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ministerio de feudos rivales


[Ned Parker] El ministerio del Interior refleja el caos de un Iraq fracturado.
Bagdad, Iraq. El coronel entra con su Mercedes en el aparcadero del monótono edificio de concreto de once pisos, escudriñando el terreno para detectar coches sospechosos.
Antes de jalar el pomo de la puerta, estudia a la gente que holgazanea cerca con la esperanza de reconocer a alguien más tarde en el día. Aprieta su pistola, el gatillo presto, temeroso de una emboscada.
Llegó a su oficina.
Este es el ministerio del Interior de Iraq: el balcanizado comando central de la policía del país y refleja las mortíferas facciones que han provocado que el gobierno aquí se encuentre casi completamente paralizado.
El lenguaje mismo que usan los estadounidenses para describir al gobierno -ministerios, departamentos, agencias- contradice la realidad aquí de milicias que matan protegidos por sus uniformes de policía y están por encima de la ley. Hasta hace poco, uno o dos agentes de la policía del ministerio del Interior eran matados al llegar o salir del edificio, probablemente por sus propios colegas, dicen aquí altos oficiales de la policía.
Esos asesinatos se han reducido, pero diplomáticos occidentales todavía describen el edificio del ministerio del Interior como una "federación de oligarcas". Los que trabajan en el edificio, como el coronel, comparan los departamentos a países hostiles. La supervivencia depende de mantenerse al corriente de las cambiantes alianzas y territorios faccionales.
En el segundo piso se encuentra el general Mahdi Gharrawi, ex comandante de la policía nacional. El año pasado, tropas norteamericanas e iraquíes encontraron 1.400 prisioneros, la mayoría de ellos sunníes, en una base controlada por él al este de Bagdad. Muchos de ellos mostraban signos de tortura. El ministro del Interior bloqueó una orden de detención contra el general este año, confirmaron altos funcionarios iraquíes.
Los departamentos administrativos del tercero y cuarto pisos son el dominio del Partido Islámico Dawa, del primer ministro Nouri Maliki, un grupo chií.
El sexto es la sede de la unidad de control de fronteras y delitos graves, y pertenece a la milicia de la Organización Báder. Su líder, el viceministro Ahmed Khafaji, es aclamado por algunos funcionarios occidentales como un administrador eficiente, y sospechado por otros de controlar cárceles secretas.
El séptimo piso es el de la inteligencia, donde la Organización Báder y grupos armados kurdos luchan por el control.
El noveno piso lo comparten el departamento del inspector general y del fiscal general, que son chiíes religiosos. Sus oficinas han estado en el centro de los esfuerzos de expulsar del departamento a los empleados sunníes que aún quedan. El predecesor del fiscal, un sunní, fue asesinado el año pasado.
"Pasaron cosas malas en el noveno", dice el coronel, un sunní que, como otros funcionarios de gobierno, habló a condición de conservar el anonimato para protegerse de represalias.
El departamento de informática del ministerio está en el décimo piso. En febrero dos empleados fueron arrestados por sospechas de que habían introducido explosivos, de acuerdo a la policía y a oficiales norteamericanos. Algunos oficiales iraquíes y norteamericanos dicen que los trabajadores querían almacenar ahí las bombas. Otros dicen que estaban tramando atacar a los asesores norteamericanos asignados directamente al piso de arriba, el último.
Meses después de las detenciones, no está claro si los detenidos son insurgentes sunníes o seguidores de Moqtada Sáder, el clérigo chií antinorteamericano cuyo retrato mira desde algunas paredes oficiales en una demostración de su amplia influencia en el ministerio.
Tabiques dividen los pasillos del edificio, y hombres armados custodian las oficinas de los ministros. Altos oficiales de la policía suben y bajan las escaleras antes que arriesgarse a tomar al ascensor. Recorren los pasillos flanqueados por guardaespaldas, recelosos de sus colegas armados.
"¿Qué tienen en su corazón? No sabes de dónde vienen", dijo un alto oficial.
La división del ministerio según las facciones empezó inmediatamente después de la caída de Saddam Hussein. Como con la mayoría de los departamentos del gobierno iraquí, los ministros son nombrados en representación de los principales partidos políticos del país. Los diputados distribuyen los trabajos entre los incondicionales del partido.
Los ganadores iniciales fueron el Partido Demócrata Kurdo y los dos partidos chiíes, Dawa y el Supremo Consejo Islámico de Iraq, que respaldan la Organización Báder. El partido kurdo es una de los dos grupos que controlan las provincias del norte de Iraq.
La milicia Al Mahdi, de Sáder, empezó tarde en el juego del patronazgo, pero ha hecho importantes avances, particularmente entre los guardias que rodean el edificio.
Los partidos que representan a la minoría sunní, que controlaban Iraq en días de Hussein, han sido casi enteramente purgados del ministerio en los últimos dos años. Tres de los generales sunníes que más tiempo trabajaron en el ministerio, fueron asesinados el año pasado.
El ministro del Interior, Jawad Bolani, un líder chií que asumió el cargo en el verano pasado, ha intentado reparar la mala reputación del ministerio. Ha removido a los jefes de ocho de las nueve brigadas de la policía nacional y a diecisiete de los 27 batallones de policía, que han sido acusados de asesinatos y secuestros masivos. Pero los cambios son lentos.
"Hay un montón de presión, hay influencias de todas partes, de todo el mundo: los partidos políticos, los grupos religiosos, el gobierno mismo, aparte influencias familiares y tribales", dijo el general de brigada del ejército norteamericano, Dana Pittard, que supervisó a los asesores norteamericanos en la policía nacional hasta el mes pasado.
"Es muy difícil para cualquiera funcionar como líder en este ambiente, y los iraquíes lo hacen", dijo Pittard.
Ningún piso ha creado más problemas que el séptimo, que alberga a la división de inteligencia. En teoría, la oficina de inteligencia debería ser clave a la hora de identificar y combatir a los subversivos que colocan bombas en las calles y mercados de Iraq y atacan a los soldados norteamericanos. En lugar de eso, la división se encuentra entrabada por una lucha por el poder entre los dos aliados nominales de Estados Unidos en Iraq: los kurdos y el Supremo Consejo Islámico de Iraq.
El conflicto llegó a un punto crítico antes este año con una amenaza de muerte contra el ministro kurdo encargado de la inteligencia, Hussein Ali Kamal. El líder kurdo, que controla el ala este del piso, tuvo que pelear con su segundo, un comandante de la milicia Báder que controla el ala occidental, por el control del aparato de inteligencia.
Hace algunos meses, asesores norteamericanos advirtieron a Kamal que su vida corría peligro, muy probablemente por la milicia Báder, y le aconsejaron permanecer en la Zona Verde, lejos del edificio ministerial al este de Bagdad. No se le vio por el ministerio durante varias semanas.
El subsecretario chií, Basheer Wandi, mejor conocido como el Ingeniero Ahmed, fue nombrado en la primavera de 2005. Más o menos en la misma época, las milicias chiíes empezaron sus campañas para identificar y matar a sunníes en Bagdad, usando a menudo la fachada de la policía para detener a sunníes en cárceles secretas y asesinarlos.
No hacían grandes esfuerzos por ocultar sus métodos. Un asesor de la policía norteamericano recordó una visita que hizo al séptimo piso en el verano de 2005, unos meses después de que se hubiese hecho cargo el Ingeniero Ahmed.
"Cuando salimos de la oficina de Hussein Ali Kamal en el ala oriental del edificio del ministerio, caminamos hacia el otro lado a ver a otra persona. Mientras caminábamos, pasamos junto a un prisionero iraquí que estaba en el suelo, con las manos esposadas y atadas por detrás, en medio de un charco de un líquido claro; estaba todavía vomitando. Parecía que había vomitado litros y litros", recordó el asesor.
Uno de los lugares de trabajo del Ingeniero Ahmed era una cárcel secreta en un búnker en el barrio de Jadriya, de Bagdad, dijeron oficiales norteamericanos. En noviembre de 2005, las tropas descubrieron la cárcel, encontrando en ella 169 detenidos, muchos de ellos con signos de haber sido torturados.
Tras el hallazgo del búnker, oficiales norteamericanos documentaron la función del Ingeniero Ahmed. "Escribieron expedientes y se los presentaron a Maliki. Ahí los norteamericanos detallaban las responsabilidades", dijo un diplomático occidental a condición de conservar su anonimato debido a lo delicado del tema.
Altos funcionarios norteamericanos decidieron cancelar el intento de exigirle cuentas al Ingeniero Ahmed debido a los problemas políticos que se podían crear, dijeron dos diplomáticos occidentales.
El Ingeniero Ahmed gozaba de un prestigio de intocable en la milicia Báder, debido a su reputación como combatiente contra Hussein.
"Para los chiíes, gente como esa son verdaderos héroes de la guerra. Para Maliki es muy difícil tomar medidas contra ellos. Desde nuestro punto de vista, tenemos que sopesar el capital político que tenemos antes de hacer nada que Maliki pueda rechazar", dijo el diplomático occidental.
Después de la amenaza contra la vida de Kamal, el Ingeniero Ahmed fue transferido. Pero funcionarios norteamericanos y occidentales, algunos de los cuales sospechan que el gobierno de Maliki está jugando a la tapa para proteger a los cabecillas militantes, dicen que ahora está trabajando en la oficina de seguridad de Maliki. Funcionarios chiíes insistieron en que el Ingeniero Ahmed era inocente.
Documentos militares norteamericanos vistos por Times, muestran que el Ingeniero Ahmed ha estado en frecuente contacto con el primer ministro. Incluso participó en el actual plan de seguridad norteamericano-iraquí para Bagdad.
Kamal, el ministro kurdo, dice que cree que el ministerio ha empezado a limpiar las milicias chiíes, pero sabe que figuras sospechosas todavía operan abiertamente en el ministerio, incluyendo al general Gharrawi en el segundo piso.
En noviembre se emitieron cincuenta y siete órdenes de detención después de que un grupo de inspectores encontraran evidencias de tortura en una base policial controlada por Gharrawi, pero sólo dos hombres fueron arrestados.
El ministro del Interior, Bolani, fundó una comisión para revisar el caso, pero bloqueó las órdenes de detención contra el general después de que los norteamericanos no pudieran hacer comparecer a los testigos, dijo Kamal. "Ahora Gharrawi se imagina que es un hombre inocente. No podemos hacer que la gente declare contra él", dijo Kamal.
Funcionarios occidentales ven el caso de Gharrawi como un indicador de si el gobierno iraquí estará dispuestos a exigir responsabilidades a chiíes por conductas criminales en sus organizaciones oficiales.
"Tiene una posición bastante alta como para que surjan sospechas. Si él cae, ¿cuál sería el siguiente paso? El siguiente paso es los otros generales y otros ministros también caigan", dijo el diplomático occidental.
Incluso los sunníes que todavía quedan en la policía, respetan a Bolani por tratar de controlar el ministerio. Pero saben que él depende de una red de frágiles alianzas políticas y se preguntan si alguna figura política puede borrar los efectos de varios años de reclutamiento de milicianos extremistas en el ministerio.
"Ni trayendo al profeta Mahoma o a Jesús, podrán controlarlos", dijo otro alto funcionario del ministerio. "Tienen su propio programa. Obedecen a sus propios partidos".

