nuestros propios errores".

Al autor Bryan Bender se le puede escribir a bender@globe.com.
12 de octubre de 2004
©boston globe
©traducción mQh

DESPUÉS DEL INFORME BUSH ALEGA OTROS MOTIVOS PARA LA GUERRA - glenn kessler


El informe Duelfer ha sido devastador para Bush: Iraq no tenía armas de destrucción masiva ni estaba en estado de construirlas desde 1996, gracias al trabajo de los inspectores de Naciones Unidas. Ya sabíamos que las evidencias fueron fabricadas por sus servicios secretos -con la ayuda de personajes como Chalabi y el servicio secreto israelí.
Cuando anunció hace 19 meses que Estados Unidos estaba determinado a invadir Iraq, el presidente Bush dijo al país: "Los datos reunidos por el servicio secreto de este y otros gobiernos no dejan lugar a dudas de que el régimen de Iraq posee y oculta algunas de las armas letales nunca antes vistas... El pueblo de Estados Unidos y nuestros amigos y aliados no vivirán a merced de un régimen ilegal que amenaza la paz con armas de asesinatos colectivos".
La decisión de Bush de atacar Iraq fue tomada después de urgente advertencias del presidente y sus asesores sobre la amenaza que representaba Iraq -lo que Bush llamó "una seria y creciente amenaza a nuestro país" en su discurso sobre el Estado de la Unión ante el Congreso el 28 de enero de 2003.
Pero el argumento de que a principios de 2003 Estados Unidos estaba frente un momento de máximo peligro representado por Iraq se ha visto fuertemente debilitado por la publicación la semana pasada del comprehensivo informe del jefe de los inspectores de armas estadounidenses, Charles A. Duelfer. El informe constató que la Guerra del Golfo Persa de 1991 y las subsecuentes inspecciones de Naciones Unidas destruyeron los arsenales de armas ilícitas de Iraq, dejando a ese país sin armas químicas, biológicas o atómicas. Saddam Hussein esperaba poder reiniciar algún día sus programas armamentistas, se lee en el informe, pero no hubo en general ningún esfuerzo serio por reconstruir esos proyectos.
Como secuela de ese informe, el presidente Bush ha re-formulado el modo en que define los motivos que tuvo para declarar la guerra. Una revisión de sus declaraciones públicas antes de la guerra y esta semana muestra lo mucho que ha cambiado su argumentación, apartándose de las advertencias de que Hussein poseía en realidad armas terribles y enfatizando casi exclusivamente las intenciones del dictador.
Esta semana, Bush dijo que Iraq había sido una "amenaza particular" y Estados Unidos tenía razones para atacarlo en gran parte porque Hussein "todavía tenía el conocimiento, los materiales, los medios y la intención de producir armas de destrucción masiva".
"Y podía haber entregado ese conocimiento a nuestros enemigos terroristas", dijo el presidente a periodistas.
Sin embargo, en los meses previos a la guerra Bush y otros funcionarios de gobierno hicieron acusaciones serias y específicas sobre la capacidad de Iraq en armas biológicas, químicas y nucleares:
- "Saddam Hussein tiene suficientes armas biológicas como para producir más de 25.000 litros de carbunclo -suficientes para matar a varios millones de personas", dijo Bush en su discurso sobre el Estado de la Unión en 2003. También mencionó informes de que Iraq tenía "materias primas suficientes como para producir más de 38.000 litros de toxina botulino -suficientes como para causar la muerte de millones de gente por insuficiencias respiratorias".
- "Nuestros funcionarios de inteligencia calculan que Saddam Hussein tiene materias primas para producir unas 500 toneladas de sarín, gas mostaza y agente de nervios VX; en estas cantidades, estos agentes químicos pueden matar a miles de personas", continuó Bush. También dijo que Hussein tenía "más de 30.000 proyectiles capaces de transportar agentes químicos" y "varios laboratorios móviles de armas biológicas".
- Bush afirmó que si Hussein obtenía materias primas nucleares básicas, podría producir una bomba atómica en el plazo de un año.
- Un informe de la CIA hecho público por la administración en octubre de 2002, decía: "Desde el fin de las inspecciones en 1998, Iraq ha continuado su proyecto de armas químicas, ha revitalizado su programa de misiles y ha invertido fuertemente en armas biológicas; la mayoría de los analistas evalúan que Iraq está reactivando su programa de armas atómicas".
- La CIA también dijo que Iraq "ha comenzado nuevamente su producción de agentes químicos para fabricar armas, probablemente incluyendo gas mostaza, sarín, ciclosarín y agente VX". Decía que "todos los aspectos claves" del programa de armas biológicas de Iraq "están activados y la mayoría de los elementos son más grandes y más avanzados de lo que eran antes de la Guerra del Golfo". El informe decía que Iraq estaba fabricando aeroplanos de control remoto para ser usados probablemente "en el transporte de agentes biológicas bélicos".
Kerry, al tiempo que cuestionaba el enfoque del gobierno, dijo el 9 de octubre de 2002, en un discurso en el Senado -donde votó a favor de autorizar al gobierno de Bush a hacer la guerra-, que estaba claro que Hussein había "continuado su búsqueda de armas de destrucción masiva" en los últimos cuatro años.
"No nos dejaremos chantajear o extorsionar por esas armas, y no permitiremos que Naciones Unidas -una institución por la que hemos trabajado con mucho esfuerzo para mantener y crear- que este dictador simplemente nos ignore", dijo Kerry.
Todas estas afirmaciones fueron desaprobadas o rechazadas por el informe Duelfer. No sólo dijo Duelfer que Iraq no tenía armas, sino que Hussein estaba interesado en adquirirlas porque Irán, un enemigo de Iraq durante mucho tiempo, tenía su propio programa de armas -y no porque quisiera atacar a Estados Unidos.
Duelfer dijo que antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las sanciones a Iraq se estaban erosionando y que Hussein esperaba reconstruir sus programa si esas sanciones eran levantadas. Pero después del 11 de septiembre de 2001, las intenciones de levantar esas sanciones se evaporaron en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y Duelfer dijo que Hussein no tenía una estrategia formal escrita ni plan para reiniciar esos proyectos.
Funcionarios de la Casa Blanca dijeron que no atacar sólo habría aplazado lo inevitable. "El informe Duelfer muestra una opción clara: sacar a Saddam cuando lo hicimos o hacerle la guerra en un futuro muy cercano, después de que hubiese sobornado a suficientes [países] como para levantar las sanciones y reiniciar su programa de armas de destrucción masiva", dijo Jim Wilkinson, asesor adjunto de seguridad interior.
Estados Unidos todavía está sufriendo las consecuencias diplomáticas de declarar la guerra sin el respaldo explícito del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Francia había amenazado con un veto, pero muchos países pequeños en el consejo también rechazaron una resolución autorizando el uso de la fuerza después de que el gobierno de Bush se negara a considerar esperar unos meses más -incluso semanas- para dar a los inspectores de Naciones Unidas más tiempo para determinar si Iraq todavía poseía armas prohibidas.
"Esta es una cuestión de semanas, no de meses", insistió Bush seis semanas antes de lanzar el ataque.
El resultado es que muchos países que aportaron tropas en la primera Guerra del Golfo -como Canadá, Francia, Alemania, Pakistán y Siria- se negaron a proporcionar ayuda sea durante esta guerra o en su problemática secuela. Un libro publicado en Francia la semana pasada dijo que Francia había estado dispuesta a proporcionar al menos 15.000 tropas, aunque un funcionario francés dijo que la oferta estaba sujeta a que el Consejo de Seguridad aprobara una resolución autorizando la guerra después de que determinara que Iraq había cometido una "infracción material" durante el proceso de inspección.
El informe de Duelfer dice que las perspectivas de que Iraq eludiera las sanciones se habían desvanecido después de los atentados del 11 de septiembre de 2001; Bush entendió lo contrario.
Antes del 11 de septiembre "estábamos tratando de idear un régimen de sanciones que haría probable contener a alguien como Saddam Hussein", dijo Bush a periodistas el 31 de enero de 2003. "Después del 11 de septiembre, la doctrina de la contención comenzó a hacer agua, en lo que a mí respecta... La visión estratégica de nuestro país varió dramáticamente, y varió dramáticamente debido a que ahora nos damos cuenta de que los océanos ya no son protección suficiente, que somos vulnerables a un ataque".