ned.parker@latimes.com

30 de julio de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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desconfianza entre tropas iraquíes


[Richard A. Oppel Jr.] Cuando encuentran a nuevos aliados norteamericanos.
Nasr Wasalam, Iraq. Abu Azzam dice que los 2.300 hombres de su movimiento incluyen a miembros de feroces grupos sunníes como la Brigada Revolucionaria 1920 y el Ejército Muyahedín que han luchado contra la ocupación norteamericana. Ahora sus hombres patrullan junto con los norteamericanos, que quieren convertirlos en una fuerza de seguridad que puede llevar paz a este tramo entre Bagdad y Faluya.
A unos kilómetros de ahí, en la ciudad de Abu Ghraib, el general de brigada Nassir al-Hiti y su brigada de soldados del ejército iraquí también cuentan con el apoyo de las fuerzas armadas norteamericanas. Pero tienen una ambición diferente, dicen aquí algunos comandantes norteamericanos: hacer todo lo posible para debilitar a los hombres de Abu Azzam, incluso usar una lista de miembros robada para identificarlos y detenerlos ilegalmente.
El general Nassir, 37, ex agente de las fuerzas especiales, lo niega, pero dice que tiene órdenes estrictas de no apoyar a grupos "no oficiales" y arrestar a hombres armados, sin importar de quién se trate. Dice que apoya a los que quieren incorporarse a las fuerzas de seguridad, pero rechaza a "los que tienen sangre iraquí en sus manos y los que matan a nuestros soldados".
La brecha entre los hombres de Abu Azzam y los soldados iraquíes sigue siendo enorme, y a veces las tropas norteamericanas han debido interceder físicamente. Y esto enciende la alarma a la hora de hablar sobre la profundidad de los problemas a los que hace frente Iraq, que no pueden ser medidos en las estadísticas sobre los atentados de los insurgentes y los asesinatos sectarios que tienen tanto peso en Washington.
Estados Unidos ha puesto todas esperanzas en la intensificación de los lazos con líderes sunníes como Abu Azzam que han jurado luchar contra los militantes islámicos. Pero su grupo sunní mayoritario, los Voluntarios, son diferentes a las tribus que se han aliado con los norteamericanos en el corazón del territorio sunní en la provincia de Anbar, en parte porque patrulla sólo a cuarenta minutos del centro de Bagdad y en las cercanías de populosos barrios chiíes. Así que los comandantes norteamericanos lo ven como una prueba crucial de si los líderes chiíes tolerarán o no nuevas alianzas con grupos sunníes.
Si la unidad del general Nassir quiere decir algo, el panorama no es muy prometedor, dijo el teniente coronel Kurt Pinkerton, 41, nativo de California, que ha pasado cuatro meses cultivando sus relaciones con Abu Azzam.
Hace un mes, la brigada iraquí, que es predominantemente chií, fue asignada a una nueva zona e instruida de permanecer alejada de Náser Wa Salam, dijo el coronel Pinkerton. Pero dijo que creía que los soldados iraquíes están decididos a impedir que los árabes sunníes, que son aquí la mayoría, controlen el área. Menciona una serie de agresiones cometidas por tropas iraquíes contra los hombres de Abu Azzam y otros sunníes, que según cree son a menudo detenidos sin razón.
Hace poco, y sin previo aviso, dijo el coronel Pinkerton, ochenta soldados iraquíes en vehículos blindados abandonaron su sector y avanzaron hacia Náser Wa Salam, pero fueron detenidos por un pelotón norteamericano. Los iraquíes se negaron a decir adónde se dirigían y amenazaron con seguir avanzando pese a la presencia de soldados estadounidenses, a los que, en términos de hombres, superaban de lejos.
Finalmente, con un helicóptero Apache sobrevolando el lugar y artilleros norteamericanos apuntándoles con sus armas, los soldados iraquíes se retiraron. "Todavía no han llegado a disparar sus armas", dijo el coronel Pinkerton.
Hace unas semanas, dijo, un detenido sunní fue golpeado hasta su muerte mientras estaba bajo custodia de la Brigada Muthanna. Y el año pasado, dijo, soldados de Muthanna detuvieron a dos hermanos de Abu Azzam, los cuales dijeron que habían maltratados, y allanaron la casa de Abu Azzam.
Las experiencias del coronel Pinkerton aquí, dijo, han invertido los instintos usuales de los norteamericanos, que han surgido en años de duros combates contra los insurgentes sunníes.
"Yo podría ser uno de los 1.800 sunníes que están en Abu Ghraib", dijo, "y me siento más cómodo que en una fila de soldados iraquíes".
Reconoce que los Voluntarios han atacado a los extremistas sunníes, incluyendo a al Qaeda en Mesopotamia, el grupo nacional que proclama lealtad a los principios de Osama bin Laden. Los hombres de Abu Azzam, entre ellos algunos chiíes locales, han estado haciendo cola con cientos de militantes todos los días para someterse a escáneres de retina y tomas de huellas digitales para poder solicitar su ingreso a la policía iraquí. Algunos ya están de guardia, con rifles Kalashnikov cargados, junto a las tropas norteamericanas.
Trabajando con los estadounidenses, los hombres de Abu Azzam han ayudado a expulsar a los militantes islámicos del grupo de su sector, dice, excepto por una zona de difícil acceso al norte de Náser Wa Salam. Han revelado la ubicación de alijos de armas a los norteamericanos, dice, e impedido atentados con bomba. Desde abril, la violencia se ha reducido abruptamente en Náser Wa Salam, dijo el coronel Pinkerton, y no hubo ataques contra las tropas norteamericanas en más de dos meses, hasta el camión bomba que estalló el 8 de julio, matando a un soldado y al menos a cuatro Voluntarios.
Aquí los mercados y vecindarios, fantasmagóricos hace unos meses, ahora están llenos de gente. El hospital de un solo piso fue recién reconstruido con dinero norteamericano, y hoy luce también dos generadores nuevos. No hace mucho la violencia habría imposibilitado un proyecto así, dijo el coronel Pinkerton.
Los vecinos aquí "tienen ahora más fe y creen más en nosotros que en el ejército iraquí", dijo. "Pero no confían en nosotros. Y no se sienten cómodos con nosotros".
Se produjo un momento crítico a fines de abril. Después de que un puesto de control de la Brigada Muthanna fuera atacado por hombres armados, cincuenta soldados iraquíes irrumpieron en una escuela que hacía las veces de improvisada sede de Abu Azzam, arrestando a decenas de hombres y metiéndolos en los maleteros de los todoterrenos blindados. Furiosos sunníes que viven en las cercanías se acercaron al lugar de los incidentes.
Un oficial norteamericano, el capitán Larry Obst, llegó con diez soldados justo cuando empezaban los disturbios y más de quinientas personas avanzando amenazadoramente contra las tropas iraquíes, que se preparaban "para disparar contra la multitud", dijo. Después de horas de frenética intervención norteamericana, los soldados iraquíes se marcharon sin los detenidos.
El episodio afianzó la desconfianza entre los norteamericanos y las unidades iraquíes, dijo, "pero creó credibilidad con la gente".
Sin embargo, los hombres de la unidad del coronel Pinkerton, el Segundo Batallón del Regimiento de Infantería No. 5, siguen intranquilos sobre los riesgos de unir fuerzas con hombres que pueden haberlos atacado antes. El sargento mayor Carlos Figueroa dice que algunos Voluntarios le recuerdan a narcotraficantes que tratan de rehabilitarse pero siempre tratan de asegurar sus apuestas. "Estos tipos no van a romper nunca completamente con ese mundo", dijo.
Los norteamericanos dicen que no están armando a los hombres de Abu Azzam, que ya tienen bastantes armas. Pero están determinados a adiestrarlos, y esperan comenzar a pagarles a quinientos de ellos trescientos dólares al mes por trabajar en los puestos de control y en los edificios, sean o no aceptados por la policía iraquí.
Hace poco durante una ceremonia de entrega de galardones, el coronel Pinkerton preguntó a los cuarenta soldados frente a él si confiaban en los Voluntarios. Nadie alzó la mano. Ese es el modo correcto de pensar, dijo, instándoles a "seguir concentrados".
Después de la ceremonia, el teniente primero Tom Cherepko dijo: "Entendemos que quizás hace unos meses nos estaban atacando. No confiamos en ellos, pero trabajaremos con ellos. Ese es mi modo de no tener que volver una tercera vez, enseñándoles a defenderse".
Una mañana hace poco en Náser Wa Salam, Abu Azzam estaba recibiendo en su oficina. Estaba sentado con las piernas cruzadas en una silla tapizada frente a un desvencijado aire-acondicionado adosado a la ventana, toqueteando las cuentas celestes de su rosario. Una procesión de jeques había pedido hablar con él privadamente.
Después, dijo a sus hombres que unieran fuerzas con los norteamericanos porque los grupos extremistas estaban matando a muchos árabes sunníes. Pero admitió que la nueva alianza era complicada.
Los norteamericanos se marcharán algún día, dijo, y la principal amenaza es una ocupación permanente de parte de Irán. Teme que la Brigada Muthanna sea un presagio de eso, porque dice que está infiltrada por milicianos que simpatizan con los iraníes que maltratan a los sunníes.
Se volvió cauteloso cuando las preguntas empezaron a girar sobre sus actividades después de la invasión norteamericana de 2003. "Yo estaba entre las personas que rechazaban la ocupación", dijo. Pero insistió en que nunca atacó a los norteamericanos.
Recitó los grupos rebeldes que conoce, incluyendo a la Brigada Revolucionaria 1920, el Ejército Islámico y Ansar al-Sunna, un grupo conocido por sus espantosas decapitaciones.
"Tengo contacto con todos ellos", dijo. "Están esperando para ver si mi experiencia vale algo. Si tengo éxito, la adoptarán. Si no, habrá enfrentamientos".
A kilómetros de distancia, el general Nassir, de un metro 92 y anchas espaldas, llevaba su uniforme recién planchado. Ha prosperado en las fuerzas armadas, pese a que es un árabe sunní de Hit, en lo más profundo de la provincia de Anbar.
Los comandantes norteamericanos creen que algunos ayudantes del primer ministro chií, Nuri Kamal al-Maliki, han desplazado sistemáticamente a los jefes militares sunníes y chiíes moderados para remplazarlos por líderes más sectarios. Pero el general Nassir comanda una unidad predominantemente sunní. En su oficina cuelgan fotos de sí mismo saludando con la mano a Maliki.
El general Nassir niega haber acosado al movimiento de Abu Azzam y dice que simplemente obedece órdenes. "Todo civil que ande por la calle con armas sin permiso oficial, será detenido", dijo.
Se estaba refiriendo a las órdenes de sus superiores iraquíes. Los hombres de Abu Azzam en el sector norteamericano han estado portando armas y haciendo guardias durante meses con la aprobación explícita de oficiales norteamericanos.
El general Nassir niega que sus hombres tengan objetivos sectarios. "Esa es una cuestión muy estúpida de Abu Azzam", dice. El general también dice que "odio a las milicias" y que no es posible para Abu Azzam saber si sus hombres pertenecen o no a las milicias. Sugiere que las nuevas lealtades de los Voluntarios no son genuinas. "Se ponen un sombrero nuevo todos los días", dijo.
El coronel Pinkerton pidió a sus superiores encontrar el modo de remplazar a la Brigada Muthana por otra fuerza iraquí, quizás una unidad del ejército bajo mando kurdo que patrulla al oeste de Náser Wa Salam y tiene buenas relaciones con los hombres de Abu Azzam. Sin embargo, reconoce que el general Nassir es "mucho más competente que la mayoría de los oficiales iraquíes".
"Realmente creo que con los superiores correctos, podría ser un gran oficial", dijo el coronel Pinkerton. "Creo que lo están instruyendo mal. Quizás no es tan canalla. Quizás es leal".

27 de julio de 2007
10 de julio de 2007
©new york times
©traducción mQh
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mortal pesadilla en pueblo iraquí


[Megan Greenwell] Hombres armados en uniforme mataron a treinta personas, entre ellas cuatro niños, en la provincia de Diyala.
Bagdad, Iraq. Llegaron temprano el martes en la mañana, en fila india en vehículos que parecían oficiales, unos 125 hombres con uniformes de campaña del ejército iraquí y armas oficiales. Aziza Abdul Jabbar salieron corriendo a su encuentro, pensando que eran los militares que habían llegado a proteger su pequeño pueblo en la provincia de Diyala.
Entonces los hombres abrieron fuego en la oscuridad, disparando indiscriminadamente. Abdul Jabbar, 65, contó a un familiar que había visto cómo mataron a su hijo, hija y nieto de siete años. Los hombres las empujaron dentro de sus casas de paredes de adobe mientras continuaban los disparos. Pensó que no terminaría nunca.
Cuando el sol volvió a elevarse sobre el poblado, treinta de sus habitantes -entre ellos cuatro niños- estaban muertos.
El ataque contra Duwailiya, un pueblo de varios centenares de personas, sirvió como recordatorio de lo volátil que sigue Diyala pese a una masiva presencia de militares norteamericanos. La masacre ocurrió apenas unas horas antes de que el general marine, Peter Grace, presidente del Estado Mayor Conjunto, dijera a periodistas durante una visita a Iraq que estaba optimista sobre los esfuerzos norteamericanos e iraquíes de refrenar la violencia en Bagdad y otras partes del país.
El general de división Benjamin Bixon, el más alto jefe militar norteamericano en el norte de Iraq, dijo en una rueda de prensa la semana pasada que la situación en Diyala había mejorado. "Ahora que han aumentado los niveles de tropa, estamos viendo progresos" en Diyala, dijo, refiriéndose a la decisión del presidente Bush de enviar treinta mil tropas adicionales a Iraq este año.
La policía dijo que la violencia se había reducido en las zonas rurales que incluyen a Duwaiyila. Sus habitantes rara vez se ven a sí mismos como chiíes o sunníes, dijo el vecino Muhsin Abdullah al-Tamimi, 55, que habló por teléfono con un corresponsal especial del Washington Post.
"Aquí, todos somos prisioneros -sunníes y chiíes", dijo Tamimi, chií y familiar de Abdul Jabbar, cuando transmitía su informe al Post.
"No acusamos a nuestros hermanos sunníes por lo que ocurrió. Ellos están sufriendo lo mismo que nosotros", dijo Tamimi.
El general de brigada Raziq Abdul Radhi, un portavoz de los militares iraquíes en Diyala, dijo que los subversivos percibían a los residentes como hostiles y los habían amenazado. Dijo que no sabía cómo los atacantes habían obtenido lo que parecían ser vehículos policiales nuevos, pero dijo que podrían ser miembros de las fuerzas de seguridad. El ataque fue reportado primero por el New York Times.
Pace dijo que estaba particularmente complacido con la situación de seguridad en Bagdad y en la provincia de Anbar, la enorme región al oeste de la capital.
"Lo que estoy escuchando es un mar de cambios que están ocurriendo en muchos lugares aquí", dijo Pace, según la Associated Press. "Ya no se trata de sacar a al Qaeda de Ramadi, por ejemplo, sino más bien -ahora que han sido expulsados- ayudar a la policía local y al ejército local a que tengan una posibilidad de ponerse de pie e instalar sus sistemas", dijo, refiriéndose al grupo insurgente sunní al Qaeda en Iraq.
Pace dijo que su impresión en gran parte positiva de la seguridad en la región influiría sobre lo que diría a Bush en cuanto a los resultados del aumento del nivel de tropas. Pace dijo el lunes que estaba considerando varias recomendaciones al presidente, incluyendo retirando o enviando más tropas.
La mayor parte de las fuerzas norteamericanas adicionales se han concentrado en Bagdad, y las provincias de Anbar y Diyala, tradicionales bastiones subversivos.
Entre los desarrollos políticos del martes, el bloque leal al clérigo chií Moqtada al-Sáder terminó su boicot de un mes contra el parlamento iraquí y volverá al trabajo inmediatamente, dijo un portavoz.
Los partidarios de Sáder, que controla treinta de los 275 escaños del parlamento, habían suspendido su participación para protestar contra el atentado contra un santuario chií el mes pasado en Samara, a unos 105 kilómetros al norte de Bagdad.
Los chiíes habían criticado al primer ministro Nouri al-Maliki de no hacer lo suficiente para proteger el histórico santuario de Askariya después de que su cúpula dorada fuera destruida en un atentado en febrero de 2006. Los dos minaretes de la mezquita fueron destruidos por explosivos el 13 de junio.
Un portavoz del bloque dijo que ponían fin al boicot después de que el gobierno accediera a reconstruir el santuario. Los seguidores de Sáder se habían molestado con el fracaso de Maliki a la hora de fijar una fecha límite para la retirada de las tropas norteamericanas y en abril retiraron a sus seis ministros del gabinete del primer ministro -una protesta que continuará, dijo el portavoz.
"El partido de Sáder ha terminado su suspensión en el parlamento", dijo Salah al-Ubaidi, portavoz de Sáder. "El parlamento iraquí ha dado una respuesta a las demandas de los saderistas en el sentido de ejercer presión sobre el gobierno de Maliki para que proteja los lugares de culto chiíes, particularmente las mezquitas de los imanes de Askariya".
El boicot del grupo de Sáder y el principal bloque político sunní han paralizado al parlamento, que debe tratar proyectos de ley muy importantes en los próximos días. Varios de esos proyectos, incluyendo una propuesta para regular la industria del petróleo, se oponen al bloque de Sáder. Los problemas para la aprobación de la llamada ley del hidrocarburo, junto a otras iniciativas políticas clave, se encontraban en una de las áreas que el gobierno de Bush clasificó como "insatisfactorias" en una informe de la semana pasada al Congreso sobre los progresos en Iraq.
En Bagdad, los coches bomba mataron al menos a 24 personas, dijo la policía. A eso del mediodía estalló un coche bomba cerca de una patrulla del ejército iraquí en el este y en el barrio preponderantemente chií de Zayouna, matando a veinte personas, de acuerdo a la policía.
Samir Alawi Homwod, 55, dijo que la violencia en Zayouna empezó cuando un pistolero entró a un supermercado al lado de la panadería donde trabaja y mató a dos tenderos. Cuando los transeúntes corrían a ayudar a las víctimas, estalló el coche bomba que estaba aparcado frente a la tienda, dijo.
"La gente empezó a correr y muchos se habían refugiado dentro", dijo Homwod. "Los soldados dijeron a la gente que no se reunieran en un solo lugar y cuando estaban desalojando, explotó el coche bomba".
Homwod contó que sufrió heridas en su cabeza y pierna, pero fue dado de alto en el hospital después de ser tratado. Los civiles muertos habían estado de compras en la tienda de abarrotes, la panadería y otros locales en las cercanías, dijo.
"Vi unos doce cuerpos en la calle", dijo. "En todas las calles por donde pasamos había gente herida o muerta en el suelo".
En un aparcadero frente a la embajada iraní en el centro de Bagdad estalló un coche bomba matando a cuatro personas e hiriendo a otras cinco, dijo la policía. La embajada está a unos pasos de la muralla que circunda la Zona Verde.