10 de octubre de 2004
12 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh

5 CHALABI Y LA CORRUPCIÓN EN BAGDAD - jane mayer


En esta quinta y última parte de este retrato de Chalabi, el antiguo líder iraquí, aparece como un astuto e inmoral político y hombre de negocios. Fue alguna vez el hombre en Bagdad de Estados Unidos, aunque a mediados de año se transformó en una amistad inconveniente. Pero sus amigos -entre ellos el primer ministro Allawai- siguen en posiciones de volver. Y eso es un mal augurio para Iraq.
Las acusaciones de corrupción y otros delitos comenzaron a emerger en enero de 2003, poco después de que Chalabi volviera a su país natal. Un antiguo miembro del Congreso Nacional Iraquí dijo que algunos miembros de la milicia de Chalabi, los Combatientes por la Libertad de Iraq, habían sido acusados de saquear y robar en su marcha sobre Bagdad. También dijo que algunos miembros de la milicia habían robado una flotilla de todoterrenos que pertenecían al régimen de Saddam, que luego habían vendido en el extranjero. De acuerdo a agentes de la policía de Bagdad, varios de los hombres de Chalabi fueron llevados a la comisaría de policía de Al Baya y detenidos por robar coches y portar carnés de identidad falsos. Un funcionario de la Autoridad Provisional de la Coalición APC confirmó el incidente, y dijo que se agregaron más cargos. Chalabi no negó que sus tropas hubiesen cometido algunas fechorías, pero preguntó: "¿En qué guerra no se cometen? ¿Puede usted garantizar que los soldados de la coalición no roben nada?"
Acusaciones similares han sido formuladas sobre el plan de ‘des-baazitificación' de Chalabi, un plan que propuso, según dijo, para llevar a la justicia a aquellos de la clase dominante sunní que se hicieron cómplices de los crímenes de Saddam. La Agencia de Inteligencia de la Defensa reconoce que las tropas de Chalabi capturaron a más de la mitad de los 55 baazistas de la lista de Buscados del Pentágono. Sin embargo, dos fuentes fiables -un antiguo diplomático estadounidense y un antiguo miembro de la milicia de Chalabi- dijeron que la ‘des-baazitificación' se había desviado hacia la confiscación de activos sunníes, incluyendo casas que fueron apropiadas por asesores de Chalabi. La revista Newsweek informó que un oficial iraquí denunció que medio millón de dólares asignados al programa de ‘des-baazitificación' habían desaparecido. Chalabi negó que hubiera corrupción en su equipo.
Chalabi me dijo que él no tenía intereses comerciales en Iraq. "Ahora estoy en la política", dijo, pero varios hombres de negocios estadounidenses involucrados en empresas arriesgadas en Iraq dijeron que Chalabi se había hecho con una importante posición en el sector financiero del país, asegurándose de que sus parientes y partidarios leales ocuparan posiciones claves. Chalabi encabeza el comité financiero del Consejo de Gobierno Iraquí, un grupo de 25 personas que representa las facciones religiosas y étnicas de Iraq nombrado por Estados Unidos; como resultado, fue capaz de instalar a los ministros del petróleo, finanzas y comercio, así como al gobernador del Banco Central de Iraq. Ali Allawi, el ministro de Comercio y Defensa, es el sobrino de Chalabi. Nabeel Musawi, un antiguo portavoz del CNI, es un delegado del Consejo de Gobierno. El Banco Central es manejado por Sinan Shabibi, otro estrecho aliado. Chalabi quiso proponer a Mudar Shawkat, su delegado en el CNI, como ministro de Finanzas, pero un antiguo socio de Chalabi me dijo que el Consejo de Gobierno Iraquí lo había objetado. Subsecuentemente, según informó Los Angeles Times, Shawkat fue recompensado con una importante participación en un contrato con una compañía de teléfonos móviles.
Varios amigos de Chalabi han sido recompensados con contratos lucrativos. Abdul Huda Farouki, un hombre de negocios jordano-estadounidense que vive en las afueras de Washington, D.C., obtuvo importantes participaciones en dos compañías, Nour USA y Erinys Iraq, que pagarán millones de dólares para aprovisionar al Ejército iraquí y proteger la infraestructura petrolera del país. Farouki trabó amistad con Chalabi cuando este se hizo con 12 millones de dólares en préstamos del Banco Petra.
Un asesor del gobierno de Bush en Iraq dijo que Chalabi había encontrado poca resistencia a su política de amiguismo: "La gente tiene mucho miedo. Puede transformarse en primer ministro, y todavía tiene amigos muy poderosos".
Peter Galbraith, el antiguo embajador, observó, en una frase histórica, que "las líneas que se trazan en el Oriente Medio entre la política y los negocios son muy diferentes". En realidad, las acusaciones de amiguismo han sido lanzadas contra otros personajes importantes en Bagdad. Chalabi mismo acusó a la Autoridad Provisional de la Coalición de corrupción, diciéndome: "¡Hay muchos sobornos y mordidas!"
Durante meses, los amigos de Chalabi en Washington desdeñaron las acusaciones contra él como pequeñas e injustas. Danielle Pletka, una ejecutiva del Instituto Americano para la Libre Empresa, que colaboró en la formulación de la Ley de Liberación de Iraq, dijo sobre las acusaciones de corrupción que "no lo sé y tampoco estoy segura de que importe. Nadie ha dicho que tienes que ser un santo para ser patriota". Pero Lakhdar Brahimi, el enviado de Naciones Unidas en Iraq, tomó seriamente las críticas contra Chalabi. Brahimi, un sunní argelino, tiene estrechas relaciones con las autoridades jordanas que han cuestionado la honestidad de Chalabi desde el fracasado Banco Petra. Esta primavera, la Casa Blanca le pidió a Brahimi que formara un gobierno interino y él se negó a enlistar a Chalabi, y de hecho a cualquier otro miembro del CNI. La Casa Blanca aceptó el rechazo de Brahimi, enfureciendo a Chalabi, cuyos asesores se refieren a la actual estrategia norteamericana como ‘ABC' -cualquiera menos Chalabi [Anybody But Chalabi]. Un alto personero del ministerio de Asuntos Exteriores dijo que, con las elecciones presidenciales en el horizonte, la Casa Blanca estaba tan ansiosa de sacarse de las manos el desastre iraquí y entregarlo a Naciones Unidas, que si Brahimi "nos entregara una lista de escape, la aceptaríamos".
Chalabi atacó a Naciones Unidas y sus auspiciadores norteamericanos. Se hizo con documentos relacionados con el programa de Naciones Unidas, Petróleo por Alimento, que ha sido acusado de una vasta corrupción, y está realizando una investigación de las acusaciones. Entretanto, en una movida para ganar más credibilidad en la calle y forjar una nueva base de poder, Chalabi está utilizando sus considerables habilidades como manipulador para tratar de organizar una coalición potencialmente explosiva de poderosos chiíes, llamada Consejo Político Chií.
Chalabi, que no es religioso, se dirigió hace poco a varios cientos de líderes chíies en un atiborrado mitin. Un observador describió su recibimiento como "calurosísimo". El 27 de mayo Chalabi participó en una sentada en las afueras de una mezquita en Nayaf, que pedía a Estados Unidos que pusiera fin a la persecución del clérigo radical chií Moqatad al-Sader. (Esa tarde, Estados Unidos retiró sus tropas de Nayaf).
Cuando la CNN preguntó a Chalabi sobre su re-invención de sí mismo como un líder religioso, dijo: "¿Qué les preocupa?" Pero un antiguo admirador de Chalabi se alarmó ante su giro hacia el nacionalismo chií y dijo que sus acciones podían desencadenar un conflicto político sectario que podría llevar al país a una guerra civil. Dijo: "Es irresponsable la manera en que está enfocando esto. Es imprudente. Iraq necesita un gobierno estable. Pero Ahmad está tratando de imponer sus planes privados a costes de las necesidades del país". En Jordania, un antiguo funcionario de finanzas que tuvo que ver con Chalabi en el Banco Petra, dijo: "¡Si lo cree necesario, es capaz de transformarse en un imán!"
El acercamiento de Chalabi a la facción chií de Iraq ha dado origen a la especulación de que entregó secretos a Irán, una teocracia chií. Aras Habib, el jefe del servicio secreto del CNI, ha sido largamente sospechado de espiar para Irán. Chalabi y sus asesores han rechazado esos rumores, alegando que en 2002 Habib fue sometido con resultado negativo a un detector de mentiras sobre su relación con Irán y que ni él ni Chalabi tenían acceso a materiales clasificados. Durante muchos años, Chalabi ha sido mantenido abiertamente relaciones amistosas con líderes reformistas en Irán, tales como el presidente Mohammad Khatami, con quien se reunió en Teherán en noviembre pasado. También fue admitido a una reunión con el director del ministerio iraní de Inteligencia y Seguridad. Justo antes de la invasión de Iraq, Chalabi vivía en una mansión amurallada en Teherán que había convencido a Estados Unidos comprar para que sirviera de sede del CNI.
Chalabi arguyó que su relación con Teherán era solamente de conveniencia. "Hay razones geopolíticas para tener relaciones amistosas con Irán", dijo. "Irán tiene la frontera más extensa con Iraq. Además, Irán es mucho más fuerte que Iraq, con una población tres veces mayor. Así que estratégicamente no es una buena idea tener malas relaciones. Mis buenas relaciones con Irán no eran un secreto para Estados Unidos".
Pero, en momentos en que el presidente Bush estaba haciendo frente a múltiples frente políticos, Chalabi se ha transformado en un amigo inconveniente. "Estamos entre un presidente y su re-elección", me dijo Brooker, que se reunió con Chalabi en Bagdad la semana pasada. Tamara Chalabi me dijo que los problemas de su padre se debían a que "un extranjero, un árabe, ha derrotado al gobierno norteamericano con sus propias reglas, en su propio patio trasero".
El futuro político de Chalabi es poco claro. Los iraquíes lo han visto durante mucho tiempo como un títere estadounidense sin una base electoral en casa; en los sondeos, obtiene todavía menos puntos que Saddam Hussein. Peter Galbraith dijo: "Lo más probable es que su legado será en Iraq sea como el de Moisés: llegó a la Tierra Prometida, pero no pudo probar sus frutos". Sin embargo, el allanamiento de su casa le dará la oportunidad de presentarse bajo una nueva identidad, ahora como una voz que se opone a la política norteamericana en Iraq. "Políticamente es extremadamente astuto", dijo Danielle Pletka. "Su obituario ha sido escrito muchas veces antes, y sigue saliendo de la tumba y volviendo". Uno de sus confidentes del CNI me dijo que Chalabi podría pasar el verano redefiniéndose como un decidido crítico del gobierno interino de Brahimi, con los ojos puestos en las próximas elecciones. Chalabi mismo fue menos específico cuando le pregunté sobre sus planes. Simplemente dijo: "Creo que yo tengo más futuro que la Autoridad Provisional de la Coalición".
7 de junio de 2004
7 de octubre de 2004
©new yorker
©traducción mQh

ES DEFINITIVO: IRAQ NO TENÍA ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA


Por enésima vez nos enteramos que Iraq no tenía armas de destrucción masiva, cuya supuesta amenaza fue usada por Bush para hacer la guerra a Iraq. También sabemos que el presidente inventó las informaciones que justificarían la invasión. La guerra contra Iraq la decidió con independencia de la capacidad real de ataque de ese país.
Las sanciones fueron efectivas. Las inspecciones de armas dieron sus frutos. Este es el balance final del largamente esperado informe sobre las armas de destrucción masiva de Iraq, escrito por el investigador que fue nombrado personalmente por el presidente Bush.
En los 18 meses que han pasado desde que el presidente Bush ordenara la invasión de Iraq, justificando esa decisión diciendo que Saddam Hussein era una "amenaza en formación" de Estados Unidos, los estadounidenses se han enterado finalmente que Iraq no tenía armas químicas, ni nucleares ni biológicas. Pero el informe dado a conocer ayer va aun más lejos. Dice que Iraq tampoco tenía fábricas para producir armas ilícitas y que su capacidad para reiniciar la producción de esas armas era cada vez más débil. Hussein conservaba sus sueños de volver algún día a producir armas químicas, pero su objetivo era Irán, no Estados Unidos.
El informe muestra que las sanciones internacionales que Bush desdeñó y despreció antes de la guerra -y aún hoy- fueron sorprendentemente efectivas. Hussein esperaba eludir las sanciones, y el autor del informe, Charles Duelfer, contó ayer al Congreso honestamente que él había pensado que eso pudo haber ocurrido. Pero su informe dice que los iraquíes carecían incluso de una estrategia formal o de un plan para reconstituir sus programas de armamento, si lo hubiesen querido.
Durante meses, funcionarios del gobierno han tratado de desviar las acusaciones de que invadieron Iraq con pretextos falsos y han pedido a los críticos que esperaran el veredicto de Duelfer sobre la búsqueda de las armas. Las concluyentes conclusiones de su Grupo de Investigación sobre Iraq han dejado por los suelos la justificación del gobierno para declarar la guerra. Revela que Iraq destruyó todos los arsenales de armas ilícitas hace más de una década y no poseía instalaciones de producción de gran escala después de 1996, siete años antes de la invasión. Esto fue una decisión de Saddam Hussein, que buscaba desesperadamente poner fin a las sanciones y temía que cualquier plan para armarse, si eran descubiertos por los inspectores, sólo las continuaría.
Incluso después de que los inspectores de Naciones Unidas abandonaran Iraq en 1998, un período en el que los expertos de los servicios de inteligencia occidentales pensaron que podía pasar lo peor, el régimen de Hussein no hizo ningún esfuerzo activo para producir nuevas armas de destrucción masiva. La muy temida amenaza nuclear -ese ominoso hongo atómico conjurada por el gobierno para empujar al Congreso a autorizar precipitadamente la invasión- era una fantasía. Duelfer reveló que incluso si Iraq hubiese tratado de reiniciar su caduco programa nuclear en 2003, le habría tomado años producir una bomba atómica.
Dado que cualquier observador objetivo habrá ya asimilado la idea de que Iraq no representaba una amenaza inminente para nadie, menos todavía para Estados Unidos, fue inquietante oír esta semana al presidente Bush y al vice-presidente Dick Cheney seguir tratando de justificar la invasión sobre la base de que después del 11 de septiembre de 2001 Iraq era claramente en lugar más probable para que los terroristas se hicieran con armas ilícitas. Incluso si Hussein hubiese querido armar a esos grupos, no tener nada que ofrecerles.
Funcionarios de la administración señalarán sin duda esas partes del informe en que se menciona a empresas ilegales que estaban aprovisionando a Iraq de materiales prohibidos, y que Iraq tenía el dinero y los especialistas que podían ser utilizados para fabricar esas armas. También señalarán la especulación de Duelfer de que el apoyo a las sanciones se estaba deteriorando. Pero nada en el voluminoso informe proporciona a Bush la justificación que buscaba de una guerra preventiva; simplemente los programa de armamento no existían. Y a medida que la guerra continúa empantanándose, con cada días que pasa el poder de las sanciones internacionales no violentas parece todavía más efectivo.

8 de octubre de 2004
©new york times
©traducción mQh

OTRA CIUDAD IRAQUÍ AL BORDE DEL CAOS - alissa j. rubin


Las tropas norteamericanas han tratado de ganarse la simpatía de los habitantes de Ramadi, pero un aumento de los secuestros y asesinatos la ciudad puede transformarse en otra Faluya.
Ramadi, Iraq. Los insurgentes están secuestrando y asesinando a funcionarios de gobierno, agentes de policía y miembros de la guardia nacional iraquí en una aparente campaña de desestabilización de esta ciudad dominada por los sunníes, la capital de la provincia de Al Anbar, al oeste de Bagdad.
La erupción de atentados amenaza con acabar con el control de Ramadi por el gobierno interino iraquí, a pesar de la presencia, justo en las afueras de la ciudad, de miles de marines y soldados norteamericanos, que respaldan la autoridad del gobierno.
Los tres hijos del gobernador de la provincia fueron secuestrados y liberados sólo después de su renuncia. Más recientemente, el vice-gobernador fue secuestrado y asesinado; su cuerpo fue encontrado este mes. El rector de la universidad regional y los directores provinciales de los ministerios que se ocupan del alcantarillado nacional y de las comunicaciones fueron secuestrados, y diez guardias privados que trabajaban para Estados Unidos han sido asesinados.
Luego están los ominosos carteles que aparecieron en las paredes de las mezquitas hace dos semanas. Dirigidos contra la policía iraquí y los guardias nacionales, decían: "Renuncien o les mataremos".
El objetivo aparente es transformar a Ramadi en un área ingobernable, como la vecina Faluya, donde los insurgentes tienen rienda suelta. De acuerdo a estimaciones norteamericanas, en Ramadi y Faluya vive el 70 por ciento de la población de Al Anbar.
La erosión del orden público en Ramadi ilustra el éxito de los métodos de los insurgentes y los serios problemas que enfrenta el gobierno interino y sus defensores norteamericanos en mantener la estabilidad en Iraq. También amenaza con frustrar los planes de convocar a elecciones nacionales en enero, al menos en las principales ciudades de Al Anbar. Una elección que omita centros poblaciones claves en la región llamada el ‘triángulo suní' perdería una gran parte de su credibilidad.
"No sabemos quiénes son los agresores, ni quién les apoya", dijo el gobernador interino de Ramadi, Mohammed Abid Awad. "¿Son apoyados desde fuera? Nadie lo sabe".
Algunas víctimas han desaparecio sin decir palabra; otras han sido asesinadas, y sus cuerpos han sido abandonados en la calle. Otros aun han renunciado a sus trabajos, temerosos de sufrir un destino similar al de sus colegas.
"Ha habido un montón de secuestros, un montón de asesinatos, en las últimas semanas", dijo el coronel Jerry L. Durrant, de la 1ª Fuerza Expedicionaria de la Infantería de Marina, que supervisa la coordinación de los militares norteamericanos con las fuerzas de seguridad iraquíes. "Nadie en Al Anbar reconoce al gobierno de Bagdad".
Durrant dijo que los jefes de la guardia nacional iraquí se niegan a encontrarse con él en público o a viajar en vehículos militares. Muchos de ellos no llevan el uniforme por temor a ser identificados con las fuerzas de seguridad del gobierno interino.
Ramadi aún no está perdida, aunque se tambalea. Los marines, conscientes de lo que se juega, están tratando de dar apoyo al gobierno loca. Pero están atados de pies y manos, porque asumir un papel muy visible podría poner en peligro las vidas de los funcionarios iraquíes. En su colaboración con el Ejército, los marines están también tratando de realizar pequeños proyectos de reconstrucción que puedan completar rápidamente -un método que espera que haga la diferencia en vecindarios todavía abiertos a la presencia norteamericana.
A diferencia de Faluya, donde las tropas norteamericanas están unos 90 metros dentro de la línea de fuego de la ciudad, hay áreas en Ramadi donde los marines y soldados pueden descender de sus vehículos y hablar con los habitantes y responder a sus preguntas.
"Ramadi tiene un ambiente mucho más positivo", dijo el teniente coronel Mike Cabrey, que dirige una unidad de artillería del Ejército estacionada en Ramadi. "Me gustaría decir que son los trabajos en proyectos civiles los que han hecho la diferencia".
Dijo que en Ramadi se han gastado entre ocho y diez millones de dólares.
También puede deberse al duro trabajo de Cabrey y sus colegas soldados en algunos vecindarios tranquilos. Aunque es un experto de artillería por misión y adiestramiento, Cabrey se ha impuesto la tarea de iniciar proyectos que sean una combinación de dinero y contactos personales. Visita los proyectos en curso tres veces a la semana, de modo que mantiene una relación con la gente a la que su unidad está tratando de ayudar.
No obstante, el control militar norteamericano parece tenue, la insurgencia es persistente y parece que las tropas nadan contracorriente para mantener los vínculos que han forjado con la comunidad.
Como capital provincial con una universidad, Ramadi ha desarrollado una insurgencia de carácter muy diferente a la de Faluya, donde hay muchos más extremistas islámicos, incluyendo wahhabíes y salafistas. Pero Ramadi está bajo la fuerte influencia de las tribus, que piensan que hay muy poco que ganar de la colaboración con los marines.
"Un montón de esos tipos han leído historia", dijo Durrant, recordando un reciente encuentro con los jeques tribales, profesores y hombres de negocios de Ramadi. "Me dijeron que el gobierno de Bagdad es como el gobierno de Vichy en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, y me llamaron nazi varias veces".
El gobierno de Vichy fue instalado por las tropas de la ocupación nazi alemana y controló una enorme región de Francia.
Los ataques han desalentado los esfuerzos por imponer el orden de parte de la policía iraquí y de la guardia nacional, dijeron oficiales de inteligencia de los marines.
"En muchos casos, la intimidación y la presión provoca una falta de acción. Quizás simplemente no te apareces cuando has oído que algo puede pasar en ese lugar", dijo el teniente coronel George Bristol, un oficial de inteligencia de la 1ª División de Infantería de la Marina.
La policía de Ramadi niega que haya problemas. "Las cosas marchan bien en la provincia", dijo el subdirector de la policía, el brigadier Jassim Mohammed Baddaa.
Agentes reclutados, que estaban hace poco podando los arbustos secos en las afueras del cuartel de la policía, dijeron que eran intimidados regularmente pero que no estaban autorizados para hablar con los medios de comunicación.
Tampoco significa que la ciudad no tenga esperanzas.
En el pequeño vecindario conocido como Tamin, o Cinco Kilos, en los lindes occidentales de Ramadi, los vecinos parecen satisfechos con los proyectos norteamericanos para renovar las escuelas, construir una cancha de fútbol y dos clínicas, ampliar la comisaría de policía y reparar una mezquita seriamente dañada.
Hace poco, siete todoterrenos blindados norteamericanos entraron al barrio. No fueron atacados con armas pequeñas, ni explotaron bombas en la calle, y cuando las tropas descendieron de los vehículos, la gente los observó brevemente y continuó con sus actividades de todos los días.
Cabrey llevó consigo a un instructor de la policía militar para que se reuniera con el comandante de la comisaría local, y llevó sacos con medicinas para una de las clínicas.
En la comisaría de policía, a la que los militares estadounidenses proporcionaron 15 vehículos, el comandante, que se identificó a sí mismo como el jefe Saleh, pidió a Cabrey que posara para una fotografía cortando la cinta de la comisaría renovada, de modo que la utilización del edificio fuera oficial.
Se quejó de que las tropas norteamericanas hubieran detenido a algunos de sus hombres cuando estos se encontraban en servicio en las afueras del barrio de Tamim y de haberles requisado las armas. "Es muy delicado ofender la dignidad de un hombre", dijo Saleh.
Cabrey asintió y antes de retirarse se aseguró de que el instructor de policía se comunicara con el subdirector de la policía para obtener más detalles sobre el incidente. "Trataremos de traérselos de vuelta", dijo.
Saleh reconoció que ha habido secuestros de policías en su jurisdicción en el último año, pero dijo que se derivaba de "asuntos tribales". También dijo que se había reunido con varios líderes tribales e imanes y les había explicado por qué aceptaba la ayuda norteamericana.
Cabrey asintió y agregó: "El coronel Saleh se fue a hablar directamente con la comunidad. No sé si otra gente que ha sido atacada está haciendo lo mismo".
Cuando los soldados y marines llegaron a una mezquita, que también está siendo reparada con un subsidio del equipo de Cabrey, no había nadie. Sin embargo, Cabrey reconoció a una niña que cruzaba la calle corriendo. "Es la hija del imán -pregúntele dónde está su padre", dijo.
Unos minutos más tarde el imán salió de su casa, saludó a Cabrey en medio de la calle donde todos los vecinos lo podían ver, y los dos se dirigieron hacia la mezquita. Acordaron que Cabrey dejara ahí las medicinas para que los doctores de la clínica las recogieran al día siguiente.
El imán enseñó a Cabrey el minarete, alto y elegante con azulejos blancos y turquesa y casi terminado. El imán quería que la mezquita y el minarete fueran reparados de modo que fuera lo primero que vieran los viajeros al entrar a Ramadi por el oeste.
De momento, parece que los esfuerzos de Cabrey han dado frutos. Con una población estimada en 6.500 personas en el barrio de Tamim -en una ciudad de unos 400.000 habitantes- es también una medida de los medios que se necesitarán en las aldeas y barrios del Triángulo Sunní si Estados Unidos quiere mantener la confianza y atemperar la insurgencia.
Raheem Salman contribuyó este reportaje.

28 de septiembre de 2004
7 de octubre de 2004
©los angeles times
©traducción mQh

4 CHALABI Y LA CAMPAÑA DE DESINFORMACIÓN - jane mayer


En esta cuarta parte del reportaje de Jane Mayer en el New Yorker las sorprendentes revelaciones sobre la fabricación de pruebas para justificar un ataque contra Iraq adquieren renovada importancia a la luz de las recientes revelaciones sobre las invenciones de Bush sobre las armas nucleares de Saddam Hussein. Chalabi pagó a informantes para que divulgaran informaciones falsas entre los espías norteamericanos. Pero estos supieron desde el principio que eran falsas.
El 7 de octubre de 1998, la Ley de Liberación de Iraq, cuyo borrador había sido redactado por Trent Lott y otros republicanos, fue aprobada casi por unanimidad por el Congreso. Chalabi, Brooke y sus aliados en el Congreso trabajaron juntos en formulación de la ley. El llamado en el proyecto a un ‘cambio de régimen' en Iraq era drástico, aunque, increíblemente, apenas si causó controversia. Chalabi una vez más, había presentado astutamente el derrocamiento de Saddam como un proyecto hecho por y para los iraquíes, y que requería un soporte aéreo mínimo de parte de Estados Unidos. En esa época, el Congreso también aprobó leyes que otorgaban abiertamente ayudas de 97 millones de dólares al Congreso Nacional Iraquí CNI.
Poco después de la aprobación de la ley, el general Anthony Zinni, que era entonces jefe del comando central estadounidense, que tenía como tarea el control operacional de las fuerzas de combate norteamericanas en Oriente Medio, vio una copia del plan militar de Chalabi. "Me causó una gran indignación", me dijo. Zinni conocía bien el terreno iraquí, y declaró ante el Congreso que el plan de Chalabi era "un castillo en el aire, un cuento de hadas". Declaró: "Se decía que si se ponía a mil hombres en el terreno, el régimen de Saddam se derrumbaría, que ellos no lucharían. Yo dije que yo volaba sobre ellos todos los días y nos disparaban, y que cuando les disparábamos, nos disparaban de vuelta. No era en absoluto posible que con mil hombres pudiéramos terminar con el régimen. El grupo de exiliados estaba entregando informaciones incorrectas. Su plan era ridículo".
Cuando asumió el gobierno de Bush en 2001, neo-conservadores como Wolfowitz y Perle volvieron al poder. Brooke me dijo que en febrero de ese año, Wolfowitz lo llamó una noche tarde y le prometió que esta vez Saddam sería derrocado. Brooke dijo que Wolfowirtz le había dicho que él estaba tan empecinado en alcanzar ese objetivo que renunciaría si no lo lograba. (Wolfowitz calificó este informe de ‘sin sentido').
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, muchos en el gobierno empezaron a ponderar un ataque preventivo contra el régimen de Saddam, y aceptaron ansiosamente los informes secretos de Chalabi. En 2002, un Plan de Recolección de Información para el servicio secreto del CNI, que era financiado por el ministerio de Asuntos Exteriores, fue transferido a la Agencia de Inteligencia de la Defensa [Defense Intelligence Agency] DIA, una división del Pentágono. "Chalabi era la muleta sobre la que apoyaron los neo-conservadores para justificar la intervención", dijo Zinni. "Él distorsionó los datos de inteligencia en que se basaron, y entregó una imagen tan rosada y poco realista que pensaron que sería fácil".
La CIA seguía escéptica de los informes de desertores que estaba promoviendo el CNI e insistió en analizarlos independientemente. El presidente Bush fue informado de la opinión de la CIA sobre Chalabi poco después de asumir el cargo, pero finalmente tomó partido por el vice-presidente Cheney y los neo-conservadores. En los meses previos a la invasión de Iraq, Bush y Cheney se refirieron en público a los laboratorios móviles de armas de Saddam. Seis semanas antes de la invasión norteamericana, el 5 de febrero de 2003, en su discurso ante Naciones Unidas, el ministro de Asuntos Exteriores, Colin Powell -que al principio había opinado que los datos sobre las armas de destrucción masiva no eran concluyentes- mencionó a testigos que no fueron nombrados, uno de los cuales había proporcionado "descripciones de primera mano de fábricas de armas biológicas sobre ruedas y en rieles". Según dijo, era "una de las cosas más inquietantes en emerger de los gruesos informes de los servicios de inteligencia con que contamos sobre Iraq".
Bob Drogin y Greg Miller, de Los Angeles Times, informaron recientemente que la fuente de estos datos era un tránsfuga iraquí cuyo nombre en clave era Curva, que es supuestamente un hermano de uno de los ayudantes de Chalabi. (Chalabi dice que el desertor no está relacionado a nadie de su organización). Se dice que Curva se acercó a agentes secretos alemanes y les entregó mapas y descripciones detalladas de laboratorios de armas móviles. Curva olvidó contar a los agentes alemanes que antes de huir de Iraq había estado preso por estafa. Además, expertos de Estados Unidos y de Naciones Unidas recorrieron todo Iraq a la búsqueda de esos laboratorios móviles; todo lo que encontraron fueron dos camiones, cuya función está todavía en discusión. En enero pasado, Cheney se refirió a esos camiones como pruebas definitivas de que Iraq tenía laboratorios móviles de armas, aunque los expertos dijeron que contenían más probablemente balones atmosféricos.
Para cuando le pregunté a Chalabi sobre Curva, el tránsfuga se había transformado en un tema delicado. "¿Ese es el tipo de informes que tenemos que negar?", preguntó, elevando la voz. "¿Informes anónimos sobre gente anónima? ¡Nadie sabe quién es esa persona! ¿Cómo lo vamos a saber?" Chalabi preguntó por qué se le responsabilizaba de las imprecisiones del desertor, cuando era trabajo de los servicios secretos norteamericanos "chequear a esa gente". Preguntó: "¿Qué quiere que hagamos? ¿Quedarnos callados cuando la gente nos cuenta esas cosas?"
Otros en el CNI insistieron en que la organización no tenía lazos con el servicio secreto alemán. Pero Vincent Cannistraro, el antiguo experto en contra-terrorismo, me contó que la CIA cree ahora que Aras Habib, el jefe de inteligencia del CNI, sospechoso de haber entregado secretos norteamericanos a Irán, "se encargó de presentar a Curva a los alemanes". Agregó: "La CIA está segura de eso".
Después de la guerra, incluso los padrinos de Chalabi en la DIA concluyeron que la mayor parte de la información que recibieron del tránsfuga era "de poco o ningún valor". De acuerdo al Times, a principios de 2003, un informe oficial de la agencia concluyó que varios desertores presentados al espionaje norteamericano por el CNI habían afirmado falsamente que tenían conocimiento directo de programas de armas ilegales en Iraq.
Chalabi y sus partidarios han argumentado que críticos como Zinni han exagerado el papel de los exiliados en la entrega de datos falsos sobre armas de destrucción masiva. "¿Cómo se nos puede culpar del fracaso de todos los servicios de espionaje del mundo?", me preguntó Chalabi. Ciertamente, hay responsabilidades que compartir, especialmente entre los planificadores civiles de la guerra en el ministerio de Defensa y la Casa Blanca, los que burlaron, al aceptar informaciones del CNI sin corroborarlas con rigurosidad, los reglamentos del servicio de inteligencia. Como dijo Robert Baer, el antiguo funcionario de la CIA, "Chalabi estaba estafando a Estados Unidos porque Estados Unidos quería ser estafado".