Dalya Hassan y Saad al-Izzi en Bagdad contribuyeron a este reportaje.

27 de julio de 2007
18 de julio de 2007
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estrategias de retirada


[Karen DeYoung y Thomas E. Ricks]¿Será Iraq ocupado por Irán? ¿Lo conquistará al Qaeda? El debate sobre cómo y cuándo marcharse deja en el aire la pregunta sobre qué ocurrirá una vez que se marchen las tropas norteamericanas de Iraq.
Si las tropas de combate norteamericanas se retiran de Iraq en el futuro próximo, hay tres desarrollos posibles. La mayoría chií expulsará a los sunníes de las áreas étnicamente mixtas hacia la provincia de Anbar al oeste. En el sur de Iraq estallará una guerra civil entre los grupos chiíes. Y el norte kurdo consolidará sus fronteras e invitará a las tropas norteamericanas a quedarse allá. En breve, Iraq se convertiría efectivamente en tres países separados.
Esa fue la conclusión alcanzada sobre los recientes ejercicios en los ‘juegos de guerra' realizados para las fuerzas armadas norteamericanas por el coronel marine Gary Anderson. "Honestamente no creo que sea apocalíptico", dijo Anderson, que ha servido en Iraq y trabaja ahora para un importante contratista de defensa. "Pero será feo".
Argumentando a favor de la presencia de tropas norteamericanas, el presidente Bush ha ofrecido pronósticos mucho más horribles, diciendo que al Qaeda en Iraq -o ambos grupos- se harían con Iraq si las tropas norteamericanas se retiraran precipitadamente. Al Qaeda, dijo hace poco, podría "mejorar su reclutamiento y recolectar más dinero para proseguir con sus objetivos" de atacar territorio norteamericano. Los opositores a la guerra en el Congreso contrarrestan diciendo que las ideas de Bush sobre al Qaeda son exageraciones alarmistas y que nada puede ser peor que la situación actual.
Cada vez más, el debate en Washington sobre cuándo deberían retirarse las tropas norteamericanas se está centrando en lo que puede ocurrir cuando lo hagan. Los militares norteamericanos, conscientes de este campo de batalla político, han estado explorando discretamente varios escenarios estableciendo una presencia de tropas reducida, haciendo ejercicios de juegos de rol y estudiando paralelos en la historia. ¿Encontrará el gobierno iraquí una solución o se dividirá el país a lo largo de líneas sectarias? ¿Lo conquistará al Qaeda? ¿Lo ocupará Irán? ¿Y la seguridad de Estados Unidos, mejorará o se deteriorará? ¿Depende la respuesta de cuándo, cómo y cuántas tropas norteamericanas se marchen?
Algunos oficiales dicen que independientemente de si Iraq se fractura en varias partes o si actores externos tratan de ocuparlo tras la retirada norteamericana, no es posible evitar una carnicería todavía mayor. "Las opiniones más moderadas que he oído... es que cuando nos marchemos habrá un estallido de violencia que hará que la actual inestabilidad parezca una excursión parroquial", dijo un oficial que ha servido en Iraq.
Sin embargo, de la misma manera que pocos anticiparon la duración de la guerra, ahora en su quinto año, ni los numerosos reveses en el camino, tampoco hay conclusiones firmes con respecto a las consecuencias de una reducción en las tropas norteamericanas. Un alto funcionario de gobierno implicado estrechamente en la estrategia iraquí anticipa una salvaje carnicería a medida que Iraq descienda en el caos, aunque advierte que es imposible predecir el resultado. "Tenemos que ser muy modestos en cuanto a nuestra capacidad de predicción", dijo el oficial.

Errores del Pasado
En abril del año pasado, el Ejército y el Comando Conjunto patrocinaron maniobras militares llamadas Búsqueda Unificada 2007 [Unified Quest] en la Academia de Guerra de Pensilvania. El punto de partida era la división de un país "parecido a Iraq", dijo un participante, el coronel en retiro del ejército Richard Sinnreich, en el que las tropas norteamericanas se retiraban rápidamente de la capital para redesplegarse en el extremo norte y sur. "Tenemos compromisos con los kurdos y los kuwaitíes y ellos nos ofrecen también territorios estables y seguros desde donde continuar", dijo.
"Incluso entonces, las conclusiones no fueron muy favorables" para Estados Unidos, dijo.
Anderson, el marine retirado, ha realizado casi una docena de juegos de guerra para las fuerzas armadas en los últimos dos años, muchos de ellos con la premisa de la retirada de las tropas de combate norteamericanas a una fecha fija -dejando atrás sólo asesores y unidades de soporte- y concluido que el resultado sería la división del país. Los juegos también predijeron que Irán intervendría apoyando a una de las partes en una guerra civil chií y se estancaría en el sur de Iraq.
T.X. Hammes, otro coronel marine en retiro, dijo que una presencia iraní extendida en Iraq podría provocar una mayor intervención de Arabia Saudí y de otros países sunníes apoyando al otro lado. "Si eso ocurre", dijo Hammes, "temo que los iraníes llegarían a la conclusión de que ellos tienen que hacer algo para adelantarse a los saudíes". Su mejor estrategia, dijo, "sería fomentar la subversión entre los chiíes en Arabia Saudí".
En un juego de guerra secreto realizado en diciembre en un edificio de oficinas cerca del Pentágono, más de veinte participantes de las fuerzas armadas, la CIA, el Departamento de Estado y el sector privado pasaron tres días estudiando lo que podría ocurrir si se implementaran las recomendaciones del Grupo de Estudio de Iraq.
Una de las interrogantes es cómo reaccionarían Siria e Irán ante el acercamiento diplomático norteamericano propuesto por el grupo bipartidista, encabezado por el secretario de estado James A. Baker III y el ex congresista Lee H. Hamilton (demócrata de Indiana). Los participantes en el juego concluyeron que Irán sería muy difícil de aproximar porque su gobierno dividido es incapaz de cumplir sus promesas. Los participantes que hacían las veces de Siria aceptaron el acercamiento de los diplomáticos norteamericanos, peor asociaron su ayuda en Bagdad a un aflojamiento de la presión norteamericana en el Líbano.
Lo esencial, dijo un participante, era que "se parecía bastante a lo que estamos viendo ahora" desde que el gobierno de Bush empezara sus conversaciones intermitentes con Damasco y Teherán: sin demasiados progresos ni resultados tangibles.
En medio de los debates políticos en Washington sobre la partida de las tropas, los comandantes de las fuerzas armadas norteamericanas en el terreno enfatizan la importancia de formular un plan de retirada cuidadoso y completo. Lo que sea que decidan los políticos, "debe ser bien pensado y no puede tratarse de una estrategia basada en la necesidad de marcharse", dijo el viernes el general de división del ejército Benjamin Mixon, un importante jefe militar norteamericano en Iraq, desde su base cerca de Tikrit.
La historia está repleta de malos resultados tras una retirada. Entre los más horribles se encuentra la retirada británica en Afganistán en 1842, cuando 16.500 tropas activas y civiles salieron de Kabul pensando que tenían un pasaje seguro hacia India. Dos semanas después sólo un europeo llegó vivo a Jalalabad, cerca de la frontera afgano-india.
La retirada de la Unión Soviética de Afganistán, que empezó en mayo de 1988 después de una década de ocupación, revela otros errores que deben ser evitados. Como las tropas norteamericanas que llegaron a Iraq en 2003, la fuerza soviética en Afganistán era abrumadoramente convencional, abrumada por tanques pesados y otros vehículos blindados. Una vez que Moscú hizo públicos sus planes de marcharse, la situación política y de seguridad se desarrolló mucho más rápido de lo que se esperaba. "El ejército soviético en realidad tuvo que luchar para salir de algunas zonas", dijo el sargento mayor de ejército Daniel Morgan, un veteranos de dos años en la guerra de Iraq que ha estado estudiando la retirada soviética en Fort Leavenworth, Kansas, con la intención de sacar algunas lecciones para Iraq. "De hecho, en Kandahar tuvieron que salir por un puente aéreo, porque la situación se había empeorado mucho".
Partidarios y opositores a la guerra en Washington no se ponen de acuerdo sobre las lecciones de la retirada que está más profundamente grabada en la psique americana: la salida de Estados Unidos de Vietnam. "La vi una vez en el pasado, hace mucho tiempo", dijo la semana pasada el senador John McCain (republicano de Arizona), veterano del Vietnam y candidato presidencial, sobre una retirada temprana de Iraq. "Vi a las fuerzas armadas derrotadas, y vi todo el tiempo que tomó superar esa derrota".
El senador Joseph R. Biden Jr. (demócrata de Delaware), también un optimista partidario de la Casa Blanca, ve otro mensaje en la retirada de Vietnam. Diciendo que Bagdad se convertiría en un "Saigón revisited", advirtió "si no cambiamos de estrategia, y radicalmente, tendremos que evacuar al personal norteamericano desde los tejados de los edificios de la Zona Verde".