Un documento interno del CNI revela lo influyente que era el Plan de Recolección de Información. El 6 de junio de 2002, Entifadh Qanbar, un funcionario del CNI, envió un memorándum al Comité de Asignaciones del Senado en el que daba crédito al CNI por "informaciones" que fueron utilizadas en 108 reportajes en publicaciones en lengua inglesa que aparecieron entre octubre de 2001 y mayo de 2002. Esos artículos, decía el escrito, retransmitieron informaciones del CNI recabadas de "desertores, informes e informaciones no procesadas" sobre Iraq. Además, escribió Qanbar, el CNI proporcionaba esa información directamente a "receptores del gobierno norteamericano", incluyendo a William Lutti, en el Pentágono, y John Hannah, el asistente especial de seguridad nacional en el Despacho del vice-presidente.
Los reportajes en los que el CNI afirmaba haber colocado sus "informaciones" incluyen algunos de los artículos periodísticos más cuestionables que aparecieron en el preludio de la guerra. El 20 de diciembre de 2001, Judith Miller publicó un artículo en primera plana en el Times sobre un ingeniero iraquí que afirmaba tener conocimiento directo de veinte sitios secretos de armas químicas, biológicas y nucleares en Iraq. Un sitio, dijo, estaba oculto debajo de un hospital. También describió pruebas de esas armas prohibidas sobre prisioneros kurdos y chiís vivos. Miller reveló en su artículo que el CNI había ayudado al ingeniero a salir de Iraq, y había organizado la entrevista, y que el objetivo del CNI era derrocar a Saddam Hussein. También observó que funcionarios norteamericanos estaban "tratando de verificar" las revelaciones del desertor. A pesar de estas cautelas, Miller informó que "unos expertos dijeron que la información parecía fiable y significativa". En un artículo posterior, escribió que el mismo tránsfuga había entregado a los funcionarios de la inteligencia norteamericana" decenas de informes altamente confiables sobre compras y actividades iraquíes relacionadas con armamentos".
El nombre del desertor es Adnan Ihsan Saheed al-Haideri. Desde la guerra, ni los inspectores de armas de Naciones Unidas ni David Kay, el inspector de armas de Estados Unidos, han encontrado evidencias que confirmen sus informes. De acuerdo a un reciente informe de Knight Ridder, funcionarios estadounidenses escoltaron a Haideri de vuelta a Iraq después de la guerra, pero no pudo localizar ninguna instalación de las armas prohibidas. Según se informó, el CNI proporcionó a Miller con la exclusiva historia de Haideri tres días después de que fallara una prueba con un detector de mentiras a la que lo sometió la CIA a petición de la DIA.
Cuando pregunté sobre los problemas en torno a la credibilidad de Haideri, un ayudante de Chalabi, que se negó a ser nombrado, puso en duda la historia de la prueba con el detector de mentiras, diciendo que los funcionarios de la DIA le había contado que Haideri "era una mina de oro" de información, y que valía la pena "incluso si sólo el tres por ciento era verdad".
Miller se negó a comentar sus artículos sobre Iraq, como asimismo otros colaboradores del Times. Durante meses, el Times ha sido criticado por su cobertura de preguerra sobre las armas de destrucción masiva. El 26 de mayo, el diario publicó un escrito del editor reconociendo que había sido influido inapropiadamente por Chalabi. "Los informes de los desertores iraquíes no fueron siempre cotejados con su fuerte anhelo de derrocar a Saddam Hussein", decía la nota. "Parece que, junto con el gobierno, fuimos embaucados".
En una inusual decisión, dos meses antes de que empezara la invasión, el corresponsal jefe del Times, Patrick E. Tyler, que estaba a cargo de supervisar la cobertura de la guerra para el diario, contrató a una sobrina de Chalabi, Sarah Khalil, para que se ocupara de las oficinas del diario en Kuwait. Chalabi había sido durante mucho tiempo una de las fuentes de Tyler. La hija de Chalabi, Tamara, que estaba en Kuwait en esa época, me dijo que Khalil colaboraba con las actividades de su padre cuando estaba trabajando para el Times.
A principios de abril de 2003, Chalabi estaba inmovilizado en el desierto poco después de que fuerzas norteamericanas lo transportaran por avión, a él y varios cientos de sus seguidores , al sur de Iraq, dejándole sin agua, alimento o transporte adecuados. Una vez más, la ayuda de los militares norteamericanos había fracasado. Chalabi usó un celular para llamar a Khalil y pedir ayuda. Según Tamara, Khalil se hizo con dinero de los fondos del CNI y organizó un convoy de todoterrenos, que dirigió ella misma a través de la frontera de Iraq.
Tyler me contó que él no sabía que Khalil había ayudado a Chalabi a llegar al sur de Iraq. Agregó que Khalil tenía experiencia como periodista, y que Chalabi no era un factor importante en la guerra cuando él la contrató. "Estábamos cubriendo una guerra, no a Chalabi", dijo. El Times despidió a Khalil el 20 de mayo de 2003, cuando los editores en Nueva York se enteraron de sus actividades. Durante los cinco meses que Khalil estuvo trabajando para el Times, el diario publicó nueve artículos en los que se mencionaba a Chalabi. Cuando pregunté sobre la operación de rescate de Chalabi que dirigió Khalil, William Schmidt, un editor general del Times, dijo: "El Times no sabe nada de esa historia, ni si ocurrió. Si fue así, estaba fuera de nuestro alcance".
Otra historia promovida por la organización de Chalabi establecía un vínculo no probado entre Iraq y Al Qaeda. El CNI difundió la historia de que Mohamed Atta, el cerebro de los atentados del 11 de septiembre, se había reunido en abril de 2001, en Praga, con un agente del servicio secreto iraquí. En febrero de 2002, David Rose escribió en Vanity Fair que un desertor llamado Abu Zeinab al-Qurairy dijo que había trabajado en un campamento terrorista en Iraq llamado Salman Pak, donde fundamentalistas no iraquíes eran adiestrados para secuestrar aviones y aterrizar helicópteros en trenes en movimiento. También afirmó que Atta se había reunido con un agente iraquí en Praga. Rose observó que el CNI había pagado a Qurairy, y escribió que un ayudante de Chalabi había actuado de intérprete del desertor.
El 12 de noviembre de 2001, el CNI proporcionó otro desertor, Sabah Khalifa Khodada al-Lami, a la prensa, a través de un video enviado desde Londres. Lami, que fue descrito como un ex coronel del ejército de Saddam, afirmó que en Salman Pak se estaba adiestrando a militantes islámicos. También dijo que el campo de adiestramiento estaba contaminado por el carbunclo, una acusación que fue hecha poco después de que Estados Unidos comenzara a investigar unos incidentes de intoxicación con carbunclo en Nueva York, Florida y otros lugares. Las historias de Lami aparecieron después en el Washington Times, el Seattle Times y otros diarios. Desde la caída de Saddam no se ha encontrado ningún campo de adiestramiento de terroristas en Iraq.
El CNI tuvo igualmente éxito en difundir sus historias entre funcionarios del gobierno norteamericano. El cuento de Haideri llegó hasta un estudio de la Casa Blanca, titulado ‘Una década de engaño y desafío', que fue dado a conocer como material de apoyo de un discurso sobre Iraq que el presidente Bush leyó ante Naciones Unidas el 12 de septiembre de 2002. Haideri "sustentó sus afirmaciones con pilas de contactos del gobierno iraquí, completo con especificaciones técnicas", se lee en el estudio.
Chalabi negó que él o sus ayudantes hubiesen fabricado testigos o de haber distorsionado la información para apoyar sus acusaciones. "No hemos engañado a nadie", dijo. "Dijimos que teníamos información. No dijimos que la información era importante. Pensamos que podía ser útil". No alcanzó a decir que todavía creía en los cuentos de los desertores. "Creía que eran lo que decían que eran", dijo. Ningún desertor se ha presentado para decir que Chalabi difundió conscientemente historias falsas.
Sin embargo, el caso de Khidhir Hamza ilustra cómo la información se puede transformar en propaganda. Hamza es un científico nuclear que sirvió como administrador en el programa de armas nucleares de Saddam durante los años ochenta. Desertó de Iraq en 1994. Fue primero desdeñado por la CIA, que pensó que sabía poco de interés. En 1997 se le pidió que se uniera a Ciencia y Seguridad Internacional, una organización en Washington dirigida por David Albright, un antiguo inspector de armas nucleares. Cuando Hamza empezó a trabajar con él, me contó Albright, sus informaciones parecieron fiables. En 1998 Hamza incluso ayudó a desenmascarar una exagerada historia entregada por otro desertor, cuando Chalabi estaba tratando de generar apoyo para la Ley de Liberación de Iraq. "Entonces vimos las garras de Chalabi", dijo Albright. Alguien del CNI, dijo, llamó para regañar a Hamza, diciéndole que había dañado la causa de la liberación de Iraq. ‘Hamza estaba abatido, y dijo que no lo volvería a hacer", me contó Albright.
En 1999, Hamza abandonó el instituto de Albright para escribir una memoria, ‘El fabricante de bombas de Saddam', con Jeff Stein, un escritor que vive en Washington. De acuerdo a Albright, muchas de las afirmaciones en el libro, incluyendo algunas sobre la importancia del papel de Hamza, "eran simplemente ridículas". Hamza, que había estado alejado de Iraq y de los programas nucleares del país durante más de una década, afirmaba que Saddam estaba a años, y posiblemente meses de desarrollar una bomba atómica.
La aserción de Hamza era asombrosa. Después de la primera Guerra del Golfo, Estados Unidos se enteró de que Saddam había intentado construir un arma nuclear. Pero su programa nuclear fue desmantelado más tarde y hacia mediados de los noventa la mayoría de los expertos creían que esta amenaza había desaparecido. De acuerdo a Albright, Francis Brooke "participó" en la promoción del libro de Hamza. "Estaba claro que jugó una parte en él", dijo.
La gente de Chalabi ayudó a Hamza a promover su historia entre los medios de comunicación, y el cuento se hizo ampliamente conocido. Cheney empezó a leer discursos alarmistas sobre la inminente amenaza nuclear iraquí. El 6 de agosto de 2002, declaró que Saddam había "reiniciado sus planes para adquirir armas nucleares" y podría pronto ser capaz de someter a sus enemigos a un "chantaje nuclear".
Hamza, que había administrado una gasolinera en Virginia antes de su asociación con Albright, comenzó a dictar unas bien pagadas conferencias. Un antiguo ayudante de Chalabi dijo que muchos desertores que habían proporcionado informes hiperbólicos eran gente "desesperada"; el CNI les había ofrecido un salvavidas económico, y, para aferrarse a él, "muchos habían torcido sus normas éticas".
Desde la guerra no se ha encontrado ninguna evidencia de un programa nuclear iraquí activo. Albright dijo que a Hamza "se le dijo que no hablara sobre las armas de destrucción masiva". Hamza volvió a Iraq en la primavera pasada. La Autoridad Provisional de la Coalición APC, el gobierno norteamericano durante la ocupación, le ofreció un alto cargo en el ministerio de Ciencia y Tecnología, que le dio un control parcial de la industria nuclear iraquí. De acuerdo al diario londinense The Independent, Hamza fue un fracaso; se peleaba con sus colegas y no se aparecía por su trabajo. Esta primavera la APC no renovó su contrato.

Nueve días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Chalabi leyó un discurso ante el Comité de Política de Defensa [Defense Policy Board], un comité honorario de expertos que asesora a Donald Rumsfeld, el ministro de Defensa. En esa época, Richard Perle era el presidente del grupo. Francis Brooke, que asistió a la sesión, dijo que el Pentágono todavía olía el humo de los atentados de Al Qaeda, y que fue una "reunión muy emocional".
El mensaje de Chalabi, que según Brooke fue endorsado por el grupo, era saltarse toda intervención en Afganistán, donde los talibanes habían dado refugio a Al Qaeda, y proceder de inmediato a atacar a Iraq. Un participante en la reunión, que pidió no ser nombrado, recordó que Chalabi argumentó convincentemente de que a los norteamericanos les esperaba una victoria fácil: "Dijo que no habría resistencia, que no habría una guerrilla baazista, y que sería rápido establecer un gobierno".
Sin embargo, poco después Chalabi empezó a tener conflictos con el gobierno. Chalabi me dijo que hubiese preferido convencer al pueblo norteamericano sobre la base de argumentos filosóficos, como la lucha contra un tiranía genocida, y que estaba a favor de llevar la democracia al mundo árabe, pero que este enfoque fue rechazado por el gobierno de Bush. "Mire, nosotros nos concentrábamos en los crímenes de Saddam, en los crímenes morales, en el genocidio", dijo Chalabi. "No estábamos concentrados en las armas de destrucción masiva. Estados Unidos nos pidió que lo hiciéramos. Nosotros no inventamos a esa gente [los desertores]; fueron ellos. Ellos nos pidieron ayuda". (Pero se negó a decir quién lo había pedido). Francis Brooke dijo que nadie había pedido al CNI a que se concentraran exclusivamente en las armas de destrucción masiva. "Soy un tipo inteligente", dijo. "Me di cuenta de lo que querían y adapté mi estrategia". El año pasado, en una entrevista con Sam Tanenhaus para Vanity Fair, Paul Wolfowitz admitió que las pruebas sobre las armas de destrucción masiva no fueron el mejor argumento para la guerra, pero que por razones burocráticas "nos pusimos de acuerdo en un tema con el que todos podíamos concordar, que era el de las armas de destrucción masiva".
Como resultado, la guerra fue diseñada para el mercado interno como una campaña de miedo, y el CNI fue enlistado para denunciar el peligro que representaba el régimen de Saddam. Brooke dijo: "Envié un boletín detallado a nuestra red, diciendo: ‘Miren, chicos, búsquenme a un terrorista, o alguien que trabaje con terroristas. Y si encuentran materiales sobre armas de destrucción masiva, ¡enviénmenlos!"
En Washington, muchos de los partidarios de la guerra, incluyendo a Jim Hoagland y Fouad Ajami, profesor de Estudios del Oriente Medio de la Universidad de John Hopkins, estaban preocupados sobre el triunfo de la conveniencia política sobre el idealismo. Esos críticos dicen que una guerra hecha en nombre de la liberación se ha transformado en una operación política de control de daños. Chalabi mismo ha atacado el plan del gobierno de transferir la soberanía a un gobierno interino el 30 de junio como una farsa, ideada para la campaña de re-elección de Bush y no para el pueblo iraquí. Considerando la naturaleza de la campaña que él y sus ayudantes lanzaron para acelerar la invasión, sin embargo, es algo tarde para que Chalabi pueda expresar semejantes reparos. Jack Blum, un antiguo abogado del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, me dijo que el gobierno tuvo una visión distorsionada desde el principio, al descansar en socios tan dudosos como Chalabi. Dijo: "Arruinamos lo que pudo haber sido prometedor por asociarnos con la gente equivocada".

17 de junio de 2004
6 de octubre de 2004
©new yorker
©traducción mQh
"

3 CHALABI VERSUS LA CIA - jane mayer


Las increíbles revelaciones sobre el papel de Chalabi en los preliminares de la invasión de Iraq arrojan nuevas luces sobre este oscuro episodio de la invasión. Trató de sobornar con promesas de petróleo a un agente de enlace de la CIA en Naciones Unidas en el programa de inspección de armas de destrucción masiva en Iraq, el mismo que, según confesaría más tarde, inventó que Iraq poseía laboratorios y plataformas de lanzamiento móviles.
En 1995, Chalabi empezó a gastar parte de los fondos que recibía de la CIA en crear una milicia armada en el Kurdistán. Con el visto bueno de Washington, urdió un quijotesco plan para utilizar a su milicia, junto con líderes tribales a los que había sobornado, en lanzar un ataque simultáneo en tres ciudades contra las tropas de Sadam. Justo antes de que se iniciara el ataque, quedó en evidencia que los funcionarios baazistas se habían enterado de la conspiración. Baer fue el encargado de decirle a Chalabi que "cualquiera decisión de seguir adelante sería sólo de su responsabilidad". Chalabi, que no tenía experiencia militar, se negó a abortar la operación. Para entonces, muchos de los insurgentes habían desertado y la revuelta se fue a pique rápidamente. La CIA estaba furiosa de haber fundado semejante locura.
Un año más tarde, en agosto de 1996, habría de ocurrirle un segundo desastre. Una de las facciones kurdas dentro del Congreso Nacional Iraquí CNI, invitó a Saddam Hussein al Kurdistán para aplastar a una facción rival que era aliada de Chalabi. Cuarenta mil soldados iraquíes y trescientos tanques entraron a territorio kurdo -una flagrante violación de la restricción impuesta a Saddam de que no entrara al Kurdistán. El gobierno de Clinton falló en reaccionar inmediatamente y las tropas de Saddam capturaron, torturaron y mataron a cientos de partidarios de Chalabi. Finalmente, el gobierno norteamericano evacuó a siete mil de sus partidarios.
Francis Brooke me dijo que cuando oyó las noticias "estuve enfermo durante una semana, vomitando". Había estado involucrado en el intercambio de cartas entre Chalabi y el vice-presidente Al Gore, en las que Gore prometía proteger a la resistencia democrática en el norte de Iraq. Brooke se sentía responsable de la carnicería. "No podía creerlo", dijo. "No me interesa hacer que se mate a un montón de gente y cometer errores morales. Yo estaba estupefacto". Llamó a Chalabi, que entonces estaba en Londres, y le preguntó: "¿Qué vamos a hacer?"
Chalabi y Brooke decidieron vengarse utilizando a la prensa. Usando las habilidades que había pulido mientras trabajaba para la CIA, Brooke ayudó a ABC News a montar un documental donde se reprochaban duramente los desaciertos de la CIA en el norte de Iraq. "Se llevaron un cabreo salvaje", dijo Brooke. Después de eso, recordó un colega, "la agencia dejó de entregarle información".
El anhelo de Chalabi de provocar una invasión de Iraq no había aminorado, pero, con la pérdida del apoyo encubierto, ahora tenía que buscar benefactores en el Congreso. "Necesitábamos una nueva campaña", dijo Brooke, y "Chalabi era el candidato perfecto. Se había pasado toda la vida esperando ese momento".
En 1996, Chalabi y Brooke se establecieron en Georgetown y diseñaron una estrategia. Estudiaron cómo el Congreso Nacional Africano había logrado ganar el apoyo de la opinión pública caracterizando el apartheid como equivalente de la esclavitud. También analizaron cómo varios grupos de judíos-americanos habían logrado organizarse para apoyar a Israel. "Sabíamos que teníamos que crear una base nacional con algún peso electoral, así que decidimos usar el modelo ‘aipac'", dijo Brooke, refiriéndose al Comité Americano de Acción Política para Israel [American Israel Political Action Committee] AIPAC.
En junio de 1997, Chalabi leyó un discurso en el Instituto Judío para Asuntos de Seguridad Interior, en Washington. Le dijo a la audiencia que sería fácil derrocar a Saddam y remplazarlo por un gobierno que tuviese relaciones cordiales con Israel si Estados Unidos proporcionaba un mínimo de apoyo para una insurrección armada organizada por el CNI. Aunque Chalabi negó más tarde que el petróleo hubiera jugado algún papel en su campaña, en una entrevista que dio al Jerusalem Post en 1998 propuso restaurar el oleoducto de Kirkuk a Haifa, que había estado en desuso desde la creación de Israel en 1948.
El arrojo de Chalabi despertó el entusiasmo y la curiosidad de un grupo de neo-conservadores norteamericanos que habían jugado un papel fundamental en el primer gobierno de Bush, pero que se hallaban ahora dispersos en varios laboratorios ideológicos de Washington. Tras la caída del comunismo, los neo-conservadores buscaban ansiosamente una nueva causa y Chalabi -un chií culto y secular que aceptaba a Israel y proponía extender la democracia por todo Oriente Medio- capitalizó su entusiasmo. Judith Kipper, directora del Consejo para las Relaciones Internacionales [Council on Foreign Relations], dijo que en esa época Chalabi tomó "la decisión deliberada de girar hacia la derecha", después de darse cuenta de que era más probable que los neo-conservadores, antes que los liberales, apoyaran el uso de la fuerza contra Saddam.
Como dijo Brooke: "Pensamos detenidamente sobre esto y nos dimos cuenta de que las personas" que influían en definir la política hacia Iraq en Washington "eran sólo cien". Él y Chalabi decidieron poner a esa gente de su lado. No pasó mucho tiempo antes de que Chalabi tuviera una relación personal estrecha con 30 miembros del Congreso, entre los que se contaban Trent Lott y Newt Gingrich, y asistiera a reuniones sociales con Richard Perle, un antiguo ministro auxiliar de defensa, que era ahora investigador del Instituto Americano para la Libre Empresa [American Enterprise Institute], y Dick Cheney, que era entonces presidente de Halliburton. De acuerdo a Brooke: "Desde el comienzo Cheney estuvo de acuerdo con la filosofía del plan. Cheney dijo: ‘Rara vez en la vida tienes la posibilidad de arreglar algo que terminó mal'".
Wolfowitz en especial estaba prendado de Chalabi, contó un amigo norteamericano de este. "Chalabi le encantaba. Me dijo que ambos eran intelectuales. Paul is un soñador". A ojos de Wolfowitz, Chalabi era la figura ideal de la oposición. "Pensó seguramente: ‘Este tipo está bien -dice todo lo que hay que decir sobre la democracia y los derechos humanos. Me pregunto si no será posible derribar a Saddam del mismo modo que lo hicimos con los soviéticos'", dijo el amigo.
Sin embargo, Chalabi se estaba quedando sin dinero y necesitaba nuevos padrinos. Brooke dijo que él y Chalabi idearon un plan, confesó, que era realmente ‘transparente': la desastrosa historia del CNI de operaciones frustradas de la CIA durante el gobierno de Clinton, podía transformarse en un arma en manos de los republicanos. "Clinton nos dio una gran oportunidad", dijo Brooke. "Nos acercamos a un congreso republicano y nos opusimos a la Casa Blanca demócrata. Realmente dañamos y pusimos en dificultades al presidente". A la mayoría republicana en el Congreso, admitió, "no le interesaba mucho en el tipo de munición que se usara. Simplemente querían golpear al presidente". Sin embargo, dijo, importantes senadores republicanos, incluyendo a Trent Lott y Jesse Helms, "se mostraron de inmediato muy receptivos".
En 1998 se realizaron unas vistas parlamentarias sobre los fracasos de la CIA en Iraq y los aliados de los laboratorios ideológicos de Chalabi, tales como Richard Perle, hicieron declaraciones difamatorias sobre el gobierno de Clinton. Entretanto, Chalabi continuó reuniendo informaciones de inteligencia sobre Iraq que ayudarían a la causa. Encontró una oportunidad en el programa de inspección de armas de Naciones Unidas, que había sido iniciado en 1991 para impedir que Saddam desarrollara armas de destrucción masiva. El 27 de enero de 1998, Chalabi se reunió en Londres con Scott Ritter, que trabajaba entonces como agente de enlace del programa de Naciones Unidas. En esa época, Naciones Unidas no había sido capaz de dar cuenta de una cantidad de armas -incluyendo casi nueve mil litros de carbunclo- que el régimen de Saddam declaró que habían sido desmanteladas. Los inspectores de Naciones Unidas habían agotado otras fuentes de información. Chalabi sostuvo que tenía hombres que habían infiltrado el círculo más cercano de Saddam, y ofreció ayuda.
La reunión tuvo lugar en el apartamento de Chalabi, en Conduit Street en Mayfair. Ritter recordó que había media docena de criados árabes sirviendo té, Chalabi estaba sentado en un sofá tomando apuntes y "jugando a que era el jefe supremo". (Ahmed Allawi, un funcionario del CNI, también participó en la reunión). "Yo debería haberle preguntado qué podía ofrecernos", dijo Ritter, "pero en lugar de eso, dejé que él me preguntara qué podía hacer por nosotros". El resultado, dijo, "fue que cometimos el error más grande que se puede cometer en una operación de inteligencia: identificó todas nuestras lagunas". Durante las horas siguientes, dijo Ritter, expuso casi todo sobre las especialidades y teorías de los inspectores de Naciones Unidas, contándole a Chalabi cómo habían registrado los refugios subterráneos con radares que penetraban la superficie. También le contó a Chalabi sus sospechas de que Saddam tuviera laboratorios de armas químicas o biológicas móviles, lo que explicaría por qué los investigadores no habían sido capaces de encontrarlas. "¡Eso lo habíamos inventado!", dijo Ritter. "Se lo contamos a Chalabi y, obviamente, que se inventó una fuente [de información] sobre los laboratorios móviles". (El CNI ha sido acusado de pagar a una fuente para que afirmara tener informaciones sobre laboratorios móviles). Cuando Ritter dejó Naciones Unidas en agosto de 1998, todavía no había pruebas de la existencia de laboratorios móviles. La gente de Chalabi, dijo Ritter, finalmente proporcionó informes detallados sobre el supuesto programa de armas de destrucción masiva de Saddam, pero "eran basura".
Ritter tuvo otro encuentro memorable con Chalabi. Seis meses después de la reunión de Londres, Ritter se sentía desanimado. Los inspectores de Naciones Unidas habían descubierto huellas de gas neurotóxico VX en las ojivas de proyectiles en Iraq; estaba preocupado de que Saddam estuviera ocultando algo. Chalabi lo invitó a su casa en Georgetown y hablaron sobre el descubrimiento del gas. Chalabi entonces le propuso a Ritter que el CNI se encargase de algunas labores de espionaje. En una demostración de su seriedad le mostró a Ritter dos estudios que abogaban por el derrocamiento de Saddam. Uno era un plan militar, escrito en parte por un amigo conservador, el general en retiro Wayne Downing, que había sido comandante de las Fuerzas Especiales en la primera Guerra del Golfo. El análisis proponía que los insurgentes iraquíes serían capaces de derrocar a Saddam casi sin ayuda de nadie. Dado que el plan requería pocas tropas estadounidenses, podría convencer rápidamente al Congreso. Ritter, un antiguo marine, me dijo que no le había impresionado. Recordó que dijo: "No creo que esas pequeñas unidades puedan hacer lo que usted dice. Es un truco" para involucrar a los norteamericanos. Dijo que Chalabi no lo había negado. "Entonces, ¿por qué no aparece en el plan que usted necesitará más ayuda de Estados Unidos?", preguntó Ritter. "Porque es demasiado delicado", respondió Chalabi.
De acuerdo a Ritter, Chalabi describió luego una clara visión del futuro de Iraq -con él mismo como presidente. Ritter contó: "Me dijo que si yo apoyaba la estratagema, cuando él fuera presidente controlaría todas las concesiones de petróleo y se aseguraría de que se me tratara bien. Supongo era un intento de soborno". El despacho de Chalabi rechazó el informe de Ritter, llamándole "mentiroso". Ritter abandonó la reunión negándose a trabajar para Chalabi.