La Amenaza de al Qaeda
Quizás lo más sorprendente de los simulacros de guerra de los militares es que sus escenarios post-retirada se concentran en la guerra civil y en la intervención y convulsión regional antes que en la consolidación de un santuario de al Qaeda en Iraq.
Sin embargo, para Bush ese es el principal riesgo de la retirada. "Eso equivaldría a entregar el futuro de Iraq a al Qaeda", dijo en una rueda de prensa la semana pasada. "Significaría asesinatos masivos en una escala horripilante. Significaría que permitiríamos que los terroristas establecieran un santuario en Iraq para reemplazar al que perdieron en Afganistán". Si las tropas norteamericanas se marchan demasiado pronto, dijo Bush, probablemente "tendrían que volver más tarde para enfrentarse a un enemigo todavía más peligroso".
La retirada también "confundiría y asustaría a amigos y aliados en la región y envalentonaría a Siria y especialmente a Irán, que entonces podrían ejercer su influencia en todo Oriente Medio", dijo el presidente.
Bush no es el único en su descripción de la amenaza de al Qaeda en caso de que Estados Unidos dejara Iraq demasiado pronto. "No tengo ninguna duda de que el objetivo de Osama bin Laden es ocupar el Reino de las Dos Mezquitas (Arabia Saudí) y restablecer el califato" que terminó con el Imperio Otomano, dijo un ex alto oficial que trabaja ahora en un laboratorio ideológico de Washington. "Para ellos sería bastante fácil montar campos de adiestramiento en las provincias de Anbar y Nayaf".
Sin embargo, analistas de inteligencia norteamericanos tienen una opinión algo diferente sobre la presencia de al Qaeda en Iraq, observando que la filial local sólo se inspira en bin Laden, pero no ejecuta sus órdenes. Sus enemigos -la inmensa mayoría de los cuales son iraquíes- viven en Bagdad y en las zonas de mayoría chií de Iraq, no en Arabia Saudí ni en Estados Unidos. Mientras que oficiales de inteligencia han descrito al grupo subversivo sunní que se llama a sí mismo al Qaeda en Iraq como un "acelerador" de la violencia, creen que el principal obstáculo para la paz son las divisiones sectarias internas.
En un informe dado a conocer ayer, Anthony H. Cordesman, del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos, advirtió que al-Qaeda es "sólo parte" de toda una gama de grupos extremistas sunníes y está lejos de ser el más importante o el más activo. Algunos oficiales han dicho en sesiones informativas que al Qaeda es responsable de cerca del quince por ciento de los atentados, dijo Cordesman, aunque el grupo es "altamente efectivo" y causa "el daño más grave porque empuja a Iraq hacia una guerra civil". Pero sus actividades "deben ser analizadas en perspectiva y no domina la resistencia sunní", dijo.

Graves Consecuencias
Legisladores moderados como el senador Richard G. Lugar (republicano de Indiana) han concluido que un gobierno de unidad iraquí no es una de las posibilidades más cercanas y han llamado a un redespliegue, a un cambio de misión y a una retirada gradual de las fuerzas norteamericanas. Lejos de proteger los intereses norteamericanos, dijo Lugar en un discurso hace poco, la continuación de la política Bush plantea "graves riesgos para la seguridad nacional".
Los críticos de una retirada completa acusan a menudo que "los que la proponen simplemente no entienden las graves consecuencias de esta posición", dijo Wayne White, ex subdirector de la división Próximo Oriente, de la Oficina de Investigación e Inteligencia del Departamento de Estado. "Desgraciadamente, la mayoría de nosotros somos gatos viejos en Oriente Medio y entendemos demasiado bien las consecuencias".
White es uno de los muchos expertos en Oriente Medio que cree que Estados Unidos debería marcharse de Iraq más pronto que tarde, pero difiere en cuánto a cuándo, cómo y qué ocurrirá después. La mayoría está de acuerdo en que una ocupación de al-Qaeda o iraní sería poco probable, y dicen que Washington debería incentivar su diplomacia regional, ejerciendo más presión en actores regionales como Arabia Saudí para que asuman responsabilidad por lo que está pasando en sus patios traseros.
Muchos expertos regionales dentro y fuera del gobierno observan que mientras haya posibilidades verdaderamente horrendas, es imposible predecir qué ocurrirá en Iraq, con o sin tropas norteamericanas.
"Digamos que los chiíes empujan a los sunníes hacia Anbar", dijo un experto sobre el escenario de juego de guerra de Anderson. "Bueno, ¿qué significa eso realmente? ¿Cuántos miles de personas van a morir antes de que los sunníes supervivientes lleguen a Anbar?" Puso en duda que resultado semejante sea aceptable para la opinión pública norteamericana partidaria de la retirada.
White, hablando en un simposio reciente sobre Iraq, abordó la posibilidad de las desagradables consecuencias de la retirada parafraseando la famosa declaración de Winston Churchill sobre la democracia. "Creo que retirarse de Iraq es la peor opción posible, excepto todas las demás".

27 de julio de 2007
17 de julio de 2007
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espantosas condiciones en cárceles


[Molly Hennessy-Fiske] En Iraq, centros de detención hacinados, y en los que son males endémicos la corrupción y los retrasos.
Bagdad, Iraq. Un gendarme uniformado abrió dos candados y empujó para abrir una enorme puerta de madera, dejando salir una ráfaga de aire caliente, fétido y cargado.
Dentro, en una habitación del tamaño de un gimnasio de secundaria, 505 detenidos estaban parados o sentados hombro a hombro en cajas de cartón y sobre manchadas colchonetas. Sus escasas ropas, ejemplares del Corán y otras pertenencias colgaban de las paredes o travesaños. Los ventiladores de metal en el techo apenas removían el aire sobrecargado.
El hedor a confinamiento humano se hizo más patente a medida que el gendarme se abría camino hacia la parte de atrás de la habitación, entrando a un oscuro e inundado pasillo que llevaba hacia los baños, donde unos detenidos semi-desnudos estaban descalzos en medio de charcos de agua sucia, baldosas rotas y urinarios obstruidos. La ducha y el lavamanos estaban llenos de excrementos.
El gendarme dejó caer la colilla de su cigarrillo en un charco mientras unos reos evacuaban en dos hoyos en el suelo y otros se enjuagaban debajo de un caño de agua roto.
Las cosas habían mejorado desde la mañana, dijeron los reclusos. Había agua.
Esta cárcel, el centro de detención de la Policía Nacional en el noroeste de Bagdad, debía albergar a trescientos internos cuando abrió sus puertas hace dos años. Ahora se hacinan ahí casi novecientos hombres: una difícil mezcla de reos sospechosos de ser insurgentes, presuntos delincuentes y aparentes inocentes.
Otros centros de detención iraquíes han recibido internos similares desde el inicio en febrero de la campaña de seguridad norteamericana.
Aquí son comunes las heridas curadas a medias, las enfermedades cutáneas y condiciones increíblemente insalubres. También lo son las extorsiones de los gendarmes, dicen oficiales norteamericanos asignados como asesores del personal iraquí, pero que rechazan responsabilidad por las condiciones que se observan en el interior.
"Estos son centros del gobierno iraquí. Nosotros trabajamos con el gobierno iraquí para construirlos, pero su mantención es responsabilidad de ellos. Proporcionar gendarmes es su responsabilidad", dijo en Bagdad un alto oficial norteamericano.
El coronel Daniel Britt, que dirige el Equipo de Transición de la Policía Nacional de los militares norteamericanos, que asesora al personal del centro de detención, dijo que las condiciones eran "espantosas", aunque cumplían con normas internacionales. Hay visitas casi diarias de soldados norteamericanos, dijo Britt.
Las autoridades iraquíes dicen también que las condiciones se ajustan a sus leyes y el jueves invitaron a un periodista y a un fotógrafo a visitar la cárcel.
El coronel Thamir Mohammed Ismail Husseini, de la Policía Nacional, uno de los comandantes del centro de detención, instó a los reclusos a hablar sin temor sobre sus problemas. "Pueden decir lo que quieran, incluso quejarse", dijo.
Ninguno de los presos cerca de él recogió su invitación. Oficiales norteamericanos dicen que Husseini está vinculado con Al Mahdi, la milicia musulmana chií de Muqtada Sáder, el radical clérigo antinorteamericano. Comandantes norteamericanos acusan a Al Mahdi de la campaña de asesinatos sectarios que tiene por objetivo la expulsión de los musulmanes sunníes del oeste de Bagdad. Aquí la mayoría de los detenidos son sunníes.
Oficiales norteamericanos dicen que los gendarmes dejan en libertad a sus compatriotas chiíes más rápidamente que a los sunníes. "A los chiíes les dejan marcharse, simplemente. Se encargan de los papeles y los reos simplemente desaparecen", dijo un oficial norteamericano.
De acuerdo a las leyes iraquíes, los detenidos deben ser llevados ante un juez dentro de 72 horas de su detención. La mayoría se queda aquí por unos dos meses, dijo el general Kareem Ali Chazrage, comandante de la división de la policía nacional que se encarga del centro de detención.
"A veces el proceso judicial es lento, pero no es culpa nuestra", dijo Husseini.
Oficiales norteamericanos dicen que sus propios centros de detención también están atochados desde que empezara el plan de seguridad el 13 de febrero, pero que se las arreglan mejor que los iraquíes.
"Hay un flujo en el lado norteamericano y un montón de embotellamientos en el lado iraquí", dijo el teniente coronel Steven Miska, comandante de la Base de Operaciones de Avanzada Justicia norteamericana-iraquí en el barrio de Kadhimiya, al noroeste de la ciudad. El barrio alberga al centro de detención de la Policía Nacional, que era antes la sede de la inteligencia militar de Saddam Hussein y el lugar donde fue ejecutado.
Cuando Husseini se marchó, muchos reos dijeron que llevaban demasiado tiempo en la cárcel acusados de delitos que no comprendían, y algunos de ellos sin contacto con sus familias.
Raqi Mishal, 32, un sunní, tenía sanguinolentas tajos en su frente y hombro izquierdo. Una venda apenas si cubría una profunda y supurante herida en su bíceps derecho.
Dijo que había sido herido dos semanas antes en un ataque con mortero contra su casa en el Dora, un barrio al sur de Bagdad. "Fui al hospital a que me curaran, y me trajeron aquí", dijo Mishal, insistiendo en que no sabía porqué había sido detenido.
El único médico de la cárcel, que trabaja en una clínica improvisada, lo vendó, pero no le dio medicinas, dijo Mishal. Chazrage confirmó que la cárcel tenía problemas con su existencia de medicamentos.
Khalid Hashimi, 24, mostró su antebrazo y pantorrilla, donde tenía un escamoso sarpullido después de que fuera detenido por el ejército iraquí hace cinco meses en el barrio Yarmouk, de Bagdad. El médico le dio un ungüento, pero no le había servido de nada.
A diferencia de los centros de detención norteamericanos en Iraq, donde se mantiene separados a detenidos extranjeros y jóvenes para impedir la formación de redes subversivas, en el centro de detención de la Policía Nacional los detenidos sirios y los jóvenes, algunos de apenas quince años, eran alojados con los demás.
Marwan Sabah, 17, fue detenido hace una semana. Poco después, su familia recibió un llamado de los gendarmes, que lo pusieron al teléfono; dijo que la familia tenía que pagar veinte mil dólares si quería que lo dejaran libre.
"¿De dónde se supone que vamos a sacar ese dinero?", dijo en una entrevista después de la visita Abdullah Fadeil, 40, primo de Sabah. "Es terrible que el gobierno haya llegado a estos extremos, que tengamos que pagar para sacar a la gente de la cárcel".
Fadil, que abandonó la policía iraquí hace siete meses, dijo que los gendarmes no los habían vuelto a contactar. "No sabemos a quién echarle la culpa", dijo. "¿Es culpa del gobierno? ¿De las milicias?"
Chazrage, las paredes de cuya oficina están cubiertas de fotografías de sí mismo posando con jefes militares iraquíes y norteamericanos, dijo que los detenidos no eran maltratados y que había mostrado repetidas veces el centro de detención a grupos de derechos humanos.
Pero Jasim Bahadeli, que encabeza el comité del gobierno iraquí que inspecciona los centros de detención, dijo que los gendarmes habían tratado de impedirle que viera a algunos detenidos o que les tomara fotografías cuando visitó el centro hace un mes y medio. Dijo que los gendarmes trataron de ocultar a los detenidos que estaban siendo retenidos sin pruebas suficientes, así como a mujeres y jóvenes que se suponía debían haber sido trasladados a otras dependencias.
El cuarto de interrogatorios de la cárcel cuenta con cámaras de vigilancia que se supone que permiten a los comandantes controlar los métodos de interrogación. El jueves, las cámaras estaban desenchufadas, y orientadas hacia las paredes.
Bahadeli calculó que el sesenta por ciento de los detenidos son inocentes, en comparación con el cuarenta por ciento de antes de que comenzara la operación. Insistió antes los comandantes del centro de detención de Kadhimiya para que liberaran a 73 detenidos, dijo. "Si no fuese por nosotros, no habrían sido liberados. Los habrían dejado aquí a que se pudrieran", dijo.
Chazrage y otros comandantes iraquíes en la cárcel dijeron que habían tratado de aliviar el hacinamiento transfiriendo a los prisioneros. Pero los comandantes norteamericanos consideran eso una solución a corto plazo.
Los comandantes de cárceles iraquíes están simplemente "pasando el problema" del hacinamiento, y necesitan presupuestos más generosos de modo que puedan ampliar las instalaciones y ocuparse mejor de los detenidos, dijo el coronel Britt del equipo de transición policial.
Chazrage recibió este año un subsidio de Estados Unidos para construir nuevas barracas, y ha prometido que el primer piso incluirá una docena de salas de detención, cada uno con capacidad para albergar a setenta personas. Las barracas, que deben estar terminadas en septiembre, también serán dotadas de servicios para los detenidos y una clínica, dijo Chazrage.
También existen planes para agregar al menos tres jueces y 25 investigadores a la cárcel, como parte de la expansión del sistema, dijo el portavoz del ministerio del Interior, el general de división Abdul Kareem Khalaf.
"Tenemos la esperanza de volver a los viejos tiempos, cuando si se detenía a una persona, se la llevaba a las cárceles locales y luego era transferida al tribunal para ser sentenciada o dejada libre", dijo, responsabilizando de la mayoría de los problemas del centro de detención de la Policía Nacional y otros centros semejantes, al aumento de las detenciones. "Es la situación actual la que está causando estos problemas".
Pero Bahadeli, el inspector oficial, dijo que los centros necesitaban investigadores y jueces con más experiencia y más control del gobierno para asegurarse de que se aplicara la ley. "Si se continúa de este modo, sólo se meterán en más problemas y eso será su fin", dijo.

molly.hennessy-fiske@latimes.com

Said Rifai contribuyó a este reportaje.

24 de julio de 2007
21 de julio de 2007
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acusan de homicidio a soldados


Dos soldados norteamericanos en Iraq son acusados de homicidio de un civil iraquí.
Bagdad, Iraq. Dos soldados norteamericanos fueron acusados de homicidio con premeditación y el comandante de su batallón fue relevado de su cargo en relación con la muerte de un iraquí, dijeron el jueves militares norteamericanos.
El sargento primero del ejército, Trey A. Corrales, de San Antonio, y el recluta Christopher P. Shore, de Winder, Georgia, fueron acusados esta semana de homicidio premeditado en un incidente que ocurrió el 23 de junio cerca de Kirkuk, la ciudad rica en petróleo, dijeron los militares en una declaración.
La declaración dice que el teniente coronel Michael Browder, aunque no se le sospecha de participación en la muerte, ha sido relevado debido a la falta de confianza en su capacidad de mando.
No se han dado a conocer más detalles sobre el caso, el último en una serie de episodios en que las fuerzas armadas norteamericanas acusan a soldados de matar o maltratar a iraquíes.
Los soldados están asignados a la Headquarters Company, Segundo Batallón, Ejército de Infantería Nº35, que forma parte de la 25 División de Infantería del Ejército norteamericano con base en Hawai.
El anuncio se produce después de presentar cargos por homicidio contra otros tres soldados norteamericanos el mes pasado. Son acusados de la muerte de tres iraquíes en incidentes entre abril y junio en la ciudad de Iskandariya, a cuarenta kilómetros al sur de Bagdad.
En ambos casos, las autoridades fueron informados por otros soldados, dijeron los militares.
Un fiscal en Camp Pendleton pidió el jueves a un jurado militar que sentencie al cabo Trent D. Thomas, a quince años por secuestro y conspiración para cometer un asesinato en la muerte de un hombre iraquí en Hamandiya en abril de 2006.
Su abogado defensor pidió que Thomas no fuera enviado a prisión.
El jurado empezará hoy sus deliberaciones.

20 de julio de 2007
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retirada sin plan b