7 de junio de 2004
4 de octubre de 2004
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¿QUÉ FUE DE AHMAD CHALABI, EL MANIPULADOR? - jane mayer


Uno de los principales artífices de la guerra e invasión de Iraq, Ahmad Chalabi y su partido el Congreso Nacional Iraquí fue posteriormente acusado de desfalco, robo y secuestros. La mayoría de sus dirigentes escaparon de Iraq y viven ahora en el extranjero. La revista New Yorker dedicó este año una serie de reportajes a esta controvertida figura del antiguo exilio iraquí. ¿Sobrevivirá la ocupación?
Ahmad Chalabi, el millonario chií iraquí que pasó más de una década trabajando por el derrocamiento de Saddam Hussein, se enorgullece de su comprensión de Estados Unidos y su historia. "Sé un montón sobre eso", me dijo hace poco. Estábamos en Bagdad, después de medianoche, pero él seguía en su despacho en la nueva sede del Congreso Nacional Iraquí CNI, el grupo exiliado de oposición que Chalabi ayudó a fundar en 1992. De joven, dijo, pasó varios años en Estados Unidos, donde sacó su licenciatura y una maestría en matemáticas en el MIT, y se doctoró en matemáticas en la Universidad de Chicago. Chalabi empezó a estudiar el uso del poder en la política norteamericana y la materia se convirtió en un interés que le ha acompañado toda la vida. Un episodio en particular de la historia estadounidense le ha fascinado, dijo. "Estudié detenidamente cómo Roosevelt, que odiaba a los nazis, se las arregló para convencer al pueblo americano de ir a la guerra en una época en que los sentimientos aislacionistas eran dominantes en Estados Unidos,. Estudié el episodio con mucho respeto; aprendimos un montón de eso. El programa Lend-Lease permitió a Roosevelt ponerse de lado de los ingleses -del mismo modo nosotros logramos la Ley de Liberación de Iraq, que comprometía al pueblo norteamericano a liberar a Iraq de Saddan". La ley, aprobada por el Congreso en 1998, hizo del "cambio de régimen" en Iraq una prioridad oficial del gobierno norteamericano; Chalabi se movió incansablemente para que se aprobara esa ley.
Tres días después de nuestra conversación, la casa de Chalabi en Bagdad fue allanada a punta de pistola por la policía iraquí, apoyada por tropas estadounidenses. También sus oficinas fueron allanadas. Chalabi sabía que un enfrentamiento con el gobierno de Bush era inminente. Como lo dijo él: "Es conocido que cuando ocurren grandes acontecimientos, Estados Unidos castiga a sus amigos y recompensa a sus enemigos". Durante años fue el más acérrimo aliado iraquí de Estados Unidos, y ayudó al gobierno de Bush a probar sus acusaciones contra Saddam, en parte difundiendo la idea de que el régimen baazista poseía arsenales de armas biológicas y químicas y que estaba a punto de transformarse en una potencia nuclear. Aunque Chalabi se hizo de enemigos en la CIA, que cuestionaba las informaciones de inteligencia que proporcionaba y ponía en duda su ética, forjó una estrecha relación con el vice-presidente Dick Cheney y muchos civiles importantes en el Pentágono, tales como el vice-secretario de Defensa, Paul Wolfowitz, y los subsecretarios del mismo ministerio Douglas Feith y William J. Luti. Sin embargo, ahora que la ocupación de Iraq parece encaminada al desastre, dijo que muchos en el gobierno se habían conciliado para transformarlo a él en el chivo expiatorio. Según lo ve Chalabi, había entendido a Estados Unidos demasiado bien, y había tenido demasiado éxito en influir en su política exterior. "Hay una campaña de desprestigio que dice que soy responsable de la liberación de Iraq", dijo. Y agregó con una risita ahogada: "Pero ¿es eso malo?"
Entre 1992 y el allanamiento de la casa de Chalabi, el gobierno norteamericano ha canalizado más de cien millones de dólares hacia el Congreso Nacional Iraquí. El actual gobierno de Bush dio al grupo de Chalabi al menos 39 millones de dólares. Qué fue lo que el CNI entregó a cambio de este dinero debe aún ser determinado con exactitud. Chalabi definió su papel simplemente diciendo que "puse en claro lo que ocurría". Sin embargo, sus numerosos críticos creen que distorsionó los hechos. Funcionarios del cuerpo diplomático y de la inteligencia lo acusan de haber exagerado la amenaza que representaba Iraq para Estados Unidos; de haber proporcionando a Estados Unidos tránsfugas que entregaron informaciones tendenciosas o falsas sobre los planes de Saddam para hacerse con armas nucleares, biológicas y químicas; de difundir informes dudosos que conectaban a Saddam con Al Qaeda; y de haber sobreestimado la facilidad con que el régimen de Saddam podía ser remplazado por una democracia al estilo occidental.
Vincent Cannistraro, un antiguo experto en contraterrorismo que ahora asesora al gobierno, me dijo que "con Chalabi, pagamos para engañarnos a nosotros mismos. Es terrible. En otras épocas, habría sido divertido. Pero como resultado de esto ha muerto un montón de gente. Es reprensible".
El humillante allanamiento de la casa de Chalabi fue autorizado por la Casa Blanca, como también lo fue una reciente decisión del ministerio de Defensa de cancelar el estipendio de 342.000 mensuales al CNI. Los aliados de Chalabi en el Pentágono no fueron notificados de antemano sobre el allanamiento, aunque algunos sabían que se estaba considerando. El allanamiento tomó lugar entre acusaciones de que Chalabi u otros miembros del CNI estaban implicados en numerosas fechorías, incluyendo desfalco, robo y secuestros. Después de que la policía de Bagdad comenzara a investigar las acusaciones, varios de los más importantes lugartenientes de Chalabi huyeron de Iraq.
Uno de ellos, Aras Karim Habib, jefe de inteligencia del CNI, escapó justo antes de que se emitiera una orden de detención. Está siendo investigado por transmitir información clasificada del gobierno norteamericano a Irán -país que hace parte de lo que Bush ha llamado "el eje del mal". De acuerdo a un asistente de Chalabi, el CNI se ha enterado de que la organización será acusada de haber informado al servicio secreto iraní de que Estados Unidos había logrado descifrar uno de sus códigos internos. Chalabi ha negado las acusaciones, y alega que el cargo de espionaje está motivado políticamente. "Son acusaciones de George Tenet y su CIA para desprestigiarnos", le dijo a Tim Russert en el programa ‘Meet the Press', refiriéndose al [antiguo] director de la CIA. Entretanto, de acuerdo a Cannistraro, dos funcionarios del Pentágono vinculados a Chalabi están siendo investigados por el FBI para determinar si algún funcionario norteamericano entregó a Chalabi información clasificada sobre Irán.
Los cargos de espionaje han obligado a los padrinos de Chalabi en el Pentágono a distanciarse de él. Paul Wolfowitz, que fue uno de los primeros y más abiertos proponentes de invadir Iraq, y que ha sido amigo de Chalabi durante años, habló sobre él con una estudiada indiferencia en una reciente audiencia del Congreso. Elogió la efectividad del CNI en proporcionar inteligencia operativa desde el comienzo de la guerra, pero dijo que "creo que hay una leyenda en circulación de que él es de algún modo un protegido del ministerio de Defensa, y que tenemos planes de instalarlo como presidente de Iraq".
Pero un importante funcionario del ministerio de Asuntos Exteriores me dijo que vio numerosos documentos que habían sido redactados por la Oficina de Planes Especiales del Pentágono que dedicaban considerable atención a la planificación de la guerra. La oficina era supervisada por Douglas Feith. "Todas las listas de iraquíes a los que querían incorporar a posiciones de gobierno en el Iraq de posguerra incluían a Chalabi y a todos los miembros de su organización", dijo el funcionario del ministerio de Asuntos Exteriores.
Chalabi ha negado persistentemente que tenga ambiciones políticas personales, o el deseo de ser presidente de Iraq. Ya en 1994 dijo a Los Angeles Times que "cualquiera que quiera tomar el poder en Iraq debe de estar loco. Yo sólo quiero derrocar a Saddam". Sin embargo, en nuestra conversación Chalabi dijo que no podría mantener su promesa de que nunca trataría de llegar al poder en Iraq. "Nunca es mucho tiempo", dijo. Scott Ritter, un antiguo inspector de armas de Naciones Unidas, que conoce a Chalabi desde hace siete años, dijo que Chalabi le había confiado sus planes como presidente de Iraq una vez que los estadounidenses hubiesen liberado el país. Ritter, que se opuso tenazmente a la guerra y hizo un polémico documental en 2001 diciendo que Iraq no tenía armas de destrucción masiva, dijo también que Chalabi le confesó que se beneficiaba económicamente de las reservas de petróleo de Iraq, que son las segundas más grandes del mundo. (El despacho de Chalabi ha rechazado la acusación).
Los admiradores de Chalabi alegan que ha sido demonizado por sus enemigos políticos. Jim Hoagland, un columnista del Washington Post, sostuvo que el allanamiento de la casa de Chalabi era una venganza por su cándida crítica de la ocupación. "Al oponerse abiertamente al último plan de transición de Estados Unidos y su rehabilitación de antiguos baazistas, Chalabi cruzó una línea prohibida", escribió.
Peter Galbraith, antiguo embajador en Croacia y activista de derechos humanos, que ha apoyado durante largo tiempo los planes de Chalabi para deponer a Saddam, planteó que si el gobierno estaba descontento con los resultados en Iraq, sólo debía culparse a sí mismo. "Chalabi es una de las personas más inteligentes que conozco", me dijo. Como dijo Galbraith, Chalabi "se dio cuenta en los años ochenta que el camino hacia Bagdad pasaba por Washington. Buscó la amistad de la gente que le convenía. Si no lograba lo que quería en el ministerio de Asuntos Exteriores, se marchaba al Capitolio. Es muy efectivo. No es su culpa que su estrategia haya tenido éxito. No es su culpa que el gobierno de Bush creyera todo lo que decía. ¿Deberían haberle creído todo? Por supuesto que no. Deberían haber examinado todo con un ojo crítico. Él no es un mentiroso; él creía en la información que estaba entregando, y parte de esa información era valiosa. Pero su objetivo era lograr que Estados Unidos invadiera Iraq".