[Noam N. Levey] Sombríos pronósticos. Los que quieren que se retiren las tropas de Iraq reconocen que es probable que el país se hunda en la violencia sectaria.
Washington, Estados Unidos. Los legisladores que han encabezado la iniciativa para traer las tropas a casa desde Iraq no han presentado una estrategia para abordar las matanzas que podrían producirse después de la retirada, muestran entrevistas recientes con más de dos docenas de demócratas y republicanos.
Muchos de ellos reconocen que Iraq podría hundirse en una viciosa guerra religiosa muy parecida a las limpiezas étnicas que consumieron a Bosnia hace una década. Sin embargo, dijeron que rechazarían el uso de tropas norteamericanas para poner fin a la violencia.
"No me sorprendería si se vuelve horrendo", dijo el presidente del Comité de Asignaciones de la Cámara, David R. Obey (demócrata de Wisconsin), que ha ayudado a dirigir los esfuerzos contra la guerra. "Para los iraquíes la única esperanza es su propio maldito gobierno y no hay muchas esperanzas".
Algunos proponentes de la retirada se negaron a elaborar sobre qué debería hacer Estados Unidos si la violencia llegara a agravarse.
"Eso es hipotético. No voy a elucubrar sobre eso", dijo el líder de la mayoría del Senado, Larry Reid (demócrata de Nevada).
Sin embargo, muchos demócratas creen que todo aumento en la violencia sería de corto plazo, y dicen que la retirada de las tropas finalmente conduciría a un Iraq y Oriente Medio más estable.
Los opositores a la retirada han advertido sobre el peligro de una escalada en la violencia entre los chiíes y sunníes de Iraq, una guerra regional en Oriente Medio y el resurgimiento de al Qaeda para entorpecer los precipitados esfuerzos de los demócratas para reducir la escala de la intervención militar en Iraq.
La semana pasada en la Casa Blanca, el presidente Bush advirtió sobre "asesinatos en masa en una escala terrorífica".
Las mociones de retirada presentadas por los demócratas, incluyendo una que debe votar el Senado hoy, reconocen que Estados Unidos continuará desempeñando un rol militar en Iraq en los años venideros. Los proyectos de ley permiten que un número no especificado de tropas puedan permanecer para realizar misiones limitadas, como el adiestramiento de iraquíes y desmantelar redes terroristas.
Legisladores demócratas, incluyendo a Reid y a la presidente de la Cámara Nancy Pelosi (demócrata de San Francisco), dicen que esa estrategia, aunque no es perfecta, es la mejor de todas las malas opciones provocadas por la mala conducción de la guerra del gobierno de Bush.
Argumentan que la presencia de cerca de 158 mil soldados norteamericanos en Iraq está fortaleciendo a al Qaeda, mientras que entrega a los líderes iraquíes una muleta que les permite evitar que tomen medidas para reducir las tensiones entre las comunidades religiosas del país.
"Es fundamental que digamos a Iraq y al mundo que estamos preparándonos para marcharnos... tanto porque el modo de ejercer presión sobre los líderes iraquíes es hacerles saber que nuestro compromiso abierto ha terminado y porque el compromiso incondicional le está haciendo el juego a al Qaeda", dijo el senador Carl Levin (demócrata de Michigan). Levin, que preside el Comité de Servicios Armados del Senado, es un importante co-patrocinador de la propuesta de retirada de los demócratas en el Senado.
Muchos demócratas en el Congreso dicen también que la retirada de Estados Unidos podría estimular a los vecinos de Iraq, como Irán y Siria, a jugar un papel más constructivo en la resolución del conflicto.
"Creo que si nos marchamos, la región se calmará", dijo el representante Lynn Woolsey (demócrata de Petaluma), un miembro fundador del influyente grupo House Out of Iraq. "Para ellos es importante que Iraq se estabilice".
Algunos legisladores demócratas, incluyendo al senador Joseph R. Biden Jr., de Delaware, y al representante Dennis J. Kucinich, de Ohio, tienen propuestas que esperan que aumenten la posibilidad de un resultado estable después de la retirada de Estados Unidos.
Biden, que preside el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, propone descentralizar el país en regiones kurdas, sunníes y chiíes, lo que según él evitaría una guerra civil a toda escala.
Pero aparte de los amplios llamados a mayores esfuerzos diplomáticos de colaboración con los vecinos de Iraq y a una mayor intervención de organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas, la mayoría de los demócratas no tienen un ‘Plan B' en caso de que la retirada resulte en caos.
La agenda ‘Nueva Dirección' de los demócratas del Senado, en la que el partido expone sus objetivos, no trata el tema de un Iraq de posguerra, limitándose a observar que "los demócratas en el Senado seguirán esforzándose... por poner fin a la guerra de modo responsable y airoso".
Y la propuesta de retirada de tres páginas de Levin sólo instruye al presidente a demandar a Naciones Unidas el nombramiento de un mediador para Iraq.
Los demócratas de la Cámara -que titularon la moción de retirada que aprobaron la semana pasada como ‘Ley de Redespliegue Responsable en Iraq'- tampoco han propuesto un programa para hacer frente a las secuelas de la retirada.
Ni los más de setenta miembros del grupo House Out of Iraq, que ha estado exigiendo la retirada desde hace más de dos años tienen un plan para la posguerra.
"El grupo Out of Iraq realmente no ha pensado más allá de poner fin a la intervención militar", reconoció el representante Jan Schakowsky (demócrata de Illinois), un líder del grupo y aliado de Pelosi. "Ahora que el ambiente está cambiando significativamente... todo el mundo está empezando a pensar qué va a pasar cuando Estados Unidos se retire de Iraq".
Algunos legisladores demócratas dicen que es responsabilidad del gobierno de Bush desarrollar una estrategia de salida más detallada.
La moción de retirada de la Cámara, que fue aprobada por 223 contra 201 votos en gran parte en una votación de acuerdo a bloques partidistas, llama al presidente a desarrollar una nueva "estrategia más comprehensiva de Estados Unidos para Iraq", que permita misiones militares más limitadas y nuevas "iniciativas diplomáticas para implicar a aliados de Estados Unidos y otros en la región en esfuerzos para llevar estabilidad a Iraq".
La Cámara pidió definir esa estrategia antes del 1 de enero de 2008.
"La realidad es que están en la mejor posición para presentar una planificación detallada", dijo el senador Jack Reed (demócrata de Rhode Island), una importante voz en temas de seguridad nacional que está co-patrocinando con Levin la propuesta de retirada del Senado.
El presidente ha rechazado toda discusión de un redespliegue hasta después del 15 de septiembre, cuando el más alto jefe militar norteamericano en Iraq informe sobre los resultados de la campaña con las 30 mil tropas adicionales.
Otros legisladores demócratas que han criticado al presidente por la planificación de la guerra simplemente ignoran la necesidad de considerar la posibilidad de brutales secuelas.
"Basándome en lo que he leído, estoy convencido de que no será mucho peor de lo que vemos ahora", dijo el representante John P. Murtha (demócrata de Pensilvania), un veterano de Vietnam que ha ayudado a dirigir el intento demócrata de forzar la retirada.
Ike Skelton (demócrata de Montana), presidente del Comité de los Servicios Armados de la Cámara, una autoridad militar ampliamente respetada que patrocinó la semana pasada la moción de retirada de la Cámara, dijo que no quería hacer especulaciones sin fundamento.
"El fracaso no se planifica", dijo Skelton.
Hace cinco años Skelton advirtió proféticamente a Bush en una serie de cartas antes de la invasión sobre la necesidad de formular planes detallados para hacer frente al caos que según Skelton se produciría tras el derrocamiento de Saddam Hussein.
Hoy no hay escasez de advertencias similares.
En enero, las agencias de inteligencia advirtieron en un Estimado Nacional de Inteligencia que una retirada rápida de Estados Unidos en los próximos doce a dieciocho meses podría provocar que los países vecinos invadieran Iraq. "Entonces se producirían probablemente masivas bajas civiles y desplazamientos forzados de población", concluía el informe.
La semana pasada, el ministro iraquí de Relaciones Exteriores, Hoshyar Zebari, advirtió que una retirada de las tropas podría provocar "el colapso del estado".
Incluso el informe del bipartidista Grupo de Estudio de Iraq, que muchos legisladores consideran como un modelo para reducir la intervención militar norteamericana, advirtió que una retirada prematura podría producir "mayores sufrimientos humanos, desestabilización regional y una amenaza para la economía global".
Algunos partidarios de la retirada en el Capitolio reconocen esa posibilidad.
"Es muy difícil predecir qué va a ocurrir', dijo el vicepresidente de la mayoría senatorial, Richard J. Durbin (demócrata de Illinois), otro importante partidario de la retirada.
"Y puede ser ingenuo creer que nuestra retirada produzca una paz instantánea. Lo más probable es que los iraquíes tengan que resolver ellos mismos sus diferencias internas que se remontan a siglos", dijo Durbin.
Pero pocos, si acaso, de los partidarios de sacar las tropas norteamericanas de Iraq están dispuestos a volver a intervenir, en caso de que se intensificaran las limpiezas étnicas y religiosas.
En lugar de eso, cansados de las bajas estadounidenses y pesimistas en cuanto a las posibilidades de que las tropas norteamericanas puedan impedir una guerra civil declarada, muchos legisladores se han resignado a dejar que el conflicto lo resuelvan los diferentes grupos de Iraq.
"Seguirá creciendo", predijo el senador de Oregon, Gordon H. Smith, uno de los tres republicanos del Senado que apoyan el plan de retirada de los demócratas. "Pero se apagará por sí mismo. Así es como se resuelvan las guerras civiles. Esa es la simple y brutal verdad".
Obey, presidente del Comité de Asignaciones de la Cámara, se hizo eco de la indolencia que sienten ahora muchos en el Capitolio sobre la guerra.
"No habrá buenos resultados", dijo. "A veces cuando cometes un error muy grande, todo el mundo paga las consecuencias. Y eso es lo que está pasando ahora".

noam.levey@latimes.com

Richard Simon contribuyó a este reportaje.

19 de julio de 2007
18 de julio de 2007
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saudíes en la resistencia iraquí


[Ned Parker] Describen rol de saudíes en resistencia iraquí. Extremistas sunníes de Arabia Saudí conforman la mitad de los combatientes extranjeros en Iraq, muchos de ellos terroristas suicidas.
Bagdad, Iraq. Aunque personeros del gobierno de Bush han frecuentemente atacado fuertemente a Siria e Irán acusándolos de ayudar a los rebeldes y milicias aquí, el mayor número de combatientes extranjeros y terroristas suicidas en Iraq proceden de un tercer vecino, Arabia Saudí, de acuerdo a un alto oficial norteamericano y legisladores iraquíes.
Casi un 45 por ciento de los militantes extranjeros que atacan a tropas norteamericanas y civiles iraquíes y fuerzas de seguridad provienen de Arabia Saudí; quince por ciento de Siria y el Líbano; y diez por ciento de África del Norte, de acuerdo de cifras oficiales de las fuerzas armadas norteamericanas entregadas al Times por un oficial de alto rango. Casi la mitad de los 135 extranjeros en centros de detención norteamericanos en Iraq son de origen saudí, dijo.
Se cree que combatientes de Arabia Saudí han realizado más atentados suicidas que los de otras nacionalidades, dijo el alto oficial, que habló a condición de conservar el anonimato debido a la sensibilidad del tema. Aparentemente es la primera vez que un oficial norteamericano entrega cifras desglosadas sobre el papel que juegan los nacionales saudíes en la resistencia árabe sunní de Iraq.
Dijo que la mitad de los combatientes saudíes en Iraq llegan aquí como terroristas suicidas. En los últimos seis meses, esos atentados han matado y/o herido a cuatro mil iraquíes.
La situación ha dejado a los militares norteamericanos en la incómoda posición de combatir contra un enemigo cuya fuente principal de combatientes extranjeros es un aliado clave que en el mejor de los casos no ha sido capaz de impedir que sus ciudadanos emprendan sangrientos ataques en Iraq, y, en el peor, se hace cómplice del envío de extremistas para cometer atentados contra las fuerzas norteamericanas, civiles iraquíes y el gobierno controlado por chiíes de Bagdad.
El problema arroja luces sobre la enmarañada red de alianzas y enemistades que subyacen a las relaciones políticas entre países musulmanes y Estados Unidos.