El Frente De Washington
Desde 1996 la sede en Washington del CNI ha ocupado una casa en hilera de ladrillos de un millón de dólares en Georgetown. La casa se ve tan encumbrada y bien mantenida como las otras, pero, dentro, la alfombra de la escalinata está sucia. El día que la visité había pilas de diarios esparcidas junto a tazones de café medio vacíos, y las hormigas transportaban migas de galletas a lo largo de un sofá de cuero, otorgándole al lugar la atmósfera de una casa de confraternidad estudiantil. Moviéndose silenciosamente, en calcetines y con una camiseta arrugada, había un hombre de pelo rubio rojizo y cara de niño llamado Francis Brooke.
Durante la mayor parte de la década pasada, Brooke ha actuado como el cabildero oficioso de Chalabi en Washington. Brooke, su esposa Sharon y sus hijos han vivido gratuitamente en esa casa, que es propiedad de Levantine Holdings, una sociedad anónima de la familia Chalabi con sede en Luxemburgo. Parte casa, parte oficina, con una serie de exiliados iraquíes acampando en el sótano, este fue el lugar desde donde Chalabi dirigió una sofisticada operación de márketing que Brooke describió orgullosamente como "un impresionante éxito". Como lo dijo él: "Si no hubiese sido por Ahmad, esta guerra no habría ocurrido".
Brooke, un devoto cristiano, llevó la pasión evangélica a la causa del derrocamiento de Saddam. "Tengo motivos religiosos para hacer lo que hago", dijo Brooke. "Yo veo a Iraq como un país vecino. Y la Biblia dice: ‘Cuando tu vecino se encuentra en un pozo, Dios espera que lo ayudes'".
Después de licenciarse de la Universidad de Duke en 1983, Brooke trabajó por un breve período para la fracasada campaña senatorial de Hamilton Jordan, en Georgia, que había sido el jefe de personal de Jimmy Carter. Brooke trabajó entonces como representante de una cervecería. ("Si quieres entender algo de política, deberías tratar de movilizar a la opinión pública para que se oponga al impuesto a la cerveza", dijo). Pero en 1991 tomó un trabajo de relaciones públicas en una firma norteamericana en Londres llamada Grupo Rendon, que describía su especialidad como "manejo de percepciones". La compañía había sido fundada por John Rendon, un antiguo director ejecutivo del Comité Nacional Demócrata. No pasó mucho tiempo antes de que Brooke se diera cuenta de que el proyecto del que estaba a cargo en Rendon era financiado por la CIA. Brooke, que entonces tenía 30 años, dijo que ganaba 22.000 dólares al mes.
El origen del trabajo de Brooke fue la decisión de no derrocar a Saddam Hussein después de la primera Guerra del Golfo. En mayo de 1991, el presidente George H.W. Bush firmó una ‘orden de asesinato' secreta que autorizaba a la CIA a gastar cien millones de dólares para "crear las condiciones para sacar a Saddam Hussein del poder". Robert Baer, un antiguo agente de la CIA que estaba destinado en Iraq en esa época, dijo que la medida era un show, "como cuando un gorila se golpea el pecho. Nadie tenía intenciones de marchar sobre Bagdad y matar a Saddam. Era imposible". Sin embargo, la CIA había recibido dinero y había decidido crear un movimiento de oposición a Saddam fuera de Iraq.
La CIA había sido obligada a eliminar las operaciones nacionales después de una serie de escándalos en los años noventa, y había archivado muchas de sus operaciones en el extranjero al término de la Guerra Fría. Por eso decidió encargar el proyecto iraquí al Grupo Rendon. De acuerdo a Brooke, la firma firmó un contrato secreto con la CIA que garantizaba que recibiría un diez por ciento por concepto de "costes de administración" además de cualquier dinero que recibiera. El acuerdo fue un incentivo para gastar millones. "Tratamos de gastar cuarenta millones de dólares al año", dijo Brooke. "Era un trabajo muy bueno".
Desde una oficina cerca de la Estación Victoria, el Grupo Rendon se propuso influir en la opinión política global contra Saddam. Dado el historial de atrocidades cometidas por Saddam contra su propio pueblo, eso no fue difícil de vender. "Fue una campaña de opinión general, con un montón de gente joven, y sin jerarquía fija", recordó Brooke. "Fue grandioso. Realmente teníamos una ventaja competitiva. Sabíamos algo del ciclo de 24 horas de los medios y cómo realizar una campaña en medios de comunicación. En ese momento la CNN era nueva. Nadie sabía cómo se hacían estas cosas, pero el Grupo Rendon era formidable en la formulación de campañas". El grupo empezó a ofrecer información a periodistas ingleses y subsecuentemente aparecieron muchos artículos en la prensa londinense. De vez en cuando, dijo, la firma era reprendida por los directores del proyecto en Washington, cuando muchas de esas historias fueron recogidas por la prensa norteamericana, violando con ello las leyes que prohibían la propaganda doméstica. Pero, la mayor parte del tiempo, dijo Brooke: "Era sorprendente lo bien que funcionaba. Era magia".
Además de generar notas de prensa contra Saddam y de crear una "exposicion itinerante de las atrocidades" de Saddam, que documentaba las violaciones de derechos humanos del régimen de Saddam, el Grupo Rendon se encargó de la delicada tarea de ayudar a crear un movimiento viable y unificado de oposición a Saddam. "Así fue que me reuní por primera vez con el doctor Chalabi", dijo Brooke.
Chalabi, que se había transformado en un banquero y financista internacional, emergió casi inmediatamente como la figura de oposición al régimen favorita de la CIA. Como dijo Frank Anderson, un antiguo funcionario de la agencia: "Chalabi tenía raras habilidades administrativas". Un chií secular dedicado apasionadamente al derrocamiento de Saddam, Chalabi hablaba excelentemente el inglés, se vestía con mucha elegancia y estaba bien organizado e impresionantemente bien conectado. También hacía gala de una enorme facilidad para negociaciones políticas entre bambalinas. Sin embargo, no era popular entre los exiliados. De acuerdo a un antiguo miembro del CNI, en junio de 1992 el CNI organizó su primer congreso organizativo en Viena; Chalabi no ganó apoyo suficiente como para ser nombrado en el comité de quince miembros. Pero para cuando los delegados volvieron a la asamblea, sin embargo, el nombre de Chalani había sido agregado de algún modo a la lista de miembros del comité. (Chalabi afirma sus partidarios eran anónimos). Su manejo del grupo, se quejaron otros exiliados, era similarmente impermeable a la voluntad democrática.
El patrocinio de Chalabi por la CIA se produjo en un momento oportuno. Había sido recientemente condenado, en ausencia, por un tribunal militar de Jordania por su implicación en un espectacular desfalco bancario que había puesto en peligro la frágil economía del país. Con la ayuda del gobierno de Estados Unidos, Chalabi pudo redefinirse de estafador acusado a carismático líder político y campión de los valores democráticos.

24 de mayo de 2004
2 de octubre de 2004
©newyorker
©traducción mQh