Pasado Complicado
En los años ochenta, el servicio de inteligencia saudí patrocinó a los combatientes sunníes musulmanes en su lucha contra las tropas soviéticas en Afganistán, junto con las muyahedines afganos respaldados por Estados Unidos. En esa época, la inteligencia saudí apoyaba a otro hombre que ayudaba a los combatientes afganos: Osama bin Laden, el futuro líder de al Qaeda que más adelante que volvería contra la familia real saudí y planearía los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y el Pentágono. En realidad, Arabia Saudí ha sido durante largo tiempo una fuente de gran parte del dinero y militantes de al Qaeda: quince de los diecinueve secuestradores en los atentados del 11 de septiembre era saudíes.
Ahora un grupo que se llama a sí mismo al Qaeda en Iraq es la principal amenaza a corto plazo para la seguridad de Iraq, dijo el miércoles el general de brigada Kevin Bergner, portavoz de los militares norteamericanos.
El grupo, uno de los varios grupos insurgentes sunníes musulmanes que operan en Bagdad y alrededores, descansa en extranjeros para realizar atentados suicidas porque los iraquíes son menos propensos a emprender ese tipo de ataques, que el movimiento espera que provoque más violencia sectaria, dijo Bergner. Pese a su nombre, la profundidad de los lazos del grupo con la red de bin Laden, que opera a lo largo de la frontera afgano-paquistaní, no está clara.
El gobierno saudí no pone en duda que algunos de sus jóvenes terminan como terroristas suicidas en Iraq, pero dice que ha hecho todo lo posible para frenar el derramamiento de sangre.
"En realidad los saudíes están siendo manipulados. Algunos los están ayudando a venir a Iraq. Algunos los ayudan a quedarse en Iraq. Algunos los reclutan para ser terroristas suicidas. No sabemos quiénes son. No recibimos ninguna información formal del gobierno iraquí", dijo el general Mansour Turki, portavoz del ministerio del Interior saudí.
"Si recibiéramos informaciones del gobierno iraquí sobre los saudíes que son detenidos en Iraq, probablemente podríamos ayudar", dijo.
Defensores de Arabia Saudí señalaron que el país ha tratado de controlar su larga frontera con Iraq y que desde el 11 de septiembre ha librado una lacerante guerra doméstica contra al Qaeda.
"Sugerir que no han hecho nada para frenar el flujo de gente que entra a Iraq es un error", dijo un funcionario de la inteligencia norteamericana en Washington, que habló a condición de conservar el anonimato. "La gente cruza la frontera. Siempre puedes preguntar: ‘¿Se pudo hacer más?' Pero ¿qué se supone que debes hacer? ¿Colocar un guardia cada quince o veinte pasos?"

Profundas Sospechas
Otros afirman que Arabia Saudí permite que los combatientes afines con al Qaeda se marchen a Iraq para que no causen problemas en casa.
El legislador chií iraquí Sami Askari, asesor del primer ministro Nouri Maliki, acusó a los funcionarios saudíes de implementar una política deliberada para sembrar en caos en Bagdad.
"El hecho es que Arabia Saudí tiene fuertes recursos de inteligencia, y es difícil creer que no saben lo que está pasando", dice.
Askari también dijo que los imanes de las mezquitas saudíes llaman a la guerra santa contra los chiíes de Iraq y que el gobierno había fundado grupos que provocan conflictos en el sur de Iraq, que es predominantemente chií. Los extremistas sunníes consideran infieles a los chiíes.
Otros funcionarios iraquíes dijeron que aunque pensaban que Arabia Saudí, que tiene un régimen sunní fundamentalista, no tenía interés en ayudar a un Iraq gobernado por chiíes, tampoco estaba ayudando a los militantes. Pero algunos líderes chiíes de Iraq dicen que la familia real saudí considera al gobierno de Bagdad como un delegado del Irán chií, su rival en la región, y que quiere derrocarlo.
Con su propia frontera con Iraq en gran parte cerrada, los combatientes saudíes siguen ahora lo que es una ruta establecida que los lleva por autobús o avión a Siria, donde son recibidos por agentes que los ayudan a cruzar hacia los desiertos del occidente de Iraq, dijo el alto oficial norteamericano.
Sugirió que era aquí que Arabia Saudí podía hacer algo más, implementando un riguroso control de los jóvenes saudíes en dirección a Iraq. Los funcionarios iraquíes apoyaron su punto de vista.
"¿Están los saudíes utilizando todos los medios posibles? Por supuesto que no... Y creemos que ellos deben esforzarse más, como hace Irán, como hace Jordania", dijo el alto oficial. Se calcula que cada mes entran a Iraq entre sesenta y ochenta combatientes, según cálculos de las fuerzas armadas norteamericanas.
"Esto debe ser abordado sin rodeos por el gobierno de Iraq. Tienen todo el derecho a pararse frente a un país como Arabia Saudí y decir: ‘Hey, al permitir que vuestros jóvenes se unan a los yihadistas y se integren a la red ilegal mundial llamada al Qaeda, estáis matando a miles de personas'".
Tanto la Casa Blanca como el Departamento de Estado se negaron a hacer comentarios para este artículo.
Turki, el portavoz saudí, defendió el derecho de sus ciudadanos a viajar sin restricciones.
"Si sales de Arabia Saudí y viajas a otros lugares y encuentras a alguien que los lleva a Iraq, ese es un problema sobre el que no podemos hacer absolutamente nada", dijo Turki. Agregó que los funcionarios de seguridad podían impedir que alguien cruzara las fronteras sólo si contaban con información sobre el individuo.
Oficiales norteamericanos no han compartido con funcionarios iraquíes las informaciones obtenidas de detenidos saudíes, pero esto ha empezado a cambiar, dijo una fuente iraquí, que pidió no ser identificada. Por ejemplo, oficiales norteamericanos proporcionaron información sobre combatientes saudíes y terroristas suicidas a los agentes de la seguridad iraquí que viajaron a Arabia Saudí el fin de semana pasado.
El asesor iraquí Askari afirmó que el vicepresidente Dick Cheney, en su visita a Arabia Saudí en mayo pasado, presionó a los oficiales a reprimir el flujo de militantes hacia Iraq. Pero ese mensaje todavía no produce resultados visibles, dijo Askari.
La estrecha relación entre Estados Unidos y el rico reino petrolero de Arabia Saudí se ha hecho cada vez más difícil.
A principios de febrero líderes saudíes socavaron la diplomacia norteamericana en el conflicto palestino-israelí logrando en la Meca un acuerdo para formar un gobierno de "unidad" Fatah-Hamas en Cisjordania y en la Franja de Gaza. Y el Rey Abdullah tomó a los norteamericanos por sorpresa cuando declaró en una cumbre de la Liga Árabe que la presencia de Estados Unidos en Iraq era ilegítima.
Funcionarios norteamericanos se muestran muy sensibles sobre esa relación. Interrogados sobre por qué personeros norteamericanos en Iraq no habían criticado públicamente a Arabia Saudí del mismo modo que han criticado a Irán o Siria, el alto oficial norteamericano dijo: "Preguntad al Departamento de Estado. Esto es una monstruosidad política".
La semana pasada cuando el portavoz de los militares norteamericanos Bergner declaró que al Qaeda en Iraq era el peligro número uno, entregó una descripción de un terrorista suicida frustrado, pero dijo que no tenía autorización para dar a conocer su nacionalidad. El terrorista era un nacional saudí, dijo el sábado el alto oficial.

Candidato a Terrorista Suicida
El combatiente, un joven estudiante universitario cuya madre era maestra y su padre un profesor, fue reclutado en una mezquita para unirse a al Qaeda en Iraq. Le dieron dinero para el billete del autobús, y un número de teléfono en Siria para que se pusiera en contacto con un agente que lo introduciría clandestinamente a Iraq.
Una vez que el joven Saudí entró al país, estuvo bajo el cuidado de iraquíes que le dieron su último adiestramiento y adoctrinamiento. A último minuto, el terrorista decidió que no quería hacerse volar. Se suponía que debía haber conducido uno de los dos camiones bomba que debían estallar en un puente en las afueras de Ramadi. Cuando explotó el primer camión, sintió pánico y no jaló su detonador, siendo luego arrestado por la policía iraquí.
Al Qaeda en Iraq y sus grupos afiliados controlan entre cinco mil y diez mil militantes, dijo el alto oficial norteamericano. Los iraquíes conforman la mayoría de sus miembros, preparan los atentados, adoctrinan [a los nuevos miembros], y participan en acciones, pero en general no se vuelan a sí mismos. Los iraquíes constituyen casi un diez por ciento de los terroristas suicidas, de acuerdo a los militares norteamericanos.

ned.parker@latimes.com

17 de julio de 2007
15 de julio de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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